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tres años después del ataque bacteriológico

Escrito encontrado en el campo de batalla de Honolulu, Hawai,

Exclusiva:

Meditaciones sobre el amor cósmico al paso del último tren

Última noción de Edwin Valero

Cuentos:

Reflejo en el reflejo: traducción de la poesía china

En el fondo de una botella de tequila se ahoga un pez de plástico

Réplica:

Sobre la legalización de la marihuana

Reseña:

¿Quién es Dopamina? Pérez, la escritura y una microhistoria

Vallejo y la esperanza Dios visto desde Spinoza La madre, Jung, Cuenca

Artículos sobre:

Claudia Kerik: Reconstruir la memoria

Entrevista:

Poesía:

Revista Albedrío No. 2 • Enero/Febrero/Marzo 2011 • México, D. F.

Pérez y la escritura Pérez quiso rotundamente, mientras escuchaba

un

disco

de

Sinatra

y

bebía whisky con leche en un florero,

Escrituras Cómo escribir un poema? cómo decir que me faltas y que mis ojos estuvieron siempre a la altura de mi alma y no en la nuca como todos ven cómo decir que me faltas otra vez si el dolor no pinta en la hoja si en la palabra "soledad" no hay paredes ni muebles muertos si la palabra "amor" no tiene el tamaño de tu ausencia coño! cómo escribir un poema?

Microhistoria número tú

escribir su muerte. Pensó: "Mi muerte

"Te extraño", dije. No te conocía y dije

será el acontecimiento más importante

"te extraño", pero mi voz tenía algo

de mi vida". Todos los días y todas

antiguo, algo lunar, tenía los mismos

las noches, sentado en su escritorio,

ruidos del Imperio Romano, entonces

con

dije "te extraño" y tú, estoy seguro,

a la máquina de escribir, se ponía a

"volviste". Así, contigo, comenzaron

esperar su muerte. Casi no comía.

mis ojos. Comenzaron los oleajes de tu

Lo había poseído la idea perversa de

pelo y los orgasmos entre gaviotas y

no levantarse nunca del escritorio por

gatos. Tienes la mirada de los árboles

el temor de encontrarse con la muerte

y era lógico que me enamorara de tus

lejos de la máquina de escribir. Pérez

escamas y tus ademanes de nube.

no cometería esa irresponsabilidad.

Para entonces yo escribía animales y mis

ojos

llenos

de

queso

con

mermelada.

los

No

dedos

tenía

prevenidos

ánimo

frente

de

escribir

otra cosa. La idea de redactar un prólogo o una carta de despedida

Cuando

dije

"Te

amo",

en

Pérez

significaba

una

ominosa

ingresaron en mi sangre pájaros y

alteración de su propósito: esperar y

unicornios,

besos

escribir su muerte, tocar al menos una

irenados, y contraje la costumbre de

tecla, ya sea por el desvanecimiento

traer el corazón de fuera y pedir

del cuerpo o por la inercia de los dedos

disculpas por la música tan fuerte.

acostumbrados a escribir relatos para

ojos

amarillos,

revistas pornográficas, pero una tecla, sólo una tecla, al menos una tecla tocada desde la frialdad y el silencio. Cuando los oficiales entraron había un curioso olor a almendras,

Jorge Leroux

un disco de Sinatra en la vitrola y una

hoja

en

de la máquina.

1

blanco

en

el

rodillo


EDITORIAL

T

apabocas para habladores: nos creímos únicos y ya había El autodidacta Ramón Ciotti aplica los conceptos de Carl Jung revistas en escena, preferibles, de mejor factura. Ridículos, nos sobre la madre al relato de una escritora mexicana publicado en

espantamos ante la posibilidad de la fama, onanismo vocacional París en 1910. dividido en trimestres. Sobrevaluamos la pertinencia de publicar y

En cuanto a la creación, la poesía y los cuentos son tan

ser publicado, sin remedio ni fortuna. Tirabuzón para callados: éste variados como los rostros de sus creadores, sus voces ya presentan es el segundo número.

rasgos de una tonalidad propia, acaso inconfundible, que nos

El destino de un libro es impredecible, de una revista, de la satisface colocar sobre la mesa. vida misma. Iniciada la empresa de Albedrío, no imaginamos cuán

La polémica en torno a la legalización de la marihuana

complicado resultaría concretar un segundo número. Lo importante continúa en este número con las transparentes, y no menos no es llegar, sino mantenerse, reza el adagio popular, y la verdad es juiciosas, consideraciones de Abstemio Sánchez, de la Universidad que nosotros arribamos al primer número sin tener claro el segundo de Ecatepec; dicho sea de paso, ese tal Olibachas –pinche, hay que puerto o si la nave se hundiría apenas elevada el ancla. Sin

decirlo– ahora no sólo opina sobre la yerba, sino que también dirige embargo, sobre cubierta hallamos de pronto nuevos textos y en la la impertinencia de su crítica contra integrantes de la izquierda. red, como de viva voz, nos hicieron visibles los errores, ironizaron El lúcido Rui Caverta, de Acatlán, indaga en su reseña los aspectos acerca de nuestra ¿valentía?, ya en el principio nos recordaron que mínimos relevantes de la traducción de la poesía china. Albedrío pasaría sin pena ni gloria y no ha faltado tampoco quienes Estas páginas, por demás oscuras, se iluminan con la desde la orilla han preguntado por un segundo número. presencia de la profesora Claudia Kerik Rotenberg, a quien A todo s lo s que han compartido su opinió n y sus agradecemos las facilidades concedidas para la entrevista. colaboraciones les agradecemos el tiempo que se tomaron, este Sin mayores dilaciones, entregamos este segundo ejemplar ejemplar es producto de ese diálogo. Otra vez atracamos en puerto. en espera de que, aun si les agrada o no, en todo caso se sientan Los trabajos en este número, además de constituir en cada aludidos para participar con nosotros en un desde ya farragoso caso una propuesta, pretenden provocar la dialéctica de la creación tercer número y nos permitan conjurar el sino de una piedra a cuyo y del ejercicio de la crítica. Entre ellos, Julio de la Portilla, peso, por desgracia, todavía no nos hemos acostumbrado. estudiante de la hermana carrera de filosofía, amplía los horizontes

Una vez más zarpamos sin mapa, sin brújula, sin de la revista y nos invita a sus terrenos con una disertación sobre justificaciones ni explicaciones, ya se verá, pero hemos zarpado por Spinoza y su concepto de Dios. La desesperanza en la poesía de el gusto viajar; “preciso es navegar, vivir no es preciso”, nos avisa Vallejo es analizada por nuestro compañero de aulas Aliosha

de lejos Bernardo Soares. Esperamos que les sea llevadera la

Lailson en su breve artículo “¿Qué pasó con la esperanza?”. travesía a bordo de este Albedrío.

CONTENIDO PÉREZ,LA

ESCRITURA

Y UNA MICROHISTORIA…………………………………………………1

EL

CONCEPTO DE

EN

BARUCH

¿QUÉ LA

DIOS

SPINOZA……………………………………………3

DE

PASÓ CON LA ESPERANZA?……………………………4

FIGURA DE LA MADRE

EN “LA VENTA ENTREVISTA

A

MEDITACIONES

DEL

CHIVO PRIETO”……………………5

CLAUDIA KERIK…………………………6,7 SOBRE EL AMOR CÓSMICO

AL PASO DEL ÚLTIMO TREN………………………………………8

ÚLTIMA EN

NOCIÓN DE

EDWIN VALERO…………………………9

EL FONDO DE UNA BOTELLA DE TEQUILA

SE AHOGA UN PEZ DE PLÁSTICO……………………………10

SOBRE

LA LEGALIZACIÓN DE LA MARIHUANA……11

REFLEJO

EN EL REFLEJO:

LA POESÍA CHINA Y SU TRADUCCIÓN…………………12

¿QUIÉN ESCRITO

ES

DOPAMINA? …………………………………………12

ENCONTRADO TRES AÑOS DESPUÉS………12

ARISTOCRACIA Colabora con nosotros: Fotografía, dibujo o textos (Times New Roman, 12 pts., doble espacio de interlineado, alrededor de 5 cuartillas, o menos si puedes, en formato de Word. ¿Poesía? Tú sabrás): revista.albedrio@gmail.com

Revista Albedrío Comité editorial Israel Hernández Rojas Oliver Velázquez Toledo

2

DE LA IZQUIERDA…………………………12

Colaboradores Miguel Guerrero Abstemio Sánchez Verónica León Jorge Leroux Logotipo de portada: Uriel Lailson B.

Renato Rueda Rui Caverta Aliosha Lailson Julio de la Portilla Dibujos: Benmorín


B

aruch de Spinoza no fue el iniciador de la filosofía moderna, pero sí un pensador de espíritu notable que contribuyó a su desarrollo con un sistema de metafísica que habría de influir en los siguientes, como el de Leibniz, y en los grandes sistemas, como los de Kant, Fichte, Schelling y Hegel; tendría también repercusión en Lessing y, de una manera crítica, en Jacobi, quien en Cartas sobre la doctrina de Spinoza se alzó contra el spinozismo y contra toda clase de racionalismo. Schopenhauer le dedicaría, por su parte, algunas páginas en su Cuádruple raíz del principio de razón suficiente; mientras Humboldt habría de rescatar la idea de Dios como la sustancia que aunque no esté por entero en la naturaleza se identifica con ella. La filosofía de Spinoza logró, superando las contradicciones de la filosofía cartesiana, dar rumbos nuevos al quehacer metafísico. Presentar la filosofía spinozista supone una explicación de lo que Spinoza entiende por esta disciplina: es el único conocimiento completo y esencial, del cual los demás conocimientos están subordinados; a semejanza de Platón, consiste en descubrir el ―verdadero bien.‖ El bien es el objeto máximo de conocimiento, pero el hombre generalmente se extravía. Para Spinoza, como también para Platón, es un asunto de importancia práctica, y no solamente de índole teórico: Si los hombres fueran capaces de regirse constantemente por una regla preconcebida; si constante les favoreciera la fortuna, tendrían el alma libre de supersticiones. Mas, como suelen hallarse en situaciones tan difíciles que les imposibilitan adoptar resolución alguna racional, como casi fluctúan entre el temor y la esperanza, por bienes que no saben desear moderadamente, su espíritu está abierto a la más exagerada credulidad. Es decir, la razón que Descartes había establecido en método –alejada de la ciega fe– como forma de comprender el mundo; tomando por cierta la concepción de que las matemáticas desempeñan un conocimiento certero y que sirven como método de razonamiento para aplicarlo a cualquier problema. Este modelo matemático en tanto conocimiento infalible queda constatado en la Ética. Comenzada en 1661 y publicada con carácter póstumo en 1677, la Ética es una obra de madurez, cuya importancia resulta inigualable en el conjunto de la obra spinozista. Hay comentaristas de Spinoza, como José Gaos, que aseguran que la obra guarda un cierto parecido (por lo que a la temática y orden constituido respecta) a la grande suma medieval; sin embargo, que esté conformada a la manera de los argumentos de Euclides, es decir, en una sucesión de pasos lógicos (definiciones, axiomas, proposiciones, corolarios, escolios, demostraciones) es un hecho que nadie negaría. Esto último se debe a la importancia que desde comienzos del siglo XVII se otorga a las matemáticas y, especialmente, a la geometría, con el surgimiento de la ciencia moderna y el advenimiento de la filosofía, que para entonces trataba de buscar unidad con la ciencia, equiparándose con ella por el uso del método. La Ética demostrada según el orden geométrico está divida en cinco partes: ―De Dios‖, ―De la naturaleza y origen de la mente‖, ―Del origen y naturaleza de los afectos‖, ―De la servidumbre humana o de las fuerzas de los afectos‖, y ―Sobre la potencia del intelecto o de la libertad humana‖. Aquí sólo nos ocuparemos de lo que Spinoza entiende por Dios, es decir, de la parte primera de la Ética. Aunque, sin lugar a dudas, ya desde temprana actividad intelectual, Spinoza se había consagrado a reflexiones sobre lo que parece un antecedente directo de la Ética. Nos referimos al Breve tratado de Dios, del hombre y de la felicidad; así mismo, a que en el capítulo IV del Tratado teológico-político Spinoza trata acerca de la “ley divina‖. Esta vez, nos limitaremos a abordar lo que Spinoza entiende por sustancia y, finalmente, cómo esta acepción se identifica plenamente con la idea de Dios o Naturaleza (Deus sive Natura); o, en todo caso, cómo la idea que tiene Spinoza sobre Dios es una consecuencia lógica devenida de todas las cualidades intrínsecas que posee la sustancia. La metafísica, desde los tiempos de Aristóteles, ha pretendido inquirir sobre la sustancia o el ser de las cosas, sobre la esencia de la realidad en general. Desde la antigüedad hasta el siglo XVII existía una concepción del mundo constituido por una pluralidad de sustancias, de la que el propio Descartes admitía tal multiplicidad. Hampshire, muy atinado, indicó que, al concebir el universo o el mundo como una pluralidad de sustancias, debe pensarse que unas actúan sobre otras, y que, al actuar, los cambios de estado que se produzcan en una sustancia deben ocasionar cambios de estado en otra. Esta concepción del mundo como pluralidad de sustancias llegó al pináculo con la teoría de las mónadas de Leibniz. Sin embargo, Descartes, al admitir como sustancias a la res cogitans (alma) y a la res extensa (cuerpo), y al dar su definición general de sustancia, parecía contradecirse. Para el filósofo francés, la sustancia era aquello que para existir sólo tiene necesidad de sí mismo (causa sui). Tal realidad, a la que podemos llamar realidad última o suprema, era Dios, y determinaba la existencia de todas las cosas. El problema se presentó cuando queriendo explicar el mundo fenoménico, Descartes admitió como sustancias a la res cogitans y a la res extensa, esto es, a todas las realidades pensantes y corporales. No hubo concordancia entre la definición de sustancia que dio Descartes y aquellas realidades pensantes y corporales que a su vez llamó sustancias, puesto que eran realidades producidas por aquella otra realidad suprema. La res cogitans y la res extensa, que para el filósofo francés eran sustancias de orden secundario, para Spinoza se convirtieron en dos de los infinitos atributos de la sustancia; mientras que los objetos y pensamientos individuales, al igual que toda manifestación empírica, formaban los modos de dicha sustancia. En el apéndice de esta primera parte titulada ―De Dios‖, Spinoza fue claro en cuanto a sus argumentos fundamentales: ―Explica su naturaleza y sus propiedades (de Dios): que es único; que es y actúa por sola necesidad de su naturaleza; que es causa libre de todas las cosas; que todo es, y que todas las cosas están predeterminadas por Él‖. La Ética arranca con ocho definiciones: causa de sí (causa sui), finitud, sustancia, atributo, afección, Dios, libertad y eternidad. Si bien es cierto que si queremos comprender lo que Spinoza entiende por Dios no basta enunciar su definición (―por Dios entiendo un ente absolutamente infinito, esto es, una sustancia que consta de infinitos atributos de los que cada uno expresa una esencia eterna e infinita‖), es necesario descomponer dicho concepto, desmembrándolo, mientras se tiene en mente que conceptos como los de sustancia, causa, infinitud, necesidad, atributo, determinación y libertad, se corresponden entre sí y componen todo el complejo. También es cierto que la idea de Dios que Spinoza se representó no es común a la t rad ic ió n jud e oc rist ia n a qu e le at ribu ye c u alid ade s antropomórficas, o a aquellas que se figuran a Dios como legislador o soberano.* Sobre por qué Spinoza utiliza la palabra ―Dios‖ con

