Pensando como misioneros/as: ¿confío en la Iglesia misionera que testimonia la fe? ¿me dejo dominar por los miedos ante la novedad que traen?
de Navidad- sólo un libro de cuentos, un lápiz y un cuaderno, un autito de colección… no eran grandes cosas pero lo que llegaba era suficiente para alegrarme y compartir con mis hermanos. Al fin… ¡llegaron los reyes magos!.
¿creo en la fidelidad del Señor que envía misione- Una emoción desbordante propia de los niños que sienten ros? el cariño de estos «mensajeros de Dios».
3- La movid a a l a ma n ecer : Por lo general, me despertaban los gritos de mis hermanos, era el último en llegar a ver qué había pasado durante la noche. Saltaba de la cama a ver mis zapatos… siempre con gran alegría por recoger de allí algún regalito: a veces era algo pequeño -ya sabíamos que no se igualaba al regalo
Meditando desde los pobres: ¿«salto de alegría» con gratitud ante los regalos de Dios? ¿descubro la sabiduría divina que nace en medio de los pobres? ¿Sé reconocer en las pequeñas cosas la grandeza del amor de Dios?
Una movida de magos, la estrella, el Niño En esta historia real protagonizan tres grandes personajes: una estrella, unos magos, un Niño. Ellos constituyen la verdadera “movida” de fe y esperanza para el mundo. Es la Epifanía, o sea, la “manifestación” del Salvador (Niño) a todas las naciones (magos), guiados por una señal (estrella). Hay una conexión-comunión 4 entre estos tres actores con sus respectivos movimientos, que paso a describir : 1- La ESTRELLA: En el antiguo Oriente, la estrella era el signo de un rey divinizado. Nada más natural que entender la profecía de Balaam como referida al Mesías, el descendiente prometido a David cuyo reino no tendría fin (vER 2SAM 7,12-13). Era una señal que brilla en lo alto, sólo los entendidos conseguían «leer» sus movimientos, ella les orientaba como «luz resplandeciente… Caminarán
las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu alborada», como señala el profeta Isaías (IS 60 1-2). Esa señal que Dios les puso en el camino no fue muy clara, simplemente una estrella en medio de muchas otras, una estrella en la oscuridad de la noche. Ellos tuvieron que pedir ayuda, tuvieron que pasar por Jerusalén, es decir, la ciudad de David, ciudad del templo de Dios, de los antiguos profetas, ciudad de la Alianza, en fin… la ciudad de la Palabra
de Dios. Este pasaje por Jerusalén reviste un nuevo sentido: para encontrar a Jesús Cristo, el Hijo de Dios, es ne-
cesario pasar por la Palabra de Dios, por las escrituras, por la historia del Pueblo de Dios, en el cual Dios se reveló a lo largo de los siglos. Sin esta vuelta por Jerusalén, para consultar la Palabra de Dios, los magos no podrían reconocer al Hijo de Dios en la debilidad y la pobreza de un niño. Son valiosas las señales, pero más importante es «saber interpretarlas» a la luz de la fe, de la Palabra de Dios. 2- Los MAGOS: Son «los hombres de los signos», que saben ver en una estrella la señal de la llegada de la liberación. Si algo se puede afirmar claramente de ellos es que están alejadísimos de Israel y de sus tradiciones. La tradición los llama «reyes», porque influye la profecía de Isaías sobre Jerusalén que ya mencioné en el párrafo anterior. Ellos tuvieron noticia del nacimiento del Salvador, pues el que ha nacido es el Salvador de todo hombre. Por eso, llegando donde estaba el Niño con María su madre, «postrándose, lo adoraron». Ellos dejan todo, no desisten ante el cansancio del largo viaje... No se desaniman con la desaparición de la estrella, ni con la indiferencia de los habitantes de Jerusalén: perseveran hasta el final y acaban encontrando lo que buscaban. No van con las manos va-