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Revista de difusión, crítica y creación literaria

El Comité

Año 2. Número 8. 2013

1973

Antigua


COMITÉ DIRECTIVO

Israel J. González S. Marco Antonio Meneses Monroy Coordinador general Marco Antonio Meneses Monroy Redacción y corrección de estilo Israel J. González S. Arte

Almendra Vergara

Diseño gráfico Israel Campos Nava

COMITÉ COLABORADOR DE ESTE NÚMERO

Agustín Cadena Rodrigo Círigo Dalí Corona Guadalupe Flores Liera Israel J. González S. Javier Márquez Adriana Marrufo Marco Antonio Meneses Monroy María Elena Ortega Ruiz Jimena Ramírez Oscar Reyes Laura Sofía Rivero

Difusión Jorge Contreras Herrera

CONSEJO COLABORADOR

Rodrigo Círigo Dalí Corona Ilallalí Hernández Rodríguez


La cultura griega es uno de los momentos definitorios de la cultura occidental. No sólo fundó muchas de las artes y prácticas de la sociedad actual. También estructuró la realidad. A pesar de ser una de las fuentes culturales, no fue un pueblo que se distinguiera por sus conquistas militares como Roma. Con el correr del tiempo los antiguos estados griegos fueron incorporados al imperio de Alejandro Magno en el siglo IV a.c., por las legiones de Roma hasta el final de la Antigüedad, también fueron territorio del Imperio Bizantino durante la Edad Media. Del siglo XV hasta fines del XIX fue parte del imperio turco y estuvo en conflicto con éste por las secuelas de su independencia. Incluso sufrieron un breve período de ocupación durante la Segunda Guerra Mundial. La situación política no impidió, todo ese tiempo que los estudiosos y los amantes de las bellas artes se ocuparan de Grecia. El Romanticismo rescató y actualizó la antigüedad griega. Lord Byron y Schlieman, son sólo dos nombres que se pueden relacionar a ese nuevo acmé (florecimiento). Aunque en toda civilización hay períodos en los que son constantes los sinsabores, en el caso de Grecia tal parece que es su carácter. Actualmente ya no sufre ninguna ocupación militar, pero es víctima de otros males que van de la brutal crisis económica a la xenofobia. La situación actual de Grecia no puede opacar su perenne importancia. Este ha sido nuestro motivo para hacer un homenaje a la cultura griega en general. De antemano agradecemos a nuestros lectores por su atención, a nuestros colaboradores por el deseo de compartir su obra. No está por demás recordar que está es una publicación en la que siempre están las puertas abiertas. De nuevo no podemos sino decir: ¡Gracias totales!


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Agustín Cadena

Ensayo......................................................................... Apuntes sobre la dicha

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Dalí Corona

Relato.......................................................................... Fantasmagoría de medianoche

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Oscar Reyes

Poemas......................................................................... Mirada distante a una isla del caribe

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María Elena Ortega Ruiz

Perséfone

Jimena Ramírez

Kimera

Marco Antonio Meneses Monroy

Portafolio................................................................. Adriana Marrufo DOSSIER.......................................................................

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Poemas Aris Alexandrou: Escribir con las manos laceradas

Nota introductoria, selección y traducción de los poemas directamente del griego por: Guadalupe Flores Liera

Silvia Plath Dos hermanas de Perséfone Rodrigo Círigo

Ensayo De Zero a Hero Laura Sofía Rivero

De la reflexión como esperanza

Israel J. González S.

Publicación Bimestral Año 2. Número 8. 2013. Octubre-Noviembre

Portada: Javier Márquez Contraportada: Adriana Marrufo Contacto: Correo electrónico. elcomite1973@gmail.com Facebook: www.facebook.com/revistaelcomite1973 Issuu: http://issuu.com/revistaelcomite1973

ÍNDICE

MINIFICCIÓN.......................................................... Femme fatale


Minificción

Minificción

Agustín Cadena

La irresistible, la seductora Aracné pasó largos meses tejiendo su trampa. Cuando por fin cayó una presa, chasqueó la lengua y quiso saltar enseguida a devorarla. De pronto sintió que tropezaba y cayó y se rompió la boca. Entonces comprendió: mientras tejía se había ido enredando las patas en su propia creación.

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ensayo Dalí Corona

Durante su juventud, mi abuelo perteneció al ejército mexicano, decía que lo único bueno de haber estado ahí, fue que aprendió a armar y desarmar pistolas y uno que otro reloj. Al salir de la milicia pasó su vida arreglando relojes para sobrevivir y mantener a su familia. Yo, el menor de sus dieciséis nietos, pasé las tardes de mi infancia a su cuidado en un viejo cuarto de azotea donde, cuando trabajaba, ponía una estación de radio que sólo programaba boleros: “el Fonógrafo”. Llegada la hora de la comida, mi abuelo bajaba conmigo al comedor y antes de servirme prendía la televisión en el canal cuatro para ver la película de las dos de la tarde. Así, mi educación sentimental, la obtuve del cine de oro mexicano y de los boleros. Me acerqué al significado de la tragedia y la desilusión al ver a Leticia Palma rechazar al compositor que la amaba profundamente, mientras Pepe el sabroso, interpretado por Antonio Badú, le cantaba, “hipócrita, sencillamente hipócrita; perversa, te burlaste de mí. Con tu savia fatal me envenenaste y sé que inútilmente me enamoré de ti”. Lloré, también por primera vez, cuando escuché en la radio un bolero que me ha seguido desde aquellos años y que esté donde esté, al escucharlo, me regresa a aquel cuarto de azotea con mi abuelo y lloro una vez más. El bolero se llama “Delirio” y es del compositor cubano César Portillo de la Luz. En fin, que como dije, mi educación sentimental la obtuve de la televisión y del bolero, así que supongo fue lógico que me dedicara, antes de hacer poesía, a intentar hacer canciones. No hubo suerte como compositor, pero gracias a eso me fue más fácil entrar a la poesía. Cuando llegué a Miguel Hernández y a Lorca, pude apreciar de mejor forma aquellos versos que como las canciones, se me quedaron en la mente y en el corazón. Luego, al estudiar a los modernistas en la escuela, pude no dormirme en clase y en cambio, reproducir sus versos al final de mis cuadernos. Herida sombra, antología poética de Jorge Valdés Díaz-Vélez que este año publica Posdata Editores, en su colección “Versus”, es un sincero acercamiento a la poesía amorosa, género poético por el que muchos lectores comienzan su gusto por la poesía y en no pocos casos, su carrera literaria. Para gran parte de los lectores de poesía, su primer contacto fue con algún poema amoroso, esto debido a la cercanía emotiva que produce el verse reflejado en un argumento tan conocido por todos como es el amor, motor del mundo y de los hombres. Me parece altamente loable la tarea de un poeta que decide dedicar gran parte de su obra a esta línea poética, ya que en estos tiempos tan vertiginosos y volátiles, invita a replantearse ciertas cosas con respecto a la poesía amorosa, me explico: 6


