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NÚMERO 8, 2013


Delirium Tremens Revista Literaria de alcance internacional Número 8, 2013 ISSN 2219-391X Director y editor: Paolo Astorga artesinlucro@gmail.com http://sinllegaraloinvisible.blogspot.com Celular: 993398823 Apoyo de edición: Isabel Flores sheresath@hotmail.com

Esta revista también se edita desde Lima—Perú en formato virtual (pdf) para todo el mundo hispanohablante a través de la siguiente dirección: http://revistadeliriumtremens.blogspot.com

Para envíos de libros, revistas u otros, nuestra dirección postal es: Sr. Paolo Astorga Av. Malecón Checa 557 San Juan de Lurigancho Lima 036, Lima-Perú Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú N0 2010-11549

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En esta edición Revista Literaria Delirium Tremens número 8

Gritos etéreos (Poesía): Katherine Geraldine Medina Rondón 6/ Gustavo M. Galliano 7/ Joy Godoy 8/ Rocío L’Amar 9/ Joan Bernal Brenes Navarro 10/ William Guillén Padilla 12/ José Antonio Iñiguez Narváez 13/ Anamaría Mayol 14/ Carlos Ernesto García 16/ Fernando Casanova Garcés 17/ Erick Strada 18/ Gustavo Rubén Giorgi 19/ Carlos Miranda Passalacqua 20/ Fulgencio Martínez 21/ Miguel Santos 22/ Márlet Ríos 23/ Enma Vanessa Balboa Gutiérrez 24/

Obituarios del silencio (Narrativa): Jesús Manuel Torres Medina 26/ Alejandro Cámara Frías 27/ Abel Ochoa 28/ César Klauer 30/ Mauro Gatica Salamanca 33/ Cristian Cano 36/ Carlos Enrique Saldivar 38/ Miguel Ángel Hernández Sandoval 39/ Walter Ramos Rodríguez 41/ Efer Soto 42/ Juan Ignacio Sansinena 47/

Oráculos de arena (Ensayos y Artículos): Lo siniestro en la poesía de José María Eguren Por: Dr. Ainhoa Segura. Universidad Autónoma de Madrid 50/


Papiros de carne (Reseñas): Prosac Mayda Colón 58/ Andrea y la piedra brillante y otros cuentos Christian Urrutia 58/ Pishtacos: degolladores degollados Víctor Salazar Yerén y Edwin Ramos Casavilca (Compiladores) 59/ Brindis, bromas y bramidos Fernando Morote 60/ El año de la lentitud Fulgencio Martínez 61/


Gritos etéreos (Poesía)


Gritos etéreos - Poesía / 6

Katherine Geraldine Medina Rondón (Arequipa 1994) Actualmente estudia Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional de San Agustín donde vive día a día un intenso y tortuoso romance con la palabra. Ha publicado: Murmullos y volantes (2012). Obtuvo el tercer puesto en el género poesía en el concurso Jorge Eduardo Eielson (2012) y colaborado en diversas revistas tales como: Pléyade, Castillos en aire, Apostasía y Destiempos modernos. To know him is to love him Tres manzanas, tres te quieros cuatro despedidas y un hasta pronto ¿Cuánto cabe en un segundo? Una aguja atravesando mi piel otra aguja roma y oxidada ¿Y cuántos besos? ¿Cuánto buscaré tu apego? ¿Cuán perdurable será tu abrazo? Una esperanza, así, en singular doce huidizas alegrías un arroyo de prudencias un poema doliente y con apetencia. Cuarenta y dos canciones To know him is to love him ¿Y algún día caminaremos juntos de la mano? Versos extranjeros y una flor carmesí ¿Cuándo se me marchó tu sonrisa? Sé que me aguarda una duda en el filo de mi ventana…


Gritos etéreos - Poesía / 7

Gustavo M. Galliano

es poeta, narrador y docente universitario nacido en Gödeken, República Argentina. Vive en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina, donde centro sus estudios en Economía, Derecho e Integración (Mercosur). Su pasión por las letras le impulsó a cosechar su propio espacio en el medio literario.

NUNCA PASIÓN NUNCA Se rebeló a creer en un Dios, omnipotente y jactancioso, y su hoy pagano se arrodilla, ante una cruz, una equis, una esfera. Deseó llegar a ser inmortal, y se tatuó el rostro de Dorian Gray… hoy gime sus lamentos, marcando en el fango su desliz. Se rebeló a creer, creyendo, bebió de su propia bilis candente, se arrepintió y gimió, titubeante, más no hubo ángeles insurgentes. Se despertó y encontró despojos de Sol cocinando una aurora pretérita y ausente, pidió perdón, masculló disculpas, pero era tarde para creyentes o augures. Se lamentó por no creer en algún Dios, se lamentó por deambular en solitario, solo y cansado se entumeció, masticando gusanos, en sombra peñasco, cima hosca de montaña.-


Gritos etéreos - Poesía / 8

Joy Godoy. (Lima-Antofagasta, 1994). Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Federico Villarreal, y abandonó la carrera al segundo año sin motivo aparente. Luego de un año entero de vida desvivida y bastante tiempo perdido, ingresa a estudiar Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. OFELIA, Y

al buscar tu cuerpo en otros tantos busco en tu orificio un abismo un abismo sobre tu nuca y en tu nuca una mordida que no proviene de la marca de mis dientes. Busco bajo tu cúpula de carne un hondo amparo sudoroso un murmullo púbico de vellos un dialecto de lenguas amarradas un concierto de bocas ciegas y pastosas un camino de saliva que no es la mía. Busco en la unión de tus carriles el paradero de tu virginidad perdida un férreo abrazo entre un bosque de muslos un dolor penetrado en tu recuerdo un recuerdo penetrando en mi conciencia un orgasmo mental de amor eyaculado bocabajo Frío y seco sobre la acera con gotas de lluvia confundido más penoso que esperar un turno para amarte. Y te quiero Pero no por puta y eres puta Pero te quiero No es nada mío ningún centímetro que te ingresa.


Gritos etéreos - Poesía / 9

Rocío L’Amar.

1964, Concepción, Chile. Poeta. Narradora. Gestora y comunicadora socio-cultural. Comentarista de libros en espacios radiales y escrito. Antologuista. Prologuista. Directora de talleres de literatura en diversos grupos sociales. Fundadora y Presidenta de la Sociedad de Escritores de San Pedro de la Paz. Presidenta de la Sociedad de Escritores de Chile Filial Concepción. Fundadora y Presidenta de la Asociación de Escritores del Bío Bío. Creadora de concursos literarios a nivel regional y nacional. Fundadora y Productora Ferias del Libro en San Pedro de la Paz. Ha publicado en formato papel y Cds. Su poesía ha sido incluida en revistas, diccionarios y antologías en formato papel y en la web. Es poseedora de una multiplicidad de premios en concursos de poesía regional, nacional e internacional. Es miembro de la Sociedad de Escritores de Chile a partir de 1989.

EROTÓMAME soy de pensar que no fuese ‫׀‬por llevarme la contraria yéndonos de aquí para allá ‫׀‬siempre jorobando la razón ‫׀‬aunque sólo fueren sopladuras ‫׀‬pero no al fin y al cabo ‫׀‬me construyo en la inquietud de ti ‫׀‬un encuentro porque odio se introduzca en la duda ‫׀‬el desmadre de mis deseos.

HABEMUS Y NO porque me hice las uñas ‫׀‬por un instante el tiempo se detiene en otros ojos ‫׀‬ mientras pienso ‫׀‬en esas cosas que he querido ‫׀‬y no ‫׀‬subir al coche de alquiler ‫׀‬ algo veloz ‫׀‬sin un haz bajo la manga, huelo cada rincón en este abismo ‫׀‬y no me importa ‫׀‬la razón del origen ‫׀‬sólo irrita mi nariz ‫׀‬esa forma de echar humo a la butaca ‫׀‬y dejar de hacerlo, tengo que elegir entre un arcoiris o una tarde de lluvia ‫׀‬donde nunca hay prisa ‫׀‬ cuando algo comienza ‫׀‬imagino se dan de bruces las palabras ‫׀‬por desbocarse ‫׀‬ tan ciegas desde los labios, desatando hebras al corazón ‫׀‬me hieren las distancias que mueren dentro ‫׀‬en el espejo ‫׀‬no logro ser perfecta ‫׀‬a la hora de llegar a casa ‫׀‬me hallo en sombra ofreciendo versos sin afinar.


Gritos etéreos - Poesía / 10

Joan Bernal Brenes Navarro. (San José, Costa Rica 1974). Poeta, filólogo y profesor. Estudió Filología Española en la Universidad de Costa Rica (UCR). Actualmente es profesor de Español como segunda lengua. Formó parte del Taller Literario del Café Cultural Francisco Zúñiga Díaz. Ha publicado cuatro poemarios: Pre-monición (San José: Ediciones del Taller Literario Francisco Zúñiga Díaz, 1996) Homenaje a la ceniza (San José: Ediciones Perro Azul, 2006) Vivo Delirio ( San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2010) y For Sale( Heredia: Ediciones Espiral, 2011).Ha participado en festivales nacionales e internacionales de Poesía: Granada, Nicaragua ( 2008) y El Salvador (2011). Ecce Homo Todo esto es el hombre. Me refiero al mundo. A un injerto de montaña en un retén de piedra. Al uso de la rueda al cabo de los años. A la aplicación del cero en las ciudades. Al número Pi. A los nombres de las cosas. A los nómadas de hoy propiciando el fuego. A que salga el fuego de frotar dos piedras. La grata sorpresa de hallar un continente. Como un nuevo elemento de la tabla periódica. El asombro que es saberse caminar hacia adelante. Un hombre creando el mundo en su cabeza. Otro conociéndolo al palpar un mapa. En el polvo de los muebles las huellas de los hombres. En los nombres de los suyos expuestas sus ideas. La palabra el rostro de su pensamiento. Los principios que subsiten contra las glaciaciones. El antiguo por lejano desarreglo de la vida. Toda señal enhiesta del hombre donde ha estado pasando desde adentro a afuera sus confines. Bienaventurado el inventor del teléfono. El hombre que respira sus ojos sus humores. La disposición casi igual de su cabeza. En el conjunto no siempre ordenado de su cuerpo. Respira y se revela extraño o semejante. El pan y el circo en mayo del siglo veiniuno. En la Roma de los días de este invierno a muchos siglos.


Gritos etéreos - Poesía / 11 La ambición humana siglo dos después del oro. El Árbol de la Ciencia los molinos de viento. Del sexo a los bordados de la lencería. Detonar con palabras entero su paisaje. El del hombre con palabras de hombre. Detonarlo. Las nieves de febrero en un país del Trópico. Padre vende al costo virginidad de su hija. Hay boquetes de hombre en la palabra ser. Hebras del paisaje del hombre detonado. Haces de la forma de su realidad. Humeando de calientes el humo. Tal vez lluvia. La lluvia tal vez polvo de piel de hombre muerto. Por los pesados bloques del sentido de su obra. Diluída parte y parte en un alumbramiento (qué se enfríen los carbones que mueven la cabeza ) El sueño de destruirse también es el hombre. La carne y el hueso que uno ve en la calle mas lo que no es carne ni hueso al lado suyo. Un olor a gente común sofisticada. El hombre que respira sus generaciones nombrando en una parte y otra lo que es nieve lo que es tierra clima realidad belleza. Las listas de verbos que aplican al hombre. Lo que no es el hombre donde el hombre falta. Hay cosas con los nombres que el hombre les ha dado. Alabado sea el colchón de agua. El sabor de ciertas sopas que salvan un día. Lo que nos atrae de vivir con otros. El día que perdimos el rabo ( esa teoría ) Lo que es la palabra amor exactamente. El invento del dinero como dios piadoso. El gusto la suerte el amor la mentira. después de varias pruebas se concluye que el hombre es lo que embellece y afea los paisajes.


Gritos etéreos - Poesía / 12

William Guillén Padilla.

(Hualgayoc, Perú, 1963). Ha publicado libros de poesía (Soliloquios de Homo sapiens, 2004; Planetario Astral, 2009; Memoria del Yo Habitante, 2010), minificción (Los Escritos del Oidor, 2006; Lo que Yo Barman oí, 2009; Cuaderno de Almanaquero, 2011; 77+7 nanocuentos, 2012), cuento (Actos & Relatos, 2009; Retorno en tiempo real y siete cuentos más, 2013) y una antología personal (Microcuentos, 2011). Entre otros lugares, ha presentado su obra literaria en la Casa de América Latina de París, Feria Internacional del Libro de Lima, McNally Jackson Books de Nueva York, y Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Por Retorno en tiempo real fue finalista en la XVI Bienal de Cuento “Premio Copé Internacional” de Petroperú, 2010.

XVIII Tú que eres el amor andando en puntillas por mis pétalos de fuego dime si aún tu piel que añoro es capaz de ofrecer una mañana nueva para ambos. Tú que eres flor de viejo pantano pleno de duendes y mariposas transparentes dime si es posible la piel sin el tacto, el deseo sin la ternura de la lenta y minuciosa caricia. Dímelo con el sonido de los andes milenarios de mi patria oscura, para así inmortalizar un canto inmenso a los bosques prometedores de tu vientre, una escultura viva con mi rostro desencajado al vivir de prisa y sin ti, una pintura de colores intensos al mejor motivo de mi vida, un trozo de metal puro insertado en la parte más alta de la montaña perdida. Tú, que eres la poesía andando en calles celosas de mis manos abiertas, no tardes en tender tus puentes a mis ejércitos de fuego, porque acaso el viento apague tembloroso este retazo de galaxia que intento ocultar bajo mi pecho, sin más discreción que el suspiro de un hombre enamorado y su alma errante acuestas con sus lágrimas de soldado herido.


Gritos etéreos - Poesía / 13

José Antonio Iñiguez Narváez.

(México, Distrito Federal, 1991). Ha asistido a diversos talleres de poesía de Quintana Roo. Dos poemas suyos fueron publicados en el diario Por Esto! de la ciudad de Cancún, así como en la revistas “El Humo”, “Ombligo” y “Revista Almiar”. Es actual director de la revista “Salvo el crepúsculo”. Ha publicado los poemarios La luz y el fuego y Nocturno personal. Está por publicar su siguiente libro titulado: Instante.

TIEMPO DE LLUVIA La nube pasa y deja tras de sí las noches que marcaron 1997, y la tarde rota desde el parque hasta el asiento de la casa, en que llamaba a gritos a mi vida cuando la lluvia (más verdadera que ahora) me asestaba en la cara una vuelta al futuro. Triste nubarrón o preludio de lo que vendría después; innumerables ciclones de esencia me dejaron siempre una sensación de recuerdo ajeno: la imagen del futuro a un instante de llevármelo a la boca.

