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ANTOLOGÍAS DEL BICENTENARIO 1810 - 2010

Antologías departamentales en el marco de la Ley Provincial N.° 7876 “Comité del Bicentenario en Mendoza” 1810 - 2010

REGIÓN CENTRO

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Diseño de tapa y diagramación: Pedro Torres ISBN: Ediciones Culturales de Mendoza Secretaría de Cultura - Gobierno de Mendoza Avenida España y Gutiérrez - 2do. Piso - (5500) Mendoza Tel.: 0261 - 4495846 - 4495814 - 4495815 Impreso en Argentina Printed in Argentina

Antologías departamentales Ediciones Culturales de Mendoza - 1.ª ed. Mendoza - Argentina 216 p.; 148 x 210 mm. ISBN: 1. Literatura Argentina

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REGIÓN CENTRO

Ediciones Culturales de Mendoza Secretaría de Cultura Gobierno de Mendoza

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PALABRAS PRELIMINARES

Esta antología de las Letras del Bicentenario surge como proyecto de la Secretaría de Cultura al cumplirse los doscientos años de la Revolución de Mayo. Es un trabajo editorial cuyo objetivo principal es el de reflejar el trabajo, el esfuerzo y el fruto de los escritores de cada uno de nuestros departamentos. Tenemos el placer de presentar esta colección de Antologías Departamentales “LETRAS DEL BICENTENARIO”, realizadas con el aporte de la Dirección de Cultura de los distintos municipios, donde se refleja el pensamiento y el sentir de nuestros escritores contemporáneos, hacedores de cultura, que viven en nuestra provincia. No pretende ser un Quién es Quién de las letras mendocinas. Simplemente queremos cumplir el rol que tiene la Secretaría de Cultura enunciado en su programa de gobierno: “rescatar y poner en valor las diversas expresiones culturales”; y el de Ediciones Culturales de Mendoza, de “editar” , dejar la obra impresa para las futuras generaciones. Los trabajos q ue presentamos han sido realizados por escritores nacidos o aquerenciados en cada uno de los departamentos, de muy noble origen y condición, que respondieron a la convocatoria para la realización de este proyecto. A todos ellos les damos nuestro agradecimiento escrito en forma de libro; lo que todo escritor desea realizar y concretar.

Esc. Liliana Bermúdez Directora de Desarrollo Cultural Secretaría de Cultura

Prof. Ricardo Scollo Secretario de Cultura Gobierno de Mendoza

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SAN CARLOS

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AUTORES Ángel Oscar Funes Enrique Juan Rusalén Alberto Piattelli José Ernesto Ruiz Ana María Furlán Gloria Cristina De Haro Marta Lilian Vitalitis Elena Sierra de Góngora María Cecilia Funes María L. Olmedo Silvana Beatriz Bordín Daniel Alberto Luffi Juan Manuel Gallardo Hugo Ramón Valverde Adolfo Aguilera Elvira Nieves Del Carmen Berón de Granda Teresa Canzonieri Esther Noemí Carranza Silvia Alejandra Lapalla Silvana Bordín Rem Parnom Juan Gallardo Morales Danilo Emanuel Barroso M. Virginia R. Funes Gracia

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AGRADECIMIENTOS: A los escritores sancarlinos por su trascendental aporte a este libro y a la Cultura de su Departamento. A la Prof. Elena Sierra de Góngora, por sus consejos y valiosas opiniones. Agradecimiento especial: A GloriaVitaliti, por ser, desde arriba, mi más generosa guía. Martín Enrique Rusalén Antólogo

Dedicado a Elena Vitaliti y a “Sissí» Prado quienes, desde la cultura, convirtieron en realidad los sueños del alma.

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PRÓLOGO ¿Quién diría… no? 200 años, intensos, apasionantes, que ya pasan; pero no pasarán las proezas realizadas, ni las nobles vidas que pagaron la libertad. Seguram ente a m uchos de nosotros nos hubiera gustado ser protagonistas de la gesta patriótica de 1810, sabiendo que instalar en el pueblo la idea libertaria de independencia política, cultural y económica no sería tarea fácil. La Patria era la América Indígena, el antiguo imperio de los Incas, en cuyas tumbas se conmoverían y en sus huesos reviviría el ardor al “ver renovado en sus hijos de la Patria, el antiguo esplendor”. Hoy podemos protagonizar el ensalzamiento de los nobles ideales con respeto, honradez, justicia y solidaridad, en pos de una verdadera libertad que nos permita seguir construyendo una Patria grande, libre y soberana, la que soñaron aquellos patriotas de Mayo. Este libro es un cofre que atesora en cada página el testimonio de la libertad conseguida, mediante poesías, poemas y cuentos reales e imaginarios, que encontraron en San Carlos una tierra viva donde nacer de las geniales mentes de sus artistas. En sus textos laten las tradiciones de San Carlos, se llenan de color y movimiento sus paisajes, se oye la reflexión de su gente, se siente su preocupación por mantenerlo puro y se ven renovadas las esperanzas. Y sí… ¡Yo lo diría!… 200 años ¡bien vividos! Prof. Martín E. Rusalén

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ÁNGEL OSCAR FUNES Maestro jubilado, director y padre. Define su profesión y vocación de toda la vida como maestro rural. La escuela “Ángel Oscar Funes” lleva su nombre como un reconocimiento en vida por su gran labor social, sentimiento y compromiso con la comunidad del distrito de Pareditas.

AMIGOS PAREDITANOS, MI ESCUELA DE VIDA Llegué a este pueblo hace más de cuarenta años, movido por mi carrera docente y un amor. Son dos cosas que desde aquel día marcaron mi vida: una profesión a la que amo y mi familia, por quienes he vivido desde entonces. Las dos cosas las hice aquí y aunque la vida me alejó un poquito de esta tierra, mi corazón, mi trabajo y mi vida siguieron y siguen siendo pareditanas. No tengo el honor de decir que mi sangre sea de aquí, pero puedo asegurarles que es el ñaco el que circula por mis venas. No nací aquí, pero la vida me trasplantó y mis raíces son tan fuertes y arraigadas como las de cualquier pareditano. Me siento pareditano y voy a morir pareditano. Cuando llegué aquí lo que encontré fue un pueblo distinto, un pueblo único. Un pueblo con una identidad y un amor hacia su tierra que jamás vi en otro lugar. Orgullosos de su forma de vivir, de sus tradiciones, de su lotecito de tierra con orégano que les permitía vivir sin lujos, pero con dignidad, de su trabajo. Un pueblo de brazos abiertos a los de afuera y por lo que hoy debo agradecer. Gracias por recibirme y hacerme suyo. Encontré también en Pareditas que lo mejor del pueblo es su

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gente, mis amigos, los pareditanos. Nacidos aquí o venidos de otros lados, pero con la certeza firme de no querer irse nunca más, cada hombre o mujer de esta tierra siente que es parte de ella como es parte el fruto del árbol que lo forma. Y yo soy un fruto más. Encontré pareditanos dignos, fuertes, señores amantes de su estilo de vida y su cultura, capaces de opinar y de callar, de luchar o de calmar, de hablar en serio y de bromear, de trabajar y también de dejar la zapa a un lado y de juntarse con un amigo que lo necesite o por el solo hecho de querer estar con él. Encontré un pueblo de gente feliz con lo que eran y con lo que tenían. Pareditanos que hacen de la amistad un culto… Y me sentí amigo. Y encontré en esta escuela, la de ustedes, la “10” de Pareditas. Y encontré mi escuela. Ya nunca más pude pensar en ser parte de otra. Porque en la escuela encontré lo que hoy llena de orgullo y da sentido a mis años de docente y que me permiten mirar hacia atrás y decir: ¡no estuve en vano! Y me sentí maestro. Hoy comparto con ustedes el orgullo de todo lo que supimos lograr desde esta escuela a favor de la comunidad. Orgullo de un equipo docente inigualable que formamos, que mantuvimos y que llegó a ser mítico. Orgullo de los alumnos, mis alumnos, que pasaron por aquí y que hoy son hombres y mujeres que construyen con trabajo y esfuerzo nuestra patria y que en cualquier lugar en que nos representan son ejemplo. Siento orgullo de la comunidad de padres, de la cooperadora, de la unión de madres, de los ex alumnos, que acompañaron con cariño y dedicación cada momento de la vida de la escuela, y que se entrometían en todo, pero que generaron una escuela viva, libre y democrática. Siento orgullo de los líos, los desórdenes, las discusiones y los acuerdos, de las actividades académicas y de las que, sin serlo, muchas veces cuando todo Pareditas y hasta pueblos vecinos compartíamos la escuela. Actividades que marcaron a fuego en los alumnos un modelo de escuela participativa que no debe perderse. Hoy que estoy llegando al final de mi vida debo agradecer al pueblo que me hizo pareditano. Debo agradecer a los maestros, a cada uno de ellos, por haberme hecho parte de su equipo, del mejor equipo docente y a los alumnos, mis alumnos, que hoy siendo padres y abuelos de otros niños, recuerdan a su escuela con cariñoso afecto, y con ello, agradecer a la escuela 10 de Pareditas. Porque la escuela son ustedes.

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Y un pedido. Casi un mandato. Permítanme un último consejo de maestro: no se dejen arrebatar eso que son. La comunidad debe seguir siendo lo que es. Pareditas debe seguir siendo Pareditas. No dejen que desde afuera les impongan estilos de vida diferente. Los pareditanos son parte de la escuela porque Pareditas sin su escuela no es la misma. ¡Gracias por permitir mis humildes garabatos en el lienzo de la vida de esta escuela!

UNA HISTORIA REAL Allá por el año 1940 llegué al mundo en el hospital de Tunuyán, como primogénito de Antonio Rusalén y Margarita De Marchi. Mi papá era contratista de viña en la finca de Tubert Hnos. S.A. Don David Tubert y Fany Levín de Tubert fueron los padrinos de casamiento de mis papis, y de hecho, el primer hijo pasaba a ser su ahijado. Mi madrina, doña Fany, cuando cumplí seis años me regaló una bicicleta de mediano porte para que fuera a la escuela, la vieja escuela “Esteban Echeverría”, cuyo edificio aún hoy perdura frente a la nueva, sobre la calle San Martín. El director era don Daniel Herrera, año 1946. Transcurre el tiempo y estando el Gral. Perón en la presidencia de la Nación, empiezan a repartir un pan dulce y una botella de sidra a los pobres para las fiestas de fin de año. Esto se hacía en el correo de La Consulta, en la esquina de Sixto Videla Sur y Ejército de los Andes y recuerdo que mi papá me mandó a recibir este regalo. Me instalé en la cola y al llegar a la ventana donde hacían la entrega, ya estaba en una lista como “hijo de contratista de viña” y por lo tanto no nos correspondía la sidra y el pan dulce, según me dijo un Sr.

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Reynoso, (creo que era el jefe del correo), porque éramos ricos. ¡Tamaña discriminación a un niño de ocho años! Perdura en mi recuerdo, que mi padre, durante la cosecha de uva, estaba encargado de revisar y coser las carpas de los vagones de ferrocarril en la estación La Consulta; él me llevaba y yo le ayudaba a coser; la uva se cargaba y se trasladaba a las bodegas donde entraba el ferrocarril, en Godoy Cruz. En el año 1945 nació mi hermano Mario y en 1950 mi hermana Antonia, quien con tres años de edad se cayó a la pileta del agua, llena, con una boca muy chica… Cuando mi mamá se dio cuenta que Kuki no estaba donde jugaba, se fue directo a la pileta y se zambulló sin saber nadar para salvar a su hija, logrando finalmente su cometido. Muchas historias de vida podría contar; este recuerdo lo dedico a la memoria de mis padres que lograron con su humildad y trabajo forjar a tres personas de bien, sus hijos, con buenos sentimientos y mucho amor.

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ALBERTO PIATTELLI Nacido en Luján en 1941, radicado en San Carlos desde su infancia. Destacada su labor docente y su actividad pública. Estudioso e investigador de temas históricos regionales. Entre sus obras figuran: Luis Ángel Paludet, un hombre admirable, Soy Instituto y estas son mis raíces. Coautor de libros como: San Carlos es futuro, Valle de Uco, historia y perspectivas, Crónicas del terruño (1, 3 y 4), Tercera antología poética Valle de Uco. Plaquetas literarias Presencia y Médanos. Primer premio cuento en certamen literario San Carlos Borromeo, mención especial cuento por Alvear, abrazo de caminos y mención de honor en el mismo certamen en 1966. Coautor del libro San Carlos… recorriendo su tierra y sus personajes. Colaborador de revistas y periódicos locales y provinciales.

RECUERDOS DE LA MINERÍA EN UN VALLE DE ORO BUENOS AIRES, ARGENTINA – NOVIEMBRE 28 DE 2065, HORA 14.25 - ESTADO MAYOR DE DEFENSA Y SEGURIDAD. URGENTE: El monitor de control aéreo indica el accidente de la Nave ZBX-129 en la posición absoluta de 33° 55’ de Lat. Sur y 69° 03’ de Long. Oeste. No hay comunicación radial. Se ignora si hay sobrevivientes. ORDEN 3587 DEL ESTADO MAYOR: LOCALIZAR LA NAVE SINIESTRADA, PROCEDER AL RESCATE DE SUS TRIPU-LANTES Y DE LOS ARCHIVOS INFORMATIZADOS DE LA MISMA. GUARDAR SILENCIO DE RADIO, PUES ESA UNIDAD ES PORTADORA DE INFORMACIÓN CONFIDEN-CIAL DE ALTA SEGURIDAD. Punto remoto del Oeste argentino: — Alexis, Alexis ¿Estás ahí? Jonathan ¿Dónde estás?… Estefanía ¿Estás herida? ¡Contesten por favor! — Soy Julieta, mi Comandante, estoy aturdida, pero me siento bien.

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— Sebastián, soy Jonathan, estoy bien. — ¿Dónde están los demás? ¡Búsquenlos! Quiero un informe de inmediato. — Comandante: Alexis ha fallecido instantáneamente con el impacto y Estefanía tiene fractura expuesta del miembro inferior derecho y un fuerte traumatismo en el cráneo. Está grave. Han quedado destruidos el depósito de medicamentos y el almacén de alimentos. La computadora de a bordo está inoperable. — Jonathan, trata de comunicarte por radio y pide ayuda urgente. — Imposible, el aparato está destrozado. — ¡Comandante! ¡Comandante! Estefanía acaba de fallecer. ¡La nave se está incendiando! — La situación es crítica. Debemos abandonarla y buscar ayuda. Seguro que habrá una población cerca. Los tres sobrevivientes caminaron, todavía confundidos, por una planicie semidesértica con vegetales achaparrados, amarillo; secos, a pesar de que había llovido hacía un rato. A su izquierda se elevaba majestuosa la nevada Cordillera de los Andes. Ya oscurecía y no se advertía ni una luz en el horizonte. — ¿Ustedes han notado que el silencio es absoluto? — Sí, es extraño. Tampoco se ven aves o algún otro animal ni siquiera hormigas. Ni moscas hay. Es como si en esta zona se hubiera producido una catástrofe nuclear. — Espera, parece que allá, descendiendo de esta loma, hay un pueblo. Vamos. Apresuraron el paso, evidentemente había vestigios de una civilización... Viviendas derrumbadas, algunas sin techo, otras con los vidrios rotos, las puertas abiertas gemían como lamentándose de su destino. El viento, en ese silencio sepulcral, dejaba oír sus carcajadas de brujas, que corrían a esconderse en la ya cercana noche. — Espera, allí hay un edificio con una leyenda. Tratemos de descifrarla. — Dice, más o menos: De…gación Mu… d… Pareditas. Ese debe ser el nombre que tenía este lugar. — Busquemos un refugio. También algún alimento y agua. — ¿Pero qué ha pasado? ¿Dónde están todos? Sorprendidos recorrieron, buscaron, investigaron un poco a

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tientas, en ese negro atardecer. Nada, no encontraron nada. Solo agua cristalina que corría en forma natural, por lo que en otro tiempo pudo haber sido un canal. — Parece que a este pueblo lo han abandonado pero no de urgencia, ya que se han llevado todas las pertenencias. Tendremos que conformarnos con un poco de agua. Aquí reina la paz, pero parece la paz de la muerte. A la mañana siguiente los afligidos tripulantes de la moderna nave colapsada, avanzaron lentamente por lo que fue una Ruta, la 40 según indicaba un viejo cartel caído. — Allí dice: Chilecito. Y calle Belgrano. Entremos a ver si encontramos algo. Nada. Solo desolación. Sigamos. Pasado el medio día y sin haber ingerido ningún alimento, solo agua y ya con algunos dolores abdominales, descubrieron una nueva población. — Se llamaba Eugenio Bustos. Acá hubo una estación de servicio REPS0L YPF. Nada de nada. Sigamos. — Aquí hubo otra estación de servicio, esta era Shell. Allí hay carteles indicadores: San Carlos a 2 Km – La Consulta a 7 km – Tunuyán a 22 km – Tupungato a 66 km – Ciudad de Mendoza a 102 km. ¡Ahora recuerdo, estamos en la zona prohibida de la provincia de Mendoza! Deberemos caminar hasta más allá del Río Mendoza para encontrar señales de vida. — Mira, los álamos secos parecen centinelas silenciosos de un pueblo muerto. De los viñedos quedan solo los alambrados mudos, como pidiendo auxilio. Entremos para ver si encontramos algo. — ¿Pero, adónde se fue la vida? Caminaron… buscaron… y encontraron un supermercado parcialmente derrumbado. Decía ÁTOMO en su fachada. — Qué casualidad, ¿habrá sido una premonición al colocarle ese nombre a un comercio que luego sería destruido precisamente por átomos venenosos? — Acá hay un depósito. Hay algunos alimentos envasados, pero están vencidos, tienen fecha 2025. Busquemos algo, aunque esté vencido, para alimentarnos. Así no podemos seguir. Continuaron su recorrido, leyeron: Bibliot…. Dioni..io Chaca. Ingresaron, estaba desierta. Ni un libro. En una esquina advirtieron un

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antiguo cajón con viejos diarios: Los Andes, Uno, Cronista XXI. — Miren lo que dice este: “ADIÓS: ESTE ES EL ÚLTIMO NÚMERO DE CRONISTA XXI, único medio que ha sobrevivido en la zona hasta el día de hoy”. Hay una foto de su anciano director Silvio… (No se lee el apellido) y una nota final titulada: “REFLEXIONES PARA EL FUTURO” — ¿Qué dice? Léela. — ”San Carlos 4 de noviembre de 2025 - Hoy, en el día del Santo Patrono de este Departamento, San Carlos Borromeo, culmina la historia de un pueblo pujante, trabajador, emprendedor. Un pueblo donde vivieron personas inteligentes, cultas, sanas moralmente. Donde existió una juventud esperanzada. Donde cantaban y reían niños felices. Donde la buena salud no era un privilegio sino que la gozaban todos naturalmente. Donde la producción era un orgullo para toda la Argentina. Donde los turistas se asombraban por las bellezas naturales y la calidez de su gente”. Hoy culmina la historia del floreciente Valle de Uco, región privilegiada por la mano de Dios, con tierras fecundas, con un clima especial, con las aguas de sus arroyos puras, sanas, cristalinas. Un valle por el que corría oro líquido en sus arterias subterráneas, el oro más preciado de todos los hombres: la mejor agua mineral del planeta. Recordem os que a partir del 2005, desde estas m ismas columnas, levantábamos la señal de alerta sobre las consecuencias que podría tener el desarrollo de un proyecto minero. Se trataba de la explotación de yacimientos de oro y cobre ubicados en las proximidades de la Laguna del Diamante. El pueblo escuchó nuestras voces, algunos gobernantes locales también. Pero los que debían tomar las decisiones de fondo se hicieron los distraídos. Seguramente el altísimo poder económico de las Empresas Mineras Multinacionales y que tienen el poder de convencimiento de mil dólares, o cien mil, o un millón, hicieron que esos oídos, hasta los de los más encumbrados de la Nación, se volvieran sordos. Y el proyecto siguió adelante; prometieron trabajo, progreso, bienestar, alegría, paz. Trajeron sus grandes máquinas del tamaño de un edifico de tres pisos; hubo que hacer caminos de cuarenta metros de ancho para su desplazamiento. Circularon cada mes, por nuestras rutas, 300 toneladas de CIANURO DE SODIO, 50 TM de ÁCIDO SULFÚRICO, 50 TM de SODA CÁUSTICA, 20.000 Kg. de MERCURIO, etc. etc., todos químicos de

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alto poder tóxico. Y ni qué hablar de las miles de toneladas de dinamita y otros poderosos explosivos necesarios para volar nuestras montañas. Cientos de monstruosos camiones circularon por nuestras rutas en forma permanente, transportando desolación y muerte. Hubo accidentes. Muchas personas murieron por ellos. El camión con cianuro que cayó al Río Tunuyán contaminó el embalse El Carrizal, lo que significó la pena de muerte para el Este mendocino. Otro camión cargado con explosivos, que chocó en San Rafael, hizo volar la mitad de esa ciudad, con millares de fallecidos. Uno que explotó en el centro de General Alvear, causó también miles de víctimas. Y así muchísimos más. Las sopas químicas, que se utilizaron para separar el oro y el cobre y otros metales estratégicos de las rocas hechas polvo, se deslizaron por las laderas de nuestra hermosa montaña, convertida ahora en paisaje lunar. Y envenenaron los arroyos Yaucha, Papagayos, Rosario, Aguanda, San Carlos y los ríos Tunuyán y Diamante. ¿Qué pasó entonces con este vergel? Esta contaminación fue matando poco a poco toda la vida acuática; luego a los animales que bebieron de los frescos y cantarines cauces. Después contaminaron nuestros cultivos, los frutos, las verduras; nuestros exquisitos vinos se transformaron en terribles tóxicos. La lluvia ácida, producida por la emisión a la atmósfera del polvo de las explosiones y del humo con gases tóxicos, quemó nuestros campos. La producción murió. ¿Qué pasó con las mejores aguas del mundo?

Las aguas

minerales purísimas de Cápiz, de Eco de los Andes, de Tupungato, se contaminaron y se volvieron un veneno mortal. ¿Qué pasó con los habitantes del Valle de Uco? La gente, nosotros todos, nos fuimos enfermando, comenzamos a envejecer prematuramente. Se agravaron los problemas respiratorios. Ni qué hablar de los digestivos. Proliferaron los cánceres de todo tipo. Las hepatitis y las cirrosis estuvieron a la orden del día, pues esas sustancias no son metabolizadas por el organismo. ¿Qué pasó con los niños? Mermaron los embarazos, comenzaron a nacer niños deformes y con graves problemas mentales. ¿Y con los matrimonios? Las parejas que soñaron con tener un hijo, que vieron crecer el vientre bienaventurado de la madre, y que después los venenos frustraron su ilusión, vieron cómo su amor y su futuro desaparecieron, como desapareció el agua pura de nuestros arro-

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yos. Ocurrió lo peor: llegó el dolor único de los padres enterrando a sus hijos y el dolor incomprensible de los niños enterrando a sus jóvenes padres. ¿Y qué pasó con nuestros jóvenes? Su mirada luminosa se tornó triste y sombría, se hicieron rebeldes, ellos entendieron lo que pasaba, pidieron protección y amor, no los encontraron. Muchos lograron escapar emigrando a otros lugares; de los que quedaron solo restan las cruces en el cementerio. ¿Y las autoridades qué hicieron? La indiferencia de muchos gobernantes o su inacción interesada y cómplice, sumada a la avaricia sin límites de las empresas multinacionales de los países ricos, trajo el infierno para este pueblo. Cuando todo estaba perdido recién entonces las autoridades superiores advirtieron su error. Error que este periódico y que todo el pueblo advirtió y denunció a partir del 2005 y que, fatalmente, nadie escuchó. Los que prometieron el paraíso del oro y se llevaron toneladas de ese metal precioso y de otros minerales estratégicos, no dejaron un solo peso. Ellos sí viven en el paraíso del Norte, mientras que nosotros, en el infierno del Sur. Los que prometieron trabajo, bienestar, progreso, solo mostraron espejitos de colores. Vimos a través del tiempo que todo era una mentira infame: primero, no dieron trabajo a nadie pues en la zona no había ingenieros mineros, geólogos o técnicos químicos. No existía mano de obra especializada para realizar esos trabajos. La mano de obra barata la trajeron de Bolivia y de Chile, para pagarles menos y para que cuando se enfermaran y hasta murieran por la contaminación, no se enterara nadie y, por lo tanto, no se produjera un levantamiento social. Las expectativas no se cumplieron. Con la degradación de la producción agrícola e industrial y con la desaparición del turismo, llegó la total desocupación a nuestro pueblo. Luego advertim os que los mineros, para alimentarse, no dependían de nuestros comercios, compraban a los mayoristas de las grandes ciudades. Luego descubrimos que el litro de gasoil a ellos les costaba cincuenta y dos centavos, porque no pagaban impuestos. Vimos que las grandes inversiones que realizaban no pagaban ningún tributo y el colmo fue que debimos, los habitantes de esta tierra, pagar las obras que llevaban la energía eléctrica para su explotación en alta

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montaña. Más tarde nos enteramos que por las exportaciones de miles de millones dólares en metales preciosos, recibían del gobierno nacional cuantiosos reintegros, establecidos por leyes corruptas de la década del ‘90. Lo que significaba que se les devolvía todo lo que habían invertido y mucho más. Ahí estaba el gran negocio. Nos llevaron el oro y otros metales y todavía se llevaron nuestros ahorros pagados en impuestos durante muchísimos años. Supimos que embolsaron ganancias fabulosas y no dejaron en la zona ni en el país, un solo centavo. En consecuencia, como pensamos desde un principio, nuestra patria perdió millones de dólares. Después nos enteramos de que en los campamentos proliferó la prostitución y hasta la prostitución infantil; eso nos explicó por qué fueron desapareciendo nuestras niñas y nuestros niños; después llegó el alcoholismo y la drogadicción. Del paraíso prometido solo queda miseria, hambre, desolación y muerte. El vergel de Mendoza, el Valle de Uco, se convirtió en un desierto, como si sobre esta tierra hubiese caído una bomba atómica. Hoy en esta simple hoja de nuestro último número, CRONISTA XXI, en la agonía de este pueblo y un minuto antes de su muerte, levanta su voz, una vez más, para que en ningún lugar del mundo se vuelva a permitir la explotación minera utilizando los mortales cócteles químicos. La asociación minero-química es inexorablemente sinónimo de muerte. El destino luminoso y lleno de promesas del Valle de Uco hoy cierra su última página merced a la acción criminal de esta combinación, también a la complicidad interesada de muchos gobernantes y aún a la indiferencia e incredulidad de muchos de sus habitantes. El ejemplo es la mejor lección. Lástima que llegó tan tarde. Los que lean estas líneas tienen la misión única e irrepetible de luchar por los derechos inalienables que tiene todo ser humano: la vida, la salud, la felicidad, la libertad, la paz. Tienen la misión de luchar para que este atropello a la dignidad humana que sufrimos los habitantes del Valle no se vuelva a repetir en ninguna otra parte del mundo. Hasta siempre.” — Qué terrible, Comandante, había leído sobre esto, pero nunca creí que fuese así. La información que recorrió el mundo es totalmente diferente y nunca nos dijeron la verdad. — Comandante, me siento mal. Me punza el estómago, tengo

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diarrea, me duelen la cabeza y los huesos. — Yo también tengo un malestar general. No estoy bien. — Lamentablemente a mí me pasa lo mismo y debo decirles, con mucho pesar, que estamos enfermos… porque hemos bebido agua contaminada y totalmente envenenada que proviene de los yacimientos de oro ubicados en las proximidades de la Laguna del Diamante. — ¡Pero ha pasado tanto tiempo! — Sepan que la contaminación química con cianuro, con mercurio, con…, en las aguas y en los suelos dura más de quinientos años... ”ATENCIÓN – ATENCIÓN – AQUÍ NAVE DE RESCATE LLAMANDO AL COMANDO GENERAL DE EMERGENCIA DEL ESTADO MAYOR: HEMOS LOCALIZADO A LA NAVE SINIESTRADA EN UN LUGAR CERCANO A LA LOCALIDAD DE PAREDITAS, DENTRO DE ELLA HAY DOS CADÁVERES. LUEGO, ME-IANTE EL LOCALIZADOR SATELITAL, ENCONTRAMOS AL COMANDANTE Y DOS TRIPULANTES MUERTOS EN LA LOCALIDAD DE EUGENIO BUSTOS, DEPARTAMENTO DE SAN CARLOS, SITUADO EN EL VALLE DE UCO. ”La causa de su fallecimiento, para nosotros, es desconocida. Estimamos que pudo ser originada por la contaminación total del ambiente, causada por la explotación de la minería metalífera a cielo abierto que utilizó sustancias químicas hace unos cincuenta años, según figura en nuestros archivos informatizados. Penetraron, sin saber, en la zona prohibida, donde solo reina la muerte”. NOVIEMBRE 30 DE 2065 – 10.30 HS.

