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CAMEO 50

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DANIEL GIMÉNEZ CACHO

FOTO CARLOS MORA
LAUREANO BRIZUELA

EL SONIDO QUE EVOLUCIONA: ASÍ SUENA LA NUEVA APUESTA DE

SONOS

Sonos refuerza su propuesta de audio conectado con la llegada de Sonos Play y Era 100 SL, dos bocinas que expanden su ecosistema y consolidan su visión: un sistema que no solo suena bien desde el inicio, sino que crece con el tiempo y se adapta a cada espacio del hogar.

Más que dispositivos individuales, ambas bocinas funcionan como piezas de un engranaje mayor. La experiencia Sonos se construye desde la posibilidad de comenzar con un solo equipo y, poco a poco, integrar nuevos espacios, momentos y necesidades sin perder calidad ni coherencia sonora.

ERA 100 SL

· Tipo: Bocina para hogar

· Conectividad: WiFi

· Micrófono: No incluido

· Funciones destacadas: Integración con sistema Sonos

Configuración en estéreo o cine en casa, sonido envolvente optimizado

· Diseño: Compacto y minimalista

· Uso: Interior

Sonos Play destaca por su versatilidad. Diseñada para usarse tanto en interiores como exteriores, combina conectividad WiFi y Bluetooth con una batería de larga duración que alcanza hasta 24 horas. Su resistencia al agua y polvo, junto con su diseño portátil, la convierten en una aliada para llevar el sonido a cualquier lugar. Además, incorpora tecnología de calibración automática que ajusta el audio según el entorno.

Por otro lado, Era 100 SL ofrece una alternativa más directa y accesible para integrarse al ecosistema. Con un diseño sin micrófono, apuesta por la simplicidad sin sacrificar potencia

ni calidad. Puede utilizarse de forma independiente o como parte de configuraciones más amplias, desde pares estéreo hasta sistemas de cine en casa. De acuerdo con Chris Kallai, vicepresidente de creación de productos, la intención es que cada bocina funcione plenamente por sí sola, pero que también permita construir una experiencia más amplia con el tiempo.

Una visión que coincide con Tom Conrad, quien subraya que la tecnología debe evolucionar sin obligar

SONOS PLAY

· Tipo: Bocina portátil

· Conectividad: WiFi y Bluetooth

· Autonomía: Hasta 24 horas de batería

· Resistencia: Certificación IP67 (agua y polvo)

· Funciones destacadas:

Agrupación de bocinas en interiores y exteriores

Tecnología de calibración automática Trueplay Capacidad de recargar dispositivos móviles

· Diseño: Portátil con correa removible

· Uso: Interior y exterior

a reemplazar lo existente. La compatibilidad con múltiples servicios de streaming, así como con herramientas como Spotify Connect y Apple AirPlay 2, refuerza una experiencia flexible, pensada para distintos hábitos de escucha y estilos de vida.

Con estos lanzamientos, Sonos reafirma su apuesta por un ecosistema que prioriza la continuidad sobre la obsolescencia, donde cada nuevo dispositivo no reemplaza, sino que suma a una experiencia sonora cada vez más completa.

CINE

CARLOS MATIENZO

EL RITUAL DEL NAHUAL: UNA INVOCACIÓN QUE DESATA EL MIEDO

DANIEL GIMÉNEZ CACHO

ENTRE EL ECO DE LA MEMORIA CON JUANA

El actor debuta como director con una historia íntima sobre una periodista que enfrenta su pasado. En entrevista exclusiva con la Revista Cameo, aborda la violencia, el periodismo y el proceso de dirigir desde la experiencia actoral.

Texto y fotos Carlos Mora

Hay historias que no se eligen del todo; más bien se acumulan hasta que se vuelven inevitables. Así habla Daniel Giménez Cacho de Juana, su ópera prima como director, una película que no solo marca un cambio de rol dentro de su trayectoria, sino también una forma distinta de mirar aquello que, durante años, ha observado desde dentro del cine: la violencia, sus resonancias cotidianas y las grietas que deja en quienes intentan narrarla.

En Juana, esa mirada se encarna en una periodista en decadencia —interpretada por Diana Sedano— que vive atrapada entre la rutina y el desgaste emocional. Su vida transcurre entre el periódico Siglo XXI, las visitas a su madre en un asilo y una serie de ataques de pánico que funcionan como recordatorios constantes de un pasado que nunca terminó de cerrarse. Durante años ha aprendido a sobrevivir enterrando sus traumas, pero un encargo aparentemente cotidiano desestabiliza por completo ese frágil equilibrio. El trabajo consiste en cubrir el casamiento de la hija de Pedro Núñez, un político influyente y corrupto, figura clave en una investigación que marcó su vida: la muerte de su exnovio y de un colega periodista, ocurridas mientras ambos investigaban una red de pornografía infantil que lo implicaba directamente. El presente, entonces, deja de ser un espacio seguro y se convierte en el punto

exacto donde todo lo no resuelto regresa.

A partir de ahí, Juana se despliega como un thriller psicológico que evita la espectacularidad para instalarse en lo íntimo, en lo que no se dice, en lo que se arrastra. Es una película sobre la memoria, pero también sobre la imposibilidad de clausurarla. Sobre cómo el pasado insiste, incluso cuando se le intenta silenciar.

La película —escrita por Emma Bertrán y protagonizada por Diana Sedano, Margarita Sanz, Arturo Ríos, Antonio Fortier, Nailea Norvind y Ángeles Cruz— encuentra en esa tensión su centro emocional: no se trata solo de una investigación periodística, sino de una confrontación con las heridas personales que esa investigación dejó abiertas.

“Es una película que busca abrir conversación. Hablar del dolor, del silencio, del silencio cómplice que permite tanta impunidad”, dice Daniel Giménez Cacho en entrevista. Y en esa frase se condensa no solo el sentido de la película, sino también su tono: una obra que no busca respuestas cerradas, sino incomodidad, fisuras, preguntas que persisten.

LA DECISIÓN DE FILMAR

Para Giménez Cacho, el paso a la dirección no fue un salto abrupto, sino una consecuencia silenciosa. Una suma de años observando, imaginando, corrigiendo mentalmente lo que veía en los sets como actor. Un proceso que, sin darse cuenta, se convirtió en una forma de preparación.

“Siempre había tenido la inquietud. Estando en los sets uno está viendo todo el tiempo cómo lo harías tú. Decía: ‘yo lo hubiera hecho así’, ‘yo lo hubiera hecho así’, hasta que se acumuló demasiado”, recuerda. Esa repetición no fue solo una observación técnica, sino una forma de diálogo interno con el cine mismo.

Pero el impulso de Juana no se agota en lo cinematográfico. En el fondo, la película nace de una preocupación más amplia: el estado de violencia que atraviesa el país y la manera en que esa violencia se vuelve parte del paisaje cotidiano.

“Quise hacer una película inspirada en lo que vivimos día con día, esta realidad tan violenta. Pero sobre todo me preguntaba qué motiva a los periodistas a hacer su trabajo, por qué arriesgan su vida”, explica. La pregunta no es retórica: atraviesa toda la estructura emocional del filme.

En ese sentido, Juana también es una película sobre el desgaste. Sobre la forma en que el trabajo de narrar la violencia termina por dejar huellas en quienes la observan demasiado de cerca. Y hay, además, una raíz más íntima.

“Tiene que ver con la violencia machista vivida en casa desde niño. Es un tema que me atraviesa desde hace mucho tiempo”, admi-

te el director, sin rodeos. El guion, desarrollado junto a Emma Bertrán, nació de una premisa amplia que fue tomando forma en el proceso de escritura. “Le propuse un tema general: una mujer periodista, el patriarcado, la violencia contra la mujer. Y Emma trajo un primer borrador muy rápido. A partir de ahí empezamos a construir la historia juntos”.

DIRIGIR DESDE LA MEMORIA DEL ACTOR

El tránsito de Giménez Cacho hacia la dirección está profundamente marcado por su experiencia como actor. Esa condición no desaparece detrás de la cámara; al contrario, define su manera de entender el set como un espacio vivo, en constante negociación.

“Fue delicioso. Como actor disfruto y entiendo esos procesos. Tenemos un lenguaje común que nos permite desmenuzar lo que está pasando en la escena”, explica. No se trata de imponer una visión, sino de compartir una lectura.

En su método, la confianza es central. “Lo importante es crear un clima de respeto, seguridad y libertad para que los actores florezcan. No se trata de que hagan lo que tú quieres, sino de permitir que aparezcan cosas que ni siquiera habías imaginado”.

Distribución:

Esa apertura no implica improvisación desordenada, sino una construcción cuidadosa donde la escena se activa en el momento del encuentro. “Ahí es donde aparecen cosas auténticas, inesperadas, que no estaban en el papel”.

El director reconoce además una influencia clara del teatro en su forma de trabajar. Algunas escenas se abordaron desde una lógica casi ceremonial, especialmente aquellas cargadas de tensión emocional. “Hay una mística compartida. Como en el teatro, dejar que la escena acontezca, que suceda”.

UN RODAJE DE MIRADAS FEMENINAS

Uno de los elementos que atraviesa el filme es la presencia mayoritaria de mujeres en su equipo creativo, algo que Giménez Cacho destaca como parte esencial del proyecto.

“La guionista es mujer, la productora es mujer, la diseñadora de arte es mujer, la asistente de dirección también. Yo hubiera querido que la fotografía la hiciera una mujer, lo intenté, pero no se pudo en esta ocasión”, señala.

Más allá del dato, lo que subraya el director es la coherencia entre el contenido

JUANA
Talipot Studio.

y la forma de producción.

“El tema de la violencia contra la mujer está en el centro de la historia, y era importante que también estuviera atravesado por esas miradas”.

Esa decisión se refleja en la construcción de Juana como personaje: una mujer compleja, fracturada, lejos de cualquier idealización. Alguien que no encarna una respuesta, sino una pregunta en permanente movimiento.

EL CINE DESDE DENTRO

Antes de dirigir, Giménez Cacho pasó años observando a otros cineastas trabajar. Esa experiencia, más que académica, fue una forma de aprendizaje continuo.“He aprendido mucho mirando. Cómo resuelven conflictos, cómo sostienen el clima en el set, cómo permiten que el accidente entre en la película”, explica. En esa observación hay una lección que atraviesa su propia dirección: el cine como espacio donde lo imprevisto

también tiene lugar.

Para él, la clave está en el equilibrio entre estructura y apertura. “Lo más importante es generar concentración y respeto para que la escena pueda suceder”, afirma.

EL RECORRIDO DE JUANA

El recorrido de la cinta comenzó en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde tuvo su estreno nacional en su edición 22 en octubre del año pasado. Desde ahí, la película inició un tránsito que la llevó al Festival de Cine de Tallin, Estonia, dentro de la Competencia de Óperas Primas, y posteriormente al Festival de Málaga en marzo de 2026, donde continuó su circulación internacional. En cada una de estas presentaciones, la película ha encontrado una recepción que refuerza su intención original. “La película cumple su objetivo: abre conversación”, afirma. Más allá del circuito de festivales, Juana busca

expandirse hacia otros espacios de diálogo: universidades, colectivos de periodistas, organizaciones sociales. “Está pensada también para eso, para provocar conversación”, insiste.

LO QUE VIENE

Aunque Juana marca su debut como director, Giménez Cacho no lo concibe como un cierre, sino como una continuidad. “Sí volvería. Estoy listo para la siguiente”, dice, mientras ya trabaja en un nuevo proyecto.

Por ahora, sin embargo, su atención está puesta en dejar que esta película encuentre su propio camino. “Lo importante es dejarla caminar, que llegue a su público”.

En el centro de todo permanece una idea que atraviesa la conversación y la película: el silencio no es ausencia, sino una forma activa de violencia que se sostiene en el tiempo, se hereda y se normaliza, hasta que alguien decide mirarlo de frente.

La actriz comparte su experiencia en "Juana", ópera prima de Daniel Giménez Cacho, una película que aborda la violencia dentro del hogar y los crímenes contra periodistas.

MARGARITA SANZ

EN EL UNIVERSO ÍNTIMO DE JUANA

En su primer trabajo como director, Daniel Giménez Cacho construye con Juana un relato que se mueve entre la intimidad y la denuncia social, abordando la violencia de género y los asesinatos de periodistas en México a través de una historia atravesada por el silencio, la culpa y las heridas que permanecen abiertas. Tras casi ocho años de desarrollo, la película se presenta como una exploración profunda de la violencia estructural y sus repercusiones dentro de la vida familiar y emocional de sus personajes.

En este universo narrativo, la actriz Margarita Sanz interpreta a la madre de la protagonista, un personaje complejo que encarna una de las capas más perturbadoras del relato: la complicidad silenciosa dentro del entorno doméstico. En distintos momentos de la historia, su personaje llega a ser testigo y cómplice de los actos de violencia ejercidos por su esposo contra su propia hija, lo que abre una reflexión incómoda sobre los mecanismos de negación, miedo y supervivencia dentro de las familias

atravesadas por el abuso.

Sanz reconoce que el proceso de trabajo con Giménez Cacho fue determinante para construir esta complejidad. Destaca su sensibilidad como director y su experiencia como actor, lo que le permitió generar un espacio de confianza en el set y una dinámica de creación basada en la escucha.

“Fue placentero trabajar con él porque comprende las inseguridades de los actores. Es un punto de apoyo que te ayuda a encontrar la energía correcta para el personaje”, compartió la actriz, al recordar el acompañamiento constante del director en el proceso interpretativo.

La actriz subraya que uno de los mayores retos fue construir un personaje dividido en dos estados emocionales claramente contrastantes: una mujer contenida, atrapada en una realidad doméstica violenta y opresiva, y posteriormente una figura fracturada por el peso de lo vivido, que deriva en un colapso psicológico que transforma por completo su presencia en pantalla. Esta dualidad, explica, fue posible gracias a la libertad creativa que encontró en la dirección.

Texto y foto Carlos Mora

JUANA

Distribución: Talipot Studio.

“Es decir, con qué tanta energía darle algo, y él siempre me situaba en la energía correcta porque sabía por dónde andaba yo como actriz”, explicó Sanz, al recordar la guía precisa de Giménez Cacho durante el rodaje.

La actriz también destacó que el filme pone el foco en una violencia poco visibilizada: la que ocurre dentro del hogar y permanece oculta bajo dinámicas de poder y silencio. “Por si se dieron cuenta, son dos mujeres en una: una mujer que está en casa, con el Jesús en la boca por su hija, pero con un marido terrible del que no dice nada y es cómplice”, apuntó.

En ese sentido, subraya que la película aborda con contundencia la figura de los depredadores dentro del núcleo familiar, una temática que atraviesa el corazón del relato.

“Ese es un punto que esta película también toca, que son los depredadores que hay dentro de la familia”, señaló.

Sanz también resaltó la libertad creativa que experimentó en el set, donde el director apostó por un trabajo colaborativo y de confianza con el elenco. “No se vuelve alguien distante, sino que permite que tú aportes a tu personaje lo que necesita para poder vivir bien dentro de la ficción”, dijo.

Juana narra la historia de una periodista solitaria que ha vivido durante más de una década cargando con traumas no resueltos. Su vida da un giro cuando reaparece el nombre de un político corrupto vinculado a los asesinatos de su pareja y de un colega, lo que la impulsa a emprender una búsqueda de justicia que la enfrenta directamente con la impunidad y la violencia estructural del país.

Para Sanz, la película también funciona como un homenaje a las y los periodistas asesinados en México, así como a las mujeres víctimas de violencia y desaparición. “Trata de temas que nos atraviesan a todas y todos”, concluyó.

Hay miedos que no se aprenden en el cine. Se heredan. Se escuchan en la infancia, en relatos que nunca terminan de explicarse, pero que se quedan instalados en la memoria como una advertencia. Para Carlos Matienzo, ese territorio —el de lo que no se nombra del todo— es el punto de partida de El ritual del nahual, su ópera prima. Una película que no busca respuestas, sino provocar una sensación persistente.

“Hay cosas que no deberían explicarse por completo. El miedo más fuerte viene de lo que no puedes entender del todo”, dice el cineasta en entrevis-

ta con la Revista Cameo, convencido de que el terror más efectivo no está en lo evidente, sino en lo que se intuye. Esa idea atraviesa toda la película: una historia donde lo sobrenatural no irrumpe, sino que parece haber estado siempre ahí.

El camino de Matienzo hacia el cine no fue inmediato, pero sí inevitable. Tras estudiar comunicación, encontró en un rodaje su primera oportunidad real. “Yo solo quería entrar, no importaba en qué área. Me metí a todo lo que pude hasta que lo logré. Y ya no me fui”, recuerda. Aquella experiencia lo empujó a trasladarse a la Ciudad de México, donde comenzó a construir una carrera entre la publicidad, la producción y el cortometraje.

“Fui encontrando mi voz poco a poco. Hice varios

cortos, algunos muy cercanos al terror, otros más ligados a temas ambientales. Siempre he tenido esa dualidad”, explica. Sin embargo, reconoce que el género lo fue atrapando con más fuerza. “El terror tiene algo muy particular: conecta de inmediato. Pero también te permite decir cosas que en otros géneros serían más difíciles”.

Esa conexión se volvió evidente con Tekenchu, un cortometraje realizado en condiciones extremas durante la pandemia. “Lo hicimos prácticamente contra reloj, en 60 horas. Y de pronto empezó a viajar, a entrar a festivales, a ganar premios. Fue muy revelador”, cuenta. Lo que inició como un ejercicio terminó convirtiéndose en la semilla de un proyecto mucho más ambicioso.

CARLOS MATIENZO EL NAHUAL COBRA VIDA PARA SEMBRAR EL TERROR

El director debuta con "El ritual del nahual", una película que se sumerge en la raíz más inquietante del mito mexicano para construir un terror que no se explica, se siente; una apuesta por lo tangible, lo ancestral y lo profundamente humano.

Así nació El ritual del nahual, una película que toma como eje una de las figuras más complejas de la tradición mexicana. Pero lejos de construir una explicación cerrada, Matienzo opta por mantener el misterio. “No queríamos definirlo completamente. El nahual, como concepto, es mucho más grande que cualquier interpretación”, afirma.

La historia se sitúa en una comunidad aislada, donde la violencia ha dejado marcas profundas. La desaparición y asesinato de niños genera un clima de tensión que crece de manera silenciosa. “Lo que nos interesaba era cómo se comporta una comunidad cuando vive bajo presión constante, cuando el miedo se vuelve parte de la rutina”, explica. En ese entorno, la frontera entre lo real y lo inexplicable comienza a desdibujarse.

Pero más allá del mito, hay una raíz contemporánea que atraviesa la narrativa. “Vivimos en un país donde muchas veces la justicia no llega. Eso genera una sensación muy particular en la gente”, reflexiona. Esa inquietud fue clave en la construcción del relato. “No lo abordamos de forma directa, pero está ahí, en el fondo de todo”.

Uno de los mayores retos fue trasladar esa atmósfera a lo visual. Para lograrlo, el equipo apostó por una decisión clara: evitar lo digital en la medida de lo posible. “Queríamos que todo se sintiera presente, que los actores pudieran interactuar con lo que estaba pasando”, dice. La creación de la criatura fue, en ese sentido, un proceso meticuloso. “Desde el inicio teníamos claro que debía ser algo tangible. Algo que existiera en el espacio”. El diseño tomó como referencia elementos de la naturaleza y del imaginario local, con un enfoque que privilegiaba lo orgánico sobre lo espectacular. “Hay una tradición muy importante en México en la creación de criaturas, liderada por Guillermo del Toro. Queríamos hacer algo que respetara eso, que estuviera a la altura”,

señala. Para Matienzo, ese cuidado no es solo técnico, sino también cultural. “Es una forma de decir: esto también se puede hacer aquí, con identidad propia”. Esa búsqueda de autenticidad se extiende a toda la película. La elección de locaciones en San Luis Potosí, el uso del tének, lengua local de la comunidad, y la construcción del universo visual responden a una intención clara de arraigo. “No queríamos que se sintiera genérico. Queríamos que tuviera un peso, una raíz”, explica. El proceso para levantar el proyecto fue largo y, por momentos, incierto. “Como muchas películas en México, tuvimos que sortear muchos obstáculos. No es sencillo conseguir financiamiento, y menos cuando haces cine de género”, reconoce. Sin embargo, la persistencia del equipo

permitió que la película encontrara aliados clave y eventualmente llegara a circuitos internacionales.

“Cuando empezó a moverse en festivales, entendimos que la historia podía conectar más allá de lo local”, dice. Esa respuesta fue fundamental para consolidar el proyecto y llevarlo hasta su estreno comercial, que llegará con una distribución amplia en el país, con 500 salas.

Para Matienzo, ese momento tiene un significado especial. “Es el resultado de muchos años de trabajo, de intentos, de errores. Pero también es una oportunidad de que la película encuentre a su público”, comenta. Más allá de las cifras, lo que le interesa es la experiencia del espectador. “Me gustaría que salieran con una sensación, con algo que se les quede”.

En un panorama donde

el cine mexicano sigue buscando diversificar sus propuestas, El ritual del nahual se inscribe como una apuesta por el riesgo y la identidad. “Creo que el género está creciendo, que hay una comunidad que se apoya mucho. Eso es muy valioso”, afirma.

