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#4

MONOCROMO

SEPTIEMBRE, 2019 ISSN:2665-1998 edición trimestral MEDELLÍN, COLOMBIA distribución gratuita

Un río llamado

historias:

federico ríos


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MONOCROMO

Encuentra mรกs contenido en

www. monocromo.co


04 casa de familia 104 andrés montoya arango

06 Las imágenes en palabras luisa córdoba

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índice 10

Un río llamado

historias:

federico ríos

aproximación al retrato

Investigación en Ambrotipo y Ferrotipo

carlos felipe ramírez mesa

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MONOCROMO

fotografía con

poder emergente

18 Memorias de

mi primer amor Carlos córdoba

carlos córdoba

20 Hoja de estudio

Director y editor Carlos Córdoba - carloscordobafoto@gmail.com Participantes en esta edición Luisa Córdoba Quintero, Andrés Montoya Arango, Carlos Felipe Ramírez Mesa, Carlos Córdoba Corrector de estilo Luisa Córdoba Quintero Diseño gráfico y maquetación Carlos Córdoba Impresión Walter Naranjo, Juan Carlos Gómez Fotografía de portada Carlos Córdoba Las fotografías, textos y opiniones aquí publicadas son responsabilidad moral y legal de cada uno de los autores. © A los autores de las fotografías © A los autores de los textos MONOCROMO © Todos los derechos reservados Prohibida su reproducción total o parcial. Edición # 4 - Septiembre - 2019 - Medellín, Colombia. ISSN:2665-1998 200 Ejemplares - Distribución gratuita

www.monocromo.co - revista.monocromo@gmail.com - instagram: revista.monocromo


editorial # 4

La fotografía se aprende no solo al practicarse o al nutrirse visualmente del trabajo de otros. Para mí, la fotografía, también se aprende y se entiende a partir de la formulación de preguntas que vienen con el día a día; éstas, por ejemplo, han estado rondando en mi cabeza en las últimas semanas: ¿Una fotografía es pasado, presente o futuro?, ¿En cuál de ellos pienso al momento de fotografiar? Es claro que para la creación de una fotografía estamos situados en el presente, bajo unas circunstancias específicas, y que, al presionar el disparador de nuestra cámara, generamos un documento que se lee como un acto del pasado. Hasta ahí, pareciera, que llega el ejercicio fotográfico para muchos de nosotros puesto que nunca nos cuestionamos sobre lo que pasará con esas imágenes: ¿Por qué no nos preguntamos por el futuro e importancia de nuestras fotografías? Al hacer fotos tenemos en nuestras manos un instrumento que, por encima de cualquier otro, tiene la capacidad de crear un patrimonio visual que puede ser de interés netamente personal o el artífice de fotografías que se convertirán en un legado para la humanidad. Entonces, entendiendo la fotografía como un ejercicio importante para el futuro –propio o compartido-, no podemos permitir que nuestra obra esté infestada de imágenes sin valor alguno o es que ¿a alguien le gusta guardar basura? Hacerme esas preguntas me ha hecho entender que todos como fotógrafos deberíamos saber, antes de fotografiar, cuál es la intención y el destino que tendrán nuestras fotos: ¿Un libro?, ¿Una exposición?, ¿Son recuerdos familiares?, ¿Es un acontecimiento histórico?, ¿Las hago solo por placer?, ¿Las tomo para un cliente?, ¿Hacen parte de un proyecto? Así, seguramente, no solo tendremos nuestro archivo mejor organizado si no que la calidad de nuestro trabajo aumentaría, ya que, además de ser consientes sobre lo que nos gusta fotografiar y por qué, evitamos la dispersión, la falta de un norte fotográfico, al lograr distinguir entre las fotografías que son anécdota y las que son obra.

los tiempos de la

fotografía ¿Cuál es la finalidad de nuestras fotos? Texto y fotografía: Carlos Córdoba

Un ejemplo sobre la importancia de la rigurosidad al momento de filtrar lo que tomamos, o lo que mostramos, radica en el hecho que a muchos nos ocurre al momento de ver una fotografía sin tener un texto que indique el autor. A pesar de no tener información sobre su procedencia, intuimos de quién se trata, porque algo en ella se nos hace familiar. Esto, además de ser una muestra de la cultura visual que hemos adquirido, indica, también, que el fotógrafo ha desarrollado un estilo reconocible para los demás. Diferenciarse por un estilo fotográfico particular, no solo requiere tiempo y trabajo, sino coherencia. Por eso, se me ocurre preguntar: ¿Qué tan coherente es tu portafolio respecto al fotógrafo que dices ser?


