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EDITADA POR LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Nº 219 NOVIEMBRE AÑO 2021

TERCER MILENIO


Nº 219. NOVIEMBRE, 2021

TERCER MILENIO EDITA OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Tfno: 91 590 27 80 Fax: 91 563 98 33 E-Mail: dir.nal@omp.es http://www.omp.es

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en este número... IGLESIA A FONDO "A los pobres los tienen siempre con ustedes". Es la provocadora frase del Evangelio de Marcos en torno a la que la Iglesia católica celebra el 14 de noviembre la Jornada Mundial de los Pobres.

16 PRIMER PLANO

México acaba de celebrar el bicentenario de su independencia. Un país que, sacudido por la violencia, la impunidad y la corrupción, se sigue buscando a sí mismo.

26

INFORME La 73 Asamblea General de las Naciones Unidas acordó declarar 2021 Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil. La erradicación de esta lacra es, sin embargo, un objetivo aún lejano.

30 y además... 7 TRIBUNA

Todos somos necesarios

12 EL OBSERVADOR MALÍ - ITALIA ASIA CENTRAL ORIENTE MEDIO

22 ASÍ VA EL MUNDO CUBA - INDIA ECUADOR - TÚNEZ

36 ENTREVISTA M.ª Dolors Arqués, nueva superiora general de las Josefinas de la Caridad

40 ANIMACIÓN MISIONERA 43 AYUDAMOS A... Kazajistán

46 CULTURA

Cuando el cine mira a otros países

51 EL CUARTO MUNDO 52 EN EL OBJETIVO 54 MISIÓN VIVA Eunice Rocha, Servidora del Evangelio


EDITORIAL

Pobreza y evangelización

L

os pobres deben estar en el centro de la evangelización, deben ser la opción preferencial de nuestros misioneros y misioneras, y de todo aquel que se considere cristiano. Lo ha venido a subrayar con fuerza el papa Francisco cuando, en su Mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres –que se celebra el 14 de noviembre, en torno al tema “A los pobres los tienen siempre con ustedes”–, ha advertido a la comunidad católica de que “quienes no reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de Jesús y no pueden ser sus discípulos”. Para el Santo Padre, hay “un vínculo inseparable” e indestructible entre “Jesús, los pobres y el anuncio del Evangelio”, tarea esta última que es crucial y esencia de toda vocación misionera. Esta unión inquebrantable se hace palpable en el mismo nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre en un mísero pesebre. Desde ese preciso momento, la obra de Jesús se centra especialmente en los más desfavorecidos, en los descartados y maltratados. De hecho, a Él, señala el Papa, “lo reconocemos en la vida de los pobres, en su sufrimiento e indigencia, en las condiciones a veces inhumanas en las que se ven obligados a vivir”. En ese reconocerlo y servirlo en medio de la humanidad sufriente radica la salvación. Y no solo eso: “Los pobres de cualquier condi-

ción y de cualquier latitud nos evangelizan porque nos permiten redescubrir de manera siempre nueva los rasgos más genuinos del rostro del Padre”. La pobreza ocupa una atención preferente en la labor misionera. Está “en el centro del camino de la Iglesia” y, por tanto, en el de la

que pretende descargar toda responsabilidad de su condición de miseria sobre quien la padece, “la pobreza no es fruto del destino, sino consecuencia del egoísmo”. No es de seguidores de Jesús asistir con indiferencia, y menos con alabanzas, “a la creación –como denuncia el Santo Padre– de trampas

La pobreza está en el centro del camino de la Iglesia y ocupa una atención preferente en la labor misionera. evangelización. No sin motivo, los pobres, como dice Francisco, “fueron los primeros en ser evangelizados y llamados a compartir la bienaventuranza del Señor y su Reino”. El desprendimiento total marca también una característica fundamental de nuestros misioneros y misioneras, que son capaces de dejarlo todo y llegar a entregar su vida para servir y dar a conocer con su testimonio la Buena Noticia a quien más lo necesita. Tratan, como Jesús, no solo de estar de parte de los pobres, sino de compartir con ellos la misma suerte. Siguiendo el ejemplo del Señor, los misioneros salen al encuentro de los pobres y tratan de denunciar las estructuras de pecado que generan y alimentan esa pobreza. En este sentido, el papa Francisco señala que, en contra de una concepción individualista de la vida

siempre nuevas de indigencia y exclusión, producidas por actores económicos y financieros sin escrúpulos, carentes de sentido humanitario de responsabilidad social”. Hay que responder con un tajante “no” a una economía que mata, que siembra injusta desigualdad, que margina, descarta y desprecia. Primero habrá que reconocer las “expresiones de la pobreza”, para después “compartir el sufrimiento” de quien la padece y “aliviar su malestar y marginación”, con vistas a que recupere “la dignidad perdida” y se le asegure “la necesaria inclusión”. En esta reciprocidad, en este compartir duradero, todos saldremos ganando, porque “hay muchas pobrezas de los «ricos» que se podrían curar con la riqueza de los «pobres»”. Toda una gran clave en el caminar evangelizador y misionero.

EDITA Obras Misionales Pontificias DIRECTOR NACIONAL OMP José María Calderón DIRECTOR Alfonso Blas DISEÑO Antonio Aunés COLABORADORES Rafael Santos, Francisco José Pérez Valero, Dora Rivas, José Beltrán, José TERCER MILENIO Carlos Rodríguez, José Ignacio Rivarés, María Ángeles Castillo, Asier Solana, Israel Íñiguez, Leticia Lanoix, Alberto Bravo, Modeste Munimi, María Jesús Sahagún, Juan Lázaro Sánchez ARCHIVO FOTOGRÁFICO Antonio Aunés, Rafael Santos, Ana Fernández FOTOGRAFÍAS Efe, 123RF SUSCRIPCIONES Roberto Murga DEPÓSITO LEGAL M-48558-1999 ISSN 1695-1034 IMPRESIÓN Gráficas Dehon. PP. Reparadores. C/ La Morera, 23-25. Torrejón de Ardoz, Madrid. Tfno: 91 675 15 36


Domitila Fuertes Ramos

frasesy yflashes

Misionera de Santo Domingo en Japón Nuestra labor como misioneros no es tanto dar o traer o enseñar cosas materiales, sino dar, traer y enseñar el valor de la vida, de dónde procede, para qué sirve, cómo hay que hacer uso de esa vida que se nos regala como don de Dios.

José Luis Coll Misionero franciscano en la Amazonia peruana

Papa Francisco La misión se basa en un encuentro entre personas, en el testimonio de hombres y mujeres que dicen: "Yo conozco a Jesús; me gustaría que tú también lo conocieras".

Los misioneros, además de evangelizar, también dignificamos la vida de tantas personas que "sobreviven" e intentamos aportarles un motor que les ayude a alzar el vuelo: la esperanza. La misión es imprescindible en la Iglesia, porque es estar en contacto con los más vulnerables, pobres y rotos, que son los preferidos de Jesús.

