Libro proyectos sociales 2 (2007 2008)[smallpdf com] (1)

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proyectos de presupuesto social

2007-2008 convocatoria san francisco javier

–rectoría–



proyectos de presupuesto social

2007-2008 convocatoria san francisco javier

–rectoría–


GRAN CANCILLER P. Adolfo Nicolás, S.J. VICE-GRAN CANCILLER P. Francisco de Roux, S.J. (Provincial) RECTOR P. Joaquín Emilio Sánchez García, S.J.

CONSEJO DE REGENTES Vice-Gran Canciller-Presidente P. Francisco de Roux, S.J. Rector P. Joaquín Emilio Sánchez García, S.J. Rector Seccional de Cali P. Jorge Humberto Peláez, S.J.

Designado por el Vice-Gran Canciller P. Eduardo Uribe, S.J.

Designado por el Vice-Gran Canciller P. Alberto Múnera, S.J.

Designado por el Vice-Gran Canciller Guillermo Hoyos Vásquez

Elegida por el Consejo Directivo Universitario Bogotá Mary Bermúdez Gómez

Elegido por el Consejo Directivo Universitario Bogotá Luis David Prieto Martínez

Elegido por el Consejo Directivo de la Seccional de Cali Julián Garcés Holguín Secretario Jairo Humberto Cifuentes M. CONSEJO DIRECTIVO UNIVERSITARIO 2008

Rector Seccional de Cali P. Jorge Humberto Peláez, S.J.

Vicerrector Académico P. Vicente Durán Casas, S.J

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Rector-Presidente P. Joaquín Emilio Sánchez García, S.J.

Vicerrector del Medio Universitario P. Antonio José Sarmiento Nova, S.J. Vicerrector Administrativo Roberto Enrique Montoya Villa Elegida por los decanos académicos Ángela María Robledo

Elegida por los decanos académicos Consuelo Uribe Mallarino

Elegido por los decanos académicos Iván Solarte Rodríguez

Elegido por los decanos del Medio Universitario P. Sergio Bernal, S.J.

Elegido por los decanos del Medio Universitario Pablo José Quintero Delgado

Elegido por los decanos del Medio Universitario Ismael Rolón Martínez

Elegido por los profesores miembros de Consejos de Facultad P. Fabio Ramírez S.J.

Elegido por los estudiantes miembros de Consejos de Facultad Andrés Vélez Serna

Secretario del Consejo Directivo Universitario Jaime Alberto Cataño Cataño


contenido presentación

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fundación juan antonio pardo ospina. asesoría musical y pedagógica al instituto para niños ciegos recuperando memorias y reconstruyendo verdades. una experiencia en el municipio de buga, zona media y alta estudio de parasitosis intestinales y desnutrición en niños preescolares del colegio anexo de san francisco de asís–bogotá girs en putumayo estudio de sistemas de saneamiento básico en corregimientos habitados por desplazados en colombia. palermo, magdalena atención psicosocial y promoción de la autogestión en las comunidades fe y alegría y hogar infantil los pinos fundación servicio juvenil. estudios y diseños de la cancha deportiva para la sede bosconia – buenaventura

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escuela de música del municipio de mosquera. fortalecimiento de los procesos de formación preinstrumental fundación derecho a vivir en desventaja. asesoría global, diagnóstico psicosocial y determinación de necesidades de individuos discapacitados vinculados a la fundación pan amparo. propuesta de intervención para el mejoramiento de un proyecto productivo voces de la ciudad

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escuela de animadores. “escuela de emaús, formación y acompañamiento a jóvenes en contextos de conflicto armado, parroquia san josé de tierralta, córdoba” y “en el camino del siervo sufriente”: escuela de animadores comunitarios en contextos de conflicto armado, parroquia san josé de tierralta (cuarta fase)

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espacios para la recuperación de la memoria. escuela de animadores comunitarios en contextos de conflicto armado. parroquia san pablo apóstol, san pablo, sur de bolívar coro infantil y juvenil fundación de la santa cruz. etapa ii

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presentación En esta

oportunidad me complace presentar a la Comunidad Educativa Javeriana y al público en general, el segundo volumen de la colección que recoge los resultados de los quince proyectos sociales que fueron acogidos por el Fondo para Proyectos Sociales “San Francisco Javier”, durante los años 2007 y 2008. Será un placer para el lector encontrarse con tan admirables historias de superación, creatividad y compromiso social, como también con las bellas imágenes que se lograron de cada uno de los proyectos, reflejo innegable de las distintas realidades que fueron abordadas por cada uno de los proyectos. Esta iniciativa que da cuenta del compromiso y responsabilidad social de la Universidad a través de la acción de sus facultades, iniciada en el 2006, continúa vigente y al momento del lanzamiento de ésta publicación se encuentran ya en ejecución las propuestas que fueron aprobadas en la convocatoria del 2009. Cuatro años continuos de convocatorias para apoyar proyectos Javerianos con hondo sentido social, son muestra innegable de la gran acogida que estas han tenido de parte de profesores y alumnos que generosamente han querido ofrecer su saber, tiempo y corazón en la proposición de soluciones a distintas problemáticas que aquejan a diversas comunidades vulnerables de nuestro país. Finalmente, reitero nuestros más sinceros agradecimientos a las comunidades y organizaciones que nos acogieron, así como a las instituciones externas que acompañaron estas iniciativas de acción en pro de soluciones viables para la construcción de una mejor Colombia. De esta manera, la Universidad Javeriana opta por ubicar a las comunidades más necesitadas, en el centro de su quehacer académico y realiza su mandato estatutario de ser factor positivo de desarrollo, orientación, crítica y transformación constructiva de la sociedad.

Cordialmente, Joaquín Emilio Sánchez García S.J. Rector

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fundaci贸n juan antonio pardo ospina

asesor铆a musical y pedag贸gica al instituto para ni帽os ciegos

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Foto: Carlos Prieto


crónica La música son sus ojos

Por uno

peta, y Jimmy Medina, quien actualmente dirige los coros del Instituto.

El sonido de una flauta traversa también recorre cada rincón del Instituto, que fue creado en 1926 para ayudar a los niños con discapacidad visual a vivir de una manera independiente y productiva en una sociedad construida para personas que lo pueden ver todo. Esa melodía también se convierte en imágenes en esa antigua construcción del barrio San Cristobal del sur de Bogotá.

“Ellos van a dar conciertos gracias al vínculo con la Javeriana y me impresionó mucho. Al principio es una sensación muy dura porque uno está como en un mundo irreal. Piensa que los discapacitados, palabra que no debería existir, no aprenden o no pueden hacer lo mismo que una persona con todas sus capacidades”, dice.

de los dos patios del Instituto para Niños Ciegos, Fundación Juan Antonio Pardo Ospina, camina uno de los 70 niños que viven allí desde hace algún tiempo. Da unos cuantos pasos y queda frente a unos escalones que lo llevan al segundo piso donde espera concluir quinto grado. Sus manos bordean el muro que divide los salones. Ellas en ese momento son sus ojos.

Los 130 niños, algunos de ellos además con discapacidad cognitiva, se preparan en esta institución de beneficencia para acudir a colegios convencionales, y para lograrlo la música se ha convertido en uno de los aliados más importantes de su aprendizaje. En la década del setenta Beatriz Eugenia Ruge recorrió como estudiante esas mismas instalaciones. “Este patio estaba lleno de tierra pero a la vez era el sitio preferido para mí y mis compañeros. Terminé en el 76 y mi experiencia como estudiante fue buenísima. Los mejores momentos de mi vida fueron acá, con los profesores, de excelente calidad humana, con muchos valores y con muchos conocimientos”, recuerda la estudiante quien ahora es profesora en la misma institución en compañía de Pablo Sarmiento, profesor de violín, Tarcicio Andrade, profesor de flauta y trom-

Susana Palacios conoce hace poco el Instituto. Es estudiante de Música de la Facultad de Artes de la Universidad Javeriana y acude allí cada semana para transmitir sus conocimientos en flauta traversa impulsada por la experiencia que vivió en una de las plazoletas de la Universidad cuando un grupo de niños con discapacidad visual ofrecieron un concierto.

Susana, impulsada por la tenacidad de estos niños, buscó el contacto para donar parte de su tiempo a la institución. “Yo soy becada y como parte de este proceso debo aportar mi conocimiento a la ciudadanía. No dudé en buscar la forma de vincularme a la enseñanza de estos niños que además de ser encantadores son muy buenos musicalmente”. De esa misma manera piensa Helena Barreto, profesora de la Facultad de Artes, que cada jueves convierte las cuerdas de su guitarra, su voz y su dulzura, en movimiento, enseñanza e inspiración para estos niños. “Desde hace 18 años tenemos en la Javeriana el Programa Infantil y Juvenil de Música, en el que hay muchas similitudes con el Instituto, en el sentido de que queremos formar en la música a una población en edad escolar”, aclara la profesora.

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Foto: Carlos Prieto

Vínculos que rompen barreras La Fundación planteó sus proyectos y la Universidad aportó la experiencia. Los profesores invidentes Tarcicio Andrade, Pablo Sarmiento, Guillermo Otálvaro y Beatriz Eugenia Ruge llegaron desde el 2005 a la Javeriana a recibir clases para conocer la manera como se trabaja en la Facultad de Artes, el trato con los niños, las metodologías que se emplean, los recursos que se utilizan, la manera como se comprende un plan de estudios. A su vez, profesores y estudiantes javerianos fueron a la Fundación a aportar sus conocimientos tanto a los niños como a sus guías. La profesora Beatriz Eugenia, incluso, fue una de las beneficiadas. Ella recuerda que canta desde que tenía un año y que algunas veces la invitaban de la emisora de su pueblo, San Félix, en el departamento de Caldas. “Empezaron a ver algún talento que tenía en el canto. Comencé a estudiar y ahí voy, estoy en ese proceso de aprender. Llevo cuatro o tres años. Hemos estado en cursos de solfeo, la parte de canto, todo lo que es la música, mucha teoría que es lo que no me gusta, pero que también toca”, señala.

Los niños también aprovechan al máximo sus enseñanzas. Algunos interpretan el piano, el violín y otros instrumentos con habilidad, además de cantar haciendo uso de la técnica vocal. Por estas razones se han presentado en varios escenarios de Bogotá. “Una vez cantamos en la Gran Estación y la gente nos decía que era muy bonito”, cuenta Maicol Estiven Burbano, quien asegura disfrutar cada que se sienta frente al piano, toca el violín o toca la flauta. Mientras los interpreta se olvida de su diferencia con los demás. Sin embargo, hay quienes le recuerdan su discapacidad: “La gente nos felicita, pero lo feo es que nos preguntan que si nosotros somos invidentes. Ellos ya lo saben y muchas veces dicen por ahí ‘ay, pobrecito el cieguito’. Yo les digo que nosotros los ciegos no somos pobrecitos, que nosotros podemos hacer las cosas”. Jimmy Medina es una verdadera muestra de lo que señala Maicol Estiven, pues venció todas esas barreras. Terminó el quinto grado en el Instituto demostrando gran capacidad para interpretar instrumentos musicales y luego pasó a un colegio. Su dedicación y aptitud musical lo llevaron a estudiar en el Programa


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Además de estudiar constantemente y practicar a diario para alcanzar sus metas, Jimmy comparte sus conocimientos con los niños que estudian en el Instituto. “El vínculo del Instituto y la Javeriana es bastante bueno porque es precisamente un momento en el que los niños se abren a conocer y en cierta forma explotan sus talentos. Es una forma de demostrar que la limitación no es sinónimo de impedimento”, señala Jimmy. Otros cuatro alumnos del Instituto conformaron un grupo vallenato. Jefferson Arley Rozo de ocho años, además de ser uno de los estudiantes más activos en clase, comanda el grupo. Toca el acordeón con gran técnica, canta y es quien da las órdenes dentro del grupo. La caja vallenata es de Jesús Alberto López, un niño de tez morena recién llegado de Puerto Tejada. La percusión la lleva en la sangre. El grupo lo complementan la guacharaca y el entusiasmo de todos sus integrantes. “A mí me gusta mucho presentarme y cantar. Todo el tiempo estoy aprendiendo vallenatos para después tocarlos en el acordeón”, cuenta orgulloso Jefferson Arley Rozo.

La música: todo un mundo Diana, Natalia, Jorge… todos coinciden en que lo mejor de su colegio es estudiar música. Por eso, hace 83 años los directores de la Fundación hacen énfasis en ella y ahora todas las tardes se dedican a escuchar, a cantar y a entonar melodías con algún instrumento. “Diríamos que nuestro atractivo es la música. Los

Fotos: Carlos Prieto

niños se sienten felices y les ilusiona saber que van a aprender a tocar un instrumento, ya sea piano, flauta, violín, arpa o acordeón, gracias a la Javeriana que nos ha colaborado”, recalca Martha Tique, rectora de la institución. Para facilitar el reconocimiento de los instrumentos, la mayoría de éstos tiene escritura en braille, a fin de que los niños sepan cómo desarmarlos y volverlos a poner en funcionamiento. Disfrutan ese conocimiento necesario para la vida diaria en el salón de clases a través de la música, y con el tiempo, cuando se enfrentan a ella, devuelven todo lo recibido en melodías. Puede que sus ojos no vean, puede que sus manos no puedan tocarlo todo, pero no los necesitan para imaginar, para oler, para escuchar y para ver la vida de otro color, el que les brinda la música.

f u n d a c i ó n j u a n a n t o n i o p a r d o o s p i n a . a s e s o r í a m u s i c a l y p e dag ó g i c a a l i n s t i t u t o pa r a n i ñ o s c i e g o s

Infantil y Juvenil de la Universidad. Gracias a su actividad con el violín fue llamado a hacer parte de la Orquesta Juvenil de la Javeriana, uno de sus máximos logros, aunque sus sueños van más allá de las fronteras del país, y trabaja incansablemente para lograrlo.


Foto: Carlos Prieto


proyecto La música: un motor de superación

Arriba,

abajo, adelante y atrás, risas y exclamaciones acompañadas del acorde de una guitarra se escuchan desde uno de los salones del Instituto para Niños Ciegos, Fundación Juan Antonio Pardo Ospina. Se trata de una de las clases que dicta la profesora de la Facultad de Artes de la Javeriana, Helena Barreto, quien todos los jueves desvía su destino de llegada hasta el barrio San Cristóbal del sur de Bogotá para enseñar con su voz y su guitarra. Este instituto, desde su creación en 1926, ha basado gran parte de su pedagogía en la música y la interpretación de los instrumentos. Al Instituto llegan niños con discapacidad visual de todo el país, entre los 2 y los 35 años,

algunos de ellos internos. En total, en 2009 hay 117. En los casos de algunos de ellos son sus padres o particulares quienes cubren su estadía, pero la gran mayoría depende del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). La Universidad Javeriana inició su vínculo con el Instituto desde 2005, con un plan de capacitación de los profesores de estos niños, pero los lazos entre ambas instituciones se fueron estrechando cada vez más, hasta que se empezó a hacer presencia en la sede del barrio San Cristóbal. “Los que hemos aprendido somos nosotros porque no tenemos formación para trabajar con la discapacidad. Hemos ido allá y hacemos ejercicio de nuestra

Foto: Carlos Prieto

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Foto: Carlos Prieto

práctica musical, muy ojos abiertos, oídos despiertos, tratando de aprender qué recursos y qué actividades hay que revisar, teniendo en cuenta las dificultades que genera la limitación visual”, señala Helena Barreto, directora del proyecto social. Por esta razón, una de las primeras actividades que realizó el grupo de la Facultad de Artes fue un diagnóstico de la infraestructura del Instituto. Se invitó a los profesores invidentes como oyentes a sesiones de clases de música del Programa Infantil y Juvenil en la Universidad Javeriana, según el énfasis de cada uno de ellos, y se programaron encuentros musicales entre los coros juveniles javerianos y los del instituto, y se ha invitado a los profesores a actualizarse en las metodologías de iniciación musical como Suzuki y Orff. Pero el trabajo con estos niños tiene sus diferencias, incluso en la enseñanza diaria. Martha Tique, rectora de la institución, señala:

“Con ellos tiene uno que hablarles todo, describirles todo, y ésa es una dificultad que se tiene. ‘Mire, haga esto’, y resulta que no es así, hay que llevarlo de la mano, desplazarlo, y al comienzo hay dificultad. Luego los niños se ubican espacialmente y se desenvuelven muy bien. Acá tenemos 13 capacitadores, todos licenciados especiales que como requisito indispensable saben braille y manejar el ábaco”. Algunos pensarían que por su discapacidad visual se trata de niños pasivos o temerosos, pero ésa es una visión errada. “Son igual que todos: no hacen tareas, las hacen a medias, se les olvida el cuaderno; son las dificultades normales de cualquier estudiante”. En la música la situación no cambia mucho, es necesario optar por revisar los recursos metodológicos y para ello hay que prepararse como Susana Palacios, estudiante de la Javeriana que enseña flauta traversa a estos


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Los retos de la enseñanza Barreto va en el mismo sentido: “En el caso mío, que hago música y movimiento, he tenido que aprender a ordenar en mi cabeza las secuencias que tengo que emplear para poder lograr lo que me he propuesto para cada clase. Por ejemplo, para hacer una ronda con movimientos de izquierda a derecha, primero tengo que conducirlos en una formacion en tren porque con este recurso ellos se pueden valer de otro tipo de percepciones que no son la vista, para ubicarse espacialmente. Musicalmente, tienen más concentración que un niño vidente, por esto logramos muchas actividades en el corto plazo, porque contamos con la ventaja de un oído más desarrollado y atento. Obviamente también hay desventajas: en la actividad musical gran parte de la dirección de grupo se apoya en el gesto. Hay muchos hábitos que se afianzan a partir de la imitación visual, como por ejemplo la postura, la expresividad corporal y el movimiento. En aspectos como éstos hemos tenido que rediseñar las estrategias de aprendizaje”. Justamente como una de sus enormes capacidades es la de oír, el grupo de trabajo ha promovido la organización de conciertos en el Instituto con diversos estilos para que los niños se aproximen a esta experiencia. Han escuchado recitales de Diana Bettin con la flauta traversa, Luis Miguel Bettin con la guitarra popular, Carolina Muñoz y su grupo E2 cantando y tocando música colombiana, los coros y solistas de la carrera de Estudios Musicales de la Javeriana con el Stabat Mater de

Foto: Carlos Prieto

Pergolesi y otros tantos conciertos didácticos, además de los encuentros con los coros infantiles y juveniles de las dos instituciones. Con este acercamiento, y por iniciativa de los directivos de la Fundación Juan Antonio Pardo Ospina, a partir de 2008 se formalizó la vinculación de varios profesores y monitores de la Facultad de Artes y en la actualidad tres niños del Instituto estudian en el Programa Infantil y Juvenil de música. “La música para ellos significa estar en contacto con el mundo. Oyen todo tipo de música y cuando les llama la atención un determinado instrumento lo escogen para interpretarlo. Todas las tardes tienen música, y ése es el atractivo del Instituto. A ellos les ilusiona saber que van a aprender a tocar un instrumento y que van a ser valorados por la sociedad”, señala Martha Tique. Esa pasión por la armonía y las interpretaciones musicales es el motivo por el cual todas las tardes, de los pasillos de la vieja casa del Instituto se escapan cantos, risas y exclamaciones acompañados de las melodías que salen del piano, la flauta, el violín, el arpa y el acordeón, siempre interpretados por niños y adolescentes invidentes que pueden ver el color a través de la música.

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niños. Ella reconoce que ha tenido que dedicar mucho tiempo al aprendizaje del braille y otras técnicas para enfrentar este reto, sin embargo, la experiencia de verlos crecer musicalmente es algo que “vale la pena”.


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Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Asesoría musical y pedagógica al Instituto para Niños Ciegos, Fundación Juan Antonio Pardo Ospina” se origina desde la Facultad de Artes en cabeza de Helena Barreto, profesora asociada al Departamento de Música de la Pontificia Universidad Javeriana. Los responsables del proyecto son: Helena Barreto

Profesora asociada al Departamento de Música Facultad de Artes Pontificia Universidad Javeriana hbarreto@javeriana.edu.co

Andrés Samper

Departamento de Música Coordinador Programa Infantil y Juvenil Facultad de Artes a.samper@javeriana.edu.co

Gustavo Velandia

Departamento de Música Ensambles Orff Facultad de Artes gusvelandia@gmail.com

Andrea Goyeneche

Departamento de Música Canto Facultad de Artes andrea_goyeneche@yahoo.com

Amparo Botero

Departamento de Música Violín Facultad de Artes ampabote@yahoo.com

Marta Cecilia Olave

Departamento de Música Violín Facultad de Artes marthaceolave@hotmail.com

Diana Bettin

Departamento de Música Flauta traversa Facultad de Artes dianabettin@yahoo.com

Juan Carlos Bula

Departamento de Música Guitarra clásica Facultad de Artes juanbula@hotmail.com

Laura Torres

Estudios Musicales Guitarra clásica laurichaiqui@gmail.com

Ángela Pino

Estudiante Estudios Musicales Canto angelapino84@hotmail.com

Susana Palacios

Estudiante Estudios Musicales Flauta traversa susanadav@gmail.com

John Alexander Lasso

Estudiante Estudios Musicales Violín yehudimenuhin8905@hotmail.com

Gustavo Adolfo Díaz Estudiante Estudios Musicales Clarinete y saxofón gusadia@gmail.com


recuperando memorias y reconstruyendo verdades

una experiencia en el municipio de Buga, zona media y alta

Foto: Carlos Prieto

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Foto: Proyecto


crónica Recuperando memorias… construyendo verdades

Así el

cielo, los horizontes, las pampas y las cumbres del Cauca hacen enmudecer a quien los contempla. Las grandes bellezas de la creación no pueden a un tiempo ser vistas y cantadas: es necesario que vuelvan al alma, empalidecidas por la memoria infiel. Antes de ponerse el Sol, ya había yo visto blanquear sobre la falda de la montaña la casa de mis padres. Al acercarme a ella contaba con mirada ansiosa los grupos de sus sauces y naranjos, al través de los cuales vi cruzar poco después las luces que se repartían en las habitaciones… Cuando traté de reconocer en las mujeres que veía, a las hermanas que dejé niñas, María estaba en pie junto a mí, y velaban sus ojos anchos párpados orlados de largas pestañas.

Esto dice uno de los apartes de la novela María, una historia de amor escrita por Jorge Isaacs que recrea el valle del Cauca del año 1850, aproximadamente. Unas montañas que a sus pies tienen un valle que se extiende junto al río Cauca, una zona rica en producción agrícola, con caña de azúcar en la zona baja; y café, tomate y cítricos en las partes media y alta. Tierras majestuosas habitadas por miles de colombianos donde se han tejido historias de amor y dolor. Miembros del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, asesinaron a 25 habitantes de esta vereda, ubicada a 20 minutos del casco urbano de Buga. Según testigos de los hechos uno de los grupos en que se dividieron, que se encontraba en la vereda Alaska, obligó a mujeres y niños del lugar, luego de sacarlos de sus casas, a encerrarse en una de las 30 casas

del poblado, entre tanto ultimaban a quemarropa a los hombres que se encontraban en fila. El resultado: 24 campesinos masacrados, dos de ellos menores de edad y seis personas gravemente heridas, quienes esperaron hasta último instante que agentes de una estación de Policía Nacional que quedaba a sólo 10 minutos del lugar o personal del Ejército que se encontraba a media hora, fueran a socorrerlos.

Éste es uno de los apartes del informe periodístico publicado por la ONG Colectivo de Abogados, que hace referencia a los hechos ocurridos el 10 de octubre del 2001. Estas dos historias, distantes en 150 años, se desarrollan en la misma zona. El amor y el dolor, pero también el trabajo y la pasión, por una tierra que fue colonizada por caldenses, santandereanos y boyacenses, como se puede deducir de la memoria de sus habitantes. Estos recuentos, historias y verdades, que después de muchos años volvieron a ser el tema de charla entre los habitantes de las veredas de los corregimientos de El Crucero, La Habana, Monterrey y El Placer, ubicados en la zona media y alta del municipio de Buga, se dieron gracias a las diferentes actividades realizadas por las investigadoras del Departamento de Desarrollo Rural de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana, que hicieron parte del trabajo que desarrolla el Servicio de Jesuitas a Refugiados (SJR). “Un proceso de memoria no va a quitar el hambre ni va a reducir nada, pero permite entender el presente con una referencia más

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la llegada de sus familias, casi todas al inicio de los años 1900, a la región. Provenientes de diferentes regiones del país, vieron en estas montañas y valles, que describe Jorge Isaacs en su obra, una tierra prometedora para el trabajo y el futuro de sus familias. Desde su llegada parecían estar seguros de ello: tierras fértiles en las que crecía cuanta planta se sembraba, bosques para explotar y unos vecinos con los que podían contar para las llamadas “mingas”, el trabajo colectivo y el apoyo en tiempos difíciles. Sin embargo, ese panorama fue cambiando, especialmente a mediados del siglo cuando se desató la violencia en Colombia por la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. “Mataron mucha gente del Partido Conservador, especialmente a los hombres… En un carro bajaban los muertos en costales, que luego eran depositados en un kiosco para que la gente los reconociera. También bajaban los muertos en volquetas a Buga”, relata uno de los habitantes de La Habana. “Y cuál era el temor de nuestros ancestros, es que nos tenemos que desplazar de las casas porque vienen los godos [conservadores] y nos van a matar, nosotros no debíamos nada, pero les teníamos mucho miedo a los godos porque nos iban a matar”, cuenta un campesino habitante del corregimiento de El Placer.

