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el bardo de la memoria mitos, leyendas y narraciones de Teruel Francisco Lázaro Polo ilustraciones rppolo

Ababuj a Aguilar de Alfambra a Aguaviva a Alacón a Albarracín a Albentosa a Alcalá de la Selva a Alcañiz a Alcorisa Alfambra a Andorra a Báguena a Beceite a Bezas a Blesa a Bordón a Bronchales a Bueña a Burbáguena a Cabra de Mora Calaceite a Calamocha a Calanda a Calomarde a Caminreal a Cantavieja a Castellote a Castelnou a Caudé a Celadas a Cella Corbalán a Cortes de Aragón a Cretas a Cuevas de Cañart a Cuevas Labradas a Cutanda a Estercuel a Frías de Albarracín Gea de Albarracín a Griegos a Guadalaviar a Híjar a Huesa del Común a Jabaloyas a La Fresneda a Fonfría a La Iglesuela del Cid La Mata de los Olmos a Manazanera a Mirambel a Monreal del Campo a Montalbán a Mosqueruela a Mora de Rubielos Muniesa a Noguera de Albarracín a Obón a Ojos Negros a Oliete a Orihuela del Tremedal a Peñarroya de Tastavins a Ródenas Rubielos de Mora a Samper de Calanda a Segura de Baños a Teruel a Torrecilla de Alcañiz a Tramacastilla a Tronchón Valdealgorfa a Valderrobres a Villalba Baja a Villar del Cobo a Villarluengo a Villarquemado a Villarroya de los Pinares a Villel

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el bardo de la memoria mitos, leyendas y narraciones de Teruel


© Textos Francisco Lázaro Polo © Ilustraciones rppolo (Ricardo Pedro Polo Cutando 2014) Diseño y maquetación Equipo gráfico de Prames © Edita PRAMES Camino de los molinos, 32, 50015 Zaragoza Tel.: 976 106 170 Fax: 976 106 171 www.prames.com publicaciones@prames.com ISBN 978-84-8321-424-4 Depósito legal Z-1509-2014 Imprime ?


Prólogo

Catorce años después de aquel libro titulado El bardo de la memoria. Historias y leyendas turolenses, Francisco Lázaro nos deleitó con un título parecido que vio la luz en 2006 y que no pretendió ser otra cosa que la continuación de aquel otro, publicado en 1992, eso sí bastante ampliado. Ambos, cada uno en su momento, entretuvieron, y aún siguen entreteniendo, a mayores y niños; unas obras que se leyeron en las escuelas, que se convirtieron en fuente de unidades didácticas y que se utilizaron para crear guiones teatrales. Obras, en definitiva, que ayudaron a entender las particularidades de las tierras turolenses, sus señas de identidad, y que estimularon la fantasía de todos aquellos que se prestaron a leerlas. Agotadas ambas ediciones, aparece otra, esta que tenemos entre las manos y ante nuestros ojos, El bardo de la memoria. Mitos, leyendas y narraciones de Teruel, obra que aspira a igual fortuna y cometido que las anteriores. Las mismas leyendas e historias de entonces encuentran cobijo hoy en este nuevo libro, si bien con algunas modificaciones y pequeñas subsanaciones de erratas; pero con el mismo espíritu y las mismas pretensiones. Historias, fantasías y diversiones, hoy como entonces, aunque nosotros, los de entonces, no seamos los mismos, se entreveran en las páginas que siguen, tratando de hacer pasar a todos aquellos lectores y lectoras unos buenos ratos, al tiempo que intentan concienciarlos de la existencia de un genio o esencia turolenses, que no van contra nadie, ni buscan enemigos, sino todo lo contrario, que integran y armonizan por estar basados en el encuentro y mestizaje de los distintos pueblos a los que el paisaje turolense les ha servido, en algún momento de la historia, de morada. Estamos seguros de que la lectura del libro ha de resultarnos provechosa. A entender sus contenidos, elaborados con tramas y asuntos elementales, ayuda un estilo claro y sencillo, apto para todo tipo de público, el estilo de aquellos bardos, poetas de las tribus celtas, mezcladas con los iberos, asentadas, en la noche de los tiempos, en nuestro territorio, que transmitían las proezas de sus héroes, unas gestas que pasaban de generación en generación. Porque de lo que se trata es de que todo el mundo entienda lo que dice el libro, no en vano lo que aquí se cuenta pertenece al pueblo por ser patrimonio de todos los que viven y quieren a esta tierra. Lugares, pueblos, villas y ciudades turolenses forman parte de esta obra, lo mismo que sus gentes, casi siempre del pasado, aunque proyectados y reencarnados en el presente y en el futuro. Paisaje y paisanaje de una tierra dura, que no renuncia al sueño ni a la esperanza. Vicente Guillén Izquierdo Un amigo


Índice Prólogo.............................................................................................................................................. 7 La dehesa de la discordia.............................................................. Ababuj..........................................15 Los chotos..................................................................................... Aguilar de Alfambra..........................16 Los corporales de Aguaviva.......................................................... Aguaviva.......................................17 La venganza de Abdelmelic.......................................................... Alacón..........................................18 Don Pedro: señor de Albarracín y vasallo de Santa María........ Albarracín......................................20 Historia apócrifa de Don Pedro Ruiz de Azagra....................... Albarracín......................................22 La cruz del campo de San Juan................................................... Albarracín......................................23 Los amores de Don Pedro y Doña Alba..................................... Albarracín......................................24 La torre de Doña Blanca.............................................................. Albarracín......................................26 La Casa de la Brigadiera............................................................... Albarracín......................................28 El cofrade de la Virgen de los Ángeles........................................ Albentosa.......................................30 La piedra del sapo......................................................................... Alcalá de la Selva.............................31 La fundación de Alcañiz............................................................... Alcañiz.........................................32 La reconquista de Alcañiz............................................................ Alcañiz.........................................34 Benita cogió su fusil..................................................................... Alcañiz.........................................36 Los ballesteros de Alcorisa............................................................ Alcorisa.........................................38 El roble de la cuestecica de San Juan.......................................... Alcorisa.........................................40 El Niño Jesús................................................................................. Alcorisa.........................................41 La condesa traidora....................................................................... Alfambra........................................42 La fundación de Andorra............................................................. Andorra.........................................44 El martirio de Miguel Bernabé................................................... Báguena........................................46 El cuervo blanco........................................................................... Beceite...........................................48 La iglesia de los santos de oro...................................................... Bezas...........................................50 La cruz de Hituelo....................................................................... Blesa............................................51 Nuestra Señora de la Araña.......................................................... Bordón..........................................53 El fraile y la monja........................................................................ Bronchales......................................54 El dragón goloso........................................................................... Bronchales......................................56 La resistencia de Bueña................................................................ Bueña...........................................58 El milagro de Santa Ana............................................................... Burbáguena....................................59 La Escala Santa.............................................................................. Cabra de Mora................................61 La cruz de la plaza Nueva............................................................ Calaceite........................................62 El final de Pedro de Ahones........................................................ Calamocha.....................................64


Índice La amazona desnuda..................................................................... Calamocha.....................................65 El convento enterrado.................................................................. Calanda........................................67 La pota del Cid............................................................................. Calanda........................................68 Los esforzados mozárabes............................................................. Calanda........................................69 El milagro de Miguel Pellicer...................................................... Calanda........................................70 La cueva del moro........................................................................ Calomarde......................................72 El corazón que habló................................................................... Caminreal......................................73 La cueva de las brujas................................................................... Cantavieja......................................75 El tesoro de Cañarda.................................................................... Castellote.......................................76 La profecía de San Valero.............................................................. Castelnou.......................................77 El dragón volador......................................................................... Caudé...........................................78 Cuando el amor se torna perro................................................... Celadas.........................................80 El acueducto del amor................................................................. Cella............................................82 El valiente y la fiera...................................................................... Corbalán........................................84 La conversión del moro............................................................... Cortés de Aragón..............................86 El día de Santa Pelagia................................................................. Cretas...........................................88 El tesoro de la reina mora............................................................ Cuevas de Cañart.............................89 La culebra de la cueva de los Lagartos........................................ Cuevas Labradas..............................90 La Cañada de Celada.................................................................... Cutanda........................................92 El encierro de Doña Urraca........................................................ El Castellar....................................93 El monasterio de Nuestra Señora del Olivar............................. Estercuel........................................94 Laurencia, la bandolera................................................................. Estercuel........................................95 Una fuente que decía mentiras.................................................... Frías de Albarracín............................98 Las huellas que dejó el diablo...................................................... Frías de Albarracín..........................100 Las sopas de ajo............................................................................. Gea de Albarracín...........................102 La enamorada del Cid.................................................................. Griegos........................................103 El toro de oro................................................................................ Geriegos......................................104 La cueva de la mora...................................................................... Guadalaviar..................................105 El paradero de Mirabayo.............................................................. Híjar..........................................106 La historia de Margarita............................................................... Híjar..........................................107 El sueño del dinero....................................................................... Huesa del Común..........................108 La mujer que no distutía con su marido.................................... Huesa del Común..........................109 El marido hambriento y la mujer glotona................................. Huesa del Común..........................112