Florentina Fernández

Mons. Juan Carlos Elizalde Obispo de Vitoria La eucaristía, y más la eucaristía de cada domingo, nos hace tomar conciencia de que pertenecemos a un pueblo, que es la Iglesia, y de que nos convoca el Señor, que tiene algo que decirnos. No hay misioneros ni misioneras sin la eucaristía. La seducción, el atractivo del Señor y de su Palabra es previo a la misión.

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Misionera dominica de la Anunciata Después de tantos años vividos en Añatuya, Argentina, siento que me ayudó a madurar humanamente, a crecer en la fe, a sentirme cada día más firme en mi compromiso bautismal misionero y evangelizador. He tratado de acompañar y caminar al lado de la gente, no detrás ni delante.


TRIBUNA

Todos somos necesarios

A

Por D. José María Calderón.

lguna vez he oído decir, ¡con horror!: “¡Menos mal que hay pocas vocaciones religiosas! Porque eso ha obligado a que los laicos asuman cada vez más compromisos de evangelización y de servicio que hasta ahora veían con poco entusiasmo”. Con perdón, pero, con sinceridad, creo que eso es una barbaridad. Pienso que quien habla así realmente no ama su vocación, no entiende lo que significa la comunión dentro de la Iglesia, pero tampoco valora la vocación ajena. En el fondo, es una forma de clericalismo enorme: es ver la vocación con argumentos de poder dentro de la Iglesia. Es perder el rumbo y el sentido. Según eso, también sería bueno que desaparecieran los conventos de vida contemplativa, para que el resto fuéramos más contemplativos... Tenemos que pedir a Dios que haya muchas vocaciones religiosas que muestren al mundo que Cristo vale la pena y que, renunciando a todo lo que este mundo ofrece, nos enseñen que hay una vida eterna esperándonos; tenemos que rezar para que haya muchas vocaciones sacerdotales, para que en ningún sitio del mundo se queden sin la celebración de la eucaristía y sin el don del perdón de Dios. Rezamos por que haya muchas vocaciones matrimoniales vividas según el designio de Dios, para

Director Nacional de OMP

que sean muchos los hombres y mujeres que puedan ser sal, luz, levadura de nuestro mundo y hacer presente el reino del Altísimo. Hace falta que los sacerdotes fomenten la santidad, el compromiso apostólico, la vida de verdadera entrega entre los laicos. Hace falta que los laicos fomenten la vida cristiana entre los suyos para que

deja a los hombres y mujeres de este mundo, y menos aún en los momentos de dolor y sufrimiento. Y, por supuesto, es necesario que salgan muchos seglares a la misión y muestren a los hombres de este mundo que la santidad y la vida verdaderamente cristiana no es algo reservado a unos pocos selectos, llamados a una vocación de

Tenemos que pedir a Dios que haya muchas vocaciones religiosas que muestren al mundo que Cristo vale la pena. surjan vocaciones sacerdotales, a la vida consagrada y a la misión. Hace falta que las religiosas y los religiosos muestren, con su vida y con su testimonio, que estar en el mundo es el modo para adentrarse en caminos de santidad, de contemplación, de piedad, de entrega, de sacrificio, de amor... San Juan Pablo II, en Redemptoris missio, dejó dicho: “Las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada son un signo de la vitalidad de una Iglesia” (n. 79). Es necesario que de España salgan muchos misioneros sacerdotes que lleven los sacramentos a los lugares más recónditos, que salgan muchos misioneros en la vida consagrada que entreguen su existencia en los lugares adonde son enviados, manifestando así que la Iglesia no se va, no abandona, no

consagración, sino que el mundo y las cosas del mundo, que el amor humano, el que se da entre un hombre y una mujer, entre unos padres y sus hijos, no es un obstáculo para la santidad más grande, sino, por el contrario, un camino precioso para alcanzarla. No, no debemos consentir que la dialéctica y la confrontación se vean como algo normal. No se trata de unos frente a otros, no se trata de menguar unos para que otros crezcan; consiste en construir entre todos y ayudarnos mutuamente a que cada uno alcance el grado de santidad y entrega que el Señor le ha pedido. Como Madre Teresa decía hermosamente: “Lo que tú puedes, yo no puedo; lo que yo puedo, tú no puedes; ¡juntos haremos algo bello para Dios!”. NÚM. 219, NOVIEMBRE DE 2021

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IGLESIA A FONDO Jorge Crisafulli

Foto: Alberto López. Misiones Salesianas

La Iglesia celebra el 14 de noviembre la Jornada Mundial de los Pobres, en la que será su quinta edición. Iniciada por el papa Francisco, este año gira en torno a una provocadora frase: "A los pobres los tienen siempre con ustedes", palabras de Jesús recogidas en el Evangelio de Marcos. En su Mensaje para este día, el Pontífice recuerda que "los pobres de cualquier condición y de cualquier latitud nos evangelizan, porque nos permiten redescubrir de manera siempre nueva los rasgos más genuinos del rostro del Padre".

E

ntre 1990 y 2015, año en que finalizaba la consecución de los Objetivos del Milenio, la pobreza extrema descendió del 36% al 10%, según Naciones Unidas. Sin embargo hoy la pobreza sigue ahí y ha empeorado con la pandemia. A veces se manifiesta en malas condiciones 16 misioneros

materiales, en poco acceso a la educación o a la tecnología, o en otro tipo de injusticias. En las siguientes páginas, algunos misioneros y misioneras cuentan cómo se han acercado a la miseria y han acompañado a quienes la sufren. En los datos que aporta Naciones Unidas en el Informe sobre De-

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sarrollo Humano 2020, Sierra Leona figura en el puesto 182 de 189. Solo hay otros seis Estados, todos africanos, en los que la dignidad humana esté más amenazada según los parámetros de este indicador. En Freetown, su capital, vive el salesiano Jorge Crisafulli desde hace seis años, aunque lleva más de 20 en el continente africano. La pobreza tiene muchas caras, y es algo que este religioso resalta. “Hay gente que, a ojos de los grandes países, son pobres, pero a sus ojos son ricos. Por ejemplo, alguien que tenga tres hijos que vayan a cultivar su tierra es rico en África, aunque no posea tres apartamentos y una cuenta bancaria en dólares”, explica. Y, aun habiendo cierta relatividad a la hora de pensar en la pobreza, una idea se repite en las palabras de Crisafulli, la de devolver cosas perdidas: “Un sin hogar, que no tiene casa, un niño que no tiene qué comer, ¿cómo pode-


mos ayudarles? Hay que devolverles el legítimo derecho”, explica. Crisafulli dirige el centro Don Bosco de Freetownn, en el que, siguiendo el ejemplo del fundador de su congregación, buscan mejorar la vida de los jóvenes. En su caso, presta especial atención a la cárcel de Pademba, donde muchos son llevados sin más delito que el de vivir en la calle. Allí se les roba la infancia, el derecho a la inocencia y, aunque no se les quite la dignidad, esta queda severamente dañada. Por suerte, cuenta con historias que dejan abierto el espacio a la esperanza, como la de Chennor Bah, que a los 8 años se quedó en la calle. A partir de entonces, entró y salió de prisión varias veces, hasta que llegó al centro penitenciario de adultos donde un compañero le tomó bajo su protección... y luego le drogó con diazepam para violarle. “Esto es lo que hay”, dijo cuando Chennor quiso recriminárselo. Entonces apareció Jorge en la cárcel y consiguió llevarle al centro Don Bosco, donde realizó su formación. Tiempo después, pasó a ser un miembro del equipo que visitaba la cárcel. “Lo primero que hizo fue acercarse al hombre que había abu-

