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EL UNIVERSITARIO DE ACERO Y MIEL /

Miguel Covarrubias / 3 EL TRECHO ANDADO. CONVERSACIONES CON RAÚL RANGEL FRÍAS / Celso Garza Guajardo / 8 LA UNIVERSIDAD DE RAÚL RANGEL FRÍAS / José María Infante / 17 UNA CONVERSACIÓN CON EL LICENCIADO RAÚL RANGEL FRÍAS / Alfonso

Rangel Guerra / 22 Fotografías / 25 LA UNIVERSIDAD / Raúl Rangel Frías / 30 ARMAS Y LETRAS / Raúl Rangel Frías / 32 TEORÍA DE MONTERREY /

Raúl Rangel Frías / 34 PALABRAS FINALES DE UN RECTOR / Raúl Rangel Frías / 39 ÁGUEDA O DE LA PINTURA/ Raúl Rangel Frías / 44 Cartas / 48 CARTA DE OCTAVIO PAZ / 48 CARTA DE JAIME TORRES BODET / 49 CARTA DE AGUSTÍN YAÑEZ / 50 CARTA ENTREABIERTA A RAÚL RANGEL FRÍAS, DE JOSÉ ALVARADO. / 51

Libros / 55 A CIEN AÑOS DEL NATALICIO DE MI PADRE /

Mónica Rangel Hinojosa / 59 AQUEL REYNO ERA PERFECTO /

Alfonso Rangel Guerra / 60 PRÓLOGO A LA VERSIÓN FRANCESA DE KATO / Paulette Patout. Traducción

de Miguel Covarrubias / 61 RECUERDO DE RANGEL FRÍAS /

José Luis Martínez / 62 EL CORAZÓN DE LOS COMBATIENTES /

Minerva Margarita Villarreal / 64

Una publicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Dr. Jesús Ancer Rodríguez Rector Ing. Rogelio G. Garza Rivera Secretario General Lic. Rogelio Villarreal Elizondo Secretario de Extensión y Cultura Dr. Celso José Garza Acuña Director de Publicaciones Mtro. Miguel Covarrubias covas@prodigy.net.mx Director editorial Lic. Jessica Nieto Puente editora_armasyletras@yahoo.com Editora responsable Lic. Nohemí Zavala nohemizav@gmail.com Corrección y redacción Verónica Rodríguez veronica.rz@gmail.com Diseño Agradecemos a la familia Rangel Hinojosa por facilitarnos su acervo fotográfico, así como al maestro Miguel Covarrubias por brindar material para su reproducción en este número especial de Armas y Letras. Las citas que aparecen distribuidas en esta edición, corresponden a una compilación realizada por Humberto Salazar, publicada en Deslinde Nº 4142 (julio-diciembre, 1993, pp. 48-50), bajo el título de “Raúl Rangel Frías en el recuerdo” Armas y Letras Revista de literatura, arte y cultura de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Edición conmemorativa del centenario de Raúl Rangel Frías. Fecha de publicación: Marzo 2013. Revista trimestral, editada y publicada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Dirección de Publicaciones de la UANL. Domicilio de la publicación: Casa Universitaria del Libro. Padre Mier 909 pte. esquina con Vallarta, Monterrey, Nuevo León, México, C.P. 64000. Teléfono: + 52 81 83294111. Fax: + 52 81 83294111. Impresa por: Serna Impresos, S.A. de C.V., Vallarta 345 Sur, Centro, C.P. 64000, Monterrey, Nuevo León, México. Fecha de terminación de impresión: 15 de marzo 2013. Tiraje: 1,500 ejemplares. Distribuido por: Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Dirección de Publicaciones,Casa Universitaria del Libro, Padre Mier 909 pte. esquina con Vallarta, Monterrey, Nuevo León, México, C.P. 64000. Número de reserva de derechos al uso exclusivo del título Armas y Letras Revista de literatura, arte y cultura de la Universidad Autónoma de Nuevo León otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2009-061817570300-102, de fecha 18 de junio de 2009. Número de certificado de licitud de título y contenido: 14,918, de fecha 23 de agosto de 2010. ISSN en trámite. Registro de marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial: en trámite. Las opiniones y contenidos expresados en los artículos son responsabilidad exclusiva de los autores. Prohibida su reproducción total o parcial, en cualquier forma o medio, del contenido editorial de este número.

Portada: dibujo de Alfonso Reyes Aurrecoechea

Impreso en México Todos los derechos reservados ©Copyright Marzo 2013


El universitario de acero y miel ¡¡ MIGUEL COVARRUBIAS

Siempre he considerado que el tesoro más preciado, la misión verdadera de la institución universitaria consiste en proveer a los hombres de un sentido de la vida… Raúl Rangel Frías, Testimonios

I

A la Universidad de Nuevo León le tocó en suerte gozar de un guía forjado en acero y empapado en miel —allá por los años cuarenta del siglo XX, los años inciertos de la debutante casa de estudios que si bien apenas iba naciendo, contaba al menos ya con dos escuelas provenientes del siglo anterior. Para ese origen que no debiera asombrarnos (después de todo, a cualquier ser viviente lo pueden anteceder no sólo padres sino abuelos y bisabuelos surgidos como de la nada), señalado estaba por el destino o por una cadena de muy acertados enlaces, un hombre providencial llamado Raúl Rangel Frías. Nacido hace exactamente cien años. 5


II

Octavio Paz lo expresa con suma claridad: “Entre todo lo que dices, destaco una frase que me hace recordar nuestra juventud: ‘Nuestros maestros son los jóvenes’. Eso es lo que se olvida con mucha frecuencia en México —y en todas partes.” La carta que contiene esos renglones está fechada en París el 8 de diciembre de 1961, y responde al cumplimiento del mandato de Rangel Frías como gobernador de Nuevo León. Por otra parte, una fotografía situada en el año de 1932 y en la ciudad de Toluca nos coloca ante el trío de inseparables amigos que son Juan Manuel Elizondo, Rangel Frías y José Alvarado. A un año del nacimiento de la Universidad de Nuevo León, los inquietos y talentosos jóvenes nuevoleoneses pulen sus armas dialécticas. No tardarán en imponer sus fuertes personalidades al arreciar el combate ideológico por la Universidad y el México de sus sueños. Pero será uno de los trece hijos del doctor Edelmiro Rangel —y de su esposa Josefina Frías— quien ingresará vigorosamente a la palestra cuando pronuncie una alocución en el Teatro Independencia frente a estudiantes, maestros y autoridades tanto académicas como civiles. La fecha: 13 de septiembre de 1934. Este discurso será central en la vida personal de su autor e igualmente en la vida social y, sobre todo, el ámbito universitario de la región. En su libro Memorias, publicado a finales de 1990, el hombre que se acerca al ocaso lo identifica así:

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EL GOBERNADOR EN SU DESPECHO DEL PALACIO DE GOBIERNO, DIALOGA CON MIEMBROS DEL CONSEJO UNIVERSITARIO. GOBERNADOR MORONES PRIETO, RECTOR RAÚL RANGEL FRÍAS Y PROFESORA JULIA GARZA ALMAGUER, ENTRE OTROS, 1952

A UN AÑO DEL NACIMIENTO DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN, LOS INQUIETOS Y TALENTOSOS JÓVENES NUEVOLEONESES PULEN SUS ARMAS DIALÉCTICAS.


La protesta universitaria en 1933. ¡Cómo maravilla encontrar en esas ocho páginas las ideas bien tejidas, la reciedumbre moral y la belleza en una expresión digna de la mejor literatura!

EL ÍMPETU DEL ATENEO DE LA JUVENTUD Y LA CRUZADA DE VASCONCELOS HABRÍAN DE DESBROZAR LA RUTA. III

El vendaval revolucionario tenía que atemperarse para que pudieran los ilustrados hacer lo suyo. Las armas debían dar un paso atrás para que las letras pudieran ocupar las trincheras de vanguardia. El ímpetu del Ateneo de la Juventud y la cruzada de Vasconcelos habrían de desbrozar la ruta. Y caminando al lado de ellos, entreverándose, la necesidad de elevar la mira de la sociedad nuevoleonesa, la necesidad de proveerse de talentos bien adiestrados para mayor gloria de la industrialización febril que el desarrollo económico exigía sin tregua. Pues bien, el joven Rangel Frías toma al toro por los cuernos y desmenuza la ambición de la “universidad socialista” sin mencionar el empeño de “excluir toda doctrina religiosa”; igualmente aquello de combatir “el “fanatismo y los prejuicios”; o bien, lo que permitiría “crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social.” Porque es en la transición del callismo al cardenismo cuando se ofrece, dentro del universo educativo, este asalto al modelo de creación y transmisión del saber hasta entonces imperante. Rangel no incurre en bandazos. No abjura del laicismo y el racionalismo que sabe beneficiosos ni asume —ingenuamente a su manera de ver las cosas— el statu quo de la

“QUIENES

POR LARGOS AÑOS DISFRUTAMOS DE SU GENEROSA AMISTAD, Y POR MUCHOS TAMBIÉN COMPARTIMOS ACTIVIDADES, RECORDAREMOS AL LECTOR QUE, NO OBSTANTE SU DEFICIENCIA VISUAL O LA GRAVEDAD DE SUS OCUPACIONES, SOLÍA TENER SOBRE SU MESA DE TRABAJO HASTA VEINTE O MÁS LIBROS EN CONSULTA Y LECTURA SIMULTÁNEAS.” ISRAEL CAVAZOS GARZA

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clase que proclama una filosofía LA AFILADA CUCHILLA INconservadora a ultranza. “Por el TELECTUAL DEL JOVEN ESTUcuerpo de la universidad corren subterráneas, imponiéndole una DIANTE DE JURISPRUDENCIA fisonomía peculiar, las estrucDEJA AL DESCUBIERTO LOS INturas de la sociedad en que se TERESES QUE, AL SER REPapoya. Contra este inevitable destino de la orientación social TANTES, NI DEBEN NI PUEDEN de la universidad se levanta la GOBERNAR TAL Y COMO EL pretensión ‘socialista’, querienRACIOCINIO LIBRE LO DEMANDA do moldear estudiantes, que reciben una sociedad capitalista, SIN DESCANSO. la exigencia de una tarea determinada para un mundo proletario que sólo vive en la imaginación de estos apóstoles advenedizos. No queremos decir que el hombre sea incapaz de acoger un destino revolucionario, sino que la universidad, como institución social, no puede a la vez aceptar y rechazar, ser sierva y enemiga de un mismo sistema social. Es ésta la fantasía más cruel e hipócrita de un trópico exuberante en demagogias y caudillajes.” La afilada cuchilla intelectual del joven estudiante de jurisprudencia deja al descubierto los intereses que, al ser reptantes, ni deben ni pueden gobernar tal y como el raciocinio libre lo demanda sin descanso. Hay que entronizar pues a la inteligencia insobornable y a la emoción teñida de belleza. Hay que decirle no al esquematismo, a la fábrica de sistemas filosóficos rígidos. Porque para solicitar consejo en materias tan delicadas, habremos de dirigirnos a Atenea y no a Hermes, vale decir, a Minerva y no a Mercurio. Sin embargo… IV

Cuánta razón tuvo Rangel Frías. Si los jóvenes son los maestros de sus mayores, y si unos y otros se igualan en la medida en que no se anquilosan, en que ejercen su derecho a la libertad intelectual y a la plenitud de su añoranza estética, bien podremos ufanarnos de tenerlos a ambos, es decir, a Raúl Rangel de tan sólo veintiún años en medio de sus camaradas, y al maestro y rector del mismo nombre en un espacio abierto. Frente a la Torre de la Rectoría, uno puede contemplar al otro y quizás dialogan. Sin duda, el intercambio de ensueños e ideas se ha transformado en un continuum aleccionador.

"RANGEL PENSABA ASÍ. SENTÍA QUE ÉL ERA SU TIERRA Y QUE ESTABA OBLIGADO A OBEDECER EL MANDATO DE HACER HABLAR A LAS PIEDRAS Y DE CONSTRUIR CON PALABRAS UN ESPACIO DE SIMPATÍA POR LA VIDA QUE CRECE".

ARTURO CANTÚ

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RETRATO DE RAÚL RANGEL FRÍAS POR FEDERICO CANTÚ.

“CUALQUIER PRESENTACIÓN QUE PUEDA HACERSE DE ESTE HOMBRE, ES PÁLIDA ANTE LA RECIEDUMBRE DE SU PERSONALIDAD Y LA PROFUNDIDAD DE SU PENSAMIENTO. SI A ESO AGREGAMOS LA EXCELENCIA DE SU LENGUAJE Y EL ESTREMECIMIENTO DE SUS SINCERAS EMOCIONES, HABREMOS DE COMPLETAR EL RETRATO DE UNO DE LOS ÚLTIMOS QUIJOTES DE NUESTRO TIEMPO.” ALTAÍR TEJEDA

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EL TRECHO ANDADO C onv ersa c io nes c o n Raúl Rangel Fr ías ¡¡ CELSO GARZA GUAJARDO

Armas y Letras rescata esta serie de conversaciones, editadas en forma de cuadernillo por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL en marzo de 1985, que sostuvieron el reconocido historiador Celso Garza Guajardo y Raúl Rangel Frías. En la nota del autor, Garza Guajardo explica que “el proyecto de estas conversaciones partió de una inquietud profundamente personal por obtener elementos para la historia cultural más reciente en nuestro estado, en la que la figura de Raúl Rangel Frías emerge como punto de referencia obligado”. A continuación, presentamos una selección de preguntas y respuestas de aquellas conversaciones, realizadas entre abril y junio de 1984. CONVERSACIÓN DEL 10 DE ABRIL DE 1984

Celso Garza Guajardo (CGG): Maestro, en el fervor juvenil que todos tenemos en su cima en algún momento, alrededor de cuando uno tiene 20 años, uno no quiere ser transferencia, quiere ser radical. Y en ese momento uno expresa las ideas que ha tomado del contorno y quiere transformar las cosas. Los jóvenes que en 1930 empezaron a actuar en la vida social y cultural, nacieron alrededor de 1910, o sea, nacieron cuando en el país se estaba produciendo el gran parto revolucionario. Se nota que esos jóvenes de los años treinta batallaban para entender el proceso revolucionario que se estaba dando en México, y buscaban algo más. ¿Qué era lo que buscaban esos jóvenes? Raúl Rangel Frías (RRF): Veíamos un divorcio muy profundo entra la expresión de los ideales o la ideología oficial —llamémosle así— y las realizaciones efectivas, la vigencia real de todos aquellos principios. Básicamente ��������������������������������� esto fue, creo, lo que hizo prender más profundamente en frutos juveniles en

aquel tiempo. Este divorcio fue señalado por Vasconcelos, cuya postura no fue tanto una tesis económica, ni siquiera políticamente hablando, de un nuevo concepto transformador de las ideologías predominantes. Era más bien una exigencia de lealtad, de verdad a esos mismos principios, que se postulaban pero a los que no correspondía una realización efectiva en el campo de las instituciones, en el campo de los hechos. A nosotros nos tocó la liquidación de la etapa revolucionaria en sus fases más violentas. Y, sin embargo, la violencia, y en cierta manera la fuerza principal de dominio nacional, radicaba en las mismas fuerzas militares que habían desenlazado los acontecimientos de la Revolución. Era difícil para nosotros, que ya no teníamos campo en los hechos revolucionarios, aceptar que todo aquello pudiera desembocar tan sólo en unos episodios de liquidación de emociones, de liquidación de caudillismo y de grupos particulares, en beneficio de una oligarquía nueva, que no parecía más que una sustitución sospechosa de un pasado al que se combatió, por un presente que estaba repitiendo exactamente las mismas condiciones.

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“ERA UN MOVIMIENTO QUE DE LEJOS INSPIRABAN FIGURAS COMO MARIÁTEGUI, PERO TAMBIÉN QUERÍA RECOGER LA PRESENCIA HISTÓRICA DE BOLÍVAR COMO LIBERTADOR Y FUNDADOR DE UNA NUEVA UNIDAD AMERICANA Y QUE TENÍA EJEMPLOS EN LAS ACTITUDES DE HOMBRES DE LETRAS Y POLÍTICOS COMO MONTALVO, BELLO O SARMIENTO.” (RRF) CGG: Y para estos jóvenes de los años 30, que ya no podían ni tomar las armas ni hacer ningún otro cambio de tipo político, ¿sus armas empezaron a ser las armas de la obra cultural? ¿De qué manera veía usted que esa cultura que deseaban impulsar podía ser cultura mexicana? RRF: La situación de nuestra parte no era de rechazo a ninguna de las tesis ya establecidas por los movimientos sociales, o de raíz social de la Revolución, que eran tesis de renovación ideológica y de emancipación efectiva de masas y de individuos. Si se quiere, esa concepción estaba envuelta en una especie de idealismo o romanticismo del hombre, que podía, por los caminos de la educación y de la cultura, restablecer en el país los ideales de Madero y de las tesis sociales de los movimientos de la Reforma Agraria o de los derechos obreros, pero sin que se transformaran en bloques burocráticos. Era un movimiento que de lejos inspiraban figuras como Mariátegui, pero también quería recoger la presencia histórica de Bolívar como libertador y fundador de una nueva unidad americana y que tenía ejemplos en las actitudes de hombres de letras y políticos como Montalvo, Bello o Sarmiento. Era un movimiento de idealismos americanista, tratando de encontrar el espacio de la cultura latinoamericana y el espacio propio de la cultura mexicana en la posibilidad de rechazar el imperialismo, en la actitud de unión interior y en un espíritu un poco exaltado del tipo de José Enrique Rodó. Todo esto constituye, a mi modo de ver, un perfil general que envuelve los movimientos

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estudiantiles de aquella época, sin desconocer que podía haber corrientes ya de izquierda o de derecha muy positivamente batalladoras o beligerantes; pero en el grupo central que se veía en la Universidad, y esta sería mi última expresión, es una síntesis de los grupos de carácter intelectual que heredó una plataforma y una herramienta desde donde hacer propia la reforma y la revolución social. ***

CGG: Maestro, una cuestión vista desde la óptica de ahora: aparece por un lado el torrente social de las luchas sindicales y campesinas de los años veinte y treinta, que después fueron corporativamente tomadas por el Estado mexicano; y por otro, el torrente de la inquietud estudiantil, cultural. Se sienten como dos cosas que no hallaban cómo mezclarse. Yo sé que no es así. Usted planteó que no se rechazaban los ideales sociales, pero en la actuación, las urgencias del movimiento sindical y campesino de esas décadas se precipitaban más hacia hechos concretos que ya no podían ser aplazados; y la actividad de los estudiantes y de los jóvenes que tenían un ideal cultural, era de una renovación total, que batallaban para agarrarse de algo más allá que no fuera la Universidad. RRF: Así es. Creo que, en efecto, los movimientos a los que nos estamos refiriendo pertenecen a un grupo social que no estaba articulado a los grupos de lucha de base en materia obrera. Y con la lucha campesina un tanto menos, o de modo mucho más lejano,


porque la estructura de la sociedad mexiCONVERSACIÓN DEL 10 DE MAYO DE 1984 cana, fundamentalmente, era urbana. Lo campesino llegaba en ecos un tanto disCGG: ¿Usted se fue a México en septiembre minuidos o descoloridos y además la lucha de 1933? campesina más intensa se coloreó de una posición más que ideológica: fue la lucha RRF: No, en septiembre no. Allá no se code los cristeros, y ésta era un tanto ajena a menzaba en septiembre, se comenzaba en la condición de los grupos intelectuales en enero; entonces el período en México era de las universidades. Un tanto, repito, no obsenero a noviembre. Yo me fui a México a finatante que en esos movimientos también les del 32, pero en realidad ingresé en el 33. Mi hubo elementos juveniles, pero eran de inscripción en la Facultad de Derecho es en el la propia extracción. La clase intelectual 33 y aquí ni llegué a presentar nada de mategeneralmente ha estado en condiciones rias en la Escuela de Derecho, aunque estuve de incapacidad o ineptitud —estaba, por asistiendo algunas veces a sus clases. lo menos en mi tiempo— para identificarse con luchas de tipo campesino, que CGG: ¿Cómo se da, entonces, esa participación casi eran una proximidad a las luchas de suya en actividades estudiantiles de aquí en las armas o de los acontecimientos béli1933, en el surgimiento de la Universidad, del cos de la Revolución; y las luchas obre33-34? ras empezaron a manifestarse aisladamente en la gran “ERA UNA SOCIEDAD RRF: Yo tenía desde el Colegio Civil una crisis del año 32. CARENTE DE UN FLUJO actividad socialTal vez lo que UNITARIO O DE RELACIONES estudiantil de reprenosotros también podíamos repreENTRE LAS DIFERENTES sentante de los grupos estudiantiles, sentar en aquel ESTRUCTURAS.” (RRF) porque fui Presidentiempo, era ese te de la Sociedad de mismo aislamiento Alumnos del Colegio que se vivía denCivil y porque luego iniciamos un movimientro de los grupos estudiantiles. Era una to para renovar la Federación de Estudiantes sociedad carente de un flujo unitario o de de Nuevo León. Ese grupo nuevo que logró relaciones entre las diferentes estructuras. el reconocimiento, tanto de los estudiantes Indudablemente que las había, pero no se como de la sociedad, fue la Federación de Esprofundizaban ni se sentía una identifitudiantes Neolonesa, que encabezó el doctor cación y una circulación real entre campo, Luis Pérez Maldonado, por entonces estutaller y grupos estudiantiles. diante de Medicina. Sin embargo, yo recuerdo que aquí en En esa ocasión él fue Presidente de la Monterrey la situación de los obreros de Federación y yo vicepresidente. En realidad, él la Fundidora de Fierro y Acero provocó manejaba los grupos de estudiantes de Medien nosotros sentimientos de solidaridad cina y nosotros conjuntábamos el resto. Los y simpatía, junto con Juan Manuel Elide Leyes eran los contrincantes, pero nosotros zondo, que participó básicamente en esa teníamos a nuestro favor lo que era el Colegio lucha obrera, y que fue mi compañero y Civil y la Normal (entonces la Normal también perteneció a ese grupo juvenil del que formaba parte de esos grupos estudiantiles, y hemos venido hablando, en el que se despor eso quedó también comprendida dentro tacó como líder. del proyecto de aquella Universidad del 33). ***

