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Hiems 08

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Invierno 08

La revista gratuita de la Asociación cultural Hispania Romana

El instinto y la carne

Moral y costumbres sexuales

Descárgate gratuitamente los números anteriores de Stilus en

www.hispaniaromana.es


CARTA DEL DIRECTOR

La elocuencia de la entrepierna

N

o está demostrado, pero se dice que Domenico Fontana, descubridor accidental de Pompeya en 1550, se escandalizó tanto con lo que halló en la ciudad sepultada que decidió devolverla al subsuelo. Esta hipótesis la propagaron quienes, cientos de años después, rescataron lo que había sido cubierto dos veces. En sus informes, algunos arqueólogos afirmaban que, en ciertas partes de la ciudad romana, se había excavado y vuelto a cubrir. Desde el principio, las sospechas apuntaron a Fontana, amigo personal del Papa Sixto V. Según esta teoría, el pío arquitecto andaba excavando un nuevo curso para el río Sarno cuando se topó con una ciudad casi olvidada en la que pétreos miembros erectos indicaban el camino a los burdeles y en donde las paredes mostraban crudamente posturas, gustos y

prácticas sexuales muy diversas. Los restos arqueológicos nos confirman algo que los autores satíricos ya dejaban bien claro: los romanos eran explícitos a la hora de hablar de sexo. Sin tapujos ni prejuicios, las escenas amatorias cubrían desde las paredes de los burdeles hasta exquisitos frescos y cráteras de las casas señoriales, a la vista de los moradores y las visitas. La naturalidad con la que la faceta carnal aparece en calles y casas pompeyanas contrasta con el velo que el cristianismo corrió sobre todo lo que tuviese algo de voluptuoso. Son legión los que piensan que la victoria de aquella oscura herejía judía supuso un gran retroceso en el disfrute de la sexualidad. En una reacción a la severa moral cristiana, la Roma pagana aparece como el reino de los sentidos, un lugar en el que la concupiscencia se

podía satisfacer fácilmente. Es cierto que la Ciudad Eterna no renegó del instinto carnal de la naturaleza humana. Pero también es cierto que era el hombre el tenía más posibilidades de buscar el placer. La mujer, a despecho de periodos de cierta liberación, estaba predestinada a ser propiedad del cabeza de familia (ya fuese el padre o el marido) y rehén de su prestigio. Cuando se encierra a la mujer “de bien” en la jaula de su honor, las opciones de los jóvenes quedan reducidas a las profesionales del sexo y poco más. Quizá por eso los romanos nos han legado pocas obras en las que se hable de sentimiento: los elocuentes artistas de la entrepierna se volvían torpes adolescentes cuando hablaban del corazón.

escenas cotidianas Por El Kuko

Hay que ver cómo os complicáis los hombres, Cayo querido.

Las mujeres nos ponemos cualquier cosiiiita.

Como una perla negra de seis millones de sestercios.

Jo, ¡qué guay es el tío Julio! Siempre que viene a ver a mamá me regala entradas para el circo. Con lo que mola hipotecar la casa de los que apuestan demasiado.

roberto.pastrana@yahoo.es

Foto de portada Israel M. Sánchez: cuenco con motivos eróticos (Museo Arqueológico de Calatayud).

es una publicación de

Dirige: Roberto Pastrana. Consejo Editorial: Alejandro Carneiro y Francesc Sánchez. Corrector: Francisco Gómez Colaboran en este número, Francisco Bascuas, Alejandro Carneiro, Francisco José García Valadés, Mateo González, Cristian Mir, Arantxa Monteagudo, David-Lloyd País, Salvador Pacheco, Fernando Quesada, Francesc Sánchez, David P. Sandoval y Enrique Santamaría. Correo: stilus@hispaniaromana.es


ROSTRA

Meses de intensa labor ALEJANDRO CARNEIRO Miembro del consejo editorial de Stilus

D

espués de varios meses de silencio, que no de abandono, la revista Stilus vuelve a la circulación con una nueva remesa de artículos, reseñas y comentarios diversos sobre nuestro querido mundo romano. No han sido meses de inactividad o de dudas de continuidad. Al contrario, lo fueron de reorganización y replanteamiento, con la intención de consolidar este proyecto, perdurar en la red, marcar estilo, ser referente y no acabar derivando en una simple publicación digital de aficionados voluntariosos, que empiezan de la nada con entusiasmo y desaparecen en el olvido con la misma rapidez. Por eso esperamos que, con una amplia temática y puntos de vista, desde el mundo del Derecho romano hasta el de los videojuegos de ordenador más actuales, la cultura de la ciudad de las siete colinas se extienda llena de vitalidad por las páginas que a continuación pasarán ante sus ojos. Y, como siempre, sin costar un duro. Basta con mover el dedo y un clic del ratón. En este tiempo de espera, la asociación que desarrolla esta revista, Hispania Romana, no se ha dormido en los laureles palatinos y ha elegido una nueva directiva para guíar la nave, como mandan sus normas, continuando su labor con la misma intensidad que en meses precedentes; con un éxito que le ha llevado a la creación de delegaciones o zonas de ámbito geográfico, para que los socios repartidos por la península puedan reunirse y realizar actividades con los compañeros más cercanos. Sin olvidar, por supuesto, las reuniones y eventos de ámbito nacional e internacional en las que participan todos los miembros de la asociación dispuestos a disfrutar de su afición y compartir conocimientos con otros grupos reconstruccionistas y asociaciones con intereses similares. Fruto de este esfuerzo, fue la elección de nuestra Legio Nona por parte de la revista Muy Historia para las imágenes de reconstrucción de su último número, un especial sobre la Hispania Romana, donde nuestros legionarios han demostrado sus mejores habilidades y, también hay que decirlo, su amplia gama de posturas aguerridas, en toda la clase de parajes y situaciones. En fin, que desde la asociación y el consejo editorial de la revista seguimos adelante con este proyecto y no cejamos de insistir en el empeño de entregar a ustedes, los lectores, pequeñas parcelas de conocimiento y entretenimiento sobre nuestro pasado clásico. Les invitamos ahora a leer este nuevo número, que en nuestra modesta opinión y como dijo Plinio el Joven antes de escribir su “Panegírico” a Trajano de más de 100 páginas: “No es bueno alabar en exceso”. Esperamos que lo disfruten.

EN ESTE NÚMERO SECCIONES COMMENTARIOLA

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NOTICIAS HR

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BREVIARIUM

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VIDEOJUEGOS

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IMPERIUM CIVITAS. Por Alejandro Carneiro.

LA CINEMATECA DE CLíO

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LOS DACIOS. Por David P. Sandoval.

REPORTAJES TEMA DEL NÚMERO VIDA COTIDIANA

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LA MORAL SEXUAL. Por Salvador Pacheco.

VIDA COTIDIANA

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PROSTITUCIÓN. Por Arantxa Monteagudo.

EL RINCÓN DE ESCULAPIO

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ENFERMEDADES VENÉREAS. Por Salvador Pacheco.

EL RINCÓN DE ESCULAPIO

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AFRODISIACOS. Salvador Pacheco.

VESTIGIOS

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LA BASÍLICA EMILIA. Cristian Mir.

BIOGRAFÍAS

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LUCIO EMILIO PAULO (I). Por Juan Carlos Martín Leroy.

LA HUELLA DE LAS LEGIONES

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LA GRAN ATALAYA. Por Francisco J. García Valadés.

FIRMA INVITADA

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ARMAMENTO PRERROMANO. Por Fernando Quesada.

ENTREVISTA

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OLALLA GARCÍA. Por Francesc Sánchez.

LAS CRÓNICAS DICEN...

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LOS ORÍGENES DE ROMA. Por Mateo González.

DERECHO

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LA ORGANIZACIÓN REPUBLICANA. Por Francesc Sánchez.

ENTREVISTA ARANTXA MONTEAGUDO. Por Roberto Pastrana.

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COMMENTARIOLA

Selección de noticas recogidas en http://commentariola.blogspot.com/

BADAJOZ

BURGOS/ Fotos aéreas apuntan a que hubo una ciudad media

Tres cabezas en un pozo de Regina

Miranda alcanzó en 1910 la población de la época romana

Los trabajos arqueológicos en el yacimiento de Regina, en el municipio pacense de Casas de Reina, han localizado tres cabezas-retrato en el fondo de un pozo situado en el centro del antiguo foro. Las piezas encontradas corresponden a un joven príncipe de la dinastía Julio-Claudia en piedra tosca, la efigie ideal de un genio y un retrato de Trajano, datado entre 100 y 117 d. C. Junto a estas piezas se han encontrado también fragmentos de esculturas, cerámicas y bronces.

07/09/2008.-

30/07/2008.-

CUENCA

El circo de Segobriga no se terminó Las últimas excavaciones han revelado que el circo de Segobriga no llegó a finalizarse, aunque las causas del parón siguen sin conocerse. Asimismo, se ha comprobado que las autoridades municipales romanas expropiaron un cementerio para construir la dotación, aunque no se molestaron en retirar las estelas ni los restos, que se integraron en el paramento del conjunto. Ya se han excavado 63 tumbas. 14/10/2008.-

Estudios realizados por el arqueólogo local Rafael Varón parecen indicar que el núcleo romano que existió en la ciudad burgalesa de Miranda no fue ni tan pequeño ni tan efímero como se creía. Imágenes aéreas muestran un diseño urbano reticular y establecen un perímetro de 26 hectáreas lo que revela una importancia que Varón compara a los an-

tiguos núcleos de Pamplona o Astorga, lo que coloca a Miranda como un foco de cierta entidad en la romanización de la meseta, aunque por debajo de las cercanas Clunia e Iruña-Veleia. Según las estimaciones realizadas con las nuevas pruebas, la Miranda romana pudo llegar a tener 6.500 habitantes, una población que no se llegó a igualar hasta 1910.

PLAUSUS

Además de las fotografías aéreas, hace tiempo que los trabajos de cata han exhumado restos constructivos que se corresponden con un núcleo urbano de relevancia, como indican los ladrillos de suspensión utilizados en complejos termales. También se han encontrado restos cerámicos provenientes de talleres galos y de los alfares del valle de Najerilla.

El clamor vecinal salva el casco histórico de Badalona No deja de ser esperanzador que, en una época en la que los intereses urbanísticos han hecho desaparecer numerosos restos arqueológicos, la concienciación social logre frenar la presión del ladrillo. Así ha ocurrido en Badalona (Barcelona), donde el movimiento vecinal ha logrado tumbar los planes municipales por sustituir la tipología de casas bajas del casco antiguo por edificios

rosos vestigios romanos y medievales que yacen en el subsuelo de este barrio. Finalmente, la presión social logró que el Consistorio diese marcha atrás. De los siete planes iniciales sólo subsiste la construcción de un bloque de viviendas, aunque más bajo de lo inicialmente previsto y situado en las afueras del nucleo histórico. Tras este éxito, el movi-

en altura. La iniciativa era doblemente negativa, desde el punto de vista de que no sólo se modificaba la tipología tradicional de la zona de Dalt de la Vila, sino que se ponían en peligro nume-

miento vecinal pretende agilizar la tramitación de los trabajos de reforma de las casas de la zona, que se dilatan en el tiempo por las normativas de patrimonio, aunque no se afecte al subsuelo.


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GUIPÚZCOA/ Se descubre también la galería de drenaje

Dos trozos de lana guardados en las minas de Oiartzun Los trabajos arqueológicos desarrollados en las minas de Oiartzun han obtenido importantes recompensas. Después de haber hallado la antigua galería de drenaje, que confirma no sólo su adscripción romana sino la importancia que tuvieron las instalaciones, los arqueólogos han localizado dos trozos de lana de la misma época. Este última hallazgo supone un premio extraordinario porque en pocas partes se han conservado restos orgánicos tan antiguos. Mertxe Urteaga, directora de Arkeolan y 21/09/2008.-

directora del Museo Oiasso de Irún, tiene claro que «aunque estos tejidos son el tesoro del yacimiento y representan nuestro orgullo arqueológico, porque supone encontrar algo que normalmente no aparece, los hallazgos más importantes son los de aquellos indicadores que nos permiten reconstruir el contexto histórico». En este sentido, la localización de la galería de drenaje confirma que las minas de Oiartzun estuvieron controladas por la Administración romana. «Una galería de esas características sólo se rea-

lizaba con equipamiento comunitario y las minas se explotaban en régimen de concesión: una empresa pagaba un canon por esa concesión y el estado le ofrecía unos servicios comunitarios, entre ellos, la galería de drenaje». Los últimos descubrimientos permiten aclarar más la romanización del País Vasco, en conjunción con los trabajos que se están realizando en el yacimiento de Oiasso. Los avances logrados en Oiartzun son visitables, ya que el Ayuntamiento ofrece un programa de visitas abiertas al público.

AD FERAS

Destrucción incontrolada de restos púnicos en Ibiza

El Juzgado de Instrucción número 3 de Ibiza instruye un supuesto delito contra el patrimonio por parte del constructor del segundo cinturón de ronda de la capital ibicenca. El titular del juzgado, Pablo Mendoza, ha citado a declarar al constructor y al jefe de obras, para que expliquen en qué sesudos estudios se basaron para decidir que no valía la pena estudiar un yacimiento púnico que salió a

estudio realizado por Concha Martín, perito del Ministerio de Cultura, que recomendaba un estudio del yacimiento, poir su valor histórico. El constructor y el jefe de obras llamados ahora a declarar ya visitaron el juzgado en 2004, por la destrucción de una cisterna púnica. Entonces salieron bien librados porque la existencia del yacimiento no se sabía sino que se sospechaba. Sin embargo,

la luz durante los trabajos de la carretera, antes de su desmantelamiento para que pasasen las máquinas. Se da el caso de que el autorizado criterio de los constructores choca con un

después de la constatación de su existencia, las máquinas de la carretera han arrasado otro yacimiento púnico en Puig dén Valls y Jesús, y un acueducto y una necrópolis romana, entre otros restos.

BREVES El Museo de Albacete recibe una cabeza 10/06/2008.- El Ayunta-

miento de Fuentealbilla ha cedido al Museo Provincial de Albacete una cabeza tallada en piedra local y aparecida cerca de las extintas salinas. Se trata del segundo hallazgo de entidad en la zona, tras la vajilla de plata ibérica de Abengibre.

Perspectivas insólitas en Fuente Álamo Los trabajos en la villa de Fuente Álamo (Córdoba) han descubierto más edificios en la parte meridional del yacimiento, en lo que podría ser el ala veraniega de un complejo de grandes dimensiones. Las dimensiones de los muros descubiertos sólo se pueden encontrar en yacimientos como Pompeya o la Villa Adriana. Muros de 2,5 metros de altura hacen suponer estancias amplias y posiblemente abovedadas. Varias estancias en un nivel más bajo seráin para la servidumbre. 05/05/2008.-

El primer mosaico de Ávila está en un Zara 15/09/2008.- La remode-

lación del Hotel Continental, en la parte alta de la capital abulense, ha dejado a la luz restos de un mosaico romano de formas geométricas y roleos. El descubrimiento, primero de su tipo en la ciudad, es de época indeterminada por ahora y se ubica en un local adquirido por el grupo Inditex (Zara) para una de sus tiendas.


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VIDACOTIDIANA

Cuestión de dominio

LA MORAL SEXUAL

(

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y unas gotas de perversión

Por Salvador Pacheco.

Uno de los personajes del “Gorgojo”, de Plauto, afima: «Nadie puede prohibir comprar lo que se ofrece en público, si se tiene dinero para comprarlo... A condición de que no toques a una mujer casada, ni a una viuda ni a una virgen ni a un muchacho libre por nacimiento, ama a quien quieras». Estas palabras resumen la moral de un varón romano en cuestión de sexo. Por supuesto, no se refieren a la vida conyugal de las matronas romanas, verdaderas esclavas de su honestidad que debían mantenerse en la más absoluta fidelidad a la familia. Por el contrario, las otras mujeres, las excluidas del matrimonio legal, ya fueran esclavas, libertas o cortesanas podían disponer de su cuerpo con libertad, por lo que relacionarse con ellas no podía calificarse en ningún caso de adulterio. No es de extrañar que algunos romanos prefirieran escapar de las pesadas obligaciones del matrimonio y —en palabras de Plauto— «vivir más feliz entre concubinas que tiranizado por una esposa de buena familia». El “uso” de estas mujeres no debió de ser infrecuente ni conllevar problemas conyugales, pues a decir de Suetonio, la propia Livia escogía las jóvenes destinadas

Roma, ciudad sensual. Efebos, jóvenes pobres, prostitutas experimentadas y esclavos eran alternativas totalmente aceptadas para obtener placer. En una cultura en la que la tolerancia sexual constituía un valor que nadie discutía a los hombres, el orden social era uno de los pocos aspectos que introducían normas en los apetitos carnales.

al placer de su marido Augusto. La situación social y el orden jerárquico determinaba en buena medida lo aceptable de una relación sexual. Adentrándonos en las parafilias, donde todo esto se hace mucho más evidente, encontramos unas clarificadoras palabras de Séneca el retórico referidas, en este caso concreto, a la aceptación de relaciones homosexuales: «Es un crimen en un hombre libre por nacimiento; para un esclavo constituye el deber más absoluto; en un liberto es un deber moral para con su patrón». Las leyes solo prohibían la homosexualidad entre romanos. Esto no quiere decir que esta relación estuviera bien vista en otras circunstancias, aunque siempre cabían matices según la actitud del sujeto y su estatus social. No era lo

mismo una actitud de dominio que ser el sujeto pasivo en tales relaciones, algo solo imaginable en un ser inferior. De ser descubierto el caso, el protagonista se exponía a ser sometido a escarnio por parte del populacho. Catulo cuenta en su poema 15 el suceso de un ciudadano sorprendido en tal situación al que le introdujeron por el recto mújoles y rábanos. Un hombre libre por nacimiento, según la expresión de Séneca, no podía aceptar, ni él ni sus conciudadanos, tal oprobio. Nos ha quedado como ejemplo la historia de Trebonio, legionario romano. Al ser una noche solicitados sus favores por Cayo Lusio, general de su ejército y sobrino de Mario, no dudó en matarlo con su gladio. Llevado a juicio ante el propio Mario, tuvo que


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tomar su propia defensa. Corroborado su testimonio por otros compañeros que habían sufrido el mismo acoso, Mario no solo no condenó al asesino de su sobrino sino que arengó a sus soldados a actuar de igual manera. Existen otras parafilias del viejo mundo romano que siguieron seguramente las mismas premisas de jerarquía social. Sobre la pederastia sabemos por Polibio que desde del siglo VI a. C. un ciudadano podía adquirir un adolescente por un talento. Si bien en 226 a. C. esta práctica fue castigada por la Ley Escatinia es indudable que siguió dándose, pues existieron los llamados “hijos del placer”. Se trataba de esclavos adolescentes, muchas veces traídos de países exóticos como Egipto, Siria o Mauritania, adiestrados para encender la pasión de su amo y amenizar con chanzas y voluptuosos bailes banquetes y fiestas. Valga el ejemplo de Trimalción, el personaje de “El Satiricón”, cuando confiesa a sus invitados cómo durante catorce años satisfizo los deseos más íntimos de su amo. Si tomamos a modo de ejemplo la

Séneca el retórico sostiene que el liberto tiene la obligación moral de seguir satisfaciendo los apetitos de su antiguo amo vida de Nerón relatada por Suetonio (en “Vida de los doce Césares”) podemos ver como hizo castrar al niño Sporo, lo adornó con ropas de mujer y lo tomó por esposa paseándose en litera con él en reuniones y mercados durante su viaje a Grecia. O cómo —según Xifilino— la madre de Nerón, Agripina, intentó arrastrar al incesto a su hijo para mantenerlo bajo su poder. Estos cronistas también sostienen que Nerón gustaba de disfrazarse con pieles de fiera y saltar sobre los genitales de mujeres y hombres aterrorizados atados a postes. En otro momento Suetonio nos describe un espectáculo organizado por él, en el que unos niños bailaban la pirrhica. Siendo el asunto del baile Pasiphea, cuyo papel fue representado por una mujer encerrada en una vaca de

madera que fue, según creyó el publico asistente, montada por un toro. Pederastia, sadomasoquismo, zoofilia y otras tantas parafilias ya estaban presentes en la vida de nuestros antepasados. En estos temas nada nuevo hay bajo el sol. Las pasiones no han cambiado, como tampoco el reflejo que las relaciones de jerarquía social tienen hasta en las más íntimas acciones humanas. ◙ PARA SABER MÁS: • SUETONIO (1992): Vida de los doce Césares. Ed. Gredos. • CARCOPINO, J. (1993): La vida cotidiana en Roma, en el apogeo del Imperio. Ed. Temas de Hoy. • ROBERTO, J.-N. (1992): Los placeres en Roma. Ed. Edaf. • BLÁZQUEZ, J. M.: Conductas sexuales y grupos sociales marginados en la poesçia de Marcial y Juvenal, en la Revista Antigua: Historia y arqueología de las civilizaciones.