Fotos: Proyecto

clara del pasado, ayuda a proyectar un futuro común teniendo en cuenta lo que pasó”, señala la investigadora y profesora Gloria Inés Restrepo.

Diferentes épocas: las mismas violencias En sus relatos, los habitantes de estos cuatro corregimientos y sus veredas recordaron

Uno a uno, los recuerdos fueron aflorando en las reuniones con los habitantes de la zona, hasta llegar a la década del noventa y principios del nuevo siglo cuando esta violencia, como de manera cíclica, volvió a afectar a sus habitantes. A esta parte de Valle del Cauca, considerada de gran interés estratégico por los diferentes actores armados, llegaron las FARC desde la década del setenta. Desde aquella época se generó de nuevo la intranquilidad que llevó a muchas personas a dejar sus fincas. Pero en 2001 la historia se hizo aún más desesperanzadora.


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“Se escuchaban los comentarios que iba a llegar la autodefensa. Eso es algo que uno no creía, eso era como algo que uno veía en televisión. La masacre del 2001 fue crónica de una muerte anunciada porque eso era algo que se escuchaba. Dicen que un señor de La Alaska ya había puesto en conocimiento de que eso iba a pasar. Ellos llegaron un viernes, entraron a la zona con el brazalete de las autodefensas, saludaron muy formal a todo el mundo y pues uno decía ‘ellos no son tan malos porque saludan muy formal’. Compraron en las tiendas y todo y subieron. Después, la segunda vez dicen que hasta estuvieron allí en La Perlita, pero no hicieron nada. Ya el 10 de octubre del 2001 previo a unas fiestas patronales dicen que subieron diciendo que la gente los acompañara a desvarar un camión. El que se iba subiendo lo iban cogiendo. Se salvo mucha gente porque en ese momento no había más, si no, hubiera sido peor. Dicen que cuando se escuchó la descarga fue muy horrible, que la gente corría, gritaba, porque los buses no los dejaban pasar y que la zozobra era impresionante. Nos fuimos mucha gente para donde las familias, para el coliseo.

Las casas eran vacías. Dicen que las noches eran muy horribles”, relata otro habitante de La Habana.

Esperanza a pesar de todo “Estas comunidades rurales que han sido sometidas a la violencia me sorprenden mucho porque siempre tienen esperanzas. Los de esta zona aún más, porque volver a la tierra da unas ilusiones más concretas. No salieron colectivamente y tampoco regresaron de la misma manera. Han sido procesos de decisiones más familiares que de comunidad. Con la participación del SJR se ha dado la posibilidad de crear asociaciones de los productores de leche, de gallinas, de tomate, pequeñas actividades productivas que permiten ese recomenzar”, señala Flor Edilma Osorio, directora del proyecto social. Y así los ven los habitantes de los cuatro corregimientos y sus veredas, quienes en la reconstrucción de memorias se ven como familias con características en común, a pesar de venir de lugares diferentes del país. La arriería, que sigue siendo parte de su presente, es uno de

r e c u p e r a n d o m e m o r i a s y r e c o n s t r u y e n d o v e r d a d e s . u na ex per ienci a en el mu n icipio de Buga, z ona medi a y a lta

Foto: Proyecto


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Foto: Proyecto

los grandes orgullos de la región. Sus festividades patronales y de diciembre constituyen la gran herencia de sus ancestros. Sin embargo, el estigma social hace que dentro de la misma sociedad bugueña sean señalados. “La apuesta del encuentro con cada una de las comunidades es para recuperar la dignidad, porque si hay algo que ellos sienten que ha sido maltratada y pisoteada es su dignidad. Además de ser víctimas de la guerra, de haber tenido familiares que han muerto, se han ganado un estigma que los excluye y señala como ‘los guerrilleros’. Nos encontramos con la rectora de un colegio que tenía reunión con sus pares de los colegios de Buga que eran once y a la escuela rural sólo llegaron cinco. Los otros dijeron: por allá no vamos, es un lugar muy peligroso donde sale la guerrilla, donde nos secuestran. La guerra construye fronteras internas y una especie de

veto político y sociocultural enorme”, reconoce Flor Edilma. Martha Gómez y sus vecinos de El Crucero, Enriqueta Molina y sus vecinos de La Habana, Gabriel Mejía y sus vecinos de Monterrey, River Zúñiga y sus vecinos de El Placer, recuperaron las memorias de sus veredas y construyeron sus verdades; pero también pidieron con voz fuerte que no se les estigmatice por una violencia que no es suya; que los traten de la misma manera cuando el municipio de Buga, el departamento del Valle del Cauca o el Gobierno nacional estén pensando en el turismo de la región. Hasta el momento ellos consideran que la parte media y alta es una zona roja cuando se trata de comprar sus productos o trabajar con ellos, pero es una zona tranquila, donde no ha pasado nada, cuando se trata de llevar turismo a los museos de la “Ciudad Señora”.


proyecto Memorias para recuperar la dignidad

A la

diócesis de Buga ingresaron un jueves algunos de sus ciudadanos para ver de cerca una exposición hecha museo por los habitantes de El Crucero, La Habana, Monterrey y El Placer; algunos de estos sitios están ubicados a media hora en bicicleta del casco urbano. En ese espacio cada corregimiento con sus veredas mostró a los asistentes sus riquezas, sus proezas desde la colonización, sus esperanzas y sus temores. Se sumaron muchos años entre los abuelos y los niños que dedicaron días, incluso semanas, para preparar cada una de las muestras que se acomodarían en los salones. Antigüedades de los primeros pobladores de principios de 1900, fotos de las veredas y sus habitantes a mediados de siglo y el recuerdo de sus familiares muertos en una guerra entre guerrilla, paramilitares y ejército, que no les pertenece. Ésa fue la muestra para los habitantes de la zona urbana, la fe de una realidad que la gran mayoría desconocía por ignorancia o por la necesidad de decir “acá no pasó nada”. Para los visitantes la muestra sólo estaba ahí, pasajera, como las exposiciones del maestro Fernando Botero o de Jaime Manzur. Pero para los campesinos ese museo era el espejo de su realidad. “La memoria sí tiene una apuesta política y se construye en función de los propios retos y de las propias necesidades de las personas. Con esa muestra ellos implícitamente decían: reconozcan que nosotros tenemos dignidad, somos gente honrada, trabajadora, producimos comida. Sí, definitivamente en nuestras veredas han existido muchos atropellos de todos los actores armados, incluyendo el ejército,

pero además de todo, el pueblo nos sigue mirando mal”, señala Flor Edilma Osorio. El museo fue sólo el trabajo final de lo que los habitantes de estos corregimientos le querían mostrar a Buga y al mundo. Pero para llegar allí ellos tuvieron que recordar y compartir con sus vecinos sus victorias, sus derrotas y sus miedos. “Hicimos cinco visitas. En una primera trabajamos el tema del recuerdo y el olvido, luego la parte diferencial de la memoria: todos tenemos una idea del pasado pero esa idea varía según usted sea mujer, hombre, niño, joven, y se empezó a trabajar en esta gama de recuerdos. En un tercer momento trabajamos la conmemoración y las relaciones entre arte y memoria. Después ubicamos estos recuerdos frente al futuro, y finalmente trabajamos los recuerdos dolorosos”, dice Gloria Inés Restrepo.

Tres niveles El encuentro, según las investigadoras, tuvo tres propósitos. Encontrarse ellos mismos como vecinos de una zona rural, encontrarse

Foto: Proyecto

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con las otras veredas que vivieron el proceso con todas las variantes que se puedan dar, y encontrarse con un casco urbano que poco los conoce. “La segmentación también se da entre las zonas rurales que tienen distinto tipo de poblamiento, cultivos, apuestas e intereses económicos. Tuvieron la oportunidad de hablar entre ellos, sobre qué semillas había en una zona y en la otra no, qué les servía o qué podían aportar a las otras veredas, descubrieron que había una papa aérea o un tubérculo que lo consumen como papa. Hubo un intercambio de saberes, no el formal, sino el aprendizaje entre pares. A mi juicio se amplía el sentido de lo que es lo rural porque cada uno valora al otro sin importar que no sea de la misma vereda”, recalca Flor Edilma.

Para mostrar Además del museo itinerante, los habitantes de esta zona tuvieron la oportunidad de mostrarse como los campesinos avezados, trabajadores y honrados que son, porque hasta el momento, El Placer sólo es conocido en el país debido a que un avión de American Airlines chocó contra sus montañas, La Alaska porque sufrió una terrible masacre, o porque

muchas de estas veredas limitan con el Cañón de las Hermosas, donde el ejército combate a las FARC. En una cartilla cada vereda contó su historia, narró su llegada a la zona, sus salidas intempestivas, pero también su regreso para buscar un futuro prometedor. Monterrey narró la creación de su “cátedra”, un espacio en el que se reúnen los campesinos para discutir sobre su identidad, proyectos productivos y orientación profesional, entre otros temas que ya se dictan en los colegios y escuelas del sector. Historias que ya pasaron Y nuevas que se han contado Cosas que nunca pensaron Que a muchos nos han pasado Aquí les dejo estos versos Con mucha dedicación Que llegan al pensamiento Salidos del corazón.

Con una serie de versos como éstos, don River Zúñiga cierra la cartilla, la misma que resume toda la experiencia que vivieron los habitantes de estas veredas al recuperar sus memorias. Cierra una serie de encuentros en los que afloraron la esperanza y el deseo de ganarse un espacio en el futuro de sus comunidades.

r e c u p e r a n d o m e m o r i a s y r e c o n s t r u y e n d o v e r d a d e s . u na ex per ienci a en el mu n icipio de Buga, z ona medi a y a lta

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30 “Uno está acostumbrado a hacer la investigación y sacar un artículo. Acá fue distinto, porque era ver a la gente entusiasmada con el asunto y ver trabajar a los más adultos con los niños de colegio. Ellos empoderados para contar en Buga su historia. Sentí que la academia sí podía incidir en la realidad social”, concluye Gloría Inés.

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Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Recuperando memorias y reconstruyendo verdades. Una experiencia en el municipio de Buga, zona media y alta” se origina desde la posibilidad que tiene la Facultad de Estudios Rurales y Ambientales de trabajar en el desarrollo de las comunidades rurales dentro del grupo de investigación “Conflicto, región y sociedades rurales”, y aportar a la labor que viene desarrollando el Servicio de Jesuitas a Refugiados en esta zona del Valle del Cauca. Los responsables del proyecto son: Flor Edilma Osorio

Coordinadora del proyecto social Departamento de Desarrollo Rural y Regional Facultad de Estudios Rurales y Ambientales Pontificia Universidad Javeriana fosorio@javeriana.edu.co

Gloria Inés Restrepo

Profesor instructor Departamento de Desarrollo Rural y Regional Facultad de Estudios Rurales y Ambientales Pontificia Universidad Javeriana gloriainesrestrepo@javeriana.edu.co

Colaboradores Luis Fernando Gómez Director SJR Buga

Equipo Conoso de la Diócesis de Buga Hollmes Villegas

Egresado de de Ecología Departamento de Desarrollo Rural y Regional Facultad de Estudios Rurales y Ambientales Pontificia Universidad Javeriana

Comunidad participante El Crucero: Martha Gómez, Ligia Holguín y Graciliano Martínez. La Habana: Enrique Molina, Idelfonso Jaramillo, Blanca Muñoz, Nubia Vargas, Amparo Vivas, Jhonatan Rodríguez, Genaro González, Aurelio Muriel, Gloria Elvira Molina, Omar Barón, Isabel Giraldo y Gloria Valencia. Monterrey: Gabriel Mejía, Rocío Calero, Julio Soto, Lida Soto, Israel Castillo, Edna Bastides, José María Cobo, María Galvis, Belén Vidal, Alberto Giraldo, Ana Leicer Marín, Erlinda Cardona. El Placer: Amalia Echeverri, River Zúñiga, María Eugenia Morantes, Alida Romero, Iván Pérez, Rosa Pérez, Flor de María Martínez, Gloria Pérez, Dulney Pérez, Gilberto Pérez.


estudio de parasitosis intestinales y desnutrición en niños preescolares del colegio anexo de san francisco de asís - bogotá

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Foto: Carlos Prieto


crónica La educación: una lucha constante contra los parásitos

Por las

empinadas calles de El Codito, un barrio construido sobre los cerros nororientales de Bogotá, se pasea Martha Castillo de la mano de sus dos hijos de cuatro y cinco años. Van en busca de vegetales, frutas y algunos otros alimentos que suelen consumir con frecuencia. “A mí no me gustan el arroz ni las sopas, a mí me gustan mucho las frutas, pero primero hay que lavarlas para poderlas comer, por eso yo espero a que lleguemos a la casa y mi mamá las lave”, dice Mateo, el más pequeño de los hijos de Martha. En otra época el niño no se hubiera esperado, aclara la madre. Pero desde que los reunieron para hablarles sobre la higiene, los alimentos y los parásitos, en el Colegio Anexo de San Francisco de Asís Romana, Mateo no se come la manzana sino hasta estar seguro de que le han quitado hasta el último “bichito”. En otra vivienda cercana a la carrera 7ª es Alejandro, de ocho años, quien recuerda a sus padres los modales para evitar enfermedades en casa. “Me dijo: papá, hay que taparse la boca cuando uno estornude porque de lo contrario se le pega la gripa a uno, y claro, me sentí regañado pero con razón”, relató José Antonio Barreto. Alejandro también estudia en este colegio, y al igual que Mateo y su hermano Nicolás, asistió a los talleres que el Departamento de Microbiología de la Facultad de Ciencias, dictó en la institución de este barrio de estratos 1 y 2 con el objetivo de capacitar a los niños y a sus padres sobre la parasitosis intestinal y las consecuencias que ésta produce en la nutrición de los niños. “Quisimos hacer un diagnóstico para poder intervenir de

manera positiva y lograr una interrupción de esta situación y así mejorar la condición de vida de estos niños”, comentó Concepción Puerta, directora del Departamento de Microbiología de la Pontifica Universidad Javeriana, y directora del proyecto social.

Diagnóstico Después de las primeras reuniones entre los profesionales y estudiantes javerianos con los padres de familia, la mayoría accedieron a que se tomaran las muestras coprológicas de sus hijos. Les interesaba conocer su estado de salud, las consecuencias de albergar parásitos en el cuerpo de los niños, y sobre todo qué hacer para que crezcan sanos, libres de ellos. “Me llamó la atención porque decían que sí podían estar parasitados pero los padres no le veían la importancia. Ya en el segundo taller, cuando se les habló de la forma como los afectan en el intestino, ahí sí se empezaron a preocupar”, señaló Laura Hernández, estudiante de Bacteriología. En una jornada, el equipo de trabajo conformado por profesoras y estudiantes del Departamento de Microbiología y del Departamento de Bioquímica y Nutrición, acompañadas por personal médico del Colegio Santa Francisca Romana, recogió 58 muestras para su análisis y posterior diagnóstico. “La parasitosis afecta sobre todo a niños en edades escolares o en preescolar que es el grupo con el que tuvimos la oportunidad de trabajar. Esto puede provocar un déficit en el crecimiento y la capacidad cognitiva. En general, su organismo se va a ver deprimido por

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34 hogares para ver las condiciones de la vivienda, y con base en los resultados se planificaron los diferentes talleres de prevención con un énfasis en el lavado de manos, de las verduras y en la parte de nutrición en la escala de alimentos que se deben consumir para atacar las falencias halladas en las encuestas”, indicó Concepción.

Talleres

Fotos: Carlos Prieto

su acción ya que estando alojados en el intestino van a poder causar generalmente un desbalance en su desarrollo físico y mental”, apuntó Carmen Inés Mora, profesora del Departamento de Microbiología. A pesar de que la mayoría de los padres de familia acudieron al llamado, otros tantos lo pasaron por alto. “Después estaban arrepentidos y nos preguntaron que si sabíamos cuándo se iba a tomar una nueva muestra”, comentó Martha Castillo. Pero el objetivo de este grupo no sólo era el de conocer qué parásitos atacaban a la comunidad de niños, sino capacitar a padres de familia e hijos sobre este problema para que multiplicaran la información y se hicieran responsables de su propia salud, además de conocer la magnitud de la parasitosis intestinal en esta zona de Bogotá. “Se realizaron talleres lúdicos especiales para los niños y los papás. Las especialistas en nutrición visitaron a los padres de familia en sus

Juan David que estudia en párvulos y su hermana María Fernanda que está en jardín, varios meses después de terminados los talleres, aún juegan con los antifaces en forma de frutas con los que les enseñaron a tomar las medidas higiénicas necesarias. Los otros muñecos que recibieron en los talleres prefirieron no guardarlos: eran las representaciones de los parásitos en muñecos de cartón, algunos con ojos y pelo. “Se trató de informar lo que eran los parásitos y qué era una buena nutrición mediante obras de teatro, para lo cual fabricamos antifaces de cada fruta. Se les habló de qué eran vitaminas, carbohidratos, cómo era una alimentación balanceada. Teníamos canciones relacionadas con cada uno de los grupos de alimentos básicos. Les explicamos por qué era importante la combinación de ellos y que a los niños no les podía faltar ninguno. Cantamos y bailamos”, señaló Ivonne Balzer, profesora del Departamento de Microbiología. Quizás por esta razón todos los niños devolvieron los parásitos porque, como dijo Juan David, “ellos se nos comen toda la comida y no nos dejan crecer”. Los niños, entonces, asimilaron las recomendaciones que el grupo javeriano les enseñó durante los talleres, y los padres de familia se empezaron a conscientizar de que estaban cometiendo errores dentro de su hogar. En los talleres dirigidos a ellos la información


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se centró en el aseo del hogar, así como en el tratamiento y preparación de los alimentos. En estas reuniones los talleristas hicieron comidas alternativas de buena alimentación, distribuyeron recetas con materiales muy nutritivos y a un bajo costo, porque, como explica Ivonne, en Colombia se dan todas las frutas para hacer los mejores jugos, no hay que recurrir a esas bebidas instantáneas muy ricas en azúcar que no contienen ningún valor nutritivo. Una de las madres asistentes al taller señaló: “No es difícil seguir las reglas. Yo trato de balancear los alimentos de los niños, lo mejor posible. Estos talleres nos ayudan mucho para saber qué hacer. El día que estoy en la casa trato de preparar algo diferente porque durante la semana, por el trabajo, lo que se hace es la verdura, el arroz, pero un fin de semana les hago cuchuco de espinazo y sopas. Eso les encanta a mis hijos”.

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Indudablemente la vida ya no es la misma en los hogares de los niños del Colegio Anexo de San Francisco de Asís Romana en el barrio El Codito de Bogotá. Ahora son los hijos quienes les recuerdan a sus padres que hay que lavarse las manos constantemente y que se deben tapar la boca al estornudar. Las cocinas también sufrieron un cambio. Ahora hay menos sobres de jugos instantáneos y más frutas, las mismas que los niños exigen lavar para luego comer.

e s t u d i o d e pa r a s i t o s i s i n t e s t i n a l e s y d e s n u t r i c i ó n e n n i ñ o s pr eescol ar es del colegio anexo de san fr ancisco de asís - bogotá

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Foto: Carlos Prieto


proyecto La educación es el futuro de una buena prevención

Unos 100

niños que estudian preescolar en el Colegio Anexo de San Francisco de Asís Romana, procedentes de barrios deprimidos del norte de Bogotá, fueron la excusa perfecta para que un grupo de investigadores del Departamento de Microbiología de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana realizara una campaña de detección de parasitosis intestinal, su evaluación médica y posterior tratamiento. Este Departamento, en cabeza de Concepción Puerta, viene trabajando en investigaciones sobre parasitosis molecular y en respuesta inmune, especialmente con la enfermedad de Chagas. No obstante, el trabajo a desarrollar en este sector de Bogotá va encaminado a la parasitosis intestinal, cuya medicación debe hacerse en ciertas etapas de la vida del niño, y son muy pocas las oportunidades que el investigador tiene para trabajar directamente con ellos. La investigación planteada en este proyecto San Francisco Javier buscó detectar la presencia de parasitosis intestinal en los niños, evaluar su estado de nutrición, dar tratamiento y realizar campañas educativas de prevención. “Quisimos tener una facilidad de acción y de convocatoria hacia la comunidad, porque pasar de ser investigador de laboratorio al trabajo directo con la comunidad es un salto muy grande. Las directivas del Colegio fueron de gran ayuda para este proyecto”, señaló Concepción Puerta, directora de la investigación, en la que además participaron estudiantes de Bacteriología y Nutrición y Dietética.

Según lo programado por el grupo de trabajo, se inició con la conscientización de los padres de familia para que permitieran que a sus niños les fuera tomada una muestra coprológica y así tener un diagnóstico. Algunos fueron escépticos, pero la mayoría colaboró. Se tomaron 58 muestras de niños preescolares, 24 de niños y 34 de niñas, entre los 4 y los 7 años de edad. “Encontramos que aproximadamente el 40% estaban parasitados. No todos los organismos son patógenos, hay unos que son componentes normales de la flora del intestino humano, pero su presencia indica dos cosas, o que hay patógenos o que hay malos hábitos higiénicos. Patógenos como tal encontramos cuatro casos”, señala Claudia Cuervo, profesora del Departamento de Microbiología. Ése fue el punto de partida para el trabajo del grupo de investigación. Su acercamiento a los niños permitió conocer los problemas de crecimiento y de peso especialmente. Algunos de ellos estaban en riesgo, otros ya sufrían los trastornos, tres niños ya estaban por debajo del crecimiento normal de acuerdo con su edad, ocho tenían sobrepeso y tres ya manifestaban obesidad, según los estudios. De acuerdo con Carmen Inés Mora, profesora de la Facultad de Ciencias, la aparición de estos parásitos se manifiesta en el paciente en desánimo, indisposiciones intestinales, procesos diarreicos frecuentes, desarrollo anormal en la talla y en el peso, lo que indiscutiblemente reduce su calidad de vida. “Si se tiene en cuenta el bajo ingreso familiar y que de él sale un porcentaje muy bajo para la

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compra de alimentos, se deduce que hay un elevado consumo de harinas y deficiente de alimentos formadores”, concluyó Silvia Bohórquez, profesora del Departamento de Bioquímica y Nutrición. Este diagnóstico permitió que el plan de trabajo se diseñara en tres etapas: tratamiento preventivo y curativo, tanto antiparasitario como reconstituyente de la flora intestinal; campañas educativas para padres de familia y niños sobre el parasitismo intestinal, a fin de conocer cómo se adquieren y cómo se evitan, así como la importancia de una buena alimentación; y talleres de culinaria para los padres de familia. “Encontramos que la mayor vía de transmisión en esta comunidad es por la falta del lavado de manos. Las nuevas campañas educativas están encaminadas a esta situación, tomando en cuenta que los tanques donde se almacena el agua deben limpiarse, porque no pasa nada si se lavan las manos con

agua contaminada”, enfatizó la directora de la investigación. Identificadas las falencias, el grupo de trabajo inició una serie de talleres dirigidos a los niños y a los padres de familia. La música, las historias y las representaciones fueron las estrategias empleadas para los más pequeños. “Los niños son unos multiplicadores impresionantes del conocimiento a sus familias y su entorno. Uno habla con los niños y ellos les van contando a sus papás y ayudan con esta labor en casa. Incluso si a sus padres se les llega a olvidar, ellos les reclaman porque ya tienen el conocimiento y se lo recuerdan”, dijo Ángela Pulido, estudiante de Bacteriología. Después de un año de trabajo con la comunidad son evidentes los logros, especialmente en la conscientización sobre la necesidad de adoptar medidas de prevención. Incluso muchos de los padres de familia que no


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autorizaron la toma de muestras ahora esperan que la Universidad Javeriana los incluya en una nueva fase. “Lo más importante para nosotros es la campaña educativa porque no vamos a poder estar todo el tiempo con la comunidad trabajando, haciendo el diagnóstico y sobre todo consiguiendo los antiparasitarios, pues se requiere de un recurso económico importante, además de la consulta médica. Lo que nosotros queremos impactar más en la comunidad son las medidas educativas, que les vuelvan cotidianos los buenos hábitos higiénicos y que conlleven la prevención para evitar la adquisición de esos parásitos”, concluyó Concepción Puerta.

