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AAño. 1. No. 1 Agosto -Octubre 2012.

El Comité

Revista de difusión, crítica y creación literaria

1973

Amistad y Tristeza según Montaigne. 1. Ensayo sobre el Ensayo. La amistad. 2. Reseña. You Are There -Mono. 3. Ficción. Y menos de Rojo.

§Crítica §Ensayo §Ficción §Reseña §Poesía§


AAño. 1. No. 1 Agosto -Octubre 2012.

Editorial

E

ditorial.

Muchos nacimientos pueden ser explicados fácil y armoniosamente, por ejemplo, nosotros los humanos, nacemos por la idea de dos enamorados, que sin dar paso a más preámbulos, llevados por su instinto, crean de manera natural a un nuevo ser. O los artículos de uso común, herramientas, máquinas etcétera que se crean, en su mayoría, para satisfacer necesidades para hacer más placentera la vida. En el campo de las letras, los cuentos y novelas se escriben para contar una historia o situación y los poemas para mover las fibras más sensibles de nuestros cuerpos. La revista, El comité 1973, posiblemente surgió sólo por la idea trillada, de un grupo de jóvenes escritores, de expresar sus ideas de una forma que llegara a un mayor número de personas saltándose el desdén y la critica pretensiosa de las cúpulas culturales. Otra posibilidad es que esta revista se conforma por un grupo de escritores fantasmas, que buscan dar salida a temas que no son del interés literario convencional, ni del dominio de las masas. Tal vez se les ocurrió divulgar dos sentimientos comunes como la amistad y la tristeza desde la perspectiva del filósofo y humanista Miguel Eyquem de Montaigne y como se perciben actualmente, además de recopilar ensayos, poemas, ficciones y una reseña. Una última teoría, explica que esta revista fue producto de una borrachera, donde de los escritores, con sus respectivos escritos, se juntaron inexplicablemente, quedando esta revista al secarse los ríos de alcohol, en la orilla de una mesa cualquiera. La respuesta, tal vez nadie la sepa, pero usted, querido lector, tiene la última palabra al leer este novísimo material. Que lo disfrute. -El editor fantasma. Comité colaborador. Claudia Simone. Daniel Castillo del Razo. Israel González. Paul Olvera. Marco Antonio Meneses Monroy. Timo Viejo. Contacto. elcomite1973@gmail.com

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A

Contenido

Crítica.

Montaigne y la amistad

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Montaigne y sus ensayos

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Ensayos.

La tristeza.

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Ensayos sobre el ensayo.

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Ficciones.

La Cucaracha

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Azar

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Y menos de Rojo.

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Poesía.

Cuando ya no mire cielos en estrellas.

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Si fuéramos música.

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Reseña.

Resplandor de un anhelo.

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Montaigne y la amistad

Israel González.

A Michel de Montaigne se le considera el creador de uno de los géneros literarios más importantes de la modernidad: el ensayo. Sus textos en prosa se caracterizan por aparentar ser reflexiones ligeras o simples divagaciones adornadas con su erudición en literatura grecolatina. Como figura del Renacimiento, este autor comparte el interés por uno de los temas principales de la época: la experiencia personal. Su profundo conocimiento de la antigüedad clásica, es el referente principal para realizar un ejercicio de reflexión filosófico más personal, y si se quiere, de índole existencial, pero sobre todo, es la puesta en marcha de un intento de pensar esencialmente escéptico. En algunos de sus ensayos, aparecen las costumbres europeas más arraigadas como un simple hábito arbitrario. Para entonces, el continente americano y gran parte del mundo había sido contactado y, por lo tanto, se conocieron diferentes culturas y costumbres muy distintas a las europeas. En ese ambiente de relativismo o puesta en duda del orden conocido, Montaigne también recupera un ejercicio de distanciamiento de la vida, cercano a una corriente filosófica post socrática llamada estoicismo. Partiendo de la noción de que el objeto de los ensayos es él mismo, es decir, en cuanto se puede pensar que uno mismo no es sino experiencia del existir. Entonces lo que podemos encontrar en sus ensayos es una reflexión sobre la propia experiencia del mundo a lo largo de su vida, tamizada por la escritura y la lectura. Es un esfuerzo por comprender desde 4