El hombre siempre se ha refugiado bajo un techo para protegerse del exterior. Yo encuentro protección en un sitio que me hace sentir a salvo de una bestia que siempre está observando por la ventana.

proyecto personal

Casa de familia 104

El lugar que me ampara es mi familia y el espacio físico que ocupo con ellos: mi casa. En ocasiones, pienso que si este lugar fuera demolido, todos correríamos a buscar refugio en otros sitios, como pequeñas hormigas huérfanas, desorientadas. Vivo en la misma casa desde hace muchos años, a ella se le empieza a notar el deterioro, al igual que a mí. En su interior, tengo una guarida desordenada, empolvada y nostálgica, en la cual se escriben los pasos de la involución, de inocente creador de historias, a ermitaño de callejones pestilentes. Aún así, es mi hogar y siempre llego a él para obtener un poco de calma, observando el mismo techo que atrapa mis pensamientos.

Texto y fotografías: Andrés Montoya Arango www.dresmon.co dresmonfotografia@gmail.com Instagram: dresmonpersonal

Me gustaría saber quiénes somos sin las personas, sin los lugares, sin el tiempo, sin las ideas, solo memorias de una insospechada complejidad que se desvanece.

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las imágenes claves para la escritura de textos

pictograma y es que existe una diada entre la imagen y la palabra. Esta idea viene tomando cada vez más fuerza en nuestros tiempos; no creo que les resulten ajenas frases como “Redacta los textos que acompañarán las fotografías”, “Describe el proyecto en tres párrafos”, “Incluye una breve descripción de tu serie”.

opinión Texto: Luisa Córdoba Quintero Comunicadora social Correctora de estilo contacto.linearoja@gmail.com Instagram: la.linearoja

Y a la hora de escribir, ¿qué? Cuando de escribir se trata cada persona tiene su estilo y no es posible imponer un modo particular de hacerlo porque las ideas y las maneras en las cuales las expresamos son tan únicas como nosotros mismos.

Cuando nos acercamos a la historia del surgimiento de la escritura encontramos que los expertos proponen más de un origen. Hay quienes atribuyen el hito a las culturas de los sumerios, los indios, los mayas, los egipcios, los chinos, algunos aseguran, también, que el hombre primitivo escribía valiéndose del arte rupestre o de la pictografía.

Aunque como ya he dicho no es posible establecer reglas universales, sí podemos seguir unos parámetros que van a hacer menos difícil ese momento de enfrentarnos a una hoja en blanco. En esta edición de Monocromo, quiero empezar las claves para la escritura de textos sobre series o proyectos fotográficos, hablando de los tipos de escritos, pero insisto, no hay un único modo de hacerlo y el propósito de escribir siempre será, además de hacerlo bien, disfrutarlo.

Un pictograma, en términos muy básicos, era un dibujo sobre piedra utilizando pigmentos naturales, por ejemplo, sangre de animales o carbón. A mi modo de ver, la expresión pictograma es bellísima por su significado, ya que nos habla de lo que está “pintado”, pero también de lo que está “escrito”.

Hay un poco más de 10 tipos de textos que pueden responder a distintas finalidades, pero muchas veces la elección del tipo no es un ejercicio consciente pues para algunas personas basta con sentarse frente a la pantalla o con papel y lápiz en mano, y empezar a escribir.

En la escritura, también, se registraron progresos con el paso de los años a medida que las necesidades comunicativas del hombre se ampliaron: se inventó la imprenta moderna y así una serie de herramientas para que podamos expresarnos con mayor facilidad.

