Hispanic Culture Review - 2017-2018

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Vol. XXIV | 2017 – 2018



Volume XXIV 2017 – 2018

GE OR G E M A S O N U NI VE RS ITY



EDITORIAL TEAM 2017 – 2018

Editor Juan Pablo Biscay

Associate Editors Alexa Herrerías Cesar Leiva

Faculty Adviser Jason Hartsel

Contest Judges Carla Fernández Burns Esperanza Roman-Mendoza Eleana Velasco

Hispanic Culture Review is published annually by the students of George Mason University. This publication has been made possible with funding from the George Mason University Office of Student Media. The articles included reflect the opinions of the authors, and not necessarily those of the editors or George Mason University.


Contributions, solicited or not, are accepted in either English or Spanish, but should follow the latest edition of the MLA Style Manual, MLA Handbook or the APA Formatting and Style Guide. See Submission Guidelines at the end of the journal for further information.

SUBSCRIPTION RATES: $7 (single issues) $12 (two issues)

Subscription orders and other correspondence should be addressed to:

HISPANIC CULTURE REVIEW Office of Student Media The Hub, Room 1201 4400 University Drive, MS 2C5 Fairfax, VA 22030-4444 USA

hcr@gmu.edu hcr.gmu@gmail.com www.hispanicculturereview.onmason.com

Cover Image: “El sol siempre sonríe” Artist: Chris Arianne Vallejos Villegas Taken In: Barcelona, España Cover Design: Jason Hartsel © 2017-2018 Student Media, HCR ALL RIGHTS RESERVED No material herein may be reprinted by any means, recorded or quoted other than for review purposes without the express permission of the authors, to whom the rights revert after serial publication.


2017-2018 Editorial Team (left to right)

Cesar Leiva, Perú Alexa Herrerías, México Juan Pablo Biscay, Argentina


ÍNDICE NARRATIVA / NARRATIVE María Matilde Balduzzi

El trámite

18

Alberto de Frutos Dávalos

21418

22

Guillermo Horacio Pegoraro

El espejo

26

POESÍA / POETRY Abraham Fidel Ortiz Lugo

Antes de acostarme esta noche

36

Carol Lyanne Milkewitz Bursztyn

Desempleo

38

Edin Moric Kinkel

Plaza de la comedia

40

Edwin Gaona

Migrante por tierra

42

Adrián Giorgio

Duelo

44

Sesenta y cinco

46


TABLE

of

CONTENTS

Antonio Cano Lax

Tu sonrisa 52

Lucía Pradillos Luque

A la amistad caduca

56

Diego Dianderas Wong

Te llena un abismo

58

FOTOGRAFÍA / PHOTOGRAPHY Perla Yadhira Hernández Gallegos Entereza

8

El cambio viene de adentro 32

Nustra telenovela

62

Ramón Ángel Acevedo Arce

14

Sin título

Pablo Alfredo de Luca

Um passeio pelo porto

24

Silvia Carbajal Huerta

El descanso

50

Biografía de los autores / Author Biographies

66

Pautas para el envío de trabajos / Submission Guidelines

72

Formulario de subscripción / Subscription Order Form

75


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Entereza Perla Yadhira Hernández (Viesca, Coahuila, México)


Nota de los editores Nos complace presentar la edición de 2018 de Hispanic Culture Review, que incluye poesía, narrativa y fotografía representativa de la cultura hispanoparlante. En esta edición, nuestro tema elegido fue transformaciones personales en el transcurso de la vida. Nos sentimos y orgullosos por todo el material que recibimos de todas partes del mundo. Para nosotros fue un verdadero placer leer y seleccionar todos los trabajos que componen esta nueva edición. A medida que pasan los años el prestigio de Hispanic Culture Review ha ido aumentando dentro del mundo de la literatura, y celebramos que cada vez más estudiantes y académicos de George Mason University participen y colaboren con la revista.

Agradecemos de manera especial a los profesores del Departamento de Lenguas Clásicas y Modernas de George Mason University, Rei Berroa, Esperanza Roman-Mendoza, Carla Burns y Eleana Velasco, cuya dedicación contribuyó indiscutiblemente a la altura académica de esta edición.

Agradecemos también a Kathryn Mangus, Jessica Smith y Jason Hartsel de la oficina de Student Media.

Gracias a la universidad por el continuo apoyo que brinda a la diversidad y la libertad de poder desarrollar nuestra pasión por la cultura hispana.

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Felicitamos a cada uno de los autores cuyas obras compitieron en este nuevo concurso y hoy enaltecen esta edición. Esperamos que disfruten la lectura y reiteramos nuestro agradecimiento y apoyo.

El equipo editorial Juan Pablo Biscay Alexa Herrerías Cesar Leiva

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Editors’ Note We are pleased to present the 2018 edition of Hispanic Culture Review, which includes poetry, narrative and photography representative of the Spanish-speaking culture. In this edition, our chosen theme was personal transformations in the course of life. We are proud of all the material we receive from all over the world. For us it was a real pleasure to read, and select all the works that make up this new edition. As the years pass, the prestige of Hispanic Culture Review has been increasing within the world of literature, and we celebrate that more students and academics of George Mason University participate and collaborate with the magazine.

We are especially grateful to the professors of the Department of Classical and Modern Languages of George Mason University, Rei Berroa, Esperanza Roman-Mendoza, Carla Burns and Eleana Velasco, whose dedication undoubtedly contributed to the academic excellence of this edition.

Thanks to the University for the continued support that provides to diversity and the freedom to develop our passion for the Hispanic culture.

We congratulate each of the authors whose works presented in this new contest and today praise this edition. We hope you enjoy reading and we thank you for your support

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Finally, we thank the George Mason University for its continued support for diversity and the freedom to develop our passion for Hispanic culture.