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Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Estudio de parasitosis intestinales y desnutrición en niños preescolares del Colegio Anexo de San Francisco de AsísBogotá” se origina desde la Facultad de Ciencias en cabeza de Concepción Puerta, profesora titular del Departamento de Microbiología de la Pontificia Universidad Javeriana. Los responsables del proyecto son: Concepción Puerta, PhD

Directora del Departamento de Microbiología Facultad de Ciencias Pontificia Universidad Javeriana cpuerta@javeriana.edu.co

Claudia Cuervo, MSc

Profesora Departamento de Microbiología Facultad de Ciencias Pontificia Universidad Javeriana claudia.cuervo@javeriana.edu.co

Ivonne Venegas, PhD

Profesora Departamento de Microbiología Facultad de Ciencias Pontificia Universidad Javeriana venegas.m@javeriana.edu.co

Carmen Inés Mora

Profesora Departamento de Microbiología Facultad de Ciencias Pontificia Universidad Javeriana carmen.mora@javeriana.edu.co

Silvia Bohórquez

Profesora Departamento de Bioquímica y Nutrición Facultad de Ciencias Pontificia Universidad Javeriana silviab@javeriana.edu.co

Laura Hernández

Estudiante de Bacteriología Facultad de Ciencias Pontificia Universidad Javeriana

Ángela Pulido

Estudiante de Bacteriología Pontificia Universidad Javeriana

Diana Carolina Bonilla

Estudiante de Nutrición y Dietética Facultad de Ciencias Pontificia Universidad Javeriana

Luz Stella Jiménez

Directora científica Dispensario Santa Francisca Romana stellajimenez2000@unisabana.edu.co

Adriana Sánchez

Médica rural Dispensario Santa Francisca Romana adriana.sanchez5@yahoo.es

Carmen Eliza Baraya

Enfermera Colegio Santa Francisca Romana carmenbaraya@gmail.com

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girs en putumayo

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crónica Una planta para las basuras del Valle de Sibundoy

Unas hileras

de    frailejones con las puntas amarillas son el presagio de las maravillas del paisaje que les espera a los viajeros entre la ciudad de Pasto y el departamento de Putumayo. Minutos más tarde aparece desde la carretera, como en los cuentos de los hermanos Grimm, un valle enorme, verde, unas montañas que rodean un tapete semi-virgen que tal vez algún día fue una laguna, igual a la Cocha que se ubica a unos pocos kilómetros de allí. Es el Valle de Sibundoy, una maravilla de la naturaleza que no aparece en los libros que destacan los más bellos lugares del mundo, pero que sin duda se merece un lugar en ellos. Allí se asientan los municipios de Sibundoy, Santiago, San Francisco y Colón, donde conviven indígenas camentzá, inga y los colonos de Putumayo y otros lugares del país que llegaron a la zona para quedarse. Uno de ellos es Luis Ernesto Coronado Moreno, quien después de muchos años de vivir allí se posesionó como gerente de la Empresa de Aseo del Valle de Sibundoy, Asvalle, encargada de recoger los residuos sólidos que se producen en la zona urbana de los cuatro municipios. Su preocupación, como la de los accionistas de la Empresa desde su creación en abril de 2003, fue la de dar soluciones a la contaminación que aportan los habitantes al medio que los rodea. Por esta razón siempre pensaron en que en Sibundoy evitarían, hasta donde más se pudiera, la construcción de un relleno sanitario

y que lo suyo era una planta de tratamiento. “Yo me enorgullezco de nuestro trabajo porque a diferencia de muchas partes de Colombia en Sibundoy no tenemos un botadero ni un relleno sanitario, nosotros tenemos una planta de tratamiento de residuos sólidos en la cual hacemos aprovechamiento tanto de los orgánicos como de los inorgánicos”, señala Luis Ernesto, quien al lado de Luis Alexander Mejía, ex alcalde de la localidad, recurrió a la Pontificia Universidad Javeriana para buscar la asesoría que llevara al buen manejo de la planta. La solicitud llegó a oídos de la ingeniera Sandra Méndez de la Facultad de Ingeniería, quien ya había tenido experiencia en programas de aprovechamiento de residuos sólidos en otras comunidades, especialmente indígenas. Tras ganar la convocatoria de la Rectoría con los proyectos sociales San Francisco Javier, coordinó el trabajo a desarrollar en el sur del país. “Más allá de la evaluación técnica de la planta nos interesaba ver toda la gestión integral, no sólo el aprovechamiento de los residuos orgánicos sino también de los inorgánicos y cómo estaban organizados tanto como empresa como en el área social y política”, resalta la especialista.

Proceso Recién surgió Asvalle se realizó una capacitación en las casas y colegios en los cuatro municipios sobre la separación en la fuente y la importancia de hacer una recolección de los residuos, y se abrió la planta de tratamiento.

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Dos días a la semana se hace recolección en cada población, un día de residuos orgánicos y otro de inorgánicos. Estos productos son llevados a la planta ubicada en las afueras de Sibundoy donde son separados de acuerdo con su condición por un grupo de recuperadoras. Los inorgánicos van a una bodega construida en ladrillo, y los inorgánicos a un sector aledaño sin paredes, pero cubierto con un techo. Las recuperadoras ambientales conforman tres grupos: GAMA (Grupo de Amigos del Medio Ambiente), Manos Mágicas y Visionat (Vida, Sociedad y Naturaleza). Cada uno de ellos trabaja un mes en la recolección de los residuos sólidos inorgánicos aprovechables que luego venden en la ciudad de Pasto, y por su trabajo reciben tres salarios mínimos. Los encargados de Asvalle recibieron asesorías desde el principio y pusieron en funcio-

namiento la planta. Sin embargo pensaron en que deberían recibir más información para realizar mejor el proceso. “Apoyados por Corpoamazonía buscamos un apoyo para el manejo que estamos haciendo con los residuos sólidos en la parte de tratamiento y producción del abono orgánico tipo compost que esperamos certificar con el ICA”, recalcó el gerente. A pesar de tener la mejor voluntad para hacer el trabajo de la manera correcta, los especialistas javerianos encontraron algunos inconvenientes en el manejo de la planta que recibe en promedio 360 toneladas de residuos al mes. Ese primer diagnóstico señaló que, aunque fue muy importante el trabajo de capacitación a la población sobre la separación en la fuente, estas jornadas no se volvieron a realizar y esto se ve reflejado en la planta, porque los residuos llegan muy mezclados, lo que afecta la calidad del compost.


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“Hay que hacer campañas de nuevo en los cuatro municipios, aprovechar más la factura para enviar mensajes para recordar la separación. Se debe reforzar el tema en los colegios. Cuando se hace bien la separación en las casas a la planta te llegan los residuos limpios, sin bolsas de plástico, sin cartón, sin botellas. Vimos incluso residuos de papel higiénico con patógenos que contaminan el compost, pilas y residuos peligrosos”, resaltó la ingeniera Sandra.

Trabajo con la comunidad Carmen Teresa Jamil, integrante del Grupo de Amigos del Medio Ambiente (GAMA), recuerda cuando inició con el reciclaje, el mismo que le compraba un colono procedente de Pasto. “Al principio dolía que le dijeran a uno basurera, pero uno conoce los beneficios que le está dando a la gente y a uno mismo, entonces uno no tiene por qué sentirse mal con eso”, recalca. Ella, al igual que otros habitantes de la región, recibió capacitación sobre el cuidado del medio ambiente, el reciclaje y la separación de residuos en la fuente, por lo que constituyó el grupo con otros indígenas. “Que se nos tenga en cuenta como grupo, eso nos daría pie a conocer más cosas y capacitarnos más. Eso nos daría para comunicar a otras personas y que todos nos demos la mano en esto porque unos entendemos, otros no, y toca luchar y hacer un gran esfuerzo”, dice Carmen Teresa. Y ése es uno de los trabajos que sugieren los investigadores de la Facultad de Ingeniería de acuerdo con las experiencias en otras regiones del país con presencia indígena: que se evite imponer y se construya con la misma comunidad, que se diseñe material pedagógico con la comunidad en su lengua camentzá

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e inga, para que todos puedan comprender el mismo concepto. Así pues, son varias iniciativas para mantener vivo el Valle de Sibundoy, su gente y la belleza natural que los rodea. Por eso Asvalle esperaba lograr obtener en 2009 los recursos para comprar un vehículo compactador para las áreas urbanas y otro carro recolector en las zonas rurales con el objetivo de darles un buen uso a los desperdicios de estas poblaciones del occidente de Putumayo. “Aspiramos a que nuestros procesos se mejoren, maximicemos nuestro servicio y seamos la empresa líder en Putumayo, y por qué no decirlo, en el país y el mundo, porque muy pocas comunidades hacen lo que nosotros estamos haciendo. Muchas personas se llenan diciendo que tienen un relleno sanitario y nosotros decimos: ‘tenemos una planta de tratamiento’”, finaliza Luis Ernesto.


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proyecto Un buen manejo de basuras y un valle para las nuevas generaciones

La planta

de tratamiento en Sibundoy, Putumayo, necesitaba de una asesoría. Eso lo tenían claro Luis Ernesto Coronado, gerente de Asvalle, empresa dedicada a la recolección de las basuras en los cuatro municipios de este valle, y el asesor de Corpoamazonía, Luis Alexander Bustos, quien abordó a los ingenieros javerianos para pedir asesoría en la recuperación y reciclaje, compostaje y educación, y sensibilización ambiental. El mensaje era claro. Ellos venían trabajando desde 2003 y ahora necesitaban que la planta diera los mejores frutos en la conservación del medio ambiente y en su sostenibilidad. La ingeniera Sandra Méndez, quien ya tenía experiencia en este tipo de proyectos de Gestión Integral de Residuos Sólidos (GIRS), en regiones con presencia indígena, conformó un equipo interdisciplinario para hacer una evaluación de los procesos que la empresa estaba llevando a cabo en la recuperación y reciclaje de residuos, compostaje y para reforzar la educación ambiental en la comunidad. El ingeniero Mario Opazo, especialista en manejo de residuos de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, la socióloga Blanca Cecilia Pérez, de la Facultad de Ingeniería, y los estudiantes de Ingeniería Civil Julián David Bautista, Liliana Rojas, Jenny Guanay y Carlos Camelo, conformaron el equipo de trabajo. Asvalle tenía ya una labor adelantada en la capacitación de la comunidad. Incluso, Carolina Chamorro, jefe operativa de la empresa, afirmó que un alto porcentaje de los

habitantes de los municipios de San Francisco, Colón, Santiago y Sibundoy hacen la clasificación de los residuos en la fuente. Todos esos residuos llegan a la planta de tratamiento y allí se inicia el proceso del manejo de los orgánicos e inorgánicos de acuerdo con las indicaciones que habían recibido en el pasado. Aunque los investigadores encontraron en Asvalle la mayor disposición de hacer bien las cosas, las indicaciones que habían recibido en el pasado no eran las mejores para este tipo de tratamiento de los residuos. “Encontramos una montaña inmensa de residuos que llamaban compostaje aerobio, en el que las bacterias del material orgánico necesitan oxígeno para descomponerse. Pero en esa montaña entraba el oxígeno únicamente en la parte alta y era de cinco o seis metros”, relata Sandra. De ahí surgió una de las primeras recomendaciones: la necesidad de hacer unas pilas con menor cantidad de residuos. Según los expertos javerianos existían otras prácticas indebidas como echarles cal a las pilas cada que llovía. Según Mario Opazo, esto disminuye el nivel del ph (acidificando el medio), lo cual retrasa la descomposición natural de los residuos inorgánicos. “También se sugirió canalizar el agua lluvia para que no se mezcle con los lixiviados, los que se pueden recircular para favorecer el proceso natural de descomposición”, recalca Sandra. La proliferación de moscas también es un problema a tener en cuenta. Aunque ellas ayudan al proceso de de descomposición de los residuos, mucha cantidad es perjudicial, especialmente en la salud de quienes laboran allí.

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Sin embargo, fumigar es otra práctica indebida que se venía haciendo esporádicamente en la planta de tratamiento. “Hay que estar revolviendo las pilas para que se interrumpa el proceso que llevan los huevos de la mosca, se recomienda hacerlo cada tres o cuatro días, pero sagradamente”, recalcó Opazo. “El gerente está esperando que se generen unos nuevos recursos de Corpoamazonía para hacer un patio nuevo de compostaje y empezar de cero, construir su placa en concreto, con sus canales bien hechas, con su techo apropiado para hacer bien el proceso”, señala la coordinadora del proyecto social. De esta manera se puede gestionar la certificación del compost ante el ICA. Aunque el gerente de Asvalle asegura que los agricultores de la zona ya le dieron el visto bueno, la Universidad Javeriana realiza el análisis de algunos productos para determinar si contaminantes como

metales pesados o patógenos están presentes en ellos de acuerdo con el análisis preliminar en el compost. “Ahora vamos a hacer un análisis en laboratorio con unos fríjoles cultivados en la región utilizando el compost de la planta, porque, aunque según contó Luis Ernesto, crecieron grandes y bonitos, se debe saber si le pudieron llegar los contaminantes, especialmente metales pesados”, aclara Sandra. Por esta razón es necesario dedicar esfuerzos a la educación ambiental, a la separación en la fuente, lo que junto con el mejoramiento en los aspectos técnicos permitiría producir un compost de forma más eficiente y con mejor calidad. En cuanto al manejo de los tres grupos de recuperadoras ambientales de la región: GAMA, Visionat y Manos Mágicas, que se encargan de hacer una segunda separación de los


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Foto: Carlos Prieto

residuos en la planta de tratamiento y aprovechan los inorgánicos para venderlos y obtener dividendos, también hay sugerencias: “Es necesario revisar la forma de contratación de estos grupos porque en la actualidad Asvalle no cobija los riegos profesionales. Ellos lo hacen con buena intención porque se trata de dar oportunidades a todos, pero se deben dar ciertas garantías”. La planta de tratamiento tiene cosas por mejorar, pero hay una intención manifiesta por parte de la Gerencia y la comunidad. Esta decisión de invertir, asesorarse y preocuparse por el medio ambiente, de seguro va a ser agradecida por las nuevas generaciones que habiten el Valle de Sibundoy.

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Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “GIRS en Putumayo” surge como una posibilidad de la Facultad de Ingeniería de asesorar la planta de tratamiento de residuos sólidos en el Valle de Sibundoy, que abarca los municipios de San Francisco, Santiago, Colón y Sibundoy, atendiendo al llamado de la misma comunidad. Los responsables del proyecto son: Ing. Sandra Méndez

Profesora asistente Departamento de Ingeniería Civil Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana sandra.mendez@javeriana.edu.co

Ing. Mario Opazo

Profesor del Departamento de Ecología y Territorio Facultad de Estudios Ambientales y Rurales Pontificia Universidad Javeriana mopazo@javeriana.edu.co

Soc. Blanca Cecilia Pérez Muzuzu

Integrante de la Decanatura del Medio Universitario Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana bcperez@javeriana.edu.co

Participaron también estudiantes del Proyecto Social Universitario de la carrera de Ingeniería Civil, durante diferentes semestres: Julián David Bautista, Liliana Rojas, Jenny Guanay y Carlos Camelo.

Comunidad: Luis Ernesto Coronado

Gerente Empresa de Aseo Asvalle, Sibundoy.

Gloria Guerrero

Fundación Cultural de Putumayo, Sibundoy.

Luis Alexander Mejía Corpoamazonía


estudio de sistemas de saneamiento bรกsico en corregimientos habitados por desplazados en colombia. palermo, magdalena

Foto: Carlos Prieto

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Foto: Proyecto


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crónica Cuando el agua deja de ser sinónimo de vida

Para quien

recibe cómodamente el agua potable por los grifos de su vivienda es difícil imaginar lo que significa cargar el líquido en baldes desde un caño en condiciones insalubres. Aún más complicado es imaginar que el contenido de esos recipientes es para preparar los alimentos y quitar la sed; y peor es pensar que mientras se lava la vajilla o la ropa o el auto, no se puede dejar que el agua corra como manantial con rumbo a un alcantarillado. Ésa es la realidad de muchos sitios del país y la misma condición en que viven los habitantes de Villa Clarín, corregimiento Palermo, en el departamento de Magdalena, una población de aproximadamente 97 familias y unos 500 habitantes, todos en situación de desplazamiento, que encontraron en esta zona, a tres kilómetros del Puente Pumarejo, un lugar donde asentarse. Los habitantes reconocen que no es el mejor sitio para vivir, pero no encuentran más opciones. En las épocas de lluvia se inundan, y durante los veranos calman la sed con un agua que no cumple ninguno de los estándares colombianos de potabilidad. El caño se ubica a 500 metros del poblado, por lo que transportar el agua desde allí le cuesta a la señora de la casa 200 pesos por recipiente. En promedio, ella y sus vecinas gastan 20.000 pesos en este servicio. El agua que les llega en muchos casos es tratada con piedra alumbre y cloro, pero la mayoría desconocen las dosis apropiadas para el suministro, de modo que está saturada de bacterias que causan diarrea y enfermedades intestinales.

Ése fue el hallazgo del grupo de ingenieros javerianos, quienes en conjunto con la Facultad de Teología trabajan con estos colombianos que huyeron de la violencia que los azotó en Nariño, Chocó, Antioquia y otras regiones del país desde el año 2000. “Es un problema de salud pública, la comunidad se afecta por enfermedades en la piel, por enfermedades gastrointestinales y, sobre todo en épocas de sequía, sufren bastante por el abastecimiento de agua. Hay una problemática grande y es la forma de acceder al agua potable. Ellos utilizan el agua del río Magdalena que desemboca en el mar, para suplir sus necesidades básicas, y esta agua no es apta para el consumo humano”, recalca Paula Villegas González, una de las investigadoras. Los habitantes de Villa Clarín lo reconocen, saben que gran parte de sus problemas de salud provienen del agua que debería ser la fuente de vida, como Nohora Paola Carvajal, una líder juvenil de esta comunidad, lo señala: “La verdad es que las aguas acá en Villa Clarín están demasiado graves. Es un agua que está demasiado contaminada, porque por ahí primero que todo pasan muertos, pasa pura materia fecal, cosas podridas, pasa de todo un poquito y esa agua es la que uno recoge acá para comer, para lavar la ropa, para todo”.

Caño Clarín sinónimo de vida o muerte Como suele ocurrir en muchas comunidades, el caño más cercano a su lugar de habitación se convierte en todo: sitio de recreación,

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54 las emergencias la vivieron en noviembre debido a que las lluvias desbordaron el caño y la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Teología e Ingeniería de la mano La Facultad de Ingeniería se vinculó a este proyecto para abordar el componente técnico desde el punto de vista del saneamiento ambiental, lo que incluye el tratamiento de agua potable, agua residual, manejo de residuos sólidos y hábitos de higiene en las comunidades. Desde la Facultad de Teología se hizo un diagnóstico sobre la identidad cultural y la historia de estos ciudadanos, con el propósito de que se fueran consolidando como una comunidad empoderada y que se reconociera la problemática que estaban viviendo.

Foto: Proyecto

de lavado de ropas y de alimentación. “El problema del agua es que no es purificada. Recoge todo del río Magdalena y nosotros acá con la motobomba la estamos trayendo para consumirla. El agua nos va matando lentamente”, dice Alfredo Corrales, presidente de la Junta de Acción Comunal. El caño no sólo se alimenta de las aguas del Magdalena que llevan toda la contaminación del país. Las mediciones de los especialistas javerianos en hidrosistemas indicaron que la salinidad del mar también se hace presente. Todos estos factores hacen que la comunidad, especialmente los niños y ancianos, pasen por una crisis sanitaria que provoca enfermedades respiratorias, estomacales y de la piel. Pero ahí no terminan los inconvenientes de esta comunidad. Su asentamiento urbano está ubicado por debajo del nivel del caño y la ciénaga, por lo que en varias ocasiones el agua ha invadido sus viviendas. La última de

“La Maestría en Hidrosistemas, en cabeza de algunos de sus estudiantes, lo que hizo fue un diagnóstico. Apoyados en los laboratorios de la Universidad, hicimos un monitoreo de campo en tres puntos de la comunidad para revisar cómo era el estado del agua. Construimos un pozo de agua subterránea en una de las viviendas y nos dimos cuenta de que hay filtraciones del mar, es agua salada que no se puede consumir; y también llevamos a cabo un muestreo en un tanque donde ellos almacenan el agua, y allí la tratan por medio del cloro con algunos problemas porque no manejan unas adecuadas dosis de cloro, y la gente sufre de mareos y dolores de cabeza. Además, se hizo un monitoreo en el caño Clarín y se encontró que la calidad del agua no cumple en su mayoría con los estándares normativos de agua para consumo humano”, señala Paula Villegas. Hacer partícipe a la comunidad fue una estrategia que dio resultado. “Nadie nos voltea a mirar, ni las autoridades ni nadie, ahora solamente la Universidad. No somos los dueños de las tierras, ahora tenemos que dialogar con el dueño, Carlos Vargas Mahecha, que es el


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La Javeriana no sólo ha buscado encontrar una respuesta a la potabilización del agua y la calidad de vida de estas personas. También busca construir con ellos, acompañarlos en su proceso de autodeterminación para que se sientan parte de la solución. “Por eso nos vemos más comprometidos, no sólo en el tema de saneamiento básico, sino en el tema legal, del establecimiento de la comunidad, que sean reconocidos como sujetos sociales”, recalca el profesor Ramón Eduardo González, participante del proyecto.

¿Soluciones a la vista? Tras conocer el diagnóstico y acercarse a la comunidad se genera ansiedad en cada una de las partes. La población espera respuestas porque es la primera vez que son tenidos en cuenta y los investigadores esperan, con un trabajo en equipo, proponer soluciones. La Universidad hace el estudio sobre tipos de tratamiento de agua y manejo de residuos que se pudieran implementar; analiza no sólo alternativas convencionales, sino también para comunidades en estado de emergencia, como en este caso. Para esto se encuentran muchas soluciones a nivel mundial, pero el objetivo era el de encontrar una adecuada para Villa Clarín, por lo que se efectuó una serie de talleres con la comunidad para presentar todas las alternativas y que fueran ellos mismos los que escogieran una solución, sin ningún tipo de imposición. Esa primera fase de diagnóstico y proposición de alternativas para superar los problemas se dio según lo planeado. Ahora inicia otra etapa, la de consecución de los recursos

Foto: Proyecto

económicos para llevarla a cabo. Mientras esto sucede, otras instituciones y ONG como el Club Rotario les enseñan técnicas manuales para potabilizar el agua, con energía solar y usando filtración a través de la ropa, con piedra lumbre y con cloro. Estos recursos improvisados pronto se convertirán en un auxilio permanente si se crea la conciencia suficiente en los poderes políticos y privados del país. Mientras esto sucede los habitantes de Villa Clarín, como la profesora Madeleine Romo, continúan describiendo el agua como: “sagrada, porque uno sin el agua no es nada”; o la presidenta electa de la Junta de Acción Comunal, Margarita Estrada, que dice: “todos nos alimentamos del agua, sin el agua nos morimos”; o como Rosalina Morales que asegura que: “el agua es natural, Dios la hizo y es todo para uno”.

estudio de sistemas de saneamiento básico en corregimientos h a b i ta d o s p o r d e s p l a z a d o s e n c o l o m b i a . pa l e r m o , m ag da l e n a

representante de aquí para ver de qué forma nos va a colaborar, si nos va a cobrar las escrituras o nos va a cobrar el terreno”, dice Alfredo Morales, presidente de la Junta de Acción Comunal.


Foto: Proyecto


proyecto La Teología y la Ingeniería unidas al servicio de la comunidad

La Facultad

de Ingeniería, la Maestría en Hidrosistemas y la Facultad de Teología se convirtieron en una sola para llegar hasta la comunidad de Villa Clarín con el objetivo de llevar esperanza y conocimiento para resolver uno de sus mayores problemas: la salud. Esta comunidad de desplazados se asentó en terrenos ajenos junto al río Magdalena, dentro de la jurisdicción del municipio de Palermo, en el departamento de Magdalena. Allí construyeron 136 casas con madera, cartón y láminas de aluminio, y tienen muchos inconvenientes. Sin embargo, el que los está afectando en mayor medida es la ausencia de agua potable. La Universidad Javeriana, mediante este proyecto social, pretendió ofrecer a esta comunidad unos estudios iniciales sobre los sistemas de saneamiento básico y ambiental, al mismo tiempo que buscó involucrar a los habitantes de la población en las soluciones con el fin de fomentar la racionalidad del manejo del medio ambiente, la pertenencia y por ende la sostenibilidad de la iniciativa. “Hemos construido una metodología de gestión comunitaria con un componente interdisciplinar en el cual se define un nivel técnico que es el agua, los hidrosistemas y el manejo de agua potable; pero el agua necesita ser administrada por una comunidad y hay que construir. Por tal motivo se han trabajado los valores, el diálogo, la identidad. El componente teológico aparece allí como los sentidos de vida profundos, los imaginarios religiosos en relación con el agua, cómo ellos compren-

den la acción de Dios en la naturaleza, una ecoteología de una manera participativa”, señala el profesor Alirio Cáceres. De esta manera se trabaja en tres componentes básicos: el técnico, el social y el ecoteológico, que van de la mano con una propuesta de desarrollo sustentable e integral, que motive a la comunidad a organizarse, respetarse y cultivar la dignidad humana.

Etapas El grupo de investigadores, que ya han vivido otro tipo de experiencias similares en comunidades indígenas y de desplazados, diseñaron un plan de trabajo que inició con un prediagnóstico de la situación en el que se recopiló la información necesaria para el estudio. En cuanto a la potabilidad del agua que extraen los habitantes del sector del caño Clarín se pudo identificar que no cumple con ninguno de los estándares colombianos. “Se llega por tanto a la conclusión de que el agua se encuentra en muy baja condición para el consumo humano, pues son tres parámetros que definitivamente no cumplen con la normatividad colombiana”, se consigna en el informe final de los investigadores. Pero el trabajo interdisciplinario de la Universidad no termina allí. Se trabajó también en el involucramiento y la participación comunitaria que permitió conocer la percepción de los habitantes con respecto a las problemáticas relacionadas con el agua, el saneamiento básico y el alcance del proyecto, a lo que se agregó un diagnóstico y análisis socioeconómico de las propuestas.

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“Hicimos un diagnóstico sobre la identidad cultural y la historia de la comunidad, con el propósito de que se fueran organizando como una comunidad empoderada y que reconocieran la problemática que estaban viviendo. Generamos un proyecto de consolidación comunitaria, realizado desde ellos mismos, retomando aspectos de las ciencias sociales, etnológicos, sociológicos y políticos”, recalca el profesor de la Facultad de Teología, Ramón Eduardo González.

alimentación. También reconocieron sus mayores preocupaciones: el agua potable y la incertidumbre por no tener la escritura pública de los terrenos en los que viven.