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“RECUERDO

UNA CELEBRACIÓN DEL NATALICIO DE ALFONSO

REYES: DIECISIETE DE MAYO, MÁS O MENOS A LAS DIEZ DE LA MAÑANA, Y UN SOL MORDIENTE QUE CUBRÍA LA CIUDAD. ALLÍ ESTABA ISRAEL CAVAZOS CON SU HIJITA DECLAMADORA DE UN POEMA ALUSIVO AL FESTEJO. TAMBIÉN RECUERDO A GILBERTO MARCOS QUE DEMANDABA UNA RESPUESTA A SU PREGUNTA: ¿POR QUÉ EL BUSTO DE REYES DIRIGÍA SU MIRADA HACIA LA CIUDAD Y NO HACIA EL CERRO DE LA SILLA? EL HOMENAJE SE REALIZÓ EN EL MONUMENTO QUE SE ENCUENTRA AL PIE DE ESTA GRANDIOSA MONTAÑA QUE ES EL SÍMBOLO DE NUESTRA CIUDAD. ASIMISMO ESTABA PRESENTE EL JUVENIL E INQUIETO RECTOR LUIS E. TODD, Y ALGUNAS OTRAS PERSONALIDADES. DE PRONTO ESCUCHAMOS LA INTERVENCIÓN DE UNO DE LOS MÁS ILUSTRES INTELECTUALES DE NUEVO LEÓN, DIGNO CONTINUADOR DEL PENSAMIENTO HUMANISTA DE ALFONSO REYES: RAÚL RANGEL FRÍAS, QUIEN EVOCÓ LA FIGURA Y LAS OBRAS DE SU MAESTRO. AL OÍR SU DISCURSO, MI IDEA DE LA VIDA CAMBIÓ: SUCEDIÓ ALGO EXTRAÑO. SORPRESIVAMENTE LA VOZ LLENABA EL AMBIENTE DE LUMINOSAS RESONANCIAS QUE APUNTABAN HACIA UNA SOLA VERDAD: EL SER HUMANO. SUS PALABRAS DIGNIFICABAN AL HOMBRE GRACIAS A SU INTELIGENCIA Y SU SENSIBILIDAD. CITÓ ALGUNAS FRASES DEL CREADOR DE LA CARTILLA MORAL, QUE CONVIDABAN A RESPETAR A LA NATURALEZA Y AL HOMBRE. FUE UN MOMENTO BRILLANTE A PESAR DE QUE NO SE ESCUCHÓ ALGO TOTALMENTE DESCONOCIDO; SIN EMBARGO, DESCUBRÍ QUE LAS PALABRAS EN BOCA DEL ORADOR RANGEL FRÍAS SE OÍAN COMO ORIGINALES, COMO PRIMIGENIAS, LIMPIAS Y ESTIMULANTES PUES ESTABAN RESPALDADAS POR LA VIDA DE UN HOMBRE CABAL.”

SILVIA MIJARES


***

CGG: Las posiciones que usted expresa en los años 33 y 34 son de una gran combatividad, de una gran claridad y de un rechazo a cómo se estaban implementando las cosas. Yo siento que es el joven Rangel Frías en su etapa más beligerante y más convincente, él mismo y lo que anhela. RRF: Es muy posible que yo mismo reconozca que en el joven que fui estaban más vivos, en ese momento, los elementos de un ideal vital y de una expectativa que veíamos como más combativa, directamente en las circunstancias complementarias de la sociedad regiomontana y de los movimientos nacionales que lo exigían en cierta manera. Entonces llegaron a coincidir muchos de esos aspectos, además eran propicios a mi circunstancia. Mucho de eso se nos fue gastando, digámoslo así, en el transcurso de los siguientes años, o utilizando, si no se quiere emplear la palabra gastando, en unos niveles que no dejan una huella particular: en congresos nacionales, así como de actividades del mismo tipo en la Universidad Nacional Autónoma de México. Allá no podían tener la relevancia de aquí… Aquí destacaba yo mucho mejor de lo que allá ocurrió, pero es indudable que todavía existe en mí esa actividad por aquellos años, al lado de otros grupos estudiantiles, por supuesto más complejos que estos de aquí, y al lado de fenómenos mucho más generalizados y otras transformaciones. ***

CGG: ¿Y cuándo ingresa a trabajar a la Universidad? RRF: Sin que lo recuerde con tanta precisión, creo que a mi regreso a México, casi inmediatamente me invitan los universitarios a que me incorpore, primero en la Escuela Nocturna de Bachilleres, recién creada, y en la Escuela de Derecho. En el año 39 que yo regreso es también cuando organizo el homenaje aquel a don Alfonso Reyes en la Barra de Abogados

y que tiene lugar en el Salón de Actos de la Escuela de Jurisprudencia, donde tenía a mi cargo una cátedra. Cuando yo regreso a Monterrey es mi básica función, con la docencia. *** CONVERSACIÓN DEL 29 DE MAYO DE 1984

RRF: […] Alfonso Reyes, hacia finales del 29, creo que a nivel general se conocía muy poco, por no decir que nada. En algún otro sentido sí hay un conocimiento de Reyes, pero en medios muy específicos: de periodistas y escritores, también compañeros suyos; Reyes mismo estuvo en Monterrey por el año 23. El periódico El Porvenir recoge esa estancia y está reproducida la nota en la cubierta de Alfonso de Monterrey, editado por la UANL. Es posible que en esas publicaciones el punto de vista fuera provinciano, porque se referían al Reyes hijo del general Reyes, y al Reyes que tuvo compañeros de ciertas familias de Monterrey, entre ellos gente muy conocida como Antonio Muguerza, que estaba relacionado con los Sada y los Calderón, y otros amigos que difícilmente creo que a gente de hoy le digan nada o quizá muy poco, como un tal señor La Trompucheta, que era muy su cuate. Otro que alcanzó a penetrar por la vía de la simpatía y por agencia comercial de sus actividades hasta en el Patronato Universitario, fue don Matías Garza Sanmiguel, al que se le decía El Marqués de la Varita. Era un señor muy ceremonioso y que daba la impresión de pertenecer a una sociedad ritualmente organizada, como aristócrata, y que tenía modales de salón francés; toda la familia tenía una gran afición al teatro. Este señor también fue de sus amistades. Cuando Alfonso Reyes venía, todavía alcancé yo a atenderlo y a recibir supervivientes de su generación infantil. Puedo decir que en los medios literarios se le conocía y se le apreciaba. Particularmente puedo citar a Héctor González, a quien Alfonso Reyes le enviaba frecuentemente “El

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“NOSOTROS

PENSÁBAMOS

QUE LA UNIVERSIDAD DEBÍA TENER

UNA

CONCIENCIA

CIENTÍFICA UNIVERSAL EN CONDICIONES DE ANÁLISIS DE IDEAS; Y NO SOLAMENTE PREPARAR PROFESIONALES ENCAUZADOS A LA PRÁCTICA.” (RRF) correo de Monterrey”; y también lo enviaba a la Biblioteca Pública. Ahí los estudiantes lo encontrábamos, así como también algunas de las ediciones más antiguas de sus libros; yo he tenido en mis manos una edición casi original de Visión de Anáhuac. Tenía también la Biblioteca Ifigenia Cruel, El plano oblicuo, Cartones de Madrid. Don Alfonso cuidaba de hacer llegar a su ciudad natal todo lo que publicaba, y si a veces sus obras no estaban a la vista, era porque había muchas manos aventureras que entraban ahí y hacían que se perdieran esos valiosos libros. Lo cierto es que la Biblioteca recibía las obras de Alfonso Reyes. ***

CGG: A principios de los años 30, hay un momento en que Reyes se volcó a Monterrey… RRF: Su “Voto por la Universidad del Norte”. Era entonces embajador de México en Brasil. Él envió desde el Corcovado hasta el pie del Cerro de la Silla su apoyo a la idea de fundar la Universidad del Norte. CGG: Ustedes, ¿cómo vieron la presencia suya y su influencia? RRF: Desde luego, era todo lo que podía hacerse desde lejos, a distancia, una forma de participación que no podíamos más que apreciar como muy positiva, aunque no en-

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cajaba en las aspiraciones de nuestra lucha. Estábamos contentos de que un hombre, a su distancia, manifestara su adhesión y su positiva actitud de promocionar este movimiento que nos era muy cercano, y teníamos mucho interés en que se llegara a realizar, aunque no fuese en un sentido, como fue concretamente realizado al principio. Sin embargo, era muy importante porque en ese voto por la Universidad imprime un pensamiento que va a ser el pensamiento del 29: la autonomía de la Universidad y la Universidad en torno a una universalidad ideológica, de conocimiento, porque la mayoría de los establecimientos educativos en el país se habían quedado prácticamente en preparatoria y sólo la UNAM había hecho el esfuerzo de la Escuela de Altos Estudios, y luego de la Facultad de Filosofía y Letras; nosotros nos teníamos que enfrentar a un conocimiento empírico-pragmático, sólo unidos instintivamente. Nuestro pensamiento era que la Universidad nuestra tenía que ser algo que superase esa evolución, muy horizontal, de establecimientos apenas preparatorianos y en otros casos de aprovechamientos para actividades pragmáticas, aunque el pragmatismo en algunos casos fuera profesional: Derecho, Medicina o Ingeniería; el objetivo era tener elementos para que los estudiantes desarrollasen como oficio esas profesiones, y nosotros pensábamos que la Universidad debía tener una conciencia científica universal en condiciones de análisis de ideas; y no solamente preparar profesionales encauzados a la práctica. Todo lo teórico era visto todavía bajo la influencia del positivismo: como algo que no tenía validez, como algo sobre lo que se podía hablar, pero que en realidad no estaba avalado por la experiencia positiva de la vida y de la sociedad. Nuestra superación fue en ese sentido, porque trató de apoyarse en elementos de la cultura universal y de la filosofía idealista de nuevos tiempos para replantear otra concepción de la vida social y cultural. ***


CGG: Usted va sintiendo entonces una inclinación por la actividad cultural, que se va a realizar cuando se le llama a dirigir el DEU. […] En esta época en que usted está al frente de Extensión Universitaria, hay una importantísima labor editorial, a través de la revista Universidad y Armas y Letras. Se notan allí reflejadas todas las inquietudes ya maduras del pasado de los años 30; se nota una profundidad cultural. Por un lado está la labor editorial, por otro lado un incipiente proyecto de Biblioteca Universitaria que va a ir cuajando paulatinamente y hasta el 52 toma una forma recia. Se da una extensión cultural de los cursos de verano, a los que venían brillantes personalidades nacionales y de fuera del país. En todo ese período de seis años, ¿usted se siente realizado? Como que cuaja el proyecto que vamos a encontrar realizado nosotros, la otra generación. ¿Usted cómo lo siente?

poesía…”; sin embargo, con el tiempo usted se convierte en una expresión, en nuestro estado, de la literatura y de la cultura. Esa acción suya, de quedarse en el estado, yo la veo como una vocación. [...] Uno sabe que las cosas que se hacen localmente, a veces nacionalmente, no tienen todo el reconocimiento. En esa decisión que usted toma, ¿ya había ligado su vocación universitaria con la política? ¿Ya sentía la política como algo importante para usted? RRF: Así es. Y justamente esto forma parte de la raíz de esa decisión; porque estimábamos, un grupo de jóvenes y yo también, naturalmente, que el destino existencial del país no podía ser ajeno a ninguna de las formas del pensamiento, fuera literario, histórico, político, ideológico o de cualquier otro análisis del pensamiento intelectual. De manera que entendíamos por política no precisamente la ocupación de posiciones electorales, sino que veíamos en la política la dimensión social. Y esto que, con justicia y acierto tú mencionaste

RRF: En términos muy concretos, me parece muy justa la observación. Como universitario pienso que de cierta manera se está colmando un mundo de esfuerzos, y que los ideales y afanes de un tiempo “(ARMAS Y LETRAS) EN EL largo de preparación van llegando a su realización… Supone uno FONDO ESO SIGNIFICABA: LA que quedan muchos esfuerzos DECISIÓN DE TOMAR UN LUGAR por realizar y que hay muchos EN LA ACCIÓN HISTÓRICA, SIN afanes pendientes. Yo, aun retrospectivamente, considero que fue DESDEÑAR, POR SUPUESTO, LA una época feliz en el sentido de POSTULACIÓN DE LA CONCIENCIA realizaciones, de plenitud vital, de capacidad para más, para enINTELECTUAL O ESTETICA, PERO riquecerme culturalmente y para SUBORDINADAMENTE TRABADA poder dar lo que podía dar. ***

A LA ACCIÓN HISTÓRICA.” (RRF)

CONVERSACIÓN DEL 6 DE JUNIO DE 1984

CGG: Cuando usted decide no irse a México, a raíz de la invitación que el maestro Alfonso Reyes le hace, usted considera como dijo: “que no estaba en todo mi ser entregarme definitivamente a la literatura y las expresiones puramente ideales del pensamiento o de la

[…], en ese momento se me hizo más presente en forma de dilema, pero de hecho ya tenía una previa posición teórico-pragmática, de que no podía elegir un camino de purismo en la literatura o en la inclinación a las fórmulas del pensamiento ideológico o filosófico, sino que nuestras inclinaciones de esa naturaleza y

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nuestro ser intelectual y emocional, deberían tener un punto de arranque en nuestra participación interna en el sentido del vínculo social. Allí en ese dilema se me hizo presente que había que postular la unidad esencial de esa vinculación con el sentido de la vocación universal también del pensamiento y de la emoción. De ahí tal vez brotó finalmente la elección del rubro para la publicación que hicimos, que se llamó Armas y Letras. Que en el fondo eso significaba: la decisión de tomar un lugar en la acción histórica, sin desdeñar, por supuesto, la postulación de la conciencia intelectual o estética, pero subordinadamente trabada a la acción histórica. CGG: […] Cuando sale la publicación Armas y Letras, ¿se convierte en el principal instrumento de la vocación universal de ustedes? RRF: Para nosotros, localmente, así es. Como expresión propia de nuestra acción. Ese fue el cauce, pero tenía un marco que estaba relacionado con ello, que era la Universidad. Y dentro de ella, la acción múltiple que exigía mi ejecución de ese propósito y de esos pensamientos en Acción Social Universitaria, que conjugaba justamente lo social con la línea de pensamiento y de expresiones estéticas. Precisamente coincidió en ese marco lo que era vocación propia, lo que era una circunstancia histórica y el propósito no olvidado nunca, que de todas maneras seguía fluyendo en mis tendencias de carácter estético y de carácter analítico del pensamiento, y de la posibilidad de realizar algunas expresiones en artículos, ensayos, conferencias, etc. En resumen, yo diría que la Universidad fue para nosotros una síntesis de una nueva acción histórica que no se presentaba ya en otros campos, como fue la beligerancia revolucionaria, que no tenía una vigencia efectiva en un marco de problemas sociales, por razones que no eran de nuestra consideración exclusivamente individual. De alguna manera, la Universidad representó para nosotros un destino personal, pero también un destino social y una perspectiva política.

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[…] CGG: Y en este período suyo como rector, ¿cómo seguía cultivando la relación con Alfonso Reyes? RRF: De manera muy importante. En el primer número de nuestro boletín Armas y Letras incluso nos reprocha que le pongamos un nombre que considera poco adecuado, no porque él desconociera la vinculación de ese título con la literatura española y su expresión más clásica del Quijote, sino porque le parecía que tenía una resonancia equívoca. Eran tiempos de guerra, aquellos años, y entonces parecía tener una resonancia del mundo convulsivo de la época. […] Claro, yo entiendo ahora muy bien que a don Alfonso Reyes le parecía muy impropio, tal vez, por su pura formación literaria, pues conside-raba que no era propio de una hoja literaria; pero nuestra pretensión no era hacer eso, una revista literaria. No era nuestro objetivo cultivar la estética sino preparar una acción histórica y a la vez cultural, por eso Armas y Letras. […]. Pero tú me preguntaste por nuestra relación. Fue cada vez más fraterna, cada vez más filial. Nosotros lo considerábamos un consultor permanente, lo visitábamos en la ciudad de México. Acudimos muchas veces a su opinión y a sus luces, nos apoyaba en todas las gestiones que hacíamos. Él nos dio una colaboración indirecta porque todo el grupo de intelectuales españoles veían en él a un hombre que la providencia les había señalado para reconstruir sus vidas y sus obras; entonces las relaciones con los hombres de letras y filósofos que estuvieron viniendo a nuestra Escuela de Verano, eran a través de Alfonso Reyes. […] Aunque no viviera aquí volvía con frecuencia. Aquí dictó conferencias en la Biblioteca Universitaria y en el Aula Magna, pero hizo visitas en las que sólo venía de descanso y cuando yo, ya como gobernador, le podía presentar en Monterrey como huésped distinguido de la ciudad.


QUE EL MAESTRO RANGEL FRÍAS DABA IMPORTANCIA A LOS CARGOS, A MEDIDA QUE LOS IBA OCUPANDO. ASÍ, EN 1943, AL NACER LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN SE LE NOMBRÓ JEFE DEL DEPARTAMENTO DE ACCIÓN SOCIAL UNIVERSITARIA Y EL DASU, AÚN REDUCIDO A SU SIGLA, ES INOLVIDABLE.” ALFREDO GRACIA VICENTE

ADRIÁN YAÑEZ MARTÍNEZ, EDUARDO SEGOVIA JARAMILLO, EL RECTOR RAÚL RANGEL FRÍAS, ROQUE GONZÁLEZ SALAZAR Y DAVID MARTELL MÉNDEZ, EN EL ORDEN ACOSTUMBRADO.

“PODRÍAMOS DECIR, SIN CAER EN EL HALAGO FÁCIL,


¡¡ JOSÉ MARÍA INFANTE

LA UNIVERSIDAD DE RAÚL RANGEL FRÍAS LAS ACCIONES DE RAÚL RANGEL FRÍAS CONSTITUYEN UNA EMPRESA TRASCENDENTAL EN LA VIDA CULTURAL E INTELECTUAL DEL SIGLO XX REGIOMONTANO. SU ACTIVIDAD ACADÉMICA, POLÍTICA Y SOCIAL ABARCA NUMEROSAS ÁREAS EN UNA SOCIEDAD DE TRANSFORMACIONES Y CONFLICTOS ENDÓGENOS Y DE COACCIÓN EXTERNA. DE TODA ESTA ACTIVIDAD DAN CUENTA SUS PROPIOS ESCRITOS Y OTROS COMO LOS QUE SE REÚNEN EN ESTE NÚMERO DE

ARMAS Y LETRAS. SUS TRABAJOS ABARCAN UNA GRAN CANTIDAD DE INTERESES Y TEMAS, SIENDO LA UNIVERSIDAD UNO DE ELLOS.