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Si entendemos que el corazón es el centro de la vida, reloj humano, lo llama sor Juana; maquinaria que mide con perfección nuestro tiempo corporal, podemos comprender mucho de su funcionamiento, pero también, y esto lo sabe cualquier mexicano que haya recibido su instrucción afectiva a partir de los boleros y el cine, el corazón es el órgano del deseo (el corazón se hincha, desfallece, se inunda, se eleva), tal y como se le maneja, aprisionado en el campo de lo imaginario. ¿Qué es el mundo, qué es lo que el otro hace con su deseo? Esa es la inquietud donde convergen los movimientos del corazón, todos los problemas del corazón, y una de las interrogantes más grandes que hace girar al mundo. Se escribe no sólo para dejar constancia de nuestro paso por la tierra, sino porque nuestro paso es único y vale la pena mencionarlo. Se escribe poesía no sólo para dialogar con el tiempo, sino porque el tiempo del hombre es irrepetible; se escribe poesía amorosa, no para prolongar lo vivido, sino para intensificarlo, hacerlo lúcido y perfecto. Herida sombra es la prueba inequívoca de esto último. El poeta Díaz Vélez ha dedicado gran parte de su obra a intensificar y a hacer lúcidos y perfectos esos momentos de amor que merecen ser salvados del olvido y del vértigo del tiempo. NATURALEZAS VIVAS Duermes. La noche está contigo, la noche hermosa igual a un cuerpo abierto a su felicidad. Tu calidez entre las sábanas es una flor difusa. Fluyes hacia un jardín desconocido. Y, por un instante, pareces luchar contra el ángel del sueño. Te nombro en el abrazo y vuelves la espalda. Tu cabello ignora que la caricia del relámpago muda su ondulación. Escucha, está lloviendo en la tristeza del mundo y sobre la amargura del ruiseñor. No abras los ojos. Hemos tocado el fin del día. Su poesía, dotada de un maravilloso rigor formal, trasciende al encontrar un tenso y justo equilibrio. Su hallazgo radica en encontrar el alma de las cosas, en dotar de dignidad a las palabras y las cosas: nunca un cerillo por debajo de una hoguera, nunca un océano por arriba de un río. Todas y cada una de las cosas que nombra están a la misma altura. 7


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DOY FE Donde dice la noche debe leerse el día, donde aparezca sombra deben estar tus manos; en donde diga brisa, ciudad que me abandona; donde dice relámpago, memoria o travesía; donde se nombra el fuego puede escucharse música; el mar agonizante donde aparezca el mar; debe decir la isla si puse ahí tu cuerpo; la dársena o deseo, cuando la niebla diga; debe quedar desierto donde escribí desierto; diluvio, adonde tierra; el tren, en vez del túnel; donde dice la playa debe decir tu sexo, prolongación del viaje contra la luz confusa; donde escribí la muerte, debe decir la vida; donde dije la vida, debe decir la muerte, máscara bajo mis huesos, desesperanza, canto sin flor, presente simultáneo, destino. Jamás elucubración verbal, malabar silábico que sólo maravilla y nunca alumbra. La poesía de Díaz Vélez contiene el eco de la generación del 27, en especial de Miguel Hernández, no se queda sólo en el canto a sus amores, trasciende al inventar otros espacios, al olvidarse de la originalidad y sustentarse en el argumento de lo auténtico. No hay nada nuevo bajo el sol, salvo que el sol que miro yo, siempre es otro en otra parte. ALFAMA Atraviesa el amor, o lo que sea, el mapa desdoblado ante los ojos de la chica que aprieta en su bolsillo una llave. Pasa el tráfico lento y el espejo fugaz de la garúa; cae desolación desde las nubes encima de sus hombros y el destello de su ajorca. Sujeta con firmeza el tesoro metálico, aligera el ritmo apresurado de sus pasos sin mirar hacia atrás. La cerradura queda lejos aún de su impermeable. La puerta que ha de abrir tendrá el relámpago de la pieza dentada entre sus yemas y el secreto interior de la llovizna. Afuera quedarán Lisboa y sus eléctricos, los cálidos aromas del óxido del Tajo corriendo inalcanzable hacia los puentes. 8


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La poesía, según López Velarde, es un ropaje, pero sobre todo una sustancia. Es decir, que al cubrir la palabra se descubra su significado. En este sentido, las imágenes de Díaz Vélez, descubren el significado real de las palabras. No corta un verso sólo por cortar, encabalga para que el verso solo cobre vida, para que brille. Su argumento retórico es sólo eso, un argumento que ayuda a potenciar el espíritu del verso. Al leerlo, me viene a la mente un poeta español que a últimas fechas se ha convertido en un indispensable en mis lecturas, Gerardo Diego, y para ser más exactos, el poema Insomnio, en el que hallo cierta resonancia con uno de Díaz Vélez que, desde que leí la antología, me pareció cercano. El poema de Gerardo Diego dice: Insomnio Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes. Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo, y tú, inocente, duermes bajo el cielo. Tú por tu sueño, y por el mar las naves. En cárceles de espacio, aéreas llaves te me encierran, recluyen, roban. Hielo, cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo que alce hasta ti las alas de mis aves. Saber que duermes tú, cierta, segura - cauce fiel de abandono, línea pura -, tan cerca de mis brazos maniatados. Qué pavorosa esclavitud de isleño, yo, insomne, loco, en los acantilados, las naves por el mar, tú por tu sueño. El poema de Vélez al que me refiero y en el que hallo cercanía, es el siguiente: CUARTOS VACÍOS Algo en la intimidad de las alcobas guarda la emanación de lo que fueron y son lo que ellas mismas contuvieron: el hambre de una piel y las caobas texturas de su voz, el paso aleve del insomnio, las risas, el fracaso que asumen los relojes del ocaso, la cómplice embriaguez del sueño breve, el olor de una noche y de la tierra desierta en su lugar: cielos vacíos y bocas que buscaron ser mordidas 9


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ensayo por el aire que asfixia nuestras vidas. Hieren la soledad cuando se cierra la puerta y sólo están sus muros fríos.