Crítica

su situación singular, el cúmulo de prejuicios, sentimientos, intereses y vicios que condicionan el vivir en general. La amistad ha sido una de las ideas más recurrentes de la literatura en general. Aunque Montaigne no cite los pasajes más obvios de la literatura clásica, como los de Aquiles y Patroclo, no deja de señalar algunos aspectos que en la antigüedad resultan importantes de destacar en referencia a ese hecho. Es sabido el hecho de que ya en los diálogos de Platón se tiene la certeza de que la amistad verdadera, leal y confiable sólo se puede dar entre hombres. Quizá porque ya en los mitos griegos la figura femenina está relacionada casi siempre con el caos, con el mal. Es probable que el argumento de Montaigne, acerca de la imposibilidad de una amistad entre un hombre y una mujer, no sólo se deba a las trabas sociales, como el amor o el matrimonio, sino también de temperamento. En ese sentido, tanto uno como otro están plagados de intereses egoístas, ya sea en función del placer, del poder, del dinero, entre otros muchos, casi todos ellos de persecución ardua y de satisfacción efímera. Lo que se encuentra de fondo en estos argumentos es la certeza de que la amistad sólo es posible entre iguales. Entre hombre y mujer, no es posible esa igualdad. Las relaciones verdaderamente íntimas están más allá de las situaciones condicionadas por los prejuicios. En este caso, la amistad entre el autor francés y La Boëtie pareciera más bien una relación entre maestro y pupilo, en el sentido antiguo, aunque platónica. O acaso también en esa descripción que hace de la amistad tan sencilla “porque era él y era yo”, intente justificar por un momento, el otrora placer, alegría, de 5


Crítica

saberse comprendido y al mismo tiempo de comprender, en su vida la llegada y el despojo de esa riqueza con la muerte del amigo. Si bien, la modernidad nace en un torrente de preguntas, entre ellas la de saber qué importancia tenía la opinión singular para el mundo, en la actualidad, cuando se está en transición hacia otro momento de la historia, la pregunta es si aún es posible una opinión personal auténtica. En esta época de ensimismamiento salvaje, es prudente inquirir, incluso si existe el interés de escuchar otras opiniones además de la propia. En este sentido, si ponemos un poco de atención y nos abrimos al mundo, tal vez aparezca la oportunidad de encontrar entre nuestras riquezas el deseo de compartir nuestro ser, sin ninguna otra ambición que la del placer de brindarnos.

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Montaigne y sus ensayos

Marco Antonio Meneses Monroy.

Montaigne en sus ensayos, utiliza el conocimiento adquirido por la experiencia, aquél saber forjado de vivencias propias, de tal modo que se le puede leer como si se le escuchara hablar; así, cuando aborda su escrito acerca De la tristeza, comienza: “Soy de los más exentos de esa pasión y no la amo ni estimo”. Al finalizar el ensayo, refiere las consecuencias fatídicas que puede traer a algunas personas, sentimientos como la alegría o la vergüenza, y dice: “Mas muy poco me afectan a mí estas violentas pasiones, que tengo la piel naturalmente dura y el razonamiento me la fortalece”. Su escritura es fluida a la par que sustentada, cita a los autores Ovidio, Virgilio, Petrarca y Séneca también comenta historias o anécdotas, con los que ejemplifica su pensar. De tal modo que, sin querer generalizar con sólo un escrito la obra de un autor, encuentro que no importando el paso de los siglos, Montaigne sigue vigente por haber ensayado de manera lúcida temas imperecederos como la tristeza, la amistad entre otros.

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La tristeza

La perspectiva de Montaigne Claudia Simone.

