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BIBLIOTECA DE GÉNERO Y SEXUALIDAD

Traducción y Política del feminismo mexicano contemporáneo [MárgaraMillán]


Traducción y Política del Feminismo Mexicano Contemporáneo Márgara Millán Centro de Estudios Latinoamericanos Facultad de Ciencias Políticas y Sociales Universidad Nacional Autónoma de México

Encuentro de LASA 2001, septiembre 6-8, Washington, D.C. Trabajo en proceso, Work in progress, NO CITAR.

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Traducción y Política del Feminismo Mexicano Contemporáneo Márgara Millán

En este ensayo voy a hablar de tres importantes revistas del feminismo contemporáneo en México, que a su vez constituyen parte del espectro político feminista en este país. Debate Feminista, 1990, Fem, 1976 y La Correa Feminista, 1991. Voy a analizar estas publicaciones desde el punto de vista de sus políticas de traducción: que autor@s eligen, y en que alineamiento significativo colocan el texto traducido según o de cara al contexto político local. Voy a “leer” desde estos referentes el campo de definiciones que articula el feminismo en México, tanto por lo que expresamente afirma como por lo que omite. Finalmente, haré una reflexión sobre los puentes que tiende o cancela este feminismo con los principales movimientos políticos locales, y las mujeres que en ellos participan.

Las revistas de los años setenta En los años setentas se vivía mundialmente el boom del feminismo. La revolución cultural de los sesentas junto con la articulación en América Latina de la guerrilla, ofrecía los referentes a un feminismo radical, militante y vanguardista.

La consciencia de la necesidad de la

liberación femenina iba muchas veces de la par, con la liberación nacional, y con la opción socialista. Esto ocurría a la par que los principales partidos y grupos de izquierda reconocían sólo parcialmente la lucha feminista, y la acotaban cuando no la subordinaban al cambio político revolucionario. En México, las principales publicaciones feministas de estos años son tres: La Revuelta, 1976, Cihuat, 1977 y Fem, 1976. Todas surgen tras el ambiente generado por la celebración oficial del Año Internacional de la Mujer,

en 1975, misma que

propició, por un lado, la

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apertura institucional hacia grupos de mujeres organizadas, y por otro, la activación de la organización de mujeres anti-oficialistas. Los grupos de mujeres feministas de esta época, criticaban a la vez que compartían, muchos esquemas con la izquierda tradicional: su radicalidad, autoritarismo, jerarquía, a la vez que enunciaban la crítica a la subordinación tanto de las demandas de las mujeres como de las mujeres mismas en la política tanto discursiva como cotidiana de estas organizaciónes. El feminismo “histórico”, como se le ha llamado al de estos años, llevaba a cabo acciones simbólicas emblemáticas, como protestar el 10 de mayo por la celebración del día de la madre, o en la celebración de Miss Universo, al tiempo que publicaba una serie de escritos fundantes de su horizonte teórico. El artículo de Marta Acevedo “Las mujeres luchan por su liberación. Nuestro sueño está en escarpado lugar”, publicado en el suplemento cultural de la revista Siempre! en 1970, y que reseñaba el encuentro feminista de San Francisco de ese mismo año y señala el impacto que tiene el feminismo norteamericano sobre el mexicano.

Estas tres revistas de los setenta son publicaciones de grupos constituidos, que encuentran en el acto editorial una práctica que los une, un espacio para dialogar internamente y un espacio para dialogar con otras mujeres. Se trata de pequeñas publicaciones, innovadoras incluso en su formato, que se lanzan como granadas en el movimiento social amplio. Fem, la única de estas publicaciones que aún continúa publicándose, es fundada por Alaíde Foppa, guatemalteca, doctora en letras y crítica de arte, y la periodista y directora de Los Universitarios, Margarita García Flores. Ambas reúnen a un fuerte grupo de mujeres escritoras y creadoras. En su primer número aparecen Elena Poniatowska, Elena Urrutia, Margo Glantz, Nancy Cárdenas, Marta Lamas, entre otras, la crema y nata del feminismo mexicano de la época. Es la revista feminista más antigua de América Latina. Su formato como sus contenidos la definen desde un inicio como una revista destinada a un público amplio, con una impronta poético-literaria, siempre con análisis de la cultura, cine, teatro, etc. Su política editorial incluye escritos de autores varones, como Carlos Monsivais, Tomás 3