Al final, la película no intenta dar certezas. Se mueve en un terreno ambiguo, donde lo que importa no es entender, sino sentir.

“El terror más potente es el que no puedes sacudirte fácilmente”, dice el cineasta. Y en esa idea, quizá, se encuentra la clave de su propuesta: una historia que no se explica del todo, pero que permanece.

Porque hay presencias que no necesitan mostrarse para hacerse sentir. Y hay relatos que, una vez escuchados, ya no se olvidan.

EL DIABLO VISTE

A LA MODA 2

Distribuidora: 20th Century Studios

DE MÉXICO AL MUNDO: EL ESTILO TOMA ELDIABLO VISTEALAMODA2

Por Carlos Aguillón

LA CIUDAD DE MÉXICO se convirtió en el punto de partida del tour mundial de El diablo viste a la moda 2, con una alfombra rosa montada en el Museo Anahuacalli, intervenido para transformarse en un espacio de cine, moda y espectáculo de escala internacional.

La premiere de El Diablo Viste a la Moda 2 en Ciudad de México destacó por una pasarela en el Museo Anahuacalli con 20 diseñadores mexicanos. Organizado por Fashion Week México, el evento presentó looks que reinterpretan el universo de la película, celebrando el talento local ante Meryl Streep y Anne Hathaway.

El recinto diseñado por Diego Rivera recibió a elenco, invitados y figuras de la industria en una noche donde la estética de Runway se trasladó al corazón del sur de la capital. La alfombra funcionó como pasarela inmersiva y antesala de una experiencia que combinó proyección, moda y performance.

Uno de los momentos centrales fue el desfile de diseñadores mexicanos, quienes reinterpretaron el universo de la película con propuestas contemporáneas que dialogaron con el glamour editorial de la franquicia. La intervención convirtió el acceso en un desfile vivo que reafirmó el papel del diseño nacional dentro de producciones de gran formato.

Durante su paso por la alfombra, Meryl Streep y Anne Hathaway se mostraron cercanas con el público, saludaron a fans y participaron del arranque del tour mundial, que tuvo en México su primera parada. Streep se mantuvo en sintonía con el tono festivo de la noche, celebrando el recibimiento en la capital mexicana y la energía del encuentro, en un gesto que reforzó la dimensión global del evento.

Por su parte, Hathaway definió el espíritu de la producción con una frase que sintetizó la noche: “Esta película ofrece mucho corazón e inteligencia, pero también mucha diversión y alegría”, expresó durante su paso por la alfombra en el Museo Anahuacalli.

El evento marcó así el inicio oficial del tour mundial de promoción, posicionando a la Ciudad de México como la primera parada de una ruta global que continuará en otras capitales.

Más allá del glamour, la noche en el Anahuacalli dejó una imagen clara: México no solo recibe premieres, también las inaugura, convirtiéndose en escenario donde el cine, la moda y el diseño se encuentran para transformar la alfombra en espectáculo.

IÑAKI AGUILAR EL TERROR QUE INCOMODA EN LUJURIA

El cine de terror pocas veces se permite ser contemplativo, y menos aún, incómodo desde lo intelectual. Pero con Lujuria, su primer largometraje, el director mexicano Iñaki Aguilar apuesta justo por lo contrario: una experiencia que no busca distraer al espectador, sino enfrentarlo.

“Creo que Lujuria no es una película para despejarte”, dice con claridad. “Es una película que vas a ver para pensar, incluso para incomodarte”.

Aguilar no llega al cine desde la casualidad. Su formación comenzó temprano: a los 12 años ya tomaba clases de historia del cine en México y fue jurado en el Festival Internacional de Cine para Niños (...y no tan Niños) de La Matatena. Ahí descubrió algo que

marcaría su mirada: el origen mismo del lenguaje cinematográfico.

“Nos enseñaban a ver a Georges Méliès, el cine de los años veinte… ese momento donde el cine todavía estaba muy ligado al teatro. Desde ahí me obsesioné con esa magia”.

Esa influencia es evidente en Lujuria. Filmada en blanco y negro, en formato 4:3 y dividida en tres actos, la película se construye como una serie de cuadros vivos, casi como si el espectador recorriera una galería.

“Quería que se sintiera teatral. La cámara es fija, hay pocos cortes, los planos son largos… es casi como ver una obra. Me interesa alejarme del naturalismo que domina hoy en día y explorar algo más hiperbólico, más estilizado”.

El proyecto, sin embar-

go, no nació en España —país donde finalmente fue rodada— sino en México, e incluso en su primera versión estaba ambientado en Estados Unidos. La historia evolucionó junto con la vida del propio director.

“Al principio era un personaje mexicano en Estados Unidos, con un tono más cercano al western. Pero terminé viviendo en España y todo se transformó. El camino de Santiago, la relación histórica entre México y España… todo encajó de forma muy natural”.

La película también dialoga con temas que Aguilar ha explorado previamente en su escritura, particularmente el vínculo entre religión y sexualidad.

“Yo no crecí en un ambiente religioso, pero siendo mexicano es imposible no estar atrave-

El director mexicano debuta en el largometraje con una propuesta radical: una película de terror que incomoda, desafía y rompe con lo convencional.

sado por esa cultura. Me interesaba ver la religión desde un lugar casi absurdo, como lo ve alguien desde fuera, aunque para quienes están dentro sea completamente normal”.

Ese enfoque se traduce en imágenes poderosas y, por momentos, perturbadoras. La intención no es provocar por provocar, sino generar una distancia crítica.

A nivel visual, Lujuria también se aleja de las tendencias actuales.

Aguilar decidió trabajar con luz natural y evitar lo que él llama “la iluminación tipo Netflix”.

“Hoy muchas películas se ven igual. Todo está perfectamente iluminado, muy plano. Yo quería lo contrario: sombras, contrastes, imperfecciones. Que la imagen tuviera textura, que se sintiera viva”.

El resultado es una propuesta que ha encontrado eco en festivales internacionales, incluyendo su paso por el Festival de Sitges, uno de los más importantes del cine fantástico.

“Fue increíble. Estar ahí, con un público que realmente ama el terror, fue muy especial. Además, Sitges también apuesta por cine independiente, de bajo presupuesto, como el nuestro”.

Sin embargo, su experiencia con festivales en México ha sido más compleja. El director señala cierta resistencia a propuestas menos convencionales dentro del género.

“Hemos mandado la película a varios festivales de terror en México y no siempre ha sido seleccionada. Y cuando ves lo que sí seleccionan, muchas veces es cine más cercano a lo comercial o a lo que se hace en Estados Unidos. Eso puede ser frustrante”.

Para Aguilar, el problema no es el género, sino la manera en que se aborda.

“El terror no es un nicho. A la gente le encanta. Pero creo que en México todavía estamos muy influenciados por el modelo estadounidense. Yo, al haber trabajado en Europa, encontré una forma más surrealista, más libre de hacer cine”.

Esa libertad es la que define Lujuria: una película que divide opiniones, que no busca agradar a todos, pero que deja una huella clara.

“Es una película polarizante. O te gusta mucho o no te gusta nada. Pero eso también es válido. Prefiero eso a hacer algo que pase desapercibido”.

Lejos de detenerse, Aguilar ya trabaja en su segundo largometraje, que promete alejarse por completo del terror.

“Sí, es algo totalmente distinto. Me interesa no repetirme”.

Mientras tanto, Lujuria sigue su camino, construyendo un espacio propio dentro del cine contemporáneo: uno donde el terror no sólo asusta, sino que también piensa.

ENCUENTRODEHISTORIAS: LO IMPERDIBLE DEL FICG

Una guía para recorrer lo más destacado del Festival Internacional de Cine en Guadalajara: cine mexicano, propuestas iberoamericanas y secciones que apuestan por la diversidad y el riesgo.

Por Carlos Mora

ta, conmueve y define al cine contemporáneo. Su programación —diversa y amplia— se organiza en secciones que permiten recorrer distintas geografías emocionales y narrativas, desde el cine mexicano más urgente hasta propuestas internacionales que han recorrido otros festivales del mundo. Dentro de este mapa, el Premio Mezcal se mantiene como uno de los espacios clave para descubrir lo más relevante del cine nacional. Aquí conviven óperas primas con propuestas arriesgadas que suelen marcar el rumbo de nuevas generaciones de cineastas. Es el lugar donde el cine mexicano se piensa a sí mismo, sin concesiones.

Por otro lado, el Premio Maguey continúa consolidándose como una de las secciones más potentes del festival. Dedicado a las narrativas LGBTQ+, este apartado no solo visibiliza otras formas de amar y habitar el mundo, sino que también apuesta por lenguajes cinematográficos más libres, íntimos y provocadores.

El largometraje iberoamericano de ficción ofrece, a su vez, un recorrido por lo mejor del cine de la región: películas que dialogan con contextos políticos, sociales y personales, muchas de ellas provenientes de circuitos internacionales como Cannes o Berlín. En paralelo, la selección documental se convierte en un espacio

de reflexión urgente, donde las imágenes se enfrentan a la memoria, la violencia y las transformaciones del presente. El festival también abre espacio a la animación y al cine de género, demostrando que la imaginación sigue siendo un territorio fértil dentro de la industria. Estas propuestas, muchas veces más lúdicas o experimentales, amplían la experiencia del espectador y rompen con las estructuras tradicionales del relato. Asistir al FICG es, en esencia, entregarse a la experiencia del descubrimiento. No se trata solo de seguir recomendaciones, sino de perderse entre funciones y dejarse sorprender por lo inesperado que el festival nos presente.

MEMORIA, EXILIO Y UN HOGAR DETENIDO EN EL TIEMPO

En Aquí se escucha el silencio, la cineasta Gabriela Pena convierte el regreso a Valparaíso en un acto profundamente íntimo: abrir una casa detenida en el tiempo y, con ella, las capas de una historia familiar marcada por el exilio, el silencio y la violencia.

Codirigido junto a Picho García, el documental se adentra en las secuelas emocionales que deja la dictadura de Augusto Pinochet, no desde el archivo o la reconstrucción histórica, sino desde lo que permanece en los cuerpos, en los vínculos y en aquello que nunca se dijo.

Pena, como parte de una tercera generación atravesada por ese pasado, explora una herida que no vivió directamente, pero que ha moldeado su identidad. La cámara se convierte en una forma de acompañar la fragilidad de sus abuelos y, al mismo tiempo, en una vía para entender la distancia con su madre: un vínculo donde el trauma se revela en silencios y ausencias.

En ese proceso, la presencia de García aporta una mirada situada en el presente, ajena a ese linaje de dolor, que permite abrir un espacio de escucha y conexión. La película encuentra así un equilibrio entre la memoria y el afecto, entre la herida y la posibilidad de reconstrucción.

Más que un ejercicio de memoria, escucha el silencio es un gesto de cercanía: una exploración sobre lo que se hereda, lo que se calla y lo que, finalmente, busca ser nombrado.

1974: LA MEMORIA COMO HERIDA ABIERTA

En 1974, el cineasta José Esteban Pavlovich construye una exploración íntima sobre la memoria, entendida no como recuerdo, sino como un territorio vivo donde el pasado sigue latiendo. La película se despliega como un relato atravesado por la soledad, la espera y una herida que no termina de cerrarse.

La historia sigue a Aurelia, una mujer en el ocaso de su vida que regresa a un antiguo hotel frente al mar, espacio marcado por los ecos de su historia familiar. Con el paso del tiempo inscrito en sus muros, los pasillos vacíos, la orilla inquietante y una alberca abandonada se convierten en reflejo de una memoria que insiste en permanecer. Ahí, entre el silencio y la ausencia, Aurelia se enfrenta a aquello que ha evitado nombrar.

La fuerza del relato recae en la interpre tación de Rosa María Bianchi, quien encarna al personaje con una sensibilidad que oscila entre la fragilidad y la contención. Su pre sencia sostiene la densidad emocional de

la película, revelando las capas de un dolor que se ha sedimentado con los años.

Con este cortometraje, Pavlovich profundiza en una mirada más íntima y contemplativa, donde lo visual y lo emocional se entrelazan para hablar de los vínculos familiares y del peso de aquello que, aunque se intente dejar atrás, siempre encuentra la

se configura así como una experiencia sensorial sobre el tiempo, la memoria y las huellas invisibles que persisten.

LO QUE NOS VAN DEJANDO: LA MEMORIA COMO TERRITORIO DE DESCUBRIMIENTO

En Lo que nos van dejando, la cineasta

Issa García Ascot construye una exploración íntima sobre la memoria, la identidad y aquello que emerge cuando el pasado deja de ser una sombra y se convierte en revelación.

La película sigue a Sara, una bióloga molecular que, al abandonar su vida cotidiana para internarse en la selva, inicia un proceso de confrontación con su propia historia. Lo que comienza como una tarea concreta se transforma en un viaje interior donde aparecen fragmentos olvidados de su pasado y zonas desconocidas de sí misma. En ese recorrido, la memoria deja de ser un archivo estático para convertirse en una experiencia viva, capaz de resignificar el presente. Producida por un equipo encabezado por Yibrán Asuad e Issa García Ascot, la película se sostiene en una mirada sensible que privilegia lo emocional y lo íntimo. A través de una narrativa contenida, el relato se abre

hacia temas como la identidad, el deseo y la posibilidad de una libertad que parecía inalcanzable.

En ese sentido, la historia también dialoga con las dimensiones afectivas que atraviesan a su protagonista, construyendo un retrato honesto sobre los vínculos, las búsquedas personales y aquello que se hereda —consciente o inconscientemente— a lo largo del tiempo.

Lo que nos van dejando se despliega así como un viaje hacia lo esencial.

NO SE REQUIEREN TRADUCCIONES:

UN AMOR QUE CRUZA FRONTERAS

No se requieren traducciones se presenta como una comedia romántica que desborda idiomas, territorios y límites culturales para contar una historia donde el afecto encuentra siempre la forma de hacerse entender. Impulsada por la productora Espectro MX Films —fundada por Cristo Fernández y Paloma Cinco— la película apuesta por un relato que conecta lo local con lo global, explorando las tensiones y posibilidades de un romance atravesado por la distancia y los sistemas que intentan contenerlo. Dirigida por Rafael Altamira y escrita por el propio Fernández junto a Kelsie McDonald, la historia sigue a Paco, un joven taquero cuya vida cambia tras un encuentro inesperado con Gabby, una asistente de moda en Los Ángeles. Lo que comienza como una conexión fortuita se transforma en una relación marcada por la diferencia de contextos, los sueños personales y los obstáculos que surgen entre dos mundos.

A través de una narrativa ligera pero emocional, la película construye un retrato sobre el amor contemporáneo: uno que se enfrenta a las fronteras físicas y simbólicas, pero que también encuentra en ellas nue vas formas de existir.

No se requieren traducciones así una mirada que apuesta por historias culturalmente resonantes, donde el humor y la sensibilidad se entrelazan para hablar de identidad, pertenencia y deseo.

CELESTINO: ENTRE EL NAHUALISMO Y LA INCERTIDUMBRE

Celestino se despliega como una experiencia cinematográfica que transita entre el suspenso y el surrealismo para adentrarse en territorios donde la identidad, la espiritualidad y lo desconocido se entrelazan.

Dirigida por Hans Bryssinck, la película parte de una mirada extranjera que observa y se deja transformar por el imaginario mexicano. A través del nahualismo —esa idea de que una persona puede habitar, al mismo tiempo, otra forma de existencia—, el relato construye un universo ambiguo, donde lo real y lo simbólico se confunden sin ofrecer respuestas definitivas.

La historia sigue a Iván, un periodista que, tras encontrar la cartera de un escritor llamado Celestino Pérez, decide seguir su rastro. Lo que inicia como una búsqueda concreta pronto se convierte en una experiencia inquietante al llegar a un espacio que parece ajeno y, al mismo tiempo, extrañamente familiar. En ese territorio,

Iván se enfrenta no solo a un misterio, sino a una transformación interna marcada por la duda y la percepción.

Lejos de construir una narrativa cerrada, Bryssinck apuesta por la incertidumbre como motor del relato. La película no busca resolver el enigma, sino sostenerlo, permitiendo que múltiples interpretaciones convivan y que el espectador habite esa sensación de extrañeza.

Celestino se configura así como una exploración sobre lo dual, lo oculto y lo inasible.

RENACER: CUANDO LA VERDAD INCOMODA

Renacer, dirigida por Gustavo Loza, se presenta como un drama intenso que coloca a una familia en el centro de una crisis emocional y moral, detonada por una acusación que transforma por completo su realidad.

Bajo la idea de que “contar la verdad incomoda”, la película sigue a un joven cuya vida se desmorona tras un señalamiento que arrastra consigo a todo su entorno fa miliar. Lo que comienza como un conflicto individual se expande hasta convertirse en una ruptura profunda de vínculos, identida des y certezas, donde el miedo, la presión social y el desgaste emocional llevan a los personajes al límite.

Más que centrarse únicamente en el he cho que origina la crisis, el relato se enfoca en sus consecuencias: la fractura de una familia obligada a enfrentarse a la pérdida, la desconfianza y la toma de decisiones extremas en medio de la incertidumbre.

Gustavo Loza plantea una mirada que

busca abrir conversación desde la incomodidad, señalando que el cine también puede ser un espacio para tensionar narrativas y cuestionar realidades complejas.

Sin negar la gravedad de la violencia de género, la película propone ampliar el espectro del debate al explorar los matices y efectos colaterales que pueden surgir en contextos de acusación y juicio social, especialmente cuando estos impactan a todo un núcleo familiar.

Renacer se configura así como un ejercicio cinematográfico que apuesta por el conflicto emocional como motor narrativo.

Se busca, dirigida por Kenya Márquez, es un relato íntimo que entrelaza la adolescencia con una búsqueda profunda de identidad y pertenencia.

La película sigue a René, una joven cuya vida cambia tras un acontecimiento que la obliga a cuestionar su origen. Lo que inicia como una experiencia de libertad se transforma en una crisis que la empuja a huir y a enfrentarse a una inquietante revelación: la imagen de una persona desaparecida que parece ser su reflejo.

A partir de ese momento, la historia se convierte en un recorrido emocional donde la protagonista se adentra en su propio pasado, guiada por fragmentos de memoria, intuiciones y encuentros que la acercan a una verdad que podría redefinir quién es.

En ese camino, René encuentra en otra joven un vínculo que trasciende lo circunstancial, construyendo una relación que le permite sostenerse mientras enfrenta la incertidumbre. Juntas, avanzan en una búsqueda que no solo apunta a esclarecer

TÚ Y YO: CRECER EN LA AUSENCIA

Tú y Yo, dirigida por Néstor Orozco, es un cortometraje que se adentra en las huellas emocionales que deja la ausencia paterna, a través de una historia íntima sobre dos hermanos que intentan sostenerse en medio de la incertidumbre.

Protagonizada por Germán Bracco, la película sigue a Tomás, un joven que asume un rol protector frente a su hermano menor, Octavio, quien resiente con mayor intensidad el abandono de su padre. La fragilidad de ese vínculo se pone a prueba cuando una promesa —tan esperada como incierta— los impulsa a emprender un viaje que se convierte en algo más que un simple desplazamiento.

En el trayecto, la historia se transfor ma en una exploración sobre el amor en sus distintas formas: aquel que sostiene, pero también el que duele cuando falta. La ausencia deja de ser solo un vacío para convertirse en un espacio donde surgen nuevas formas de afecto, marcadas por la necesidad de resistir.

un origen, sino también a comprender las múltiples formas de pertenecer.

Con una narrativa sensible y contempo ránea, la película se mueve entre la tensión del misterio y la fragilidad emocional de su protagonista, explorando los procesos de construcción personal en una etapa marca da por la transformación.

Se busca se configura así como una historia sobre la identidad en tránsito: una reflexión sobre lo que significa encontrarse cuando todo aquello que parecía cierto comienza a desdibujarse.

La interpretación de Bracco sostiene el peso emocional del relato, construyendo a un personaje que transita entre la vulnerabilidad y la responsabilidad, en un momento clave de su paso hacia la adultez. A su lado, la mirada del hermano menor intensifica la dimensión afectiva de una historia donde la infancia se enfrenta, de golpe, a la decepción. propone así una reflexión sobre la pérdida y el crecimiento: entender que no todo puede repararse y que, en ocasiones, avanzar implica aprender a soltar aquello que nunca llegó a cumplirse.

AZUL OSCURO, AZUL CELESTE: PODER Y FRACTURA EN EL FÚTBOL MEXICANO

Azul oscuro, azul celeste, dirigido por Carlos Carrera en colaboración con Carlos Bátiz, se adentra en una de las historias más complejas y controvertidas del fútbol mexicano, donde el deporte se entrelaza con estructuras de poder, dispu tas internas y corrupción.

El docufilm pone en el centro a Cruz Azul, no solo como institución deportiva, sino como símbolo de una identidad colec tiva atravesada por tensiones que van más allá de la cancha. A partir de una investiga ción rigurosa y el cruce de testimonios, la película revela cómo la lucha por el control de la cooperativa que sostiene al club derivó en una red de intereses políticos, financieros y judiciales.

