Page 42

CALIDAD DE VIDA

Nacer con amor puede cambiar el mundo P

ara muchos, puede no asemejarse a su propia experiencia o a la que han visto o escuchado anteriormente, pero justamente así es la escena de un parto donde la mujer es protagonista, donde existe confianza en su sabiduría y naturaleza para guiar el proceso. Chile es el tercer país con más alto índice de cesáreas según el último reporte de salud de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Esto significa que 38 de cada 100 niños nacen por cesárea en nuestro país. Son múltiples los argumentos que llevan a privilegiar una cesárea por sobre un parto normal: que una mujer sea muy pequeña, estrecha de caderas, que el bebé es muy grande, que ha tardado mucho tiempo en dilatarse, que pasar la semana 40 es riesgoso, que no es posible un parto natural luego de una cesárea, entre tantas otras. Y resulta ser que estos argumentos lejos de otorgarle seguridad a la mujer, han sido territorio fértil para la entrada del progreso técnico, de la medicación en exceso y el control por parte de terceros. Si hacemos una breve encuesta a las mujeres que nos rodean, probablemente, la mayoría de los relatos de parto y post parto estén rodeados de dolor, inseguridad, estrés, desconocimiento, angustia e, incluso, de violencia. ¿Cómo fue que la mujer perdió protagonismo en el tema del parto?  “Un parto medicalizado es aquel en que la mujer pasa a ser un paciente, donde no está empoderada y entrega toda su capacidad, se siente absolutamente pasiva ante la institucionalidad médica” explica la antropóloga y experta en salud primal, Carolina Díaz. En la vereda contraria se encuentra el parto fisiológico, que es aquel que se desencadena en forma espontánea, En este proceso se libera la oxitocina, la hormona del amor, la cual permite a la mujer desconectarse de la racionalidad

40

Luz tenue. Música de relajación. Aroma a incienso de lavanda. Dejarse llevar por los instintos… Así empieza la descripción de un ambiente de trabajo de parto.

Por: Jessica Toledo S.

y pasar a estar en directa sintonía con sus instintos: las contracciones van y vienen, hasta el instante del nacimiento. “En ese momento, la mujer marca el peak más alto de oxitocina de su vida, esto de sentirse una con el bebe, tomarlo, darle teta y estar absolutamente como animal”, relata Carolina. Pero, algo hemos estado haciendo mal, este momento tan humano ha sido absolutamente intervenido. “Tenemos mecanismos culturales que han estado constantemente separando al bebé de la madre e incluso, por gusto de la propia madre, porque en el fondo, nuestra maternidad está absolutamente mal valorada socialmente, no hay espacio para la maternidad. Por lo tanto este nacimiento de amor se va transformando muchas veces en un montón de contradicciones”, explica la antropóloga. Desde el punto de vista médico, “la mujer embarazada es la única usuaria no enferma que entra a un hospital, y que se le trata como enferma”, analiza Gonzalo Leiva, quien es matrón y académico de la Escuela de Obstetricia de la Universidad de Santiago de Chile, y además es miembro de Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y Nacimiento (Relacahupan). Pero no todo está perdido. En el último tiempo han surgido una serie de iniciativas que buscan generar debate sobre el actual modelo de atención al parto y nacimiento:  “Para cambiar el mundo es preciso cambiar la forma de nacer”, es la consigna del  Dr. Michel Odent, reconocido obstetra francés por ser uno de los pioneros en promover el parto natural. La frase toma mayor sentido cuando analizamos lo paradójico que resulta ser que la población mundial no para de crecer, pero que no nos estamos haciendo cargo de manera integral y respetuosa del momento del nacimiento. “El parto hospitalario lleva hartos años gobernando, y lo que pasó es que ahora nos dimos cuenta que no era posible de que ese parto gobernara. Esta tendencia social de volver a

CIUDAD VERDE MAGAZINE  
CIUDAD VERDE MAGAZINE  
Advertisement