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JOSÉ ERNESTO RUIZ Nació en Pareditas, San Carlos, el 7 de marzo de 1951; es Enólogo y profesor de Enseñanza Primaria. Su amor por la literatura data de 1966; participó en distintos diarios del medio local y provincial. Formó parte del periódico Eco Sancarlino. Participó en plaquetas literarias, revistas locales y en la publicación Sentimiento de albergue. Trabajó en la Escuela Albergue “Yapeyú» junto a su esposa durante casi quince años. Actualmente se desempeña en las Escuelas N°1-064 “Río Negro” y N°1-031 “9 de Julio”. Su seudónimo es Joe

EL CUERO DE MOSCA ¡Qué despropósito! Sacar la piel de un animal para hacer caprichos de otros. Los nativos usaron las pieles para cubrirse, otros la usaron para enlazar, pialar, pero debían hacerlas más firmes, más resistentes, entonces las unían, las trenzaban, aduciendo que la unión hace a la fuerza. Luego la usaban para adornar sus vestimentas y la de los animales, por ello se extrajo la piel de la vaca, del caballo, de la liebre, de vizcacha, de mosca… — Me lo contó don Eustaquio, que el cuero para hacer sus obras, lo sacaba así: Carnea el animal, extrae cuidadosamente su cuero, lo estaquea, le agrega sal, harina, alumbre, guano, etcétera... — Una vez seco, se lo trata con tanino para engrosar la piel o cuero; esta sustancia se saca del algarrobo, alpataco y molle. — Se lo pela, agregando sobre el pelo ceniza, arena caliente y con peladores de madera, piedras, huesos o tarros; luego se cortan en rodajas para extraer los tientos.

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— Se cortan estos tientos en largas tiras, se estiran, se perfilan y finalmente se trenzan según la sabiduría del gaucho. Don Eustaquio me comentó, además, que el animal que más le costó fue su preferida mosca. Soñaba hacer sus zapatos, hermosos lazos, sus maneas, el bozal… pero debía ser de mosca, ¡sí, cuero de mosca! Yo no le creía, como no lo creen ustedes; pero, según don Eustaquio, lo hizo así: — Fue el animal por el que lloré al extraerle su cuerpo mortecino, claro no le clavé el cuchillo, la dejé morir.—decía. — Al cuero lo acariciaba mientras lo estaqueaba; casi no hizo falta de echarle sal, mis lágrimas saladas lo habían regado, ya estaba curtido. Lo dejé secar, ¡ojo, lo cuidaba mucho!, pues no tenía zapatos y quería hacerlos de ese cuero. ¡Quería hacer tantas cosas con su piel! Cuando lo pelaba recordaba mis caricias, cuando lo cortaba, recordaba el mal trato que sufren los animales en manos del hombre, pero ya tenía mi cuero de mosca. Hice todas las prendas con mucho amor y aunque no lo comprendan, era cuero de Mosca. Así se llamaba mi yegua, compañera de mis días de campo y soledad.

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ANA MARÍA FURLAN Nacida en La Consulta, San Carlos, donde reside. Es docente jubilada. Por su labor con los niños se inició en la literatura infantil. Con ella obtuvo algunos premios y menciones en el orden provincial, regional y nacional. Tiene dos libros editados con obras para niños. Uno de sus cuentos, Tomatín tomatado, que forma parte de la antología de un Manual de Educación Inicial de la D.G.E. Mendoza. Tiene premios y menciones en poesía y narrativa para adultos, nivel regional y provincial. Ha coordinado talleres literarios para niños y para jóvenes. Ha colaborado en la presentación de libros de autores locales. Ha publicado obras en distintas antologías compartidas.

TIERRA DE TRADICIONES Oigo la llave que gira. Se abre la puerta, pero no es don Romualdo. Es la directora del Museo acompañada por un joven. Su cara me resulta familiar. Me entero de que don Romualdo se ha jubilado a partir de setiembre y han contratado a este nuevo guía. ¿Lo he visto alguna vez? ¿O se parece a alguien? Ella le m uestra los sectores, le explica detalles, le deja información en folletos. Y se va. Tino —como lo ha nombrado la señora— recorre el salón observando todo con interés: muebles, actas, piezas indígenas, objetos de antiguas familias, elementos gauchescos, algunos recuerdos de la primera capilla y tantas otras cosas que atesora este Museo del Fuerte, en el pueblo de San Carlos, que llaman “Capital de la Tradición”. Ya es media mañana. Tino mira los cuadros colgados en la pared sur. Junto a los retratos de unos pioneros de la zona, hay una reproducción ampliada de una pintura de Molina Campos: un gaucho está domando un caballo y otro sentado y con una guitarra en la mano, lo observa con aires de payador. Lo veo sonreír a Tino, seguramente admira al autor.

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El joven ha recorrido todo el espacio ya. Cuando se acerca a la silla destinada al encargado, junto a la puerta de entrada, levanta la mirada y me descubre a la derecha de la puerta. Lee y repite en voz alta mi nombre: “José Hernández”. Baja la vista y, debajo de mi cuadro, ve la repisa de hierro forjado y mármol con un ejemplar de mi Martín Fierro forrado en cuero. Sonríe mientras hojea la obra. “Pensar que me llamo Martino por este gaucho” dice el muchacho. Ahora sonrío yo. Es la tarde. Unos turistas recorren el museo con entusiasmo. Tino ofrece explicaciones precisas y comentarios simpáticos. “Así da gusto visitar museos” dice el hombre de gorra gris. Y tiene razón. La historia se ha vestido de juventud aquí. ¡Epa! ¡El guía está despidiendo a los visitantes con estrofas de mi libro...! “Yo no soy cantor letrao, / mas si me pongo a cantar / no tengo cuándo acabar / y me envejezco cantando: / las coplas me van brotando / como agua de manantial“. Si pudiera, me uniría a los aplausos de la gente... Pero no me pintaron manos. Cuando termina la jornada Tino se dispone a descansar. Como no es del pueblo ha pedido quedarse en el museo. Veo cómo se acomoda en el suelo sin inconvenientes. El joven bosteza bajo el poncho que lo cubre. Mira el antiguo reloj de péndulo. Es casi la medianoche. El sueño parece estar a punto de vencerlo. Ahora se oye un ruido leve en el sector de los cuadros. Toma la linterna —sin encenderla— y se encamina hacia allí. No hace falta iluminar el lugar. Es noche de luna. Veo en la cara del muchacho una expresión de satisfacción. Miro el mural de Molina Campos que solo ostenta cielo y tierra. ¿Dónde están los personajes? Ahora los descubro: los dos gauchos están cómodamente sentados sobre el piso del museo, junto al gran mortero de piedra. Los ojos de Tino permanecen sin pestañear. Se encoge atrás de la antigua amasadora de pan para observarlos mejor. Los hombres conversan con absoluta naturalidad y Tino los escucha con gran interés

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durante algunos minutos. Luego sale de su escondite y se acerca. —Buenas noches, amigos. —Buenas, muchacho... Lo tratan con tanta familiaridad que Tino se ofrece para cebarles unos mates a cambio de historias. Entonces los hombres hablan de malones. Y se ponen serios. Hablan de gauchos, y cantan. Hablan del encuentro de San Martín con los aborígenes en esta tierra y se asombran. La pava va quedando sin agua, según veo. Ha pasado más de una hora ya y ahora se despiden. De nuevo al mural unos; de nuevo a la improvisada cama el otro. Y nos disponemos a dormir todos. Bah, yo no duermo, pero es muy parecido. Esta mañana Tino se ha presentado diferente. Los visitantes observan con simpatía al guía vestido de gaucho. El joven se siente muy cómodo y seguro con su atuendo y matiza la mañana de trabajo con un relato de malones. Lo oigo y me enorgullece. La gente escucha con atención sin imaginar que lo aprendió anoche de los gauchos de Florencio. ¡Muy bien, Tino! aunque no me oigas. El museo no es el mismo. Dejó de ser silencioso y solemne; es más atrayente. Tino, con su vestimenta gauchesca, cuenta a los asistentes las historias que escucha por las noches, sin olvidar despedirlos con estrofas de mi “Martín”. Me he dado cuenta de que tiene impreso en su memoria todo mi libro como lo tenía yo cuando lo escribí. ¿Será por eso que me resultó familiar? Semana tras semana crece el número de visitas, cautivadas por el estilo y la estampa del muchacho. Yo también estoy sorprendido, y halagado. Un museo suele ser lugar para unos pocos estudiosos. Este es, ahora, un lugar para todos: Un paseo donde la familia puede aprender y disfrutar. Ha comenzado noviembre ya. Hoy es el Día del Santo Patrono del pueblo. Puedo ver por una ventana los ranchos típicos levantados en las calles, gente que va y viene por los preparativos de la fiesta; los parlantes están ensayando música folklórica a pesar de ser tan temprano. De pronto, una voz grabada rodea la plaza invitando a la procesión de San Carlos, esta tarde a las dieciocho. La directora del museo y algunas autoridades municipales están llegando aquí. Falta media hora para abrir al público.

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Entran llamando a Tino pero no lo encuentran. Yo tampoco lo he visto. Escucho que hoy le harán un homenaje por haber atraído a tantos visitantes. Veo un pergamino, un paquete de regalo, tazas, sopaipillas y chocolate humeante. “Seguramente ya viene”, dice una colaboradora. Todos están sonrientes y ansiosos. Miran el reloj a cada instante. Son las nueve; es hora de abrir. ¿A dónde se fue el muchacho? Y se asoman. Miran el reloj. Es la hora y un minuto. Miran el reloj. Es la hora y tres minutos. Se miran. Es la hora y cinco minutos... Tino no aparece. ¡Qué raro! El péndulo indica la media hora después de las nueve. La directora del museo, resignada, da vuelta el cartel y puedo leer “ABIERTO”. Siento el golpe de la puerta que se cierra detrás de la comitiva. Aquí, la soledad y el silencio. Afuera, los pasos y el murmullo. Veo el chocolate que ha dejado de humear. ¿Dónde estás, Tino? ¡Tino! Tal vez se fue del pueblo. Tal vez algo no le gustó. O tal vez se aburrió. ¡Qué pena! Ha terminado la procesión en este cuatro de noviembre. Una brisa fresca atraviesa la ventana abierta del museo, me roza, hojea mi Martín Fierro, se pasea entre los objetos hasta que se calma en la pared sur. Miro el mural de Florencio Molina Campos. No es el mismo. Permanecen el domador con su fusta y el cantor con su guitarra, pero hay alguien más. Junto a ellos un gaucho muy joven sostiene un mate con alegría. Y parece que quiere hablar. —Desde el siglo pasado he estado buscando una auténtica tierra de tradiciones. La encontré y aquí me quedo En homenaje a mi abuelo: Martín Fierro. Me mira, me hace una guiñada. Tiembla mi barba. No sé si sonreír o lagrimear.

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BENDICIÓN Y VENGANZA

Casa de adobes, puertas que alguna vez estuvieron pintadas de verde, ventanucos estrechos y como si quisieran resguardar la vejez de sus paredes, se alzan unas cepas rugosas en su frente; ellas, con los años se vuelven recias, retorcidas y resistentes. Doña Jacoba, tan anciana como su casa, asoma su cabeza envuelta en un pañuelo ceniciento al escuchar ladrar al Pinto y al Detrás. Los galgos amenazan con sus cogotes alzados cerca del estribo de un jinete. — Buen día, Doña Jacoba. ¿Cómo la trata la ciática hoy? — Mejor, m’hijo, está tan seco el ambiente que los güesos me molestan menos. — Sí, pero hay tanta tierra suelta, tanto viento que a mí me lloran los ojos. — ¡Callate, Pinto! ¡Échese, Detrás! Bájese sin miedo, don Joaquín ¿Qué lo trae por aquí? — Vengo por encargo de don Benito Martínez que está al frente de la Agrupación Gaucha “Crisoles del Valle” . Queremos que nos acompañe este fin de semana para hacer un “San Vicente” en La Salada. Doña Jacoba, muy religiosa ella, piensa en que al Santo, si bien respondía cuando se le rezaba, no le gustaba nada que lo enterraran boca abajo (como es el rito) y trata de esquivar el bulto. — No, don Joaquín, yo ya estoy vieja para estar tres días al aire libre y mi osamenta sufre si la hago dormir en una carpa— se justifica previsora. Los perros huelen las botas terrosas y las batarazas de don Joaquín, que asegura el cabestro al tronco de la cepa más próxima. Doña Jacoba acerca dos sillas de totora y se sienta paciente bajo los primeros brotes del parral añoso. Don Joaquín agita el talero de izquierda a derecha para espantar al Detrás. — Por algo le han puesto ese nombre a este perro porfiao. — Lo que pasa, doña Jacoba, que usted es la más avezada en estos menesteres y si no presionamos al Santo, va a seguir muriéndose el ganado y secándose el pasto. La aguada de “Los Guaycos”, que es la más grande, está seca; desde agosto que no cae una gota de agua. No

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hay pastura y los animales deambulan penosos por el campo. Ayer don Juan Baigorria encontró tres animales muertos y la semana pasada, el Martín Lucero halló la osamenta de cinco terneros cerca del guadal. Nosotros hicimos una recorrida con los muchachos y vimos animales echados, sin fuerzas para buscar alimento o agua. Por eso decidimos hacer el San Vicente sin perder más tiempo— explicó el buen hombre. Es viernes y bajo el sol dulce de un octubre que termina, bajan hasta el paraje “La Salada”, los jinetes con sus animales de carga y las camionetas con bártulos de toda clase para pasar los días y las noches de ese fin de semana. El barrancón casi siempre solitario, se apresta a proteger a los esporádicos visitantes. Los fogones crepitan, esparcen sus estrellas candentes en la noche negra y sobre el campo se trepan los ruidos, las risas y la agitación. A medida que pasan las horas, el espacio se estrecha y el ánimo crece estimulado por los “le obligo” y “le pago” que danzan y rebotan de un rincón a otro. Las guitarras liberan sus primeros rasguidos y los asadores dejan gotear los jugos sobre las chispas candentes para que suelte un humo aromado que active las pituitarias de los pernoctadores. Doña Jacoba y algunas “comadres” preparan el altar de San Vicente para el rezo; ella teme que el ritual tenga más visos de festín orgiástico que de petición al santo. — Mientras no se enoje nuestro santito... —piensa en voz alta y le pone flores que trajo para la ocasión. Entre canciones, asados y de vez en cuando rezos, llegan al final de la ceremonia. Don Joaquín cava el pozo debajo de un piquillín visible para desenterrar la imagen después de que envíe lluvia. Rezan, piden, exigen y, por último, lo castigan, enterrándolo cabeza abajo al pobre San Vicente. La indiferencia juvenil se desata con el correr de la bebida, las guitarreadas, los bailes y las expresiones de alegría cada vez más atrevidas y achispadas. No faltan los matones que se enfrentan y los compadres que los separan. Los enredos de polleras ponen estrellas en algunos ojos mientras cubren de nubarrones otros. Pero el cielo sigue limpio sobre la sed caliente de los terrones. Al atardecer del domingo la caravana cansada y sudorosa retorna a su lugar de origen. Un letargo de comentarios acompaña a cada grupo pero en el alma está la convicción de haber cumplido con un

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servicio social que pronto encapotará el cielo y se derramará en agua sobre el vasto campo seco. Llegan los primeros días de noviembre y con él, el festejo de nuestro Patrono San Carlos Borromeo. Ahí va la procesión con murmullo de rezos y cantos religiosos. Doña Jacoba ora y mira qué rápido el cielo está panzón de nubes. — Parece que San Vicente va a cumplir nomás —piensa pero teme el enojo que cree ver en esas nubes negras y rápidas que chocan, estallan y siembran relámpagos y truenos. La tarde oscurece, la procesión apura el paso, la iglesia ya quedó muy atrás. El aguacero es inminente pero hay que respetar al santo homenajeado aunque el viento arrase y la imagen de San Carlos se tambalee sobre los hombros varoniles. El rezo ya es un clamor de misericordia porque se viene la tormenta y se descarga sin tregua sobre santo, gente, árboles y tierra sedienta. Todos corren, el santo deberá disculpar pero hay que guarecerse y habrá que hacerle otro manto porque el viento le arrebató el que tenía. Lluvia, viento, barro, granizo. Todos corren despavoridos y en la carrera San Carlos pierde también un brazo, el cura desapareció y solo se ven bultos despavoridos en las calles anegadas. Doña Jacoba se arrebuja en su poncho, aprieta fuerte el rosario que le regaló el Padre Anselmo y murmura: — Perdón, San Vicente, mañana mismo enviaré a Don Joaquín pa´ que te desentierre. Calmá tu enojo y no nos castigués más. Mientras tanto, la tierra glotona abre sus terrones sedientos y traga a borbotones esta agresión de agua y hielo.

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MARTA LILIAN VITALITI Nació en su casa paterna, en Chilecito, San Carlos, es docente, dirige actualmente la Escuela “9 de Julio”, es madre de cinco hijos, esposa de un gendarme especializado en alta montaña, catequista por vocación. Escribe inspirada en hechos de la vida real para inmortalizar valiosas historias y regalar intensas emociones a sus lectores.

UN ÁRBOL CON HISTORIA

No sé qué manos te plantaron, ni quién regó tus raíces; tal vez fue Dios mismo, que se valió del viento, para que fueras a crecer justo allí: en el patio de la escuela. Solo sé que los paredones de adobe de aquella vieja escuela de puertas altas y ventanas más altas todavía, fueron tu reparo y tu refugio. Y allí creciste en el medio del patio, y allí fuiste sombra de cansados caballos y también de algún sulki que servía de transporte a alumnos y maestras de otra época. Y allí creciste, rodeado de niños, de guardapolvos blancos. Y en cada noviembre te vestías como ellos, de blanco perfecto para perfumar las aulas que ya pronto se quedaban vacías. Y después de un tiempo, ya llegado marzo, cuando niños y maestros volvían, ese amarillo intenso, por completo te cubría. Y así como generosas eran tu sobra y tus flores, generosos tus frutos pequeños, esas peras chiquitas más dulces que las “uvas de Platero”, hacían las delicias de quien quisiera probarlas; se convertían en cuenta improvisada de alguna sabia maestra: — “Si tengo cinco pe-

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ras y me como dos. ¿Cuántas quedan?”. Y resolver el problema era más fácil, era más lindo, era más divertido. Quizás alguna vez, aquellas peras, fueron pelota para jugar un partido, o proyectil en manos de chiquillos traviesos para hacer puntería. Pasó el tiempo, te hiciste grande y un buen día comenzó un gran movimiento que te sorprendía. Te esquivaron engarillas, tablones y chapas. Y nuevos ladrillos formaron paredes nuevas. Vos ahí, en el medio, respetado por arquitectos y constructores, mudo testigo del progreso. Y así del patio del fondo del viejo edificio, ocupaste un lugar de privilegio en el frente de la escuela nueva. Desde allí como firme vigilante, pudiste ver cómo crecía tu pueblo… Ya, no más la calle empedrada; ya, no más sulkis y caballos… Ahora bicicletas de todos colores se apoyaban en tu tronco. Te rodearon jardines y rosas y viste pasar más niños que jugaron bajo tu sombra y leyeron cuentos de princesas y dragones… Una buena troya, el tiro y las bolitas, trofeo deseado de cada recreo. Sentiste tantos brazos pequeños que te rodeaban y voces infantiles que en un susurro contaban: uno, dos, tres… diez… veinte… ¡El que no se escondió se embromó!... Y carreras y bullicio y hasta algún pequeño aventurero que trepó tus ramas para provocar el grito asustado de algún maestro: —“¡Bajate! ¡Te vas a caer!”. ¿Y los pájaros? ¡Cuántas veces te buscaron! Eligieron tu frescura, tu protección y tu firmeza para hacer sus nidos. Te regalaron sus cantos y viste nacer sus pichones. ¡Qué historia de vida! De alegrías y de risas, de juegos y cantos, historias de niños, de hijos y nietos de aquellos niños y… más, ¡mucho más! Y un día alguien dijo: -“Si hacemos el piso nuevo hay que cortar el peral, porque sus raíces lo van a levantar”. Como sentencia de muerte sonó a mis oídos y ahí me di cuenta de cuánto habíamos vivido. Ese viejo peral guardaba entre sus ramas tantos recuerdos queridos, tantas infancias pasadas… ¡No! ¡Jamás iba a permitir que lo cortaran! Había otra solución: se protegieron sus raíces y se preservó el piso. Seguiste allí, en tu sitial de honor, jugando a la escondida, bailando

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con el viento en cada ronda, regalando tu sombra en el verano y dejando pasar la tibieza del sol de otoño. ¡Mi viejo peral! Si hasta se me hizo costumbre saludarte con la mirada, cada mañana al llegar. Y otra vez la amenaza. ¡Otra vez el puñal! —¡Ese árbol está muy viejo! ¡Es peligroso! ¡Puede lastimar a algún niño!. ¡Lo tendrían que cortar! —¡Eso nunca! ¡Jamás! ¡Ese viejo árbol no le haría daño a nadie! Si su vida fue por ellos y para ellos ¿Cómo los podría dañar? Ese viejo peral, al que solo llega un fino hilo de savia, a sus pocas hojas. Ese viejo peral que ya casi no tiene ramas, tiene un enorme corazón de madera cargado aún de sueños ajenos, cargado de ilusiones, cargado de valor y coraje para dar. Tiene un enorme corazón de madera latiendo al compás de la escuela. ¡Mi viejo peral! No importa lo que digan, ese será tu lugar. Siempre te voy a defender. Y si algún día no puedo, porque ya no esté en mis manos, entonces serán mis palabras, estas que hoy escribo para vos. Porque habrá alguien que las lea y diga: —“¡Pará, es el viejo peral de la escuela! ¡No lo cortes, no lo dañes! Es un árbol con corazón, con recuerdos, con memoria. Es un árbol con vida, un árbol con historia”.

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ELENA SIERRA DE GÓNGORA Nació en Mendoza el 19 de Febrero de 1948. Egresó de la facultad de Filosofía y Letras de UNCuyo con el título de Licenciada y Profesora en Geografía. Fue profesora, directiva y supervisora en los colegios del Valle de Uco.Quizá porque sus padres fueron profesores de Lengua y Literatura Castellanas, la motivaron de pequeña para ser una lectora fanática, y también desde entonces garabateó carillas. 2003 Primer premio en el concurso de cuentos en la Municipalidad de Tunuyán. 2005 Mención especial concurso “Mi País Literario”. 2006 Primer premio concurso argentino en versos y prosa “Cuentos míos…para vos”. Inclusión en antología anual especial 2006. Mención especial antología homenaje a Silvina Ocampo. Medalla Presidencia de la Nación concurso Los Cien Mejores Municipalidad de Chos Malal, Neuquén. 2007 seleccionada para editar su libro Nuevos Cuentos Míos…para Vos, por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Mendoza.