Ambos poemas, además de ser soneto, hablan de la imposibilidad de comunicarse con la amada, nos remiten al vacío nocturno que nos aqueja cuando recordamos, o nos percatamos, que es imposible estar con ella. Además de eso, ambos poemas utilizan como barrera el “sueño breve”, antesala del insomnio, que es uno de los primeros síntomas de la locura. Si leemos con atención, veremos que el final es lo que los hermana. En Gerardo Diego es, “Qué pavorosa esclavitud de isleño,/ yo, insomne, loco, en los acantilados, /las naves por el mar, tú por tu sueño”. El inicio del segundo terceto es no sólo la conclusión del soneto, sino el reconocimiento cabal de lo fatídico: la soledad. En Vélez es el mismo procedimiento: por el aire que asfixia nuestras vidas. /Hieren la soledad cuando se cierra/la puerta y sólo están sus muros fríos. Otra vez la soledad. Que manera tan maravillosa de nombrar a la amada: en lo etéreo, en el hueco de la ausencia. Sabemos que estamos enamorados cuando todas las cosas comienzan a tener el nombre del ser que más amamos, y sabemos que el amor es bueno por que el dolor que puede producirnos nos recuerda que a todo momento el corazón nos late, que estamos vivos. Con cada apartado del libro descubrimos diversas formas de acercarnos al amor y, contrario a lo que se pueda pensar, no nos confirma el sentimiento, sino que lo amplía, lo traduce en una imagen que rompe y abre nuevas posibilidades para el goce. Es sumamente interesante, pero no extraño, que un autor dedique gran parte de su vida y su obra a la búsqueda del poema de amor que trastoque el tiempo y genere empatía con el lector; interesante porque justo la proximidad de este argumento con los sentimientos puede ser una trampa en la cual caer fácilmente, haciendo del poema no una obra necesaria sino una fácilmente desechable, afortunadamente este no es el caso; y no resulta extraño porque el poema, como declaración del tiempo, encuentra su función más alta en la expresión más pura de afecto que tenemos: el amor. Sí, el amor, porque la dicha también necesita celebrarse.

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FANTASMAGORÍA DE MEDIANOCHE Oscar Reyes

Que haya un cadáver más ¿qué importa al mundo? Canto a Teresa, JOSÉ DE ESPRONCEDA Del miedo obtuvo una fuerza que desconocía su propio cuerpo. Había perdido el control de sus piernas, pero la autonomía que adquirieron le hizo estar agradecido con Dios, pues así mantuvo la esperanza de seguir vivo; y es que sólo una fuerza ajena a sí mismo podía despertarle el instinto de supervivencia. Consideró la estrecha similitud entre el sueño y la realidad: el miedo paraliza en ambos casos; en cambio, en el intento de dar una carrera desesperada, sólo es en el sueño que uno corre con todo esfuerzo sin lograr mucha velocidad, o sin poder avanzar siquiera lo congruente con la prisa; al menos así solía sucederle. Para alguien que siempre ha distinguido las diferencias entre los sueños y la realidad, resultaba inútil comprar todo aquello como baratas ilusiones oníricas, porque su mente nunca había tenido la capacidad de generar pesadillas que le evocaran el olor de la adrenalina y de la sangre, ni nada como esos detalles que percibió cada vez que cruzaba las húmedas calles a toda velocidad, o cuando daba intrépidos saltos para sortear los obstáculos de su ruta improvisada. Por desgracia, nada era un sueño. Continuó corriendo sin intentar detenerse mientras siguió escuchando la carrera loca de las camionetas negras que iban tras de él. Los muros y el pavimento le jugaban tretas tragándose el ruido para darle la sensación de salvación, como conspirando para sabotear su fuga. Repentinamente, al más mínimo intento por detenerse para contener el jadeo y así poder recuperarse, salían las luces altas a la vuelta de las esquinas de las calles. Al internarse en un callejón, levantó las sospechas de un transeúnte que andaba por ahí. Su evidente calidad de supuesto prófugo animó el desconcierto de aquella persona para que ésta intentara delatarlo a gritos en cuanto escuchó a los bólidos acercarse, Por acá, por acá. Acá está. No tuvo más remedio que seguir huyendo, ya que nadie le auxiliaría en semejantes condiciones. Era impensable confiar en el resguardo de los edificios que albergaban cualquier negocio nocturno, pues se convertirían en su tumba si no les encontraba la típica salida de emergencia que sólo la suerte de un héroe de película de acción suele tener reservada. Aquí no sucedería así porque muchas veces esa salida de emergencia suele compartir su puerta con la entrada.

