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JosĂŠ Luis Cancino Cancino Revista catorcenal, hecha en la tierra de los cositĂ­as con la bendiciĂłn de Tata Lampo. Editor responsable: Alejandro Benito Molinari Torres


DIEZ - REVISTA DIGITAL– La revista que habla de vos.

CONTENIDO: 3.– EDITORIAL: Festejo. 4.- ZAGUÁN: Arenilla: José Luis Cancino Cancino, un hombre con tradición. 11- PATIO: Fotografías de la quincena. 19- DE DIEZ: LUCY 20.- BALCONES: Casa de Citas. Autor: Héctor Cortés Mandujano. 26.– CORREDORES: Foto del recuerdo. 28.– EL SITIO: Supermán. Cuento. Autor: Alejandro Molinari. 31.– TAPANCO: Letrero de otro siglo. 33.- ACTUALIDADES. 38.– TAPANCO 40.- DE DIEZ: LUCY

Lucy


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EDITORIAL

Festejo

Del 6 al 10 de septiembre, Comitán celebrará los 85 años de vida del escritor Oscar Bonifaz. Será una manera de decir a toda la comunidad que en este pueblo tenemos valores y sabemos reconocerlos. Reconocer a uno de los nuestros significa reconocernos como sociedad, reconocernos como un conglomerado que necesita estar unido para progresar. Artistas e intelectuales de nuestro propio pueblo analizarán la obra de Bonifaz y nos mostrarán rasgos de nuestra identidad. Todo mundo está invitado. Todos aquellos que reconocen algún valor en Oscar Bonifaz están invitados a participar y a colaborar. Este festejo sólo podrá lograrse de manera digna con la ayuda de todos.

Comitán, un pueblo de 9 estrellas y gente de 10.


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Zaguán

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Arenilla

Un hombre con tradición

José Luis Cancino Cancino recibió un reconocimiento por parte de sus compañeros de trabajo. El acto fue, en días pasados, en el Teatro “Junchavín”. Una vez le preguntaron a un actor norteamericano qué significación tenía el premio que le habían concedido y él, emocionado, dijo que era muy importante porque era un premio que concedían los propios actores a los mejores actores. Dentro de la literatura también hay premios que entregan los escritores a los escritores -el Xavier Villaurrutia, por ejemplo- y esto es un verdadero elogio. Así pues, José Luis debe sentirse muy satisfecho porque el reconocimiento fue por parte de los suyos, de los que ve a diario en el Sector Salud. Don José Luis es un hombre que se ha dado a querer. Romeo Torres Ventura, locutor fundador de la XEUI, lo tuvo como jefe y siempre se refiere a él como un jefe generoso, un “buena onda”, se diría ahora. Su trato le viene de familia. Su papá, Don Quique Cancino fue, igualmente, un hombre afable y de trato generoso. Yo recuerdo que en la casa, una fotografía siempre presidió la pared más importante. En ella estoy vestido de huichol. La foto está coloreada a mano. Mi papá me explicó que esa foto se la había regalado don Enrique, quien fue un fotógrafo de excepción. Los alumnos que estudiamos en la secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz en la década del sesenta y en la década del setenta debíamos ir al estudio de don Enrique a tomarnos la foto para el certificado. El padre Carlos no admitía fotografías de otro estudio. Y esto era así porque el padre Carlos no admitía mediocridades, sólo excelencias y la excelencia, en ese tiempo, estaba instalada en el estudio del papá de José Luis.

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Arenilla

Un hombre con tradición

Carmelita Cancino y Enrique Cancino, papás de José Luis.