Chennor Bah

sado de él; le pide que le mire a los ojos y le dice: «Te perdono». Y luego me contó que ese perdón le había liberado”, relata el salesiano. La misma cárcel de Freetown que visita Jorge a menudo alberga muchas otras historias que hablan de arrebatar derechos a la infancia, de tratar a niños como delincuentes solo por vivir en la calle y de condenarles sin respetar su presunción de inocencia. Cuando nuestro misionero piensa en la cita que este año sirve de marco a la Jornada Mundial de los Pobres, que afirma que “siempre los tienen con ustedes”, este salesiano de origen argentino piensa que, quizá, podrían

ser muchos menos “si globalizamos la solidaridad”, como ha pedido el papa Francisco. Además, recalca, “nadie hay tan pobre que no pueda dar algo, aunque sea el tiempo”. Precisamente, Chennor viajó el pasado mes de octubre junto a Jorge y otros miembros de misiones salesianas a Bruselas para presentar el documental Libertad, con el que pretenden acelerar algunos cambios, incidiendo en la política. “Hay que presionar a algunos grupos de poder para cambiar las leyes”, afirma el padre Jorge. Desde su dilatada experiencia de más de un cuarto de siglo en África, este salesiano indica tres NÚM. 219, NOVIEMBRE DE 2021

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Foto: Alberto López. Misiones Salesianas

IGLESIA A FONDO

“patrones culturales” presentes en el continente y que, a su juicio, dificultan a muchas personas salir de la pobreza. El primero, “vivir solo el presente”, lo que impide el ahorro. El segundo, que la mujer aún no tenga suficientes espacios de liderazgo; “no relegarla para la casa, sino que pueda hacer leyes y gane recursos”. Y, en último lugar, señala la necesidad de “dejar de lado la hechicería”.

El lado fecundo de la pobreza

Hay quien elige vivir en pobreza y lo ve como una oportunidad. En este caso, la realidad es muy diferente a la de aquellas personas a quienes les viene impuesta, como 18 misioneros

una realidad de la que no pueden salir. En este camino, inverso a la lógica de las personas, es en el que se despiertan todas las mañanas muchos consagrados y consagradas. Por ejemplo, el catalán Àlvar Sánchez Calvo, jesuita y uno de las párrocos in solidum en la parroquia de Santiago el Mayor, en Nador (Marruecos), ciudad muy cercana a Melilla. Allí, la Iglesia se implica en dos campos apostólicos. El primero, el centro Baraka (“bendición”), en el que se ofrece formación profesional y atención especial a la mujer. El segundo, participar en la Delegación de Migraciones del arzobispado de Tánger, al que pertenecen a pesar de la lejanía geográfica. La comunidad je-

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suita comparte misión en Nador con dos congregaciones femeninas: las Hijas de la Caridad y las religiosas de la Divina Infantita. “Como san Ignacio decía”, indica Sánchez, “creo que la pobreza es madre y muro, que engendra y protege”. Se refiere, por supuesto, a la pobreza evangélica que expresan los votos religiosos. Precisamente, realizó el pasado mes de junio sus votos definitivos, después de entrar a la Compañía de Jesús en 1997. Para él, la pobreza es madre, porque ayuda a “crecer en deseos de una mayor justicia, sobre todo cuando compartimos nuestros intentos con los de las personas más necesitadas”. Y, al tiempo, es muro, porque nos defiende de lo superfluo y vano. El religioso aporta, así, una manera positiva de considerar la realidad de la pobreza. “Cuando Jesús decía que a los pobres los tendréis siempre con vosotros, ¿a qué se refería? Creo que compar-


Àlvar Sánchez Calvo

tía con nosotros una invitación a acudir al encuentro con Él. Es el anuncio de una mano abierta, una tabla de salvación en medio del mar de patologías de nuestras sociedades, también las más desarrolladas y bienestantes, tan necesitadas de ansiolíticos y antidepresivos y tan sobradas de altas tasas de suicidio juvenil y desigual reparto de los recursos. Quizá, aquellos a quienes llamamos «pobres» puedan enseñarnos algo”. Y es que, según apunta este sacerdote, en los espacios abrazados por la cultura de la pobreza, “suceden cosas”. “Así Dios decidió manifestarse. Encarnarse pobre entre los pobres fue el modo elegido por Dios para revelarse”, subraya. Además de en Nador, Àlvar ha estado en otros países de África, lo que le aporta una perspectiva un poco más amplia de la realidad migratoria. Destaca cuatro vulnerabilidades muy específicas de los migrantes, a quienes, como Igle-

sia misionera, su equipo acompaña. La primera, concreta para las mujeres, que se enfrentan a un tipo de violencia particularmente dramática a lo largo de la ruta migratoria. La segunda, el hecho de estar en manos de otros para quienes lo único que importa es tu dinero (las mafias que los mueven). La tercera, no disponer de suficientes recursos legales que defiendan tus derechos más elementales. Y la última, muy significativa, darte cuenta de que “la soñada tabla de salvación, esa

Unión Europea, te rechaza con políticas migratorias basadas en el control de fronteras”. Ante este panorama, Àlvar se lamenta de cómo, a pesar de todos los esfuerzos, su equipo sigue acompañando demasiado sufrimiento en quienes tratan de huir de los conflictos y del hambre con la esperanza de encontrar un lugar en el que construir un futuro mejor. “Conocer los contextos de conflicto, la escasez de recursos, la falta de educación y salud, ayuda a explicar muchas cosas. También, NÚM. 219, NOVIEMBRE DE 2021

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ver y escuchar a las personas que deciden dejar su país. Acompañar su fragilidad nos permite comprender mejor su momento vital. El sufrimiento de las víctimas como «lugar» desde el que vivir la realidad también nos ayuda a entender mejor quiénes somos y para qué estamos aquí”, reflexiona. Este jesuita destaca que la realidad migrante está extendida por todo el mundo, y que no es un hecho puntual desde África hasta Europa. Por ejemplo, Naciones Unidas, en sus informes de los últimos años, arroja datos significativos, como que una de cada siete personas trabaja y vive fuera del lugar donde nació. Muchas veces se es migrante dentro de la propia nación. Ellos también, en mayor o menor medida, experimentan algún tipo de vulnerabilidad como consecuencia de su situación.

