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Contra la mercantilización y la privatización de la vida y de la naturaleza: los Bienes Comunes

Jean Pierre Leroy Las “ciudades” de la ciudad de Rio de Janeiro: reestructuración urbana en el contexto de los “grandes eventos”

Marcia Pereira Leite 2012

AÑO 36 - Nº 125

R$ 12,00

De Rio92 a Rio+20: Reafirmar derechos y buscar caminos

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Fátima Mello

De vuelta al “Aterro do Flamengo” – la Cumbre de los Pueblos en Rio+20 actualiza las luchas del Foro Global de 1992

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Evanildo Barbosa da Silva

Ciudades y ciudadanos: ¿A favor de quién son las convergencias en la Conferencia Rio+20?


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En esta edición, la Revista Proposta asume el desafío que se presenta ante la sociedad civil global, el de reflexionar sobre el pasado y apuntar hacia el futuro, tal como exige la realización de la Conferencia sobre Desarrollo Sustentable de Naciones Unidas, Rio+20. Cuando este nuevo encuentro global fue anunciado, era posible imaginar una reunión de Jefes de Estado con un peso político similar al de 1992, una conferencia que iría a poner sobre la mesa, debates fundamentales sobre los compromisos asumidos en el pasado – por ejemplo, en las conferencias sobre Cambio Climático, Diversidad Biológica y Desertificación, más allá de implementar o no las directrices expresadas en los documentos, como la Agenda 21. Además, era posible suponer la posibilidad de que se abordara un tema central: la arquitectura institucional de los organismos internacionales. El debate sobre “economía verde”, sería el tercero en la mesa. Pero ahora sabemos que nuevamente, el espacio oficial no será capaz de alcanzar las expectativas de los pueblos afectados por los impactos socio-ambientales negativos de la creciente – y a veces violenta – inserción de los territorios, en los flujos internacionales de acumulación. De esta forma, acompañando el movimiento de la Cumbre de los Pueblos, evento realizado por la sociedad civil – ONGs, movimientos sociales, ambientalistas y sindicatos reunidos en redes y foros en todo el mundo – que se realizará al mismo tiempo que Rio+20, lanzamos en esta edición una mirada crítica sobre lo que se ha diseñado como pilar de la nueva conferencia de la ONU. Si hace 20 años se constituyó el concepto de desarrollo sustentable – como una innovación discursiva capaz de garantizar el mantenimiento de las tasas de crecimiento del capital a través de una fuerte apuesta en la tecnología como factor clave, en el rumbo de una producción infinita de bienes –, ahora, es en la “economía verde” donde residen las promesas engañosas para salvar el planeta. En pocas palabras: la agenda oficial quiere resumirse a la búsqueda de mecanismos para financiarizar la naturaleza, y, por qué no, el conocimiento asociado al ambiente natural y a los modos de vida que no están incorporados al mercado. Sin dudas, es un escenario que asusta, ya que nos hace temer por la pérdida cada vez mayor de derechos, justificada en la búsqueda de salidas para la crisis económica a partir de la inauguración de un nuevo ciclo de acumulación de capital. Lo curioso es que hace 20 años, se pregonaba una tríada en la búsqueda por restablecer el necesario equilibrio entre hombres y naturaleza: lo económico, lo ambiental, lo social. Claro, la primacía de la economía ya existía – el gusano estaba en la manzana, o en los compromisos por la liberalización del comercio. De esta forma, vimos al sistema financiero mundial encarcelar a la organización de la vida y de la política. Hoy, la promesa de estabilidad y equilibrio parece residir sólo en una cosa, la economía. ¿Será ésta capaz de rescatarnos, de la misma forma que nos llevó a las crisis? ¿O precisamos otra economía? ¿Otros paradigmas? ¿Otros valores? Pues, en esta edición, invitamos a cuestionar el protagonismo para este mundo que las corporaciones y, también gobiernos, pretenden inventar (o repetir? ¿) en Rio+20. Y preguntamos: al final ¿para qué y a quién interesa la “economía verde”? Es necesario que seamos conscientes sobre el sentido de la urgencia de estas indagaciones – y de tantas otras, aún inconclusas.

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Sin embargo, tenemos motivos para caminar con esperanza. Sabemos – e invitamos a compartir algunas notas al respecto en esta Proposta – que no precisamos partir de cero en la búsqueda de soluciones. Elementos que la sociedad civil señaló en el Foro Global de 92, realizado en el Aterro de Flamengo, se volvieron más sólidos en 20 años. Los fundamentos de la construcción de otra ética, que puedan dar un rumbo diferente a la Vida, están enraizados en las experiencias y en las resistencias cotidianas de los pueblos y comunidades de todo el mundo. No faltan prácticas para probar que hay mucha diferencia entre precio y valor. Están en la agroecología, en los postulados de la justicia ambiental, en la economía solidaria y feminista, en las redes de sociabilidad en las ciudades, en el concepto del bien común ya probado hace milenios por los pueblos andinos y en tantas otras formas de interactuar entre hombres, mujeres y medioambiente. Queremos señalar en la Cumbre de los Pueblos: que los atajos por la vía del capital nos llevarán, sólo, a reproducir los errores del pasado. Los “Territorios del Futuro”, cuya muestra ocupará nuevamente el Aterro de Flamengo en junio, ya existen y estamos invitadas e invitados a disputar en la política, su permanencia y multiplicación. En este sentido, esperamos que esta edición de Propuesta sea una invitación a la reflexión y a la práctica. Buena lectura! ¡

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FASE

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A FASE y Rio+20 Resistir al ambientalismo de mercado y fortalecer los derechos y la justicia socio ambiental

Fátima Mello

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De vuelta al “Aterro do Flamengo” La Cumbre de los Pueblos en Rio+20 actualiza las luchas del Foro Global de 1992

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Sumari o

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Jean Pierre Leroy

Contra la mercantilización y la privatización de la vida y de la naturaleza: los Bienes Comunes

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Marcia Pereira Leite Las “ciudades” de la ciudad de Rio de Janeiro: reestructuración urbana en el contexto de los “grandes eventos”

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Evanildo Barbosa da Silva Ciudades y ciudadanos: ¿A favor de quién son las convergencias en la Conferencia Rio+20? 3


A FASE e a Ri o+20

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Resistir al ambientalismo de mercado y fortalecer los derechos y la justicia socio ambiental

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El presente documento de posición de FASE fue elaborado por Jean Pierre Leroy, Fátima Mello, Julianna Malerba, Maureen Santos, Melisanda Trentin, Letícia Tura y Jorge Eduardo Durão. Veja el original en: Revista Proposta, nº122, p.43-46 (edição sobre Justiça Climática, janeiro de 2011). 2 También disponible español en internet en: http://www.fase.org.br/v2/pagina.php?id=3484 1

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El contexto de Rio+20: la fragilidad del sistema NNUU en un escenario de múltiples crisis Los seres humanos y el planeta están experimentando múltiples crisis que ponen en tela de juicio el futuro de la humanidad. Ni la NNUU, ni los gobiernos, encarcelados en el pasado, están actuando en consonancia con la gravedad del proceso de deterioro acelerado en curso. Las organizaciones de la sociedad civil global, que se han estado reuniendo de manera independiente en lugares como el Foro Social Mundial y en procesos y luchas permanentes que conectan lo local y lo global, en los eventos paralelos a las conferencias de la NNUU, las reuniones del G-20 y de las instituciones financieras multilaterales que se reunirán en Río de Janeiro durante la Conferencia Río +20, tienen el reto de fortalecer y continuar la lucha por otro mundo y presionar a los gobiernos y a las instituciones del sistema internacional para que actúen con eficacia. La constitución de este movimiento global se intensificó a partir del Foro Mundial, en particular desde el Foro Internacional de ONGs, realizado en paralelo a Río 92. Ahora en 2012, la evaluación del estado de las luchas y los logros globales también estará en el orden del día.

Unidas para el Medio Ambiente – PNUMA y la impotencia de la NNUU para hacer frente a catástrofes humanitarias demuestran la incapacidad del actual sistema internacional para hacer frente a los retos que el futuro requiere y hacer cumplir los acuerdos del ciclo de conferencias a partir de Rio 92. Las COPs a cargo de implementar las decisiones de los Convenios sobre Diversidad Biológica, Desertificación y Cambio Climático demuestran esta afirmación. La biodiversidad es históricamente asociada con los pueblos indígenas, las poblaciones tradicionales y los campesinos, pero a pesar del reconocimiento de su papel en la teoría, ellos son sistemáticamente privados de sus derechos, e incluso son expulsados de sus territorios. Cada vez más, el enfrentamiento a la desertificación no esta a la altura de los retos que presenta el tema; lo mismo ocurre en relación a la migración forzada. Y la crisis climática, a su vez, es objeto de apropiación por el mercado para generar ganancias. El saldo de los compromisos asumidos en las conferencias sobre los derechos humanos, mujeres, el desarrollo social y Hábitat también no deja ninguna duda acerca de la brecha entre las declaraciones de compromisos y los hechos.

La Conferencia celebrada en Johannesburgo por el aniversario de diez años de Rio 92, la Conferencias de las Partes (COPs), la insignificancia del Programa de las Naciones

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Del desarrollo sostenible a la economía verde: el reciclaje de un modelo insostenible

turo para el sector privado y, en su versión más reciente, a la economía verde.

En una contradicción irreconciliable, la Conferencia de Rio 92, al mismo tiempo que reconoció la grave crisis ambiental del planeta - en particular en relación con la biodiversidad y el clima - y la responsabilidad de los países industrializados, afirmó la primacía de la economía como motor del desarrollo, bautizado entonces de "sostenible". De manera subrepticia, estos gobiernos y las propias Naciones Unidas reconocen el poder de la economía capitalista por encima de la política, o más bien, como motor de la política. Consagraran el término "desarrollo sostenible" que fue rápidamente apropiado por la economía dominante y, por consiguiente, vaciado de su potencial reformador.

El mundo está bajo la hegemonía del capital. Este no tiene otra visión de futuro que la promesa de un desarrollo ilusorio, depredador del medio ambiente, violador de los derechos humanos y excluyente de los países y poblaciones. La ideología del desarrollo, entendido como crecimiento económico que alimenta la expansión de patrones insostenibles de producción y consumo, ha penetrado profundamente en el imaginario y la cultura de todas las clases sociales, en el Norte y el Sur, direccionando incluso las acciones de los gobiernos elegidos en los países del Sur, con un mandato para iniciar transformaciones, pero que, sin embargo, no pueden construir una nueva correlación de fuerzas capaces de impulsar el cambio y tampoco logran acumular reflexión y poder político hacia nuevos paradigmas.

En lugar del vaciado término de desarrollo sostenible, la agenda de Rio+20 busca presentar la "economía verde " como una nueva fase de la economía capitalista. A través del mercado verde, un nuevo ambientalismo, fundado en los negocios verdes, propone la asociación entre las nuevas tecnologías, soluciones por el mercado y la apropiación privada del bien común como una solución a la crisis planetaria. Este reciclaje del modus operandi clásico del capitalismo, de sus modos de acumulación y expropiación, constituye una grave malversación de profundas consecuencias. Da nueva vida a un modelo impracticable y ofrece como utopia solamente tecnología y la privatización. Evita que se tome conciencia de la crisis que enfrentamos y de los dilemas reales que está viviendo la humanidad. Por lo tanto, impide que nuevas utopías sean formuladas y alternativas de civilización construidas. Debemos cuestionar lo que el desarrollo sostenible y la economía verde están contribuyendo a la protección y garantía de los derechos humanos. El mercado deja su defensa a los gobiernos y la NNUU, que mantienen la retórica de los derechos humanos, incluyendo en su ámbito el derecho al agua; pero sin los medios ni la voluntad política para ponerlos en práctica.