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Arenilla

Un hombre con tradición

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Arenilla

Un hombre con tradición

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Arenilla

Un hombre con tradición

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Arenilla

Un hombre con tradición

José Luis labora actualmente como Coordinador de Promoción de la salud. Y sus compas dicen que se mueve como pájaro en el cielo, porque él, desde siempre, ha sido un promotor de la vida, de la responsabilidad y de esa correa difícil de amarrar que se llama Amistad. José Luis nació el 26 de febrero de 1937, en la ciudad de Comitán de Domínguez, Chiapas (que en ese tiempo no era de Domínguez, sino de las Flores). De entonces, la mayor parte de su vida la ha vivido en este pueblo. Las intermitencias fueron cuando asistió a estudiar al Seminario de San Cristóbal de Las Casas y cuando, en 1957, se trasladó a la ciudad de México para estudiar mecánica y electricidad. Sus contemporáneos lo rememoran a cada rato como una de las voces educadas de la radio, cuando laboró como gerente de la primera radio local de la ciudad, la XEUI.

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Patio

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FOTOS DE LA QUINCENA

¡Ah, qué pillín nos resultó Toño! Las mujeres están fascinadas.

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FOTOS DE LA QUINCENA

¡Sí, Toño, estamos contigo! ¡Salud! Atentamente El grupo de los compadres alegres.

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FOTOS DE LA QUINCENA

Siempre soñé con no ser plato de segunda mesa, ¡y ahora resulta que tengo que soportar a estos de dulce, de chile y de manteca! ¡Qué horror!

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FOTOS DE LA QUINCENA

La inocente de Juanita siempre contrata a Julio César porque tiene la esperanza de que el famoso “alguien más” sea Luis Miguel o Alejandro Fernández. ¡Ay, Juanita, te pasás!

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FOTOS DE LA QUINCENA

¿De veras es la ultima? Entonces esto sí es un ultimátum con timo.

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FOTOS DE LA QUINCENA

Disculpe’sté ¿puedo hablar con mi compadre Urbano a Jiuston, mientras hago pipí?

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Inscripciones Abiertas

Licenciaturas en Trabajo Social y en Periodismo. Teléfono: 01-963-6326661 e-mail: universidad@universidadmnr.com.mx Comitán, un pueblo de 9 estrellas y gente de 10.


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En la DIEZ no hacemos trasatlánticos, pero nuestros barquitos ¡nunca se hunden!

Lucy


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Balcones

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Casa de Citas

Héctor Cortés Mandujano

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La felicidad en el arte

Termino de leer Nadie me verá llorar, novela que dio merecida celebridad literaria a la escritora mexicana Cristina Rivera Garza; leo al final la ficha de muerte de Matilda Burgos, la mujer que vivió el amor lésbico, el amor con un hombre, la prostitución, la locura, la muerte en soledad; y siento la esperanza de otra vida en Joaquín Buitrago, morfinómano, fotógrafo de tristezas, su último amante. Me gustó. Todavía con el regusto de esta historia de amores condenados doy vuelta a la página en blanco previa al cierre del libro. Tiene anotaciones mías. Son frases de la cinta Memorias fugitivas (Fugitive pieces), coproducción Canadá-Grecia, escrita y dirigida por Jeremy Podeswa, anotadas al vuelo después de la función. La historia es conmovedora y aunque gravita sobre la matanza, la diáspora judía, no es melodramática ni cursi. No me lo pareció. Un niño judío es rescatado por la generosidad de un arqueólogo griego. Vio cómo mataban a su familia y ese recuerdo tan fuerte le enturbia la vida hasta que se encuentra a una mujer maravillosa. Ya es un viejo cuando la ve desnuda en su cama. Le dice, cito de memoria: ―Llegaste a mi vida varios años tarde, me da gusto verte‖. A mí, que soy glotón, esta frase me encantó: ―Una casa es como un cuerpo, su corazón es la cocina‖ y, una más, la última, se la dice su hermana muerta para darle una especie de permiso para ser feliz, que implica dar más importancia a la felicidad que al dolor: ―El mérito de la madera no es arder, sino flotar‖.

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DIEZ - REVISTA DIGITAL– La revista que habla de vos. Voland dice al maestro que sólo él puede liberarlo con una frase que cambie su tormento. El maestro dice: ―¡Libre! ¡Libre! Él te espera‖. Y eso logra el milagro. La literatura, pues, según Dios y el Diablo, en la novela de Bulgákov, transforma, libera, cambia el destino del mundo.

