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Historia de

Hernรกn Bustos Valdivia Municipalidad de Isla de Maipo


Hernán Bustos Valdivia

Historia de Isla de Maipo Hernán Bustos Valdivia Municipalidad de Isla de Maipo Derechos Reservados Registro N° 235693 Dirección de Arte y Diagramación: Alexis Urbina Jefe de RR.PP. Municipal: Jennifer Peña Impreso en: axesografico Impreso en Chile - Printed in Chile

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INDICE Prólogo CAPÍTULO 1: LAS ISLAS DEL MAIPO Y EL COLONIZADOR JUAN LÓPEZ DE CÓRDOVA Las islas del Maipo La tierra prometida de Juan López de Córdova Isla de Maipo en el siglo XVI CAPÍTULO II: LAS TIERRAS GANADERAS DE ISLA DE MAIPO Tierras ganaderas y agrícolas Disputas por los territorios de Isla de Maipo Islita y Gacitúa La hacienda de Naltagua CAPÍTULO III: ISLA DE MAIPO EN EL SIGLO XIX Los campos de Isla de Maipo María Graham y Manuel Rodríguez “Está subdividida en multitud de pequeñas propiedades” Religiosidad isleña Carruajes y caminos agrestes Educación Las grandes inundaciones de 1882 y 1898 CAPÍTULO IV: LA MINERÍA Y LA FUNDICIÓN DE NALTAGUA Las minas de Naltagua y la fundición La Société des mines de cuivre de Naltagua El campamento minero de Naltagua La organización de los trabajadores Municipalidad de Isla de Maipo

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CAPÍTULO V: LA COMUNA DE ISLA DE MAIPO La Municipalidad de Isla de Maipo y sus primeros años Viñas de Isla de Maipo Sociabilidad y distracciones Prensa y medios de comunicación Comercio y servicios Entre los conservadores y el Frente Popular El primer plan urbanizador La educación: escuelas, liceos y un niño llamado Víctor Alcaldes y avances comunales Literatos e inspiraciones artísticas Deportes Bomberos Avances urbanos en los ‘60 Inundación y sequía La Reforma Agraria en los campos isleños Unidades vecinales Días tristes en Isla de Maipo Administraciones municipales durante el régimen militar Isla de Maipo en los últimos años

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Prólogo

Me siento afortunado al tener la oportunidad de entregar, bajo esta gestión municipal, la historia de nuestra comuna a las actuales y futuras generaciones a través de este recorrido que el historiador y periodista Hernan Bustos relata con excelencia y exactitud. Cada rincón de nuestro origen se ha investigado y vertido en estas páginas, pasando por las grandes anécdotas y personajes ilustres hasta nuestras luces y sombras. Cada evento que ha permitido la creación y desarrollo de nuestra comuna ha sido incorporado como un material de gran valor histórico e intelectual para todas y todos quienes amamos esta hermosa tierra, el que es avalado con la trayectoria y el respaldo profesional del autor, lo que a través de sus citas y fuentes de consulta se pueden comprobar. Solo me resta señalar que este material histórico es un esfuerzo municipal permanente por rescatar y potenciar nuestra identidad y tradiciones, y una obligación generacional por rescatar nuestra historia y proyectarla a las futuras generaciones de isleños e isleñas que podrán entender por qué Isla de Maipo es un pueblo único que hay que cuidar. Carlos Adasme Godoy Alcalde de Isla de Maipo Isla de Maipo, diciembre de 2013

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A mitad de mi segundo período como alcalde –cuando habíamos cimentado muchas obras para la comuna y estaban otras tantas por concretarse-, hice una reflexión respecto de cómo dejar un legado a las nuevas generaciones que hiciera reconocimiento a la gente que ha ido formando lo que es hoy Isla de Maipo. Y concluí que si bien existía un anecdotario histórico realizado por un enamorado de nuestra comuna como fue Guillermo Inostroza; no se contaba con un texto más acabado, con mayor rigurosidad de investigación histórica y le encargué dicha tarea a Hernán Bustos, otro enamorado de las comunas de las provincias de Talagante y Melipilla y dado a rescatar la historia de sus lugares y gentes. He leído el texto final y creo que no me equivoqué en mi reflexión. “Historia de Isla de Maipo”, es una completa obra que recoge el devenir isleño incluso desde antes de su origen hasta nuestros días. Ha logrado recoger testimonios, documentos históricos públicos y privados y compilar una serie de fotografías que –reunido todo en un libro- nos permite una visión global de quiénes somos y de dónde provenimos, y así proyectarnos al futuro. Al repasar las páginas de este libro, me siento cada vez más orgulloso de ser un isleño y haber aportado como muchos otros al desarrollo de esta tierra y su gente. David Morales Nordetti Ex alcalde de Isla de Maipo (2004-2012) Isla de Maipo, diciembre de 2013

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Recorrer parte de la obra escrita por Hernán Bustos me ha hecho recordar el pasado reciente de hace unas pocas décadas, cuando nuestro país aún se adaptaba a los cambios políticos y sociales, y de lo cual nuestra comuna no era ajena y vivía de su forma particular. Un pasado reciente del cual fuimos también parte y aportamos como autoridad en su momento. Una comunidad como la nuestra no puede vivir su presente y proyectarse al futuro si no conoce, valora y rescata su pasado. Creo que éste es el mayor mérito de esta Historia de Isla de Maipo, que hurga en los antecedentes que existen incluso antes del nacimiento mismo de la comuna. La mezcla de argumentos y documentos históricos junto a la investigación en terreno de muchos aspectos desconocidos de la comuna y su gente; el develar mitos que había respecto de algunos antecedentes, además de una lectura amena, hacen de esta obra un logro que espero que todos los isleños conozcan y valoren. Debo destacar, además, a Hernán Bustos Valdivia, por su perseverancia e ímpetu por indagar en la historia de los pequeños pueblos de nuestra zona. .

Francisco Puga Ex alcalde de Isla de Maipo (1996-2004) Isla de Maipo, diciembre de 2013

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“Historia de Isla de Maipo”, del periodista Hernán Bustos Valdivia, es un extraordinario aporte de conocimientos desde la génesis hasta nuestros días de este hermoso pueblo rural, hoy convertido en una de las más bellas comunas de la provincia. En sus páginas se narran costumbres y tradiciones, credos religiosos y festividades, como asimismo los cambios geográficos de la naturaleza y los aportes que hicieron los forjadores de este pueblo que han legado a las nuevas generaciones y que es un faro-guía para seguir construyendo valores, Costumbres e identidad propia. Un homenaje y recuerdos a todas las autoridades que han pasado por esta comuna, especialmente a sus alcaldes y regidores –hoy concejales-, cuyo aporte ha permitido que Isla de Maipo destaque en el sitial que hoy tiene. Hoy conviven dos vertientes: los que forjaron las costumbres y tradiciones cuyo sello es la ruralidad, y los que han llegado desde la gran ciudad con una mentalidad de modernismo y globalización. Hagamos de esta convivencia algo armónico, protegiendo, manteniendo y consolidando nuestra propia identidad, nacida de las raíces mismas de nuestros antepasados. “Historia de Isla de Maipo”, un libro de Hernán Bustos Valdivia que nos hace meditar sobre el pasado, presente y futuro que dejaremos a nuestros nietos. La cuna que vio nacer a nuestro actual alcalde es precisamente… Isla de Maipo.

Juan Grundstrong Baltra Ex alcalde de Isla de Maipo, (enero 1995 a marzo 1996) Isla de Maipo, diciembre de 2013

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Aquilatar en una obra el devenir de un pueblo más que centenario como Isla de Maipo es una tarea encomiable. Hay otros esfuerzos realizados por autores pretéritos de nuestra comuna que nos han permitido a lo largo de los años mantener en nuestra memoria lo que hemos sido como comunidad y cómo nos hemos desarrollado en el tiempo. Tener una nueva mirada sobre nuestro pasado, recogiendo y validando antecedentes que quizás no se conocieron antes es valedero. Pero lo es aún más el contenido mismo que da cuerpo a esta obra y que es su gente: los isleños. Ver cómo a lo largo de décadas y décadas cada uno de quienes hemos pasado por esta maravillosa tierra hemos puesto nuestro esfuerzo y tesón para desarrollarla, enorgullece el espíritu. Porque todos –desde la posición que nos ha tocado asumir- hemos puesto nuestro mejor empeño por entregar lo mejor de sí. Y el mejor ejemplo de esto es de quienes sentaron las bases de este pueblo, ejemplo que se ha ido transmitiendo por generaciones para lograr lo que hoy somos como comunidad. Felicito la iniciativa y es de esperar que sea un incentivo para contar a futuro con más acciones en éste y otro tópico cultural que nos permita seguir atesorando nuestro pasado.

Carlos Seemann Santos Ex alcalde de Isla de Maipo, (enero 1989 a marzo 1995) Isla de Maipo, diciembre de 2013

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Introducción Hace un par de años, recorriendo las cercanías de la Plaza de Isla de Maipo, el ingeniero forestal Patricio Fuenzalida me solicitó que le tomara una fotografía, en la esquina de Santelices y Cortés. Luego me preguntó si me quería retratar. Accedí. Después de capturar la imagen, me indica un letrero metálico de color café y con letras blancas situado a mis espaldas. No había reparado en él, porque siempre pasé por allí a bordo de algún vehículo. Había leído varios de esos letreros en otros puntos con citas del investigador local Guillermo Inostroza, pero no me había detenido a leer aquel ubicado en el centro de la ciudad. Cuando por fin pude leerlo, recordé un párrafo que me parecía conocido. Era un extracto de uno de mis libros, que publiqué en 2006, en que describo las calles laberínticas de Isla de Maipo. Al final de esta cita, en letras pequeñas, está rubricado mi nombre. Me emocioné y traté ocultar el inmenso orgullo que sentía. Agradecí en silencio que el municipio local me distinguiera en un lugar tan principal tomando un párrafo de mis libros, habiendo tantos y tantas que podrían haberlo hecho de una manera más bella. En aquel momento comprendí lo valioso que puede resultar la labor de los investigadores al rescatar la historia de un pueblo. En ese instante encontré, por fin, sentido a una tarea que me auto impuse hace treinta años: retratar la historia de los pueblos de las provincias de Melipilla y Talagante. Sentí mi trabajo valorado, reconocido. Al cabo de este cuarto de siglo, indago de manera más profunda en Isla de Maipo, una tierra de características particulares, una tierra que parece una invitación al descanso, esa tierra de calles laberínticas que me cautivó, esa tierra cuyo destino está indefectiblemente ligado al curso fluvial del río Maipo y de su comportamiento. Esa tierra de rigores, aquella en cuyo grito lastimero vino a sellarse cruelmente el destino de unas familias campesinas que conmovieron al mundo. Municipalidad de Isla de Maipo

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Me embrujó esa tierra, lo mismo que al colonizador Juan López de Córdova, el primero que decidió pelear contra los pantanos, las vegas, los cenagales, para establecerse allí y fundar una larga y prolongada familia, aún hasta nuestros días. Qué maravilla tener que vivir en las islas del Maipo, las que le resultarían muy generosas, porque allí se afincó para siempre, dando comienzo a esta historia, que es la historia de ustedes, los isleños e isleñas de tierra firme.

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El origen de uno y otro, o donde se dividen estos dos brazos, es desde la punta del Serro nombrado Lonquén asi al Sur, y corriendo ambos a dos para el Norte, van a juntarse en la otra punta nombrada Naltagua y en el intermedio de estos dos brazos de Rio se halla situada la predicha Isla…“Dos son meramente las decantadas Yslas. La una es la questionable, y la otra que se forma entre la madre de dicho Rio de Maipo y el cordon de serros de Naltagua asi al Poniente. A esta denominan la grande por contener mucho maior porcion de tierras que la otra”. Desde la punta del serro de Lonquen hasta la Naltagua hay un sanjon y sus islitas medianas”. (Archivo de la Real Audiencia, volumen 1483, fojas 151) Municipalidad de Isla de Maipo

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CAPÍTULO I LAS ISLAS DEL MAIPO Y EL COLONIZADOR JUAN LÓPEZ DE CÓRDOVA Las islas del Maipo

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sla de Maipo se haya indisolublemente ligada al río Maipo, ese afluente poderoso que baja desde la cordillera andina y que determina la suerte de esta zona. De hecho, le da el nombre a la localidad, una especie de archipiélago cruzado por esteros o brazos de río que se desprenden de afloramientos o del propio cauce. La denominación data de fines del siglo XVI o comienzos de siglo siguiente. Afortunadamente, allí el río es un meandro, una curvatura de poca pendiente, que va orillando sinuosamente los cerros, desde la puntilla de Lonquén hasta Naltagua, en que las aguas pasan calmas e indómitas y muy excepcionalmente embravecidas, pero cuando lo hicieron marcaron indefectiblemente el destino social, cultural, económico e histórico del territorio comunal. Se habla de dos y hasta tres brazos que cruzaban el valle isleño, pero las afirmaciones son disímiles. Hay evidencias de viejos habitantes que recuerdan que uno de ellos salía aguas abajo de la puntilla de Lonquén y cruzaba por la Islita, mientras que un segundo brazo seguía el curso de lo que hoy es el camino Balmaceda a la altura de la Viña Santa Ema y que conduce al pueblo de Isla de Maipo, por el costado del cementerio. Y también estaban los esteros con curiosos nombres de fauna: Ahoga Gatos, hoy conocido como El Gato, desde Lonquén a Gacitúa, y Chancho, en el sector de Las Mercedes y la Villita. El cruce de estos cauces por el territorio suponen efectivamente un archipiélago, qué duda cabe. Viejas descripciones retratan así a Isla de Maipo: “La situación de el terreno se halla ubicada entre dos brazos de Rio; el uno que cahe al Oriente nombrado el estero de Ahoga Gatos qe en el lindero divisorio de la Hazienda qe fue de la predicha Luna, y oi de don Manuel Tagle; y el otro qe se halla a la parte opuesta asi al Poniente, que es la Me. gral de el Rio de Maypo”.1 El declive del terreno hace que los cursos fluviales partan en Lonquén y vayan hasta Naltagua, brindando un maravilloso espectáculo que se podía observar desde los cerros y lomajes en aquellas entonces silenciosas latitudes. 1 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 189 Municipalidad de Isla de Maipo

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“El origen de uno y otro, o donde se dividen estos dos brazos, es desde la punta del Serro nombrado Lonquén asi al Sur, y corriendo ambos a dos para el Norte, van a juntarse en la otra punta nombrada Naltagua y en el intermedio de estos dos brazos de Rio se halla situada la predicha Isla, y ubicados los lugares que denominan Guindos, Cardos, Sauces, Higueras..., cuya denominaciones son originadas de los referidos Arboles o Plantas que hay en cada parte de aquel terreno, sin que estos le distingan mas que en los nombres que a cada situacion les ha querido dar, por ser todo aquel paño uno mismo y estar vinculado por uno y otro lado de el río de Maipo”.2 En el siglo XVII se reconocía al menos dos islas y algunas islas medianas: “Dos son meramente las decantadas Yslas. La una es la questionable, y la otra que se forma entre la madre de dicho Rio de Maipo y el cordon de serros de Naltagua asi al Poniente. A esta denominan la grande por contener mucho maior porcion de tierras que la otra”. “Desde la punta del serro de Lonquen hasta la Naltagua hay un sanjon y sus islitas medianas”.3 Otra descripción, que discrepa en parte de la anterior, señala que “las Yslas son muy diversas, distintas en situación y nombres”4 Un viaje imaginario me hace pensar que el paisaje original de esta tierra, hoy profundamente transformado, se asemeja a esas tierras del sur caracterizadas por los cursos de aguas cristalinas y azules. Estos determinan los primeros asentamientos humanos durante la Conquista y la Colonia, o por lo menos algunas localidades como Isla de Maipo, situada en lo que se conocería como la isla más grande; Islita, separada de la anterior por un brazo de río, y Lonquén, un asiento de altísima relevancia situado en las cercanías del estratégico vado del Maipo, un punto bajo que permitía el cruce de cabalgaduras por el río. En la cita anterior hemos consignado que en el siglo XVIII las tierras al interior de Isla de Maipo tenían denominaciones particulares como La Higuera, Los Guindos, Cardos y Sauces”. Guindos y Sauces eran algunas pequeñas islas que estaban divididas por un estero o riachuelos. Los sauces deben haber sido de gran abundancia, toda vez que crecen generosos junto a cursos de agua. 2 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 189 3 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 151 4 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 191

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Fueron Lonquén, Naltagua y la Isla Grande, localidad esta última donde eligió radicarse Juan López de Córdova, los primeros asientos humanos tras la Conquista. Los dos primeros probablemente ya estaban poblados en tiempos prehispánicos. Le seguirían posteriormente el sector Islita y Gacitúa, cuyos orígenes explicamos más adelante. Localidad más reciente son El Rosario, en la ribera sur del Maipo, que antes era parte de Naltagua, y que tomó importancia cuando aquellos terrenos se transformaron en productivos, y la Villita, que data del siglo XIX. Hacia el sur de Isla de Maipo, casi al llegar al cauce del río Maipo, crecía una impenetrable vegetación de arbustos y árboles, por cuya razón se le empezó a conocer, desde el siglo XVII o XVIII como El Monte, denominación que hoy mantiene con el agregado de las Mercedes. Fue este el último punto de la zona en ser poblado, en la medida que se ganó terreno a las inundaciones del Maipo, que se pudo drenar los terrenos y despejar la tupida vegetación del lugar. Más reciente es Puntilla de Lonquén, originado en un campamento para trabajadores que laboraban en la construcción del ferrocarril de Paine a Talagante en los comienzos del siglo XX. Las islas del Maipo existieron hasta 1942. Ramón de la Cruz Contreras Fernández, un anciano nacido en 1935 y criado en Islita, lo recuerda con nitidez. Dice que aún existían dos brazos de río cuando él tenía 7 años. Uno, por el Álamo Huacho, y otro que cruzaba el caserío donde se crió. El de Álamo Huacho bajaba desde Puntilla de Lonquén para ir a vaciarse nuevamente al río madre a la altura de Naltagua. Era de unos seis metros de ancho y era profundo, había que vadearlo a caballo. Ramón iba a la escuela a Isla de Maipo y su padre tenía la misión de pasarlo de una ribera a otra en las ancas de su cabalgadura. El otro brazo salía a la altura de Caperana. Era menor y no ofrecía dificultad alguna para cruzarlo en la mayor parte del año. Su anchura era de unos dos metros. Pero había años en que el invierno no tenía contemplaciones. Cuando la caja madre no daba abasto, decidía desaguar por esos brazos. También ocurría en verano, con los deshielos.

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La tierra prometida de Juan López de Córdova “Muerto Juan López de Córdova, antiguo dueño de la Isla de Maipo, quedaron sus hijos legítimos poseyendo esta hacienda en tan sana paz que no creyeron necesario repartirla entre sí”. (Real Audiencia, volumen 1483, fojas 121v.)

Siglo XVII. Desde la alta cumbre del cerro Lonquén un español otea el horizonte. Su vista se dirige hacia el sur con el afán de atrapar la majestuosa imagen de un valle en que sobresale el verde de la vegetación inundada por los embates turquesa del río Maipo, sus brazos y los afloramientos que asoman por doquier. Se trata de Juan López de Córdova. Ha venido en busca de la tierra prometida, una extensión que no es tan ambicionada como las de otros valles, pues está plagada de vegas, pantanos y cenagales que hacen difícil la tarea de todo colonizador. Esa tierra sería llamada más adelante Isla de Maipo. Pero a López de Córdova aquello no lo desanima, mas, esa extensión le tendrá que brindar prestigio y lo hará rico, piensa, mientras levanta la mirada para girar luego siguiendo las cumbres de los cerros y bajándola se posa otra vez en las prístinas aguas del río. Su vista también recorre el entorno. Observa que tres puntas de cerros forman un triángulo: la punta del cerro Lonquén, la punta más alta del cordón de Naltagua y la del cerro Sombrero de Talagante, que conduce hacia el Camino de Carretas que va de Santiago a la mar. Sus vecinos de las tierras de Talagante son los continuadores de los mitimaes enviados por el Inca. Poco se sabe de este colonizador. Los documentos coloniales no arrojan muchos datos de él, pero está claro que es el primero que se decide a asentarse en forma definitiva en aquellas tierras que otros habían considerado inservibles. A esas alturas los relatos de los conquistadores que venían en busca del oro se habían desvanecido y los españoles ya se habían volcado a la ganadería, mismo propósito que habría de seguir López de Córdova para subsistir. Cruzando el estero Ahoga Gatos, hoy conocido sólo como El Gato, y luego un brazo del río, Juan López de Córdova se instala en lo que más tarde sería Isla de Maipo. Allí se asentaría y echaría raíces y él sería el tronco de las familias que poblarían el lugar hasta el presente.

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En esas inmensidades silenciosas, sólo interrumpidas por el bello canto a mil sinfonías de las aves, decide levantar los primeros ranchos, planta frutales, cultiva sementeras y empieza a introducir ganado, para que paste libremente, sin más fronteras que el horizonte y los impedimentos del río y sus afloramientos. Parte de los animales los iba a vender a Santiago, arreándolo por el camino hacia Lonquén y Calera de Tango, al paso cansino de su cabalgadura. Con él llegó María Isabel Salamanca, su esposa, y juntos engendraron varios hijos, que luego multiplicarían la descendencia por los próximos dos siglos en que los López fueron amos y señores de las islas del Maipo. En realidad, hasta bien avanzado el siglo XIX todos los habitantes de Isla de Maipo entroncaban con aquel colonizador. López de Córdova fue un auténtico colonizador, como aquellos que se introdujeron hasta el siglo XIX e incluso en el siglo XX en las inhóspitas tierras del sur de Chile. Me atrevería a señalar que el paisaje isleño del siglo XVI y XVII era muy similar al del sur, con arroyos, riachuelos, empastadas, pantanos, cenagales, toda una combinación romántica para un aventurero, aunque prácticamente indómita. También se dedicó a labrar la tierra. No era una vida fácil. Era más bien un estanciero pobre que apenas podía proveerse de lo justo y necesario para la subsistencia. Ordeñaba vacas y obtenía leche, mataba algún animal y tenía carne para el momento y charqui para los inviernos; con la grasa se surtía de sebo para las velas y alumbrar la morada en las noches más profundas. Los árboles le proporcionaban sus frutos y los disecaba para el invierno. Tenía higos secos y del trigo obtenía harina tostada. Cuán útil eran las pencas silvestres que comenzaban a germinar tras las primeras lluvias, que se asomaban, por aquellos años, en los primeros días de abril. Así, López de Córdova pudo ganar la batalla a un terreno generoso, de belleza pletórica, pero no por ello menos inhóspito. Después de toda una vida en aquellos menesteres, el colonizador exhalaba su último suspiro en sus tierras de Isla de Maipo alrededor de 1680. Era nonagenario, tiempo más que suficiente para dejar en claro que la Isla de Maipo eran tierras de los López. Cuando murió el pionero, sus descendientes quedaron a cargo de las tierras. La convivencia de éstos, hijos, nietos y bisnietos, fue pacífica por muchos años tras su partida: “Muerto Juan López de Córdova, antiguo dueño de la Isla de Maipo, quedaron sus hijos legítimos poseyendo esta hacienda en tan sana paz que no creyeron necesario repartirla entre sí”5, se afirma en 1783. 5 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 121v. Municipalidad de Isla de Maipo

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La muerte de Juan L贸pez de C贸rdova no trajo inconvenientes ni disputas entre sus parientes sobrevivientes y la calma rein贸 en el lugar. Sus familiares se establecieron en distintos puntos o distintas islas y acrecentaron el doblamiento de diversos rincones.

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Isla de Maipo en el siglo XVI “…y desde allí su merced les dio por derecera al río de Maipo, que por ser esta tierra muy fragoso y de ciénega y carrizales desde el molle hasta el río…y desde el dicho río van corriendo dichas tierras el río arriba, desde la toma del dicho Ginés de Toro, desde donde vuelven las dichas tierras por el cerro de Lonquén…” (Ginés de Lillo, Mensuras, tomo II, página 344)

La zona que hoy conocemos como Isla de Maipo está íntimamente relacionada con la denominación Lonquén, el nombre indígena de estas tierras, cuya significación sugiere alguna derivación de lonco, es decir cabeza, estar en lo alto. En descripciones de las posesiones entregadas en el siglo XVI por la autoridad colonial, no aparecen menciones a Isla de Maipo, pero si a la ribera del Maipo yendo del valle de Tango al valle de Lonquén. Mientras más se aproximaran al río, más fangosas se presentaban las tierras, lo que hace presumir una difícil ocupación de las mismas y no había, al menos en los comienzos de la Conquista, interés por hacerse de ellas. En efecto, los territorios eran pantanos donde crecía el maicillo, una especie gramínea que los conquistadores asimilaron al carrizo, planta originaria de España, que era utilizada para hacer techos. Aunque es difícil precisar con exactitud la localización de las propiedades coloniales, los títulos entregan datos ilustrativos al referirse a las características del lugar. Así se desprende del título que el gobernador Alonso de Sotomayor otorga a Luis de Góngora el 3 de diciembre de 1585. “Por cuanto por parte de Luis de Góngora, se me ha fecho relación diciendo que para se sustentar tiene necesidad de cien cuadras para chácaras y sementeras, en términos de la ciudad de Santiago, las cuales dichas tierras se llaman Lonquén, que son siete leguas de la dicha ciudad poco más o menos, que alindan con las chácaras y tierras de Nicolás de Quiroga, y por otra parte el río de Maipo, y con tierras de indios de Talagante, y un cerro alto que pasa por el propio Maipo…”6 6 Ginés de Lillo, Mensuras, tomo II, páginas 336-337 Municipalidad de Isla de Maipo

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Catorce años después, el 19 de enero de 1599, el gobernador Pedro Vizcarra otorgó y confirmó estas cien cuadras de tierra al escribano del Cabildo de Santiago, Ginés de Toro Mazote, a quien le habían sido donadas por Luis de Góngora en 1588.7 El mencionado Toro Mazote se transformó en el gran propietario de la zona, quien de acuerdo a escrituras de la época, llegó a tener a la impresionante cantidad de mil cuadras de tierra en los valles de Talagante, Tango y Lonquén, algunas de las cuales compró y otras recibió en donación, entre otros de Ginés de Navarrete, Góngora y Alonso Díspero, Ginés de Lillo, el juez agrimensor de Tierras nombrado por el Cabildo de Santiago, confirmó las tierras a Ginés de Toro Mazote en 1602: “…y desde allí su merced les dio por derecera al río de Maipo, que por ser esta tierra muy fragoso y de ciénega y carrizales desde el molle hasta el río…y desde el dicho río van corriendo dichas tierras el río arriba, desde la toma del dicho Ginés de Toro, desde donde vuelven las dichas tierras por el cerro de Lonquén…”8 . Sin embargo, Ginés de Toro pudo haber encontrado inútiles aquellas tierras, dejándolas de lado. Es allí donde aparece López de Córdova, quien realmente logra sacarles provecho e iniciar el asentamiento humano definitivo post Conquista.

7 Gines de Lillo, Mensuras, tomo II, página 337 8 Ginés de Lillo, Mensuras, tomo II, página 344.

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Descripci贸n del territorio de Isla de Maipo alrededor de 1774, contenido en el volumen 1483, fojas 126 vuelta, del Archivo de la Real Audiencia. Fuente: Archivo Nacional de Santiago.

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Extracto de una disputa de las tierras de Isla de Maipo, entre Santiago López y el matrimonio de Pascual Pacheco y Francisca Pérez, que habitaron el sector conocido hoy como Islita, siglo XVII, volumen 1483 de la Real Audiencia, fojas 123.

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Plano de Naltagua de mediados del siglo XVIII, tierras que en ese entonces pertenecían a Ignacio de la Carrera, quien mantenía una disputa por el uso de las aguas de una acequia que también reclamaba Manuel García, poseedor de una fundición en el lugar. Fuente: Archivo Nacional de Santiago.

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Plano de las tierras de Isla de Maipo que data de 1870. Se aprecia la división de las grandes propiedades de la zona, así como un brazo de río que pasaba al norte del pueblo de Isla de Maipo, cuya población está graficada con un cuadrado rojo. Las actuales tierras de Islita estaban en manos de Bravo y Fajardo. Gacitúa era propiedad de Portales. Fuente: Archivo Nacional de Santiago.

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CAPÍTULO II LAS TIERRAS GANADERAS DE ISLA DE MAIPO Tierras ganaderas y agrícolas

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s cierto que el Maipo no tenía contemplación cuando, merced a un invierno lluvioso, merced a un verano caluroso y deshielos violentos, irrumpía sobre el valle de la Isla, pero al retirarse las empastadas crecían abundantes e interminables, dejando valiosos nutrientes para que la hierba se asomara con fuerza. Vaya bendición, porque en otras tierras, especialmente aquellas situadas más a la costa, el alimento escaseaba. Por ello es que se hizo costumbre que el ganado de esas zonas fuera llevado en los meses yermos a pastar a Isla de Maipo, lo que se conoció como veranadas. Desde Melipilla, Puangue, San Pedro y otros lugares cercanos al litoral central venían las recuas de ganado, en cansino paso, para sobrevivir en el tiempo estival. Con los arreos venían sus dueños, que en sus momentáneas estadías en el lugar conocían a las mujeres de Isla de Maipo, las descendientes de Juan López de Córdova, y daban vida a matrimonios. También era al revés, porque más de algún isleño se trajo a una melipillana o sanpredrina. Hay varias familias de Isla de Maipo que se originan en esta relación. Prueba de ello es que el bisabuelo del ex-alcalde, David Morales, Abelardo Morales Soto, vino desde San Pedro con su esposa Bernardina Madariaga en las labores ganaderas. De allí nació José del Tránsito Morales, su abuelo, quien casó con la isleña Olga López González. Cuando el ganado no llegaba, había que salir a buscarlo. Santiago López, nieto de Juan López de Córdova era en el siglo XVIII propagador de la fama de buenos pastos de las tierras isleñas y partía a la costa a buscar los animales y arrendaba el derecho a talaje. Aliado de Santiago López fue Juan de Dios Gacitúa, abogado de la Real Audiencia, quien lo socorrió en una disputa judicial contra las dueñas de Lonquén, lo proveyó de alimentos como azúcar y yerba y le prestó dinero para traer ganado ovino desde aquellos lugares. Santiago López fue en gran medida el continuador del asentamiento de Juan López de Córdova en la isla grande, pues introdujo en Municipalidad de Isla de Maipo

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los terrenos de Isla de Maipo más de 1.500 cabezas de ganado. Paralelamente, aunque para efectos de subsistencia, producía en aquéllas trigo, frijoles y árboles frutales. Santiago falleció en 1788, cerca de los 90 años de edad. Antes habitaba de continuo con su mujer y familia la isla conocida como la Grande en que “…tenía diversos plantíos y hacia crecidas sementeras…”. Además, dejó animales cabalgares y varios bienes materiales.9 Contribuyó al paulatino crecimiento de la población colonial de Isla de Maipo, la presencia de arrendatarios. En el lapso de nueve años en que Santiago López gozó de las tierras de Isla de Maipo, luego de haber ganado un juicio contra los propietarios de Lonquén, introdujo como alquiladores a Juan Felipe Pérez, Ventura Gómez, Fernando Palma, José Benítez, Esteban Montano, José Morán, Juan José Astudillo, Lorenzo Cabrera, José Canales, Juan Morán, Feria Anríquez y Manuel Pérez. También era arrendatario de Pérez el diputado Pedro del Castillo, quien ocupaba buena parte de la Isla alimentando los vacunos y cabalgares. Los arriendos se prolongan en el tiempo y los arrendatarios de tierras se van estableciendo, ya sea por la adquisición definitiva de la propiedad o por la costumbre, fundando así las familias que junto con los López darán vida a Isla de Maipo, entre las cuales asoman con nitidez los Palma y los Pérez. El pago de los productores costinos a Santiago López por el talaje a los animales se hacía en especies. “…los que tienen el nombre de arrendatarios de los que siendo algunas mugeres, le pagan por razón de la pobresa en que viven, un par de calsetas o medias de lana en cada un año. Los demas si dan alguna cosa, es en legumbres o en alguna cantidad muy corta de dinero”. Por su parte, en el sector de la Islita, Francisca Pérez, casada con Pascual Pacheco, descendiente de Juan López de Córdova, había introducido ganado, principalmente vacuno, que pastaba libremente por las verdes llanuras de Isla de Maipo, a tal punto que este, ante la ausencia de corrales para confinarlo por las noches, o de pastoreo durante el día, arrasaba con los sembrados, lo que obligó a la Real Audiencia a decretar con fecha 22 de octubre de 1783 que, Francisca Pérez “sugete y recoja sus ganados pastoriandolos de dia y encorrandolos de noche”.10 En 1786, Pérez poseía más de 200 animales propios o arrendados en talaje. 9 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 222v. 10 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 140

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Entre los arrendatarios de pastos que hasta allí llegaron estuvo el padre de la propia Francisca Pérez, quien al formar familia con Pacheco, tataranieto del colonizador, se convertiría en poderosa propietaria del lugar. Disputas en los territorios de Isla de Maipo Alrededor de 1760, luego de prácticamente dos siglos en que las tierras estuvieron en poder de los López, una descendiente de Ginés de Toro Mazote, Antonia Soloaga, reclamaba derechos sobre aquellas viejas primeras mercedes de tierra e inició juicio contra los herederos del colonizador, tomando férrea defensa de estos Santiago López, que ocupaba la parte grande de la Isla de Maipo. Soloaga solicitó que se declarase por límite divisorio de su hacienda la caja antigua del río Maipo en cuya posesión habían estado sus antecesores por inmemorial tiempo, aludiendo a que toda aquella zona hoy conocida como Isla de Maipo antes se nombró Lonquén. Llama la atención la denominación de caja antigua, que podría sugerir que el Maipo pasara por un trecho distinto al actual o quizás se refiere a un brazo seco del río, que pudo haber sido el que pasa por los terrenos donde hoy se ubica la viña Santa Ema. Soloaga pedía que se declarara por lindero de Lonquén hasta el río Maipo, lo que incluía las tierras de la Isla, antaño despreciadas por su ancestro, pero ahora con fama de buenos terrenos para el talaje de los animales. La defensa de Santiago López la asumió el abogado Juan de Dios Gacitúa. Como pago por aquella fructífera labor, López le donó la parte conocida como Higueras, Cardos y Guindos. De esta donación nació la localidad de Gacitúa, como consignaremos más adelante. Sorteado el pleito por tierras contra Antonia Soloaga, la propietaria de Lonquén, como pletórico vencedor, Santiago López se sintió único y legítimo dueño de Isla de Maipo, lo que le trajo problemas con el resto de los familiares desperdigados por el territorio. A Santiago López, ya octogenario, le entró la ambición por ser el poseedor de todas las tierras de Isla de Maipo, incluyendo la isla grande entre el estero Ahoga Gatos y el río Maipo, excepto la porción que donó a Gacitúa, y los terrenos que en el presente son conocidos Municipalidad de Isla de Maipo

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como Islita, por aquellos años una fracción denominada Sauces. Cuando Santiago López, que fue hijo de Cristián López y nieto de Juan López de Córdova, quiso apropiarse de todas las tierras, sembró la semilla de la discordia, provocando el malestar de los restantes dueños en comunión, quienes elevaron el reclamo por sus derechos a los tribunales coloniales de justicia. Santiago López argumentaba su derecho a ser único dueño de las tierras isleñas luego de haber pleiteado, desde 1760, y durante 16 años, con la dueña de Lonquén, Antonia Soloaga, por la posesión de Isla de Maipo, misión en que la que salió airoso, alegando que nunca recibió la ayuda pecuniaria del resto de los que se consideraban coherederos de aquellas tierras, so pretexto de alegar pobreza. No obstante, en el juicio quedó probado que Santiago Gutiérrez le aportó con el caballo llamado “Pachoncito”, que tenía un valor de 30 pesos. El juicio entre Santiago López, por una parte, y Francisca Pérez, Miguel López, Joseph López y Santiago Gutiérrez, por otra, se inició en 1783. Ambas partes alegaban ser descendientes de Juan López de Córdova. Miguel y Joseph López eran nietos del mencionado, mientras que Gutiérrez era bisnieto. En el caso de Pérez, el parentesco se producía, como hemos consignado, a través de su esposo, Pascual Pacheco, tataranieto de Juan López de Córdova. Miguel y Joseph López, además de Gutiérrez, vienen a pasar zozobras toda vez que no pueden vivir sin quietud desde que en 1783 Santiago López “formó el anvisioso proyecto de ser el unico dueño de la Isla…”11, alegaba un abogado ante los tribunales coloniales. Además, eran coherederos de Isla de Maipo Agustín Gudinez, Pascuala, Teresa y José López, hermanos de Santiago López. También tenían intereses en el pleito el citado Pascual Pacheco y su hermano Marcos, que eran hijos naturales de Teresa López. Pascual Pacheco y Francisca Pérez habitaban la parte que hoy se conoce como Islita, en aquellos tiempos conocida como Sauces, un lugar más próximo al camino público por Lonquén que conducía a Santiago. Fue esta mujer la que más enconadamente defendió los derechos de su esposo, haciendo hincapié en que la Isla pertenecía indivisamente por título hereditario a ella y sus coherederos. De hecho, el juicio llevado en los tribunales coloniales fue caratulado como “Autos que sigue Francisca Pérez con Santiago López sobre despojo y derecho a unas tierras llamadas Isla de Maipo”. 11 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 123

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El juicio dio finalmente la razón a Francisca Pérez, Miguel López y Santiago Gutiérrez, con fecha 18 de agosto de 1787. Hemos de suponer que tras ello se efectuó la partición de tierras, donde también se respetó la porción que habría de corresponderle a Santiago López, quien pedía para si la isla grande, aduciendo que en la isla mayor… “No hai división de isletas, que de contrario se suponen por componerse toda ella de un plano y lonja de tierra que por su intermedio no le atraviesa brazo alguno de río, si solo un sanjoncillo que le dan la denominación de estero.”12 Aquellas tierras no muy codiciadas en los primeros tiempos de la Colonia, merced al trabajo laborioso de quienes las fueron poblando, adquirieron mayor valía unos 200 años después. Se calculaba que Isla de Maipo tenía un valor de tres mil pesos en 178313, un precio similar al de otras del entorno en aquella época. Islita y Gacitúa El juicio que indispuso a los descendientes de Juan López de Córdova permite sostener que el matrimonio de Pascual Pacheco y Francisca Pérez es el fundador de lo que hoy se conoce como pueblo de Islita. El lugar, como ya lo hemos consignado, se llamó primeramente Sauces y era un potrero más, siendo separados de la Isla Grande por aquel brazo de río que al presente no existe. Antes, Islita, como todas las islas de aquel archipiélago en tierra firme, perteneció a Juan López de Córdova y posteriormente llegó a manos de su nieto Santiago López, quien no la habitaba, sino que la entregaba en arrendamiento. Estimamos que se le denominó Islita porque el territorio, situado entre dos brazos de río, era menor que el de la isla grande, aunque es reconocida la idiosincrasia chilena tan dada a empequeñecer para prodigar, de esa forma, ternura a las personas, cosas y lugares. Ya en el siglo XVIII, el 10 de junio 1734, una parte de Islita llegó a manos del capitán Diego Fajardo y su esposa Beatriz de Atienzo. La vía de obtención fue a través de un remate de una fracción de tierras de la estancia de Lonquén, que pertenecían a Vicente Guajardo. La localización de este pedazo de territorio abarca una vasta zona: “Se divide desde la punta a la toma que hace al oriente tirando por la falda del Serro asta una loma larga que baja del Serro Grande de Lonquen y desde la dicha loma tirando al rio de Maipo partiendo la po12 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 126v 13 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 192 Municipalidad de Isla de Maipo