PASIÓN POR ROMA • • • •

pollo numídico ? ¿Cómo se maneja un gladio ? ¿Qué dicen las inscripciones ? ¿Cómo se pone una toga ? ¿A qué sabe el

Si quieres saber la respuesta a estas preguntas y charlar con personas interesadas en la historia y las costumbres romanas:

HISPANIA ROMANA www.hispaniaromana.es


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VIDACOTIDIANA

PROSTITUCIÓN

Soy tuya por dos ases de bronce Metros de magma solidificado han conservado hasta nuestros días un graffiti en el que una meretriz anunciaba sus honorarios. La prostitución era una actividad socialmente aceptada en Roma y una forma de que los hombres satisfaciesen sus más íntimos deseos... si su bolsillo se lo podía permitir.

Por Arantxa Monteagudo.

La práctica de la prostitución se remonta en Roma hasta los relatos míticos de su fundación en los que Acca Laurencia, la nodriza que recogió a Rómulo y Remo, es calificada de lupa (loba), es decir, prostituta [véase la página 21 de este número]. El reconocimiento de la prostitución en la Urbe se produjo en el siglo III. a. C. El uso de estos servicios no era tabú sino aceptable, e incluso recomendable para los varones. Así lo recogen los pensamientos de Catón el Viejo, quien recomienda acudir a los servicios de prostitutas y no molestar a las matronas y así no cometer adulterio. El sexo en Roma era algo habitual, cotidiano y hasta en algunas ocasiones divinizado. Existían multitud de lupanares. El sexo era un deber para los esclavos si así lo requería su dueño e incluso, en algunos sectores, también los invitados a una cena. De hecho, aún después de haber sido liberados debían estar disponibles para sus anti-

guos amos. Además era potestad —y práctica común— que los esclavos de ambos sexos fueran prostituidos y las ganancias, como no podía ser de otra manera en la concepción de la sociedad romana, revertieran íntegramente en el dueño. Pese a todo lo anterior, la amplia tolerancia sexual romana se refiere únicamente a los hombres, ya que estamos hablando de una de las culturas más falocéntricas de la Historia Antigua. Para los varones no sólo estaba permitido sino recomendado el uso de la prostitución y no se consideraba adulterio. Esta laxa visión no alcanzaba a las mujeres. Las medidas legales que se adoptan de cara a la prostitución, se alejan mucho de prohibirla sino que están encaminadas a proteger a la mujer En Pompeya y Herculano han aparecido diversas muestras de frescos eróticos (arriba y a la derecha se muestran detalles), asociados a burdeles.

libre. Si una mujer de ese estatus ejercía tales prácticas debía declarar ante los ediles su condición de meretriz. Al hacerlo, asumía implícitamente su descenso en el escalafón social y renunciaba a su condición de matrona. Las prostitutas eran declaradas infames, junto con los actores y los gladiadores. Para las esclavas obligadas a vender su cuerpo, el estigma social de la prostitución era insignificante. No ocurría lo mismo en el caso de las libertas e incluso las mujeres libres,


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que se entregaban a estas prácticas por necesidades económicas. Se dieron casos incluso de matronas de elevada posición, como Mesalina, esposa de Claudio, que se dedicaban a ello por placer o aburrimiento.

La ciudad recibía impuestos de los prostíbulos que operaban con licencia municipal. Existía incluso un censo de meretrices

Un negocio conocido y controlado Parte de las meretrices estaban censadas y pagaban impuestos (luego el Estado se beneficiaba de tales actividades), pero no tenían privilegios de ninguna clase. En el año primero de nuestra Era se realizó un registro en el que constan 32.000 censadas en lupanares con licencia municipal. En Pompeya hubo más de 35 burdeles, de los que se han conservado hasta nuestro días una decena, cuyos pisos superiores podían ampliar el negocio en caso de desembarco de marineros en su puerto. Incluso los ediles ofrecían a estas censadas la posibilidad de al-

quilar de pequeños cubículos donde ejercer su profesión en las cercanías de los circos. Existían diversas categorías en función de la clase a la que pertenecían y el lugar donde ofrecían sus servicios. Tal como ha quedado reflejado en la cantidad de grafitis que se conservan en Pompeya y Herculano, se podía satisfacer cualquier gusto, desde los

más refinados hasta los toscos. Prostitutas como Afrodita, Veneria, Espendusa, Ninfea o Timele dejaron sus huellas en Pompeya y sus rivalidades y competencias entre sus servicios y precios. Roles activos y pasivos Hoy en día resulta difícil saber a ciencia cierta los gustos sexuales de la Antigüedad, pero numerosas improntas de Pompeya revelan los servicios habituales que prestaban las prostitutas: el coito, las felaciones y el sexo anal. Más raros son los que exigían pasividad del cliente o al menos se ocultaban de una forma absoluta, pues para la sexualidad romana lo correcto para el hombre era el rol activo, sin importar el sexo del receptor ni el lugar del acto. Si se mantenía un papel activo, futuere (penetración activa vaginal),

Atuendos y reputaciones El aspecto que adoptaban las prostitutas variaba enormemente en función de sus tarifas, servicios o el lugar donde prestaba su profesión. Lo que era común en ellas, al

perder su condición de matronas, era la prohibición a usar la stola (túnica de matrona) ceñida con la zona (cinta que se ajustaba al pecho). Estos atributos, que se muestran en la foto de la izquierda, advertían que su portadora era una mujer decente y evitaban los “abordamientos masculinos”. Por contra, las meretrices debían utilizar el amiculum o toga femenina, prenda que compartían con las esposas repudiadas por adulterio. Algunas vestían de carmesí, otras iban semivestidas o por completo desnudas… Además de los ropajes, las prostitutas lucían

A la izquierda, dos matronas muestran lujosos vestidos. A la derecha, una prostituta, bien reconocible por su llamativa túnica, atiende a un cliente.

peinados propios de su baja clase, pues les estaba vetado utilizar el recogido y trenzado propio de las matronas. Así, peinaban sus cabellos al estilo de las plebeyas y libertas, con cabellos cortos y sin cintas, o sueltos y anudados al cuello. Durante algún tiempo se exigió que se colorearan el pelo de amarillo.


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pedicare (penetración activa anal) e irrumare (penetración activa oral) eras bienvenido y considerado por la sociedad. Pero si practicabas otra clase como crisare (penetración pasiva vaginal), cevere (penetración pasiva anal) o fellare (penetración pasiva oral), te convertías en un marginado legal, ya que asumías el rol femenino, la denominada mulieris patientia. Lo cierto es que algunos hombres se prostituyeron para otros hombres o pasaron a ser sus amantes a pesar de la infamia social que para los ojos romanos tales prácticas constituían. De la misma manera, el sexo entre mujeres, estaba absolutamente estigmatizado y cuando se referían a él en la literatura antigua eran para criticarlo y considerarlo, al igual que el sexo en grupo, una práctica atroz. A pesar de ello, se practicaba, tal como testimonian los frescos aparecidos en Pompeya. El placer femenino Pero, ¿y las mujeres? ¿Requerían tales servicios? Esta es una cuestión

ampliamente debatida y sin solución actualmente. Parecen haber existido tales servicios, pero indudablemente en menor medida y sin la tolerancia que se empleaba para los hombres. En el mundo romano, más que obstaculizar y prohibir el placer femenino como una forma de evitar la infidelidad, lo que se pretendía asegurar era la reputación del varón mediante la pureza del linaje. Es decir, no se temía tanto el sexo en general que una matrona pudiera obtener fuera del matrimonio como la duda acerca de la consanguinidad y la continuidad de la sangre y la estirpe de los hijos del marido. Aparecieron algunos grafitis en Pompeya en los que se hace referencia a los servicios de cunnilingus (por dos ases o por cuatro si se era virgen), actividad por otra parte absolutamente denigrante para ser realizada por cualquier hombre. Es posible que se ejercieran prácticas que no implicaran peligro de concepción para las mujeres. Y no es porque no se conocieran los métodos anticonceptivos. Así, se utilizaban

Entre el lujo y la miseria Los romanos que querían satisfacer su apetito sexual podían recurrir a los burdeles registrados por las autoridades. Sin embargo, también tenían a su alcance los servicios de las meretrices no censadas, las prostibulae, que ejercían su profesión en cualquier lugar. Los sitios más frecuentes para encontrarlas eran los baños, los aledaños de espectáculos públicos y las tabernas. Dentro de estos dos grandes grupos de prostitutas, existían numerosos tipos diferentes de profesionales, en función de sus honorarios y servicios. Así, encontramos noticias de las delicatae, que eran las que hoy conoceríamos como de alto standing y contaban entre sus clientes senadores, caballeros y poderosos negociantes. Las hetairas eran griegas cultas, mientras que las famosae eran de clase patricia, como lo fue Mesalina. En el escalafón más bajo, dependiendo de dónde trabajaban, existían las ambulatarae, que ejercían en las calles y las lupae de los bosques. Por otro lado, se encontraban las bustuarae, que se podían encontrar en los cementerios y que solían ser las de más baja categoría, las más baratas y las más mayores o enfermas.

Falos grabados en las calles (centro) dirigían a los clientes a prostíbulos como el que muestra la imagen de la izquierda, ubicado en una de las calles de Pompeya.


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tripas de cerdo o estiércol de elefante para evitar embarazos, pero también para prevenir enfermedades sexuales. También ponían en práctica métodos anticonceptivos poscoitales como ponerse de cuclillas y estornudar. Si esto fracasaba, había infinidad de remedios, ungüentos y venenos para forzar al aborto antes de recurrir en último extremo a la cirugía. Una visita al lupanar Pero ahora pasemos de la parte teórica a la una experiencia más vívida. Imaginemos por un momento que nos encontramos en una bulliciosa ciudad romana, por ejemplo, Pompeya, hace 2.000 años. Somos hombres y queremos sexo. No tenemos más que seguir la dirección que marcan los numerosos fallos esculpidos en las calzadas de sus abarrotadas calles. Estas señales nos conducirán a uno de los más de 35 lupanares de esta ciudad portuaria. Siguiendo las indicaciones, llegamos al lupanar de los balcones, uno de los más famosos de la ciudad. Decididos a pasar un buen rato, nos llaman la atención grandes falos y frescos de contenido sexual. Desde las ventanas y balcones, chicas semidesnudas y seductoras nos animan a pasar, gritándonos lo que allí nos espera. Entramos a un recibidor, donde el leno o la lena cobra los servicios requeridos. En las celdas, figura el nombre de guerra de cada lupa —las que aúllan— junto con una tablilla (titulus) donde se nos informa si la elegida está libre u ocupada (ocuppata).

Frescos explícitos estimulaban a los clientes que esperaban a ser atendidos por las mujeres de este lupanar de Pompeya.

Nos decantamos por una tal Lyscica. ¿Quién se esconderá tras ese nombre que también utilizó Mesalina? Está ocupada, así que esperamos en la penumbra sólo rota por las numerosas lucernas. Cuando los ojos se acostumbran a este ambiente vemos sugerentes frescos en la parte superior de cada entrada a las habitaciones. Actualmente son varias las teorías de la función de estos. Unos consideran que servían para “caldear” el ambiente; otros, que eran la postura o la práctica sexual en la que la chica era experta. La cortina de la celda de Lyscica se abre y sale un equite, un caballero de buena posición. En unos momentos entraremos. Una mano blanca y fina nos indica que pasemos. La celda es pequeña, de unos dos metros cuadrados. Sobre una cama de piedra recubierta de telas, tumbada, está nuestra elegida. Su acento, su aspecto marmóreo y el cabello pelirrojo indica que probablemente

estemos ante una esclava de Bretaña, obligada a prostituirse por su amo. A buen seguro, es una fuente de ingresos para él. Mientras me explica sus especialidades me fijo en las paredes de su oscura celda donde numerosos clientes han dejado para el futuro sus impresiones y veo con asombro muchas rayitas verticales que indican el número de clientes que por allí pasaron. Hay muchos palitos englobados en la parte inferior por una especie de casco ¡Casi toda la tripulación debió de pasar por aquí! Ahora es mi turno. ◙

PARA SABER MÁS:

• BUTTERWORTH, A. y LAURANCE, R, Pompeya, ciudad viva. Ed. Aguilar. • CARCOPINO, J., La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. Editorial Temas de Hoy. • CLARKE, J. R., Sexo en Roma. Ed. Océano. • JENKIS, I., Vida cotidiana en Grecia y Roma. Editorial Akal.

Una celda oscura de reducidas dimensiones y un catre de mampostería recubierto de un acolchado era el lugar de trabajo de las meretrices. Imagen de un prostíbulo de Pompeya.

• Ocio y placer en Pompeya. Catálogo de la exposición del Museo Arqueológico de Murcia. • PAOLO, U. E., Vida cotidiana en la Antigua Roma. Editorial Derramar.


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ELRINCÓNDEESCULAPIO

ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL

De los males de Venus... Promiscuidad, falta de métodos de prevención y escasa higiene forman un cóctel de alto riesgo que está en la raíz de numerosas pandemias. Las enfermedades venéreas, viejas conocidas del hombre, solo han podido ser combatidas con éxito por la medicina en épocas recientes. Por Salvador Pacheco.

Cada año se producen en el mundo cerca de 250 millones de nuevos casos de enfermedades de transmisión sexual. Esta cifra nos muestra la importancia de este grupo de procesos; importancia que no fue menor en tiempos pasados. Es probable que estos padecimientos, que tienen en común su medio de transmisión, debieran haber sido asociados al promiscuo Júpiter más que a la bella Venus, pero la Historia ha querido que tales procesos morbosos sean hoy conocidos bajo el denominador común de enfermedades venéreas. Tal desliz terminológico no debemos achacarlo a los antiguos médicos grecolatinos sino a Jaques de Bitencourt en el siglo XVI. No resulta fácil seguir en el tiempo la historia de muchas enfermedades y discernir con certeza si este o aquel caso descrito por los textos clásicos, médicos o no, corresponde a un claro y certero diagnóstico. Hay enfermedades que por su

reciente aparición sabemos fehacientemente que no afectaron a nuestros antepasados, como el sida. Por el contrario, hay suficientes datos para admitir la presencia de otras en tiempos tan pretéritos. Es el caso de la gonorrea, cuyo nombre debemos a Galeno. Sin embargo, el conocimiento de este mal era muy anterior, pues ya la medicina hipocrática hace descripciones clínicas y anatómicas compatibles con este diagnóstico, describiendo incluso la estenosis uretral que con frecuencia acompaña y complica esta infección. Si retrocedemos aún más en el tiempo, alguna descripción de uretritis aguda que encontramos en el papiro de Eber resultaría compatible con este diagnostico e incluso podemos intuir esta enfermedad en el libro de los Números, durante la guerra contra los madianitas. No olvidemos que la gonorrea es también conocida como “la gota militar” . También en algunos personajes

históricos se ha querido ver la presencia de esta infección, sea el caso de Tiberio en sus últimos años de vida en Capri. También en el rey Herodes el Grande, hijo de Antípatro de Idumea, hábil político de pocos escrúpulos, que supo mantener su reinado 36 años para morir atormentado por una enfermedad que, según las descripciones antiguas, le hizo sufrir prurito, dolores abdominales, gangrena de los genitales... Algunos autores han queridos ver en estas secuelas la infección gonocócica. Hay otras enfermedades que es difícil saber si existieron en tiempos remotos. El caso paradigmático es el de la sífilis, nombre de reminiscencias clásicas, pues según los historiadores de la medicina, deriva del pastor Síphylus que aparece en las “Metamorfosis” de Ovidio castigado por Apolo con una extraña enfermedad. Sin embargo, no fue hasta 1530,


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cuando el humanista, poeta y cirujano veronés Girolamo Fracastoro escribe su poema “Syphilis sive morbus gallicus” (Sífilis o el morbo francés) en el que crea este nombre para lo que él consideraba una nueva enfermedad, como queda reflejada en su libro “De Contagionibus” (Sobre las enfermedades contagiosas, Venecia, 1584). Hoy los expertos siguen debatiendo si la sífilis apareció entonces en Europa o si era un viejo conocido (ver recuadro). En ambientes insanos Dejando de lado este hecho concreto es indudable que la extensión de las fronteras durante la dominación romana, el desplazamiento masivo de tropas, la guerra y la apertura y mantenimiento de importantes vías de comercio fueron un caldo de cultivo ideal para que se amplificasen los problemas de salud pública. Pero no hacen falta situaciones de guerra o desorden extremo para que proliferen las enfermedades sexuales. Si en toda Roma el comercio carnal estaba presente, variando en calidad y precio según el “producto” que se vendía, hubo lugares especialmente sórdidos donde se practicaba la prostitución más infame. Cuerpos de usar y tirar, satisfacían los caprichos de los más despreciables seres

de Roma por un ínfimo precio. Habitaciones sucias, seres cosificados, despreciados, forzados por la pobreza. Es imposible hacerse una idea de la suciedad que se acumulaba en aquellos lechos mil veces usados y ninguna vez aseados. No podemos imaginar cómo la necesidad o la avaricia de los dueños forzaba a mujeres y jovenzuelos a tener relaciones aunque no lo aconsejara su salud, agredida por el frío, la inexistencia de horarios y unos clientes tal vez borrachos y dispuestos a pagar sus frustraciones con aquellos humanos-objeto. Tan solo el hecho de habitar en barrios como el Submemmium (barrio de las prostitutas) debía ser tan insalubre como los propios cubiles donde se ejercía tal oficio, pues seguramente en sus estrechas, sucias y oscuras calles se perdía más de una vida para rapiñar unas pocas monedas. Tan sórdido ambiente debió de ser un especial caldo de cultivo para la transmisión de las enfermedades de las que trata este artículo. Remedios para poco escrupulosos Cuando se producía el contagio las gentes de entonces se encontraban desprovistas de medicamentos. Para ilustrar esta precariedad, sirvan algunas recetas recogidas por Plinio el Viejo, que en su

momento se aplicaron a las afecciones genitales. Si el morbus se manifestaba mediante la aparición de hormigueo y verrugas en las partes pudendas lo recomendable era tratarlas con pus de pulmón de carnero asado. Pero si la situación llevaba a la aparición de ulceraciones genitales, la lanolina, rudimentariamente extraída de la lana de las ovejas, mezclada con grasa de oca era de elección. En el caso de aparecer condilomas, la lanolina debía mezclarse con la planta llamada melitoso o con mantequilla. Si este remedio no se manifestaba eficaz podía recurrirse a los excrementos de paloma, con miel. Los tratamientos requerían no tener demasiados escrúpulos y si una mujer padecía prurito vulvar, un buen remedio podía ser la aplicación en linimento de grasa de oca con chinches trituradas. Para los problemas testiculares polvo de cabeza de perro molido sin carne. Pero si ya estaban afectados por úlceras amoratadas y supuradas, mejor añadir a las cenizas recién extraídas de cabeza de perro, caracoles pequeños o grandes macerados en vinagre; o también camisa de serpiente o su ceniza en vinagre. Estos escuetos ejemplos muestran la diferencia de pronósticos entre la Antigüedad y nuestro tiempo. ◙

Pese a su nombre de ecos clásicos, la primera referencia a la sífilis procede del siglo XVI. Girolamo Fracastoro creía hablar de una enfermedad nueva, aparecida en 1495, en el sitio de Nápoles, entonces en manos españolas. Las prostitutas que acompañaban al ejército de Carlos VIII se convirtieron en foco de transmisión de la enfermedad. Las huestes francesas, desprovistas de medicamentos eficaces, se vieron forzadas a levantar el cerco y retirarse.

Hay varias teorías de la llegada a Europa de la sífilis. Para unos aparece traída de América por los conquistadores españoles (incluso se ha dicho que previamente hubieran sido los vikingos al arribar a las costas canadienses, lo que hubiera sido la única y triste aportación de tan estéril contacto entre mundos). Para otros, ya estaba presente con anterioridad pero de una forma más larvada. Estos estudiosos han visto en ciertas descripciones hipocráticas

upon Hill (el más claro, un varón, que el carbono 14 sitúa entre 1300 y 1450) muestran datos paleopatológicos compatibles con sífilis. Entre las dos teorías antagónicas, existe otra corriente de investigadores que sostiene que ambas corrientes son compatibles. Sea cual sea su origen, la sífilis es un ejemplo paradigmático de los problemas sanitarios que puede generar el encuentro de dos grupos humanos. Esta enfermendad produjo grandes sufrimientos, pero también permitió episodios épicos en la historia de la medicina como el caso de Hun-

La enfermedad se convirtió, con gran rapidez, en una pandemia terrible. La “gran simuladora”, como se conocía a esta enfermedad, no solo mató a muchos adultos y marcó a miles de niños con su estigma, sino que llenó por generaciones los manicomios de Europa.

las consecuencias de la fase terciaria de la sífilis. También en las soterradas ruinas de Pompeya ha aparecido algún esqueleto en el que se han intuido las secuelas de tal infección. Más tardías, exhumaciones de esqueletos del siglo XIV en la abadía inglesa de Kingston

ter, que se inoculó pus de un enfermo para estudiar el mal. El investigador acabó muriendo, según parece, por un aneurisma sifilítico de aorta, en un filantrópico sacrificio comparable al de los estudiantes de medicina inoculados por Bell hacia 1700.

