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esde el Teatro Samuel Goldwyn en Beverly Hills, California, la actriz Danielle Brooks y el actor Lewis Pullman dieron a conocer las nominaciones a la 98.ª edición de los Premios Oscar, las cuales no solo desataron las habituales polémicas en torno a los títulos que fueron (o no) elegidos, sino que también establecieron varios récords históricos.
LA MÁS NOMINADA
El thriller sobrenatural Pecadores (Sinners) dirigido por Ryan Coogler hizo historia al competir nada menos que en 16 categorías, con lo cual no sólo se convirtió en la película con más nominaciones de la presente entrega, sino de toda la historia del galardón. Hasta este año, el récord era de 14, el cual había sido alcanzado por filmes como La malvada (All About Eve), Titanic y La, La, Land

Por
El filme logró candidaturas en casi todas las categorías posibles, incluyendo las principales y todas las técnicas. Y compite por estatuillas clave como Mejor película, Mejor director (Ryan Coogler) y Mejor actor (Michael B. Jordan).
LAS
A Pecadores le sigue de cerca Una batalla tras otra (One Battle After Another) de Paul Thomas Anderson, con 13 nominaciones, consolidándose como la gran contendiente técnica y actoral de la temporada. Y con dicha cantidad, la película de Anderson accede a un grupo selecto de películas que han alcanzado esa cabalística cifra, al lado de Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind); De aquí a la eternidad (From Here to Eternity); ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Who's
Afraid of Virginia Woolf); Forrest Gump; Shakespeare apasionado (Shakespeare in Love); El señor de los anillos: la comunidad del anillo (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring); Chicago; El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button); La forma del agua (The Shape of Water) y Oppenheimer
Detrás de Pecadores y Una batalla tras otra, tenemos un triple empate de multinominadas entre Frankenstein de Guillermo del Toro, Marty Supremo (Marty Supreme) de Josh Safdie y Valor sentimental (Sentimental Value) de Joachim Trier, todas ellas con nueve nominaciones. Frankenstein, la millonaria producción de Netflix dirigida por el jalisciense donde adapta la novela homónima de Mary Shelley compite principalmente
en categorías técnicas, y aunque consiguió figurar en Mejor película, no obtuvo la nominación a Mejor director.
Por otra parte, el primer filme en solitario de uno de los hermanos Safdie consiguió lo que el tapatío no pudo, así como también contender en la categoría de Mejor actor para Timothée Chalamet quien, al fungir como productor, también está nominado en Mejor película.
Mientras tanto, el más reciente filme del danésnoruego Trier logró llegar a todas las categorías principales, y que todo su cuadro de protagonistas resultase nominado en apartados como Mejor actriz, (Renate Reinsve), Mejor actor de reparto (Stellan Skarsgård) y por partida doble en Mejor actriz de reparto (Elle Fanning e Inga Ibsdotter Lilleas).
Finalmente Hamnet de Chloé Zhao termina con ocho nominaciones, entre las que se encuentra Mejor película, Mejor director y Mejor actriz (Jessie Buckley). En contraste, no logran la de Mejor actor donde Paul Mescal parecía tener asegurada la postulación.
NOMINACIONES
ÚNICAS PERO SIGNIFICATIVAS
En esta entrega hubo también películas que obtuvieron una única nominación, pero sobresalen porque dicha nominación es dentro de las categorías más importantes, tal es el caso de Blue Moon, el otro largometraje que Richard Linklater lanzó en 2025, el cual permitió que Ethan Hawke volviera a la contienda por Mejor actor tras años de ausencia.
Otra película que logró una importante nominación fue Si pudiera, te patearía (If I had Legs I’d Kick You) segundo largometraje de la también actriz y guionista Mary Bronstein.
De corte independiente, el filme consiguió que Rose Byrne obtuviese su primera nominación al Oscar por el papel protagónico que desempeña aquí.
Por su parte, la biopic Song Sung Blue de Craig Brewer casi pasa de largo en esta entrega, lo cual no ocurrió gracias a la nominación obtenida por Kate Hudson a Mejor actriz, quien no había vuelto a contender desde que inició el milenio, por la película Casi famosos (Almost Famous)
Es un secreto a voces que la Academia tiene cierta
aversión hacia los filmes de género, por lo que resulta una agradable sorpresa la nominación de Amy Madigan por su interpretación de la lúgubre tía abuela Gladys en La hora de la desaparición (Weapons) de Zach Cregger.
Y una sorpresa por partida doble, ya que Madigan regresa a la competencia tras 40 años de ausencia, cuando compitió en la misma categoría con su papel en Dos veces en la vida (Twice in a Lifetime)
Por su parte Sirāt de Óliver Laxe fue un caso de una película que, tras venir respaldada por buenas críticas y nominaciones en otros certámenes, se desinfló en el camino y solo consiguió quedarse en la contienda de Mejor película internacional representando a España.
Una de las sorpresas mayúsculas fue la nominación de F1: la película (F1, Joseph Kosinski) a Mejor película. Considerado por muchos como un blockbuster veraniego más, el filme logró rebasar a otros dramas autorales que parecían tener segura su presencia en el certámen, y ahora busca coronarse como ganadora. Además de esta nominación, compite en tres categorías más: Mejor edición, Mejor sonido y Mejores efectos visuales. Otra sorpresa fue la mención de Delroy Lindo para Mejor actor de reparto por Pecadores. Lindo no había figurado este año en nominaciones previas de otros galardones, ni tampoco entre las predicciones de la crítica y los expertos.


ESPERABA MÁS, PERO…
A pesar del éxito de sus predecesoras, Avatar: Fuego y Ceniza (Avatar: Fire and Ash) de James Cameron, solo logró 2 nominaciones en categorías técnicas (efectos visuales y sonido).
Si bien es cierto que Tipos de gentileza (Kinds of Kindness) fue ignorada por la Academia el año pasado, Bugonia, la nueva producción de la dupla Yorgos Lanthimos (director) y Emma Stone (protagonista y productora) pintaba para obtener varias nominaciones importantes. Y aunque esta vez consiguió estar en cuatro categorías (incluyendo Mejor película y Mejor actriz), no logró que Jesse Plemons se colara en la de Mejor actor, causando tanto sorpresa como la abierta indignación de algunos, incluida la de la actual pareja del histrión, Kirsten Dunst. Fue solo un accidente (It Was Just an Accident) de Jafar Panahi era un título del cual se esperaba que lograse abarcar nominaciones en diversas categorías, pero tuvo que conformarse con únicamente dos: Mejor película internacional y Mejor guión original.
La máquina (The Smashing Machine) el filme de Benny Safdie -ya independizado de su hermano-, recibió críticas favorables, elogiando principalmente la gran transformación física de Dwayne "The Rock" Johnson para interpretar al luchador Mark Kerr. Pero no le alcanzó para obtener más que una nominación, precisamente en el apar-

tado de Mejor maquillaje y peluquería.
A diferencia de lo acontecido el año pasado, Wicked: por siempre (Wicked: For Good), secuela del filme de 2024 que adaptan en dos partes y para la pantalla grande el musical de Broadway del mismo nombre, no obtuvo una sola nominación a pesar de la campaña millonaria para lograrlo.
Otra de las grandes ignoradas fue La única opción (No Other Choice) de Park Chan-wook que pasó de haber sido considerada en diversas categorías (particularmente en la de Mejor película internacional), a ser eliminada del shortlist y quedarse así sin alguna posibilidad.
Otro tanto ocurrió con Nueva Ola Francesa (Nouvelle Vague) de Richard Linklater, la cual a pesar de haber tenido una excelente recepción por parte de la crítica y aparecer nominada en varias entregas de premios, acá simplemente no logró figurar.
UNA NUEVA CATEGORÍA
Este año, la Academia decidió incorporar una nueva categoría: la de Mejor casting, que reconoce la labor en la construcción de un reparto equilibrado y coherente. Se premia la visión de reunir a los actores adecuados (principales y secundarios) para dar forma, vitalidad y contundencia a la obra de un realizador.

En esta primera entrega, los nominados son: Francine Maisler por Pecadores, Cassandra Kulukundis por Una batalla tras otra; Nina Gold por Hamnet; Jennifer Venditti por Marty Supremo y Gabriel Domingues por El agente secreto (The Secret Agent) de Kleber Mendonça Filho.
OTROS RÉCORDS
La diseñadora de vestuario Ruth E. Carter se convirtió en la mujer afroamericana más nominada en la historia de los premios al alcanzar su quinta mención por su trabajo en Pecadores. Su primera nominación la obtuvo en 1993 por Malcolm X de Spike Lee, y ha ganado la estatuilla en dos ocasiones, ambas por películas de Marvel Studios: Pantera Negra (Black Panther) y Pantera Negra: Wakanda por siempre (Black Panther: Wakanda Forever). El largometraje de Coogler también estableció un récord de dominio en lo que a categorías técnicas se refiere (Edición, Fotografía, Diseño de producción, Diseño de vestuario, Maquillaje y peluquería, Sonido y Efectos visuales), logrando ser nominada en todas. A lo largo de la historia del Oscar, sólo siete películas han logrado esa faena: las ya mencionadas Titanic y El curioso caso de Benjamin Button, así como Capitán de mar y guerra: La costa más lejana del mundo (Master and Commander: The Far Side of the World); La invención de Hugo Cabret (Hugo); El renacido (The Revenant); y Duna (Dune)

SPOTLIGHT: BRASIL
Aunque el cine brasileño ha tenido una presencia importante en décadas pasadas al contender dentro de la categoría de Mejor película Internacional (estando nominada cuatro veces en el período comprendido entre 1962 y 1998) fue hasta su quinta nominación que logró por vez primera conseguir la codiciada estatuilla. Eso ocurrió el año pasado con el triunfo de Aún estoy aquí (Ainda estou aqui) de Walter Salles.
En esta ocasión, la cinematografía de ese país sudamericano vuelve a hacerse presente de la mano de El agente secreto de Kleber Mendonça Filho la cual, además de competir en el rubro ya mencionado, figura en tres categorías más, incluyendo la de Mejor película y Mejor actor (Wagner Moura), rebasando así a su predecesora en lo que a cantidad de nominaciones se refiere. ¿Logrará repetir o superar la hazaña del filme de Salles?
Para algunos, estas nominaciones es un signo de que, si bien la Academia de Ciencias y Artes cinematográficas de Hollywood sigue premiando la innovación técnica y el impulso industrial en el séptimo arte, también valora voces más autorales, intensas interpretaciones y guiones novedosos, dando paso así a otro tipo de cine a contracorriente de las grandes superproducciones y con una proyección más internacional.


Lo que el viento se llevó (1939)
13

De aquí a la eternidad (1953):
13 Forrest Gump (1994) 13


LOS ÁNGELES recibió temprano el glamour con el tradicional desayuno de nominados a los Oscar 2026 en el Beverly Hilton Hotel, previo a la ceremonia que se llevará a cabo el 15 de marzo de 2026. Actores, directores y guionistas compartieron un momento de camaradería lejos del ritmo de la alfombra roja. Figuras como Timothée Chalamet, Leonardo DiCaprio, Emma Stone y Kate Hudson, entre otros, posaron para la tradicional foto de clase y disfrutaron de charlas, risas y brindis, mientras intercambiaban experiencias y proyectos del año. Más que un almuerzo, el encuentro celebró el cine y reforzó la comunidad cinematográfica, anticipando la emoción de la gala que coronará a lo mejor de 2025.








Wagner Moura, junto al cineasta Kleber Mendonça Filho, reflexionaron sobre la memoria fragmentada, las narrativas cruzadas y el peso del miedo heredado que atraviesan El agente secreto. La cinta explora cómo la dictadura militar redefinió la vida cotidiana y la identidad brasileña.Así lo expresaron el actor y el director durante un encuentro especial con la prensa internacional, en el que estuvo presente la Revista Cameo.
Por Alejandra Lomelí

Ubicada en 1977, durante la dictadura militar brasileña, El agente secreto (O agente secreto) sigue a Marcelo (Wagner Moura), un profesor universitario que, huyendo de un pasado turbulento en São Paulo, regresa a la ciudad costera de Recife
durante la semana de Carnaval, donde espera construir una nueva vida bajo otra identidad y reencontrarse con su hijo. Pero pronto descubre que la ciudad está lejos de ser el refugio que busca: las fuerzas gubernamentales lo persiguen y las amenazas de muerte se ciernen sobre él.
“No sé si para alguien que no es brasileño es fácil entender lo que realmente es el carnaval: es ese tipo de fiesta en la que te olvidas de todo lo que está pasando en tu vida. En Brasil es común decir: ‘dejémoslo para después del carnaval’. El carnaval —especialmente en Recife, en Salvador y en Río de Janeiro, y también
en São Paulo— siempre ha sido una parte muy importante de la cultura. Y creo que esa escena también muestra lo complejos que son los seres humanos: a veces estamos en un estado mental muy malo y ocurre algo así y, simplemente, no hay transición; pasas de un estado emocional a otro”, señaló Wagner.

El drama navega entre géneros que van del thriller al noir, pasando por el terror y la comedia, lo que le permite al director entregar un retrato íntimo de una época en la que, a pesar de lo tenebroso de la realidad, aún hay espacio para la ternura e incluso la fiesta: desde la alegría del carnaval y la esperanza que impulsa a Marcelo a reencontrarse con su hijo, hasta el poder seductor del cine, pura celebración de la idiosincrasia brasileña.
“Es interesante que uno solo empieza a entender qué está pasando real-
mente en la película —la verdadera historia— cuando mi personaje tiene esa reunión en el cine con Elza, el personaje de Maria Fernanda Cândido. Me encanta esa escena porque pone todo en su lugar”, indicó el actor.
Por su parte, el destacado cineasta Kleber Mendonça Filho construye en El agente secreto uno de los retratos más incisivos y vibrantes del pasado oscuro de Brasil, en una película inspirada en hechos reales sobre la forma en que la dictadura moldeó no solo la historia política del
país, sino también la vida cotidiana, redefiniendo el comportamiento y la manera en que la gente aprendió a mirar, a ocultarse y a guardar silencio.
“Al final es una película sobre narrativas, todo tipo de narrativas: un amigo hablando con otro, el cine, los periódicos, las fotografías, las cintas de casete. Tenemos la música, que de alguna manera también ayuda a contar la historia. Y también tenemos la ciudad; las ciudades siempre cuentan historias por cómo se transforman. Así que todos estos son puntos interesantes para desarrollar en términos de narrativa”, expuso el director brasileño.
De esta manera, Mendonça Filho esboza una profunda reflexión sobre la memoria y la identidad a través del triple rol interpretado por Wagner Moura (Marcelo / Armando / Fernando) y de una narrativa fragmentada en la que abundan los flashbacks y flashforwards, donde el pasado resuena bajo la superficie y atraviesa generaciones.
“En muchos sentidos, la película habla del mundo
actual. De una manera extraña, dice varias cosas sobre lo que está pasando en Estados Unidos, en Europa y, por supuesto, en Brasil. En los últimos seis meses he aprendido, al observar e interactuar con públicos, críticos y prensa, que la película conecta y tiene mucho sentido para distintas culturas, sociedades y países. Muchos espectadores reconocen el peso del miedo heredado y el cansancio de una historia inconclusa”, comentó el cineasta.
El agente secreto ha sido recibida con entusiasmo por un público global, algo que Kleber Mendonça Filho atribuye a una historia que dialoga con el presente y, sobre todo, a una experiencia compartida que no se limita a un solo país ni a una sola época.
“El cine es una colección de fragmentos de memoria. Una película nueva es un nuevo fragmento de archivo que, con el paso del tiempo, se convierte en recuerdo colectivo. Creo que la película funciona como un hermoso espejo del propio cine. Y eso siempre funciona”, afirmó el director.