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blación de Da Juana de Espinosa donde se ha poner un lindero y desde la dicha Población tirando a la de Ambrosio Peres vaquero que fue del dicho don Visente en donde hasi mismo se pondrá otro mojon que sirbe de lindero perpetuo y desde esta Poblacion enderezando a la Nicolas Peres Padre del dicho Antonio Peres donde se pondrá otro lindero y desde dicha Poblacion cortando derecho del norte a sur asta topar con el rio de Maipo y desde allí la ribera arriba del dicho rio asta los linderos de las tierras del monasterio de la Virgen Santa Clara yncluyendose en esta venta el potrerillo que llaman del Carrisal…”14 De esta manera, una parte se vincularía a la familia Fajardo, una de las más antiguas en Isla de Maipo y cuyo apellido está presente entre las autoridades fundadoras de la comuna. El matrimonio Fajardo Atienzo, tal como otros grandes propietarios de la Colonia, se dedicó a la crianza de vacas y caballares. Desde el 18 de mayo de 1762 estas tierras dieron origen a un litigio entre Diego Fajardo y Antonia Soloaga, la misma que había litigado por las restantes tierras de Isla de Maipo contra Santiago López, pues esta última, que no se daba por vencida, en su calidad de viuda de Vicente Guajardo, intentaba recobrar la propiedad. Finalmente se impuso la familia Fajardo, cuyos hijos Juan, Joseph, Manuel y Diego, especialmente este último, se mantuvieron en poder de la estancia, dando lugar a una numerosa descendencia. Islita es inicialmente un rancherío que, con el paso del tiempo, y en la medida que el trajín por el camino a Isla de Maipo se hizo más recurrente, fue creciendo hasta el día de hoy, siendo formado principalmente por familias campesinas que laboraban en los fundos de la zona. Así como el asentamiento del matrimonio Pacheco Pérez en el sector de la Islita marcan probablemente el inicio del poblamiento definitivo en el lugar, otro sector antiguo es el de Gacitúa, originado cuando Santiago López dona el 13 de marzo de 1778 una fracción de terrenos a Juan de Dios Gacitúa, abogado de la Real Audiencia, como pago y gratitud por la defensa que éste había hecho de las tierras de Isla de Maipo contra la vecina hacendada de Lonquén. Además, de amparar en la defensa legal a Santiago López, Gacitúa lo apoyaba con víveres y dinero.15

15 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 210-211

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La donación hecha por Santiago López a Gacitúa fue impugnada en 1791 por Francisca Pérez, alegando que esta era nula, toda vez que López, si bien había ganado el juicio contra la propietaria de Lonquén, Antonia Soloaga, era solo uno más de los propietarios que descendían del colonizador. Finalmente, se impuso Gacitúa, quedando como dueño de la fracción de terrenos que le donó el finado Santiago López, según lo falló la Real Audiencia con fecha de junio de 179116. El sector en cuestión era conocido como Isla de Los Guindos, hoy simplemente Gacitúa. La hacienda de Naltagua Desde hace pocas décadas Isla de Maipo y Naltagua comparten un territorio administrativo común, pero pasaron siglos para que ello fuera posible. Incluso las tierras de Naltagua al subdividirse en distintos predios podían pertenecer a jurisdicciones distintas. Así, en algún momento San Antonio de Naltagua dependió de la desparecida comuna de Chocalán y pasó a depender, como distrito 3, a la comuna de El Monte en 193017. Por su parte, San Vicente ya pertenecía a El Monte desde 1912, aunque más adelante pasó a la comuna de Talagante. Sólo una división administrativa posterior logró vincular ese territorio en uno sólo y dejarlo bajo la jurisdicción de Isla de Maipo. Era 1589 cuando se le concedieron mercedes reales de dos leguas de circuito cerrado al capitán Juan de Ahumada, situándolas éstas en los llanos ubicados “de la otra parte del rio Maypo desde los cerrillos de Naltagua hasta el pueblo de Aculeo”, en ese entonces tierras despobladas y eriazas que tenían la virtud de tener muy buen pasto para el ganado. Sucesivamente, durante el siglo XVII las tierras van pasando a manos de Melchor Fernández de la Serna, Juan de Valenzuela, Juan de Morales Negrete y Joseph de Morales, hasta que en 1789 el comisario general Joseph de Perochena adquiere en la suma de 15.000 pesos la estancia con sus ganados mayores y menores. Además, una casa nueva con cerca de 40 varas de tejas y enladrillado. Asimismo, un cerco de ramada de matanza. Posteriormente, alrededor de 1750 las tierras propiedad de José de Perochena fueron adquiridas por Ignacio de la Carrera Ureta, padre de Ignacio de la Carrera y Cuevas y abuelo de los hermanos Carrera, próceres de la patria. Tal como las tierras de Isla de Maipo y otras vecinas, las de 16 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 253 v a 254 17 Boletín de Leyes y Decretos 1930, tomo 1, página 933. Municipalidad de Isla de Maipo

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Naltagua también se orientaron a la ganadería, pero su condición de aislamiento provocada por el río Maipo, hacía más compleja la tarea para sacar el ganado y llevarlo a comercializar a la capital. Las alternativas eran dos: una, vadeando los ríos Maipo y Mapocho hacia San Francisco de El Monte para alcanzar el Camino Real de Carretas; la segunda, remontando los cerros que separan a Naltagua de Aculeo, llevándolo por el sector de Angostura para tomar el camino hacia Santiago. En realidad existía una tercera alternativa, menos recomendable: pasar por las tierras de Isla de Maipo y tomar el camino de Lonquén, pero ésta se descartaba casi completamente con justificada razón por lo pantanoso de los terrenos. Prueba de aquellas dificultades es lo ocurrido con el dueño de la hacienda de Naltagua, Juan de Morales Negrete, que entre 1720 y 1722 encuentra en Francisca de Toro y Erazo, propietaria de la hacienda de San Francisco de El Monte, una tenaz enemiga para que el ganado fuera arreado cruzando esa propiedad hacia el Camino Real, el antiguo camino a Melipilla. En un comienzo no hubo problemas, porque Morales había obtenido gracioso y gratuito permiso de Martín González de la Cruz para efectuar tal rutina, pero muerto éste, su viuda quiso terminar con la servidumbre alegando el daño que le provocaban las manadas a su predio. Aquí entra a tallar Isla de Maipo. Alegaba Francisca de Toro que el tráfico debía hacerse por la isla de los López(Isla de Maipo), por un camino que iba a Lonquén, encontrando como respuesta de Morales que el que se halla por la Isla no es ni puede ser de la dicha estancia (de Naltagua), respecto de tener más de cuatro leguas de rodeo por parajes “más ásperos, montuosos y pantanosos… que por ybierno es imposible trajinar el dicho camino y no puede haver estancia que no tenga sus entradas y salidas por todos tiempos”.18 La respuesta de Francisca de Toro era que aún si el camino de la Isla tenía rodeos y escabrosidades, no estaba obligada a darle servidumbre.19, reafirmando su negativa a que fuera ocupado el trayecto por su hacienda, ese que desde tiempo atrás habían usado los arrieros para arrear el ganado. Entonces, el desafío de Carrera y Ureta fue uno: hacerse de

18 Real Audiencia, volumen 1437, p1, fojas 40 19 Real Audiencia, volumen 1437, p1, fojas 41

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las tierras de Angostura, por la parte sur, evitando que así su ganado tuviera que pasar por tierras ajenas, más aún cuando la relación con otros poderosos terratenientes no era de la mejor. Valiéndose del argumento que Perochena, su vendedor, había ocupado aquel territorio instalando allí ranchos y como alquilador a un indio, Carrera siguió con la costumbre y una vez adquirida la hacienda de Naltagua hizo construir un rancho en Angostura y mantuvo como arrendatario a un natural, permitiendo que éste y otros sacaran leña de los montes, una manera de acrecentar dominio por vía de ocupación. Pero reclamaba derechos sobre aquellas tierras, Francisco Larraín, quien en 1753 lleva el tema a la justicia alegando despojo de las que estaban situadas entre el cerro donde derrama la laguna de Aculeo y el estero de Angostura.20 Finalmente, el gobernador Domingo Ortiz de Rosas le da la razón a Larraín. Desanimado, Carrera se desprende de las tierras de las tierras de Naltagua unos veinte años después. En 1783, Juan Ignacio Alcalde Rivera, II Conde de Quinta Alegre, adquiere la hacienda de Naltagua en 61.058 pesos, cuando esta tenía una extensión de 2.000 cuadras de riego y 5.000 cuadras de cerros. Su padre era Juan Alcalde Gutiérrez, el primer Conde de Quinta Alegre. Desde Cádiz, España, Juan Ignacio Alcalde, casado con Ana María O´Mullony, encargó a su hermano José Antonio que comprara las haciendas de Naltagua y San Juan. Como no tuvo hijos estableció un vínculo entre estas dos haciendas y una quinta en Santiago a favor de su hermano y heredero, quien sumó a su propiedad las haciendas de Chiñihue, El Marco y El Paico, en la zona de Melipilla. En las propiedades criaba ganado y exportaba charqui, cuero y trigo al Perú. Juan Ignacio casó con Rosa Bascuñán y Meneses. El hijo de ambos, Juan Agustín Alcalde Bascuñán, el IV Conde de Quinta Alegre, tuvo un trascendente rol en la organización de la República de Chile tras su proceso independentista. Fue diputado en el primer Congreso Nacional en 1811 y es uno de los firmantes de la Constitución de 1833, que rigió los destinos del país por más de 90 años. Este destacado hombre contrajo matrimonio con María del Carmen Velasco y Oruna. 20 Capitanía General, volumen 56 Municipalidad de Isla de Maipo

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Alcalde orientó la producción de la hacienda de Naltagua a la ganadería mediante la crianza de equinos y vacunos y también a la producción cerealera, con grandes extensiones de trigo. En 1855, al terminarse por ley los vínculos, sus propiedades debieron dividirse y estas pasaron a manos de sus hijos, quedando Naltagua en manos de Arsenio Alcalde Velasco. Fue éste quien diseñó el parque de la famosa propiedad conocida hoy como Huertos de Naltagua. Plantó lúcumos, limones, naranjos y paltos cerca de los cerros, descubriendo que su cercanía con loscerros lo protegería de las heladas. Hoy, las tierras de Naltagua son famosas por sus cítricos y paltos. Al morir Arsenio Alcalde, la propiedad se divide entre sus hijos. Enrique Alcalde Pereira quedó con la propiedad de los Huertos y allí estableció una industria artesanal de manjar blanco, que se elaboraba con cientos de litros de leche. Su hijo, el recordado diputado entre los años 1932 y 1952, Enrique Alcalde Cruchaga, un prestigioso abogado, casado con Elvira Irarrázabal, heredó aquella propiedad que pasó a manos de los hijos del matrimonio.

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CAPÍTULO III ISLA DE MAIPO EN EL SIGLO XIX Los campos de Isla de Maipo

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n los comienzos del siglo XIX, el camino principal que conectaba a Isla de Maipo con Santiago seguía siendo el de Islita, pasando por Lonquén y Calera de Tango. Hacia este camino también confluía otro que iba desde Naltagua y que cruzaba en línea recta toda la hacienda Gacitúa, conectando con el camino principal en Lonquén. No existía como camino público el que al presente conecta en forma más directa con Talagante, toda vez que no había comunicación con el pueblo de indios existente en ese lugar, situación que sólo vino a variar levemente con la fundación de la Villa Santa María de Talagante en 1837. No obstante, debieron pasar muchas décadas, incluso hasta fines de esta centuria, para que un camino en aquella dirección se abriera al público. Hasta bien avanzada la centuria, cuando los isleños u otros viajeros se dirigían hacia la costa en busca del Camino Real de Santiago a Melipilla, lo seguían a través de Lonquén, siguiendo la ruta que María Graham describe en 1822. Entretanto, hacia 1870 Isla de Maipo se había transformado en un centro de población, conformado por familias que laboraban en los predios de la zona y por un tímido desarrollo comercial. El tráfico de sus habitantes y viajeros desde y hacia el pueblo propició el desarrollo del caserío de Islita, a orillas del camino a Lonquén. Allí se levantaron ranchos y probablemente alguna posada para atender a jinetes y caminantes, cansados del trajín por aquellos pedregosos caminos. También, porque los sorprendía la noche y quedaban expuestos al pillaje. A estas alturas, la otrora llamada Isla Grande se había dividido en decenas de pequeños predios. La evolución de la propiedad fue un fenómeno particularmente masivo en Isla de Maipo, según lo reportan los archivos notariales del departamento de La Victoria, algunas de cuyas transacciones citamos más adelante. Ello propició un crecimiento sostenido de la población de la entonces subdelegación. El fraccionamiento se daba en dos puntos de importancia separados por un brazo de río no muy profundo que pasaba al norte del pueblo de Isla de Maipo, que al presente no existe y que está ocupado por viñas. El cauce seguía más o menos el trazado de lo que hoy es Balmaceda, lugar que hasta 1939 aún era conocido bajo el nombre de Cauce Seco. Dependiendo del caudal, el río afloraba reclamando Municipalidad de Isla de Maipo

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su derecho a pasar por ese brazo, pero la mayor parte del tiempo se mantenía calmo. Por allí es donde las aguas embravecidas buscaban salida cuando la caja principal del río no daba abasto, provocando inundaciones considerables en Isla de Maipo, para lo cual la calle Lillo, que parecía una hondonada, se convertía en su vía de conducción natural. Además de haberse mantenido la denominación Cauce Seco, es evidencia anterior de la existencia de aquel brazo un plano hecho en 1870 y que acompañan estas páginas. Más aún, hoy en día se puede observar que las parras que crecen en esos lugares lo hacen sobre pedregales que delatan el curso del afluente. Justamente, remitiéndonos a 1870, ese brazo de río sirve para indicar que al norte se podía apreciar que la otrora hacienda Gacitúa se encontraba ahora dividida en cinco hijuelas, cuyos propietarios eran, de poniente a oriente, Ricardo Portales; Jesús Salinas, viuda de Vitalicio López, y otro propietario de apellido Bravo, cuya hijuela era cruzada por el camino a Lonquén. Del lado sur de aquel viejo brazo de río se encontraban, amén del pueblo, dos grandes propiedades: la de Fajardo y la de Antonio Ovalle. Este último, en 1860 quiso perjudicar al pueblo de Isla Maipo, cuando al hacer los cierres de su propiedad, pretendió ignorar la existencia del camino a Lonquén y echar el trazado por la caja del río, situación que no fue admitida por el subdelegado Manuel Aránguiz y el vecino José María Illanes, propietario de terrenos hacia el sector de La Villita. Cuando la hacienda Gacitúa se dividió en cinco hijuelas se estableció en todas ellas servidumbre de tránsito en todo el camino que las cruzaba de oriente a poniente, permitiendo así la comunicación entre Lonquén y Naltagua. Desde el mencionado camino, en 1870 y años antes existía otro perpendicular que iba en dirección norte-sur en medio de la hijuela de Jesús Salinas viuda de López hacia el pueblo de Isla de Maipo, el que su propietaria consideraba privado, aún cuando por años lo ocupaban otros jinetes, carreteros y viajeros, pese a que desde 1855 su esposo Vitalicio López quería impedir el tráfico. Justamente, al enviudar Salinas, ésta decidió cerrarlo al tránsito público definitivamente, alegando los daños que ocasionaban los viajantes en su propiedad, ante lo cual el vecino dueño de fundo Ricardo Portales decidió promover en 1870 un juicio a la que la propietaria se opuso alegando despojo de camino. Estimamos que esta vía debe haber seguido el curso que actualmente tiene el camino Santa

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Inés que, conectando con Armijo confluye directamente al pueblo y que nace perpendicular desde uno que lo une desde el camino de Lonquén a Isla de Maipo con el camino de Isla de Maipo a Talagante. Portales, a la sazón subdelegado de Isla de Maipo ante el gobernador de La Victoria, perseguía el propósito de tener una comunicación más directa con Isla de Maipo, la que puede interpretarse como una medida de progreso tanto para la población como un beneficio para el propio demandante, que alegaba que sus peones debían dar una vuelta de quince cuadras desde la Isla de Maipo para ir a laborar a su hijuela. El problema se agravó toda vez que Salinas también respondió queriendo cerrar el camino de Lonquén a Naltagua. Finalmente, Portales logró que Salinas quitara cuatro puertas que impedían el tráfico o las mantuviera abiertas para facilitar el tránsito público.21 Los propietarios eran reacios a que se produjera el tránsito por sus predios. Los atemorizaba el hecho que en buena parte del siglo XIX se produjo un intenso bandidaje en la zona central. Los cuatreros se dejaban caer por sorpresa en las haciendas y fundos y luego buscaban refugio por lugares de difícil acceso, constituyendo, para esos efectos, puntos predilectos para el escondite. A veces se responsabilizaba de esta situación a los indígenas de Talagante. Famoso es el caso ocurrido la noche del 15 de octubre de 1804 en que José Miguel Carrera quiere tomar justicia por sus propias manos contra un desesperado indio Estanislao Placencia que fue motivado a robar ganado “por suma necesidad de alimento para sus hijos”. El impetuoso Carrera fue procesado por los tribunales dado que esa noche de furia hirió al indio, le quemó su rancho en Talagante y no contento con ello lo llevó hasta su hacienda de San Miguel de El Monte y lo mantuvo en un cepo. Los bandidos escapaban de la acción policial hacia zonas difíciles, en particular hacia el río Maipo, el que una vez cruzado les permitía refugiarse en los montes de los cerros naltagüinos. A comienzos del siglo XIX se sabía de una organizada banda compuesta por los hermanos Navarro, Juan Chacarero, José Meléndez, Braulio Rojas y dos indios de apellido Chacón.22

21 Los datos referidos al juicio Portales – Salinas se encuentran en el volumen 36 de la Gobernación de La Victoria. 22 Real Audiencia, volumen 2359, fojas 267 y siguientes. Municipalidad de Isla de Maipo

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El fenómeno delictivo se acrecentó tras la declaración de la Independencia de Chile. Producto de los gastos de la guerra contra los españoles, el país se sumió en una profunda pobreza. Debieron pasar muchas décadas para que comenzara a mermar el cuatrerismo. El 14 de noviembre de 1894 como a la una de la madrugada, el vecino de Chocalán Juan Guzmán es víctima de un asalto sorpresivo por parte de dos antisociales. La denuncia señala que…“Los individuos son desconocidos y parece según datos recojidos que vienen de la Isla de Maipo porque ayer pasaron por San Antonio los vio pasar por allí Nataniel Frías como entreescureciéndose que según datos recogidos son los mismos asaltantes”, comunica el comandante de Policía al primer alcalde de la comuna de Chocalán, jurisdicción a la que por entonces pertenecía Naltagua. Pese a que el oficial repartió la búsqueda hacia el cajón de Aculeo y él mismo encabezó la búsqueda por San Antonio de Naltagua y El Rosario, ésta fue infructuosa.23 María Graham, Manuel Rodríguez y su paso por tierras isleñas y naltagüinas Era el día 13 de septiembre de 1822. Un grupo de jinetes encabezado por una decidida mujer inglesa se dirigía desde Viluco en dirección a Lonquén, mientras el espectáculo de las nubes besando los cerros creaba una escena tal que la viajera escribiría en su diario de vida “jamás he visto nada más hermoso”, reparando como éstas flotaban bajo la cima de las montañas, descendiendo casi hasta los valles o se rizaban en las altas cumbres y se dispersaban desvaneciéndose en el aire. Esto todavía es visible en los alrededores de Isla de Maipo, pero hay que tener los ojos y el corazón profundamente observador para apreciarlo. A María Graham le sobraban tales virtudes. La viajera, que se radicó en Chile por algún tiempo, luego de llegar a Valparaíso tras haber enviudado en pleno viaje por los mares, nos regala esta y otras postales al pasar por las barbas mismas de Isla de Maipo. Describe que hubo de vadear el río Maipo a la altura de la puntilla de Lonquén. Para cruzar desde Viluco, los jinetes deben atravesar seis grandes brazos de río en una amplia hoya en que el río mismo parecía muy pequeño. El agua llegaba hasta las cinchas de los caballos, a tal punto que algunos empezaron a perder terreno. Sin embargo, se animaron a atravesar venciendo los rigores de la corriente, 23 Libro copiador de partes Comandancia de Policía de Chocalán, 1894-1911, fojas 301

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que sólo en aquella parte era posible sortear, porque en otros puntos era misión imposible. Pasado el vado, llegó al pueblo de Lonquén, un pueblo bonito, según lo califica, destacando que el camino va entre una montaña (el cerro Lonquén) y dos pequeñas colinas. De estas se desprenden algunas casas, paisaje que aún hoy es posible apreciar. En lo alto de la colina de la izquierda está la casa de Tagle. Desde allí María Graham otea el horizonte y puede apreciar el fértil valle del Maipo en toda su magnifica extensión. Hay unas pocas siembras de trigo, viñas y olivares. En las haciendas se produce mantequilla, queso, cuero, sebo y charqui. Las orillas del río Maipo, es decir todas aquellas que rodean a Isla de Maipo, que no lo menciona -pero qué duda cabe que se refiere a este lugar-, se destinan enteramente al talaje, escribe la señora británica, que en esta brevísima anotación engloba el potencial ganadero de esas tierras, tal como en los tiempos de su colonizador Juan López de Córdova. Luego, no sin antes reparar en un rodeo de animales para su encierro, marcadura y separación de los terneros, sigue su viaje en dirección a Santa Ana de las Palmas, a las afueras de Talagante, cerca del lugar que hoy se conoce como Tegualda, para cruzar el vado del río Mapocho y asomar frente a las casas de la hacienda San Miguel de El Monte, las de la familia Carrera y continuar por la entrada al pueblo, hoy calle Benavente.24 De vez en cuando vuelve la vista atrás y ve la alta cumbre del cerro Lonquén en lontananza, mientras en su recuerdo siente las nubes dispersándose y rememora los campos del meandro isleño. Contemporáneo de la señora Graham, y gran conocedor de los cruces más apropiados del río, era Manuel Rodríguez. Según el historiador Diego Barros Arana, la noche del 2 de enero de 1817 Manuel Rodríguez junto a otros tres guerrilleros, entre los cuales figuraba un patriota de Isla de Maipo de apellido Galleguillos, cruzó el Maipo a través del Vado de Naltagua y llegó hasta el caserío de Lo Chacón, donde permaneció oculto todo el día siguiente, en casa del modesto vecino y patriota José Antonio Guzmán. Entre el 25 de diciembre y el 6 de enero, las Fiestas de Pascuas, según costumbre campesina, se suspendían todos los trabajos agrícolas y se producía un intenso tráfico por el camino a San Francisco de El Monte a alguna de las casas de diversión, lo que daba el 24 Graham, Maria. Diario de mi residencia en Chile. Editorial Francisco de Aguirre, Bs. Aires, 1992, página 180. Municipalidad de Isla de Maipo

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contexto propicio para que el guerrillero se dejara caer de sorpresa sobre Melipilla. Rodríguez se situó cerca de El Paico, mientras sus amigos Ramón Paso y el vecino isleño Galleguillos se situaron en el camino a Melipilla, haciéndolos devolverse para evitar que llevasen aviso a Santiago e instando a otros a participar en el asalto al estanco, con la promesa de que Rodríguez repartiría lo conseguido entre los participantes, quitando lo que los sarracenos habían robado a los chilenos. Así, se logró reunir a ochenta hombres regularmente montados en el camino, los que a falta de lanzas y espadas se armaron de chuzos y de piedras. En el trayecto se cruzó un español apellidado Damián, a quien Rodríguez hizo apresar, entregando su equipaje como botín a sus acompañantes. Estimamos que el vado cruzado por Rodríguez y su amigo Galleguillos debe haberse hecho a la altura de San Antonio de Naltagua, localidad que se enfrenta directamente al villorrio Lo Chacón, en El Monte, concretamente al sector que hoy sería la calle Pomairito, que en el siglo XIX era el callejón de Los Jara, denominación que se debe a la numerosa cantidad de integrantes de ese apellido que habitaba y aún sigue habitando el lugar. Matías Armijo, viejo vecino de San Antonio de Naltagua recuerda que hasta las primeras décadas del siglo XX el río seguía vadeándose a caballo o en carretas, una rutina peligrosa que cobró algunas vidas, pero que era necesaria para conectarse con El Monte, la cabecera administrativa de la comuna a la cual pertenecía aquella localidad. Desde allende el río, Ana Daille, una señora de 92 años, rememora que desde Naltagua cruzaban jinetes a caballo, trayendo en sus ancas a mujeres luciendo largas faldas con botones blancos y albos sombreros de capelina.25

25 Hernán Bustos V. Historia de El Monte, 5 siglos en la tierra de los Carrera, 2010, página 43.

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“Está subdividida en multitud de pequeñas propiedades” “Esta Isla, célebre por la especialidad de sus tejidos de mantas, que venden a mui buen precio, está subdividida en multitud de pequeñas propiedades, tanto urbanas como rurales, siendo de éstas las producciones principales linaza, trigo candeal y cebada”. (Periódico El Maipo, San Bernardo, 19 de enero de 1878)

La parte más antigua del actual pueblo de Isla de Maipo comienza a gestarse hacia fines del siglo XVIII o comienzos del siglo XIX. El sector fundacional se ubica en lo que hoy se denomina calle Lillo, desde el cementerio, pasando por la vetusta casa de la familia Mesa hasta la vieja casona de la familia Quezada López, donde muy probablemente levantó sus primeros ranchos Juan López de Córdova. Es ese tramo, que sigue un trazado irregular, característico de las rutas que conectaban los potreros de las haciendas y fundos. El caserío se forma a ambas orillas del trazado que conducía desde este punto a Lonquén. Allí nace el actual pueblo de Isla de Maipo. En cambio, el trazo de Avenida Santelices, casi íntegramente recto, sugiere la creación de un sector más planificado, posterior, probablemente trazado ex profeso en el siglo XIX, donde se levantaría la iglesia y el comercio. Lo mismo indica la avenida Manuel Rodríguez. Posiblemente este pudo estar determinado por el fraccionamiento y venta de propiedades que se produjo en la segunda mitad del siglo XIX. En 1878 ya destacaba la “ancha y prolongada calle” (Santelices) de oriente a poniente y otras pequeñas y tortuosas callejuelas de norte a sur, con comunicación a la calle principal. Había, sin duda, un afán urbanístico y de proyección para una futura villa. Asentados como arrendatarios de terrenos de los descendientes de los López o como compradores de ellos, éstos y otros apellidos destacan en un notorio proceso de transacción de tierras, fenómeno que se dio con más fuerza que en cualquier otro lugar, al menos del departamento de La Victoria, situación que a nuestro juicio se ve estimulada por una temprana subdivisión de la propiedad entre los familiares descendientes del colonizador Juan López de Córdova que, a su vez, fue generando decenas de propietarios, algunos por herencia y otros por el derecho de compra, quienes iban desprendiéndose, por razones económicas u otras, de sus espacios. Municipalidad de Isla de Maipo

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Es interesante leer los documentos de compraventa, que van arrojando un informativo panorama de apellidos y propiedades en las tierras isleñas. He aquí parte de ellos: En julio de 1822, el juez diputado del partido de Tango, Sebastián López, hijo de Diego López y Rumalda Silva, vendió a Marcelo Escobedo en 50 pesos el derecho de tierras que su madre había heredado de Mateo Leiva y Gregoria Villanueva. Mateo era hijo legítimo de Juan Leiva y Mercedes Rodríguez y esta última era hija de Pedro Rodríguez y Pascuala López. El 23 de diciembre de 1832, Bartolo Navarro, heredero de Petronila López, doña Peta, vendió a Juan Navarro una tercera parte de sus terrenos, limitando éstos por el norte y el poniente con la vega, al oriente con Antonio Carrasco y al sur con la caja del río Maipo. El 26 de julio de 1834, Bartolo Navarro, vende, por la suma de 45 pesos, a Vicente Velasco, un sitio de 453 varas de largo y 114 de ancho, en el deslinde con los terrenos del vendedor, y 465 varas en el lado que limita al sur con Lauriano Vargas. Por el lado sur tenía 114 varas, deslindando con Antonio Vicente. Al norte de encontraban los terrenos del vendedor y al poniente el Camino Real. El vendedor era hijo de Miguel Navarro y Peta López, esta última tataranieta de Juan López de Córdova. El 10 de agosto de 1835, Toribio Silva vendió en 50 pesos a Agustín Muñoz un terreno que limitaba por el norte con Juan González, por el sur con terrenos del vendedor, por el oriente con Timotea Silva y por el poniente con los terrenos del finado Estanislao Martínez. Los Silva también entroncaban con Juan López de Córdova. El 20 de diciembre de 1837, Juana López vendió un pedazo de terreno a Juaquina Espina. El 15 de julio de 1841, María del Carmen Bustamante, viuda de Antonio Carrasco, con permiso de sus hijos, vendió a Petronila Pérez, un terreno que Carrasco había heredado desde 1830 de su hermana Mariana. El derecho a aquellas tierras provenía desde el siglo XVIII de Pascual Pacheco, el esposo de Francisca Pérez, que se asentó en el siglo XVIII en Islita. La fracción vendida limitaba al norte con la vega, al sur con el río Maipo, al oriente con Crispino Güildobro y al poniente con Peta López. El 31 de mayo de 1842, José Vicente Velasco vende, por la suma de 80 pesos, a Manuel Hernández, un pedazo de terreno que antes Velasco había adquirido al fallecido vecino Bartolo Navarro.

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Este último era hijo de la famosa señora Peta López, bisnieta de Juan López de Córdova. El terreno deslindaba al norte con otras tierras de Bartolo Navarro, al sur con Antonio Vicente, al oriente con tierras del finado Lauriano Vargas y al poniente con un callejón, del cual no se mencionan mayores detalles. El 17 de junio de 1843 Santos Fuentes vendió a Eustaquio Fajardo un terreno que limitaba al norte con tierras de Francisco Leiva y el río Maipo, al poniente con Domitila López y al sur con el río Maipo. El día 10 de mayo de 1844, Josefa Morales, viuda de Pedro López, vendió en la suma de 250 pesos a José María Illanes, tierra, casa y arboledas que le quedaron por partición paterna a sus hijos y viuda. La transacción era por varias hijuelas. El terreno limitaba al sur con el río de La Villita y al poniente con Cristino Huidobro (probablemente el mismo Crispino Güildobro anotado líneas arriba). Un dato importante de esta venta es que ya se menciona la existencia de la localidad de Villita, un caserío que aparentemente surge en el siglo XIX. El 23 de noviembre de 1844, Santos Fuentes vendió al comprador Eustaquio Fajardo un pedazo de terreno que heredó de su madre Nicolasa López, quien era hija de Mateo López y éste a su vez hijo de Petrona López, cuyo padre era Cristóbal López, uno de los vástagos de Juan López de Córdova. El terreno adquirido por Fajardo limitaba por el oriente con Juan López y por el poniente con otros terrenos de Santos Fuentes. Al sur limitaba con tierras que pertenecían a los protagonistas de la transacción. Santos Fuentes falleció tiempo después, dejando en herencia parte de sus propiedades a la parroquia de Tango. El 10 de junio de 1845, el presbítero Esteban Baeza vende en 200 pesos a Obtaquio Fajardo esa fracción que poseía en Isla de Maipo. Fuentes también descendía de Juan López de Córdova. Era hijo de Nicolasa López, a su vez hija de Matías López, y éste hijo de Petrona López, a su vez hija de Cristóbal López, vástago del matrimonio de Juan López de Córdova y María Isabel Salamanca. Los terrenos vendidos limitaban al norte con Francisca Leyton y el río Maipo, al sur con el río Maipo, oriente con Obtaquio Fajardo y al poniente con Domingo López. El 17 de julio de 1845, Mauricio Muñoz vendió a Antonio Díaz una hijuela que le correspondía por derecho hereditario de su fallecida madre Trinidad Pérez, hija de Juana López y tataranieta de López de Córdova. El 22 de agosto de 1845, el cura de la parroquia (de Tango) Municipalidad de Isla de Maipo

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otorga y vende en 16 pesos a Andrés Herrera una hijuela de tierra que pertenecía por derecho de heredad a Félix González, que era de la séptima generación del colono fundador de la Isla de Maipo. El terreno transado tenía al norte el río Maipo, al sur a Lorenzo González, al oriente a Carlos Estay y al poniente limitaba con tierras del comprador, extendiendo así sus dominios este último. El 24 de julio de 1845, Gabriel Espinoza vende un sitio a su hermano Pedro Martínez. El 29 de mayo de 1846, Concepción Herrera y José María Herrera venden en 32 pesos de plata sellada moneda corriente a Mateo Fajardo un derecho de terreno que tuvieron por heredad de su padre José de la Cruz Herrera, a su vez hijo de José Herrera y Dominga López. El predio deslindaba al norte con el río Gacitúa, al sur con el río Maipo, al oriente con Polinardo Turrieta, hijuela por medio de Carmen Herrera, y al poniente con Simón López. El primer día de octubre de 1846, Turivio Cabreras vende a José María Pérez un pedazo de terreno de siembra perteneciente a la hijuela de los señores Gacitúa, citas en la Isla del Carmen, cortado por el río. Cabreras la hubo por heredad de su esposa Mariana Gacitúa, quien había adquirido dichas hijuelas a Catalina Díaz, mujer legítima de Pedro Cancino, los que, a su vez, habían comprado Martín Palma. Los terrenos limitaban por el norte con la propiedad del vendedor, por el oriente con el río Maipo, por el poniente con los terrenos de Madriles y al sur con tierras José María Pérez. El 20 de diciembre de 1846, Juan José López, con poder de los herederos de su hermano finado Dionisio López, que eran la viuda Juana Martínez, y los hijos Vicente, María del Carmen, José Luis y José del Carmen, además de la hermana María Josefa López, vende a José Fajardo una partición de terrenos que heredaron de Matías López, bisnieto de Juan López de Córdova. Los terrenos limitaban al norte con el “río de los Gacitúas”, probablemente una forma de designar al estero El Gato, al oriente con la punta e Lonquén y el río Maipo, al poniente con Obtaquio Fajardo, y al sur con el brazo del río que corre inmediato a la hijuela de José María Illanes. Esto confirmaría la presencia de un brazo de río, actualmente inexistente. El 20 de julio de 1848, Nilo Espina vendió en 120 pesos a Bernardo Cortés un sitio que había adquirido a María Vásquez. La venta incluía un rancho de paja y planteles de árboles. Tenía una extensión de 128 varas por el oriente, dando hacia un callejón; por el poniente 128 varas que deslindaban con Poli Morán, por el norte 43 varas y me-

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dia que limitaban con Obstaquio Castañea, y por el sur eran 28 varas que deslindaban con la Vega. El 3 de agosto de 1848 comparecieron los herederos del finado Jacinto Navarro, que eran Jacinto, Eugenia, Juan, Juana, Rosa, Jesús y Mauricio Navarro, que daban libertad a su madre Dominga Cabieses para que vendiera el derecho de tierras que quedaron de Navarro a Justo Orellana. Además, en la transacción debió ser consentida por los yernos de doña Dominga, que eran Ramón Galarce, Rafael Barrientos, Ramón Berríos y Antonia Hernández. El terreno limitaba al norte con estero, al sur con Joaquín Zamorano, al oriente con Apolinaria Leyton y al poniente con Manuel Quiroz. Fue vendido en 50 pesos de plata sellada moneda corriente. El 6 de noviembre de 1848, Juan Canales adquiere en 48 pesos una hijuela a Juan Álvarez, que éste había heredado de su padre Antonio Álvarez. Sus dimensiones eran de dos cuadras y 100 varas por el oriente, limitando con Antonio González; 127 varas por el norte, donde se encontraba la caja del río Maipo y 127 varas que deslindaban por el sur con terrenos del vendedor. El 30 de mayo de 1849, Juan Berríos vende a José Cuevas una hijuela de tres cuadras de tierra poco más o menos, con planteles de árboles. Éstas se ubicaban en la isla grande y el valor fue de 130 pesos. Sus vecinos eran, por el oriente, Cristino Huidobro; por el poniente, José Inostroza; por el norte, Andrés Herrera, y por el sur, Antonio Contreras. El 24 de noviembre de 1849, Andrés Ahumada vendió, en 10 pesos, a Luis Álvarez un terreno que limitaba al norte con propiedades de Mercedes Ahumada, al sur con Ramón Ahumada, al oriente con los terrenos de los Berríos y al poniente con Lauriana Galarce. El 23 de marzo de 1850, Damiana Galleguillos, esposa Rosario Galleguillos, vende a Mercedes Leiva y Gabino Hernández una hijuela de extensión de 57 varas y una cuarta por el norte, limitando con la calle pública; al oriente de 81 varas que deslindaban con Isidor Hernández; al poniente, de 89 varas, con José María Illanes, las casas del cura y sus acequias de agua, y al sur, con una extensión de 52 varas y media, con una propiedad de Eustaquio Castañeda.26 El 22 de mayo de 1851, Manuel Ahumada vendió a Luis Álvarez una hijuela de terreno, en 10 pesos, propiedad que deslindaba al 26 Todos los antecedentes sobre las ventas fueron extraídos del Archivo de Notarios de San Bernardo, volúmenes 2, 4, 6 y 8. Municipalidad de Isla de Maipo

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norte con Ramón Ahumada, al sur con Melchor Ahumada, al oriente con Ignacio Berríos y al poniente con Lauriana Galarce. El 7 de julio de 1853 Agustín Godoy compró, pagando 34 pesos de plata sellada moneda corriente, un pedazo de terreno a Nicolás Herrera, también descendiente de la afamada familia López a través de su madre Simona López. El terreno limitaba al norte con Nicolás Herrera, al sur con Rosario González, al oriente con Agustín Godoy y al poniente con Nicolás Morales. El 1 de septiembre de 1854, Ramón, Manuel, Mercedes y Dolores Ahumada, legítimos herederos de Blas Ahumada venden a hermano Melchor Ahumada un terreno de 148 varas de ancho y 100 varas de largo. El territorio acopiado por el comprador tenía como vecinos al norte a Sequeida e Ignacio Berríos, al sur a Mercedes Ahumada, al oriente a Miguel Leiva y al poniente a Ramón Leyton. El 9 de septiembre de 1854, Tomasa Ahumada vende a Félix Muñoz un derecho de terreno, en 46 pesos. Deslindaba por el oriente con Melchor Ahumada, por el poniente con Galarce, por el norte con Berríos y por el sur con Victorino López. La iglesia se hizo de una estimable propiedad en 1855, tras el fallecimiento del matrimonio de Mercedes Jiménez y Lorenzo Leiva. Quince años antes, en 1840, la señora Jiménez había testamentado el deseo de fundar una capellanía que abarcara la mitad de su posesión en Isla de Maipo, incluyendo lo edificado y plantado. El valor de la propiedad, que recaía en el Arzobispado de Santiago, era de 134 pesos y 93 centavos. Limitaba este predio por el norte con Lorenzo Allendes, por el sur con Petronila Barrientos y Manuel Aránguiz. Con este último también deslindaba por el oriente, mientras que por el poniente el propietario limítrofe Matías Jiménez. El 16 de agosto de 1863, Isidoro Escobedo, viudo de Francisca Navarro, vende a Gregorio Quiroz una hijuela de terreno que heredó de la madre Dionisia Chaparro. Deslindaba al norte con José Romero, al sur y poniente con el propio Quiroz y al oriente con Isidora Navarro. El 22 de agosto de 1863, Margarita Fuentes vende a José de la Cruz Valenzuela un sitio que tomaba como referencia estar distante a 8 cuadras de la capilla de Isla de Maipo. Los propietarios limítrofes eran: por el norte Margarita Fuentes, Diego González y herederos de Tadeo González, y por el oriente y sur Carmen y Mercedes Leiva.