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Pensó que algo bueno ya había hecho en la vida para que, enmendado, pudiera mantener ese ritmo endemoniado. Tal vez era la gracia divina que, por su misericordia, no se ocupó de sus blasfemias vomitadas durante el correteo. Por lógica, advirtió que todo eso que dijo no fue a gritos, pero resonaron palabras retumbantes desde su alma, Para algo estoy hecho… El cobijo que encontró entre un inmenso montón de basura tras un tropiezo afortunado le bastó para conservar el pellejo. Aguardó ahí mientras sus pulmones jalaban a bocanadas el aire enrarecido del muladar, pero le era tan difícil usar la nariz por la aguda pestilencia que su boca quedó abierta, dejando escapar un silbido gutural en cada exhalación. Temía que su incontrolable temblor de brazos y piernas le hiciera mover demasiado la basura como para elucidar su ubicación ante aquellos acosadores. Apretó los párpados y las mandíbulas tan fuerte como pudo para contener los escalofríos. Le vino una jaqueca. De inmediato comenzó a rezar. Escuchó de cerca pasar las camionetas que iban escoltadas por una motocicleta de la cual no había notado que igual le perseguía, como tampoco se percató del tiempo que había permanecido allí acostado con media espalda empapada por algún líquido descompuesto. La motocicleta dio un leve derrape en cuanto pasó aún más cerca de él; luego, sólo una camioneta por detrás. Mientras rondaban como zopilotes, intrigado, esperó a que pasara la segunda… Nada. Cuando decidió abrir los ojos lo hizo tan despacio que parecía que esperaba lo peor. Era la luz de la lámpara de la calle la que le daba de lleno en la cara y no la de la esperanza que se le iba apagando de a poco, porque así son las travesuras del pavor. A pesar de que ya no oía más que el transitar normal de los contados automóviles, vaciló en levantarse cuando de pronto sintió que la humedad le llegaba hasta los pantalones. Sabía que, de prestarse a la incredulidad, se convertiría en una presa fácil, pues la obstinación profesional de sus perseguidores los orillaría a regresar a esa calle donde yacía tirado entre desperdicios, como dispuesto a tomar el sol. Para encontrarme tendrían que peinar la zona con una pala mecánica. Toda esta basura los desalentará, eso le gustaba pensar. Quién creería que de tal contaminación se puede obtener el beneficio mismo de la salvación. Su cuerpo, que en parte quedó cubierto y el resto a cielo abierto, fue recuperando el aliento. No se confió y decidió permanecer ahí todo el tiempo que fuese necesario, hasta que le abrazó el entumecimiento. Al mover la cadera, le vino un dolor punzante e insoportable a la altura del riñón izquierdo, dejándolo paralizado por completo. Cuando pudo aflojar el dorso trémulo, logró relajarse para hacer otro intento por incorporarse.

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relato Recapituló lo ocurrido: Poncho y Gabriel fueron los primeros rezagados. De Gabriel oyó un grito. Seguramente, lo atraparon, dedujo. Leticia tomó su propia ruta de escape, aunque anduvo junto a él antes de que la perdiera de vista. De Lemus recibió una mochila durante el primer tiroteo que los separó. Charly, el novato, iba por delante hasta que decidió guarecerse dentro de una oscura vecindad que tenía sus rejas abiertas de par en par. Así la libró para hacerse un testigo muerto de miedo, totalmente mudo. Nos vemos en la central fueron las últimas palabras que le escuchó decir a Lemus mientras se dirigía a los demás que se apresuraban en bajar por las escaleras del motel. Oye, tú eres joven; contigo podremos evitar que destruyan nuestra información. Cuida esto lo más que puedas, le suplicó Lemus en lo que le colgaba al hombro la mochila entreabierta. Aunque estaba ligera, sintió la inmensa carga de su contenido. Como no procuraron cerrarla bien, en la carrera fue perdiendo las notas, algunas fotocopias de varios oficios, la cámara fotográfica, la grabadora portátil y hasta una memoria USB. Trató de recuperar algo, pero el estruendo de los disparos de armas de alto poder que rebotaban por todas partes le hizo preferir su vida. Nada de lo que conservara la mochila valdría su sacrificio. Lamentó la pérdida, mas no le quedó otra opción que arrojarla al solitario arroyo vehicular de medianoche. Maldita sea la invitación que me hizo Lety para venir a husmear en esa vulgar rueda de prensa. Me cegó mi obsesión por seguir esas tetas. Qué iluso fui al hospedarme en el mismo motel que los demás reservaron; imbécil, todo por atajar la suerte de meterme en la cama de Leticia. Si no hubiera ignorado el comentario del portero del motel que consideré desvariadas elucubraciones… Ay, joven. Sólo dígales a sus amigos que no se vayan a meter en problemas con toda esa gente, que es de mucho cuidado… Y es que ciertas personas se vuelven fantasmas antes de convertirse en meros muertitos. Aquí ya varios se llamaron. Maldita sea mi necedad por cazar la nota del año y permitir que el trabajo me sedujera en plenas vacaciones… Vaya ingenuidad a pesar del advertido peligro que todo esto representaba… Maldito mi egoísmo que me hizo infiel a mi compromiso con la sociedad. No puedo creer que un periodista de mi clase se prestara a semejante bajeza… Sin tener vela en el entierro, llegué a la cita para reservar mi propio sepelio…

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relato Nadie me ahorcará para dejarme colgado de un puto puente. Nadie me mutilará, ni intentará bañarme en ningún ácido. Jamás. Antes dejaría que mi cuerpo se pudriera en este apestoso lecho. Pero… para algo estoy hecho. Se sentía bendecido por una cosa: por la basura misma entre la que se encontraba. Flexionó la cintura para enderezar la espalda. El dolor aún era agudo; sin embargo, ya no estaba dispuesto a seguir ahí. Quería palpar lo que tenía en el dorso mojado. Medio erguido, apoyado en una bolsa rellena de desechos sólidos, logró llevarse la mano al riñón, pero el dolor le puso tieso otra vez. Palpó y notó su mano completamente ensangrentada, creyendo tener enterrado un trozo de vidrio. Aunque estaba empapado, no pensó que estuviese desangrándose, pues su movilidad se conservaba regular; y por eso creyó que Dios no le abandonaría, ya que sus escasas fuerzas le bastaron para abrirse paso entre la vasta basura hasta ponerse de pie a fuerza de gemidos. La sangre de la cabeza se le agolpó tan fuerte que se atarantó. Se mantuvo en pie, constreñido, y al fin dio algunos pasos para alcanzar a apoyarse en la acera. Por la calle pasaban los automóviles como a cada diez minutos e iban tan rápido que no lo veían, o aceleraban en cuanto lo vislumbraban; y es que su aspecto era similar al de un ebrio. Entonces, con tremendo esfuerzo, logró alzar una mano para pedir auxilio hasta que se detuvo un automóvil grande que le encimó las luces altas. Ayúdeme…, le dijo al conductor que tardó un poco en salir del auto; y cuando lo hizo fue muy despacio. Oyó la parsimonia de los tacones de unas botas vaqueras que se le acercaron. Ayúdeme, por favor, imploró. Otra persona que salió del coche se mantuvo detrás de la puerta del copiloto. Estoy malherido… necesito un médico, les afirmó. Al parecer había otras personas dentro de la camioneta, y una de ellas apagó los faros. En ese momento, trató de alzar la mirada para verles las caras, pero el dolor lo dobló nuevamente y lo tumbó de rodillas. Distinguió el color del automóvil. Estaba seguro que era una camioneta. Permaneció agachado mientras un segundo golpe de sangre se le arremetió en la cabeza; el dolor fue aún más intenso. Presintió estar alucinando, siendo esto la antesala de la pérdida del conocimiento. Las personas de esa camioneta negra seguían ahí, inmutadas, pero intentó comprender que, ante alguien tan extraño, sólo trataban de tomar precauciones. La distancia que conservaban ante él no les permitía ver su ensangrentada espalda, aunque su mano enrojecida no los alertó en ningún momento. Sintió sobre la nuca sus miradas contemplativas, tan frías como los cañones de unas pistolas. Su cuerpo se venció hasta quedar tendido bocabajo. El lejano sonido de las sirenas de algunas patrullas se mezclaron con el chasquido parecido al que produce el corte de cartucho de una arma corta, mientras las imágenes del día anterior le vinieron

