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ISSN 1989-9750

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LA REVISTA DIVULGATIVA DE LA ASOCIACIÓN HISPANIA ROMANA

Trajano emperador

Las bases del esplendor del siglo II Descarga gratuitamente los números anteriores de Stilus en

www.hispaniaromana.es


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CARTA DEL DIRECTOR Edita: Asociación Hispania Romana.

Protagonista de un nuevo periodo

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os historiadores afirman que el germen de la destrucción del Imperio romano estaba ya bien arraigado con los primeros césares. Ese momento congelado que es Pompeya revela que, por debajo de los caprichos provincianos de la clase acomodada, latían desequilibrios inquietantes que fueron en aumento con el tiempo. Pero, comoquiera que el desarrollo y la destrucción caminan a paso diferente, el Imperio afrontaba el siglo II con expectativas en cierto modo prometedoras. En este contexto aparece Trajano. El primer emperador hispano supo preservar lo más valioso de sus antecesores en el trono –ambición y buenas dotes de gestión de recursos– y prescindir de los elementos de discordia, como el autoritarismo contundente de Domiciano. Bajo su reinado se plantaron las bases de un periodo de bonanza en el que Italia trató de convertirse en el foco aglutinador de un panorama en el que la población provincial cada vez tenía un papel más relevante. En las próximas páginas seguimos los hitos más importantes del periodo trajaneo. En nuestra línea habitual, hemos rehuido los enfoques tradicionales para dar un repaso a realidades menos conocidas, pero indispensables para que se produjesen los grandes acontecimientos. Es el caso de las fundaciones de beneficencia promovidas por el poder imperial, los alimenta, con las que se quería paliar la pobreza de las clases populares, pero también fomentar la recentralización del Imperio en la Península Itálica, concebida como una cantera de soldados y legionarios. En el aspecto militar, nos acercamos a las principales campañas con un ángulo transversal. Por una parte, la construcción de una vía en los confines orientales se hizo con el propósito de allanar el camino a la invasión de la Arabia Petrea y la romanización de la zona. Por otra parte, la reorganización del ejército de Trajano puso a su ser-

Dirige y maqueta: Roberto Pastrana. Consejo Editorial: Alejandro Carneiro y Enrique Santamaría. Corrige: Paco Gómez.

vicio una máquina bélica capaz de las fulgurantes Guerras Dácicas. Y si hablamos de la vida cotidiana, los escritores satíricos nos permiten barruntar cómo era la existencia de amplias capas de la sociedad, mientras los autores científicos nos revelan el mundo que se iba abriendo a los habitantes de la Urbe. No querría acabar esta introducción sin un reconocimiento para todos aquellos que nos permiten conocer nuestro pasado y que, en las difíciles circunstancias actuales, están sufriendo recortes y restricciones en su labor de investigación, enseñanza y divulgación. Confiemos en que, tras la crisis actual, se abra un nuevo periodo de esplendor como el que protagonizó Trajano. roberto.pastrana@yahoo.es

Secretaria de redacción: Asunción Fernández. Colaboran Helena Alonso García de Rivera, Javier Alonso, Filomena Barata, José Luis Centeno, César Figueiredo, Jesús del Hoyo, Óscar Madrid, Charo Marco, Alfonso Núñez Dopazo, David P. Sandoval, Salvador Pacheco, Ángel José Pérez Izquierdo, Juan Luis Posadas, Javier Ramos, Rocío Rivas Martínez, Rafael Sabio, Enrique Santamaría, Víctor Úbeda Martínez, Marcos Uyá y Alejandro Valiño. Correo: stilus@hispaniaromana.es Portada: retrato de Trajano en el British Museum, por Nick Thompson. Stilus no comparte necesariamente los puntos de vista expresados por los autores, que son los responsables únicos.

la viñeta Por El Kuko.

No comprendo tu obsesión por ir cada vez más lejos a la conquista de tierras desconocidas... Si yo fuera emperador, me dedicaría a disfrutar de los placeres de la capital del mundo y no saldría de Roma.

Si supieras lo que te espera en Roma... ¡¡Jefe!!, ¿qué hay de lo mío? ¡¡Aquí!! ¡¡Aquííí!!

¡Me manda tu tía Valeria, la de Clunia, la prima de Julia!

¡Coincidimos en un viaje organizado a Tarraco!

¡Marquitos!, ¿no te acuerdas de mí?


ROSTRA

Felicior Augusto, melior Trajano

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ENRIQUE SANTAMARÍA Miembro del Consejo Editorial de Stilus

ue seas más afortunado que Augusto y mejor que Trajano. Esta fue, durante siglos, la frase con la que el Senado recibía a todo nuevo emperador. Y esa es la imagen de Trajano, el primer emperador hispano, el primero de una serie de emperadores adoptados por sus predecesores en función de su capacidad; o de una dinastía de monarcas emparentados por la línea hispana materna, según estudios actuales. Y, por una vez, la imagen se corresponde bastante bien con la realidad. Trajano procedía de una familia de soldados semi-profesionales que se abrieron un hueco en la corte imperial gracias a la milicia. Su padre alternó, al igual que él, los cargos honoríficos del cursus honorum con una serie de mandos militares sucesivos y de gobernaturas de provincias conflictivas. Estuvo, por ejemplo, al mando de la mítica X Legión durante la Gran Rebelión Judía, encabezando el asalto al Templo de Jerusalén o el asedio y conquista de la impresionante fortaleza de Masada. A su lado aprendió el oficio y fue el ejército quien impuso su nombramiento a un Senado reticente. Con semejantes antecedentes no es de extrañar que fuera uno de los emperadores más activos y brillantes en campaña, cosechando victorias en todos los frentes y llevando el Imperio a la máxima extensión que jamás alcanzaría. Pero fue eso y mucho más. Dirigió programas sociales, construyó orfanatos, escuelas, repartió tierras abandonadas o mal explotadas entre decenas de miles de nuevos colonos, impulsó la industria, el comercio, las artes… Reformó todo el centro de la caótica Roma, para abrirlo al público; mejoró o reparó muchos monumentos, construyó el mayor de los foros de la ciudad, la basílica Argentaria, la Ulpia, termas, mercados, el nuevo puerto de Ostia, carreteras… Y no solo en la capital, también actuó en todo el Imperio para dejar claro que todos formaban parte de un mismo proyecto y podían disfrutar de sus beneficios. En Egipto unió el Mar Rojo con el Nilo –y, por tanto, con el Mediterráneo– mediante un canal navegable. En Hispania impulsó todo tipo de infraestructuras, reformando la red viaria y levantando multitud de puentes, muchos de los cuales, como el famosísimo de Alcántara, han llegado hasta nosotros. Estableció el primer organismo dedicado específicamente a combatir la corrupción en la administración, depurándola, y dejando claro que toda ella, desde el propio emperador hasta el último recaudador de impuestos, debía servir al ciudadano. No fue perfecto, nadie pude serlo, pero sí excelente, óptimo. Optimus Princeps, el mejor de los príncipes, en opinión de sus contemporáneos y de cientos de generaciones posteriores. Solo recientemente su recuerdo se ha ido diluyendo. Hollywood, el gran referente cultural de nuestra época –nos guste o no–, se ha demostrado indiferente ante un emperador sin morbosas taras mentales; por un gobernante universal, justo y eficaz, aunque sin la menor relación con Gran Bretaña ni con el norte de Europa. Pese a ello, su legado perdura. Y si aún conservamos esa imagen positiva de Roma, como patria cultural común, no es gracias César o a Augusto, sino a Trajano y a la dinastía que lo sucedió e hizo del siglo II «el mejor siglo de la Historia de la Humanidad», en palabras de Edward Gibbon.

EN ESTE NÚMERO TEMA DEL NÚMERO firma invitada

UN TURDETANO AL FRENTE DEL IMPERIO. Por Alicia M.ª Canto.

4

biografías

12

biografías

14

entrevista

20

las crónicas dicen...

22

las crónicas dicen...

26

arqueología

32

cultura y artes

38

vida cotidiana

42

las crónicas dicen...

46

vida cotidiana

50

LOS ORÍGENES DE TRAJANO. Por Juan Luis Posadas y Javier Ramos. EL EMPERADOR VENIDO DE HISPANIA. Por Juan Luis Posadas.

JOSÉ MARÍA BLÁZQUEZ. Por Roberto Pastrana.

SUSTENTO PÚBLICO PARA LOS HAMBRIENTOS. Por Marcos Uyá. EL EJÉRCITO QUE DERROTÓ A DECÉBALO. Por José Luis Centeno. LA AUTOPISTA DEL DESIERTO. Por Ángel José Pérez Izquierdo. UNA VENTANA LITERARIA AL MUNDO DEL SIGLO II. Por Helena Alonso García de Rivera. ATAVIADOS PARA LA VIDA PÚBLICA. Por Rocío Rivas Martínez. EL AMANECER DE UN NUEVO REINADO. Por Víctor Úbeda Martínez.

ESTILO, UNA PUNTA SOBRE LA CERA. Por Javier Alonso y Rafael Sabio.

asentamientos hispanos

54

el rincón de esculapio

58

arqueología

62

derecho romano

64

etimologías sorprendentes

68

ludoteca

70

sabores de la antigüedad

72

breviarium

73

la cinemateca de clío

78

MIRÓBRIGA, EL FOCO ROMANIZADOR DEL BAJO ALENTEJO. Por Filomena Barata. REPOSO Y RECUPERACIÓN EN EL CAMPAMENTO. Por Salvador Pacheco. UN APOYO AL ESTUDIO ARQUEOLÓGICO. Por César Figueiredo. POR LA AUTORIDAD DEL EMPERADOR. Por Alejandro Valiño. VENENOS PARA EL AMOR. Por Javier del Hoyo.

GRANDES INVASIONES. Por Alfonso Núñez Dopazo. 7 WONDERS. Por Roberto Pastrana. TISANAM BARRICAM. Por Charo Marco.

ATILA, REY DE LOS HUNOS. Por David P. Sandoval.


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FIRMAINVITADA

Itálica, en primer plano. La patria de Trajano se situaba a pocos kilómetros de Sevilla, e inmediata al Guadalquivir. Foto: Junta de Andalucía

Un turdetano al frente del Imperio

ANTECEDENTES FAMILIARES

Los padres de la Historiografía moderna, en los siglos XVII y XVIII, borraron el rastro de la ascendencia hispana de Trajano. Sin embargo, Alicia M.ª Canto, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid y Académica de la Historia, ha reunido en los últimos 30 años diversos testimonios y evidencias que demuestran las probables raíces autóctonas de su familia, y su apellido real.

Por Alicia M.ª Canto.

Especialmente desde el siglo XVIII, los historiadores europeos tendieron en sus trabajos, libros y manuales, a desvincular a los grandes emperadores del siglo II de su Hispania natal o ancestral. Por ello es imposible reconocer a través de estos autores sus raíces hispanas, o el peso que éstas pudieron tener en sus acertados reinados, hechos ambos que con gran frecuencia se silenciaban o desvirtuaban. Así ocurre con Trajano, del que universalmente se afirma que, aunque nacido en la bella y estratégica Itálica, su familia Ulpia y sus raíces eran italianas, de la ciudad umbra Tuder (hoy Todi). En la doctrina común nacional e internacional es creencia inmutable –pues se cuentan apenas tres excepciones en cuatro siglos– que tal gens Ulpia se había

asentado en Hispania en los tiempos de Escipión, en el año 206 a. C., “como la de Adriano”, aunque para ello no existiera en realidad ninguna fuente antigua disponible. Pasa también con el propio Adriano, que para la mayoría ni siquiera había nacido en Itálica. Y con otros emperadores de este brillante periodo, como Marco Aurelio, al que se vincula más con su tío político Antonino Pío, de origen galo, que con su abuelo paterno, el poderoso triple cónsul cordobés (de Ucubi, la actual Espejo) Marco Annio Vero. Cuando, en el caso de Antonino Pío y Marco Aurelio, debieron más el imperio a Adriano y a las dos Annias béticas, madre e hija, sus respectivas y casquivanas esposas. Esta situación explica que tradicionalmente los emperadores del siglo II aparecieran familiarmente desconectados. Se les ubicaba, juntos o por sepa-


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rado, bajo definiciones globales como “Antoninos” (la más general e injusta), “Buenos” o “Adoptivos”, que muchos autores siguen hoy utilizando a pesar de que realmente no concuerdan con los textos literarios o las pruebas epigráficas, que abundan en lo contrario. Se puede decir que la discrepancia de los historiadores modernos a la hora de clasificar y definir a la serie imperial que comenzó con Nerva (96 d. C.) y terminó con Cómodo (muerto en 192 d. C.) era y es simplemente estrepitosa. Como comenté en 1998, clasificar a Trajano como “el segundo antonino” (así lo hacen sus importantes biógrafos Léon Homo, en 1969, y E. Çizek, en 1983) hubiera dejado de piedra al propio Trajano, que se preguntaría ante todo a qué desconocido y tan importante Antonino se referían, pues, al acceder él al trono, el futuro Pío contaba con apenas 12 años. Durante décadas y siglos se han perpetuado todos estos tópicos, por la simple repetición acrítica de conceptos previamente fijados por grandes firmas

Cuando Trajano accedió al trono Antonino Pío, que da tradicionalmente nombre a la dinastía, contaba apenas 12 años de la Historia Antigua. Por esta razón se hace preciso desmontarlos con paciencia y sólidos argumentos, mediante una revisión prudente pero decidida de los textos antiguos ya conocidos y de los nuevos materiales. Las raíces de Trajano Del complejo y soterrado complot bético-narbonense que consiguió la llegada al trono de un genuino nativo de Hispania me vengo ocupando desde 1985. En 1991 publiqué un artículo en la revista alemana Chiron acerca del papel que pudo desempeñar en todo ello el poderoso y temido triple cónsul Lucio

Licinio Sura, para mí un italicense cuya familia paterna procedía de Tarraco. Me basaba en uno de los más famosos testamentos romanos, muy mal conservado, llamado por Mommsen testamentum Dasumii. En él son citados Trajano, Adriano y varios senadores y personajes béticos, aunque no se conserva el nombre del riquísimo testador. En 1998 tuve ocasión de ocuparme de lo poco que se sabía seguro sobre la genealogía y la familia natal del emperador Trajano al preparar, a petición del Ministerio de Educación y Cultura español, un stemma o árbol genealógico de Trajano y sus sucesores para uno de los paneles de la gran exposición conmemorativa del “Año de Trajano” que se exhibió en Zaragoza y Mérida en 1998 y 1999. Esto me llevó, ya en el catálogo, a tratar ese brillante siglo II como la obra de una dinastía hispana, por lo que lo llamé ya Saeculum Hispanum. A raíz de aquel encargo me decidí a revisar más en detalle lo ya conocido, y a estudiar algunas claves acerca de los

Viejos problemas historiográficos Tradicionalmente la historiografía sostuvo la idea de que Trajano, «el mejor de todos los emperadores», era tan italiano y romano como los demás, aunque por una vieja emigración hubiera nacido fuera de Italia. Se presuponía, también, que los emperadores del siglo II no tenían relación alguna de parentesco entre sí, sucediéndose por meras y casuales adopciones. Tal razonamiento se debe en buena parte a una inercia dogmática que arranca de los grandes historiadores europeos de los siglos XVII y XVIII, tales como J.-B. Bossuet (1681), L.-S. Le Nain de Tillemont (1691), el barón de Montesquieu (1734-1748) y, sobre todo, Edward Gibbon (1776). Cuando se estaban asentando

por los países europeos más influyentes en la bibliografía posterior. Además carecía de historiadores de talla que pudieran oponerse a los citados estudiosos, si es que siquiera llegaba a conocerse aquí puntual y ampliamente lo que decían. Para los grandes historiadores europeos del momento debía de ser difícil reconocer que «la mejor centuria de la Historia de la Humanidad», según bautizó al siglo II Gibbon, la inaugurara y la determinara en cambios esenciales, un hispano. Esta tácita renuencia se aprecia, en esa misma época, en los mismos próceres de la Historia de los que arrancan definiciones tan poco apoyadas históricamente como las de “emperadores an-

ellas utilizadas desde entonces y destinadas a negar que en el siglo II hubiera una verdadera dinastía y, más aún, que pudiera ser de orígenes hispanos.

los pilares de la Historia de Roma, España era una potencia odiada

toninos”, “buenos emperadores” o “emperadores adoptivos”, todas

El historiador Edward Gibbon, retratado por Henry Walton.


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enigmáticos orígenes del Optimus Princeps. Según mi conclusión el emperador no era un Ulpio italiano, sino un Trahius/ Traius italicense. Busqué pruebas de una ascendencia no italiana y de las raíces estrictamente béticas de quien llegó fundar una dinast��a, y en realizada hispana, a la que propuse definir con más justicia, ya en 2003, como ulpio-aelia. Como corolario de los trabajos citados –que, a su vez, profundizaban en una vieja intuición sobre los Traii recogida en mi tesis doctoral (1983) en torno a la epigrafía italicense–, dediqué una pequeña monografía a demostrar que Trajano era un turdetano. Esto es, un verdadero extranjero con respecto a Roma y a Italia, aunque estuviera, naturalmente, muy romanizado. Marco Ulpio Trajano era un bético nato y neto. Y no sólo por su nacimiento, el 18 de septiembre del año 53 d. C., en la ciudad de Itálica, algo que se acepta con muy escasas excepciones, –como W. Eck o A. Caballos, aún en la vieja línea de J. Lipsio (1600)–, sino que también era turdetano por un hecho nunca cuestionado: su más vieja ascendencia por línea paterna. Para mí ésta no sería la de los Ulpios italianos de Tuder, sino una familia de notables locales de Itálica, los Trahii/Traii, apellido familiar o nomen indígena. De la adopción de su padre por un Ulpio derivaría realmente el cognomen o apellido propio Traianus. Traianus pater fue un competente senador y general que por su lealtad y buenos servicios, especialmente durante la guerra civil de sucesión tras la muerte de Nerón (68-69 d. C.), fue ascendido a patricio por el emperador Vespasiano. De hecho, Trajano debía sentirse hijo de su padre biológico en igual medida que de Marco Cocceyo Nerva, el fugaz emperador que lo adoptó a toda prisa en octubre de 97, en lo que creo, como Ronald Syme, que fue un golpe de Estado encubierto, justo mientras Licinio Sura ejercía su primer consulado. Esta doble paternidad y devoción de Trajano la demuestra un áureo acuñado hacia 115 d. C., en el que sus dos patres aparecen divinizados. Al tratar a su padre natural como un dios, e igualarlo a Nerva (aunque en distintos sitios del Olimpo) Trajano reconocía lo mucho que también le debía; más quizá que a Nerva, cuyo

Las claves del origen de Trajano Οὕτω μὲν ὁ Τραϊανὸς Καῖσαρ, καὶ μετὰ τοῦτο αὐτοκράτωρ ἐγένετο, καίτοι συγγενῶν τοῦ Νερούα ὄντων τινῶν. Ἀλλ´ οὐ γὰρ τῆς τῶν κοινῶν σωτηρίας ὁ ἀνὴρ τὴν συγγένειαν προετίμησεν· Οὐδ´αὖ, ὅτι Ἴβηρ ὁ Τραϊανὸς, ἀλλ´ οὐκ Ἰταλὸς, οὐδ´ Ἰταλιώτης ἦν, ἧττόν τι παρὰ τοῦτο αὐτὸν ἐποιήσατο, ἐπειδὴ μηδεὶς πρόσθεν ἀλλοεθνὴς τὸ τῶν Ῥωμαίων κράτος ἐσχήκει· Τὴν γὰρ ἀρετὴν, ἀλλ´ οὐ τὴν πατρίδα τινὸς, ἐξετάζειν δεῖν ᾤετο.

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De esta forma Trajano se convirtió en césar y más tarde en emperador, a pesar de que Nerva tenía algunos parientes. Éste tuvo en cuenta más la salvación del Estado que los lazos familiares, y decidió adoptar a Trajano a pesar de que era un íbero, no un italo ni un italiota, y de que ningún hombre de otra raza había imperado antes sobre los romanos. Pensó que lo que había que tener en cuenta eran los méritos de un hombre, y no su patria. Dión Casio, Historia Romana, LXVIII, 4, 1-2

Áureo de Trajano, acuñado antes de 115 d.C. A la izquierda Nerva, a la derecha Trajano el general, ambos DIVI y PAT(res). Foto Museo Arqueológico Nacional, nº inv.1992/80/59, en Canto, 2003, fig. 4.

apellido familiar, Cocceyo, incluso siendo ya su hijo adoptivo y césar heredero, declinó aceptar aunque ésta era la norma legal en Roma. Los cuatro textos fundamentales No se conserva ninguna biografía de época de Trajano. Grandes historiadores coetáneos que pudieron hacerla, como Suetonio, Tácito o incluso Plinio el Joven, se abstuvieron, al igual que tampoco le cantaron poetas como Juvenal y hasta el hispano Marcial. Aunque es de notar que casualmente todos ellos progresaron mucho personalmente bajo su reinado. El historiador del siglo IV Flavio Eutropio, aunque calificado por sir Ronald Syme como «poco académico» y «poco informado», era senador y nada menos que magister memoriae de Valente (364378 d. C.). Por encargo de este emperador compuso su justamente famoso Breviarium Historiae Romanae. En dicha obra (8, 2, 1) afirma que Trajano era «de una familia más antigua que ilustre», lo que hace bastante normal que no se pre-

serven muchos datos al respecto, lo que me parece un nuevo silencio a considerar máxime si en su tiempo no se quiso hacer mucho hincapié en su extranjería. El conservadurismo de la época en las tradiciones romanas se aprecia también en Plinio el Joven. En un panegírico tan minucioso como el que dedica en el 100 d. C. a su imperial benefactor, se esfuerza con todo cuidado a lo largo de su adulador discurso en no mencionar ni el lugar de nacimiento de Trajano, ni su ascendencia familiar más allá de su padre. A pesar de las dificultades, en cuanto a su origen pueden rescatarse cuatro textos antiguos, que suelen recibir menos atención, cuando no son directamente malinterpretados o, incluso, pasados por alto. El primero, en orden cronológico, es Dión Casio (155-post 235 d. C.), senador e historiador de origen griego con acceso a fuentes oficiales. Fue autor de una muy utilizada Historia Romana. En dicha obra (cita 1) elogia claramente la visión política de Nerva al adoptar a Trajano como hijo y sucesor, pues sólo tuvo


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en cuenta el interés del Estado. En su decisión no fue un obstáculo que Trajano fuese «un ibero, no un italo, ni un italiota», o que ningún álloethnès (extranjero) hubiera sido antes emperador. Dión Casio, que escribe en griego, no puede decir más claramente que Trajano era ibero, que no había nacido en Italia ni tampoco de familia italiana emigrante (italiota). Precisa aún más que era de otra raza (álloethnès), y por ello el primer emperador de origen foráneo que alcanzaba al trono. Era esta extracción genuinamente provincial y autóctona lo que para un historiador como él hacía tan excepcional su ascenso a emperador, por mucho que se tratara de un natural de una provincia altamente romanizada como la Bética, y de una familia que era ya senatorial y dos veces consular. El segundo autor es Sexto Aurelio Víctor (h. 320- h. 390 d. C.), prefecto del emperador Juliano y posiblemente cónsul. Como historiador escribió una Historia de los Césares terminada hacia 360 d. C. Son importantes en él dos textos. El primero de ellos (cita 2) es precioso para mi tesis dinástica de los ulpio-aelios, su origen externo y su favorable influjo en la dirección de los destinos de Roma. El dictamen histórico de este senador romano es demoledor en varios sentidos. No es extraño que este texto apenas aparezca en las biografías y manuales europeos, e incluso españoles, porque contradice de plano las tesis más tradicionales de la Historiografía desde el siglo XVII, y de una forma brutalmente histórica. Pasa, a continuación de este resumen introductorio, a referir datos de las vidas de todos los emperadores del siglo II, incluyendo, naturalmente, a Trajano, que resulta así un llegado de fuera, un «foráneo». Unos párrafos más abajo, empezando ya la biografía del emperador, cita su origen hispano en el mismo sentido que Dión Casio (cita 3). Como vemos, Aurelio Víctor vuelve a marcar aquí la excepcionalidad de que Nerva adoptara y designara a un sucesor de origen provincial, justificándolo en el hecho de que era senador, y ya había sido cónsul. El último de los textos históricos

Las claves del origen de Trajano

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Hactenus Romae seu per Italiam orti imperium rexere, hinc advenae quoque; nescio an ut in Prisco Tarquinio longe meliores. Ac mihi quidem audienti multa legentique plane compertum urbem Romam externorum virtute atque insitivis artibus praecipue crevisse. Hasta entonces habían regido el Imperio hombres nacidos en Roma o en Italia. A partir ahora, sin embargo, [lo harían] los llegados de fuera, y no sé incluso si ellos fueron con mucho los mejores, igual que pasó con Tarquinio Prisco. Pues para mí, que he escuchado y leído muchas cosas, está muy claro que Roma prosperó sobre todo gracias a los méritos de los emperadores foráneos, y a las cualidades que ellos importaron.

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Namque (scil., Nerva) Ulpium Traianum Italica, urbe Hispaniae, ortum, amplissimi ordinis tamen, atque etiam consulari loco, arrogatum accepit dedit. Ya que [Nerva] adoptó como arrogado a Ulpio Trajano que, aunque natural de Itálica, ciudad de Hispania, al menos pertenecía al orden senatorial y ya había sido cónsul. Aurelio Víctor, Historia de los Césares, 12-13

Las claves del origen de Trajano

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Ulpius Traianus, ex urbe Tu<rdeta>na, Ulpius ab avo dictus, Traianus a Traio paterni generis auctore vel de nomine Traiani patris sic appellatus, imperavit annis viginti. Ulpio Trajano fue emperador durante veinte años. (Oriundo) de una ciudad turdetana, su apellido fue Ulpio por su abuelo, y se le llamó Trajano, o por Trayo, el fundador del linaje paterno, o bien del apellido familiar de Trajano, su padre. Epitome de Caesaribus, 13

sobre la ascendencia de Trajano es el Epitome de Caesaribus, de fines del siglo IV d. C. Es una compilación muy breve de todos los emperadores desde Augusto a Teodosio. Atribuída durante mucho tiempo a Aurelio Víctor, es

más probable que esta obra sea anónima y se base en varias fuentes previas y no sólo en Víctor, pues aporta más información. Al comenzar la biografía de Trajano nos regala un párrafo (cita 4), habitualmente malinterpretado, a mi juicio. Bien leído, afirma no sólo que Trajano era un turdetano (con una corrección argumentada, la que pongo entre corchetes angulares), sino que además por su linaje paterno, el masculino, no era un Ulpio, sino un Trayo. Lo que corrijo es el ex urbe Tudertina, que viene en varios manuscritos que pudieron ser alterados en la Edad Media. La procedencia tudertina contradice en la práctica los textos anteriores, pero todos los historiadores se han empeñado durante siglos en afirmar y repetir, a partir de este texto, que la familia de Trajano era oriunda de Tuder, la actual Todi, en la Umbría italiana. La lectura “turdetana” Antes de 1998 yo misma había aceptado, como todo el mundo, que no había que corregir la palabra Tudertina de los manuscritos del “Epitome”. La primera vez que esta enmienda, Tu<rdeta>na, se propuso fue en fecha tan lejana como


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Retrato colosal, procedente del Foro de Trajano en Roma. Es posible que se trate de la madre de Trajano, Ulpia ¿Marciana?, aunque usualmente se ha atribuído a Agripina la Menor (cf. D. Boschung y W. Eck, AA, 1998 y Canto 2003 fig. 5).

2003) o en sus estudios en la Fondazione Canussio. El resto sigue repitiendo en bloque, e incluso defendiendo, la ascendencia italiana de Trajano. Un peso pesado como Syme reforzó la procedencia italiana del emperador en su celebérrimo Tacitus (Oxford, 1958, p. 31 con nota 1, y p. 595). En esa obra citó una inscripción perdida de Tuder (CIL XI, 4686) en la que se mencionaría a un supuesto M. Traius M. f. Sin embargo, el gran epigrafista L. Muratori había visto aquella inscripción y, siguiendo su interpretación, insólitamente descartada, en realidad se trata de una dedicación de dos Attios a un tercero. Desde J. Bennett (1997) hasta M. Griffin en la última edición de la influyente Cambridge Ancient History (2000) –en la que además se adjudica a Dión Casio una inexistente «mirada de desprecio por ser español», p. 101–, se continúa la misma línea de Syme, con el consabido predominio de lo escrito en inglés, sea o no cierto. Tu<rdeta>na, a pesar de todo, es la lectura correcta y algún día se impondrá por un hecho de peso (al menos de tanto peso como el de los argumentos del gran Syme): que el adjetivo Tudertinus/a no existió en latín. Ni en el literario, ni en el epigráfico. Los habitantes de Tuder se llamaban Tudertes, incluso Tudernes (según calificaba Plinio a las viñas de esta localidad), pero jamás Tudertini. Por lo cual, sencillamente, nunca pudo existir una urbs Tudertina. Es lo que llamamos un fantasma textual, con su correspondiente secuela de fantasma historiográfico. Y, aunque sea verdad (como algunos han argumentado en apoyo de la tesis tradicional) que el apellido Ulpio es de origen osco-umbro, debe prevalecer lo

Foto: Antoine Motte WP Commons

1600. La hizo el célebre belga Justo Lipsio, en sus Dissertatiuncula apud principes. Item C. Plini Panegyricus liber Traianus dictus (Amberes, 1600, págs. 37-38). Lipsio, un protegido de la corte española a través de la infanta Isabel Clara Eugenia, quizá propuso la enmienda por razones diplomáticas (según sugirió en 2000 J. M. Maestre). Sin embargo, dejó la cuestión abierta al argumentar acto seguido contra su propia idea. Por mala suerte además la quiso apoyar con una inscripción falsa que hacía de Trajano un arévaco (CIL II 232*), con lo que su propuesta de corrección textual, que era buena, no prosperó. La misma lectura recogió, y defendió con calor a favor de Itálica, el humanista se­villano Nicolás Antonio en 1696 (Bi­bliotheca Hispana Vetus, pp. 92-96 de la edición de 1788). Cayó en el mismo error que Lipsio, pero añadió el acierto de recordar por primera vez a los Traii de Arva (Alcolea del Río). A pesar de todo ello, la propuesta turdetana volvió a caer en el olvido. No se volvió a retomar seriamente hasta dos siglos y medio más tarde, en 1868, por el suizo J. Dierauer. Éste sólo fue apoyado, ya a fines del siglo XX (1974), por otro alemán, J. Schlumberger, sin ser secundados en general ni el uno ni el otro. Entre los españoles modernos, sólo Ángel Montenegro (1954) fue un decidido partidario de la hispanidad remota del emperador. Contestaba así a los desesperados intentos de otro gran biógrafo, Roberto Paribeni (19261927), para salvar la procedencia italiana de Trajano. Cuando tanto tiempo después me propuse revisar críticamente los textos sobre Trajano llegué, para mi propia sorpresa, a la misma conclusión que mis predecesores: el texto original no podía decir Tudertina, sino Turdetana. El problema era aportar argumentos de más peso, capaces de calar en la historiografía. Pero convencer a los historiadores del mundo de que la única lectura posible es ex urbe Turdetana es difícil, incluso entre los españoles. Hay contadas excepciones como la de José M.ª Blázquez, firme partidario de mi hipótesis en su monografía sobre Trajano (Ariel,

anterior. Máxime en cuanto comprobemos que la gens natal de Trajano, la paterna, tampoco fue la Ulpia. Por un lado y por otro, pues, la lectura Tudertina pierde el sentido y el crédito de los que secularmente viene disfrutando. Lo anterior queda ratificado por lo que sigue en el texto del anónimo Epitomador (cita 4), que por ello es el más fundamental respecto a los orígenes de Trajano. Continúa informándonos de que Trajano «era un Ulpio por su abuelo», una observación superflua si su familia paterna hubiera sido la Ulpia desde siempre, desde Italia, o “desde los tiempos de Escipión”. Por el contrario, al no indicar de qué línea habla, hemos de entender, como en otros casos, que no es la paterna. Y, por tanto, que Trajano era un Ulpio por su abuelo materno. Si lo interpretamos así, como manda la lógica, el panorama familiar de Trajano cambia instantáneamente y por completo. Como corroborando esta manera de analizarlo, acto seguido el Epitomador pasa en efecto a la línea masculina, diciéndonos que el nombre Trajano lo debía, «bien a Trayo, el fundador de su linaje paterno», «o bien al de su padre», el general. Lo cual sugiere a su vez que “Trajano” tampoco era un apelativo original en el


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propio padre del emperador. En resumen, el autor nos dice de una manera concisa que si Trajano era un Ulpio lo era por la línea materna y esto nos permite deducir varios hechos. El primero es que el padre de Trajano, M. Ulpio Trajano, no era por su sangre un Ulpio. En segundo lugar, que el avus Ulpius que cita la Historia de los Césares tuvo que ser más bien el abuelo materno. Y en consecuencia, que la madre de Trajano no sería, como se viene pensando, una Marcia, sino la auténtica Ulpia. Por último, que el fundador del linaje de Trajano era un Traius (o Trahius, como más tarde veremos), mientras que la gens o familia Ulpia era la materna. En efecto, al no haber existido nunca una ciudad Traia de la que pudiera derivar el nombre (como sí hay una Hadria para Hadriano), la explicación de un cognomen como Trajano sólo puede encontrarse en la adopción de un Trayo (Traius) por parte de su suegro Ulpio, que sería el abuelo materno de Trajano. En estos casos normalmente el apellido de nacimiento pasaba a ser nuevo cognomen con la terminación –anus. Ése sería exactamente el caso del padre de Trajano: Marcus Ulpius Trai-anus. La adopción legal era algo muy frecuente entre élites romanas carentes de hijos varones, con objeto de que al menos el yerno y los nietos preservaran tanto el apellido como el patrimonio. Todas ellas son conclusiones a las que se puede llegar sólo con analizar de otra forma más estricta a un autor antiguo y bien informado. Si en cuatro siglos sólo se ha defendido esta lectura cuatro veces, y sólo en lo relativo a rechazar el Tudertina (pues los demás elementos de juicio aún no se conocían), se debe al enorme peso de la tradición y de grandes autores de la Historia Antigua, así como a la resistencia a abandonar axiomas de siempre conocidos. Los Trahii italicenses Entre 1971 y 1973, durante las excavaciones del teatro de Itálica en las que participé, apareció una enorme inscripción de más de 20 metros de largo, de cuidado mármol blanco.

Detalle de la gran inscripción de la orchestra del teatro de Itálica, con las dedicaciones de los duoviri y pontifices primi creati coloniales L. Blattius L.f. Traianus Pollio y C. Tr[ai]us C.f. Pollio. Estamos ante dos posibles parientes locales de Trajano y Adriano.