Se vuelven cada vez más a las intervenciones humanitarias, que tienden a sustituir la promoción de los derechos. Con poder sólo normativo, los compromisos acordados en el ámbito de las Naciones Unidas son atrapados por el poder de sanción y represalias de instituciones como la OMC, el FMI y el Banco Mundial. Dada la incapacidad de la NNUU, por una parte, y el poder de las instituciones multilaterales que sirven a los intereses de las corporaciones por el otro, el resultado es que los gobiernos y las políticas públicas y democráticas pierden cada vez más espacio para acuerdos y políticas que ofrecen nuestro fu-

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Los Estados dominantes, a lo largo de dos siglos, y con más intensidad en las últimas décadas, han promovido la globalización de la economía. Las guerras coloniales, la ocupación de los territorios y la esclavitud han sido sustituidas hoy por los acuerdos bilaterales e instancias multilaterales que cumplen el mismo papel de subyugar y subordinar los países del Sur a su poder. Por lo tanto, han impuesto al mundo un modelo, técnico y económico, de producción y consumo sostenido por la explotación del trabajo, la sobre-explotación de los recursos de la naturaleza y la explotación de otros países. Si la explotación humana y de los países puede perpetuarse, a pesar de los tremendos conflictos que resultan en la exclusión, la explotación de la naturaleza muestra sus límites y comienza a afectar a la reproducción del capital, directa e indirectamente, cuando enfermedades, la disminución de la calidad de vida y desastres empiezan a levantar sospechas y socavar la base de sustentación del modelo. La crisis que surgió en 2008, inicialmente en el sistema financiero, no deja ninguna duda en cuanto al carácter profundo de sus raíces, lo que muestra la ruptura de la legitimidad y de la sustentación económica, social, ambiental y político de reproducción del modelo actual. La crisis actual pone de manifiesto la pérdida de la hegemonía del concierto de poder que se perpetúa desde el final de la Segunda Guerra Mundial y de las instituciones internacionales que le dan sustentación económica y políticamente. La crisis abre así lagunas de lucha por la democratización del sistema internacional. Las nuevas e inestable coaliciones entre los países, no más cristalizadas en las divisiones Norte-Sur, son síntomas de un esce-


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nario político mundial en movimiento. Rio+20 puede ser un importante punto de impulso para una nueva correlación de fuerzas y una nueva agenda global, ofreciendo a los movimientos sociales, organizaciones populares, movimientos de pueblos tradicionales y originarios, sindicatos, organizaciones de la sociedad civil que tratan de reflexionar o expresar los deseos de amplios sectores de la población mundial, la oportunidad para reiterar su protesta y su cuestionamiento de las direcciones dadas para el futuro del mundo por las corporaciones, las instituciones y los países dominantes, acompañados por la gran mayoría de las élites políticas y económicas, diseñar sus utopías y formular, con más consistencia, las alternativas que imaginan.

Río+ 20 y la construcción de alternativas Río+20, como un evento mundial, nos permite salir de nuestras fronteras; abrirnos a la solidaridad universal, ir más allá de los particularismos, buscar puntos comunes de observación, que nos mueva y que haga que nos encontremos de muchos lugares alrededor del mundo. Pero eso con la condición de que nuestra referencia esté en nuestros pueblos, poblaciones marginadas y excluidas, con quienes compartimos las aspiraciones de una sociedad cuyo pilar de sustentación sean los derechos y la justicia social y ambiental. No tenemos todas las respuestas, pero tenemos la responsabilidad de buscarlas, entre lo deseable y lo posible. Pero incluso lo posible no se llevara a cabo sin que sea portador de las utopías que restauran los lazos entre los seres humanos y la naturaleza en el campo y en la ciudad. Por lo tanto, requiere un cambio completo de paradigmas que definen la civilización occidental. Requiere otras formas de organización de las sociedades que los Estados-Naciones, otras formas de democracia que la democracia parlamentaria, otras economías que la economía capitalista, otra mundialización que la del mercado, otras culturas que las impuestas por los EE.UU. Escucharlos con atención puede ayudarnos a encontrar los caminos del futuro y formular nuevas utopías para motivar a la humanidad, en particular la juventud. Se están desarrollando en todo el planeta, cientos de miles de alternativas que pueden ser las semillas de la construcción de nuevas utopias: – Millones de campesinos, sin-tierras, pueblos indígenas y otros grupos tradicionales resisten y luchan por la Reforma Agraria, la agroecología, por el definitivo dominio de sus tierras ancestrales. Con el apoyo de tecnologías apro-

piadas, ellos pueden garantizar la soberanía y la seguridad alimentaria y nutricional del planeta y contribuir de manera decisiva al mantenimiento de la biodiversidad, del agua y a la mitigación y adaptación al cambio climático. Sugieren una alternativa al modelo de agricultura y la ganadería dominante, que causan la destrucción de los ecosistemas y de la biodiversidad, que contribuyen en gran medida al efecto invernadero y el envenenamiento del agua, del suelo y de las personas. – Experiencias de economía solidaria y de fortalecimiento de los mercados locales contribuyen a la reducción del consumo de energía reduciendo las líneas entre la producción, distribución y consumo, favoreciendo las micro, pequeñas y medianas empresas que ofrecen empleos, en contraposición a la circulación de mercancías en el mundo y la deslocalización permanente de las empresas y los avances tecnológicos, que no reducen el consumo de energía y de materias primas y producen desempleo. – La lógica de la economía no debe ser la de ganancias, sino la de garantizar condiciones de vida dignas para las poblaciones. Se fortalece una economía solidaria que lucha contra la economía dominante que excluye a la gente. En las ciudades, campos y bosques del sur del mundo, la mayoría de los trabajadores y trabajadoras que se encuentran en la economía informal, olvidados por la macroeconomía, inventan una microeconomía en parte sucedánea y competidora de la economía formal, en parte innovadora. – Reconstitución de un tejido urbano descentralizado e interiorizado, nuevas políticas de vivienda urbanísticas, de saneamiento y de transporte colectivo. Estas propuestas tienen por objeto corregir el desequilibrio en las ciudades y metrópolis, que se han convertido en plataformas de exportación rodeadas de enormes aglomeraciones de pobreza y miseria, que sumadas al desequilibrio en la ocupación humana de los espacios nacionales y regionales, hacen de esas ciudades, y dentro de ellas, las clases populares, las primeras víctimas del cambio climático.

La construcción de alternativas y la arquitectura institucional La escala global de poderes impide el avance de la emancipación humana en términos del ideal inscripto en los pactos y convenios internacionales. Por lo tanto, avanzar en estos y otros mecanismos alternativos implica cuestionar los paradigmas de las instituciones y actores internacionales que apoyan el modelo actual. Esto no quiere

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decir que creemos en un cambio repentino y radical en la economía mundial. Se debe pensar necesariamente en la convivencia, en transición en el mediano y largo plazos. Esta transición será hecha menos por la reforma interna de las instancias actuales de intervención en la economía, que trataría de reorientar sus estrategias, métodos y prioridades, y más por la construcción de nuevos espacios, nuevas instituciones que no están contaminados por su pasado, pero abiertas a una nueva correlación de fuerzas y nuevas agendas. Las instancias actuales van a seguir siendo presionadas a actuar y a reformarse, pero hay que esperar que pierdan progresivamente su importancia cuándo y porque a su lado se creará algo radicalmente nuevo que crecerá económica y políticamente como un contrapeso. Para que esto ocurra hay que mirar el proceso hacia Rio+20 como una oportunidad para invertir en la acumulación de fuerzas, en la base de la sociedad, capaz de competir por una nueva hegemonía. Después del ciclo de auge del movimiento contra-hegemónico iniciado en Seattle y que se expandió con el Foro Social Mundial, y la

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disminución relativa que las movilizaciones de masas han experimentado en los últimos años, Rio+20 se plantea como una posibilidad de rearticulación y promoción de una iniciativa política a nivel mundial. Ésta es la visión que guía y delimita nuestra voluntad de participar en el proceso que nos llevará a Rio+20. Sobre la base de ella, nos unimos al llamamiento del grupo facilitador brasileño creado por un conjunto de colectivos que se resumen en esta frase: "Corresponde a la sociedad civil organizada llamar la atención del mundo sobre la gravedad del estancamiento experimentado por la humanidad, y la imposibilidad del sistema económico, político y cultural dominante de apuntar soluciones y conducir salidas a la crisis. Pero también es su responsabilidad, afirmar y demostrar otros caminos posibles".


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De vuelta al “Aterro do Flamengo” – La Cumbre de los Pueblos en Ri o+20 actualiza las luchas del Foro Global de 1992 Fátima Mello

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Núcleo Justicia Ambiental y Derechos, FASE.

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Junio de 1992, junio de 2012. En la recta final de la preparación de la Cumbre de los Pueblos por Justicia Social y Ambiental que se realizará durante Rio+20, los que ya tienen una cierta edad comienzan a emocionarse con los recuerdos del Foro Global de 1992. Volveremos al Aterro do Flamengo, escenario que, veinte años atrás, albergó uno de los momentos más importantes en la constitución de las luchas globales que atravesaron los años 90, articulando las luchas socio-ambientales y las movilizaciones contra el neoliberalismo que encontró el fin del “fin de la Historia”, en la inauguración del nuevo milenio, en las manifestaciones de Seattle en 1999 y en el Foro Social Mundial de 2001. El Foro Global del 92 plantó semillas fértiles, nos abasteció de esperanzas y de coraje para luchar. Rompimos la hegemonía del neoliberalismo, derrotamos el ALCA, paralizamos la OMC y conquistamos un nuevo ciclo político en América Latina, con todo lo bueno y con todo el agotamiento del ciclo que nuestros análisis puedan aportar. Volver al Aterro veinte años después, revive la memoria de un recorrido rico en movilizaciones, desafíos, conquistas y nos lleva a hacer el necesario balance. ¿Dónde estamos hoy? ¿En qué punto de la trayectoria de las luchas nos encontramos? ¿Cómo se encaja la Cumbre de los Pueblos en esta trayectoria? ¿Cuáles son las diferencias y semejanzas en relación al contexto de hace veinte años atrás? En 1992, recién salidos de la caída del Muro de Ber-

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lín, el Foro Global generó, a partir del trabajo realizado en 45 carpas, un conjunto de Tratados de las ONGs y Movimientos Sociales que organizaron una rica plataforma de luchas, y que expresaban un ambiente de unidad en la resistencia al neoliberalismo. Un ejemplo fue el Planeta Femea, que sumó sus acciones por los derechos sexuales y reproductivos, dirigidos a la afirmación del derecho al propio cuerpo y a la vivencia de la sexualidad, a una lucha contra las políticas de control de natalidad y contra el ambientalismo neomalthusiano que reinaban en la época y que atribuían al nacimiento de las personas en situación de pobreza, los males ambientales del planeta; de esta forma, se articulaban las luchas socio-ambientales que cuestionaban el modelo de desarrollo en curso. Algo similar ocurrió con muchos otros movimientos que en el Foro Global fueron convocados a sumar sus agendas específicas a una convergencia y a una síntesis más amplia. Esta vez, la Cumbre de los Pueblos se realizará bajo el signo de la más profunda crisis capitalista ocurrida desde 1929, estando el sistema internacional desde 2008, amenazado por una inminente quiebra en el funcionamiento de sus bases de apoyo y rehén de un sistema financiero que pasó a dominar no sólo el mundo de la producción, sino también la política. Mientras que en 1992 la hegemonía de EEUU se encontraba en el auge, hoy el sistema internacional se encuentra en una profunda crisis de hegemonía y en disputa por una nueva correlación de fuerzas. Las instituciones multilaterales que sostuvieron a la


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hegemonía norteamericana se encuentran también en crisis y nunca estuvo tan clara la necesidad de poner fin al sistema de Bretton Woods. Esta crisis múltiple – económica, financiera, ambiental, energética, alimentaria, política –, sin embargo, aún no se tradujo en una nueva convergencia de luchas entre los movimientos globales. Por el contrario, las intensas y frecuentes luchas de resistencia han ocurrido de forma dispersa y fragmentada – como es el caso de las movilizaciones en Grecia, de los Indignados en España, de la Primavera Árabe, de los Occupy en EEUU, del movimiento estudiantil en Chile, de las luchas contra las violaciones de los derechos territoriales en Brasil y en otros países – sin que se haya constituido un ambiente político, cultural, simbólico, que vincule a estas ricas expresiones de la lucha anti-sistémica. Este es el desafío para la Cumbre de los Pueblos. Convocar a las luchas sociales y globales dispersas por el mundo a encontrarse y a establecer convergencias. La conferencia oficial nos brinda todos los motivos para que nos unamos en la resistencia: la agenda oficial se resume en encontrar en la financiarización de la naturaleza y en la pérdida de derechos la salida para la crisis y para la inauguración de un nuevo ciclo de acumulación del capital. El Foro Global del 92, que nos antecedió, tiene mucho para enseñarnos. Uno de los tratados aprobados hace veinte años en el Aterro do Flamengo, la Declaración de Rio de Janeiro, afirmó que:

La Cumbre de la Tierra frustró las expectativas que la misma había creado para la humanidad. Se mantuvo ampliamente sumisa a los poderosos intereses económicos dominantes y a las lógicas de poder que aún prevalecen. (…) Denunciamos el hecho de que las grandes corporaciones transnacionales se constituyen como un poder sobre las naciones, en connivencia con muchos gobiernos y en instancias públicas internacionales, presentándose como los paladines del desarrollo sustentable2.