El concepto de Dios en Baruch de Spinoza por Julio de la Portilla

referencia a la Naturaleza, hay algunos comentaristas –como Hampshire– que señalan que cuando Spinoza ofrece su descripción (eterno, infinito, autocreador, totalmente libre a la Naturaleza o totalidad) coincide irremediablemente con la de Dios (excepto con la descripción antropomórfica, visión judeocristiana de un dios personal). Esto es cierto, pero la cosa es más complicada. Spinoza –nos dice Bennett– necesitaba, para argüir que la totalidad o Naturaleza no es una persona, una explicación que fuese satisfactoria de por qué un ser humano es una persona: Spinoza no se enfrentó a ninguna elección similar [con respecto al uso de pronombres como ―él‖ para referirse a una persona, en lugar de aplicarlo para referirse a cualquier objeto], porque ninguno de su media docena de lenguajes tiene pronombres personales; el latín, por ejemplo, tenía que usar un pronombre masculino para Dios, que concordase con el sustantivo masculino Deus; pero esta masculinidad es tan sólo gramatical y nada implica acerca de la naturaleza del sujeto. Existe otra razón según la cual Spinoza designó con el nombre de ―Dios‖ a la Naturaleza: ella provoca un sentido de deferencia, como la admiración y el amor humilde, actitudes que se reservaban a Dios. En todo caso, Dios o la Naturaleza (Deus sive Natura) de Spinoza no es la representación tradicional antropomórfica de la religión judeocristiana. El panteísmo spinozista deriva de su doctrina de una sustancia única (de su monismo), puesto que Dios deriva del concepto de sustancia (―por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí: esto es, aquello cuyo concepto no ha de menester del concepto de otra cosa por el que deba formarse‖). Dice Bennett que el siglo XVII estaba impregnado de la idea de una sustancia genuina y causalmente autosuficiente; que el término de sustancia que emplea el racionalismo causalista –Descartes y aún más Spinoza y Leibniz– deriva del empleo del término de sustancia que hace Aristóteles en las categorías. Pareciera que hay una contradicción entre lo afirmado por Bennett y lo que mencionábamos párrafos arriba; a saber, que desde la antigüedad hasta el siglo XVII existía la doctrina de una pluralidad de sustancias. Sin embargo, ni Descartes ni Leibniz eran panteístas, no identificaban a la sustancia única, autosuficiente, autocreadora, con la Naturaleza o totalidad, aunque los tres grandes racionalistas del siglo XVII (Descartes, Spinoza y Leibniz) coincidieron en que sí existía dicha sustancia. Descartes habló de la res cogitans refiriéndose a ella como una sustancia; aunque, sin lugar a dudas, haya sido de un orden inferior en comparación con aquella otra sustancia autosuficiente y autocreadora. Sucedió lo mismo con Leibniz, al establecer las sustancias simples y compuestas, puesto que estas últimas eran representaciones o derivaciones de las primeras. Así, Spinoza es quien habla de la única sustancia autocreadora. Esto se ve claramente expuesto en la restricción que hizo Spinoza al dar su definición de sustancia como causa sui. Dice Hampshire: En otros términos ha definido la sustancia de un modo tan estricto que no puede llamarse sustancia a nada cuyos atributos sean efectos de causas exteriores; por definición, una sustancia es tal que todos sus atributos o modificaciones pueden explicarse en términos de su propia naturaleza. Ahora bien, Spinoza afirmó que todo puede ser explicado por causas. Él fue, en efecto, un racionalista causalista, por lo cual no pudo afirmar la existencia de dos o más sustancias. Al hacerlo habría caído irremediablemente en una contradicción. Si hubiera admitido que existían dos sustancias, habría tenido que admitir a su vez las causas de dichas sustancias como ajenas a sí mismas, ya que ―las cosas que no tienen nada de común una con otra tampoco pueden entenderse una por otra, o sea, el concepto de una no envuelve el concepto de la otra‖. De esta definición de sustancia única, autocreadora, se sigue por consecuencia que tenga que ser infinita: Digo infinito y no infinito en su género, pues de lo que sólo es infinito en su género, podemos negar infinitos atributos, pero pertenece a la esencia de lo que es absolutamente infinito todo cuanto expresa esa esencia y no envuelve ninguna negación. Al emplear el término infinito y al adjudicárselo como característica esencial de la sustancia, Spinoza no quiere decir otra cosa que la sustancia es ilimitada; es decir, que no está limitada por ninguna otra sustancia. Puede interpretarse también que carece de fronteras, de límites; pues siendo esta sustancia la única existente no tendría por qué existir algo que fuese distinto a ella. Esta sustancia es única, es causa de sí misma y por lo tanto causa de todo, es infinita en el sentido de que carece por completo de fronteras y de límites. Además, tiene infinitos atributos (―Dios, o sea una sustancia que consta de infinitos atributos, de los que cada uno expresa una esencia eterna e infinita, existe necesariamente‖). Esta existencia necesaria de la que habla Spinoza se sigue de su definición de causa sui. Es la muy conocida prueba ontológica de la existencia de Dios a priori, que en el Proslogion San Anselmo desarrolla, y de la que Descartes en la meditación tercera se sirve para argumentar contra el escéptico (―Por causa de sí entiendo aquello cuya esencia envuelve a la existencia; o sea, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente‖, Spinoza dixit). Ahora bien, Spinoza le da a la sustancia “infinitos atributos, de los que cada uno expresa una esencia eterna e infinita […];‖ Explicaremos qué entiende Spinoza por atributo: “Entiendo por atributo aquello que el intelecto percibe de una sustancia como constituyendo su esencia‖. Los atributos son la manifestación de las infinitas formas y maneras de la sustancia o de Dios. El limitado entendimiento del hombre sólo conoce dos de estos infinitos atributos: el pensamiento y la extensión, o lo que es lo mismo, espíritu y materia. Estas entidades en cuanto pertenecientes a la esencia infinita de la sustancia están íntimamente unidas, ya que ambas son cualidades intrínsecas de la sustancia; sin embargo, Spinoza, en tanto que dualista al igual que Descartes, asegura que dichos atributos son distintos, es decir, que ninguno es reductible al otro.

3

Los modos, por su parte, son consecuencias de los atributos de la sustancia, y son aquellas cosas particulares finitas. ―Por modo entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro por medio del cual también se concibe‖, dice Spinoza. Y en otra parte, ―las cosas particulares nada son sino afecciones de los atributos de Dios, o sea, modos con los que se expresan de cierta y determinada manera los atributos de Dios‖. Si bien existen, comenta Hampshire: Modos o caracteres de la Realidad que parecen esenciales a la constitución de los dos atributos infinitos y eternos deben ser ellos mismos infinitos y eternos: por ello, Spinoza los diferencia denominándolos modos inmediatos infinitos y eternos, significando la palabra ―modo‖ un estado de la sustancia. Los modos o estados de la sustancia pueden graduarse según un orden de dependencia lógica, empezando por los modos inmediatos infinitos y eternos que son caracteres necesarios y universales del universo, y descendiendo hasta los modos infinitos, que son diversificaciones de la Naturaleza limitadas, perecederas y transitorias. Hemos desarrollado hasta aquí las propiedades esenciales de la sustancia spinozista: es única, autocreadora, infinita, ilimitada, y posee infinitos atributos de los cuales cada uno expresa una esencia eterna e infinita. Hemos establecido a partir del desarrollo del concepto de sustancia y de su doctrina monista, las premisas para un primer acercamiento a por qué la sustancia única se identifica con Dios, y Éste a su vez con la Naturaleza o con el Universo. Sólo nos resta explicar en qué sentido la sustancia, en cuanto causa de sí misma, indeterminada, única y eterna, llega a causar y determinar todas las cosas; y cómo es que esta sustancia, según Spinoza, debe considerarse libre en su actividad autocreadora. Resulta un tanto paradójico y contradictorio para el sentido común que Spinoza, en su visión panteísta, diga que la sustancia determina, pero que es indeterminada, y en tanto que indeterminada, libre. Pero esta aparente contradicción deja de imponer su fuerza cuando se evoca la definición misma de sustancia, con sus propiedades esenciales, al mismo tiempo que se comprende la definición que nos da Spinoza: Se dice libre aquella cosa que existe por la sola necesidad de su naturaleza y por sí sola se determina a actuar: en cambio, se dice necesaria o más bien constreñida, la que es determinada por otra a existir y actuar según cierta determinada razón. En este sentido, sólo la sustancia única y autocreadora, de infinitos atributos, es libre, pues no necesita de otra cosa que no sea ella misma para existir. Afirma Spinoza: De la sola necesidad de la naturaleza divina o (lo que es lo mismo) de las solas leyes de su naturaleza, se sigue una absoluta infinidad de cosas […] nada puede ser ni concebirse sin Dios, sino que todo es en Dios; en consecuencia, nada puede ser fuera de él, que lo determine o fuerce a actuar, y así Dios actúa por las solas leyes de su naturaleza y no compelido por nadie. Ahora bien, si la sustancia en tanto que causa (o acto autocreador) y efecto (o acto de creación) es la misma y única sustancia, ¿cómo es que llega a ser por un lado algo determinado e indeterminado al mismo tiempo? Esto es explicado por los conceptos Natura naturans y Natura naturata. Todo lo que hay en la naturaleza de inteligible está determinado y no existe nada que sea contingente. La sustancia es como si se manifestara doblemente: por una parte, la natura naturans, que es la sustancia vista como causa de sí misma, de infinitos atributos; y por otra parte, ―como el sistema de lo que está creado‖. Hampshire aclara: Es igualmente correcto pensar en Dios o la Naturaleza como único creador (Natura naturans) que como única creación (Natura naturata); no sólo es que sea correcto, sino que es necesario atribuir ambos significados complementarios a la palabra, no siendo completa, y ni siquiera posible, una concepción de la Naturaleza sin la otra. En este breve trabajo desarrollamos conceptos claves para la comprensión del concepto de Dios en Spinoza. Vimos las definiciones con las cuales se abre la Ética demostrada según el orden geométrico, y de las que constituye todo su sistema metafísico. Sólo resta fijar lo que por evidencia es más que plausible; a saber, que de su definición de sustancia que da Spinoza se sigue necesariamente su concepto de Dios. Así que la sustancia plenamente termina por ser la Naturaleza. Lo cual nos lleva a concluir que de su monismo se sigue consecuentemente su panteísmo. Es pues, Spinoza, el que influirá en las filosofías idealistas trascendentales (Kant, Fichte, Shelling y Hegel); del mismo modo, la filosofía y poesía románticas le deben mucho a su inigualable espíritu. *Véase el capitulo IV del Tratado teológico-político, en que Spinoza sostiene que la representación de Dios como un soberano sólo sirve para acomodarse al imperfecto conocimiento del vulgo; sin embargo, la concepción política que gravita en Spinoza dará como resultado, que el poder divino sólo puede ser ostentado por un soberano, representante del reino de Dios en la tierra y siempre con vistas al mantenimiento de la paz y del Estado. Bibliografía primaria: Spinoza, Baruch, Ética. Prólogo y traducción de José Gaos (Nuestros Clásicos, Ediciones UNAM); México, 1983. (Prólogo y Capítulo I) ---------------------, Tratado teológico-político. Introducción Antonio Alegre Gorri; Trad. Julián de Vargas y Antonio Zozaya. (Biblioteca de Filosofía, Ediciones Folio); Barcelona, 2002 (Introducción, Prefacio del autor, Capítulos I y IV) Bibliografía secundaria: Bennett, Jonathan, Un estudio de la Ética de Spinoza. Trad. José Antonio Robles García. Fondo de Cultura Económica; México, 1990 (Capitulo II y III). Descartes, René, Discurso del método/Meditaciones metafísicas. Introducción, prólogo y notas de Manuel García Morente. (Colección Austral, Ediciones Espasa); Decimoséptima edición; México, 1983 (Prólogo, Introducción y Meditación III). Hampshire, Stuart, Spinoza. Versión española de Vidal Peña. Alianza Editorial; Madrid, 1982 (Capítulos I y II) Leibniz, Gottfried, Monadología. Prólogo Manuel Fuentes Benot; Trad. Manuel Fuentes Benot, Alfonso Castaño Piñán y Francisco de P. Samaranch. (Biblioteca de Filosofía, Ediciones Folio); Barcelona, 2002 (Prólogo, Primera y Segunda parte).


