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Pereza, Revoluci贸n y desarrollo empresarial en M茅xico Siglos XIX y XX


Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México Siglos XIX y XX Óscar Flores Editor

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2011


UNIVERSIDAD DE MONTERREY Rector

Dr. Antonio J. Dieck Assad Vicerrector Académico

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN Rector

Dr. Jesús Ancer Rodríguez

Dr. Fernando Mata Carrasco

Secretario General

Director de la División de Derecho y Ciencias Sociales

Secretario de Extensión y Cultura

Dr. Arturo Azuara Flores

Director del Centro de Estudios Históricos

Dr. Óscar Flores Torres

M.C. Rogelio Garza Rivera Mtro. Rogelio Villarreal Elizondo Director del Centro de Documentación y Archivo Histórico de la Universidad

Lic. Edmundo Derbez García

Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX Primera edición: septiembre de 2011 Diseño de portada e interiores: Diseño3 / León García Dávila, Yvette Bautista Olivares Imagen de portada: Fotograf ías de personajes en México siglos XIX y XX, Archivo Casasola y Fondo Fotográfico del CEH/UDEM. © Óscar Flores Torres © 2011 Centro de Estudios Históricos UDEM © 2011 Universidad de Monterrey Av. Morones Prieto 4500 Pte., San Pedro Garza García, N.L. México, C.P. 66238 Conmutador: +52 (81) 8215-1000. Lada sin costo 01-800-801-UDEM. http://www.udem.edu.mx/ceh Quedan rigurosamente prohibidos, sin la autorización escrita de los titulares del "Copyrigth", bajo las sanciones establecidas en las Leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos de reprograf ía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante cualquier alquiler o préstamos públicos. La publicación de este libro, fue financiada con el Fondo del Programa de Investigación UDEM 2010, bajo el rubro intitulado: LA UDEM EN EL BICENTENARIO Y CENTENARIO: HISTORIA ECONOMICA DE MEXICO SIGLO XIX-XX. El contenido y las opiniones vertidas en estos estudios y su publicación son de entera y exclusiva responsabilidad de sus autores y no comprometen a los editores del mismo.

Impreso y hecho en México / Printed and made in Mexico ISBN: 978-607-8077-09-0


Contenido Presentación

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I. El derecho a la pereza en el México del siglo XIX

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Lucio Ernesto Maldonado Ojeda 1. Ocio, vagancia y reglamentación 2. Los antecedentes coloniales 3. La legislación mexicana 3.1 Los criados malcriados 3.2 Los artesanos desaplicados 3.3 Los oficios callejeros 3.4 Las actividades marginales 3.5 De enreda-pleitos al banquillo de los acusados 3.6 Sálvese quién pueda

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Una consideración final Fuentes Consultadas

47 48

II. Empresarios alemanes en Monterrey. Su impacto en la industria y el comercio, siglo XIX

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Narce Dalia García Partida

Introducción 1. 2. 3. 4.

Alemanes en México en la primera mitad del siglo XIX Monterrey en guerra (1852-1867) Nuevos migrantes, nuevos negocios (1867-1890) Del comercio a la industria (1890-1910)

Consideraciones finales Fuentes consultadas

51 52 55 58 61 64 65


III. La economía durante la Revolución Mexicana

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Juan José Gracida Romo 1. La década de 1910-120. Revolución y destrucción material 2. La revolución mexicana en Sonora, 1910-1920 2.1. La revolución armada de 1910-1920 2.2. La revolución maderista de Maytorena, 1910-1913 2.3. Federalismo y soberanía regional. Destrucción y crisis económica 1913-1916 2.4. Recuperación económica, 1917-1920

69 74 74 75 76 79

Fuentes consultadas

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IV. A Contrapelo de la Revolución. El aguardiente de agave hace rico a José Cuervo y le da fama Mundial

85

Rodolfo Fernández

Conclusión Fuentes consultadas

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V. Empresario, político y diplomático. El caso de Alberto J. Pani Óscar Flores Torres

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1. Los Pani 2. Cultura, mundo y aventura 3. En la Revolución con Madero 4. En la Revolución con Carranza 5. Secretario de Relaciones Exteriores (1921-1923) 6. La Hacienda en la época de Pani

112 112 113 115 119 121

6.1 Su nombramiento 6.2 La política hacendaria con Pani 6.3 Pani y la política fiscal 6.4 Pani y el Impuesto Sobre la Renta 6.5 Pani y la deuda exterior de México 6.6 Pani y la política crediticia 6.7 El Banco de México, S.A. 6.8 La Secretaría de Hacienda y los bienes nacionales

121 123 125 127 128 130 132 133

7. Ministro en Europa (1927-1933) 8. Secretario de Hacienda y Crédito Público (1932-1933) 9. El regreso a la vida privada

134 136 138

Comentario Final Fuentes consultadas

142 144


VI. Historia de la empresa Talleres Industriales Monterrey, S.A.

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José Alberto Aviña Pérez

Introducción 1. El origen 2. Las bombas TISA 3. Memoria de una visita a Talleres Industriales 4. Relaciones obrero-patronales 5. Éxodo del campesinado mexicano 6. La Feria del Acero 7. Su aportación a la enseñanza 8. El ocaso de TISA en Monterrey

149 150 154 155 157 157 158 159 159

Fuentes consultadas

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VII. Retórica petrolera y política económica en México, durante el auge de los hidrocarburos

165

Elsa M. Gracida

Introducción 1. Antecedentes 2. Se inicia la transición 3. Nuevos lineamientos en la retórica y en el ejercicio de la política económica 4. A manera de post scriptum

167 168 171 174 181

Fuentes consultadas

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De los Autores

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De las Imágenes

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Índice Analítico

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Presentación

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Presentación

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l objetivo de este libro consiste en comprender críticamente el desarrollo de las actividades empresariales y su ideología tanto en las ciudades como en el campo mexicano a través del siglo XIX y XX. Para ello daremos preferencia al análisis de los procesos fundamentales y determinantes que han impactado en la profunda transformación de nuestra forma de no solo hacer negocio sino de crear una ideología que la sustente. En efecto, mientras en los albores del México independiente, tanto la clase alta como el gobierno se preocuparon en definir la antítesis del trabajo –entendida esta como pereza, la cual comprendía las categorías de léperos y mal entretenidos-, en el México de la revolución y del siglo XX, se abrieron nuevos caminos para amasar fortunas. Esperamos que estos ejes sirvan para encaminar los debates de los cientistas sociales de diferentes campos disciplinares integrados todos en función de un objeto de estudio común: la dinámica empresarial tanto privada como pública y las estrategias necesarias para la toma de decisiones en la construcción del México que conocemos hoy. Pretendemos plantear un espacio de discusión sobre diferentes casos para extraer los elementos comunes que involucran la dinámica económica de los actores sociales y su correlato espacial. Consideramos que el presente texto podría servir como plataforma para continuar con la idea rectora de los estudios críticos comparativos, que permitan comprender a fondo las causas de las transformaciones económicas del proceso histórico en México y sus efectos en la determinación de nuevos escenarios sociales, económicos regionales y urbanos. La reciente dinámica económica de México y sus regiones, expresa una organización particular históricamente dada de la reproducción del capital, la cual ha conformado una profunda transformación metropolitana como imagen de la interacción entre procesos económicos locales y procesos globales. 11


Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

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Bajo esta perspectiva, se creó un grupo de trabajo interdisciplinario bajo el nombre de Sedición, desarrollo empresarial y efectos económicos, siglos XIX y XX, centrado en investigar en fuentes primarias sobre este tema en México. El trabajar durante un par de años como un seminario, coadyuvó a que se discutiera en grupo en congresos internacionales estos avances en los estudios individuales, a fin de compartir experiencias, información y sobre todo el interés por conocer más las actividades económicas de individuos, empresas y grupos en México en los últimos dos siglos. He aquí los resultados distribuidos en siete investigaciones que abarcan desde fines de la época colonial hasta las últimas décadas del siglo XX. A todos los que colaboraron en este proyecto, mis más sinceras gracias y felicitaciones por su incuestionable dedicación. He aquí lo que contiene esta obra. El primer trabajo titulado El derecho a la pereza en el México del siglo XIX de Lucio Ernesto Maldonado Ojeda (Facultad de Filosofía y Letras/UNAM) nos remite a numerosos documentos que custodia el Archivo Histórico del Distrito Federal. Es parte de una investigación más amplia dedicada al estudio de un tribunal especial establecido en la ciudad de México durante el siglo XIX para procesar y calificar las causas de vagancia y “mal entretenimiento”. Este fue un juzgado sui géneris en la historia institucional del México independiente. En esa época era mencionado como “Tribunal de Vagos” por la vox populi capitalina. De funcionamiento irregular -con suspensiones a veces prolongadas de sus actividades-, su existencia se dio bajo los auspicios del Ayuntamiento de México. Algunos de los principales políticos e intelectuales mexicanos de su tiempo, como Lucas Alamán, Carlos María Bustamante, Juan Rodríguez de San Miguel, José María Lafragua y Mariano Otero, se ocuparon mayor o brevemente en sus escritos de ese juzgado peculiar; o más aún, nos comunica su autor, estuvieron involucrados de alguna manera en sus trabajos. Pero, con independencia de sus afinidades partidarias o ideológicas, los jueces y fiscales que actuaron en el tribunal pertenecieron a la élite de la Capital de la República, así como a la ascendente clase media de la época. Los mismos que, por su posición hegemónica en la sociedad, se arrogaron la facultad de juzgar de la conducta y modos de vida de los individuos de los sectores o grupos populares. El segundo estudio denominado Empresarios alemanes en Monterrey. Su impacto en la industria y el comercio (siglo XIX), tiene como objetivo examinar la participación de los inversionistas alemanes en el desarrollo económico que experimentó la ciudad de Monterrey en la segunda mitad del siglo XIX. Los miembros de la comunidad alemana -nos comenta su autora Narce Dalia García del Centro de Documentación y Archivo Histórico de la UANL-, era un grupo claramente delimitado que se comportaba de manera endógena en la realización de sus prácticas económicas y sociales. En este sentido -y basada su consulta en fondos gubernamentales y notariales del siglo XIX-, resulta sugestivo observar cómo los hombres de negocios procedentes de tierras teutónicas se integraron rápidamente a un proceso económico que contaba 12


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Presentación

con una dinámica propia. Conforme esto se daba, ellos influyeron y se adaptaron rápidamente al funcionamiento de tal coyuntura. Para Juan José Gracida Romo, investigador del Centro INHA/Sonora, la Revolución Mexicana fue el movimiento armado, social y político más importante del siglo xx, puesto que su proceso produjo un nuevo Estado, dominado por una de las facciones triunfantes de la lucha armada, como fue la de extracción sonorense. Sin embargo, la revolución fue un movimiento con varias facetas y características, que nos dialogan de diferentes propuestas que se fueron decantando durante el conflicto. Por esa razón, uno de los debates que se continúan dando después de la conmemoración del centenario de la Revolución Mexicana es sobre el carácter de ésta. A lo largo de los años, se ha mantenido en las sucesivas generaciones de historiadores la discusión de si fue una revolución popular, agrarista, nacionalista y antiimperialista, que confrontó a los campesinos sin tierra con los latifundistas y derrocó a un régimen autoritario y opresivo. De igual manera se le ha definido como una revolución democrática, nacionalista-capitalista, de amplio carácter social, que dio origen a un nuevo tipo de Estado y de sociedad. Sin embargo ambas caracterizaciones son cuestionadas por Gracida Romo –en su aportación intitulada La economía de la revolución mexicana, 1910-1920-, y se inclina más por la corriente historiográfica que cuestiona el concepto de ruptura con el anterior régimen y se sesga por el de su continuidad y aceleración del mismo. El cuarto trabajo titulado A contrapelo de la Revolución. El aguardiente de agave hace rico a José Cuervo y le da fama mundial, de Rodolfo Fernández, se ocupa de un episodio de la vida de un apuesto joven de familia tequileña, de alcurnia campirana, que casó con una rica alteña – por cierto viuda del prominente tequilero, Jesús Flores Arriola- y se volvieron magnates en la industria del mezcal durante los últimos años del Porfiriato y durante la época de la Revolución. Me refiero a José Cuervo. El texto describe ciertos aspectos de la alianza matrimonial de doña Ana y don José que nos ilustran cómo, aprovechando la coyuntura de la conflagración revolucionaria, acumularon gran riqueza y se trasladaron, del pueblo de Tequila a Guadalajara, primero, y finalmente a la ciudad de México. Con ello se refleja su progreso económico y social, como su sagacidad financiera, observada sobre todo en su patrón de adquisición de fincas, en el incremento de sus actividades crediticias, y en la multiplicación de las marcas de vino mezcal de su propiedad. Mi contribución en esta obra se intitula Empresario, político y diplomático. El caso de Alberto J. Pani. Este personaje nació en la ciudad de Aguascalientes en el año de 1878 y falleció en la Ciudad de México en 1955. Obtuvo su título de ingeniero civil en 1902 y fue profesor en la Escuela de Ingeniería. Incorporado desde el inicio al movimiento revolucionario de 1910 que derrocó al régimen de Porfirio Díaz, conoció y trató de manera cercana a casi todos los personajes de leyenda durante este proceso transformador. Fue un personaje incombustible, que ocupó números cargos de alto nivel en el gobierno federal durante sus 22 años de labor. Como suele suceder con los personajes que presentan un talento más allá de lo común, ninguna responsabilidad 13


Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

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de las mencionadas recayó en él por elección popular. Fue además, un importante coleccionista de obra pictórica del renacimiento europeo y un empresario relativamente exitoso del sector hotelero y cinematográfico. Los últimos 23 años de su vida fueron de gran fecundidad como escritor. El sexto trabajo titulado Historia de la empresa Talleres Industriales S.A. (1934-2001), escrito por José Alberto Aviña Pérez, se enmarca de inicio en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Ya en la posguerra, si hubo una ciudad que vivió un dinámico desarrollo en los campos poblacional, financiero e industrial fue Monterrey. Industrialmente, fueron tiempos de expansión y diversificación. Algunos autores hablan de un segundo auge industrial, otros lo consideran una segunda industrialización. Lo que está claro, es que en esta época, se produjo un proceso en el que las fábricas originales tuvieron un desarrollo hacia la integración. La expansión industrial de la década de los años cuarenta también fue conocida como “el milagro mexicano”, período que se vio marcado por la sustitución de importaciones. Una de estas fábricas que más aprovechó el augue en esta época fue Talleres Industriales, empresa dedicada a la producción de hierro vaciado. Su historia y su desarrollo las recrea el historiador Aviña Pérez hijo de un trabajador por décadas en esta empresa. Finalmente este libro cierra con la contribución de Elsa M. Gracida del Posgrado en Economía de la UNAM. Elsa presenta una nueva vía para examinar el pensamiento económico de los responsables de la dirección del país a través de su retórica oral y de los documentos que suscriben. Retomando su origen aristotélico, donde la retórica “es la fuerza de hallar todo lo que en el discurso puede persuadir”, esta es concebida como el arte de comunicación que busca persuadir o convencer, mediante el discurso hablado o escrito. Desde esta visión, propone analizar la transformación de la retórica oficial referida a los principios rectores de la política económica en materia petrolera, que tuvo lugar entre 1970-1982. De manera específica, la hipótesis central del análisis propone que durante ese período los principios que apuntalaron las definiciones jurídico-normativas, ideológicas y retóricas en materia petrolera desde el tiempo de la expropiación, se fueron alejando paulatinamente del ejercicio económico hasta iniciar en los tiempos del auge petrolero una disociación irremisible, excepto por lo que hace a la propiedad originaria. A todos los investigadores que participaron en esta obra, con afecto, nuevamente mi reconocimiento. Así pues, ellos son conmigo, copartícipes de mi noble y sincero deseo de que en éstas páginas encontrará el lector uno de los objetivos de la historia: contribuir a que los jóvenes lectores tomen conciencia de la complejidad de las cuestiones históricas abordadas y de la necesidad de esquivar soluciones simplistas ante los nuevos retos que enfrenta la sociedad mexicana. Óscar Flores Torres

Universidad de Monterrey Otoño de 2011 14


El derecho a la pereza en el MĂŠxico del siglo XIX

Carl Nebel, ciudad de Aguascalientes, siglo XIX

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

Eugenio Lucas Velázquez. Escena del Congreso de los Diputados. Siglo XIX

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Lucio Ernesto Maldonado Ojeda

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El Derecho a la Pereza en el México del siglo XIX Lucio Ernesto Maldonado Ojeda Universidad Nacional Autónoma de México

A Ana María Vincent García

Todos los que, no teniendo aplicación oficio ni servicio se mantienen con varios pretextos, y concurren con frecuencia a cafés, botillerías, mesas de trucos, tabernas y otras diversiones, aunque permitidas, pero solamente para el alivio de los que trabajan, recreo de los que no abusan, y no para el fomento del vicio, de los ociosos, ó también, paseando continuamente, llenan las plazas y esquinas, se abstengan de semejantes frecuencias, y tomen alguna honesta ocupación conocida que los releve de la sospecha, y remueva el escándalo que causan á los demás bien empleados; pena de que serán tratados por vagos, y se les aplicará a los destinos correspondientes a éste y demás excesos que resultasen de las sumarias, que se juzgase conveniente formales en averiguación de sus vidas. Ley XII D. Carlos III por bando publicado en Madrid a 16 de mayo de 1766. Los vecinos del pueblo de Loxicha ocurrieron a mi para que elevase sus quejas e hiciera valer sus derechos ante el Tribunal Eclesiástico contra su cura que les exigía las obvenciones y servicios personales sin sujetarse a aranceles. Convencido de la justicia de sus quejas, por la relación que de ellas me hicieron y por los documentos que me mostraron, me presenté al Tribunal o Provisorato, como se llamaba… El juez eclesiástico, sin que terminara el juicio que yo había promovido contra el cura de Loxicha, sin respetar sus propias decisiones y sin audiencia de los quejosos, dispuso de plano que el acusado volviera a su curato. Luego que aquel llegó al pueblo de Loxicha mandó prender a todos los que habían representado contra él y de acuerdo con el prefecto y con el juez de partido, los puso en la cárcel con prohibición de que hablaran con nadie… Me hallaba por entonces, a fines de 1834, sustituyendo la cátedra de Derecho Canónico en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca y no pudiendo ver con indiferencia la injusticia que se cometía contra mis infelices clientes, pedí permiso al director para ausentarme unos días y marché para el pueblo de Miahuatlán, donde se hallaban los presos, con el objeto de obtener su libertad… el juez me recibió con suma seriedad y me exigió el poder con que yo gestionaba por los reos; y habiéndole contestado que siendo abogado conocido y hablando en defensa de reos pobres no necesitaba yo de poder en forma, me previno que me abstuviera de hablar y que volviese a la tarde para rendir mi declaración preparatoria en la causa que me iba a abrir para juzgarme cono vago.

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Apuntes para mis hijos. Benito Juárez1 Juárez, Benito,” Apuntes para mis Hijos”, en Flores Torres, Oscar, Historiadores de México siglo XIX, Tomo 32, México, Editorial Trillas, Colección Linterna Mágica, p.p. 320-321.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

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1. Ocio, vagancia y reglamentación A raíz de la publicación de un decreto de la Asamblea Departamental de México que restablecía el Tribunal de Vagos en febrero de 1845 tras años de inactividad, apareció un artículo en el periódico El Siglo XIX en el que su autor se preguntaba: “la vagamundería, ¿qué es? ¿Falta de policía, delito o crimen?” Para el caso el articulista enfatizaba que se “ha calificado de crimen, pues que [se] castiga con las penas impuestas a los criminales, cuales son la prisión, el trabajo forzado y el servicio de las armas”. Y añadía, con respecto a las autoridades a quienes el decreto de su restauración encomendaba sus actividades, “los actuales jueces de paz y ayuntamiento, tienen ya en sus manos ese tremendo instrumento para proporcionar el contingente de sangre. ¡Qué no harán hoy, que la ley les ha investido de tan peligrosas facultades!”.2 En su cuestionamiento el anónimo editorialista hacía referencia a una tradición legislativa centenaria, según la cual la vagancia era considerada como una falta de policía en el sentido original del concepto, vigente aún en los primeros tiempos del México independiente;3 prohibiéndose la tolerancia de la ociosidad “en buena razón política”, conforme dictaba la Ordenanza de Levas de 1775. De acuerdo con un consenso propio de la época, la misma se le consideraba causa de desordenes mayores, “el germen de la inseguridad (pública) y la desmoralización”. “La ociosidad –se asentaba en el diario El Sol, vocero de la facción escocesa- es la haraganería o falta de ocupación útil y honesta, porque la palabra ociosidad encierra estas dos ideas. El espíritu humano siendo de una naturaleza activa, no puede mantenerse en inacción y si no se ocupa de una cosa buena, se aplica inevitablemente al mal porque aunque haga cosas indiferentes, vienen con el tiempo a ser malas cuando se posesionan del espíritu […] La ociosidad es una cosa contraria a los deberes del hombre y del ciudadano, cuya obligación general es la de ser bueno para alguna cosa; y en particular la de hacerse útil a la sociedad de que es miembro”.4 A partir del último tercio del siglo XIX el tratamiento de la vagancia experimentó un cambio radical con su inclusión como un delito más en el primer Código Penal mexicano publicado en 1871. Se sancionaba a sus destinatarios, no por una conducta realizada -el delito en stricto sensu-, sino por un modo de vida considerado potencialmente peligroso para la convivencia social; en particular, para la propiedad privada.5 La desaplicación al trabajo se entendió a partir entonces 2 3

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El Siglo XIX, núm. 1178, martes 18 de febrero de 1845, “Ley de Vagos”. Según el Diccionario de Autoridades, editado entre 1726 y 1739, la noción antigua de policía hacía referencia a “la buena orden que se observa y guarda en las ciudades y repúblicas, cumpliendo las leyes u ordenanzas, establecidas para su mejor gobierno”, citado por J. Lechner, “El concepto de ‘policía’ y su presencia en la obra de los primeros historiadores de Indias”, Revista de Indias, vol. XLI, núm. 165-166, Madrid, julio-diciembre de 1981. El Sol, no. 693, martes 24 de mayo de 1831, “Variedades. Ociosidad”. Cfr. Luis Barreda Solórzano, “Legalidad penal y punitivo estatal. Un caso: las figuras de vagancia y malvivencia”, en Revista Jurista, Jalapa, Ver., año 1, núm. 1, 1992. Ambas figuras delictivas estaban contenidas en el Código Penal vigente en el Distrito Federal, que data de 1931, en su capítulo “Delitos contra la Economía Pública”; las cuales fueron derogadas apenas en 1991. (Raíl Carranca y Rivas. Código Penal Anotado. México, Porrúa, 1983, pp. 556559).


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Lucio Ernesto Maldonado Ojeda

como una trasgresión al pacto social, que -según la filosofía política del Liberalismo clásico- es la base del Estado y del orden jurídico. El cambio conceptual de que fue objeto la tipificación de la vagancia –de considerársele tradicionalmente como falta de policía a devenir en figura delictiva- en el tránsito del derecho antiguo al moderno, tuvo su correlato naturalmente en las sanciones aplicables de una connotación a otra. De la penalidad diversa prevista en la legislación española, y aún en la mexicana de la primera mitad del siglo XIX, se verá reducida a la puramente corporal (o de prisión) cuando quedó codificada como delito. Antes y después del cambio, empero, no faltaran las voces en favor de no criminalizar bajo ninguna justificación a los presuntos vagos. Así, en la discusión en las Cortes de Madrid de la Ley de Vagos de 11 de septiembre de 1820, vigente en los primeros años del México recién emancipado, el diputado Friere había sostenido que “el vago no es precisamente malo, sino solamente sospechoso de tal, y sobre sólo sospechas no deben recaer castigos. Las leyes no deben castigar sino al que falta a las obligaciones perfectas, según el lenguaje del derecho natural, y estas son las que nacen del principio neminem ledere; mas el vago por el sólo hecho de serlo no hace daño a nadie. Por tales se entienden los que viven ociosos ó sin ejercicio útil; pues si no hacen más, es verdad que se perjudican a sí mismos, pero también lo es que no ofenden a otros, además de que es muy indeterminada esa voz de ejercicio útil”.6 La concepción de la vagancia adquirió otros matices de relativa importancia en el transcurso del siglo XIX. Uno de ellos se refiere al paso de la vagancia voluntaria, propia del derecho español de Antiguo Régimen, en el que se tipificaba y sancionaba el comportamiento ocioso nacido del libre albedrío del individuo, a la inculpada; que de manera creciente tomaba en cuenta consideraciones de índole sociológica o económica como condicionantes de las conductas individuales. En las propias Cortes de Madrid se pronunciaron opiniones como la del obispo Castrillo, quien pedía que en la inteligencia de las palabras “vagos” o “mal entretenidos” se añadiera la de culpablemente, porque a su juicio “en un país donde no hay industria ni artes, ni comercio en que puedan los hombres ocuparse, no es justo que sufran un castigo por una cosa en que no son culpados”.7 Semejante postura sería adoptada en el México independiente, aunque de manera no generalizada ciertamente; expresándose en diversos foros la necesidad de no penalizar de manera indiscriminada a los que presentaban indicios de vagancia. Al menos esa posición fue de los miembros de una comisión senatorial en 1852, encargada de proponer medidas para la reforma de la administración de justicia en el Distrito Federal. Participaban de dicha comisión José María Lafragua, Gabriel Sagaceta, Ramón Gamboa y Guillermo Valle; quienes tenían el conocimiento y la competencia suficientes en la problemática por haber ejercido el papel de jueces 6 7

Diario de las Cortes, núm. 13, sesión del 26 de agosto de 1820, en Diario de las Actas y Discusiones de las Cortes Legislativas de los años de 1820 y 1821. Madrid, Imprenta Especial de las Cortes por D. Diego García Compoy, 1820, tomo III, p. 413. Ibíd., p. 396.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

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en el tribunal establecido en la materia, o el de alcaldes municipales encargados de integrar las sumarias de tales juicios. Para dichos comisionados, “la vagancia por sí sola no es delito: es la fuente de los vicios y el primer paso dado en el sendero de la depravación. Pero de aquí no se infiere, que todo vago sea culpable, ni muchos menos que un solo remedio sea el que deba adoptarse para corregir males tan diversos”. Dicho lo cual pasaban a examinar los factores que a su juicio incidían en el problema y sus posibles remedios: “Aunque en [la vagancia] influyen poderosamente la mala educación, los ejemplos de familia, el clima y la natural inclinación del hombre al placer, debe también reconocerse, que tiene una parte no pequeña la misma sociedad. Si cumpliéndose severamente con las prescripciones de la buena policía, se vigilara con empeño tanto la educación primaria de los hijos del pueblo, como la conducta de los padres de familia; si cuando un hombre ha cometido una falta, se le dieren los medios de vivir, en lugar de aplicarle solo la pena; y si a las autoridades cuidarán con absoluta consagración de prevenir los delitos, la vagancia disminuirá gradualmente hasta llegar quizá a nulificarse por sí misma. No es, pues, justo medir este hecho con la misma vara que los demás unánimemente reconocidos como delitos, y los comisionados que creen que la sociedad debe corregir antes de castigar, proponen desde luego una distinción entre la vagancia culpable y la inculpable”. Acordes con este principio, en su conclusión los comisionados planteaban la necesidad de distinguir al vago del delincuente: “estableciendo una profunda línea de separación” entre ambos, “porque en las leyes, así antiguas como modernas, se comprende bajo la gratuita denominación de vagos, hombres que a la vagancia agregan otros hechos realmente criminales, y hombres que pueden cometer los actos que la ley designa y ser laboriosos”.8 En sincronía en más de un sentido con el planteamiento anterior, en marzo del mismo año, el regidor y abogado Luis Rivera Melo propuso al pleno del Cabildo de México el que la corporación formulara dos peticiones al Congreso de particular relevancia en la materia; las cuales traslucían la nueva concepción de la vagancia de carácter no meramente punitivo o represivo. Una de ellas demandaba la supresión de la pena del servicio de las armas, aplicada usualmente a los calificados como vagos por las autoridades gubernativas. La otra enfatizaba el derecho social al trabajo, y la obligación del Estado o de la sociedad misma para proporcionar éste a sus componentes: “La misma comisión consultará un proyecto de petición al Congreso, en que se consigne la obligación que tiene la sociedad de procurar trabajo al que con deseo de trabajar no encuentra en qué hacerlo y la injusticia con que se impone una pena a los que no trabajan cuando es inculpable su vagabundería. Este proyecto consultará las medidas practicables sobre organización del trabajo”.9 8

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Proyecto de Ley que para organizar la Administración de Justicia en el Distrito Federal presentan al Senado las comisiones primera de justicia y de Distrito. México, Imprenta de Cumplido, calle de los Rebeldes n. 2, 1852, pp. 22-24. El mismo documento se reproduce en José María Lafragua obra bibliográfica, hemerográfica y documental. Introducción de Ernesto de la Torre Villar. México, Secretaría de Relaciones Exteriores, 1986, pp. 71, 112 y 124. Archivo Histórico del Distrito Federal (AHDF) Vagos, vol. 4785, exp. 494, marzo 22, de 1852. [Las cursivas son nuestras desde luego].


Lucio Ernesto Maldonado Ojeda

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Una de las formulaciones más acabadas de la nueva concepción sobre la vagancia fue la reproducida en un editorial de El Siglo XIX en 1851. Su autor era de la opinión que la ociosidad reconocía varias causas y se presentaba de diversos modos; pero con independencia de tales consideraciones las autoridades debían poner el remedio. Para fundamentar su demanda recurrió a las ideas sobre el tema elaboradas por “un escritor nuestros días”, posiblemente europeo. Tal pensador -cuya identidad hasta ahora desconocemos- partía de la distinción entre las diversas formas en que la vagancia o ociosidad se presentaba entre los miembros de la sociedad, para ocuparse después de las consecuencias que tenían para ésta: La ociosidad puede ser voluntaria o forzosa en los individuos; accidental o habitual; simple o calificada.- La voluntaria supone un vicio, un verdadero desarrollo de costumbres, que la administración está obligada a corregir por el bien del vicioso, por la seguridad de todos y para evitar el mal ejemplo. La forzosa es una desgracia particular hija de la ignorancia, ya de la improvisación, o resultado de ciertas causas generales imposibles de contrarrestar por un hombre solo. Éste género de ociosidad inocente, o esta falta de trabajo, debe ser remediada por el influjo de la caridad pública, si no bastasen los auxilios de la privada.- La ociosidad accidental, aunque voluntaria, no es el vicio mismo, sino sus anuncios; es la semilla, no el fruto. Como son desórdenes leves todavía y por lo común privados; faltas, en fin, de conducta doméstica, más bien entran en la esfera de la moral, que caen bajo el imperio de la administración. Las autoridades políticas pueden sin embargo combatirlos indirectamente, inspirando a los pueblos, por medio de la educación, el amor al trabajo, y alentando la perseverancia con el estímulo de la recompensa.- La habitual envuelve un estado de guerra con la sociedad, el hombre vive en oposición con el interés general, y es su constante enemigo.En la ociosidad simple, hay peligro de turbar el orden público; en la ociosidad calificada, o acompañada de circunstancias agravantes, el orden público está de hecho perturbado. La primera se combate con medios preventivos, dentro de los límites del poder administrativo; la segunda es un delito común, que debe ser reprimido y castigado por la autoridad judicial competente.10

El editorialista derivaba de lo expuesto “que siempre la autoridad es la que directa o indirectamente tiene que prevenir la vagancia, y evitar a la sociedad los males que ella le origina; póngase en práctica todos los medios represivos, procúrese la educación del pueblo, por la cual no nos cansaremos de clamar; desarróllese la industria; protéjase de preferencia la agricultura; empréndase obras públicas de utilidad pública; vigílese que la caridad no sea ciega ni indirecta, y entonces la vagancia quedará reducida, que con pocos esfuerzos logrará la administración contenerla y destruirla”. Tales propuestas de regeneración expresadas por el articulista de El Siglo XIX, como 10 El Siglo XIX, núm. 739, jueves 9 de enero de 1851, p. 35.

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las del regidor Rivera Melo y las de otros,11 quedarán relegadas ante las circunstancias generales de la época, de crisis económica e inestabilidad política; prevaleciendo las medidas represivas en su tratamiento, de las que daría fe la propia historia del tribunal establecido para su atención. Por otra parte, esclarecer la naturaleza del problema no era un asunto puramente teórico, ya que su definición suponía determinar el ámbito jurisdiccional a que presuntamente pertenecía; esto es, la competencia de las autoridades encargadas de su procesamiento. La contención de la vagancia, como propia de la policía de los pueblos, por considerarla así la tradición legislativa española antes aludida, atañía particularmente a las autoridades gubernativas o políticas: “En el siglo XVI –se advertía en el mismo editorial de El Siglo XIX publicado en 1851-, las Cortes celebradas en distintas épocas llamaron la atención del Emperador Carlos V, acerca de la necesidad e importancia de reprimir la vagancia y falsa mendicidad, y dictaron varias medidas con tal objeto, cometiendo a los ayuntamientos, corregidores y justicias, el encargo de velar por su observancia, y de cuidar de este ramo de policía”. Tradición que hallará continuidad en el México independiente a través de la competencia ordinaria de funcionarios gubernamentales (hablamos del gobernador del Distrito, o en su caso del prefecto político), o mediante la formación de jurisdicciones especiales (incluidas en éstas las comisiones o tribunales de vagos, a cargo de las autoridades municipales), hasta el momento de la tipificación de la vagancia como delito, en que pasan al conocimiento enteramente del poder judicial tales tipos de causas. Con antelación habría antecedentes que apuntaban en esa dirección: ya en 1831 Lucas Alamán, ministro de Relaciones del presidente Anastasio Bustamante, había planteado la conveniencia de reorganizar el Tribunal de Vagos bajo la responsabilidad de las autoridades judiciales ante la ineficacia que le atribuía al establecido desde 1828. El deseo del historiador y político conservador se cumplió en parte precisamente el año de su muerte, acaecida en 1853, cuando se establecen en la ciudad de México los denominados jueces menores, cuya prioridad era “la persecución de los vagos y malhechores” y su enjuiciamiento.12 Los mismos serán relevados en el conocimiento de los casos de vagancia con una nueva erección del tribunal especial durante el Segundo Imperio; esta vez bajo la forma de jurado a cargo nuevamente del cuerpo municipal capitalino. Se pondría fin a la alternancia en la jurisdicción sobre las causas de vagancia cuando –como hemos dicho– el primer código penal encomiende a los jueces ordinarios de primera instancia su discernimiento. 11 Habrá en la época otros pronunciamientos en el mismo sentido. Entre los más sobresalientes se cuentan las ideas al respecto del liberal Ponciano Arriaga, quien llegó a proponer en la legislatura potosina de 1847 la creación de una “Procuraduría de Pobres” para la atención estatal de los grupos sociales más desvalidos o menesterosos de la sociedad mexicana. La cual quedó en eso, en mero proyecto. Cfr. Manuel Ramírez Arriaga, Las Procuradurías de Pobres. México, SMGyE, MCML. 12 Decreto del 17 de enero de 1853, en Manuel Dublán y José María Lozano. Legislación Mexicana o Colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la Independencia de la República Mexicana. México, Imprenta del Comercio, 1876, tomo VI, pp. 294- 303.

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Pero, en lo particular, ¿quiénes eran los “vagos” a quienes las autoridades por leyes antiguas y modernas debían hostilizar y sancionar? En principio, antes de adentrase en su pormenor, habría que considerar que el concepto de vagancia –como lo es el de su contraparte, el trabajo- es una categoría históricamente construida; esto es, que sus referentes y su valorización varían en cada época y sociedad, especialmente en su dimensión jurídica.13 Para el caso de México la noción de vagancia vigente en la legislación de los siglos XVIII y XIX, hasta su codificación de 1871, no fue unívoca y por ello nada fácil de sintetizar dada la extensa casuística comprendida. La dificultad mayor estriba, quizás, en la escasa pertinencia del sentido contemporáneo del término y su empleo hacia ese pasado, pues la noción simple de definir a la vagancia como la carencia de ocupación u oficio –“de destino” como se decía en la época– no fue la única, y acaso ni la más importante. La plasticidad del concepto, susceptible de aplicarse a diversos grupos, situaciones y tipos sociales, según conviniera a los intereses del Estado o a las elites dirigentes, fue lo característico; teñido casi siempre con la suspicacia de su validez por parte de la crítica.

2. Los antecedentes coloniales En la España ilustrada de los monarcas de la Casa de Borbón se produjo una rica e innovadora legislación sobre la vagancia y su penalización. Sin duda, de mayor importancia que toda la legislación precedente sobre el tema. Tanta, que influiría en sus antiguas colonias americanas aún después de la independencia de éstas. Esas leyes de la época Borbónica introdujeron cambios sustanciales en cuanto a la concepción, los procedimientos y las penas correspondientes que hasta entonces era esperable encontrar en el antiguo derecho castellano y en el de Indias. Dejaba atrás la antigua noción enfática en la vagabundería errante, característica de ciertos grupos sociales desde el Medioevo (peregrinos, cruzados, gitanos, etc.), para centrarse en las nuevas formas del trabajo y del ocio social que trajo consigo el desarrollo urbano experimentado por las principales ciudades de la Metrópoli y las de sus colonias americanas durante el siglo XVIII, en el que se produjeron cambios de trascendencia en su economía, la política y la administración publica. De la misma manera, las penas previstas en las nuevas leyes de vagos estaban en consonancia con las modificaciones ocurridas durante la administración del Despotismo Ilustrado en diversos campos sociales. En especial, el papel preponderante que asumirá el Ejército tanto en la Península como en sus posesiones de Ultramar, ante las crecientes tensiones internas derivadas de las reformas implementadas y como respuesta al expansionismo de las potencias europeas emergentes. Destacaban, en la innovadora legislación sobre vagancia del período de la Casa de Borbón, la Real 13 Bronislaw Geremek. La piedad y la horca. Historia de la miseria y de la caridad en Europa. Barcelona, Atalaya, 1987.

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Orden del 30 de abril de l745 y el Decreto de 7 de mayo de l775, expedido por el Rey Carlos III en Aranjuez, mejor conocido como la Ordenanza de Levas.14 La primera era de la mayor importancia en cuanto a la tipología de la vagancia, pues subsistiría con sus debidas adaptaciones cien años después en el México independiente. La Ordenanza de Levas, por su parte, era considerada como una de las obras legislativas más acabadas y espléndidas del derecho español de su tiempo;15 la cual sería retomada como modelo para las formas procesales asumidas en los tribunales de vagos y las penas impuestas a éstos. Ulteriormente, en la víspera de la Consumación de la Independencia, las Cortes de Madrid expidieron el decreto de 11 de septiembre de 1820 sobre el “modo conque los jefes políticos, alcaldes y ayuntamientos deben proceder contra los vagos y mal entretenidos”. El propósito fundamental de la nueva ley era modificar la pena principal que se imponía a los calificados como vagos; esto es, el servicio de las armas dispuesto precisamente en La Ordenanza de Levas. Dicho decreto, aunque vigente en la todavía Nueva España a partir de su publicación en la Gaceta de México del 14 de abril de 1821,16 en la práctica fue soslayado. En el país, inmerso en la guerra de emancipación cuyo desenlace se aproximaba, el reemplazo de los ejércitos se intensificó mediante alistamientos forzosos o levas sistematizadas en los campos y las ciudades; siendo en éstas sus víctimas propiciatorias los “vagos” localizables indiscriminadamente en la vía publica y demás sitios de reunión popular. Lo mismo aconteció durante el Primer Imperio y en la Primera República Federal, regímenes en los que se incrementó de manera sustancial las filas del ejército permanente o regular y las milicias cívicas. Todo el tiempo en el cual el espíritu de ese decreto fue evidentemente ignorado.

3. La legislación mexicana El México republicano heredó la noción de vagancia que le había proporcionado la legislación española; en particular, la célebre Real Orden de 1745. Las categorías de los (presuntos) vagos definidos en dicha disposición comprendían un amplio espectro social, lo mismo que ámbitos de aplicación; no reducidos a los propios del mundo del desempleo o la desocupación como pudiera suponerse, sino que se extendía a diversas esferas de la vida social; incluyéndose el ámbito familiar o privado, sujeto por esta vía a la inspección del Estado. En dicha ley se sancionaba por igual la 14 Ley 7, Tit. XXXI, Lib. XII. Novísima Recopilación de las Leyes de España. Dividida en XII. Mandada formar por el Señor Dn. Carlos IV. Madrid, (ed.) l825. 15 Al menos así fue calificada por el señor Romero Alpuente, diputado a las Cortes Españolas, en la discusión de la ley sobre vagos del 11 de septiembre de 1820. Véase Diario de las Cortes, núm. 13, sesión del 26 de agosto de 1820. 16 Cfr. Gaceta del Gobierno de México del sábado 14 de abril de 1821, tomo XII, número 48, p.372 y Diario de las actas y discusiones de las Cortes legislativas de los años de 1820 y 1821, tomo III.

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desaplicación al trabajo, que las faltas a la vida conyugal; la dedicación al juego y a la embriaguez; que la mendicidad real o fingida; la problemática de jóvenes e infantes incorregibles, que ocupaciones consideradas socialmente improductivas. Especial atención recibían como causales de vagancia las faltas a la autoridad política o a la moral pública. No exentas en su mayoría de la connotación recriminatoria acorde con la moral de la época, lo característico de tales categorías era la tipificación de la vagancia voluntaria con abstracción de sus condicionamientos sociales. La novedad mexicana en la materia fue la de incorporar a esa tipología diversas especies o variedades durante el siglo XIX. Una buena parte de ellas referidas –casualmente– a aquellos grupos del proletariado urbano que el Estado y sus cuadros dirigentes tenían especial interés de controlar de algún modo sus actividades, tanto en sus horas de trabajo como en sus tiempos de ocio o recreación. De ese modo la “corrección de costumbres” emprendida bajo el gobierno colonial desde fines del siglo XVIII, como parte de las reformas del régimen borbónico, proseguirá en el México republicano aun de manera más extendida.17 Todo en el contexto general de depresión económica y crisis social casi permanentes, no solamente política, en que se sumergiría el país después de consumada su independencia. Entre esos grupos de trabajadores a quienes se pretendía contener destacaban las diferentes clases de sirvientes domésticos y del artesanado urbano, los que representaban en términos absolutos un sector mayoritario de la fuerza laboral existente en la Capital de la República a mediados de siglo; la cual presentaba para entonces los rasgos de una ciudad preindustrial. Según la historiadora María Gayón, subsistían en ella “multitud de pequeñas tiendas, expendios y talleres; espacios agrícolas y tierras comunales en las zonas periféricas; enorme población flotante y desocupada; cantidad de vendedores ambulantes e increíble número de personas ocupadas en el servicio doméstico. Entre éstas últimas había cocineros, tortilleras, costureras, bordadoras, lavanderas, porteros, nodrizas, nanas, mayordomos, mandaderos, criados, sirvientes, cocheros, etc. Numerosos artesanos se encargaban de la producción manufacturera. Los artesanos estaban diseminados por la ciudad en pequeños talleres; una considerable cantidad de ellos trabajaban en sus domicilios, bajo el encargo de comerciantes o trataban de vender ellos mismos sus mercancías”.18 De acuerdo con los registros oficiales la ciudad contaba hacia 1852 con 1001 criados domésticos, a los que se agregaban 4251 “criados” en general, empleados en los mas diversos establecimientos comerciales y de servicios.19

17 Véase al respecto Juan Pedro Viqueira. ¿Reprimidos o relajados? Las diversiones públicas y la vida social en la ciudad de México durante el siglo de las luces. México, FCE, 1987. 18 Cfr. María Gayón Córdova. Condiciones de vida y trabajo en la ciudad de México en el siglo XIX. 1ª ed. México, INAH / Dirección de Estudios Históricos, 1988. (Cuadernos de trabajo, núm. 53) , p. 117. 19 Juan N. Almonte. Guía de Forasteros y Repertorio de conocimiento útiles, México, Imprenta de I. Cumplido, 1852, p. 487.

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3.1 Los criados malcriados En los primeros años de la República, “la sujeción de las castas pobres y holgazanas de México (sic) a las normas de la vida civil era difícil –nos dice don Silvio Zavala-; de las casas ricas los criados se despedían fácilmente y los salarios y la bienandanza doméstica de que allí disfrutaban, los atraía menos que su libertad primitiva”.20 Abundan las referencias y testimonios en apoyo al aserto del notable historiador yucateco sobre el comportamiento de los hombres y mujeres empleados en el servicio doméstico. Quizá uno de los más ilustrativos al respecto sea uno aparecido en el periódico satírico La Bruja, editado entre los años de 1840 a 1842 por el impresor Rafael Pastor. Habría que decir en cuanto a la veracidad del relato, que Pastor había fungido como regidor y juez de vagos en 1835; correspondiéndole la vigilancia de los cuarteles menores 19 y 20, donde se localizaban algunos de los barrios de mayor prosapia popular como eran los de La Palma, Manzanares y San Pablo, de uno de los cuales era vecino. De este contacto íntimo con las clases populares nacieron varios de los cuadros de costumbres consignados en su publicación. Al salir a la calle (‘el Duende’ y yo) nos encontramos con una escaramuza entre un criado y una criada que estaban peleando y dándose algunas puñadas y araños. Después de 2 horas de escándalo, la cosa vino a parar en que los dos se largaran, dejando comprometido al dueño de la casa, y sin atender a las razones con que este quería detenerlos. A poco rato volvieron el uno después del otro a cobrar su salario, lo que no dejó de sorprenderme algo, por lo cual me dirigí al Duende diciéndole: ¿Quiere Ud. instruirme de que clase de contratos se hacen aquí con los criados? Porque no puedo comprender como está esto de abandonar una casa y las obligaciones que tiene contraídas un meco o meca de éstas, a la hora que se les antoja, y sin embargo cobrar su salario con la mayor desfachatez y falta de vergüenza. Pues esta es la costumbre del país, respondió, y costumbre hace ley, porque si va Ud. a quejarse a un juez, o si el criado va a darle la queja de que no le pagan el salario, porque no cumple, le echan a Ud. el pleito en contra siempre y por siempre, porque le obligan a que pague y porque el criado jamás lo obligan a que cumpla con aquello a que se compromete. También están obligados los dueños o amos de las casas a sufrir que los criados se emborrachen, jueguen, putéen, digan cuanto se les venga a la boca, y roben todo lo que puedan, porque si Ud. les rompe la cabeza, lo persigue la justicia, y si los presenta como ladrones, necesita Ud. testigos […]. Quiero que Ud. me diga si en esta tierra no han reglamentado los gobiernos o los encargados de la policía un ramo tan importante para la felicidad y tranqui20 Silvio Zavala. Apuntes de historia nacional (1808 / 1974). 2ª ed. México, Sepsetentas / Diana, 1981, pp. 90 – 9 capítulo “Economía, cultura y costumbres en las primeras décadas de la República”.

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lidad de las familias, pues como yo creo que el objeto de la sociedad es proporcionar esos bienes, pienso también que donde no los hay, no hay… No hay duda, me interrumpió el Duende, en que Ud. tiene unas ideas de todos los diablos. ¿Cómo quiere Ud. que los que entienden en la policía se metan a arreglar esto de los criados, cuando aquí sólo se entiende por policía el barrer y regar las calles? ¿Y como quiere Ud. que los altos gobiernos se ocupen de estas frioleras cuando están establecidos sólo para echar levas, formar uniformes, habilitarse de cañones, dar empleos, y estar de mayordomos de los señores soldaditos, buscando el dinero todos los días, y repartiéndose para que coman y cubran sus demás necesidades? En otras parte habrá gobiernos establecidos para proporcionar el bien particular de los asociados, de donde resulta eso que se llama bien general; pero aquí, cada uno que se rasque con sus uñas, que viva como puede ó como quiera, que pague las contribuciones directas e indirectas, para que se las absorban los que no hacen nada o hacen males y que se conforme con su suerte, so pena de ser tratado como revoltoso, inquieto, exaltado, imprudente, y todos lo que acaban en este, como insurgente.21

Las quejas por la conducta de los criados domésticos descrita por Pastor se reproducirían constantemente en la época, por lo que no escasearan las medidas tendientes a su corrección. En 1831, el regidor Andrés Pizarro había propuesto en el Cabildo de México, “que se mediten remedios sobre la desmoralización de los criados e impedir los daños que ocasionan en las casas donde sirven”.22 Por su parte, el Gobierno de la República encabezado por el general Santa Anna determinó en 1834, que “para lo establecido por leyes y disposiciones vigentes con respecto a criados tenga su más puntual cumplimiento, y puedan los vagos que con el nombre de sirvientes, criados domésticos, lacayos, cocheros y cualquiera otra denominación ser contenidos en sus deberes, desde la publicación de este decreto, todo criado sin distinción llevará consigo una boleta en que conste su nombre, servicio a que está destinado, amo a quien sirve, su salario y la calificación del amo o amos a quienes hubiere servido”. Quedando enfáticamente dispuesto, “que serían juzgados por las leyes respectivas por la falta de sumisión, respeto, injurias y otras más en sus relaciones con sus amos”.23 A esta reglamentación del gobierno santaannista le sucederán otras semejantes con el mismo propósito de sujetar el comportamiento de los empleados domésticos. En abril de 1844, el promotor fiscal de hacienda Joaquín Vélez propuso la creación de una administración semejante a la existente en el ramo de coches de providencia; en la que se llevaría un registro “de todos aquellos que soliciten plaza de servicio doméstico” y la conducta que observaren en su trabajo. Con la prevención de que “a los tres informes malos de distintas casas se tachará el asiento del criado, y no volverá a ser admitido en su registro”. Fundaba su propuesta en que, “no habrá una sola persona en 21 La Bruja, tomo I, núm. 35, miércoles 2 de marzo 1842. 22 Acta de Cabildo del 16 agosto 1831. 23 AHDF Vagos, vol. 4151, exp. 148. Bando publicado del 8 de agosto de 1834 por el gobernador del Distrito Federal José María Tornel. Las cursivas son nuestras.

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esta opulenta ciudad que no haya sufrido y sufra de continuo los sinsabores que ocasiona toda gente perteneciente al ramo del servicio doméstico, así como no solo del desarreglo sino del abandono en que por desgracia se encuentra entre nosotros una de las fibras más vitales de la sociedad”.24 La idea sugerida por Vélez se haría realidad en septiembre de 1846, cuando por bando del gobernador del Distrito Federal José Gómez, el Conde de la Cortina, se creó una Inspección de Sirvientes Domésticos. La misión principal de la nueva dependencia era “averiguar la conducta moral, pública y privada de todo individuo de ambos sexos que solicite entrar al servicio doméstico de cualquiera persona, familia, corporación o establecimiento, tomando para ello todas las medidas y precauciones que crea convenientes”. E igualmente debía cerciorarse “de la patria, edad, nombre, antigua profesión de los solicitantes, y lugares donde haya residido antes de expedírsele la boleta”. A las personas acreditadas de esta manera, la Inspección les proporcionaba “una boleta en que consten su honradez y circunstancias, la designación de la última familia o persona a quien sirvió, y el motivo porque se separó de este servicio”. Sin la referida boleta los dedicados al oficio de sirviente doméstico, “serán reputados por vagos y sospechosos, y tratados como tales”.25 En abril de 1852 se expidió un reglamento más sobre el servicio doméstico; en el mismo se establecía “que todo criado que permanezca sin destino por espacio de mas de un mes, sin causa legal, y que no justifique los medios de subsistencia, será tenido y castigado por vago”.26 Tal ordenamiento de la servidumbre doméstica se hizo extensivo bajo el Segundo Imperio a los empleados en los servicios y comercios de todo tipo: “a los hortelanos, a los mozos de café y fondas, conocidos vulgarmente con el nombre de meseros; a los que sirven en las posadas, en los billares, en las neverías, en los baños y pulquerías, a los que se emplean en las casas de alquiler de caballos, a los vaqueros, a los carretoneros, a los cocheros y conductores de carruajes públicos y privados que son considerados en el mismo como tales”.27 La desconfianza que generaba la conducta de los criados domésticos se vio reflejada entre los acusados del Tribunal de Vagos. Era el caso, entre otros, de Andrés Ramírez; un muchacho de 18 años recién llegado a la Capital procedente de Tetepango, población hoy perteneciente al Estado de Hidalgo. El cual fue hecho preso por su “mala versación[pues] prefiere estar en la clase de sirviente [en vez de sastre, que era otra ocupación que dijo tener] lo que prueba (a los ojos del juez), que es vicioso, vago y mal entretenido remitido por incorregible” (por haber ya estado en la cárcel). Ramírez salió finalmente absuelto de su proceso por vagancia, luego que dos militares testimoniaran a su favor alegando su honradez como doméstico.28 24 AHDF Policía en general, vol. 3631, exp. 309. Reglamento de sirvientes domésticos. 25 Biblioteca del Museo de la Ciudad de México (BMCM) Colección de bandos originales, Bando núm. 34 de 1846 sobre sirvientes domésticos y vagos y El Monitor Republicano núm. 767, 2 de abril [1847], p. 4 “Aviso Inspección de la Servidumbre Doméstica”. 26 Blas José Gutiérrez Flores Alatorre. Leyes de la Reforma. México, Miguel Zornoza impresor, 1870, tomo I, pp. 334-415. 27 BMCM Colección de bandos originales 1864-1868 [probablemente de 1864]. 28 AHDF Vagos, vol. 4151, exp. 14.