Estaba originalmente cubierta con letras de bronce dorado. En mi opinión, ratificada en 1977 por una competente estratigrafía de M. Pellicer, no es augustea, como dice unánimemente lo que llamo la “ortodoxia italicense”, sino parte de la gran y esperable ampliación y embellecimiento del edificio en los primeros decenios del siglo II d. C., cuando dos italicenses se convierten consecutivamente en emperadores. En la inscripción se podía restituir el apellido del segundo de los dedicantes. Es lo que hice en 1981 y 1983 (con casi general aceptación) como Traius: C. Tr[ai]us C. f. Pollio. Éste, junto con un probable hermano o primo local, L. Blattius L.f. Traianus Pollio (quizá otro Trayo, adoptado esta vez por un Lucio Blattio), había regalado valiosas mejoras y obsequios en el teatro. Ambos serían los primeros pontífices y alcaldes (duoviri) de la nueva colonia de Itálica, ahora ya, por concesión de Adriano, Aelia Augusta y de derecho romano. A partir de ambos, en 1981 ya se podría inferir que la gens o familia Traya existía y era importante en la ciudad. Lo repetí en 1983 en mi tesis doctoral, reuniendo y anotando el proporcionalmente alto número de Trayos que se documentaba en Hispania, donde hay once de los doce casos conocidos en todo el Imperio. Se trata, pues, de un apellido raro e infrecuente y, según su casuística y localización, más propiamente bético. En 1984 aquella intuición fue recompensada por el ciego azar con un imprevisto hallazgo muy favorable a la imaginada existencia y antigüedad de los Trayos italicenses: un espléndido mosaico en el clásico opus signinum tardorrepublicano, que feché hacia 9070 a. C. y propuse formara parte de la

Foto: A. M. Canto

vieja curia de Itálica, en su época estatutaria de colonia latina, antes de ser un municipium romano con César. Su texto, según mi lectura, sería así: M(arcus) Trahius C(aii) f(ilius), pr(aetor), Ap[ollinis aedem?] de stipe, idemq(ue) caul[as d(e) s(ua) p(ecunia) fac(iendum) coir(avit)?].

Esto es: «Marco Trayo, hijo de Cayo, pretor (de Itálica), se encargó de que se construyera el santuario de Apolo del dinero de los donativos, y al mismo tiempo, a sus expensas, las cancelas». En el curso de este cuarto de siglo desde que apareció, la datación del contexto arqueológico de esta excavación y la del mosaico se han querido llevar a época augustea. Se pretendía así que este arcaico pavimento fuera contemporáneo de la inscripción del teatro, que para muchos autores sería igualmente augustea. Algo inverosí-


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mil, entre otros detalles, sólo con comparar la concepción, los materiales y las letras de ambos. Una gran mayoría de los autores que han tratado del mosaico han querido insistentemente desarrollar la abreviatura PR· como pr(aefectus): prefecto de algún collegium iuvenum de época augustea, de un collegium de Apolo, de obras, o hasta de un collegium encargado del mantenimiento del aedes (sic). Todas estas lecturas se han propuesto a pesar de que la abreviatura de praefectus sea usualmente PRAEF·. Además de que tales colegios juveniles no se pueden documentar en las provincias hasta mucho tiempo después de Augusto. Lo más sencillo y coherente es leer en el mosaico la normal y corriente abreviatura PR· de un pr(aetor) latino. Naturalmente, este cargo público y estatuto serían imposibles en una Itálica augustea. Lo cierto es que las evidencias arqueológicas, epigráficas y de paralelos musivos, en Hispania e Italia, a favor de

Mosaico de Marcus Trahius. Museo Arqueológico Provincial de Sevilla.

una cronología republicana, resultan demasiado contundentes, y apuntan al primer tercio del siglo I a. C. El mosaico de Trahius demuestra, de paso, el carácter estatutario de Itálica como colonia latina por aquel entonces. De hecho, quizá lo era desde muy poco después de su fundación romana, en el 206 a. C. Del mismo modo, el texto del suntuoso epígrafe

Foto: E. Sáenz de San Pedro

marmóreo y broncíneo de la orchestra sólo se explica adecuadamente a comienzos del siglo II d. C. El mosaico, aparte de ser un bello e infrecuente ejemplar de este tipo de pavimentos en la Bética, nos revela al que creo es el más antiguo Trayo notable del que tengamos noticia. Conserva este Trayo una interesante y arcaica H inter-

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Un nuevo árbol genealógico para Trajano

Propuesta de nuevo stemma familiar del emperador Trajano. En su parte superior, entre M. Trahius C.f. pr(aetor) y el abuelo paterno (Trahius) del emperador, hay que suponer una o dos generaciones más (de A. M. Canto, en Hispania. El Legado de Roma, 1999. p. 236, ligeramente modificado).

media en su nombre (Trahius), como las trahae agrícolas turdetanas que mencionan Varrón y Columela en sus tratados de agricultura y que aún hoy llamamos traíllas. En cuanto hijo legítimo de Cayo Trayo (como evidencia la filiación C. f.), Marco era ciudadano latino desde al menos alguna generación más. Quizá, como supuse, descendían de aquellos “indígenas escogidos” que los romanos solían invitar a convivir con ellos, en su habitual fórmula de sinoicismo. No lleva cognomen o tercer nombre, como era lo usual en esa época (al contrario que bajo Augusto). Su cargo de máximo magistrado en Itálica, así como la saneada economía de Marco Trayo, que paga de su propio peculio las cancelas del edificio, probablemente de bronce, permiten deducir que estamos ante un rico ancestro directo, masculino, de ambos Trajanos y por tanto, según mi hipótesis, dentro del esquema patrilineal del emperador. Por el cálculo de generaciones, podríamos incluso hallarnos ante el mismísimo auctor generis paterni, el «fundador del linaje paterno» del que

nos hablaba el autor del Epitome. Ésta es una prueba material, como dice Eutropio, de que la familia era antiqua, pero no clara. Es decir, no era ilustre por no haber entrado en el Senado hasta, probablemente, la época de Claudio o Nerón, algo antes de que Vespasiano hiciera patricio y cónsul al padre de Trajano. Si tratáramos de calcular por generaciones, dando a éstas una media de 25 años, el praetor Marco Trayo, hijo de Cayo, sería el cuarto o quinto abuelo del emperador, nacido entre los años 120 y 90 a. C., según se date el mosaico dentro del abanico de fechas que propuse más arriba. Sumando al padre de Trajano y a él mismo, se completarían cinco o seis generaciones. Buena prueba, pues, de que los Trayos formarían parte de la élite municipal italicense, y de que eran seguramente ya muy ricos al menos desde tres o cuatro generaciones antes de Trajano. En todo caso, este Marco Trayo, ocupado en embellecer el templo de Apolo que solía estar adjunto a la curia o sede política de una ciudad, estaba muy lejos de imaginar que algún día,

casi dos siglos más tarde, un tataranieto suyo llegaría a ocupar la más alta magistratura del nuevo régimen del Principado que sustituyó a la República en la que él vivió. Y menos aún de que podría figurar con pleno derecho como lejano cimiento del prestigioso stemma o árbol genealógico de la brillante y muy bética, aunque también ya muy romanizada, dinastía ulpio-aelia. ◙

PARA SABER MÁS: • CANTO, A. M.: http://uam. academia.edu/AliciaMCanto • BLÁZQUEZ J. M.ª (2003): Trajano. Ariel. Barcelona. • VV. AA. (2003): El Imperio de Trajano. Actas. (J. M.ª Blázquez y J. Alvar edd). Madrid. • VV. AA. (2005): Marco Ulpio Trajano, emperador de Roma. Documentos y fuentes para el estudio de su reinado. (J. González y J.C. Saquete, coords.). Junta de Andalucía. Sevilla.


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BIOGRAFÍAS

Los orígenes de un emperador Para que Trajano se convirtiese en el hombre más poderoso de su tiempo, tuvo que apoyarse en muchas personalidades. Destacamos dos de ellas, que jugaron un papel clave en su carrera: su padre, que fue un exitoso general, y el emperador que lo adoptó.

Marco Ulpio Trajano, el Viejo Por Juan Luis Posadas.

Del padre del emperador Trajano se sabe poquísimo. Su origo y filiación familiar han suscitado cierta polémica. Según Alicia M.ª Canto, Trajano padre nació en Itálica, pero su cognomen Trajanus indica que había nacido de la familia turdetana de los Traii siendo adoptado tras su boda con una Ulpia por su suegro, quizá llamado Marco Ulpio Marciano. De ahí procedería el nombre de su hermana Ulpia Marciana y de otra posible hermana, quizá casada con un Domicio de Gades, madre de Domicia Paulina, madre a su vez del emperador Adriano. De esa manera se entendería el vínculo familiar de Trajano con Adriano a través de ambos progenitores, lo cual aparece en Eutropio. Y también se entendería lo que las fuentes dicen de Trajano: que era un extranjero, un alloethnés, pues su sangre era turdetana, solo romana por adopción de su padre. Trajano padre procedía del orden ecuestre y pasó al orden senatorial, quizá en época de Nerón. Tal vez fue gobernador de la Bética hacia el año 67. Su aparición en la Historia data

El áureo dedicado acuñado en 115 d. C. En el anverso aparece Trajano. En el reverso, su padre biológico con la inscripción DIVVS PATER TRAIANVS.

del famoso año 69, como legado de la X Fretensis en la guerra judaica. Aunque Trajano tenía entonces a su cargo un tercio del ejército romano en la guerra, quiso reservar el honor de tomar la ciudad de Jaffa al hijo de Vespasiano, Tito, para lo cual lo mandó llamar. Este acto de deferencia tuvo frutos inmediatos: tras vencer en la guerra civil contra Vitelio, Vespasiano lo nombró cónsul sufecto en el año 70 (aunque esto se discute todavía entre los expertos). Además, Trajano fue elevado al rango patricio por adlectio imperial. Desempeñó varios cargos importantes, como XVvir sacris faciundis, probablemente la censura, y los gobiernos de Capadocia-Galacia y el de

Siria (entre los años 73 y 78, como máximo). Su estancia en Siria está atestiguada por el “Panegírico de Trajano” de Plinio, quien dice de él que consiguió una especie de ornamento triunfal, el Parthica laurus, y por una inscripción en Mileto con su cursus en un orden no habitual. Es importante señalar que su hijo Trajano militó con su padre en Siria como tribuno militar. Los logros de su gobierno en Siria, donde probablemente llevó a cabo alguna campaña fronteriza por la que consiguió dichos ornamentos triunfales, le abrieron paso a la cumbre de su carrera político-militar: el proconsulado de Asia, último cargo registrado por las fuentes. Su carrera bajo Vespasiano no continuó más allá, bajo Tito o Domiciano, salvo con algún cargo honorífico, como el de Sodalis Flavialis, vinculado a la Casa Imperial. Es posible que la vinculación estrecha de Trajano con Vespasiano le hiciera poco adecuado para seguir medrando bajo el gobierno de Domiciano. Pero sí le dio la influencia necesaria para apoyar la carrera de su hijo, el posterior emperador. Es posible que, en esta época, Trajano padre fuera el “jefe” del llamado clan hispano en Roma, al menos hasta su muerte. De la muerte de Trajano padre no se sabe nada, aunque es posible que fuera anterior a la adopción de su hijo por Nerva. Sí es conocida su “ascensión” al Olimpo romano como Divus Trajanus Pater, que Cizek y otros autores fechan en el año 112, aunque en las fuentes anteriores al 114 no se le nombre como tal. ◙


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BIOGRAFÍAS

Marco Cocceyo Nerva Por Javier Ramos.

Natural de Narni, a 80 kilómetros de Roma, procedía de una antigua y rica familia senatorial de Italia. Tenía 70 años cuando Domiciano fue asesinado. Los conjurados propusieron a Nerva como nuevo emperador romano, lo que no produjo una reacción negativa del Senado. El elegido no había tenido hijos y contaba con la experiencia de varias magistraturas desde finales del gobierno de Nerón, como la pretura (66 d. C.) y el consulado (71 y 90 d. C.), en cuyo ejercicio pudo demostrar su gran ecuanimidad y honradez. El provecto emperador tomó sin oposición los títulos de Imperator Caesar Augustus. Bajo Nerva, el Senado recuperó su antiguo prestigio y estableció que el régimen imperial no debía fundamentar su poder a costa de dicho órgano. Uno de sus primeros postulados fue que, mientras él viviese, ningún senador sería condenado a muerte. Asimismo, el nuevo emperador, que había sufrido el destierro durante el reinado de Domiciano, permitió el regreso de todos los exiliados. Los lemas de las monedas acuñadas propagaban que se había recuperado la libertad y el prestigio político del Senado: había vuelto la libertas publica y la providentia senatus. Con probabilidad, los conspiradores que terminaron con la vida de Domiciano eligieron a Nerva, que recordaba mucho a Galba, como una figura de transición, conscientes de que no reunía grandes dotes militares. Sin embargo, el anciano emperador acometió importantes reformas.

Quiso iniciar un nuevo mandato aplicando medidas represivas contra los responsables de la muerte de su predecesor. Hizo equilibrios políticos para mantener la memoria de Domiciano, tal y como había decretado el Senado, y aplacar el descontento de la plebe y las legiones. La población de Roma recibió un donativo, los soldados se beneficiaron de una paga extraordinaria y los pretorianos lograron la reposición de Casperio Eliano como prefecto del pretorio. Nerva tomó medidas que hicieron nacer la esperanza en un periodo reparador: castigó con la muerte a los esclavos y libertos que bajo Domiciano habían traicionado a sus dueños, suprimió los procesos de alta traición y amenazó con penas severas a los falsos delatores. Ideó el proyecto del sistema de ayudas conocidas como alimenta que solo llegó a implantarse plenamente bajo Trajano (ver página 22). Las soluciones de Nerva siempre tenían un cariz republicano: su ley agraria incluía el compromiso del Estado de comprar tierras para sus posterior distribución. Nerva concedió créditos por valor de la tierra de hasta 60 millones de sestercios. El corto tiempo de su mandato solo permitió una aplicación parcial de esta medida tomada en los inicios de su gobierno. Tal vez en compensación por los sufrimientos de los judíos durante la persecución de Domiciano, Nerva les liberó de un impuesto específico, el fiscus Judaicus, que venían pagando desde el año 70. Tales medidas económicas contenían también una cierta carga humanitaria debida a una fuerte influencia de la ideología estoica.

M. Cocceyo Nerva.

Sin embargo, en poco tiempo, las medidas de Nerva supusieron una gran carga para el Tesoro de Roma, ya de por sí exhausto por los enormes costes militares. El emperador ordenó la formación de una comisión especial para reducir drásticamente el gasto. Los beneficios de sus propuestas afectaron a todos, pero de modo particular a la población de Italia, que se libró de la obligación de costear el sistema público de postas. La comisión estableció la supresión de la mayoría de los dispendios superfluos, incluyendo los sacrificios religiosos, los juegos y las carreras de caballos. Mientras, Nerva estimuló la economía a con la subasta de las propiedades de Domiciano. También obtuvo dinero procedente de la fundición de las estatuas de oro y plata de su predecesor. Una de las medidas de mayor alcance de Nerva fue la instauración de una nueva modalidad de transmisión del poder basada en la adopción. Se fijó en un excelente general para sucederle. En el Capitolio, al pie de la estatua de Júpiter y en presencia del Senado y de los caballeros, adoptó al general M. Ulpio Trajano. La tutela fue seguida de una asociación parcial al gobierno al conceder al hispano el imperium majus, la potestas tribunicia, el título de César y un consulado. Era el año 97. En enero de 98, murió. ◙


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BIOGRAFÍAS

TRAJANO

El emperador venido de Hispania

En el año 98, entraba triunfante en Roma el primer emperador nacido en provincias. Hombre de mano firme y enemigo del boato, Trajano inauguró una dinastía que llevaría al Imperio al punto álgido en lo político. Nuevas formas de llevar las riendas del Estado abrían un período de esplendor, que no estuvo exento de contradicciones. Un viaje entre la riqueza y la inflación; entre la humildad y la divinización.

Por Juan Luis Posadas.

El Imperio romano llegó a su máxima extensión bajo el emperador Marco Ulpio Trajano, quien llevó las fronteras desde más allá del Danubio hasta el golfo Pérsico y el mar Rojo. Sin embargo, de este gran conquistador se sabe bien poco. Las fuentes históricas sobre Trajano son escasas: el resumen (redactado en el siglo XI) del libro 68 de la “Historia” de Dión Casio; el “Panegírico de Trajano” de Plinio el Joven, junto con más de 120 cartas entre él y el Emperador; algunas referencias sueltas en autores como Vitrubio, Marcial, Juvenal, Tácito, Apiano, Amiano Marcelino, Aurelio Víctor o Eutropio; y unos cuantos epígrafes e ins-

cripciones más o menos incompletas. A ello habría que sumar la información que nos suministran las fuentes arqueológicas, como los monumentos erigidos por Trajano o su muy variada iconografía estatuaria. Estas fuentes nos acercan al primer emperador que nació en Itálica (Sevilla). Marco Ulpio Trajano inició su carrera bajo Vespasiano, pero fue ascendido por sus hijos Tito y Domiciano. Lo hizo siempre con el apoyo de su padre y de un clan hispano de senadores capitaneado por Lucio Licinio Sura, a quien se ha llamado «fabricante de emperadores» porque conspiró en la sombra para el nombramiento de Nerva y la posterior adopción de Trajano. No es de extrañar que la profesora Canto llame a


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la dinastía fundada por Trajano «dinastía Ulpia-Elia» (porque Trajano, Adriano, Marco Aurelio y Cómodo pertenecían a esas familias hispanas), contra la inveterada costumbre de llamar Antonina a una dinastía en la que sólo respondía a ese nombre uno de sus miembros. Elección sucesoria, a la fuerza Tras la muerte de Domiciano, la proclamación de Nerva por el Senado y el ejército era ideal. Un hombre viejo, de carrera civil, y sin herederos, parecía idóneo como transición. Uno de los primeros problemas que tuvo que afrontar Nerva fue la petición, proveniente del Senado y los sectores que habían apoyado a Domiciano, de un castigo para los asesinos de su antecesor en el cargo. Cuando Nerva se opuso comenzó un período de problemas para el emperador: se descubrió primero una conspiración tradicionalista, que quedó sin castigo, liderada por Calpurnio Craso Frugi Liciniano, un pariente del heredero de Galba. Nerva, en una política de compromiso, pero bastante trémula, apoyó después a estos sectores tradicionales y se reconcilió con el Senado. Esto le costó otra revuelta, pero esta vez militar, la del prefecto pretoriano Casperio Eliano. Nerva reaccionó nuevamente según la marcha de los acontecimientos, cediendo ante los pretorianos, y mandó ajusticiar a los asesinos de Domiciano, una de las reivindicaciones del Pretorio. En este panorama de política sin rumbo fijo, se planteó el problema de la sucesión, apenas un año después de la entronización de Nerva. El Emperador era mayor pero tenía parientes (no hijos) y tampoco parecía inminente su muerte. Por eso se piensa que la adopción se le pidió casi a la fuerza. El elegido fue el gobernador de la Germania Superior, Marco Ulpio Trajano, y la fórmula escogida, su verdadera asociación al Imperio como Imperator et Consors Tribuniciae Potestatis: de esta forma se configuró una doble monarquía electiva, con co-emperadores civil y militar.

La compañera modesta Los estudios modernos sobre la sociología de las instituciones cortesanas, que tanto se han extendido en las últimas décadas, han recalado poco en la Corte romana. Sí se sabe que esa Corte, llamada Aula Caesaris, estaba compuesta por los familiares directos del emperador, sus consortes, hijos, sobrinos y demás familia, así como por los libertos imperiales, médico personal, secretarios y algunos amigos y miembros de las familias aristocráticas más renombradas. En la Corte de Trajano, sin embargo, las que brillaban eran sus mujeres: su esposa, hermana, sobrina y sobrinas nietas. Siempre se ha escrito que el origen de la emperatriz Pompeya Plotina era Nîmes, ciudad de la Galia Narbonense. Sin embargo, ahora se empieza a considerar la posibilidad de que Plotina fuera también hispana, incluso prima carnal del Emperador.

Casio Dión transmitió las palabras humildes de Plotina al entrar en Palacio: «Entro aquí como mujer de la misma manera que deseo salir», así como que vivió siendo fiel a su modestia y pasó a la posteridad sin tacha. La emperatriz Plotina, que recibió el título de Augusta el año 105, murió años después que su esposo, hacia el año 123, y fue divinizada por Adriano.

Foto cedida por Roger Ulrich

Camafeo que representa de perfil a Trajano, en primer plano, y a su esposa, Pompeya Plotina. Museo Británico.

Aunque Nerva era de edad avanzada, su hipotética muerte podía ser cubierta con parientes masculinos. Sin embargo, eligió a Trajano

Marco Ulpio Trajano fue el primer emperador que era adoptado por un predecesor que no pertenecía a su familia, ni siquiera política, y que le sucedió en el gobierno del Imperio sin derramamiento de sangre, tras la muerte de Nerva en enero del año 98. Un vencedor modesto Los primeros momentos de Trajano transcurrieron en las fronteras occidentales del Imperio, hasta que, a finales del año 98, entró en Roma de manera triunfal, aunque sin ostentación. Todos estos pasos fueron del sincero agrado de los sectores tradicionalistas del Senado, pues demostraban la


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firmeza del emperador ante los pretorianos, su preocupación militarista de expansión, una de las aspiraciones del nuevo Senado, y su respeto a la tradición romana de modestia. Esta primera impresión quedaría reforzada ante las primeras medidas del emperador: no usar la ley de lesa majestad, rehusar el título de Pater Patriae y no aceptar grandes estatuas. Otras medidas de su primera época lo separaban de la política de Domiciano: persiguió a algunos delatores y expulsó de Roma a los pantomimos. En una política de consenso entre el Senado y el pueblo de Roma, favoreció fiscalmente a la plebe y organizó juegos circenses. Esta decisión fue apoyada hábilmente por la propaganda de la época: las monedas con leyendas de Concordia, Clementia, Pietas, Providentia, Pax Augusti y Fortuna.

Un resorte directo para controlar el Senado fue su renovación, que permitió la entrada de un numeroso contingente hispano y oriental Trajano se apoyó en sus familiares y en sus amigos para dirigir la nave del Imperio mediante dos instituciones: la Corte o Aula Caesaris y el Consejo de Gobierno o Consilium Principis. Además, utilizó o manipuló la existencia de una serie de círculos intelectuales para crear la opinión y la ideología del ré-

gimen, dada la impericia relativa de Trajano para la cultura; impericia no reñida con su admiración hacia los hombres de letras y su apoyo a muchos de ellos. Los resortes del poder El Consejo de Gobierno de Trajano servía para mantenerle en contacto permanente y en buenas relaciones con el Senado, para preparar las candidaturas a los cargos y magistraturas del Imperio, para allanar el camino para las reformas legislativas y para amañar las sentencias judiciales que pudieran ser lesivas para los intereses del Emperador. Este Consejo se reunía generalmente en el Palacio imperial, la domus Flavia construida por Vespasiano y ampliada posteriormente por Domicia-

Los hombres de confianza En su relación con el Senado, Trajano encontró en el abogado y senador Plinio el Joven un excelente colaborador. Sabemos de la relación del príncipe con Plinio por una obra que escribió, el “Panegírico de Trajano”, y por un libro de cartas entre él y el emperador, escritas durante la misión imperial que llevó a Plinio a la provincia senatorial de Bitinia (en la actual Turquía). Plinio era, sin duda, uno de los ideólogos del régimen, autor de las expresiones “Óptimo Príncipe” y “Siglo de Trajano”, que hicieron fortuna en su época y en la nuestra. Además de Plinio, los consejeros más estrechos de Trajano eran los hispanos Lucio Licinio Sura y Julio Urso Serviano. El primero, jefe del clan hispano y principal valedor de Trajano para su acceso al Imperio, actuó como lugarteniente del emperador durante sus ausencias guerreras de la capital. Tan grande era su confianza en él que, en respuesta a quienes le acusaban de pretender su muerte, Trajano acudió a casa de su

amigo, se sentó a su mesa, bebió y comió sin reparo, se dejó atender por el médico de su amigo y cortar la barba por su barbero. Al día siguiente declaró, según Casio Dión: «Si Sura hubiera querido matarme, lo habría hecho ayer». A la muerte de este fiel amigo, acaecida en el año 110, le sucedió en la confianza del Emperador el citado Urso Serviano, emparentado con Trajano. Por supuesto, otros senadores, cónsules y miembros del Consejo brillaban en ocasiones determinadas: los prefectos del Pretorio Suburano Emiliano y Claudio Liviano eran, institucionalmente, los lugartenientes del Emperador; el secretario de Trajano, Titinio Capitón, tenía gran poder; los consejos del general Laberio Máximo pesaban mucho en asuntos militares; por último, los juristas de la escuela de Proculeyo, Neracio Prisco y Juvencio Celso, eran

Los Sura eran una influyente y adinerada familia hispana, como atestigua el arco que mandó contruir cerca de Tarraco uno de sus miembros más prominentes.

los expertos de Trajano en asuntos legales. No hay que olvidar entre los más estrechos colaboradores del Emperador al más grande arquitecto romano, Apolodoro de Damasco, quien firmó los proyectos del puente sobre el Danubio y el grandioso foro de Trajano.


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no, que se ve hoy día en el Palatino. Sin embargo, sabemos por una carta de Plinio que también se reunió en alguna ocasión en la villa campestre de Trajano, situada por Torelli, en Civitavecchia. Es significativo que el órgano de gobierno de Trajano no fuera el Senado, sino su Consejo, y que este se reuniera, no en el Foro o en algún entorno cívico, sino en el Palacio o en la villa del emperador. La tercera institución que apoyó a Trajano fue el Senado. Este colaboró activamente con la política de Trajano, en un camino medio entre la libertad y el servilismo. Es cierto que Trajano no condenó a ningún senador y que, según Eutropio, dijo que «como emperador se comportaba con los particulares de la misma forma que él querría que los emperadores se comportaran con él mismo como particular». Se ha hablado, en los primeros tiempos de Trajano, de un cogobierno con el Senado, en el que este cuerpo tomaría para sí ciertas responsabilidades y formas de actuación. Pero lo cierto es que el Emperador poseía resortes de todo tipo para controlar al orden senatorial, y uno de los más claros –como lo había sido en época de Augusto– fue la actividad de Trajano como promotor de la entrada de numerosos novi homines en el Senado, por medio del recurso a la adlectio o por la candidatura imperial a la cuestura. Esta actividad del Emperador consiguió, seguramente, modificar la composición del Senado en su origen social y de procedencia, constituyéndose un importante contingente de senadores provinciales, cifrado en un tercio del ordo, destacando los orientales y los hispanos. El impulso expansionista Tras esta etapa de gobierno en Roma, Trajano, entre los años 101 y 106, se embarcó en dos guerras para anexionarse la Dacia, regida por Decébalo (ver página 26). En dos campañas distintas, el emperador consiguió derrotar y someter como rey cliente a Decébalo (año 102), primero, y reprimir su revuelta e incorporar Dacia después como nueva provincia roma-

Foto: R. Pastrana

Las arcas públicas se sanearon gracias a la conquista de Dacia (der., enemigos representados en la Columna Trajana) y la anexión del reino nabateo (arriba, capitel de Petra).

na (año 106). Los hechos principales de esta guerra, como la construcción del puente sobre el Danubio, el asedio de la capital dácica, la derrota final de Decébalo y el hallazgo de su Tesoro Real, inspiraron escenas grandiosas en la columna de Trajano erigida en medio del Foro que el Emperador construyó en Roma. De hecho, la política edilicia de Trajano en la capital, que incluye el Foro con el templo de Trajano, la Columna, la biblioteca Ulpia y los mercados de Trajano, y en otros lugares del Imperio, pudo ser llevada a cabo gracias a las riquezas encontradas en Dacia, diligentemente expurgadas por los romanos. Estas conquistas, junto con la del reino nabateo por parte del legado de Siria, Cornelio Palma, en el mismo año 106, formaron parte de una política expansiva que Trajano, aconsejado por sus amigos hispanos, llevó a cabo durante casi todo su principado, con el objetivo de llenar las arcas imperiales. La conquista de la Dacia supuso, desde luego, la entrada en el Erario de un ingente tesoro en oro y plata, y un aporte grande en tierras

Foto: Cristian Marinescu

para los veteranos, así como una fuente casi inagotable de esclavos para el Imperio. Precisamente se vivió, durante los primeros años de Trajano, un verdadero esplendor económico provocado por la explotación intensiva de las minas y por el remonte de la crisis agrícola; este esplendor repercutió en medidas de liberalización fiscal y en otras de reparto y redistribución entre los más desfavorecidos. Sin embargo, a partir de la conquista de la Dacia, el aumento del número de


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El emperador paternalista Durante estos años, se puede hablar del “paternalismo” de Trajano como el denominador común de su política interior; un paternalismo moderado pero firme, según se desprende de las fuentes sobre la ideología del período. Al parecer, las medidas absolutistas atribuidas a Adriano fueron tomadas ya en época de Trajano, bajo una apariencia cívica y respetuosa para con el Senado. Durante el principado de Trajano se dieron ya todos los elementos centralizadores y burocráticos que serán habituales en épocas posteriores. Por ejemplo, promulgó una serie de medidas tendentes a sustraer parcelas importantes del gobierno de Italia de las administraciones senatorial y local; por otra parte, sus altos funcionarios, aunque senadores, fueron enviados como comisionados especiales para resolver algunos problemas en las provincias que dependían de la Curia; además, ciertos indicios vienen a mostrar que ya bajo Trajano empezó a configurarse el cursus honorum de los ecuestres, aunque será bajo Adriano cuando éste cuaje del todo. Se puede objetar a este paternalismo o absolutismo moderado de Trajano que el Emperador no ostentó la magistratura consular más que seis veces; pero, si se dejan de lado los tres primeros consulados, Trajano accedería al cargo en los momentos cardinales del principado: en el año 101, en plena guerra dácica; en el año 103, preparando la segunda; y

contribuyentes y, sobre todo, el ingente botín del rey dácico, significaron un ingreso tal en las arcas imperiales que Trajano hubo de devaluar, en el año 107, la monedación de plata en un 5% de su peso, y también la de oro. Tras la conquista de la Dacia, se redujo la libertad otorgada al Senado, por lo que Trajano volvió sobre

en el año 112, preparando la campaña pártica y con motivo de una involución política. Por otra parte, su acción promotora de nuevos senadores y, sobre todo, la creación de dieciocho nuevas procuratelas ecuestres, hasta alcanzar la cifra de ochenta, además del apoyo a las compañías de publicani, hablan por sí mismas del proceso de centralización imperial bajo Trajano; proceso que no sería criticado hasta que se hizo más evidente bajo su sucesor. Pero no solo en su política gubernativa se observa ese paternalismo. Esto se puede ver bien en sus medidas protectoras de la plebe: los congiaria, distribuciones gratuitas de trigo, y los alimenta, fundaciones de caridad para niños pobres de Italia (ver página 14). La institución alimentaria de niños pobres de Italia aparece en el “Panegírico de Trajano” de Plinio de manera significativa, aunque se ha señalado su corto alcance y su carácter propagandístico. En todo caso, en esto, como en muchos otros apartados de su política interior, Trajano no hizo sino seguir una línea de actuación en contra del empobrecimiento de la población de Italia que había empezado ya en época de Domiciano.

El paternalismo de Trajano se observa también en la organización y ampliación del aparato administrativo imperial, el control y eficiencia de la administración provincial y en la reorganización del ejército. En todo esto, así como en su política económica de explotación de las minas de oro para controlar los precios, desarrollo de la agricultura italiana y la política contra la inflación, etc., se plasmó su paternalismo y el hecho indudable de que él estaba al timón, en el centro de toda la acción económica y social. Como no podía ser menos, la política de paternalismo imperial y el proceso de reafirmación del poder de Palacio en Roma vinieron acompañadas por un desarrollo su culto, en el que Trajano representaría un gran papel. Este impulso dado al culto imperial significó también la vigilancia para que los cultos extranjeros no pusieran en peligro la unidad espiritual del mundo romano; así se explica la política represiva seguida con los cristianos, pero de una manera moderada, con vistas a la reintegración de los que abjuraran en la comunidad regida por el Emperador.

Trajano asumió la dignidad consular en unos pocos momentos de su reinado, coincidiendo con episodios delicados. A la derecha, denario que conmemora su quinto consulado.

sus pasos en una política más absolutista; reacción en la que tuvo considerable peso la ineficacia demostrada por el Senado en sus funciones. Guerra e involución política La segunda gran intervención de Trajano en las fronteras, tras la conquista de la Dacia, necesitó de una mayor organización: se trataba de

someter al rey parto, ardua labor en la que antaño habían fracasado hombres de la talla de Craso y Marco Antonio. La organización de la guerra pártica contra Cosroes obligó a Trajano a una política de involución, el llamado “recodo” político Trajano del año 112.


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La esencia del cambio fue el reforzamiento del poder imperial, consecuencia lógica del crecimiento de sus atribuciones y su burocracia palaciega, debido también a la ineficacia de los senadores en las tareas a ellos encomendadas. Por otra parte, la necesidad de una absoluta calma en el interior mientras Trajano estuviera en Oriente, y la obligación ideológica de presentarse en el Este como un monarca absoluto divino, por razones propagandísticas, le exigían ese cambio. Este cambio en la política interior fue realizado con prudencia, manteniendo, en lo posible, las buenas relaciones con el Senado. Sin embargo, alguna oposición se encontró Trajano a su reforma absolutista entre sectores conservadores del Senado, encabezados por el díscolo Calpurnio Craso Frugi Liciniano, que esta vez fue exiliado hacia el año 113, y de una parte del ejército y del círculo de amici de Trajano, liderados por el militar Laberio Máximo. Como muestras externas de ese recodo político, en el año 112 confluyeron el primer consulado ordinario de Trajano desde el año 103, la construcción del foro de su nombre, la adlectio al Senado del primer bárbaro, un general germano, y la divinización de su familia. En efecto, de ese año datan la elevación al Olimpo romano del padre del Emperador, Ulpio Trajano, y de su hermana, Ulpia Marciana. También en ese año comienzan a aparecer en las monedas las efigies de Plotina, la emperatriz, y de la sobrina de Trajano, Matidia. Imagen y poder Todo ello respondía a una mitificación de la figura del Emperador y de su entorno; un proceso en el que se observa en las monedas un proce-

Foto: R. Pastrana

La llegada de riquezas procedentes del saqueo de Dacia provocó a la larga importantes distorsiones en la economía. A la derecha, desfile triunfal con esclavos encadenados al carro. Terracota de finales del siglo I o principios del II. Museo Británico.