The Editorial Team Juan Pablo Biscay Alexa HerrerĂ­as Cesar Leiva

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Sin título Ramón Ángel Acevedo Arce Teotitlán del Valle, Oaxaca, México


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NARR ATIVA


NARR ATIVE


GANADOR / AWARD WINNER (Narrativa / Narrative)

El trámite María Matilde Balduzzi

Me levanté temprano, así que había tiempo; había tiempo de sobra en realidad, porque si bien era necesario hacerlo, aquel trámite no tenía la menor urgencia. Me miré al espejo y preparé todo para afeitarme. Luego me vestí, bajé las escaleras y salí a la calle. Los olores, los ruidos de la calle, las voces de la gente, después de veinte años, seguían pareciéndome extraños. —¡Qué hay, Paco!—le dije al de la cafetería, a modo de saludo. —¡Hombre, aquí me ves, currando!—me contestó, y yo sonreí pensando que allá, en Argentina, “currar” significaba otra cosa. Traté de recordar cómo saludaba yo, antes, allá: “¿qué tal?”, “¿cómo estás?”, “¿cómo andás?”. Eso, según sabía, había pasado de moda y ahora se decía: “¿todo bien?”, “¿todo en orden?”, “¿todo tranquilo?”. No pude evitar pensar en las cosas que habían pasado para que la gente, allá, creyera que orden y tranquilidad equivalía a que todo estaba bien. De pronto, se me cruzó por la cabeza la música de aquella canción. Eso me pasaba a veces, primero me llegaba

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la música y después, luego de repetirla mentalmente, una y otra vez, aparecía, por fin, la letra. Así fue con esa canción, primero la música y, después de un rato, aquella frase: “Por tus antiguas rebeldías y por la edad de tu dolor...” En la calle en la que, desde hacía varios años, rentaba un piso barato, en la zona de Embajadores, ya había bastante gente a esa hora, y empezaba a conformarse la habitual mezcla de idiomas y de fisonomías, propia de ese barrio de inmigrantes: chinos, magrebíes, árabes y latinos, como yo, aunque yo era más bien un “sudaca”, como nos llaman algunos, acá. Siempre me decía a mí mismo que tenía que buscar otro piso, más amplio y luminoso, en un barrio más tranquilo, con menos ruido, pero pensaba en todo el rollo de la mudanza y nunca me decidía. Caminé unas cuadras hacia el oeste y salí a la calle Toledo, allí casi no había gente en las veredas, sólo grandes edificios y autos que salían del aparcamiento de la calle Mayor y recorrían Toledo velozmente, hasta el Estadio Vicente Calderón. Tenía que llegar temprano a la jefatura para hacer el trámite, un trámite que, por distintos motivos, venía postergando una y otra vez. Mientras caminaba hasta la estación del metro, volvieron a llegarme algunas palabras de ese poema, de esa canción, como si aquella mujer que las había creado hacía tantos años, las fraseara ahora, lentamente, para mí: “Por tu decencia de vidala y por tu escándalo de sol...” Al llegar a la esquina, vi venir un anciano que se acercaba a la franja peatonal, con su perro. Recordé a mi padre, la última vez que lo había visto, antes de venir, hacía más de veinte años, y recordé también la discusión con mis hermanos que no podían entender que yo dejara todo y me fuera del país. “Todo” era la empresa familiar, la que había fundado mi abuelo gallego en la década de los 50, la que habían hecho crecer mis tíos y mi padre en los 70, a pesar de la

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inflación, del golpe de estado, del giro liberal de la economía; la misma empresa que mis hermanos trataban de sostener trabajosamente adaptándola a las nuevas pautas que imponía un sistema que ya, hacia fines de los 80, empezaba a perfilar sus rasgos actuales. Me acordé también de mis primeros tiempos en España. Me había venido sin nada, sin siquiera los buenos deseos de la familia. Recordé la primera época, la de la subsistencia, pintando retratos en El Rastro, mis dibujos clavados con chinches sobre una madera en la calle de los Pintores y apenas unas pesetas en el bolsillo para comer y comprar las pinturas. Y luego, muchos años después, aquella comunicación telefónica, cuando ellos me avisaron, cuando me dijeron que mi padre estaba enfermo: “¡¿Cómo no vas a venir?! ¡El viejo está que se muere y no vas a venir! ¡Claro!, el artista, debe estar muy ocupado allá, ahora que expone en galerías de arte”. Colgué el teléfono sin decir nada. De pronto, un auto que venía a gran velocidad, me trajo otra vez al presente. Vi el auto y de inmediato a un anciano que estaba cruzando la calle. Parecía estar hablándole al perro y no veía el auto que ya tenía muy cerca. Le grité pero fue tarde. Lo vi volar por el aire, caer y golpear la cabeza contra el asfalto. El auto siguió su marcha velozmente. Yo estaba ahí, a dos metros; miré alrededor, no había nadie, sólo estaba el perro que, en actitud sumisa, como si hubiese hecho algo malo, me observaba desde la vereda. Me acerqué al viejo, todavía estaba consciente, se quejaba con un gemido apenas audible; le sostuve la mano y sentí la presión de sus dedos flacos, huesudos. Le dije que el perro estaba bien, eso pareció tranquilizarlo. A los pocos minutos llegó la ambulancia de emergencias. Cuando los camilleros se acercaron, intenté soltar la mano del viejo, entonces él apretó mi mano con sus pocas fuerzas y me dijo: —“no te vayas, hijo, quédate, quédate conmigo”.—Subí con

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él a la ambulancia y me senté a su lado. Me miraba a los ojos y aunque se quejaba por el dolor, parecía tranquilo. Recién me soltó la mano en el pasillo del hospital cuando llegaron corriendo los médicos de guardia y se lo llevaron. Me quedé un rato ahí, solo, parado en medio del pasillo, mirando como un tonto la puerta vaivén por la que había entrado la camilla. Entonces, de pronto, me llegó a la mente el final de aquella canción: “... por todo y a pesar de todo, mi amor, yo quiero vivir en vos”. Después salí a la calle y miré el reloj. Todavía estaba en horario de renovar el pasaporte.