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El caso extremo en las medidas de contención destinadas para ese grupo de trabajadores ocurrió en el Estado de Tamaulipas; en el que su legislatura expidió un decreto en 1831 que sujetaba a los criados a sus patrones (sus “amos” en el lenguaje de la ley) de tal forma que aquellos y sus familias quedaban en un status cercano a la esclavitud. En él se establecía que “los amos son responsables por la conducta de sus sirvientes, y por lo mismo se les dá sobre ellos la autoridad de los padres sobre los hijos para que los corrijan y castiguen paternalmente. Esta misma autoridad tendrá sobre la familia del sirviente que viva con el amo”. Su artículo 3º disponía que, “si las faltas de un sirviente fueren muchas o graves, ya porque falte frecuentemente al servicio, o ya porque falte al respeto al amo, será castigado por el juez con dos meses de grillete si es hombre, y de corma si es mujer, en la casa del amo, pudiendo éste aminorar la pena a su arbitrio”. El 4º preveía que, “el que corregido una vez conforme al artículo anterior reincidiere será sancionado y destinado a servir un año en las obras públicas con un grillete, y si fuere mujer con un año de reclusión”. Por último, en el 5º se decía que “en ningún caso perderá el amo lo que le debe el sirviente; y concluida la condena volverá al servicio del amo si lo pidiere, o si pasare al de otro éste pagará la deuda”. Comentando el decreto anterior, un articulista del periódico El Sol se lamentaba por el “tristísimo aspecto que deben presentar las casas de Tamaulipas convertidas en cárceles privadas, haciéndose percibir en ellas el ruido de las cadenas. Y ¿dónde? En que qué país se verifica todo esto? En un estado de la República Mexicana, en un pueblo libre, que goza, como todos, de un gobierno representativo, y en donde deberían desterrarse de todos los actos que envilecen al hombre y procurando inspirarle ideas elevadas de su ser”.29 Los criados, al igual que los presuntos vagos en general, estaban excluidos de los derechos de ciudadanía por disposiciones expresas de las cartas constitucionales de la época, con independencia de su orientación política.30 En su caso por partida doble: en tanto domésticos y por “mal entretenidos”. Aunque podrían gozar de ciertas concesiones, como el no estar sujetos a contribuciones extraordinarias durante el régimen centralista. Para efectos de las disposiciones de ese tipo se reputaban como “sirvientes domésticos todos aquellos dedicados al servicio económico de las familias y establecimientos públicos, ó la comodidad personal de sus amos”.31 29 El Sol no. 898, jueves 15 de diciembre de 1831. 30 En la 1ª ley constitucional (artículo 10, párrafo 2) de las centralistas Siete Leyes, expedidas en 29 de diciembre de 1836, se asentaba: “Los derechos de ciudadanía se pierden totalmente por ser vago, mal entretenido o no tener industria o modo honesto de vivir” [En Dublán y Lozano, op. cit., tomo III, num. 1806]. Las Actas de Reformas de mayo de 1847 contenía semejante disposición en su artículo 3º. Por otra parte, aunque no tenía el status constitucional de las anteriores, pero el Estatuto Orgánico del Imperio -promulgado el 19 de diciembre de 1865-, igualmente suspendía la ciudadanía a los ebrios consuetudinarios, tahúres de profesión y a los vagos (art. 22, párrafo III). [BMCM, Colección de bandos originales. Año de 1865]. 31 Sus excepciones en el pago de contribuciones extraordinarias se encuentran en una ley del 19 noviembre de 1838, ” Sobre que se haga efectiva la recaudación del arbitrio extraordinario, y se suprima el impuesto a jornaleros y sirvientes domésticos” y en el decreto del 7 abril de 1842 sobre contribución de jornales, salarios, sueldos, etc., en Dublán y Lozano, op. cit., tomo IV, núm. 2311.

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3.2 Los artesanos desaplicados En un comunicado aparecido en el diario El Sol en julio de 1831, se criticaba que “en los talleres faltan los oficiales a sus compromisos, dejan de trabajar media semana, y a veces todas enteras, manteniendo a sus familias llenas de miseria y ellos en las vinoterías a costa de petardos, pero si son libres para trabajar o nó ¿qué se le ha de hacer?” Para su autor, oculto bajo el pseudónimo de “Argos”, tales trabajadores “son de la gente más perversa que tiene la plebe mexicana, sin que se pueda corregir el que las casas de trato se provean de otros mejores, porque es constitutivo de los que se dedican a tal profesión el que sean ladrones, ebrios escandalosos y valentones; así es que todos ellos andan encuerados no obstante que ganan 4 reales diarios, amén de algunos gajes que les aumenta su haber. Como es una gente tan perdida, nunca cumple los compromisos que contraen en las casas donde sirven, porque cuando ya están fatigados de la necesidad de la calle, y sus miserables familias con sus lagrimas los obligan a buscar dónde acomodarse, lo primero que hacen es pedir 8, 10 o 20 o más pesos en cuenta de su trabajo, procurando en cualquier descuido robarle al amo lo que pueden [...]”. El remedio propuesto por el autor del comunicado para corregir tales costumbres de los artesanos era que, “si yo mandara publicaría un bando que entre otras providencias contendría la siguiente: ‘El tocinero, panadero o menestral de cualquiera clase que falte, se huya de la casa que sirve, o no vuelva el día que se les dé paseo para lavarse, se corregirá por la 1ª con 8 días de obras públicas, doble por la 2ª y a la 3ª será sentenciado como vago’”.32 Lo que probablemente desconocía el irascible editorialista es que la “solución” que proponía para el desarreglo de esos trabajadores ya estaba prevista en la legislación sobre vagancia desde la época colonial. En la Instrucción de Corregidores, publicada el 15 de mayo de 1788, estaba asentado que en “la clase de vagos son comprendidos y deben tratarse como tales, los menestrales y artesanos desaplicados que aunque tengan oficio, no trabajan la mayor parte del año por desidia, vicios u holgazanería; a cuyo fin estarán siempre a la vista para saber los que incurren en este vicio”. La vigencia de dicha disposición en el México independiente fue expresamente ratificada en el decreto del gobierno santaannista ya citado del 11 de agosto de 1834; el cual, además, disponía en hacer responsables a los maestros artesanos de la conducta de sus oficiales, y la de exigir para admitirlos constancias firmadas por sus anteriores patrones; quedando a su discreción recibir a los noveles o aprendices, conscientes de la responsabilidad contraída.33 Como tampoco faltaran las disposiciones tendientes a reprimir la costumbre de los trabajadores de la época por el juego en los locales de reunión popular y en calles y plazas públicas. En la Ley General de Policía del Segundo Imperio, publicada en 1865, se declaraban “en toda su fuerza y vigor las disposiciones 32 El Sol, año 3, núm. 733, domingo 3 de julio de 1831. 33 AHDF Vagos, vol. 4151, exp. 148.

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que prohíben a los artesanos y menestrales de cualquier oficio, así maestros como oficiales y aprendices, y a los jornaleros, el que jueguen aunque sean juegos lícitos en días y horas de trabajo; y en caso de contravención, incurrirán en diez días de cárcel por la primera vez, doble por la segunda, triple por la tercera y un año por las sucesivas”.34 Lo mismo acontecerá con la práctica casi ritual del “San Lunes”, tan arraigada entre el artesanado y la clase trabajadora en general de la Capital. Nadie mejor que Manuel Payno entendió y expresó lo que significaba su llegada cada semana para ese sector del pueblo: : San Lunes. Glorioso, magnífico, espléndido para los artesanos de México, no tienen durante la semana otra idea, otro pensamiento, otra ilusión. Desde el martes, los días de la semana les parecen una eternidad; y sin embargo, trabajan y trabajan, velan y se fatigan, y se cortan las manos con los instrumentos y hacen los más grandes esfuerzos para entregar la obra el sábado o domingo, y todos estos sacrificios, todos estos afanes son porque de llegar tiene el glorioso, el suspirado San Lunes. ¡Quién piensa en el porvenir! ¡A quién le ocurre echar en una alcancía un poco, una mínima parte del jornal para que tenga siquiera qué comer durante 3 ó 4 días! ¿Comprar unas enaguas a la mujer buena y fiel que vela por el marido, que le lleva de comer cuando esta preso, que sube y baja, llorosa, con su rebozo en los ojos, las escaleras de la Diputación para conseguir, si no hay otro modo, a costa de un momento de olvido la libertad del marido? Ni pensarlo, mucho menos. Los hijos andan sin zapatos, no pueden ir a la escuela porque no hay cuartilla para comprarles en casa de Abadiano un silabario y una tabla de cuentas; el casero toca la puerta, y no hay para pagarle la renta; la accesoria sin una silla; todo dado al diablo; pero ¡cómo ha de ser de otra manera! Es viernes ya, ¡gracias a Dios! San Lunes está cerca, es necesario sacrificarlo todo por este día sagrado que los artesanos mexicanos observan con más exactitud que los musulmanes el Ramadán. Sólo que entre los asiáticos es el ayuno, y entre los americanos la hartura, la indigestión y la crápula […] siempre hay algo secreto y reservado entre ellos y la familia, y es el San Lunes. Guardan lo que pueden de dinero, se marchan de la casa a escondidas, porque las mujeres o las queridas se oponen generalmente a las festividades de San Lunes, y regresan las más de las veces heridos o contusos, sin un ochavo en la bolsa, si no es que van a pasar la noche a la Diputación.35

Tan inveterada costumbre se intentó erradicar en la misma época del gobierno imperial encabezado por el príncipe europeo, y los “san luneros” perseguidos y consig34 Ley Sobre la Policía General del Imperio publicada el 1º de Diciembre de 1865, art. 113, capítulo undécimo “Jugadores”. 35 Manuel Payno. Los bandidos de Río Frío. 13ª ed. México, Porrúa, 1986, (“Sepan Cuantos”, 3), p. 86.

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nados como vagos por las autoridades políticas y policíacas.36 Con anterioridad, el gobierno emanado de la Revolución de Ayutla, así como el juarista asentado temporalmente en la Capital de la República en 1861, dispusieron medidas encaminadas hacia el mismo objeto. Al ordenar el primero, mediante un reglamento de pulquerías dado a conocer en 9 de abril de 1856, “que se consideren y juzguen como vagos a los que por tercera vez están en las pulquerías más tiempo del necesario para beber el pulque que compren; a los que por tercera vez se excedan en la bebida hasta el grado embriagarse, y a los que también por tercera vez se hallen en juego, baile, comida ó música en las pulquerías”.37 Los concurrentes a las tabernas o vinoterías tampoco se escaparon a los intenciones correctivas de dicha administración, ya que semejantes prevenciones estaban contenidas en un bando respectivo publicado el 20 de mayo del mismo año. Por su parte, el gobierno del Distrito Federal con el radical Juan José Baz al frente hizo publicar un aviso el 13 de noviembre de 1861, en que con el deseo “de evitar los graves males que resultan a la sociedad y a los ciudadanos en particular por la falta de dedicación al trabajo, y considerando que no basta tener oficio ú ocupación si de hecho no se ejerce el uno ó la otra”, se designaba como vagos: “a los que se encuentran de continuo en las tabernas, cafés, billares, pulquerías, atrios o plazas públicas en días de trabajo, y en las horas en que cada individuo debe estar dedicado a él por razón del oficio u ocupación que ejerza”. Mandando “que tal polilla fuera perseguida y destinada conforme a las leyes”.38

3.3 Los oficios callejeros Las disposiciones contra la presunta vagancia o mal entretenimiento de artesanos y sirvientes se hicieron extensivas a la multitud de trabajadores que daban sustento a los servicios públicos de la ciudad; además de darle una fisonomía peculiar al paisaje humano que pululaba por sus calles y plazas públicas. Según la Guía de Forasteros publicada por Almonte en 1852 existían en ella 847 aguadores, 94 billeteros y 1600 cargadores.39 Para entonces los aguadores estaban debidamente organizados a fin de preservar literalmente “la fuente de trabajo” de sus agremiados. Conforme a su reglamento de 16 de diciembre de 1850 se exigía patente o licencia para su ejercicio; se les prevenía que debían presentarla el día último de cada mes a su capitán para que éste anotara en ella la conducta observada y asistencia del aguador; imponiendo por su carencia la primera vez la pena de dos reales a cinco pesos, o de dos a ocho días de grillete; y por la segunda ser destinado como vago el intruso o infractor.40 Los aguadores se 36 AHDF Vagos, vol 4787, exp. 656 “Acuerdo del Jurado Calificador de Vagos para que se proceda a la aprehensión de los que se encuentran en las pulquerías embriagándose, y son conocidos con el nombre de ‘san luneros’”. 37 Blas José Gutiérrez Flores Alatorre, op. cit., tomo I, p. 338. 38 Manuel Dublán y José Lozano, op. cit., tomo 9, p. 324, núm. 5471. 39 Juan N. Almonte, op. cit., p. 487. 40 Blas José Gutiérrez Flores Alatorre, op. cit , tomo I, pp. 334-415.

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hallaban repartidos en ocho grupos correspondientes a cada uno de los cuarteles mayores en que estaba dividida la Capital. Cada grupo tenía un capataz y cada fuente pública un celador nombrado de entre los mismos trabajadores. El cargo de celador duraba un día y era desempeñado por turno en el orden numérico de los aguadores. El deber del celador se limitaba a hacer cumplir las disposiciones relativas al aseo de la fuente. El turno de los celadores era llevado por el capataz respectivo, quien cuidaba del cumplimiento de su reglamento.41 La primera disposición de este género relativa a los aguadores de la ciudad databa apenas de dos años antes, elaborada en febrero de 1848 por los miembros de la llamada Asamblea Municipal presidida por Francisco Suárez Iriarte; aunque desde 1843 se había planteado la necesidad de su reglamentación. El gobernador del Distrito de México de entonces, el general José Rincón, en reunión del Cabildo capitalino expuso “que el conocimiento que hoy tiene de los negocios de policía lo persuaden de que generalmente los aguadores, sorprendiendo los secretos de las casas y familias son algunas veces los introductores de los ladrones en ellas; que para evitar estos daños deseaba saber si existen algunas providencias de policía relativas a estas personas y a los cargadores, que debían reglamentarse como lo están en todas partes donde hay una buena policía”. Ante la carencia, Rincón formuló la propuesta de que la comisión municipal de policía formará un reglamento, “a fin de impedir los abusos que cometan los aguadores contra la seguridad de las casas y contra su surtimiento oportuno del agua”.42 Propuesta que esperaría su concreción hasta los días en que la Capital de la República se encontraba bajo la ocupación de las fuerzas estadounidenses. La reglamentación del ramo por Suárez Iriarte y compañía hacía énfasis en el registro de los aguadores ante la autoridad municipal, mediante un documento en que constase su “buena conducta” suscrito “por alguno de los comerciantes que tengan tienda o establecimiento mercantil o industrial”. Requisito sin el cual no podían acceder al trabajo.43 De forma paralela al caso de los aguadores, otras ocupaciones callejeras indispensables para el funcionamiento regular de la ciudad vieron reglamentados su ejercicio hacia mediados de siglo por la propia corporación municipal capitalina; disposiciones en las que las alusiones a la vagancia de los contraventores no fueron escasas tampoco. Se trataba, entre otros, de los cargadores, cocheros y carretoneros. En relación con los primeros, su reglamento de 30 de septiembre de 1850 prohibía que en los mercados públicos hubiese cargadores menores de edad, ordenando su retiro para que aprendiesen otro oficio u ocupación. De modo semejante al de sus compañeros de la vía pública que abastecían del vital líquido a los habitantes de la ciudad, se exigía la patente respectiva para emplearse como ”mozos de cordel”, que ese era su nombre 41 AHDF Policía en General, vol. 3632, exp. 370, año 1849. 42 Acta de Cabildo del 23 de octubre de 1843. 43 BMCM Bando del 21 de febrero de 1848 de Francisco Suárez Iriarte, presidente de la asamblea municipal de México.

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oficial. A su falta, podrían ser acreedores a las mismas penas que aquellos, tachándose de vago por la segunda vez que no la mostraran. Adicionalmente se declaraba en su artículo 24 “que el que se separare del ejercicio de cargador sin dar aviso a su cabo, será tenido por vago y destinado como tal”; en tanto que en el 23 se disponía “que siempre que algún cargador fuese acusado y juzgado por algún delito ó falta, el juez en su patente expresará bajo su firma el resultado del juicio”.44 Los “mozos de cordel” estaban organizados al modo de los aguadores; en su caso estaban divididos en cuatro grupos, correspondiendo cada uno a las cuatro partes en que se podía dividirse a la ciudad, “a saber: de oriente a poniente desde la fuente de la Victoria del Paseo de la Independencia [hoy Bucareli] á la plaza Mayor y desde la calle del Arzobispado hasta la garita de San Lázaro; y de Norte a Sur por todas las calles que están en la línea de las de Monterilla, Portal de Mercaderes y Empedradillo”. Cada grupo tenía un capitán nombrado por la comisión de policía municipal. Los cargadores contaban con “el privilegio” de situarse en las principales esquinas de la ciudad sin ser molestados por la policía, siempre y cuando mostraran su patente y llevasen “sobre el pecho el escudo y número que se les dé a conocer.” No así sus posibles vecinos de barrio o de sus casas de vecindad, que hallándose en los mismos sitios, especialmente en días y horas de trabajo, y que “por sus maneras o aspecto dieren lugar a que las sospechas sean vehementes” de ser “vagabundos”, a criterio de los agentes conocidos como guardas diurnos, éstos estaban facultados para aprehenderlos y conducirlos ante las autoridades municipales o del gobierno del Distrito Federal para ser examinados.45 Por otra parte, en un proyecto de reglamento para los “coches de providencia” o de alquiler, discutido en el Cabildo de México a mediados del año de 1844, se establecía una administración principal de la que dependían los sitios de los mismos distribuidos en la ciudad. Los conductores, clasificados en propietarios y supernumerarios, para ser recibidos en alguna casa prestadora de ese servicio debían presentar “papel del último amo a quien hubiese servido, en el que constará la causa de su separación, y en mismo asentará el administrador una nota informativa de la conducta que el cochero hubiera tenido, cuando ha servido en los sitios públicos”. Entre las atribuciones del administrador general estaba, según su artículo 53, el de “llevar un libro en donde consten los nombres de los cocheros, a quienes se les haya aplicado algún castigo, ó se les haya separado de los sitios por sus vicios o faltas, para que pueda dar con exactitud los informes que se le pidan”. El mismo directivo podía remitir a la cárcel a disposición del juez competente a los cocheros que faltaran al reglamento.46 No solamente los manejadores del transporte público eran motivo del cuidado de las autoridades. También lo fueron sus acompañantes habituales llamados “ros44 Véase Reglamento de cargadores de 30 de septiembre de 1850, en Blas José Gutiérrez Flores Alatorre, op. cit., tomo I, pp. 334-415. En la misma fuente puede verse el Reglamento de carretoneros de 16 de marzo de 1858, que contenía semejantes disposiciones para esta clase de trabajadores. 45 Loc. cit Reglamento de guardas diurnos de 6 de mayo de 1850. 46 Actas de Cabildo del 10, 15 y 21 mayo, 14 junio y 19 julio de 1844.

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quetes”, tipos equivalentes a los “sotas” de los carruajes foráneos, que ganaban su subsistencia anunciando el destino de los coches por la ciudad y acomodando a los pasajeros en su interior; quienes serían considerados como vagos en la ley dispuesta en la materia por el gobierno imperial del 1º de marzo de 1865;47 así como “los muchos vagos que hay en el sitio de coches de providencia –según observaba el regidor José María Vicario en su sede central ubicada en la Plaza Mayor-, los cuales, cuando alguna persona va a tomar coche, se suben a su tablita y al lograrlo les exigen al que los ocupa una gratificación; con la cual se grava al público, se les fomenta la ociosidad a esos vagos y son contra la policía por presentar una vista desagradable esos andrajosos en los coches”.48 Pero, si hubo algunas actividades callejeras que merecieron la atención de las autoridades para su regulación y, eventualmente, disponer su prohibición, esas fueron el voceo de los papeles impresos y la venta de los billetes de la lotería; atribuyéndoles de manera reiterada a sus expendedores presunta vagancia y mal entretenimiento. El notable geógrafo e historiador don Antonio García Cubas rememoraba cómo en los días de su juventud, “por las plazas y calles de la ciudad, corrían los pilluelos, con sus hojas noticieras en la mano, gritando según los tiempos y la política dominante: ‘la derrota del fasioso Pueblita o la derrota del Macabeo Miramón’. No había casa de la cual no querían aquellas llamadas para imponerse con avidez sus moradores, de todos los detalles que del nuevo acontecimiento propalaban las noticias, unas veces ciertas y otras falsas, descubriéndose por los mismos conceptos de los partes oficiales las imposturas, entre las que resultaban la que se refería al prodigioso número [de muertos y heridos infringidos a las fuerzas de la oposición, mientras] que en las filas de los soldados fieles contaban solamente un muerto y dos contusos”.49 Sus vendedores especialmente se congregaban en los portales de la Plaza Mayor o Zócalo, donde se daba la presencia pertinaz de “jóvenes de ambos sexos (que) se extravían por andar bagando de villeteros, y gritones de papeles” (sic). Desde fines de la época colonial ambas figuras populares habían sido objeto de las reconvenciones de las autoridades establecidas; las que se reproducirían aun con mayor acritud en los tiempos republicanos, multiplicándose la expedición de disposiciones tendientes a su contención. En una orden de la Real Audiencia de México de 7 de julio de 1810, y publicada en 13 de julio del mismo año, se prohibía la reventa de los billetes de la lotería, entre otra razones, por los “perjuicios graves en lo moral y en lo político con la vagabundería de las personas de ambos sexos que se emplean en tan reprobado tráfico con daño trascendental á la minería, á la agricultura, á las artes y oficios donde y deben destinarse”. En vista de lo cual, “todo individuo de cualquiera clase ó condición que sea, que se encuentre vendiendo públicamente billetes, 47 Reproducido en la Ley sobre la Policía General del Imperio, publicada el 1º de diciembre de 1865, capítulo X “Vagos”, art. 74, fracc. XI. 48 AHDF Policía en general, vol. 3630, exp. 216. Año de 1825. 49 Antonio García Cubas. El Libro de mis recuerdos. México, Porrúa, 1986. (Biblioteca Porrúa), p. 618.

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será aplicado al servicio de las armas por sospechoso de vago y mal entretenido, y al hospicio de pobres al que por su edad y circunstancias resultare inútil, procediendo los jueces de la jurisdicción real ordinaria á la aprehensión de los transgresores, y sustanciación de sus causas breve y sumariamente, dando cuenta á este superior gobierno”. Poco antes de la Consumación de la Independencia, el virrey Conde del Venadito expidió varios bandos con el propósito “a evitar la holgazanería y otros males consiguientes á estas clases de ocupaciones en las personas de ambos sexos”. En uno de ellos, de marzo de 1821, se prohibía “en absoluto se expenda por las calles ningún papel de los que se impriman, sea cual fuese el individuo que á ello se dedique; y también que dicha prohibición se entienden en los mismos términos con respecto á la venta de billetes de loterías o rifas, pues la de estos y aquellos se ha de verificar en los puesto determinados á voluntad del autor de los primeros y del señor director general del ramo á que pertenecen los segundos”, bajo la pena de una multa de 25 pesos a los contraventores. Determinación que no era compartida por el propio director de la Lotería, quien se opuso “a que se impida a los muchachos y demás vendedores de billetes y papeles, que [se] ocupen de expenderlos por las calles”. Para dicho funcionario no debía tenérseles ni nombrar por vagos, “en consideración a que este ejercicio es el oficio que han tomado y nadie puede obligarlos a que elijan otro”.50 Ya en el México independiente, el jefe político superior Francisco Molinos del Campo hizo publicar el siguiente aviso el 6 de junio de 1823, cuyos conceptos relativos al voceo de papeles retomaba en sustancia lo dicho por las autoridades novohispanas: AVISO AL PÚBLICO. Siendo uno de los primeros objetos de un gobierno justo y libre el evitar por cuantos medios estén a su alcance la ociosidad y la vagamundería, fuente desgraciada y extraordinariamente productora de los males y escandalosos vicios que trastornan la sociedad, y atacan los mejores y más sanos principios de moralidad y política, y teniendo aquella un fomento y plantel en la muchedumbre de hombres, mugeres y jóvenes que sin otra dedicación útil á ellos mismos y á la dignidad de la Nación mexicana, se emplean en expender impresos por las calles, mando que desde el día 9 del corriente nadie venda ni se ejercite en esto, en el concepto de que á cualquiera que infrinja esta disposición se le destinará por la primera vez irremisiblemente por el término de seis meses al Hospicio de Pobres, y por la segunda al mismo lugar, en donde permanecerá hasta que allí aprenda algún oficio con que pueda sostenerse honradamente, á cuyo fin tengo ya tomadas las providencias convenientes en aquel establecimiento, quedando para la mencionada venta de impresos los lugares y puestos públicos en que antes se ha hecho.51

50 AHDF Policía en general, vol. 3630, exp. 204. años 1821-1835. 51 Loc. cit.

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Su sucesor en el cargo, el general Melchor Múzquiz, no se quedó atrás a ese respecto, pues en febrero de 1824 advertía a los miembros del municipio la existencia “en los portales, [de] reuniones de hombres y mujeres, unos bajo el pretexto de expender billetes, otros aun sin este motivo contravienen esas providencias, con enorme perjuicio de la educación pública, por hallarse [en] la [ociosidad] y vagamundería, desgraciadamente sostenidas en esas hordas de holgazanes que sin una ocupación útil y permanente, puede decirse que están en el aprendizaje del crimen”.52 Unos y otros serían, desde luego, incluidos en las leyes de vagos que dieron lugar a al juzgado especial erigido en la materia. Tal como ocurrió con la promulgada en febrero de 1845, que lo restableció por segunda vez. Consideración que fue ratificada en un bando del 12 de diciembre de 1846, el cual fijaba reglas para el voceo de papeles. En la prevención tercera de éste se disponía que “los menores de 25 años y mayores de 14, no podrán dedicarse exclusivamente al giro de vendedores de papeles, que sólo podrán ejercer previa la licencia de algún señor alcalde, a quien acreditarán tener oficio; mas los que no tengan 14 años quedan prohibidos de ejercer tal industria”. En tanto que un reglamento de la venta de billetes de las loterías, publicado mediante bando de 30 de septiembre de 1851, exigía patente a los vendedores de ellos; y enunciaba en su regla séptima que “los que vendieren billetes contraviniendo a lo dispuesto en este bando, serán arrestados inmediatamente, y si todavía están en la infancia, según su sexo, [se remitiesen] a una amiga o escuela de la municipalidad, o a cualquiera otro establecimiento para que se les dé la educación conveniente; si han llegado a la juventud, a un taller o establecimiento en donde principalmente se les enseñe algún arte u oficio, y si ya hubieran pasado de la edad propia para aprenderlo, se les tendrá por vagos, y como tales se les destinará teniendo para ello en consideración su sexo, edad y salud”.53 En el caso del voceo de papeles dichas medidas prohibitivas no estuvieron exentas de connotaciones políticas; justificándolas en trasgresiones a la leyes de imprenta vigentes, con el “fomento de papeles con títulos alarmantes y subversivos”. En ese sentido, proliferaron las disposiciones de censura poco antes y durante el gobierno del general Guadalupe Victoria, en el apogeo de la lucha de facciones yorkina y escocesa. Lo mismo aconteció con el primer ascenso al poder del general Antonio López de Santa Anna en 1834, tras derogar las medidas reformistas impulsadas por la administración de Valentín Gómez Farías.54 A las que habría que agregar las expedidas en las críticas circunstancias para el país derivadas de las guerras de intervención extranjeras. A resultas de la “Guerra de los Pasteles” contra la Francia se decretó la 52 Loc. cit. 53 Blas José Gutiérrez Flores Alatorre, op. cit , tomo I, pp. 337- 338. 54 Los decretos sobre el voceo de papeles correspondientes a esas épocas fueron los siguientes: los de 6 de junio y 24 de diciembre de 1823; 14 de febrero y 9 de abril de 1824; 2 de noviembre de 1826; 18 de agosto de 1827; 24 de Abril y 9 de octubre de 1828; 22 de marzo y 22 de mayo de 1834, en AHDF Policía en general, vol. 3630, exp. 204, “Voceo de papeles, providencias para que se prohíba el voceo y fijar pasquines y caricaturas en las esquinas”. 47 fs.

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prohibición de papeles contrarios a la nación el 31 diciembre de 1838; y con motivo de la invasión estadounidense, las dadas a conocer el 11 de diciembre de 1846 y 27 de marzo de 1847. Tal abundancia y reiteración de disposiciones en el asunto de los billeteros y voceadores dieron lugar a críticas por su notoria inobservancia o trasgresión. Así, un impaciente “R. S.” se preguntaba en El Siglo XIX en 1845: ¿Por qué fatalidad jamás tendrán cumplimiento en México las leyes? ¿Por qué especialmente en esta Capital, a la vista de las autoridades y a su lado se infringen aquellas tan luego como se publican, desatendiéndose de su observancia los primeros que deben cumplirlas y hacer que se cumplan? A la verdad que esto es escandaloso, y si no dígalo el decreto sobre vagos, publicado en febrero pasado […] Y bien; es necesario no vivir en México para no ver ni oír, especialmente por la plaza del mercado, a pocos pasos de distancia de los poderes supremos y departamentales, vocear todos los días una multitud de papeles a cual peor y solo propios de la pluma que los escribe; cuál, con versos, o mejor decir, perversos, sobre todas materias; cuál, con noticias truncas o impertinentes o falsas, entre ellas la que oí gritar hace 3 ó 4 días sobre la renovación del Señor de no se qué pueblo & &., y todos estos fárragos, voceados por hombres que no tienen más ocupación, así como los otros, que aturdir al público con sus gritos, y la muy lucrativa de sacar pañuelos y cogerse la que puedan; y por último, por mujeres tan sanas y perjudiciales como los otros; y dónde me dejan Uds., a los vendedores de fósforos?... Pues bien, todo esto lo ven y saben las personas y autoridades, y como si todo pasara en Londres, ni se pone el remedio. ¿Hasta cuándo dejarán de ser nuestras leyes un pedazo de papel impreso? ¿Hasta cuándo serán cumplidas, especialmente por los encargados de su custodia y observancia?55

3.4 Las actividades marginales Con la actualización de la Real Orden de 1745 en la legislación sobre vagancia del México independiente, se retomaron casi literalmente varias de las categorías y tipos sociales contenidos en dicho decreto, procurando según el caso su adecuación a las condiciones y costumbres del país. Algunos de los mismos hacían referencia a actividades consideradas socialmente improductivas, teniéndose por “vagos a los que aunque parece que tienen alguna industria, en realidad no les puede bastar para subsistir, o es mas perjudicial que útil a la sociedad”.56 Entre ellos, se contaban “los que andan (en los) pueblos con golosinas para darlas a los muchachos, si no justifican que la venta de ellas les produce lo suficiente para mantenerse”; a los que se sumaban “los 55 El Siglo XIX número 1250, viernes 2 de mayo 1845. Remitidos. “Vagos”. 56 El Sol, año 3, núm. 990, miércoles 1 marzo de 1826. Sesión del 24 de febrero de 1826 de la Cámara de Senadores. “Continuó la discusión del proyecto de ley sobre vagos”.

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que con alcancías, vírgenes y rosarios andan por las calles o pueblos, pidiendo limosna sin licencia eclesiástica y gobierno”; “los que fuera del atrio de las iglesias colectan para misas”, o los que “por las noches se acercan a las parroquias pidiendo lo que llaman bolo”, en las ceremonias de casamiento, bautizos y otras sucesos familiares.57 Otras actividades del mismo tenor, como las de “los que andan por las calles, o vagando de un pueblo a otro con algunos instrumentos de música o de otra clase, o con animales adiestrados, chuzas, dados u otros juegos de suerte y azar para ganar su subsistencia”, fueron después suprimidas en la ley de vagos vigente durante el Segundo Imperio en aras de alentar la inmigración extranjera al país. El autor de dicho decreto, sin duda un jurisperito en la materia, justificaba su derogación en que: No solo me ha inducido a ello el ejemplo de los pueblos cultos de Europa, en que tal ocupación se considera lícita, sino también las consideraciones de que muchos extranjeros vienen a este país sin otra industria que esa, que aquí abandonan para dedicarse al comercio u otras industrias; de que esa ocupación requiere un pequeño capital y no puede, por los mismo vulgarizarse mucho; de que se condenaría a la pérdida de este capital y a una miseria horrible a los extranjeros que viene al país con este solo ejercicio, finalmente, de que no se ven los perjuicios que tales músicos causen y sí, por el contrario, pudiera atribuírseles, aunque en pequeña escala, los buenos resultados que la música, como las demás artes liberales producen en los pueblos.58

No sucedió lo mismo con los musicantes nacionales, especialmente aquellos que “con arpas, vihuelas u otros instrumentos dan músicas en las vinaterías, bodegones o pulquerías”, considerándoles vagos en varios decretos de la época (dados en los años de 1845, 1848, 1853 y 1865). Para don Blas José Gutiérrez tales músicos, como aquellos que iban por las calles con animales amaestrados para ganarse la vida, “no pueden ser vagos, supuesta que realmente trabajan dando músicas ó con los animales que han educado. De otro modo habría que perseguir á los maromeros, titiriteros, cirqueros, cómicos de la lengua, bailarines, etc.”. Creía que tales ocupaciones no pugnaban con el artículo 4º de la Constitución de 1857 sobre libertad de trabajo.59 Otros tipos populares “marginales”, frecuentes de ver en las calles y plazas de la ciudad, entre ellos los mismos maromeros y los neveros callejeros, aunque incluidos en proyectos de las leyes de vagos de 1828 y 1845, respectivamente, fueron desechados en la versión final de esos decretos. El autor de la primera ley, el radical Lorenzo de Zavala, lo justificó en “que no tuvo por conveniente seguir en esta parte las leyes 57 Ley para corregir la vagancia promulgada por Maximiliano, Emperador de México, mediante bando del 1º de marzo de 1865. 58 AGN Fondo Gobernación, Decretos y circulares D. F., sin sección; sin fecha (2º Imperio). Manuscrito donde se hacen observaciones al Proyecto de Ley de Vagos (1865). 1 exp. El autor de tales observaciones es probable que se trate de Fernando Ramírez, jusperito y un político moderado, para entonces un fiel colaborador del régimen monárquico. 59 Cfr. Blas José Gutiérrez Flores Alatorre, op. cit , tomo I, parte III, p. 837.

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de España, porque hay muchas cosas de las que ellas prohibía, que solo por eso no eran lícitas; pero que entre nosotros sí se tienen por tales porque son objeto de la diversión ó el gusto de muchos individuos; y así se mira como una ocupación honesta la de los maromeros y turroneros &c”.60 Con respecto a los neveros, pese a esa exclusión, fueron denunciados en ocasiones ante el ayuntamiento por “cantar por las calles versos obscenos que ofenden el pudor, la decencia y la moral”. Tal como ocurrió en febrero de 1842, según la queja publicada en el periódico ya citado de La Bruja dirigido por Rafael Pastor; en el que se decía que “los pillitos que con pretexto de vender nieve andan cantando versos impúdicos y escandalosos” en la vía pública, principalmente al anochecer”. Enteradas las autoridades municipales, mandaron su aprehensión por medio de los agentes de la policía.61

3.5 De enreda-pleitos al banquillo de los acusados La política seguida contra los “vagos” no solamente se redujo a los sectores del proletariado urbano o marginal antes dichos, sino también se dirigió hacia ciertos grupos cuya sola existencia ponía en entredicho la potestad y facultades del Estado en la regulación de las profesiones liberales, así como afectaban poderosos intereses gremiales establecidos en éstas. Esta vez no se trataba de la sujeción social o la disciplina para el trabajo de sectores más o menos amplios del pueblo común, sino el de atender aquellos grupos en especifico que contravenían la injerencia estatal cada vez mayor en el ejercicio de las ocupaciones profesionales y en la educación superior; a la vez de proteger las prerrogativas de asociaciones profesionales que en el terreno social y el político se contaban entre las más influyentes.62 Nos referimos a los llama60 El Sol, año 3, núm. 990, miércoles 1 de marzo de 1826.. Sesión del 24 de febrero de 1826 de la Cámara de Senadores. 61 AHDF, Policía en general, vol. 3631, exp. 283; Acta de Cabildo del 1º de marzo de 1842 y La Bruja, núm. 34, del sábado 26 de febrero de 1842. 62 En el caso de los abogados de la Capital de la República, éstos se hallaban agrupados en el “Ilustre y Nacional” Colegio de Abogados, erigido por real cédula del 21 junio de 1760 para el control del ejercicio de la profesión mediante el reconocimiento oficial de sus agremiados; al mismo tiempo de tener fines mutualistas (como eran el socorro de sus miembros y sus familias en caso de enfermedad o fallecimiento). Perdida aquella prerrogativa con el advenimiento de la República y la adopción de los principios liberales anticorporativos y de libertad de trabajo, sus estatutos se reformaron en 1828 para adecuarlos a los nuevos tiempos; en los cuales el Colegio no vio disminuida su importancia gremial y política, pues lo integraban muchos de los más calificados y reconocidos abogados. Siendo la pertenencia al mismo una condición necesaria para el acceso a los cargos más relevantes de la judicatura, la academia y otros empleos relativos. El Colegio sobrevivió al intento del gobierno juarista por suprimirlo en 1861, como secuela de la política reformadora de antiguas corporaciones emprendida por el presidente Juárez y el grupo de liberales que integraban su gabinete; aceptando la agrupación su subordinación a la dirección del Estado en la formación académica de los profesionales del derecho y la autorización de los títulos correspondientes. Cfr. Alejandro Mayagoitia y Hagelstein, “Juárez y el Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México, libertades en jaque en el México liberal”, en Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, p. 167. Tratándose de los médicos, algunos de los más distinguidos se congregaban en la Facultad Médica del Distrito Federal. Fue ésta una de las primeras instituciones reguladoras del ejercicio de la profesión después de la extinción del Protomedicato colonial, la cual fue fundada en 21 de enero de 1832. Los antecedentes de la citada

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dos tinterillos o huizacheros y a los curanderos, considerados respectivamente como “agentes intrusos” en el ejercicio de la abogacía y la práctica médica respectivamente. Antes de ocuparnos de ambos tipos sociales, habría de considerarse que todavía a fines del gobierno colonial el número y el peso específico de los profesionistas era reducido. Como nos lo hace ver David Brading en su esclarecedor estudio sobre la sociedad novohispana: “Las profesiones liberales –que eran el campo de actividades escogido por los criollos- sostenían a unas cuantas personas. Una encuesta oficial realizada en 1803 arrojo el resultado de que en la Nueva España había 386 abogados, de los que únicamente 210 estaban en ejercicio. La gran mayoría de ellos (más de 171) vivía en la ciudad de México. No obstante, aún para este pequeño número resultaba difícil ganarse la vida […]. Las demás carreras eran más difíciles. Había menos médicos que abogados; en 1793 no llegaban más que a unos 140”.63 Su cuantía –en el caso de los abogados particularmente- parece haberse incrementado sustancialmente en los primeras décadas del México independiente. Tanta que, al decir del Dr. Andrés Lira, “se pensaba que nutrir sus filas era aumentar la de desocupados en busca de puestos públicos que agitaban, para lograrlos, el ya de por sí revuelto ambiente del país”.64 Para ello, se procuró mantener y aún reforzar las formalidades académicas y la práctica necesarias para el otorgamiento de los títulos respectivos, y asimismo la autorización correspondiente por parte del Estado para su ejercicio.65 Lo que no impidió la proliferación en los juzgados y tribunales de individuos, “que sin obtener título ó autorización legal” se empleaban “en suscitar y promover pleitos ajenos”, presentándose “para prestar sus servicios, ya como apoderados particulares, ó en calidad de hombres buenos, para aconsejar á los litigantes, afectando no solo inteligencia, sino también influjo y valimiento para hacerlas triunfar”. Semejante circunstancia se presentaba en la práctica de la medicina, con aquellos que “con el nombre de curanderos andan recorriendo los pueblos ó se fijan en ellos, usurpando á veces el título de profesores de que carecen, y ejerciendo impunemente funciones médicas, con detrimento de la salud y de la vida de los infelices, que por ignorancia ó necesidad se ponen en sus manos”. Por lo que se estrechó la condena tanto de tinterillos como de curanderos tildándolos de vagos, mandándoseles aprehender y consignar al servicio militar mediante decretos y órdenes dispuestos desde febrero de 1842 por el gobierinstitución se hallan en AHDF, Médicos y boticas, vol. 3255, exps. 16 y 19, y en Francisco de Asís Flores y Troncoso. Historia de la Medicina en México desde la época de los indios hasta la presente, edición facsimilar. México, Instituto Mexicano del Seguro Social, 1982, tomo III, vol.2, cap. I, pp. 533-536 “Medicina”. 63 David Brading, op. cit., p. 289. 64 Cfr. Andrés Lira González, “Abogados, tinterillos y huizacheros en el México del siglo XIX”, en Memoria del III Congreso de Historia del Derecho Mexicano. México, UNAM, 1984, p. 381. El Dr. Lira atribuye su aumento a la decadencia de los colegios, y a ciertas prácticas particulares en algunos estados de la república, donde los gobernadores hacían “abogados de oficio”, es decir, por decreto. 65 Para la acercarse a la preparación de los abogados en el siglo XIX véase los trabajos de Alejandro Mayagoitia y Hagelstein, “Los abogados y el Estado mexicano: desde la independencia hasta las grandes codificaciones”, en Varios autores. Historia de la Justicia en México, siglos XIX y XX. México, SCJ, 2005, tomo I, pp. 309-310; del mismo, “Juárez y el Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México, pp.154-155, 157- 158; Anne Staples, “La constitución del Estado Nacional”, en Dorothy Tanck de Estrada, et. al. Historia de las profesiones en México. México, El Colegio de México, 1982, pp. 79 - 86 y Andrés Lira González, op. cit., pp. 379-380.

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no del general Antonio López de Santa Anna.66 Los que serían ratificados por las administraciones posteriores: con el vicepresidente Valentín Gómez Farías en funciones de titular del poder ejecutivo (bando del 11 de enero de 1847) y bajo la presidencia del general Pedro María Anaya (decretos del 19 de mayo y 3 de agosto de 1849).67 Pese a esas disposiciones su presencia persistió, y aún parece haberse acrecentado durante el Segundo Imperio y la República Restaurada; lo que obligó a los gobiernos respectivos a dictar medidas tendientes a su erradicación. En principio, las figuras de curanderos y huizacheros aparecen consignadas en la ley promulgada por el gobierno monárquico el 1º de marzo de 1865 con que se restableció el Jurado de Vagos. No bastante, se dispuso en mayo 17 del mismo año la prohibición “de que se les abone sueldo, y aún de que los haya, a los tinterillos llamados consultores de los jueces de paz”.68 Y en un decreto más, que introducía reformas en la administración de justicia, dado a conocer apenas cinco días después, se conminaba a los prefectos políticos “por cuantos medios estén a su alcance, se destierre de los juzgados a los llamados ‘tinterillos’, calificados por la ley como vagos”.69 Con el mismo propósito, en 1866, el Jurado de Vagos acordó recabar de los juzgados ordinarios la noticia de los tinterillos que concurrían a ellos a patrocinar negocios ajenos.70 En cuanto a los curanderos, la Ley de Policía General del Imperio, publicada el 1º de noviembre de 1865, disponía que: “No pueden ejercer la medicina, cirugía, farmacia, obstreticia, ramo del dentista y flebotomía, sino los profesores examinados y aprobados conforme a los que disponen las leyes vigentes. Los que sin estos requisitos ejercieren algunos de dichos ramos, sufrirán por cada vez que lo hagan, una multa de 20 a 200 pesos, o de 1 a 6 meses de prisión; a las 3 reincidencias serán declarados vagos, y sujetos a las penas que para ellos señalan las leyes; y si por consecuencia del ejercicio ilegal de los ramos de la medicina, resultare perjudicado en su salud o en su vida un tercero, serán juzgados criminalmente y sufrirán las penas que demarcan las leyes”.71 Al triunfo de las fuerzas republicanas sobre las del Imperio, y establecido el gobierno juarista de manera definitiva en la Capital a partir del 18 julio de 1867, una de sus primeras medidas fue disponer la revisión de los títulos profesionales otorgados por el monárquico, mediante las circulares del Ministerio de Justicia del 19 y 20 agosto. Con respecto a los abogados se formó el 2 de septiembre una comisión especial revisora, integrada entre otros por Manuel Ma. Bustos y Juan N. Moreno, antiguos jueces 66 Circulares del 1 y 1 de febrero de 1842, en José Basilio Arrillaga. Recopilación de leyes, decretos, bandos, reglamentos, circulares y providencias de los supremos poderes y otras autoridades de la República. México, Imprenta de J. M. Fernández de Lara, 1849 y en Manuel Dublán y José Lozano, op. cit., tomo IV no. 2273. 67 Véase Blas José Gutiérrez Flores Alatorre. Apuntes sobre los fueros y tribunales militares, federales y demás vigentes en la República y sobre las más importantes disposiciones del derecho marítimo, internacional y administrativo relacionados con aquellos. México, Imprenta de J. M. Aguilar Ortiz, 1876, tomo II, pp. 545-546. 68 Calendario del más antiguo Galván para el año de 1866. Efemérides del 1o de julio 1864 a 30 junio 1865. México, Tipografía de M. Murguía, 1865. 69 Boletín de las leyes del Imperio Mexicano, o sea Código de la Restauración. Publicado por José Sebastián Segura. México, Imprenta Literaria, 1865. 70 AHDF vagos, vol 4787, exp. 655. 71 Capitulo XVIIII, art. 203, fracc. I de la Ley de Policía General del Imperio.

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de vagos.72 El resultado fue la habilitación general de tales títulos. Empero, el ministro de Justicia, Antonio Martínez de Castro, expediría días después una “severa” ley contra los tinterillos el 11 de septiembre de 1867. En la misma se declaraba “agentes intrusos a las personas que aun cuando tengan de qué vivir, se ocupan habitualmente en seguir pleitos como apoderados, como defensores ó como cesionarios en cobranza, sin tener título de abogado, de agente de negocios ó de procurador”. Según su artículo 2º, se reputaba como habitualmente ocupados en seguir pleitos, “a los que en un mes tengan a su cargo tres ó más juicios, sean criminales ó civiles, escritos o verbales, incluso los de conciliación, aun cuando no estén radicando en un mismo juzgado, sino en diversos, si obran con la investidura de apoderados, procuradores, defensores ó cesionarios en cobranza”.73 Por su artículo 4, se imponía a los agentes intrusos “de plano y de oficio” la pena de tres meses de servicio de cárcel y 50 pesos de multa por la primera infracción del decreto, duplicándose y triplicándose esas penas por la 2ª y 3ª siguientes. De manera expresa en el artículo 6º se fijaban las mismas penas “para los conocidos en el foro como tinterillos ó agentes intrusos, si se presentaban a seguir los juicios que tuviesen pendientes, declarando que no podían continuarlos”. Y, por último, en el caso de los jueces “que teniendo oficialmente conocimiento de que una persona es agente intruso, lo admita en juicio y no le aplique las penas del art. 4º”, se harían acreedores a la destitución del cargo y la inhabilitación por 4 años (art. 7º).74 Para hacer efectivas tales prevenciones se elaboraron e hicieron circular a los juzgados listados de conocidos tinterillos y agentes intrusos en general. Un grupo de “varios ciudadanos” se inconformó ante el Congreso por la ley publicada por el ministro Martínez de Castro sobre agentes intrusos, por pugnar -según su parecer- con las garantías que otorgaba la Constitución de 1857 sobre libertad de trabajo, y calificar de manera “injuriosa a individuos que hayan tenido más de dos negocios [judiciales] no siendo abogados ni agentes titulados”. Analizando el pormenor de dicho decreto, concluían que privaba “a los individuos de un derecho que les ha dado la Constitución, y es el de elegir el trabajo que los acomode: puesto que aunque estén ocupados habitualmente en los negocios judiciales, manejándose con honradez, su trabajo es útil y honesto”. Refiriéndose a la posible afectación de los intereses de los profesionales del derecho, argüían que: No puede alegarse que la representación en juicios de un individuo por otro constituya una profesión científica, pues es únicamente un servicio que puede prestarse sin [estar] presente la ciencia del derecho, al individuo que lo necesita 72 El Siglo XIX del 2 de septiembre de 1867. 73 Con posteridad, mediante otro decreto expedido el 15 de octubre del mismo año, se introdujo una excepción a ese respecto, referido “a los individuos que sigan tres ó más pleitos, si en todos ellos intervienen en representación de una misma persona, como socios gerentes, como albaceas ó en virtud de poder que no sea solo para pleitos, sino también para cobranzas ó administración de bienes”. 74 Véase Blas José Gutiérrez Flores Alatorre. Leyes de Reforma, tomo I, nota 62 a la Ley de 17 de enero de 1853, que creó los jueces menores, pp. 334-339 y “Efemérides del 20 junio de 1867-30 junio 1868”. Ley del 10 septiembre de 1867, en Calendario del más antiguo Galván para 1869. México, Tipografía de M. Murguía, 1868.

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o no tenga voluntad de ocuparse en un litigio[…] Esta prohibición es un ataque brusco a los incuestionables derechos que ejercen todos los hombres en el mandato, formando un monopolio odioso de los negocios judiciales a favor de los abogados y agentes judiciales, en oposición abierta con el artículo 4º de la Constitución que dice: ‘Todo hombre es libre para abrazar la profesión, industria o trabajo que le acomode siendo útil y honesta, y para aprovecharse sus productos. Ninguno motivo lo podrá impedir sino [por mandamiento] judicial’. [Finalmente, aludiendo a la pena impuesta por esa ley a los intrusos en el ámbito judicial, alegaban que la imposición de ésta,] debe ser proporcionada del mal que haya causado el delincuente. Este principio universalmente reconocido, sin embargo, al agente intruso lo castiga la ley de que se trata, no porque haya causado mal de terceros, sino por carencia de un título profesional, ¿y esta carencia merece 3 meses de servicio de cárcel y 50 pesos? En verdad, Señor, que para aplicar esta pena a la simple [desobediencia o desacato] de una ley injusta y tiránica se necesita [desconocer], ni aun tener una idea vaga de la filosofía del derecho y de los principios de justicia.75

El sucesor de Martínez de Castro en el ministerio, Ignacio Mariscal, aminoró relativamente la severidad del decreto al excluir de los listados de agentes intrusos los nombres de algunos de éstos.

3.6 Sálvense quién pueda Después de incluir como vagos a los litigantes y apoderados de negocios sin título, la elasticidad del concepto se hizo aplicar a las más diversas actividades y situaciones; varias de ellas de dudosa pertinencia para la crítica de su tiempo y el sentido contemporáneo. Así, se reputaron como vagos y fueron perseguidos por tales los regatones o corredores de mercancías, que en tiempos de escasez en el abasto de los artículos de primera necesidad a la ciudad, salían “a monopolizar los frutos y comestibles fuera de los mercados y parajes destinados a las ventas públicas”, con el objeto de incrementar su precio.76 Lo mismo aconteció con los extranjeros (políticamente) indeseables, a partir de la primera ley de expulsión de españoles dictada el 20 diciembre de 1827; comprendiéndose en ella, “los solteros que no tuvieren lugar conocido, por lo menos de dos años a esta parte, al igual que los que fueren calificados de vagos conforme á las leyes de la parte del territorio de la República donde residan”, quedando sujetos al destierro.77 Con posteridad, el ministro de Relaciones José María Bocanegra hizo expedir una circular en 13 diciembre de 1843, por la que prevenía evitar la internación y permanencia en el país de “extranjeros vagos y aún criminales”.78 Y después de 75 Varios ciudadanos. Carta de 18 de marzo de 1868 pidiendo al Congreso la derogación de la ley de 11 de septiembre de 1867 sobre agentes intrusos. s. p. i. [1868]. p. 8. 76 AHDF Policía de Seguridad, vol. 3690, exp. 87. Bando del gobernador del Distrito José Gómez de la Cortina de 5 de septiembre de 1846 que creaba una Vigilancia Pública de Seguridad. 77 Manuel Dublán y Lozano, op. cit., tomo II, p. 47. 78 Centro de Estudios de Historia de México Carso. Bandos.

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la desocupación de la Capital por el ejército norteamericano, verificada en abril de 1848, el presidente José Joaquín de Herrera mandaba averiguar a las autoridades locales acerca de los extranjeros “de los que aquí quedaron, si tienen alguna ocupación o son vagos”, para obrar en consecuencia.79 Las dudas sobre la validez de las leyes de vagos se extendían al caso de aquellos maridos que no sólo dieran mal trato a su mujer, como lo tipificaba la vieja Real Orden de l745, sino que no cumplían debidamente con sus deberes maritales, desatendiéndose del sostén de sus familias; incurriendo con ello en causal de vagancia, según dos decretos sobre “ladrones y vagos” expedidos por la legislatura de Jalisco en diciembre 26 de 1846; y merecedores de la pena de cuatro años de servicio en el presidio de Mezcala o en las obras públicas. Reproducidos ambos en El Monitor Republicano, sus editores se preguntaban sobre la conveniencia de que las autoridades políticas se encargasen, “de ese examen difícil y delicado de los motivos que obligaron a un marido a separarse de su mujer”.80 Vienen a cuento unos versos populares impresos en una hoja volante, que daban cuenta de tal circunstancia en las relaciones conyugales entre las parejas del pueblo común: Mi marido esta bendito desde San Antonio Abad, pienso que ya no será tan zaragate y maldito. Los dos fuimos, y mi madre y yo Lo metimos al convento, Y recibió muy contento Las bendiciones del Padre. Puede que ya no le cuadre El aguardiente y el pulquito, La baraja ó alburito Que es lo que lo trae perdido, Y á mis amigas les digo Mi marido está bendito. Ha sido muy embustero, Y esto me causa sonrojo, Pues con muy grande descoco Gasta todo su dinero: Por eso ya no lo quiero, Y siento en la actualidad Resfriada la voluntad Con su mala condición; Mas con tanta bendición Pienso que ya no será. 79 AHDF Policía de seguridad, vol. 3691, exp. 109. 80 El Monitor Republicano núm. 732, lunes 22 febrero 1847, p. 3 “Revista de periódicos”.

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Que se esté como se está Quietecito trabajando, Por eso vine rezando Desde San Antonio Abad. En fin, quedare contenta Con que mude de capricho, Y si nó, lo dicho, Me largo de esta tormenta A donde se me tenga cuenta Buscando un acomodito Donde tenga el bocadito Seguro, y sola me entiendo: Esto es, si prosigue siendo Tan zaragate y maldito.81

Tales disposiciones sobre vagancia que incidían en la vida conyugal posibilitaron la practica de abusos, los que fueron denunciados por uno de sus críticos más incisivos, el agente de la policía secreta de la era de Santa Anna, Ignacio Fragoso; quien argumentaba que “se ha abusado tanto y con tanta criminalidad, por la ley de vagos, que muchos desgraciados hombres han sido acusados por sus rivales, con el torpe objeto de usar a placer de las mujeres de estos infelices, y por tal motivo he visto dilatar una causa de vago, nueve ó diez meses; otras mujeres infieles con este santo fin, han delatado por vagos a sus maridos, logrando por la infamia, que se hallan sentenciado [al ejército] ó para barcos, ó colonización. Ciertamente que para arruinar á un mexicano, no hay cosa mas acomodada que la ley de vagos (como se hizo el año de 28)”.82 Volviendo a la clase trabajadora de la ciudad, a tal punto llegó el acoso y persecución de “vagos” entre sus filas, que con motivo de la publicación del decreto en la materia del 8 de agosto de 1834, el regidor Villaurrutia expuso la conveniencia de que a los “empleados jornaleros se les de una papeleta de resguardo, en que constase hallarse sirviendo en la municipalidad”. El Cabildo accedió a la propuesta, a moción del señor Francisco Peñuñuri, recomendando “que los señores capitulares que tengan ramos en que sirvan dependientes y operarios, con la prudencia y discreción que les son características, les den los correspondientes resguardos que necesitan para los efectos del bando de vagos”.83 Por último, no faltaran las alusiones a la vagancia en el ámbito de la agitada vida política de la época, llamándoseles “vagos políticos” a los reformistas Valentín Gómez 81 Mi marido esta bendito desde San Antonio Abad, pienso que ya no será tan zaragate y maldito. [México], Imprenta en la calle de Venero junto al número 10, s/a. 82 AGN Fondo Gobernación, sin sección. 1834. D. F. Correspondencia. “Observaciones sobre la instalación de un Tribunal de Vagos por Ignacio Fragoso”. 83 Acta de Cabildo del 26 de agosto de 1834.

