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Edición 844

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Edición del 26 de mayo de 2024 Año 116 - N°6.6439

Representante Legal y Director:

Obispo Óscar Blanco Martínez OMD

Editor: Pbro. Fredy Subiabre Matiacha fredysubiabre@gmail.com Impresión:

Patagónica Publicaciones S.A. Diseño Editorial: Jacqueline D.

www.iglesiademagallanes.cl

Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908

UN HÉROE ENTRE NOSOTROS “Ciertamente el heroísmo de Arturo Prat en Iquique, no lo podemos replicar, pero sí en heroísmo de la vida diaria, abierta a amar y servir a los demás …” Homilía del Padre Obispo Óscar Blanco Martínez en el Te Deum de las Glorias Navales celebrado en la Catedral el 21 de Mayo de 2024

S

iempre es un agrado encontrarnos para celebrar, agradecer y encomendar a Dios el don de la patria y sus instituciones. Hoy nos invitan los hombres y mujeres de la Armada de Chile. Durante todo el mes de mayo se celebran a lo largo y ancho de nuestro país tradicionales ceremonias y eventos conmemorativos donde los chilenos podemos conocer más sobre el quehacer de los hombres y mujeres del mar. En este Mes del mar, damos gracias a Dios por los abundantes recursos naturales con que el creador dotó al mar que nos baña, y que es fuente de trabajo, alimentación y exportación a diversos países del mundo, como también ofrece posibilidades para el turismo y el deporte. Agradecemos y pedimos a Dios por todos los hombres de mar, marinos y pescadores que desenvuelven su vida y trabajo en la inmensidad de nuestro océano, y donde han quedado sepultados muchos cuerpos por los que también hoy oramos por su eterno descanso. Agradecemos el testimonio de las familias de la armada que hacen patria y cuidan de ella en los puestos más extremos del territorio más austral del mundo. Como todos los años, al llegar al 21 de mayo, recordamos y celebramos una de las gestas más significativas y ejemplares que la historia de Chile ha conocido. Se trata de la “gesta de Iquique” y en ella damos gracias a Dios por la acción generosa, valiente y plena de amor realizada por el Capitán de Fragata don Arturo Prat Chacón y los demás oficiales del buque Esmeralda. Arturo Prat, quien pasó a la inmortalidad en tierras y aguas, comprendió que la vida no tiene valor, sino no es para luchar por el otro, llámese hermano, familia, amigo o simplemente Patria. La vida de don Arturo Prat, sin duda alguna estuvo siempre animada e iluminada por su amor a Dios y a la Patria. Un Dios que amó tanto al mundo, que no dudo en entregar a su propio hijo en rescate de la humanidad. De Jesús nos quedó un recuerdo imborrable. Los primeros cristianos resumían así su vida: “pasó por todas partes haciendo el bien”. Era bueno encontrarse con él. Buscaba siempre el bien de las personas, ayudaba a vivir, su vida fue una buena noticia. Ahora, según el evangelio de San Juan 15,9-10, se está despidiendo de sus discípulos. Los ha querido apasionadamente, los ha amado con el mismo amor con que lo ha amado el Padre, ahora los tiene que dejar, conoce su egoísmo, no saben amarse, los ve discutiendo por intereses personales, buscan los primeros puestos, otros quieren partir porque encuentran que sus palabras son duras. ¿Qué será de ellos? “Como el Padre me amó, así también os he amado yo a vosotros; permaneced en mi amor”, les dice el Señor Jesús a sus discípulos y también hoy a nosotros. “Permaneced en mi amor”. Es lo primero. No se trata de vivir solo en una religión, sino de vivir en el amor