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El 26 de octubre de 1863, Patricio Mella y Zenteno autoriza a su hermano José para que cobre y perciba los recursos que le otorgaba un derecho de tierras que su padre Nicolás Mella había comprado a Petronila Palma. Al año siguiente, el 25 de febrero de 1864, Ignacio Berríos vendió a Bartolo Morales, en la suma de Palominos, al oriente con Silvestre Morales y al poniente con el camino. Lo propio hace cuatro días después Dionisio Herrera, que vende a Domingo Castro un terreno que antes había adquirido a Pascual Fuentes, con cuya familia deslindaba al norte, al sur con la vega, al oriente con Ventura Vargas y al poniente con Inés Núñez. Con fecha 16 de julio de 1864, Mariano López vendió dos porciones de terreno a Tránsito Molgado, en una suma sorprendentemente alta: 500 pesos. Eran los propietarios limítrofes de uno de los predios, por el norte, Agustín Núñez; por el sur, Josefa y Narciso López, por el oriente la vega común, Pedro Antonio Berríos y los herederos Olgueda, y por el poniente con el río Maipo. El otro terreno limitaba con Josefa y Narciso López por el norte; por el sur, José Hernández; por el oriente, la vega, y por el poniente el río Maipo. Otras ventas que multiplicaron la subdivisión de la propiedad en Isla de Maipo, más que en cualquier otro territorio del departamento de La Victoria, fueron las de Barta Muñoz a María Muñoz, el 1 de agosto de 1864; Juan María Gálvez y Santiago Guiden a Simona López, el 3 de agosto de 1865, terrenos que deslindaban al sur con la acequia de los Muñoces y al oriente y poniente con la familia Gallegos. Los Gallegos se habían hecho de propiedades en Isla de Maipo en 1825, pues el 19 de mayo de ese año, Bernarda Pérez vendió a Pabla Gallegos un fundo que había heredado de su padre Juan José Pérez, con todo lo edificado y plantado, más el agua que le correspondía, por la suma total de 100 pesos. El predio deslindaba al norte con Justo Palma, al sur y poniente con Juan Palma y al oriente con Margarita Palma. Otra transacción importante tuvo lugar el 26 de julio de 1865, luego que Manuel Álvarez comprara a Antonio Montes dos pedazos de terreno en 700 pesos. También, ese mismo año Pedro González vendió a Román Sánchez y Victorino López a Luis Álvarez; Luis Bossi a Raimundo Flores, y Silvestre Morales a Antonio Berríos. Esta notable subdivisión de la propiedad en Isla de Maipo Municipalidad de Isla de Maipo

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podría explicarse por la partición que hicieran en el siglo XVIII los descendientes de Juan López de Córdova, dividiendo el lugar en varias propiedades, que a su vez se fueron subdividiendo entre hijos y nietos y, segundo, porque se trataría de terrenos relativamente baratos en comparación con otros puntos, debido a la condición fangosa de los mismos, por lo cual hacerlos productivos era tarea titánica. “Esta Isla, célebre por la especialidad de sus tejidos de mantas, que venden a mui buen precio, está subdividida en multitud de pequeñas propiedades, tanto urbanas como rurales, siendo de éstas las producciones principales linaza, trigo candeal y cebada”, describe en su edición de 19 de enero de 1878 el periódico El Maipo. En 1878, José López argumentaba ante el juez letrado civil de San Bernardo, estar en posesión desde hace más de treinta años de unos terrenos ubicados en Isla de Maipo, obtenidos por herencia de su padre Mariano López. Los mencionados terrenos comprendían la hijuela denominada “Del Río”, “de quince cuadras más o menos, deslindante, por el norte, río de Maipo por medio, con propiedades de los señores Palma; por el sur con Pedro Antonio Berrica; por el oriente, calle por medio con Juan Vásquez i José Pavez, i por el poniente, con don José Tomás Rojas. La segunda, denominada Hijuela de la Vega, de once cuadras más o menos, que deslinda al norte con la propiedad de los señores Gatica y Aliste; por el sur, calle por medio, con la hijuela de los señores Martínez; por el oriente, con don José Tomás Reyes, José Gallego y Carmen Aliste, y por el poniente con el mencionado Reyes y Pedro Antonio Berríos”.27 Destacaba también la familia Palma. Esta provenía de los tiempos de la Colonia y en el siglo XIX llegó a ser uno de las mayores propietarias de Isla de Maipo, siendo su exponente más representativa Primitiva Palma, quien se dedicó a desarrollar actividades agrícolas y comerciales. En calle Manuel Rodríguez y Cortez, en una curva y sobre un terraplén levantado para prevenir las inundaciones del río Maipo, edificó su hermosa casa. Siendo viuda de un vecino de apellido Herrera, la levantó en fecha posterior al terremoto del 16 de agosto 1906, que había derrumbado la casa más antigua. La nueva vivienda está imbuida por el fuerte patriotismo que se vivía con la cercanía del centenario de Chile. Prueba de ello es que en los ventanales grabó el escudo nacional y en los postes que soportan el corredor talló una estrella solitaria, también símbolo patrio. Esa casa, signada hoy con el número 743 era 27 Periódico El Maipo, 14-03-1880

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una de las pulperías del pueblo, donde los habitantes de Isla de Maipo podían surtirse de abarrotes y géneros, siendo atendidos por la misma propietaria, que falleció en 1935. A fines del siglo XIX, eran decenas las propiedades en Isla de Maipo, pero sólo 25 propietarios figuraban como los mayores contribuyentes de la subdelegación. En 1896 figuraba: Ramón Segundo de la Fuente, sucesión Pedro L. López, Eusebio Lillo, José Luis Alcalde, Ricardo Ureta, Ricardo Portales, Manuel Fajardo y Daniel Hurtado; Abraham Ovalle, Bernardo Gálvez, sucesión Bernardo Cortés, Manuel Pinto, Raimundo Pinto, Rafael Quezada, David López, Pedro José Contreras y José Valdés; Pablo Vargas, Juan R. Prado, Carmen Palomino, María López, Anselmo Villegas, Pedro P. Álvarez, Pascuala Miranda y Antonio Hernández. Destaca entre los mencionados el poeta Eusebio Lillo, senador liberal y autor de la letra del actual himno nacional, que tuvo dos sitios y casa en el centro de Isla de Maipo, pueblo al que concurría esporádicamente. Uno de aquellos terrenos, de media cuadra, lo adquirió a Exequiel Valenzuela, con fecha 15 de noviembre de 1897. El residente habitual era su pariente Alfredo Lillo, quien integró como regidor el primer municipio de Isla de Maipo. Hacia la segunda mitad el panorama de Isla de Maipo se caracterizaba por tener la mayoría de las casas de quincha y techadas con estoquillo. En la avenida principal no eran más de seis las viviendas que exhibían techo de tejas y era extraño ver alguna que tuviera techo de zinc. Eran casas con corredores a la calle donde las mujeres de Isla de Maipo se sentaban a tejer las afamadas mantas maipinas, una tradición que destacaba en aquellas épocas y que se esfumó en el tiempo, seguramente porque los principales compradores de estos productos artesanales eran los hombres que venían desde zonas costeras a alimentar el ganado, pero con la desaparición paulatina de esta actividad ganadera, el oficio fue desapareciendo.

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Religiosidad isleña

“…anualmente se celebra en honor a la virjen de Mercedes. El entusiasta i celoso cura de aquella parroquia, don Jerónimo Santiagos, ha desplegado este año toda su actividad para dar a la función el brillo i lucimiento con que aquella se ha distinguido en épocas anteriores. Misa solemne cantada por las conocidas señoritas Peña y luego una procesión con el baile de los célebres catimbaos que iban a la vanguardia de la imagen de la Virjen, una hermosa loa o advocación de circunstancias pronunciada por una niñita de la escuela, elevación de un globo, tres noches de fuegos artificiales con luces de bengala, i finalmente, comilonas, bailes i regocijo general” (Periódico El Maipo, San Bernardo, 3-11-1877, refiriéndose a las festividades de la Merced aquel año)

El 22 de febrero de 1883, el Presidente liberal Domingo Santa María decretó la creación de la Parroquia de Isla de Maipo, jurisdicción religiosa erigida bajo la advocación de San Francisco Javier, según el auto otorgado por el obispo Joaquín Larraín Gandarillas, culminando así un proceso que en el año 1873, es decir diez años antes, había emprendido el arzobispo Rafael Valentín Valdivieso. El propósito era facilitar los auxilios espirituales de los moradores de aquellos parajes. Condición necesaria para llegar a la creación de la parroquia era la adquisición de un terreno para edificar la iglesia. Su ámbito de acción abarcaba los límites que administrativamente tenía Isla de Maipo en aquellos años, limitando por el norte con el río Gato, siguiendo dicho curso hasta la puntilla de San Antonio de Naltagua y El Rosario, y luego el cordón de los cerros de Pangue y Aculeo, hasta la denominada puntilla del Almendro, que toca el río Maipo, desde donde seguía el deslinde por la ribera norte hasta la confluencia con el estero de Valdivia de Paine y luego continuando al vado de Lonquén. El decreto ordenaba que mientras se fabricara la iglesia debía servir como templo el que a la fecha existía en la viceparroquia de Isla de Maipo, donde debía conservarse la Eucaristía, con bautisterio y pila bautismal, campanario y todo lo concerniente a un edificio. De la

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misma manera, se erigió como parroquial el cementerio. Se le asignó al sostén de la nueva parroquia la suma de 300 pesos. Antes de erigirse en viceparroquia, los residentes de los parajes isleños eran atendidos, desde el siglo XVI, por los religiosos jesuitas, establecidos en el curato de Tango o Malloco, la tercera jurisdicción religiosa más antigua de Chile, creada después de la del Sagrario, en Santiago, y casi al unísono con la de Colina. De la viceparroquia de Isla de Maipo se conservan registros de bautizo que datan de 1817. El primero, realizado por el teniente cura Pedro Pablo Rodríguez, reza así: “En la Ysla de Maipú, viceparroquia de la Calera de Tango, en 9 de mayo de mil ochocientos diez y siete, baptizé, y puse oleo y crisma a Josefa Antonienta, española de edad de un día, hija legítima de Estanislao López y de Mercedes Muñoz. Padrinos D Miguel Pintor y D Josefa Lopez, de que doi fee”. Otros de los primeros bautizos corresponden a Antonia Madrid, española, cuatro años, hija de Celedón Madrid y Rosa Contreras; Manuela Muñoz, española; José Antonio Meza, español; Ramón Infantes, español; Trinidad Pérez, español; Peta del Carmen Fajardo, española. El libro tiene 1837 partidas de bautismo entre 1817 y 1840 y en las inscripciones resaltan nítidos los apellidos más enraizados con Isla de Maipo: López, Gallegos, Muñoz, Herrera, Ahumada, Pérez, Astudillo, Pacheco, Aliste, Navarro y Fajardo, entre otros. Los primeros registros se producen en el feneciente período de la Reconquista española. Por eso es que hasta el 29 de agosto de 1818 se les inscribía bajo el rótulo de españoles, siendo la última inscripción de ese tipo la otorgada a Agustina Severino, de un día de vida, hija legítima de Julián Severino y Dolores, mientras que el primero inscrito como chileno fue Ramón Muñoz, de cuatro días, hijo legítimo de Francisco Muñoz y Juana Rodríguez. Ello ocurrió en 3 de septiembre de 1818, ambos, la última española y el primer chileno, bautizados por el cura Pedro Pablo Rodríguez. Lamentablemente no se conservan los registros de matrimonio, mientras que los de defunciones más antiguos datan de 1854 y hasta 1883, en un libro, y desde 1883 a 1913, en otro. Por su parte, los residentes en Naltagua eran atendidos por los padres franciscanos, establecidos en el siglo XVI en Santa Ana de las Palmas y posteriormente, desde 1732, en su actual ubicación en Municipalidad de Isla de Maipo

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El Monte. Los registros de defunción dan cuenta de los rigores de los naltagüinos al tener que jugarse la vida para romper el aislamiento y cruzar el veleidoso río Maipo. En diciembre de 1689 era enterrado el cuerpo del capitán Pedro de Aragona en el convento de El Monte. Murió ahogado a la edad aproximada de 35 años. Mismo infortunio corrió en 1696 Juana de Castro, mujer legítima del hacendado Antonio de Morales, que fue sepultada en la parroquia de Tango. En Isla de Maipo hubo un fuerte arraigo religioso. Prueba de ello es que desde el siglo XIX se mantiene una de las fiestas paganas más fervorosas, donde confluye, que duda cabe, la influencia del río Maipo y la creencia popular. Es la festividad dedicada a la Virgen de la Merced, patrona de la localidad. Algunos sitúan la génesis en los comienzos de aquel siglo. La tradición decía que el hecho había acontecido en una ocasión en que el río había cargado sus aguas hacia Isla de Maipo. Afligidos, los isleños, sin recurso alguno para desviar las inmensas moles de agua que amenazaban con sepultar el pueblo, debieron recurrir a la salvación divina. Entonces, la creyente población tuvo la idea de sacar, al instante, en procesión, la venerada imagen de la virgen de las Mercedes. En medio de cánticos, preces y penitencias llegaron hasta el borde del río embravecido y arrodillándose todo el pueblo alrededor, se elevó las plegarias. Dicho esto, los isleños vieron con asombro como las riadas se retiraban gradualmente, dejando al descubierto parte del terreno que antes estaba cubierto por las aguas. El estudioso del tema, Jorge Urrutia Blondel, afirmaba que la devoción a Nuestra Señora de las Mercedes se había iniciado en 1817, ya que en 1967, año en que realizó un estudio sobre la materia, la festividad se encontraba cumpliendo su sesquicentenario28. Lamentablemente, no hay documentos de la época que arrojen precisión sobre esta afirmación. La fecha se pierde en el tiempo. El periódico El Maipo, que circula con fecha 3 de noviembre de 1877 no aclara tan importante dato, aunque informa que el 25 de octubre tuvo lugar la fiesta que “anualmente se celebra en honor a la virjen de Mercedes”. Dice la crónica que “el entusiasta i celoso cura de aquella parroquia, don Jerónimo Santiagos, ha desplegado este año toda su actividad para dar a la fun28 Jorge Urrutia Blondel. Danzas rituales en la provincia de Santiago, 1967.

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ción el brillo i lucimiento con que aquella se ha distinguido en épocas anteriores”. La celebración aquella contempló una “misa solemne cantada por las conocidas señoritas Peña y luego una procesión con el baile de los célebres catimbaos que iban a la vanguardia de la imagen de la Virgen, una hermosa loa o advocación de circunstancias pronunciada por una niñita de la escuela, elevación de un globo, tres noches de fuegos artificiales con luces de bengala, i finalmente, comilonas, bailes i regocijo general”, según describe el cronista.29 Llama la atención el término catimbaos, referido a danzarines con marcada raigambre popular, que han sido reemplazados por los bailantes chinos. La tradición se acentuó aún más cuando la gente comenzó a hacer mandas y ofrendas a la virgen, dando cuenta de una fuerte devoción. La Fiesta de la Merced destaca por ser la única danza de carácter ritual vigente en los alrededores de Santiago. Otros, como un baile observado en los albores de la República por María Graham en El Monte, se extinguieron completamente en los comienzos del siglo XIX, quizás porque sus protagonistas eran los indios, completamente absorbidos por los chilenos. Tampoco sobrevivieron los bailes litúrgicos y cofradías de la Colonia, que tenían como escenario Santiago del Nuevo Extremo. Según crónicas de aquellas épocas se bailaba en las fiestas de la Cruz de Mayo, Semana Santa, Corpus Christi y Natividad. No cabe duda que la devoción a la Virgen de las Mercedes se fue acentuando casi en complicidad con la amenaza latente del río Maipo. Claro, porque ante la impotencia de las crecidas del torrente, la creencia popular seguía nutriéndose cada vez que este se embravecía. Ello explica porque en Isla de Maipo se mantiene tan marcada la religiosidad y en particular hacia la imagen religiosa patrona del pueblo, tanto que hasta una localidad, donde se habría producido el milagro del río reculando ante la imagen, fue bautizada como Las Mercedes. En 1947 la religiosidad queda demostrada en toda su magnitud, cuando Isla de Maipo es sede del Congreso Eucarístico Regional, que encabeza el cardenal José María Caro. Hoy, en los comienzos del siglo XXI, se estima que son entre 15 mil y 20 mil las personas las personas que presencian la festividad, entre ellos miles de foráneos o isleños que algún día han partido de allí, pero que hayan en esta manifestación un motivo de reencuentro 29 Periódico El Maipo, San Bernardo, 3-11-1877. Municipalidad de Isla de Maipo

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con su tierra. Sólo en el siglo XX la iglesia evangélica se manifiesta en esta comuna. La captación de adherentes ha sido gradual. Con ocasión del Censo de 2002, un 13 por ciento de la población se declaraba adherentes a ese culto, contra un 75 por ciento de católicos y un 5 por ciento ateo o agnóstico. La viceparroquia y posterior parroquia de Isla de Maipo cumplió el valioso rol de llevar el registro de los isleños que nacían, contraían matrimonio y abandonaban este mundo, hasta el 1 de enero de 1885, cuando comenzó a funcionar el Registro Civil, cuyo libro de nacimientos se abrió el 14 de enero de 1885. Ese día compareció ante el oficial Víctor Aldunate Avaria, el labrador de treinta años Mateo Miño y Madrid, vecino de la circunscripción, quien señaló que a las cinco de la mañana del día 9 de enero de ese año nació una criatura de sexo masculino, que no presentó, y que declara ser su hijo legítimo y de su esposa María Martínez y Navarro, de treinta años, natural de Rancagua, quien se dedica a las labores propias del sexo. A la criatura se le dio el nombre de Manuel de la Cruz. Firmaron como testigos Samuel Ovalle y Raimundo Melacho.30 El bebé alcanzó a vivir un breve lapso, pues falleció el mismo año, una realidad muy común en aquellos años, ya que en que en el país existía una alta mortandad infantil. Llama la atención el rótulo labores propias del sexo que se le daba a las mujeres, limitándolas sólo a quehaceres del hogar, entendido en el contexto de una época de una cultura intrínsecamente machista que sólo daba protagonismo al hombre. Esteban Sánchez y Jofre y Mercedes Zúñiga y Berríos propiciaron con su matrimonio la apertura del libro de enlaces. Curioso resulta que contrajeran el vínculo a las 6 de la mañana en las oficinas del Registro Civil isleño el 11 de enero de 1885. “A quien madruga Dios le ayuda”, pensaban este labrador de 30 años de edad y la mujer de 20 años, dueña de casa, que se juraban amor eterno cuando los gallos aún estaban cantando por los campos isleños. Los padres de ambos contrayentes prestaron el respectivo consentimiento.31 El registro de defunciones se abrió el primer día de 1888, cuando el oficial civil anota el fallecimiento de Gil Leiva Navarro, soltero, de oficio gañán, domiciliado en la Islita. Era hijo de Pedro Leiva y Lucinda o Lucrecia Navarro. Fue una de las tantas víctimas del có30 Registro Civil de Isla de Maipo, Registro de Nacimientos. 31 Registro Civil de Isla de Maipo, Registro de Matrimonios.

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lera, enfermedad altamente contagiosa que asolaba buena parte de la Zona Central en aquellos años, debido al consumo de alimentos en condiciones higiénicas insalubres. El finado, que expiró a las 2 de la mañana del 31 de diciembre de 1887, fue sepultado en el cementerio de Isla de Maipo. Cuatro días después se dejaba constancia del deceso de Manuel del Carmen Martínez Román, un lactante de tan sólo dos meses, fallecido de fiebre a las 2 de la madrugada del día anterior en San Antonio de Naltagua. Era hijo del gañán Ciriaco Martínez y de Lucía Román. La fiebre, aparecía como la principal causa de mortandad en los primeros registros, seguido del cólera y de otra causa que se anota como “el grano”.32

30 Registro Civil de Isla de Maipo, Registro de Nacimientos. 31 Registro Civil de Isla de Maipo, Registro de Matrimonios. Municipalidad de Isla de Maipo

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Iglesias

La primera iglesia de Isla de Maipo, que fue destruida por el terremoto de 1906. Gentileza familia Quezada.

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Casona Parroquial 1940 Foto: Gentileza Museo Parroquia Nuestra Se単ora de la Merced,

Virgen de la Merced, patrona del pueblo. Archivo Municipalidad de Isla de Maipo

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En septiembre de cada año se efectúa por las calles de Isla de Maipo la tradicional procesión a la Virgen de la Merced, originada en un milagro que se atribuye a la imagen, según la tradición popular.

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En 1947 Isla de Maipo fue sede del Congreso EucarĂ­stico Regional.

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Carruajes y caminos agrestes Las propiedades se dispersaban a lo largo de calles y caminos, por lo general angostos y tortuosos, sin desagües, lo que hacía que las aguas insalubres corrieran por ellos o se estancaran, formando grandes lodazales y lagunas donde era difícil el tránsito hasta para los caballos y las carretas que se empantanaban, transportando los productos a la capital y trayendo de vuelta mercadería para el sustento. No era fácil en aquellos años transportarse de un punto a otro. Obviamente, las calamidades se acrecentaban cuando los ríos crecían, haciéndose invadeables. El tráfico de pasajeros se hacía en uno o dos coches de trompa que partía a Santiago muy de madrugada, apretujados sus viajantes. Los carruajes iban de tumbo en tumbo, ladeándose peligrosamente entre los pedregales. Los dolores corporales acusaban el rigor de los tormentosos viajes de aquellos carruajes medios tirados por caballos jadeantes y transpirados. Cuando había que atravesar los ríos, los viajeros debían encuclillarse sobre los asientos una vez que el cochero advertía que el agua iba a entrar al coche. Antes que autos y góndolas reinaran en las calles y caminos de Isla de Maipo, amos y señores fueron los coches de los Mesa, los Galleguillos, los Catalán y los Martínez, pero terminaron arrumbados en algún rincón olvidado. Cuando las lentas y rezongonas carretas se guardaron en los fundos y haciendas, fueron sustituidas por los camiones. La ventaja de las carretas y coches es que no levantaban mucho polvo con su cansino andar, pero la llegada de vehículos motorizados movilizándose a velocidades endiabladas de más de 30 o 40 kilómetros dejaban tras ellos una estela de tierra. En el trazado urbano destacaba la avenida Santelices, ancha y hermosa, que poseía plantaciones de acacias a ambos lados. Luego vinieron esos plátanos orientales que, alcanzando un grandioso tamaño, se entrecruzaban y formaban un túnel de follaje o una cúpula extensa que permitía que los caminantes sombrearan. No siempre la ruta que une a Talagante con Isla de Maipo ha sido la principal. Esa vino a construirse recién hacia fines del siglo XIX bajo la gestión del Presidente José Manuel Balmaceda, cuando se domesticó los terrenos pantanosos y se pudo cruzar los torrentosos esteros del Gato. Fue necesaria para evitar dar ese largo rodeo por Lonquén y conectarse en forma más directa con la Villa Santa María de Talagante, cuyo comercio poco a poco se fue convirtiendo en un punto de aprovisionamiento de los isleños.

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La parte más compleja del recorrido era, como no, el cruce de un estero o un brazo de río. En la memoria de los viejos isleños aún perduran los relatos de sus antepasados que les narraban cómo los carruajes Break o Brake, especial para los campos, y tirado por 4 caballos a las órdenes de un cochero, enfrentaban serias dificultades para cruzar el estero El Gato. Antes, la población isleña tenía salida por Lonquén y se conectaba a Calera de Tango para llegar a Santiago, o bien se llegaba hasta el camino del sur a la capital no sin antes vadear el bravucón río Maipo a la altura de Puntilla de Lonquén, en el punto donde hoy se encuentran el puente ferroviario y el puente vehicular que une a ese sector con Viluco. María Graham alude a este paso fluvial en 1822, cuando señala: “A poca distancia de la casa de Viluco llegamos a un vado del Maipo, más difícil que el que habíamos pasado anteriormente. El pedregoso lecho del río se extiende aquí al pie de una montaña casi una milla, pero el río mismo ocupa sólo una pequeña parte de este espacio”. Luego, entrega otro antecedente que da cuenta de múltiples brazos de río: “Atravesamos seis grandes brazos, cuatro de los cuales llegaban hasta las cinchas de los caballos, y algunos de ellos se asustaron y comenzaron a perder terreno, pero el ejemplo de los demás los animó a luchar con la corriente y pasamos con toda felicidad”.33 Poco a poco el camino a Lonquén, pasando por Islita, fue perdiendo preeminencia, pero un reimpulso al tráfico que se desarrollaba por ese lugar lo constituyó la construcción de una línea de ferrocarril que iba desde Paine a la estación de Talagante, que a su vez permitía a los viajeros hacer una conexión desde la estación de esta última ciudad a Talagante. El ferrocarril de Paine a Talagante tenía un trayecto de 25,6 kilómetros, basado en una propuesta que presentaron en 1913 los ingenieros Manuel Ossa y R.E. Ward, cuya función principal era el traslado del cobre extraído en el mineral El Teniente hasta el puerto de San Antonio para su exportación. El proyecto implicó la construcción de un puente ferroviario en el sector Puntilla de Lonquén, de 498,40 metros, con superestructura metálica. 33 María Graham. Diario de mi residencia en Chile. Municipalidad de Isla de Maipo

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Gracias a esta obra, que se inauguró alrededor de 1920, se acrecentó el viaje de isleños a Lonquén, lo que a su vez fue generando un nuevo polo de desarrollo de servicios y comercio al paso de los viajeros, al tiempo que trabajadores que laboraban en las obras del ferrocarril decidían radicarse definitivamente en la zona. No es de extrañar que uno de los alcaldes de Isla de Maipo, el socialista Ramón Jiménez Padilla, haya sido, precisamente, un trabajador ferroviario que decidió echar raíces en la comuna, alcanzando el sillón edilicio probablemente por el apoyo que en su mayoría le brindarían los obreros y campesinos de la zona. Fueron decenas las familias ferroviarias que se establecieron en las proximidades del puente del ferrocarril. Primero lo hicieron en el lado norte, en un lugar que se bautizó irónicamente Pueblo Hundido, el que más tarde desapareció, trasladándose aquellos que decidieron asentarse definitivamente en el lugar al lado sur del puente por el sector de Isla de Maipo. Así nació el villorrio Puntilla de Lonquén, simplemente conocido como La Puntilla. Sus habitantes fueron inicialmente aquellos hombres que explotaban las canteras y chancaban las piedras que se utilizaron para rellenar el trazado donde se asentó la línea férrea. Uno de aquellos obreros era Francisco González Torres, padre de Emelina González Cavieres, hoy de 88 años, quien posteriormente casaría con Arturo Miranda Acevedo, quien arribó al lugar alrededor de 1944 con otra misión: construir las defensas definitivas en el río Maipo para impedir que este siguiera embistiendo sobre Islita, Isla de Maipo, La Villita o Las Mercedes. Se dice que estas obras significaron la muerte definitiva de los dos brazos del río: uno que pasaba por la Islita y otro por el Álamo Huacho y por la actual calle Olea. Vinieron estas obras a domesticar el río Maipo. Eran unas barreras sólidas, de concreto, que al verse impactadas por el torrente lo desviaban hacia el centro del río, rencauzándolo. Antes, el sistema de defensa eran precarias “patas de cabra”. La génesis de la construcción definitiva de aquellas defensas tiene su génesis el 3 de enero de 1942. Ese día se produjo una gran crecida que rememoraba las peores invasiones del río sobre los campos isleños. Vía telegrama, a las 8.40 horas, el gobernador del departamento de Talagante, Enrique Herrera, comunica en carácter de urgencia al ministro del Interior el desastre causado por el río. El secretario de Estado recibe la misiva a las 9.20 horas: “Rio Maipo desbordose cerca la Puntilla de Lonquén inun-

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dando población La Villita en Isla de Maipo Punto Casas bodegas y plantaciones completamente inundadas Punto Caminos cortados Punto Ruego a US obtener urgentemente envío brigada Zapadores para que secundados por vecinos que ofrecen toda clase de ayuda dirijan y ejecuten obra de salvamento”.34 Esta inundación no abarcaba un área tan extensa como aquellas del siglo XIX y anteriores, pero si a lugares antaño despoblados, ahora con una mayor cantidad de población y además productivos. La condición de Isla de Maipo hacia bastante sacrificada y arriesgada la vida de los isleños cuando había que trasladarse, quizás mucho más que otros pueblos. Entre tumbos y tumbos, y ladeo tras ladeo, los viajeros se apretujaban en coches de trompa, que eran tirados por fortachones corceles. A veces era tal esfuerzo, que los tiros para arrastrar el medio de transporte se cortaban. Una y otra vez se reiteraban aquellos fatigosos y arriesgados los viajes el momento de vadear los brazos de río, especialmente cuando estos experimentaban crecidas considerables, por lo cual los pasajeros debían ponerse en cuclillas sobre los asientos para evitar que el agua mojara sus ropas y pertenencias. Los padecimientos de los naltagüinos eran similares. Sólo vinieron a cruzar el río a pie enjuto en la década de 1940, ello luego que en enero de 1946 la Dirección de Obras Públicas dispuso el pago de 2.737, 50 pesos a Teodoro Gil, dueño de los terrenos de la ribera sur del río, los que fueron expropiados con el objeto de construir un acceso a un futuro puente que se esperaba construir. El viaducto estaba en plena construcción.35 Educación Era invierno cuando el sol salió para los niños de Isla de Maipo. El 27 de julio de 1853 se creó la Escuela de Hombres, un acontecimiento histórico en aquella aldea, donde, como en todo Chile, y particularmente en las zonas rurales, el analfabetismo campeaba sin contrapeso. Gobernaba la república el Presidente Manuel Montt Torres. Así, Vicente Aranda, uno de los primeros preceptores que llegó a la localidad, pues fue nombrado en tal cargo el 11 de junio de 1855, vino a combatir el analfabetismo total con todas sus convicciones y vocaciones frente a arraigados paradigmas. Como era costumbre, los niños salían a trabajar junto a sus padres a los campos y 34 Ministerio del Interior, volumen 10847. 35 Periódico La Tribuna, Talagante, 03- 01-1946 y 16-04-1946. Municipalidad de Isla de Maipo

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las niñas eran ocupadas en las labores hogareñas. Estudiar era para muchos…una pérdida de tiempo. No se sabe la suerte que corrió aquella primera escuela, pero casi 17 años después, el 7 de junio de 1870, bajo el gobierno del Presidente José Joaquín Pérez, se creó la Escuela Elemental de Isla de Maipo, en el departamento de la Victoria.36 De acuerdo a datos de 1877, cuando estaba a cargo del cura Jerónimo Santiago, se trataba de una escuela alternada, es decir, los niños y niñas concurrían a ella en jornadas diferenciadas, generalmente los hombres en la mañana y las mujeres en la tarde. El establecimiento impartía educación en lectura, catecismo y aritmética. La escuela tenía una asistencia media de 25 hombres y 35 mujeres, siendo dirigida por la profesora y única docente Juana Ugarte. Según una comisión de 1878, integrada por Pedro L. López, Marcelino Arana, el cura Jerónimo Santiago y Juan B. Prado, que concurrió a tomar los temidos exámenes, “cuatro dieron examen de primera i segunda parte, siendo aprobados i el resto dieron primera parte i rezo, siendo también aprobados por unanimidad. Aritmética: en este ramo dieron cuatro desde el principio hasta multiplicación i dos salieron regular, i el resto dieron cálculo, haciéndolo regular”.37 Pero cuatro años después los recintos donde se impartía educación y el aprendizaje de los niños y niñas eran bastante defectuosos a los ojos del visitador Roque Concha, que elevaba un deprimente informe a la autoridad del departamento de La Victoria, luego de haber recorrido El Melocotón, Peñaflor, Malloco e Isla de Maipo. Señala que los edificios son verdaderos ranchos ni ninguna de las condiciones indispensables al objeto a que se les destina. Agrega que en Isla de Maipo ocupa un estrecho local de propiedad particular y que la sala de clases mide de largo 10 metros, ancho 4 y de alto 3,5 metros, pagándose por aquél la suma de 108 pesos por concepto de arriendo. En esas circunstancias deficitarias, que la profesora normalista María Luisa Silva brindara una enseñanza apropiada era una variable casi imposible, lo que denota que “los alumnos de esta escuela no pudieron atinar a ninguna de mis interrogaciones. Solo un niño como de 12 años contestaba satisfactoriamente”, acusaba el exigente emisario de Educación. Si de analfabetismo se trataba, las mujeres eran las que sacaban la peor parte, ya que los beneficios solía llegar primero a los del 36 Guía Cronológica de Creación de Escuelas 1842-1933. 37 El Maipo, San Bernardo, 12-01-1878.

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sexo masculino. Sólo el 6 de marzo de 1890, bajo la magistratura del Presidente José Manuel Balmaceda, se creó la Escuela de Niñas N° 4 en Isla de Maipo, casi cuarenta años después que viera la luz la primera escuela de Hombres. Si costó que un establecimiento se creara en Isla de Maipo, cuánto más lo fue en los caseríos lejanos. Sólo baste decir que en Islita no hubo escuela hasta bien avanzado el siglo XX. Los niños y niñas de aquel lugar se educaban en la Escuela Mixta N° 9 de Lonquén, creada el 11 de junio de 1892, pero cuyo paso fue fugaz por ese lugar, ya que apenas cinco años después, en 1897, el gobierno la traslada a Calera de Tango. Décadas después, volvería a establecerse una escuela en el lugar. Las grandes inundaciones de 1882 y 1898 “Río Maipo desviado por obras nuevas por propietario del fundo Lonquén, quien dice obrar autorizado por Corte Suprema. Empieza inundar población Isla de Maipo con serio peligro vidas i propiedades. Comunicaciones con pueblos vecinos interrumpidas. Cuatro ahogados ya vadeando río. Vecinos alarmados piden amparo. Gobierno sírvase comunicar Ministerio pidiendo venga urgentemente ingeniero que informe sobre temerse consecuencias trascendentales. Nota y solicitud Ministro por correo. Nicanor Gálvez, Alcalde”. (Telegrama del alcalde isleño de la Municipalidad de Talagante ,Nicanor Gálvez, al gobernador del departamento de La Victoria, 1898)

No fueron uno sino muchos los embates del Maipo. Desde lejanos tiempos se desbordaba e inundaba los campos isleños, quizás sin que en ello se pusiera mucha atención, pero en la medida que en el valle aumentó la población, se establecieron caseríos y se amplió la superficie cultivable, éstos empezaron a ser más notorios. Hay violentas inundaciones en 1871 y 1872 y muy particularmente en 1882, según lo comunicaban los vecinos Domingo Fernández Mata, Samuel Ovalle, Pedro J. López, Adolfo Baeza Riesco y Ramón M. de la Fuentes, a la autoridad departamental de gobierno, el gobernador de la Victoria. “Los que suscriben, vecinos de este departaMunicipalidad de Isla de Maipo

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mento i riberano del río Maipo a US como mejor procede decimos: que, el rio Maipo cuyo antiguo cause ha sido en este punto el denominado “rio Jelve o Chancho que sirven de deslinde a este departamento con el de Rancagua, se ha desbordado en los últimos años en distintas direcciones i mui en particular hacia lado de la Isla, cuyo pueblo fue inundado el año anterior , peligrando hasta la vida sus habitantes i por cuya causa se destruyeron gran número de propiedades i varios de los principales caminos que la cruzan”38. Los lugareños hacían lo poco y nada que estuviera a su alcance para intentar contener el río, mediante frágiles sistemas de patas de cabra, pero éstas colapsaban a la primera crecida. De allí que clamaran por la construcción de pretiles de piedra con el fin de restituir las aguas a su cauce natural. La lucha entre río y ocupación humana de los terrenos comenzó a darse sin que el afluente diera tregua. El río decidía volver una y otra vez en busca del espacio para desahogar sus embates y los isleños se esmeraban en arrimarse cada vez más a las proximidades de su caja madre y de los brazos de que él se desprendía. Para proteger los terrenos, los agricultores decidían poner obstáculos al curso fluvial, a veces con graves consecuencias. En esas circunstancias, el 7 de diciembre de 1898, en la víspera de la celebración la Virgen de la Purísima para los creyentes católicos, amaneció caluroso. Ni una mísera nube se oteaba hacia el horizonte. En la cordillera había gran cantidad de nieve, producto de un invierno inclemente. Reinaba la tranquilidad en la Isla y el río siguió su eterno curso al océano Pacífico, desembocando a la altura de Santo Domingo. La jornada transcurrió tranquila y por la noche un grupo de vecinos se reunió en la casa de don Bernardo Gálvez y su esposa Concepción Hernández, la actual casa López o Quezada López, con el propósito de celebrar el onomástico de la mencionada señora, madre del destacado hombre público de la Isla, Nicanor Gálvez. Allí se habían congregado, entre otros, Alfredo Lillo Luco, Julio López Díaz y Javier Aguiar. La fiesta fue animada, las hermanas Rosa, Margarita y Florencia Gálvez Hernández sirvieron la comida, mientras la señorita Rosa Cortés Fajardo, de preciosa voz, belleza y gracia andaluza, interpretó algunas canciones con acompañamiento de guitarra. 38 Gobernación de la Victoria, volumen 25.