El maestro y Margarita es la gran novela de Mijail Bulgákov publicada, por la ceguera de su tiempo, cuando éste ya no pudo verla impresa. Murió en 1940 y el libro fabuloso se publicó en 1966. Imposible resumirla. Para lo que quiero contar basta con la simplificación de una de sus tramas. El diablo — Voland— y una pequeña comitiva visitan Moscú. Entre otros, y por complacer a Margarita, conocen al maestro; éste ha publicado una novela sobre Poncio Pilatos. La crítica lo ha hecho pedazos y él ha decidido retirarse de la literatura. El deseo de Margarita, mujer casada que abandona a su marido, después de acompañar a Volant a su baile satánico, es vivir para siempre con el maestro. Los hacen morir y los llevan hasta un lugar del cielo donde hallan a Pilatos sufriendo una eterna culpa por no haber salvado a Jesús (Joshúa en la novela). Voland y Jesús la han leído y ella, la ficción inventada por el maestro, ha puesto a Pilatos en el lugar donde está.

La película Expiación, deseo y pecado (basada en la novela de Ian McEwan) aborda más o menos la misma temática. En ella Robbie (James McAvoy) es acusado y encarcelado injustamente por una violación que no cometió. Su acusadora es una niña de once años, enamorada de él y emponzoñada por los celos: le ha visto haciéndole el amor a su hermana Cecilia (Keira Knightley). Robbie y Cecilia con el paso de los años se convierten en soldado y enfermera; se buscan para vivir juntos y derrotar con su amor las consecuencias que la maldad infantil trajo a sus vidas. La niña crece atenazada por los remordimientos y consagra esfuerzos vanos en la búsqueda del perdón. Cuando ya es una anciana publica una novela (ya ha publicado una veintena antes), que se llama Expiación, donde cuenta cómo, pese a su mentira, su hermana y su cuñado lograron consumar su amor, vivir juntos. En una entrevista de televisión, sin embargo, confiesa que eso nunca ocurrió: Robbie y Cecilia murieron jóvenes, por desgracias distintas, sin poder volver a verse. La cinta mezcla con sabiduría escenas de la realidad y de la novela, con puntos de vista que no siempre coinciden. Hemos visto cómo ellos se encuentran y luego, cuando la novelista confiesa la verdad, cómo murieron sin encontrarse. ―Y por eso —dice la novelista, cito de memoria— quise cambiar su destino; como expiación a mi mentira hice que en mi novela fueran felices‖.

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Algo así ocurrió con mi novela Mar en movimiento. En ella inventé a un gato, José Cariñito, que me serviría en la trama para un acto específico. El asunto es que se me fue haciendo simpático y ganando páginas, notoriedad. Me di cuenta que el micho podía echarlo todo a perder y decidí matarlo. Justo la noche en que subí a mi biblioteca (vivía en Tuxtla) para su exterminio, más o menos de madrugada, por la puerta abierta entró un gato real: flaco, con pocos pelos y un maullido tembloroso que me asustó. Me levanté para echarlo y en ese momento me di cuenta que yo había inventado con simpatía a un gato y que iba a tratar mal a uno que tenía una existencia verdadera (y miserable, por lo que podía notarse). Me puse en cuclillas y, en homenaje a mi mamá que usualmente conversaba hasta con las gallinas, le hablé: —No te subas a mi sillón, porque vas a mancharlo; quédate aquí donde estás, échate. El minino me vio con su rostro famélico y luego de dos maullidos asmáticos hizo lo que le pedí. Un par de horas después salió arrastrando su lastimosa anatomía. Al día siguiente, en el desayuno, le platicaba lo anterior a mi mujer y a mi hija; como si lo hubiera invocado, el gato apareció. Mi hija dio un grito al verlo y como se dirigiera a ella, se puso de pie sobre la silla. El gato saltó allí, precisamente, y mi hija, casi en un ataque de pánico —era una niña—, rodeó la mesa y fue a refugiarse en mis brazos. El felino se acomodó y al parecer, según dijo mi mujer que lo espió por debajo del mantel, se quedó dormido. Terminamos de desayunar. Fui a cepillarme, arreglé mis cosas, di un beso a mis amores y cuando estaba abriendo la puerta de la calle para ir al trabajo, mi mujer me alcanzó y me dijo en un tono de extrañamiento: —El gato está muerto. Regresé con ella y la ayudé, creo, a poner en una bolsa el cadáver del extraño animal que decidió, sin aspavientos, ir a morirse en una de las sillas de nuestro comedor. Su muerte silenciosa me dio vueltas en la cabeza todo el día y en la noche, cuando subí de nuevo a escribir mi novela, en honor al gatito anónimo que llegó con nosotros para compartir sus últimos momentos hice que José Cariñito, el micho de mi ficción, no sólo no muriera, sino que viviera feliz en casa de una familia que lo quería. *** Aunque no todos los gordos son simpáticos ni todos los jóvenes audaces ni todos los viejos sabios, Marcel Proust en el volumen seis (La fugitiva) de su monumental En busca del tiempo perdido (Alianza Editorial, 1998:150) dice: “A partir de cierta edad, nuestros recuerdos están tan enmarañados unos con otros que las cosas que pensamos, el libro que leemos ya no tiene importancia. Hemos puesto algo de nosotros mismos en todo, todo es fecundo, todo es peligroso, y podemos hacer en un anuncio de un jabón descubrimientos tan valiosos como en los Pensamientos de Pascal.” Contactos: hectorcortesm@hotmail.com