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n este breve texto me concentraré en la universidad imaginaria de Raúl Rangel Frías, es decir, no en la que construyó y en la que se formó como alumno, docente y rector, sino en la que pensó como la universidad necesaria para la sociedad en la que le tocó vivir, la regiomontana. Esto, aun cuando asumió la herencia histórica por la cual la universidad, como construcción de la cultura llamada occidental, se instala en el espacio social regiomontano. El origen de la universidad se registra en el medievo europeo, con variaciones que el nombre universidad no registró adecuadamente, ya que suele asociarse a una entidad homogénea y sin cambios, cuando el análi-

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sis histórico nos muestra lo inadecuado e imperfecto de esa imagen. Si en el medievo hubo primero universidad y luego aparecieron los universitarios (Le Goff, 1978/1983), en la universidad rangeliana el proceso está invertido: “en nuestro concepto, la materia misma de la universidad, es el estudiante, ya que para él se establece” (Rangel Frías, 1994:50). Porque la lucha por la creación de una universidad en Nuevo León se fundamentaba en la existencia de esos estudiantes que requerían la existencia de una institución. Para Montesquieu, cuando las instituciones aparecen por primera vez, son estructuradas por sus creadores, pero luego son las instituciones las que modelan a los


seres humanos. Por eso, “la universidad será considerada la casa del estudiante” (Rangel Frías, 1994:57). En los primeros universitarios del medievo el debate era entre el dedicarse a un oficio manual o a uno intelectual, ya que la producción intelectual era un intangible que no estaba vinculado de manera directa con la subsistencia, hasta que se hizo del conocimiento un bien deseable por sí mismo. Se hizo necesario que el interés por el conocimiento se convirtiera en motivación para gente que tenía su mundo limitado a la agricultura, que se limitaba al habitus y no preveía la necesidad de transformar el mundo material.

una conclusión que sintetizara los hallazgos (sententia, conclusio). Esto implicaba varias cosas: se partía de una dificultad y no de una verdad sabida y aceptada, no había una solución predeterminada sino que la razón debía de encontrarla a partir de argumentaciones consistentes y, además, ello obligó a un perfeccionamiento del lenguaje, elemento clave para la exactitud pretendida de la ciencia. Esto encerraba una contradicción que se resolvió algunos siglos después: aun cuando la universidad era una organización de defensa de los intereses corporativos, en especial de los maestros, implícitamente se aceptaba que no eran dueños de la verdad, la que debía encontrarse en la tarea intelec-

RANGEL FRÍAS PIENSA QUE ES UNA ACTITUD ESPECIAL QUE TIENEN SÓLO ALGUNOS MAESTROS, LA DEL AMOR A LA VERDAD, LA QUE DEBE MOTIVAR ESA BÚSQUEDA, YA QUE DEBEN PARTICIPAR COMO MAESTROS “LOS HOMBRES QUE TENGAN Y SEAN CAPACES DE ENSEÑAR ALGO” Y NO LOS QUE SE DEDIQUEN A “ENCERRAR AL ESTUDIANTE EN LÍMITES RÍGIDOS QUE IMPIDAN LA LIBRE EXPANSIÓN DE SU SER”. Siger de Brabante, condenado por herejía en 1277 por el obispo de París (Sarton, 1975), expresó que las virtudes intelectuales serán preferibles a otras, como la humildad; fue uno de los primeros que toma conciencia de que la dignidad del sabio debe limitarse a las verdades demostrables y que su misión es explicar y no predicar, lo que para Jacques Le Goff es la toma de conciencia de la neutralidad escolar y la base de la construcción científica de la realidad. Sin embargo, esta ruptura, que será fundamental para comprender la evolución de la ciencia, no parece haber tenido efecto en la ciencia en sí, aun cuando las primeras universidades establecieron el método de enseñanza que consistía en plantear un problema (quaestio), desarrollar la argumentación en torno a él (disputatio) y encontrar

tual. Rangel Frías piensa que es una actitud especial que tienen sólo algunos maestros, la del amor a la verdad, la que debe motivar esa búsqueda, ya que deben participar como maestros “los hombres que tengan y sean capaces de enseñar algo” y no los que se dediquen a “encerrar al estudiante en límites rígidos que impidan la libre expansión de su ser” (Rangel Frías, 1994:51-52). Rangel Frías constata que esta unidad de la conciencia social europea se despedazó cuando los nacionalismos y los sistemas económicos de competencia despiadada sustituyeron a la comunidad del saber basada en la búsqueda de la verdad por métodos automáticos de información y de investigación, entregados a la ganancia de ventajas sectoriales. Por otro lado, desde su mismo origen, la universidad es el lugar donde se produce la

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INAUGURACIÓN DE LA CIUDAD UNIVERSITARIA, OCTUBRE 1958.

formación básica de todo científico; el hecho de que algunas universidades dieran más importancia que otras a la investigación no debe hacer perder de vista este rol fundamental de toda universidad, cualquiera sea su orientación. El punto es que un científico no puede investigar como si procediera de la nada, ya que ello significaría un esfuerzo de baja calidad energética y las universidades se convierten en el lugar de recuperación de ese esfuerzo previo de la humanidad. Rangel Frías piensa que la transmisión de los conocimientos previos, “ilustrativos”, debe reducirse a lo indispensable y, por el contrario, aumentar al máximo la tarea de investigación de las “ciencias reales y racionales”. Las universidades medievales tenían rasgos muy diferentes según fuera su génesis, como organización profesional o como organización corporativa, y de allí el estatus de los alumnos, que variaba entre el estado clerical y el laico (aun cuando clerical devino luego en el término para designar a los funcionarios —clerk en inglés, clerc en francés (Le Goff, 1978/1983:190); pero también variaba según la composición mayor o menor de ricos y pobres, según la “nacionalidad” de procedencia; asimismo, se presentaban variaciones en relación con la autoridad pública de la cual dependían, ya se tratara de la ciudad, del poder señorial, del principesco o real, complicada más por el papel de la iglesia católica, con su ambigüedad entre poder espiritual y temporal. Esto provocó

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una ambivalencia sobre las necesidades a las que debía atender la universidad, ya que estuvieron determinadas más por los intereses de los poderes mencionados que por las reales insuficiencias o privaciones de los habitantes de la sociedad donde se emplazaron; Rangel Frías piensa que la universidad debe estar unida al pueblo de la nación, y que son los estudiantes los que importarán esas necesidades a la institución; es decir que no podrán provenir de las decisiones cupulares o de factores de poder sino de los diferentes sectores de la sociedad, pero si hasta este momento “la universidad sólo se ha abierto para una cierta clase” (Rangel Frías, 1994:346), es necesario ampliar la presencia de todos los sectores, para lo cual se debe buscar la anulación de las cuotas que dificultan a los hijos de obreros el acceso a la universidad. Las relaciones entre las universidades, los universitarios y los poderes públicos del medievo eran igualmente complejas: constituían un mercado de no productores consumidores, lo cual podía favorecer el comercio, pero hacía difícil la gestión de provisión de los víveres indispensables; los universitarios gozaron de privilegios económicos, lo que les permitió ser exceptuados de tasas, impuestos y peajes; además obtuvieron el beneficio de precios que se colocaron por debajo de los exigidos a la población no universitaria, lo que provocó no pocos conflictos con el resto de la sociedad, en especial los burgueses que protestaban por ello,


como es el caso de los burgueses de Oxford en una petición al rey de Inglaterra, en la que señalaron que había en Oxford dos comunas, las de los universitarios y la de los burgueses, y que esta última era más débil (o sea que reclamaban también privilegios para sí).

RANGEL FRÍAS PIENSA QUE LA UNIVERSIDAD DEBE ESTAR SIEMPRE EN CONTACTO CON LOS PROBLEMAS SOCIALES, CON LAS ADVERSIDADES DEL CAMPO, CON LOS SACRIFICIOS DE LOS OBREROS Y CON LAS DIFICULTADES DE LA CLASE MEDIA... Rangel Frías no reclama ninguno de estos privilegios, sino que la universidad adquiera estructuras democráticas que permitan superar las viejas fórmulas de dominación y de conservación de privilegios. La universidad de Bolonia (fundada en 1088 pero que recibió su denominación en 1158, con la proclama de la Constitutio Habita por Federico I) dominaba el mercado de los manuscritos, una actividad en la que los universitarios se presentaban a la vez como consumidores y productores. Ello porque la universidad de Bolonia fue originalmente organizada por estudiantes y dedicada al derecho. Se han difundido varios mitos sobre los conflictos en los universitarios, afectos a la vida bohemia y de parranda, que sin duda existieron, pero poco se ha hablado de que junto con ello había estudiantes pobres como los becados de los colegios, que no disponían del dinero necesario para la vida de juerga y que estaban integrados al orden social, de manera que las universidades medievales presentaron una doble cara: la de estudiantes que armaban alboroto por causas importantes o intrascendentes y la de

los que se atuvieron a un comportamiento ordenado y de estudio. Rangel Frías piensa que la universidad debe prestar apoyo a las organizaciones sociales y estudiantiles y a “todo lo que contribuya a la formación de la conciencia cívica y ética” de estos (Rangel Frías, 1994:57). Desde el comienzo, las universidades adquirieron prestigio derivado de la ciencia misma, es decir del dominio de un saber que proporcionaba poder. Quizá como recompensa a ese prestigio otorgado, las universidades no intervinieron en la política (al menos en su expresión de lucha por el poder, como actividad cotidiana). Pero la política ha estado siempre presente en la universidad y cuando se le impidió la entrada por la puerta principal se coló por la ventana. Rangel Frías piensa que la universidad debe estar siempre en contacto con los problemas sociales, con las adversidades del campo, con los sacrificios de los obreros y con las dificultades de la clase media, es decir que “por el cuerpo de la universidad corren subterráneas, imponiéndole una fisonomía peculiar, las estructuras de la sociedad en que se apoya” (344). Porque hasta ahora, “la universidad sólo se ha abierto para una cierta clase y por eso tiene filosofía conservadora. Si la universidad ha de transformarse, esa transformación tendrá que venir del mismo fondo: los estudiantes surgidos de las clases no capitalistas, y de aquellos otros que obsesionados por las contradicciones y las torpezas del absurdo sistema capitalista se entreguen a una tarea más lúcida y humana” (346). Para Le Goff (1978/1983), los universitarios constituían un medio social original, una inteligentsia medieval, que poseían características peculiares: provenían de todos los medios de la sociedad (en especial pobres y ricos); tenían un carácter transitorio, eran internacionales y su integración como cuerpo, aún no estudiada, no permite determinar todavía hoy si constituyó una amenaza o una fuerza equilibradora o de progreso. Ello debe recuperarse en la actualidad y Rangel

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“YO

CREO QUE RANGEL FRÍAS FUE PARA NOSOTROS LOS NUEVOLEONESES DEL SIGLO XX EL HOMBRE DEL DESTINO, AUNQUE NO EN EL SENTIDO DE LA FRASE ATRIBUIDA A NAPOLEÓN. PORQUE SU DESTINO ESENCIAL NO RESIDE EN SU ACTIVIDAD POLÍTICA, CON TODO Y SER ÉSTA RELEVANTE. SU DESTINO ESENCIAL CONSISTIÓ EN HABER SIDO CREADOR Y CONSTRUCTOR DE UTOPÍAS. […] ES POR ESA DIMENSIÓN SOCIAL DE LOS SUEÑOS HECHOS REALIDAD POR LO QUE LA OBRA DE RAÚL RANGEL FRÍAS TRASCIENDE EL ESTRECHO MARCO DE SU TIEMPO TERRENAL.” HORACIO SALAZAR ORTIZ Frías sugiere las vías para esa superación. En su evolución, al final de la edad media, las universidades se convirtieron en un medio más cerrado y elitista, pero también perdieron gran parte de sus libertades esenciales, la independencia jurídica y la independencia económica. Para Rangel Frías, la forma de evadir esta subordinación consiste en que las universidades posean independencia administrativa, es decir, que no estén sometidas presupuestariamente a los poderes de turno. Con la llamada edad moderna, también se perdió —paradójicamente— el carácter internacional de las universidades y la división religiosa derivada del movimiento de la reforma acentuó los enfrentamientos y la escisión, excluyendo a los extranjeros de funciones y en especial de los cargos de responsabilidad; la institución abierta y plural devino en cerrada y uniforme, destino al que se debe escapar impulsando la “investigación y crítica de los valores que han presidido la revolución humana” (347). En el plano científico, los estudios se convirtieron, al final de la edad media, en especialmente utilitarios y además, algunas, como la de París, en policía ideológica del Estado, cambiando imperceptiblemente de centros de reflexión y trabajo científico, sin intereses pecuniarios o políticos directos, a instituciones de formación profesional al servicio de los

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estados, lo cual adquirió una condición central en la universidad napoleónica. Pero esa es una salida falsa: “decir a la universidad que se retrajese detrás de los muros de una soberbia indiferencia o de una resignada sumisión, a preparar oficios y profesiones, como si el hombre fuese otro artículo de consumo en el gran mercado de las codicias y de los intereses” (Rangel Frías, 2007b:332), sería una acto de deslealtad para con los fines que una universidad debe mantener. Sin duda, Raúl Rangel Frías tiene clara conciencia del espíritu universitario, el que puso en marcha las primeras universidades y de las dificultades, deformaciones y peligros a los que está sometido. El mejor homenaje que se le puede hacer es recuperar ese legado para impulsar esa obra abierta que es la universidad en la que sueña. Referencias Le Goff, J. (1983). Tiempo, trabajo y cultura en el Occidente medieval (traducción de Mauro Armiño). Madrid: Taurus (Texto original publicado en 1978). Rangel Frías, R. (1994). Escritos. Monterrey: Gobierno del Estado de Nuevo León. Rangel Frías, R. (2007a). Obras completas, tomo I. Monterrey: UANL. Rangel Frías, R. (2007b). Obras completas, tomo II. Monterrey: UANL. Rangel Frías, R. (2007c). Obras completas, tomo III. Monterrey: UANL. Sarton, G. (1975). Introduction to the history of science, vol. II [Introducción a la historia de la ciencia]. Nueva York: Krieger.


Una conversación con el Licenciado RAÚL RANGEL FRÍAS ¡¡ ALFONSO RANGEL GUERRA

EL PASADO MARTES 30 (MARZO) ENCONTRÉ EN LA REUNIÓN DE LOS PINOS AL LICENCIADO RANGEL. TERMINAMOS A LAS DOCE Y NOS FUIMOS A LA SECRETARÍA. EN EL CAMINO, POR REFORMA CERCA DEL CRUCE CON LA AVENIDA JUÁREZ, SE INTERRUMPIÓ EL TRÁNSITO POR LA MANIFESTACIÓN DE LOS MAESTROS DISIDENTES DE CHIAPAS. DESPUÉS DE UN LARGO RODEO LLEGAMOS A LA SECRETARÍA. YO VOY A UNA REUNIÓN EN LA OFICINA DEL SECRETARIO Y AL LICENCIADO RANGEL LO DEJO EN LA DIRECCIÓN DE DELEGACIONES. LE DIGO QUE SI NO TIENE COMPROMISO A COMER LO INVITO, OFRECIÉNDOLE PASAR POR ÉL A ESTA OFICINA. “PARA RESTAURAR EL CUERPO”, LE DIGO. “Y NO SE TE OLVIDE UNA P’AL ALMA”, DICE, SONRIENDO.

A

las dos pasadas nos instalamos en la Hostería de Santo Domingo y pedimos unos tequilas y cerveza fría. El calor la impone. Él, pide vaso con hielo, vacía el tequila, agrega sangrita y limón, con salsa Tabasco. “Esto de mezclar”, dice, “es como una especie de erótica”. La plática cae, por su propio peso, en Alfonso Reyes, de quién también hablamos la última vez, hará unos 15 días, en Monterrey. La conversación se orientó en estos términos:

Raúl Rangel dijo que con Alfonso Reyes pasa un curioso fenómeno: aunque se le hacen homenajes, permanece encapsulado. Nadie lo lee, nadie impulsa la lectura (antes yo había propuesto que debería promoverse la edición del libro de Paulette Patout sobre Alfonso Reyes y Francia, el cual no quiso editar completo el Fondo), nadie edita obras de él o sobre él. Agregó que las obras completas del Fondo son un monumento, pero no hay ediciones dispersas y sueltas, como las hay de Ortega y de otros grandes.

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Él continúa la idea: esta distancia es por otra parte explicable desde otro punto de vista: pareciera que en la cultura mexicana se impone el resentimiento como conducta. En este sentido, al que triunfa o logra superar determinada situación, se le impone el silencio y en cierto modo el desprecio. En el caso de Reyes, logró salvar el antecedente histórico (los sucesos de la Decena Trágica, la muerte del padre), estableció una distancia con el país y se integró después “triunfante”, es decir, por su obra. Esto no se perdona. ¿Qué pasó con Antonio Caso? Ahora nadie lo lee, nadie lo conoce. Por mi parte hago un apuntamiento: quizá más que un auténtico filósofo era sólo un auténtico maestro. Como tal, es no sólo explicable, sino tal vez posible que sea olvidado en la medida en que su verdadera obra, como maestro, está en sus discípulos, o sus alumnos, es decir, quienes lo tuvieron como maestro son los sobrevivientes de su obra, una obra sólo de acción generacional. “Pero es que también escribió poesía”, dice Rangel Frías. “Sí, contesto, pero en Antonio Caso lo preponderante era su acción de maestro”. “Era, continúa Rangel Frías, una luminosidad, un auténtico atractivo para la juventud. Era la presencia de las ideas. ¿Cómo es que todo se olvida?” “Esto es muy explicable, y así es natural que sea, contesto. Eso pasa con los maestros, incluidos los de banquillo.” “Antonio Caso era un magister. También lo fue Vasconcelos, pero en él hay otras vertientes. Reyes también fue un magister.” “Pero con los libros. No en el aula”, aclaro. “Bien, dice, pero fue magister: La crítica en la Edad Ateniense, La antigua retórica y muchos otros de sus libros son lecciones, son transmisión de conocimientos, son servicios de maestro. Como es el caso de todos los grandes de Hispanoamérica: Sarmiento, Rodó, etc.” “Si así fuera, digo, sería explicable el olvido de Alfonso Reyes. Pero estoy seguro que fue algo más que un magister. Hay algo más en su obra, que tardará en llegar a la gente.”

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ALFONSO REYES QUIZÁ TENGA QUE SER COMO OSIRIS: SER FRACCIONADO Y DERRAMADOS SUS PEDAZOS Y LUEGO TAMBIÉN COMO ÉL SE INTEGRARÁ EN UN TODO CON DIFERENTE SIGNIFICACIÓN. “El lenguaje de Alfonso Reyes es claro y terso, y no obstante pareciera alejado del lector. Quizá las ideas que contiene, concluye el Lic. Rangel, sean complejas y de difícil captación.” Otra idea que expresó sobre Alfonso Reyes fue a propósito del resentimiento: Alfonso Reyes quizá tenga que ser como Osiris: ser fraccionado y derramados sus pedazos y luego también como él se integrará en un todo con diferente significación. La conversación deriva a otros tópicos. Llega la comida y dice: “Prefiero estas cosas y no Langosta Termidor con arroz y una pieza adobada, acompañada de nopales”. Al salir del restaurant, el grupo de maestros disi-dentes ocupa ya la calle frente al sitio donde comíamos. Están cantando estribillos y lemas machacones. “¿Cómo vienen desde Chiapas?”, comentaba el Lic. Rangel durante el recorrido y desviación a la Secretaría de Educación. ¿Por qué? ¿Qué fines persiguen? ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Buscan, quienes promueven estas acciones, la renuncia del Secretario? Caminamos rumbo al Hotel de la Ciudad de México. Atravesamos la plaza Jardín de la Corregidora. Pregunta si este lugar todavía se llama “21 de mayo”. Contesto que no, su nombre es “Jardín de la Corregidora”. “¿Qué se celebra el 21 de mayo?”, pregunto. “Es la fecha de la autonomía universitaria. Aquellos jóvenes, dice, eran todos de clase media y familias acomodadas. Gómez Arias…”


“La idea en torno a las revistas literarias de Monterrey se refiere a la necesidad de rescatar nombres olvidados de las letras locales.” “Elalcoholpuedeserelpropiciadordelaenergía más importante de un hombre. Era el caso de Pepe Alvarado. En otros se vuelve sólo una parte negativa de su vida.” Me despedí a las 7, ya caída la tarde. Tuve que caminar hasta el estacionamiento, a varias cuadras de ahí, en Venezuela y Rodríguez Puebla. Llegué a la oficina a las 8:15. Todavía tuve que recibir a los rectores de Zacatecas y Baja California. La jornada terminó dos horas después. México, D. F., 1 de abril, 1982.