Mojarro, entre otros, ensayos reivindicativos de mujeres que forman la genealogía feminista, y pocas traducciones como artículos de fondo. La Revuelta, por su parte, es producto de desconocidas jóvenas intelectuales y militantes, un feminismo radical que se detiene en desarrollar sus planteamientos teóricos desde el principio básico del feminismo: lo personal es político. Las reuniones del pequeño grupo daban el material para la escritura, y el periódico de La Revuelta se repartía a la salida de las fábricas. Se trataba también del esfuerzo de un feminismo de clase media ilustrada por salir de sí mismo y vincularse con las luchas sociales. El Colectivo la Revuelta deja de publicar su periódico en el número nueve, para iniciar la colaboración con el periódico Uno mas Uno hasta 1982. Cihuat por otra parte, era un órgano más político, el medio informativo de la Coalición de Mujeres Feministas, donde aparece de manera reiterada la denuncia de la situación de opresión y explotación de las mujeres mexicanas, así como la invitación a la lucha organizada. Su duración es de seis números, el último en 1978. Fem, notoriamente, vehicula un núcleo constante de crítica cultural latinoamericana. Sobretodo en sus primeros quince años, aglutina a un grupo amplio de voces femeninas intelectuales y creadoras.

Se trata

tanto por la duración de su publicación como por sus

contenidos, de una visión amplia y ambiciosa del feminismo en América Latina. Polivalente, mantiene una clara definición política, sin afiliarse a un grupo específico, una preocupación teórica, sin encerrarse en un mundo académico, y una vinculación con autoras y movimientos del feminismo de su época. Presenta pocas traducciones, funcionando más a través de ensayos originales y mucho trabajo testimonial y de entrevista. Presenta, no obstante, textos de un feminismo que está marcando impronta en la crítica cultural, como su número de 1984 sobre las chicanas, con un texto de Cherrie Moraga, y en 1985 con un texto de Rosi Braidotti. En 1980 Alaíde Foppa es secuestrada en Guatemala, para nunca más ser vista con vida. Hasta 1986, la revista funciona a través de una dirección colectiva.

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Del núcleo que le da vida a Fem durante esas dos décadas surgirán, me parece, dos de las publicaciones que marcarán los derroteros del feminismo mexicano “mainstream”1 . Debate Feminista, y el Suplemento Mensual de la Jornada, la Segunda Jornada.

Las revistas de los años noventa En 1986 un grupo de mujeres feministas convocadas por Marta Lamas presentaban un proyecto al periódico La Jornada, con la intención de crear un suplemento que fuese un órgano de debate al interior del feminismo, y del feminismo con otras mujeres y con varones. El diario acoge el proyecto, pero al estructurarse hay diferencias entre un sector más periodístico y otro más intelectual. El Suplemento queda bajo la dirección de Sara Lovera, y mantiene un perfil informativo, mientras que en marzo de 1990 aparece Debate Feminista, bajo la dirección de Marta Lamas. Debate Feminista es, con mucho, La revista teórica del feminismo mexicano. Dirigida por la antropóloga y activista Marta Lamas, continua en colectivo con la labor que su directora ya ejercía antes: ser la principal traductora de la teoría feminista producida en inglés, francés e italiano. Ya en 1986, Lamas había publicado un importante artículo acompañando la traducción que presentaba la revista Nueva Antropología del influyente texto de Gayle Rubin, The traffic in Women: Notes on the ‘Political Economy’ of sex, publicado en inglés 1975 en la compilación de Rayma Reiter, Toward an Anthropology of Women. Debate Feminista tiene la forma de un libro de cerca de 300 paginas, con una periodicidad semestral, que presenta un estado del arte en cuanto a temáticas señaladas de manera monográfica. En sus 22 números publicados en estos diez años, la revista consolida un perfil teórico, que pretende alimentar de reflexiones abiertas ciertas problemáticas locales y trasnacionales: 1