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Farías y Manuel Crescencio Rejón y a sus huestes de “sans-culottes”;84 calificativo endilgado naturalmente por sus adversarios del Partido Conservador, pero compartido inclusive por algunos liberales, como don Carlos María de Bustamante; quien, como se sabe, solía en sus escritos repartir reconvenciones a diestra y siniestra; dirigidas sobre todo a quienes no participaban de sus opiniones y consejos de “alta política”. En relación a la persona de Gómez Farías y los suyos no dejó de aludir a ellos como “léperos políticos”: “Recuérdasele, entre muchas cosas, su ‘democracia’, su adhesión a los sucios léperos que formaban su guardia y corte, que eran su apoyo y con quienes contaba, y su decisión de acabar con los bienes eclesiásticos”.85

Una consideración final Cómo habrase visto en el cuerpo del artículo, si atendemos los grupos sociales comprendidos en la legislación dispuesta en la materia, la problemática de la vagancia en el México del siglo XIX poco tuvo que ver, por paradójico que parezca, con asuntos de marginalidad social; lo cual es dable encontrar –diríase mejor, encasilla- en varios de los estudios hasta ahora publicados sobre el tema. En cambio, incidió en un aspecto central de la sociedad capitalina de su tiempo, como fue la sujeción social sobre amplios sectores populares, en una época caracterizada por los desajustes originados por la casi permanente crisis económica, no solamente política, en la que el país se sumergiría después de alcanzada su independencia. La centralidad del tema se vio confirmada en nuestra investigación al dar cuenta de los antecedentes sociales y políticos de los jueces y fiscales que actuaron en el tribunal establecido para procesar los casos de presunta vagancia. Lo que nos condujo, dado los lazos de dependencia de dicho juzgado especial con el Ayuntamiento de México, al estudio de la clase política actuante en las instituciones de la ciudad de México del siglo XIX. La preparación de sus notas biográficas nos llevó por senderos insospechados al inicio de la investigación; pues buena parte de la cultura, la economía, las relaciones familiares o el ejercicio de las profesiones liberales, por mencionar sólo algunos aspectos de la sociedad de la época, se encuentran contenidos en sus derroteros individuales y como grupo. Lo mismo puede decirse desde el punto de vista generacional o cronológico: desde de la participación de sus primeros integrantes en la Guerra de Independencia y su Consumación, hasta la República Restaurada y el Porfiriato tratándose de sus últimos. Constituyendo las guerras de intervención extranjera que el país experimentó en ese siglo un capitulo trascendente en las vidas de muchos de ellos. Estudio cuyos resultados daremos en conocer en otra publicación. 84 El Boletín Democrático reproducido en El Monitor Republicano, núm. 747, sábado 13 de marzo de [1847], p. 2. 85 Carlos María de Bustamante. Diario Histórico de México, en Josefina Zoraida Vázquez y Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva (editores). México, El Colegio de México / CIESAS / los Editores, 2001. CD 2 1835 – 1848.

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Fuentes Consultadas Archivos Archivo Histórico del Distrito Federal (AHDF), México, Distrito Federal. Fondos: Vagos, Actas de Cabildo, Policía General. Biblioteca del Museo de la Ciudad de México (BMCM). Colección de Bandos Originales. Hemeroteca Nacional de México, UNAM, Ciudad de México.

Valentín Gómez Farías (1781-1858)

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Familias Degetau y Westendarp. Siglo XIX Fondo Fotogrรกfico Otto Degetau/CEH-UDEM

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Vista de las ruinas de la fรกbrica La Buena Fe propiedad de Otto Degetau, siglo XIX, Fondo Fotogrรกfico Otto Degetau/CEH-UDEM


Narce Dalia García Partida

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Empresarios alemanes en Monterrey. Su impacto en la industria y el comercio Siglo XIX Narce Dalia García Partida Universidad Autónoma de Nuevo León

Introducción

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n la segunda mitad del siglo XIX, se pueden identificar tres fases en la participación de los alemanes en el despegue de la economía de la ciudad de Monterrey. La primera de ellas abarcó los años de 1852 a 1867. En esta primera etapa, se establecieron las primeras casas comerciales germanas que aprovecharon la formación de un circuito comercial transfronterizo en el noreste de México a fin de desarrollar su actividad mercantil en la región. Asimismo, en el contexto de guerra que padecía el país, al igual que muchos comerciantes de la región, las agencias alemanas realizaron operaciones de crédito al gobierno de Santiago Vidaurri obteniendo ganancias en el cobro de intereses. Hay que subrayar también, que fungieron como abastecedores de víveres y equipo a las tropas del Ejército del Norte. La segunda fase se extendió de los años de 1867 a 1890 en donde los inversionistas alemanes realizaron actividades económicas similares a las que practicaban sus connacionales en la ciudad de México. Además de las operaciones mercantiles de sus casas comerciales, los empresarios germanos en Monterrey se dedicaron a negocios de botica, ferretería y almacenes de ropa. Igualmente, destacaba su participación en el sector industrial con fábricas de sombreros y cerveza. La última etapa comprende los años de 1890 a 1910 en donde los negociantes alemanes se insertaron en el proceso de industrialización que se estaba llevando a cabo en la ciudad. Su intervención consistió primordialmente en dotar de capital y realizar operaciones de comercialización a dueños de establecimientos industriales que requerían de este tipo de respaldo. He aquí el desarrollo de estas fases.

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1. Alemanes en México en la primera mitad del Siglo XIX La intervención de los estados alemanes en el desarrollo del sistema capitalista mundial se dio de una manera tardía en comparación a lo sucedido en Inglaterra, Holanda y Francia. Desde la época medieval, sus operaciones mercantiles se concentraban primordialmente en aprovechar las rutas marítimas del mar Báltico. Al expandirse el comercio internacional, los mercaderes hanseáticos participaban de una manera indirecta en el tráfico de productos que circulaban por Asia, Europa y América al establecer con los imperios coloniales. De esta manera, dice Brigida von Mentz (1982), fue como se empezaron a establecer las relaciones comerciales entre los estados alemanes y la Nueva España. Estas se daban de manera indirecta desde la época colonial en donde los mercaderes germanos exportaban artículos manufacturados de lino de Silesia vía Hamburgo o España a las posesiones americanas del imperio hispánico.1 Esta situación se interrumpió debido a las guerras napoleónicas y al bloqueo continental que se derivó de este proceso en donde el comercio efectuado por Prusia se disminuyó en un 60% ocasionando que la seda de Berlín, el lino de Silesia y el paño de Brandeburgo perdieran sus mercados externos. En la década de los años veinte del siglo XIX, con la independencia de los países latinoamericanos, especialmente la de México, se abrió la oportunidad para Prusia y las ciudades hanseáticas de retornar al antiguo sistema comercial basado en el tráfico de productos de lino silesio, ya sin la intermediación de los españoles.2 En estas circunstancias, -siguiendo a Bernecker (2005)- se creó en 1821 la Rheinisch-Westindische Compagnie por comerciantes e industriales de Eberfeld cuyo objetivo principal consistía en vender tejidos de lino y artículos prusianos de lencería en los nuevos países latinoamericanos, principalmente Haití y México. En este último país, el comercio de los productos elaborados de lino silesio tuvo un relativo éxito que permitió que se consolidara la presencia mercantil alemana en el territorio mexicano. La presión de los empresarios y comerciantes prusianos sobre las autoridades de su Imperio, llevó a que en febrero de 1831 se firmara un Tratado de Amistad, Navegación y Comercio entre Prusia y México, el cual fue ratificado a finales de 1834. Con esto, se pretendía contar con un respaldo que favoreciera la colocación de productos alemanes en el territorio mexicano ante la competencia feroz de ingleses, franceses y estadounidenses. La operación de los comerciantes alemanes en el espacio mexicano se adaptó a las condiciones del proceso de reestructuración de las redes mercantiles en el territorio nacional que se llevó en el periodo posterior a la independencia. Las casas de comercio germanas se establecieron principalmente en la ciudad de México y los 1 2

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MENTZ, Brígida von (1982), Los pioneros del imperialismo alemán en México, México, CIESAS. BERNECKER, Walther 2001, “Las relaciones comerciales germano-mexicanas en el Siglo XIX, en Leon E. Bieber, (coord.), Las relaciones germano-Mexicanas, México, COLMEX/ UNAM/ DAAD.


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puertos de Veracruz, Mazatlán y Tampico. La ruta Veracruz-México había sido en la época colonial la vía tradicional por la cual se introducían las mercancías extranjeras en el virreinato de la Nueva España. Aunque esta vía continuaba siendo importante en el siglo XIX, ya no era el único punto para el desarrollo del comercio exterior. Con la ocupación de los alemanes de Mazatlán y Tampico, se puede apreciar su interés por mantenerse cerca de la producción de plata que se realizaba en el norte del país. Con su presencia en Mazatlán, permanecían contactados con la circulación de plata que se desprendía principalmente de Zacatecas. Por su parte, en Tampico, los germanos abarcaban el mercado que se configuraba en San Luis Potosí, el Bajío y parte de Zacatecas. La importancia de estos poblados para la actividad comercial germana se revela de acuerdo a Mentz (1982) en una estadística de 1852 que se señala que existían 23 casas comerciales alemanas en la ciudad de México; 12 en Veracruz; seis en Tampico; cinco en Mazatlán; tres en Guadalajara; tres en Durango; dos en Acapulco, Colima y Puebla. En la década de los años treinta y cuarenta, se llevó a cabo un cambio cualitativo en el tipo de comercio que efectuaban las casas comerciales alemanas en México. Sus roles de importadoras de productos de lino silesio fue perdiendo importancia ante la llegada de mercancías fabricadas con lino irlandés y comercializadas por los británicos que desplazaron del mercado mexicano a los textiles alemanes. Ante esta situación, las firmas germanas se dedicaron a introducir efectos extranjeros de diversos países y aumentaron la variedad de productos que manejaban.3 Asimismo, con este cambio en el giro de sus negocios, las casas de comercio alemanas se convirtieron en los principales agentes del comercio exterior mexicano, ya que las casas británicas se fueron retirando del mercado nacional debido a que enfocaron sus intereses en Argentina, China y en los puntos que pertenecían al imperio colonial que sustentaba la monarquía inglesa.4 Bajo estas circunstancias, las firmas alemanas se fueron especializando en ciertos sectores como los productos de ferretería, juguetes, géneros de seda y telas mixtas.5 La forma de que los comerciantes alemanes se dedicaban a los negocios en México se daba de una manera particular. Normalmente, los mercaderes germanos llegaban jóvenes para trabajar en las casas comerciales y disfrutar de un sueldo que le permitía ahorrar lo suficiente para independizarse y formar su propia firma. Así, después de diez o 15 años de obtener buenas ganancias en el territorio mexicano, se retiraba a su lugar natal y en calidad de socio comanditario se asociaba con un joven comerciante alemán para que éste se encargara de la administración de sus negocios en México y así compartir sus dividendos.6 De esta manera, el comerciante se convertía en un rentista que se mantenía de sus inversiones consolidadas en México. 3 4 5 6

Ibidem Mentz, op. cit. 1982. Ibidem Ibidem

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En los años cincuenta del siglo XIX, las casas de comercio alemanas en la ciudad de México se destacaban por vender productos de mercería y ferretería, drogas y pelo de conejo. De éstos, los artículos de ferretería fueron creciendo significativamente en su importancia en el consumo de la población mexicana. En estas circunstancias, los comerciantes germanos aprovecharon el auge de la manufactura de hierro que se estaba dando principalmente en las regiones renanas de Solingen, Remsscheid, Schwelm e Iserluhn.7 Este desarrollo del comercio de productos de hierro alemanes efectuado por las casas germanas fue tan exitoso que en el periodo porfirista, los alemanes prácticamente contaban con el monopolio de las ferreterías en México de acuerdo con Buchenau (2006) con la operación de la casa Boker y las firmas Sommer, Hermann y Kork y Honsberg. Además del comercio, los alemanes participaron en otros sectores de la economía mexicana. En la década de los años veinte del siglo XIX, los alemanes se mostraron muy interesados en aprovechar la riqueza de plata con la que contaban las minas mexicanas. Para ello se formó la Compañía Alemana de Minas, de la cual se esperaba que se obtuvieran buenos rendimientos. Pero esta iniciativa terminó en fracaso debido principalmente a las difíciles condiciones en que se encontraban las minas mexicanas después de su deterioro en la época de la guerra de independencia. Asimismo, esta compañía invirtió en una buena cantidad de minas que estaban localizadas en un espacio sumamente disperso, lo que dificultaba seriamente su administración. Además, los empresarios y trabajadores alemanes no pudieron adaptarse a una situación que era diferente a las condiciones de explotación que se desarrollaban en las minas europeas. Ante tal fracaso, en la década de los treinta, los alemanes se dedicaron exclusivamente a las minas de Angangueo con pobres resultados.8 Finalmente, otro sector económico en que incursionaron los alemanes fue la actividad industrial. En la ciudad de México, algunas personas de origen alemán participaron en empresas de industria textil pero no tuvieron un papel significativo. En cambio, artesanos alemanes se destacaron en la operación de sombrererías, carpinterías y sastrerías en la ciudad de México con la modificación y modernización de sus técnicas de inversión y producción, lo que los llevó a constituirse en una elite artesanal que marginó a cierto grupo de trabajadores que se mantenían en el nivel de la subsistencia.9 Lo anteriormente señalado puede indicar la idea de que existía un patrón de comportamiento económico que seguían los inversionistas alemanes en México. Esto debía servir como referente a los comerciantes germanos que se establecieron en Monterrey en la década de los años cincuenta.

7 8 9

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Bernecker, op. cit, 2001. Mentz, op. cit. 1982. Ibidem. pp. 207-229.


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2. Monterrey en guerra (1852-1867) A raíz del cambio de frontera suscitado por las implicaciones de la guerra entre México y Estados Unidos, se creó un circuito comercial transfronterizo en el noreste de México que tenía como ejes principales la ciudad de Monterrey y el puerto de Matamoros. A partir de este momento, nos comenta Cerutti (1992), esta región se convirtió en un espacio sumamente dinámico que originó el surgimiento de diversas casas comerciales que operaban en ambos lados de la frontera, con lo que se estructuró un mercado de dimensiones regionales que coexistió con los que ya se habían conformado en otros puntos del país.10 Estas circunstancias económicas emergentes fueron, a su vez, favorecidas por las políticas que emprendió el gobierno de Nuevo León encabezado por Santiago Vidaurri, desde que este llegó al poder en el año de 1855. El régimen vidaurrista fomentó una política de bajos aranceles que estimulaba la intensificación del tráfico mercantil transfronterizo. Asimismo, bajo este gobierno se instrumentó una “economía de guerra” en donde se militarizó la población neoleonesa para formar contingentes bélicos que hicieran frente al problema de los apaches y las condiciones de fuerte confrontación que existía entre los principales grupos políticos de México. Esta estrategia requería del abastecimiento de víveres y equipo a las tropas, con lo cual se beneficiaban a los mercaderes, al ser los que surtían de estos productos.11 Bajo esta situación de la conformación de un circuito comercial transfronterizo y la incentivación de éste por medio de las políticas gubernamentales del régimen de Vidaurri, en la ciudad de Monterrey se estableció una serie de mercaderes que orientaron el funcionamiento económico hacia el sector comercial. Entre los miembros más destacados de este grupo se pueden citar los nombres de Mariano Hernández, Valentín Rivero, Pedro Calderón, José Morell, Patricio Milmo, Santiago Belden, Gregorio Zambrano, Hermanos Oliver, Mariana de la Garza, Casa viuda de Tárnava y Cía, Evaristo Madero, Juan Molony, José Moses, Ernesto Dillon, Santiago Grogan, Antonio de la Garza Chapa y José Gilberto San Román, entre otros.12 Dentro de este grupo de comerciantes que operaban en el noreste de México se encontraban algunos mercaderes alemanes. Entre ellos, se pueden mencionar las casas comerciales de Brach y Schonfeld, y Clausen y Cía, y a Juan Weber. Los dos primeros establecimientos iniciaron sus operaciones en el año de 1852.13 La operación 10 CERUTTI, Mario (1992), Burguesía, capitales e industria en el norte de México. Monterrey y su ámbito regional (18501910), México, Alianza Editorial/UANL. 11 CERUTTI, Mario (1983), Economía de guerra y poder regional en el siglo XIX: gastos militares, aduanas y comerciantes en años de Vidaurri. (1855-1864), Monterrey, AGENL. 12 Cerutti, op. cit. (1992) 13 La casa Brach y Schonfeld inició sus operaciones el 30 de noviembre de 1852 y la de Clausen y Cía el 1º de febrero de ese mismo año, en Archivo General del Estado de Nuevo León, (en adelante AGENL), Correspondencia Ministerio de Gobernación, caja 9. Noticia de las sociedades comerciales que existen en esta Capital con expresión de cada socio y fecha que han abierto su establecimiento, Monterrey, 22 de enero de 1863.

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de estas casas comerciales de origen alemán en esta región es un indicativo de la preocupación por parte de los mercaderes germanos de aprovechar los espacios económicos que estaban funcionando en México. Esto tiene relación con los asentamientos comerciales alemanes que se establecieron en los puertos de Veracruz, Mazatlán y Tampico, como se mencionó con anterioridad. De esta manera, en la década de los años cincuenta, el circuito Matamoros-Monterrey representó una nueva opción de introducir efectos extranjeros y obtener plata procedente de las zonas mineras del estado de Zacatecas. A partir del año de 1858, con el estallido de la guerra de Reforma se dio un periodo de guerra casi ininterrumpido que perduró nueve años y que condicionó la forma de operación de las casas comerciales, incluidas las alemanas, en donde como se señaló con anterioridad, fungieron como abastecedoras de víveres y armamento a las tropas que formaban el Ejército del Norte encabezado por Vidaurri. Asimismo, como una forma de obtener de manera rápida recursos que se necesitaban urgentemente para solventar los requerimientos de los contingentes que se encontraban en guerra, el régimen vidaurrista solicitó –nos comenta Cerutti (1983)- una serie de préstamos a los comerciantes de Monterrey, los cuales se los devolvía con un generoso premio que oscilaba entre un 11 ó 50%, lo que incrementaba las ganancias de estos hombres de negocios. En esta situación, las casas comerciales alemanas que operaban en Monterrey participaron en diversas transacciones de préstamo al gobierno vidaurrista. En el periodo que abarcó mayo de 1858 y septiembre de 1859, la casa Brach y Schonfeld prestó al régimen vidaurrista la cantidad de 4 600 pesos. Asimismo, desde mayo de 1862 hasta diciembre de ese año, la misma agencia comercial le entregó en calidad de préstamo a las arcas nuevoleonesas el monto de 8 611 pesos. Por su parte, la casa Clausen y Cía, de mayo del año de 1858 al mismo mes del año siguiente, enfocó la suma de 5066.66 pesos para el gobierno del estado.14 En la década de los sesenta, ambas casas comerciales se abrieron a la participación de nuevos socios alemanes. En 1861, Benito Schonfeld y Rodolfo Brach se asociaron con Máximo Goldchsmidt para formar la compañía comercial “Brach y Schonfeld y Companía.”15 Asimismo, Juan Clausen consiguió el apoyo de Benjamín Burchard para continuar con sus operaciones comerciales en el noreste mexicano.16 Esto revela la estrategia de continuidad que llevaban a cabo los comerciantes germanos al integrar nuevos miembros provenientes de los estados alemanes, los que probablemente pertenecían a sus redes familiares o a sus contactos de agencias mercantiles hanseáticas. 14 Cerutti, op. cit. (1992). 15 AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 6, 1º de mayo de 1861. 16 Degetau, Pablo (2010). Empresarios alemanes en México. El caso de Otto Degetau, 1842-1915, México, UDEM/ UANL.

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Una peculiaridad que se puede observar en el funcionamiento de las casas comerciales alemanas en Monterrey es que adoptaban la nacionalidad estadounidense. Juan Weber se nacionalizó ciudadano de Estados Unidos17 y fungió como representante diplomático de este país en la ciudad.18 Por su parte, en 1856, la casa Brach y Schonfeld adquirió el carácter de sociedad comercial norteamericana.19 Se puede explicar esta insistencia en buscar obtener la nacionalidad estadounidense en el hecho de que de esta manera podían conseguir que un país como Estados Unidos pudiera defender sus intereses económicos así no se atenían a esperar ayuda de los gobiernos de los principados alemanes que en sí constituían una influencia débil para presionar al gobierno mexicano. Habría que esperar hasta que se unificara Alemania para que los mercaderes germanos tuvieran confianza en el respaldo que pudieran ofrecer los diplomáticos de su país. Hasta este momento no contamos con datos suficientes para identificar en forma precisa el funcionamiento de las operaciones comerciales de los alemanes en Monterrey. Lo que se puede advertir es que, aparentemente, en la primera mitad de la década de los años sesenta, este grupo extranjero ocupaba un lugar significativo en el sector mercantil no nacional. En el año de 1863, según un documento elaborado por el gobierno del estado de Nuevo León se indica la existencia de cuatro agencias alemanas en un universo de nueve establecimientos foráneos. Las compañías comerciales germanas citadas en este documento eran las de Brach y Schonfeld y Cía; Clausen y Cía; Shoenieau y Dresel; y Diehler y Cía.20 Además de los negocios estrictamente comerciales, en la década de los años sesenta, hicieron su aparición establecimientos industriales formados por alemanes. En este caso, se encuentran las fábricas de cerveza de Guillermo Grib21 y Juan Radke22 que iniciaron sus operaciones en los años de 1862 y 1864 respectivamente. El primero de ellos se asoció con el español José Yturbe para establecer una fábrica de cerveza y otros licores. En esta sociedad, Grib se encargaría de la dirección de la fábrica y de atender, en sus ratos libres de la jabonería que pertenecía a Yturbe. El consumo de este producto era novedoso en Nuevo León ya que la población estaba acostumbrada a beber licores como el mezcal. La producción de esta bebida alcohólica se daba relativamente en pequeñas cantidades comparadas con las que se elaboraban en los últimos años del Porfiriato. Aunque eran establecimientos pequeños, se puede pensar que estas instalaciones fueron importantes en el sentido que representaron la introducción de la maquinaria para la producción de cerveza en la ciudad, aunque faltaría evaluar cuál fue su influencia real en el desarrollo posterior de esta industria. 17 18 19 20 21 22

AGENL, Correspondencia Ministerio de Relaciones Exteriores, caja 54. AGENL, Memorias de gobierno, caja 3. AGENL, Correspondencia. Ministerio de Relaciones Exteriores, caja 44. AGENL, Correspondencia Ministerio de Gobernación, caja 9. AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 7, 7 de abril de 1862. AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 9, 13 de septiembre de 1864.

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Se puede señalar que esta temprana incursión en la industria cervecera de Monterrey significaba una novedad en comparación con el patrón de comportamiento de los empresarios alemanes en México, el cual era reproducido por las agencias mercantiles que se establecieron en la localidad. Este aspecto no encajaría del todo con la supuesta confluencia entre el desarrollo de una dinámica comercial transfronteriza en el noreste de México y los intereses de los inversionistas alemanes en aprovecharse de esta coyuntura. Aunque hay que reconocer que falta más información para tener mayores elementos de explicación del surgimiento de la producción local de cerveza.

3. Nuevos migrantes, nuevos negocios (1867-1890) En el año de 1867 cambiaron las condiciones en las cuales se podían hacer negocios en México. Con la conclusión de la guerra entre liberales e imperialistas se abría un periodo de relativa paz y estabilidad política que podía dar mayor certidumbre al desarrollo de las empresas comerciales. En el ámbito local de Nuevo León, se puede señalar que ese año marcó el inicio de un periodo que culminó con el despegue industrial de 1890 en donde las inversiones alemanas se orientaron a mayores opciones en su desempeño económico y se constituyeron en una parte importante del capital extranjero que circulaba en la ciudad. En el periodo de 1867-1890, se puede destacar que la actividad económica de los alemanes en la ciudad de Monterrey se caracterizó por la sustitución de las casas comerciales germanas que operaban en la región por otras nuevas compuestas de socios de reciente emigración que reemplazaron a los antiguos dueños de las agencias mercantiles que regresaron a su país de origen para disfrutar de las ganancias obtenidas en territorio mexicano. Asimismo, los alemanes en Monterrey no solamente se dedicaron a operar casas de comisiones que introducían efectos extranjeros sino que también establecieron negocios de venta al menudeo como ferreterías, boticas y almacenes de ropa. Finalmente, otros inversionistas alemanes se interesaron en desarrollar establecimientos industriales en una época en que todavía no florecía la instalación de fábricas en la ciudad de Monterrey. Para el año de 1867, las circunstancias tan favorables a la actividad comercial transfronteriza que se habían suscitado en el régimen de Vidaurri desaparecieron por el fin de la Guerra de Secesión en Estados Unidos y por los efectos destructivos a la economía derivados de la guerra civil mexicana. Esta coyuntura coincidió con el cambio de empresarios alemanes en la dirección de las casas comerciales que operaban en el noreste del país. La primera que se transformó, en 1867, fue la casa Clausen y Cía que se convirtió en la sociedad comercial Degetau & Dose. Como se señaló con anterioridad, Juan Clausen había conseguido un socio alemán, Benjamín Burchard, que lo apoyó en el desarrollo de sus operaciones mercantiles en México. Asimismo, 58


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en esos momentos también recibió ayuda del joven dependiente Otto Degetau, que siendo cuñado de Burchard, llegó a México para desarrollarse como comerciante.23 El 1 de marzo de 1867 se creó la sociedad comercial Degetau & Dose en donde se introdujo la cantidad de 4 500 pesos. El primero de ellos colocó 4 000 pesos y el segundo aportó el resto.24 Se puede pensar que la inversión de Degetau provino del ahorro de sus ganancias cuando trabajaba para la casa Clausen y Cía y/o de cierto respaldo financiero procedente de Clausen y Burchard, aunque no se han encontrado evidencias documentales que pudieran sustentar lo anterior. En cambio, Ernesto Dose era un recién llegado a Monterrey y su inserción en la sociedad comercial significaba el inicio de su carrera mercantil en México. La forma como se sustituían los socios de las casas alemanas en Monterrey se puede apreciar con más claridad en el caso de la formación de la compañía Stephan y Westendarp, que reemplazó a la casa Brach y Schonfeld. Estos últimos inversionistas alemanes se retiraron a su país de origen y establecieron una sociedad de comercio en comandita con Carlos Stephan y Oscar Westendarp en donde Brach y Schonfeld se constituyeron en socios comanditarios y los últimos en socios gestores. En esta negociación, Brach y Schonfeld aportaron 25 000 pesos, además de que se comprometieron a suministrar créditos a Stephan y Westendarp hasta una cantidad máxima de 50000 marcos. Por su parte, éstos últimos estaban obligados a liquidar los negocios que Brach y Schonfeld tenían pendientes en México y a introducir en territorio mexicano los efectos que éstos le enviaban desde su agencia comercial en México.25 Como se puede apreciar, en estos casos, al igual que lo que sucedía con la mayoría de los comerciantes en México, su paso por este país significaba una oportunidad de obtener riqueza que posteriormente la utilizarían para regresar y elevar su nivel de vida en Europa. Asimismo, el apoyo a nuevos inversionistas alemanes le permitía dar continuidad a sus iniciales operaciones económicas, y a su vez, seguir recibiendo dividendos de sus contactos con ellos. Además de las casas de comisiones alemanas, al igual que lo ocurrido en la ciudad de México en los años cincuenta, inversionistas de esta nación establecieron negocios de boticas, ferreterías y almacenes de ropa. En el primer rubro, se destaca la presencia de Eduardo Bremer con su droguería “El León”, quién llegó a Monterrey en el año de 1865 y para 1881, su establecimiento farmacéutico contaba con un capital de 50 000 pesos.26 En 1883, Bremer se asoció con el empresario de origen estadounidense Luis Griesemberk en donde este último se encargaría de administrar la botica,27 lo que significaba que el manejo su negocio dejaba de ser estrictamente personal. Asimismo, en 1889, Bremer efectuó con el inmigrante alemán Juan Reichmann un 23 24 25 26 27

Degetau, op. cit., (2010) Ibid., p. 28. AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol 15, 30 de abril de 1870. AGENL, Estadísticas municipales de Monterrey, caja 9. AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 23, 1883.

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contrato de sociedad colectiva y así ampliar el ámbito de sus negocios. Cabe señalar que en este momento, aparte de “El León” ya contaba con otro establecimiento farmacéutico localizado en el Topo Chico.28 Lo que esta información revela es el redituable crecimiento de su actividad económica en la localidad. Además de los negocios de Bremer, existían otros locales comerciales manejados por alemanes en la ciudad. En un registro elaborado en 1870, se refieren los siguientes establecimientos mercantiles alemanes en Monterrey: Rodolfo Dresel, con una mercería y ferretería con valor de 15 000 pesos; Enrique Goldscmidt, con una tienda de ropa estimada en 18 000 pesos; Carlos Diehler, con un expendio de sombreros con mercancía evaluada en 30 000 pesos; y Stephan y Westendarp, con un almacén de ropa apreciado en 40 000 pesos.29 Esta información refuerza lo anteriormente indicado del interés de los inversionistas alemanes en dedicarse a actividades que ya se habían practicado en la ciudad de México como las ferreterías y almacenes de ropa. Un empresario alemán que llegó posteriormente y que cuenta con una importancia especial debido a que su establecimiento comercial opera todavía en la ciudad lo es Carlos Holck. Este empresario se estableció en Monterrey en 1877. Su inserción en la actividad económica local fue tan exitosa que en el año de 1881 ya contaba con un almacén de ropa valuado en 10 000 pesos.30 Posteriormente, estableció con Juan Cram, también de origen alemán, una sociedad comercial denominada C. Holck y Compañía, la cual contaba con sucursales en Nuevo Laredo y en lo que en ese entonces era Ciudad Porfirio Díaz, hoy Piedras Negras, Coahuila.31 Cabe señalar, que Holck siguió el patrón de los empresarios alemanes al volver a su país para disfrutar de sus rentas obtenidas en México. Pero como se va a examinar posteriormente, su sociedad comercial se comportó de manera activa en el desarrollo de los negocios locales durante los últimos 20 años del Porfiriato. Otro sector económico en el que invirtieron los alemanes en Monterrey fue el industrial. En este ámbito, los empresarios germanos se destacaron en la fabricación de sombreros y cerveza. La producción de sombreros era una práctica que ya se desarrollaba en la ciudad de México. De este lugar, llegó a Monterrey Carlos Hesselbart, quién era hijo del empresario Federico Hesselbart, el cual había establecido una fábrica de sombreros en la capital mexicana. En 1870, Carlos Hesselbart se asoció con Luis Knoop para formar una fábrica y expendio de sombreros. El primero aportó 4 026 pesos con 79 centavos en efectivo y 7923 pesos con 21 centavos en valor de mercancía.32 Por su parte, Knoop introdujo en la sociedad 5 000 pesos en efectivo. Posteriormente, en 1873, estos dos empresarios crearon una nueva sociedad con Antonio García en donde Hesselbart y Knoop contribuyeron con 12 000 y 10 898 pesos respectivamen28 29 30 31 32

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AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 43, 1889. AGENL, Estadísticas municipales de Monterrey, caja 6. AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 28, 16 de diciembre de 1889. AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 16 de diciembre de 1889. AGENL, Protocolos. Tomás Pacheco, vol 15, 21 de julio de 1870.


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te y García “ponía su industria”. Hesselbart se convirtió en socio puramente comanditario y se hizo cargo del 10% de ganancias o pérdidas.33 En 1878, Carlos Hesselbart aparece en los registros como dueño de la fábrica de sombreros “La Universal”. Con esto, este empresario dejó de ser el socio comanditario en el negocio de manufactura de sombreros para convertirse en el propietario único de su establecimiento industrial. En ese año, se estimaba que la producción anual de sombreros consistía en 1 200 docenas, cuyo valor se calculaba en 30 000 pesos y se ocupaban 28 operarios en la fábrica.34 Posteriormente, en 1881, se estimó la producción de sombreros en 2 190 docenas con el mismo valor de 30 000 pesos y se utilizaba solamente la actividad de 12 trabajadores.35 Hay que resaltar que la fábrica “La Universal” ocupaba el segundo lugar en términos del valor de su producción, solamente superado por la fábrica de mantas “La Leona”, la cual contaba con una producción estimada en 52 500 pesos. En cuanto a la fabricación de cerveza, Juan Radke insistía en continuar con esta actividad. Cabe señalar, que después del establecimiento original de su fábrica en 1864, ésta no apareció en los registros de giros comerciales de 1870. En la lista de 1878, Radke fue incluido como dueño de una fábrica de cerveza que producía de 300 a 600 arrobas cuyo valor equivalía a 600 pesos. Asimismo, en su establecimiento trabajaban 11 operarios.36 Posteriormente, en 1881, el valor de su instalación se redujo en 500 pesos.37 Lo que se puede observar con estos datos sobre Radke es que todavía la producción de cerveza se realizaba en pequeña escala. Finalmente, cabe señalar que entre los diez empresarios extranjeros más ricos en Monterrey figuraban Otto Degetau con 100 000 pesos; Eduardo Bremer, con 50 000 pesos; y Carlos Hesselbart, igualmente, con 50 000. Los hombres de negocios no nacionales que más recursos poseían eran el irlandés Patricio Milmo y el español Estanislao Hernández con un capital de 150 000 pesos.38 Con estos datos se muestra que la aportación alemana era significativa en la composición de las inversiones extranjeras en Monterrey.

4. Del comercio a la industria (1890-1910) En la década de los años 90 del siglo XIX, la ciudad de Monterrey experimentó un proceso de industrialización el cual tuvo como resultado la formación y consolidación de un grupo empresarial local que basaba su posición económica en la actividad industrial. Esta transformación económica se debió primordialmente al desarrollo 33 34 35 36 37 38

AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 18, 10 de mayo de 1873. AGENL, Estadísticas municipales de Monterrey, caja 6. AGENL, Estadísticas municipales de Monterrey, caja 9. AGENL, Estadísticas municipales de Monterrey, caja 6. AGENL, Estadísticas municipales de Monterrey, caja 9. AGENL, Estadísticas municipales de Monterrey, caja 9.

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de la minería industrial y a la demanda que tenían estos productos en el mercado estadounidense; a la instalación de líneas ferroviarias que conectaron la ciudad de Monterrey con distintos puntos de México y Estados Unidos, lo que aumentó las dimensiones de su mercado al reducir los costos del traslado de mercancías; a una política gubernamental de exención de impuestos que fomentaba el establecimiento de nuevas industrias; y a la capacidad de los grupos económicos locales de adaptarse a las condiciones que imponía la dinámica del capitalismo mundial.39 En esta visión de aprovechar las coyunturas favorables que se suscitaban en México, algunos inversionistas alemanes tuvieron la capacidad de adaptarse a este proceso de industrialización desarrollado en Monterrey. En estas circunstancias se pueden encontrar tres tipos de casos. El primero se trata de los empresarios que habían conformado sus fortunas de sus actividades comerciales y que traspasaron parte de su capital al sector industrial como es el caso de Holck y Bremer. Por otra parte, se encuentran los que ya contaban con un establecimiento industrial propio y que solamente invirtieron en otra actividad fabril como fue la situación de Hesselbart. Finalmente, se puede señalar los inmigrantes recién llegados que en vez de dedicarse a actividades comerciales ingresaron directamente a participar en el rubro industrial tal como lo efectuó Guido Moebius. El primer caso representa en sí una novedad al no concentrar sus inversiones en los tradicionales negocios germanos de casas de comisiones, boticas, ferreterías y fábricas de sombreros. Pero su introducción en el sector industrial no se dio de manera directa, es decir, que no se encargaron directamente de la administración de las fábricas sino que aportaban su capital a dueños de establecimientos fabriles y además los ayudaban en tareas de suministros de materias primas y en la de comercialización de los productos terminados. Un caso ejemplar de este tipo de estrategias se puede encontrar en la conformación de la “Fábrica de Aceites y Jabones La Reinera en 1894. En ella participaron el fabricante Fernando Martínez y las firmas comerciales Eduardo Bremer y Compañía y Carlos Holck y Compañía. Este establecimiento industrial se dedicó a elaborar aceites y grasas y a fabricar jabones. Anteriormente, esta instalación pertenecía exclusivamente a Fernando Martínez con la denominación “Fábrica de jabones La Reinera”.40 Fernando Martínez introdujo a la sociedad industrial 20 000 pesos con los que los demás socios le compraron su fábrica y 25 000 pesos en existencia de aceites y materiales. Cabe señalar, que el capital total de la sociedad era de 60 000 pesos. Además, este empresario se encargaría de la dirección de la fábrica. Por su parte, la Casa Eduardo Bremer y Compañía se responsabilizaba de la compra de materiales y la casa C. Holck y Compañía se hacía cargo de la venta de productos y la teneduría de libros.41 39 Mario Cerutti, op. cit. (1992). 40 AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 34, 1º de mayo de 1894.. 41 AGENL, Protocolos, Tomás Pecheco, vol. 34, 1º de mayo de 1894.

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De esta manera, los inversionistas alemanas aprovechaban la experiencia en el rubro industrial con la que contaba Fernando Martínez para explotar un sector que se estaba movilizando de una manera dinámica. Asimismo, ellos aportaban, además de su capital generado en el área comercial, sus actividades mercantiles consolidadas en la región, lo que les permitía encargarse de los aspectos estrictamente no productivos del negocio como lo eran el abastecimiento de materias primas y la comercialización de los productos. Así, se conformaba una empresa que podía operar con mayor eficacia al estar integrados en una misma estructura administrativa estos tres niveles que son importantes para el buen funcionamiento de un establecimiento industrial. Otra sociedad industrial en donde participaron inversionistas alemanes fue la de “El Fénix”. Esta empresa consistía en una fábrica de cerillos y fue conformada en 1897. En ella participaron C. Holck y Compañía, Jacinto Herrera y Luis Montalvo y Ripoll con un capital social de 6 000 pesos. La operación de esta organización industrial fue diseñada de una manera similar a la de La Reinera. Por una parte, la labor de Jacinto Herrera se concentraba en administrar la fabricación de cerillos en la fábrica. Por otro lado, Luis Montalvo y Ripoll, se encargaba de la venta de los productos. A su vez, C. Holck y Compañía, se responsabilizaba del suministro de los fondos necesarios para la instalación y manejo de dicha fábrica de cerillos con todos sus accesorios y compra de todos los materiales.42 Como se puede apreciar, en esta sociedad, la participación de Carlos Holck era sumamente importante ya que proporcionaba la capitalización de la operación de la fábrica. Con este tipo de acciones, esta casa comercial apoyaba un sector que necesitaba la dotación de mayores capitales para ir avanzando y mejorar los sistemas de producción y comercialización de sus manufacturas. El segundo tipo de inserción de empresarios alemanas en la actividad industrial local lo ilustra Carlos Hesselbart con la formación de “Cervecería de Monterrey”. Como se ha señalado con anterioridad, en la década de los sesenta, los empresarios alemanes Guillermo Grib y Juan Radke establecieron en la ciudad pequeñas fábricas que producían hielo y cerveza. A finales de la década de los setenta y principios de la de los ochenta, Radke siguió operando este tipo de negocios. En 1890, el empresario Calixto Piazzini obtuvo una exención de impuestos por siete años para fundar una fábrica de hielo y cerveza. Con la atribución de este derecho, Piazzini se unió con Carlos Hesselbart, Carlos Schmidt y Teodosio Gutiérrez para formar la Compañía “Cervecería de Monterrey”. Piazzini le vendió a Hesselbart la concesión gubernamental por una cantidad de 6 500 pesos, por lo que este empresario alemán se convirtió en el principal responsable de este establecimiento industrial.43 El caso de la incursión de Hesselbart en la producción cervecera local significó una ampliación de sus actividades industriales a un sector que tradicionalmente había 42 AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 40, 12 de julio de 1897. 43 AGENL, Protocolos, Tomás Pacheco, vol. 30, 4 de noviembre de 1890.

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sido explotado por los alemanes. Al parecer, no existió una ampliación en las dimensiones de este negocio y la Cervecería de Monterrey encontró un férreo competidor en Cervecería Cuauhtémoc, la cual no se creó con capitales alemanes sino con la conjunción de inversionistas locales y estadounidenses. Finalmente, el tercer caso lo representa Guido Moebius. Las primeras noticias de su presencia en Monterrey se ubican en 1893. Moebius se introdujo en el negocio farmacéutico, pero a diferencia de otros inversionistas alemanes que operaban en Monterrey como Eduardo Bremer, éste no solamente comercializaba productos medicinales sino que también los producía en su fábrica llamada “Apolo”. En 1905, esta empresa ya no se dedicaba exclusivamente a elaborar fármacos sino que producía una alta variedad de artículos como cerillos, gomas, pastas, chicles y jabones, entre otros.44 La situación de Moebius es especial debido a que representa la capacidad de insertarse rápidamente en la dinámica económica local con la explotación de un sector tradicional en donde se movilizaban los empresarios alemanes pero con la introducción de una nueva forma de operación al dedicarse a la fabricación de productos farmacéuticos. Con esto, se puede observar, la flexibilidad con que iban operando los nuevos inmigrantes germanos.

Consideraciones Finales El comportamiento de los empresarios alemanes en Monterrey se ajustó al tipo de desarrollo económico que se estructuró en la ciudad. La dinámica local permitía la existencia de cierto tipo de condiciones que los inversionistas germanos reconocieron para establecer su tradicional forma de operar en México. Esto no significaba que no surgieran prácticas innovadoras que no reproducían el modelo de negocios que los alemanes habían practicado en el territorio nacional. Finalmente es importante señalar que aunque los alemanes se adaptaron en forma eficaz al proceso de desarrollo comercial e industrial en Monterrey, no obstante se pudieron integrar totalmente en el empresariado local. La mayor parte de sus redes familiares y económicas las conservaban en sus lugares de origen y a pesar de que algunos de sus miembros se incorporaron a la prominente élite regimontana, ésta situación no se dio de manera regular. Esto contrasta con la participación de españoles, italianos e irlandeses, los cuales se compenetraron en la burguesía local y formaron parte del grupo que encabezó la transformación de Monterrey en el Porfiriato.

44 Tovar E. y Garza, A. (2007), “Fábricas Apolo. El Amigo del hogar”, en Revista Atisbo, año 2, número 10, Monterrey, pp. 5-8.

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Narce Dalia García Partida

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Fuentes consultadas Archivo Archivo General del Estado de Nuevo León, Monterrey, México. Correspondencia Ministerio de Gobernación Correspondencia. Ministerio de Relaciones Exteriores, cajas 44-54 Estadísticas municipales de Monterrey, cajas 6- 9 Memorias de Gobierno Protocolos, Tomás Pacheco, de 1861-1890

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La econom铆a durante la Revoluci贸n Mexicana

Entrada de tropas revolucionarias en ciudad del noroeste mexicano

III


Presidente de México General Porfirio Díaz. Primera década del siglo XX


Juan José Gracida Romo

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La Economía durante la Revolución Mexicana 1910-1920 Juan José Gracida Romo Centro Instituto Nacional de Antropología e Historia Sonora

1. La década de 1910-1920. Revolución y destrucción material

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a Revolución Mexicana fue el movimiento armado, social y político más importante del siglo xx, puesto que su proceso produjo un nuevo Estado, dominado por una de las facciones triunfantes de la lucha armada, la sonorense (Garciadiego, 2006). Pero la revolución fue un movimiento con varias facetas y características, que nos hablan de diferentes propuestas que se fueron decantando durante el conflicto. Por esa razón, uno de los debates que se continúan dando al acercarse la conmemoración del centenario de la Revolución Mexicana es sobre el carácter de ésta. A lo largo de los años, se ha mantenido en las sucesivas generaciones de historiadores la discusión de si fue una revolución popular, agrarista, nacionalista y antiimperialista, que confrontó a los campesinos sin tierra con los latifundistas y derrocó a un régimen autoritario y opresivo. También se le ha definido como una revolución democrática, nacionalista-capitalista, de amplio carácter social, que dio origen a un nuevo tipo de Estado y de sociedad. Algunos historiadores de la segunda mitad del siglo xx no aceptaban esta caracterización y rechazaban la interpretación de revolución popular, campesina y nacionalista, así como la versión oficial de que acabó con el antiguo régimen e inició una nueva época que duró hasta 1989. No fue una ruptura con el anterior régimen porfirista, sino una continuidad y una aceleración de éste (Florescano, 1991: 21; Fujigaki, 2001). Se considera que el antecedente económico de la revolución es la crisis financiera internacional de 1907, la cual se inició en octubre en los Estados Unidos y fue acompañada con la disminución del precio de los metales; a esto siguió una crisis monetaria, lo que llevó a que la tasa de crédito aumentara hasta 100%, provocando que el crédito se redujera drásticamente. Luego vino la crisis de la Bolsa de Valores de Nueva York, con el hundimiento de los precios en octubre.

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La crisis se propagó rápidamente, sobre todo a su vecino, México, que además era el principal receptor de la inversión norteamericana en el extranjero. El impacto fue fuerte debido, también, al modelo económico exportador de México y Sonora, donde, desde entonces, el más importante receptor de las exportaciones mexicanas era el mercado norteamericano. Para el conjunto del país y del norte de México, el periodo más álgido de la crisis se dio durante el año de 1908 (Ludlow y Marichal, 1986; Katz, 1982). Para el norte de México fue en especial difícil, pues en este espacio se concentraron buena parte de las inversiones extranjeras en el país. En Sonora el efecto sobre la minería fue determinante, pues la caída de los precios de los metales preciosos provocó el cierre de gran cantidad de minas en el distrito de Álamos. La mina de Cananea será cerrada durante un año y la de Nacozari disminuirá su producción. Las actividades agropecuarias se verán afectadas por el cierre de la frontera para muchos de estos productos (Valencia, 2008; Gracida, 2006). En cuanto al impacto que tuvo la revolución en la economía mexicana, hay una discrepancia con lo sucedido en la década de 1910-1920. Las opiniones entre los historiadores y economistas son divergentes. Mientras que algunos consideran al periodo revolucionario como una década perdida, por no decir un verdadero “hoyo negro”, otros sugieren que el desequilibrio económico no fue en realidad tan grande como se suponía (Peña y Aguirre, 2006; Gracida, 2003; Haber, 1992; Solís, 1993). A lo anterior contribuye el hecho de que, debido a la virulencia de la lucha armada, no se llevó un registro adecuado de las actividades económicas, dando como resultado una escasez de estadísticas, además de la poca confiabilidad de éstas, lo que ha generado la búsqueda de nuevas fuentes de información que permitan una interpretación cierta de la década. Por esta razón, cuando nos proponemos realizar el análisis empírico hay que tener en cuenta la situación de cada sector y región en forma detallada, ya que cada uno presenta realidades diferentes.1 Algunos autores nos dicen que de 1911 a 1920 no se cuenta con la información suficiente como para poder estimar el producto interno bruto (pib); el dato que se puede establecer es a partir de las dos fechas que conocemos (1910 y 1921), el promedio que nos da la información es de una caída del pib de -0.3%, cifra que en realidad esconde años de intensa destrucción de las redes productivas, sobre todo por la interrupción de los transportes” (Peña y Aguirre, 2006: 57). Una aproximación al ciclo económico de México durante la revolución lo tenemos en los siguientes términos: de 1910 a 1913, se sabe por numerosos índices que la actividad económica fue afectada desde 1910 por los conflictos electorales a pesar de los festejos del centenario de la Independencia. Las perturbaciones siguieron en 1911, pero sólo hasta mediados de 1913 condujeron al derrumbe de la economía, el cual se prolongó hasta mediados de 1916. Así que la primera gran caída de la econo1

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Por su parte, Womack (1987) propone revisar esta visión. Reynolds (1970) también señala los aspectos positivos y negativos de la revolución, que es el cambio estructural socioeconómico. Haber (1992), mientras tanto, puntualiza que el sector manufacturero quedó intacto en el sentido material.


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mía se debe a la revolución y va de 1913 a mediados de 1916. Le siguen once años de recuperación y crecimiento accidentado de 1916 a 1926, para entrar a una etapa depresiva que dura seis años (1927-1932); primero tres de estancamiento (1927-1929) que desembocan en una profunda crisis, en la que se conjugan problemas internos con la gran depresión mundial de 1929, que en México terminó en 1932, antes que en otros países (Peña y Aguirre, 2006: 50-60). La década de 1910-1920, conocida como la etapa violenta de la Revolución Mexicana, desde un punto de vista cuantitativo, representa números negativos en la tasa media de crecimiento anual del pib, que fue de -0.3%, en los sectores: en la agricultura, de -5.2%; en la minería, de -4.6%, y en la manufactura, de -0.9% (Solís, 1993: 90-93). Excepto en el petróleo, en todas las ramas de la actividad económica nacional se observó una situación de estancamiento o retroceso, evidenciando la desarticulación del sistema económico estructurado durante el porfiriato (González, 1980: 116). Además, la revolución llevaba consigo cambios en el marco institucional que en la práctica ocasionaron serios obstáculos para las actividades de las empresas privadas, principalmente extranjeras. Estas modificaciones jurídicas y normativas fueron originalmente establecidas por el nuevo régimen en una nueva constitución, leyes y reglamentos con el fin de satisfacer las demandas generadas por la revolución. Si los cambios fueron positivos o no para las empresas y para las diferentes regiones, lo estamos viendo a través de los nuevos estudios sobre las distintas actividades económicas en los estados y territorios, donde a las empresas el cambio institucional les trajo consigo modificaciones en la forma de operar, así como cambios en su base jurídica, entre otras cosas2 (Okada, 2000: 95; Fujigaki, 1995; Morado, 2007). Ahora bien, las nuevas investigaciones han demostrado que la década de 1910 a 1920 no fue un “hoyo negro”, lleno de destrucción, trastorno y ruina, como lo había propuesto Leopoldo Solís (1960). Cuando en 1970 escribe su obra clásica, La realidad económica mexicana: retrovisión y perspectivas (modificada en diferentes reediciones), mantiene la idea de que el año de 1910 marca el inicio de una fuerte caída de la actividad económica —con excepción de un breve auge estimulado por la Primera Guerra Mundial—, a la que le sigue una etapa que podríamos llamar de formación institucional, que se extiende de 1921 a 1935. Este último periodo es conocido también como de reconstrucción económica (Cerutti, 2007; Krauze, 1981; Solís, 1993). Ahora sabemos que hasta 1913 la economía mexicana sufrió relativamente poco, debido a que Francisco I. Madero no hizo cambios profundos en lo social, ni en lo económico, mientras que el crédito internacional se mantuvo abierto, siendo, por tanto, un periodo en el que no hubo transformaciones significativas en la dirección económica. 2

North (1993) examina la naturaleza de las instituciones, cómo inducen la evolución de la sociedad a lo largo del tiempo, y el desempeño económico positivo o negativo. En cuanto al cambio institucional de México mediante la revolución, véase el estudio sobre minería de Bernstein (1964) y Aboites (1998) sobre el proceso legislativo hacia la federalización del aprovechamiento del agua y un impacto en la vida empresarial.

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El detonante de la crisis económica viene de la parte más violenta de la revolución, esto es, de 1914 a 1916. Para Alan Knight, el resultado de estos años impetuosos afectó a la economía hasta la década de 1920, aunque hay muchas cifras que dicen que no, que solamente corresponde a los años de la lucha armada más intensa de 1910 a 1920 (Knight, 1986). Estudios recientes en diferentes regiones del país nos hablan de que la parte más violenta y destructiva de la revolución fue la de 1914 a 1916, entre constitucionalistas y convencionalistas de Aguascalientes (léase Venustiano Carranza contra Francisco Villa). La destrucción material provocada por esta lucha en el centro y norte del país fue muy intensa, ocasionando hambrunas en varias de estas regiones entre 1915 y 1916 (Alarcón, 2008, 147). La idea para Enrique Cárdenas y Stephen Haber es que, desde el punto de vista macroeconómico, aquellos sectores modernos del mercado fueron afectados de distintas formas a las que tenían que ver con los sectores de subsistencia, como la ganadería y la agricultura, que eran las actividades a las que se dedicaba la mayor parte de la población del país, de modo que sufría poco la parte moderna del mercado, ya que después del periodo de 1914 a 1917 y de la etapa más profunda de la crisis (1915-1916), estos sectores se recuperaron de manera relativamente rápida, lo cual es algo que sorprende, así como la caída abrupta de algunas ramas de la economía a partir de 1913 y su recuperación a partir de 1916. El trabajo de Haber sobre la industria dice que no hubo mucha destrucción antes de 1913. Los estudios sobre los ferrocarriles revelan que no se afectó en lo sustancial a éstos y que los puentes y vías destruidos se repararon con relativa rapidez. Así tenemos que hasta 1913 no hubo problemas efectivos. Ahora bien, la crisis de 1914 a 1916 nos habla de que hubo una desarticulación del mercado, donde se rompieron los canales de distribución y aprovisionamiento, principalmente en los ferrocarriles, por los diferentes contrincantes y facciones para llevar la revolución sobre las vías del ferrocarril, al ser tomadas por los ejércitos para transportarse. Esto condujo a que las mercancías se trasladaran a un costo elevado o que no pudieran salir a los diferentes mercados. Además, lo anterior coincide con la inflación, provocada por el desabasto y por el problema del sistema financiero y monetario. Desde el inicio de la revolución, en especial desde 1913, las monedas de oro, plata y billetes de los bancos salen de circulación. Esto se agudiza con la circulación de las monedas revolucionarias y a raíz de que Venustiano Carranza ordena cerrar los bancos de emisión, sucesos que alientan la inflación. Así la violencia y lo costoso de la guerra repercuten en la economía y la revientan. Ahora bien, como lo hemos mencionado anteriormente, los efectos no fueron tan profundos y sí diferenciados por regiones y sector productivo. Al parecer, hay una coincidencia entre los diferentes analistas en cuanto a que los dos sectores económicos más afectados por la revolución fueron la agricultura y la ganadería, actividades don72


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de convivían unidades productivas atrasadas y modernas en una sociedad eminentemente rural. Aun así, algunas unidades productivas modernas lograron sobrevivir a la paralización y destrucción material, como lo veremos en el caso de Sonora. Algunos factores que, en lo concerniente a la agricultura, ayudaron a que la parte productiva no fuera tan profundamente afectada por la guerra consistieron en que las haciendas que habían sido abandonadas fueron intervenidas por los revolucionarios para mantenerlas en explotación para su beneficio, como fue el caso de Chihuahua, Nuevo León, Sinaloa y Sonora. Lo mismo ocurrió en algunas industrias intervenidas que utilizaron y ordeñaron para provecho del grupo revolucionario, evitando así su destrucción, como fue en Nuevo León. Esto permitió que la parte productiva no se haya venido abajo, haciendo posible también así que la recuperación económica, una vez que se restituyeron la demanda y los medios de comunicación, haya sido relativamente fácil. Además existen otra serie de factores que explican la recuperación económica después de los años de crisis de 1914 a 1916. Uno de ellos es que los ejércitos dejan de utilizar los ferrocarriles y permiten la circulación de mercancías, dado que la parte productiva no se ha desbaratado, y coincide con la recuperación del sistema financiero y la estabilización de precios (regreso al patrón oro en 1916). Otro factor que incide en lo financiero fue el hecho de que la gente no haya sacado su dinero del país —debido a la inseguridad producida por la Primera Guerra Mundial—, sino que los propietarios lo hubieran enterrado o atesorado, lo cual hizo posible irlo poniendo en circulación cuando las condiciones de paz y estabilidad se fueron dando. Gracias al oro atesorado, se dio la recuperación rápida del sistema monetario. Por último, uno muy importante es la demanda de diferentes mercancías y materias primas generadas por la Primera Guerra Mundial, lo que ayudó a recuperarse a la economía de México (Paz, 2001). Finalmente, en relación con esta polémica, las nuevas interpretaciones en la historia económica establecen que: 1. La crisis económica de la revolución fue una crisis fuerte y corta, con recuperación rápida. 2. Para explicar el comportamiento de la economía durante la revolución hay que darle un peso adecuado a la parte política. 3. El nuevo tratamiento que le debemos dar a lo económico y político ha de tener en cuenta un nuevo enfoque acerca del papel que desempeñaron las instituciones y leyes. Por último, hay algunos autores, como Enrique Cárdenas, que están de acuerdo con lo corto y profundo de la crisis; pero lo más difícil de explicarse para él es el estancamiento en los años veinte en su primera mitad fundamentalmente, debido a la falta 73


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de una definición clara en el rumbo económico a seguir después de la revolución. En el cual, yo creo que no hubo duda en la conducción económica del país por parte de los sonorenses. El general Álvaro Obregón, desde su candidatura a presidente en 1919, planteaba continuar con el modelo primario exportador, pero haciendo hincapié en la exportación de productos agrícolas. Plutarco Elías Calles continuó con el mismo proyecto. Lo que considero es que nos afectaron los vaivenes de la económica norteamericana y las medidas proteccionistas que tomaron los Estados Unidos.