¿QUÉ PASÓ CON LA ESPERANZA? por Aliosha Lailson Barrios

E

l intrigante poema en prosa de Vallejo ―Voy a hablar de la esperanza‖ apunta desde el título su temática. Paradójicamente, sus lectores nos encontramos con que, a largo de las cuatro estrofas (o párrafos, pues es una prosa poética), la esperanza brilla por su ausencia. Aún más, el tema del que se ocupa el poeta en los cuatro puntos que conforman su texto es casi el contrario absoluto de la esperanza: el sufrimiento. ¿Por qué entonces anuncia en el título que se referirá a la esperanza? El dolor que el poeta expresa resulta muy peculiar, es un dolor especial que se extiende por todo el texto, lo inunda por completo. Su expresión es tan totalizante que no deja espacio para que se presente nada más que él, ni siquiera el patetismo, del que la expresión poética del dolor está comúnmente rodeada, se manifiesta. El poeta está estancado en el sufrimiento, rodeado por él, su dolor ni avanza ni retrocede. ¿En qué lugar entonces tendremos que buscar a la esperanza? Se podría aventurar una conclusión y decir que, puesto que sólo el dolor está presente y el poeta ha asimilado el hecho de que toda su percepción está volcada al sufrimiento, cualquier cambio que se manifieste en el estado de ánimo tendrá que provocar esperanza: ―cuando no hay nada que perder, hay todo que ganar‖, diría un miembro del club de optimistas; pero me parece que Vallejo de ninguna manera está cercano a ese club. Se concentra el poeta en describir su dolor. En cuatro puntos, César Vallejo nos habla de un dolor que está más allá de la identidad, que trasciende toda realidad, que va más allá de las causas, más allá de todo lo conocido y que está fuera del tiempo, es decir, no está sujeto a mutabilidad. Lo más común de los sentimientos es que se originen de situaciones personales. El dolor, al igual que el resto de los sentimientos, es subjetivo. Cuando a un individuo le duele una herida o la ausencia de un ser querido, el resto de la gente no puede sentir lo mismo. La identidad antecede al dolor y es, de cierta manera, la causa de él. Quiero decir que si mi hermano muere no es posible que un hombre en China, que nunca lo conoció, sienta el mismo dolor que yo. De igual manera sucede si me rompo una pierna, jamás pasarán por mi mente las mismas cosas, ni sentiré con la misma intensidad, que un sadú en la India al que le pasara lo mismo. Antes que el dolor está la identidad, el primero es determinado por la segunda, es su causa, y por mucha empatía y compasión que sientan los otros por mí, jamás sentirán lo mismo que yo. Sin embargo el dolor que describe Vallejo se desprende de su identidad, aún más, antecede a las características que dan cohesión al individuo César Vallejo: Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, ni como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente. El sufrimiento no depende en este caso de la identidad, al contrario, pasa sobre ella, la elimina. Los elementos que conforman la identidad del poeta quedan superados por el dolor. Así, el individuo César Vallejo se difumina en medio de un dolor totalizante. La condición de hombre, e incluso la de ser vivo, quedan desplazadas por ese dolor que surge desde más abajo, antes que la identidad y antes que la vida, de un modo más originario que ella. Los sentimientos son, por lo general, respuestas a estímulos generados al exterior de la mente y el alma de dónde emergen. Son causados por algo externo que vendría a ser su causa. El dolor del que nos habla el poeta, nuevamente toma distancia del común denominador de los sentimientos, no tiene causa de origen ni explicación:

Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Más aún, no sólo antecede a cualquier tipo de estímulo que pudiera ser su origen, también supera y absorbe a cualquier otro tipo de dolor, es un dolor omnipresente, una especie de dolor cósmico: Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si me hubieran cortado el cuello de raíz, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba, hoy sufro solamente. De norte a sur, de arriba abajo, el sufrimiento del poeta lo abarca y supera todo. Sin causa de origen carece también de solución. Esta fuera de cualquier marco temporal pues es anterior a la vida y supera la muerte: Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al menos. Incuso la muerte, acompañada por otro tipo de dolor, el hambre, no podría superar el dolor del poeta. De su tumba saldría al menos una brizna impulsada por ese dolor que se posesiona de todo lo referente a César Vallejo y lo elimina, hasta de su muerte. El sufrimiento encierra al poeta, lo sitúa en un punto sin retorno en donde a la vez ya no es posible continuar, es como la nada, el poeta está en el medio de una nada que es puro dolor y lo absorbe y destruye todo. Su dolor es más antiguo que el tiempo, es atemporal, flota por sobre el tiempo y no existe nada que pueda cambiarlo, está en todos lados y bajo cualquier circunstancia, es un dolor cósmico: …mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en una estancia obscura, no daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda o que suceda. Hoy sufro solamente. Pero el título del texto había dicho que se hablaría de la esperanza, ¿en dónde está la esperanza ahora? Ante un sufrimiento atemporal, sujeto a la inmutabilidad, sin causas ni consecuencias, un sufrimiento que lamió al mundo el día mismo de la creación y lo dejo embarrado de una baba invisible de la que sale un constante hálito de dolor, ¿qué esperanza se puede tener?… Ninguna. La esperanza resulta absurda cuando el cambio, para bien o para mal, ha quedado erradicado. Si todo duele, si el dolor ha estado y estará siempre ahí, trasfondo inevitable de la existencia, la esperanza no existe. En un rodeo retórico, el poeta ha dicho que hablaría de la esperanza, pero ha hablado del sufrimiento, un sufrimiento que permite al poeta referirse a la esperanza, hablar de ella sin hacerlo; pisotearla, aplastarla, dejarla fulminada, reducida a una simple palabra que remite a algo inexistente en su mundo.

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En todo caso, la presencia de la paradoja es el rasgo eminentemente humano de este personaje, LA FIGURA DE LA MADRE, a pesar del halo diabólico que le rodea. Hasta SEGÚN CONCEPTOS JUNGUIANOS, cierto punto, la maldad que caracteriza a EN “LA VENTA DEL CHIVO PRIETO” Severiana a ella misma le pasa inadvertida, lo que al mismo tiempo la inviste de inocencia: es una DE LAURA MÉNDEZ DE CUENCA especie de ángel demoníaco que no sabe ni que es ángel ni que es demonio; fusiona en su conducta por Ramón Félix Alvarado Ciotti los dos papeles, el de la madre cariñosa y el de la mujer rabiosa por la crianza de su vástago. Si en a fuerza narrativa de esta autora de la frontera un caso es respetable, el otro está absolutamente entre el siglo XIX y el XX asienta con toda fundado en la misma circunstancia. firmeza desde entonces la importancia de la literatura Este es el doble juego de la mujer al interior escrita por mujeres en México. En el cuento ―La de su familia. Por una parte está obligada a velar por Venta del Chivo Prieto‖ tienen lugar numerosos los intereses de su prole y por el otro a ganarse el pan temas, pero en particular destaca la reflexión acerca a como dé lugar de acuerdo con las coyunturas que se del sitio de la mujer en el escenario social. Esta le presenten. En cuanto al arquetipo de la madre, sus consideración presupone la importancia que la misma categorías se organizan del siguiente modo: autora otorgaba a dilucidar las tensiones subyacentes 1. Autoridad, sabiduría y altura espiritual en el básico seno de la familia, en las que quizá cifraba más allá del intelecto. parte de su propia identidad. Sin embargo, como obra 2. Lo bondadoso, protector, sustentador, lo artística, este relato multiplica sus significados al que da crecimiento, fertilidad y alimento. grado de convertirlos en síntesis de una región de lo 3. Lugar de la transformación mágica, del femenino –negativa– y, especialmente, de lo materno. renacer; el instinto o impulso que ayuda. En pocas páginas, la autora regala, además, una prosa 4. Lo secreto, escondido, tenebroso, el rigurosa en recursos estilísticos, con los que construye abismo, el mundo de los muertos, lo que devora, ambientes y personajes cuya densidad se incrementa seduce y envenena, lo angustioso e inevitable (2). párrafo por párrafo sin desperdicio ninguno para el En pocas palabras, en ella misma conviven remate de la historia, y en los que se podría rastrear diferentes aspectos. Severiana es la autoridad de la indudablemente los orígenes de ciertos pasajes casa, sin su vigor, el orden económico se vendría r u l f i a n o s , p o r m e n c i o n a r u n a s o l a d e s u s abajo; incomprensiblemente, a no ser por el amor que consecuencias; por si fuera poco, condensa ahí mismo le profesa, su mismo marido abdicó a favor de esta una serie de símbolos que requerirían de profusas mujer de claros tintes despóticos –alterando la cuartillas para ser abordados honradamente. En este estructura que bien podría haber continuado según la caso, nos dedicaremos a uno solo de sus aspectos, lo inercia patriarcal–, dejó en el pasado su identidad y materno en la figura de Severiana, para lo cual nos trocó su nombre por otro más adecuado a su nueva valdremos de los conceptos de Carl G. Jung personalidad, Desiderio, que mucho tiene que ver correspondientes. con la desidia, por supuesto (o con desiderata, ―cosas Severiana, como su nombre lo indica, es una deseadas‖, que en su caso siempre se quedan mujer marcada por la severidad de la vida que ha a medias). llevado, que hasta se refleja en su propio carácter e La intuición para los negocios de Severiana incluso en su descripción: ―una gachupina de pelo en permite la feliz marcha de la familia, cuyo vértice pecho, pizpireta, graciosa, de corta estatura y ojos principal es Máximo, quien por este esfuerzo consigue muy decidores‖. La ambivalencia de lo masculino y lo estudiar en una ciudad y a quien se le abastecen sus femenino, cierta androginia que en el medioevo se necesidades primordiales; incluso el esposo encuentra habría considerado monstruoso, constituye una de sus sin chistar su sitio en la dinámica y su vida satelital se principales peculiaridades; de esta manera ella se ha completa en torno a su mujer, la que también a él le abierto camino en un mundo que no le ha facilitado provee sustento por medio del uso dirigido de su nada y en el que todavía debe valerse por sí misma fuerza corporal y un sentido de vida por el amor al con trabajo rudo de sus propias manos. hijo de ambos. Desiderio ha renacido en manos de Según Jung, como arquetipo, la imagen de la madre Severiana y ella, impulso motor de la empresa trasciende el plano personal para llegar a uno más familiar, a pesar de su agrio carácter, le ayuda a vivir, colectivo. En este sentido, la madre no es sólo es persona física que nos dio a luz, sino que igualmente, aunque sea bajo un tutelaje casi idéntico al de nuestra experiencia de la madre esta determinada por su Máximo. un conjunto de valores, actitudes roles y expectativas Sin embargo, el último aspecto guarda la que obedecen a un arquetipo, firmemente arraigado en clave simbólica que desatará los acontecimientos que la tradición sociocultural. Motivos de expresión del arquetipo de la madre abundan en la mitología y las ensombrecen a La Venta del Chivo Prieto. Desde el religiones (María en el cristianismo, Parvati en el principio había flotado en el ambiente discursivo una hinduismo, Deméter en la mitología griega, Isis en el serie de referencias luciferinas para circunscribir a los Egipto antiguo, etc.), lo cual implica que el arquetipo de personajes y al espacio al misterio y a las regiones de la madre posee varias dimensiones. Algunas podrían ser positivas como por ejemplo todo lo asociado con la lo oculto, siempre que, en los términos que a nuestra protección y la fertilidad; y otras serán negativas, como perspectiva conciernen, esto oculto en los territorios la muerte, el poder destructivo de la madre naturaleza o del inconsciente se correlaciona con la preocupación simplemente ―lo desconocido‖ (1). constante de Severiana, como madre, por la Reunión de contradicciones, Severiana se ha sexualidad de su hijo, a quien prefiere célibe y sólo entregado al cuidado de su hijo según se esperaría, para ella. A la manera de una alegoría, los elementos pero a costa de cualquier moralidad. Ha cometido del relato revelan y esconden el drama doméstico ruindades de las que sólo se exime en función del entre lo femenino materno y lo masculino como hijo, beneficiario, Máximo, quien tampoco por nada lleva e incluso como padre. ese nombre cuando es la cima espiritual de la unión La separación del arquetipo de la Madre constituye la de sus padres. En este amor por su hijo se manifiesta emergencia de un ego separado, significado por este arquetipo del Padre. Este cambio trae múltiples el lado luminoso de su personalidad, pues en el resto consecuencias. La desvalorización de lo Femenino a había reinado nada más la oscuridad de sus partir de la entronización de lo Masculino tiene procedimientos públicos y de sus prácticas privadas. repercusiones tanto en el plano colectivo como en el