DOS MAGOS Desde pequeña, Ester fue una maga de la música. Sus dedos apretaban las teclas del piano y las notas volaban convertidas en jilgueros y calandrias que enamoraban con sus silbos armoniosos. Héctor era un joven maestro, un mago de la tiza. Su vozarrón evocaba los grandes logros de los hombres o sus manos guiaban manitos indecisas en el arte de escribir y trazar cuentas. Un día, una calandria nacida del marfil del piano de Ester, cantó cerca del oído de Héctor en el patio de la escuela donde el joven trabajaba. Desde ese día el maestro seguía el sonido de la música y podía vérselo los sábados en la Iglesia, confundido entre los invitados a las bodas, embelesado con la voz de Ester, que se elevaba hasta el cielo desgranando las notas del Ave María. Pronto las condiciones mágicas de ambos entrelazaron sus vidas y entre tablas de multiplicar y escalas musicales, se rodearon de niños aprendices. Pero estos niños venían, llenaban la casa con sus risas y con sus travesuras y partían de vuelta a sus hogares, dejando una sensación de vacío que a veces hacía tiritar el alma de los magos.

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Los dos querían llenar la mesa de hijos que iluminaran los días y las noches. Sentir las risas de sus niños, y escuchar pequeños pasitos que llegaran en la mañana del domingo hasta la cama de los padres y pidieran un cuento de hadas y piratas. Pero la cuna seguía vacía. Hasta que un día, un ángel diminuto ocupó finalmente los brazos que estaban ansiosos de acunarlo. Andrea, con ser tan pequeña, llenó cada minuto de la vida de sus padres y su carácter de miel y chocolate compraba a todos los que la conocían. Héctor y Ester reían con las ocurrencias de la chiquitina y disfrutaban con cada progreso que la niña lograba. Pero miraban las sillas vacías alrededor de la mesa y suspiraban con anhelo. —Una nena, para que juegue con Andrea—rogaba Ester. —Un varón, para que me acompañe a las carreras—pedía Héctor. Los ruegos de los padres fueron escuchados y, al cabo de unos meses, lloraban a todo pulmón Sonia y Javier. Los mellizos eran tan diferentes entre sí como solo pueden serlo dos seres humanos. Sonia era dulzona, de pocas y precisas palabras, y era raro verla sin un gato entre los brazos. Jugaba con su hermana, como Ester había pedido y las dos niñas se entendían entre cantos y aventuras. Javier era serio. Tan serio que llamaba la atención en un niño tan pequeño. Amaba los motores de autos y de aviones, en respuesta al ruego de su padre, que ya tenía compañero en las charlas de hombres en las que se alternaban marcas de autos y nombres de pilotos. Y la vida siguió entrelazando notas de música y tizas de colores. Y los niños crecieron y cumplieron los sueños de los padres y soñaron sueños nuevos. Fueron logrando metas propias y sacándole a la vida brillo, luces y música. Pero los magos querían seguir haciendo magia. La silla vacía en la mesa familiar era un desafío. Querían verla ocupada. —Otro varón —soñaba Héctor. —Sí, otro varón sería lindo— decía Ester. Y seis días después que los mellizos cumplieron quince años, el moisés, que había descansado tanto tiempo, volvió a ser ocupado. Miguelito crecía entre los mimos de sus padres y hermanos, que amenazaban seriamente con echarlo a perder para siempre. Ese niño, tantos años esperado y buscado con tanto anhelo,

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sería el bálsamo que ayudaría a calmar los corazones cuando, un año después, Andrea voló hacia el cielo, a retomar su destino de ángel. La música ya no salía de los dedos de Ester, que parecían haber olvidado la magia de las notas. Pero sus labios seguían cantando canciones de cuna para calmar al pequeño que no se dormía sin ellas. Héctor seguía enseñando a sus alumnos, pero la tiza ya no sacaba chispas de alegría. —Tenemos un ángel que nos espera—decía Héctor a la familia— Cuando nos toque partir, Andrea abrirá las puertas del cielo para nosotros. Con esa seguridad, los chicos se pegaron más a los padres, los rodearon con su amor, devolviendo a manos llenas el amor que de ellos habían recibido. Y la vida siguió su curso, con su carga de alegrías y tristeza. Sonia y Javier se casaron y volvieron a llenar la casa de los abuelos de risas y travesuras. Héctor Manuel y Pablo, los nenes de Sonia y de Manolo, fueron los primeros. A la casa de Javier y de Paola llegó Santiago,y poco después Florencia cumplía con el sueño del abuelo que había esperado a la nena cada día de su vida. Hasta que, justo el día en que Andrea hubiera cumplido años, el ángel que los había precedido llamó a su papá. Y allá partió Héctor, desde el sueño tranquilo de los hombres buenos hacia el sueño con que el Señor los premia en el cielo. Ester y Miguel charlaban sobre las cosas que a Héctor le gustaban. Cuando el joven decidió unir su vida a la de Betiana, toda la familia compartió la alegría. El recuerdo del padre estaba allí, vivo y presente en cada minuto. Con la seguridad que él estaba feliz con la felicidad de sus hijos. —Quisiera que el nene se llamara Héctor Cappellani —pedía Ester a su hijo menor cuando supo que un bebé llegaría. —Imposible. Será una nena, como quería papá —contestaba Miguelito. Y nena fue. Agustina alegra los días de la abuela, que teje y desteje juegos con su nieta, segura de que el abuelo las ve sonriente, festejando las gracias de la pequeña como siempre lo hizo con cada niño que ocupó su corazón de mago.

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MARÍA CECILIA FUNES Vive en Eugenio Bustos. Es Maestra rural, actual directora de la escuela “Dr. Antonio Bermejo” de Vilucó, Chilecito, San Carlos. Recibió su formación en la escuela alberge “El Alambrado” a 130 km de Malargüe. Escribe movida por sus sentimientos, intentando transmitir historias y vivencias familiares y hacer que perduren en el tiempo. Su Seudónimo es Tachi.

BASILIA: MI ABUELA INMIGRANTE Los padres de Basilia se llamaban Francisco y Damiana. Tenía dos hermanos varones, de los cuales uno de ellos era guardia civil, y dos hermanas. Vivían en la Provincia de Burgos, en un paraje llamado Castrillo de la Reina. Eran campesinos que vivían de sus animales domésticos y de una pequeña huerta. La casa estaba construida arriba del establo, donde dormían los animales, dos o tres vacas y un burro para la labranza. La primera en venir a América fue Viviana, casada con Laureano, que quedaron viviendo en Buenos Aires y pusieron un negocio de “carbonería” (hoy sería un corralón). Ellos recibieron a Basilia y a su prima María que, siendo muy jóvenes, se arriesgaron viajando en barco. Una larga travesía de varios meses. Basilia vino a Mendoza, más precisamente a San Carlos, con don Natalio Firpo, un entrerriano amigo de Irigoyen. Por esa amistad vino designado como Jefe Político. Ejercía el cargo de Comisario e Intendente a la vez. Los papás de mi abuela se alojaron en la casa parroquial, donde estaba el padre González. Este sacerdote estuvo en Méjico cuando la persecución religiosa. Se había casado y tenía dos hijas que vivían con él.

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Cuando mi abuelo dejó de ser Interventor, porque derrocaron a Irigoyen y entraron los conservadores a dirigir la provincia, se fueron a vivir al Carril Viejo. Allí se dedicaron a la cría de animales: gallinas, cerdos, ovejas, vacas. Tuvieron un tambo y un criadero de gallinas. Eso les permitió vivir con ciertas comodidades y hacer estudiar a los cuatro hijos: Judith, Lita, Ruth y Miguel Natalio. La vida de mis abuelos fue muy sacrificada: el cuidado de los animales, el trabajo de la tierra (sembraron maíz y alfalfa y plantaron álamos), la atención de los peones, para quienes doña Basilia cocinaba todos los días. Don Natalio llevaba los hijos todos los días a la escuela de la Villa en un sulki de cuatro ruedas, donde también subían otros niños en el camino. Eran tres kilómetros de ida y tres de vuelta. Mi abuela acicalaba a sus niños, con guardapolvos almidonados y grandes moños en sus cabelleras. Mi abuelo ayudaba en los deberes y los estimulaba en la lectura, porque recibía diarios y revistas por correo. Mi abuela apenas si sabía escribir (había cursado solo hasta segundo grado en España), pero era una gran lectora. Le gustaba bordar a máquina, tejer medias con cuatro agujas y coser ropa a los niños desarmando ropa de adultos. Tuvo la oportunidad de viajar a España a ver a sus hermanos y regresó a la Argentina después de tres meses de ausencia. Se conservan en casa de mi mamá postales y cartas. Hay fotografías de grandes nevadas y viajes a los puestos. Basilia sobrevivió dieciocho años a Natalio y vivió con su hijo Miguel, pero siempre acompañada por Judith y Lita. Ruth vivía en Buenos Aires. Tenía ochenta y tres años el día de su muerte y una gran lucidez. Ese día le pidió a mi mamá que llamara a Miguel, porque “Hoy me voy”. Tenía una gran fe, muy sencilla pero profundamente vivida. En sus rodillas aprendieron a rezar sus hijos. Tenía un dicho que casi repetía a diario: “Mira que te mira Dios, mira que te está mirando, mira que te has de dormir, mira que no sabes cuándo.” Se destacaba también por su solidaridad. En su fiambrera (hoy la heladera) siempre guardaba “un bife para el peregrino”. En las mañanas de frío, cuando salía al carnicero que venía en una carretela, le acercaba una tacita de café. Lo mismo hacía con el tomero (el repartidor del agua de riego). Quien llegara a su casa era bien acogido.

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Cuando nacieron sus hijos no había hospitales ni salas de primeros auxilios. La comadrona asistió sus partos en la casa. Después, a los días, llegaba el doctor Scaravelli, que venía de Tunuyán, generalmente a caballo. Indudablemente, habría mucho más para contar, aunque en ese entonces, según la cultura o costumbres de los mayores, no comunicaban a los hijos muchas de sus penas y sacrificios, por lo que yo averigüé preguntando y revolviendo papeles. Basilia tenía una valija de cartón, sobre un ropero, donde atesoraba recuerdos. Ninguno se animaba a violar sus secretos que hoy traté de adivinar.

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RECUERDOS, SECRETOS Y SUEÑOS En homenaje a mi Ángel de la Guarda

Mi querido Ángel… Cómo decirte que desde siempre te sentí a mi lado y mi caminar por la vida fue dulce y eterno contigo. En mi infancia feliz de Pareditas, cuando corríamos detrás de los sueños en juegos tan inocentes como profundamente sabios: “el ladrón y el policía”, “la guerra de piñas”, “las escondidas”, “la chupadedos”… Y una carta de amor, la primera carta de amor… Sin respuesta… La vida era tan pequeña aún… El único amor, el verdadero amor… Desde entonces supe que estabas atento, que me protegías, que me consolabas y acariciabas con tus alitas mis mejillas, sonriendo cómplice en mis alegrías. Ángel mío, en los recuerdos congelamos juntos momentos, memorias que dejaron huellas eternas en mi alma. Tesoros que se conservan intactos, que solo vos y yo sabemos cuidarlos, quererlos y mantenerlos vivos. Secretos que durante años hemos aprendido a guardar y darles abrigo. No parece que hayan pasado más de treinta años; a mí me quedaron recuerdos y rostros, que sé, han cambiado y aún siguen intactos en mi memoria. Ángel mío, la vida nos mantiene unidos con pedacitos de sueños que aún esperan, alegrías, miedos y nostalgias. ¡La vida nos ilusiona y los latidos de mi corazón se alimentan de vos!

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MARÍA L. OLMEDO Nació el 12 de junio de 1963, en Eugenio Bustos, donde actualmente reside. Es madre de tres hijos. Estudió para Secretaria Administrativa. Se desempeñó como locutora radial en varios medios locales; trabaja actualmente en el Honorable Concejo Deliberante de la Municipalidad de San Carlos.

A MI PADRE... Esta es la historia de un hombre al cual admiro por su esfuerzo, luchas y logros obtenidos. Nació un 1° de septiembre de 1937 en Eugenio Bustos, en donde vive todavía. Su papá era policía, su mamá ama de casa y tenía siete hermanos. Desde los siete años tuvo que trabajar para ayudar a su familia. No pudo ir al colegio; lo hizo cuando ya era adulto. Siendo adolescente, se enteró que su padre tenía otra familia y el salario que les correspondía nunca llegó a él ni a sus hermanos. Fue un dolor muy grande que lo marcó para siempre en su vida, porque tuvo que pasar necesidades y ver a su madre, a quien adoraba, sufrir para poder criarlos. A los dieciocho años hizo el Servicio Militar y él le encargó su madre a sus hermanos. Cuando salía de franco era muy feliz porque estaba con su viejita querida. Terminó el Servicio Militar y se fue a Lavalle a trabajar a una finca, en donde lo querían como a otro hijo. Don Benardino fue para él su padre y aprendió mucho viviendo allí. Este señor falleció y quedaron la señora e hijos que, en la actualidad, para él son “su otra

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familia”, sus hermanos de corazón. Todavía se visitan. Al cumplir él veinte años, su mamá enfermó y la cuidó con amor hasta sus últimos días. Sufre aún mucho su ausencia. Después conoció a Inés, quien fue su esposa en el año 1962, una mujer muy linda, compañera, y muy dulce. Su primera hija nació en el año ’63, luego llegó un varón; eran felices hasta que tuvieron su tercera hija y sufrieron porque falleció a los tres meses de vida. Después tuvieron otra hija, que también los dejó al mes de vida. La pérdida de sus hermosas nenas les dejó un vacío inmenso. Pasaron los años y tuvieron más hijos. Él trabajó en fincas, empresas, fábricas, hasta fue zapatero para darle lo mejor a su familia. Llegó otro sufrimiento para ellos, porque al nacer otro de sus hijos también falleció y decidieron no tener más porque sus corazones estaban deshechos. Mandaron sus hijos, que hasta entonces eran seis, al colegio primario y por razones económicas no pudieron darles estudios secundarios. Su hija mayor tenía trece años cuando terminó la primaria y empezó a trabajar para ayudar a sus padres y, de a poco, salieron adelante; arreglaron la casa que él, con mucho sacrificio, hizo con sus propias manos. Tuvieron momentos de felicidad y después de tener catorce años la hija más chica, llega el último varón. El orgullo de ellos es tener cuatro hijas y tres varones que se hicieron grandes y cada uno formó su propia familia. En el año 2006 enfermó su esposa y desde entonces luchó para ayudarla a salir adelante, pero después de nueve largos meses de luchas y sufrimiento, el destino le ganó la batalla. Hoy perduran los gratos recuerdos de aq uellos momentos de felicidad, los cuales marcaron en mi vida un rumbo a seguir . Las cicatrices de los momentos difíciles que atravesó sin bajar los brazos, me dan la esperanza necesaria y me llenan de admiración por él. ¡Sea este un homenaje a mi querido Padre Santiago!.

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SILVANA BEATRIZ BORDÍN Nació el 31 de mayo de 1968. Actualmente reside en la Ciudad de La Consulta. Es profesora para la enseñanza de EGB y estudiante de Literatura. Es autora de cuentos, en su gran mayoría dedicados a niños y adolescentes.

ANSELMO Y EL PEQUEÑO FERMÍN Cierta tarde, el pequeño Fermín recorría descalzo el campo arado cercano a su casa, disfrutando del contacto de sus pies contra la tierra aterronada y húmeda, cuando algo en ella lo hizo hincar el pié y le dibujó una breve mueca de dolor en el rostro. El niño se agachó a mirar hurgando entre la tierra y vio que lo que había pisado era una especie de bolita de cristal, con algunas puntas, muy extraña porque iluminaba con extraños reflejos sus curtidas mejillas. ¿Qué sería? Para semilla estaba demasiado rara, ¿una canica rota? —No— , se dijo y salió corriendo, hundiendo fuertemente sus huellas en los surcos en una loca carrera tras un adulto que le explicara, que le echara luz a tan raro descubrimiento. — Abuelo, abuelo — gritó Fermín agitando sus brazos y piernas delante del viejo tractor. —¡Epa! ¿Qué pasa m’hijo? ¿Por qué tanto alboroto? —Mira lo que encontré. El abuelo bajó rápido del tractor y llegando en dos o tres zancadas donde estaba su nieto, el pequeño abrió su mano dejando ver el brillante tesoro. El abuelo intrigado, rascó su frente pensando y al

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rato con gesto de incredulidad dijo: parece ser un cristal de la libertad ¿Pero… por aquí? No sé…aunque por su forma y brillos parece un pedazo del cristal que se formó en la Revolución de Mayo, amasado por las manos de los mismos patriotas. —¿Qué, abuelito Anselmo? ¿De qué está hablando? —Cuando era chico me contaron esa historia, que en el momento de la revolución y con una receta de un alquimista, se dio forma a un cristal con todos los ideales e ilusiones de los hombres de Mayo y que el mismito 25 a la madrugada, cuajó en una grande y brillante bola que atesoraron en el cabildo. —¿Y… quién le dijo eso? — preguntó el niño desconfiando de lo dicho. —Mi papá y a él, el suyo y así para atrás en el tiempo… —¿Y qué más? —Y yo no me acuerdo muy bien pero creo que debían mantenerse esos ideales, la paz o el cristal estallaría. —¿Y? — dijo ahora atento Fermín al relato. —Empezaron ahí mismito nomás las discusiones sobre donde llevarlo, luego con tantos desacuerdos, guerras y odios entre hermanos que vio nuestra tierna patria, el cristal se desarmó en mil pedazos y ya nadie supo más, ni que destino tuvieron esos trozos, que seguro m’hijo, el mayor contenido eran gotas de Libertad. —¿Y entonces? ¿Siempre tendremos la Libertad de a pedazos? —No sé, Fermín. —¿Y si estuviera desparramada por todo el país? —Qué, vos… ¿vos decís de juntarla, che? —No. Yo digo que el que encuentre cristales de la Libertad, que los cuide mucho. —Capaz que dé resultado, Fermín. —Sí, abuelo Anselmo, segurito que en cada rincón del país hay un trozo de este cristal y segurito mucha gente sencilla encontrará las partes y en unos años seremos libres de verdad, a lo grande, no en pedacitos. —¡Qué ocurrencia este Fermín! —¡Bah, ma’qué ocurrencia; es un deseo! —¡Patriota deseo, chico! ¡Patriota deseo! — decía el abuelo palmeando al niño y revolviéndole los enmarañados cabellos.

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Al anochecer, don Anselmo espiaba a Fermín que, entre algodones en una pequeña cajita de madera guardaba con dedos amorosos el trozo de cristal y esperanzado gritó suave: ¡Viva la Patria! Y al rato, ya se cobijaba bajo las mantas pensando como una señal del destino lo ocurrido esa tarde y cerraba sus ojos a la estrellada y fría noche que invadía el campo todo.

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DANIEL ALBERTO LUFFI Joven escritor, con estilo propio. Coautor del libro San Carlos… recorriendo su tierra y sus personajes. Participó como jurado en los “Juegos Culturales Nacionales Evita 2009”. Su seudónimo es Parnom.

RECUERDO DE UNA BATALLA Es inalterable la consecutividad de los hechos; quien los maneja sabe muy bien lo que hace. Sin embargo, no escapa de la repetitiva monotonía de la redundancia. Suele ser este un argumento de otro; otro que supo repetirlo unas cuantas veces, sin saber si realmente estaba siendo escuchado. El relato que aquí transcribo (a mi manera y presa de mi torpe interpretación lasciva) supo llegarme de los labios de mis mayores, no de sus memorias, que son un instrumento fundamental para que el mundo siga girando, sino de sus bocas arrugadas por el tiempo y oscurecidas por el vicio del cigarrillo. No puedo sitiar los robustos cuerpos de los hombres que propician esta historia; tal vez, deba conformarme con la verosimilitud de los hechos y resignar la búsqueda de un lugar y una fecha coherente en algún calendario, ya que lo único importante suele ser la situación que genera al hecho mismo, no la circunstancia en que se genera, pues lo único real es que las cosas pasan o no y las que pasan, delimitan el acontecer de nuestros días posteriores. A veces el lenguaje es duro, por eso creo que hay que vivir las cosas para recordarlas, no así para contarlas.

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Sospecho que el suceso ocurrió, al menos, un par de veces a lo largo del tiempo, aunque es irrisoriamente absurdo pensar en el tiempo como en una seguidilla de sucesos concatenados; eso es sólo una interpretación de su percepción; hay quienes por ejemplo, registran sólo un instante. Prefiero pensar en el tiempo como en un extenso mapa de rutas, cuyas latitudes y longitudes se extienden hasta un infinito, que limita directamente con los acotados y finitos límites de los individuos que lo sobreviven, quienes si son infinitos, tanto en un lugar del tiempo, como en otro (en ocasiones también creo que el tiempo es otra cosa). Hablar del espacio y de su relación con el tiempo en estas latitudes, haría de la escritura un trabajo absurdo y muy arduo, y de la lectura trabajosamente vana, por eso no abundaré en el comentario. Decía que el suceso ocurrió más de una vez, como todo lo que ocurre ante el hombre y sospecho que en cada ocasión imprimió en sus testigos la misma importancia, el mismo temor, las mismas alucinaciones posteriores. Cuentan los antiguos, posibles profetas de tiempos lejanos, espacialmente diversificados por la irrefutable descripción de montañas de fondo, un tapiz verde (que se tiñó de rojo al momento de la muerte), jornadas resecas y algunas que otras lluvias de ocasión que dejaban hechas un río y luego un pantano las calles del lugar. Dicen las lenguas que uno de los hombres ya traía la navaja desnuda de antemano (cosa que no reviste demasiada importancia, ya que estamos narrando un hecho y no buscando un culpable; no creo en la existencia de culpables ni inocentes, profetas ni herejes, tentadores ni tentados, sólo homínidos evolucionados cumpliendo roles para que este teatro siga en pie). Otros afirman que no, que ambos estaban desarmados y que los fierros surgieron del amontonamiento y el griterío. Los más ancianos y confusos prefieren agregar al cuento pentagramas diagramados en el viento por guitarras y bandoneones, suburbios bajos y ciudades de inmigrantes parecidas a ratoneras; los más lúcidos no reparan en trivialidades. “El olor a cobre y azufre fundiéndose, hacían irritar los cornetes de la nariz; el calor asfixiante encrespaba la sangre haciendo que se moviera mucho más rápido en el cuerpo y poniendo los ojos alerta amenazantes. El griterío empezó de a poco y en el fondo; de ahí se vinieron empujando hasta la puerta de calle, cerca del palenque donde ya no había caballos. Uno de ellos, el más oscuro, escupió en el suelo y

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resopló como un toro, el otro, reculaba sin remedio con los ojos embalsamados y la nariz tapada por la indignación, en eso, el griterío formó un círculo y daba la impresión de que todo pasaba en cámara lenta pincelada en sepia, algo así como una mezcla de tiempos frenados y retinas fastidiosas de calor y excesos continuos de mujeres y alcohol. El encarón que abrió la bronca vino del más petiso, henchido y croto, mientras el otro se envolvía la izquierda y pisaba bien con unos zapatos que reflejaban el cielo. El griterío llamó la atención de algunos que pasaban, otros prefirieron seguir tomando; el aire caliente empezó a tomar cuerpo para transportar los animos a los gallos de sangre que ya se encaraban en el ruedo. El otro esquivó el encarón y relució la primera mano de la parca (ya había olor a muerte) y la lucha entre los que estaban adentro del círculo era por no convertirse en carne de gusano. Una encarada, otra, un picotón que salió del fondo y entreabrió una herida que no dejó ver sangre (ya un lazo se había roto y estaba por cortarse, nunca es buena idea enterrar tu propia sangre); el oscuro arremetió con fuerza con la actitud y la aptitud de una tremenda estocada final, pero el otro, el ofendido, el degollado, el condenado (yo no creo en condenados) no tuvo más remedio que esquivarle al cuerpo y levantarlo como a una pluma, dos o tres veces, antes de dejarlo caer, duro y pesado como un sueño al despertar. Ya en el suelo, Abel (creo que ese era su nombre o tal vez me confunda y sea al revés) apenas entreabrió los ojos un par de veces y retiró la navaja que había entrado en el cuerpo tres veces y salido solo dos. Cerró los ojos y los juicios para siempre. Caín, que aún apretaba el poncho con la mano izquierda, vio correr la sangre como un río, y en ese río todos los rostros, y todas las voces y las historias y los tiempos y las muertes, parado a casi dos pasos del hermano muerto que ya empezaba a condenarlo. El griterío se escabulló de a poco, como la fortuna, y un interminable nudo se enredó en las gargantas de todos, y Caín cerró los ojos y pronunció palabras que nadie conoce, y Abel cerró puertas, y Caín resopló fuerte y el mundo no vio nada, y Caín cambió de frente y escuchó portazos, escuchó las puertas que cerró Abel al cerrar los ojos, una tarde candente de zapatos oscuros e incesante olor a sangre quemada. Aquí se interrumpe el relato y las dudas que me inundan deben

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ya inundar a quien husmea los espacios entre frase y frase, palabra y palabra, letra y letra de esta historia. Imposible es precisar la realidad o la ficción que reviste el relato que de antemano es ficción, porque todo aquello, ya sea real o imaginario, convertido en literatura se considera ficción; pero más allá de estas trivialidades, cómo saber si el hombre que moría sería el primero que murió para la historia, o el último; cómo saber si el hermano matador (no me gusta la palabra asesino) fue el primer condenado por el Libro Sagrado o algún triste antagonista presa de las repeticiones del tiempo, tampoco es real que tenían esos nombres. Tal vez quise imaginarlo así, para darle sentido al argumento. Imposible saber quién murió, imposible saber cuál fue el motivo; imposibles la navaja, el cuchillo y el alcohol en la sangre, imposible alguna sonrisa de conformidad ante el cuerpo enfermo de muerte; imposible es saber la realidad del episodio aquel, ni de sus incesantes repeticiones. Lo único espectacularmente verosímil es la acción absoluta de que en algún lugar del mundo y del tiempo, un hombre muere y solo algunos pocos son testigos de que eso pasa.