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21418 Alberto de Frutos Dávalos

Abro el buzón y saco la correspondencia: facturas y publicidad de un nuevo restaurante chino que han inaugurado en el barrio. ¿Estás en casa? No estás en casa. Hoy me he escapado un poco antes del trabajo y todo está en silencio. Hay un táper en el microondas y una ensalada sobre la encimera, aliñada y todo. La persiana del salón está medio bajada y la penumbra me parece una caricia de la soledad. Tengo la sensación de que has salido hace poco y la certeza de que vas a regresar muy pronto. Quizá te hayas acercado al súper por una pizza para esta noche, que luego no nos apetecerá. Últimamente cenamos solo conservas: cardos o judías que nos llevamos a la boca sin calentar. La pena es un ritual exigente. Me enciendo un cigarrillo en la terraza y corro a esconder el paquete en un cajón del escritorio. Sabes que he vuelto a caer, pero, si me preguntas, lo negaré como un niño, me enfurruñaré y no te dirigiré la palabra un par de minutos. El plato del microondas da vueltas. El agua del grifo desborda la jarra y me refresca la mano. Pongo los cubiertos en la mesa. Estoy aterrado. ¿Qué haremos esta tarde? ¿De qué vamos a hablar? En el trabajo desayuno con los compañeros, reviso los pedidos y viso las cuentas. Hay momentos en que no pienso en ti y omito, egoísta, que nuestras horas no duran lo mismo. El tiempo en casa vuela con alas de plomo. Ojalá te reincorpores pronto a la tienda y te mosquees con esas mujeres que se van siempre de vacío, sin dejar siquiera la

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propina de la gratitud. “Hay señoras que gozan con venir a estorbar”, canturreabas. No enciendo la tele para oír la llave en la cerradura con toda claridad, sin el clamor de las tertulias o los concursos. ¿Dónde estás? Te sienta bien pasear, siempre que no te detengas en según qué sitios. No puedes aislarte en casa, rodeada de libros que no acabas o amodorrada con la radio. Tienes que ver gente, arrimarte a ella y acatar que eres un cuerpo vivo, perfecto. Y, aunque no tengas ganas, quedar con tus amigas y aprender a sobrellevar este frío que va a ser perpetuo. Esta tarde, deja que adivine, te echarás un rato en la cama. Te oiré llorar tras la puerta, y yo lloraré también, porque no sé cómo estar a tu lado. Por la noche me dormiré antes que tú; por la mañana me levantaré sin hacer ruido y cerraré la puerta con la ilusión de que estás soñando en paz. Nos merecemos esa paz. Tomamos una decisión muy difícil— imposible–y no lo hicimos por nosotros, sino por ella. Fue un acto de amor, ¿entiendes? ¿Qué condena le esperaba aquí? Mil problemas de salud que le habrían hecho aborrecer cada minuto de su vida. Y a nosotros por haberla engendrado. Los sobres reposan en una esquina de la mesa, y abro los que vienen a mi nombre. Al retirar la hoja de El Dragón de Oro, encuentro un décimo para el sorteo de Navidad de este año. ¿Cuándo lo has comprado? ¿Lo has puesto ahí para que yo lo vea o se te ha olvidado guardarlo esta mañana, cuando ha venido el mensajero? Una noche, entre risas, calculamos la fecha en que nacería Eva, el 21 de abril de 2018. Me llevo la mano al corazón y ahí se queda, mansa, hambrienta, incapaz de palpar el paquete de tabaco que no está en el bolsillo. Por fin, oigo la llave en la cerradura y abres la puerta.

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Um passeio pelo porto Pablo Alfredo De Luca


El espejo Guillermo Horacio Pegoraro

Así de difícil es cargar la mochila con nuestra herencia, así de complicado es soportar lo que otros opinan de nosotros. Una de las mejores citas que ha perforado mis sentidos proviene del médico alemán Fritz Perls: “No estoy en la vida para cumplir las expectativas de otras personas, ni siento que el mundo deba cumplir las mías”. Para él, cada persona debe ajustar su vida en cosas y circunstancias que lo hagan feliz; despreocupándose de la opinión de terceros, que en definitiva deberían conquistar la felicidad por sí mismos y no a costa de uno. Suena difícil... ya lo sé. Un buen ejemplo, es aquel que me supo contar un colega mientras cubría la guardia en el neuropsiquiátrico zonal. Al día de hoy no sé qué opinar... pero por cierto deja mucha tela por cortar. La historia comienza en una oscura y fría noche otoñal con el profesional revisando, con lista en mano, a los pacientes en sus cuartos. Nota un hecho particular, el del 4B... no está. Termina la ronda, y al no encontrarlo en los demás dormitorios, da aviso a seguridad. Allí lo tranquilizan, y le preguntan si revisó el pasillo oeste, lugar donde el susodicho suele ir a pasear su mente. Volvió a buscarlo, y justo allí lo encuentra, sentado al final del corredor, mirando extasiado un gran espejo enmarcado. Alguien se preguntaría qué hace un gran vidrio reflectante en