Quisiera dejar claro que considero al feminismo como un crisol de practicas y de sujetos diferenciados entre si, y la mayoría de las veces contradictorios. Al denominar mainstream a las publicaciones referidas, así como a la masa crítica de la cuál surgen, quiero sugerir que es el feminismo más conocido y reconocido dentro y fuera de México. Sin

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la democracia, la otredad, ley, cuerpo y sujeto, ciudades, escritura, política, lo queer. Un continuo intento por ampliar el espectro del debate: impactar a través del feminismo la reflexión, ir más allá de él, tender puentes. Debate Feminista ha sido la revista introductora en la academia y en las orientaciones del movimiento, de las principales autoras del feminismo contemporáneo: Teresa de Lauretis, Judith Butler, Adriana Cavarero, Lia Cigarini, Nancy Fraser, Julia kristeva, Luce Irigaray. Presenta una estructura abierta, en el sentido de proponer siempre un espacio “Desde otro lugar”, dedicado a miradas no declaradamente feministas y publicando autores varones en casi todos los números. Mantiene una estructura muy organizada pero flexible, que permite la aparición de secciones como “Desde el diván”, confirmando el interés por la mirada psicoanalítica, algún texto que aparece “Desde la izquierda”, “Desde lo cotidiano”, o “Desde otro lugar”, y que también abre un espacio para entrevistas, testimonios o denuncias, un espacio para fotografías, denominado “Desde la Mirada” y el Arguende, tradicional espacio recreativo a cargo de Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe, cabezas de un espacio crítico cultural lésbico muy importante. Todo esto acompaña al “núcleo duro” de la revista, que presenta textos organizados conforme a la temática de cada número. Así, podríamos caracterizar Debate Feminista como una revista para el feminismo ilustrado, para un público especializado, fuertemente teórico, y en términos políticos de izquierda liberal, con un proyecto político institucional. El activismo de su directora, Marta Lamas, se ha centrado en torno a los derechos reproductivos y la despenalización del aborto. Por su parte, la Correa Feminista, que

se crea en 1991, estaría aglutinando a un

feminismo radical y autónomo. Es editada por CICAM, Centro de Investigación y Capacitación de la Mujer. En su inicio, el objetivo es ser una especie de correa, como lo indica su nombre, entre los feminismos de los diferentes estados del país, en un intento de sistematización del feminismo y para ir en contra de la centralización de la información en la capital.

embargo, hay una gran variedad de expresiones feministas que tienen publicaciones, muchas veces esporádicas, y manifestaciones diversas, como parte de los movimientos sociales o de la organización grupal de la sociedad. 6


En su recuento realizado en el número 19 de otorno-invierno de 1998, plantean que en su definición inicial aparece señalada la problemática de quererse como un feminismo autónomo y radical, que reconoce las “necesidades sociales” de ampliar la democracia, frente a las necesidades del Estado de funcionalizar su proyecto neoliberal “incorporando aspectos de las demandas que el feminismo había desarrollado”, (La Correa n. 19, otoño-invierno 1998, 7 años de La Correa Feminista). Los primeros siete números de la revista son dedicados a tender puentes entre los estados y el centro del país, algo así como la metrópoli y sus periferias, dado el carácter centralista y centralizado que conforma y permea a la estructura política y cultural mexicana. Durante esta etapa se plantea como una correa informativa, explorando sobretodo la lucha contra la violencia hacia las mujeres y sus derechos humanos. La Correa replantea su proyecto tras definir que el colectivo de las mujeres no es homogéneo, y contiene posiciónes irreconciliables, afirmando que “[…]la voz de los sectores mayoritarios con mayor poder material y económico, tendía a la práctica de silenciar a las voces discrepantes”. A partir del número 7 en 1994, la revista “se transforma en una revista de reflexión crítica, tras la búsqueda de elementos para un feminismo radical, rebelde, autónomo y antisistémico”. En su número 19 anuncia su forma virtual a través de Creatividad Feminista, en la intertet. Las temáticas de los números subsecuentes presentaran textos centrados en el feminismo y la política, la democracia, la guerra. La revista se articula con un sector del feminismo chileno, representado por la escritora Margarita Pisano. Ningún autor varón es publicado en La Correa. Fem continúa durante esta década su puntual publicación, representando lo que Lamas llamaría “mujerismo”, comprometiéndose con la escritura femenina, la entrevista, el recuento de los movimientos de mujeres, la literatura y la poesía de mujeres. Para completar este panorama de fuerzas y feminismos, estaría el suplemento feminista de La Jornada, desde 1986y hasta 1998, La Doble Jornada estará dirigida por Sara 7