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individual. En el primer plano, la separación del in d ivid u o d e la c o le c t ivid ad re d u n d a e n u n ―individualismo feroz‖, en el cual el individuo lucha por el domino y el beneficio personal aun a costa del bienestar de la colectividad. Este arquetipo del Padre es asumido tanto por hombres y mujeres, a los cuales podemos observar luchando denodadamente por afirmar su ego (3).

La recurrencia de los sueños, de los presentimientos, en Severiana, deja ver la pulsión que subyacía desde el principio como consecuencia de la independencia de Máximo. La posibilidad de la muerte física contenía en su interior la pérdida del hijo, pero a manos del amor por otra mujer, una sustituta que desvencijaría la armonía, la completitud de una familia que era como ―el triple par de riveras de tres alegres riachuelos, ocupad ísimos en precipitarse uno en otro‖. La paradoja tiende su trampa cuando el mismo interés por el bienestar de Máximo, por conservar su compañía para viajar por el mundo, la impulsa a asesinar y robar al misterioso –en lo simbólico– forastero, quien sale de las tinieblas para hospedarse en la venta y desaparece en las sombras para huir, como si no hubiera existido, igual que aquellos miedos de Severiana: ―encendía velas a la Virgen para que librase a Máximo de ladrones imaginarios, de asesinos que jamás habían pensado en arrancarle la vida, de fieras que no existían‖. El amor desaforado se vuelve en contra del objeto de su amor, lo que descubre la impertinencia de su proceder. Si de un hoyo en la tierra, donde lo guardaba, había salido el dinero para la compra del predio, realización de sus sueños, a un hoyo devolvía la peor de sus pesadillas, el cuerpo de su hijo muerto. Muerte que parece castigo, en tres instancias: para la madre a la que se le revira la sobreprotección de su hijo, para el padre que por ser ―más bestia que las bestias que alimentaba‖ no supo sino obedecer desde su letargo como figura paterna y para el hijo que incubó deseos de individuación, cuyo caso, por inocente, se vuelve martirológico. La narradora advierte al inicio del relato que se trata de uno real, porque para inventarlo ―sería menester haber sido engendrado pantera y nacido hombre‖, lo que nos sugiere, en una de sus posibles interpretaciones, que ella no es ni una ni otra cosa, evidentemente, sino mujer y, por lo tanto, sabe que de lo que contará es indudable su verdad. Estamos ante una autora que, aunque aquí apenas se ha señalado desde el marco teórico del psicoanálisis junguiano y los arquetipos –su elaboración literaria del conflicto madre-hijo–, reflexiona profunda y críticamente los diferentes aspectos que columbran a la mujer y a lo femenino en todas sus expresiones. La lectura propuesta en este artículo pretende evidenciar el sustrato de tipo mítico en el relato y sirva para apuntar hacia posteriores investigaciones, más amplias, verdaderamente cuidadosas y detalladas. Bibliografía citada: 1 y 2. Saiz, Jesús; Fernández, Beatriz y Álvaro, José Luis. “De Moscovici a Jung: el arquetipo femenino y su iconografía‖, en Athenea Digital, número 11, 2007, pp. 132-148 [http://psicologiasocial.uab.es/athenea/ index.php/atheneaDigital/article/view/385/330, al 7 de diciembre de 2009]. 3. Dorantes Gómez, María Antonieta. “Lo femenino en Jung” ponencia del XI Congreso Nacional de Filosofía, UNAM, 15 de agosto de 2001. Fragmentos del cuento tomados de Méndez de Cuenca, Laura. ―La Venta del Chivo Prieto‖, en Impresiones de una mujer a solas. Una antología general, FCE, FLM, UNAM, México, 2006. Bibliografía consultada: Domenella, Ana Rosa, y Gutiérrez de Velasco, Luzelena. ―Laura Méndez de Cuenca. Forjando la nación, entre el magisterio y la escritura‖, en Méndez de Cuenca, Laura. Impresiones de una mujer a solas. Una antología general, FCE, FLM, UNAM, México, 2006, pp. 331-350. Jung, Carl G. ―Sobre los arquetipos del inconsciente colectivo‖, en Hombre y sentido: Círculo Eranos III, Anthropos, Barcelona, 2004, pp. 9-45, y Psicología y Alquimia, Editorial Tomo, México, 2002. Mora, Pablo. ―Laura Méndez de Cuenca: escritura y destino entre siglos (XIX-XX)‖, en Méndez de Cuenca, Laura. Impresiones de una mujer a solas. Una antología general, FCE, FLM, UNAM, México, 2006, pp. 15-68. Zweig, Connie, y Abrams, Jeremiah (coords.). Encuentro con la sombra: el poder oculto de la naturaleza humana, Kairós, Barcelona, 1993.


RECONSTRUIR LA MEMORIA ENTREVISTA A CLAUDIA KERIK ROTENBERG

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entro del aula, en las dos horas de clases que dedicamos al estudio de algún autor, género o alguna problemática propia de la literatura, el profesor asume la dirección y contextualiza, explica o desglosa el tema, además de responder las dudas de sus alumnos. Sin embargo, existen otras interrogantes, ya no relacionadas con nuestro campo de estudio, sino con el aura que envuelve a aquel agente del conocimiento que puede ser una guía irremplazable dentro del proceso de formación, o bien nuestra peor pesadilla, sin que se percate de su efecto sobre los estudiantes. Revista Albedrío, en su labor de acotar las distancias entre los estudiantes y los docentes, como prometió, ha conversado con una de las profesoras más respetadas, e intrigantes, en el área de las letras hispánicas y que bien podría estar trabajando en Argentina o viviendo en Jerusalén, quizá en otro país lejano o habitando en la misma ficción. Sin embargo, los alumnos de la UAM-I tienen el privilegio de escuchar sus clases sobre García Lorca, Jorge Luis Borges, vanguardias literarias y demás interminables temas; nos referimos a la maestra Claudia Kerik Rotenberg, quien se ha dejado abordar por el equipo de Albedrío en la soledad amable de su cubículo para responder a las dudas y aclarar los mitos extramuros que la envuelven. Comenzamos por el recorrido de la formación de la profesora Kerik, es decir, la protocolaria presentación. —Bueno, el tránsito ha sido largo, yo no soy mexicana, soy argentina y la mayor parte de mis estudios los hice fuera de México. Yo llegué de Argentina a los trece años, es decir, en el año de 1970, e hice aquí en México mis estudios de secundaria y preparatoria; posteriormente, al terminar la educación media superior, me fui a Israel, donde viví cerca de nueve años y donde me dediqué al estudio académico, es decir, a mi formación. Estudié en la universidad de Jerusalén lo que se llama ―estudios latinoamericanos‖ con especialidad en literatura. Después estudié literatura comparada, o mejor dicho, hice estudios de maestría en literatura comparada. En 1984 regresé a México y a mi regreso entré a El Colegio de México en el doctorado de letras hispánicas, mismo que está inconcluso por una larga investigación de la cual más adelante seguro te hablaré; y pues ya son veinticinco años de estar aquí en México. —¿Después de veinticinco años cómo encuentra al país el día de hoy? —¡Qué pregunta! No me hagas esa pregunta… —Es la pregunta del bicentenario... (risas). —Qué te puedo decir… para empezar están las noticias sobre los narcos, degollados, mutilados todos los días, en este momento en particular México me parece un mar de sangre. —¿Existe esta guerra entre el Estado y el narco? —Yo creo que sí existe y no se había hecho público, hoy en día no sólo es este mar de sangre el que se hace público, cualquier guerra ya la televisan, cualquier ataque o forma de terrorismo se televisa; hoy en día estamos expuestos a la violencia y a presenciar, ver esa violencia. Antes la violencia no se veía tan de cerca y ahora, con tanta información, claro que te hace dudar, porque por supuesto que los medios explotan esa información, pero lamentablemente es real. —Sabemos que en estos veinticinco años además de ejercer la docencia también se ha dedicado a la traducción y a la poesía, ¿cuál es su experiencia en estos dos oficios? —Y ustedes cómo saben que escribí poesía… (la maestra ríe de buena gana al percatarse que estamos al tanto de información que pocos conocen.) Bueno, en cuanto a la traducción, durante los nueve años que viví en Israel me dediqué a la traducción del poeta Yehuda Mijail, uno de los poetas más importantes de Israel, y ya que llegué a México publiqué esas traducciones, a lo largo de varios años he estado publicando en revistas, periódicos y saqué un libro

de poemas de Yehuda Mijail, lo publicó la Editorial Vuelta en su momento, pero esto ocurrió en 1990 y desde esa fecha no se ha reeditado, espero ahora reeditarlo para que mis alumnos de hoy lo conozcan. Por otra parte, la escritura de poesía, pues cuando era muy joven escribía poesía e iba a un taller en la Casa del Lago con Alejandro Aura, poeta, y con un grupo de escritores, viejos amigos míos. —Profesora, quizás otras áreas que desconocen los alumnos son sus especialidades, en este caso hablamos de sus trabajos sobre Walter Benjamin y sobre sus conocimientos sobre literatura del Holocausto, ¿qué nos cuenta de estas temáticas un tanto ajenas dentro de las letras hispánicas? —Mmm… probablemente lo que no le es ajeno a nadie es que soy judía, por mi apellido o tal vez por algún otro dato vinculado a mí, además de haber vivido en Israel casi diez años. Naturalmente tengo un compromiso con el tema del Holocausto, como soy maestra de literatura me ha interesado mucho, es un tema que no enseño aquí en la UAM de la misma manera que no he impartido clases sobre Walter Benjamin, que es uno de mis autores de culto, uno de los autores en los que más trabajo. Son dos temas distintos, pero que están vinculados, porque Walter Benjamin se suicidó para no caer en manos de la Gestapo. De algún modo, todos mis temas están vinculados: el poeta y la ciudad, Walter Benjamin, la literatura de vanguardia, literatura del Holocausto. La literatura del Holocausto me interesa muchísimo. Del tema me parece importante analizar los medios de los que se vale el escritor para expresar una experiencia límite, como el encierro en campos de concentración o el impacto ante los campos de exterminio, aparte de muchas otras particularidades. Resulta interesante también el lado testimonial de esa literatura, el lado del rescate de la memoria es un tema muy complejo, precisamente acabamos de mencionar el uso que se hizo de los judíos, cómo se les obligo a ser los intermediarios para llevar a los otros al exterminio, es terrible; y va mucho más allá de eso, porque otra de las aberraciones nazis a analizar detalladamente consiste en los videos de los campos de concentración con cultura, música y esparcimiento que Hitler difundió, una mentira aberrante. Es terrible. Tuve un alumno que puso en duda que haya existido el Holocausto. Increíblemente por primera vez me encontré con alguien que me hizo una observación que me tomó desprevenida y creo que eso no hubiera pasado hace veinte o treinta años; esa difamación sobre el Holocausto ya tiene fruto sobre ustedes y qué pena, en ese sentido yo sí siento una misión, no como testigo, porque no lo fui; sin embargo, toda la familia de mi mamá murió en él, por lo tanto está bastante cercano a mí y a todos, sólo han pasado poco más de setenta años, por ello es un tema que se sigue trabajando, porque es muy amplio y muy complejo. La literatura reconstruye parte de esa aberración; entonces, si vas a los escritores y sus obras, te conmueves, porque en los libros de historia encuentras los datos, los números fríos; pero al acercarte a lo que la literatura hizo con ese tema o lo que el cine ha hecho con ese tema, pues te llega de otra forma toda esa información.