Nada más actual que esta declaración escrita en 1992. Son muchas las semejanzas entre 1992 y 2012. Hace veinte años, la conferencia oficial inspirada en el Informe Brundtland Nuestro Futuro Común, publicado en 1987, le ofreció al mundo como uno de sus principales resultados, la noción del desarrollo sustentable. Ya en aquella época, voces del Foro Global, denunciaban que el término sería algo en disputa y en riesgo de apropiación por parte de corporaciones y países, que lo utilizarían para legitimar un nuevo ciclo de acumulación, manteniendo los mismos patrones de exclusión social y de apropiación privada de la naturaleza: “Rechazamos enérgicamente que el

concepto de desarrollo sustentable sea transformado en una mera categoría económica, restringida a las nuevas tecnologías y subordinada a cada nuevo producto del mercado3”. De hecho, el término desarrollo sustentable fue tan ampliamente utilizado para encubrir violaciones de derechos e injusticias ambientales que hoy no quiere decir nada. La conferencia de 2012, veinte años después, anuncia que la economía verde será la nueva ideología dominante, la panacea a la que todos deberán considerar como la solución por sobre cualquier cuestionamiento. Al final ¿Quién podría estar, como se decía en 1992 en el caso del desarrollo sustentable, contra una economía que utiliza la eco-eficiencia y las nuevas tecnologías? De nuevo nosotros, la Cumbre de los Pueblos, así como lo hicieron tratados y movimientos en el Foro Global de 1992, afirmaremos que la economía verde es otro intento más de las corporaciones para legitimar la supresión de derechos y la apropiación privada de la naturaleza, para mantener sus tasas de lucro.

En 1992, el Tratado de los Modelos Económicos Alternativos afirmaba que:

El Estado neoliberal usa su poder y violencia para reforzar y expandir ese sistema económico opresivo bajo la coordinación de las autoritarias instituciones de Bretton Woods, particularmente el Banco Mundial, el FMI y el GATT, en beneficio del creciente monopolio de las corporaciones transnacionales y de su control sobre los recursos mundiales. El modelo Brundtland de desarrollo sustentable hará perdurar esta situación. La actual expansión de la ideología del libre comercio, mina el poder de los Estados de formular políticas para la protección de los recursos naturales y de la vida humana. La ideología neoliberal transforma a las relaciones sociales y a las comunidades eco-culturales y de base, en meras variables económicas4.

El llamado a la Cumbre de los Pueblos para Rio+20 afirma algo similar, sólo que con un tono más nítido de urgencia:

El sistema de producción y consumo capitalista, representado por las grandes corporaciones, mercados financieros y gobiernos que aseguran su mantenimiento, produce y profundiza el calentamiento global y los cambios climáticos, la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua potable, el aumento de la desertificación de los suelos y de la acidificación de los mares, en suma, la mercantilización de todas

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las dimensiones de la vida. Mientras que estamos viviendo una crisis civilizatoria inédita, gobiernos, instituciones internacionales, corporaciones y amplios sectores de las sociedades nacionales, presos de lo inmediato y ciegos frente al futuro, se aferran a un modelo de economía, gobernanza y valores añejo y paralizante. La economía capitalista, guiada por el mercado financiero global, continúa apoyada en la búsqueda ilimitada del lucro, en la super-explotación del trabajo – en especial el trabajo de las mujeres y de los sectores más vulnerables, en la quema de los combustibles fósiles, en la depredación de los ecosistemas, en el desarrollo igualado al crecimiento, en la producción por la producción – basada en la descartabilidad y en el desperdicio y sin consideración por la calidad de la existencia vivida5.

Son varias también las semejanzas entre 1992 y 2002 en lo que respecta a la no implementación de acuerdos. La conferencia oficial de 92 aprobó un conjunto de documentos, siendo los más importantes la Carta de la Tierra, la Declaración de Rio, la Convención de Biodiversidad, la Convención sobre Desertificación, la Convención Marco sobre Cambios Climáticos, la Agenda 21, y los Principios sobre Bosques. Más importante aún, fue el hecho de que 92 inauguró un ciclo de conferencias de las Naciones Unidas que se extendió a lo largo de los años 90 y que creó un amplio conjunto de normas sobre derechos. Rio+20 deberá aprobar documentos relacionados a la creación de Metas de Desarrollo Sustentable, como reflejo de las Metas de Desarrollo del Milenio, en las que se teme que sean descartados los principios que nortearon el ciclo de los años 90, como es el caso de las responsabilidades comunes, pero diferenciadas, y de los derechos que se aprobaron en ese momento. Se aprobará también la llamada economía verde y una nueva gobernanza restricta al campo ambiental, sin tocar las otras dimensiones detonantes de la crisis global. Frente a un mundo en profunda crisis de múltiples dimensiones, todo lo que Rio+20 se limitará a anunciar es que el mundo estará a salvo gracias a las metas de desarrollo sustentable, que no serán cumplidas – al igual que las declaraciones, tratados y convenciones aprobadas en 1992 y a lo largo de los años 90 – por la economía verde y por una gobernanza ambiental que convivirá con las instituciones multilaterales cuyas reglas llevaron al mundo a la inminencia de un colapso. Existen, sin embargo, dinámicas que diferencian la lógica del Foro Global de 92 de la Cumbre de los Pueblos de 2012. Seguramente hay varios elementos distintos en las trayectorias de los movimientos luego de veinte años de experiencias y luchas, y una de las diferencias en este recorrido es el hecho de que, como afirma Jean Marc von der Weid, en 1992 no teníamos las evidencias que tene-

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mos hoy que comprueban la validad y la viabilidad de nuestras propuestas. En la opinión de Jean Marc, de ASPTA, la diferencia entre hoy y 20 años atrás, está entre otros temas, en la solidez de las prácticas que respetan a las personas y al ambiente, como la producción de alimentos saludables en la agroecología. Son muchas las experiencias que se extienden por el mundo. Es necesario hacer visibles a estas prácticas que también se materializan en los territorios. Sin embargo, la cuestión no se restringe a la visibilidad: al argumentar que la agroecología sólo es posible con reforma agraria y campesinado, Jean Marc nos recuerda que el debate sobre las alterativas está en el plano político6.

Tal vez, una de las diferencias entre 1992 y 2012 sea el hecho de que hoy lo que hemos acumulado en términos de resistencias y de experiencias contra-hegemónicas nos coloquen el desafío de elevar nuestras propuestas al nivel de la disputa política y no sólo a las demostraciones alternativas. Por eso, la Cumbre de los Pueblos puede y debe tornarse el momento, dentro de una larga trayectoria de acumulación de fuerzas, donde demos la disputa política, diciéndole No al recetario nefasto de la conferencia oficial y Sí a un proyecto de sociedad basado en los derechos de los pueblos, en las experiencias y propuestas que hemos acumulado en nuestras prácticas y territorios de resistencia. Por eso, además de realizar actividades y debates, tendremos momentos de convergencias en plenarios y asambleas buscando la expresión de visiones comunes, la movilización y demostración de fuerza. Y demostraremos nuestras soluciones en el Territorio del Futuro, afirmando que nuestro mundo no es una mercancía, y que, a partir de 2012, la humanidad precisa ser regida bajo el signo de los bienes comunes, de los derechos, de la justicia social y ambiental.

Citas y referencias bibliográficas Declaração do Rio de Janeiro, In Tratados das ONGs Aprovados no Fórum Internacional das ONGs e Movimentos Sociais no âmbito do Fórum Global Eco 92, editado por Fórum Internacional de ONGs e Movimentos Sociais e FBOMS.

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Declaração do Rio de Janeiro, op cit.

Tratados das ONGs Aprovados no Fórum Internacional das ONGs e Movimentos Sociais no âmbito do Fórum Global Eco 92, op. cit.

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Venha Reinventar o Mundo! Um Chamado para a Cúpula dos Povos. Disponible en http://cupuladospovos.org.br/2011/12/venha-reinventaro-mundo/

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Contra uma avalanche verde, aposta nos territórios do futuro, Lívia Duarte, FASE. Disponible en http://www.fase.org.br/v2/pagina.php?id=3641

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Contra la mercantilización y la privatización de la vida y de la naturaleza: los Bienes Comunes Jean Pierre Leroy

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Consultor de FASE. Autor de Territórios do Futuro. Educação, meio ambiente e ação social. Rio de Janeiro: Lamparina, 2010.

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De Rio92 a Rio+20: discursos a prueba de realidad La Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo, Rio92, contribuyó en la sensibilización de parte de la sociedad civil mundial frente a los graves problemas ambientales y climáticos que el desarrollo capitalista producía en aquella época, dando espacio a un ciclo de protestas y campañas mundiales. Por otro lado, la conferencia fue realizada en un contexto de neoliberalismo implacable, que contaminó incluso, a la Agenda 21. Por primera vez en un documento oficial, los países occidentales reconocían su responsabilidad por los problemas ambientales, pero, en contrapartida, la Agenda afirmaba que el desarrollo sustentable sólo podría ser alcanzado con la apertura de las economías. Desde ese entonces, el gran capital adquirió una fuerza inigualable, volviendo su discurso hegemónico. Para eso, se apoyó en un conjunto de estrategias: la apertura de las fronteras; el debilitamiento de las legislaciones nacionales y la desregulación; la libre circulación de las mercancías y de los capitales; la deslocalización de las empresas, la concentración empresarial en conglomerados y corporaciones, combinando empresas productivas y bancos, capital productivo y capital especulativo; el debilitamiento y hasta la demolición de instancias de representación de la clase trabajadora a través de la deslocalización y el chantaje al empleo; la sumisión de la mayoría de los Estados y de sus gobiernos a sus fines.

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Sin embargo, abusó de su fuerza. Su soberbia, nos facilita hacer de Rio+20 un gran momento de protesta y de afirmación. ¡No a la econoía verde! ¡Sí a otras economías, a otra sociedad mundial!

El último avatar del capitalismo: la economía verde Hoy, el capital, que aún no consigue encubrir las crisis económicas y financieras que precipitan a decenas de millones de personas en la miseria, sigue presentándose como la solución para las crisis ambientales y climáticas. El discurso del “desarrollo sustentable”, a pesar de la contradicción existente entre los dos términos, ya cumplió la función de hacernos creer que estabamos en el buen camino; sea lo que sea que se entienda por “buen camino”. Entra ahora en escena la “economía verde”, nueva palabra mágica destinada a la tarea salvadora del planeta y del futuro en peligro.