“[…] LO QUE MÁS LLAMA LA ATENCIÓN EN EL UNIVERSO NARRATIVO DE RAÚL RANGEL FRÍAS ES SU PUNTERÍA, SU METICULOSIDAD PARA REVELARNOS EL LÍMITE; ES DECIR, LAS DELGADAS Y FRÁGILES FRONTERAS QUE DELIMITAN LOS MUNDOS DE LA CORDURA Y DE LA LOCURA.”

JOSÉ JAVIER VILLARREAL

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VISITA DE ALFONSO REYES AL GOBERNADOR LIC. RAÚL RANGEL FRÍAS EN EL AÑO DE 1957.

Queda expresada una reflexión en el camino: estos grupos (se refiere a los maestros) son muy grandes y aparentemente no producen el efecto político que pudiese esperarse. Aventuro una respuesta: en el 68 era la clase media. Quizá porque estos maestros son de grupos sociales de bajo ingreso y otra escala, no se producen grandes efectos. En el hotel pasamos al bar y ahí estuvimos hasta las 7. Al amparo de dos whiskys se desenvolvió el diálogo. Recojo sólo algunos reflejos de él: “Sería conveniente dar vida a la Capilla Alfonsina con algunos eventos: uno podría ser en torno a las revistas literarias de Monte-rrey. Pero hay poca iniciativa en ese lugar y es difícil hacerlo todo desde afuera.”


FOTOGRAFÍAS “ÉL HA CREÍDO, COMO VASCONCELOS, EN LA ACCIÓN PERSONAL, EN LA PRAXIS POLÍTICA LLEVADA A LA EDUCACIÓN Y A LA CULTURA PARA MEJORAR LOS DESIGNIOS DE LA SOCIEDAD. DESEOS DE LIBERTAD Y PREOCUPACIÓN POR LA JUSTICIA SOCIAL SE ENCUENTRAN EN SU GENERACIÓN DE INTELECTUALES, EMPARENTADOS CON UN NUEVO PROYECTO QUE CONCIERNE A MÉXICO COMO NACIÓN, EL PROYECTO DEL SER MEXICANO.” ALEJANDRA RANGEL

RRF el día de su boda, 28 de Noviembre 1942.

Juan Guerrero Villarreal, José Alvarado, Juan Manuel Elizondo y Fidencio de la Fuente. Fotografía tomada por Raúl Rangel Frías en 1934.

RRF durante su época como gobernador, circa 1955, Fotografía: Manuel Martínez Ita.

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Título de Licenciatura en Derecho de RRF, 1938.


José Ángel Rendón, Noé G. Elizondo, Doctor Nabor Carrillo Flores, RRF, Doctor Pablo González Casanova, Eduardo Segovia Jaramillo, circa 1950.

Durante una cena, con Manuel Flores, José Luis Lozano (Alcalde de Monterrey), Roberto Naranjo, Ricardo Covarrubias, entre otros (circa 1960).

Con su madre Josefina Frías y su esposa Elena Hinojosa.

RRF presentando proyectos de la Universidad.

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El gobernador Lic. Raúl Rangel Frías, visita la exposición de Tapices de Jean Lurcat. Le acompañan el Dr. Jorge Rangel Guerra, director de la sala de exposiciones de ARTE, A.C., Sra. Rosario Garza Sada de Zambrano y el Sr. Maurice Rey, director de la Alianza Francesa de Monterrey.

Inauguración de la exposición La Litografía Mexicana. siglo XIX. Lic. Javier López Clark, Lic. Raúl Rangel Frías, Sra Elena Hinojosa y Sra. Amalia Castillo Cedón. 8 de marzo de 1959.

Raúl Rangel Frías, Manuel L. Barragán y la señorita Reina de la UNL, Carmen González Muñoz, 1951.

Raúl Rangel Frías con el general Lázaro Cárdenas en la Plaza Hidalgo, 1960.

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José Ángel Rendón, RRF, Israel Cavazos Garza, c1958

Con los integrantes del Periódico El Tigre, ganador del Premio Nacional de Periodismo Estudiantil. Le estrecha la mano a su director, Jorge Covarrubias.

Con el rector Joaquín A. Mora y las doctoras Graciela Fidalgo y Silvia Mijares.

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—SABÍA LO QUE QUERÍA HACER Y LO IBA REALIZANDO POCO A POCO, AL PASO DEL TIEMPO, QUE TRANSCURRÍA SIEMPRE A SU FAVOR COMO UN AMIGO ADICTO QUE SÓLO OFRECE SU PROTECCIÓN A QUIEN, EN LA SINCERIDAD DE LOS DIÁLOGOS, LE HA COLMADO CON INDUDABLES EXCELENCIAS. ERA COMO UN JOVEN VIEJO NUTRIDO DE EXPERIENCIAS A FUERZA DE PENSAMIENTO E IMAGINACIÓN. SALVADOR TOSCANO, SU AMIGO ENTRAÑABLE, LO CONSIDERABA “LA INTELIGENCIA MÁS CLARA DE MI GENERACIÓN”. —

ALFONSO REYES AURRECOECHEA

Acompañando al director de la Facultad de Odontología, Dr. Víctor Manuel Campuzano, y a un grupo de estudiantes.

Fotografía de Juan Rodrigo Llaguno

Durante el Homenaje a Pedro Garfias (1987) llevado a cabo en el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. En la mesa: Ernesto Rangel Domene, Alfredo Gracia Vicente, RRF, Miguel Covarrubias, Javier Serna y Rubén González Garza. 31


¡¡ RAÚL RANGEL FRÍAS

H

emos llegado a un instante en que la inteligencia y la honradez nos van a ser más necesarias que nunca para impedir que se tuerzan las rutas. Se va a crear la Universidad, y con ella se acrece la responsabilidad estudiantil. Por lo menos sucederá así si la Universidad no llega a significar un simple cambio de nombre, un rótulo más, sonoro y hueco, que añadir a Monterrey. La Universidad es un problema de gran trascendencia. Problema que necesita, como todo otro, un recto planteamiento de sus términos si ha de resultar eficaz. Y esto, aquí cuando menos, sólo los estudiantes son capaces de hacerlo. Todos los demás querrán falsificar el hondo sentimiento de la Universidad y entregarnos una obra mutilada e inservible. Ya no es posible cerrar los ojos y abandonarnos a los maestros. Esto

nos está costando demasiado caro hoy. Los maestros han huido de la cátedra por donde vinieron: las necesidades del estómago. Solos y confortados con este sentimiento de fuerza, revisemos los postulados de la Universidad, y que cada quien aporte al conocimiento general su particular experiencia de sus valores. Con honradez, con eficacia. Pero necesitamos de todos para encontrar el sentido profundo de los anhelos estudiantiles y fortalecerlos en una sola dirección. No es bastante que se haya formulado un proyecto, hay que revisar, ratificar y rectificar muchas cosas. Primeramente necesitamos sacar a flote un problema que se dejó olvidado en el proyecto, sin cuya contestación no tendremos conciencia de lo que queremos, y nuestras acciones no parecerán tales sino, más bien, movimientos de autómatas manejados por hilos invisibles.

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JUAN MANUEL ELIZONDO, RAÚL RANGEL FRÍAS Y JOSÉ ALVARADO EN TOLUCA, 1932

LA UNIVERSIDAD


rado, y que la educación que recibimos se reNecesitamos iluminar hasta lo hondo duce a indicarnos fórmulas para vivir, pero este problema; ¿por qué necesitamos, por no le ha impreso una orientación a nuestra qué demandamos nosotros, los estudiantes, vida. En una palabra, hemos vivido DE LA la Universidad? Se ha dicho que Monterrey REALIDAD, NO EN LA REALIDAD de la la necesita, que el norte del país la necesita, vida social de México. Nuestra educación se pero se olvidó lo principal; nosotros insistiestrecha a un problema de acomodación a la mos. ¿Por qué necesitamos de la Universirealidad, no de dirección de las cosas y los dad? acontecimientos. Ahora bien, ¿esta necesidad, esta urgencia, Esto es claro hasta la ceguedad, y deseses tal?, o ¿es tan sólo diletantismo? Es neceperante. Subordinados sidad para quien ve las cosas en la desnudez NUESTRA EDUCACIÓN a todas las fuerzas, conscientes o inconsde su realidad. DiletanNO HA ALCANZADO cientes, que dirigen la tismo para aquellos que quieren la Universidad AÚN MÁS QUE LA historia nuestra, hemos corrido la misma suerte para añadirla a MonFÓRMULA MERAMENTE que el más pobre de terrey como se prende una flor en el ojal de la ANIMAL DE DARNOS los ciudadanos, el más rudo y salvaje pastor solapa. ARMAS PARA LA VIDA. de nuestras serranías. ¿Cuál es pues, esa rea¿De qué nos sirve la lidad que exige de la comodidad, y que en lugar de apacentar Universidad una solución? En primer lugar, ovejas trafiquemos con medicamentos, con hemos de dejar asentado que la Universileyes o fórmulas matemáticas? El resultado dad es una solución a un problema general, en ambos casos es el mismo: subordinación orgánico, no particular, ni siquiera gremial. primitiva e inconsciente a las fuerzas sociaNo podemos entender la Universidad si no les que empujan nuestro destino. Nuestra la encajamos en el panorama de México. educación no ha alcanzado aún más que la Quienes no miran esto se ven obligados a fórmula meramente animal de darnos armas recurrir a desacreditados expedientes de para la vida. explicación como: comodidad, economía, Y esto ya no lo queremos, no lo vamos a etcétera. Pero los imperativos de método y soportar. Por eso deseamos la Universidad. finalidad de la Universidad están allí para Por eso queremos una Universidad que resconfirmar nuestro aserto; no podemos ni siponda a nuestras exigencias. Una Universiquiera pensar en la Universidad si no tomadad política. No en sentido de la mezquina mos en consideración este hecho sencillo y política militante. Alta, superior política. primario: nuestra articulación en el organisPolítica social. Órgano de la realidad meximo nacional. cana que eleve a sus alumnos, a través del Y ahora, establecido esto, volvamos a conocimiento nacional, a una perspectiva nuestra primera pregunta: ¿a qué realidad nacional. A la Universidad, a la cultura, por obedece la exigencia estudiantil de la Unila realización de México. versidad? La respuesta se nos presenta, al primer intento, en la inexorable realidad de esta observación; hasta hoy la educación Referencias nos ha mantenido al margen de los aconteciEl Estudiante, Nº 2, noviembre de 1932. mientos, en el sentido más lato y peor de la expresión. Pero ¿qué significa esto de vivir al Escritos juveniles, 1929-1934, compilación de José Guadalupe Martínez, (Facultad de Filosofía y Letras) Universidad margen de los acontecimientos? Tan sólo que el Autónoma de Nuevo León, Monterrey, 1993, pp. 87-90. vasto problema de México lo hemos igno-

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Armas y letras ¡¡ RAÚL RANGEL FRÍAS

CON este número se inicia la publicación de Armas y Letras, boletín de la Universidad de Nuevo León que edita el departamento de Acción Social. Por imperiosa e ineludible necesidad, en esta su primera salida tendrá un carácter casi exclusivamente informativo, para transmitir la noticia del nacimiento de la Universidad de Nuevo León.

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ntes de entrar al tema que nos inquieta, el del entendimiento de su significación a través del nombre de Armas y Letras, van estas líneas enderezadas a dibujar el marco histórico donde asoma nuestra Universidad. El pensamiento universitario de Nuevo León tiene una existencia de aproximadamente un siglo y en su curso ha ido formando hondos y lúcidos remansos de vida intelectual, como el Colegio Civil y otras casas de estudios profesionales. No es nueva la idea, ni tan siquiera la estructura central universitaria, pues ya en otra ocasión ambas cosas tuvieron existencia entre nosotros, pero desaparecieron en una infortunada aventura política. Así pues, se inicia ahora una tercera o cuarta época, como podría dividirse esta historia, de la idea de la organización universitaria del Estado. Entre azares y desventuras del pensamiento y de la vida se nos ha hecho patente la poderosa y fecunda circulación de inspiraciones y servicios, que existe entre los menesteres ordinarios del hombre y sus más excelsas actitudes para la ciencia, la concentración filosófica o el éxtasis. Indisoluble, entrañable y fecunda unidad de la gracia del pensamiento y la fatalidad de los actos del hombre encaminados a su sustento y bienestar. Armas y Letras en cuya molienda de siglos se traza un mismo destino la vida y el pensamiento humanos. ¿Qué no se entenderá a golpe de vista que las armas son los menesteres forzosos e inevitables

de la vida humana y sin los cuales no se conservan “las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra”, y aún las mismas letras? Podría no ser éste, literalmente, el significado del discurso sobre “Las Letras y las Armas” del sin ventura caballero de la triste figura, pero se ajusta de manera tan soberana a sus afanes, que la verdad se impone sobre la aparente contradicción entre las armas y las letras. Aparente contradicción, donde debiera decir unidad profunda, que es una y la misma cosa —se revelan como contradictorios los extremos superficiales de una íntima esencia y necesidad. Si yo dijera que las letras, es decir aquello que da ocupación y oficio al espíritu, es superior y preeminente a las armas, sin las cuales el hombre está metido entre privaciones y miserias, pretendería poner la cabeza en los pies. Y al revés, pero en esencia lo mismo, si la preferencia se decide por las armas. El hombre es llevado por su pie, que son las necesidades y privaciones de su vida, trayendo consigo donde va, en alto, una como luz interior que alumbra sus faenas corporales, pálido fuego del pensamiento, de la pasión heroica y de la gloria inasible. ¿Y cuál otro pueda ser el sentido de esa contradicción, de la discordia y guerra civil en la comunidad humana, cuyo siniestros resplandores queman el rostro de nuestros días, si no es la soberbia y la vanidad de las letras, de las teorías, que pretenden conducir al hombre y sustentarlo con vanos espectros?

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PORTADA DE LA PRIMERA EMISIÓN DEL BOLETÍN ARMAS Y LETRAS, ENERO 1944.

Buena parte de la incalificable destrucción del hombre por el hombre está en la atmósfera de asfixia impuesta por una absurda multiplicación de oficios y cargos de letrados, que sobrepesan la vida histórica hasta provocar la explosión de los ciegos instintos. La intención de este nombre de Armas y Letras responde a ese compendio de zozobras, interrogaciones y dudas apostadas como sobras en el pórtico del presente. Y no es precisamente una respuesta, sino un clamor, una voz que solicita y reclama el bienestar del hombre y la dignidad del espíritu, aquel por ser la condición de la vida, de la paz y de la justicia y de éste para no comprometer su gracia y libertad en ridícula farsa o en tiranía insensata.

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Utilizar el pensamiento para ayudar a los hombres en sus faenas y trabajos es asegurar la libertad de su entrega generosa con gracia y amor. El pensamiento que sustituye al sustento humano provoca la tiranía del cuerpo y esclaviza su naturaleza en oficio de mercader. Si hay algo que pueda resumir de otra manera nuestra verdadera intención, a esto mismo sólo puede llamarse humanismo, nostalgia y esperanza de un ser humano poderoso, hondadamente ingenuo del corazón y de imaginación intensa y radiante

Referencias Armas y Letras. Enero de 1944


TEORÍA DE MONTERREY ¡¡ RAÚL RANGEL FRÍAS

EL MOTIVO FUNDAMENTAL DE TRAER A LA MEMORIA EL PASADO DE UNA CIUDAD, NO DEBE CONSISTIR EN EL SENTIMIENTO DE ORGULLO O DE VANAGLORIA QUE FRECUENTEMENTE IMPULSA A LOS HOMBRES AL HACER GALA DE SU GENEALOGÍA.

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ás legítimo será referir el propósito, al deseo de honrar la memoria de nuestros antepasados. Pero aun esta consideración no bastaría a explicar el esencial significado de este 350 aniversario de la ciudad de Monterrey. Para mí es el fenómeno de que la ciudad ha adquirido conciencia de sí misma, habiendo llegado a su madurez espiritual. Es decir, a un momento en que el pasado adquiere un matiz especial que lo convierte en tiempo histórico. Ocurre, en efecto, que no todo transcurso temporal es histórico. La conciencia lleva un registro particular que no coincide momento a momento con el dato cronológico. Se ha menester que ciertos acontecimientos sirvan de eminencia para que los sucesos ocurridos con anterioridad se organicen en una perspectiva visible para la mirada interior del alma. Este singular fenómeno de reconquista del tiempo descubre el pasado y lo incorpora al lote de nuestra experiencia, como un recurso de que puede echar mano el ser vivo para sus futuras acciones. Pero sólo se opera de trecho

en trecho, en la medida de ciertas modificaciones profundas que afectan a la estructura de la conciencia y provocan una variación brusca, como ocurre en las mutaciones biológicas. Son las articulaciones o módulos que permiten considerar la historia de un hombre. La de un pueblo, o la de una ciudad como organismos espirituales. Sobre este particular no creo equivocarme al señalar la nota más significativa del 350 aniversario, en la realización de uno de esos momentos que se pueden llamar, con un poco de énfasis, épocas históricas. Si ello es cierto, cometeríamos una deslealtad con el espíritu de los hechos, al dejar de practicar en este día la operación de resumen y balance que requiere toda obra en que se ha concluido un capítulo y se tiene el siguiente a la vista, todavía en blanco. Pero, antes de introducirnos por los senderos del pasado conviene hacer la observación de que la ciudad de Monterrey, no obstante la carga de tres siglos y medio de existencia, aparece juvenil, emotiva y ligera. Dan ganas de apropiarse en una variante la expresión del poeta jerezano para llamarla “joven señora”.

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Por lo demás, este regazo maternal no ha sido un lugar de escaso tránsito, aun por los vianunca un lecho suave y mullido. Con mucha exajeros que pasaban a las fronteras más lejanas geración quizá, pero del virreinato. Estos exacto en múltiples LA CONDICIÓN AGRESTE preferían internarse sentidos se le podría por Saltillo hacia MONTARAZ DE LOS Monclova y San llamar el valle de la Y desilusión. Aquí se INDÍGENAS FRUSTRÓ LA Antonio de Béjar. desvaneció el sueño Las batidas tropas FUNDACIÓN DE RICAS de grandeza de Luis de Hidalgo sosde Carvajal. Fallaron HACIENDAS CAMPESTRES; Y layaron el camino luego las esperanzas, de Monterrey y NI SI QUIERA LA GANADERÍA también Santa Ana salvo breves espejismos, de las bonanzas QUEDABA A SEGURO DE LAS hizo otro tanto. mineras. La condición FURIOSAS ACOMETIDAS DE Quizá el primero agreste y montaraz que cruzó la ciudad de los indígenas frus- LOS NÓMADAS. en viaje directo a tró la fundación de internarse al centro ricas haciendas camde la República fue pestres; y ni si quiera la ganadería quedaba a seel ejército del invasor norteamericano. guro de las furiosas acometidas de los nómadas. La relativa cercanía del puerto de Tampico Por último, entre las avenidas de las torrentes resultaba ineficaz, con las complicadas reglay la frecuencia de las fiebres la ciudad vivía en mentaciones de tráfico que rigieron el comerinminencia de muerte. A lo largo de dos siglos y cio marítimo de la Colonia y los riesgos de la medio el resultado de la lucha con los elementravesía. En resumen, la ciudad quedó sitiada tos era todavía incierto. por el desierto, la montaña, el rigor del clima Tal es nuestra primera edad en que se eny la pobreza general de las tierras. frentan y atacan dos formalidades antagoCon apoyo en estos antecedentes parece nistas, la naturaleza y el hombre. El teatro un complicado acertijo descifrar la prosperien que se desarrolla la escena tiene una imdad y la grandeza contemporáneas de Monpresionante majestad. Un colosal parapeto terrey. Pero, es que no hemos tocado el capíde montañas cierra el horizonte por el sur. tulo relativo al hombre y a las oportunidades Desprendidas de la cordillera principal, a que ofrece la historia de los pueblos. manera de puntas de lanza, entran al valle La primera parte de la lucha entre la natudos serranías, una por el camino del oriente raleza y el hombre parecía ganada, en priny otra por el oeste. De los estrechos cañones cipio, por aquella; más sólo en apariencia. Los que se forman en el corredor poniente de las pobladores españoles no abandonaron jamás montañas, bajaban aguas a torrentes por un la tierra después del fracaso de Carvajal —y a cauce que serpentea en la falda de las montasus virtudes de padres y generadores de pueñas. El valle sólo está abierto hacia el norte en blos habrá que abonarles este hecho. Cierto semicircular planicie casi desértica. es que tuvieron que acomodar su condición Obligados por la necesidad de tomar cerca humana a la resequedad y bravura de la tierra. el agua y a seguro de los ataques indígenas, los En esa mutua relación del paisaje y el homprimeros pobladores se asentaron entre las cabre, tenemos la determinación histórica más ñadas, bajo una tupida vegetación, envueltos arraigada de esta comarca. Aun más que el por la humedad, el calor y densas flotillas de cruze de las razas, la acción de la tierra eninsectos. gendra el mestizaje. Y donde falta, como es La ciudad estaba vuelta de espaldas al cenel caso, la mediación humana del indígena a tro de gravitación de la Nueva España. Fue través de las especies vegetales y hasta de la