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un lugar de alto tránsito, por donde pululan personas al borde de la crisis. Pero no. El espejo era pintoresco y parecía que a todos les atraía. Se acercó el doctor a dialogar con el paciente, y al tenerlo a solo centímetros, lo escuchó hablar con su imagen reflejada. Al percatarse de un tercero, el interno enmudeció. Quiso saber el médico sobre la salud mental del otro, y se sorprendió al encontrarlo lúcido, vivaz y equilibrado. Justo es decir que al nombrado nunca lo había atendido, por lo que su historia clínica le era desconocida. Como no quiso perturbarlo, trajo otra silla y a su lado se sentó, y al paso del tiempo lo animaron con palabras. Tras largos minutos el psiquiatra continuaba intrigado: ¿Qué hacía este hombre en un hospital psiquiátrico, si estaba más cuerdo que los propios médicos? El paciente dijo reconocer que no encajaba con el resto de los internos, pero por más que se esforzara para acoplarse al mundo exterior, un hecho lo ubicaba correctamente en el loquero. —¿Cuál?—interrogó el profesional. —Dialogo con el espejo—respondió el otro. Al psiquiatra no le pareció tan extraño el caso, si en definitiva todos buscamos en esos objetos la respuesta del cómo nos vemos, y si estamos conforme con nuestra apariencia. Es más, hasta se diría que investimos de humanidad al espejo, tildándolo de amigo, si nos apreciamos, o de enemigo cuando ocurre lo opuesto. Pero no; la particularidad radicaba en que el paciente

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sostenía que hablaba ¡y la imagen le respondía! Imagen y voces inexistentes... un claro caso de esquizofrenia, sostuvo el analista para sus adentros. —Cuéntame la experiencia, dijo el médico con curiosidad; y el paciente se despachó con argumentos dignos de Alfred Hitchcock. Un breve trayecto de sus pasos lo situaban con historia triste a cuestas. Hijo único y no esperado por sus padres, que debido a su advenimiento formaron pareja para luego separarse cuando él tenía siete años. Criado por gélida madre, que tras encontrar un furtivo amor, lo devolvió con su inmaduro padre. A los diecisiete, cansado de ser estorbo en los planes de otros... se independizó. Físicamente tampoco le fue bien. Heredó la visión disminuida de su abuelo paterno, y nariz gancho de una bisabuela. Pero si algo había rapiñado de sus malos genes, fue su mesura ante los malditos tragos. Obviamente, con los negocios nunca prosperó, y en lo sentimental, una y otra vez fracasó. Siempre dudó que los triunfos fueran para él; y si alguna vez vislumbró algún signo positivo en el camino... cambiaba de rumbo para no volver a soportar el inminente fracaso. Solo, a los cuarenta, con un pasado digno de olvidar, un presente sin sentido, y un futuro sin ánimo de conocer... pensó en el camino más corto. No obstante, se dijo que éste sería su último día laboral, como empleado de un anticuario. En el negocio, rodeado de cosas sin uso, se puso a limpiar lo que ahora sólo servía de adorno. Antes de que la jornada terminara, pasó por frente de un gran espejo enmarcado que minutos antes había limpiado con esmero. Se sorprendió.

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Se notó distinto: como si algo en su reflejo le agradara. Se marchó. Camino a casa sus pensamientos suicidas se habían esfumado. Sólo pensaba en esa grata sensación que había tenido frente al majestuoso vidrio. Con día nuevo retomó su labor en la tienda de antigüedades y ansioso posó frente al objeto. Nuevamente se percibió espléndido, y como si de santo y seña se tratara, se enamoró de la antigüedad, que adquirió a cambio de vacaciones adeudadas. En casa no pasaba fecha sin posar frente al artilugio, el cual no lo retrataba en vivo y en directo, sino que lo mostraba todos los días un año más joven. O sea, era un espejo que funcionaba al revés. ¡Claro que se asustó! Pero como dice el dicho popular “Para buen hambre no hay pan duro” y ante la necesidad de aprobación, ¡qué importaba lo extraño del caso!, si por fin tenía algo que le daba ánimos. Así pasaron veintitrés días, hasta que al fin la magia culminó, mirándose él cuando tenía siete años. De allí en adelante todo era monótono. El batía un brazo y el niño del reflejo repetía el movimiento; como también las muecas, guiños, gestos o mímicas que se le ocurrieran. Pero todo cambió cuando al infante del vidrio lo notó triste. Él le habló por primera vez como si de otro ser se tratara, dándole con este gesto una identidad, animándolo una y otra vez a volcar su verdad. Primero fueron señales casi imperceptibles, luego movimientos autónomos, y al fin, el mocoso habló y se despegó de la realidad del original. Pasaron los días y los meses, y no faltó oportunidad para

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que ambos se encontraran de frente y expresaran sentires y pensamientos; y mientras el niño se lamentaba de no ser querido, el adulto le repetía hasta el cansancio que él lo amaba con locura. Sin embargo, al chiquillo le era difícil desligarse de la realidad de sus padres; y su mente, como pétalos de margaritas, practicaba un continuo “me quieren, no me quieren”. De esas largas charlas, en soliloquio para los cuerdos, en diálogo para el paciente, surgió un nexo que los unió; y mientras el chaval fue entendiendo que el desprecio recibido no era culpa suya, el grandote comprendió lo difícil que es ser adulto cuando se maltrata al niño que alguna vez se fue. El psicólogo ha quedado perplejo con la historia escuchada. Su mente, racional, descarta cualquier magia o embrujo; más bien piensa en lo particular de esta mente, que en vez de trabajar los traumas, de manera oculta, con el inconsciente, se ha permitido moldear al recuerdo en carne y huesos, para que la conciencia comprenda y se libere de las penas. Solo le falta entender por qué este paciente se ha hospitalizado de manera voluntaria, si a la novela familiar la tiene superada. La respuesta lo sorprende aún más: —Lo que pasa doctor... es que el niño ya no aparece en ningún espejo, y solo me veo como al comienzo. Por eso ando en los loqueros, buscando el reflejo inocente del que fui. —Lamento darle una mala noticia. A eso se le llama maduración.