¿Qué significa la conversión al “verde” por parte de los gobiernos y de las grandes corporaciones? ¿Una confesión de culpa? ¿Un reconocimiento del fracaso de las políticas definidas en Rio 92, evidenciado por las alteraciones climáticas, por la reducción de la biodiversidad, por la ampliación de los desiertos, por el número creciente de personas sin acceso al agua potable? ¿Creen que será po-


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sible que las cosas cambien al substituir una terminología (desarrollo sustentable) por otra (economía verde)? ¿A raíz de qué? ¿Qué conejo van a sacar de la galera? Los aparatos del gran capital martillan con los argumentos: “Los gobiernos no tienen los medios para cuidar del medioambiente, son corruptos. Nuestros impuestos sirven para sostener administraciones ineficientes. Faltan técnicos preparados... Nosotros somos la solución. Con nosotros es win-win; ganan todos: la naturaleza, el pueblo y... nosotros también”. ¡Más magia! La capacidad de expansión permanente del capital está íntimamente ligada a la necesidad imperante que indica que para garantizar su supervivencia, tiene que mantener o recuperar, si fuera necesario a cualquier costo, sus tasas de lucro. En un encuentro reciente en Porto Alegre, Pablo Solón, quien fuera embajador del gobierno boliviano de Evo Morales ante la ONU y que participó en la preparación oficial de Rio+20, identificaba al interés del capital por la naturaleza, como necesidad de recuperación de sus porcentajes de lucro. Este nuevo movimiento del capital se manifiesta en dos planos. Primero, en la búsqueda de apropiación y mercantilización de nuevos espacios territoriales (suelos, subsuelos, fondos marinos, aire) y de nuevos dominios (biodiversidad, ecosistemas, cuerpo humano, culturas, conocimientos). Con el mercado de carbono, hay un cambio de escala: es el conjunto de la biósfera la que se torna pasible de apropiación y mercantilización. Y, en segundo lugar, en el plano ideológico, con la admisión del sector privado como actor central para la resolución de la crisis ambiental y para hacer que la economía verde, tal como éste la concibe, se imponga como camino del futuro desarrollo, en el que todos, así como el planeta, ganarían. Si el discurso del desarrollo sustentable, continúa de hecho, para el uso externo, prevalece en las relaciones sociales, políticas y económicas, el juego bruto de la acumulación de ganancias basada en el crecimiento a toda costa y a cualquier precio y en la “desposesión” de muchos. En nuestro país, los ecosistemas aún relativamente preservados (bioma amazónico, bosques, bañados, caatinga, litoral) y lo que sobró de la Mata Atlántica – que garantizan en parte (corrigiendo la crisis climática global), el equilibrio climático, la disponibilidad de agua, la biodiversidad y la agro-biodiversidad, están siendo aceleradamente destruidos. El crecimiento, que permitió que millones de personas salieran de la miseria y que otros tuvieran acceso a los bienes de consumo, encubre el empeoramiento de la calidad de vida del conjunto de la población (a excepción de una pequeña minoría cuya riqueza les permite gozar de aire puro, paisajes encantadores, alimentación de calidad y tránsito rápido) y la reproducción de la pobreza y de la misera de otros millones que están en el camino de las grandes obras, de las hidroeléctricas, termoeléctricas, caminos y vías férreas, puertos, minas, siderurgias, a-

gropecuaria, etc. La polución y la contaminación química urbano-industrial y agrícola afectan el aire, los suelos, las aguas y la alimentación, condenando a millones de personas, en particular a los niños, a desarrollar enfermedades ambientales. La agropecuaria industrial extiende sus tentáculos sobre el territorio, continuando su histórico proceso de expulsión y empujando a campesinos/agricultores familiares, pueblos originarios y comunidades tradicionales a territorios más limitados y cercados. Esa es la verdadera cara de la economía, productora de una profunda injusticia ambiental, actualización y síntesis de la histórica injusticia y de la profunda desigualdad que marcan a sangre y fuego a Brasil desde los inicios de la colonización2. ¿Y es esa economía, ahora controlada por un selecto y reducido grupo de corporaciones productivas y financieras, la que se convierte en verde3?Cabe destacar que no nos posicionamos contra cualquier tipo de mejora tecnológica que reduzca el consumo de recursos naturales, mejore la calidad del aire, economice el agua, facilite el tránsito urbano, etc. Pero ¿tiene sentido bautizar como economía verde a la llegada al mercado de coches eléctricos cuya producción va a exigir más usinas hidroeléctricas o nucleares? ¿Y a la plantación directa en monocultivos que protege a los suelos de la erosión, pero que exige un mayor uso de agrotóxicos? ¿ Y a la producción de semillas transgénicas que supuestamente reducen el uso de agro-tóxicos y que crean resistencia a los mismos y contribuyen a la erosión agro-genética4? ¿Y la dominación, a través de los servicios ambientales y del mercado de carbono, de territorios en los que los pueblos y comunidades tradicionales que allí viven y se reproducen son transformados en meros guardianes de la naturaleza? Un ecologismo pragmático – que cree, que la gestión colectiva de la naturaleza es inviable y que lleva a la depredación del medioambiente, lo mismo que el desarrollo tradicional, o bien, solamente que quien tiene el poder y destruye es quien puede reparar – se desliza fácilmente hacia el ecologismo de mercado. Los gobiernos comprometidos con el crecimiento – y respaldados en su postura por la mayoría de la población – minimizan la cuestión ambiental y climática, en su amplitud y en su urgencia, en pro del corto plazo. Los partidos políticos, con raras excepciones, no desarrollan una reflexión estratégica, más allá de sus intereses. Algunos sectores de la academia están motivados por la creencia de que la ciencia y la tecnología sabrán dar respuesta a las crisis y se someten al sector privado. Los medios de comunicación dominantes, aún si existen algunos chispazos de lucidez y sensatez, son ante todo eco de este conjunto de fuerzas y del pensamiento hegemónico.

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Por una economía de los “Comunes” En este contexto, se torna difícil percibir la existencia de los bienes – materiales e inmateriales - territorios, actividades humanas que aún escapan al mercado: “los bienes comunes ”o simplemente y tal vez aún mejor expresado como “Comunes” (Commons) en base al término en inglés que elimina la palabra bien, ambigua en la expresión, como se explicará más adelante5. Más que un concepto inmediatamente inteligible e indiscutible, se trata, a mi entender, de un campo de reflexión abierto y de un campo de lucha social y política. Aquí se presentan algunas definiciones de lo que se entiende por bienes comunes.

Para David Bollier, los bienes comunes se refieren a:

de la economía capitalista. Lo que me gustaría destacar aquí es el potencial de los Comunes para ir más allá y contraponerse a la economía capitalista y en particular, a la economía verde tal como es presentada en sociedad en este momento que antecede a Rio+20. Pueden ser tomados como Comunes: Territorios indígenas, quilombos, reservas extractivistas y otros territorios ocupados por comunidades tradicionales, pero también áreas en las que predomina la agricultura campesina/familiar, con sus aguas, su biodiversidad y su agrobiodiversidad. Comunes, pueden ser las tradiciones culturales expresadas, por ejemplo, a través de la culinaria, la música, la danza, las artesanías. Son estos territorios materiales e inmateriales los puntos de partida de esta reflexión, pero sin olvidar que se extienden a las aguas del mundo, a la atmósfera, a los sistemas vivos, que ya están siendo privatizados por la contaminación impuesta por los intereses del gran capital en reproducir un sistema de producción y de consumo socialmente fracasado.

Recursos compartidos que una comunidad construye y mantiene (biblioteca, parque, calle), los recursos nacionales que pertenecen a todos (lagos, selvas, vida silvestre-espacio radioeléctrico) y los recursos mundiales de los cuales los seres vivos necesitan para poder sobrevivir (atmósfera, agua, biodiversidad)6.

Incluyen también lo que él llama “economías don” como “la ciencia, (…) grupos de software libre hasta Wikipedia”. Pueden ser divididos en tres categorías “regalos de la naturaleza, creaciones materiales y creaciones inmateriales7”. A su vez, el profesor Yochai Benkler8 divide a los bienes comunes en cuatro tipos, conforme sean “abiertos para cualquier persona o sólo para un grupo definido”, “regulados o desregulados”. Como bienes abiertos para todos, él cita los océanos, el aire, las rutas, la mayoría del conocimiento científico y cultura. Áreas de pastoreo o de irrigación comunitarios, son ejemplos de bien común de acceso limitado. Los bienes abiertos podrían, en tesis, estar desregulados, como en el caso del aire, que sería un sistema abierto aún bastante desregulado, a pesar del control sobre las contaminaciones industriales y urbanas, sin embargo, las calles y las rutas, bienes abiertos, están totalmente reguladas. La mayoría de estas clasificaciones pueden ser cuestionadas. Elinor Ostrom, premio Nobel de Economía de 2009, contribuyó fuertemente para que los bienes comunes fueran tratados con seriedad. Ella mostró que una gestión colectiva de bienes podía funcionar tan bien o mejor que los emprendimientos individuales y empresariales dentro

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A continuación, presento, superficialmente, algunos puntos sobre los Comunes que se originan, en particular, en las prácticas de los pueblos originarios y de las comunidades tradicionales de Amazonas, presentadas a través de los estudios del antropólogo Alfredo Wagner de Almeida9, y a partir de una reflexión personal sobre estos grupos sociales y sobre el campesinado brasilero10. A su vez, espero que quienes se ocupan de cuestiones relativas a la economía solidaria, a la producción de conocimiento, a la ciudad y a la cultura urbana, a los nuevos medios de comunicación y de expresión, puedan establecer conexiones entre lo que presento aquí y su campo de reflexión y acción.

1. En lo que se refiere a la naturaleza, los Comunes no son solamente los recursos naturales. Están indisolublemente vinculados a las poblaciones locales. Son construcciones sociales. 2. Por ser construcciones sociales de interacción entre un “recurso” (una micro-cuenca o un ecosistema, por ejemplo) y uma comunidad/pueblo, son procesos complejos tanto por su alcance espacial como temporal. No remiten


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al pasado, sino al futuro, al devenir de un grupo social en permanente adaptación e innovación, para garantizar su reproducción. 3. La dimensión económica de los Comunes se vincula justamente a la reproducción del grupo social y de las familias que lo componen. Además de practicar una economía de autoproducción y de autoconsumo, pueden estar conectados con los mercados locales. Hay vínculos comunicantes entre su economía y la economía capitalista. Destaco esto para que recordemos que otra economía probablemente no nacerá como um sistema cerrado, completamente extraño al sistema existente, y para que no esperemos eternamente las condiciones supuestamente favorables, para comenzar a crear lo nuevo. 4. La gestión de los Comunes no se reduce a la dimensión económica. Incluye dimensiones sociales, culturales y políticas, como es ejemplificado a través de las observaciones de Alfredo Wagner de Almeida cuando reflexiona sobre las tierras de quilombos y de pueblos indígenas. Según el autor “tierras de uso común”:

tras que todo bien público debería ser en principio, bien común. Eso, en principio, pues vemos como las concesiones de servicios y bienes públicos hacia el sector privado limitan el acceso a ciertos bienes. Transformar una selva en parque nacional, a veces, afecta a las comunidades locales que administran ese territorio como su bien común, siendo en consecuencia, expulsados. 7. Los Comunes están insertos en Estados, en territorios administrativos y políticos, municipales, estaduales y nacionales. La Constitución brasilera reconoce los derechos colectivos de los pueblos originarios y de las comunidades tradicionales. Sin embargo, los pocos territorios quilombolas reconocidos por el Estado muestran cuán difícil es reconocer en la práctica los derechos colectivos en un país marcado por la primacía jurídica y política de la propiedad privada13. Compete a las comunidades y grupos sociales que administran esos Comunes hacer con que continúen siendo Comunes al servicio de todos. Al Estado, compete garantizar su continuidad, elaborando un estatuto jurídico para los Bienes Comunes.