IV Se escucha el revólver, la triste detonación de un recuerdo que creíamos lejano. Calla de inmediato el vecindario y la lluvia: de las escaleras se descuelgan hombres como pájaros, voces letales como sentencias tempranas. Miro mis pasos que recorren un pasillo, se abren ante el polvo, desprenden la claridad y vuelven de una sombra en donde ha caído la muerte para siempre. Escucho el lamento de mi esposa, veo a mis hijos que juegan en el cuarto aledaño y evoco la luz que me olvida por un instante. No me dirigen la palabra ni la vista. Intento gritarles pero es inútil. Salgo huyendo de allí, pero en el patio el cielo es una mirada desleída por el sol. El mundo entonces me recibe con un olor a tierra húmeda, casi inexistente cuando cierro los ojos para caer vencido.

De Recordatorio en un estanque


Gritos etéreos - Poesía / 14

Anamaría Mayol.

Poeta. Nacida en La Pampa – Argentina. Reside desde hace 20 años en San Martín de los Andes en la Patagonia Argentina. Profesora de Historia y Geografía. Magister en planificación Urbana y regional. Especialista en evaluación de impacto ambiental Consultora en temas Ambientales. Tiene infinidad de libros publicados.

Y SI MAÑANA Y si despierto de este sueño y estoy sola y me dueles y no hay un día para retorno y si te olvido y si la piel sin tu piel y el hambre sin tu boca y si me olvidas y no me llueve tu voz por todo el cuerpo y si la vida y el vacío de no saberte y si el saberte lejos tan lejos que mi nombre ya no pueda alcanzarte y no sé más de ti y si los ojos que cuelgan del silencio y si mi abrazo sin tu abrazo permanecen y si te arranco desde todos los fantasmas te arranco y te desaparezco y si la muerte la muerte me lleva el corazón me deja hueca


Gritos etéreos - Poesía / 15 sombra y sobrevivo y me suicido de ti y si despierto de este sueño y estoy sola y todo es ficción en este exilio de mí y te sigo extrañando

DESNUDA Desnuda estoy desnuda me saqué la ropa los zapatos el reloj me quité el gesto de la cara la mueca la careta esa tristeza colgando de los ojos cuando no miro me extirpé la piel tu aroma que en las noches me acariciaba me borré el nombre la palabra olvidé el signo el lenguaje estoy desnuda desnuda voy a parirme desde la piedra y el viento..

la clave


Gritos etéreos - Poesía / 16

Carlos Ernesto García, poeta y escritor salvadoreño, es autor de varios libros de poesía. Publicó el libro en tono novelado que describe su viaje por el río Yangtsé, El Sueño del Dragón y otro de reportaje titulado Bajo la Sombra de Sandino. Fue incluido en la antología La Poesía del Siglo XX en El Salvador. Ha sido invitado por diversas instituciones académicas y culturales de Europa, Asia, América Latina y Estados Unidos. Su poesía ha sido traducida a varios idiomas: al inglés, al chino, el neerlandés, el italiano, el catalán y el albanés, entre otros. Ha sido considerado, por la prensa internacional, como el Padre de la crónica Poética. Desde finales de 1980 vive en Barcelona (España). DESENCUENTRO Viajamos en el tren. Los asientos frente a frente. Cuántos años de ausencia y decidimos en secreto hacernos los desentendidos. Que derroche la verdad. Todo un mundo de pasión para que al final entre los dos juntemos tanta muerte.

PRIMER BESO A una muchacha cuyo nombre no recuerdo Cuando te besé (Fue en casa de una amiga tuya que me gustaba) era la primera vez que te besaban. Sentí tu cuerpo temblar contra la tierra. Nunca más volví a verte ni besarte pero cuando te recuerdo no sé por qué aún siento tu cuerpo temblar contra la tierra.


Gritos etéreos - Poesía / 17

Fernando Casanova Garcés,

(Piura-Perú, 1981) Conocido como "fercas" practica la publicación anónima de sus textos en cartas que deja bajo puertas, taxis, restaurantes, bancos, iglesias, etc. No estudia en forma itinerante y desmedida Literatura Hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica del Perú, ha participado en varias lecturas espontaneas en las avenidas más transitadas de Lima donde se conmina a los transeúntes y choferes de combi a escuchar sobre el amor al prójimo. Obra inédito el poemario “Ängulo Error”. Publicará sus textos muy pronto, antes del 2036, sin prórroga. Músico experimental. Blog: http://www.fercas-parentesis.blogspot.com/ PERICIA Tez de oficina toma las veredas para terminar el día gestos de pan mojado burladores del semáforo gente molotov a punto de vivir gruñen con los ojos mientras agendan espacio/horario para reír pronostican el fracaso de lo que no es suyo sofocan al primer estimulo para ser otro hablan del clima como dioses en medio del transito VOL-TEO: en el vidrio humanado de Mcdonalds la cara más brutal de un ser que asqueo enriquece la escena con su uniforme de tedio su trastabilleo embrutecido por smog y el tic antirobo de mi mano hacia atrás Lo que anda, ese reflejo-cascara de mi nombre tirita en carne viva para negarme como gota de lluvia pero lluevo, insistente. Salgo de escena envasando el universo (segundos) preñando el celular con lo que acabo de mentirme no soy, por favor, no soy también el asco-hombre por favor, solo pasaba mírense todos, los rostros, dicen lo mismo en un coro creciente aritmético compitiendo con tortugas en una piscina de brea queda claro el concepto: Inferno. (pd. me acaban de robar. Véase: Atestado Policial Nº 037-2012-DIRINCRI/ DIRTEPOL-PNP-DIVINCRI-Surco)


Gritos etéreos - Poesía / 18

Erick Strada. Arequipa, 1982. Fue incluido en las antologías: “Nueva Poesía Hispanoamericana” (13ª, 14ª, 15ª ed.), compilada por el poeta Leo Zelada, Lord Byron Ediciones, Madrid - España; “Hojas de Otoño” (2005), “Te mandaré mi aliento” (2006) y “Más allá del Cristal” (2007) libros editados por la Asociación Cultural Poesía en la Red, con sede en España; y revistas como Mítica (Perú, 2008), Estrellas y Latidos (Argentina, 2007), entre otras. Mención honrosa en el Primer Concurso de Cuento Fantástico Arequipa (Perú, 2005) y en el 2do Concurso Internacional “Poetizar el Mundo” (Brasil, 2012). Ha publicado el poemario "La Voluntad de los espejos" (2011). Actualmente edita, junto al poeta Franco Gómez Valcárcel, la revista bimensual de poesía “Pléyade”.

Diosa oculta tus palabras a la hora del pecado Ocúltalas a pocos metros de tu muerte allí donde mi boca no descubra sus filos al nombrarte.

Si diriges hacia mí ese ejército armado de distancias desde tu papel al mío con ráfagas que simulen la tierna sequía de tus manos entonces lanzaré desde lo alto un ramo de esqueletos como espías para que acechen el eterno secreto de tus ojos y los límites dispersos que descifren el nombre de esta lágrima sedienta.


Gritos etéreos - Poesía / 19

Gustavo Rubén Giorgi.

Abogado y escritor argentino (Zárate, Provincia de Buenos Aires, 1955). Trabaja como funcionario público en el cargo de jefe del Registro Civil de Zárate. Ha publicado varios libros de cuento , poesía y ensayo, además de pertenecer a una serie de instituciones relacionadas al quehacer literario.

DELIRA PLATON, EN EL MERCADO DE ESCLAVOS DE EGINA * El hombre es la medida de todas las cosas. PROTAGORAS, DE ÁBDERA, conf, Platón, “Crátilo”, 385 e ss; Aristòteles, “Metafísica”, XI 6, 1062 b 12; Sexto Empírico, “Esbozos pirrònicos”, I 216 ss; Her- mias, “Irrisión de los filósofos paganos”, IX (D. 653).

La carne humana cruje en los tablados cuando el tratante halaga a sus clientes: el dedo obsceno hurgando entre los dientes o entre los lomos, anchos y agobiados.** Delira el desdichado y se imagina ser Platón, concediendo sin rodeo que es justo ser esclavo en El Pireo y una infamia en el ágora de Egina. De repente, al ensueño del cautivo lo deshace un espectro que despunta el horror de aquel juicio relativo; Protágoras, señor de las disputas, desdeñoso y difunto le pregunta qué fue de sus verdades absolutas 3 de febrero de 2008.

* El hecho que el poema narra es histórico. Platón fue cautivado, vendido como esclavo en el mercado de Egina y redimido por sus amigos. En “República” desaconseja la esclavitud de griegos, pero la admite para con los bárbaros y él mismo poseía, a su muerte, cinco esclavos. El autor se ha ocupado antes del tema en su relato “Las visiones y las razones de Aristocles”, que integra el libro El profeta y el traidor (Ed. PROA, 2000; N.del E.). ** Platón” quiere decir: de anchas espaldas. (id.) .


Gritos etéreos - Poesía / 20

Carlos Miranda Passalacqua. (1990) es editor de Mester de juglaría (www.divergencia-carlitox.blogspot.com) blog de divagaciones acerca de ciencia, arte y filosofía. Trabajó como columnista de la sección cultural de Detrás de la cortina (www.detrasdelacortina.com.pe), página de análisis y opinión sobre el Perú, entre diciembre de 2011 y abril de 2013. Pertenece al grupo de difusión literaria Suicidas. Además, formó parte de la antología poética Suicidas sub 21, con su extenso poema Por todo lo gozado y por lo por gozar y, su cuento Mecánica cuántica, fue publicado en la octava edición de la revista de los talleres de Narrativa y Poesía de la Universidad de Lima, Un vicio absurdo. De vuelta al origen Es casi imposible reunir a todos y todo lo que hubo en un inicio, por más que los espejismo de un desierto cotidiano anuncien demagogias. Ese abrazo que alguna vez pintara Rembrandt, ese soldado que toca el timbre de su hogar o cualquier registro del paraíso perdido o de aquel lugar del que nunca debimos partir, bastan para sortear los espejismos. Sin la absurda adoración de ese rey tuerto ni los desiertos sin dioses más el recuerdo, agridulce, melancólico de aquel lugar. La fe del carbonero Cantos de sirena corren como cantos rodados sobre los rieles de la inercia donde se erige una vacuidad angustiante. El Gran Hermano no tolera desavenencias ni impoéticos adjetivos, por eso los vemos libar como eunucos en las reuniones escondiendo aquel pozo sin luz ni fondo. Frases hechas, ¿algún dogma barato? Se han hecho merecedores de una expulsión que no se perdonan con oraciones y siguen y siguen con su letanía.


Gritos etéreos - Poesía / 21

Fulgencio Martínez.

Nació en Murcia (España) en 1960. Profesor de Filosofía. Licenciado en Filosofía y en Filología Hispánica. Fundó y dirige la revista literaria Ágora-Papeles de arte gramático, y el blog: www.diariopoliticoyliterario.blogspot.com Ha publicado, en poesía, los libros Cosas que quedaron en la sombra, León busca gacela, El cuerpo del día, Prueba de sabor, y El año de la lentitud, que en Abril de 2013 ha editado en Madrid la casa editorial Huerga y Fierro. Su ensayo sobre la poética y filosofia de Antonio Machado está publicado en la revista Simposium, de la Universidad Católica de Pernambuco (Brasil). EL TESTIGO EDÉNICO (Los novios)

Una hoja en un parque de Santiago. Una hoja que pasó a nuestra vida por los ojos de un casual fotógrafo, ¡ahora es una una instantánea sepia en un álbum que recuerdo yo solo, sin hoja, sin álbum, sin ti! He intentado volver a recordarla con la mirada de aquel testigo edénico, desde los ojos de aquel fotógrafo: tal como éramos aquella vez entre los árboles del paraíso. Nuestras manos una en la otra se cierran vibrando por la misma nervadura, ¡la evidencia de su encuentro forma una imagen perfecta del andrógino, realizada un instante en la fotografía de los dos, en Galicia, de nuestro primer viaje hacia nuestros cuerpos! Acaso, de un primer viaje anterior ese que me descarrían las sombras si intento recordarlo con estos ojos míos. Del libro inédito Vocabulario de alimentos, poemas gallegos


Gritos etéreos - Poesía / 22

Miguel Santos.

Escritor mexicano nacido en los setentas. Estudió Letras Clásicas en la UNAM. Ha obtenido cinco premios literarios en los últimos tres años. Tiene algunos libros inéditos y uno a punto de ser édito. Ahora escribe un recetario de cocina artesanal y una Mitología de seres urbanos; mañana quién sabe.

Incendio Guárdate las nubes para el cielo la lluvia está en la tierra siembra caminos abona las tardes de hambre y evapora recuerdos; cuántas huellas también borró el destino. Guarda las sales para el mar la tempestad alcanza para iluminar la casa y dar de beber a varios kilómetros más. Traigo palabras conspirando fuego soledades marchitas de penumbra gotean cada instante, sueño hueco madera combustión cual cerradura. Guarda el aliento para la montaña la respiración es universo que pende un hilo circunscrito y el carrete ya se aluda en entusiasmos; la esperanza es un arte en que nos instruye el delito. Guárdate los arbustos para la tierra, la siembra está en el cielo motiva a las nubes a desfilar vanidosas figuras y a jugar con ser pasto de promesas. Un ojal abre de luna tus labios, abotono los vientos, levo anclas para llenar de oxígeno los cantos y hacer ceniza esta prisión humana.


Gritos etéreos - Poesía / 23

Márlet Ríos. (Talara, 1976): Estudió Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos e ingeniería electrónica en una universidad privada. Ha publicado poemas en las siguientes revistas: Ónice, Bocanada, Dedo Crítico, Bosque de latidos, Socialismo y Participación, Estudios Privados. Traduce poesía norteamericana (Snyder, Rexroth, Sandburg). Poemas y relatos suyos aparecen en la revista digital Ping Pong, de República Dominicana y en Cinosargo (Chile). Ha publicado el poemario “La balada de Crates y otros poemas” en el 2010. Hace entrevistas y escribe textos socio-políticos para revistas de ciencias sociales (Illaric) y publicaciones alternativas. También escribe narrativa.

Haiku de otoño Se han escrito tantos poemas de amor En el mundo que ya no caben más. Poemas que comienzan con un “Nosotros no inventamos el amor” O llegan desde una noche primaveral con: “I remember your cool body”. Por otra parte, sería poco virtuoso recurrir a viejas triquiñuelas (con el perdón de los postmodernos) Y abrir el Antiguo Testamento en El Cantar de los cantares (2:14), por ejemplo, y anotar: “déjame oír tu voz, porque tu voz es dulce y amoroso tu semblante”. Pero la muchacha tal vez esté interesada en temas más seculares (MBA y/o el Chat por ejemplo). Mas siempre quedará el recurso de la criba Para no patinar y quedar como un burdo imitador De Bécquer o de Silvio Rodríguez. Claro que si la muchacha es bonita y tiene nombre De ninfa deseada/ soñada y finalmente amada Siempre nos quedará el camino de la concisión. ¡Musa de ensueño, muéstrame el camino! Desbórdanse sonidos, fragancias y música excelsa Que me trae el recuerdo: Lejos de la urbe, el rumor del río ahoga sus sollozos.