Por Francisco Javier Quintanar Polanco
El escenario es el Brasil de 1977, cuando el país se hallaba bajo la dictadura militar. Marcelo (Wagner Moura) llega a Recife en semana de carnaval y se aloja en una pensión propiedad de Doña Sebastiana (Tânia Maria), quien brinda santuario a todo aquel marginado o perseguido. Y el protagonista encaja en la segunda categoría.
Conforme avanza la trama, se revela que Marcelo es en realidad Armando, un profesor especializado en tecnología de São Paulo. La razón por la cual se halla prófugo se debe a un conflicto con Henrique Ghirotti (Luciano Chirolli), un poderoso empresario quien sostiene vínculos estrechos con el régimen, y ambiciona una patente suya. Enfrentados por las constantes amenazas de recorte presupuestal en contra de la universidad donde el académico labora (para así presionarlo a entregarle su invención), las cosas se ponen álgidas tras una cena en la cual Ghirotti insulta a su esposa Fátima (Alice Carvalho) y terminan haciéndose de palabras.
Al haber fallecido su cónyuge (aparentemente de neumo-
nía) y para evitar posibles -y violentas- represalias por parte del prepotente y hostil hombre de negocios, Armando decide huir y dejar a su hijo Fernando (Enzo Nunes) al cuidado de su abuelo materno Seu Alexandre (Carlos Francisco), quien es proyeccionista en el Cinema São Luiz, donde se exhibe un gran éxito Hollywoodense: Tiburón (Jaws) de Steven Spielberg, con el cual el menor se obsesiona en verle, a tal grado que lo dibuja continuamente y tiene pesadillas recurrentes con el escualo.
de bizarros ataques nocturnos perpetrados por esa extremidad mutilada.
El agente secreto (O Agente Secreto, Brasil-Francia-Países Bajos-Alemania, 2025) es el nuevo largometraje del realizador brasileño Kleber Mendonça Filho (Aquarius, 2016; Bacurau: tierra de nadie, 2019; Retratos fantasmas, 2023).
Un thriller muy particular cuyo punto de partida (como pasaba en su filme previo) son las propias vivencias y recuerdos del cineasta, y el resultado es una obra cuyo eje central es la memoria.
EL AGENTE
SECRETO
Dónde ver: MUBI
Pero Henrique Ghirotti averigua que el profesor se oculta en Recife, y envía a su hijastro Bobbi (Gabriel Leone) y al asesino Augusto Borba (Roney Villela) para dar cuenta de él. Estos últimos a su vez contratan los servicios de Vilmar (Kaiony Venâncio), un sicario local para hacer el trabajo sucio. Al mismo tiempo, se halla una pierna humana en el vientre de un tiburón capturado en la costa, y ello creará un ambiente anómalo en la comunidad, especialmente cuando circulan por ahí relatos
La memoria es el motor, por ejemplo, de la búsqueda que Marcelo / Armando emprende, tratando de averiguar lo ocurrido a su madre. En contraste, y a consecuencia de ese ambiente sociopolítico, Fernando no alberga recuerdos de su padre. Y en tercera instancia, se hallan las grabaciones (y la historia) de Armando, rescatadas por dos investigadoras quienes, de paso, develan un par de misterios al respecto.
Así, la memoria perdida y la recuperada se alternan aquí, reviviendo en la pantalla el pasado oscuro y represivo experimentado por Brasil décadas atrás, representado aquí
por una galería de personajes que van de lo despreciable a lo siniestro, y quienes se mueven a través de escenarios y una atmósfera ominosa, amenazante y por ratos pesadillesca.
Pero en lugar de rogar por el olvido y pasar página, el director insta a tener siempre presente ese episodio doloroso para evitar que en el futuro pueda volver a ocurrir. Y esta urgencia de preservar y rescatar la memoria es reforzada por dos constantes temáticas (y cargadas de nostalgia) presentes en la obra de Kleber Mendonça Filho: la memoria albergada en objetos y lugares donde, justo por eso, puede desaparecer cuando estos dejan de existir. Y la otra, la memoria cinéfila alojada en las películas, la cual es perenne.
Y hablando del cine como forma de preservar la memoria: El agente secreto será recordada a su vez por ser la última producción en el cual participó el legendario histrión alemán Udo Kier, quien falleciera el pasado 23 de noviembre.
La cinta además está nominada a cuatro premios Oscar, en las categorías de Mejor película (para el productor Emilie Lesclaux), Mejor actor (Wagner Moura), Mejor película internacional (representando a Brasil) y Mejor casting (Gabriel Domingues).
Cuando uno lee el título
Si pudiera, te patearía (If I Had Legs I’d Kick You), sabe que no va a ser una película convencional. Y así es. La nueva cinta de Mary Bronstein, cineasta estadounidense que mezcla sensibilidad y crudeza, llega para incomodar, hacer reír y emocionar al mismo tiempo. Es un retrato de maternidad, frustración y ansiedad que nadie esperaba ver en la pantalla grande, y que ya está dando de qué hablar en Hollywood.
En el centro de la historia está Linda, interpretada por Rose Byrne, una madre y psicoterapeuta atrapada entre la exigencia de cuidar a su hija enferma, un hogar que literalmente se desmorona y la presión de su vida personal. Byrne da una actuación que desarma: vulnerabilidad y furia contenida, ironía y desesperación se mezclan con naturalidad, llevando al espectador a sentir cada tensión, cada silencio, cada mirada. Su

Por Carlos Mora
interpretación le valió la nominación al Oscar 2026 a Mejor Actriz, consolidándola como una de las intérpretes más destacadas de la temporada.
Pero Byrne no está sola. El filme cuenta con un reparto sorprendente: Conan O’Brien, en un giro inesperado, interpreta al terapeuta de Linda; A$AP Rocky aporta humor y contraste como vecino del motel; Danielle Macdonald y Christian Slater completan un elenco que hace que los momentos de tensión y comedia se sientan auténticos y memorables. Cada personaje aporta capas a la historia, creando una dinámica que mantiene al público al borde, riendo y conteniendo el aliento al mismo tiempo.
najes. Su guion, inspirado en experiencias personales, no ofrece soluciones fáciles ni finales felices previsibles; en cambio, muestra la maternidad y la fragilidad humana tal como son: complejas, contradictorias y llenas de emociones intensas.
SI PUDIERA, TE PATEARÍA
Distribuida por: Cine Caníbal
El filme ha generado elogios por su audacia narrativa y su capacidad de provocar tanto risa como incomodidad. Los críticos la celebran como una de las representaciones más honestas y crudas de la maternidad en el cine contemporáneo, y el público no ha tardado en sumarse al debate sobre los límites del humor, la empatía y la vulnerabilidad femenina.

Mary Bronstein imprime en la película su sello personal: planos cerrados que capturan los gestos mínimos, silencios que pesan y detalles cotidianos que reflejan la ansiedad y la frustración de sus perso-
Más allá de la nominación al Oscar de Byrne, la cinta ha cosechado reconocimientos en festivales y premiaciones alrededor del mundo: Berlín, Sitges, Palm Springs, los Independent Spirit Awards… cada
premio confirma que estamos frente a una historia que trasciende la comedia dramática tradicional y que toca fibras universales.
Si pudiera, te patearía no solo entretiene, también invita a reflexionar: sobre la maternidad, sobre la rabia contenida, sobre la manera en que lidiamos con nuestras propias limitaciones. Y lo hace con humor ácido, drama intenso y personajes memorables, en una combinación que deja marca y no se olvida fácilmente.
Al final, la película es un recordatorio de que el cine más poderoso es el que no teme mostrar lo real, incluso cuando duele, y que las historias más valientes a menudo vienen acompañadas de risas, lágrimas y un puñado de incomodidad. Con una actuación que puede quedarse en la historia y una dirección íntima y audaz, Mary Bronstein y Rose Byrne nos entregan un relato que será recordado mucho después de los créditos.
Arco, película de origen francés producida por la actriz Natalie Portman, plantea qué ocurriría si el planeta Tierra colapsara como consecuencia del daño ecológico. La historia contrapone dos futuros distintos: uno cercano, altamente tecnológico y azotado por el cambio climático; y otro más lejano, donde la humanidad evoluciona en armonía con la naturaleza, aunque esconde un misterio.
“Creo que la historia es muy inspiradora de una manera muy realista. Ugo presenta dos visiones del futuro y nos dice que podemos tener distintas versiones según lo que hagamos. Si creemos que ya sabemos el resultado, eso nos quita la responsabilidad de actuar. Aceptar que no sabemos cómo será el futuro hace que sea nuestra responsabilidad ser creativos y entender que nuestra imaginación puede ayudarnos a construir un futuro mejor”, indicó Portman.
Bajo esta premisa seguimos a Arco, un niño de diez años que vive en el año 2932, cuando la humanidad ha dominado la habilidad de viajar en el tiempo gracias a trajes coloridos que dejan estelas de luz arcoíris en el cielo. Aunque es demasiado joven para aventurarse en estos viajes, el impaciente Arco se escapa y descubre que ha quedado varado en el año 2075, un mundo muy diferente al suyo. Por suerte, Iris, una niña de
su misma edad, lo ve caer del cielo y, junto a su robot cuidador, emprende una odisea entrañable para devolverlo a casa.
“Crear algo que reconozca ese mundo —que enfrenta desafíos ecológicos—, que lo refleje, pero que también ofrezca esperanza es muy importante. El mundo es impredecible y tu imaginación puede inspirar a otras personas, que a su vez inspiren a otras más, hasta que alguien termine resolviendo el problema o cambiando el mundo para bien”.
La revaloración de la animación en 2D no fue el único motivo que llevó a Portman a implicarse en el proyecto como productora y actriz de voz en la versión en inglés, sino también la fuerza de los personajes y la claridad de la visión autoral.
“El hecho de que la película esté dibujada a mano es precioso. Hay algo muy emocional en el flujo de una imagen creada por seres humanos para otros seres humanos. Cuando Sophie —mi socia en la productora— y yo vimos el primer animatic de Ugo, nos impactaron la historia, la centralidad de los personajes, la fuerza de su relación, la humanidad del mensaje y, por supuesto, la estética tan hermosa, el arte que Ugo creó y su visión del mundo”, señaló. Contrario a muchas propuestas de ciencia ficción que imaginan entornos apocalípticos, el director Ugo Bienvenu quiso aportar luminosidad y esperanza al género con su ópera

La cinta producida por Natalie Portman y dirigida por Ugo Bienvenu, propone una fábula de ciencia ficción luminosa sobre el futuro del planeta, presentada en un encuentro especial con presencia de Revista Cameo.
Por Alejandra Lomelí



prima, Arco. La película de animación nos lleva a un colorido viaje a través del tiempo, en un futuro que guarda numerosas semejanzas con nuestro presente.
“En 2020 pensé que estábamos viviendo dentro de una película de ciencia ficción muy mala. Creí que quizá era culpa nuestra, de quienes contamos historias de ciencia ficción, porque solo imaginamos lo peor. Si queremos que ocurran cosas mejores, primero tenemos que imaginarlas. Ese fue el punto de partida de lo que quería hacer con Arco. Necesitaba suavidad y luz; fue entonces cuando dije: ‘este es un proyecto por el que vale la pena luchar para traer luz, energía nueva y amor’”, compartió el director.

El realizador francés, conocido por su trabajo como ilustrador de cómics y animador, explicó que la idea surgió de observar el entorno, extrapolando algunos de los desafíos actuales y preguntándose qué dejaríamos atrás como humanidad si seguimos determinada dirección.
“Al escribir trato de confiar en el instinto y en el inconsciente, porque creo que aportan mucha más complejidad que el cálculo racional. Intento seguir el flujo de las ideas y no controlarlas demasia-
do. Construir sobre todo lo que ya existe me permite ir un poco más lejos. Después de dibujar a Arco pensaba en El Principito, en Peter Pan, en muchas figuras de ese tipo; Arco es una mezcla de todo eso, pero no fue algo consciente, sino simplemente mi inconsciente trabajando”, describió Bienvenu.
En un momento en que la animación parece privilegiar el CGI y el 3D, el filme propone un regreso a la animación tradicional y aspira a convertirse en fuente de inspiración para los realizadores —particularmente en Francia— para desarrollar más proyectos de género sin importar la escala.
“Esperamos lo mejor para la película y también para la animación, que atraviesa un momento difícil con la IA y todo eso. Arco es una película totalmente hecha a mano: todo está realizado por artistas humanos, con dedicación y amor. Espero que podamos seguir con este oficio y continuar haciendo películas así. Si la cinta permite que en mi país se hagan películas de aventura y que desde el inicio no se piense en si se van a poder hacer o no, sino simplemente en escribir lo que queremos, entonces sentiré que habrá cumplido su misión”, concluyó el director.