La llegada de la sífilis


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LOS ESTIMULANTES DE HACE 2.000 AÑOS

... a los remedios de Afrodita No hay sociedad que no haya recurrido a sustancias naturales para reforzar el apetito carnal, sobre todo cuando la edad va menoscabando el vigor corporal. La literatura latina y los ensayos de medicina dan cuenta del uso de estos remedios entre los romanos; diversos tipos de plantas y animales, preparados de muy variadas formas. Todo, con tal de recuperar el apetito y la potencia sexual.

Por Salvador Pacheco.

: Foto ana astr R. P

Cuenta Suetonio que Calígula perdió el sentido por los efectos de un filtro afrodisíaco que su esposa Cesonia le ofreció. Sea o no cierta la noticia, queda bien atestiguado el uso de estas sustancias en la Antigüedad. Esto no debe extrañarnos pues, ocupando el sexo un campo tan importante en la vida, es lógico que el intento de estimular y despertar el apetito sexual sea algo común a toda cultura humana, sobre todo cuando la edad va haciendo mella. Estos estimulantes de la libido constituyen un variopinto grupo de sustancias, plantas y animales a las que se les ha atribuido este poder por distintas y muy frecuentemente pintorescas razones. A veces la causa de su efecto puede ser tan peregrina como la analogía de formas. Es el caso de la zanahoria, el pepino, la ostra o la almeja, que remedan de forma más o menos clara el aspecto de los órganos genitales de uno u otro sexo. También entran en este grupo las orquídeas, cuyo nombre deriva de orchis (testículo en

griego) por la forma de sus pseudobulbos. Ya Teofrasto menciona esta familia de flores, una de cuyas integrantes es el satirión, vulgarmente conocido como “cojón de perro”, y que aún hoy se sigue utilizando en los países árabes para obtener el salep, consumida como harina muy nutritiva o en forma de infusión. En “El Satiricón”, los protagonistas son secuestrados por Cuartila por haber profanado los misterios de Príapo. Tras ser atados de pies y manos, Psiquis, sierva de Cuartila, les obliga a beber una jarra de una sustancia sacada de la orquídea satirión, cuyo contenido también es restregado por sus cuerpos para exacerbar los deseos sexuales. Este satirión aparece también nombrado en la “Historia Natural” como parte de un brebaje afrodisíaco cuyo elemento principal era el escinco, un lagarto exótico. Plinio afirma que «las carnes de los flancos por sí solas» son un potente afrodisíaco, aunque asegura que es mejor si son «bebidas a dosis de dos óbolos, con igual medida de mirra y pimienta».

Las propiedades afrodisíacas del escinco son también referidas por Dioscórides, quien dice que los riñones del animal, bebidos aproximadamente en la cantidad de un dragma, producían el efecto. Según este autor, para cesar la excitación podía beberse una decocción de lentejas con miel o de simientes de lechuga con agua. En otro apartado Plinio nos indica


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que el hocico y las patas de este animal, bebidos con vino blanco estimulan igualmente la libido, especialmente si se fabrican pastillas donde se asocie un dragma de satirión y otro de semillas de jaramago, con dos de pimienta. Las pastillas así obtenidas, de un dragma cada una, debían ser bebidas. El mejor escinco era el proveniente de la India, después el árabe y aun también se daba en Egipto y en la Getulia mauritana. Vemos aquí otro factor importante para la eficacia del afrodisíaco: su exotismo. La dificultad de conseguirlo y el alto precio que ha de pagarse, potencian el efecto psicológico de cualquier placebo. No es de extrañar por tanto que se importara de tan distantes países, conservado para su transporte en sal y mastuerzo, según relata Dioscórides. En el mismo sentido posiblemente quepa interpretar la creencia de que «llevar atada como amuleto la parte derecha de la trompa [de un elefante] con tierra roja de Lemmos es un afrodisíaco», o que también se logre este efecto con los dientes de la mandíbula derecha del cocodrilo del Nilo, atados como amuleto en el brazo derecho, como recoge Plinio. Había recetas con ingredientes más fáciles de conseguir. Así en la “Historia Natural” aparece la creencia de que «(...) estimula la libido un hilo impregnado con sangre de murciélago y colocado bajo la cabeza de la mujer, o la lengua de oca tomada en la comida o en un brebaje». El que no quisiera complicarse podía probar con médula de cerdo bebida o sebo de burro en linimento con grasa de ganso macho, afirma esta misma obra. Más en duda pone Plinio que la ceniza de la salamanquesa, envuelta en un paño, en la mano izquierda, estimule el deseo sexual. Pero ¡cuidado con equivocarse de mano!, pues si se cambia a la mano derecha lo inhibiría. A veces algunos productos pueden producir cierta irritación de mucosas, bien por ingesta o por aplicación tópica. Este efecto, producido sobre mucosas genitales, puede producir una falsa sensación de excitación sexual. Este podría ser el caso de la pimienta, que aparece en una de las recetas anteriores, o el pol-

te puede facilitar la relaciones sexuales. En muchos otros casos (si no en todos) son cuestiones culturales las que van a producir el efecto psicológico. Es el caso de la creencia en que en los propios órganos o secreciones procedentes del coito se encuentran principios estimulantes. En esta línea, el testículo derecho de un burro, bebido en una dosis proporcional de vino se consideraba afrodisíaco, aunque su efecto también se producía si era atado en un brazalete. De la misma manera, la comadrona Ostanes, a la que Plinio cita, pensaba que también era útil meter en un contenedor de plata una tela roja en la que se hubiese recogido el semen de este animal, durante el coito. Otra celebre comadrona, Salpe, mandaba sumergir siete veces los testículos del animal en aceite hirviendo y untar con ellos las partes pudendas. Aunque difícil, en algún caso podemos atisbar los vericuetos mentales que pudieron sustentar este tipo de creencias. Ya Virgilio, en sus “Geórgicas” nos indica que es en las yeguas donde la «locura amorosa» mejor se manifiesta, pues fue la misma Venus quien les dio tal don cuando las yeguas de Potnia desgarraron con sus quijadas los miembros de Glauco. Puede ser que este sea el motivo por el que el líquido que se desprende de la vulva de la yegua en celo, conocido como hipómanes, también gozara de la reputación de afrodisíaco. Es curioso que esta sustancia, mezclada con determinadas hierbas, también pudiese usarse para fines criminales, según se recoge en la citada obra de Virgilio. Pero esta cuestión, la de los venenos, la dejaremos para otra ocasión. ◙ De lagartos a bulbos, los autores clásicos recomiendan la ingesta de diversas sustancias con pretendidas propiedades afrodisiacas, como la orquídea (arriba) o ciertas partes del scinco (en medio).

vo de cantárida. Podemos suponer que la hiel de jabalí en linimento recogida por Plinio podría participar de este tipo de efecto. La acción desinhibidora de drogas y del alcohol, que participaba en forma de vino en alguna fórmula, indudablemen-

PARA SABER MÁS: • DISOCÓRIDES (2002): De Materia Medica. Ed. Gredos. • LAÍN ENTRALGO, P. (1982): Historia de la medicina. Ed. Salvat. • PETRONIO (1994): El Satiricón. Ed. Edicomunicación. • PLINIO EL VIEJO (2002): Historia Natural. Ed. Cátedra.


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ELCENTRODELMUNDO

El mundo se gobernó durante siglos desde el Foro Romano. Sin embargo, la acumulación de construcciones y monumentos conmemorativos de todas las épocas, así como el expolio exhaustivo del yacimiento en busca de sus mármoles hacen que la visita a la zona resulte a menudo incomprensible. Stilus comienza una serie de artículos que repasarán los hitos más importantes del enclave. El historiador Cristian Mir, especialista en arqueología romana y profesor del programa de estudios de la Fundación Arqueológica Clos, será el cicerone en este paseo por el pasado glorioso del Centro del Mundo.

La joya familiar de los Emilios La erosión del tiempo y las desgracias se cebaron con uno de los edificios civiles más importantes del Foro, que tuvo que ser rehabilitado y mejorado constantemente durante cerca de 700 años. La familia de los Emilios tuteló durante siglos el estado de una basílica que consideraban casi un monumento propio. Por Cristian Mir.

La entrada a la zona arqueológica del Foro se realiza a través del “Largo Romulo e Remo”. Una rampa actual de acceso sobre el antiguo trazado de la vía que separaba el templo de Antonino y Faustina de la basílica Emilia permite salvar el desnivel entre la entrada al recinto y la plaza del Foro.

Recreación virtual de la Basílica Emilia. El edificio está visto desde la Vía Sacra. En primer plano, el pórtico monumental que añadió Augusto, en el siglo I d. C.

El primer edificio que encontramos nada más acceder a él, a mano derecha, es la Basílica Emilia. Situada en el lado norte del Foro Romano, entre la Curia y el templo de Antonino y Faustina, es la única de las basílicas construidas en época republicana que ha llegado hasta nosotros

(las basílicas Porcia, Sempronia y Opimia desaparecieron en reestructuraciones posteriores). Construida por los censores del 179 a. C., Marco Emilio Lépido y Marco Fulvio Nobilior, se asienta sobre un edificio anterior de finales del siglo III a. C. En la actualidad, sus restos mantienen el aspecto que le dieron las numerosas restauraciones realizadas durante la época imperial. En los primeros tiempos tuvo el nombre de Basílica Fulvia Emilia, adoptando el nombre de los gentilicios de sus constructores; aunque tras las sucesivas restauraciones hechas por varios miembros de la gens Emilia, el edificio pasa a convertirse en una especie de monumento conmemorativo familiar. La doble denominación, Fulvia Emilia, parece haber sido el nombre oficial aunque quizás la de-


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nominación más común fuera tan solo la de Basílica Emilia. En el 78 a. C., el cónsul Marco Emilio Lépido realiza una de las reconstrucciones más famosas del edificio, con la construcción de una fachada sobre el Foro decorada con imágenes de sus antepasados enmarcadas en escudos (imagines clipeatae) y la colocación de las hiladas internas de columnas de mármol frigio, procedentes de Asia Menor. En una moneda de su hijo Lépido, triunviro monetal alrededor del 65 a. C., se representa la basílica con un pórtico decorado con estos escudos colgados y la leyenda “M. Lepidus ref[ecta] s[enatus] c[onsulto]”, o lo que es lo mismo, “Reconstruida tras consultar al Senado”. Incendios y reparaciones En el 55 a. C., el edil Lucio Emilio Paulo, hermano del anterior, emprendió de nuevo una restauración de la basílica con dinero prestado por César tras su victoria sobre la Galia. La belleza de esta nueva restauración es alabada por Plutarco y Apiano. Sin embargo, parece ser que Paulo no termina las obras, pues según Dión Casio, es su hijo, Lucio Emilio Lépido Paulo, quien finaliza y dedica el edificio siendo cónsul en el 34 a. C. En el 14 a. C., tras un incendio, es de nuevo restaurada por un miembro de la familia pero sufragada ya por Augusto y poco después, en el 22 d. C., Marco Emilio Lépido, hijo del encargado de la restauración del 34 a. C., pide permiso al Senado para emprender una nueva restauración que, en esta ocasión, será costeada por Tiberio. Parece ser que el edificio continúa siendo un monumento conmemorativo familiar bajo los primeros tiempos del Principado. Esto es, al menos hasta Tiberio, puesto que las restauraciones posteriores son ya bajo titulatura imperial. Una última reconstrucción se hizo después de un incendio que, por las monedas fundidas que se encontraron en su suelo, se puede fechar a principios del s. V d. C., y que por tanto, se puede relacionar con el saqueo de Alarico (410 d. C.).

Un foro cubierto para los días desapacibles El tipo de edificio que conocemos como basílica, en rigor, no es más que un amplio espacio cubierto donde tenían lugar las funciones propias del Foro ante las inclemencias del tiempo y, por tanto, albergaba todas las actividades propias del éste: los tribunales, actividades económicas, transacciones,

compras, negocios, citas… que con el buen tiempo se realizaban al aire libre. Se trata, pues, de un foro cubierto, en el que se intentaba cubrir el espacio más amplio posible por medio de hileras de columnas o pilastras que, destinadas a sostener la techumbre, creaban una serie de naves.

Arriba, reconstrucción del espacio techado de la Basílica Emilia. A la izq. planta del edificio, situado en pleno Foro.

Reverso de una moneda en la que se aprecia la apariencia que tenía la fachada de la basílica.

Plinio el Viejo la considera, junto con el Foro de Augusto y el Templo de la Paz, como uno de los tres edificios más bellos del mundo, y menciona sus columnas como espléndidas. Plinio debe referirse probablemente a las columnas de mármol frigio del interior de la basíli-


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ca, que separaban las diversas naves y que fueron erigidas en el 78 a. C. Se accedía a la Basílica Emilia a través de tres puertas. El visitante se encontraba ante un espacio de unos 70 metros de largo por 29 de ancho, dividido en cuatro naves por hiladas de las famosas columnas de mármol frigio, que no han llegado hasta nosotros. Los fragmentos de las columnas conservados hoy día, como gran parte de los fragmentos arquitectónicos de mármol encontrados, pertenecen a la restauración augustal. Mármoles lujosos y relieves La nave central era más alta que las laterales, lo que permitía la existencia de ventanas para la iluminación interior. El pavimento conservado es de losas de mármol de tres tipos diferentes (giallo antico, cipollino y porta santa), que juegan con el efecto de la combinación de colores y el lujo del material, propio de un edificio público en el Foro Romano. Sobre el pavimento son visibles en distintos lugares las huellas del incendio del 410 d. C. y los restos de las monedas fundidas por el fuego. Al Noreste, por el lado del acceso al Foro, se expone el calco de un pequeño trozo de friso, atribuible a

la restauración cesariana de la basílica, y cuyo original se conserva en el Antiquarium del Foro. Son los restos del friso del interior de la nave central y su decoración, con temas relacionados con el nacimiento de Roma, vinculan propagandísticamente a la gens Emilia con los episodios míticos de la historia de la ciudad. En el fragmento conservado, se representa la guerra que sigue al rapto de las sabinas y el episodio de Tarpeya (ver recuadro inferior). Sobre el lado Oeste, junto a la Curia y bajo un cobertizo moderno, pueden verse los restos del edificio más antiguo; sacados a la luz en las excavaciones de los años ochenta. Pertenecen a la construcción anterior al

Las excavaciones sacaron a la luz, hace treinta años, los restos más antiguos de la basílica (abajo). La suntuosa ornamentación del interior se perdió. Solo queda como muestra algún capitel (arriba).

La traición de Tarpeya El interior de la Basílica Emilia estaba decorado con un friso que representaba los episodios más destacados de la fundación de Roma. Uno de los capítulos más oscuros de esta historia mítica tenía como protagonista a Tarpeya, cuyo nombre sirvió para designar a una roca de la colina del Capitolio, desde la cual se lanzaba a cierto tipo de criminales, sobre todo a los traidores. Según la versión más extendida, Tarpeya era hija de Espurio Tarpeyo a quien Rómulo, tras el rapto de las sabinas, había confiado la custodia del Capitolio. Hallándose

Tarpeya es sepultada por los escudos, según este detalle del friso de la basílica. el sabino Tacio acampado sitiando el Capitolio, Tarpeya le ofreció las llaves de la ciudadela a cambio de lo que los sabinos llevaban en su brazo derecho, refiriéndose a los ricos brazaletes de oro.

Una vez dentro de la ciudadela, Tarpeya reclamó el pago por su traición y recibió lo que los sabinos llevaban en el brazo derecho, sus escudos, muriendo aplastada por el peso de estos.


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Tres solitarias columnas (abajo) se erigen en el sitio en el que estuvo el pórtico que erigió Augusto (izq.) y la posterior columnata construida tras el saqueo de Roma, en el siglo V. En la parte inferior de la página, reconstrucción del altar de Cloaquina.

78 a. C.: una basílica de tres naves construida en piedra local. La impronta de Augusto La basílica estaba precedida por el sur, hacia la Via Sacra y la plaza, por una fachada monumental de dos pisos superpuestos de dieciséis arcadas sobre pilastras con semicolumnas. La gran inscripción dedicatoria erigida de nuevo sobre dos pilares frente a la fachada de la basílica, junto a diversos fragmentos de otra, datadas en el 2 a. C. y dedicadas por el pueblo y el Senado de Roma a Augusto y sus nietos, Cayo y Lucio, son la base para identificar esta fachada adosada a la basílica como el Pórtico de Cayo y Lucio. El orden decorativo del pórtico es dórico, con una decoración en el friso alternando bucranios —cabezas de toro— y páteras con las metopas, los restos de los cuales se encuentran repartidos por toda el área de la basílica. El pórtico estaba probablemente conectado, por la esquina sureste, con el denominado Arco Pártico, erigido en honor de Augusto para conmemorar la devolución de las insignias capturadas por los partos y que, cruzado por la Via Sacra, conectaba el Pórtico de Cayo y Lucio con el templo del Divino Julio. Después del incendio del 410 d. C., en su última reconstrucción, el pórtico fue sustituido por una columnata mucho más densa de columnas de granito rosa probablemente reutilizadas de algún otro edificio. Tres de estas

columnas, apoyadas en basamentos de mármol blanco, se volvieron a erigir en posición vertical después de las excavaciones de los años ochenta. Estas son las columnas que se pueden ver erigidas hoy día en el exterior del edificio. Banqueros y diosas, en la escalera Inmediatamente detrás del pórtico, se encuentran una serie de ambientes alineados y adosados a la fachada Sur de la basílica. Son las denominadas tabernae novae, las tiendas nuevas, en contraposición a las veteres —viejas— del otro lado de la plaza. Estas estaban destinadas a los banqueros y cambistas (argentarii) por lo que

recibieron también el nombre de tabernae argentariae. Junto a la escalinata de la Basílica Emilia, por el oeste, es visible un basamento circular de mármol, sobre el que originalmente se erigió un pequeño edificio. Como se ve en las representaciones numismáticas, se trataba de un adoratorio a cielo abierto, compuesto por un recinto circular que albergaba dos imágenes de culto (las fuentes hablan de “las estatuas de Cloaquina”, en plural). Ambas representaban a la más antigua de las divinidades, Cloaquina, y a Venus, con la que más tarde se identificó la primera. ◙

PARA SABER MÁS: • COARELLI, F. (1983): : Il Foro Romano. • COARELLI, F. (1974): Guida archeologica di Roma. • RICHARDSON, L. (1992): A New Topographical Dictionary of Ancient Rome.


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BIOGRAFÍAS

Huérfano del héroe de Cannas, emparentado con el vencedor de Aníbal y perteneciente a uno de los linajes más insignes de su tiempo, Lucio Emilio Paulo lo tenía todo para triunfar, pero el destino pronto se le volvió adverso. El novelista y filólogo Juan Carlos Martín Leroy repasa en dos artículos la vida de uno de los nombres más destacados del siglo II a. C.

LUCIO EMILIO PAULO MACEDÓNICO (I)

La mediocre carrera política de un héroe Por Juan Carlos Martín Leroy.

El día 22 de junio del año 168 a. C. se libró al sur de la ciudad de Pidna una de las batallas más recordadas de la Antigüedad y quizás de la Historia Universal. En ella, las tropas del cónsul Lucio Emilio Paulo aniquilaron a las falanges del rey Perseo, el último de la dinastía de los Antigónidas: Macedonia, la patria de Alejandro Magno, cayó bajo el poder de Roma. La de Paulo fue una de las campañas más rápidas y brillantes jamás llevadas a cabo por un general romano: de ser un marginado político con 62 años de edad, Paulo se convirtió en un héroe nacional. Plutarco le dedicó una de sus “Vidas Paralelas”; para completar nuestra información sobre la Tercera Guerra Macedónica y la batalla de Pidna, contamos con el libro XLIV de “Ab urbe condita” de Tito Livio y los fragmentos que nos han llegado en las “Historias” de Polibio. No obstante, las L. Emilio Paulo fue derrotado ante los muros de Ilurco, en Pinos Puente. En la imagen, el Cerro de los Infantes frente a las estribaciones de Sierra Morena.

fuentes son excesivamente favorables a Paulo, a su entorno familiar y político, y suscitan no pocas incógnitas. El comienzo de una carrera Lucio Emilio Paulo era miembro de uno de los linajes patricios más conspicuos de Roma. Su padre fue el cónsul que murió en la batalla de Cannas, y él mismo fue cuñado de Publio Cornelio Escipión Africano, el vencedor de Aníbal, lo que le vinculó a su entorno político. Las fuentes se ocupan de Paulo a partir de su proconsulado en Hispa-

nia Ulterior, que abarcó los años 191 a 189 a. C., durante los últimos momentos del predominio escipiónico en la política romana: en Oriente, Lucio y Publio Cornelio Escipión hacían la guerra al rey Antíoco de Siria. El procónsul Paulo heredó de sus antecesores una situación difícil. En Bastetania, donde ya habría operado M. Fulvio Nobílior, Paulo sufrió una severa derrota (el lugar se identifica con Ilurco, Pinos Puente, Granada) que, a su vez, desencadenó una rebelión en Turdetania complicada con la presencia de bandas lusitanas, ante las

Foto: Pilar Acula


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En 1867, y por unos reales, el cónsul belga Lazesky adquirió a unos carboneros de Alcalá de los Gazules el Bronce de Lascuta, que constituye el testimonio epigráfico romano más antiguo hallado en la Península. Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre. Existe en Alcalá una reproducción en bronce.

cuales Paulo sufrió un nuevo revés militar. Es difícil encajar en este panorama las 250 ciudades sometidas que le atribuye Plutarco, pero, dado el dilatado período de tiempo de su promagistratura, Paulo lograría recuperarse de sus reveses y restablecer el orden en la provincia. De esta actividad de Paulo en el sur de Hispania nos ha llegado un valiosísimo testimonio epigráfico, el primero que conservamos para todo el período romano en la Península: el Bronce de Lascuta. Su texto dice así: El general (imperator) Lucio Emilio, hijo de Lucio, decretó que, de los siervos de Hasta, aquellos que habitasen en la Torre de Lascuta sean libres, y mandó que también pudieran poseer y tener el campo y la casa que en aquel tiempo poseyeren, mientras el Senado y el Pueblo Romano lo quisieren. Hecho en los Campamentos el día XII antes de las Kalendas de febrero.