Gritos etéreos - Poesía / 24

Enma Vanessa Balboa Gutiérrez.

Mi tierra natal es Ayacucho, soy estudiante de la Universidad Nacional Enrique Guzmán y valle La cantuta, soy de la especialidad de Literatura – Lengua Española y estoy en el noveno ciclo. En mi tiempo libre me gusta cantar, leer, y escribir.

TU RECUERDO Sentada en la cima del cerro Acuchimay contemplaba tu rostro en mi recuerdo errante y sin vagar la soledad irradiaba mi ser, mis lágrimas se derramaban cual lluvia en el mes de enero, mi corazón gritaba en alta voz tu nombre cual campana de la catedral anunciando la misa de las seis, tu sonrisa brillaba en mi recuerdo en medio de las inmensas ventanas del mirador, y el intenso amor de mi ser, solo quedaba en sueños; de pronto sentí un escalofrío que inundó mi cuerpo como el agua de la puna, eran tus manos que me tocaban como las ramas del eucalipto que daban golpes de alegría a mi corazón. Pero me di cuenta que aún tu recuerdo, quedaba en mi memoria como la noche sin estrellas y como el día sin el sol.


Obituarios del silencio (Narrativa)


Obituarios del silencio - Narrativa / 26

Jesús Manuel Torres Medina. Soy originario y residente de México, D. F., estudiante de la licenciatura en Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, tengo un libro de cuentos publicado en formato digital intitulado “Sobras completas” por Hidalgo Ediciones. He publicado en las revistas digitales Literatta (abril 2013) y Letras raras (octubre 2012, marzo y abril 2013).

SOL ROJO

Amanece. Todavía tengo en mis manos la sangre de la bella Eunice, la culpable de que yo sea un vampiro. La amaba. Todas las noches nos entregábamos al culto infinito de mirarnos sin decir nada, no existía el tiempo cuando éramos uno hasta que conoció al maldito de Pável y, a pesar de mis ruegos, se casó con él. Por eso la odio, por preferirlo y porque no hizo nada para evitar que él entrara una noche a mi cuarto y mordiera mi cuello convirtiéndome en un monstruo, en ave nocturna condenado a vivir en la oscuridad eterna, capa púrpura de miedo que detesto. Maté a Pável clavándole una estaca en su negro corazón y después fui tras ella. La encontré sentada en el viejo sillón donde antes me acariciaba susurrando bellas palabras que hoy me desangran. Sonrió a la muerte que había llegado. Saqué la estaca de entre mis ropas. −No lo hagas, Sandrach −dijo la de la noche en los ojos. −Tengo que hacerlo para morir tranquilo. Descargué el golpe mortal sobre su pecho una, otra, otra vez, y a mis pies cayeron pedazos de su corazón como pétalos de una flor marchita, la flor que fue tan mía. Sólo alcanzó a murmurar un “te amo” que mojó sus labios con mi nombre. Amanece, vuelvo a ver el rojo sol que me deshace y en mis manos aún tengo la sangre de la bella Eunice, la que alguna vez fue mi madre.


Obituarios del silencio - Narrativa / 27

Alejandro Cámara Frías.

(1994, Guadalajara, Jalisco, México). Estudiante de Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Ganador del 1er Concurso de Cuento y Fotografía (convocado por la Comisión Nacional Forestal) con el cuento Perenne, publicado en una antología virtual del portal de CONAFOR y en el diario EL POPULAR). Ha publicado varios textos en la revista Binocular y un cuento en almargen.net, revista electrónica de literatura. Además, el periódico La Gaceta UDG lo incluyó en la sección Talento U.

YO NO SOY YO El pretexto para suicidarme es simple: yo no soy yo, auténticamente no lo soy. Soy una copia, una réplica. Tengo la certeza implacable de que, si no habitó ya alguien con mis rasgos y personalidad, algún día lo hará. Difícilmente concebiré una idea que no haya sido rasgada por el pensamiento de otro y mi mirada no inventará jamás el contorno de un nuevo objeto; cuando creo que innovo sólo estoy recreando. Tampoco soporto lo intercambiable de nuestra existencia: seres de personalidad canjeable. Podríamos estar en cualquier lugar, siendo cualquier otro, haciendo cualquier cosa. ¿Cuál es la diferencia? Tengo una solución o más bien una evasión: borrarme del mundo. Incluso de mí mismo, completamente y para siempre. Nunca haber existido y así darle la oportunidad a alguien de ser único, si no irrepetible. Lamentablemente no tengo un plan. No sé lo que debo hacer, mas sé lo que no debo hacer. No debe ser un suicidio común y vulgar como los que acaecen diariamente. No habrá sogas infames, ni disparos fulminantes. Ninguna hoja separará mi piel para drenar mi sangre, ni emprenderé un falso vuelo que sé que fracasa antes de comenzar y reserva el asfalto como fin de mi existir. De cometer actos semejantes solamente engordaría el lodoso suelo con mis restos y, arriba de ellos, se erguiría otra grisácea cripta anónima. Olvidada por apenas los hijos de mis hijos. No será así. Sé lo que no es. Puedo intentar definir lo que es: es un no dejar rastro, desdibujar causa y efecto. Se trata de nunca haber existido, de ser sombra, reflejo, recuerdo de mujer u hombre. Esta nota está lejos de ser suicida. Lejos de querer provocar pena o conmiseración a alguien. No va dirigida a nadie más que a un solo lector que, años después, podrá cuestionarse mi existencia, mi corporeidad. Dicho lector hará diversas conjeturas, pero si presta atención, acaso podrá advertir que el autor de esta carta, en algún momento y en algún lugar, llevó su mismo nombre.


Obituarios del silencio - Narrativa / 28

Abel Ochoa nace en Guayaquil, Ecuador, en 1986. Es diseñador, publicista y poeta. Sus poemas han sido publicados en varias revistas digitales. Escribe en el portal político-social gkillcity.com. Obtuvo una mención en el Concurso Nacional de Poesía Paralelo Cero 2011-2012 con varios poemas que constan en su primer poemario publicado por la editorial El Ángel. Participó en la Feria Internacional del Libro, Quito/2012 y en el Encuentro de Poesía Ileana Espinel, Guayaquil/2012.

EL GRILLO

Un grillo se ha metido en mi wáter y nada en círculos. No pierde la fe en ningún momento y sigue pataleando, nadando, arrastrándose por las aguas cristalinas, intentando escapar de esa pocilga mojada, con los deshechos del mundo, de un mundo deshecho. Me aguanto las ganas de orinar al ver la esperanza viva en su acto más puro, reencarnado en un animal que escala las paredes pero cae de nuevo, intenta, sigue intentando. Yo tengo ganas de mear, pero él tiene ganas de vivir, quién soy yo para decidir en este momento que ahora lo veo como un acontecimiento digno análisis. Se escuchan los chirridos de los otros grillos de la casa, seguramente brindándole su aliento de grillo a grillo, o llamando a la esposa del pobre infeliz caído para someterla en su trinchera. Mi vejiga se asemeja a una vejiga de carnaval a punto de estallar y ya he abierto la jaula. No quiero apuntarle a la cabeza pero no me aguanto más. El grillo me mira de reojo sabiendo lo que le espera, pero se aferra a la vida y a las mil piscinas olímpicas que lleva nadando. Parece que me dijera: “No me mate, señor, se lo ruego. Mi esposa está sola y un grillo se aproxima a ella.” Se me escapa una lágrima, es lo único que se me ha escapado ahora y le digo pero sin abrir la boca: “Ten paciencia grillo, en la utopía está la vida.” Yo también combato con la esperanza, a veces siento que me muero, que las ganas que tengo duran lo que dura un perro en misa, que los pocos problemas me asfixian como una corbata asesina, y veo nuevamente al grillo, nadando, sacudiendo sus patitas a la velocidad de un rayo para aproximarse al mismo lugar donde empezó, una y otra vez. Me surge una interrogante -medio cojuda aparentemente: ¿Cómo un grillo puede tener más esperanzas que yo? ¿Será acaso ésta un prueba divina para enseñarme a no perder la fe nunca? Ahora sólo disparo a un costado de su cuerpo, trato de no lastimarlo, de dejar intacta su vivacidad ortóptera. Sólo descargo mi ráfaga que se anida en mis entrañas, que me atormenta, como mi desesperanza. El animal se deja llevar por las espirales de orina y agua que lo circundan. Nada parece atormentarle. Se hace uno sólo con mi chorro que yace en las aguas, con restos de heces fecales impregnadas en las paredes cóncavas.


Obituarios del silencio - Narrativa / 29

No voy a jalar la válvula. Sería como jugar a ser Dios, ahogar al único granito de esperanza en un sólo jalón, o sacarle el corcho a los mares en tiempos de Noé y matar a toda la humanidad entera. Terminar con la vida de este grillo no sería como matar a cualquier insecto. Nunca ha visto una mosca que me viera a los ojos, más aún con los miles que cargan. Nunca he visto una libélula con tanta luz. Ningún escarabajo se ha aferrado tanto a la mierda como este grillo a la esperanza de salir de este precipicio húmedo, de salir de los cimientos de la mierda a montículos gigantescos de la mierda en su máximo esplendor; deambulando por las avenidas, por los centros comerciales, por los juzgados y galerías de artículos varios. ¿No será de esto que se trata la esperanza: de nadar en círculos hasta que llegue el fin? Bajo la tapa del wáter para sentarme un rato, para expulsar el líquido que no derramé donde el grillo jugaba a ser Houdini: lágrimas de negación. Es cierto e irrefutable, un animal inferior a mí tiene más esperanzas bajo esas alas, que ahora nada hacia la nada, dejando su estela de esperanza en las aguas amarillentas. No lo rescato porque la finalidad del alma es perecer. Pienso que si meto mis manos para salvar al grillo sería como alterar el orden natural de la vida, descomponer la historia. Pero no me importa, la desesperanza dará más esperanzas a la esperanza reencarnada en seis patas, así me remoje en mi residual hilacha rota. He subido la tapa y el grillo no es más que un cadáver flotando en el sol diluido. Por primera vez percibo mi reflejo en el fondo del wáter y no siento más deseo que envestirme de Dios; jalo la válvula para sumergir a la esperanza. Suena un chirrido fúnebre…


Obituarios del silencio - Narrativa / 30

César Klauer.

(Lima, 1960) es profesor universitario. Ha publicado el libro de cuentos “Pura Suerte” (Altazor, 2009), y los libros infantiles “El gigante del viento”, “El perro Patitas” y “El delfín de arena” (Altazor, 2010). Además, el libro de microreñatos “La eternidad del instane” (Micrópolis, 2012). Su trabajo ha aparecido en revistas impresas y digitales del Perú y el extranjero tales como La Revista de Magdalena, Ónice, TXT, Suplemento Sólo 4 del diario Correo, Letralia, La nave de los Locos, Narrativa Breve, Documenta Mínima, Literatura en PDF, Uruz Arts Magazine, Delirium Tremens y en los sitios web www.generaccion.com y www.livinginperu.com. Ha ganado primer puesto en cuento en los juegos florales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, 2009 y mención honrosa en el concurso internacional de cuento breve Jorge Salazar – Editorial Pilpinta, 2010. Ha sido seleccionado para integrar la recopilación “Al este del arcoíris: antología de microrrelatistas latinos” de Latin Heritage Foundation de Estados Unidos. Ganó el Concurso Internacional de Cuento Breve 2011 de esta misma fundación norteamericana, por lo que su trabajo aparece en el libro de antología de ganadores “Los ojos de la virgen”.

CARVER Y EL GRINGO FRESCO

El gringo entró al Starbucks con un maletín negro balanceándose en su hombro. Se sentó a dos mesas de distancia de Miguel. Se acomodó, abrió el maletín y sacó una lap top de tapa guinda brillante. La puso sobre la mesa, la abrió, apretó un botón, sonrió. Luego metió la mano en el maletín de nuevo y sacó una bolsa de papel. Llevaba un logo. Miguel estaba leyendo un cuento de Carver, A small, good thing, pero ya lo había leído antes pues también aparecía en una recopilación. Levantó la cabeza para escrutar al gringo. Recordó la trama del cuento. Un niño era atropellado el día de su cumpleaños por un conductor que se da a la fuga pensando que nada había pasado ya que, por el retrovisor, lo vio levantarse después del contra suelazo. El gringo abrió la bolsa de papel, Miguel reconoció el logo: era de la sanguchería vecina. Dejó de pensar en el niño atropellado. El gringo no había comprado nada en Starbucks, estaba usando el wi fi y comiendo un sánguche de pavo o pollo con cebolla y mayonesa que chorreaba perezosamente por el costado de su boca. Pero del establecimiento, nada. Resopló. Miguel miró a su alrededor. Por la derecha dos chicas conversaban animadamente. Detrás de ellas, una señora esperaba a alguien con un té humeante entre manos. Por la izquierda, se encontró con el barbudo. Era un hombre de mediana edad, barba rala, despeinado. Sorbía su café mirando al gringo, registrando cada movimiento, cada detalle. Sus miradas se encontraron. El hombre no hizo gesto alguno. ¿Lo había reconocido también? Su respiración era pausada. Puso su café en la mesa sin dejar de mirar a Miguel, que hizo un