Necesitado de calma en el interior para enfrentarse a los temibles partos, Trajano emprendió una reforma absolutista que provocó cierta oposición

so de divinización progresiva al ser asociado Trajano con Júpiter a partir de 114 y con otras deidades. Por otra parte, sus ideólogos, como Dión de Prusa, se apoderaron del mito de Alejandro para reforzar la imagen del emperador absoluto pero paternalista, conquistador del Oriente. También se hizo uso de la imagen de César, el gran conquistador, asociándolo con Trajano en algunos aspectos, como en ciertas monedas a partir del año 107. La guerra en Oriente, provocada por la usurpación del trono armenio por parte del sobrino del rey parto Cosroes, tuvo lugar entre los años 114 y 116. El éxito coronó la empresa. Los romanos consiguieron conquistar Armenia y convertirla en parte de la

provincia de Capadocia. También lograron invadir Mesopotamia hasta el golfo Pérsico, situando en el trono de Partia al hijo de Cosroes. Tras estos triunfos militares, las revueltas de los judíos de Cirenaica, Egipto y Chipre, y su mala salud, obligaron al emperador y a su Corte a volverse a Roma, pero la muerte sorprende a Trajano en Selinus, Cilicia, en agosto del 117, dejando como sucesor a su sobrino-nieto político Adriano, a la sazón gobernador de Siria. ◙ PARA SABER MÁS: • BLÁZQUEZ, J. M. (2003): Trajano. Madrid. • ÇIZEK, E. (1983): L’epoque de Trajan: circonstances politiques et problèmes idéologiques. París. • GONZÁLEZ, J. (2000): Trajano emperador de Roma. Roma. • GONZÁLEZ-CONDE, M. P. (1991): La guerra y la paz bajo Trajano y Adriano. Madrid. • PASSERINI, E. (1950): Il regno di traiano. Mailand.


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LAENTREVISTA

José María Blázquez José María Blázquez es una figura emblemática de la Arqueología española. Sabe que el estudio de la Historia es fundamental para comprender el mundo actual, pero también es consciente de que este conocimiento no proporciona las claves para predecir el futuro. Blázquez se faja con las limitaciones de una disciplina a la que ha dedicado toda su vida. Quizá por eso la charla con el profesor se libera de dogmas y se convierte en una ocasión para disfrutar de una conversación meditada. Por Roberto Pastrana.

—Usted escribió en 2003 una biografía sobre Trajano. Si tuviera que hacer un perfil rápido de la figura histórica de este emperador, ¿qué diría?

vas o geniales, pero las que hereda de sus predecesores las lleva a cabo muy bien. Probablemente las incursiones en Germania y la Dacia estaban ya planeadas en tiempos de Domiciano, con objeto de defender las

—Es, por tanto, un gran conquistador. —Y algo más. En época de Aureliano, en 270, la Dacia estaba tan romanizada como Hispania, pese a llevar mucho menos tiempo dentro del Imperio. El

“Trajano llevó al Imperio a su máxima expansión, pero fue Nerón quien logró el máximo esplendor” —Trajano es un continuador del programa político de Domiciano. En el momento de su designación no aporta ideas nue-

fronteras del Imperio y dominar zonas con minas de oro, pero quedaron en suspenso con el asesinato del Emperador.

proceso de romanización fue muy profundo debido a la intensa presencia de gentes llegadas para administrar las minas. La

explotación de las riquezas transformó rápidamente la zona, al igual que en época republicana había pasado con la llegada de publicanos a las áreas mineras hispanas de Sierra Morena. —¿Cómo logra un hispano-romano asentarse en el solio imperial? —Mucho antes de la elección de Trajano se había consolidado en Roma un poderoso clan hispano, especialmente activo durante la dinastía flavia. Estaban presentes en el Senado y la Administración. Trajano se apoyará en ellos para construir un equipo muy preparado con el que llevar a cabo sus planes.


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Muchos de los senadores que apoyaron el ascenso y final coronación de Trajano probablemente procedían del sur de la Península Ibérica, pero curiosamente la epigrafía de esta zona no los menciona. Ronald Syme ya hacía notar hace tiempo esta falta de huellas de los poderosos senadores hispanos en sus supuestos lugares de origen. Tengo la sospecha de que, a pesar de tener la mayoría de sus bienes raíces en la Península, estos senadores se trasladaron a Roma, donde debieron pasar todos sus días, hasta su muerte. Por eso las inscripciones que dejaron permanecen en Roma y no en Hispania. El profesor Blázquez contesta con facundia las preguntas sobre Trajano, el primer emperador nacido en Itálica, aunque en sus respuestas desliza datos sobre la probable ascendencia itálica de su familia. Sabe perfectamente que la procedencia del Emperador ha dado lugar a veces a interpretaciones nacionalistas muy lejanas a la realidad. No es la primera vez que pasa algo similar. Recuerda que su profesor Antonio Blanco Freijeiro causó un gran revuelo cuando afirmó que Séneca se hubiese ofendido de que le tachasen de hispano. «Hubo amigos que le recomendaron que no apareciese por Córdoba en unos años, hasta que se calmasen los ánimos». Aquellos eran otros tiempos aunque, para conjurar el peligro de más confusiones, Blázquez aclara que «lo bueno del Imperio es que hizo que sus habi-

tantes se sintiesen romanos. Había una estructura, una cultura común». —¿Contar con un emperador nacido en Itálica supuso un beneficio para la Península o las élites que lo encumbraron? — Yo diría que la política imperial utilizó al clan hispano y no al revés. Estos fueron una pieza clave para la realización de la política de Trajano. De hecho, el pacifista Adriano prescinde de los consejeros de su antecesor al caer en la cuenta de que era imposible continuar con una política de ampliación de las fronteras. Probablemente los consejeros de Trajano eran partidarios de continuar las guerras, pero Adriano decidió ceder parte del Oriente y replegarse a líneas más fáciles de defender frente a los partos.

La política imperial utilizó al clan hispano y no viceversa. Los senadores hispanos fueron claves para realizar la política de Trajano El primer emperador hispano es un continuador del plan expansivo diseñado en su día por Domiciano

—Usted también ha estudiado la figura de Adriano. ¿Qué le atrajo de este otro emperador? —Adriano se puso de moda a la sombra de los estudios de Trajano, que fue su tutor. De hecho, fue Trajano quien le llamó a Roma para alejarle de su gran afición por la caza, a la que daba rienda suelta en Itálica. Es curioso que pese a los esfuerzos de su preceptor, la pasión cinegética le acompañará toda la vida, como vemos en los tondos de Adriano que luego sirvieron de decoración para el Arco de Constantino. En ellos se le representa cazando osos, leones, haciendo ofrendas a Diana... Frente a la calidad militar de Trajano, que conquistó una de las zonas mineras más ricas del Imperio, la labor de Adriano posee más facetas. Es por eso que para mí, este último tuvo una repercusión histórica mayor. Acometió una serie de medidas administrativas que se mantendrán hasta la reforma de Diocleciano, a finales del siglo III. —Sin embargo, con Trajano el Imperio llega a su máxima expansión. ¿Podemos afirmar que llega también a su máximo esplendor? —Me parece que el máximo esplendor se da durante el reinado de Nerón. Tradicionalmente los trabajos de Nerón se fijaban en los escándalos personales de este emperador y en asuntos como el incendio de Roma, en el que hoy se cree que no tuvo nada que ver. Así se obtenía una imagen nada favorecedora, en cuya construcción los cristianos tenían mucho que ver.

No obstante, si analizamos su faceta de administrador y el florecimiento de las artes comprendemos por qué hoy su figura está por las nubes. Nerón nombró a espléndidos administradores para las provincias hispanas, Galba y Otón. En sus siete años de servicios, estos hombres lograron que, bajo los Flavios, los hispanos recibiesen el jus latii. Es decir, se había avanzado tanto en la romanización de estos territorios, que la Península podía pedir el derecho de ciudadanía para todos sus habitantes. —Nerón ha tenido siempre un problema de imagen. Se le presentaba como un déspota caprichoso y cruel, mientras que los Antoninos pasaban por gobernantes sabios y prudentes. —En el hombre peor siempre hay, al menos, una faceta buena y viceversa. Depende de en qué nos fijemos. Uno de los mejores investigadores cristianos, Ricardo García-Villoslada, me dijo una vez: «Yo, que he manejado fuentes, puedo decir que la mayoría de los santos han sido unos sinvergüenzas. Pero todos tuvieron algún aspecto muy positivo. La Iglesia se ha fijado en esos aspectos para ponerlos como ejemplo de santidad, callando lo negativo». Ese es el quid de la cuestión: todo depende de las fuentes hacia las que nos inclinemos. ◙

Entrevista íntegra en

http://blogtabula.blogspot.com.es/


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LASCRÓNICASDICEN...

POLÍTICA SOCIAL: LOS ALIMENTA

Sustento público para los hambrientos Hacia el año 101 se puso en marcha una ambi-

generó fondos para instituir ayudas orientadas

ciosa política para devolver a la Península Itáli-

al sustento de niños desfavorecidos. Los docu-

ca a la vanguardia económica del Imperio. Pese

mentos fragmentarios que han llegado hasta

a su trasfondo macroeconómico, la medida fue

nosotros dan una idea del sistema de reparto

presentada con la cara más amable y humana

en el que los varones recibían más que las mu-

de la beneficencia infantil. La constitución de

jeres, y los hijos legítimos, más que los nacidos

una línea de préstamos a propietarios rurales

fuera del matrimonio.

Por Marcos Uyá.

Durante el mandato del emperador Marco Ulpio Trajano se desarrolló en la Península Itálica una vasta política de impulso socio-económico que recibió el nombre de su proyecto más emblemático, pero no único: las fundaciones alimentarias públicas o alimenta. La bibliografía existente sobre el tema no alcanza un acuerdo unánime sobre el fin último de esta política, que tuvo numerosas vertientes. En lo económico, el principal objetivo del plan era el impulso del sector agrícola itálico, que arrastraba décadas de profunda crisis. A principios del siglo II, la situación había llegado al culmen del despoblamiento rural por la improductividad de las explotaciones. El intenso flujo migratorio hacia las ciudades hacía necesarias drásticas medidas que pivotaron, según Lo Cascio y Hirschfeld, en torno a una línea de préstamos públicos para impulsar la producción de las fincas rústicas.

La devolución de los créditos revertía en una iniciativa social, las ayudas a la crianza de los niños de las familias más desfavorecidas. De esta forma, la iniciativa pública en favor de la agricultura acababa impulsando la demografía del campo itálico, que desde tiempos de Augusto caía en picado, a pesar de las sucesivas medidas de fomento del matrimonio y la natalidad. Dejando de lado la controversia actual sobre el verdadero fin de esta política, los alimenta representaron un intento muy significativo por parte del emperador para recuperar el papel de Italia como cabeza visible del Imperio. Lo que no excluye que fuese también una magnífica ocasión para consolidar la popularidad del nuevo emperador. Con todo, la iniciativa no era una idea original de Trajano. Según los estudios realizados, en los que destacan las aportaciones de Mainino, todo apunta a que su origen estuvo en su predecesor, Marco Coceyo Nerva, que


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puso en marcha una serie de medidas con el fin de ganarse la voluntad del pueblo, que no había visto con buenos ojos su llegada. En lo económico, rebajó los impuestos de las clases menos pudientes e impulsó una política de ayudas, principalmente destinadas a la plebe, como el reparto de harina (frumentationes), de alimentos (conginaria) y dinero (donativa). A todo lo anterior, se venía a añadir los alimenta, una obra de beneficencia pública que consistía en la entrega de créditos estatales a los propietarios de fincas rústicas italianas, a un interés inferior a los préstamos entre particulares cuyo máximo estaba regulado en un 12% anual. El dinero generado con estas operaciones se destinaba a la manutención de niños y niñas pobres hasta probablemente los 18 y 14 años respectivamente. Nerva no tuvo tiempo de poner en marcha la iniciativa en su corto mandato, sino que sería seguramente potenciado e impulsado por su sucesor. Reparto por demarcaciones No sabemos con exactitud en cuántas ciudades itálicas se puso en marcha la iniciativa de los alimenta, aunque sí tenemos claro que no llegó a todas ellas. Se ha calculado que, de las 1.197 ciudades que había en Italia en aquel momento, aproximadamente la mitad pudieron beneficiarse de la asistencia. Parece que los alimenta tuvieron un alcance desigual, ya que las tres cuartas partes fueron destinadas exclusivamente a las ciudades centrales de la Península Itálica. La organización de estas fundaciones alimentarias se basaba en distritos, al mando de los que se ponía a un magistrado estatal con rango consular o pretorial. El cometido de este magistrado era el de constituir una fundación en su demarcación e inspeccionar si se cumplía el cobro de las rentas y su distribución entre los niños y niñas más necesitados. Los delegados estatales estaban asistidos por magistrados municipales que recibían el nombre de quaestores alimentorum municipales. Ellos eran los encargados de que se efectuasen los ingresos de las rentas y el poste-

¿Por qué participar en el programa de beneficencia? Las fundaciones alimentarias públicas, bien recogidas en el Derecho Romano, suscitan cierto debate en cuanto a su naturaleza jurídica. Para Segré el acto jurídico no era un préstamo, sino lo que él denomina largitio, es decir, la entrega de un capital no repetible a los propietarios de las fincas rústicas. A cambio de este capital, el beneficiario se com-

(10, 55) parecen sustentar la opcionalidad en la participación en el programa, aunque cuesta creer que miles de propietarios aceptasen una carga financiera, que podría ser perpetua, por el hecho de ayudar a los niños pobres. Si bien la mayoría de los autores, como el propio Segré, defienden la voluntariedad en la aceptación de estos préstamos,

prometía a constituir una renta perpetua para alimentar a los niños integrados en el programa. Por otro lado, Biscardi y Brinz aluden a este programa como verdaderas fundaciones en las que el patrimonio iba destinado a un fin concreto. Según ellos, el Fisco renunciaba a la repetición del capital prestado, que quedaba afectado para el cumplimento del respectivo fin. Finalmente, Criniti, aunando las anteriores opiniones, considera que la naturaleza jurídica de los alimenta correspondería a una especie de fundación impropia en la que los patrimonios están sujetos indefinidamente a la beneficencia, según la voluntad del fundador, que en este caso era el Fisco romano. Tampoco existe un acuerdo unánime en lo que se refiere a la voluntariedad en la participación de estos préstamos. Algunos testimonios como las “Epístolas” de Plinio

Papa alega que se debió de imponer obligatoriamente dada la importancia que esta labor asistencial tenía para el emperador. Por su parte, Veyne sugirió que los participantes en el programa podrían haber gozado de ventajas fiscales por aceptar el capital en cuestión. Otro aspecto que suscita polémica entre los estudiosos es la repetibilidad de los préstamos, es decir, si solamente se hacían una vez por beneficiario o era posible concurrir en varias ocasiones. Parece probable, según autores como Papa o Segré, que el préstamo no fuese repetible, ya que hubiera repercutido negativamente al fin de la institución alimentaria. Sin embargo, Veyne argumenta la tesis contraria en la posibilidad de que los propietarios de las fincas rústicas podían librarse del pago de los intereses reembolsando el capital recibido.

rior reparto entre las familias seleccionadas. No siempre se producía la anterior estructura organizativa, ya que había municipios de pequeño tamaño, como los de Emilia o Transpadania, en los que no existía la figura del quaestor alimentorum municipal. En estos casos el magistrado estatal se encargaba directamente de la inspec-

ción del ingreso y distribución de los fondos. Dos testimonios de la época Conocemos la cantidad percibida por los niños y niñas gracias a la famosa Tabla de Veleya, encontrada cerca de Piacenza, que constituye una de las fuentes primordiales para el estudio de este sistema. Descubierta en 1747,


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contiene el proceso de constitución de las fundaciones alimentarias de esta ciudad. Se pueden distinguir dos fases en el desarrollo del plan. En la primera, realizada entre los años 99 y 101, el legado Cornelio Galicano, con rango consular, distribuyó en préstamos a los propietarios de tierras un total de 72.000 sestercios. Durante la segunda, realizada por Pomponio Baso entre los años 106 y 114, se presta (aunque no sabemos por cuánto tiempo) un total de 1.044.000 sestercios a un interés anual del 5%. Dicha cantidad era equivalente al 8% del valor estimado del conjunto de las fincas. El cobro de los intereses del préstamo estatal reportaba un total de 52.000 sestercios anuales, que se distribuían de la siguiente forma: los 245 niños legítimos recibieron 47.040. Esto es, cada uno cobraba 192 sestercios al año, a una media de 16 al mes. Los 4.896 restantes eran distribuidos

entre 34 niñas, lo que equivalía a 144 sestercios anuales (12 al mes), cantidades que daban para una dieta frugal consistente en pan y aceite diarios. Por otra parte, tenemos información de que a un hijo bastardo (spurius) se le concedían 144 sestercios al año y a una spuria, 120. La tabula de la que se han extraído los anteriores datos también incluye una enumeración de los prestatarios: 5 en la primera fase y 47 en la segunda, entre propietarios y concesionarios de suelos públicos (vectigalistae). En esta segunda fase aparecen las sumas de cada préstamo, el número de niños y niñas beneficiados, la renta asignada a cada

Tabla de los Ligures Baebiani especifica con detalle la administración de los alimenta en una demarcación cercana a la actual Benevento.

Un filón propagandístico Las instituciones alimentarias tuvieron una importante utilidad para la propaganda imperial, que no dudó en capitalizar la preocupación de Trajano por los infantes para reforzar, de paso, la figura y autoridad del princeps. Se acuñaron monedas que resaltaban el deseo del emperador de reforzar Italia como cabeza y sede principal del Imperio. Para ello, entre los años 103-111, se emiten series de sestercios en cuyo reverso figura la leyenda REST. ITALIA en el exergo y S. P. Q. R. OPTIMO PRINCIPI alrededor. El lema atribuye carácter de Restitutor al Emperador, idea que se refuerza con la iconografía de estas monedas: Trajano, que aparece representado en pie y portando un cetro coronado por el águila, levanta a Italia, mostrada como una mujer arrodillada que sostiene un globo. En esta escena, el centro está ocupado por dos niños que tienden las manos.

Los sestercios acuñados en el 109 también conmemoran las fundaciones alimentarias. En el exergo aparece la leyenda ALI. ITALIAE, o en ocasiones ALIM. ITAL. y de nuevo el consabido S. P. Q. R. OPTIMO PRINCIPI alrededor. La iconografía es parecida a la anterior: Trajano aparece sentado ante una mujer que representa a Italia, con dos niños en sus brazos. En ocasiones la mujer sostiene una espiga o cornucopia, símbolos de prosperidad, que identifican a la portadora con el modelo iconográfico de la Abundantia

(que brinda protección a los niños) o la Annona (literalmente significa cosecha), con un niño a sus pies. También existe una emisión de denarios con la leyenda COS. V. PP. S. P. R. Q. OPTIMO PRINC. y en el exergo ALIM. ITAL. En estas monedas aparece un personaje con velo o toga que ofrece algo a dos niños. No está claro que esta figura sea la del emperador, ni sabemos exactamente qué ofrece, pero también podría interpretarse como una invitación a que se acerquen para recibir protección. No solo la moneda fue testigo de este tipo de propaganda. El Arco de Trajano en Benevento, construido por la apertura de la vía Trajana, también contiene alusiones a los alimenta. En uno de los relieves se representa la distribución de víveres a los niños y niñas pobres a través de esta institución y aparecen juntos Trajano y la Abundantia, a la cual no se le ve el brazo derecho, pero sí la diadema y la cornucopia.


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Representación del reparto de alimentos entre los niños necesitados. Relieve decorativo del Arco de Trajano, en Benevento.

uno de ellos, el valor de los fundos puestos como garantía para el pago de las rentas y el tipo de interés. Una segunda fuente digna de interés, aunque más incompleta, es la llama Tabla de los Ligures Baebiani, encontrada en el pueblo de Macchia de Circello a unos 40 kilómetros al norte de Benevento, en 1831. Estudiada por prestigiosos especialistas como Paul Veyne, su datación se sitúa en torno al año 101, en el consulado del propio emperador Trajano y de Quinto Articuleyo Peto. El texto se repartía en cuatro columnas de las que subsisten dos, más la mitad de una tercera. La tabla consigna el nombre del propietario que se acogía al programa, el valor en que se estimó su propiedad y la cantidad que recibió. El capital prestado representó casi el 8% del valor global de las propiedades adscritas en la tabula, mientras que el tipo de interés, al contrario que el 5% estipulado en Veleya, bajaba en esta ocasión al 2,5%. En su momento, Veyne trató de explicar este porcentaje reducido con la hipótesis de que pocos campesinos se acogieron al programa. De ser cierta esta suposición, sería posible que las tasas de interés variasen de unas ciudades a otras. En cuanto a las ayudas destinadas a los niños y niñas pobres, desgraciadamente apenas se poseen datos, los cuales

quizás estarían expuestos en las partes no conservadas de la Tabla de los Ligures Baebiani. Otras fundaciones La institución alimentaria parece que pervivió durante todo el siglo II, bajo la dinastía Antonina. Dos fuentes (Ulp. 1.2. fideic. y la SHA, vita Hadriani, 7, 8) informan de que Adriano constituyó en Antinoopolis (Egipto) una fundación a favor de los hijos de sus ciudadanos. Lo mismo parece suceder en Atenas, según se recoge en una posible tabula alimentaria encontrada. En ella aparece una lista de propietarios, su finca, la localidad y la suma de dinero que percibieron. En época de Antonino Pío, se crea la Institución Alimentaria de las Niñas Faustinas, en honor a su mujer, Faustina la Mayor. Esta fundación se dedicaba a la asistencia social de las niñas pobres. También su sucesor, Marco Aurelio, siguió el ejemplo con una fundación denominada Nuevas Niñas Faustinarias, en honor a su hija Lucila y a su esposa Faustina la Menor. A partir de ese momento la institución alimentaria parece entrar en un proceso de decadencia, si bien Pertinax en su corto reinado intenta reinstaurarla. A tenor de la escasez de fuentes posteriores, se puede deducir que la crisis militar, económica y política del siglo III llevó a los alimenta a extinguirse y desaparecer. ◙

Un niño recibía 192 sestercios al año. La cantidad para las niñas era inferior: 144 anuales, lo mismo que para los varones nacidos fuera del matrimonio PARA SABER MÁS: • BLANCH NOUGUÉS, J. M. (2008): “Las fundaciones en Derecho Romano: las llamadas fundaciones alimentarias públicas romanas”, en Régimen jurídico de las fundaciones en Derecho Romano, Ed. Dykinson, 123-169 págs. • BLAZQUEZ, J., M. (2003): Trajano. Ariel, Barcelona. • GARZON BLANCO, J. M. (1988): “La política alimentaria desde Trajano a Antonino Pío en la propaganda numismática”, en Studia Historica, 6, 165-174 págs. • VEYNE, P. (1957): “La Table des Ligures Baebiani et l´institution alimentaire de Trajan”, en Melanges d´archéologie et d´histoire T. 69, 81-135 págs.


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GUERRAS DÁCICAS

El ejército que derrotó a Decébalo

Foto: Cristian Marinescu

Por José Luis Centeno.

Cuatro años después de subir al trono, Trajano lanzó una gran ofensiva en el Danubio. Pero antes de afrontar una campaña de gran envergadura, el experimentado general acometió una serie de reformas con las que puso al día la ingente maquinaria bélica del Imperio y la preparó para nuevas empresas expansionistas. La guerra en Dacia fue su banco de pruebas.

A principios del siglo II el limes renano-danubiano se dirigía hacia un escenario de guerra. Antes del estallido de hostilidades, en el lado romano se habían producido movimientos que presagiaban un conflicto a gran escala, como la reorganización de las tropas en la zona o la inspección de las provincias de Panonia y Moesia por parte del propio emperador. Ciertamente, el hombre que estaba al frente del Estado no era desconocedor de la situación de la frontera. Tampoco era ajeno a la realidad de la maquinaria militar que comandaba. Desde los inicios de su principado, la figura de emperador ideal (optimus princeps) de Trajano apareció muy marcada por su faceta de homo militaris. Esta pose, que debe mucho a Pli-

nio el Joven, atribuía mayor relevancia a los asuntos militares que a los civiles. No en vano, Trajano permaneció en el limes renano-danubiano para su reforzamiento y reorganización, tras la muerte de Nerva en 98 d. C. El emperador hispano marcó diferencias respecto al anterior gobierno en lo relativo al ejército. No nos ha de extrañar, ya que éste era el verdadero filtro de acceso al Principado. Su papel de regulador de las relaciones internas y externas de Roma lo convertía en una fuerza que había de ser manejada con firmeza y disciplina. Trajano prestó gran atención al ejército, sobre el que asentó buena parte de su política. Llevó a cabo reformas que, si bien no fueron radicales ni innovadoras, lograron incrementar notablemente su eficacia gracias a una mejor administración, organización y


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distribuición de los recursos. Así por ejemplo, se replanteó el uso de la caballería para mejorar las comunicaciones. Se reforzaron los puntos neurálgicos de las fronteras, en Dacia, Panonia, o incluso al otro lado del Éufrates. También se distribuyeron los recursos de forma más eficiente. Otro ejemplo de las nuevas directrices de Trajano afectó a las tropas de élite, como la guardia pretoriana, que ganaron un papel más activo en las guerras. Los más aptos de entre las tropas auxiliares de caballería formaron una nueva unidad, ala singularium, como complemento a su guardia personal y como respuesta a la revuelta pretoriana del año 97 encabezada por

¡Qué magnífico es el que hay as restablecido de nuevo la disc iplina militar, que había caído en desuso y desaparecido de nuestros cam pamentos! Plinio el Joven. Panegírico a Trajano.

el prefecto del pretorio. Vuelta al expansionismo La llegada de Trajano al poder supuso el inicio de un nuevo periodo expansionista en el que se dejó de lado la política augústea de mantenimiento de las fronteras. Estas se habían identificado tradicionalmente con los grandes

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ríos que marcaban la diferencia entre el mundo romano (identificado con la oikumene) y el bárbaro. Los planes del emperador hispano dieron aliento al último gran intento expansionista de etapa imperial, como demuestra la anexión de la Dacia como provincia romana o las campañas pár-

La paulatina revalorización de los auxiliares Trajano elevó el número de legiones de 28 a 30 con la creación de la Legio II Trajana Fortis y la Legio XXX Ulpia Victrix. El reclutamiento seguía las pautas de la época Flavia, es decir, la leva entre los ciudadanos de las provincias occidentales y de Macedonia. Si bien en el reclutamiento y en la organización militar legionaria no hay cambios notorios, sí existen novedades en su organización administrativa, con la que se consiguió relanzar la eficacia bélica del Imperio. Los regimientos de infantería se dividían en cohortes y podían constar de 500 hombres (cohors quingenaria) con un praefectus al frente, o de 1.000 (cohors milliaria), dirigidas por un tribuno. Por su parte, la organización de la caballería tenía sus peculiaridades ya que se dividía en alae, a cuyo mando estaba un praefectus alae, y constaban de 500 jinetes (ala quingenaria), o de 1000 (ala milliaria). Cada ala se subdividía en dieciséis y veinticuatro turmae, respectivamente, con un decurión al frente. Las tropas auxiliares experimentaron las modificaciones más notorias. El emperador hispano, gran conocedor de la legión, sabedor de sus defectos y virtudes,

supo corregir, hasta cierto punto, dos de sus debilidades: su escasa maniobrabilidad y su habitual rigidez en combate. Ambas se habían revelado a veces muy nocivas en campo abierto. Para ello aumentó el número de unidades auxiliares hasta un máximo de quince, en todas sus vertientes: infantería, caballería y mixtas. Durante la época de estudio todos los oficiales de las tropas auxiliares todavía poseían la ciudadanía romana, aunque estos rangos eran menos prestigiosos que los correspondientes en la legión. Con todo, a lo largo de este periodo dichos efectivos adquirieron gran importancia,

como atestigua su presencia en la Columna Trajana con su particular vestimenta y armamento. La utilización de tropas auxiliares mixtas, es decir, elementos de infantería junto con algunos de caballería (ala pediata) o al revés (cohors equitata) también se ha comprobado, teniendo sus propias divisiones en centurias y turmae. El licenciamiento del servicio militar para los auxiliares se producía a los veinticinco años de servicio, en algunos casos incluso antes (ante emerita estipendia), y representaba la obtención de la ciudadanía romana y la legitimación de sus matrimonios (conubium) y su descendencia.

Dibujo sacado de la Columna Trajana, en la que el emperador (vestido de púrpura) recibe a unos mensajeros, arropado por una hueste heterogénea de soldados auxiliares.


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ticas. Según Hidalgo de la Vega: «Con él se retomó en una nueva versión el modelo de emperador conquistador que reinventaba los deseos “ilusorios” de los grandes generales de finales de la República, que aspiraban a la dominatio mundi». Pese a estos presupuestos ideológicos, las razones directas de la guerra en Dacia no están todavía resueltas de manera satisfactoria. Las fuentes no detallan mucho al respecto. Dion Casio alude a la abundancia de plata y oro, pero el ruido provocado por la propaganda imperial impide ver con suficiente claridad los motivos de fondo. Quizá no sea adecuado enfocar el tema de una manera unidireccional, sino como la suma de diversas causas. Las guerras emprendidas por Trajano hunden sus raíces en la época de Domiciano, entre los años 85 y 89, y cuyo resultado se podía calificar de desastroso para los romanos. Hubo episodios muy desafortunados, como la muerte del prefecto del pretorio Cornelio Fusco. Dion Casio (67, 5-6), Eutro-

Domiciano legó a su sucesor una situación muy inestable en la frontera dácica debido a varias campañas funestas

pio (7.15) o Suetonio (“Domiciano”, 6.1) se hacen eco de estas derrotas, haciendo también alusión a la situación de inestabilidad que Domiciano lega a su sucesor, como subraya Tácito (Agn., 41.3). Un tratado el año 89 dio por finalizada la guerra dácica de Domiciano, en unos términos vergonzosos e inaceptables, que serían empleados por Trajano como causa y propaganda para el inicio de las hostilidades el año 101.

Costillas protectoras

En segundo lugar, existía la motivación estratégica de evitar una alianza de los pueblos circundantes bajo el rey dacio (confederatio barbarica), con el fin de sacudirse el yugo romano, como señala Dion Casio (68.6.2). Junto a esto, el aumento y la mejora del ejército de Decébalo, llevada a cabo gracias a los subsidios y ayudas técnicas cedidas por Domiciano, contribuía aún más a aumentar la desconfianza de Roma. Un tercer elemento que explica la conflagración, quizá uno de los más destacados, es el económico. El deseo de Trajano de poner en marcha un ambicioso programa de obras públicas y evergetismo encontraba su respuesta en la explotación de las ricas minas de oro y plata de la Dacia. Finalmente, como cuarto apunte, hemos de sopesar la ambición expansionista del emperador Trajano como una contingencia para estimular el inicio de la contienda. Guerra en Dacia La primera guerra tuvo lugar entre los años 101 y 102. No sabemos el número total de efectivos que participaron en ella, aunque podemos hacer alguna aproximación gracias a los diplomas militares.

El armamento de los dacios impuso cambios e innovaciones en la panoplia romana. La alteración más notoria se produjo en el casco. El conocido como tipo Gálico Imperial reforzó la bóveda con unas “costillas” metálicas de lado a lado que le daban mucha más consistencia y solidez. Por otra parte, unas mayores dismensiones de las carrilleras y el cubrenuca se mostraron tan eficaces que se siguieron utilizando hasta el siglo III d. C.

C.

El Trofeo de Adamclisi muestra la nueva equipación militar romana. Un legionario romano se protege la cabeza con un casco especialmente diseñado para resistir mejor las terribles espadas (sica), como la que blande un enemigo, o el puñal dacio superior, expuesto en el Museo de las Puertas de Hierro, de Drobeta-Turnu Severin. A la izquierda, un par de reconstruccionistas lucen un casco con una cruceta que refuerza la parte superior, y amplias carrilleras y cubrenuca. esc rin

Ma

u

Foto: F. Dijkstra

Foto: Cristian Marinescu


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Sí conocemos los preparativos de esta guerra, que ponen de manifiesto la preocupación de Trajano por los aspectos logísticos y militares. Prueba de ello son la construcción de una carretera que corría paralela a la orilla derecha del Danubio, con la intención de mejorar la movilidad de sus tropas a lo largo de la cuenca renano-danubiana; la apertura de un canal de navegación para una mejor defensa; la edificación de un puente de más de un kilómetro de longitud durante el período de entre guerras, obra de Apolodoro de Damasco (durante la Segunda Guerra Dácica); o el empleo de un elevado número de tropas auxiliares, que ascendieron hasta 21, procedentes principalmente de Panonia y Mesia Inferior y Superior, como atestiguan los diplomas militares. El primer enfrentamiento armado tuvo lugar en Tapae y la victoria se decantó del lado romano, pero no supuso unas pérdidas muy elevadas para Decébalo, que se lanzó al ataque sobre Mesia Inferior, durante la retirada de Trajano para invernar. La derrota de Decébalo y sus aliados contra Roma, que había conseguido vencer no sin pocos esfuerzos, supuso el levantamiento de un trofeo conmemorativo en Adamclisi y el final de las hostilidades el año 102. Con la firma de un nuevo tratado en el que Decébalo aceptaba las condiciones romanas sin opción. La firma de este tratado no dio resultados muy duraderos, ya que había sido fruto de las necesidades del momento. Creó las circunstancias que llevaron a la Segunda Guerra Dácica entre los años 105 y 106. Los orígenes de este nuevo conflicto son mal conocidos ya que sólo tenemos un resumen que Xifilino hizo de un texto de Dion Casio. En él se expone que los romanos se encontraban reorganizando el limes en el momento del estallido de hostilidades. Este hecho debe ser complementado y entendido junto con un rearme de Decébalo, quien reconstruyó las fortalezas, levantó de nuevo un ejército e intentó atraer de nuevo hacia su posición a los pueblos circundantes. El ultimátum enviado por Roma el año 105 fue contestado por Decébalo con

Motivación y entrenamiento Muy experimentado a lo largo de su carrera militar, Trajano supo incrementar la intensidad del entrenamiento de los soldados para la guerra, evitando que fueran empleados en otras tareas de vigilancia. No hay que olvidar que el ejército de finales del siglo I estaba subdividido en legiones, unidades auxiliares, guardia pretoriana y singulares, y policía (urbaniciani). Bajo Trajano, al cuerpo militar se le asigna la única tarea

la ciudadanía romana, eran potentes acicates para una lucha más efectiva. Otro punto de gran importancia, que Trajano supo utilizar con habilidad, fue el estímulo de los lazos afectivos y la convivencia entre los soldados y sus oficiales, incluido el emperador. El objetivo era consolidar una fidelidad (fides) mutua y, por tanto, un mejor rendimiento en el combate. El establecimiento de la fides como uno de los principales va-

de combatir al enemigo externo y se le somete a un constante ejercicio físico para mejorar la técnica y la preparación para el combate. Asimismo, se desarrolló fuertemente la disciplina militar y una psicología más dura. Como punto de cohesión de todos estos aspectos, la captura de abundante botín o, en el caso de los auxiliares, la obtención de

lores de las antiguas tradiciones (mos majorum), sancionadas en última instancia por la divinidad, hacía de este concepto algo aún más importante. El propio Emperador se embarcó personalmente en este intento por revalorizar la fidelidad, participando en numerosas batallas y acabando con privilegios, algo que consiguió sin que se produjesen sediciones.