Lejos de limitarse a la crónica deportiva, la obra construye un relato que examina las consecuencias de estas disputas en la estructura misma del equipo y en su rela ción con la afición. La historia expone cómo

DISPATCH: MEMORIA FEMENINA Y HERENCIA INVISIBLE

Dispatch, dirigida por Anu Vaidyanathan, es una experiencia cinematográfica que se despliega como un viaje sensorial sobre la identidad, el linaje y las formas en que el cuidado se transmite entre generaciones de mujeres. Nacida de una pérdida personal, la película transforma el duelo en una exploración íntima que cuestiona aquello que suele quedar fuera de los registros oficiales: el trabajo invisible, los afectos y las redes que sostienen la vida cotidiana.

A partir de esta premisa, el relato se construye como una reflexión sobre la memoria y la manera en que esta se hereda, se transforma y se resignifica.

Lejos de una estructura documental tradicional, Dispatch se organiza en movimientos que evocan una composición musical, donde las imágenes y los silencios dialogan para construir una narrativa fragmentada, pero profundamente emocional. En ese flujo, la película propone una mirada que

decisiones tomadas en espacios de poder impactan directamente en el imaginario social de uno de los clubes más emblemáti-

Con una narrativa que combina archivo, investigación y reconstrucción, “Azul oscuro, azul celeste” propone una mirada crítica sobre el fútbol como reflejo de dinámicas más amplias, donde la gloria deportiva convive con conflictos que cuestionan sus

desestabiliza las formas convencionales de contar la historia, especialmente desde una perspectiva femenina.

La obra también es un ejercicio de resistencia, tanto en su proceso creativo como en su discurso, al poner en el centro experiencias que han sido históricamente relegadas. Así, cada fragmento se convierte en un gesto de recuperación: una forma de nombrar aquello que ha permanecido oculto.

AGRIDULCE: CRECER ENTRE LA MÚSICA Y EL DESEO DE SER

Agridulce, dirigido por Frank Pavich, es un documental que encuentra en la música un camino hacia el autodescubrimiento y la transformación personal.

A lo largo de varios años, la película sigue a un grupo de jóvenes que crecen entre acordes y aprendizajes, enfrentando el paso a la adultez en medio de tensiones generacionales, expectativas y sueños propios. En ese tránsito, la música no es solo una disciplina, sino una forma de vida que moldea sus decisiones, vínculos e identidad. Lejos de los escenarios idealizados, el documental se sumerge en una realidad donde la bachata se vive desde lo cotidiano, como una práctica profundamente arraiga da en la experiencia emocional de quienes la interpretan. Es ahí donde el relato encuen tra su fuerza: en los procesos íntimos que acompañan el crecimiento y en las contra dicciones que surgen al intentar encontrar un lugar en el mundo.

MI AMIGO EL SOL: CUANDO IMAGINAR ES UN ACTO DE ORIGEN

Mi amigo el sol, dirigida por Alejandra Pérez González, es una película animada que entrelaza mitología mexica, vínculos familiares y el poder transformador de la imaginación.

A través de una propuesta en animación 2D, la cinta construye un universo donde lo ancestral dialoga con lo contemporáneo, dando forma a una historia que coloca en el centro la identidad, las raíces y la posibilidad de reconectar con aquello que nos define. El relato sigue a Diego y su hija Xóchitl, una joven artista cuya conexión con la mitología abre un portal hacia un mundo de dioses. Lo que comienza como una expresión creativa se convierte en un viaje que los separa y los enfrenta a fuerzas que rebasan lo humano. En ese tránsito, ambos deberán confrontar sus propios miedos y aprender que el verdadero poder no reside en lo divino, sino en el amor, la empatía y el entendimiento mutuo.

La película reimagina el imaginario mexi

Guiados por la mentoría de Mártires de León, los protagonistas atraviesan un proceso de formación que va más allá de lo musical, convirtiéndose en un espacio de contención, disciplina y búsqueda personal.

Agridulce se construye así como un retrato sensible sobre la juventud, el aprendizaje y el poder de la música como lenguaje universal, capaz de acompañar los momentos más inciertos de la vida.

ca desde una sensibilidad contemporánea, acercándolo a nuevas generaciones sin perder su dimensión simbólica. En ese cruce, la historia también propone una reflexión sobre la herencia cultural y la manera en que los relatos del pasado siguen habitando el presente.

El componente musical suma una capa emocional al viaje, con la participación de Ximena Sariñana y Erasmo Catarino, cuyas voces acompañan el desarrollo de una narrativa pensada para conectar con audiencias familiares.

SOY MARIO: IDENTIDAD, CUERPO Y DESEO DE PATERNIDAD

Soy Mario plantea una historia íntima sobre identidad y transformación a partir de una premisa que desafía las normas establecidas. Mario, un hombre trans de 40 años que trabaja como taxista, enfrenta un acontecimiento inesperado: un embarazo que lo confronta con uno de sus mayores deseos, la posibilidad de ser padre.

Lejos de centrarse únicamente en el hecho, la película explora el proceso interno que atraviesa el protagonista, quien debe cuestionar sus propias ideas sobre la masculinidad, el cuerpo y la identidad antes de enfrentarse a una sociedad marcada por prejuicios. En ese tránsito, el relato se construye desde la vulnerabilidad, mostrando la tensión entre lo que se espera y lo que se es.

EL CÍRCULO DE LOS MENTIROSOS: JUVENTUD, LITERATURA Y PERTENENCIA

El círculo de los mentirosos se adentra en el despertar creativo y emocional de Cecilia, una joven que encuentra en la literatura una forma de nombrarse y de pertenecer.

Al integrarse a un grupo de poetas que se autoproclaman fundadores de un movimiento literario, Cecilia descubre un espacio donde la palabra, la rebeldía y la búsqueda de identidad se entrelazan. Es ahí donde establece vínculos que transforman su mirada del mundo, especialmente a través de una cercanía que desafía sus propias certezas.

Sin embargo, lo que comienza como una comunidad sostenida por ideales pronto se resquebraja. Los celos, las tensiones personales y la fragilidad de los discursos que los unían revelan las fisuras de un grupo que aspiraba a cambiarlo todo.

Soy Mario se perfila así como una reflexión sobre la autodeterminación y el derecho a habitar el propio cuerpo desde nuevas narrativas, donde la paternidad también puede ser un territorio por redefinir.

La película construye así un retrato sobre la juventud y sus contradicciones: el deseo de pertenecer, la construcción de una voz propia y la inevitable caída de las utopías cuando se enfrentan a la complejidad de lo humano.

QUERIDA FÁTIMA: EL DUELO QUE SE VUELVE LUCHA

Querida Fátima, documental de la colectiva Varinia, es un retrato visceral donde el dolor personal se transforma en resistencia política.

La película sigue a Lorena Gutiérrez, madre de Fátima, quien tras el feminicidio de su hija a los 12 años decide convertir su duelo en una exigencia pública de justicia. Su presencia, firme e insistente, se vuelve un acto de memoria viva frente a un sistema que muchas veces responde con silencio. Dirigido de manera colectiva bajo el liderazgo de la propia Lorena, el documental rompe con la distancia tradicional entre sujeto y cámara. Aquí, la voz que narra es también la que exige, la que recuerda y la que se niega a olvidar. La película no solo documenta una historia, sino que la encarna desde adentro.

Más allá de lo individual, “Querida Fátima” dialoga con una realidad marcada por la violencia estructural contra mujeres y niñas, donde las cifras evidencian una crisis

persistente. En ese contexto, la historia se convierte en un acto de denuncia y en una forma de resistencia que busca abrir espacio a la justicia y a la memoria. Querida Fátima se sostiene así como un testimonio urgente: una voz que, desde el dolor, insiste en ser escuchada.

ALEX: UNA HISTORIA

SOBRE ACOMPAÑAMIENTO, IDENTIDAD Y DECISIÓN

Alex es un cortometraje que aborda el aborto desde una mirada íntima, afectiva y centrada en la dignidad de la experiencia, alejándose de los discursos que lo reducen al conflicto o al dolor.

El proyecto, impulsado por MX Marea Verde junto a diversas organizaciones y colectivos creativos, propone una narrativa de ficción que busca abrir nuevas formas de representación en torno a la autonomía reproductiva, desde el acompañamiento y las redes de apoyo.

La historia sigue a Alex, una persona no binaria que atraviesa un embarazo inesperado y decide interrumpirlo acompañade por su entorno más cercano. En ese proceso, el viaje físico y emocional hacia su decisión se convierte en un espacio de autoconocimiento, donde los vínculos afectivos, la familia y las relaciones pasadas juegan un papel central en su reconstrucción personal.

El cortometraje reúne un elenco encabezado por Ángeles Cruz y Joaquín Cosío, entre otras interpretaciones, y se construye desde una mirada creativa liderada por un equipo mayoritariamente femenino en dirección, fotografía, producción y edición. Natalia Bermúdez encabeza la dirección del proyecto, que se apoya en un guion que busca ampliar la conversación social sobre el aborto desde la ficción, explorando no solo el procedimiento, sino también las emociones, contradicciones y redes de cuidado que lo rodean.

DESTINO DE GUERRERO: EL HOMBRE DETRÁS DEL FUTBOLISTA

Destino de Guerrero. La historia de Carlos Salcido”, dirigida por Gonzalo Lamela, se presenta como un retrato íntimo sobre resiliencia, carácter y la construcción de una trayectoria que desafía los caminos esperados.

El documental se adentra en la vida de Carlos Salcido para reconstruir no solo su carrera deportiva, sino también el origen de su fortaleza personal. Lejos de la narrativa del talento precoz, la película propone la historia de un hombre que convirtió la adversidad en impulso y la disciplina en forma de vida.

A través de testimonios de figuras clave del fútbol internacional como Matías Almeyda, Ronald Koeman, Benjamín Galindo, Rafa Márquez y el periodista David Faitelson, el documental amplía la mirada sobre su legado, situándolo dentro de una generación que tuvo que abrirse camino sin garantías. Más que un recuento de logros en clubes como Chivas o PSV Eindhoven,

la obra se enfoca en el carácter que definió su trayectoria: la constancia, la resistencia y la capacidad de reinventarse frente a la incertidumbre. El director Gonzalo Lamela plantea el proyecto como una exploración sobre el origen de esa fuerza silenciosa que define a ciertos atletas, mientras que la producción subraya el valor de historias que trascienden el deporte para hablar de identidad y transformación.

Con una narrativa construida a partir de archivo, entrevistas y reconstrucciones, Destino de Guerrero propone una lectura más amplia del fútbol como espejo social.

COMO MEMORIA VIVA

EL CINE

Dolores Heredia recorre con emoción, claridad y una profunda convicción cultural la historia del cine mexicano a través de un nuevo proyecto editorial que busca, más que documentar, recontar el país desde sus imágenes, sus mitos y sus memorias.

En entrevista, la actriz habla de Cine México, una obra editada por Fomento Cultural BBVA y Sexto Piso que define sin dudar como una “enciclopedia” del cine nacional, un volumen que reúne ensayos, imágenes de archivo, carteles, lobby cards y textos de distintas voces para trazar un mapa amplio —y afectivo— de más de un siglo de cinematografía en México.

“Es una enciclopedia del cine mexicano. Hacía falta desde hace mucho, hay una abundancia de amor al cine, de pasión por el cine, de cómo se originó todo esto. Y eso, si bien ya se había contado, no se había expuesto de esta manera, con este nivel de narrativa y de imágenes”,dice con convicción

Cine México propone un recorrido que inicia en 1896, cuando el cinematógrafo llegó a México, y se extiende hasta la actualidad, atravesando crisis, transformaciones y momentos de esplendor. En sus páginas conviven los géneros que el propio cine mexicano ayudó a inventar —el cine de luchadores, el ranchero, el de ficheras—

con la llamada Época de Oro, sus divas, galanes y comediantes, así como la expansión internacional que ha consolidado nuevas generaciones de realizadores.

Para Heredia, el valor del proyecto no es únicamente histórico, sino pedagógico y emocional. “Es un libro para los jóvenes cineastas, para los que quieren hacer cine, para los que consumen cine, para las audiencias. Es un libro accesible, pero profundamente importante para un arte que ha cambiado la manera en que miramos el mundo”, afirma.

Uno de los elementos que más la conmovió fue su propia participación en el volumen, a través de un texto firmado por el escritorSergio Huidobro—a quien recuerda con admiración—. “Me entrevistó, empezamos a hablar de toda mi historia. Lo que hizo fue poesía. Cuando lo leí, me hizo llorar. Tocó algo muy profundo en mí”, comparte. La publicación, dice, terminó adquiriendo también un valor simbólico: un homenaje involuntario a la sensibilidad del autor, fallecido antes de la presentación del libro.

Heredia insiste en la necesidad de entender el cine como una herramienta de memoria colectiva. “La historia es el cuento que nos contamos. Si no nos conocemos, ¿cómo contamos el cuento? Hay que inventarlo, y de ahí puede surgir una narrativa”, reflexiona.

DOLORES HEREDIA

En entrevista con la Revista Cameo, la actriz celebra "Cine México", un libro que recorre la historia del cine nacional como una “enciclopedia” visual clave para nuevas generaciones.

Texto y foto Carlos Mora

Para ella, el volumen no solo registra hechos, sino que propone una forma de mirar: desde el origen de las primeras imágenes filmadas hasta la construcción de una identidad visual compartida.

La actriz también destaca el valor del objeto editorial en sí mismo, su diseño y su cuidado visual. “Hay artesanía en cada página. Todo está muy pulido, muy cuidado. Es un libro que no huele a viejo, aunque recorre toda la historia del cine. Es ágil, bello, accesible”, dice. Y subraya el papel de la imagen como detonador de memoria: fotografías inéditas, vestuarios, registros de rodaje que, al ser revisitados, siguen provocando asombro.

“Es increíble”, resume cuando se le pregunta por el descubrimiento de materiales desconocidos. “Siguen maravillándome esas fotos que nunca había visto y que de pronto aparecen en un libro. Te detienes y dices: esto también es nuestra historia”.

En su testimonio, Heredia también deja ver una preocupación constante: la necesidad de mantener vivo el diálogo con el cine. “Me importa que hagamos mejores películas, que se vea más cine, que todos podamos contar historias desde cualquier rincón del país. Escuchar, idear y discutir cine. Eso es lo importante”, afirma.

La conversación cierra con la imagen de las filas de lectores durante la presentación del libro en Guadalajara, un gesto que confirma el interés del público por revisitar su propio imaginario cinematográfico. “Hubo colas y colas de gente esperando el libro, esperando su firma. Todo muy bien”, recuerda con una sonrisa.

Más que una publicación, este proyecto se presenta como un archivo vivo: una invitación a mirar el cine mexicano no como un pasado cerrado, sino como una conversación en curso. Un relato en construcción donde, como sugiere Heredia, todo el cine —sin distinción de tamaños ni jerarquías— forma parte del mismo gran cuento.

ROBERTO FIESCO Y LA MEMORIA VIVA DEL CINE MEXICANO

El director forma parte del libro Cine México, una ambiciosa obra colectiva que propone un recorrido escrito y visual por la historia del cine mexicano, desde la llegada del cinematógrafo al país en 1896 hasta la actualidad, articulando más de un siglo de transformaciones estéticas, industriales y culturales.

El volumen, impulsado por la Fundación Cultural BBVA y publicado por Sexto Piso, reúne a destacadas actrices, directores, historiadores del arte, críticos e investigadores que abordan distintas etapas, géneros, arquetipos y momentos clave del cine nacional.

La obra combina ensayos rigurosos con un amplio acervo iconográfico integrado por fotografías de producción, carteles y material hemerográfico proveniente de archivos públicos y colecciones privadas en México y el extranjero.

“Es una gran investigadora y una figura clave que convoca a la comunidad de estudiosos del cine”, señaló el cineasta.

El libro no solo traza una línea histórica, sino que también revisa los procesos de construcción simbólica del cine mexicano, desde la llamada Época de Oro hasta sus transformaciones recientes, pasando por la consolidación de géneros populares como el cine ranchero, el de luchadores o el de ficheras, así como los aportes técnicos y narrativos que han marcado su desarrollo.

El cineasta participa en "Cine México", libro que recorre la historia del cine en el país. En entrevista, comparte su proceso de investigación y destaca el valor enciclopédico y visual de la obra.

En entrevista, el también productor destacó que el proyecto surge a partir de la convocatoria de la investigadora Lisa Lozano, a quien describe como una de las figuras más relevantes en el estudio del cine mexicano contemporáneo. Lozano, explicó, fue la encargada de reunir a los distintos colaboradores y asignar los capítulos del libro, articulando un mosaico de voces especializadas.

Fiesco forma parte del proyecto con un capítulo específico en el que aborda la trayectoria de “Los tres amigos”(Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro), un fenómeno fundamental del cine contemporáneo mexicano con proyección internacional. Su texto, explicó, se construyó a partir de un extenso trabajo de investigación hemerográfica que incluyó entrevistas, notas periodísticas y archivos que abarcan varias décadas.

El realizador detalló que el proceso de escritura se extendió durante aproximadamente seis meses y que implicó rastrear material desde finales del siglo XX, con especial énfasis en la construcción mediática y profesional de estas figuras, desde sus

primeras obras hasta su consolidación global.

“Fue un trabajo de recuperación de archivos y de prensa que muchas veces se va perdiendo con el tiempo. El periodismo tiene ese carácter inmediato, y el reto fue reconstruir ese trayecto”, explicó.

En su investigación, Fiesco exploró desde las primeras reseñas de sus trabajos iniciales hasta el momento en que estos creadores comienzan a consolidarse internacionalmente, incluyendo su transición a grandes industrias como Hollywood, así como las producciones en las que México ha tenido participación directa o indirecta.

Más allá del análisis

Texto y foto Carlos Mora

biográfico, el autor señaló que su texto busca comprender el impacto cultural de estos cineastas en el imaginario colectivo, tanto dentro como fuera del país, así como las formas en que su obra ha sido interpretada por la crítica, la prensa y la comunidad cinematográfica.

Uno de los aspectos que más destacó del proyecto editorial es su dimensión visual. Fiesco subrayó que Cine México no es únicamente un libro de textos especializados, sino también una pieza editorial concebida como objeto estético, donde cada página dialoga con imágenes cuidadosamente seleccionadas.

“No hay una sola pági-

na sin imagen. Es un libro que también se lee con la mirada”, comentó.

Esta apuesta visual, añadió, convierte la publicación en una especie de archivo expandido que permite acercarse al cine mexicano no solo desde la reflexión académica, sino también desde la experiencia sensorial de sus materiales originales.

El cineasta también reflexionó sobre el valor del libro como parte de una tradición historiográfica que ha ido construyendo distintas versiones del cine mexicano a lo largo del tiempo. Recordó que desde finales de los años sesenta, con obras fundamentales como las de Emilio García Riera, la historia del cine nacional

ha sido reinterpretada constantemente por nuevas generaciones de críticos e investigadores.

En ese sentido, consideró que Cine México se inscribe en esa misma lógica de relectura, al proponer una mirada contemporánea que dialoga con trabajos previos, sin sustituirlos, sino ampliando el campo de interpretación.

“Cada generación cuenta su propia historia del cine. Este libro es una nueva lectura desde el presente”, apuntó.

Fiesco también destacó el diseño editorial de la obra, a cargo de Alejandro Magallanes, al que calificó como una pieza clave en la construcción del carácter del libro.

Durante su presenta-

ción en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el libro tuvo una recepción notable. Fiesco recordó que la respuesta del público fue amplia y entusiasta, con una alta afluencia de asistentes y una fuerte demanda del ejemplar, lo que confirmó el interés que sigue despertando la historia del cine mexicano como objeto cultural.

“Fue una presentación muy concurrida, con mucho interés por parte del público y de la comunidad cinematográfica”, señaló.

En el diálogo con otros participantes del volumen, como Dolores Heredia y diversos críticos e investigadores, el proyecto se consolidó también como un espacio de encuentro entre generaciones de creadores y estudiosos del cine.

Para Fiesco, una de las principales aportaciones de Cine México es su capacidad de reunir conocimiento disperso en una sola obra que funciona tanto como enciclopedia visual como herramienta de consulta y reflexión.

El libro, dijo, permite leer el cine mexicano como un proceso vivo, en constante construcción, donde convergen la memoria, la crítica, la industria y la cultura popular.

“Es un libro que no solo documenta, sino que también propone nuevas formas de mirar nuestra historia cinematográfica”, concluyó.

CUANDO EL HUMOR SE VUELVE ÉPICO: ELBARRIO SALTA AL CINE

La irreverencia que conquistó internet y MTV llega a las salas con una historia que mezcla fútbol, identidad y carcajadas, en una apuesta que busca conectar con un país que sabe reírse de sus propias derrotas.

Por Carlos Aguillón

La historia de La familia del barrio no se entiende sin su origen casi artesanal: un proyecto independiente que, contra todo pronóstico, encontró en lo cotidiano del humor mexicano una mina inagotable. Lo que comenzó como una animación irreveren-

te en internet creció hasta convertirse en fenómeno, consolidándose con cinco temporadas en MTV Latinoamérica. Hoy, más de una década después, esa misma esencia da el salto a la pantalla grande con La familia del barrio: La maldición del quinto partido. En entrevista con la Revista

Cameo, su cocreador y director, Sergio Lebrija, recuerda que la idea de la película surgió casi como un reto contrarreloj. “Venimos con la intención de hacer una sexta temporada, pero aquí nos dijeron: ‘¿por qué no algo para el Mundial?’… y teníamos diez meses nada más. Dijimos: va”. Así comenzó una carrera contra el tiempo que, lejos de frenar la creatividad, la impulsó.