Índice La buena hija................................................................................. Huesa del Común..........................114 Camino del Pilar........................................................................... Huesa del Común..........................118 Los aquelarres del Javalón............................................................ Jabaloyas......................................120 El vigilante del castillo................................................................. La Fresneda..................................121 La virgen de la Silla...................................................................... Fonfría........................................122 La huella de caballo de Santiago................................................. La Iglesuela del Cid........................123 El gesto de Morinchón................................................................ La Iglesuela del Cid........................124 La pila bautismal........................................................................... La Mata de los Olmos.....................125 El santo rostro............................................................................... Manzanera...................................126 El cura endemoniado................................................................... Mirambel.....................................127 El amor en tiempos de guerra..................................................... Mirambel.....................................129 Las urracas asesinas........................................................................ Monreal del Campo........................131 La doncella de Villacadima........................................................... Monreal del Campo........................132 Las ninfas de los Ojos del Jiloca.................................................. Monreal del Campo........................133 El romance de las dos doncellas.................................................. Monreal del Campo........................134 El tesoro de Alí Mohal................................................................. Monreal del Campo........................136 El tesoro de Mustafá..................................................................... Monreal del Campo........................137 Una fuente con nombre de pantera............................................ Monreal del Campo........................138 Los amantes de Montalbán.......................................................... Montalbán....................................139 La loca fingida............................................................................... Montalbán....................................141 El castillo de Mallo....................................................................... Mosqueruela.................................142 El cerco de una villa..................................................................... Mora de Rubielos...........................143 El pilón de la pastora.................................................................... Mora de Rubielos...........................144 El tesoro de la Hoya Quemada................................................... Mora de Rubielos...........................145 El muro del moro......................................................................... Muniesa......................................146 El tío Gordo.................................................................................. Noguera de Albarracín......................147 El pilarón de Carnerón................................................................ Obón..........................................149 El cristo de la banda..................................................................... Ojos Negros..................................151 La virgen del cantal...................................................................... Oliete.........................................152 El pastor y la virgen...................................................................... Orihuela del Tremedal......................153 La vida sombría de un saludador................................................. Orihuela del Tremedal......................155 El tributo de las siete doncellas................................................... Peñarroya de Tastavins.....................158 La bruja Catalina........................................................................... Peñarroya de Tastavins.....................159


Índice

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La moricantada............................................................................. Ródenas......................................160 Alonso y Fátima............................................................................ Rubielos de Mora...........................162 La disputa de la ermita de Santa Quiteria.................................. Samper........................................164 El prado de Sancha....................................................................... Segura de Baños.............................165 La fundación de Teruel................................................................. Teruel.........................................167 El tributo de Leonor.................................................................... Teruel.........................................168 Los amantes................................................................................... Teruel.........................................170 Omar y Abdalá.............................................................................. Teruel.........................................171 El puente de Doña Elvira............................................................ Teruel.........................................173 El peirón de los Enamorados....................................................... Teruel.........................................174 El Cristo del Salvador.................................................................. Teruel.........................................176 Los Santos Mártires...................................................................... Teruel.........................................177 El Olmo de San Lázaro................................................................ Teruel.........................................179 El portal de la Traición................................................................. Teruel.........................................180 El andador infame........................................................................ Teruel.........................................181 El fuego de la intolerancia........................................................... Teruel.........................................183 Una profecía apocalíptica............................................................. Teruel.........................................184 La virgen de los Dolores.............................................................. Teruel.........................................185 San Blas.......................................................................................... Torrecilla de Alcañiz........................186 El salto de Pero Gil....................................................................... Tramacastilla.................................187 El huerto de las Almas.................................................................. Tramacastilla.................................188 El queso de Tronchón.................................................................. Tronchón......................................189 La sierpe y Santa Clara................................................................. Valdealgorfa..................................191 La mano peluda............................................................................ Valderrobres..................................192 La campana de Casares................................................................. Villalba Baja.................................194 La casa de Búcar........................................................................... Villar del Cobo..............................195 Las monjas de Monte Santo........................................................ Villarluengo..................................197 Villahermosa de las Tres Torres.................................................... Villarquemado...............................198 Amores de Jaime I........................................................................ Villarroya de los Pinares...................199 La reconquista del castillo............................................................ Villel..........................................200 Manos blancas no ofenden........................................................... Villel..........................................201 Bibliografía.....................................................................................................................................204


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La dehesa de la discordia Ababuj

Cerca de los parajes del río Seco y del Alfambra, en la sierra del Pobo, se encuentra el pueblecito de Ababuj. Sus habitantes siempre se mostraron orgullosos de la hermosa y rica dehesa que se extiende a lo largo y a lo ancho del lugar en el que respiran. Pero también son conscientes de los trabajos y sudores que costaron conseguir los ricos pastos. esulta curioso el modo en que los de Ababuj adquirieron la propiedad de la dehesa, un dominio que también pretendían sus vecinos, los habitantes de una localidad cercana: Aguilar de Alfambra.Y es que la propiedad del objeto en cuestión se dirimió por medio de un duelo en el que no hubo ni armas de fuego ni instrumentos cortantes, como espadas o cuchillos. El combate consistió, simplemente, en devorar una gigantesca comida. Dos fueron las contrincantes llamadas a tamaño desafío. Por una parte, una mujer de Ababuj, de nombre Teresa, robusta y airosa, que tenía la siguiente consigna para vencer a su oponente: «Aunque reviente Teresa, de Ababuj ha de ser la dehesa...». La adversaria era otra mujer, en esta caso de Aguilar de Alfambra, no menos osada y aguerrida que la anterior, que tenía por nombre Marta. Su consigna también era lapidaria y categórica: «Marta, muera Marta, pero muerta de harta». A lo largo de varias horas, las dos mujeres devoraron muchos kilos de carnes de diversos animales, decenas de huevos y abundante repostería. Jueces imparciales, venidos de localidades cercanas, concretamente de Camarillas y Jorcas, tras intercambiar pareceres, dieron como vencedora de tan singular duelo a Teresa, la atrevida dama de Ababuj, reconociendo, sin embargo, a Marta, la de Aguilar, como una digna y temible rival.

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Este hecho es el motivo de que, en la actualidad, la extensa y rica dehesa, situada entre los dos pueblos, pertenezca a Ababuj y no a Aguilar de Alfambra. Y esa es la razón de que, en Ababuj, aún hoy pazca el ganado en terrenos comunales, en régimen de dulas, lo que hace que un ganadero cuide cada día el ganado del resto de los ganaderos. De ese modo, todos los ganaderos se van alternando en la faena, haciéndola un poco más llevadera.