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A medianoche, algunos de los asistentes salieron a tomar aire y fumar un cigarro junto al pimiento -que ya tenía un tamaño considerable y provocaba admiración hace 114 años-, pero con gran sorpresa vieron como Avenida Santelices, en ese entonces llamada Calle del Comercio, por situarse allí los principales locales comerciales del pueblo, era un gran torrente de agua. El río había avanzado raudo por la calle Lillo y huasos a caballo socorrieron a las familias que habían visto inundadas sus casas. El auxilio fue oportuno, porque muchos estuvieron a punto de ser arrastrados por la correntada. La tarea se hizo más difícil aún considerando que en el pueblo no existía alumbrado público de ninguna especie. La calle Lillo era una hondonada que hacía que el agua llegara hasta media costilla de las bestias. Así, las tareas de salvataje continuaron hasta la amanecida. El origen del anegamiento está en las alturas cordilleranas. El goteo de la nieve derretida se transformó en arroyos, los arroyos en esteros y los esteros fueron alimentando el Maipo, que impulsado por la pendiente fue tomando velocidad en busca de los valles en una riada incontenible. Así bajó desde los cajones de San José de Maipo y aunque apaciguó su velocidad al llegar al plan, la masa líquida era tal que el lecho del río se llenó de orilla a orilla. A la altura de Lonquén el violento choque del caudal con unos pretiles construidos por el dueño de ese fundo hizo que las aguas endilgaran fatalmente hacia Isla de Maipo. Los isleños sabían de las bravuconadas que cada cierto tiempo causaba el río, pero nunca llegaron a imaginar que aquella noche golpeara con tal fuerza que extensos campos e incluso la planta del pueblo se vieran severamente inundados, según lo testimonia un intercambio de telegramas entre autoridades locales y de la Gobernación de La Victoria. Aquel 8 de diciembre, a las 10 de la mañana, Nicanor Gálvez, uno de los tres alcaldes de la municipalidad de Talagante, remitió un dramático telegrama que treinta minutos después estaba en manos del gobernador en San Bernardo. Este daba cuenta de las causas: “Río Maipo desviado por obras nuevas por propietario del fundo Lonquén, quien dice obrar autorizado por Corte Suprema. Empieza inundar población Isla de Maipo con serio peligro vidas i propiedades. Comunicaciones con pueblos vecinos interrumpidas. Cuatro ahogados ya vadeando río. Vecinos alarmados piden amparo. Gobierno sírvase comunicar Ministerio pidiendo venga urgentemente ingeniero que inMunicipalidad de Isla de Maipo

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forme sobre temerse consecuencias trascendentales. Nota y solicitud Ministro por correo. Nicanor Gálvez, Alcalde”. Tan breve telegrama despachado desde el servicio telegráfico de Talagante daba cuenta del conmovedor momento, incluso con perdida de vidas alcanzadas probablemente por sorpresa debido a la crecida del río, consecuencias agravadas por un agricultor que buscaba su bienestar y lucro, dejando en la indefensión a todo un pueblo. Desde su escritorio en San Bernardo el gobernador de La Victoria se contactó con el subdelegado de Talagante, David Carmona, y le encomendó hacerse presente en Isla de Maipo y verificar la situación, pero el 9 de diciembre se fue haciendo más lastimosa aún. El subdelegado de Talagante David Carmona despacha un nuevo telegrama a las 13.30 horas al gobernador: “Río Maipo invadeable, cortada toda comunicación con la Isla por la que no podré practicar lo acordado por Usía”. El mismo día 9 más de 200 vecinos, llevando toda clase de herramientas y numerosas carretas se dirigieron a la Puntilla de Lonquén a tapar el río con pretiles de piedra y paja, mientras se esperaba medidas mayores por parte de las autoridades de gobierno. Nicanor Gálvez, en su calidad de tercer alcalde de la Municipalidad de Talagante, presidió un espontáneo cabildo abierto. Allí se discutió la situación de la Isla de Maipo y las medidas que era necesario adoptar para salvarla de la catástrofe. El preceptor de la Escuela Pública, Juan Bautista Prado, de carácter fuerte y decidido, propuso que el pueblo en masa acudiera a la Puntilla de Lonquén llevando armas de fuego y destruyera por la fuerza los pretiles que había construido el hacendado Adolfo Fernández para proteger sus terrenos, pero que repercutieron negativamente desviando las aguas hacia Isla de Maipo. Los más cautos pidieron que se remitiera comunicaciones al primer alcalde de Talagante y al gobernador de La Victoria, dándole cuenta de la angustia del pueblo y solicitándoles que intercedieran ante el Juzgado de Letras respectivo para obtener autorización para destruir aquellos pretiles. Las notas se despacharon en forma inmediata y le correspondió al vecino Juan Gárate, uno de los más avezados y valientes vadeadores del río, que cruzara el torrente por la parte norte del pueblo y llevara aquellos oficios. Sin auxilio de ninguna naturaleza y el pueblo de Isla de Mai-

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po dejado en la más absoluta indefensión, un atribulado Nicanor Gálvez despacha el 10 de diciembre, a las 10.50 horas, un nuevo telegrama a la autoridad departamental, donde deja entrever su malestar: “Inundaciones pueblo Isla de Maipo aumenta. Incomunicados hasta para correo. Urje. Dígnese auxilio Gobierno. Solicitarlo urjentemente”. Luego, el comunicado describe en forma sucinta pero elocuente el panorama del pueblo y alrededores: “Calle principal corre brazo río. Sembrados perdidos completamente. Anteayer dirijí telegrama a US. No he recibido contestación. Dígnese contestarme”. La situación por fin provocó la reacción del gobernador Carlos Walker Martínez, quien el mismo día 10, veinte minutos después que Nicanor Gálvez le telegrafiara, mandó un telegrama al subdelegado David Carmona: “Se asegura que Isla de Maipo está inundándose poniendo en peligro siembras i aun vidas pobladores. Sírvase averiguar y tomar prontas medidas”. Carmona se dirigió a verificar la situación y luego de fatigoso viaje al sector de los hechos volvió a Talagante para remitir una respuesta a su superior al atardecer, a las 7.30 PM. para mayor exactitud. Escueto, explica las causas de la inundación: “Don Adolfo Fernández, propietario del fundo Lonquén ha construido pretiles río Maipo por resolución del Juzgado”. En efecto, Fernández había construido unos pretiles que pretendían defender las tierras ribereñas del fundo Lonquén, pero actuaron como verdaderos obstáculos desviando el curso del río, que atacó sin contemplación a Isla de Maipo. Aunque la causa de los daños era evidente, el juzgado de San Bernardo mandó deshacer los pretiles, pero un tozudo Fernández, ignorando los perjuicios y la pérdida de vidas humanas. Aún más, el 17 de diciembre recurrió de amparo ante el tribunal, mostrando unos documentos de la Corte de Apelaciones que le facultaban para poder practicar ciertos trabajos para resguardar del río Maipo su fundo Lonquén, sentencia que se había originado en un juicio que sostuvo con el propietario del fundo ribereño situado al otro lado del río, en el fundo Lo Jélvez. Pero nunca hubo claridad de si verdaderamente era esa la causa, porque el emisario de la Gobernación, Ismael Infante había remitido el 9 de diciembre un informe: “por mi parte no podría indicar si dichas obras son la causa de los perjuicios que indica el alcalde de Talagante porque no soy competente para ello y se requeriría conoMunicipalidad de Isla de Maipo

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cimientos especiales como era los del señor Rengifo: puedo indicarle como cerá cierta que todos los años pasa igual cosa en la Isla, y este será superior por la gran cantidad de agua que arrastra el río”.39 El auxilio de las autoridades municipales y gobierno nunca llegó, pero si lo hizo el diputado Daniel Santelices, quien acompañado de un ingeniero orientó sobre las medidas precarias que se podía aplicar en el río. Éstas las dirigió Nicanor Gálvez, quien ordenó que se construyera defensas escalonadas bien adentrado el valle, a tal punto que la última se hizo a la altura del cementerio, que sufrió el socavamiento de algunas de sus esquinas, lo que incluso significó que el caudal arrastrara algunas tumbas y cadáveres. Las secuelas fueron evidentes. El río arrastró tierras riquísimas y varias casas, inutilizó los caminos y las calles del Comercio, Manuel Rodríguez, Lillo y Cortés, lo que da una idea de la amplitud de la devastación. Iguales estragos causó el brazo denominado El Chancho en el caserío de La Villita, mientras que el caudal principal del río tragó grandes extensiones de terreno a la altura de la hacienda El Rosario. El año 1899 volvió a producirse una nueva crecida, terminado por afectar completamente las plantaciones de durazno, limones, naranjas y a las viñas, no sólo por el arrastre de las aguas, sino también por las enfermedades fungosas que produjo el exceso de humedad. Si bien las inundaciones eran periódicas, aquel año 1898 la situación llegó a niveles extremos, pero pudo más la influencia del hacendado que el bienestar de todo un pueblo. Así, en aquel día de la Purísima en que se produjo la inundación, los vecinos tuvieron más razones que nunca para orarle a la Virgen de la Merced.

39 Telegramas contenidos en el volumen 139 Gobernación de la Victoria.

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La devastadora inundación de 1898 El 8 de diciembre de 1898, el vecino de Isla de Maipo y municipal de Talagante, a cuya jurisdicción pertenecía el pueblo, dio la dramática alarma de una devastadora inundación del río Maipo. A continuación una secuencia de telegramas entre un vecino isleño, autoridades comunales y del departamento de La Victoria, en diciembre de 1898. Fuente Gobernación de La Victoria, volumen 139.

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El vecino de Puntilla de Lonquén Arturo Miranda posa sobre el bloque de una de las defensas construidas en 1942 en el río Maipo y que mitigaron considerablemente las inundaciones de vastos terrenos de la comuna. Gentileza Emelinda González Cavieres.

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CAPÍTULO IV LA MINERÍA Y LA FUNDICIÓN DE NALTAGUA “Ahora, con respecto a la llegada a Naltagua de minerales de alta ley aurífera, se ha podido establecer que los sacos repletos de material se arrojaban a los hornos sin abrir, perdiéndose así el envase, pero ni un gramo de metal. También se cuenta que quienes trabajaban en los hornos, estaban juramentados de mantener el secreto de lo que en verdad fundían, y sólo el sordo rumor circulante entre el personal y el campesinado, de que en el establecimiento se fundía oro a espaldas de las autoridades, podía escucharse, aunque sin contar con las pruebas indispensables”. (La profesora Elcira Muñoz, en un texto de 1937 que se atribuye erróneamente a Clorinda Escartín)

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os cerros de Naltagua esconden en su vientre el preciado fruto mineral. Las vetas situadas en aquellos páramos eran codiciadas por unos y otros. En 1844 se produce una disputa sobre una antigua mina de cobre llamada El Sauce de Naltagua entre Joaquín de Santiago Concha y el poderoso hacendado Manuel Ruiz Tagle. En aquel lugar existía una mina que tuvo por merced Estanislao Portales, que antes había pertenecido a su suegro Santiago Larraín. Portales donó la pertenencia a Joaquín de Santiago Concha, quien la trabajó desde 1822. Sin embargo, en 1839 Ruiz Tagle y el senador Estanislao Portales, hijo del donante, denunciaron haber descubierto aquella mina como nueva y pidieron a la justicia derechos sobre ella. El punto en cuestión es que al defenderse, Joaquín de Santiago Concha argumentó que la mina no era nueva y que prueba de ello eran que sepultados por los laboreos antiguos se encontraban viejas maderas, lo que delataba la antigüedad de la pertenencia en explotación. Ciertamente, las minas en los cerros de Naltagua venían explotándose desde muy antiguo. Llama la atención que en un plano de mediados del siglo XVIII ya figure un ingenio de fundición el lugar, Municipalidad de Isla de Maipo

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génesis de las afamadas instalaciones francesas de comienzos del siglo XX. La hacienda era por aquellos años propiedad del maestre de campo Ignacio de la Carrera y Ureta y en su interior existía esta fundición que había trabajado Juan Domingo García, probablemente el padre de Manuel García, con quien litigaba Carrera por el derecho al uso de la acequia. Para que el ingenio funcionara, debía contar con agua, que permitiera separar el mineral de la roca. Esta llegaba a través de una acequia nueva trabajada por Juan Domingo García, pero aún se conservaban vestigios de una antigua. También Carrera ocupaba la acequia para el regadío de cultivos y praderas y había trabajado en ella rompiendo un risco para permitir el paso del agua. Pero no fue sino hasta comienzos del XX, cuando capitales franceses se instalan en el lugar, en que el sector va a adquirir una inusitada relevancia, tema que abordaremos en un capítulo siguiente. Las minas de Naltagua y la fundición En junio de 1908 se inició la construcción de la fundición de la “Societé de Mines de Cuivre de Naltagua”, cuyos iniciadores fueron los acaudalados condes Bernard de Saint – Seine, el conde Lesnil, que era yerno del Barón de Rothshild , y el banquero Michael Renebey. Los inversionistas declararon un capital inicial de 10 millones de francos, 3 millones de los cuales se obtuvieron mediante la emisión de bonos. Antes de iniciar la explotación habían adquirido la hacienda de Naltagua. Asimismo, compraron 120 pertenencias mineras. Se trataba, entonces de un proyecto integral, más aún si los condes y el banquero tenían como antecedentes que el cobre venia mostrando un importante incremento de sus precios en los mercados internacionales. El metal rojo se demandaba cada vez más para ser utilizado como conductor eléctrico para generadores y motores. Asimismo, se comprobó que era un material de buenísimas características para llevar la energía eléctrica. Por otra parte, los inversionistas tenían confianza en el gobierno de la época, que para sus intereses garantizaba represalias contra un gremio demandante como el trabajador minero. Hay que recordar la terrible matanza ordenada por el gobierno de Pedro Montt

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y ejecutada por Silva Renard en la Escuela Santa María de Iquique, en 1907, que dejó cientos de muertos. Los hornos empezaron a humear interminablemente a partir de abril de 1909. La producción se sacaba a través de un andarivel de fabricación alemana, que partiendo desde la Estación el Monte, cruzaba el rio en una extensión 5,6 kilómetros. Tras cruzar el río, un tren de trocha angosta unía la distancia de tres kilómetros con la fundición. A través del andarivel, de doble línea y muy rápido, se traslada hacia Naltagua el carbón y los insumos y hacia El Monte, en los capachos de retorno el cobre Blister que producía la fundición. En un año normal la producción era de entre 10 y 11 toneladas diarias, las que comenzaron a ser exportadas por el puerto de San Antonio en 1913, año en que el ferrocarril llega a esa ciudad. Importante era la existencia de una red ferroviaria en el mineral, la que operaba en dos niveles. El primero y más alto recorría desde la mina La Carpa, en El Rosario, hasta la de San Ramón, en San Antonio de Naltagua, para cuyo efecto se debió construir un túnel de un centenar de metros. El segundo nivel, más bajo, se extendía desde El Buitre hasta la Fundición, prolongándose a la vez hasta El Andarivel. El pique El Buitre era el punto en el cual se vaciaban de la red superior, los carros cargados de material, por medio sistema de piolas dispuesto en tal forma, que permitía subir los carros vacíos y bajar los cargados, en una interminable sucesión. Ese vital punto, por unir todas las líneas del tren minero, se llamaba “Trinidad”. A la par con el interminable ritmo de las calderas de la fundición, desde la minas de Naltagua un ejercito de trabajadores mineros trabajaba incansablemente en las entrañas de los cerros. El ritmo era manifiesto Las Vacas, El Durazno, La Suerte, San Ramón y Venus. Allí, en túneles que podían llegar a 300 o más metros, los hombres arrebataban a la montaña el fruto cuprífero, batallando contra los afloramientos de aguas. Aunque el auge de la explotación del cobre y la fundición de metales se dio a partir de 1909, con la instalación de la Societe de Mines de Cuivre, hay algunos antecedentes que dan cuenta de una expresión de carácter industrial anterior en las cercanías, como lo era una fundición del metal rojo que en 1875 poseía Ricardo Huidobro en 40 Estadística Jeneral del Departamento de Melipilla, 1875, Imprenta El Progreso, página 51 Municipalidad de Isla de Maipo

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San Francisco de El Monte, la que era alimentada con metales provenientes de otros puntos en su mayor parte.40 Entretanto, en Naltagua, antes de ponerse en marcha el sistema, ya se extraía, aunque de manera artesanal, minerales desde los generosos cerros de la zona. Allí, en esas serranías naltagüinas, se fueron multiplicando los piques, en lugares conocidos como Las Carretas, Agua Santa, El Durazno, Alto del Carmen o Carmen Alto, San Ramón, Yerba Buena y La Higuera. A comienzos del siglo XX en Naltagua se trabajaban numerosas minas con pequeña producción, las que en general eran depósitos en forma de mantos abundantes, con leyes relativamente bajas. En 1903 se había establecido una fundición, que permanecía cerrado. En ese lugar, la Compañía Cloruradora de Cobre poseía pertenencias mineras para cuyo beneficio se instaló el plantel que no alcanzó a trabajar por no haber dado los resultados esperados.41 En 1907, Carlos Segundo Caretena y Augusto Wichmann pidieron reabrir una mina “aterrada y abandonada desde tiempo inmemorial, en forma de mantos de metales en cerro conocido, ignorándose cual haya sido su nombre y quién su último poseedor”, bautizándola como Ana Benigna e inscribiéndola en el registro de Melipilla. Con tanta mina circundante y con instalaciones aunque precarias, inversionistas franceses ven en el lugar una gran oportunidad de negocios. El río Maipo aporta aguas abundantes y continuas para el funcionamiento de las calderas. La existencia de la estación de ferrocarriles de El Monte, que data de 1893 ofrecía la posibilidad de traer hasta Naltagua minerales desde distintos puntos del territorio nacional, como asimismo, ya procesado, transportarlo desde 1913 hacia el puerto de San Antonio, habilitando para ello un sistema de transporte de andarivel situado entre la fundición y la estación. Dormida durante siglos, se produjo el despertar de Naltagua. Se reactivó la actividad en las pertenencias mineras cercanas, especialmente en San Ramón. Los obreros llegaron por doquier a instalar y activar la gigantesca maquinaria que se trajo desde el exterior. Pronto las chimeneas comenzaron a lanzar interminables columnas de humo. El funcionamiento de la fundición demanda la utilización de agua, y mucha. Era pertinente congeniar la actividad minera con los usos agrícolas. Por ello, es que a instancias de los propios capitales franceses, los usuarios de las aguas se organizan. A solicitud del veci41 Estadística minera de Chile, 1903, volumen I, Sociedad Nacional de Minería.

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no Artemidoro Parga, en representación de la Sociedad de Minas de Cobre de Naltagua, el Juzgado de Letras de Melipilla cita a todos los comuneros del canal de Naltagua, que extrae sus aguas del río Maipo, con el objeto de constituirse en Asociación el 24 de octubre de 1913, en conformidad a la ley que se había expedido con fecha 9 de noviembre de 1908.42 Hubo una época floreciente en avances urbanos para la comuna de El Monte, impulsado por el mineral de Naltagua. Tan beneficioso período se debió a los generosos ingresos que, por concepto de avalúos se habían incrementado de 4.157.550, pesos, en 1909, a 9.788.665 pesos, en 1914. Así, el municipio había visto elevado su presupuesto de 13.417 pesos, en 1909, a 42.100 pesos, en 1914. En buena parte contribuía a este incremento en los recursos, la anexión del distrito de Naltagua a la comuna de El Monte por ley 2633 del 8 de febrero de 1912. La floreciente localidad minera y agrícola pertenecía hasta esa fecha a la comuna de Chocalán, vecina a Melipilla. Fue el municipal Ricardo Cruzat el que más se empeñó en anexar el distrito de allende el río Maipo, fundamentando que los grandes establecimientos mineros y varios fundos del distrito traficaban por El Monte43. La anexión implicó que la comuna creciera en su extensión de 12.263 a 20.230 hectáreas, de las cuales casi 8000 las aportaba la minera jurisdicción. Con ello, la población comunal crecía a 8000 habitantes. No obstante, fue el vínculo de El Monte con el mineral de Naltagua y sus capitales franceses el que provocó toda una revolución y dio un auge impensado a un pueblo que por ese entonces tenía como actividad primordial la agricultura. Ello se debió a que la salida del mineral desde allende los ríos Maipo y Mapocho se hacía a través de un andarivel de cinco kilómetros de largo, sorteando ambos cauces mediante un sistema de capachos que se arrastraban por cables unidos por torres cada ciertos tramos y que tenían como arribo terminal las cercanías de la estación del ferrocarril, desde donde el mineral era subido a los trenes y transportado con destino al puerto de San Antonio para su carga en barco y exportación, generando, a su vez, divisas para el país. El cobre era extraído desde el cordón montañoso de Naltagua, una inagotable veta cuprífera que aportaba la riqueza para sus propietarios y trabajo para sus empleados. El preciado fruto cuprífero se obtenía en la Quebrada de Las Carretas o quebrada Agua Santa, El 42 La Aurora, 9-10-1913 43 Manuel Prieto Valdés. Exposición a los habitantes de la comuna”, 1915, pag. 7 y 8 Municipalidad de Isla de Maipo

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durazno, San Ramón, Yerba Buena y la Higuera. Desde allí era transportado por una red ferroviaria que funcionaba en dos niveles. El primero, desde la mina La Carpa, situada en el sector El Rosario, hasta la mina de San Ramón, en San Antonio de Naltagua. El segundo nivel iba desde El Buitre, donde se recibían, en la red superior, los carros cargados de material por medio de un sistema de piolas dispuesto de tal forma que permitía subir los carros vacíos y bajar los cargados en una interminable sucesión. Ese punto vital, por unir todas las líneas del tren minero, se llamaba Trinidad, recuerda la profesora Elcira Muñoz. En la fundición el trabajo se tornaba incesante. El material era lanzado a unos altos hornos que funcionaban a miles de grados de temperatura en un trabajo constante día y noche, en tres turnos. Allí se formaban moldeadas barras de cobre en una proporción de un metro de largo por 20 centímetros de ancho. Al final de cada jornada, los trabajadores salían embetunados por el hollín, ganándose el apodo de los pintados o tiznados. Los trabajos eran vigilados en las minas y en la fundición por el administrador general Vicente Carretero, de carácter fuerte y dominante, con el cual ejercía su autoridad sobre aquel ejército de hombres que laboraban en precarias condiciones, sin los elementos de protección que se exige hoy en día. En las minas y en la fundición las jornadas laborales en verano se desarrollaban de lunes a viernes entre las 07.00 y 11.30 por la mañana y de 13.00 a 17.00 horas, mientras que los días sábado era media jornada de 07.00 a 12.00 horas. En temporada de invierno la entrada se retrasaba a las 7.30 horas, saliendo al mediodía. La naturaleza del trabajo también obligaba a mantener un sistema de tres turnos: 06.00 a 14.00, 14.00 a 22.00 y 22.00 a 06.00, esto especialmente en la fundición pues los hornos debían mantenerse operativos constantemente. Los obreros trabajaban por un jornal mínimo la hora, teniendo como días de anticipo de suelDos los miércoles, para quienes laboraban la fundición; los jueves, para los que trabajaban en la maestranza y los viernes para los encargados de las faenas de transporte. El pago mensual se hacía los días 12 de cada mes. La empresa era rigurosa en el cumplimiento del reglamento, prohibiendo actividades sociales o sindicales que interfirieran en la marcha de las labores. Además, por ningún motivo se debía llevar bebidas alcohólicas al trabajo y tampoco pasar de una sección a otra.44

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El cobre fundido era subido a un convoy de trocha angosta que le llevaba desde la fundición hasta la puntilla de San Antonio de Naltagua, punto de partida del andarivel en cuyos capachos uno tras otros eran llevados hasta la estación de trenes de El Monte, donde estaban los comandos del sistema. De allí se cargaban en los carros del ferrocarril y enviados al puerto de San Antonio para emprender el viaje a Francia. También la carga llegaba desde El Monte. Era el material que provenía de otros puntos como Disputada, Las Condes, Merceditas de El Volcán, Bellavista de San Felipe, Alhué y de los establecimientos mineros de la zona de Rancagua, Tiltil, Coquimbo, Caldera y Chañaral y de la Caja de Crédito Minero, Un secreto a voces es que allí también se fundía otros metales preciosos, por los cuales la empresa tendría que pagar mayores tributos. Al respecto, dice Elcira Muñoz: “Ahora, con respecto a la llegada a Naltagua de minerales de alta ley aurífera, se ha podido establecer que los sacos repletos de material se arrojaban a los hornos sin abrir, perdiéndose así el envase, pero ni un gramo de metal. También se cuenta que quienes trabajaban en los hornos, estaban juramentados de mantener el secreto de lo que en verdad fundían, y sólo el sordo rumor circulante entre el personal y el campesinado, de que en el establecimiento se fundía oro a espaldas de las autoridades, podía escucharse, aunque sin contar con las pruebas indispensables”. Se dice que el oro era fundido en un proceso sumamente cuidadoso y cubierto posteriormente en baños de cobre pagando un arancel insignificante por barras que en realidad valían una fortuna. ¿Cuánta riqueza se extrajo desde Chile utilizando aquel procedimiento por parte de intereses particulares? Difícil saberlo. El peso relativo del oro e mucho mayor que el del cobre, tanto así que hacia los últimos tiempos de existencia de la fundición uno de los hornos donde se fundía el preciado mineral colapsó y se rompió en su fondo, sobrepasando los ladrillos refractarios. La leyenda dice que una veta incandescente de mineral en forma líquida a miles de grados Celsius de temperatura se esfumó de los hornos y sin más la tierra, incapaz de soportar calores tan intensos como aquel, se abrió y dejó que el chorro líquido se introdujera en sus entrañas. Seguramente enterado de aquellas situaciones ilegales, el Presidente radical Pedro Aguirre Cerda, que llegó a la primera magistratura de la Nación en 1938 apoyado por la coalición frente popular formada por los partidos Radical, Democrático, Socialista y Co44 Hernán Bustos Valdivia. Isla de Maipo y Naltagua, 2 pueblos y un río, 2006, pág. 40 Municipalidad de Isla de Maipo

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munista, creó al año siguiente la Corporación de Fomento, CORFO, motor industrializador del país. A través de ésta, proponía crear la Fundición Nacional de Paipote, que se vino a concretar en 1952 y luego la fundición de Ventanas, que se inauguró en 1964, para recuperar así los minerales preciosos surgidos entre el cobre. Así pretendía terminar con el lucrativo negocio de las compañías extranjeras. Bajo estas circunstancias, la Societe des Mines de Cuivre de Naltagua debía enfrentarse a un poderoso competidor. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial el gobierno autorizó a las compañías cupríferas a cerrar los yacimientos y en vista que las ganancias no serían las que hasta ese momento llenaban los bolsillos de los inversionistas galos y previendo que el negocio ya no sería tan benevolente, se decidió cerrar la fundición, aunque entre los naltagüinos se sembró la idea que los yacimientos se estaban agotando. También fenecía la prosperidad para Naltagua y de paso para El Monte, causándole un fuerte golpe a la economía local debido al impacto socioeconómico que implicaba que decenas e incluso cientos de familias se quedaban sin ingresos provenientes de la minería, lo que a su vez perjudica el comercio local y de los alrededores, pero se recuperaba la riqueza de los metales preciosos para todos los chilenos. La muerte se veía venir a fines de 1944 y a eso contribuían variables externas. La Metal Reserve de Estados Unidos anunciaba la suspensión de la compra de metales a partir de 1945, razón por la que se pedía al gobierno hacer las gestiones para que eso no se produjese. El tiempo se encargó de dar forma a la esquelética figura de sus inmensas instalaciones. En tanto, el relave quedó allí pegado a la tierra, como costra inerte y representativa de esa muerte, a escasos metros del río Maipo. Parece que allí el tiempo también decidió agonizar hasta el suspiro final. De esas décadas de gloria sólo queda el modestísimo club Andarivel en El Monte. Con el remate de la fundición, hornos, carros, rieles, locomotoras y grúas, hecho acaecido a comienzos de 1950, el mineral de Naltagua ya era sólo un glorioso recuerdo. Pero antes, cuando ese mineral y la fundición requirieron de cientos de trabajadores, existió allí una verdadera ciudadela.

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El campamento minero de Naltagua Circula en el amplio y maravilloso espacio de la Internet un prodigioso y bien redactado documento cuya data es de 1937 y que describe de manera formidable el mineral de Naltagua. Sorprende por lo minucioso de la descripción, la ambientación y más aún cuando se atribuye a una alumna de la Escuela Mixta G 29, llamada Clorinda Escartín G., un nombre de esos que es imposible olvidar. Incrédulo ante tamaño talento, 75 años después de la data de aquel escrito, me formulé la pregunta de si realmente habrá sido esa pequeña niña la autora de tan magnífico trabajo. Y le seguí la pista, aún cuando me hice la idea que era muy tarde para localizarla por la cantidad de años transcurridos. Y Clorinda estaba, como monja retirada en un hogar de religiosas de Puente Alto, donde vive su retiro espiritual después de toda una vida dedicada a Dios. Nació el 9 de marzo de 1924 en el campamento de Naltagua y fue su propio padre, un aragonés llamado Julián Escartín Esquerra, que las ofició de partero asistiendo a su esposa originaria de Puangue, Melipilla, Rosario González Ubeda. Allí vivió 19 años, antes de partir a Buenos Aires para entrar al noviciado de las Carmelitas. El 27 de marzo de 2012 la visité. A sus 88 años su memoria y salud es envidiable y con ella comenzamos a reconstruir esa historia, aun cuando partió por confesarme que la autora de aquel famoso artículo de siete y media décadas atrás fue su profesora Elcira Muñoz, que fue la maestra la que no quería identificarse como la generadora intelectual de aquel trabajo por las incomodidades que podría generar en algunos aludidos. Me contó que su padre vino desde la península ibérica en busca de trabajo, recalando en Buenos Aires en 1912, junto a su hermano José. De allí pasó a Naltagua en busca de empleo y se estableció en la fundición, como jefe de cuadrilla, laborando en los tres turnos diferentes programados por la administración del mineral. Socialmente, Naltagua minero era por entonces un campamento segregado asentado a unas seis cuadras de distancia de la fundición, lo que le permitía estar lo suficientemente lejos del polvillo que afloraba por las chimeneas de los altos hornos. La localización de las casas iba desde las proximidades del camino que bordeaba el Maipo hacia los cerros. Allí se desparramaban unas decenas de casas de madera de apenas dos piezas que perteneMunicipalidad de Isla de Maipo

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cían a los obreros, un poco más apartadas las casas de los capataces, uno de los cuales era Julián Escartín. Más allá las casas de los jefes y administrativos y al bordear los cerros una señorial casa que pertenecía a monsieur Bordaill, el dueño de la fundición. Eran casas sólidas y con muchas habitaciones. Posteriormente, estas construcciones dieron lugar a otras sólidas, de ladrillo, y que dejan claramente segregada la población. En la parte más alta, en los faldeos del cerro se construyó una gran y señorial casa destinada a la gerencia. En sus proximidades las casas de los empleados, de 3 dormitorios, baño, comedor y cocina. Más allá las casas de los capataces, que consistían en dos casas pareadas, cada una con dos dormitorios, comedor, cocina y baño interior y hacia la parte más baja las casas de los obreros, también pareadas, que disponían de apenas un dormitorio, comedor y cocina. El baño era un pozo negro situado al exterior. Hoy en día, estos inmuebles se mantienen en buen estado en su mayoría y son habitados por nuevas familias, que se establecieron tras el éxodo de los mineros o por lugareños que trabajaban en el fundo San Vicente. A partir de la expropiación de éste, hacia 1970, las recibieron como viviendas de asentados. La casa de la gerencia pasó a manos de la Corporación de la Reforma Agraria (CORA) y posteriormente al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que administra los bienes de la ex CORA. Volviendo a los recuerdos, Clara Escartín comenta que cerca de las casas de los obreros había una escuela y a pocos metros un culto evangélico, también pulpería, botica y carnicería y un galpón techado que hacía las veces de teatro. Asimismo, existía una cancha de fútbol, donde se reunían los jóvenes y donde se escenificaban las fiestas primaverales y las fiestas patrias, que partían con el embanderamiento del asiento minero. De vez en cuando arribaba por allí el circo. Había carne, obtenida del ganado que se compraba en las ferias de Paine y Melipilla, el que era arreado por los cerros de Aculeo y Chocalán. Naltagua era un mundo aparte. La pulpería se abastecía con mercadería traída de Santiago, transportándose en tren hasta El Monte desde cuya estación ferrocarrilera era subida a los capachos del andarivel para sortear el río. A las diez y media de la noche un pestañeo de las ampolletas avisaba que las familias debían apurarse en terminar sus quehaceres hogareños, porque media hora después del campamento quedaba a oscuras, pues a esa hora dejaba de funcionar la central generadora de energía. El silencio campeaba en la población y los hombres se entregaban al descanso.

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De los deportes, el fútbol y el box arribaron con fuerza a aquel lugar. El balompié dio lugar a extraordinarios clásicos entre los clubes que representaban a los campesinos, por un lado y a los mineros, por otro. Eran partidos bravos en que las barras de ambos bandos no trepidaban en infundirle una derrota moral al adversario, partiendo por catalogar de “cuchuchos” a los hombres que laboraban la tierra, recibiendo de vuelta el calificativo de “tiznados” los mineros. Cuando se trataba de salir del campamento, el destino era una lancha o balsa que les ayudaba a sortear los ríos Maipo y a la altura de la Manresa tomaban una micro que les transportaba hasta Lo Aguirre, pasando luego el puente El Monte, construido hacia 1925. La balsa era un sencillo medio de transporte fluvial que primero fue de madera y más delante de metal, este último construido por el ingeniero Levegué.45 La lancha medía aproximadamente 6,5 metros de largo por 3 metros de ancho, con una baranda de 50 centímetros de altura y con sencillos asientos para trasladarse en un tiempo de entre siete y diez minutos. La nave se movía de un punto a otro afirmada en un cable que unido a tirantes enrrollados o desenrrollados en roldanas, no en línea recta, sino tomando una posición diagonal empujada por la fuerza de las turbias aguas del río. Ya hemos dicho que Naltagua era un lugar donde la segregación campeaba. Prueba de ello son hechos que hoy guarda nítidamente en su memoria Amadeo Cuneo Bassaure. Uno de ellos era que para transportarse existían dos góndolas o micros. Una, la del Sindicato, que era ocupada por los obreros, y la otra, la de la compañía, que era usada por los empleados y administrativos, los que sin embargo coincidían en la lancha. Pero un ejemplo repugnante de aquella discriminación sucedió alrededor de 1939. Estaban unos 15 empleados y obreros, además del estudiante Amadeo Cuneo a bordo de la balsa a punto de zarpar hacia El Monte, cuando el lanchero Maulén ordena que todos se bajen porque venía el gerente Roberto Burdail para abordarla. Sin saludar a nadie, el gringo ocupó la nave y solo con el lanchero cruzó el río, mientras a la distancia era observado por aquellos hombres que con su esfuerzo sacaban y trabajaban la riqueza del mineral, que a su vez le daba al discriminador la fortuna material. Debieron esperar que la lancha retornara para cruzar el río. No por rutinaria que fuera la maniobra, ésta era menos peligrosa o fatídica. En 1937 se produce la muerte de una niña por el volcamiento de ésta, debido al torrente del río. 45 Según testimonio entregado por Amadeo Cuneo Basaure. Municipalidad de Isla de Maipo

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Jurisdiccionalmente situado en El Monte, el mineral dio prosperidad a esta comuna, mientras que Isla de Maipo no tenía una minúscula relación con el lugar. La religiosa Clorinda Escartín recuerda que ni siquiera iban a la fiesta de la Merced. Codiciado mercado de consumo, Naltagua era frecuentado por vendedores viajeros, principalmente inmigrantes árabes que periódicamente aparecían ofreciendo al fiado diversas mercaderías a los trabajadores, los que también eran asediados, cuando eran malos pagadores, por el “Turco Jacob” empeñado en que le pagaran las tenidas dieciocheras, según recuerda la maestra Elcira Muñoz. Algunos obreros y empleados más precavidos se unieron a la Sociedad de Socorros Mutuos La Aurora de El Monte. Eran trabajadores, artesanos y pequeños industriales carentes de sistemas previsionales y de salud. Sólo la caridad era la salida a sus angustias, pero ello no siempre ocurría, de tal manera que se hacía imprescindible la colaboración mutua. Es por ello que el 8 de junio de 1913 se creó la Sociedad de Socorros Mutuos “La Aurora”. En total fueron noventa y tres los socios fundadores, siendo cincuenta y tres de ellos de El Monte, diez de Lo Chacón, dos de Lo Aguirre, nueve de Naltagua, uno de Melipilla, seis del fundo San Antonio, dos de El Paico y los restantes de otros sectores.46 El objetivo era formar una caja de socorro solidario, auxiliar a los miembros imposibilitados de trabajar, promover la educación y la moralidad y por ningún motivo tratar temas de carácter político o religioso. La ayuda mutua adquiría todo su valor cuando un socio fallecía, pues la Sociedad se encargaba de costear los gastos de sepultura, el ataúd y la misa de entierro. En el cementerio de El Monte existe un mausoleo que guarda los restos de los socios que han partido. He aquí, que mediante este sistema de comunicación El Monte y Naltagua estrecharon sus lazos y ello repercutió positivamente en la economía del pueblo. Como nunca, alrededor de la estación y en el centro se instalaron restaurantes, lugares de hospedaje y diversión y hasta un club de fútbol se convertiría en el más afamado de la comuna. Los mineros y los trabajadores, que por cientos laboraban en las minas y la fundición de Naltagua, constituían una generosa fuente de ingresos que se inyectaba al comercio local. Los viajeros provenientes de Naltagua cruzaban precisamente arrimados en los capachos del andarivel para entregarse a los placeres de la diversión. Tal llegó a ser el tráfico de personas entre El Monte y la localidad minera de Nalta46 Hernán Bustos Valdivia. Historia de El Monte, 5 siglos en la tierra de los Carrera, 2010, página 106.