(...) comprenden, por lo tanto, una constelación de situaciones de apropiación de recursos naturales (de suelos, hídricos y forestales), utilizados según una diversidad de formas y con innumerables combinaciones diferenciadas entre uso y propiedad y entre carácter privado y común, atravesadas por factores étnicos de parentesco y de sucesión, por factores históricos, por elementos identitarios peculiares y por criterios político-organizativos y económicos, conforme a las propias prácticas de representación11.

5. Esos Comunes están regulados. En “la tragedia de los Comunes12”, así enunciada en el célebre artículo de Garret Hardin, originalmente publicado en 1968, el autor sostiene que el uso comunal (de um pasto) causa degradación – cuando el interés individual se sobrepone al colectivo. Él abre dos posibilidades: estatización (establecimiento de reglas apremiantes) o privatización. Los Comunes aquí tratados, encuadrados en formas consuetudinárias y otras “leyes” internas del grupo, desmienten a Hardin. Estas reglas aseguran tanto el uso compartido como la disponibilidad de los recursos en el futuro. Esas reglas son fruto de la vivencia del grupo y no son impuestas desde afuera o desde arriba. 6. Existe una distinción que debe ser realizada entre bienes públicos y bienes comunes. Se trata de un bien público cuando el Estado asume la responsabilidad de cuidar, por ejemplo, de un parque nacional o de un acervo cultural-artístico, cuando un municipio cuida una plaza o el ambiente de un barrio (espacios de convivencia, mobiliario urbano, servicios públicos, calles y plazas, etc). La mayoría de los Comunes no son bienes públicos, mien-

8. Los Comunes aquí expresados son “posesión” de determinados grupos sociales que los administran, pero también son comunes de la humanidad. Algunos sectores sociales cada vez más numerosos, atentos a lo que señalan científicos y ambientalistas, tomaron conciencia de la importancia que tienen para la humanidad, las aguas, las selvas, las fuentes de alimentación. Ellos le dicen a las comunidades tradicionales, a los pueblos originarios y a los campesinos/agricultores familiares: “las selvas que ustedes cuidan y de las cuales sacan su sustento, las aguas que dejan brotar y crecer, las semillas que mejoran... son vitales para nosotros. Es para que mañana el mundo no sea solamente de los privilegiados, y es de nuestro interés que ustedes continúen cuidándolas. Ustedes van a brindarnos un servicio inconmensurable, a nosotros y a nuestros hijos. Es su derecho continuar viviendo en sus territórios, así como es derecho de la humanidad poder beneficiarse de sus Comunes que también son nuestro Bien Común”. ¿Cómo resolver esta doble pertenencia? Frente a la mercantilización y a la privatización de la naturaleza, los

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bienes comunes están en peligro y los grupos sociales que los administran precisan apoyo. El sociólogo ecologista Alain Lipietz nos recuerda que “Común” viene de la palabra latina múnus que significa simultáneamente “dádiva” y “encargo”. Entra aquí la noción de reciprocidad: alguien recibe un encargo y, a cambio, recibe alguna recompensa, una donación. Y Lipietz precisa: “La reciprocidad tiene una palabra para denominar la forma de don monetario que va a recompensar un encargo (múnus): la remun-eración. La remuneración no es un salario, ni un precio, aún si se le parece14”. El término “servicio ambiental” fue secuestrado por el mercado. En el mejor de los casos, la transformación de las poblaciones locales, que viven en ecosistemas considerados importantes para el clima, en prestadoras de servicios ambientales, las convierte en meras guardianas de la naturaleza. En la condición de simples guardianes, se les quitaría la posibilidad de mantener a ese Común como una construcción evolutiva viva. Entregarían a otros su identidad y su destino. Sería acabar con el propio Común, pues la permanencia de los bienes comunes está ligada, en nuestro entendimiento, a la posibilidad de que quien cuida de los mismos, construya su devenir. En lugar de servicio ambiental, se debería hablar de “encargo ambiental”. La cuestión del encargo, resulta de una visión de solidaridad y de responsabilidad que va más allá de nuestro lugar y de nuestro tiempo. Comunes manejados por una comunidad como parte de los bienes comunes de la humanidad y en nombre de ella. En el pasado, la responsabilidad del pequeño agricultor, de la familia indígena o del ribereño no iba más allá de la familia y de la comunidad. Ahora, se les impone una responsabilidad mucho mayor. ¿Deberían ser remunerados por eso? La conservación y el uso a lo largo del tiempo de las aguas, de las selvas, de los bosques, de los manglares y de otros ecosistemas se dieron a través de sus estrategias de supervivencia y de reproducción. Ellos quieren continuar y consolidar sus economías y sus culturas, su oikonomia, no sólo transformarse en guardianes de recursos. Deben ser reivindicadas las políticas públicas – nacionales, regionales y mundiales –, en nombre del nuevo encargo ambiental que se asuma. Se trata de dinamizar, de potenciar las capacidades de gestión de sus territorios y de vivir de lo que producen y extraen de los mismos, para que puedan al mismo tiempo y en el mismo movimiento, continuar siendo los cuidadores del Bien Común. El Bien Común no puede ser privatizado, sólo el poder público puede ser el agente que garantice tanto los derechos de esas poblaciones sobre sus Comunes, como los derechos de la sociedad sobre el Bien Común.

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Si bien podemos afirmar con un grado elevado de certeza que el futuro del campo está en la agricultura familiar con bases sustentables, en el conocimiento que se comparte, que la supervivencia de los ecosistemas está asociada a los pueblos que viven en ellos y de ellos, no tenemos todas las soluciones organizativas del futuro. Lo que tenemos es un análisis y los actores que permiten entablar una disputa política entre formas de organización social. Nuestro No a esta economía verde está sostenido en un profundo movimiento por la justicia ambiental. Nuestra protesta surge del mismo, aún más fuerte, porque sabemos que somos portadores de esperanza.

Realismo y radicalidad en la protesta y en la esperanza Citas y referencias bibliográficas Frente a las previsiones sobre el agotamiento de los recursos naturales y cambios climáticos que señalan escenarios de catástrofes económicas, ambientales y sociales, es posible asumir diferentes actitudes. Carpe diem, vamos a aprovechar el día de hoy, como ya decía el poeta latino Horacio. Y el rey Luis XIV haciendo eco de sus palabras: “Después de mí, el diluvio”. La financiarización de la naturaleza no vale más que eso. Algunos de los que están o estuvieron al servicio del neoliberalismo, se interrogan sobre el futuro del capitalismo, mientas que otros dicen que han encontrado la solución. La ciencia y la tecnología conocieron en estos dos últimos siglos tales avances que están surgiendo demiurgos para los que todo es posible. Semillas transgénicas que conseguirán resolver el problema del hambre y las increíbles soluciones de la geo-ingeniería, tales como el paraguas gigante implantado en el espacio, que amenizarán el clima. Nuestro propósito es ser simultáneamente más modestos y más radicales. Más modestos porque no pretendemos tener la solución. Una economía de los Comunes no resuelve todos los problemas que se acumulan. Pero es parte de algo real, rico en potencialidades, que es ignorado o combatido por estar en el campo de los “perdedores” (de los testimonios folclóricos del pasado, de los que quieren volver a la edad de piedra), o porque amenaza definitivamente a los intereses dominantes. Más radicales, porque mostramos que ciertas dinámicas y prácticas de organizaciones y movimientos no se insertan en el sistema capitalista y no se subordinan al mismo, no porque son resquicios del pasado, sino señales del futuro.

2

Ver Rede Brasileira de Justiça Ambiental. www,justicaambiental.org.br

Ver ETC Group. Quíen controlará la economía verde?. www.etcgroup. org/

3

4

Ver AS-PTA. http://aspta.org.br/campanha/

Ver HELFRICH, Silke (org.). Genes, bytes y emisiones: bienes comunes y ciudadania. México: Ediciones Böll, 2008.

5

BOLLIER, David. Los bienes comunes: un sector soslayado de la creación de riqueza. In: HELFRICH, Silke. Op. cit., p. 37 (Traducción libre del autor).

6

7

Ibidem, p. 30-31(Traducción libre del autor).

BENKLER, Yochai. La economia política del procomún. In: HELFRICH, Silke. Op. cit., p. 128-129 (Traducción libre del autor).

8

Ver ALMEIDA, Alfredo Wagner Berno de. Os quilombos e as Novas Etnias. In: O´DWYER, Elaine Cantarino (org.). Quilombos: Identidade Étnica e Territorialidade. Rio de Janeiro: Editora FGV, 2002.

9

Ver LEROY, Jean Pierre. Amazônia: território do capital e territórios dos povos. In: ZHOURI, Andréa; LASCHEFSKI, Klemens (org.). Desenvolvimento e conflitos ambientais. Belo Horizonte: Editora UFMG, 2010. Bien como: LEROY, Jean Pierre. Por uma reforma agrária sustentável. In: _____. Territórios do futuro. Educação, meio ambiente e ação coletiva. Rio de Janeiro: Lamparina, 2010.

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11

ALMEIDA, Alfredo Wagner Berno de. Op. cit., p.45.

HARDIN, Garret. La tragedia de los bienes comunes. In: SMITH, Richard Chasey; PINEDO, Danny (org.). El cuidado de los bienes comunes. Gobierno y manejo de los lagos y bosques en la Amazonía. Lima: Instituto de Estudios Peruanos; Instituto del Bien Comun, 2002, p. 33-45.

12

Ver SOUZA FILHO, Carlos Frederico Marés de. Os Direitos Invisíveis. In: OLIVEIRA, Francisco; PAOLI, Maria Célia. Os sentidos da democracia: políticas do dissenso e hegemonia global. São Paulo: Vozes/FAPESP, 1999.

13

LIPIETZ, Alain. Questions sur les “biens communs”. In : Dph, Coredem, Ritimo: Les biens communs, modèle de gestion des ressources naturelles. Passerelle dph No 02, 05/2010. Paris: Ritimo, 2010, p. 26 (Traducción libre del autor). Disponível en mercredis.coredem.info/communs.

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Obras en el Maracanã - Foto: Rodrigo Soldon sob Creative Commons

Las “ciudades” de la ciudad de Ri o de Janeiro: reestructuración urbana en el contexto de los “grandes eventos” Marcia Pereira Leite

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Profesora DCS/PPCIS/UERJ y investigadora del CNPq, integra el Consejo Deliberativo de FASE y el Círculo Palmarino

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El presente artículo discute el proceso de reestructuración urbana por el que ha venido pasando Rio de Janeiro en los últimos años, en el contexto de la adecuación de la ciudad para recibir “grandes eventos”, como Rio+20, en 2012, el Mundial de Fútbol, en 2014 y las Olimpiadas en 2016, entre otros2. La comprensión de la actuación estatal en la formulación, implementación y disputa de este proyecto, conforma el eje analítico que organiza la presente reflexión. El análisis desarrollado a continuación se estructura en torno a tres cuestiones: 1) qué ciudad está siendo producida por el Estado en ese contexto; 2) para quién la produce el Estado y cómo la produce; y c) cuáles son los impactos de la implementación de este proyecto para la ciudad, particularmente en lo que se refiere al derecho de sus habitantes a la ciudad3.