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El cambio viene de adentro Perla Yadhira Hernández (Castaños, Coahuila, México)


POE SÍA


POE TRY


GANADOR / AWARD WINNER (Poesía / Poetry)

Antes de acostarme esta noche Abraham Fidel Ortiz Lugo

Soy quechua como los negros de Alabama y quechua como los pobres de Cuba y como el sioux de Madrid acampado en la puerta del sol. Soy sangre de un río que siempre nace nunca muere con el azote del lobo negro ni con la voz impertinente del lobo blanco ni con el gris de las nubes muy viejas. Soy petróleo de amasar el pan de las mañanas, gas natural y habichuelas hervidas por eso esta lengua hecha con la carne de Pandora; estoy parado detrás del número 13 porque mi suerte cambia cada cinco minutos y me crece una suerte nueva en los parques

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o sirve de contrabando bajo los puentes; un cambio en la órbita del Ministerio y mi lepra se trepa por las paredes a escupir almuerzos; se acuesta en el sol a recitar enmiendas sobre la voz vulnerable de la porcelana. Estos que cargan el tronco a mi lado estos dados en el sobaco de Caupolicán, estuvieron luchando en el circo romano y perdieron sus piernas frente al César mientras el César se peinaba las muertes con una copa colmada de noches obsoletas. Soy un millón de cadáveres pálidos rumiando su suerte detrás de los vencejos por si alguien se asoma a verlos cantar la canción de los remeros y los exiliados. Soy inca como mis huellas digitales y mi estado de ánimo antes de acostarme esta noche.

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Desemplo Carol Lyanne Milkewitz Bursztyn

Desde que estoy desempleada me baño mucho. Me baño todo el tiempo como si entrar a la ducha me refrescara.

Cuando tenés fiebre el doctor recomienda darte un baño. No tengo fiebre pero me duele la cabeza siento un sopor en el cuerpo un cansancio. La rutina se me había pegado al cuerpo durante años ahora la sudo y la corro con una ducha de 15 minutos.

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Me cansa no ir a trabajar más que lo que me cansaba ir a trabajar (que era bastante).

Me cansa todos los días perder el ómnibus. Me cansa no ir a la parada. Me cansa no quejarme por levantarme cuando todavía está oscuro. Es agotador no tener que ir a donde no te llaman.

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Plaza de la comedia Edin Moric Kinkel

En aquel tiempo, cuando empecé a amar las ciudades desgastadas, y las coses que salen mal, las fachadas erosionadas y los talleres de suburbios, los sacos de basura y los escombros, la tos en la madrugada, las aceras, las colillas y las palomas heridas.

En aquel tiempo, cuando empecé a amar las ciudades tristes, los carniceros, el color de la tripería y el olor de matadero, las señoras de la limpieza y los soldadores de metal, los mecánicos, los metalúrgicos y los panaderos.

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En aquel tiempo, cuando empecé a amar las ciudades decadentes, el murmureo de sus días, el humo de sus bares, los cigarros, los puros y los puritos, los pasillos estrechos de los servicios de urgencias, las enfermeras y los artistas desconocidos en las galerías de retratos.

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Migrante por la tierra Edwin Gaona

La carne deja luna con sueños para sombras, queda distante la casa de leños que pocas madrugadas, quedó dormida. Eternas tejas lloronas, silencio y lejanía, llantos de peñasco siguen volviendo. Odiseo no claudica, los días llevan meta, flor de semilla, vientre de feto, tarde de llanto, siguen aquí, queriendo volar con la lluvia, ligeros caminantes con el destino de la tierra suyo. Estás libre, rodando viva, alta y fría en mis estepas

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con profundas palabras, ardiente e intocable, temblando y mordiendo, fértil, y muerta, esclava de pasos, alimentando los pechos, comiendo sus carnes. Busco en la faena, en glebas vivas, busco en el cemento puliendo el hierro, busco por las hojas páginas de aliento y encuentro las rosas de noches sin zapatos que aún suspiran en madre viva, vistiendo auroras. Me llevas libre tierra, por fuera en el sol, por dentro como vertiente, melando en aguas viejas, lleno de recuerdos y llorándome migrante.

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Duelo Adrián Giorgio

Y qué puedo decirte: lo siento, las cosas continúan, es parte de la vida. Ya te lo habrán dicho en estos días sin Dios, después del abrazo, de la palmeada en el hombro, de las lágrimas. Tal vez te molestó su repertorio de frases hechas, la compasión de etiqueta, su mirada baja, esquiva, que no se atreve a enfrentar el sufrimiento ajeno. No se los dijiste, por supuesto, es compromiso recibir su condolencia, y pensaste que ellos no podían imaginar, que no, que para qué, que me dejen. La muerte no te sorprendió. Oscuramente la ansiabas. La enfermedad lo acechaba hacía varias noches, como una bestia agazapada debajo de su cama, aguardando que resignara los últimos recuerdos, mientras a vos te comía por dentro, poco a poco, hundiéndote en la incertidumbre de cuándo, cuándo terminaría su agonía y la de tu familia, cuándo habría un fin. Finalmente llegó y te resquebraja la voz y astilla la garganta. Duele, duele hasta arrebatarte el sol, como si nunca hubieses sabido. Para qué decir, todo se vuelve inútil, suena a hueco. Las palabras a veces no alcanzan para mitigar la ausencia.

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Puede que te sientas impotente, llena de rabia, de fuego, odies el mundo, quieras incendiarlo y renacer entre las cenizas, volver a ser lo que eras: la chica que sonreía con los dientes. No pierdas tu energía en intentar negar el caos. Por más que revientes la pared a puñetazos hasta sangrar los nudillos los relojes jamás se detienen. Todo cambió. Es así. Mordelo, tragalo, escupilo, gritalo. Pero yo sé que no, que tu droga es el silencio. Siempre has sufrido en soledad. Lo respeto, como respeto a los que no exhiben su miseria, a los que comprenden que la pena necesita de la intimidad. Una vez te dije que estaba aprendiendo a estar solo, lo que no te dije entonces por miedo a tus ojos de clausura es que de nada sirve pelear por lo que creemos que siempre será así, peleamos precisamente para demostrar que no hay nada dicho. Llegó tu bisagra, el laberinto de espinas, y te apartaste de todos y sus opiniones para intentar desanudarte, hallarle un sentido a lo que fue y será. Me parece bien. Pero que sea solo por un tiempo, no te quedes tanto en el agujero, a veces tienta demasiado, a veces olvidamos lo bien que se siente la primavera en nuestro rostro. Tomá una bocanada y volvé. Te espero.