2. La Revolución Mexicana en Sonora 1910-1920 Al llegar la revolución, la economía mexicana, y en especial la del norte del país, había pasado por una crisis muy fuerte en 1907, transmitida por su principal socio, los Estados Unidos. La crisis afectó especialmente a la minería y al comercio asociado con esta actividad, aunque las actividades productivas durante la primera década del siglo xx en Sonora habían sido especialmente dinámicas (Valencia, 2008). Lo anterior no fue exclusivo del estado, pues en el norte de México la características de la red ferroviaria, la emergencia de las producciones ligadas al mercado externo, en especial el estadunidense, las transformaciones que se operaron en la minería de cobre, los transportes, la agricultura comercial, las ciudades y las poblaciones, perfilaron dinamismos regionales escasamente detectables en el resto del país y otros lugares del continente (Cerutti, 2007)

2.1. La revolución armada de 1910 a 1920 Después de la modernización que experimentó Sonora durante el porfiriato, uno de los momentos de cambio más importantes vividos en el estado a lo largo del siglo xx fue sin duda el que tuvo lugar en el periodo de la Revolución Mexicana. Este movimiento armado y sus efectos se pueden dividir en tres durante la década de 1910 para Sonora: primero, el maderismo, que va de los años de 1911 a 1913, caracterizado, a pesar del movimiento armado, por un continuismo en la estructura social y económica en el gobierno de José María Maytorena; segundo, el constitucionalismo y su lucha contra el general Victoriano Huerta y posteriormente contra los convencionalistas de Aguascalientes de 1913 a 1916, representado por la profunda crisis política, económica y social provocada por estos enfrentamientos; tercero, un periodo de reconstrucción (ajuste de cuentas) a partir de 1917 hasta el Plan de Agua Prieta en 1920 (Gracida, 2003).

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2.2. El gobierno maderista de Maytorena, 1911-1913 Como mencionamos, el primer periodo de la Revolución Mexicana en Sonora, el maderista, de 1911 a 1913, se caracterizó por haber afectado poco las actividades económicas, así parece haber sido a nivel nacional, como lo vimos anteriormente. Aunque la lucha armada iniciada en 1910, parece haber afectado la economía. Gráfica 1 Importaciones y exportaciones en Sonora. 1901-1913 20000000 18000000 16000000 14000000 12000000

Importaciones Exportaciones

Precios

10000000 8000000 6000000 4000000 2000000 0

1901- 1902- 1903- 1904- 1905- 1906- 1907- 1908- 1909- 1910- 1911- 191202 03 04 05 06 07 08 09 10 11 12 13

Años fiscales

Fuente: Cuadro elaborado por el autor.

Como aparece en la grafica 1 de las importaciones y las exportaciones en Sonora, donde en el año fiscal de 1910-11, se ve claramente una baja en los dos ramos, para recuperarse en el año de 1912-13 hasta los niveles del porfiriato. Hasta antes de la toma de Ciudad Juárez por las fuerzas revolucionarias, en Sonora no habían logrado los diferentes grupos la integración de un frente opositor que pusiera en peligro el poder político y económico de los porfiristas. Una vez que llegan al poder los revolucionarios encabezados por José María Maytorena en septiembre de 1911, se preocuparon por que se diera una continuidad en las actividades económicas del estado y podríamos decir que social, lo cual permitió que se mantuviera la regularidad económica en Sonora, como se aprecia en los indicadores de la época (Gracida, 1989: 138-139; Alarcón, 2008). Durante su gobierno, Maytorena enfrentó el levantamiento de Pascual Orozco, quien se limitó a los distritos de Sahuaripa, Moctezuma y Álamos y parte de la serranía central hasta Tónichi, dejando fuera las regiones de cultivo del centro y del sur, haciendo que los estragos fueran reducidos y la regularidad económica continuara. 75


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(Almada, 2009b) A pesar de que los centros mineros se encontraban en la zona de conflicto, su producción siguió incrementándose, gracias a los precios favorables de los metales, debido, a su vez, a la demanda del mercado norteamericano que se preparaba para la Primera Guerra Mundial. La lucha contra Pascual Orozco afectó la región serrana principalmente, a las colonias mormonas de Oaxaca, Morelos y San José. La agricultura y la ganadería fueron las actividades económicas de esa región más perturbada, pues el resto del estado se mantuvo en relativa calma, a pesar de enfrentar una huelga minera en Cananea y el levantamiento de los yaquis en el valle. Lo localizado de la lucha armada dio la oportunidad de conservar una regularidad en las actividades económicas de la entidad. Hacemos hincapié en este punto porque es una de las causas que permitirán a Venustiano Carranza y los sonorenses ser la base de la revolución constitucionalista contra Victoriano Huerta (Aguilar, 1979: 308-369; Almada, 2009: 356-363; Knight, 1986, vol. II: 11-33).

2.3. Federalismo y soberanía regional. Destrucción y crisis económica 1913-1916 El segundo periodo de la revolución, conocido como el constitucionalismo, se inicia en tierras sonorenses, como en Coahuila, antes que en el resto del país, cuando el Legislativo del Estado de Sonora y el gobernador interino Ignacio L. Pesqueira desconocen al gobierno del general Victoriano Huerta en marzo de 1913, después de los sucesos de la Decena Trágica que desembocaron en el asesinato del presidente Madero y del vicepresidente Pino Suárez. Ante la indefinición del gobernador José María Maytorena y después licencia, se nombró un gobernador interino, Ignacio L. Pesqueira (Almada, 2009: 337; Alarcón, 2008). El gobierno interino, al reconocer el Plan de Guadalupe y a Venustiano Carranza, tomó atribuciones y medidas extraordinarias que le permitieron establecer un control total sobre los ingresos federales de aduanas, principalmente y estatales, que le permitió establecer una economía de guerra a fin de hacer frente a la lucha armada. Aparte del control de todos los ingresos federales, el gobierno de Sonora emitió su propia moneda. Esto sería el origen de las desavenencias de José María Maytorena Tapia y Venustiano Carranza, ya que como gobernador Maytorena no quiso deshacerse de las atribuciones extraordinarias. Más adelante esté enarbolará la bandera del federalismo y la soberanía regional y se aliará al villismo (Alamda, 2009b, 158). Esta alianza aparentemente extraña…” No es, pues, sorprendente que federalistas, regionalistas y localistas de antecedentes y posiciones políticas frecuentemente antagónicas tendieran a apoyar a villa y no a Carranza”. (Katz ,v. 1, 1982, 302, 303) De las medidas más utilizadas por el gobierno de Pesqueira fueron los préstamos forzosos y la de la intervención de propiedades industriales y agrícolas, que Maytorena no quiso tomar, pero que no dejara de tomar en su regreso como gobernador. Como en el resto del norte de México, en Sonora fue la de “hacienda intervenida” 76


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ante los “bienes ausentes” y enemigos de la revolución. Éstas fueron propiedades de la antigua oligarquía porfirista que se había exiliado y de enemigos de los bandos revolucionarios (Castro, 1996; Flores, 2007). Con lo anterior, fue una de las fuentes de recursos que obtuvieron para librar una guerra convencional y organizar un ejército regular, gracias al acceso de los recursos proveniente de las ventas en la frontera de los Estados Unidos y con esos recursos obtener armas. Además de que su acceso a la frontera con los Estados Unidos le permite obtener los impuestos de las aduanas y recursos de los mexicanos y sonorenses del exterior, que viven en Arizona (Almada, 2009: 357; Katz, 1982, vol. II: 280). Esto y la disponibilidad de las fuerzas maderistas estatales que no fueron disueltas por la guerra en el Yaqui y la lucha contra Pascual Orozco propició una movilización desde arriba y desde abajo, con las fuerzas locales y municipales, lo que permitió mantener un liderazgo del gobernador interino. Ya vimos que los años de 1913 a 1916 fueron los más difíciles para el país; mientras, Sonora se había mantenido prácticamente ileso hasta antes de 1914 (Katz, 1998: vol. 2: 98). Lo anterior se debió a que casi no había habido combates que afectaran la actividad económica. Además, el ejército del gobierno de Huerta en Sonora, después de las derrotas sufridas con Álvaro Obregón, se encerró en el puerto de Guaymas. Asimismo, al regresar José María Maytorena a la gubernatura, mantuvo el control sobre todos los ingresos federales, moneda y ingresos estatales, por lo tanto de su gasto. Aunque mantuvo una política conservadora y conciliadora, que lo llevaron a enfrentarse con los revolucionarios constitucionalistas a partir de la ruptura que se da después de la Convención de Aguascalientes a finales de 1914 (Alarcón, 2008). Decíamos anteriormente, que una fuente de conflicto y separación con Venustiano Carranza, es que José María Maytorena Tapia, cono quiso regresarle al gobierno federal el control de los ramos que tradicionalmente quedaban reservados al gobierno federal. Para lo cual, el gobernador Maytorena alegó la defensa de la soberanía regional. Así, los años más difíciles se dieron entre el otoño de 1914 y el invierno de 1916, donde se encuentra el año intermedio de 1915, conocido en la región como “el año del hambre”, periodo arduo que se conjugó con la crisis económica nacional y los desastres naturales provocados por las fuertes lluvias del invierno de 1914-1915, que afectaron las cuencas de los ríos Sonora, Yaqui y Mayo. Además, de 1914 a 1916 tuvo lugar la lucha armada más encarnizada a lo largo y ancho del estado entre los constitucionalistas y los convencionalistas (Convención de Aguascalientes) de Maytorena y después contra Francisco Villa, todo esto aderezado con los levantamientos y ataques de la tribu yaqui. La conjunción de todos esos elementos desencadenó una fuerte crisis económica y social, y un año de hambruna como se dio en algunos otros estados de la república. El triunfo de los constitucionalistas en diciembre de 1915, con la derrota y salida de Francisco Villa y el exilio de José María Maytorena, les permitieron hacerle frente al desabasto y carestía, tratando de normalizar el abasto después de 77


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tomar medidas extraordinarias. Las anteriores medidas se tomaron durante los gobiernos constitucionalistas de Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta que le permitieron darle el nombre del laboratorio de la Revolución Mexicana (Aguilar, 1979: 424; Gracida, 1989; Flores, 2007: 62; Lomelí, 2004: 21). El hambre que sufría la población en estos años de 1915 y 1916, y que provocó muerte y emigración interna y externa de buena parte de ésta tuvo su origen en el desabasto y la inflación que se dieron entonces. La inflación se debió, entre otros factores, al cierre bancario de 1914 y al desprestigio de los billetes revolucionarios, mejor conocidos como bilimbiques por ambos bandos revolucionarios (Alarcón, 2008). La falta de alimentos fue ocasionada, aparte de la crisis agrícola causada por las inundaciones y la guerra, por la falta de comunicaciones que no permitió el abasto de amplias regiones, además de la crisis monetaria provocada por la devaluación de los billetes villistas y constitucionalistas. Los problemas también se reflejaron en la demografía; el resultado fue que en once años la población apenas creció 4.45% a una tasa anual de 0.33%, al pasar de 263 383 habitantes en 1910 a 275 127 en 1921, como consecuencia de la muerte y la emigración que originaron la guerra y el hambre. A principios de 1916, Sonora era un territorio como no había sido desde la época de Gándara, a mediados del siglo xix. Pueblos enteros habían emigrado a las zonas de refugio o estaban en ruinas, los capitales habían huido o se habían refugiado en la frontera, los valles antes fértiles resultaron afectados por la guerra y las inundaciones, viviendo en la zozobra, y el abandono y la escasez de cereales era crónica. El comercio especulaba por la misma escasez y la inflación ocasionada por el desastre de la moneda constitucionalista y villista. Muchas negociaciones habían detenido sus actividades. El paso de los ejércitos había dejado cicatrices, odios, como en San Pedro de la Cueva, y destrucción en centros mineros como La Colorada y haciendas y rancherías donde el ganado había sido saqueado (Aguilar, 1979: 424). El efecto de la crisis se vio también en la minería. El cónsul norteamericano en Nogales, Simpich, escribió al secretario de Estado Robert Lasig que varias de las principales minas —incluidas La Colorada, La Cobriza y El Plomo— y algunas explotaciones más pequeñas mantenían paralizadas sus operaciones. En agosto de 1914 dejó de operar la Compañía Minera de Cananea a pesar de los esfuerzos del gobierno de José María Maytorena por mantener laborando las grandes minas de Sonora. Para el año de 1916, las consecuencias de la crisis en la agricultura habían sido enormes, a pesar de los intentos de los revolucionarios por mantener productivas muchas de las haciendas y de establecer dispositivos legales para ello. Así, la cosecha de los cereales como el trigo cayó en 90% y del maíz en 80% (Aguilar, 1997: 554). En cuanto a los ferrocarriles, como expresión de la crisis, hubo una baja en las toneladas transportadas, al pasar de 460 176 que se transportaban en 1913 a 346 384 en 1914 y 301 261 toneladas en 1915, además de la suspensión del servicio por varios periodos, en que fueron tomados diferentes ramales del Ferrocarril Sud Pacífico de 78


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México. La caída de la actividad agropecuaria se ve reflejada en el descenso de la transportación de los productos en el tren, en especial en 1915. Al llegar el año de 1916 la economía se encontraba paralizada y continuaban la inflación y el desabasto. En lo concerniente a la minería, se informa del cierre de varios centros mineros a causa de los problemas derivados de la lucha armada de 1915. Dentro de éstos destaca el cierre de las actividades de Minas Prietas y La Colorada, que habían sido saqueadas por Pancho Villa durante su salida de Sonora, quedando inundados sus tiros mineros (Gracida, 1987). En lo que se refiere a la agricultura, muchas haciendas habían sido saqueadas y otras abandonadas, como fue el caso de las fincas de la familia Maytorena; muchos de los canales de riego fueron destruidos o azolvados. En algunos casos los terrenos de cultivo fueron abandonados por la falta de mano de obra. Lo anterior contribuyó, junto con la devaluación de la moneda constitucionalista, al desabasto y la elevación de los precios. Para hacerle frente a esta situación, los revolucionarios constitucionalistas sonorenses aplicaron medidas de política económica inéditas, que llevaron a considerarla como uno de los laboratorios de la Revolución Mexicana, buscando restablecer la economía sobre bases productivas, que les permitieran controlar la inflación, el desabasto y la desvalorización de la moneda, además de enfrentar los problemas sociales derivados de ellas, rompiendo con la política económica liberal prevaleciente hasta entonces (Aguilar, 1997; Gracida, 1989: 146-147). Muchas de estas medidas se verían después plasmadas en la Constitución de 1917 (Aguilar, 1997; Gracida, 1991). Por último, otro fenómeno que se presentó fue el de la emigración en busca de zonas de refugio donde la gente no sufriera estos flagelos o fueran menores sus efectos. Así, algunos habitantes emigraron al extranjero, otros se desplazaron a las ciudades fronterizas y algunos más se fueron a los centros mineros de Cananea, Nacozari y Pilares. Por esta razón vemos cómo la población de las ciudades fronterizas de Nogales y Agua Prieta creció hasta cuadruplicar su población. Nogales es la que más llama la atención, pues para el año de 1921 se ubica como la segunda población de Sonora, al pasar de 3 177 habitantes en 1910 a 13 475 personas en 1921.

2.4. Recuperación económica, 1917-1920 Después de estos tres años de crisis, la economía sonorense logró recuperarse gracias a las medidas que se tomaron para controlar el desabasto y la inflación, además de las que alentaron el crecimiento de la demanda y el mercado interior. Ahora bien, estas medidas actuaron conjuntamente con los factores que no habían permitido que esta crisis hubiera sido más profunda, como fue: su carácter fronterizo en un entorno en donde la demanda norteamericana se acrecentó al final de la Primera Guerra Mundial, lo que significó para el estado de Sonora, por una parte: una demanda de mano 79


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de obra que absorbió la que era expulsada por la revolución; por otra, incrementó la demanda de productos mineros, como el cobre, que llevó a las diferentes facciones revolucionarias a tener mucho cuidado en sus relaciones con las compañías que explotaban Cananea y Nacozari. La demanda local y estadunidense de productos agropecuarios llevó a mantener la política de ocupación y explotación de las haciendas intervenidas por abandono o expropiación para financiar la revolución. Estos mismos factores que contribuyeron a que la crisis no fuera tan profunda ayudaron a la recuperación de la economía sonorense. También aumentó la demanda de productos agrícolas, como el garbanzo, que se exportaba a Cuba y España, lo que estimuló la inmigración a los municipios de Navojoa y Etchojoa, donde se cultivaba este producto. La recuperación productiva se refleja a partir de 1917 en las estadísticas económicas, donde la producción de la minería industrial, en especial el cobre, se incrementa. Así, vemos de qué manera poblaciones como Nacozari de García en el año de 1921 habían aumentado su población a un ritmo de crecimiento de 7.24% anual y poblaciones y municipios como Navojoa y Etchojoa crecen también un 7.67% anual gracias al cultivo del garbanzo. Navojoa pasó de 2 430 habitantes en 1910 a 5 473 en 1921. Huatabampo, de 2 592 en 1910 a 3 511 habitantes en 1921. Para fortuna del estado, los años que van de 1917 a 1919 se caracterizan por una lucha por consolidar las reformas políticas económicas y sociales de 1915-1916, quedando libre de las inquietudes militares que reinaban en el centro de la república mexicana, hasta antes de las elecciones presidenciales de 1919, que los llevaría a la palestra nacional mediante el Plan de Agua Prieta al darse un enfrentamiento entre Venustiano Carranza y el general Álvaro Obregón por la sucesión presidencial. Gráfica 2

Producción en libras

Producción de Cobre de la Cananea Copper Co. 70000000 60000000 50000000 40000000 30000000 20000000 10000000 0 03 19 06 19 07 19 09 19 11 19 13 19 15 19 17 19 19 19 21

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19

01

Producción

Años

Fuente: Valencia Ortega, 2008

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Ante la falta de datos, para comprender el comportamiento del ciclo de 19111913, 1914-1916 y 1917-1920 a partir del producto interno bruto estatal (pibe), podemos utilizar un índice que está completo para el periodo, como la producción de cobre en en el mineral de Cananea, que sin duda por ser una de las poblaciones y actividades más importantes del estado de Sonora, es significativa. El comportamiento de su producción, refleja claramente aquello de lo que hemos venido hablando. Primero surge la crisis de 1907, que llevó al cierre de la mina, por eso en ese año fiscal 1907-1908 aparece como uno de los que mayor baja tiene en la producción, hasta llegar cerca de las 16 millones de libras. Durante la revolución, se ve el incremento de producción generada por la demanda norteamericana de cobre, pero nuevamente se ve el ciclo de 1914-1916 con una caída afectando la producción por las diferentes tomas del mineral por las fuerzas revolucionaria, para colocarse por debajo de las 20 millones de libras. Después de la cual se aprecia la recuperación (Erquizio y Gracida, 2009), que termina con el año recesivo de la economía norteamericana de 1921, por los efectos de la posguerra, para recuperar el ritmo de crecimiento.

General de División Francisco Villa en la ciudad de El Paso, Texas. Enero de 1915

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A contrapelo de la Revolución. El aguardiente de agave hace rico a José Cuervo y le da fama mundial

Hacienda José Cuervo. Siglo XX

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Agave


Rodolfo Fernández

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A contrapelo de la Revolución. El aguardiente de agave hace rico a José Cuervo y le da fama Mundial Rodolfo Fernández Centro Instituto Nacional de Antropología e Historia Jalisco

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ste relato se ocupa de un episodio de la vida de José Cuervo, un apuesto joven de familia tequileña, de alcurnia campirana, que casó con una rica alteña, Ana González Rubio, viuda del prominente tequilero, Jesús Flores Arriola, y se volvieron magnates en la industria del mezcal durante los últimos años del Porfiriato y la época de la Revolución. El texto describe ciertos aspectos de la alianza matrimonial de doña Ana y don José que nos ilustran cómo, aprovechando la coyuntura de la conflagración revolucionaria, acumularon gran riqueza y trasladaron sus lugares de organización universal,1 del pueblo de Tequila a Guadalajara, primero, y finalmente a la ciudad de México. Con ello se refleja su progreso económico y social, como su sagacidad financiera, observada sobre todo en su patrón de adquisición de fincas en las tres localidades, en el incremento de sus actividades crediticias, y en la multiplicación de las marcas de vino mezcal de su propiedad. Destaca también la manera en que organizaban lo que podríamos llamar sus cuarteles generales -oficinas y bodegas-, o sus dichos lugares de organización universal, si observamos los eventos aquí narrados desde la teoría “lugarícola”.2 En esa dinámica es especialmente atractiva la estrategia de nuestros personajes de comprar casas de “gente conocida” que caía en la ruina, tanto en la Capital como en Guadalajara. 1

2

Desde la perspectiva de la teoría “lugarícola”, cuya referencia teórica básica aparece en la siguiente nota de pie, el lugar de organización universal es el sitio desde el cual un actor social organiza su mundo, tanto objetivo como simbólico. Una versión de este artículo fue publicada en el Boletín de Monumentos Históricos, tercera época, num. 21, enero abril de 2011. La idea de considerar al lugar cómo ámbito prístino y universal en la construcción mental de las ideas de espacio y territorio viene de Edward Casey. Cfr. Edward Casey, “How to Get From Space to Place in a Fairly Short Time: Phenomenological Prolegomena” Senses of Place (Steven Feld & Keith H. Basso eds.) Santa Fe, New México, School of the Americas Reserch Press, 1996, pp. 13-52. Véase también: Rodolfo Fernández, “Espacio y territorio, dos términos yuxtapuestos al construir el concepto de región”, Revista del Seminario de Historia Mexicana: Espacio, e identidad: perspectivas históricas y antropológicas (coord. Rosa Vesta López Taylor), vol. IV, no. 2, verano 2003, pp. 33-41.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

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Mi trabajo se enmarca en la historia de la agroindustria del tequila, quizá uno de los sectores productivos menos afectados por la lucha armada mexicana, por haber sido generadora de un bien escaso y por haberse encontrado en una coyuntura más amplia, la de la Primera Guerra Mundial, cuando la producción y exportación de alcoholes europeos parece haberse mermado de manera drástica. En lo conceptual, el texto se organiza por la referida visión “lugarícola” de la realidad, en la que el espacio cobra sentido en función de su organización por los protagonistas de la dinámica social desde sitios específicos y en momentos determinados de las historias particulares que se construyen. Otro aspecto teórico empleado, aunque de manera marginal, es el concepto de “gente conocida” como alterno a los conceptos de clase o grupo dominantes de las teorías macrosociales, que tanto subyacen nuestro quehacer histórico y que son tan limitados en sus descripciones de las dinámicas sociales íntimas de las sociedades locales.3 Situémonos por el año de 1900, en el pueblo de Tequila, cuando la muy rica y aparentemente glamorosa viuda heredera de Jesús Flores, señor local del aguardiente de agave, caso con José Cuervo, de quien se dice fue su caporal o mayordomo.4 Imaginemos a ambos. A ella guapa, migrada a Tequila por circunstancias asociadas a la presencia de su cuñado, Luciano Gallardo García Diego, quien estaba casado con Virginia González Rubio, hermana de Ana y sobre todo porque Luciano tenía fabrica de Tequila, que parece compro luego Jesús Flores, el primer marido de Ana.5 El mismo Claudio Jiménez supone que Jesús Flores había conocido a Ana en casa de su cuñado, estando aún casado con la a su vez heredera de una fortuna tequilera, Tomasa Martínez.6 Por su parte, José Cuervo, Labastida de segundo apelativo, era hijo de Malaquías Cuervo Flores, que había sido tequilero y dueño de las haciendas de San Martin, El 3

4 5 6

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El mundo de la gente conocida lo he ilustrado con un modelo rizomático, a la manera de los óvalos que los niños hacen para ejercitar su caligrafía. Lo discurrí hace algunos años, para la sociedad novohispana de los siglos XVII y XVIII. Pero considero que ayuda a entender el entramado social de la pareja Cuervo-González Rubio, en el que ellos se encumbraban cada vez más, y sus pares, consanguíneos y colegas no productores de aguardiente caían en la decadencia postrevolucionaria. Según el modelo, en el interior de los sectores dominantes de la sociedad ocurría una polarización, entre dos subconjuntos, los encumbrados y los decadentes. Ninguno de ellos solían incluir a casas o familias completas en sentido amplio, como lo hacen los modelos macrosociales; sino personajes y familias en sentido estrecho. Se podría dar el caso de dos hermanos, en que uno fuese decadente y el otro encumbrado. Lo mismo podría ocurrir entre primos. Pero, en la segunda generación, a veces traslapada con la primera, los hijos del decadente podrían volverse encumbrados, y los del encumbrado decadentes. Rodolfo Fernández, “Testamentos de españoles neogallegos: decadentes y encumbrados”, Estudios del Hombre, nº 4, 1996, pp. 140-142. Véase Margarita de Orellana, “Microhistoria del tequila: el caso Cuervo”, Artes de México, nº 27: El Tequila Arte Tradicional en México, noviembre de 1994. Comunicación personal de Claudio Jiménez Vizcarra. El padre de Tomasa había sido Francisco Martínez Gómez, el aglutinador inicial del núcleo industrial del mezcal en el pueblo de Tequila, en las márgenes de río Atizcua. Ahí, en el siglo xvii se había fundado la desaparecida villa española de Torre de Agraz de Ulloa, que con el tiempo se afirmaría como el lugar de organización universal del dicho pueblo y de su mundo tequilero. Ese lugar nuclear de la villa, continuaría siéndolo a lo largo de su historia, hasta nuestros días. Y lo había sido, desde casi 150 años antes de que en Tequila se empezase a producir aguardiente de agave a fines del siglo xviii.


Rodolfo Fernández

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Pasito y Llano de los Velas.7 El hecho de que don José no haya tenido tierra antes de casarse y haya sido empleado de su mujer, era una de tantas circunstancias que marcan a los miembros de los subconjuntos humanos arriba descritos. El paso de la prominencia a la decadencia, lo puede determinar un mal negocio o la condición de segundón, causada por no haber nacido primogénito. En otros textos he enfatizado la manera en que José Cuervo y Ana González Rubio durante sus primeros ocho años de matrimonio pusieron énfasis en la adquisición de propiedades en el pueblo de Tequila, sobre todo en los cuarteles segundo y tercero del asentamiento decimonónico, ya incluyente de la desaparecida villa, en patrón semejante al llenado de un rompecabezas, a partir de las propiedades que habían sido heredadas por doña Ana de Jesús Flores. Y lo habían hecho reforzando su lugar de organización universal en ese complejo de fincas, que incluía sus tabernas y sus casas.8 Cuadro 1 Transacciones con sede en Tequila9 Inversiones hechas con sede en Tequila (1912-1920) Partida59

Partida décima séptima

7 8 9

Descripción del bien. Casa en Tequila, manzana 11 cuartel 2º, calle de Corona. Linda, al oriente, con la dicha calle: al poniente, arroyo enmedio, con propiedad de herederos de Jesús Flores; al norte con propiedad de Antonio Romero; al sur con propiedad de Antonio Romero y con testamentaría de Cenobio Sauza, arroyo en medio. Una parte de esta casa pasó al ayuntamiento de Tequila.

Avalúo

$ 900

Notas

Carece de datos de compraventa.

Claudio Jiménez Vizcarra, comunicación personal. Sucesión de José Cuervo Labastida, Archivo de Instrumentos Públicos de Guadalajara, Protocolos de notarios públicos (en adelante, aipg Notarías,) Protocolo Arnulfo Matute, Documentos, vol. xix. Dcto. 31, ff. 35 -49. Referencia al documento de sucesión de bienes de José Cuervo arriba citado.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX Casa en Tequila, en el callejón del Nijallote, acera sur, manzana sin número, segundo cuartel. Partida décima Quinta

Partida vigésima primera

Casa en el mismo lugar, cuartel 2º, manzana 13, acera sur, calle Monterrey. Linda al oriente con propiedad de Epitacio Gutiérrez; al poniente con propiedad de Victor Camba, lo mismo que por el norte; al sur con herederos de Jerónimo León. Terreno llamado “Mochitiltic y Las Juntas”, municipio de Tequila, en la barranca.

Huerta en Tequila, cuartel segundo, manzana segunda, acera norte del callejón del Aguacate, hoy calle Tepic, con superficie de 1200 m2. Linda con propiedad de Leonardo Partida undécima Aguirre y Jacinto Rivera; al poniente con Ana González Rubio; al norte, calle Tepic de por medio, con Jesús Herrera de Martínez y Francisco Romero; al sur con José Cuervo y Juan Gallo. Casa en Tequila, acera sur de la manzana 7ª, cuartel 2º, nº 10, calle 24 de enero. Linda por el Partida oriente, poniente y norte, con duodécima propiedad de Ana González Rubio. Casa en Tequila, ángulo oriente sur de la manzana 9ª del cuartel segundo, nº 10, calle San Martín. Linda al Partida décima oriente y el sur, con las calles de San Martín y 24 de enero; tercera al poniente con propiedad de Ana González Rubio y; al norte con propiedades en ella y José María Lucio Curiel.

90

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$ 320

Las dos casas fueron adquiridas por compra a Víctor Camba, en Guadalajara, el 3 de noviembre de 1900, ante el notario David Gutiérrez Allende.

$13,200

Adquirido por compra a Vicente Orendaín, en Guadalajara, noviembre 7 de 1900, ante David Gutiérrez Allende.

$ 800

Adquirido por compra a L. Aguirre, en escritura privada, en Tequila, el 8 de febrero de 1901.

$ 200

Comprada a Juan Jiménez Gómez, en escritura privada, en Tequila, el 11 de octubre de 1901.

$ 320

Adquirida por compra a León Aguirre, en Tequila, el 2 de abril de 1902, en escritura privada.


Rodolfo Fernández

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Partida décima sexta.

Casa en Tequila, acera sur, manzana 2ª, cuartel 2º, número 18 de la calle de Sinaloa. Linda al sur, calle de por medio, con Apolonio García y Guadalupe Flores, por los demás vientos con propiedad de Ana González Rubio.

Partida vigésima

Terreno en la barranca de Urinda, en Tequila, con 59 a, 44 ca.

Partida décima

Partida décima novena

Partida décima octava

Partida vigésima segunda

Casa en Tequila, número 20 de la calle 24 de enero, del cuartel segundo, manzana 8ª. Linda: al oriente, con propiedad de Luciano Gaytán, al poniente con propiedad de Santos Velásquez, Al norte y sur, calle de por medio, con Ana González Rubio. Terreno denominado El Tepehuaje, en la comisaría de El Salvador, con extensión aproximada de 10 has. 56 a. 89 ce., de labor, parte de temporal, parte ereazo. Casa en Tequila. Cuartel 1, manzana 8ª, número 12, calle de 24 de enero. Fracción poniente del potrero “La Coralera” perteneciente a la hacienda del Tigre, junto al camino Guadalajara- Tepic. Extensión de 291 has., 16 a. Fracción de terreno de la hacienda de Huilcicilapan, hacia el norte, en colindancia con el camino TepicGuadalajara. Son 165 has., 86 a., 60 ca. Fracción norte de la hacienda del Tigre, formada de los potreros “El Colomito”, “El Salitrillo”, “El Tigre” y “la Reja”. Son 803 has. 78 a. y 2 ca.

$ 400

Adquirida por compra a don Antonio Magallanes en escritura firmada en Tequila el 9 de agosto de 1902. Escritura privada.

$ 100

Adquirido por compra a Remigio Rosales en escritura privada en Tequila, el 30 de Abril de 1904.

$ 600

Adquirida por compra a Serapio Delgado en escritura privada, en Tequila, el 15 de mayo de 1906.

$ 1,160

Adquirido por compra a Brígido García, en escritura privada, en Tequila, diciembre 12 de 1906.

$ 270

Comprada a Asunción Padilla, el 1º de enero de 1907. Escritura privada.

$ 46,500

Adquiridas por compra a Catalina Aguilar, viuda de Romero, en Guadalajara, ante el notario Enrique Arriola, el 8 de junio de 1907.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

Partida décima cuarta

Partida vigésima cuarta

Partida vigésima quinta

Partida vigésima sexta

Partida vigésima séptima

Partida cuadragésima primera

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Casa en Tequila, acera sur de la 2ª manzana del cuartel 2º número 16 de la calle Sinaloa. Linda al sur, calle en medio, con propiedades de Apolunio García y Guadalupe Flores, con los demás vientos, con Ana González Rubio. Terreno llamado “Piedras Amarillas”, en municipio de Magdalena, con extensión aproximada de 8 has. 2 a. 42 ca. Terreno denominado “Rancho Nuevo” o “Buena Vista”, en tierras de Magdalena, con una extensión de 1412 has. 80 a. Compuesto por los potreros de “El Casco”, “San Antonio”, “El Mezcal”, “Las Latillas” y “Los Pozos”. Linda al norte con el camino nacional.

$ 500

Comprada a Librada Ayala de López, en Tequila, el 6 de noviembre de 1907. Escritura privada.

$ 190

Comprado de Anacleto Martínez, en escritura privada el 15 de marzo de 1909, en Tequila.

$ 61,590

Adquirido por adjudicación de herencia de la sucesión intestada de Martiniana Valadéz intestamentaría de José M. Martínez, según consta el protocolo de David Gutiérrez Allende, el 15 de junio de 1909.

Línea de tranvías en Tequila, del pueblo a la estación de tren.

$ 5,000

Derechos de uso y aprovechamiento de las aguas del arroyo de Atizcua, que atraviesa Tequila.

$ 600

Crédito procedente de préstamo hecho al ayuntamiento de Tequila, según escritura del 20 de noviembre de 1909 ante el notario Enrique Arriola.

f

$ 3,500

Concesión del 14 del julio de 1909, aprobada por el congreso el 19 de octubre del mismo año. Registro en Tequila. Adquiridos por permuta con el ayuntamiento de Tequila, el 20 de noviembre de 1909, ante el notario Enrique Arriola.

Pagaderos en 4 años en abonos anuales.


Rodolfo Fernández

f

Partida vigésima tercera

Finca rústica denominada “Huilzizilapa y anexas” al suroeste de Tequila, en su municipio, con extensión de 26, miriarias, 63 has, 60 a. 62 ca. De temporal, monte agostadero y erial. Dentro del perímetro expreso por los linderos están las fincas denominadas Tecuanapa, La Guijas y Los Pericos, la 1ª de 577 has 74 a. 6 ca. Las Guijas tiene 434 has. 94 a. 54 ca. Los Pericos tiene 42 has. 79 a. 56 ca.

Suma total de inversiones incluyendo créditos otorgados hasta 1910

Partida Novena

Partida quincuagésima

Casa en Tequila, Calle Corona número 13, en la manzana segunda del cuartel segundo. Linda al oriente con la calle de Corona, al norte, la calle de 24 de enero; al poniente, propiedad de Ana González Rubio; al sur con propiedad de Anacleto Martínez. Por falta de datos no se listó en el activo la casa en Tequila, cuartel 2º, manzana 8ª, número 18, calle 24 de enero, comprada a Bernardina Sastre.

Suma de inversiones en fincas de 1911 a 1920

$ 65,000

La finca se compró de Catalina Aguilar, en Guadalajara en 4 de marzo de 1910, ante el notario Enrique Arriola.

$ 196,650

$ 2,000

$ 400

Adquirida por permuta con José Wolf. Adquirida el 2 de diciembre de 1919 ante en notario Francisco Labastida y Anguiano.

Adquirida el 15 febrero de 1919. No se consigna la escritura.

$ 2,400

Fuente: Sucesión de José Cuervo Labastida, AIPG, Notarías, Protocolo Arnulfo Matute, Documentos, vol. XIX, Documento 31, ff. 35 -49.

En 1908, poco más de dos años antes del inicio de la lucha armada, doña Ana y don José, se hicieron de una casa en Guadalajara, cuya adquisición prefigura el traslado de su lugar de organización universal a esa ciudad.10 Se trataba de una casa, muy cerca a la ya su propia residencia, que habían sido comprada en 1904, en el barrio de San Francisco, en la calle de Miguel Blanco. Es difícil suponer la razón de su compra, pero pudo haber sido como inversión, o para alojar algún pariente mayor. Fue Adquirida el 2 de marzo de 1908. Su avalúo al morir don José era de $7,000. 10 Tenían la que había sido adquirida en vida de Jesús Flores en el barrio alteño de El Santuario y la primera que habían comprado en el barrio de San Francisco, el entonces elegante, en 1904.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

f

Cuadro 2 Transacciones con sede en Guadalajara (1911-1920) Inversiones hechas con sede en Guadalajara Partida

Sexta partida

Séptima partida

Cuarta partida

Quinta partida

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Descripción del bien.

Casa marcada con el número 5 de la antigua calle de Aranzazu, hoy 57 de Miguel Blanco, construida en dos lotes.

Casa marcada con el número, 13 ½ antigua numeración de calle de Aranzazu, hoy calle de Miguel Blanco, acera norte, manzana 38 del cuartel 7º. Adquirida por compra a Jorge Mares. Mide 4 metros de frene por 33 de fondo. Casa en la esquina ponientenorte de las calles de La Amargura y Olas Altas, con números 96 y 100 de la primera, como 102 y 106 de la segunda. Terreno y casa en él construida en la manzana 20 del cuartel 7º. Linda con propiedad de los ferrocarriles y con el Molino Germania, En el terreno Cuervo construyó casa y bodegas, con los números 186 al 197 de la calle Manzano. Predio de 20 x 51 metros con frente a la vía del tren, una calles y un arroyo que se volvería avenida.

Avalúo

Notas

$ 17,300

Adquiridos uno de Francisca Mercado viuda de Abadie el 16 de julio de 1900 ante el notario Francisco García Sancho. El otro se compró de doña Eusebia Castillo viuda de Moncayo, ante el notario Celedonio Padilla el 21 de mayo de 1904.

$ 7,000

Adquirida el 2 de marzo de 1908 ante el notario Enrique Arriola.

$ 5,000

Adquirida del licenciado Celedonio Padilla, el 10 de mayo de 1908, ante el notario Enrique Arriola.

$ 10,000

Adquiridos por compra a Rosalío Ruiz y Octavio Lobato, colindante con el molino Germania, y con las vías de ferrocarril. Comprado el 1º de mayo de 1908, ante el notario Enrique Arriola.


Rodolfo Fernández

f Suma de inversiones hasta 1910 Crédito procedente del precio de dos casas en Tlaquepaque, Partida trigésima calle hidalgo, nºs 3 y 5, octava vendidas el 13 de junio de 1917 ante Ambrosio Ulloa. Casa nº 445 de la avenida Madero, en esquina Donato Partida tercera Guerra, manzana 17 del cuartel 6º. Crédito procedente de préstamo de 40,000 pesos oro Partida trigésima nacional a Luis Castellanos Tapia, según escritura del 10 séptima de julio de 1919 ante Arnulfo Matute.

$ 39,300

$ 1,500

Las casas las debía María Figueroa de Rosas. El plazo, aparentemente vencido, meses antes, había sido a tres años.

$ 12,000

Comprada al doctor Salvador de la Torre, junio 15 de 1918, ante Salvador España.

$ 40,000

Plazo 5 años, al 6%. Se hipoteca en casa en Guadalajara en calles Vallarta y Lafayette, manzana sin número.

Partida trigésima tercera.

Crédito procedente de préstamo a María Ibero viuda de Gortázar.

$ 80,000

Partida trigésima sexta

Crédito a Guadalupe Gómez de Rodríguez

$ 2,000

Partida trigésima cuarta

Crédito procedente de préstamo a Adela Ibarra viuda de Tolentino.

$ 25,000

Octava partida

Casa en Guadalajara, número 55 ½ de la calle que fue de Santa Teresa, Morelos, en la manzana 12 del sector Juárez con los números 491 y 9, en esquina con Ocampo.

$ 20,000

Por vencer en febrero de 1925, al 6%, firmado el 21 de diciembre de 1919, ante el notario Gregorio González Covarrubias, con hipoteca de la hacienda de Cuisillos, en Tala. Firmado el 31 de enero de 1920, ante el notario José Prado, a dos años, al 6%. Co hipoteca de terreno llamado “El Guayabo” en Tala. Firmado en 15 de marzo de 1920 ante el notario Gregorio González. Plazo de 3 años al 6%; con hipoteca de la hacienda de “La Calerilla” en Tlajomulco, Zapopan y Tlaquepaque Comprada a Guadalupe Gil Samaniego viuda de Galván, el 5 de junio de 1920, ante el notario Arnulfo Matute.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

Partida trigésima quinta

Partida trigésima sexta

Crédito reconocido por Aurelio González Hermosillo el 22 de abril de 1916 ante Enrique Arriola. El crédito fue traspasado a José Cuervo por Juan Francisco Larreátegui el 21 de julio de 1920 Préstamo de $2000 a Guadalupe Gómez de Rodríguez.

Inversiones entre 1911 y 1920

f

$ 50,000

Fue notificado al deudor el 30 de julio e 1920, por el notario Arnulfo Matute. Con hipoteca de las haciendas de Santa Cruz del Valle, El Mariscal, El Cuatro y el potrero de las Ánimas, con vencimiento el 10 de septiembre de 1932.

$ 2000

Firmado el 31 de enero de 1920, a dos años, con réditos anuales vencidos al 6%, a dos años. Se hipotecó un terreno llamado “El Guayabo”, en Tala.

$232,500

Fuente: Sucesión de José Cuervo Labastida, AIPG, Notarías, Protocolo Arnulfo Matute, Documentos, vol. XIX, Dcto. 31, ff. 35 -49.

Tres meses después, el mismo día, la pareja Cuervo González Rubio compró dos propiedades más en Guadalajara. Una, en un barrio lejano de tamaño no definido, en la calle de la Amargura, cruzando con la de Olas Altas. La segunda era un predio colindante con el molino Germania y las vías de ferrocarril. La adquisición de esta propiedad fue un evento clave para afianzar la idea de que Guadalajara se volvía entonces el lugar de organización universal de don José y doña Ana. La compra data del 1º de mayo de 1908. Ahí construyeron una casa y bodegas. Se hallaba en la calle Manzano y estaba valuada en $10,000 pesos cuando murió don José. La localización del inmueble le daba un valor simbólico considerable. Estaba muy cerca de su residencia, a unas cinco cuadras. Además, era su enclave distributivo, por yacer, como dije, a la orilla de la vía del ferrocarril. De ahí podía mandar aguardiente a todo el México conectado por el caballo de hierro, como parece ocurrió. El predio, un rectángulo de 20 x 51 metros, tenía poco más de mil metros cuadrados de superficie, con 20 de frente al paso del ferrocarril y otros tantos a la calle de Manzano; situación clave para la circulación de mercancía hacia y desde la ciudad. Además, la zona se convertía entonces en una suerte de zona industrial. Por todo ello, creo que entonces don José y doña Ana comenzaron a organizar su mundo de allá. Pero ese sitio, como lugar de organización universal parece haberles durado muy poco, porque al inicio de 1912 José Cuervo adquirió, en México capital, el lugar que allá lo ocuparía, al menos por unos años. Estaba en la Colonia de la Indianilla, con 1316 metros cuadrados de superficie, en la esquina de la calzada de la Piedad con la calle de Doctor Liceaga. La operación fue hecha en México, el 5 de enero. Una casa 96


Rodolfo Fernández

f

fue construida allí, por el mismo don José, con posterioridad, lo que sugiere que la pareja, haya empezado a dirigir desde allí su creciente empresa y lo haya convertido en su lugar principal de organización universal dejando a Guadalajara y Tequila como lugares subalternos. Ahí, parece que tenían casa, despacho y bodega, durante los años más violentos de la Revolución, catastróficos para el grueso de la gente de posibles, sobre todo los antiguos terratenientes; mas no para doña Ana y don José. El domicilio, en la hoy Colonia de los doctores, no era elegante, pero si conveniente para la distribución de su aguardiente, cuyo consumo en la capital se ha de haber encontrado entonces en pleno crecimiento. Pero desde 1909 don José había comenzado a realizar transacciones en la ciudad de México, y tenemos registrada la primera de una serie de escrituras asociadas a la renta, hipoteca, y explotación de la hacienda de Atequiza en Jalisco, en la zona de influencia directa de Guadalajara. La primera escritura consignada al respecto en el documento de sucesión de José Cuervo fue firmada en México para dar fe de una deuda que había adquirido Luis Navarro con José Cuervo, ante el notario Manuel Borja Soriano, el 2 de septiembre de 1909. El monto del pasivo era 628,864 pesos. Navarro se había comprometido a cubrirla en dos exhibiciones; una de 300,000, pagadera el 30 de agosto de 1913, y la restante cobrable el mismo día y mes, de 1919. El rédito era el acostumbrado seis por ciento. Cuadro 3 Transacciones con sede en la ciudad de México (1912-1920) Inversiones hechas con sede en México Partida

Descripción del bien

Casa en el lote 13 de la manzana 7 de la Colonia de la Indianilla, con Partida trigésima 1316 m 36 cm2, Esquina Calzada segunda de la Piedad con doctor Casimiro Liceaga.

Partida vigésima novena

Casa en México: nº 120 de la calle de Mérida, manzana 654, cuartel 8º, con superficie de 174.70 m2. Casi esquina con Chihuahua. Ve al poniente con frente de 6.5m.

Avalúo

$ 20,000

$ 10,000

Notas Comprada a Juan Saldivar Flores, en México, el 5 de enero de 1912, ante en notario Carlos Fernández. La casa fue construida por José Cuervo. Lote de 6.5 x 24 metros. Comprada el 28 de abril de 1919, ante el notario José Carrasco. Comprada a Pablo Martínez del Río.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

Finca urbana número 59 de la 3ª calle de Córdoba, con el nº 1409. Manzana 233 del cuartel 8º, con superficie de 2096 metros cincuenta centímetros cuadrados, Partida vigésima en dos lotes contiguos, en la manzana 16 de la Colonia Roma. octava Linda al norte con la 5ª calle de Durango, al oriente, en 63 metros, con la 3ª calle de Córdoba (Sigue ochavado), espaldas de la plaza de Orizaba. Finca urbana. Calle 1ª de El Álamo. No. 8, Manzana 21, Cuartel sépPartida trigésima timo. Linda al oriente con la calle del Álamo, con 28 m. Linda al norte y sur con casas, con 50 m. Casa en avenida Jalisco, manzana 75 de la Colonia Roma, con 834 Partida trigésima m2. Frente de 67m. a la avenida primera Jalisco, séptimo tramo, por el norte.

Escritura en México, por deuda Partida trigésima de Luis Navarro ante el Notario novena Manuel Borja Soriano.

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f

$ 60,000

Adquirida por compra a “Negociación Agrícola del valle del Marqués, Sociedad Anónima en liquidación. Escriturada en México, ante el notario José Carrasco Zamitri, el 30 de septiembre de 1919.

$ 40,000

Adquirida por compra a Jesús Caraveo y Miguel Ángel Gil, el 9 de julio de 1920, ante el notario José Carrasco.

$ 20,000

Adquirida del general Juan José Ríos, el 25 de septiembre de 1920 ante el notario José Carrasco.

$ 328,864

Monto pagadero en 2 abonos uno de ellos vencido el 1º de agosto del 1913 y otro el 1º de agosto de 1919, al 6%. Se hipotecó la fracción C de Atequiza y Anexas, denominada “La Florida” municipio de Chapala; potreros: “El Tinaco”, “La Estación”, “las Coloradas”, “Las Galeras”, “La Florida”, “El Potrerillo de Las Pilas”, “La antigua huerta de Atequiza”, el casco de “La Florida” así como el Molino de Harinas. Ante el notario Manuel Borja Soriano el 26 de abril de 1911. Se ha pagado parte quedando: $328,864.


Rodolfo Fernández

f

Partida cuadragésima

Escritura en México. Abono de 300,000 cedido por José Cuervo a la Compañía Bancaria de Fomento y Bienes Raíces de México, que Luis Navarro debió pagar según la escritura arriba mencionada.

Partida cuadragésima segunda

Escritura en la ciudad de México del 26 de diciembre de 1914, ante el notario Domingo Barrios Gómez. La Compañía Bancaria de Fomento y Bienes Raíces en liquidación, el Carlos Cuervo y José Cuervo, celebraron contrato de arrendamiento de la hacienda de Atequiza y anexas en Ixtlahuacán, Tlajomulco y Chapala, en febrero de 1915.

Inversiones entre 1912 y 1920

$ 300,000

Fechada el 22 de noviembre de 1913. Queda en garantía un lote en la Colonia Condesa. Lote 2, manzana 1ª.

$ 10,000

Carlos y José Cuervo se asocian para rentar Atequiza, Carlos ya estaba rentando desde antes. Se amplía el plazo hasta 1922. La sociedad se disuelve el 15 de enero de 1918. Las cuentas se dan por liquidadas y sigue con ella José Cuervo. Avalúa lo que le queda de la empresa en $10,000, por el pronto finiquito del contrato.

$ 518,864

Fuente: Sucesión de José Cuervo Labastida, AIPG, Notarías, Protocolo Arnulfo Matute, Documentos, vol. XI, Dcto. 31, ff. 35 -49.

La garantía del pago eran las siguientes propiedades, en la dicha zona de Jalisco, en la cuenca alta del río Santiago, apenas al norte del lago de Chapala: la fracción C de Atequiza y Anexas, denominada ‘La Florida,’ municipio de Chapala; potreros: ‘El Tinaco’, ‘La Estación’, ‘las Coloradas’, ‘Las Galeras’, ‘La Florida’, ‘El Potrerillo de Las Pilas’, ‘La antigua huerta de Atequiza’, el casco de ‘La Florida’ así como el “Molino de Harinas”. El gravamen fue inscrito en Chapala; Y ratificado en México, el 26 de abril de 1911. El 31 de agosto de 1913, José Cuervo cedió parte de la deuda de Luis Navarro a la Compañía Bancaria de Fomento y Bienes Raíces de México Sociedad Anónima, el abono al capital que Navarro le debía haber entregado entonces, $300,000. Esta compañía contraía la deuda, misma que era pagadera a José Cuervo, el 31 de agosto de 1917, con réditos semestrales, vencidos, al seis por ciento. La garantía de esta segunda deuda era un terreno en la ciudad de México, en la colonia Condesa, el lote nº 2 de la manzana 1ª. Al poco tiempo, el 26 de diciembre de 1914, en la ciudad de México, ante el notario público Domingo Barrios Gómez, la Compañía Bancaria y de Fomento de Bienes Raíces, ya en liquidación, por una parte, y por otra los señores Carlos y José Cuervo, celebraron un contrato de arrendamiento con fianza de las haciendas de Atequiza y anexas, en las municipalidades de Atequiza, Tlajomulco y Chapala, en el estado de Jalisco. 99


Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

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Luego, el 6 de enero de 1915, en Guadalajara, Carlos y José Cuervo formaron una sociedad civil para explotar las dichas propiedades que “Carlos Cuervo tenía rentadas, habiéndose prorrogado el plazo de arrendamiento, que debió concluir el 3 de junio de 1917, hasta igual fecha de 1922.” La sociedad, que funcionó bajo la razón social de ‘Carlos Cuervo y Compañía’ se disolvió el 15 de enero de 1918. Entonces se estableció que las cuentas pertinentes habían sido liquidadas, y José Cuervo continuaría explotando las fincas rentadas, “pasando a su propiedad todos los derechos y acciones de la extinguida sociedad.” A la empresa se le dio entonces un valor de sólo $10,000. Esta aventura empresarial debió haber sido un fracaso. Y este fracaso lo interpreto como el reflejo de la zozobra económica de sectores de la economía distintos a la agroindustria del aguardiente. A todas luces, esa aventura empresarial, fuera de su mundo de experiencia y conocimiento, había sido fatal y sólo explicable por el intento de ayudar a su hermano Carlos a que se iniciase en los negocios en un mundo más amplio, como ocurrió con un sobrino político de su mujer, Juan Beckman el viejo, a quien doña Ana facilitó la cantidad de 100,000 pesos.11 Viene luego la estrategia de adquisición de casas de gente arruinada por a la misma revolución que a él y a doña Ana estaba enriqueciendo. Una de ellas la compró en Guadalajara; fue la número 445 de la avenida Madero y 219 de la calle de Donato Guerra. Esta se la vendió Salvador de la Torre el 15 de junio de 1918. El valor de la finca fue de $12,000. Las siguientes fincas fueron adquiridas en la ciudad de México: La primera era relativamente pequeña, en el nº 120 de la calle de Mérida, con superficie de 174.70 metros cuadrados, comprada el 28 de abril de 1919. El vendedor fue el conocido señor e intelectual, don Pablo Martínez del Río. Esta casa tenía valor de $10,000 cuando murió don José. Luego viene la joya de la familia, la finca número 59 de la 3ª calle de Córdoba, con el nº 1409, con superficie de 2096 metros cuadrados, en dos lotes contiguos, en la colonia Roma. Lindaba al norte con la 5ª calle de Durango, al oriente, en 63 metros, con la 3ª calle de Córdoba, espaldas de la plaza de Orizaba. Esta finca sería su último lugar de organización universal.12 Si bien interpreto, ésta se volvió su casa en la capital. Esta casa había sido adquirida por compra a la “Negociación Agrícola del valle del Marqués, Sociedad Anónima en liquidación el 30 de septiembre de 1919. Cabe señalar que una sociedad en liquidación suele implicar un negocio en quiebra. Esta casa fue apreciada en 60,000 pesos a la muerte de don José. En seguida tenemos una casa en Guadalajara, era la número 55 ½ de la calle que había sido de Santa Teresa, entonces Morelos, con los números 491, de esa calle, y 9 11

Testamento de Ana González Rubio de Cuervo, Archivo de Instrumentos Públicos de Guadalajara (en adelante AIPG), protocolo de Arnulfo Matute, tomo XVII (17) ff. 141-143, abril 30 de 1921. 12 La finca antes consignada como su aparente lugar de organización universal en la ciudad de México, figura en el testamento de 1921, de doña Ana, entre las fincas que se separarían del grueso del capital que legaría a su heredera universal, Guadalupe Gallardo, para otorgarse a sus herederos menores. Testamento de Ana González Rubio de Cuervo, AIPG, protocolo de Arnulfo Matute, tomo XVII (17) ff. 141-143, abril 30 de 1921

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Rodolfo Fernández

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de Ocampo, con la que hacía esquina. Fue comprada a Guadalupe Gil Samaniego viuda de Galván, el 5 de junio de 1920, Su avalúo fue de $20,000. Sigue otra casa en México, en la calle 1ª de El Álamo, número 8. La superficie era de unos 1417 metros cuadrados. Fue adquirida por compra a Jesús Caraveo y Miguel Ángel Gil, el 9 de julio de 1920. Su avalúo al morir don José era de $40,000. Esta propiedad estaba el la colonia Santa María. Tenemos luego una casa en avenida Jalisco, Hoy Álvaro Obregón, en la manzana 75 de la Colonia Roma, con 834 m2. Frente de 67metros a la dicha avenida, en su séptimo tramo, por el norte. Fue comprada del general Juan José Ríos, el 25 de septiembre de 1920. Su valor de inventario fue de $20,000. El rápido enriquecimiento de nuestros personajes lo sugiere, además de su ritmo e intensidad de adquisición de propiedades, la observación del registro de marcas de “vino mezcal” que don José llevó a cabo durante su matrimonio, de 1904 a 1918. Entre el año límite inferior, cuando parece haber empezado dicho registro, y el inicio de la Revolución, a fines de 1910, don José registró doce marcas de aguardiente, incluyendo una que todavía llevaba el nombre del finado marido anterior de doña Ana, su mujer. Esto es revelador; pues en contraste, entre el fin de 1910 y 1918, los años más violentos, el número de registros de marca hechos por don José fue de 24; es decir, el doble que los eventos de esa índole consignados antes del estallido revolucionario; y ambos periodos fueron de duración semejante. Cuadro 4 Las marcas de aguardiente de agave de José Cuervo y Ana González Rubio (1904-1918) Las marcas de tequila José Cuervo y Ana González Rubio2 Marca 1. “Gran Fábrica de Vino Mezcal en Tequila, de Jesús Flores” 2. “Gran de Vino Mezcal, de José Cuervo” 3. “Gran de Vino Mezcal” 4. Marca de fábrica Nº 60311 5. Marca de fábrica Nº 6540 6. Marca de fábrica Nº 6647 7. Marca de fábrica Nº 7133 8. Nombre comercial 4275 9. Nombre comercial 8148

Fecha de registro Mayo 13 de 1904

Comentarios Desde aquí se listan las marcas antiguas y de sus antecesores.

