Grita el muñeco | Matthias Hangst (Getty Images) El delantero Hirving “Chuky” Lozano celebra el único gol del partido entre México y Alemania, correspondiente a la primera fase del grupo F. El exjugador de Pachuca fue un dolor de cabeza para la defensa teutona aquel domingo 17 de junio. JUNTALETRAS
Alejandro Fitzmaurice Cahluni Director Editorial del periódico Punto Medio
Alejandro Esteban Fitzmaurice
E N
24/12/2018
ESTEBAN SANJUÁN
JUNIO: PODEMOS, SOLO NO QUEREMOS
ANUARIO J
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adie daba apostaba por el equipo de Juan Carlos Osorio. El comentario que más recuerdo, previo al partido, fue el que Alejandro Fitzmaurice, nuestro director editorial, estuvo diciendo en la redacción al enterarse de la alineación alemana: “Nos van a deshacer”. Pero aquel 17 de junio, en pleno Día del Padre, el Tricolor nos regaló un partido brillante que incluyó una cátedra en defensa y una delantera mete-miedo. México 1, Alemania 0. Había que restregarse los ojos, tallarlos con fuerza. Le ganamos al campeón defensor. No obstante, después del domingo, el vuelo empezó a volverse acantilado. Las duditas contra Corea del Sur (2-1), se volvieron reclamos y muecas agridulces contra Suecia (3-0). Entre aquel increíble mantra de “Eeeelllll Chucky Lozano”, otro grito muy nuestro empezaba a resonar en nuestra cabeza: ¡Fuera, Osorio! A fin de cuentas, quien pierde así no merece avanzar, pero el Tri pasó. De panzazo, de chiripa, a la mexicana. Duele admitirlo, pero ante Brasil, fueron 90 minutos de inercias hasta que Neymar, que andaba dormido, se decidió a despertar. Era como si cada mexicano en la cancha corriese con una maleta invisible. No hubo quinto partido. Algunos, en la televisión, no se cansaron de escupir estupideces: los cambios, Osorio, la mentalidad. Piensan que es suerte, que en el futbol y en la vida las cosas se dan porque uno se saca la rifa. Y Carlos Slim se ríe. González Iñárritu se carcajea. Hugo Sánchez, aunque les duela, también se ahoga de la risa. Quieren cambios, pero no transforman la liga. Quieren talentos, pero no invierten en encontrarlos. Siempre hemos podido. No quieren. No queremos. Y eso es otra historia.
MIEDOS DE JUNIO
ra evidente: mientras que a nivel estatal la contienda era cerrada, a nivel federal, López Obrador estaba muy por encima de los otros candidatos. Aún no era julio, pero el triunfo era evidente. ¿Recuerda las redes sociales en aquellos días? Era difícil discutir con algunos simpatizantes de Morena. Buenos argumentos cuestionando al candidato de izquierda fueron silenciados ante el fervor que provocaba. A meses de aquella victoria, no deja de preocupar el nivel de confianza que se sigue depositando en el Presidente, algo que sólo es negativo en la medida en que se olvide que AMLO es, en primera instancia, un hombre, y en segunda, un mandatario que deberá afrontar severas limitantes que no podrá resolver y que ni siquiera dependen de él en su totalidad. Dará, seguramente, solución a algunos problemas. Es un político sensible, experimentado y tenaz. Sin embargo, destapará otras ollas de presión. Es ineludible. Por ello, seguir imaginando que acabará con todos los males del país parece peligroso. Pensamientos semejantes sólo exacerban la crisis de la democracia por la cual atraviesa el mundo occidental. El razonamiento es el siguiente: si escogemos a quienes nos gobiernan, ¿por qué no nos va mejor? La poca comprensión de fenómenos económicos y el enorme distanciamiento que hay con los escenarios políticos –es más placentero consumir Netflix que periódicos–, llevan a los electores, que siguen sufriendo los problemas de siempre, a preferir opciones más lejanas a las tradicionales, pero sobre todo más radicales. Pasó en Estados Unidos y en Brasil. Casi ocurre en Francia. Dos conclusiones: primero es urgente seguir diseñando más formas de participación ciudadana. Las inconformidades tienen que encausarse a través de mecanismos institucionales. Si hoy los ciudadanos organizan las elecciones, tiene que haber forma de que supervisen el presupuesto o vigilen a las policías municipales. La segunda implica enriquecer criterios de análisis para evaluar funcionarios. Gobernar es un asunto complejísimo. Urge calificar más allá de las palabras buen o mal político. Noticias urgentes: ninguno lo es.