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Sesenta y cinco Adrián Giorgio

A los sesenta y cinco solo pienso en disfrutar. Tal vez lo tomés como una decisión egoísta, yo creo que se trata de establecer prioridades. Te entiendo y me parece bien que busques algo más. Sos joven y querés mejorar. Pensás en la casa, la compra, el préstamo. En que las nenas tengan un patio para jugar, que no sean bichos de departamento. Capital para criar a los chicos no está tan bueno. Guarda. A tu edad buscaba lo mismo. Escaparme de todo este ruido, renovar el aire. Es el momento. Está perfecto. La familia vale cada sacrificio. Pero yo ya tengo sesenta y cinco y ustedes ya están grandes, ya son padres, carajo. No tengo que responsabilizarme por nadie, salvo por mí, que ya es mucho, que no quisiera volverme una carga.

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Nunca me lo permitas. Antes muerto. Además, no estaría para semejante cambio. Ni se me cruzaría por la cabeza mudarme tan lejos. La naturaleza es sabia, muy sabia. Qué te voy a decir. Tal vez sea cansancio. No sé. Pero no me mueve la aguja un peso más, un peso menos. Honestamente, ya no me importa la plata. Para qué. Qué me cambia a mí. Tengo mis cosas y me permito darme mis pequeños lujos. Ya no necesito ahorrar para la casa o el auto. Los miércoles y viernes me reúno con los muchachos a comer, voy al gimnasio, a inglés. El sábado tengo golf. Y los domingos veo a Boca. Como decía mi papá, bruto para muchísimas cosas, aunque en esta le doy la derecha. Él decía: yo ya cumplí. Es lo que siento. Ahora les queda a ustedes todo por delante. Aplaudo tu iniciativa, tu empuje. Y admiro que te animes. Yo no pretendo más. No quiero más Soy feliz con lo que tengo. Con esto.

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Con reunirme con mis hijos, con ver a mis nietas, con haber viajado lo que viajé, con tomar un vino cada tanto. Si es poco o mucho, no sé. Yo creo que mucho. Pero tampoco me importa tanto. Te entiendo lo que me decís. Te surgió esta propuesta allá en el Sur. Un muy buen trabajo, por lo que me decís. Y andá. Probá. Equivocate de última. Hacelo si crees que te conviene. Yo ya lo hice. Estoy bien así. Yo ya cumplí.

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El descanso Silvia Carbajal Huerta


Tu sonrisa Antonio Cano Lax

En esta noche de mil lunas sobre caballos al trote en mi horizonte apareció tu sonrisa la de Mona Lisa no, no tu sonrisa la tuya sólo la tuya para sacarme del anonimato en el que vivía de la oscuridad por la que hasta entonces transitaba mi vida muerta en una anodina existencia. Fuiste la luz que la rescató y la hizo presente en la claridad supe entonces que tenía vida que salía del desierto de olvidos por el que deambulaba me abandoné a la deriva de tu sonrisa como nave que segura boga

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por los anchos mares de tu boca y en mi vida se convirtió en eterna aún permanece y me encadena a experiencias de amor y de vida plenas. Soy rescatado a diario por la novedad de tu sonrisa que cambió mi vida por completo llevándola por senderos desconocidos de luz de lunas llenas que marcan el camino hacia la extensión de tus brazos. Abandoné la oscuridad que siempre me presidió ahora estoy vivo, siento lo que digo y disfruto con lo que hago porque tu sonrisa alumbró plena conciencia de mí, no me abandona, no sino que me aupó al encuentro de mi propio yo supe de repente quién soy,

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cuál es mi nombre y desde entonces mi única misión fue vivir siempre al amparo de tu sonrisa salvadora.

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A la amistad caduca Lucía Pradillos Luque

Me dijiste palabras que la edad se lleva, como el otoño arrastra las hojas caducas con el temporal.

En el suelo acumuladas rememorando un pasado de sueños pesados, pesadillas tornarán.

¿Y qué será de nosotras? nada, nada, ¡nada! Debo usar singular, que transmita que soy, que estoy, que existo, de la manera más sola e individual.

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Te llena un abismo Diego Dianderas Wong

En los cambios radica mi principio, por consecuencia vínculos y relaciones se derrumban, se esparcen entre su destrucción y su misma restauración viven en las ocres estepas, o en el pasadizo entre manos ásperas por las fábricas replicándose, por las cenizas desnudándose; viejos remordimientos para izar las alas de fuego, viejos fuegos para amansar el cielo nublado de lágrimas, viejas lágrimas para regar y volver a una nueva tierra que ya es fósiles de almas y de carne, tallos otoñales y maizales desarraigados, donde mi corazón germina. Cambios viven y cambios mueren, hay un tiempo para crecer y un tiempo para nacer — una vez más — y para la generación, y un tiempo para olvidar al viento rompiendo las hilachas del pasado, remeciendo árboles que desprenden vivas hojas donde se inscriben gradualmente las leyendas del alba. Abismos, zambúllanse todos a los profundos abismos, a los vacíos inciertos, a tolerar el vacío, aceptarlo,