Una voz propia

Entre los muchos motivos para salir de casa se cuentan la pobreza y la violencia. Saltando el charco y llegando a Colombia, uno de los ros20 misioneros

Yolima Salazar Higuera

tros que cobra la pobreza es el de los campesinos. Con ellos trabaja en pastoral Yolima Salazar Higuera, como directora ejecutiva de la Vicaría Sur de la archidiócesis de Florencia, en el área amazónica de este país. Califica la pobreza, quizá con la memoria reciente, como “una de las peores pandemias que vive el mundo”, que se observa en “carencias en necesidades básicas” y muchos otros males que enumera. Los campesinos de los que se rodea Yolima en su día a día son desplazados internos. “Mayoritariamente, la Amazonia es colonizada

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por campesinos ligados al trabajo de la tierra como modo de supervivencia; su especificidad como campesinos que se hacen colonos está relacionada con la «conquista» de la selva” y “la construcción de territorio en zonas de frontera agrícola”, explica Salazar. ¿Cómo han llegado hasta allí? La respuesta se encuentra, en parte, en la historia reciente de ese país: “Fueron expulsados de sus tierras de origen por diferentes procesos de violencia y desigualdad, y por impactos de políticas de reformas y contrarreformas agrarias, y ocuparon la Ama-


zonia como una oportunidad para construir su proyecto de vida”. Pero el campo no es la selva, y sus ecosistemas son diferentes. Por ello, Salazar cuenta que el equipo eclesial de la vicaría articula su trabajo en tres líneas temáticas: “Vivencia de la fe, Amazonia y Derechos Humanos”. Así, asegura, “acompañamos procesos que dignifican la vida campesina, protegen los derechos de la Amazonia, y promueven los derechos de los campesinos y propician su arraigo e identidad con la región”. Ante la jornada que recuerda a los pobres, Yolima subraya que “la Iglesia de los pobres es la preferida de Jesús; son ellos el reflejo vivo de Él en nuestra vida, que nos interpela e invita a, en sinodalidad, escuchar su grito, anunciar, denunciar y actuar frente a injusticias”. Si esta es la preferencia, la directora de la vicaría subraya: “No se trata de actuar por ellos, sino de darles voz propia”. No es sencillo, porque parte de la pobreza en Colombia es la falta de paz. A pesar de que el Gobierno

y las FARC firmaron el acuerdo de paz en el año 2016, “la implementación se ha venido dando muy lentamente, no ha habido la suficiente voluntad política para que los diferentes puntos se cumplan”, señala Yolima. Entre esos puntos, crear una reforma rural integral. “Aún falta mucho para que la paz sea más que un discurso”, se lamenta. En este contexto, la vida diaria de un campesino es dura. La región en la que se halla la archidiócesis es una provincia llamada Caquetá. Allí, el día empieza a las cuatro de la madrugada y se prolonga hasta las nueve de la noche: vacas, aves, cerdos, peces, huerta... son algunas de sus obligaciones habituales. Además de llevar a sus hijos a la escuela “más cercana”, a “entre 30 minutos y 2 horas” de distancia. El fin de semana no es tiempo de descansar, sino de dar salida a los productos excedentes “en los mercados campesinos o a intermediarios, para lo que deben recorrer caminos por trochas en mal estado”. Se ganan el pan “a fuerza de trabajo físico”.

Y todo ello, con la incertidumbre de un mal año en que el clima pueda ser un poco peor de lo normal. El futuro para estas comunidades, a juicio de Yolima, no es, hoy en día, el mejor. “Las pocas oportunidades de estudio para los jóvenes les desmotivan a permanecer en el campo. Además, la presencia de empresas extractivas y actores armados que se enfrentan para controlar el territorio y comercializar la coca los expulsa de la región”, explica. Así, la población envejece y las hectáreas dejan de producir alimento, para producir droga. En su Mensaje de la Jornada Mundial de los Pobres de este año, Francisco expresa el deseo de que la Iglesia “se abra a un movimiento de evangelización que en primera instancia salga al encuentro de los pobres, allí donde estén”, sin “esperar a que llamen a nuestra puerta”. Yolima, Àlvar y Jorge bien podrían ser tres ejemplos de ello. Porque tampoco cuentan a los pobres como si fueran puntos en una lista, sino que les ponen cara y nombre. ASIER SOLANA NÚM. 219, NOVIEMBRE DE 2021

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PRIMER PLANO

MÉXICO En el segundo centenario de su independencia, México todavía se busca a sí mismo. El país transita entre la indefinición y el anhelo de un futuro. "El aniversario que están celebrando invita a mirar no solo al pasado para fortalecer las raíces, sino también a seguir viviendo el presente y construir el futuro con gozo y esperanza, reafirmando los valores que los han constituido y los identifican como pueblo", ha manifestado el papa Francisco en una carta al presidente del Episcopado mexicano, en el deseo de encontrar un futuro mejor. Pero ¿es posible?

... y su eterna búsqueda

F

ue un 27 de septiembre de 1821 cuando el Ejército Trigarante entró triunfal en Ciudad de México para consumar el proceso de independencia, después de once años de guerra entre realistas e insurgentes. La firma del Plan de Iguadala puso fin a un tiempo de fusiles y bayonetas, ofreciendo la perspectiva de un futuro mejor. En principio, el proyecto político pasaba por la

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creación de un Estado monárquico, cuya corona sería ofrecida a Fernando VII, algo que nunca llegaría a suceder. Sería el general realista Agustín de Iturbide quien asumiera la jefatura del Estado como primer emperador mexicano, bajo la promesa de acabar con una década teñida de rojo. Pero hoy, 200 años después, México sigue bañado en sangre. De otro tipo, pero sangre, al fin y al cabo.

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Las autoridades mexicanas han venido librando una batalla mortal contra los cárteles de la droga durante largos años, pero con dudoso éxito. Políticos, estudiantes, empresarios, periodistas, sacerdotes y otros inocentes mueren cada año por un conflicto que muchas veces no se entiende. El país ha sido testigo de más de 300.000 homicidios desde 2006, cuando el Gobierno declaró la guerra a los cárteles.


En esta lucha no han faltado aliados internacionales. Estados Unidos se ha asociado estrechamente con su vecino del sur en esta contienda, proporcionando a México miles de millones de dólares para modernizar sus fuerzas de seguridad, reformar su sistema judicial y realizar otras inversiones. Las autoridades norteamericanas también han tratado de detener el flujo de entrada de drogas ilegales reforzando la seguridad a lo largo de su frontera. La sensación que queda es que se ganan pequeñas batallas, pero se pierde la guerra. Los narcotraficantes mexicanos dominan la importación y distribución de cocaína, fentanilo, heroína, marihuana y metanfetamina en Estados Unidos. Ellos son los responsables de la mayor parte de la producción de heroína y metanfetamina, mientras que la cocaína se genera principalmente en Colombia y luego es transportada

a territorio norteamericano por organizaciones criminales mexicanas. México, junto con China, también es una fuente importante de fentanilo, un opioide sintético mucho más potente que la heroína. La cantidad de fentanilo incautada por las autoridades mexicanas casi se quintuplicó entre 2019 y 2020. Actualmente es la droga de moda en Estados Unidos.