Planificación estratégica de las ciudades y reconfiguración de Rio de Janeiro como ciudad de negocios El tema de los “grandes eventos” fue colocado recientemente en el debate público sobre Rio de Janeiro. La urgencia por reconfigurar la ciudad para adecuarla a las exigencias de sus promotores externos y los consecuentes impactos sobre el presupuesto (inversiones públicas destinadas a este proyecto) y su ejecución, no pudieron escapar al debate parlamentario, al debate en la prensa y en los movimientos sociales. En este sentido, muchos

se refirieron al año 1996, cuando el gobierno municipal, con apoyo del Estado y de la Federación, entraron en la batalla (finalmente perdida) por Rio de Janeiro como sede para las olimpiadas de 2004. Aun si la candidatura fue derrotada, lo mismo no ocurrió con el proyecto de constituir de forma competitiva, a Rio de Janeiro como una alternativa para disputar otras posibilidades de albergar “grandes eventos”. Pero esta historia comienza un poco antes, al menos como proyecto y como iniciativa política. Para reconstruirla, a grandes rasgos, debemos examinar las propuestas para Rio de Janeiro del prefecto Cesar Maia, en su primera gestión municipal (1993/1996). La ciudad enfrentaba, entonces, según la evaluación del Prefecto, una “profunda crisis urbana”, que estaba afectando su potencial turístico4, relacionado sobretodo con la cristalización de la representación de la ciudad como “extremadamente violenta5” y con la falta de inversiones en sus áreas más valorizadas:

Mi entrada coincidió con el enfrentamiento de una profunda crisis urbana en la ciudad. Los gobiernos anteriores tenían como marca registrada una base populista. Abandonaban la ciudad en nombre de las “prioridades sociales” consolidándola como una metrópolis ocupada desordenadamente, principalmente en favelas. Pasamos por un largo período en el

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que los barrios centrales de Rio de Janeiro prácticamente no recibían una intervención relevante.

Buscando enfrentar esta “crisis urbana”, Cesar Maia formuló su programa de gestión, a partir de los principios de la Planificación Estratégica de las Ciudades – un método para prever, identificar y movilizar potenciales disponibles, orientándose a construir líneas estratégicas para la implementación de programas y proyectos y, de esta forma, reconfigurar la ciudad en términos de lo que sería su “futuro deseado”6. Espíndola destaca que, en la gestión de Cesar Maia, Rio de Janeiro comenzó a integrar el CIDEU/Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (una red de sesenta y ocho ciudades, fundada en 1993, en Barcelona, luego de la realización de las olimpiadas de 1992) para compartir “las experiencias derivadas de la aplicación de los procesos de Planificación Estratégica Urbana, en vistas del desarrollo sustentable7” . En alianza con empresarios, la gestión de Cesar Maia produjo la primera planificación estratégica para la ciudad: Rio siempre Rio, que tuvo como principales líneas de acción los programas Rio Ciudad, Favela Barrio8. Y, en 2005, lanzaba su segundo plan, Las Ciudades de las Ciudad9, dividiendo a Rio de Janeiro en doce regiones, cada una con sus problemas y potencialidades que exigirían una estrategia específica de la Prefectura. En este Plan,

está explícita la idea de ‘reconstrucción’ de la ciudad dirigida al ecoturismo, atracción de inversiones, organización de la recreación cultural, de comercios y servicios, en detrimento de las llamadas ‘ocupaciones irregulares’ en las laderas, más específicamente las favelas10.

El proyecto de reconfiguración de la ciudad de Rio de Janeiro como una ciudad de negocios para el país y para el exterior, estaba en curso11. Definidos los potenciales de Rio, era necesario ofrecerlos de forma atractiva para el mercado, para obtener las inversiones necesarias para la implementación de ese proyecto, buscando resultados económicos de corto plazo. El Estado, en sus tres niveles (federal, provincial y municipal) comenzó a operar con las políticas del city marketing. La ciudad, transformada en mercancía, fue espectacularizada a través de los medios y de performances políticas12. Se iniciaba, de esta forma, un nuevo modo de gestión estatal de la ciudad, con nuevas relaciones entre territorio, economía y política13. Esta nueva configuración ponía en escena a nuevos actores, al menos a una nueva articulación de actores a través de las asociaciones público-privadas, para la implementación de la ciudad de negocios y, de esta forma, la inserción de Rio de Janeiro en los flujos internacionales de acumulación urbana14.

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También según estos autores, los intereses que mueven a ese proyecto constituyen una “coalición mercantil de acumulación urbana” que abarca, entre otros a contratistas de obras públicas, concesionarios de servicios públicos, empresas de crédito inmobiliario y de construcción civil, empresas de consultoría, de proyectos, de turismo, y de eventos15. Sin embargo, había un problema: qué hacer con los pobres, habitantes de favelas y negros que allí habitan y cómo lidiar con la violencia y el crimen que se suponía estar vinculado a estos segmentos16?

Una ciudad de/para negocios vs. una ciudad para sus habitantes Al abogar por la centralidad del tema de las territorialidades en las reflexiones sobre lo urbano, Milton Santos, llama la atención sobre la nueva modalidad de construcción del espacio y funcionamiento del territorio, a través de lo que denominó como horizontalidades (como “territorio de todos”, vivido, que resulta de la expansión de los procesos de industrialización y de urbanización del espacio bajo comando del Estado Nación) y verticalidades (como “territorio de aquellas formas y normas al servicio de algunos”, producidas, comandadas, racionalizadas por intereses extraños a la nación):

Las horizontalidades serán los dominios de la contigüidad, de aquellos lugares vecinos reunidos por continuidad territorial, mientras que las verticalidades estarían formadas por puntos distantes unos de otros, ligados por todas las formas y procesos sociales, (…)El territorio, hoy, puede estar formado por lugares contiguos y lugares en red. Son, aún así, los mismos lugares que forman redes y que forman el espacio banal [el “espacio de todos”] (…) pero conteniendo simultáneamente funcionalidades diferentes, quizás opuestas17” .

Considerando las horizontalidades constituidas según una lógica de solidaridad, históricamente materializada en la distribución de los equipos y servicios urbanos/bienes de ciudadanía, a través de las políticas públicas, y las verticalidades como producidas según intereses particulares, el autor sostiene que el territorio”, en sus diversas dimensiones y escalas, es precisamente “la arena de la oposición entre el mercado – que singulariza – y la sociedad civil – que generaliza18”. Siguiendo el eje analítico desarrollado por Santos, es posible comprender el proceso de reconfiguración de Rio de Janeiro en curso, como ciudad de negocios, como un amplio proceso de reestructuración urbana que actúa


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sobre las territorialidades con potencial para abrigar las actividades-base de los circuitos y flujos comandados por la “coalición mercantil de la acumulación urbana”. Se trata de un nuevo modo de gestión estatal de territorios y poblaciones, que tiene tres líneas principales de acción, profundamente articuladas entre sí. La primera es modernizar esos territorios, a través de la apertura de vías de circulación, de la renovación de su mobiliario urbano y del estímulo a las actividades que concretizan aquellas potencialidades. La segunda consiste en su higienización, combinando, por regla general, los siguientes procesos: la remoción de habitantes de varias favelas y áreas pobres de la ciudad; la regulación y el control de otras, a través de la implantación de las Unidades de Policía Pacificadora (UPPs) como forma de reducir la violencia practicada por los grupos de traficantes de drogas y de disciplinar a sus habitantes; el estímulo para la “remoción blanca” de parte de los favelados que viven en localidades con UPPs, a través del cobro de impuestos y de la regularización de los servicios públicos ofrecidos por concesionarias a precios incompatibles con sus condiciones de vida; la “captura” de otra parte de esos habitantes por el mercado, a través de proyectos sociales y del emprendedorismo, particularmente en el área de turismo y recreación cultural; y finalmente, la represión de la población de calle y del comercio informal. La tercera tiene el sentido de promover su valorización inmobiliaria a fin de permitir el aburguesamiento/ennoblecimiento de determinadas áreas que tendrían tal potencial. El ennoblecimiento de estas áreas, postulado como “futuro deseable”, ha sido traducido como “revitalización”. Pero es necesario estar atentos sobre una consecuencia que deriva de la misma: la expulsión (por el mercado) de habitantes y actividades (también por el mercado y por procesos de regulación y control de esos territorios) no consistentes con este proyecto, como ya viene ocurriendo en la región de Porto Maravilha y Lapa, y se anuncia en la región de Guaratiba, con las inversiones que allí se realizan. Aquí también se inserta el direccionamiento y el estímulo para la valorización de ciertas áreas de favelas con UPPs, a través de la “remoción blanca” y del apoyo a la realización de actividades que puedan constituirse como un diferencial ofrecido como atractivo en el city marketing. Sin embargo, el resto de la ciudad, el “territorio de todos”, aquel vivido por sus habitantes, se degrada no sólo en términos de sus equipamientos urbanos, sino también en términos de sus servicios públicos especialmente en el campo de la salud, del saneamiento y de la educación. Para la ciudad vivida por sus habitantes, ni bienes de ciudadanía, ni seguridad pública19, ya que el conjunto de los cariocas no fue invitado a esta “fiesta”.

Citas y referencias bibliográficas Los Juegos Militares y Rock in Rio en 2011, y la Jornada Mundial de la Juventud Católica en 2013.

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3

LEFEBVRE, Henri. O direito à cidade. São Paulo: Ed. Moraes, 1991.

En el período de 1998 a 1991, el número de extranjeros que incorporaban a la ciudad en su plan turístico de viaje se redujo a la mitad, de acuerdo con los datos de EMBRATUR/Empresa Brasilera de Turismo (Castro, 2001 apud Espíndola, 2009). Destaco que el análisis que sigue se basa en los datos relevados por esta autora y trabajados en la monografía de especialización en Sociología Urbana que elaboró en UERJ, bajo mí orientación.

4

Para la discusión de la construcción y reproducción de esa representación, ver Leite (2000)

5

http://www2.rio.rj.gov.br/planoestrategico. Esta propuesta estuvo disponible en la página de la Prefectura de la Ciudad de Rio de Janeiro, a lo largo de las tres gestiones de Cesar Maia, reelecto para los períodos 2001/2004 y 2005/2008.

6

ESPÍNDOLA, Gislaine. Da cidade que se tem à cidade que se quer – '”Ilegal. E daí?” & “CPI da Desordem Urbana". Monografia de conclusão da especialização em Sociologia Urbana. Rio de Janeiro: UERJ, 2009. p. 26-27.

7

El primero representó una intervención urbana, sobre todo en término de equipamiento y embellecimiento, en los “barrios centrales básicos” de Rio. El segundo promovió la urbanización de diversas localidades en las favelas cariocas. Para un análisis sobre este tema, ver Burgos (1998)

8

Se trata de un afrancesamiento que recurre, por homologación, a los sentidos de la ciudad en la lengua francesa, en el cual el plano se denominaría “Les cités de la ville”, ville significando ciudad y cité refiriéndose a una comunidad política en el sentido cívico, en lugar de la ciudad dotada de una especificidad (significado utilizado por el prefecto para nominar la “Ciudad de la Música” construida en la Barra da Tijuca y aún inconclusa.

9

10

ESPÍNDOLA, Gislaine. op. cit., p. 31.

Cf. http://www2.rio.rj.gov.br/smu/paginas/ev_planos.asp. Ver observación de la nota 4.

11

12

HARVEY, David. A condição pós-moderna. São Paulo: Edições Loyola, 1998.

_____. O enigma do capital e as crises do capitalismo. São Paulo: Boitempo Editorial, 2011. 13

RIBEIRO, Luiz Cesar de Q. & SANTOS Jr. Orlando A. Desafios da questão urbana. In: Le Monde Diplomatique Brasil, ano 4, no 45, abril, 2011.

14

15

Ídem.

LEITE, Márcia Pereira. Entre o individualismo e a solidariedade: dilemas da política e da cidadania no Rio de Janeiro. In: Revista Brasileira de Ciências Sociais, no 44, 2000.

16

SANTOS, Milton. O retorno do território. In: SANTOS, M.; SOUZA, MA de & SILVEIRA, ML. Território, globalização e fragmentação. São Paulo: HUCITEC, 1994.