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Por otra parte es una materia que en literatura tal vez no sea imprescindible enseñarla y menos en una carrera de letras hispánicas, seguramente en otras carreras estudian el fenómeno con más atención. Aquí la carrera es de letras hispánicas y está concentrada en eso; pero recientemente, por el comentario de un alumno que ponía en duda la existencia del holocausto, pensé que sería importante dar más información, en todo caso yo nunca dejo de mencionar los temas vinculados a la guerra, el fascismo, la guerra civil española, etcétera, en mis materias, donde siempre se menciona el trauma de estos eventos. Pero el que ya es muy personal, que es el tema del Holocausto, ése lo tengo un poco guardado; sin embargo, hace poco hubo un estudiante, de otra institución, que estaba interesado en trabajar sobre la literatura de los sobrevivientes, es el primer ejemplo de alguien interesado y me sorprendió con un intento de tesis sobre la literatura de los sobrevivientes. Fuera de ello, nunca he sentido que haya un interés mayor al de la clase, para mí todo el lado judío, israelí, el mundo hebreo, en fin, mío, está como aparte de la UAM, pero si a alguien le interesa la literatura de los sobrevivientes, puede recurrir a los clásicos de este tema, hablamos de Paul Celan, Primo Levi, etcétera. —Lo que no queda fuera del aula es su entusiasmo a la hora de abordar las vanguardias, ¿qué representan para usted el estridentismo y el infrarrealismo? —El estridentismo me atañe muy de cerca, y en igual sentido el infrarrealismo, por su visión de la ciudad. Mi tema de investigación actual es la Ciudad de México en la poesía mexicana. El poeta y la ciudad, el poeta y su vínculo con la ciudad, en ese sentido, el estridentismo es una vanguardia que explora esa relación, son poemas urbanos a una ciudad poco construida en la literatura, pero al final, a una ciudad que se empieza a erigir con pretensiones dentro de la literatura. Creo que el estridentismo es muy valioso, a pesar de haber sido eliminado durante mucho tiempo de la historia de las letras mexicanas, y todavía mal interpretado. Es un tema muy extenso que no se acaba de estudiar, a mí me gusta y creo que una buena entrada a los estridentistas es Lizst Arzubide, lo que más he leído son sus entrevistas, ya muy viejo, contando la historia del estridentismo; me parece muy lúcido cómo reconstruye lo que ocurrió, cuenta cosas que nadie antes había contado –en 1998 se le entrevista–, también cuenta cómo llegaron esas influencias a México, que es todo un tema muy polémico, se discute mucho qué tomó el estridentismo de qué y List Arzubide lo relata serenamente y qué te digo, ―La novia extra‖, poema de List Arzubide, me gusta mucho, es uno de mis favoritos. Ahora bueno, los infrarrealistas… —Se dice que participó con ellos, ¿es cierto? —Sí, bueno, lo que te dije antes es lo que es cierto, yo iba a un taller de poesía con todos ellos en la Casa del Lago; todos escribíamos poesía y aprendíamos técnicas poéticas, dirigidos por el poeta Alejandro Aura… y, bueno, qué quieres que te cuente de esa época. Lo demás ya lo contó Roberto Bolaño… (El equipo de Albedrío pone cara de impresión, o sea que nos quedamos con la boca abierta.) ¿Acaso no les había contado o no sabían? Bueno, uno de los poetas se enamoró de mí y me siguió hasta Israel, está en Los detectives salvajes toda esa historia, aparezco allí como Claudia y aparece el poeta y amigo de Roberto Bolaño que me siguió. Es una historia muy muy larga que esta novelada por Roberto Bolaño y tergiversada, pero yo no voy a aclarar aquí qué fue lo que ocurrió realmente, sólo te puedo decir que aparece toda mi experiencia en Israel, también aparece un novio que se llamaba Norman; Mario Santiago fue el que viajo junto con Roberto, en la novela me parece que se llama Ulises… Ulises Lima. En fin, una historia no muy afortunada que tuvo la fortuna de ser novelada y en la que yo he tenido que deslindarme de mi personaje de ficción a lo largo de los años. —Ya en la otra orilla de esta ficción, maestra Claudia Kerik, ¿cuál ha sido su experiencia como profesora de la UAM y qué tiene planeado para su futuro profesional? —Yo soy una persona un poco solitaria, entonces no puedo hablar tanto de un equipo de trabajo, porque me responsabilizo, asumo que trabajo sola y además estas líneas de investigación, de las que hemos hablado, son de lo más importante para mí y son un tanto ajenas. Habría otros temas con los que puedo trabajar en relación con otros compañeros, sin embargo, en mi experiencia docente lo más importante son mis alumnos y mi compromiso como maestra: poder transmitir con claridad los cursos, dejar algunas bases claras, sólo eso. En cuanto a mi trabajo te puedo decir que voy a seguir en todo, siempre estoy trabajando en la obra de Walter Benjamin, es probamente lo más estable en mi investigación. Es un filosofo y un pensador de la literatura que a mí me produce mucho interés y siempre estoy estudiando o escribiendo sobre su obra; a futuro pienso continuar con ello y en algún momento acabar mi trámite de doctorado, mi tesis sobre la Ciudad de México y la poesía mexicana: el poeta y la ciudad. Para mí es un tema muy importante, porque llevo trabajando en él muchos años, y creo que lo es también porque la relación del poeta y la ciudad existe desde las vanguardias, mencionábamos el estridentismo. Consiste en una relación con el espacio, con la realidad y el modo en que queda registrada esa relación nos enseña mucho de ambas cosas: de la poesía y de la ciudad, aparte de que tengo vínculos muy estrechos con la Ciudad de México a través de la poesía, sí tengo algo muy cercano con México, con el judaísmo y el infrarrealismo, todo ello me conforma.

(Podría llamarse quizás: La necesidad del arte) En el estanque que no se ven/

/que no hay muchos estanques,

las razones por las que me paro a mirar en el estanque es porque no hay muchos es porque no veo– Las libertades grises pero blancas me interrumpen el poema (aguas y palomas) y sigo mirándolas picoteando el paisaje con alguna que otra esperanza de escribirles algo– Me recuerdan a Miró las aguas menstruadas de los estanques al cuento del Patito feo y eso sólo me lo recuerdan por un momento– Cuando miro en el estanque no se estanca nada: el arte corre o yo sólo empiezo a descubrir Y la necesidad de ser total es evidente cuando lo veo: las aguas verde petróleo las palomas tibias-brisa la necesidad de ser total se precipita necesariamente sin más explicaciones: palomas aguas estanques y todo lo que esto implica

Las flores, florecitas (a mi hermanito ya se le olvida cómo pintarlas) Dentro de mi estado de víctima del tiempo trato de ser más madera que acero y poderte sonreír Pero no te burles, que hay escasez de polen y mi plan de hacerme un florido jardincito se va volviendo cada vez más secreto. Ni las mamás se acuerdan ya de cuidar un malvoncito; como cuando yo regresaba de la escuela; y se abrían todos los balcones (señoras con olor a cocina, cabeza con ruleros) y en un pianísimo movimiento regaban su plantita dejando caer gotas amalbonadas en la punta de mi nariz. Todo esto ya es historia. La abejas están pensando en sacar su energía de otra parte; los historiadores se apuran tomar fotos para que no se les olvide ni un solo pétalo, y tú te burlas. Tan

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El tiempo se ha agotado, el atardecer se instala en las f u cornisas del edificio, apagamos el micrófono, nos n despedimos de la profesora que ha consumido su taza d o de café durante la charla y en el umbral de la puerta que nunca llegué a saber intercambiamos con ella las últimas impresiones, si fuiste palabras que quedarán salvaguardadas en la soledad cielo o mar amable de su cubículo; mientras la profesora Kerik camina por el pasillo hacia su clase, luce todavía como (y ahora las olas de nubes me ahogan) un personaje de ficción que acaso por su experiencia de primera mano ha sido convocado a recorrer las entrelíneas de nuestra fatigosa realidad.

Poemas aparecidos en la revista Punto de partida en abril de 1977, como frutos del taller de poesía de la Casa del Lago.

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MEDITACIONES SOBRE EL AMOR CÓSMICO AL PASO DEL ÚLTIMO TREN

por Miguel Guerrero

¿Y de verdad existe esa tal Mayra? –eso me dijo el pasante de psicología cuando le conté la historia de la chica con quien me telefoneaba. Estúpidamente pensé que así era. Recordé esto, cuando terminaba los dibujos para el fanzine semanal, que por cierto eran tan abstractos, que no significaban nada. Creer que Mayra no existía y recordar lo que me dijo el pasante de psicología, y El Buba, acerca de que ésta era la relación más estúpida que había tenido, me deprimía. Pero qué mierda sabían ellos del amor cósmico, del que se tiene más allá del cuerpo y la admiración. Posiblemente sí conocían el amor de lejos, que permanece eternamente entre la fe ciega y la pendejez. Sin embargo quería hablarle y le marqué, contestó y sólo dijo: ―Me voy a dormir, no manches, háblame mañana‖. Colgó. Ella tampoco comprendía eso del amor cósmico. En fin, eran más de las 11:45, pero todavía alcanzaba a llegar a la estación para el último tren. Recogí mis cosas: un cuadernito, una USB y mi pluma. Me apresuré y abordé lo antes posible el andén. Estaba totalmente desierto y no era de extrañarse; era un día frío, de güeva, cercano a la Navidad, sin gente. En momentos como éste, suplicas a los dioses del metro que llegué uno. Y así llegó. Las siguientes estaciones fueron lentas y frías. Pensé rápido y cíclicamente mi relación con Mayra, en lo mal que me quedaron las viñetas y la canción Dance me to the end of love de Leonard Cohen, que no salía de mi cabeza y seguramente sería la pauta de un suicidio. Al decir esta última palabra, una chica burguesa entró. Digo ―burguesa‖ por su forma de vestir: un traje blanco entallado, un peinado de salón, unos guantes negros que venían desde el codo, unas soberbias botas y para aderezarlo un perfume caro que recordaba haber olido en la última revista Cosmopolitan. Este último aroma era peculiar, suave, acuático; no podías dejar de olerlo en el rascahuele de la página, por ello lo identifiqué de inmediato. La revista era de mi hermana, en serio, lo juro. No se trataba de un chica común; sus ojos eran claros, casi grises, su piel europea, por ello creía que era de clase alta. El que fuera güerita, sólo se podía explicar por tener un árbol genealógico en el cual sólo se hubieran mezclado miembros de la misma especie. Aunque también podía ser de Guadalajara o menonita. En definitiva, son de las chicas con las que te gustaría tener un amor cósmico, estrellarte y lanzar bolas de fuego. Estaba tan dormido que no sabía lo que decía y aún más peligroso, lo que pensaba. Miré a lo largo del vagón y éramos los únicos, curiosamente ella permaneció parada, al lado del asiento individual en el que me encontraba. La vi y olí de reojo: era tan hermosa. Su olor en definitiva no era de este mundo, ¡carajo! Se trataba de algo cósmico. La observé de nuevo, buscando su mirada, me sonrió y creí que me coqueteaba, parecía gustarle que la viera. Más tarde me preguntó la hora. —Son 12:07 –(por Dios, olía tan rico). —Ya es tarde, verdad –cuando dijo eso, empecé a sentir un calor muy especial. —Sí –empecé a desearla y de verdad, de verdad, lo juro, lo juro, nunca había experimentado algo así. Empezaba en mi aorta y bajaba a mis testículos. Me sentía tan bien, embobado y enloquecido. Con respuestas tontas y con un diálogo que no quería terminar. —Ya debe ser el último tren –su voz también era especial; rasposa y enigmática (como me gustan las voces: con profundidad y calidez). De esos timbres que suelen tener las chicas bien; ―bien putas y bien buenas‖, eso habría dicho El Buba. Pero lejos de esas vulgaridades, su voz llenaba el silencio y hacía sentir una armonía implacable, en un día tan frío, del cual dijeron que se trataba del invierno más helado de los últimos años. —Sí, es el último creo –(ay, qué guapa estaba) sentí en ese momento, lo de Pepito, en el chiste en que se vuelve piedra. Calló. Y vino lo que vino; aumentando mi perversión, empezó a tocarme con una de sus manos enguantadas, o hizo que recargaba su mano sobre mi pierna al dar un enfrenón el tren. —Uff –y volvió a sonreír. También sus dientes eran perfectos y con sonrisa de enjuague bucal (que ahora regala un viaje al Mundial: bases al reverso).