El poder de los narcos

Desgraciadamente, no se puede explicar la historia reciente de México y su deriva como país sin atender a la evolución de los grupos de narcotráfico y sus cotas ascendentes de poder en la sombra. En México, los cárteles utilizan una parte de sus enormes ganancias para pagar a jueces, policías y políticos. También obligan a los funcionarios a “colaborar”: mirar para otro lado, adelantar operaciones policiales, aconsejar movi-

mientos... Muchas veces todo consiste en cooperación o muerte. Los cárteles florecieron durante las décadas en que México estuvo gobernado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Dentro de esta estructura política centralizada, los grupos de narcotraficantes cultivaron una amplia red de funcionarios corruptos, a través de los cuales pudieron obtener derechos de distribución, acceso al mercado y protección. Un pequeño tumor que fue contaminando todo. Las administraciones mexicanas recientes han venido respondiendo a los cárteles de la droga principalmente mediante el despliegue de más y más fuerzas de seguridad, lo que, con frecuencia, ha generado aún más violencia. Por eso se ha hablado muy a menudo de una auténtica guerra. Difícil decir si es civil o no; realmente parece una simple e irreNÚM. 219, NOVIEMBRE DE 2021

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PRIMER PLANO

levante cuestión semántica. Lo cierto es que son los narcos quienes parecen definir las políticas internas de cada Gobierno mexicano. Unas veces se apuesta por la guerra abierta, otras por la protección... Los resultados no parecen variar demasiado.

Reducir las tasas de homicidios

El actual presidente del país, Andrés Manuel López Obrador, anunció en su proclamación que su Gobierno se alejaría de los intentos de detener a los líderes de los cárteles y, en cambio, se centraría en mejorar la seguridad y reducir las tasas de homicidio. Lo hizo inmerso en cifras récord de asesinatos. Grupos defensores de las libertades civiles, periodistas, la Iglesia y otros han criticado la guerra del Gobierno mexicano con tica. Los esfuerzos para encontrar a esos desaparecidos y juzgar a los responsables a menudo se han visto obstaculizados por la violencia relacionada con los cárteles, la inoperancia de las fuerzas del orden y las acusaciones de corrupción del Gobierno, entre otros factores. En ciertas poblaciones reina la anarquía, y grupos de ciudadanos han creado fuerzas paramilitares, reclutando incluso niños en estados como Guerrero o Michoacán.

Independencia, religión y unión

los cárteles durante años, acusando al Ejército, a la Policía, no digamos ya a los propios cárteles, de violaciones generalizadas de derechos humanos, incluidas torturas, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas. 28 misioneros

Más de 66.000 personas han desaparecido en el país desde 2006, principalmente a manos de organizaciones criminales de la droga, aunque las fuerzas gubernamentales también desempeñan un papel en esta vergonzosa prác-

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En mitad de este irresoluble conflicto, y con motivo del bicentenario de la independencia, los obispos mexicanos han pedido al pueblo recuperar el auténtico valor de los colores de la bandera mexicana, aquellos que proporcionaron un significado inequívoco: el verde de la independencia, el blanco de la religión y el rojo de la unión. Du-


Migración y violencia jor, “escudriñando los signos de los tiempos, tanto a la luz de la razón como de la fe, para celebrar los bienes heredados y corregir los atrasos e injusticias que dañan a grandes sectores de nuestra sociedad en su dignidad y en sus esperanzas”, y dentro de un contexto marcado “por la violencia, las desigualdades sociales y económicas, la polarización, la corrupción y la falta de esperanza”. El papa Francisco se solidarizó con las esperanzas transmitidas por el Episcopado mexicano en un futuro que pasa por “fortalecer las raíces y reafirmar los valores que los construyen como nación”. Para ello, el Santo Padre reclama reali-

rante las conmemoraciones, los prelados han emitido un comunicado en el que han insistido en “la necesidad de construir unidad desde una diversidad derivada de formas de vida, costumbres e incluso visiones divergentes”, con el fin de “contribuir al bien común con justicia e igualdad”. Los obispos sostienen que es el momento de que los cristianos reivindiquen su papel protagonista en el fomento de una vida me-

zar “una relectura del pasado” que incluya “tanto las luces como las sombras”, con el fin de “seguir dando pasos, vistas a sanar heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos”. Un mensaje de esperanza frente a tanta confusión. ALBERTO BRAVO

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iudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, refleja la realidad mexicana de estos días. "Desde 2018, la situación migratoria se ha vuelto especialmente grave allí, debido a distintos factores. Uno de ellos han sido las políticas migratorias impuestas desde el Gobierno de Estados Unidos", explicó María Elena Hernández Lara, coordinadora del Territorio Norte del Servicio Jesuita a Migrantes. El famoso cártel de Juárez sembró el pánico durante largas décadas. Fue una tierra acostumbrada a vivir entre violencia, mientras decenas de cadáveres se apilaban en el desierto y las zonas fronterizas. Es un contexto difícil, en el que la Iglesia debe redoblar esfuerzos. "En los últimos dos o tres años, las políticas migratorias han puesto en especial riesgo y estado de vulnerabilidad a las personas migrantes. Estas no pueden acceder a un trabajo digno, no pueden acceder de manera legal a los servicios de salud y educación. Eso las vuelve vulnerables, incluso a sufrir violencia por cuestiones de género o violencia vinculada al crimen organizado", sostiene. Hernández Lara señala cómo la Iglesia se está volcando en iniciativas que solo buscan ayudar a los migrantes en la situación de desamparo en la que se encuentran. Así, se han abierto muchos espacios de ayuda humanitaria y numerosos albergues para acoger a familias enteras. Se habla ni más ni menos que de 14.000 migrantes varados en la frontera con Estados Unidos.

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INFORME

El trabajo infantil es una de las peores lacras de la humanidad. Para terminar con ella, la 73 Asamblea General de las Naciones Unidas acordó declarar 2021 como el Año Internacional para su eliminación. En cualquier caso, es fácil comprobar que esa erradicación es todavía un sueño lejano.

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e conoce con el nombre de tschukudu, una rudimentaria carretilla de maderas ensambladas que puede llegar a transportar hasta 300 kilos. En las calles de la ciudad de Goma, en el este de la República Democrática del Congo, es un objeto omnipresente, conducido por jóvenes que cada mañana lo empujan –o se montan en él, junto con su carga, en caída libre, aprovechando las pendientes– desde los pueblos cercanos durante decenas de kilómetros. Gracias al tschukudu se aprovisionan a diario de productos agrícolas los bulliciosos mercados locales. El artilugio se ha convertido en todo un símbolo del activo comercio de la capital volcánica de la región del Kivu, hasta

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el punto de que hace pocos años el Ayuntamiento le dedicó un monumento en una de sus rotondas. Pero el tschukudu bien podría ser también símbolo de algo de lo que sentirse menos orgullosos: el trabajo infantil. Muchos de los sudorosos muchachos que los manejan son menores que han abandonado la escuela con apenas 12 o 13 años y que pasan largas jornadas empujando estas carretillas para poder alimentar a sus familias, a menudo compuestas por una madre viuda y otros hermanos más pequeños. Y los que se dedican a esta extenuante actividad pueden considerarse afortunados. Otros niños de la misma conflictiva región, algunos incluso de seis años, pasan largas horas picando piedras en algunas de las canteras de las afueras de la ciudad, donde se aprovisionan empresas constructoras, trabajando largas horas en tareas agrícolas o cargando sacos de casiterita en las minas, que son el primer eslabón de producción del coltán y otros minerales necesarios para la fabricación de aparatos electrónicos.