Generar conciencia

Los habitantes de Villa Clarín también toman conciencia en torno al trabajo de saneamiento básico. Si bien en el año 2009 se inicia un nuevo proceso para poner en marcha las soluciones pactadas con la comunidad, son ellos los que tienen que sostenerla en el tiempo.

En un primer taller los participantes describieron el escenario social en el que viven. Destacaron la relación armónica entre ellos y valoraron las donaciones que reciben. También ponderaron la importancia del caño Clarín, desde donde generan sus actividades económicas, el aseo personal, el entretenimiento y la

En un segundo taller identificaron su historia y su actualidad, sus orgullos y deficiencias desde lo político, educativo, cultural y económico. Un tercer taller buscó la consolidación de la comunidad con la elección de los valores mínimos compartidos para favorecer la convivencia entre ellos.

“Estas comunidades tienen diferentes hábitos que las personas de la zona urbana. Cuando


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Durante esta fase del trabajo con la comunidad la Universidad Javeriana hizo contactos y reuniones con 40 actores sociales, instituciones y organizaciones que tenían que ver con Villa Clarín. Se tocaron puertas y ahora se vinculó el Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad Católica con un proyecto de investigación que enfatiza la parte técnica en el saneamiento básico.

Foto: Proyecto

Foto: Proyecto

“El objetivo final es ofrecerle al país una metodología para el sistema de saneamiento básico para las comunidades desplazadas en etapa de emergencia, cuando se establecen en un sitio donde por lo regular no tienen acceso a agua potable mientras son beneficiados por las políticas públicas. Esa propuesta se puede replicar en otras partes del país y en otros sectores”. Tal es la idea que tienen los investigadores con este trabajo, como lo concluye Ramón Eduardo González.

estudio de sistemas de saneamiento básico en corregimientos h a b i ta d o s p o r d e s p l a z a d o s e n c o l o m b i a . pa l e r m o , m ag da l e n a

se llevan sistemas convencionales, la mayoría de veces fracasan, porque no están acostumbrados al sistema económico de nosotros, no están acostumbrados a pagar una factura. Hay que hacer un muy buen diagnóstico con la comunidad partícipe de las tecnologías que se van a implementar con el fin de que esas tecnologías se puedan mantener, sean sostenibles. Es uno de los retos de este tipo de proyectos. Una cosa creemos nosotros como ingenieros, pero hay que tener en cuenta que son de culturas diferentes, que viven por ejemplo del reciclaje. No debemos llegar a cambiarles la cultura sino a hacerlos partícipes de las soluciones”, recalcó Paula Villegas.


Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Estudio de sistemas de saneamiento básico en corregimientos habitados por desplazados en Colombia. Palermo, Magdalena”, es un trabajo interdisciplinario entre las facultades de Teología e Ingeniería con la Maestría en Hidrosistemas, en la población de Villa Clarín. Los responsables del proyecto son: Ramón Eduardo González Departamento de Teología Pontificia Universidad Javeriana Docente regonzal@javeriana.edu.co

Alirio Cáceres Aguirre

Paula Andrea Villegas González

Facultad de Ingeniería Ambiental Universidad Antonio Nariño sede Bogotá Candidata a la Maestría de Hidrosistemas Docente de la Universidad Católica de Colombia pvillegas@javeriana.edu.co

Departamento de Teología Pontificia Universidad Javeriana Docente acaceres@javeriana.edu.co

Ana Ximena Halabi Echeverry Departamento de Procesos Productivos Facultad de Ingeniería Industrial Magistra en Hidrosistemas Pontificia Universidad Javeriana Docente de la Universidad de la Sabana anahalabi@gmail.com@javeriana.edu.co

Foto: Carlos Prieto

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atenci贸n psicosocial y promoci贸n de la autogesti贸n en las comunidades fe y alegr铆a y hogar infantil los pinos

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Foto: Carlos Prieto


crónica Dos cartillas, dos guías para la vida y el aprendizaje

Manuel salió

corriendo de la casa como alma que lleva el diablo, su mamá iba detrás de él, llevaba un palo y muchos gritos en la boca. Cómo era posible que este muchacho con sus 12 años, no hubiera puesto atención a las ollas mientras ella se encargaba del bebé, lavar la ropa y las costuras pendientes…

De esta manera inicia el capítulo “Cría hijos y te sacarán reflexiones”, de la cartilla Tejiendo historias: pensando-nos con nuestros hijos e hijas, una de las dos guías dirigidas a madres y padres de familia, profesoras y profesores, tejidas durante las charlas con ellos en el Hogar Infantil Los Pinos y el Colegio Fe y Alegría quienes, desde un tiempo atrás, habían solicitado el apoyo psicológico para las poblaciones con las cuales trabajan. Los diferentes problemas psicosociales que se mezclaron en la vida cotidiana, como la violencia intrafamiliar, el abuso sexual, la deserción escolar, las adicciones, entre otros hechos arraigados en muchas comunidades, llevaron a que profesionales de la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana y egresados “donantes de tiempo” se vincularan en un proyecto que dejara para la posteridad las experiencias vividas y las enseñanzas que de ellas siempre se derivan. “Nos imaginamos que fuera un material que quedara y que además se pudiera difundir en ésta y otras instituciones”, recuera Tatiana Colón, profesora del Departamento de Psicología. Para lograrlo, las reuniones con madres y padres de familia del Hogar Infantil Los Pinos

fueron extensas y la condensación de experiencias fue posible dada la participación activa de los padres de familia de estas instituciones. “En el momento que inició este proyecto fue como una luz para nosotros porque estábamos atravesando por una separación el papá de mis hijos y yo. Vivíamos en un caos terrible porque no era posible el diálogo, ni la comprensión entre nosotros. Los hijos estaban sufriendo muchísimo”, señala Norma Rojas, madre de una de las estudiantes y participante del proyecto.

Historias mezcladas Luz Mery Carvajal, profesora del Departamento de Psicología, aclara que la propuesta es realizar un trabajo participativo con la comunidad que permita acercar a la Universidad y tener en cuenta los conocimientos que ellos han recogido de las experiencias y la vida diaria. Por esta razón, los talleres indagaban sobre las necesidades de las familias, de los profesores y de las instituciones. “Tuvimos la oportunidad de desinhibirnos con los temas, por ejemplo, de ser pareja y convivir con la hija de ella, situación que no es únicamente mía sino de otros padres y madres que comparten la historia, y eso fue muy enriquecedor al tiempo que la gente pudiera expresar sus vivencias particulares”, comenta Mauricio Serna, uno de los papás que asistieron a los talleres. En un principio, como suele ocurrir en las actividades con la comunidad, fueron escépticos, pero de a poco empezaron a aflorar las

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Foto: Carlos Prieto

historias de vida que enriquecieron el conocimiento de los psicólogos y las guías de padres.

del susto, pero nos dimos maña y sin tanto tapujo como nos tocó a nosotras….

“Muchas veces por pena uno no toca ciertos temas, uno se queda callado y dice: ‘no, mejor yo no hablo de eso con mis hijas’. En esos talleres le dan a uno muchas formas para hablar con ellas, le dicen ‘mire, lo puede tomar así, puede empezar así’. Eso me dejó muchas experiencias. Más que todo uno piensa que las niñas no entienden y que uno tiene que decir las cosas de cierta manera, entonces todo eso lo aprende uno”, dice Carmen Elisa Cepeda, otra de las madres de familia.

Los talleres permitieron a los profesionales detectar las falencias en la crianza de los hijos tales como de qué manera poner límites y normas que no estuvieran siempre relacionadas con el castigo físico, el chantaje, quitarles las cosas que les gustan, cómo poder ser más afectuosos, cómo hablarles de sexo. “Las historias que escuchamos eran que con ellos (los padres) nadie había sido afectuoso y todo había sido con rejo, y ahora no se les puede decir nada a los niños porque todo es maltrato. Entonces ¿dónde está el límite? Porque si yo corrijo estoy maltratando y si soy cariñoso entonces estoy malcriando”, recuerda Tatiana.

Uno de los apartes de la cartilla, en el capítulo “De tal madre tal hija”, dice: Pero, entonces ¿qué? ¿La dejo hacer lo que se le dé la gana y si después termina con su regalito, como Paula, mi hermana menor? –En últimas ¿qué es lo que le preocupa? ¿Qué quede embarazada o que se acueste con el Juaco? Porque usted ya le ha explicado a la china las cosas; me acuerdo que hablamos juntas, muertas de la pena y

Los profesores ¿Es difícil aprender? Aproximación en la escuela a los niños y niñas con dificultades de aprendizaje es el título de la cartilla dirigida


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Según los participantes del proyecto ésta fue una experiencia diferente a la de los padres de familia. “Ellos querían que todo se les solucionara, además que se les diera la formula mágica. Eran muchos los inconvenientes que ellos encontraban y no existen esas fórmulas desde la psicología”, resalta Mónica Betancur, decana del Medio Universitario de la Facultad de Psicología. A diferencia de la cartilla para los padres de familia, ésta no tiene historias, ni relatos. Se trata de una guía con consejos y conceptos que bien aplicados ayudan a los profesores de cualquier institución a superar los inconvenientes de aprendizaje de sus alumnos. “Quisimos profundizar en qué son las dificultades del aprendizaje, una definición general, unas definiciones específicas, cómo se manifiestan y cómo detectarlas en el aula. Finalmente se hace énfasis en los aspectos afectivos o emocionales que están vinculados a las dificultades del aprendizaje, ya sea unos como causa y otras veces como consecuencia, dándoles a ellos unas herramientas muy generales para poderlas identificar sin necesidad de intervenir, porque su afán era intervenir, y hubo que tranquilizarlos y decirles, ‘mire, ustedes son los maestros y esto desborda un poco sus posibilidades de actuación de formación, así que existen equipos interdisciplinarios a los que pueden acudir, no pueden pretender hacer más con los medios que

Fotos: Carlos Prieto

tienen’”, les sentencia Tatiana Colón durante los encuentros. La participación de todos, profesores, padres de familia, estudiantes y el grupo de profesionales javerianos permitió la publicación de dos cartillas, cuya finalidad es que puedan ser leídas y aplicadas en muchas instituciones, porque si bien salieron de los talleres en el Hogar Infantil Los Pinos y el Colegio Fe y Alegría, hay en ellas una serie de conceptos y sugerencias que pueden ser aplicados en todas las instituciones. “Cuando leí la cartilla me vi reflejada, una de las historias es como si fuera la mía y lo mejor es que ya sé cómo actuar para que mi familia pueda vivir con tranquilidad. Me alegra saber que este trabajo de la Universidad y de nosotras pueda servirles a otras personas”, concluye Lucía Patachoa, otra de las madres de las 80 familias que participaron en los talleres.

at ención psic oso ci a l y promo ción de l a au to ge st ión en l as c om u n i da de s f e y a l e gr í a y ho g a r i n fa n t i l l os pi nos

a los profesores que surgió como resultado de los talleres realizados entre el grupo de psicólogos javerianos y los docentes del Colegio Fe y Alegría. Las experiencias de estos profesores y su diálogo permanente con los orientadores permitieron emitir algunas conclusiones que se consignaron en una guía con respecto a las dificultades del aprendizaje y las posibles formas de superar estas manifestaciones en sus alumnos.


Foto: Carlos Prieto


proyecto Dos cartillas: dos guías para profesores y padres de familia

La intención

de capacitar a los educadores para dar una educación óptima a los estudiantes y orientar a madres y padres de familia en la crianza de sus hijos hizo que dos instituciones: el Colegio Fe y Alegría y el Hogar Infantil Los Pinos, acudieran a la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana. Inicialmente el contacto se hizo mediante la solicitud de practicantes de esta disciplina, pero luego, para ahondar en la gama de dificultades de aprendizaje que encontraban las directivas de las dos instituciones y que eran de diversas índoles, como la lecto-escritura, lo emocional y lo afectivo, solicitaron la intervención de un grupo de expertos javerianos que además de identificar los problemas construyeran una guía de ruta para sobreponerse a ellos. El llamado hizo que el programa “Tiempos para la Solidaridad”, conformado en la Facultad, entrara a atender estas solicitudes con sus “donantes de tiempo”, equipo integrado por psicólogos egresados que con un sentido solidario, su conocimiento y experiencia, apoyan los proyectos y actividades de diversas instituciones de Bogotá y el país. “No es ir con nuestros donantes de tiempo o egresados a reemplazar el trabajo que hacen los psicólogos de las instituciones, sino a apoyar lo que sería la labor psicológica de manera que si el donante se va no quede el vacío, sino que se pueda seguir trabajando sobre lo que él construyó”, señala Tatiana Colón, investigadora del Departamento de Psicología. Luego de atender el llamado, el decano del Medio de la Facultad de Psicología de aquel enton-

ces, Ismael Rolón, emitió la idea de construir dos cartillas que condensaran el trabajo de campo de investigadores, profesionales y practicantes que realizaran las aproximaciones a los profesores y madres y padres de familia. “Tatiana estuvo con Fe y Alegría y Luz Mery con Los Pinos, aunque nos apoyábamos todos. Para el tema de dificultades del aprendizaje estuvo la neuropsicóloga María Cristina Pinto y para los talleres con padres de familia Malú Rapacci. Las cartillas que son el producto final se empiezan a liderar desde la sistematización que salió en los talleres”, recuerda Mónica Betancur, actual decana del Medio. Al iniciar este trabajo se pensó en la autogestión que promoviera que madres, padres y profesores pudieran seguir trabajando sobre estas dificultades, que sacaran todo el provecho de las herramientas elaboradas a partir del diálogo y que siguieran construyendo ante los nuevos retos de la educación. “Nos imaginamos que fuera un material que quedara y que además se pudiera difundir en ésta y otras instituciones”, comenta Tatiana. Para lograr estos objetivos se piensa en un proyecto participativo en el que la Universidad se acerca y tiene en cuenta los conocimientos de la comunidad. “Con los padres de familia trabajamos la manera como ellos hacían la crianza de sus hijos, cómo se reunían y hablaban con ellos, cuáles eran las dificultades que encontraban. Hicimos un recorrido por su pasado de cómo habían sido ellos criados. Los talleres iniciaban recogiendo un poco la historia de ellos, porque era muy interesante cuando los padres

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en contenidos como en diagramación y forma de presentación. Una de ellas, destinada a los profesores, se titula ¿Es difícil aprender? Aproximación en la escuela de niños y niñas con dificultades de aprendizaje, y es el resultado del trabajo participativo con 20 orientadores del Colegio Fe y Alegría y que fue delineado en tres tópicos alrededor de las dificultades del aprendizaje como lo indica su introducción; la importancia del estudio del desarrollo infantil; los diferentes tipos de dificultades del aprendizaje, y las formas de identificarlos y abordarlos; y, por último, los aspectos afectivos implicados en ellas. La otra cartilla está dirigida a madres y padres de familia y se denomina Tejiendo historias: pensando-nos con nuestros hijos e hijas. Cada uno de sus capítulos “Cría hijos y te sacarán reflexiones”, “De tal mamá tal hija” y “Obras son amores y no buenas razones”, se construyó a partir de las historias de los padres y madres de familia del Hogar Infantil Los Pinos que participaron en los talleres. Estas historias anecdóticas relatadas por ellos mismos condensaron una serie de aprendizajes para el entorno familiar. Al término de cada historia hay algunos cuestionarios que llevan a la reflexión. Fotos: Carlos Prieto

se nos acercaban y nos decían: ‘es que esto a mí no me lo han enseñado’. Ellos hacen lo que piensan que deben hacer o lo que hicieron con ellos, y a partir de allí se realiza toda la reflexión”, comenta Luz Mery Carvajal, investigadora del Departamento de Psicología. Como resultado de este trabajo emerge el contenido para la publicación de las dos cartillas, cada una dirigida a grupos diferentes, tanto

“Leímos toda la cartilla con los grupos participantes y un padre de familia llorando nos decía que es como si fuera su historia, que es como si supiéramos lo que le estaba pasando a su hija”, relata Luz Mery. Al final del proyecto se logró el objetivo, unas guías universales que podrán ser consultadas en cualquier ámbito familiar o educativo del país, pues finalmente las historias y las reflexiones son tan diversas, pero tan inherentes al ser humano, que cada una de las inquietudes encuentra en estas páginas una guía para su respuesta.


Foto: Carlos Prieto


Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Atención psicosocial y promoción de la autogestión en las comunidades Fe y Alegría y Hogar Infantil Los Pinos” se origina desde la Facultad de Psicología en un trabajo participativo con profesores y padres de familia de estas dos instituciones. Los responsables del proyecto son: Mónica Betancur

Decana del Medio Universitario Facultad de Psicología Pontificia Universidad Javeriana mbetancur@javeriana.edu.co

Ángela María Robledo

Decana académica Facultad de Psicología Pontificia Universidad Javeriana amrobledo@javeriana.edu.co

Tatiana Colón

Profesora Facultad de Psicología Pontificia Universidad Javeriana vcolon@javeriana.edu.co

Luz Mery Carvajal

Profesora Facultad de Psicología Pontificia Universidad Javeriana lmcarvaj@javeriana.edu.co

Profesoras asesoras María Cristina Pinto María Lucía Rapacci

Hogar Infantil Los Pinos Coordinación: Hermana María Fernanda Escobar Obando PIJ y hermana María Aurora Franco Chala PIJ Egresados: Olga Lucía Rojas Giraldo, Paula Mónica Fernández Ospina, Pilar Espinosa de Umaña, Daniel Andrés Verástegui M., Irene Ulloa Ulloa y Jorge Alberto Naranjo Nieto

Fe y Alegría Coordinación: Equipo de Orientación Egresados: Astrid Álvarez, Sandra Gómez, Juliana Gracia, Clara Navas y Adolfo Fuentes

Foto: Carlos Prieto

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fundaci贸n servicio juvenil

estudios y dise帽os de la cancha deportiva para la sede bosconia -buenaventura

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Foto: Proyecto


crónica Construyendo espacios para la recuperación social

La humedad

de l a ciudad de Buenaventura en el Pacífico colombiano es implacable. El agua lluvia que cae casi todos los días se mezcla con el calor de la costa relativamente cerca del meridiano del Ecuador, lo que hace que incluso los habitantes de este importante puerto de carga sientan esas inclemencias del clima. A pesar de ser el puerto por donde ingresan y salen la mayoría de productos del país, esta ciudad se ha caracterizado por sus problemas sociales, por la enorme pobreza de sus habitantes, la proliferación de pandillas callejeras, además de la presencia guerrillera y paramilitar con sus núcleos urbanos que han llevado a que Buenaventura se convierta en una de las ciudades más violentas del país. Su población, que se aproxima a las 350.000 personas, la gran mayoría de raza negra, encuentra enormes dificultades para ubicarse laboralmente. Según cifras de la Presidencia de la República, el 80% de la población pertenece a los estratos 1 y 2. Sólo un 5% pertenece al estrato 5, y según el DANE la tasa de desempleo, en cifras consultadas en 2007, es del 32%. A la situación crítica de pobreza se le suma la del fenómeno del desplazamiento de personas víctimas de la violencia provenientes del departamento de Chocó y otras zonas costeras, por lo que muchos niños terminan viviendo en las calles de Buenaventura como indigentes, sin educación y sin la posibilidad de acceder a una alimentación básica. Precisamente

ellos, al igual que los jóvenes que tienen un techo, pero conviven con esos mismos inconvenientes, son los beneficiarios de la Fundación Servicio Juvenil que lidera el padre salesiano Javier de Nicoló, quien ya ha construido 19 centros en 14 departamentos del país, que buscan favorecerlos. La sede de Buenaventura se está construyendo. Los terrenos tienen enormes dificultades por el sitio donde se ubican y la alta concentración de agua lluvia que se mezcla con la del mar y que se acumula en el subsuelo de la Fundación. Pero el Padre De Nicoló sabe que los niños necesitan de actividades lúdicas para su educación y para su tiempo libre, por eso las sedes de la fundación cuentan con grandes espacios en los que se construyen canchas multimodales para que estos pequeños y jóvenes encuentren un sitio donde relajarse, reír y disfrutar los momentos alegres que ofrece la niñez y que difícilmente alguno de ellos tendría fuera de este sitio.

La Javeriana y el padre De Nicoló El padre Javier de Nicoló nacido en Bari (Italia), al término de la Segunda Guerra Mundial decidió ingresar a la comunidad Salesiana, muy conocida por su labor con los pobres, y en 1948 llegó a Colombia para integrar una comisión dedicada a la atención de los enfermos en Agua de Dios. Ingresó a la Universidad Javeriana para estudiar matemáticas modernas y metodología para la enseñanza de las matemáticas. Ese lazo de unión hizo que desde esta institución, a través de varias

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facultades, entre ellas Ingeniería y Artes, se generaran fuertes vínculos con la iniciativa del sacerdote de realizar proyectos sociales en zonas marginadas y de crear su programa para rescatar niños de la calle. “Habíamos tenido un acercamiento con la Fundación Servicio Juvenil del padre a través de la asignatura Proyecto Social Universitario. Entonces habíamos hecho algunos diseños, actividades y proyectos en otras sedes de la fundación, como por ejemplo en la de El Rosal y la de Bogotá”, recalca la ingeniera Adriana Gómez Cabrera, directora del proyecto. En este acercamiento el padre De Nicoló acudió a los ingenieros javerianos para pedir la colaboración en los diseños de una cancha deportiva para la sede de Buenaventura, donde en 2006 atendió a 361 niños y niñas. “Realmente esos terrenos no se prestan para facilitar ningún tipo de deporte y el padre nos expresa que ésta es la mejor forma de sacar a los niños de la droga y de motivarlos a tener una vida mejor”, aclara Adriana.

Fotos: Proyecto

A diferencia de los anteriores proyectos sociales que realizó la Facultad de Ingeniería, se estableció que en esta ocasión el trabajo no sería para los estudiantes sino para profesionales, debido a las dificultades que presenta el terreno y los estudios topográficos que éste exigía. Según la directora del proyecto, la asesoría del ingeniero Jorge Alberto Rodríguez, director en ese momento del Departamento de Ingeniería Civil y quien tiene un doctorado en geotecnia, además de mucha experiencia, dio seguridad en el trabajo a realizar. La presencia de los dos expertos, el ingeniero civil y el topógrafo, permitió la elaboración de los planos, la asesoría necesaria para que la Fundación Servicio Juvenil inicie, en el momento que lo considere prudente, la ejecución


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de los trabajos que concluyan con el espacio para los jóvenes beneficiados. Según los expertos javerianos esta construcción tiene un costo aproximado (para 2009) de 150 millones de pesos, que según la Fundación no son fáciles de conseguir. “Se les han presentado inconvenientes para la ejecución de la cancha por varios motivos, uno de ellos el estado de salud del padre De Nicoló que es quien se mueve por todas partes para lograr la consecución de los recursos y la crisis financiera mundial que afectó a sus benefactores europeos, quienes aportan para que el

padre lleve a cabo todo este trabajo maravilloso en el país”, aclara la directora del proyecto social. “Construir esta cancha es muy importante para la sede en Buenaventura para promover la práctica de deportes entre los jóvenes, ya que es una de las herramientas más eficaces para alejarlos de las drogas o para ayudarlos a salir de ellas, porque además en esta sede no tenemos espacios lúdicos ni recreativos que permitan el desarrollo de actividades de este tipo con los niños”, dicen los voceros de la Fundación.

fu n dación serv icio j u v en il . estu dios y diseños de l a c a n c h a d e p o r t i va pa r a l a s e d e b o s c o n i a – b u e n av e n t u r a .

Foto: Proyecto


Foto: Proyecto


proyecto Saberes que se reúnen para dar un grano de esperanza

El 26

de septiembre de 2007 un topógrafo en compañía del profesor del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad Javeriana, ingeniero Hermes Vacca, inició los trabajos de sondeo en el terreno donde se piensa construir la cancha.

se identificaron en la cancha de fútbol de la Universidad Javeriana, por lo que el ingeniero Jorge Alberto Rodríguez Ordoñez aportó sus conocimientos y experiencia en los drenajes y otros aspectos técnicos de la nueva construcción.

Con una pala y la ayuda de un joven de la zona cavaron dos metros que dieron inicio a los estudios del terreno que sería empleado más adelante por los niños que lleguen a la Fundación del padre De Nicoló en actividades recreativas, las mismas que les permitirán mitigar un poco esa realidad de pobreza y exclusión social en la que viven. Tal vez este objetivo de la misión hizo que tanto el topógrafo como el ingeniero redoblaran sus esfuerzos, en medio del calor húmedo y la lluvia que interrumpió por momentos el trabajo que buscaba permitir el levantamiento topográfico del terreno, y el estudio de suelos para determinar la caracterización del material y la capacidad portante donde se levantaría la cancha.

En total fueron cuatro sondeos, el más profundo de ellos a 2,50 metros, los que hicieron posible hacer un primer análisis que luego se extendió a los laboratorios de la universidad. Estos estudios permitirían realizar el diseño de la estructura del pavimento para la cancha, el diseño de los drenajes y definir las especificaciones de su construcción, gracias a la interacción entre ingenieros civiles de diferentes áreas como geotecnia y vías, hidráulica e hidrología y construcción, con topógrafos y laboratoristas.