¿Cuántas veces hemos sentido enmudecer ante la imposibilidad de sacudirnos a través del verbo, la demencia, la cerrazón, la negación o el desvarío de las sensaciones que nos agobian? ¿Cuántas veces, invisible y flotando en el aire, no percibimos un elemento espeso que nos impide el descanso en el sutil y generalmente inconsciente acto de respirar? Michael de Montaigne, en su ensayo titulado “De la Tristeza”, nos lleva de la mano hasta el túnel de nuestras entrañas a recordar aquellos desesperados, por demás desafortunados y jamás planeados momentos que, desgraciadamente, son sufrimientos. Parte de la vida de todo ser sintiente de este mundo, por el sólo hecho de vivir, no puede evitar y, que ni todo nuestro empeño, deseo, poder o dinero puede impedir. Lo que nos hunde en la más profunda desesperanza y frustración. Él, ejemplifica la tristeza con obras de filósofos y artistas, como la pintura “El Sacrificio de Ifigenia” de Timantes de Sición S.IV a.C.; versos de los poetas Safo y “La Eneida” de Virgilio, frases de Petrarca y del filósofo Séneca. A través del ensayo “De la Tristeza”, Montaigne logra acercarnos a las emociones de los personajes que cita, y logra también, hacernos sentir sobrecogidos ante este desbordante sentimiento que les embarga. En ocasiones, pensamos en el intenso dolor y la carga terrible que nos habita, e imaginamos que no podremos soportar un 8


Ensayo

gramo más. Sea que se manifieste éste en forma de una mala noticia, una separación, un proyecto fallido, un sueño inconcluso o hasta un mal presagio. A esto, Montaigne expresa con toda contundencia al hablar de la última pérdida sufrida por un príncipe y expresada en dolor después de otras aún mayores, según al entender de los testigos, habían sido aparentemente superadas con entereza: “Pero la verdad del caso fue, que estando lleno y saturado de tristeza, la más leve añadidura hizo que se desbordase”.

Sacrificio de Ifigenia. Probable copia original de Timantes.

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Ensayo sobre el ensayo

La amistad Timo Viejo.

El amigo que está con uno en la pobreza es el verdadero amigo.

En la actualidad, la palabra amistad, al igual que amigo, han caído en un simple decir de labios. Cotidianamente exhibimos amistades de distintos rubros: nuestros amigos de trabajo, los del colegio, los que aconsejan, los vecinos, los de borrachera y, lo peor, los que regañan, que se toman como verdaderos por el simple hecho de no abstenerse a decir su opinión. Las relaciones actuales, basadas en este precepto, no son más que de servicios e intercambio de experiencias. Uno puede encontrar amigos para cualquier actividad, diversificando su vida entre ellos. Mas no pueden quedarse en uno, y viceversa. La amistad, se muestra como una imperiosa necesidad de encontrar alguien que sea digno de mirarnos como somos. Es decir, desnudar algo más que el alma, la entereza de tu ser. Entregar todos tus secretos, pasiones, deseos y dolores a otro por completo sin temor. Este sentimiento intangible e incalculable, se encuentra fuera de nuestro raciocinio. La amistad, podría ser considerada como predestinada, que de una u otra forma la experimentaremos. Cierta ocasión, escuché decir a alguien que él podría considerar a una persona como su amigo cuando pudiera pasar un día completo en silencio a su lado sin cansarse de su presencia. Según lo escrito por Montaigne, esto puede considerarse como amistad. Él menciona que llegó un momento donde ya no necesitó platicar ni entrevistarse 10


Ensayo

con su amigo La Boëtie, simplemente era el querer estar ahí el uno cerca del otro. Esto muestra cierto paralelismo con las relaciones de Samuel Beckett y sus amigos, donde sus entrevistas eran en silencio, sin intercambiar ninguna palabra. Las amistades que surgen de manera natural e inexplicable, donde la unión pareciese fortuita, son las que valdría considerarse como verdaderas. En estas las personas no presentan muros, ni secretos. Esto podría mal interpretarse como amor, lo cuál no sería aberrante; sin embargo, en lo dicho por Montaigne, la amistad mira con desdeño y altivez al amor, ya que se considera como un sentimiento superior. El ejemplo más claro son las relaciones filiales, en las cuales ni el amor de los padres a los hijos ni el de los hijos a los padres puede convertirse en amistad; siempre existirán secretos y sentimientos tan íntimos que uno no le puede mostrar al otro. Incluso en nuestra época está muy difundida la idea que al ser amigo de los hijos, puede evitarles cualquier peligro, lo que ciega de manera tácita que la llamada amistad filial se convierta en una sobreprotección, o incluso, en la proyección de los padres en la vida de los hijos. Otra razón de la inexistencia de la amistad filial, es que estas relaciones se basan en el respeto, servicio y apoyo por sí mismas, a lo cual no se pueden exponer las ideas o sentimientos con claridad de los hijos a los padres, puesto que tienden a tacharse de rebeldía y subordinación. Además, que por mucho que se niegue, es bien sabido que las relaciones filiales no están exentas al odio, los celos o perversiones, causadas porque en nuestros parientes podemos observar una competencia natural al amor de los padres y al reconocimiento de ellos. La amistad no insta a comparar 11