Por Carlos Mora
La animación francesa llega con delicadeza y poesía en Amélie y los secretos de la lluvia , una película que no solo cuenta una historia, sino que invita a sentir cada instante. Adaptada de la novela autobiográfica de Amélie Nothomb, la cinta nos transporta a un Japón de posguerra donde la pequeña Amélie, una niña belga, atraviesa sus primeros años en lo que ella describe como un estado vegetativo. Su mundo cambia para siempre tras un pequeño pero decisivo despertar que la conecta con la vida, el entorno y las emociones más profundas.
A lo largo del filme, Amélie descubre la belleza en los detalles más simples: la lluvia que cae sobre los tejados, el
vuelo de un insecto, el aroma de un jardín recién regado o los gestos silenciosos de quienes la rodean. Su niñera, Nishio-san, se convierte en una guía tierna y paciente, mostrando que cada experiencia, por cotidiana que parezca, tiene un significado profundo. Es en esta conexión con la naturaleza, la cultura y la memoria donde la película encuentra su fuerza poética y emocional.
La animación de Amélie y los secretos de la lluvia se aleja de las estructuras tradicionales. Sus colores suaves, la fluidez de los movimientos y el detalle en cada escena crean un universo sensorial, que permite al espectador entrar en la percepción de la protagonista, casi como si compartiera sus primeros re -
cuerdos y descubrimientos. Cada encuadre parece estar pensado para tocar las fibras más íntimas, y la narrativa se siente como un mosaico zde emociones y sensaciones más que como un relato lineal.
Aunque la película puede parecer a simple vista una propuesta infantil, su profundidad la convierte en un filme para todas las edades. Habla de la memoria, la identidad, la alegría, la pérdida y la manera en que los pequeños momentos forman nuestra comprensión del mundo. Este enfoque sensible y reflexivo ha sido reconocido internacionalmente: la cinta ha sido nominada al Oscar
2026 a Mejor Película Animada y ha recibido elogios por su capacidad de transmitir complejidad emocional a través de la sencillez de la infancia.
AMÉLIE Y LOS SECRETOS DE LA LLUVIA
Distribuida por: Cine Caníbal
Amélie y los secretos de la lluvia no es solo una película para ver, es una experiencia para sentir. Nos recuerda que la infancia no es solo un período de la vida, sino un lente a través del cual redescubrimos la maravilla del mundo, la conexión con los demás y la poesía que se esconde en lo cotidiano. Un filme que, con delicadeza y ternura, nos invita a mirar, escuchar y asombrarnos de nuevo, como solo los ojos de un niño pueden hacerlo.


AÚN ES DE NOCHE EN CARACAS
Distribuida por:
Cinépolis
Distribución

Tras su paso por festivales internacionales y luego de una emotiva presentación en el Festival Internacional de Cine de Morelia, Aún es de noche en Caracas llega a salas como una de las películas latinoamericanas más contundentes del año.
Dirigida por Marité Ugás y Mariana Rondón, la cinta adapta la novela La hija de la española de Karina Sainz Borgo y sitúa al espectador en la Caracas de las protestas de 2017, marcada por la represión, la censura y una violencia que dejó más de cien muertos.
En entrevista, las directoras hablaron sobre el reto de reconstruir en pantalla uno de los episodios más oscuros de la historia reciente venezolana.
La historia sigue a Adelaida —interpretada por Natalia Reyes—, una mujer que tras la muerte de su madre queda atrapada en un país donde sobrevivir implica incluso renunciar a la identidad. Cuando su departamento es tomado por mujeres afines al régimen, debe esconderse en el apartamento contiguo, iniciando un recorrido físico y emocional que refleja el despojo que viven millones de venezolanos.
Uno de los momentos más impactantes es el plano secuencia nocturno donde la protagonista corre entre disturbios. Ugás y Rondón explicaron que la escena fue cuidadosamente ensayada durante la preproducción junto al director de fotografía y el equipo de arte.
“Es una coreografía”, señalaron. Durante más de medio día ensayaron movimientos con alrededor de 200 extras antes de rodar. El resultado fue tan preciso que apenas necesitaron repeticiones. Sin embargo, lo más complejo no fue lo técnico, sino lo emocional.
Gran parte de los extras eran jóvenes venezolanos exiliados en México que participaron en las protestas de 2017. Muchos habían sido detenidos o tenían amigos presos. “En algunos momentos se quebraban, porque estaban representando algo que habían vivido”, compartieron. Para varias personas del equipo, el rodaje se convirtió en una forma de exorcizar experiencias traumáticas. “No es ficción, pasó”
Las directoras subrayaron que la violencia mostrada no surge de la imaginación. “Seríamos incapaces de inventar cosas tan perversas”, dijeron.
Entre el thriller y el testimonio político, la cinta convierte el exilio en cine. Las directoras Marité Ugás y Mariana Rondón explican cómo buscan exorcizar el dolor colectivo y dejar constancia de una realidad que marcó a millones de venezolanos.
Por Carlos Mora

Desde la forma en que las fuerzas de seguridad reprimían hasta los testimonios de detenciones arbitrarias, todo está documentado.
La película ha provocado reacciones intensas, especialmente entre venezolanos. Algunas personas han salido profundamente conmovidas; otras agradecen que la historia llegue a pantallas internacionales. “Es como si no nos creyeran. Entonces la película también es una prueba de que sí pasó”, reflexionaron. El exilio es otro eje central. Más de ocho millones de venezolanos han aban-
donado su país en la última década, una cifra que las cineastas describen como “brutal” por su dimensión humana. En el caso de Adelaida, la migración no es una elección sino una imposición.
El trabajo con Natalia Reyes fue intenso y prolongado, enfocado en construir un personaje que oscila entre víctima y sobreviviente, en un entorno donde los límites morales se diluyen.
La producción cuenta con la participación del actor y productor Édgar Ramírez, conocido por pro-

yectos como Carlos, La noche más oscura, American Crime Story: El asesinato de Gianni Versace y Emilia Pérez. Su involucramiento como productor —impulsando el proyecto desde etapas tempranas— reforzó el alcance internacional de la cinta y su compromiso con visibilizar historias latinoamericanas.
Ante el complejo panorama político actual en Venezuela, Ugás y Rondón reconocen la incertidumbre. La liberación parcial de presos políticos, explicaron, no significa necesariamente justicia ni verdad plena.
En ese contexto, la película funciona como memoria y como acto político.
“La razón fundamental de hacer esto es que se sepa”, afirmaron. Que no se niegue lo ocurrido. Que las imágenes sirvan como testimonio.
Dirigida a cuatro manos, Aún es de noche en Caracas no solo es un retrato del colapso de un país, sino también un ejercicio de resistencia cinematográfica. Un filme que duele, pero que —como ellas mismas lo describen— busca exorcizar, recordar y, sobre todo, no olvidar.

El cine documental vuelve a tomar las calles, las plazas, los teatros y hasta el agua. La 21ª edición de Ambulante recorrerá Ciudad de México, Querétaro, Michoacán, Morelos y Baja California con una consigna clara: “Confabular”. Es decir, encontrarnos para pensar, disentir y emocionarnos colectivamente a través de las imágenes.
La inauguración será en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, con el estreno nacional de Historias del buen valle, del cineasta español José Luis Guerín. Fiel a su estilo contemplativo, Guerín construye aquí una pieza poética sobre la resistencia cotidiana ante los conflictos urbanos, de la mano de los habitantes de Vallbona.
Un inicio que marca el tono: sensibilidad, reflexión y comunidad.
La programación reúne más de 110 títulos provenientes de más de 35 países, en 28 idiomas —ocho de ellos lenguas indígenas—. Hay estrenos mundiales, internacionales y nacionales, pero sobre todo, una constelación de miradas que dialogan entre sí.
Las secciones ya conocidas —Pulsos, Intersecciones, Resistencias, Retrovisor, Sonidero, Ambulantito, Invocaciones, Injerto y Coordenadas— funcionan como brújula para navegar temas urgentes: derechos humanos, territorio, identidad, memoria, música e infancias. Pulsos, el corazón mexicano de la Gira, vuelve a consolidarse como semillero de nuevas voces y punto de encuentro con cineastas de trayectoria.
INVITADOS QUE AMPLÍAN LA CONVERSACIÓN
Este año, la Gira recibirá a figuras imprescindibles del cine contemporáneo. La directora francesa Claire
Simon será protagonista de una retrospectiva y ofrecerá la clase magistral “Allí donde todo es incierto”, mientras que el realizador palestino Kamal Aljafari presentará el foco “El cine es un país”, un acercamiento a una filmografía profundamente política y luminosa.
Además, la colaboración con el Museo Experimental El Eco marca un giro interesante con la “Residencia de comunicación territorial”, un espacio que busca repensar cómo se comunica y se vive el cine más allá de las pantallas.
Ambulante no se limita a las proyecciones. Entre conversatorios sobre periodismo y democracia —en colaboración con Artículo 19—, talleres para infancias y jornadas sobre defensa del territorio, el documental se convierte en detonador de diálogo.
Y, como ya es tradición, la música también ocupa el escenario: la banda canadiense Broken Social Scene ofrecerá un concierto especial, mientras que Belafonte Sensacional pondrá ritmo a otra de las noches imperdibles. Regresa además la Ambulancha, esa experiencia única de ver cine flotando en el Lago de Chapultepec.
Más que un festival, Ambulante es un movimiento que ha tejido comunidad durante más de dos décadas. Su apuesta sigue siendo clara: hacer del documental un espacio de encuentro, de pensamiento crítico y de emoción compartida.
En tiempos de ruido y fragmentación, confabular se vuelve un gesto político y poético. Y Ambulante, una vez más, nos invita a sentarnos en la oscuridad para volver a mirar —juntos— el mundo.


La directora Yolanda Cruz regresa a sus raíces con La Raya, una película que nace del deseo de mostrar la vida en su pueblo natal, San Juan Quiahije, en la sierra sur de Oaxaca, y de hacerlo en su lengua materna, el chatino. Para Cruz, esta producción no solo es un proyecto cinematográfico, sino un acto de reivindicación cultural: “Quería contar la vida de los jóvenes de la comunidad, mostrar sus historias, su humor y sus dilemas, con la verdad de quienes lo viven”, explica.
La historia se centra en Sotera y Erick, dos niños de 11 años que viven bajo el cuidado de sus abuelos, mientras sus padres están en Estados Unidos. Todo cambia cuando encuentran un viejo refrigerador que intentan vender como un gran negocio, pero que comienza a revelar secretos y misterios a quienes se acercan a él. La llegada inesperada del padre de Sotera, que viene a llevársela con su nueva familia, enfrenta a la niña a un dilema profundo: quedarse en La Raya o partir hacia lo desconocido.
“La fiesta patronal del pueblo es el hilo conductor que permite ver lo que migrar significa para cada habitante”, comenta.
“Desde la baja población y los escasos recursos hasta el abandono de familiares, la película refleja, con humor y sensibilidad, la experiencia de quienes viven la migración a diario. Ese mensaje sigue siendo vigente: no es algo del pasado, continúa afectando a las comunidades de Oaxaca y a quienes se encuentran lejos de su tierra en EU.”
La realización de La Raya fue un desafío logístico y creativo. Cruz recuerda cómo su equipo, compuesto por unas 30 personas, se trasladó al pueblo en seis camionetas, adaptándose a la vida sin servicios modernos: sin hoteles, sin restaurantes, sin electricidad constante.
“Fue un reto, pero también un aprendizaje. Trabajamos junto con los habitantes, quienes participaron como extras y nos prestaron sus casas. Se creó una colaboración muy especial: fue una película hecha con respeto, pero también con el corazón del pueblo”, recuerda.

La directora oaxaqueña retrata con humor y verdad la vida de jóvenes chatinos y los efectos de la migración, filmada en su lengua materna y con la participación de su comunidad.
Por Carlos Mora

Para Cruz, era fundamental retratar la lengua y la cultura chatina. “En principio, queríamos que estos jóvenes se vieran en la pantalla y sintieran la grandeza de su cultura. Muchos de ellos nunca habían imaginado que alguien de su comunidad podría dirigir una película que se exhibiera más allá de sus montañas. Quería dejar un legado: que la lengua y la vida de nuestro pueblo se quedaran plasmadas en el cine.”
El humor también es un elemento clave de la película. “Crecí en la cocina con mis tías, aprendiendo a defenderme con palabras y risas. Quería


que eso se transmitiera: nuestras comunidades tienen historias trágicas, sí, pero también un humor muy particular, sarcástico, que es parte de nuestra forma de vivir y resistir”, comenta la directora.
A lo largo de su recorrido, La Raya ha participado en festivales de Estados Unidos, Canadá y Perú, conectando con comunidades de migrantes que se ven reflejadas en la historia. “Recibimos comentarios de personas que no son chatinas, pero que se sintieron retratadas: ‘Eso es mi vida, esa es mi experiencia’, nos decían. Eso nos da mucha alegría, porque habla de la univer-
salidad de la historia, aunque esté contada desde un rincón muy particular de México”, afirma. El proceso de filmación también fue una celebración comunitaria: coincidió con el 50 aniversario del pueblo, fundado por su padre, y con la participación de su abuelo y otros vecinos, quienes vieron cómo su vida cotidiana se convertía en cine. “Fue muy bonito: toda la familia se reunió, los vecinos participaron, y el pueblo nos recibió con entusiasmo. Fue un experimento maravilloso y aprendimos mucho sobre cómo hacer cine con respeto y colaboración”, asegura. Cruz reflexiona sobre
la relevancia de la película hoy: “La migración sigue siendo un tema que nos afecta profundamente. Muchas familias están divididas; la mitad está aquí y la otra allá. Preguntarnos qué significa quedarse o partir sigue siendo un dilema real. Mi intención fue abrir un espacio para reflexionar, pero también para disfrutar de la vida en el pueblo, de sus paisajes, sus historias y su gente.”
El filme invita a los espectadores a descubrir otro México: uno lleno de humor, raíces y resiliencia, donde la migración, la familia y la identidad se entrelazan en historias de vida que merecen ser contadas y celebradas.