“Son unas condiciones de terreno muy complicadas porque Buenaventura es ‘cielo roto’, llueve todo el tiempo. Entonces las condiciones del terreno son bastante inestables, que en parte es lo que le preocupa al padre De Nicoló. El volumen de agua es inmenso y una de las tareas planteadas era el de dar un excelente drenaje de la cancha”, señala la ingeniera Adriana Gómez Cabrera, directora del proyecto social. Las condiciones que presentó el terreno en Buenaventura se relacionaron con las que

En la fundación reposan los planos definitivos, los cálculos de obra y el presupuesto para su construcción que es de aproximadamente 150 millones de pesos en el año 2009. “Ya aportamos nuestro granito de arena en esta misión que emprendió el padre De Nicoló de dar una vida llena de futuro a los niños colombianos que se encuentran en alta vulnerabilidad. Le cumplimos a la sede de Buenaventura que inicia el mismo recorrido que la de El Rosal en Bogotá y en la que también intervinimos con obras. Sólo falta esperar que la Fundación construya la cancha en la que cientos de niños van a jugar y a emplear su tiempo libre alejados de la violencia y los vicios que los acosan en una ciudad donde la vida es bastante difícil”, concluye Adriana.

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Foto: Proyecto

Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Estudios y diseños de la cancha deportiva para la sede Bosconia-Buenaventura de la ‘Fundación Servicio Juvenil’” se origina desde la Facultad de Ingeniería en el Departamento de Ingeniería Civil, tras la solicitud del padre Javier de Nicoló, quien hace un tiempo viene realizando trabajos con la Universidad Javeriana y especialmente con esta Facultad, en beneficio de los niños y niñas que llegan a su Fundación.

Los responsables del proyecto son: Adriana Gómez Cabrera

Departamento de Ingeniería Civil Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana adrianagomez@javeriana.edu.co

Jorge Alberto Rodríguez Director Departamento de Ingeniería Civil Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana

Hermes Ariel Vacca Gámez Departamento de Ingeniería Civil Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana

Óscar Fernando Rodríguez Bernal Director Carrera de Ingeniería Civil Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana

Daniel Mauricio Ruiz Valencia Departamento de Ingeniería Civil Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana

María Patricia León Neira Departamento de Ingeniería Civil Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana

Fernando Pedraza

Departamento de Ingeniería Civil Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana

Jorge Enrique Pardo

Departamento de Ingeniería Civil Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana


escuela de m煤sica del municipio de mosquera

fortalecimiento de los procesos de formaci贸n preinstrumental

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Foto: Carlos Prieto


crónica Vibraciones que despiertan los sentidos

La antigua

e stación del ferrocarril en el municipio de Mosquera, Cundinamarca, cobró más vida que nunca. Lo que a finales del siglo XIX era un trepidar de locomotoras y conversaciones de viajeros que se dirigían hacia la capital y otras poblaciones de esta zona del país, en el siglo XXI se convirtió en un centro de estudio en donde se pueden escuchar cajas, marimbas, violines y pianos, y observar el ondear de los pinceles sobre las telas dejando una estela de colores. Por disposición municipal este sitio se convirtió en Casa de la Cultura y allí niños y adultos comparten espacios para desarrollar sus habilidades. La música ha tenido un espacio preponderante, hasta el punto que la banda sinfónica, fundada en 1996, se ha ganado un reconocimiento en los diferentes eventos de este tipo de agrupaciones que se realizan en el país. En este municipio además se conformó la orquesta de cuerdas frotadas y una estudiantina. Todas estas iniciativas llevaron a que los niños se iniciaran en la música desde muy temprana edad. Por esta razón, el entonces director de la orquesta de cuerdas de esa población y estudiante de la Especialización en Dirección de Coros Infantiles y Juveniles de la Universidad Javeriana, Fabián Peñuela, propuso iniciar un trabajo preorquestal que involucrara a niños de todos los barrios de Mosquera. “A pesar de ser una zona industrial, nosotros teníamos niños de todos los estratos. Teníamos niños en situación de vulnerabilidad de

los barrios El Carmen, El Poblado, donde muchos de ellos están en situación de desplazamiento, y también otros pequeños con mal manejo del tiempo libre”, señala Fabián. La Facultad de Artes, entonces, plantea la posibilidad de trabajar en la etapa de iniciación a la música mediante la metodología Orff, que propone el trabajo rítmico y melódico con instrumentos de percusión menor como forma de introducir al niño a la música. “Es una metodología que busca incorporar, además, el movimiento y el canto para que los niños no solamente toquen la guitarra, el piano, la flauta, sino que tengan una visión mucho más integral de la música”, indica Andrés Samper, coordinador del Programa Infantil y Juvenil de la Facultad de Artes. En Mosquera ha existido un apoyo decidido a la música, sin embargo, se hace insuficiente para abarcar las necesidades que se plantean a fin de mantener una cantidad y una calidad en la interpretación de los diferentes instrumentos, ya sea en la banda sinfónica o en la de las cuerdas frotadas. De la misma manera, quienes están al frente de estos grupos entienden la necesidad de apoyar a los más pequeños y adentrarlos en este mundo. “Por lo general en los municipios de Colombia las administraciones municipales tienen muchas ganas de trabajar, pero con muy pocos recursos es difícil tener gente calificada. A veces pasan mucho tiempo con los arcos y los instrumentos rotos, sin cuerdas, y toda esta dificultad con los recursos es inversamente proporcional a la demanda. Mucha gente

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82 Para cubrir todos los requerimientos, Fabián se vio acompañado en su iniciativa por los talleristas, estudiantes avanzados de la carrera de Estudios Musicales de la Universidad Javeriana, quienes hicieron el acompañamiento no sólo de los alumnos, sino de los profesores que quedarían a cargo de estas clases con el objetivo de que, al terminar el proyecto social, éste perdurara en el tiempo.

Entusiasmo inacabable

Fotos: Carlos Prieto

quiere meter a sus hijos a música, danza, teatro, y esto como que está en florecimiento. Sin embargo, muchos municipios no alcanzan a dar todo para que esta demanda encuentre una formación de calidad”, relata Samper. Desde la Casa de la Cultura se realizó una convocatoria a los estudiantes para que iniciaran este trabajo preorquestal. El llamado lo atendieron 120 niños de diferentes colegios, quienes estaban interesados en recibir las clases que se dictarían los miércoles y los viernes de 3:00 a 5:30 de la tarde. De ellos quedaron 60 niños y niñas entre los 4 y los 17 años. “No solamente involucramos al niño, sino también a las familias. Hicimos reuniones y talleres, sobre todo del manejo del tiempo libre para que no afectara sus estudios. Éste es uno de los mayores problemas que tenemos en el colegio, porque cuando al niño le empieza a ir mal, le echan la culpa a la música, no lo vuelven a dejar ir a los talleres y perdemos al estudiante”, manifiesta Peñuela.

Angie Estefanía Solano Vargas, su hermana Juliana Andrea y Paula Andrea Brown Serrato, son algunas de las niñas que religiosamente asistían a cada uno de los talleres. Muchos de sus compañeros iban acompañados por sus padres, quienes al principio esperaban en las afueras de la Casa de la Cultura a que terminaran sus prácticas, pero luego ingresaron al salón de clase y por último resultaron acompañándolos con su canto o, incluso, aprendiendo a tocar un instrumento. “Hicimos unos planes colaterales con los padres. Les permitíamos que se involucraran con la clase. Eso también era posible por el espacio, porque nuestros salones eran espacios abiertos. Ya empezaron a preguntarnos ‘¿qué le hago?, ¿qué le enseño?, o ¿qué le pongo a hacer al niño?, o ¿quiere que le ponga un tipo de música en especial?’”, resalta Peñuela. “Yo asisto a clases de piano al medio día los sábados y mis tres hijos están en los talleres de iniciación con las placas. Me parece un muy buen trabajo para que ellos despierten no sólo las habilidades musicales, sino el trabajo en equipo. Además para mi esposa y para mí es maravilloso porque nosotros cantamos los domingos en la iglesia católica”, comentó uno de los orgullosos padres de familia. A partir de las tres de la tarde los “palitos” tocan al unísono las placas que transforman el golpe en melodía. Manos pequeñas y otras


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más fuertes hacen vibrar esos instrumentos que cuidan como tesoros valiosos. Por instrucción de los profesores repiten una y otra vez la misma canción. Pero esto no les aburre en lo más mínimo, por el contrario, para ellos, es una diversión. “La verdad pensé que era difícil pero luego se hizo fácil. Al principio nos dijeron que cogiéramos el instrumento que más nos gustara y yo elegí el bajo”, señala Juliana Andrea. “Las clases siempre han sido divertidas, le toca a una tener mucha memoria pero es fácil aprender”, comenta Paula Andrea. Ellas, junto con los otros 58 niños y niñas, tuvieron una tarea difícil a finales de 2008, cuando se iban a presentar en público. Dirigidos por Diana Torres, se unirían con la banda sinfónica para presentarse el 24 de diciembre en un concierto de villancicos. “Las marimbas tocaban la melodía y los violines los acompañamientos. Fue muy divertido. Nos preparamos todos los días. Es muy

emocionante y da nervios, porque, ¿qué tal que uno se equivoque? Y sí me pasó, pero entonces uno sigue como si nada. El público nos aplaudió mucho”, recuerda Angie Estefanía. En ese concierto de Navidad no termina la historia. Los instructores cambiaron. Fabián Peñuela, Diana Torres y los talleristas ya no están en Mosquera. Sin embargo, y como lo planteó desde un principio el proyecto, los profesores de este municipio, con los instrumentos donados por la universidad, continúan brindando esa posibilidad a los niños de orientar su tiempo libre y cultivar su amor por el arte y la música, trabajo que empieza a dar frutos: “Yo me quiero especializar en la música y por eso me daría muy duro no poder tocar. Ahora estoy en violín y algo de piano, aunque también quería aprender violoncelo, pero no podía estar mucho tiempo en él, porque entonces le quitaba tiempo al violín”, concluye Juliana Andrea Solano.

escuela de música del municipio de mosquera. forta l ecimien to de l os procesos de for m ación pr ei nstru m en ta l

Foto: Carlos Prieto


Foto: Carlos Prieto


proyecto Un lenguaje llamado música

Mientras

adelantaba sus clases en la Especialización en Dirección de Coros Infantiles y Juveniles en la Universidad Javeriana, Fabián Peñuela lo tuvo claro. Había que llevar toda esta experiencia al trabajo real, a las necesidades actuales como las del municipio de Mosquera donde era el director de la escuela de música. Ante la amenaza de violencia y adicciones que vivían los niños y adolescentes de esta población, ubicada a una hora de Bogotá, y considerada municipio industrial, el maestro buscó la manera de hacer partícipe a la Universidad en esta búsqueda de alternativas. Al llevar la idea de implementar el método Orff, los estudiantes de los colegios, algunos de ellos instalados en zonas de alta vulnerabilidad del municipio, acogieron la idea de forma masiva. Sin embargo, sólo unos sesenta participaron en el proyecto que buscaba fortalecer los espacios de práctica musical de la Escuela de Formación Musical de Mosquera, dotarla de instrumentos que donaría la Universidad, e incrementar el nivel académico e instrumental de niños y profesores mediante la capacitación impartida por los talleristas de la carrera de Estudios Musicales. Los sistros sopranos y contraltos, los metalófonos contraltos, los xilófonos sopranos y contraltos, los bongoes, las panderetas, el cununo hembra, los triángulos, las cajas chinas y las flautas dulces, salieron de sus empaques para empezar a formar parte de la vida de estos niños y jóvenes interesados en la música. “Se vio el entusiasmo por tener unos instrumentos nuevos, eso es bonito. Creo que la respuesta musical se puede tener más adelante

porque los procesos de formación en música son de años, pero fue sembrar una semilla”, recalca Andrés Samper. Pero esa semilla de inmediato empezó a dar frutos. Los miércoles y viernes, el sonido penetrante y especial de los instrumentos de percusión empezó a hacerse notar en uno de los salones de la Casa de la Cultura. Para lograrlo el grupo responsable del proyecto social inició el trabajo en tres frentes: formación docente en el campo de las metodologías de iniciación instrumental, práctica de ensamble y apoyo a los instrumentos solistas. De esta manera, Hugo Peña y Jeisson Barrero en la flauta traversa, Wilmar Valderrama en el clarinete, Ana María Bedoya en violoncelo, Ricardo Rodríguez en el violín, Christian Castro en el corno y Néstor Gómez en el violín y la dirección coral, iniciaron su trabajo con niños, jóvenes y profesores de Mosquera. Una de sus primeras misiones, especialmente en el trabajo con los pequeños, fue conseguir un primer contacto preinstrumental de manera estimulante que permitiera el aprendizaje grupal musical, para lo cual fueron necesarios las dinámicas de grupo y el aprendizaje de la morfología de los instrumentos. Posteriormente los talleres colectivos hicieron posible desarrollar las habilidades y destrezas para la ejecución musical, para luego aventurarse en el ensamble y montaje de un repertorio. El gusto por la música, por ocupar sus ratos libres, y la alegría de pensar en una presentación en el parque del municipio ante familiares y vecinos, hicieron que el grupo de niños de los talleres preorquestales dedicaran

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Foto: Carlos Prieto

su empeño en cada una de las enseñanzas de sus profesores. “Las clases siempre han sido divertidas. Toca tener mucha memoria pero es fácil aprender. Para la presentación navideña tuvimos muchas horas de ensayo, porque tocaba unirnos con la orquesta para que todo funcionara, y nos tocó duro. Al final todos salimos felices y mis papás orgullosos de lo que habíamos hecho”, comenta Paula Andrea Brown Serrato, una de las estudiantes. La participación de la Javeriana, a través de los proyectos sociales de la Rectoría San Francisco Javier, terminó allí pero la semilla quedó

sembrada. Los niños que por primera vez tocaban un instrumento con seriedad quedaron con la inquietud de la música; sus tutores, además de obtener nuevos conocimientos, entendieron nuevas formas de llegarles a los niños, y el municipio de Mosquera quedó con los instrumentos que de seguro les servirán a varias generaciones de niños que encuentran en estas prácticas la mejor manera de emplear su tiempo libre. Aquéllos que pasan la etapa preorquestal llegan a las bandas del municipio con un camino recorrido, con un lenguaje que es de pleno conocimiento para ellos.


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escuela de m煤sica del municipio de mosquera. forta l ecimien to de l os procesos de for m aci贸n pr ei nstru m en ta l

Fotos: Carlos Prieto


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Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Fortalecimiento de los procesos de formación preinstrumental en la Escuela de Música del municipio de Mosquera” se origina desde la Facultad de Artes, como la inquietud de uno de los estudiantes de la Especialización en Dirección de Coros Infantiles y Juveniles, quien propone llevar sus conocimientos a los niños y jóvenes de este municipio cundinamarqués. Los responsables del proyecto son: Gustavo Velandia lozano

Profesor asociado al Departamento de Música Facultad de Artes Pontificia Universidad Javeriana gusvelandia@javeriana.edu.co

Andrés Samper Arbeláez

Coordinador del Programa Infantil y Juvenil Facultad de Artes Pontificia Universidad Javeriana asamper@javeriana.edu.co

Monitores del área instrumental (estudiantes de la Universidad Javeriana) Hugo Peña (flauta traversa) Jeisson Barrero (flauta traversa) Wilmar Valderrama (clarinete) Ana María Bedoya (violoncelo) Ricardo Rodríguez (violín) Christian Castro (corno)

Responsables del proyecto ante el municipio de Mosquera Fabián Leonardo Peñuela Egresado Especialización en Dirección de Coros Infantiles y Juveniles Facultad de Artes Pontificia Universidad Javeriana ictuslibre@yahoo.com

Diana Marcela Torres

Estudiante carrera de Música Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB)

Néstor Gómez (violín y la dirección coral)

Alcaldía Municipal de Mosquera, Cundinamarca Álvaro Rincón (alcalde) Hugo Córdova (director de Cultura)


fundación derecho a vivir en desventaja

12 9 Foto: Carlos Prieto

asesoría global, diagnóstico psicosocial y determinación de necesidades de individuos discapacitados vinculados a la fundación


Foto: Carlos Prieto


crónica Con derecho a vivir en desventaja

La bebé

de Dewi Medina era totalmente normal al nacer, al menos eso era lo que ella pensaba. Era linda y tierna como todos los recién nacidos esa noche en el Hospital La Victoria de Engativá; sin embargo, este panorama empezó a cambiar cuando los médicos le indicaron que su pequeña tenía hipotiroidismo congénito. “¿Hipo qué?”, fue lo primero que atinó a decir; recuerda un año y dos meses después de ese momento. Como la mayoría de los ciudadanos desconocía que un bebé pudiera nacer con esta enfermedad y menos que podría dejar secuelas tan fuertes en la pequeña. “Un niño al que le falta la hormona tiroidea va a desarrollar muy rápidamente retardo mental, pero existe la suplencia hormonal que se le puede suministrar de manera inmediata; de este modo, si está quedadito en desarrollo psicomotor, con medicamentos más terapias adecuadas usted lo pone al día y eso se lo debe dar la EPS porque es una obligación del Estado”, señala Martalucía Tamayo, médica genetista de la Universidad Javeriana que ha dedicado gran parte de su vida a estudiar las enfermedades genéticas y a brindar calidad de vida a sus pacientes. Según la investigadora evaluar la producción de esta hormona al nacer no era obligatorio en Colombia hasta hace unos años, por lo que muchas madres se iban felices con su bebé al hogar sin conocer el riesgo que podrían correr sus hijos. Hoy en día, madre y padre de familia salen del hospital sabiendo si su bebé tiene o no esta deficiencia y con un servicio médico que le suministra la hormona, debidamente

supervisado por el Instituto Nacional de Salud. Los progenitores pueden salir tranquilos porque, como lo explica la doctora Tamayo, este producto reemplaza la hormona que no produce el cuerpo del bebé. Sin embargo, la atención de la EPS no siempre funciona: “La mamá va con los mil pesos que tiene en el bolso a pedir el medicamento y le dicen que no llegó, que vaya pasado mañana, y vuelve con otros mil pesos que difícilmente consiguió para el bus y le dicen: ‘no, venga la semana entrante’, entonces la señora no vuelve. Muchas mamás ignoran los beneficios del tratamiento y erróneamente piensan que eso para qué, que si el niño se acostumbra al remedio es peor”, así lo señala Martalucía, quien con vehemencia recalca que si no se le da el tratamiento al pequeño se va a quedar con retraso mental; con un punto a considerar importante: “es uno de los poquitos retardos mentales prevenibles, curables, tratables y evitables”. Es claro, agrega Martalucía, que el Estado no siempre puede tener todos los mecanismos para hacer el seguimiento. Simplemente reporta el número de casos nacidos con hipotiroidismo, pero nadie puede asegurar que la mamá reciba toda la instrucción y que esté siguiendo las recomendaciones médicas, para que cada mes pida el medicamento y para que el niño lo tome de manera indicada. Por eso, agrega la doctora Tamayo, la Fundación Derecho a Vivir en Desventaja adelanta el programa de hipotiroideos liderado por Consuelo Bernal Villegas, cuyo grupo sabe hacer a cabalidad un perfecto seguimiento de los casos dentro del programa de tiroides de la ciudad de Bogotá.

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Fotos: Carlos Prieto

Discapacidades Hace 25 años Roberto Velandia conoce a la doctora Martalucía. Desde entonces, la doctora, vinculada a la Universidad Javeriana, le hace seguimiento médico desde el punto de vista genético porque él sufre el síndrome de Usher. Roberto, al igual que sus otros cuatro hermanos, asistió a la primaria y luego al bachillerato. Sin embargo, empezó a notar que su visión se reducía lo mismo que su capacidad de oír. Al llegar a noveno grado tuvo que abandonar el colegio, ya no escuchaba y tampoco podía ver. Se había convertido en una persona sordo-ciega. Las voces que antes lo arrullaban desaparecieron y los colores y las formas también. ¿Cómo puede un sordo y ciego al mismo tiempo desenvolverse en una sociedad? Los hermanos de Roberto también tienen la misma enfermedad congénita y según él ellos no han podido superar su discapacidad. “Les molestan las entrevistas, las cámaras, salir a la calle y yo trato de insistirles que no se aíslen. Por ejemplo yo voy a la biblioteca, me defiendo en la ciudad y ahora enseño braille y el manejo del computador a otras personas con las mismas discapacidades mías”, dice mientras acerca la cabeza a su interlocutor para que un audífono le permita escuchar los susurros e interpretar lo que le dicen. Carlos Andrés Cañón es uno de sus alumnos. Él sufre de retinitis pigmentaria que le impide

ver, pero es uno de los estudiantes más aventajados de Roberto. Ahora escribe y lee braille y ya escucha música, mueve sus archivos y navega por Internet. “Tengo un excelente profesor, muy paciente y para nada regañón”.

Con derecho Dewi, su bebé, Roberto y Carlos se conocen desde hace unos años. Todos, además de ser pacientes de Martalucía y “protegidos sociales” de Consuelo Bernal, están bajo el manejo de un equipo de trabajo que incluye genetistas, psicólogos, profesionales en trabajo social. Ellos se encuentran varias veces a la semana en la sede de la Fundación Derecho a Vivir en Desventaja. Como médica genetista, Martalucía empezó a estudiar las enfermedades congénitas de origen genético para conocer sus características y posibles causas; pero como persona, entendió que el trabajo científico no podía estar desligado del social y empezó su inquietud por convertir al paciente en ser humano. “Como parte de nuestra tarea científica, no miramos sólo el aspecto médico, sino también la parte de inmersión en la sociedad y en el mundo laboral, vemos a nuestros pacientes con el drama médico y social que deben vivir día a día. La Fundación viene trabajando desde 2007, pero en realidad es una entidad que recoge la experiencia de 25 años”, recalca la


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En una pequeña oficina ubicada en la carrera 13 con calle 48, en un cuarto piso, se encuentra la sede de la curiosamente llamada Fundación Derecho a Vivir en Desventaja. En este lugar caben: una mesa para ocho personas sin mucho espacio entre ellas, una sala con dos computadores, uno de ellos adaptado al sistema Josh que permite a las personas con discapacidad visual escuchar una voz que lee por donde pasa el mouse, y un lugar para la directora administrativa y alma de la Fundación, Consuelo Bernal. Allí todos por igual aprenden a elaborar artesanías, y reciben clases sobre diferentes temas. Quienes no pueden ver y/o escuchar aprenden el sistema braille y a manejar el computador, además reciben asesoría psicológica, más todo tipo de apoyo médico. “Tenemos en el programa de hipotiroidismo congénito a 128 familias, del síndrome de Usher tenemos a 72 familias, y hablamos de familias porque las enfermedades genéticas influyen en todos sus integrantes y en muchos de estos núcleos familiares hay más de un paciente con la misma enfermedad. Pacientes sordos son más o menos 1.500 y pacientes ciegos 1.200”, señala Consuelo. Como todas las fundaciones de este estilo, Derecho a Vivir en Desventaja trabaja con muy pocos recursos porque la mayoría de los pacientes requieren de un auxilio económico para desplazarse por la ciudad. “Si hay un sitio donde pueden trabajar, nosotros les damos el auxilio de transporte; si hay una biblioteca con computadores especiales para sordo-ciegos buscamos que tengan la capacitación para que los puedan utilizar, y en todo caso que tengan para el transporte y un acompañante porque la ciudad no está preparada para ellos”, recalca Consuelo.

Fotos: Carlos Prieto

Hay muchos sueños por cumplir. Una sede más grande, más personas con discapacidad vinculadas al proyecto, más computadores con el sistema para sordo-ciegos, y una ciudad más amable. Para todo esto tienen estrategias. Una de ellas es seguir el ejemplo de la fundación europea Papaya, por lo que miran la posibilidad de trabajar en el diseño de una pulsera para que con su venta se puedan adquirir los computadores adaptados para las personas con síndrome de Usher. “Queremos que las 72 familias tengan en su casa un computador con acceso a Internet y que el profesor se pueda desplazar a todos esos hogares a capacitarlos. Es la forma como podemos evitar que estas personas no estén tan aisladas del mundo”, concluye Consuelo.

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directora del proyecto social que se adelantó desde la Javeriana.


Foto: Carlos Prieto


proyecto “Queremos ser la una que sobreviva”

“Fue ponerle

una cara social a nuestro trabajo, de ahí nace la Fundación Derecho a Vivir en Desventaja. Hace muchos años le aprendí a mi profesor, Jaime Bernal, que nosotros tenemos derecho a ser diferentes y los genetistas sabemos lo que es la diferencia, porque vemos seres humanos lanzados a la vida a vivir y a sobrevivir diferentes”. Así describe la genetista de la Universidad Javeriana Martalucía Tamayo la motivación que la llevó a contribuir en la creación de la Fundación. La misma idea que la condujo a planear un trabajo auspiciado por el proyecto social San Francisco Javier de la Rectoría de esta Universidad y que involucra a las personas con hipotiroidismo congénito, ceguera, sordera y sordo-ceguera y a sus familias. Años atrás los investigadores del Instituto de Genética Humana realizaron con un grupo de estudiantes un trabajo para determinar las necesidades de estas personas discapacitadas y salieron unos datos realmente dramáticos que reflejaban claramente la situación psicosocial, económica, educativa y cultural de esta población. Esto sirvió como punto de partida para la puesta en marcha de la Fundación y sus acciones a seguir. Martalucía resalta: “A un paciente genético le puede dar una enfermedad que produzca una alteración sola o le pueden dar múltiples. Los múltiple impedidos son los que tienen más de una alteración y al ser una entidad genética tiene un carácter familiar; entonces usted no tiene un niño discapacitado sino que tiene tres o cuatro; o tiene el abuelo, el padre, el hijo y el nieto con la

enfermedad; es decir, encuentra varias generaciones afectadas. Lo que se quiere resaltar de acá es que no es lo mismo ser un discapacitado de otra índole que tener una causa genética, con un agravante, los demás discapacitados no están fuera del POS, los genéticos sí”, resalta Martalucía.