logros, ni siquiera personalidades o parecidos. Otra confusión es que la amistad ha sido mezclada con el amor sexual o de pareja. Se relaciona a este tipo amor estrictamente, dado que la unión de estas personas es casual y también a través de situaciones inexplicables. Aún así, en el amor, uno no puede dejar de ocultarse ni tampoco puede mostrarse por completo. Las relaciones de pareja en nuestro tiempo y en los tiempos pasados se muestran más sólidas entre menos comunicación haya entre las personas, incluso más resistentes si se basan en mentiras o vestigios de verdades. Estas relaciones manejan un estilo de negociación de secretos para mantener feliz al amante. Otra confusión surge cuando la atracción carnal es tomada por amistad y amor al mismo tiempo; en esta atracción no cabe ninguno de los dos sentimientos, ya que no hay deseo de conocer ni de comprender su esencia, o incluso a la otra persona en una desnudez más allá de la carnal. La amistad es indivisible, y si es verdadera se da sin reproche, aunque en estos tiempos donde a un mero conocido se le atribuye el mote de amigo, pierde valor y tiende a desvirtuarse; junto con ésta, también viene el demérito de otros sentimientos hermanos como el amor y opuestos como la tristeza. Tal vez, la frase de Cicerón “El amor es el deseo de alcanzar la amistad de una persona que nos atrae por su belleza” sirva para explicar el posible desarrollo y la comprensión de la amistad y amor contemporáneos, por el simple hecho de querer conocer la intimidad de otro, sin tener siquiera la mínima idea de qué es lo que en verdad buscamos y sentimos.

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Ficci贸n

La cucaracha

Marco Antonio Meneses Monroy.

En la madrugada el hombre, sediento, suspende la lectura. Al encender la luz de la cocina, una cucaracha se apresura; cierto horror afecta a ambos seres, s贸lo que uno de ellos huye, el otro, m谩s irracional, mata.

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Azar

Paul Olvera. Las posibilidades lo son todo, aunque no sean reales, me digo. Me agrada jugar con el qué tal si ahora sí la bala está en su sitio, que tal si éste es el último disparo que escucha mi alma antes de yacer por siempre. Es azar, simple y llana probabilidad como todo lo que acontece en el mundo. Como cada tarde de jueves, me planto en mi cuarto a beber o fumar mientras algo de música clásica o post-rock suena, melodías que equilibran mi alma con sonidos que trato de pensar cuando los escucho. Me gusta interiorizar esa música que no tiene letras, ese sonido perpetuo que obliga a pensar en algo más, un algo derivado de las notas altas y largas.

Al igual que cada semana, saco el revólver que tengo escondido en un cajón. Tiene sólo una bala. Fue un regalo de mi amigo Carlos antes de irse de la ciudad. Me dijo que se lo había robado a su padre hacía más de un año. Mi amigo quería quitarse la vida, mas nunca pudo atreverse a usarlo. Cuando su padre se dio cuenta de que el revólver no estaba en su sitio lo culpó a él, pero nunca lo encontró porque Carlos me lo había dado para que yo lo tuviera en caso de que, uno de estos días, realmente lo necesitara. Nunca lo necesitó, y antes de irse me lo dejó junto con algunos libros y discos. «No tengo el valor suficiente para acabar con mi vida» me dijo el día que se despidió, tratando de justificar el porqué de nunca haberlo utilizado, además del no querérselo llevar. «No es cuestión de valor, sino de verlo como