abandonado y sin un propietario aparente. Los dos niños se las arreglan para llevarlo al pueblo, con la intención de hacer negocio con él.
Pero ese electrodoméstico parece poseer una cualidad mágica, y todo aquel que se acerca a él puede ver, sobre su brillante y plateada superficie, la imagen reflejada de alguien del cual imploran por su regreso. Al mismo tiempo de la extraña aparición de este aparato, el padre de Sotera revela su intención de regresar allí por ella, para llevarla a vivir con él y su nueva pareja en la nación del norte.
Por Francisco Javier Quintanar Polanco
La raya, el último trabajo realizado por la cineasta de origen oaxaqueño Yolanda Cruz (Hope, Soledad), aborda un tema cotidiano en muchas de las comunidades del interior de la república mexicana: la migración de una numerosa cantidad de sus pobladores hacia los Estados Unidos, en busca de mejores oportunidades. Pero se aleja de los discursos oficialistas, y se centra más bien en aquellos quienes se quedan en la incierta espera de sus familiares que emprenden esa azarosa odisea. El relato se centra en Sotera (Diana Itzel Cruz Baltazar), una niña cuyos padres viven ahora en la frontera norte, y se quedó al cuidado de sus abuelos. Sus progenitores se han divorciado y han hecho su vida por separado. Mientras se esmera en aprender inglés, la menor guarda la esperanza de que su madre (quien le llama por teléfono regularmente) regrese por ella algún día para llevársela a vivir consigo… o que regrese a vivir con ella allí.
En la víspera de su cumpleaños, Sotera espera un regalo que ansía por parte de su padre. Y ese día, mientras juega en el campo con Erick (Noé Salvador Vazquez) un niño en situación similar a la suya, ambos se encuentran con un objeto inusual: un enorme, cromado y nuevo refrigerador el cual simplemente se halla ahí, LA RAYA Distribuida por: Mandarina Cine
Buena parte de la trama se centra en el devenir de sus protagonistas infantiles, así como de otros personajes en torno suyo, principalmente Sandra (Mónica Del Carmen) la dueña de la tienda y principal enlace entre los migrantes y sus familias y cuyo esposo también migró; Alfredo (José Salof), un joven que fue deportado de Estados Unidos y regresó al poblado; y un grupo de adultos mayores quienes toman las decisiones importantes para el pueblo. A través de sus historias personales, Cruz elabora un abanico de situaciones del cual se desprenden varios conflictos particulares. Así, Sotera se encuentra en la encrucijada de decidir sobre irse o no, Sandra sufre una profunda depresión por la prolongada ausencia de su cónyuge, Alfredo se enfrenta a las duras realidades de su comunidad empobrecida, y así sucesivamente. Pero casi todos ellos terminan por cuestionar si las decisiones tomadas por sus ahora distantes parientes, fueron en realidad las correctas.
Esos cuestionamientos y sentires son el principal sustento del filme, cuyo argumento escrito por la realizadora y su guionista Joe Sieder, busca captar por un lado la gama de emociones en las cuales quedan inmersos aquellos cuyos parientes están lejos, que van de la nostalgia a la melancolía, de la tristeza al enojo, y del desencanto a la zozobra entre otros.
Por otra parte muestra, de modo sutil pero claro, las consecuencias de su partida y su ausencia, donde además de los malestares antes mencionados entre los habitantes de las comunidades de las cuales han migrado, también están otros: el casi nulo desarrollo de las mismas derivado tanto por el abandono de los jóvenes y adultos, el declive de actividades locales como la agricultura por falta de fomentos e infraestructura, y acentuado por la dependencia económica de las remesas que les llegan (a veces a cuentagotas) de la Unión Americana.
Aunque su narración se desarrolla con un tono general cándido y amable (de la mano de sus actores infantiles, principalmente), La raya invita a reflexionar sobre las consecuencias derivadas de la migración, y plantea una discusión en torno al concepto del bienestar, -motor y justificación de aquellos quienes se van- ; en donde remarca que aunque este último incluye una faceta económica, también debe incluir cuestiones como el fortalecimiento de núcleos familiares y afectivos, la integración del individuo a una comunidad, y el reforzar los vínculos entre los pobladores de esta última.

Celebra la segunda temporada de la comedia junto a María Elena Saldaña, mientras consolida su faceta como conductora de realities internacionales.
Por Carlos Aguillón

Dónde ver: La Estrellas
El humor blanco, la complicidad femenina y los enredos familiares vuelven a la pantalla con el estreno de la segunda temporada de Más vale sola, comedia que ha logrado conectar con el público gracias a su tono cercano y a personajes que, entre el caos, siempre encuentran la forma de salir adelante. Al centro de esta historia está Cecilia Galliano, quien da vida a Pilar Maldonado y hoy se consolida como uno de los pilares del proyecto.
Tras el éxito de la primera entrega, la trama retoma la vida de las hermanas Maldonado: Julieta, interpretada por María Elena Saldaña, y Pilar, encarnada por Galliano, quienes ahora deberán enfrentar un nuevo conflicto tras perder su casa, luego de que Gastón —exmarido de Pilar, interpretado por Alexis Ayala— la pierda en una mala inversión. A partir de ahí, la familia se verá envuelta en una cadena de situaciones disparatadas, malentendidos y disputas que sostienen el corazón cómico de la serie.
El elenco vuelve a apostar por figuras entrañables de la comedia mexicana como Manuel “El Flaco” Ibáñez, Aída Pierce, Tony Balardi y Ricardo Mendoza “El Coyote”, además de una larga lista de invitados especiales que desfilarán a lo largo de los 12 episodios, entre ellos Roberto Palazuelos, Julián Gil, Marjorie de Sousa, Arath de la Torre y Jorge “El Burro” Van Rankin. También se suman
nuevas participaciones como Raquel Bigorra y Juan Fonsalido.
En entrevista con la Revista Cameo, la argentina comparte la emoción de regresar al set: “Estoy feliz de esta segunda temporada. Todo el gran elenco que hay y los capítulos están muy bien escritos, además de los invitados en cada episodio”, comentó Galliano.
La actriz destaca que la química entre el reparto ha crecido con el tiempo: “Cada temporada uno va agarrando más confianza, ya nos conocemos más y va fluyendo increíble el trabajo. Desde el primer día de grabaciones sabíamos cómo rematarnos, hay una confianza maravillosa”.
Sobre el proceso creativo, reconoce la apertura del productor: “Reynaldo nos da esa libertad de opinar y dar ideas; cuando ya estamos en el foro podemos sugerir y él escucha, así vas construyendo un personaje desde los compañeros”.
Para ella, uno de los mayores aciertos de la serie es su tipo de humor: “La comedia, al tener tanto contenido en redes por todos lados, siento que esta clase de humor con respeto, sin caer en groserías, es familiar y no pasa de moda. Es el chiste tonto que te hace reír”. Y añade: “Estar con ‘El Flaco’ Ibáñez y María Elena Saldaña es un gancho, porque necesitamos contenido genuino”.
Uno de los momentos más recordados del rodaje fue el famoso accidente en escena junto a Saldaña: “María Elena es una mujer

especial y yo siempre estoy muy atenta porque soy más grandota y ella más frágil…
Cuando la vi en el piso me asusté mucho, no lo olvidaré nunca”, confesó sobre el conocido “caderazo” que vivieron durante grabaciones.
La conexión entre ambas viene de años atrás: “Estábamos haciendo comedia desde el reality ‘Hazme reír’, pero después de ‘La casa de los famosos’ me llamó el productor Reynaldo López y me propuso el proyecto: dos medias hermanas, una serie donde vamos a hablar de mujeres. No lo pensé”. El proyecto también representó un reencuentro emocional: “Estar con María Elena y con Benito Castro, QEPD, era el momento, la oportunidad que estaba buscando. Cuando vimos los libretos me emocioné mucho”.
Galliano subraya además la importancia de apostar

por narrativas femeninas: “Es difícil apostar por otros formatos y por mujeres, porque la mayoría de programas están protagonizados por hombres. Aquí hablamos de muchos temas de mujeres”.
Paralelamente, la actriz vive un presente internacional como conductora del reality Apostarías por mí, grabado en Brasil: “Estamos en Brasil, terminamos el 16 de marzo y ya me ligo a otro proyecto allá, otro reality”, adelantó, confirmando que su carrera atraviesa un momento de expansión. Con producción de Reynaldo López, guiones de Paula Aguilera y dirección de escena de Abril Mayett, la segunda temporada se estrena por Las Estrellas, reafirmando que la comedia familiar —cuando está bien contada— siempre tiene un lugar asegurado en el corazón de la audiencia.

ENTRE EL NEGOCIO Y LAS HERIDAS FAMILIARES
La historia sigue a una empresaria de bodas (Consuelo Duval) que enfrenta a su hija (Giselle Kuri), quien cuestiona el matrimonio.
Humor y choque generacional sobre el amor.

Por Carlos Aguillón
Foto Carlos Mora
ay mujeres que organizan fiestas. Y hay mujeres que organizan emociones. En Bodas S.A., Consuelo Duval encarna a Silvia Curiel, una empresaria implacable en el negocio de las bodas de lujo que ha construido su imperio entre vestidos blancos, novias histéricas y promesas eternas… aunque su propia historia sentimental esté lejos de la estabilidad que vende.
“Creo que ha sido uno de los retos más grandes de mi carrera”, confiesa Duval, en entrevista con la Revista Cameo. “Silvia es estructurada, cuadrada, pragmática. No se permite quebrarse, no se permite improvisar”.
Sin embargo, detrás de esa disciplina férrea existe una mujer que también duda. “Ella sí cree en el amor, pero no le da prioridad. Y eso tiene consecuencias”.
La serie no se limita al glamour de los enlaces millonarios. El verdadero conflicto surge en casa, cuando Fanny, la hija de Silvia, interpretada por Giselle Kuri, regresa obligada a trabajar en la empresa familiar. Ella no cree en el matrimonio, no idolatra el vestido blanco y cuestiona cada regla que su madre defiende.
“Fanny está peleada con el compromiso porque creció viendo una relación que no era perfecta”, explica Kuri. “Siente que el amor es una cosa y la boda es otra completamente distinta”.
Su personaje representa a una generación que no rechaza el romance, pero sí las estructuras rígidas que lo rodean. “Es más relajada,

más impulsiva. No planea cada paso como su mamá”.
La tensión madre-hija se convirtió en el eje emocional de la historia. Y, paradójicamente, la química entre las actrices fue inmediata.
“Desde el casting supe que algo iba a pasar”, recuerda Duval. “Cuando nos miramos fue como reconocer a alguien”. Kuri lo confirma: “Yo estaba nerviosísima. Pensaba: ‘Consuelo impone’. Pero me abrazó, me dio confianza y empezó a fluir”.
Esa conexión traspasó la pantalla. “Nos cuidábamos mucho”, dice Duval. “Anhelábamos las escenas juntas, incluso las más complicadas”. Kuri agrega: “Yo no me le despegaba. Aprendí muchísimo de ella”.
Más allá del humor, Bodas S.A. abre una conversación sobre las mujeres en la industria audiovisual y la forma de retratarlas. Duval
lo dice sin rodeos: “Las mujeres siempre hemos sido fuertes. Lo que pasa es que antes no lo contaban así. Ahora hay más ventana, más espacio para mostrarnos con matices”.
La actriz celebra que los personajes femeninos actuales no estén limitados a un estereotipo. “No es que nos estén haciendo un favor; simplemente se está reconociendo algo que siempre estuvo ahí”. La joven coincide en que la evolución es evidente. “Los personajes ahora son más reales. No están encasillados. Pueden equivocarse, pueden ser contradictorios”. Para ella, su personaje significó abrazar esas contradicciones: “No es una heroína perfecta. Es una mujer joven intentando entender qué quiere”.
Duval también reflexiona sobre la disciplina en el
medio. “Me encanta que lleguen nuevas generaciones con ideas frescas”, afirma. “Pero este trabajo exige compromiso. No puedes estar distraído cuando todo un equipo depende de ti”.
Aclara que en esta producción encontró profesionalismo: “Todos estábamos en el mismo barco”.
Bajo la dirección de Fernando Durán, Santiago Fábregas y José Terán. “Tres miradas distintas, pero lograron mantener una sola identidad”, señala.
Cada episodio presenta bodas espectaculares que, inevitablemente, enfrentan algún desastre. Sin embargo, el verdadero desequilibrio ocurre dentro de Silvia. “Cuando algo se sale de control, ella siente que el mundo se tambalea”, explica la actriz. Ese caos externo funciona como espejo de su propio desorden interno.
Para ella, interpretar a Silvia significó comprobar algo que ha aprendido en cuatro décadas de trayectoria: “Los personajes llegan cuando estás lista. No antes”. Y quizá por eso este proyecto se siente distinto. No es sólo una comedia romántica con ironía; es un retrato sobre madres e hijas que intentan comprenderse mientras organizan el día perfecto para otros.
Porque al final, entre flores, contratos y promesas, lo que realmente está en juego no es la boda… sino la posibilidad de reconciliarse con el amor en todas sus formas.

Las emociones vuelven a hervir en la casa de los De la Garza. La segunda temporada —y desenlace— de Como agua para chocolate, adaptación del clásico homónimo de Laura Esquivel, profundizan en el destino de Tita y en las heridas —y resistencias— que atraviesan a su familia.
En entrevista con la Revista Cameo, Azul Guaita (Tita de la Garza) e Irene Azuela (Mamá Elena) reflexionan sobre el peso emocional de sus personajes, la vigencia de la historia y el cierre de una etapa que, aseguran, las transformó.
Para Azul su personaje no terminó con el último llamado de “corte”. La actriz confiesa que Tita sigue habitando en ella.
“Empecé a trabajar para conocerla, para descifrarla. Ella es una persona que tiene muchísimo amor. Y siento que después de acabar este proyecto la sigo sintiendo. No la he soltado… y no me molesta llevarla para siempre en mi vida”, comparte.
La intérprete describe la serie como una experiencia sensorial y afectiva. “Se siente como un apapacho al corazón. Como tomar un café de olla caliente. Sientes la brasa de mamá. Eso es lo que espero que el público reciba: todo lo que sentimos haciéndola”.
En esta temporada final, Tita deja de ser solo una joven sometida a la tradición familiar que le impide casarse y comienza a tomar decisiones sobre su propio destino. Ese tránsito, explica Guaita, fue uno de los mayores desafíos actorales.
“Es muy difícil esa dualidad de querer salir adelante, seguir tu corazón y ser más rebelde”.
Del otro lado está Mamá Elena, figura autoritaria cuya dureza ha marcado la vida de sus hijas. Azuela sostiene que en esta segunda temporada el personaje se enfrenta a las consecuencias de su propia rigidez.
“En la primera temporada quizá se veía en una sola dimensión. En la segunda, la vida le sucede, le pasa por encima. Y cuando te enfrentas a las adversidades, no queda otra más que crecer… o confrontar lo que has sembrado”, explica.
Para la actriz, el cierre de su personaje está atravesado por la amargura y la soledad. “Termina con un resentimiento y un rencor importantes. En un momento tan frágil como la debilidad física, sentirse sola debe ser muchísimo. Y también es consecuencia de las decisiones que has tomado”.
Ella reconoce que la respuesta del público —que ha llegado a odiar al personaje— confirma que la serie logró generar el debate que