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desordenadas a la mente, haciéndole concluir que todo era una confusión, aunque esa razón no le explicaba las represalias tomadas en contra del grupo. Luego de esa balacera de recuerdos sólo le quedó uno bien fijo: el del instante en que le expresó a Lemus su parecer sobre la extraña manera en que se había desarrollado la rueda de prensa de la tarde anterior, así como también había indagado sobre la forma en que algunos colegas propalaron sentencias amañadas disfrazadas de preguntas. A alguien no le pareció tal actitud. Y a todo eso, como si fuese una regla de oro, la respuesta de Lemus le sería inolvidable hasta ese fatídico momento de medianoche, Si sorprendes a uno… inquietas a todos.

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poemas María Elena Ortega Ruiz

Bordeamos al amanecer la costa de la isla que canta, para llegar a la ciudad, el apacible mar de olas verde turquesa, de vez en vez nos saludaba, al golpear la roca caliza. Sólo había que mirar al otro lado del camino para ver el mar de pastizales, palmeras reales y árboles cobijados por la hiedra. Rompimos el ritmo del paisaje cuando hablamos y hablamos para tratar de explicar esa alianza entre un sendero de cielos limpios y la tierra del tirano. El sol estaba en lo más alto cuando entramos a la vieja ciudad. Nos alcanzó el pasado, brotó con escozor el silencio. Moradas de puertas abiertas, nos mostraron el abandono húmedo y rancio incrustado en la piel de sus muros. Fue necesario atrasar el reloj para comprender que su presente esta postrado sobre las lápidas de héroes ficticios. Llovía y el calor al tornarse tibio permitió que voces sigilosas se asomaran para mirar las calles cansadas del ir y venir de extranjeros que miran curiosos sus rostros de arena. Su voz enmudece pero las paredes hablan entre contrastes de verdes y rojos: gritan a través de pinceladas libres y los cuerpos inertes dentro de un trozo de cedro, hablan al ser cincelados. Al caer la tarde, hombres y mujeres se entretienen arrojando sus sueños sobre la marea y desean que la corriente los lleve hasta donde sol duerme. Algunos resignados, han dejado ahogar sus deseos, solo esperan pacientes que el abrazo fraterno del caribe los consuele y piadoso derroche su manto de agua, para salpicarles la herida con sal. El viento suelta un olor a orines, esencia de quimeras atrapadas entre los pliegues del innavegable mar de espuma. La noche se vuelve carnavalesca, no hay caretas que cubran los semblantes tristes: cantan sus sones y brazos con alas de telas multicolores vuelan bulliciosos. Un sollozo se apaga entre los sonidos del bongó. Hasta la madrugada, bailamos y cantamos en complicidad con ellos, luego… guardamos silencio. 16


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Jimena Ramírez

Lo supe muy tarde pero yo nací con el canto del buitre resonando en mis oídos El sexo, recién confeccionado, ignoraba la fragilidad de sus instintos jamás quiso entenderlos El dolor yacía oculto bajo los poros de la piel, aguardando el momento en que lo nombraría por vez primera la seducción de la serpiente también acechaba en el rincón menos esperado del universo El cordón umbilical fue ese cadáver que me trajo a la vida la única promesa de retorno Ya no lo recuerdo pero el primer sonido que desgarró mis tímpanos fue el lamento de mi madre ese bramido que ella escondió en su vientre y recordó años después cuando la tierra se abrió como una herida para engullirme

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Me lo dijo muy tarde pero el día que partí ella compuso una elegía con la que cubrió a todo el mundo Lo obligó a vestir un luto blanco seco, amargo, gélido… la seducción del dios llegó de golpe sabía a frutos agrios y tierra quemada Nací añorando el silencio que lo precedió el que ignora la miseria de lo eterno Crecí con las cenizas del mundo bordadas a mis vestidos aguardando el regreso del buitre, la paz de quienes no han nacido y nos miran desde arriba Ojalá no lo supiera pero la caricia de un dios es la canción más triste que jamás se ha escuchado

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Marco Antonio Meneses Monroy

Según Hesíodo Refiere en su Teogonía Hija de Ekidna y Tifaón. Enorme, horrenda y cruel Poseedora de tres cabezas, La primera de león, La segunda de cabra Y la postrera de dragón. Kimera, - continua Hesíodo No soplaba, lanzaba llamas ardientes, Siendo muerta por Pegaso y Belerofonte. Yo, la imagino majestuosa Madre ideal para Esfinge, Eterna como el sol, única.

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Adriana Marrufo muestra en este portafolio parte de su trabajo en papel florido en la colección pictórica Xochiquetzalamatl de la raíz náhuatl del sufijo amatl representa al papel, soporte orgánico con el cual la artista explora la técnica del grabado y evidencia la amplitud de recursos y variables de impresión. El contenido encarna mariposas prehispánicas y coloca a la naturaleza como “materia de transformación”. Xochiquetzalamatl alude a la sutileza de las mariposas en vuelo, pero también a las hojas maduras que caen de los árboles cubriendo calles, banquetas, camellones o parques urbanos; objetos que al ser recontextualizados de manera artística, activan la posibilidad de diversas lecturas estéticas. Adriana Marrufo nació en el Distrito Federal pero circunstancialmente llegó a Hidalgo para estudiar la licenciatura en el Instituto de Artes de la UAEH, donde hizo artes visuales, de igualmanera estudió la maestría en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) de la UNAM.