Lebrija no oculta que el corazón de la historia está profundamente ligado a una emoción colectiva: la frustración futbolera. “Llevo años frustrado, adicional, donde cada etapa se construye de manera secuen-

cial, aquí todo ocurrió en paralelo. “Mientras escribía escenas, las grabábamos, se iban a animatic y luego a animación. Todo al mismo tiempo para llegar. Literal, acabo de entregar el disco duro hace 15 minutos”, confiesa entre risas. Arturo Navarro, productor del proyecto, complementa: “Teníamos un equipo que no se quejó, se adaptó. Eso hizo que todo fluyera de forma muy orgánica”. Pero dar el salto al cine implicaba también evolucionar. La serie, conocida por su humor sin filtros, tuvo que encontrar un nuevo equilibrio sin perder su esencia. “Nos hemos ido adaptando. La esencia sigue intacta, pero entendimos que no podíamos hacer exactamente lo mismo que antes. Bajamos un poco el lenguaje, pero nunca hemos querido ser solo groserías;

el humor viene de las situaciones, de las relaciones”, explica Lebrija.

Ese ajuste no significa renunciar a su identidad, sino pulirla. La película, de poco más de una hora veinte, busca sentirse como una experiencia cinematográfica completa y no como un episodio extendido. “Eso fue lo primero que dijimos: no queremos que se sienta como capítulo largo, tiene que ser cine”, subraya. Además, el filme expande su universo con nuevos personajes, entre ellos Winnie, una figura femenina que aporta frescura a la dinámica. “Antes yo hacía hasta las voces de mujeres y salían rarísimas”, bromea Lebrija. “Ahora ya hay más producción, entra Winnie y le da otra dimensión. Llegó para quedarse”.

La trama, que mezcla comedia, crítica social y

elementos fantásticos, sigue a la familia en una misión casi épica: romper la supuesta maldición que ha impedido a México llegar al quinto partido en un Mundial desde 1994.

Lo que comienza como una cruzada futbolera se convierte en un viaje lleno de absurdos, revelaciones y hasta pactos sobrenaturales, llevando a los personajes a cruzar fronteras físicas y emocionales.

Más allá de la anécdota, hay una intención clara detrás del proyecto: conectar con el ánimo actual del público. “La gente necesita un empujón, reírse, pasarla bien en el cine. Hicimos la película como nos gustaría verla, sin contenernos en los chistes, en la diversión”, afirma el director.

El respaldo de Videocine también fue clave para mantener esa libertad crea-

tiva. “Nos dejaron hacer lo que queríamos. Fue una experiencia increíble de principio a fin”, reconoce. Ese acompañamiento, sumado al cariño por la marca, abre la puerta a nuevas posibilidades: una secuela o incluso la esperada sexta temporada.

Por ahora, el enfoque está en este estreno que representa un punto de inflexión. No solo es la evolución natural de una serie de culto, sino una apuesta por demostrar que la animación mexicana para adultos puede conquistar la taquilla.

“Queremos que la gente vaya, se divierta y se ría”, resume Lebrija. Y en un país donde el fútbol, la frustración y el humor conviven todos los días, quizá esa sea la mejor fórmula para romper cualquier maldición.

PASAJERO EL DESEO QUE CONDUCE EN LA OSCURIDAD

Hay óperas primas que buscan demostrar control. Otras, en cambio, se permiten temblar. Pillion (Pasajero) pertenece a estas últimas: una película que no oculta su pulso nervioso, su deseo de explorar incluso aquello que no termina de comprender. En el debut del director y guionista británico Harry Lighton hay una intuición poderosa: filmar el deseo como un territorio incierto, donde el amor, la dominación y la necesidad de pertenecer se confunden hasta volverse indistinguibles.

Basada en la novela Box Hill de Adam Mars, la película se sitúa en un espacio que parece suspendido entre lo cotidiano y lo secreto. Ahí vive Colin, interpretado por Harry Melling, un joven introvertido, casi borrado de sí mismo, que habita un suburbio británico con la sensación de no ocupar realmente ningún lugar.

Su vida es una repetición de gestos mínimos, de rutinas que no conducen a nada, de silencios que pesan más que cualquier palabra.

Hasta que aparece Ray.

Alexander Skarsgård encarna a este líder carismático y enigmático de una banda de motociclistas gays como una presencia que no se explica, que simplemente irrumpe. Ray no seduce de manera evidente: impone. Descoloca. Atrae desde un magnetismo que mezcla peligro y promesa. Y Colin —que ha vivido siempre en la orilla— se deja arrastrar hacia ese centro incandescente donde todo parece, por primera vez, tener intensidad.

La relación que se construye entre ambos es el núcleo oscuro y fascinante de la película. Una dinámica de dominación y sumisión que, lejos de ser reducida a lo físico o lo explícito, se despliega como un lenguaje emocional. Ser “pasajero” no es solo ocupar el asiento trasero de una motocicleta: es ceder la voluntad, renunciar al control, confiar —o rendirse— ante la dirección de otro. Lighton filma esta entrega sin juzgarla, pero tampoco romantizarla. La observa en toda su ambigüedad, en su capacidad de ser al mismo tiempo refugio y pérdida. Como ópera prima, lo

que asombra no es la perfección, sino la convicción.

Hay en la película una apuesta clara por el riesgo: por los silencios prolongados, por los ritmos que se deslizan sin prisa, por los momentos que parecen no avanzar pero que, en realidad, están cargados de una tensión subterránea. La cámara se acerca a los cuerpos con una intimidad que incomoda y, a la vez, revela. No hay distancia irónica ni subrayados innecesarios; hay una mirada que insiste en permanecer, en observar hasta que algo —aunque sea mínimo— se transforme.

El humor negro aparece como una grieta inesperada. No aligera la historia, pero la desestabiliza, recordándonos que incluso en los vínculos más intensos hay algo absurdo, algo profundamente humano que escapa al drama puro. Esta mezcla tonal —entre lo erótico, lo incómodo y lo irónicamente cotidiano— es una de las marcas más interesantes de Lighton como cineasta emergente. Las actuaciones son el ancla de este universo. Melling construye a

Colin desde la fragilidad, pero también desde una opacidad que lo vuelve impredecible: su transformación no es lineal ni evidente, sino llena de retrocesos, de dudas, de pequeños gestos de afirmación que apenas se sostienen. Skarsgård, por su parte, dota a Ray de una presencia magnética

PASAJERO

Distribuida por: Cine Caníbal y perturbadora, evitando convertirlo en un arquetipo. Es líder, sí, pero también misterio; es dominio, pero también vacío.

Lo que emerge de este encuentro no es una historia de amor convencional, sino un proceso de desdibujamiento y reconstrucción. Colin, en su intento por pertenecer, se pierde. Y en ese extravío comienza, paradójicamente, a vislumbrar la posibilidad de decidir. La película no ofrece redención ni condena: deja al espectador en ese mismo lugar incierto donde habitan sus personajes.

Pillion (Pasajero) es, en última instancia, una película sobre el acto de entregarse y las consecuencias de hacerlo. Sobre la delgada línea entre elegir y dejarse llevar. Sobre el vértigo de descubrir que, incluso cuando creemos ser pasajeros, siempre existe la posibilidad —terrible y liberadora— de tomar el control.

Como primera obra, es profundamente reveladora. No porque lo diga todo, sino porque intuye mucho. Porque se atreve a habitar la incomodidad sin resolverla. Porque entiende que el cine, en su forma más honesta, no siempre ilumina: a veces apenas enciende una luz tenue en medio de la niebla. Y en esa luz — frágil, incierta— comienza a delinearse la mirada de un autor que, sin duda, vale la pena seguir.

PADREMADREHERMANAHERMANOS

EL MISTERIO DE LA FAMILIA EN TRES ACTOS

Tras una prolongada pausa en su carrera —seis años desde Los muertos no mueren y nueve si pensamos en Paterson , su última gran obra autoral—, Jim Jarmusch está de regreso con Padre Madre Hermana Hermano , una película con la que también vuelve a sus orígenes estilísticos y a su gusto por los relatos episódicos ( Mystery Train, Night on Earth, Coffee and Cigarettes ), para observar los complejos vínculos familiares.

En esencia, la cinta, ganadora del León de Oro 2025, es sencilla porque presenta tres historias de reencuentros familiares en distintas ciudades. En las tres, son los hijos adultos quienes visitan a sus padres, pero es en la simplicidad casi anodina de la acción donde se condensa la profundidad discursiva de la película. Lo cautivador,

Por Alejandra Lomelí

para Jarmusch, no está en las conversaciones, sino en los silencios compartidos que delatan una desconexión con el otro; en las relaciones aparentemente cordiales, pero tensas; y en la incomodidad del encuentro con aquellos a quienes reconocemos como padres, madres, hijas e hijos, pero que nunca conoceremos del todo.

hermanos interpretados por Adam Driver y Mayim Bialik mantienen una relación distante con su padre (Tom Waits), a quien visitan una vez al año, más por obligación moral que por afecto.

PADRE MADRE

HERMANA

HERMANOS

Aunque todos los episodios mantienen la estética minimalista y una puesta en escena contenida, Jarmusch otorga una personalidad única a cada uno de ellos, componiendo un mosaico sobre la naturaleza esquiva del vínculo familiar.

Distribución: MUBI

Así, tenemos la comedia seca en Padre, el primer segmento desarrollado en Nueva Jersey, donde los

Ubicado en Dublín, Madre explora la ironía de la incomunicación entre dos hijas (Cate Blanchett y Vicky Krieps) y su exitosa madre, una escritora de best sellers interpretada por Charlotte Rampling. Pero en Hermana Hermano emerge la ternura cuando dos hermanos mellizos, interpretados por Indya Moore y Luka Sabbat, redescubren a sus padres recientemente fallecidos en un accidente aéreo, a través de recuerdos compartidos, fotografías y el silencio de un departamento semivacío en París. Con un ritmo contemplati -

vo, es este segmento el que revela con mayor claridad la belleza del lazo afectivo a pesar de la ausencia.

Sin más ambiciones que las de retratar la cotidianidad, con sus momentos suspendidos en los que parece que no pasa nada, Jarmusch entrelaza historias independientes que encuentran unidad en la tragicomedia de la incomprensión entre padres e hijos, así como en la práctica de honrar, ya sea por convicción u obligación, un parentesco que nadie eligió.

Con elementos que remiten a los grandes cineastas de la cotidianidad como Yasujiro Ozu, Robert Bresson y Krzysztof Kieślowski, Jim Jarmusch entrega en Padre Madre Hermana Hermano , una película de efecto acumulativo que dialoga de forma cercana con nuestra experiencia de vida.

TV Y STREAMING

SEBASTIÁN RULLI

ENTRE TENSIONES Y RIVALIDADES EN MI RIVAL

SEBASTIÁN RULLI: LA MANZANA DE LA DISCORDIA EN MIRIVAL

El actor celebra 30 años de carrera y apuesta por evolucionar sin perder la esencia del melodrama.

Por Carlos Aguillón

Atres décadas de haber iniciado su carrera, Sebastián Rulli no se aferra a las fórmulas que lo consolidaron como figura del melodrama, sino que mira de frente una transformación inevitable: el público cambió, y con él, la manera de contar historias. En entrevista con la Revista Cameo, el actor plantea un diagnóstico claro sobre la industria actual y su lugar dentro de ella, a propósito de su regreso con Mi rival, telenovela donde se convierte en la manzana de la discordia entre madre e hija, encarnadas por Alejandra Barros y Ela Velden.

“Las nuevas generaciones están acostumbradas a consumir todo en el celular y tenemos que dárselos como lo quieren ver”, afirma. Para Rulli, la evolución no es opcional, sino una condición para sobrevivir en un entorno donde la atención es cada vez más breve. “Los proyectos tienen que ser más dinámicos porque la gente busca generar emociones de manera más rápida”, añade.

El actor reconoce que este cambio ha modificado profundamente las reglas del juego. “Hoy el público decide

en segundos si se queda o se va un contenido. Antes había otro tipo de conexión, ahora tenemos que provocarla”, explica. Esta nueva lógica, asegura, obliga a los actores y creadores a ser más precisos desde el inicio. “Necesitas enganchar a la primera, no hay tanto margen de error”.

Lejos de resistirse, Rulli ha optado por entender este fenómeno como una oportunidad. “Es un momento interesante porque hay mucha gente queriendo contar historias, mostrando su creatividad, siendo más vulnerable para conectar con el público”, señala. Sin embargo, también advierte sobre el otro lado de esta apertura: “Hay demasiadas distracciones que no generan historia, y eso hace más complicado construir una carrera sólida”.

En ese contexto, su regreso con el melodrama Mi rival de ViX cobra un significado particular. Más que una simple vuelta a la televisión, representa un ejercicio de adaptación. “No lo sentí como trabajo, es lo que me gusta hacer. Pero sí es cierto que ahora todo es distinto,

desde cómo se produce hasta cómo se lanza un proyecto”, comenta.

La producción, que implicó meses de trabajo fuera de casa, dejó una huella importante en el actor. “Fue un esfuerzo brutal. Éramos más de 300 personas viviendo fuera de nuestras casas durante cinco meses, con traslados largos, incertidumbre constante y condiciones complicadas, pero se generó algo muy especial”, recuerda. Esa convivencia intensiva, asegura, fortaleció el resultado final bajo el mando de la productora Carmen Armendáriz: “Se volvió una familia y eso se nota en pantalla”.

A la par de estos cambios, Rulli observa cómo su trabajo del pasado encuentra nuevas vidas en plataformas digitales. “Me encanta que en redes sociales la gente descubra proyectos que hice hace muchos años como Rubí o Teresa. Eso habla de que las historias siguen vigentes”, comenta. Para él, el melodrama mantiene su fuerza porque toca fibras universales. “El amor es lo que mueve el mundo, eso no cambia, sin

importar la plataforma”. Pese a la transformación de la industria, el actor mantiene una filosofía clara frente a su trayectoria. “No me la creo. La mejor manera de seguir es disfrutar cada proyecto como si fuera el primero y el último”, afirma. A 30 años de carrera, evita ver el camino recorrido como una meta final. “Nunca sabes qué va a pasar. Esta carrera sigue siendo incertidumbre total”, insiste.

Sobre el reto de hacer cine, tal como lo hizo exitosamente su esposa Angelique Boyer en Socias por accidente, el actor expresó: “Estamos muy contentos por el resultado que tuve la primera película de Angelique, y espero tener la oportunidad de hacer cine próximamente”.

Con Mi rival, Sebastián Rulli no sólo regresa a la pantalla, sino que confirma que la permanencia en el entretenimiento actual no depende únicamente del talento, sino de la capacidad de adaptarse a un público que cambió para siempre. En un entorno donde todo es inmediato, su apuesta es mantenerse en movimiento, entender a las nuevas audiencias y seguir contando historias que, pese a todo, sigan emocionando.

MI RIVAL Dónde ver: ViX

MALCOLM EL DE EN MEDIO

Dónde ver: Disney Plus

MALCOLMELDEENMEDIO

EL REGRESO DE UN FENÓMENO ETERNO

Frankie Muniz, Justin Berfield y Christopher Masterson visitaron la CDMX para reencontrarse con los fans de "Malcolm in the Middle", confirmando el profundo vínculo emocional que la serie mantiene con el público mexicano más de 20 años después.

Texto y foto Carlos Mora

La euforia fue inmediata. Entre aplausos, gritos y una ola de nostalgia compartida, la Ciudad de México recibió a parte del elenco de Malcolm in the Middle en un fan event que dejó claro que la serie no solo sigue viva, sino que ocupa un lugar privilegiado en la memoria colectiva del público mexicano.

Frankie Muniz llegó acompañado de sus hermanos en la ficción, Justin Berfield (Reese) y Christopher Masterson (Francis), para reencontrarse con una audiencia que los ha acompañado por más de dos décadas. Lo que encontraron fue algo que incluso ellos no esperaban: un vínculo emocional intacto, profundo y sorprendentemente vigente.

“Yo no tenía idea de lo grande que era la serie aquí”, confesó Muniz. “Para mí, en su momento, solo era un trabajo. Era un actor joven grabando una serie… y ahora llego y me encuentro con esto. Es increíble”. El actor, visiblemente conmovido, habló de cómo este reencuentro le ha permitido redimensionar el impacto de la historia y su personaje.

Por su parte, Berfield se mostró impactado por el nivel de detalle con el que los fans recuerdan la serie. “La gente no solo recuerda frases, recuerda episodios completos. Se me acercan y me citan diálogos, me cuentan historias de cómo crecieron con el show. Eso no pasa en todos lados”, explicó. Incluso compartió que en distintos países ha notado el cariño por

la serie, pero que en México alcanza otro nivel: “Aquí es algo especial, es como si nunca se hubiera ido”.

Masterson coincidió en que la clave de esa conexión radica en la universalidad de la historia. “Las familias son familias en cualquier parte del mundo. Puedes cambiar el idioma, el contexto, el país… pero los conflictos, el amor, el caos, todo eso es reconocible”, dijo. Y añadió: “Creo que la gente se ve reflejada en esa imperfección. Nadie tiene una familia perfecta, y eso es justo lo que mostramos”. El actor también reflexionó sobre cómo ha cambiado su percepción de la serie con los años. “Cuando eres joven, ves todo desde un lugar distinto. Ahora entiendes mejor a los padres, entiendes las decisiones, incluso los errores. La serie crece contigo”, comentó.

Uno de los momentos más comentados fue cuando hablaron del fenómeno cultural que ha rodeado a la serie en la era digital. Aunque reconocen el papel de los memes y las redes sociales en mantener vigente el show, los tres coincidieron en que lo más importante sigue siendo la conexión emocional. “Más allá de internet, lo que realmente importa es lo que la serie significa para la gente”, señaló Muniz. También imaginaron cómo sería la familia de Malcolm en la actualidad. Entre risas, bromearon sobre el impacto de las redes sociales, el acceso inmediato a la información y el caos amplificado por la tecnología. “Sería mucho más peligroso”, dijo Berfield entre carcajadas. “Con todo lo que hacíamos…

ahora habría videos de todo”. El encuentro también dejó ver una faceta más íntima de los actores, quienes compartieron cómo el paso del tiempo ha transformado su relación con la historia. Muchos de ellos, ahora adultos e incluso padres, reconocen que entienden mejor a personajes como Lois, cuya dureza hoy perciben con más empatía. “Antes pensabas que era exagerada… ahora dices: tenía razón”, comentaron.

Además, revelaron algunos detalles ocultos en los nuevos episodios o materiales recientes: pequeños guiños para los fans más atentos, desde objetos en el fondo hasta referencias visuales a personajes que no regresaron directamente. “Hay cosas escondidas que solo los verdaderos fans van a notar”, adelantaron.

Finalmente, dedicaron un momento especial para reconocer el papel del doblaje en español, particularmente en México, donde las voces locales ayudaron a construir una identidad única para la serie. “Sabemos que para muchos, esas voces son tan importantes como las nuestras”, dijeron, agradeciendo el trabajo que permitió que la historia cruzara fronteras de manera tan poderosa.

El fan event no solo fue un reencuentro con los actores, sino una confirmación de que Malcolm en el medio sigue siendo un espejo donde distintas generaciones encuentran algo propio: el caos familiar, el humor incómodo, los errores y, sobre todo, el amor. En México, esa historia no pertenece al pasado; sigue formando parte del presente.

DANIELA SCHMIDT

"NO IMAGINO MI VIDA SIN CONTAR HISTORIAS "

La actriz mexicana se integra a la serie "Doc" con un personaje que desafía su propio pulso creativo, mientras reflexiona sobre una industria en transformación y una vocación que, asegura, es imposible de soltar.

Desde su llegada al Top 10 de Netflix, Doc no ha soltado al espectador. Entre diagnósticos urgentes y dilemas éticos, la serie ha encontrado en la doctora Cecilia Alcocer un nuevo eje dramático. Detrás de esa mujer racional, obsesiva y profundamente humana está Daniela Schmidt, quien se integra a la historia con una mezcla de rigor técnico y sensibilidad interpretativa.

En entrevista con la Revista Cameo, la actriz aclara de entrada un detalle clave: “En realidad es una temporada de 40 capítulos… yo entro en el 20”. Lejos de ser una aparición tardía, su personaje irrumpe como una fuerza que reconfigura el pulso del hospital. “Cecilia es una mujer que ha puesto de lado su vida personal para dedicarse de lleno al trabajo… pero también tiene ganas de amar, de vivir otras cosas”, comparte.

La construcción del personaje no fue sencilla. El lenguaje médico exigía precisión quirúrgica, pero también naturalidad. “Teníamos asesoría 24/7… desde terminología hasta procedimientos como hacer un vendaje o insertar un vial”, recuerda. Para Schmidt, ese nivel de detalle no sólo fortalece la credibilidad, sino que también permite que la emoción fluya sin artificios.