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JUAN MANUEL GALLARDO Nació el 3 de mayo de 1986 en Eugenio Bustos, San Carlos. Reside en el paraje Lotes Barraquero. A los ocho años de edad comienza a escribir cuentos. En su adolescencia redactó un sinfín de letras para canciones y algunas poesías. Participó de importantes certámenes literarios con obras como “De Milán a San Carlos” 2002 y “El viento sopla al sur” 2003. “El duende de la Tradición” 2004, formó parte del libro San Carlos… recorriendo su tierra y sus personajes; en 2005 comienza su labor como misionero salesiano de Don Bosco en el Sur de San Carlos donde nace su primera novela Mendigando Sombra la cual presentó en marzo de 2007. En el año 2006 escribe el poema “Muchacha Bella” dedicado a la reina de la Vendimia de ese año. En 2008 presenta “Mendigando Sombra II”; redactó el libreto “Inti y Mamaquilla” a fines de 2007. Su último “hijo literario” es una novela de estilo romántico-político cuyo nombre es Pinta mi Poema; Paloma la eterna muchacha bella.

EL ABRAZO DE GUILLAUMET La motocicleta se detuvo antes de llegar a la Cruz Negra. Felipe descendió de ella y enfurecido maldijo una y otra vez. Caminó con su pesado transporte a la par hasta ubicarse en el vistoso santuario y allí dejó la moto afirmada sobre un árbol. Subió por las escaleras y llegando a la cima de ese rincón espiritual que tiene el Valle de Uco, rezó. Se quitó los guantes y con el aliento trató de entibiar sus manos heladas por el crudo frío de aquel veinte de julio. Traía en una mochila, además de abrigo y otro par de cosas, su libro preferido: El Principito, y abriéndolo en el capítulo XIX leyó: “Desde una montaña tan alta como esta, se dijo, podré ver de un golpe todo el planeta y todos los hombres”. Y Felipe sonrió, y le regaló una mueca llena de nostalgia a los rosarios, a las patentes y cigarros que lo rodeaban. Es que él no estaba en una montaña y tampoco se hallaba a una altura considerable como para ver todo el planeta y mucho menos a todos los hombres, pero sabía que ese hombre que buscaba podría hallarlo si recorría unos cuantos kilómetros; solo así lo encontraría.

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Bajó y arregló la motocicleta, se persignó y dio arranque: afortunada-mente el transporte anduvo. Se abrigó bien y continuó el trayecto de su improvisado viaje. Cruzó el puente del río y retornó a su querido San Carlos. Felipe vivió allí un par de años, pero es cierto eso que dicen, “de San Carlos uno se enamora al pisarlo”, y este joven nunca lo olvidó. Y era su destino el último de los distritos, el más extenso. Siguió su marcha hasta ubicarse bien al sur, en Pareditas. El muchacho iba en busca de su hermano del alma, una persona especial que le enseñó que en lo simple se encuentra todo, hasta eso que nadie espera. Iba en busca de su mejor amigo, un sencillo muchacho llamado Samuel, del que no supo nada durante doce años, doce largos años, teñidos de tristeza y soledad. Y se condujo por una calle de tierra hasta ubicar las pequeñas paredes de adobe que dan origen y nombre al pueblo, y después se detuvo en lo que él llamaba el monumento de Guillaumet. Un histórico sitio en donde descansa un trozo del avión de este piloto francés que un día cayó en la Laguna del Diamante y que fuera socorrido por el niño García. A Guillaumet lo buscó intensamente Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito, la bella historia que Felipe y su mejor amigo admiraban. Ambos pasaban horas sentados en la base del monumento, a los pies de Guillaumet según ellos, allí leían la gran obra literaria del escritor francés, y se preguntaban: ¿Existió el principito? ¿Guillaumet lo conoció? ¿Saint-Exupéry estuvo en San Carlos? ¿No se parecía la historia narrada por el escritor, a lo que le sucedió al aviador en la laguna? Eran dos niños inocentes y soñadores en ese inmenso paraíso del mundo ñaquero. Felipe transitó unos cuantos m etros de distancia en su motocicleta para dar con la casa de Samuel. Allí lo atendió la madre de su mejor amigo. Se dieron un fuerte abrazo y con lágrimas en los ojos la mujer le contó que su hijo trabajaba en la cantera cercana a la vivienda, esa a la cual solían ir en los tiempos de infancia, para admirar su grandeza y sentirse pequeños, insignificantes ante algo majestuoso e imponente. La mujer, conocida como doña Flora, le sirvió una taza de chocolate caliente. Le preguntó, en tono juguetón: — ¿Te has perdido?

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— Quería venir, pero por una cosa u otra se me complicaba —le respondió, y tomando sus ya arrugadas manos, agregó: — Lo importante es que regresé, que estoy aquí, que me reencontraré con mi mejor amigo. Ella refregó un pañuelo por sus ojos para quitar unas lágrimas y le contó: — Samuel anda noviando con la María. ¿La recuerdas? — ¿La hija de don Víctor, el almacenero? — ¡Ella!… Es muy buena. Pero antes salía con el hijo del patrón, el mayor. — ¿El Lucas? —E l Luquitas… Como cambió ese chico… Es que se le murió la madre hace tres años… — No me diga. — Sí. Bueno el andaba con la María, y ahora se odian con el Samuel. ¿Viste que eran muy amigos? No como vos, pero se llevaban. La cuestión es que actualmente él maneja la finca, y nos pidió la casa… Pero todavía no encontramos nada y quiere que desocupemos esta semana. Casualmente, Lucas fue ese día. Estaba algo borracho, no reconoció a Felipe. Le gritó a la mujer: — ¡Se me mandan a cambiar hoy… porque si no, los saco con la policía! Y se marchó. Doña Flora no hacía más que llorar. Entonces el muchacho que retornaba a sus pagos después de doce años, subió en la moto y fue a buscar a su amigo a la cantera. Al llegar, se percató de que Samuel ya había regresado a su casa. Se quedó unos minutos allí y en silencio observó la inmensidad de la cantera. Fumó un cigarro y retornó con ansias de ver por fin a su mejor amigo. — Samuel ya viene, se fue al pueblo a comprar carne para hacer asado. Me dijo que quiere celebrar con su hermano del alma el día del amigo; que ni el Lucas, ni los diez mil problemas de la vida lo pondrán mal. Estaba feliz… ah, y que fueras haciendo el fuego—comentó doña Flora, ya más calmada. Felipe se echó a reír, y buscó leña, preparó la parilla y notó que Samuel tardaba en regresar, por lo que decidió ir a buscarlo. — ¿En qué salió? —interrogó el muchacho.

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— Se fue en bicicleta —respondió la mujer. El joven partió en su moto y aprovechó para comprar un buen vino. Notó los cambios de Pareditas: más barrios, más gente, más progreso. Aunque no todo había cambiado; el tanque y la iglesia estaban igual, la escuela, la cancha, la plaza, la estafeta y el aroma a orégano seguían allí. Cuando Felipe volvía divisó a Lucas discutiendo con Samuel; este último tenía la misma apariencia, solo estaba un poco más alto. Se detuvo frente a ellos. Samuel lo reconoció de inmediato y le dio un fuerte abrazo. El borracho se tomó la cabeza y después lo saludó. Dijo luego: — Felipe, aquí todo cambió… Hasta los amigos. — Hablaremos mañana Lucas — le indicó Samuel. Y abrazando a su mejor amigo, lo invitó al monumento de Guillaumet. Caminaron con la bici y la moto a la par, detrás de ellos se aproximó el ebrio y enfurecido muchacho, propietario de la finca, que sostuvo en sus manos un revólver y a Samuel amenazó: — Si no te vas de mi casa, de mi finca, te mataré. Lo juro por mi madre. Ya me robaste a la mujer que amaba. ¿Ahora quieres mis tierras? A lo que el amenazado arremetió: — ¿De qué hablas? María no te amaba… Y apenas consiga casa me iré; no quiero estar un día más en tu finca. En ese momento, la ira corrió por el cuerpo de aquel que portaba el arma. Apuntó al corazón de Samuel, pero Felipe rápidamente forcejeó con el borracho. El hijo de doña Flora se sumó a esa disputa, y en ese instante un disparo retumbó en la tranquila Pareditas y obligó a los pájaros a espantarse, los obligó a volar, a refugiarse. ¿Quién sabe el rumbo que tomaron? Si fueron a Piedras Blancas, a Los Alamitos o a Papagayos, ¿quién sabe? Lucas corrió por el campo, mientras los dos amigos que se habían reencontrado después de m ucho tiem po, perm anecían asombrados, viéndose ensangrentados. Reían y lloraban a la vez: es que uno de ellos estaba herido, uno de ellos moriría. Debían recuperar doce años de ausencia, en apenas unos cuantos minutos. Leyeron alguna parte del último capítulo de El Principito, en donde dice: “Y si llegan a pasar por allí, les ruego: no se apresuren; esperen un momento, exactamente debajo de la estrella. Si entonces un niño se les

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acerca, se ríe, si tiene cabellos de oro, si no responde cuando se le pregunta, adivinarán quién es. Entones, sean amables. No me dejen tan triste. Escríbanme enseguida, díganme que el Principito ha vuelto”. Felipe dijo: —¿Sabes cuál frase me gustó siempre?... Esa que decía: “Si tú vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres comenzaré a ser feliz”. Samuel intentó reír pero no arrojó carcajadas al viento, sino lágrimas que humedecieron la tierra del ñaco. Finalmente, secó el llanto y habló: — El principito existió… Guillaumet lo conoció… y Saint Exupéry anduvo por aquí, y hasta se inspiró en la historia de su amigo para escribir un libro tan mágico… Tengo miedo, Felipe. Pasaron tantos años y no quiero que nos despidamos. — Todo estará bien… Aunque hace frío. — Es que es veinte de julio. — A propósito, feliz día. Sonrieron. El de la moto, dijo: — Ya no estés mal y abrázame ¿quieres?. Samuel lo abrazó y vio como su amigo cerraba los ojos para no abrirlos jamás. Fue allí que pensó en su parte preferida del libro, letras del capítulo VII que expresan: “Lo tomé en mis brazos, lo acuné y le dije: La flor que tú amas no está en peligro… dibujaré un bozal para tu cordero y una armadura para tu flor… yo… No sabía qué decirle, me sentía muy torpe. No sabía cómo acercarme ni cómo llegar a él… Es tan misterioso el país de las lágrimas”. Y así, Samuel pasó interminables minutos, hasta que las balizas de la policía se entrometieron en su mirada. Pero lo vehículos y el movimiento de gente curiosa no impidieron que el mejor amigo de Felipe llorara a su hermano del alma mientras lo sostenía entre sus brazos.

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HUGO RAMÓN VALVERDE Nació en El Capacho, San Carlos, el 13 de julio de 1948. Recibido de Bachiller Nacional Técnico Agrario. Se desempeña como empleado administrativo en la Municipalidad de San Carlos desde 1970. Escribe poesía folclórica. Principalmente relacionada al paisaje y tradiciones de San Carlos. Sus principales obras: “Vení a San Carlos” cueca, “Cerro de Los Claveles” cueca y “Laguna del Diamante” canción.

EL SOLAR DONDE YO VIVO San Carlos es el solar donde yo vivo qué suerte haber tenido por cuna este lugar, y poder caminar su tiempo de estío cuando se acabe el mío… tal vez me ha de guardar. Como un gran ventanal abre de par en par mañanas de ilusión, y el murallón marrón parece despertar cuando lo alumbra el sol, y cuando su calor empieza a derretir su poncho de cristal, se hace agua y canción su viejo corazón por el valle frutal.

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Y ya todo es labor hay frutos de dulzor todo es fecundidad, por cada callejón recorre con frescor su alma forestal, y tu agraria luz que ilumina mi ser hace que yo pueda cantar, la noche me brindó con tu silencio azul la cadencia de un vals. Si arde la ciudad San Carlos es brisa suave como el vuelo de un ave en círculos de paz. Es nuestra identidad la del hombre sencillo que guarda en los bolsillos trabajo y amistad. Y así se echa a andar la gente en su paisaje, no hace falta coraje sobra tranquilidad. Tenemos además como premio consuelo ese olor del suelo de la reja al arar, su tierra virginal preñada de riquezas es toda su grandeza así es mi solar.

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DE TANTO ESPERAR Chicos ¡llegó el maestro y una señorita! ¡Quizás tengamos pronto reabierta nuestra escuela! Así gritaba el niño con bombachas, botas y espuelas, con el sombrero en los ojos, con su propia vergüenza. Corrían a nuestro encuentro con cierta avidez. Corrían a nuestro encuentro con ansias de crecer. Estaban todos allí, extasiados, expectantes; con cuadernos sin rayones, con lápiz sin usar, con guardapolvos planchados, de lágrimas un poco más… ¡Uf! ¡Llegué! ¡Soy el maestro! ¡Mi esposa la señorita! Con una llave en la mano y en la otra la azul y blanca bandera. Corríamos al encuentro de un puñado de polluelos que anidarán en la escuela. Corríamos para entregarles el total del equipaje; una valija vacía de cosas grotescas, un bolso de ganas, de palabras, de caricias, una tiza blanca, enterita, un borrador, un temblor, un libro, que de repente en el aula como flor apareció, perfumando esa escuelita que ayer mismo enmudeció. Hoy la campana resuena latente. Hoy los cerros son testigos ciertos del grito de la niñez. Hoy, ocho años pasados son recuerdos Es bullicio alegre en comunidad. Hoy, el maestro llegó embarazado de sueños, de propuestas, gestación de muchos años. Hoy poseyendo dos hijos, parimos treinta más. Muchos polluelos en el palomar que dirán luego escribiendo ¡Te quiero mucho, mamá! Donde el libro es la almohada y el maestro con su hombro, un lugar para llorar... Son aquellos maestros que compartirán el hogar El paisaje, las comidas, la noche sin soledad Aquellos que velan sus sueños cuando faltan sus papás,

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y como duendes en la noche contemplan con amor ese incesante soñar... Hoy llegó el maestro, llegó la señorita... Hoy la escuela vivirá... Hoy la bandera en lo alto del enmohecido mástil se elevará dando muestra de su presencia, marcando soberanía geográfica de la humanidad. Marcando con sacrificio, con temple y honestidad. Se pueden llenar valijas para luego partir, valijas de recuerdos, con lágrimas, con tizas hecha polvo, con cuadernos ajados, con el corazón agonizante. El maestro, el pap… a veces dichos por la voz de los polluelos,Mam… maestra, te amo, se reciben en los cerros. Maestros en la frontera, te necesitan maestro, maestro de amor paterno, no con corazón de cuaderno. Por lápiz o pizarrón Jesús nunca fue maestro, el que serás para el niño, si entregas, ¡todo desde muy adentro…! Acotación del antólogo: “De Tanto Esperar” responde a vivencias propias del autor ante la reapertura de la Escuela Albergue “Yapeyú“.

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ADOLFO AGUILERA Nació el 15 de mayo de 1957 en Buenos Aires. Radicado en Mendoza, a partir de 1974, domiciliado en San Carlos, casado, padre de ocho hijos y abuelo de tres nietos. Obrero rural, ha publicado tres obras de versos gauchescos. “San Carlos y la Poesía” (1984), “Un trozo de mi raza” (1999) y “Reliquias Camperas” (2003). También ha editado un CD con temas del repertorio folklórico de autoría propia que lleva como título “Herencia”.

COMO TÚ HAS QUERIDO, PAPÁ La guitarra y ese canto que dejaste padre mío, aún perdura todavía en el seno de este nido, a orilla de ese fogón así como tú has querido. Es el puntal preferido que sostiene con pasión, tus recuerdos eternamente al lado de aquella flor que tú elegiste un día, para entregarle tu amor. El que hoy agradecido con orgullo a vos te canta y al cielo aún levanta su canto cual oración, para que sepas, viejito que estás en mi corazón

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UN AÑO MÁS... Un año más ha cumplido por eso de corazón voy a cantarle mis trovas, a la gaucha tradición. La que en mi suelo perdura, y en el alma de cantor y en la del abuelo gringo, que un día se aquerenció. Y se aferró a los cuyanos para agradecerle a Dios por dejar que en este suelo forme su nido de amor. Igual que la del hornero, bajo de un sauce llorón a orillas del arroyuelo donde nació esta canción; que un hijo de aquel viejito, al compás del diapasón, te la va a cantar hoy día, San Carlos, con gran pasión. Como ayer lo hizo mi abuelo cuando a este suelo llegó, con esa alforja cargada de sueño y de ilusión. Al pie del macizo andino, Él la sembró con amor, para que hoy yo coseche de esa planta lo mejor, y la convierta en poesía, y al cielo cual oración la eleve por la mañana, dándole gracias a Dios.

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ELVIRA NIEVES DEL CARMEN BERÓN DE GRANDA Nació en Pareditas, San Carlos. Cursó toda su primaria en la escuela “Río Negro” de Pareditas y años más tarde volvió para ejercer por doce años su profesión de maestra. Es docente jubilada, esposa y madre abnegada. Publicó las poesías “Escuelita de mi Pueblo” y “Para Nuri” 2005 en un periódico local. Publicó también su obra “Escuelita de Campo” en folleto Asociación de Educadores Jubilados Provinciales de San Rafael.

ESCUELA, LA CASA DE TODOS Oyeron tus muros, mil voces de niños. Mil llantos, mil risas quedaron en ti. A través del tiempo, grabada en tu cuerpo… La infancia del hombre guardas para tí. Destinos nacieron en cada latido, de la pura esencia de tu corazón. Rincones callados donde florecieron, capullos de vida, regados de amor. Tus cálidas aulas, son dulce memoria, que encierran nostalgia de aquel que se fue, dejando en tus brazos mil sueños queridos. Sus primeros años que no han de volver. La luz de tu espacio es magia que inunda, y carga las mentes de tanto saber, modela las vidas con gran sutileza,

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y marca el futuro sendero del bien. Mirando las horas llenas de fatiga. En silencio acuñas el diario trajín de todos los seres, que en tibio regazo, su noble tarea cumplen hasta el fin. Serena recibes al que llega hambriento y extiende sus manos con sed de aprender. Entregas semillas que son tu tesoro y en fruto maduro, partir ves después Así tu cosecha renueva tu alma y nunca te cansas de dar tu calor. Tu tiempo envejece pero no termina, ofreciendo siempre tu paz y tu sol. Por eso mi mente desborda de recuerdos. Despierta el pasado, me veo otra vez cuando, siendo niña, corría en tus patios, saciando en tus aulas mi sed de aprender. Partí como tantos, un lejano día. Dejando en tus brazos, mi tiempo de ayer. Y también guardaste mi querida escuela, mis días de infancia, mi feliz niñez. Más tarde el destino, quiso que volviera, con mi joven sueño, en ti a florecer. Formando otras almas, llenando otras mentes. Dejando las horas, que impone el deber. Queda aquí por siempre parte de mi vida. Por eso hoy te brindo con gran emoción, mi mejor palabra, para recordarte. Mi mejor deseo, desde el corazón.

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PLEGARIA DEL LABRADOR Te doy gracias, SEÑOR, por esta tierra. Por el sol que despierta mis mañanas. Por el agua que corre por mis surcos. Por el puro aliento de su brisa sana. Por la fuerza que le diste a mis manos, para hacer de mi siembra maravilla. Por la cosecha feliz de mi trabajo. Por el verde color de mi gramilla. Por el misterio que fecunda la semilla. Por la belleza simple de las flores. Por la vida que bulle en cada rama. Por dar la ansiada calma a mis dolores. Te ofrendo mi esfuerzo y mi fatiga. Mi secreta esperanza, mi alegría. Mi cansancio de sueño adormecido, que se renueva en mi pecho cada día. Te pido, SEÑOR, que repares mis heridas y que limpies con tu mano mi sudor. Que con mi fe, pueda yo, hundir mi arado y contar con la grandeza de tu amor.

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UN RECUERDO PARA GLORIA El enjuto rostro y la mirada ida, su pequeño cuerpo, aún más pequeño, descubrí una tarde, una tarde fría… creyendo que todo sería un mal sueño. Me negué mil veces, para no saber. En cada pregunta, la esperanza puesta. Quería engañarme, quería no ver. El camino iba y no tenía vuelta. Así, con mi pena la vi decaer, comprendí sus ansias y su desazón. Traté de infundirle confianza a su ser… pero su destino quebró su valor. Sentí yo su afecto que no demostró, sufrió, pareciendo ser diferente. Ocultó sus penas para protegerlas, pero todo aquello no fue suficiente. Sus males le fueron carcomiendo el cuerpo, su piel se hizo pliegues, su voz se quebró. Implacable el tiempo se llevó sus días, sus fuerzas flaquearon y se derrumbó. Su imagen revivo de tantas jornadas con tiza en la mano…blanco delantal. Dejando sus horas en la dura lucha… que impone el trabajo noble de enseñar. Entonces, yo estuve también a su lado, me apoyé en su brazo, en esta labor. Fuimos camaradas, compinches y amigas. Hoy se fue y me queda sólo mi dolor.

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¡Qué corta su vida! ¡Qué corto su sol! Su pálido cuerpo lo vi padecer entre el lienzo suave de su suave lecho… Se quedó muy quieta al amanecer. Apreté su mano, quise retenerla. No pedía nada, guardó su temor. Para mí fue un poco misterio, pero yo le pido por ella al Señor.

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TERESA CANZONIERI Nació en Dorrego, Guaymallén, el 5 de noviembre de 1946. Vive actualmente en Chilecito, San Carlos, completó sus estudios de Parapsicología. Es madre de tres hijos a quienes dio alas y fuerza para volar y madre de tres hijos más, pero del corazón. Sus obras hablan de las cosas del corazón y de la familia.

TIEMPO IDO Hoy tengo ganas de hablar contigo… de cosas pasadas, de tiempo ido, recordando los días en que tú y yo nos encontrábamos. Cuando poniendo mi mano en tu pecho sentía que tu corazón se agitaba, rozando tus labios en mi boca me besabas. Hoy tengo ganas de escuchar tu voz… Al escucharla, callar… Morir de a poco sin poder contestar. Esta sangre caliente que corre en mis venas alborota mi cuerpo y mi mente sueña. Hoy tengo ganas de escuchar tu voz… Al escucharla, callar… Morir de a poco sin poder contestar.

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MARTA LILIAN VITALITI Nació en su casa paterna, en Chilecito, San Carlos, es docente, dirige actualmente la Escuela “9 de Julio”, es madre de cinco hijos, esposa de un gendarme especializado en alta montaña, catequista por vocación. Escribe inspirada en hechos de la vida real para inmortalizar valiosas historias y regalar intensas emociones a sus lectores.

MI CABALLO... MI ZAINO... MI ORGULLO Fue un caballo con historia que supo de aplausos y gloria, pero para mí, comenzó su vida cuando cumplí 18, ¡aquel gran día! La familia reunida para darme la sorpresa no imaginó la emoción que me embargó de pies a cabeza y anidó en mi corazón. Te monté muy despacio, amigo, como para darte tiempo a que de a poco entendieras que desde ahora estarías conmigo. Y me sentí el más grande, con un sueño cumplido: mi caballo… mi zaino… mi oscuro… el que galopó en mi mente

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de pequeño niño dormido. Después te tocó estar solo, más de un año perdido, sin más que el cielo por abrigo y las montañas heladas. Y te buscaron tanto en vano, por los montes y los llanos sin saber qué camino se cruzara en tu destino. Si hubieras podido hablar, cuánto me hubieras contado de días sin esperanzas… de fuerza y lucha por tu vida; y de un día como un milagro, otra vez voces conocidas, manos amigas, hermano, y hasta lágrimas de alegría. Volví a montarte orgulloso, a mostrar a todos tu victoria, hablar de tu gran hazaña en aquella lejana montaña. A imaginar tus desvelos, tu aventura, tu vuelo, que te mantuvo de pie firme sobre nieves y hielo haciéndole frente al viento, postergando el sufrimiento, sintiendo la fuerza de adentro de lo profundo de tu ser, de ese espíritu de los caballos que no todos pueden ver. Si hubieras podido hablar, hubieras contado, amigo de cómo el tiempo fue testigo de tan grandiosa historia

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en el más largo invierno del que tuvieras memoria. Volviste a mi lado caballo, mi zaino… mi oscuro… mi orgullo… y fue una fiesta en al alma y un canto triunfal de alegría. Pero, como poco dura a veces la ventura, llegó aquel triste día que de tan gris enturbió el alma mía. Fue silencioso tu adiós, silencioso fue tu partir y a tu manso trote, el cielo te salió a recibir. Mi caballo… mi zaino… mi orgullo… Solo me quedó tu recuerdo y aquel ejemplo tuyo de fuerza, coraje y valor que salen del corazón cuando todo parece oscuro. Desde aquí te volveré a ver cruzar al galope el firmamento, espíritu libre como el viento desafiando a la vida sin desmayo, porque la vida está en el alma, en el alma… que también tienen los caballos. Acotación del antólogo: el precedente poema se basa en la historia verídica, acontecida en las cercanías de la Laguna del Diamante, en el departamento de San Carlos. El caballo se extravió durante un reconocimiento anual de hitos que realiza personal especializado de Gendarmería Nacional y fue encontrado un año después.