que nos tiene Jesús, el amor que recibe del Padre. El ser cristiano, es una cuestión de amor. Jesús no presenta el mandamiento del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como fuente de alegría y paz “Nadie tiene amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn. 15,13). Entregar la propia vida por razón del amor solidario, no es una actitud ni suicida ni de autoeliminación, sino el grado mayor del amor. Hay ejemplos de esto en la vida de la Iglesia y en la vida de todos los pueblos. Basta pensar en el acto heroico de tantos Santos y mártires de la Iglesia, que han ofrendado su vida para que otros pudieran gozar de una mejor calidad de vida. También, en la historia de nuestra Patria, encontramos hombres y mujeres que han ofrendado su vida por el bien de todos. El amor a la Patria, es una de las expresiones más nobles del amor a los demás, ofrendar la propia vida, para que otros puedan gozar de libertad, de bienestar, de esperanza y de un futuro mejor, es la obra de nuestros héroes y mártires de hoy y de ayer. El héroe no basta por sí solo, necesita del ímpetu y la ayuda de los demás para hacer posible el riesgo y la osadía de todos. La palabra precisa que remece el sentimiento es clave para alimentar el corazón tembloroso de varios. En el TEDEUM del año pasado, que me correspondió presidir, nos hacíamos la siguiente pregunta: ¿de dónde provenía esa fuerza vital del capitán Prat para ofrendar su vida por la Patria? La respuesta es simple: se forjó en los cimientos de su ambiente familiar, en los lazos de la amistad cívica, en el amor a la patria, y en su relación de comunión fecunda con Dios. La vida entera de don Arturo Prat Chacón y la gesta heroica que la coronó como Capitán de la corbeta Esmeralda -junto a sus compañeros- en la rada de Iquique, ha quedado impresa en el alma nacional como testimonio de entrega, valentía, amor a la Patria, a su familia y a Dios.

La figura del héroe de Iquique nos habla de estudio, disciplina, virtudes humanas, morales y religiosas, a la vez de espíritu de justicia y de servicio hacia los más desposeídos. En su persona confluyeron la vocación marina y el amor al derecho, iluminados por la fe cristiana. Fue un hombre de paz, aunque murió en combate por amor a su Patria Ciertamente el heroísmo de Prat en Iquique no lo podemos replicar, pero ha dejado una hermosa tarea para sus sucesores y los hombres y mujeres de mar. Junto con sentir un sano orgullo por su pasado glorioso, la Armada de Chile es invitada a seguir consolidando una tarea profesional que les permita sentirse cualificados para servir al país. El orgullo de saber que cada uno vive al igual que Prat una vida coherente, justa, honesta y buscando siempre el bien común, un profesional integro, que ilumina toda su existencia a partir del convencimiento de su fe en Dios y construye su familia en la fidelidad, en el amor y el respeto a los valores humanos y cristianos nos hace creer que también hoy hay héroes entre nosotros. También debemos decir que la figura de Prat nos interpela a todos los chilenos y chilenas. Decía el Capitán Prat, en una de sus cartas dirigida a su amada esposa Carmela Carvajal en 1874: “No tengo ninguna mezquina ambición; los honores ni la gloria me arrastran, pero creo puedo servir en algo a mi país”. Este era el espíritu que animaba a don Arturo Prat en su condición de ciudadano chileno. Que el testimonio del Héroe de Iquique nos anime, para poner el máximo de nuestras fuerzas cuando sintamos que nuestra barca se enfrenta a vientos contrarios; ánimo para contagiar optimismo, energía y fe en que aun cuando la contienda sea desigual, hay algo en el fondo de nuestros corazones y voluntades, que nos impulsa a superarnos y salir adelante como tantas veces lo ha hecho el pueblo de Chile a lo largo de su historia, en desastres naturales y sociales, incendios y pandemias, que nos han asolado en el pasado. Debemos experimentar un sano orgullo por trabajar y entregarnos totalmente “hasta dar la vida” si fuera necesario, para que aquí en nuestra tierra y en nuestro país, construyamos el Reino al que nos ha llamado Dios: Reino de Paz y Justicia, Reino de Amor y Verdad. Donde cada ciudadano sea respetado, amado y aceptado y con su trabajo pueda construir una familia digna, con salud, educación y en paz. Damos gracias a Dios, por un profesional del mar, por un hombre que “da fe” de lo que es y lo que hace, por un marino que ama lo que realiza, por un chileno que ha dado sentido a su quehacer y a su vida. Damos gracias por un héroe de nuestra patria. Y gracias a Dios por su infinito amor, que lo llevó a dar su vida por nosotros. Amén


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