Lovera, y cumplirá un papel informativo y de difusión, un espacio para las redes de mujeres. A partir de 1998, el suplemento se vuelve La Triple Jornada, bajo la dirección de Ximena Bedregal y Rosa Rojas, del equipo de La correa. El objetivo de “fortalecer el debate respecto al papel de las mujeres en el mundo, que no es necesariamente adjudicarse la mitad del poder” ubica al suplemento como un posicionamiento al interior del feminismo, y cierra el circulo del debate que estableceremos acá.

Publicaciones, conocimiento local y posicionamientos políticos. Hay más publicaciones feministas en México, notoriamente las del feminismo académico, que van apareciendo a la par que los nuevos departamentos de estudios de género o de las mujeres, como la Revista GenEros, de la Universidad de Colima, o La Ventana, de la Universidad de Guadalajara. El referirse a este

vasto espectro de estas publicaciones

queda fuera de nuestro objetivo. Nos concentraremos en lo que hemos caracterizado el feminismo “dominante” o que por lo menos, domina la escena “chilanga”, dentro de una cultura que sigue siendo, a pesar del “cambio”, concentrada en el centro.

Contextualmente, la transición de los setentas a los noventas esta marcada por la eclosión de los movimientos sociales y la sociedad civil, la proliferación de ongs que inician su trabajo con mujeres campesinas, populares e indígenas. La desestructuración del paradigma de la izquierda clásica, el fin del socialismo, de la guerra fría, de la guerrilla como forma de enfrentarse al poder. La redefinición de la relación con el estado es un problema crucial. De hecho, con toda la institucionalidad. La preocupación por la democracia se acrecienta tras el proceso electoral de 1988. Se vuelve muy clara una parte de la izquierda que se define por el fortalecimiento de las instituciones democráticas, frente a otra que sigue pensando en la inviabilidad de éstas en un estado donde domina la represión como la política de la economía neoliberal.

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La relación con lo institucional es uno de los vectores que más se politizan al interior de los movimientos sociales, incluido el feminismo. Paradójicamente, la presencia cada vez mayor de la organización civil a nivel global permite tanto que el feminismo se estabilice y profesionalice, la llamada ongeinización del movimiento. A la crisis de los referentes anteriores hay que agregar la el nuevo panorama de los noventas, que es polivalente: por un lado, refiere a la “sociedad que se organiza” en palabras de Carlos Monsivais, y a la institucionalización de esta organización, la generación de nuevos profesionales. Desde la década de los ochenta encontramos organizaciones feministas trabajando con mujeres, a nivel popular y rural. Nuestra tesis acá es que algunas de estas organizaciones van a tender puentes con los movimientos sociales más importantes de la siguiente década, expandiendo lo que podríamos denominar el “espíritu” feminista, en el sentido de la visibilización que las mujeres pueden hacer de su propia especificidad en contextos particulares. Ello ocurre, sin embargo, en gran parte por fuera del feminismo dominante en términos políticos, y sin una reflexión teórica que retroalimente dichos procesos. El mejor caso para ejemplificar el proceso que estoy señalando es el neozapatismo como levantamiento insurgente, y el diálogo que tiene con los feminismos, a través de estas tres publicaciones. Rebecca E. Biron plantea que estas tres revistas pueden ser leídas “(…)as three texts which highlight the complexity of the relations between feminist theory, feminist activism and national politics in Mexico” (Feminist Studies 22,n.1,spring 1996:152). El feminismo latinoamericano ha sido pensado muchas veces como monolítico en cuanto a su relación con el primer mundo, así como en cuanto a su compromiso con los movimientos sociales locales. Frente a estas generalizaciónes, como bien señala Biron, el hablar de “feminismo mexicano” alienta heurísticamente a contextualizarlo como parte dialógica de luchas, teorías y alineamientos. Enfatiza la ubicación local de un feminismo alentado por preocupaciones globales y nacionales, generales e inmediatas. Sobre todo, permite delinear como estas preocupaciones también son intereses y definiciones políticas. 9


