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CULTURA

Boquita Dulce de Caña Por Álvaro Gärtner, Editor de Gaceta

En los campos de la zona andina colombiana el bambuco es un sistema de vida, en especial en los lugares donde hay cultivos de caña de azúcar para extraer miel, panela y guarapo. Molé, trapiche.

E

l bambuco es el género musical de las zonas andinas donde el cultivo de la caña de azúcar es el modo de vida campesina. No en la agroindustria de los valles del Cauca y del Risaralda, sino en los trapiches que producen panela, miel de caña y guarapo. En esas zonas el bambuco es el modo artístico a través del cual se expresa esa vida y donde este ritmo tuvo sus orígenes. Estos se hallan en el valle del río Patía, que a comienzos del Siglo XVII fue poblado por negros cimarrones que buscaron refugio en el Palenque del Castigo, explica la musicóloga caucana Paloma Muñoz. Muchos de los huídos provenían de las haciendas cañeras del valle del río Cauca y en su tránsito a la libertad conocieron un ritmo indígena llamado torbellino. De la mezcla de lo indígena con las músicas africanas y con elementos españoles surgió el bambuco, en el Siglo XVIII. El más antiguo es el patiano, que según Paloma, "es una red de vecindad, de parentesco, que mantiene vigentes algunas tradiciones. La gente continúa reinterpretando sus cantos, sus toques y violines. Así ha sido durante más de tres

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siglos".

duende.

En el Patía el bambuco es acompañado por instrumentos de cuerdas como el violín, el bandolín o tiple, el brujo y la guitarra, y de percusión como la tambora y los cunos o cununos. El brujo con sus cuatro cuerdas tiene poderes mágicos para espantar el diablo y el

Los caminos del bambuco El bambuco salió del Cauca con las bandas de vientos de los ejércitos libertadores a comienzos del Siglo XIX. Y en pos de las tropas se diseminó por el país: bajó a Pasto y luego se regó por los ríos Cauca y Magdalena.

Algunas maneras de danzar el bambuco evocan los movimientos del trapiche en la molienda de la caña de azúcar. De esa manera el campesino exalta la forma como obtiene el sustento, pues lo hace mediante sistemas ancestrales. Estos sistemas se reflejan en el bambuco, las vueltas y la caña, éstas últimas derivaciones del primero

Hacia 1850 ya había bambucos en varias partes de Colombia. Del Cauca el ritmo fue llevado al Tolima Grande y de allí a Cundinamarca, de donde saltó a Boyacá y Santander. En Antioquia apenas en 1898 el compositor Pedro León Franco, 'Pelón Santamarta', logró imponerlo en el gusto popular paisa. Ese largo tránsito lo hizo el bambuco en las voces y las cuerdas de anónimos cantores c a m p e s i n o s . Y


CULTURA como sus letras cantaban lo cotidiano, las costumbres, los oficios, las maneras de hacer y las creencias, arraigó más en las áreas donde sus habitantes se identificaban con los cantos.

Por otra parte, el girar incesante del trapiche para moler la caña ha sido representado por los campesinos en su manera de bailar el bambuco y la caña. De esa manera surgió las vueltas, danza en la cual las parejas giran en forma continua evocando el movimiento del trapiche. Las vueltas tienen, a su vez, derivaciones como las remedianas (de Remedios, Antioquia) o las ceremoniales, usadas en ciertos ritos campesinos en el occidente de Caldas.

Ello fue más evidente en donde el medio de subsistencia campesino era -y es- el cultivo de la caña de azúcar y la producción de panela. Entre el bambuco y el mundo del trapiche se estableció una estrecha relación que produjo manifestaciones culturales autóctonas, muchas de los cuales siguen vigentes a pesar del proceso de deculturación que se vive en Entre el bambuco y el los campos. Una de las principales manifestaciones de esa relación es la caña, derivada del bambuco, propia de las zonas cañeras de Tolima, Cundinamarca, Santanderes, Antioquia y Caldas. En el Valle del Cauca no hay, porque las agroindustrias no dan cabida a manifestaciones culturales. Igual sucede con el café. La caña tolimense se caracteriza por un golpe seco y continuo a la tambora, que evoca la maceración de los tallos de la gramínea para extraer su jugo. "La caña nace con el trapiche mismo y se baila entre nosotros desde tiempos remotos, en unos casos como sigilosa manifestación de amor, y en otras como culto al trabajo", escribió hace un siglo Antonio José 'Ñito' Restrepo.

mundo del trapiche se estableció una estrecha relación que produjo manifestaciones culturales autóctonas, muchas de los cuales siguen vigentes a pesar del proceso de deculturación que se vive en los campos.

gurre que le acompaña,/ pero ah sabroso que toca/ bambuco, vueltas y caña". La danza también es exaltada en el canto: "La caña se baila en rueda,/ marcando bien el compás/ y meneando la cadera,/ ¡uy, uy, uy! ¡ay, ay, ay!". La letra no sólo simboliza el trapiche en los movimientos corporales, sino el dolor de la caña al ser triturada. Otra copla bambuquera lo ratifica: "La caña con ser la caña/ también pasa su dolor,/ la pasan por un trapiche,/ le quiebran su corazón". Pero los campesinos que producen panela no se limitan a cantar su oficio a través del bambuco. Este adquiere dimensiones rituales cuando en ciertas ceremonias campesinas, como el velorio del angelito en las parcialidades indígenas de La Montaña y San Lorenzo, en Caldas, el guarapo de caña es consagrado como parte del ritual. Dicho ceremonial se divide en tres partes que resumen el proceso de la caña de azúcar: la molida (molienda), la 'fuertiada' o fermentación del jugo de la caña, y la prendida o embriaguez de los celebrantes. Estas etapas se cantan y se danzan a los compases de caña, bambuco y vueltas, respectivamente.

Bambuco, vueltas y caña También las letras de esas canciones establecen la relación entre el bambuco -o la caña- y la cañicultura: "El señor bambuco dice/ que no hay ninguno como él; / responde la caña dulce/ que de ella salió la miel". Y otra recoge las variedades bambuqueras y señala, a la vez, la fauna de las regiones cañeras: "El guatín toca violín, / el

Esa mezcla de bambuco y torbellino es llamada bunde en algunas regiones del país como Tolima y Caldas, aunque cada parte es identificable. Rara vez salta a la música urbana y muy pocos compositores de academia apelan a esa mezcla. Tal vez la excepción más conocida es el 'Bunde tolimense'. En cambio la relación del bambuco y la caña de azúcar sí fue acogido por los compositores urbanos de música autóctona. Ya a fines de los años 20 el dueto de Briceño y Añez grabó una pieza sobre el tema, 'Molé, trapiche', pero fue en el decenio de 1940 a 1950 cuando los duetos que surgían recuperaron esa antigua relación. Desde entonces surgieron bambucos como 'Aguardiente de caña', 'El trapiche', 'El corazón de la caña', 'Matica de caña dulce' y otros más que perpetuaron en el disco una práctica ancestral. Este salto de la montaña a la calle también ratificó que en el hombre rural y en el hombre urbano hay actitudes diferentes ante la música: mientras para éste es un entretenimiento, para aquel es un sistema de vida. Y en la zona andina el mejor ejemplo es el bambuco que canta al mundo de la caña de azúcar.

Aunque la música de caña conserva una especie de 'independencia', es frecuente encontrar bambucos campesinos mezclados con pasillo o con torbellino. El campesino no lo hace deliberadamente. Surge de manera espontánea en cierta parte de la pieza, que adquiere así enorme belleza, pero desespera a los músicos académicos.

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