La fecha corresponde al 21 de enero del año 189 a. C., el último de estancia de Paulo en Ulterior. Este texto ha suscitado una abundante especulación cuyo análisis excedería el propósito de este artículo. La ciudad de Hasta (Hasta Regia, vinculada al pasado tartésico y uno de los centros de poder turdetano) sufre la sustracción de una población sometida: los siervos de Hasta que habitan Turris Lascutana (Alcalá de los Gazules, Cádiz) reciben el favor de Roma y pasan en adelante a depender de su voluntad según la fórmula jurídica dum populus senatusque romanus vellet.

La fuentes no registran ningún reconocimiento público a la labor de Paulo a su regreso de Ulterior. En los años posteriores debemos situar la mención que hace Plutarco de los sucesivos intentos frustrados de Paulo por alcanzar el consulado. No le habría favorecido el balance militar de su actuación en Hispania y, por lo demás, se encontró con un panorama muy sombrío para él y para su adscripción familiar y política. Malos tiempos En 187 a. C. se produce la primera de las acusaciones contra los hermanos Escipión que marcan el final de su hegemonía política y el triunfo del bando catoniano. En 184 a. C. Escipión Africano se exilia en Literno y fallece un año más tarde. Durante tres años —de 185 a 183 a. C.—, tres miembros de la gens Claudia acceden sucesivamente al consulado. Conocemos bien la enemistad que enfrentará más tarde a Escipión Emiliano, el hijo de Paulo, con Apio Claudio Pulcro, suegro de Tiberio Sempronio Graco y partícipe de su reforma agraria. El caso es que Paulo obtuvo el consulado en 182 a. C., siete años después de finalizado su proconsulado en Hispania: un pésimo resultado político. Los hijos de Papiria Según nos cuenta Plutarco, Paulo estuvo casado con Papiria, la hija de Cayo Papirio Masón, cónsul en 231 a. C., con la cual tuvo tres hijos varones y al menos una hija. Paulo convivió con Papiria mucho tiempo antes de

divorciarse de ella y volver a desposar a otra mujer de la que no conservamos el nombre, con la cual tuvo otros dos hijos varones y al menos una hija (la que Plutarco llama Tertia y más tarde se casaría con el hijo de Catón). No sabe Plutarco por qué razón Paulo se divorció de Papiria, aunque, según el autor griego, quizás fuese el mismo respetable senador de cierta anécdota, el cual, interrogado sobre la razón por la que había repudiado a una mujer bella y virtuosa, contestó, mostrando su calceus, el calzado típico del rango senatorial: «¿No parece cómodo y bonito? ¡Pues yo sé dónde me molesta!». Dejando a un lado el folclore, el repudio de Papiria se habría debido a otras razones, relacionadas con la vida pública de Paulo, y trajo como consecuencia la cesión de sus tres hijos en adopción a varias familias nobles. Era ésta una práctica habitual entre romanos, pero el caso de Paulo resulta dramático: se deshace de toda la descendencia masculina de su primer matrimonio. A juzgar por las edades de sus hijos (Plutarco nos informa de ello para el año de su victoria sobre Perseo), Paulo volvió a casarse inmediatamente después de separarse de Papiria, en 183 o 182 a. C., el mismo año de su consulado. La coincidencia no sería casual. Pudo haber aprovechado su recién adquirida dignidad para liquidar una relación infeliz, o quizás un divorcio fulminante, seguido de un nuevo enlace —y teniendo en cuenta el carácter del


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LA INFLUYENTE DESCENDENCIA DE LUCIO EMILIO PAULO MACEDÓNICO

Gráfico: J. C. Martín Leroy

matrimonio romano como instrumento político al servicio de los intereses del paterfamilias—, pudo formar parte del conjunto de maniobras y pactos que Paulo debió de llevar a cabo para alcanzar la apetecida magistratura consular. El consulado y diez años de silencio. Nombrado cónsul, Paulo se encargó de sofocar una rebelión de los ligustinos, habitantes de la Liguria, en los Alpes costeros. Era ésta una zona de gran importancia estratégica para Roma: situada entre Italia y Galia Transalpina, por ella transcurría la ruta militar que los gobernadores romanos empleaban para acudir anualmente a sus provincias de Hispania. Según Plutarco, los ligustinos se habían entregado a la piratería, llegando con sus correrías a las Columnas de Hércules. Paulo los venció en sus propias bases y los ligustinos pagaron su derrota con la pérdida de su flota y la demolición de sus murallas. Después de esto no hay más noticias de Paulo hasta el año 171 a. C. Todo parece indicar un largo período de L. Emilio Paulo combatió a los piratas que se apostaban en las abruptas costas de Liguria. En la foto, acantilados cercanos a Cinque Terre.

apartamiento político y quizás una situación económica incómoda y sin expectativas de mejora. En este contexto, Paulo no habría podido garantizar a todos sus hijos un futuro adecuado a su rango, lo que exigía una saneada hacienda familiar capaz de sufragar a cada uno de ellos el costosísimo cursus honorum, su carrera política. Según Plutarco, en este tiempo Paulo se limitó a sus funciones de arúspice y se consagró a la educación de sus hijos, describiéndola con algún detalle

para indicarnos que incluyó la formación helenística, como era costumbre y motivo de orgullo dentro del círculo de los Escipiones. No sabemos a qué hijos dedicó estas atenciones. En el momento de su divorcio, el mayor de los hijos de Papiria aún no había alcanzado la edad de los cinco años, lo que sugiere una convivencia entre la nueva esposa y los hijos de ambos matrimonios por algún tiempo. Después Paulo habría empezado a deshacerse de los hijos Foto: Richard


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de Papiria. El mayor de ellos, nacido en 187 a. C. fue adoptado por los Fabios Máximos, convirtiéndose en Quinto Fabio Máximo Emiliano. El siguiente, dos años menor, fue adoptado por su tío Publio, el hijo de Escipión Africano, que no tuvo descendencia masculina, convirtiéndose en Publio Cornelio Escipión Emiliano, el futuro conquistador de Cartago y de Numancia. Del menor, Marco, adoptado por los Livios Drusos, nada sabemos. La hija fue entregada al hijo de Quinto Elio Tuberón, con quien mantuvo una buena amistad y era «célebre por su austeridad», auténtico eufemismo de pobreza si leemos sin prisas a Plutarco, lo que nos indica hasta dónde pudo haber descendido el caché social de Paulo y de sus hijas: cuando venció a Perseo, ya pudo casar a la menor con el hijo del rico y poderoso M. Porcio Catón. Los procesos de 171 Aquellos mismos habitantes lascutanos que menciona el famoso bronce pasarían a formar parte de las clientelas de Paulo en Hispania, cuyo patronazgo reclamaron el año 171 a. C. los embajadores que acudieron a Roma presentando sendas acusaciones de peculatio contra los pretores provinciales. Este episodio del año 171 a. C. tiene singular interés para la Historia de la romanización de la Península. Instruyó el caso L. Canuleyo Dives, y los patronos escogidos para defender los intereses de los hispanos fueron L. Emilio Paulo y C. Sulpicio Galo para la provincia de Ulterior; P. Cornelio Escipión Nasica y M. Porcio Catón para Citerior. Se emparejaron, pues, representan-

tes de facciones rivales (Catón y Escipión Nasica eran enemigos declarados) asignando a los asuntos de Citerior dos personajes políticos de primera magnitud y a los de Ulterior otros dos de menor relieve. Todo lo cual sugiere que las acusaciones se habrían producido sobre el telón de fondo de las luchas de facciones políticas en el Senado. De los pretores procesados, M. Titinio Curvo, que gobernó Citerior en 178 a. C., resultó absuelto; P. Furio Filón y C. Matieno, pretores respectivamente de Citerior en 174 a. C. y Ulterior en 173 a. C., se vieron obligados a solicitar el destierro voluntario en el transcurso de la votación, y todo se resolvió para los hispanos en promesas de justicia imposibles de cumplir dadas las servidumbres de ésta a la política de Roma. Ese mismo año, Canuleyo, en calidad de pretor, asentaría a los hybridae o hijos mestizos de soldados romanos y mujeres hispanas que reclamaban el reconocimiento de una situación legal, en la primera colonia con derecho limitado —tal vez similar al que poseían los libertos— fuera de Italia: Colonia Libertinorum Carteja. Con esto, Paulo reaparece en la vida política romana cumplidos los diez años que la ley exigía para volver a optar a una misma magistratura. ¿Es esto casual? ¿Había Paulo reiniciado su actividad política en 171 a. C. o se trata de un acto aislado que no debe relacionarse con su elección en 168 a. C., como se desprendería de la lectura de Plutarco? El biógrafo de Queronea nos hablará de las reticencias de Paulo a ser nombrado cónsul, quien solamente cederá ante la insistencia del pueblo, en un pa-

saje que resalta la modestia del candidato y su carácter providencial, anticipando su victoria mediante un augurio: la oportuna muerte del perrito de su hija Tertia, que se llamaba Perseo. En suma, un perfecto conjunto de topoi. Sea como fuese, elegidos cónsules L. Emilio Paulo y C. Licinio Craso para el año 168 a. C. (Craso era hermano del cónsul que Perseo había derrotado en Calícino tres años atrás), correspondió a Paulo hacerse cargo de una guerra adversa, en la que ya habían fracasado tres cónsules sucesivos. Un hombre casi anciano, prácticamente retirado de la vida pública según nos dan a entender las propias fuentes, y por cuya carrera «nemo assis aestimavisset» (nadie hubiera dado un céntimo) terminaría la guerra en sólo tres meses. ◙

PARA SABER MÁS: • BÉARD, M., (1998): El triunfo romano. Una historia de Roma a través de la celebración de sus victorias. Ed. Crítica. • GOLDSWORTHY, A., (2005): Grandes generales del ejército romano: campañas, estrategias y tácticas, Ariel. • KOVALIOV, S. I., (2007): Historia de Roma, Akal. • ROLDÁN HERVÁS, J. M., (1994): El imperialismo romano: Roma y la conquista del mundo mediterráneo (264-133 a. C.), Ed. Síntesis. • ROLDÁN HERVÁS, J. M., (2001): Historia Antigua de España, UNED.

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LASHUELLASDELASLEGIONES

El cerro de los campamentos Campaña tras campaña, las legiones recalaron en La Gran Atalaya, un cerro estratégico para someter la tenaz resistencia numantina y pacificar la Meseta. Los restos de cinco campamentos sucesivos hablan de la importancia de este enclave, hoy poco frecuentado. Plano: A: Schulten

UBICACIÓN Cerro de La Gran Atalaya, Renieblas (Soria). A siete kilómetros al este de Numantia (Garray).

COORDENADAS 41º 49’ 36’’ N; 2º 21’ 09’’ O

DESCRIPCIÓN Conjunto campamental romano constituido por cinco castra superpuestos. Sus restos son aún hoy visibles. El denominado campamento III posee una gran singularidad, no solo por su grado de conservación sino porque es un excelente ejemplo republicano de la planimetría campamental descrita por Polibio para el alojamiento de dos legiones.

DATACIÓN Los campamentos I y II fueron atribuidos por A. Schulten a Catón sobre el 195 a. C. El campamento III fue atribuido por el mismo arqueólogo a la campaña del cónsul Nobílior en el 153-152 a. C. El campamento IV se ha atribuido a tropas fieles a Pompeyo durante las guerras sertorianas hacia el 75 a. C. El campamento V, se ha identificado últimamente con la campaña de Escipión, entre 135 y 130 a. C., siendo contemporáneo al cerco de Numantia.

Texto y fotos: F. J. García Valadés.

El emplazamiento se eligió cuidadosamente. Cinco castra superpuestos prueban la idoneidad de este cerro rocoso a cuyos pies confluyen dos arroyos, el Merdancho y el Mocigón, aunque ambos de muy fuerte estiaje. Este último circula paralelo a una vía de acceso a la Meseta desde el Ebro, que, con el tiempo, llegó a convertirse en calzada. Por su parte, el Merdancho adquirió relevancia histórica al ser utilizado para los trabajos de asedio que Escipión llevó a cabo para rendir a Numantia. Además de la buscada confluencia de aguas y el emplazamiento en altura sobre el cerro, cualquiera de los campamentos tiene control visual sobre Numantia, así como del valle que se despliega a sus pies. A ello se debe sumar el fácil acceso a madera de ribera, pinares, sabinares y quejigos, así como a pastizales y caza variada. Aspectos que han sido destacados por estudios paleoambientales.


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El yacimiento fue excavado por A. Schulten entre 1909 y 1912, aunque el mismo autor reconocía poder levantar planos a partir de los restos que aún afloraban. El campamento I, asentado en el lado norte de la colina, es el de menores dimensiones de todo el conjunto. Abarca doce hectáreas y su eje este-oeste alcanza 345 metros. Posee una planta irregular de tendencia poligonal. La mayor parte del campamento fue destruida por las sucesivas ocupaciones posteriores. No hay evidencia clara de la existencia de torres aunque sabemos que constaba de un muro de entre 2 y 2,5 metros de anchura. En la esquina noroeste parece constatarse una puerta flanqueada por un ensanchamiento de la rampa adosada al muro. Schulten pudo verificar la existencia de barracones en forma de herradura. El campamento II se encuentra muy deteriorado por las mismas razones. De planta también irregular, no coincide con el emplazamiento del castra anterior. Su eje este-oeste se extendería entre 415 y 420 metros. El lienzo norte muestra dos entradas. Sus muros también constarían de un ancho de dos metros. Ambos recintos fueron atribuidos por Schulten a la misma campaña de Catón, en el 195 a. C. La razón argumentada es histórica, no arqueológica, puesto que es la única referencia en los textos clásicos a una intervención en la zona hasta la campaña de Nobílior, en el 153 a. C. Los relaciona con los restos del campamento hallado en Aguilar de Anguita (Soria) por su menor tamaño. Schulten nunca contó las razones por las que Catón se vio obligado a levantar dos campamentos en el mismo emplazamiento y en la misma campaña. El campamento III es considerado el mejor ejemplo de campamento romano del período republicano. También es el mejor conservado de todo el conjunto. Albergó dos legiones y su planta corresponde a las descripciones polibianas de los campamentos: de planta irregular, con tendencia poligonal. Abarca 45,3 hectáreas. Sus ejes mayores son de 970 y 730 metros. Sus

Plano: A. Schulten

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El campamento III ejemplifica los campamentos descritos por Polibio. murallas son de cuatro metros de anchura, que en algunos tramos llegan a alcanzar los cinco metros. Los muros se construyeron con la técnica del emplecton. Se han contabilizado hasta 27 torres cuadradas interiores en todo el perímetro, a un intervalo no regular de 30 metros, así como dos torres semicirculares en el lado este. Igualmente se conservan las seis puertas del recinto, de tres metros de anchura. La mejor conservada es la decumana flanqueada por dos torres. En el interior se conservan los barracones de tropa en forma de herradura, que se articulan en torno a las vías principalis y quintana y sus transversales. Los lados se correspondían con los cubicula, mientras que el fondo de herradura se reservaba para los establos de las mulas. Igualmente se conservan, en el espacio central interior las áreas reservadas para el praetorium, quaestorium y el forum, con sus tabernae. Del lado sureste se extiende un muro en forma de arco de unos 850 metros de longitud. Posee dos entra-

Glosario • Castra aestativa: Campamento para una estancia prolongada. • Castra hiberna: Campamento semipermanente de invierno. • Cubicula: Espacios de habitación de los barracones. • Decumana: Vía interna que discurre longitudinalmente por el medio del castra. • Horreum: Granero • Emplecton: Técnica de construcción que consiste en levantar dos paramentos externos de piedra y rellanarlos con tierra y guijarros. • Forum: Espacio interno reservado como plaza y comercio. • Praetorium: Espacio reservado a vivienda del oficial superior de la unidad. • Principalis: Vía principal del castra que discurre transversalmente frente al praetorium. • Quaestorium: Espacio anexo al praetorium donde el praefectus castrorum gestionaba el suministro y custodiaba bagajes y botines. • Quintana: Vía secundaria paralela a la principalis. • Tabernae: Tiendas dentro del foro. • Titulum: Tipo de entrada defendida por un lienzo de muro adelantado frente a ella.


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das en titulum. Se han identificado barracones en forma de herradura en su cara oeste. Por su ubicación exterior al muro principal se cree que pudieron pertenecer a tropas auxiliares. Como singularidad, se identificó una orientación no habitual del praetorium, desatendiendo la planta ortogonal para enfrentarlo hacia Numantia. El campamento III es también el mejor documentado. Apiano menciona la construcción de un castra hiberna a 24 estadios de Numantia, en donde permaneció durante todo el invierno el cónsul Nobílior entre 153 y 152 a. C. Las estructuras se corresponden con las características de un campamento invernal y la distancia es exacta. En lo que respecta al campamento IV, posee un plano prácticamente rectangular, con las esquinas en ángulo recto. El área cercada es de 58,9 hectáreas, con un lado norte de hasta 855 metros de longitud. Se han conservado ocho entradas defendidas con titula.

Sus muros son de piedra con unos tres metros de espesor y sin torres. No se han encontrado evidencias de construcciones interiores, por lo que se le considera un castra aestativa en el que la tropa permanecía alojada en tiendas. Del muro oeste parte un muro de 600 metros que enlaza el castra

Dibujo: P. Co

nnolly

Foto: F. J. García Valadés

La obsesión de Nobílior Schulten afirmaba que el cónsul Quinto Fulvio Nobílior fue el que mandó construir el campamento III de La Gran Atalaya para conquistar Numantia aquel gélido invierno de 135 a. C. Buscaba a toda costa una victoria sobre las tribus de la Carpetania, que osaban desafiar el poder de Roma. La situación se había hecho inestable después de que una fuerte sequía obligase a la población autóctona a buscar sustento en las ciudades que polarizaban el comercio. Una de ellas era Segeda, situada en Belmonte, a doce kilómetros de Calatayud. La principal ciudad de los belos, que duplicó su población con la llegada de inmigrantes, decidió ampliar su muro defensivo hasta los ocho kilómetros de perímetro para proteger la nueva área urbana. No era el único caso: por entonces otras tribus, como los titos, habían amurallando sus viejas ciudades. Se entablaron negociaciones. Roma consideraba que se estaban rompiendo los tratados firmados con Graco, pero

con el arroyo Merdancho, en una clara intención de asegurarse el aprovisionamiento de agua. Fue identificado como un campamento de tropa leal a Pompeyo en la guerra contra Sertorio hacia el 75 a. C., pero hay autores que lo datan

los celtíberos argumentaron que esos pactos solo prohibían la edificación de nuevas murallas. El Senado no estaba dispuesto a tolerar una insurrección generalizada como la de 154 a. C., en la que los lusitanos diezmaron a las legiones con sus incursiones en la Baetica. Segeda sería el casus belli. El Senado adelantó la elección de las magistraturas al mes de enero con el fin de desplazar y preparar a las tropas antes del inicio del verano y evitar así que se prolongaran las hostilidades al invierno. Este hecho quedaría así establecido para los siglos venideros. Fue elegido cónsul Quinto Fulvio Nobílior, veterano en las campañas de Grecia. Su misión sería pacificar y someter las tribus levantiscas celtíberas. Lucio Mumio se encargaría de la Lusitania en la frontera ulterior. Se desplazaron 30.000 efectivos a Hispania: 10.000 legionarios, 10.000 aliados itálicos, 7.500 auxiliares ibéricos y 2.500 jinetes entre romanos y aliados íberos.

Los restos en superficie (izq.) sugieren la ortogonalidad del campamento III. Arriba, ejemplo de barracón en herradura.