El rodaje en Bogotá marcó

otro capítulo significativo en su carrera. “Fue una experiencia fuera de serie, dice entre risas. “Nunca había estado en Colombia y la producción de Sony Pictures Television fue espectacular”. A ello se suma el reencuentro con colegas de larga data y la dirección de Francisco Franco, a quien define como “uno de los grandes lujos que puede tocarle a un actor”.

Pero más allá del presente, la actriz mira hacia atrás con una mezcla de asombro y gratitud. Con más de dos décadas de trayectoria —que incluye proyectos como Monarca, Capadocia y la premiada Ocho de cada diez—, reconoce que el camino ha superado sus propias expectativas. “Realicé proyectos que han sido mucho más de lo que yo había soñado”, afirma. Sin embargo, su motor sigue siendo el mismo: la búsqueda constante. “Siempre estoy tratando de desbloquear el siguiente nivel”.

Esa inquietud también se refleja en su lectura de la industria. Para Schmidt, el auge de las plataformas ha transformado radicalmente las reglas del juego. “Estamos viviendo la infancia de las plataformas, todo es muy nuevo”, señala. Aunque reconoce su valor democratizador, no oculta

cierta nostalgia: “Cada vez hay menos gente en los cines y eso me parece tristísimo”.

Sobre la irrupción de la Inteligencia Artificial, su postura es clara, aunque abierta: “Creo que se va a convertir en un género, pero los seres humanos somos insustituibles. Siempre vamos a querer ver a otros seres humanos contando historias”.

Esa convicción es, quizá, la que la ha sostenido en los momentos más inciertos de su carrera. Porque si algo define su trayectoria no es la linealidad, sino la resistencia. “Hubo ocasiones en las que he querido tirar la toalla, pero no puedo”, confiesa. Y remata con una frase que encapsula su esencia: “No me imagino mi vida sin hacer esto”.

Hoy, mientras Cecilia Alcocer comienza a revelar sus claroscuros en Doc, Daniela Schmidt reafirma su lugar como una de las actrices más sólidas de su generación. No sólo por su capacidad de transformación, sino por su mirada crítica, sensible y profundamente comprometida con el oficio.

“Porque, al final, más allá de cualquier plataforma o tendencia, hay algo que permanece: la necesidad de contar historias. Y en ese territorio, estoy yo”, concluye la actriz y productora.

El universo de El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale) se expande en la pantalla chica, esta vez trasladado el foco hacia una nueva generación de mujeres nacidas y criadas en Gilead.

Los testamentos: de las hijas de Gilead (The Testaments) adapta la novela secuela escrita por Margaret Atwood ubicada quince años después de los eventos narrados por June (Elisabeth Moss), centrada en un grupo de adolescentes que, a diferencia de sus predecesoras, jamás han conocido la libertad, y, sin embargo, comienzan a percibir las grietas y los mecanismos de control de un sistema que hasta entonces parecía incuestionable. Es en ese despertar de conciencia, entre la obediencia y la duda, donde se construye un relato poderoso e inspirador sobre identidad, resistencia y espíritu revolucionario femenino.

“Creo que Margaret Atwood sintió que era importante continuar la historia”, dijo Bruce Miller, creador y showrunner de la serie, sobre la relevancia de adaptar el segundo libro en for-

mato televisivo, “Margaret nos guió en el sentido de que sentía que la historia anterior aún tenía más que contar”.

Al igual que su predecesora, Los testamentos destaca el carácter atemporal de la obra de la escritora canadiense, cuyo discurso sigue resonando como una inquietante advertencia sobre la fragilidad de los derechos y la pérdida de autonomía de las mujeres en contextos autoritarios, con ecos reconocibles en la realidad contemporánea.

“No es algo exclusivo de este momento. Esa es la clave: es permanentemente relevante. Pero esta generación –aunque seguramente en todas ha sido igual –, tiene una voz que es tan fuerte, ruidosa y reflexiva que, realmente se siente como un buen momento no solo para contarla, sino para escucharla”, añadió Miller.

DESDE EL INTERIOR DE GILEAD

Más que una secuela, Los testamentos representa una evolución de los conceptos establecidos en El cuento de la criada, adoptando ahora la perspectiva de una generación de

mujeres jóvenes pertenecientes a la élite de Gilead, formadas desde la infancia para servir y sin conocimiento alguno del mundo exterior.

“Estas jóvenes nunca han conocido un mundo sin Gilead”, señaló Warren Littlefield, productor ejecutivo. “Están en una posición privilegiada dentro del sistema. La primera temporada es su despertar: descubren qué significa realmente ese mundo”.

Desde este punto de vista, la serie propone una lectura sobre cómo se reproduce e internaliza un sistema totalitario, pero también cómo se derroca desde dentro a partir de sus propias contradicciones.

En este sentido, la figura de la tía Lydia, personaje que retoma Ann Dowd, será pieza clave en la caída de Gilead desde su rol como directora de Ardua Hall, un instituto encargado de formar a las futuras esposas. Más allá de su imagen implacable, utilizará su posición para derribar los cimientos de un mundo que alguna vez ayudó a diseñar.

“La vemos en un estado de profundo remordimiento. Se ve obligada a enfrentarse a lo que realmente hizo, no a lo que creía

LOS TESTAMENTOS: DE LAS HIJAS DE GILEAD

EL DESPERTAR DE UNA NUEVA GENERACIÓN

"The Testaments" expande "The Handmaid’s Tale" con nuevas voces que desafían Gilead; en conferencia internacional, la Revista Cameo destacó la vigencia de Margaret Atwood.

Por Alejandra Lomelí

estar haciendo”, explicó Dowd. “Se reconstruye a sí misma. Es una figura más suave, enfocada en estas nuevas jóvenes”.

AMISTAD COMO RESISTENCIA

La historia sigue a Agnes (Chase Infiniti), la obediente y devota hija de uno de los comandantes más respetados de la República, cuya aparente estabilidad se ve alterada

al conocer a Daisy (Lucy Halliday), una chica proveniente de Canadá que ingresa a Gilead como una “chica Perla”, término utilizado para designar a las jóvenes reclutadas del exterior. Pero, cuando Agnes es puesta a cargo de Daisy para enseñarle las reglas que toda adolescente debe seguir, la experiencia de Daisy en su vida anterior, pondrá en jaque las certezas que

sostienen la visión del mundo de Agnes.

“Cuando Daisy entra en Gilead y sacude el mundo de Agnes, eso realmente la descoloca porque no quiere que nadie se interponga en el camino que ha aceptado para su vida”, indicó Chase Infiniti.

La trama muestra la manera en que una relación que comienza marcada por la desconfianza y la fricción, trasciende

en una amistad que se convertirá en una alianza y un acto de resistencia que desafía al sistema.

“En el fondo ellas son muy similares, y lo saben desde el primer momento. Por eso hay fricción: reconocen la inteligencia y la fuerza en la otra”, expresó Lucy Halliday. “Daisy llega a Gilead con ideas muy claras sobre quiénes son los demás, creyéndose distinta e incluso mejor. Pero poco a poco descubre que no es tan diferente como pensaba. Esa ilusión se va desvaneciendo con el tiempo y ahí es donde realmente se construye su relación”.

Este despertar de conciencia no ocurre de forma aislada. Otras jóvenes cercanas a Agnes, como Becka (Mattea Conforti), Shunammite (Rowan Blanchard) y Huldah (Isolde Ardies) también experimentan procesos similares al percibir las inconsistencias del régimen y la tiranía, lo que dará como resultado una red de apoyo y complicidad entre mujeres de distintas clases, configurando así el inicio de una revolución silenciosa impulsada por la sororidad.

“Una de las cosas más importantes de todas estas chicas es su amistad y su sentido de alegría. Incluso en un mundo tan oscuro, todavía hay luz, y esa luz está en la conexión con la hermandad, en el vínculo entre ellas”, dijo Infiniti.

Como todo coming-of-age, la serie también aborda los cambios y desafíos que acompañan el tránsito a la adultez, especialmente en la vida de las mujeres jóvenes, a través de situaciones con las que resulta fácil identificarse.

LOS TESTAMENTOS: DE LAS HIJAS DE GILEAD

Dónde ver: Disney Plus

“Lo que hace que esta historia sea tan cercana para muchos es que realmente explora los desafíos y dificultades de ser una mujer joven: crecer, desarrollarte, descubrir quién eres y entender tu entorno, y cuestionar muchas de las cosas con las que has crecido”, apuntó Mattea. De esta forma, Los testamentos resalta el carácter transformador inherente a la adolescencia, mostrando que esta experiencia trasciende cualquier contexto.

BEEF

LA BRONCA DE UNOS, EL CAPITAL DE OTROS

El capitalismo nos ha vampirizado. En un sistema que se beneficia de la inversión, la acumulación y el capital económico, las relaciones personales y románticas no se establecen por afecto, sino por su utilidad; esa es la tesis en torno a la cual el creador, escritor y showrunner, Lee Sung Jin, ha dado forma a la disputa de la nueva Beef (Bronca) , la miniserie de Netflix convertida en serie antología que, para su segunda temporada, ha reunido a un elenco de lujo: Oscar Isaac, Carey Mulligan, Charles Melton, Cailee Spaeny, Youn Yuh-jung y Song Kang-ho.

Sung Jin parte de la misma premisa planteada en su exitosa primera entrega, en la que un altercado banal escala hasta niveles insospechados

Alejandra Lomelí

que consumen la vida de los involucrados motivados por su sed de venganza, revelando así su lado más oscuro.

En esta ocasión, un country club será escenario de las tensiones entre dos parejas de generaciones distintas cuando Ashley (Spaeny) y Austin (Melton), unos jóvenes de la generación Z recién comprometidos y empleados del club, presencian una alarmante pelea entre su jefe millennial Joshua (Isaac) y su esposa Lindsay (Mulligan).

A partir del suceso, ambas parejas ingeniaran estrategias para no comprometer su futuro laboral ante la próxima visita de la multimillonaria dueña del club, la presidenta Park (Yuh-jung), quien a su vez lucha por manejar su propio escándalo con su segundo esposo, el doctor

Kim (Kang-ho).

En esta temporada, el conflicto adquiere el valor de una moneda de cambio cuando ambas parejas encuentran la manera de utilizar el incidente como una herramienta de manipulación y coacción, dando pie a una serie de situaciones en las que los personajes harán lo que sea por escalar dentro de la jerarquía u obtener un beneficio, ya sea un ascenso, en el caso de Ashley y Austin, o la aprobación de la presidenta, en el de Josh y Lindsay, aunque el camino conlleve traiciones, deshonestidad e hipocresía.

BEEF

Dónde ver: Netflix

su afilada reflexión sobre la intersección entre el amor y la lucha de clases, explorando el malestar de personajes atrapados en una dinámica que no solo condiciona sus decisiones, sino también su manera de vincularse, terreno en el que el elenco brilla con interpretaciones que potencial la agudeza del relato.

Más allá del divertido juego de venganzas, la verdadera comedia negra reside en

Beef vuelve a hacer una audaz observación de los impulsos más mezquinos de la condición humana, ofreciendo un espectáculo retorcidamente entretenido sobre la volatilidad de las emociones en un contexto de competencia extrema, donde cada interacción queda reducida a un interés personal.

TEATRO LUIS DE TAVIRA

DA VIDA A REY LEAR, UNA TRAVESÍA ENTRE PODER Y LOCURA

FOTO CARLOS MORA

El dramaturgo y director regresa a los escenarios con una lectura profunda de "Rey Lear", donde explora la identidad, la locura y la verdad del ser humano.

Por Maribel De Luna Fotos Carlos Mora

Luis de Tavira continúa consolidándose como una de las voces más influyentes del teatro contemporáneo en México, con una trayectoria que no solo ha marcado la creación escénica, sino también la formación de generaciones enteras de actores, directores y dramaturgos.

Formado en la Universidad Nacional Autónoma de México, Tavira comenzó su camino en las artes escénicas desde una visión profundamente intelectual del teatro, entendiendo la escena no solo como representación, sino como un espacio de pensamiento, ética y experiencia colectiva. Desde los años setenta, su trabajo ha sido decisivo en la profesionalización del teatro mexicano y en

la construcción de una mirada crítica sobre el hecho escénico.

A lo largo de su carrera, ha sido director artístico de la Compañía Nacional de Teatro del INBAL (2008–2016), además de dirigir el Centro Universitario de Teatro de la UNAM y fundar

La Casa del Teatro, una de las instituciones fundamentales en la formación teatral independiente en el país.

Su labor pedagógica ha sido reconocida como una de las más sólidas y constantes dentro del ámbito cultural mexicano.

En el plano de los reconocimientos, ha recibido el Premio Nacional de Ciencias y Artes (2006) y el Premio Universidad Nacional (2018), distinciones que respaldan una obra que supera los 60 montajes

dirigidos en México y el extranjero. Paralelamente, su producción teórica ha sido clave para el pensamiento escénico contemporáneo, con libros como El espectáculo invisible, Teatro es tono y Cantar de vísperas, donde desarrolla su idea del teatro como una experiencia invisible que ocurre más allá de lo evidente.

UN TEATRO COMO PENSAMIENTO VIVO

Para Tavira, el teatro no es un oficio técnico ni un simple acto de representación, sino una forma de conocimiento. “El teatro es el arte de la vida”, ha reiterado en diversas ocasiones, una frase que sintetiza su visión de la escena como un espacio donde se confrontan la fragilidad humana, la memoria y la conciencia.

LUIS DE TAVIRA

SU MIRADA EN

EL ESCENARIO

En años recientes, su presencia en escena también ha cobrado relevancia como actor. Su interpretación de Sigmund Freud en La última sesión de Freud fue celebrada por su rigor intelectual y su capacidad de construir personajes desde la introspección filosófica más que desde la mera actuación. En este sentido, Tavira ha ampliado su propio territorio artístico, moviéndose entre la dirección, la actuación y la reflexión teórica sin perder coherencia estética.

En febrero de este año, fue homenajeado en el Teatro El Milagro por sus más de 50 años de trayectoria, un reconocimiento que reunió a distintas generaciones del teatro mexicano y subrayó su papel como figura de referencia indispensable.

EL DESAFÍO DE REY LEAR

Su proyecto más reciente es su participación protagónica en Rey Lear, una nueva lectura de la tragedia de William Shakespeare que se presenta como una reflexión sobre el poder, la vejez, la identidad y la desintegración del mundo humano.

La puesta en escena, dirigida por Angélica Rogel y producida por Woo Teatro en colaboración con Óscar Uriel, sitúa la acción dentro del propio universo teatral, intensificando la dimensión metateatral de la obra.

Para Tavira, asumir el papel de Lear representa una experiencia profundamente significativa. “Es un privilegio haber sido tomado en cuenta para estar en el

escenario, formar parte de un equipo comunitario donde los personajes se complementan y no hay un personaje si no están los otros”, señala, subrayando la dimensión colectiva del montaje.

Sobre la obra, el actor y director es contundente: “Es tremenda, de esas obras que pertenecen a la inquietud de lo permanente, a las preguntas perpetuas, al diálogo y la interpretación más profunda desde las entrañas de lo que somos”.

Desde su lectura, Rey Lear no se limita a la tragedia de un rey que pierde su poder, sino que se convierte en una exploración radical de la condición humana. “Es un mapeo de la condición humana y un recordatorio de que al nacer todos llegamos a un escenario de locos”, afirma.

VEJEZ, PODER Y DESINTEGRACIÓN

Uno de los ejes centrales de su interpretación es la vejez, entendida no solo como etapa biológica, sino como territorio político, emocional y social. Tavira lo plantea con claridad: “Es una gran puesta en escena que habla de la vida y del personaje que ha llegado a su final de vida, pero se aferra a muchas cosas”.

En esa línea, profundiza en la complejidad del conflicto: “Toca la realidad de la vejez, que es un conflicto para unos y otros. No importa solo la perspectiva del viejo, sino la de los que ven al viejo. ¿Qué hacemos con los viejos o qué hacen los viejos con ellos mismos?”.

La obra, explica, avanza hacia un territorio de descomposición emocional y simbólica: “El personaje quisiera caminar en paz, pero se vuelve una guerra atroz y camina hacia ese enigma del final. Es una

obra de la vida y la muerte”.

Para Tavira, el proceso del Rey Lear no es únicamente una tragedia individual, sino un espejo social: la pérdida de sentido, la fragilidad de la identidad y la violencia de un mundo que se descompone.

“La propuesta coloca al espectador frente a la desnudez del ser humano, donde la apariencia reina y la verdad es castigada”, reflexiona.

EL TEATRO COMO CEREMONIA DE LA VIDA En su visión más amplia, Tavira insiste en el sentido espiritual del teatro. “La misión del actor es recordarle al espectador la hora de su muerte, porque solo frente a la muerte descubrimos que estamos vivos”, afirma. Esa idea atraviesa toda su concepción del arte escénico: el teatro como rito, como espacio de conciencia, como experiencia compartida de lo humano. “El teatro es la ceremonia de la vida. Es el arte de la vida. El que el otro se haga viejo me afecta”, sostiene, subrayando la dimensión ética de la mirada teatral.

También reflexiona sobre el deterioro del vínculo social contemporáneo: “Hemos olvidado el sufrimiento de quien está al lado y la crueldad de un mundo que estamos devastando”.

Desde esa perspectiva, Rey Lear se convierte para él en una experiencia de revelación: “Es un procedimiento espiritual que raya en la locura, pero se convierte en la lucidez más deslumbrante a la que se busca ir”.

Finalmente, Tavira resume su experiencia con una mezcla de gratitud y humildad: “Es un homenaje al teatro, que es el arte de la vida. Entrar en escena ya es un homenaje en sí mismo”.

REY LEAR

DÓNDE:

Teatro del Centro

Cultural Helénico

Del 7 de mayo al 7 de junio de 2026

LAIMPROLUCHA:

El exitoso formato de improvisación reúne a representantes de seis países en una competencia que apuesta por el humor, el riesgo escénico y la participación del público, y celebra dos décadas con un Campeonato Internacional en el Foro Shakespeare.

LTexto y foto Carlos Mora

a impro lucha, uno de los espectáculos más representativos, taquilleros y populares de la improvisación teatral en México, celebra 20 años de trayectoria con un evento que busca estar a la altura de su historia: el Campeonato Internacional de La impro lucha.El Foro Shakespeare se convertirá en un ring donde improvisadores de Argentina, Brasil, Colombia, España, Italia y México se enfrentarán por el cinturón mundial en una serie de combates escénicos donde la creatividad, la técnica y la espontaneidad serán decisivas. Organizado por SAA Escena y Casa del Hu-

mor, con Logistify como productor asociado, el campeonato plantea una dinámica en la que el público no solo es espectador, sino juez activo, pues tendrá la responsabilidad de decidir, con su voto, quién gana cada enfrentamiento. Este elemento, que ha sido parte esencial del ADN del espectáculo desde sus inicios, se mantiene como uno de los pilares que explican su permanencia en cartelera durante dos décadas. En entrevista, el director José Luis Saldaña subrayó que llegar a 20 años dentro del teatro no es un logro menor, especialmente en un contexto donde pocos espectáculos logran sostenerse en el tiempo. “No es fácil pensar en una

obra o un espectáculo que se mantenga en cartelera y, además, en el gusto del público durante tanto tiempo”, explicó. Para Saldaña, la clave ha sido una combinación de trabajo constante, evolución artística y una profunda pasión por la improvisación: “Ha sido mucho trabajo, mucha cabeza, pero sobre todo mucha pasión. Si esto fuera solo un asunto comercial, difícilmente habría durado tanto”. El director también destacó que La Impro Lucha no solo ha resistido el paso de los años, sino que

se encuentra en uno de sus mejores momentos. “Podríamos tener 20 años y estar en decadencia, pero no es el caso. Creo que estamos en un momento álgido en términos artísticos”, afirmó. En ese sentido, el Campeonato Internacional representa una extensión natural del proyecto: “Habla de dónde estamos ahora y de las ganas de seguir compartiendo y de vernos frente a otras formas de hacer impro en el mundo”. Sobre el proceso creativo y la construcción del humor dentro del

20 AÑOS EN EL RING

Rogel reflexionó sobre la naturaleza de la improvisación y su permanencia como lenguaje escénico. “No hay cosa más pura en la ficción escénica que la impro”, afirmó, al destacar que se trata de una forma de creación que ocurre en el momento y que no depende de estructuras preestablecidas. Para Rogel, esta cualidad ha sido fundamental para que el formato se mantenga vigente: “Es algo que se construyó prácticamente desde cero, sin copiar modelos, y eso le dio una esencia única”.

DÓNDE: Foro

Shakespeare

Del 29 de abril al 3 de mayo de 2026.

espectáculo, Saldaña explicó que nunca hubo una imposición formal sobre el tipo de comedia que debía hacerse. “Yo nunca dije ‘quiero que el humor sea de esta manera’. Más bien invité a gente con la que comparto un mismo sentido del humor, tanto dentro como fuera del escenario”, señaló. Esa afinidad ha permitido que el espectáculo mantenga una identidad clara a lo largo del tiempo, aun cuando los temas y referencias han evolucionado.