Las revistas feministas son también intervenciones políticas más allá del feminismo, es decir, son un espacio dialógico entre feminismo y sociedad, o al menos deberían de serlo. La desconstrucción feminista no puede ser abstracta y general, tiene que ser contextual y situada. Fem, La Correa Feminista y Debate, muestran claramente maneras diversas de enfrentar un viejo debate de los setentas: cuál debe ser la relación con el estado, y con los partidos. Ello forma parte del debate al interior de los feminismos contemporáneos. Pero hay un continente nuevo, que ninguna de las tres revistas enfrenta propiamente: hay un límite en su acercamiento al mundo indígena, al replanteamiento de la nación, a salir del contexto autosignificante de la urbe, autoreferencial, para pasar a la problematización de una noción demasiado estable de feminismo, ya sea autónomo o institucional. Del 94 a la fecha, mayores cambios políticos han surgido en México. Una consciencia indígena cada vez más consistente y directa se ha estructurado por fuera del indigenismo tanto oficial como crítico. La palabra india habla hoy en varias lenguas y deja ver en sus enunciados el posicionamiento de las mujeres. Se desestabiliza una idea de nación mestiza, incluso plural y multiétnica, para dar paso a una concepción de estado autonómico, con diversas naciones y cosmovisiones que se definen como modernas, no en el sentido de asimilarse a la norma de la modernidad, sino en el sentido moderno del “derecho a la diferencia”. El gran tema del feminismo, el de la diferencia, está hoy a la orden del día en el México contemporáneo, y en él está prácticamente ausente el feminismo mexicano. La critica al nacionalismo, los estudios sobre la interrelación entre género y racismo, son temas que hoy aparecen como urgentes para el feminismo mexicano. Van de la mano del cuestionamiento de conceptos centrales como el de democracia y desarrollo, pero al conectarse con la problemática de la diferencia étnica, esta discusión adquiere una dimensión distinta: la de la crítica al feminismo ilustrado.

La politización del neozapatismo y la dificultad para tratar con lo indígena 10


En el escenario político de inicios de los noventa en México, el salinismo había impregnado a amplias capaz de la intelectualidad de izquierda con una cierta armonía frente a la globalización como inexorabilidad política y como futuro deseable. La crisis abierta por el levantamiento armado llama a cuentas definiciones que ya se pensaban zanjadas dentro de la cultura nacional: la violencia como recurso, la vigencia del estado laico como norma, la preeminencia de la ley constitucional por encima de derechos de los pueblos. Las derivaciones del movimiento ponen en cuestión toda una idea de nación independiente y mestiza que nutre incluso los discursos críticos y de izquierda. ¿Como retomar esta problemática, sin caer por un lado, en el indianismo esencialista, que hace la mera apología de lo indígena, pero tampoco en la visión ilustrada y secualr, que se convierte en el modelo del desarrollo y la emancipación? Sin duda la politización del acontecimiento polariza las actitudes frente él, y el feminismo no es la excepción en esto. La revuelta se ve como un peligro, de subordinación de las mujeres a los dictados militaristas, milenaristas y/o religiosos. En la toma de posición hacia él podemos analizar más el efecto que sobre la política mexicana tiene el levantamiento, que encontrar análisis que lo muestren como un movimiento contradictorio y lleno de tensiones. Principalmente Debate y La Correa, se han preocupado por mostrar una posición crítica frente al neozapatismo, mientras que en Fem a predominado la información solidaria del movimiento,

y

la

denuncia

a

la

situación

de

guerra.