Nobílior llegó a Tarraco en abril y se apresuró hacia Segeda. Sus habitantes, viendo la imposibilidad de cerrar a tiempo su muro, decidieron abandonar la ciudad. Cuando el cónsul llegó ante sus muros no pudo más que contemplar que la presa se le había escapado. Ordenó destruir la ciudad y quemar todos los pastos y aldeas colindantes. Mientras, la población de la ciudad junto con sus aliados titos huía hacia la meseta por Medinaceli y Almazán, hasta llegar a la ciudad arévaca de Numantia. Belos, titos y arévacos, aunque tenían numerosos enfrentamientos se habían unido en hermandad de sangre contra el invasor latino. Allí decidieron elegir a un líder común, el segedano Caro. Subestimando al enemigo, Nobílior se lanzó en persecución del huidizo rival, sin tomar las medidas oportunas de seguridad en su avance. Esto fue aprovechado por Caro que emboscó a sus 25.000 infantes y jinetes, posiblemente en la Sierra de Santa Ana, desde donde controlaba la larga serpiente de polvo. Lanzándose sobre la confiada columna, los celtíberos provocaron el caos entre los legionarios, que luchaban por su su-


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contemporáneo al campamento V y a la toma de Numantia. Por último, el campamento V tiene una planta rectangular, con esquinas en ángulo recto también. Ocupa una extensión de 61,2 hectáreas, lo que le convierte en uno de los campamentos romanos más grandes entre todos los conocidos. Sus muros alcanzan los cuatro metros de espesor. Se han identificado hasta 16 torres rectangulares adosadas al interior del muro con una anchura de cinco o seis metros. Igualmente se han encontrado cuatro entradas, de las cuáles se conservan perfectamente las dos del lienzo norte, que es el que aún hoy nos sorprende por el volumen de sus ruinas. Se trataba de un castra hiberna por lo que conserva estructuras internas como barracones dispuestos en bloques cuadrados de 59 metros. Se ha localizado una estructura que pudiera corresponderse con un horreum. pervivencia en medio del desastre. Los ataques y retiradas de la caballería celtíbera eran incesantes. Nobílior lanzó su caballería en una misión casi suicida, en un intento por proteger su intendencia. De forma heroica consiguieron matar al caudillo Caro y poner en fuga a los celtíberos tras horas de combate. Las tribus celtíberas habían perdido 6.000 hombres. Las bajas legionarias ascendían a 10.000, un tercio del ejército romano en Hispania. Ese día quedaría como nefasto en la historia romana. Nadie volvería a escoger ese día para hacer la guerra. Los celtíberos se refugiaron en Numantia, convertida en un campamento de refugiados fuera de sus muros, y eligieron a dos nuevos caudillos Ambón y Leukón. Nobílior estaba decidido a vengarse y destruir Numantia. Para ello se hizo fuerte en la Gran Atalaya de Renieblas. Desde allí tenía un perfecto control de su pesadilla. Su obsesión le hizo orientar su praetorium hacia la ciudad, rompiendo la sagrada planimetría que los agrimensores habían señalado para el resto del campamento. Si había actuado imprudentemente ante el ene-

Cuando Schulten estudió el enclave, a principios del siglo XX, pudo realizar planos de los campamentos con los restos visibles a ras de suelo Schulten lo dató junto con el IV dentro de las guerras sertorianas, hacia el 75-74 a. C., con argumentos estrictamente históricos no arqueológicos. Sin embargo, este campamento está siendo objeto de estudio en la actualidad y el análisis de los materiales ha llevado a numerosos autores a identificarlo con el asedio y conquista de Numantia por Escipión, adelantándolo hasta el 135130 a. C. ◙ migo, ahora lo hacía ante los dioses. Reforzada su posición en la zona, Nobílior esperó a la caballería númida, enviada por Massinisa, y su arma secreta: 10 elefantes, un animal desconocido por esa generación de celtíberos. Era el momento para cambiar la fortuna. Lanzó todas sus tropas al asalto con los elefantes en retaguardia. Los celtíberos que salieron a repeler el ataque, huyeron hacia la ciudad. Desde allí hostigaban con proyectiles el avance decidido de Nobílior que ya se encontraba bajo sus muros. Pero, un hecho cambió la historia. Un gran proyectil de piedra impactó en la cabeza de uno de los paquidermos, que emprendió la huída contra las filas legionarias. El resto de atemorizados animales hicieron lo mismo. En medio del caos, los numantinos salieron al contragolpe. Las pérdidas romanas volvieron a ser terroríficas: 4.000 hombres y buena parte de las armas e impedimenta. Ante la pérdida de efectivos, Nobílior buscó el apoyo de los enemigos de los arévacos, pero el descrédito romano y el miedo a las represalias numantinas no lo permitieron. Lejos de ello, ciuda-

PARA SABER MÁS: • CONNOLLY, P. (1986): Las legiones romanas, Madrid, 14-15. • LUIK, M. (2006): “Renieblas camps”, Morillo, A. & Aurrecoechea J. (eds.), The roman army in Hispania: an archaeological guide, León, 272-279. • MORILLO, A. (2003):”Los establecimientos militares temporales: conquista y defensa del territorio en la Hispania republicana“, Morillo, A; Cadiou, F. & Hourcade D. (coords.), Defensa y territorio en Hispania de los Escipiones a Augusto, León, 54-57. • PIMENTEL, F. (2004): Numancia, Ediciones Falcata Ibérica, Madrid. • VV.AA. (2002): Guía arqueológica de Numancia, Junta de Castilla y León. Asociación de Amigos del Museo Numantino.

des que le aseguraban suministros y la retirada desertaron de su causa. La situación se convirtió en incomprensible para Nobílior, que incapaz de asumir la derrota encaminó a sus hombres a la peor de las guerras, la del invierno de la meseta. Decidió hacerse fuerte en Renieblas. «Nobílior invernó en su campamento y sufrió mucho la escasez de las provisiones, las frecuentes nevadas y la crudeza del frío hasta el punto de que muchos soldados murieron por esta causa», cuenta Apiano. La campaña sería un ejemplo de desastre: perdió más de la mitad de su ejército, no recibió el permiso para prorrogar su mandato y sus tropas regresaron humilladas para integrarse en el nuevo ejército consular de Claudio Marcelo, quien protagonizaría nuevas humillaciones frente a los muros de Numantia. A la derrota de Nobílior se sumó la de Lucio Mumio contra los lusitanos. El campamento III de Renieblas es uno de los mejores ejemplos arqueológicos de castramentación romana y permanece sobre la Gran Atalaya como testigo del desastre producido por la imprudencia y la obsesión personal.


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FIRMAINVITADA

ARMAMENTO PRERROMANO

Arte sobre metal Símbolos de status social y utensilios vitales en la batalla, las armas son también documentos de incalculable valor para conocer la sociedad, la historia y los gustos de los pueblos. Bajo la erosión del tiempo y los elementos, la tecnología está desentrañando el aspecto original de espadas, cascos y escudos. Los análisis dejan entrever un valor estético asombroso.

Foto: José Manuel Benito

Por Fernando Quesada Sanz.

Espada de antenas atrofiadas, procedente de la necrópolis de La Osera (Ávila). Museo Arqueológico Nacional.

El armamento antiguo es uno de los elementos de cultura material más ricos y cargados de significado de entre aquellos que podemos emplear para abordar el estudio de una cultura del pasado. La razón es la multiplicidad de enfoques que podemos emplear, dado que las armas fueron objetos especialmente significativos desde el punto de vista social y cultural para los habitantes de la Iberia prerromana. Las armas antiguas tienen una faceta tecnológica. La metalurgia del armamento, sea del bronce o del hierro, recogía lo mejor de la tecnología de una época. Por tanto, las armas son susceptibles de ser estudiadas desde esa perspectiva y proporcionarnos mucha información sobre la tecnología del pasado. Podemos también abordar su estudio desde el punto de vista funcional, es decir: cómo se combatía, qué capacidades tenían y de cuáles carecían, y a partir de ahí obtener datos sobre las formas de combate, las tácticas militares de una cultura, en este caso la ibérica. No olvidemos que formas de combate y articulación de la sociedad son anverso y reverso de la misma moneda en las antiguas Grecia y Roma, en el mundo

céltico y en la cultura ibérica de la Edad del Hierro. La sociedad se organizaba sobre bases esencialmente militares, cuestión que en el caso de Roma o Grecia, e incluso Germania, está documentada por las fuentes literarias. Desde el punto de vista simbólico y religioso las armas contienen una enorme carga, son símbolos de prestigio, de poder, de justicia... El estudio de las armas permite reflejar, como una piedra facetada, los diferentes aspectos de una sociedad antigua. El arma como objeto de arte es soporte para una expresión estética llena de significado. Hace ya bastantes años, Gastón Bouthoul, autor de referencia en la polemología, la disciplina que se ocupa del estudio de la guerra y la sociedad, escribía que «los más bellos adornos creados por los hombres en todas las civilizaciones, con la excepción de los últimos cincuenta años, se han hecho para el ornato del combatiente. En el equipo corriente hubo siempre metales preciosos, cimeras, plumas, cascos brillantes, tejidos de vivos colores, cueros repujados, cincelados, esmaltes, incrustaciones de pedrería, etc. Podemos añadir lujo de monturas, porte altanero, señales externas de respeto... Todos estos rasgos contribuyen a que


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viva el guerrero en un ambiente de orgullo y superioridad. Brillante aureola y gloria pretérita, presente y futura». En efecto, esto es lo que supone el arma en el mundo antiguo, un objeto que rodea a quien lo porta de un aura de superioridad. En el caso del jinete y del noble, una aureola de hombre libre caracterizado por su derecho a llevar armas en asambleas y ocasiones significativas, y que le separa de quienes por su estatus no pueden portar armas, bajo pena de muerte en muchos casos. Ese inmenso escritor que fue Jorge Luis Borges, fascinado por la magia de las armas blancas, expresó de manera bien hermosa lo que es una espada en un museo arqueológico: «En su hierro perdura el hombre fuerte, hoy polvo de planeta, que en las guerras de ásperos mares y arrasadas tierras lo esgrimió, vano al fin, contra la muerte». A una espada en York Minster

Esto es ciertamente lo que nos queda en el caso del mundo ibérico: armas procedentes en su mayoría de depósitos funerarios, que reflejan ese hombre fuerte, hoy polvo, que esgrimió un arma, en último extremo vanamente. Amor por las armas De entre las muchas categorías de objetos que produjo la cultura ibérica, verdaderamente las armas suman quizá en mayor medida que ninguna otra todas esas connotaciones sociales, tecnológicas, simbólicas y religiosas que las convierten en una categoría especial. Todas las fuentes antiguas de autores griegos o itálicos que vinieron a la Península Ibérica, o que oyeron hablar de ella, insisten en la importancia que las armas tenían para el antiguo ibero. Así Trogo Pompeyo a través de Justino nos dice que «las armas y los caballos les eran más queridos que su propia vida» [1]. Muchos episodios reflejan este concepto que es mucho más que una anéc-

¿Artistas o artesanos? El arma ibérica es espejo de una cultura. Pero, ¿quién está detrás de estas piezas? ¿Hay en el mundo ibérico algo que podamos llamar arte, en el sentido moderno de la palabra? ¿Hay artistas? La respuesta es negativa: no existía el artista, sino el artesano. Sólo en el siglo VI a. C. surgiría en el antiguo Mediterráneo, en el entorno egeo, la idea del artista orgulloso que firma su obra. Pero, incluso en el mundo griego, el artista fue sobre todo un artesano y, en el caso del mundo ibérico, como en otras muchas culturas del Mediterráneo, lo que tenemos son artífices con sentido estético, con gusto, con amor por la simetría y por la obra bien hecha, pero que no trabajan por sí mismos, por satisfacción estética o para expresar una emoción o una idea personal; trabajan por encargo

de un comitente, de un aristócrata normalmente, de alguien que les encomendaba un trabajo que enorgullecería sobre todo al dueño y no al creador. El príncipe orientalizante o ibérico que encargó el monumento de Pozo Moro e hizo grabar los complejos relieves que reflejan una mitología de origen oriental, no quería que un artista expresara sus gustos o emociones, lo que quería era que el artesano se atuviera a lo que él deseaba: un programa iconográfico alusivo al origen y raíces de su poder. El arte era artesanía especializada al servicio de los poderosos. En el mundo ibérico nunca fue otra cosa, ni en la escultura monumental ni en las artes menores. El hecho de que hoy apreciemos el valor estético de estos objetos es perfectamente lícito, siempre y

dota. Así, en el año 207 a. C. en plena Segunda Guerra Púnica, romanos y cartagineses luchaban por el dominio de la Península Ibérica, y la situación se estaba volviendo en contra de las armas púnicas. Nos cuenta Apiano que un grupo de mercenarios celtíberos quedaron rodeados en lo alto de una colina y los romanos que les cercaban exigieron su rendición. Los mercenarios, que hasta ahora habían sido fieles a los cartagi-

*

[1] «Equi et arma sanguine ipsorum cariora» . Esta frase fue escrita hacia el cambio de Era por Pompeyo Trogo, escritor romano cuya obra original se ha perdido aunque se conserva parcialmente en un extracto o epítome redactado trescientos años después por Justino. Se refería Trogo a los pueblos ibéricos, a los que atribuye un gran gusto por la guerra, hasta el punto de que «si les falta un enemigo exterior combaten entre ellos». Trogo Pompeyo, 44, 2, 3,

cuando tengamos en la cabeza que aplicamos puntos de vista modernos a objetos antiguos que se diseñaron con un concepto distinto. Es entonces como podemos entender nuestra idea del objeto hermoso que, en el fondo, se esgrime vano contra la muerte. De lo dicho anteriormente se deduce que decorar un arma era un paso normal. Las fuentes insisten en que los romanos intentaban ganarse o atraerse a los nobles y jóvenes iberos mediante dones y regalos entre los que figuran caballos y armas decoradas. Así lo hizo Escipión a finales del siglo III a. C. con príncipes iberos, y dos siglos después Sertorio cuando quiso enrolar a soldados iberos para defender su causa dentro de las luchas civiles romanas. Plutarco nos da la noticia de que les atrajo entregándoles armas bellas, enjoyadas y decoradas con metales preciosos, armas que eran en sí mismas obras de arte, armas que impresionaban.


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neses, accedieron a las condiciones del romano Marcio, quien exigía la entrega del general cartaginés al mando. Los celtíberos traicionaron a su general entregándole a los romanos. Marcio les pidió mas tarde que entregaran a un grupo de legionarios romanos desertores para ser juzgados y ajusticiados, y también accedieron. Después les exigió que bajaran al llano y dejaran la colina donde se habían refugiado y que entregaran sus riquezas. A todo accedieron estos hombres desesperados hasta que finalmente el romano les ordenó que entregaran sus armas. Ante esta petición, y a pesar de que habían cedido en todo, se rebelaron y se empeñaron en una lucha a muerte en la que perecieron casi todos. Hasta ese punto tenía el arma una connotación asociada a la propia virtus, a la propia identidad, a la propia libertad del individuo, un alma que hacía que, entregada, perdiera el dueño también su condición de hombre libre, algo intolerable. Dibujo: E. Cabré

Damasquinados Veamos las principales técnicas decorativas que ofrecen las armas. El damasquinado es la técnica fundamenArriba, disco coraza tal: para ello se practican incisiones en bronce con demuy finas en la superficie del hierro coración repujada. y en ellas se embute el metal, hilo de Abajo, empuñadura plata, de cobre o, rara vez, de oro. damasquinada en No es nielado, técnica distinta que plata de una falcata implica fundir sulfuro de plata. Esa del sur de Murcia. plata adopta un tono mate al fundir Museo de Lorca. y penetra en las incisiones. En el damasquinado el hilo de plata está embutido por presión. Es la decoración más espectacular, la más conocida y la más frecuente en el mundo ibérico, donde llega a figurar quizá en un terFoto: F. Quesada Sanz cio de las armas. Los damasquinados eran relativamente bien conocidos en las armas nobles por excelencia: puñales trianbién sobre un tipo de arma habitualmengulares de tipo II ibérico y III, IV y VI te considerado más vulgar, la humilde meseteños, espadas rectas y sobre todo punta de lanza. Cuando esta aparece en falcatas. Sin embargo, el empleo de técel cubo o en la base de la hoja, solo es nicas radiográficas, aparte de revelarse visible si la lanza está hincada en tierra, esencial para estudios tecnológicos vertical, casi como un cetro, como objerelativos a la fabricación de las armas, to que indica dónde está el lugar del jefe está permitiendo descubrir no solo que y cuál es su rango. un porcentaje bastante elevado de estas Todo esto se está descubriendo grapiezas tenían damasquinados, sino que cias a la creciente aplicación de la radioestos son relativamente frecuentes tamgrafía al armamento metálico. Ocurre

que en muchas ocasiones la decoración no es visible, solo vemos una mancha negra al exterior, una masa de óxido. Muchas armas de hierro a lo largo de los siglos han perdido el núcleo metálico, lo que queda es solamente óxido solidificado, de manera que si se hace una limpieza, aunque se haga con extremo cuidado, jamás vamos a poder ‘ver’ la decoración que se ha perdido. Lo que la radiografía refleja es la diferente densidad en el punto donde estaba la plata que también se ha perdido y lo que permite ver son las incisiones, las acanaladuras originalmente hechas en el metal para contener la decoración. Solo una radiografía permite apreciar dónde se unió el cubo de la lanza, dónde se plegó la lámina para hacer el cubo en el que encaja el astil. Si limpiamos una pieza por medios mecánicos, en muchos casos la decoración se perderá para siempre ya que no queda absolutamente nada tangible, solo sombras. Por tanto hay que repasar todas las armas que hay en los museos, ya que, posiblemente, una buena proporción de ellas van a tener decoraciones damasquinadas invisibles al ojo desnudo y que una limpieza, aunque sea buena, no va a permitir descubrir, mientras que la radiografía en distintos grados de exposición y tiempo, sí. Estrellas metálicas en el escudo Otra técnica empleada en la Edad del Hierro peninsular es el recortado de láminas de metal. Tenemos ejemplos de ello en los umbos de escudo, es decir la parte central metálica de estos que servía para proteger los nudillos del guerrero en el combate, y que solía recibir más golpes. Se han conservado a menudo por ser de chapa de hierro o bronce, mientras el cuerpo del escudo, por ser de material orgánico (cuero o madera) se ha perdido. En muchos casos, en lugar de ser sencillamente una pieza redonda, en el umbo se ha recortado la chapa en forma de una flor o estrella abierta que se remachaba o clavaba a la madera recubierta de cuero o fieltro, para causar el efecto decorativo deseado. En determinados casos, como en los umbos de escudo de Los Villares


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Tomado de Quesada (1977)

Umbos de escudo en bronce con decoración repujada. A la izquierda, dos piezas en forma de estrella. Arriba, umbos con decoración concéntrica.

raza, y cuya decoración se representó además minuciosamente en la escultura mayor ibérica, como ocurre por ejemplo en las grebas del monumento de Porcuna o del de Elche, que probablemente reflejan además un mito o texto épico ibérico hoy perdido. en Albacete, de Finca Gil de Olid en Jaén, de Griegos en Teruel o de Alpanseque en Soria, fechables probablemente en el s. V a. C., los umbos pueden no estar recortados, sino repujados con motivos de circulos concéntricos o líneas onduladas repujadas desde el interior y en disposición radial en torno al umbo hemiesférico propiamente dicho. Esta lámina de bronce es fundamentalmente decorativa porque no añade protección a la mano del guerrero ya que es muy fina y se aplicaba sobre el cuerpo de madera y cuero del escudo. Lógicamente, en la mayoría de los casos, el arqueólogo no encuentra piezas en buen estado de conservación, como ocurre en el ejemplar de Jaén. Decoraciones repujadas similares eran habituales, durante las fases iniciales de la cultura ibérica, en los discos coraza que, sujetos por correas al torso del guerrero como peto y espaldar, servían de armadura, o en las grebas que suelen acompañar estos discos-co-

Selváticos e imponentes En el caso de los cascos era frecuente recubrir el capacete de cuero con una cimera en la que había una pieza de hierro perforada con orificios a los que se sujetaban penachos o crines de caballo de manera que el guerrero parecería más alto, dotándole de un aspecto feroz, casi selvático, e imponente. Además el casco o la cimera podrían estar parcialmente recubiertos con láminas de plata, como se documenta en una cimera de placa de hierro recortada hallada en la necrópolis del Cigarralejo. Algunos cascos, además, construidos y repujados como los discos coraza o las grebas mencionadas, aparecen en necrópolis celtibéricas, aunque no se han documentado todavía en las propiamente ibéricas. Por otro lado, debemos visualizar estas elaboradas armas defensivas no con su mortecino color verde actual. Hay que imaginar un escudo con un tachón central dorado, brillando al sol, imponente. En las fuentes antiguas, Jenofonte por ejemplo, nos hablan en alguna ocasión del aspecto impresionante

de una formación de guerreros con sus escudos recubiertos de lámina de bronce brillando al sol[2]. El caso griego sería aplicable en parte también a un guerrero ibérico. La reconstrucción de una de los príncipes de Porcuna, con su pectoral, su escudo, su casco de cimera, refleja esa aura de superioridad a la que antes me refería. La iconografía nos proporciona información adicional sobre la decoración que tendrían las armas más ricas, en particular las de bronce, como sería el caso del torso con pectoral decorado con cabeza lobuna procedente de La Alcudia de Elche. Algunas de estas piezas especiales del Mediterráneo antiguo estarían ricamente labradas, y en algunos casos estarían guarnecidas con metales preciosos, según transmiten las fuentes. Rara vez han llegado hasta nosotros, sin embargo, ya que en la propia Antigüedad serían piezas saqueadas y fundidas para reutilizar el bronce, la plata o el oro en otros menesteres. Negro brillante Las propias armas y la iconografía, combinadas, nos dan una idea de hasta qué punto el armamento ibérico prerromano podía ser en sí mismo una obra de arte hermosa, bella y cuidada, y no solo un instrumento para herir o matar. El arqueólogo encuentra piezas cubiertas de óxido y concreciones, en las que es difícil visualizar el aspecto original. Pero cuando aparecen espadas bien conservadas se puede apreciar parte de la pulida superficie original de color negro intenso azulado, escamoso y brillante. Es lo que suele quedar de la superficie original de la pieza. Las armas ofensivas, en su mayoría, tenían ese color. Analizada esa superficie, resulta ser magnetita, un subproducto de la oxida-

[2] JENOFONTE: Anábasis I, 17. Los escudos se desenfundan (esto es, se retira la funda de tela que durante las marchas los protegían) dejando su superficie pulida al sol. La práctica de enfundar los escudos durante las marchas para protegerlos era común también entre los romanos, cf. CÉSAR C. J. , De Bello Gallico 2, 21.