Obituarios del silencio - Narrativa / 31 gesto con la cabeza y los ojos señalando al gringo. El de la barba pareció responder de igual forma, ¿quería decir que ya lo había visto?, ¿o que no me metiera? Cualquier interpretación encajaba. Miguel sonrió, pero el barbudo permaneció serio, mirándolo fijamente. Miguel decidió que mejor esperaba, y se dedicaba a Carver. Cogió el libro, buscó el cuento del chico atropellado, pero sin dejar de chequear al gringo; ni al barbudo. La madre del niño había ordenado una torta, pero como en realidad no quedó bien tras el golpe, tuvo que ser internado en un hospital y la madre ya no recogió su pedido en la pastelería; pero el panadero la llamó varias veces para que recogiera la torta, dejó mensajes en la grabadora, medio molesto porque le habían dejado el pedido plantado. Miguel suspiró, ¿cómo seguía el cuento? El gringo saboreaba su sánguche. Un ligero olor a cebolla llegó hasta Miguel, hizo una mueca y miró al barbudo, pero éste ya no estaba en su mesa. ¿En qué momento salió? Suspiró y se mordió el labio. El gringo sonreía mientras tecleaba algo con una mano y sostenía el pan mordido en la otra. Miguel decidió esperar un poco. El chico estaba grave en el hospital, lo recordó así de repente. Los doctores lo iban a operar del cerebro por una, ¿cómo le llamaron? Ojeó el libro hasta encontrar el nombre: una oclusión escondida. ¿Qué era eso? Y el panadero seguía llamando, pero ya no dejaba mensajes, solo esperaba que la grabadora corriera, sin decir nada. El gringo terminó su sánguche, se limpió la boca con el dorso de la mano, miró su pantalla y sonrió, casi rió. Se levantó y se fue a pedir algo. Por fin iba a consumir el muy fresco. Lo siguió con la mirada mientras el cuento de Carver se le metía entre ceja y ceja, ¿cómo era que salió el niño de la operación al cerebro? Recordaba que el panadero había empezado a ponerse malcriado por teléfono, que los padres del chico fueron hasta la panadería a increparlo por su falta de respeto, pero lo de la operación se le escapaba. Estaba por levantarse, cuando, es eso, por el rabillo del ojo vio al barbudo regresar, serio. Miguel lo observó. El barbudo se sentó en el sitio del gringo. Miguel apretó los dientes, buscó al gringo, estaba en la fila de clientes frente a la caja, rascándose la cabeza el muy estúpido. El barbudo miraba la pantalla de la lap top, leyendo. ¡Qué tal concha! El barbudo se veía tan tranquilo. Una lechuga era el condenado. Miguel lo miró fijamente, los dedos entrecruzados sobre el libro abierto, como si así pudiese llamar su atención. Para su sorpresa, el truco dio resultado: el barbudo lo miró, serio, inmutable. Pareció, nuevamente, mover la cabeza, levantar la barba un poco, muy poco, un milímetro quizás. Miguel estaba seguro que lo había hecho. En sus ojos se leía un ocúpate-de-tus-propiosasuntos o qué-me-miras. La agresividad silenciosa del hombre hizo que Miguel desviara la mirada. Tampoco se trataba de hacer una escena, llamar la atención, eso de ninguna manera. Cogió el libro de Carver y lo ojeó, pero no leyó; de costado, por la esquina de su ojo derecho, se esforzaba para mirar al barbudo, del gringo ni señales. En las otras mesas, la gente conversaba, reía, hablaba por celular o usaba sus lap tops. Nadie se daba por enterado de lo que pasaba bajo sus propias narices. ¡Más cojudos! El bullicio crecía sobreponiéndose a la música ambiental de Adele cantando Rolling in the deep. Buena esa gordita, Miguel


Obituarios del silencio - Narrativa / 32 tarareó el coro en voz baja: We almost had it all!!!! Entonces, el barbudo abrió el maletín del gringo, metió la mano y rebuscó. Se metió algo a un bolsillo de la casaca. Miró a su alrededor. Tecleó en la computadora. ¡Una lechuga! Miguel nunca podría, no era así. El barbudo suspiró. Miró a todos lados otra vez. Se levantó. Miguel volvió la mirada hacia él. El barbudo se la devolvió con un brillo quemante, casi palpable, en las pupilas y una sonrisa socarrona en los labios. Por burlarse de Miguel, en su camino tropezó con el gringo y le hizo derramar un poco de café en el pantalón. Sin disculparse, salió del local, con la mano en el bolsillo de la casaca. El gringo murmuró fuck! Miguel repitió la maldición, amargo. El gringo se secó la mano y el pantalón con la servilleta. Dejó el café en la mesa. Se sentó frente a su computadora. Sonrió y tecleó. Miguel apretó los dientes, negó con la cabeza. Recordó que los padres del niño atropellado terminaron comiendo torta en la pastelería con el panadero, quién les sirvió café, los invitó a sentarse a la mesa. Pero no podía recordar cómo había salido de la operación al cerebro el niño atropellado. Suspiró, cogió el libro. Tendría que leer el cuento otra vez, y esperar mientras tanto a que apareciera otro punto. Paciencia. Al menos, la competencia ya no iba a interferir.


Obituarios del silencio - Narrativa / 33

Mauro Gatica Salamanca. (San Marcos de Arica. 1974). Director de La Liga de la Justicia Ediciones. Forma parte de las siguientes antologías: “Poetas del Norte” (Antofagasta, 2005); “Un poema siempre será nada más que un poema” (España, Groenlandia, 2010); Revista de Poesía en Audio “Voz Efímera” (Perú, 2011); “Tea Party” (Chile/Perù/Bolivia, Cinosargo, 2012). Ha publicado los siguientes libros: “Shhh” (Chile. Poesía visual. Cinosargo Ediciones. 2010); family values (Chile. Poesía. La Liga de la Justicia Ediciones. 2011); “los ingalls” (Argentina. Poesía. Proyecto Itinerante Ediciones, 2012); “la pradera” (Argentina. Poesía. Proyecto Itinerante Ediciones, 2012);“La pequeña casa en la pradera” (Chile. Poesía. Editorial Digital 404, 2012). Secuencias y otras cintas Es enero de mil novecientos ochenta y cuatro y el niño observa a sus padres mientras estos se masturban en la pieza. El niño no golpeó la puerta al entrar. Son las cuatro de la tarde. El niño no dijo que estaba presente en la habitación. El niño vio como sus padres se tocaban y vio también como éstos gritaban cuando terminaron de hacerlo, cuando terminaron de masturbarse, cuando terminaron de hurgar en sus genitales. A ratos se cubría el rostro con las manos. El personaje se cubría entero el rostro. No hacía ningún ruido. El niño se fue de la pieza silenciosamente cuando sus padres comenzaron a chuparse los genitales. El padre chupaba la vagina con desenfreno, la madre saboreaba el pene en su boca. No lo soportó, no pudo soportarlo. Sin embargo, con el tiempo, todo llegará a ser distinto. Años después lo disfrutará. Entonces se fue de ahí tal como llegó, sin avisar, en silencio. Los padres no supieron nada. Era mil novecientos ochenta y cuatro. La historia se repite como historia. En mil novecientos ochenta y cinco lleva bastante tiempo en eso, el niño, en eso del voyerismo, en eso de observar a sus padres en la pieza, tocándose, penetrándose ahora, lamiéndose desesperadamente, lamiendo cada inimaginable rincón del cuerpo, cada insalubre rincón del cuerpo. Inimaginable para el niño, para el protagonista de este cuento. A veces le da asco. A veces le da mucho asco, hace arcadas y deja de mirar por unos instantes. Ahora es él quien se toca cuando los observa en la habitación. El niño. El protagonista de esto. Una cámara fotográfica piensa. Un rollo de fotos sigue pensando. Un dibujo, un papel, un lápiz, piensa también en eso. Con los años desaparecerán las arcadas, desparecerá el vómito y la vergüenza. Mil novecientos ochenta y cinco. El protagonista gana un concurso de poesía en el colegio. Los padres están orgullosos ese mil novecientos ochenta y cinco. Glorioso año para la familia. El mismo año el personaje remueve un trozo pequeño de pizarreño del techo, justo sobre la habitación matrimonial, para observar desde otros ángulos a la pareja. En mil novecientos ochenta y seis lo sorprenden masturbándose en la sala de clases; les enseñaba a mis compañeros como se hacía confiesa desvergonzado a su maestra. Mismo año; toca a sus compañeras en el recreo, les toca el culo y las pequeñas tetitas; entra al camerino de las niñas en gimnasia y les muestra el pene; orina en la sala de clases; dibuja a la profesora en la pizarra con enormes tetas y un pene colgando entre sus piernas


Obituarios del silencio - Narrativa / 34 casi tocando el suelo. Enciende un basurero y las cortinas de la sala de. Cambio pedagógico urgente. Su hijo es un psicópata murmuran en los pasillos del establecimientos los padres y apoderados, murmuran los auxiliares y los alumnos, es un sociópata murmuran los profesores en recreo, la señora del kiosco, los tíos del bus. Su hijo es un maldito psicópata le dice el director mirándola fijamente a los ojos. Su hijo es un hijo de puta. Los padres no están orgullosos ese mil novecientos ochenta y seis. Ese año vuelve a ganar otro concurso, esta vez de cuentos. Vuelven al orgullo. Ahora es el año dos mil siete. Ahora es el año dos mil ocho. Ahora es el año dos mil nueve. Ahora es el año dos mil diez. En mil novecientos ochenta y cuatro llega su prima a la historia. Juegan debajo de la mesa. Lo hacen toda la tarde. Ella lo masturba. Él la masturba. Juegan toda la tarde del veintidós de noviembre del año en curso. Llevan jugando largo rato. No hay penetración. No hay sexo oral. Él le muestra su rojo, delgado y gracioso pene, su infantil apéndice. Ella se abre de par en par su vagina con todos los dedos de sus manos, sin vergüenza. Aún no saben de vergüenza, no se la han enseñado. Ella le regala uno de los pocos bellos púbicos que adornan su vientre. Grita al sacarlo de un tirón. Él hace lo mismo. Él también grita. Improvisan sobres con los restos de una servilleta. Ponen sus nombres en ellos. Ponen sus nombres y la fecha. Ponen sus nombres, la fecha y el nombre de la ciudad. Ponen sus nombres, la fecha, el nombre de la ciudad y dibujan un corazón. Ponen sus nombres, la fecha, el nombre de la ciudad, dibujan un corazón y escriben allí sus iniciales. No te olvidaré nunca creo que se dijeron. Salen desde abajo de la mesa. La madre les sirve jugo y galletas. Era mil novecientos noventa y ahora si hay penetración. Ahora es mil novecientos noventa y uno. El niño y la prima se revuelcan en el baño. Procuran no hacer ruido. Procuran taparse la boca. Procuran no tener memoria. La madre les deja servida sobre la mesa del comedor un par de vasos con jugo de Maracuyá con hielo. Chicos vengan a refrescarse grita. Ahora en el dos mil diez ya ni se hablan. Nadie lo visita. Desde el año noventaidós que no se besan los primitos. Ahora que es mil novecientos ochenta y nueve ingresa a las casas de sus vecinos, mejor dicho a los patios de las casas de sus vecinos y roba la ropa interior que cuelga de los cordeles. No discrimina edad. No discrimina tela. Se lleva todo lo que esté en el cordel. Tiene una buena colección. Los clasifica por talla, modelo y color. Tiene sus favoritos. A veces los usa con discreción. A veces duerme con ellos bajo la almohada. A veces se imagina a sus vecinas usándolos. A sus vecinas gordas, viejas, feas y sudadas. A sus vecinas hediondas a fritanga, a sus vecinas hediondas a culo. A la semana lo atrapan. Meses después vuelve a lo mismo. Esta vez busca en la ropa sucia. Se afana por los aromas corporales, lo prenden. Lo vuelven a atrapar. Y vuelta a lo mismo. Robo y captura. Crimen y castigo. Cambia el modus operandis, cambia la estrategia. Cambia el fetiche. Cambian los gustos. Nuestro hijo está creciendo dicen orgullosos los padres ese año de mil novecientos ochenta y nueve. Ese mismo año ve en el cine La Generación Perdida con la banda sonora a cargo de Jim Morrison y The Doors y con Corey Heim y Coreim Feldman como coprotagonistas. Él quería ser vampiro. El niño también quería ser cazador de vampiros. El niño del relato sintió agrado por la sangre de utilería vertida en el celuloide. También se creía Corey Heim. Te pareces a Corey sin patillas les decían sus compañeras. Su mamá también lo encontraba parecido a la estrella


Obituarios del silencio - Narrativa / 35 hollywoodense. La daban junto a dos películas eróticas de bajo presupuesto, esa era la gracia que tenía el cine Rex decía el protagonista; poder correrse la paja en las butacas del fondo mientras observabas pornografía en la gran pantalla.. Amé el cine desde siempre le dijo al juez la mañana del dos mil once. Mil novecientos setenta y ocho. El pequeño protagonista se levanta de la cama, como de costumbre en silencio, procurando no ser descubierto. Sorprende a los padres viendo Calígula, ve la parte en que se come el feto de un niño. No es la primera vez que los sorprende. La semana pasada observó, escondido detrás de la oscura cortina que separa el living de las piezas, un film, no recuerdo el título, él tampoco lo recuerda, en donde un hombre de color, un negro, le introducía a una mujer pequeña, a una enana que tenía como un metro de altura, su monumental pene, el pene más grande que allá visto jamás, más grande que el de su padre, más grande que el suyo piensa un poco excitado. No ha visto aún otros penes. No sabe que está excitado. Imagina a su madre con el negro por unas cuantas semanas. Continúa viendo cine porno doblado al español junto a sus padres por un par de años más. Sus padres ignoran su presencia. Siempre detrás de la cortina. Más o menos a la misma hora. A él le da risa la traducción. Ellos no lo saben. El protagonista de todo esto se ríe mientras se toca la punta del pene detrás de la cortina. El protagonista se tapa la boca con las manos. Otras veces se mete un calcetín en la boca. Los padres hacen lo suyo en el sofá del living. Ellos si hacen ruido. Entonces el niño de inmediato deja de mirar la pantalla de la tele Boloco en blanco y negro, teles fabricadas en la misma ciudad hace ya unos cuántos años, antes que la Junta Nacional de Gobierno la clausurara, antes de que el mismísimo comandante en Jefe del ejército Augusto José Ramón Pinochet Ugarte las clausurara casi todas y dejara a la abuela del protagonista sin empleo. Antes que la Junta Nacional Militar de Gobierno la empujaran a las calles por pan. No por joyas, no por autos, no por lujos. Pan. Sexo por pan. Sexo. Pan. Pan. Sexo. No hay sexo. No hay pan. Desde ese tiempo que esta ciudad duerme. Parece una ciudad muerta. Es mil novecientos setenta y algo y la abuela duerme. Está muerta. En el dos mil once él también parece muerto. Pero en mil novecientos setentaiocho está vivo y prefiere los film en colores. En mil novecientos setenta y ocho le gustaba disfrutar la diversidad de pigmentos; tetas blancas, tetas negras, tetas amarillas, tetas color canela, tetas pálidas, tetas rojizas, tetas casi transparentes, tetas llenas de venas azules, tetas verdes. Ya no soporta el blanco y negro. Prefiere el tecnicolor, prefiere las tetas de su madre. Piensa en ellas todo el tiempo. Sueña con chuparle las tetas blancas a su querida madre. Piensa en su padre muerto como lo hiciera Jim Morrison años atrás, no como Edipo sino como Morrison; quisiera que mi padre muriera para dormir con mi madre creo que dijo. En mil novecientos ochenta y uno el padre compra un televisor a color. Le regala una licuadora a su esposa. La madre del protagonista. Su musa. Su actriz favorita. Mi estrella porno favorita piensa, mi putita ideal.