Rogel también subrayó que la improvisación ha logrado sostenerse porque establece una conexión directa con el público. “Desde que salí de la escuela de teatro supe que necesitaba hacer algo que conectara con la gente”, recordó. En ese sentido, considera que el humor que se genera en escena trasciende fronteras: “El humor es universal. Si conectas con lo humano, funciona, sin importar de dónde venga el improvisador”.

lejos de representar una barrera, la diversidad se convierte en una oportunidad para enriquecer el espectáculo. “Lo que pasa en la improvisación es que puedes ajustar en el momento. Si algo no conecta, cambias, abres el rango y encuentras otro punto de contacto con el público”, explicó Rogel. Además, destacó que uno de los elementos más interesantes del encuentro será la construcción de códigos comunes entre improvisadores y audiencia: “Se genera un lenguaje compartido en tiempo real, y eso es algo que no vas a ver en otro tipo de teatro”.

arriba me llena de orgullo”. Morales también destacó la exigencia de compartir el escenario con improvisadores de otros países: “Subirte a jugar con este nivel de talento es enfrentarte a algo muy grande, pero también es una oportunidad increíble de crecimiento”. El Campeonato Internacional de La Impro Lucha se desarrollará a lo largo de cinco días consecutivos, en los que los seis países competirán en dos grupos. A partir de un sistema de puntaje, los mejores avanzarán a la final, donde se definirá al campeón mundial. Como es característico del formato, cada función será distinta, irrepetible y construida en conjunto con el público.

A dos décadas de su creación, La impro lucha celebra no solo su permanencia, sino la consolidación de un espectáculo que ha sabido evolucionar sin perder su esencia. El campeonato internacional se presenta así como un punto de encuentro entre culturas, estilos y generaciones, pero también como una reafirmación de que la improvisación sigue siendo un espacio de riesgo, libertad y creatividad en estado puro. LA IMPRO

Por su parte, la actriz y directora Angélica

Esta cualidad será especialmente visible en el campeonato internacional, donde convivirán distintos estilos y tradiciones escénicas. Sin embargo,

La improvisadora Karla Morales, quien representará a México en la competencia, compartió la mezcla de emociones que implica formar parte de este evento. “Estoy muy nerviosa y emocionada. Es un lugar al que quería llegar desde que vi por primera vez el espectáculo, aunque en ese momento ni siquiera lo pensaba como una meta”, confesó. Para ella, la invitación al campeonato representa tanto un reconocimiento como un reto: “Es una admiración muy grande la que siento por este proyecto, y ahora estar ahí

12 AÑOS DEL MILÁN, LA CASA DE TODOS

En entrevista exclusiva con la Revista Cameo, el actor y productor reflexiona sobre la resistencia, el vértigo y la pasión detrás de sostener un espacio escénico, mientras celebra el aniversario de un lugar convertido en refugio para creadores y público.

Doce años no se sostienen por inercia en el teatro: se construyen a pulso, función tras función, decisión tras decisión, con la certeza de que cada noche puede ser distinta.

En entrevista con Pablo Perroni, el actor, productor y gestor hace una pausa para mirar atrás en un momento clave: su teatro Milán cumple 12 años. Y en ese territorio de incertidumbre constante, reflexiona no desde la nostalgia, sino desde la conciencia de todo lo que ha implicado mantenerse en pie. La pregunta sobre la dificultad llega casi como una provocación. “¿Puedes creer que nadie me había hecho esa pregunta?”, dice, sorprendido. Y es que

hablar de lo complejo no siempre resulta cómodo en un medio donde la pasión suele romantizarlo todo. “Sí es dificilísimo en el sentido de que es mucho trabajo. Hay mucha incertidumbre, hay muchos factores que se tienen que acomodar para que las cosas salgan. Siempre estamos diciendo que todo le pega al teatro: si llueve, si hay Mundial, si son vacaciones, si regresan a clases… cualquier cosa puede afectar”. Pero la dificultad no es el centro de su narrativa. O, al menos, no quiere que lo sea. “La palabra difícil me causa conflicto. No me gusta quedarme ahí. Porque cuando disfrutas tanto lo que haces, cuando realmente es tu vida y lo que soñaste, entonces todo cobra sentido”. Aun así,

no esquiva la honestidad: “Claro que hay días en los que quisieras desaparecer, no contestar el teléfono, apagar todo. Sobre todo porque hoy todo pasa por el WhatsApp, por los mensajes, por estar disponible todo el tiempo”.

Ese desgaste cotidiano se equilibra con lo que ocurre del otro lado: el escenario habitado, el público presente, la comunidad que se ha ido formando alrededor del espacio. “El resultado y el orgullo que nos da ver las obras aquí, escuchar a las producciones decir que es su teatro favorito, ver al público que regresa… hay gente que viene sin saber qué se va a encontrar, pero viene porque confía en que siempre habrá algo. Eso es increíble”.

Texto y fotos Carlos Mora

Desde su origen, el proyecto tuvo una vocación clara: convertirse en un hogar. “Siempre lo visualizamos así: que fuera la casa de todos. Que la gente se sintiera bienvenida, cómoda, que pudiera trabajar tranquila. Hemos sido muy congruentes con ese sueño”.

UN TEATRO

COMO CASA

La congruencia también atraviesa su propia manera de habitar el oficio. A diferencia de quienes separan tajantemente sus facetas, él ha aprendido a convivir con todas al mismo tiempo: actor, productor, programador, gestor. “Lo he aprendido a hacer. Llevo muchos años en esto. Yo empecé a producir para generarme trabajo como actor. Entonces, de alguna forma, todo nació de esa necesidad”.

Y aunque podría parecer que la actuación ocupa el

centro, él lo describe de otra manera: “Mi trabajo como actor es mi recreo. Es mi recompensa. Es el momento en el que digo: esto es por lo que hago todo lo demás”. Lo demás, en cambio, es una maquinaria que no se detiene nunca. “Como productor, nunca dejas de trabajar. Termina la función y ya estás pensando cómo vas a traer al público a la siguiente. Estrategias, difusión, redes… y eso multiplicado por todas las obras que hay aquí”.

Sin embargo, lejos de quejarse, parece encontrar en esa intensidad una forma de equilibrio personal. “A mí me hace muy bien estar ocupado. Mi cabeza va a mil por hora, soy muy aprensivo. Entonces, tener muchas actividades me ayuda a organizarme y a estar más tranquilo. Puedo estar mejor haciendo más cosas”.

Hay montajes, además, que han logrado algo poco

común: convertirse en rituales recurrentes. Obras que el público pide una y otra vez, que regresan cada año con nuevas lecturas. “Es algo muy particular. No pasa con todas. Hay obras que la gente realmente busca, que quiere volver a ver. Y eso es impresionante”.

CONTADOR DE HISTORIAS

Más allá de la respuesta del público, lo que le interesa es lo que ocurre dentro de la obra misma. “Son textos que tienen mucho que decir. Que hablan de temas importantes, como la depresión o el suicidio, pero desde un lugar distinto. Incluso con humor. Y eso conecta mucho”.

Volver a esos textos también implica enfrentarse a uno mismo. “No eres el mismo. Yo empecé a hacer una de estas obras cuando cumplí 40, y hoy soy otra persona. Mi visión de la vida, de la felicidad, de la

tristeza… todo cambia. Y eso enriquece muchísimo el trabajo”.

Lejos de temerle al paso del tiempo, lo abraza como una herramienta. “Cumplir años significa no morirse, y eso ya es bastante. Los años te dan experiencia, vivencias. Y como actor, eso es lo que necesitas para darle vida a otros personajes”. Esa perspectiva también redefine su idea de éxito.

“Ser feliz no es estar en tres series de plataformas al año. Para algunos sí, y está increíble. Pero la pregunta es: ¿qué es la felicidad para ti? Para mí era esto: tener mi propio espacio, producir mis obras, contar historias

como quiero contarlas”.

No hay romanticismo ingenuo en su discurso, sino una claridad construida a partir del trabajo. “Estoy consciente de lo afortunado que soy, pero también ha sido mucho esfuerzo, mucha dedicación. Y por eso no tengo tiempo para la mala vibra”.

EL PODER DE LA REPRESENTACIÓN

Esa misma coherencia atraviesa su línea curatorial reciente, especialmente en torno a historias con temática LGBT+. “Llevo ya varios años produciendo este tipo de obras porque me parece importante. La representación es importante, pero también cómo se cuentan esas historias”.

No se trata solo de visibilidad, sino de complejidad. “Muchas de estas obras podrían ser de parejas heterosexuales, pero al ser originalmente historias homosexuales, cambia todo. Es otra realidad. Y son las obras que a mí me hubiera gustado ver cuando era más joven”.

AMOR SOBRE

EL ESCENARIO

Entre sus nuevos proyectos hay uno que lo entusiasma particularmente. Prefiere

no revelar demasiado, fiel a su gusto por las sorpresas, pero adelanta lo esencial: “Es una obra que va a conmover mucho. Y por primera vez voy actuar al lado de mi novio Axel Santos. Tiene un giro muy fuerte y me gusta que el público no se lo espere, que salga cuestionándose cosas”.

La emoción se intensifica cuando habla del proceso creativo. “Nos estamos divirtiendo muchísimo. Es de esas obras que tienen de todo: momentos muy fuertes, pero también mucho humor”. Y, sobre todo, una intención clara: “Que el público salga transformado, aunque sea un poquito”.

El calendario que se avecina es vertiginoso: estrenos, remontajes, temporadas simultáneas, combinaciones de funciones durante la semana. Incluso la idea de un “pasaporte teatral” para incentivar a los espectadores a ver varias obras en un mismo periodo. “Va a ser un mes muy intenso, pero quiero aprovechar. La gente está viniendo, está respondiendo”.

La intensidad, lejos de ser un problema, es casi una filosofía de trabajo. “Sí, es mucho. Pero también es lo que me gusta. Es lo que elegí”, finaliza.

La actriz apuesta por el escenario con "La fiesta", una experiencia que rompe la cuarta pared y convierte al público en testigo cercano de una historia fragmentada, comenta en entrevista con la Revista Cameo

Para la actriz, el teatro no es solo un espacio de trabajo: es un territorio vital. Ahí comenzó todo y ahí, insiste, es donde se mantiene vivo el pulso de su oficio. “Es mi casa original, mi alma mater”, dice con convicción. “No desdeño ningún medio, disfruto mucho hacer cine y televisión, pero el teatro es donde están mis raíces, donde están mis vínculos más profundos y donde puedo explorar de una manera que no sucede en ningún otro lado”.

Después de un tiempo alejada de los escenarios —marcados por la pandemia y otros proyectos—, su regreso no es menor. Este año llega con una obra exigente, compleja en su

KARINA “VOLVER AL TEATRO ES VOLVER A MI ORIGEN”

estructura y profundamente emocional en su fondo. “Ya a estas alturas lo que tengo es urgencia de que llegue el público. Necesito ver en sus ojos si esto que estamos construyendo realmente sucede como lo imaginamos”.

En La fiesta, la propuesta escénica rompe con la idea tradicional de espectador pasivo. Durante una parte de la obra, el público se divide y recorre distintos espacios de una casa —salón, cocina, oficina, baño, vestíbulo— siguiendo a diferentes personajes. Cada habitación revela fragmentos de una misma historia que ocurre simultáneamente.

“Es una experiencia poco convencional, pero tampoco hay que asustarse”, aclara la actriz. “Hay

gente que se espanta con la idea de tener a los actores tan cerca, de pensar que los vamos a involucrar directamente. Y no. No es interactiva en ese sentido. La cuarta pared existe. Tú estás ahí, muy cerca, pero no formas parte de la acción”.

La cercanía, en cambio, se vuelve una herramienta narrativa poderosa. “Es como acercarte muchísimo a una pecera: ves todo con detalle, pero sabes que estás a salvo. Nadie te va a preguntar nada, nadie te va a tocar. Eres un testigo privilegiado de algo íntimo”. Gidi interpreta a una mujer aparentemente exitosa: actriz, guionista, showrunner. Una figura creativa, singular, que ha construido una carrera sólida. Pero detrás de esa fachada hay

GIDI

una herida que no termina de cerrar. “Es una mujer brillante, sí, pero también hay una niña temblorosa que no logra acomodar las cicatrices de su infancia”, explica. “Y esta fiesta que organiza es su manera — muy particular, muy rara— de intentar entender ese pasado”.

La reunión, que convoca a distintos personajes, funciona como detonador. “Hay una necesidad de desentrañar algo que le está quitando el sueño, que no la deja en paz. Quiere entenderlo para poder dejarlo atrás”.

Trabajar con un texto de Bárbara Colio ha sido, en sus palabras, un desafío estimulante. “Es una dramaturga compleja. No te da las cosas fáciles, no te entrega el personaje ‘masticado’. Al contrario: te lanza preguntas todo el tiempo. ¿Por qué digo esto después de esto? ¿Qué hay detrás? Y tú tienes que ir a buscar las respuestas”.

Sin embargo, esa exigencia viene acompañada de una libertad poco común. “Tiene una apertura muy generosa como directora. Confía en los actores, en que podemos construir junto con ella. Eso hace que el proceso sea mucho más rico, porque no es una imposición, es una colaboración”.

La estructura de la obra también implica retos técnicos importantes. Las escenas ocurren de manera simultánea y deben coordinarse con precisión. “Estamos todavía afinando cosas, porque todo tiene que empezar y terminar al mismo tiempo en los cinco espacios. No es sencillo, pero ahí vamos”.

A esto se suma otra realidad del teatro contemporáneo en México: las temporadas breves. “Es durísimo”, admite sin rodeos. “Son semanas de trabajo intensísimo, de una inversión enorme de energía, para hacer doce funciones. Parece una locura. A veces pasas más tiempo ensayando que en temporada”.

La reflexión no es menor. “Entiendo que hay una intención de abrir espacios, de democratizar, de incluir más propuestas, y eso es valioso. Pero también hay un costo para quienes hacemos teatro. Es un esfuerzo gigantesco para muy poco tiempo en cartelera”.

Aun así, la actriz insiste en la necesidad de seguir regresando al escenario. “Si no hago teatro, hay músculos que se empiezan a atrofiar. Es un espacio de exploración que no puedo abandonar. Aquí es donde realmente me pongo a prueba”.

Comparte escena con actores con los que, en muchos casos, nunca había trabajado. “Ha sido un gozo. Este tipo de proyectos necesitan mucha confianza, respeto, cariño. Son procesos muy intensos, aunque duren poco tiempo”.

Al final, La fiesta no solo propone una experiencia escénica distinta, sino una pregunta que resuena más allá del montaje: ¿hasta dónde somos capaces de llegar para entender —y quizá sanar— a la persona que fuimos?

“Eso es lo que está en juego”, concluye Gidi. “Y ojalá el público quiera asomarse a esa casa, a esos secretos", finaliza.

LA FIESTA DÓNDE: Un Teatro, Viernes 20:30, sábado 19:00 y domingo 18:00 horas

"EL TEATRO ES MI CASA": XIMENA ROMO

En la obra "Las agujas dementes", la actriz da vida a una Assia Wevill compleja, lejos del estereotipo, donde la identidad se desdibuja entre deseo y ausencia.

Texto y fotos Carlos Mora

En cuanto aparece en escena, Ximena Romo Mercado sostiene a Assia Wevill (Traductora alemana) con una mezcla de seducción, vacío y búsqueda que atraviesa toda Las agujas dementes. No es una femme fatale en el sentido tradicional, aunque juega a serlo; es, más bien, una mujer que se inventa máscaras para sobrevivir.

“Desde que la leí intuí que Assia tenía una cosa desenfadada que me atrajo muchísimo”, cuenta Romo con una sonrisa todavía impregnada de función. “Lo más fácil fue conectar con esa parte como de femme fatal, pero lo interesante fue descubrir qué había detrás, qué la hacía actuar así”.

La obra, escrita por Jorge Volpi y dirigida por Benjamín Cann, se adentra en uno de los episodios más revisados de la literatura anglosajona: el vínculo entre Sylvia Plath, Ted Hughes y la irrupción de Assia en esa

relación. Pero lejos del mito, aquí hay carne emocional.

“Assia es la única que no es poeta, pero está conectada con la palabra como traductora, y ahí hay un vacío de identidad muy fuerte”, explica la actriz. “Siente que le falta algo, que no termina de saber quién es, y pone esa búsqueda en ellos, en esta pareja que ella percibe como genios. Pero cuando los conoce, se da cuenta de que también están perdi

En ese hallazgo —el derrumbe de la idealización— se construye su personaje.

“Encontré a una mujer con muchas ganas de vivir, de sentir, de explorar, precisamente porque por dentro se siente vacía. Y por más que lo intenta, nada lo llena”, dice. La contradicción no es un accidente, sino el motor: una mujer que desea intensamente mientras se desmorona por dentro.

Sobre el escenario, esa complejidad se traduce en algo profundamente humano: la posibilidad de

empatizar incluso cuando no se está de acuerdo. “A mí me pasa que empatizo con los cuatro personajes”, confiesa. “Me he visto siendo los cuatro en distintos momentos de mi vida”. Y ahí radica una de las potencias del montaje: no hay villanos ni víctimas absolutas. “Me gusta mucho que la obra pone a las mujeres no como enemigas, sino como espejos. Hay reconocimiento, hay admiración, incluso amor entre ellas”.

La dirección refuerza esa lectura. “Benjamín fue muy insistente en que no fuéramos víctimas. Son personajes que están intentando que las cosas funcionen, que buscan sentido. Y eso los vuelve cercanos, porque no están tirados en el piso: están luchando, aunque se equivoquen”. Para Romo, esa decisión cambia la manera en que el público se relaciona con la tragedia: “No son víctimas del otro, son víctimas de sí mismos, de sus propias decisiones”.

Esa idea cobra un peso particular al abordar los destinos finales de ambas mujeres. “Creo que la empatía viene de entender que esa sentencia estaba dentro de ellas mismas”. No se trata de justificar, sino de mirar de frente la complejidad emocional que las habita.

LAS AGUJAS DEMENTES

DÓNDE:

El texto de Volpi, respira distinto cada noche. “Cada función es diferente. Hay días en que aparece una Assia más fatal, más dura, incluso más enojada, y otros en donde es mucho más vulnerable, más niña, más inocente”. Esa variación constante no es un error, sino una búsqueda deliberada. “A Benjamín le interesa que el personaje revele distintos matices cada función. Es como si la obra estuviera viva”.

Para Romo, este proyecto también marca un regreso íntimo. “El teatro es la casa del actor”, dice sin titubeos. “Yo empecé ahí, me formé ahí, y volver es delicioso. Es un lugar donde puedes ir profundo, donde la técnica te exige más, donde encuentras cosas”. Y lo dice con una certeza que no deja espacio a dudas: “No pienso parar. Quiero seguir haciendo teatro”.

Mientras tanto, su Assia cambia cada noche, respira distinto, se contradice, seduce, se rompe.

Y en ese vaivén, el público no solo observa un episodio literario: se asoma a un espejo incómodo y fascinante donde la genialidad, el amor y el vacío conviven sin respuestas fáciles.

Teatro El Granero Xavier Rojas, Hasta el 24 de mayo.

PAULINA TREVIÑO: SIN ARTIFICIOS

La actriz apuesta por una interpretación desde lo más íntimo para encarnar a Sylvia Plath en la obra " Las agujas dementes", que privilegia la verdad emocional.

Texto y foto Carlos Mora

PLAS AGUJAS DEMENTES DÓNDE:

Teatro El Granero Xavier Rojas, Hasta el 24 de mayo.

aulina Treviño no habla de Sylvia Plath (Escritora y poetisa) como si fuera un personaje lejano, sino como una presencia que se filtra en lo cotidiano, en las decisiones íntimas y en las contradicciones que atraviesan la vida misma. “Hubo dos caminos muy claros para construirla”, dice, con una serenidad que contrasta con la intensidad de la obra. “Por un lado, mi propia experiencia con la maternidad, y por el otro, mi deseo de seguir siendo artista. Esa tensión fue clave para entenderla”.

En Las agujas dementes, texto de Jorge Volpi bajo la dirección de Benjamín Cann, esa tensión no solo es temática: es estructural, emocional y profundamente escénica. La obra entrelaza la historia de Plath y Ted Hughes con la de Assia Wevill y David Wevill, en un entramado donde el amor, la traición y la creación literaria se convierten en fuerzas que desgarran.

Esa idea se potencia en el espacio escénico, donde la cercanía con el público elimina cualquier posibilidad de artificio. “Al principio sí fue fuerte, te sientes un poco desnuda”, confiesa. “No hay manera de esconderte en el oficio. No puedes ‘hacer truquitos’. Aquí todo tiene que ser verdadero, muy desde adentro. Es trabajar con el corazón en la mano”.

En ese territorio de exposición absoluta, la relación con su compañera en escena Ximena Romo—quien encarna a Assia Wevill— se vuelve uno de los ejes más interesantes del montaje. Lo que podría leerse como rivalidad se transforma en una conexión más compleja. “Ha sido muy bonito descubrir que, aunque puedan ser rivales en la historia, también hay una comprensión profunda”, dice Treviño. “Hay algo que ahora se nombra como sororidad. Al final, el verdadero conflicto no está entre ellas, sino en las dinámicas que las atraviesan y en Ted Hughes”. En Las agujas dementes, la literatura deja de ser un archivo para convertirse en un territorio vivo. Y en el cuerpo y la voz de Paulina Treviño, Sylvia Plath deja de ser mito para volverse experiencia: una que duele, que interpela y que, sobre todo, permanece.