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ción del hierro, que le proporcionaba ese aspecto negro-azulado intenso y que por otra parte tiene propiedades antioxidantes. Insisto en este detalle porque la decoración damasquinada de las espadas y puñales sólo cabe entenderla cabalmente sobre una superficie de este tenor: la plata damasquinada resaltaría sobre el fondo negro, ya de otra forma hubiera sido difícil distinguir los motivos decorativos. Las armas eran de un tono negro o muy oscuro con los motivos decorativos resaltados en plata blanca o en cobre dorado. En casos excepcionales se ha conservado no sólo la superficie del metal, que constituye el principal campo decorativo del arma, sino los restos del material orgánico, marfil, hueso o madera que eran elementos importantes de las espadas y puñales y que rarísima vez se conservan. Lógicamente mantienen habitualmente la lengüeta o la espiga de metal sobre la que había una cacha de madera o de hueso que engrosaba la pieza, creando una sección redondeada que permitía agarrarla con facilidad, ya que de lo contrario sería una pieza plana

Las hojas oscuras con guarniciones plateadas daban a las espadas un aspecto radicalmente distinto al que vemos hoy muy incómoda de coger. Estas piezas se han perdido en una inmensa mayoría de los casos, pero cuando se conservan nos revelan que también tenían labrados motivos en espiral e hilo metálico, normalmente plata o cobre, embutidos. De manera que tendríamos una pieza negra decorada con hilos de plata, y con una parte de su superficie, la empuñadura, blanca en el caso del marfil, o amarillenta en el caso de asta; es decir, una superficie clara que contrastaría con el resto de la pieza incorporando además metal precioso. Sería un aspecto por tanto radicalmente diferente al que presentan hoy. Palmetas convertidas en bellotas Muy a menudo los detalles decorativos, que aparentemente no tienen mayor importancia, resultan contener bastante más significación cultural de lo que en principio pudiera parecer: en bastantes espadas y puñales de frontón y falcatas ibéricas aparece en el centro de la guarda una especie de bellota o palmeta estilizada, que en realidad ha resultado ser la versión

Reconstrucción del aspecto que pudo tener uno de los guerreros aristócratas de Porcuna con su completa panoplia broncínea ricamente decorada. Dibujo: C. Fernández del Castillo y F. Quesada Sanz

ibera de una decoración característica de las espadas griegas, que a veces tienen una palmeta calada decorando la parte inferior de la guarda. El que este detalle haya pasado inadvertido se debe a que se conocen relativamente pocas espadas griegas bien conservadas y su influencia sobre los modelos del resto del Mediterráneo. La palmeta tiene sus elementos abiertos en la parte inferior y central y luego dos calados: lo que tenemos en Iberia es una interpretación ibérica geometrizada y estilizada de un motivo foráneo, tal y como lo interpretó el artesano ibérico. Pero el motivo en sí, por distorsionado que esté, refleja que de algún modo el artesano o el comitente había visto espadas decoradas así, armas que tienen un remoto origen en el Mediterráneo Oriental, aunque lo más probable es que fueran conocidas en Sicilia. Son espadas helenas que tipológicamente pertenecen a la misma familia que las espadas de frontón, y de las que se ha hecho una interpretación ibérica. Esto es un signo de helenización y de no helenización a la vez. El ibero está en contacto con influencias foráneas a través de mercenarios, pero no las interpreta adecuadamente. No entiende exactamente lo que el motivo representaba, y esta estilización acaba pareciéndose más a una bellota que a una palmeta. En piezas más tardías el motivo se estiliza aún más. Vemos hojas de falcata en las que el motivo original de la palmeta se ha perdido en un signo incomprensible si no entendemos que la espada nos está remitiendo a piezas un siglo más antiguas y estas, a su vez, a las espadas griegas que son mas antiguas aún. No hay pues erudición estéril en el estudio de estos detalles, en ver en este signo una palmeta, sino una apreciación profunda de las influencias culturales que suponen. Aparte de la decoración metálica perdurable en armas ofensivas (damasquinados) y defensivas (umbos y tachones de bronce calados, cascos repujados...), existe una decoración perecedera sobre armas defensivas que solo cabe reconocer a través de la iconografía y de las fuentes literarias. El caso más importante y conocido es el de las pinturas que llevaban los escudos. Nos han


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llegado bastantes armas de metal para documentar cuál podría ser su aspecto original y la decoración que llevaban, pero los escudos, normalmente cubiertos de fieltro o cuero, se han perdido. La mayoría se quemaban en la pira funeraria, de manera que sólo se conservan los elementos metálicos. Por esta razón, no tenemos una idea cabal de cuál era la decoración pintada que se aplicó sobre su superficie. Escudos que identifican Por la cerámica de San Miguel de Liria y otros yacimientos, sabemos que los escudos estaban pintados y esa pintura, que a veces podía ser muy elaborada, no es banal, no es un motivo decorativo sin importancia. Tito Livio nos cuenta cómo en el año 195 a. C. los suesetanos, una tribu ibérica de la Cataluña actual, se aliaron con el general romano Catón en su lucha contra los iacetanos, en el territorio de la actual Jaca. No había una conciencia nacional: unos iberos se aliaban a los romanos para combatir a otros iberos, enemigos locales tradicionales. Los iacetanos despreciaban a los suesetanos como enemigos porque siempre les habían vencido sin dificultad. Livio puntualiza que «cuando reconocieron a los suesetanos por sus armas y sus insignias» los iacetanos salieron en tromba de sus murallas y les atacaron, ya que estaban convencidos de su victoria. Lo importante aquí es que Tito Livio nos dice que podían reconocer a sus enemigos tradicionales a distancia por sus armas e insignias. Solo los escudos tienen el tamaño y los rasgos formales suficientes para permitir esa identificación lejana. Del mismo modo, en la batalla de Metauro el general cartaginés Asdrúbal reconoció por los escudos la llegada de refuerzos al campo romano. Durante la batalla de Cremona, en las guerras civiles romanas del siglo I d. C., Tácito nos cuenta que dos pretorianos pudieron cruzar las líneas enemigas para destruir una catapulta mediante el simple expediente de coger los escudos de dos enemigos caídos, lo que implica que tenían símbolos de unidad reconocibles, ya que el resto de armas y vestimenta eran idénticos en ambos bantos. Y Tá-

Detalle del pomo de una espada griega (en el círculo) y el reflejo de la palmeta en sendos puñales ibéricos.

Dibujo: F. Quesada Sanz

cito sabía de temas militares. No tenemos evidencias directas de que las pinturas o los motivos decorativos en los escudos ibéricos reflejaran unidades, pueblos, blasones personales o cualquier identificación concreta pero, desde luego, parecen haber existido pinturas con significados más allá de la mera decoración. Podríamos pensar que esto fuera característico de una sociedad estatal, de un estado complejo como el romano, pero no es así. En muchas sociedades simples antiguas y modernas la decoración del escudo refleja detalles como el

clan, el grupo familiar, incluso la edad y otros muchos detalles de importancia. A modo de ejemplo puede citarse el de los zulúes, que en el siglo XIX asignaban a cada regimiento un rebaño de vacas de color específico, negras, blancas o con manchas. Los escudos de cada regimiento se hacían con la piel de ‘sus’ vacas, de manera que, a distancia, los generales zulúes podían reconocer si un regimiento era de veteranos, solteros, casados... porque cada uno tenía un patrón decorativo en su escudo, y cada regimiento estaba compuesto por hombres de determinada clase y edad. ◙

PARA SABER MÁS: • BARRIL VICENTE, M. (2002), “Cascos hallados en necrópolis celtibéricas conservados en el M. Arqueológico Nacional”, en Gladius 23. • BOUTHOUL, G. (1984): Estudios de Polemología. • HERNÁNDEZ, L. y SALA, F. (2000), “Una punta de lanza decorada de la necrópolis de El Puntal (Salinas, Alicante)”; en Gladius 20. • MIRÓ, J. H. y REIG, C. (1997), “Cubos de enmangue de lanzas y regatones. Análisis y diagnóstico”; en Recerques del Museu d’Alcoi. • PÉREZ DAZA, F. y QUESADA, F. (2001), “Una nueva espada ibérica

de antenas atrofiadas en el Museo Histórico Municipal de Villa del Río (Córdoba)”, en Aniquitas 13. • QUESADA, F. (1997), “Monumentos y ornamentos: arte y poder en la cultura ibérica”, en Arte y Poder en el Mundo Antiguo; Domínguez Monedero, A. y Sánchez, C. (eds.). • QUESADA, F. (1997), El armamento ibérico. Estudio tipológico, geográfico, funcional, social y simbólico de las armas de la cultura ibérica (siglos VI-I a. C.). • QUESADA, F. (1999), “Nuevos puñales ibéricos en Andalucía (I). Puñales de frontón”, en Gladius 19.


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LAENTREVISTA

Olalla García

Licenciada en Historia y aficionada a la escritura, Olalla García, se vuelve a zambullir en el convulso siglo III en “Las puertas de seda”. Su segunda novela muestra el desmoronamiento de dos imperios desde la perspectiva de dos jóvenes inmersos en el torbellino de la guerra. Un exhaustivo trabajo de documentación cimenta un relato que se desarrolla en un periodo oscuro, entre presagios de grandes cambios.

“Las hostilidades entre Roma y Persia contribuyeron a la derrota de ambas” Por Francesc Sánchez.

—Ha publicado recientemente “Las puertas de seda”, su segunda novela acerca del enfrentamiento entre Roma y Persia. ¿De dónde le viene el interés por este periodo histórico? —Debo reconocer que, cuando empecé a estudiar Historia en la universidad, la Antigüedad Tardía no me interesaba en absoluto. Compartía la idea generalizada de que es solo un período de crisis o decadencia; o, en el mejor de los casos, de transición entre la Antigüedad y la Edad Media. Pero en mi facultad hay varios profesores especializados en esta época, y al empezar a estudiarla me di

cuenta de que resulta fascinante. Es un período de profundas transformaciones en todos los ámbitos, y sobre todo en el social (con el fenómeno de la desurbanización y el arraigo del colonato) y en las mentalidades, con la consolidación de la Iglesia como un poder político paralelo al estatal y como sucesora intelectual del pensamiento clásico. —En su novela llama la atención la recreación de la vida militar en las legiones. ¿Cómo se documentó en este aspecto? —La verdad es que fue un trabajo arduo. Durante la carrera había estudiado el ejército republicano y las reformas militares de Mario y de Augusto. Pero esto sólo proporciona una base de partida, y más aún al tener que tratar con las legiones del siglo III y, por desgracia, justo antes de las reformas de Diocleciano. Por otra parte, para la tesis doctoral tuve que estudiar los enfrentamientos

entre romanos y persas, así que leí estudios de Burns, DeBlois, Grant, Lieu y Whitby. Pero, aunque sí me suministraron una estupenda visión sobre estrategia y política militar, aún necesitaba detalles más concretos sobre la vida cotidiana de las legiones. Al final, como la bibliografía que tenía a mi alcance no me proporcionaba datos suficientes para una correcta ambientación, empecé a buscar en la red. Así descubrí que hay muchas páginas consagradas al ejército romano (tanto de estudiosos especializados como de grupos reconstruccionistas) que contienen información valiosísima. Y es que no es lo mismo leer sobre los aspectos cotidianos de una cultura que vivirlos en persona. —Roma siempre tuvo problemas con el Imperio Persa, primero con los partos y luego con los sasánidas. ¿Fue Persia el gran enemigo de Roma? — Persia fue un enemigo poderoso en todos los frentes: ideológico, econó-


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mico y militar, aunque ambas potencias también supieron colaborar en asuntos de interés común, como la defensa de las Puertas Caspias frente a los nómadas centroasiáticos. Por supuesto, al ser dos imperios expansionistas y compartir frontera, vivieron una inevitable sucesión de conflictos que los dejaron exhaustos. De hecho, la mayor guerra entre ambos fue la campaña de Cosroes II, a principios del s. VII, que quedó zanjada con la aparición inesperada de los árabes. Estos acabaron de forma definitiva con el imperio persa y dejaron al bizantino enormemente reducido, despojándolo para siempre de Egipto, Siria y Palestina. Las continuas hostilidades entre Roma y Persia no condujeron a una victoria definitiva de ninguna de las partes, pero sí contribuyeron a la derrota de ambas. —En su novela deja entrever que Galieno, el hijo de Valeriano, no quiso pagar el rescate de su padre. ¿Lo planteó como un recurso literario o más bien considera que tiene fundamento histórico? —Casi todos los aspectos de la captura de Valeriano y su posterior destino en manos del rey persa Shapur están rodeados de misterio. Una de las hipótesis que ya aparece mencionada en algunas fuentes antiguas es que Galieno prefirió no rescatar a su padre porque su captura le permitió ascender al trono imperial. En realidad, no hay pruebas de que así fuera, pero las fuentes nos indican que algunos de sus contemporáneos lo creían, y eso es lo que se refleja en el libro.

—Siempre se ha tratado a los no romanos como “bárbaros” y pueblos atrasados e incultos. ¿Era el Imperio Persa un pueblo superior culturalmente al romano? —Yo diría que romanos y persas estaban a la par. Hay que tener en cuenta que ambos son custodios de grandes civilizaciones antiguas. Roma se consideraba descendiente de la Grecia clásica y Alejandro Magno, y para ella los pueblos iranios representaban a los herederos de la Persia aqueménida de Maratón, las Termópilas y Salamina. Por su parte, los partos y persas consideraban a los romanos y bizantinos descendientes de Alejandro, que arrebató a sus antepasados los territorios de Asia Menor. En este sentido, Roma nunca trató a Irán como un “pueblo bárbaro” más, sino como un adversario a su misma altura desde todos los puntos de vista: económico, cultural, militar e histórico. Por supuesto, eso no impide que los romanos denigraran ciertas tradiciones persas que les parecían aberrantes —como los matrimonios consanguíneos de la religión zoroástrica y sus tradiciones funerarias que dejaban los cuerpos a los carroñeros—. Aunque, por otra parte, adoptó aquellas costumbres de su vecino que le parecieron convenientes; por ejemplo, el ritual de corte bizantino proviene de la cultura sasánida. —En su novela aparecen mujeres de carácter fuerte y con un grado de libertad que cuesta creer. ¿Eran realmente así o las

Año 259. El emperador Valeriano y el rey de reyes Shapur se preparan para enfrentarse en una gigantesca batalla que cambiará los destinos de Roma y de Persia. El azote de la guerra cae sobre Antioquía, en donde dos hermanos tendrán que afrontar mil peligros para reencontrarse. Descubrirán que el enemigo no siempre está en el otro bando.

ha puesto un poco al día? —Siempre han existido mujeres que sobrellevaban con fortaleza y valentía sus batallas diarias aunque, por estar tradicionalmente relegadas al ámbito doméstico, casi ninguna de ellas aparezca mencionada en las fuentes históricas. No considero que las protagonistas del libro gocen de una libertad excesiva, ya que todas ellas se mueven dentro de los

límites de su condición femenina. —Hablando de temas más personales, ¿desde cuçándo tiene esta pasión por escribir? ¿Es difícil abrirse camino en el mundo editorial? —Supongo que no soy una excepción. Siempre he sentido pasión por escribir. Y tengo muchas horas de práctica a mis espaldas. Lo que ocurre es que nunca había pensado que podría llegar a publicar una novela porque soy consciente de que el mundo editorial es muy duro. De hecho, cuando envié mi primera novela, “Ardashir”, me quedé sorprendidísima de que desde la editorial me respondieran con tanto entusiasmo y rapidez. Dar este primer paso no me resultó tan complicado como a la mayoría de los escritores noveles, pero eso no significa que las puertas estén abiertas. Sí, es difícil abrirse camino. Muy, muy difícil. —¿Está preparando alguna novela nueva? ¿Tiene previsto cambiar de género en el futuro? —Estoy escribiendo otra novela de género histórico, porque eso me permite conjugar mis dos grandes pasiones: la historia y la literatura. Aún no sé si en el futuro me plantearé adentrarme en otro tipo de género. Lo único que puedo decir es que para mí es imprescindible que cada novela suponga un desafío, porque es la única forma de llegar a la superación. Tal vez en el futuro el reto consista precisamente en superar las exigencias de un género nuevo. El tiempo lo dirá. ◙


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LASCRÓNICASDICEN...

LOS ORÍGENES DE ROMA

La fundación de Roma: entre la leyenda y la Historia El nacimiento de Roma se sitúa en tiempos remotos, previos a cualquier documento escrito. Ante la falta de testimonios fidedignos, muchos autores antiguos recurrieron a la mitología para describir los inicios de la Urbe. La arqueología aporta una visión más contrastada y menos poética de esos primeros momentos, en los que la monarquía regía los destinos de una pequeña aldea.

La mitología apuntaba a Eneas como antecesor de Rómulo. “Eneas y Dido”, de Pierre Narcisse Guerin.

Por Mateo González.

La monarquía romana fue la primera etapa de las tres en las que dividimos la Historia de Roma, y comprende desde el 753 al 509 a. C. Los primeros que nos han transmitido estos hechos son los historiadores griegos, en los que se inspiraron más tarde los propios latinos. Estos historiadores proclamaban al héroe griego Eneas como fundador de la ciudad, hecho que los romanos modificaron concediendo la fundación al héroe indígena Rómulo, probablemente alrededor del s. IV a. C. Por intereses políticos y sociales, los romanos mantuvieron sus orígenes griegos estableciendo a Eneas como ascendiente directo de Rómulo y creador del pueblo latino. Esta ascendencia de Eneas, que figuraba como abuelo o bisabuelo del fundador, entró en crisis debido a investigaciones realizadas por estudiosos helenís-

ticos, alrededor de la segunda mitad del siglo III a. C., que establecieron la caída de Troya en el año 1184 a. C. La distancia temporal entre Eneas y Rómulo ocasionó un vacío que se solucionó con la creación, en el s. II a. C., de la dinastía albana o silvia, encabezada por Ascanio/Julo y finalizada por Númitor, supuesto abuelo de Rómulo y Remo. Esta nueva versión, ideológicamente aceptada a partir del siglo I a. C. y difundida por historiadores como el romano Tito Livio o el griego Dionisio de Halicarnaso, tiene la virtud de unir elementos indígenas y exPasa a la pág. 38


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Comienzos envueltos en brumas míticas En un pequeño conjunto montañoso conocido como Montes Albanos se erigía una ciudad esplendorosa conocida como Alba Longa, donde reinaba Procas, predecesor del héroe Eneas, que había huido después de la destrucción de Ilión. A la muerte de Procas, se dividió el poder entre sus dos hijos, Númitor y Amulio. Amulio, ávido de poder, expulsó a su hermano del trono y gobernó en solitario sin obedecer lo que su padre había establecido en su testamento. Para evitar posibles intentos de venganza, Amulio ordenó vestal a la ¿sobrina? de Númitor, Rhea Silvia, para asegurarse de que esta no tendría descendencia. A pesar de estas disposiciones, Rhea engendró dos

gemelos. Para justificar esta falta en su voto de castidad, dijo que había sido el dios Marte quien le había obligado a copular, salvándose así de su horrible destino. De esta manera, Amulio mandó abandonar a los gemelos al río Tíber, cuyas aguas bajaban crecidas. Las dos cestas donde fueron depositados quedaron trabadas en una higuera cerca de la loma de una colina conocida como Palatino. Una loba que pasaba por allí, impulsada por los gemidos de los bebés, los cogió y los amamantó, hasta que los vio un pastor, Fáustulo, que los dejó a cargo de su mujer. Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso ya cuestionaron la veracidad de la leyenda de la loba que amamantó a los gemelos Rómulo y Remo, y dieron su propia interpretación. Ambos aceptaron la posibilidad de que la lupa fuera en realidad una prostituta: «La que crió a los niños y les dio el pecho dicen que no fue una loba, sino, como es natural, una mujer que vivía con Fáustulo, de nombre Laurencia, a la que por haber prostituido en un tiempo los encantos de su cuerpo los residentes en el Palatino le pusieron el sobrenombre de Lupa». Los jóvenes crecieron, y gracias a Fáustulo y a Númitor conocieron la verdad de sus orígenes y entonces reclamaron venganza y justicia. Decidieron idear una conjura contra Amulio que finalizó con la muerte de este y la entronización de Númitor como único rey legítimo. El 21 de abril del año 753 a. C., un grupo de habitantes de la anti-

“Rómulo consulta los augurios”, de la serie The Comic History of Rome, de Gilbert Abbott A. Becket.

gua ciudad de Alba Longa, encabezados por Rómulo y Remo, decidió emigrar hacia otras tierras para encontrar un lugar propicio para la construcción de una nueva ciudad. Para la elección del emplazamiento de esta nueva ciudad hubo disputas entre los dos hermanos. Rómulo quería edificarla en una colina cercana al río Tíber, el Palatino, donde la cesta se había quedado trabada. Su hermano Remo, en cambio, quería establecerla más al sur, en la colina del Aventino. Para solucionar este problema acordaron dejar la decisión en manos de los dioses inmortales. Cada hermano se colocaría en el emplazamiento escogido y a quien se le presentara antes alguna señal de buen augurio, sería quien tendría la potestad de elegir el lugar. Al primero que se le presentaron señales divinas fue a Remo, que se encontraba en el Aventino. Le pasaron por delante seis buitres. Algo más tarde, a Rómulo se le cruzaron doce, el doble. Debido a la dificultad de escoger un vencedor, ya que a uno se le habían presentado antes pero al otro se le habían presentado en mayor cantidad, recurrieron a las armas, hasta que Remo fue asesinado por su hermano Rómulo. Después de haber escogido el lugar donde se edificaría la nueva ciudad, el Palatino, se inició la delimitación de los nuevos muros (moenia), trazando su recorrido con una arada tirada por una vaca y un buey, como prescribía la tradición. Rómulo fue coronado rey de Roma, nombre dado a la nueva ciudad, dando inicio a lo que se conocería más adelante como período monárquico, formado por la sucesión de siete reyes hasta la expulsión del último rey etrusco, Tarquinio el Soberbio, el año 509 a. C.