17

18

Ídem, p. 19

Cabe recordar que el proyecto de “pacificación” de las favelas via UPPs afecta casi exclusivamente a las localidades situadas en torno de las áreas movilizadas por y para los “grandes eventos”. En las otras, continúa la política de “guerra” contra los grupos de traficantes de drogas que muchas veces también afecta al conjunto de los habitantes (Leite, 2000)

19

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Foto: Kenny Tong | Dreamstime.com

Ciudades y ciudadanos: ÂżA favor de quiĂŠn son las convergencias en la Conferencia Ri o+20? Evanildo Barbosa da Silva

1

24

Director Adjunto de FASE, historiador y Doctor en desarrollo urbano (MDU/UFPE).

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Existen varias apuestas en curso en torno a Rio+20 y al futuro de las ciudades. Basta con una simple búsqueda en internet y en seguida se estará frente a una amplia gama de intenciones para las ciudades. La expresión “ciudades sustentables” – otrora descriptas como una construcción crítico propositiva del bloque histórico de la reforma urbana en alianza con el campo de la justicia ambiental y climática –cayó ahora en el decir general: está apreciada, referida y reformulada en un largo y polisémico abanico de coaliciones políticas que va desde los verdes de la última hora, pasando por los convencidos para-empresariales, hasta los bien intencionados tecnólogos de la causa urbana y sus manifestaciones corporativas al interior del Estado. Como maliciosamente sugiere la coyuntura, la causa histórica urbana podrá pasar de su estado de resistencia y lucha política en el front, a un ambiente de convergencias posibles. En ese contexto, debemos preguntarnos: ¿por qué sólo ahora la conducción de las alternativas al desastre humanitario de la vida en las ciudades pasará milagrosamente, a ser una causa de todo el mundo, ya sea tanto de los que se oponen a ese perverso modelo de las ciudades, como de aquellos que erguen, venden y administran este tipo de ciudades? ¿Será que, como lo sugiere Jean Pierre Leroy (2010) estaría ese todo el mundo, movido por la “perspectiva de una ética de la responsabilidad, a partir de un prisma en el cual tiempo y espacio se reducen, y tornan más próximos a los que están más lejos”? Eso no puede saberse aún, pero, muchas agendas estarán en debate y simplemente, desconfiamos de cómo pueda desarrollarse.

Por eso, en el esfuerzo de aproximar a los que están lejos, nuestro diálogo propositivo, aquí presentado, se limitará a sugerir reflexiones en torno a por lo menos dos líneas del debate sobre el futuro del derecho a la ciudad, global y nacionalmente: la primera estaría orientada a atacar las causas y los responsables del ciclo de generación de la miseria y de la injusticia ambiental en las ciudades del mundo y la segunda tendría como intención, enfrentar y exponer el cinismo del Brasil oficial que propone al mundo directivas y medidas estratégicas que ni siquiera están en su agenda interna. El escenario global nunca fue tan amenazante para la vida en las ciudades, ya que al contrario de lo que intentan convencernos los organismos internacionales, la cuenta de esa matanza no es ni será paga indistintamente, ya que son los pobres del mundo los verdaderos condenados. Son muchas las razones contemporáneas que conducen a ese escenario, entre ellas, la inseguridad alimentaria y nutricional crecientes; la expansión planetaria de los desastres ambientales y el propio aumento mundial de la población. Observemos aquí, como ejemplo, sólo el aspecto relativo a la situación poblacional global: según datos recientes de la ONU, la población mundial habría llegado a los 7 billones en 2011 y la población urbana representaría el 51% de ese total (3,6 billones de habitantes). Un primer efecto de esa constatación puede observarse en la lectura del siguiente Gráfico:

25


la ONU calcula que hasta 2020, entre 12 y 81 millones de personas pueden sufrir escasez de agua. En 2050 ese número se elevaría a un número en torno de los 79 a 178 millones2.

Gráfico 1 Cambios en la población urbana y rural mundial (2011 y 2050, en millones) 1,600 1,414

1,400

Y es de la misma ONU la constatación de que, ya en 2011, de 450 áreas urbanas con 1 millón de habitantes o más, cerca de 890 millones de personas (60%) ya estarían localizadas en regiones expuestas a por lo menos un gran riesgo de desastre natural, y entre aquellas ciudades ya situadas en regiones expuestas a esos riesgos estarían, principalmente, las de América Latina, del Caribe y de Asia3.

1,200 1,00

Urban Population

851

Rural Population

800 600 400

295 178

200

110

52

14

0 -72

-200

-24

4

También según la ONU, debido a los cambios climáticos, hasta 2050, más de 200 millones de personas perderán sus casas. Y, en este tema en particular, el gobierno brasilero se suma y expresa su preocupación:

-11

-400 -600

-480 Africa

Asia

Europe

Latin America and the Caribbean

Northern America

Oceania

FONTE: United Nations, Department of Economic and Social Affairs, Population Division: World Urbanization Prospects, the 2011 Revision. New York 2012.

Para la ONU, la población mundial urbana tendería a absorber todo el contingente de personas que van a nacer hasta 2050 (2,3 billones), sumado a la migración neta de los 600 billones que se desplazarían de lo rural hacia lo urbano. De esta forma, la población urbana del mundo tendería a pasar de los actuales 3,6 billones a 6,3 billones de habitantes en 2050 (representando un crecimiento de 2,7 billones de personas en las ciudades en sólo 40 años). Los mayores aumentos de población urbana en el mundo, también según la ONU, estarían previstos para India, China, Nigeria, Estados Unidos e Indonesia. Entre 2010 y 2050, el cuadro sería el siguiente: India adicionaría 497 millones a su población urbana; China, 341 millones; Nigeria, 200 millones; Estados Unidos, 103.000 millones e Indonesia, 92 millones. Entre 2011 y 2050 la población rural del mundo tendería a disminuir de 3,4 billones a 2,8 billones de habitantes, mientras que para 2050 las proyecciones estiman una población mundial total de 9,3 billones, siendo que 6,3 billones de habitantes estarían en el medio urbano (o 70% de esta población viviendo en ciudades). También según la ONU, aún si se registrara el mínimo de calentamiento ( de 1ºC o 2ºC) en la temperatura global, aproximadamente de 6 a 25 millones de personas en el litoral del Norte de África se verían afectadas por inundaciones. Hoy, ya son 40 millones de personas las que viven en áreas en riesgo de grandes inundaciones. Para 2070 esa población llegaría a 150 millones. En América Latina,

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En consonancia con la creciente atención atribuida a la política habitacional, así como al tema de la eficiencia energética, es importante fortalecer el debate relativo a la sustentabilidad en términos globales, una vez que las perspectivas de crecimiento urbano para las próximas décadas refuerzan la necesidad de construcción de casas para personas con bajos ingresos. De acuerdo con los datos del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Urbanos (UN Habitat), en alrededor de 40 años, dos tercios de la población mundial vivirá en ciudades, siendo que aproximadamente 70% del crecimiento demográfico mundial deberá ocurrir en los países en desarrollo. En 2050, se estima que América del Sur será la región más urbana del mundo, con 91,4% de su población viviendo en áreas urbanas.4

Pensemos juntos: Frente a estas estimaciones mundiales y, considerando cuánto estas potencian la expansión del consumo global y la consecuente presentación de nuevas y no saciadas demandas de bienes y servicios básicos urbanos, ¿qué convergencias serían posibles fuera del mercado? ¿Quién coordinaría y regularía globalmente ese boom aún si hoy se demostrara alguna preocupación por la reversión de las condiciones precarias de nuestras ciudades (y, principalmente, de las personas más empobrecidas que viven en las mismas) frente a dicha expansión? Mientras que la población mundial sólo aumenta, nuestras ciudades se configuran como imagen y pro-


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ducto de una lógica de reproducción de la vida cuyo comando histórico es servir de plataforma para producción, reproducción y expansión del capitalismo, siendo la mayoría de sus habitantes productos y (re)productores de esa lógica dado que consumen y retroalimentan a las células vitales del sistema: los flujos de capital. Sabemos que para esa lógica, importa reproducir ciudades y ciudadanos como redes y nudos de una misma dinámica en cualquier lugar, pero, sobre todo cualquier lugar lucrativo del planeta. Por lo tanto, sería ya desde ese punto de partida desde donde se justifica reflexionar y buscar cómo atacar las causas e interrumpir el ciclo de generación de miseria y de injusticia ambiental que tiene casi trescientos años de manifestación en la producción del espacio. Veamos en David Harvey5 un pasaje ilustrativo de los procesos de producción del espacio y, por lo tanto, de la lógica a la cual nos referimos anteriormente:

Buena parte de mis estudios de los últimos veinte años (...) han sido un esfuerzo para mapear con exactitud dicho proceso, comprender las formas a través de las cuales el capital construye un paisaje geográfico a su propia imagen, en un dado momento del tiempo, simplemente para tener que destruirla a fin de acomodar su propia dinámica de interminable acumulación del capital, amplios cambios tecnológicos e implacables luchas de clases … Gran parte de la extraordinaria transformación de la superficie de la tierra en los últimos doscientos años, refleja precisamente la materialización de la forma de utopismo del proceso, fundada en el libre mercado y en sus incansables y perpetuas reorganizaciones de las formas espaciales6.

Y en la matriz de este y contra este movimiento de materialización objetiva y real de la forma de utopismo del libre mercado, es donde se debe aprovechar la ocasión para exponer las causas y los responsables de la miseria y la injusticia ambiental global, colocándose en el centro de los debates de Rio+20 y a partir de las Asambleas de los Pueblos (Cumbre de los Pueblos).

bales. Sí, una agenda de movilizaciones globales, pues no habrá patrón de enfrentamiento de los problemas urbanos sin que las causas también sean enfrentadas globalmente. Durante la Cumbre de los Pueblos y en la Conferencia Rio+20, el Foro Nacional de Reforma Urbana (FNRU) realizará un llamado a la convergencia poniendo énfasis en el debate sobre los territorios justos, democráticos y sustentables. Esta vez, más allá del paradigma del derecho a la ciudad en la agenda de reforma urbana, se suma la reforma agraria como expectativa de cambio del paradigma que orienta el debate sobre el futuro y, de forma específica, sobre el futuro global urbano. En esta iniciativa del FNRU las ciudades son presentadas como lugares potenciales de ejercicio del derecho a resistir el modelo neoliberal que ha provocado la crisis económica, civilizatoria, ética y ambiental, lo que justifica retomar y releer la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad como plataforma común para el derecho a la defensa de los bienes comunes. También se recuperan principios a cerca de la función social de la responsabilidad sobre los bienes comunes naturales, patrimoniales y energéticos de la ciudad y de su entorno, entre otros. El llamado a la convergencia se lanza en el debate revigorado sobre el tema del usufructo democrático y equitativo de la ciudad por sus ciudadanos y ciudadanas. Pero, no nos engañemos: a pesar de los esfuerzos proconvergencias, incluso en el campo político anticapitalista es muy complejo el diálogo plural sobre “qué desarrollo” y sobre “qué democracia” en la actual coyuntura global, no sólo por la presión de las crisis que asolan a regiones enteras del mundo, sino principalmente porque la respuesta hegemónica global que el mercado quiere imponer a ese tipo de pregunta sólo apunta cada vez más al viejo patrón expansionista de los flujos y de los lucros (cargado de la perspectiva teórica del empresariamiento urbano como remedio para las ciudades), confundiendo cada vez más los fundamentos teóricos y políticos del otrora bloque histórico democrático-popular anti-sistémico.