Julio 13 de 1904 Julio 13 de 1904 10 de enero de 1906 1 de agosto de 1906. 3 de septiembre de 1906 4 de abril de 1907 22 de abril de 1908 8 de mayo de 1908

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX 10. Marca de Fábrica 8192 11. Marca de Fábrica 9715 12. Marca de Fábrica 10719

26 de mayo de 1908 26 de noviembre de 1909 28 de octubre de 1910

13. Marca industrial “El Cuervo”

26 de septiembre de 1912

14. Marca Industrial “Cuervo” 15. Marca Industrial “Corvo” 16. Marca Industrial “Ciervo” 17. Marca Industrial “Cierva” 18. Marca Industrial “Cuerva” 19. Marca Industrial “Cueva” 20. Marca Industrial “Curro” 21. Marca Industrial “Duervo” 22. Marca Industrial “Suervo” 23. “Corbian” 24. “La Rojeña” 25. “La Rojeña”

7 de diciembre de 1912 7 de diciembre de 1912 7 de diciembre de 1912 7 de diciembre de 1912 7 de diciembre de 1912 7 de diciembre de 1912 7 de diciembre de 1912 7 de diciembre de 1912 7 de diciembre de 1912 3 de diciembre de 1912 10 de diciembre de 1912 10 de septiembre de 1913

26. “La Riojana”

10 de septiembre de 1913

27. “La Riojeña” 28. “La Rojaña” 29. “La Rijaza” 30. “El Cuervo de Tequila” 31. “Cuervo Tequila” 32. “El Cuervo Tequilense” 33. José Cuervo y compañía 34. “Tequila Cuervo” 35. Tequila Supremo Añejo VSOP” 36. Nombre comercial “La Rojeña”

28 de agosto de 1917 28 de agosto de 1917 28 de agosto de 1917 25 de octubre de 1917 25 de octubre de 1917 25 de octubre de 1917 25 de octubre de 1917 25 de octubre de 1917 6 de diciembre de 1917 1 de julio de 1918

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Aquí empiezan las marcas de los años de la Revolución.

Etiqueta para marca nº 14679, con fecha 3 de junio de 1916.

Fuente: Sucesión de José Cuervo Labastida, AIPG, Notarías, Protocolo Arnulfo Matute, Documentos, vol. XIX, Dcto. 31, 30/12/1921, ff. 47 y 47v.

Vienen luego las actividades crediticias desempeñadas aparentemente por don José, en lo personal, pero parecen haber sido llevadas a cabo por consenso con su mujer; pues varias de sus transacciones involucraban gente de Guadalajara cuyos lazos de amistad con la pareja Cuervo-González Rubio podrían haber procedido del círculo social previo de la señora. El grueso de la actividad crediticia de la pareja se concentra en los años finales de su matrimonio, con la excepción del capital que facilitó don José para la fallida aventura empresarial agrícola de su hermano Carlos y Luis Navarro. Aunque de estos últimos uno que data de 1917. Es el caso del crédito procedente del pago de dos 102


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casas en Tlaquepaque, calle Hidalgo, números 3 y 5, adquiridas el 13 de junio de 1917 ante Ambrosio Ulloa, por 1500 pesos. Las casas las debía María Figueroa de Rosas, El plazo para su pago fue de tres años, pero se había demorado. Me parece que se trató de un favor, de comprar un par de casas para alguien cercano, carente de líquido. Pasamos entonces a la época en que la pareja Cuervo-González Rubio se dedicó a prestar, entre gente conocida en un contexto que se antoja hecho ya más por negocio que por compasión con afines arruinados. Quizá tenían exceso de capital líquido y había que colocarlo. El primer crédito que concedieron fue de $40,000, a Luis Castellanos Tapia, durante su periodo como gobernador del Estado. El adeudo se formalizó el 10 de julio de 1919, a un plazo de 5 años y al 6% de interés acostumbrado. Como garantía se hipoteca quedó una casa en Guadalajara en las calles Vallarta y Lafayette. El mismo año don José prestó a doña María Ibero viuda de Gortázar, $80,000. El compromiso fue firmado aparentemente en Guadalajara, el 21 de diciembre de 1919, ante el notario Gregorio González Covarrubias. Su vencimiento sería en febrero de 1925, al 6%, con hipoteca de la hacienda de Cuisillos, en Tala. El siguiente año, 1920, el primer crédito otorgado por la pareja fue mínimo, 2000, prestados a Guadalupe Rodríguez Gómez el 31 de enero, con hipoteca de un terreno en Tala llamado El Guayabo. Viene un crédito más, a doña Adela Ibarra viuda de Tolentino, por 25,000. Firmado en 15 de marzo de 1920. El plazo era de 3 años, y el rédito era el acostumbrado de 6%; con hipoteca de la hacienda de “La Calerilla” en Tlajomulco, Zapopan y Tlaquepaque. El último crédito fue el reconocido por Aurelio González Hermosillo, por $50,000, traspasado a José Cuervo por Juan Francisco Larreátegui el 21 de julio de 1920. Se hipotecaban las haciendas de Santa Cruz del Valle, El Mariscal, El Cuatro y el potrero de las Ánimas, con vencimiento el 10 de septiembre de 1932. Cuadro 5 Los créditos otorgados por José cuervo durante su matrimonio (1909-1920) José Cuervo prestamista Partida

Descripción

Partida trigésima Crédito procedente de tercera préstamo a María Ibero viuda de Gortázar.

Valor unitario

Comentarios

$ 80,000

Por vencer en febrero de 1925, al 6%, firmado el 21 de diciembre de 1919, ante el notario Gregorio González Covarrubias, con hipoteca de la hacienda de Cuisillos, en Tala.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

Crédito procedente de Partida trigésima préstamo a Adela Ibarra cuarta viuda de Tolentino.

$ 25,000

Crédito reconocido por Aurelio González Hermosillo. Partida trigésima El crédito fue traspasado quinta a José Cuervo por Juan Francisco Larreátegui el 21 de julio de 1920.

Partida trigésima Crédito a Guadalupe Gómez sexta de Rodríguez. Crédito procedente de préstamo de 40000 Partida trigésima pesos oro nacional a Luis Castellanos Tapia, según séptima escritura del 10 de julio de 1919 ante Arnulfo Matute. Crédito procedente del precio de dos casas en Partida trigésima Tlaquepaque, calle Hidalgo, nºs 3 y 5, vendidas el 13 octava de junio de 1917 ante Ambrosio Ulloa.

Escritura en México, por deuda de Luis Navarro ante el Notario Manuel Borja Partida trigésima Soriano. Monto pagadero en 2 abonos uno de ellos novena vencido el 1º de agosto del 1913 y otro el 1º de agosto de 1919, al 6%.

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$ 50,000

$ 2,000

f Firmado en 15 de marzo de 1920 ante el notario Gregorio González. Plazo de 3 años al 6%; con hipoteca de la hacienda de “La Calerilla” en Tlajomulco, Zapopan y Tlaquepaque. Fue notificado al deudor el 30 de julio e 1920, por el notario Arnulfo Matute. Con hipoteca de las haciendas de Santa Cruz del Valle, El Mariscal, El Cuatro y el potrero de las Ánimas, con vencimiento el 10 de septiembre de 1932. Firmado el 31 de enero de 1920, ante el notario José Prado, a dos años, al 6%. Co hipoteca de terreno llamado “El Guayabo” en Tala.

$ 40,000

Plazo 5 años, al 6%. Se hipoteca en casa en Guadalajara en calles Vallarta y Lafayette, manzana sin número.

$ 1,500

Las casas las debe María Figueroa de Rosas, El plazo es de tres años.

$ 328,864

Se hipotecó la fracción C de Atequiza y Anexas, denominada “La Florida” municipio de Chapala; potreros: “El Tinaco”, “La Estación”, “las Coloradas”, “Las Galeras”, “La Florida”, “El Potrerillo de Las Pilas”, “La antigua huerta de Atequiza”, el casco de “La Florida” así como el Molino de Harinas. Ante el notario Manuel Borja Soriano el 26 de abril de 1911. Se ha pagado parte quedando: $328,864.


Rodolfo Fernández

f Escritura en México. Abono de 300000 cedido por José cuervo a la Compañía Bancaria de Fomento y Partida cuadragésima Bienes Raíces de México, que Luis Navarro debió pagar según la escritura arriba mencionada. Crédito procedente de préstamo hecho al Partida ayuntamiento de Tequila, cuadragésima según escritura del 20 de primera noviembre de 1909 ante el notario Enrique Arriola. …Bienes Raíces en liquidación, el señor Carlos Cuervo y el Señor José Cuervo, celebraron contrato de arrendamiento de la Partida cuadragésima haciendas Atequiza y anexas en Ixtlahuacán, Tlajomulco segunda y Chapala. Ratificada ante el notario Juan Francisco Oliveros el 3 de febrero de 1915. Total prestado

$ 300,000

$ 3,500

Pagaderos en 4 años en abonos anuales.

$ 10,000

Rentando desde antes. Se amplía el plazo hasta 1922. La sociedad se disuelve el 15 de enero de 1918. Las cuentas se dan por liquidadas y sigue con ella José Cuervo. Avalúa lo que le queda de la empresa en $10000, por el pronto finiquito del contrato.

$ 840,864

Fuente: Sucesión de José Cuervo Labastida, AIPG, Notarías, Protocolo Arnulfo Matute, Documentos, vol. XIX, Dcto. 31, 30/12/1921, ff. 47 y 47v.

Conclusión Hemos podido observar el enriquecimiento de nuestros personajes por las dichas tres líneas de registro de su actividad económica durante el fin del Porfiriato y la Revolución: la adquisición de propiedades en Tequila y en las ciudades de Guadalajara y México; el monto de créditos que otorgaron; y la multiplicación de las marcas de aguardiente que registraron. En el Cuadro 6 podemos observar la manera en que la pareja Cuervo González Rubio fueron cambiando sus preferencias de inversión entre Tequila, Guadalajara y la ciudad de México; primero en función del cambio de sus lugares de organización universal, y más tarde, en función del inicio de las hostilidades, a partir de 1910. Si observamos las tablas también podremos percibir la manera en que en el segundo periodo la adquisición de predios rurales se suspendió, con la única excepción de las inversiones que José Cuervo realizó, en la zona de Atequiza, 105


Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

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Jalisco, para ayudar, aparentemente, a su hermano Carlos, con fatales resultados. Se trataba de inversiones agrícolas fuera de la actividad mezcalera. Y sospecho que lo mismo sucedió con un crédito arriba citado y efectuado, con fondos propios de doña Ana, a Juan Beckman el Viejo el cual por 1921 el receptor del empréstito no podía pagar. Cuadro 6 Inversiones de Ana González Rubio y José Cuervo entre 1900 y 1920 Inversiones de Ana González Rubio y José Cuervo Lugar Tequila Guadalajara México Suma

Periodo 1900-1910 1904-1908 1900-1910

Monto

Periodo

Monto

Diferencia

$196,650 $ 39,300

1011-1920 1917-1920 1912-1920 1911-1920

$ 2,400 $232,500 $ 518,864 753, 764

$-194,250 $ 387,450 $ 518,864 $ 517,814

$ 235,950

Fuente: Sucesión de José Cuervo Labastida, AIPG, Notarías, Protocolo Arnulfo Matute, Documentos, vol. XIX. Dcto. 31, 30/12/1921, ff. 47 y 47v.

Lo anterior nos permite percibir de manera clara como nuestros protagonistas se hacían ricos gracias al mezcal, mientras que a sus congéneres del mundo de la gente conocida los vemos fracasar a su lado y volverse decadentes. Se afirmaba cada vez más la brecha económica entre unos y otros, pero no se formaban clases sociales distintas. Sólo ocurría aquella dinámica social cíclica que en esos momentos tenía a los Cuervo en la cresta de la ola mientras sus allegados tenían que sufrir las consecuencias de aquella decadencia, pero sin dejar de gozar los privilegios básicos que la condición señoril les seguía proporcionando por su pertenencia al sector antes favorecido de la gente conocida.

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Rodolfo Fernández

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Fuentes consultadas Archivo Archivo de Instrumentos Públicos de Guadalajara, Protocolos de notarios públicos (AIPG protocolos y/o notarías).

Referencias bibliográficas ADLER LOMNITZ, Larissa y Marisol PÉREZ LIZAUR, Family and Entreprise: The History of a Mexican Elite Kinship Group (mecanuscrito), cap. 1, s. p. CASEY, Edward (1966), “How to Get From Space to Place in a Fairly Short Time: Phenomenological Prolegomena” Senses of Place (Steven Feld & Keith H. Basso, editores.) Santa Fe, New México, School of the Americas Reserch Press, pp. 13-52. FERNÁNDEZ, Rodolfo (1996), “Testamentos de españoles neogallegos: decadentes y encumbrados”, Estudios del Hombre, nº 4, pp. 140-142. _______ (2003), “Espacio y territorio, dos términos yuxtapuestos al construir el concepto de región”, Revista del Seminario de Historia Mexicana: Espacio, e identidad: perspectivas históricas y antropológicas (coord. Rosa Vesta López Taylor), vol. IV, no. 2, verano, pp. 33-41. ORELLANA, Margarita de (1994), “Microhistoria del tequila: el caso Cuervo”, Artes de México, nº 27: El Tequila Arte Tradicional en México, noviembre.

Aclaración de Notas a Pie de Página de parte del autor 1 Referencia al documento de sucesión de bienes de José Cuervo arriba citado. 2 AIPG, Notarias, Prot. Arnulfo Matute, Sucesión de José Cuervo Labastida, vol. 19, Documentos, dcto. 31, ff. 35-49, 1922.

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Empresario, político y diplomático. El caso de Alberto J. Pani

Alberto J. Pani, 1933.

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El Presidente de MĂŠxico, Francisco I. Madero, siglo XX


Óscar Flores Torres

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Empresario, político y diplomático. El caso de Alberto J. Pani Óscar Flores Torres Universidad de Monterrey

A

lberto J. Pani nació en la ciudad de Aguascalientes el 12 de junio de 1878 y murió en la Ciudad de México el 25 de agosto de 1955. Obtuvo el título de ingeniero civil en 1902 y fue profesor en la Escuela de Ingeniería. Incorporado desde el inicio al movimiento revolucionario de 1910 que derrocó al régimen de Porfirio Díaz, conoció y trató de manera cercana a casi todos los personajes de leyenda durante este proceso transformador. Los principales cargos que ocupó en el gobierno federal durante sus 22 años de labor fueron, con el presidente Francisco I. Madero (1911-1913): Subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, y Director General de Obras Públicas del Distrito Federal; con Venustiano Carranza (1917-1920): Tesorero General de la Nación, Director de Obras Públicas del Distrito Federal, Director General de los Ferrocarriles, Secretario de Industria, Comercio y Trabajo, y Ministro plenipotenciario en Francia; con Álvaro Obregón (1921-1924): Secretario de Relaciones Exteriores y Secretario de Hacienda y Crédito Público; con Plutarco Elías Calles (1924-1928): Secretario de Hacienda y Crédito Público y, después de renunciar, nuevamente Ministro en Francia; con Emilio Portes Gil: Ministro en Francia y primer Embajador en España (1929-1932); y con Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez, de febrero de 1932 a septiembre de 1933, nuevamente Secretario de Hacienda, su último cargo en la administración pública. Como suele suceder con los personajes que presentan un talento más allá de lo común, ninguna responsabilidad de las mencionadas recayó en él por elección popular. Fue además, un importante coleccionista de obra pictórica del renacimiento europeo y un empresario relativamente exitoso del sector hotelero y cinematográfico. Los últimos 23 años de su vida fueron de gran fecundidad como escritor.

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1. Los Pani Descendiente de migrantes italianos a principios del siglo XIX, la familia Pani participó durante este tiempo en actividades políticas, empresariales y educativas. Su tío abuelo Jesús Terán fue un liberal convencido y designado por el presidente Juárez Ministro Plenipotenciario de México en España e Inglaterra (1863-1866), puesto que incluyó una misión confidencial cerca del futuro emperador de México, el archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo.1 Este encargo lo llevó a entrevistarse con el archiduque Maximiliano en el castillo de Miramar, donde en vano lo alertó de la inconveniencia de su traslado a México. Murió como ministro del gobierno liberal mexicano en Paris en 1866. Miembro pues, de una estirpe culta con gran afición a los viajes y a la lectura, afincada en la ciudad de Aguascalientes, fue este el lugar donde nació Alberto J. Pani el 12 de junio de 1878. En esta ciudad residió sus primeros diecisiete años de vida. Su padre hablaba con fluidez el alemán, el inglés, el italiano y, por supuesto, el español. Su madre –escribe con orgullo Pani- solo los tres últimos idiomas. Su padre, un católico practicante llegó a ser diputado federal en 1880. La familia Pani procreó 13 hijos. Alberto fue el onceavo en jerarquía de edad, precediéndolo cuatro mujeres y seis hombres, de los cuales tres murieron muy pequeños. El ambiente familiar fue impregnado de una fe religiosa que organizaba no solo el día, sino las tareas y los rituales cotidianos.2

2. Cultura, mundo y aventura Años después ingresó al Instituto Científico de Aguascalientes, donde cursó seis años de estudios preparatorios para la carrera de médico, logrando buenas evaluaciones. En él conoció a un amigo de su padre, el distinguido profesor Ezequiel A. Chávez, colaborador del ministro de Instrucción Pública, don Joaquín Baranda. Al terminar sus estudios preparatorios, Pani se trasladó a la ciudad de México para inscribirse en la Escuela Nacional de Medicina, donde pronto se cercioró del camino equivocado que había tomado. Consciente de que la medicina no era su objetivo se pasó a la Escuela Nacional de Ingenieros, donde tuvo como maestros entre otros, a Joaquín de Casasús y al “insigne tribuno parlamentario” Francisco Bulnes, quién impartía las clases de Meteorología e Hidrografía y señalaba, “de todo peroraba menos de las referidas asignaturas”. 1 2

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Gabriel Saldívar, La misión confidencial de don Jesús Terán en Europa, 1863-1866, SRE, Archivo Histórico Diplomático Mexicano, Segunda Serie, México, 1948. Alberto J. Pani, Apuntes Autobiográficos I. Tercera edición, Senado de la República, LVIII Legislatura, Colección Historia V, México, 2003, pp. 23-24.


Óscar Flores Torres

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Hacia el segundo año de estudios en la carrera de ingeniero civil, Pani empezó a obtener recursos propios colaborando en algunos despachos de Arquitectos, por lo que prescindió de la beca asignada por el Congreso del Estado de Aguascalientes. Gracias a la vieja amistad de su padre con el respetable ingeniero Ramón de Ibarrola, logró acreditar para un trabajo en equipo a fin de proyectar y construir las obras de irrigación de la Hacienda de Sacramento, ubicada en la rica región algodonera de La Laguna, en el estado de Durango. Vivió durante un año en los campamentos de trabajo levantados ex profeso en lugares cercanos a las obras de construcción. Posteriormente, de manera sucesiva, se involucró en el establecimiento de una planta generadora de fuerza hidroeléctrica, para la que se utilizarían las aguas del río Chalma, en el Estado de México y, luego, trabajó para la Casa contratista de Lord Cowdray3 en la cimentación del nuevo recinto del Palacio del Poder Legislativo Federal. Este último proyecto fue otorgado en concurso de modo malicioso a un arquitecto romano, pasando posteriormente –a raíz de la repentina muerte del italiano- a manos del señor Dondé, desechando el proyecto por todos exaltado del arquitecto mexicano en ese entonces radicado en París, Antonio Rivas Mercado. Ambas experiencias sirvieron para que, en 1902, sustentara su tesis profesional titulada Memorias Técnicas. Tras su examen, se incorporó cuatro años después como profesor de la Escuela Nacional de Ingenieros y miembro del Consejo Universitario. Ya graduado, en 1906 pasó a formar parte como profesor de la Escuela Nacional de Ingenieros –donde impartió las cátedras de Hidráulica, y Carreteras y Ferrocarrilesasí como miembro del Consejo Universitario, trabajo que mantuvo hasta 1913 año en que huyó de la ciudad de México debido al asesinato del presidente de México Francisco I. Madero, para incorporarse al movimiento armado en contra del régimen castrense del general Victoriano Huerta. En 1910 participó en la fundación de la Universidad Nacional de México reabierta por Justo Sierra.

3. En la Revolución con Madero Firme convencido del maderismo, Pani fue un colaborador cercano a Madero. El Partido Constitucional Progresista, que sustituyó al Partido Nacional Antirreleccionista, celebró su convención en el Teatro Hidalgo del 11 de agosto al 2 de septiembre de 1911, a fin de aprobar el nuevo programa político de la Revolución y para designar a sus candidatos para la Presidencia y la Vicepresidencia de la República. Pani asistió como delegado del Club Electoral “Orden y Progreso”. Ahí se votó por la fórmula Madero-Pino Suárez. Paralelamente, Pani había logrado estimular en el estudiantado de su Escuela la creación de la “Agrupación Democrática Educativa Estudiantil” que en 3

Sobre la labor de este gran empresario inglés, accionista de la empresa petrolera “El Águila”, en México, véase a Jess Knoblauch, Lord Cowdray’s interests in Mexico, 1889-1919 (Los intereses de Lord Cowdray en México, 18891919), Tesis doctoral de la Universidad del Estado de Arizona, Arizona, 1991.

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la contienda facilitaría la participación política del alumnado a favor de Madero. Por su parte, el Partido Constitucional Progresista lo comisionó para organizar y dirigir lo relativo a la campaña a favor de sus candidatos Madero-Pino Suárez, como Presidente del Comité Directivo del IV Distrito Electoral de la Ciudad de México. La labor fue exitosa ya que contó con el apoyo de Antonio Díaz Soto y Gama y del ingeniero Félix Fulgencio Palavacini. Las elecciones primarias presidenciales del 1º de octubre de 1911 arrojaron 114 electores del IV Distrito Electoral de la Ciudad de México. Nueve credenciales de estos electores fueron anuladas, pero en las elecciones secundarias, efectuadas el 15 de octubre del mismo año, los electores acreditados manifestaron amplia preferencia por la fórmula Madero-Pino Suárez en contra del presidente Francisco León de la Barra. Cuando se dio el triunfo presidencial de Madero, Pani ya era su amigo cercano, y había trabajado empeñosamente por su candidatura. Esto hizo, que, al menos fuera conocido por la mayoría de los familiares del nuevo presidente y de los políticos que formaban el ambiente de ese momento. No es extraño que se hayan fijado en él, para conformar el nuevo gobierno. El mismo Madero le ofreció el puesto de Subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, cargo que aceptó el 21 de noviembre de 1911. Gestionó y obtuvo licencias ilimitadas para separarse de los puestos de Primer Ingeniero de la Dirección Técnica de las Obras de Provisión de Aguas Potables de la capital y de profesor de Vías Fluviales y Obras Hidráulicas en la Escuela Nacional de Ingenieros; igualmente dejó su despacho de construcción en manos de su socio José Calderón y de su hermano Arturo. Su nueva misión se centró en lo que más interesaba al nuevo régimen: la educación popular. La educación en el antiguo régimen porfirista había desatendido este ramo y el país presentaba solo un 20 por ciento de alfabetos en su total poblacional, de acuerdo al censo de 1910. Rápidamente quedó encargado del Despacho y tuvo que defender el presupuesto asignado a la mencionada obra de educación ante la Cámara de Diputados, en cinco sesiones, entre el 2 y el 11 de mayo de 1912, logrando su aprobación por unanimidad. Elaboró el Decreto que creaba la “Educación Rudimentaria” en junio de 1912; también la propuesta de fundación de Academias nocturnas de Artes Industriales destinadas a los obreros; la publicación de un folleto intitulado La Instrucción Rudimentaria en la República,4 y un libro que saldría años después, en 1918, Una Encuesta sobre Educación Popular.5 En su libro La Higiene en México, editado en 1916,6 insertó el contenido del folleto mencionado. Con el pasar de los meses, se dieron numerosas fricciones con el titular de la secretaría, que era nada menos que el Vicepresidente de México, José María Pino Suárez. El cambio de funciones y diferencias sobre cómo llevarlas a cabo, provocaron su renuncia, para 4 5 6

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Alberto J. Pani, La Instrucción Rudimentaria en la República. Subsecretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, México, 1912. Alberto J. Pani, Una Encuesta sobre Educación Popular. Secretaría de Industria y Trabajo, México, 1918. Alberto J. Pani, La Higiene en México. Biblioteca de Acción Mundial, México, 1916. Existe una edición en inglés de G. P. Putman´s Sons, New York and London, The Knickerbocher Press, 1917. De la edición en castellano se tiraron seis mil ejemplares, los cuales se agotaron.


Óscar Flores Torres

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pasar a un nuevo cargo: Director General de Obras Públicas del Distrito Federal, a partir del 2 de septiembre de 1912.7 Durante la llamada “Decena Trágica” de febrero de 1913, Pani informaba a diario al presidente Madero sobre las labores de limpia alrededor de la Ciudadela y fue un testigo de la conspiración de José María Pino Suárez.8 Durante este período, entró en contacto con el Ateneo de México, cuyos miembros se interesaron en su proyecto educacional, y a través del mismo se fundó la Universidad Popular Mexicana (3 de diciembre de 1912), como una dependencia del propio Ateneo. Pani fue nombrado rector y le acompañaron los insignes miembros del Ateneo Alfonso Reyes y José Vasconcelos, entre otros. Aunque el proyecto arrancó en 1913, Pani tuvo que huir de la ciudad de México tras el segundo golpe de Estado dado por el general Victoriano Huerta: me refiero a la disolución del Congreso, en octubre de ese año. Un salvoconducto entregado a Pani por Alfonso Reyes y conseguido por Rodolfo Reyes fue su salvación. Por su parte, la Universidad Popular Mexicana sobrevivió por diez años antes de su cierre, en 1922.

4. En la Revolución con Carranza Días después, la ciudad se enteraba del alcance del golpe militar. El cadáver de Gustavo A. Madero, amigo y protector de Pani, fue encontrado a medio enterrar en el Cementerio de Dolores, hoy llamado Civil. Sus pertenencias llegarían a manos de Pani para entregarlas a sus familiares. El domingo 23 de febrero la ciudad se volvió a estremecer al conocerse la noticia de la muerte del Presidente Madero y del Vicepresidente Pino Suárez. Nadie creyó la versión oficial, que aseguró que en el traslado hacia la pentenciaría intentaron escapar y por ello fueron muertos en un fuego cruzado. Pani se reunió con José Vasconcelos en su despacho de la calle Gante y ahí decidieron dar a conocer al nuevo Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, la situación reinante en México. En este informe hicieron hincapié en desmentir los informes del embajador norteamericano en México, Henry Lane Wilson, quien apoyó e indudablemente conspiró contra Madero, en una actitud totalmente ajena a sus funciones.9 El informe incluyó numerosos artículos y documentación del Congreso, la cual fue traducida y enviada al país del norte, al igual que a Venustiano Carranza, el posible líder para encabezar el movimiento armado contra Huerta. La red de apoyo a Carranza rápidamente se tejió, Luis Cabrera, Miguel Alessio Robles, Martín Luis Guzmán y muchos más. A la capital de la república llegaban noticias sobre la insurrección del gobierno de Sonora; del gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, quien lanzó el Plan de Guadalupe el 27 de marzo de 1913, donde se desconocía a Huerta; 7 8 9

Alberto J. Pani, Apuntes… op. cit. t. I, p. 134. Ibídem, pp. 143-149. Véase Óscar Flores, Su majestad Alfonso XIII ante la revolución mexicana, 1909-1920. México, Senado de la República, LVIII Legislatura, Colección Historia, núm. 1, México, 2001.

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al Ejército Libertador del Sur comandado por Emiliano Zapata, y la toma de ciudades norteñas por el ejército revolucionario. A raíz de la disolución del Congreso por Huerta, el 10 de octubre de 1913, el nuevo gobierno castrense envió mensajes y fotografías a los principales periódicos de la Ciudad de México, a fin de capturar a los sediciosos. Entre las fotos publicadas estaba la de Pani. Así que tan pronto se enteró, fue ayudado por sus amigos José Calderón y Martín Luis Guzmán para salir de la capital. Pani tranquilizó a su familia y, el 11 de octubre de 1913 tomó el tren hacia el puerto de Veracruz. De ahí a La Habana en el buque Morro Castle, de La Habana a Nueva Orleáns y de ahí por ferrocarril a Nogales, Arizona, a fin de incorporarse al movimiento del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Carranza, quién se encontraba en Sonora. El viaje lo realizó junto con Martín Luis Guzmán, y en el trayecto se detuvieron en San Antonio, Texas, donde vivía José Vasconcelos con su familia. Pani escribió: “Recordaré con placer, mientras viva, las lecturas y el intercambio de ideas que realizamos los tres amigos durante esta corta convivencia en San Antonio y, con honda gratitud, las finas atenciones que me dispensó el matrimonio Vasconcelos.”10 El trayecto continuó hacia Nogales pero antes llegaron a Ciudad Juárez, donde conoció a Francisco Villa y supo de su duro trato.11 Pani se incorporó así a la caravana carrancista, donde conoció y convivió con Felipe Ángeles, Isidro Fabela, Jacinto Treviño, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Lucio Blanco entre otros. En Hermosillo, Carranza encargó a Alberto J. Pani cooperar en las labores de la Agencia Confidencial de la Revolución en Washington, D.C., lugar donde trabajó por tres meses, antes que de Carranza lo mandara llamar.12 El movimiento revolucionario del norte presentó su cisma más fuerte cuando el General Villa y Carranza se distanciaron, esto debido a que el primero se insubordinó y realizó campañas –por cierto exitosas como la famosa toma de Zacatecas- no autorizadas contra el ejército federal. Por tales sucesos, las autoridades villistas de Ciudad Juárez aprehendieron a todo el personal de las dependencias de la primera jefatura que todavía estaban ahí, como lo fue la Tesorería y la Oficina Selladora de Billetes, incautando personal, muebles, útiles, las máquinas que había comprado Pani para sellar, documentos, seis cajas de billetes sin sellar con valor de un millón de pesos cada una, y veinte mil dólares en efectivo. En este contexto, estando en Monterrey, Carranza comisionó a Pani, en 1914, para ir a hablar con Villa, para que definiera su postura ante la primera jefatura, liberar al personal aprehendido en Ciudad Juárez y devolver los fondos secuestrados. Pani se trasladó inmediatamente a El Paso, donde después de varios días logró localizar a Villa y convencerlo de tales principios.13 Antes de partir, Villa le manifestó a Pani su interés en fabricar billetes, cuyo modelo ya tenía y estaban por imprimirse en la American Bank Note Company de Nueva York. 10 11 12 13

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Ibídem, p. 174. Ibídem, pp. 174-175. Ibídem, pp. 178-179. Ibídem, pp. 186-190.


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Pani no estuvo de acuerdo y le expresó a Villa su posición. El objetivo, a juicio de Pani era la creación de un Banco Único de Emisión. En efecto, sería Pani el arquitecto intelectual del futuro Banco de México, inaugurado en 1925. Por su parte la revolución contra Huerta triunfaría el 15 de agosto de 1914, cuando las primeras tropas constitucionalistas entraran a la capital de México, a más de un mes de haber huido Huerta del país, rumbo a España. Pani continuó como Tesorero General de la Federación hasta septiembre de 1914, cuando entregó el puesto a Nicéforo Zambrano. El cargo de secretario de Instrucción Pública propuesto por Carranza lo declinó a fin de regresar con su familia y a sus labores privadas en la ciudad de México. Tras la escisión de la revolución, a fines de 1914, en tres grandes bandos: villistas, zapatistas y carrancistas, Pani decidió seguir al Primer Jefe –Venustiano Carranza- a Veracruz –a pesar de que Vasconcelos intentó atraerlo al lado de Villa-, abandonando nuevamente a su familia en la ciudad de México. Veracruz se erigió como la nueva capital constitucionalista y en un decreto del 4 de diciembre de 1914, el Primer Jefe incautó las líneas ferroviarias, telegráficas y telefónicas de la República. Para administrar estas vías de comunicación se creó la Dirección General de los Ferrocarriles Constitucionalistas, como una dependencia directa de la Primer Jefatura, nombrando a Pani como su primer Director. Permaneció en este puesto hasta la muerte de Carranza, en 1920. El regreso a la ciudad de México el 20 de enero de 1915 y posteriormente su retirada de la capital, seis semanas después, y nuevamente el regreso definitivo, en agosto del mismo año, ayudaron para presidir también la “Junta Revolucionaria de Auxilios del Pueblo”, apoyado, entre otros, vocales como el Dr. Atl y Juan Chávez.14 En 1916 fue miembro de The American Mexican Joint Commisión (Comisión Unida México-Americana), presidida por Luis Cabrera, a fin de atender las demandas contra el asalto de Villa al poblado de Columbus y la posterior invasión al territorio mexicano de la expedición comandada por el General Pershing. Los trabajos de la Comisión se desarrollaron en 52 sesiones. La apertura tuvo lugar en el Hotel Biltmore de Nueva York el 4 de septiembre de 1916 y fueron clausuradas el 15 de enero de 1917. La aprobación de una nueva Carta Magna, en febrero de 1917; el triunfo de Carranza en las elecciones que le siguieron (26 de abril) y su jura como presidente de la república ante la nueva Constitución (1º de mayo), regresaron al país al estado de derecho del que se había ausentado a raíz de la Revolución. Pani diseñó la Secretaría de Industria y Comercio y posteriormente fue nombrado miembro del gabinete de Carranza como Secretario de la misma, de mayo de 1917 a diciembre de 1918, fecha en que renunció para hacerse cargo de una misión en Europa. Durante su dirección se organizaron y se crearon las Cámaras Nacionales de Industria y Comercio (1917), las Comisiones de Eficiencia y Economía –novedad en la administración pública mexicana-, la modernización de la Oficina de Pesos y Me14 Ibídem, pp. 214-216.

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didas, la incorporación a esta dependencia de la Escuela Superior de Comercio y Administración, así como el Departamento de Petróleo, entre otros. Pani sería el primer Ministro en intentar someter –sin resultados- a las potentes empresas petroleras bajo el artículo 27 constitucional.15 Abandonó la Secretaría a mediados de 1918, cuando fue nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de México en París, cargo que aceptó tras el rechazo del gobierno francés de dos propuestas anteriores de Carranza: a Juan Sánchez Azcona y a Rafael Nieto, ambos no les otorgaron el agreement. En su trayecto conoció al futuro Presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, y después de una fría acogida por las autoridades francesas –a las que él atribuye el conocido sentimiento germanófilo del Presidente Carranza- el Presidente de la República francesa, M. Raymond Poincaré, recibió las cartas que lo acreditaban como Ministro Plenipotenciario. Su labor fue fructífera y mereció, en vísperas de su salida de París, la Cruz de la Orden Nacional de la Legión de Honor en el grado de Comendador, del que posteriormente fue ascendido al de Gran Oficial.16 Su estancia en París fomentó su inclinación hacia el Arte, principalmente hacia la pintura, por lo que ocupó sus ocios en visitar museos, subastas de arte, tiendas de antigüedades y librerías. A tal grado le apasionaba esta actividad, que llegó a comprar el cuadro “Susana y los Viejos”, entonces no atribuido a ningún pintor conocido, pero que, tiempo después, algunos certificarían como un Tiziano.17 En efecto, un reputado crítico e historiador del arte –M. Elie Faure- corroboró su sospecha. Esta colección fue posteriormente vendida en 1927 por Pani a un particular, al zacatecano Francisco Salinas, el cual posteriormente se la vendió a petición de Pani al gobierno federal durante la administración de Calles. La compra se realizó por la Secretaría de Educación Pública, entonces a cargo de Puig Cassauranc, y bajo la evaluación y cotización de Diego Rivera, Dr. Atl y Roberto Montenegro. La Colección Pani fue a parar a la Escuela Nacional de Artes Plásticas. De acuerdo al catálogo que realizó el Dr. Atl de esta colección, son de resaltar obras de los pintores europeos como Goya, Velásquez, Brueghel de Velour, Rubens, Van Dyck, Martin de Vos, Tintoretto, Tiziano, Veronés, entre otros, así como algunos dibujos consistentes en un Estudio Anatómico atribuido a Miguel Ángel y una Cabeza de Mujer de Leonardo.18 Estos dos últimos expuestos -finalmente como el resto de la colección- en las Galerías de la Academia Nacional de Bellas Artes, desparecieron tiempo después.19

15 Alberto J. Pani, En el camino hacia la democracia. Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, México, 1918. 16 Alberto J. Pani, Cuestiones diversas. Edición de autor, México, 1922. Este libro contiene la trascripción de 44 cartas enviadas al Presidente Venustiano Carranza sobre su labor como ministro en Francia. 17 Alberto J. Pani, op. cit., t. I, pp. 249-252. 18 Véase Alberto J. Pani, Catálogo de las pinturas y dibujos de la Colección Pani, México, Edición de autor, 1921. 19 Alberto Pani, Apuntes… Loc. cit. t. II, 2003.

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5. Secretario de Relaciones Exteriores (1921-1923) Su estancia en París duró dos años hasta que supo de una nueva rebelión en México –el Plan de Agua Prieta-, su triunfo, el asesinato del presidente Venustiano Carranza (21 de abril de 1920), la creación de un gobierno provisional presidido por el gobernador del estado de Sonora, Adolfo de la Huerta y la convocatoria a nuevas elecciones donde resultó triunfante el general Obregón. El mismo Obregón le telegrafió a Pani para que entregara el ministerio al primer secretario de la Legación en París y se trasladara inmediatamente a México. Pani regresó con su familia a México días antes de la toma de posesión de Obregón en diciembre de 1920. Si bien tenía la confianza de Obregón, no la tuvo en un inicio ni de Adolfo de la Huerta ni de Plutarco Elías Calles, los hombres más cercanos al nuevo presidente. Trabajó fuera de gobierno en proyectos específicos que le encomendó el presidente Obregón, como lo fue la reestructuración del sistema bancario, plasmado en el decreto de 31 de enero de 1921, el cual regresaba los bancos a sus dueños originales. Debido al éxito obtenido con el asunto bancario, Obregón designó a Pani secretario de Relaciones Exteriores a principios de 1921. Nuevamente tuvo que diseñar una reorganización administrativa en esta dependencia.20 Pero el problema verdaderamente grave era el internacional, por estar interrumpidas en ese momento las relaciones diplomáticas de México con los gobiernos de Inglaterra, Francia, Bélgica, Suiza y Cuba. Y de forma inmediata estaba la renovación de relaciones con el primero y más importante país para México: los Estados Unidos. Un escollo importante para este reconocimiento había sido superado al levantar la suspensión del pago de la Deuda Exterior de México que databa desde 1914. Los acuerdos Lamont-De la Huerta (16 de junio de 1922), reanudaron el pago de la deuda exterior. Tras numerosos acercamientos con el gobierno de los Estados Unidos, se llegó a la resolución de crear una Comisión Mixta para estudiar la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Las pláticas de dichos comisionados se dieron entre el 14 de mayo y el 15 de agosto de 1923. Un intercambio de impresiones e informes lograron salvar las diferencias. México aceptó la creación de comités mixtos para estudiar las reclamaciones de 1868 a la fecha y otra sobre las reclamaciones norteamericanas durante la pasada revolución. Finalmente, el 3 de septiembre de 1923, al mediodía, fueron formalmente acreditados en las ciudades de México y Washington los respectivos Encargados de Negocios, mientras se hacían los nombramientos de embajadores.21 También hay que señalar que su afición por el arte y el coleccionismo, lo llevó a organizar una magna exhibición de arte mexicano, por vez primera en la historia 20 Alberto J. Pani, Apuntes…, op. cit. t. I, pp. 269-274. 21 Sobre este proceso Pani escribió el libro La cuestión internacional mexico-americana durante el gobierno del general don Álvaro Obregón. Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 1922. Existen dos reediciones, en 1924 y en 1949 respectivamente.

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en Nueva York en 1921. Esta exhibición se llevó a cabo para conmemorar el 100 aniversario de la independencia de México de España, formalizada con la entrada del ejército trigarante a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821. Pani invitó a dos miembros del Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores Revolucionarios para que organizaran la muestra, a Roberto Montenegro y a Jorge Enciso. La muestra fue una impresionante exhibición de arte nacionalista con rasgos de nuestra cultura indígena que cautivaron al público y abrieron por vez primera un mercado importante en los Estados Unidos para el mismo.22 Esta se inauguró primero en la Ciudad de México y luego en la ciudad de Los Ángeles, California en noviembre de 1922. Pani no hace mención de esta iniciativa suya en ninguno de sus libros, pero el antropólogo Alfonso Caso recuerda la exhibición instalada en la avenida Juárez e inaugurada el 19 de septiembre de 1921 con la presencia del presidente Álvaro Obregón, con ministros de su gabinete -entre ellos Pani-, embajadores, ministros extranjeros entre otros.23 La muestra presentó diversas obras de arte hechas en base a cerámica, pinturas al óleo, vidrio, artículos hechos de palma y otras fibras vegetales, acero, hierro, hueso, etcétera. La primera publicación del catálogo de la muestra de la ciudad de México fue producida bajo los auspicios del “Comité Ejecutivo de las Fiestas del Centenario de la Consumación de Independencia” y escrita en un tiempo marca por el Dr. Atl e impreso en tan solo nueve días en dos volúmenes, por Rafael Loera y Chávez en septiembre de 1921.24 Se desconoce su tiraje pero para mediados de 1922 estaba agotado. Existe una segunda edición, con más ilustraciones y texto impreso en papel de mejor calidad patrocinado por la Secretaría de Industria y Comercio.25 Para la exhibición de Nueva York se utilizaron 5 mil objetos de la muestra original en la ciudad de México y fue acompañada por un pequeño catálogo intitulado Outline of Mexican Arts and Crafts (Contorno del oficio y del arte mexicano), escrita por la novelista norteamericana Catherine Ann Porter.26 Pero lo que fue en mi opinión su mayor logro gubernamental en bien del país, fue su llegada por vez primera a la Secretaría de Hacienda, cargo que ostentó entre septiembre de 1923 y enero de 1927.

22 Consultado en: http://www.unam.mx/voices/1997/jul/pomar.html 23 Porfirio Martínez Peñalosa, Arte popular y artesanías artísticas en México. Un acercamiento. Secretaría de Educación Pública, México, 1988. 24 Las artes populares en México, 2 Vols., Comité Ejecutivo de las Fiestas del 100 Aniversario de la Consumación de Independencia, México, 1921. 25 Las artes populares en México, 2 Vols., Secretaría de Industria y Comercio, México, 1922. Existe una tercera edición hecha en 1980, con una presentación de María Teresa Pomar A., hecha por el gobierno del Distrito Federal, México, Serie Artes y Tradiciones Populares, número 1. 26 Helen Felpar, The Enormous Vogue of Things Mexican (La moda enorme de las cosas mexicanas), Tuscaloosa, Alabama, The University of Alabama Press, 1992.

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6. La Hacienda en la época de Pani Jesús Silva Herzog comenta que las ideas económicas de Pani eran de un neoliberalismo con hondas preocupaciones sociales, derivadas éstas, seguramente, de los principios revolucionarios.27

6.1. Su nombramiento El cargo que el ministro Pani desempeñó durante 14 meses con el presidente Obregón le fue confirmado por Plutarco Elías Calles, y continuó al frente de la Secretaría de Hacienda hasta enero de 1927. Durante este período crucial de México, se realizaron reformas trascendentales en el ámbito económico, teniendo Pani un protagonismo y una rectoría de la misma indiscutible. Pani comenta como se dio su designación y lo que encontró en la nueva Secretaría. Pani escribió en sus Apuntes: El 25 de septiembre de 1923 recibí en Puebla -donde andaba excursionando con el Cuerpo Diplomático- un telegrama del Presidente Obregón en el que me llamaba con urgencia para que me hiciera cargo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a la que acababa de renunciar don Adolfo de la Huerta. Salí ese mismo día para México (…) En cambio, las noticias que me habían llegado sobre la situación hacendaria y la alarmante agitación con que se anunciaba la campaña electoral para la Presidencia de la República, localizaban en el cargo que se me ofrecía las dificultades más serias del Gobierno (…) al siguiente día de mi regreso de Puebla -el 26 de septiembre de 1923- abandoné la Secretaría de Relaciones Exteriores y tomé posesión de la de Hacienda y Crédito Publico. Para poder formar un plan racional de trabajos, era preciso un conocimiento exacto del estado en que se encontraba la Hacienda Pública. Dediqué mis primeras actividades a recabar los datos necesarios para ello. Tuve la pena de descubrir que la situación hacendaria era infinitamente peor de como la sospechaba. Las cuentas del Erario Federal arrojaban el 30 de septiembre de 1923 un déficit de más de cuarenta y dos millones de pesos, sin incluir los adeudos heredados de ejercicios anteriores, pues esa cifra expresaba el sólo producto de la acumulación, en el decurso de los nueve meses corridos del año, de las crecientes diferencias sucesivas entre las erogaciones efectuadas y los ingresos recibidos. El excedente mensual de los gastos se acercaba ya a cinco millones de pesos y tendía a aumentar indefinidamente. Era que, por un lado, el despilfarro se practicaba de modo sistemático bajo la forma de dádivas más o menos disimuladas y de nombramiento de empleados supernumerarios y de comisionados especiales -todos innecesarios y muchos de ellos in más obligación que 27 Jesús Silva Herzog, El pensamiento económico, social y político de México, 1810-1964. Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas, México, 1967, pp. 506-507.

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la de cobrar decenalmente sus sueldos- y, por otro lado, no se había tenido empacho, para atender necesidades apremiantes del momento, en comprometer o gestionar y obtener el pago anticipado de futuras recaudaciones -habiendo ya alcanzado la merma producida en los impuestos por tan condenables arbitrios hasta el comienzo del siguiente ejercicio fiscal- o bien, en disponer de depósitos confidenciales constituidos en la Tesorería o de los fondos dedicados por la ley, de modo exclusivo, al servicio de la Deuda Exterior o -expediente más increíble aún- en girar en descubierto contra la Agencia Financiera del Gobierno en New York. Apenas terminadas mis investigaciones, procedí a redactar, para rendirlo al Presidente, un informe sobre la situación en que percibía la Hacienda Pública y las medidas que, en mi concepto, “era de toda urgencia dictar con el fin de poder conjurar el peligro de una inminente catástrofe financiera.” Mi informe estaba fechado el 7 de octubre, esto es, doce días después de haberme hecho cargo de la Secretaría (…) Aprobado el plan por mí propuesto para salvar la crisis, fue iniciada su ejecución con el cese de todo el personal superabundante -compuesto de dos mil empleados, que costaban más de ochocientos mil pesos mensuales, correspondiendo cerca de medio millón de este despilfarro a la sola Secretaría de Hacienda- y la reducción de un diez por ciento en los sueldos de todos los funcionarios y empleados civiles y militares del Poder Ejecutivo […]. Las medidas dictadas sobre reducción de personal y de sueldos tuvieron el efecto inmediato de disminuir en un cuarenta por ciento el desnivel presupuestal.28

En su informe del primero de septiembre de 1924, el presidente Álvaro Obregón notificaba al Congreso la renuncia del secretario de Hacienda, Adolfo De la Huerta, de 24 de septiembre de 1923, y la toma de posesión inmediata del ministro Pani.29 Es conocido que Adolfo de la Huerta renunció a la Secretaría de Hacienda para lanzar su candidatura a la presidencia de la República para el periodo 1924-1928. La divulgación del anterior informe por medio de una circular del presidente Obregón lo desacreditó frente a una gran parte de la opinión pública. De la Huerta contestó el 20 de octubre de 1923, en una conferencia de prensa, a los cargos que se le hicieron. Calificó el informe de Pani como «torpe e injusto», con un lenguaje violento, pero ausente de datos, desmintió las acusaciones y prometió dar más tarde la información que comprobara su inocencia, lo que, nunca hizo. También se quejó de que anónimamente lo habían amenazado de muerte.30 El resumen de lo que hizo Pani como ministro de Hacienda de Obregón podemos dejado en sus propias palabras: 28 Alberto J. Pani, Apuntes…op. cit., t I, 2003, pp. 290-296. 29 Luis González y González, et. al. Los presidentes de México ante la nación, 1821-1966, XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados, México, 1966, t. III. Informe al Congreso de la Unión de primero de septiembre de 1922, pp. 605606. 30 Ídem

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Mi labor en la Secretaría de Hacienda se caracterizó principalmente por estos dos hechos: primero, haber resuelto la grave crisis presupuestal que determinó la gestión de despilfarro y desorden de mi antecesor, agravada dicha crisis por la rebelión a que recurrieron él y sus partidarios al quedar inhabilitado como candidato a la presidencia de la República por el informe de dicha gestión que rendí al presidente y. al país; y segundo, haber iniciado en los campos fiscal y bancario la política que me he atrevido a denominar del «Nuevo Régimen», no por presunción, sino porque en dichos campos se tendía a la re distribución equitativa de los gravámenes y la democratización del crédito, oponiéndolas, por primera vez, a la tendencia porfiriana, que favorecía a un pequeño grupo de ricos en detrimento de la inmensa mayoría de los pobres.31

Se puede puntualizar lo dicho por Pani con esta consideración: durante los últimos 14 meses de gobierno del presidente Obregón no se inició la política económica del nuevo régimen, sino que se sentaron las bases para iniciarla en el gobierno de Plutarco Elías Calles. Para hacer esta afirmación antes de analizar el detalle de la historia económica durante su período como secretario de Hacienda, tomo lo dicho por el mismo Obregón en su informe del primero de septiembre de 1924: Aunque anticuado y defectuoso el régimen fiscal de la Federación, se consideró aventurado, en las condiciones anómalas por que atravesaba el país, cualquier intento de reforma radical. Sin embargo, dentro de este marco obligado de elemental prudencia, han sido introducidas algunas modificaciones y adiciones tendientes, sobre todo, al restablecimiento del equilibrio de los presupuestos y a incubar, cuando menos, algunos gérmenes de la futura reforma fiscal.32 (Subrayado del autor)

6.2. La política hacendaria con Pani Reproduzco en seguida los «Diez mandamientos económicos» elaborados por Pani durante su gestión, que reflejan claramente su modo de pensar: 1. No mantendrás ocioso tu capital y lo invertirás de modo productivo en tu país. 2. Promoverás la creación de nuevas fuentes de trabajo o mejorarás las existentes. 3. El lucro no será el único ni preponderante fin de tus empresas. 4. Preferirás siempre la inversión más provechosa para la colectividad, aunque no sea la más lucrativa para ti. 31 Alberto J. Pani, Apuntes… op. cit, t. I, pp. 302-303. 32 Luis González y González, op. cit., p. 609.

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5. Procurarás el mejoramiento económico máximo posible de tus trabajadores, sobre el nivel obligado por la legislación relativa y hasta la altura de sus méritos. 6. Tomando en consideración que cada nivel social tiene sus necesidades materiales y de decoro, y que la «sociedad sin clases» es una patraña, nadie tendrá derecho a lo superfluo, en relación con tales necesidades, mientras haya quien carezca de ocupación remunerada. 7. Suponiendo ocupados todos los que tengan capacidad para trabajar, contribuirás cuando puedas al auxilio de los incapacitados, sin ostentación y ni siquiera indagar lo que los demás hagan o dejen de hacer en este sentido. 8. No eludirás el pago de los impuestos. 9. Si la suerte te fuere adversa y perdieras tu capital, acudirás alegremente a las fuentes de trabajo y el ahorro con los fines de subvenir tus necesidades y posiblemente recuperar la calidad de capitalista para beneficio propio y colectivo. 10. Grabarás estos Mandamientos en el cerebro y el corazón de cada uno de tus hijos para que, a través de ellos y de sus descendientes sucesivos, se prolongue el surco de tan fecunda siembra por los siglos de los siglos.33

Gran parte de la importancia de la política hacendaria de Pani se debe a su política fiscal y, dentro de ésta, a las medidas impositivas. Su posición al respecto es muy clara.34 Por otra parte, Pani criticó a los impuestos proteccionistas, pues su principal finalidad -dijo- no es la de proteger realmente a la industria nacional sino la de proveerse el Estado de mayores ingresos.35 En 1945 el conservador Heliodoro Dueñas alabó a Pani de la siguiente forma: Se jactaba de ser revolucionario; pero aquellos de sus amigos que no pertenecían a la facción triunfante pensaban que, si en un principio fue adicto a la «causa», un hombre de su talento y perspicacia no podía ser partidario de corazón de una revolución que se había convertido en destructiva, que sólo males y descrédito había traído a su patria y juzgaban que su actitud, al seguir en las filas revolucionarias, obedecía a dos razones: primera, a satisfacer sus ambiciones personales, y segunda, a ayudar en lo posible con sus conocimientos y experiencia a que el país acabara por entrar de lleno en el camino de la reconstrucción, sacudiendo la polilla demagógica que lo estaba aniquilando y ver entonces que era administrado por hombres de verdadera capacidad para gobernar y no por salteadores de caminos, que en su administración demostraban ser entes cavernarios.36 33 Jesús Silva Herzog. El pensamiento económico, social y político de México, 1810-1964. Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas, México, 1967, p. 509. Véase también Alberto J., Pani, Apuntes…, op. cit., t. II, 2003, pp. 371-372. 34 Memoria de la SHCP correspondiente a los años de 1923-24-25. Presentada por el ciudadano secretario de Hacienda ingeniero Alberto J. Pani al honorable Congreso de la Unión, con especial referencia al período comprendido entre el 26 de septiembre de 1923 y el 31 de diciembre de 1925, México, 1926, p. 330. 35 Alberto J. Pani, Apuntes…, op. cit., t. II, pp. 16 y 17. 36 Heliodoro Dueñas, Los bancos y la revolución. Editorial Cultura, México, 1945, pp. 174-176.

