El que persevera... | (Getty Images) Andrés Manuel López Obrador saluda a seguidores congregados en el Zócalo de la CDMX para celebrar la victoria en la jornada del primero de julio. Era la tercera ocasión en la cual AMLO participaba en una elección presidencial... Fue la última también.
HISTORIAS DE LA HISTERIA
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26/12/2018
ESTEBAN SANJUÁN
JULIO: ASESINOS DEL JURÁSICO POSTMODERNO
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or años, caminaron entre nosotros. Vivíamos acostumbrados a sus pisadas de corrupción que movían el piso. Había que sobrevivir apoyados los unos a los otros. Pero en muchas ocasiones, aquellos gigantes no se contentaban con generar aquellos temblores de devaluaciones y crisis. Con frecuencia, devoraban de un mordisco o apresaban entre los dientes a los profetas de la tribu: Vallejo, Cabañas, Maquío. Tlatelolco, El Halconazo, Aguas Blancas y hasta la Glorieta de la Paz, porque, claro, también hay dinosarios cínicos, ¿o no, Angélica? También descargaron su furia de saurios contra quienes escribían en los códices de las esquinas. Estos escribanos, también adivinos, anunciaban que, algún día, un asteroide de voluntad ciudadana acabaría con su naturaleza voraz y su apetito insaciable. ¿Ocurrió aquello? Más o menos. Cuando aún éramos recientes en el arte de acabar con estos gigantes, llegó uno que resultó ser mera variante de esta misma raza de reptiles. Pasaron años que parecieron eras. La tribu siguió sufriendo hasta que un hombre, que por lo menos había recorrido todo el territorio, empezó a organizar una revuelta que invocó, el pasado primero de julio. al asteroide del cual hablaban los profetas y adivinos. Pocos dinosaurios sobrevivieron. Los otros, aunque vivos, difícilmente se adaptarán a las nuevas condiciones climáticas, ésas en las cuales nosotros respiramos felices, muertos de la risa. La nueva tierra donde es posible vivir, y no sobrevivir. Pero, ¿puede resultar dinosaurio el nuevo patriarca? Todo es posible, sin embargo, eso es lo de menos: siempre podremos invocar nuevos asteroides. Lo importante es que entiendan que para gobernar tienen que ser como nosotros. ¿Podrán los gigantes verdes sobrevivir? Toda transformación es posible, pero siempre implica dejar atrás algo. Cambiar molesta, angustia, duele. Ellos tendrán que hacerse tribu, gente, personas. Olvidar los privilegios de su altura, el viejo terror que sus pisadas provocaban, y que hoy le dan risa a una tribu nueva que, a kilómetros de distancia, enciende fuegos grandes y toca atabales de fiesta porque ya sabe cómo asesinarlos. En resumen, sólo les queda olvidar lo que fueron y aprender nuestros hábitos y costumbres. Trabajar como nosotros, caminar como nosotros, reconocerse en nosotros. Evolucionar en una palabra.
Esteban Sanjuán Bajomadera Escritor (sin premios) y columnista
estebansanjuan@gmail.com
UN FANTASMA LLAMADO FAKE NEWS
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or años, la vida informativa fue menos confusa porque habían menos versiones. No por ello era mejor, puesto que tampoco se presentaba un panorama completo. Lo anterior puede explicarse con un ejemplo del maestro Rivadeneyra, quien expone que los norteamericanos aplicaron en la Guerra del Golfo Pérsico las lecciones de Vietnam. Allí, los periodistas se movían por donde querían y cuando querían. Por ello, consiguieron historias que cimbraron a la opinión pública y que derivaron en las duras presiones que el Gobierno enfrentó para concluir aquella guerra. Por el contrario, en el conflicto contra Saddam Hussein, únicamente la CNN tenía el permiso de ingresar. Los otros medios tomaban lo que podían de dicha cadena o de las versiones militares. Era evidente que las historias serían parciales, matizadas, manipuladas. Evidentemente, ya no vivimos esa etapa. ¿Quién tiene el control hoy de la información? Por algo hoy los teóricos nos llaman prosumidores: emitimos y enviamos mensajes sin restricción alguna. Así surgen las fake news y todas sus variantes. Por supuesto, no implica esto que los medios tradicionales —la prensa, la televisión o la radio hace 30 años— no mintiesen o cometiesen errores. Eso, por supuesto, ocurría. Sigue ocurriendo. Sin embargo, considero que había una mayor responsabilidad porque no existían tantas voces. Era, pues, fácil ser desmentido y desacreditado. ¿Estamos entonces hoy más informados? Creo que nadie se atravería a asegurarlo. La limitada oferta del pasado se ha vuelto un exceso en el presente. Entre tantas voces, es difícil comprender. Creo que, a diferencia de E.U. y Gran Bretaña, que sufrieron con el fenómeno con fuerza, el electorado mexicano, al menos en la elección federal de julio, no fue una víctima de la enorme cantidad de noticias falsas que se propagaron por las redes. Pocos mordieron los anzuelos y no se manipuló la voluntad popular, en parte gracias al esfuerzo de medios y periodistas independientes. No obstante, queda claro que inventar o manipular información seguirá siendo un recurso propagandístico que puede hacer daño, uno que encarna en la credulidad y en asimilación de información sin crítica o criterio. Un fantasma que, en resumen, siempre puede regresar.