Foto: Cristian Marinescu

El ansia de botín siempre ha sido un potente acicate del ardor guerrero, aunque las injusticias en su reparto son frecuente origen de disputas y problemas. Trajano refrenó los privilegios de los oficiales. En la imagen, captura de los hijos de Decébalo. Detalle de la réplica de la Columna Trajana, que alberga el Museo Nacional de Historia de Rumanía.

un ataque exitoso sobre las posiciones romanas en el Banato. La respuesta de Roma no se hizo esperar y el año 106 con la ayuda de algunos grupos de nobles locales, cuya alianza con Roma no había podido romper Decébalo, Trajano se dispuso

a reconquistar las posiciones del Banato. Su propósito era sitiar y conquistar Sarmizegetusa Regia. El desarrollo del plan se atestigua bien en la Columna Trajana. El desarrollo de las guerras no estuvo exento de dificultades para Roma,


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que hubo de superar el secuestro de Cn. Pompeyo Longino y el intento de asesinato del propio Trajano, según Dion Casio (68.11.3). Esta misma fuente informa de que la toma de Sarmizegetusa provocó la huida de Decébalo, quien acabó por quitarse la vida (68.14.3). Repercusiones de la victoria El éxito bélico convirtió el Estado cliente de Dacia en una provincia de Roma, que perdió su sector danubiano en favor de Mesia (aunque no sería definitivamente organizada hasta el 117, ya con Adriano). Sólo la parte más septentrional de los nuevos territorios quedó fuera de la provincia recién creada. El gobierno y administración de esta región quedó sometida al emperador y, por tanto, bajo el mando de un legatus Augusti, hecho lógico al tratarse de un dominio recién conquistado y con gran importancia aurífera. El carácter de territorio recién adquirido provocó la permanencia de un gran número de militares, que constituyeron un elemento fundamental para la administración y posterior integra-

El éxito de Dacia animó a Trajano a emprender nuevas campañas con la idea de extender un gobierno ecuménico ción en el Imperio. Si bien el sector militar tiene un peso muy relevante en la primera fase de romanización, la parte civil también habría de tener mucha importancia, a través de una colonización masiva. Eutropio (8, 6, 2) indica que el Emperador «trajo grandes cantidades de personas de todas partes del mundo romano para trabajar en los campos y en las ciudades». Las propias peculiaridades de la Dacia hacen de su romanización algo totalmente diferente, dada la ausencia de ciudades y asentamientos autónomos, que llevó a la creación, entre

otras fundaciones, de la Colonia Dácica (Colonia Ulpia Trajana Augusta Dacica Sarmizegetusa). También cabe resaltar la falta de una estructura administrativa; la carencia de una lengua que rivalizara con el latín; y el papel de la religión dácica, y sus similitudes con el culto imperial, como elemento de integración social e ideológica en el aparato romano. Con todo, y de forma paradójica, la romanización e inclusión de la Dacia dentro de la oikoumene supuso la casi exclusión de los dacios del proceso. Gran parte de ellos fueron desplazados a las zonas rurales, exterminados, vendidos como esclavos, o emigraron. Por otro lado, la victoria supuso para Roma, militarmente hablando, el reforzamiento del limes danubiano y la obtención y explotación de las ricas minas de oro y plata que allí se encontraban. La victoria sobre los dacios supuso la consolidación de la imagen de Trajano como emperador-soldado a través de varias aclamaciones militares y con el título honorífico de Dácico (102). La propaganda oficial lanzada por él, tan-


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to durante las guerras como después de ellas, es perfectamente visible en las series y leyendas monetales (Dacia capta) y en diversos monumentos, como símbolo de la felicitas y la abundantia en la que Roma se encuentra inmersa gracias a sus acciones. Este esfuerzo consiguió que la victoria y sus repercusiones se hicieran inseparables de la persona del emperador. Al mismo tiempo, Trajano logra con su triunfo una importante justificación para las ulteriores campañas párticas, junto con la idea de un gobierno ecuménico y cosmocrático, sustentado además en su deseo de gloria militar y expansión hacia el este mesopotámico (aemulatio Alexandri). Por otra parte, la conquista de la Dacia tuvo importantes repercusiones económicas. Centrándonos solo en la propia ciudad de Roma, parte del botín se utilizó en la construcción de la Columna de Trajano, oficialmente terminada y consagrada el 18 de mayo del año 113 d. C. Fue obra de Apolodoro de Damasco y ocupó un lugar preeminente en el Foro de Trajano como recuerdo de los 35 metros de tierra que hubo que remover para su instalación. Asimismo, los 200 metros de relieve que recorren la estructura vertical narran las victorias de Trajano sobre el pueblo dácico, de gran utilidad para el estudio de las guerras, aunque se reali-

El elemento indígena fue desplazado hacia el campo tras la conquista de la Dacia. Guerreros dacios, del Museo Militar Rey Fernando I (Bucarest). Foto: Cristian Marinescu

ce una gran exaltación de la victoria trajanea y de los valores de la cultura romana. Como parte inseparable de la columna, hemos de mencionar el Foro Trajano que fue el último y el más grande de los foros imperiales. En este caso Trajano también contó con la especializada ayuda de Apolodoro, que finalizó la obra en el año 112. Dentro del foro destaca la construcción de la

Basílica Ulpia de planta rectangular y dividida en cinco grandes naves. Continuando con este proceso de monumentalización en Roma hemos de mencionar la edificación de un teatro, una naumaquia, el levantamiento de un nuevo acueducto, la Aqua Trajana (109) y las termas Suranae, estas últimas erigidas por Lucio Licinio Sura en el monte Aventino. Todos estos espacios públicos contribuyeron a que se produjera una relación directa entre los ciudadanos, el poder y los beneficios que éste revertía en la Urbe. La labor urbanística y constructora de Trajano no solo se limitó a Roma. Existen buenos ejemplos de su ímpetu edilicio en la construcción de la Via Trajana (113), que acortaba el recorrido de la Via Appia; también en la remodelación y ampliación del puerto de Ostia, o en la construcción del puente del Alcántara en Hispania, bajo la supervisión del ingeniero Cayo Julio Lácer. En el aspecto social, Trajano desplegó también un amplio programa en el que destacan los alimenta (ver página 22) y la condonación de deudas. Pese a estas iniciativas deslumbrantes, no se han de obviar las contradicciones que van surgiendo en diferentes ámbitos y que se irán acentuando durante el gobierno de sus sucesores. ◙

PARA SABER MÁS: • GÓNZALEZ-CONDE, M. P. (1991): La guerra y la paz bajo Trajano y Adriano. Fundación Pastor de Estudios Clásicos. Madrid. • ROSSI, L. (1971): Trajans column and the dacian wars. Thames and Hudson Corp. Londres. • STEFAN, A. S. (2005): Les guerres daciques de Domitien et de Trajan: architecture militaire, topographie, image et historie. École français de Rome. Roma. Foto: Cristian Marinescu

Las grandes riquezas de la Dacia atrajeron la atención de Roma. Monedas dacias custodiadas en el Museo de las Puertas de Hierro de Drobeta-Turnu Severin (Rumanía).

• WEBESTER, G. (1969): The roman imperial army: of the first and second centuries A.D. Adam & Charles Black. Londres.


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ARQUEOLOGÍA

La autopista del desierto La conquista de Partia comenzó años antes de desenvainar las espadas. Roma allanó el camino en Oriente Próximo con la anexión del reino nabateo y la construcción de una red de calzadas al servicio del ejército. La Via Nova Trajana fue un elemento clave en esos planes pero, gracias a su buena factura, fue una ruta en uso durante muchos siglos después. Por Ángel José Pérez Izquierdo.

Las tropas, perfectamente alineadas en orden de marcha, esperaban la orden del legado. Un simple gesto de Cornelio Palma, y los legionarios comenzaron a atravesar los límites de la provincia romana de Siria, ante un horizonte de arena y piedras. Comenzaba la anexión por el Imperio romano del reino nabateo de Petra. Estamos en el año 106 d. C. y, aunque el emperador no está presente –le ocupa la conclusión de la guerra en Dacia–, el ejército romano está listo. No en vano, desde hace meses se viene preparando la campaña en asuntos tan vitales como la red de transportes para el abastecimiento.

Al paso de las legiones se va tejiendo un sistema de calzadas que une las nuevas posesiones con el resto del Imperio. Una de las piezas de esta red es la Via Nova Trajana, que fue construida entre el 111 y el 114 d. C. para consolidar y administrar la nueva provincia romana de Arabia Petraea. Su trazado discurría a lo largo de 430 kilómetros, desde Bostra, la capital de la nueva provincia, hasta el importante puerto de Aila en el Golfo de Aqaba, salida natural hacia el Mar Rojo, conectando importantes ciudades a lo largo de su recorrido. Los encargados de su construcción fueron las fuerzas militares estacionadas en la zona y durante al menos

cuatro siglos permitió el movimiento de soldados, funcionarios, bienes y equipos. Siguió por lo general el trazado del antiguo Camino Real nabateo, citado ya en la Biblia. La misma ruta, que sigue siendo utilizada hoy en día por los viajeros en Jordania, era estratégica, como lo demuestra que fuera poco a poco guarnecida y asegurada con varios campamentos legionarios, fortalezas y torres de vigilancia. Este cuidado responde a su carácter de punto de unión de las diversas partes del Imperio romano en Oriente, ya que a ella confluían ramales que conectaban importantes ciudades y otras rutas procedentes de Egipto, Palestina y Siria.


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Los primeros miliarios identificados hasta ahora datan de entre el 111 y el 114 d. C., entre cinco y ocho años tras la anexión romana. Las inscripciones de los miliarios y las fuentes históricas indican que Trajano creó una nueva provincia. El tiempo transcurrido entre la invasión romana y estas inscripciones coincide también con la leyenda de diversas monedas datadas en el año 111 d. C. que indican que la región fue anexionada (adquisita). Llama la atención la falta de inscripciones anteriores al 111 d. C. indicando la anexión. No hay que olvidar que las inscripciones en los miliarios y en las monedas eran dos formas clave de hacer publicidad en una época carente de medios de comunicación tal como hoy los conocemos. Una posible explicación para este retraso es que Trajano esperó deliberadamente hasta el 111 d. C. para hacer declaración pública de la anexión como un hecho ya consumado mediante inscripciones, monedas, etc. Parece claro que quería tener el territorio consolidado antes de iniciar su gran campaña hacia el este contra los partos, en el 114-115 d. C. La construcción de la Via Nova formaría parte importante de ese proceso de consolidación. En relación con la organización de la nueva provincia y como acto preparatorio para la campaña contra Partia, en las mismas fechas de construcción de la Via Nova se crean seis unidades militares de Cohortes Ulpiae Petraeorum, con efectivos del anterior ejército real nabateo.

De aliado a provincia La anexión del reino nabateo se puede contemplar como la fase inicial de una empresa militar mucho más ambiciosa, la conquista del Imperio parto, iniciada en el 114 d. C. El reino nabateo, amigo de Roma, había cumplido una función de muro de contención para proteger las provincias orientales del Imperio contra las incursiones de las tribus nómadas de Arabia y del poderoso Imperio Parto. Geográfi-

legado romano en Siria. La fuerza de invasión debió estar compuesta de unidades pertenecientes por lo menos a dos legiones, la III Cyrenaica y la VI Ferrata, procedentes de las provincias de Egipto y Siria, respectivamente. Aunque siempre se ha considerado que se trató de una anexión pacífica, ciertos indicios de destrucción apuntan a que se produjeron enfrentamientos. En todo caso serían de baja intensidad y

camente correspondería en la actualidad a gran parte de Jordania, la zona sur de Siria e Israel, el Sinaí en Egipto y el noroeste de Arabia Saudita. En el momento de la anexión lindaba con las provincias romanas de Siria, Judea y Egipto. Su economía se basaba en el control de las rutas comerciales que unían Oriente y Occidente. En Petra, la capital, se almacenaban mercancías que llegaban del lejano oriente, de la India y China, siendo luego transportadas en caravanas a diferentes lugares y por diversas rutas preestablecidas. Tras la muerte del último rey nabateo, Rabbel II, Trajano decide la anexión del reino en el 106 d. C., que pasó a ser la nueva provincia de Arabia Petraea. Las fuentes históricas guardan silencio sobre las condiciones en que se produjo la anexión y solo se sabe que fue realizada por Cornelio Palma, el

puede ser significativo el hecho de que las monedas acuñadas cinco años después de la anexión presentan la leyenda Arabia adquisita (Arabia anexionada) en lugar de capta (capturada), que era lo habitual cuando se conquistaba una región por la fuerza. Los romanos fijaron en Bostra la capital de la nueva provincia, trasladando el centro económico y político que hasta entonces había asumido Petra, la capital del antiguo reino nabateo. La Legio III Cyrenaica fue acantonada en la nueva capital, en donde se han hallado los restos de un campamento con unas dimensiones de 363 por 463 metros y un área de unas 18 hectáreas. Este campamento actuaría como base principal para el control militar de la nueva provincia, situando diversas unidades en las ciudades más importantes, como Gerasa, Madaba o Petra.

Los inicios de la vía El nombre actual de Via Nova Trajana viene dado por las inscripciones de los miliarios instalados en su fase inicial de construcción: Via nova apervit et stravit a finibus Syriae usque ad Mare Rubrum redacta in formam provinciae Arabia Textos como este indican que una nueva calzada fue creada y pavimen-

Vía principal que atraviesa la ciudad de Petra. Fotos: R. Pastrana


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tada desde los límites de Siria hasta el Mar Rojo cuando Arabia fue convertida en provincia. Los nombres y títulos del emperador Trajano y los de su legado y gobernador de la nueva provincia, Claudio Severo, datan los miliarios colocados entre los años 111 a 114 d. C. Según la cronología reflejada en estos miliarios iniciales se observan varias etapas en el desarrollo del trazado de la Via Nova Trajana, lo que permite dividir su construcción en tres tramos principales: norte, central y sur. En el 111 se terminó la primera sección, la central, desarrollada entre Petra y Philadelphia, la moderna Ammán. El siguiente tramo construido fue la sección sur, la ruta entre Petra y el puerto de Aila (Aqaba), terminado en el 112. Por último se trazó la sección norte, entre Philadelphia y Bostra, la nueva capital, en el 114. Desde hace tiempo se conocen bien las secciones central y norte, la ruta entre Bostra y Petra, con alrededor de 200 miliarios que permitían seguir su trazado; pero del tramo entre Petra y Aila, unos 125 kilómetros y un 30% del recorrido total de la calzada,

En Wadi al-Mujib, la vía trazada en tiempos de Trajano reduce a la mitad la duración del viaje que hacían los caravaneros

sólo se habían descubierto una docena de estos hitos. Investigaciones recientes han documentado mejor este tramo sur, hasta ahora con 42 miliarios. También se han descubierto secciones pavimentadas de la vía y numerosas estaciones de parada y puestos de guardia a lo largo de esta. La zona mejor conocida del trazado es el sector central, que cruza las tierras altas de Jordania en un recorrido norte-sur, atravesando los profundos valles de Wadi al-Hasa, Wadi al-Mujib y Wadi al-Walah. En los tramos mejor conservados de la calzada se observa la estructura carac-

terística de las vías romanas, con un lecho de piedras planas ligeramente elevado en su parte central y una simple línea de piedras en los bordes, con anchuras de unos 5,5 metros. Trazar un camino en una zona de terreno abrupto como la que presentan estos valles conlleva un importante trabajo de ingeniería. En primer lugar, es necesario seleccionar las pendientes más adecuadas, para facilitar el tránsito de personas y animales. Los beneficios de trazar la calzada se observan comparando la pendiente de la Via Nova con la del terreno que atraviesa en los valles. Aun así la calzada presenta desniveles en algunos de los tramos de estos valles del 6 al 10% (entre 6 y 10 metros de desnivel en un recorrido de 100). En el valle de Wadi al-Mujib, con desniveles del terreno en algunas zonas de entre el 28 y el 41%, la reducción de pendiente en el trazado de la Via Nova es significativa, reduciendo la fatiga en el ascenso y permitiendo un paso del valle más rápido, de unas tres horas. El camino cercano al desierto situado más al este, que presumiblemente usaban las rutas

El príncipe constructor de calzadas Trajano era un buen conocedor de la ingeniería aplicada al trazado óptimo de caminos que facilitaban el movimiento entre núcleos de población. Las fuentes escritas muestran al emperador participando personalmente en diversas actividades relacionadas con la construcción de calzadas, y así pudo suceder en lo referente a la Via Nova. De la preocupación de Trajano por mejorar las vías de comunicación nos da noticias el médico y filósofo griego Galeno en un pasaje de su principal obra, “Methodo medendi“ (Sobre el arte de la curación): Incluso hoy en día podemos ver que algunos de los más antiguos caminos del mundo están en parte inundados, cubiertos de rocas y matorrales;

con fuertes pendientes e infestados de animales salvajes, intransitables por ríos anchos o de rápida corriente. Trajano mejoró todos los caminos de Italia que estaban en estas condiciones. En aquellos que estaban inundados reforzó el lecho de piedras o los elevó; los despejó de plantas y matorrales y construyó puentes para cruzar los ríos; donde el camino era excesivamente largo se construyeron atajos para acortar el trazado; si el camino era difícil debido a las pendientes, lo desviaba a zonas más accesibles; si estaba infestado de animales salvajes o cruzaba zonas desiertas, desviaba la ruta, uniendo

zonas pobladas y haciendo el trazado lo más cómodo posible. Galeno compara en este pasaje sus propios logros en medicina con el trabajo ejemplar desarrollado por Trajano en la construcción de caminos. Aunque se refiere a los caminos de Italia, las alabanzas de Galeno a las calzadas de Trajano indican que la mejora de las vías de comunicación formaba una parte significativa de la reputación de Trajano. A la luz de este pasaje, escrito unas décadas después de la muerte del emperador, la Via Nova aparece como otro ejemplo del interés de Trajano, Optimus Princeps, por trazar nuevas y eficientes carreteras, en este caso en la provincia de Arabia.


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caravaneras anteriores a la anexión por los romanos, emplea seis horas en realizar un recorrido similar, el doble de tiempo. El sector central demuestra que el trazado de la Via Nova Trajana no siempre seguía el de los antiguos caminos nabateos. Por ejemplo, desde Petra a Bostra el recorrido de la Via Nova atravesaba los tres profundos valles o wadis indicados, a pesar de existir un terreno más nivelado y cómodo de recorrer a unos pocos kilómetros al este, a lo largo de las cabeceras de los valles, como ya se ha señalado. Los terrenos llanos eran preferidos por las rutas caravaneras de camellos, debido al acusado balanceo de estos animales y a su elevado centro de gravedad. Los observadores modernos han llegado a la conclusión de que la Via Nova en el tramo de Wadi al-Mujib no es factible para el paso de camellos, opinión corroborada por los habitantes de la zona, que incluso apuntan las dificultades para atravesarlo con caballos. Según esta información, se piensa que las antiguas caravanas de camellos tenían su punto de parada en Udruh, a partir de la cual se movían por la franja que bordea el desierto cerca de las cabeceras de los wadis, por lo que el trazado de la Via Nova que atraviesa los valles era completamente nuevo. La mayor parte de los primeros miliarios con la inscripción Via Nova, fechados entre el 111 y el 112

La nueva vía sirvió para agilizar la comunicación del correo imperial y el tránsito de funcionarios del gobierno

d. C., se concentran en el paso de estos valles. La segunda fase de la construcción, en el 112, une Petra con Aila, en el Golfo de Aqaba. Es una zona

Fotos: Nicolas Moulin

La Via Nova Trajana probablemente estaba reservada al servicio estatal. Legiones, correos (como el representado arriba por el grupo Septimani Seniores/I Germánica) y otros funcionarios tenían preferencia sobre los comeciantes (abajo). Fotos: R. Pastrana

donde se han encontrado miliarios con inscripciones datadas en los siglos II, III y IV d. C. y que parece haber mantenido cierta importancia durante todo el periodo romano y, posteriormente, el bizantino. Es un testimonio impresionante de construcción y mantenimiento de calzadas a través de desiertos y dunas de arena. La conservación de este tramo de la vía tuvo carácter oficial en el periodo bizantino, aunque se desarrollaron otras rutas para permitir el poblamiento de la parte este hasta donde el desierto lo permitía. Los beneficios de construir un nuevo trazado son evidentes en el terreno que atraviesa la tercera fase de la Via Nova, construida en el 114 d. C., que llegaba hasta Bostra. Aquí la calzada recorre diferentes paisajes, que van desde zonas completamente llanas a colinas rocosas; en otras partes de la ruta se atraviesan valles de empinadas colinas a ambos lados. Los miliarios y el enlosado de la calzada marcaban la ruta a seguir, reduciendo la incertidumbre y la pérdida de tiempo, ayudando a los viajeros a realizar más rápidamente las jornadas. Uso exclusivo del servicio imperial Hay muchos debates entre los investigadores sobre el propósito de la construcción de la Via Nova Trajana. Unos sugieren que fue construida para facilitar el comercio o defender la región. Sin embargo hay un aspecto sobre el que apenas hay discrepancia, y es el propósito de la Via Nova como sistema de cursus publicus en Arabia. El cursus publicus era una infraestructura de vías de comunicación reservada para uso del correo imperial y para funcionarios del Gobierno con permiso (diplomata), permitiéndoles el uso exclusivo de las vías. El propósito de la Via Nova parece haber sido el de actuar como cursus publicus, proporcionando un camino rápido y directo entre los centros administrativos nabateos que pasaron a convertirse en ciudades romanas. El análisis geográfico de la ruta de la Via Nova muestra, por ejemplo, que en Wadi al-Mujib, uno de los beneficios de la nueva ruta fue reducir el


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cansancio y señalizar correctamente los pasos más adecuados para cruzar el profundo valle, disminuyendo el tiempo empleado. Asimismo, los emisarios del Gobierno podían atravesar con cierta seguridad los diferentes terrenos existentes a lo largo de la vía. Estos factores contribuyeron a aumentar la velocidad y facilitaron su función como integrante del sistema de cursus publicus: cuando la rapidez en las entregas era lo importante, el sistema más adecuado era un correo autorizado circulando por la vía. La idea de que la Via Nova fue construida como parte de las infraestructuras del cursus publicus en la provincia de Arabia Petraea ayuda a explicar otros aspectos de su trazado, como por ejemplo el fuerte ángulo que presenta desde Wadi al-Walah hacia el noreste. La nueva ruta se dirigía hacia Bostra en este punto, alejándose del nudo de caminos de la zona noroeste y Judea. La ciudad de Bostra, con su nuevo nombre Nova Trajana Bostra y su campamento legionario, era el nuevo centro militar y administrativo de Arabia, situado en el rincón noreste de la nueva provincia. Con el enlace de los nuevos centros administrativos situados al sur de Bostra, Trajano quería asegurar una ruta dedicada para correos y movimiento de tropas durante la campaña contra Partia en el 115 d. C. Con la Via Nova como parte integrante del sistema de cursus publicus, se produjeron cambios significativos en los sistemas locales anteriores a la anexión. El suministro y alimentación de caballerías y los puestos de descanso y relevos debían proporcionarlos la población local, pero el tránsito por la vía estaría reservado a los funcionarios del Gobierno. Como el trazado de la Via Nova seguía en determinados tramos caminos más antiguos, el sistema de vías de comunicación anterior a la llegada de los romanos se vería también afectado por estas restricciones, que obligaría a trazar nuevos caminos para el comercio local. Este sistema permitió al estado romano satisfacer sus necesidades de comunicación y transporte más importantes, al permitir el rápido envío

Cartas a pie de obra Cayo Julio Sabino y su hijo, C. Julio Apolinaris, eran soldados en la Legio III Cyrenaica. Sabino era portaestandarte (signifer) de la centuria. Cuando la legión se traslada al área de Palestina en los años 106-107 d. C., es destinado a la Legio XXII Deitoriana, acantonada en Egipto. En paralelo, su hijo va ascendiendo en la carrera militar. En el 106 es librarius legionis; dos años después le encontramos destinado en Bostra, en la nueva provincia de Arabia, como legionario exento de realizar determinadas tareas (principalis). En el 119 es oficial de enlace entre su unidad militar y el gobierno imperial (frumentarius). Sabemos la vida de estos hombres gracias a la correspondencia que se cruzaron padre e hijo, y que fue encontrada en Egipto. El hallazgo se realizó en una sencilla vivienda de Karanis. El material utilizado es el papiro y la lengua el griego. Los originales pertenecen actualmente a la colección de la Biblioteca de la Universidad de Michigan. En una de las cartas a su padre, estando destinado en Bostra con la Legio III Cyrenaica, Julio Apolinaris describe cómo sus compañeros se dedican todo el

de mensajes y el traslado de funcionarios públicos y de determinadas mercancías. El limes Arabicus Durante la dinastía severa, que reinó entre 193 y 235 d. C., los romanos reforzaron sus defensas en la frontera oriental, construyendo varios fuertes, y reparando y mejorando los caminos. Sobre el 300 d. C., bajo el mandato de Diocleciano, fue el momento de mayor esfuerzo militar en la región, construyéndose nuevos fuertes, torres de vigilancia y fortines a lo largo de la

día a romper piedras y a otras tareas pesadas, actividades que él no está obligado a realizar gracias a su ascenso como principalis. Acto seguido, informa de que había sido adscrito a la oficina del comandante de la legión (officium). La labor de cortar piedra podría estar relacionada con la construcción de la Via Nova Trajana que, dada su longitud, debió de requerir una gran cantidad de piedra trabajada.

franja desértica al este de la Via Nova Trajana. Al conjunto de instalaciones militares existentes en una línea que iba de norte a sur siguiendo el trazado de la calzada se le dio el nombre de limes Arabicus. Esta línea de defensa se extendía desde el sur de Damasco hasta el puerto de Aila; sólo la región situada entre Wadi al-Mujib y Wadi al-Hasa contenía cuatro fuertes (castella) y un campamento legionario. La Via Nova adoptó un importante papel como vía de comunicación en el limes, una auténtica columna vertebral que permitía de forma rápida y


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eficiente los movimientos de tropas, su abastecimiento y el intercambio de órdenes y noticias entre los diferentes puestos militares. La línea de defensa romana del limes estaba formada por tres o cuatro campamentos legionarios, localizados a intervalos de unos cien kilómetros. El situado más al norte se localiza junto a la ciudad de Bostra, y fue ocupado por la Legio III Cyrenaica desde el siglo II d. C. hasta, por lo menos, el siglo V. En la región central se sitúa el-Lejjun, llamado Betthorus en los escritos romanos. Construido alrededor del 300 para acantonar a las unidades de la Legio IV Martia, debió albergar unos dos mil hombres. Más al sur se encuentra el fuerte legionario de Udruh, localizado justo al este de Petra. Su tamaño y diseño son similares al de el-Lejjun y parece haber sido construido en los inicios del siglo II d. C., en la época de la anexión. Probablemente aquí se encontraban unidades de la Legio VI Ferrata. Un campamento legionario podría haber existido en Aila, el puerto del Golfo de Aqaba, dada su importancia como centro del tráfico marítimo en

día y señales con el fuego de antorchas durante la noche.

Uno de los principales ejes de comunicación norte-sur de Jordania va en paralelo a la antigua calzada romana

el Mar Rojo. Los restos sugieren que podría haber sido construido al final del siglo IV o principios del V d. C. Aquí confluyen varias rutas terrestres, de las que la Via Nova Trajana es la más importante. La Legio X Fretensis, originalmente acantonada en Jerusalén, fue transferida a este lugar. Para asegurar las zonas existentes entre los grandes campamentos se establecieron una serie de fortines y torres de observación. Estas últimas se situaban en lo alto de colinas y con buena visibilidad entre unas y otras. Posiblemente pudieran usar para comunicarse señales de humo durante el

Un fuerte en el desierto Qasr Bashir, situado en la actual Jordania, es uno de los fuertes mejor conservados de entre todos aquellos que se construyeron cerca de la Via Nova Trajana para asegurar el limes Arabicus. Era un puesto de caballería situado a unos 15 kilómetros al norte del campamento legionario de el-Lejjun. Una inscripción en su entrada principal indica que fue construido en los años 293-305 d. C. Su tipología es la de un quadriburgium, es decir, de planta cuadrada con grandes torres en cada una de sus cuatro esquinas. Ocupa una superficie de unas 0,31 hectáreas y posee una estructura de tres pisos, de los cuales la planta baja de todo el perímetro

interior del edificio estaba reservada para la caballería. Encima de los establos se situaban los barracones para los soldados, de modo que el fuerte podía acomodar un total de 150 hombres con sus animales.

La decadencia de la Via Nova La presencia militar romana en la zona empieza a declinar a mediados del siglo V, cuando muchas unidades fueron transferidas a otras fronteras más problemáticas. Alrededor del 530 d. C. las tropas fueron retiradas y el limes Arabicus dejó de existir, abandonándose los puestos militares. Está retirada permitió posteriormente la conquista musulmana de la región en el 600 d. C. La paulatina retirada de tropas romanas afectó al mantenimiento de la calzada. Sin embargo, los romanos construían caminos cuidadosamente diseñados para durar mucho tiempo por lo que, incluso sin mantenimiento, las vías romanas eran a menudo las mejores rutas para desplazarse cientos de años después de que hubieran abandonado la región. De hecho, uno de los dos principales ejes de comunicación norte-sur de la actual Jordania sigue en gran parte el trazado de la Via Nova. Por otra parte todavía hoy son visibles muchos tramos de la calzada romana a poca distancia de la carretera moderna, y partes no excavadas se presume que se encuentran bajo el asfalto. ◙ PARA SABER MÁS: • BLÁNQUEZ, C. (2008): “La provincia de Arabia: la ciudad romana de Petra”, en El territorio de las ciudades romanas, págs. 373-384. Ed. Sísifo. • BORSTAD, K. (2008): “History from Geography: the initial route of the Via Nova Traiana in Jordan”, en Levant 40, págs. 55-70. • GRAF, D. (1995): “The Via Nova Traiana in Arabia Petraea”, en Journal of Roman Archaeology Supplementary Series 14, pp. 241-267. • GRAF, D. (1998): Rome and the Arabian Frontier: from the Nabateans to the Saracens. Ed. Ashgate.


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CULTURAYARTES

LITERATURA

Una ventana escrita al mundo del siglo II Aunque Trajano destacó por su oratoria, no fue un hombre especialmente culto o protector de las artes. Con todo, las letras latinas gozaron de brillantes literatos que trascendieron el esteticismo de sus antecesores. Asimismo, en un Imperio en expansión no faltaron quienes como Tácito describieron las nuevas tierras conquistadas y sus costumbres. La realidad queda plasmada en las páginas, bien a través de los géneros inclinados a lo práctico y funcional, bien en los vigorosos trazos de las composiciones satíricas.

Helena Alonso García de Rivera.

El reinado de Trajano fue una época de esplendor en el ámbito político. Se dedicaron grandes esfuerzos para ampliar el Imperio y mantener la paz, al tiempo que se acomentían drásticas reformas políticas, sociales, económicas y territoriales. En el plano espiritual, la época de Trajano marca el abandono de la ética y moral griegas en favor del puro estoicismo, que pretendía liberar al individuo del peso de la sociedad. Esta corriente reivindicaba a la persona como un sujeto independiente, con capacidad para opinar y expresar sus ideas. Es más, cada cual diseña su vida al margen de los deseos de los dioses. La difusión de las ideas de la stoa tuvo profundas repercusiones sobre

la literatura. En las producciones “de ocio” se desvanecen los ideales y escenarios perfectos, en favor de la opinión crítica y directa del erudito. Esta forma de vida y pensamiento influyó en literatos como Tácito, Séneca, Juvenal, o su mayor representante, Dion Crisóstomo. El estoicismo también propició un gran auge de los tipos literarios eminentemente prácticos. Se impulsó la producción de obras funcionales, en especial las dedicadas a la Administración, la jurisprudencia y los ámbitos políticos. Asimismo, se desarrollaron otros tipos que daban respuesta a las necesidades del momento. Tocan temas como la Agrimensura y la Ingeniería Civil, el Ejército y el Ámbito Militar, la Jurisprudencia, la Geografía del Imperio, la Agricultura, las Artes Culinarias y las Ciencias de la Naturaleza. Ciertamente, la producción académica no es una característica única de la época trajanea, sino que se desarrolla a lo largo del siglo I d. C., a la par que el Imperio crecía y necesitaba mayor control económico-político y avances tecnológicos. Así, algo anterior a la llegada al poder de Trajano, la literatura agraria de Columela (“De re rustica”) influyó de manera decisiva en los autores posteriores. Coetáneo de Columela, Séneca escribió “Naturales quaestiones”, una obra que resulta decisiva en el conocimiento y la concepción de la Naturaleza no como un territorio para los dioses, sino un lugar a descubrir


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gracias a la práctica del empirismo. Ya en el reinado de Trajano, Tácito escribe “Germánicas”, obra geográfica esencial para el conocimiento de un lugar alejado y extraño, que el Imperio se anexiona ahora. Espíritu crítico y belleza formal En la vertiente de lo que podemos llamar “literatura de ocio”, que tiene finalidad pública y de divertimento erudito, encontramos cierta ruptura con la tradición anterior. A diferencia de sus antecesores directos, que primaban la belleza y la armonía, los autores de principios del siglo II destacan por su deseo de aunar la perfección formal y compositiva, con un espíritu crítico respecto a la dura realidad de la época. Las “Sátiras” de Juvenal, hechas para ser declamadas en público, daban rienda suelta a la mordacidad. También los epigramas de Marcial muestran una sociedad un tanto exagerada, para divertimento de la ciudadanía. Las pequeñas composiciones satíricas del autor hispano, compendiadas en obras

como “Liber spectaculorum”, “Xenia” y “Apophoreta”, muestran una exquisita formación y dominio técnico. Por otro lado, aunque no se desarrollaron tan profusamente como en épocas anteriores, podemos encontrar composiciones de poesía y prosa que vuelven a los modelos arcaicos y rusticistas legados de la tradición griega, pero modificadas y adaptadas a la mentalidad romana. En la vertiente de poesía épica se encuadra Silio Itálico y sus Punica, en la que trata la Segunda Guerra Púnica según el estilo homérico y virgiliano, de tipo arcaizante. La prosa romana destaca por su proyección en tres direcciones diferentes. Por un lado, existe una vertiente dedicada a mantener el recuerdo de la Historia del pueblo romano. Su máximo exponente es Tácito, que en las obras “Anales” e “Historias”, a la manera más puramente griega, hace un recorrido histórico de los emperadores y su época correspondiente. También cabe destacar a Flavio Josefo, con sus “AnPasa a la página 41

GRANDES NOMBRES Conocemos el nombre de los grandes autores que sirvieron de referencia y fueron copiados por estudiosos posteriores. A continuación se mencionan los grandes escritores cuyo legado ha permanecido vivo hasta la actualidad, pero es indudable que existieron otros literatos, desconocidos hoy en día, que compusieron sus obras y formaron parte de la realidad histórica del momento. Agrimensura e Ingeniería Civil HIGINO EL GROMÁTICO: “Constitutio limitum”. FRONTINO: “De aquaeductu urbis Romae”.