Un objetivo que se resiste

El objetivo de asegurarse de que los todos los niños vayan a la


escuela, y no a trabajar, tiene ya una historia de al menos dos décadas: el derecho de los menores a estar protegidos de la explotación está consagrado en el Convenio 182 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las peores formas de trabajo infantil, un documento de 1999 que ha sido ratificado por todos sus Estados miembros. La ONU también incluyó esta meta en los Objetivos de Desarrollo Sostenible: “Poner fin al trabajo infantil en todas sus formas de aquí a 2025”. Pero la realidad sobre el terreno muestra que este trabajo infantil está lejos de desaparecer: a pesar de algunos avances conseguidos durante los últimos años, antes de la pandemia había en el mundo 170 millones de niños trabajando en lugar de ir a la escuela, según datos publicados en junio de este año en un informe conjunto de la OIT y de Unicef. Ambos organismos señalan varias consecuencias dramáticas en las vidas de los niños que trabajan: están en riesgo grave de sufrir daños físicos y mentales, pierden el acceso a la educación y ven seriamente limitadas sus oportunidades para cuando lleguen a la edad adulta. De esta manera, se perpetúa un círculo vicioso de marginación y pobreza que se transmite a la próxima generación. Los niños de padres que han sufrido el trabajo infantil tienen más posibilidades que otros de repetir el mismo penoso itinerario. África ocupa el primer lugar de esta oprobiosa lista entre las distintas zonas del mundo, tanto por el porcentaje de niños en trabajo infantil, como por el número absoluto de ellos en esta situación: 92 millones. Esto quiere decir que uno de cada cinco chavales afriNÚM. 219, NOVIEMBRE DE 2021

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INFORME TRABAJO INFANTIL

canos trabaja, un porcentaje mucho mayor que el global, estimado en uno de cada diez. Y, según datos de la OIT, cerca de la mitad, como poco, de estos menores africanos realizan un trabajo considerado peligroso. Asia y el Pacífico ocupan el segundo lugar, con un 7% y 62 millones en términos absolutos. Muchos analistas señalan que estas cifras son de antes de la pandemia del Covid-19, que, con toda seguridad, ha empujado a más niños a trabajar, debido a las muchas escuelas que han cerrado y al aumento de la pobreza. En las avenidas de Bangui, capital de la República Centroafricana, desde hace poco más de un año, lucen grandes carteles con el logo de Unicef y del Gobierno centroafricano, con la leyenda “Quiero ir a la escuela, no trabajar en una mina” al lado de la foto de un niño con expresión seria sentado en un pupitre. La República Centroafricana es uno de los muchos países en los que organismos internacionales junto con autoridades 32 misioneros

del país han lanzado campañas para acabar con el trabajo infantil. Pero el contraste entre los mensajes y la realidad sigue siendo fuerte: basta caminar unos pocos metros más allá de la valla publicitaria y ver, en cualquiera de los mercados de la capital centroafricana, a niños que pasan toda la jornada vendiendo cualquier cosa para sacar algo de dinero con el que ayudar a sus familias. En el interior del país son numerosos los menores que trabajan en las minas de oro o diamantes, a menudo en zonas que durante años han estado bajo el control efectivo de grupos armados. Un informe citado en septiembre de este año por la revista The Economist asegura que, entre 2019 y 2020, el número de menores de 15 años que trabajan en las minas de diamantes de Centroáfrica se incrementó en un 50%. En la vecina República Democrática del Congo, distintas estimaciones dan la cifra de 40.000 niños que trabajan en las minas del este del país.

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En ambos países, la causa es la misma: el aumento de la pobreza empuja a muchas familias a obligar a sus miembros más jóvenes a realizar trabajos que incluso para un adulto serían muy duros, para gran satisfacción de empresas mineras que abaratan considerablemente sus costes con esta mano de obra que les sale casi gratis. A la hora de hacer cumplir la ley, los Gobiernos de estos países, que de cara a la galería participan en campañas contra el trabajo infantil, hacen muy poco por asegurarse de que sus eslóganes sean algo más que bellas declaraciones.

Mil caras de la explotación infantil

Otras formas de trabajo infantil ofrecen un aspecto que a primera vista podría considerarse más normal o, al menos, más tolerado socialmente. Se calcula que el 70% de los niños que trabajan en el mundo lo hacen en tareas agrí-


colas, la mayor parte de ellos en el seno de sus propias familias, cuya principal fuente de subsistencia es el cultivo de la tierra para su propio consumo, con algo de excedente para vender en los mercados locales. La línea divisoria entre lo que podría ser aceptable –unas pocas horas semanales de trabajo en los campos de la familia, sin poner en riesgo la asistencia a la escuela– y una explotación infantil que impide la escolarización, a menudo está muy desdibujada. En otras ocasiones, el abuso es más sibilino y está más oculto. En muchos países, sobre todo africanos y asiáticos, es habitual que muchos padres de zonas rurales envíen a algunos de sus hijos a las ciudades, atraídos por promesas de parientes de ocuparse de ellos y mandarlos a la escuela. Al final, muchos de estos niños terminan como trabajadores domésticos, con larguísimas jornadas sin descanso y sin apenas salir de la casa donde, con un poco de suerte, dormirán en una esterilla en el salón y comerán una vez al día. El trabajo infantil en casas particulares es el caso más común denunciado en Kenia en la línea telefónica de ayuda a niños en situación vulnerable (Kenya’s National Child Helpline).

Algunas ONG han denunciado que el uso de niños, y sobre todo de niñas, para el servicio doméstico se convierte en ocasiones en un canal de tráfico internacional de personas. En 2015, el autor de este artículo visitó varias veces, en la capital de Gabón, Libreville, una casa en la que un grupo de religiosas protegían a varias menores de naciones de África Occidental víctimas de tráfico, que eran explotadas por familias pudientes de la capital gabonesa. Una vez contactadas sus familias, las mon-

jas –con ayuda de su propia congregación– las hacían llegar de vuelta a sus lugares de origen. Su mayor frustración, según me contaron, es que, a pesar de todas sus denuncias y pruebas, nunca consiguieron que se juzgara a nadie por tráfico de menores, y que, al mismo tiempo que ellas ayudaban a un puñado de menores a recobrar su libertad, muchas otras víctimas seguían llegando al país para ser explotadas sin que nadie lo impidiera, como consecuencia de la impunidad reinante.

