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La Puerta Del Bosque

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En un rincón olvidado del bosque, entre raíces y musgo, había una puerta de madera azul. No tenía cerradura, no tenía pomo, no tenía bisagras. Los animales que habitaban el bosque la evitaban. Los adultos no creían ver más que una ilusión.

Pero Elías, que tenía doce años, no era un niño que creía en las ilusiones. Elías creía en los misterios.

Cada tarde, después del colegio, se iba al bosque a observar la puerta, Nada más. Esperando.

Hasta que un día, sin saber por qué, la puerta se abrió.

Y detrás de la puerta no había bosque ni el bosque del que provenía, había pradera y tres soles que alumbraban la escena, había un cielo violeta y unas criaturas altas que lo esperaban con ojos que brillaban. No le hablaban con las palabras que hablaban los humanos, pero Elías entendía.

eres el primer ser humano en siglos, capaz de ver esta puerta, le dijeron sin decir una palabra. Y por esta razón, tú puedes cruzar.

Elías dio un paso, otro, cruzó. Allí el tiempo es distinto, y aprendió a comunicarse con el pensamiento, a andar sin dejar huellas, a escuchar lo que no suena.

Cuando regresó, sólo habían pasado minutos, pero él sentía años en la piel. Nunca lo contó: sólo escribió libros sobre historias que nadie creía...

excepto los niños. Ellos eran los únicos que todavía veían puertas donde los adultos sólo veían paredes.

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