Agricultura COLUMELA: “De re rustica”.

Ejército y ámbito militar FRONTINO: “Strategemata”. PSEUDO-HIGINIO: “De munitionibus castrorum”.

Ciencias de la Naturaleza SÉNECA: “Naturales quaestiones” PLINIO EL VIEJO: “Naturalis historia”.

Jurisprudencia GAYO: “Institutiones”.

Astronomía GERMÁNICO: “Arati phaenomena”. MANILIO: “Astronomica”.

Geografía POMPONIO MELA: “De chorographia”. TÁCITO: “Germania”.

Artes Culinarias APICIO: “De re coquinaria”.

Medicina ESCRIBONIO: “Compositiones”. CORNELIO CELSO: “De medicina”.

Antecesores de oro Las muestras literarias latinas más antiguas son del III a. C. Se trata de las obras épicas de Livio Andrónico (“Odussia”), Gneo Nevio (“La Guerra Púnica”) y Quinto Ennio (“Anales”), cuyos títulos nos dejan patente la adopción del modelo griego como base épica. Sin embargo, el momento máximo de perfección y esplendor literarios se daría en el intervalo de cambio político de la República al Imperio, la época augustea. El reinado de Augusto se caracterizó por el fomento de las artes por parte de C. Cilnio Mecenas, en torno al cual se concentraron los mayores literatos y artistas del momento. En esta época de oro, dominada por un período de relativa paz, se pusieron las bases de un nuevo régimen político bajo la máscara de la República. Por eso, la literatura de la época está dedicada al engrandecimiento del Estado romano y su res publica, bajo la mano del «padre» del Estado y «pastor» de la ciudadanía, Augusto. De este momento destacan la obra épica “La Eneida”, de Virgilio, y la historiográfica “Ab Urbe condita”, de Tito Livio. La dinastía Julio-Claudia llevó la literatura a su máximo desarrollo, mientras que la dinastía Flavia destacó por perfeccionar el latín literario para convertirlo en lo que se ha llamado el “latín argénteo”. En ambas épocas la literatura fue un medio de culto al emperador, basada en la imitación de la literatura griega (imitatio) y la emulación (emulatio) que pretende no solo imitar, sino superar a los propios clásicos griegos. Estos antecedentes fueron adoptados y renovados por los contemporáneos de Trajano, que confirieron matices novedosos a la creación literaria.


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Juvenal, el azote de una sociedad cambiante

Foto: Percival

La visión crítica de los satíricos caló en el imaginario colectivo posterior que, como este grabado de Wenceslas Hollar, vio en la sociedad romana la cima de la depravación.

Foto: Universidad de Toronto

El contexto histórico entre los siglos I y II d. C. en el Imperio romano, tanto en la política externa como en la social e interna influyó en el origen y desarrollo de la obra literaria latina, en especial la de Juvenal. Este autor trabaja con un género poético de origen griego, la sátira, que Roma desarrollaría hasta su máxima expresión, la cual nos ha llegado hasta hoy en día. Conocer la vida de Juvenal es harto problemático puesto que no tenemos información sobre él mismo a través de sus textos. Sabemos que no fue siempre un literato adinerado, sino más bien de orígenes humildes y clientelares. También conocemos que vivió entre los años 55-60 y 132 d. C., un lapso en el que se sucedieron ocho emperadores: Nerón, Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano, Tito, Domiciano, Nerva, Trajano y Adriano. Todos ellos plantearon gobiernos unipersonales caracterizados por el férreo control de la libertad de expresión, y por lo tanto, de la literatura, algo que también influyó fuertemente en las obras del autor satírico. Las “Sátiras” de Juvenal contienen 16 composiciones –la última inconclusa, puede que por su muerte– recogidas en cinco libros. Se caracterizan por su enorme complejidad, no sólo por las diferentes in-

fluencias que demuestran tener en el desarrollo de su género (de Demócrito, Lucilio y Horacio), sino también por las adaptaciones que tuvieron que sufrir dentro de una época histórica en la que los cánones y las tradiciones sociales se estaban olvidando rápidamente. Las “Sátiras” de Juvenal están dominadas por tres elementos principales: el ánimo moralizante y didáctico de la literatura, la conciencia del férreo control por parte del poder y una vívida descripción de una sociedad en plena transformación. Estos elementos se pueden localizar, a grandes rasgos, en la Sátira I. Allí aparece el contexto histórico dominado por un poder imperial unipersonal, corrupto y controlador de las libertades de los ciudadanos. Juvenal nos indica que no se permite la libertad de expresión de los literatos, a diferencia de los tiempos de los Graco, bajo la República (siglo II a. C.), época en la que se desarrolló la obra del satírico Lucilio. A pesar de las quejas de Juvenal, la Sátira I desprende perfectamente el espíritu crítico basado en el estoicismo imperante. Un espíritu que se expresa a través de una literatura que ahora no solo divierte, sino también moraliza y adiestra.

Xilografía que representa a Juvenal. Pertenece a “Las crónicas de Núremberg”, de finales del siglo XV.

Este papel se desempeña mediante el uso de formas poéticas canónicas que dan forma a los pensamientos racionales y llegan al pueblo de forma reivindicativa y didáctica. En una sociedad completamente cambiante, a merced de las modas, gustos y costumbres que llegaban del exterior, Juvenal muestra un panorama totalmente visual y plástico de su entorno. La realidad social forma una Roma en proceso de profunda corrupción en todos sus aspectos: las relaciones clientelares y amistosas, la corrupción política (como ejemplo está la larga lista de emperadores que se sucedieron en tan breve tiempo), los crímenes absuetos sin pena, la prostitución ilegal, la pérdida de los valores familiares... El mundo femenino aparece descrito en la Sátira VI, que critica a las mujeres que han dejado de respetar las obligaciones de su sexo y condición para entregarse a los gustos dañinos y las prácticas criminales del Próximo Oriente (como envenenar a sus maridos). La intención de las “Sátiras” de Juvenal es la crítica indignada, reivindicativa e irónica de su tiempo. Aunque no se debe olvidar que la expresión satírica impone una visión exagerada de ciertos aspectos, tanto Juvenal como otros autores coetáneos muestran una época histórica que no se alejaba demasiado de la realidad romana que conocemos hoy en día.


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tigüedades judías“ y “La guerra de los judíos”. En estas obras narra la historia de este pueblo semítico y su relación con los romanos y nabateos, entre otros. Por su parte, Dion Crisóstomo y sus “Discursos” muestran la visión de las corrientes cínica y estoica, escuelas filosóficas que adoptaría el cristianismo. En cuanto a la Oratoria, esta disciplina tiene como principal figura a Plinio el Joven y su destacable “Panegírico a Trajano”, en el que reconoce al Emperador como el ejemplo de la justicia y el gobierno. El cultivo de las biografías tiene a su máximo exponente en el griego Plutarco. Sus “Vidas paralelas” son una recopilación y comparación de estadistas, con el fin de mostrar de forma didáctica lo que debía ser un buen gobernante. Tampoco podemos olvidar a Suetonio, que en “Vida de los doce Césares” narra las vidas y mandatos de los gobernantes romanos desde Julio César hasta Domiciano. Legitimación del poder La literatura se convirtió desde la época de Augusto en un instrumento de legitimación del poder imperial. Bajo Trajano esta finalidad de culto al emperador se mantuvo no solo en la literatura, sino en el resto de las artes e incluso en la numismática. Conviene no olvidar que con Trajano comenzó el período de emperadores adoptados que necesitaban una buena promoción. Junto a este objetivo, se desarrollaron tipos literarios más prácticos y menos ociosos que se dedicaron a la Administración y la Jurisprudencia.

Instrumento de propaganda y publicidad, la literatura en época de Trajano se conformó en un medio didáctico para enseñar la virtud a los gobernantes. Unas veces fue mediante los panegíricos como el de Plinio el Joven, a cuya estela se desarrollarían otros ejemplos hasta el siglo IV d. C. Otras veces fue a través del binomio de emperadores buenos y emperadores malos, que cultivó Plutarco y que siglos más tarde encontró otro brillante personaje. El filósofo y político Nicolás Maquiavelo, en el siglo XVI, retomó la literatura biográfica de Plutarco en sus “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”. En esta obra disertaba sobre la dinastía antonina –compuesta por Nerva, Traja-

La influencia de Grecia Desde la presencia de Roma como potencia indiscutible del Mediterráneo entre los siglos VI/V-II a. C. el vínculo entre Grecia y Roma se fue estrechando hasta hacerse permanente tras la toma de Corinto en 146 a. C. Se forjó así una relación de tipo bidireccional en la que Grecia estuvo parcialmente bajo el poder romano, pero también en la que el conquistador cayó subyugado por la cultura griega. Como escribiría siglos después Horacio en sus “Epístolas”: «La Grecia conquistada conquistó a su fiero vencedor e introdujo las artes en el rústico Lacio». El dominio sobre Grecia no solo influyó en las artes romanas. La vestimenta, la Arquitectura (hechos muy conocidos y estudiados por la historiografía moderna) y disciplinas mucho más profundas e importantes para la definición del propio carácter romano, como la Filosofía y la Literatura, también adoptaron los modelos helenísticos.

no, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio– como una muestra de templanza, humildad, justicia y buen gobierno. Asimismo, el siglo I d. C. es el momento en el que se conforman las bases de las posteriores disciplinas literarias, tanto académicas como ociosas, que se desarrollarían a través de los últimos siglos del Imperio y que se heredarían en la Edad Media europea, como los manuales de Agricultura, de Ciencias Naturales, o la poesía épica griega que gracias a su práctica en Roma llegó al Medievo. ◙

PARA SABER MÁS: • BIAGIO CONTE, G.; SOLODOW, J. B. (1999): Latin literature: a history. The Johns Hopkins University Press. • BICKEL, E. (2009): Historia de la literatura romana. Ed. Gredos. Barcelona. • CONOÑER, C. (editor) (2009): Historia de la literatura latina, Ed. Cátedra, Madrid. • PANIAGUA AGUILAR, D. (2006): El panorama literario técnico-científico en Roma (siglos I-II d.C.), “Et docere et delectare”. Universidad de Salamanca. • VON ALBRECHT, M. (1999): Historia de la literatura romana. Vol. I y II. Ed. Herder. Barcelona.


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VIDACOTIDIANA

Ataviados para la vida pública

VESTIMENTA Y ADORNO PERSONAL

Por Rocío Rivas Martínez.

Para los romanos y romanas tener una buena apariencia exterior era muy importante de cara a la vida pública. De ahí su extraordinaria preocupación en cuestiones de vestido y aseo personal. Tanto hombres como mujeres solían lavarse diariamente las partes del cuerpo más expuestas a la suciedad –cara, brazos y piernas– y tomar un baño cada nueve días con jabones extraídos de raíces vegetales (saponaria), según Séneca. En los tiempos de Trajano las casas acomodadas disponían de una estancia dedicada a la higiene, equipada con

La civilización romana siempre otorgó una gran importancia a la vida social de las élites. La necesidad de llevar a cabo numerosos actos públicos obligaba a prestar gran atención al aspecto exterior. Este esmero no solo afectaba a la higiene sino también al atuendo, convertido en un elemento que mostraba a la sociedad la relevancia y riqueza de su portador.

una bañera fija o barreño. Asimismo, se acentuó la construcción de grandes baños imperiales, destacando especialmente las Termas de Trajano (104 d. C.) erigidas sobre la Domus Aurea de Nerón. Se trataba de una gran estructura con la capacidad de albergar

hasta ocho millones de litros. No solo era un balneario, sino que constaba de estadios para carreras, palestras para realizar ejercicios, jardines y avenidas para pasear, bibliotecas… Todas estas equipaciones rodeaban la construcción central, las termas, que constaban

Las ruinas de las monumentales Termas de Trajano aún eran bien visibles en el siglo XVIII, como se puede ver en este grabado de Piranesi de 1756.


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de baño de agua caliente (caldarium), baños de agua fría (frigidarium), baño de vapor (laconicum), vestuarios (apodyterium)… Respecto a la vestimenta en sí, aunque a lo largo de la historia de Roma los gustos fueron cambiando y evolucionando, la moda se fundamentó en torno a dos o tres prendas básicas, que siempre se mantuvieron en el vestuario de hombres y mujeres. A pesar de su poca variedad, el vestido poseía una fuerte carga simbólica y se configuró como un elemento que acentuaba el estatus. Se establecieron en torno a la vestimenta una serie de normas que eran manifestación de poder y de posición social, de las diferencias profesionales e, incluso, personales. Sin duda, la principal prenda que marcaba las diferencias sociales y el poder fue la toga. Solo la podían llevar los ciudadanos –de sexo masculino– que nacían libres. Se marcaba así una frontera con las clases bajas, libertos y esclavos. Sabemos, además, que varios oficios gustaban de lucir distintivos de color en esta prenda. Así, los médicos llevaban algún detalle en verde, los filósofos en azul, los teólogos en negro… La distinción entre ricos y pobres era patente por el uso de materiales caros como el lino o la seda (introducidos a partir del siglo III d. C.) y de colores cuyo tinte era laborioso y caro. Pero incluso dentro de la misma condición social había diferentes tipos de toga que indicaban distintas edades, funciones y rangos. Atuendo masculino Bajo la toga, los hombres llevaban la túnica, una prenda de origen helénico, hecha en lana blanca, sin mangas, que se debía llevar ceñida a la cintura y que llegaba hasta las rodillas. Muchos son los autores de la época que nos infor-

La toga era la prenda por excelencia que llevaban con orgullo los ciudadanos romanos, a pesar de lo incómodo de su uso.. Estatua de togado del Museo Nacional de Arte Romano.

La ley establecía que solo los ciudadanos romanos nacidos libres podían vestir la toga man en sus escritos de cómo debían ser las túnicas. Así, Gelio nos dice que llevar mangas estaba mal visto porque era de afeminados: En Roma y en el Lacio entero se tuvo por indecoroso que las túnicas de los hombres llegaran hasta el comienzo de la manoe incluso hasta los dedos. A tales túnicas los nuestros les aplicaron el nombre griego fechirodytas y pensaron que una túnica amplia y larga que cubriera los brazos y las piernas únicamente estaba bien para las mujeres por decencia. Los varones romanos, al principio, no usaban la túnica. Les bastaba la toga. Luego llevaron unas túnicas ceñidas y breves que caían hacia la espalda, una especie de exómida griega (Gell.6, 12). Fotos: R. Pastrana

La túnica era la prenda que los romanos, por comodidad, utilizaban en casa ya que, para salir a la calle, todo ciudadano romano debía llevar la toga. Es más, esa comodidad provocó que también fuera utilizada por los soldados en campaña (con mangas), por los gladiadores (con un hombro descubierto) y para trabajar. Aun así, la túnica no fue la única prenda que se utilizaba para estar en casa. La synthesis también se ponía sobre la túnica para estar en casa y en los banquetes. Llegó a utilizarse como ostentación de lujo, por la riqueza de su tejido. Fuera de casa no se llevaba más que en las fiestas Saturnales, en las que se celebraban muchos banquetes y en las que la gente quedaba liberada de la norma de etiqueta de llevar la toga: «Cuando el caballero y el noble senador se divierten con la síntesis…» (Marcial.14,1, 2) Gente togada Sin duda, la prenda clave dentro del vestuario masculino fue la toga. Su origen se remonta a los etruscos, aunque fue en época romana cuando se convirtió en un símbolo nacional, de clase y de prestigio. Es decir, se convirtió en signo externo de las más veneradas virtudes del buen romano: la dignitas y la gravitas. Así lo manifestaba Marcial: «A los romanos, señores del mundo y gente togada, los hace aquel que le ha dado los astros a nuestro gran padre» (Martial.14, 124). La toga era un manto de lana blanca de forma trapezoidal, de entre seis y siete metros de ancho y dos o tres de largo, que envolvía todo el cuerpo hasta los pies, dejando el brazo derecho descubierto. Requería de la ayuda de un esclavo para colocarla. Primero se pasaba por la parte trasera del hombro izquierdo y se doblaba por la espalda. Después, se pasaba por debajo del brazo derecho. Finalmente, se volvía a pasar por el hombro izquierdo, y el extremo, por la espalda. El brazo derecho quedaba libre y el izquierdo, cubierto. Una vez puesta, la persona que llevaba este atuendo apenas tenía capacidad de movimiento, siendo solo apta para la vida pública, social o ceremonial.


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Existía otro tipo de prendas que se ponían encima de la toga. La lacerna era un manto de lana sin mangas, fijado al hombro derecho con un broche que se ponía sobre la toga para protegerla del polvo o el agua. Tambien conocemos la paenula –parecida al actual poncho–, que era una prenda de lana sin mangas y con un agujero en el centro, por el que se introducía la cabeza. Se utilizaba para resguardarse del frío y el agua. En lo que se refiere al calzado utilizado por los romanos, había una gran variedad, pero dos fueron los estilos más utilizados. Por un lado los calcei, zapatos de cuero que cubrían todo el pie. Por otro lado, las soleae eran sandalias de cuero unidas al pie mediante tiras de cuero. Su uso se limitaba al interior de la casa. La apariencia exterior del hombre incluía un esmerado cuidado de todos los detalles, como revela para una época ligeramente posterior el escritor Tertuliano: También los hombres saben hacer sus embustes: atusarse la barba, entresacársela, ordenar el cabello, componerlo y dar color a las canas; quitar el vello del cuerpo; pintarlo en partes con afeites afeminados. Y, en otras partes, alisarlo de cierta manera; saben consultar el espejo en cualquier ocasión, mirarse en él con cuidado (Tertul., De Cult. Fem., 2, 8, 2).

A todo lo anterior se unía, en el caso de los individuos más adinerados, el uso de complementos. Generalmente, llevaban un anillo de oro que, a la vez que servía de sello para certificar documentos, era anillo de compromiso. La apariencia femenina Las mujeres utilizaban la túnica como prenda principal, bajo la que se colocaban varias piezas. La elascia pectoralis, parecido al corpiño actual, realzaba la figura y daba firmeza al busto. El mamillare era una cinta de piel utilizada para sostener el pecho, mientras que la subucula se trataba de una túnica interior de lana con mangas, ceñida a la cintura y que llegaba hasta las rodillas. Sobre la túnica se lucía la stola, una túnica exterior hecha en lana (o también seda, lino, y más tarde algodón) que cubría el cuerpo desde el cuello, que decoraban con bordados, hasta los pies. Iba ceñida a la cadera

Las soleae eran unas sandalias ligeras que se llevaban en casa, pero era inapropiado salir a la calle con ellas. En la foto, detalle de un adorno en bronce, hallado en Pompeya.

Las romanas usaban ropa interior, como muestran las gimnastas de Piazza Armerina. Sin embargo, para salir a la calle las mujeres solían cubrirse con varias prendas que tapaban casi todo el cuerpo. A la derecha, piezas del Museo del Traje de Madrid.

con un cinturón, llamado zona, y fijada a ambos hombros por unos broches. Si la túnica interior tenía mangas, la stola no las tenía. Pero si se daba la situación opuesta, las mangas de la stola se abrochaban con unos botones o broches por la parte superior del brazo. Entre las prendas exteriores, también podemos citar la palla, un manto rectangular de lana que cubría la stola y envolvía todo el cuerpo desde la cabeza a los pies. Se colocaba de forma parecida a la toga: envolvía el busto, se pasaba sobre el hombro izquierdo desde atrás y se dejaba caer hasta los pies. El resto de la pieza volvía en torno a la espalda y se llevaba por debajo del brazo derecho. Una parte de la prenda se dejaba sobresaliente, para cubrir la cabeza. La stola era la prenda más solemne, sinónimo de majestuosidad, nos revelan según escritos como los de Apuleyo:


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Lo que percibía mi vista a lo lejos era una palla negrísima que brillaba con un negro resplandor. Tras envolver su cuerpo, pasaba por debajo del costado derecho e iba a colgarse como un escudo del hombro izquierdo, pendiendo en muchos pliegues. En la parte baja del manto, caía hermosamente una franja de flecos. Por su extremidad bordada y esparcidas por toda su superficie brillaban muchedumbre de estrellas y en su centro la luna llena exhalaba resplandores brillantes. En toda la amplitud de aquella capa singular, adherida por una invisible trama, corría una guirnalda con toda clase de flores y frutas.

En lo que se refiere al calzado, el más utilizado por las féminas era el calceus y la solea. Pero, a diferencia del calzado masculino, el femenino estaba embellecido con perlas, bordados, era de piel más suave y de colores. Para rematar la apariencia exterior, las romanas utilizaban su pelo para lucir complejos peinados (ver Stilus9). En época de Trajano, se pusieron de moda los que marcaban gran cantidad de rizos en la parte delantera, para dar volumen, mientras en la parte trasera el pelo se recogía en la nuca con postizos en forma de rodetes. Tal fue la complejidad de los peinados de las patricias, que tenían peluqueras personals (ornatrices). Las mujeres se teñían el pelo y lo decoraban con lazos, alfileres de oro o marfil, diademas, coronas de flores… Autores como Apuleyo se hacen eco de esta suntuosidad capilar:

El calzado de hombres y mujeres se diferenciaba en la finura de la piel y los adornos utilizados en las piezas fabricadas para el público femenino. En la imagen, reconstrucción de un calceus de mujer a partir de un hallazgo. Museo de Saalburg (Alemania).

Háblame de una cabellera cuyo color es tan agradable como su lustre, cuyo resplandor brilla a los rayos del sol o se refleja con suavidad, presentando diversos matices según los accidentes de la luz. Ora sean cabellos rubios cuyo oro, menos claro en la raíz, toma el matiz de un rayo de miel. Ora sea negro de azabache que competirá con las irisaciones del cuello de un pichón. Si están perfumados con esencias de la Arabia, que los recorra un peinado fino y los reúna detrás de la cabeza… Otras veces, unidos en trenzas espesas, coronan la cabeza. Otros, extendidos libremente,

caen en larga trenza sobre las espaldas. En fin, el peinado es un ornato tan ventajoso, que a pesar del oro, de los ricos vestidos, de los diamantes y de todas las otras seducciones de la coquetería con que una mujer se presenta adornada, si su cabellera está mal cuidada, no recibirá alabanza alguna su aderezo (Apul., Met., 2, 9; 2, 7-9).

Las romanas destacaron, asimismo, por su gusto por los complementos como la sombrilla (umbella), el abanico (flabellum) o el pañuelo (sudaria). También sentían verdadera pasión por las joyas: anillos, broches, coronas, diademas, brazaletes, collares, pendientes… ◙

PARA SABER MÁS: • BOURBON, F. y LIBERATI, A. M. (2005): Grandes Civilizaciones del pasado: Roma Antigua. Folio. Barcelona.

La complejidad de los peinados, aunque no llegó al nivel de la época flavia, hacía aconsejable el uso de los servicios especializados de peluqueras, que llegaron a estar muy cotizadas. A la derecha, retrato de Faustina la Mayor, en los Museos Vaticanos.

• CROOM, A. T. (2002): Roman clothing and fashion. Tempus. • GUILLÉN, J. (1977): Vrbs Roma. Vida y costumbre de los romanos. Ed. Sígueme. Salamanca. • WROHNSTON, H. (2010): La vida en la Antigua Roma. Historia Alianza Editorial. Madrid.


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LASCRÓNICASDICEN...

LA DESIGNACIÓN DEL HEREDERO

El amanecer de un nuevo reinado La muerte sorprendió a Trajano en plena cam-

el mismo momento en que aconteció, dudas

paña contra el Impero parto. La noticia llegó

y cuestiones acerca de detalles oscuros. ¿Fue

pronto a oídos de su sucesor Adriano, aunque

Adriano realmente la opción escogida por el

tardó días en conocerse públicamente. Para

viejo emperador hispano? ¿Hubo un grupo de

entonces, el traspaso de poder estaba afianza-

personas que movieron el ánimo de Trajano en

do. El proceso no ha dejado de suscitar, desde

favor de su pariente?

Por Víctor Úbeda Martínez.

El 8 de agosto del año 117 d. C., el emperador Marco Ulpio Trajano moría en Selinus sin haber engendrado ningún hijo ni haber designado –según nos informan las diversas fuentes– a heredero alguno para sucederle en el gobierno. El Imperio quedaba huérfano en un momento en el que había una gran tensión en las fronteras, especialmente en la oriental, debido a las guerras con los partos. Esta situación podría haber desembocado en una nueva guerra civil si P. Elio Adriano no se hubiese convertido en nuevo Augusto de Roma, gracias a su supuesta adopción por parte de Trajano en los últimos instantes de su vida. El 9 de agosto, Adriano recibía en Siria, provincia de la cual era gobernador en ese momento, una carta que le anunciaba su nombramiento como César, y tres días más tarde se convertía en emperador al difundirse la noticia del fallecimiento de Trajano (SHA, Hadr. 4, 6). El anuncio de la muerte

del Emperador días después de que falleciera se debe, sin duda, al deseo de proclamar en primer lugar a Adriano como César, para que de este modo no hubiera ningún tipo de problemas en el proceso de transmisión del poder al nuevo gobernante. La designación en el último momento de Adriano hizo que se propagaran multitud de rumores en torno al verdadero deseo de Trajano sobre la cuestión sucesoria. Respecto a este punto, las fuentes nos transmiten diferentes escenarios. La “Historia Au-

gusta” recoge la posibilidad de que el Emperador se hubiera inclinado en favor del jurista Neracio Prisco. Pero también se rumoreó sobre una posible lista de candidatos, elaborada por el propio Trajano y de donde el Senado habría de escoger a su sucesor. Incluso hubo quienes pensaron que el Emperador murió sin designar ningún sucesor, al estilo de Alejandro Magno (SHA, Hadr. 4, 8-9). La otra fuente fundamental para este punto, Dión Casio, nos informa de que Adriano no había sido designado

Apenas quedan restos de la antigua Selinus, donde falleció Trajano. El conocido como cenotafio del emperador, en realidad es un edificio muy posterior.


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como sucesor en vida de Trajano: Adriano no fue adoptado por Trajano. Era, sí, paisano suyo, había sido su pupilo, pertenecía al mismo linaje, se había casado con una sobrina suya, en todo lo había acompañado y había vivido a su vera, y había sido nombrado gobernador de Siria en la guerra contra los partos; pero no había recibido de él ninguna distinción especial ni había sido de los primeros en recibir el consulado. Quienes nombraron a Adriano, César y emperador, al morir Trajano sin hijos, fueron Atiano, por ser su paisano y antiguo tutor, y Plotina, por una pasión amorosa, estando Adriano cerca y al frente de un gran ejército. Mi padre Aproniano, al gobernar Cilicia, se enteró perfectamente

de toda la historia; y contaba muy en particular, entre otros pormenores, que por este motivo se mantuvo en secreto durante algunos días la muerte de Trajano, para que antes se divulgara la adopción. Lo mismo quedó patente, asimismo, en las cartas de Trajano enviadas al Senado; pues las firmó, no el Emperador en persona, sino Plotina, algo que jamás había hecho (Dio. LXIX, 1, 1-4).

La historia que relata Dión nos puede inducir a pensar que la adopción se llevó a cabo una vez el Emperador hubo fallecido y por interés de la esposa de Trajano. Este último punto es muy importante ya que todas las fuentes están de acuerdo en el papel fundamental que juega esta mujer a la hora de promocionar a Adriano. Según estas versiones Trajano no había dado muestras de desear que éste fuera ele-

gido como su sucesor al morir. Hispanos y parientes Al igual que el tema sucesorio, tampoco están claros los lazos de parentesco entre Trajano y Adriano, ya que en este punto las fuentes también nos transmiten diferentes versiones. Según la “Historia Augusta” (Hadr. 1, 2) y el “Epitome de Caesaribus” (14, 1), el padre de Adriano, Elio Adriano, era primo hermano del Emperador, mientras que Eutropio (8, 6, 1) nos informa de que la familiaridad proviene por parte de la madre de Adriano, Domicia Paulina, que era hija de Ulpia, la tía de Trajano. En cualquier caso, una vez Adriano quedó huérfano en el 85, uno de sus tutores fue el futuro emperador Trajano y posteriormente le tomó por hijo (Hadr. 2, 1-2). Estos lazos quedarían reforzados por el matrimonio de Adriano con Vibia Sabina, nieta de la hermana del emperador. En este punto

¿Emperadores adoptivos? Desde Gibbon hasta la actualidad, el conjunto de gobernantes que comienzan con Nerva y acaban con Cómodo han sido llamados comúnmente Antoninos, aunque no en pocas ocasiones la historiografía se ha referido a ellos como emperadores adoptivos. El método de adopción fue aparentemente utilizado por estos emperadores con el fin de elegir al mejor candidato para que le sucediera en el trono. Pese a ser oficialmente así, no hay un acuerdo historiográfico y, por ello, la dinastía ha sido denominada de muchas maneras: Antoninos, “emperadores adoptivos”, “emperadores hispanos” o, simplemente, “buenos emperadores”. La profesora A. M.ª Canto ha tratado todas estas denominaciones, e incluso, ha propuesto una propia: la dinastía Ulpio-Aelia, atendiendo a la consanguineidad y parentesco de todos los emperadores que conforman la dinastía, exceptuando a

Nerva fue el iniciador de una dinastía que se perpetuó en el poder durante cerca de un siglo. En la foto, denario acuñado en época de este emperador. Nerva, al cual considera como un elemento necesario para comenzar este conjunto de reinados. Canto considera que la dinastía se rige por dos principios fundamentales: su origen hispano y los apellidos Ulpius y, principalmente, Aelius. Además, demuestra que para los autores de la Antigüedad, estos gobernantes eran considerados un único conjunto de extranjeros (Epit. de Caes. 11, 15) e incluso Herodiano habla de Cómodo como un emperador de cuarta generación (Hist., 1, 7, 4). Por tanto, presentar la adopción como elemento rector de la dinastía no es correcto, ya que en realidad están perpetuando el poder dentro

de un grupo dinástico emparentado, tanto sanguíneamente a través de las mujeres, como por su origen hispano, exceptuando a Antonino Pío, que era de procedencia gala. Además, un claro ejemplo de que estos emperadores no tenían en mente el método de la adopción como el mejor, sino que buscaban crear una dinastía, lo encontramos en Dión Casio cuando pone en boca de Adriano la siguiente frase: «La naturaleza, queridos amigos, no me permitió tener un hijo varón» (LXIX, 20, 2), refiriéndose a su sucesión en el trono.


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los textos clásicos vuelven a resaltar el papel de Plotina, ya que le atribuyen el haber conseguido este matrimonio para Adriano, pese a las resistencias iniciales de Trajano a ese enlace (SHA. Hadr. 2, 9). Dicha unión permitía a Adriano establecer un vínculo sanguíneo claro con la familia imperial. En cuanto a la relación personal entre el emperador y Adriano, de las fuentes se desprende que mantuvieron un estrecho vínculo de amistad (Hadr. 2, 7; 2, 10; Dio. LXIX, 1, 1) e incluso llegaron a compartir vino, elemento reseñable debido a la afición de Trajano por esta bebida (Hadr. 3, 2). La confianza de Trajano en su pupilo era muy grande, lo que le llevó a otorgarle importantes cargos durante su reinado, especialmente el de comandar las tropas en la frontera pártica en el momento en que el Emperador agonizaba. Estos hechos contradicen la visión que nos quiere transmitir Dión Casio en sus escritos, al igual que el resto de relatos, que siempre destacan que en ningún momento Adriano fue nombrado formalmente como sucesor y que tampoco había recibido honores especiales. De la cuestura al solio imperial Durante los reinados de Nerva y Trajano, Adriano desempeñó algunos cargos y ostentó el mando de diferentes tropas (Hadr. 3, 1-11; 4, 1-4). Ejerció la cuestura al mismo tiempo que Trajano ostentaba el cargo de cónsul, le acompañó en la Primera Guerra Dácica y, posteriormente, fue nombrado tribuno de la plebe. Durante la campaña de anexión del reino de la Dacia, Adriano ejerció el mando de la primera legión

Algunas fuentes señalan a Plotina, la mujer de Trajano, como una figura clave en la elección del sucesor al palio imperial. A la izquierda, busto custodiado en el Museo Vaticano.

Minervia, lo que le valió para obtener un gran prestigio militar. Una vez acabada la guerra, ostentó el cargo de pretor y posteriormente se le nombró legado pretoriano en Panonia, gracias a lo cual, finalmente, consiguió el consulado. Durante la campaña contra los partos fue nombrado legado y posteriormente sería nombrado cónsul de nuevo gracias al apoyo, de nuevo, de Plotina. Gracias a sus acciones militares en la guerra dácica, según la “Historia Augusta”, Trajano le recompensó con una piedra preciosa que Nerva le había entregado, lo que puede entenderse como una acción de designar su sucesor. Finalmente, cuando Trajano se disponía a emprender una nueva campaña en Mesopotamia, cayó enfermo y dejó el mando del ejército de Siria bajo las órdenes de Adriano (Dio. XXXIII, 1).