Pues bien, a mi modo de ver, para los fotógrafos puede ser útil pensar en escribir textos narrativos, descriptivos, expositivos, argumentativos, periodísticos o literarios. En esta primera entrega me enfocaré en uno: el narrativo.

Sin embargo, debo decir, que para mí la historia nos transmite un mensaje muy claro mediante el

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en palabras sobre series o proyectos fotográficos El texto narrativo Es un relato de historias que pueden ser reales o no, en ellas intervienen necesariamente unos personajes que viven acontecimientos en un espacio, pero también en un tiempo determinado. Las principales características de un texto narrativo son: •Es un escrito donde hay acción. •Tiene una introducción, que pone en contexto la historia. •Tiene un nudo, en el cual, la historia empieza a desarrollarse. •Tiene un desenlace, es decir, un apartado que cuenta el final de la historia y que deja una moraleja. •Puede escribirse en primera o en tercera persona (yo/ellos/nosotros). •Se redacta en pasado. •Cuando la narración les da la palabra a los personajes, las frases se escriben en presente, por ejemplo: ¡Yo quiero superar esta enfermedad!, dijo la niña. •Utiliza conectores de tiempo y de secuencia, como “luego”, “antes”, “después”, “por último”, “al otro día”, “mientras tanto”, “en algún momento”, etc. •Puede utilizar lenguaje informal.

Si quieres

escribir mejor

es importante que empieces a leer más

Las ideas anteriores proporcionan solamente un panorama general de lo que es un texto narrativo. Les invito a poner en práctica estos consejos; solo se aprende a escribir, escribiendo. Recuerden que al construir un texto que da cuenta de las fotografías que hemos tomado no solamente estamos contando una historia, sino que además estamos dejando nuestra voz en ella.

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cromo

monocromo

mono

no hay nada peor

que una imagen nítida

de un concepto difuso “

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Ansel Adams Estados Unidos (1902-1984) Desarrolló gran parte de su obra en el Parque Nacional Yosemite en Estados Unidos. Inventor del sistema de zonas. Integrante del grupo f/64.

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crónica

Un río llamado

historias:

federico ríos Texto: Carlos Córdoba carloscordobafoto@gmail.com Instagram: _andariego

viendo. Todo era muy diferente a nuestra cotidianidad en Manizales; había sorpresa, y antes que llegar a contar, tenía que llevar el testimonio.”

Año 1992: En un bote sobre el río Amazonas, un niño de doce años envuelto en un chaleco salvavidas de color rojo que deja ver solo una parte de su cabeza, es fotografiado al lado de su padre. El infante observa hacia un lado de la escena mientras el hombre fija su mirada en el aparato fotográfico. En la imagen –ya inmortalizada sobre papel- hay un detalle: El chico tiene entre sus manos una cámara.

De ahí, quizás, su estado de alerta al observar lo que acontecía a su alrededor y evadir el acto fotográfico, que dio como resultado la imagen que, como un presagio, evidenciaría no solo su vocación y gusto por las historias, si no que lo ligaría a un lugar que aun significa mucho para él.

31 de julio de 2019, Medellín: El niño, que sostenía con sus manos esa cámara, mientras navegaba sobre las aguas de ese río, en el año 1992, es Federico Ríos.

Permanecemos sentados en su estudio, mientras la luz del mediodía azota las fachadas de los edificios vecinos. Adentro, un ambiente fresco y silencioso, que amplifica la voz grave de Federico. Ocasionalmente, un perro y un gato pasean por nuestro sitio de encuentro.

- Esa podría ser la primera foto que tengo con una cámara – concluye, antes de pasar a la siguiente imagen. El hecho de que, en esa fotografía, hubiera decidido mirar a otro lado, me inquieta. Sin preguntarle por ello, me dice: “Tomar fotos durante el viaje significaba para mí llevarle la selva a mis amigos del colegio. Había un puente maravilloso en el que ellos podían ver los indígenas que yo estaba viendo, el río que yo estaba viendo, los animales que yo estaba 10

Un río, antes de serlo, debe emerger de las profundidades de la tierra. Federico Ríos, como un río, tuvo que sortear distintos caminos antes de brotar a la superficie de la fotografía: de estudiar contrabajo, a ser diseñador gráfico por accidente. De los siete semestres de clases de periodismo, hasta la negativa de su padre a que se dedicara a la labor que hoy desempeña.