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ARIS ALEXANDROU: ESCRIBIR CON LAS MANOS LACERADAS

Nota introductoria, selección y traducción de los poemas directamente del griego por: Guadalupe Flores Liera En Grecia los años posteriores a la segunda guerra mundial y a la cruenta ocupación alemana son conocidos como “los años de piedra”. Esta época se caracteriza por el tutelaje inglés, que pronto pasó la estafeta a los estadunidenses. Los ingleses promovieron y apoyaron la instalación de un gobierno de derechas en Grecia, afín a sus intereses en el Mediterráneo oriental, e impusieron como condición a la ayuda para la reconstrucción del país la eliminación de los comunistas, quienes habían asumido la defensa del territorio ante los nazis, en contraste con el gobierno oficial que se exilió en Egipto. De esta manera, el final de la segunda gran guerra dejó en Grecia el camino abonado para la guerra civil que la sucedió. Aris Alexandrou, espíritu independiente, crítico y lúcido, sufrió por sus ideas el exilio y la cárcel, pero además la execración de sus propios compañeros de ideología, sobre todo los afiliados al Partido Comunista, porque chocó con el dogmatismo de que hicieron gala, además de con la política de concesiones y el doble discurso. Este autor creó una obra sólida a contracorriente de todas las imposiciones. Su obra se enmarca en la posguerra y, sin formar parte de grupo alguno, su nombre figura al lado de otros autores ─como Manolis Anagnostakis, Tasos Livaditis o Giannis Ritsos─ que, como él, se empeñaron en permanecer fieles a sus principios: la dignidad humana, la libertad de pensamiento. Aris Alexandrou (seudónimo de Aristotelis Vasiliadis) nació en Leningrado en 1922, su padre era griego y su madre rusa. Cuando él tenía seis años la familia se estableció en Grecia, primero en Tesalónica y poco después en Atenas. Cursó la educación media en el Colegio Varvakeio. Abandonó los estudios universitarios de Ciencias Económicas y se dedicó a escribir artículos y traducir, básicamente del ruso para la editorial Govostis, desde 1943. Es traductor de Dostoievski, Tolstoi, Chejov, entre otros, además de muchos autores ingleses, estadunidenses y franceses. En la juventud formó con unos amigos un grupo de orientación marxista, con ellos participó en la Resistencia contra los alemanes. Luego se integró a una organización comunista, de la que se desligó unos años después por diferencias inconciliables. En 1944 fue arrestado por los ingleses y enviado a un campo de 33


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poemas concentración en África del Norte. Durante la guerra civil griega (1945-1949) estuvo en el exilio en islas de castigo griegas: Moudros (1948-1949), Makrónisos (1949), Agios Evstratios (1950-1951). Durante quince años vivió la persecución y el exilio y fue confinado en cárceles para prisioneros políticos por negarse a renegar de sus convicciones políticas. Por no haber hecho el servicio militar fue condenado a diez años de prisión; las autoridades obviaron el hecho de que no se presentó a filas por hallarse en el exilio. Estuvo en la prisión Averof y luego en las islas de castigo de Egina y Giaros. Considerado un insumiso permaneció encarcelado hasta 1958. Poco después de ser liberado contrajo matrimonio con Keti Drosou. Cuando los coroneles impusieron la dictadura en Grecia mediante un golpe de Estado (1967-1974) se exilió en París, para evitar nuevas persecuciones. Su poesía se caracteriza por un fuerte carácter autobiográfico, en ella relata sus experiencias como perseguido y encarcelado, además de su decepción de los dirigentes políticos y, sobre todo, de sus líderes ideológicos, a los que fustiga con ironía. Recibió fuerte influencia de Mayakovsky. Es autor de: Todavía esta primavera (1946), Travesía No Rentable (1952), Rectitud de vías (1959), Poemas 1941-1971 (1972); la crónica La rebelión de Kronstandt (1975); La colina con el surtidor (guión basado en la obra teatral de G. Ritsos del mismo título) (1977); Hablando en plata (1937-1975) (1977), y de la novela El arca (1975), considerada la obra tal vez más importante de la narrativa de posguerra, en donde vierte la experiencia del desengaño ante el fracaso de la ilusión de construir una sociedad justa. Los años en París fueron muy duros para él y su esposa, mientras ella limpiaba casas, él realizó todo tipo de trabajos desgastantes, desde mozo de tiendas, hasta limpiacalles, velador, mesero, transportista de libros, lector de autores rusos para editoriales. Volvía a casa con las manos heridas, agotado y robaba horas de sueño para poder escribir y organizar su obra. Murió de un infarto el 2 de julio de 1978, tenía 56 años. Alcanzó a ver la edición en francés de su novela El arca. En 1962, en el Festival de Moscú, recibió el Premio por la Paz.

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VENTANA Aquí la luz es dura se vuelve difícil atarla junto con las cortinas en el extremo de la ventana y en el antepecho una flor igual que un heliotropo se vuelve al Primero de Mayo del año pasado. Cuando comienza a anochecer permaneces ahí de pie contando los barcos cargados de huesos la transformación de la zona muerta que vuelve fosforescente a la lluvia cual marfil olvidado. No te decides a mirar de frente a la calle. Nuestra voz no es siquiera una gota una gota que levantaría la ola para cubrir un guijarro. Una hoz lunar siega farolas. Esperamos a que alguien nos enseñe cómo silban las cañas en los dedos del viento cómo el día se convierte otra vez en día y la estrella en estrella. Esperamos que la luz penetre por la ventana como un beso de mujer por entre la camisa rota. ASCENSO Todo fue maravilloso ayer por la noche tanto que el mar se cristalizó en las rocas y se volvió sal tanto que las nubes se cristalizaron en lo alto del cielo y se volvieron estrellas tanto que nuestro silencio se cristalizó aquí abajo y se volvió beso. Todo fue maravilloso ayer por la noche nada más que tal vez llegaron con algo de retraso como llega al caído en combate la orden de ascenso a cabo segundo.

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PROCURA Procura que tus versos se unan a las articulaciones de las duras palabras precisas. Esfuérzate para que sean una extensión de la realidad igual que cada dedo es una extensión en tu mano derecha. Únicamente así lograrán como la palma del médico hacer que se recuperen a bofetadas quienes se desmayaron al enfrentar su rostro vacío. EN LAS PIEDRAS Y sin embargo no me suicidé. ¿Han visto alguna vez a un abeto descender por su propio pie al aserradero? Nuestro sitio está aquí en este bosque con las ramas podadas los troncos semicalcinados y las raíces hundidas en las piedras.