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Los chotos Aguilar de Alfambra

Muchos fueron los combates que el monarca Alfonso II debió librar contra los musulmanes en el vasto altiplano turolense para lograr apoderarse de la población de Aguilar de Alfambra. Los musulmanes se hicieron fuertes en el castillo del lugar citado, una fortaleza conocida, hoy día, con el nombre de la Virgen de la Peña. Allí se concentraron todos los seguidores de Alá que habitaban aquellas tierras y plantaron cara a los cristianos. El citado enclave era fundamental para que estos últimos pudiesen continuar su labor reconquistadora. Pero los jefes de los ejércitos cristianos, al ver que eran incapaces de vencer a los musulmanes, enfrentándose a ellos cara a cara, pertrechados únicamente con sus armas, concibieron un plan en el que más que la fuerza influyeran la habilidad y el ingenio. La estratagema diseñada por los cristianos no era complicada. Se trataba de reunir, cauta y sigilosamente, un enorme rebaño de cabras traídas de las diferentes aldeas de la comarca. Para lo cual no les quedó a los cristianos otro remedio que atarles los hocicos a los mencionados animales. Seguidamente, las cabras fueron estabuladas en una espaciosa paridera, propiedad de un hacendado infanzón de Aguilar de Alfambra. A partir de ese momento, lo más urgente era esperar, esperar a que llegase la oscuridad de la noche, proporcionada por la ausencia del resplandor de la luna. Sin duda, la oscuridad sería la mejor aliada de los cristianos. Hubo suerte. La noche llegó acompañada de la ansiada oscuridad, anegada de una negrura que lo envolvía todo. La circunstancia fue aprovechada de inmediato por unos cuantos soldados del ejército cristiano para colocar, amarradas, teas encendidas en los cuernos de cada uno de los miembros que formaba la manada de cabras, así como para lanzar, por sorpresa, a todos los animales contra el castillo que protegía a los musulmanes, la mayoría de los cuales dormía en los abrigos y cobijos de la inexpugnable fortaleza. Creyendo que la tierra se abría debajo de sus pies, los seguidores de Mahoma se despertaron aterrados, para salir del castillo, huyendo despavoridos, sin orden ni concierto. Muchos fueron los que murieron a manos de las tropas cristianas; otros corrieron mejor suerte, ya que no murieron, aunque cayeron prisioneros.

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Todavía hoy, ocho siglos después de aquella ingeniosa estratagema, urdida por los cristianos, y en recuerdo de la conquista del castillo, a los habitantes de Aguilar de Alfambra se les conoce en toda la contornada con el apelativo de «chotos».Y todo por haber sido estos los animales que contribuyeron a la victoria de los cristianos contra las tropas musulmanas.

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Los corporales de Aguaviva Aguaviva

Muchos son los corporales que han alcanzado fama en el mundo de la cristiandad, sin duda los más famosos son los de Daroca, aunque en la provincia de Teruel también gozan de renombre los de la iglesia de santa María Magdalena de Andorra, que sobrevivieron al incendio del templo en el que estaban custodiados, y los de la localidad de Aguaviva, de los que hablaremos a continuación. Un 23 de junio de 1475, un día como cualquier otro, el párroco de Aguaviva, durante la misa, consagró, como era costumbre, una hostia. Pretendía con ello conservarla en un pequeño cofre de plata, junto con otras tres formas, para la procesión solemne que iba a tener lugar al día siguiente. Nada destacado ocurrió en el resto de aquella jornada. Pero, una vez llegada la noche, sin ninguna explicación, la iglesia parroquial se convirtió en una inmensa hoguera. El templo ardió por todas partes, de tal manera que sólo quedaron en pie cuatro paredes. La desilusión prendió de inmediato en todas las gentes del pueblo. Al día siguiente, cuando todavía humeaban los rescoldos del incendio, apareció el párroco en medio de las cenizas y comenzó a hurgar en ellas. ¿Qué buscaba el venerable varón? Pronto lo supieron los que observaban, atónitos, el comportamiento del atrevido sacerdote. De entre las cenizas extrajo una cruz de plata, algo que le llevó a deducir que si las llamas habían respetado la cruz, seguro que también habrían protegido al que murió en ella. De ahí que el clérigo buscase durante cuatro días, pero sin suerte, ya que no encontró nada. El quinto día, el párroco de Aguaviva recibió la visita del vicario de La Ginebrosa, un pueblo cercano, que vino a consolarle de la tragedia que había vivido el pueblo. El cura encargó a un muchacho impedir a cualquier persona que penetrase en las cenizas de la iglesia, advertencia baldía, puesto que, mientras este atendía al vicario, tres varones mayores y con porte venerable se adentraron entre las ruinas de la iglesia, haciendo caso omiso a las advertencias del muchacho, al que el párroco había encomendado la custodia de los despojos del incendio.

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Corrió el joven a avisar al párroco de lo que estaba pasando. El cura y el vicario salieron deprisa, camino de la iglesia destruida, pero no encontraron a los tres misteriosos ancianos. Observaron asombrados, sin embargo, el prodigio que acababa de operarse. Entre las cenizas y los escombros del templo, sobre los restos que quedaban del altar, apareció la pequeña caja de plata que contenía la hostia y las tres formas, enteras e intactas, y bañadas de sangre. Destapadas y aireadas, se tornaron blancas y de una tersura milagrosa, de la misma manera como se conservan aún hoy. La tradición ha identificado a los tres venerables y misteriosos varones que recuperaron los corporales como los tres patrones locales: san Pedro, san Pablo y san Lorenzo.

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La venganza de Abdelmelic Alacón

Hubo una época en la que las tierras independientes que formaban la taifa de Albarracín estaban rodeadas de otros territorios pertenecientes a taifas tan importantes como las de Sarakusta, Molina, Cuenca o Alpuente, así como por pequeños territorios que rendían vasallaje al famoso Cid Campeador. Las cortes de estas tierras eran plataformas de sangrientas confabulaciones y las relaciones entre los alcaides de las fortalezas situadas en estos territorios se forjaban con intrigas y traiciones. elacionado con el enrarecido ambiente que acabamos de describir está el episodio que le sucedió a Abdelmelic ben azín, segundo señor independiente de la Shala, como así se llamaban las tierras que pertenecían a la taifa de Albarracín.

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Cuentan que, en cierta ocasión, Obaidalá, alcaide del castillo de Adakún, más conocido hoy como Alacón, invitó a Abdelmelic, su cuñado, ya que estaba casado con una hermana de este, a pasar unos días en su compañía. Obaidalá sentía envidia de Abdelmelic y no había día que no soñase con convertirse en el señor de la Shala. Pero, para lograr su objetivo, Obaidalá tenía que acabar con la vida del hermano de su esposa. Cegado por la ambición, había tramado un astuto plan que consistía en asesinar a su cuñado y señor, el dueño de la Shala, hombre ya mayor, para sucederle en el gobierno. Esa fue la razón de que le hiciese venir hasta su castillo, acompañado de un séquito formado por un buen número de hombres de su total confianza. Llegado este momento, no está de más recordar que las tierras bañadas por el río Martín producen vinos exquisitos. El inciso viene al caso porque sería precisamente el vino el arma de la que se valdría el alcaide de Adakum para acabar con la vida de su cuñado, Abdelmelic.Ya que, en el banquete de bienvenida, el vino corrió en abundancia y regó las gargantas de todos los asistentes, a pesar de las prohibiciones que imponía el Corán. Cuando el alcaide de Adakún creyó llegado el momento oportuno, sus esbirros se lanzaron sobre Abdelmelic, el señor de la Shala, y lo apuñalaron, hiriéndole gravemente. Sin duda, Abdelmelic hubiera muerto, si no hubiera sido porque su hermana, la esposa de Obadailá, ante el terrible espectáculo que estaba contemplando, no hubiera pedido auxilio. Los gritos de la mujer alarmaron a los soldados del señor de la taifa de Albarracín que, presurosos, penetraron en los aposentos en los que se estaba celebrando el sanguinario festín y salvaron a su ingenuo señor de los traidores anfitriones. Abortada la conspiración, mediante la muerte o el cautiverio de los que la habían preparado, Abdelmelic pidió a su guardia que no rematase ni a su cuñado, Obaidalá, ni tampoco al hijo de éste, que también había participado en la trama criminal. No olvidó, sin embargo, que su cuerpo había quedado cubierto de cicatrices. La venganza no se sirve en caliente. Llegaría más tarde. El señor de la Shala ordenó que a Obaidalá le cortaran los pies y las manos; y que le sacaran los ojos; posteriormente, que fuera crucificado. Se conformó, sin embargo, con que a su sobrino le privasen de un pie, para que nunca pudiese perseguirle.Y toda la venganza la llevó a cabo desoyendo los lloros de su hermana, que suplicaba por su esposo y por su hijo.