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...UNA VEZ ABIERTA LA BRECHA POR LAS ARMAS, HABRÍAN DE SEGUIRLAS, ANDANDO EL TIEMPO, EL FERROCARRIL, EL COMERCIO, LAS CARRETERAS Y HASTA LOS TURISTAS.

montaña o el río, se verifica esa transmutación de un pueblo antiguo en otro nuevo. Los pobladores del Nuevo Reyno de León llegaron aquí españoles, donde se transformaron en criollos y acabaron en heredarnos una patria que es México. La revolución de Independencia puso al descubierto esa transformación que se venía operando en cada poblado y ranchería, avasalladora y secretamente. Nada más mexicano que el ranchero de la frontera, cuyo tipo físico y psicológico quedó sellado en el siglo XIX. Se asemeja, aunque menos vistoso al charro del Bajío; la pobreza de su indumentaria se realza con la talla vigorosa y flexible del jinete; su coraje y nobleza están influidos del trato con el ganado; es sobrio como la tierra y ha acomodado su vida a los riesgos de la escaramuza con el salvaje, los bandoleros o los fiscales, que acechan el botín, asaltan la diligencia o celan el contrabando. Al frente de esta clase de hombres ganaron celebridad Zuazua, Zaragoza, Escobedo, Quiroga. Los mismos jefes reproducían la estampa de su tropa: “rifleros de Nuevo León” y “cazadores de Galeana”. El siglo XIX, por otra parte, no habría de pasar sin que en él se consumase la segunda edad de nuestra historia. Es doloroso que el acontecimiento en que se origina esta nueva fase haya de ser la mutilación del territorio nacional por los norteamericanos. No nos quede de ello, sino la triste y orgullosa satisfacción de haber pasado de golpe a servir de repecho a la honra nacional. Es decisivo para nuestra cuenta, que desde entonces México iniciase ese cambio de órbita,

en donde sustituyo el eje oceánico de su vida social y económica, por otro terrestre con centro de gravitación en Washington. No puede decirse que las cosas cambiasen de improviso, pero sí, que una vez abierta la brecha por las armas, habrían de seguirlas, andando el tiempo, el ferrocarril, el comercio, las carreteras y hasta los turistas. Mientras tanto la historia operaba sus cambios de escenario. En Estados Unidos, la guerra separatista del Norte contra el Sur. En México, la de Reforma y la Intervención Francesa. Esta región de la frontera quedó más o menos equidistante de los campos de batalla. Intervino en ellos, no obstante; en nuestro propio territorio, con tropas y jefes; en uno y otro lado de la contienda por el comercio y el contrabando. Hay indicios de una época de bonanza comercial entre el sexto y el séptimo decenio del siglo recién pasado, quizá en conexión con esos acontecimientos políticos y sociales. Surgen a poco tiempo las primeras industrias textiles absorbiendo a los artesanos del ramo y muy probablemente influidas en su instalación por la proximidad de la zona algodonera de Norteamérica. El triunfo de los Estados industriales del Norte de la Unión, en la guerra separatista, repercutió intensamente sobre el destino posterior de la ciudad. La ubicación de los centros manufactureros norteamericanos, más próxima al litoral del Atlántico y en conexión con el comercio mundial por este océano, encontró su plano de deslizamiento hacia México por una vía ferrocarrilera en este extremo de la frontera. El enlace de Monterrey por ferrocarril con Tampico y Matamoros, Torreón y la capital de la República cerró el circuito de su posición estratégica como nudo de las corrientes de ida y vuelta entre las dos naciones vecinas. Nada valen las oportunidades de la Historia si no se encuentran con hombres por cuya energía y capacidad de visión se transformen en hechos generadores de riqueza y de bienestar para un pueblo. ¡Fortuna para México y para todos nosotros que los haya habido!, como los que fueron capaces de interpretar el favor del tiempo y el lenguaje de las edades postreras.

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Instalaciones industriales y establecimientos bancarios, edificación pública y privada, saneamiento de la ciudad y dotación de agua potable, fueron las obras de fines del diecinueve y principios del siglo XX. Con ellas respondió Monterrey a la necesidad de destacar un centinela en la raya mexicana. Entre tanto, la Ciudad iba cobrando un aire nuevo, de mayor holgura y seguridad. Avanza hacia el Norte y se despliega para seguir los emplazamientos industriales. La casa familiar transa con la antigua huerta, a la cual aprisiona entre patios y traspatios, cerrados algunos por corredores con arcadas de pilastres gruesas y toscas. El aspecto general tiene algo de mediterráneo y andaluz. La vida provinciana se derrama con lentitud y monotonía. Se duerme la siesta y se merienda con café y tortillas de harina. Los paseos elegantes se hacen en carretela y la modesta serenata atrae a la clase media, mientras que los bailes más rumbosos, con señoritas ataviadas a la moda de París, acude el señor Gobernador. Es nuestro siglo XIX que nos legó las primeras industrias, el Palacio de Gobierno, la red de agua y drenaje y algo más de longitud y estatura a la ciudad. Nos legó además, en incipiente estado de formación, la conciencia urbana que había de fortalecer y está madurando a través del proceso de la Revolución mexicana, cuya positiva influencia se muestra en el número de habitantes, ya cerca del cuarto de millón, en la estructura nacional de sus industrias, en la complejidad de sus problemas sociales y citadinos y, por encima de todo, en esa voz del destino que hace sentir a la Ciudad estar llamada a ejercer una alta función en la estructura social, económica y espiritual de México.

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Esta tercera y última edad de Monterrey, que es la adquisición de su conciencia y del sentimiento de su responsabilidad nacional, remata en la actualidad del 350 aniversario de su fundación que hoy celebramos. Pero, antes de concluir el relato y obtener la lección de la historia, será menester referirnos a las fuentes espirituales de donde se ha nutrido la conciencia de la ciudad. Los más remotos y también los más próximos de estos veneros han dejado en el cuerpo urbano las estructuras de los órganos con que se ha ido edificando la vida histórica. El viejo trazo de la ciudad pone de manifiesto las más eminentes categorías del pensamiento y la existencia española: Casa del Cabildo o Consejo Municipal donde se ejerce el gobierno y policía de la ciudad; iglesia para la oración, frente a aquel edificio; y entre ambos la nota alegre y picaresca de la plaza, que fue en otrora centro de reunión para la milicia y asiento de las ferias y que hoy facilita sus andadores al doble anillo giratorio de la serenata. El comercio ha labrado sus propios edificios y vía de tránsito en una especie de brazo o estribación que se desprende de la plaza. Hacia el norte y tras de una apretada faja de casas de hechura mediterránea, muy nuestro siglo XIX, se observan instalaciones industriales, entre una tupida y sinuosa red de viviendas obreras; vías férreas a cuya orilla se acomodan las fábricas, como si fuesen otro río; y esa anchura ribera que es la Avenida Pino Suárez, donde la población obrera pone con sus yompas azules la nota alegre y optimista del nuevo tiempo. Algo podría decirse también del espíritu de la época con relación a las nuevas construcciones que se recuestan en el cerro del Obispado, con ahogo de esa ruina poderosa y venerable; y

EN SU VIDA PERSONAL, RANGEL FRÍAS LOGRÓ APRESAR LO INAPRESABLE, SOBRE TODO AL CONSEGUIR QUE EL POETA PEDRO GARFIAS PERMANECIERA LOS MEJORES AÑOS DE SU EXISTENCIA CREATIVA EN ESTA CIUDAD DE MONTERREY. NO HAY IDEA, PERSONA O ENERGÍA QUE NO QUEDE CAUTIVADA POR ESA ESPECIE DE MALLA CON QUE NUESTRO AUTOR SE APODERA DE LAS PALABRAS, DE LOS HECHOS Y DE LA REALIDAD EN GENERAL.” CARMEN ALARDÍN

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A MEDIDA QUE HA IDO CRECIENDO EN RECURSOS, PROSPERIDAD Y EXPERIENCIA, LA CIUDAD HA IDO ENRIQUECIENDO SU MEMORIA HASTA EL PUNTO DE ILUMINAR CON EL RIGOR DE AHORA LAS VICISITUDES Y ZOZOBRAS DEL PASADO. esotros parajes alrededor de la ciudad. Y algo más de sitios dentro de ella, donde la vida no es ama-ble y civilizada. Pero ya no haré referencia sino a lo que conviene al objeto de este discurso, que en esa parte concierne a la estructura espiritual de Monterrey. A medida que ha ido creciendo en recursos, prosperidad y experiencia, la ciudad ha ido enriqueciendo su memoria hasta el punto de iluminar con el rigor de ahora las vicisitudes y zozobras del pasado. Surgen a su vista las denodadas figuras de los fundadores y de los primeros pobladores del Nuevo Reyno de León: capitanes, misioneros e indígenas; la aguerrida tropa que pobló el Estado y le dejó la numerosa familia de las comunidades; los héroes de nuestra historia política y entre ellos, particularmente, el padre Mier, cuyo ardor republicano ilumina la Independencia con resplandores de incendio. Aparece también Gonzalitos, esa suave figura que es en una franciscano, humanista y hombre de Ciencia; y tras de él la serie de generaciones de maestros que nos legaron el Colegio Civil, hoy la Universidad, y la Escuela Normal. La memoria de la ciudad se halla poblado del espíritu de sus buenos gobernantes, caudillos militares y civiles, directores de empresa y de la innumera multitud, entre todos los cuales la han ido alzando del barrizal y la choza, a la Calzada de pavimento y a la casa de cantera; del campo, al taller y a la fábrica: de la lucha incierta contra el nómada, al espíritu del Derecho. ¿Qué haremos nosotros, los contemporáneos, para proseguir esta obra que han hecho el tiempo y los hombres? Limitar nuestro homenaje al recuerdo y a la admiración, no salda la deuda histórica, a menos que prescindiésemos de la idea de perfeccionamiento de la Sociedad y del individuo. En tanto que haya Historia toda generación recibe de otra y entrega a la siguiente una tarea siempre inconclusa, a la vez que una determinada energía con que llevar a cabo la empresa propia de cada edad. Esta ley de la continuidad del esfuerzo es

la base de lo que se denomina progreso humano, aunque la meta ideal se mantenga inaccesible. Muchas generaciones antes de nosotros, y otros primeros que ellos, algunos hombres pensaron estar edificando una ciudad, cuando no pasaban de darle principio. Y si al llegarnos el turno creyésemos que no hay más que hacer, sino agradecer la fortuna de haber tenido tales antepasados, en ese preciso instante estaríamos destrozando el monumento que merece su fama. Sólo se conserva en el tiempo lo que se somete a su mudanza. A fin de darnos la plenitud de vida histórica que hoy disfrutamos, consumieron su existencia muchos hombres en el fuego de esa fuerza creadora de pueblos y ciudades, que calcina los huesos de los antepasados para abandonar la entraña de la tierra en donde habrá de florecer una nueva espiga. Edades y generaciones se han sucedido pasándose de la mano un juramento de lealtad en el propósito como una encendida antorcha. Al llegar nuestro turno es de rigor prender más puro y más alto el fuego espiritual que edifica la ciudad siempre inconclusa —la del cuerpo y la del espíritu. Con lo cual seremos verdaderamente fieles a la memoria de los antepasados, con un recuerdo que no envenena el alma por que desprende la vida del pasado paralítico y la empuja a la conquista de riveras inexploradas. Hagamos, por tanto, en honor de nuestros antepasados lo que ellos nos dejaron en honra: sostener el impulso que hace rendir el fruto prometido por cada día, mientras la esperanza hila el tiempo venidero. Seamos fieles con ellos en el espíritu perpetuando, más que su nombre, la ley por la cual lo consiguieron, la de consumir el afán en una empresa que no habían de ver sus ojos y con la cual también los nuestros están alucinados: la pura y luminosa eternidad de una ciudad perfecta. Referencias Armas y Letras. Septiembre 30 de 1946

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FOTOGRAMA TOMADO DE UN DISCURSO TRANSMITIDO POR TELEVISIÓN (CIRCA 1950)

PALABRAS FINALES DE UN RECTOR ¡¡ RAÚL RANGEL FRÍAS

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i joven y eterna Universidad. Yo debería haber llegado a estos patios pertrechado con mis mejores armas de retórica y de claro pensamiento. Debería haber previsto que la emoción derrumbaría mis palabras al pisar de nuevo los corredores del Colegio Civil, adonde en años remotos, lleno de fe y de esperanza, conmovido y respetuoso, llegué a sus puertas para iniciar mis estudios de enseñanza superior. Nada iguala la emoción que he sentido hoy al verme de nuevo frente a las tradiciones y a los venerables maestros de esta casa, que guarda los recuerdos y las inquietudes del adolescente y donde encarnan tantos bellos ideales. He preferido, sin embargo, exponerme a una emoción que brotase sin artificio, surgida de la vivencia que tenemos los universitarios y yo de esta obra en común. He preferido que mi pensamiento surja de una intención directa ante los hechos, no elaborada de antemano, y que reproduzca la

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virtud de aquella inserción de mí mismo en la superior voz de las generaciones todavía viva en las aulas, patios, muros y bardas añosas del ilustre colegio que es hoy la Universidad de Nuevo León. Voz unánime, múltiple, clamorosa que recoge los afanes de la convivencia escolar y que aspira el aliento de la juventud cual nueva savia que trepa por las ramas de la vida. Que en cierta forma haya podido yo obtener éxito y ganar prestigio para nuestra casa, es obra de esa fuerza que me poseía y que representaba la comunión en el afán de la juventud generosa de mi estado; la misma que me proporcionaba la devoción de los maestros de mi casa; la que procedía de la seguridad que al través de maestros y de juventud, mi vida y mi voz sería simple y sencillamente pueblo, vida y voz de México. Fue ese mismo impulso que me hizo acudir a las aulas de esta casa y que me ponía trémulo al reconocer desde entonces la cita con una vida superior del destino, a la cual


he rendido y me he humillado respetuoso Cuando hube de emprender, por el mismo de la ley espiritual suprema que gobierna sentido de los acontecimientos y el mismo rua los hombres y a las comunidades. Quizás bro de la historia que se impone a los hombres, no haya habido un joven en el pasado ni un el camino de regreso a mi hogar, a la ciudad hombre en el presente, con menos facultades amada, cuando estuve de nuevo en Monterrey personales por las cuales reclamar derechos de mis años adolescentes llenos de ensueño y y servir con más devoción sus propias oblide cariño; entonces otra vez la misma voz, la gaciones. Seguro estaba, entonces, por envieja voz, la eterna voz colectiva del pueblo cima de las debilidades y de las potencias que me guía enderezó mis pasos por los sende los hombres, gobierna una dirección y deros de la Universidad de Nuevo León, me un sentido espiritual de los acontecimienpuso aquí y allá, en la Facultad de Derecho, tos: certeza a la que ayer se rindieron sus en la Escuela Nocturna de Bachilleres, en el facultades, las potencias mismas de mi ser, Departamento de Acción Social Universitaria para entregarme, como lo hago hoy, al nuevo y luego, con qué palabras difíciles pronuncio: curso de la vida que me pone al servicio de en la Rectoría de la Universidad de Nuevo mi patria. León. ¡Con qué palabras difíciles casi llenas Ayer, de estudiante —¡gloriosos días de dolor, escucho hoy que se me llama ex recaquellos de la vida tor de la Univerjuvenil!—, como PODRÁ EXISTIR, EN TÉRMINOS sidad de Nuevo lo declaro con saLeón!; palabras GENERALES, UNA DISTANCIA; tisfacción, en los que yo no había patios de la vieja PODRÁ EN EL TIEMPO creído que pudescuela que guariera soportar, que ESTABLECERSE CIERTO OLVIDO; parecen cortar de da mis recuerdos juveniles, tuve el PERO HAY EN LA ESENCIA tajo todo el porveorgullo y la satisMISMA DE LA VIDA COSAS nir, palabras que facción de haber señalan un vacío ETERNAS Y DEFINITIVAS Y y un hueco; que presidido la Sociedad de Alumnos CON ESAS COSAS ETERNAS me resultan de del Colegio Civil una íntima pena Y DEFINITIVAS YO ESTOY del estado, como en este sitio, que años después los guarda junto a los SOLEMNEMENTE ENLAZADO. destinos de la viejos recuerdos, Federación de Eslos de un rector, tudiantes de Nuevo León. que no quiso ser entre los estudiantes sino Más tarde, en épocas menos agitadas y uno más, el adelantado a todos ellos, y entre conmovidas de mi Universidad, la de aquí los maestros sino uno menos, aquel que tenía y la de allá, la misma, la de todos los mexila obligación de servirles. canos, presté mi esfuerzo, mi pensamiento En esta cuadrícula de nuestro viejo pay mi palabra a movimientos estudiantiles tio del Colegio Civil del estado, he venido a que representaban la verdad de una protespronunciar mis palabras de despedida: ¡y se ta juvenil. Llegué alguna vez, con legítimo dice despedida con fácil naturalidad!, ¿podré orgullo, a ejercer de Consejero Estudiantil yo despedirme de la Universidad de Nuevo por la Facultad de Derecho en el Consejo León?, ¿podrá ser cierto que en esta noche Universitario de la Universidad Nacional yo haya venido a despedirme de esta juvenAutónoma de México; y serví también, una tud generosa, de estos maestros abnegados, cátedra en la casa mayor universitaria de de esta casa que es mi vida? En medio de nuestro país. esta noche magnífica, mienten las estrellas

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si responden que yo me voy a despedir de la Universidad de Nuevo León. Podrá existir, en términos generales, una distancia; podrá en el tiempo establecerse cierto olvido; pero hay en la esencia misma de la vida cosas eternas y de-

superiores, en forma permanente y definitiva; a esas voces, que no se les puede traicionar ni hay fuerza capaz de quebrarlas en ningún instante, estuve entregado. Estoy y estaré siempre entregado a esa corriente poderosa, a esa savia fecunda que viene desde las LA CONVICCIÓN DE UN HOMBRE PUEDE LLEGAR más hondas raíces de A QUEBRARSE, LOS PROPÓSITOS DE UN DÍA mi pueblo. Porque he creído en ellas es por PUEDEN SUFRIR UN GIRO NUEVO EN PRESENCIA lo que he creído en la DE OTROS ACONTECIMIENTOS, PERO PARA Universidad. Si yo pensara que la AQUELLOS QUE DESDE LA JUVENTUD Y AÚN Universidad de Nuevo ANTES, DESDE LA ADOLESCENCIA, HEMOS León es tan sólo un OBEDECIDO VOCES DEL DESTINO, QUE SE DEJAN conjunto de recursos ESCUCHAR, COMO LO HACE EL HOMBRE DE adjetivos, de procedimientos técnicos, de CAMPO A DISTANCIAS FORMIDABLES CON EL medios para adiesPASO MÁS LIGERO POR LA CAMPIÑA, PEGADO EL trar a los hombres, no OÍDO EN LA TIERRA; LAS VOCES DE LA SANGRE tendría esta pasión; no hubiera podido Y DEL ESPÍRITU DEL PUEBLO, NO PUEDEN SER entregarme a ella en la forma devota y huCAMBIADAS JAMÁS. milde que lo he hecho. Siempre he considerafinitivas y con esas cosas eternas y definitivas do que el tesoro más preciado, la misión veryo estoy solemnemente enlazado. Y esto que dadera de la institución universitaria consiste declaro hoy, es la confesión del estudiante de en proveer a los hombres de un sentido de la ayer, del incipiente maestro de apenas hace vida, antes que de unas armas con las cuales poco, y del rector que fue vuestro amigo, enrealizar provechos propios o ajenos. Siemlazado en forma tal a su propia casa, que sólo pre he creído que la cultura, en la cual está destruyéndose su vida podría derrumbarse su el asiento de la misión universitaria, es una fe y su esperanza en la Universidad. corriente, un espíritu, una fuerza que presta La convicción de un hombre puede llegar alma a los procedimientos técnicos, a los mea quebrarse, los propósitos de un día pueden dios de adiestramiento, a las capacidades —a sufrir un giro nuevo en presencia de otros que provee también la Universidad—, pero acontecimientos, pero para aquellos que frente a las cuales recoge y conserva su susdesde la juventud y aún antes, desde la adotancia de humanidad. lescencia, hemos obedecido voces del destino, Por valiosos y necesarios como lo son, y que se dejan escuchar, como lo hace el hombre debemos declarar que lo son positivamente, de campo a distancias formidables con el paso todos los procedimientos de la técnica demás ligero por la campiña, pegado el oído en rivados del cultivo de la ciencia, todos los mela tierra; las voces de la sangre y del espíritu dios de adiestramiento personal y colectivo. del pueblo, no pueden ser cambiadas jamás. A La Universidad representa algo más, algo esas voces —destino que me ha llamado inemás allá, siempre y en cada momento de esa xorablemente por encima de mis potencias y perfección. Representa, en primer lugar, ¡ay de mis debilidades—, a entregarme a cosas de la universidad que olvide esto!, representa