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Corredores

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FOTO DEL RECUERDO

En el Festival Internacional Rosario Castellanos - Abril 2010 Gustavo Ruiz Pascacio, Marvey Altuzar, Alejandro Molinari y Angélica Altuzar Constantino.

Fotografía del artista Raúl Ortega. Cortesía del Centro Cultural Rosario Castellanos.

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El sitio

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Supermán

Cuento, de Alejandro Molinari Comitán, un pueblo de 9 estrellas y gente de 10.


DIEZ - REVISTA DIGITAL– La revista que habla de vos. —Si te sigues portando bien, vendrá el viejito de la nochebuena —con esto me chantajeaba mi mamá cada vez que le preguntaba si Santa Claus me traería la máscara y capa del Santo que había pedido. En la madrugada del veinticinco oí ruidos en la sala. Me levanté y abrí la puerta. Por una rendija miré que mi papá envolvía los regalos. Vi la capa y la máscara sobre el sillón. ¡El viejito había cumplido mi deseo!

Superman vivía enfrente de mi casa. Mi mamá y yo habíamos hecho un trato: ella me dejaba mirar la calle, siempre y cuando la acompañara en sus rezos. En cuanto decíamos ―amén‖ yo iba al balcón a mirar a Superman, éste salía cuatro veces al día, lo hacía cogido de la mano de su mamá. Doña Luchita entregaba pan para torta en la fonda de la esquina. Él caminaba sacando el pecho, para que la ―S‖ se viera más, mientras la capa se movía al ritmo del viento. Doña Luchita tenía la costumbre de poner una cadena con dos candados en la puerta.

Me vi al espejo. ¡Nadie podría adivinar que yo estaba debajo de esa máscara plateada! ¡Ah, qué envidia sentiría Superman cuando me viera! Él no tenía máscara. Ese día mi mamá salió varias veces a la calle. La acompañé en todas sus salidas. Don Eutiquio me saludó desde su sillón de peluquero: ―Adiós, campeón‖. Pero no me vio quien más me interesaba. En la última salida regresé pateando un bote, ¡qué descrédito para todo un campeón de la lucha libre! —Se accidentó Jaimito —dijo mi papá, a la hora del desayuno. Jaimito era ¡Superman! Llenamos una canasta de mimbre con dulces, mi mamá tomó su bolsa negra y yo me puse la máscara y la capa y fuimos a casa de Jaimito. —Ay, Merceditas, una tragedia — dijo doña Luchita mientras se limpiaba las lágrimas con una punta del rebozo—. Yo le dije a Gonzalo que no lo dejara salir, pero este muchachito estaba como loco con la bicicleta que le dejó el viejito. No acababa de salir cuando vino doña