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Fernando de la Fuente, que fuera presidente de la comisión permanente de la Convención Nacional Fiscal en 1950, en un artículo del 4 de abril de ese año publicado en Excelsior, alababa la gestión de Pani, sobre todo por el «corte de uñas» que practicó a los funcionarios inmorales de la dependencia a su cargo.37 En una publicación de la Secretaría de la Presidencia se reconoce y apoya la doctrina económica iniciada en nuestro país, de hecho, en el gobierno del presidente Calles, a través de su ministro de Hacienda. El Estado mexicano ha comprendido y aceptado la responsabilidad de fomentar el desarrollo económico como única manera para alcanzar las metas que previó la Revolución de 1910. Para cumplir con esta tarea, [desde 1925] el gobierno federal ha incrementado su presupuesto de ingresos y «gastos y ha adaptado sus presupuestos a las nuevas tareas (le fomento económico y beneficio social que los regímenes revolucionarios han asumido.38

Sin duda, Alberto J. Pani sentó las bases modernas de la política hacendaria y, además, logró interpretar y llevar a la realidad la originalmente imprecisa política económica del presidente Calles. Esto se refleja en el aspecto fiscal, en el impuesto sobre la renta, en la deuda externa y en la fundación del Banco de México. En otras palabras, puso orden en el desorden, como acostumbró hacer en cada puesto que le fue conferido.

6.3. Pani y la política fiscal Sobre la situación de la política fiscal en México cuando asumió el Ministerio de Hacienda, Pani escribió: La Revolución que estalló en 1910 y que, a través de sus etapas sucesivas, ha mostrado ímpetus capaces de alterar todas las manifestaciones de la vida nacional, no había introducido, hasta 1923, modificación sustancial alguna en el régimen fiscal porfiriano, no obstante que, en muchos de sus aspectos, era fácil descubrir todavía el sello inequívoco del sistema colonia1.39

Las causas de la grave situación impositiva de 1925 las resume Pani, en otro de sus libros, de esta manera: 1) La complicación de los impuestos, agravada por la supervivencia de muchos anticuados, incosteables o incompatibles con el espíritu del Nuevo Régimen; 37 Alberto J. Pani, Los orígenes de la política crediticia, con la réplica y las contrarréplicas sucitadas. Editorial Atlante, México, 1951, pp. 57-58. 38 Secretaría de la Presidencia, 50 años de la revolución mexicana en cifras. Editorial Cultura, México, 1963, p. 125. 39 Alberto J. Pani, La política hacendaria y la revolución, Editorial Cultura, México, 1926, p. 35.

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2) su composición casi exclusiva de impuestos indirectos, que pesan infinitamente más sobre los pobres que sobre los ricos, y engendrados por propósitos puramente fiscales, esto es, de obtener solamente los recursos necesarios para sufragar los gastos públicos; y 3) la carencia de preceptos constitucionales que delimiten técnicamente los diversos campos de imposición del gobierno federal, de los gobiernos de los estados y de los municipios.40

Con la finalidad de proponer soluciones definitivas, la Secretaría de Hacienda convocó a la Primera Convención Nacional Fiscal, que se reunió el 11 de agosto de 1925. En ella, fueron electos, como presidente, el jefe del Departamento de Crédito de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Fernando de la Fuente, y como vicepresidente Manuel Gómez Morín.41 La convocatoria respectiva se publicó desde el 22 de julio, y la exposición de motivos contenía principalmente los siguientes puntos: 1. El estudio del régimen fiscal, tanto en lo que se refiere a planes locales como a leyes federales de ingresos, revela graves defectos, entre los cuales se destaca la poca productividad del impuesto, su falta de equidad y la obstaculización para la producción y circulación de la riqueza. Se destaca sobre todo el predominio del impuesto indirecto, con todas las injusticias que lleva aparejadas. 2. Existen en la República más de 100 impuestos indirectos ya que cada estado establece su propio sistema de tributación, el gobierno federal mantiene el suyo y los objetos del impuesto son los mismos. 3. No existe ningún elemento técnico ni moral que oriente o coordine las legislaciones de impuestos en la República; la concurrencia entre los poderes locales y el poder federal aumenta la carga de las obligaciones fiscales sobre el contribuyente, duplica gravámenes e induce la anarquía fiscal.42

La Convención creó cinco comisiones para el estudio de los problemas fiscales. Estas fueron: para el estudio de los impuestos sobre el comercio y la industria; de los especiales; de los que gravan realmente capitales (herencias, legados y donaciones); de los impuestos sobre operaciones jurídicas y adquisiciones profesionales; y una comisión para el estudio del problema de la concurrencia de autoridades en materia de impuestos y para proponer las reformas constitucionales necesarias a fin de resolverlo.43 A raíz de las enriquecedoras discusiones se aprobaron las siguientes recomendaciones: la creación de una Convención cuya tarea sería la de establecer impuestos que deban causarse en toda la república, uniformar sistemas impositivos y delimitar com40 Alberto J. Pani, Apuntes…, op. cit., t. II, pp. 16 y 17. 41 Archivo Casasola, Historia Gráfica de la Revolución, 1900-1946. 5 Vols., México, sin año, p. 1718. 42 Armando Servín González, et. al., Las finanzas públicas locales durante los últimos cincuenta años. SHCP, México, 1956, pp. 26-27. 43 José Vázquez Santaella, Hacia la federalización fiscal, en Trimestre Económico, vol. V, número 2, México, 1º de junio de 1938.

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petencias de las distintas actividades fiscales; la facultad privativa de las autoridades locales de establecer impuestos sobre la propiedad raíz, sobre actos no comerciales realizados dentro de la propia jurisdicción y sobre sucesiones y donaciones; la facultad privativa de la federación de establecer impuestos generales sobre el comercio y la industria, pero con el matiz de que las autoridades locales tendrían participación en los rendimientos de estos impuestos y en la fijación de coeficientes y tasas que se establezcan; y la recomendación de que sólo podrían establecerse impuestos especiales cuando los productos gravados representen una porción considerable de la riqueza pública o sean de consumo perjudicial. Otras recomendaciones de carácter específico fueron: El impuesto a la propiedad raíz. La base del gravamen en toda la república debe consistir en la rentabilidad potencial media de la tierra; el impuesto sobre el comercio y la industria. Así mismo se propuso la supresión de los impuestos de patente, compraventa y de capitales, y en su lugar el establecimiento de uno solo, cuya base serían los ingresos en función de un coeficiente de utilidad previamente determinado y que se tuviera en cuenta además la existencia de cuotas diferenciales, según el producto manejado, de manera que sean bajas para los productos de consumo y altas para los artículos de lujo.44

6.4. Pani y el Impuesto Sobre la Renta Dentro de la historia impositiva mexicana fue Matías Romero el precursor del espíritu del impuesto sobre la renta en el último tercio del siglo XIX. Él propugnó los impuestos directos y se inclinó por la aplicación de una tasa progresiva sobre la propiedad raíz y el capital mobiliario, en función del valor que tuvieran y en sus rendimientos. Pero sería muchos años después cuando aparecería el primer antecedente directo del impuesto sobre la renta en nuestro país. Me refiero al impuesto del “centenario”, llamado así por haberse establecido a los 100 años de consumada la independencia nacional, en 1921. Este gravamen afectaba los ingresos del comercio, de la industria, de la ganadería, los obtenidos por los profesionistas y los asalariados, así como los provenientes de capitales en valores y réditos, y participaciones o dividendos de las empresas.45 Aun cuando éste fue un impuesto transitorio -su creación, en paralelo con el primer income-tax inglés-, se creó para construir barcos; sus rendimientos se iban a destinar a la formación de una flota mercante y de guerra, para que nuevamente México utilizara sus litorales sobre ambos océanos y se restablecieran los servicios de las comunicaciones marítimas, tan necesarias para el desarrollo económico.46 Sin embargo, 44 José Iturriaga de la Fuente, La revolución hacendaria. La hacienda pública con el presidente Calles, SEP-Setentas, México, 1976, pp. 88-89. 45 Ibídem, pp. 89-90. 46 Hugo B. Margáin, La Ley sobre el impuesto sobre la Renta de 1954 y sus reformas de 1956. SHCP, México, 1956.

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sólo estuvo vigente durante cinco meses, pero produjo al erario la suma de poco más de un millón pesos.47 Posteriormente, a fines de 1923, según nos dice Alberto, J. Pani, fue creado el Departamento Técnico Fiscal, para estudiar los problemas de la tributación en México. Su primer jefe fue Daniel Aguilar, quién tuvo una participación decisiva en los estudios previos a la Ley del Impuesto sobre Sueldos, Salarios, Emolumentos, Honorarios y Utilidades de las Sociedades y Empresas.48 Esta ley se promulgó el 21 de febrero de 1924, parecida a la de 1921 pero ya con carácter de permanente. Es el antecedente inmediato al impuesto ya mencionado. Como resultado de la experiencia obtenida con la ley de 1924, el 8 de marzo de 1925 se promulgó una nueva ley a regir dieciséis años, hasta el 31 de diciembre de 1941. Como la anterior, tenía un criterio de participación del impuesto, tanto a los estados como a los municipios, del 10% a cada uno, con la condición de que esas entidades no gravaran las mismas fuentes ya consideradas por el impuesto. Sobre la utilidad, base del gravamen, se estableció una tarifa que dejó exenta la utilidad de 2,500 pesos; a las sumas superiores a esta cifra se les aplicó el 2%, y en 24 escalonamientos la tasa progresiva alcanzó el 8 %, destinada a utilidades superiores a medio millón de pesos anuales. Reconocía deducciones por cargas de familia en los ingresos obtenidos del trabajo personal, sistema que más adelante se abandonó.49 Sobre esto, Pani escribió: [Esta ley marcó] los lineamientos generales de la imposición de acuerdo con los cuatro postulados doctrinales: la exención de gravamen para un mínimo de existencia -lo indispensable para cubrir las necesidades primordiales de la vida-; la discriminación o diferenciación de las diversas clases de rentas -las del capital, las del capital y el trabajo, y las del trabajo solamente-; la progresividad -para que pese tanto más cuanto mayor sea la fortuna que grava-; y, por último, la reducción por cargas de familia.50

6.5. Pani y la deuda exterior de México El 22 de mayo de 1922 el secretario de Hacienda, Adolfo De la Huerta, se trasladó a Nueva York –autorizado por el presidente Álvaro Obregón- a conferenciar con el Comité Internacional de Banqueros, cuyo representante en México era Thomas Lamont. En menos de un mes después -el 16 de junio siguiente- se firmó un convenio ad referendum conocido como Convenio Lamont-De la Huerta. El acuerdo estipulaba que México reconocía una deuda con el Comité Internacional de Banqueros de casi 47 48 49 50

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Jose Iturriaga de la Fuente. Loc. Cit. Alberto J. Pani, Apuntes… Loc. Cit. Hugo Margáin, Loc. Cit. Alberto J. Pani, Apuntes… op. cit., t. II, p. 18.


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509 millones de dólares. Aceptando los términos de pago de la siguiente forma: los primeros 4 años México pagaría anualmente 30 millones (23% de los ingresos del Gobierno Federal), y a partir del quinto año una suma de 50 millones anuales.51 A juicio de Félix Fulgencio Palavacini, el referido convenio “No consideró […] los bonos de las emisiones de Victoriano Huerta, ni incluyó los llamados Emisión de Kay que el gobierno de México desconoció expresamente”.52 Sin embargo, Adolfo de la Huerta en sus Memorias, lo refiere como un gran éxito de la diplomacia mexicana ya que el referido convenio «deja fundada, por primera vez en la historia de nuestras finanzas, la supresión de intermediarios, corredores o representantes para el arreglo de nuestras cuestiones financieras, mediación que siempre ha costado al país millones de pesos que ahora quedaron suprimidos».53 Independientemente de los cuestionamientos dados en su momento, el 29 de septiembre de 1922 fue votado por el Congreso de la Unión el decreto que aprobó el Convenio Lamont- De la Huerta.54 Cualesquiera que hayan sido los móviles políticos de aquella polémica (la búsqueda del reconocimiento de los Estados Unidos entre otras), lo cierto es que el error grave del Convenio Lamont-De la Huerta fue que sus autores sobreestimaron la capacidad de pago de México. Esto lo demostraron los hechos: el 30 de junio de 1924 fue decretada la suspensión temporal indefinida del servicio de la deuda exterior por incapacidad de pago del gobierno mexicano.55 Sin embargo, el principal censor y corrector del referido convenio fue el sucesor en la secretaría, me refiero al ministro Pani. Se conoce como Enmienda Pani-Lamont el convenio celebrado el 23 de octubre de 1925 por el Comité Internacional de Banqueros en México y el gobierno mexicano, que reformó al Convenio Lamont-De la Huerta de 1922.56 El propio Pani dijo que no era posible restablecer el servicio de la deuda exterior si no se circunscribía el Convenio de 1922 «dentro de las posibilidades reales del erario».57 Es importante señalar que los propósitos originales de Pani no eran solamente los de reformar el mencionado convenio, sino también solicitar un nuevo empréstito por 120 millones de pesos (entonces 60 millones de dólares) con el fin de cubrir los déficit presupuestarios, servir a la deuda exterior y fundar el banco central; pero solamente logró la firma del convenio en sentido favorable a México. Recordemos, por extraño que nos parezca ahora, que México se quedó sin ayuda financiera del exterior entre 1913 y 1941. 51 Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero, Colmex, México, 1981. 52 Félix Fulgencio Palavacini, et. al., México. Historia de su evolución constructiva, Editorial Libro, México, 1945, t. III, p. 256. 53 Roberto Guzmán Esparza, Memorias de don Adolfo de la Huerta, según su propio dictado. Ediciones Guzmán, México, 1957, pp. 200-201. 54 Legislación sobre deuda pública, México, SHCP, t. II, 1958. 55 Ídem 56 Ídem 57 Alberto J. Pani, Apuntes… op. cit., t. II, p. 50.

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La trascendencia de esta enmienda, consiste en que la deuda exterior de México incluida en el nuevo convenio se redujo en un 44% real, de 1,560 millones de pesos a solo 890 millones de pesos. Esto se debió básicamente a que fue desvinculada de la deuda directa nacional la deuda ferrocarrilera.58 También se consiguió que los vencimientos insolutos de 1924 a 1925, convenidos en 1922, que acumulaban 75 millones de pesos, fueran diferidos en su pago hasta el periodo de ocho años, 1928-1935, dentro del cual serían liquidados, según una escala progresiva de amortizaciones y con un interés sólo del 3 % anual sobre las cantidades insolutas.59 Sin embargo, en la Enmienda Pani-Lamont en su sección quinta, se fijaron las bases de la devolución, rehabilitación y reorganización de los Ferrocarriles Nacionales de México.60 El presidente Calles aprobó la Enmienda y envió al Congreso una iniciativa de ley para que a su vez la aprobara, el 9 de diciembre de 1925.61 Las comisiones unidas de la Cámara de Diputados (Hacienda, Crédito Público y Puntos Constitucionales) emitieron un dictamen favorable a la iniciativa de ley, el 15 de diciembre de 1925.62 A pesar de ello, el ministro Pani tuvo que comparecer arduamente ante las dos Cámaras para explicar a diputados y senadores el detalle del convenio. En la Cámara Baja, de 139 diputados, solo el diputado Díaz Soto y Gama votó en contra. En cambio, cuando fue presentada en el Senado, este organismo la aprobó por unanimidad.63 Finalmente, la Enmienda fue aprobada por ambas Cámaras el 25 de enero de 1926, derogando el Convenio Lamont-De la Huerta.64

6.6. Pani y la política crediticia La Ley General de Instituciones de Crédito y Establecimientos Bancarios, de 24 de diciembre de 1924, unificó y modernizó, técnica y constitucionalmente, la anterior Ley de Instituciones de Crédito, de 19 de marzo de 1897, y demás disposiciones legales sobre la materia. Sin embargo, es de hacer notar que omitió la parte referida a los bancos emisores, limitándose a mencionar la ley especial que regiría al banco único de emisión. Pero amplió el tradicional grupo de las tres categorías de instituciones de concesión federal (los bancos de emisión -desaparecidos-, los hipotecarios y los refaccionarios) con: las de bancos industriales e instituciones de crédito agrícola -que incluyó en la de los refaccionarios- y con las categorías adicionales de bancos de depósito y descuento, bancos de fideicomiso, bancos o cajas de ahorro, almacenes generales de depósito y compañías de fianzas y, como su nueva denominación lo 58 59 60 61 62

Arón Sáenz, La política internacional de la Revolución. Estudios y documentos, FCE, México-Buenos Aires, 1961. Ídem José Iturriaga de la Fuente. Loc. Cit. La deuda exterior de México. SHCP, México, 1926. Diario de Debates de la Cámara de Senadores del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, núm. 51, t. II, Cámara de Senadores, México, 1926. 63 Ídem 64 Ídem

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indica, dictando también los preceptos a que debían sujetarse los establecimientos bancarios -entre los cuales figuraron las sucursales de bancos extranjeros- y los asimilados a tales establecimientos.65 También determinaba la ley las condiciones para la inspección y la vigilancia de las instituciones de crédito; los impuestos que éstas deberían de cubrir; las hipotecas; y las condiciones para declarar la caducidad de las concesiones o para efectuar la liquidación de las instituciones bancarias. El ministro Pani fue auxiliado en la elaboración de esta ley, por Manuel Gómez Morín y Fernando de la Fuente.66 Dicha ley sufrió dos reformas posteriores: la primera fue la del el 5 y 25 de agosto de 1925, a fin de eliminar contradicciones con la ley que creó el Banco de México a fines del citado agosto. Posteriormente, el 30 de junio de 1926 se promulgó un ordenamiento especializado sobre bancos de fideicomiso. Finalmente, el 31 de agosto de 1926 se expidió una nueva Ley General de Instituciones de Crédito y Establecimientos Bancarios. Esta nueva ley consideraba las siguientes instituciones de crédito: 1) Banco único de emisión; 2) bancos hipotecarios; 3) bancos refaccionarios -comprendiendo los bancos industriales y los bancos agrícolas creados por la ley de 1924-; 4) bancos de depósito y descuento; 5) bancos de fideicomiso; 6) bancos o cajas de ahorros; 7) almacenes generales de depósito; y 8) compañías de fianzas.67 Paralelamente, el presidente Plutarco Elías Calles creó por decreto del 29 de diciembre de 1924 la Comisión Nacional Bancaria, que inició a partir del 12 de enero del año siguiente. Para poner de relieve la importancia de la Comisión Nacional Bancaria, basta mencionar algunas de sus funciones, a saber: la de velar por el exacto cumplimiento de las disposiciones vigentes relativas; la de someter a la Secretaría de Hacienda los medios que estime convenientes para impulsar el desarrollo de las operaciones bancarias; la de practicar la inspección de los bancos y determinar la manera como deberán hacerse y publicarse los balances de los mismos; la de cooperar con las comisiones liquidadoras de los bancos que se hayan presentado en estado de suspensión de pagos o de quiebra; la de vigilar las remesas de los bancos al exterior del país, sus depósitos y sus inversiones en el extranjero; y la de obtener, recopilar y publicar anualmente la estadística bancaria y todos los datos que pudieran ser de utilidad para el conocimiento de la situación bancaria general de la República.68

Además de sus labores de vigilancia e inspección, una de las medidas técnicas más importantes que tomó la Comisión fue, en 1928, la de empezar a reducir del 33% al 65 66 67 68

Alberto J. Pani, Tres monografías. Editorial Atlante, México, 1941. José Iturriaga de la Fuente, Loc. cit. Legislación Bancaria. SHCP, T.II, México, 1957. Alberto J. Pani, Tres monografías… Loc. Cit.

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20%, paulatinamente, la garantía que los bancos debían de guardar para responder a los depósitos pagaderos a la vista o en un plazo de treinta días.69 La dirección de Pensiones Civiles de Retiro (hoy ISSSTE), fue creada por la Ley del 12 de agosto de 1925. En su redacción -además de Pani- cooperaron Maximiliano Chauvert y el Lic. De la Fuente. Por vez primera la pensión fue una condición aceptada por la Administración Pública y los empleados que la sirven. La característica principal del sistema establecido por Pani fue que los recursos para el pago de pensiones procedieran, en parte, del descuento reducido que se hacía a los empleados sobre el importe de sus sueldos con su edad y, contribuir a la seguridad y bienestar de sus servidores cuando estos perdieran la aptitud para el trabajo, participando en la formación del fondo de pensiones con la cantidad proporcional suplementaria. Además se estableció que pudiesen ser trasmitidas por herencia. Se creó también el banco refaccionario para pequeños agricultores, o sea, el Banco Nacional de Crédito Agrícola, S.A. Sin embargo, no hay duda que su obra cumbre como funcionario fue la creación del Banco único de emisión. No solo por haber sido su arquitecto –en el más amplio sentido de la palabra- sino por el contexto internacional adverso en el que fue instaurado.

6.7. El Banco de México, S. A. En sus Apuntes Autobiográficos Alberto J. Pani relata cuál fue la reacción de Calles ante el proyecto del banco central, quién se mostró “entusiasmado relativamente a la fundación del banco único de emisión que tan vana y frecuentemente había sido anunciada en los últimos siete años”.70 Por ese entonces, se encontraba suspendido el servicio a la deuda exterior, por lo que el ministro Pani informó, el 20 de agosto de 1925, al señor Thomas Lamont, del Comité Internacional de Banqueros en México,71 la próxima fundación del Banco de México. Un Lamont enfurecido le contestó telegráficamente su desacuerdo, ya que consideraba que el Banco único de emisión se establecería con fondos que teóricamente podrían servir para el pago de la deuda exterior.72 Además del telegrama amenazante de Lamont, el Comité Internacional de Banqueros elevó una formal protesta por conducto de la embajada norteamericana.73 El Comité exigió reiteradamente una 69 José Iturriaga de la Fuente, Loc. cit. 70 Alberto J. Pani, Apuntes… op. cit., t. II, p. 11. 71 Este Comité fue constituido en 1919 bajo la dirección de Thomas W. Lamont, representante de J. P. Morgan & Co. El Comité tenía como propósito el proteger las inversiones extranjeras de sus socios en la República Mexicana, sobre todo las empresas ferrocarrileras. La representatividad estaba compuesta por un 35% de capital de empresas con sede en Inglaterra, un 23% en Francia y un 20% en los Estados Unidos, el remanente se encontraba en otros países europeos. Harold Nicolson, Dwight Morrow, Harcourt, Brace and Company, Nueva York, 1935. 72 Antonio Manero, El Banco de México. Sus orígenes y su fundación. F. Mayans Impresor, Nueva York, 1926. 73 Ídem

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respuesta a su protesta. Ante ello, Pani dirigió el 11 de septiembre de 1925 un telegrama a Lamont, diciendo que: […] dichos fondos han sido destinados a la satisfacción de una necesidad inaplazable, de acuerdo con el plan financiero que este gobierno adoptó, precisamente con el fin de posibilitar la reanudación, sobre bases de absoluta seguridad, del servicio de la deuda exterior. Es pues de extrañar que un apoderado proteste contractos notoriamente benéficos para sus poderdantes.74

La fundación del Banco de México indudablemente fue un éxito en su momento y piedra angular del desarrollo económico y financiero de nuestro país. El presidente Plutarco Elías Calles lo inauguró el primero de septiembre de 1925, de acuerdo con la ley que lo constituía el 25 de agosto anterior. Un Pani orgulloso de su obra escribió: El Banco de México abrió sus puertas al público con un capital autorizado de cien millones de pesos, para ocuparse esencialmente –de acuerdo con lo establecido por su ley constitutiva- reemitir billetes y regular la circulación monetaria en la República, los cambios sobre el exterior y la tasa de interés; redescontar a los bancos privados asociados documentos de carácter genuinamente mercantil y efectuar las operaciones bancarias que requiere el servicio de Tesorería y, subsidiariamente, todas aquellas que, en general, competen a los bancos de depósito y descuento.75

6.8. La Secretaría de Hacienda y los bienes nacionales Esta Secretaría administró los bienes nacionales y nacionalizados en la tercera década del siglo XX. Estos se acrecentaron con las propiedades de la Caja de Préstamos para Obras de Irrigación y Fomento de la Agricultura, S.A., rescatadas por la Enmienda Pani-Lamont, y con la adquisición de bienes rústicos y urbanos. Entre los edificios administrados estaban el Palacio Nacional, que contenía las oficinas, salones de recepción y comedor de la Presidencia, la sala de Convenciones llamada Pan-Americana, las oficinas centrales de las secretarías de Hacienda y Crédito Público y de Guerra y Marina, y otras dependencias. Aunque es un edificio enorme era insuficiente por lo 74 IbÍdem, p .292. 75 Alberto J. Pani, Mi contribución al nuevo régimen, 1910-1933, Editorial Cultura, México, 1936, pp. 327-328. El billete número 1 del Banco de México fue el nominado de cinco pesos, el cual, junto con el futuro billete de diez pesos, fueron los únicos que por varias décadas tuvieron por imagen a una mujer en el billete. El primero circuló en México sin modificaciones importantes entre los años de 1925 y 1972. El nombre de la mujer que aparece en este billete parece ser una mujer argelina, pero el rumor de la época lo relacionó con una de las artistas catalanas más famosas en México durante esta época, Gloria Fauvre. El motivo de su supuesto rostro fue una relación sentimental con el ministro de Hacienda Pani, rumor que nunca se confirmó. El rostro de la segunda mujer, del billete de diez pesos es la mexicana María Esthela Ruiz Velázquez, conocida como la Tehuana, quién ganó un concurso para tal efecto en la administración de Lázaro Cárdenas. Las listas y catálogos numismáticos internacionales así las identifican a ambas.

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que fue mejorado al ampliarse de forma decorativa e higiénica. En el proyecto participaron el arquitecto Manuel Ortiz Monasterio en el reacomodo interno y Augusto Petriccioli en el agregado de un piso más. Otras obras fueron la reconstrucción del Rastro de la Ciudad de México, la adquisición del edificio “La Mutua”, el edificio del Banco de México, S.A., así como otras edificaciones a lo largo y ancho de la república. A fines de 1926, una intriga del secretario de Industria, Comercio y Trabajo, Luis N. Morones, contra el colaborador más cercano a Pani, Joaquín Santaella, trajo como consecuencia el enojo y el límite de tolerancia del ministro de Hacienda. Pani ya había tenido constantes roces con Morones (líder de la CROM y hombre cercano a Calles), por lo que aprovechó para presentarle su renuncia. Esta le fue aceptada en enero de 1927 y recibió de nuevo el encargo de Ministro Plenipotenciario de México en París. Cargo que ocuparía, junto con su cambio posterior de residencia a Madrid, hasta fines de 1932. Su puesto en Hacienda fue cubierto por Luis Montes de Oca.

7. Ministro en Europa (1927-1932) Pani tomó el ferrocarril de México hacia Los Ángeles, lugar de residencia de su familia, para posteriormente salir a Nueva York y de ahí embarcarse a Europa. Durante su residencia en París, logró la remodelación de la nueva Embajada, bajo el cargo del arquitecto André Durán. El diseño del nuevo local, la casa de la Duquesa de Luynes y de Chevreuse, en la Avenida Presidente Wilson antes de Trocadero, consistió no solo en el diseño arquitectónico de la mansión, sino en el diseño del mobiliario, cuidado igualmente por su hermano Arturo, quién fungía como cónsul general en París. En la sala de fiestas inaugurada en enero de 1928, fueron ejecutadas pinturas decorativas encargadas a su amigo y pintor Ángel Zárraga. Estas consistieron en 10 tableros que representaban la alegoría de un México complejo; el martirio de Cuauhtémoc; la civilización cristiana; la civilización nativa; las riquezas de México; la revolución en México; Francia, la roza del mundo; la india mexicana; sacrificio de Nungesser y Coli; el milagro de Lindbergh y; finalmente una civilización con grandes logros materiales en beneficio de la humanidad bajo una necesaria paz mundial.76 A la par de su labor diplomática, la pasión de Pani por el coleccionismo de pinturas europeas, se reavivó en esta segunda estancia en París. Si bien su primera colección vendida en 1927 se concentraba en el siglo XVII y XVIII, se hizo de una segunda colección que solo comprendía obras pictóricas de los siglos XIV al XVI, con excepción del cuadro de español Eugenio Lucas, del siglo XIX. El catálogo de esta segunda colección que contaba con 48 pinturas y 33 dibujos de las Escuelas alemana, española, flamenca, francesa, holandesa e italiana, fue publicado en 1940.77 Pani contrató los 76 Alberto J. Pani, Los edificios del Gobierno mexicano en París. Embajada de México en Francia, París, 1928 (folleto explicativo). 77 Alberto J. Pani, La segunda colección Pani de pinturas, comentada por el Dr. Atl. Edición de autor, México, 1940.

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servicios de restauradores reconocidos en París, para crear un taller de restauración de pinturas renacentistas, en el cual él participó, aprendiendo a regenerar sus propias compras. En efecto, el mercado del arte había cambiado, no era el mercado parisino de 1918, era un mercado con precios más altos, con el interés de los magnates norteamericanos deseosos de hacerse de pinturas de los grandes maestros, por lo que Pani se enfocó en aquellas pinturas no catalogadas y relativamente alteradas por suciedad o repintes de barniz y aceite. A un precio más bajo, se hizo de ellas y posteriormente aprendió las técnicas de la restauración bajo la supervisión del suizo M. Boissonnas -quién demandaba 100 mil francos suizos por cada tres meses- en compañía de Juan M. de Pacheco, pintor y amigo que protegió durante su estancia en París. Pani se enteró rápidamente del asesinato del presidente electo Álvaro Obregón en 1928, tiempo después comentaría la importancia que tuvo este hecho en el sistema político mexicano. La no reelección se volvió un precepto y el presidente Calles mantuvo el control del sistema político mexicano durante los siguientes seis años. Pani fue reafirmado en su puesto por la administración de Emilio Portes Gil, y durante la gestión de Pascual Ortiz Rubio fue reasignado a la nueva Embajada de España, donde permaneció por espacio de seis meses, hasta enero de 1932.78 En este último mes, regresó a México para encargarse de nueva cuenta de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. En cuanto a su estancia en España, Pani inauguró la recién elevada categoría de Embajada durante el gobierno republicano del presidente Niceto Alcalá Zamora. Caída la monarquía de Alfonso XIII y establecida la República, México y España elevaron sus representaciones diplomáticas a Embajadas, siendo Pani el primer embajador mexicano que entregara sus credenciales en este país el 22 de julio de 1931. En Madrid amplió su colección pictórica con un Berrugete, un Baco Jaime y un maestro de Castilla del siglo XV. Su actividad diplomática también le confirió un nuevo reconocimiento, en este caso la Gran Cruz de Isabel la Católica, otorgada del gobierno español. Esta condecoración se añadió a la Legión de Honor dada por Francia, y a las otorgadas durante su labor como secretario de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Álvaro Obregón: Cruz de la Orden de “El Mérito” de Chile; así como otras Gran Cruz como la de Boyacá, en grado extraordinario, de Colombia; la de “El Sol”, de 78 Durante su estancia en París, se dio el trágico suceso del suicidio de la activista política mexicana Antonieta Rivas Mercado. A raíz de la derrota y represión que sufrió José Vasconcelos en su campaña en pos de la presidencia de la república mexicana en 1929, se fue a radicar a París, donde vivió por algunos meses con Antonieta, su fiel seguidora. Su estancia en París en este período, sufrió numerosos altercados debido a problemas personales que ambos arrastraban. El 10 de febrero de 1931, Antonieta tomó la decisión de quitarse la vida, suceso que hizo realidad al día siguiente. Antonieta se suicidó en la catedral de Notre Dame con la pistola de Vasconcelos. Ante tal suceso, el cónsul mexicano en París, Arturo Pani, hermano del embajador Alberto, tuvo que intervenir para probar la inocencia de Vasconcelos. Para mayor información vea el lector el Diario de Antonieta, publicado por Luis Mario Schneider, Obras completas de Antonieta Rivas Mercado, SEP, Lecturas Mexicanas, Segunda Serie, número 93, México, 1987; y a José Vasconcelos El Proconsulado. Editorial Trillas, Linterna Mágica, número 29, México, 1998. Este último libro de su autobiografía fue dedicado a Antonieta bajo las iniciales “ARM y a todos los que cayeron por el ideal de un México regenerado”.

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Perú; la de “La Espiga de Oro”, de China; la de “El Sol Naciente” de Japón; la de “Corona de Italia” y la de “Leopoldo” de Bélgica.

8. Secretario de Hacienda y Crédito Público (1932-1933) Tras la crisis política acontecida entre 1931 y 1932, el gabinete de Pascual Ortiz Rubio sufrió un nuevo reacomodo y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público volvió a quedar vacante, tras la destitución de Luis Montes de Oca, cuya política hacendaria había sido severamente criticada por Pani en los últimos años. Calles le telegrafió ofreciéndole el cargo, el cual aceptó debido a la grave crisis que padecía el país y tomó posesión por segunda vez de esta cartera el 14 de febrero de 1932. Pani evaluó la situación y junto con su equipo formado por Manuel Gómez Morín y Miguel Palacios Macedo, lanzó una nueva ley monetaria promulgada por el Ejecutivo el 9 de marzo de 1932, la cual reformaba la llamada Ley Calles de 1931. La reforma volvió la confianza en el gobierno y el dinero atesorado a la circulación, en tan solo unos cuantos meses. A este plan de choque le acompañaron ese mismo año: una nueva Ley Constitutiva del Banco de México, S.A., promulgada el 12 de abril; la Ley del 19 de mayo que señaló las instituciones privadas obligadas legalmente asociársele; la Ley General de Instituciones de Crédito del 28 de junio que reformó la de 1926; y la Ley de Títulos y Operaciones de Crédito, expedida el 26 de agosto. El objetivo de este paquete económico fue: promover, expansionar y diversificar el crédito en sus numerosas modalidades, a fin de salir del grupo privilegiado que siempre lo ostentó.79 De tal forma tuvo su impacto que para 1933, creció a 32 el número de instituciones de crédito, destacando entre ellos el Banco Hipotecario Urbano y de Obras Públicas (hoy BANOBRAS). Para mediados de 1932, apareció una nueva crisis política al renunciar Ortiz Rubio como presidente, debido al retiro del apoyo político dado por Plutarco Elías Calles. Calles volvió a llamara Pani, pero en esta ocasión para comentarle que él estaba en su terna para designar presidente. Los otros dos en la lista eran los generales Joaquín Amaro y Abelardo Rodríguez. A juzgar por lo comentado por Calles ese día y años después, Pani era por quién se inclinaba. Sin embargo, si hemos de creer a Pani, este declinó y propuso al general Rodríguez. Después de esta reunión con Calles, Rodríguez fue seleccionado por el Jefe Máximo y protestó el 4 de septiembre de 1932 a fin de terminar el turbulento sexenio conocido en la historia de México como el “Maximato”. Pani como fue de esperarse se le reafirmó como secretario de Hacienda y continuó por un año más con sus reformas económicas. Incluso, paralelamente se dio a la tarea de emprender obras para el embellecimiento para la capital de la repú79 Véase la actuación hacendaria de Pani de marzo a octubre de 1932 en Alberto J. Pani, Tres monografías… op. cit., pp. 156-177 y del mismo autor, La crisis económica en México y la nueva legislación sobre la moneda y el crédito, Vol. I, SHCP, México, 1933.

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blica. Entre otras obras emprendidas a iniciativa de él están: el actual llamado Monumento a la Revolución, que se encontraba en proceso de venta por partes, en calidad de chatarra, ya que era un edificio inconcluso del viejo régimen; la remodelación del Zócalo; la ampliación y mejoramiento del edificio que ocupa el Museo de Arqueología, Etnología e Historia; la creación de un Museo de Arte Religioso y terminación del Teatro Nacional, trasformándolo como un Palacio de Bellas Artes, de acuerdo a su concepción sobre el arte y sus manifestaciones (teatro, música y plástica). Para mediados de 1933, Pani se trasladó a Washington para cambiar impresiones con los funcionarios respectivos del gobierno de los Estados Unidos sobre algunos puntos de interés de la Agenda que anunciaba los trabajos de la Conferencia Económica y Monetaria Mundial convocada en Londres en junio de 1933. Posteriormente, la delegación mexicana presidida por Pani y que incluía a Fernando González Roa, Eduardo Suárez y Marte R. Gómez, se trasladaron a la capital de Inglaterra donde asistieron a la mencionada Conferencia y cuyos trabajos duraron el lapso del 12 de junio al 27 de julio de 1933.80 Pani quiso aprovechar del todo su estancia en Europa y decidió adquirir nuevos lienzos para la Academia de Bellas Artes a la vez que aprovechaba para alimentar su pasión por el coleccionismo. Pani escribió: La Conferencia Económica y Monetaria Mundial no me permitió holgar para volver a entretenerme en la paciente búsqueda de obras de Arte desaparecidas, pero sí pude aprovechar mi estancia en Londres y, terminada la Conferencia, pasar una semana en Madrid para comprar, por cuenta del gobierno y a precios bastante reducidos, ocho importantes tablas de las escuelas Catalana, Valenciana, Aragonesa y castellana del Siglo XV, entre las cuales se haya un Berrugette; las telas “San Francisco” del Greco, “Magdalena Arrepentida” de Zurbarán, firmada, y “San Simón” de Velázquez […]81

A estas obras se agregarían entre otras “La Cocina de las Brujas” de Goya, “Judith y Holofernes” y un “Retrato de Hombre” ambos de Tintoretto. Hombre dinámico, Pani regresó de Europa a tiempo para escribir el mensaje referente a la labor realizada por la Secretaría a su cargo, a fin de ser leído junto con el Informe Presidencial el 1º de septiembre de 1933. En efecto, el informe presidencial hasta ese año constaba de largas y tediosas horas donde cada Secretario de Estado leía ante el Congreso de la Unión su informe de labores del año oficial que acababa de terminar. El informe leído por Pani fue el más elogiado por el poder Legislativo, lo que creó –a su juicio– recelo en el presidente Abelardo Rodríguez y en algunos de los ministros, en particular en el Secretario de Educación Pública. Días después argumentando que el hijo de Pani 80 Véase Alberto J. Pani, Mi contribución al Nuevo régimen (1910-1933). Editorial Cultura, México, 1946 y del mismo autor Tres Monografías… Loc. cit. 81 Alberto J. Pani, Apuntes… op. cit., t. II, p. 186.

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había hablado abiertamente mal del propio presidente, éste pidió la renuncia irrevocable al ministro de Hacienda. Pani redactó su renuncia el 26 de septiembre de 1933, la cual fue aceptada el 28 del mismo mes. El presidente Rodríguez también pidió la renuncia de sus dos hermanos, Arturo Pani, representante de México en París ante la Sociedad de Naciones y Julio, cónsul en Hamburgo. Ese día terminaba su carrera pública tras veintidós años de laborar en diferentes instancias del gobierno federal.

9. El regreso a la vida privada Tras su renuncia, Alberto J. Pani regreso a sus negocios, sin dejar a un lado los proyectos en los que había invertido varios años, aunque estos fueran en colaboración con el gobierno federal. Me refiero a que a petición del Secretario Plutarco Elías Calles –designado por el presidente y general Abelardo Rodríguez como el sucesor de Pani en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público- se le ofreció continuar con la dirección de obras del Palacio de Bella Artes. Aceptó el encargo con la condición de otorgarle una confianza completa en su dirección y por supuesto, sin recibir ningún tipo de honorarios. El edificio del Palacio de Bellas Artes inició su construcción en dos fases: la primera fue de octubre de 1904 a febrero de 1913, fecha en que la revolución suspendió la obra; posteriormente fue reanudada en julio de 1932 a petición de Pani y terminada por él en marzo de 1934.82 Con la llegada a la presidencia del general Lázaro Cárdenas en 1934 y la ruptura con Calles y su grupo en 1935, es de suponer que Pani haya quedado señalado como uno de los más fieles seguidores del Jefe Máximo, por lo que el nuevo gobierno cardenista poco o nada hizo por acercarse al viejo ministro de Hacienda. Por su parte, Pani, no dejó de tachar al gobierno de Cárdenas de mantener una política muy cercana al “comunismo”, régimen que por su propia formación siempre rechazó. Pani en un memorando confidencial a Manuel Ávila Camacho fechado el 22 de agosto de 1940 le comunicó: Sabemos que el comunismo es repudiado nacional y continentalmente. Sabemos que carece de toda capacidad redentora un régimen que, como el comunista, necesita, para existir, encadenar al individuo y hacerlo que abdique de su decoro. Sabemos que, de cualquier modo, es insensato pretender sovietizar un país pobre y de estructura capitalista secular como el nuestro por procedimientos de Gobierno que lo empobrezcan más cada vez y acaben por matar de hambre al pueblo mucho antes de siquiera poder vislumbrar su etapa final. Sabemos que el espantajo erigido con las tendencias sovietizante e inflacionista, al ahuyentar poscapitales de nuestra escuálida producción industrial, empeoró la situación del proletariado e impidió la cristalización del pensamiento central 82 Véase El Palacio de Bellas Artes: informe que presentan al señor Ing. Marte R. Gómez, Secretario de Hacienda y Crédito público, los directores de la obra Alberto J. Pani y Federico Mariscal. Editorial Cultura, México, 1934.

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de la política cardenista –la redención económica del pueblo- que ha sido y es, también la aspiración suprema del Nuevo Régimen desde que ha éste le fue abierto el sendero constitucional de las Reformas Sociales. Sabemos todo eso y, sin embargo –decía- el espantajo está aún de pie.83

Sobre los acontecimientos nacionales e internacionales sucedidos en los últimos 18 años de su vida, Pani, comentó sobre ellos. En 1938, fue uno de los más fieles defensores de la nacionalización del petróleo en México, ensalzando las decisiones del presidente Lázaro Cárdenas. Pani escribió en 1945, que “fue un acto de extraordinaria audacia presidencial y de grandes y notorias consecuencias para el Gobierno y el país”.84 Durante el siguiente sexenio -este período fue más tolerante ante los viejos revolucionarios-, Pani llegó a entablar algunas conversaciones con el candidato presidencial Manuel Ávila Camacho en referencia a la prudencia en la política monetaria. Durante la administración de Manuel Ávila Camacho (1940-1946), Pani siguió vigente por su continua participación en los medios de difusión impresos, donde defendió su postura sobre la política monetaria y se debatió en numerosos artículos periodísticos (Excelsior y El Universal) y en revistas (como el semanario Hoy) con diversas facciones oficiales, así como la publicación de su libro Tres Monografías, por Editorial Cultura en 1941. Este libro encontró de inmediato detractores y además, un fracaso comercial.85 Uno de ellos fue el exsecretario de Agricultura de la administración de Calles, de apellido León, quién refutó todo lo dicho por Pani en la revista Nuevo Mundo, y negó que Pani fuera el iniciador de la obra hidráulica apropiándose hechos que le fueron ajenos “guiado por una ciega pasión al servicio de su vanidad insaciable”.86 La contestación de Pani no se dejó esperar. Pani argumentó la falacia de considerar al presidente Calles como el gran constructor hidráulico, que si bien en parte era cierto esto –dijo-, no se hubiera podido hacer si no se hubiera creado el Banco de México, S.A. y las políticas hacendarias correctas que el impulsó.87 No era la primera vez que enfrentaba a sus críticos. Su principal detractor fue José Vasconcelos, de quién Pani dijo, “era entonces uno de mis mejores amigos, se convirtió repentinamente y sin causa aparente o real, diez o doce años después, en mi enemigo más acérrimo”.88 Vasconcelos -que nada respetaba la ortografía del apellido de Pani-, lo acusó abiertamente de deshonestidad:

83 Alberto J. Pani, Apuntes… op. cit., t. II, p. 258. 84 Ibídem, p. 241. 85 De un tiraje de 1,900 libros, dos años después la editorial notificó a su autor que solo se vendieron 143 a un valor unitario de seis pesos. 86 Luis L. León Uranga, “Orígenes de la política hidráulica de la revolución”, en Nuevo Mundo, 3 de diciembre de 1941. 87 Alberto J. Pani, “Ni mutilo la historia, ni deformo la Verdad, ni traiciono a la Revolución” (sic), en Hoy, núm. 260, 14 de febrero de 1942. 88 Alberto J. Pani, Apuntes…op. cit., t. II, p. 308.

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El país es muy rico, alegaba Pansi y nada importa que, por ejemplo, un ministro de Hacienda haga un negocio de trescientos mil pesos para su propio peculio, si ese ministro ha sabido aumentar en millones el tesoro público. Esto me lo dijo a mí, recién entrado al ministerio de Hacienda. A los pocos meses supe que era dueño el nuevo ministro de casas de departamentos por las calles de la Canoa y por la calzada de la Villa de Guadalupe.89

La primera aclaración de Pani a Vasconcelos la escribió en el periódico El Universal, del 12 de noviembre de 1924 con el título “Las mentiras de Vasconcelos”; posteriormente el libro más importante de Vasconselos en su momento, Ulises Criollo, publicado en 1935, presentó nuevos cuestionamientos a la labor pública de Pani, como también sus siguientes libros autobiográficos La Tormenta (1936), El Desastre (1938) y El Proconsulado (1939). Pani editó inmediatamente después del Ulises Criollo, la obra Mi contribución al Nuevo Régimen (1910-1933). A propósito del Ulises Criollo autobiografía del licenciado Vasconcelos,90 una amplia refutación al primer libro autobiográfico de Vasconcelos. Sin embargo, Pani a lo largo de sus Apuntes, recuerda con motivos vivaces su larga y afectuosa relación con el maestro. Otro momento fugaz de colaboración con el gobierno federal se dio gracias al decreto del 15 de febrero de 1944, cuando se constituyó la Comisión Nacional para el Estudio de los Problemas de México en la posguerra, presidida por Octavio Véjar Vázquez, siete secretarios de Estado y casi cuarenta particulares invitados de forma honoraria. Pani fue invitado a colaborar y formar parte de este organismo que se intituló “Comisión Nacional de Planeación para la Paz”, la cual fue disuelta por otro decreto presidencial el 14 de diciembre del mismo año. Sin embargo, después de haber recibido esta invitación nunca fue llamado a las reuniones. Pani, exitoso empresario y apasionado por el coleccionismo de pinturas renacentistas europeas, era también propietario de la empresa Edificios Modernos, S.A., que a su vez administraba el primer Hotel de la ciudad de México, El Reforma. Como presidente del Consejo de Administración de la empresa colaboró pecuniariamente a la causa que presidía la Comisión Nacional de Planeación para la Paz, a pesar de habérsele excluido a esta empresa en la lista de colaboradores para ello. La invitación probablemente fue producto de numerosas insistencias del propio Pani para con el presidente Manuel Ávila Camacho de colaborar con su gobierno. De hecho, si le tomó la palabra ya que el secretario de Estado, Ezequiel Padilla, de Relaciones Exteriores, el embajador en Cuba Rubén Romero y el economista Antonio Manero, visitaban regularmente su hogar para intercambio de opiniones sobre asuntos de Estado a petición del mismo presidente Camacho. Estas actitudes del gobierno federal muestran el distanciamiento que tuvieron las administraciones federales de 89 José Vasconcelos, El Desastre. Trillas, Colección Linterna Mágica, número 28, México, 1998, p. 211. 90 Alberto J. Pani, Mi contribución al Nuevo Régimen (1910-1933).A propósito del Ulises Criollo autobiografía del licenciado Vasconcelos. Editorial Cultura, México, 1936.

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1934 en adelante hacia Pani. Pero a su vez, le reconocían su talento, un talento que era preferible acceder de manera privada y no pública por su indudable e intimidante poder económico. Efectivamente, su poder económico. Aunque Pani siempre comentó que poseía mucho menos de lo que se le atribuía, era esencialmente un hombre de negocios. Entre sus trabajos cuentan los realizados al final de la época porfiriana en la administración hidráulica de la ciudad de México y como profesor en la escuela de Ingeniería. Después de haber trabajado en la administración de Madero, pasó a laborar con la administración revolucionaria y después oficial de Venustiano Carranza, donde fue presidente de la compañía de ferrocarriles Nacionales de México, S.A., lo que le permitió la compra de su primera vivienda en 1917. Durante su primera estancia en París, esta casa la habilitó y la alquiló a la Delegación de Chile en México. Su primera colección de pinturas, menciona, fue adquirida por la extrema devaluación de la moneda europea, un mercado saturado de venta de obras de arte y un sueldo sumamente decoroso. A su regreso a la ciudad de México como Secretario de Relaciones Exteriores de la administración de Obregón, le dio un sueldo alto que combinó con la compra venta de inmuebles urbanos donde realizó lucrativas operaciones, que le permitieron vender su primera casa y adquirir una más grande y lujosa en la zona más codiciada de la ciudad. En 1925 se asoció con el empresario Agustín Legorreta y con Roberto Martínez, así como con la compañía Huasteca Petroleum Company a fin de comprar ciento veinte hectáreas a ambos lados de la calzada de Guadalupe para fraccionarlos, urbanizarlos y colonizarlos, con un préstamo bancario de 700 mil pesos. Este fraccionamiento se llamó Colonia Industrial, S.A. Posteriormente en 1926 vendió su primer Colección de pinturas a Francisco Salinas en 250 mil pesos, con lo cual compró un edificio de departamentos en la calle de Versalles que se sumó a otro comprado anteriormente en la calle Roma. En 1930, vendió uno de los edificios así como su residencia a Max Hohenloe y a su “archimillonaria esposa mexicana” por casi medio millón de pesos, los que utilizó para comprar el amplio terreno en el Paseo de la Reforma donde construyó definitivamente su casa y dos más para sus hijos. A la salida definitiva de su carrera pública en 1933, fue nombrado gerente de la Compañía Explotadora de Hoteles, S.A., empresa en la que laboró hasta noviembre de 1934. El 12 de diciembre de 1933, constituyó la sociedad “Edificios Modernos, S.A.”, la cual erigió el enorme Hotel Reforma de 545 habitaciones. Esta Sociedad inició con un capital social de 300 mil pesos con el objetivo de participar en la construcción y adecuación de hoteles en la ciudad de México para atender un futuro auge del turismo. Esta Sociedad la realizó Pani con la compañía de Petróleo “El Aguila, S.A.”, cuyo amigo Mr. Hohn P. Body de Londres, estuvo de acuerdo en participar. La sociedad aumentó su capital en 1936 a un millón de pesos, gracias a un préstamo del Banco 141


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Nacional de México. Finalmente el Hotel Reforma abrió sus puertas al público el 23 de diciembre de 1936. Otro giro comercial donde participó Pani fue el cinematográfico. En efecto, su hijo Alberto R. quién había fundado una compañía primigenia en ese rubro llamada Empire que quebró, volvió a probar suerte con la fundación en 1934 de la Cinematográfica Latino-Americana, S.A., mejor conocida como C.L.A.S.A. Sus propios Estudios estaban en el kilómetro 13 de la Calzada de Tlalpan en el D.F. Esta nueva empresa inició con un capital social de 300 mil pesos. Se construyó un Foro, una sala anexa de grabación y regrabación de sonido, un pequeño edificio de camerinos y otros para un laboratorio rudimentario, el comedor y las oficinas. Se inició con un aparato antiguo y en mal estado de sonido de la marca R.C.A. Victor, que se montó en un camión “y que –a juicio del propio Pani padre- nunca dio buen servicio”. El personal fue preparado en los Estados Unidos a donde se les envió a estudiar. Se filmaron dos películas sucesivas en las cuales Pani padre fue el productor: “¡Vámonos con Pancho Villa!” en 1936 y “Las mujeres mandan” en 1937. La primera fue dirigida por Fernando de Fuentes y con guión de Rafael F. Muñoz y Xavier Villaurrutia, con el primer actor Domingo Soler, en el papel de Francisco Villa.91 Ambas películas fueron un fracaso para la compañía a pesar de haberse distribuido con éxito en los Estados Unidos. Solo se recuperó la tercera parte del costo. En una visita que realizó el presidente Cárdenas a los estudios en 1936, acordó con Pani la contratación de la compañía para elaborar cortos educativos y propaganda del régimen por casi medio millón de pesos. A partir de ahí la compañía tuvo una existencia con muchos altibajos, siempre endeudada y en competencia con los modernos Estudios “Azteca”. La empresa finalmente se asoció con El Banco Cinematográfico, S.A. para crear “Clasa Films”, la más importante compañía productora y distribuidora de películas mexicanas de los años cuarenta. Sin embargo, a mediados de esta década una oferta de oportunidad hizo que los Pani vendieran la empresa a Nacional Financiera, S.A. a un precio considerablemente alto al nominal.92 Alberto J. Pani sufrió el 17 de septiembre de 1943 una hemorragia cerebral que le dejó al borde de la muerte. Recuperado en parte de este mal, volvió a sus actividades empresariales. Murió en la ciudad de México el 25 de agosto de 1955.

Comentario Final Alberto J. Pani fue un hombre de empresa que por sus ideas liberales ingresó al llamado de la revolución en busca de un México más justo. Los gobiernos revolucionarios encontraron en él al hombre culto, talentoso y dispuesto a tomar las riendas de aquellas dependencias, ministerios o misiones que requerían de su talento y disciplina. El 91 Emilio García Riera, Historia documental del cine mexicano. 18 vols., Universidad de Guadalajara, México, 1993, Vols 1 y 2. 92 Alberto J. Pani, Apuntes… Loc. Cit.

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movimiento revolucionario, si bien siempre lo justificó, al final de sus días reevaluó al régimen porfiriano. En sus Apuntes escribió que el presidente Díaz fue un gobernante “probo, enérgico, inteligente y patriota,”93 pero ese régimen careció de reformas sociales, las cuales si se hubieran dado no hubiera existido la revolución. En efecto, un hombre como Pani debido a su perspicacia, hubiera continuado su carrera dentro de un régimen porfiriano decadente pero necesitado al final de sus días de gente joven y dinámica. Sin embargo, la revolución le deparó una escena de constante cambio que dejó fluir sus habilidades y talento.