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ESTHER NOEMÍ CARRANZA Nació en Eugenio Bustos el 20 de septiembre de 1957. Es casada y mamá de siete hijos. Escribe desde su época escolar inspirada en las bellezas naturales que la rodean y en vivencias personales. Siendo alumna de sexto grado de la escuela “Vicente Ortíz”, obtuvo mención especial en un concurso literario organizado por la Municipalidad de San Carlos en 1969. Reside actualmente en el distrito Eugenio Bustos. Cuenta con obras que no ha podido aún publicar: Dulce angustia, Efímero, Alfabeto Loco y Alma Desnuda, entre otras.

SE ME ANTOJA Se me antoja esta tarde de agosto escribirle a tu sol y a tu suelo, embriagarme del aroma de jarillas, piquillines, chañares, montenegros, algarrobos y altepes espinosos de tallos retorcidos y resecos que cubren con su manto centenario tus médanos, tus campos cual bosquejo. Se me antoja escribirte pueblo mío centenario, pujante y decidido, el agua cristalina de Los Andes te refresca, te fertiliza y te da vida, vida que en ti merece ser vivida, pues eres una postal cada mañana y el ocaso de tus tardes soleadas se quiebra en mil astillas naranjas. Se me antoja escribirle a tu pasado

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estéril, inhóspito y bravío cuando el indio malonero era el dueño de tus montes, tus valles y tus ríos, chuza y lanza, sangre y fuego escribieron tu historia sancarlina. ¡Cómo no estar orgulloso de ser parte de esta gente que hoy por tus calles camina!. Neyú Mapú decía en sus versos el poeta pehuenche en aquel tiempo y hoy como ayer antú y quillén te guardan desde lo alto de tu firmamento. Perdón quiero pedirte suelo amado por mi atrevido antojo de escribirte, solo quise expresarte lo que siento y mi humilde homenaje así rendirte.

Glosario: Neyú Mapú: aliento de mi tierra poeta pehuenche: cacique llamado Currilipí antú: sol quillén: luna

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SILVIA ALEJANDRA LAPALLA Nació el 26 de mayo de 1967. Reside en la Villa de San Carlos. Estudió en el colegio “Nuestra Señora del Huerto” y fue en aquella época cuando comenzó a pasar largas horas con lápiz y papel sin necesidad de otras cosas para entretenerse. Empezó escribiendo todo aquello que se refería a la amistad, luego las de amor y por ende las de desamor. Escribe para sí misma y para aquellos que no se animan a escribir. No ha tenido la posibilidad, hasta ahora, de editar. Actualmente trabaja en la Biblioteca Popular “Maestro Pedro Azín” de la Villa Cabecera, donde puede compartir vivencias con niños y conocer sus diferentes realidades.

MUJER Delicadas son sus manos cuando cosen o dan de comer a sus hijos o a los ajenos, porque es inmenso su ser. Ojos tiernos que observan porque de otra forma no saben ver, dibujan y desdibujan el mundo aferrándose en quién creer. Frágil y sentimental como fuerte e indestructible, porque lleva consigo el coraje y un torrente de sangre apacible. Señor, te pido… Por las que labran la tierra, y por las que amasan el pan, por las que están detrás de un escritorio y las que luchan por sanar.

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Por las que tratan de conducirnos, y por las que rezan por los demás. Por las que crían niños en un hogar sin preguntar de dónde vienen y se preocupan en saber a dónde van. En este día y por siempre protégelas Señor, que a una de ellas le debo mi vida y soy lo que soy.

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SAN CARLOS, MI PUEBLO He aquí mi San Carlos rodeado de emociones, inventando los colores del trabajo y del progreso. Yo he nacido aquí en este pequeño pueblo, no lo elegí y lo quiero; no cambiarlo es mi deseo. A veces la lejanía condujo a mi pensamiento que San Carlos guardaba mi infancia y mis secretos. Y he añorado a mi pueblo creyendo estar muy lejos, aislada entre la gente, la misma gente de mi pueblo. San Carlos… San Carlos mi hogar, aquel del aire puro Y claras aguas de manantial.

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VENDIMIA No es un simple racimo de uva lo que un par de tijeras corta, es el trabajo del labriego que riega, poda, ata y añora. Que vive temeroso de tormentas que asechan en las noches veraniegas. Es el desvelo de sus dueños de poder cosechar el fruto divino para dar a conocer al mundo lo que hace nuestra tierra con los cuidados y esperanzas de muchos. Y en los largos callejones tachos cargando la Vid, el carrusel de los camiones anuncia que ella es la reina, que está terminando la cosecha, que otra vendimia llegó a su fin. Dios ampare los viñedos,

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SILVANA BORDÍN LA LIBERTAD Libertad, libertad, libertad… ¡Cuántos significados! Libertad… desplegando sus alas cuando la crisálida se transforma en mariposa. Libertad… sinónimo de identidad, al término de la pubertad. Libertad… opción ante los caminos que se abren en la adultez. Libertad… habilidad de elegir, exquisito elixir de los pueblos. Libertad… condición del florecimiento del amor. Libertad…inspiración para el derrame de palabras del escritor. Libertad… para una explosión de colores en el lienzo del pintor. Libertad… flor bella y delicada ambicionada por el hombre de todos los tiempos. Libertad… flor perfumada y frágil cual cristal, pues al ser parte de lo humano y lo universal necesita de la sabiduría… Sabiduría para disfrutarla sin quebrarla, para conservarla sin guerras ni armas, para enseñar a construirla desde la infancia… ¡Libertad, libertad, libertad! ¡Cuántos significados! ¡Cuántas expresiones!

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REM ZONDA Masa envolvente que no teme arremeter contra la infranqueable montaña con la fuerza que le dio el mar; que no se avergüenza de frotar el suelo hasta calentarse y excitarse. Que desde lo alto de los cerros divisa el valle y ardiente de deseo se lanza en una carrera desesperada para alcanzar los corazones del llano. En su revoltoso andar se roba el polvo de los guadales, usa los esbeltos álamos y los robustos sauces para expresarse con el mudo zumbido de sus ramas y la sorda armonía de cables y varas que hace rechinar en agudas melodías de violín. El Zonda… que es capaz de enfrentar todo lo que se interponga en su camino, perturba las mentes, ciega los ojos de los incautos, roza cálido y áspero la piel de las personas, las empuja y juega con ellas. Aunque a muchos desagrade, él continúa con su objetivo sin dejarse vencer; pues de lo contrario no llegaría a ser… el Zonda; sería otro que no es y se engañaría a sí mismo.

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PARNOM

CONSAGRADOS Es mentira el amor, es mentira el discurso siniestro que me recita cada noche una botella rubia en el marco de mi ventana... Porque estás, porque no estás, porque te desgasto pensando y porque revives a media noche en la tinta joven de mi pluma perdida... en los garabatos de mis manos... No es la cotidianidad, ni la costumbre como dicen por ahí, no ha de ser tu intención mentirme, la ocasión lo exige; la mentira es verde... al igual que tus ojos. Sumado a los desplantes cosmogónicos de la mentira de mi vida... no es que quiera que te quedes; es la rutina que me incita a recordarte... o a recordar que te recuerdo. Las noches sin vos no son noches ni días, son madreselva y palabras... Es un espejo agrandado en los confines de mi vida... Es un adiós, el destierro de las sonrisas crispadas y durmientes, es la demencia de los amantes tortuoso y atormentados por

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un loco desliz del misterio mundano... son amantes enloquecidos del amor... el amor que nos levanta, que nos duerme, el amor que nos hace recordarnos y volver a enamorar, el amor o el instinto que me mueve a abrasarte y besarte cada noche en la ficticia imagen de una imaginación atormentada por la sombra del recuerdo, recuerdo que se materializa cuando empiezo a olvidarte... El olvido también es una mentira. Porque me mientes, porque te miento... Porque seguimos al pie de la letra las leyes de la vida... La vida es una cualquiera... y para cuando me deje solo, abrasado a algún zanjón nocturno en la distancia estéril de los sueños... espero conservar aún el recuerdo... Es mentira el amor, es hipócrita el recuerdo. Como el brillo de las ojeras del destino, nos sonríe el sol en la mañana intensa, en el ocaso gris y llano. Ten compasión mi niña, ten compasión del amor... No lo atormentes porque es muy joven el crepúsculo y el rocío no ha acabado de cubrirte con su miel de cobre, miel de lágrimas aladas de los destierros pasados

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que nos mantienen infectos de caricias... Bebe de la copa, mi niña..., bebe que es la cicuta que ha de matarte..., disculpa, no es muerte, es una mentira la muerte, es un secreto la dulce intención de tus besos, tus blandos y rosados besos..., una mujer me los ha prometido. Precipitas desde el éter al ambiente suave de la mañana intensa... de la mañana a las mágicas llamas de mi descripción elocuente, calla mi niña, porque una mujer agiganta el paso... Es un pimpollo que estalla, cuando de repente madura el ocaso... Tengo sueños en las manos, sueños que le sonríen al café de la mañana, que le sonríen al calor de tu mirada; tengo palabras aladas que apuñalan en un texto la idea de recordarte. Tengo alas en las manos y muchos sueños postergados... Cuando llegue la noche clara a su punto de néctar divino, sé que vas a abrazarme para decirme que todo pasó... es el amor que nos funde ante la muerte de una niña... mi niña. Una mujer me prometió que se iría, me ha prometido tus besos suaves de miel y néctar que hacen volar mis manos aladas... Veo mis letras morir en la tarde, al precipitar en tus sábanas blancas... Siento mis palabras partir en la mañana,

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como niñas descalzas sobre espinas de sal. Es una pena que se aglomera en las puertas de los abismos... Suelen ser palabras que se convierten en silencios, antes de salir a andar por las bocas de los nadie. ¡Será por eso que te quiero tanto! cuando la noche calla la eternidad pujante de tus ojos de esmeralda, y asesinan tus besos el mal humor que me amarga la boca, cual la savia verde de los árboles moscatos de los sueños. Hay mañanas en que encuentro a la vida ahorcada en el umbral de la puerta de casa, y a la esperanza tullida en la copa de un árbol desnudo. Cuando los buitres acorralan las formas extensas del cadáver exquisito, estallan de inanición las fronteras del abrazo de tu manos... ...como en un sueño... se extiende el destierro como un desierto de rocas robustas, estériles, colmadas de insectos y claveles del aire. Cuando el dolor apuñala mis manos, que es una avalancha de llantos postergados y palabras que ordenadas sería un cuento...,

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Cuando tu corazón oprime mi pecho, es... un olor a flores secas y ciudades de muertos que levantan catedrales... No puedo evitar escaparme del tiempo en un sueño exquisito, - es el silencio que prometen las palabras Silencios como niñas descalzas sobre espinas de sal.

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JUAN GALLARDO MORALES SÚPLICA A GERALDINE Regresa, Geraldine… Que Chilecito te reclama. Viluco llora y mi alma solloza con él. Retorna a mis brazos y en El Rincón te haré mía de nuevo. Regresa… Hazlo pronto que los poetas entristecemos en noviembre, acariciamos la muerte durante ese mes. Regresa… Porque Aguanda no es la misma, no mira al Yaucha con amor. ¡Y qué hará San Carlos sin ellos! ¿Qué hará? Regresa… Que la tonada se hace melancolía. Demasiado dulce, tanto que relaja, tanto, que termina siendo amarga. Regresa… Que la soledad lastima, arroja espinas a mi corazón, y mi amigo está en La Consulta, y la distancia duele en el alma, duele mucho en verdad. Regresa… Que el vino aún perdura en la botella que creías ver vacía, y en mi guitarra una serenata pronuncia tu nombre; dice “Geraldine”. Pasaré la noche en Eugenio Bustos, búscame que no dormiré. Estaré a los pies de una cama, sosteniendo esa rosa, que te amó en La Florida. Lotes Barraquero no tiene vida sin tu luz, El Álamo luce opaco, como algún cuadro mal pintado,

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intentando reflejar la belleza de Tres Esquinas. Regresa Geraldine… mi poema no es el mismo. Regresa… mis años quieren ser tus días para siempre, ser un jardín, una canción. Regresa… vístete de paisana, como una criolla princesa de cuento, y si no hay relato todavía, tú serás la protagonista, y como no sirvo para personaje, deja al menos que sea el que lo narre, que sea yo el escritor. Regresa… que la José Hernández luce triste, la Villa perdió su alegría, tiene algo que le nubla la mirada, y son lágrimas. Regresa… Y haremos de Cápiz un solo paraíso, lo alto y lo bajo irán de la mano. Trazaré un nuevo camino, y el destino tendrá atajos; pintaré las Casas Viejas de Banfield, y a las fincas les diré, que produzcan flores, y que todas sean para ti. Dibujaré tu rostro en el cielo, y tus ojos en el viento, así comprenderán los viñateros, que la reina no lleva corona. Regresa… Pareditas te busca, anhela besar tus labios, acariciar tu cabello negro, negro como el caballo que montabas, cuando el campo recorrías, cuando en Paso de las Carretas rezabas. ¿Por qué no vienes? ¿Acaso es un capricho de la salamanca? Retorna pronto, que uniré la cantera y la ripiera;

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el norte y el sur. Si al final la magia es la misma, la fantasía dura lo que la niñez, y lo cruel de la realidad, lo que uno se propone que dure. Regresa… Que en el pial ya nadie fuma, hasta este desdichado que te recuerda se olvidó del cigarro. Regresa… Si el error no fue tuyo sino mío. Regresa… regresa. Que en Los Alamitos aún no te conocen, que en Piedras Blancas no han oído tu voz. Regresa… Pues las acequias lo murmuran al regar, y las compuertas dan fe de ello, y los surcos, y los árboles. Esperaré que vuelvas, lo haré en Papagayos, afirmado en alguna roca de El Paramillo. Y cuando te vea venir, le daré gracias a Dios, te abrazaré, y te diré un secreto; tan solo uno, como alguna vez lo hiciera a los pies del Maipo, en la tan lejana Laguna del Diamante. Retorna pronto Geraldine, que me doblo de angustia, y en mi boca cantan los duendes, algún verso de Daniel. Regresa… Tengo frío y octubre finaliza. Regresa… No quiero morir. Prefiero mil veces la libertad, esa que me ofrecías, y que a la vez, yo se la otorgaba al aire. Regresa…

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que no le temo a la luz mala, pero sí al infierno. Los ángeles se ausentaron con mi libro, y no recuerdo el final. Tú lo sabes, pues lo has leído. Regresa… Porque sin querer me convertí en mendigo, y contigo la sombra es abundante, a tu lado la fiebre no importa. Regresa… Y bésame por última vez, un beso tímido, como en el puente del río, como en el parque de tu pueblo, como en Calise, como en ese sitio oscuro, en el que Don Bosco nada puede ver. Regresa… Y enmudeceré, y seré tu silencio, y lo que quieras. Regresa Geraldine… Regresa…

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DANILO EMANUEL BARROZO Nació el 4 de septiembre de 1988, vive en Eugenio Bustos, San Carlos, es amante del arte en sus más puras expresiones. Ha obtenido premios y menciones especiales en representaciones teatrales, ha expuesto cuadros de su autoría en el Honorable Concejo Deliberante de San Carlos y otras exposiciones locales. Escribe inspirado en la naturaleza y los sentimientos. Sus poemas: “Desierto” está inspirado en los áridos paisajes sancarlinos y “Luna” en las vistas y reflejos de la luna en el valle de San Carlos.

DESIERTO El viento cubre tu rostro en el medio del desierto, la arena se apodera de tu hermoso cuerpo, el Sol es tapado por la Luna y en ese momento toda la tempestad termina… Qué bellos son tus ojos, qué hermosa sonrisa se refleja en tu faz… Cuántos dioses desearán tenerte en sus manos, cuántos hombres anhelan tu amor… ¿Qué me pasa...? Mis manos están despareciendo, ya no puedo ver mis pies… ¿Qué me está pasando? No quiero alejarme de vos, no permitas que me vaya sin antes decirte que te he estado buscando todo este tiempo… No dejes que vuelva a ese lugar oscuro, déjame compartir el resto de mi vida junto a tu lado y acompañarte en este desierto; busquemos juntos la felicidad eterna… ¡No me dejes...! ¡Que no vuelva la tempestad! No me dejes morir sin antes perderme en tus ojos…

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Despliega tus alas y llévame a otro lugar… Déjame acariciar tu cuerpo, secar tus lágrimas y besar tu boca… ¡Rompe esta maldición que me está destruyendo el alma! ¡No me dejes...! Escucha por última vez lo que te dice mi corazón… ¡No, no te vayas, regresa, no me dejes morir!

LUNA Qué hermosa eres entre todas las mujeres… Peca celosa del cielo…qué inmenso es tu resplandor… Cada vez que te miro encegueces mis sentimientos y haces más grande mi admiración por vos. Qué silenciosa es tu llegada, qué triste es tu partida, qué serían las noches sin vos… ¡Oh! hermosa, siempre en lo alto, contemplando todo el frío y el silencio de la noche, tu noche… “Siempre cambiante, pero siempre igual, solita hermosa y distante”… El cielo es tuyo, mis ojos también… La suave brisa que toca tu rostro, las estrellas que adornan tu silencio, ese que hace escuchar en lo alto del cielo.

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M. VIRGINIA R. FUNES GRACIA Nació el 15 de junio de 1988, Realizó sus estudios primarios en la Escuela N° 1-238 “Bernardo Quiroga” y secundarios en la Escuela “Hna. M. M. Loyarte”. Actualmente estudia Comunicación social en la Universidad Nacional de Cuyo. Escribe desde los catorce años y su máxima inspiración es la luna y las distintas circunstancias de la vida.

ÁRBOL Con un suspiro me he de despertar. Al no poder caminar, junto al viento he de danzar. Oxígeno regalo a cambio de bienestar. Humo negro me dan. Así, no podré respirar. Entonces el verano en invierno se convertirá. Y mis hojas caerán. Mis hojas y mis lágrimas caerán. Y mis hojas y mis lágrimas y mi vida caerán. Mi dueño entristecerá. Su familia carecerá. 105


Se humillará. Llorará. Su familia luchará. Luchará. Luchará. Sin yo y sin amigos, caeré al vacío. Y rezaré a mi Santo Dios, erguido. Rezaré y rezaré para que mi tierra no se enfade, para que mi tierra

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DUOCENTÉSIMO DOSCIENTOS AÑOS MÁS TARDE… Mi tierra se presentaba como un pedazo de sueño (De alguno por el que muchos pasaron).   Y así, mi tierra se convertía en un lugar donde reinaba el cosmopolitismo…  Que es algo así como <ser parte de… y no serlo>…   Y así, empezamos a ser parte de lo que ya éramos.   Despojamos a los verdaderos dueños de sus tierras, para invitar a los habitantes del mundo a reinarnos, a “culturizarnos”   Y ahora… ¿Qué somos después de doscientos años?  Y ahora… ¿Dónde están nuestras raíces más originales?             ¿En la “conquista del desierto”?             ¿En la fórmula alberdiana?             ¿En los tantos gobiernos “de facto”? Y ahora… ¿Qué somos después de tantos años?             ¿Desaparecidos, sitiados, buscados             amarrados, desaparecidos, sitiados             derrumbados, asesinados? ¿“Industrializados”?   Y ahora… ¿Qué hacemos por cambiar la realidad?             Tramoyas políticas por el poder. 107


Destrucción de los recursos naturales por el caudal.            Televisión y circo a cambio del intelecto.   Y nosotros…             Buscando definiciones                         para restaurar lo innecesario   Y nosotros…             Dando respuestas, donde                                                            (Quizá)   Nadie pregunta…

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IMPROVISACIÓN escuchando La Isla

Ignorancia, interrumpida… Instantes muertos, rocas detenidas en el tiempo. No es el hierro tan fuerte como parece. Los candados y cadenas rompen sus nichos Las manos por las paredes. Las uñas gastadas. Las palabras que se lleva el viento… Un mortero es la vida: Te machaca. Te destruye. Lo que queda, lo más rico. (Lo más hermoso). Los silencios. Las cadenas que se rompen. Los minutos que pasan… El trabajo de huesos. Las cadenas que suenan. Las paredes. No te detengas. Ruidos, flores. No vaciles. No tiembles. ¿Muerte? La fuerza de la vida. Los gritos… Medianoche.

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Luchar para poner las piedras. Lamentos, voces. Vámonos… Nos esperan en casa. ¡Fortunato! Silencio. ¡Fortunato! Sin respuestas. Ya no estaba. Fijé la última piedra. Y me fui.

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TUNUYÁN

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AUTORES Pablo Frasinelli Héctor Méndez Evelina Verón de Triviño Rayén Nazareno Castro Bergamin Alejandra Adi Damián Gática Nelly Bustos de Giunta Antonia Martínez de Passini

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PABLO FRASINELLI Nacido en Mendoza en 1969. Residente electivo de Colonia Las Rosas desde 2005. Novel (no Nobel) en letras. Sin casta nobiliaria ni premio literario alguno. Desde la primera fecha hasta el presente, nada que la memoria colectiva merezca atesorar.

EL HÉROE Mi nombre no importa. Soy profesor de Historia Antigua, aunque ya estoy retirado. Estoy viejo, ciego, y probablemente también demente. La primera y últim a condición quedarán dem ostradas con este documento. Se presentó un atardecer como cualquier otro, como al azar. Ahora entiendo que eligió deliberadamente la hora crepuscular de la tarde y de mi vida para el encuentro. Comenzó a hablar como retomando una conversación interrumpida tiempo atrás. Asumo que habrá leído la famosa novela de Mary Shelley. Allí el monstruo es aceptado por un ciego al que no horroriza su aspecto. Como en esa novela, yo soy el monstruo y usted el ciego”. Usted está seguro de que este momento pertenece a la vigilia. Le propongo lo siguiente: permitámonos creer que es una ensoñación y no cuestionemos su irrealidad. Comenzó hablando en griego actual, lengua que yo estudié para acercarme a los primeros habitantes del Egeo. Después usó un idioma incomprensible para mí. Tardé unos minutos en darme cuenta de que

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era griego antiguo, aquel usado por los poetas homéricos, y que yo nunca había oído hablar. He venido porque, como a todos, me gusta hablar de las primeras épocas de mi vida. Lo elegí pues es un historiador de cierta fama, por lo que pensé que disfrutaría de mi relato. “Los versos a los que usted ha dedicado su estudio están cargados de misticism o. Cuentan con una profusión de hechos sobrenaturales, que incluyen la intervención de numerosos dioses. Entiendo que se ha dejado de creer en esas divinidades, y seguramente se sorprendería si le dijera que ahora está hablando con una de ellas. Según lo acordado al inicio de nuestro diálogo, no objeté su argumento. Además, me convenció de alguna manera la juventud de su voz; la seguridad de que en tan pocos años no podría haber estudiado un idioma muerto tan complejo y usarlo con tal naturalidad. Mi silencio le confirmó que había aceptado lo que afirmaba. Entonces continuó: En realidad nunca fuimos dioses, aunque así nos llamarán, por ser una raza poderosa e inmortal. Claro que la inmortalidad no asegura la invulnerabilidad. Hemos ido muriendo de a poco y los que quedamos, aprendimos el arte del anonimato, que venimos ejerciendo hace más de tres mil años. Yo luché en las tropas de Pérgamo. Conocí a Aquiles (otro de mi raza), y al resto de los héroes. Recuerdo cada día del asedio y cada detalle de las batallas. En noches como ésta, despierto sobresaltado. Mis sueños están poblados de afilados bronces saturados de sangre. Como mis sueños se han poblado de imposibles dioses. Es cierto. Cuando se haya ido el último de los nuestros, también desaparecerán nuestros recuerdos. La caída de Troya pasará a ser una ficción recogida en un desmesurado poema, y usted podrá, al fin, negar la existencia de este encuentro. Bien, es obvio que viví todos los siglos posteriores a la caída de Ilión. Pero creo que como helenista a usted le interesa esta historia en particular, y es la que a mí me interesa contarle. Pasó toda esa noche hablando de los diez años que duró el cruento combate. Por la mañana desapareció como la última sombra, como el sueño que él propuso que fuera. Usé muchos de sus relatos para redactar mi último libro, que fue tan criticado por la falta de documentación que avalara su contenido.

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Estas páginas no intentan reivindicarlo. Sé que mi libro, como mi carrera, están irremediablemente sumidos al fracaso. Solo quisiera compartir esta experiencia desde el anonimato con lectores desconocidos para mí, como lo hizo aquella noche ese dios errante conmigo. Pero esta vez yo seré el monstruo y usted será el ciego.

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ANIVERSARIO Diez años juntos. Acercándose el aniversario, acordaron que sería una buena idea festejar con un viaje. Ambos amaban la aventura. Pasaron las siguientes semanas planeando una ascensión al cerro más alto de América, del que se habían enamorado al verlo en una revista de montañismo. Cuando todo estuvo listo, empacaron su equipo en las mochilas y tomaron el avión, dispuestos a vivir otra de las viejas correrías a las que estaban acostumbrados. Esperaban desembarcar en un mundo salvaje y atemporal, pero en cambio encontraron una gran urbe que pretendía parecerse sin éxito a una ciudad europea. Esta desilusión duró poco. Fuera de su límite fueron tomando contacto con los auténticos habitantes de los Andes: gente ruda acostumbrada a un clima hostil, un trabajo exigente y vastas extensiones desiertas que acentuaban su soledad. Este entorno adverso contrastaba ampliamente con su amabilidad. En los días que fueron acercándose al cerro que los esperaba, conocieron a varias de estas curtidas personas, a quienes la montaña les había enseñado tanto la introversión como la hospitalidad. Por fin llegaron al punto donde perderían contacto con la civilización durante unas semanas. Un mágico lugar con un puente de piedra roja sobre el río encajonado. Oyeron con atención antiguas leyendas de cómo los dioses habían edificado ese puente para completar el camino que conducía a los incas al sur de su imperio. Comenzaron la travesía de acercamiento. A mitad de camino se desviaron para visitar la famosa pared Sur del cerro. Habían visto innumerables fotos de esta pared, pero al enfrentarse a ella quedaron abrum ados por su belleza. La inm ensa m ole de roca ascendía violentamente, adornada por inmensos glaciares, hasta perderse en el velo de fina nieve que el viento desprendía de la cumbre. A su pie se alzaba un campamento base con algunas carpas. Encontraron a sus ocupantes silenciosos y reflexivos, como en una oración. Tal era el respeto que inspiraba la venerada pared. Ellos, sin notarlo, habían adoptado la misma actitud. Pasaron más de una hora ante el titán al que creían conocer tan bien y, sin embargo, acababan de descubrir.