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DIEZ - REVISTA DIGITAL– La revista que habla de vos. Lupe a decirme que mi niño estaba tirado a media calle. Ay, Merceditas, salí como loca, la capa de ese traje estúpido se le atoró en una llanta, y luego pasó el camión, y bendito Dios que no lo apachurró, pero mire usted cómo quedó. Llegamos al final del corredor y doña Luchita abrió la puerta del cuarto y entramos. El cuarto olía a medicina y a ruda con alcohol. Jaimito tenía los brazos enyesados, y una venda de color blanco en la cabeza. Mi mamá dejó la canasta sobre el buró, a Jaimito le acarició la cabeza. Yo me senté en una silla que estaba junto a la cama. Las ventanas de madera del cuarto estaban cerradas y la única luz era la de la lámpara del buró. —¿Qué te pasó? —le pregunté a Jaimito. Movió su cabeza con dificultad, llevó las manos a la garganta y dijo: —Lex Luthor me agarró a traición, Santo, me atacó un comando de cobardes. Acerqué mi silla, me había dicho ¡Santo! Lo único que se me ocurrió fue tomar un dulce de la canasta y ofrecérselo. Movió la cabeza apenas y yo hice lo que me demandaba: acercarme más. —No, Santo, esos dulces tienen kriptonita. Ah, me siento débil. Debes tirarlos en la taza del baño. ¡Pronto! Cogí la canasta, la oculté debajo de mi capa, y pedí permiso para ir al baño. Dos veces le jalé a la taza. Me hinqué y metí la cabeza para comprobar que no quedaba ningún vestigio de kriptonita. —¡Misión cumplida, Superman! —le dije al oído cuando regresé al cuarto. Mi mamá se levantó y se despidió. —Ay, qué bueno —dijo mi mamá—, mire Luchita, Jaimito ya se acabó todos los dulces. Superman cerró un ojo y yo levanté mi pulgar derecho. A partir de ese día llevé un registro en mi cuaderno. Anoté las misiones que juntos emprenderíamos. Las momias, zombis y marcianos acechaban al mundo, pero Superman y yo los acabaríamos.

Un día lo vi salir con su mamá. ¡Por fin! Ambos cargaban canastas para la entrega. ¡Estaba recuperado! Abrí la puerta del balcón y le grité: —¡Superman! —y levanté el pulgar derecho. Él se volvió para ver quién le gritaba, cuando me vio me ignoró y siguió caminando. Yo apreté los barrotes con coraje. —¡Pero qué tonto! —me dije. Había saludado a Superman sin mi traje de Santo. Por eso no me había saludado. Fui al ropero y saqué la capa y la máscara y me las puse. —¡Superman! —grité a su regreso. Saqué mi brazo por en medio de los barrotes, levanté el pulgar derecho y sonreí. El muy mula volvió a ignorarme. Sentí como retortijones en mi panza y mis mejillas parecieron arder. ¡Eso no se quedaría así! Pensé vengarme. Sí, le aventaría kriptonita. Al otro día, muy temprano, me aposté en el balcón y esperé. La puerta se abrió y salió en compañía de su mamá, mientras ésta echaba candado, Jaime sostuvo la canasta llena de panes. Me repegué a los barrotes y a ambos los vi doblar la esquina. En un paliacate metí varios dulces, le hice dos nudos al pañuelo y corrí hacia la calle. Desde mi banqueta medí el balcón y lancé el pañuelo, con tan buen tino que pasó por en medio de los barrotes. Seguro que había caído sobre el piso de madera, a mitad de la sala de su casa. No supe a qué hora regresaron porque mi mamá me llamó a rezar y luego sirvió la cena.