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gua y tan necesario era para las arcas del comercio montino, que en 1944 un grupo de industriales y agricultores prometieron erogar hasta un millón de pesos para animar al gobierno a construir un puente sobre el río Maipo47. En efecto, las comunicaciones terrestres sólo se podían hacer pasando por Talagante y tomando un tortuoso camino a Isla de Maipo o bien por un no menos agreste camino que iba de Chocalán, al sur de Melipilla, por la ribera sur del afluente. El tráfico se hizo creciente y en 1944 el municipio autorizó con presteza al transportista Ramón Guajardo para que estableciera un recorrido de autobuses entre El Monte y Naltagua.48 Mientras, al interior del campamento se planteaba la necesidad de contar con agua potable toda vez que la que bebían los mineros era nociva para la población.49 Ese mismo año el sindicato habilita una góndola con capacidad para 25 pasajeros para transportarse hacia El Monte. La organización de los trabajadores La riqueza no la crean los capitales. La riqueza la crea el trabajo laborioso de los obreros, que en Naltagua llegaron por cientos y hasta miles. Para que llegaran de manera más equitativa, los trabajadores decidieron organizarse. El 19 de junio de 1927 fue creado el Sindicato Industrial de Obreros de Minas de Naltagua”, al que se sumaba otro que representaba a los empleados. El Sindicato no abarcó sólo sus tradicionales demandas reivindicativas. También se preocupó por mejorar las condiciones de habitabilidad de aquella masa laboral. Así, una de sus principales conquistas fue conseguir la habilitación de una posta de salud de emergencia. Asimismo, logró que la empresa habilitara un servicio funerario con la respectiva carroza para el traslado de los difuntos, sean familiares o asociados, cuyos deudos eran sepultados en El Monte o en Talagante. Antes de aquello, el rito de ir a dejar los finados se cumplía a pulso. Además, la organización sindical sostenía escuelas diurnas y nocturnas en San Ramón y Naltagua, becas para escuelas vocacionales y de oficios, ayudas especiales y organizaba las fiestas de Pascua para los niños. También promovía espectáculos de teatro aficionado, cuyos actores eran los propios trabajadores, exhibía cine sonoro y periódicamente organizaba bailes sociales. 47 El Labrador, 16-07-1944 48 El Labrador, 30-07-1944 49 El Labrador, 26-03-1937 Municipalidad de Isla de Maipo

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En 1939, su activo presidente, Miroslav Mimica promovía diversas actividades culturales con visión progresista, como la celebración de la Revolución Francesa y de conmemoración como el 1 de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Eran tiempos de la Guerra Civil Española y el Sindicato condenaba abiertamente los crímenes de Francisco Franco. Destacados conferencistas internacionales, como el sociólogo Jack Lavich, arribaban por el campamento de Naltagua. El deporte era tema relevante. Al calor del Sindicato se creó el club de rayuela “Unión Naltagua” y se fundó el “Sindical Boxing Club”. En 1938 consiguió que se iluminara la cancha de fútbol. De la misma manera, intervinieron en conseguir un servicio de góndola hacia Talagante, partiendo desde La Manresa. En una zona minera las ideas progresistas tuvieron campo fértil. Los mineros sufragaban en El Monte, pero no pudieron romper la hegemonía conservadora porque los trabajadores agrícolas terminaban por inclinar la balanza hacia los patrones, que no trepidaban en usar el cohecho como herramienta de convencimiento. La profesora Elcira Muñoz describe que el ejemplo de los mineros naltagüinos inspiró la creación del primer sindicato de trabajadores agrícolas de la provincia de Santiago en el fundo San Vicente de Naltagua. Recuerda la maestra, que las mujeres también jugaron un rol clave en la vida reivindicativa de los mineros. Ellas estaban organizadas en torno a la “Sociedad de Damas” y hacían valer su influencia en los momentos críticos y aparecían más decididas a dar la lucha que los propios hombres. “Al intervenir en las reuniones sindicales amonestando a los dirigentes vacilantes, las señoras ofrecían cambiar sus “refajos” por los pantalones de quienes dudaban. Temidas en la propia gerencia, y porque siempre exigían más con bastante éxito, se les bautizó con el apodo de Las Menches, en alusión a que hacían milagros como Nuestra Señora de la Merced de Isla de Maipo”, apunta. En octubre de 1943 se produce una gran huelga que no pasa inadvertida para el gobierno por el impacto que tendría en la actividad minera del país y por la imposibilidad de cumplir con los compromisos internacionales. El conflicto se desata luego que los obreros no recibieran respuesta satisfactoria a sus demandas: aumento de jornales en un 52 por ciento para los maestros de primera y segunda clase, 50 por ciento de aumento para los maestros de tercera clase, 40 por ciento para los obreros generales y una asignación de familiar de

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90 pesos mensuales por carga familiar, entendiéndose como tales a esposa e hijos hasta los 18 años. La parte patronal había ofrecido un aumento de un 18, 16 y 14 por ciento para las categorías de maestros, respectivamente, un 25 por ciento de aumento para los trabajadores a trato en las minas y el pago por el mes corrido de trabajo. La oferta fue rechazada tajantemente por el poderoso sindicato, interviniendo, a fines de agosto, una Junta de Conciliación, que sometió a las partes la propuesta de aumentar los jornales en un 30, 27 y 24 por ciento, respectivamente, en un 20 por ciento los salarios generales y fijar una asignación familiar de 65 pesos para la esposa y 40 pesos por cada hijo. Frente a la imposibilidad de acercamiento, el problema llega a las más altas esferas de gobierno. El Presidente de la República decide intervenir, argumentando que la paralización de las faenas de la fundición de la Societe des Mines de Cuivre afecta el normal funcionamiento de las compañías mineras Disputada, Las Condes, Merceditas de El Volcán, Bellavista de San Felipe, Alhué de Melipilla y de los establecimientos mineros de la zona de Rancagua, Tiltil, Coquimbo, Caldera y Chañaral y de la Caja de Crédito Minero, que son los establecimientos que debían entregar el mineral a Naltagua para su tratamiento y cumplir así con los contratos internacionales, como la Metal Reserve. En cierta medida, se podría decir que la suerte de Chile dependía de Naltagua. Junto con el daño al país, el gobierno hacía ver su preocupación, ya que la situación también podía generar trastornos y alteraciones del orden público. Con los trabajadores paralizados, el 1 de noviembre de 1943, el Presidente Juan Antonio Ríos decretó la reanudación de las faenas desde el momento mismo en que fueran notificados, bajo apercibimiento de derecho. Además, aplicó los aumentos propuestos por la Junta de Conciliación y otorgó un aumento de un 25 por ciento a los obreros a trato en las minas. Ríos dispuso que el jefe de Plaza Mayor, René Sanhueza, tendrá las atribuciones para hacer cumplir lo decretado, en directa comunicación con el Ministerio del Interior, encargándole al gobernador de Talagante, Enrique Herrera Briceño dar a conocer las drásticas medidas. Fue este el tiempo en que la fundición sufre sus estertores finales. Los capitales franceses, también agobiados por la Segunda Municipalidad de Isla de Maipo

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Guerra Mundial emprenden la retirada. Se paran las calderas, se enfrían los hornos, las chimeneas ya no lanzan los humos negros y sus dañinas partículas dejan de sembrar la esterilidad en los desolados cerros cercanos; el trencito detiene su traquetear multiplicado por el eco de las quebradas. Los capachos del andarivel quedan inmóviles en alguna parte del trayecto. La compañía decide también expulsar a los trabajadores y sus familias. Por los caminos y con destino a El Monte se observa el lento paso de decenas de carretas que los alejan con sus pertenencias vadeando los ríos. Algunos se establecen en El Monte, otros en Talagante, otros se trasladan a la Disputada de Las Condes, también propiedad de los dueños de Naltagua, y otros van en busca de la sobrevivencia al norte mineral. El futuro es incierto. Tiempo después un ejército de hombres encomendados por la empresa vendrá a levantar los rieles y a rescatar cuanto fierro sea posible. El tiempo se detiene y la costra inerte de la escoria y el relave se enseñorea en el lugar, hasta hoy.

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Vista panorámica de la fundición de Naltagua en sus años de esplendor. Se aprecia las instalaciones donde se fundía los metales, algunas construcciones, de las cuales algunas fueron sepultadas por la escoria y el campamento. Asimismo, el paso cercano del río Mapocho. Gentileza José Osorio Cabello.

A continuación una selección de fotografías que muestran la actividad secuencialmente, tanto en la fundición como en el acopio, traslado, extracción de las minas de Naltagua y el campamento minero, en ese entonces perteneciente, desde 1912, a la jurisdicción de la comuna de El Monte.

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…Créase una nueva comuna, que se denominará “Isla de Maipo”, cuyo territorio comprenderá la subdelegación 6ª del departamento de la Victoria. La cabecera de dicha comuna será población del mismo nombre. (Extracto del decreto de creación de la Municipalidad, 1899)

CAPÍTULO V LA COMUNA DE ISLA DE MAIPO La comuna de Isla de Maipo y sus primeros años

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a nula reacción de las autoridades talagantinas y aquello que los vecinos consideraron una falta de auxilio imperdonable para afrontar la inundación de 1898, creó un gran descontento en la población de Isla de Maipo, generándose un fuerte sentimiento por segregarse de Talagante y formar su propia comuna. Se atribuye un gran esfuerzo para la creación de la Municipalidad al diputado balmacedista Daniel Santelices Cerda, cuya memoria rescata la calle principal del pueblo hasta el día de hoy. Hijo de Andrés Santelices Cerda e Isidora Cerda Troncoso, casó con Celinda Rodríguez Cañas. Fue parlamentario del Partido Liberal Democrático por La Victoria y Melipilla durante el período 1897-1900, se desempeñó más tarde como rentista y fue brevemente intendente de Antofagasta en 1906.50 También le cupo un rol destacado en la consecución de la comuna a varios de los connotados personajes del pueblo. Por cierto, al edil Nicanor Gálvez, al vecino David López y al oficial del Registro Civil Alberto Tasso Calderón, que había sido nombrado en tal responsabilidad el 10 de agosto de 1898 y que se mantuvo allí por cuarenta años, período en el cual se ausentó de sus funciones por enfermedad sólo en dos años: 1914 y 1927. Sentado por tantos años en un escritorio, Tasso enfermó de varices en las piernas.51 Hasta 1891 jurisdiccionalmente el territorio se dividía en provincias, departamentos, subdelegaciones y distritos. Isla de Maipo pertenecía al departamento de La Victoria, con cabecera en San Bernardo. En la Isla se nombraba un subdelegado. La dependencia direc50 http://historiapolitica.bcn.cl/resenas_parlamentarias/wiki/Daniel_Santelices_Cerda 51 Periódico Renovación, Isla de Maipo, 8 de febrero de 1938. Municipalidad de Isla de Maipo

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ta de Talagante data de 1891, cuando en un afán por brindar mayor autonomía a los gobiernos comunales, se crean 195 municipalidades a lo largo del país, entre ellas la de Talagante, dividida en dos subdelegaciones: la 5ª de Talagante y la 6ª de Isla Grande, como también se designaba a Isla de Maipo. El flamante municipio de Talagante y los restantes creados regirían desde 1894. En marzo de aquel año se efectuó el primer acto eleccionario en que votaban sólo los grandes contribuyentes, alcanzando las más altas votaciones entre los municipales electos los vecinos isleños Manuel Fajardo, con 233 votos, y David López, con 224. El 6 de mayo se instaló el municipio, constituido por un primer, segundo y tercer alcalde y cinco regidores, aún cuando estos últimos debían ser seis. Fue elegido primera autoridad comunal Enrique Echazarreta, mientras Fajardo ocupó la tercera plaza de alcalde y David López fue elegido quinto regidor. Cuatro meses después de haber asumido, fueron excluidos tres municipales, entre ellos Fajardo y López.52 El 26 de diciembre de 1899, tomando como argumentos que la entonces subdelegación perteneciente a Talagante ya había alcanzado suficiente independencia; que a causa de las grandes avenidas del río Maipo se interrumpían las comunicaciones con Talagante, y que ya el centro de la población tenía la cantidad suficiente de habitantes para servir de cabecera a la nueva comuna, lo que le hacía tener una renta suficiente para llenar todas las necesidades locales, el Presidente Federico Errázuriz dio vida a la comuna de Isla de Maipo. El decreto reza textualmente así: “Santiago, 26 de diciembre de 1899 Vista la solicitud de los vecinos de la Isla de Maipo, subdelegación 6ª del departamento de la Victoria, en la que piden se forme una nueva comuna con dicha subdelegación; atendidos los informes recaídos en dicha petición, i Teniendo presente: 1° Que la mencionada subdelegación se encuentra completamente independiente del resto de la comuna de Talagante a que actualmente pertenece; 2° Que actualmente, a causa de las avenidas del río Maipo, se 52 Hernán Bustos Valdivia. Historia de Talagante, 2008, página 56.

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interrumpen las comunicaciones de dicha subdelegación con la cabecera de la comuna; 3° Que la espresada subdelegación tiene un centro de población adecuado para servir de cabecera a la nueva comuna i ademas cuenta con renta suficiente para llenar todas las necesidades locales, i oido el Consejo de Estado, Decreto Créase una nueva comuna, que se denominará “Isla de Maipo”, cuyo territorio comprenderá la subdelegación 6ª del departamento de la Victoria. bre.

La cabecera de dicha comuna será población del mismo nom-

Tómese razón, comuníquese, publíquese e insértese en el Boletín de las Leyes i Decretos del Gobierno. ERRAZURIZ

Elías Fernández A.

El primer municipio isleño fue electo en marzo de 1900 y se constituyó oficialmente el primer domingo de mayo de aquel año. Lo encabezó el edil David López Vásquez. Le acompañaron en la primera corporación edilicia, como segundo edil, Lizardo Cabrera, y como tercer alcalde Nicanor Gálvez Hernández. Los regidores fueron Leonor Jiménez, Francisco Javier Olea, Nicolás Herrera, Manuel Fajardo, Raimundo Pinto y Alfredo Lillo. Agricultor y comerciante, David López era un hombre de mediana estatura, como la mayoría de las personas de aquel tiempo. De rostro serio y algo adusto, llevaba en sus venas la sangre del colonizador Juan López de Córdova y como corolario a esa misión, fue éste, como descendiente, quien dirige los destinos de aquellas tierras cuando la comuna se funda. Hijo de Mariano López y Petronila Vásquez, el primer edil isleño nació en 1846 y falleció en su querida tierra el 18 de noviembre de 1918. Era casado con Arsenia Díaz, oriunda de Isla de Maipo, hija de Juan de la Cruz Díaz y Dolores Arenas. Arsenia falleció en 1934. La familia de su esposa sabía de los rigores y los dolores del río Maipo. Su suegro se ahogó en la Navidad de 1881, cuando intentó cruzar uno de los brazos a la altura del cementerio. Su cuerpo fue recuperado varios kilómetros aguas abajo. Municipalidad de Isla de Maipo

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López era un próspero comerciante y viñatero que poseía gran parte de los terrenos que van desde la antigua casona, hoy conocida como Quezada López, que adquirió el 21 de marzo de 1901 a su colega municipal Nicanor Gálvez, quien a su vez la había heredado de sus padres. López poseía viñas en todo el contorno que abarca la calle Lillo, Santelices y Manuel Rodríguez y en la medida que la rentabilidad de sus negocios creció fue adquiriendo más terrenos, transformándose en uno de los mayores propietarios del hoy sector urbano de Isla de Maipo. Durante su primer año de existencia el municipio encabezado por el alcalde López enfrentó un serio problema: no contaba con presupuesto, dado que las comunas debían presentar tal requerimiento al Ministerio del Interior en la segunda quincena de abril de cada año, pero habiéndose constituido recién el municipio en mayo de 1900 era imposible cumplir con aquella exigencia contemplada por ley. Se pensó en aplicar el de Talagante, pero en Isla de Maipo no existían todos los servicios con que contaba la comuna madre, lo que hacía muy alto el de la comuna isleña, de tal manera que un afligido alcalde López ofició al ministro del interior consultándole cuatro materias: ¿Los presupuestos municipales de entradas y gastos, por el presente año, se pueden formar desde el seis de mayo hasta el 31 de diciembre? ¿Por qué rol de avalúos se cobrará la contribución de haberes? ¿Se hará el avalúo o regirá el que hizo en 1899 la comuna de Talagante? ¿Los presupuestos para 1901 se pueden discutir después de la segunda quincena de abril por el caso excepcional de esta comuna y qué rol de avalúos servirá para calcularlos?53 En la década siguiente, merced a la experiencia en materias municipales y administrativas de algunas autoridades locales, la comuna siguió su curso y se fue consolidando. En el centenario de Chile, el municipio de Isla de Maipo era encabezado por Julio David López, como primer alcalde; Tránsito Fajardo y Víctor Llovet Gana, como segundo y tercero, respectivamente. Los regidores eran, del primero al sexto, Alfredo Lillo, Jorge Bhüler, Nicanor Gálvez, Felipe Santiago Guerrero, Emilio Reinoso y Pedro Segundo González. Las funciones de tesorero y secretario municipal las cumplía Leoncio Sánchez e inspector era Baldomero Maldonado. 53 Ministerio del Interior, volumen 2494, pieza 133.

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Julio David López Díaz era hijo del alcalde fundador David López Vásquez. Había nacido en 1879 y falleció en 1956. Tuvo un hijo y cinco hijas, entre las que destaca María López López, la primera regidora de Isla de Maipo, elegida en 1935. Julio David López era considerado un patriarca en Isla de Maipo y era descrito como popular, parco pero a la vez extremadamente sensible y ávido lector de poesías. Durante su gestión, aprovechando la amistad que tenía con el marino Máximo Inostroza, viajero de los mares, Julio David López encargó a éste tres banderas de lanilla inglesa traídas de ese país. Una, aún existente en poder de sus nietos, la destinó a la casa, otra a la Municipalidad y una tercera al cuartel de Policía. Nacido en el mismo año en que se produjo el Combate Naval de Iquique, Julio David López adoptó por costumbre una tradición que sus descendientes hacen perdurar hasta el día de hoy. Cenar cada 21 de mayo costillar con puré, la misma comida que cenaron los marinos a bordo de aquella frágil nave, los que al día siguiente perecerían en las costas. Dos años después el edil era Nicanor Gálvez, secundado por el segundo Julio David López y por el tercero Tránsito Fajardo, mientras que los regidores eran en orden de precedencia Alfredo Lillo, Víctor Llovet, Felipe Bühler, Pedro González, Santiago Guerrero y Emilio Reinoso. Juan Francisco Santander era secretario y tesorero y actuaba como comandante de Policía interino Baldomero Maldonado. Aquel año, los 25 mayores contribuyentes de la comuna eran Ascanio Bascuñán S.M, con 185.000 pesos; Félix Canessa (60.000 pesos), Francisco Ruiz Tagle (55.000), Marcos Vásquez (25.000), José Arrea (20.000), Pedro Pablo Alvarez (17.000) y Raimundo Pinto (13.000); luego David López, Julio López y Manuel Fajardo, con 10.000 pesos; Hermenegildo Catalán (9.250), Luis Contreras, Felipe Guerrero y Jesús Martínez (8.000), Bernardo Cortés, Nicomedes Navarro, Rafael Quezada y Conrad Madariaga, todos con 7.000 pesos; mientras que Custodio Aguirre, Bautista Valdés y la Parroquia San Francisco Javier contribuían con 6.000, al tiempo que Antonio Herrera, José Mercedes Herrera y Nicanor Gálvez alcanzaban la suma de 5.000 pesos en contribuciones.54 La reconstrucción de los municipios a partir de esta fecha se vuelve dificultosa, al no existir documentación o archivos que se hayan conservado. Sólo se pueden volver a consignar con certeza al54 Gobernación de La Victoria, volumen 233. Municipalidad de Isla de Maipo

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gunas autoridades desde la década de 1920, entre las cuales figuran algunos no elegidos por elección democrática, sino por designación, tras los sucesos políticos que llevaron a la renuncia del Presidente Arturo Alessandri Palma y con varios gobiernos posteriores, entre 1924 y 1935. En ese entonces la comuna era administrada por una Junta de Vecinos, que era integrada por un alcalde y dos vocales. Uno de esos ediles fue Pedro Vásquez, designado el 21 de abril de 1927, secundado por los vocales Maximiliano Pino Inostroza y Carlos R. Valdés55, quien duraría en el cargo hasta el 6 de diciembre de 1930, cuando el Presidente Carlos Ibáñez del Campo designa a Luis Vial Infante, en calidad de interino, toda vez que éste también era alcalde de Talagante56. Hasta 1936 el acalde era Rubén Latorre adquirió el sitio de la primera piscina de Isla de Maipo, que no era más que un remanso de aguas. En noviembre de ese año el alcalde de Isla de Maipo era Alejandro Mesa, que había asumido hasta 1938.

David López fue el primer alcalde de Isla de Maipo a partir de mayo de 1900. Junto a Nicanor Gálvez fue el gran precursor de la comuna, que fue creada en diciembre del año anterior.

55 Boletín de la Leyes y Decretos, 1927, tomo 2 página 1079. 56 Boletín de las Leyes y Decretos, 1930, tomo 3 página 3350.

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Julio David L贸pez, alcalde de Isla de Maipo, caudillo de la comuna. Gentileza Carolina Moraga y Claudio Quezada L贸pez.

Julio David L贸pez, alcalde de Isla de Maipo, caudillo de la comuna. En la otra foto con Ernestina Reyes, llevada en las ancas de su caballo.

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Familia López, con el patriarca Julio López, de vestón blanco. Gentileza Carolina Moraga y Claudio Quezada López.

Damas isleñas posando en el exterior de la casa de David López. Gentileza Carolina Moraga y Claudio Quezada López.

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Mujeres isleñas en el jardín interior de la casa de David López. Gentileza Carolina Moraga y Claudio Quezada López.

Integrantes de la familia, jardín interior de la casa de David López. Gentileza Carolina Moraga y Claudio Quezada López.

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Damas isleñas posando en el exterior de la casa de David López. Gentileza Carolina Moraga y Claudio Quezada López.

Reunión social en Isla de Maipo. Gentileza Carolina Moraga y Claudio Quezada López.

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Venta de propiedad de Exequiel Valenzuela al poeta y creador del actual himno nacional, Eusebio Lillo. Gentileza Carolina Moraga y Claudio Quezada L贸pez. Municipalidad de Isla de Maipo

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Viñas de Isla de Maipo Desde que Juan López de Córdova incursionara en las tierras de Isla de Maipo, alguna parte de esta vasta península de tierra firme se vistió con árboles frutales. En el siglo XVIII había plantado guindos e higueras, a tal punto, que como el caso de los primeros, se denominaba ciertos potreros con ese nombre. 57 En el siglo XIX la ganadería seguía siendo una actividad económica relevante, pero una buena parte de los campos cultivables fueron destinados a la producción cerealera como trigo candeal y cebada. También se orientaba al cultivo de la linaza58, una semilla que la cual se extraía aceite. Hacia fines del siglo XIX se hizo más común la plantación de perales, cuyo fruto era comerciado en Talagante y Santiago. No fue extraño que en algún momento en los extramuros se refirieran a los isleños como los pereros. Testimonios de antiguos lugareños sitúan la producción de este árbol frutal en el sector de La Villita y en algunos puntos situados entre Islita e Isla de Maipo. Incluso hubo un antiguo fundo que llevó por nombre El Peral o Los Perales. También en la centuria del XIX se acrecientan las viñas y la producción artesanal de chicha y vino, siendo uno de los primeros exponentes la familia Mesa, que aún a comienzos del siglo XXI sigue en esa misma labor, sosteniendo una tradición de larga data. También eran viñateros los integrantes de la nutrida familia López. Pronto se descubrió que las tierras ásperas, alimentadas por el sedimento que arrastraba el Maipo y el generoso sol ofrecían condiciones inmejorables para el establecimiento de viñas y surgieron plantaciones en mayor cantidad de hectáreas, impulso que brindaron principalmente algunas familias originarias de Italia que decidieron radicarse en Isla de Maipo, dándole un sello vitivinícola a la zona. El inmigrante Pedro Pavone, proveniente del Piamonte, en el norte de Italia, con ancestros que habían practicado por generaciones el cultivo de la vid, decidió en 1917 comprar unas tierras en Isla de Maipo. Y allí, prácticamente en el curso de un antiguo brazo del río, pedregoso hasta decir basta, decidió dedicarse al vino. En 1921 estaba en plena producción. La calidad de los vinos vendidos a granel trascendió inmediatamente. En 1945 fundó la famosa marca Santa Ema, secundado por su hijo Félix Pavone Arbea. 59 57 Real Audiencia, volumen 1483, fojas 189 58 Periódico El Maipo, 19-01-1878 59 Alejandro Hernández, Gonzalo Contreras. Vinos y viñas de Chile, 1992, pag 82 a 91.

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En 1934, el inmigrante Pietro de Martino adquiere el pequeño fundo denominado la Viña en Isla de Maipo. Tenía en sus genes una tradición productora familiar desde generaciones en Vignanello, en las cercanías de la capital italiana, Roma. Primero produce para venta a granel para grandes distribuidoras. Precario de salud, Pietro decide volver a Italia, muriendo cuando apenas cumplía 47 años, siendo sucedido en la viña de Isla de Maipo por su hermano Licinio, cuyo hijo Giorgio le da un enorme impulso transformándolo en un moderno y exitoso proyecto.60 Exponente de esta tradición fue también José Cánepa Vacarezza, que llegó a Chile en 1914. Tenía apenas 15 años cuando desembarcó en Valparaíso proveniente de la Riviera Italiana y pasó otros quince para convertirse en uno de los más importantes elaboradores y distribuidores del Puerto. En esas circunstancias es que buscando ampliar sus negocios hacia la producción de vinos, decide comprar parte del fundo El Retiro, situado en Islita. En 1946 le llamó La Caperana, haciendo alusión a una pequeña localidad de la Liguria. Las tierras de la Caperana italiana eran similares a las de Islita, pedregosas, ásperas, pero las primeras, merced al trabajo laborioso, fueron convertidas en un vergel, mismo ejemplo que siguió para transformar las tierras isleñas, estableciendo sistemas que permitieran aprovechar los sedimentos que dejaba el río, además de ir ganando 80 hectáreas de terrenos al cauce mediante pretiles. Además, enriqueció otras 120 hectáreas y las dotó de tranques y pozos profundos.61 Actualmente a través de Viña Tarramater, la famila Cánepa llena de orgullo esta tierra con la producción de vino y aceites de oliva y toda una apuesta en su sala de ventas con una variada oferta de producto gourmet y vitivinícolas importados desde Italia. Isla de Maipo en el mundo gracias al vino No es extraño encontrar en cualquier parte del mundo el nombre Isla de Maipo. Ello, gracias a ese particular embajador que es el vino. Dice Guillermo Inostroza en su libro “Un pueblo de fe y tradición”, que en tanto el vino chileno fue ganando terreno en los mercados mundiales, paralelamente los viñateros isleños fueron modernizando sus bodegas para comercializar ellos sus productos. Así 60 Alejandro Hernández, Gonzalo Contreras. Vinos y viñas de Chile, 1992, pag 82 a 91. 61 Alejandro Hernández, Gonzalo Contreras. Vinos y viñas de Chile, 1992, pag 82 a 91. Municipalidad de Isla de Maipo

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surgieron viña La Patagua, Santa Inés, San Vicente, Santa Ema, El Peral, La Quinta, Naguayan, Las Mercedes, Las Pircas, La Gloria, Lourdes, Piamonte, La Alquería, Caperana, Miraflores, El Rosario, Aliste y Cortés. lograr mayor reconocimiento, Caperana se convirtió en Terra Mater; Santa Inés en De Martino, El Rosario en Viña Tarapacá ex Zavala y Lourdes en Morandé. La excepción fue Santa Ema, que decide mantener su bien posicionado nombre. Continúa el autor, que al producirse la globalización del comercio mundial, Viña Tarapacá ex Zavala, de propiedad de la Compañía Chilena de Fósforos, convirtió el fundo El Rosario en una extensa viña y centro turístico de primer nivel en medio de un panorama que conmueve por su belleza. Las viñas de Isla de Maipo siguieron innovando conforme los mercados mundiales lo requirieron. Viña de Martino pasó en 1998 de una agricultura tradicional a una cien por ciento orgánica, alcanzando la certificación de la alemana BCS Oko-Garantie GMBH, obteniendo su primera cosecha en 2001, convirtiéndose pronto en el segundo mayor productor de vinos orgánicos de Chile. El desafío también implicó ser la primera viña en el mundo en generar bonos de carbono, consolidando el liderazgo en sustentabilidad al convertirse en la primera viña carbono neutro de Latinoamérica. Existe en sus instalaciones un lugar altamente llamativo, donde el vino descansa en viejas tinajas, reviviendo las viejas tradiciones, gracias a los cual, mediante extraordinarias técnicas de vinificación, producen mostos que han sorprendido a los entendidos. No es casualidad que Isla de Maipo, y en particular aquella viña, haya sido escenario en el año 2006 para que la Presidenta Michelle Bachelet haya firmado un Tratado de Libre Comercio con la República Popular China. Inspirada también en un afán ampliamente exportador, la Viña Santa Ema abarcó los mercados de Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica. También se convierte en una de las primeras en Chile en ser certificada como viña sustentable. Viña Santa Ema, por su parte, comercializa en más de 30 países de América, Europa y Asia, recibiendo importantes reconocimientos a nivel nacional e internacional. De hecho, ha sido galardonada en el Concours Mundial de Bruxelles. Asimismo, ha sido reconocida por revistas extranjeras del rubro.

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Además la innovadora arquitectura de su bodega de Vinos y sala de ventas en el Fundo El Peral, marca un hito en el diseño de la industria del vino, todo ello fruto del cariño que la familia Pavone y en especial don Félix Pavone Arbea, recientemente fallecido, han puesto en estas tierras. Ha seguido esos caminos la viña Miraflores, en algún momento llamada Viña Sol y Viento. Esta viña, que nació justamente en el Fundo Miraflores en 1906, de la mano del inmigrante español de Navarra, Secundino Gil, realiza el cultivo orgánico de uvas Cabernet Sauvignon. Esta Viña ha desarrollado una intensa actividad turística al interior de su Fundo siendo pionera en abrir tanto su estructura productiva y como su rico patrimonio arquitectónico que lo integran su Casa, Iglesia y Bodega las que datan del 1920 aproximadamente a visitantes nacionales como extranjeros. Destaca que al interior del Fundo Miraflores, que otrora fuese de propiedad de Ricardo Portales Nordenflycht, hijo de Diego Portales, aún se conservan y habitan las casas de inquilinos propias de la sociedad agraria de Chile donde sus descendientes siguen prestando labores agrícolas. Las viñas también han apostado por orientar sus instalaciones a la realización eventos internacionales. Caso emblemático de Isla de Maipo es la Viña Tarapacá, que acogió en su hermosa casona a personajes como el príncipe Alberto de Mónaco y el Club de Madrid, reuniendo a más de 70 jefes de estados democráticos, teniendo como anfitrión al Presidente Ricardo Lagos, desarrollando una continua agenda corporativa con embajadas presentes en nuestro país, cuyas delegaciones visitan constantemente Isla de Maipo y su Fiesta de la Vendimia.

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Antigua fotografĂ­a de trabajadores en tiempos de vendimia, hacia 1930 aproximadamente.

Tiempos de vendimina en el fundo La Gloria de Isla de Maipo.

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Juan Tapia

Ana Tapia

Trabajadora Alicia Morales

Ana Tapia y Germรกn Muga

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Uno de los tantos viñedos de Viña de Martino en Isla de Maipo.

Viña Miraflores Orgánicos de la Familia Gil Ferrer

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Terramater, destaca por su producción hacia el mercado externo.

La tradicional Casona de Viña Tarapacá que identifica sus vinos Municipalidad de Isla de Maipo

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Santa Ema, destaca su diseño arquitectónico de su sala de ventas y Bodega en pleno corazón del Valle del Maipo. Sociabilidad y distracciones Antiguamente eran los días de onomástico y no los cumpleaños los momentos de encuentro entre las familias isleñas. Los exponentes de la aristocracia local solían reunirse en sus salones. La razón estaba en la alta religiosidad de la población y, porque antaño, no existiendo Registro Civil antes de 1885, las fechas de nacimiento no eran tan claras como hoy. Particular relevancia tenían aquellas fiestas de onomástico que se escenificaban en las casas de las familias aristocráticas del pueblo. “El 8 de diciembre se reunieron varias familias en la casa de don Bernardo Gálvez, que es la que actualmente pertenece a don Julio David López, ubicada al principio de la Avenida Santelices, con el objeto de cumplimentar a la esposa del dueño de casa, doña Concepción Hernández de Gálvez, madre del recordado alcalde de esta comuna, don Nicanor Gálvez, en el día de su onomástico”62, escribía un cronista, detallando que la fiesta, escenificada en 1898, fue animada y la comida espléndidamente servida por las hijas de la familia, señoritas Rosa, Margarita y Florencia Gálvez Hernández, observando la gracia, gentileza y elegancia de las muchachas. La fiesta fue amenizada por los cantos de Rosa Cortés Fajardo, de bellísima voz y gracia andaluza, acompañada de los acordes de guitarra. 62 Periódico Renovación, 5-02-1938

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En aquellos tiempos se fumaba y mucho, por lo tanto los contertulios salían de vez en cuando a tomar el aire fresco y puro de la noche junto al pimiento que se ubica al frente de la casa y que más de 110 años después sigue causando asombro por su colosal tamaño y antigüedad. En los años ´30 aún se mantenía la costumbre de celebrar los santos. El periódico Renovación señala que el 4 de octubre estuvo de paso por Isla de Maipo doña Isaura Quezada y su esposo Vicente Díaz e hijitos justamente para celebrar el onomástico. Le acompañaron en aquella jornada de fiesta Carmen de Molina, Raquel de Buzzoni, Herminia de López y Rosa de Calderón. También estaban las señoritas Elba Quezada, Violeta Díaz y Susana Calderón, además de los señores Fidel Quezada, Erasmo Rosales, Oscar Buzzoni, Adrián Vargas, Miguel Albuerno y R. Muiquez. Famosas eran las fiestas santorales en la casa de Martina Fajardo, Arsenia Díaz de López, Luisa de Pinto y la ya mencionada Concepción Hernández de Gálvez, donde podían llegar a prolongarse una semana, al son de buenos sorbos de mistela. El preceptor de la escuela fiscal, que también era una personalidad eminente en aquella época en la vida pueblerina de Isla de Maipo, Juan Bautista Sotomayor, acostumbraba cursar la invitación a su onomástico con ocho días de anticipación. “Con motivo de ser el 24 del presente el día de mi santo, tengo el alto honor de invitar a usted y familia a una grandiosa comida y baile, que tendrán lugar en mi casa a las 8 PM, sin falta, aunque llueva”.63, rezaba el cumplido. Celebrar el santo sin escatimar en gastos era una forma de notoriedad y legitimidad social y servía para ganarse el respeto de la comunidad. Eran también los momentos en que se producían los primeros flirteos de la juventud isleña. En el caso de las personas más humildes, los días domingo y festivos el pueblo acudía a las carreras a la chilena en que se desafiaban los isleños contra talagantinos y lonqueninos. La gente se agolpaba a ambos lados de la pista de carreras y hacía apuestas. Los espectadores lucían mantas de todos los colores del arco iris y se paseaban de mano en mano unos vasos de dos litros de chacolí llamados potrillos, apuntaba un cronista recordando aquellos años. Las carreras se escenificaban en la Cancha de la Higuera, que era la segunda calle de importancia en el pueblo, la que había ensan63 Periódico Renovación, 8-01-1938 Municipalidad de Isla de Maipo

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chado el vecino terrateniente Nicolás Herrera, dueño de los predios situados a ambos lados de aquel callejón. Este era el padre de Eleuterio Herrera, vecino de Talagante, el más entusiasta organizador de estas competencias, las que le redituaban grandes recursos. Otra diversión bastante difundida en aquella época eran las varas topeadoras, una demostración de fuerza y destreza de los avezados jinetes de la época y sus pingos, donde destacaban particularmente los equinos del mayorazgo Ruiz Tagle, de Lonquén, y de la familia Icaza González, de la Hacienda El Rosario. La distracción también contemplaba paseos a las riberas del Maipo. El lugar más concurrido era La Puntilla del Almendro, para lo cual había que cruzar al lado sur del Maipo, en el límite de la hacienda El Rosario y El Peralillo de Aculeo. Era un viaje a pie, a caballo o en carretas, donde reinaban las cazuelas, corderos asados al palo y remojados con chicha y sorbos del chacolí. Ello daba lugar a festivas cuecas y tonadas, interpretadas por la afamada cantora Venancia Leiva y las niñas Ramírez. Otro punto de reunión era la Quebrada del Agua Santa, en la hacienda El Rosario, llamado así porque se consideraba medicinales sus aguas. Se decía que allí no pocos enfermos recobraron la salud. En realidad, la hoya hidrográfica del Maipo era generosa para lugares de baños, pero también podían generarse artificialmente, tal como lo hizo Perico Gallegos quien, con piedras y champas, hizo un taco en canal de los Herrera o Gaticano. Con el tiempo, este fue el punto de reunión preferido conforme las afloraciones del río fueron desapareciendo producto de un uso cada vez más intensivo del recurso hídrico para los cultivos o bien porque fueron eliminados por infiltración. Precisamente, este fue el lugar que por los años ‘30 adquirió el alcalde Rubén Latorre para convertirlo en balneario municipal. También en los años ´30 tenían lugar las fiestas primaverales, que contemplaban veladas bufas, bailes sociales y carros alegóricos, siendo su más entusiasta organizador René Bugueño, quien, además, hacía las veces de animador. Las fiestas patrias eran esperadas. Los aires septembrinos inundaban los espíritus de la gente. Así se vivían en Isla de Maipo, La Villita e Islita. La gente se congregaba en las chinganas o concurría a lugares cercanos. La policía disparaba salvas, las casas se embanderaban y los juegos populares aparecían por doquier. En 1937 las fiestas patrias comunales se dividían entre Isla de

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Maipo y La Villita, por ese entonces los puntos de mayor concentración de población. En el pueblo cabecera, el día 17 de septiembre, a las 7 de la mañana, se efectuó una salva mayor de 21 cañonazos, a las 8 se iniciaba el embanderamiento general de la población y a las 6 de la tarde se inauguraron las ramadas. El 18 de septiembre se reunían las escuelas públicas y particulares frente al edificio municipal a las 9.00 Carabineros izaba la bandera y el jefe de la tenencia hacía una alocución patriótica. Luego, a las 10.30 se efectuaba una misa de campaña, para una hora después dar paso revistas gimnásticas; los escolares recibían dulces y por la tarde se efectuaban partidos de fútbol. Ya caída la noche, a las 21 horas principiaba el desfile de carros alegóricos y a las 21.15 los fuegos artificiales inundaban la noche isleña. La jornada culminaba con un gran baile social en el hotel Isla de Maipo. Para Lonquén, localidad perteneciente a la comuna, aquel fue un día especial. Se inauguró el alumbrado público a las 18 horas. El día 19 de septiembre se iniciaba con salvas y embanderamiento, a las 11 se daba paso a los juegos populares. A las 14.30, la empresa Scarabello ofrecía cine gratis en el biógrafo y a las 17 horas se hacía un concurso de cuecas y juegos populares en el local de las ramadas. La Villita adhirió el día 20 de septiembre con una tempranera salva de cañonazos en el Cruce, punto de unión con el camino a Isla de Maipo y Las Mercedes. También se hizo misa de campaña, carreras de ciclistas, presentación de los alumnos de la escuela del lugar, una partida de fútbol en la cancha de Vicente Salinas, carreras a la chilena y tiraduras de riendas. Asimismo, los vecinos ofrecían un cóctel a las autoridades. Las ramadas funcionaron los días 17 y 18 en Isla de Maipo y 19 y 20 en La Villita.64 El periódico Renovación destacaba con motivo de aquellas fiestas la presencia en Isla de Maipo de los niños de la Escuela Monte Las Mercedes: “Tuvimos la satisfacción de ver a las Escuela del Monte participando en las fiestas patrias. Seguramente que para los niños del Monte, que viven alejados, sin otra visión que los campos, las bestias o los borrachos, es muy educativo, muy alentador y patriótico, el espectáculo que presenciaron el 18 de septiembre”.65

64 Periódico Renovación, 18-09-1937 65 Periódico Renovación, 18-09-1937 Municipalidad de Isla de Maipo

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Otra forma de distracción de la población fue el deporte. En 1937 se creó el club de fútbol Brisas del Maipo, que agrupaba a los deportistas de Islita. “Entusiastas elementos deportivos de la localidad han organizado un nuevo Club de Foot-Ball con el nombre “Brisas del Maipo”. “Creemos que los deportistas de la Islita, en compañía de los vecinos, cuya cooperación nunca ha sido desmentida, harán extensa y efectiva labor deportiva”, decía el periódico Renovación en su edición de 30 de octubre de 1937. Culturalmente la juventud se congrega en torno al Conjunto Artístico, una organización que era presidida por María López, quien además ocupaba la misión de dirigir a la Juventud Católica Femenina66, vinculada a los sectores más conservadores. El Conjunto o Cuadro artístico estaba conformado por jóvenes y señoritas, quienes representaban obras teatrales y organizaban veladas en beneficio de los niños más carenciados de la comuna. Por su parte, las mujeres de La Villita se organizaban en torno al Club Deportivo Femenino y organizaban paseos campestres en medio de un ambiente de sociabilidad y amistad. En los años ´40 y ´50 los jóvenes son activos protagonistas de las Fiestas de la Primavera y de la Vendimia. Los hijos de inmigrantes españoles e italianos formaron un grupo llamado de los Garibaldi. Allí estaban los Ferrer, Celsi, Pavone, Nordetti y los López, quienes hacían de las suyas en verdaderas cofradías. Los estratos populares, de jóvenes y adultos, tenían como punto de convergencia cultural y de entretención, el Teatro del Campesinado, un modesto galpón que había impulsado el alcalde Ramón Jiménez Padilla. La mayor irrupción juvenil data de los años ´60. Por cierto, el suceso no constituía un hecho aislado. En la cultura isleña ya se habían instalado ciertas modas que no pasaban desapercibidas, como los coléricos y coléricas, que se caracterizaban por vestir de manera singular. Ritmos de moda eran el twist, el endemoniado ritmo del rock and roll y la música ondulante de El Caribe. Eran muchedumbres de muchachos seguidores de Elvis, Los Beatles y Bill Halley. Los jóvenes se lucían dando vueltas a la Plaza con sus chaquetas de cuero, en motoneta o en citroneta. Las muchachas y, porque no decirlo, las señoras, hacia fines de esta década lucían sus piernas al imponerse la moda de la minifalda. 66 Periódico Página Isleña, 26-12-1936

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Reina Eliana Polanco y damas de compaùía La Villita, 1948.