COMO
AGUA PARA CHOCOLATE
Dónde ver: HBO MAX





En la temporada final de de la serie, Tita enfrenta su destino. Azul Guaita e Irene Azuela hablan sobre la evolución de sus personajes.
buscaba sobre tradición, control y poder familiar. “Si odiamos a Mamá Elena, es lo que queríamos desde el principio. Yo misma la odié y la juzgué. Esos comentarios son una palmadita en el hombro. Significa que el personaje está vivo y que la conversación sobre los límites que imponemos —a otros y a nosotros mismos— sigue vigente”.
Irene también vincula la historia con la transformación social de las mujeres en México. “Hoy somos muy distintas a las mujeres de otras décadas. Queremos muchísimo a nuestra familia, pero también queremos gozar la vida y no dejar de hacer lo que más queremos. Esa tensión sigue existiendo, aunque de otras formas”.
EMOCIONES
QUE HIERVEN
Uno de los ejes centrales de Como agua para chocolate es la forma en que las emociones reprimidas encuentran salida a través de la comida. La cocina, más
que un espacio doméstico, es un territorio de resistencia y expresión.
“Creo que todavía no sabemos muy bien expresar nuestras emociones y tratamos de reprimirlas”, reflexiona Guaita. “Tita le diría a las nuevas generaciones que vivan sin miedo, que sientan todo lo que tengan que sentir”.
Para Azuela, el corazón del relato está en esa tensión entre lo que se siente y lo que se permite sentir. “Muchas veces ponemos nuestras propias limitaciones en una persona o en una idea. La serie nos confronta con eso”.
El desenlace promete intensidad y catarsis. Las emociones —como el agua al punto de ebullición— hierven hasta desbordarse. Amor, culpa, rencor y deseo se entrelazan en un final que, aseguran sus protagonistas, no dejará indiferente al público.
“Es una historia que se siente”, resume Guaita.
“Ojalá que al verla puedan sentir lo mismo que nosotros sentimos haciéndola”.
Por Alejandra Lomelí
Los domingos vuelven a tener sabor a comida mexicana con el regreso de la segunda temportada de Como agua para chocolate. La serie producida por Salma Hayek continúa la historia de amor prohibido de Tita (Azul Guaita) y Pedro (Andrés Baida) en su segunda y última temporada, de la que ya vimos los primeros tres episodios.
La última temporada –de un total de seis episodios–quizás sea la más oscuro de toda la serie al sumergirnos en el estado de desconsuelo que afecta a las De la Garza: con Tita negándose a hablar, Rosaura (Ana Valeria Becerril) lidiando con el luto y el deterioro de la Hacienda “Las Palomas”. Tres episodios marcados por el reencuentro

de los personajes y viendo a Tita recuperando poco a poco la motivación gracias a los cuidados del Dr. John Brown (Francisco Angelini); aunque también revive su pasión por Pedro.
Así, se narran las complicaciones de Tita en un nuevo compilado de recetas, donde el Dr. Brown aparece con la promesa de un destino diferente y un nuevo dilema: liberarse y construir una vida con alguien que puede amarla libremente o aferrarse a la esperanza de que el destino le reúna con su amor.
Manteniendo la pulida factura formal, el diseño de producción y la exuberancia visual, la adaptación continúa funcionando dentro de sus propios términos y abriendo nuevas posibilidades en las
descendientes de Mamá Elena (Irene Azuela), poniendo especial énfasis en el camino de Tita para encontrar la felicidad y sobreponerse a las tradiciones.
Lo más disfrutable sigue siendo la preparación de los platillos, con escenas deliciosas donde ingredientes y sentimientos se conjugan para revelar el poder casi alquímico del saber culinario, mientras cada receta aporta peso dramático en mayor o menor medida.
COMO
AGUA PARA CHOCOLATE
Dónde ver: HBO MAX
Algunos diálogos que contradicen la propia historia, la subtrama de la Revolución –que sigue siendo la más débil– y una sucesión de eventos que genera confusión respecto de la temporalidad son otros aspectos que le restan solidez a la propuesta. Sin embargo, la pasión se cocina a fuego lento y estos episodios nos dejan con ganas de ver la conclusión de una de las historias de amor más grandes que la vida.
Pero el show no logra evocar el realismo mágico que tanto caracteriza a la novela. Por más que los creadores se esfuerzan en construir escenas que mezclen la realidad y la fantasía, esta Como agua para chocolate no termina de comprender todo el potencial del género, introduciendo estos elementos casi como un ornamento cuando el tono se vuelve nostálgico o las pasiones se desbordan.










En un momento en que Marvel Studios redefine el rumbo de su Universo Cinematográfico, Wonder Man se perfila como la apuesta alternativa capaz de reírse de los vicios y fórmulas gastadas del género para construir una sátira autoconsciente que trasciende la típica historia de origen.
“El equipo de guionistas caminó por una línea muy fina entre la sátira y la realidad. Es una mirada afectuosa a Hollywood, pero sin dejar de señalar algunos de sus defectos: cierto narcisismo, arranques de ego y las ansiedades propias del proceso de hacer cine y audicionar. Especialmente en nuestro maravilloso personaje del director Von Kovak, que es casi una sátira de cierto tipo de cineasta. Es un homenaje amable con una encantadora vena de humor satírico”, explicó Ben Kingsley durante la conferencia de prensa internacional.
La serie creada por Destin Daniel Cretton y Andrew Guest explora los entresijos de una industria empeñada en revivir antiguas glorias para recuperar la atención del público, así como las oportunidades decisivas que marcan el triunfo o el fracaso de quienes buscan abrirse paso en la actuación.
La historia sigue a Simon Williams, un actor de bajo perfil que tiende a sobreanalizar sus personajes y espera la gran oportunidad que lo lleve al estrellato. El problema: para conseguirla deberá ocultar sus superpoderes.
“Destin tiene una sensibilidad muy fina para los patrones genuinos del comportamiento humano; nada está construido artificialmente para generar impacto. Desde el primer encuentro de los personajes en el cine —con ‘Midnight Cowboy’ de forma simbólica— hasta el final, todo se plantea como un descubrimiento auténtico entre dos hombres que encuentran afinidad y afecto de manera sorprendente”, añadió Kingsley.
A lo largo de ocho episodios, la serie traslada la acción al mundo de la actuación y a la implacable maquinaria de Hollywood a través de la inesperada amistad entre Simon / Wonder Man (Yahya AbdulMateen II) y Trevor Slattery (Kingsley).
“No se trata realmente de superhéroes; ese es solo el contexto. Es el marco que sostiene la historia y dentro del cual podemos movernos libremente como actores. Yo busco la relación y el comportamiento humano, porque la serie está arraigada en la
experiencia humana, no en la abstracción de la lógica del cómic”, subrayó. Uno de los elementos más comentados es el regreso de Trevor Slattery, el falso Mandarín que conocimos en Iron Man 3 y que reapareció brevemente en Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos. El personaje protagonizó uno de los giros más polémicos del Universo Cinematográfico de Marvel al revelarse como un actor interpretando a un villano temible; ahora, la serie le ofrece un tratamiento más profundo.
“Me emocionó muchísimo volver a Trevor. Es un personaje al que le he tomado mucho cariño. Menciono su nombre y puedo convertirme en él con facilidad; eso es buena señal cuando no quieres soltarlo del todo o cuando se vuelve parte del ADN de tu memoria como actor. Fue maravilloso retomarlo y continuar su camino en Hollywood”, afirmó Kingsley.
Con ecos de las clásicas buddy movies, el relato se sostiene en la amistad que forjan Simon y Trevor tras un encuentro casual que los conduce a audicionar para el remake de una película de superhéroes titulada Wonder Man, dirigida por el legendario Von Kovak (Zlatko Burić). Desde extremos opuestos de sus carreras, ambos intentarán conse-
guir un papel que cambie su destino profesional.
Así, la serie se centra más en la vocación del arte dramático que en los dilemas tradicionales del héroe dividido entre asumir su identidad o mantenerla en secreto. En su lugar, desarrolla con ingenio el vínculo emocional entre sus protagonistas y construye un bromance poco habitual dentro del género.
El seguimiento del desarrollo profesional de Simon —con todos los obstáculos que enfrenta como actor— tampoco es lo único que rompe con los patrones habituales del estudio. La propuesta adopta un estilo formal cercano al cine independiente y plantea una historia que no exige haber visto todas las producciones previas de Marvel para disfrutarse plenamente.
“Creo que Destin posee un estilo de cine independiente que diferencia este proyecto de lo demás que existe en el mundo de Marvel”, señaló AbdulMateen II.
“Disfruté mucho contar la historia de lo que significa perseguir un sueño. Es una historia humana sobre un actor que puede ser egoísta, vehemente e inseguro. Y en el camino, accidentalmente hace un amigo. Entonces la historia crece y se convierte en algo sobre la amistad”, concluyó.

Por Alejandra Lomelí La serie satiriza Hollywood desde el universo Marvel y apuesta por la amistad y la vocación actoral por encima del heroísmo clásico.


Por Carlos Mora
El amor, la ambición y los secretos se mezclan en Más que rivales (Heated Rivalry), la serie que ha capturado la atención del público en el mundo del streaming. Basada en la exitosa novela de Rachel Reid, esta producción canadiense nos transporta al intenso y competitivo mundo del hockey profesional, donde nada es lo que parece y donde los sentimientos más profundos a veces se ocultan tras máscaras de rivalidad.
La historia sigue a Shane Hollander (Hudson Williams) e Ilya Rozanov (Connor Storrie), dos jugadores estrella que se enfrentan en la pista pero que esconden una relación romántica que desafía expectativas y prejuicios.
Mientras sus carreras deportivas los posicionan como íconos en los tabloides y redes sociales, ambos deben lidiar con la presión de mantener en secreto su vínculo, enfrentar rumores, lidiar con la homofobia latente en su entorno y encontrar espacio para su amor en medio de un mundo que no siempre los acepta.
Aunque el hockey sirve como contexto, lo que realmente impulsa la serie son las emociones y los conflictos humanos. Cada

episodio profundiza en la evolución de Shane e Ilya, mostrando cómo la fama, la competencia y las expectativas familiares pueden chocar con los deseos personales.
La serie no se queda en el romance; aborda temas de identidad, aceptación, vulnerabilidad y resiliencia, convirtiéndose en una narrativa rica y compleja que trasciende el género deportivo.
Un punto que ha sido ampliamente comentado es la química entre los protagonistas. Williams y Storrie logran transmitir la intensidad de una relación que ha crecido a lo largo de años, con momentos de pasión, tensión y ternura que mantienen al espectador al borde del asiento. Además, la producción no teme mostrar escenas de intimidad con honestidad, sin recurrir a clichés o simplificaciones, lo que ha generado conversación sobre la representación queer en la televisión contemporánea.
Desde su estreno en Crave y su distribución internacional en plataformas como HBO Max, Más que rivales se ha posicionado como uno de los títulos más comentados.

La serie ha encontrado eco tanto entre quienes buscan historias de romance adulto como entre quienes valoran la representación auténtica de relaciones LGBTQ+ en medios masivos. Su combinación de drama, tensión y emoción la hace accesible a un público amplio, mientras mantiene un enfoque honesto y emotivo que distingue a la historia de otras producciones del género. En definitiva, Más que rivales es mucho más que una historia sobre hockey. Es un relato de amor y secretos, de pasión que desafía normas y expectativas, y de dos personas que luchan por ser quienes son en un mundo que constantemente los observa. Una serie que demuestra que a veces los verdaderos partidos se juegan fuera de la pista, en los rincones más íntimos del corazón.

El Joven Sherlock se adentra en los años formativos del icónico detective creado por Sir Arthur Conan Doyle. Dirigida por Guy Ritchie, la producción ofrece una mirada fresca y moderna a los orígenes de Sherlock Holmes, antes de que se convirtiera en el genio deductivo que todos conocen.
La historia se desarrolla en Oxford, en la década de 1870, donde un joven Holmes de 19 años es impulsivo, rebelde y aún busca definir su brújula moral. Su vida da un giro cuando se ve envuelto en un asesinato que oculta una conspiración internacional, un caso que pone a prueba su

Por Carlos Mora
ingenio, su valentía y sus primeros códigos éticos. Entre persecuciones, intriga y descubrimientos, la serie muestra cómo se forja la mente que años más tarde descifrará los casos más complejos de Londres.
Hero Fiennes
Tiffin encarna a Sherlock, ofreciendo una versión intensa y vital del personaje, mientras que Dónal Finn interpreta al joven James Moriarty, con quien Holmes establece una relación ambigua que combina respeto, rivalidad y tensión. Completan el elenco talentos como Zine Tseng, Joseph Fiennes,
Natascha McElhone, Max Irons y Colin Firth, quienes aportan profundidad y credibilidad a la narrativa. La serie no se limita a Inglaterra: su trama incluye escenarios internacionales, sumando un aire de aventura y espectacularidad al estilo característico de Ritchie. Con ocho episodios disponibles, El Joven Sherlock permite al público seguir de cerca la evolución de Holmes y su primer enfrentamiento con el crimen y la corrupción.
Desde su lanzamiento, la serie ha generado gran entusiasmo entre el público,
combinando acción, intriga y giros sorprendentes. La propuesta emociona tanto a los seguidores de las historias clásicas de Sherlock como a nuevas audiencias, ofreciendo un relato lleno de aventuras internacionales, misterio y el descubrimiento de un joven detective en formación. El Joven Sherlock se perfila como una de las producciones más destacadas de 2026 y una reinterpretación audaz de un personaje que sigue inspirando generaciones.
Su disponibilidad en más de 240 países consolida la propuesta como una historia que combina tradición, aventura y estilo visual contemporáneo.