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como una cuna de transformación o de florecimiento, al pasar por aduanas, redes de banca, desalientos de gobierno vicisitudes del arte y las letras, eminentes agricultores, vagabundos ilustres de locura, señores sepultados por la cordura, juntos llegaremos todos a la procesión donde no marcha nadie. Mi alma me dijo, no hagas ningún ruido, y déjate anegar por el abismo, donde puedes rugir con la misma intensidad de un dios, y la calma no se disipará, la tranquilidad es profundamente eterna, sobre el escenario de luces episódicas, la escena cambia surcando el conflicto de voces escritas con el vuelo del abismo sobre el abismo, sabemos que en su núcleo incorpóreo las montañas, los desiertos, las flores, las hormigas y los lagos pueden verse borrados en un atardecer — y se arriesgan en apuestas — como en la fachada de un rostro cotidiano se hunde silenciosa la daga del sopor, se alza y desciende dejando una estela de terror por no saber en qué ocupar la mente del vacío, tan consciente de nada. Le dije a mi alma, haz el ruido que quieras, el Sol igual saldrá así que solo espera, sin amor y con los ojos abiertos, tus ojos se cerrarán al amor cuando llegue, solo así te lo podré dar,

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en el abismo igual amanece y en la tranquilidad también se baila. Y así converso con ella, escucho su llanto y su ronquido aunque cuando me habitan las lágrimas, mi alma no sonríe, y para sonreír juntos se debe transitar los senderos de placer inhabitado para llegar al lugar donde estás, que es donde no estarás también, para poder encontrarla, solo la dejo de buscar con ímpetu, para poder poseerla, solo la desligo de mi cuerpo y la soplo al aire, para poder conocerla, desvanezco mis memorias y quemo mis fotografías solo observo con la inmortal curiosidad de la ignorancia, y así comienzo, siempre comienzo.

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Nuestra novela Perla Yadhira HernĂĄndez (Poniente de Saltillo, Coahuila, MĂŠxico)


B I OGR AF ÍAS DE LOS AUTORE S


AUTHOR B I OGR APH I E S


Ramón Ángel Acevedo Arce. Fotógrafo documental, cronista viajero y ensayista chileno. Entre sus obras se destacan: El viaje de Rakar (67 Pueblos Olvidados de la 5ª región de Chile) y Retratos (des) de la locura (viaje al submundo del internamiento psiquiátrico). Ramón Ángel Acevedo Arce. Documentary photographer, travel chronicler, and Chilean essayist. Some of his works include: El viaje de Rakar (67 Pueblos Olvidados de la 5ª región de Chile) and Retratos (des) de la locura (viaje al submundo del internamiento psiquiátrico).

María Matilde Balduzzi. Licenciada en Psicología. Profesora e investigadora en la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. María Matilde Balduzzi. Degree in Psychology. Professor and Researcher at the National University of the Center of Buenos Aires City.

Antonio Cano Lax. Entre sus obras se destacan: No es para dormir la noche, La memoria de los perros, y Poemas y canciones que nunca os dije. Antonio Cano Lax. Some of his works include: No es para dormir la noche, La memoria de los perros, and Poemas y canciones que nunca os dije.

Silvia Carbajal Huerta. Licenciada en Arte y Patrimonio Cultural por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Entre sus obras se destacan: Estudios de fotografía en Casa del

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Lago 2006-2011. Fotografía profesional en Escuela George Eastman 2006-2008. Silvia Carbajal Huerta. Graduate in Art and Cultural Heritage at the Autonomous University of Mexico City. Some of her works include: Estudios de fotografía en Casa del Lago 2006-2011. Fotografía profesional en Escuela George Eastman 2006-2008.

Diego Dianderas Wong. Oriundo de la ciudad de Lima, licenciado en Psicología por la Pontificie Universidad Católica del Perú e inclinado hacia las letras desde su nacimiento. Realizó su tesis sobre la identidad homosexual en jóvenes de Lima ante la carencia de investigaciones en dicha población. Diego Dianderas Wong. From the city of Lima, graduated in Psychology from the Pontifical Catholic University of Peru, and leaned towards letters since birth. He conducted his thesis on the homosexual identity among young people in Lima due to the lack of research within that population.

Pablo Alfredo De Luca. Oriundo de la ciudad de Buenos Aires. Entre sus obras se destacan: Ótico, Fotografia Publicitária y Fotojornalismo. Pablo Alfredo De Luca. From the city of Buenos Aires. Some of his works include Ótico, Fotografia Publicitária and Fotojornalismo.

Alberto De Frutos Dávalos. Licenciado en Periodismo. Entre sus obras se destacan: Selva de noviembre, El beso de la señora Darling y Elisa o el laberinto de los inocentes.

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Alberto De Frutos Dávalos. Graduate in Journalism. Some of his works include: Selva de noviembre, El beso de la señora Darling and Elisa o el laberinto de los inocente.

Edwin Gaona. Edwin escribe poesía, novela, cuento y aforismos. Entre sus obras se destacan: Poesía para la mujer y la vida, Poemas al viento; Suspiros al viento, Pecado comunal, y, Jugando con taumaturgos. Edwin Gaona. Edwin writes poetry, narrative, short story, and aphorisms. Some of his works include: Poesía para la mujer y la vida, Poemas al viento, Suspiros al viento, Pecado comunal; y, Jugando con taumaturgos.

Adrián Giorgio. Licenciado en Letras Modernas y Técnico Instrumental de Corrección Literaria de la Universidad Nacional de Córdoba. Entre sus obras se destacan: No amarás, Nuestra herejía no era ciega, y El amor es un cliché. Adrián Giorgio. He has a degree in Modern Literature and Instrumental Technician of Literary Correction from the National University of Cordoba. Some of his works include: No amarás, Nuestra herejía no era ciega, and El amor es un cliché.

Perla Yadhira Hernández Gallegos. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila. Es reportera, pero en sus ratos libres se dedica a la fotografía amateur.

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Perla Yadhira Hernández Gallegos. Her degree is in Communication Sciences from the Autonomous University of Coahuila. During her free time she is a reporter and an amateur photographer.

