Audrey Park

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AUDREY PARK SOBRE EL ESCRITOR Audrey Park es mujer, y se desempeña profesionalmente en el área de la investigación sobre el fenómeno humano. Colaboró en el espacio para jóvenes del Diario de Chihuahua, participó en varios talleres literarios, y realizó lecturas públicas de poesía así como presentaciones de libros en ese estado, en la década de los noventa. Fue antologada en dos poemarios: Peces ciegos de la serie “Chihchilagua” de Onomatopeya Producchons -así como lo oyes- (1996) y Químicamente Puras, de Onomatopeya editores y el Instituto Chihuahuense de la Cultura (1997). Se le menciona en el tomo III del texto Chihuahua hoy (2005), coordinado por Víctor Orozco, y editado por la Universidad Autónoma de Cd. Juárez y el Instituto Chihuahuense de la Cultura. Ahora utiliza el seudónimo de “Audrey Park”.

ÍNDICE

Bébeme Cambio de calcetines Como a Denisse Cómo se ve después Echada a perder Lo que hay que hacer La perla. $25 pesos un rato.

El contenido de estos textos es propiedad y responsabilidad del autor, Par Tres Editores, S.A. de C.V. transmite estos textos de manera gratuita a través de su proyecto de difusión cultural y literaria denominada Biblioteca Digital de Escritores Queretanos. Los autores han seleccionado sus textos para permanecer en dicha biblioteca para su uso única y exclusivamente como difusión literaria, por lo que se prohíbe la reproducción parcial o total de esta obra, por cualquier medio, sin la anuencia por escrito del autor, quien es el titular de los derechos patrimoniales de los mismos.


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BĂŠbeme Tras el mostrador, espero clientes que no llegan. Con el labio en la botella de agua helada, tomo aire. Es agua pura de manantial. Muevo la botella en una orgĂ­a entre ella y el aire. Empino. Escurre como antes la saliva, el semen, por las comisuras de mis labios. Todo tiene sed.

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Cambio de calcetines También los imperios caen. Marisela Duarte Rosa viene de visita. “Perdí”, dijo Aydé. “Me metí con la hilera de peones de la construcción del súper pero nada que ver con lo que me da una Whirpool. La tarde que me dijo ‘no sé si te quiero’ quise colgarme a una oreadita en el patio. Acabábamos de hacer cosas en la sala, ¿puedes creerlo? Al menos, la otra es tan camiseta como yo; dijo ‘besas mejor que ella’, ¿puedes creer?” Rosa intentó preguntar algo, pero Aydé interrumpió. “No funcionamos después del ‘te amo a ti, pero voy a andar con otra’, y cuando no responde la libido, no es tu hombre o eres ropa interior. Probamos, pero ya no podía ser su mujer ni mía, ya era dos calcetines dos. Es que los hubieras visto, ella con la camisa de él en la cadera de morsa; chocamos en el pasillo y él estaba rodeándole el cuello con el brazo: a ella, como si estuviera conmigo: con ella. Fue cuando sentí mis hilos blancos; seguí mis costuras, y me vine a la casa con la Kinny...” Rosa volvió a intentar decir algo, pero Aydé no hacía pausa. “El resto sí han sido humanos; los animalitos no pueden decir sí o no, es como un abuso pero tú sabes cómo es la Kinny. Ahora me dedico a envolver los dedos, hago que el dedo gordo pase por encima del otro y lo apriete hasta que truene. Los fines de semana con Vel Rosita. De lunes a viernes, tallando a mano. Tomo el sol en el tendedero. Me enredo con tallas 48. Un día seré otra vez persona, pero mientras, soy como un condón para pies; ya en la noche me hago bolita. Soy un feliz par de calcetines.” Por fin, Rosa dijo: “No pareces feliz.” Aydé se dejó caer en la cama y su amiga formó un dogal con la ropa que encontró, pero se desbarató en lo que Aydé iba emitiendo un silbidito. Sin mejores ideas, Rosa se fue con su amiga puesta.

