AMARRANDO AL TIGRE
Eduardo Ancona Abogado y analista político
LAS LECCIONES DEL MES
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ESTEBAN SANJUÁN
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20/12/2018
FEBRERO: LA MIRADA DE LOS OTROS
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Bashar Al-Asad? ¿Otro bombardeo? ¿A quién le importa? Las frecuentes noticias que escuchamos de Oriente Próximo —en nuestra cabeza, un gran desierto como el de Aladino—, son meras voces de fondo en la radio, historias que se incluyen en la sección internacional porque con algo tiene que llenarse el papel. La verdad, a nadie le interesa. Siria, Palestina, Turquía. Cuesta encontrarlos en el mapa. A fin de cuentas, más allá de Yucatán, ahí donde la Península acaba, el mundo languidece y se hace pequeño. No es personal. Siempre y cuando no seamos nosotros, nada interesa. Por eso, ella, que no tiene nombre, herida en los bombardeos del 22 de febrero al este de Damasco, también nos mira con un dejo de indiferencia. No está triste, sino cansada. Acaso sabe que para nosotros seguirá siendo indistinta. En medio del dolor ensaya una mirada de hastío. Le sale tan bien que hasta se parece a nosotros. Hasta parece persona. Hasta parece que existe.
n el segundo mes del año se concretaron las primeras aspiraciones de candidaturas independientes en el Estado de Yucatán. Fuimos, una vez más, tierra de contrastes. En este mes vimos, aquí mismo, lo mejor y lo peor de la política; lo bien intencionado coexistiendo con lo burdo. Adrián Gorocica se posicionó como aspirante a candidato a diputado local por el IV distrito. En una labor que, me consta, fue titánica y movida por voluntarios, el equipo de Gorocica salió a buscar las firmas necesarias para el registro. Con un equipo reducido, saludando a la gente en los altos con letreros de cartón, caminando de casa en casa y llegando, citando a los clásicos, hasta extremos criticables, por ejemplo, respecto a su decisión de no rentar espectaculares en campaña, nos demostraron que, aún en la derrota, otra política es posible. Una colonizada por los ciudadanos. Frente a él atestiguamos el más sucio y vil uso de las candidaturas independientes: Sofía Castro y Santiago Alamilla nos mostraron, una vez más, cómo la ambición y el oportunismo pueden desvirtuar cualquier cambio institucional. Rodeados de acusaciones por firmas falsas y un financiamiento sospechoso, hicieron del resentimiento hacia su antiguo partido político el motor para intentar ser candidatos a la gubernatura y alcaldía, respectivamente, y ensuciar uno de los mecanismos de participación más novedosos del sistema político mexicano. La lección de febrero es que los cambios legales no bastan para cambiar la realidad: ésta cambia cuando las personas actúan.