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descuartizaron para esconder el cadáver. Esta profusión de versiones ratifica la idea de que Rómulo fue una figura legendaria. La figura de Rómulo viene unida a la formación de Roma como ente político y unificado, que los historiadores interpretan de dos formas distintas. La primera versión defiende que Roma fue producto de la fusión de varias aldeas situadas en las diferentes colinas, que por un efecto de sinecismo acabaron creando una única ciudad. La segunda versión postula que Roma, en un principio, ocupaba la zona del Palatino y el Foro, y a partir de ahí fue extendiendo sus fronteras hasta alcanzar la categoría de ciudad. En el año 1972, M. Pallottino expuso que Roma fue fruto de un proceso más complejo, tomando una posición ecléctica.

na

Rómulo, el inicio de todo En lo que coincide la mayoría de historiadores es en que la figura de Rómulo es legendaria y corresponde, en parte, al típico oikistés (fundador) griego. Rómulo, en un principio, se dispone a fundar la ciudad físicamente, delimitando por dónde pasará el muro defensivo y repartiendo a cada futuro habitante un espacio de tierra (bina jugera), el que se creía suficiente para la alimentación de una familia, igual que hacía el fundador griego entre sus colonos. Una vez marcados los límites de la ciudad, Rómulo asume las funciones de rey y crea la primera constitución para la nueva ciudad. A su muerte Rómulo es objeto de culto bajo el nombre de Quirino, de igual manera que el fundador griego que alcanzaba el nivel de héroe tras su muerte. Junto a esta influencia griega, encontramos otra de carácter indígena, cuando Rómulo observa desde el Palatino los auspicios a través del vuelo de las aves (ver página anterior) y recibe la aquiescencia divina, al igual que hacía el augur etrusco. La muerte de Rómulo es un tema en el que ni los propios historiadores antiguos se ponen de acuerdo. La tesis más antigua cuenta que, mientras se encontraba en el Campo de Marte arengando al ejército, un cúmulo de nubes negras se elevó provocando una tormenta que hizo desaparecer a Ró-

mulo, razón por la cual creyeron que había sido admitido entre los dioses. Una segunda versión refiere que fue asesinado por los propios senadores, quienes organizaron un complot y lo asesinaron en el comicio debido a su carácter tiránico, y lo

Foto: R. Pastra

tranjeros. Eneas sería el elemento extranjero, troyano, y los aborígenes del Lacio el elemento indígena, encabezados por Rómulo. Los investigadores están divididos a la hora de dar más historicidad o menos a los relatos transmitidos por la historiografía antigua. Así, se han configurado dos grupos, uno formado por los “tradicionalistas” y otro por los “hipercríticos”; o también, según J. Poucet, los “creyentes” y los “agnósticos”. Probablemente, la mejor actitud es la que se encuentra entre las dos versiones, ya que unos dan demasiada credibilidad a los hechos y los otros son demasiado escépticos, hecho que impide avanzar en la investigación.

Relieve de tema agrario. Mérida.

Una festividad muy rural Desde muy antiguo se estableció que Roma había sido fundada el 21 de abril. Pero, ¿por qué se eligió esta fecha? El 21 de abril se encontraba en el centro del principal ciclo agrario del calendario romano, el que cierra el ciclo anterior renovando los brotes primaverales. La elección de esta fecha pretende ser un paralelismo con la fundación de Roma, que se podría considerar como el fin de una época oscura y el comienzo de una esplendorosa. Durante este día, el dies natalis, se celebraba en Roma la festividad de los Parilia, dedicada a Pales, divinidad agraria y pastoril, con la que se pretendía propiciar el crecimiento agrícola y animal.

Una descendencia más histórica Los reyes que siguen a Rómulo presentan un carácter más histórico, empezando por sus nombres compuestos por un praenomen y un nomen de carácter arcaico, que apenas se vuelven a repetir a lo largo de la Historia de Roma. Numa Pompilio encabeza la lista de reyes históricos. Varios autores, seguramente griegos, afirmaron que Numa Pompilio fue discípulo del mismísimo Pitágoras. Esta afirmación presenta un problema: Pitágoras vivió más de un siglo más tarde. Algunas fuentes ya descartan esta posibilidad: «¿Qué noticias podían llegar desde estos lugares a los sabinos? ¿O mediante el conocimiento de qué lengua hubiese podido provocar en alguien el deseo de aprender de él? ¿O con qué ayuda un hombre solo hubiera podido llegar a través de tantos pueblos diferentes por su lengua y costumbres?», se pregunta Tito Livio en su obra “Desde la fundación de Roma”. Tras Numa, Tulo Hostilio pasó a la Historia por destruir la ciudad de Alba Longa, serio obstáculo ya que Alba Longa nunca existió como unidad cívica. A este problema varios investigadores han hecho sus interpretaciones, pero aún ninguna ha dado


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resultados satisfactorios. El cuarto rey, Anco Marcio, es conocido por sus empresas bélicas, cuya existencia no se puede probar. Lo que sí es contrastable es la fundación de la ciudad portuaria de Ostia, en la desembocadura del río Tíber. Para esto debemos apoyarnos en los datos arqueológicos, que nos muestran que no fue hasta el siglo IV a. C. que Ostia tuvo una estructura propiamente urbana, hecho que iría ligado con su conversión en colonia el año 335 a. C. A pesar de estos datos, la arqueología también nos muestra que ya en el siglo VII a. C. la zona de Ostia estaba habitada, formada por diversas cabañas dispersas, hecho que no nos hace descartar la posibilidad de que Anco hubiera establecido una zona de habitación en aquella zona. El auge etrusco A la muerte de Anco Marcio comienza la segunda etapa de la monarquía romana, mal conocida como “dinastía etrusca”, cuya historicidad está más clara. Ya en el siglo IV a. C. la historiografía griega había adquirido el tópico del carácter etrusco de Roma durante la última etapa de la monarquía. El año 1967, A. Alföldi defendía la ocupación militar de Roma durante el siglo VI a. C. por parte de Etruria, a guisa de puente hacia la Campania. Actualmente esta afirmación se ha abandonado, pero no podemos negar la gran influencia cultural que recibió Roma por parte de culturas vecinas como la etrusca y la griega.

Restos de la llamada muralla Servia.

El primer rey de la etapa etrusca es Tarquinio Prisco, a quien se le atribuye el inicio de la urbanización de Roma con la desecación del valle del Foro y la construcción de canalizaciones. Los datos arqueológicos lo ratifican, ya que nos muestran que a finales del siglo VII a. C. y a partir del año 600 a. C. hubo un incremento progresivo de obras en la zona del valle del Foro. Podríamos considerar a Tarquinio como el verdadero fundador de la ciudad, ya que es él quien inició las grandes construcciones y quien llevó a cabo la nueva planificación urbanística de la Urbs. Demostrar la historicidad de las intervenciones de Servio Tulio, sucesor de Tarquinio Prisco, es algo más complicado, ya que las iniciativas que se le atribuyen están repletas de anacronías. Así, se puede citar como

Servio Tulio: de esclavo a rey Durante el asedio de Cornículo por parte del ejército romano, el padre de Servio, jefe de la ciudad, murió y su madre, encinta, fue capturada. Esta pasó a formar parte del botín de guerra hasta que Tarquinio, rey entonces, reconoció su linaje y la aceptó como esclava dentro

de palacio. Dio a luz un niño, que fue instruido en palacio. Una noche, mientras Servio dormía, un círculo de fuego le rodeó la cabeza. Entonces, Tanaquil, esposa de Tarquinio, que sabía interpretar augurios, dijo que Servio estaba predestinado a ser rey de Roma.

ejemplo la reforma censitaria, cuya tabla, que nos transmiten Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso, clasifica la riqueza de cada clase utilizando valores monetarios. En Roma la moneda no se introdujo hasta mediados del siglo V a. C., hecho que convierte el censo en anacrónico y hace imposible que Servio Tulio fuera el artífice de esta división. Con el muro serviano pasa algo parecido, ya que las marcas de la construcción lo datan no anterior al siglo IV a. C., quizá como fruto de las invasiones de las tribus galas encabezadas por Breno durante la década de los noventa. El último de los reyes romanos, Tarquinio el Soberbio, fue expulsado de Roma. La tradición nos transmite una visión más literaria que histórica, que relaciona la expulsión de Tarquinio con la violación de Lucrecia por parte de Sexto Tarquinio, hijo del rey (ver “Reyes y ciudadanos”, en Stilus 3). Debemos descartar este acontecimiento por falta de fondo histórico. Lo único que podemos extraer de histórico es que Tarquinio fue expulsado debido a la ira de la clase aristocrática, los patricios, que con el Soberbio habían perdido mucho poder. Después de su expulsión la monarquía llegó a su fin, dejando atrás casi tres siglos de historia. Roma había pasado de ser un grupo de cabañas malolientes a una ciudad preeminente en el Lacio y la península italiana, que en menos de tres siglos estaría disputándose la hegemonía del Mediterráneo occidental con Cartago. ◙

PARA SABER MÁS: • DIONISIO DE HALICARNASO, (1984): Historia antigua de Roma, libros I-VI, Editorial Gredos. • MARTÍNEZ-PINNA, J. (1999): Los orígenes de Roma, Editorial Síntesis. • LIVIO, T. (1989): Los orígenes de Roma, Editorial Akal/Clásica.


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DERECHOROMANO

LA ORGANIZACIÓN REPUBLICANA

Difícil equilibrio El derrocamiento de la monarquía abrió un amplio periodo, la República, en la que la sociedad romana se dotó de diferentes mecanismos para evitar la concentración del poder. Si en un principio los patricios rigieron el destino de la Urbe, poco a poco la plebe fue consiguiendo representatividad política.

Por Francesc Sánchez.

Con la caída de Tarquinio el Soberbio, último rey, en 509 a. C., se inicia un nuevo régimen político, la República, que se fundamenta en un equilibrio, ciertamente complicado, entre los patricios y los plebeyos. El régimen que se instauró y que pervivió hasta la llegada del Principado no era una democracia ni tampoco una oligarquía, sino un sistema a medio camino entre los dos.

Llegar al equilibrio no era fácil. Tras la caída de la monarquía, todos los poderes eran ostentados por la aristocracia. Pero la plebe, que exigía un papel en la adopción de las decisiones del Estado, se negó a participar en la vida social y militar, retirándose a los montes Sacro y Aventino. Los patricios, conscientes de la necesidad que tenían de ellos para realizar el servicio militar, transigieron. En 494 a. C., se creó la figura del tribuno de la plebe que tanta importancia

El Senado El Senado, formado por los hombres más representativos por su riqueza y autoridad, fue una de las instituciones esenciales y más respetadas de la Historia de Roma. Formado inicialmente por senadores patricios (patres), las conquistas sociales posibilitaron el acceso de los plebeyos, que recibieron el nombre de conscripti (añadidos). De ahí la denominación usual de los senadores como patres conscripti. Con el tiempo, se convirtió en una asamblea de exmagistrados pues accedían automáticamente los que habían ostentado una magistratura, aunque los censores no hubieran convocado la lectio senatus (elección de senadores), que se realizaba cada cinco años. El número de senadores fue de 300 con la instauración de la República; con Sila subió a 600, con César a 900 y con Augusto volvió a 600.

tendría para la República. Se concedió a esta figura el derecho de paralizar cualquier decisión de los magistrados con su veto (intercedere). Los tribunos poseían sacrosanctitas, lo que implicaba la muerte para quien atentase contra ellos. A partir de la institución de estos tribunos, los plebeyos consiguieron poco a poco ascender a los altos cargos de la República, llegando finalmente al consulado. Tras el reconocimiento de las resoluciones de las asambleas populares (plebiscita), estas decisiones eran de obligado cumplimiento por el Estado, consiguiendo finalmente la abolición del nexum o servidumbre por deudas. En lo jurídico, dentro de este proceso de obtención de derechos, la plebe consiguió la autorización de los matrimonios mixtos. Por otra parte, con la Ley de las XII Tablas, el pueblo llano logró que las leyes se pusieran por escrito y ser conocidas por todos (ver Stilus 4). ◙ PARA SABER MÁS: • RASCÓN, C. (2007): Síntesis de Historia e Instituciones de Derecho Romano, Tecnos.

La convocatoria del Senado se efectuaba a instancias de los magistrados que tenían derecho a convocarlo (jus cum patribus). Sus acuerdos se adoptan bajo la forma de senatus consulta que si bien no tenían valor normativo, debido a su auctoritas solían ser cumplidos por los magistrados. Sus funciones principales eran ejercer el interregnum: en caso de vacante de un magistrado supremo, el Senado procedía al nombramiento de un sustituto llamado interrex, por periodos de cinco días hasta que se convocaran los comicios centuriados para el nombramiento de un sucesor. Ejercían la auctoritas patrum, la ratificación de los acuerdos de los comicios, que a partir del año 339 a. C., se convirtió en una autorización previa y sin carácter vinculante. También intervenían en funciones políticas de alto rango: dirección suprema de la guerra, política exterior y dirección de las actividades religiosas.


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Las magistraturas Los magistrados eran los máximos responsables del gobierno de Roma, el poder ejecutivo. Para evitar que se pudieran perpetuar, su mandato era de un año, a excepción de los censores (dieciocho meses) y el dictador (seis meses). Asimismo, los cargos eran colegiados —excepto el dictador y el jefe de caballería— y poseían el derecho de veto (intercessio) de unos magistrados respecto a otros, con el fin de evitar abusos de poder, aunque a veces esto provocó más inconvenientes que ventajas. Los magistrados no recibían un sueldo, por lo que solo los más pudientes podían acceder a los cargos. No obstante, la asignación de una provincia para su administración, tras finalizar el periodo de una magistratura superior (cónsules y pretores), permitía que su patrimonio se recuperase, gracias a los botines de guerra o esquilmando la provincia asignada temporalmente. El magistrado estaba investido de poder de mando (potestas). En el caso del cónsul, el dictador y el pretor se le denominaba imperium, el poder máximo. En la organización política de la República ningún ciudadano –salvo excepciones bien conocidas– podía llegar directamente al puesto superior de gobierno. Se trataba de que los aspirantes fueran ascendiendo progresivamente, adquiriendo así experiencia. Es lo que se dominaba cursus honorum: primero tendría que pasar por la edilidad, luego la cuestura, para llegar a ser pretor y al final, en la cúspide de la carrera, cónsul. Finalmente y como máximo prestigio y influencia social y política podía ser elegido censor. Veamos cada uno de los cargos a que podía aspirar un ciudadano romano: • Cónsul: La máxima magistratura, el jefe del Estado, dotado de poder militar y civil. Los comitia centuriata elegían dos cónsules al año. Cada uno de ellos podía vetar las decisiones de su colega. Tenían derecho a llevar la toga praetexta, usar la silla curul y doce lictores. • Dictador: La elección de este magistrado no colegiado tenía carácter extraordinario. Se nombraba por los cónsules en situaciones de máximo peligro. El plazo máximo de ejercicio era de seis meses y durante este tiempo quedaban suspen-

didas todas las otras magistraturas, es decir, ejercía el imperium máximo. Debía nombrar un magister equitum (jefe de caballería), un delegado del dictador. • Censor: Esta magistratura dual era elegida cada cinco años por los comitia centuriata. Su ejercicio duraba un máximo de dieciocho meses. Confeccionaban el censo de ciudadanos (potestas censoria), situando a cada uno en una centuria según su riqueza. Administraban el suelo público, realizaban la lectio senatus y controlaban la moral pública.

Las asambleas populares Comitia curiata: Asamblea originaria de la época monárquica, formada por los patricios agrupados en curias, perdió toda su eficacia en época republicana quedando solamente la representación simbólica de los treinta lictores. Comitia centuriata: De origen militar, estas asambleas en las que el pueblo se organizaba en centurias se acabaron convirtiendo en reuniones políticas. Intervenían en la elección de los magistrados con imperium: cónsules, pretores y, eventualmente, el dictador. También votaban las leyes propuestas por estos magistrados. Estaban formadas por 193 centurias, a cada una de las cuales se les atribuía un voto, y de las cuales 170 eran de infantería, 18 de caballería, cinco de obreros, músicos y proletarii, los ciudadanos más pobres, exentos de impuestos y

• Pretor: Dotado de imperium, era elegido por un año por los comitia centuriata para administrar justicia. Tiene el derecho de emitir edictos (jus edicendi) y establecer las normas de procesales que regirían durante su mandato. Existía un pretor urbano, que resolvía los conflictos entre los ciudadanos romanos y un pretor peregrinus, que mediaba entre extranjeros o entre ciudadanos romanos y extranjeros. • Cuestor: Magistrado menor, auxiliaba a cónsules, censores y procónsules, pero no ejercía el imperium. Realizaba funciones administrativas de justicia criminal (quaestores parricidio), percepción de multas y de la tesorería estatal (aerarium). • Edil curul: Magistrado menor con potestas específica para el cargo que estaban asignados. Podían ser policías de la ciudad (cura urbis), cuidar del aprovisionamiento de los mercados (cura annonae); o encargarse de la organización de los juegos públicos (cura ludorum). • Tribuno de la plebe: magistrados plebeyos de carácter anual que defendían los intereses de la plebe. Tenían la facultad de oponerse (intercessio) a las decisiones de los magistrados. Protegían al ciudadano desvalido (jus auxilii) y podían convocar al Senado y a la plebe. Su persona era inviolable (sacrosanctitas). • Edil de la plebe: Magistrado plebeyo que surgió como auxiliar del tribuno de la plebe. Publicaban también un edicto al inicio de su mandato.

servicio militar. Las de infantería se dividían en cinco clases, según su riqueza. En la primera clase, formada por 80 centurias, estaban los más ricos (100.000 sextercios o más). La primera clase más la caballería ya sumaban la mayoría absoluta. Como siempre votaban en primer lugar, solía suceder que las centurias más pobres no llegaban ni a votar, al haberse alcanzado ya el apoyo necesario para sacar adelante una decisión. Comitia tributa: Asambleas del pueblo por tribus. Originalmente eran 20 (4 urbanas y 16 rústicas). Con el tiempo se llegó a las 35. Convocadas por los magistrados mayores, votaban leyes, elegían a los magistrados inferiores e imponían penas pecuniarias. Concilia plebis: Asambleas de la plebe que tenían lugar en el foro romano, elegían a los tribunos y ediles de la plebe y votaban las leyes aplicables sólo a la plebe (plebiscita).


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LAENTREVISTA

Arantxa Monteagudo Trabó contacto con la Asociación Hispania Romana hace poco más de dos años y enseguida mostró su actitud emprendedora y su entusiasmo hacia la cultura romana, en especial hacia la vida cotidiana. Su implicación en HR le llevó a entrar en la Junta Directiva en 2008 y, finalmente, a dar el salto a la presidencia. Su objetivo para 2009 es reforzar la proyección ascendente de la asociación. Por Roberto Pastrana.