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Ficción

el acto más elemental, como si se respirara una bocanada de aire para seguir viviendo» le dije antes de que nos despidiéramos. Él sólo sonrió mientras se iba, dejándome sus deseos de muerte dentro de su arma. Como a los dos meses que se fue, tomé el revólver. Descubrí que sólo tenía una bala. Así que decidí jugar ruleta rusa. Ponía a girar el barrilete, acomodaba el revólver cerca de mi cabeza y disparaba. Es fascinante la sensación acre que resbala por la piel cuando el sonido del arma se dispara, y después darse cuenta de que no tiene bala que pueda estallar. Más de tres meses llevo jugando con el azar que siempre acaba en una sensación de poder absoluto ante la expectativa de que la muerte llegue cuando se le tienta, la posibilidad de dormir con una bala en mitad de la cabeza. Recuerdo la vez que se lo mostré a Sofía. Fue un martes. Ese día habíamos hecho el amor toda la tarde en mi cuarto. «¿Crees que las posibilidades de morir son más grandes cada vez que tientas a la muerte?» le pregunté cuando los dos estábamos sentados en el piso. «No me importa la muerte. Sólo quiero vivir y hacer el amor contigo» contestó mientras se acercaba a besarme. Su piel desnuda resplandecía ante la luz de la tarde que se colaba por la ventana. Saqué el revólver y se lo enseñé. Le conté que había sido un regalo de un amigo y que sólo contenía una bala. También le mencioné que algunas veces me gustaba jugar con él. Sus ojos se tornaron inquisitivos cuando le dije que si no querría jugar. «Déjate de bromas» musitó mientras se levantaba para vestirse. «Espera, te quiero enseñar algo antes

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de que te vayas» dije levantándome y colocándome detrás de ella, poniendo el revólver en su sien. Sentí como un temblor infinito iba de sus pies a su cabeza mientras su mirada se descomponía. La luz pálida del atardecer hacía de nosotros unos personajes inverosímiles: yo detrás de ella con un revolver apuntándole la sien, los dos desnudos. Un suave girar del barrilete del revólver se conjugaba con el silencio cubierto de sus latidos cada vez más inclementes ante la posibilidad de morir. El revólver crujió mientras decía que estaba listo para ser usado. Finalmente, un sonido hueco mencionó que aún no era su hora. «Estás loco» murmuró Sofía mientras alejaba el revólver lentamente. Cuando ella volteó pude verme reflejado en sus pupilas. Vi cómo yo tomaba el revólver, cómo hacía girar el barrilete otra vez antes de ponerlo en mi cráneo, miré cómo mi mirada se tornaba muda mientras mi dedo apretaba el gatillo y un sonido sordo me absolvía de la muerte. Ese era un rostro paralizado por la posibilidad de morir en cuanto la suerte lo definiera. Tiré el revólver en el suelo y me acerqué a Sofía para besarla, abrazarla, hacerle el amor ahí en el suelo, sentir cómo nuestros cuerpos habían salido limpios ante la posibilidad de dejar de existir. Tal vez esa ha sido la mejor tarde de mi vida, Sofía y yo burlando la muerte. Pero la costumbre no se ha ido, aún continúo jugando. Pero hace mucho que Sofía ya no viene, aunque nos seguimos viendo en su casa.

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Ficción

Hoy, otro jueves, mientras un sonido monótono –mezcla de silencios, guitarras y bajos– satura el ambiente de la habitación, tomo el revólver, miro que la única bala sigue ahí desde que Carlos se quiso suicidar. Hago girar el barrilete mientras acerco el revólver a mi cabeza. Está apuntando mi sien, siento el frío que acompaña al azar mientras presiono el gatillo y un estallido se vuelve todo antes de no saber qué pasa…

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Y menos de rojo Daniel Castillo Del Razo.

Ella sabía que su conciencia la había traicionado, como aquella emoción que acusa al sentimiento. Los nervios comienzan a producirle cosquillas en el vientre. Espera que nada de lo que ha planeado sea descubierto, o mínimamente sospechado. Cree que luce como siempre, con un encanto desaliñado, con un desinterés que observa.