En la Fundación Aproximadamente 4.000 familias se benefician con esta Fundación. Por tal razón se emprenden varios objetivos que buscan brindar una mejor calidad de vida a las personas con la discapacidad y sus núcleos familiares. Uno de ellos es prestar una asesoría global, por lo que se realizan las visitas a los hogares con grupos de estudiantes de Trabajo Social, con la colaboración del Colegio Mayor de Cundinamarca y la Universidad de Monserrate, para evaluar sus necesidades, dar asesoría médica, legal o de cualquier otro tipo que requieran. Otro de los objetivos iniciales fue obtener un diagnóstico psicosocial y un diagnóstico médico-genético. El primero con el fin de organizar las ayudas pedagógicas, asesorías jurídicas y una orientación en rehabilitación, y el segundo para obtener las historias médicas y practicar los exámenes paraclínicos que requerían. De esta manera se les orientó para que obtuvieran la atención indicada en sus EPS o el Sisbén de acuerdo al caso, y en muchas ocasiones se expidieron cartas con derecho de petición exigiendo a estas entidades prestadoras de salud el cumplimiento de sus obligaciones.

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proyectos de pr esupuesto social 2007-2008 c o n v o c a t o r i a s a n f r a n c i s c o j av i e r – r e c t o r í a –

96 Además de estas asesorías, cuentan Consuelo y Martalucía que la Fundación elabora folletos y promueve charlas pedagógicas sobre las discapacidades. “Elaboramos el primer volumen del libro Hipotiroidismo, obra que nació de la recopilación de conferencias de un seminario que desarrollamos en noviembre de 2007 y se repitió en noviembre de 2008, dirigido a personas afectadas por esta enfermedad y a sus padres u otros familiares”.

“Hay que orientar a la familia porque el impacto económico y psicológico es muy fuerte. Conocemos casos en que el padre, cuando ve que tiene dos hijos con sordo-ceguera, abandona el hogar y muchos culpan a la esposa por estos hijos. Es muy común que haya una culpabilización de la madre”, dice la especialista.

Una segunda publicación titulada Una mirada diferente a las discapacidades sensoriales de sordera, ceguera y sordo-ceguera fue aprobada para edición por la Academia Nacional de Medicina, texto que al igual que el de Hipotiroidismo congénito explica a enfermos y sus familias aspectos desconocidos de estas enfermedades congénitas y genéticas.

“Debe quedar en la conciencia social que hay que hacer detección temprana del problema porque un niño hipotiroideo, ciego, sordo o sordo-ciego que no se detecte a tiempo, no se rehabilita tempranamente y el efecto negativo es mayor; entonces alguien puede increpar: ‘¡Ah! Pero si no lo va a curar’; claro que no lo va a curar, pero lo va a habilitar para que se

Foto: Carlos Prieto

Trabajo con capacidad


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para que tengan un respiro, enseñamos a utilizar los equipos que hay en las aulas de sordociegos como en la Biblioteca Virgilio Barco y el Colegio Filadelfia. Lo difícil es la plata, con qué sobrevivir, una de cada diez fundaciones en Colombia se muere y nosotros queremos ser esa una que sobreviva”, concluyen las fundadoras, Consuelo y Martalucía.

Por eso el trabajo social va a esas casas, en busca de estas personas que muchas veces no ven la posibilidad de llevar una vida normal dentro de la sociedad, pero que con sus limitaciones son tan valiosas y capaces como el resto de la humanidad. “Además de la asesoría médica en la Fundación hacemos clases de collares para ver si pueden vender algo, damos clases de guitarra

Fotos: Carlos Prieto

fu n dación der echo a v i v ir en desv en taja. asesor í a gl oba l , di agnóstico psicosoci a l y d e t e r m i n ac i ó n d e n e c e s i da d e s d e i n d i v i du o s d i s c a pac i ta d o s v i n c u l a d o s a l a f u n dac i ó n

desenvuelva en la sociedad con su discapacidad. Cuando usted detecta la sordera en un niño a los cinco años es muy difícil enseñarle a hablar, entonces, si no lo pone inmerso en el programa el niño queda más discapacitado todavía; pueden vivir setenta u ochenta años en promedio y son setenta u ochenta años de discapacidad que tiene que cargar la sociedad, un Sisbén o un servicio de salud”, recalca Martalucía.


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Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier titulado “Asesoría global, diagnóstico psicosocial y determinación de necesidades de individuos discapacitados vinculados a la Fundación Derecho a Vivir en Desventaja” nace a partir de la experiencia del trabajo que la médica genetista Martalucía Tamayo viene desarrollando desde mediados de la década del ochenta con la población de personas con discapacidad sensorial. A ello se une el esfuerzo de Consuelo Bernal, que llevaba más de diez años trabajando por los niños hipotiroideos. Los responsables del proyecto son: Martalucía Tamayo F.

Instituto de Genética Humana Facultad de Medicina Pontificia Universidad Javeriana mtamayo@javeriana.edu.co

Jaime Bernal Villegas

Instituto de Genética Humana Facultad de Medicina Pontificia Universidad Javeriana jebernal@javeriana.edu.co

Nancy Gélvez M.

Instituto de Genética Humana Facultad de Medicina Pontificia Universidad Javeriana nancy.gelvez@javeriana.edu.co

Estudiantes Greizy López – Programa de Doctorado UJ Paula Hurtado – Residente de Genética Medica

Colaboradores externos a la Universidad Consuelo Bernal Villegas

Vicente Rodríguez Montoya

Otorrinolaringólogo Coordinador del Departamento de Otorrinolaringología Hospital San Ignacio

Noemí Sastoque Parisier Psiquiatra Hospital Simón Bolívar

Carlos A. Sussman

Abogado Fundación Oftalmológica Nacional

Hernán Jurado

Abogado Asesor independiente

Carmen Rosa Gallego

Directora Programa Hipotiroidismo Congénito Secretaría Distrital de Salud

Rosalba Charry

Trabajo Social Fundación Oftalmológica Nacional

Claudia M. Carvajal Servicio de Fisioterapia Hospital San Ignacio

Directora administrativa y coordinadora del Programa Niños Hipotiroideos Fundación Derecho a Vivir en Desventaja

Estudiantes de Trabajo Social del Colegio Mayor de Cundinamarca

Ana María Lores

www.derechoavivirendesventaja.org

Oftalmóloga Fundación Oftalmológica Nacional

María Victoria Ramírez

Directora administrativa y cofundadora Pregen

Más información sobre la fundación en la página web:


pan amparo

propuesta de intervenci贸n para el mejoramiento de un proyecto productivo

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Foto: Carlos Prieto


crónica Cuando el amparo y el pan se unen para dar esperanzas

En la

Fundación Amparo retumba una frase que aunque hace parte del pasado permanece latente entre las niñas que llegan allí a reorientar sus vidas. Esa frase llena de sinsabor, rencor, dolor y desesperanza ha tocado sus vidas en momentos en que el apoyo debe ser el motor de sus historias, porque a pesar de ser unas adolescentes y preadolescentes ya llevan en sus entrañas una nueva vida. “Usted se tiró la vida” es ese grupo de palabras que conforman la frase que una gran cantidad de padres suele emplear para reprochar la actitud de sus hijas. Y a pesar de que varias de ellas son expulsadas de sus hogares, para la Fundación Amparo esa oración es el punto de partida para mostrarles un camino de esperanza a las niñas. A esta casa de varios pisos, muchos cuartos y un taller de panadería, ubicada en el barrio Chapinero de Bogotá, llegan las jóvenes embarazadas sintiéndose pecadoras, emproblemadas y sin un futuro claro para ellas y para sus bebés en gestación. “La población beneficiaria son todas las menores de edad que estén en embarazo, en estado de vulnerabilidad, que hay violencia intrafamiliar, que el papá cuando se enteró de que la joven estaba en este estado la echó y la lista es inmensa. Los casos van desde las niñas que no tienen una buena relación en el hogar y deciden irse, hasta casos muy extremos de desplazamiento y violaciones. Un requisito para admitirlas es que se quieran quedar con su hijo. Nosotros no trabajamos la

adopción, la idea es decirles que se puede salir adelante con esa criatura, que es una razón de ser, un motor para desarrollarse en adelante”, comenta Iván Fresneda, administrador de la Fundación. Amparo está dentro del grupo de fundaciones beneficiarias del Banco Arquidiocesano de Alimentos y fue allí donde un grupo de la Universidad Javeriana conoció el trabajo que desarrollaban. Luego de que Diego Roldán, encargado por la Arquidiócesis de Bogotá en el sector de Chapinero, les recomendara a este grupo de niñas, los estudiantes y profesores javerianos entraron a elaborar las propuestas para ayudar a esta Fundación. Cuando a Iván Fresneda le dijeron que había una intención de la Javeriana para trabajar con ellos no le gustó mucho la idea, un poco por desconocimiento –dice él–, otro tanto por la experiencia que habían tenido con el trabajo de los estudiantes en el pasado. “Al ver que era un proyecto integrado, que los docentes vinieron e hicieron la evaluación y dijeron qué podemos hacer desde cada carrera y se iniciaron esas líneas de trabajo, dijimos ‘esto pinta muy bien’”, reconoce.

Universidad comprometida Patricia Dorado, Giovanna Fiorillo y Blanca Cecilia Pérez de la Facultad de Ingeniería; Luisa Fernanda Tobar del área de Nutrición; Sofía del Socorro Legarda, Bertha Marina de Alonso y Moisés Peña del Centro Pastoral; así como Diego Roldán de la Zona Pastoral

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Cristo Sacerdote, conformaron el grupo interdisciplinario de apoyo para la Fundación. “Ellos hicieron un árbol de necesidades y cada una de las carreras dijo ‘yo puedo aportar en esto y Pastoral en esto’. Era importante que el director de la Fundación viera que teníamos un proceso, que iba a haber un impacto y un seguimiento a la institución para que se aplicaran los conceptos de los estudiantes”, recalca Sofía del Socorro. El trabajo interdisciplinario se motivó desde los talleres que recibían las jóvenes que, además de una formación en lo humanístico, recibían una capacitación con un perfil más laboral en panadería denominado “Proyecto productivo Pan Amparo”. Ellas aprendían a hacer pan y sus derivados con el objeto de que les fuera fácil ingresar en el ámbito laboral cuando salieran de la Fundación, luego de dar a luz a su bebé. Pero los javerianos vieron que esta empresa podría ser productiva e iniciaron todo el trabajo para que se abriera al público. Blanca Cecilia, coordinadora de Proyección Social de la Facultad de Ingeniería, señala que la panadería se miró desde la producción, en la investigación de la calidad del producto y de la nutrición, porque tendría que responder a determinados atributos. Después de 11 años de enseñar a las niñas a hacer pan en los talleres, la Fundación abrió al público la panadería en 2008. Las galletas sin forma o que se excedieron de horneado y que causaban hilaridad entre las chicas prácticamente desaparecieron, y los estándares de calidad se fueron apoderando de la panadería de la Fundación. Fotos: Carlos Prieto

Sin embargo, el poner a funcionar una panadería no es sólo elaborar el producto y de eso poco conocían Iván y su grupo de trabajo. “Acá vamos aprendiendo al ensayo error, porque no es algo que sabe la Fundación. El tra-


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Y ahí está la Función de la Universidad y sus estudiantes en el enfoque de análisis de la cadena de abastecimiento de la panadería. Para ello, elaboraron un estudio técnico de proveedores, de compras, de proceso productivo y su mejoramiento, la distribución y comercialización.

Actitud diferente ante la vida El pan representa una oportunidad de sentirse productivos ante la sociedad, un arte con el que se pueden defender quienes aprenden a hornearlo, y también una parte del sustento de la Fundación que lucha contra viento y marea para dar una nueva oportunidad a las madres y la primera a los bebés. Pero el alma también tiene que reconstruirse para que todo este trabajo tenga un resultado y para ello su sustento es la Biblia. “Recibimos niñas en todas las condiciones. Prima un sentimiento de rechazo, de abandono, aunque la sociedad ha venido cambiando con respecto a las madres solteras, pero todavía una menor de edad que está embarazada genera mucho rechazo de la sociedad. Por eso lo primero que le dicen es ‘se tiró su vida, metió la pata’”, resalta Iván. Las jóvenes llegan con cero autoestima y por eso el trabajo desde lo personal es vital para la Fundación. Allí les reavivan sus valores, siempre en un ambiente de hogar con todas las obligaciones que eso conlleva, para que vuelvan a reestructurar ese sentimiento de casa, de sentirse valoradas, con una responsabilidad a cuestas. “Cuando salen de la Fundación se van valorándose, amando a su bebé y con un sentido de responsabilidad para ofrecerle lo mejor a ese hijo. Ya no están atropelladas por la deses-

Fotos: Carlos Prieto

peración sino que tienen un proyecto de vida y ahí es donde uno dice: ‘valió la pena’”, señala el administrador de Pan Amparo. En ese trabajo el Centro Pastoral de la Javeriana también pone su grano de arena. En un diálogo interreligioso, porque la Fundación es cristiana y la Universidad es católica, se trabaja en un solo sentido para devolver la confianza a las futuras mamás. “Lo importante es lo que nos une y no lo que nos separa, en toda la programación tenemos oración de ambientación, nos dejaron con la libertad pero nosotros tuvimos la prudencia necesaria para saber hasta dónde llegábamos”, resalta Sofía del Socorro Legarda. El pan, la guía, la academia y por supuesto la convicción de ser cada vez más seres humanos llevan a que las niñas, a quienes les dijeron algún día que “se tiraron sus vidas”, vean un futuro con esperanza para ellas y sus bebés. En la Fundación Amparo ese dicho que dice “cada niño trae un pan bajo su brazo” es una realidad.

pa n a m pa r o . p r o p u e s ta d e i n t e rv e n c i ó n pa r a e l m e j o r a m i e n t o d e u n p r oy e c t o p r o du c t i vo

bajo con las jóvenes es lo que sabemos hacer. La panadería la estamos conociendo”, señala.


Foto: Carlos Prieto


proyecto La unión hace el “pan”

Sentados

alrededor de un comedor en la Fundación Amparo del barrio Chapinero de Bogotá, estaban el administrador de ésta, los profesores de la Universidad Javeriana, y el representante de la Arquidiócesis de Bogotá, todos observando atentamente la pantalla de computador en el que los estudiantes hacían la presentación de sus investigaciones. La nutrición, la producción y los mercados fueron los temas que trataron, todos encaminados a que Pan Amparo, la unidad productiva de la Fundación, tuviera un sustento técnico para su funcionamiento.

ingenieros y expertos en nutrición que estén acompañándolos. Esto genera más trabajo, pero en últimas vamos a tener una labor de calidad y excelencia que va a redundar en nuestra misión con las jóvenes y en unos ingresos que nos ayuden a continuar con esta obra”, señala Iván.

El área de nutrición elaboró un protocolo de “Buenas prácticas de manufactura”, para que los productos de panadería que elaboran tuvieran todos los aportes nutricionales adecuados. El área de ingeniería evaluó los temas relacionados con producción y distribución, la identificación de las materias primas, los insumos y proveedores. También se revisaron los procesos de control y seguimiento de quienes ofrecen esos materiales y se propusieron herramientas para el registro de inventarios, producción y venta. Se calcularon los costos de doce productos prioritarios y se revisaron los resultados de investigación de mercados con el fin de determinar el objetivo meta y las características del producto que requiere el cliente.

Por esta razón Pastoral, mediante espacios de encuentro para el trabajo por competencias, identificó las dificultades que tienen las jóvenes en las relaciones con los demás, en aceptar que la diferencia existe entre las personas, en comprender que el trabajo y el aporte individual contribuyen a los logros colectivos.

Por esta razón, y cuando el personal interdisciplinario de la Universidad inquirió a Iván Fresneda, administrador de la Fundación, éste se mostró nervioso y con la ansiedad de aplicar todas las sugerencias al pie de la letra. “Es un proceso largo pero no sé cuántas panaderías en el país tengan un grupo de

Pero no todo el trabajo es técnico, de fórmulas matemáticas e investigación de mercados. Tan importante como el pan que les ayuda a las beneficiarias a tener una esperanza laboral para el futuro, es el área de las humanidades que les ayuda a tener un equilibrio emocional con ellas mismas y con la sociedad.

Interdisciplinariedad “No es que cada carrera presentara lo suyo desde su conocimiento sino cómo nos podríamos integrar. No ha sido fácil caminar en esta parte y ese clic lo dio el proyecto San Francisco Javier. Esto nos implica un trabajo articulado, lo que me puso un nuevo reto porque es la primera vez que Pastoral participa de esta manera”, recalca Sofía del Socorro Legarda, quien desde Pastoral acompañó uno de los objetivos del proyecto en la formación humana de las personas vinculadas. Los demás objetivos se encaminaron a la producción de la panadería, el análisis de la cadena de abastecimiento, la investigación de

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106 mercados, el aporte nutricional de calorías y nutrientes de los productos, las estrategias de mercadotecnia y la evaluación financiera de la propuesta de mejoramiento diseñada por la Universidad. Las galletas, las tortas y el pan que elaboran estas adolescentes se venden cada día en la propia sede de la Fundación, y aunque todo el que consume estos productos encuentra un balance entre lo nutricional y la calidad, muy pocos saben que con su compra están ayudando a un mundo mejor para unas niñas

que creyeron no tener futuro y a unos bebés que iban a llegar sin ninguna protección. “Si todos creyéramos en que hay posibilidades de salir adelante y que podemos ayudar a personas en condiciones de vulnerabilidad, en estado de pobreza absoluta, porque la política pública no alcanza, el mundo sería mucho mejor. Creo que es desde la academia y las ONG, con una mirada crítica de sacar actores de desarrollo, por donde podemos hacer nuestro aporte”, concluye Blanca Cecilia Pérez.

Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Propuesta de intervención para el mejoramiento del proyecto productivo Pan Amparo” surge como una idea de la Facultad de Ingeniería tras su vinculación con el Banco de Alimentos Arquidiocesano de Bogotá, y en su desarrollo se vincularon la Facultad de Ciencias y el Centro Pastoral de la Pontificia Universidad Javeriana. Los responsables del proyecto son: Giovanna Fiorillo

Profesora de planta Departamento de Procesos Productivos Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana fiorillo@javeriana.edu.co

Patricia Dorado

Profesora de planta Departamento de Procesos Productivos Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana pdorado@javeriana.edu.co

Blanca Cecilia Pérez

Coordinadora de prácticas Facultad de Ingeniería Pontificia Universidad Javeriana

Luisa Fernanda Tobar Vargas

Profesora de planta Departamento de Nutrición y Bioquímica Facultad de Ciencias Pontificia Universidad Javeriana ltobar@javeriana.edu.co

Sofía del Socorro Legarda Restrepo Centro Pastoral Javeriano Pontificia Universidad Javeriana

Bertha Marina Rodríguez de Alonso Centro Pastoral Javeriano Pontificia Universidad Javeriana

Moisés Peña Martínez, S.J. Centro Pastoral Javeriano Pontificia Universidad Javeriana

Diego Roldán Solano

Coordinador Pastoral Social Zona Pastoral de Cristo Sacerdote Arquidiócesis de Bogotá

Iván Fresneda

Administrador Fundación Amparo


voces de la ciudad

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Foto: Proyecto


crónica La radio: más que una diversión

En el

barrio El Paraíso, ubicado en la montaña muy cerca de la Universidad, donde se mantuvo por más de treinta años la antena transmisora de su Emisora 91.9 Javeriana Estéreo, hubo una gran expectativa al escuchar por primera vez un grupo de voces conocidas. Si bien, no fue en todas las casas de este barrio de estratos 1 y 2 donde estuvieron atentos a las emisiones, por lo menos sí en las viviendas de quienes interesaban, las mismas en las que también se depositaban la incertidumbre y hasta la incredulidad. Pero era cierto, los rostros que expresaban esa inquietud fueron cambiando cuando una voz femenina que se escuchaba adolescente, apenas formándose para la radio, dijo entre sonidos de la nueva era: “Voces de la Ciudad, un encuentro con los jóvenes de la capital; Voces de la Ciudad, un proyecto realizado por la Facultad de Comunicación y Lenguaje y Javeriana Estéreo con el apoyo de la Pontificia Universidad Javeriana. A partir de este momento los invitamos a escuchar las Voces de la Ciudad”. Era verdad. La voz de Lorena era real, era ella. Y también participaban los jóvenes del colegio San Martín de Porres que realizaron cuatro programas temáticos sobre la familia, la educación, el medio ambiente, la participación y la ciudad. “Inicialmente fue una información que le hicieron llegar a una profesora y nos interesó porque no teníamos una emisora, nos iban a dar capacitaciones y así podríamos montar la emisora del colegio”. Es lo primero que recuerda Mónica Andrea Acosta, estudiante de noveno grado.

Ella fue una de las primeras interesadas, pero con esta estudiante levantaron la mano otros 17 compañeros del mismo curso a quienes se iban a dirigir las clases de radio. Como recuerda Lorena Anacaona, muchos desistieron cuando les dijeron que tendrían que sacrificar los sábados porque les iba a tocar ir al colegio de ocho de la mañana a cinco de la tarde cada semana. Finalmente fueron ocho los comprometidos. “Por un trabajo que no presenté, la profesora me dijo que yo no me podía ni siquiera inscribir. Sentí un arrepentimiento muy grande de no haberlo presentado, porque era una oportunidad que estaba desperdiciando, además era la Javeriana. Pero las ganas pudieron más, hablé con la profe y le expliqué”, comentó Stephanie Bernal. Todos encontraron motivaciones diferentes, como Steven Andrés Torres quien vio la oportunidad de dar a conocer su talento en el hip hop, y por qué no, grabar su primer CD en el que venía trabajando desde hacía muchos años. No obstante todas estas expectativas, no fue una decisión fácil sostenerse en el grupo como lo manifestó Stephanie: “los sábados eran para salir a recochar con los amigos y ahora salir a las cinco de la tarde, uno no ve qué hacer. Eso genera responsabilidades y nos motivó, así a uno le diera pereza madrugar estaba ahí en las clases”. Pero las motivaciones y las ganas de entrar en el mundo de la comunicación para algunos no fueron suficientes y no exactamente por decisión de ellos. “Mi papá no me dio el

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Foto: Proyecto

permiso que porque una universidad tan importante no se iba a interesar en unos muchachos de un barrio pobre, que necesitaba una circular”, comentó Lorena. Detrás de todo el trabajo que emprendían la Facultad de Comunicación Social y Lenguaje y la Emisora Javeriana estuvo Julio Lezama, quien llegó al colegio con toda la expectativa de encontrar un grupo de jóvenes que pensaran en la radio como una opción de dar a conocer sus manifestaciones juveniles, deseos y ambiciones. Pero una de sus primeras labores fue hablar con el incrédulo padre y convencerlo de que se trataba de un trabajo serio. “Yo diría que es un padre muy responsable. Me tocó llamarlo y decirle que sí éramos de la Universidad, explicarle el trabajo que estábamos desarrollando con ellos, porque le daba miedo”. Así y todo, Lorena no recibió el permiso para ir al primer sábado de capacitación.

Tarea difícil Desde que se conformó el grupo de los ocho estudiantes de noveno el ánimo nunca decayó, a pesar de que todos destacan las clases prácticas sobre las teóricas. Temas como los lenguajes para medios, cómo leer, cómo entrevistar, se hicieron divertidos sólo a la hora de ir a la práctica. Al momento de estar frente a los micrófonos, grabar, editar el material y escucharse con el producto terminado entendieron la misión que habían aceptado y la necesidad de darla a conocer a otros para que permaneciera viva en el colegio. Para Julio lo importante eran las ganas que mostraran los estudiantes, porque a pesar de ser muy diversos todos perdieron la timidez frente al micrófono con facilidad. “Se gozaron la experiencia pero además le metieron toda la creatividad y las ganas que era lo que se buscaba. Se aceptaron todas las ideas, las


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que uno considera medio locas y medio absurdas también tuvieron cabida”. Algunos de ellos han pensado que la comunicación es un camino que queda abierto para sus vidas. Esteven Andrés, por ejemplo, encontró la oportunidad de hacer realidad el proyecto en el que venía trabajando y de convencer a su familia del valor que tenía dedicar tiempo a la música. “Los voy a destronar con solo cantar, tengo el derecho de escuchar, opinar, hablar, pensar en terminar, caminar, soñar, volar, tratar de conquistar, despertar sin llorar, vulneran mi derecho ya no puedo opinar, creen que es delincuencia tener oposición, resistencia es mi pasión, yo no soy del montón…”, es un fragmento de la canción compuesta por él para el programa de “Familia” que en su casa escucharon cuando salió al aire en Javeriana Estéreo. “En mi casa sirvió mucho esta experiencia porque a partir de esto me empezaron a preguntar cómo lo hacía, me empezaron a felicitar por lo que hacía y muchas veces decían que si uno les enseñaba. Me empezaron a decir ‘vea que está haciendo algo importante’, y no lo ven a uno como un vago, eso es lo más importante”, recalcó Esteven Andrés.