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INFORME TRABAJO INFANTIL

La industria textil merece un punto y aparte. En países como Bangladés, a pesar de leyes que castigan la utilización de menores y de llamativos carteles de “No child labour” (“no hay trabajo infantil”) a la puerta de sus talleres, no está claro si este sector que emplea a muchos miles de trabajadores pasa por los controles necesarios. Muchos recuerdan la tragedia ocurrida hace ocho años, en abril de 2013, cuando un edificio conocido como Rana Plaza, que alber-

gaba cinco fábricas textiles diferentes, se derrumbó en la capital, Daka, provocando la muerte de 1.132 trabajadores. Hubo también más de 2.000 heridos, muchos de los cuales sufrieron graves amputaciones o daños cerebrales irreparables. Muchas de las víctimas eran mujeres jóvenes –bastantes de ellas no llegaban a los 18 años– y cuyo salario oscilaba entre los 38 y los 100 dólares al mes. Cuando se publicaron informaciones que ligaban a estas fábricas textiles con empresas de Alemania, Francia, Reino Unido, Estados Unidos y España (incluidas El Corte Inglés y 34 misioneros

Mango), varias de estas firmas se apresuraron a emitir comunicados de prensa en los que negaban toda responsabilidad. Una situación muy parecida salió a la luz en 2016, cuando una investigación de la BBC concluyó que niños refugiados sirios trabajaban en empresas en Turquía para las empresas británicas Marks & Spencer y Asos, algo que también ambas firmas negaron. El sector textil internacional opera en un opaco laberinto de contratas y sub-

contratas que, a menudo, hace muy difícil establecer responsabilidades y controlar que esté libre de trabajo infantil.

Repunte peligroso

Este Año Internacional de 2021 se concibió como preparación para la Quinta Conferencia Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil, que, convocada por la OIT, se celebrará en Sudáfrica en abril o mayo de 2022. Las conferencias anteriores han insistido en la necesidad de buscar soluciones a largo plazo, sobre todo realizando cambios en las políticas de los

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países donde los niños corren más riesgo de explotación. Los resultados se ven, pero, en muchos casos, solo parcialmente. Como ejemplo, se puede citar el caso de Costa de Marfil, que cuenta ya con su tercer plan nacional de lucha contra el trabajo infantil. Las autoridades del país estiman que, durante los últimos quince años, el número de menores que trabajan en plantaciones agrícolas ha descendido de 1.300.000 a 800.000. Sin embargo, a pesar de los progresos realizados, todos se temen que, desde la llegada de la pandemia el año pasado, ha habido un repunte peligroso del trabajo infantil en muchos lugares del mundo y que las cifras oficiales sobre los niños que trabajan están muy por debajo de los datos reales. En muchos países con sistemas de salud pública deficientes y


Las niñas, en peor situación

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donde solo un porcentaje ínfimo de la población se ha vacunado, el Covid-19 ha causado un enorme aumento de la pobreza, la muerte de miembros de la familia que aseguraban el sustento y el cierre de muchas escuelas. Esto ha empujado a muchos niños de las zonas más pobres del mundo a trabajar para sustituir a los miembros que sus familias han perdido y a meterse en ocupaciones de mayor

riesgo. Según la OIT, al menos nueve millones de niños han engrosado las filas del trabajo infantil desde que empezó la pandemia. Hacer que las cifras desciendan de nuevo llevará muchos esfuerzos. Conseguir la erradicación completa de esta lacra, a pesar de toda la buena voluntad de la comunidad internacional, a día de hoy sigue siendo un sueño lejano. JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ

uienes suelen llevar la peor parte en el mundo de la explotación infantil son las niñas. Con motivo del Día Internacional de la Niña, el pasado 11 de octubre, la ONG Plan International –en declaraciones a Radio France International– cifró en 63 millones el número de chicas menores que trabajan, lo que representa al menos la mitad del número global estimado. En campos, fábricas, comercios, bares, restaurantes, almacenes o casas particulares, muy a menudo las niñas obligadas a trabajar sufren varias desventajas con respecto a los niños: su explotación es menos visible, en muchas sociedades se acepta como más normal que no vayan a la escuela, y los trabajos a los que son sometidas no raramente van acompañados de explotación sexual. Según la misma ONG, en situaciones de urgencia, como conflictos o catástrofes sanitarias, ellas tienen dos veces y medio más riesgo de quedarse fuera de la escolarización que los niños. Y, cuando una niña de una familia pobre se queda sin ir a la escuela, no es extraño que la familia prefiera buscarle un marido lo antes posible, para evitar tener otra boca más que alimentar en casa. El trabajo infantil, en el caso de las niñas, suele ser la antesala de un matrimonio precoz.

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conectad@s

DESDE MOZAMBIQUE

NECESARIO DOMUND

En forma de tuit llegan las sabias palabras del misionero Carlos Moratilla: "La misión no es solo enseñar y anunciar nuestra fe, sino un lugar privilegiado para compartirla y aprender".

El Domund se ha llevado la palma en las redes sociales. Ayudar, recordar, pensar, homenajear y... también hacer una quedada para compartir "lo que hemos visto y oído". Por la misión y los misioneros. OMP ESPAÑA - Twitter @OMP_ES

#FRATERNITYFORFUTURE

MISIONES DE ALCALÁ Twitter @AlcalaMisiones

100% SOLIDARIDAD La de esta ONG jesuita de cooperación internacional, empeñada en que las comunidades de Gujarat (India) más castigadas por la crisis sanitaria salgan adelante.

Un contundente hashtag y un mensaje clave: "Para que los pueblos sean hermanos, la oración debe subir al cielo incesantemente y una palabra no puede dejar de resonar en la tierra: paz". PAPA FRANCISCO Instagram @franciscus

ALBOAN ONG JESUITA FUNDAZIOA Instagram @alboanong

CULTIVOS DE ESPERANZA 240 jóvenes refugiados del asentamiento de Palabek (Uganda), que huyen de la guerra de Sudán del Sur, han podido cultivar hortalizas y así completar la pobre dieta de muchas familias. ¡Ha dado su fruto! MISIONES SALESIANAS ESPAÑA Instagram @misionessalesianas


AY U D A M O S A . . .

Kazajistán

Ayuda para el único seminario de Asia Central

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azajistán es un país inmenso: entre los mayores del mundo, ocupa el puesto número 9. Cinco Españas caben en su geografía; y sobraría espacio para otra media. En cuanto a su población, ocurre lo contrario: España, con sus más de 47 millones, dobla con creces los 18 que habitan aquella nación. Es uno de los países más jóvenes de la tierra: tiene, solo, 30 años. En diciembre de 1991, fue la última de las repúblicas soviéticas en alcanzar su independencia definitiva de la URSS. Además, es un país extraordinariamente multiétnico: más de 130 etnias conviven allí. Está en Asia Central. Es el gran desconocido. El milenario Kazajistán, tierra atravesada por la ruta de la seda –la secular red comercial que unía