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Desde que esto ocurrió, hace varios siglos, los vecinos de Alacón aseguran, que, al llegar la noche, muy de cuando en cuando, se escuchan gemidos que surgen de los restos del castillo. Y que, sin duda, son estos los lamentos de la hermana de Adelmelic, la esposa de Obaidalá y la madre de su hijo, que, cada noche con sus lágrimas, implora clemencia y pide paz para los suyos.

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Don Pedro: señor de Albarracín y vasallo de Santa María Albarracín

Del mismo modo que han existido caballos famosos, más que por ellos mismos, por haber sido montados por ilustres caballeros, las crónicas históricas o legendarias refieren la existencia de espadas cuya fama se ha perpetuado a lo largo de los siglos por haber sido instrumentos con los que hombres esforzados llevaron a cabo empresas memorables. Una de estas es la de don Pedro uiz de Azagra, un noble que hace varios siglos fue señor de un territorio independiente de los reyes cristianos y de los emiratos musulmanes, cuya capital no era otra que la ciudad de Albarracín. Precisamente, la espada de don Pedro sería la que le ayudaría a mantener a raya tanto a unos pueblos como a otros para preservar la independencia del citado señorío.

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De este noble cuentan que, un día, se disponía a entrar en su ciudad, llegado de alguna de sus numerosas campañas guerreras. Para recibirlo, Albarracín estaba engalanada, repleta de alborotos y de risas, rebosante de tañidos de campanas surgidos tanto de su iglesia catedral como de otros templos de la ciudad. En el castillo de la ciudad ondeaban majestuosas banderas y soberbios estandartes. Una vez dentro de las murallas, a la comitiva real, que venía de fuera, se unieron ilustres personajes: nobles, monjes, guerreros, escuderos, damas y doncellas. Los cuales se dirigieron, a través de las angostas callejuelas, al antiguo templo de Santa María, pegado a la muralla, en el sur de la ciudad. En la puerta principal del sagrado recinto fueron recibidos por el obispo don Martín y los distintos canónigos. Tras el protocolo y los saludos oportunos, la comitiva penetró en la iglesia. Don Pedro uiz de Azagra se puso de rodillas y con sincero fervor escuchó misa, comulgando. Terminada la ceremonia religiosa, don Pedro se despojó de su espada, que colgaba de su cinto. El arma era una hermosa y resplandeciente pieza, con empuñadura de oro y piedras preciosas, que el noble colocó en el altar de la Virgen. Tras este generoso gesto, don Pedro hizo pública una promesa: no reconocer sobre la tierra otro vasallaje que no fuera el de Santa María. Y, desde ese mismo momento, se hizo llamar: «Vasallo de Santa María y Señor de Albarracín». Además, para que la Virgen se dignara defender la ciudad y el Señorío de todos sus enemigos, el noble pidió al obispo que declarara a Santa María patrona de la ciudad y del Señorío del que era titular. El prelado así lo hizo, al tiempo que pedía al señor de la ciudad y a sus caballeros que, para asegurar la protección de la Virgen, hicieran voto de visitar anualmente un santuario mariano situado en la sierra de Albarracín. El elegido, por unanimidad, fue el de Nuestra Señora de los Dolores, en oyuela, un lugar cercano a la ciudad de Albarracín. Seguidamente, don Pedro tomó la espada, que estaba colocada sobre el altar, y la entregó al obispo, quien la depositó en una urna de nogal, siguiendo la voluntad de su dueño, bajo el altar de Santa María.

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En recuerdo de aquel día tan memorable, caballeros, juez y alcaldes de Albarracín hicieron el voto de peregrinar todos los años al santuario de Nuestra Señora de los Dolores, en oyuela, el día de la Santa Cruz de mayo, en acción de gracias por haber conseguido la independencia del Señorío de Albarracín.

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Historia apócrifa de Don Pedro uiz de Azagra Albarracín

Cuentan que tanto quiso el pueblo a don Pedro uiz de Azagra, Señor de Albarracín, por el excesivo amor que este personaje tuvo a la libertad y por la honestidad que presidió todos los actos de su vida, que este mismo pueblo llegó a inventar un relato plagado de fantasía, encaminado a enaltecer, aún más de lo que fue, su carismática figura. Valencia era un sueño maravilloso, cuya conquista y posesión anhelaba cualquier noble cristiano. No había rey ni caballero que no deseara arrebatar aquella joya a los moros. Pero tan atrevida empresa estaba solo reservada a un caballero castellano, tal vez el único capaz de acometerla: odrigo Díaz de Vivar, más conocido, entre los diferentes estados de la sociedad cristiana, con el sobrenombre de El Cid Campeador. Será en la población de Cella, llamada también «la del Canal», donde el citado héroe castellano reúna a cuantos caballeros cristianos quieran conseguir fortuna conquistando Valencia. A continuación, las huestes se dirigen al Levante, tierras bajo el domino musulmán, situadas a orillas del mar. Nueve meses dura el asedio a la ciudad y muchos combates se entablarán durante ese tiempo. Pero, al final, El Campeador toma la ciudad y entra triunfante con sus tropas. El sueño de la Cristiandad hispana acaba de cumplirse. En las diferentes batallas y escaramuzas que tuvieron lugar hasta la conquista, las tropas musulmanas habían contado con la ayuda del rey Búcar, un temible guerrero que mandaba a los fanáticos, austeros y audaces almorávides. Sería, precisamente, este hecho el que hizo dudar a los habitantes de la extremadura turolense, desde la que se había diseñado la conquista de Valencia y la que había nutrido de guerreros el ejército cidiano, de la increíble victoria llevada a cabo por el noble castellano. Parecía imposible –­ pensaban los incrédulos turolenses– que odrigo Díaz, El Cid, hubiese vencido a los aguerridos almorávides. Esa fue la causa de que, en tierras turolenses, surgiese una historia apócrifa, un fabuloso relato que aseguraba que El Cid, para conquistar Valencia, había contado con una ayuda singular. No era la de ningún santo, como podía ser la de san Jorge o la de Santiago, que tantas veces habían prestado sus brazos a las huestes cristianas cuando estas se enfrentaban a los sarracenos, sino que, en este caso, la ayuda había provenido del esforzado caballero don Pedro uiz de Azagra, Señor de Albarracín, noble, cuyo rostro, sin embargo, nunca se había hecho visible entre los soldados cristianos, y que, según decían, montaba un hermoso caballo blanco.

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Ni que decir tiene que don Pedro uiz de Azagra fue un caballero gallardo, valiente y esforzado, capaz de las mayores hazañas. Sin embargo, conviene dejar claro que la historia narrada es pura patraña, ya que el citado señor de Santa María de Albarracín había vivido muchos años después de que se llevase a cabo la conquista de Valencia por parte de El Cid Campeador.Y es que ambos personajes, El Cid y don Pedro, no fueron, ni mucho menos, coetáneos. Aunque muchos son los que dicen que, en aquellos siglos, eran posibles los milagros.