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Luego desanduvieron sus pasos y retomaron el sendero que conducía a la ruta normal. Llegaron a otro campamento, este más animado que el anterior. Estaban acercándose al final de la temporada, el frío se hacía más intenso y hacía varios días había empezado a nevar. Mientras esperaban que mejoraran las condiciones del clima, aprovecharon para hacer algunas excursiones de aclimatación a cerros cercanos. El día que decidieron iniciar la ascensión amaneció despejado, aunque muy frío y algo ventoso. Siguieron la tenue huella casi borrada por la nieve. Avanzaban a paso lento pero continuo. Al final de la tarde llegaron a un campamento intermedio con un precario refugio. No eran los mismos jóvenes que cuando se iniciaron en el montañismo; sentían el peso del cansancio y el duro golpe que asesta la altura. Pero se repusieron rápidamente y sin demora empezaron a derretir nieve para hidratarse y luego comer algo. Pasaron una noche intranquila. El viento soplaba afuera del refugio y apenas pudieron dormir. A pesar de todo, por la mañana se despertaron de buen ánimo y dispuestos a atacar la cumbre. El cielo seguía despejado, el viento había amainado y un techo de nubes bajo ellos había borrado al resto del mundo. El deslumbrante paisaje les infundía fuerzas para seguir caminando. Llegaron a un punto en el que veían extenderse delante de ellos un largo filo. En una de sus caras transcurría el sendero por el que avanzaban dificultosam ente, habiendo ya superado los seis m il quinientos metros. La otra cara caía en picada abrupta. Era la pared Sur del cerro, que ya los había encantado días antes cuando la vieron desde su base. Revisaron el altímetro y verificaron que la cumbre debía de estar cerca. A la mitad de recorrido, él propuso asomarse al abismo. Subieron hasta quedar parados encima del filo y enfrentados al vacío. Ya habían sido conmovidos por sus tres mil metros de caída vertical, pero, vista desde esta nueva perspectiva, la pared Sur se mostraba todavía mucho más amenazadora. Él notó un estremecimiento en su compañera de cordada, y vio que retrocedía dos pasos. Inmediatamente pensó: ¡Cobarde! Como siempre, el miedo no te deja disfrutar lo que tienes delante. El mismo miedo que te ha impedido llegar a ser alguien en la vida.

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Ella se colocó detrás de él, clavó los grampones en la nieve y lo empujó. Se asomó para verlo en caída libre hasta empezar a rebotar en las primeras rocas. Continuó la ascensión, hizo cumbre y bajó para reportar el accidente.

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HÉCTOR MÉNDEZ Nació en Tunuyán, Mendoza, el 31 de diciembre de 1962. Hijo de Valentín Méndez y Lorenza Campos, oriundos de Tucumán, trabajadores que encontraron en Tunuyán un oasis para quedarse y echar raíces. En 1971 nace su hermano, Hugo Marcelo Méndez. Cursó sus estudios, primaria y secundaria, en el Colegio del Niño Jesús, y se recibió de perito mercantil en el año 1980. De niño aprendió a leer con facilidad e incursionó a corta edad en el mundo del cómics en revistas de tiradas semanales. Al terminar la secundaria, comenzó a escribir poesía, siempre con inclinación romántica en su temática.

SEÑORA MÍA Esbelta, solitaria y misteriosa, señora mía, discurre vuestro encanto… Como ensueño de vida preciosa para mi alma que os necesita tanto… A

contemplaros, la brisa se detiene.

De vuestra esencia es el arrullo y la gracia, que el devenir entre sus velos para mí tiene, envuelto en auroras blancas y llenas de magia. Quiera reina mía, que de vuestra presencia, el placer efímero y vano, no anhele yo tanto, el que deja en mi corazón vuestra esencia, el que trae vuestro perfume y encanto … Pues acaso me olvido que os pertenezco, y que solo a vuestro amor elevo mi encanto. Señora mía, os dejo mi ofrenda matutina,

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efímeras palabras en idiomas de grillos. Quiero de vuestra misericordia aún hasta las espinas y a cambio le entrego mi corazón puro y sencillo. Omar. (sin h) N. del autor: Omar le contaba a su amigo en estas palabras: Estoy convencido, ¿sabes?, mmm…mala cosa la opulencia sin poesía… ¿De qué sirve?... P. D. La descripción del último concierto al que Omar (sin h) asistió en forma terrena se ha extraviado en algún lugar de la plaza de Tunuyán, escrito en hojas de olmos y pétalos de rosas simples. Gracias.

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MEMORIAS DE LAS DAMAS BLANCAS

Escapé milagrosamente de las fauces de un gato presidiario; al menos, eso evidencia su traje a rayas. Monocromático, sigiloso y artero; no lo vi venir… Ando m uy distraído, divago en mis sueños y preocupaciones por demás… Es que hoy no tengo mucho para comer…,y de sueños tampoco se vive… Mi compañera escapó de madrugada, con un opulento más virtuoso que yo. Él sí sabe interpretar las notas altas y vive en un paraíso húmedo y oscuro, hacia la frontera, donde termina el jardín y comienza el otro mundo; donde hay escombros y piedras amontonadas contra una pared… Ella se quedó con la opulencia y yo con las poesías. Creo que ambos ganamos un poco… Mi amigo no tuvo tanta suerte, perdió una pata y una antena; así es la vida… Igual, salimos en las tardes, pero no muy lejos. Creo que lo mejor será mudarnos cerca del pino. Nunca me gustaron los malvones. Mi amigo no puede trepar, y saltar muy lejos tampoco; se da vuelta y cae de espaldas. Este es un barrio peligroso. Demasiada luz durante el día. Hay una superpoblación de gatos aburridos. Dicen que han visto una gallina merodear por ahí… Igual, no recuerdo que alguna vez haya sido fácil. Soy amigo de una araña vieja, monocromática y a rayas también. Ella no tiene problemas, es una mujer sabia… Ella supo sobrevivir y me cuenta historias a la hora del té. Hoy descubrí un nuevo dibujo en su telar, creo que se le escapó un punto… Igual, no se lo voy a decir…Es que, el hilo ya no viene como antes. Recuerdo la inundación, ¡casi mé come un sapo! Me salvé porque era bizco. Pero después hablé con él es vegetariano, solo que entonces tenía mucha hambre… Luego fuimos amigos, hasta que un día se enamoró… Mmm, ¡mala cosa el amor de sapos!... Se fue persiguiendo sueños bajo la tierra. Las serenatas nos salían bien, él hacía los tonos bajos y, como cantar no puedo, yo leía mis poemas…Igual, nunca a nadie pude enamorar…, y el sapo asustaba a las princesas… Mala historia esa de los sapos y las princesas… Muchas veces me pregunté qué hay más allá del canal… Cuando era niño iba a pescar con mi vecinita. Pero ella creció, se puso hermosa, se

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pintó los labios, y se fue…siempre se van, todas se van. No estoy deprimido. Tal vez solo un poco confundido… De qué sirve un grillo poeta, si ellas no escuchan. Nunca escuchan. Igual, voy a seguir escribiendo. A mi sobrinita sí le gustan las poesías, es una adolescente preciosa, tiene las patas largas, y quiere jugar al fútbol; mmm, mala cosa el fútbol de mujeres…Yo jugaba fútbol cuando era chico. No era bueno, era flaco. Y no saltaba lejos. Igual, ya no importa. La pelota naranja la traía un escarabajo que vivía cerca de la planta de gratea…Ese sí era bueno, se llamaba Diego… je je… que casualidad, ¿no? Dejo aquí, en un pétalo de rosa blanco, lo último que escribí. Igual, no creo que a alguien le interese demasiado, ¡hay tantos pétalos en el piso!... El problema de los pétalos es que no duran mucho… Envejecen rápido, muy rápido, y luego hay que re-escribir todo de nuevo… A mí me gustan por el perfume. Cada palabra que escribo libera de las rosas su esencia; cada día estoy más enamorado de las letras…, y de las rosas blancas… Así escritas, las poesías no solo riman; vuelan en el aire y embriagan a las musas inspiradoras de los sueños… Dicen que Dios escribe su historia en pétalos de rosas blancas…y que el mundo es un jardín como el mío, donde las rosas adultas desnudan su encanto con el paso del tiempo y nada se guardan para sí. Benditas las rosas ataviadas de blanco, el terciopelo de su piel y el diseño de sus encajes de satén… Así derramadas en ellas, las estrellas dejaron destellos de una noche profunda y clara, al besarlas con el rocío que todo lo puede cubrir… Es que ando muy distraído…Fui de mañana a buscar pétalos nuevos; en las mañanas son más tiernos; siempre antes de recogerlos le dejo una oración a ella… Y sobre mis hombros se posó suavemente, ¡un pétalo rojo!... Y no hay más que damas blancas por aquí. ¿El rojo es amor?... Sí que la vida te puede sorprender… En el pétalo estaba escrito mi nombre…siempre creí que Omar se escribía con h. “… Esta es la historia común de un grillo común y sus amigos… Dice la leyenda que hay un grillo poeta por cada rosa blanca…Y que las rosas rojas y amarillas despiertan pasiones desenfrenadas entre los grillos músicos…, barítonos y tenores, todos de etiqueta para la gala vespertina. Dice la historia que los grillos habitaban el paraíso antes que el hombre. Y que la música y la poesía se derramaban en los jardines

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sagrados hacia la oración de las tardes. Según cuenta la memoria de los tiempos, bajo sus alas, los grillos de la suerte traían su ofrenda de música, para que las damas concebidas en sus largos tallos espinudos despertaran jamás… Las rosas jóvenes se llamaban pimpollos, y era un placer contemplar sus siluetas delgadas, danzar en las penumbras de las tardes crecidas, somnolientas y llenas de rubor… Las damas maduras agradecían a los cielos y a sus grillos enamorados, desprendiendo pañuelos de colores y desnudándose lentamente con el correr de los días y las noches eternas… Mas, cuando una rosa blanca eclosionada en su capullo verdoso, apenas sus benditas líneas blancas asomaban, la magia de la poesía ya flotaba en el aire, y un grillo sacerdote de las letras, ante la presencia de la bella y sagrada durmiente, acudía a la ceremonia del bautismo de iniciación de jóvenes grillos poetas, guardianes y custodios de los rituales y las tradiciones que hablaban de la creación en sí…la fuerza y el motivo ulterior de todo lo hecho, el amor en su esencia. Cuenta la tradición que la poesía era la magia que e desprendía de las damas blancas y flotaba hacia todo el paraíso de Dios… Y que. a los pies de las doncellas, un grillo poeta cincelaba versos en pétalos blancos como la nieve y puros como el corazón de las agraciadas señoras que los entregaban con amor… Se dice también que cuando una dama blanca andaba demasiado a su escritor, de su corazón elaboraba un pétalo rojo con el nombre de su enamorado, y que luego ascendía a los cielos convertida en ángel… Y que al fin de aquella última noche, antes del amanecer, cuando el poeta se dormía, ese ángel amado descendía de los cielos para llevárselo con él….. y que en algún lugar secreto , están guardados todos los pétalos rojos con los nombres terrenos de los escritores que hablaran de amor ”. A continuación se trascribe el último poema escrito por Omar (sin h), a su rosa amada. Y luego, la descripción del último concierto al que él asistió en presencia terrena. Luego de aquella noche … “ los Ángeles divagan, derramando magia y poesía …”

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EVELINA VERÓN DE TRIBIÑO Nació en Pareditas, San Carlos, en 1942 y vive en Tunuyán. Docente pasiva y Secretaria de la Asociación Docentes Jubiladas de Tunuyán. Ha publicado en diarios y revistas provinciales. Premios en Poesía y Cuento: 1993 – “Muchacha Vendimia” – “Cosa de Tragos” 1998 – 2do Premio en cuento del “Certamen de la Región Cuyana” por “Machetes y Horquillas”. 2004 – 3ro Premio en cuento (U.P.C.N.) “La Farra” 2008 – Premio por su trayectoria cultural: Día de la mujer (Honorable Concejo Deliberante de Tunuyán y en el 8vo. Encuentro Nacional de Titiriteros.

CON TARJETA Habían caminado mucho. Para colmo los supermercados estaban bien alejados unos de otros. Mirando las ofertas que se encontraban en la puerta de cada uno, habían hecho las comparaciones y se decidieron por entrar al “Vale-Poco”. —Compremos aquí— dijo Carmelo. —Creo que es el que tiene los precios más bajos en la mercadería que nosotros llevamos. Ya sabemos que las ofertas no comprenden artículos de muy buena calidad, y el precio que le bajan a uno se lo agregan a otro. Santina, así se llamaba su mujer, consistió en entrar tan solo de ver la carita de su hijo cansado del recorrido. Miró a las mujeres robustas y cobrizas que, sentadas en la entrada, con mirada inquisidora, ofrecían especias, medias, pomadas, peines, agujas, hilos, guantes…pero ella no compraría, porque a esta altura del mes, solo disponía de la tarjeta de crédito. No tenía ni idea del margen disponible, eso lo manejaba Carmelo. Las góndolas estaban medio vacías. Otras — las de los lácteos— estaban llenas con bolsas que hacían más bulto para que no se notara el espacio vacío. Santina traía una lista de lo que hacía falta. Claro que no estaba muy prolija. Tenía varios tachones por la selección de lo que iban a llevar.

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Entrar al supermercado es como penetrar en un hormiguero, donde cada góndola es una bóveda atractiva a los ojos. El vaivén de las personas. Semejantes al de las hormigas obreras, es un movimiento uniforme que, eligiendo, cambiando, dejando o llevando, realizan las manos mecánicamente. Desplazándose en direcciones paralelas u opuestas, son las encargadas del sustento con el sólo propósito de abastecer. En masa, observando atentos y dispuestos, no pierden de vista las necesidades, el tiempo y dinero disponible. Como otras veces que venían, el color, la variedad, el olor hacían que Carmelo y Santina —con el niño— fueran de un lado a otro comparando costo, calidad, cantidad y variedad. —Mirá de cuántos gramos es la pimienta. —Controlá el aceite, si es de girasol o de soja. Ya sabemos que el de oliva no es para nuestro bolsillo. —El café lo tengo anotado, pero…¡Mirá lo que vale! Sigamos tomando yerbita… Entre comentario y comentario colocaban la mercadería en un changuito no muy grande. Cardo —así le decían al niño— se alejaba de los padres. Contento, ya sabía cuál era el lugar de los juguetes. Iba y venía con uno y otro. Todos le gustaban, eran bonitos, atractivos. Y él, un niño curioso de tres años, no sabía con cual quedarse. Dejalos en su lugar —un piso del hormiguero— le decía Santina, calculando que no le podría comprar nada. —Todavía falta la carne, acá por lo menos hay. —Llevá molida, huesos y algo de blanda para picar —No sé si alcanzará para el asadito del domingo. Vos llevás las cuentas, Carmelo, no te confíes que todo está por las nubes. —Las cuentas las llevo, pero no estoy tan seguro y este niño que me pone nervioso con los juguetes. De pronto lo vio. Traía en sus manos un fútbol, había elegido bien con los colores de su equipo preferido. Él lo había hecho hincha de ese club. Si cuando nació, se miraron feo con el suegro y él le dijo: es varón y será como yo… ¡Porque es mi hijo! Con la mirada algo nublada por la emoción consintió que llevara el fútbol. Si cada casco era un suspiro suyo. Y enfilaron para la cola cuyo cartel indicaba pago con tarjeta. Cuando les llegó el turno, pasaban la mercadería seleccionada

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con rapidez y la máquina iba detallando el nombre y el precio, haciendo un ruido típico que de pronto cesó. El cajero introdujo la tarjeta en la ranura y, rápido, pidió el número de documento de Carmelo. Ante su mirada y la del vendedor, apareció en el rectángulo ocre el aviso que decía: FONDOS INSUFICIENTES.

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LIBERTAD NEGRAL Nacida en Tunuyán, donde actualmente reside, el 21 de octubre de 1955, en el seno de una familia de inmigrantes españoles dedicados a la agricultura, junto a quienes vivió lo que denomina “época de oro”, su niñez. Está casada y tiene dos hijas estudiantes universitarias. Es Profesora de Enseñanza Primaria, profesión que ejerce desde hace veinticuatro años. Dice tener en su vida tres pasiones: la literatura, la radiodifusión y la política, esta última heredada de sus padres. En 1996 editó poesías en “Ecos de mis Montañas IV” de Ediciones Fortín, ha participado en otros certámenes de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Tunuyán en 1995 y 1997. En 2007 obtuvo Mención Especial en el género poesía del VIII Concurso Literario, “Sobre Nuestras Huellas” organizado por la Escuela 1-437 Emilia H. de Toro, de Tupungato. Participó también en 2007 del género poesía del Certamen Literario Premio Roberto Juarroz de la Municipalidad de Almirante Brown, Provincia de Buenos Aires. En diciembre de 2008 finalmente obtiene este Primer Premio en el Género Poesía del Concurso Literario “Ciudad de Tunuyán”. En este momento está escribiendo la parte final de su primera novela en la que incursiona en el marco de un nuevo desafío.

COTIDIANO RENACER Diles, madre… Diles, madre, que la luz que se trae del vientre no se puede apagar con cadenas, diles que han fracasado a pesar de sus armas, porque aun sigo vivo a pesar de mi muerte en tu pañuelo blanco y tu pancarta en alto. Diles a los dueños de la muerte que son ellos los culpables de que no esté el polaco con su melena rubia y se haya ido Estela con su risa de vidrio, que Horacio ahogara en vino sus letras en España, y que por sobre todo siguen siendo culpables de que un libro de historia los nombre avergonzada. A algunos los he visto arrastrando cadenas, con los ojos vacíos y en el hueco del alma un agujero oscuro, otros ya no pueden levantar la mirada, y se pierden el cielo de las madrugadas, yo aun lo sigo viendo con los ojos prestados

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de un viejo memorioso o un joven visionario, que sienten la patria mirando hacia delante, sin rencor, sin revancha, con la sana certidumbre de que esos ya no vuelven porque están sepultados en tu memoria firme y en el brillo peregrino de tu llanto. Esos que serán parias en lo que otrora fuera su patria, no hay patria para ellos, la patria no cobija la carne que se nutre de la inmunda manera de matar y se solaza en la estúpida locura de verse poderosos, de sentirse inmortales, de creer que la vida vale una bala sola, en un rincón oscuro, carente de coraje, sin ventanas, sin sol y sin palomas. Sonríe con mi risa, madre, yo sigo vivo en tu ajada pancarta, en tu memoria indeleble, en tu regazo tibio. Sonríe con mi risa, madre, que lloren los que reían cuando tu dolor recién empezaba a lacerarte el alma. Sólo mantente atenta, madre, y alerta a los tranquilos, sólo tu memoria es indeleble, otras pueden ser frágiles aun. Muéstrales el camino y la pancarta, yo sigo mirando desde el brillo de tus ojos, tu marcha peregrina. A esos otros, madre, que te miran pasar con tu pancarta en alto y no te siguen, a eso madre, no les digas nada, ni una sola palabra, sólo míralos madre, una vez sola como a mí me mirabas.

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ARGENTINA QUERIDA Yo te miro desde el pie del Aconcagua, con esta luz de cerros y quebradas, con el frescor de arroyos cantarinos, con el aroma de las vides y manzanos, con el frío vidrioso de la escarcha y con la férrea mansedumbre de los huarpes. Salgo en el zonda huracanado y polvoriento a inundarme los ojos de tu pampa, llego a tu orilla, campo celeste de agitar continuo, húmedo cielo, moteado de barcos y fantásticas sirenas, mirando desde afuera con ojos de luces y cemento. Y tu sur, helado territorio de vientos indomables, hábitat resignado de ovejas y pingüinos, donde cesa la patria a fuerza de escarchas infinitas. En vuelo acariciarte entro en tus bosques, interrumpidos por lagos caprichosos que contemplan de cerca los sorprendentes manzanos, manantial de azúcar en los altos valles. Aguas arriba el Paraná me lleva hasta la entraña de tus selvas infinitas, allá por el naciente el litoral lejano, adonde los tobas y los matacos rudos, tejieron en palmares, leyendas de su raza, trascendental misterio de pájaros y obrajes. La sed añeja de la Puna, arriba, donde no es posible la copla sin la caja de un colla desata esta manía de amarte con los ojos Argentina querida, y norte a sur del mapa me lleva hasta los ojos el dolor de las islas, ensangrentado cielo de rocas y de espuma. Cuando vuelva el navío, vendrás hecha paloma, con las alas abiertas y la rama de olivo,

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y serĂĄ entonces delirio de alegrĂ­a incontable esta vieja manĂ­a de quererte argentina.

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RAYÉN NAZARENO CASTRO BERGAMÍN Nace en 1988 en la ciudad de La Consulta, San Carlos. Entre el año 2007 y el 2008, conduce y produce el programa radial «Golpe Bajo», dedicado a la difusión de la actividad cultural independiente en la zona del Valle de Uco. El pasado año, publica además un texto que forma parte del arte de disco del segundo álbum de la banda de rock Dueños del Santo, de nombre homónimo. Actualmente cursa estudios de Abogacía en la Facultad de Derecho de la UNCuyo y public a sus es critos en su b lo g pe rs onal w ww .rayagainstthemachine.blogspot.com.

EXÉGESIS Busco conectarme/con mi primer recuerdo en virginal memoria/ Deshojar los intrincados cuadernos que cargan mis espaldas/ Renunciar a la perpetua sumisión al remordimiento. Cubro las llaves de lodo/ cuando mi alma se acerca a mi. Hurto del Deseo su jadeo atemperando el mutismo de las razones.

NIETZSCHE Retrato del desamparo: los sentidos se acurrucan adormilados en el cajón de la vacuidad. La mirada pétrea

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acusadora en la gente que embate ante cada resto de ilusión. Y pétrea y acusadora y sucia, ardua, fecal, fulgurante; mirada de soeces susurros matando la tierra hundiendo las pupilas cual bisturí en el pulmón. Evoco tu admonitorio fantasma rupturista. Souléve- Moi, de las cenizas, Souléve- Moi. Un hombre reposa en la proa blanca del galope procaz de la sed nunca avisté penumbras en tu abrazo pero hoy es insoportable esclavo de las cuerdas que el sol sostiene para jugar de mi y loco y loco abandono la miel en dirección a un claustro de basura.

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ALEJANDRA ADI Alejandra Adi Nació el 23 de diciembre de 1986. Desde ese entonces y hasta la actualidad reside en Tupungato, Mendoza. Además de los premios obtenidos en concursos a nivel local y provinicial, entre ellos «ASST», «Sobre Nuestras Huellas» y los organizados por la escuela Domingo Faustino Sarmiento, diez de sus poesías integran tres antologías literarias internacionales editadas por «De los Cuatro Vientos» y C.E.N Ediciones. Cursa el quinto año de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNC y realiza talleres literarios en la Ciudad de Mendoza.

LETARGO DE MUSAS Escribir… ahondar al minotauro vergonzoso de la garganta, señalar a los pájaros dónde buscar su música, cortar las piernas del invierno, escalar tus hombros persiguiendo una luna, para tener los versos con qué tallarte el cuello, marear al reloj y que se suspendan sus agujas. Escribir… Sacar radiografías del alma,

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Vender la lengua al diablo, que las coordenadas desorienten a la nostalgia que las mariposas teman por ser descriptas que se rebalsen los sacapuntas y estos cuantos versos: I Radícate en mi tierra, habítame el miedo, aduéñate de la arena virgen y clava tus pies mojados. Deja huellas, y que las musas las transiten en sus ratos libres, por una vez que mi nostalgia tenga justificación. II Deja que llueva que se destiña la nostalgia que se hagan confidentes los paraguas al rozar de sus perfiles, que el olor a pasto mojado me rebalse el alma, que la tierra húmeda me invite a garabatearle huellas y que las raíces, frágiles se abracen bajo la tierra. Dejar que llueva aunque se multipliquen las horas, declararles la guerra con chocolate caliente

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o darle tregua con un simple té Esperar el húmedo anochecer. Detener el reloj de arena. Jugar a la escondida con tu sobra y dejarme vencer. Dejar que llueva para templarte el alma y tener que desnudarte, desafiar el viento con el trópico de los cuerpos y ese frío de la lluvia, por calor. Dejar que las pestañas se mojen, hasta caerse los párpados, calcular la frecuencia de las gotas y amarnos a su ritmo. Dejar que llueva que se sumen más charcos, allí afuera aquí nosotros nos estamos secando. III Resumir la desilusión con los ojos cerrados y sus suspiros, como el paso lento y la mirada en la nuca un tanto mareada. Resumir a la pasión

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con un gemido para que se atragante la madrugada, escupirlo en las lágrimas que nadie citó a este baile donde la soledad puede sonar como el mejor blues del olvido, como una jazzuela alimentada de licor y humo. IV Solo un silencio bastará para gritar la verdad allí, donde el tiempo se alargue como tu espalda, en el momento en el que reconozca que sólo en tus ojos se calla la ciudad V Te contaría al oído lo que el viento trae, te confesaría el secreto de los hilos que sostienen las almas, te esperaría las mil y una noches con la duda embalsamada, pero aún así no podría señalarte la esquina donde espera sentado el amor.