LLEVA AL LÍMITE SU TALENTO Y EMOCIONES EN PRIMA FACIE
El actor da vida a Tronchatoro en "Matilda, el musical", con una propuesta escénica poderosa y desafiante que busca elevar el nivel del teatro en México, de la mano de Alex Gou, considerado el mejor productor de América Latina. Habla en exclusiva para la Revista Cameo.
Por Carlos Aguillón
El rigor, la disciplina y la espectacularidad son las bases de la nueva apuesta teatral que promete sacudir la cartelera mexicana. En esta ocasión, Jaime Camil asume uno de los mayores desafíos de su trayectoria: dar vida a la inolvidable Tronchatoro (Agatha Trunchbull) en el musical Matilda, bajo la producción de Alex Gou, en lo que ya se perfila como una de las puestas más ambiciosas jamás realizadas en el país. El actor abre el telón de su proceso creativo, su emoción y la dimensión de este proyecto que lo lleva a transformarse por completo.
“Estoy muy feliz, Alex Gou es el mejor productor de América Latina”, comparte con entusiasmo al hablar de su integración al montaje. “El tamaño de esta producción es inigualable, el valor de la misma no lo van a ver en ninguna puesta en escena de Matilda en el mundo.
Si son fans del teatro musical y de Matilda en particular, recomiendo mucho que no se pierdan esta producción que de -
bería de sentar el precedente en todo el mundo, incluyendo a Londres y Nueva York, de cómo se debe de hacer esta obra, con qué calidad y de qué manera”.
Para Camil, interpretar a Tronchatoro no implica sólo ponerse un vestuario imponente o adoptar una voz autoritaria; significa construir un ser humano desde sus raíces emocionales. El actor lo explica con la pasión que lo caracteriza: “No quiero que el personaje sea de la nariz para afuera, quiero que el personaje sea de las entrañas hacia afuera”.
Sobre el proceso, detalla la importancia del trabajo de mesa encabezado por el director Nick Evans: “Realiza un trabajo concienzudo, con propósito y con disciplina. Queremos saber todo lo que podamos de Tronchatoro: por qué se comporta como se comporta, qué la hacía feliz o qué la ponía triste de niña, por qué se comporta así con los niños… Una vez que tienes un perfil del personaje pues viene lo divertido: cómo habla, cómo canta, cómo se mueve. Es muy bonito preparar un personaje para cualquier proyecto”. La transformación física

MATILDA, EL MUSICAL DÓNDE:
A partide del 13 de marzo de 2026 en el Centro Cultural Teatro 1

también juega un papel crucial. Sin embargo, Camil lo toma con humor y admiración hacia el equipo creativo: “Me siento en mi silla y dejo que los maestros que diseñaron la creatividad del personaje hagan su trabajo y el resultado es la imagen que ya han visto en los espectaculares de la obra”.
Su experiencia en escenarios internacionales le permite dimensionar el momento que vive el teatro en México, y no duda en celebrarlo: “¡Maravillosa!”, afirma sobre la oferta actual. “Sobre todo por el nivel de productores como lo es Gou. Jamás escatima en recursos o en lo que sea necesario para crecer la producción y hacerla majestuosa. Es un placer trabajar con un amigo de tantos años y que además es un profesional y una
persona que ama tanto al teatro y que se preocupa por darle al público mexicano una producción que jamás verá ni en Londres ni en Nueva York. Esta Matilda es como nunca antes se ha visto y cada peso que vale el boleto se verá reflejado en el talento en escena y en el valor de producción. El público en México puede estar tranquilo que verá una megaproducción”.
Ante la magnitud del personaje, lo cuestionamos si dudó en aceptarlo, pero el actor lo descarta de inmediato: “No, jamás, era cuestión de checar fechas y afinar ciertos detalles. Es un proyecto que no podía dejar ir”.
Con una carrera consolidada entre televisión, cine y teatro, Camil sigue encontrando combustible en los desafíos actorales. “Amo mi profesión. Cada
vez que recibo un nuevo proyecto es un reto y amo afrontarlo.
"Espero seguir teniendo la bendición de poder seguir trabajando por muchos años más”, concluye, resaltando que vienen más proyectos para este año, que por el momento no puede detallar. Mientras el telón se prepara para levantarse, Jaime Camil afila cada gesto, cada inflexión y cada paso para encarnar a una de las villanas más icónicas del teatro musical. Su Tronchatoro no solo promete imponerse por su fuerza escénica, sino por la profundidad emocional con la que ha sido concebida. Si algo queda claro, es que esta Matilda no busca comparaciones: pretende, como su protagonista antagónica, dominar el escenario con autoridad absoluta.
La actriz da vida a la entrañable Miss Miel en "Matilda, el musical", un personaje que le permite explorar su sensibilidad escénica.
Por Carlos Aguillón
Gloria Aura está lista para llegar a Matilda, el musical y dar vida a la dulce e inolvidable señorita Miel, uno de los personajes más entrañables de la historia. Para la actriz, el proyecto no sólo representa un reto escénico, sino también un punto de madurez en una carrera que ha transitado entre la televisión, la música y su gran refugio: el teatro .
“Soy una persona que ama el teatro musical y que sabe que requiere estar preparada cuando la oportunidad llega. Así que siempre tomo clases de baile, canto y actuación; así como talleres… todo lo que se pueda tener en el bolsillo como armas para estos castings”, compartela actriz a la Revista Cameo.
La invitación al proyecto llegó tras ese camino de disciplina silenciosa. “Alex Gou me invitó a hacer este casting, les gustó y soy, de verdad, una persona muy afortunada de poder ser parte de un musical de esta magnitud, con esta expectativa, con esta producción, con tanta gente que ya la quiere ver. Hay mucha algarabía en México de ‘por fin trajeron Matilda’, así que nada, solo me siento agradecida y privilegiada de estar aquí”.
Sobre la construcción del personaje, Aura revela que la complejidad emocional ha sido uno de los mayores desafíos. “Tiene muchas capas, mucha nostalgia y miedos; así como un gran poder interior que no se atreve a sacar. Es una mujer insegura, pero también diver-
tida, amorosa… tiene muchísimas cosas con las que puedes jugar. En algunos momentos es chistosa por sus mismas inseguridades, entonces es un personaje hermoso que tiene por dónde abordarse desde muchos lugares”.
Y añade con responsabilidad artística: “Quiero aprovechar cada una de esas capitas para darle algo bonito a la Miss Miel y que la gente salga contenta y vea al personaje que quiere ver, porque es muy icónico del cine y del teatro. Espero poder ser una buena representante de este personaje hermoso”.
La conexión con la historia viene desde su infancia. “La película la vi tanto de chiquita… la vi miles de veces. Tengo muy claro el personaje. Es un clásico noventero, yo crecí con este personaje y eso me hace pensar que si yo fuera la persona que se va a sentar en la butaca, qué es lo quiero ver. Entonces debo estar a la altura de ese reto, trabajando de la mano de nuestros directores y creativos para llegar al mejor resultado”.
Al hacer retrospectiva de su carrera, la actriz reconoce un camino diverso que terminó llevándola a su verdadera pasión.
“He sido muy afortunada de poder explorar muchas cosas. Empecé en la televisión, después estuve muchos años en la música, luego aprendí a componer, a escribir… todo eso me enriqueció mucho como artista. Pero después logré dedicarme a mi gran pasión, que es el teatro musical, algo que desde niña deseaba con toda mi alma”.

MATILDA, EL MUSICAL DÓNDE: A partide del 13 de marzo de 2026 en el Centro Cultural Teatro 1
Verónica Jaspeado encuentra en Matilda, el musical, un territorio fértil para la exploración creativa. La actriz, quien da vida a la madre de la pequeña prodigio (la excéntrica señora Wormwood).
“Es un personaje que me reta muchísimo y es una oportunidad de explorar muchas direcciones”, comenta.
La exigencia del musical ha sido uno de los mayores desafíos de esta etapa. Jaspeado describe un engranaje escénico donde cada elemento debe convivir con precisión milimétrica: “Lo más complicado está siendo el montaje: la coreografía y las escenas; juntar todo e ir construyendo el personaje es multidisciplinario y muy complejo”.
Para la actriz, los números musicales representan una prueba física y mental constante: “Para los que nos toca cantar con coreografía o caminando, es una acción teatral difícil, pero muy grata, porque son muchas dimensiones de atención para llegar a lo que estamos buscando”.
El musical llega, además, en una etapa de madurez emocional y artística que la propia actriz reconoce:“ Matilda me reta en el sentido físico —la coreografía, el canto y la actuación—, pero también siento que estoy en un momento en el que entiendo las cosas desde otro lugar. La entrega que tengo al proyecto se vuelve más íntima; conforme pasa el tiempo y te vas llenando de experiencia, la relación con lo que te apasiona se vuelve algo maravilloso”. Esa pasión trasciende el escenario. “Todo el entorno se permea a todas las áreas de mi vida de una forma muy agradable y congruente. Es una dulce obsesión”, confiesa la actriz, sobre el motor creativo que hoy la impulsa.
Verónica Jaspeado y Ricardo Margaleff construyen una química escénica que equilibra humor feroz y sensibilidad en esta esperada producción musical.
Por Carlos Aguillón
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A partide del 13 de marzo de 2026 en el Centro Cultural Teatro 1
El telón del teatro musical vuelve a abrirse para Ricardo Margaleff, pero esta vez no desde la comedia ligera que lo popularizó en la televisión, sino desde la entraña misma de uno de los villanos más icónicos del repertorio contemporáneo: el Sr. Wormwood, padre de la prodigiosa niña en Matilda, el musical, producción de Alejandro Gou.

“La gente no sabe que yo me forjé en los musicales, en una compañía del Estado de México, después me dediqué a la comedia, al clown, y fui dejando un poco el género musical, que es hermoso”, resalta el actor.
Por otro lado, reconoce que el peso dramático de la obra recae en los antagonistas. “Tengo una gran responsabilidad porque este personaje tiene el sello de Danny DeVito, no había dimensionado la presencia escénica del personaje. El papá, junto a Tronchatoro, son los villanos”. Y lejos de intimidarlo, el reto lo seduce.“Además tiene que ser gracioso, la comedia es un género que me gusta. Siempre quise ser un villano y combinado con comedia es una joya”.
Para Margaleff, hacer reír sigue siendo una de las tareas más complejas del escenario. “El hacer comedia y que parezca fácil, eso es lo difícil. Que la gente lo vea natural. Justo eso es lo que hemos peleado siempre”. Hoy, ese oficio encuentra un nuevo escaparate en Matilda, el musical. “Es un gran musical que sigue en los grandes teatros del mundo y con esta licencia podemos armar algo maravilloso, con tecnología, pero sin perder que vas a ver un espectáculo en vivo”. Así, entre risas perversas, autos usados y trampas paternales, Margaleff se prepara para conquistar al público desde el lado oscuro, uno que, asegura, llevaba años esperando interpretar.
La actriz asume a Miss Miel en "Matilda, el musical", consolidando una década de perseverancia en el teatro musical.

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Por Carlos Aguillón
La sonorense vive uno de los capítulos más significativos de su carrera al integrarse al elenco de Matilda, el musical, donde dará vida a Miss Miel, personaje que alternará con Gloria Aura, un reto que asume con emoción y profunda responsabilidad actoral.
El reto actoral la sorprendió desde el primer acercamiento. “Yo tenía en la mente que Miss Miel era pura dulzura, puro amor y de la nada encuentro a una mujer con mucha inseguridad al momento de querer hablar, con miedo”. Esa primera impresión pronto se transformó en un descubrimiento más profundo del personaje.
“También encontré mucha valentía cuando dice: ‘Voy a ayudar a esta niña, me cueste lo que me cueste’ y cuando descubre cosas, tiene una furia, pero con educación, eso tiene unas curvas bien padres”.
Para la actriz, ahí radica la riqueza de la historia. “Vemos personajes que parecen una cosa y luego otra, cómo empieza la obra de una manera y termina de otra. Está súper interesante”. Parte de esa emoción se alimenta también del trabajo con el elenco infantil. “Los niños vienen muy entregados. Te ponen la vara alta. Llegas a los ensayos y ellos están muy entregados, llenos de amor y pasión”. Mi camino, admite, ha estado lleno de pruebas emocionales. “El reto del ‘no’, te pueden decir que no bien fácil en una audición y eso te hace dudar de tu talento, de tu voz, de todo”. Sin
embargo, encontró su propia fórmula de resistencia. “La clave es seguirte preparando, no quitar el dedo del renglón y confiar que la preparación y las ganas de trabajar rinden frutos”. Hoy, esa perseverancia se traduce en estabilidad y nuevas metas. “Hace diez años mi sueño era poder pagar mi renta en un fin de semana y gracias a Dios ya pasó. Ahora la meta va subiendo, vivir tranquila, cómoda y gozando lo que hago”. Incluso su visión artística ha evolucionado. “Ahora quiero disfrutar los personajes, descubrirlos, meterles trabajo fino, no solo sacarlos”.
Aunque su presente está en el teatro musical, no descarta expandirse. “Soy actriz y puedo probarme en cine, en televisión. He hecho audiciones, no me he quedado, pero también porque mi energía está enfocada aquí en Matilda y eso se nota con cada ensayo”.
Por ahora, toda su atención está puesta en su personaje, incluso poniendo pausa a otros proyectos. “Sí está bueno darle un corte, enfocarme al cien por ciento en Matilda tanto vocal como actoralmente es otra cosa, requiere otro nivel de concentración”.
Y es que el amor por el género sigue intacto. “Amo que empiece la música después del texto y se conecte con lo que estás cantando, de verdad me encanta el teatro musical”.
La actriz abraza uno de los momentos más significativos de su trayectoria, construido —como ella misma lo define— desde la paciencia y la fe.