Primero fue un pretexto y luego así na’más, me acarició mi pierna; su tacto hizo que mis emociones crecieran y ya no digo que más. Su perfume me pasaba el cuerpo y hacía que pensara en los anillos de Saturno y en la mancha roja de Júpiter, ―en su mancha roja‖, oh, al parecer me excedí. También pensé ―¡a la chingada Mayra!‖ creyendo ―ya chingué con esta güerita‖ en el sentido directo y figurado. Habíamos entrado en un momento tan especial que ni siquiera importaba la estación en la que estaba. Y lo mejor: NO HABÍA GENTE. En silencio seguimos nuestro jueguito dos estaciones más. Sonrió y no sé por qué lo dijo: me bajo en la que sigue. Quería aclararme algo, yo siempre en la frecuencia cuántica creí que me invitaba a algo más misterioso. Entonces el tren dio un enfrenón que parecía que se volcaba, y sucedió, lo que pasó: a ella se le cayó la mano. —¡No mames! –me dijo el pasante de psicología cuando se lo conté. —¡No mames! –lo mismo dije yo, pues resulta, que al producirse semejante impacto, su mano salió volando al final del vagón, con todo y su guante aburguesado. Sí, ella era manca como Cervantes, y lo curioso es que me tocó con esa mano, se sentía natural. El orden cósmico había sido alterado por una de sus paradojas; no supe qué hacer, y ella quería lagrimear, le daba vergüenza verse en esa situación. No pude reaccionar inmediatamente, en un acto reflejo, ella salió del vagón queriendo escapar, estaba frente a mí, esperaba que hiciera ―algo‖. Pasarle la prótesis, disculparme, ir por ella al final del vagón, ―algo‖ pues. En cuestión de segundos, la puerta cerró de forma contundente. Ella miraba con fuerza, fijamente, abriendo su boca, estupefacta. Ojos que antes me parecieron hermosos, ahora eran abominables, diabólicos. Y así pasó un minuto o más y sólo me libré de esa mirada porque el tren avanzó y a lo lejos miré su figura solitaria, sin mano. Con temor, avancé al final del vagón, quise comprobar que en realidad existía ―eso‖, que todo no había sido producto de mi imaginación o una pesadilla. Pero no, no se borraba, no acababa. Y en efecto, la mano existía, una fina prótesis. Ahora comprendía la torpeza con la que había actuado, me avergonzaba, me ponía en el lugar de la chica. Pensaba en lo que había sentido y en lo caro que podía salir una prótesis como ésa, en mi deber de devolverla, hablar con el jefe de estación para vocearla… No sé, me sentí tan culpable y torpe. Yo, con la prótesis entre las manos, es decir ―la mano entre las manos‖. En fin, lo pensé demasiado, había llegado el tren a la terminal y en definitiva ya era el último. —¿Y qué hiciste? –me diría después el pasante de psicología. —Lo único que podía hacer un hombre respetable y temeroso, dejar la mano en el vagón. Todo el camino a casa me torturó esa escena, me aterraban los ojos de esa chica y me sentía culpable de no haber hecho algo más. Por Dios, qué hice, cuando no hice nada. Al cabo de un mes, dos días antes de ir a consulta con el pasante de psicología. Recuerdo que serían, como las tres de la mañana, estaba durmiendo y me desperté; de inmediato percibí un aroma conocido, era el perfume acuático de esa chica. ¡PUTA! era inconfundible, sentí temor y resolví hablarle a mi novia imaginaria. — Mayra. —Ah…no mames, Mauricio –colgó. Carajo, aún olía un poco. De dónde vendría el aroma. — En serio, así pasó. — No mames Mauricio, me titulo la próxima semana, primero eso de la tal Mayra, y ahora ―esto‖, chale –se dirigió al despachador de agua y tomó un cucurucho. Observé el buró que estaba al lado del diván, curiosamente, en su superficie estaba el número de Cosmopolitan, donde venía el aroma rascahuele y un artículo acerca del amor cósmico (bueno, eso me dijo mi hermana). Decidí no platicarle más al próximo licenciado y por eso ahora te lo cuento. —Después de todo esto, me crees ¿verdad? —¿Mayra? —…. —¡Hey, Mayra!

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ÚLTIMA NOCIÓN DE EDWIN VALERO por Renato Rueda

Para David Sugía, por su cumpleaños

1 odo sucede de madrugada, Jenny querida. Uno va y viene con la presión del oficio durante siempre. El trago no provee de voces que humillan a ambos –te lo había dicho en marzo, pero no supiste comprenderme– es más bien uno mismo quien no sabe mirar a los ojos de otra manera; uno mismo es quien odia sin que te lo pidan, porque detrás del odio están las preseas, las entrevistas, los viajes, los sueños que de niño hambriento yo soñaba, y tu collar de perlas. Tú eres mi mayor inspiración, te lo dije y te lo advertí siempre, tu rostro caritativo me llegaba en los sueños, parecido a un rival que realiza una guardia cerrada y sin que yo pueda tomar la maña –porque soy un niño pendejo, tilico, que ni por asomo sabe todavía lo que es un Rolling– saca un tremendo jab al mismo tiempo que me enseña su rostro cocido al tueste de una vida cobarde. ¿Recuerdas cuando nos trepamos por vez primera a un avión, mi Jenny, mi Caro? Yo iba cagado pero disimulaba y a quien me hubiera hecho notar que iba cagado, allí mismo en los aires… sin piedad. Tú, en cambio, ibas temblorosa, agarrabas mi brazo, cerrabas tus ojitos. Eso me enfurecía, imágenes de ti fingiendo todo alebrestaban mi delicado rencor, sólo podía atribuir tu miedo a una necesidad de hacerme creer que era la primera vez que te subías a un avión; ésta por dos razones: O me creías un miserable que siempre quería ser el primero en todo, incluso en trepar a un avión; o aquella vez que subiste a tu primer avión, lo hiciste de la mano de otro macho, que te compró en cuerpo y alma, para después botarte y dejarte así, tal como eres, inventando que todas tus primeras veces las vives conmigo, asistiendo a todas mis peleas, como la esposa abnegada que tolera cualquier enervamiento y que me mira con amor durante los entrenamientos o en los últimos rounds, cuando debías mirarme con euforia, con brutalidad. Como lo hacían los demás espectadores, vasos de cerveza en las manos, puños peludos al viento, revolviendo el calor de la arena o del casino, gritándome: ¡Vamos, perro! ¡Vamos, pinche inca jodido! Y luego mi apellido, ese recordatorio de mi vida como una relación de miserias: ¡Valero, Valero! Y yo, recibiendo la ráfaga de brazos. Al ser estrellado por tercera ocasión entre las cuerdas, echaba una mirada de reojo hacía el público, y veía en primera instancia al couch balbuceando mentadas de madre y proclamas de padre amoroso, después a la masa envolvente del público, que era como una manada de monos escandalizados por felinos hambreados, pero tú, en medio de ellos, con la carita de virgen amorosa. Hipócrita de ti, zorra, pensaba, y un coraje ascendiente, un odio, me alzaba los brazos y golpeaba por mí, desde mí, hasta volcar al contrincante: dientes rotos, protector bucal ensangrentado. Y yo brincando sobre el ring, con los brazos en alto, pero insaciado, gritando a causa de un odio que iba más allá del campeonato mundial. Yo te buscaba, mi señora, con el amor de un chacal por su presa. Apenas decías una mamonería, me alejaba de todo: de la comida, de la película, del sexo, y volcaba la noción de tu estupidez en el costal, que aprendí a mirar como tu rostro. Pero ya sabes, el ansia es un desborde, es el mismo desborde que a veces no nos permite llegar al baño y terminamos meados en los pantalones, es

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el mismo desborde que en marzo me hizo imprimirte unos golpes sin técnica, porque no pretendía entrenar contigo, sino obligarte a entrar en razón. Un boxeador es una máquina de anhelos, un fulano que se lucha todos los días, que trae el pasado como una paloma que le avienta cagadas sin cesar, que sufre hasta en el placer más elevado: subir y desmadrarle el cuerpo a un rival bailador. Benditos los que hacen caer al contrincante, los que lo obligan a nunca levantarse. 2 Sueño siempre con la monja que me negó el asilo. En el sueño, esa monja poco a poco me empuja de la puerta. Planto mis pies de niño y ella me toma de la oreja para arrancarme de una pieza, no logro distinguir su rostro, el capirote la ensombrece. Es hasta que me avienta y caigo –como antes caí tantas veces y tanto tiempo, empujado por incontables odiadores–, cuando noto su cara, y eres la misma tú, la tan tú, Jenifer Carolina, mi amor, mi ofensa en cuerpo y verbo. Entonces corro, tu rostro me persigue hasta la primera nota de la vigilia, despierto, tu rostro está allí, cubierto por la sábana, idéntico al rostro de la monja que nunca dejé atrás. Quiero asfixiarte, quiero callar tu imagen, pero me paro, me voy al costal y los puños de madrugada hacen que te levantes. Te lo advierto y tú no haces más que perseguirme, quieres tranquilizarme como si fuera un perro enfurecido que tiene dueña, entonces el gancho izquierdo que al costal le tocaba, te toca a ti. Tu rostro predicador se quiebra con el soplo que expulsas abultado, y antes de que caigas, ensayo un recto de derecha que te sacude. Luego pruebo mi alcance, mi desplazamiento y mi velocidad, al aproximarme con un jab izquierdo directo a tu nariz. Era marzo, pero antes había sido septiembre y julio y otros años. Era marzo y supe que lo más importante de tu vida era que servías para despertar mi odio, cosa que ningún sparring logró nunca, me encantaste por eso.

3 Valiosa Carolina, los cuchillazos de este abril madrugador y turbio, no los causaron los tragos ni las drogas, sino una disertación lógica: si yo era el rey del nocaut, y mis ataques causaban- a decir de los comentaristas, que siempre son exagerados y nunca saben mucho-, el mismo daño de un arma blanca, entonces tú podías resistir ambos ataques. Pero te alteraste, temblaste de más o te moviste hacía mí tratando de abrazarme. Por eso el tajo ni siquiera fue certero, fue como rebanar un trozo de pan seco: tu cuello. Íbamos para Cuba, a recuperarme de nuestras adicciones, luego entrenaría para la defensa del título. En ese trayecto la muerte llegó al cuarto con nosotros, me tomó de la mano y te odió de más. No pude hacer otra cosa que entregarme. Pero esta madrugada del dieciocho de abril, con la noción fresca de tu partida definitiva, yo me voy a matar. Me voy a colgar del cuello con mis propios pantalones, mi Jenny, no porque me remuerda la conciencia, me voy a matar, para seguirte madreando en la otra vida.

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EN EL FONDO DE UNA BOTELLA DE TEQUILA SE AHOGA UN PEZ DE PLÁSTICO por Oliver Velázquez Toledo Para Tego Calderón y Héctor “El Father”, por la tiraera. Los mal-viajantes actuales, por ende, se vuelven cretinos, cínicos, infernales, embrutecen, se pierden, se desperdician, se vuelven malos comediantes, pobres payasos. Heriberto Yépez