—Para quien no conozca la Asociación Hispania Romana, ¿cómo resumiría lo que hace y lo que pretende ser esta organización?

de diferentes localidades, edad, estudios y profesiones, que comparten un interés común por la Antigüedad y, en especial, por Roma. Nuestro interés reside en estudiar su cultura, lengua y costumbres. Mediante la

seo que la Asociación sea un espacio común para que los miembros compartan sus aficiones y puedan hallar satisfacción a su interés común. Entre sus principales actividades destacan la in-

“El 2009 será el año de la consolidación de HR como referente de rigor histórico” —La Asociación cultural Hispania Romana es una organización sin ánimo de lucro y de ámbito nacional. Está constituida por socios

reconstrucción queremos lograr la divulgación de los conocimientos y la preservación de este legado. También es nuestro de-

vestigación y recreación militar (equipamiento, vida legionaria, adiestramiento, marchas experimentales y técnicas de lucha), la vida

civil (vestimenta y adorno de cada clase social, actividades cotidianas, comidas, ceremonias religiosas…), agrimensura y medicina. —¿Cuáles son los principales objetivos que se ha planteado para el año 2009, al frente de HR? —Los objetivos para el año 2009 son variados. Fundamentalmente la consolidación definitiva de La Asociación Hispania Romana como un referente de recreación rigurosa del mundo romano y por supuesto el seguir creciendo en número de participantes, de actividades tanto internas como públicas y en definitiva seguir divulgan-


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do esta fascinante época. Otro de los objetivos es incrementar la participación de todos los socios. La colaboración entre socios de distintas áreas y con diferentes intereses es una experiencia muy enriquecedora. El próximo año y dada la trayectoria de HR con otros grupos, se trabajará por estrechar lazos y colaborar con otros grupos de recreación españoles y extranjeros. En cuanto a las áreas concretas que HR investiga recrea y divulga, podemos decir que el campo militar está muy consolidado y trabajaremos en mantener el alto nivel conseguido. La parte civil, que este año ha tomado mucho impulso gracias a una participación en aumento, desarrollará nuevos módulos de recreación. De hecho, es posible que este año tengamos un módulo sobre las vestales. Por último en 2009 nace un bonito proyecto en el que los socios se están involucrando con mucha ilusión: los ludi gladiatori. Para el año próximo podremos ver cómo se entrenaban los gladiadores, cómo vivían, qué armas portaban y cómo luchaban. También se iniciarán cursos de latín y, si funcionan y tienen buena acogida, cosa que no dudo, ¿por qué no seguir con griego? En cuanto a la exitosa revista de la Asociación HR, Stilus, ¿qué decir? En mi opinión es sencillamente perfecta. Por último, la Curia, con su nueva estructura y con la creación de los vocales de zona, agilizará los mecanismos y administración interna de HR.

—¿Cómo valora la actividad de HR en el año 2008? ¿Qué destacarías de lo hecho o logrado? —Sin duda el año 2008 ha sido el más importante en HR. Se ha crecido en número de asociados, se han investigado numerosas áreas, hemos asistido a gran cantidad de eventos en España y el extranjero. También se han desarrollado dos áreas muy interesantes: la medicina, a cargo de Salvador Pacheco, y la agrimensura, gracias a Carlos Fernández. Por otra parte, se han recreado infinidad de objetos y los socios han participado con gran entusiasmo. ¿Se puede pedir más? Difícilmente me puedo quedar con una actividad o momento del año 2008 sino más bien con una idea: somos como una gran máquina. Cada uno es parte indispensable de HR, con sus aportaciones, investigación, participación e ideas. Todos hacen que esta asociación sea tan plural y por ello tan

“La Asociación es una gran máquina en la que todos aportan algo. Por eso HR es tan plural y tan enriquecedora” “Cada vez somos más profesionales pero no perdemos el entusiasmo de los que hacen lo que les gusta”

enriquecedora. —Por el contrario, ¿en que aspecto no se ha avanzado tanto como le gustaría? —Francamente no hay un solo terreno en el que este año no se haya avanzado de manera espectacular. —¿Cuál cree que es el sitio de HR en el panorama de grupos similares a HR? —Me atrevo a decir que hemos adquirido un gran nivel en cuanto a rigor histórico se refiere. Cada vez somos más profesionales sin perder el entusiasmo que poseen los que hacen lo que les gusta y se divierten con ello. Como asociación sin ánimo de lucro y sin subvención alguna, somos los primeros en el panorama nacional. El lugar que ocupa HR sin duda es de entre los mejores no sólo en España sino en el extranjero. Prueba de ello fue nuestra participa-

ción en las jornadas galoromanas de Lyon (Francia) donde nos medimos con los mejores grupos europeos. No sólo no decepcionamos sino que todos coincidieron en elogiarnos. —¿Cómo animaría a la gente a asociarse a HR? ¿Por qué entrar en esta Asociación? —Puf... Se me ocurren mil razones. La primera y obvia es que si te gusta el mundo antiguo, aquí lo vives. ¡Lo experimentas! En HR aprendes, te diviertes, viajas, conoces a gente muy variada y estupenda que comparte tu afición, acudes a exposiciones, yacimientos, alguna que otra fiesta romana, te involucras en un bonito proyecto. Muchos de los que entraron en la HR romana como acompañantes y no como auténticos fanáticos del mundo clásico ahora está más “enganchados” y tienen más entusiasmo que los “romanos de pro”. ◙ Foto: Sonia Martínez

En 2007 se consolidaron los módulos de medicina y agrimensura, con reconstrucciones como la de la foto, correspondiente a un importante intrumento de medida: la dioptra de Herón de Alejandría.


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NOTICIASHR

HR amplía su junta directiva para adaptarse a un espectacular aumento de socios Una nueva estructura para una asociación más grande. La Asamblea General Ordinaria de Hispania Romana, celebrada este año en Covarrubias (Burgos), aprobó la ampliación de la Curia (Junta Directiva) a siete miembros. Los máximos cargos serán los de la presidenta (Arantxa Monteagudo, cuya entrevista se puede ver en la página 42), el tesorero (José Gabriel Puche) y el secretario (David Sierra), a los que se unen cuatro vocales, encargados de incentivar actividades en sus respectivas demarcaciones. Estos vocales son: Francisco J. García Valadés —para el noroeste peninsular—, Óscar Madrid —para la zona de Levante—, Carlos Martínez —para las Baleares— y Fernando Marquerie —para la zona centro y el sur de la Península—. Por otra parte, la nueva organización de la Curia tiene un segundo objetivo: adaptar la cúpula directiva a las nuevas necesidades derivadas de un importante 24/11/2008.-

Foto: Carmen García

El presidente saliente, David P. Sandoval (centro), recibe un aplauso a su labor.

crecimiento en el número de asociados. No en vano, en 2008 se llegó a los 75 socios, lo que representa un crecimiento del 74% respecto al año anterior. Aparte de darse a conocer la composición de la nueva Curia, la Asamblea General ratificó diversos procedimientos para dotar de más profesionalidad a la asociación. Así, se afianza la existencia de sendas comisiones para controlar

el rigor del material que se muestra de cara al público en las actividades divulgativas de Hispania Romana. Asimismo, la autonomía de la Curia salió reforzada de la reunión de Covarrubias, ya que los socios aprobaron dar a la junta directiva amplias competencias a la hora de gestionar la participación y la organización de los eventos públicos de la asociación.

Segundo campamento legionario en Numancia nario tuvo que “sobrevivir” durante el largo fin de semana con los enseres y alimentos que llevaban consigo, como ocurrçia en aquella época. Entre las actividades desarrolladas destacaron la construcción del recinto campamental; las guardias nocturnas con entrega de la contraseña (tesera); una marcha con toda la impedimenta a cuestas durante nueve kilómetros hasta las ruinas de Numancia; el vadeo del río Tera con todo el material portado sobre los escudos; los entrenamientos de combate individual; una charla de astronomía y mitología; así como la visita al yacimiento de la Gran Atalaya. Lejos de disuadir a los que ya lo han probado, es una experiencia que siempre se espera repetir con nuevos retos.

Foto: Francisco J. García Valadés

En una colina cercana a Renieblas (Soria) se localizan los restos de hasta cinco campamentos superpuestos que se datan desde tiempos de Catón el Viejo hasta las guerras sertorianas, pasando por la conquista y caída de Numancia. Con este reclamo, y por segundo año consecutivo, la Legio VIIII acampó sobre las ruinas de estos campamentos para rememorar la vida castrense en tiempo de guerra. En la reciente edición se instalaron dos tiendas contubernales y su correspondiente empalizada para dar cobijo a los ocho miembros de la asociación que participaron sin temor a las frías noches sorianas. Las actividades planteadas recrearon la crudeza de las rutinas de un contubernio en campaña. Cada legio05/09/2008.-

Legionarios de guardia en Numancia.


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Visita guiada a la cabeza de puente para la romanización de Hispania En su programa de visitas culturales, los socios de HR pudieron difrutar en octubre de una excursión al yacimiento arqueológico de Emporiae (Ampurias) a la que asistieron 30 personas. La visita fue explicada por un guía del museo y se pudo visitar tanto la parte griega como la romana. Finalmente hubo la comida de hermandad en Castellón de Ampurias. Fue un buen día para confraternizar y hacer más fuerte la asociación.

Foto: Francesc Sánchez

08/10/2008.-

Planes contra el frío

HR lleva a cabo una intensa actividad divulgativa en verano

La intensa sensación de frío no arredró a los legionarios de la Nona, que un año más realizaron la marcha invernal en los Pirineos. Ataviados como soldados de hace dos milenios, una decena de miembros de HR recrearon las condiciones de entonces. La marcha empezó en Sant Pau de Seguries (Lérida) y se desarrolló en la calzada romana que atraviesa la zona. Tampoco se quedaron sin su ración de frío los socios que visitaron a finales de noviembre Andagoste (Álava), lugar donde los restos arqueológicos han revelado la existencia de una batalla entre romanos y pueblos de la zona, hacia finales del siglo I a. C. Los reunidos reconocieron el terreno y trataron de reconstruir la misteriosa batalla que las crónicas obvian.

15/07/2008.-

30/11/2008.-

La Asociación Hispania Romana vivió un intenso verano, jalonado de intervenciones en importantes eventos de recreación y divulgación histórica. El primer evento en el tiempo fueron las jornadas galo-romanas de Lyon (Francia), en las que compartieron escena con los grupos más importantes

de recreación histórica de Europa. Ya en España, HR también participó en las Keltiberoi, las jornadas que rememoran las guerras numantinas. Por otra parte, en tierras vallisoletanas, la asociación fue invitada a un evento de divulgación para poner en valor el yacimiento de Pintia. La guinda al verano fue la participación en las celebracioFoto: Arantxa Monteagudo nes del 40 aniversario del descubrimiento del yacimiento de La Olmeda, que reabrirá las puertas al público a principios de 2009, tras años de obras para su musealización. En todos estos eventos, HR dio charlas sobre el ejército, la ingeniería y la medicina romana, a través de nuevas puestas en Recreación de la cirujía romana en La Olmeda (Palencia). escena.

Un recorrido turístico por la antigua Barcino El socio Francesc Sánchez organizó una visita guiada por Barcino, la Barcelona romana. Asistieron 20 personas y se efectuó un recorrido alrededor de las murallas, el templo de augusto y con visita al Museo de Historia de la Ciudad donde se halla la parte más importante del yacimiento arqueológico. Finalmente se acabó la visita con una comida de hermandad entre todos los asistentes.

Foto: Francesc Sánchez

12/07/2008.-

Foto de grupo de los asistentes a la excursión.

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agenda

Si quieres ver más fotos de los eventos citados en esta sección puedes asomarte a la sección “Galería” de nuestra página en Internet. Asimismo, si estás interesado en consultar dónde se desarrollarán los próximos eventos de la Asociación Hispania pásate por el calendario de nuestra web.

http://hispaniaromana.es/


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VIDEOJUEGOS

La ajetreada vida urbana IMPERIUM CIVITAS Sistema: Windows XP/Vista. Procesador: Pentium IV a 2,4 GHz o similar. Memoria 1GB de RAM. Gráfica: 64 MB (Ati Radeon 9550, Nvidia Geforce 4 TI o superior). Espacio en el disco duro: 1GB.

Por Alejandro Carneiro.

“Imperium Civitas” pertenece al extenso género de los simuladores urbanos, cuya característica principal es la construcción de una ciudad desde la nada hasta conseguir determinadas metas urbanas o sociales. En el caso de la serie “Imperium Civitas”, nos encontramos que el objetivo es construir una ciudad romana en provincias o controlar el urbanismo y desarrollo de la misma Roma. No es nada nuevo. Simuladores que tratan el tema de las ciudades romanas existen desde hace años, siendo quizá “Caesar” la serie más famosa y comprada hasta la fecha. Pero, ¿qué tienen de especial los “Imperium Civitas” con respecto a los demás? En primer lugar su precio, no mayor de 20 euros, que los hacen atractivos para cualquier bolsillo. En segundo lugar, una mecánica de juego sencilla, que evita estresarse intentando controlar decenas de parámetros y balances en infinidad de pequeñas pantallas. En tercer lugar, y lo más atractivo para un aficionado al mundo romano, su apuesta por el realismo. Es uno de los pocos videojuegos en el que se ve que hay interés por reconstruir los edificios romanos tal como eran, sin caer en copias de peplum trasnochado, y por representar el bullicio

típico de una ciudad romana con diferentes y muy cuidadas animaciones. Si queremos, podemos simplemente dedicarnos a ver cómo se desarrolla la jornada de un habitante, observando como va a su trabajo, luego al mercado o a la taberna, mirar cómo se dirige a entregar sus ofrendas a los dioses, contempla una obra de teatro, etc.... “Imperium Civitas” también destaca por romper el tabú de lo políticamente correcto que no se atrevieron a romper sus antecesores, e introducir la esclavitud como parte fundamental de la economía urbana. Si no compras esclavos tu ciudad no crece y si no mantienes una buena proporción de libres-esclavos la ciudad empieza a sufrir problemas. Además, la segunda versión añade la “caligulesca” opción de que, si la ciudad es próspera, podemos expropiar a los ricos declarándolos enemigos de Roma. En lo referente al aspecto militar, hay que decir que no es el fuerte del simulador, ni pretende serlo, pues no es su objetivo. Podemos atacar a poblados de tribus bárbaras cercanas o recibir sus ataques, pero apenas tenemos control sobre nuestras tropas más allá de desplegarlas en un punto elegido del mapa, mandar atacar al bárbaro de turno o retirarlas cuando te están zurrando de lo lindo. No nos engañemos. El simulador viene con varias maneras de jugar y muy diferentes escenarios, pero todo se reduce a construir una ciudad y que vaya bien sin carestías ni revuel-

tas. ¿Alguna cosa realmente negativa? Desgraciadamente sí, y es un fallo que afecta profundamente al pretendido y casi conseguido realismo del juego. No se pueden construir edificios de apartamentos (insulae) como en otros simuladores; solo casas unifamiliares. Así que más tarde o más temprano, si desarrollas bien tu ciudad, descubres que se acaba convirtiendo en una extensa e irreal urbanización de villas patricias. El juego no llega a ser perfecto, porque el peplum acaba ganando. ◙

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En diciembre de 2008, al poco de escribir este artículo, salió a la venta el “Imperium Civitas III”. Donde la principal novedad es que por fin se pueden construir ínsulas e incluso villas del estamento ecuestre. Además de otros edificios, como faros y mercados de esclavos. También se mejora el aspecto militar con más unidades y formaciones, los escenarios están ahora basados en mapas satélite y se añaden elementos de rol, como la posibilidad de elegir un personaje con determinadas caracteríticas e irlo ascendiendo en la sociedad romana completando misiones. Una mejora notable, que hacen de este último “Civitas” la culminación perfecta de una saga.


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Invierno·2008

BREVIARIUM

¿Quién era...

¿

punto de lectura

Marco Fabio Quintiliano

VACCEA ANUARIO Centro de Estudios Vacceos Federico Wattenberg.

El Centro de Estudios Vacceos Federico Wattemberg, adscrito a la Universidad de Valladolid, ha puesto en marcha una revista anual para difundir el conocimiento de la cultura vaccea a través de la publicación de estudios y análisis de los últimos descubrimientos arqueológicos.

C

(34-≈100 d. C.)

rítico literario, retórico y jurista, nació en el municipio de Calagurris (Calahorra), en Hispania. Se formó en Roma, como pupilo del conocido orador Domicio Afer. De nuevo en Hispania, tuvo que regresar de nuevo a Roma llamado por el emperador Galba. Allí se convertiría en un reconocido profesor de retórica, actividad que combinó con el ejercicio de la abogacía durante más de 20 años. Durante el mandato de Vespasiano, se convertiría en el primer profesor de retórica en percibir un sueldo sufragado con fondos del erario. Tuvo como alumnos a personajes distinguidos como Plinio, el Joven, Vespasiano o Domiciano, y le fue concedido el rango consular en reconocimiento por su labor. Se retiró en el año 88 d. C., para escribir su obra titulada “La enseñanza de la oratoria” (Institutio Oratoria), publicada en el año 96 d. C., y que es la única de sus obras que se ha conservado hasta nuestros días. Por Francisco Bascuas.

EL FIN DEL IMPERIO... /William Rosen

EL TRIUNFO ROMANO /M. Beard

Paidós, 2008 - 416 págs.

Editorial Crítica, 2008 - 512 págs.

Mediado el siglo VI de nuestra era, la peste mató a veinticinco millones de personas y el Imperio Romano, bajo el mandato de Justiniano, su último gran emperador, fue aniquilado. El libro narra este suceso combinando aspectos de microbiología evolutiva, arquitectura, historia militar, geografía, ecología...

Odogue vs. Calpurnia ( la

Cada gran victoria militar acababa en la antigua Roma en un desfile por las calles de la ciudad hacia el templo de Júpiter, en la colina del Capitolio, en que el general vencedor y sus soldados iban acompañados por los más importantes de los dignatarios derrotados. Mary Beard, catedrática de Cambridge, analiza la magnificencia del triunfo romano, pero nos muestra también el lado oscuro de esta celebración del imperialismo que iba a servir de modelo de épocas sucesivas.

matrona asesina ) Por Óscar Madrid

Si no te he dado. ¡Oye...! Que en la cabeza no valía.

Anda, dímelo a la cara.


p re se n ta .. .

de a c e t a La cinem

Clío

Rudos guerreros y plumas LOS DACIOS Dacii (1967) Director: Sergiu Nicolaescu. Guión: Titus Popovici, Jacques Rémy. Actores: Pierre Brice, Marie-José Nat, Georges Marchal.

Por David P. Sandoval.

Simplemente titulada “Los guerreros” en diferentes idiomas, esta coproducción franco-rumana, película de la época de Cleopatra o Espartaco, muestra el enfrentamiento entre Roma y Decébalo, Domiciano y los dacios. El filme resume ambas guerras en una historia llena de tópicos del cine de aventuras, pero también resulta una curiosa interpretación de diferentes fuentes históricas, como la Columna Trajana, en la que los guionistas se inspiraron, si bien este monumento no refleja la realidad de tiempos pretéritos. De todas formas, la película tiene valor por varios motivos. Muestra la sociedad dacia y su organización interna, sus rituales religiosos (con un cierto rigor casi antropológico en algunos casos) y la concepción de la guerra, con esa fogosidad propia de todos los jóvenes, cuyo ímpetu han de frenar siempre aquellos más experimentados y ancianos. Por su parte, el ejército romano aparece representado como una coreografía de jóvenes efebos de largas piernas y corta túnica, que dejan muchos huecos entre sí para aparentar más número. Pese a esta visión, procedente de representaciones preciosistas de esculturas, grabados y otras expresiones artísticas, presenciamos aspectos realistas, como el saludo percutiendo las armas contra los es-

cudos, o los entrenamientos con los pila (lanzas pesadas). El filme muestra incluso toda una secuencia de cómo se diezmaba a una legión, con los lictores presentes en dicha ceremonia sangrienta. También cabe resaltar las vestimentas civiles de los que acompañan al ejército, como cierto senador de importancia para la historia, o aspectos vejatorios para los romanos,

como el pago del subsidio a los dacios, inteligentemente mostrado con elipsis y otros recursos. La historia, además, posee algún interés en cuanto que se entronca con la clásica concepción cinematográfica y literaria de los pueblos diversos y libres contra la uniformidad de Roma, aquí paradigma quizá de otro imperio más reciente y de diferente significación. Otro de los aspectos que llama la atención es la representación de la camaradería del guerrero. Llama la atención cómo se resalta la empatía de los soldados, en contraposición con la frialdad con que los generales y demás mandamases envían a la muerte a sus hombres. Fuera de la distorsión de la Historia, podemos ver en “Los dacios” una buena historia, entretenida, que cuenta con cierta inventiva el momento de mayor expansión de Roma. Después de las guerras que se representan en el filme, tres continentes conocían la lengua de Roma, su Derecho, su ingeniería, sus costumbres y todo aquello que pervive hasta hoy, llegándonos en muchas vías. Una de ellas, el cine. ◙


El instinto y la carne