Hay obras que entretienen. Hay otras que confrontan. Y están aquellas —contadas con los dedos— que transforman. Prima Facie pertenece a esta última categoría. El poderoso texto de la dramaturga australiana Suzie Miller vuelve a la Ciudad de México tras una gira por el país, y lo hace con una Regina Blandón en el momento más arriesgado y luminoso de su carrera.
En escena, Regina encarna a Tessa, una brillante abogada penalista acostumbrada a defender a hombres acusados de abuso sexual. Firme creyente del sistema judicial, estructurada, racional, casi imbatible en su lógica jurídica. Hasta que la vida la coloca del otro lado. Y entonces todo se fractura.
“Es un gran texto, pero más allá de que sea una enorme obra de teatro, creo que es un mensaje muy poderoso”, comparte la actriz en entrevista con la Revista Cameo. “El tema del abuso y de las agresiones sexuales nos pasa por
encima a muchas personas. La empatía que se logra después de una función es algo que yo no había experimentado con ninguna otra obra”. El montaje, dirigido y producido por Camilla Brett, no es moralina ni panfleto. Dos horas en las que el público deja de escuchar cifras y comienza a mirar a una persona con nombre y apellido. “Estamos tan hipercomunicados que de repente las cifras las pasamos por encima. Pero te sientas en el teatro y ves lo que le pasa a alguien en concreto… y se enciende la empatía”, explica.
Este es el primer monólogo en su carrera y el más exigente, “físicamente mi espalda está destruida”, confiesa entre risas. Pero el verdadero peso ha sido emocional. “Desde que leí la obra me quedé sentada llorando durante un buen rato. Y esa sensación nunca se me olvidó”. El proceso implicó navegar zonas oscuras, comprender la experiencia de una víctima de agresión sexual, desmontar privilegios y creencias. “Ha sido un viaje lleno de llantos, de mucha lágrima y de mucho trabajo personal. A veces de desesperanza, a veces

La actriz asume su primer monólogo en una obra que va más allá del teatro y se convierte en una experiencia emocional que interpela al espectador.
Por Carlos Aguillón
de tristeza. Pero la mayoría del tiempo de saber que la gente no va a salir igual que como entra al teatro”.
No sólo por la técnica impecable, sino por la honestidad brutal con la que sostiene cada palabra. La carga emocional es enorme, pero ella la asume como una responsabilidad.
“Me siento muy honrada y muy afortunada de poder, a través de lo que más me gusta hacer en el mundo, crear conversaciones necesarias”. En un país donde los feminicidios y la violencia de género siguen marcando la agenda cotidiana, la obra se vuelve urgente. “El arte siempre ha sido político. Si tenemos la oportunidad de llegar a más gente, hay que usarla

para amplificar voces y tener conversaciones que incomoden hasta que ya no se tenga que hablar más del tema”.
Regina reconoce su posición de privilegio y no rehúye a ella. “Soy una mujer blanca, hetero, en un país de muchísima desigualdad. Estoy consciente de ese privilegio y lo quiero usar para amplificar voces. No es darle voz a quien no la tiene, porque todas y todos la tenemos; es servir de puente”.
Ese puente se ha construido función tras función. Personas que se acercan al final con un nudo en la garganta.
Mensajes privados diciendo “a mí también me pasó”. Confesiones que encuentran en el teatro un espacio seguro. “Si yo
sirvo para que esa voz llegue a más personas y nos pongamos a ver qué podemos hacer, pues qué mejor”.
Más allá del aplauso, Prima Facie es una sacudida al sistema judicial y a las estructuras que históricamente han cuestionado a las víctimas antes que a los agresores.
La obra muestra cómo una abogada brillante, formada dentro de esa lógica, descubre sus fisuras cuando el caso es propio. Y en esa grieta se cuela la humanidad.
Por ahora, Blandón concentra su energía en esta temporada —que la “drena” profundamente— mientras explora nuevos caminos en la producción audiovisual.
Pero es claro que su personaje la acompaña más allá del escenario.
“Desde nuestra trinchera, que es el arte, hacemos lo que podemos. Yo no sé hacer otra cosa”, dice con honestidad. Y en esa declaración hay una verdad contundente: cuando el arte se compromete, puede cambiar miradas.
Prima Facie no es solo una obra bonita. Es necesaria, es dolorosa, esperanzadora. Es el recordatorio de que la justicia no siempre es justa y de que escuchar puede ser el primer acto de reparación. Y en el centro de todo, una actriz que hoy se afirma más que nunca como una de las intérpretes más sólidas y valientes de su generación.

LA VISITA DEL ÁNGEL DÓNDE: Foro Lucerna Hasta el 1 de marzo


EN EL CORAZÓN de la Ciudad de México, el Foro Lucerna abre sus puertas para recibir La visita del Ángel, una obra que, décadas después de su estreno, sigue conmoviendo al público. Escrita por Vicente Leñero, la pieza propone un viaje íntimo a la vida de un matrimonio de adultos mayores cuya rutina cotidiana se ve transformada por la llegada inesperada de su nieta.
Lo que podría ser un simple relato familiar se convierte en un ejercicio delicado sobre la memoria, el paso del tiempo y los vínculos intergeneracionales. La nieta, llena de energía y
curiosidad, actúa como un “ángel” que despierta emociones dormidas, trae historias y provoca reflexiones sobre la vida y las diferencias entre generaciones.
Bajo la dirección de Benjamín Cann y Miguel Santa Rita, el montaje actual se apoya en elementos cotidianos —tazas, licuadora, refrigerador antiguo— para crear un espacio que se siente cercano y auténtico. Los silencios hablan tanto como las palabras, y la sencillez de la puesta en escena permite que la atención se concentre en los afectos y en los gestos que construyen la intimidad familiar. El elenco está integrado

por Juan Carlos Colombo, Silvia Mariscal y Jesusa Ochoa Leñero, quienes con su experiencia y sensibilidad logran dar vida a esta historia con naturalidad y profundidad.
La visita del Ángel no solo celebra la rutina, sino que invita a los espectadores a reencontrarse con sus propias historias, a reconocer la belleza en lo cotidiano y a valorar esos pequeños instantes que marcan la vida familiar. Una obra sencilla, poderosa y profundamente humana que confirma la vigencia del talento de Vicente Leñero y la fuerza del teatro para tocar corazones.

EL MUSICAL original mexicano Siete veces adiós, conocido por tocar los corazones de miles de espectadores, celebró su milésima función con una emotiva develación de placa en el Teatro Ramiro Jiménez, apadrinada por el cantante y actor Carlos Rivera.
Con casi cuatro años de cartelera ininterrumpida, la obra sigue conquistando a la Ciudad de México y se consolida como uno de los musicales mexicanos más exitosos de los últimos años.
Desde su estreno en marzo de 2022, ha registrado funciones agotadas y ha recibido premios como el Premio Metro a la Experiencia Teatral y a la Mejor Música Original.
Más de 500 mil espectadores han disfrutado de esta
historia, tanto en la Ciudad de México como en su gira por la República Mexicana.
Durante la ceremonia, Carlos Rivera compartió su emoción por este logro histórico y destacó el valor del mensaje de la obra: "Le daba gracias a Dios por tener la fortuna y el privilegio de ver esto, que yo digo que es un milagro en el teatro de México".
El artista resaltó la importancia de amar en tiempos difíciles: "Es un acontecimiento que hay que gritarlo a todo el mundo, que en México se hace un teatro como este, con amor, sobre todo, hoy, en un mundo tan caótico, donde pareciera que es más fácil odiar, aquí se enseña que el amar es lo más importante".
Rivera también reconoció

el esfuerzo del equipo creativo y subrayó el orgullo que representa para México: "Es un orgullo para nosotros, como mexicanos, que exista Siete veces adiós, y que no sean mil funciones, sino miles y miles y miles. Miles de personas han llenado el teatro porque es una historia honesta, verdadera, que nace del corazón, y eso vale todo".

Por Carlos Mora

En la obrea "Oso polar decapitado", la actriz protagoniza una distopía escrita por David Gaitán que reflexiona con humor sobre el cambio climático y la inteligencia artificial.
La actriz Verónica Bravo define Oso polar decapitado como un “sueño hecho realidad”. No solo por la complejidad del texto o por los retos actorales que implica, sino por el equipo que la acompaña en escena. La obra, que se presentará en el Teatro El Galeón Abraham Oceransky, dentro del Centro Cultural del Bosque, es una de las propuestas más imaginativas y provocadoras de la cartelera actual: una pieza que entrelaza ciencia ficción, humor negro y filosofía para
reflexionar —con ironía y lucidez— sobre el destino de la humanidad.
Escrita por David Gaitán y dirigida por Martín Acosta, la obra construye un universo helado al borde de la llamada “noche eterna”. En ese paisaje extremo, los últimos vestigios de civilización humana conviven con robots que han comenzado a desarrollar independencia y a necesitar cada vez menos a quienes los crearon. El resultado es una distopía inquietante que, pese a su carácter fantástico, dialoga de forma directa con el presente.
Para Bravo, el montaje representa la concreción de un deseo profesional que llevaba años gestándose. “Es un honor. Es un equipo con el que he querido trabajar desde hace muchísimos años”, asegura. Con Gaitán ya había colaborado anteriormente bajo su dirección, experiencia que la dejó marcada por la claridad y profundidad de su mirada escénica. Ahora, compartir escenario con él le permite descubrir otra faceta del dramaturgo. “El teatro no le guarda secretos”, afirma con admiración.
La actriz también destaca la presencia de sus compañeros de elenco, con quienes encuentra una complicidad creativa poco común. Sin embargo, subraya de manera especial el trabajo de Martín Acosta, director al que admiraba desde sus años de formación. “Tiene una manera muy sabia y muy sutil de conducirte hacia donde quiere llevarte.
Cuando llegas a ciertos lugares actorales, sientes que fue intuición tuya, pero en realidad él te fue guiando todo el tiempo”, explica.
Para Bravo, el proceso ha sido tan exigente como disfrutable.
UNA DISTOPÍA
QUE YA NO PARECE
TAN LEJANA
Aunque Oso polar decapitado fue escrita hace más de diez años, su vigencia resulta sorprendente. “Hay cosas que ya no se sienten tan futuristas”, reconoce la actriz. El cambio climático, la incertidumbre política y social, y el avance acelerado de la inteligencia artificial
son temas que atraviesan la obra y que hoy forman parte de la conversación cotidiana.
“Lo que parecía un futuro oscuro e improbable ahora se percibe cercano”, señala. Sin embargo, lejos de instalarse en el catastrofismo, el texto opta por el humor y la ironía como herramientas para procesar la angustia colectiva. “El texto nos da un sape como humanidad. Nos invita a reírnos de nuestra propia tragedia”, comenta Bravo. Para ella, esa capacidad de abordar lo inquietante desde el juego escénico es uno de los grandes aciertos de la pieza.
En lugar de ofrecer respuestas definitivas, la obra abre preguntas sobre el rumbo que estamos tomando como sociedad. ¿Qué significa ser humano en un mundo donde las máquinas pueden replicar —e incluso superar— nuestras habilidades? ¿Cómo enfrentar el deterioro ambiental sin perder la esperanza? Estas interrogantes flotan en escena sin solemnidad, envueltas en un tono que oscila entre la farsa y la reflexión filosófica.
EL TEATRO
FRENTE A LA IA
Uno de los ejes centrales del montaje es la relación entre humanos y tecnología. Bravo admite que no es experta en inteligencia artificial, pero reconoce que su expansión genera inquietudes en el ámbito artístico. “Espero que se establezcan lineamientos para proteger a los actores de carne y hueso”, comenta, consciente de que ya existen desarrollos

tecnológicos capaces de simular interpretaciones.
Aun así, confía en que el teatro conservará un valor irremplazable. “En una época de tanta virtualidad, de no saber si lo que vemos en pantalla es real o generado, lo que esté hecho por seres humanos cobrará un valor particular”, afirma. La experiencia compartida, la presencia viva, el error y la vulnerabilidad son, para ella, elementos imposibles de replicar del todo. “No hay nada como actores en escena que después puedes abrazar a la salida y conversar con ellos”.
Con una trayectoria que nació en el teatro antes de expandirse al audiovisual, Verónica Bravo reivindica el escenario como su espacio natural de exploración. “El teatro siempre será la casa”, dice. Es ahí donde puede asumir riesgos, transitar por registros poco convencionales y explorar personajes que no necesariamente responden a las

reglas del mercado.
En Oso polar decapitado enfrenta un tono actoral que nunca antes había visitado: un punto exacto entre lo fársico y lo no realista, donde el humor convive con la densidad conceptual. “Mantener ese equilibrio es súper estimulante. Es un reto enorme”, explica. Ese desafío constante es, justamente, lo que la mantiene vinculada al escenario.
Entre el juego, la ironía y la reflexión, la obra se presenta como una experiencia escénica que interpela al espectador sin renunciar al entretenimiento. En un mundo atravesado por la incertidumbre, la obra propone mirar el abismo con lucidez… y también con risa.
Para la actriz, el montaje confirma que el teatro sigue siendo ese territorio mágico donde la imaginación puede cuestionarlo todo y, al mismo tiempo, recordarnos la potencia irreemplazable de la presencia humana.

EL ACTOR llega al escenario con Cruise, monólogo que transporta al público al Londres de los años 80. La ciudad marcada por la crisis del SIDA y la efervescente escena nocturna LGBTQ+ sirve de telón de fondo.
La historia sigue a Michael, un joven diagnosticado con VIH, que busca amor, libertad y sentido de la vida en medio de la adversidad. La obra, adaptada por Alonso Íñiguez a partir del texto de Jack Holden, combina humor, drama y emoción en un recorrido intenso y reflexivo.
La puesta en escena destaca por su cuidado diseño de luces, música y movimiento, recreando la atmósfera de los clubes nocturnos del Soho. Speitzer permanece solo en escena, encarnando varios personajes con naturalidad y fuerza, logrando conectar con el público en cada instante.
Cruise ofrece una experiencia teatral que mezcla lo íntimo con lo colectivo, recordando la memoria histórica de la comunidad LGBTQ+, celebrando la vida y explorando la identidad y la libertad. Una obra intensa, emotiva y profundamente humana que evidencia la madurez y versatilidad de Alejandro Speitzer en el escenario.
La obra también invita a la reflexión sobre el pasado y su impacto en el presente. Cada escena busca generar conciencia, sensibilidad y empatía, mientras transporta al espectador a un tiempo de lucha, resistencia y búsqueda de identidad. La combinación de narrativa, interpretación y puesta en escena deja una impresión duradera, transformando la experiencia teatral en un viaje emocional que perdura mucho después de bajar el telón.


Aranza Goroz cuando habla de su presente no lo hace desde la sorpresa, sino desde la conciencia del trabajo acumulado. “Estoy muy contenta porque mis sueños se siguen cumpliendo”, dice, y la frase no suena ingenua ni improvisada. Pero el camino no ha sido sencillo. La electrónica sigue siendo un territorio donde la cabina ha estado históricamente dominada por hombres.
La DJ lo sabe y no lo evade. “Sé que todavía hay mucho camino para las mujeres DJs. Es un mundo que sigue estando dominado por hombres”, afirma con serenidad. No

hay queja en su tono, sino determinación. “Como artistas, junto a otras compañeras, estamos demostrando que también podemos dejar el nombre de México en grande, tanto en escenarios nacionales como internacionales”. Esa conciencia ha sido motor. Más que competir, su apuesta ha sido prepararse. “Nada ha sido inmediato. Han sido años de tocar, de aprender, de equivocarme y mejorar”, reconoce. En un entorno donde la exposición es constante y el error se magnifica, la disciplina se vuelve escudo. “La disciplina es lo que realmente sostiene una carrera”, enfatiza.
Su ruta reciente la llevó a Canadá y a múltiples
En un mundo electrónico aún dominado por hombres, la disciplina y la constancia se convierten en el motor de una carrera que busca poner a México en la escena internacional.
Por Carlos Aguillón
ciudades del país. Desde Tijuana inició una nueva etapa que ahora la impulsa hacia Centroamérica, donde arrancará una gira que busca ampliar su alcance y consolidar nuevas audiencias. “Cada país es distinto. La energía cambia, el público cambia, pero la música conecta igual”, explica. Para la mexicana, salir del territorio conocido no es riesgo, es expansión. Esa expansión también es sonora. Actualmente cuenta con un sencillo disponible y trabaja en nuevos lanzamientos y colaboraciones. “Estoy en un momento creativo muy especial. Quiero que la gente escuche una evolución en mi sonido”, adelanta.
Su objetivo no es repetir fórmulas, sino construir identidad. “No quiero que mis sets suenen iguales. Me gusta que cada show tenga algo distinto, que quien vaya a verme sienta que vivió algo único”.
El crecimiento, sin embargo, no la desconecta de su origen. Representar a México es parte de su narrativa. “Para mí es importante que cuando digan mi nombre, también piensen en México”, señala. En un circuito globalizado donde la competencia es feroz, mantener identidad se vuelve diferencial.
Y hay algo más: el impacto que puede generar en otras mujeres. “Si alguna niña me ve tocar y piensa que ella también puede hacerlo, ya valió la pena”, dice con una sonrisa que se percibe incluso en la voz. Su discurso no es militante, pero sí consciente. Sabe
que cada escenario que pisa abre una rendija para quienes vienen detrás. El 2025 marcó un antes y un después. Su presencia en el festival de música electrónica más importante del mundo (EDC) no fue un golpe de suerte, sino la consecuencia de años de constancia.
“Llegar a una escena tan importante era una de mis metas y lo estoy logrando”, comparte Aranza. Para cualquier DJ mexicana, ese escenario representa visibilidad, validación y una prueba de fuego. Para ella, fue también una confirmación personal.
Mientras prepara su gira por Centroamérica y confirma nuevas fechas en plazas y festivales de México, Aranza atraviesa una etapa que combina madurez y ambición.
No se trata solo de estar en carteles importantes, sino de sostener el crecimiento. “Estoy viviendo un momento muy importante en mi carrera, pero sé que esto apenas empieza”, afirma.
En la cabina, el ruido del mundo se apaga. Quedan el ritmo, la mezcla, la lectura del público. Afuera, la industria sigue siendo exigente. Pero Aranza parece tener claro algo: el momento no llega solo. Se trabaja, se defiende y se sostiene.
Detrás de su trabajo hay más de 140 fechas, 70 venues, más de 280 horas tocando y más de 9 mil canciones reproducidas frente a más de 100 mil personas. Cifras que respaldan su trabajo.