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La cruz del campo de San Juan Albarracín

El Campo de san Juan era la parte de Albarracín que ocupaban los judíos hasta que este pueblo debió abandonar la ciudad, a causa de un decreto real que los expulsaba de España, de una tierra que hasta ese momento había sido su patria. Los que se quedaron en Albarracín por haberse convertido al cristianismo, casi siempre a la fuerza, con el fin de conservar sus propiedades y lo que habían sido sus vidas, se dispersaron por otros puntos de la ciudad, tratando de integrarse con los cristianos, aunque en el interior de sus casas continuasen practicando sus ritos y creencias religiosas. Del campo de san Juan partía una calle que llegaba justo hasta las mismas puertas del templo de santa María. A mitad de esta, desembocaba un camino que descendía desde la llanura superior del barrio. En la convergencia de la calle y el camino, se levantaba hasta no hace muchos años, clavada en el hoyo de una peña, una gran cruz de madera. Cuentan las gentes de Albarracín que la citada cruz fue colocada en el momento en que fue decretada la consabida expulsión de los judíos, con el fin de que conmemoraran esta efeméride los siglos venideros. Por parte de la población siempre ha existido hacia esta pieza sagrada una especial devoción y nadie se ha atrevido a quitarla del lugar. Al pasar delante de ella, las gentes se santiguaban o le hacían alguna reverencia. Nada tenían que ver, sin embargo, estos rituales con la conmemoración de la expulsión de los judíos, sino con otro acontecimiento como era el día del entierro de fray Juan Bautista de Lanuza, quien fuera obispo de la ciudad y que había fallecido el 15 de diciembre de 1624. Este prelado gozaba de una enorme fama entre el pueblo por haber sido bienhechor de los pobres, consuelo de los que sufren y consejero y amigo de grandes y menudos. Terminadas las honras fúnebres en la catedral, cuentan que el cuerpo del obispo fue llevado a sepultar a la iglesia de santa María. Doblaban con tristeza todas las campanas de la ciudad y se escuchaban gemidos en las interminables filas de hombres con cirios encendidos que precedían al cabildo catedralicio. El féretro iba también acompañado por algunos notables del reino de Aragón. Cuando la comitiva llegó hasta la cruz de madera, que se levantaba sobre un pequeño pedestal de piedra, al borde del camino, tras rezar todos sus miembros ante ella, la sagrada pieza, en agradecimiento, a la vista de todas las gentes que quedaron admiradas por el prodigio que tuvieron ocasión de contemplar, se inclinó ante el féretro del obispo, volviendo a erguirse al cabo de un rato y recuperando su forma primitiva.

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Desde entonces, la fama de santo de que gozaba el obispo de Albarracín, fray Juan Bautista de Lanuza, quedó totalmente confirmada entre el pueblo. La Cruz del Campo de san Juan se había encargado de confirmarla con su milagrosa, permanente y sosegada presencia.

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Los amores de Don Pedro y Doña Alba Albarracín

Con el nombre del rey Lobo era conocido Muhammad ben Mardanis, uno de los personajes más influyentes de la política de su tiempo, sobre todo en tierras, hoy, aragonesas y valencianas. En estas últimas, incluso llegó a reinar. Cuentan que, en cierta ocasión, este personaje se encontraba descansando en la ciudad de Albarracín. Entretanto sus capitanes preparaban la expedición a Valencia y a Murcia, territorios que Lobo llegaría a dominar y de los que, como hemos dicho, terminaría siendo rey. Una vez que estaba todo preparado, los lugartenientes del protagonista de esta historia le avisan de que ya podían partir hacia Levante. No obstante, la noticia perturba al caudillo, hasta el punto de llegar a adueñarse de su persona una amarga tristeza; algo que, a todas luces, parece increíble en un soldado tan rudo, como Lobo, curtido en mil batallas y otros tantos reveses de la vida. La causa de tal desolación tenía el origen en tener que abandonar la hermosa ciudad de Albarracín, donde se encontraba su esposa, doña Alba, una distinguida y hermosa mujer, a la que tanto amaba. Entre los vasallos del rey Lobo se encontraba el ya conocido don Pedro uiz de Azagra, caballero leal y amigo, a quien el moro encomendó el gobierno de las tierras de Albarracín y el cuidado de su esposa, la delicada doña Alba, ya que Lobo no quería exponer a esta a los peligros y privaciones que le aguardaban tanto a él como a los suyos, en tanto durase la campaña que se disponían a emprender. Marido y mujer se despidieron entre besos y lágrimas, sabiendo lo dura que iba a resultar aquella separación. El tiempo pasaba: días, meses, años.Y se alargaba la ausencia del marido, para Alba más de lo debido.Y esa fue la causa de que otro amor, distinto al de su esposo, prendiera en el corazón, el amor por el caballero que la cuidaba y protegía, el amor por don Pedro, el caballero leal y honesto, vasallo de su esposo, que también se había enamorado perdidamente de Alba. Este, con el fin de evitar el cometer una locura, trataba de quitarse de la cabeza a la hermosa doña Alba. Y ocupaba su tiempo en cazar y en inspeccionar las tierras del señorío. Pero todo resultaba en vano. El amor seguía creciendo, tanto en el corazón del cristiano como en el de la distinguida mora, una pasión que llevaban ambos en secreto, oculta en lo más profundo de sus respectivos corazones, para no ensuciar la memoria del amigo y del marido ausente.

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Un día regresó el rey Lobo; llegaba victorioso y contento. Su máxima ilusión no era otra que encontrarse con su esposa y llevarla consigo, para que viviese a su lado, en tierras levantinas que había conquistado y de las que se había erigido rey. Pero doña Alba, ante la angustiosa perspectiva que le producía alejarse de don Pedro y no volver a verlo, murió de pena, sin revelar el amor secreto que sentía por el caballero cristiano, vasallo de su marido. Mucho tiempo le costó al rey Lobo reponerse de la pérdida de su esposa, a la que tanto amaba, pero, una vez superada su tristeza, partió de nuevo hacia Levante, dejando a su fiel amigo don Pedro uiz de Azagra como señor perpetuo de Albarracín, para que gobernase el lugar en su nombre.

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La torre de Doña Blanca Albarracín

Un torreón, al lado de la iglesia de Santa María, destaca entre todas las torres de la ciudad de Albarracín. Es conocido con el nombre de la Torre de doña Blanca. Pero, ¿quién era esta mujer? Pues no era otra que una infanta aragonesa, joven y muy bella, que, pasado el tiempo, terminó por convertirse en una inmortal y misteriosa hada. El prodigio se operó cuando, de camino hacia Castilla, huyendo del odio que le profesaba su cuñada, Blanca llegó a Albarracín. La ciudad, de natural hospitalaria, dispensó a la infanta espléndida acogida. El mismo señor de aquellas tierras ejerció de anfitrión de la muchacha, consciente de que esta era, nada menos, que la hermana del rey de Aragón.Y así fue cómo, con su comitiva, acompañada de un grupo de nobles vecinos de la ciudad, Blanca se instaló en el palacio de los uiz de Azagra. Pero el tiempo pasaba.Y todo el mundo esperaba, impaciente, contemplar de nuevo a la bella infanta, Blanca, mientras recorría las angostas y tortuosas callejuelas, por pronunciadas, de la ciudad de Albarracín. Pero la joven no apareció. Cansada de esperar, la comitiva, que acompañaba a la infanta a su exilio, en Castilla, decidió regresar a la corte aragonesa. Nadie sabía nada de Blanca. Daba la impresión de que se la hubiera tragado la tierra. Por lo que todos creyeron que la infanta había muerto de tristeza, debido a haber tenido que abandonar su tierra natal, camino del destierro. Y todos pensaron que habría sido sepultada en el torreón que desde entonces lleva su nombre. Pero también es verdad que son muchos los que juran que, en Albarracín, desde solo unos meses después de la desaparición de Blanca hasta hoy, en los días de plenilunio estival, a eso de la media noche, una sombra clara desciende desde la torre, que sirvió de morada a doña Blanca cuando pasó por Albarracín, camino de Castilla, huyendo de su cuñada, y llega a la orilla del río Guadalaviar para, seguidamente, bañarse. Es como si un rayo de luna adoptase la forma de una mujer joven y hermosa, un fenómeno similar al acontecido en tierras sorianas y que llegó a enloquecer a un noble llamado Manrique.Tras el baño, la sombra se desvanece hasta la llegada de un nuevo plenilunio. En Albarracín existe la creencia de que la sombra clara no es otra que de doña Blanca, la princesa que murió de pena y de tristeza.

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Siglos más tarde, la personalidad de doña Blanca fue usurpada por una hermosa judía que vivía en Albarracín y que se había negado a cumplir el decreto que obligaba a su pueblo a abandonar España o, como los judíos la llamaban, Sefarad. Desde la Torre de doña Blanca descendía la también gallarda judía. Y también lo hacía las noches de plenilunio estival, con el mismo fin que la infanta aragonesa: bañarse en las aguas cristalinas del río blanco. En una ocasión, la descubrió un pastor y se lo contó a su señor, el alcaide del castillo de Santa Croche. Y fue el atrevido Heredia, que así se llamaba el responsable de la fortaleza, quien detuvo a la judía, quien se presentó al caballero como la sombra de doña Blanca. Interrogada, no le quedó otro remedio que contar su triste historia y los motivos que le habían llevado a suplantar la persona de la infanta aragonesa. Conducida al castillo de Santa Croche, el joven Heredia se prendó de ella y, tras convertirse al cristianismo, la desposó.