Treviño llegó al proyecto a partir de una invitación del propio Cann. Sin embargo, una vez dentro, el proceso exigió una inmersión total: lecturas, investigación, aproximaciones múltiples a una figura tan estudiada como inasible. “No es solo entender a Sylvia, sino todo lo que se ha dicho de ella, los libros, las interpretaciones. Es un trabajo de muchas capas”. Esa complejidad encuentra eco en la forma de la obra. Lejos de una narrativa lineal, el texto de Volpi propone una estructura fragmentada que obliga a los actores a desplazarse entre estados emocionales con una velocidad vertiginosa. “Hay que hacer saltos cuánticos entre escenas, entre emociones”, explica. Pero en lugar de resistirse a esa lógica, la actriz la abraza: “Creo que así funcionamos en la vida. Estás en un momento cotidiano y de pronto algo te detona un recuerdo o una emoción completamente distinta. Es como un viaje interior muy surreal, pero también muy real”.

La apuesta de El gato negro, la obra protagonizada por Tomás Goros que transforma el teatro en una experiencia inmersiva donde la oscuridad no sólo es estética, sino el eje central del relato.

En entrevista con la Revista Cameo, el actor confiesa que lo que lo sedujo del proyecto fue su capacidad de romper con lo convencional. “Me pareció fascinante plantear una experiencia en la que no necesariamente estás viendo, sino percibiendo desde otros lugares. Eso cambia todo”, explica.

Basada en el inquietante cuento de Edgar Allan Poe, la obra propone un viaje hacia la mente de un hombre trastocado por sus propios impulsos, pero lo hace desde una lógica distinta: el espectador permanece en penumbras, guiado por sonidos, atmósferas y estímulos que despiertan la imaginación.

“Cuando te quitan la vista, lo demás se vuelve mucho más e. Lo que escuchas, lo que sientes… todo cobra otra dimensión. Y entonces cada persona construye su propia historia, su propio miedo”, señala Goros.

Para el actor, este formato también responde a una necesidad de recuperar la sensibilidad. “Nos hemos acostumbrado a que todo nos lo den hecho, ya no imaginamos tanto. Aquí pasa lo contrario: tú completas la experiencia, tú decides cómo se ve ese mundo”.

Lejos de los sustos fáciles, Goros apuesta por un terror que se instala en la mente. “El problema del terror actual es que se volvió muy obvio. Todo es inmediato. Pero el verdadero miedo no está en lo que ves, sino en lo que crees, en lo que piensas”, reflexiona.

En escena, da vida a un personaje que oscila entre la lucidez y la locura, alguien que intenta justificarse mientras relata una historia marcada por la violencia y la culpa. “Es un hombre que asegura que no está soñando, que lo que le pasa es real. Y lo que busca es salvar su alma a través de lo que cuenta”, describe.

TOMÁS GOROS SE ADENTRA AL TERROR EN ELGATONEGRO

El actor se sumerge en un montaje que prescinde de la vista para activar la imaginación y confrontar al espectador con su lado más oscuro y aterrador.

Por Carlos Aguillón

El proceso para construirlo no ha sido sencillo. El actor reconoce que ha tenido que replantear su forma de trabajar. “Aquí no puedes hacer lo mismo que en una obra tradicional. No se trata de destacar, sino de integrarte a algo más grande. Yo estoy al servicio de la experiencia, no al revés”, comenta.

De hecho, insiste en que el protagonismo recae en lo que ocurre con el público. “Lo importante es lo que le pasa al espectador, cómo lo atraviesa la historia. El actor es solo una parte del engranaje”, sostiene. Uno de los elementos más provocadores del montaje es su discurso sobre la naturaleza humana. A través del personaje, se abre una reflexión incómoda sobre los impulsos ocultos. “Todos, en algún momento, hemos sentido esa tentación de hacer algo que no deberíamos. Esa parte oscura existe, aunque no queramos reconocerla”, dice.

La obra, asegura, no busca juzgar, sino evidenciar. “El personaje te confronta. Te dice: no me mires como si yo fuera el único loco, porque tú también tienes algo de esto”, añade.

Por otro lado, Goros vive una etapa de constante movimiento. El actor, quien participó recientemente en la cuarta entrega de Rosario Tijeras, se mantiene activo entre escenarios y producciones audiovisuales, además de desarrollar propuestas propias.

“Siempre estoy creando cosas. Para mí, lo importante es no detenerse. Esta carrera se sostiene con trabajo, con disciplina, con constancia”, afirma.

También continúa explorando formatos donde mezcla entretenimiento y reflexión. “Me interesa que la gente se divierta, pero que también se lleve algo. Que salga con una idea rondándole la cabeza”, comenta.

Con El gato negro, esa intención se radicaliza: no hay escapatoria visual, no hay distracciones. Solo el espectador frente a sí mismo. “Al final, lo que buscamos es que vivan algo distinto. Que se permitan sentir miedo de otra manera”, concluye.

SICA

PABLO GONZÁLEZ SARRE

EN LA INTIMIDAD, LA MÚSICA COMO REFLEJO DE LO ESENCIAL

FOTO CARLOS MORA

Tras su presentación en Pa’l Norte de este año con Los Claxons, Pablo González Sarre aún parece procesar lo que acaba de vivir. No lo dice desde la euforia desbordada, sino desde una especie de asombro contenido, como si cada experiencia siguiera teniendo algo de inesperado, incluso después de tantos años.

Habla de un “mar de gente”, de un horario temprano que no impidió que el público llenara el espacio, de la sensación de mirar hacia el frente y encontrarse con miles de personas conectadas a lo mismo.

Para él, Monterrey no es cualquier plaza. Es casa. Y en su caso, la famosa idea de que nadie es profeta en su tierra simplemente no aplica. “Es de las ciudades donde mejor nos va. El público

regio es muy entregado, muy dadivoso. El mexicano en general lo es, pero el regio tiene algo especial”, explica. Hay en sus palabras una relación construida con el tiempo, una especie de complicidad entre la banda y su audiencia que ha crecido con los años.

Y es que hablar de Los Claxons es hablar de permanencia. Más de dos décadas de carrera que, en voz de Pablo, no se sienten como una meta alcan zada, sino como una consecuencia natural del camino. “El tiempo vuela. Nunca estoy pensando en ‘cuando lleguemos a 30 años’, estoy más metido en lo que sigue… y de repente volteas y ya pasaron 20”, dice, casi sorprendido por su propia frase.

Pero si algo tiene claro es que mantenerse no es casualidad. “¿Cuántas bandas

duran tanto? No son tantas. Y no es solo la industria, también son las relaciones internas. Una banda es como una familia”, afirma. Y en esa comparación hay una clave importante: la convivencia.

“Siempre hay problemas, como en cualquier familia, pero entendemos nuestros roles. Y algo muy importante es que somos amigos. Nos la pasamos bien, todo el tiempo estamos bromeando, viajando juntos… eso hace una gran diferencia”, añade. Esa cercanía, esa capacidad de seguir disfrutando el tiempo compartido, parece ser uno de los pilares invisibles que sostienen el proyecto.

LA BÚSQUEDA CONSTANTE

Su propia historia dentro de la banda confirma que

“HACER MÚSICA ES UNA NECESIDAD” Pablo González Sarre

En entrevista exclusiva con la Revista Cameo, el bajista de Los Claxons reflexiona sobre más de dos décadas de trayectoria, la libertad creativa, la vida en carretera y los desafíos de hacer música en una era saturada de contenido.

Texto y fotos Carlos Mora

no todo responde a planes perfectamente trazados. Llegó como músico de sesión, sin imaginar que ese encuentro sería el inicio de una relación de más de 20 años. “Fui a grabar unas maquetas y luego me invitaron a tocar en la presentación porque no tenían bajista. Después del show me dijeron ‘¿te quieres quedar?’… y me quedé. Eran unos amigos con su disco, no era lo que es ahora. Me caían bien, me gustaba la música y ya”, recuerda. Antes de eso, su camino ya estaba profundamente ligado a la música. Comenzó desde niño, pasando por el clarinete, la guitarra y finalmente el bajo, instrumento en el que encontró una voz propia. Sin embargo, más allá del instrumento, lo que ha marcado su trayectoria es una curiosidad constante que lo ha llevado a explo-

rar distintos géneros sin prejuicios.

“Me encanta todo: el jazz, el pop, el rock, el hip hop, la cumbia… no me gusta encasillarme”, dice. Esa apertura no siempre fue bien recibida en ciertos círculos musicales, donde durante años predominó la idea de especialización rígida. “Antes era como que si hacías jazz no podías tocar pop. Pero te estás perdiendo mucho si piensas así”, reflexiona.

Su experiencia con Celso Piña ilustra bien ese proceso de aprendizaje.

“La primera vez que toqué cumbia fue espantosa. No entendía nada. Pero insistí… y terminé tocando con Celso Piña y grabando con él. Así aprendes”, cuenta entre risas. La insistencia, más que la perfección, ha sido una constante en su desarrollo como músico.

Esa misma lógica se traslada a su trabajo personal, que describe no como un proyecto planeado, sino como una necesidad inevitable. “No es que diga ‘voy a hacer un disco’. Hago música porque necesito hacerla. Luego veo qué hago con eso”, explica. En ese espacio, lejos de las dinámicas de grupo, encuentra una libertad distinta, más intuitiva.

“La inspiración puede venir de cualquier lado. A veces quieres escribir sobre algo y la canción te lleva a otro lugar. A veces solo agarras el instrumento y sale algo”, dice. Para él, crear no es un acto calculado, sino una forma de estar en el mundo.

Esa visión convive con una industria que ha cambiado radicalmente. Hoy, reconoce, hacer música es más accesible que nunca, pero también más complejo en términos de visibilidad. “Es mucho más fácil sacar música. La grabas, la subes y listo. Pero hay una sobreoferta brutal”, señala.

En ese contexto, el verdadero reto no es producir, sino destacar. “Es fácil que tu música esté allá afuera… lo difícil es que alguien la escuche”, afirma. Una realidad que ha transformado incluso la forma en que los artistas lanzan su trabajo, privilegiando la inmediatez sobre los procesos largos. A lo largo de su carrera, también ha vivido encuentros que lo han marcado profundamente. Uno de los más significativos fue trabajar con Juan Gabriel. “Llegué a grabar con él y yo estaba pasando por un momento complicado. Después de dos canciones me preguntó qué me pasaba… y terminó

escuchándome más de una hora”, recuerda.

La experiencia, más allá de lo musical, fue profundamente humana. “Sacó a todo el mundo del estudio, se sentó conmigo y me escuchó. Fue como una terapia”, dice. Ese tipo de momentos han reforzado una idea que repite varias veces: antes que artistas, las personas importan.

“He trabajado con gente increíble, pero lo que más valoro es cuando también son buenas personas. Eso lo cambia todo”, asegura.

En medio de todo, la nostalgia aparece como un elemento inevitable dentro de la música. “Una canción te puede transportar como un olor… te lleva a otro momento de tu vida”, explica. Sin embargo, también reconoce la importancia de no quedarse ahí. “No puedes vivir solo de eso. También hay que crear nuevas experiencias para la gente”, añade.

Actualmente, Los Claxons atraviesan una etapa activa, con nueva música en camino y distintos formatos de presentación. “El disco se llama Condiciones de vuelo. Ya salieron algunos sencillos y vienen más antes de que salga completo”, adelanta.

Al mismo tiempo, han apostado por una gira más íntima. “Tenemos un show acústico que se llama Cantando y contando. Es más cercano, más personal. Platicamos las historias de las canciones”, explica. Una forma distinta de conectar con el público, que convive con los grandes escenarios a los que están acostumbrados.

Fuera de la música, Pablo también ha encontrado

en la fotografía otra vía de expresión. “La estudié en la universidad, la dejé y hace unos años la retomé. Viajo mucho y es otra forma de ver las cosas”, comenta. Incluso, en ocasiones, esa pasión se cuela en el escenario. “A veces dejo de tocar un momento para tomar fotos desde arriba”, dice. En un entorno donde todo parece acelerarse, donde la música se produce

y consume a una velocidad vertiginosa, Pablo González Sarre se mantiene en una lógica distinta: la de la constancia, la curiosidad y la honestidad. No hay fórmulas, no hay certezas absolutas. Solo una idea que atraviesa toda su trayectoria y que, al final, resume su manera de entender la música: “Mientras siga haciendo música, todo está bien.”

LAUREANO BRIZUELA

CUATRO DÉCADAS DE MÚSICA Y UNA BATALLA QUE NO SUELTA

El “Ángel del Rock” vuelve a los escenarios con material inédito, y reflexiona sobre una industria que dice, ha perdido profundidad.

A su vez, mantiene firme una lucha legal que atraviesa su historia.

ALaureano Brizuela no le interesa reinventarse para encajar.

Después de más de cuatro décadas de carrera, su postura es clara: permanecer desde la esencia. “No voy a cambiar mi perfil simplemente porque haya corrientes nuevas”, dice en entrevista con la Revista Cameo. “No me interesa correr hacia donde junta el sol”. Su presente combina dos caminos que avanzan en paralelo: la música y una batalla legal que sigue abierta. En lo artístico, el cantante regresa a los escenarios con nuevas canciones, revisita su repertorio y se prepara para reencontrarse con su público. “Hacían falta lugares así… donde realmente ves al artista, no a tres cuadras en una pantalla”, afirma. Para él, ese tipo de espacios recuperan la esencia del espectáculo: la cercanía. “Me encanta

porque permite que la gente vaya con su familia, como antes”.

Lejos de quedarse en la nostalgia, Brizuela apuesta por la continuidad creativa. “Estamos regrabando gran parte de los éxitos que la gente consagró y sacando material nuevo cada mes y medio”, explica. En esa dinámica aparece “Enamorándonos” y “La mitad de un corazón”, un dueto con Alex Lora que, desde su visión, rompe con lo dominante. “Acabo de sacar un blues. ¿A quién se le ocurre sacar un blues en la era del reggaetón? A los que respetamos las corrientes de las que venimos”.

Su crítica hacia la industria actual es frontal. “Muchas de las propuestas de hoy carecen de musicalidad, de corrección armónica, ni hablar de las líricas”, sostiene. Y no se queda ahí: “No son cosas que vayan a dejar algo dentro de 10 o 15 años”. Para Brizuela, el problema no es la

diversidad de géneros, sino la falta de profundidad. “Antes se discutía qué artista iba a perdurar, hoy todo es inmediato, desechable”.

En ese análisis, también incluye el impacto de la tecnología. “Tenemos toda la información en un teléfono, pero nadie la consulta”, dice. Y advierte sobre el papel de la Inteligencia Artificial: “Va a terminar siendo más coherente que nosotros, porque está alimentada con principios. Nosotros no siempre”. Su reflexión no es apocalíptica, pero sí crítica: para él, la herramienta no reemplaza la sensibilidad humana.

Por eso insiste en una forma distinta de crear.

“Uno se rompe la cabeza tratando de decir algo que no sea banal, que toque a la gente”, explica. Esa búsqueda, asegura, es la que le ha permitido sostenerse en el tiempo. “Con que le llegues con tu música a un sólo ser humano y lo enriquezcas, ya cumpliste”.

SU PASADO Y EL PROCESO LEGAL

Pero su historia no puede entenderse sin el otro frente: el legal. Un episodio que comenzó en los años 90 y que, hasta hoy, no ha encontrado cierre. “No admito que el Estado haga la vista gorda de un compromiso que no puede eludir”, afirma. Brizuela fue acusado por un caso de evasión de impuestos que, asegura, derivó de manejos irregulares de su representante legal, Raúl Velasco Jr., hijo del famoso conductor de TV. El proceso fue largo, complejo y terminó con una resolución que él subraya: “Salí absuelto, inocente, sin delito alguno”.

Sin embargo, las consecuencias fueron profundas. “Afectaron mi patrimonio, mi proyecto de vida, mi proyecto artístico”, dice. Por ello, llevó su caso a instancias internacionales, donde —explica— obtuvo resoluciones favorables. “Se determinaron violaciones a mis derechos y el Estado tiene que cumplir una ruta de reparaciones”. El conflicto, sin embargo, sigue abierto. “Llevo años esperando una propuesta coherente. No es un tema sólo económico, es un tema moral y jurídico”, sostiene. Y añade con firmeza: “Esto tiene que cerrarse, no puede quedar abierto eternamente”. Más

que una confrontación, lo plantea como una exigencia de justicia. “Tiene que servir para que no se repitan estas cosas”.

En medio de ese contexto, su vínculo con el público permanece intacto. “Yo les pertenezco”, dice. “Mis canciones ya no son mías”. Esa relación, construida a lo largo de décadas, es el eje que sostiene todo lo demás. “No somos dioses del Olimpo, somos comunicadores de emociones”, reflexiona.

México ocupa un lugar central en esa historia. “Este es mi país musical”, afirma. Aquí consolidó su carrera, aquí encontró a su audiencia y aquí sigue apostando por su presente. Por eso, cada regreso al escenario tiene un significado especial. No es sólo un concierto: es una reafirmación.

“Yo sólo quiero que me dejen seguir cantando y produciendo para mi gente”, dice. La frase, sencilla en apariencia, encierra una trayectoria entera. Una que ha resistido cambios, modas, crisis y batallas personales.

A sus más de 40 años de camino, Laureano Brizuela no busca adaptarse al ruido del momento. Prefiere sostener su propia voz. Una que, pese al paso del tiempo, insiste en lo mismo: decir algo que valga la pena quedarse.

DIEGO TORRES EN UN VIAJE EMOCIONAL

Texto y fotos Carlos Mora

Con una mezcla de nostalgia, celebración y nuevos sonidos, Diego

Torres anunció en conferencia de prensa su esperado regreso a México con el tour “Mi norte & mi sur”, una gira que lo llevará por Monterrey, Ciudad de México y Guadalajara durante el mes de mayo, y con la que promete un recorrido emocional por más de tres décadas de carrera.

“Buenas tardes, buenas noches… es un placer estar acá en México, un país muy querido”, dijo el cantante argentino al inicio del encuentro con medios, en el que expresó su entusiasmo por reencontrarse con el público mexicano tras varios años.

“Me da mucha alegría venir a Monterrey, regresar al Teatro Metropólitan en la Ciudad de México, y a Guadalajara… poder presentar este nuevo show”, agregó.

El intérprete adelantó que los conciertos estarán construidos como un viaje musical que une distintas etapas de su trayectoria, combinando temas recientes con canciones que se han convertido en parte fundamental de su repertorio. “Es un recorrido por mi historia, por canciones de estos últimos años y también por muchas otras que la gente ha hecho suyas con el tiempo”, explicó.

El concepto de la gira, “Mi norte & mi sur”, fue uno de los ejes centrales de la conferencia. Torres lo definió como una idea que trasciende lo geográfico para adentrarse en lo emocional.

“No solamente habla de los puntos cardinales, sino de los internos: ese norte y sur que todos tenemos dentro,

las subidas y bajadas del corazón, las emociones, los momentos difíciles donde también aprendemos”, señaló.

En ese sentido, el cantante reflexionó sobre los contrastes de la vida y el contexto global actual. “Vivimos en un mundo de mucho contraste, con cosas maravillosas y también momentos muy duros. La música tiene ese poder de ser un puente, de conectar a la gente y de iluminar un poco la conciencia”, afirmó.

Durante la charla, Torres destacó el papel de la música como herramienta de encuentro y transformación emocional. “Es un oficio que nos permite ser parte de la parte luminosa del mundo, acompañar a la gente en sus procesos,

El cantautor argentino regresa a México con su tour

“Mi norte & mi sur”, una gira que recorre su historia musical, ofrecerá un espectáculo que combina sus grandes éxitos con n uevas canciones por su trayectoria de más de 30 años.

en sus alegrías y también en sus pérdidas”, dijo. Para el artista, las canciones no solo acompañan, sino que pueden convertirse en refugio: “Hay canciones que te gustan y otras que te cambian la vida”.

El músico también se refirió a la libertad creativa como un elemento esencial de su trabajo. A lo largo de su carrera, ha apostado por la colaboración con distintos artistas y productores, algo que —dijo— ha enriquecido su proceso.

“Me gusta colaborar, abrir puertas, seguir siendo inquieto en el estudio. La música es muy amplia y muy rica como para encasillarla”, comentó.

En relación con la construcción del show, adelantó que el público encontrará un formato dinámico que alterna momentos energéticos con segmentos más íntimos. “Hay arreglos nuevos, momentos a banda completa y otros más acústicos, donde las canciones se sienten de una manera distinta”, explicó. En cada ciudad, dijo, el público será quien termine de darle sentido a la experiencia: “Cada quien elige con qué canción se va esa noche”.

Torres también habló sobre su relación con México, país que considera clave en su trayectoria artística. “Es un lugar donde llegué muy joven y al principio no comprendía todo, pero con el tiempo me fui enamorando de su gente, de sus paisajes, de su cultura”, expresó. Añadió que ha construido vínculos personales y profesionales que lo han acompañado a lo largo

de los años: “Es un país con una diversidad enorme, con muchísimos lugares por descubrir”.