Palacio de Bellas Artes. Ciudad de México

93 Ibídem, p. 92.

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Historia de la empresa Talleres Industriales S.A. Monterrey, (1934-2001)

Fondo Fotogr谩fico del Archivo Hist贸rico de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, Siglo XX.

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Historia de la empresa Talleres Industriales S.A. Monterrey (1934-2001) José Alberto Aviña Reyes Universidad Autónoma de Nuevo León

Si has de ponerle tu nombre a todos tus productos, nunca debes fabricar un producto defectuoso. Bruno Bich

Introducción

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ara realizar esta investigación histórica sobre Talleres Industriales, se utilizaron fuentes bibliográficas, hemerográficas y fuentes de archivo. Fue imposible encontrar información administrativa y contable de dicha fábrica, con la que se hubiera complementado esta investigación, ya que se desconoce el paradero de su documentación después del traslado de la Planta desde Félix U. Gómez a la Colonia Victoria; sin lugar a dudas dicha documentación hubiera servido para enriquecer este trabajo. Se presenta en esta investigación un panorama general de lo que fue la historia de TISA; sus orígenes, su fusión con la empresa Peerles de Estados Unidos, sus productos, pero sobre todo su aportación a la industria del acero al haber sido los primeros en fabricar tubería y equipos de bombeo en México. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial y luego de la posguerra, Monterrey vivió un dinámico desarrollo en los campos poblacional, financiero e industrial. Industrialmente, fueron tiempos de expansión y diversificación. Algunos autores hablan de un segundo auge industrial, otros lo consideran una segunda industrialización; se produjo un proceso en el que las fábricas originales tuvieron un desarrollo de integración. La expansión industrial de los años cuarenta también fue conocida como “el milagro mexicano”, período que se vio marcado por la sustitución de importaciones.1 1

Barragán, Juan (1991), CINTERMEX, Centro Internacional de Negocios, Urbis Internacional S.A de C.V. Monterrey, N.L. p. 35.

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En el campo industrial, en 1930 se tenían registradas 438 fábricas con una inversión industrial de 153 millones 371 mil 799 pesos y 24 mil 350 obreros.

Fondo Fotográfico José Alberto Aviña Reyes

1. El origen En Julio de 1934, en unas modestas instalaciones localizadas en Avenida Madero y Lima (actualmente calle Edison), entró en operaciones la fábrica denominada Talleres Industriales S.A. (mejor conocida por TISA), aunque la concesión les fue otorgada hasta junio de 1935. Esta empresa se dedicó a la fabricación de piezas de fierro vaciado para otras industrias de la localidad e inició pruebas para la fabricación de molinos de nixtamal, por lo que ese mismo año salieron a la venta los molinos Estrella, los cuales eran pintados a mano de color rojo y estañados por inmersión.2 Dicha fábrica empezó con un capital inicial de $10,000, y se le otorgó la concesión por 20 años, terminando en Junio de 1955.3 En aquel primer momento, los principales clientes de Tisa fueron: Casa Holck, S.A., Centro Mercantil de Monterrey, S.A. y Casa Chapa, S.A. Posteriormente la empresa se diversificó e inició la venta de planchas para carbón en sus tres tamaños y se desarrolló un sistema para moldear el cuerpo de las planchas en el que se usaban cajas metálicas, lo cual ofrecía muchas ventajas, este proceso fue 2 3

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www.tisamatic.com Morado Macías, César (1991), Concesiones. Política de Fomento Industrial, 1886-1950. Archivo General del Estado de Nuevo León. Monterrey N.L.


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patentado. También se fabricaban en estos talleres cucharas, neveras y tornillos de banco, entre otros. A partir de 1935, se iniciaron múltiples trabajos de fabricación de equipo para las Industrias del Vidrio (hoy VITRO), tal como elevadores de cangilones para arena sílica, hornos para el templado de botella, quemadores de gas de diseño especial, reductores de velocidad, y ventiladores de presión. Durante esta época, Tisa ya estaba fabricando tubería y conexiones de 2“ y 4“ de diámetro y se exportaron gran cantidad de tubos a Colombia y molinos a Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras. La tubería se vaciaba estáticamente en moldes de arena hechos manualmente. A estos mismos países se exportaron planchas para sastre, planchas sólidas y carrillos para noria, que eran otros productos fabricados por Tisa.

Revista Arquitectura.1938-1967. 01 de Septiembre de 1963

En 1936 Vidriera Monterrey S.A. se dividió en varias compañías –clasificadas con el nombre de Operadoras- y, simultáneamente se fundó una compañía especial denominada “Fomento de industria y Comercio, S.A.”, que entró en funciones como propietario de la mayoría de las acciones de cada una de las Operadoras y se hizo responsable de la dirección general de cada una de éstas. Fue característico en este nuevo tipo de organización financiera que las distintas administraciones corporativas se especializaran cada una en su propio ramo, en tanto que la Compañía que ejercía el control de las Operadoras se dedicara a todas ellas y a promover nuevas actividades en beneficio del grupo.4 En este sentido, Talleres Industriales fungió como operadora de Vidriera al fabricar piezas y maquinaria importante para su industria, asimismo se especializó en su ramo fabricando de piezas de fierro vaciado. En 1942, existían en Monterrey 551 plantas fabriles y cuatro años después el número aumentó a 650. La década de los 50 inició con 760 centros fabriles; estos datos indican que en los ocho años que van de 1942 a 1950 se fundaron 209 fábricas, superando el número de plantas registradas en los 12 años anteriores. 4

Roberto G. Sada (1981), Ensayos sobre la historia de una industria, Talleres de Litográfica Monterrey, S.A., Monterrey.

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La expansión y diversificación industrial de Monterrey de la década de los años de 1940 está asociada a la Segunda Guerra Mundial, en particular a las dificultades para importar materias primas y otros productos procedentes de los Estados Unidos. La disminución de importaciones abrió un mercado de grandes oportunidades para la industria nacional, lo que dio lugar al modelo de industrialización por sustitución de importaciones. Más tarde, Ricardo Garza González, quien formó la Sociedad Talleres Industriales S.A. junto con Santiago Gutiérrez Garza, solicitó para esta los beneficios de ley y su ampliación, concediéndosele el 28 de Mayo de 1942, luego solicitó la protección para una planta de tubos, otorgándosele por 20 años. Fue en ésta época cuando la Planta se trasladó a la Primera Avenida San Francisco con carretera Roma (Hoy Avenida Félix U. Gómez), de donde resultó el auge y la llamada época dorada de Tisa, en la que se hizo la alianza entre Tisa y Peerles, empresa estadounidense fabricante de bombas para agua. En Agosto de 1942 se anunció la fusión de las fábricas Tisa y Peerles a través de la Cámara de la Industria de Transformación de Nuevo León. Este organismo puso de manifiesto que la firma industrial TISA S.A., que se dedicaba a la fabricación de bombas de pozo profundo, con lubricación de agua y su similar norteamericano PEERLES, S.A. de los Ángeles, California que los fabricaba con lubricantes de aceite se fusionaron par ala fabricación de bombas de agua que operaría bajo la denominación de PEERLES-TISA, S.A.5 Así se publicó en el Periódico Oficial del Estado de Nuevo León la solicitud de ampliación de TISA a la Avenida Félix U. Gómez después de la fusión con Peerles: Monterrey, N.L. A seis (6) de Junio de (1942) mil novecientos cuarenta y dos. “Vista para su resolución la solicitud elevada ante el Gobierno del Estado por el señor Ricardo Garza González, Gerente de la negociación “Talleres Industriales” S.A. de este domicilio, sobre concesión de las franquicias de Protección a la Industria por la instalación de una Planta productora de tubos de fierro vaciado para instalaciones Industriales y Sanitarias; y RESULTANDO: - Que con fecha (15) quince de Febrero del presente año, el Señor Ricardo Garza González, con el carácter arriba mencionado y justificado debidamente en el expediente, en solicitud escrita, dijo a este Gobierno lo siguiente:- Que “Talleres Industriales” S.A., Sociedad mexicana con domicilio en esta ciudad de Monterrey, Nuevo León, y constituida ante el Notario Público Carlos Hinojosa Guajardo con fecha (30) treinta de Junio de (1934) mil novecientos treinta y cuatro inscrita en el Registro Público de Comercio bajo el número (30) treinta Folio (35) treinta y cinco Volumen IX Segundo Auxiliar de Comercio, dedicada hasta la fecha a la manufactura de planchas, neveras y molinos para nixtamal y carne, deseaba instalar una fábrica de tubos de fierro 5

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Periódico El Porvenir, Monterrey, 12 de Agosto de 1952.


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vaciado para instalaciones Industriales y Sanitarias, en el local especial exclusivo a este fin, completamente aparte de su Planta actual, ubicada en la esquina de Primera Avenida San Francisco y carretera a Roma a cuyo negocio se le llevará su contabilidad especial y en el se invertirá un capital de (150,000) ciento cincuenta mil pesos, por lo que viene a solicitar para la planta Industrial respectiva las Franquicias de protección a la Industria en la Inteligencia de que se adquirirá lo necesario para ello tanto por lo que hace a maquinaria como a edificio, ofreciendo que en término de (7) siete meses. Quedarán concluidos edificios y talleres comenzando con su producción inicial para el mes de septiembre”.6

El Porvenir. 1 de julio de 1948

El Porvenir. 1 de agosto de 1952 6

Periódico el Universal .18 de abril de 1948

Periódico El Informador. 02 de Agosto de1954

Periódico Oficial del Estado de Nuevo León. Tomo LXIX. 1 de Julio de 1942. Núm. 52.

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Revista Arquitectura.1938-1967. 01 de Marzo de 1960

2. Las bombas TISA En la década de los años de 1950, muy pocos países contaban con el coeficiente de agua necesario para la satisfacción integral de sus necesidades. Esa limitación del líquido elemento ha obligado al ser humano a remover las entrañas de la tierra en su búsqueda que a veces resulta poco exitosa. Impedido de extraer con el solo esfuerzo personal el volumen de agua suficiente, el genio humano ha dado frutos esplendorosos. Surgieron así aparatos que en su función desplazaron con ventaja los máximos esfuerzos que pudiera combinar el hombre en la aparente simple tarea de robar agua a las profundidades de la tierra. Fue necesario cavar pozos profundos y ahondar en ellos con bombas aspirantes que día con día fueron mejoradas para la satisfacción de las necesidades comunes. En México también se hubo de confrontar el problema de la obtención de agua. En un principio se perforaron pozos y se extrajo el preciado líquido con recipientes primitivos. Más tarde se importó del extranjero el equipo de bombeo y finalmente empezó a consumirse el fabricado en territorio mexicano, observándose que en una medida funcional, superaba a los más prestigiados construidos en el exterior. Una tras otra fueron surgiendo en nuestro país las fábricas dedicadas a la construcción de bombas aspirantes impelentes. Pasó el tiempo y al fin, en la ciudad de Monterrey surgió una gran industria de perfiles tan personales e inconfundibles en materia de fabricación de equipo de bombeo que todas las prevenciones invocadas antes para no preferir a la producción nacional sobre la extranjera, vinieron por tierra. La fundación y desarrollo en Monterrey de Talleres Industriales S.A., incrementó algunos índices de trabajo necesarios al progreso de la nación, tales como agricultura, ganadería y pequeñas industrias. En el gravísimo problema que en materia de agua padeció la ciudad de Monterrey, quedó evidenciada la superioridad del equipo de bombeo hecho en México sobre el extranjero. 154


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Hecha una cuidadosa selección se instalaron en los colectores bombas de la marca TISA y se procedió a llevar un cuidadoso registro de la medida de servicio de las instalaciones. Los resultados fueron sorprendentes, la bondad del equipo nacional superaba en muchas veces al de los anteriormente ensayados con patentes extranjeras. En las oficinas de diseño y normas de TISA se comprobaban acuciosamente las especificaciones detalladas de cada bomba que se fabricaba para asegurarse de que cada equipo reunía las características de inmejorable calidad y eficiencia que cimentaron esa marca. La fundición de las piezas se hacía en talleres cuyo personal experto, maquinaria especializada y métodos modernos permitieron la obtención de fundiciones limpias, homogéneas y de gran resistencia.

Periódico El Universal. 9 de Enero de 1949

El Porvenir. 27 de Agosto de 1950

3. Memoria de una visita a Talleres Industriales En Marzo de 1954, La Asociación Mexicana de Ingenieros Mecánicos y Electricistas, Sección Monterrey, visitaron Talleres Industriales, S.A. y la fábrica de bombas Peerles Tisa, S.A., ubicadas ambas factorías al norte de la calle Félix U. Gómez donde los Ingenieros pudieron comprobar y observar detenidamente los adelantos de ingeniería mecánica eléctrica, con que dichas plantas operan. Primeramente se dirigieron a la fundición de los Talleres Industriales S.A. La principal producción en esta fundición era de Planchas, molinos de nixtamal, despulpadoras de café, y conexiones de alta presión. En los Talleres Industriales, el licenciado 155


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Zambrano de Peerles Tisa, S.A. y el señor Santiago Gutiérrez Garza -este último pionero en dichos talleres- explicaron detalladamente los procedimientos con se llevaban a cabo los trabajos allí realizados.

Reunión Peerless-tisa. El Porvenir. 18 de Marzo de 1954

Posteriormente, pasaron los visitantes a la fábrica de bombas Peerles Tisa, S.A., ubicada enfrente de los Talleres Industriales, la fábrica de bombas fue un orgullo nacional y por ende regiomontano, pues hasta 1954, se venían fabricando dos tipos de bombas que, sin temor a equivocarse, puede decirse que estuvieron a la altura de las extranjeras y a un bajísimo costo con un magnífico resultado. La bomba Peerles está lubricada por medio de aceite y la Tisa por medio de agua, esta última se ha venido usando con éxito rotundo en los aforos que el Gobierno del Estado ha hecho a la entrada de la ciudad, por la carretera a Saltillo y que en parte, ha venido a solucionar el problema de la escasez de agua potable en la ciudad. En breve entrevista con el Presidente de la Asociación Mexicana de Ingenieros Mecánicos y Electricistas, el ingeniero Pedro López Galindo, este externó7 que la Industria mexicana, basándose principalmente en la regiomontana, estaba bastante adelantada para poder competir con la extranjera. En referencia a Talleres Industriales, S.A. y a las fábricas de bombas Peerles Tisa, S.A, manifestó que contaban dichas factorías con muy buena maquinaria, y personal competente con experiencia de años. La organización de los talleres, la comodidad con que trabajaban sus obreros y lo bien ventilado de los salones de trabajo, hacían obtener un magnífico resultado. Para terminar, agregó que las bombas Tisa que se habían instalado en diferentes partes de la ciudad -con relación a los aforos hechos por el Gobierno del Estado a 7

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Periódico El Porvenir, Monterrey, p. 9. 18 de Marzo de 1954.


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través de los Servicios de Agua y Drenaje, estas, lubricadas por agua- han dado un magnífico resultado siendo el costo de la misma bajísimo, llegando a la conclusión que estaba por demás usar en el futuro bombas de importación. En la actualidad, estas bombas podrían considerarse patrimonio histórico de un museo de sitio, por haber sido las primeras que se fabricaron en México.

4. Relaciones obrero-patronales En lo que a realización de festivales y convivencia se refiere, Talleres Industriales efectuaba cenas organizadas por la Gerencia de la empresa, con el fin de estimular la convivencia y la cordialidad entre los empleados.

Convivencia tisa. Periódico El Porvenir. 21 de Diciembre de 1951

En dichas festividades eran una tradición las interpretaciones del grupo musical “Son TISA”, el cual tocaba música tropical. Así como también fue tradicional la entrega de trofeos a los deportistas de los equipos representativos de fútbol y béisbol. Asimismo se hacían rifas para entregar premios a los empleados, en los que se obsequiaban tornillos de banco y molinos de nixtamal, entre otros productos de TISA.8

5. Éxodo del campesinado mexicano Es digno de reconocerse la labor de los trabajadores, muchos de ellos que vinieron de distintas partes del campo mexicano en busca de mejores oportunidades de vida, se dio el caso en empresas como FAMA, VIDRIERA, CERVECERÍA, TALLERES INDUSTRIALES, entre muchas otras. 8

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Un caso digno de mencionarse es el del Sr. José Aviña Silva, proveniente de La Barca, Jalisco, quien empezó como ayudante en Talleres Industriales y no contaba más que con estudios de primaria, con el tiempo llegó a ser jefe del Departamento de Acabados en Talleres Industriales. Como este, se dieron miles de casos en la industria regiomontana, casos en donde también se formaron familias a las que dicha industria les dio protección y sustento. Sobre este punto, Isabel Ortega Ridaura menciona que hacia fines de los años treinta, la explosión demográfica y el empobrecimiento del campesinado mexicano estimularon el éxodo rural a Estados Unidos y hacia las grandes ciudades donde se desarrolló la manufactura. En el caso de Monterrey, las oportunidades de empleo en la industria y los salarios generalmente más altos que en otras regiones atrajeron una fuerte corriente migratoria que se tradujo en el crecimiento demográfico de la ciudad.9 Para 1955, TISA compró una fábrica de tubería ubicada en la colonia Victoria, en la ciudad de Monterrey, por lo que las instalaciones de esta empresa se diversificaron. Por otra parte, en las instalaciones de Félix U. Gómez se seguían produciendo productos de fierro vaciado, molinos de nixtamal, entre otros, pero la tubería ahora también se producía en las instalaciones de la colonia Victoria. En 1959 Tisa lanzó al mercado la tubería centrifugada en molde de arena, patentando este proceso en México.

6. La Feria del Acero La celebración de los 65 años de vida de Fundidora Monterrey fue considerada un caso muy especial; se trataba de organizar un evento fuera de dicha costumbre, como lo relata Manuel González Caballero en su libro “La Fundidora en el tiempo”.10 Fundidora quiso mostrar la importancia del acero en la vida moderna y su significado para el progreso del país. En los pabellones, 108 en total, levantados en las márgenes norte del río Santa Catarina, a la altura del puente Félix U. Gómez, donde está ubicada ahora la Clínica Número 2 del IMSS, fueron expuestos los productos de una gran parte de las empresas dependientes de las siderúrgicas en México. El objetivo de la Feria del Acero fue dar a conocer a todo el país, y aún a otras naciones del mundo, la pujanza que tenía la ciudad de Monterrey en la industria del hierro y el acero. En dicha Feria, Talleres Industriales tuvo una importante participación como expositor, dando a conocer sus grandes aportaciones a la industria del acero en México y el continente americano. 9

Ortega Ridaura, Isabel (2007), La industrialización; del segundo auge industrial a la crisis de 1982. Fondo Editorial Nuevo León, Monterrey, N.L. 10 González Caballero, Manuel (1989), La Fundidora en el tiempo. Gobierno del Estado de Nuevo León.

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En 1975 Tisa inició la venta de tubería y conexiones de 2” y 4” del tipo Tar- Tisa11 en la cual no existen la espiga y la campana. La unión se hacía por medio un empaque de neopreno y una abrazadera de acero inoxidable. Posteriormente en 1981 se amplió la línea y se fabricaron tubos y conexiones de 6” de diámetro.

7. Su aportación a la enseñanza También se editaron libros de esta empresa, en los que se destaca el interés de la empresa por difundir sus métodos de fabricación de tubería, tal como es el caso del Manual de Instalaciones Sanitarias con Tubería de Fierro Vaciado (Fo. Vo.), publicado por Talleres Industriales en 1992. En la introducción de este manual se menciona que de todas las tuberías que se han usado y propuesto para emplearse como drenaje de aguas negras y aguas pluviales, las únicas que han sido universalmente aceptadas son las de fierro vaciado. Esto se debe a las características especiales de este material que satisface mejor que ningún otro los requerimientos para lograr instalaciones adecuadas. Esta aceptación general se extiende a todos los países del mundo y comprende desde grandes edificios y lujosas residencias, hasta simples casas-habitación. Como testimonio de la durabilidad del fierro vaciado, cabe mencionar que en su tiempo, el Rey de Francia Luis XIV, en el año de 1664, aprobó las primeras instalaciones de fierro vaciado en las famosas fuentes de Versalles, que aún están en servicio con las mismas tuberías. También se menciona en la introducción de este manual lo siguiente: Al igual que muchos otros productos manufacturados, la tubería de fierro vaciado ha tenido una importante evolución, consecuencia del desarrollo y aplicación de nuevas técnicas de fabricación que han impactado favorablemente en las características del producto. TALLERES INDUSTRIALES, S.A. DE C.V., empresa pionera en México en la producción de esta clase de tubería, ha sido la primera en incorporar estas técnicas a sus procesos para beneficio de la industria mexicana de la construcción.12

8. El ocaso de TISA en Monterrey En noviembre de 1991, la Dirección de Servicios de Ecología clasificó a Tisa y otras empresas como fuente fijas de contaminación, publicando así la “lista negra de la co11 Tar (tubería de acoplamiento rápido) 12 Manual para instalaciones sanitarias con tubería de fierro vaciado (fo. vo.) (1992), Talleres Industriales S.A. de C.V. División Sanitaria. Cuarta edición. Mayo.

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lonia Victoria”, en la que también se mencionó a empresas como Básculas N.L., Cromo Bosco, entre otras, así como terrenos con fierros viejos y talleres mecánicos.13 Para noviembre de 1993, Vitro liquidó su participación del 51 por ciento en la empresa productora de bombas industriales Peerless Tisa, firma en la que la corporación estadounidense Peerless Pump Company controlaba el 49 ciento restante. Para liquidar esta operación, se optó por cerrar Peerless Tisa con el objetivo de iniciar otra compañía bajo el nombre de Bombas Peerless de México, perteneciendo el 100 por ciento del capital de esta última a Peerless Pump Co. Gerardo García Rodríguez, director general de la nueva compañía con sede en Monterrey, informó que la inversión que los estadounidenses han realizado hasta el momento en ésta es de 8 millones de dólares. Añadió que, además de estos recursos, se planeaba construir una nueva planta fabricante de bombas con la que se piensa tener capacidad para exportar, ya que para ese momento, sólo operaban en el mercado mexicano.   Peerless Pump compró algunos activos de la compañía que se cerró (Peerless Tisa), entre estos figuran toda la maquinaria que tenía y los modelos de fundición que definen la tecnología de las bombas, esto representaba alrededor del 70 por ciento de aquella empresa.14

Explicó que al cerrar Peerless Tisa, Peerless Pump compró los activos de ésta que le pudieran ser útiles, para iniciar inmediatamente las operaciones de Bombas Peerless de México y no dejar de abastecer al mercado mexicano. Para nosotros fue muy importante no dejar un hueco en el tiempo de transición de una compañía a otra, ya que nuestros clientes no podían dejar de recibir los servicios de mantenimiento de sus equipos, ni venta de bombas nuevas››, indicó.15

Para ese entonces, Tisa ya no operaba en la avenida Félix U. Gómez, en Monterrey y toda su actividad se desarrollaba en las instalaciones de la calle Violeta cruz con Zuazua, en la Colonia Victoria. En 1996, Tisa decidió modernizarse e instaló en Enero de 1996 una máquina Disamatic 2110, con la que surgió la línea de vaciados de electrodomésticos y se pudieron satisfacer las estrictas especificaciones de clientes como: Danfoss, Kelvinator, y Mabe Sanyo. En 1999 Tisa realizó una alianza estratégica y se asoció con una de las mejores fundiciones de Estados Unidos, Auburn Foundry Inc. Manteniéndose así a la vanguardia en tecnología. 13 Periódico El Norte, Monterrey, 28 de Noviembre de 1991. 14 Periódico El Norte, Monterrey, 5 de Noviembre de 1993. 15 Ibid.

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Finalmente, en el año 2001, Tisa cerró sus instalaciones de la colonia Victoria, terminando así con un ciclo de éxitos, de tradiciones y de compromisos en Monterrey. Su infraestructura fue transferida a San Luis Potosí, donde hoy continúa operando con el nombre de TISAMATIC (subsidiaria de Talleres Industriales en 1980) produciendo tubería de la más alta calidad, molinos de nixtamal de la marca estrella, entre otros productos, con los mismos objetivos que le permitieron mantenerse en el mercado por tantos años, y conservando las raíces de una empresa regiomontana de gran importancia y trascendencia histórica.

Fotografías de productos TISA. Fondo Fotográfico José Alberto Aviña Reyes

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Fotografías de productos TISA. Fondo Fotográfico José Alberto Aviña Reyes

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Fuentes consultadas Referencias bibliográficas ROJAS SANDOVAL, Javier (1960), “TISA”, Periódico El Norte. 20 de Abril de 1996. MORADO MACÍAS, César (1991), Concesiones. Política de Fomento Industrial, 1886-1950. Archivo General del Estado de Nuevo León. Monterrey N.L. G. SADA, Roberto (1981) Ensayos sobre la historia de una industria p. 70. Talleres de Litográfica Monterrey, S.A. 31 de marzo. GONZÁLEZ CABALLERO, Manuel (1989), La Fundidora en el tiempo. Gobierno del Estado de Nuevo León. Manual para instalaciones sanitarias con tubería de fierro vaciado (fo. vo.). (1992), Talleres Industriales S.A. de C.V. División Sanitaria. Cuarta edición, Mayo. ORTEGA RIDAURA, Isabel (2007), La industrialización; del segundo auge industrial a la crisis de 1982. Fondo Editorial Nuevo León. Monterrey, N.L. Barragán, Juan (1991), CINTERMEX, Centro Internacional de Negocios, Urbis Internacional S.A de C.V. Monterrey, N.L.

Fuentes hemerográficas Periódico El Norte. 28 de Noviembre de 1991. Periódico El Norte. 5 de Noviembre de 1993. Periódico El porvenir. 12 de Agosto de 1952. Periódico Oficial del Estado de Nuevo León. Tomo LXIX. 1 de Julio de 1942. Num. 52. Periódico El Porvenir. 18 de Marzo de 1954. Revista Arquitectura 1938-1967, 1 Marzo de 1960 Periódico El Informador. 02 Agosto de 1954. Periódico El Universal. 9 de Enero de 1949 Periódico El Mañana. 5 de Agosto de 1950 Periódico El Porvenir. 21 de Diciembre de 1951

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Retórica petrolera y política económica en México, durante el auge de los hidrocarburos

Presidente de México. General Lázaro Cárdenas del Río. Siglo XX

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General Lázaro Cárdenas del Río en su gira electoral, 1934


Elsa M. Gracida

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Retórica petrolera y política económica en México, durante el auge de los hidrocarburos Elsa M. Gracida Universidad Nacional Autónoma de México

El golpe se recibió de lleno con la caída de los precios del petróleo. José López Portillo VI informe de Gobierno, 1982

Introducción1

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n camino para examinar el pensamiento económico de los responsables de la dirección del país es a través de su retórica oral o la incorporada en los documentos que suscriben. Retomando su origen aristotélico, donde la retórica “es la fuerza de hallar todo lo que en el discurso puede persuadir”, concebimos ésta como el arte de comunicación que busca persuadir o convencer, mediante el discurso hablado o escrito. Desde esta visión, el objetivo de la ponencia es analizar la transformación de la retórica oficial referida a los principios rectores de la política económica en materia petrolera, que tuvo lugar entre 1970-1982. Esto es, durante los años de transición cuando el pensamiento económico dominante y la política económica ejercitada desde la segunda posguerra fueron sustituidas por la recuperación teórica y práctica del liberalismo económico. De manera específica, la hipótesis central del análisis propone que durante ese periodo los principios que apuntalaron las definiciones jurídico-normativas, ideológicas y retóricas en materia petrolera desde el tiempo de la expropiación, se fueron alejando paulatinamente del ejercicio económico hasta iniciar en los tiempos del auge petrolero una disociación irremisible, excepto por lo que hace a la propiedad originaria. 1

Este trabajo es parte de una investigación colectiva sobre los fundamentos de la política económica en México. Anteriormente fue publicado un artículo donde se analiza el tema para el periodo que va de la expropiación petrolera a 1970. De él se recupera una síntesis en la introducción y en los antecedentes (Gracida, 2009).

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Para el análisis, emplearemos principalmente los informes presidenciales, así como documentos y declaraciones de naturaleza oficial. En otras palabras, haremos uso de lo que Carlo M. Cipolla califica como fuentes primarias genuinas. A pesar de las limitaciones que en general dicho tipo de fuentes conlleva, mismas que son detectables en los informes presidenciales mexicanos,2 hemos tomado en cuenta que en el régimen presidencialista, dominante en ese tiempo, la visión del Ejecutivo siempre tuvo una importancia singular. Era él, quien ostentaba el privilegio de ser considerado como el principal emisor de las demandas y reconocimientos de la sociedad. También era él, quien trazaba las grandes definiciones de la nación. De la misma manera, en los informes anuales rendidos por los presidentes en turno podía percibirse el pensamiento económico de sus hacedores, las ideas que bullían en su mente; si bien por lo regular no en forma explícita sino como substrato de su visión del desenvolvimiento económico nacional y de sus propuestas de política económica. En síntesis, coincidimos con lo señalado por el historiador Luis González en el sentido de que los informes presidenciales del siglo XX constituían “la máxima expresión oficial de la historia del México de este siglo.” Y de que, “no se encontrará en esa literatura sintética recogidos todos los acontecimientos memorables de nuestra vida contemporánea, pero sí muchos de los básicos (González, 1970:354; Citado por: Carrillo, 1996:7)”.

1. Antecedentes Las principales bases doctrinarias y normativas de la retórica petrolera dominantes entre 1934 y 1970 se asentaron en el artículo 27 de la Constitución de 1917 y en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas. Entre ellas destacaban: 1) La visión de la expropiación petrolera como un “acto de esencial y profunda liberación económica” (Cárdenas, 1938), así como un símbolo histórico de soberanía y de nacionalismo3; 2) Garantizar las reservas futuras de la nación para contar con una reserva fija en todo tiempo, 3) Que la producción de petróleo pueda alcanzar el volumen que le corresponde racionalmente, teniendo en cuenta las reservas probables; 4) Regulación del Estado para que el país obtenga la mayor participación posible de los recursos que se exploten y 5) Satisfacción prioritaria de la demanda nacional a precios reducidos, con el fin de impulsar el desarrollo económico del país.4 Es de interés anotar que esos 2 3 4

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Entre las más importantes están aquellas que se refieren al ocultamiento de información y su manejo falso y/o engañoso, así como a la integración de elementos de propaganda y juicios de valor (Cipolla, 1988:53-59; Carrillo, 1996). Durante su Quinto informe de Gobierno, Lázaro Cárdenas expresó: “la expropiación queda vinculada en la historia de nuestra independencia económica, y no se le debe tocar (...) Cambiarán los hombres en el poder, pero no será posible alterar los principios de profunda justicia social en que descansa”. (Cárdenas, 1939). Véase Plan sexenal de 1934-1940; la Ley de Expropiación de 1936; el Decreto de Expropiación de 1938; la Reforma del artículo 27 constitucional; la Reforma a la Ley Reglamentaria del artículo 27 constitucional; el Mensaje a la Nación de 1938 y en los Informes Presidenciales de 1935, 1939 y 1940


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años se distinguieron por ser los de mayor congruencia entre la retórica oficial y la práctica económica que hayan existido en la historia de México. Ya en los umbrales de la década de los cuarenta, la senda trasformadora orientada por los principios de la Revolución Mexicana empezó a abandonarse en la retórica, pero particularmente en la práctica económica, sobre todo por lo que se refiere al papel del Estado.5 Casi al mismo tiempo, también fue dejado de lado el objetivo de crecimiento económico con distribución de la riqueza. Acorde con la visión entonces dominante en el mundo capitalista, se presuponía que el crecimiento económico por sí mismo habría de crear niveles óptimos de empleo, distribución del ingreso e independencia económica.6 Posteriormente, durante el periodo conocido como desarrollo estabilizador, se complementó esta visión con el supuesto de que el crecimiento se alcanzaría a través de la estabilidad cambiaria y de precios. Por lo pronto, también en los años cuarenta, se estableció lo que algunos estudiosos denominan el “pacto para las ganancias (Basañez, 1981)”. Dicho pacto —fundamentado en la premisa de que las ganancias se traducirían en las inversiones que el país requería para crecer— consistía y consiste esencialmente en el compromiso gubernamental de dirigir el excedente económico en forma prioritaria hacia el sector privado, mediante impuestos reducidos, precios bajos, infraestructura, subsidios, gastos en beneficio social, entre otros. Bajo esta concepción, en las décadas siguientes, por una parte se da continuidad a la visión cardenista de valorar al energético como una de las bases del crecimiento económico del país y de favorecer la satisfacción de las necesidades del mercado doméstico. Mientras que, por la otra, estas pautas son insertadas en los marcos de la nueva estrategia tendiente a beneficiar la rentabilidad de la acumulación privada, a la que se transferirá capital generado por la empresa paraestatal Petróleos Mexicanos, Pemex. Fue así como, la satisfacción prioritaria de las necesidades del mercado interno para favorecer el proceso de crecimiento nacional y el mantenimiento de la oferta doméstica a precios reducidos se convirtieron en los objetivos centrales del organismo petrolero.7 Pero si bien el subsidio al consumo de energéticos fue un significativo aliciente para la expansión económica del país causó, de la misma forma, la constante debilidad financiera de Pemex. Mientras tanto, acorde con la nueva filosofía económica, el presidente Manuel Ávila Camacho envió al inicio de su gobierno, una iniciativa de reforma de la Ley Reglamentaria del artículo 27 constitucional en materia de petróleo. En el artículo 5 6 7

Esto ocurrió con el ascenso de Manuel Ávila Camacho a la presidencia del país, quien, desde su toma posesión, abandonó la concepción del Estado rector y depositó “(…) la seguridad de la expansión económica principalmente en las energías vitales de la iniciativa privada (Ávila Camacho, 1941a:149-150)”. Por encima del propósito generoso, pero lleno de vaguedades e imprecisiones de distribuir equitativamente la riqueza -afirmaba en 1948 Antonio Carrillo Flores, a la sazón secretario de Hacienda-, ha tenido que imponerse el convencimiento de que lo primero es producir más (Carrillo Flores, 1948:16).” Cuando hablamos de precios reducidos, estos se refieren no sólo a los de los de petróleo y gas producidos internamente, incluye también los de los hidrocarburos importados y la política de descuentos que la empresa concedía a ferrocarriles, electricidad, transporte, entre otros sectores (Sosa, 1990:155-156).

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sexto de la misma fueron incorporados los “contratos con particulares o sociedades”, como una de las formas en que la nación llevaría a cabo la explotación y exploración del petróleo. En otras palabras, se abría de nueva cuenta la participación en el ramo energético al capital privado, nacional y extranjero. En la iniciativa se señalaba que: (…) precisa introducir en el sistema de la ley ciertas modificaciones que, sin apartarse de su inspiración y tendencia, le presten la amplitud y flexibilidad requeridas para el mejor estímulo de la iniciativa privada, en cuyas energías vitales –lo tenemos dicho- ciframos principalmente nuestra seguridad en la expansión económica del país (Ávila Camacho, 1941b).

Este fue el inicio de un comportamiento “pendular” en las definiciones legislativas del sector de hidrocarburos, en consonancia con las mutaciones en las ideas y la relación de fuerzas dominantes entre los responsables del diseño y ejercicio de la política económica del país. Lo que era lícito en un momento, se restringía y prohibía en otro, para luego volver a autorizarse (Zenteno, 1997:77).8 En los años siguientes se profundizó la estrategia adoptada por Ávila Camacho, pero ahora teniendo como objetivo central la industrialización, a la vez que se incorporaron dos nuevos principios normativos y retóricos en materia petrolera. Uno de ellos —impulsado por los gobiernos de Miguel Alemán y de Adolfo Ruíz Cortines— consistió en otorgar a los hidrocarburos un papel destacado como proveedor de divisas, el cual hasta entonces había sido considerado marginal (Alemán, 1947; Ruiz Cortines, 1954). El otro —promovido por Antonio J. Bermúdez, director de Pemex en ambos sexenios— reclamaba una mayor contribución impositiva del organismo paraestatal al gobierno federal. Sin embargo, ninguno de ellos se expresó en forma sustantiva en el ámbito de la política económica de ese tiempo. El primero, porque precisamente durante el gobierno de Ruiz Cortines dio inició la caída los ingresos petroleros por concepto de exportación, a causa del rápido crecimiento del consumo doméstico. El segundo, debido a los endémicos problemas financieros de Pemex. Su severidad llevo al punto de aplicar dos inusuales aumentos de precios de los productos petroleros internos que se habían mantenido congelados desde 1938; uno en 1949 y otro en 1958. Por la misma razón, durante el desarrollo estabilizador, el gobierno condonó los adeudos fiscales de la paraestatal y conforme a la política económica implementada para combatir la inflación, recibió importantes préstamos, en particular de origen foráneo. 8

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Si bien, a lo largo del periodo nunca llegó a cuestionarse el dominio directo de la nación sobre los recursos petroleros, existió invariablemente una polémica sobre las modalidades de participación del capital nacional y la participación o no del capital extranjero. Vinculado con este espinoso tema y, en particular, con la legalidad de los “contratos-riesgo” suscritos por Miguel Alemán, en 1960 se modificó el artículo 27 constitucional en su párrafo sexto, donde se incluyó la prohibición explícita de otorgar contratos para la explotación del hidrocarburo: “Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólido, líquido o gaseoso, no se expedirán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que se hayan otorgado y la nación llevará a cabo la explotación de esos productos, en los términos que señale la ley reglamentaria respectiva (DOF, 29 de diciembre de 1960)”.


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No obstante, si bien estos recursos permitieron ampliar la infraestructura, aumentar la producción e impulsar el desarrollo de la petroquímica fueron insuficientes para llevar a cabo nuevas exploraciones. De esta manera, al finalizar el periodo las reservas prácticamente se habían estancado, apenas aumentaron de 4348 millones de barriles en 1959 a 5568 millones en 1970, con el resultado de que México dejó de exportar petróleo crudo desde 1966 hasta 1973 (Nafinsa, 1981).

2. Se inicia la transición El hecho es que, al inicio de los años setenta, las condiciones productivas de Petróleos Mexicanos se encontraban en un grado de deterioro tal que su situación era considerada crítica. Refiriéndose a ella años después, Antonio J. Bermúdez, manifestó: La crisis fue efectivamente grave. No trascendió sino para los enterados (…) Al comenzar ese año [1973] se había llegado al punto más bajo del desequilibrio entre reservas del subsuelo y producción, por un lado, y consumo creciente, por el otro. Las importaciones, ya no solo de derivados, sino, inclusive, de petróleo crudo, iban en aumento. Si la situación hubiera continuado hasta el otoño, cuando se cuadruplicaron los precios del crudo, el costo de nuestras crecientes importaciones habría sido catastrófico para la economía de Petróleos Mexicanos y para la de México (Bermúdez, 1976:191).9

En tanto, el 1º de diciembre de 1970, Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), en su toma de protesta como presidente de México, había anunciado la adopción de una nueva estrategia cuyo objetivo central era promover un crecimiento económico con distribución del ingreso. Con ella, y mediante una mayor intervención pública, se pretendía superar los desequilibrios asociados con el desarrollo estabilizador. De esa forma, si bien en el primer año la novel administración aplicó una política contraccionista, en 1972 inició el ejercicio de una política expansiva. Y aunque ésta se caracterizó por una dinámica de freno y arranque, la inversión bruta fija de la industria petrolera, contrastando con su lento crecimiento y en ocasiones descenso observado durante los dos sexenios anteriores, empezó a experimentar elevadas tasas de crecimiento. Fue, en este contexto que, entre 1972-1973, se descubrieron e inició la explotación de los productivos pozos de Cactus y Sitio Grande, localizados en el municipio reforma del norte de Chiapas y en la región Samaria del sur de Tabasco. Conforme al 9

Esto ocurrió durante el primer choque petrolero, el cual sobrevino al calor del conflicto bélico árabe-israelí iniciado a principios del mes de octubre de 1973, en la zona del Sinaí, el canal de Suez y la región de Golán. A los pocos días, el 17 y 18 de ese mismo mes, reunidos en Kuwait, los ministros de las naciones productoras de petróleo integradas en la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, acordaron elevar el precio del hidrocarburo en 17%, disminuir su producción en 25% y embargar el suministro del hidrocarburo a los Estados Unidos y los que llamó los países aliados a Israel.

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informe presidencial de septiembre de 1973, los pozos representaban ya el 10% de la producción petrolera total. Y, si bien en esos años no se tenía evidencia de la magnitud de la riqueza de las reservas con la que contaba el país, México logró resolver su crisis interna de escasez del energético. La retórica del discurso presidencial —invocando los propósitos reivindicativos de la Revolución Mexicana y de la expropiación petrolera— refrendó como principios históricos de la política económica en materia de hidrocarburos los objetivos de soberanía, autosuficiencia y de bienestar social, así como el control del Estado sobre los energéticos. Abastecer el mercado interno a precios subsidiados, tanto de la producción nacional como de la importada, continuaba siendo una prioridad central de la política económica. En seguida se colocaba el incremento de las reservas y, por último, el aumento de las exportaciones, respecto a las cuales, después de los recientes descubrimientos, había quienes opinaban que no debían seguir siendo consideradas marginales. Sin embargo, conforme a lo expresado por Luis Echeverría: No sería justificable, para corregir el deficiente de divisas, hacer una explotación exhaustiva e irresponsable de nuestra riqueza petrolera, derrochando así ese patrimonio que seguirá siendo fundamental para el avance independiente de México (Echeverría, 1976).

Constituir una industria petroquímica de envergadura, para aprovechar ampliamente los derivados de los hidrocarburos fue otro de los objetivos de la administración de esos años. De esta suerte, fueron ampliadas las refinerías de Minatitlán, Ciudad Madero, Azcapotzalco —instaladas antes de la expropiación— y Salamanca, inaugurada en 1950. Al mismo tiempo, se edificaron tres nuevas refinerías: Cadereyta, Salina Cruz y Tula. Desde entonces, no se ha vuelto a construir alguna otra. También, tal como lo habían expresado sus antecesores, el presidente de México reivindicó en sus informes, una y otra vez, el papel desempeñado por el combustible como fuerza motriz … para el progreso industrial (Echeverría, 1971)” y “para garantizar la expansión de la industria y apoyar a otros sectores económicos (Echeverría, 1973). La decisión mexicana en torno a dos temas adicionales, íntimamente vinculados con la crisis energética nacional del cambio de década y/o con el shock petrolero internacional iniciado a fines de 1973, se incorporaron en los principios que regirán la política económica petrolera.

Uno, derivado de la escasez del combustible, sus elevados costos y el que representarán más del 90% del abastecimiento nacional de energía se tradujo en la insistencia presidencial de que era necesario diversificar las fuentes de energía; tema también 172


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presente en la retórica internacional de esos años. Otro, emanó de las crecientes presiones por parte de los Estados Unidos para que México no ingresara a la OPEP y elevara sus exportaciones a un precio inferior del fijado por ésta. Según se publicó en algunos medios, en febrero de 1975, se habría tomado la decisión de no ingresar a la OPEP, pero también de no aceptar precios inferiores a los establecidos por la organización. “México no venderá ni un solo barril abajo del precio establecido por el mercado internacional” (Echeverría, 1975). Históricamente, la nación había procurado manejar con gran discreción las cifras petroleras, justamente con el objetivo de evitar las presiones externas. Se advierte, sin embargo, que este principio empezaba a relajarse. En el mes de abril de 1975, Antonio Dovalí Jaime, el entonces director de Petróleos Mexicanos, al referirse a los nuevos descubrimientos convocó a los mexicanos para que compartieran la responsabilidad del éxito del programa, adelantándose varios años a la llamada de José López Portillo para administrar la riqueza. En 1973, la administración encabezada por Luis Echeverría emprendió, la “remodelación” de la política de precios y tarifas del sector público, hasta entonces distinguida por el mantenimiento de niveles subsidiados para el mercado doméstico. En este marco, en el mes de diciembre aumentaron los precios internos de los productos energéticos, los cuales no habían sido modificados durante quince años. Sólo el precio del petróleo diáfano permaneció sin variación, con el propósito explícito de no afectar a los consumidores urbanos y rurales de menores ingresos. A la medida, el Ejecutivo le dedicó un largo pasaje en su informe de 1974. En él, además mencionar la escasez y el incremento desmesurado del combustible en el ámbito internacional, justificó la disposición e, inusualmente, hizo una crítica a la política de subsidios de precios: La decisión de elevar los precios (…) obedeció, en lo fundamental, a la necesidad de abatir el déficit con el que Petróleos Mexicanos operaba desde hacía varios años, y que le impedía realizar las inversiones necesarias para satisfacer la creciente demanda nacional. La prolongada política de precios subsidiados, si bien durante algún tiempo favoreció a la industria, al comercio y al consumo en general, acabó por comprometer el desarrollo del país en su conjunto (Echeverría, 1974).

Simultáneamente, tal como se había hecho durante la presidencia de Adolfo López Mateos, con el objetivo de sanear las finanzas de la paraestatal, el gobierno capitalizó su deuda fiscal, en esta ocasión por un monto de 3034 millones de pesos. Muy breve fue, sin embargo, la mejora financiera de Petróleos Mexicanos; pero aun así, permitió a Pemex iniciar un programa de inversiones. Con él la administración de Luis Echeverría siguió colocando las bases que sostendrían el desenvolvimiento de la industria petrolera del país en los años siguientes, en particular a partir de 1976. 173


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Desde otra perspectiva, hasta aquel momento los problemas financieros de Petróleos Mexicanos no se habían relacionado específicamente con la extracción de sus recursos para ser usados en el gasto gubernamental, aunque el impuesto único establecido en 1960 había creado las condiciones fiscales para ello.10 Sin embargo, menos de un año después del último incremento, en octubre de 1974, los precios se elevaron de nueva cuenta teniendo, ahora sí, al gobierno federal como su principal beneficiario. En efecto, se estableció un impuesto a la venta de gasolina, el cual recaería sobre los expendedores, quienes podrían trasladarlo a los consumidores. Asimismo, en el mes de diciembre, con base a la recién creada Tarifa del Impuesto General de Exportación, se aplicó a Pemex un impuesto de 50% por ventas al exterior de petróleo crudo. En este tenor, en la Ley de Ingresos de la Federación, correspondiente al ejercicio fiscal de 1975, fue incrementado de 12% a 16% el impuesto sobre los ingresos brutos de la paraestatal y los ingresos que provenían de la petroquímica básica, de 7.8% a 12%. De igual forma, el pago provisional diario de Petróleos Mexicanos fue elevado de 5 a 15 millones de pesos (Legislatura, 1974). En todos los casos se justificaron los aumentos relacionándolos con los mayores ingresos obtenidos por Pemex. Apenas dos años después, en noviembre de 1976, luego del cambio de paridad monetaria de ese año los precios volvieron a elevarse, pero esta vez para compensar el encarecimiento de las importaciones, tal como había sucedido a raíz la devaluación de 1948.

3. Nuevos lineamientos en la retórica y en el ejercicio de la política económica Entretanto, cuando José López Portillo asumió la Presidencia de la República, el 1º de diciembre de 1976, lo hizo en medio de una crisis económica sin precedentes y sujeta su política económica a las directrices de una Carta de Intención, acordada con el Fondo Monetario Internacional, FMI, por su predecesor y ratificada por él mismo. En ese entonces, el precio internacional promedio del petróleo era de 12.80 dólares, México contaba con una reserva de 6 300 millones de barriles (revaluada a 11 160 mi10 En efecto, aprobado por el Congreso de la Unión a finales de 1959, en la Ley de Ingresos de la Federación para el ejercicio fiscal de 1960 se incluyó ya el impuesto especial o único, con una tasa del 12% sobre el importe total de los ingresos brutos de Pemex y un anticipo diario de dos millones de pesos. En el impuesto quedaron incluidos: regalías al gobierno federal; redención del adeudo petrolero; intereses del 3% sobre el patrimonio aportado a Petróleos Mexicanos y todos los otros impuestos, derechos, aprovechamientos y productos establecidos en leyes federales. La implantación de este régimen especial, que originalmente pretendía simplificar los pagos de la empresa, con el transcurso del tiempo se volvió sumamente perjudicial cuando fue empleado para extraer cada vez más recursos con destino gubernamental. En opinión de algunos autores tal régimen “violaba, y viola, la garantía individual contenida en el artículo 13º constitucional, que prohíbe las leyes privativas (Ramírez, 1997:275).”

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llones al 31 de diciembre de 1976) y producía un promedio diario de 894 219 barriles, cuya suma se elevó a 938 940 barriles en el último mes del año (Pemex, 1988). En su toma de posesión, la retórica discursiva de José López Portillo sobre el tema petrolero siguió todavía los lineamientos de sus antecesores: Hemos de estar en condiciones de salvaguardar nuestra integridad nacional (…). El balance que buscamos entre la exploración, la explotación y la exportación de nuestros hidrocarburos obedece a esta máxima. Garantizaremos al pueblo de México la disponibilidad de energéticos. Tenemos hidrocarburos suficientes para afirmar su participación preponderante en el desarrollo industrial y en el logro de los objetivos nacionales. Nuestra obligación con las futuras generaciones nos conduce a mejorar el uso que hagamos de los energéticos (…) (López Portillo, 1976).

Por ese mismo tiempo, con base en los resultados de los estudios que le fueron encomendados desde la campaña presidencial, Jorge Díaz Serrano, su viejo amigo, próspero empresario vinculado con el sector de los energéticos y nuevo director de Petróleos Mexicanos,11 informó a López Portillo que “recibiría por el petróleo recursos a corto plazo para el dilema que él había planteado en torno al financiamiento del desarrollo” (Díaz Serrano, 1992:61). Desde un punto de vista emblemático, éste fue el inicio del desmantelamiento de la base histórico-conceptual que había distinguido la retórica oficial y la política económica ejercitada sobre los hidrocarburos, luego de la expropiación. A partir de entonces, el sector petrolero de ser considerado una de las bases del crecimiento —cuya principal contribución consistía en mantener una oferta nacional de hidrocarburos a precios reducidos—, pasó a concebirse como el asiento mismo de la expansión económica del país. En palabras del nuevo Jefe del Ejecutivo: Desde diciembre de 1976, tomé la decisión que daría dimensión al régimen; aprovecharía el petróleo como eje del desarrollo del país; como el recurso para desarrollar los demás recursos (López Portillo, 1988:481).

Vale la pena advertir que desde un principio existió una gran armonía entre las propuestas del director de Petróleos Mexicanos y la retórica y la política económica ejercitada por el presidente José López Portillo. No se trataba de la tradicional supeditación de los funcionarios púbicos a las ideas y la acción presidencial sino que, por el 11 La designación de Jorge Díaz Serrano, como lo fue la de sus dos antecesores, se insertaba en una especie de creencia cultural conforme a la cual, ha señalado un autor, la doctrina empresarial de la actividad económica, al ser notoriamente eficaz en el desarrollo de sus fortunas personales, lo será igual con relación a la administración de una empresa pública; sin considerarse que estas mantienen deberes con su entorno más allá de los que acepta un negocio de particulares; no necesariamente entonces “la gestión privada de lo público es de suyo mejor (Granados Chapa, 2001).” La tesis de que los empresarios con grandes caudales serán ajenos a la tentación de la corrupción, también contribuyó a reforzar esta creencia.

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contrario, parece haber existido una gran influencia de la visión empresarial de Jorge Díaz Serrano en el Jefe del Ejecutivo. Una visión sustentada—señala un autor— en el principio de que habían de obtenerse las mayores ganancias posibles, en el tiempo más corto permitido y que convertía en mercancía un recurso nacional, sin vincular su trabajo con el resto de la economía y con la posición de México en el contexto internacional (Ramírez, 1981). El cambio en la retórica presidencial, por su parte, siguió un sinuoso camino. López Portillo insistió invariablemente en sus informes de gobierno en tratar de justificar la dirección de su política económica petrolera, sustentándola en la base doctrinaria de los años de la expropiación. Así, ante el Congreso afirmó: Una vez más en nuestra historia y para engrandecer la proyección de quien lo nacionalizó —Lázaro Cárdenas—, el petróleo se convierte en el más fuerte apoyo de nuestra independencia económica y factor de corrección de nuestras deficiencias, si actuamos con moderación y pericia (López Portillo, 1977).

Las posibilidades que brindaba al inicio del sexenio el contar con el petróleo como una fuente de recursos financieros —hasta cierto punto inesperada, tanto por su magnitud como por la velocidad de su crecimiento— era, ciertamente, una oportunidad para enfrentar la severa crisis económica por la que atravesaba México y el mundo; sin precedentes desde la Gran Depresión (Díaz Serrano, 1979; López Portillo, 1988:480). El país, además, había dejado de ser sujeto de crédito de los mercados internacionales de capital y estaba comprometido con el FMI a aplicar una política contraccionista. Sus condicionalidades, “candados” les llamaba López Portillo, el gobierno se propuso evadirlas mediante los hidrocarburos por dos vías: una incrementando las exportaciones y, otra, usarlos como garantía para reabrirle a México el mercado internacional de capitales que se le había cerrado con la crisis de 1976.12 En pos de estas metas, la administración fue abandonando uno tras otro, algunos de los principales principios históricos que, con excepciones temporales, habían regido el manejo en materia petrolera. En poco tiempo, fueron sustituidos por una retórica oficial y una política económica que colocó la renta petrolera como la base de las finanzas públicas del nuevo esquema de crecimiento económico. Más aún, en forma deliberada la necesidad de emprender una reforma fiscal se consideró innecesaria gracias a la renta del hidrocarburo. “Aplacé la Reforma Fiscal una muy distinta y con menos riesgo podremos hacer con excedentes petroleros bien orientados”, anotaba el mandatario mexicano el 16 de marzo de 1978 en sus memorias (López Portillo, 1988:704). 12 La concepción de que las divisas provenientes de la exportación del petróleo, y de los hidrocarburos en general, constituirían la base para la solución de la crisis y la recuperación, tanto de la economía como de la empresa, fue decisiva en la definición de la política de desarrollo que se puso en práctica en ambos órdenes.