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asta la madre, todo el tiempo hasta la madre. Había gente en el baño, en las recámaras, en el patio, en la sala, afuera de la casa, en sus autos, sobre la banqueta, fumand o, c ogie ndo, chupand o, poniéndose hasta la madre. Hasta la madre de gente la casa, hasta la madre la gente en la casa, hasta la madre yo en mi casa y de tanta gente en mi casa, y la casa también hasta la madre de todos nosotros; pero comprendes, al final comprendes que hay designios incuestionables que contravenir sólo empeora los resultados, así que también te entregas como todos a la cosa, y la cosa para aquí, la cosa para allá, como haciendo filosofía; forjan churros, sirven chelas, tiran pedos, se arman los chingadazos, etcétera, etcétera, etcétera. Espérame tantito, le digo, voy por un tren para los dos; cuando regreso, ya había tumbado la ventana, bailaban en el comedor un par de nenas, el otro estaba tirado en el suelo de un putazo, ah, la música, ¿quién apagó la música?, no sean pendejos, pero bueno, al hospital, se acabó la fiesta, un carro, cabrón, un carro; ah, pinche Rana, tan güey. Luces de madrugada en los sesos, al fondo de un periférico en ayunas, con un Diazepam adentro, varios gallos, varia cerveza, la cara pintada. Me voy a morir, cabrón, no, pinche Rana, no te vas a morir, sí, a huevo, me voy a morir, váiganse a la verga, yo sé lo que digo. Furiosa, la máquina borracha de nosotros mismos arremetía la lisura de sus neumáticos sobre el asfalto hasta el hospital. El director redacta sobre su escritorio, se queda pensando, pone los dedos sobre las teclas, desespero, veo mi propia imagen en el vidrio a sus espaldas, pinche viejo tan mamón, veo al tipo del gorro negro, melena sucia, agostado por malpasadas, indisciplinado por dentro y por fuera, pintarrajeado, voladísimo. ¿Usted se hace responsable? Ríe, claro, el del gorrito, yo me hago. Teléfono, contesta; su amigo está muy agresivo, cálmelo, dice el médico, andan a los pasillos, a la mitad está la Rana deteniendo la sangre de su brazo, exige atención de las enfermeras a patadas en la puerta de la sala de espera, no, espérate, tres policías lo rodean, vámonos, les tira patadas, vámonos, chingá. La orden de traslado dice sujeto de treinta años presenta herida en antebrazo, riesgo de rotura en los tendones, acompañante igualmente intoxicado. Nos vamos a las Salinas, la Rana todo pálido se va durmiendo, los labios amoratados, cuando se acuerda lloriquea, se vuelve a dormir. Traigo a estas horas los guantes sin dedos húmedos de sangre, las manos entumidas por el frío y ese pinche hospital con el que no damos pronto. Otra banda viene detrás, en otra nave, haciendo montaña, nomás para ver en qué acaba el pedo. Dos láminas braman, una línea blanca justo entre los ojos a la altura de la nariz. Siddanthrax, llégale al cantón, porfas, carnal, valió verga, la Rana se puso loco, madreó a un compa, dile a todos que le lleguen y los que no, acomódalos, menos en mi cuarto, nel, que se vayan, dile a la que se llama Karina que se meta, al rato llego. En la casa, las viejas en su reven, borrachas, todos, hijos de su puta madre, como si no hubiera pasado nada, la música, los pomos, pero lléguenle, chavos, ya fue, como de que no, de barbas. Vasos por aquí, colillas por allá, la tele en el piso, una mesa volteada, ni modo. Karina

está en medio de su tratamiento psiquiátrico y unos tragos de chela, mira como si pidiera un final feliz; la Zacil danza según su alucine le da a entender, meneando su no poca cadera al ritmo de Hendrix, she’s a fox, she’s a fox, tararea, sensual, se toca entre las piernas, las tetas, con una gracia que sólo las vueltas etílicas del reloj le proporcionan. Ambas se han estado tallando cuando abren la puerta y les preguntan sus nombres, que no oyen porque tienen el ruido a todo lo que da, voladas las bocinas, qué, qué, ah, sí, soy yo, soy yo, que dice que te quedes aquí, entonces aquí nos quedamos, contesta la otra. La Karina pide un cigarro, trata de encenderlo, pero la luz va de un lado a otro, la boca no la encuentra, ríe Karina, no puedo, se abraza a quien tiene más cerca, la toman de la cintura, se antoja, su carne todavía en los veinte, a ver, le dicen, concéntrate. Moi, quien ha llegado junto el Siddanthrax, se le queda viendo, nel, comenta, el culero se va a enojar, ya lo conozco. Háblenle a sus hermanas, que se enteren, pero que no le digan a su jefa, no mames, sus zapatos, sepa la chingada, ahí viene la camilla, pinche Rana, sostente, cabrón, estás pesado. Los tipos de bata lo suben con trabajos, cruzan Urgencias, se pierden en la vuelta de una esquina, cuánto tiempo van a tardar, sepa, pregunta, nel, qué hora es, las cuatro, ya vámonos a dormir. En el auto, unos con otros, cabezas en pechos, sobre muslos, borrachos todavía, abrazados, hubiéramos traído un gallo, no mames, con estas prisas se olvidó, risas.

Luego el metro, la pinche gente en el vagón, a trabajar, bien temprano, y uno con esta cruda, el desvelo, solo. Se me quedan viendo, ha de ser la cara de payaso, por más no se me quita, necesito agua. Abro la puerta, el desmadre a todo lo que da, envases vacíos, ceniceros pletóricos de ceniza, corcholatas, envolturas, unos lentes pisados en el suelo, una mochila de quién sabe quién, condones en el sofá, usados, claro, hijos de la chingada, pero bueno, dejaron un toque apenas prendido, chingón, me siento, lo enciendo, fumo, abro las ventanas, que entre el aire, pinche olor a cantina, qué vida, vale verga, a ver si así se limpia esto. Mejor salgo al patio, hay un cabrón dormido en el columpio, con la cabeza colgando, me acuesto en la hamaca, agarro una caguama que le quedan unos tragos, puta, una colilla de Delincuente, escupo, chingá, ni pedo, al menos es puro tabaco, sigo bebiendo. Al rato abro otra puerta, ahí están las dos, sobre la colchoneta, la Zacil sin pantalones, por fin conozco la blancura de sus piernas que tanto se discutía entre los amigos; Karina duerme bocabajo, su ligera respiración demuestra la profundidad del sueño, me hinco entre sus pies, miro sus nalgas, parece que usa pañales, la toco, no, son de

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verdad, río, meto la mano debajo de la falda, se mueve, en su cara surge una parábola permisiva, seguro sueña, río, le saco los calzones, se enredan, batallo un poco, pronto mi mano halla un montecito de pasto negro y rasposo, estiro un dedo como vara de Moisés y brota agua, una agüita pegajosa. No estén chingando, masculla Zacil, a raíz de los compases, de esos ires y venires, ay, venires, cámara, qué rico, ni pensarlo, aquí me voy a estar hasta que despierte, le levanto la cadera, ella extiende sus brazos, se hace pendeja, ya la sintió, pero no abre los ojos, pinches güeyes, dice Zacil, ya mirándome con una sonrisa alegre y encontrando a veces el rincón del pantalón donde me nace la verga, eres un cabrón, piensa, luego lo dice, pero como con modorra, río, hace un rato que me la estoy cogiendo y ni te habías dado cuenta. Okey, okey, andaban ustedes en su pinche desmadre ahora que me acuerdo, ya váyanse pinches viejas, no te enojes, es que sí pareces un payaso, como Brozo, óóóraleee, ríen, no estén chingando, además tú también traes una cara, es que me levanté temprano y me metí la otra mitad que había dejado, ¿no quieres una?, para que te alivianes, nel, lléguenle, voy a limpiar el cantón, te lo pierdes, dice la de las piernotas, nos vamos en la noche al Dada, me vale madre, yo voy a ver a la Rana, a ver qué transa, nel, voy mañana, estoy crudo, déjenme para un par de chelas, culeras, se van así nomás y ni ayudan con nada, como quieras entonces, vamos por las chelas y luego nos vamos, nel, ya ahorita, lléguenle. El caso es que nueva cerveza, nueva vida. Zacil está botada en la hamaca moliendo una pasta para la caguama y Karina me soba sobre la mezclilla para ver si me contento. Estuvo cabrón, nos fuimos hasta la Magdalena, allá lo recibieron, es que se había puesto muy loco el güey y nadie lo quería atender y más se encabronaba, le quito la mano, después el pinche director del hospital de no sé dónde, que se había puesto muy mamón, me dio el traslado para que lo recibieran, sólo así; el puto, río, estaba bien espantado, río, decía que se iba a morir, vuelve la mano, no me opongo, a las lágrimas el muy puto. Otra vez pacheco y medio pedo. Al final fueron ocho caguamas que la Zacil pagó y algunas bachas que hallé en el piso. Pero ahora estoy solo. Ni en la casa ni adentro distingo dónde empieza el caos. La alacena fue asaltada y una lata de sardinas no sobrevivió a la jauría. Me siento en una silla, veo la zona de batalla abandonada, las minas que explotaron y los casquillos percutidos, el olor de la pólvora que se quemó durante la noche. El Siddanthrax dijo que todos se fueron cerca de las cuatro de la mañana, cuando él llegó, porque también estaba en una fiesta, de ahí se había jalado al Mollejas, y que todo se había hecho como le había pedido. Con el maquillaje de sobra, alguien pintó un rostro de payaso en el vidrio de la Monalisa que reina en la sala, quién jijo de la chingada, quién sabe, pero todo me dice algo, quiero una taza de café y no hay café, quiero un toque y no hay yerba, no hay cerveza, no quiero tocar los pinches condones llenos de una vida blancuzca que ni mía es, que se mueran los niños a medias en su probeta de látex; no hay universidad y ni la quiero, seguramente tampoco habrá ya trabajo, no hay mujer, no hay familia, no tengo madre, mi padre no existe, en el fondo de una botella de tequila se ahoga un pez de plástico, voy a lavarme la cara, a ver si así despierto, en el espejo encuentro la de payaso que ya había olvidado, me enjuago, me miro en el espejo, el maquillaje no se quita, me enjuago de nuevo, no se quita, me restriego la cara, no se quita, no se quita.


SOBRE LA LEGALIZACIÓN DE LA MARIHUANA por Abstemio Sánchez

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o explicaré el porqué de mi escepticismo ante la posibilidad de que la legalización de la marihuana represente su inclusión en el mundo del consumismo capitalista, sujeto a las triquiñuelas publicitarias y a la incertidumbre de las bolsas de valores; ni tampoco mencionaré por qué pienso que el empleo de los alucinógenos por parte de los grupos indígenas está ligado a un mundo al que no pertenecemos aquellos que escribimos, o pretendemos escribir, en revistas, ya sean estas universitarias o no. Tampoco entraré en discusiones con los puritanos que piensan que legalizar las drogas sería encaminar a la humanidad hacía los días de Sodoma y Gomorra, dando la espalda al hecho de que la lucha por mantenerlas en la clandestinidad alimenta y enriquece la maldad encarnada en la figura de los narcotraficantes. Mucho menos intentaré justificar mi deseo de responder a un artículo que escribió un desconocido en una revista que acaba de surgir y que pertenece a estudiantes de una universidad con la que no tengo el más mínimo contacto (aunque en realidad sí lo tengo: esta revista). Todo eso me haría llenar un sinnúmero de cuartillas que, estoy seguro, nadie leería. Y no por falta de interés, que a varios les llama la atención todo lo que huela a polémica, y el asunto de la legalización apesta a debate, discusiones, errores y carcajadas. Más bien no sería leído porque la extensión excedería la permitida no sólo por ésta, sino por cualquier otra revista en la que yo intentara publicarlo; por ello, en función de la brevedad intentaré limitarme a expresar mi opinión en diálogo con el artículo ―Legalización de la marihuana‖. Aceptaré, para empezar y por supuesto lograr terminar por algún lado, la existencia de la minoría por la que toma voz el Olibachas: aquellos que fuman hierba y no sólo no buscan su legalización, sino que están totalmente en contra de ella. En realidad no es difícil comprender que el carácter legal le confiera cierta atmósfera pestilente al hecho de disfrutar de un toque de mota mientras uno se columpia en su hamaca y escucha un poco de jazz, de trova o de reggae. El inmundo sistema lo absorbe todo, y al absorberlo lo vuelve inmundicia. No es nada agradable que el escape de esa inmundicia, suponiendo que fumar hierba represente para algunos ese tipo de escape, forme también parte de lo mismo. Sin embargo considero que negarse a la legalización es interferir en asuntos que atañen, sino a toda la humanidad, sí a un grupo bastante más extenso que una minoría: el de todos los mexicanos. No es ningún secreto que el sistema, cualquiera que éste sea, oprime a ciertos sectores de la sociedad. Mientras no estemos de acuerdo en respetarnos sin propasar los límites del espacio ajeno, esto seguirá igual; los poderosos moldearán el mundo en detrimento del beneficio de los más débiles. El punto clave está en cambiar, en lo posible, esta situación. El hecho de que el poderoso no me hostigue cuando consumo algún producto o realizo alguna actividad para mi gusto y diversión, no significa que yo esté de acuerdo con él en todo. La lucha por transformar al mundo, o por inventar uno nuevo, no tendría que culminar con la legalización de las drogas. ¿Cuál es el sentido de los movimientos de

contracultura si no es generar una conciencia en la sociedad que provoque un cambio? ¿Para qué estar en contra del gobierno, para qué hacer escándalo y llamar la atención si lo que al final pediremos es que las cosas se queden tal como están? ¿La intención que subyace en estas actitudes contestatarias no será, acaso, la de defender una posición en el universo que ha sido granjeada a través de una condición rebelde que se muestra en contra del sistema imperante, independientemente de la postura que éste tome? Si es así, me parece maravilloso, una muestra más, y una defensa, de la diversidad que existe entre la humanidad. Jamás podremos colocarnos una camiseta idéntica al resto de la gente; como desearía el comunismo (sistema casi extinto), y no el capitalismo (sistema que impera en el mund o occidental al que, querámoslo o no, pertenecemos); y si lo hiciéramos, cada uno de nosotros la dotaría de su propia semiótica, por lo que ya no sería la misma camiseta. Variedad y diferencia resaltarán en el conjunto de los seres humanos de la época actual, que de los del futuro no quiero opinar, y no quisiera atacar a una minoría que ayuda a la conservación de esa diversidad. Es más, los aliento a continuar todo tipo de rituales que los distingan del común denominador de la especie. Causen estridencia con sus diferencias y continúen la lucha por un mundo más acorde a sus preferencias. Pero en esta cuestión que involucra no sólo a una minoría, sino a un grupo más extenso y heterogéneo, no se trata sólo de un puñado de burócratas tratando de ganarse la simpatía de los jóvenes o del régimen apoderándose de los últimos vestigios de autonomía y libertad, ni de la derecha absorbiendo a la izquierda. Tampoco se trata de un grupo de fumadores de hierba y su deseo de poseer una identidad única a partir del carácter ilegal y exclusivo de su más preciado pasatiempo. Se trata de mejorar las condiciones de vida de la humanidad, o de la parte mexicana de ella. De disminuir los homicidios, la corrupción, el miedo; la inestabilidad social en general. De avanzar hacia un respeto absoluto del espacio ajeno, hacia el corte definitivo del cordón que tiene a la población mexicana pegada a la panza de papá gobierno.