No cambió nada. Estaba segura de que la manera en la que se comportaba era la cotidiana. No había razón para estar nerviosa, sin embargo, lo estaba. Nada extraordinario iba a ocurrir, todo seguiría su rumbo, ella se podría esfumar con rapidez. Habían transcurrido más de veinte minutos y él no había mencionado nada. No había manera de que algo pasara. –Te marco al rato- Finalizó ella, de la manera más inocente. – ¿Con qué hombre saldrás?- preguntó él – No le contestó, pareciera que un corto circuito se había producido entre la manija del coche y sus delicados dedos. Se sostenía aferradamente, deseaba un escape fugaz y definitivo. Su voz no produjo ningún sonido entendible, las ansias la habían conquistado. No había vuelta atrás. Estaba expuesta. La evidencia se hacía presente. Qué estúpida, pensó, sabía que esto iba a pasar. Sus parpadeos eran lerdos, su boca y lengua no respondían, su respiración era anormal. La anestesia la había adormilado por completo.

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Ficción

-Tus labios- Exclamó él confundido, exhalando un enojo inefable. –Nunca los pintas, y menos de rojo- Reclamó.

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Cuando ya no mire cielos en estrellas… Cuando ya no mire cielos en estrellas ni campos con la noche sobre la hierba, mis pasos andarán climas de antaño, luces que desvirgarán mis hazañas. Mi aliento será nítido como nube que cae en inviernos de otoño; no habrá descanso a las plumas, tampoco alimento a lo gracioso. Un ruiseñor nadará en la fuente donde todo lo fatídico se baña, los colibríes murmurarán polen con su ganchos cruzados de espinas. Será otro universo, otro infierno con dos claros paraísos como guías en la inclemente incertidumbre del caminar tomaré a la espalda de mi olvido.

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Poesía


Por. Paul Olvera.

Si fuéramos música. Si fuéramos música, amaríamos nuestros cielos, rondaríamos enajenados las calles vacías de nuestros alados cerebros; no preguntaríamos en cada puerta si alguien ha muerto para conversar, ni sobre las últimas noticias que son granos en nuestros espíritus tan áridos y frágiles. No tendría que haber un dios. Mucho menos un destino que confluya en la muerte; flotaríamos por un espacio opaco lleno de sombras invisibles, cubiertos de la indigencia de ser, mas no del imperativo humano de nombrarse para poder entender.

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La resonancia de un anhelo

Paul Olvera.

Pocos artistas musicales pueden el día de hoy comunicar ideas nuevas o reinventar las clásicas en moldes tan únicos que hagan sentir que el arte es más que una simple tendencia de un grupo de personas.

Recuerdo que empecé a oír a Mono hace casi cuatro años, siendo la primera banda de Post-Rock que escuchaba. Había descargado su último disco en ese entonces, You Are There, el cual me impresionó porque era completamente instrumental: dos guitarras, un bajo, una batería y diversos sintetizadores creando atmósferas tan penetrantes a través de las notas largas, distorsionadas y acompañadas de silencios que se cernían más en mis oídos y sensaciones.

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Reseña

Yearning, fue desde entonces una de mis piezas favoritas de esta banda japonesa. Es algo inaudito como describen con su música el nacimiento de un anhelo silencioso, imperceptible, que va tomando forma con las notas hasta hacerse un caos melódico que no tiene armonía aparente, que exalta su propio ser de anhelo para después de haber chocado de frente contra la realidad apagarse poco a poco y regresar a ese mundo imperceptible y glorioso donde los sentimientos inasibles como él pervivirán hasta el día en que el ser humano deje de habitar la tierra. He escuchado los demás álbumes de la banda y todos me han impresionado por la narrativa musical que emplean, su contar historias con instrumentos muy al estilo de la música clásica, pues Mono se reconoce heredero de los compositores clásicos occidentales. De hecho, este años sacarán nuevo álbum, del cual ya lanzaron un sencillo que se encuentra en línea para ser escuchado. Esta banda de Post-Rock japonesa es una buena opción para iniciarse en este estilo y comenzar a comprender el verdadero sentido de la música expresada sólo con sonidos, sin necesidad de palabras para hacer sentir, únicamente un espíritu y unos oídos abiertos para dejarse llevar por los paisajes poéticos de sus canciones.

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Proxima Edici贸n: Sexo en Literatura.

El Comit茅 1973

El Comité 1973 número 1. Amistad y tristeza según Montaigne  

Revista de difusión, crítica y creación literaria. Marco Antonio Meneses Monroy, Israel J. González S., Daniel Castillo del Razo

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