Fotografía: Carlos Felipe Ramírez

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El inicio de su cauce fotográfico se dio a más de 2.600 metros sobre el nivel del mar; en Bogotá, sitio al que llegó con dos cosas: un portafolio y las ganas de convertirse en fotógrafo.

-Me fui para Bogotá de una manera muy inocente. No conocía a nadie, no tenía ninguna recomendación. Tenía mi portafolio impreso debajo del brazo.

es complejo

cuando uno quiere

hacer un trabajo

perdurable y además vivir de eso

Se levanta. Da varios pasos en dirección a una estantería que está a mi espalda. Parado frente a ella sus ojos se mueven de arriba abajo y encuentra lo que buscaba: dos carpetas de pasta negra. Abre una de ellas: Con el paso de la sobrecubierta quedan expuestas una serie de fotografías que se conservan en hojas archivadoras plásticas. Algunas de ellas, ampliadas a un tamaño no menor a veinte por treinta centímetros, muestran escenas de vida cotidiana y de naturaleza –aves, en particular-. Luego, otras fotos más pequeñas y en blanco y negro no solo comparten el mismo trozo de papel si no el país donde fueron tomadas: Cuba. Al final de la carpeta, varios certificados en manejo de programas como Lightroom o Photoshop complementan el portafolio que fue su compañero de aventura en la capital. Federico, de historias sencillas, solo tiene el nombre de usuario de Instagram. Su periplo por Bogotá en búsqueda de trabajo lo pasó durmiendo en el sofá de la casa de una amiga y, luego, cuando logró entrar a trabajar en El Espectador, tuvo un impase durante su primera misión:

complejo cuando uno quiere hacer un trabajo perdurable y además vivir de eso.” – concluye, sobre las razones que lo llevaron a emprender su aventura independiente.

- Fui a cubrir un desalojo que estaban realizando en un humedal. Para finalizar el registro quería hacer un plano abierto que mostrara la destrucción del lugar. Me subí en un pequeño muro e hice las imágenes. Para bajarme, salté, y me enterré una puntilla en la planta del pie. No dije nada en el periódico porque estaba muy nuevo y quería conservar el trabajo. Me lavé con agua oxigenada y estuve cojo por quince días.

Mientras él teclea, contesta y hace preguntas a su interlocutor yo observo en detalle su estudio: El mapa de Colombia ocupa una de las paredes contiguas a la puerta. Frente a su computador, un tablero de corcho, sirve de soporte a un microcosmos de imágenes entre las que se mezclan instantáneas familiares, postales y fotografías de autor. Sobre el escritorio, el libro “Para entender la fotografía” de John Berger se encuentra cerca a su taza de café cuyo portavasos es un diskette.

De pronto, nuestra conversación interrumpida por una llamada.

Federico Ríos es como un río: para fluir necesita libertad. Decidió salirse de los medios para los que trabajó – El Espectador, El Tiempo y la agencia EFE - para dedicarse en profundidad a contar historias como fotógrafo freelance: “Es

se

ve

Luego de varios minutos no hay más tecleo, ni preguntas, ni respuesta: es el final de la llamada pero el inicio de una nueva aventura, un nuevo viaje, una nueva historia por contar. 12


-¿Qué no te puede faltar en la maleta, Federico? -La premisa antes de empacar es que nada haga falta y que nada sobre, aunque la maleta depende mucho del sitio donde vaya a fotografiar. Siempre llevo audífonos, un libro, una libreta, gafas, papel higiénico, mis propios cubiertos y esto – me muestra una caja blanca, pequeña, del tamaño de la palma de su mano. – Después de equivocarme creyendo que era una cámara instantánea me precisa que se trata de una impresora portátil y que la usa para regalarle fotos a las personas que retrata, ya que ante lo remotos que suelen ser algunos de los lugares donde trabaja, le es imposible hacerlas llegar por algún medio. “Darle fotos a las personas es un acto menos egoísta” y agrega que, antes de realizar las imágenes, le es imprescindible conocer a la persona y un poco de su historia.