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VI Un hombre llorando un lugar en el mapa donde camufló su trama como los nudos de la garganta y envolvió el desenlace inventándose un sol. Un hombre llorando la moneda que muestra una nueva tradición de Wendy, las no maravillas de Alicia y un Gepetto anestesiado por soledad o arrabal. No puedo desteñirle la nostalgia ni ahondarle el invierno ni saciarle las venas o volverle de almendra la mirada. No puedo ni con una sonatina en clave de luna cuando fume la pipa el abuelo y el pasado indeleble, como un precipicio, sea sólo un lunar. VII Abandoné el suburbio y sus pájaros caídos, la pena trillada, la letra

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y su puño escarlata. Esta tarde en fa menor esta cantada. Bordé un adiós en las entrañas, devolví la nostalgia que vino fallada. Sobran los pretextos -en este texto-, ya puedo empezar a deshilvanar la costura de tu espalda. VIII ¿Puede contaminarse la ciudad con tus ojos?, así, tal como lo hace esta hoja con el ruido del lápiz y su silencio, con la huelga de princesas y su perfume a musas, con tu ausencia y sus garabatos. IX Porqué es demasiada espesa la noche en tus pestañas, los gritos para una garganta virgen, demasiado violento el jadeo y sus asesinatos demasiada sangre sobre la hoja en blanco que no es justamente

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símbolo de paz. No hace frío en la habitación pero el lápiz aún tiembla, se le oye en los riñones el letargo de musas, las letras amontonándose en la garganta del alma, con sus cuerdas ya violadas con la voz frente a la cornisa de esta hoja que ya no estará más en blanco.

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DAMIÁN GUDIÑO EL HOMBRE LABRIEGO “Todo hombre tiene una misión en la vida....con sus obligaciones de la sociedad, la familia y el trabajo... Los que nacen en una Ciudad, su vida puede ser más armoniosa, en cuanto al desarrollo de sus actividades, pero en el Campo, es otra cosa, no es tan fácil...desde la tarea diaria, las inclemencias del tiempo, todo se hace más difícil, el movilizarse, la comunicación y el trabajo, la movilidad es la bicicleta o el caballo, la calefacción es el sol, su lapicera es la azada, su luz en la noche son las estrellas... Y en verano soportar el castigo del calor y para mitigar un poco la fatiga...está el añejo Sauce.... Y así pasan los días...sin más testigos que su familia y la naturaleza.... El peón, el obrero y el labriego... Todos se conjugan en esta historia...de vida...”

SOY OBRERO...SOY LABRADOR SOY PEÓN DE MADRUGADA PARA TRABAJAR LA TIERRA TENGO A MI FIEL COMPAÑERA... LA AZADA DESCENDIENTE DE INMIGRANTE ME SIENTO MUY ORGULLOSO DE ÉSTA TIERRA BENDITA LE RUEGO POR LA COSECHA A LA VIRGENCITA ES EL TRABAJO MANCOMUNADO DEL HOMBRE LABRIEGO Y EL COSECHADOR QUE TODO LO REALIZA CON ALEGRÍA PARA QUE SEA MEJOR SU LABOR PARA CULTIVAR ESTAS TIERRAS Y ESPERAR BUENAS COSECHAS QUE EL AGUA BROTE EN CASCADAS...

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Y VENGA, ENTRE LOS CERROS SILBANDO TONADAS LOS HIJOS ME DAN LA FUERZA Y MI COMPAÑERA, LA FE Y LA ESPERANZA CON LA VOZ QUE SIEMPRE ALZARÁN PARA ENGRANDECER ESTA PATRIA CHICA QUE SE LLAMA....TUNUYÁN

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RENÉ GATICA DE DONDE NACE EL CANTO Con la consigna de alegrar el alma va este mensaje de poesía y canto que son sentires y decires nuestros, rescoldo antiguo de fogón

campero.

Si a su calor su corazón se entibia y por momentos la emoción lo embarga en el instante de la despedida será el cogollo un fraternal abrazo y una vez más, como quería Don Ata, habrá cumplido su destino el canto. Ya las cuerdas, sin más en el preludio con acordes certeros dan indicios de nuestro origen, raíz y procedencia. Venimos a decir que somos,pues, de donde señorea el Tunuyán, el río que a mi tierra le da el nombre, la vida, el pan, el vino y mucho más. Nos da ese privilegio de saber que venimos del Ande tutelar, de un valle de belleza singular, surcado por arroyos que al galope acuden al llamado sediento del vergel. Venimos del lugar donde hizo un alto, cumplida ya la gesta libertaria,. el Santo de la Espada a su regreso. Bajo el Manzano reparó sus fuerzas y allí volvió a soñarse chacarero.. Mas tampoco olvidamos que venimos de esos hombres de estirpe bien cuyana que jalonaron con sus sacrificios los empinados pasos de los Andes.

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A donde quiera que vayamos, pues, van con nosotros lo que en vida fueron sencillamente diecisiete arrieros. Y por que somos lo que Dios nos dió, cálido zonda ,nieve inmaculada jarilla agreste, álamo y sauzal. somos memoria del abuelo huarpe enriquecida por el inmigrante , dionisiaco valle ,Portal del viejo Edén . Si canta el árbol, la montaña, el río, si es todo el valle a la vida un canto , si desde niños nos sentimos pájaros , ¿cómo explicar que desde allí venimos si no nos sube desde el pecho un salmo? ¿Cómo nombrarte entonces mi terruño sin que al instante la mirada brille y mil zorzales a entonar se asomen su serenata al balcón del alma? Por tanto si decimos : De Tunuyán venimos, decimos que venimos de donde nace el canto. ¡ decimos que nacimos para cantar Tonadas!

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NELLY BUSTOS DE GIUNTA PRIMAVERA Y MENSAJE (2009) Tímidamente se huele a primavera. Se ven los rayos de sol, más que nubes. Ayer lloviznó, hoy también. Hoy los verdes brillan más las alergias aumentan, pican los ojos y las narices gotean. Años antes era el polen de los plátanos y álamos blancos Todo cambia como yo; usaba barbijos sin prejuicios En esta no vi llegar las golondrinas ni trinos de pájaros Habrán confundido la ruta, ¿no les gusta mi valle? En mi jardín hay colores gualdas, blancos, violetas y verdes matizados Las flores importadas llenan de colores las cestas de los floristas Los vientos zonda traen esperanza del sur y del este Que traerán agua, brotes y ESPERANZA Como a los jóvenes en su día Hoy ríen con alegría, con carcajadas y música. Que no dejen el atrás, que sí importa Miren el porvenir con su frescura y lleguen a ser partícipes, se vean realizados Y sin timidez lleguen al fin, a lo deseado. Participando…

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SOBREVIVENCIA No miro el mar inmenso, estoy acá en la playa. Detengo la mirada, en pájaros comunes que llevan en su pico, perdido “pororó» Y vuela el que lo lleva, lo alcanza pronto aquel otro que en contados minutos, son cuatro, cinco, seis, y todos se pelean por aquel grano cocido que toma el más ligero, alzando raudo vuelo, en busca de su hogar… Pienso y comparo la escena, con el cotidiano hacer. El hombre, corre y cuenta, No siempre con presteza, el trabajo, el alimento que, disputa entre cien… Y…qué alegría! si puede, como el ave, ascender.

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ANTONIA MARTÍNEZ DE PASSINI BRINDO POR TÍ, TUNUYÁN Aún recuerdo aquel soleado día de octubre cuando llegamos a Tunuyán, con un dejo de tristeza por alejarnos de nuestra ciudad natal: San Rafael. Los primeros días fueron de mucha emoción y preocupación, y tratando de adaptarnos a la nueva vida, que por decisión conjunta con mi esposo elegimos, que soñamos para nuestro crecimiento y bien estar. Al poco tiempo de haber llegado, nos dimos cuenta, que realmente este era el lugar donde queríamos vivir, la elección fue perfecta, dejando atrás el sur de la provincia con los afectos y otros proyectos que anidaban en el interior de nuestro corazón, pero bien dicen que el ser humano vuelve a sus raíces, mi esposo había nacido en la Remonta, Campo Los Andes; el sentimiento compartido, el amor del uno por el otro, nos permitío soñar y volver a empezar. Tunuyán representó todo un desafío, aprendizaje, el poder saber hasta donde llegan las fuerzas por progresar. Al cortar una manzana, nos deleitábamos con su perfume, en cada amanecer redescubrimos colores y el perfume de los aires valletanos, el cantar de los pájaros tenían una melodía amigable, un canto diferente, las estrellas de cada noche brillaban cada vez , con más fuerza como iluminando nuestro caminar por tierra tunuyananense.Tunuyán: su gente, cómo no recordarla!, a cada paso había una demostración de cariño, de bienvenida, una mano tendida al nuevo amigo, con quienes también ellos compartirían sus vidas, corazones solidarios, para los recién llegados.Como lo dice su nombre: Tunuyán tierras movedizas, y en familia, nos pusimos en movimiento, y salimos a ser parte de este Tunuyán, con una leyenda de amor como la de la India Muerta, el Manzano Histórico, donde se forjó un pedacito de la historia de los argentinos, el Río Tunuyán que tanta transformación trajo a este departamento, y continúa haciendo historia, porque nunca faltará un cuyano que le cante a la vida y al amor y así fue posible fusionar todo esto con la actividad comercial, y comprendimos que la meta que nos habíamos fijado era por demás auspiciosa y el éxito podría llegar si nos sacrificábamos y luchábamos,

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y gustosos lo aceptamos, convencidos que todo estaba dado para comenzar nuestra historia, la que anhelabámos escribir y vivir. Con la ilusión más grande de nuestras vidas dimos el primer paso en el mundo de la moda y la belleza. Cuan grande fue la sorpresa al sentir que la gente nos aceptaba cada vez m ás.- Sum andonos a la gran fam ilia progresistas

de

tunuyanenses, gente con valores morales, principios, educación y respeto al prójimo.Aquí creció y se educó nuestra hija, ella también sembró y puede decir que la cosecha fue fructifera en muchos aspectos de su vida, pero lo más importante el caudal de amigas fieles con las que cuenta en la buenas y en las no tan buenas.Casi cuarenta años viviendo en este queridísimo lugar, momentos tan bellos compartidos, amigos y una cualitativa y gran cantidad de clientes, que año a año renueva ese compromiso, de estar junto a nosotros. El tiempo pasa, avanza, cuanto pasó de aquel octubre….tantas horas, minutos placenteros vividos en Tunuyán, todo parce que fue ayer, cierro los ojos y repaso las imagines de nuestra familia cuando llegó con su bagaje

de ilusiones, y nuestros corazones

se aceleraban

preguntándose, ¿seremos bien recibidos? : Este fue el gran interroganteHOY, la pregunta tiene una respuesta: fuimos inmensamente felices, por su gente, por su amor, su demostración de cariño y respeto .Tan solo nos queda decir GRACIAS TUNUYÁN, por regalarnos tu belleza sin igual, por ser hospitalarios, por dejarnos ser parte de tu historia. Que vuelen todas las palomas llevando nuestro agradecimiento a cada rincón de este

grandioso y mágico departamento, que las

fragancias que en casi cuarenta años esparcimos en cada uno de ustedes llegue embriagado de luz y esperanza, porque nos permitieron transcurrir y permanecer, elevo mi copa y brindo por tí, TUNUYÁN.-

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TUPUNGATO

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PRÓLOGO Las ilusiones son el marco de la vida que nos impulsan a seguir, afrontando dificultades y cosas bellas. Los sueños se rompen en la mitad de la noche, con el más imposible de ellos. Cuando despertamos, nada es realidad y salimos a la lucha de cada día. Mezcla de españoles, italianos y criollos hemos formado nuestro suelo, cargados de sueños, de amores y melancolía, dueños del pasado, del presente y del futuro, forjadores de nuestras raíces y nuestra cultura. Ellos que nacieron hacen nueve décadas, vieron a nuestro Tupungato crecer. Aquellas huellas transitadas por carretas, camino a Los Cerrillos, que nos unen a la ciudad de Mendoza, donde se impone Cristo Rey del Valle de Tupungato, con sus brazos abiertos protegiendo nuestro valle junto al Volcán Tupungato, vigía de nuestras labranzas. Hoy te escribimos con ilusión, con sueños, con esperanzas, exponiendo en este libro todo el vergel de expresión de su gente.

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AUTORES Patricia Berrío Dolly Cocco Oscar Bosia Carlos Lombardich Carmen Parodi Oscar Montaño Ivana Videla Nélida Loccione Norma Manzano Hilda Ellena Fabián Arreguez José Moreno Juan Garibotte Alejandra Adi Adriana Zácolo Juan C. Herrera Mariela Y. Ruiz Miguel Freyre Teresa Murúa Rocío Dìaz Carla Moreno Juan Carlos Lizarde

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JUAN A. GARIBOTTI VOLCÁN DE ENSUEÑO Miro la pantalla del universo desde mi ventana, en la tenue niebla de la tibia mañana, en una nube iluminada por el sol naciente aparece tu blanca cabellera, cubierta de nieves milenarias, Mirador de estrellas, contemplas silencioso, el valle donde nacen, Mil sinfonías de colores del otoño. El ardiente viento zonda, en las alturas, es tu fiel compañero, pasa silbando, en los riscos acantilados, de la cordillera andina. Morada de los Dioses, los Huarpes, Hijos de tu tierra te adoraron, e inerte en el tiempo, nosotros seguimos contemplándote, como un joven enamorado. Te miro y te admiro, todos los días, en cada mañana, en cada mediodía, en cada atardecer, en cada noche de luna que te refleja mientras las hebras plateadas de las estrellas, danzan a tu alrededor. Historia y leyenda de titanes montañeses, osando esas frías laderas te conquistaron y por no ser menos Zubrigen para honrarte junto al Centinela de Piedra, el Aconcagua, desde la cumbre tan ansiada, el universo miró desde las estrellas. El cóndor , rey de Los Andes, amigo fiel de las altura, guarda tus secretos, mientras el guanaco centinela,

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relincha avisador en el eco de los valles, donde padecen mansamente sus manadas. El río rumoroso baja hacia el valle, para generar oasis de verdor, fuentes de vida y grandeza mendocina. Encierras secretos nunca develados, de vuelos lejanos, de vidas perdidas, de intentos fallidos, de glorias ganadas. Otros te idolatran por las viles y sucias monedas, del comercio de la muerte, en encierros de amenazas, cual alambradas de campos de concentración, usurpadores de la mentira y venganza, dueños de la nada. Tu espíritu indómito, podrá más que ellos, en los tiempos de la justicia y la razón. Pero estás ahí, impávido, mientras el invierno cómplice es aliado, hasta que la sabiduría de los forjadores de culturas, buscaron develar el misterio, de tantos silencios. A pesar de ellos, Continúas guardando en tus entrañas, el fuego de la eternidad. quien sabe, algún día, vuelvan a asomarse, como luces de artificios multicolores que iluminen, el devenir en la noche de los tiempos. En el valle de tu nombre, el Cristo nos observa, custodio de la grandeza de un pueblo; Tupungato, mensajero de la paz y del mañana venturoso. no soy artesano, herrero labrador, escritor o poeta. Quiero en estas letras honrarte, como un Maestro Educador.

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PATRICIA BERRÍO CULTIVO Gotas gruesas de sudor corren por tu piel, que te causan ardor. Cansado y agotado ya estás, noble y fuerte trabajador. La tierra labras, gran campesino, con la fuerza de tus manos callosas, sacrificios y anhelos dejas en los surcos, viéndose del cielo el color verde de tus parras. Siempre pidiendo a Dios que cuide tus cultivos en las noches de tormenta, poniendo la Cruz de sal, para poder alejar la cruel piedra. Así poder lograr cosechar tus viñas, y poder dar a los tuyos, el alimento que te proporciona la tierra, de la cual sientes orgullo. Quedando el sabor añejo de tus vinos, penetrando en tus labios, tanto sacrificio tuvo sus frutos, logrando este año otra vez, el fino vino de tus cultivos.

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TIERRA DE MARAVILLAS Recóndito lugar con calles llenitas de piedras, eras. cuna de inmigrantes. Valle de diamantes azules, verdes, negros y blancos. Espejo de aguas cristalinas, donde se refleja la silueta de una bella india. Se dibuja su cabellera el caliente viento que sopla por las venas de todos los que disfrutan viviendo tu grandeza. El sol se marcha tras rocas esbeltas, para pintar tus atardeceres, de un cobrizo manto cordillerano; donde los sentidos extasiados se asemejan a la esfinge deslumbrante del cacique de una realeza.

NIÑA Ojitos atractivos, Son como el verdor de las viñas Donde late un corazón. Y dibuja tu sonrisa, Un clavel al reventar, Perfumando frescas brisas Al aclarar. Y radiante tus mejillas Como flores de pénsil, Son tan tiernas, tan sencillas Como rosa de abril. Y a veces te veo llegar Con sonrisa misteriosa No sé si volví a soñar, Contigo, mi niña hermosa

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DUELE EL AMOR He visto tus ojos mujer, y Sigues estando tan enamorada como siempre de él. He visto que lo acaricias cuando rozas su Cuerpo acercándotele. La piel se te eriza y contemplas su estampa aun con los años como la primera vez. Sangra tu amor cuando lo tienes lejos. Sé que quisieras estar en su mente para saber Si te piensa, como lo haces tú cada vez. Empeñarías tu vida por solo un segundo en Donde te amara locamente, como sabes que amó ayer. Se paralizan tus encantos cuando lo sigues; Porque roban tu hombre miradas ladronas de diosas Con magia que tú siempre ves. A tu lado lo tienes durmiendo, como muchos Esposos, de espaldas sin ver; que cuidas sus sueños, Porque supiste y presiente que puede perder; En la boca preciosa, de aquella otra mujer.

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CARMEN DE PARODI DÍA DEL JUBILADO (20 de setiembre) ¡Como la primavera que esperamos ansiosamente, con sus cálidos días y sus flores, nos reunimos con gran algarabía, a festejar al jubilado en su día! Con su cabellera blanca como nieve y su andar lento y apacible, como recorriendo el tiempo que ha pasado, buscando en cada objeto, la presencia de lo que va quedando en el olvido! ¡Cuántos años pesan en sus vida, cuántos recuerdos llevan en su mente! Tantas veces salen a la calle y cuántos ¡ni siquiera lo respetan! ¡No olviden, jóvenes! Que tras de cada uno, se refleja a sus padres o abuelos que dejaron jirones de su vida para hacer una patria grande y rica, y ustedes puedan disfrutar de ella. Felices los que puedan ¡llegar a jubilarse! Aunque algunos les produzca risas y cuando llegue el momento de la ofrenda y el Señor, en el Cielo te pregunte, ¿Qué hiciste en la tierra hijo mío? Tú puedas contestar, sin pensar mucho, con cariño y amor, ¡Señor, de todo un poco! ¡Feliz día para todos¡

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ALEJANDRA ADI ESCRIBIR ahondar al minotauro vergonzoso de la garganta, señalar a los pájaros donde buscar música, cortarle las piernas al invierno, escalar tus hombros persiguiendo una luna, para tener los versos con qué tallarte el cuello, marear al reloj y que se suspendan sus agujas. Escribir... sacar radiografías del alma, venderle la lengua al diablo, que la coordenadas desorienten a la nostalgia que las mariposas teman por ser descriptas, que se rebalsen los sacapuntas con unos cuantos versos.

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DEJAR QUE LLUEVA que se destiña la nostalgia, que se hagan confidentes los paraguas al rozar de sus perfiles, que el olor a pasto mojado me rebalse el alma, que la tierra húmeda me invite a garabatearle huellas y que las raíces frágiles se abracen bajo la tierra. Dejar que llueva aunque se multipliquen las horas, declararles la guerra con chocolate caliente o darle tregua con un simple té. Esperar el húmedo anochecer. Detener el reloj de arena. Jugar a la escondida con tu sombra y dejarme vencer. Dejar que llueva para templarte el alma y tener que desnudarte, desafiar el viento con el trópico de los cuerpos y ese frío de la lluvia, por calor. Dejar que las pestañas se mojen, hasta caerse los párpados, calcular la frecuencia de las gotas y amarnos a su ritmo.

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Dejar que llueva que se sumen más charcos, allí afuera aquí nosotros nos estamos secando.

TE CONTARÍA AL OÍDO Te contaría al oído lo que el viento trae, te confesaría el secreto de los hilos que sostienen las almas, te esperaría las mil y una noches con la duda embalsamada, pero aun así no podría señalarte la esquina donde espera sentado el amor.

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CARLOS LOMBARDICH UNA MADRE, MI MADRE Solo poseo recuerdos De mi niñez muy lejana Cuando despertaba en brazos De alguien que mucho amaba. Su mirada suave, Su porte digno, Una actitud de sacrificio, Sus manos callosas, Su entrega constante, Y en lo mejor de la vida, En el fragor de sus luchas, En la satisfacción conseguida Cuando tenía aún mucho para dar Se me fue de la vida. Hoy la recuerdo con ternura, Hoy la lloro en su ausencia Su imagen es su presencia Que me acompaña todavía. Es mi madre a quien la vida Le pagó en forma injusta Se fue con hidalguía, Con dignidad absoluta. Dejó un ejemplo enorme, Con su bondad infinita, Con su obra, sus anhelos Y su felicidad inconclusa. Una esposa, mi esposa

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adalid de luchas bravas guía de anhelos y utopías señuelos para su espíritu sublime realidades plasmadas cada día señales de un corazón noble que embanderan ideales y poseías que a la hora de hacerlas realidades inundan el alma de alegría. no son mitos, son vivencias son concreciones realizadas y a la hora de reclamar por sí misma se cobran con la propia dicha alcanzada.

descubrir a mi esposa en unas líneas no representa lo que vale pero sí lo garantiza el sentimiento porque este sí, se siente y sabe.

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OSCAR BOSIA LA POESÍA La poesía no se elabora, es un hecho mágico que surge, una alquimia de palabra y sentimiento que expresa el sentir de ese momento. La poesía es un medio que estimula y perfecciona sueños y que siempre, paradoja, se coloca del lado del que pierde. La poesía quiere ser fiesta, amor, ilusión, esperanza, muchas veces ve morir esos anhelos y se convierte en un grito de propuesta. Si... La poesía es un hecho mágico, capaz de trastocar la realidad, poner luces donde hay oscuridad y convertir lo amargo en dulce fruto.

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NO ME ASOMBRA LA MALDAD REINANTE Ni la corrupción, ni la mentira, ni los que vociferan proclamando odios, ni los dobles discursos, ni los que siembran semillas de disolución, ni los que falsean realidades, ni los que se burlan de la moral, no... no me asombra. Me asombra la indiferencia, la tolerancia hacia la mentira, la pasividad ante la injusticia, la falta de sueños, la devaluación del amor, el desprecio por lo entrañable, el silencio y la inacción de la gente honesta. ¡Eso me asombra!

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ADRIANA ZÁCCOLO EL GENIO DEL PARRAL El genio del parral Bajo las luces y sombras del parral de mis abuelos solíamos atar la tarde a domingueros almuerzos. Dos tablones, un mantel y entre las risas, los gritos, las quejas, las advertencias, nos sentábamos los chicos. Y de pronto éramos veinte alegremente ubicados alrededor de la fuente. Un rico pollo casero, tomates rojos de huerta eran parte de comida que preparaban las tías, las cuñadas, mamá, abuela. Todas juntas entre risas y cuchicheos traviesos, retando a los más grandotes, acariciando al pequeño, recordando tiempos idos y reviviendo los sueños. Y al final de los almuerzos todo se iba transformando y volvía a ser un patio. Algunos jugaban cartas. Otros dormían la siesta.

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Y en esa escena tranquila bajo el genio de la parra, mientras nosotros jugábamos mi abuela nos observaba envolviéndonos afable con esa mirada suya.

UN DOS POR CUATRO Suenan tres acordes de un dos por cuatro y los corazones laten apresurados. Los pies tensos, juntos, frente a frente, elevan los cuerpos sobre el fino parquet. Sus manos suavemente te controlan, te merecen, te giran, te dominan. Las tuyas se apoyan firmemente sabiendo que la roca no declina. Los círculos dibujados en el suelo se hacen ochos de piernas que se anudan. Y el espiral que dibujan tus caderas circunda voluptuoso su figura. Cual alas, tus pies revolotean y se aferran a sus piernas firmes y seguras. Y después de entregarte a su ternura, su varonil abrazo te hace suya. Y en el momento en que tus venas laten al mismo ritmo de las suyas, un profundo suspiro de exhalar en el Sol Do del último compás

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JUAN CARLOS HERRERA ABANDONADO Viento del sur, vienes demasiado tarde, corta es mi cabellera, no se enreda como el de ella ¡en tus dedos de alambre! Como un río que pasa en silencio así está mi tarde, sin ruido, callada, en calma, como peces que caen al vacío sin agua, como un niño sin madre, ¡así está mi tarde ! He perdido el suspiro de las noches serenas al instante que llegabas dejándome la llave para abrir el corazón en clave. Si muero, aquí dejadme, el suplicio será grande. si miro y no te encuentro, sin entierro es más fácil. La tarde va partiendo y se resiste a dejarme. Yo parto en ese instante y la brisa lleva jirones de carne!

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Viento del sur vienes demasiado tarde, no me dejes la llave ya no se abre el corazón en clave. ¡Otro viento enreda sus cabellos en los dedos de alambre.

LOCURA Oh, bellísima estática locura funeral ceremonioso de una parte mía. Allí en el arco iris después de la tormenta anunciando un trueno de rodillas en donde canturreo sin notas mi nostalgia. Aquí nimbando tambores de humo antiguas flechas indias pintando de ocre mi cabeza.