Oriente y Occidente desde el siglo I a. C., y que el actual Gobierno chino está empeñado en revitalizar–, ha sido ámbito de numerosos pueblos nómadas. En el siglo V a. C., Kazajistán había sido colonizado por tribus túrquicas. Más tarde, en el siglo XIII, llegaron los mongoles. Toda esa mezcla de razas y culturas ha cristalizado con el tiempo. Y, al cabo, los kazajos se han hecho el grupo principal. De ellos se dice que fueron los primeros en domesticar el caballo. También tienen muy a gala ser hijos de la tierra donde brotaron los primeros manzanos. Y ser consumados maestros de la cetrería. Su alta diversidad étnica y cultural obedece, también, a las deportaciones masivas y forzosas llegadas a ese país durante el Go-

bierno de Joseph Stalin. Por eso, además de los kazajos que, con el 63%, son el grupo más numeroso, en Kazajistán también hay rusos, uigures, uzbekos, ucranianos, tártaros, alemanes, polacos... En sus 56 años de invasión, los rusos dejaron el idioma. Pero también, más de una decena de campos de trabajos forzados y el mal recuerdo de los tristes gulags. Entre unos y otros, más de dos millones de muertos. Los rusos dejaron, en fin, los ensayos nucleares llevados a término en sus inmensas llanuras. El equivalente a más de 2.500 bombas como la que EE. UU. lanzó en Hiroshima fueron detonadas en el polígono de Semipalátinsk en los 40 años que median entre 1949 y 1989. Explotaban una decena de bombas cada NÚM. 219, NOVIEMBRE DE 2021

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año. Más de medio millón de habitantes de la región quedaron expuestos a la radiación reiterada de las ojivas nucleares. Al poco, se dispararon las enfermedades, malformaciones y tumores. En la actualidad, Kazajistán avanza con paso firme hacia el desarrollo. Debajo de sus inmensas y áridas estepas duerme la peligrosa chatarra nuclear de la Guerra Fría. Pero no solo. También, abundantes tesoros: sus reservas petrolíferas son copiosas. Igual, sus yacimientos de carbón, gas natural, cromo, níquel, cobalto, plomo..., y, sobre todo, de uranio. Por eso, Kazajistán es el mayor productor de ese mineral radioactivo en el mundo.

casi el 60% de los kazajos son musulmanes sunitas. Cerca del 21% son cristianos ortodoxos. El catolicismo es practicado por el 0,62% de la población; la mayor parte son descendientes de polacos y alemanes. En Kazajistán, de sus 18 millones de habitantes, solo 113.000 son católicos. Viven repartidos en las 70 parroquias y las 108 misiones que hay en el país. De ellas, 13 tienen sacerdote residente, y las 95 restantes, no.

Pluralidad religiosa

El actual Gobierno permite la libertad de cultos, porque también son muchas las creencias que conviven en el país. Con todo, el islam es la religión principal. Es practicada por casi tres cuartas partes de sus habitantes: 44 misioneros

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En el territorio de Kazajistán hay una archidiócesis, Astaná, en el norte, con dos diócesis sufragáneas, las de Karagandá (donde el catolicismo se reinició en los años 90), al este, y Almaty, en el sur, más la administración apostólica de Atyrau, al oeste, a cargo de solamente unos 3.000 bautizados. Nuestra Señora de la Paz, en Ozernoye, situada al norte, es el santuario nacional del catolicismo kazajo. Veinte años atrás, el santo Papa polaco, Juan Pablo II, visitó aquella nación en 2001. Su 95.º viaje internacional tuvo por destino Astaná, capital del país. Fue recibido por el presidente Nursultán Nazarbáyev, quien había sido jefe del Soviet Supremo de Kazajistán en febrero de 1990 y, luego, primer presidente de la república durante 19 años: desde 1991 hasta marzo de 2019, cuando dimitió tras 30 años en el poder. El Seminario Mayor María Madre de la Iglesia, abierto en Karagandá en 1998, es el único seminario del país. En total, la nación cuenta con media docena de obispos. Uno de ellos es el español –aragonés nacido en Monzón, Huesca– José Luis Mumbiela, de 52 años, que lleva 10 al frente de la diócesis de Almaty.


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También hay 59 sacerdotes diocesanos y otros 26 religiosos. Las religiosas suman 128 y los religiosos no sacerdotes son 5. Además, hay 25 misioneros laicos y una treintena de catequistas.

Fructífera ayuda

Precisamente el sobredicho seminario, el único existente en Asia Central, ha sido destinatario de la ayuda de los creyentes españoles canalizada a través de las OMP. En total, el monto de la solidaridad enviada desde España el año pasado no es muy abultado: asciende a 3.193,53 . Pero sí muy fructífero y eficaz. Así lo reconoce la carta de agradecimiento que el rector, el padre Pawel Martyniuk, sacerdote polaco, ha enviado a la Dirección de las OMP en España. En la misiva, el padre Pawel explica que su seminario de Karagandá es pequeño, pero muy necesario para la Iglesia local. De hecho, es el único de toda Asia Central. Por eso, los seminaristas de Georgia también hacen su formación allí. Ellos carecen de un seminario propio. El recurso de enviar a los aspirantes a centros europeos tampoco resulta válido, porque –confiesa el rector– “luego se niegan a regresar a su país”. Por esa misma

razón, las becas internacionales que concede el Gobierno kazajo a los estudiantes más brillantes exigen a los beneficiarios la obligación de regresar y trabajar, cuando menos, cinco años en el país. El padre Martyniuk lamenta, igualmente, que no puedan enviar a los seminaristas a Rusia, donde está el seminario más cercano: “Las regulaciones estatales rusas lo impiden”. Por todo eso, “es inevitable mantener nuestro seminario, incluso con un pequeño número de seminaristas”. Pero... ¡el seminario no puede funcionar sin financiación! “Nuestros estudiantes –precisa también el rector– no pueden pagar la matrícula por su cuenta. Generalmente, suelen ser los únicos creyentes que hay en sus familias. Y, con demasiada frecuencia, no cuentan con el apoyo de sus padres. Estos no comprenden, por ejemplo, la importancia del celibato”. En otro orden de cosas –explica–, “hemos destinado una parte de nuestro edificio para un jardín de infancia

privado. Este es un buen «anuncio» para la Iglesia católica y, al mismo tiempo, cubre una gran parte de los gastos del seminario”. “Los principales gastos de este –continúa– son de calefacción. Aquí los inviernos son muy severos. El funcionamiento debe ser diario. También hemos de pagar a los empleados y a los profesores. Y proporcionar una alimentación sana, y unas condiciones de vida y de aprendizaje dignas para los seminaristas. Lamentablemente, los fondos que recibimos del funcionamiento del jardín de infancia no son suficientes para cubrir todos los gastos”. “Todos los miércoles, celebramos la santa misa y rezamos por la intención de nuestros benefactores. Tratamos de enseñar a nuestros alumnos la gratitud y el respeto por lo que recibimos de personas como los católicos españoles”. Y concluye: “¡Gracias por su ayuda! Nuestro seminario, sin su apoyo, no podría funcionar”. TOMÁS TAMARREDO

Si estás interesado en realizar un donativo, puedes hacerlo en el número de cuenta ES25 0075 0204 9506 0006 0866. También, accediendo a la página web www.omp.es y pinchando en la opción "Haz un donativo". NÚM. 219, NOVIEMBRE DE 2021

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