Entender al otro

sin juzgarlo con cercanía

-Los temas que trabajas requieren un abordaje especial desde la ética; ¿cómo manejas eso? –Le pregunto.-

me permite hacer las fotos

-Siempre he dicho que la fotografía documental debe estar planteada desde la perspectiva humana. Entender al otro sin juzgarlo me permite hacer las fotos con cercanía.

Federico Ríos es como un río: se ha convertido en punto de referencia por sus publicaciones en medios tan importantes como The New York Times o National Geographic. Sus imágenes son una crónica del conflicto armado del país vivido en la Colombia profunda. A la que se tarda horas en llegar por caminos fabricados o hechos a cada paso. La que ve desde el aire o recorre sobre el lomo de un caballo. A la que llega siempre acompañado de su familia: sus cámaras están grabadas con el nombre de su esposa e hijos.

Las historias son la piedra angular del trabajo de Federico. Para él, es importante generar cuestionamientos previos a la toma fotográfica: “Cada vez más vale la pena preguntarse: ¿Por qué quiero contar esa historia?, ¿Qué voy a decir?, ¿A quién?, ¿Por qué esto es importante para alguien más? Al final, revisando mis fotografías, encuentro que muchas de ellas responden a algunos de esos cuestionamientos.” Federico Ríos es como un río: desemboca en cada publicación y vuelve a nacer, desde las profundidades de la tierra, gracias a su fuente de origen; las historias. 13


serie

Aproximación al retrato Investigación en Ambrotipo y Ferrotipo Texto y fotografía: Carlos Felipe Ramírez Mesa cafera13@gmail.com | www.cafera13.com | Instagram: cafera13

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La magia de los procesos fotográficos antiguos hace que la fotografía alcance un nivel más allá de lo estético e inmediato, que el mundo digital ha normalizado e impuesto.

Roger Fenton, estas placas en ferrotipos y ambrotipos son testigos de las maneras de hacer y crear fotografías como hace ya casi 160 años, permitiéndonos volver al momento donde el retratarse era un evento importante en la vida de las personas sin las condiciones de hiperproducción e hiperpublicación que se viven en este momento; al contrario, representa un instante más reflexivo y profundo en el hecho de inmortalizar a alguien en nitratos de plata y una cámara de gabinete.

En procesos como el colodión húmedo, la imagen es reflexionada desde distintos contextos técnicos y conceptuales, pues gana valor por la alta nitidez, exoticidad y tamaño del formato, pero al ser un proceso manual, requiere inversión de tiempo, investigación y preparación para ser ejecutado. De esta manera, cambia la forma en que el fotógrafo se aproxima a la fotografía, pues no se pueden descartar errores con un botón, ni disparar inmediatamente la siguiente imagen como en una cámara digital. Por eso, el retrato en colodión húmedo resignifica al fotógrafo y a quien se retrata, puesto que es una labor más íntima, lenta e impresionante por el método y el medio.

Desde un quehacer histórico y académico, esta serie también encuentra un lugar importante en pleno siglo XXI, puesto que el conservar y practicar estas técnicas históricas, sirve para mantener la memoria fotográfica viva y ayuda a entender la imagen más allá del mundo binario de las pantallas y los pixeles.

Esta serie de retratos se está elaborando desde mediados de 2016 y es una aproximación pictorialista de la imagen, al tiempo que se hace un homenaje a los grandes maestros de la fotografía al utilizar su técnica y estética a la hora de retratar. Desde Julia Margaret Cameron a

Es una ventana al pasado, por medio de la cual podremos tener más herramientas expresivas y estéticas que nos ayudarán a ver el mundo de la fotografía no solo como oficio sino como arte y pasión.

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serie

Memorias de

mi primer amor Texto y fotografía: Carlos Córdoba carloscordobafoto@gmail.com | Instagram: _andariego

Recuerdo cuando la vi llegar por primera vez.

linda, en unas manoplas con mejor agarre, en unos tacos que nos permitieran llevar a los amigos o en un juego de luces para poder salir de noche.