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Hay dos jóvenes: dentro de la casa se sienta una de ellas, afuera la otra. Todo el día, un dueto de sombra y luz resuena entre ambas. En su oscuro cuarto revestido de madera, la primera resuelve operaciones con un artilugio aritmético. Secos tictacs marcan el tiempo con cada suma que completa. Sobre esta empresa estéril se clavan sus bizcos ojos de rata astuta, su magra complexión de raíz pálida. Broncínea igual que la tierra, la segunda yace; oye los tictacs como soplos de oro o polen en el viento iluminado. Adormecida cerca de un lecho de amapolas, ve cómo el fulgor rojo seda de sus sangrientos pétalos centellea abierto a la espada del sol. Arriba de aquel altar verde, libremente convertida en la novia del sol, la segunda crece deprisa con las semillas. Sentada en el pasto, orgullosa de su labor, da luz a un rey. Amarga y cetrina como cualquier limón, la otra, virgen mordaz hasta el último momento, va hacia la tumba con los despojos de su carne; esposa de los gusanos, pero no una mujer.

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DE ZERO A HERO !"#$"%&'()"%*+,-$'%

Los dioses descontinuados andan entre los hombres. A veces una uña les recorre la espalda: es el miedo, transparente y helado, de que los hombres vuelvan a creer que sí existen. Eduardo Casar, Dioses que no. Las figuras mitológicas griegas forman parte de nuestra “cultura general”. Sabemos que Zeus es el dios del rayo, que Neptuno domina los océanos y que Hades, como un paria desolado, el inframundo. Sin embargo, estos conocimientos frecuentemente son adquiridos de segunda mano y, por esta razón, acuden a nuestra mente las imágenes vistosas de las películas Disney, los personajes del manga de Kurumada y un sinfín de representaciones y recreaciones más. Pareciera que la inmortalidad de los dioses se justifica en este afán por continuar sus historias míticas sin importar el momento histórico. Zeus, tan voluble como Zelda Fitzgerald, pasa de ser un padre bonachón de mejillas rosadas al anciano terrible e iracundo que goza de su poder y dominio sin mesura. Tantos disfraces que ha usado a lo largo de los años lo confunden y a veces intercambia sus barbas con el dios de los judíos. Porque lo que fue religión para los griegos se convirtió en un recipiente donde se vierten los valores y frustraciones de cada época. Esta estructura sígnica se matiza con las adaptaciones de sus elementos. Deja entrever mucho más que un ajuste a las formas preestablecidas y, entre sus bordes, se dibujan los sentidos que particularizan el pensamiento del contexto en cuestión. Basta con contraponer las dos versiones de Furia de Titanes: la primera de ellas revela la imagen de un Zeus entronado, con areola dorada en su cabeza, manto blanquísimo y barbas plateadas. De seguro le quitaron alguna cruz a su vestuario para no balconear el reciclado de símbolos. Por el contrario, la cinta de 2010 presenta dioses de cejas anguladas con una vestimenta que bien podría funcionar para alguna serie de extraterrestres. Ellos dominan el mundo mediante objetos mágicos, a veces imperceptibles, muy parecidos a los avances tecnológicos de

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nuestra época. Si hubiera sido filmada en este año, no dudaríamos al ver a Hades controlando sus huestes malvadas mediante una aplicación instalada en un iPad gigante. El ejemplo de Hércules, película animada para niños, es transparente en su parodia. El personaje principal pasa por una transformación que lo convierte en héroe verdadero. En menos de cinco minutos se narran algunos de los famosos doce trabajos. Y ellos le sirven a Hércules lo mismo que algunos cuadrangulares a la estrella de beisbol. Los motivos de su trascendencia quedan hechos añicos, apilados bajo los autógrafos, las fotos y los muñecos de acción. Liberar a los demás de sus pequeñas calamidades no tiene valor verdadero. Salvar al cosmos de su fatal destino proporciona, al menos, un póster mucho más grande que el anuncio de la Gran Manzana; la figura del fortachón se dibuja en las estrellas del cielo y así se vuelve perdurable, como los símbolos grecolatinos. No momentánea, como la de deportistas y cantantes famosos. Hércules hace lo que ni los dioses pudieron hacer. Sin embargo, la felicidad está en aferrarse a la vida mundana y en no tener aspiraciones mayores a encontrar el amor. Ni siquiera la eternidad es apreciable, el secreto de la felicidad es afianzarse al mundo tangible y disfrutar el momento. Las castas quedan anuladas mediante el mágico pase de manos que consiste en igualarse al ser amado. Nada más importa. Porque la vida sin mi amada Meg, incluso la vida inmortal, estaría vacía. Y con esta frase melosa el cierre de la película culmina en la mayor enseñanza de nuestra cotidianidad: sujetémonos a los deleites y gozos sin importar lo efímeros que sean. Luego que nadie se queje al escuchar que nos llaman sociedad de consumo.

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ensayo Israel J. González S.