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La casa de la Brigadiera Albarracín

Existe en esa joya del medioevo, que es la ciudad de Albarracín, una joya adornada de torres y murallas que evocan fantasías, de heráldicos escudos y artísticos herrajes capaces de transportar al curioso viajero o visitante a tiempos de historias memorables; existe, decimos, un hermoso paraje, cercano a lo que fuera el portal de Teruel, uno de los tres que poseía la ciudad, y cercano al torreón que se levantaba junto a él, la conocida casa de la Brigadiera, un edificio que el mercantil espíritu turístico de nuestros días ha transformado en hotel. La casa se encuentra en frente de la que fuera la residencia de los Dolz del Espejo, una linajuda

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familia turolense. Muchos debieron ser los personajes que, a lo largo de los siglos, ocuparan la casa a la que nos venimos refiriendo; muchas las hazañas, las historias y leyendas de las que fuesen protagonistas. Sin embargo, el pueblo sólo ha conservado un apodo vinculado a esta casa, el apodo que alude a la figura de una dama, idealizada por el pueblo, que ha olvidado su nombre y su linaje y que la ha conocido simplemente con el nombre de «la Brigadiera». La casa de la Brigadiera se levantaba majestuosa sobre un peñón cortado. Estaba situada en el límite de la ciudad. Su aspecto era de fortaleza desde la que se podía contemplar un hermoso panorama en el que destacaba el cauce del río Guadalaviar. Durante la dominación árabe, la casa debió de ser un espléndido palacio cuyos muros guardaban en su memoria hermosas melodías, al compás de las cuales debieron danzar esculturales bailarinas. Conquistada la ciudad por los cristianos, la casa pasó a un noble señor, de la familia de los Arganza, que la habilitó de acuerdo a los usos caballerescos y castrenses de la época. Los Arganza emparentaron con los Asensio de Ocón. El último miembro de esta familia que habitó la mansión fue don José María Asensio de Ocón, quien siendo joven partió hacia Castilla para incorporarse a los ejércitos reales. La guerra contra los franceses y la posterior guerra de la Independencia le brindarían ocasiones para dar muestras de su valor. Con el tiempo, Fernando VII lo nombró brigadier. Don José María contrajo matrimonio con una dama perteneciente a la nobleza turolense: doña Joaquina Dolz del Castellar, La Brigadiera, una distinguida señora que se vio obligada a vivir en varios momentos de su vida en la majestuosa mansión a la que nos venimos refiriendo, acompañada por la servidumbre, pues no tenía hijos. Cuando los franceses dominaron Albarracín, a doña Joaquina no le quedó otro remedio que alojar en su casa a varios oficiales del ejército invasor. Una noche, bajo una radiante luna que humanizaba las torres y la murallas de Albarracín, en la Casa de la Brigadiera, se oyeron gritos y voces que provenían de entrañas airadas; tenues luces permitían contemplar siluetas de personas, tras las ventanas de la vetusta mansión, siluetas que parecían forcejear entre sí. Segundos después, saltaban los cristales de un balcón y un hombre se precipitaba, cayendo hacia el abismo. Se trataba de un oficial francés que había intentado manchar el honor de la honesta Brigadiera.

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Terminó la guerra y pasaron los años, doña Joaquina Dolz había ido a Madrid en compañía de su esposo. Don José María murió en la capital de España. Uno de sus últimos deseos fue el de que lo sepultaran en la catedral de Albarracín, al lado de sus antepasados. La Brigadiera pidió permiso a la reina Isabel II, que le otorgó el favor de que su marido reposase en el citado templo, un auténtico privilegio, ya que hacía tiempo que no se enterraba a nadie en los templos ni en las iglesias. Doña Joaquina se quedó a vivir para siempre en Albarracín, recluida en su casa, solitaria y enlutada, siendo la última moradora entre las paredes de la que popularmente se ha conocido con el nombre de la casa de la Brigadiera.

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El cofrade de la Virgen de los Ángeles Albentosa

Se cuenta, en relación de las andanzas del rey Jaime I por tierras turolenses, que, en cierta ocasión, el monarca llegó cansado y hambriento a la aldea de Albentosa. El lugar había sido conquistado unos años antes por las huestes de este rey aragonés y había sido repoblado por cristianos provenientes del interior del reino, con el fin de cultivar estas tierras situadas en el límite del territorio aragonés, lindando con tierras levantinas. Desde que tuvo lugar la conquista, el rey no había estado en la aldea citada. Sin embargo, el destino quiso que, pasado el tiempo, llegase al lugar, acompañado de un puñado de hombres, como hemos dicho, todos ellos cansados y hambrientos. Nadie salió a recibirle. Aquel parecía un pueblo fantasma. El rey y los suyos buscaron por cada rincón del pueblo algún alma que se dignase socorrerlos, dándoles pan y cobijo. Pero nadie aparecía. Hasta que, al cabo de un buen rato, de repente, encontraron a un muchacho que, tras preguntarle, les informó de que los habitantes de la aldea se encontraban en el castillo, celebrando una comida que, todos los años, organizaba la Cofradía de los Ángeles.Y hacia allí se dirigió el monarca, seguido de sus huestes. Conforme se acercaban al alcázar, se oía un bullicio festivo. El rey y sus acompañantes pudieron observar desde la puerta de la fortaleza que se estaba preparando una suculenta comida, circunstancia que acrecentó las ganas de saciar el hambre de la cansina comitiva. El monarca llamó unas cuantas veces a las puertas del castillo. Ante las insistentes llamadas, acudió una anciana, que no conoció la alcurnia del caballero que tenía enfrente. Antes de que Jaime I articulase palabra, la mujer se dirigió a todos para hacerles sabedores de que nadie que no fuera cofrade de la Virgen de los Ángeles podía entrar aquel día en el castillo, ni siquiera el mismo rey, salvo que este se hiciera miembro de la cofradía. Tras escuchar las explicaciones de la anciana, el rey preguntó qué era necesario para ser admitido en aquella cofradía, pues él era el rey y estaba decidido a formar parte de ella. La mujer le respondió que sólo era necesario pagar una pequeña cuota y expresar el deseo de ser cofrade. Al instante, Jaime I llamó a su escribano y sobre un pergamino hizo donación a la Virgen de cuantiosos bienes, entre los que destacaba el Molino de Arriba. Cumplidos generosamente los compromisos, el rey y sus huestes penetraron en el recinto del castillo, donde fueron recibidos como cofrades de Nuestra Señora de los Ángeles y, de esa forma, pudieron saciar su hambre y sus ansias de descanso.

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Desde entonces, la cofradía reza todos los años por los cofrades y por el rey Jaime I a la cabeza de ellos. Por otra parte, sabido es el hecho que Jaime I el Conquistador siempre mostró una disposición especial ante las cofradías que tanto abundaron en el Teruel de los tiempos medievales. De hecho fue este monarca el que fundó, en 1262, en la misma capital de la provincia, una cofradía de caballeros, siendo él mismo, como no podía ser de otra manera, el primer cofrade.