El cantautor asegura: “No estoy aquí porque planeé hacerlo, sino porque las canciones lo pidieron”, explicando la inspiración detrás de su primer disco solista.
Después de más de tres
décadas siendo el alma creativa de Café Tacvba, compositor de himnos que forman parte del ADN musical mexicano, productor de artistas como Natalia Lafourcade, Julieta Venegas y Los Bunkers, Meme del Real decidió explorar su voz más íntima y vulnerable con su primer disco solista, La montaña encendida No es solo un álbum; es un viaje hacia lo personal, un diálogo con el tiempo, la memoria, la naturaleza y la música que lo define. El proyecto nació en el silencio de Valle de Bravo, lejos del ruido urbano y de las expectativas, donde el bosque, el río y la quietud le enseñaron más de lo que él imaginaba. “Poco a poco entendí que ese nuevo entorno tenía algo que enseñarme. La mon-
Texto y foto Carlos Mora
taña encendida no fue un proyecto planeado: surgió de revisar viejas ideas, bocetos y grabaciones olvidadas”, cuenta, como si compartiera un secreto que cambió su vida. Allí, entre la naturaleza, las canciones comenzaron a cobrar forma casi por sí mismas, con una autonomía que sorprendió incluso al propio compositor.
El disco atraviesa géneros y estilos con libertad absoluta: balada, bolero, bachata, pop alternativo, electrónica y sonidos que desafían la categorización. “Tumbos” reinventa la bachata con beats electrónicos; “Princesa” combina romanticismo clásico con sintetizadores futuristas; “Incomprensible” es un bolero que parece flotar entre nostalgia y misterio; y “Embeces” fusiona lo regional con lo experimental. “Las canciones me invitaron a dar este paso…
no fue un plan, fue un instinto”, confiesa Meme, recordando cómo cada pista fue una invitación, un susurro que lo impulsó a abrazar su voz solista. Aunque siempre ha sido compositor y productor, asumir la voz principal implicó un acto de valentía. “Fue la primera vez que me vi a mí mismo como cantante. Durante mucho tiempo pensé que esa faceta me quedaba grande”, dice con la honestidad que caracteriza su estilo. Y no solo la voz: en el escenario, cada gesto, cada movimiento, comunica tanto como la música. La primera gira solista de Meme, que se estrenará en el Teatro Metropólitan, será más que un recital; será un espacio de conexión directa con el público, un intercambio de energía donde la intimidad y la entrega se entrelazan en cada interpretación. La metáfora de la montaña atraviesa todo el disco: fuego, cicatrices, luz y renacimiento. Meme describe su trabajo como un reflejo de su vida, lo que queda después de los incendios, lo que crece entre ruinas, lo que se transforma en belleza. “Es una especie de radiografía: el cuerpo y el espíritu retratados”, afirma, invitando al oyente a mirar también dentro de sí mismo, a encontrar su
propia montaña encendida en cada canción. Cada pista es un paisaje emocional distinto. El disco no se limita a escucharse: se vive. Está pensado para ser interpretado en directo, con improvisaciones, momentos de intimidad y la energía que solo un escenario puede entregar. “Canto, toco, bailo… a veces pienso que hago el ridículo, pero me lo estoy pasando bien. Eso genera comunicación”, dice, mostrando cómo la vulnerabilidad y la autenticidad se convierten en su lenguaje.
El resultado es un debut que no solo sorprende, sino que conmueve, acompaña y redefine lo que significa ser un artista en libertad. Con canciones como Princesa, Tumbos, Embeces, Incomprensible y Mira, La montaña encendida es una aventura sonora que refleja emociones, historias y memoria; un álbum que se escucha, se siente y se habita.
“Hoy, con un profundo sentimiento de fortuna y agradecimiento, me toca dejar ir este trabajo… permitir que crezca, que se transforme, que no pare de andar, y que por siempre, me siga transformando”, concluye Meme, dejando que la montaña siga encendida dentro de quienes se acerquen a sus canciones.
Hay artistas que debutan con una carta de presentación; Nicolás Haza lo hace con una confesión. Presentimiento de un futuro pasado no es solo su primer álbum, es un mapa emocional que recorre los claroscuros de sus últimos años y deja ver a un joven creador decidido a tomar el control de su narrativa.
Hijo de Ludwika Paleta y Plutarco Haza, Nicolás ha crecido entre foros y reflectores. Pero lejos de instalarse en la comodidad de un apellido conocido, ha insistido en abrirse camino desde su propia sensibilidad. El también actor ha dejado claro: “Siempre traté de no hacer lo que se esperaba de mí”. Y ese espíritu atraviesa cada capa de este debut discográfico.
“Presentimiento de un futuro pasado es mi primer álbum y retrata diferentes facetas de mi vida en los últimos años”, comparte Nico al hablar del proyecto. La frase funciona como declaración de principios: este disco no es un ejercicio estético aislado, sino una bitácora personal.
El sonido acompaña esa intención. El artista mezcla new disco, R&B y future pop, construyendo un universo que transita entre la pista de baile y la introspección. “Mezclando géneros como el New disco, R&B y Future pop”, explica, dejando claro que su búsqueda sonora también forma parte de su identidad en evolución. Pero más allá de los

El cantante da un paso firme en su carrera musical con un proyecto honesto que retrata sus últimos años y refleja las emociones de toda una generación.
Por Carlos Mora
ritmos, lo que define al álbum es su carga emocional. “Este álbum habla sobre el miedo, la incertidumbre y la ansiedad ante el futuro”, señala el cantante, conectando con una generación que vive entre la prisa y la duda constante.
Al mismo tiempo, reconoce la otra cara del tiempo: “la melancolía y a veces dolor que nos causa el pasado”. Esa dualidad — entre lo que ya fue y lo que todavía no llega— atraviesa las canciones y le da sentido al título del disco.
Nicolás también aborda un tema que conoce de primera mano: “explorando también la presión y expectativas del mundo artístico”. Crecer en una familia vinculada al espectáculo implica exposición temprana y comparaciones inevitables, pero Haza transforma esa experiencia en motor creativo.
Además de su faceta musical, Nicolás ha desarrollado una carrera como actor, participando en proyectos como la serie Nadie nos va a extrañar Sin embargo, en la música parece encontrar un espacio más íntimo, donde no interpreta a otro, sino que se interpreta a sí mismo. Presentimiento de un futuro pasado es, en ese sentido, una carta abierta. Un álbum que no pretende ofrecer certezas, sino preguntas. Que no busca la perfección, sino honestidad. Y que confirma que Nicolás Haza está menos interesado en cumplir expectativas que en construir, paso a paso, una identidad artística propia y coherente.
La bailaora española vuelve a México con un espectáculo en constante transformación. Tradición y riesgo se funden en una propuesta íntima donde el flamenco se vive como emoción compartida y refugio escénico.
Por Carlos Aguillón

La bailaora española regresa a México con Flamenco Tour 2026-Una mirada, un espectáculo en permanente transformación que dialoga con la voz de Susana Zabaleta. Tradición, vértigo y emoción en una noche donde el arte se convierte en refugio.
“El hecho de que sea ya una nueva mirada desde el artista que se presenta en el teatro después de tanto tiempo, en sí misma debe traer cosas nuevas”, afirma a la Revista Cameo.
Flamenco Tour 2026Una mirada no es, una repetición de fórmulas.
“Hay cosas que se han asentado, cosas que están conviviendo en la actualidad con mi baile, con mi forma de expresarme, de concebirlo, de entenderlo. Musicalmente también”.
Para ella, el escenario es un espejo del instante que vive. Y ese instante hoy tiene un vértigo distinto.
Ese vértigo lo comparte con Susana Zabaleta.
“Tener la oportunidad de convivir en escena con una artista como Susana le está aportando al espectáculo un color distinto. Y creo que ese vértigo es muy bonito. Es la parte que más me puede sorprender a mí”, confiesa.
La admiración es mutua, pero lo que más le seduce es la incertidumbre.
“Nunca sabes cómo va a suceder. Y eso es genial. Te pone en un lugar muy interesante como artista”. Para Juncal, compartir escena no es sumar talento, es abrir la puerta al riesgo. “Ella es absolutamente generosa con el arte y con el público. Y conmigo lo está siendo también”.
En escena estarán cinco músicos flamencos y un músico clásico, además de la participación especial de Zabaleta. Pero más allá de la ficha técnica, lo que importa es el viaje emocional. “El flamenco es tan personal… Yo lo puedo proponer desde donde lo estoy sintiendo y otra persona lo va a recibir desde donde lo está viviendo”, explica. El espectáculo, adelanta, recorrerá distintas estaciones. “Me he dado el momento, el lugar y el espacio para buscar sensaciones distintas. Desde la música, desde mi lenguaje que es el baile, desde la percusión, desde la canción. Cada parte tiene su protagonismo”. Y aunque evita prometerlo todo, sí asegura algo: “Vamos a ir parando en distintas estaciones y espero que la gente lo disfrute tanto como lo estoy disfrutando yo en el proceso y en la ejecución, que también me supone un reto importante”. Sobre el estado del flamenco en el mundo, su postura es clara. “El arte está muy vivo. Somos muchos los que lo impulsamos desde distintos lugares. Somos auténticos dementes enamorados de lo que hacemos”, dice. Reconoce que quizá no siempre esté en “la marea de lo que sucede hoy en día”, pero no duda de su vigencia. “Sigue abriendo los telones de los teatros. La gente consume arte. Lo busca”. Incluso va más allá: “Contra más la sociedad se empuje de manera casi forzosa hacia un lugar, más van a buscar las personas el refugio y el cariño del arte”. Es una visión romántica, admite, pero es la que la sostiene.
El bailarín mexicano combina cine y televisión con su carrera como primer bailarín del American Ballet Theatre, pero reafirma que el ballet es su prioridad.
Por Carlos Mora
Para el primer bailarín del American Ballet Theatre, vive uno de los momentos más sólidos de su trayectoria. Aunque su nombre está profundamente ligado al ballet internacional, en los últimos años también ha explorado la actuación en cine y televisión.
Hernández actuó en la pantalla grande junto a Jessica Chastain en Dreams, dirigida por Michel Franco, consolidando así su incursión en el cine de autor.
Antes, participó en la serie de Netflix Alguien tiene que morir, creada por el mexicano Manolo Caro, donde interpretó a un joven bailarín en una historia ambientada en la España conservadora de los años cincuenta.
“Me gusta la actuación, me gusta contar historias”, reconoce. Sin embargo, es claro al explicar que desarrollar formalmente una carrera paralela implicaría una decisión compleja.
“Comprometerme seis meses a una película o a una serie significaría escoger entre el ballet y empezar otra carrera diferente”, señala. En el punto actual de su vida profesional, no está dispuesto a dividir su energía.



DESPERTARES 2026
DÓNDE:
Auditorio Nacional, sábado 29 de agosto
El artista atraviesa una etapa que describe como profundamente satisfactoria: disfruta el trabajo diario en el salón de ensayo, la técnica que ha construido con los años y la madurez artística que le permite colaborar con coreógrafos y creadores de primer nivel. Actualmente interpreta Otelo, ballet inspirado en la obra de William Shakespeare, una pieza que considera especialmente significativa por el contexto social contemporáneo y por la lectura del personaje como el extranjero que lucha por abrirse camino.
Para Hernández, que un bailarín mexicano ocupe un lugar protagónico en una de las compañías más importantes de Estados Unidos habla por sí mismo. Aunque no descarta futuros proyectos actorales, hoy su convicción es clara: está disfrutando más que nunca su profesión como bailarín.
Con esa misma pasión regresará al Auditorio Nacional con Despertares 2026, proyecto que define como uno de los más importantes de su vida y carrera.
“Cada año es una experiencia maravillosa”, comparte. Esta nueva edición será particularmente compleja y emocionante,
con un programa que combina figuras internacionales, grandes nombres del ballet clásico y propuestas contemporáneas.
Entre los invitados destaca la participación de bailarines del Teatro Mariinsky, incluida Maria Khoreva, una de las figuras más visibles del ballet clásico actual. También regresarán artistas que el público mexicano ha pedido volver a ver, además de creadores cuyas piezas llevaban casi una década intentando concretar.
El programa incluirá una combinación de estilos: desde ballet clásico tradicional hasta propuestas que dialogan con lenguajes físicos contemporáneos. La intención, explica, es mantener la esencia que ha convertido a Despertares en un fenómeno único: abrir el ballet a todos los públicos.
“No he encontrado un público tan diverso como el de Despertares”, afirma. Familias con niños pequeños, jóvenes estudiantes y espectadores que se acercan por primera vez a la danza conviven en una misma noche.
A lo largo de los años, Despertares ha logrado construir en México una comunidad amplia alrededor del ballet, consolidándose como una de las plataformas más importantes para la danza internacional en el país.





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