En estos días tan aciagos, me vuelvo a preguntar acerca del aún para qué de algunas prácticas humanas. Más asertivamente hablando, incluso ya no sobre su finalidad, sino acerca de su permanencia, pues a pesar de que pueda parecernos no ser demasiado clara se comprende, incluso sin saber muy bien por qué pueda parecer extraordinario tal hecho o sea, en todo caso, una situación que a nadie importe. Quizás, por esas razones tan distintas, uno se termine preguntando a qué causas se debe tan tenaz supervivencia. Una de esas prácticas es la reflexión filosófica. La pregunta al cruzarnos por la cabeza, no puede soslayar el hecho de que este tipo de reflexión, ha perdurado alrededor de tres milenios, por lo menos en Occidente. Es en la cultura que hoy conocemos como griega, donde nace un pensamiento que trata de contestar las preguntas humanas trascendentales, sin hacer uso del pensamiento mítico-religioso. No es que en los primeros balbuceos de esta forma de interpretar el mundo, se haya desprendido por completo del bagaje de los dioses y el mito, pues aún hoy existe entre nosotros, la duda de haberlo hecho de una vez por todas. Sin embargo, aun cuando tales explicaciones del mundo tengan un rasgo mítico, esas primeras filosofías tienen por lo menos, la intención de ser de talante secular. ¿Cuál fue la intención de buscar respuestas a partir de una perspectiva crítica? Si bien tal noción es demasiado problemática por su propio periplo en la historia de las ideas, en este momento es útil como punto de partida. Crítica lo entiendo aquí, no sólo como un análisis, sino también la duda como un malestar. Los primeros diálogos platónicos tienen esa impronta, quizás de una forma no muy marcada. Sin embargo, a lo largo del pensamiento helenístico tal malestar no deja de estar presente. Muy probablemente esa fuera la razón por la que las diversas corrientes de las escuela filosóficas post aristotélicas, tengan la necesidad de dejar en claro su finalidad terapéutica. Sin embargo, el camino de la reflexión filosófica comenzó en un momento anterior. Si se quisiera ponerle una fecha de nacimiento más exacta con los hechos, se podría remontar a períodos aún muy anteriores. Ya decía el poeta Horacio que la poesía es la educadora de la humanidad. Asunto que fue insistentemente reiterado a partir de la Ilustración. ¿A qué apuntaba Horacio con esa afirmación? Hasta donde nos es posible comprender, parece que el poeta latino señala que la creación de los dioses, del mundo y del hombre, había sido recreada por el mito, es decir cantada y contada por los poetas anónimos del pasado primordial. Afirma la poesía como la dadora de sentido y legitimidad del estado de cosas en que vive el hombre. La poesía inventó el origen. 40


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El interés que posteriormente tuvo la Ilustración acerca de la cultura griega, se propició en un ambiente de escepticismo respecto a la mayor parte de los conocimientos y las costumbres. La Ilustración no sólo fue un proceso de sofisticación tecnológica y científica. También fue el inicio de un proceso introyectivo humano. Que se haya planteado continuamente la pregunta acerca de qué es el Hombre, expresa la preocupación por no haber encontrado una respuesta concluyente, pues cada nuevo replanteamiento, indicaba conocimientos recién adquiridos y por lo tanto, aunque no dejaba de resultar inquietante, nuestra visión del mundo a pesar de ser más sofisticada de forma progresiva –o por eso mismo-, sufriera de ajustes crónicos. Con la Ilustración esta situación dejo de serlo y se volvió una característica del mundo. Muy al contrario de los deseos del propio proyecto ilustrado, incluso a contracorriente. El Romanticismo fue esa primera reacción consciente desde sus inicios de que el hombre ilustrado era un hombre incompleto. Ciertamente tal crisis de la visión anterior del mundo tuvo la intensión de comprenderse secular. Esta situación fue una de las causas por las que el hombre ilustrado pudo acercarse a la religión y al mito como un fenómeno social, convirtiéndolos a ambos en objeto de estudio, no sin dejar de cuestionarse cuáles eran las razones por las que estos fenómenos aún permanecían a pesar de todo, arraigados en el imaginario del hombre. En ese momento incluso, los románticos se encontraban ante la posibilidad que no fuera algo deleznable o superfluo en el hombre, sino que formara parte esencial de la humanidad. Esta posibilidad, que poco a poco fue convirtiéndose en certeza, se debe al revisar de nueva cuenta las fuentes de la cultura occidental, sobre todo la griega. Este período no sólo contó con nuevas herramientas, sino con una disposición distinta: no desde la certeza, sino a partir del aprendizaje. Sin embargo la esencia de este pensamiento analítico ya se encontraba de forma germinal en la posición de Platón ante el pensamiento mítico, representado por el personaje de Sócrates. Y por otro lado mucha de la obra aristotélica, se caracteriza por estudiar algunas de las típicas prácticas griegas. El ejemplo más emblemático es ofrecer un análisis de la tragedia. La tragedia concebida como una festividad ritual, y que Aristóteles, con su análisis termina por darle legitimidad como obra literaria. Es importante señalar que en estos estudios romántico-ilustrados, la perspectiva histórica le otorga una ventaja respecto al pensador antiguo. Fueron los estudios de la cultura griega durante los siglos XVIII y XIX, en concreto sobre la mitología, los que fomentaron la idea de identidad nacional moderna. Esto causó un gran impacto sobre todo en

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Alemania, que tenía en lo político y social, algunas situaciones similares a la que tuvo en algún momento la cultura griega como el idioma – variantes dialectales-, y la relación de varios estados independientes entre sí, pero más o menos homogéneos culturalmente hablando. La importancia de este hecho llevó a intentar comprender, cuáles eran los lazos que efectivamente habían logrado una cultura homogénea en los múltiples estados griegos. En muchos sentidos, el rasgo importante de esa unión consistía en sus mitos. Durante el Romanticismo, fue evidente que la poesía, efectivamente había sido la educadora de la humanidad, si se aceptaba la idea de que el mito, es Poesía. Una poesía sacra que funda y legitima, es decir da sentido a la existencia de los hombres, porque no sólo habla de la existencia en cuanto tal sino de sus fines. Los románticos, hombres ilustrados al fin y al cabo, se vieron en la disyuntiva de plantearse un ideal mítico para salvaguardar un proyecto nacional o, bien aceptar que el mito sólo podía ser objeto de estudio, y con ello, comprender que el mito también está incrustado en la racionalidad, aunque sólo como su detonante. Saber algo no significa de forma necesaria que ese conocimiento sea factible en cuanto a su posibilidad ejecutiva. ¿Cómo sería posible volver a ese estado de inocencia, es decir a la experiencia del “mundo encantado”, después de la misma Ilustración? ¿En realidad qué era lo que había provocado la reflexión respecto de ese mundo mítico? Para el mundo occidental, ya le era imposible a pesar de todos sus esfuerzos volver a ese mundo mítico. En gran parte los sucesos que transformaron nuestra realidad durante el siglo XX es una muestra de ese enloquecido afán. En ese aspecto nuestro mundo tiene rasgos muy parecidos al griego, y a la actitud de la época ilustrada. Sólo que nuestra cultura está veinticinco siglos por delante, es posterior a varias guerras devastadoras, y es un mundo esencialmente injusto, aunque en este sentido no es muy distinto al de la antigüedad. Lo que nos salva ahora como entonces a los griegos es la reflexión, aun si a veces no puede ofrecernos consuelo, por lo menos, otorga la oportunidad de ser razonables sin ser cínicos. No será mucho, pero para algunos será suficiente.

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El Comité 1973 número 8. La Grecia Antigua