La Reina del Carnaval y las damas de honor, La Villita, 1949.

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Desde la década 1930, siguiendo la costumbre de otras ciudades y pueblos, la juventud isleña irrumpió con festivas actividades, las que fueron alcanzando un alto grado de sociabilidad, teniendo su máximo esplendor en los ´60, para decaer a la década siguiente.

S. M Mireya, Reina de la Primavera de Isla de Maipo, 1938.

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Un carro alegórico de la alegre juventud isleña en 1946.

Los jóvenes, ataviados de huasos, también adherían a las festividades de la Vendimia.

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Preocupado por brindar distracción a los sectores más humildes de la comuna, el alcalde Ramón Jiménez creó el Teatro del Campesinado. La escena es del año 1944 y en ella se puede apreciar los rostros humildes de los espectadores. Gentileza familia Jiménez.

Vecinos durante la celebración de una antigua exposición llamada Fiesta de la Vendimia, precursora de las que se recrearon a partir de 2003.

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Bailando cueca bajo una ramada en Puntilla de LonquĂŠn, 1944.

Baile de cueca durante las festividades de la Merced.

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El vecino Luis Becerra (Q.D.E.P) en una representaci贸n teatral.

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Una festiva reunión del grupo “Los Garibalde”, formada por vecinos de Isla de Maipo (1970)

Matrimonio en Isla de Maipo. Gentileza familia Bertero.

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Grupo de damas ataviadas para la ocasi贸n durante la Fiesta de la Vendimia.

J贸venes elegantemente vestidos aprest谩ndose a desfilar en una fiesta de carnaval.

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Una cena de celebración en 1952. Gentileza Carolina Moraga y Claudio Quezada López.

Tomás Berríos (Chumita) un vecino isleño que ejercía el oficio de vendedor de helados en el pueblo. Esta labor se hacía desde tiempos en que incluso no había máquinas para el congelado, por lo cual los heladeros cavaban hoyos en los altos cerros nevados, donde se mantenía el hielo en estado sólido, aplicándole zumo de frutas para el sabor. Era bajado a lomo de mulas en septiembre o cuando se iniciaba la temporada más cálida. La foto dataría de la década de 1930. Gentileza de Rosa Silva.

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El niño Víctor Contreras y una mujer. Archivo Municipalidad de Isla de Maipo.

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Matrimonio Aliste L贸pez 1933. Archivo Municipalidad de Isla de Maipo.

Grupo de vecinos en el frontis de la casa de Custodio Aliste.

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La señorita Coya Celsi en un paseo en bicicleta por la avenida Santelices, en una imagen de mediados del siglo XX que se asemeja a esas clásicas estampas de la alegre juventud después de la Segunda Guerra Mundial. Archivo Municipalidad de Isla de Maipo.

Doña Primitiva Palma, al centro en la imagen, en el corredor de su casa construida tras el terremoto de 1906 y sus clásicas bancas de madera. Gentileza Catalina Cavieres.

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Matrimonio de San Antonio de Naltagua, alrededor de 1930. Fotog. Archivo de Hernรกn Bustos V. Municipalidad de Isla de Maipo

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Matías Armijo, de San Antonio de Naltagua, 1952.

Vecinos de San Antonio de Naltagua, fotografías Archivo de Hernán Bustos V.

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Matrimonio María González y Anatolio Carrasco, San Antonio de Naltagua. Gentileza Matías Armijo.

Adultos y niños de San Antonio de Naltagua en un viaje a Maipú. Gentileza Matías Armijo.

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Clรกsica foto tras un funeral en el cementerio de Isla de Maipo, con la vieja carroza en que se trasladaba a los difuntos. Gentileza familia Quezada Moraga.

Familia Aranda Contreras, 1960. Gentileza Carolina Moraga.

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Don Mario Bartolucci, en su faceta de aviador Municipalidad de Isla de Maipo

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Vecinos de Puntilla de Lonquén en diversas imágenes. Familia Miranda González. Álbum familiar de la señora Emelinda González Cavieres, 1958.

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Celebración de los 25 años de sacerdocio del padre Octavio Quezada. Gentileza Carolina Moraga.

Directora Graciela Valenzuela, junto a equipo de profesoras de la antigua Escuela de Niñas. Profesoras Sonia Maturana, Graciela Celsi, Silvia Tapia e Irene Ibarra entre otras. 1961.

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Funcionarios municipales de Isla de Maipo, 1980.

Familia del fundo La Gloria. Fotografía de Ana Tapia. Ya a fines de los ´70, la Secretaria de la Juventud en Isla de Maipo, a cargo de Carlos Vergara también organizaba festivales, regatas y fiestas de la primavera, las que eran escenificadas en el teatro de Isla de Maipo y que convocaban a toda la comunidad. Ya llegada la democracia en 1992, surge la necesidad de tener espacios de expresión y participación. Surgen así en Isla de Maipo tres inéditas iniciativas de participación juvenil, únicas en el país. Las dos primeras iniciativas se llevan a cabo durante 1990 y 1999, mientras que la tercera iniciativa es concebida en 2010.

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La primera iniciativa es del año 1991, liderada por la Agrupación Juvenil de Isla de Maipo, que tuvo al joven abogado Rodrigo López Ibarra como su gestor. Esta entidad funcionó dos años en la antigua casona del ex Liguria, recordada quinta de recreo de los años ´60. Los jóvenes isleños tuvieron el respaldo del Instituto Carlos Casanueva y su rector Enrique Cueto Sierra, quien puso a disposición profesionales con experiencia en trabajo en la materia, adquiridos en sus experiencias previas en la Casa de la juventud de Conchalí. Además, recibieron el apoyo municipal. La iniciativa se transforma así en el primer proyecto autogestionado de carácter rural del país, desde al advenimiento de la democracia en Chile, y cuyo objetivo fue canalizar las expectativas de un grupo de jóvenes que un par de años antes habían liderado el movimiento comunal por el No y abrirse en forma plural hacia otros jóvenes de la comuna. De esta manera se logra trabajar en cuatro áreas de gestión, como Orientación y Desarrollo Personal, Deportes y Cultura, Audio Video, y en capacitación siendo esta última área la que logra capacitar a más de 100 jóvenes en oficios como gasfitería, electricidad industrial y huertos orgánicos junto a desarrollar diversas iniciativas culturales y deportivas ocupando espacio públicos de la comuna, como fue tradicional en las antiguas Fiesta de la Primavera y Vendimia de las décadas anteriores en Isla de Maipo Una segunda iniciativa, liderada nuevamente por jóvenes isleños, se desarrolló en la comuna, esta vez más cercanos al municipio. Funcionó en el antiguo edificio consistorial. El trabajo social permitió la alfabetización de muchos jóvenes de los distintos sectores y al igual que la primera iniciativa, también existió un trabajo con organizaciones sociales y comunitarias. Varios de sus precursores están actualmente con cargos municipales, como lo fue su primer presidente David Morales, alcalde 2004-2012, y Carlos Adasme Godoy, actual alcalde.

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Inauguracion Casa de la juventud de Isla de Maipo, Diario la Tercera

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Festival de la Voz en el Teatro de Isla de Maipo, agosto 1974. De pie, entre otros, Mirsa Grandy, “ Goyo” Silva, Ricardo Mesa Villa, “Loly García”, Pedrín Pavone Ferrer, Jorge “ Chino” Navarrete, Víctor Hugo Sepúlveda, “Feo” Garrido, Miguel Cariqueo, Stefano Lévera, Remo de Martino, Leonardo Godoy, Toña García, Patricio Silva, Osvaldo Navarrete. Sentados: Carlos Gerardo López, Rossana Rossier Mora, Luis Hernández, Ingrid Fidelli, Puri Pérez, Carlos Vergara López, Fernando López Callejas, Maggi Vergara, Carlos Velasco Caverlotti, Fernando Arenas Celsi y el niño: Roberto Maldonado López

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Casa de la Juventud, marzo 1991 De pie: “Chiri” Toledo, Marco Godoy, Jaime Ibarra, Vitorio Bertero, Esteban López, Carlos Veas, Patricia Soto, Juanita Touchet ( QDEP) Karina Soto, Jaime Toledo, “ Tabo “ Jiménez, Maritza de Martino, Cata Toledo, Hugo Budnik. Sentados: Daniel Budnik, Lilo Soto, Rodrigo López, Javi Touchet, Alberto “Piuchén” Fernández García Huidobro, Carola López y Lorena López.

Directiva Agrupación Juvenil “La Estrella”, año 1996. Ex alcalde David Morales, alcalde Carlos Adasme; Sergio Montenegro, Pier Nordetti, Gastón Morales, Reinaldo Muñoz, “Chico Ayala”, Marcelo Vercelli, Eliza Peñaloza, entre otros

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Agrupación juvenil “La Estrella”, certificación de monitores para proyecto de alfabetización. (1996) Ex alcalde David Morales, Eliza Peñaloza, el actual secretario de la corporación Sergio Montenegro, entre otros.

Actividad campaña de alfabetización Sergio Montenegro, actual alcalde Carlos Adasme, Alejandro Gonzalez y Francisco Fajardo

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Prensa y medios de comunicación No ha sido muy generosa la prensa isleña. El 6 de noviembre de 1936 nació la “Página Isleña”, dirigido por Armando Rodríguez, y el 18 de septiembre de 1937 el periódico Renovación, vinculado al radicalismo, en tiempos en que esta fuerza política venía aflorando con fuerza, hasta llegar a la elección del Presidente Pedro Aguirre Cerda que representaba la coalición del Frente Popular. Hay experiencias posteriores, como el periódico Acción, que bajo el eslogan “La voz isleña al servicio de la comuna”, nació el 21 de mayo de 1960, promovido por el pequeño industrial y político Ernesto Jiménez. En los años ´90 el comunicador Guillermo Berríos impulsa dos medios: El Isleño, fundado en 1998, y El Maipocho, creado en 2002. La primera emisora de Isla de Maipo fue Radio Espacio, 107.9, fundado en 1994 al calor del Colegio Cristo Obrero, cuyos estudios frente a la iglesia parroquial. Otra fue la radio Isla, cuya concesionaria era la periodista Danae Maturana, quien la arrendó a Jorge Arancibia entre 2003 y 2006, con estudios en Lillo 2, casi esquina Santelices. Su condición legal de radio de mínima cobertura le impide contar con auspiciadores y avisaje comercial, lo que hizo difícil su sostenimiento por parte de un privado. Posteriormente, la frecuencia fue arrendada por la Municipalidad de Isla de Maipo, convirtiéndose en el principal medio de servicio a la comunidad, bajo la dirección de Carlos Adasme y el secretario ejecutivo Jaime Soto. Desde allí fluyen las voces de periodistas y comunicadores como el último de los mencionados, Luis Villanova, Rodrigo Grundstrong, Cristian Allendes, Rody Pérez, César González, Jorge Torres, Sebastián López, Marcos Parra, Cristóbal Alfaro, Soledad Lillo y Juan José Yañez. Los temas históricos y los recuerdos no están ausentes, porque Juan Grundstrong abre el “Cofre de la nostalgia”, y Camilo Gálvez habla sobre la memoria de Isla de Maipo. Otras voces son Rodrigo Toledo, Tito Moreira y Basilio Mendoza.

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Comercio y servicios Durante el siglo XIX en Isla de Maipo hubo expresiones de comercio tímidas. Por lo general, la gente se autoabastecía y quizás hubo algún almacén o emporio para satisfacer algunas necesidades. Entre los comerciantes figuraba David López hacia la segunda mitad de esta centuria. Si lo anterior no era posible, los isleños adquirían los productos básicos, herramientas u otros implementos necesarios en el comercio de la villa Santa María de Talagante y si éste no lo podía satisfacer, en Santiago. En los inicios del siglo XX el comercio y los servicios adquieren mayor presencia, particularmente de la mano inmigrantes europeos, principalmente italianos, lo que trajo consigo el surgimiento de nuevas fortunas, hasta entonces más ligadas a la actividad productiva agrícola. Son los medios de comunicación escritos los que nos permiten rastrear el comercio de las primeras décadas gracias al avisaje que quedaba impregnado en sus páginas. Así, en la década de 1930 entre los establecimientos comerciales destacaban dos hoteles: Hotel Isla de Maipo, de Luis Bertero, situado en calle Santelices, que contaba con piezas para alojados y comedores para familia, y el Hotel Celsi, situado en la esquina de la arteria mencionada esquina de Gálvez. La existencia de éstos era fundamental en los pueblos centrinos de aquella época toda vez que la frecuencia de los medios de transporte era escasa para regresar a la capital u otros puntos. Competencia de ambos era el local “Pensión sin Nombre”, también situada en Santelices, cerca de la Plaza de Armas, que ofrecía durante los domingo y festivos unas afamadas empanadas de pollo, como especialidad de la casa. En Gálvez y Santelices también existía el Restaurant, con precios módicos y la atención esmerada de su propio dueño. Se trataba del local de Lorenzo Celsi, quien además era agente general de los vinos Undurraga. La diversión la garantizaba la quinta “Recreo”, en La Villita, atendida esmeradamente por su dueña, lo mismo que el bar, restaurant y cabaret “Rancho Grande”, que tenía bailes todas las noches, desde las 22 horas hasta las 4 de la madrugada. También existía en aquel lugar la Quinta “El Crucero”, cuyo nombre, claro está, hace muy evidente que se ubicaba en el cruce de algunas arterias.

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Aunque era costumbre de las familias de aquel tiempo proveerse de harina y fabricar su propio pan, el vital producto, tan relacionado con la dieta de los chilenos era entregado por “Panadería Isleña”, de la Sucesión Corvalán. El avisaje que atraía clientes apelaba a favorecer la industria pueblerina. En materia de servicios, Antonio López ofrecía su camión para efectuar viajes a Santiago, programados todos los martes y sábado, saliendo de Isla de Maipo a las 6 de la madrugada. El ruidoso vehículo cumplía con llevar carga como frutos y leña y también traer para abastecer el comercio o satisfacer las necesidades domésticas. Huelga decir que por aquellos años los productos se expandían en Isla de Maipo y otros pueblos a un precio mucho mayor que el de la capital, por lo cual algunas familias decidían concurrir a Santiago para economizar. El propio Antonio López era un comerciante entusiasta que vendía verduras, hielo y ricos helados. También efectuaban servicios de traslado de carga a Santiago “Ibarra Hermanos”, recibiendo órdenes diariamente en La Villita. Y aunque desde los años ´20 las góndolas circulaban por los pedregosos caminos isleños, el 17 de octubre de 1937 se ponía en marcha un servicio que partía en Isla de Maipo a las 7 de la mañana, pasando por el camino de Las Parcelas para dirigirse a Santiago. También, los empresarios Migone y Guerra implementaron un servicio directo de Pullman Bus. Los medios de transporte y de carga, los vehículos particulares y los municipales se abastecían de combustible y aceite en la bomba bencinera de Luis Bertero, concesionario de la Compañía Petrolera de Chile, COPEC. El municipio consumía alrededor de 40 litros de combustible y 12 de lubricante, lo que implicaba pagar mes a mes del orden de los 76 pesos al Servicentro. La infaltable botica del pueblo era administrada por Estela Besoain, hasta 1938, año en que Juan Grundstrong Ulloa la adquiere para su esposa, la química-farmacéutica Fabia Baltra Gaete. El propio Grundstrong preparaba los medicamentos en el recetario, que contaba con morteros, piezas de precisión y otros elementos necesarios. Aunque la profesional en la materia era ella, él sabía latín, lo que le ayudó a entender la etimología ocupada en las lides medicinales. Así se ganó el apodo de “Juan de la botica”. La farmacia pueblerina funcionó sin interrupción hasta 1990.67 Posteriormente, como consecuencia propia del modelo neo-

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liberal, el pequeño comercio, así como la vieja botica va declinando, para dar paso a cadenas de supermercados y farmacias. No obstante, aún sigue persistiendo el almacén de barrio. Un aporte importante al desarrollo de Isla de Maipo lo ha hecho la “Sociedad Cooperativa Parroquial de Ahorro Isla de Maipo Ltda.”, que fue fundada el 29 de noviembre de 1949 por el párroco de ese entonces, Sergio Correa, quien junto a un grupo de vecinos se reunió con el objetivo de crear una institución de ayuda mutua para alcanzar un mejor bienestar económico, social y cultural de sus socios, pasando a ser una de las más importantes y antiguas del país. El primer directorio fue constituido por Luis Bertero Alvarado; vicepresidente Rodolfo Bravo González; directores Oseas Vergara (Secretario) Raúl Martínez, Héctor Nordetti, las señoras Raquel Ríos de Celsi, Catalina Caviedes de Jiménez e Hilda Córdova. Su comité de créditos estaba integrado por Hugo Corvalán (Gerente), Zita Belmar, Eliana Ríos de Bravo, Héctor Soto y Mario Albuerno. Además contaba con una Junta de Vigilancia y un Comité de Educación. Mucho sueños se han hecho realidad al alero y apoyo de esta institución conocida como Islacoop, que agrupa hoy en día 6.000 socios, aportando y apoyando el desarrollo económico y social de la comuna.

67 Testimonio de Juan Grunsdtrong Baltra. Municipalidad de Isla de Maipo

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Trilla en los campos isleĂąos

Una postal rural de La Villita

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La Piscina de Isla de Maipo en 1944.

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Vista panorĂĄmica probablemente captada desde la torre de la iglesia de Isla de Maipo alrededor de 1950, donde se puede apreciar en primer lugar la Avenida Santelices y sus casas, luego el valle y el cerro en Puntilla de LonquĂŠn y al fondo la cordillera de Los Andes.

Avenida Santelices

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Avenida Santelices, la principal del pueblo, que lleva el nombre de un parlamentario que propici贸 la creaci贸n de la comuna. Archivos Municipalidad.

Huasos en la Avenida Santelices, a煤n sin pavimentar.

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Parroquia Nuestra SeĂąora de la Merced, Isla de Maipo

Quinta de recreo El Portal.

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La vieja Plaza de Isla de Maipo. Archivo Municipalidad.

Plaza de Isla de Maipo alrededor de 1930, cercada con alambres para evitar que los animales pastaran en ese lugar.

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Hombre y niĂąa a caballo posando junto a la vieja bomba de bencina de Isla de Maipo.

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Un acto cívico en el frontis de la antigua Municipalidad de Isla de Maipo, año 1963. Entre los conservadores y el Frente Popular En materia política irrumpía con fuerza el Partido Radical y la coalición Frente Popular, enfrentando a los poderosos adversarios conservadores y liberales, íntimamente vinculados a la propiedad de los grandes fundos y al comercio, quienes encabezaron la administración de la comuna desde su creación. Por eso, es que las fuerzas progresistas declaraban: “Cansado está el pueblo de Isla de Maipo de elecciones forzadas y ya el ciudadano elector debe depender de su propia voluntad y no estar sometido a la esclavitud del patrón que, al pagarle su jornal, ganado a costa del esfuerzo de sus músculos, lo convierte en esclavo para ordenarle, bajo amenaza de cesantía, que vote por el candidato de su conveniencia”, rubricaba un articulista que firmaba como A. Tobar.68 Las fuerzas políticas luchaban por ganarse la simpatía de las organizaciones. El Partido Radical tenía su feudo en La Villita y propagaba sus ideas por distintos puntos de la comuna a través de los profesores, la mayoría adherentes a esa corriente encabezada en el país por quien sería el recordado Presidente Pedro Aguirre Cerda. Por su parte, los conservadores ejercían su mayor dominio en el pueblo de Isla de Maipo y en los fundos, aunque estaba en ciernes el despertar del campesinado a partir de la década de 1920. 68 Periódico Renovación, 9-03-1938. Municipalidad de Isla de Maipo

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También contribuyó a romper la tendencia conservadora electoral la llegada de obreros ferroviarios al sector de la Puntilla de Lonquén, mientras desde las minas de Naltagua tronaban fuerte las ideas de izquierda, bajo la promesa o quimera de un mundo mejor. Sin embargo, los mineros naltagüinos sufragaban en El Monte y nunca llegaron a contrapesar la fuerte influencia conservadora en la jurisdicción montina entre los inquilinos y peones agrícolas. Los conservadores recuperaron terreno en los años ´40 y ´50 en Isla de Maipo y en la década siguiente vino el reinado de la Democracia Cristiana, a la par del éxito obtenido a nivel presidencial y parlamentario, misma fuerza que mantuvo en los últimos 16 años tras el retorno de las elecciones democráticas a nivel municipal. El año 1938 las mujeres ganan su derecho a sufragar en las elecciones municipales. De hecho, las isleñas no se quedan de brazos cruzados y conforman el Comité de Mujeres Pro-candidaturas Independientes, encabezado por Juanita Díaz de Celsi y Ana de Rosales.69 Sus visiones han de impactar y equilibrar las fuerzas, dado que se ha dado en asimilar su voto a las fuerzas conservadoras, aunque su incorporación es motivada por fuerzas progresistas. El derecho a voto del electorado femenino era parte de un proceso que se había iniciado en 1935, que aunque no podían votar, si podían presentarse candidatas. En ese marco es elegida la primera municipal y regidora de Isla de Maipo, la señorita María López, de afanes doctrinarios conservadores, emparentada con la familia del primer alcalde comunal, don David López. Era mujer decidida, según se desprende de una carta que envía al periódico Renovación, de tendencia radical, al que no duda en calificar de “diarucho”, luego que el ex alcalde y candidato a municipal Rubén Latorre le acusara de presuntas malversaciones de fondos relacionados con la ambulancia del pueblo. Ella misma enrostraba al edil que no estaba libre de pecado por hechos acaecidos en su administración. Las campañas electorales estaban animadas por las demandas que los candidatos creían interpretar del electorado: mejorar los caminos, hacer más eficiente el alumbrado público y darle más hermosura a la Plaza, pensando no sólo en los isleños, sino también en los visitantes al pueblo, cuya afluencia se esperaba aumentar a partir de estas mejoras, lo que redundaría en un mayor beneficio para el comercio isleño. De aquellos tiempos data esa impronta de Isla de Maipo de mantener un rostro limpio, ordenado y acogedor en el pueblo cabecera. 69 Periódico Renovación, 2-04-1938

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En 1938 nuevamente se efectuarían elecciones municipales para el período 1938-1941. Entre los postulantes al sillón alcaldicio sobresalían el ex edil Rubén Latorre Villagra, cercano a los radicales; Alberto Novoa, Custodio Aliste Castro y el conservador Alfredo Celsi Canelo. Latorre Villagra ostentaba en su currículum haber efectuado mejoras al edificio de la Escuela Fiscal de Hombres, haber implementado la primera piscina del pueblo aprovechando una poza formada por un remanso de uno de los brazos del río Maipo y haber mejorado las veredas. También era protagonista de la política de aquel tiempo el alcalde Alejandro Mesa, quien destaca la compra de un terreno para el Estadio Municipal, la construcción de camarines en la piscina-poza. Asimismo, abrió algunas de las calles del pueblo. En la década de 1940 el municipio sigue siendo gobernado por administraciones conservadoras. Los alcaldes son prósperos empresarios y comerciantes que representan los mayores empleadores de la zona, ejerciendo una fuerte influencia sobre sus trabajadores. Exponentes de esta fuerza política eran personajes como Fernando Prieto Concha, el comerciante Juan Bertero Cevasco, Antonio Ferrer, propietario del fundo El Rosario, y Gustavo Gil Muñoz. Las principales fuerzas opositoras la constituían los radicales y socialistas, que tenían entre sus exponentes a figuras como Heriberto Izquierdo, Ramón Jiménez Padilla, Eduardo Ugarte, Teobaldo Neira y Julio Calquín. Para los períodos 1944-1947 y 1947-1950 el alcalde es justamente Fernando Prieto Concha, una de las figuras patriarcales de Isla de Maipo. Nacido en 1899, abogado, casó con María Urrejola Rozas, con quien tuvo hijos, entre ellos Andrés e Ignacio Prieto Urrejola, dos destacados futbolistas formados en las filas del club Universidad Católica y que llegaron a ser destacados seleccionados nacionales. El propio Fernando Prieto sobresalió como jugador de Green Cross de Temuco. Se le reconoce también como un notable impulsor del fútbol en la comuna, tanto así que el estadio municipal de Isla de Maipo lleva su nombre, recinto que se inauguró en abril de 1962, pocos meses antes del Mundial realizado en nuestro país. Ello motivó el entusiasmo de los vecinos de la comuna, cuyos esfuerzos les permitió adquirir los terrenos para levantar el campo deportivo. La relación de Prieto con la zona provenía del año 1936, dada su condición de dueño de la hacienda de Lonquén, en ese entonces perteneciente a Isla de Maipo. Dos años después de su arribo, asumía Municipalidad de Isla de Maipo

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como regidor por primera vez en la comuna. La tradición conservadora está fuertemente vinculada a la Iglesia Católica, que elige como escenario de su Congreso Eucarístico de 1947 justamente a Isla de Maipo. En la comisión organizadora participan los más reconocidos exponentes de ese sector político. El primer plan urbanizador Durante la gestión edilicia de Fernando Prieto Concha, la comuna de Isla de Maipo marca el primer hito en urbanización. Hasta 1949 el pueblo había alcanzando un considerable crecimiento, pero sus calles sin pavimentar mostraban el aspecto de una aldea rural, paisaje que empieza a cambiar con el impulso de un plan parcial y luego un plan general que abarca diversas calles. El primer antecedente remite a 1948, cuando mediante decreto número 1258, del Ministerio de Obras Públicas, se ordena la ejecución preferencial en el radio urbano de aquellas calles de Isla de Maipo que requieren pavimentación. El 24 de noviembre de 1949 se estableció las que tendrían prioridad. El costo del Plan Parcial ascendió a 328.683 pesos y 55 centavos. Las arterias beneficiadas fueron calle Gálvez, costado poniente, entre Santelices y la propiedad de José Celsi, en una superficie de 700 metros cuadrados pavimentados con concreto; pavimentación de la acera de calle de calle Estadio, costado sur, entre calles Lillo y Armijo, con una superficie de 800 metros cuadrados y la acera de la calle Armijo, costado oriente, entre Manuel Rodríguez y Camino Estadio, en 500 metros cuadrados. Por aquellos años la pavimentación de las calzadas de Isla de Maipo se reducían al tramo de Avenida Santelices, entre Lillo y Cortés y un tramo de Manuel Rodríguez, calles que se situaban en el radio urbano que en ese entonces se extendía entre el camino del Cementerio, por el norte; calle La Villita hasta topar con el río Maipo, por el sur, y una línea paralela a calle Gálvez, por el oriente. El plan general se proponía pavimentar las calzadas de Avenida Talagante, hoy Jaime Guzmán, entre Santelices y el límite norte; Armijo, entre Manuel Rodríguez y Camino Estadio; Camino El Rosario, entre Santelices y Zúñiga; Naguayán, entre Lillo y límite urbano oriente; Gálvez, entre Santelices y Olea; Lillo, entre Santelices y el límite urbano oriente; 21 de Mayo, entre Santelices y Manuel Rodríguez; Manuel Rodríguez, entre Lillo y Cortés; Santelices, desde Cortés hasta límite urbano poniente; Izaga, desde la Plaza hasta el límite urbano poniente, y la Plaza , entre Santelices e Izaga.

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Estas y otras calles también accederían a la pavimentación de las acerca, como es el caso de Lillo, entre Santelices y el Cementerio; Manuel Rodríguez, entre Lillo y Avenida Talagante; Cortés, entre Santelices y Manuel Rodríguez; Izaga, entre Plaza y límite urbano oniente; Armijo, entre Camino Estadio y Manuel Rodríguez; Camino Estadio, entre Lillo y Armijo; Talagante, entre Manuel Rodríguez y Santelices; además Naguayán, Santelices, entre Avenida Talagante y límite urbano poniente; Gálvez, entre Santelices y propiedad de José Celsi; Camino Estadio, entre Lillo y Armijo, además de diversos tramos urbanos de calles como 21 de Mayo, Camino El Rosario y la Plaza.70 En los extramuros, en 1946 se sostenía la necesidad de pavimentar el camino a Talagante que, conforme crecía el parque automotriz, tenía cada vez un mayor tráfico vehicular. También se había intensificado el uso del camino de San Antonio de Naltagua, lo que llevó al gobernador del departamento de Talagante, Enrique Herrera Briceño, a declararlo como público, desde el puente Miraflores, sobre el río Maipo, entonces en construcción, hasta el fundo San Antonio inclusive.71

Carretela o carretón tirada por caballo, un medio de transporte que se utilizó masivamente antaño. Archivo Municipalidad de Isla de Maipo. 70 Dirección General de Pavimentación de Chile, MOP, Plan General de Pavimentación de Isla de Maipo. 71 Periódico La Tribuna, 27-04-1946 Municipalidad de Isla de Maipo

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Impresionante fotografía que debe datar de la década de 1930 en que aparece una góndola del servicio Isla de Maipo-Santiago y sus pasajeros a bordo. Al frente, el inmigrante alemán Eduardo Sat sobre un pedregoso camino, y al fondo, la silueta de los cerros isleños. Gentileza Juan Grundstrong Baltra.

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Empresarios transportistas isle単os

Peonetas o auxiliares sacando carga desde la parrilla de una micro, lo que fue habitual hasta 1980 aproximadamente.

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Vehículo de transporte de la Cooperativa Agrícola de Isla de Maipo.

Isleños durante un paseo a la costa.

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Microb煤s transitando por Avenida Santelices.

Bendici贸n de buses durante las Fiestas de la Merced.

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Castillito, un hombre de andar ligero, camina junto a un taxibús. En Isla de Maipo se cuenta la siguiente anécdota: Cierto día, cuando caminaba a toda prisa por el camino de Isla de Maipo a Talagante, un conductor de micro se detuvo frente a él y se ofreció gentilmente a llevarlo, pero él respondió: - No, gracias, voy apura´o.La educación, escuelas, liceos y un niño llamado Víctor Ya no hemos adentrado en el siglo XX. Alrededor de 1935 había dos escuelas en Isla de Maipo, una de hombres y otra de mujeres. Las restantes se ubicaban en La Villita, en Islita y en el fundo Las Mercedes, donde ya existía en 1929. La primera escuela de Islita, en ese entonces un caserío de no más de una docena de casas situadas a orillas de camino, estimamos que debe datar de 1932, pues el 28 de abril de aquel año, la autoridad educacional decide trasladar una de Pirque a Isla de Maipo, con el número 277. Eran pocas casas cierto, pero, sin embargo, albergaban a una numerosa población infantil en edad de recibir instrucción. El rol de las maestras y maestros era un verdadero apostolado, considerando que las condiciones de trabajo eran altamente precarias, dado que las aulas donde se impartía educación eran casas o ranchos defectuosos. En 1937 se hacía cargo de la escuela de Islita la señorita Sara González. La llegada de esta preceptora era una buena noticia porque circunstancialmente estaba abandonada. La maestra, “que viene ani-

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mada de los mejores deseos de trabajo y ayuda para los niños de este barrio, que estaban bastante abandonados de escuela y maestras abnegadas”72, consignaba el periódico Renovación en su edición del 30 de octubre de aquel año, tuvo la misión de echarla andar. Esta situación era muy común en aquel tiempo. Los establecimientos educacionales se cerraban ya sea por falta de alumnos y docentes y volvían a reabrirse periódicamente. Los resultados de la gestión de la preceptora fueron los esperados. Al poco tiempo, el mismo medio informaba que “con profunda satisfacción damos a conocer a nuestros lectores que la escuela de La Islita se encuentra en inmejorables condiciones, el local ha sido refaccionado por el propietario y la asistencia de niños es inmejorable…”.73 Ser educador y educando en aquellos años no era tarea fácil. Todo lo enseñado y aprendido se jugaba su suerte a fines de año, porque los exámenes los tomaba un profesor externo al establecimiento. Así, el año le correspondió a Santiago Cavieres probar los conocimientos de los alumnos en la Escuela 245 de Isla de Maipo y Escuela 274 de La Villita, mientras doña Sara González dejaba la Islita para evaluar a las estudiantes de la Escuela 246, también de Isla de Maipo, y Graciela de Celsi se encargaba de la Escuela de El Peral.74 Interesante resulta descubrir la denominación El Peral para un establecimiento educacional. Estimamos que esta debe haber sido la escuela más próxima al sector de Islita. En el camino entre esta localidad e Isla de Maipo existió el fundo El Peral, denominación que debe haber tomado de la antigua costumbre de cultivar peras en esos sectores. Los esfuerzos por incorporar más niños a la educación fueron arduos, pero poco a poco rindieron resultados. A estos empeños se incorporaban algunas iniciativas particulares como la de las Hermanas Josefinas de la Santísima Trinidad, que establecidas a partir de 1963 en Isla de Maipo por gestiones del cardenal Raúl Silva Henríquez, fundan al año siguiente el Colegio María Reina Inmaculada, en la Avenida Santelices. En los tiempos en que no funcionan escuelas en Islita, los niños y niñas deben trasladarse a estudiar a las escuelas de Isla de Maipo o a la Escuela de Lonquén. El trayecto por el agreste camino se hacía a pie, enrojecidos por el frío, dado que los pequeños usaban un calzado 72 Periódico Renovación, 30-10-1937 73 Periódico Renovación 27-11-1937 74 Periódico Renovación 25-12-1937 Municipalidad de Isla de Maipo

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rústico conocido como ojota. También, en los meses estivales había que hacer aquel recorrido bajo el abrazo inclemente del sol. En otros casos, cubrían el trayecto subiéndose a los carros o colosos del fundo Caperana remolcados por tractores. Uno de los que compartió las aulas de clases con los pequeños de Islita fue un niño de seis años llamado Víctor Lidio Jara Martínez, que arribó alrededor de 1938 al fundo El Recreo, un extenso predio de Fernando Prieto Concha, que fue por dilatados años edil isleño. Hoy, esa fracción de tierras pertenece jurisdiccionalmente a Isla de Maipo. Venía junto al resto de sus hermanos, aferrado a la mano generosa y doliente de su madre, Amanda, una mujer chillaneja que se había casado con un trabajador andariego llamado Manuel Jara, oriundo de El Monte, tierras vecinas a Isla de Maipo. Manuel, conocedor de muchos predios en la zona, sabía que allí podrían encontrar sustento para una precaria subsistencia, pero tiempo después abandonaría a su familia para marcharse rumbo al norte y nunca más volver. Fue Amanda Martínez quien debió hacerse cargo de aquellos pequeños y para ello debió trabajar duro. La casa que ocuparon los Jara Martínez estaba a pocos metros del establo. Allí, cuando la silueta del cerro Lonquén apenas se distinguía en las madrugadas, Amanda encaminaba sus pasos y comenzaba su diaria, rutinaria y agotadora labor de ordeñar vacas para obtener la leche, una de las actividades productivas de la hacienda de los Prieto. A veces le acompañaba el pequeño Víctor, inquieto como él solo. Él la observaba y su corazón presentía lo plañidero de aquella existencia. Era muy chico para encontrar explicaciones racionales, pero ya latían las inquietudes. Cuando Amanda estaba en casa, como cantora que era, tomaba la guitarra y tarareaba las canciones tradicionales que aprendió en su tierra. Así pasó los primeros años de su adolescencia. Sus ojos inquietos y su espíritu explorador iban atesorando en la memoria escenas de aquella vida cotidiana. Con admiración vio a los cantores a lo divino despidiendo a los angelitos, aquellos niños de corta edad que abandonaban el mundo terrenal prematuramente. También atrapaba con singular aprecio esos momentos en que los viejos del lugar ejercían añejos oficios. Víctor corrió por aquellos lugares, caminó por los pedregosos caminos de tierra y barro para ir a la escuelita del lugar, la misma

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que le enseñó a leer y escribir. Allí jugó junto a otros niños hijos de inquilinos, gañanes y peones y allí seguramente quedó admirado por la primera niña que lo cautivó. Cursó los cursos de tercero y cuarta preparatoria en la vieja Escuela de Lonquén, en 1940 y 1941. Era una vieja casa que arrendaba Elena Conrad de Ruiz Tagle en un punto de la actual Plaza de Lonquén. En los mismos cursos estaba una de sus hermanas.75 Pocos años estuvo Víctor en los campos de Lonquén. También se dice que su madre se radicó en el fundo Carampangue, cerca de allí, antes de establecerse definitivamente en una población humilde de Santiago y mucho antes que ese muchacho se transformase en uno de los grandes exponentes de la canción popular chilena. Creador innato, en 1967, cuando ya gozaba de una enorme popularidad en un país que estaba en proceso de ebullición por las profundas transformaciones sociales, rescató de su memoria uno de esos plañideros recuerdos, pero bellos y rotundamente inspiradores. “El Lazo” le llamó a la canción que recobraba aquellos tiempos de Lonquén y que hablaba de la de un trenzador de cueros76: Era 1967 cuando inmortalizó una escena de la vida rural de un rincón de Isla de Maipo. Seis años después vino el golpe militar y con ella ese crimen del cual fue víctima en el Estadio Chile, que hoy evoca su nombre. Víctor Jara mantuvo un entrañable cariño por el Lonquén de su niñez y cada vez que pudo regresó a este lugar. En 1972 vino a reunirse con los campesinos de uno de los fundos de la zona y les interpretó sus canciones. Pero también quiso bailar cueca. En esas circunstancias, un muchacho de apenas 14 años, Víctor Manuel Gó75 Basado en antecedentes proporcionados por el ex director de aquella escuela desde 1961, Aliro Cárcamo Cárdenas, en los relatos de Lindorfo Valdés Bravo y Víctor Manuel Gómez. 76 Cuando el sol se inclinaba, /lo encontré, / en un rancho sombrío, / de Lonquén, / en un rancho de pobres, / lo encontré, /cuando el sol se inclinaba, / en Lonquén. Sus manos siendo tan viejas/ eran fuertes pa’ trenzar, / eran rudas y eran tiernas/ con el cuero ‘el animal. El lazo como serpiente/ se enroscaba en el nogal / y en cada lazo la huella / de su vida y de su pan. Cuánto tiempo hay en sus manos / y en su apagado mirar. / Y nadie ha dicho: está bueno, /ya no debes trabajar. Las sombras vienen laceando / la ultima luz del día, / el viejo trenza unos versos / pa’ maniatar la alegría. Sus lazos han recorrido / sur y norte, cerro y mar, / pero el viejo la distancia/ nunca la supo explicar. Su vida deja en los lazos/ aferrados al nogal, /después llegará la muerte/ y también lo laceará. Qué importa si el lazo es firme/ y dura la eternidad, / laceando por algún campo/ el viejo descansará. Cuando el sol se inclinaba,/ lo encontré, en un rancho sombrío/ de Lonquén, / en un rancho de pobres lo encontré, / cuando el sol se inclinaba en Lonquén. Municipalidad de Isla de Maipo

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mez, apodado el Pipa, que ya manifestaba virtudes artísticas, tomó la guitarra y cantó “La Rosa y el Clavel”, acompañado por el palmoteo de los hombres del campo. En la pista de tierra, Víctor Jara demostró sus dotes de bailarín junto a la dirigente política Eliana Araníbar Figueroa, quien fuera elegida diputada por el Segundo Distrito Talagante en 1973. Mientras la Escuela de Lonquén se consolidaba, la escuela de Islita volvía, no sin dificultades, a funcionar. Tomó como recinto una vieja construcción conocida como “La Casona”. Luego, entre 1944 y 1945 se trasladó a un local en Lo Guerra con Balmaceda. Era liderada por la directora Ernestina Carrizo Pereira, quien de rigores sabía… y muchísimo, dado que provenía de las salitreras de María Elena, en el desierto chileno. En aquel entonces, eran no más de una veintena de niños los educandos, quienes recibían las enseñanzas en improvisados pupitres. Era común que ellos mismos llevaran sillas desde sus casas. Tenía el nombre de Escuela Rural Primaria y luego recibió la denominación de Escuela República de México N° 16. El director por esa época era el profesor Luis Gutiérrez. Posteriormente destacarían como maestras de este recinto doña Catalina Cavieres y doña Sara Rodríguez. En los últimos 20 años la localidad de Islita comenzó a convertirse en un núcleo urbano de alta densidad demográfica, dado que las administraciones municipales decidieron planificar allí los conjuntos habitacionales, una política que se había implementado desde mediados de la década de 1970. Así es como surgen la primera población denominada Islita Centro y en los próximos 30 años emergen San Luis, Gabriela Mistral, La Alborada, Cancha de Carreras 1 y 2, El Maitén, El Gomero. En 2010, bajo la gestión del alcalde David Morales, se inauguró la Villa Bicentenario, con 1142 viviendas, distribuidas en 9 barrios. Los predios aledaños requirieron de una gran cantidad de mano de obra, llegando a convertirse en el sector más poblado de la comuna. El estudiantado aumenta. Muchos niños que salen de la enseñanza básica deben continuar la media en Isla de Maipo, Talagante o Santiago, de allí que en 2001 decidió crearse el Liceo República de Italia para que los estudiantes de enseñanza básica no tuvieran que trasladarse a otras ciudades o pueblos para proseguir su educación. El recinto se completa con educación media nocturna, llegando a tener en un momento del orden del millar de alumnos en total, matrícula que ha descendido drásticamente a la mitad en los últimos años. Las variables para tal fenómeno son diversas.

