El relato acerca de Juana Simona, hija natural de un español y una verdulera del mercado de la plaza de Bolívar, nos acerca a los hábitos y el capital simbólico y social que ella adquirió, pese a su condición humilde, a través de la apropiación de unos códigos y prácticas sociales aprobados por las políticas de higienización y buenas maneras de la época. Los datos de Juana Simona se obtuvieron a partir de una mandíbula hallada en un relleno óseo alrededor de la escalera por la cual se bajaba a la cripta de la iglesia de San Ignacio, en el centro histórico de Bogotá; la identificación bioarqueológica, de los cálculos dentales y las calzas, entre otros, arrojaron información de su forma de alimentación, enfermedades padecidas, edad y sexo.