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Como a Denisse Como a Denisse te pedí los besos del día de hoy y me preparaste un banquete de almejas denissianas que apachurraste y untaste en mis poros de pie yendo abajo hacia la maraña.

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Cómo se ve después Víctor dijo que no tiene tiempo para decirme todas las cosas. El viernes fuimos a casa de Bianca, una amiga de un amigo de él, y cogimos en uno de los cuartos. Los papás de ella estaban en Casas Grandes. Víctor dijo que teníamos una casa para nosotros solos y yo feliz porque el asiento de atrás ya me tenía torcida. Eso fue el viernes. Al día siguiente, caminamos hasta el cerro y casi cogimos ahí también. El domingo, en el cine, poco menos. Fue el fin de semana más besado de mi vida. La casa no fue exactamente para nosotros. Estaban Bianca y su novio; el amigo en común de Víctor y ella, con su novia; unas muchachas, y nosotros. Víctor preguntó a donde podíamos ir, y ya no vimos a nadie ni cuando salimos del cuarto. En el carro, me preguntó que si sé inglés. Cuando se despidió me dijo que había estado muy, muy bien, que gracias y que soy muy bonita. En mi casa, ya el beso decente para entregarme a mis papás. Esa noche soñé con el condón: cómo lo había amarrado y fue a tirarlo al bote del baño. Nunca había pensado eso, cómo se ve ya usado. Todavía hace un par de días, las cosas iban bien padre. Sí notaba algo, pero pensé que como ya no era virgen veía el mundo diferente. Y nada que se va a ir a Canadá. Sale en un mes porque lo van a correr de la escuela. Tuvo que mencionar que no iba a estar cuando pregunté qué íbamos a hacer el día que cumplimos. Iba a decirme. El viernes me volteó y me movió y me acomodó, y yo feliz. Sonreía con los ojos y la vagina, y sonreía con los ojos y la vagina todavía en mi cama, y al día siguiente, cuando pensaba en el condón. Pero hoy movió el suelo y es muy feo. Fui en el carro de mi mamá a casa de Bianca, rezando para no tener que usar reversa ni rebasar rápido, porque no sé. Conseguí las señas de la morena del viernes y fui a buscarla. No había visto lesbianas antes, ni me fijé mucho ese día porque yo estaba en lo mío; se llama Mariana. Le dije que si podía acostarme con ella. Nomás así, no sé por qué. Me castigaron por sacar el carro.

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Echada a perder Hay quien compra una rosa y me la da de cuando en vez no le hablo de la imagen del fin del mundo en los pĂŠtalos de la flor pero la tiro en cuanto llego a casa.

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Lo que hay que hacer Nadie piensa que recibiré algo de ti, excepto mi ángel de la guarda. Pero dijiste: “Voy a colonizar el universo. Puedes ser la segunda dama en Marte o Júpiter.” Éramos niños: pero dijiste. Yo dije al que llegó después, que mi boca tenía dueño. Vienes, viertes color en el agua tibia donde vamos a no aburrirnos. Dices cosas muy diferentes. Y hacemos lo que hay que hacer.

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La Perla. $25 pesos un rato. Las chicas inteligentes no lo hacen. El domingo, en un hotel entre burdeles, le quitaste el pantalón. Ella dijo quiero oír que me quieres, mientras tú, con la tranquilidad de un anciano, subías la pantaleta verde con margaritas, a su lugar. Por fin, le hiciste el favor y ofrendó los restos de sí como bulímica. Tocaron la puerta. La ropa estaba enredada entre la cobija y la sábana. Le diste gusto en la bobería de tender la cama, y salieron, apresurados. Hiciste un comentario estúpido sobre una puta, pero luego fuiste especialmente amable. Es lo mejor que ella ha tenido.

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