Proyección Los programas salieron al aire y la motivación quedó en cada uno de ellos. Todo el trabajo realizado tuvo sus frutos tal como lo relató Stephanie: “Al otro día me dijeron, ‘no sabía que usted había hecho eso, tan bacano y en esa emisora’. Los compañeros y la familia le dicen primero a uno que ‘usted qué va a poder hacer eso’ y luego de escuchar le dicen ‘usted en un teso’”.

Fotos: Proyecto

Por esta razón ellos piensan en continuar con su trabajo pero en el colegio, con la capacitación de los estudiantes que cursan noveno. El rector ya les asignó un espacio, no tan grande como ellos quisieran, pero al que le pusieron empeño y corazón. En una brigada adaptaron el sitio y en el segundo semestre de 2009 esperan adecuarla con todos los equipos, incluidos los entregados por la Universidad. “Por ahora lo más complicado es hacerle un lanzamiento para que todo el mundo diga que esta emisora va a ser la maravilla y nos escuche, porque queremos que sea algo diferente a las demás, que no digan ‘ésa es la emisora del colegio allá en la montañita’ y ya, sino que digan, ‘ésa es la emisora de los estudiantes de San Martín’”, concluyó Fausto Medina.


Foto: Proyecto


proyecto Un trabajo que suena para el futuro

Los habitantes

del barrio El Paraíso, ubicado en los cerros orientales del sector de Chapinero, han escuchado de la Emisora Javeriana desde hace por lo menos treinta años, debido a que en este sector se ubicó la antena repetidora.

tivas de los jóvenes, desde su espacio, desde su visión escolar y familiar”, comenta Lezama. La familia, la educación, la ciudad, la participación y el medio ambiente fueron los temas elegidos y propuestos a los muchachos al momento de ser escogidos para recibir las capacitaciones.

A partir de una idea del maestro Guillermo Gaviria de trabajar en una propuesta en la que se vincularan la Emisora y la Facultad de Comunicación Social con la comunidad, se planteó el proyecto “Voces de la ciudad”, para lo cual se eligió el colegio del sector, San Martín de Porres.

A pesar de las deficiencias en lectoescritura de los participantes y de que las reuniones coincidieron con la finalización del periodo escolar, los jóvenes pusieron todo su interés para sacar los programas y entender qué es y cómo se hace la radio.

“Diseñamos la propuesta y queríamos que fuera más que una capacitación. Pretendíamos que se tradujera en hechos tangibles en el colegio. Se habló con ellos y hubo muy buena aceptación por parte de los docentes y la rectora. Se hizo el trabajo de seleccionar a los estudiantes que no sólo eran residentes de esta zona, sino también unos que venían de otros sectores, como Suba”, recalca Julio Enrique Lezama, profesor del Campo de Producción Radiofónica, encargado de llevar a la realidad este proyecto coordinado por María Urbanczyk, directora del Campo Audiovisual de la Facultad de Comunicación Social y Lenguaje.

Manos a la obra

La propuesta buscó capacitar a los jóvenes de grado noveno en narrativa, formatos radiofónicos, manejo del micrófono y de fuentes de información, así como de equipos de edición, con el objetivo de que los estudiantes realizaran cinco programas que serían transmitidos por Javeriana Estéreo. “La idea era realizar un programa hecho por jóvenes con temas que son de interés general, pero desde la perspec-

Después de recibir la teoría los ocho estudiantes de noveno idearon, hicieron el libreto y orientaron los programas. En el de “familia” el grupo realizó un drama radial que escenifica una situación cotidiana de intolerancia dentro de un hogar entre padres e hijos, e incluso vecinos. Esta historia es el eje del programa que además cuenta con entrevistas a docentes, compañeros de clase, familiares y amigos. Para el tema de la educación hicieron una reflexión sobre los tipos de educación existentes en Colombia, desde lo público y lo privado; y en el de medio ambiente hablaron sobre la contaminación visual, auditiva y de basuras en Bogotá. En el tema de participación analizaron sus compromisos desde el colegio, el barrio y la ciudad, mientras que en el programa sobre ciudad trabajaron en torno a dos preguntas: “¿para usted qué es la ciudad?” y “¿qué le gusta y qué no de la ciudad?”.

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Foto: Proyecto

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El trabajo con los estudiantes de grado noveno tiene otro objetivo. Cuando inicien su trabajo en la emisora del colegio van a tener dos años hasta llegar a grado once para producir los contenidos y estar al frente. Además, van a tener la oportunidad de compartir con el

Foto: Proyecto

grado noveno la experiencia y la capacitación que ellos mismo obtuvieron. “La Universidad queda abierta para cuando quieran ir o necesiten material. Ésa es su casa”, les dice Julio luego de cada visita con la que pretende hacer un seguimiento al trabajo que desarrollan sus pupilos, porque el compromiso de los directores del proyecto social es que esta iniciativa no quede en el olvido de los jóvenes que en 2008 recibieron la capacitación. El rector del colegio ya les otorgó el espacio y los muchachos tienen todo el interés de dejar funcionando, no cualquier emisora por allá en la montaña, sino como dice Fausto Medina, uno de los aprendices, “la emisora de los estudiantes del Colegio San Martín de Porres”.

voces de l a ciu da d

“Se dio un factor importante y es que estuvieran comprometidas la Emisora, la Universidad y la Facultad de Comunicación, porque se tuvo la visión del comunicador social, del profesional en artes y en música representado en los muchachos que tienen el énfasis en ingeniería de sonido y trabajan con la Emisora. Cuando escuchamos las composiciones que hizo Esteven Andrés para los programas, empezamos a ver las capacidades y precisamente el proyecto deja valores agregados y uno de ellos es reconocerle ese talento que tienen”, resalta Julio.


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Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Voces de la ciudad” que se desarrolló en el barrio El Paraíso, ubicado en la ladera de los cerros orientales de Bogotá en el sector de Chapinero, fue realizado por la Facultad de Comunicación y Lenguaje y la Emisora Javeriana Estéreo 91.1 con los estudiantes del colegio San Martín de Porres. Los responsables del proyecto son: María Urbanzcyk Coordinadora Campo Audiovisual Departamento de Comunicación Facultad de Comunicación y Lenguaje Pontificia Universidad Javeriana murbanzcyk@javeriana.edu.co

Julio Enrique Lezama Profesor Campo de Producción Radiofónica Departamento de Comunicación Facultad de Comunicación y Lenguaje Pontificia Universidad Javeriana jlezama@javeriana.edu.co

Estudiantes del Colegio San Martín de Porres Lorena Anacaona Gina Daniela López León Stephanie Bernal Sastoque Ángel Coronell Edward Coronell Mónica Andrea Acosta Torres Esteven Andrés Torres Iván Mahecha

Profesora Gladis Álvarez Bautista


escuela de animadores

“escuela de emaús, formación

y acompañamiento a jóvenes en contextos de conflicto armado, parroquia san josé de tierralta, córdoba” y “en el camino del siervo sufriente”: escuela de animadores comunitarios en contextos de conflicto armado, parroquia san josé de tierralta (cuarta fase)

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Foto: Proyecto


crónica Guía de un pueblo que sufre y resiste a la violencia (escuela de jóvenes emaús 2007-2008 y en el camino del siervo sufriente 2008-2009)

¿Qué

conversación es ésa que se traen por el camino? Aquel mismo día hubo dos discípulos que iban camino de un pueblito llamado Emaús, distante unos diez kilómetros de Jerusalén, y comentaban lo sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero estaban cegados y no podían reconocerlo. Jesús les dijo: ¿Qué conversación es ésa que se traen por el camino? Se detuvieron, con la cara triste, y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: ¿Eres tú el único de paso en Jerusalén que no se ha enterado de lo ocurrido estos días en la ciudad? Él les preguntó: ¿De qué? Contestaron: De lo de Jesús Nazareno, que resultó ser un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo; de cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron, cuando nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel (Lucas 24: 13-35).

El texto bíblico deja ver cómo esa experiencia aparece en la Escuela de Animadores, que lleva más de una década trabajando con la comunidad en el Alto Sinú. Iniciaron un camino con un grupo de 56 jóvenes de Tierralta, Córdoba, para decirles, al igual que Jesús, que a pesar de los inconvenientes, de las difíciles realidades que los acompañan, existe un camino. Entonces Jesús les dijo: ¡Qué torpes son ustedes y qué lentos para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía el Mesías que sufrir todo eso para

entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Cerca ya de la aldea adonde iban, hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le insistieron diciendo: quédate con nosotros, que está atardeciendo y el día va ya de caída (Lucas 24: 13-35).

A partir de la desmovilización de las autodefensas en 2005 los jóvenes de esta zona del país, donde confluyen diferentes grupos armados, y la mayoría de sus habitantes son desplazados por la violencia ocurrida en diferentes regiones, se convirtieron en una población muy vulnerable, sin un proyecto de vida más allá de la violencia que les ofrecía el entorno. “A partir de allí fue muy común ver cómo los muchachos estaban siendo convocados para que entraran a las filas de estos grupos y eso nos causaba mucho dolor porque esta población no era nuestro objetivo en la Escuela de Animadores. Muchos de los que participaban en la escuela nos preguntaron qué íbamos a hacer con los muchachos porque los están reclutando, los están matando, se los están llevando para raspar coca, y los que se quedan están generando una serie de pandillas y convirtiéndose en ladroncitos porque no hay nada que hacer. Con las muchachas, niñas desde los 12 años, ya embarazadas, que no terminan su bachillerato, que solamente esperaban a que llegara un “paraco” o un policía para que se las llevara a vivir. Al ver todo esto pensamos en qué hacer para generar vida en estos jóvenes”, comenta Óscar Albeiro Arango Alzate, coordinador del Equipo de Proyección Social

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Fotos: Proyecto

e Investigación Synetairos de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana. Así como en años anteriores (2006-2007) el texto del Apocalipsis guió a los integrantes de la Escuela de Animadores para que las comunidades a que llegaban recuperaran la esperanza y cambiaran su actitud ante las situaciones difíciles que les ofrecía “el monstruo de las siete cabezas” que es la guerra, en esta oportunidad el texto de Emaús fue el motivador de esta nueva experiencia con los jóvenes. Inicialmente los ejecutores del proyecto pensaron en la vereda Batata, pero el orden público los obligó a pensar en un nuevo destino. Por eso iniciaron el proceso en el propio municipio de Tierralta. “Decidimos hacerla en el pueblo con las zonas más vulnerables y se escogió Nuevo Oriente, un lugar pobre, no el más pobre, pero en el que se vive una situación compleja porque se estaban generando muchos grupos delincuenciales. Otro grupo estaba en la zona de San José, allí sistemáticamente han venido asesinando jóvenes. Luego

llegaron otros grupos de varias zonas del pueblo y se conformó un grupo de 56 muchachos y muchachas”, cuenta Óscar Albeiro. Las reuniones con los participantes y la recuperación de sus historias permitieron conocer sus vivencias cercanas a la delincuencia y a la desesperanza. “Una tarde llegó a mi casa uno de nuestros jóvenes y entre charla y charla me comentó que un muchacho les ofreció trabajar con él, que les pagaba bien, pero que el trabajo era ser sicario. Inicialmente dijeron que sí, pero que les dieran una moto, una pistola y mucho dinero. A los ocho días se presentó el pelao con las tres cosas”, relata Martha Lucía Durango, coordinadora del proyecto en Tierralta. La recuperación de la memoria histórica lograda a partir de los relatos de vida de los jóvenes permitió dar un acompañamiento, tal como lo hizo Jesús en el “Camino de Emaús”. Esto ayudó a los animadores a reforzar su autoconocimiento, su autoestima y su liderazgo, especialmente en los programas de resolución de de conflictos y comunicación no


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Tras un año de trabajo el grupo concluyó trabajos. Sin embargo, muchos de estos jóvenes decidieron continuar con sus estudios y algunos siguieron en procesos de formación con el programa por la paz del Cinep “Habilidades para la paz”. “Estos muchachos siguen pensando que los jóvenes pueden vivir de una manera diferente sin la necesidad de entrar en el conflicto”, concluye Óscar Albeiro.

“En Tierralta es mejor ser una vaca que un campesino” Enmarcado en el mismo trabajo de la Escuela de Animadores de la Parroquia de San José en Tierralta, los jesuitas y los integrantes de la Facultad de Teología han buscado en la última década generar una espiritualidad entre los habitantes de la región golpeada por diferentes violencias. Ellos a través del tiempo han aportado una serie de elementos teóricos y prácticos para que estos animadores, miembros de la misma comunidad, realicen el trabajo en pueblos y veredas con el fin de permitir una hermenéutica bíblica que les ayudara a entender lo que les estaba pasando. Los participantes en el proyecto resumen la situación de vida a través de la historia de uno de sus habitantes de la siguiente manera: “En Tierralta es mejor ser una vaca que un campesino”. Y frente a tal afirmación se hizo necesario que prosiguiera su relato: Como les digo. En Tierralta una vaca tiene para vivir, movilizarse y alimentarse las mejores tierras y los mejores pastos que existen en este país. Una vaca cuenta con agua potable y con adecuados suministros para que no tenga sed. Una vaca

Fotos: Proyecto

tiene a su servicio los mejores veterinarios de la región las 24 horas del día, ellos las cuidan y velan para que no se vayan a enfermar. Una vaca es cuidada por muchos hombres, incluso con ejércitos armados, para no ser robada, secuestrada, matada o dañada. Una vaca no tiene que preocuparse por lo que va a comer en invierno o en verano, ella siempre tendrá aseguradas sus tres comidas diarias.

Y luego agregó: En cambio un campesino del Alto Sinú tiene para vivir, movilizarse y alimentarse una pequeña parcela, y no propiamente en las mejores tierras, en la cual tiene que sembrar algunos productos para comer y para vender si cuenta con la suerte de que se los compren. Un campesino no cuenta con agua potable. Si quiere agua la tiene que ir a traer al río, en bicicleta, burro, o al hombro. En las veredas no contamos con un acueducto que garantice la pureza del agua. Y les digo más, un campesino cuando se enferma inicia todo un calvario. Se debe desplazar a la cabecera municipal porque en la vereda no hay centro de salud. Si tiene dinero es atendido a medio día, si cuenta con suerte. Si no lo tiene, debe esperar pacientemente a que llegue su turno. Si no está afiliado a la seguridad social mejor que no se acerque por los hospitales porque ahí mismo lo dejan morir en el piso. Para el campesino nunca hay medicamentos, siempre

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violenta. “¿Sabe seño por qué no nos fuimos con ese man?”, continúa su relato Martha Lucía, “¡por el grupo Emaús! Por eso no nos fuimos, si nosotros no hubiéramos estado en ese grupo, nos hubiéramos ido”.


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122 como clave de interpretación los cuatro cantos del Siervo Sufriente. Unos cantos que cuentan una epopeya diferente. Unos cantos que recogen una desgarradora realidad: la historia de dolor del pueblo que sufre en medio del destierro y del dominio babilonio.

Fotos: Proyecto

están agotados o en el mejor de los casos se le pide que los recoja el mes entrante. A los campesinos no los cuida nadie. Los campesinos somos la carne de cañón que alimenta los diferentes grupos armados. A los campesinos nos desplazan, nos torturan, nos matan, nos quitan las tierras y nos ven dando plomo en el ejército, en la policía, en los grupos de autodefensa o en la guerrilla. Un campesino tiene que preocuparse diariamente por lo que va a comer con su mujer y sus cuatro pelaos… ¿Ahora sí entienden por qué en estas tierras es mejor ser una vaca que un campesino?

Según Óscar Albeiro Arango: Por ello en el proceso de la Escuela de Animadores se hizo pertinente diseñar dentro de su formación una cuarta fase que permitiera ver en los relatos de sufrimiento, marginación y victimización de los habitantes del Alto Sinú, cantos, cánticos, himnos, poemas y epopeyas que brotan de la vida misma de las pequeñas comunidades amedrentadas por la violencia, acorraladas por el sufrimiento, atormentadas por el dolor, intimidadas por la violencia y acobardadas por el hambre. Cantos, cánticos, himnos, poemas y epopeyas que cuentan su “historia miserable” y de esperanza. Cantos, cánticos, himnos, poemas y epopeyas que describen su vida despreciada por los poderes de este mundo. Cantos, cánticos, himnos, poemas y epopeyas que recogen su esperanza, su lucha y resistencia. Se tuvo

Esta clave de interpretación nos ha permitido leer cómo la historia vivida por comunidades en el libro de la Biblia se hace presente por lo menos a través del relato de “Juan sin Tierra” en Tierralta, Córdoba. Una realidad frente a la cual nos hacemos insensibles por nuestra limitada capacidad de comprensión y la limitada reacción a la misericordia.

Se trata de una figura bíblica que aparece en la profecía de Isaías y es un personaje que asume el dolor, que enfrenta su injusticia, pero no se queda allí sometido, no se queda muerto sin respuesta, quejándose. Por el contrario, a partir del dolor que les producen otros, este hombre o esta comunidad logran salir adelante y encuentran la forma de traer la luz a las naciones. Instauran el derecho y la justicia para este grupo de personas. Estas lecturas ayudan a comprender esa cruz que llevan que es el terror de estar metidos en un conflicto armado que no es de ellos, en una situación de narcotráfico y de políticas insuficientes o que no ayudan a la comunidad como los subsidios del Gobierno, de quince o veinte mil pesos, que según los investigadores vuelven mendigas a las comunidades. “La situación en Tierralta ha cambiado, cambiaron los personajes, ya no podemos hablar de paramilitares de forma directa, pues se nos ha dicho que ya no hay estos grupos en Colombia. Pero lo que vemos allá es que se han armado, se han reorganizado y están en unas luchas por el territorio”, señala el investigador. La Escuela de Animadores viene siendo acompañada por otros procesos, por lo que


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Estos procesos de reconciliación se van generando a nivel personal, familiar, comunitario, y son unas acciones complementarias que hace un equipo de pastoral en Tierralta. De otro lado, hay un acompañamiento a las víctimas del conflicto armado, a partir de las promotoras y promotores de vida y salud mental de este municipio del departamento de Córdoba. “Ellas y ellos están realizando una actividad para que las personas hagan duelo, expresen sus sentimientos, cuenten qué les pasó y vayan haciendo del dolor no una queja sino una propuesta, una acción política, pero hay que tener cuidado porque algunas personas pensarán que estamos armando ejércitos para reaccionar violentamente. No. Lo que hacemos es buscar que ellos se reconstruyan como sujetos, como ciudadanos de bien”, señala Óscar quien asegura que este proceso no lo efectúa la Escuela de Animadores, pero es un trabajo complementario de lo que ellos hacen. Se trata del Siervo Sufriente de la espiritualidad para enfrentar los procesos de reconciliación, la memoria de las víctimas y para asumir el acompañamiento. También para descubrir la resistencia no violenta. Frente a los macroproyectos como la palma, la caña de azúcar, la yuca, el arroz, con el que se busca generar biocombustible, y que consideran trae consigo más violencia que alivio a sus comunidades, buscaron la forma de resistir pacíficamente. “Primero no vendemos

Fotos: Proyecto

la tierrita y segundo empezamos a sembrar lo que nos vamos a comer, ya no es producir para vender o para encontrar lucro sino para comer. Eso no lo hace todo el mundo. Somos pequeños grupitos que encontramos en esto la forma de resistir lo que viene desde fuera. Volver a compartir: si yo tengo yuca y tú tienes berenjena, entonces compartimos, hacemos el trueque”, señala un habitante de la región. La Escuela de Animadores entra en una recta de consolidación. Ha dejado toda la fundamentación y la profundización bíblico-teológica, para fortalecer una serie de proyectos comunitarios y preguntarse qué se va a hacer con los niños que no pueden asistir al colegio porque el sistema los excluye, qué se va a hacer con los que no pueden acceder a los subsidios del Plan Colombia y qué se va a hacer con la población de adultos mayores que no pueden acceder a los planes departamentales o municipales. “Ya llegó la hora de incidir con toda la espiritualidad de forma no violenta, pero sí política en el Alto Sinú, volver a los pequeños cultivos para generar seguridad alimentaria, volver a la solidaridad y a compartir lo que tengo. Desde afuera dirán, ‘pero diez años para hacer eso…’, pero son diez años de una guerra que desbarata todo, de incertidumbre y desconfianza constantes”, recalca el coordinador del Proyecto Social.

escuela de animadores~

no se queda en el tema bíblico. Es el caso de los comités de reconciliación, que generan un espacio para que las víctimas hagan memoria. En una Eucaristía semanal las comunidades participan recordando a las personas que han muerto por causa de ese conflicto armado y se toma el sentido del Siervo Sufriente, porque viene a alimentar la espiritualidad, una forma de ser, una forma de estar.


Foto: Proyecto


proyecto Paso a paso renace la esperanza de un pueblo La Escuela

de Jóvenes Emaús (2007-2008) y En el camino del Siervo Sufriente (2008-2009) fueron dos proyectos diferentes que el Equipo Synetairos de la Facultad de Teología acompañó, y dieron continuidad a un trabajo de más de una década que se inició en el Alto Sinú y que vinculó a la Pontificia Universidad Javeriana y su Facultad de Teología con las obras de la Compañía de Jesús. El primero buscó la participación de jóvenes en alto riesgo de vulnerabilidad y encontró a 56 de ellos dispuestos a recibir un acompañamiento. El propósito fue que estos muchachos y muchachas encontraran unas nuevas expectativas de vida y no necesariamente las relacionadas con la violencia que vive la región. Por lo menos 45 asistieron permanentemente a todas las actividades desarrolladas, especialmente por el grupo de animadores que venían participando de los proyectos de la Universidad Javeriana. Según los jóvenes, por falta de oportunidades veían el sicariato, el cultivo de plantas para elaborar drogas ilícitas, entre otras actividades por fuera de la ley, como una escapatoria a su realidad. Justamente para tratar de encontrar otro rumbo a estas personas, los animadores buscaron posibles alternativas que ofrecieran un futuro prometedor. Desde Bogotá un grupo de estudiantes y profesores vinculados a la Facultad de Teología daban la guía, y los proyectos sociales San Francisco Javier, la financiación.

Desde el texto “El camino de Emaús” se generó la iniciativa que recorrió los siguientes pasos con los participantes de los talleres: “Acercarse para encontrarnos”, “Escuchar para comprender”, “Preguntar para encontrarnos en lo profundo”, “Dialogar para hacernos uno en la palabra”, “Confrontar-discernir para ver presencias y ausencias, luces y sombras, desesperanza y esperanza”, “Celebrar-compartir como signo del Resucitado en el mundo”, “Testimoniar la vida desde la cotidianidad” y “Sistematizar para no olvidar”. A partir de talleres de autoconocimiento los participantes expresaron sus relatos de vida que permitieron la recuperación de la memoria histórica, motor para que los talleristas reforzaran el autoconocimiento, la autoestima y el liderazgo de estos jóvenes. Las visitas a las familias de los participantes, las jornadas de encuentro y reflexión, y las denominadas “Jornadas de esperanza: encuentros con otros grupos”, permitieron a los integrantes de la Escuela de Animadores hacer el acompañamiento en la búsqueda del rescate de los valores y la construcción de liderazgo en ellos. “El proyecto como tal, apoyado por la Universidad Javeriana, terminó en agosto de 2008, pero la propuesta continúa con nuestro esfuerzo, dedicación y recursos, porque vale la pena. Seguimos con nuestros encuentros quincenales, las jornadas, las visitas familiares, la animación de nuestros jóvenes y la formación de los acompañantes, gracias al

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apoyo que nos dan desde la Facultad a pesar de que el proyecto terminó”, dice Martha Lucía Durango, coordinadora del Proyecto en Tierralta.

Siervo Sufriente El proyecto “En el camino del Siervo Sufriente”, en el que participaron 120 personas, que corresponde a la cuarta fase de la Escuela de Animadores, ha posibilitado la reflexión de la comunidad en torno a la espiritualidad del seguimiento de Jesús. Esto generó tres ejes principales: la recuperación de la memoria oral de las personas y comunidades afectadas por la violencia del conflicto armado, a la luz de los cánticos del Siervo Sufriente del tercer Isaías; la recuperación de la memoria escrita de los procesos violentos que los han afectado; y la construcción de caminos de liberación, justicia y misericordia para las personas del Alto Sinú desde sus relatos de vida.

“Son pocos los cantos, cánticos, himnos, epopeyas que cuentan con la misma fuerza la situación de los derrotados, perdedores, esclavos, prisioneros y asesinados en las grandes batallas. Son himnos y cánticos de silencio. Las historias de los perdedores de este mundo no existen, no importan. Poemas o cantos que se detengan a presentar a los derrotados de este mundo o que cuenten otras lógicas diferentes a las del ejercicio del poder no son tan comunes en el ámbito global, aunque muy conocidas en lo local, en lo regional, en lo popular. Poemas, himnos, cantos, cánticos que brotan de la vida misma de las pequeñas comunidades amedrentadas por el sufrimiento, acorraladas por el dolor, intimidadas por la violencia, acobardadas por el hambre. Poemas que cuentan su historia miserable. Cantos que describen su vida despreciada. Himnos que recogen su esperanza y su lucha. Con una intención parecida aparece en la Biblia una serie de cantos: los cantos del Siervo


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Fotos: Proyecto

de Yahvé o los cantos del Siervo Sufriente. Los cantos del Siervo se abren con una desgarradora realidad: la historia de dolor del pueblo. Una de esas historias que acontecen cada día, y frente a las cuales nos vamos haciendo insensibles por nuestra limitada capacidad de misericordia. Historia que sigue levantando hasta el cielo el grito de un sufriente que demanda justicia, liberación, misericordia”, afirma Óscar Arango. El grupo Synetairos recurrió a dos momentos: uno textual “Los cantos del Siervo Su-

friente”, y otro de aproximación contextual a estos mismos cánticos y a la realidad de las comunidades de Tierralta. “Los habitantes del Alto Sinú se sienten viviendo en una cruz y es la violencia que los tiene crucificados, paralizados, sin proyectos, sin capacidad de reacción, sin tejido social. Entonces, cuando llega el Siervo Sufriente a ser estudiado, ellos descubren desde allí que, en medio del sufrimiento, esa queja y ese dolor pueden volverse propuesta, esperanza y camino”, resalta Óscar Albeiro Arango.