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Antes que surgiera el Liceo de Islita nació el Liceo de Hombres de Isla de Maipo, que tiene a tres mujeres isleñas como sus principales impulsoras: María Carrasco, María Berríos y María de Torres, “las tres María”, uniendo sus anhelos a un grupo de maestros. De acuerdo con el testimonio del primer director que tuvo aquel Liceo, Ramón Germán Retamal, la génesis del actual Centro Educacional Isla de Maipo (CEIM), Ex Liceo C-122, está dada en la Reforma Educacional del año 1965 que impulsa el Presidente Eduardo Frei Montalva, que permite la expansión de la educación hacia los sectores más desposeídos de educación de la ciudadanía que en esa época provienen mayoritariamente de familias ligadas a campesinos, cuyos padres tienen un grado de escolaridad muy bajo o no la tienen siendo muchos de ellos analfabetos sin escolaridad o por desuso, y sus hijos tienen acceso limitado -o no lo tienen-, a la educación primaria, menos a la secundaria, en la comuna de Isla de Maipo. Hasta mediados de la década del ´60, sólo una ínfima parte de los niños de Isla de Maipo culminaban la enseñanza primaria y mucho menor era la cantidad de aquellos que querían continuar los estudios secundarios. Así, de un centenar de estudiantes que ingresan a la primaria seis grados, sólo un 5 por ciento continúa en la enseñanza media. A su vez, sólo un 1 por ciento egresaba con un título universitario. Por lo general, eran familias que contaban con recursos económicos y que veían en la continuidad de los estudios una forma de progreso y desarrollo para sus hijos, las que les instaban a seguir estudiando. La reforma del ´65 permite expandir la Educación Básica, hasta el 8° grado en las escuelas de todas las comunas. Esto tiene como consecuencia que un número importante de hijos de campesinos y obreros de Isla de Maipo continuaran sus estudios en sus colegios de origen, internalizando en las familias la idea que la educación de los hijos es una importante herramienta para alcanzar el desarrollo familiar y social. Simultáneamente se produce que estos jóvenes al egresar de la Enseñanza General Básica proveniente de la Reforma Educacional de la época, aspiran a la educación media. Para ello deben trasladarse fuera de la comuna y continuar dichos estudios en el único colegio de Enseñanza Media existente en la provincia: el Liceo Coeducacional de Talagante, hoy A 119. Son Municipalidad de Isla de Maipo

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unos 350 los alumnos isleños que deben viajar hacia esa ciudad para seguir sus estudios medios. Siendo esta una realidad, las autoridades de la comuna logran convenir con la única empresa privada de microbuses existente para adecuar los servicios especiales y llevar alumnos desde Isla de Maipo hacia la comuna de Talagante en jornadas de mañana y tarde. Era un trayecto promedio de 12 kilómetros, con un defectuoso servicio de transporte público, que tenía gran dificultad para atender a esta población escolar. De allí que la autoridad comunal y las educacionales de la época, atendiendo las necesidades y requerimientos de las familias involucradas, inician el proyecto de tener un Liceo en la comuna de Isla de Maipo. Para resolver el drama de los jóvenes y sus familias respecto a su Educación Media. Así en una primera etapa, el alcalde Rogelio Olave Zangroniz autoriza la ocupación de dependencias municipales que había utilizado la antigua Escuela Nº 16 República de México, en la localidad de Islita para que allí funcionen cursos de enseñanza media como anexo del Liceo de Hombres de Talagante, bajo la supervisión del profesor Ramón Germán Retamal González. Comprendía esta medida a los niños que cursaban los Primero y Segundo Medio, lo que descomprimía los traslados a Talagante. En 1974 se inician en este recinto los primeros cuatro cursos de enseñanza media, con una matrícula aproximada a 120 alumnos, distribuidos en tres primeros años y un segundo. No obstante, desde 1975, para continuar sus estudios en el tercer y cuarto grado de enseñanza media, debe repetirse la rutina de viajar a Talagante. Es entonces cuando el municipio local junto a los apoderados de estos alumnos inicia, con el apoyo de la comunidad, acciones relacionadas para la adquisición de un bien raíz en el sector urbano central de la comuna y allí fundar el liceo de Enseñanza Media en Isla de Maipo. La comunidad se organiza con este objetivo común y gestiona y realiza actividades con el objeto de reunir fondos y para alcanzar la meta. Con esos recursos, el municipio, encabezado por el edil designado Germán Silva Baezner adquiere el terreno ubicado en calle Cortés 175, colindante al sitio que ocupaba la escuela fiscal de hombres F-681,

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Rápidamente, durante el verano de 1976 se realizan los trabajos de habilitación y equipamiento de las dependencias de la casa habitación existente en el terreno, lo que posibilita que en marzo de ese mismo año se pueda iniciar el año escolar con la enseñanza media Científica Humanista completa en la comuna, con tres primeros Medio, un Segundo, un Tercero y un Cuarto Medio, conformado por los niños que en 1975 habían hecho el Tercero Medio en Talagante. La matrícula total es cercana a 220 alumnos. Primero sigue funcionando como Anexo al Liceo de Talagante, alcanzando ese mismo año el reconocimiento por parte del Ministerio de Educación la calidad de Liceo de Hombres de Isla de Maipo en 1976, nombrando como su primer rector, con fecha 26 de junio de ese año al profesor Ramón Germán Retamal González. También en 1976 se realiza la primera graduación de alumnos egresados de Enseñanza Media en la comuna, lo que constituye un hecho histórico. El año 1979 recibe el nombre Liceo C Nº 122 de Isla de Maipo, el que es traspasado en 1982 a la Municipalidad, tal como el resto de las escuelas públicas de la comuna. Con el objeto de dar una mejor oferta de estudio a los jóvenes con mayores aspiraciones en su formación para su vida futura, en 1987 se decide dar al establecimiento la modalidad de estudio Técnico Profesional. Se crea la especialidad de Programación en Computación en 1989 y Secretariado con mención en Computación y en el año 1990. También la especialidad de Mecánica Agrícola. En 1993, debido a una instrucción del Ministerio de educación el Liceo pasa a llamarse Centro Educacional Municipal Isla de Maipo Ex C-122. En 1996 asume la dirección interina la profesora Clara Buchi Gatica, en espera de un llamado a concurso para proveer el cargo de director dejado vacante por Pedro Basaure Delgado, que había sido nombrado en 1987. Luego le sucedieron Luis Perotti Navarro, en 1997, y en 1998 María Soledad Gómez Retamal. El centro educacional continúa cumpliendo estas funciones, hasta el año 2002 cuando se construye el nuevo edificio mediante el proyecto de Jornada Escolar Completa Diurna y su oferta cambia a especialidades con mayores posibilidades de desarrollo y proyección para los jóvenes de la comuna y sus alrededores, al realizar un estudio que visualiza especialidades en el área comercial la especialidad de Administración y en el área industrial las especialidades de telecomunicaciones y mecánica automotriz. En marzo de 2004 asume como director Carlos Torrealba Municipalidad de Isla de Maipo

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Gibert. En la actualidad la directora es Cecilia Marambio Carrasco, quien asume en el mes de marzo de 2009. Un millar de alumnos se forma al día de hoy en el CEIM, Centro Educacional de Isla de Maipo, como se denomina al antiguo museo. Actualmente, existe en Isla de Maipo, además de los liceos Italia y CEIM, otros establecimientos educacionales públicos como la Escuela Artística Las Parcelas, Escuela San Antonio de Naltagua, el Centro de Educación General Básico y la Escuela Efraín Maldonado Torres. Esta última lleva del nombre de uno de los más sobresalientes educadores que ha pasado por las escuelas isleñas. Recordado, el maestro Torres nació en 1932 en Antofagasta. Siendo adolescente llega a Isla de Maipo a la casa de su hermano de madre, Enrique Cuitiño Torres, oficial de Carabineros jefe de la tenencia isleña. Tenía unos 15 años cuando decide ingresar a la Escuela Normal José Abelardo Núñez, donde se formó para la docencia. Su primera designación como profesor normalista fue Alto Jahuel, donde se casa con Gloria López Fernández. Desde allí es derivado a la Escuela 8 República de Estados Unidos. Sus alumnos le recuerdan como el clásico profesor normalista, con una alta vocación y dedicación. Aunque era cercano, inspiraba respeto.

Niños de la Escuela Parroquial de Isla de Maipo, año 1944.

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Tercer año de la Escuela Particular N° 6 de Isla de Maipo, promoción 1958.

Estudiantes Tercer Año Básico Escuela Parroquial, año 1966.

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Estudiantes 60 Año Básico ex-escuela N0 8 de los Estados Unidos, junto al profesor Efraín Maldonado Torres

Comedor Escuela San Francisco.

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Alcaldes y avances comunales En la década de 1950 se produce la última gran inundación en el pueblo de Isla de Maipo. Al río no le bastaban los rezos y promesas para atajarlo e impedir que sus bravías embestidas sembraran desolación, tiraran por la borda las siembras y se metieran hasta la cocina de las casas. Era tiempo de afrontar de manera decidida una solución al problema y no hacerlo con medidas circunstanciales, tras las cuales, de igual manera, los isleños quedaban expuestos. Era el tiempo en que una figura política planteara a las autoridades centrales una solución que, aunque de largo plazo, permitiera a las generaciones venideras dormir en calma. Para el período 1953-1956 asumió la alcaldía el socialista Ramón Jiménez Padilla. El edil lo hace en un tiempo en que las fuerzas electorales conservadoras van declinando ante las de centro e izquierda. Los regidores eran el agrario laborista Nibaldo Iturriaga Gaete, el independiente Ernesto Jiménez y los conservadores Fernando Prieto Concha y Mario Bartolucci. El lapso alcaldicio 1956-1959 se dividió en dos. El primer año y medio encabezaría la comuna el edil Jiménez, teniendo como regidores a Víctor Pinto, Ernesto Jiménez, Fernando Prieto y David Sepúlveda. La segunda mitad el municipio lo encabezaría Pinto y Ramón Jiménez pasó a ocupar una plaza de regidor.77 Ramón Jiménez Padilla se radicó en 1938 en Isla de Maipo y tan pronto como pudo se integró a cuanta iniciativa de progreso se impulsara. Hijo de Ramón y Adelaida, había nacido en Valparaíso en 1904 y vino a expirar en su querida Isla en 1996, a la edad 92 años. Había casado con Teresa Freire. De oficio tornero, el que ejerció en la industria Mademsa, llegó a relacionarse con la zona en 1936 cuando le correspondió dirigir la cantera de ferrocarriles en la Puntilla de Lonquén. Fue este edil el que afrontó la inundación de mayor magnitud en el siglo XX. Registrada en diciembre de 1953, cuando el río Maipo se desbordó por sus calles, caminos y potreros, sembrando destrucción y desesperanza. Era consecuencia de los deshielos de la temporada debido a las altas temperaturas que anunciaban un verano ardiente desde fines de noviembre. En efecto, ese año se acumuló gran cantidad de nieve en la cordillera andina y hubo días en que en los valles llovió a cántaros. Sólo baste decir que el día 7 de agosto se registraron 69,3 milímetros de lluvia y trece días después la friolera de 77 El Regional, 26-05-1956 Municipalidad de Isla de Maipo

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81,3 milímetros en tan sólo 24 horas.78 Los isleños recuerdan esas crecidas no sin un gran componente anecdótico. Al intentar cruzar una calle, la profesora Catalina Cavieres, fue tomada en brazos por un carabinero que la puso a salvo al otro lado de la arteria. Ella misma rememora que el agua pasaba por calle Manuel Rodríguez en un impresionante torrente, que observaba desde la casa de Primitiva Palma, donde residía. También está viva la escena del agua irrumpiendo en la panadería del pueblo, arrastrando los troncos que estaban listos para ser encendidos en los hornos. Este acontecimiento fue el impulso definitivo para que, de una vez por todas, se atendiera la urgente necesidad de dotar de defensas al río, propósito que se había cumplido parcialmente en 1942. Por lo demás, el país estaba mejor preparado para asumir obras de gran envergadura. Claro que la solución al problema no se iba a alcanzar de un año para otro. Por el contrario, se requerían décadas para domar el curso fluvial, que a la década siguiente otra vez se salió de madre, pero no lo suficiente para inundar a Isla de Maipo. Los grandes afectados con la inundación de 1953 fueron los propietarios agrícolas de los terrenos adyacentes. Víctor Pinto, Alberto Moreira, Alfredo Schiapacasse, Zenén Vásquez y otros afectados reunieron la suma de 200.000 pesos para aportar a la construcción de las defensas ribereñas, cifra exigua frente a la envergadura de las obras, que ni siquiera los 2.000.000 de pesos que disponía el Departamento de Vialidad del Ministerio de Obras Públicas era capaz de cubrir, pues se trataba de abarcar varios kilómetros para afrontar el rugiente embate de las turbias aguas.79 Se estimaba que las pérdidas para la agricultura de la zona podrían significar a lo menos 500 millones de pesos, destruyendo plantaciones en una superficie amenazada de 3.000 hectáreas, frente a lo cual el edil Ramón Jiménez proponía la implementación de un plan general a desarrollarse entre cinco y diez años, tratando que fuera financiado no sólo con recursos fiscales, sino también gravando los vinos de la zona80, ciertamente una propuesta recibida con desagrado por los grandes propietarios de viñedos, pero que en el fondo les resultaba más beneficioso a ellos que a cualquier otro sector productivo de la comuna, por cuanto los primeros terrenos que invadía el río Maipo eran precisamente las viñas. 78 Anuario meteorológico de 1953 79 Periódico El Regional, 05-12-1953 80 Periódico El Regional, 05-12-1953

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Con una mirada progresista, el edil Jiménez asume que el avance de la comuna debe medirse en obras concretas que mejoren la calidad de vida de sus habitantes. Uno de éstas era dotar de agua potable al pueblo de Isla de Maipo, para cuyos estudios el municipio dispuso la cantidad de un millón de pesos. Tanto alcalde como regidores concordaban en la necesidad de terminar con el abastecimiento a través de norias, dado el alto riesgo que corría la salud de la población.81 El edil fue un defensor acérrimo de la comuna. Así lo demostró cuando se enfrascó en un polémico hecho que lo indispuso con el Servicio Nacional de Salud. Ocurre que ante la carencia de una ambulancia para prestar auxilio al departamento de Talagante, el municipio isleño cedió el vehículo a las autoridades de gobierno en virtud de la ley que refundía los servicios médicos y asistenciales, bajo la condición de prestar apoyo preferencial a los habitantes de Isla de Maipo. Ésta había sido adquirida gracias aun esfuerzo conjunto entre el organismo de Salud y los habitantes de la comuna, que habían reunido gran cantidad de dinero para financiar la adquisición. Otra cláusula indicaba que durante las noches la ambulancia debía permanecer en Isla de Maipo, pero al poco tiempo ésta no se cumplió, apareciendo sólo paulatinamente en el pueblo, con visitas esporádicas de un facultativo, que volvía en el vehículo a Talagante, tema que motivó los reclamos de los isleños, situación frente a la cual el Servicio ordena la devolución a Isla de Maipo, orden que no cumple el doctor, alegando que no tendría cómo trasladarse de un punto a otro. En sus afanes por reintegrar la ambulancia, el edil consiguió el apoyo del alcalde de Talagante (Octavio Leiva), de Cartagena, de El Monte y de Peñaflor, que integraban una asociación, luego que se produjeran dos muertes por falta de auxilio. El municipio acordó recuperar la ambulancia, pero no logró localizarla, aun habiéndola encargado a Carabineros, toda vez que el doctor Paulino Díaz la ocupaba en sus rondas e incluso se trasladaba hasta Santiago en ella. La oportunidad llegó cuando el galeno -cuya calidad de atención estaba fuertemente cuestionada por la asociación de municipios-, se presentó en el policlínico de Isla de Maipo, siendo advertido de tal situación el edil Jiménez, quien concurrió hasta el recinto de salud para poner en conocimiento al médico del acuerdo de la corporación edilicia, pero el conductor se negó a entregar las llaves, al tiempo que afirmó que desde ese momento Isla de Maipo no tendría atención 81 Periódico El Regional, 28-02-1955 Municipalidad de Isla de Maipo

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médica mientras él tuviera tal responsabilidad. Junto con ello, el médico no accedió a ocupar un auto que se alquiló para que regresara a Talagante, manteniendo las llaves en su poder. Ante tal negativa, con una copia de llaves, el edil ordenó el traslado de la ambulancia hacia el retén de Carabineros.82 Jiménez asume en un período en que se acrecienta la sociabilidad. Altamente valorado en ese entonces eran los espacios de distracción para la comunidad, cuestión que el edil satisface mediante la inauguración de una moderna piscina que venía a reemplazar a aquella establecida en el remanso de un estero. Para el efecto contó con el decidido apoyo de su cuerpo de regidores. La inauguración fue un acontecimiento social. De ello da cuenta la presencia de diversas autoridades en un banquete ofrecido por el municipio, entre los que se contaba el intendente de la provincia de Santiago, Gustavo Luco, y los gobernadores de Talagante y Melipilla, Héctor Mera y Samuel Cornejo, respectivamente, además de los parlamentarios Arnaldo Rodríguez Lazo, José Láscar y Florencio Galleguillos.83 La piscina se transformó en el epicentro estival. Hasta allí llegaban adultos, jóvenes y niños para dar rienda suelta a sus ánimos de distracción. La piscina venía a significar un recinto digno para que las familias de la comuna y visitantes se congregaran. Ello, sin embargo, no significaba que se dejara de utilizar un popular y concurrido balneario que se formaba en el fundo La Gloria, en La Villita. Allí, a orillas del río, se improvisaba una represa hecha con piedras, barro, troncos… y listo. El tema causaba escozor en el dueño del predio, Alfredo Schiappacasse, quien reclamaba que el citado “balneario” daba lugar al establecimiento de locales clandestinos para la venta de alcohol en casas situadas en las cercanías. También adquiría ribetes políticos en plena época estival de 1963, ya que los vecinos demandaban la adquisición de los terrenos o la cesión de los privados para esparcimiento de la población. La consecución de aquel balneario era una promesa electoral de muchos de quienes aspiraban a conducir los destinos de Isla de Maipo. El domingo 20 de mayo se efectuó la ceremonia de instalación del municipio para el período 1956-1959 y tras dos votaciones entre los municipales electos no se pudo elegir el alcalde. Sólo al día siguiente, el lunes 21, un acuerdo entre las fuerzas en pugna permitió que el período se dividiera en dos, asumiendo durante el primer año y 82 Periódico El Regional, 18-05-1955 83 Periódico El Regional, 07-02-1956

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medio como alcalde el socialista Ramón Jiménez Padilla, secundado por el conservador Víctor Pinto, Ernesto Jiménez, Fernando Prieto Concha y David Sepúlveda. La segunda mitad del período la alcaldía sería asumida por Pinto, mientras que Ramón Jiménez pasaría a ocupar una plaza de regidor.84 En este nuevo período, el edil Jiménez tomó como bandera la lucha conseguir que el gobierno concluyera la pavimentación del camino entre Isla de Maipo y Talagante, acrecentando la relación comercial y administrativa con ese pueblo. También miraba hacia el sur, buscando la conexión con Paine. Para este propósito planteaba la posibilidad de utilizar el puente ferroviario en el sector Puntilla de Lonquén, cuestión a la que la empresa de ferrocarriles se negaba rotundamente. No obstante, los años le dieron la razón al visionario alcalde, pues durante décadas el uso de ese puente se alternó entre el tren y el flujo vehicular. Para el efecto, la empresa cobraría peaje.85 Literatos e inspiraciones artísticas Isla de Maipo ha tenido letras y artistas por nacimiento, adopción e inspiración, particularmente de estos últimos. El profesor Miguel Alcalde Abascal fue un destacado poeta en la década de 1930 y anteriores. Sus poemas eran declamados en las diversas actividades sociales y tenía entre sus admiradores al patriarca y alcalde isleño Julio López, quien soñaba con ver recopiladas en un libro sus inspiradas e inéditas producciones.86 Los amantes de la literatura se reunían en torno al Centro Social y Cultural Gabriela Mistral. Una de las plumas de adopción fue Olegario Méndez Bustos, poeta popular, nacido el 2 de noviembre de 1915 en Calera de Tango y radicado desde 1927 en el fundo El Castillo de Lonquén, quien sintió el llamado de la poesía popular a los 21 años y nunca dejó de escribir versos a lo humano y lo divino. Parte de sus décimas aparecen escritas en varias obras del cura Miguel Jordá, como “La fe de un Pueblo”, “El Catecismo Criollo” y “La Biblia del Pueblo”. Don Olegario se radicó en Islita, donde terminó sus días el año 2002. Tan sencillo como Olegario Méndez era el cronista local Gui84 Periódico El Regional, 26-05-1956 85 Periódico El Regional, 11-06-1956 86 Periódico Página Isleña, 26-12-1936 Municipalidad de Isla de Maipo

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llermo Inostroza Rojas, quien inspirado en un profundo cariño por el terruño escribió en 1987 el trabajo que tituló “Historia de Isla de Maipo”, haciendo un recorrido que mezcla datos históricos, anecdóticos e incluso demandas hacia las autoridades, con pasión y sin pelos en la lengua. Era él un cristiano progresista que intentó llegar al municipio representando a la Izquierda Cristiana, pero no tuvo suerte, porque en los electorados la gente que se vincula con la cultura es poco valorada, pese al impresionante trabajo que les toca realizar de manera anónima y esforzada. ¡Por eso, los sencillos carteles que pegó en las murallas de Isla de Maipo en donde relevaba que era el primero en escribir la historia de aquel pueblo, en definitiva fue como arar en el mar! Inostroza Rojas confesaba que quien lo aficionó en la historia fue el estudiante de ingeniería Héctor Celsi Garrido. El investigador quería trascender por sus obras culturales. De allí que donara los derechos de autoría de su libro para que el producto de la venta de éste permitiera financiar a la vez otra iniciativa: la creación de un museo parroquial, impulso en el cual era acompañado por Manuel Orlando Inostroza Quiroz, el maestro Yayo. No sin dificultades, finalmente pudieron cumplir el sueño. También estuvo detrás del primer intento de brindar una radio a Isla de Maipo, un proyecto denominado Radio El Lanchadero 107.3 FM, que se topó con la burocracia fiscal y que finalmente no fue autorizado. Otra obra vino de manos de una monja, doña Mercedes Paniagua, que venía inspirada en el propósito de dar a conocer la labor de la iglesia católica y el fervor de los creyentes isleños, en especial hacia la Virgen de la Merced. De inspiración se vinculó con Isla de Maipo el autor de esta obra, Hernán Bustos Valdivia, quien en 2006 lanzó su trabajo “Isla de Maipo y Naltagua, 2 pueblos y un río”, una especie de vuelo rasante sobre algunos aspectos que relevan la personalidad histórica de Isla de Maipo y su vecino pueblo. Otros reconocidos hombres del mundo intelectual han decidido que Isla de Maipo fuera su refugio adoptivo e inspirador. Tal es el caso del pintor penquista Mario Gómez Vargas (1968), que estudió en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Destacó como uno de los mejores alumnos de Gonzalo Cienfuegos. Es representante de la corriente Neo Figurativa, una tendencia estilística que surgió en los ´80 que combina la figuración con imágenes oníricas. El desnudo femenino es protagonista de sus pinturas.

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Otro pintor destacado es Manuel Flores(Q.E.P.D), licenciado en Arte en la Universidad de Chile y alumno de José Caracci. Su trabajo es expresionista abstracto. Algunas de sus pinturas las donó a la Biblioteca Municipal de Isla de Maipo. Reconoce que su inspiración la encuentra en este pueblo, que no es el de su nacimiento, pero en el cual está radicado desde 1997 y que le ha dado nuevo impulso a su destacada carrera. El poeta Alberto Rubio Riesco, una de las figuras capitales de la generación de los “Cincuenta” tomó como su hogar a Isla de Maipo en los últimos años. Luego de haber sido el primer juez en Isla de Pascua, al jubilarse decidió adquirir una parcela en Isla de Maipo, lugar donde encontraría la tranquilidad y la inspiración para sus días finales. De una isla insular pasó a otra en tierra firme. Su trabajo más reconocido fue “La greda vasija”, publicado en (1952). También publicó “El cuaderno” (1963) y “Trances” (1967) Fue conocido como el “severo juez-poeta”, quién es su calidad de abogado también fue juez subrogante de policía local en Isla de Maipo Alberto Moreira Recchione, de profesión arquitecto, decano de la Facultad de Arquitectura y profesor de la Universidad de Chile, es el gran inspirador del trabajo de recuperación patrimonial de Isla de Maipo. Varias décadas antes había elegido La Villita como su lugar de residencia y era muy común verlo con traje de huaso en cuanta festividad o actividad oficial se realizaba en la comuna. Destacó también su trabajo de defensa de la cultura ecuestre. Falleció el año 2007. En los tiempos actuales también destacan expresiones artísticas de alto nivel, como es el caso de un grupo de jóvenes de la Escuela Artística, que dirige el profesor Patricio Flores, que a cargo de una orquesta sinfónica protagonizan una hermosa y muy bien producida cantata dedicada a Víctor Jara. Un grupo artístico sobresaliente en la actualidad es la tuna Eladio Mozas Santamera, hidalga fina y andariega, como la definen sus integrantes, quienes merced a un trabajo serio y de enorme calidad han llevado por 20 años los alegres ritmos de las estudiantinas a distintos puntos del país y el extranjero. El nombre lo adoptan de un religioso español (1837-1897), fundador de las Hermanas Josefinas de la Santísima Trinidad, que llegaron a Isla de Maipo en 1963. El trabajo del tallador Enrique Martínez sobresale entre los afanes artísticos, particularmente aquellos que se relacionan con la interpretación de los sueños.

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Deportes En materia deportiva los isleños practicaban preferentemente fútbol, uniéndose en torno a los 8 clubes que agrupaba la Asociación de Isla de Maipo. Eran éstos Nacional Miraflores, Tricolor del Maipo, Brisas del Maipo, Escudo de Chile, Las Mercedes, Santa Inés, Isla de Maipo y San Luis.

Ceremonia inaugural del Estadio Municipal de Isla de Maipo, 1942. El ciclismo de Isla de Maipo también alcanzó un gran desarrollo. En 1960 se organiza en torno al Club Ciclista Estrella de San Luis, formando parte de éste Manuel Huaico, Humberto Pavez López, Luis Navarro H., Ramón Bustamante, Edmundo Cabrera, Eduardo Pallauta H., Oscar F. Ríos G., Carlos Pincheira C., Luis Venegas H., Pedro Ceballos y Darío Vásquez, entre otros. En la del ´70 Ricardo Astorga destacó a nivel nacional e internacional. La proeza de cruzar la cordillera de Los Andes lo pone como uno de los más brillantes deportistas. Otro impulso breve se hizo a comienzos de 2000, en donde Isla de Maipo fue lugar de llegada de la Vuelta Ciclista a Chile, destacando los nombres de Fernando Uribe, Andrés Riquelme y Ricardo Astorga hijo.

El Presidente Salvador Allende saluda a los ciclistas Jorquera, Urrutia, Schieder, Fracchia y Astorga en el interior del Palacio de la Moneda. Con ellos Bonifacio Cejuela

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Ricardo Astorga Cruzando Cordillera de los Andes

Antiguo equipo de fĂştbol. Municipalidad de Isla de Maipo

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De los Pingüinos a la Cuarta División A comienzos de la década de los 80, un grupo de amigos que participaba en distintos clubes de en Isla de Maipo, como San Luis, DIM y Escudo de Chile, entre otros, dio origen a los Pingüinos, equipo que si bien partió como una forma de recreación con participación en torneos de verano se fue transformando en una verdadera selección de fútbol de Isla de Maipo que además reclutaba jóvenes jugadores de la comuna. Fue de esta manera como Silvano González, junto a sus hermanos Eduardo y Jorge y apoyados por el entusiasta dirigente del ciclismo laboral como lo fue Sixto Allende fueron dando forma y base a lo que sería la única participación regional en la competencia Regional Zona Central: La Cuarta División del Fútbol de Chile. Fue así como en el año del Mundial de México, en 1986, el Deportivo Isla de Maipo( DIM), otrora Deportivo Calcetín, fundado por don Mario Bartolucci en 1940, se inscribía en el torneo de Cuarta División del fútbol Chileno Teniendo como base a su capitán Miguel Aranda Acevedo, destacado ex jugador de Audax Italiano, el arquero Leonardo Rayo y el central José María Villegas, este delfín del fútbol con al apoyo de la comunidad isleña participó durante 3 años en la competencia regional. Dirigidos técnicamente por Carlos Ovalle y Carlos Bertero, el cuadro isleño fue sumando a jugadores del Brisas del Maipo logrando tener la paternidad sobre los equipos vecinos como Andarivel de El Monte y el centenario Atlético Malloco.

Los Pingüinos. De pie Silvano González, “Negro” Arica, Néstor Adasme, José María Villegas, Andrés López, Juan Adame, Jorge González, Agachados: “ Lalo” González, Sixto Allende, Miguel Aranda, Jaime Torres

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Recorte Diario la Cuarta de la ĂŠpoca.

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Bomberos Una institución relevante para Isla de Maipo es el Cuerpo de Bomberos, que tiene su génesis en 1962. Para iniciar los trámites de constitución legal se eligió un directorio provisorio encabezado por el cura párroco Fernando Muñoz, quien cumplía las funciones de superintendente, secundado como vicesuperintendente por Rogelio Olave; el secretario general Arturo Venegas, el tesorero general Hugo Corvalán, el comandante Luis Díaz y el ayudante general Eduardo Bouthers. Aunque no era un caso único de cura-bombero, Muñoz ya tenía experiencia como voluntario bomberil en Cartagena. También se conformó el directorio de la Primera Compañía, con su director Manuel Gato, el secretario Pedro Calderón, el tesorero Emilio Álvarez, el capitán Fernando Rojas, el teniente 1° Hugo Gálvez, el teniente 2° Hernán Rojas y el ayudante Alfonso Montes. Antes, cuando pertenecía al Cuerpo de Bomberos de Talagante, esta era la Tercera Compañía. La institución bomberil se cobijó inicialmente bajo el alero de la Escuela Parroquial. Avances urbanos en los ´60 La década de 1960 trajo grandes avances en materia urbana para Isla de Maipo y también la dotación de servicios básicos, mientras en los campos se vive una gran efervescencia con la organización de los campesinos. Es el tiempo en que se implementa la Reforma Agraria, anhelada por los hombres que trabajan la tierra y resistida por los dueños de fundos. No obstante los avances de las fuerzas de centro e izquierda, los sectores de derecha retoman la administración comunal. El domingo 15 de mayo de 1960 asumió un nuevo municipio encabezado por el edil de filiación conservadora Mario Bertero Cevasco, secundado por los regidores también conservadores Fernando Prieto Concha y José Celsi Perrot. La minoría la constituían los democratacristianos Rogelio Olave Sangroniz y Félix Pavone Arbea.87 Bertero Cevasco también encabeza el municipio al siguiente período, 1963-1967, con un cuerpo de regidores mayoritariamente conservador, representado por Fernando Prieto Concha, José Celsi Perrot y Nolberto Gato Vilches. La única excepción la constituía el socialista Ramón Jiménez Padilla.88 Posteriormente, Gato pasó a las filas del Partido Radical. 87 Periódico Acción, Isla de Maipo, 21-05-1960 88 Prensa Regional, 25-05-1963

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Mario Bertero nació en Villa Alemana. Era el primer edil proveniente de una familia de inmigrantes italianos que alcanzaba la alcaldía. Su historia en Chile se remonta a la llegada de sus padres Angello Bertero, nacido en Cicagna, Rapallo, en 1879, y María Adelaida Assunta Cevasco, nacida en Nueva York en 1882. Venían huyendo de los rigores de la Primera Guerra Mundial que asolaba Europa. En Villa Alemana se instalaron con un restaurant. Bertero emprendió viaje a Isla de Maipo en 1942, a la Viña Santa Inés, dedicándose a la producción de vinos, aprovechando la fama de los mostos de esta tierra. Fue socio de vinos Comaipo. También se transformó en productor de cerdos y vendedor de mercaderías como abarrotes, harina, aceite, té y conservas en los fundos de la zona. Posteriormente levantó el edificio donde actualmente se ubica el Banco del Estado y fue concesionario del Servicentro Copec. Durante su administración inauguró el edificio de la Escuela número 17 de La Villita, con recursos y materiales aportados en parte por la municipalidad y los vecinos, quienes reunieron del orden de los 5.000 escudos. En materia de obras sanitarias continuó las gestiones de los ediles que le antecedieron para dotar de una red de agua potable al pueblo de Isla de Maipo, para lo cual, en 1961 la Municipalidad aportaba 10.000 escudos y se comprometía a entregar otros 2.000 escudos por concepto de recaudación por aumento de contribuciones. En vista de esto, el Estado se comprometía a activar los sondajes y en septiembre de aquel año llamar a propuesta.89 Sin embargo, el avance más sobresaliente de aquella etapa fue la inauguración del Consultorio de Salud, durante la gestión de Mario Bertero, en agosto de 1962. El recinto contaba con servicio de pediatría, servicio dental, rayos X, centro maternal, botica, sala de leche y sala de curaciones. También contó con médico y matrona residente. Con ello se venía a reemplazar la antigua posta, que desde hacía treinta años era atendida por la ejemplar funcionaria Purita Vargas. Para el lapso alcaldicio 1967-1971 asumió la alcaldía el demócrata cristiano Rogelio Olave Sangroniz, quien es secundado por los regidores Héctor Soto Soto y Ramón Retamal González, de la misma tienda política del edil; José Celsi Perrot, en representación del Partido Nacional, que agrupaba a los antiguos conservadores y liberales, y el regidor comunista Felipe Acevedo Vera. 89 Prensa Regional, 22-07-1961

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El acalde Rogelio Olave inauguró el Matadero Municipal, con el cual la población se podía abastecer de carne obtenida en condiciones sanitarias apropiadas, mientras que los compradores se evitarían la molestia de concurrir a otras comunas para obtenerla. El recinto cumplía con todas las exigencias sanitarias. El broche de oro para la inauguración llevada a cabo el 17 de agosto de 1968 lo constituyeron las canciones chilenas interpretadas por el médico veterinario Alejandro Angelloni, que estaba a cargo de la supervisión del matadero.90 Este es el autor del famoso tema “El Beso”, considerado un verdadero himno para la ciudad de Temuco. En 1966 los habitantes de Isla de Maipo recibían con alegría la noticia de la aprobación de las obras de instalación del agua potable, las que se adjudicó la firma Diego Donoso Lazo por la suma de 157.834,80 escudos. El lugar de captación de aguas sería el mismo donde anteriormente se habían hecho trabajos de perforación de pozos en terrenos de la Comunidad Agrícola Celsi Limitada, para lo cual se requería la expropiación de una hectárea de terrenos, en calle Lillo, a sólo 50 metros de calle Gálvez, donde comienza la Avenida Santelices, principal arteria del pueblo. Las obras se financiaban con aporte del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, que planteaba dotar de agua potable a 29 ciudades chilenas.91 Sin embargo, el proceso se tornó lento y las obras no concluyeron en su totalidad, porque en 1968, durante la gestión del edil democratacristiano Rogelio Olave aún no se concretaba aquella iniciativa debido a que el Ministerio de Obras Públicas cometió una omisión en las bases, lo que impedía llamar a propuestas para terminar las obras. En cuanto a comunicaciones, la Compañía de Teléfonos inauguraba una central con capacidad para 60 líneas, un anhelo perseguido por los isleños que, durante años, vieron que la comunicación era insuficiente. El regidor Norberto Gato pedía en 1966 que se instalaran teléfonos públicos en Islita y La Villita.92