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la carne misma de la palabra, como esencia moral del hombre, como vaso y ofrenda de la inteligencia, de la emoción y de la libertad. Aunque puede quedar comprometida en turbias empresas, es siempre la expresión y el espejo humano; palabra, voz y lenguaje, que no hemos fabricado los hombres del día de hoy, que la recogemos tras de un largo esfuerzo humano, y representa el triunfo del hombre —aspiración a lo infinito y negación de la naturaleza en la historia de la libertad—, del hombre que mediante la palabra fue capaz de inventar la filosofía y la ciencia. La palabra que en otros giros de la historia ha tenido capacidad de transportar la llama inflamada de las libertades públicas, sangre que malgastamos día a día en oficios y menesteres de índole ordinario, pero que conserva y engrandece el poeta y el hombre de letras y que es, el alma del aula, de la expresión humana, de la transmisión y grandeza de nuestros conocimientos, virtud de la enseñanza íntegra, de las primeras letras hasta la última instancia de la educación superior. A la palabra, que debemos respetar como uno de los vasos sagrados que llevan de generación en generación los hombres, donde se vierten las voces de la filosofía y la ciencia, desde la tradición griega hasta el presente, se deben consagrar los esfuerzos más sólidos de nuestro espíritu, por su perfeccionamiento y por encima de todo, por su verdad. La palabra misma, sin embargo, puede ser pervertida en oficios retóricos, y adulterada por la técnica, o empobrecida por intenciones que llevan consigo la pérdida de la condición humana. Si debe servir y dirigir la auténtica cultura humana, como encarnación de la historia y de los esfuerzos de paciencia, del pensamiento filosófico, y de la técnica, la misma se subordina a los valores más altos de la verdad y de la libertad. La cultura, en que se representa todo esfuerzo humano, es un modo sustantivo de la vida, una incorporación del ser mismo y no sólo lujo u ornato del espíritu; y en nuestra patria, particularmente, es algo más: pan y vida de los hombres. Verdadera cultura es fundamentalmente

LA UNIVERSIDAD, QUE ES PALABRA, QUE ES CULTURA, DEBE RECONOCER, POR ENCIMA DE TODO, QUE ES LA VERDAD Y LA LIBERTAD DE ESA CULTURA; PAN NUTRITIVO, EN EFECTO, Y NO SIMPLE RETÓRICA VANA. aquello que la acepción del término indica, el cuidado, la elevación y el perfeccionamiento del ser humano: que comienza por entender que sin las básicas funciones de la economía y de los procesos sociales, sin la más elemental simpatía por la vida que crece, no puede aspirar a representar con palabras engañosas, un sentido contrario de aquel que se constituye precisamente por esas situaciones fundamentales. La Universidad, que es palabra, que es cultura, debe reconocer, por encima de todo, que es la verdad y la libertad de esa cultura; pan nutritivo, en efecto, y no simple retórica vana; último tramo en el que se cierra el ciclo vital que comienza por el cultivo de los campos y termina por la enseñanza de las letras, verdad y libertad como vida de nuestro pueblo. Significa la cultura algo más que el conocimiento cuidadoso y detallado de la historia, de la organización de la materia o de la vida, consiste en la trasmisión de la sangre y del espíritu y en la concesión de unas generaciones a otras, de fuerza, de capacidad para seguir actuando. No puede ignorar las adversidades, los dolores, los sacrificios colectivos con los cuales está hecha, con los cuales está construido el último piso del pensamiento humano. Es espíritu, solidaria y profundamente responsable de las raíces de que se nutre, que consisten de sufrimiento, hambre, pena y lucha, lucha en que las palabras abandonan a los hombres. ¡Qué espectáculo ver a nuestros campesinos! Qué espectáculo lleno de advertencias para los intelectuales de México, ver a nuestros campesinos abandonados de palabras. No tienen la riqueza de la retórica, pero a ellos debemos, fundamentalmente, el caudal de que disfrutamos, la vieja cultura clásica de nuestro recreo.

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No olvidamos nunca la lección de la historia y del presente; la lección de culturas desarraigadas que acaban por morir, entristecidas por la falta de una savia que venga desde abajo, cortadas del aliento vital que les proporciona volver a la tierra, el grano fecundo que los campos han logrado alcanzar entre los surcos para beneficio de los hombres. No olvidemos, mi Universidad, la responsabilidad que tenemos con nuestro país, ante nuestra patria. No olvidemos que podemos representar flor de un instante, fragancia momentánea, si no llevamos nuestra palabra, nuestra verdad, nuestra vida, en obligado regreso de fecundación a esas corrientes subterráneas, a esa savia que alimenta y que lleva hasta lo más delicado del follaje, su mensaje de nutrición y belleza. No olvidemos, mi Universidad, mantenernos en contacto y adheridos a los problemas sociales, a las adversidades de nuestro campo, a los sacrificios de nuestros obreros, a las dificultades de nuestra clase media. No olvidemos que la juventud nos proporciona a nosotros los maestros, el sentido y el rumbo de la historia; y que si tenemos la obligación de poner en sus manos las letras, el pensamiento y la ciencia, la propia juventud tiene el mensaje que debe fecundar esas letras, para que, entre unos y otros podamos integrar la verdad fecunda, la verdad completa, la verdad auténtica. Una verdad que no sea el provecho ni el patrimonio de unos o de otros, que sea capaz de cobijarnos entre esperanzas y derrotas, como esta bóveda inmensa de la noche en que se anuncian los luceros del alba. Al decir estas palabras como mi mensaje final, quiero que representen el íntimo sentimiento de un hombre que no se despide de la Universidad; que se aleja, pero que estará ahí, a corta distancia y en momento diferente, presente en la responsabilidad que asume hoy, que no es sino la continuación de la responsabilidad anterior; un hombre que no encuentra distancias, tiempos, y mucho menos vacíos, entre su vida de estudiante, de maestro, de rector, y la responsabilidad que como ciudadano tiene la obligación de ejercer el día

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de hoy. Que si ha habido alguna verdad en sus palabras, es porque esas palabras han estado forjadas en el contraste de la resistencia y el ímpetu dentro de la comunidad universitaria; que tiene la más profunda fe en la Universidad de Nuevo León, no como institución particular, sino como aquel sitio donde se escucha la voz clamorosa, unánime y múltiple de su pueblo; de un hombre que ahí, en esa Universidad, sintió los pasos de un destino, que reclamaba entregarse al servicio de su pueblo, y que para entregarse a ese servicio comenzó por hacerlo a su propia juventud, tratando de ser el adelantado y compañero de ella y el servidor de sus maestros. Este hombre, que no se despide hoy, ni mañana ni nunca, porque tiene el derecho, y lo reclama desde hoy para siempre, el pleno derecho, de volver a repetir sus pasos desde la puerta de entrada hasta la última barda de este patio, de repetir sus pasos de universitario y pasar de nuevo por sus aulas, de servir y de luchar por su casa, este hombre considera que tal privilegio se lo ha ganado , y nadie se lo puede quitar, por sus años juveniles, por sus horas de maestro y finalmente, porque se lo ha impuesto la adhesión, el afecto, y la simpatía que los universitarios le brindaron cuando fue su rector. ¿Acaso es distinto haber sido el rector de una Universidad, que ser uno de los estudiantes de la misma, uno de sus maestros, o cualquiera de sus funcionarios? Mi Universidad va conmigo, ella no me dejará. Hay vocacion�������������� es que el hombre no puede dejar, y la mía, más limpia y transparente, ha sido la de maestro. Ese patrimonio, ninguno de los azares de la vida puede arrebatármelo; por ello, aquí, junto a vosotros, os pido que me acompañéis en el sentimiento de un hombre que no puede decir la palabra final de despedida. Para él, la Universidad es como una dimensión de su vida espiritual. Cuando este hombre triunfe o fracase, no reclamará de vosotros ningún otro derecho, otra gratitud, que llamarse un antiguo alumno del Colegio Civil. Vida universitaria. Mayo de 1955.


ÁGUEDA O DE LA

PINTURA ¡¡ RAÚL RANGEL FRÍAS

¿CÓMO FUE QUE PERDIÓ SU INOCENCIA LA PINTURA? SERÍA TAL VEZ EL TEMA DE UNA CONVERSACIÓN MÁS AMPLIA Y SABIA DE LA QUE YO PUEDO BRINDAR. LO CIERTO ES QUE LA PINTURA EXISTE ANTES, PERO MUCHO ANTES QUE A NADIE SE LE HUBIERA OCURRIDO HACER ARTE CON ELLA. Y A ESTO ES A LO QUE SE DEBE LLAMAR EL ESTADO DE INOCENCIA DE LA PINTURA. TAL VEZ ALGUNOS RECUERDEN EJEMPLOS DE LA HISTORIA DEL ARTE TAN ANTIGUOS COMO LAS PINTURAS DE LA CUEVA DE ALTAMIRA EN ESPAÑA. PERO MUY CERCA, MÁS QUE ESAS FIGURAS, TENEMOS OTRAS QUE PODEMOS Y DEBEMOS SEÑALAR: LA PINTURA NACIENTE DE NUESTRO PROPIO TERRITORIO, FUENTE DE EXPERIENCIAS A NUESTRO ENTENDIMIENTO Y MÁS PRÓXIMAS POR TANTO PARA SERVIR COMO EJEMPLO DE LO QUE YO QUIERO DECIR.

C

uenta el Primer Cronista del Reyno y otros en seguimiento suyo, que nuestros antepasados indígenas fueron seres felices, crueles y hambrientos que vagaban por las regiones hoy conocidas y entonces recién llamadas del Nuevo Reyno de León. Practicaron costumbres que les parecen a sus aparentes contemporáneos, castellanos y portugueses, horribles artes del demonio, pero que no eran sino directa inspiración de su estado de naturaleza, en cierto modo tan puro e inocente como la pintura a la que me voy a referir más adelante.

Estos seres extraños se untaban el cuerpo —dicen los cronistas— usando en ello sebo de venado y unos pequeños dientes, algo así como peines hechos de la espina dorsal de ciertos peces: se practicaban largas incisiones o ranuras en la piel donde colocaban piedra o carbón molido para teñirse de negro o rojo, sobre lo cual dibujaban serpientes, sapos y otros animales de la naturaleza. La pintura fue entonces una fórmula mágica, muy seguramente, pese a que los historiadores apenas si lo hayan señalado. Aquellos habitantes practicaban una antiquísima religión del hombre sobre la tierra, consistente

1 Este texto fue leído por Rangel Frías el 16 de agosto de 1976, y se mantuvo inédita su publicación hasta 1997, cuando fue incluido en el número 53-56 de la revista Deslinde (julio de 1996-junio de 1997, pág. 39-42). En aquella edición, el texto es presentado con las siguientes líneas: “Aunque es indiscutible el poder que tiene el tiempo para convertir en ceniza cualquier página, es el hombre quien fuera llamado a descubrir una y otra vez el rescoldo: guiño luminoso que nos dirige nuestro semejante desde el ayer. Raúl Rangel Frías, máxima figura universitaria y política de Nuevo León, disfrutaba conviviendo con los jóvenes talentos de la pintura, los escenarios, las letras y el pensamiento. Por eso aceptaba de buen grado aquellas invitaciones que le permitían hacer lo que él podía hacer a la perfección: disertar sobre asuntos propios de la filosofía o las artes. Al leer las siguientes páginas inéditas, comprenderemos por qué Rangel Frías fue considerado, en todo momento, un notable orador”.

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por otra vía sus culturas, otras como la de hoy, que estimamos de mayor calidad intelectual, pero que es una suposición más entre las muchas suposiciones que puedan presentarse a la duda contemporánea. La representación que usó la pintura en figuras o formas, fue camino de la escritura. Primero, criptográfica, después ideográfica y finalmente fonética como es hoy. Por mucho tiempo hemos dependido del oído para el saber, tanto como de la vista. Incluso filósofos antiguos consideraron más importante oír que ver, pero en la síntesis de ambos es como se efectúa la configuración y el perfil del signo. El dibujo fue una abstracción del color, y el cuadro fue una nueva abstracción donde el espacio significó un recurso de líneas matrices para colocar figuras, situar lo visible en el marco y dar al conjunto la distancia y el ritmo adecuados. Con lo que se llega a otra época y su preferencia por el arte de perspectiva. Edad correspondiente de un modo general a la civilización occidental (del XVI al pasado siglo XIX), que una vez alcanzada su final etapa, abrió la otra vía ya más reciente de nuestra historia, significada por la crítica y el cambio o sus innovaciones. No bastó el principio del color que tenía el cuerpo (aunque subsiste hoy esta práctica en damas tan exquisitas y amables como las presentes en la sala; no bastó el dibujo para mantener atenta la mirada del hombre al objeto de su deseo, y el amor de su espíritu por discernir el dibujo y el color). Fue preciso recurrir a la dimensión del espacio interior de los claros. Si uno contempla láminas de pintores anteriores al Renacimiento italiano (algunos representantes de esos siglos), cree ver o le parecen sus figuras cual imágenes de iluminar de libros religiosos. Cuando esto sucede conocemos ya un arte de perspectivas: la historia ha arribado al Renacimiento. Simple y llanamente el hombre que pinta quiere aban-

LA PINTURA COMENZÓ POR SER MAGIA, COMUNICACIÓN O PARTICIPACIÓN DE LAS FUERZAS DE LA NATURALEZA. en la adoración del sol y en la comunicación con las fuerzas cósmicas. Algunos de éstos fueron llamados “rayados”, otros “borrados” o “pelones”, y simulaban verdaderos cuadros modernistas, pintarrajeados de una manera que no entendía el europeo del Renacimiento: dichosa edad que florecía en Italia con la alta y más noble de la pintura de los siglos. Estos hombres probablemente recreaban lejanas prácticas religiosas que simulando jaguares o pumas americanos por sus manchas y aspecto feroz, exorcizaban y conjuraban elementos de la naturaleza. Probablemente son las primeras imágenes del arte y éstas las más originales pinturas de la tierra. Fue en esta tierra como en otras partes de mundo. La pintura comenzó por ser magia, comunicación o participación de las fuerzas de la naturaleza. Y mucho tiempo más tarde, desprendida de esa fe cósmica, inició el camino que vino a parar en nuestros días: arte abstracto y deshumanizado. Un camino de abstracción que continúa haciéndose desde las primarias invocaciones a las fuerzas mágicas, que se realizó también en las cuevas de Altamira. Reproduce los esquemas del bisonte, el ciervo, el caballo y la cabra, con lo que se pretendía fabricar por intermedio de la imagen, el objeto real. El diseño separa o aísla el primer elemento formal, el contorno de su interna materialidad, la cual sustituye o conjura el color y la forma. El camino de la representación fue otro camino de la inteligencia. Y si ya podemos añorar para nuestra vida la pura magia —esa técnica de resultados—, concedemos luego nuestra adhesión al éxtasis de la violencia y la sangre, fuente de la representación estética. Debemos reconocer que fue a través de la magia y de sus desprendimientos que el hombre sustrajo los elementos de la forma, del movimiento y del espacio. Y construyó

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donar el libro para echarse a andar en medio de la geografía. Y más que el ojo creador de la forma, brota una nueva perspectiva: su mirada se tiende hacia adelante y es llevada por brazos y piernas de viajeros o transeúntes de tierra y más exige el movimiento del espacio y la necesaria articulación de la vida. Tal modo expresará emociones antes desconocidas, paisajes y acciones, en sustitución de estancias inmóviles. La historia del Renacimiento tiene su más colosal aunque no siempre su más fina expresión en la obra de Miguel Ángel, atleta o genio de pies a cabeza. Y la obra de sus manos está más viva en escenas narrativas como las de la Capilla Sixtina, puro teatro o novela del mundo. La cultura humana ha vivido estas sucesivas etapas sin romper del todo con su pasado, la de cada vez y otras. Nunca ha borrado definitivamente las etapas anteriores. De una se edifican y se nutren las otras pero también a veces hay reflorecimientos de las copas más antiguas. A nada hemos querido renunciar. A la historia de la pintura veneciana se le atribuye aquel glorioso desequilibrio del color sobre el dibujo y su exaltada magia del amor a las veleidades del cuerpo humano. Este color fue por largo tiempo elemento mágico y en ciertos casos se reduce a los adjetivos; del dibujo fue recurso y la decoración espacio total del cuadro. El dominio del campo abierto dio en el Renacimiento una de sus notas más significativas —pero no la única ni exclusiva— de la pintura hecha para mirar exteriores, como teatro y arte de colocar figuras en un escenario o ver moverse en discursos el habla de hermosas frases. La “Escuela de Atenas” es prácticamente la representación de una obra teatral en donde se ofrecen seres verdaderos en escena frente al espectador: la visión y síntesis de la filosofía en imágenes como ideas Al llegar aquí se preguntarán ustedes: ¿cuándo trataremos de la obra de esta sensitiva pintora, amable amiga, que se llama Águeda Lozano? Ante una exposición como ésta, parte de nosotros (y todos somos nosotros) nos sentimos excitados diversamente. La historia de

ÁGUEDA VIVE EN MONTERREY Y HACE PINTURA POR LIBERAR, EXPRESAR Y CONSAGRAR UN ARTE EN CIERTA MANERA REPRESENTATIVO, QUE ACTÚA CON ESPÍRITU PERSONAL: MUNDO CERRADO DE ELLA MISMA Y SU PROYECTO DE PINTURA. nuestra formación incluye la historia de cierta humanidad en nuestro inconsciente, lo que nos obliga a repetir rutinas mentales con las cuales abordamos los fenómenos nuevos de la vida. Una de éstas consiste en vaciar a los cuadros de cosas representativas y lenguajes de gratas lecciones o de moral pública. Es por ello, y por otras razones, que mis palabras son tan sólo un prólogo de desilusión para quienes consideran la pintura de los jóvenes artistas regiomontanos una prolongación de los cuadros o de la pintura del siglo XIX. La pintura del mundo no es exactamente ese ente cosificado que tiene por modelo un antiguo arte. En buena hora el recreo con las más esplendorosas obras del espíritu, pero es otro sentir de esa expectativa un logro absoluto. De todos modos, como la pintura es más antigua que el arte y como el arte está ligado al fondo emocional y cósmico, venir a una exposición renueva la sensación de que acudimos al fenómeno de más excepcional originalidad. Aquí es saber cómo habla Águeda, no si reproduce la temática de los cuadros del Renacimiento o de la pintura española o lo que sería más próximo, de los maestros mexicanos. Procedente de tierras alejadas de México, pero del mismo norte contiguo al nuestro, Águeda vive en Monterrey y hace pintura por liberar, expresar y consagrar un arte en cierta manera representativo, que ac-

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RETRATO DE ÁGUEDA LOZANO (CIRCA 1976)

túa con espíritu personal: mundo cerrado de ella misma y su proyecto de pintura. No confundamos pasar por la galería en espera de tal o cual cuadro con la calificación del valor que nos diga algo muy personal. No. Vamos por el bosque y paseamos bajo los árboles en los senderos del mundo vegetal, mirando una y mil veces la misma forma bajo el fulgor cambiante y la ennoblecida visión de la graciosa reiteración de un encanto formal. Yo he contemplado con entusiasmo, parte con admiración y asombro, estos cuadros y no fuera mucho decir que me traen una confesión como del poema que va escribiendo la vida: son páginas de infancia y hechos de distante adolescencia con cierto valor y presencias mágicas de la fuerza o la violencia de la onda cósmica. El color va aquí y allá directamente a unirse con la intensidad del sentido y a expresar algo del enigma universal de los seres primarios, los arquetipos del inconsciente. Es el rojo simple una florescencia de la sangre, ofrenda y clamor. Pero el negro sigue siendo, una vez más, el oscuro tránsito, la maternidad. El ocre empieza a

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ser inteligencia y es siempre el tono de la esperanza y la resurrección. Hay por allí un cuadro que es conmovedor. Representa la casa paterna en donde figura una gran mesa con vistas de máquinas computadoras: la precisión cruel a que asoma el mundo moderno. Pintado en oro, califica de rasgo femenino en una naturaleza que se sitúa contra la realidad, donde anda perdida la poesía y la gloria de la vida aún rescatable por la magia del color. Es cierto que en alguna ocasión contrastan los rojos y los negros para poner de manifiesto la guerra y la muerte, como señales presentes de la humanidad; pero de una manera tan gentil, tan delicada, como es transparente a pesar suyo una persona que no quiere ocultar su condición femenina, su misión de madre o de mujer amorosa, simplemente. Esperanzas con mensaje de tiempos marcados en un reloj de minutos intemporales. Parece juguete y tiene forma de astro en un mundo muerto. Paradoja y esencia en que pertenecemos a éste y al otro mundo encantado, visión de la mujer y de las hadas. A pesar de los oscuros pozos, a pesar de esas formas de matrices por engendrar o que tienen guardadas todavía el germen del mundo, hay también huellas de las plantas de un niño o de un hombre que camina por la playa. Es un mensaje de poeta y pintor, unidos en una íntima expresión de belleza. La pintura de hoy trata de igualar la música más que la escultura. Y siendo una, se asemeja en el recuerdo a la pintura de las paredes de Altamira. Tamayos retrasados. Sello este día mis palabras para nuestra joven pintora de Monterrey, que es nacida de una tierra que habitan la mitología y los juegos mágicos de la luz. Es de la nueva generación de romeros y juglares que aniquila el tiempo anterior. El mundo está vivo. No obstante estar lleno de engranes, de piedras, de palancas, de poleas y tuercas. Pero todavía hay mujeres en el mundo, todavía hay amor en el mundo. Por esto he venido a dar testimonio del alma que empuja en la fronda las voces del espíritu y de la vida. Las imágenes y las palabras.