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No acostumbro fumar marihuana y tampoco consumo otras sustancias de carácter ilegal; no puedo, por tanto, saber lo que significa consumir una sustancia prohibida por las deleznables autoridades. Lo que sí puedo saber, es que no me gusta vivir con temor, y mi mayor temor está encarnado en la carencia de libertad. Al imaginarme que sobre el alcohol, el tabaco, o el azúcar, sustancias a las que soy algo afecto, cae un terrible vedo; me veo consiguiéndolas de manera clandestina y no me siento a gusto con eso. Me siento más encadenado con el hecho de ser observado como un delincuente por las autoridades, de tener que consumir lo que deseo a escondidas de una fuerza obviamente superior a la mía, que consumiéndolas con su aparente consentimiento. Por qué darle importancia a sí están de acuerdo o no, lo que me importa es que no me molesten, que no me pongan trabas para ejercer mi, ya de por sí limitada, libertad. Por supuesto que no considero la legalización como el paso más importante hacia el primer mundo, al mundo feliz. Creo que debemos ver con recelo toda acción del Estado, sobre todo aquellas que se traten de dar permiso a la población para hacer algo que no traspasa, o no debería hacerlo, los límites del espacio ajeno, y que por lo tanto está en derecho de hacer o dejar de hacer. Aún más, debemos estar atentos a nuestra reacción colectiva ante un hecho como la legalización de las drogas. Preguntarnos si tenemos la capacidad para trasladar un tabú a consentimiento informado, si, al darle lo que considero el golpe más fuerte al crimen organizado, no nos volveremos maniáticos de la seguridad, viendo en cada consumidor de un bajo ingreso económico a un delincuente en potencia, y finalmente, debemos preguntarnos si somos lo suficientemente maduros para poder hablar de drogas con los miembros de la población que, por cuestiones de edad o prejuicios, son psicológicamente incapaces de comprender que una droga de carácter ilegal, además de ser igual de peligrosa para la integridad física y mental que algunas de carácter legal, es más fácil de controlar y podría generar menos conflictos si se admitiera que es igual de accesible a la población siendo ilícita que permitiendo su consumo.


REFLEJO EN EL REFLEJO: LA POESÍA CHINA Y SU TRADUCCIÓN por Rui Caverta Anaya, José Vicente (comp. y trad.), Largueza del cuento corto chino, Almadía, México, 2010.

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l Oriente siempre ha poseído esa cualidad que tanto nos falta en el mundo occidental: la concreción. La palabra que dispara miles de significados sin movernos de nuestro lugar. Es este otro mundo diferente para nosotros, algo que siempre buscamos; sin embargo, a menudo erramos al buscarlo en otros lugares, no en su fuente principal. Es casi una plaga el sólo tener textos traducidos de otros idiomas ajenos al chino o al japonés. El problema se repite con Largueza del cuento corto chino, desastroso título oximorónico. En esta colección de clásicos cuentos cortos chinos, Vicente Anaya, conocido poeta, nos entrega una historización confusa, pues el problema de ser una traducción de traducción no permite solucionar el eterno problema de traspaso al alfabeto de los nombres chinos. Si bien los cuentos

Verónica León poseen todavía ese germen de golpe extremo que lleva a la iluminación, es lamentable no poseer versiones más fieles a los textos para apreciar no sólo el efecto de golpe argumental, sino sus otros niveles. No es problema único de este libro la traslación de los nombres chinos, sino de un gran número de libros con este tópico. Si bien actualmente existe el sistema pinyin, otros sistemas siguen disputando su lugar. Por supuesto, el problema no viene sólo de esta traducción de la traducción, también de los sinólogos alrededor del mundo. Hasta que ellos lleguen a un acuerdo, el lector tendrá que sufrir. A pesar de ser el reflejo del reflejo de varios esfuerzos para capturar la esencia oriental, la edición plantea la importante pregunta de la forma y el fondo d e la literatura: ¿cómo s e captura una forma si ha sido transformada y alejada de su texto originario, de la gota de rocío en la cual encontramos nuestra impresión dispar?

¿Quién es Dopamina? Dicen que la culpa de todo la tiene la dopamina y es verdad ¿hablo demasiado? ¿alucino? ¿fatal yo? Bruja, hada madrina, insoportable, encantadora, bla, bla, bla ¿absurdo, ilógico? ¡no! soy un contenedor de líquidos y hormonas con su pequeño investigador de piel y reacciones con tu fastidioso afán de manipularme y mi increíble adicción a tus experimentos circenses y mi cabeza termina con un dolor insoportable de enredarme en tus enredos dolores menstruales de tus frases cortadas y perfectas para mi ansiedad Contener la respiración y saltar contar y saltar morirvivir y saltar ser movilidad en sentidos… hasta el sexto repetir la lección de tus idas y vueltas de venirte encima y gritar en silencio la sacudida repetir repetir la lección repetirlalección repetir la elección repetir la erección del cementerio Cortazariano un ser adherido al cortazismo porque al final todos somos un ismo de los otros ¡No es mi culpa, es de la biología que todo lo explica! Todo es importante de dentro hacia adentro “en el comportamiento y la cognición, la actividad motora, la motivación y la recompensa, la regulación de la

ESCRITO ENCONTRADO EN EL CAMPO DE BATALLA DE

HONOLULU, HAWAI, TRES AÑOS DESPUÉS

DEL ATAQUE BACTERIOLÓGICO

por Israel Rojas ún no asoma ninguna partícula de luz, el cuarto de la cabaña permanece en tinieblas y el silencio se llena del violín del grillo que ha visto a las mujeres del pueblo recibir a sus maridos, hermanos, padres, prójimos que fueron a arar los campos de la muerte para que haya días de guitarras, pied ras e n e l río, paz y noches subterráneas en la cama, contigo. Sabino, Carlos, Dalton, otros y yo, quizá estamos despiertos, recargados en el respaldo de la cama, esperando la primera mañana en casa, escuchando el respirar tranquilo de la tierra amante, el murmullo de caracola de una niña o el asombro de mi propia respiración agregándose a la armonía del misterio. Cada uno pensará entonces, a su manera, en los camaradas que encontraron final morada en la boca inmensa de la guerra, en el seno del campo de explosiones y mutilaciones; para ellos no más la luz, no más la dicha sencilla del pan, el canto de la mente: nunca más… Hay una lengua de aire que viene de tu sueño y me regresa a tu calor, a tu cintura de barro soplado por ancestrales dioses, donde ahora reposo mi sien. Pienso entonces en los primeros rayos que asoman entre los maderos y en la magia curativa de la belleza de la flor o en la parvada de quetzales que rodean tus senos, ellos se llevaran la sangre, los gritos, los tanques, las radicaciones, (perdóname por escribir que me atormentan pesadillas: niños a los que se les cae la piel y andan dando tumbos en las ruinas de las ciudades tratando de sostener sus cabezas hinchadas previas a estallar.) las traiciones,

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los fantasmas de los asesinados en masa, el velo oscuro de nuestros tiempos. La deformación de mi alma la disolverá el trabajo, los juramentos cumplidos, la revolución triunfante, los libros y la promesa de horizontes ámbar que hay en tu mirada. Me abrazo a tu espalda y disfruto de la luz matutina en tu piel de alabastro; me siento agradecido, creo que la vida se siente así sólo una vez. Quizá al rato le pregunte a Sabino, Carlos y Dalton, sí ellos han sentido algo similar: esa sensación de vastedad, de inundación en el alma del río cósmico de la vida. Es hora del desayuno. Así creo que será la primera mañana en casa, quizá éstas sean mis primeras inquietudes después de que esta maldita guerra termine; imagino los días consecutivos a la primera mañana: (esos cuentos te los puse en otra carta) los trigales bajo la luz mortecina del crepúsculo y tú a mi lado. En el futuro que aquí te describo, radica mi fuerza. Aquí la noche no llega porque siempre es noche, el destello de los misiles anuncian otro enfrentamiento, (se dice que podría ser el último, que Estados Unidos recibió un duro golpe en la batalla de Arizona, donde una compañía integrada por mexicanos, uruguayos, serbios y rusos, lograron tomar el mando de un puesto nuclear; también se rumora que ha perdido a sus últimos dos aliados: Inglaterra e Israel. Lamentablemente en nuestra ubicación se perdió todo contacto satelital, estamos incomunicad os, sin d uda tú estarás mejor informada) es hora de tripular las quimeras metálicas, las sirenas llaman a formación. Me despido dejándote la certeza, como en cada batalla, de que no será ésta la última carta que de mí recibas, confía en mí, pronto estaré contigo. Tuyo: E. R. H. I.

os he visto demasiado. Gritan por altavoces; investidos de la dignidad desposeída, se rasgan las vestiduras. Entran por la puerta grande al cielo de los ateos. Miran al resto por debajo del hombro de las teorías críticas, mientras su crítica se ha ido por el caño de la arenga roja, entre mentadas de opresión. Nadie como ellos pertenece verdaderamente a la izquierda. Los otros son unos cobardes orgánicos, comparsa. Eso sí, les celebro su e n t u si a sm o , su s g a n a s d e c o d e ar se turísticamente con el proletariado. Fariseos del librepensamiento. Les aplaudo su

producción de leche, el sueño, el humor, la atención, y el aprendizaje” como un animal acorralado y al asecho ¿cuál es mi comportamiento? soy agnóstica soy torpe producción de sudor baba estrujamientos de los dedos que chorrean tinta y escupen palabras sin sentido ¿te provoco? no espero la respuesta otro temblor de tus ansias psicópatas de poseerme como se posee una idea fija un sueño y despertar y desaparecer y regresar con todos los humores posibles e imposibles para tu olfato odiando la ventaja de tus siglos apantanados en tus costillas y me gusta adivinarte y saberme tan reciclable a priori o a posteriori ¿cuál es la diferencia en la nada? Espero con la paciencia de un caracol en celo espero desterrando la esperanza de quedarme al fin que el manzano siempre da manzanas y tus desajustes palabras que no entiendo Hoy se me antoja desempolvar el vestido nuevo la ropa interior de encaje los zapatos de tacón hoy no soy yo es la dopamina y las hormonas jugando con el hipotálamo de mis fantasmas Todo lo ha dispuesto sobre mi piel cuidadosamente tanta palabrería para el momento de tus manos que no saben hablar de tu boca recorriendo mentiras a medias ¡y que conste que yo soy de las que jamás usarán medias nada a medias! dispuesta a ser tragada por unos ojos de estudiante bioquímico que no habla y aguanto la penitencia de tenerte pegado a mí hasta el segundo nivel del inframundo dantesco, la tortura la salvación pegar las narices a la evolución de esta especie de locura imposible de extinguir y culpar a esa señora negra que nunca he visto o ¿todo esto es un error de la naturaleza (literaria)?

ARISTOCRACIA DE LA IZQUIERDA por Ay, pinche Olibachas marginalidad ex profeso, porque han puesto en evidencia la ineficacia de la ideología. Los miro desplazarse sobre la tarima de la realidad irrefutable y me siento borrado del mapa de la acción revolucionaria. Pero también son magnánimos: aseguran que puedo ser como ellos, si me decido. Uniformados con anarquías, libros y consignas, no son en lo más mínimo iguales, cualquiera de ellos está más

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comprometido que quien tienen a su lado, cuya cara es un a completa ore ja de Gobernación o, en el mejor de los casos, un diletante. Los envidio, debo confesarlo, porque sus vidas tienen –palabras más, palabras menos– sentido; y si les pego, es porque los quiero. (Ah, por cierto, contestaré al señor Abstemio, quien se abstiene de polemizar y

piensa bien, pero copia mal. Le dejo a su juicio atinado los temas que conoce por leer los periódicos; al mismo tiempo le informo que la democracia no es santa de mi devoción, pues todavía no sé si es preferible omitir subjetividad alguna en beneficio de la sociedad ninguna. No lo explicaré, porque no me da la gana. En cambio, aun en contra de mis costumbres diré una propuesta, que ni mía es, así como no es legalista y prescinde de los taimados intermediarios que tanto, y con razón, quitan el sueño al amigo Sánchez: hortalizas de traspatio. Léase ―autoconsumo‖.)


Albedrío #2