En

Debate

encontramos

un

posicionamiento a favor de los derechos reproductivos y, en consecuencia, un distanciamiento a lo que podría considerarse la influencia de corrientes eclesiales de base en la conducción del movimiento, tomando una prudente distancia frente al endiosamiento del mismo. La Correa, por su parte, ha mostrado de manera más sistemática la gravedad de la situación de guerra, poniendo en tela de juicio los principios políticos que pueden desatar dinámicas de represión y desintegración de la vida cotidiana. Una denuncia cruda de la situación de guerra, donde no se le quita responsabilidad a los que poseen “la fuerza de la razón”. 11


Dándole voz a activistas que han formado parte de los grupos de mujeres mestizas que confluyen en las fuerzas locales del conflicto, la Correa muestra una cara del conflicto, la que involucra a un sector del feminismo, y su difícil relacionamiento con mujeres indígenas por un lado, y con la militarización del movimiento, por el otro. Dentro de este entramado, la discusión en su conjunto se ha visto obstaculizada por varias cuestiones. Al interior de lo que sería propiamente las argumentaciones feministas, por lo que podríamos denominar absolutos que funcionan como presupuestos, donde “lo patriarcal” parecería funcionar como categoría ya dada, y donde las mujeres parecerían ser sujetos sólo sujetados, sin agencia, y sin consciencia crítica. Al exterior de ellos, por una polarización en torno al conflicto, lo cuál lo ha vuelto un campo minado, donde en realidad se definen lealtades y traiciones, y se alinean posiciones globales. La ausencia de investigación directa y contacto con las protagonistas diversas del neozapatismo contrasta con visiones que idealizan totalmente a las mujeres indígenas o las consideran como meras víctimas que están siendo utilizadas. Esta dificultad muestra en gran parte los límites de una visión indigenista frente a los indígenas, que apena empieza a ser desestructurada. Esta visión informa la cultura política mexicana, desde sus presupuestos hasta su visión de futuro. La crítica feminista tiene que enfrentar esta visión, a partir del reconocimiento de sus supuestos, de las ideas de progreso, desarrollo, igualdad y libertad individual que la fundamentan. En esta visión, los indígenas son valiosos como un pasado tradicional y folklorico, e inexistentes en la actualidad histórica, desdibujados por la categoría de “pobres” y marginados. La perspectiva que los coloca en la situación de atraso fácilmente se erige en la poseedora de sus nociones de futuro.Los

feminismos mexicanos tratan de abonar en el

estrecho margen entre la exotización idealizada de lo indígena como lo otro, y la homogenización avasallante del aparato de la modernidad como única vía. Sin embargo, un punto central en este sentido es a quien se dirige la reflexión de estas publicaciones, quién es hoy el interlocutor elegido por este feminismo. Los mejores recursos para rescatar la especificidad de las mujeres indígenas han sido las crónicas, la antropología 12


de la modernidad, la etnología situada, y todo ello se encuentra generalmente fuera del perfil de

estas

publicaciónes.

Derivas

teóricas

importantes

en

este

sentido

son

las

que

problematizan las identidades, la noción de otredad, la representación como lugar de la afirmación y como límite. Es en estos puntos donde se localiza el saber global, y se globaliza el saber local. El desarrollar un posicionamiento que trate a y con las mujeres indígenas fuera del indigenismo, implica también una serie de desestabilizaciones teóricas del feminismo como aparato crítico. La reconsideración del ámbito institucional como necesidad práctica y política del feminismo, así como la necesidad de su radicalidad autonómica, como núcleo que da sentido a de su intencionalidad crítica. Creo que en los feminismos mexicanos, no si cierta dificultad, comenzamos a ver los resultados de este desplazamiento autoreflexivo.

Bibliografia

Revista Fem Debate Feminista La Correa Feminista Biron, Rebeca E. Feminist Periodicals and Political crisis in Mexico: Fem, Debate Feminista y La Correa Feminista in the 1990s, en Feminist Studies 22, n. 1, spring 1996 Castro Gómez y Eduardo Mendieta, Teorías sin disciplina. Latinoamericanismo, poscoloninalidad y globalización en debate. USF y Porrua editores, 1998, México. Seminario de Estudios de Género y Cultura, 1998-99, Programa Universitario de Estudios de Género, UNAM.

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Traduccion y politica del feminismo mexicano contemporaneo  

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