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JOSÉ A. MORENO EL ZAMPAL El Zampal de la mano A Tupungato me llevó, Entre los distritos que adornan el valle “El Zampal saludo” con el recuerdo hecho verdad, el respeto ganó. Entre mis calles favoritas, Iriarte se hizo presente, Porque en ella está La calidez de mi gente. La verdad de la vida, De chico la aprendí, Sin saber siquiera, Que solo era para mí. Cuando hablo de “recuerdo, verdad y El Zampal” Lo que tenga en la mano empieza a temblar; Solo quería pensar cuando empezaba a crecer, Y con el recuerdo de amigos, La falta de aire quiso aparecer. Ahora sé por qué, que existen las verdades, Es el mejor estudio para todas las edades, La verdad de todos los días el querer lo ganó, Cuando fue mentira, el querer la borró. Si existen juegos, hay que jugar, Si existen amores, hay que amar “Sí existe El Zampal” no me busques lejos, allí me encontrarás.

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Escribiendo estas pocas letras, de todos me acordé, Y con el mejor recuerdo, con mis lentes empañados, también lo disfruté.

FRENTE A LA CORDILLERA Caminando frente a la cordillera Donde sólo el cóndor existió Quiero un nido junto a ellos Para que nos anide a los dos. De allí arriba miraremos el cielo, Que más cerca va estar, Y con la pureza de la nieve En la frente, un beso te voy a dar. El llano nos espera, con el recuerdo De nuestra inmensa pasión, Le daremos gracias a Dios. Iremos bajando despacito En cada paso, te quiero acariciar, Será la única manera De mis ansias calmar. Al cóndor doy las gracias Por compartir una ilusión Pero el nido siempre estuvo hecho Y para entibiarlo, falta tu decisión. Haciendo este viaje No me he de despertar, Mis manos están abiertas Para poderte apretar. Algún Ángel velará mis sueños, Aunque yo me porte mal.

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MARIELA JÉSSICA RUIZ EL VALOR DE LA VIDA Una mariposa tan bella tan colorida, por doquier volaba de flor en flor muy divertida, entre las hierbas esmaltadas de rocío, por el bosque iluminado en el estío. De pronto se encuentra con una rosa que en soledad de pena desvanecía por tener una vida tan breve. Le preguntó: ¿Por qué lloras? Tus lágrimas iluminan tus ojos color grana. La tristeza por desgracia, es la vergüenza de la alegría. La rosa sollozando no respondió. La mariposa de pena contagiada de ver que la rosa expiraba, caminó, caminó meditativa, se encontró con una hierbas que a modo de consuelo le dijeron: la esperanza es lo último que se pierde. La buena mariposa voló hasta la rosa y con ternura le dijo: Sé fuerte y valiente en todos tus problemas la vida es breve, es cierto, pero bella. Vívela con amor, el amor tiene corona porque es el rey de todo lo bueno. La alegría de vivir triunfa y triunfará sobre la tristeza, intolerancia e incomprensión. Sabrás, también mi vida es breve, apenas aleteos, un suspiro anhelante... Esperaré el ocaso posada en tus pétalos. Mira, aunque breve no es en vano la vida. Amistad

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La amistad es lo mejor que hay Hacer amigos es una virtud. Amigo: Es aquella persona que siempre está contigo Que nunca te traicionará. Está en las buenas y en las malas, Es sincero y nunca te mentirá. Un amigo: Comparte todos los momentos lindos E inolvidables con vos. Te ayuda, te da fuerzas cuando estás mal. Te dice lo que es bueno. Te da todo su afecto. Cuando es verdadero te guía Por el camino del amor. Un amigo: Percibe o siente cuando estás amargado O en los malos momentos. Ríe y llora siempre a tu lado. Siempre te tiene en su corazón. Sin amigos: No sabrías con quién dialogar. No sabrías con quién compartir esos momentos de felicidad o de tristeza. No nos alegraríamos de vivir. Por eso, un amigo en pocas palabras, Es una parte más de nosotros.

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OSCAR MONTAÑO TIERRA FÉRTIL Eres tierra, tierra fértil. Tierra de mis olores. Tierra, aroma. Greda morena. De tu greda haré como un alfarero enamorado de tu cintura. Subirán mis manos, bajarán mis manos, húmedas de rocío, tibias mis manos. Forjaré tu boca y tu risa, será una risa de agua fresca como manantial. Dibujaré tus ojos sobre los campos azules de alfalfa y luna. Tallaré tus manos, tus dedos como pétalos de cerezos en flor. Agostados florecerán jazmines y azahares y sea la tarde y el viento

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arremoline tu pelo negro torbellino perfumado de viñas maduras. Cuando despierte un día Aprenderé el ademán Ampuloso del labriego Cuando en el alba Esparce esperanzado Por el aire las semillas y caen como una caricia sobre el surco arado. Madurarán las espigas alegraré el trigo, fecundaré tu vientre, y serán dos panes generosos tus senos. Volverá el otoño cálido, caminaré entonces hacia el ocaso, cansado y satisfecho. buscarán mis ojos tu figura de tierra con mi fruto en tus brazos.

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ANHELOS Cuando era niño construía casitas de barro y palitos a un costado del camino que a mi casa conducía. El viento, la noche, la lluvia, la soledad impiadosa las destruía, y yo con ansias infinitas en otro lugar mejor construía. Mi abuelo me supo decir un día, al ver que por estos afanes me moría: “Constrúyela en lo alto y bien firme con un horcón de sentimientos y ni el viento ni la lluvia podrán con su porfía. Luego llénala de sueños, de misterios y no olvides una loca fantasía muchos niños turbulentos y lo que siempre va contigo, esa fiel melancolía. Puedes hacerlo ahora tus manos están firmes Y no como las mías”. Han pasado muchos años, muchos vientos, muchas lluvias, tengo sueños y misterios y alocadas fantasías y ha surcado ya mi frente el tiempo cruel con sus heridas. Hoy, la casa no la tengo La sigo anhelando todavía.

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IVANA VIDELA MADRE MÍA Tú madre mía ... con cara de pena Yo te pregunto, ¿qué pasa? Y no me respondes... Te abrazo y te doy un beso En ese momento... me di cuenta Cuando lo sentiste. Hace mucho que no te daba Un abrazo, un beso... Así aprendí que Por un beso, Por un abrazo, Una canción, Una carta, Una poesía... Se puede demostrar el amor Diciendo te quiero, Diciendo te amo.

EL PASADO, EL HOY Y EL MAÑANA Escucha lo que te voy a enseñar, apréndelo y verás lo bien que te sentirás... El pasado fue un reencuentro con el futuro... El mañana es un misterio... y el ahora es un regalo de la vida. Recapacita... Sólo con estas tres cosas

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podrás tener tu vida ordenada y sencilla...

BENDITO VALLE ¡Oh! bendito valle Cómo no decir bendito, Siendo muy joven me cobijaste, yo algo desorientada, sin reconocer a nadie, solo al hombre que había elegido par a formar lo que siempre soñé, una familia, un hogar, igual o similar al que mis padres me habían dado. Tenía miedo... Pero tú, valle bendito me fuiste dando fuerzas para convertirme en mujer y madre, luche, fui respetada, quizás a veces criticada. Cuando quise acordar llegaron los hijos, qué tarea difícil, difícil cuando solo se vive de la agricultura. Pero no nos importaba, éramos felices con nuestros hijos sanos inteligentes.

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AL PASAR LOS AÑOS Al pasar los años, Dios me regaló un trabajo, y así la carga fue mucho más liviana, dimos estudio a nuestros hijos y hoy los vemos ubicados, luchadores, como bien se dice buenas personas. Los años pasaron, pasaron tan rápidos que ya somos abuelos, abuelos eternamente felices. Gracias, bendito Valle por dejarme hacer realidad mi maravilloso sueño: De amar, procrear y vivir.

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JORNIC SOY MADRE ¡Señor, Señor! Ayuda por favor. Soy madre. Qué difícil tarea me has dado en este mundo tan revolucionado, egoísta, soberbio, envidioso, con hijos bellos, sanos, inteligentes, pero a veces duros porque no nos entiendes somos viejos, no saben que queremos lo mejor para ellos o tal vez que no tropiecen como nos ha pasado a nosotros. A mi me pasó mi madre me lo decía pero Uno es joven y no escucha nada. Pero vaya Señor, qué difícil es ser madre, Madre materna Madre abnegada Madre desinteresada Madre respetuosa ¡Madre especial! Gracias Señor por escucharme. No me abandones. Te amo.

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MIGUEL D. FREYRE SE HA MUERTO UN SUEÑO Se ha ido, se ha ido sin decir por qué, se ha marchado. Como un ave en busca de refugio se ha callado. Con el silencio de un triste atardecer se ha dormido. Con el perfume de las flores y la dulce tristeza del amanecer me ha dejado. me ha dejado vacío, sin poder recordar el pasado. Lo extraño, como quien extraña a su amada. Me dormiré callado. Sin embargo, han quedado nieblas con las que sólo me he conformado, y sabré que lo he perdido, que no volveré a tener, porque solo era un sueño en el cual estaba por enloquecer.

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DESEOS ENCONTRADOS Espera... ya no sé qué pensar, si hay veces que quiero estar contigo y otras, sólo desearía escapar... Quisiera refugiarme en nubes, para ya nunca regresar... Ser una suave brisa que acompaña tus mañanas al caminar. Pero esto es un laberinto... y todo un mar de confusión donde hay un torbellino de cosas Tal vez sea tiempo de cambiar esta vida de una vez... Quiero decirte que te amo pero no puedo estar con vos, pues hay una distancia enorme como el cielo y el mar..... Porque, por más que yo te ame nunca volveré a ser quien fui...

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NORMA MANZANO MAGIA DE OTOÑO Otra vez es otoño, Mendoza. Parece que en un soplo se esfumara el verano, y en un vuelo de oro otro tiempo llegase. Se hace dueño del árbol y transforma paisajes ahuyentando los pájaros y apagando las flores... Las hojas, poco a poco, van tapizando el suelo y dejan las ramas vacías, sin consuelo... Pero en loco arrebato el travieso hacedor de un designio divino cumpliendo milenario ritual madura los racimos, y esta tierra fecunda comienza a despertar en un canto de vino. Otra vez es vendimia... Mendoza renueva la dulce esperanza y alimenta quimeras doradas y ambarinas, al tiempo que se tiñe de morados y rojos embriaga los aires de un aroma de mosto. Hay ecos de tonada y de cueca elevando sus notas al cielo como en acción de gracias. Otra vez es otoño en Mendoza. Otra vez es vendimia.

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A JUANCITO Fue tan lindo el tiempo que compartimos ...y tan corto... quiero guardarlo en mi recuerdo como un valioso tesoro... Conservar en mis sentidos tu sonrisa, el calor de tu mirada, tu perfume, el timbre de tu voz... Y aprisionar en lo profundo de mi ser como en eterna gestación, todo tu amor... Aunque hayas muerto, vivirás en mí mientras yo esté... Una madre jamás deja de amar, sobre todo, al hijo que se va... Por eso, mientras espero el rencuentro, vivo pensando en vos, alimentando el recuerdo. TE QUIERO. MAMI.

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HILDA ELLENA YO QUISIERA Quisiera ser nave que surca el espacio... Quisiera ser barco que va por el mar... Quisiera ser olas que mojan la arena Y el agua que brota de algún manantial. Quisiera ser brisa que sopla en el campo... Quisiera ser humo que sube hasta el cielo... También sería el agua que va en las acequias... Volar como un pájaro, ser libre es mi anhelo... Quisiera ser lluvia que cae suavemente... De todos los trenes ser pasajera... Quisiera ser nube que se lleva el invierno... Correr como el viento... SER LIBRE QUISIERA.

LAS MANOS DE MI MADRE Las manos de mi madre, viejitas y arrugadas se sienten cansadas de tanto trabajar, pero ella se da tiempo, para con sus manitas, el rostro de sus nietos poder acariciar... Benditas sean tus manos, amada madre mía porque tomada de ellas aprendí a caminar y con fe, con ternura y también con firmeza por buen camino me supieron llevar... Siempre las tendiste con amor y alegría, y todas nuestra penas pudieron consolar. Están sobre tu falda, blancas y temblorosas, parecen dos alitas, cansadas de volar... Y aunque están ya marchitas yo las encuentro hermosas... Ya mucho trabajaron... ¡Déjalas descansar!

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OSCAR FABIÁN ARREGUEZ AMOR A LA VIDA Eres casi una niña y no entiendo por qué tu inocencia se esfumó, como la nieve en primavera. Tu cuerpo cambió, como cuando en las noches esperamos el sol. Eres casi una niña y no entiendo porqué quieres crecer de golpe, como un lago, río o arroyo en verano. Tu cuerpo cambió, como cuando el mar por las noches lleva en su vientre a millones de estrellas. Eres casi una niña y sin darte cuenta a la escuela no volverás y sin querer la alumna, maestra será. Tu cuerpo cambió, como cuando el viento, en tornado se transformó.. Eres casi una niña, la que se convirtió en mujer como cuando el arco iris nace, después de llover. Tu cuerpo cambió, hoy tienes diez sentidos y un tropel de latidos. Eres casi una niña y al decirte yo que te quiero pura como al agua de un manantial tú me dices que deje de soñar, y que ni loca has de abortar. Eres casi una niña y en la luz de mis noches no puedo hablar, mas si llorar. Tu cuerpo cambió, un niño nació y en padre me convirtió. Eres casi una niña y aprendí de ti, a cerrar mis oídos al que dirán, a cerrar mis ojos para amar... Tu cuerpo cambió, tu espíritu, mente y tu alma ¡No!.

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MIS DOS AMORES Dedicada de un hombre a su mujer amada y a una hija deseada... Te conocí tal vez sin querer, entonces, tus ojos iluminados por la esperanza me guiaron para descubrir tu boca y después conquistar tu cuerpo. Suavemente te acaricié mientras tus dedos como caracolas recorrieron mi piel, hablé, reí y sin darme cuenta nos reencontramos en un imaginario te quiero. Recuerdo que caminábamos tomados de la mano, luego me apoderé de tu cintura mientras una sonrisa fugaz me hizo perder la noción del tiempo. El silencio nos hizo cómplices de un ritual milenario mientras el éxtasis envolvió nuestros cuerpos en un te amo, tus labios le hablaron a un corazón que danzaba al ritmo de una melodía excitante. Hoy estamos juntos pensamos en la vida. Me acerco lentamente a ti para escuchar un mensaje proveniente de tu vientre, los latidos se multiplican y parecen galopar en un prado silvestre lleno de paz. El dolor te envuelve, tus gritos piden clemencia y desde el túnel de la vida escucho un mudo eco que luego se transforma en un tierno llanto angelical. Te conocí tal vez sin querer. Entonces, tus ojos iluminados por la esperanza me guiaron para descubrir tu boca y después conquistar tu cuerpo. Suavemente te acaricié mientras tus dedos como caracolas recorrieron mi piel, hablé, reí y sin darme cuenta nos reencontramos en un imaginario te quiero.

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NÉLIDA GUILLERMINA LOCCIONI TUPUNGATO ALETEA LA VIDA El Señor quedó extasiado al ver su obra maestra y su Espíritu quedó en la quietud del silencio. Imágenes de este pueblo mío, con montañas, ríos y arroyuelos, bañado por el sol y coloridos pájaros que irrumpen en locos vuelos. Como marco majestuoso, la imponente cordillera y allí coronado como alteza, el MIRADOR DE ESTRELLAS, conviviendo con los cóndores y las nieves eternas .Se desprenden de lo alto cristalinos manantiales de frescura y transparencia, que serpenteando por la tierra virgen producen música y canto en ríos y acequias. Se pobló mi Tupungato con los que nacieron aquí y los que vinieron de lejos pusieron en sus manos y corazones el soñado futuro, el progreso, sin pensar en las distancias, los obstáculos y miedos... El hombre compartió con la tierra, sus secretos. Así entre otoños dorados, inviernos muy helados y nevados, preparaba los surcos. Aguardaban las primaveras cargadas de esperanzas, en las semillas que planta. Lluvias que acarician la tierra y el sol que suave la alcanza, florecen miles de capullos de diferentes colores. Entre sueños, sacrificios y plegarias, el calor del verano endulza racimos y tantos otros frutos muy cuidados: ¡Es tiempo de cosechar! Los aires transportan notas de tonadas. Ayer, hoy y siempre este valle mío, ofrece su naturaleza generosa, su diáfano cielo y el alma de sus habitantes que desborda de ese espíritu de altura, donde desde lo profundo se siente, el aletear de la vida.

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CRISTO REY DEL VALLE Allí, desde la cumbre alta de los Cerrillos con el amor eterno, que fluye de su corazón, y lleno de infinita compasión abraza Cristo Rey, al valle con constante bendición. Al morador protege en todo momento y lugar, acompaña el caminar de los que al comenzar la jornada laboral, se comprometen a educar, labrar la tierra o sanar y a los que cuidan a sus hijos en el hogar. A todos nos llega su fortaleza y su paz. Aquí desde abajo, el pueblo de Tupungato, busca tu amor y verdad, y suplica a tus pies con humildad. Y allá por el atardecer cuando las estrellas comienzan a aparecer la brisa recoge sacrificios y alabanzas. Miles de almas agradecidas y otras tantas afligidas, piden a tu corazón que las alivies e ilumines en el andar de la vida.

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JUAN CARLOS LIZARDE AÑORANDO EL PASADO Con mi alma nostalgiosa hoy deambulo sin sentido como un ave sin su nido que algún tordo le ha quitado. Mi corazón angustiado vuela buscando amigos que el tiempo llevó consigo y yo añorando el pasado. Solo encuentro ausencia y frío, ya no existe ese calor popular, se ha perdido la identidad de este querido pueblo mío, lo que si ha podido es borrar de mi memoria aquellos tiempos de gloria, que guardo como un tesoro, es un capital que yo adoro y ni la muerte me podría quitar. Si me veo en el Recreo La Gloria, en La “Quintrala”, en un baile social, en las comparsas sobre verdes hinojos, doña Octavia Rossi con aparente enojo pero con un enorme corazón; don Palermo con gruesos anteojos, don Santiago, el café y su billar, donde la barra se solía deleitar con la destreza de los billaristas, que al juntarse se sacaban chispas, El Nene Isuani y don Jaime Andrés, Mario Juri no faltaba a la cita

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José Baldazo y el Pelado Guillén. ¡Ah! Si me parece que fuera ayer que disfrutara de esas partidas las que tal vez en la otra vida en un apasionante alargue la hayan podido continuar. Nunca me podría olvidar de panadería “La Estrella”, hacía la mañana más bella con el seductor olorcito a pan cuando este salía a pasear, viajando por confitería Rossi y llegando a zapatería Bittar, donde los tangos de D’Arienzo hacían relajar lo tenso, que se presentía en la relación entre Don Félix y Don Gualtiero, cuando este colorado y serio con fuerza le solía gritar los goles de Boca con pasión y Don Félix desde su balcón, escuchaba con indiferencia y se armaba de paciencia si perdía el River de su corazón. Y hoy con un silbo tristón y bajito rememoro una vieja canción, aquella que el compadre Maguito, entonaba abrazado a un diapasón. Y hoy los duendes del recuerdo van junto a mis pasos lerdos como queriéndome consolar, y al verme solo me acompañan, cuando mis ojos tristes se empañan, de añoranza, ausencia y soledad. Ya no escucho el afinado concierto

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de los pájaros que cantaban con dulzura al ritmo de las aguas que con ternura besaban los pastos bajo el cielo abierto, siendo testigos de ese romance cierto las acequias y el tomero don Castillo, aquel que con una zapa y un rastrillo ayudaba a continuar su cauce cuando a dialogar con los verdes sauces se entretenían las aguas y el paisaje. Les hablo de aquellas aguas que raudas solían bajar, por acequias de calle Mitre, viajando desde El Peral, risueñas y cantarinas, acariciaban el sauzal, dando vida a las vides, y con ellas sabían regar las veredas las vecinas y las calles un municipal, con un balde con cadena feliz lo hacía don Guzmán al que sabíamos distraer con carreras de barquitos, con corchos o con palitos otras veces eran de papel, con el pulguita Manzanel, los Mayas, el Raúl, el Lito, los Barboza, el gato Tito, que a la barra sabía traer al Caniche y al turco Titi completando el grupo aquel. . Viajábamos sin boleto, casi hasta el infinito, éramos los capitanes de esas naves de ilusión,

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nos sentíamos creadores de esa sana diversión, que endulzábamos con uvas bajadas desde el camión que venía de lo Ruttini con racimos, nuestra tentación de uvas criollas y blancas Pedro Giménez y semillón. Respetábamos los mayores como a los padres y abuelos y hoy veo con desconsuelo la gran pérdida de valores, eran otras épocas mejores se vivía con dignidad. Y cuando en los cerros se recostaba el sol nos reuníamos en la vereda de don Justo y de pronto un “¡Voy!” decíamos con susto al llamado: ¡A los deberes y estudiar la lección! Y cuando el pueblo tranquilo dormía, cobijado por la noche silenciosa, se escuchaba el silbato de la recorrida y el grito a lo gaucho de Daniel Sosa. Por todo esto a Dios le pido que cuando viaje al más allá en ese mundo vuelva a disfrutar del pasado en mi tierra lo vivido y en rueda de familias y amigos con canciones los pueda abrazar. Y aunque parece una utopía, sueño con un diáfano día viendo a mis nieto jugar, con niños la soga saltar en las plazas, en las calles

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o en cualquier otro lugar y ver a sus padres felices junto a otros padres disfrutar la alegría de sus hijos con la merecida tranquilidad y que no exista en mi tierra esta temida inseguridad. Y ya ahora para terminar, a todos les quiero contar porque añoro los tiempos idos de qué manera hubiera querido las buenas costumbre conservar, los valores de familia, del trabajo y su dignidad, la inocencia pueblerina, los amigos y su amistad, el incomparable paisaje, el que nos daba el mensaje de amor y de hermandad: ¡CUIDEN A LA MADRE NATURALEZA QUE LES DIO ESTE PARAÍSO TERRENAL!

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JOSÉ MORENO ME ENSEÑASTE A QUERERTE, PERO NUNCA A OLVIDARTE Sos mi mejor maestra, pronto aprendí a amarte, pero nunca me enseñaste qué debo hacer para olvidarte. Ante esta situación mi vida es una confusión, necesito una profesional para mi vida poder cambiar. Primero quiero preguntar si para olvidar hay que estudiar. Siendo así compartir mi tiempo con una profesional, que me enseñe a olvidar. Pienso que en vano será pero lo tengo que intentar. En mi corazón pondré el aviso y el remedio voy a esperar. Se necesita con urgencia profesional R.H. Bien Positiva que tenga iniciativa para ayuda del paciente que está a la deriva. De esa manera, sí me voy a sanar, pero jamás te voy a culpar por enseñarme a amar, y nunca a olvidarte.

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PIEL MORENA Tú que tienes la suerte de representar a tu gente que nunca se arrepiente, y con orgullo el destino marcó, con frente bien alta diga, piel moreno soy yo. Para ti mís respetos, y para mis angelitos que velan mis sueños hoy les voy a pedir, tengamos la misma bandera que a la piel blanca, amarilla o cobriza, “piel morena la simboliza”, simplemente con una sonrisa. Y para estar a nuestra gente de color no tenemos que cambiar, junto a los angelitos, vamos a rezar, y pedir que despierte el que dormido está. Para despedirme, quizás lo voy a hacer, pero me tienes que prometer y esto queda bajo juramento, la piel no sirve nada, vale lo que llevas dentro. Te diré hasta siempre, piel morena cuando quieras soñar, no importa donde estés, siempre soñarás si pasa eso, mi ayuda tendrás.

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CARLA MORENO COMO MUJER Es difícil comprender qué es lo que deseo; me es difícil entender que debo crecer. Siendo niña yo era feliz, temo no seguir siéndolo. Como mujer debo crecer, debo ser diferente a lo que soy. Como mujer debo crear en mí y estar segura de qué digo. Dejé mi niñez pero me lastima el no poder vencer el paso de los años y dejar mi burbuja en el olvido. Estoy confundida, atrapada por mis deberes y responsabilidades. Mi misión se complica, mis alas se debilitan, mi cuerpo pierde su postura y caigo. Como mujer debo pensar, razonar. No quiero crecer, anhelo ni niñez.

QUIZÁS Quizás ya no entienda este mundo, quizás el valor de la vida está de luto, quizás tu presencia en mis días no ha sido aprobada. La multitud se pone en contra de mis sentimientos, pero sigo para demostrar mi fortaleza. Mi mundo es pequeño pero me protege de una guerra constante. Quizás sólo ha sido un sueño o mis fantasía pero de lo que sí sé, es que al despertar, él no esta y hay mucho frío en mi habitación. Quizás no haya alguien como él y todo lo apostado ha sido en vano.

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ROCÍO DÍAZ AMOR DIVINO Mi corazón ansiaba tu llegada Mi mundo era insulso Mi vida suplicaba la tuya. Pensar que cada rincón de Tu ser se gestó en mí Cuando tu espíritu se hizo cuerpo Pensé en lo esplendoroso de la vida. Hoy estoy completa de alegría Sos parte de mí, sos mi fruto. Verte crecer es maravilloso Sos todo en mi futuro. Eres lo mejor de mi Eres de la vida Siempre voy a estar Nunca vas a ver de mi una ida. Te observo en silencio Viene a mi, magia maternal. Tenerte día a día Es amor divino.

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IVANA VIDELA TODO PUEDE CAMBIAR Crees que no puedes cambiar, crees que todo es un sueño… Imaginar ser libre y escapar de la soledad. Nada puede detenerte siempre que te lo propongas. Sal de tu cuarto, enfrenta tus penas y ganarás la libertad. Todo puede cambiar solo debes proponértelo, sigue tus sueños e increíblemente volarás hacia ellos.

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ÍNDICE Región Centro Palabras preliminares ................................................................ 7 San Carlos ................................................................................. 9 Autores .................................................................................... 11 Agradecimiento ........................................................................ 12 Prólogo. Prof. Martín Rusalén................................................... 13 Tunuyán .................................................................................. 111 Autores .................................................................................. 113 Tupungato .............................................................................. 153 Prólogo .................................................................................. 155 Autores .................................................................................. 157

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