Era la noche de un veinticuatro de diciembre y los años noventa tomaban sus últimas bocanas de aire cuando, poco a poco, la vi asomarse desde la maleta de un carro.

La bicicleta fue el primer amor que me dejó heridas: sobre mis rodillas reposan las cicatrices de aquellos momentos en los que no nos entendimos bien y fue inevitable el contacto con el suelo. De esta experiencia, por fortuna, nunca hubo más que pantalones rotos y un poco de pérdida en la pintura.

Su color verde, análogo al amarillo de mi felicidad, duró hasta el momento en que entendí que nuestra primera cita no se concretaría: no sabía montar en bicicleta. Muy temprano, al día siguiente, el reto ya estaba planteado: manos firmes para la dirección, pies listos para el impulso, mirada al frente y mucho equilibro.

Con el transcurso de los años, mi bici, mi bicicleta verde, terminó guardada en el patio de la casa. Sus llantas ya no tenían aire y su color característico se perdió entre el óxido: algo en mí había cambiado. Ahora, era otro de esos niños que permanecía horas dentro de las cuatro paredes de su habitación jugando PlayStation.

De los primeros intentos recuerdo ver a mi madre sostenerme e impulsarme desde el asiento de la bici mientras yo trataba de esquivar a los demás niños que también salieron a lucir sus regalos a la cancha del barrio. Luego de varias horas de inducción, mi bicicleta y yo, éramos uno solo.

La bicicleta, mi primer amor, me dejó una pregunta y una enseñanza: ¿A qué llamamos libertad?

Después de conocernos por varios días, me enamoré de ella: Paseábamos juntos por todo el barrio descubriendo lugares insospechados, nos veían como adultos gracias al sonido de un vaso plástico que la convertía en moto, soñábamos en que cada moneda ahorrada nos permitiría comprar calcomanías que la harían ver más

Esta serie se actualiza con cada viaje y es un tributo a mi primera y única bicicleta. Durante años he recopilado imágenes de quienes montan sus caballitos de acero en diferentes partes del país para verme, en ellos, como el niño que alguna vez anduvo sobre dos ruedas.

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hoja de estudio ¿Qué es lo que más se me dificulta al momento de escribir un texto sobre mi trabajo fotográfico?

¿Cuál es mi fotolibro favorito? ¿Por qué?

agenda septiembre - diciembre

charla La fotografía y otras memorias de Humboldt Beatriz González conversa con Juan Luis Mejía Jueves 12 de septiembre 7:00 p. m. Teatro Explora Medellín

exposición

La casa es un ojo abierto a la noche Imágen fotográfica Artistas: Catalina Toro, Margarita Pineda y Carlos Arango Inauguración: 11 de septiembre, 8:00 p.m. La Pascasia - Carrera 42 # 46-46

Taller de Cianotipo Viajando en blanco y azul

conversatorio Narrar la muerte a través de la literatura y la fotografía documental

Sábado 14 de septiembre

11:00 a.m. Salón La Piloto, Orquideorama, Medellín

conversatorio

Henry Agudelo (fotoperiodista) y Róbinson Úsuga (escritor) conversan con Cristhian Agudelo (comunicador social y periodista)

Fotografía analógica, un estilo más allá de la técnica

Viernes 13 de septiembre 8:00 p. m. Salón La Piloto Orquideorama Medellín

Viernes 04 de octubre, 7:00 p.m.

Participan: Daniela Betancur, Carlos Felipe Ramírez y Carlos Córdoba. Göra Expospace - Carrera 41 # 47-62, Centro, Medellín 20


Espacio disponible

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Monocromo # 4  

Edición # 4 de la revista Monocromo: Navegando por las historias de Federico Ríos, fotoperiodista colombiano. | Participaron: Luisa Córdob...

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Edición # 4 de la revista Monocromo: Navegando por las historias de Federico Ríos, fotoperiodista colombiano. | Participaron: Luisa Córdob...

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