CARTAS

Carta de Octavio Paz a Raúl Rangel Frías París, a 8 de diciembre de 1961. Sr. Lic. Raúl Rangel Frías, c/o Los Laureles, San Pedro Garza García, N. L. Muy querido Raúl: Gracias por tu carta del 22 de noviembre. No he recibido aún las dos publicaciones de que me hablas. Cuando me lleguen, las leeré con mucho interés. Tu obra como Gobernador ha sido, a mi juicio, ejemplar. Lo que has hecho por la Universidad de tu Estado por sabido se calla.

Recibí, hace unos días, tu “Discurso final”, pronunciado ante los

universitarios de Monterrey. Entre todo lo que dices, destaco una frase que me hace recordar nuestra juventud: “Nuestros maestros son los jóvenes”. Eso es lo que se olvida con mucha frecuencia en México –y en todas partes.

Un abrazo afectuoso, Octavio Paz

Raúl Rangel Frías, Alma Mater, primera edición, Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, 1984, p. 347.


CARTAS

Carta de Jaime Torres Bodet a Raúl Rangel Frías México, D. F., a 14 de agosto de 1963. Sr. Lic. Don Raúl Rangel Frías, José Benítez 2190, Colonia Chepevera, Monterrey, N. L. Mi estimado amigo: ¡Qué hermosa y noble su Evocación de Alfonso Reyes! La he leído, esta noche, con interés y con emoción.

Los textos incluidos por usted en su conferencia la ilustran

admirablemente y hacen apreciar lo que fue, acaso, la virtud esencial de Reyes: aquélla que algunos, de la manera más injusta, se rehusaron a reconocerle en vida. Me refiero a esa mezcla de mexicanidad profunda y de universalidad innata, en la que encuentro la razón mejor de su clasicismo.

Gracias por haber escrito páginas tan certeras. Y gracias por haber

adivinado el placer que me proporcionaría su amable obsequio.

Le desea todo bien su afectísimo amigo, Jaime Torres Bodet

Raúl Rangel Frías, Alma Mater, primera edición, Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, 1984, p. 348.


CARTAS

Carta de Agustín Yáñez a Raúl Rangel Frías 15 de octubre, 1977. Muy querido amigo Raúl: De sorpresa en admiración, he leído El Reyno. Regio en cada provincia, de confín en confín, a crecientes páginas.

Qué sutil, feliz contrapunto de asuntos, tiempos, tipos, fantasías,

realidades, modos expresivos, a partir del arcaico cuadro inicial, hasta el coloquio popular, tan acertado (contrapunto es arte sumo): y cuán inesperada sabiduría de composición (clave del quehacer artístico: novela o poesía, pintura, música, escultura o arquitectura): en la traza general y en los detalles: en uso del coro clásico, transcrito en cursiva. El Reyno es la sinfonía de Nueva Extremadura, que no dudo en comparar con la de Dvorak: El Nuevo Mundo.

Cuánto podría extenderse al computar impresiones, hallazgos, lecciones,

que su libro me ha deparado. Lo haré personalmente, cuando nos encontremos. Espero que sea pronto.

No creo errar si auguro que, cualesquiera sean la miopía de la crítica o

lo desaprensivo de la difusión, El Reyno alcanzará rango de obra maestra en la narrativa mexicana. Tarde o temprano. Indudablemente.

Querido Raúl, muy hondamente, calurosamente, me complace

congratularme, felicitarlo por tan espléndido fruto de su talento, de su imaginación, de su perseverancia en la larga paciencia de crear.

Lo abrazo con antiguo, acendrado afecto. Agustín Yáñez

Raúl Rangel Frías, Alma Mater, primera edición, Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, 1984, p. 349.


CARTAS

Carta entreabierta a Raúl Rangel Frías

Querido amigo: Hace varios lustros se reunía un grupo de adolescentes en la Plaza de Colegio Civil de Monterrey, durante noches veraniegas casi interminables. Uno lo recuerdo muy bien, acababa de encontrar el doloroso desconcierto de Aliosha Karamazov en las páginas de Dostoiewski; otro había descubierto el afán desventurado de Julián Sorel en los textos de Stendhal. Había quien se entregaba desordenadamente a la lectura de la historia y quien descubrió, desde entonces, su vocación por las investigaciones económicas. Todos o casi todos, leían poemas. Todos o casi todos eran, al mismo tiempo, ingenuamente dogmáticos y candorosamente escépticos. La vida de México tenía entonces tonos sombríos y rojizos. No se había secado aún la sangre de los muertos a traición ni de los castigados por una justicia ciega y violenta; pero de las hazañas de los guerrilleros no quedaban ya sino los relámpagos perdidos de una leyenda contradictoria.

Para aquellos muchachos, obligados al estudio de la Lógica de don

Porfirio Parra, México aparecía como un drama gigantesco, difícil para la inteligencia, doloroso para la emoción, terriblemente lejano de la voluntad. Parecían falsificadas las palabras y aún parecía haber sido engañada la sangre. Uno de ellos se refugió en las lecciones de Pablo de Tarso, otro en los diálogos platónicos. La Suave patria de López Velarde servía, a veces, de cándido y provisional consuelo y el recuerdo de los hombres de la Reforma era el instrumento para una posible explicación venturosa. Nadie, empero, se resignó al presente; nadie dejó huir a la esperanza de su corazón. Las muchachas, por otra parte, eran bellas, fragantes, huidizas, risueñas y optimistas. Ninguna, por fortuna, era Casandra. Nadie, dichosamente, fue Ofelia. No apareció Sonia, por ventura. Todas tenían sencillos nombres provincianos, ágiles pestañas sin reminiscencias poéticas y ojos tranquilos y francos, sin posibilidades para la


CARTAS

novela. Había música los viernes y todas las noches eran cálidas, con alevoso vaho vegetal disperso en el viento. A veces se escuchaba, lejano, un alarido sentimental y jactancioso o llegaba, desde esquinas remotas, el ruido de unos cuantos balazos. Greta Garbo desempeñaba conmovedores papeles dramáticos en las versiones cinematográficas de Eugenio O’Neill y Marlene Dietrich interpretaba en las películas alemanas a mujeres de la mala vida o señoras con anhelos heterodoxos. Los periódicos reproducían las bravatas de Mussolini o notificaban las reuniones en una cervecería de Múnich, encabezadas por Adolfo Hitler. Los editorialistas escribían pomposas consideraciones sobre la tensión internacional y los cronistas frívolos señalaban al trío Garnica Ascencio.

Algunos de aquellos jóvenes vinieron al barrio de San Ildefonso, en

México. Aquí encontraron, en el patio de la Preparatoria, en el pasillo de la Escuela de Jurisprudencia, en los cafés de chinos y en las tabernas del rumbo, a otros jóvenes de todas partes del país con la misma inquietud. Escuchaban por la mañana las lecciones de Antonio Caso y recorrían por las tardes las calles más humildes de la ciudad, donde la miseria y la desesperanza muestran sus rostros amarillentos. El Derecho, a veces, se antojaba ilusorio, fantástica la teoría de la sociedad, engañosa la historia formal de las instituciones, irreductibles las contribuciones de la existencia nacional. Flotaba, sin embargo, un aliento vital sobre las almas de aquellos muchachos que, a la postre, encontraron los proyectos más cerca de su voluntad.

Se necesitaría mucho espacio para recordarlo todo. Las páginas de

Spengler y las de Ortega y Gasset han quedado atrás. Los libros de Unamuno descansan en un rincón olvidado del librero y de los párrafos de José Eustacio Rivera, Rómulo Gallegos y Ricardo Güiraldes sólo queda el recuerdo de algunas frases. Pero el drama de México persiste con sus dimensiones gigantescas. Los adolescentes de entonces han mantenido y acrecentado su amistad a lo largo de los años y se sienten orgullosos de ello y también satisfechos de que la vida mexicana la haya hecho posible y fecundado todos los días.

Hay entre mis libros, viejo amigo, algunos que fueron tuyos y uno de tu

padre admirable. Hay entre los tuyos algunos que fueron míos. Los dos tenemos libros juveniles de Juan Manuel, de Fernando, de Juan, de nuestro jamás olvidado Salvador. Son las huellas de una compañía inextinguible.


CARTAS

Pero no escribe esta carta el dueño de unas remembranzas sentimentales,

tu antiguo compañero de proyectos y empeños, tu infatigable camarada de diálogos adonde afluyen nuestras simpatías y nuestras diferencias. Te la envía solamente un ciudadano de Nuevo León para señalar un hecho del que son testigos todos los nuevoleoneses: durante los últimos seis años se ha gobernado nuestro Estado con inteligencia, pasión y pulcritud, no desmayó tu entusiasmo, no se quebró tu serenidad, no se fatigó tu generosa índole. Pero, sobre todo, no olvidaste jamás el deber hacia el pueblo que te eligió. Hubo una administración diligente, eficaz y limpia y todas las obras públicas tuvieron un sentido popular: la edificación de la Ciudad Universitaria, la carretera a Galeana, el agua potable para Monterrey, los caminos vecinales, la energía eléctrica en los municipios, las escuelas… Una política democrática dirigida hacia la justicia y la elevación del nivel de vida de las masas populares urbanas y rurales. No lo hiciste todo, claro está, ni convertiste a Monterrey en la Atenas del siglo de Pericles. No transformaste el desierto en pradera feraz. Mas era imposible gobernar a Nuevo León como un Zeus precipitado y delirante. Sólo era necesario un ciudadano con responsabilidad plena de su misión y sus posibilidades.

Si juzgara el amigo de la juventud, nublaría mi vista ante los errores; pero

he medido los tuyos como un ciudadano sin compromisos y como un periodista independiente. Son mínimos en relación con tus aciertos y dejas una obra evidente y notoria; nadie, ni tus censores más estrictos, la podrá negar.

Es grato saber que un amigo ha salido victorioso de una difícil jornada.

Así lo sienten, estoy seguro, todos tus viejos amigos. Así lo sentiría, me atrevo a decirlo, Salvador Toscano, apartado de nosotros por la adversidad, pero cuyo recuerdo caminará siempre a nuestro lado. Recibe un abrazo. José Alvarado

Siempre, México, Nº 432, 4 de octubre de 1961.


AL

QUIENES HEMOS LEÍDO MÁS

RANGEL

FRÍAS

ARTICULISTA

DE

ENSAYISTA

PROSA

FINA

O Y

CULTA, EL REYNO Y COSAS NUESTRAS NOS

ATRAEN,

PERO

KATO

NOS

CAUTIVA. Y ES QUE EL ESCRITOR NO SE CATALOGA TANTO POR LA CANTIDAD COMO POR LA CALIDAD DE LO QUE ESCRIBE, Y RANGEL FRÍAS CIERTAMENTE LO ES, PORQUE MUCHOS

DE

SUS

RELATOS

SON

POÉTICOS EN GRADO EMINENTE.”

JOSÉ ROBERTO MENDIRICHAGA

VIÑETA TOMADA DEL LIBRO MEMORIAS (1990)

“PARA


LI BR OS

“A LO LARGO DE SU VIDA, RAÚL RANGEL FRÍAS FUE UN HACEDOR, EN EL MÁS ALTO SENTIDO DEL TERMINO. CON SU OBRA ININTERRUMPIDA DE MÁS DE MEDIO SIGLO, OBRA DE INDISCUTIBLE DIMENSIÓN CULTURAL Y SOCIAL, COMO MAESTRO Y FUNCIONARIO PRIMERO, COMO GOBERNANTE DESPUÉS, COMO GUÍA Y REPRESENTANTE SIEMPRE DE LAS MEJORES CAUSAS EN FAVOR DEL DESARROLLO CABAL DE LA COMUNIDAD, SE LE IDENTIFICA COMO EL PRINCIPAL CONSTRUCTOR DEL MONTERREY CONTEMPORÁNEO.” ALFONSO RANGEL GUERRA

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1967. 1983 3ERA. EDICIÓN

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RETRATO DE RAÚL RANGEL FRÍAS

“NO CABE DUDA, EL HUMANISMO INTEGRADOR APRENDIDO EN LAS OBRAS DE LOS GRANDES MAESTROS DEL PENSAMIENTO UNIVERSAL,

MARCÓ EL HACER TENAZ, MUY REGIOMONTANO, DEL JOVEN FILÓSOFO QUE DIRIGIÓ UNA UNIVERSIDAD VUELTA ACADEMIA PLATÓNICA, DE UN IDEALISTA QUE SUPO GOBERNAR A NUEVO LEÓN

COMO SI DE UNA CIUDAD-ESTADO GRIEGA SE TRATARA.

MIGUEL COVARRUBIAS


A 100 años del natalicio de mi padre

M

e cuesta pero la voz interior me impone, antes de mi propia partida, recorrer el sendero de la escritura de mi padre, como parte de lo que ya sentencia en El Reyno cuando escribe: para “recrear como una novela que fue escrita para todos, antes de que ninguno hubiese venido”. En este sentido, querido lector, no es mi o tu historia sino la de todos los que habitamos esta región de los sueños llamada “El Reyno” Siguiendo la tendencia narrativa, ya presente en la literatura mexicana posrevolucionaria, su novela El Reyno, responde a la acuciante necesidad de fundar un mito basado, en su primera parte, en signos oscuros, acerca de la fundación de la ciudad de Monterrey, como si fuesen retazos de una conciencia fragmentada puesta en palabras e imágenes que al ser narradas parecieran, en el flujo de la conciencia del narrador, un delirio poético tan ambiguo y confuso como la materia de los mitos. No sólo los signos sino también las historias ajenas y las del propio narrador —de la mano de Andrés, personaje

central— fluyen en el discurso narrativo por los bordes de la imaginación creadora de un mito. Un relato que se juega desde el origen prehistórico hasta el arribo del proyecto moderno en la consolidación del mito industrial de la ciudad como un proceso de creación y destrucción. Podríamos decir que es el recorrido de una conciencia de sí donde el tiempo se mide por un transcurrir narrativo marcado aparentemente por un pasado, pero que ante la intervención de la reflexión —ensayo filosófico sobre la condición humana y el proyecto de modernidad introduce un quiebre en el ritmo narrativo debido a lo cual pierde su lugar predominante y logra trastocar la noción del tiempo. De tal manera que la narración se convierte en un artilugio donde el gran personaje es la existencia y los avatares de la criatura humana donde el tiempo es siempre presente. ¿Un caracol? ¿Un espejo? ¿Una máscara? De ahí la encomienda del narrador —para no quedar atrapado en el caracol, en el espejo o en la máscara—

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quien “sumergido en su propia fantasía intenta emerger a la vida, con lo que se exige a si mismo romper la rueda de los sueños… en signos, con historias ajenas, que más adelante quiere hacerlas necesarias y desentrañar el cuento, la vida, su propia existencia entreverada” ¿No será esta encomienda de la escritura narrativa una vertiente también presente en Finnegan’s Wake de Joyce o Beckett en Malone, muere? O quizás ¿no estará presente en todos nosotros cuando, al paso de los años, hemos de desentrañar el misterio de la propia historia engarzado al devenir histórico del lugar de origen? No es suficiente construir la historia y mito de una ciudad para saber de sí se hace necesario, imprescindible, desatar el nudo de los sueños a partir de nuestro quehacer dentro de un mundo “…de alineado desorden y esfuerzo…” para tejer un relato con los hilos de las palabras y las imágenes que surgen al enfrentar el “elemento problemático que es el sentido humano”. Ya que como bien nos advierte la voz narrativa, en el preludio de las mitologías: “Hacer el mundo contra del sentido y el rumbo inmediato. No, de nada; ni el caos; sino de escombros… hecho de su vergüenza y su delicia, amor por la pérdida que lo amenaza, su propia muerte deseada o la que se avecina”. Mónica Rangel Hinojosa


“Aquel

REYNO era perfecto…”

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l Reyno, aunque lleva como subtítulo Un libro de relatos, puede considerarse como una narración integrada, cuya línea de continuidad la da Andrés, el protagonista, cuya presencia está desde la primera página, sigue apareciendo en las páginas siguientes, después la historia remite a sus antepasados, continúa presente en sucesos posteriores y finalmente también está en la parte última del libro. Páginas autobiográficas, no de memorias, pues éstas las acaba de publicar ahora Rangel Frías, El Reyno está concebido como un libro de ficción que se alimenta de la vida real, vivida por el propio autor y narrada en forma novelada. Su virtud principal está, sin duda, en la belleza de su prosa y en esa peculiar manera de acertar en el objeto de la narración, estableciendo entre el que escribe y lo escrito, la distancia exacta para poder dar una visión y una imagen

de los sucesos, que fueron en un determinado momento vivencias personales y en el libro se convierten en motivos de una narración que retrata, describe y sitúa personajes y tiempos pretéritos, cosas de familia y situaciones sobre las que se han acumulado los años. “Todo es simple, concreto, explícito, en este mundo de alineado desorden y esfuerzo, sólo un elemento problemático que es el sentido humano.” Así comienza El Reyno, en un rescate de los momentos vividos por el personaje central en su adolescencia, para desde ahí proyectarse hacia su propio desenvolvimiento vital, juego de memorias y olvidos, de profundización y acercamientos a lo que fue en un momento determinado una visión del mundo y de la vida, para con todo esto reconstruir el pasado, como andamiaje de trozos y fracciones de existencia, para poder así erigir figuras, rostros, aconteceres y

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actitudes. “Aquel Reyno —escribe Rangel Frías— era perfecto porque de tan grande estaba vacío. Vacío es un decir, como lo que algunos llaman desierto que es un monte de árboles sombríos y lleno de mucha soledad de seres humanos.” La historia se remonta así a los orígenes y avanza después con el personaje Andrés. El Reyno. Un libro de relatos, como otras muchas obras escritas en estas latitudes, ha permanecido desconocida para muchos y en la limitación de una sola edición, que los años van dejando olvidada. Es, sin duda, un libro que ocupará un lugar importante en la narrativa de Nuevo León cuando ésta sea integrada y rescatada en su propia dimensión. Alfonso Rangel Guerra

Miguel Covarrubias (editor), Desde el Cerro de la Silla. Artes y letras de Nuevo León, primera edición, Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, 1992, p. 240.