Afortunadamente las convergencias y posicionamientos construidos en y para el proceso de la Cumbre de los Pueblos, buscarán ese perfil de respuestas y de enfrentamiento, por eso pretenden pautar (a) las causas estructurales de la crisis global ; (b) nuestras soluciones y propuestas y, finalmente, (c) una agenda de movilizaciones glo-

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Frente a estas situaciones singulares de la Historia, desconfío que algunas energías cívicas estén sustentando pequeñeces de la praxis política u operando resistencia social de corto aliento, y que no haya espacio creativo para relecturas teóricas de los principios fundadores del derecho a la ciudad. Aún no sabemos si habrá oportunidades, pero, quien sabe, si nuevos aspectos utópicos y horizontes teóricos no podrán emerger e influir en Rio+20 y en la Cumbre de los Pueblos en esa relectura. En la ausencia de una respuesta efectiva, algo nos remite a una cierta perspectiva teórica: bajo el punto de vista dialéctico, Harvey 20067, por ejemplo, nos ofrece dos posibilidades de relecturas para los impasses de lo urbano, tomando como referencia el fundamento del empresariamiento urbano que organiza la lógica global de reproducción de las ciudades (y en Brasil, guía a la lógica de reproducción de las ciudades del Mundial de Fútbol de 2014). La primera perspectiva dialéctica, parte de las contradicciones positivas acerca del empresariamiento urbano y se refiere a los sentidos emotivos y simbólicos que involucrarían al carácter de la tarea de contemplación del futuro urbano. En esta perspectiva, el autor nos presenta una línea de reflexión:

Al producir colectivamente nuestras ciudades, nos producimos colectivamente a nosotros mismos. Proyectos referentes a lo que deseamos que sean nuestras ciudades son, en consecuencia, proyectos referentes a posibilidades humanas, a lo que queremos o, lo que tal vez sea más pertinente, a lo que no queremos ser. Cada uno de nosotros, sin excepción, tiene algo para pensar, para decir y para hacer al respecto. La forma en la que nuestra imaginación individual y colectiva funciona es, por lo tanto, crucial para definir el trabajo de la urbanización. La reflexión crítica sobre nuestro imaginario implica también enfrentar el utopismo oculto con el resucitarlo para actuar como arquitectos de nuestro propio destino, en lugar de "impotentes marionetas" de los mundos institucionales e imaginativos que habitamos. Si, como dice Unger 1987b, p. 8, aceptamos que la "sociedad es construida e imaginada" podemos también creer que puede ser "reconstruida y reimaginada" 8.

La segunda es la posibilidad de resignificación de la crítica de ese paradigma del empresariamiento urbano que,

28

al reconocer a la ciudad como una corporación colectiva, nos brinda la oportunidad de explorar y problematizar los límites y las contradicciones del propio carácter inherente a su naturaleza. En este sentido, el mismo autor ilustra:

La trayectoria del empresariamiento urbano en estos últimos años ha servido para mantener y profundizar las relaciones capitalistas del desarrollo geográfico desigual y, a través de esto, afectar la trayectoria general del desarrollo capitalista de forma intrigante. Sin embargo, una perspectiva crítica del empresariamiento urbano indica no solamente sus impactos negativos, sino también su potencial para transformarse en un progresivo corporativismo urbano, dotado de un agudo sentido geopolítico sobre cómo construir alianzas y conexiones espaciales para mitigar o incluso desafiar la dinámica hegemónica de la acumulación capitalista y dominar la geografía histórica de la vida social9.

En las dos perspectivas anteriormente presentadas, el autor resalta el hecho de que la ciudad observada como una corporación colectiva requiere por un lado, que sean construidas alianzas de clase para la toma de decisiones y que, por otra parte, los interpenetren conflictos en la disputa por la hegemonía geográfica desigual urbana. Es entonces, de este grano de esperanza de lucha y disputa por la hegemonía geográfica global urbana (aún reconociendo la larga temporalidad y la amplia aprobación del modelo vigente de ciudades en el mundo) de donde puede desprenderse que aparecerá alguna reacción o alternativa , pero que ciertamente no tendría una fuerza sólo local, dado el peso global de los flujos de capital en la mejora y expansión del engranaje territorial desigual urbano mundial. ¡Aquí hay una buena agenda de debate! Existen también las tareas políticas internas y, seguramente, hay que dedicarse a ellas con afinco para que se transforme en una agenda. Si tenemos en cuenta la posición oficial de Brasil para el tema de las Ciudades y del desarrollo urbano10, luego tendremos que enfrentar y exponer el cinismo oficial que propone directivas al mundo y medidas estratégicas que ni siquiera están en su pauta interna. Así como lo hace la ONU, el documento oficial brasilero parte de un presupuesto limitado para hablar de sus expectativas sobre el papel de las ciudades, de ahora en adelante. Veamos lo que declara:


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En el contexto del desarrollo sustentable, es fundamental la definición del papel de las ciudades, forma contemporánea predominante de asentamiento humano que concentra, al mismo tiempo, a los centros de comando político y económico, así como a los polos de irradiación de los patrones de consumo, de conocimiento y de las innovaciones tecnológicas11.

a los efectos de los cambios climáticos globales. Los desastres naturales constituyen un obstáculo para el desarrollo sustentable inclusivo. Se torna necesario, por lo tanto, poner énfasis en la prevención y respuesta adecuada frente a los desastres naturales y promoción de buenas prácticas en materia de defensa civil13.

El documento oficial brasilero declara: La posición brasilera en el tema replica, sin sobresaltos, una visión recurrente sobre el papel a ser ejercido por las ciudades en el mundo y cuando se refiere a sus habitantes, apenas los considera como “forma predominante de asentamiento humano”. Sin embargo, no economiza en las expectativas más objetivas sobre el cumplimiento de su papel (“consumo, conocimiento e innovación tecnológica”, la santísima trinidad para la reproducción del capital). Eso puede parecer excesivamente filosófico para el sentido común, pero, es un punto de partida que organiza toda la percepción de futuro sobre las ciudades, sus funciones y normas. Prevaleciendo esto, será mantenida la base de la separación entre ser/ciudadano y ciudad/ ciudadanía y entre ser y naturaleza, lo que dará fuerza y luz al utopismo del libre mercado que se ocupará sin impedimentos de la economía verde y sus fundamentos contra el fracaso humanitario en las ciudades. Entre los principales desafíos para el establecimiento de ciudades sustentables, el documento brasilero enfatiza: el diseño de políticas dirigidas a la planificación integrada; el fomento a la construcción sustentable, a la eficiencia energética y a la reducción del consumo de agua en los edificios, con apoyo a la investigación y democratización para el acceso a nuevas tecnologías, así como a la implementación de tecnologías modernas con ventajas ambientales12 y ,finalmente, la (re)calificación progresiva de los emprendimientos habitacionales de interés social, considerando las tres dimensiones básicas del desarrollo sustentable y la diversidad cultural y las soluciones urbanísticas y arquitectónicas, así como proporcionando el máximo aprovechamiento de las condiciones bio-geoclimáticas locales y promoviendo la justicia social y ambiental. Y el Brasil oficial sigue orientando al mundo:

Dichas políticas públicas deben priorizar, también, el transporte colectivo de calidad, con accesibilidad, el saneamiento, el tratamiento de residuos, restricciones para ocupación en áreas de riesgo y vegas de ríos, creación de áreas protegidas y aumento de la resiliencia

el mundo deberá definir y promover un nuevo patrón de ocupación, frenando la expansión urbana desordenada en las mega ciudades y fortaleciendo la gobernanza en las ciudades pequeñas, medianas y grandes, con la provisión de servicios que garanticen calidad de vida y generación de ingresos para las poblaciones14.

¿Cómo puede proponerse esta directiva al mundo cuando es en el Brasil contemporáneo donde el mundo se expande dado que encuentra condiciones especiales para la reproducción del capital inmobiliario y de las grandes infraestructuras en construcción, donde se amplían las fronteras urbano-metropolitanas con obras para mega eventos, con programas y recursos de todo tipo, a la vez que se promueven cambios sustanciales de Leyes e Instrumentos jurídicos que buscaban resguardar el derecho a la función social de la vivienda, la protección del uso del suelo urbano para quien en él vive y, principalmente, el derecho a no destruir los pocos recursos naturales y coberturas vegetales que aún subsistían como “pulmones urbanos”? Y ¿qué quiere decir el Brasil oficial con gobernanza de las ciudades, frente al hecho de que los gobiernos han, paulatinamente, desistido o desestimulado la efectiva participación democrática de los espacios institucionales en la toma de decisiones, que son esenciales para la definición sobre qué modelo de ciudades superaría, desde ahora, los impases del futuro de lo urbano en nuestro país? En fin, son muchas las barreras para proteger a los que están próximos y aproximar a los que están lejos. Pero, queda la expectativa de que las reflexiones sobre el paradigma del derecho a la ciudad proporcionen relecturas y organicen agendas que combinen cada vez más las experiencias de resistencia e innovación, desde el terreno local hasta el espacio global urbano. Debe prestársele algún tipo de atención al hecho de que aún existe mucha confusión en el camino, e incluso en el ámbito de las convergencias.

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Preocupa saber que para aquellos que están atados de ahora en adelante a cierta “naturaleza benevolente” construida a favor de ciudades sustentables, la ciudad genérica no sólo va a ganar un lugar destacado, sino que se impone como objeto central de análisis, alcanzando sin mucho esfuerzo (y hasta incluso sustituyendo peligrosamente) el lugar que sería de los ciudadanos y ciudadanas que en ella viven. Las ciudades, así tratadas, se apartarían de sus ciudadanos y en estas ( y no en ellos) residirían los problemas a ser enfrentados. Las ciudades (y no quien en ella vive) serían portadoras de ciudadanía y por eso mismo serían ciudades ciudadanas, a quienes y para quienes se dirigiría el esfuerzo cívico global de la ciudadanía urbana. Y, de esta forma, la tarea de confundir lo más posible para no salir del lugar estaría completa: las alternativas y las convergencias que ya están discursivamente anunciadas a favor de las ciudades genéricas se presentarían al mundo sin decir contra qué y a favor de quién se estarían conduciendo. De esta forma, es fácil saber contra quién estarían las probables convergencias. Mantengámonos alertas!

Citas y referencias bibliográficas Documento “Ciudades y Cambios Climáticos: Informe Global sobre las Ocupaciones Humanas” ONU/UN-Habitat. 2011.

2

A la vez, la ONU dispara su aparente ambigüedad discursiva: “con mitad de la población viviendo hoy en ciudades, la urbanización es una cuestión crítica para Rio+20 – Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sustentable – que tendrá lugar los días 20 al 22 de junio, en Rio de Janeiro, Brasil. Las ciudades es adonde están más directamente sentidas las presiones de la migración, la globalización, el desarrollo económico, la desigualdad social, contaminación ambiental y cambios climáticos. Pero, al mismo tiempo, son los motores de la economía mundial y centros de innovación donde muchas soluciones para los problemas globales están siendo conducidas” Traducción libre del Documento “Revisión 2011 de las perspectivas mundiales de urbanización . ONU 2011” (Disponible en: <http://esa.un.org/unpd/wup/pdf/WUP2011_Press-Release.pdf>, último acceso 14/05/2012).

3

BRASIL. Documento de Contribuição Brasileira à Conferência Rio+20. Brasília, 1º de novembro de 2011.

4

5

HARVEY, David. Espaços de Esperança. São Paulo: Loyola, 2006.

6

Ídem, p.233

7

Ídem.

8

HARVEY, David. op. cit., p. 210-211.

9

Ídem, p. 63.

11

BRASIL. op. cit.,

12

Ídem.

En este tema en particular el documento oficial de Brasil busca argumentar que “en el contexto de las estrategias para las ciudades sustentables, deben incluirse acciones específicas para el sector de construcciones civiles e infraestructura. Datos de la ONU señalan que el sector de la construcción, a nivel global, responde por un tercio del consumo de los recursos naturales, incluyendo 12% de todo el uso del

13

30

agua dulce, y por la producción de hasta 40% de los residuos sólidos. La promoción de la sustentabilidad en el ambiente urbano pasa por decisiones de compra de productos utilizados en los procesos de desarrollo urbano que consideren los múltiples impactos económicos, ambientales y sociales a lo largo del ciclo de vida” (BRASIL, 2011). 14

Ídem.


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