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La piedra del sapo Alcalá de la Selva

Las piedras, con sus rudezas y durezas, son la permanencia de la materia. Esa es la razón por la que este elemento de la naturaleza ande unido, casi siempre, a la conciencia religiosa de muchos pueblos. Alguna de esas piedras adquieren formas curiosas; en algunas ocasiones, adoptan formas de animales. Dentro de la geografía turolense cabe destacar la piedra conocida con el nombre de la Trompa del Elefante, una piedra situada en la sierra de Albarracín, concretamente en Calomarde. Se llama así por su forma, que se asemeja al enorme mamífero. Otra piedra famosa la encontramos en Alcalá de la Selva. Es esta una población donada por Alfonso II a los monjes de la abadía de la Gran Selva, orden religiosa cuya sede se encontraba en la Gascuña francesa. Precisamente, el nombre de Alcalá de la Selva se debe a los citados clérigos. Pues bien, es allí, en Alcalá, cerca de la ermita de los Mártires, donde podemos encontrar una gran roca, con forma de animal, en este acaso, de sapo. Pertenece al saber común que los sapos, como las serpientes, son animales longevos, tan longevos que, en muchas culturas, se les atribuye la virtud de la inmortalidad. En Alcalá de la Selva son muchos los que aseguran que la roca con forma de anfibio posee un don especial, que lo adquieren los hombres y mujeres que se ponen en contacto con ella: la roca potencia la capacidad sexual de las personas. Para conseguir dicha gracia, sólo es necesario golpear la piedra tres veces, pero debe hacerse en noches de luna llena. El prodigio se explica, según cuentan, porque, en tiempos remotos, en el término de Alcalá, proliferaron animales fantásticos que producían misteriosas enfermedades a causa de las cuales las gentes de la contornada morían. Ante tales desastres, los habitantes invocaron ayuda sobrenatural. Sus plegarias fueron escuchadas. La prueba fue que apareció un gigantesco sapo que, con su veneno, acabó con todos los animales dañinos que habían diezmado la población. Gracias a la intercesión del sapo, en Alcalá, todo volvió a la normalidad, pero el número de habitantes siguió disminuyendo. Por eso el animal benefactor decidió regresar. Por su boca arrojó una serie de flujos milagrosos que proporcionaron más fertilidad a las mujeres y produjeron más deseo sexual en los hombres. El animal se quedó para siempre en el pueblo, pero convertido en roca. Su contacto, además de acentuar el deseo sexual, transmite suerte y salud.

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Además de la Piedra del Sapo, en Alcalá, es también famosa la Piedra Hendida. Su nombre se debe a que una larga grieta la parte en dos. Cuentan que la piedra se quebró porque un gigantesco e indignado pastor la lanzó desde lo alto del pueblo sobre el rebaño de otro pastor, que había tenido la osadía de penetrar en sus pastos. Aunque puede que la Peña Hendida sea también, como la del Sapo, resto de algún otro animal fabuloso que apareció en tiempos míticos por este hermoso pueblo, abundante en fuentes y piedras milagrosas.

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La fundación de Alcañiz Alcañiz

La loba es una animal que en la fundación de oma desempeña un papel fundamental. Ella fue la que, una vez abandonados, calentó y amamantó a ómulo y emo, los fundadores de la Ciudad Eterna. ómulo y emo eran hijos gemelos, nacidos de la unión del dios Marte y de una vestal, ea Silvia, violada por el primero. Al poco de nacer los niños, su tío abuelo, Amulio, viéndolos como dos peligrosos herederos que podían arrebatarle el trono, los abandonó, colocándolos en una cesta y arrojándolos al río Tíber. Sería una loba el animal que salvara a los niños, que terminaron criados por pastores. Ya adultos, ómulo y emo devolvieron el trono a su abuelo, Numitor, tras vencer a Amulio, a quien se lo habían arrebatado. Asimismo, los gemelos decidieron fundar una ciudad, en el mismo lugar en el que habían sido salvados por la loba. La ciudad sería oma, la Ciudad Eterna. También la loba desempeña un papel decisivo en la historia que narra la fundación de Alcañiz. Cuentan los habitantes de esta ciudad bajoaragonesa que, hace muchos años, las tierras de lo que hoy es España sufrieron, durante largos años, una terrible sequía. El panorama era desolador: los ríos estaban secos y los campos sin cosechas. Tales desgracias obligaron a los habitantes de las tierras alcañizanas a descender hasta las orillas del río Guadalope, cuyo lecho estaba seco. En su recorrido, los desesperados peregrinos se toparon con una loba, que salía, acompañada de sus cachorros, de la espesura del bosque. Contemplaron los desfallecidos caminantes cómo todas las crías del animal llevaban las patas mojadas, señal inequívoca, pensaron, de que, en algún lugar, la familia había encontrado agua. Por lo que acamparon la esperanza y la alegría entre aquella turba de desesperados vagabundos, que decidieron internarse en el bosque, siguiendo las huellas dejadas por el animal y su prole. ¡Cuál sería la sorpresa, cuando encontraron un abundante manantial que se convirtió, con el transcurrir del tiempo, en la fuente en torno a la cual se fundó la ciudad de Alcañiz! Fue en esa fuente donde se asentaron aquellos hombres hambrientos y sedientos que un día tuvieron la brillante idea de descender del monte a la margen del río Guadalope.

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Al principio la fuente fue conocida con el nombre de Fuente de la Loba o Fuente Lupina, en honor al animal que la había descubierto. Pero cuando aquellas tierras bajoaragonesas, ya llevaban mucho tiempo convertidas al cristianismo, con el fin de ocultar el nombre de su origen pagano, cambió el nombre, llamándose Fuente de santa Lucía, por estar próxima al convento dominico, cuya iglesia tenía como titular a la santa italiana. La fuente posee setenta y dos caños.Y es creencia general, tanto en Alcañiz como en toda la contornada, que el agua que surge de aquellos tiene efectos medicinales positivos. Locos, hambrientos, herniados y hasta enamorados, bebiendo del agua de los distintos caños, curan sus males y obtienen remedios para todas sus enfermedades.

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La reconquista de Alcañiz Alcañiz

Cuentan los viejos del lugar que el rey Alfonso I el Batallador reconquistó la capital del Bajo Aragón, Alcañiz, arrebatándosela a los musulmanes, sin derramar una gota de sangre. Una vez tomada Zaragoza, el monarca continuó su empresa reconquistadora hasta llegar a la que, con el tiempo, se llamaría Ciudad de la Concordia, por ser un lugar de encuentro de voluntades y de pactos. Los mozárabes, aquellos cristianos que vivían bajo la dominación árabe, gozaban ante la perspectiva de ser inmediatamente liberados del poderío musulmán. Dentro de la ciudad, los árabes ocupaban la zona que corresponde al Alcañiz viejo, atravesado por estrechas callejuelas, ubicado en lo que era una ciudadela a la que era muy difícil acceder. El rey cristiano preparó la estrategia que debía seguir, para lo que sopesó lo arriesgado que sería penetrar en aquel enclave si sus defensores oponían resistencia, actitud que sería la más normal.Y fue así cómo Alfonso I acampó con sus ejércitos y cómo cavilando se le ocurrió la brillante idea de construir un castillo, frente al lugar que ocupaba la población mahometana, con el fin de dejarla aislada de sus hermanos, que se agrupaban en torno al alcázar moro. Cada día que pasaba, los musulmanes contemplaban admirados cómo crecían en lo alto los muros de la nueva fortaleza, construida por los cristianos. Y empezaron por ello a sentir miedo. Esa fue la razón de que decidieran, muerto su alcaide y antes de proceder al nombramiento de otro, según era costumbre entre este pueblo, esconder los tesoros que tenían y destruir sus casas que hasta ese momento habían sido sus moradas habituales. Pensado y hecho, entre llantos y lágrimas, los sarracenos arrasaron la ciudadela, con el mismo dolor como el que desgarra su propia alma. Poco después, los árabes cargaron sus carros y mulas con los más imprescindibles ajuares y enseres y partieron en largas filas, saliendo por la puerta principal de los muros del Alcañiz viejo. Causaba enorme tristeza contemplar tan penoso espectáculo, observar los rostros de los ancianos desprendiendo un dolor indescriptible. Cuentan que todos los musulmanes desaparecieron de aquel lugar, aunque tuvieron buen cuidado de llevar consigo las llaves de sus casas, que habían quedado destruidas, ya que, en el fondo de sus almas, albergaban la esperanza de volver a la tierra que dejaban y reconstruir los habitáculos que, durante muchos años, habían sido los recintos de sus sueños. Quizá, alguna vez, pensaban los desterrados, las tierras bajoaragonesas tornasen de nuevo al poder árabe.