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Por lo pronto, no bien había comenzado la nueva administración cuando el manejo discreto de las reservas petroleras del país, principalmente respecto al exterior y en particular frente a los Estados Unidos, la no participación del capital extranjero, lo mismo que el papel residual tradicionalmente otorgado a las exportaciones fueron dejados de lado.13 Era indispensable, señaló López Portillo salir a decir al mundo ¡Tenemos petróleo! “… Primero a nuestros acreedores, para que no se impacientaran; después al resto del mundo… Hacia afuera para que no nos pisaran, y hacia dentro, para no derrumbarnos (López Portillo, 1988:482).” En poco tiempo, “la administración de la abundancia” se convirtió en uno de los ejes principales de la retórica presidencial. Ya antes, desde los primeros meses del sexenio, Pemex contrató nada menos que a una empresa petrolera texana, De Golyer y Mac Naughton, con el fin de que ésta evaluara el monto de las reservas y elaborara planes de explotación y venta de hidrocarburos al exterior (Reveles, 1978). Asimismo, en el mes de febrero, durante los días del encuentro entre los presidentes José López Portillo y James Carter,14 se emprendieron tratos con compañías estadounidenses para la construcción de un gasoducto, que iría de Chiapas a Texas. Por otra parte, también en los primeros meses de 1977, una comisión mexicana del más alto nivel inició negociaciones con el fin de obtener los primeros créditos externos, especialmente con el FMI y bancos privados. El principal argumento esgrimido para conseguir los financiamientos fue la potencialidad petrolera del país. Las conversaciones con el director del Fondo, anotó Díaz Serrano, fueron tensas al principio, pero luego de conocer el programa y los planos su actitud fue otra (Díaz Serrano, 1992:72-73). El organismo internacional aprobó, a pesar de su reconocida intransigencia respecto al cumplimiento de los términos de las cartas de intención, que México recibiera, fuera del tope impuesto de 3 mil millones de dólares, el más alto crédito hasta entonces otorgado por Eximbank. El mismo, tendría el petróleo como garantía y sería destinado a la construcción del gasoducto (Reveles, 1978). En el mes de octubre de 1977, durante la reunión conjunta del FMI y el Banco Mundial en Washington, Julio Rodolfo Moctezuma, Secretario de Hacienda, mencionó el hecho y después de hacer un recuento del aumento de las reservas de petróleo, dejó abierta la posibilidad de renegociar la Carta de Intención.15 Mientras tanto, la construcción del gasoducto, aunque fue manejada con discreción, pronto dio origen a una polémica interna, en particular respecto a la presencia 13 El incremento de las exportaciones no sólo dejó de ser marginal, sino que desempeñó un papel central, en ocasiones incluso a costa de la satisfacción del mercado interno, al principio del boom. Esto se advierte con claridad durante las negociaciones para construir el gasoducto. 14 Refiriéndose a la próxima reunión, López Portillo anotó “alguna fuente autónoma de financiamiento que nos alivie la presión sobre el déficit podremos acordar a partir del petróleo (López Portillo, 1988:542).” 15 Y en efecto, así se hizo para el programa de gobierno de 1978 (Reportaje, 1977; Nota, 1978), si bien, al final, el acuerdo expiró en ese año, cuando México pagó su deuda con el organismo en forma anticipada (Banco de México, 1979).

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de empresas privadas. Frente a ella, el Ejecutivo redujo la cuestión a un problema comercial y afirmó que el gas “se quema o se aprovecha (López Portillo, 1977).” Sin embargo, debido a que el Congreso de los Estados Unidos se opuso a la compra de gas mexicano, las empresas de ese país no participaron finalmente en el proyecto del gasoducto. Entonces, en su segundo informe el presidente de México apuntó la decisión de utilizar el gas para “(…) consumirlo aquí, para sustituir otros combustibles o insumos y optimizar así el aprovechamiento de nuestros hidrocarburos (López Portillo, 1978),” una alternativa que había omitido antes. A pesar del embate contra los principios que habían regulado el manejo de Pemex, se preservaba la política estatal de subvenciones y precios bajos del hidrocarburo, con el fin de favorecer la producción local. Frente a lo acordado en la carta de intención, en la cual se establecía que ambos renglones debían revisarse en el conjunto de la economía para contribuir a disminuir el déficit del sector público, la retórica presidencial de los primeros años a la vez que alertaba respecto a la gravitación negativa de los subsidios en las finanzas gubernamentales y la descapitalización de algunas empresas paraestatales, al mismo tiempo destacaba su función distributiva de carácter social (López Portillo, 1977). Esta doble visión sobre el problema persistió a todo lo largo del sexenio. En el informe presidencial de 1979, el Ejecutivo reprobó la inmovilidad de las tarifas y calificó de monstruosos a los subsidios que el gobierno absorbía “para que el pueblo de México tenga energéticos baratos (López Portillo, 1979).” En el mismo escenario, el año siguiente aunque declara que “no se trata de condenar los subsidios, sino su deformación [ya que] bien orientados estimulan actividades o redistribuyen el ingreso”, también hace mención del crecimiento histórico de las tasas de consumo de los derivados energéticos –las cuales pasaron de 4% en 1977 y 9% en 1978 a 15% en 1979 y 1980- y reitera la necesidad de profundizar en la racionalización de los subsidios (López Portillo, 1980). En contraste, en los dos últimos informes de la administración, su retórica defiende los subsidios frente a aquellas voces que reclaman reducir la acción pública en ese renglón (López Portillo, 1981, 1982). Mientras tanto, el 21 de noviembre de 1980, después de cuatro años sin ser modificados, tuvo lugar el primer aumento en los precios internos de los productos energéticos. Oficialmente se explicó que el incremento de la gasolina Extra (75%) buscaba disminuir el consumo de los estadounidenses en la frontera. Con relación al aumento del gas y del combustóleo, se adujo que se pretendía racionalizar su consumo y establecer un precio único. Sin embargo, Jorge Díaz Serrano apuntó que el aumento había sido una medida fiscal que beneficiaría exclusivamente a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (Gastélum, 1983:3). En lo sucesivo, la elevación de los precios de los productos energéticos siguió esta tónica que transformaba, cada vez más, a la renta petrolera en el eje de las finanzas gubernamentales. 178


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Esta tendencia se veía reforzada por la elevación creciente, en particular desde 1978, del porcentaje aplicado en los gravámenes federales, así como por el establecimiento en 1979 del Impuesto sobre el Valor Agregado, IVA, y a fines de 1980 del nuevo Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, IEPS. Al incremento de los precios internos del hidrocarburo de diciembre de 1980, le sucedieron dos más. Uno se dio a conocer el 21 de diciembre de 1981 y otro en agosto de 1982, pero a diferencia del anterior, estos aumentos tuvieron lugar en la antesala y posterior estallido de la que conocería como crisis de la deuda. No obstante, todavía a finales de 1980 y principios de 1981, los responsables de la dirección económica consideraban que México se encontraba en una etapa de consolidación de su crecimiento económico, en la cual se disfrutaba de “una expansión sin precedentes fincado en los energéticos (JLP; informe de 1980)”. Asimismo, preveían en los primeros meses de 1981 que las exportaciones petroleras habrían de incrementarse en 75% y el precio de los hidrocarburos en 10%. Sin embargo, en Rotterdam ya se advertían los primeros signos de la saturación del mercado energético, producto de la sobreoferta de petróleo, la disminución de su consumo por parte de los países industrializados y la creación de un stock de reservas. En forma adicional, Arabia Saudita, cuya política petrolera en mucho contribuyó a la nueva situación, según ellos mismo reconocieron públicamente, desde el mes de abril anunció que clamaría por el congelamiento de los precios en la próxima reunión de mes de mayo, programada por la OPEP (ABC, 1981a:49). Por otra parte, la economía mexicana mostraba ya signos inquietantes. A pesar del crecimiento del PIB a elevadas tasas reales históricas, el financiamiento de la expansión económica dependía, como nunca antes, de la evolución de los mercados internacionales financieros y de hidrocarburos. Y ocurrió que ambos mercados padecieron variaciones negativas, con lo cual, las fuentes financieras principales de la economía mexicana cayeron drásticamente (Gracida, 2005:320). Cuando en noviembre de 1979, Paul Volcker fue designado presidente de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal inició una política deflacionista caracterizada por la restricción monetaria y la consiguiente elevación de las tasa de interés. La estrategia contractiva, que se extendió al comienzo del gobierno conservador de Ronald Reagan, si bien hizo posible disminuir el aumento de los precios, produjo también una recesión entre 1981 y 1982, un apreciable descenso de la liquidez y favoreció la caída de la oferta real de dinero y del crédito lo cual, asociado con las expectativas inflacionarias, elevó considerablemente las tasas de interés internacionales, las cuales pasaron de 6 a 20% entre 1978 y 1981. Para México y el resto de los países deudores este altísimo nivel significó una mayor carga financiera de la deuda contraída previamente y el endurecimiento en las términos de contratación de nuevos créditos (UrencioyTlaiye, 1982; Gracida, 2007:78-79). 179


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Por si esto no fuera suficiente, ya al finalizar el primer semestre de 1981, había sobrevenido la caída de los precios internacionales del petróleo. Este descenso, vinculado con la decisión adoptada por la OPEP en Ginebra, el 26 de mayo de 1981, de congelar el precio del crudo en 36 dólares y reducir la producción media en 10%, fue el fin del llamado segundo choque petrolero que se había distinguido por el incremento errático de los precios del hidrocarburo y un gran desorden en el mercado internacional del mismo.16 Apenas dos días después del anuncio, el presidente López Portillo declaró que se estudiaría la decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, no sin acotar “nunca hemos sido ni seremos esquiroles de la OPEP y estamos analizando las consecuencias que tiene para nuestra producción y para nuestros contratos de suministro (ABC, 1981b:47)”. En otros términos, ratificaba el principio adoptado desde el sexenio de Luis Echeverría de no vender petróleo por abajo de los precios internacionales, para defenderlo solidariamente. No obstante, en una decisión no consultada con el gabinete económico de la administración, pero que puede suponerse contaba con el aval presidencial, el director de Pemex se apresuró a disminuir el precio del petróleo mexicano de exportación; en 4 dólares por barril el Istmo y en 2 dólares el Maya (Guzmán, 1988). Además de abandonar el principio establecido al respecto, este hecho marco el inicio de la baja internacional del precio de los energéticos” y como efecto colateral dejó fuera a Jorge Díaz Serrano de carrera presidencial, al verse obligado a renunciar a Pemex. En su libro autobiográfico, López Portillo se refiere a estos sucesos: Le pedí a Jorge Díaz Serrano su renuncia… Amarga decisión política… La decisión del precio, tal vez correcta en el fondo, pero la oportunidad y forma fue de sumisión a las empresas norteamericanas… Fuimos los primeros en romper el precio a la baja. Pudimos observar el mercado, resistir presiones, organizar clientela. No me gustó la oportunidad, ni la forma. Parecemos esquiroles de la OPEP y tenía yo una sensación de vergüenza (López Portillo, 1988:1061)

En este contexto de desplome de los precios del mercado internacional del petróleo y del deterioro creciente de la economía mexicana —graves problemas de inflación; incremento de los intereses por pago de la deuda; la caída de las exportaciones mexicanas y sus precios, así como severas dificultades financieras del sector público— luego de un año sin variación, el 21 de diciembre de 1981 se anunció en el país el aumento del precio de la gasolina Nova en 114%, de la Extra en 43% y del Diesel en 150% (1 a 2.5). 16 Su inició había tenido lugar cuando, después de haberse mantenidos congelados de los precios del hidrocarburo por dos años en 12.50 dólares el barril, los miembros de la OPEP acordaron en diciembre de 1978 subir su costo a 14.54 dólares, mediante incrementos trimestrales aplicados a lo largo del año siguiente. Su decisión, afirmaron en Abu-Dabhi, era enfrentar los efectos sobre el mercado petrolero de la revolución iraní y de la crisis financiera mundial (ABC, 1981c:14).

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En esa ocasión, Julio Rodolfo Moctezuma, el nuevo director de Pemex, y José Andrés de Oteyza, secretario de Patrimonio y Fomento Industrial, justificaron el incremento con las mismas razones argüidas en 1980: racionalización de precios del energético para disminuir su consumo y los subsidios otorgados por la paraestatal, cuya cifra alcanzaba los 300 000 millones de pesos anuales (Gastélum, 1983). Ahora bien teniendo en cuenta que el impuesto federal fijado a la gasolina Nova pasó de 33.2% a 68.9% y el de la Extra de 61.8% a 73.3%, puede advertirse que la principal beneficiaria de los incrementos fueron las finanzas públicas federales, antes que la paraestatal (Guzmán, 1988:18). De la misma forma, el nuevo incremento de precios aplicado a las gasolinas poco menos de un año después, tuvo como objetivo apuntalar las maltrechas finanzas públicas. A unas semanas del 1° de agosto de 1982, en el que la Secretaría de Comercio anunció el incremento de precios de las gasolinas Nova y Extra, a razón de 67 y 50%, y del Diesel en 60%, Julio Rodolfo Moctezuma Cid declaró que Pemex no percibía ningún ingreso adicional (Gastélum, 1983:5). Fue así como, el fenómeno de lo que se ha llamado la petrolización de las finanzas, iniciado tímidamente en el sexenio anterior, se consolidó en estos años y aumentaría en los siguientes. Conforme a la información del Banco de México, el por ciento de las contribuciones de Pemex a los ingresos totales del sector público pasó de 16.9% en 1977 a 19.1% en 1978, 23% en 1979; 31% en 1980 y en 1981 a 28.9% (Banxico, 1982:22), hasta llegar a su nivel actual que se sitúa alrededor del 40%. El último aumento de precios del sexenio tuvo lugar cuando el país ya se encontraba en pleno estallido de la crisis de la deuda. En efecto, en ese mes de agosto México se vio forzado a negociar en Washington, con una activa participación del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, los pagos financieros con el exterior. Ahí, el petróleo estuvo presente. México obtuvo, en “abusivas condiciones”, “el pago anticipado de mil millones de dólares a cambio de entregas de crudo durante un año para la reserva estratégica de [los Estados Unidos] (Silva Herzog Flores, 2007:58).” En los días siguientes, vino la solicitud mexicana de diferir el pago de las amortizaciones de capital de la deuda pública por un lapso de 90 días. Simbólicamente, con ello se iniciaba la crisis mundial de la deuda, pero también la “década perdida” de América Latina.

4. A manera de post scriptum El 1º de diciembre de 1982, José López Portillo entregaba las riendas del país a su sucesor, Miguel de la Madrid. Un país en medio de la peor crisis padecida hasta entonces, luego de la gran depresión de los años treinta, y sujeta su política económica a una Carta de Intención acordada con el FMI. Era una descripción curiosamente simi181


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lar a la que prevalecía seis años antes, cuando el propio López Portillo había recibido de Luis Echeverría la conducción de la nación; parecía un déjà vu. Sin embargo, muchas cosas habían cambiado y seguían modificándose. Entre ellas, el surgimiento de la riqueza petrolera, así como la retórica y la política económica en la materia. Estás últimas habían dado un gran viraje, dejando de lado los principios históricos que las habían regido para, en la marcha, adoptar nuevos rumbos donde el hidrocarburo pasó a ser considerado como el eje financiero del país, y se manejó con una visión de obtener las mayores ganancias en el plazo más corto posible, aún a costa de un rápido y continuo endeudamiento para expandir su producción. Todo ello, vinculado con condiciones internacionales adversas al finalizar el sexenio, tuvo como consecuencia el haber desperdiciado una gran oportunidad para reorganizar la economía nacional. A pesar de todo, en 1982 el petróleo todavía estaba ahí, México era el cuarto país a nivel mundial por su magnitud de reservas probadas. Y sin embargo, al día siguiente de iniciada la nueva administración, se estableció un nuevo aumento de precios domésticos a los productos del hidrocarburo. Se declaró que el objetivo principal era contener el consumo, pero en realidad se pretendía favorecer las finanzas públicas. No se había aprendido la lección.

Presidente de México José López Portillo. 1976-1982

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——— (1975). Quinto Informe de Gobierno, editado por Cámara de Diputados. México: XLIX Legislatura, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/ ——— (1976). Sexto Informe de Gobierno, editado por Cámara de Diputados. México: L Legislatura, http://cronica. diputados.gob.mx/DDebates/ GASTÉLUM, Raúl (1983). La política de precios internos de productos petroleros en México, 1976-1982. en Problemas del sector energético en México, editado por Miguel Wionczek. México: El Colegio de México, pp. 95-104. GONZÁLEZ, Luis (1970). Los balances periódicos de la Revolución Mexicana. en Historia y sociedad en el mundo de habla española., editado por Bernardo García Alba y Luis González de. México: El Colegio de México. GRACIDA, Elsa (2005). “La década de 1970 en México: Etapa de la transición del pensamiento económico”, en Historia del pensamiento económico en México: problemas y tendencias, 1821-2000, editado por Romero. México: Trillas. ——— (2007). Reflexiones sobre el Pensamiento Económico en México, 1970-1986. Ibero Americana Año VII (2007) (26):67-87. ——— (2009). Evolución de los fundamentos de la retórica y la política económica mexicanas del petróleo. Una visión histórica. Vértice Universitario (43). GRANADOS CHAPA, Miguel Ángel. (2001). Pemex, SA de CV. Reforma, 15 de febrero de 2001. GUZMÁN, Óscar M. (1988). Las finanzas de Petróleos Mexicanos (1970-1982). en Posibilidades y limitaciones de la planeación energética en México, editado por Miguel Wionczeck, Óscar M. Guzmán y Roberto Gutiérrez. México: El Colegio de México, pp. 395-423. LEGISLATURA, XLIX (1974). Diario de Debates. México: Cámara de Diputados: http://cronica.diputados.gob.mx. LÓPEZ PORTILLO, José (1976). Toma de Posesión editado por Cámara de Diputados. México: Legislatura L, http://cronica.diputados.gob.mx ——— (1977). Primer Informe de Gobierno, editado por Cámara de Diputados. México: L Legislatura: http://cronica. diputados.gob.mx ——— (1978). Segundo Informe de Gobierno, editado por Cámara de Diputados. México: L Legislatura: http://cronica. diputados.gob.mx/DDebates/ ——— (1979). Tercer Informe de Gobierno, editado por Cámara de Diputados. México: LI Legislatura: http://cronica. diputados.gob.mx/ ——— (1981). Quinto Informe de Gobierno, editado por Cámara de Diputados. México: LI Legislatura: http://cronica. diputados.gob.mx/ ——— (1982). Sexto Informe de Gobierno, editado por Cámara de Diputados. México: LII Legislatura: http://cronica. diputados.gob.mx ——— (1988). Mis Tiempos. 2 vols. México: Fernández Editores. LÓPEZ PORTILLO, José (1980). Cuarto Informe de Gobierno, editado por Cámara de Diputados. México: LI Legislatura: http://cronica.diputados.gob.mx/ NAFINSA (1981). La economía mexicana en cifras, 1981. Editado por S.A. Nacional Financiera. México: Nacional Financiera, S.A. NOTA (1978). El tope salarial, voluntario, no impuesto, Proceso, 8 de mayo de 1978. PEMEX (1988). Anuario. México: Petróleos Mexicanos: http://www.pemex.com RAMÍREZ, Carlos (1981). Su historia: del gasoducto frustrado a la rebaja de precio. Díaz Serrano cavó su tumba al convertir en mercancía un recurso nacional Proceso, 15 de junio de 1981.

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Elsa M. Gracida

REPORTAJE (1977). Petróleo como aval de más préstamos. Proceso, 3 octubre 1977. REVELES, José (1978). Historia de una aventura frustrada. Petroleros texanos planearon el gasoducto. . Proceso, 3 de abril de 1978. RUIZ CORTINES, Adolfo (1954). Segundo Informe de Gobierno. México: Cámara de Diputados, XLII Legislatura, http:// cronica.diputados.gob.mx/DDebates/. SILVA HERZOG FLORES, Jesús (2007). A la distancia... recuerdos y testimonios. México: Océano. SOSA, José de Jesús. 1990. Desarrollo y consolidación de la empresa pública en México. El caso de la industria petrolera (1938-1970). Revista de Administración Pública (77), www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/rap/cont/.../ doc11.pdf. URENCIO, Claudio, y David TLAIYE (1982). El programa económico de Estados Unidos y sus efectos en la economía mexicana. Comercio Exterior 3 (10):1084. ZENTENO, F. Javier (1997). La Regulación de los hidrocarburos en México. en Regulación del sector energético, editado por Instituto de Investigaciones Jurídicas. México: UNAM-Secretaría de Energía.

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De izquierda a derecha: Dr. Rodolfo Fernández, Dr. Óscar Flores, Dra. Elsa M. Gracida y Dr.Juan José Gracida Romo Mesa: Revolución, Desarrollo Empresarial y Efectos Económicos XIII Reunión de Historiadores de México, Estados Unidos y Canadá, Querétaro, Qro./México. 29 de octubre de 2010 Centro Educativo y Cultural del Estado de Querétaro Manuel Gómez Morín


Índice Analítico

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De los autores

Aviña Reyes, José Alberto Licenciado en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Realizó sus prácticas profesionales en el Archivo Histórico de Fundidora Monterrey en donde trabajó la clasificación y manejo de su acervo documental. Investigador en el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León para la realización del Catálogo de monumentos y esculturas del Estado de Nuevo León; de igual forma en la investigación, registro y adquisición de piezas históricas para la creación del Museo del Acero en Monterrey. Participó en el proyecto de la Suprema Corte de Justicia de la Nación -a través de la Casa de la Cultura Jurídica en Nuevo León “Ministro Emeterio de la Garza”-, denominado “Programa de trabajo para la modernización de los Archivos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación bajo resguardo de las Casas de la Cultura Jurídica, dentro del Plan de trabajo para la Catalogación de los Archivos Históricos generados por los Órganos Jurisdiccionales de los siglos XVIII, XIX y primera mitad del siglo XX”. Es autor de varios artículos publicados en la revista de Historia “Atisbo” y autor del artículo “La Familia Milmo”; en el libro dirigido por la Dra. Leonor Ludlow intitulado 200 Emprendedores Mexicanos, la construcción de una nación, Volumen 1. Siglo XIX.

Fernández, Rodolfo Investigador desde 1980, del Centro INAH. Licenciado en Arqueología, por la Universidad Autónoma de Guadalajara; Maestro en Sociología por la Universidad de Guadalajara; Doctor en Ciencias Sociales por CIESAS Occidente; Doctor en Letras por la Universidad de Guadalajara. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), nivel I. Ha trabajado en arqueología de Oaxaca y del Occidente de Mesoamérica; en historia regional del sur de Jalisco y del mundo tequilero; en la retórica de la Relación de Michoacán, tema de su tesis doctoral en letras de 2006. Entre sus principales publicaciones en el área de la historia están: Latifundios y grupos dominantes en la historia de la Provincia de Avalos, Guadalajara: INAH-Ágata, 1994; Mucha tierra y pocos dueños: estancias, haciendas y latifundios avaleños, México, CNCAINAH, 1999; La gran propiedad en Cocula de Ávalos, 1539-1700, México, CNCA-INAH 2004. En retórica cuenta entre otras publicaciones con las siguientes: “Retórica y Colonización en Nueva España: El caso de la Relación de Michoacán”, Historias, 66-67, México, INAH., enero-agosto, pp. 73 y 86, 2007; “Ramón Llull y los rétores del mundo novohispano Valadés y Alcalá”, en Transformaciones socioculturales en México en el contexto de la conquista y la colonización. Nueva perspectiva de investigación (Reunión Amatitán), (Rodolfo Fernández y Diana Carrano, editores), Guadalajara, INAH., U de G, Universidad de Colonia, pp.107-127, 2009. Así como su más reciente libro intitulado, Retórica y antropología del mundo tarasco: Textos sobre la Relación de Michoacán, México, INAH, 2009.

Flores Torres, Óscar Es Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid (1991), profesor investigador del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Monterrey (1992 a la fecha) y Director (desde 2005) del Centro de Estudios Históricos/UDEM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) Nivel II y Premio Nacional de Historia “Salvador Azuela” en 1994. Es autor entre otras obras de Independencia y Revolución en el norte de México, en coautoría con Benjamín Galindo (2010); Monterrey en la Revolución (2010 y 2007); Monterrey Histórico (2009); Industry, Commerce, Banking & Finance in Monterrey, Mexico (2011 y 2009); El otro lado del espejo. México en la memoria de los jefes de misión en México, 1822-2003 (2007); así como de obras colectivas de historia de México y de numerosos artículos de historia social y diplomática de México. Igualmente ha participado en programas de History Channel, México Nuevo Siglo y Discutamos México.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

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García Partida, Narce Dalia Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente colabora en el Centro de Documentación y Archivo Histórico de la misma Universidad. Ha participado en las revistas Memoria Universitaria y Actas editadas por este Centro y en la Revista Relatos e Historia de México (2011). Además de formar parte del equipo de investigación de la revista Atisbo, es coautora de las siguientes obras: Nuevo León Insurgente- Revolucionario. Catálogo de Exposición. Museo de Historia Mexicana (2011); Enciclopedia de los Municipios del Estado de Nuevo León (2010) e Historia de la Facultad de Ingeniería Civil de la UANL, de próxima publicación. Participó como asistente de investigación en el proyecto de la Enciclopedia de Monterrey (2006-2009).

Gracida, Elsa M. Doctora en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), es profesora titular de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía y Tutor del Posgrado en Economía de la UNAM. Ha publicado varios libros, volúmenes y capítulos en obras colectivas, lo mismo que artículos en revistas especializadas y de divulgación, tanto en el país como en el extranjero. Entre sus escritos principales como autor y coautor se destacan: El programa industrial de la Revolución); El siglo XX Mexicano. Un capítulo de su historia 1940-1982; El Desarrollismo en Historia Económica de México; Los años 70’s mexicanos en Historia del Pensamiento Económico en México. Problemas y tendencias, 1821-2000; Reflexiones sobre el pensamiento económico en México, 1970-1986; La distribución del ingreso entre 1940-1982. Filosofía económica y expresión cuantitativa; Argentina, México y el FMI en la crisis de los setenta y Ensayo bibliográfico sobre la crisis mundial.

Gracida Romo, Juan José Doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), Nivel I y Profesor Investigador del Centro INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) en Sonora. Es igualmente Profesor de Asignatura en el Departamento de Economía de la Universidad de Sonora. Miembro Fundador de la Asociación de Historia Económica del Norte de México, Asociado de la Sociedad Sonorense de Historia. Es autor entre otras obras de La llegada de la modernización a Sonora: establecimiento del ferrocarril, 1880-1897 (2001); Sonora: cuatro siglos de Minería (2001); con Cynthia Radding publicó Sonora: Una historia compartida (1989) y es coautor igualmente de la Historia General de Sonora (1985).

Maldonado Ojeda, Lucio Ernesto Doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (2011). Entre sus obras cuenta con: La Asamblea Departamental de México, 1836-1846, México, Espejo de Obsidiana / Comité Editorial de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (2001) y “El movimiento popular mexicano en la década de los 70”, en Alejandra Massolo, et. al., Antología de Sociología Urbana. 1a. ed. México, UNAM, 1988. Tiene en puerta la publicación de su tesis doctoral intitulada El Tribunal de Vagos de la ciudad de México, 1828-1867. O la mala conciencia de la gente decente. México, Suprema Corte de Justicia / Instituto de Investigaciones Jurisprudenciales y Ética Judicial. Entre sus opúsculos se relatan los siguientes: “El enigma del Sr. Morales, o la importancia de una simple coma”, en Boletín de Monumentos Históricos INAH, eneromarzo de 2011; “El patrimonio cultural: los cultivadores de las Bellas Artes y la Academia”. Boletín Oficial del INAH, núm. 88, enero-abril de 2011; “El Zapatista”, Boletín Oficial del INAH, núms. 75-76, julio-diciembre de 2004 y “El Tribunal de Vagos de la Ciudad de México del siglo XIX. Una Introducción”, en Boletín Oficial del INAH. Antropología, Nueva Época, núm. 70, abril- junio de 2003.

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Presentación

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De las Imágenes

Pág. 15 Carl Nebel, ciudad de Aguascalientes. Siglo XIX. Pág. 16 Eugenio Lucas Velázquez. Escena del Congreso de los Diputados. Siglo XIX. Pág. 48 Fotografía de Valentín Gómez Farías (1781-1858) (smge-mexico.blogspot.com) Pág. 49 Familias Degetau y Westendarp. Siglo XIX. Fondo Fotográfico Otto Degetau/CEH-UDEM. Pág. 50 Vista de las ruinas de la fábrica La Buena Fe propiedad de Otto Degetau, siglo XIX, Fondo Fotográfico Otto Degetau/CEH-UDEM. Pág. 67 Fotografía de la entrada de tropas revolucionarias en ciudad del noroeste mexicano (el-nauzonteco.blogspot.com) Pág. 68 Fotografía del Presidente de México General Porfirio Díaz. Primera década del Siglo XX (mexbi. blogspot.com) Pág. 81 Fotografía del General de División Francisco Villa en la ciudad de El Paso, Texas. Enero de 1915. (nevadaobserver.com) Pág. 85 Fotografía de la Hacienda José Cuervo. Siglo XX (tripadvisor.com.my) Pág. 86 Agave. Fondo CEH/UDEM Pág. 109 Fotografía de Alberto J. Pani. Fondo Fotográfico CEH/UDEM Pág. 110 Fotografía del Presidente de México Francisco I. Madero. Siglo XX (campoguerrero.gob.mx) Pág. 143 Fotografía del Palacio de Bellas Artes. Ciudad de México (ingenieriaycomputacion.blogspot. com) Pág. 147 Materiales producidos por Talles Industriales. Fondo Fotográfico del Archivo Histórico de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey. Siglo XX. Pág. 150 Bomba de agua contra incendios. Fondo Fotográfico José Alberto Aviña Reyes.

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX

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Pág. 151 Imagen de la empresa TISA. Revista Arquitectura.1938-1967. 01 de septiembre de 1963. Pág. 153 Cuatro imágenes de productos TISA. Imagen superior izquierda Bombas TISA, El Porvenir 1 de julio de 1948; imagen superior derecha tubería sanitaria, Periódico El Universal 18 de abril de 1948; imagen inferior izquierda, Bancas para jardines y parques, El Porvenir. 1 de agosto de 1952; imagen inferior derecha, Molino de mano para nixtamal, Periódico El Informador 02 de agosto de 1954. Pág. 154 Dos imágenes publicitarias de tubería de fierro vaciado para instalaciones sanitarias de TISA, Revista Arquitectura.1938-1967, 01 de marzo de 1960. Pág. 155 Dos imágenes de bombas TISA. Periódico El Universal 9 de enero de 1949 y El Porvenir 27 de agosto de1950. Pág. 156 Reunión de trabajadores de la empresa Peerles-TISA, El Porvenir, 18 de marzo de 1954. Pág. 157 Convivencia TISA. Periódico El Porvenir, 21 de diciembre de 1951. Pág. 161 Cuatro fotografías de productos TISA. Fondo Fotográfico José Alberto Aviña Reyes. Pág. 162 Tres fotografías de productos TISA. Fondo Fotográfico José Alberto Aviña Reyes. Pág. 165 Fotografía del Presidente de México General Lázaro Cárdenas del Río. Siglo XX (conmemora. com) Pág. 166 Fotografía del futuro Presidente de México General Lázaro Cárdenas del Río en su gira electoral 1934. (memoriapoliticademexico.org) Pág. 182 Fotografía del Presidente de México José López Portillo. 1976-1982 (Encyclopædia Britannica Online: britannica.com) Pág. 186 Fotografía de la Mesa: Revolución, Desarrollo Empresarial y Efectos Económicos. XIII Reunión de Historiadores de México, Estados Unidos y Canadá, Querétaro, Qro./México. 29 de octubre de 2010. Fondo Fotográfico CEH/UDEM.

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Índice Analítico

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Índice Analítico

A

Aguilar, Daniel: Primer director del Departamento Técnico Fiscal, para estudiar los problemas de la tributación en México. Tuvo una participación decisiva en los estudios previos a la Ley del Impuesto sobre Sueldos, Salarios, Emolumentos, Honorarios y Utilidades de las Sociedades y Empresas, expedida en México, 128 Alcalá Zamora, Niceto: Presidente de la II República de España, 135 Alemán, Miguel: empresario y presidente de México (1946-1952), 170 Alessio Robles, Miguel: político e historiador del estado de Coahuila115 Alfonso XIII: Rey de España, 115, 135 Almonte, Juan Nepomuceno: autor de Guía de forasteros en México, 25, 32 Amaro, Joaquín: general revolucionario en México, 136 Angangueo: 54 Ángeles, Felipe: militar de formación, militó en las tropas de Francisco Villa, 116 Atequiza, Hacienda: José cuervo, 97-99, 104, 105 Atl, Dr.: revolucionario, pintor e intelectual mexicano de la primera mitad del siglo XX, 117, 118, 120, 134 Ávila Camacho, Manuel: General de División y Presidente de México (1940-1946), 138, 139, 140, 169

B

Baranda, Joaquín: Ministro de Instrucción Pública, 112

Baz, Juan José: político radical del Distrito Federal, México, Siglo XIX, 32 Beckman, Juan: 100, 106 Belden, Santiago: empresario radicado en Monterrey, 55 Bermúdez, Antonio J.: Director de Pemex, 170, 171 Bich, Bruno: 149 Blanco, Lucio: revolucionario, agrarista, 116 Body, Mr. Hohn P.: empresario inglés, 141 Boissonnas, M.: restaurador suizo de pinturas, 135 Boker, Casa: junto con las firmas alemanas Sommer, Hermann y Kork y Honsberg, monopolizaban las tiendas de ferretería en el México porfirista, 54 Borja Soriano, Manuel: notario, 97, 98, 104 Brach y Schonfeld y Companía: Casa Comercial alemana en el noreste de México, 55-57, 59 Bremer, Eduardo: empresario alemán dueño de la droguería El León, 59, 61, 62, 64 Burchard, Benjamín: empresario alemán en México, 56, 58 Bustamante, Carlos María de: historiador del México Independiente, 12, 46, 47

C

Cabrera, Luis: ideólogo carrancista, 115, 117 Calderón, José: importante comerciante y empresario en el norte de México, durante la segunda mitad del siglo XIX, 114, 116 Calderón, Pedro: comerciante de Monterrey, 55 Cananea: mina de 70, 76, 78-81 Caraveo, Jesús: 98, 101 Cárdenas, Enrique: 72, 73

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX Cárdenas, Lázaro: Presidente de México (19341940), 133, 138, 139, 167, 176 Carlos III: Rey de España, siglo XVIII, 17, 24 Carlos V: Emperador de Alemania, Rey de España, siglo XVI, 22 Carranza, Venustiano: 72, 76, 77, 80, 115, 115, 117, 118, 119, 141 Carter, James: presidente de los Estados Unidos de América (1976-1980), 177 Casasús, Joaquín de: 112 Caso, Alfonso: intelectual mexicano, 120 Cassauranc, Puig: Secretario de Educación Pública, 118 Castrillo, Obispo: miembro de las Cortes de Madrid, 19 Catherine, Ann Porter: autora y novelista estadounidense, del catálogo intitulado Outline of Mexican Arts and Crafts (Contorno del oficio y del arte mexicano), 120. Chapala: Lago de, 98, 99, 104, 105 Chauvert, Maximiliano: Co-redactor de la ley que creó la Dirección de Pensiones Civiles de Retiro (hoy ISSSTE), creada el 12 de agosto de 1925, 132. Chávez, Ezequiel A.: colaborador del ministro de Instrucción Pública, Joaquín Baranda, 112 Chávez, Juan: co-creador y vocal de la “Junta Revolucionaria de Auxilios del Pueblo”, 117 Cipolla, Carlo M.: 168, 183 Clausen y Cía: Casa Comercial alemana en Monterrey que inició en en el año de 1852, 55, 56, 57, 58, 59; Juan Clausen, empresario alemán radicado en la ciudad de Monterrey, 56, 58 Compañía Alemana de Minas: 54 Compañía Minera de Cananea: 78 Cram, Juan: comerciante y empresario alemán radicado en la ciudad de Monterrey, 60 Crecencio Rejón, Manuel: se le llamó “vagos políticos” junto al reformista Valentín Gómez Farías y a sus huestes de sans-culottes, 46 Cuauhtémoc: tablero pictórico en París reflejando el martirio del tlatoani azteca, 134 Cuervo Flores, Malaquías: empresario del tequila en México, 88 Cuervo, Carlos: empresario del tequila, 99, 100, 105 Cuervo, José: destacado empresario mexicano del tequila cuya marca lleva su nombre, 17, 87-90, 93, 96, 97, 99-106

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f

D

De Fuentes, Fernando: director de cine en México, 142 De la Fuente, Fernando: presidente de la Comisión Permanente de la Convención Nacional Fiscal en México en 1950, 125, 126, 131 De la Garza Chapa, Antonio: comerciante y empresario, 55 De la Garza, Mariana: 55 De la Huerta, Adolfo: Gobernador de Sonora, ocupó la presidencia de México tras la muerte de Venustiano Carranza, Secretario de Hacienda, 78, 119, 121, 122, 128, 129 De Oteyza, José Andrés: Director de Pemex, 181 De Vos, Marín: pintor europeo, 118 Degetau & Dose: firma alemana en México, 58, 59 Degetau, Otto: empresario alemán asentado en México, 56, 59, 61 Díaz Soto y Gama, Antonio: revolucionario zapatista y diputado en México, 114 Díaz, Porfirio Díaz: militar, político, presidente de México entre los años de 1877-1880 y 18841911, 17, 60, 115 Diehler y Cía: compañía comercial alemana asentada en México, 57 Diehler, Carlos: empresario alemán en México, 60 Dillon, Ernesto: comerciante y empresario alemán en México, 55 Dondé: senador mexicano, 113 Dose, Ernesto: comerciante alemán asentado en México, 59 Dovalí Jaime, Antonio: director de PEMEX, 173 Dresel, Rodolfo: fundador de la compañía comercial alemana denominada Shoenieau y Dresel, 60 Dueñas, Heliodoro: 124–194 Durán, André: arquitecto, 134 E Echeverría Álvarez, Luis: Presidente de México (1970-1976), 171 Elías Calles, Plutarco: Presidente de México (19241928), 74, 78, 115, 116, 119, 121, 123, 131, 133, 136, 138 Empedradillo: calle de la ciudad de México, siglo XIX, 34 Etchojoa: municipio de Sonora, 80


Índice Analítico

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F

G

Fabela, Isidro: encargado del despacho de Relaciones Exteriores en el gobierno del Primer Jefe de la Revolución Constitucionalista, Venustiano Carranza, ministro en Europa y Sudamérica, 116 Faure, M. Elie: historiador y crítico de arte, 118 Figueroa de Rosas, María: 95, 103, 104 Flores Arriola, Jesús: 13, 87 Flores, Ana de Jesús: 89 Friere: Diputado mexicano que se pronunció sobre el concepto de vago, 19 Gamboa, Ramón, miembro de la comisión senatorial creada en 1852, encargada de proponer medidas para la reforma de la administración de justicia en el Distrito Federal. Participaban de dicha comisión también José María Lafragua, y Guillermo Valle, 19 García Cubas, Antonio: geógrafo e historiador mexicano, 35 García Rodríguez, Gerardo: Director general de Bombas Peerless de México 160 Garza González, Ricardo: formó la Sociedad Talleres Industriales, S.A. junto con Santiago Gutiérrez Garza, 152 Gil, Miguel Ángel: empresario del tequila, 98, 101 Goldchsmidt, Máximo: 1861, Benito Schonfeld y Rodolfo Brach se asociaron con Máximo Goldchsmidt para formar la compañía comercial Brach y Schonfeld y Companía. 56 Goldscmidt, Enrique: alemán dueño de una tienda de ropa en Monterrey, 60 Gómez Farías, Valentín: presidente de México durante la primera mitad del siglo XIX, 40, 43, 47 Gómez Morín, Manuel: ideólogo político y cofundador del Partido Acción Nacional en México (1939), 126, 131, 136 Gómez de la Cortina, José: gobernador del Distrito quién de 5 de septiembre de 1846 publicó un Bando que creaba una Vigilancia Pública de Seguridad, 8 y 44 Gómez, Marte R.: Secretario de Hacienda y Crédito Público, 137, 138 González Caballero, Manuel: obrero y escritor sobre la historia de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, 158

González Covarrubias, Gregorio: notario, 95, 103 González Hermosillo, Aurelio: 96, 103, 104 González Roa, Fernando: 137 González Rubio, Ana: viuda del prominente tequilero, Jesús Flores Arriola, y magnate en la industria del mezcal durante los últimos años del Porfiriato y la época de la Revolución, 87, 89, 90, 91, 92, 93, 100, 101, 106 González Rubio, Virginia: hermana de Ana y casada con Luciano Gallardo García Diego, 88 González, Luis: eminente historiador de México en el siglo XX, fomentó la historia matria, 168 Goya: pintor español de la segunda mitad del siglo XIX, 117, 137 Grib, Guillermo: empresario alemán del ramo de la cerveza, 57, 63 Griesemberk, Luis: empresario de origen estadounidense asentado en Monterrey, 59 Grogan, Santiago: 55 Gutiérrez Garza, Santiago: 152, 156 Gutiérrez, José Blas: 28, 32, 33, 37, 39, 41, 43 Gutiérrez, Teodosio: 63 Guzmán, Martín Luis: político, escritor e ideólogo de la revolución, 115, 116

H

Haber, Stephen: 72 Habsburgo, Fernando Maximiliano de: Emperador del II Imperio Mexicano (1864-1867), 112 Hermann: firma alemana en México, 54 Hermanos Oliver: comerciantes del norte de México, siglo XIX, 55 Hernández, Estanislao: hombre de negocios español en México, 61 Hernández, Mariano: importante comerciante, empresario y terrateniente en el norte de México, siglo XIX, 55 Herrera, Jacinto: comerciante, siglo XIX, 63 Hesselbart, Carlos: fundador de la empresa Cervecería de Monterrey, siglo XIX, 60, 61, 63 Hinojosa Guajardo, Carlos: notario, 152 Hohenloe, Max: 141 Holck, Carlos y Compañía: comerciante alemán en Monterrey, siglo XIX, 60, 62, 63 Honsberg: familia de comerciantes alemanes en México, 55 Huatabampo: 80

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Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX Huerta, Victoriano: militar, político y presidente de México entre 1913 y 1914, murió en los Estados Unidos, 74, 76, 113, 115, 129

I

J

Ibarra, Adela: viuda de Tolentino, 95,103, 104 Ibero, María: viuda de Gortázar, 95, 103 Isabel la Católica: Gran Cruz de, 135 Jiménez, Claudio: 88, 89 Jorge Enciso: miembro del Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores Revolucionarios que junto con Roberto Montenegro, organizó una muestra pictórica y artística para conmemorar el 100 aniversario de la independencia de México de España, 120 Juárez, Benito: abogado liberal y presidente de México, 40, 41, 112, Ciudad Juárez, 75,116, Sector Juárez, 95

K

Knoop, Luis: empresario alemán en el norte de México, socio de Carlos Hesselbart, dueños de una fábrica y expendio de sombreros, 60 Kork: empresario alemán en el ramo ferretero en México, 54

L

La Palma: uno de los barrios de mayor prosapia popular en la ciudad de México, 26 Lafragua, José María: miembro de la comisión senatorial creada en 1852, encargada de proponer medidas para la reforma de la administración de justicia en el Distrito Federal. Participaban de dicha comisión también Gabriel Sagaceta, Ramón Gamboa y Guillermo Valle, 19 y 20 Lamont, Thomas: representante en México del Comité Internacional de Banqueros, 128, 132 Lamont-De la Huerta: acuerdos firmados el 16 de junio de 1922, que reanudaron el pago de la deuda exterior de México, 119, 128, 129, 130 Larreátegui, Juan Francisco: 96, 103, 104 Legorreta, Agustín: empresario mexicano, 141 León de la Barra, Francisco: presidente interino de México ante la salida del país del general Porfirio Díaz en 1911, 114 Lindbergh, Charles: piloto aviador, empresario, 134

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f

Lira, Andrés: historiador y abogado mexicano, 41 Loera y Chávez, Rafael: 120 López Galindo, Pedro: Presidente de la Asociación Mexicana de Ingenieros Mecánicos y Electricistas, 156 López Mateos, Adolfo: presidente de México (1958-1964), 173 López Portillo, José: presidente de México (19761982), 167, 173, 174, 175, 177, 181 Lord Cowdray: empresario inglés de la empresa petrolera en México, “El Águila”, 113 Lucas, Eugenio: pintor español del siglo XIX, 134 Luis XIV: Rey ilustrado de Francia, siglo XVIII, 159

M

Madero, Evaristo: originario del estado de Coahuila, eminente empresario y político mexicano de la segunda mitad del siglo XIX, 55 Madero, Francisco I.: Presidente de México (19111913), 71, 115, 113 Madero, Gustavo A.: miembro del gabinete presidencial durante la presidencia de Francisco I. Madero (1911-1913), 115 Madero-Pino Suárez: apellidos de los candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la república mexicana en 1911, 113, 114 Manero, Antonio: economista mexicano, 132, 140 Manzanares: barrio popular en la ciudad de México en el siglo XIX, 26 María Anaya, Pedro: general y presidente de México, siglo XIX, 41 María Bustos, Manuel María: abogado, 42 Mariscal, Ignacio Mariscal: Ministro de Relaciones Exteriores de México durante el período presidencial del general Porfirio Díaz, 44 Martínez de Castro, Antonio: Ministro de Justicia, 42, 43, 44 Martínez del Río, Pablo: 97, 100 Martínez, Fernando: empresario fundador en 1894 de la “Fábrica de Aceites y Jabones La Reinera, junto con Fernando Martínez y las firmas comerciales Eduardo Bremer y Compañía, Carlos Holck y Compañía, 62, 63 Martínez, Roberto: empresario mexicano asociado con Agustín Legorreta y Alberto Pani, 141 Martínez, Tomasa: heredera de la industria del tequila, 88 Maytorena, José María: gobernador de Sonora, 74-78


Índice Analítico

f Milmo, Patricio: empresario irlandés, radicado en Monterrey, 55, 61 Moctezuma, Julio Rodolfo: Secretario de Hacienda en México, 177, 181 Moebius, Guido: empresario alemán del noreste de México, Siglo XIX, 62, 64 Molinos del Campo, Francisco: Jefe Político Superior en la Ciudad de México, 36 Molony, Juan: comerciante en la frontera norte de México, siglo XIX, 55 Montalvo y Ripoll, Luis: empresario en Nuevo León, siglo XIX, 63 Montenegro, Roberto: artista, pintor, 114 y 120 Montes de Oca, Luis: Secretario de Hacienda en México, 134, 136 Morell, José: comerciante en la frontera norte de México, siglo XIX, 55 Moreno, Juan N.: juez de vagos, México, siglo XIX, 44 Morones Luis, N.: Secretario de Industria, Comercio y Trabajo en México, 134 Moses, José: comerciante en la frontera norte de México, siglo XIX, 55 Múzquiz, Melchor: Jefe Político Superior en la Ciudad de México, 36

N

Nacozari de García: poblado minero en Sonora, 70, 79, 80 Nafinsa: Nacional Financiera, S.A., 171 Navarro, Luis: deudor de José Cuervo, 97-99, 102, 104, 105 Navojoa: poblado minero de Sonora, 80 Nuevo Laredo: ciudad mexicana fronteriza con Texas, 60 Nungesser y Coli: pintura de Ángel Zárraga, 134

O

Obregón, Álvaro: general divisionario y presidente de México (1920-1924), reelecto en 1928 y asesinado antes de tomar posesión, 74, 77, 80, 101, 115, 116, 119,120, 122, 128 135 Orozco, Pascual: revolucionaro mexicano, 75, 76, 77 Ortiz Monasterio, Manuel: arquitecto, 134 Ortiz Rubio, Pascual: diplomático y Presidente de México (1930-1932), 115, 135, 136

P

Pacheco, Juan M. de: pintor, restaurador y amigo de Alberto J. Pani en París, 135 Padilla, Ezequiel: Secretario de Relaciones Exteriores de México, 140 Palacios Macedo, Miguel: junto con Manuel Gómez Morín eran parte del equipo de Alberto J. Pani, en la Secretaría de Hacienda, 136 Palavacini, Félix Fulgencio: político y diputado maderista, 114, 129 Pani, Alberto J.: político maderista, Secretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores de México, así como ministro de México en Francia y España, 109, 115, 112, 114, 111, 116, 117, 118, 124, 125, 128, 131, 132, 133, 134, 136, 137, 138, 139, 140, 142 Paseo de la Victoria de la Independencia: 34 Pastor, Rafael: impresor del periódico satírico La Bruja, editado en México, entre los años de 1840 a 1842, 26, 27, 40 Payno, Manuel: escritor y político mexicano, autor entre otras obras de Los bandidos de Río Frío, 31. Peñuñuri, Francisco: regidor del cabildo de la Ciudad de México (en 1834), 46 Pershing: general estadounidense que comandó la expedición que entró a territorio mexicano en 1916-1917, a fin de capturar a Francisco Villa, 117 Petriccioli, Augusto: arquitecto, 134 Pesqueira, Ignacio L.: gobernador del estado de Sonora, 76 Piazzini, Calixto: empresario mexicano, 63 Piedras Negras: ciudad mexicana fronteriza con Texas, 60 Pilares: centro minero en Sonora, 79 Pino Suárez, José María: último Vicepresidente electo de México (1911-1913), 76, 113, 114, 115 Pizarro, Andrés: regidor en 1831 del Cabildo de México, 27 Poincaré, Raymond: presidente de la República Francesa, 118 Portes Gil, Emilio: presidente de México (19281930), 115, 135

R

R. Alberto: hijo de Alberto Pani, empresario cinematográfico, 142

195


Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX Radke, Juan: empresario alemán en el ramo de la cerveza, siglo XIX, 57, 61, 63 Ramírez, Andrés: acusado de vago, 28, 74, Reagan, Ronald: presidente de los Estados Unidos de América (1980-1988), 179 Reichmann, Juan: empresario alemán, 59 Reyes, Alfonso: literato e intelectual originario de Monterrey, cofundador del Ateneo, 115 Rincón, José: general y gobernador del Distrito de México, 33 Ríos, Juan José: militar con el grado de general, 98, 101 Rivas Mercado, Antonio: arquitecto mexicano, 113 Rivera Melo, Luis: regidor, abogado, 20, 22 Rivero, Valentín: empresario en el norte de México, 55 Robert Lansing, Robert: Secretario de Estado de los EUA, 78 Rodríguez Gómez, Guadalupe: 103 Rodríguez, Abelardo: presidente de México (1932-1934), 111, 136-142 Romero, Matías: militar y diplomático mexicano, 127 Romero, Rubén: Embajador de Cuba en México, 140 Roosevelt, Franklin Delano: presidente de los Estados Unidos de América, 118 Rubens: pintor europeo, 118 Ruíz Cortines, Adolfo: presidente de México (1952-1958), 170

S

Sagaceta, Gabriel: miembro de la comisión senatorial creada en 1852, encargada de proponer medidas para la reforma de la administración de justicia en el Distrito Federal. Participaban de dicha comisión también José María Lafragua, Ramón Gamboa y Guillermo Valle, 19 Sahuaripa: Distrito de, 75 Salinas, Francisco: 118, 141 San Román, José Gilberto: comerciante y terrateniente del norte de México, siglo XIX, 55 Sánchez Azcona, Juan: político, diplomático, 118 Santa Anna, Antonio López de: general y numerosas veces presidente de México, siglo XIX, 27, 37, 41, 46 Santaella, Joaquín: 134

196

f

Schmidt, Carlos: accionista de la Cervecería Monterrey, siglo XIX, 63 Schonfeld, Benito: comerciante alemán, 56 Serrano, Jorge Díaz: empresario y Director de PEMEX, 175, 176, 178, 180 Shoenieau y Dresel: compañía comercial alemana, 57 Sierra, Justo: político, ideólogo de la consolidación del Estado en México, Ministro de Instrucción Pública, refundador de la Universidad de México en 1910, 113 Silva Herzog, Jesús: destacado economista mexicano 121, 124 Simpich: cónsul de los Estados Unidos de América en Nogales, 78 Soler, Domingo: actor mexicano, 142 Solís, Leopoldo: 71 Sommer: firma comercial alemana, 54 Stephan, Carlos: su compañía denominada Stephan y Westendarp, reemplazó a la casa Brach y Schonfeld, 59 Suárez Iriarte, Francisco: 33 Suárez, Eduardo: 137

T

V

Tárnava y Cía, Casa viuda de: 55 Tequila: Agave, Jalisco, 13, 87-93, 97, 102, 105, 106 Terán, Jesús: Ministro Plenipotenciario de México en España e Inglaterra (1863-1866), 112 Tetepango: comunidad, estado de Hidalgo, 28 Tintoretto: pintor italiano, 118, 137 Tiziano: pintor italiano, 118 Tlajomulco: comunidad de, 95, 99, 103, 104, 105 Tónichi: comunidad de, 75 Topo Chico: cerro del, 60 Treviño, Jacinto: general revolucionario, 116 Valencia: escuela pictórica de, 70, 74, 80, 137 Valle, Guillermo: miembro de la comisión senatorial creada en 1852, encargada de proponer medidas para la reforma de la administración de justicia en el Distrito Federal. Participaban de dicha comisión también José María Lafragua, Ramón Gamboa y Gabriel Sagaceta, 19 Van Dyck: pintor europeo, 118 Vasconcelos, José: ministro de Educación Pública en México, 115, 117, 135, 139, 140


Índice Analítico

f Véjar Vázquez, Octavio: Comisión Nacional para el Estudio de los Problemas de México en la posguerra, presidida por140 Velásquez, Eugenio Lucas: pintor mexicano, 16 Vélez, Joaquín: 27 Velour Brueghel de: pintor europeo, 118 Venadito, Conde del: virrey de la Nueva España, 35 Veronés: pintor europeo, 118 Vicario, José María: regidor de la ciudad de México, 34 Victoria, Guadalupe: primer presidente de la República de México (1824-1828), 37 Vidaurri, Santiago: político, empresario y gobernador del estado de Nuevo León y Coahuila, en el norte de México, mediados del siglo XIX, 51, 55 Villa, Francisco (Pancho): revolucionario mexicano, 72, 77, 79, 116, 142 Villaurrutia, Xavier: poeta, escritor y guionista de cine, 142–194 Volcker, Paul: presidente de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, 179

W

Weber, Juan: empresario alemán radicado en Monterrey, 55, 57 Westendarp, Oscar: empresario de origen alemán asentado en Monterrey, 59 Wilson, Henry Lane: Embajador de los Estados Unidos en México (1909-1913), 115 Wilson, Woodrow: presidente de los Estados Unidos de América, (1913-1921), 115

Y

Yturbe, José: empresario de la cerveza, de origen español asentado en Monterrey, 57

Z

Zambrano, Gregorio: eminente comerciante y empresario de Monterrey, fundador de una dinastía de empresarios, 55 Zapata, Emiliano: caudillo de la revolución mexicana en el estado de Morelos, 116 Zárraga, Ángel: pintor mexicano, 134 Zavala, Lorenzo de: ideólogo mexicano durante los inicios del México Independiente, 39

197


Presentación

f

Otras obras del CEH/UDEM

Empresarios alemanes en México. El caso de Otto Degetau (1842-1915)

Independencia y Revolución en el Norte de México

Pablo Degetau Sada

Óscar Flores Benjamín Galindo

ISBN: 978-970-95040-6-4

ISBN: 978-970-95040-7-1

Monterrey en la Revolución 1909-1923

Nuevo León durante la guerra México-Estados Unidos 1846-1848

Óscar Flores

Eduardo Cázares Puente

ISBN: 978-970-95040-5-7

ISBN: 978-970-95040-2-6

199


Pereza, Revolución y desarrollo empresarial en México. Siglos XIX y XX, de Óscar Flores Torres, se terminó de imprimir en el mes de septiembre de 2011 en los talleres de Diseño3 y/o León García Dávila, Valle de San Juan del Río No. 10, Col. Vista del Valle, Naucalpan, Estado de México. Se tiraron 1,000 ejemplares en papel cultural de 75 gms. Se utilizó tipografía Myriad Pro Light 11 en 13 puntos. Supervisión de la edición: Óscar Flores. Diseño de portada e interiores: Diseño3 / León García Dávila, Yvette Bautista Olivares.


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3. PEREZA Y REVOLUCION COMPLETO