Edin Moric Kinkel. Nacido en Bosnia y Hercegovina. Estudió medicina en Sarajevo y Bonn, Alemania. Vive y trabaja como médico, especializado en Medicina del Trabajo. En 2015 publicó un libro de poesía: Price o sjenama en Sarajevo. Edin Moric Kinkel. Born in Bosnia and Hercegovina. Studied medicine in Sarajevo and Bonn, Germany. Live and work as physician, specialised in Occupational Medicine. In 2015 published a book of poetry: Price o sjenama in Sarajevo.

Carol Lyanne Milkewitz Bursztyn. Licenciada en Comunicación, orientación Periodismo. Entre sus obras se destacan: Pelado pero con trenza, A la luz de la luna, Lluvia de versos, Balnearios. Carol Lyanne Milkewitz Bursztyn. Degree in Communication with a concentration in journalism. Some of his works include: Pelado pero con trenza, A la luz de la luna, Lluvia de versos, Balnearios.

Abraham Fidel Ortiz Lugo. Estudio Física en la Universidad de la Habana. Cursó el Taller de Técnicas Narrativas, dirigido por el escritor Eduardo Heras León, Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.

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Abraham Fidel Ortiz Lugo. He studied Physics at the University of Havana. He attended the Narrative Technique Workshop, directed by writer Eduardo Heras León, at the Literary Training Center Onelio Jorge Cardoso.

Guillermo Horacio Pegoraro. Licenciado en Comunicación Social y Licenciado en Psicología. Entre sus obras se destacan: Delirios de un psicólogo y Sin Códigos. Guillermo Horacio Pegoraro. Graduate in Social Communication and graduate of Psychology. Some of his works include: Delirios de un psicólogo and Sin Códigos.

Lucía Pradillos Luque. Oriunda de la ciudad de Madrid. Lleva escribiendo desde los catorce. Entre sus obras se destacan: MiNatura, Furman 217, Letras y Demonios y, Nictofilia. Lucía Pradillos Luque. From the city of Madrid. She has been writing since she was fourteen. Some of her works include: MiNatura, Furman 217, Letras y Demonios y, Nictofilia.

Chris Arianne Vallejo Villegas. Oriunda de la ciudad de Barcelona. Ganadora de diversos premios literarios como el 12º Concurso Literario de Victor Alari de Cubelles (2007) y también en la 10ª Edición de Microrelatos de Sant Jordi de Sant Cugat del Vallés (2017). Chris Arianne Vallejo Villegas. From the city of Barcelona. She has won several literary awards such as the 12th Literary Contest of Victor Alari de Cubelles (2007) and also in the 10th edition of Micro-stories of Sant Jordi de Sant Cugat del Vallés (2017). 72 | HISPANIC CULTURE REVIEW


Todas las biografías aparecen como fueron envíadas por los autores. All biography text appears as submitted by the contributor.

2017-2018 Editorial Team: Alexa Herrerías. Oriunda de la ciudad de México, esta cursando el primer año en la universidad para graduarse con la licenciatura en Ciencials Biólogicas con una subespecialización en Ciencias Forences. Alexa Herrerías. From México City and she is in her first year of college doing her Bachelor in Biology Science with a Forensic Science minor.

Cesar Leiva. Oriundo de la ciudad de Shanao, Perú. Cesar está cursando su ultimo año en la universidad para graduarse con la licenciatura en Asuntos Globales. Cesar Leiva. From the city of Shanao, Perú. Cesar is on his last year of college and will graduate with a Bachelor of Arts in Global Affairs.

Juan Pablo Biscay. Oriundo de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Juan está cursando su ultimo año en la universidad para graduarse con la licenciatura en Asuntos Globales. Juan Pablo Biscay. From the city of Buenos Aires, Argentina. Juan is on his last year of college and will graduate with a Bachelor of Arts in Global Affairs.

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Pautas para el envío de trabajos

HCR acepta trabajos originales e inéditos escritos en inglés o en español. Los textos deben relacionarse con el arte, la cultura, la lingüística y la literatura de los países de habla hispana. La revista publica poesía, narrativas cortas, ensayos y arte visual. En algunas ediciones concretas se elige un tema específico sobre el que deben versar todas las contribuciones. Se aceptarán sólo dos obras por categoría, por autor. Si desea enviar algún trabajo, póngase en contacto con el equipo editorial en hcr@gmu.edu que le hará saber las pautas para enviar su contribución de forma anónima. Las contribuciones deben seguir las normas de la última edición del MLA Style Manual, del MLA Handbook o del APA Formatting and Style Guide. Extensión máxima de los trabajos: ensayos, incluidas las notas: 3,000 palabras; narrativas: 2,500 palabras; poemas: 50 versos. Pautas para el arte visual: fotos en formato JPEG con una resolución de al menos 300 puntos por pulgada. Las contribuciones seleccionadas serán publicadas en la versión impresa e Internet de HCR.

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Submission Guidelines

HCR welcomes original and unpublished submissions written in either English or Spanish. Contributions should relate to the arts, culture, linguistics and literature of Spanish-speaking countries. The journal publishes poetry, brief narratives, essays and visual art. Certain editions cover a specific theme that all contributions should follow. The journal accepts a maximum of two works per category, per author. Please contact our editorial team by e-mail at hcr@gmu.edu if you are interested in submitting your works. You will be notified of the guidelines for submitting contributions in an anonymous format. Submissions should conform to the latest edition of the MLA Style Manual, the MLA Handbook or the APA Formatting and Style Guide. Maximum acceptable length of texts: essays, including endnotes: 3,000 words; narratives: 2,500 words; poems: 50 lines. Visual art guidelines: pictures in JPEG format, 300 pixels per inch. The selected contributions will be published in the printed and online versions of HCR.

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El sol siempre sonĂ­e Chris Arianne Vallejo Villegas Barcelona, EspaĂąa