Obituarios del silencio - Narrativa / 36

Cristian Cano. Escribo en mis ratos libres. De a poco pasó de ser un hobby a convertirse en una parte esencial de mi vida. Participo como miembro del Grupo Heliconia desde 9 de noviembre de 2012 a la actualidad. Publico algunas de mis cosas en los blogs Químicamente impuro, Breves no tan Breves, Poemia, Ráfagas y parpadeos y en la revista Axxón ciencia ficción. Artefacto Después de que todo el mundo se retiró, Francisco Duena caminó hacia la cocina con afán de incógnito. Su esposa, Ramcia Duena, sostuvo una última conversación con los vecinos mientras su marido escondía la cartera de Rocío dentro de la alacena. Quedó estanco frente al diminuto Louis Vuitton, con las manos en la cintura y ganas de abrirla y vaciar su contenido sobre la mesada de mármol, sin importar lo que fuese a suceder. Miró el suelo y escuchó. —Bueno, mañana te paso a buscar a eso de las siete de la mañana. Media hora antes de lo habitual, para no andar a las apuradas. —Dale, entonces te espero —dijo Rocío bajando los escalones hasta la vereda—. ¡No vas a hacer como el otro día, que te esperé hasta que me cansé! —No —se rió—, despreocupate que vamos juntas. Cerró la puerta y cambió la cara. La sonrisa desapareció cuando los músculos de su rostro dejaron de importarle. Su marido tenía la cartera. Era la oportunidad que venían buscando desde años atrás, cuando las primeras sospechas echaron sus incipientes raíces. Corrió hasta la cocina olvidándose los patines de lana con los que acostumbraba a mantener su piso y frenó con un corto chirrido de sus zapatillas. Francisco la miró y sonrió — Pareces una piba de quince—. Le dijo, sin dejar de lado su ansiosa mueca de oportunismo desbocado. —¿La abrimos ahora? ¿Antes que regrese? —dijo ella. —¿Y si es verdad? Se va a dar cuenta que la descubrimos. Nos va a matar —ella pensó. —No. Abríla. No va a volver. Está cansada. Mañana se tiene que subir al tren. Tenemos tiempo —observó a Francisco abrir lentamente la puerta de la lacena. Vamos, demasiado lento. Sacó la diminuta cartera y la presionó con ambas manos. —Me parece que hay algo —le dijo. Ella abrió los ojos como si le terminasen de develar el secreto de la eternidad. —Vamos arriba, Francisco, por la dudas —corrieron hasta el piso superior, se sentaron en la cama matrimonial y dejaron la cartera sobre la cama matrimonial. Mirándose los dos, él estiró los brazos y abrió el cierre en silencio ¡qué hacés, demasiado rápido! Metió la mano y tocó. —¡Nooo! —susurró. Ramcia reparó en la colgante mandíbula inferior de su marido—. Tenías razón. La mujer le tironeó de la mano y esta surgió desde dentro del cuero negro. Un extraño artefacto resplandecía aclarando su el tono de su piel. Los opacos metaloides se entrelazaban con partes biológicas que parecían latir. Francisco lo depositó sobre la fresca sábana y se puso de pie.


Obituarios del silencio - Narrativa / 37 —No pesa nada. ¿Qué será? —en el fondo quería romper en llanto. —¿Cómo qué será? ¿No te das cuenta? —las miradas se encontraron—. Es un arma. —¿Cómo que es un arma. No puede ser. Repentinamente comenzaron a golpear la puerta de la entrada principal con una insistencia anormal. A Francisco le chasquearon los dientes y terminó en una vacía mueca de falso placer. Se agarró la cabeza con las dos manos, imitando a su mujer. Metieron el extraño artefacto en el bolso y Ramcia decidió ubicarlo debajo de la cama, entre viejos zapatos que ya no usaba. Después de intuir algo extraño le dio un abrazo y bajaron las escaleras disimulando, cuestionándose otras tantas ideas y premisas que comenzaron a mutar con violencia para definitivamente dominar la nueva superficie de la realidad. Justo en frente de la puerta y aún sintiendo los golpes de puño en la madera y en el estómago, Ramcia sostuvo a su marido y lo apartó: —¿Sí? ¿Quién es? —dijo. Los golpes parecían no tener relación alguna con la palabra, simplemente continuaban —Francisco gritó, envalentonándose, pero el llamado a la puerta era lineal y desconocido. —Es ella. Viene a buscar la cartera. Mejor se la damos —dijo Ramcia—. Vamos arriba, por favor —Subió tres escalones caminando de espalda, uno a uno y confiando en sus talones. Su esposo la miró desde el rellano con ojos vidriosos. La conexión delataba el eminente desenlace que ellos mismos fueron construyendo a medida que pasaban los meses. Sospechas convirtiéndose en absolutas realidades. Ramcia terminó por sujetarle el brazo y lo obligó a que se encerrasen de nuevo en la habitación, en donde el arma de Rocío brillaba cegadora. El extra-dimensional con aspecto de buena vecina, ingresó a la casa atravesando la puerta. Comenzó a volar por sobre el piso y las escaleras hasta llegar a la habitación matrimonial. Los chillidos resecos de Ramcia Duena delataron un nuevo miedo animal que no había experimentado con anterioridad. Su esposo, corrector literario en una pequeña editora del centro de la ciudad, empujó la cama con el artefacto para atascar la puerta, después la abrazó. "Un extraño evento y un aparente principio de incendio son las únicas dos líneas investigativas que hasta el momento tienen las autoridades locales, nuestra cronista en el cordillerano pueblo de Las Lomas reportó esta mañana la improvisada conferencia de prensa que se llevó a cabo cerca de las 10:00 hs... Se acercó al televisor No tenemos rastros ni un posible paradero de esta gente, cabe decir que estamos siguiendo los pasos adecuados para no confundir esta clase de eventos con los que tuvieron lugar el mes pasado... —¿Comisario, encuentra alguna relación con los cuerpos que fueron hallados en el pinar oeste? ¿Y qué me puede decir sobre las luces verdosas que se han reportado por toda la cordillera?—dijo la periodista. El comisario se levantó y restregó la barba, agarró un atado de cigarrillos, las llaves de su patrulla y se retiró". Caminó hasta la mesa y dejó sus cosas junto a su vaso de agua azucarada, chequeó los boletos del próximo tren a buenos aires, no estaba dispuesta a dejar que nada detuviese su partida.


Obituarios del silencio - Narrativa / 38

Carlos Enrique Saldivar. (Lima, 1982). Estudió Literatura en la Universidad Nacional Federico Villareal. Ha sido finalista de los Premios Andrómeda de Ficción Especulativa 2011 en la categoría: relato. Ha publicado los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008), Horizontes de fantasía (2010) y el relato El otro engendro (2012). Compiló la selección Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011). Ser monstruoso Aquello lo perseguía. Él no sabía desde cuándo. Quizá lo hizo siempre. El hombre había dejado su país natal pues esa cosa había surgido allí. Nunca había visto a dicho ser, pero se lo imaginaba con detalle, sus pesadillas solían dibujarlo con precisión. Había partido de su continente, había cruzado el océano; había sido acosado todo el trayecto: el monstruo había dejado un reguero de sangre en cada lugar donde el muchacho se hubo resguardado. Muchos inocentes habían pagado por la maldición que le atormentaba, era injusto, él debía haber muerto hacía tiempo, no entendía por qué insistía en mantenerse vivo, era infeliz, la locura le bailaba, riendo, frente al rostro, le torturaba con una sonrisa diabólica de dientes filosos e intentaba apoderarse de sus emociones. Por eso ha tomado una importante decisión: ha hecho un apoteósico viaje, el definitivo, hacia el sur del mundo. Ha llegado a una tierra alejada y exótica, donde la piel cetrina y los oscuros cabellos de los lugareños contrastan totalmente con sus rasgos pálidos y refulgentes. No le han recibido bien, algunos lo han ignorado, otros lo han observado con desprecio. Una anciana ha sido la única que, mediante señas, le ha ofrecido un lugar donde cobijarse. Solamente estará ahí un día, tendrá que partir a la mañana siguiente. No quiere que ninguna de esas gentes sea atacada por la criatura. Duerme toda la tarde y durante una parte del crepúsculo, despierta de modo súbito a medianoche y percibe lo abominable: la bestia está cerca, le ha seguido el rastro, ha hecho su aparición de forma repentina, intenta destruir las puertas y ventanas de la casa donde él se halla hospedado. Aturdido, escapa por el techo y cae en la calle, y corre, corre, despavorido. Llega al centro de una plaza y gime por ayuda, sin embargo todas las personas se han recluido en sus viviendas. Vuelve a correr, alcanza una ruta desolada, cubierta con la delgada luz de un farol, pide socorro con todas sus fuerzas. Los habitantes del pueblo desoyen sus lamentos, esconden a sus mujeres e hijos, apagan sus luces y permanecen a la expectativa; ya han visto tal escena antes, saben qué hacer: cargan sus fusiles con las balas apropiadas. Cuando el hombre intenta forzar la entrada de una casa, con el fin de ponerse a salvo, eso lo encuentra, se avienta hacia él y lo envuelve. Es un dolor intolerable, un fuego que lo destruye desde dentro, un aterrador aullido que nace de su propia garganta. Muy pronto su desdichada existencia será acallada por un sinfín de proyectiles de plata, los cuales serán disparados desde varias direcciones. Aquello lo sabe, y emite un último bramido, el de la resignación, el del ansiado sosiego. Lima, abril de 2008


Obituarios del silencio - Narrativa / 39

Miguel Ángel Hernández Sandoval.

(Piura, 1976). Es egresado de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Piura. Es poeta, narrador y periodista cultural. Ha publicado poemas y cuentos en el boletín literario Magenta (versión impresa y digital) y artículos literarios en el blog estirpepurpura.blogspot.com. En el 2006 con su cuento “Cambio de formato” quedó finalista en la Primera Selección Regional de Cuentos – Piura, libro que fue publicado por la editorial Pluma Libre. En el 2011, con su poemario Fe ciega obtuvo el primer premio en la III Bienal de poesía, organizado por la Revista de Poesía Peruana Estación Com-partida.

Vecinos

Enterado, por el suplemento cultural del periódico, de que no había obtenido el primer premio nacional de pintura, Erasmo hizo una bola con las 16 páginas, la arrojó al tacho y comenzó a renegar y a despotricar contra el jurado calificador que había elegido como ganador a Harry, su condiscípulo y vecino del segundo piso. “Quiénes se han creído esos del jurado. Yo que he vivido 24 años en Nueva York y era parte de mi vida ver arte. Yo que soy un pintor abierto al cambio… ¡Bah! Ese jurado, de pintura, no sabe nada”. Y en un arranque de ira y frustración mezcló pinturas en un bote, luego cogió unos gruesos pinceles y comenzó a pintarse el rostro, los brazos, las manos y hasta el overol que tenía puesto. Se detuvo y se miró en un espejo riéndose como con malicia, pero notó que le faltaba pintarse el largo y desordenado cabello, entonces mezcló más pinturas y procedió a su pintado. Se volvió a mirar al espejo, su imagen era espantosa y como imitando “El grito”, el famoso cuadro de Munch, se llevó las manos a las orejas y abrió la boca pero no emitió sonido alguno solo dejó ver unos hilos de baba. De pronto, desde el tercer piso que ocupaba del edificio ubicado frente al Poder Judicial, escuchó una estruendosa explosión que lo sacudió y lo dejó con las córneas cortadas y los oídos dañados, y así con el instinto de supervivencia aún funcionando, buscó una salida, una luz que lo condujera hacia un lugar donde ponerse a salvo. Olía a quemado y sentía que estaba mitad vivo y mitad muerto. Quería regresar a sí mismo y no podía. Solo pisaba trizas de vidrios. Los cuadros y dibujos de pintores amigos ya no dormían en las paredes. Los dos caballetes y su mesa de trabajo estaban destrozados. Sus lienzos, pinceles, espátulas, paletas y tubos de pintura regados por el suelo, al igual que sus libros y revistas de arte. Todo era un amasijo de cosas inservibles. Entre dudas y miedos se acercó a la ventana que daba a la avenida Abancay y vio un camión partido en dos con las puertas abiertas que las consumía el fuego, partes de cuerpos humanos y mucho humo. Y vio también que de los edificios contiguos solo quedaba muñones de


Obituarios del silencio - Narrativa / 40 fierro y escombros por doquier. ¡Terrucos de mierda! –expresó. Fue cuando oyó las sirenas de las ambulancias y griteríos por todos lados entre los que distinguió la voz de Consuelito, la anciana madre de Harry, pero como en otro plano, como en otra dimensión. Como que venía por detrás persiguiéndolo. ¡Auxilio! ¡Socorro! ¡Ayúdenme por favor! -gritaba ella. Decidió que mejor era subir hacia la azotea que bajar a rescatarla, porque el incendio amenazaba con propagarse y porque quizá desde un punto alto sería más visible y así los bomberos lo rescatarían más rápido. Pero no, en un arrebato de lucidez y solidaridad bajó a auxiliarla. Hacía frío, pues el edificio entero de ocho pisos había quedado reducido a columnas peladas. Descendió a tientas por las escaleras. No había puerta y entró en lo que quedaba del departamento de la anciana. Vio que la refrigeradora abollada había volado hasta la sala, una bicicleta de ruedas retorcidas y uno de los sofás en posición vertical. Él intentó acercarse para librarla de las lenguas de fuego que seguro la dejarían carbonizada y con destruir todo a su paso, pero no alcanzó a hacerlo porque la vieja tarambana prefirió lanzarse por la ventana al ver que se le aproximaba un maniático salvador con aspecto horripilante.


Obituarios del silencio - Narrativa / 41

Walter Ramos Rodríguez.

Nació en Trujillo, vive dedicado al comercio. Se considera un escritor aficionado y nunca ha publicado un libro. EL PERRO

Aparte de ser enorme, el capataz de la mina era un abusivo. Siempre que el dueño no estaba, acostumbraba a hacer gala de su enorme fuerza golpeándonos sin motivo. Siendo yo una de sus víctimas preferidas. Su maligna y repugnante presencia infundía tanto temor, que nadie se atrevía a denunciarlo. El único que una vez lo hizo, desapareció misteriosamente. En ciertas ocasiones llegaba por las noches a nuestro campamento, acompañado de” Goliat”, un enorme mastín de aspecto tan feroz como su dueño. Venía especialmente a la hora de la cena. Momento que aprovechaba para arrebatarnos la comida, especialmente la mía. Harto de sus atropellos, una noche decidí acabar con él envenenando mi comida. Cuando él llegó y vio mi plato intacto me preguntó: -¿Por qué no comes? -Sabiendo que vendrás a quitármelo no veo razón para hacerlo. Mi respuesta no pareció convencerlo. Desconfiaba, estaba seguro. Lo que dijo a continuación pareció confirmar mi sospecha. -Hoy no tengo apetito, así que puedes comer tranquilo. Sus palabras me dejaron helado; sin embargo, intenté conservar la calma. Silenciosos y sumisos mis compañeros miraban de reojo la escena. -Yo tampoco tengo hambre-dije con falso aplomo. Pensé que se retiraría, pero, me equivoqué. -Ya que no comerás creo que “Goliat” lo hará por ti – y diciendo esto, dio un fuerte tirón a la cadena, abalanzándose el perro sobre mi plato. No pasó mucho tiempo para que el animal empezara a sentir los estragos del veneno. Al rato “Goliat”, agonizaba a los pies de su amo. Yo estaba aterrado imaginando su terrible venganza. Quise huir, pero, a una orden suya fui inmovilizado por mis propios compañeros. Resignado, aguardé lo peor. Durante un largo rato, el capataz observo imperturbable el cuerpo exánime de su perro. No quería ni imaginarme los terribles pensamientos que en esos instantes cruzaban por su mente. Después y sin pronunciar palabra se inclinó hacia él, y con una delicadeza que rayaba en lo ritual, retiró su hermoso collar de puntas aceradas; para seguidamente colocármelo en mi cuello. Desde aquella noche voy con mi amo a todas partes. Ladro cada vez que me lo ordena, lo protejo de cualquier peligro, hago obedecer sus órdenes con sólo gruñir y mostrar mis dientes, y sólo por divertirnos vamos algunas noches a fomentar el terror en el campamento de mis antiguos compañeros.