P r ó l o g o a

K A T O L as deliciosas páginas de este relato breve o, mejor dicho, poema en prosa, son la evocación de cuando algunas familias japonesas se instalaron en México para sembrar la vainilla en las regiones más cálidas que bordean el Golfo de México, en el actual Estado de Veracruz, allí donde aún se yerguen las imponentes pirámides totonacas del Tajín. Sabemos que la vainilla es de origen mexicano. Los indígenas precolombinos, desde tiempos milenarios, poseían los secretos de su cultivo y perfumaban con ella esa bebida suntuosa que era para ellos el chocolate. La obtención de esta orquídea trepadora es muy difícil porque el diseño de su flor es tal que su fecundación no podría lograrse con sólo el alado auxilio de los insectos: necesita de la mano del hombre, o bien el tacto de los finos dedos de una mujer menuda. Requiere de muchos cuidados pacientes y de hábiles técnicas para secarse tras fermentar las duras vainas verdes y obtener las flexibles vainas oscuras que conocemos, y para que estas últimas accedan a exhalar su precioso aroma. El relato toma su interés y su gracia de la dichosa y original coexistencia que el autor ha sabido establecer entre la silenciosa discreción de las costum-

bres orientales y el erotismo de las ardientes noches mexicanas, coincidencia guiada sin duda por la precisión luminosa e inexorable de los recuerdos de infancia. Estos gestos tan sutiles y la espiritualidad de la religión japonesa son ofrecidos gracias a palabras sencillas, de un realismo muy escogido donde cada detalle toma valor de símbolo. Pero en la sombra acechan los dioses indígenas, terribles y misteriosos, y es alrededor de la frágil corola de una flor perfumada que se conjugan las dos civilizaciones… y también en la creencia acerca de que existen relaciones reales y profundas entre los hombres, los animales, las plantas y las cosas: relaciones íntimas que escapan casi por completo a nuestra mentalidad occidental. Mediante un arte depurado, el narrador ha adoptado un ritmo lento que no revela sino poco a poco, y sabiamente, las circunstancias, el pasado de los personajes, e igual el entorno. Este enfoque mesurado, ese tiempo fatal que transcurre al ritmo de las estaciones y de los cuidados del huerto lo autorizan algunos ligeros refranes, de poéticas repeticiones hábilmente manejadas. Sin embargo, se escapa a veces de ese andante a media voz para expandir su frase, desarrollar

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un espléndido crescendo, rico y denso como los retablos de las iglesias barrocas de su país. Pero… nos estamos olvidando del arrebato apasionado y la armonía poderosa de la descripción de la concha polinesia que logra la admiración de María y le indica, con su perfección, el camino moral a seguir. Con la presentación de lo que el mundo debe a M���� éxico, en un género diferente, revelador de la variedad de las letras mexicanas, podemos colocar a las bellas páginas de Raúl Rangel Frías en paralelo con las Yerbas del tarahumara, el notable poema de Alfonso Reyes sobre la farmacopea indígena —cuyo lirismo contenido soñaba traducir Larbaud—, y no lejos de esas líneas estremecidas donde ese mismo escritor detalla la antigua cría de la cochinilla sobre los nopales en los que algunas hojas intrépidamente hurtadas permitieron el tinte rojo añadido a la bandera francesa por nuestra Revolución de 1789. Paulette Patout Abril de 1989 Traducción de Miguel Covarrubias


Recuerdo de RANGEL FRÍAS

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ebió ser mi viejo y mi querido amigo José Alvarado quien me hizo conocer a Raúl Rangel Frías, hacia los años cuarenta, cuando éste dirigía el Departamento de Acción Social Universitaria, en la Universidad de Nuevo León. Poco después, durante su rectorado, fui invitado varias veces a la Escuela de Verano, que dirigía Francisco M. Zertuche, para dar conferencias en Monterrey sobre la obra de Alfonso Reyes, que yo estudiaba entonces. Y regularmente leía el boletín Armas y Letras, que conservo. Así me fui haciendo amigo de una pléyade de regiomontanos, a la sombra de su caudillo, Raúl Rangel Frías. En sus Memorias, de 1990, recuerda un suceso en que participé. Para asistir a su protesta como gobernador de Nuevo León el 4 de octubre de 1955, se organizó una comitiva de políticos y escritores amigos. Yo trabajaba entonces en los

Ferrocarriles Nacionales, con Roberto Amorós, y me encargué del viaje a Monterrey, con grandes comidas y abundantes bebidas. Y, como relata el memorialista, en eso días ocurrió “uno de aquellos ciclones que azotan las costas del Golfo, con sus habituales consecuencias de copiosas lluvias, inundaciones y devastación de campos y poblados. La comitiva política que venía de México —sigue narrando— fue desviada a causa de los deslaves ocurridos en la vía del norte, hacia occidente a través del Bajío y rumbo al norte por Torreón” (Memorias, p. 185). Desde esta ciudad, en autobuses y automóviles, nos trasladamos a Monterrey. Yo me sentí responsable de aquel contratiempo, sobre todo porque me parece que llegamos tarde a la toma de posesión de nuestro amigo el nuevo gobernador. Tengo otro recuerdo de Raúl Rangel Frías, menos agitado y más bien casero. En sus

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años de gobernador, tenía en la ciudad de México un pequeño departamento para alojarse en sus frecuentes viajes. El que conocí, quedaba en Polanco, cerca del cruce de Presidente Masaryk y Mariano Escobedo. Y algún sábado o domingo me invitó a un “desayuno norteño”. A pesar de mi vocación de trasnochador, fui de los primeros en llegar, a las ocho u ocho y media de la mañana, cuando estaba solo Raúl y alguno de sus auxiliares. Pero todo estaba ya dispuesto y, para abrir boca, me ofrecieron un tequila helado. Para beber había, además, cervezas norteñas. Y para comer un despliegue generoso de carnes, guisos y salsas, con tortillas de harina. ¿El café? Sólo apareció hacia las once del día, como para terminar el desayuno. Mi idea de los desayunos, con jugo de naranja o media toronja y papaya, café con leche o crema y algún acompañamiento ligero, huevos, cereales o pan dulce, estaba derrotada. Y cuando pregunté las razones de aquellos platos y bebidas fuertes, recuerdo que Raúl me explicó que estaban destinados a los cazadores, que habían madrugado y pasado ríos y necesitaban recuperarse enérgicamente. Y como yo era aún mozo y aficionado a los excesos, disfruté el “desayuno norteño” con entusiasmo. Volví a mi casa caminando, pues vivía y vivo en el rumbo, saludé a mi mujer y caí en la cama como un tronco. Quienes fuimos amigos y quisimos a Raúl Rangel Frías, echábamos de menos un libro que reuniera sus mejores


páginas. Este libro al fin se ha hecho. Forma parte de la nueva colección llamada la Biblioteca de Nuevo León, que se propone publicar las obras de los nuevoleoneses eminentes. Se inició, según creo, con una buena Antología de la poesía nuevoleonesa, ordenada por Eligio Coronado (Monterrey, 1993), y ahora prosigue con este volumen dedicado a Escritos, de Raúl Rangel Frías (Monterrey, 1994). La selección, prólogo y notas son de Humberto Sala-

zar, y lleva una semblanza de Samuel Flores Longoria. Está dividida en cuatro secciones: El ensayista, El historiador, El orador, y El narrador. Creo que las piezas reunidas en estos Escritos dan una idea clara de esta vida, que se consagró fundamentalmente a la organización de la cultura y al servicio de su pueblo. La rectoría de la Universidad de Nuevo León y el gobierno del Estado fueron, en efecto, las dos grandes tareas de este hombre de bien. Y en segundo

término, su vocación cultural lo llevó a darnos reflexiones de ensayista e historiador y obras de creación literaria. Hacia sus treinta años, él mismo, frente a la invitación que le hiciera Alfonso Reyes para consagrarse a la literatura, optó conscientemente por abrazar el “deber público” y el “esfuerzo por algo más vital y social”. Su ideología —como apunta el prologuista Humberto Salazar— es un “eclecticismo intelectual de tipo ecumémico,

EL HUMANISMO EN RANGEL FRÍAS, SIN EMBARGO, NO TIENE EL TINTE DE LA PEDANTERÍA QUE SE CONSUME EN UN PURO EJERCICIO DE ERUDICIÓN Y BIBLIOTECA. SU PENSAMIENTO ES VIBRANTE Y MODERNO. ES VIVO Y ACTUAL. CIERTAMENTE SE SIENTE QUE LO HIERE LA DICOTOMÍA PASCALIANA QUE ESCINDE A LA COMPRENSIÓN EN ENTENDIMIENTOS CORDIALES Y EN JUICIOS CEREBRALES. HAY COSAS QUE LE SON MÁS CERCANAS: “LOS LÍMITES DE MI MUNDO –HA DICHO– SON LOS LÍMITES DE MI LENGUAJE.”

HUGO PADILLA

“NOCHES DEMONIACAS” LLAMABA YO A LAS QUE TRANSCURRÍAN CON FRECUENCIA EN EL CUARTO-HABITACIÓN DE QUIENQUIERA DONDE ESTUVIESE RANGEL, HUBIERA BEBIDA SUFICIENTE Y GENTE DE BUEN HABLAR Y DISCUTIR. NI LOS POLÍTICOS CON SUS FRASES ALTISONANTES, NI LOS POETAS CON SUS VERSOS NI LOS ECONOMISTAS CON SUS VACIEDADES, ESCAPABAN AL RECLAMO DE AQUEL JOVEN QUE LO MISMO HABLABA DE LENIN Y DE CRISTO QUE DE CALLES Y SAN AGUSTÍN […] DE TODOS RECLAMABA SINCERIDAD, EL MÁS DIFÍCIL DE LOS VALORES HUMANOS.

JUAN MANUEL ELIZONDO

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que no desdeña las más diversas interpretaciones sino que las utiliza con libertad y seguridad”. Y más adelante, añade:

Reyno sobre el desierto, o las que se ocupan de la Fundidora, son un ejemplo inmejorable de esta

un breve artículo que está en las Memorias y se llama “Matrimonio y familia”. Un exceso de pudor suele llevarnos a RAÚL RANGEL FRÍAS FUE UN menospreciar esPuede hablar- EDUCADOR Y UN CONSTRUCTOR tos temas. Aquí se también, a DOBLADO DE HOMBRE DE PLUMA. habla Raúl de su propósito de mujer y de cada sus ideas y escritos, de una mirada escudriñadora, de esta uno de sus cinco hijos, y aún especie de idealismo filosópercepción sesgada. (Prólogo, de sus yernos, nueras y nietos, fico, platónico, que privilegia el pp. 18-19). con calidez, llaneza y precisión. poder de las ideas y conceptos Es una página admirable que en la praxis social y le apues- En el panorama del pensa- merece recordarse. ta sus mejores monedas a la miento y la creación de Raúl Raúl Rangel Frías fue un paideia como medio de regene- Rangel Frías que nos ofrecen es- educador y un constructor ración social. Idealismo que tos Escritos, señalo mis preferen- doblado de hombre de pluma. modela el curso del pensa- cias: “Antonio Caso”; “En torno a A aquél se le debe el agua pomientocomounadialéctica,esto una idea”; “Salvador Toscano en table y la Ciudad Universitaria es, como una confrontación de la historia y el recuerdo”, “Evo- de Monterrey, obras de urbanitipo agonístico entre los diver- cación de Alfonso Reyes”, “Luna zación, honesto ejercicio admisos elementos de la reflexión virgen”, “José Alvarado, el joven nistrativo, carreteras, educación a propósito de alguna cosa o de Monterrey”, “Teorema de pública, electrificación y riego. fenómeno. Su narrativa, como Nuevo León”, “Gerónimo Tre- Al segundo, debemos las pasu ensayística y sus escritos viño” y “Los verdines”. Y de estos labras que fueron el motor de su históricos, contienen descrip- nueve textos, me parece que los acción y el registro de sus afectos ciones y pasajes que dejan ver, sobresalientes son los dedicados y sus sueños. también, al fenomenólogo de a Salvador Toscano y a José Alpotente lupa y fino bisturí que varado. José Luis Martínez pudo haber sido en otras cirEcho de menos en estos Escricunstancias. Las páginas de El tos, cuya aparición celebramos, Deslinde, Nº 46-47, enero-junio, 1995

EL CORAZÓN DE LOS COMBATIENTES

Aproximación a los relatos de Raúl Rangel Frías

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ato, de Raúl Rangel Frías contiene cuatro relatos: “Kato”, “Los verdines”, “Ana María” y “Un rostro”. Empezaremos por reseñar el primero de ellos. La historia se desarrolla en una atmósfera oriental que entrelaza, por un lado, la actitud

contemplativa de un joven de origen japonés, proveniente de Susuka, una aldea cercana a la ciudad de Osaka y, por otro, la predisposición de María, una muchacha mexicana de la costa de Tecolutla, a la entrega total de autosacrificio: su muerte pretende la liberación o quizá

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intenta arribar a un mundo divino, eterno. Este relato contiene el misterio de la poesía. De la dificultad de la vida extrae los elementos de la belleza. El erotismo se plasma en la desencarnada muerte de María. El amor absoluto se cumple frente al mar “y antes que retroceder ante la imponderable masa de agua ocre, espesa, mugidora, decidió cerrar los ojos y crispar los puños, las manos en alto, hasta hacerse daño, apretada contra sí misma, endurecida de resolución, para afirmarse en su voluntad indomable de seguir adelante”.


¿Por qué decide María suicidarse después de ser serenamente feliz en su unión con Kato? Kato le comunicó a María que deseaba volver a su tierra, pero la imposibilidad de concretar ese deseo después de haberse casado con ella pareció herirla profundamente al grado de que, por el amor que ella le tiene, decide dejarse arrastrar por las aguas del mar. Como Alfonsina Storni, Concha Urquiza, de otra manera como Virginia Woolf, Sylvia Plath, Anne Sexton; María encarna la subjetividad primaria, narcisística, que se subordina al deseo con la misma intensidad que se vuelca al suicidio. Entereza, valor, y sobre todo una profunda honestidad para encarar al mundo que va cerrando las puertas y que sólo revela un complejo y constreñido interior en pugna. María, como la belleza, es transparente y terrible. La intrascendente cotidianidad se carga, se adensa. De ser él un jardinero y ella una sirvienta, ambos trabajadores de una casa de ricos japoneses en un huerto de Tecolutla; al desposarse, su mundo se enriquece y cada insecto, cada planta y cada flor subrayarán la atmósfera que nos transporta a la ilusión de la imagen cinematográfica, entre Kurosawa y los paisajes del cine mexicano en su “época de oro” con María Candelaria de El Indio Fernández como posible vínculo. Estos personajes anónimos crecen al máximo en su continencia, crecen hasta desbordarse. Rangel Frías nos

EL EROTISMO Y LA MUERTE SE ENCADENAN EN UN IMPULSO POR LA TRASCENDENCIA. presenta su idea del amor: los amantes se juegan el todo por el todo. La posesión absoluta roza con la muerte. El erotismo no admite concesiones. María es la contraparte de Kato y a la vez su complementariedad. Esta visión me sugiere relacionar al autor de “Kato” con Marguerite Yourcenar en sus Cuentos orientales; Marguerite Duras en El amante e Inés Arredondo con la atmósfera de algunos de sus cuentos, aunque se sitúen en México. En la intención ��������������� de estos escritores está la búsqueda de un universo distinto que nos posibilite enfrentar y confrontar los valores occidentales. Quizás sin proponérselo, cada uno rastrea, de acuerdo con sus elementos más próximos en aquello que de occidental no tiene su cultura. El suicidio de la joven de compleja sencillez, personaje en el cual la vida cuaja en arte, encierra una visión de lo femenino, principio oriental de pasividad, que se ahoga en su impotencia, se basta a sí mismo en su fortaleza, una fortaleza quebradiza, astillada, que asfixia más que protege, que debilita y al mismo tiempo enfrenta con valor a la muerte como alternativa inevitable. Rangel Frías en este cuento desarrolla la anécdota con aliento lírico. Encuentra en la rutina el desfiladero del abismo. La creación es finita, como

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la vida. De ahí se infiere la presencia de la muerte, atraída por la mujer que ama. El erotismo y la muerte se encadenan en un impulso por la trascendencia. ¿Qué artista no se debate en esta frontera? En “Kato” hay limpidez, depuración del lenguaje, economía verbal. Su ambientación es precisa. La atmósfera: luminosa, con una intensidad que jamás desmerece y que se acentúa y se desborda en ese final trágicamente mesurado. Hay un dominio pleno de la intriga en función del acontecimiento inexplicable, inesperado. La tragedia emerge de la cotidianidad y en ella se condensa. Las imágenes suceden, se despliegan en un lenguaje poético que ahonda crudamente en la pasión. El segundo relato, “Los verdines”, nos devuelve una imagen de Monterrey en un día único e inolvidable: cuando nevó. Los verdines son pájaros que anuncian lo inesperado. La nieve como hecho insólito, como parteaguas de la historia oral de una ciudad, sirve como metáfora para ensayar una anécdota en la que dos jóvenes se encaminan a rumbos opuestos, uno, paralizado por una enfermedad, desde su infancia espera la muerte; el otro, empieza a definir su vida. La nieve es el escenario de recuerdos que transitan sin dirección por las avenidas de la memoria.


Y los jóvenes, como los verdines, anuncian un hecho insólito: el destino de sus propias vidas inscritas en el todo común de una época, un lugar, la evocación de alguien. “Ana María” es un relato apegado al discurso psicoanalítico desde cualquiera de sus componentes. Para empezar, quien narra, en primera y en tercera persona, no aparece. El tono filosófico existencial con el que inicia el texto: “Las apariencias son el comienzo de la realidad, pero no la concluyen”; el hecho de que lleven a enterrar un perro de una jovencita que, al parecer, se identifica con él, y las ligeras disputas en torno al hecho entre los miembros de la familia, producen un efecto de intriga. ¿Por qué se pronuncia tan hondo el narrador ante un evento tan simple? Eso sí, poco faltó para que al perro le llevaran el sacerdote. Ana estaba deshecha, compungida al máximo por la muerte de su perro. A la protagonista se le presenta tirada permanentemente en un diván, dejando volar su imaginación como una forma de aislarse y boicotear su posible comunicación con los otros. Ana se transmuta y esa declinación hacia el perro, incluso hasta sentirlo parte de ella, la conducirá a asesinarlo, dándole con sus propias manos un pan envenenado. Ana se había dejado llevar por una fantasía que cobraba fuerza en sus sueños y hacía que un personaje, especie de fantasma, llamado Elmer la condujera

hacia situaciones peligrosas en pesadillas que parecían no tener salida. En ellas se veía desnuda, escondiéndose de hombres que la querían atacar. Estas fantasías empiezan con la visita de una amiga suya de infancia que se encuentra embarazada. Después, ella regresa y le cuenta que el embarazo es producto de sus relaciones con su jefe y que no se decide a abortar. A partir de esa segunda visita desaparece Elmer en la fantasía de Ana. Ella lo reconoce muerto en un sueño donde ella misma carga una piedra o navaja en la mano: “De súbito sintió un impulso oscuro de justicia expiatoria o destino en que adivinó la exigencia de cumplirse en una víctima.” Ana se siente culpable de matar su deseocompañía-ilusoria que viene a representar Elmer en su vida, recuerda cuando quebró un huevo empollado, el olor fétido y la materia sanguinolenta, y poco después decide sacrificar al Duque. Ya habiendo consumado el ritual del entierro, donde Ana da las gracias a Elmer después de hacer la cruz sobre un montículo, ella se integra al mundo consiguiendo un empleo. Tanto Ana como sus parientes parecen no sentirse afectados por el desenlace, salvo la hermana que se sueña desnuda al frente de un grupo que la sigue. Al despertar se calma: estaba en su propia cama al lado de su marido. Si algo queda claro en este relato psicológico es cómo el deseo sexual insatisfecho de una mujer que a los ojos del

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mundo resume la pasividad y la inocencia se vuelca en una acción destructiva, sádica. La pulsión de muerte está abierta para todos aquellos que cumplan satisfactoriamente con las demandas de la represión. La sexualidad femenina es una realidad cuya negación puede hacer de una joven virgen una persona con inclinaciones perversas. Por último el libro cierra con un texto que si bien tiene una anécdota, ésta se cifra en un lenguaje poético, dando margen, a partir de un suceso de aparición inexplicable, a la reflexión filosófica existencial. No cabía duda que la luz, el ser angelado, el escurridizo poeta que había atravesado la ciudad era el rostro del Señor: “Un rostro.” Raúl Rangel Frías en este libro deja constancia de una disciplina que practica con rigor: el ejercicio de la inteligencia al servicio de la palabra. También hace encarnar una visión del hombre que se resumiría así: “Vivir es término, pero también principio; caída y ascenso; un desequilibrio en tránsito sobre una esperanza. El hombre no está consigo mismo en soledad, cada quien arriesga su suerte en la de todos, comprometiendo su propio destino en los azares de una lucha en que la victoria estará hecha de la misma luz que la fe y el corazón de los combatientes” (Raúl Rangel Frías, “Una filosofía adánica”). Minerva Margarita Villarreal Deslinde, Nº 22, octubre-diciembre, 1988, pp. 49-51.


VIÑETA DE JORGE RANGEL GUERRA / FIRMA DE RRF, MAYO DE 1989


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Armas y Letras Raúl Rangel Frías  

Edición conmemorativa del centenario del natalicio de Raúl Rangel Frías, fundador de Armas y Letras, revista de literatura, arte y cultura d...