En otro momento de la conferencia, el artista abordó el impacto de la industria musical actual y la importancia de mantenerse fiel a una visión propia. “Hoy la música cambia muy rápido, pero lo importante es seguir creando desde la honestidad, sin perder la esencia”, dijo.

También habló sobre el uso de la tecnología en la actualidad, particularmente la inteligencia artificial, a la que definió como un fenómeno que ya está transformando la industria y la vida cotidiana. “Es algo que ya está cambiando muchas cosas. Tiene un poder enorme, y hay que ser conscientes de cómo lo usamos porque puede afectar el trabajo y también la manera en la que nos informamos”, advirtió. Finalmente, el cantante se mostró agradecido por la respuesta del público a lo largo de su carrera y por la posibilidad de seguir vigente después de más de 30 años en la música. “Estoy sorprendido de todo lo que he podido vivir gracias a la música y a la gente que me ha acompañado. Con el tiempo uno se vuelve más paciente, más agradecido”, compartió.

Diego Torres se presentará el 20 de mayo en Monterrey, el 21 en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México, y el 22 en Guadalajara, en una gira que promete ser un reencuentro íntimo entre su historia musical y el público mexicano.

Entre beats, divas y euforia colectiva, el Tecate Emblema 2026 promete convertirse en la celebración más vibrante del año, donde el poder femenino y el espectáculo global se funden en dos días que ya huelen a historia.

La cuenta regresiva ha comenzado. El Autódromo Hermanos Rodríguez volverá a transformarse en el epicentro del pop internacional con una nueva edición del festival que, en pocos años, se ha consolidado como uno de los más esperados del calendario musical en México.

Pero si algo define este 2026, es su esencia: femenina, magnética y absolutamente dominante.

En el corazón del cartel brillan figuras como Cazzu, Zara Larsson y la icónica Paris Hilton, quien llegará con un DJ set que promete convertir la noche en una pasarela sonora entre nostalgia dosmilera y beats electrónicos.

Ellas no sólo encabezan: redefinen. Son la columna vertebral de un lineup que respira diversidad, fuerza y una energía que conecta con nuevas audiencias. En tiempos donde la narrativa musical evoluciona, Tecate Emblema apuesta por mujeres que no piden permiso para dominar el escenario.

Y como si fuera poco, la presencia de RuPaul eleva el festival a otro nivel: un espectáculo que no sólo se escucha, también se celebra, se performa y se vive con identidad propia.

Más de 30 artistas desfilarán por sus escenarios, fusionando pop, electróni-

EL PODER FEMENINO TOMA EL TECATE EMBLEMA CAZZU, ZARA LARSSON Y PARIS HILTON

ca y urbano en una experiencia que no entiende de etiquetas.

EL ECO DEL AÑO PASADO

Quienes estuvieron ahí lo saben: la edición anterior dejó una estela de euforia difícil de igualar. Multitudes coreando, outfits imposibles, atardeceres convertidos en postales y noches que se extendieron hasta el límite del cuerpo. Emblema no es sólo música, es una experiencia sensorial.

Ese antecedente no pesa: impulsa. Porque si algo ha sabido hacer este festival es crecer sin perder su esencia: ser un espacio donde el pop —en todas sus formas— se celebra sin prejuicios.

Este 2026 no sólo promete repetir la fórmula, sino expandirla. La inclusión de actos como Jonas Brothers, Louis Tomlinson confirma una curaduría pensada para provocar emociones masivas, pero también momentos íntimos entre artista y público.

Y en medio de ese universo, las mujeres toman el centro del relato. Desde el pop impecable de Zara Larsson hasta la intensidad urbana de Cazzu, pasando por el glamour electrónico de Paris Hilton, el festival se convierte en una declaración: el futuro del espectáculo también se escribe en femenino.

El Tecate Emblema ya no es sólo un festival: es un punto de encuentro generacional. Un espacio donde conviven la nostalgia, la tendencia y la libertad de ser quien quieras ser durante dos días.

Los boletos se pueden adquirir a través de Ticketmaster.

Hay artistas que cantan historias y hay quienes las atraviesan. Uly Boy pertenece a los segundos. A lo largo de más de una década de carrera, el veracruzano —hoy radicado en Montreal— ha construido una propuesta que no solo habla de amor, sino de todo aquello que duele, sacude y transforma.

Su nuevo lanzamiento doble, “Yo no te pido la luna / No sucederá más”, no es casualidad ni estrategia: es consecuencia. Es el resultado de un camino donde ha convertido la música en una forma de catarsis, en un refugio y, al mismo tiempo, en un altavoz para temas que pocas veces se abordan desde la sensibilidad pop.

“Siempre he sentido que la música es el lugar donde uno puede decir lo que en la vida cuesta tanto trabajo expresar. Estas canciones nacen de entender que amar también implica soltar, y que cerrar ciclos es una forma de cuidarte”, comentó en entrevista con la Revista Cameo.

Con este proyecto, el cantante hace algo más que reinterpretar un clásico. Toma “Yo no te pido la luna” —popularizada en los años 80 por Daniela Romo— y la convierte en una confesión íntima, despojada de idealismos, donde amar ya no significa pedir imposibles, sino aceptar lo que es. Del otro lado, “No sucederá más” irrumpe con firmeza: es el momento en que el corazón deja de resistir y decide no repetir aquello que lastima.

Ambas canciones funcionan como dos caras de una misma historia. Como si el artista tomara al escucha de la mano para llevarlo desde la ilusión hasta el límite emocional, y finalmente, a la determinación. Un recorrido que conecta directamente con su esencia: crear canciones que son un verdadero “apapacho al corazón”, como lo dice uno de sus temas.

Pero detrás de este lanzamiento hay algo más profundo: una

evolución que no sólo es musical, sino humana.

Hace un homenaje a sus raíces, con una nueva versión de “Amorcito corazón”, clásico de Pedro Infante, que conecta su propuesta contemporánea con la tradición.

“Hay momentos en los que uno solo necesita un apapacho, y para mí la música cumple esa función. Así nació ‘Apapacho’, en un tiempo donde el mundo estaba detenido, pero también hay canciones para dedicarle a quien amas, a la familia, a la vida misma. Yo tuve que salir de mi país para perseguir este sueño, y en ese camino entendí que cada canción puede ser un abrazo para alguien más”, agregó el cantante.

ULY BOY TRANSFORMA LA HERIDA EN CANCIÓN

Lanza el sencillo “Yo no te pido la luna / No sucederá más”. Entre la nostalgia y la ruptura, el cantante veracruzano reimagina el amor como un viaje emocional que va del anhelo a la decisión, en un lanzamiento que también refleja su crecimiento personal y artístico.

El sonido que acompaña esta nueva etapa también refleja esa dualidad: sintetizadores con tintes ochenteros conviven con una producción actual, logrando una atmósfera que se siente nostálgica, pero vigente. Su voz —cargada de matices emocionales— se convierte en el hilo conductor de esta historia dividida en dos actos.

El proyecto se completa con un video grabado en Montreal, donde la estética cinematográfica refuerza la narrativa: imágenes que dialogan con la memoria, con lo que fue y con lo que ya no será.

Este lanzamiento llega, además, en un momento clave para él. Tras ser nominado en los Latin Awards Canadá por su tema “Cappuccino”, el artista continúa consolidando su lugar dentro de una escena que reconoce su autenticidad.

Y mientras su música sigue cruzando fronteras, su vida también lo hace. En paralelo a su carrera artística, ha forjado un camino como emprendedor, llevando el sabor del pan mexicano a Canadá, en un gesto que habla de identidad, raíces y orgullo por su origen.

En los próximos meses, Uly Boy continuará con presentaciones en distintos escenarios de Canadá y México, reafirmando una carrera que no deja de evolucionar y que sigue encontrando nuevas formas de conectar.

SIERRA GORDA GUANAJUATENSE: TERRITORIO MÍSTICO

Por Vanessa Maldonado

Fotos Milliet González

¿Sabías que en el noreste de Guanajuato existe un portal hacia un México secreto, en donde los bosques de niebla se funden con el desierto y el tiempo parece haberse detenido en 1580?

Bienvenido a la Sierra Gorda guanajuatense, un santuario de biodiversidad, fe y cultura que espera ser descubierto por el viajero que busca algo más que lo convencional. Aquí, el mapa se dibuja con iglesias de cantera, ecos de huapango y una naturaleza que respira con fuerza propia.

VICTORIA: DONDE EL TIEMPO SE CONGELA

Nuestra travesía comienza en Victoria, un municipio de lucha y resistencia. Originalmente llamado "Xichú de Indios", cambió su nombre en 1849 tras una rebelión, rindiendo homenaje a la resiliencia de sus 21 mil habitantes. Aquí, la conexión

es total: a solo una hora de Querétaro o San Miguel de Allende, uno entra en una dimensión distinta donde el magisterio y la identidad indígena pame y chichimeca sostienen la economía y el orgullo local.

La Ruta de las Iglesias es, sin duda, la columna vertebral de la fe en la región. Victoria integra cinco templos fundamentales que son monumentos a la historia. El corazón es el Convento de San Juan Bautista, cuya fachada de cantera rosada, concluida en 1720, es una obra maestra del sincretismo. Si observas con atención las columnas estriadas, verás figuras de indígenas conviviendo con vides y aves fénix, un testimonio de cómo los pueblos originarios se apropiaron de la religión católica. La torre neoclásica del siglo XIX y su archivo parroquial, con documentos que datan de 1590, son tesoros que han sobrevivido a guerras y rebeliones.

Pero la fe también tiene rincones de leyenda, como la Misión de la Purísima Concepción de Arnedo, la última fundada en la Nueva España en 1808. Su construcción quedó trunca por la Guerra de Independencia, y hoy guarda el misterio de la "Virgen quemada" que, dicen, abre los ojos con cada milagro. No puedes irte sin visitar la Capilla de la Virgen de los Remedios en Cerro Grande, levantada en el lugar exacto donde, en 1837, la imagen se apareció milagrosamente en el fondo de un maguey lleno de aguamiel mientras José Apolonio de Jesús realizaba su faena diaria.

Para los amantes del aire libre, la Presa Misión de Arnedo ofrece un espejo de agua de 6 millones de metros cúbicos. Construida entre 1973 y 1976, es hoy un proyecto de reactivación turística que invita a paseos en lancha los fines de semana.

ATARJEA Y EL MISTICISMO DE LAS MÁSCARAS

Siguiendo el cauce de la aventura llegamos a Atarjea, que significa "abrevadero de animales". Es un pueblo de apenas 5 mil habitantes, pero con un corazón gigante y una devoción inquebrantable.

Aquí la tradición se lleva en el rostro: los Robenos participan en la danza con máscaras artesanales de madera de mocoque, algunas con más de 100 años de antigüedad.

La música aquí es ley y refugio. El Huapango Huasteco resuena en cada esquina, y cada 22 de noviembre, en la fiesta de Santa Cecilia, los grupos locales se enfrentan en concursos de destreza y sentimiento.

XICHÚ: EL CORAZÓN LATIENDO AL RITMO

DEL HUAPANGO

Xichú es el epicentro del Huapango Arribeño, un duelo de poetas y músicos que improvisan versos durante horas en una danza de palabras y violines. Cada 15 de septiembre, el jardín principal se convierte en un campo de batalla lírica donde el maestro Guillermo Velázquez ha dejado una huella imborrable. Es una experiencia que te eriza la piel, viendo cómo dos gru-

pos de cuatro integrantes se enfrentan con versos que nacen en el momento. Pero Xichú es, ante todo, Naturaleza en estado puro. El 97% del municipio forma parte de la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda de Guanajuato. Son 236,882 hectáreas de área protegida donde habitan el jaguar, el oso negro, el águila real y el ajolote serrano, una joya endémica que crece en los arroyos de la zona. Es un paraíso para el senderismo, con rutas que conectan el Platanal con Ojo de Agua o la subida al cerro de Cristo Rey y la Peña del Cuervo. El lugar imperdible es Charco Azul. Aquí, un grupo de mujeres emprendedoras ha creado un proyecto sustentable de 18 años. Tras años de capacitación, hoy ofrecen delicias naturales: licores de manzana y cereza, jugo de pera sin conservadores y los famosos "xichulitos". Su cocina de humo es un viaje sensorial donde el maíz, el frijol y la calabaza provienen de sus propias huertas, servidos con el calor de la hospitalidad .

UN COMPROMISO CON EL MÉXICO MÁS REAL

La Reserva de la Biosfera Sierra Gorda de Guanajuato (RBSGG) es el corazón verde del estado; abarca 236,882 hectáreas en Xic-

hú, Atarjea, Santa Catarina, Victoria y San Luis de la Paz. Este santuario, que representa el 8.92% del territorio estatal, resguarda una biodiversidad impresionante de 2,894 especies silvestres, incluyendo tesoros en peligro como el jaguar, el oso negro y el águila real.

Caminar por sus senderos entre cactáceas de tres metros es respirar el aire más puro de la entidad, mientras se descubre el hogar del ajolote serrano y la guacamaya verde, especies protegidas que nos recuerdan nuestra responsabilidad con la tierra.

Cada rincón, desde los portales del Jardín Zaragoza en Victoria hasta las terrazas de Charco Azul, nos habla de una identidad que se niega a morir. Aquí, la gastronomía es honesta — con tortillas de maíz criollo y dulces de durazno— y la historia se vive en callejones del siglo XIX que hoy invitan al romance. La Sierra Gorda no es solo un destino; es vibrar al ritmo del huapango y encontrarse, en esencia, con el México más generoso y auténtico.

¿Conocías estos rincones mágicos de Guanajuato, en donde la historia se grabó en piedra hace milenios?

La Sierra Gorda te está llamando. ¡Atrévete a descubrirla!

Hay espectáculos que no sólo se miran, se heredan. La lucha libre mexicana pertenece a esa estirpe: una liturgia de máscaras, cuerpos al límite y emociones que atraviesan generaciones. Hoy, ese universo encuentra una nueva forma de permanencia en Leyendas de la Lucha Libre, una colección editorial que no se limita a contar combates, sino que reconstruye el pulso de una tradición que se resiste al olvido.

No es casualidad que este proyecto nazca desde la memoria. Durante décadas, muchos de los enfrentamientos más decisivos del ring no fueron registrados en video. Quedaron atrapados en relatos orales, en fotografías dispersas, en el recuerdo de quienes estuvieron ahí. Esta colección viene a llenar ese vacío: a ordenar, narrar y devolverle cuerpo a esas historias que definieron el rumbo de la lucha libre en México.

“Para nosotros es un orgullo hacer este sueño hecho realidad”, dice Adolfo Rodríguez, con una mezcla de satisfacción y responsabilidad. “‘Leyendas de la Lucha Libre’ combina nuestra experiencia en contenidos de alta calidad con el vibrante legado del cuadrilátero. Está pensada para cautivar tanto al coleccionista experto como a las nuevas generaciones”, añade, dejando claro que no se trata sólo de mirar atrás, sino de proyectar el legado hacia el futuro.

Detrás de la curaduría está Christian Cymet, quien se enfrentó a un rompecabezas histórico. “Se seleccionaron 60 luchas de diferentes décadas. En los años 50 hay muchas luchas que tuvieron conflictos o bloqueos y, a través de estas páginas, se conocerán detalles de lo que ocurrió. Fue muy complicado conseguir imágenes”, explica. Su trabajo no sólo consistió en reunir material, sino en darle contexto, narrativa y sentido a cada episodio.

El resultado es una travesía que cruza épocas y nombres que ya son leyenda: de El Santo a Black Shadow, de Atlantis a Villano III, pasando por duelos que aún estremecen la memoria colectiva como Rayo de Jalisco Jr. frente a Cien Caras. Cada combate es más que un resultado: es un relato de identidad, de riesgo y de pertenencia.

LAS BATALLAS QUE HICIERON ETERNA A LA LUCHA LIBRE

"Leyendas de la Lucha Libre" convierte los duelos más icónicos del ring en un archivo vivo que preserva su mística, su historia y su lugar como patrimonio cultural que sigue seduciendo a nuevas generaciones.

Para la luchadora Marcela, esta colección toca fibras personales. “A mí me marca mucho la lucha de Cien Caras con el Rayo de Jalisco y es hermoso que quede plasmado para la historia de la lucha libre”, comparte. Su voz también se vuelve colectiva cuando agrega: “Muy agradecida a todo el público y a la afición por las pioneras de luchadoras, porque les damos paso a las nuevas generaciones”.

En ese cruce entre pasado y presente, Atlantis aparece como una figura que encarna la permanencia. “El amor a la lucha libre es incansable. Es fácil llegar, pero mantenerse 43 años en el top no es nada fácil”, dice. Y en esa frase hay disciplina, pero también devoción: “Yo entreno de lunes a sábado todos los días y tengo nueve máscaras de las más importantes”.

Sin embargo, lo que revela el corazón de este espectáculo es el significado de la apuesta. “La

lucha más importante del ring es una pelea máscara contra máscara. Es una parte de uno y perder la máscara es una rayita más al tigre”, explica. Y cuando habla del proyecto, su tono cambia hacia algo más íntimo: “Compartir la historia de la lucha libre es algo verdaderamente hermoso, porque forma parte del alma y la cultura de nuestro país. Este material no sólo preserva ese legado, también acerca a las nuevas generaciones a conocer y enamorarse de este espectáculo tan querido en México y admirado en todo el mundo”.

El primer volumen, centrado en el enfrentamiento entre Místico y Black Warrior, es apenas el inicio. Lo que sigue es una colección que, más que acumular entregas, construye memoria.

Porque al final, la lucha libre no sólo vive en el ring. Vive en quien la cuenta, en quien la recuerda… y ahora, también en quien la lee.

Por Carlos Aguillón

MORELOS APUESTA POR EL CINE

Morelos dio un paso decisivo para consolidarse como uno de los principales destinos de la industria cinematográfica en México, al anunciar la creación de un fideicomiso de 80 millones de pesos destinado exclusivamente a la producción de filmaciones, en el marco del Encuentro Cinematográfico de Morelos 2026.

La gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia, afirmó que esta estrategia forma parte de una política pública integral que busca detonar el desarrollo económico del estado a través del séptimo arte, al tiempo que fortalece su posicionamiento como un territorio competitivo para producciones nacionales e internacionales.

“El impulso a la industria cinematográfica no solo tiene un valor cultural, sino también económico y social. Queremos que Morelos sea un referente en la producción audiovisual y que esto se traduzca en empleos especializados, inversión y crecimiento para nuestras comunida-

des”, señaló la mandataria durante su intervención.

El anuncio se realizó en la Ex Hacienda de Chinconcuac, en el municipio de Xochitepec, donde González Saravia destacó que el estado ya cuenta con una ventaja competitiva natural gracias a su diversidad de paisajes, infraestructura y ubicación estratégica.

“Morelos es un estado privilegiado. Tenemos clima durante todo el año, una enorme riqueza cultural e histórica, zonas arqueológicas, conventos, pueblos tradicionales, jardines, lagos y cascadas que ofrecen escenarios únicos para cualquier tipo de producción”, expresó.

La gobernadora añadió que la cercanía con la Ciudad de México representa otro factor clave, ya que facilita la logística de rodajes y la llegada de equipos técnicos, actores y productoras nacionales e internacionales.

“Estamos a muy poca distancia de la capital del país, lo que nos coloca en una posición estratégica. Esto ha permitido que

Morelos haya sido durante años un destino recurrente para filmaciones, comerciales y proyectos audiovisuales”, afirmó.

En el mismo acto, la mandataria subrayó la importancia de la reciente aprobación de la Ley de Filmaciones del estado, ya publicada en el Periódico Oficial “Tierra y Libertad”, la cual reconoce formalmente a la industria audiovisual como un sector estratégico para el desarrollo de la entidad.

“Con esta ley damos certeza jurídica a las producciones y abrimos la puerta a una nueva etapa de crecimiento ordenado. Queremos que quien venga a filmar a Morelos tenga reglas claras, acompañamiento institucional y condiciones competitivas”.

González Saravia también destacó que el fideicomiso de 80 millones de pesos permitirá financiar incentivos económicos para producciones, así como fortalecer la cadena de valor de la industria, desde servicios técnicos hasta talento local.

“Este fondo será permanente y tiene como objetivo detonar inversión, incrementar la competitividad territorial y consolidar a Morelos como un destino

confiable para la industria audiovisual”, puntualizó.

Asimismo, la gobernadora informó que el gobierno estatal trabaja en el fortalecimiento de la formación académica vinculada al cine y las artes visuales, con nuevas carreras y especialidades técnicas en instituciones locales.

“Estamos apostando por la formación de talento morelense. No solo queremos que vengan producciones de fuera, sino que también se genere una industria local sólida, con profesionales capaces de integrarse a los proyectos”, dijo.

Finalmente, González Saravia reiteró que el impulso a la industria cinematográfica forma parte de una visión más amplia de desarrollo económico y cultural para el estado.

“Morelos tiene todo para convertirse en un referente nacional e internacional del cine. Hoy estamos sentando las bases para que eso sea una realidad”, concluyó.

Con este nuevo fideicomiso y el marco legal recientemente aprobado, el gobierno de Morelos busca consolidar una política pública integral que posicione al estado como un polo de producción audiovisual competitivo a nivel nacional e internacional.

Texto y foto
Carlos Mora

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