Obituarios del silencio - Narrativa / 42

Efer Soto. Autor del libro de relatos y crónicas RETORNO A LA SEMILLA, CasaTomada 2010, y el libro de cuentos LA MALDICIÓN DE ODÓN, Apogeo 2012. Periodista de profesión. Nació en Huancavelica (1989). Parte de su obra puede leerse en efersoto.blogspot.com

UN PUESTO PARA LU

Quería dejar la escuela y la casa, tener mucho dinero, así que busqué en el periódico a ver qué había para un chico de trece años. Toda mi experiencia era de vendedor de juguetes durante una semana, pero recordé que no había vendido nada en todo ese tiempo, pero al fin y al cabo ya era una experiencia. Resalté las solicitudes de vendedor, cogí mi alcancía y la reventé contra el suelo, conté mis céntimos y tenía seis soles treinta, sólo para seis llamadas. Fui a la bodega y cambié esos céntimos en monedas de un sol. Salí hacía el teléfono público que estaba en la puerta de la bodega y empecé a llamar. Tres de los que me contestaron, me hablaron como por treinta segundos, hasta que al notar seguramente mi voz, me preguntaron: ¿Qué edad tienes? Al decirle que tenía trece me cortaron en seguida. Uno de ellos me preguntó inmediatamente por mi edad, y al escucharme decirlo, lanzó una risotada y cortó; mientras que otra, la quinta, me trató con amabilidad. ―Niño ¿estudias? ―Sí, estoy en tercero de media. ―Aprovéchalo, y cuando tengas dieciocho vuelve a llamar, si esta empresa todavía no ha quebrado, te contrataremos. Tenía dinero para una llamada más, así que marqué, sonó y sonó pero nadie me contestó al otro lado. Colgué y mi moneda salió volando y yo corrí tras ella. Mi futuro laboral dependía de esa moneda. Tenía muchos números más por marcar. Como era mi última oportunidad leí cada uno de los anuncios nuevamente, en eso me llamó la atención uno que en mi primera revisión había pasado desapercibida; algo curioso porque para esos temas tenía un buen ojo. El asunto decía lo siguiente. “NECESITAMOS JOVENES PARA PARTICIPAR EN VIDEOS PARA ADULTOS, PÚBLICO EUROPEO” No me quedaba claro, si necesitaban europeos o solo jóvenes, el caso es que me persigné, besé mi moneda y la empujé adentro. Marqué y al otro lado me habló un hombre, con voz gruesa y aparentemente en estado etílico. ―Aló ―dijo, me quedé en silencio― ¡aló! ―gritó el tipo.


Obituarios del silencio - Narrativa / 43 ―Hola ―dije por fin― llamo por el anuncio. ―Qué vocecita tienes hermano, estás bien, qué edad tienes, no eres la policía ¿no? ―No, llamo por el anuncio, estoy interesado en el trabajo. ―Ok, no importa tu voz, total, no quiero que hables. El caso es que si tienes lo que hace falta para este trabajo, has visto mucho porno imagino, así que te siente preparado, por eso llamaste. ―Claro, me siento perfectamente en condiciones. ―¿Cuántos años tienes? ―insistió. ―Dieciocho, acabo de cumplir —mentí, sólo tenía trece. ―En serio, en buena hora llamaste, anota mi dirección y ven cuanto antes. Estoy aquí de diez a diez. Trabajando ardua y honestamente. Anoté la dirección, parecía verdaderamente interesado, hablaba como si hubiera encontrado el Dorado. Finalmente, me despedí. ―Bien, Chau, hasta entonces. ―Nos vemos ―cortó. Ahí aprendí la primera lección de un postulante a algún trabajo: Miente en lo posible, lo resto lo aprenderás en el camino. Con los treinta céntimos que me quedaron de tres largos meses de ahorro, me compré tres chicles. El tres será mi número de la suerte desde hoy, pensé. Me fui por la calle, caminando con estilo, sintiéndome ya contratado, haciendo globos con el chicle. Llegué a casa y me tumbé en la cama. Hice un globo tan grande que al reventar me cubrió toda la cara, hasta parte de la cabeza. Fue un lio quitármelo de la cara y los cabellos. Al salir vi que la cancha de futbol empezaba a llenarse de chicos, salí y jugamos dos partidos, gané veinte céntimos. Por la noche el mismo rollo de todos los días, Melisa se molestó conmigo porque mis tareas del hogar las hice mal, y mis tareas del colegio no las hice. Al día siguiente metí ropa de calle en mi mochila. Paloma al verme me preguntó: ―¿Piensas irte de la casa? ―No, solo iré a ver a una chica que me gusta. ―Oh, no llegues tarde. ―No. Me voy a cuidar, chau. Me fui al colegio. Todo el día estuve con crujidos en la barriga, nervioso por mi entrevista de trabajo. Al sonar el timbre de la salida me fui al baño, me puse la ropa de calle y salí. Mis amigos me vieron raro, pero traté de evitarles. Tomé una custer hacia la avenida Javier Prado, una de las principales avenidas de Lima, donde quedaba la oficina de mi futuro jefe. Cuando llegué al edificio marqué el 303. La voz del día anterior me habló por el intercomunicador. ―Soy yo, el que te llamó ayer por el trabajo. ―Ah, tú el de la voz sensual. ―Eh. ―Sube, empuja la puerta. Lo hice, subí por las escaleras y toqué su puerta que tenía a cierta altura la pintura gastada, al parecer esa puerta la tocaban bastante. El sujeto salió, no se


Obituarios del silencio - Narrativa / 44 había afeitado en semanas, estaba con un polo blanco percudido, un pantalón dril azul y unos zapatos negros muy gastados. Me dio la mano y me invitó a pasar. Adentro tenía un escritorio solitario, con unos papeles dispersos encima. No se anduvo con rodeos y me dijo. ―Muéstrame tu herramienta de trabajo. Me bajé los pantalones y el tipo empezó a reírse. ―Tú tienes doce años, o eres un fenómeno que vivirá hasta los doscientos años. Por favor, vuelve cuando te hayan crecido los pendejos. Me subí los pantalones y estaba por irme cuando el tipo gritó: Oye, qué llevas en esa mochila, eres de la policía ¿no? Corrió hacia mí, me quitó la mochila y sacó mis cuadernos y mi uniforme escolar. Lo tiró todo al suelo. Al no encontrar nada, regresó a su escritorio. Recogí mis cosas y me marché. Tome una custer y me fui. Al día siguiente, no sabía si sentirme mejor o peor. Desayuné en silencio y luego me fui al baño. Por entonces me acostumbre a mirarme mucho al espejo, practicándome peinados y miradas conquistadoras; de pasito mirarme la parte púbica a ver si ya me habían crecido bellos para intentar nuevamente postular al trabajo de actor. Pero nada, ni siquiera se me estaba oscureciendo la piel. —Tal vez nunca me salga, quizás sea lampiño —pensé. Me levanté el buzo y me quité el polo a ver mi delgado torso. Me froté el pecho y no había rastros ni de bellos. Elevé mis brazos y nada por las axilas. Me sentía verdaderamente desamparado por Dios. Estaba en esa búsqueda cuando de pronto entró Melisa y me encontró frotándome el sobaco. —Qué te pasa —me preguntó. Me avergoncé y no dije nada, pero ella intuyó lo que sucedía. —Ya quieres que te salga bellos en la axila —me dijo— Veras que cuando te salga no vas a querer tener. Mira. Se remandó el polo y me mostró su sobaco, se veía una mata abundante, quizás estaba habitado por pulgas o hasta arañas. Aun así yo tenía ganas de tener mis propios bellos, abundantes, apestosos de sudor. —Hoy pienso sacármelos todos, si quieres te los regalo y te los pegas con cinta adhesiva —bromeó Melisa. Salí del baño y me senté en el patio. Pronto llegaron mis hermanas. Melisa les había contado lo del baño y ahora bromeaban todas conmigo. —También te podemos regalar nuestro bello axilar. Para mis adentros pensé que quizás con bellos falsos podría engañar al loco de la productora de pelis porno, pero pronto caí en la conclusión que tarde o temprano terminaría siendo descubierto. Mala idea, porque al tipo se le veía bastante profesional. Pasaron dos largos años para que me sintiera por fin un hombre, lleno de pelos en las axilas y en la zona genital. Lo intenté nuevamente, marqué el número y escuché la voz de lata del viejo, que parecía más ebrio y loco que la última vez. Me dieron ganas de decirle: —Te acuerdas de mí, soy el joven al que una vez echaste de tu oficina —pero no lo dije, hubiera sido una mala segunda primera impresión. O no se hubiera


Obituarios del silencio - Narrativa / 45 acordado de mí. —¡Hola! —gritó. —Si, llamo por el anuncio, soy un joven que quiere trabajar haciendo videos. —¿Eres un camarógrafo? —No, soy actor. —Oh. Anota mi dirección y ven cuanto antes, estoy hasta las diez de la noche. Como todo empleado, obedecí y fue a su oficina. El sitio estaba más tétrico que hace dos años, la misma pintura solo más gastada. Toqué el timbre y salió el tipo, la sonrisa se le quitó cuando me miró. En ese momento pensé que se había acordado de mí y me echaría nuevamente. —Pareces muy joven —me dijo. Respiré aliviado. —No, tengo dieciocho. —Bien, pasa —dijo. Al entrar noté que el tipo no dejaba de sostener su pantalón. No llevaba una correa. Escuché unos murmullos femeninos en un ambiente cercano. Parecían estar grabando una película. —Bien, muéstrame tu herramienta de trabajo —me dijo, y al notar la duda en mis ojos, reclamó —rápido por favor. Me bajé el pantalón y el tipo empezó a reírse de mí. Yo no lo comprendía muy bien. —Mocoso, cuando te crezca el pene regresas. En eso se abrió la puerta que estaba detrás de él y de ahí salió una mujer cercana a los cuarenta años, llevaba puesta una lencería. Se le veía bastante mal, gorda, mal maquillada. —Retírate por favor. Vete, vete ya —me dijo el viejo. Me marché nuevamente de aquel lugar, era la segunda vez. Pero me prometí que la tercera sería la vencida. Que me crezca más el pene era cuestión solo de tiempo y mi sueño estaría logrado, más que un sueño un escape. Pasaron unos años y volví a intentarlo y cuando me encontraba nuevamente en la puerta del anciano, ya estaba lleno de confianza. Me abrió una mujer, bastante joven. Me sentí ya detrás de ella, calato, haciendo mío ese pequeño cuerpo que parecía flotar en el aire. El tipo se me quedó mirando, luego cogió un bastón que estaba recostado a su sillón. Se paró pesadamente y me dijo: —Bien, veamos si tienes lo que hace falta. Entendí perfectamente lo que quería y me bajé el pantalón. No pude evitar reírme al verle la cara de sorpresa del viejo. Luego miré a la mujer pero ella estaba de espaldas, revisando unos papeles. —Ya guarda eso, antes que asustes a alguien —me dijo el viejo. Ahí fue que la mujer volteó y se le abrieron los ojos de sorpresa. Estaban ante algo verdaderamente grande. Pero el viejo me dijo: —Tenga la amabilidad de marcharse— La enfermedad le había dado el don de la amabilidad, porque al notar que no quería marcharme insistió en que me


Obituarios del silencio - Narrativa / 46 largara —por favor, tenga ese bonito gesto conmigo, de no hacerme perder más el tiempo. La muchacha se acercó a mí y me acompañó a la puerta. —Pero cuál es el problema ahora —le pregunté. —Efectivamente es muy grande, pero los pendejos —dijo el viejo. Fue cuando las puertas se me cerraron para siempre.


Obituarios del silencio - Narrativa / 47

Juan Ignacio Sansinena.

Nació hace 27 años en la ciudad de Mar del Plata, Argentina. Su interés por las letras vino de la mano de la música, comenzando a escribir poesía a los 15 años. Desde octubre de 2011 publica mensualmente cuentos cortos e historias personales en su página “Memorias para el viento”. En enero de 2013 presentó su primer libro, “Solemnio Platz”.

Instrucciones para sonreír

¡Enhorabuena! ¡Usted es el acreedor/ra de un producto avalado por los grandes expertos mundiales en la materia, científicamente testeado en los laboratorios técnicos cosmopolitas más prestigiosos y que está causando una revolución en la vida de quienes lo utilizan!. Antes de empezar, pregúntese a sí mismo, ¿Soy feliz? Si piensa que no lo es, podremos proceder, de lo contrario puede cerrar esta carta de presentación y disfrutar apaciblemente de su vida; nos anticipamos a que pudiese elegir esta opción y le preparamos un sobre rojo que se encuentra en el costado derecho de su caja de iniciación, donde encontrará el dinero que invirtió en esta compra, sugerencias de licores extravagantes, platos de autor y cómo combinarlos con música de fondo para seguir en su estado zen de constante desidia y bienestar. ¿Es usted infeliz? ¡Pues maravilloso! Continuemos entonces. Es importante saber que cuando termine este procedimiento, tendrá las herramientas necesarias para poder estar bien consigo mismo, para hacer de su infortunio una satisfacción y de sus penurias un regocijo. Por favor, abra el sobre gris que se adjunta en el costado izquierdo de su caja de iniciación. Por favor, rompa el sobre en la parte señalizada. Por favor, no vacíe aun su contenido. Antes debe saber que allí dentro se encuentra el porqué de su adquisición y nuestro objetivo principal como empresa, que más allá de que poseemos fortunas incalculables, vivimos una vida de ensueños y tenemos todo lo que necesitamos, no olvidamos que nuestra meta es hacerlo conocer esa bella dentadura que, en teoría, usted debe tener. Por favor, vacíe el contenido del sobre gris. Si se encuentra con un cuadrado negro, de dimensiones medianas y ligeramente pesado, delo vuelta, lo está sosteniendo por el lado opuesto. ¡Ahora sí! Mírelo detenidamente, tómese el tiempo necesario, de ser unos meros minutos hasta su vida entera. No olvide de verlo e inspeccionarlo de vez en cuando; no necesariamente debe ser todos los días, pero su respuesta está ahí y


Obituarios del silencio - Narrativa / 48 en ningún otro lugar. Recuérdelo, es todo lo que necesita para sonreír. (Nota: en el caso de que al vaciar el sobre gris usted encuentre que el espejo se encuentra roto, por favor háganoslo saber comunicándose a nuestro centro de atención al cliente en los horarios indicados en el dorso de la caja).