Como se puede ver, Adriano poseía una gran experiencia tanto administrativa como militar. Había desempeñado diferentes tipos de cargos e incluso ostentó el consulado en dos ocasiones. Esta situación choca de nuevo con la información que transmite Dión Casio e incluso parece, según la “Historia Augusta”, que sí obtuvo una distinción especial al entregarle el Emperador la piedra preciosa que anteriormente Nerva le había entregado a él. Por tanto, vemos que Trajano tenía en gran estima al que posteriormente sería su sucesor. Tampoco hay que olvidar el prestigio que había acumulado Adriano en el terreno militar gracias a puestos de relevancia, y que le llevaría a obtener el control del ejército de la zona pártica. Es probable que Trajano, un emperador-militar, valorara altamente las aptitudes de mando en las personas que pudiera tener en cuenta para su sucesión. El problema sucesorio Hemos visto cómo la actuación en vida de Trajano hacia Adriano, permite intuir que tenía a su compatriota en mente para sucederle. Pero entonces, ¿por qué las fuentes transmiten esta imagen negativa respecto a la sucesión? Los textos que se han conservado son claramente de una tendencia senatorial y pueden tener una visión


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contraria a Adriano porque le achacan el abandono de las provincias conquistadas por Trajano, excepto la Dacia (SHA. Hadr. 5, 3). No en vano, este recibió el epíteto de Optimus Princeps, entre otros motivos, por su relación con el Senado. Por ello, se puede ver a su sucesor como un gobernante débil y en ocasiones déspota, como demuestra el hecho de asesinar a su prefecto del pretorio Atiano, al no soportar su influencia política (Hadr. 9, 3), o su decisión de condenar a Apolodoro de Damasco por haberle reprendido cuando aún Trajano era emperador (Dio. LXIX, 1, 2). Las relaciones entre el nuevo emperador y el Senado no fueron buenas, debido a que apenas contó con este órgano sino que impulsó el Consejo Imperial. Esto generó la oposición del orden senatorial, lo cual se ve plasmado en su rechazo para concederle la apoteosis una vez fallecido (Hadr. 27, 1). No hay que olvidar que el comienzo del reinado de Adriano se inicia con la muerte de los consulares A. Cornelio Palma, C. Avidio Nigrino, L. Publilio Celso y Lusio Quieto acusados de conspiración, aunque las fuentes exculpan al Emperador del que dicen que no estaba de acuerdo con estas ejecuciones (SHA. Hadr. 7, 2). Resulta interesante que Adriano no desatase la represión hacia el resto de supuestos candidatos. Incluso Neracio Prisco desarrolla parte de su obra legislativa durante el reinado de aquel, algo que resultaría incoherente si realmente Prisco hubiera sido designado como sucesor por parte de Trajano, ya que podría desencadenar una lucha por el poder. También parece poco probable la posibilidad de que el Emperador muriera sin designar un sucesor teniendo en mente el ejemplo de Alejandro, situación que conduciría a la guerra civil y podría ocasionar una situación parecida a la del año de los cuatro emperadores (69 d. C.), hechos vividos por el propio Trajano. En cuanto a la supuesta lista elaborada por Trajano y de la que el Senado habría de elegir al sucesor, puede ser una invención histórica de las fuentes que engrandezca aún más las relaciones entre el Senado y el Emperador.

El reinado de Adriano comienza con el ajusticiamiento de varios senadores acusados de conspiración, pero no ejecutó al resto de posibles competidores por el solio imperial

Actualmente la historiografía tiende a pensar que realmente Trajano designó a Adriano como su sucesor, como vemos en los estudios de Canto y Galimberti. Para este autor, Trajano había nombrado César a Adriano y por ello se encontraba comandando las tropas de la frontera pártica, la más importante del momento, a cargo del efectivo más poderoso de la época. Su principal prueba radica en un áureo de Emesa acuñado en el 117 d. C. y cuya leyenda reza: «Hadriano Traiano Caesari». Este dato, junto con los nombramientos que recibe Adriano mientras Trajano está en vida, induce a pensar que verdaderamente sí que habría sido elegido como sucesor y la adopción no sería más que un paso necesario para ello, al igual que Augusto adoptó a Tiberio para que este le sucediera en el Gobierno imperial. Seguramente Adriano representaba para el Emperador la figura más cercana a un hijo, ya que había sido su tutor desde que era solamente un niño, le había acompañado durante sus campañas y ambos procedían de la ciudad hispana de Itálica. Por tanto, y a la luz de los datos que arrojan las fuentes, se puede concluir que Trajano sí pensó en Adriano como su sucesor en el trono. Desde comienzos del reinado de Trajano, al futuro emperador se le van concediendo diferentes honores, sin olvidar

la relación previa que tenían ambos y que se refuerza con el matrimonio entre Adriano y Sabina. Esta hipótesis se consolida con la acuñación a la que Galimberti hace mención. No obstante, todas las fuentes nos informan de que la adopción de Adriano no se produjo en vida, especialmente Dión Casio –quien dice contar con el testimonio de su propio padre–, sino tras la muerte del Emperador. Este hecho pudo suceder porque Trajano estuvo esperando hasta el último momento para oficializar el nombramiento de su sucesor mediante una adopción, aunque no le dio tiempo, al sobrevenirle su muerte. Debido a ello, fue su esposa quien se encargó de redactar el documento de adopción y, por este motivo, también se aguardaron unos días para difundir la notica sobre el fallecimiento de Trajano. Pero en este momento tampoco se puede hablar de una adopción real, ya que Adriano no pasó a formar parte de la gens Ulpia, sino que solamente asumió el cognomen de Trajano, según resalta la profesora Alicia M.ª Canto. ◙

PARA SABER MÁS: • BIRLEY, A. (2003): Adriano: la biografía de un emperador que cambió el curso de la historia. Ediciones Península. Barcelona. • CANTO, A. M. (2003): “La dinastía Ulpio-Aelia (98-192 d.C.): Ni tan ‘buenos’, ni tan ‘adoptivos’ ni tan ‘antoninos’”, para Gerión, 21, 1 (305-347). • GALIMBERTI, A. (2007): Adriano e l’ideologia del principato. L’erma di Bretschneider (15-30). Roma. • GONZÁLEZ, J.; SAQUETE, J. C. (coords.) (2003): Marco Ulpio Trajano, emperador de Roma: documentos y fuentes para el estudio de su reinado. Fundación Itálica de Estudios Clásicos. Sevilla. • BENNETT, J. (1997): Trajan: Optimus Princeps. Routledge. London.


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VIDACOTIDIANA

CULTURA ESCRITA

Estiletes, trazos sobre la cera Foto: Justine Biddle

Por Javier Alonso y Rafael Sabio.

Durante muchos siglos, la Humanidad utilizó estiletes y tablillas enceradas para tomar notas apresuradas. Este sistema de escritura permitía dejar constancia de lecciones, discursos o tratos comerciales. La ubicuidad de estos instrumentos es buena muestra de la difusión de la cultura a lo largo de todo el Imperio.

La sociedad romana no era ni mucho menos analfabeta, era una sociedad agraria pero con un relativo alto grado de alfabetización. Como muestra de ello, se pueden encontrar por todos los territorios de la antigua Roma inscripciones sobre piedra tallada con cincel, así como en África aparecen sin cesar papiros escritos con tinta y cálamo. En distintas partes del Imperio, como Britania o Dacia, se encuentran tablillas u hojas de madera sobre las cuales se escribía con tinta, las tilia. También suelen encontrarse por doquier textos sobre cerámica o sobre tablillas de cera. Sobre la superficie de estos dos últimos tipos de soporte se escribía con styli o estiletes rayando el texto que se quería escribir. Los styli eran los instrumentos que se usaban junto con las tabulae ceratae, unas tablillas de madera con un rebaje en su interior cubierto de cera sobre la que se podía rayar para formar letras. Aunque no han sobrevivido hasta nosotros muchos ejemplares, son conocidas sobre todo las de Pompeya, Vindonisa y las de las guarniciones del muro de Adriano, al norte de Britania, entre otras tablillas. En España solo conocemos un ejemplar que se encuentra actualmente en el Museo Arqueológico

Provincial de Toledo. Cuando las tablillas eran de pequeño tamaño se las llamaba pugilares, pues cabían en una mano, como la que actualmente se expone en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla. Las tablillas tenían una serie de ventajas, pues eran ligeras y fáciles de llevar, además de ser un tipo de soporte duradero. Se podían usar varias veces, o por medio del borrado del texto, o cambiando la capa de cera que impregnaba la madera. Asimismo, podían perforarse por un lado y unirse formándose entonces dípticos, trípticos o polípticos, hasta llegar a un máximo de diez tablillas enlazadas. Estos serán los primeros códices. Según su tamaño y su calidad se podían identificar distintos formatos. De hecho, en un papiro hallado en Kelis (Egipto) se ordena a Theognoto que enviara a su «hermano Isión una tablilla de diez hojas, bien proporcionada de calidad, para la ciudad», lo cual puede dar una idea de los diferentes tipos de tablillas que se podían elaborar en los talleres. Estas tablillas eran tan peculiares en su fabricación que existía una profesión específica. Así Apolodoro de Caristo llegó a escribir una obra titulada “El fabricante de tablillas de cera”. Otra protagonista de la escritura en cera que debemos mencionar es


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Grabado que reproduce un fresco hallado en Pompeya, en el que aparecen diferentes utensilios relacionados con la escritura

la espátula. Tanto la escritura como las correcciones ocasionaban una pérdida de cera, por lo que era necesario verter nuevas capas en las tabulae y esparcirlas por la superficie uniformemente. Las espátulas eran requeridas por ello, tanto para extraer la cera sobrante, como para alisar la nueva capa. Suelen presentar forma triangular y lisa, hallándose por lo general elaboradas de hierro, aunque como variedad tipológica se distingue una segunda categoría que está formada por espátulas dobles contrapuestas. Las espátulas de cera suelen terminar en una cabeza en forma de pomo. Se podría pensar a primera vista que se trata de instrumentos de albañilería, pero, debido a su pequeño tamaño, a su finísimo filo y a que no presentan marcas de haber sido golpeadas, se debe descartar esta posibilidad.

Su naturaleza punzante podía convertir el estilete en un arma. Claudio prohibió que se le acercasen portando este instrumento

Merten indica los usos del pomo, pues serviría para rellenar de cera las esquinas de las tabulae, esparcirla uniformemente y borrar parte del texto escrito. El empleo de tales piezas como material de escritura está atestiguado por su presencia en contextos funerarios junto a otros instrumentos de escritura, así como por su representación en diversas pinturas, mosaicos y estelas junto a otros instrumenta scriptoria. La cera que se empleaba, de color roja o negra, parece que fue consistente, pues como nos indica Diógenes Laercio, se escribía sobre ella con dificultad, lo cual expli-

A la izquierda, extremo del estilete que se usaba para hacer correcciones de lo escrito. A su lado, una pequeña espátula con la que se extendía la cera de forma uniforme por las tablillas, para posibilitar su reutilización.

caría el uso de estiletes de metal, más duraderos. Cuando se desgastaba, se debía rellenar otra vez la tablilla con una capa de cera, lo cual ocurría, según Herodas, una vez al mes. Los styli o estiletes son de origen incierto, aunque bien pudieran proceder de Grecia o de Oriente. Su uso principal fue escribir, aunque también han aparecido relacionados con el trabajo de herrería, cerámica, cuero… Incluso pudieron llegar a ser usados como arma, ya que el emperador Claudio dio la orden de prohibir que se le acercaran quienes portaran estuches de estiletes. Fueron confeccionados en diversos materiales (bronce, hierro, hueso, marfil, e incluso oro y plata). Los de hierro y bronce son los más abundantes y mejor estudiados. Tienden a contar con tres partes diferenciadas: la punta con la cual se podía escribir sobre cera; el mango/vástago que a veces presentaba un espesamiento más o menos pronunciado para facilitar su aprensión; y la cabeza, que suele terminar en una espátula con la que se podían realizar pequeñas correcciones, como borrar letras o palabras en la cera sobre sobre la que se escribía. De hecho, la expresión stylum vertere (dar la vuelta al estilete) equivalía a corregir la escritura. En cuanto a la forma que podían adoptar, los estiletes de hierro suelen ser más bastos y simples, y aunque se hayan localizado algunas piezas de hierro decoradas, son las menos. Los ejemplares mejor decorados son los de bronce, que pueden presentar diferentes motivos como líneas horizontales, oblicuas o en espiral,


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triángulos contrapuestos formando diamantes, perlas. También pueden representar ranuras y acanaladuras efectuadas a lima y buril, que embellecen la forma del vástago, destinadas a recibir hilos metálicos dorados (de latón) que imitarían el color del oro y provocarían contraste con el tono oscuro del hierro o bronce. En algunos casos aislados, incluso se aprecia más extraordinariamente la presencia de motivos animales. Ciertos ejemplares (sobre todo en hueso) llevaban inscritos el nombre del dueño, mientras que por contraste, otras piezas podían presentar inscripciones de tipo jocoso o erótico como «Escribo sin la mano», «Mi dulce amiga es una Venus lasciva», «A amar se aprende con la práctica», etc. Las personas encargadas de escribir sobre tablillas de cera recibían el

El escriba apoya la pierna en una capsa de documentos y usa su rodilla como pupitre improvisado. Bajorrelieve hallado en Virunum, en la actual Austria.

nombre de scribae ceratii, en contraposición a los que escribían con tinta y papiro, que se denominaban scribae librarii. Podían realizar funciones de secretarios personales, copistas de libros, contables o podían trabajar para una ciudad bajo contrato, si no eran esclavos. El trabajo era de cierta dureza como muestran algunos colofones escritos por ellos: «Con qué satisfacción descansan mis tres dedos» o «Fui escrito por el estilete, la mano y la rodilla», lo que indica que no usa-

Los estiletes de Mérida distinta a la del resto de la pieza, quizá hierro, para así propiciar su duración. Pero el ejemplar más singular es, sin lugar a dudas, el que muestra en el extremo correspondiente a la espátula, un motivo animal claramente identificable con un delfín. Piezas con la representación de motivos zoomorfos como esta evolucionan durante la Edad Media, hasta adoptar forma de dragón.

Ilustración: Rafael Sabio

Desde el Museo Nacional de Arte Romano se están llevando a cabo estudios para poder determinar mejor el alcance efectivo de la alfabetización en Augusta Emerita. Gracias a la colaboración del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida se han estudiado no menos de cincuenta styli. Todos los ejemplares son de hierro y bronce; estos últimos de mejor factura. Dos de ellos muestran una profusa decoración a lo largo del vástago, si bien uno está fracturado y apenas conserva la cabeza y parte del cuerpo. Dicha decoración está compuesta por una serie de motivos geométricos que se suceden alternando bandas de triángulos facetados con series de líneas incisas dispuestas, bien en diagonal, bien transversalmente al sentido del vástago. Otro destacado ejemplar se debió componer de dos partes de las cuales se conserva una. La punta, aunque perdida, debió de ir inserta en el orificio del extremo engrosado, pudo haber estado realizada en una materia

La arqueología nos da otras pruebas sobre el grado de alfabetización alcanzado en la capital de la Lusitania, como por ejemplo el gran número de tinteros hallados en Mérida, que encuentran aquí la mayor concentración de toda Hispania. El reflejo de todo esto se puede ver en las excavaciones de Mérida, donde se han hallado una serie de tumbas que entre otros objetos contenían estiletes, a veces en parejas. Una de estas sepulturas pertenece a un niño, lo cual corroboraría su uso durante la etapa de aprendizaje. De otras tumbas inferimos que en Augusta Emerita existió una clase acomodada, no perteneciente a las élites políticas o económicas, sino a profesionales de cierto valor. Estas personas eran enterradas con signos distintivos que le eran propios, como los estiletes, dejando así constancia de una formación cultural de la cual se hallaban orgullosos, algo también constatado en tumbas del resto del Imperio.


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Relieve funerario que resalta la altura intelectual del fallecido. Un servidor toma apuntes en una tablilla mientras el amo va dictando.

ban mesa, sino que escribirían en una silla colocando un tablero sobre las rodillas; o de pie, como muestra un relieve en Maria Saal, Austria, donde el librarius tiene apoyado el pie sobre una capsa, un contenedor de forma cilíndrica donde se guardaban los rollos. Cabe destacar que para escribir con estiletes, la mano no podía entrar en contacto con las tablillas de cera, pues se corría el riesgo de que la temperatura del cuerpo calentara la cera y, al pasar la mano se borraran trazos débiles; o que la cera que sobraba al trazar sobre ella se presionara sobre la superficie e hiciera ilegible el texto. Los estiletes se han hallado a lo largo y ancho de toda Europa, tanto en ciudades como en el campo, por lo podemos decir que la escritura es tanto un hecho urbano como rural. Estos instrumentos fueron usados por un amplio espectro social. Es de interés reseñar su aparición en un alto número de asentamientos humildes, de lo cual se puede deducir que el acceso a los materiales de escritura, y lógicamente a la formación que llevaba su uso, no se limitaba a las élites sociales. Paralelamente,

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El artículo respeta la grafía utilizada por los autores del trabajo para designar al instrumento romano de escritura. No obstante, para despejar posibles dudas entre el stylus que protagoniza el texto y el stilus que da nombre a la revista, aclararamos que ambas formas coexisten en documentos clásicos. En una lengua como el latín, que no se normalizó hasta fechas recientes, la grafía con “y” parece obedecer a una mayor exposición a las influencias helenísticas. Este cultismo podría reflejar incluso una diferenciación fonética en diferentes partes del Imperio.

los styli suelen aparecer vinculados sobre todo a contextos funerarios y vertederos, y se hallan con frecuencia también en las vías cercanas a las ciudades y en las inmediaciones de los pórticos. Es curioso observar que cuando en las ciudades se asocian a un uso doméstico, han tendido a aparecer no en las domus más lujosas sino en las más humildes: se piensa que el motivo de ello es que en tales viviendas los estiletes, al caer, se perderían en el barro, mientras que sobre pavimento de mosaico de una domus señorial se encontrarían más fácilmente. Los usos que tenían los estiletes y las tablillas eran múltiples, pues eran el instrumental de los niños en las escuelas ya desde la época helenística; servían para escribir notas, para componer textos, etc. Incluso se da el caso, en Pompeya, de haberse utilizado en un archivo personal para consignar notas sobre préstamos y subastas. Igualmente, en los archivos de la administración se escribían cierto tipo de textos sobre tabulae ceratae. También se usaron para albergar obras literarias, como nos cuenta Apuleyo: «Yo, situado a corta distancia, lamentaba de veras no tener a mano tablillas y estilete para anotar tan delicioso cuento».

De la pervivencia de los estiletes y la escritura sobre cera una vez caído el Imperio romano, tenemos constancia de su empleo por parte de San Isidoro de Sevilla, quien asegura que «la cera es el material para la escritura; es la nodriza de los niños, pues ella despierta el ingenio de los niños y sus primeros sentidos». Es más, algunas miniaturas sobre códices medievales muestran a clérigos escribiendo sobre tablillas de cera con estiletes. ◙ PARA SABER MÁS: • BIRT, T. (1907): Die Buchrolle in der antike Kunst. Leipzig. • BOZIC, D. y FEUGÉRE, M., (2004): Les instruments de l´écriture. Gallia. • SABIO GONZÁLEZ, R.; ALONSO, J. (2011): “Instrumentos de escritura en las colecciones del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida: estiletes y espátulas”. Mérida. Excavaciones Arqueológicas, 11, 2006. [En prensa]. • SCHALTENBRAND-OBRECHT, V. (1998): “Wie wurden eiserne Stili in römischer Zeit hergestellt und verziert?”. En R. Ebersbach y A. R. Furger (eds.), Mille Fiori. Festschrift für Ludwig Berger zu seinem 65. Geburtstag. Augst.


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ASENTAMIENTOSHISPANOS

El foco romanizador del Bajo Alentejo

MIRÓBRIGA

Foro de Miróbriga, presidido por las ruinas de un templo sobre podio. Foto: Sergon Photos

Poblada desde la Edad del Hierro, Miróbriga pasó a ser dominio romano en el siglo II a. C. Desde entonces fue un importante nodo comercial cuyo rastro perdura hasta más allá del siglo IV. Repasamos varios ambientes de esta urbe para descubrir cómo vivían sus habitantes, así como sus usos y creencias. Construcciones como el foro, las termas y el hipódromo hicieron de Miróbriga un centro de romanización en la Lusitania.

Por Filomena Barata.

Miróbriga se sitúa en el Bajo Alentejo Litoral, en las proximidades de la ciudad de Santiago do Cacém. A día de hoy, los testimonios de su poblamiento romano se encuentran expuestos en el museo municipal de Santiago do Cacém y en el centro de interpretación del propio yacimiento, al que accedemos cerca de la capilla de San Bras. El pequeño templo es el único edificio en pie de la antigua ciudad de Miróbriga. La ciudad de Miróbriga gozaba de una óptima situación estratégica, al dominar una amplia franja arenosa que se extiende hasta el océano, a unos 15 kilómetros en línea recta. Los recursos agrícolas y mineros del entorno debieron de conferir a la ciudad importantes funciones comerciales. El lugar fue habitado desde por lo

menos la Edad del Hierro por pueblos de posible filiación céltica. El topónimo terminado en “-briga”, común a más de un centenar de sitios arqueológicos peninsulares, puede significar poblado fortificado o edificado en un punto alto. La implantación latina en Miróbriga fue condicionada por esta ocupación anterior, así como por la red de relaciones establecida entre las comunidades de la Edad del Hierro. Miróbriga entró en la esfera de influencia romana en el siglo II a. C. Los habitantes de la ciudad debieron de someterse al poder de Roma, que declaró al núcleo oppidum stipendiarium. Esto es, fueron declarados libres aunque sometidos a los distintos tipos de impuestos y cargas fiscales. El material arqueológico encontrado en el yacimiento prueba que el asentamiento llegó a su máxima ocupación en el siglo I de nuestra Era. Es


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probable que obtuviese la municipalización en este mismo siglo y que se beneficiase del Edicto de Latinidad del emperador Vespasiano (73-74 d. C.), junto a otras ciudades de la Península. Desarrolladas por esta razón las estructuras municipales para dotarse de una organización acorde a las nuevas necesidades, se acometió la remodelación urbana correspondiente. En el siglo III se confirma una enorme vitalidad y una intensa ocupación en Miróbriga, atestiguada por la concentración de la cerámica de este periodo. Esta circunstancia tiende a disminuir en la segunda mitad del siglo IV. Sin embargo, no se puede hablar de colapso, porque se sigue importando cerámica de África y continúa el comercio con el Mediterráneo oriental. Llegan los moradores romanos Los romanos ocuparon primero la parte superior de la acrópolis o fortaleza prerromana, que tiene una muralla construida con la técnica de piedra en seco, dominando el territorio circundante. La ocupación rompió el amurallamiento en algunas zonas, como puede verse cerca del templo central, dedicado al culto imperial. Aunque no se conoce completamente el perímetro y el tejido urbano de la ciudad, que solo puede ser aclarado por futuras excavaciones, el trabajo de prospección dirigido por Félix Teichner parece confirmar un área de ocupación de unas 9 o 10 hectáreas. La población fija de Miróbriga, por lo tanto, no debía superar los 2.500 habitantes, en la línea de las ciudades de dimensiones pequeñas. Aun suponiendo que el hipódromo se encuentra en un lugar periférico en relación con el centro urbano –dista un kilómetro del centro de la ciudad–, es lógico que la zona intermedia tuviese las estructuras que normalmente se desarrollan a partir de los centros urbanos, como fábricas, villae o granjas. Por las características particulares de la topografia y el urbanismo de Miróbriga, que se asienta en un poblado fortificado de la Edad del Hie-

rro, no es posible encontrar indicios de un crecimiento definido a partir de los ejes viarios principales –cardo y decumano–, como es común en las fundaciones latinas de plan ortogonal o lineal. Sin embargo, los restos conocidos nos permiten delimitar el espacio ocupado por algunas manzanas de viviendas (insulae) y definir los recorridos de acceso a algunos de los edificios públicos, como es el caso del foro y las termas. El foro estaba rodeado por una red viaria en forma de circunvalación. Las viviendas se disponían en anillos concéntricos que recuerdan a veces a modelos urbanos medievales. Entre las vías se implantaban áreas comerciales y habitacionales. Las casas se adaptan a la pendiente, y los desniveles son vencidos con grandes escaleras que comunican las vías. Todos los tramos de calzadas conocidos muestran grandes lajas asentadas directamente en el afloramiento pizarroso o sobre el suelo, y carecen de cualquier tratamiento para su colocación. En algunos puntos, esas calzadas presentan rebordes laterales cubiertos con opus signinum, una mezcla de tierras que se relaciona con la impermeabilización de la entrada de las tiendas (tabernae) y de las viviendas. En otros casos, se puede ver la construcción, con una técnica irregular (opus incertum), de conductos de desagüe hacia las cloacas, pavimentados con materiales cerámicos. Así acontece en el área habitacional cercana a la entrada actual a las ruinas y en el lado suroeste del foro, donde solo restan algunos vestigios de la vía pública. Estas cloacas estaban cubiertas, aunque actualmente no existan vestigios de estas coberturas. Solo se conocen algunas viviendas de las muchas que existieron en el núcleo urbano de Miróbriga. De un lado y del otro de la calzada que se encuentra en la entrada actual del yacimiento, se pueden ver varias insulae, cuyos datos arqueológicos apuntan a una ocupación ininterrumpida entre los siglos I y IV d. C. A pesar del conocimiento incipien-

Sociedad compleja

El estatus municipal de Miróbriga obligaba a tener personal administrativo y una estructura de cierta complejidad. Este hecho puede rastraerse en la existencia de un magister, Cayo Julio Rufino, dedicante de un ara a Venus, y de Marco Julio Marcelo, alcalde y duunviro. Otro ejemplo que confirma la complejidad administrativa de Miróbriga es una referencia al splendidissimus ordo en un altar dedicado a Esculapio. Esta cita muestra la existencia de un senado o asamblea local. Tal ordo decurionum era el responsable de sancionar casi todos los actos de la vida local, incluyendo la celebración de actos religiosos y festividades e incluso de organizar los juegos en honor a Minerva (quinquatrus) en el hipódromo de Miróbriga. El hallazgo de esta pieza que habla del splendidissimus ordo tiene gran importancia administrativa pero también ayuda a dilucidar la vida religiosa de la comunidad. El hecho de estar dedicada a Esculapio hizo que durante décadas se atribuyese a su culto el templo central del foro.

Inscripción hallada en Miróbriga.


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te de las zonas habitacionales de esta área, las manzanas son de diferentes medidas. En función de las calles y de los accesos públicos varían entre los 25 y los 30 metros de longitud. Algunos de los bloques tenían canalizaciones de agua, como se pudo verificar durante los trabajos de limpieza y restauración en la Casa con Frescos. Junto a la entrada existía un pequeño tanque, posiblemente de aprovisionamento de agua, que era alimentado por tuberías de plomo. Un foro en varias alturas En la zona más elevada del aglomerado urbano, sobre un área anterior, fue edificado un foro, en el que se implantaban los edificios políticoadministrativos y religiosos. El foro de Miróbriga puede considerarse de pequeñas dimensiones respecto a otros de la Lusitania. Poseía dos alas en forma de L, para cerrar la plaza. Pero el elemento que dominaba el conjunto era un edificio religioso: un templo in antis, cuya fachada principal se orientaba a la plaza pública. El acceso se producía a través de escaleras laterales del podium sobre el que se elevaba, produciendo un notable efecto escenográfico. El aspecto monumental de la plaza pública se reforzó gracias a la construcción en diferentes alturas. Se cortó y aplanó la roca para crear varias plataformas. Esta situación es bien visible en el lado norte del foro, donde un gran muro de contención vence la diferencia de alturas existente entre las dos plataformas. En la más alta se localizan el templo anteriormente citado y otro edificio religioso de planta absidial, que ha sido atribuido al culto a Venus. Cabe destacar que en Miróbriga existen testimonios arqueológicos del culto a la diosa del amor. En concreto, se hallaron fragmentos de una estatua de la Venus Capitolina y dos inscripciones dedicadas a esta divinidad. Asimismo, en el centro del ábside de la construcción aneja al templo, es visible la base de un altar. A una cota más baja que el templo se extendía la plaza pública propiamente dicha, en la que se encuen-

Se han hallado en el yacimiento fragmentos de una estatua y dos inscripciones dedicadas a Venus

El terreno abrupto sobre el que se asentó Miróbriga, así como su pasado prerromano, impusieron ciertas limitaciones a la ciudad romana. Sobre estas líneas, el plano y la fotografía aérea del foro, que se construyó en varias alturas para adaptarse a los desniveles.

tran las edificaciones habituales de los foros provinciales: la basílica y, en un espacio anexo, lo que debía de ser la curia. Al sur y oeste del foro, a un nivel inferior, se encontraba la zona comercial, en la que las tabernae se adosaron a un tercer talud de opus caementicium. Las tiendas son de pequeñas dimensiones y se sitúan al nivel de la calle. En algunos casos poseían aposentos en un piso superior, al que se accedía a través de escaleras. Los depósitos o almacenes podían localizarse en compartimientos interiores, en la parte de atrás de las tabernae.

La existencia de una argolla de hierro clavada y soldada en una de las construcciones de esta zona comercial, al sur del foro, contribuye a acentuar la idea de que ahí se desarrollasen las actividades mercantiles. Asimismo, en una taberna de planta irregular situada junto a la escalinata de acceso al foro se encontró un sillar decorado con una cabeza de toro de estilo naturalista. Un paseo por las termas Aprovechando la depresión natural del terreno, que ayuda a la captación y a la concentración de las aguas pluviales, los romanos instalaron unas termas públicas en una de las zonas más bajas de la ciudad y ligeramente alejada de la zona céntrica. Para llevar a cabo el plan, se adosaron dos edificios de construcción no muy distante en el tiempo. Es más, la existencia de dotaciones conectadas, sobre todo la red de desagües, permite suponer que ambas construcciones pueden ser parte de un proyecto contemporáneo. El edificio oriental, a una cota más baja que el occidental, se excavó en el afloramiento pizarroso. Nada más sobrepasar la puerta se accedía a una zona porticada, que debía de circundar una pequeña palestra. En la zona norte de la presunta palestra, se situaba un vestuario (apodyterium) decorado con frescos, y a todo lo largo del cual se extendía un banco de obra revestido de opus signinum. Del apodyterium se podía pasar al frigidarium y a la piscina, que aún presenta un revestimiento íntegro de opus signinum. Sobre el vaso de la piscina, pinturas al fresco decoraban este ámbito. El frigidarium se comunicaba con la zona templada (tepidarium) y la caliente (caldarium). Junto a la zona de alimentación del horno que calefactaba estas estancias (praefurnium), se detectó una enorme concentración de cenizas, confirmando la identificación del compartimiento. El edificio termal occidental está en mejor estado de conservación. Aunque no totalmente excavado, puede considerase como un buen


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Las termas de Miróbriga son uno de los mejores ejemplos conservados de la Lusitania. En la imagen, detalle del hipocausto de uno de los edificios, con los típicos pilares construidos con ladrillos.

ejemplo de los balnearios de las provincias occidentales. El edificio, construido casi integramente en opus incertum, presenta una fachada más cuidada, con grandes sillares cuya utilización parece apuntar al periodo neroniano o posterior. Para acceder al edificio se descienden tres escalones al pie de los cuales había tres altas columnas cilíndricas que fueron trasladadas por Fernando de Almeida al foro, cuando se realizó su reconstrucción. Se podía acceder a las letrinas o, a través de una puerta de grandes dimensiones, a una amplia sala (vestibulum) que tenía anexos dos compartimientos más pequeños, posiblemente con funciones de vestuario. El pavimento del vestibulum estaba revestido con losas de calcáreo dolomítico. En esta zona encontramos una zona de nichos en los que podría haber sido colocado algún elemento escultórico. Del vestibulum se accedía a través de dos entradas al frigidarium, de forma rectangular y con dos piscinas en los lados más cortos. Una estaba dentro de una estructura en forma de nicho. La otra es bastante más honda y casi se podría tratar de una pequeña piscina para practicar la natación (natatio). Un pequeño corredor lleva a una estancia caldeada con hipocausto y equipado con soportes verticales –pilae–, posiblemente un sudatorium. De ahí se pasaba al tepidarium, con paredes dobles edificadas en opus testaceum para mantener calientes los compartimientos. Por último, el caldarium poseía dos pequeños espacios anexos (alvei), que presentan desagües de plomo. El caldarium se orientaba hacia el suroeste para aprovechar el calor de la tarde. El pavimento de las zonas destina-

das a los usuarios de las termas estaba revestido con opus signinum, sobre el cual fueron colocadas lajas calcáreas. Algunas de las salas del tepidarium y del caldarium tenían ventanas a poniente, que daban al patio o pequeña palestra. La mayoría de los compartimientos de las termas occidentales estaban revestidos de placas calcáreas, ya sea en el pavimento o en las paredes, para un fácil mantenimiento del edificio. Estas placas eran fijadas a la pared mediante espigones de cobre o bronce. Recientemente se descubrió un depósito edificado a una altura superior al complejo termal, que debía de garantizar el abastecimiento de agua. Posiblemente estaría cubierto para garantizar la limpieza del agua y dificultar la evaporación. Por otro lado, un conducto abovedado evacuaba las aguas a una cloaca aún visible junto al puente. El suministro de agua probablemente se reforzaba con una fuente cercana, cuya existencia se deduce a partir de un canal que discurre por las cercanías de la zona. Espectáculos pagados por la elite Los lugares de espectáculo (teatros, anfiteatros y circos) fueron en las provincias una forma de facilitar la romanización, pues incentivaban el desplazamiento periódico de los habitantes rurales a la ciudad. Eran, además, locales ideales para la expansión de la mística imperialista.

La construcción de un hipódromo en Miróbriga debe haber obedecido al mismo principio de contribuir a la difusión de la ideología imperial. Conocemos el legado testamentario de un medicus, Cayo Atio Januario, que dejó dinero al consejo municipal para que organizara los quinquatrus, juegos que posiblemente se realizarían en el hipódromo. Este edificio distaba aproximadamente un kilómetro en línea recta de la zona céntrica del aglomerado urbano, como acontece en muchos locales de espectáculo con estas características, que son alejados por motivos prácticos, dada la gran afluencia de público. ◙ PARA SABER MÁS: • BARATA, F. (1998): Miróbriga: Urbanismo e Arquitectura. IPPAR. Lisboa • BARATA, F. (2011): “Conheça o Forum de Miróbriga mais em pormenor”, en la web Portugal Romano. (http://www.portugalromano.

com/2011/04/conheca-o-forum-de-mirobriga-mais-em-pormenor/)

• CORREIA, V. H. (1990): Miróbriga, roteiros da arqueologia portuguesa. Instituto Português de Património Cultural. Lisboa. • HAUSHILD, T. (1989-90): “Arquitectura religiosa romana em Portugal”, en Anas. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida.


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ELRINCÓNDEESCULAPIO

LA MEDICINA MILITAR (y III)

Reposo y recuperación en el campamento

Un largo corredor y las habitaciones alineadas a ambos lados marcan el lugar donde estuvo el hospital del campamento de Carnuntum, actual Petronell (Austria). Foto: Paco Bernal

Los legionarios heridos o enfermos recibían cuidados para reestablecerse lo antes posible. El lugar donde eran tratados, el valetudinarium, fue adquiriendo unas características bien definidas que pretendían hacer la estancia más cómoda y mejorar la atención. El estudio de estos recintos completa una serie de artículos dedicados al sistema sanitario en la legión y a los profesionales que trabajaron en él.

Por Salvador Pacheco.