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Participantes del proyecto social

Los

proyectos de presupuesto social San Francisco Javier “Escuela de Emaús, formación y acompañamiento a jóvenes en contextos de conflicto armado, Parroquia San José de Tierralta, Córdoba” y “En el camino del Siervo Sufriente: Escuela de Animadores Comunitarios en contextos de conflicto armado, Parroquia San José de Tierralta (cuarta fase)” son la continuidad de un proyecto que realiza la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana con el grupo Synetairos en el Alto Sinú, con la conformación y seguimiento a la Escuela de Animadores Comunitarios. Los responsables del proyecto son: Oscar Albeiro Arango Alzate Coordinador Equipo de Proyección Social e Investigación Synetairos Facultad de Teología Pontificia Universidad Javeriana oscar.arango@javeriana.edu.co

José Vicente Vergara

Profesor Facultad de Teología Pontificia Universidad Javeriana joviver@javeriana.edu.co

Diego Prieto Ruiz

Estudiante Facultad de Teología Pontificia Universidad Javeriana

Martha Durango

Licenciada en Ciencias Religiosas Fundación Emáus Tierralta Córdoba


espacios para la recuperaci贸n de la memoria

escuela de animadores comunitarios en contextos de conflicto armado. parroquia san pablo ap贸stol, san pablo, sur de bol铆var

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Foto: Proyecto


crónica San Pablo: la tierra del olvido

En la

escuela de una de las veredas del municipio de San Pablo en el sur de Bolívar, el único profesor atiende a cada uno de los salones de kínder a quinto. Obviamente, “salones” es un decir, porque en realidad, en esta zona bordeada por el río Magdalena no existen edificaciones como tal para las escuelas. La mesita de kínder, la mesita de primero, y así sucesivamente se agrupan los estudiantes. Además, los alumnos de todos los grados buscan la atención del mismo profesor, porque no hay más. Así ocurre en todas las veredas de una región donde no hay carreteras, ni agua, ni energía eléctrica, pero sí enormes distancias, algo de coca y mucha violencia, y que abarcan gran parte del territorio nacional; allí los protagonistas son los actores del conflicto: guerrilla, paramilitares y ejército.

cómo debían trabajar para que esa comunidad permaneciera unida.

Los profesores denominados “misioneros” recorren hasta siete horas las trochas del municipio hasta llegar a San Pablo, un pueblo que se inunda cada que el río Magdalena lo desea, y que ha recibido a desplazados de todas sus veredas durante los últimos años. Estos educadores arriban al pueblo para integrar los grupos que conformaron la parroquia de jesuitas y María Ángela Payán de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, y directora del proyecto social.

Para llegar a San Pablo es necesario viajar desde Barrancabermeja por el río Magdalena en chalupa durante dos horas. Por carretera, saliendo del mismo destino, se llega inicialmente a Puerto Wilches y de ahí en chalupa hay unos veinte minutos hasta San Pablo.

El Apóstol San Pablo tenía comunidades pequeñas en diferentes lugares, las animaba, las motivaba, las visitaba, y cuando no podía hacer presencia en ellas, lo solucionaba enviando cartas. De ahí que la Biblia mencione las “Cartas de San Pablo”. En esas misivas el Apóstol le indicaba a sus seguidores cuál era el espíritu que debían mantener y

“Es imposible decir que el miedo está ausente cuando se llega a esta zona, ubicada a dos horas en chalupa por el río Magdalena desde Barrancabermeja. Después de dos retenes del ejército se llega a San Pablo. Al clima húmedo y a la temperatura que ronda los 40 grados centígrados se le sumaba el temor generado por las noticias y comentarios sobre esta zona, pero que muy pronto se fue perdiendo gracias a la calidez de la gente”, dice María Ángela, quien asegura que entendió que allí no se habla, no se pregunta, no se dice nada porque de todas maneras existe el miedo. “Uno nunca sabe con quién está, es un pueblo tan pequeño que cualquiera puede ser novio, tío o amigo de cualquier integrante de estos grupos armados”.

Inspirados en San Pablo Reunidos los grupos de trabajo, uno de profesores misioneros y el otro de catequistas, se iniciaron los talleres con una introducción de lo que es la Biblia, quién la escribió, para qué sirve. El relato del Éxodo y la historia de salvación de San Pablo fueron el punto de partida para realizar la recuperación de la memoria y traer su historia al presente. Este trabajo ha permitido que los talleristas y las colaboradoras de la parroquia capaciten

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a otros grupos en sus barrios para conformar pequeñas comunidades que mantienen vivo el espíritu y la unión en medio del conflicto y de las difíciles relaciones entre ellos. “Casi todos los días ocurren hechos relacionados con la violencia. No puedo decir que grandes masacres, pero sí me ha tocado ver que en una semana de trabajo aparezcan en el pueblo dos o más personas muertas”, resalta María Ángela. Pero, como en casi todo el territorio colombiano, a pesar de estas situaciones violentas sus habitantes encuentran motivos para tener esperanza y para sobreponerse al dolor. El sur de Bolívar no es ajeno a esta característica. En San Pablo la gente es alegre, amable y soñadora. Así lo entendió el párroco de entonces, Joaquín Pachón, S.J., quien con la ayuda de su

familia y unos cuántos conocidos llevó a San Pablo una ludoteca para los más pequeños. Quienes visitan la zona coinciden en afirmar que ésta es la tierra más fecunda que han visto y aseguran que al abrir la puerta de una vivienda sale corriendo una cantidad inesperada de niños. La ludoteca “La alegría de vivir” así lo confirma. A este sitio van en promedio ochenta niños, casi todos de familias desplazadas en unas condiciones muy difíciles. Allí se conformaron dos grupos, uno en la mañana, que termina la jornada con el almuerzo que ofrece la parroquia, y los de la tarde, que la inician con el mismo almuerzo. “Con el proyecto San Francisco Javier logramos incluir dentro del presupuesto un parque infantil luego de ver sus necesidades. Esos niños nunca habían visto algo así. Era muy loco,


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Grupos de apoyo Además de sus encuentros bíblicos, los cuatro grupos se dividieron en dos para atender dos necesidades del pueblo. El primero de ellos hace las brigadas de aseo y mantenimiento para permitir que el único parque infantil esté en servicio, y el otro trabaja en dos barrios muy necesitados y ayuda para que se pueda brindar el almuerzo a los niños. “Algunos de ellos están motivando a la comunidad para hacer más grupitos que por ahora se dedican a leer la Biblia, a comentarla y a sacar de cada lectura un valor. Tratan de trabajar ese valor durante dos semanas mientras tienen un nuevo encuentro y luego evalúan qué se logró. A veces se desaniman pero entonces yo los llamo desde Bogotá y les levanto el espíritu para que no decaigan”, señala la directora del proyecto social. Y es que si hay un problema en esta región se podría decir que es el olvido. Los habitantes del pueblo y las veredas recuerdan que hace unas cuantas décadas dormían en sus casas con las puertas abiertas, que compartían dulces en Semana Santa y no había temor de salir a las procesiones de su patrona, la Virgen del Carmen. Pero luego llegaron los grupos armados, la coca y la economía ficticia que esto conlleva. María Ángela recalca: “ahora con las fumigaciones la economía se ha venido abajo, porque, aunque todavía hay cultivos, no es lo mismo. Pero lo más difícil es que esas fumigaciones sí afectan a los otros cultivos, incluso los de pan coger, y además producen a los niños afecciones respiratorias y de la piel. No es mentira, no es retórica, es real. Ahora existen estos problemas adicionales”. Además de las muertes selectivas y la constante amenaza de todos los grupos armados,

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estas dificultades se presentan en medio de una mínima presencia del Estado. “En las veredas obviamente no hay agua, no hay luz, ni centro de salud. No hay nada, es el mundo de la nada”, dice la investigadora. Los niños le temen tanto al río que año tras año los inunda, como a la violencia de la región. Los grandes les temen tanto a los grupos armados que los matan, algunas veces por equivocación, según ellos, como al río que anega sus casas todos los años. “En San Pablo tienen mucha esperanza, eso es lo que los mantiene y a uno lo asombra. Sueñan con su pueblo en paz, con posibilidades de trabajar, esperan que la violencia se acabe. Ya no viven tan sumidos en el miedo, son capaces de enfrentarse. A mí me tocó una manifestación fuerte por el asesinato de un señor y un muchacho en el pueblo. A pesar de la impotencia tienen lo más importante: la fe”, concluye María Ángela.

e s pac i o s pa r a l a r e c u p e r ac i ó n d e l a m e m o r i a . e s c u e l a d e a n i m a d o r e s c o m u n i ta r i o s e n c o n t e x t o s d e c o n f l i c t o a r m a d o . pa r r o q u i a s a n pa b l o a p ó s t o l , s a n pa b l o , s u r d e b o l í va r

lo veían y no sabían para qué servía”, recuerda María Ángela.


Foto: Proyecto


proyecto Cartas a San Pablo en el sur de Bolívar

La primera

impresión que tuve al llegar a San Pablo en el año 2005 fue la de estar en un lugar que bien se podría llamar “la tierra del olvido”. Recorrí dos horas en chalupa por el río Magdalena, un paisaje exótico, el río enorme, con mucha corriente y fuerza. Me preguntaba cómo podía ir tanta gente en la chalupa y llevar tanta carga. También me preguntaba si esto era peligroso o normal, no me atreví a hacer ningún comentario para no parecer tan de ciudad. Hicimos la primera parada en Puerto Wilches, lugar que sí había oído nombrar. Después paramos en Cantagallo y sentí que tenía frente a mí una masacre muy reciente. Sentí miedo pero ya no había marcha atrás. Llegué a San Pablo con algo de miedo. El clima era húmedo –la temperatura podía estar en los cuarenta grados–; me sentía perdida y un poco arrepentida de haber ido. Muy pronto la gente fue quitando de mí tantos fantasmas que había llevado, creados a partir de las noticias y de comentarios sobre esta zona.

De esta manera inicia el relato del informe de María Ángela Payán quien llevó a cabo el proyecto social en San Pablo. Con éste se buscaba, además de recuperar las memorias de los habitantes de esta zona del sur de Bolívar, generar nuevas relaciones no violentas, apoyar el liderazgo comunitario y consolidar la Escuela de Animadores Comunitarios en esta parte del Magdalena Medio, con base en la lectura teológica y la crítica de la Biblia. Desde julio de 2008 la Facultad de Teología continuó con el proceso de acompañamiento pastoral de la comunidad jesuítica en la parroquia de San Pablo Apóstol, con el desarrollo de actividades en el pueblo, en las cuales tomaron parte cincuenta agentes de pastoral

y profesores misioneros. Además participaron ochenta niños, en su mayoría desplazados, y cincuenta jóvenes. El trabajo inició con una serie de talleres sobre las cartas de San Pablo, en los que se profundizó sobre el tema de las pequeñas comunidades que permiten iniciar un proceso de comunidades base, que en adelante tendrán la misión de ser multiplicadoras. Con pincel en mano los niños plasmaron sus sentimientos en el papel. “Sus memorias evidencian los temores más grandes. Al río lo aman y le temen por sus inundaciones. En otras tantas pinturas aparecen armas, personas con la cara tapada y a veces escriben cosas como: ‘no queremos más muertes’. Pero también aparece la otra parte: sueñan con una casa rodeada de flores, animales y con el río, pero siempre bajito, y muchos colores”, relata María Ángela. Estos talleres además les permitieron hacer dos programas de media hora cada uno, que fueron emitidos por la emisora Tabacurú Estéreo, dirigidos especialmente a las personas que viven en las veredas más alejadas que no pueden ser visitadas con frecuencia. En ellos se habla sobre la construcción de pequeñas comunidades solidarias que colaboran en la solución pacífica de los problemas que los afectan. En los siguientes talleres los asistentes asumieron compromisos para supervisar el buen funcionamiento de la ludoteca en cuanto a su mantenimiento, la alimentación de los niños, el buen desempeño de los practicantes de la Universidad Javeriana y la consecución de recursos para su funcionamiento.

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ellas hablaban de cómo todas las mañanas se levantaban a ver el personaje que ellas sabían que les había matado a su hijo y sólo le pedían a Dios por esa persona. Esta gente no sabe del perdón, lo vive. Lo mismo ocurre con la esperanza. Yo me preguntaba qué proyecto de vida podría tener este adolescente, esta niña, que termina el colegio, y cuáles podrían ser sus sueños. Pero los tienen y luchan por ellos”, señala la investigadora. Foto: Proyecto

En las veredas Pozo Azul y Santo Domingo trabajaron con cerca de sesenta jóvenes el taller de “No violencia”, que buscó que los participantes llevaran este mensaje y compromiso a los niños de sus veredas. “Uno va a enseñarles algo del perdón y a escuchar el testimonio. En un taller con veinte mujeres, de ellas a dieciséis les habían matado mínimo un hijo. Yo hablaba del perdón y

El proyecto social San Francisco Javier concluyó en 2009, pero María Ángela, al mejor estilo de San Pablo Apóstol, continúa comunicándose con ellos a través de cartas. Con ellas los anima y no los deja decaer, mientras esa comunidad que piensa en un futuro sin violencia y con mucha esperanza, continúa su lucha contra todos los factores que no los dejan progresar especialmente la guerra y la apatía de algunos de sus vecinos.


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Foto: Proyecto

e s pac i o s pa r a l a r e c u p e r ac i 贸 n d e l a m e m o r i a . e s c u e l a d e a n i m a d o r e s c o m u n i ta r i o s e n c o n t e x t o s d e c o n f l i c t o a r m a d o . pa r r o q u i a s a n pa b l o a p 贸 s t o l , s a n pa b l o , s u r d e b o l 铆 va r

Foto: Proyecto


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Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Espacios para la recuperación de la memoria: Escuela de Animadores Comunitarios en contextos de conflicto armado, Parroquia San Pablo Apóstol, San Pablo, sur de Bolívar” se origina desde la Facultad de Teología como parte del proceso que esta misma Facultad desarrolla en otros departamentos del país. En este proyecto se trabajó en la reconstrucción de caminos para recuperar la libertad, la justicia y el perdón en las poblaciones de San Pablo, Puerto Wilches, Cantagallo y Sabana de Torres, ubicados en el Magdalena Medio. Los responsables del proyecto son: María Ángela Payán

Facultad de Teología Pontificia Universidad Javeriana maria.payan@javeriana.edu.co

Grupo de apoyo P. Edwin Murillo, S.J. Párroco San Pablo

Julio César Ariza

Facultad de Teología Pontificia Universidad Javeriana

P. José Roberto Arango, S.J. Facultad de Teología Pontificia Universidad Javeriana

Liliana Alayón

Facultad de Psicología Pontificia Universidad Javeriana

Jorge Cárdenas

Estudiante Facultad de Teología Pontificia Universidad Javeriana


coro infantil y juvenil fundaci贸n de la santa cruz etapa ii

Foto: Carlos Prieto

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Foto: Carlos Prieto


crónica El coro De Martiis, una realidad en los escenarios de Bogotá

La tarde

era bastante fría en Bogotá. Llovía y el termómetro no superaba los diez grados centígrados, unos diez grados menos de los que acostumbran a percibir los niños de la Fundación de la Santa Cruz en su lugar de residencia en el municipio de San Francisco, Cundinamarca. Pero el clima capitalino fue lo que menos les importó a los dieciséis niños que se bajaron de dos colectivos después de tres horas de viaje. Sus rostros dibujaban una sonrisa extrema y sus cuerpos una alegría que no se puede describir.

Algunos de ellos, los más grandes, cargaban en sus brazos unas cuantas túnicas blancas con ribetes rojos. Todas se veían impecables, y cada una estaba guardada en una bolsa transparente. Así también estaban los niños, y no era para menos. Esa noche tendrían una presentación ante un público exigente en el auditorio Pablo VI de la Pontificia Universidad Javeriana. Delante de ellos, dando las indicaciones de qué hacer, para dónde dirigirse y mantener el orden, estaban el maestro Alejandro Zuleta y Bárbara de Martiis, quienes hicieron de estos niños tímidos, golpeados por la vida y el destino, unos cantantes de voces angelicales que conforman un coro que se roba la respiración de quienes los escuchan. Los días anteriores todos los niños de la Fundación sabían que un grupo selecto de ellos iba a viajar a Bogotá a presentarse. Un premio mayor para el esfuerzo de los días martes en la tarde, cuando Bárbara y Alejo, como

lo llaman los niños, llegan a San Francisco con sus guitarras, acordes, talleres y alegría. “Yo dormí bien, me acosté muy temprano y de una me quedé dormida, pero toda la noche me soñé con Barbarita cantando”, dijo Stefy, la más pequeña del coro, minutos antes de iniciar el concierto.

Experiencia Para presentar un coro con calidad hay que trabajar muy duro y especialmente cuando se trata de niños que no han tenido ningún vínculo con la música. Los de la Fundación de la Santa Cruz son niños en situación de vulnerabilidad que han llegado allí por alguna situación absurda de ésas que se dan en Colombia. Hay niños abandonados, desplazados por la violencia, víctimas del maltrato dentro de sus familias y otras situaciones que hacen pensar que hay un futuro incierto para ellos. Gracias a ciudadanos como Paolo de Martiis que creen en que sí hay posibilidades y sólo falta decisión de las personas para hacer algo por los que están en estado de vulnerabilidad, la vida de estos infantes toma un nuevo rumbo. “Esto es inspirado en Dios. Dan ganas de llorar al ver niños que entran a la Fundación ensimismados, tristes, no sonrientes, escasos de palabras y después uno los ve que se pueden expresar, que les brillan los ojos, que pueden sonreír, en la música y en su vida. Es magnífico porque los niños empiezan a florecer, se abre el botón y sale la flor”, relata el inspirador de la Fundación.

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cen. Eso se ha ido retroalimentando: la calidad vocal, musical y la autoestima, además del orgullo y la alegría de hacer lo que hacen”, dice visiblemente emocionada Bárbara de Martiis. Los juegos que permanecen en uno de los patios de la Fundación se convierten en los primeros aliados de los niños recién llegados. Columpios, resbaladeros, pasamanos y una “chiva” son sus primeros “amigos” en San Francisco. Pero cuando se acercan a las guitarras, las flautas, los xilófonos y la música, empiezan a encontrarle un nuevo sentido a la vida. Todos, sin excepción, se esfuerzan por lograr una calidad vocal que les evite desentonar. Sueñan con la posibilidad de salir en un bus o colectivo con rumbo desconocido. Les encanta pensar que algún día y como premio a su esfuerzo van a tener la oportunidad de vestirse con la túnica que identifica al Coro de Marttis.

El escenario

Fotos: Carlos Prieto

La mayoría de los niños que permanecen en la Santa Cruz pertenecen al coro. En las mañanas van al colegio de ese municipio cundinamarqués y en las tardes hacen las labores de la Fundación. Se responsabilizan del aseo, del mantenimiento de los jardines y por supuesto de la música. “Con el coro los niños son otros, se han soltado, se comunican permanentemente y ya no hay esos nervios que casi los asfixiaban en un comienzo. Ahora sonríen, viven, aplauden, se la gozan y están muy seguros de lo que ha-

Previo al concierto el escenario del Pablo VI estaba abarrotado de niños y niñas. Era difícil diferenciar quiénes eran de la Fundación y quiénes del Coro Juvenil de la Pontificia Universidad Javeriana. Esa noche antes de las siete ensayaban para lo que sería su presentación. “Esto es un plan de Alejandro de presentarnos acá, como de hacer presente un programa que la Javeriana ha apoyado. Siempre estamos buscando escenario para los niños, que sea importante y significativo para ellos, que sean conciertos en los que entreguen todo a cambio de nada, nada distinto al placer de hacer música y cantarle al público”, expresa Bárbara a pocos minutos de que sus pupilos inicien su presentación.


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Las voces suaves y angelicales que se escuchaban durante el ensayo hicieron su efecto entre las personas que deambulaban cerca del auditorio y en quienes esperaban entrar. Tanto, que durante la preparación algunos de los asistentes ya ocupaban una silla. Los niños de la Javeriana permanecieron en el segundo piso, mientras los de la Fundación buscaban su túnica que les fue entregada frente a los asistentes que esperaban el inicio del concierto. “En el viaje casi me mareo, me dolió el estómago y comí limón pero ya me pasó. Ahora pienso que voy a extrañar a mi hermana porque se quedó en la Fundación de la Santa Cruz, pero mañana le voy a contar todo lo que pasó aquí”, dijo Stefy ad portas de salir al escenario. Se llegó la hora y la ansiedad no se hizo esperar. Las risas invadidas de vértigo y los abrazos entre ellos fueron interrumpidos por la voz de Bárbara, que esperaba el anuncio de Alejandro en la Tarima. Una explosión de aplausos indicó la hora de salir. “Manos caídas niños”, les dice Bárbara, y de inmediato sus brazos se escondieron por entre las túnicas. José Fernando ya lo había dicho antes del concierto: “A mí sí me dan nervios pero yo escondo las manos entre la túnica y hago así [golpetea sus piernas]”. Los aplausos acompañaron el paso de los pequeños hasta la tarima donde se ubicaron estratégicamente. Un piano, una guitarra, una flauta traversa, y una canción colombiana dieron el inicio a al concierto. Algunos instrumentos reposaron debajo del piano hasta que fuera el momento de que los niños los utilizaran para acompañar sus canciones, unas en hebreo y las demás en español. “Le cantamos a la paz, no importa el idioma”, dijo Alejandro Zuleta cuando anunciaba una de las canciones que más aplaudieron los asistentes.

Fotos: Carlos Prieto

Una sorpresa más Después de unas cuantas canciones el coro de la Universidad subió al escenario a acompañar a los niños. La calidad vocal no varió, los niños de la Santa Cruz estaban a la altura de un coro casi profesional. Minutos después Alejandro anunció una sorpresa. De un balcón salieron los acordes de


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146 un acordeón, la raspa y una caja vallenata, y no sólo el público se emocionó, los niños saltaron y Alejandro, quien hasta el momento había dirigido con sus brazos y su cuerpo, se dejó llevar por el vallenato. En un momento de la canción, Stefy sacó a bailar al maestro Zuleta y éste le respondió. El jolgorio pasó del escenario al público que con palmas y “hombes” acompañó a los 21 niños del coro de la Fundación y los demás del coro javeriano. “El concierto estuvo muy bien, me puse a bailar con Alejo, él me cargó y yo gritaba ‘¡viva Colombia!’. La gente estaba contenta porque nosotros cantamos muy chévere”, atinó a de-

cir Stefy cuando se bajó del escenario al lado de sus compañeros. Unos minutos después los pequeños guardaron de nuevo las túnicas y acompañados de la noche bogotana abordaron los microbuses que los llevarían de nuevo a San Francisco. “Quisiera que esta noche no terminara nunca”, gritó otra de las niñas que encontró en la Fundación y en el coro un aliciente para su vida. Estas alegrías no pararían allí. La Catedral Primada de Bogotá fue el siguiente escenario de estos niños que piden a gritos, o mejor con voces melodiosas, una nueva oportunidad para mejorar sus existencias.

Participantes del proyecto social

El

proyecto de presupuesto social San Francisco Javier “Coro Infantil y Juvenil Fundación de la Santa Cruz. Etapa II” se origina desde la Facultad de Psicología en un trabajo participativo con profesores y padres de familia de estas dos instituciones. Los responsables del proyecto son: Alejandro Zuleta Jaramillo

Especialista en Dirección de Coros Infantiles Facultad de Artes Pontificia Universidad Javeriana azuleta@javeriana.edu.co

Bárbara de Martiis

Maestra en Música Directora Coral Fundación de la Santa Cruz fundasantacruz@hotmail.com www.fundasantacruz.org


Reservados todos los derechos © Pontificia Universidad Javeriana Primera edición: Bogotá, D. C., noviembre de 2009 Número de ejemplares: 500 Impreso y hecho en Colombia Printed and made in Colombia Editorial Pontificia Universidad Javeriana Transversal 4ª Núm. 42-00, primer piso Edificio José Rafael Arboleda S.J. Teléfono: 3208320 ext. 4752 www.javeriana.edu.co/editorial editorialpuj@javeriana.edu.co Bogotá, D. C. Editor: Ana María Cabanzo Rectoría Pontificia Universidad Javeriana Redacción de textos: Mauricio Antonio Ocampo Flórez Corrección de estilo: Bibiana Castro Diseño y diagramación: Isabel Sandoval Diseño de cubierta: Julián Roa Montaje de cubierta: Isabel Sandoval Fotografías: Carlos Prieto Impresión: Javegraf Prohibida la reproducción total o parcial de este material, sin previa autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana


se termin贸 de imprimir en JAVEGRAF durante el mes de noviembre del a帽o 2009