Oráculos de arena (Ensayos y artículos)


Oráculos de arena - Ensayos y artículos / 50

Lo siniestro en la poesía de José María Eguren Dr. Ainhoa Segura. Universidad Autónoma de Madrid

J

osé María Eguren es uno de los mayores exponentes de la poesía postmodernista latinoamericana. Este poeta limeño nacido en 1873 comenzó siendo un poeta simbolista; devoró la literatura decadente proveniente de Europa de la mano de Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud, y tantos otros. Le atrajo también la literatura nórdica de los hermanos Grimm y los poetas prerrafaelistas. Pero, lo que hace tan especial a este autor no fue la genial absorción de esas corrientes; la maravillosa poesía de Eguren proviene de su mundo interior. La capacidad de expresar un universo tan sugerente y de profundo lenguaje onírico y musical, pertenece tan solo al gran genio egureniano. En sus versos, plagados de rumores, risas y llantos infantiles se perciben lugares indómitos alucinados por el dolor. Grandes maestros peruanos han analizado la obra de Eguren: Estuardo Núñez, Xabier Abril o Renato Sandoval. En esta ocasión, humildemente, se quiere observar el genio de Eguren desde la perspectiva de la literatura comparada. Por ello se va analizar un poema que se encuentra en su obra


Oráculos de arena - Ensayos y artículos / 51 Simbólicas titulado “El pelele” tomando como tema comparativo “lo siniestro”, un concepto identificado por Freud. Este poema relata el asesinato de un muñeco perpetrado por unas princesas. Con este trabajo se desea mostrar la importancia de lo siniestro en la poesía de este gran autor. De hecho, esa forma sublime de pintar los personajes y las situaciones se engrandece todavía más, si cabe, gracias al agudo manejo de lo siniestro. Como base teórica es necesario tomar el gran ensayo sobre lo siniestro que escribió Sigmund Freud. En primer lugar nos ofrece una definición de lo ominoso, es decir, lo siniestro: “Lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo” (1). Pero ¿cómo es posible que algo familiar y cálido se trasforme en lo siniestro o en lo frío? Freud hace una búsqueda de los diversos significados de la palabra en distintos idiomas y obras, percatándose de que el término contiene cierta ambivalencia entre lo familiar y lo no familiar: “Entonces, heimlich es una palabra que ha desarrollado su significado siguiendo una ambivalencia hasta coincidir al fin con su opuesto, unheimlich” (1). El autor da una explicación psicoanalítica de este proceso. Lo basa principalmente en el retorno de viejos aspectos reprimidos por nosotros mismos en la infancia. Eguren, consciente o inconscientemente, pone en juego todos los elementos conducentes a hacer surgir en nosotros lo siniestro. Este trabajo tratará de demostrar qué papel desempeña en la poesía de Eguren lo siniestro, que no es otro sino el traslado del lector a un nuevo mundo, a un lugar desconocido para él, que es extraño, pero a la vez, atrayente. La poesía de Eguren con estos rasgos distintivos deja de estar enclavada en el modernismo para pasar al posmodernismo. El propósito de Eguren es dar mayor profundidad a su poesía y hacernos reflexionar sobre los miedos humanos existentes en todas las personas por igual. Por eso apela a nuestros más profundos y enigmáticos recuerdos infantiles que Freud analiza en su ensayo. Eguren utiliza técnicas para llevarnos de la mano a ese mundo insólito ya señaladas por Freud de lo ominoso. Existen muchos elementos con capacidad para convertirse en siniestro: la muerte, los cadáveres, la locura, los miembros seccionados, el deslindamiento entre la fantasía y la realidad y la oscuridad. Pero no siempre aparecen como siniestros en los textos. En el caso de Eguren sí ocurre. La explicación que da Freud apoya la tesis de la ominosidad egureniana. Dice que cuando nos encontramos ante lo ominoso en la creación literaria “el autor se sitúa en apariencia en el terreno de la realidad cotidiana” lo que hace que se abra la puerta hacia lo siniestro vivencial que no es tan reticente a la aparición (12). Los poemas de Eguren están creados para dar esta impresión. Aun cuando nos hablan de muñecos como el pelele, o de princesas de cuento, el poeta impregna de realidad su obra a través del dramatismo de la escena ante el cual nuestra única reacción es la identificación con el personaje maltratado. Eguren coloca un “anzuelo” que apela a los sentimientos para encaminarnos a lo siniestro, como se ve en los primeros versos del poema “El pelele”: Las princesas rubias al triste pelele


Oráculos de arena - Ensayos y artículos / 52 festivas marean en cálida ronda; y loco se duele.(1-3) En la situación se encuentra un pobre muñeco mareado y atormentado por unas hermosas pero crueles niñas. Como observadores de esta situación nos encontramos más cercanos al pobre pelele. Nos afecta el hecho de que este ser esté siendo torturado por las princesas rubias hasta el punto de volverse loco de dolor. Al entrar en este juego de emociones, el lector “acepta todas las condiciones para la génesis del sentimiento ominoso válidas en el vivenciar, todo cuanto en la vida provoca ese efecto lo produce asimismo en la creación literaria” (Freud 12). Por lo tanto, ya está listo el terreno y sólo falta la adición de elementos siniestros. Otra estrategia que Eguren utiliza para llevarnos a ese nuevo universo inquietante es mostrarnos el paso de lo familiar a lo no familiar señalado por Freud como la base del surgimiento de lo siniestro. Heimlich y unheimlich son dos caras de la misma moneda. En el caso del poema “El pelele”, vemos claramente esta transformación, casi podría llamarse metamorfosis, en los personajes de las princesas. Por antonomasia, las princesas son buenas, dulces, cariñosas, modosas, pero aquí se han transformado en seres maléficos que hacen sufrir a un pobre e indefenso muñeco. La imagen que visualizamos es dantesca. El pobre pelele se halla enamorado de las niñas y éstas le han engañado haciéndole creer que les interesa estar con él. Pero en cambio, han planeado su asesinato sólo por diversión: Y pasan en torno la loca matraca y los figurones de la polinaca con luz capitosa de hiriente metal; la luz en el canto, el sueño en las ondas, animan ingenuas las núbiles blondas, princesas del mal. (20-25) El triste pelele se encuentra rodeado y confundido. Las niñas ríen y corren a su alrededor. La belleza de ellas resalta ante la fealdad del pobre muñeco. Se hace máxima la brutalidad cuando llegan “los figurones” y con “hiriente metal” acuchillan al pelele mientras las princesas jalean la cruel acción. Lo siniestro se inserta en nuestro mundo apartándonos de la normalidad y llevándonos a un lugar desconocido. Renato Sandoval en su obra El centinela de fuego comenta esta transformación de lo familiar y lo no familiar como una de las características en la poesía de Eguren: “Ese paisaje sencillo pero intenso, deslumbrante por hermoso y trasfigurado, empieza imperceptiblemente, a mostrar indicios de extrañeza y perturbación. Hay algo profundo y doloroso dentro de él que se contradice con el aparente orden y natural belleza que el poeta vio en un principio” (51). El paisaje sencillo pero bello es lo familiar y ese “algo profundo y doloroso” que transforma el horizonte es lo siniestro, como


Oráculos de arena - Ensayos y artículos / 53 afirma Sandoval: “El paisaje se hace también mustio y sombrío por una especie de dolor y muerte que repentinamente todo lo invade, haciendo que en el ambiente se respire un aire de peligro y oscura amenaza” (51). Este autor se ha percatado de esta metamorfosis tan importante en Eguren pero la trata desde una visión filosófica heideggeriana achacando la transformación a la angustia que crea el Ser en el hombre al desvelar su espacio. Sin duda, Eguren lo que propone es una interiorización de la angustia humana pero más apegada a los miedos procedentes de la infancia como señala la tesis de Freud. El punto de llegada es el mismo: la angustia del ser humano ante miedos intraspasables. Eguren, con el objetivo de hacer surgir en nosotros lo siniestro utiliza otro mecanismo que es el uso de muñecos en apariencia inanimados. La idea no es de Freud sino de Jentsch y hace referencia al surgimiento de lo ominoso impulsado por una incertidumbre intelectual a cerca de si algo es animado o inanimado. En el poema de Eguren, el lector sabe que los personajes son ficticios, casi legendarios, pero el hecho de otorgarles características humanas hace que se dé esta incertidumbre, ya no tanto de forma racional, sino vinculada a los afectos: Las gentiles lucen divinos destellos, vibrando a la vuelta de crótalos bellos, con risa ideal; y flotan, lumbrosas las sayas en las rondinelas y las faramallas. (8-12) Estamos en el mundo de lo teatral y lo fantasmagórico; las princesas son muñecas que han tomado vida. Dice el poema que ríen con risa ideal. Podemos escuchar sus risas y el sonido de la ropa que flota gracias a sus gráciles bailes. Lo siniestro se introduce una vez más reforzando la impresión de extrañeza que el autor quiere conseguir. Otra táctica del poeta que podemos observar en el poema “El pelele” con la que se nos traslada a ese cosmos onírico y ominoso es la que Freud llama “omnipotencia”. Proviene de un miedo asentado en nuestra etapa infantil: la maldad es omnipotente y si alguien quiere hacernos daño lo conseguirá. De ahí viene lo ominoso producido por una persona viviente cuando le atribuimos malos propósitos. Sentimos que tiene poderes mágicos y nos puede hacer daño mientras nosotros nos encontramos desamparados. Acercándonos a Eguren, se puede señalar que esas maléficas princesas quieren el mal de un ser indefenso como es el pelele. Como lectores nos sentimos cercanos al muñeco y miedosos ante la terrible injusticia que se hace con él. Es un miedo ancestral que resuena en nuestro interior. El miedo al otro que puede atacarme ayudado de poderes mágicos que le otorgan omnipotencia ante mí: animan ingenuas las núbiles blondas, princesas del mal. El toque principia de las tarantelas


Oráculos de arena - Ensayos y artículos / 54 las danzas caídas y las paralelas, memorias trayendo de Weber lejano y el fugaz amor; y baila el remiso temblando de horror. (24-30) Las muñecas se han convertido en las princesas del mal, en seres que torturan de forma diabólica. El pelele, acosado por la maldad, obedece y “baila remiso” y siente un miedo tan profundo que se encuentra “temblando de horror”. Vuelve el recuerdo del pavor a la omnipotencia de la maldad proveniente del otro. Es un miedo ancestral que Eguren utiliza para manipularnos, llevándonos a un mundo nuevo por el camino de lo siniestro. En “El pelele” también aparece la locura como medio por el cual se traslada al lector a un ambiente insólito. En el poema de Eguren hay dos referencias a la demencia. La primera se hace cuando el pelele es atacado y “loco se duele” y la segunda se refiere a un sonido ensordecedor que no permite oír los gritos de dolor del muñeco: “Y pasan en torno la loca matraca/y los figurones de la polinaca/con luz capitosa de hiriente metal” (20-22). Estas referencias a la locura son interesantes porque aunque no habla de la enajenación en sí, nos muestra motivos que pueden llevarnos a la demencia como, por ejemplo, el dolor. Lo siniestro se encuentra en el hecho de que nos pone frente a frente con los límites del ser humano. El dolor cuando es inmenso lleva a la locura sea cual sea el estado de uno, y esta confirmación hace surgir en nosotros el sentimiento de lo ominoso. La muerte es un elemento siniestro muy importante, como se puede observar en el artículo de Freud. Por eso, Eguren lo utiliza para impulsar lo ominoso en el lector. Hay que recordar que el psicoanalista alemán en otros escritos señalaba la pulsión de muerte y de vida como fundamentos de la personalidad. La pulsión de vida es muy fuerte en el ser humano y se resiste a creer en su propia muerte por mucho que la evidencia de la realidad se lo muestre: “Es cierto que el enunciado ‘Todos los hombres son mortales’ se exhibe en los manuales de lógica como el arquetipo de una afirmación universal; pero no ilumina a ningún ser humano, y nuestro inconsciente concede ahora tan poco espacio como otrora a la representación de la propia mortalidad” (9). Freud, como demostración, señala el ejemplo de la creencia en la inmortalidad por parte de las religiones. Por eso, según el psicoanalista: “No cabe maravillarse que la angustia primitiva frente al muerto siga siendo tan potente y esté presta a exteriorizarse no bien algo la solicite” (9). Tras la primera estocada por parte de “los figurones”, el pelele se ve atacado por las princesas que le agreden dándole una “zumba palmada” y es cuando “el pobre pelele se muere en el alma”. Al final el pelele fallece: Las princesas rubias pasaron el día cantando placeres con la tristecía


Oráculos de arena - Ensayos y artículos / 55 en la rondinela de la juventud; y en el gorigori llevando sin duelo del pobre pelele caído en el suelo, el triste ataúd. (43-48) El pelele muerto es arrastrado por el suelo mientras las princesas cantan. Con este acto atroz y de máxima crueldad se anexiona la muerte al poema de Eguren de una forma totalmente siniestra. Otros autores han hablado de la muerte en Eguren llegando a decir como afirma Renato Sandoval que la poesía de Eguren rezuma muerte: “Canta el fantasma de la muerte por doquier, la naturaleza eleva a nuestros oídos los fatídicos sones de su voz” (60). Para Freud, la muerte es, sin duda, el elemento siniestro por antonomasia. Las princesas son crueles hasta el final. Sin ningún tipo de cuidado, muerto el pelele, lo dejan tirado en el suelo. La situación es consistentemente siniestra; nos imaginamos las caritas dulces de lindas muñequitas riendo mientras agoniza el pelele. Xabier Abril comenta esta obsesión en la poesía egureniana contrastándola con Vallejo: “El concepto de la muerte en la estética de Eguren no alcanza, como en Vallejo, la categoría de la temporalidad metafísica (…). Música y pintura de la muerte. El poeta está asido a su propio dolor” (113). Ese dolor que se ve reflejado por el poeta en el muñeco roto como símbolo quizás, como dice Renato Sandoval del dolor de la pura existencia y rememoración de nuestros miedos infantiles que impulsan a la movilización por parte del intelecto hacia lo siniestro. El poeta pretende lograr trasladarnos a ese mundo cruel en el que muere el pelele. Es el miedo a la muerte que se descubre en las primeras etapas de la vida, lo que nos hace experimentar los sentimientos de lo siniestro. Como conclusión se puede señalar que Eguren ha sido catalogado como poeta posmodernista debido a que se aleja de las características tradicionales que se señalan en el modernismo. El poeta va más allá. Ante la crítica hecha al primer modernismo catalogado de “escapista”, Eguren se impone con una temática que se impregna de profundidad psicológica. El genio del autor maneja las claves para manipular las imágenes y retrotraernos a un lugar que se quedó olvidado. Volvemos a sentir, gracias al talento de Eguren, el mundo onírico infantil con todos sus miedos y temores. En consecuencia, hay que señalar que el poeta tiene como propósito final el dar a su poesía una profundidad que el modernismo no era capaz de ofrecer. El medio o vehículo para alcanzar este objetivo se encontraba en los hilos que el poeta manipula para hacer surgir en el lector lo siniestro. BIBLIOGRAFÍA ABRIL, Xabier. Eguren, el oscuro. El simbolismo en América. Córdoba: Dirección General de Publicaciones. Univeridad Nacional de Córdoba, 1970. DEBARBIERI, César. Los personajes en la poética de José María Eguren. Lima: Concytec, 1990.