El criterio militar era prioritario en la planificación de los campamentos legionarios, pero no era el único. También se tenían en cuenta la higiene y comodidad personal de los soldados, a juzgar por la existencia de termas en algunos de ellos. Los tratadistas recomendaban, incluso, que los campos de instrucción fuesen cubiertos para protegerse del sol, lluvia y otras inclemencias. Uno de los factores que influye decisivamente en la calidad de vida de los soldados es la salubridad del entorno. Los teóricos recomendaban el frecuente cambio de ubicación de acuartelamientos no permanentes para evitar la propagación de enfermedades por la contaminación

del agua y el ambiente (Vegecio, III, 2). Por estas mismas razones, en los campamentos permanentes se pretendían construir las infraestructuras necesarias para el aporte de agua fresca, se practicaban complejos sistemas de drenaje que evitaran la inundación del acuartelamiento o se cavaban fosas sépticas y letrinas. Para el caso de que, pese a las medidas de higiene, un soldado cayese enfermo o fuese herido en batalla, los campamentos se dotaron desde bien pronto de recintos sanitarios. Los primeros hospitales en los campamentos republicanos, más o menos estables, debieron de estar formados por simples tiendas de campaña. En época imperial, con el establecimiento de fronteras cada vez más lejanas, se multiplicaron los campa-


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mentos permanentes, que disponían de hospitales estables, llamados valetudinaria. Esta palabra proviene del término valetudo (salud). Los primeros valetudinaria estarían formados por simples tiendas de campaña, pero más adelante pasarían a fabricarse en madera y, después, en piedra y mampostería. Un cuidadoso diseño intentaba aportar las mayores comodidades a heridos y enfermos. Así, el hospital podía disponer de baños independientes del resto del acuartelamiento o, en su defecto, un acceso privilegiado a estos y a las letrinas del campamento. Contaban, al parecer, con una cocina propia, que podía estar dentro del mismo hospital y permitía preparar dietas prescritas. Una buena ventilación e iluminación, así como la tranquilidad de los heridos y enfermos, eran cuestiones muy tenidas en cuenta. Por eso, estos edificios eran construidos, en general, en una zona privilegiada del castrum, en una zona céntrica del acantonamiento, lejos de los proyectiles en caso de asedio. Además, se intentaban evitar zonas molestas o insalubres, en favor de otras con fácil abastecimiento de agua y junto al praetorium (Hyginio, De Munitionibus Castrorum, X), aunque esta regla general no siempre parece cumplirse. El valetudinarium de obra solía tener planta cuadrada o rectangular, con un gran patio interior abierto a múltiples pórticos, y espacios libres que permitían la ventilación. Cuando una legión en marcha paraba para levantar un campamento temporal, el hospital se instalaba a la vez que el resto de las dotaciones. Sus tiendas trataban de imitar a los hospitales estables: se agrupaban en un cuadrado o rectángulo, a modo de pabellón, próximas a una letrina adyacente. El ejemplo suizo Las características comunes de los hospitales de campaña nos son conocidas por el estudio y cotejo de varios ejemplos que han llegado hasta nuestros días. Uno de los más

Los heridos se acomodaban en una zona confortable y a salvo de proyectiles en caso de asedio

conocidos es el de Vindonissa. Fue construido en madera por la XIII Gemina hacia el año 12 a. C. y, a comienzo del siglo II, se remodeló en piedra por parte de la XI Claudia. Se componía de cuatro alas de dos pisos que delimitaban un patio cen-

Los hospitales militares más estudiados Entre los recintos miilitares mejor conocidos del orbe romano destacan el valetudinarium de Vindonissa (hoy Windisch, en Suiza) y el de Castra Vetera (Xanten, en Alemania), pero hay muchos otros localizados: •

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Haltern, en Renania del Norte-Westfalia. Estaba situado en el interior de la Germania, y posiblemente se trate del famoso fuerte de Alisum, el único que resistió tras el desastre de Teutoburgo. Los veranos entre los años 12 a. C. y 9 d. C. fue ocupado por las legiones XVII y XIX. Novaesium, en la Germania Inferior, pertenece a Neuss, en la actual Renania del Norte-Westfalia. Plano del hospital de Carnuntum. Fue el primer valetudinarium reconocido como tal. Bona, en la Germania Inferior. Es hoy Bonn (Alemania) Lauriacum, en Nórica, es Lorch (Austria). Carnuntum, en Panonia Superior. Hoy es Petronell (Austria). Aquincum, en Panonia Inferior. Está en Budapest (Hungría). Vindobona, en Panonia Superior, es Viena (Austria). Isca Silurum, en Britania, se sitúa en Caerleon, en Gales. Vercovicium, junto al Muro de Adriano, es la actual Housesteads (Reino Unido). Segedunum, de época de los Severos, en el extremo este del Muro de Adriano, en Wallsend (Reino Unido). Castra Pinnata, cuartel de la XX Valeria Vitrix en Caledonia durante los años 84-88 d. C. es hoy Inchtuthil, en Escocia (Reino Unido).

Reconstrucción hipotética del hospital de Vindonissa.


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tral, posiblemente ajardinado. Cada ala tenía dos filas de habitaciones separadas por un corredor. La fachada se abría a la calle en forma de pórtico, con un gran recibidor central de entrada. Exceptuando un pequeño dispensario, ubicado junto al patio interior y destinado a consultas y tratamientos externos, todo el edificio se centraba en la atención a los ingresados. Para ellos había habitaciones,

El edificio se disponía en torno a un patio en el que podían cultivar hierbas medicinales para los enfermos

las más grandes de las cuales podían alojar a ocho enfermos. En total, todo el edificio podía albergar a 480 pacientes. Las habitaciones daban a un corredor central, mientras que sus ventanas se abrían a un patio interior o a la calle. El edificio tenía cocina y letrinas. Un caso hispano También campamentos menores tuvieron su centro hospitalario en el

El hospital de Castra Vetera El campamento de Castra Vetera I estuvo en uso desde finales del siglo I a. C. hasta principios del siglo II d. C. Dentro de la empalizada se encuentra un ámbito de planta cuadrada, de 83 metros de lado. Se interpreta como un hospital, cuyo acceso se producía a través de la fachada que da al norte. La puerta de entrada se abre a un atrio que comunica con un cuerpo de guardia. Atravesando el cuerpo de guardia se llegaba a una gran sala que parecía servir de zona de reuniones y sala de visita a los enfermos. Era una amplia habitación que daba paso a una cámara que, como también vemos en Neuss, estaba a un nivel más bajo que el área ajardinada que la rodea. Algunos autores han querido ver en esta estancia un quirófano, y explican su posición rehundida como un intento de obtener la mejor iluminación. Esta hipótesis parte de una cita de Celso donde se recomienda un lugar bien iluminado para llevar a cabo la operación de cataratas (7, 7, 14C). Lo cierto es que dadas las escasas posibilidades de la cirugía de la época, probablemente muchas intervenciones no precisarían de un quirófano propiamente dicho, y podrían realizarse en la habitación del paciente. Compartiendo el muro derecho con la sala de visitas se encontraba la cocina. Solo el pasillo que circun-

valaba todo el edificio la separaba de las estancias dedicadas a almacenamiento. En en lado opuesto de la sala de visitas, se encontraban la letrina y los baños. Según Von Petrikovitz, todos los valetudinaria tenían baños, pero lo cierto es que no existen evidencias suficientes para poder apoyar tal afirmación. Incluso en aquellos hospitales donde aparecen restos de un hipocausto –como sucede en el de Carnuntum– tampoco es una prueba absolutamente concluyente, pues podrían ser los retos de un sistema de calefacción en aquellas frías latitudes. En cualquier caso, es cierto que los baños eran un medio terapéutico en la antigua Roma. Algunos soldados convalecientes eran enviados a balnearios como los de BadenBaden, en Alemania, o Bath, en Inglaterra, para su recuperación. El propio von Petrikovitz hace extensibles las consideraciones benéficas a las letrinas que, afirma, nunca debieron de faltar entre la infraestructura obligada del hospital militar. Sin embargo, esta afirmación suscita las mismas objeciones que las referentes a la omnipresencia de los baños. Dejando atrás el lado norte, las otras tres alas del edificio parecen estar dedicadas al cuidado de los legionarios. Un pasillo en forma de U recorría el conjunto abriéndose a uno y otro lado a las distintas estancias destinadas a los enfermos.

Las habitaciones, con unas dimensiones de 3,4 por 4,2 metros y una altura de cinco metros, tenían capacidad para tres camas. Este cómputo plantea ciertos problemas, ya que da una capacidad escasa (180 enfermos) en comparación con el de Vindonissa; más aun si tenemos en cuenta que alojó durante mucho tiempo dos legiones. Este dato hace pensar que pudieran existir sendos hospitales, uno por legión. Esto quiere decir que todavía no habría sido desenterrado un segundo hospital. Aunque también se especula con la posibilidad de que, pasado el año 70, cuando Castra Vetera quedó como acantonamiento de una única legión, el segundo valetudinarium habría sido destruido y su emplazamiento, reutilizado. Las habitaciones para los enfermos estaban colocadas en parejas, compartiendo entrada, a lo largo de


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que se tiende a mantener, en cierto modo, las líneas generales descritas para los valetudinaria. En la Península Ibérica se especula con la existencia de uno de estos hospitales en Aquis Querquennis, aunque algunos autores barajan la posibilidad de que se tratara del pretorio del campamento. Situado en la parroquia de Baños de Bande (Galicia), estuvo en uso entre el último cuarto del siglo

I, desde el reinado de Vespasiano hasta el 120 d. C. en que es abandonado. Se supone que pudo ser utilizado por la Cohorte I Gallaica, unidad mixta de caballería e infantería, subordinada a la Legión Séptima Gémina, acantonada en León. Su misión era proteger la Vía XVIII o Via Nova, que comunicaba Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga). El presunto valetudinarium

un pasillo. Esta misma disposición, que se puede apreciar también en el hospital de Novae, en la Mesia Inferior, permitía dotar de luz y ventilación a los cuartos, al dar, o bien al exterior, o al patio del hospital. Este patio estaba porticado y, probablemente, en él se cultivarían plantas medicinales que pudieran ser de uso médico en el hospital, tradición que se mantuvo en los monasterios medievales. En la fachada sur del hospital parece encontrarse la habitación destinada al médico de guardia y, frente a esta, la destinada a farmacia. No muy lejos, en el ángulo suroeste, autores como Davier, Liberati y Silverio han querido ver una estancia dedicada al depósito de cadáveres. Otra dependencia, que algunos autores han defendido –sin base arqueológica que lo justifique– como siempre presente en un valetudinario, es la de una capilla para ceremonias religiosas. Así, Dyzcek menciona la existencia de un pequeño santuario dedicado a las deidades curativas (Esculapio, Higía, Júpiter y Minerva) en Novae. Actualmente, la corriente revisionista pretende poner de manifiesto, a través de las puntualizaciones anteriores, que la interpretación de los espacios de los hospitales militares romanos ha estado muy influida por la disposición de los propios recintos hospitalarios del siglo XIX.

Estancia del hospital de Aquis Querquennis y reconstrucción del pórtico que daba acceso a las instalaciones.

presenta una planta casi cuadrada (24,20 por 24,40 metros), con parecidas dimensiones a la de Benwell (24,7 por 22,5 metros). Estaba construido en piedra, con un impluvium central rodeado de un peristilo soportado por pilastras de madera, al que se abrían las habitaciones. Su techo era de teja y se han descubierto conducciones que llevaban las aguas de drenaje hacia lo que eran, posiblemente, las letrinas. Este tipo de canalizaciones se encuentran en otros valetudinaria. Estas características aproximan este recinto sanitario a otros hospitales de menores proporciones como el del campamento de Vindolanda, en Inglaterra. ◙

Foto: David Garrido

PARA SABER MÁS: • BAKER, P. (2009). “Archaeological remains as a source of evidence for Roman medicine” en Medicina Antiqua. University of Kent. Canterbury. • JETTNER, D. (1966): “Geschichte des Hospitals” en Sudhoffs Archive für Geschichte der Medizin und der Naturwissenschaften 11. Franz Steiner Verlag GMBh. Wiesbaden. • JOHNSON, A. (1983): Roman Forts. Adam & Charles Black. Londres.

• KOENEN, C. (1904): Beschreibung von Novaesium. Bonner Jahrbucher 111/112. Bonn. • PENSO, G. (1984): La médecine romaine. Les Editions Roger D´Acosta. Paris. • VON PETRIKOVITZ, H. (1975): Die Innenbauten römischer Legionslager während der Prinzipatzeit. Westdeutscher Verlag. Berlín.


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ARQUEOLOGÍA

Un apoyo al estudio arqueológico

Fotos: César Figueiredo

DISEÑO E ILUSTRACIÓN

Por César Figueiredo.

El estudio de las artes y los monumentos de la Antigüedad usa a menudo las representaciones visuales de los hallazgos para plasmar con fidelidad las características de los restos encontrados. El diseño es una herramienta fundamental para el arqueólgo. Sin embargo, los esfuerzos de divulgación recurren muchas veces a una práctica con grandes dosis de imaginación y creatividad: la ilustración. Ambas disciplinas son aliados insustituibles para conocer mejor nuestro pasado.

Desde siempre el diseño ha sido parte de la esencia humana. Es normal pensar en esta práctica como algo inteligible, de forma acabada y con soporte propio. Pero no es del todo común juzgar el diseño como forma de pensamiento y de producción de conocimiento. Para Marques, «la práctica del diseño está íntimamente ligada al desarrollo de una idea», de una “visión mental”. Es un deseo que se vuelve necesidad innata de transformar un pensamiento en algo palpable y visual. «A través del diseño es posible observar mejor, entender, registrar y comunicar hechos y conceptos de ciencia», dice Pedro Salgado. Es por eso que el diseño arqueológico, como en otras áreas científicas, continúa prefiriéndose la fotografía porque en la

mayoría de casos permite un mejor registro visual, capaz de adecuarse a las necesidades de representación. El diseño en arqueología es descriptivo y evidencia formas y trazos marcados por la acción humana. Al contrario que en las ciencias naturales, que pretenden representar tipos a través de las características más comunes de cada especie, en la arqueología no existen dos artefactos iguales. Se vuelve por eso, imposible “caricaturizar” cualquier ruina o cualquier elemento de expolio. A este propósito, Luís Fortunato Lima refiere sobre el diseño en la Biología: «En la zoología, los diseños de animales representan especies. Esto significa que figuran características particulares de esa especie, excluyendo los trazos de ejemplares particulares. Así un caso concreto se convierte en un individuo emblemáti-


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co». En el diseño arqueológico no se podrían representar especies, ya que no sería práctico crear una categoría “modelo” para cada artefacto. El diseño y la ilustración arqueológica son vistas muchas veces como áreas de apoyo para el estudio o soporte de transmisión de información para la Arqueología. En verdad, existen diferencias bastante significativas entre los conceptos de diseño arqueológico e ilustración arqueológica. Ambas son diseños científicos, pero mientras que el diseño contribuye a la representación técnica de materiales arqueológicos tales como cerámicas, objetos líticos, vidrios o metales, entre otros, la ilustración privilegia la visualización de los objetos en el contexto en el que fueron usados, aunque a veces podamos utilizar esta disciplina para la representación de materiales. De este modo, la ilustración pasa a ser un campo de acción mucho más amplio que contempla, no solo la representación de hallazgos, sino que se extiende a la visualización de los objetos en la Antigüedad. La recreación de ambientes históricos y arqueológicos posibilita el entendimiento de un determinado momento o civilización. Digamos que la ilustración arqueológica pone el acento en representar la interacción entre personas, materiales, animales, medio geográfico, etnografia, paisaje e arquitectura en su vivencia activa del pasado. ◙

Los diseños arqueológicos (arriba, representación de una figurilla de Tyche) es un soporte más de datos científicos. Las ilustraciones (abajo, infografía ideal de una cocina) contextualizan los hallazgos para su mejor comprensión por parte del público.

PARA SABER MÁS: • HODGES, E. R. S. (2003): Guild Handbook of Scientific Illustration. Wiley & Sons Hoboken. New Jersey. • MADEIRA RODRIGUES, A. L. (2000): O Desenho. Ordem do pensamento arquitectónico. Editoral Estampa. Lisboa. MARTINS, M. (2004): “Urbanismo e Arquitectura em Bracara Augusta. Balanço dos contributos da Arqueologia Urbana”, en las actas del congreso “Simulacra Romae. Roma y las capitales provinciales de Occidente”. Tarragona.

• MARQUES, J. S. (2006): As imagens do desenho: percepção espacial e representação. Trabajo de síntesis presentado para la prueba de capacidad científica, en Oporto. • PIMPAUD, A. B. (1999): Les Applications de L’Infographie 3D a L’Archeologie. Tesis dirigida por A. M. Guimier Sorbets. Universidad de Paris-X-Nanterre. • STEINER, M. (2005): Approaches to Archaeological Illustration: A Handbook. Council for British Archaeology. York.


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DERECHOROMANO

LAS LEYES DEL BAJO IMPERIO

Por la autoridad del emperador El asesinato de Alejandro Severo sumió al Imperio en una anarquía de la que Roma saldría profundamente cambiada. Esta mutación afectó tanto a sus instituciones como al Derecho que regía las vidas de millones de personas. La figura del emperador se revistió de un aura mayestática. Las leyes, emanadas de su autoridad, se situaban por encima incluso de las costumbres.

Por Alejandro Valiño.

El advenimiento del período postclásico desde el punto de vista de su datación no es cuestión pacífica. Mientras que la mayor parte de la doctrina hace coincidir el inicio de esta etapa con el cambio político llevado a cabo por Diocleciano (284 d. C.), Álvaro d’Ors sitúa el comienzo de este período en torno al 230 con ocasión del asesinato de Alejandro Severo, que conllevó un cambio importantísimo en la historia constitucional de Roma. En efecto, el insigne romanista español advirtió que en torno al año 230 d. C. confluyen una serie de hitos, algunos de carácter político, otros de significación estrictamente jurídica, los cuales, contemplados todos ellos

conjuntamente, permiten establecer una nueva etapa dentro de la jurisprudencia romana. En el plano político, el asesinato de Alejandro Severo sumió al Imperio en una profunda crisis política, desencadenante de una devastadora anarquía militar a la que puso fin precisamente el cambio propiciado por Diocleciano con la inauguración del Dominado y una nueva demarcación territorial. También por estas fechas se hacen patentes las consecuencias de la extensión de la ciudadanía a todos los habitantes del Imperio, exceptis dediticiis, por efecto de la Constitutio Antoniniana promulgada por Caracalla en 212 d. C. Ello comportó que el Derecho creado por los juristas romanos, de impronta itálica, tuviese una proyec-

ción sobre todas las comunidades del Imperio, pese a que muchas de sus instituciones eran bien distantes de la idiosincrasia local. Este hecho llega a producir cierta reacción consuetudinaria de signo contrario, concretada en la conservación de sus propias tradiciones locales en el ámbito del derecho privado. Dicha resistencia, constante durante todo el Principado, minimizó los efectos prácticos de la conquista de la ciudadanía romana y se proyectó más bien sobre el cuadro organizativo e institucional de las ciudades romanizadas. Se alcanzó así una cierta uniformidad administrativa ya patente a fines del siglo III d. C. En este periodo ya se advierten con nitidez profundas diferencias entre la parte occidental y oriental del Imperio, que permiten anticipar la posterior fragmentación. En las provincias del Oeste, el fenómeno de la romanización se hallaba muy extendido, especialmente entre las élites locales, que en gran medida habían accedido a la ciudadanía romana a través del Latium minus (en época de Domiciano) y del Latium majus (posiblemente en tiempos de Adriano). Este fenómeno es de tal envergadura


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que no puede pensarse que el Edicto de Caracalla mudase en gran medida las cosas. La epigrafía de la Hispania romana, manifestada con generosidad a través de la lex Irnitana, nos deja testimonio de cómo en lo no contemplado en la lex municipalis había de regir el derecho civil. Primacía sobre la costumbre local Por contra, en las provincias helenizadas ha podido constatarse la supervivencia de formas y tradiciones locales anteriores, lo que conduce a mitigar en gran medida el alcance de la romanización efectivamente operada de partida. Sin embargo, más que en su misma eclosión, la fuerza de la Constitutio Antoniniana ha de encontrarse en la onda expansiva que de a poco fue propiciando, hasta el punto de que en el siglo IV puede constatarse una general primacía del ordenamiento jurídico de Roma, frente al cual las costumbres locales apenas podían oponer resistencia.

El Edicto de Caracalla tuvo mayor impacto en la zona oriental del Imperio, donde subsistían aún tradiciones anteriores a la llegada de Roma A esta puesta en valor de la Constitutio Antoniniana –si se quiere un tanto retardada en el tiempo– bien pudo contribuir el giro absolutista que trajo consigo el Dominado. A partir de ese momento, más que una vigencia de facto, las tradiciones locales orientales que sobrevivieron lo fueron en la medida en que terminaron por reflejarse en la legislación imperial. Se ejecutó de esta forma un recíproco juego de influjos que pone de relieve la permeabilidad del derecho romano, paradigma de la capacidad de expansión espacial y temporal más allá de la realidad histórica de su pueblo. A partir de Constantino, frente a la orientación eminentemente hostil hacia las particularidades locales de las que son fiel reflejo los rescriptos de época de Diocleciano, se halla presente la idea de que las constituctiones Principis están por encima de la fuerza obligatoria que dimana de las costumbres. Así se refleja en una Constitución de Constantino del año 319 d. C, que viene a decir que la autoridad de la costumbre y el uso de largo tiempo no es despreciable, pero no ha de ser válida hasta el punto de que prevalezca, o sobre la razón, o sobre la ley. En contraste, el pensamiento de Salvio Juliano afirmaba que una lex quedaba derogada al imponerse una costumbre de signo contrario. En el campo estrictamente jurídico, no podemos olvidar la importanEl reinado de Constantino marca un punto de inflexión. A partir de él, las constituciones promulgadas por el emperador adquieren un peso esencial en el ordenamiento jurídico.

Foto: Xerones

cia de la creación de la Academia de Berito, donde se inició un estudio escolástico del Derecho que suponía una quiebra con el estilo tradicional. En esta institución, se cesó la convivencia con el maestro como método primario para asegurar la transmisión del saber jurídico, de forma eminentemente privada. Ello condujo a oficializar la enseñanza del Derecho y a someterla al control imperial, al propio tiempo que el saber jurídico perdía buena parte del pragmatismo y riqueza casuística, para tomar una orientación más erudita, abstracta, generalizante y sistemática, a cargo de los magistri juris. En este mismo contexto se sitúa, de forma generalizada, un cambio de formato editorial, esto es, el tránsito del volumen al codex, especialmente acentuado en los siglos III y IV d. C. Este paso desató un fenómeno de copia de libros del antiguo al nuevo género. A causa de la complejidad de la tarea, puede pensarse que solo se copiaran las obras más en boga en aquel tiempo, por lo que previsiblemente en esta época pueda situarse la desaparición de las obras escritas por los primeros maestros. Por entonces, eran preferidas las de juristas más actuales, quienes, por la orientación enciclopédica a la que tendían, recogían en no pocas ocasiones el pensamiento de juristas de épocas anteriores. También es característico de este periodo la generalización del procedimiento cognitorio como modo de encauzar las reclamaciones procesales. Se ponía así fin a una situación de convivencia entre el procedimiento formulario y el sistema de la cognición oficial. La codificación del edicto pretorio en 130 d. C. (ver Stilus9) abocó al primero a la decadencia, en beneficio de la cognición oficial, que encajaba mucho mejor con el monopolio que desplegaba el Príncipe a través de la Cancillería y su aparato funcionarial, sobre todo lo relacionado con la resolución de conflictos entre particulares. La experiencia de convivencia entre dos sistemas tan antagónicos dejó bien a las claras las bondades del procedimiento cognitorio en un tiempo y en un estado de cosas en que nada escapaba al control siempre crecien-


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Revisiones bajoimperiales introdujeron modificaciones a las obras de los autores clásicos. En la imagen, escriba procedente de Magdalensberg (Austria).

te del Príncipe. No es casualidad que este sesgo burocrático terminara por proyectarse sobre el mismo ejercicio de la función jurisprudencial, con una tendencia intensificada desde el inicio del siglo III d. C., a ocuparse de disciplinas bien alejadas del interés tradicional de los juristas clásicos. Modificando a los clásicos La labor de estos juristas –muchos de ellos vinculados a la Cancillería imperial del momento u ocupados en el desempeño de funciones docentes o forenses– aunque está alejada de la creatividad manifestada por los jurisconsultos de épocas precedentes, es de gran importancia. Su orientación recopiladora y enciclopédica les llevó a glosar el saber jurídico anterior y el material normativo emanado de la propia Cancillería desde los comienzos del Principado. La romanística moderna afirma que a los autores de este momento se debe una cierta alteración del material clásico debido a la adición, modificación, supresión o aclaración de su contenido. De este modo, la actividad jurisprudencial del periodo postclásico, más que generadora de nuevas obras originales, se lanza a la acomodación de las escritas en periodos anteriores, reflejando en ellas las orientaciones que va imponien-

Foto: Johann Jaritz.

do, tanto la legislación imperial, como la práctica judicial y negocial. Mayor nivel técnico y estilístico, merecedor del atributo de ‘clasicismo jurídico’ por su permanente imitación de lo clásico, muestra el cultivo jurisprudencial en Oriente. Allí proliferan academias, entre las que destacan, por encima de todas, las de Bérito y Constantinopla. En este clima, es probable que se gestaran materiales objeto de aprovechamiento por parte de los

comisionados de Justiniano con vistas a la elaboración del Corpus Juris, que reflejan la metodología cultural helenística de muchos de los maestros del momento, con una franca tendencia hacia la abstracción y la formulación de principios y teorías en contraste con la concisión del lenguaje propia de los clásicos. Más decadente resultaba la actividad jurisprudencial en la parte occidental del Imperio, donde abundaron los resúmenes y antologías de jurisprudencia (como las Pauli Sententiae y los Tituli ex corpore Ulpiani), a veces combinados en torno a temas de fondo con constituciones imperiales, como sucede en los Fragmenta Vaticana, en la Collatio o en la más tardía Consultatio. En todas estas obras pueden reconocerse distintas alteraciones, bien sea para reducir obras clásicas de mayor extensión y nivel de detalle, como correspondía al método casuístico cultivado por los juristas del primer siglo del Principado, bien sea para hacer más inteligible su contenido en un ambiente de creciente

Las figuras más importantes del momento La presencia de juristas en el consilium Principis, constatable en tiempos de Adriano, se hace más significativa con Alejandro Severo a modo de cierre del periodo clásico de la jurisprudencia, lo que demuestra la plena subsunción de la función jurisprudencial dentro de la maquinaria burocrática imperial. Ejemplo de ello es Domicio Ulpiano, quien asumió bajo el último de los Severos el cargo de magister libellorum, el de praefectus annonae y el de praefectus praetorio, lo que marcaría también una vertiente literaria dedicada a los officia de los magistrados imperiales, género que respondía a la

finalidad de predeterminar el modo en el cual debían desenvolverse los agentes de la burocracia imperial y de proteger a los súbditos frente a la arbitrariedad en el ejercicio de las funciones administrativas que ostentaban. A caballo entre el periodo clásico y postclásico situamos a Herennio Modestino, discípulo de Ulpiano y preceptor del hijo del emperador Maximiano, corregente para Occidente en el tiempo de la instauración del Dominado. Modestino fue autor de la primera obra de la jurisprudencia romana escrita en griego. A partir de entonces, la jurispru-

dencia decae en importancia frente a la del período anterior, con lo que apenas podemos mencionar juristas autores de muy escasa personalidad, como Hermogeniano, quizá autor del Codex Hermogenianus, tenido por una recopilación privada de rescriptos imperiales correspondientes al bienio final de Diocleciano. Otra figura del momento es Aurelio Arcadio Carisio, autor de obras dedicadas a las funciones propias del prefecto del pretorio (De officio praefecti praetorio), a los testigos (De testibus) y a los gravámenes que pesaban sobre los ciudadanos (De muneribus civilibus).


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depauperación técnica, bien sea, incluso, para actualizar su contenido en la medida en que el pensamiento reflejado en las obras jurídicas intervenidas pudiera no estar ya en boga. Muchas leyes en circulación En todo caso, son las constituciones imperiales las que se erigen en fuente viva del derecho durante el periodo postclásico, evidenciando el control monopolístico que el emperador se reserva en todos los órdenes, también en lo que respecta a la producción normativa. Desde Constantino, se impone la lex generalis como manifestación concreta de este monopolio imperial, entendida como una disposición de carácter general y abstracta, dirigida a toda o a amplios segmentos de la población del Imperio. Tanto es así, que llega a prohibir que los rescriptos imperiales y las epistulae –que en época clásica tardía eran propiamente la respuesta jurídica del Príncipe a las consultas jurídicas de particulares y de funcionarios– puedan tener alcance general, cuando su contenido se halle en contradicción con la legislación general imperante. Esta disposición cegó el papel de fuente viva del derecho que antaño había caracterizado a los rescriptos imperiales, de los que nos son conocidas dos ediciones de carácter privado: los Códigos Gregoriano y Hermogeniano. En todo caso, estas constituciones imperiales, que responden al término genérico de leges, tienen su fundamento, no ya en el poder que el pueblo romano confería a sus magistrados en sus reuniones asamblearias, sino en la propia posición imperante que asume el emperador. En la práctica, se situaba por encima de las propias leyes que él mismo había promulgado de forma ampulosa y mayestática, en congruencia con el carácter providencial que como dominus ostentaba. El elevado número de obras jurisprudenciales en circulación y, sobre todo, la imposibilidad de determinar en la práctica de los tribunales su autenticidad condujo a la promulgación de la Ley de Citas, que es una Constitución de Valentiniano III del 426 d. C. Esta obra dispuso que únicamente las obras

de cinco juristas (Papiniano, Paulo, Ulpiano, Modestino y Gayo) podían ser empleadas en la práctica de los tribunales. En caso de disparidad de opiniones, atribuía prevalencia a la mayoría o, en caso de persistir el empate, al parecer de Papiniano, por ser tenido como el jurista de mayor auctoritas. Esta disposición, junto con las leyes generales promulgadas desde Constantino, fueron recopiladas en lo que constituiría el último acto legislativo común a los Imperios de Oriente y Occidente: el Codex Theodosianus. Dicho código entró en vigor en Oriente el 1 de enero del 439 d. C., si bien, a solicitud de Valentiniano III fue sometido a la aprobación del Senado de Roma. El Código Teodosiano constituye, en todo caso, el segundo código oficial que Roma conoció en su historia, prácticamente un milenio después del primero, la Ley de las XII Tablas. ◙

PARA SABER MÁS: • AA. VV. (1989): Lineamenti di storia del diritto romano. Milán. • D’ORS Á. y D’ORS X. (2004): Derecho privado romano. Pamplona. • GUZMÁN BRITO, A. (1996): Derecho privado romano. Santiago de Chile. • MATTIANGELI, D. (2010): Romanitas, latinitas, peregrinitas. Uno studio essenziale sui principi del diritto di cittadinanza romano. Ciudad del Vaticano. • VALIÑO, E. (1991): Instituciones de Derecho privado romano. Valencia.


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ETIMOLOGÍAS

Venenos para el amor Por Javier del Hoyo.

Los amores, el amor y el mal de amores. Dos temas han movido siempre a la humanidad: el amor y la muerte. Dos fuentes permanentes de inspiración en la literatura y las artes plásticas. Desde que el hombre toma conciencia de sí mismo, comienza a hablar de ello. Griegos y latinos lo elevaron a una categoría superior y establecieron a una diosa para presidir el amor, el cortejo, la sutil seducción, las relaciones sexuales… Afrodita para los griegos, asimilada con Venus (Venus, -eris) por los romanos, nos ha legado un verdadero saco de palabras, que son algo más que meros términos, son conceptos que nos señalan una forma de entender este tema. ¿Quién no ha sufrido alguna vez por culpa del amor? En una inscripción de Pompeya puede leerse: «Quiero romperle a Venus las costillas y destrozar la espalda de esta diosa a garrotazos. Si ella puede golpear mi delicado pecho, ¿por qué no voy a poder romperle la cabeza con un palo?». Pero quizás haya que comenzar por donde empezamos todos los mortales, por el nacimiento, que en el caso de la diosa no fue nada rutinario. Porque, puestos a imaginar, seguramente a ninguno de nosotros se nos hubiera ocurrido nacer de la espuma del mar. Y menos si esta espuma se ha formado con el semen de un dios caído al océano. Gea (la Tierra) estaba ya un poco harta de que Urano (el Cielo) bajara todas las noches a cubrirla, y encargó a su hijo menor Saturno que le segara los

genitales cuando bajara esa noche a yacer con ella. Del semen divino caído al mar se formó una espuma (afrós en griego) de la que nació Afrodita, aunque se suele decir que nace de una concha, como vemos en el cuadro de Sandro Botticelli, y ahí tenemos ya nuestra primera palabra, venera. Como esta se usaba por los peregrinos en el Camino de Santiago, en Galicia surgió la vieira, y naturalmente tenemos ‘concha’ en el lenguaje coloquial de algunos países de habla hispana para señalar los órganos genitales femeninos, que no anda muy lejos del monte de Venus o pubis de la mujer. Con una concha se cubre precisamente los genitales alguna de las Venus del arte, como la del Museo del Prado. A esta diosa del amor se le daba verdadero culto para alcanzar los favores de la amada. Ello dio lugar a venerar, verbo que en nuestros días es equívoco respecto a su etimología, porque imagínense a unas ancianitas venerando con su velo en la cabeza a la Virgen del Carmen; no sé si equívoco, pero sí distante de

su primer sentido. Claro, que las personas ancianas son dignas de respeto y veneración, por eso son llamadas venerables . Incluso desde la Edad Media se conoce con el nombre de venerables a los sacerdotes ancianos, y en la Iglesia católica se llama así también a quienes en su día se les incoó el proceso de beatificación, pero ha quedado interrumpido o se ha malogrado por falta de pruebas. Diosa del amor tan bella que seguimos diciendo de


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una mujer despampanante que nos parece una venus, como hace dos mil años («Muchacho, si sintieras las llamas del amor, no tardarías tanto en ver a tu venus» leemos en un grafito de Pompeya) o que es venusta o venusina, y surge por parte de algunos hombres la venustofobia, temor al encuentro o relación con una mujer muy bella. Venus es también sinónimo de coito. De Pompeya tenemos una breve inscripción en verso que nos advierte: «Balnea, vina, Venus, corrumpunt corpora nostra, / sed vitam faciunt, balnea, vina, Venus». Que podría traducirse como «baños, vinos y amores corrompen nuestros cuerpos; pero nos dan la vida, baños, vinos y amores». Puede haber problemas con una sexualidad muy activa y promiscua, y contraer, por ello, enfermedades venéreas; o lo contrario, no poder tener relaciones normales, bien por anafrodisia (falta de apetito sexual), por enfermedad o por impotencia senil, y tomar entonces un veneno, es decir, una pócima para poder desarrollar el acto sexual. El rey Fernando el Católico, al morir la reina Isabel, se casó con Germana de Foix, que tenía 18 años. No iban las cosas bien, no había nuevo embarazo,

El rastro de Venus llega a los reinos vegetal y animal. Arriba, un ejemplar de ombligo de Venus, que crece sobre rocas y árboles de Europa. A la izquierda, grabado de la lombriz marina conocida como cinturón de Venus, que puede medir más de un metro de longitud.

vaya, condición necesaria en este caso para que el rey aragonés tuviera los derechos dinásticos sobre el reino de Nápoles. De modo que una criada de Germana le proporcionó un afrodisíaco, preparado con testículos de toro como principal ingrediente, que lo llevó a la tumba. Es decir, que aquel ‘filtro’ (procedente del verbo griego filéo, amar, es exactamente lo mismo) resultó para él un auténtico veneno. Se dice además que Venus llevaba un cinturón –cestus en latín– que aumentaba su atractivo y la hacía irresistible. Por eso, cuando una mujer tiene mucho éxito en este terreno se dice que parece llevar el cinturón de Afrodita. Y ahora un guiño a los biólogos, porque existen unas lombrices de mar de unos treinta centímetros y forma parecida a un cinturón, a las que se llama cinturón de Venus o cesto. También llaman ombligo de Venus (Umbilicus rupestris) a una planta de hojas carnosas y flores amarillas en pequeñas

espigas colgantes. La importancia de los astros. En la antigüedad solo se veían a simple vista cinco planetas que, junto con el Sol y la Luna, completaban el número siete, que indica plenitud. A uno de esos planetas se lo denominó Venus por la belleza de su resplandor, y como cada día de la semana estaba bajo la influencia de un planeta, hubo un dies veneris que dio nuestro viernes. Cada uno de estos planetas se asoció con uno de los metales primarios, correspondiendo el cobre con Venus, por lo que en alquimia venus es sinónimo de cobre. Tras leernos, cruzamos los dedos para que nadie tenga que acudir al venereólogo, y que alcance venia, favor y gracia de los dioses. Cuando el abogado pide permiso al juez para hablar, inclina la cabeza mientras dice: “Con la venia”, por lo que venia ha pasado, asimismo, al lenguaje con el sentido de leve inclinación de cabeza, y venial aquello que puede perdonarse. ◙


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LUDOTECA

Guerras de la Edad Oscura GRANDES INVASIONES Sistema: XP/Vista/Win7. Procesador: Pentium III o superior. Memoria: 512 MB de RAM. Disco duro: 800 MB de memoria disponibles.