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Y fue así cómo Alfonso I tomó posesión de Alcañiz para la cristiandad; sin haber derramado una gota de sangre.

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Benita cogió su fusil Alcañiz

Muchas fueron las mujeres aragonesas que se distinguieron por su valor en la Guerra de la Independencia, la que España libró contra los invasores franceses. Mujeres que, en sacrificios y abnegaciones, igualaron y hasta superaron a los hombres. Porque ellas también tomaron su fusil para luchar contra aquellos que había usurpado su patria, aparte de cuidar a los heridos y de inflamar los ánimos de los combatientes masculinos.

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A los anales de la Historia han pasado, en los cometidos mencionados, los nombres de Agustina de Aragón, la mujer que prendió la mecha de los cañones que defendían el Portillo, una de las puertas por las que se accedía a la ciudad de Zaragoza. Asimismo, en los Sitios de la capital aragonesa, destaca la figura de Casta Álvarez, que tantos entusiasmos contagió a sus paisanos para que hicieran frente al enemigo. Famosa es también por sus arengas y exhortaciones una mujer que pertenecía a la nobleza, la condesa de Bureta, así como otros nombres como los de María Agustín y Manuela Sancho. Otras mujeres no han tenido la suerte de ser tan recordadas, aunque su valor no fuera a la zaga de los valores de las mujeres mencionadas. Es el caso, por ejemplo, de una turolense, natural de Alcañiz, que también sobresalió en la defensa de Zaragoza. Nos estamos refiriendo a Benita Portolés. Cuando tuvieron lugar los Sitios de la capital aragonesa, la alcañizana contaba veinte años y ya había contraído matrimonio con Francisco Vallés. Sería el segundo Sitio, el que ofreció a Benita mayores oportunidades para demostrar su valentía, cualidad que llegó a reconocer a esta mujer tan extraordinaria el mismo Palafox. Fue en la Puerta Quemada, junto a la Magdalena, cuando Benita cogió su fusil. Lo hizo para que cundiera el ejemplo ante la desmoralización que sufrían los hombres que se enfrentaban a los franceses. El gesto de Benita tuvo éxito, ya que fue imitado por muchos patriotas que, a costa de sus esfuerzos y de sus vidas, lograron rechazar al enemigo. Cuentan los cronistas de la guerra que Benita Portolés se enfrentó a un capitán francés, al que logró arrebatarle el fusil. En otra ocasión, la aguerrida alcañizana fue apresada y condenada a muerte, algo que no amedrentó a la heroína que, simplemente, se limitó a pedir que la dejaran morir como buena cristiana; tan solo suplicó confesión ante un sacerdote. Un mariscal francés se quedó asombrado ante la entereza de esta mujer. Por lo que no sólo revocó la orden que la condenaba a muerte, sino que dispuso que nadie, en adelante, infligiese el menor daño a tan valiente persona.

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En Teruel, por su parte, han quedado en la memoria, además del de Benita Portolés, los nombres de otras mujeres que plantaron cara a los franceses, nombres como el de Manuela Cirugeda, natural de Montalbán, o el de Francisca Latorre, oriunda de Monreal del Campo, que obtuvo por su valor la cruz de san Fernando. Todas ellas, por amor a su patria, invadida por el imperialismo napoleónico, tomaron sus fusiles. Sus nombres han quedado en el corazón de nuestra historia.

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Ababuj La dehesa de la discordia a Aguilar de Alfambra Los chotos a Aguaviva Los corporales de Aguaviva Alacón La venganza de Abdelmelic a Albarracín Don Pedro: señor de Albarracín y vasallo de Santa María Historia apócrifa de don Pedro Ruiz de Azagra • La cruz del campo de San Juan • Los amores de don Pedro y doña Alba La torre de doña Blanca • La casa de la Brigadiera a Albentosa El cofrade de la Virgen de los Ángeles Alcalá de la Selva La piedra del sapo a Alcañiz La fundación de Alcañiz • La reconquista de Alcañiz • Benita cogió su fusil Alcorisa Los ballesteros de Alcorisa • El roble de la cuestecica de San Juan • El Niño Jesús Alfambra La condesa traidora a Andorra La fundación de Andorra a Báguena El martirio de Miguel Bernabé Beceite • El cuervo blanco a Bezas La iglesia de los santos de oro a Blesa La cruz de Hituelo Bordón Nuestra Señora de la Araña a Bronchales El fraile y la monja • El dragón goloso Bueña La resistencia de Bueña a Burbáguena El milagro de santa Ana a Cabra de Mora La escala santa Calaceite La cruz de la plaza nueva a Calamocha El final de Pedro Ahones • La amazona desnuda Calanda El convento enterrado • La pota del Cid • Los esforzados mozárabes • El milagro de Miguel Pellicer Calomarde La cueva del moro a Caminreal El corazón que habló a Cantavieja La cueva de las brujas Castellote El tesoro de Cañarda a Castelnou La profecía de san Valero a Caudé El dragón volador Celadas Cuando el amor se torna perro a Cella El acueducto del amor a Corbalán El valiente y la fiera Cortes de Aragón La conversión del moro a Cretas El día de santa Pelagia a Cuevas de Cañart El tesoro de la reina mora Cuevas Labradas La culebra de la cueva de los lagartos a Cutanda La cañada de la celada a El Castellar El encierro de doña Urraca Estercuel El monasterio de Nuestra Señora del Olivar • Laurencia, la bandolera a Frías de Albarracín Una fuente que decía mentiras Las huellas que dejó el diablo a Gea de Albarracín • Las sopas de ajo a Griegos • La enamorada del Cid • El toro de oro Guadalaviar La cueva de la mora a Híjar El paradero de Mirabayo • La historia de Margarita a Huesa del Común El sueño del dinero La mujer que no discutía con su marido • Un marido hambriento y una mujer glotona • La buena hija • Camino del Pilar Jabaloyas Los aquelarres del Javalón a La Fresneda El vigilante del castillo a Fonfría La Virgen de la Silla La Iglesuela del Cid La huella del caballo de Santiago • El gesto de Morinchón a La Mata de los Olmos La pila bautismal Manazanera El Santo Rostro a Mirambel El cura endemoniado • El amor en los tiempos de guerra Monreal del Campo Las urracas asesinas • La doncella de Villacadima • Las ninfas de los Ojos del Jiloca El romance de las dos doncellas • El tesoro de Alí Mohal • El tesoro de Mustafá • Una fuente con nombre de pantera Montalbán Los amantes de Montalbán • La loca fingida a Mosqueruela El castillo del Mallo a Mora de Rubielos El cerco de una villa El pilón de la pastora • El tesoro de la hoya quemada a Muniesa Elmuro del moro a Noguera de Albarracín El tío Gordo Obón El pilarón del carnerón a Ojos Negros El Cristo de la Banda a Oliete La Virgen del Cantal • Orihuela del Tremedal El pastor y la Virgen • La vida sombría de un saludador a Peñarroya de Tastavins El tributo de las siete doncellas • La bruja Catalina Ródenas La Moricantada a Rubielos de Mora Alonso y Fátima a Samper de Calanda La disputa de la ermita de santa Quiteria Segura de Baños • El prado de Sancha a Teruel La fundación de Teruel • El tributo de Leonor • Los Amantes • Omar y Abdalá El puente de doña Elvira • El peirón de los enamorados • El Cristo del Salvador • Los santos mártires • El olmo de san Lázaro El portal de la traición • El andador infame • El fuego de la intolerancia • Una profecía apocalíptica • La Virgen de los Dolores Torrecilla de Alcañiz • San Blas a Tramacastilla El salto de Pero Gil • El huerto de las almas a Tronchón El queso de Tronchón Valdealgorfa La sierpe y santa Clara a Valderrobres La mano peluda a Villalba Baja La campana de Casares Villar del Cobo La casa de Búcar a Villarluengo Las monjas de Monte Santo a Villarquemado Villahermosa de las tres torres Villarroya de los Pinares Amores de Jaime I a Villel La reconquista del castillo de Villel • Manos blancas no ofenden

ISBN 978-84-8321-424-4

9 788483 214244

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Mitos, leyendas y narraciones de Teruel. de próxima aparición

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