Oráculos de arena - Ensayos y artículos / 56 EGUREN, José María. Obras Completas. Lima: Banco de Crédito, 1997. FREUD, Sigmund. “Lo siniestro”. 15 Oct. 20010. Web. 11 Nov. 2010. NÚÑEZ, Estuardo, José María, José María Eguren. Vida y obra, Villanueva S. A., Lima, 1964. -----------------------, La poesía de Eguren, Compañía de Impresiones y Publicidad Editores, Lima, 1932. SANDOVAL, Renato. El centinela de fuego. Agonía y muerte en Eguren. Lima: Instituto peruano de Literatura, Artes y Ciencias, 1988. SILVA-SANTISTEBAN, Ricardo, (selec.) José María Eguren: aproximaciones y perspectivas, Universidad del Pacífico, 1977.


Papiros de carne (Rese単as)

Nota: A menos que se demuestre lo contrario todas las rese単as han sido escritas por Paolo Astorga.


Papiros de carne - Reseñas / 58 Prosac Mayda Colón Prosac de la poeta puertorriqueña Mayda Colón nos acerca a través de poemas con una fuerte carga confesional, hacia un espacio donde el tiempo juega su papel dinamizador. La conciencia de lo temporal como creación simbólica nos muestra a lo largo del libro la presencia de lo pasado como un espejo que nos muestra (o nos esconde) con nuestras infinitas máscaras. El tiempo y su relación con la muerte no destruyen la memoria de las cosas y del mismo tiempo sobre el yo poético, sino que solo lo agudizan, lo perfeccionan. Y es que este poemario muestra una destrucción más profunda: la destrucción de la existencia y su consciencia. El signo de la pérdida se acrecienta con la necesidad de expresar esas heridas eternas que nos deja abiertas y ardientes el mundo que en este libro se muestra sórdido, inhumano, pero sobre todo como una gran paradoja de nuestro propio devenir existencial. Recorre todo el libro la idea de lo “envejecido” como una serie de costumbres, como un congelamiento del alma que se perpetúa en el tiempo y en el espacio para luego convertirse en nostalgia, en dolorosa posibilidad agotada en la contemplación. La depresión es ese velo negro que cubre todo el libro de una aura desencantada, pero que en ese desencanto elegiaco, aún busca en sus cenizas restos, retazos de humanidad. El hastío como la indiferencia son estados de un alma que vaga tratando de encontrar (en su romanticismo o en su pesimismo

elegiaco) una verdad que la redima de su propia autodestrucción para que la salve en todo caso, de su propias visiones críticas con respecto a la vida y a la existencia como pasión inútil: “Hoy total qué importa el mundo / si siempre confundo los puntos cardinales / si soy incapaz de apropiarme de ningún otro animal / y siempre te me quedaste entre las manos”. Como vemos esta imposibilidad que madura en indiferencia y hastío traen consigo la imperante necesidad de encontrar un punto de referencia, nuestra propia esencia entre lo terriblemente bello que fenece, que caduca, que queda plagado en apariencia eterna sobre nuestra memoria ya hecha cenizas, pero cenizas eternas por el tiempo. Sin duda este Prosac, no intenta curarnos o purificarnos de lo inevitable, sino que nos invita a repensarnos, a darnos cuenta de nuestra sustancia dual y desmejorada; nos alienta con sus imágenes intensas y por momentos incendiarias, a buscar en nuestra derrota el significado de nuestros más íntimos deseos, ésos que jamás lograremos, pero que sin duda nos hacen emprender un bellísimo y funesto camino hacia nosotros mismos. “Puedes decirme acaso / dónde acabo yo, y dónde empieza o nace la vida. / A dónde esconderse el silencio. / En qué historia reposar / sin esperar que tu milagro aparezca en una acera.” Andrea y la piedra brillante y otros cuentos (Ámbar Editores, 2012) Christian Urrutia Andrea y la piedra brillante y otros cuentos (Ámbar Editores, 2012) del poeta y escritor peruano Christian


Papiros de carne - Reseñas / 59 Urrutia (1985), nos presenta tres cuentos cuya temática infantil gira en torno a la magia, la fantasía y la creatividad como recursos que nos permiten descubrir, o mejor dicho, construir el mundo. La visión de cada personaje de estas tres historias buscan siempre consumar la realización de sus sueños, siendo el más enigmático y que mejor logra introducirse a la tensión y psicología de sus personajes es sin duda el cuento titulado: “Una charapita en la ciudad”, el cual relata la historia de Sarita que va en busca de su pequeña tortuga llamada Pochita. La historia se matiza con las descripciones de los espacios usualmente marginales o tomados por lo sórdido y peligroso. Y es que Urrutia intenta mostrarnos la ternura entre la violencia y la indiferencia que impera por aquel mapa geográfico de sueños a los que el narrador nos hace conocer. Estos cuentos siempre intentan generar en sus desenlaces una comunicación con el lector, intentan aproximarse a un aprendizaje, pero no moral, sino de aquel que nace de la experiencia vital de la infancia: el deseo por dejarse llevar por nuestra fantasía y la emoción por lo desconocido aunque los peligros acechen a la vuelta de la esquina. Sin duda Andrea y la piedra brillante y otros cuentos, se leerá siempre con el placer del niño curioso o con la complicidad del travieso, de aquel infante y no tan infante que en cada una de las ocurrencias de estos cuentos, encuentre o se reencuentre con su lado más afectivo y nostálgico: la niñez, etapa que a veces es tan olvidada como nuestros sueños o nuestra propia humanidad.

Pishtacos: degolladores degollados (Eclosión Editores – Nictálope Editores, 2013) Víctor Salazar Yerén y Edwin Ramos Casavilca (Compiladores) Pishtacos: degolladores degollados (Eclosión E d it ore s – N i ctá lop e Editores, 2013) de los compiladores Víctor Salazar Yerén y Edwin Ramos Casavilca, nos presenta una serie de relatos mágicos y testimoniales del imaginario colectivo en torno a la figura mítica del Pishtaco o Nakaq los cuales se presentan como hombres terribles y violentos cuyo fin es el antropofágico, es decir el de la destrucción de otros hombres para comérselos o para vender su preciada grasa. El Pishtaco es un hombre que se nos presenta como solitario, de rasgos extraños y hasta ligados a lo demoniaco. Su actividad es selectiva y utiliza determinadas herramientas para cometer sus asesinatos que están marcados por la acción de degollar (con cuchillo en su mayoría). En el excelente prólogo de Wilfredo Kapsoli Escudero nos detalla la finalidad narrativa y temática del libro: “…las cosas han cambiado. Solo habíamos valorado la imagen del Pishtaco dominante, triunfante, y no conocíamos los casos en que ellos son vencidos.” Como se verá, en este breve libro se nos muestra la imagen de un Pishtaco que no pierde sus características básicas, pero que sí se nos exhibe como un ser que no resulta vencedor, sino vencido. Vencido no solo por otros hombres que en su astucia logran aplacar el poderío de este antropófago, sino que también nos podemos deleitar con la narración


Papiros de carne - Reseñas / 60 testimonial de Pishtacos devorados por animales. Véase por ejemplo el relato “Pishtaco devorado por un perro” donde no solo predomina la tensión entre un anciano que se presenta indefenso ante un Pishtaco soberbio y con ansias de aniquilarlo, sino también observamos los ricos elementos mágicos que dotan de vida y simbolismo al relato: el perro que logra salvar a su amo cuando éste le canta sus penas, el destino funesto que le espera. Sin duda a lo largo de estos relatos míticos, la muerte y la vida se despliegan como posibilidades transitorias, como tensiones que entre una y otra subyacen una serie de códigos culturales que forman un imaginario: el tema del miedo y el terror como manifestaciones de aquello que nos resulta inexplicable o que devela nuestra fragilidad ante lo desconocido. Es más, podríamos aventurarnos a decir que el Pishtaco es un “demonio” necesario, una explicación que viene a llenar ese vacío frente a la incertidumbre, frente a la pérdida del ser querido muchas veces de forma inexplicable y violenta como lo fue por ejemplo la época del terrorismo en el Perú. Indiscutiblemente este es un libro que recopila esa literatura que no lleva el sello de oficial, sino que se transmite cual canción, cual chiste o adivinanza, cual rezo, entre las miles de personas que aún hoy releen y actualizan el mito del Nakaq. Brindis, bromas y bramidos (Editorial Artgesrust, 2013) Fernando Morote Brindis, bromas y bramidos (Editorial Artgesrust, 2013) del escritor peruano Fernando Morote (Piura, Perú 1962) nos ofrece en esta ocasión unas serie variada de relatos donde prima no solo el

lenguaje desenfadado, sino la necesidad por el querer penetrar a través de este lenguaje, la psicología íntima de cada uno de sus personajes que se estrellan contra su propia y sórdida realidad en situaciones donde casi siempre el fracaso, la soledad o la inanición termina por dejarlos siempre en frustración perpetua. La ironía en estos cuentos es quizás la mayor fortaleza del autor. Esa ironía que linda no con lo cómico, sino con lo absurdo de cada situación en la que se enfrascan sus personajes que aunque muchos sin salida o esperando que sus destinos cambien para bien, se resisten a aceptar como propias hasta que la tensión les estalla en la cara. La mayoría de las narraciones de este libro son de un corte bastante dinámico y en ese dinamismo se encuentra la complejidad de sus seres narrados: gente que va desde sujetos marginales, hasta grandes empresarios que tratan de romper –he aquí la ironía-, las trabas burocráticas en un país donde -mayor ironía aún-, ser corrupto ya no está de moda. Este es el caso del cuento “Poder”, el cual nos narra desde un primer momento que “El mundo fácil se acabó con las reformas del nuevo gobierno. Todo es ahora más serio, irracionalmente formal. Los funcionarios y empleados están sometidos a una serie de controles y trabajan bajo mayor vigilancia. Su ética personal y profesional, además, ha sido transformada desde las aulas universitarias. Increíble. Y los que mantienen el espíritu torcido, no se atreven a meter la mano por miedo a perder el sustento. No hay forma”. Por otro lado, cuentos como “El concurso”, nos muestra el grado de (in)cultura a la que hemos llegado en esta ya famosa civilización del espectáculo (Vargas Llosa dixit) donde el saber ha sido desplazado por una especie de droga somática llamada entretenimiento, por más estúpido y retorcido que este sea. Sin duda los 26 cuentos que componen


Papiros de carne - Reseñas / 61 esta colección no nos dejarán de gustar por esa necesidad de querer escuchar nuestras vidas, nuestros sueños, nuestras propias virtudes y vicios en la carne de los otros para que a partir de este perverso placer de encontrarnos e identificarnos, logremos una extraña redención: la satisfacción de sabernos humanos. Nota: Los interesados en adquirir el libro pueden hacerlo a través de la siguiente dirección: http://www.artgerust.com/ libro/brindis-bromas-bramidosmorote/4182 El año de la lentitud (Huerga y Fierro Editores, 2013) Fulgencio Martínez El año de la lentitud (Huerga y Fierro Editores, 2013) del poeta español Fulgencio Martínez (Murcia, España 1960) reúne una colección de poemas que giran en torno a diversos temas de corte existencial donde el sujeto poético experimenta en sus descripciones una metaforización del espacio como una identidad, como medio para expresar estados que van desde la nostalgia de lo perdido hasta la reivindicación de lo que acontece. Los poemas de Martínez exploran la modernidad desde varias perspectivas temporales donde el tema central está en las contradicciones del ser que se enfrenta ante sus profundas imposibilidades, ante la negación de sus deseos. La frustración como discurso aglutinante, como medio expresivo, se puede observar de manera muy sutil pero directa en los poemas que conforman este poemario. La duda, la perpetuidad y sobre todo la construcción crítica de una realidad que nos hace pasado, recuerdos, ceniza de lo vivido, cruza cual espada filuda todo el libro.

Poemas como “Sirena de una nueva edad del hielo” reactualizan el relato mítico de la dualidad estética de las “sirenas” (bellas y mortales), pero desde una visión desencantada de aquello que “pudo ser”, es decir ese placer no vivido, ese ideal desatendido y abandonado que se convierte en “mi único pecado de juventud: rechazar, una vez, oír tu canto”. Hay además en el libro un canto contracorriente, una voz que desde la marginalidad, desde el exilio, se desprende de sus hipocresías y muestra la realidad en el arte como estigmas, como superficialidades que cual barro seco en los ojos no nos permiten ver el fondo, sino solo la cáscara o el cascarón, ya que “por contaminación de época,/ en nuestra poesía importa más/ la variación temática que el tema”. Sin embargo el libro no solo se enfrenta a una ontología del ser que se pierde en sus adversos deseos, sino también nos muestra con una fina carga de ironía su sección: “Sátiras y autografías”, poemas que tienen un contenido más desenfadado y donde la crítica sin duda va hacia esa modernidad que nos santifica como los más hipócritas del siglo frente a lo que nos aleja de nosotros mismos, es decir: nuestro egoísmo, nuestra irracionalidad, nuestro narcicismo de medio pelo. Poemas como “Redes sociales” o el estupendo “Recomiendo leer a Schopenhauer” son solo algunos ejemplos de ironía pura frente a las mil caras falseadas de lo moderno. Sin duda este poemario nos lanza sus versos para sumergirnos por un sinfín de reflexiones que evidentemente, nos dejan su soledad, su rabia y su ternura. Una ternura que desgarra y desangra nuestro “rostro” hasta observar realmente nuestro verdadero rostro sin ornamentas, sin maquillaje, al natural para así contemplar sin excentricidades, ni apasionamientos, nuestro año de la lentitud hacia el abismo o el abismo hacia nosotros.


“Lo vez y no puedes” Foto: Paolo Astorga Un cojo pasa dando el brazo a un niño ¿Voy, después, a leer a André Bretón? Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre ¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo? Otro busca en el fango huesos, cáscaras ¿Cómo escribir, después del infinito? Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza ¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora? Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente ¿Hablar, después, de cuarta dimensión? Un banquero falsea su balance ¿Con qué cara llorar en el teatro? Un paria duerme con el pie a la espalda ¿Hablar, después, a nadie de Picasso? Alguien va en un entierro sollozando ¿Cómo luego ingresar a la Academia? Alguien limpia un fusil en su cocina ¿Con qué valor hablar del más allá? Alguien pasa contando con sus dedos ¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito? César Vallejo Un hombre pasa con un pan al hombro...

Revista Literaria Delirium Tremens 8  

Revista Literaria de alcance internacional, editada por el poeta Paolo Astorga desde Lima - Perú

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