Por Alfonso Núñez Dopazo.

Si en ocasiones anteriores hablamos de juegos de carácter táctico, esta vez vamos a analizar un producto de estrategia pura y dura en el que la economía, la diplomacia e incluso la religión son factores decisivos para alzarse con la victoria. “Grandes Invasiones” es un juego que se publicó en 2006. En España la encargada de distribuirlo fue la ya desaparecida Nobilis, aunque en el resto del mundo vio la luz gracias a Strategy First y a Matrix Games. Actualmente se puede comprar en la página web de Ageod, que es la editora de juegos fundada por Phillippe Thibault, en Matrix Games o en Gamesgate. En ambas encontraréis la versión 1.07c, que es la más estable. Recordad haceros con esta versión, ya que garantiza una experiencia de juego libre de problemas. El juego nos pone en la piel de un caudillo de la Edad Oscura. Es decir, en el periodo comprendido entre el año 350 d. C. y el 1066. Tenemos muchos escenarios de juego en este gran marco temporal: la presión de los bárbaros sobre el Imperio romano, la lucha de Constantino por el poder, la invasión de Britania por los bárbaros, las invasiones musulmanas... Gracias a todos estos retos podemos revivir e incluso jugar a cambiar la Historia,

tratando de que las huestes visigodas repelan a los musulmanes en la batalla de Guadalete, o que el Imperio romano se perpetúe por mucho más tiempo. Si los conflictos concretos se quedan cortos para nuestra belicosidad, podemos optar incluso por la Gran Campaña, que abarca los 700 años y que puede dejarnos sin vida social durante un tiempo. El juego permite a cuatro jugadores luchar por la victoria, ya sean humanos compitiendo a través de Internet o un jugador humano en lid contra tres rivales controlados por la inteligencia artificial. Cada jugador controla varias naciones que pertenecen a un árbol común. Una posibilidad, por ejemplo, consiste en dirigir el Imperio romano de Oriente, el Reino de Soissons y el Reino de París, entre otros. En esta modalidad, siguiendo con el ejemplo, el objetivo del jugador es sobrevivir tanto como pueda, ya que en este reto el tiempo de supervivencia es lo que reporta puntos de victoria que, en última instancia, es lo que decide el ganador de la partida. Las naciones tienen tres estados posibles (bárbaro, reino e imperio) que conllevan sus ventajas e inconvenientes. Por ejemplo, los bárbaros reciben levas gratuitas que no cuestan oro ni mantenimiento. En cambio, los reinos e imperios tienen que invertir oro, recursos humanos y construir puntos logísticos que ayuden a su mantenimiento. El paso de un estado a otro ocurre según parámetros tales como la cantidad de provincias que se poseen o su infraestructura. Cada factor es importante. El caso de la religión, como sucede en la Historia, es un asunto vital. Y no solo porque existan obispos con excelentes habilidades marciales, sino

porque la dimensión espiritual de nuestros dominios dará estabilidad a nuestra causa, independientemente de que dirijamos una horda, un reino o un imperio. Además, cabe mencionar que la religión es fundamental para evitar un concepto que ha recibido el nombre de envejecimiento. Y es que cada 25 años se acumula 1 punto de vejez. Al llegar a 12 puntos, pende sobre nosotros un nuevo riesgo: tendremos que pasar un chequeo que puede desembocar en escisiones o la desaparición de nuestra nación, si no está bien gobernada. Aunque “Grandes Invasiones” no será recordado como la joya de la corona de Ageod, es un buen entretenimiento para los amantes de la Historia. Diplomacia, belicismo, multitud de líderes históricos que encarnar, 80 naciones jugables, 25 etnias distintas y gran cantidad de ardides que utilizar a lo largo de 700 años de juego. ¿Quién da más? ◙


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LUDOTECA

Rivalidad entre vecinos 7 WONDERS Edita: Repos Production. Distribuye: Asmodee. Jugadores: de 2 a 7. Edad recomendada: a partir de 10 años. Tiempo de juego: 30 minutos.

Por R. Pastrana.

La competencia es el motor de la evolución natural. Funciona en el mundo salvaje, pero también en las más atildadas sociedades humanas. Abel lo descubrió con una mandíbula batiente. También disponemos de numerosos testimonios históricos de esta pulsión irracional. Los pompeyanos y nucerinos sentían este afán por compararse con sus vecinos y se esforzaban por batirles en cualquier disciplina. Y esos piques siguen existiendo hoy, ya sea en los partidos de Real Madrid-Barça o en los comentarios aviesos que se dedican coruñeses y compostelanos. Esta pasión competitiva es la que anima “7 wonders”, un juego de mesa en el que nos pondremos al frente de una de las ciudades que albergaron alguna de las maravillas de la Antigüedad. Como responsables de la urbe tendremos que desarrollarla a través de tres eras. En nuestra mano está el equiparlas con dotaciones comerciales, militares, científicas y civiles o suntuarias. Cada una de las edificaciones nos dará diferentes puntuaciones que, sumadas al final de la partida, decidirán quién es el vencedor. Como sucede en la realidad, ni los recursos a nuestro alcance ni el tiempo disponible serán suficientes para desarrollar todas las facetas. Al

elegir una estrategia de crecimiento, nos veremos obligados a maximizar sus beneficios y contrarrestar sus desventajas. Así, si nuestra ciudad opta por ser un foco de ciencia y conocimiento probablemente deberemos resignarnos a tener un ejército con una eficacia cuanto menos discutible. Pero no hay que preocuparse. Si logramos alcanzar un esplendor cultural notable, al final de la partida quizá la puntuación que nos reporte sea mayor que la conseguida por nuestro belicoso vecino con sus victorias bélicas. Una de las singularidades de “7 wonders” es la mecánica de juego. Las diversas posibilidades de desarrollo de una urbe se extraen de un mazo de cartas que va pasando de mano en mano. Este mecanismo evita que el juego se convierta en un solitario, en el que cada jugador se concentra únicamente en seguir su plan desarrollado desde un principio. Porque, si advertimos que nuestro vecino apuesta por embellecer sus predios para conseguir puntos, ¿no resulta tentador retirar del mazo, antes de pasarle las cartas, una bonita estatua para que no pueda erigirla? Podremos descartarnos directamente o, mejor aún, retirar cartas de circulación a cambio de avanzar en la construcción de nuestra maravilla. Esta opción nos aportará un beneficio doble. Por un lado, entorpecemos la estrategia de nuestros vecinos y, por otra parte, ensalzamos nuestra propia urbe. “7 wonders” es un juego ágil (las partidas están en torno a la media hora de duración) y con unas posibilidades sorprendentes. Por debajo de su aparente simplicidad, el gran abanico de posibilidades para desarro-

llar una estrategia permite que cada partida sea totalmente diferente. En el plano histórico, como ocurre en otras producciones lúdicas analizadas en números anteriores, el argumento no tiene mucha base. Las diferentes culturas que compiten entre sí no tienen rasgos definitorios, aunque avanzar en la construcción de la maravilla brinda a cada contendiente beneficios exclusivos. Así, la única ventaja inicial de la que dispone un jugador es la producción de una determinada materia prima, que falicitará la construcción de ciertos edificios. Pese a la muy tenue referencia histórica, “7 wonders” es una opción atractiva y accesible, incluso para los no muy “jugones”. Los amantes de la Historia podrán aderezar las lides del juego con un esfuerzo de imaginación para ver alzarse el Mausoleo de Halicarnaso o el Zeus Olímpico. No es mal acompañamiento al viejo y enfermizo gusto de compararse con el vecino y sentirse superior a él. ¿Quizá esa sea la octava maravilla del mundo? ◙


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BREVIARIUM punto de lectura

IDEAS DE MUJER

Rosario López Grigoris y Luis Unceta Gómez Universidad de Alicante, 2012

Esta obra recoge varias perspectivas sobre el papel de la mujer en la Antigüedad grecolatina. En lugar de abordar las biografías de conocidos personajes históricos, los autores han preferido indagar en la intrahistoria cotidiana de las mujeres en los orígenes de la civilización occidental. Desde este punto de vista, se tratan diversos aspectos que determinaban la vida de estas Pandoras de la cultura griega y romana: el embarazo y la muerte, el amor y el matrimonio, el trabajo y el poder político, el pensamiento mágico y las creencias religiosas. ◙

LAS CECAS IBÉRICAS MERIDIONALES DE LA HISPANIA ULTERIOR Y SU CIRCULACIÓN MONETARIA Ildefonso David Ruiz López

British Archaeological Reports International Series, 2012

Trabajo que estudia de la forma más exhaustiva y completa posible la circulación monetaria de las cecas ibéricas de la provincia Hispania Ulterior, a partir de los hallazgos numismáticos recopilados por numerosos investigadores. El libro, además, pretende establecer diferentes tendencias de comportamiento de la moneda en circulación, e intenta aportar soluciones a través de la numismática a algunos problemas históricos vigentes. ◙ DEVOTIO. LOS ENEMIGOS DE CÉSAR

CIUDADES DE LA BÉTICA

Gabriel Castelló

Juan Eslava Galán

B de Books, 2012

Fundación José Manuel Lara, 2012

Novela que desarrolla dos historias en paralelo: la de Eutiquio de Osca en tiempos de Diocleciano y las terribles persecuciones a los cristianos, y la de Lucio Antonio durante la Guerra Civil. Sendos episodios turbulentos de Hispania romana durante la República y el Imperio. ◙

Dos amigos aficionados a la arqueología y a la vida, Bonoso y su huésped, el escocés Angus, se proponen visitar las antiguas ciudades de la Bética. En animada conversación, recorren distintos enclaves romanos y prerromanos en busca de la historia y del arte de la Antigüedad. ◙

escenas romanas Por Óscar Madrid

SIGLO I a. C.

SIGLO II

SIGLO IV

SIGLO XXI ¡Foto! ¡Foto! ¡No problem! 10 euros, bella.

ROMANOS: MÁS DE 2000 AÑOS ACOSANDO GUIRIS


julio·2007

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ENTREVISTAS breves

Rubén Sanz HISTORIADOR Y DIRECTOR DE TREBUCHET PARK

—Usted es el promotor de Trebuchet Park, un parque temático localizado en Albarracín (Teruel) y dedicado a los ingenios de artillería de la Antigüedad y la Edad Media. ¿Qué le llevó a afrontar este proyecto? —Dedibo a mi tesis doctoral me interesaba ver el funcionamiento de las piezas de artillería y comprobar si se comportaban como decían los textos o,

por el contrario, había en ello cierto toque de propaganda. Gracias a esta iniciativa comprobé que los textos clásicos son bastante fieles a la realidad. Además, ver las máquinas en funcionamiento brinda información adicional de contexto, sobre los asedios en los que se utilizaron. —¿Cuándo empiezan a usarse ingenios

para asaltar fortificaciones? —Las primeras torres de asedio y arietes se documentan en el mundo neoasirio, de donde pasaron a Persia y a Fenicia. Las máquinas de asedio se extendieron a Cartago, que las utilizó en las guerras contra las ciudades griegas de Sicilia. Ese contacto debió de ser decisivo en la llegada de las máquinas de torsión a Grecia y a la corte macedonia de Filipo, que hasta entonces habían utilizado máquinas de tensión. Con Alejandro Magno, la tecnología se dispersa y llega incluso a La India. Bajo el reinado de los Diadocos, en especial con

Demetrios Poliorcetes, a todo el orbe. —¿Cuándo se introduce la artillería en la Península Ibérica? —La primera artillería documentada se usa en el asedio de Sagunto por parte de Aníbal, a finales del siglo III a. C. En todo el ámbito mediterráneo, en el que se movieron griegos y romanos, existen tan sólo una veintena de restos. En España tenemos la suerte de contar con restos de cuatro escorpiones. Tres están en la pronvincia de Teruel. El más completo es el de Caminreal. tegras en Entrevistas ín

.com.es/ ula.blogspot http://blogtab

Gabriel Castelló NOVELISTA

—Su lanzamiento más reciente es “Devotio”, la segunda novela que ambienta en época romana. Esta vez, parte de la acción transcurre durante la República; otra, en tiempos de Diocleciano, cuando el declive del Imperio es más que evidente. ¿Por qué eligió este periodo? —Porque soy crepuscular. Me gustan más las historias ambientadas en tiempos turbulentos. Por eso opté por escribir ahora

sobre la gran persecución de los cristianos. Pero, ojo, Diocleciano es un “brote verde” surgido de la crisis de finales del siglo III. Fue uno de los mejores estadistas que tuvo el Bajo Imperio. Bajo mi prisma, él fue el primer emperador al estilo de soberano todopoderoso e incuestionable que perduraría más de mil años en Bizancio.

—¿Qué diferencias ha encontrado al aproximarse a los periodos de la República y el Bajo Imperio? —Muchas. Me encanta mostrar un mundo que parece idéntico para el lector poco versado en la antigua Roma pero que, en realidad, es muy diferente. El ímpetu y la ambición de los hombres que crearon y mataron la República contrastan con la resignación y apocamiento de quienes trataron de sostener un Imperio a la defensiva que se estaba resquebrajando él solo, más por problemas internos que externos. Mostrar esas diferencias de idiosincrasia en boca de mis personajes me parece

un ejercicio muy gratificante. —¿Temió entrar en polémica al tocar un tema como el cristianismo primitvo? —No soy tan maniqueo para establecer de partida quién es el bueno o el malo según nuestros criterios actuales. Por sus actos, cada lector catalogará a cada personaje. En “Devotio” trato la figura de Eutiquio como lo que fue, un joven íntegro y vehemente en la defensa de sus creencias, que se topó con un gobernador igual de íntegro y vehemente que él en la aplicación de los edictos de un Imperio que parecía salir de la deriva tras años de crisis y descomposición.

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BREVIARIUM Sabores de la Antigüedad

Tisanam barricam Por Charo Marco.

Tras dejar a remojo desde la noche anterior los garbanzos, las lentejas, los guisantes y la cebada, poner todo a hervir en agua y sal hasta que esté bien cocido. Hervir aparte un repollo troceado con agua y sal. Picar bien el puerro, eneldo, hinojo, acelgas, malvas (si tenéis), orégano, cilantro, apio y perejil (en lugar del ligústico). Sofreír todo en una olla de barro con un poco de aceite. Añadir el sofrito a las legumbres y a la cebada junto con un poco de garum o en su lugar dos filetes de anchoa triturados en su propio aceite. Servir la sopa decorada con el repollo.

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CUM TISANAM VEL SU a, IV, 4, 2) ari uin coq re De , (Apicio tejas y Aliñar garbanzos, len lam, cebada y la r Infundis cicer, lenticu pia Lim et cum guisantes. legumlas pisa. Defricas tisanam con to jun a erl coc Ubi bene vido del leguminibus elixas. bres. Cuando haya her et ttis mi is sat i ole rit, ite en cantidad bullie ace dir aña o, tod porrum, super viridia concidis , y cortar puerro, m, fenicu- suficiente coriandrum, anethu eneldo, hinojo, , dro ian cor colicu lum, betam, malvam, lva y col tierna. Toma , lga ace minuta lum molle, et viridia rbas se echarán, hie das estas mittis. concisa in caccabum en la cacerola. s, ada pic n bie es fenicoles pequeColiculos elixas et ter a agu en Cocer ganum, culi semen satis, ori bastante cantidad ar pic y ñas tquam silfi, ligusticum. Pos en grano, orégano, perabis, de hinojo A contitriveris, liquamine tem laserpicio y ligústico. undis, et super legumina ref cerarlo con garum ma , ón aci nu minutas ima de agites. Coliculorum y derramarlo por enc éndolo. ovi rem super concidis. s, las legumbre en trozos án tar cor se es col Las s. y se echarán sobre ella

Ingredientes (6 personas) - 200 gr de garbanzos.

- 1 manojo de acelgas. - Aceite de oliva.

- 200 gr de guisantes. - Unas hojas de

- Especias: eneldo,

- 200 gr de lentejas.

malva (si se pueden

hinojo, orégano, ci-

- 100 gr de cebada.

conseguir).

lantro, apio y perejil.

- Medio repollo.

- Sal.

- Dos filetes de an-

- 1 puerro.

- Agua.

choa en aceite.

Legumbres: nutritivas y baratas Las legumbres han tenido una gran importancia a lo largo de la Historia. Junto con los cereales, han sido desde el Neolítico la principal fuente de alimentación para la Humanidad. Con el progreso de las técnicas agrícolas aumentó su producción, y se descubrió que las tierras que habían dado una producción de legumbres eran muy provechosas para la cosecha de cereales, por lo que se alternaban ambas cosechas. Al igual que los cereales, las legumbres eran fáciles de almacenar, por lo que estaban a su disposición en cualquier momento de año. Nor-

malmente se conservaban secas, pero también en vinagre, salmuera, aceite, miel, defritum (mosto reducido tras ebullición) y vino. Conocían su alto valor proteínico, en calcio, en hierro, en fibra y en hidratos de carbono. Pero por su precio reducido fueron consideradas un alimento de baja categoría social. Con respecto a su consumo, se tomaban de muchas maneras: en puré, hervidas, en gachas, en potaje, en sopa, aliñadas con sal, en harina para pan, cocidas, y aderezadas con vinagre, con garum, cocidas con verduras o con especias

como el cilantro, el comino o la pimienta, e incluso, las tomaban tostadas como aperitivo o postre. Si la vaina estaba muy tierna, se tomaba también con ella. Para cocinarlas se recomendaba espumarlas, y así eliminar las impurezas. Las legumbres eran consideradas alimentos vinculados a la muerte, por lo que se servían en los banquetes fúnebres y como ofrenda a los dioses. Un rito purificador tras el funeral era la comida llamada silicernium en la que, tras el sacrificio de una cerda a Ceres (porca praesentanea), se servían huevos, apio, legumbres (habas, lentejas, principalmente), sal y aves de corral.


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El problema de Flavio Josefo Por Enrique Santamaría

Flavio Josefo, famoso historiador, era un judío de casta sacerdotal, la nobleza en esa comunidad, que vivió en el siglo I. Fue aquella una época convulsa en Judea, llena de tensiones políticas y religiosas, en la que nuestro hombre destacó por su inteligencia, flexibilidad ideológica e innato instinto de supervivencia. Por su linaje y posición pertenecía a los saduceos, la rama moderada del judaísmo. Durante algún tiempo coqueteó con los esenios, su corriente más espiritual y apocalíptica, pero acabó decantándose por los fariseos, grupo integrista cuyos recursos violentos le permitieron extenderse y controlar la sociedad israelí. Los zelotes eran, por decirlo así, su rama militar. La buena posición y múltiples contactos de Josefo le facilitaron ser designado para acudir a Roma en misión diplomática. Aprovechó su estancia en la Urbe para acercarse a la corte imperial, donde estableció toda una serie de nuevas relaciones que habrían de serle muy útiles más adelante. La libertad de costumbres y el interés por disfrutar de los placeres de este mundo que allí descubrió, tan diferentes a la rigidez y el mesianismo reinantes en su patria, le entusiasmaron, y se convirtió en un completo admirador de la forma de

vida romana. De la forma de vida de la clase alta romana, para ser exactos. Eso no impidió que, tras regresar a Israel, se uniera a la triunfante Gran Revuelta Judía y alcanzara el mando militar y el gobierno de toda Galilea. Muy hábil político, logró mantener su posición en medio del torbellino de luchas intestinas y conspiraciones en las que rápidamente degeneró el movimiento. Por el contrario, su actuación militar ante las legiones fue, siendo benevolentes, bastante discreta. Tras rendirse a los romanos realizó a su lado el resto de la campaña, y recogió lo sucedido en su obra “La Guerra de los Judíos”, principal fuente histórica del conflicto y un claro intento de justificación personal. El cambio de bando fue el resultado de una pirueta realmente espectacular.

Cercado por los romanos junto con cuarenta de sus soldados, estos votaron por unanimidad suicidarse antes de caer en manos del enemigo. Fueron matándose uno a otro hasta que solo quedaron dos: el general Josefo y un soldado. Nuestro hombre convenció al otro superviviente de que igual era mejor dejar un poco el tema de matarse, e ir a probar suerte con los romanos. Que ya se sabe que hablando se entiende la gente. El historiador atribuyó todo lo sucedido a la providencia divina, que le protegió durante la masacre, pero desde el mismo instante en que se produjeron los hechos, muchos insistieron en adjudicarle a él todo el mérito de su extraordinaria fortuna, hasta el punto que la anécdota ha dado lugar a un conocido juego, o problema, de matemática recreativa. El enunciado es así: Eres Flavio Josefo y estás encerrado en una cueva junto a un número x de fanáticos dispuestos a morir antes que rendirse. A ti la idea no te convence demasiado y piensas, más bien, en la manera de pasarte al enemigo. Pero si sugieres tal cosa delante de semejante banda de asesinos suicidas, te va a hacer picadillo. Afortunadamente, el líder puede decidir la forma en que se realizará la matanza. ¿Cómo hacerlo para asegurarte de que, al final, solo quede vivo uno, tú? Ese, amigo Flavio, es tu problema. La solución, en la página 77

EN CONSTRUCCIÓN ¿Le gusta la Historia? ¿Disfruta escribiendo? ¿Se le da bien el dibujo? Seguro que puede echarnos una mano para hacer una revista mejor. Colabore en su realización. e s c ri b a

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¿Quién era...

Clístenes de Sición Principios del siglo VI a. C. Por Alejandro Carneiro.

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lístenes de Sición fue un tirano que gobernó su ciudad natal entre el año 600 y el 570 a. C. Al hablar de “tirano” nos referimos a la personas que, en la antigua Grecia, tomaba el poder absoluto en una ciudad (polis) con el apoyo popular. Normalmente gozaban del apoyo de los grupos sociales más desfavorecidos para gobernar y hacer de las suyas como niños. La ciudad de Sición era una pequeña polis a menos de 20 kilómetros de Corinto y a 2 de la costa del otrora famoso golfo de Lepanto, ya dentro del Peloponeso. Aunque pequeña, tenía fama de ser una de las polis más antiguas de Grecia. Se decía que allí mismo había bajado el titán Prometeo con el fuego de los dioses. Además, uno de sus reyes había dado nombre al mar Egeo, como quien no quiere la cosa. Y, no hacía mucho, había sido también la cuna de la Tragedia. Un currículum interesante. En ningún momento de su historia se cita a la vecina, poderosa y famosa Corinto. Para los sicionitas no era más que una simple ciudad de advenedizos con suerte. Pero a la polis que no podían dejar de mencionar era a Argos, otra famosa ciudad a unos 30 kilómetros al sur. La aristocracia de Sición provenía de allí, eran dorios de pura cepa, mientras la mayoría de la población sicionita era aquea de cepa pura y se sentía dominada por esa élite “extranjera”. Hacía falta un héroe que cambiase el orden de las cepas. Y entonces aparece el soldado Ortágoras, hijo de Andreas el Cocinero, que dio un golpe de Estado. Exilió a Argos o ejecutó a unos cuantos aristó-

cratas filoargivos y, voilà, ya tenemos al primer tirano de la polis. Era el 650 a. C., mes arriba, mes abajo. Ortágoras creará una dinastía tiránica que vivió su gran momento familiar con Clístenes, su nieto. Este, tras una abrupta subida al trono, se encontró con que hacer felices a los sicionitas no era fácil. Heródoto, que parece tener simpatía por este personaje, nos cuenta lo que hizo en sus libros V y VI. Primero se propuso darles una victoria con eco en toda la Hélade. Así que Clístenes organizó la Primera Guerra Sagrada. Llamada así porque se hizo para defender el Oráculo de Delfos y a su dios Apolo. Resulta que, enfrente de Sición, al otro lado del golfo, la ciudad de Cirra abusaba de los peregrinos por mar que iban a Delfos.

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Conseguida la victoria sonada, Clístenes les dio a sus paisanos una conquista: atacó la polis vecina de Pellene, una vieja enemiga en decadencia, y la tomó sin muchos problemas. Pero Clístenes no paraba. Tras la victoria sonada y la conquista de la polis vecina, llegó el momento de la burla a otra polis cercana. Pero con la advenediza-con-suerte Corinto, mejor no meterse. Por lo que Clístenes se volvíó hacia Argos. Prohibió en Sición el culto al héroe Adrasto, héroe originario de la odiada vecina, y lo sustituyó por el de otro héroe, Melanipo. Por si no lo saben, el héroe Melanipo era un tebano que había matado al hijo y al yerno de Adrasto. El cual debió revolverse en su tumba tras semejante insulto a su memoria heroica.

Una muestra de la pintura que decían haber inventado los sicionitas: las tablas de Pitsa.

La flota sicionita bloqueó el puerto de Cirra mientras atenienses y otros pueblos, cuyos peregrinos habían sufrido las exacciones de los cirrios, atacaban la ciudad por tierra. Los tunantes cirrios resultaron ser unos impíos muy duros, y se tardó cinco años en tomar su ciudad y exterminarlos de raíz, como ordenó el cabreado Apolo. Pero se cumplió la orden divina, y Clístenes alcanzó tal fama que Sición entró en la Liga Anfictiónica, una especie de club privado de protectores del Oráculo.

También se prohibió recitar en Sición los cantos homéricos, porque en ellos se daban muchas alabanzas a los héroes argivos. Ante tales humillaciones, los de Argos prefirieron no darse por enterados. Comprensible actitud, porque Clístenes ya infundía miedo. Pero los sicionitas que le apoyaban no estaban todavía satisfechos. Así que Clístenes decidió darles otro regalo. La ciudad estaba dividida en cuatro tribus. La mayoría de la población, de origen aqueo y su seguidora,


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se concentraba en una sola. Clístenes la renombró como la tribu de los “jefes del pueblo”. A las otras tres, de origen dorio, les puso nombres con muy mala leche: Hyatai (los cerditas), Choireatai (los brutitas) y Oneatai (los burritas). Sus seguidores aplaudieron este regalo cómico con gran alborozo. Sin embargo, pedían más. Así que Clistenes les convirtió en un centro cultural. Atrajo con buena paga a pintores, escultores y ceramistas de todo el mundo griego. En pocos años, sus escuelas de pintura y escultura se hicieron famosas, a la par que sus exportaciones de cerámica, lo que enriqueció a la ciudad. Tanto fue el éxito de sus artesanos, que en siglos posteriores se contaría la leyenda de que la pintura se había inventado en Sición. Y más madera. A imitación de los reyes de los poemas épicos, Clístenes anunció a los aristócratas reunidos en Olimpia que el que quisiera casarse con su hija Agarista debería presentarse en Sición en menos de sesenta días y participar en una competición por su mano. El concurso sería una mezcla de prue-

bas atléticas y sociales (tener buenos modales y educación) que duraría un año entero, con todos los gastos pagados. Trece famosos aristócratas de todo el mundo griego aceptaron semejante invitación a unas vacaciones de lujo con chica de premio. Al final, quedaron dos atenienses como candidatos finalistas: Megacles e Hipoclides. El primero de la ilustre familia de los Alcmeónidas y el segundo emparentado con los tiranos cipsélidas de la-advenediza-con-suerte Corinto. Pero en un banquete, Hipoclides se pasó con el vino especiado y se puso a bailar como un saltimbanqui, haciendo el pino. Se pueden imaginar el escándalo. Porque si Hipoclides era griego, entonces llevaba túnica y, por tanto, al ponerse patas arriba mostró todos sus atributos a los invitados. Algo vio entonces Clístenes en el viril Hipoclides que no le gustó, pues comentó en alto: «Bailando te has alejado de la novia». A lo que Hipoclides contestó, en plena efervescencia acrobática: «¡A Hipoclides no le importa!». Expresión que se haría famosa en Grecia, convirtiéndose

Solución al problema de Flavio Josefo La formulación del problema da lugar a muchas ramificaciones en función del número de personas implicadas y de si esta cifra es potencia de 2. Asímismo es fundamental decidir si solo calculamos la posición de Flavio Josefo o si también debemos conocer la del otro superviviente. Es decir, si consideramos que Josefo eligió al zelote superviviente al azar o, por el contrario, era su cómplice desde el principio. Pero nosotros vamos a atenernos a los hechos históricos que conocemos: Flavio Josefo estaba acorralado junto a 40 de sus hombres; 41 en total, impar. Supongamos que cada hombre apu-

ñala a su vecino. Los textos no dicen nada, pero es de suponer que si se hubiera recurrido a fórmulas más complicas –y difíciles de explicar a un grupo de hombres tan numeroso y estresadolo recogerían. En estas circunstancias se producen cuatro rondas. En la primera, el 1 mata al 2, el tres al 4… y así hasta el 41, que, por no haber un 42 al que matar, acaba con el 1. Afrontamos la segunda ronda. El 3 es ahora el primero y mata al 5. El 7 al 9, el 11 al 13… Así hasta el 39, que acaba con el 41. Una nueva serie. El 3 mata al 7, el

en refrán durante los siglos posteriores, con el significado de “que me quiten lo bailao”. Alrededor del 560 a. C. moría nuestro tirano Clístenes en su cama, feliz y tranquilo –a diferencia de la mayoría de los tiranos–, y muy querido por sus amados sicionitas; victoriosos, conquistadores, burlones, cultos, ricos, “jefes del pueblo”, inventores de la pintura y glamurosos. Su hija pariría a otro Clístenes, que acabaría con los tiranos de Atenas e instauraría la democracia, ensombreciendo la fama de su abuelo. Y la hija de este Clístenes revolucionario pariría a un tal Pericles, cuya fama enterraría ya para siempre a la de sus antepasados. Pero bueno, a esas alturas el viejo Clístenes podría decir «¡A Hiplocides no le importa!» ◙ o en Texto íntegr

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11 al 15, el 19 al 23, el 27 al 31 y, finalmente, el 35 al 39. En la última ronda de apuñalamientos el 11 cae a manos del 3. Al 27 lo liquida el 19. Y al 3, el 35. Así pues, sólo si hubiéseis elegido desde el inicio el puesto 19 o 35 habríais llegado vivos hasta el final.¿Cómo se calcula esto matemáticamente? Existe una sencilla fórmula matemática, que podéis consultar en la entrada correspondiente del blog Tabula. o en Texto íntegr

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p re se n ta .. .

de a c e t a La cinem

Clío

No tan bárbaros ATILA, REY DE LOS HUNOS Sign of the pagan (1954) Director: Douglas Sirk. Productor: Albert J. Cohen. Actores: Jack Palance, Jeff Chandler, Ludmilla Tcherina, Rita Gam.

Por David P. Sandoval.

Primera escena de “Atila, rey de los Hunos”. Tras unos créditos que incluyen a los «políticos, ciudadanos, soldados de los ejércitos de Roma y las hordas de Atila», asistimos a una cabalgada muy al estilo del Hollywood de los años 50. Los jinetes se detienen en un decorado de caravanas y caballos donde Atila, interpretado por un suave y tenebroso Jack Palance, captura al romano Marciano. Este, temiendo por su vida, actúa con bravuconería antes de darse cuenta de que Atila no es el bárbaro que espera, pues la propuesta que recibe es la de un líder inteligente: instruir a sus hombres en el arte del asedio. Tras una rápida relación con la hija de Atila, Marciano huye a Constantinopla, donde la película toma la atmósfera clásica en estas producciones: intrigas palaciegas que implican a Pulqueria, la hermana del Emperador, en un complot para derrocarle, eunucos sibilinos, bellas mujeres luciendo palmito y ejecutando danzas repletas de sensualidad... Las recreaciones son, en una producción más bien económica, una mezcolanza de estilos y épocas. La sala de recepción de Teodosio II luce el famoso mosaico de Justiniano… un siglo antes de su realización y a miles de kilómetros de su ubicación original, Rávena. También hay ambientes pompeyanos, soldados de cuero y lata,

y una visión de Roma casi medieval hacia el final de la película. En general, se trata de un peplum de sandalia y espada, en todos los sentidos: hay forzudos, peleas, intrigas sencillas y mujeres tan peligrosas como seductoramente vestidas. Todos estos elementos se remueven y mezclan con grandes dosis de ambición y una fotografía cálida y carnosa. Las intrigas, descontando la simplificación de aquel período convulso, resultan llamativas pese a que quizá fuesen menos interesantes de lo que llegaron a ser en realidad. Sin embargo, lo que destaca y, en cierta medida, llega a lastrar esta película es el extraño debate metafísico al que se somete el propio Atila. Con una voz susurrante y persuasiva, menos amenazadora que su figura, Jack Palance crea una personalidad muy alejada del imaginario popular bárbaro. La acerca por extraños vericuetos a la figura más instruida e inteligente que sí fue Atila.

No en vano fue conocedor –según el historiador bizantino Prisco de Tracia– del latín y el griego, entre otras lenguas, y de muchos de los rasgos de la cultura grecorromana a la que se enfrentó. Tal vez este Atila se parezca al Enrique V de Kenneth Branagh, un líder sometido a un destino quizá no deseado, pero que supo exprimir al máximo. En todo caso, Atila se debate entre dudas sobre las fuerzas divinas y los hombres, máxime tras cumplirse el “martirio” de su hija y la preeminencia de la cruz cristiana frente a las paganas calaveras de los hunos. ◙


Trajano emperador