DIEZ - REVISTA DIGITAL– La revista que habla de vos. Mi papá trabajaba en la Cruz Roja, en el turno de la noche, por eso aprovechaba el desayuno para ponernos al tanto de los sucesos. —Jaimito volvió a accidentarse. El piso pareció hundirse. Apoyé mis manos sobre la mesa y dejé que algo como una culebra fría se paseara por mi cuerpo. —¿Y ahora qué le pasó a ese chico? —preguntó mi mamá, desde la cocina. —Se volvió a caer de la bicicleta, menos mal que fue en el patio de su casa. Anoche le pusimos varios puntos en la cabeza. —Ay, debieran quitarle la bicicleta a ese niño —dijo mi mamá apareciendo con la jarra de la leche—. ¡Uno de estos días se va a matar! —Ni te preocupes, don Gonzalo la vendió anoche mismo. —¡Fue la kriptonita! —grité. —¿Qué dices? —preguntó mi mamá. Al otro día lo vi salir con un vendaje alrededor de la cabeza. Mi mamá me contó que el papá había vendido la bicicleta y su mamá había quemado el traje. En un acto de solidaria prevención mi mamá requisó para siempre mi capa y mi máscara de Santo, el enmascarado de plata. Una tarde tocaron a la puerta, abrí, era Jaime. Junto con sus papás se iba a vivir a otra ciudad. —Estoy vendiendo mi colección de revistas de Superman, ¿no la quieres? —¿A cómo? —Dame cien, y te regalo este llavero del Santo. —¡Está padre! ¿Dónde lo conseguiste? Y entonces rió. Tomó el cuello de su camisa con ambas manos y las hizo hacia adelante. —No me lo vas a creer. Una vez que estaba yo enfermo llegó el mismo Santo a mi casa y estuvo platicando conmigo, así bien cerquita, como estamos tú y yo. Le creí, vaya que le creí. Le di dos billetes y él me dio las revistas y el llavero, me hizo un guiño y yo alcé mi pulgar derecho. Puso los brazos hacia adelante en forma de flecha y se echó a volar. Alcé la vista y le grité: —¡Buen viaje, Superman! Pero él no me escuchó, ya volaba por encima de los techos de las casas de Comitán.


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Actualidades

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SOLILOQUIO

Ángel David Medina Avendaño, Director del Grupo Artístico Equinoccio de Invierno, presentó el soliloquio: “Segundo concierto para una sola voz”. La presentación fue en el teatro de la Casa de la Cultura. El grupo tiene más de tres años de vida activa. Se fundó con la idea de incentivar el quehacer teatral en el pueblo.

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Marisa Trejo, poeta chiapaneca, presenta el libro: Páramo de espejos (vida y obra de José Gorostiza - Ensayos), editado por el gobierno del estado de Tabasco, 2010. En un acto de la Asociación Prometeo de poesía, la poeta participa en la Sala Trovador, en Madrid, España, el viernes 25 de junio, a las siete de la noche. El libro contiene ensayos literarios de Marisa y de los poetas tabasqueños: Ciprián Cabrera Jasso y Francisco Magaña.

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José Antonio Aguilar Meza, virtual ganador de la presidencia municipal de Comitán, se reunió con vecinos del barrio de Guadalupe para exponer su plan de trabajo que se basa en cuatro ejes: seguridad, educación, deporte y salud. El presidente del barrio, Lic. Francisco Gamboa Lara, convocó a vecinos para exponer sus demandas.

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CRÓNICAS DE ADOBE

Participaron: Rosa Hortensia Aguilar Trujillo y Karina del Rosario Alfaro Àlvarez. Rosy trató el tema: La fiesta en honor a San Fermín, patrono de La Independencia, Chiapas., y Karina trató el tema: Melesio Alfaro, un barrilero comiteco. En la foto aparecen: Karina, Alejandra Laguna (conductora de Radio IMER, Rosy y Enrique Guzmán Monzón, productor del programa.

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Tapanco

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Subimos al tapanco y hallamos esta fotografía de los años setentas. En ella Rosita Cancino Guillén recibe un reconocimiento de manos del Ingeniero Abelardo Cristiani Rovelo –presidente municipal de Comitán. También aparece el Profesor Romeo Poumián Gallegos.

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¡No te crucés de brazos! Caminá con nosotros en la línea del 29.

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REVISTA DIEZ, NÚMERO 28  

La actualidad de la ciudad de Comitán de Domínguez, Chiapas.

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