90 La Prensa Regional, 22 -08-1968 91 Prensa Regional, 01-09-1966 92 La Prensa Regional, 01-12-1966

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Inundación y sequía Una institución relevante para Isla de Maipo es el Cuerpo de BomberoAquella década el río Maipo tuvo un comportamiento bipolar. Pasó de una severa inundación en las zonas ribereñas, a la sequía total en tan sólo cinco años. El domingo 29 de diciembre de 1963 una extraordinaria crecida se abrió paso por los campos, inundando sin contemplación el fundo Las Mercedes. Con el recuerdo aún fresco de la última gran inundación de 1953, y dado que todo hacía prever que debido a la nieve acumulada y las altas temperaturas se produciría la crecida del río, las autoridades estaban sobre aviso. Por eso, en las primeras horas de la mañana y antes que la inundación impidiera las labores, se dispuso la evacuación de las familias y enseres en camiones facilitados por vecinos, medida que ponía en práctica Carabineros. En el sector Puntilla de Lonquén se evacuó una familia y en el fundo Las Mercedes diecinueve grupos familiares, los que fueron albergadas en la Escuela N° 9, en la parroquia o bien se trasladaron a viviendas de parientes. Los aportes solidarios de los vecinos no tardaron en llegar. Notable fue la labor de auxilio coordinada por el regidor Norberto Gato Vilches, nombrado en tal función por el municipio. Salvadas las familias, los agricultores ribereños pusieron manos a la obra para morigerar los embates del turbio Maipo. Giovanni Bertero utilizó un buldózer arrendado a la Corporación de Fomento, lo mismo que Salvador Daluiso, Comunidad Schiapacasse y Hacienda Las Mercedes. A la máquina se sumó otra, lo que resultó providencial toda vez que se pudo aminorar los dañinos efectos sobre viñas y frutales, aunque varios caminos quedaron bajo el agua. Días después, cuando todos creían que el río se había calmado, una nueva crecida, no tan violenta como la anterior, volvió a sembrar la preocupación en la zona en el mes de enero. Otra vez la fuerza de las correntadas se ensañó con el fundo Las Mercedes y el caserío del lugar volvió a anegarse, lo que implicó la evacuación de quince familias, las que sumadas a las de la anterior inundación enteraban 237 personas. El regidor Gato anunciaba, a través de la prensa, que pediría al gobierno que se ocupara el 2 por ciento constitucional para socorrer a los damnificados de aquella calamidad pública. En tanto, el diputado Manuel Tagle hacía gestiones ante las autoridades gubernamentales para buscar una solución, mientras que su par Héctor Lehuedé Alvarado daba cuenta de la situación en la Cámara, señalando que el alcalde Bertero estaba solicitando los aportes necesarios al ministro de Obras Públicas, Ernesto Pinto LagarriMunicipalidad de Isla de Maipo

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gue, para los trabajos de defensas del río Maipo. Lehuedé detalló que los fundos Las Mercedes y El Rosario, y los pequeños predios de El Monte las Mercedes, La Villita, San Luis y Naltagua, sufrieron graves inundaciones al extremo que, según informes de ingenieros agrónomos, algunas de estas propiedades tendrían que esperar un plazo no inferior a diez años para quedar en condiciones de ser nuevamente aprovechadas como terrenos de siembra. Además, en algunos predios fueron arrasadas las bocatomas. El presidente accidental de la sesión parlamentaria acordó oficiar al secretario de Estado.93 Los vecinos aprendieron a prevenir. Cuando se aproximaban los calores de 1965, en octubre deciden reunirse para ejercer más presión sobre la autoridad, no sin antes escuchar un informe técnico del Departamento de Obras Fluviales del Ministerio de Obras Públicas, que indicaba que se requería la extraordinaria suma de casi 370 millones de escudos para establecer defensas ribereñas y que las localidades más amagadas eran Lonquén, Las Pircas, Las Mercedes, La Villita, Viña Santa Ema y la puntilla de Naltagua. Los vecinos tenían razones para preocuparse. Ese año se había acumulado 6 metros de nieve en la cordillera, más que en los años normales. El deshielo provocado por las altas temperaturas podría implicar que el Maipo arrasara con el pueblo y cegara las bocatomas de los canales. Acrecentarían este daño las extracciones de áridos un poco más arriba de Lonquén para asentar el puente ferroviario. Por lo demás, con la extracción de enrocados, la Puntilla de Lonquén prácticamente había desaparecido, recordaba el antiguo vecino Víctor Pinto, mientras que el regidor y ex alcalde Ramón Jiménez felicitaba la reunión toda vez que, desde 1942, éstas se hacían después que se producían las catástrofes. Aquella reunión arrojó como consenso unánime que la Municipalidad de Isla de Maipo aportara el 20 por ciento del presupuesto oficial en base a que el fisco aportara el 80 por ciento. Si pudieran faltar recursos, se financiaría con el 2 por ciento constitucional para calamidades públicas. Para determinar el aporte de los vecinos se acordó hacer un rápido estudio del rol de avalúos a fin de determinar el porcentaje entre los 268 propietarios mayores.94 Tiempo después, los trabajos de defensas se efectuaban satisfactoriamente en las zonas más amagadas por el río, desde la Puntilla de Lonquén hasta El Monte Las Mercedes. 93 La Prensa Regional, 15-02-1964 94 La Prensa Regional, 28-10-1965

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Año 1968, el Maipo, tan acostumbrado a arrasar con sus crecidas, ahora era apenas un manso riachuelo. Aquella temporada había precipitado apenas 66 milímetros y se podía observar a la distancia las desnudas cumbres andinas. El que otrora anegara extensos campos agrícolas, ahora no podía brindar el recurso hídrico para aplacar la sedienta necesidad de plantíos y siembras. Desde el puente ferroviario, que había sido por fin habilitado para el tráfico de camiones y automóviles se podía observar el cauce seco. La situación llegó a ser de tal magnitud que debió conformarse una comisión repartidora de aguas, la que permitió que en septiembre se abriera el embalse El Yeso en dos períodos, entregando 2,4 litros por segundo a cada accionista del Maipo que ocupara aquellas aguas para el regadío. La Reforma Agraria en los campos isleños “…la Reforma Agraria ha dado frutos. En todos los asentamientos la producción ha aumentado al doble, el triple o más. Nuestros ingresos también han aumentado, se han construido escuelas, caminos, obras de riego. Hemos constituido Comités de Consumo, Centros de Madres, Centros de Educación para los que no saben leer ni escribir” (Palabras del dirigente campesino de Isla de Maipo Raúl Figueroa durante la promulgación de la Ley de Reforma Agraria en un acto efectuado en la Plaza de la Constitución de Santiago el 16 de julio de 1967)

En las décadas de 1960 y 1970 el territorio estaba dividido en varios fundos. Hoy parte de ese territorio pertenece a Talagante. También, debido a razones administrativas de ese entonces algunos pertenecían a la comuna de El Monte y otros a Talagante. Hoy son de Isla de Maipo. Algunos de estos eran el fundo San Vicente de Naltagua, de la Sociedad de Inversiones Agrícola e Industriales S.A, que tenía una superficie de 1.633 hectáreas; el fundo Las Mercedes y Santa Teresa, de Epifanio Iracheta, de 1.020 hectáreas; el fundo El Castillo de Lonquén, de César Fuentes Vidal y Ubaldino Ugarte, de 92,8 hectáreas; Hijuela Tercera de El Recreo, de Gerardo Prieto Urrejola, de tan sólo 44 hectáreas; fundo San Antonio de Naltagua, de Edmundo Kort Muskavech, de 2.498,2 hectáreas.

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Además, la Hijuela 5ª El Recreo, de Andrés Prieto Urrejola, de 265,8 hectáreas; Hijuela 4ª El Recreo, de Isabel Prieto de Hurtado, con 190,6 hectáreas; Hijuela 1ª El Recreo, de Fernando Prieto Urrejola, 46,8 hectáreas; Hijuela 2ª Fundo El Recreo, de Lucía Prieto Urrejola, con 76 hectáreas, y fundo Las Pircas, de Salvador Domenech, con una superficie total de 769,4 hectáreas. Se agrega el Resto del Fundo El Castillo de Lonquén, de Héctor Barrios Sánchez, con 159,2 hectáreas; Resto del Fundo Santa Inés de Naltagua, de Pedro Fano Arrigorriaga, de 145,6 hectáreas; la Hijuela Oriente del Fundo Santa Isabel de Naltagua, de Aníbal Correa Ovalle, con 1269,7 hectáreas; la Parcela Santa Dorotea, de Dorothy Lynn Lewis Shandes y otros, de 19,4 hectáreas y la Hijuela Poniente del Fundo Santa Isabel de Naltagua, de José Barros Claro, con 1.506,3 hectáreas. Hacia 1965 la vida en los fundos de Isla de Maipo va a comenzar a experimentar una gran ebullición. El gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva propicia la Reforma Agraria, mediante la cual los campesinos recibirían en comunidad las tierras de los fundos en que vivían y laboraban, sacando un mayor provecho a la explotación de la tierra y, por tanto, una mayor productividad, dado que en manos patronales extensos territorios se mantenían baldíos y sin sacarles el más mínimo provecho. Junto con ello, promovía la sindicalización del sector. El entusiasmo de los hombres que laboraban la tierra no se hizo esperar. El sábado 8 de enero de 1965 se realizó en Isla de Maipo un mitin o concentración con asistencia de delegaciones de varios fundos de la zona, bajo la convocatoria de la Federación de Campesinos e Indígenas. En la ocasión se acordó la urgencia de aplicar el proceso reformador de la propiedad de la tierra en Isla de Maipo para expropiar aquellos fundos mal trabajados, a fin de que la tierra llegara a manos de los campesinos. Como ejemplo de aquello se acordaba seguir la experiencia del fundo Culiprán, en Melipilla, de ocupación inmediata, que se había concretado ese año.95 Propiciador de aquel proceso, desde la perspectiva apostólica, era el cardenal Raúl Silva Henríquez, quien visitó la comuna, con fines pastorales, en enero de 1966. Los campesinos entendían que el momento propicio para acelerar aquel proceso era la realización de huelgas demandando mejoras salariales en los momentos más críticos de la actividad agrícola, 95 La Prensa Regional, 3-02-1966

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es decir, en el período de cosechas y vendimias. En marzo de 1966 el Sindicato Zonal de Obreros Campesinos de Isla de Maipo decidió elevar un pliego de peticiones por intermedio de la Federación Campesina e Indígena y la Central Única de Trabajadores, CUT. Dado lo crítico que podía resultar un paro de trabajadores en aquellas circunstancias, intervino el gobernador de Talagante, Rafael Calderón, mediando para conformar una comisión arbitral en que estuviera presente un representante de los campesinos, siendo en este caso Manuel Vargas Miranda, del fundo Alquería, y de los patrones, designándose a por éstos a Víctor Pinto Sepúlveda, para buscar vías de conciliación en caso que en los respectivos fundos no se alcanzara un acuerdo. Los acercamientos no dieron resultados. El martes 12 abril de 1966, en plenas labores de vendimia, se declaró el paro en nueve fundos, pero los trabajadores se reintegraron a sus labores al día siguiente, gracias a un rápido avenimiento mediado por la Gobernación de Talagante. Sólo en los fundos Caperana y La Patagua la paralización se mantuvo hasta el día 14, pero volvieron a parar el 15 y reintegrarse el 16.96 La huelga declarada en nueve fundos de Isla de Maipo llegó hasta el parlamento, donde la diputada comunista Gladys Marín formuló cargos contra el gobernador Rafael Calderón y el ministro del Interior Bernardo Leighton por haber aplicado la ley de Seguridad Interior del Estado al dirigente campesino Felipe Acevedo, quien fue encarcelado. El actuar de la autoridad fue defendido por el diputado democratacristiano Fernando Buzeta.97 En tanto esto ocurría, en los fundos El Rosario y Miraflores se había llegado a avenimientos en materias salariales, regalías y aguinaldo de Pascua. Mientras en algunos fundos los campesinos promovían una acción más beligerante, en otros existía una acción más conciliadora, como era el caso de los fundos mencionados, además del de Santa Adriana, quienes fueron invitados a una audiencia en el Palacio de la Moneda con el ministro Leighton, ocasión en la que los 30 campesinos del fundo Miraflores pidieron luz para la población Gacitúa y arreglo del callejón donde residían, mientras que en Las Mercedes se pedía luz eléctrica y una posta de salud. Por su parte, el dirigente Felipe Acevedo, ahora en libertad bajo fianza, encabezaba otro mitin en la Islita con motivo del 1 de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, acto al que concurrieron los campesinos seguidores de las ideas de izquierda. Entretanto, cuan96 La Prensa Regional, 21-04-1966 97 La Prensa Regional, 28-04-1966 Municipalidad de Isla de Maipo

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do ya se creía superados los paros del mes anterior, calificados por la autoridad como ilegales, el lunes 2 de mayo de 1966 se declararon en huelga 66 obreros del fundo Santa Inés. Antes, el 27 de abril se había producido otro paro en el fundo Naguayán, solucionado inmediatamente, luego que se clarificara un malentendido.98 El domingo 16 de julio de 1967, en un solemne acto al que asistieron miles de campesinos, el Presidente Eduardo Frei Montalva 99 firma el decreto que promulga la Ley de Reforma Agraria, el instrumento legal que abría a los trabajadores la posibilidad de ser propietarios de las tierras. Entre los asistentes, un isleño jugaría un rol destacado. Se trataba del dirigente Raúl Figueroa, quien habló desde el estrado en representación de sus pares. Los altoparlantes situados en la Plaza de la Constitución, frente al Palacio de La Moneda, resonaron como nunca en el corazón y el alma de los campesinos chilenos, cuando el proceso de expropiaciones ya había comenzado: “…la Reforma Agraria ha dado frutos. En todos los asentamientos la producción ha aumentado al doble, el triple o más. Nuestros ingresos también han aumentado, se han construido escuelas, caminos, obras de riego. Hemos constituido Comités de Consumo, Centros de Madres, Centros de Educación para los que no saben leer ni escribir”, señaló Figueroa, pidiendo al Mandatario la rápida aplicación de la ley para hacer 100 mil nuevos propietarios, ofreciendo toda la colaboración al gobierno. En medio de este clima de carencia de aguas, el ministro de Relaciones Exteriores de Rumania, país socialista, Cornelio Manescu, visitaba el Asentamiento Las Mercedes para conocer los avances del proceso de la Reforma Agraria, la misma que antes había conocido el Rey Olav V de Noruega, quien en octubre de 1968 fue acompañado a la localidad por el ministro Hugo Trivelli. El funcionario gubernamental plantó un árbol y se interiorizó in situ de la experiencia campesina.100 El resultado de la Reforma Agraria, iniciado en el gobierno del Presidente Frei Montalva y continuado en el del Presidente Salvador Allende arrojó la creación de varios asentamientos: En San Vicente de Naltagua se creó el asentamiento Brillo de Sol, el 15 de mayo 1969, con 75 parcelas y 72 sitios; Asentamiento Las Mercedes, el 25 de enero de 1967, con 165 parcelas; Aguas Claras de El Castillo(28-6-1967); Arco Iris (24-7-1970), con 14 parcelas y 26 sitios; San Antonio de Naltagua (4-8-1967), 62 parcelas, 62 sitios y 5 bienes comunes; Las Pircas (24-08-1972), con 10 parcelas, siete sitios y cuatro 98 La Prensa Regional, 05-05-1966 99 Diario La Nación, 17-07-1967, página 17. 100 La Prensa Regional, 31-10-1968

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bienes comunes; El Castillo de Lonquén, con 15 parcelas, 16 sitios y cuatro bienes comunes; El Cacique (10-08-1972), con tres parcelas, 5 sitios y un bien común; y El Clavel (30-10-1973), con 12 parcelas, 8 sitios y un bien común. También se formó el Asentamiento San Vicente de Naltagua, con 73 asentados liderados por el dirigente Aurelio Jaque. El caso de este último asentamiento es digno de elogio. Los trabajadores beneficiados pusieron manos a la obra y los beneficios fueron inmediatos. La productividad creció admirablemente a tal punto que lograron ganar un aparato de televisión que, sin embargo, no podían utilizar dado que no había energía eléctrica en el lugar, lo que demostraba el atraso de décadas al que habían sido condenadas las comunidades rurales. Dos años después, gracias a proceso reformador, la luz llega a los hogares de los naltagüinos.

El domingo 17 de julio de 1967 se efectuó en la Plaza de la Constitución el acto para celebrar la promulgación de la Reforma Agraria, durante el gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva. En representación de los campesinos habló el dirigente del sector Las Mercedes de Isla de Maipo, Raúl Figueroa.

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Interesado en conocer el proceso de la Reforma Agraria, en 1968 el rey Olav V de Noruega concurrió al asentamiento Las Mercedes de Isla de Maipo. El presidente del Comité de Asentamiento, Raúl Figueroa, le entrega al monarca chicha en cacho. Observan el ministro de Agricultura, Hugo Trivelli, y el vicepresidente de la Corporación de Reforma Agraria, Rafael Moreno.

El ministro de Agricultura durante el gobierno del Presidente Salvador Allende, Jacques Chonchol, visita a los campesinos del asentamiento de San Vicente de Naltagua, presidido por el dirigente Aurelio Jaque.

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Unidades vecinales Junto con la Reforma Agraria, el gobierno de Frei Montalva impulsó la creación de las juntas de vecinos, para lo cual estableció territorios llamados Unidades Vecinales. En Isla de Maipo se establecieron, el 20 de agosto de 1968, doce territorios jurisdiccionales: El Rosario, con 697 habitantes; La Villita (860); El Monte y Las Mercedes (762), La Villita Arriba (919 habitantes); Islita (con 883 vecinos y vecinas), San Luis-Caperana (1.249), Lonquén-El Recreo (1.060), Las Parcelas-Miraflores (1.209 habitantes), Gacitúa-Avenida Talagante (656), Isla de Maipo Norte (2.000), Isla de Maipo Central, con 2.205 vecinos y vecinas, por tanto el sector más poblado de la comuna; Isla de Maipo Oeste (1.500 habitantes). Con ello, la población de Isla de Maipo ascendía, en 1968, a 14.300 habitantes.101 En 1970 quedó constituida la Junta de Vecinos de Islita, en una ceremonia que contó con la presencia del gobernador Rafael Calderón y la subdelegada de gobierno Silvia Dahl. Votaron 64 de los 77 inscritos, revelando un alto grado de participación. Los elegidos son Luis Becerra Soto, Augusto Guzmán Álvarez, José Vizcarra Becerra, Gustavo Loyola Mallea, Miguel Vizcarra Becerra y Guillermo Castro Vielma.102 La alegría de los campesinos isleños contrastaba con la tristeza que ocasionó el terremoto de 1971. A las 23:05 horas del 8 de julio de ese año se registra el violento movimiento telúrico. Fallecen el menor Daniel Octavio Gutiérrez Acevedo, de ocho años, y Juan Eugenio Bustos Acevedo, de tan sólo dos años de vida, ambos de Naltagua. Materialmente cuarenta y cinco casas resultan dañadas y diez familias debieron ser evacuadas.103 También causaron grandes daños los terremotos de 1985 y 2010. Este último será recordado por un singular hecho en Naltagua, cual es que abrió una prolongada grieta de 4 kilómetros, dañando 7 viviendas, con una profundidad de entre 30 y 50 centímetros y un ancho promedio de 1,5 metros. La expresión más evidente de este fenómeno geológico es que cruzó por la cancha de fútbol del Estadio de San Antonio de Naltagua, cuya imagen quedó impregnada por diarios y canales de televisión.

101 La Prensa Regional, 02-10-1968 102 Periódico Cacique, 20-03-1970 103 El Labrador, 11-07-1971 Municipalidad de Isla de Maipo

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Días tristes en Isla de Maipo Existe al interior de los terrenos de la Municipalidad de Isla de Maipo un mudo testigo de los hechos más aciagos que haya vivido la comuna en toda su historia. Se trata del calabozo de la antigua tenencia de Carabineros, lugar donde el 7 de octubre de 1973 permanecieron privados de libertad 15 personas, la mayoría de ellos modestos campesinos que horas después serían asesinados y desaparecidos por una patrulla policial. Los esqueletos de estos hombres fueron encontrados sólo cinco años después en unos hornos de cal de Lonquén, transformándose en el primer caso comprobado de detenidos desaparecidos durante la dictadura militar instaurada el 11 de septiembre de aquel año. Para intentar asimilar aquellos hechos irracionales hay que remontarse al año 1971. Ese año llegó a hacerse cargo de la tenencia el teniente de Carabineros Lautaro Eugenio Castro Mendoza. Eran momentos políticamente álgidos, los que se fueron acrecentando. Para retratar quién era Lautaro Castro, Juan Grundstrong Baltra, un joven dirigente de derecha, a la sazón presidente de la juventud del Partido Nacional en Isla de Maipo, recuerda que, meses antes de las elecciones municipales de 1971, hubo una batalla campal, con disparos incluidos, con heridos entre adherentes al gobierno del Presidente socialista Salvador Allende -que había asumido el mando de la nación en 1970- y opositores, en la calle Manuel Rodríguez, que provocó gran alarma en la población. De un lado la Brigada Ramona Parra, entidad vinculada al Partido Comunista, y de otra, elementos del Partido Nacional, del grupo paramilitar Patria y Libertad, la Brigada Rolando Matus y de la Democracia Cristiana. Los graves hechos motivaron la presencia del intendente de la provincia de Santiago, Jaime Faivovich, en la Tenencia isleña. Al ser requerido el uniformado por la autoridad santiaguina sobre quiénes podrían estar involucrados en aquellos acontecimientos, Castro envió a un carabinero hasta el domicilio de Grundstrong y le pidió apersonarse ante el teniente. Una vez allí, Castro le dijo a la autoridad provincial: –¡Este es uno de los involucrados!- y ordenó dejarlo apresado en el acto. Casi 40 años después de los hechos, Grundstrong me señaló que ese sólo hecho retrata a Castro, es decir, un individuo impredecible y servil al jefe de turno. También recuerda que muchos isleños participaban con el oficial de Carabineros en actividades de la vida social propia de un pueblo que hasta la década de 1960 se caracterizaba por relaciones y amistades republicanas. A partir de aquel acontecimiento las rivalidades se fueron

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acrecentando, culminando en la noche del 10 de septiembre, cuando se produce una explosión en el puente El Gato, constituyendo el último hecho de una escalada de acciones que intentaban desestabilizar al Mandatario. El 11 de septiembre de 1973 se produce el golpe militar que derroca al Presidente Salvador Allende El 11 fue para unos fue una jornada triste, para otros fue motivo de algarabía. El párroco de Isla de Maipo, Ignacio Bermeosolo Bertrán, en señal de celebración, izó la bandera chilena e hizo sonar el himno por los altoparlantes de la iglesia de la Merced, según lo recuerdan varios testigos. A los perdedores les esperaban duros momentos. Isla de Maipo se transformó en un lugar sin Dios ni ley. La ley se llamaba Lautaro Castro, quien inició una búsqueda frenética de partidarios del gobierno de la Unidad Popular. Testimonios de campesinos dan cuenta de la forma en que irrumpía en los fundos en la búsqueda de dirigentes políticos, dando orden perentoria a sus subalternos de disparar contra cualquiera que osara escapar o no obedecer a sus órdenes. En esas circunstancias se comienza a escribir el capítulo más triste de la historia de Isla de Maipo, que se ordena cronológicamente así según lo describen los tribunales: El 14 de septiembre de 1973, entre las 5.30 y las 6 de la mañana fue detenido en la parcela A de Lonquén, Juan de Dios Salinas Salinas. Ese mismo día fue detenido en La Caperana Guillermo Bustamante Sotelo, que pertenecía a un sindicato agrícola. El domingo 7 de octubre de 1973, a las 11 horas, al pasar frente a la Tenencia, en la Avenida Santelices, fue detenido Manuel Jesús Navarro Salinas (21 años). Avisado el padre de éste, en su desesperación concurrió a pedirle al cura Bermeosolo, el menos indicado, para que preguntara por su hijo. Se le respondió que sería trasladado al Estadio Nacional, habilitado como campo de concentración. Por la tarde de aquel día fueron detenidos en la Plaza de Isla de Maipo los jóvenes Iván Gerardo Ordóñez Lama (17 años), Miguel Brant Bustamante (19 años) y José Manuel Herrera Villegas (18 años), quien se disponía a regresar a Santiago luego de haber visitado a su abuela. Se dice que uno de ellos profirió algunas palabras que provocaron el enojo de los uniformados. Ese mismo día, a partir de las 21.45 horas, una patrulla de Carabineros de la Tenencia de Isla de Maipo, que se movilizaban en una camioneta particular de color blanco, perteneciente al fundo NaMunicipalidad de Isla de Maipo

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guayán, detuvo en forma sucesiva y rápida en su casa a Sergio Maureira Lillo, y luego se dirigieron a la casa de la familia Hernández, donde arrestaron tres hermanos: Carlos Segundo, Nelson y Oscar Nibaldo Hernández Flores. Desde allí se dirigieron a la Villita, pero en un momento la camioneta se devolvió y salió al camino Rosario, donde procedió a detener a Sergio Miguel y Rodolfo Maureira Muñoz. Desde el domicilio de estos últimos, que tenían casas vecinas, la patrulla siguió rumbo a la casa de la familia Astudillo, donde fue arrestado el padre, Enrique René Astudillo Álvarez y sus hijos Omar y Ramón Astudillo Rojas. Todas estas personas fueron trasladadas a la mencionada Tenencia. Hecho este trámite, por segunda vez, la patrulla se dirigió al domicilio de la familia Maureira y detiene a dos hijos más, José Manuel y Segundo Armando. Los familiares de los detenidos desaparecidos durante cinco años siguieron la infructuosa búsqueda de sus seres queridos, con la esperanza de encontrarlos con vida. Destaca el admirable rol de las mujeres que recorrieron cuanto lugar fuera posible. Sin embargo, nunca tuvieron respuesta. No obstante, una anónima noticia llegó a oídos del Cardenal Arzobispo de Santiago Raúl Silva Henríquez, quien citó a una reunión a un grupo de personas civiles y eclesiásticas el jueves 30 de noviembre de 1978 en la Vicaría de la Solidaridad, en Santiago. El prelado informó que un sacerdote había recibido la denuncia de un particular sobre “la existencia de un cementerio de cadáveres en la localidad de Lonquén”. Este sacerdote, autorizado expresamente por el informante, puso los antecedentes en conocimiento de la autoridad eclesiástica. El grupo se dirigió luego a Lonquén alrededor de las 13.30 horas en dos automóviles y tomó un camino de tierra que salía del camino público, por donde transitaron unos 10 minutos. Desde allí se dirigieron hasta donde estaban los hornos de ladrillo revestidos de piedra, en la ladera de un cerro. En medio de excavaciones, efectuadas en la parte inferior de uno de los hornos, el grupo localizó restos óseos humanos, trozos de tela y piedras impregnadas de una materia aceitosa. La impresión de los presentes fue sobrecogedora. De regreso a Santiago, a las 17 horas, le dieron cuenta al Cardenal de la misión. Al día siguiente se formuló una presentación ante la Corte Suprema. El caso se tramitó ante Juzgado del Crimen de Mayor Cuantía de Talagante, el ministro de la Corte de Apelaciones Adolfo Bañados y el Segundo el Juzgado Militar de Santiago. La causa continuó con la declaración de Castro y varios ca-

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rabineros, de civiles, familiares y testigos, agricultores y el párroco de Isla de Maipo. El agricultor Ignacio del Carmen Vergara Guajardo, sobreviviente de aquella fatídica noche, fue uno de los detenidos cuando se encontraba en casa de la familia Hernández, quien entrega pormenorizados detalles de la detención, describiendo que mientras iban tendidos boca abajo en la camioneta recibían golpes. También narra la situación física de algunos detenidos.

Hornos de Lonquén 1979 - archivo municipal Para justificar la detención, Lautaro Castro urdió la supuesta existencia de un plan de los apresados para asaltar la Tenencia y las instalaciones del agua potable. Luego detalló que el 7 de octubre, en dos camionetas y en un camión municipal, dispuso el traslado de los detenidos al Estadio Nacional, pero primero se dirigieron a las minas de Naltagua en la búsqueda de armas que podían tener los detenidos. Luego partieron a las minas de Lonquén con el mismo propósito, trasladándose a ese lugar por el camino Las Parcelas. A unos 250 metros de las minas dejaron los vehículos y se aproximaron a éstas. Luego viene el terrible desenlace. El uniformado jefe argumentó que los prisioneros habían caído en medio de un enfrentamiento a fuego cruzado en la oscuridad de la noche, ya que Carabineros se enfrentó a extremistas parapetados en los alrededores, declaración

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que el ministro Bañados consideró que: “resulta intrínsecamente inverosímil (y lo mismo cabe decir de las declaraciones de sus subordinados). En efecto, no cabe imaginar que, en el supuesto enfrentamiento ocurrido en medio de la oscuridad los proyectiles contrarios hayan alcanzado tan sólo a los detenidos y no a los funcionarios policiales que se encontraban prácticamente junto a ellos, y que los impactos hayan sido tan certeros que, uniformemente, causaran la muerte instantánea de las víctimas, sin dejar, por lo demás, rastros o huellas en otra parte”.104 El 4 de abril de 1979, el ministro Bañados, al declararse incompetente por ser un caso de justicia militar señaló que “fluyen presunciones bastantes que permiten sostener, por ahora, que en el horno de cal, objeto de la investigación, se hallaban enterrados los cadáveres de Rodolfo Antonio, Sergio Miguel, Segundo Armando y José Manuel Maureira Muñoz; Sergio Maureira Lillo, Iván Ordóñez Lama, Miguel Brant Bustamante, José M. Herrera Villegas, Manuel J. Navarro Salinas; Carlos Segundo, Nelson y Oscar N. Hernández Flores; Omar y Ramón Astudillo Rojas, y Enrique Astudillo Álvarez”.105 El ministro señaló además, que la versión del capitán Lautaro Castro para explicar la muerte de sus prisioneros no sólo se contrapone al mérito de los autos, en múltiples aspectos y detalles. Lo que en realidad sucedió aquella fatídica noche fue una matanza. Siempre se creyó que los campesinos fueron acribillados por disparos, pero fueron ejecutados a golpes, según se pudo determinar en 2010 al efectuarse peritajes a los restos de huesos, comprobando que éstos tenían lesiones traumáticas contundentes, que concluyeron, incluso, que algunos aún agonizaban al momento de ser arrojados a los hornos (diario “La Nación” domingo, 28 de septiembre del 2008) Si no hubo más muertes en Isla de Maipo se debió a la intercesión de políticos de derecha y empresarios en favor de reconocidos militantes de izquierda, fruto de la amistad que se había forjado durante los tiempos de vida republicana. No obstante, con aquellos campesinos no hubo contemplación por parte de los adeptos al régimen militar. El 2 de julio de 1979, la justicia militar encargó reo y sometió a proceso a Lautaro Eugenio Castro Mendoza y a otros siete carabineros en calidad de “autores del delito de violencias innecesarias causando la muerte en las personas mencionadas”, pero el 16 de agosto de ese año, el juez militar Joaquín Erlbraum Torres sobreseyó el caso total y 104 Pacheco Máximo. Lonquén, 1980, prim. ed., Editorial Aconcagua, página 94. 105 Pacheco Máximo. Lonquén, 1980, prim. ed, Editorial Aconcagua, página 226-227.

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Placa en memoria de las víctimas de los Hornos de Lonquén, 1996 definitivamente en favor de los carabineros en virtud de lo dispuesto por el decreto ley de Amnistía 2191, de 1978. No fue ese el único crimen del que se acusaba a Lautaro Castro y comitiva. El oficial había ordenado la detención de Juan de Dios Salinas (29 años) y Guillermo del Carmen Bustamante Sotelo (39 años). Ambos permanecieron detenidos en la Tenencia de Isla de Maipo el 14 de septiembre de 1973 y fueron ejecutados ese mismo día en el puente Naltagua, siendo sus cuerpos arrojados al río Maipo. Esta causa fue reabierta en el año 2006 y Castro fue citado a declarar en dos oportunidades. En la segunda no se presentó. El 28 de junio de 2007 fue capturado por la Brigada de Asuntos Especiales de la Policía de Investigaciones. El ex oficial se ocultaba bajo otra identidad y apariencia física. El 23 de agosto de 2007 se efectuó la reconstitución de escena en el viejo puente Naltagua. Allí estaban Castro y tres de sus subalternos, mientras a la distancia, desde el nuevo puente observaban los familiares de los campesinos muertos en ese lugar y en Lonquén. El 21 de agosto de 2008, la ministra de la Corte de Apelaciones de San Miguel, Marta Hantke, condenó como autor de secuestro y desaparición de los dirigentes sociales Salinas y Bustamante, pero no condenó a los Municipalidad de Isla de Maipo

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carabineros autores materiales de las muertes por la colaboración que prestaron en la investigación. El 31 de agosto de 2011 fueron procesados nuevamente por el ministro en visita Héctor Solís, a instancias de la Segunda Sala de la Corte de Apelaciones de San Miguel, que reabrió el caso y revocó el fallo de prescripción de Lautaro Castro y los ex carabineros Juan José Villegas Navarro, Félix Héctor Sagredo Aravena, Jacinto Torres González, Eugenio David Coliqueo Fuentealba y Justo Ignacio Romo Peralta, como autores del delito calificado de quince detenidos en Lonquén.106 Remontándonos nuevamente a los días posteriores al golpe militar, unos veinte días después llega un bus con militares apertrechados con fusiles ametralladoras a Isla de Maipo y allanan diversas casas en la Avenida Santelices, entre ellas las del zapatero Carlos Cautivo, del regidor Nolberto Gato Vilches y de Carlos Cabello, un anciano de unos 70 años con el que no se tiene contemplación. Ante la mirada atónita de un numeroso público que salía de la misa dominical, es subido al bus. Su esposa recurre a Juan Grundstrong Baltra para que interceda por él y consigue que sea liberado por el oficial Willie Parra. También estaba entre los detenidos el soldador Fernando Navarro, un hombre culto e inteligente, que es llevado prisionero y liberado meses después con la intermediación del mismo Grundstrong. Otros altos dirigentes de derecha también interceden por el ex alcalde socialista Ramón Jiménez, gracias a lo cual nunca fue privado de libertad, cuestión que el ex edil consideraba injusta, sabiendo del sufrimiento de quienes tuvieron menos figuración política que él. Qué distinto sería que aquellos que, teniendo la oportunidad de hacerlo, hubieran intercedido a favor de aquellos campesinos y jóvenes asesinados a mansalva. ¡Cuánto sufrimiento y dolor podría haberse evitado a esas familias si los hubieran rescatado de las garras de aquel oficial de policía que actuó con tamaña irracionalidad!, arrastrando a sus subalternos a una acción de exterminio hacia personas indefensas. Así, probablemente, en la mayoría de los casos, la vida de los victimarios y acusadores se volvió una existencia atormentada por el peso de su propia crueldad.

106 www.generación80.cl

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Administraciones municipales durante el régimen militar Tras el golpe, los municipios elegidos democráticamente quedan sin efecto y la Junta Militar de gobierno designa a los ediles. El alcalde Rogelio Olave Sangroniz adhiere al régimen y permanece en el cargo por otros dos años. Le suceden Germán Silva Bezner, Lucía Izquierdo de Lea Plaza, Pilar Undurraga, Guillermo Alcalde Tuñón y Carlos Seemann Santos. Destaca la creación del Liceo de Isla de Maipo durante la gestión de Germán Silva Bezner y la electrificación de diversos sectores urbanos cuando la alcaldía estuvo en manos de Alcalde Tuñón.107 Durante este lapso, se decide orientar el futuro de la localidad de Islita como un centro poblacional y agroindustrial. En ese entonces, la producción frutícola y el auge de la agroexportación están en plena ebullición y se visualiza que la demanda de mano de obra implicará, a su vez, el crecimiento demográfico. En 1988, el municipio tenía establecido un plan general de desarrollo para Islita, adjudicándole, a través del Plan Regulador Comunal, los límites urbanos, seccionales de uso de suelo, normativas de edificación y zonas de inversión. Para dar un impulso a esta política, la Municipalidad construye una plaza para el esparcimiento público y proyectaba un complejo deportivo, la erradicación del campamento Gabriela Mistral, la reposición de la posta de Salud, pavimentación, equipamiento y mobiliario urbano. En el ámbito administrativo, Carlos Seemann, agricultor y ex oficial de Marina, inicia hacia fines de la década de 1980 el proceso de modernización de la administración municipal, aplicando un modelo de gerenciación. Comienzan a construirse las primeras poblaciones y se erradica a sectores de extrema pobreza, particularmente a Islita. También se urbaniza algunos sectores urbanos y se habilita el consultorio central y el nuevo retén de Carabineros. El régimen autoritario es derrotado pacíficamente con un plebiscito realizado en 1988, con un electorado aún temeroso; la mayoría de las comunas rurales votan a favor de la continuidad de Pinochet. Sin embargo, en Isla de Maipo y Alhué gana la opción contraria. El proceso contra el gobierno militar había sido liderado por jóvenes, destacando el estudiante de la carrera leyes de la Universidad de Chile Rodrigo López Ibarra. También el ingeniero eléctrico Eu107 El Provincial de Talagante, octubre de 1988. Municipalidad de Isla de Maipo

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genio Gómez Retamal, ambos primera generación de profesionales en sus familias. También eran parte de esa lucha épica las familias Maureira, Astudillo y otros familiares de los ejecutados políticos en Lonquén. Asimismo, algunos vecinos como Claudio y Mirta Jiménez Cavieres e integrantes de la familia Pérez, Navarro y otras. La sede del No se instaló en el centro del pueblo, en lo que otrora fue la fuente de soda Venecia, de propiedad de la familia Rollandi Ricobaldi, que también era la sede de la Democracia Cristiana de Isla de Maipo. Por otra parte, la opción Sí, se instalaba en lo que fue por muchos años la Quinta de Recreo El Portal y era presidido por Víctor Hugo Sepúlveda, hijo del activo vecino Pedro Sepúlveda que, paradojalmente, era un ferviente dirigente DC de Isla de Maipo y de una vasta trayectoria en el Cuerpo de Bomberos. Recuerda Rodrigo López: “En Isla de Maipo, a pesar de haber vivido los trágicas muertes de los vecinos en los Hornos de Lonquén, se vivió esta contienda electoral en un ambiente de alegría y de entusiasmo; cientos de jóvenes y vecinos de la Islita, Gacitúa e Isla centro se sumaron a las diversas actividades y primeras manifestaciones políticas en la comuna, como No-cletadas, caravanas a Santiago, velatón, un ensayo de plebiscito y una caravana final con un acto en el Estadio Municipal, fueron las iniciativas que sellaron el triunfo del No en Isla de Maipo”. Esta ferviente sed de participación marca el inicio de los liderazgos jóvenes que vendrían a regir los destinos de Isla de Maipo desde el retorno de la democracia a los municipios. Había diversos temas que afrontar, pues no quedaban indiferentes frente a los altos índices de pobreza, las paupérrimas condiciones laborales de los temporeros, la carencia de viviendas sociales, la mayoría de sus caminos sin pavimentar y un considerable índice de analfabetismo.

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David López fue el primer alcalde de Isla de Maipo a partir de mayo de 1900. Junto a Nicanor Gálvez fue el gran precursor de la comuna, que fue creada en diciembre del año anterior.

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El alcalde Julio L贸pez Diaz (hijo del primer alcalde David L贸pez)

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El municipio de Isla de Maipo en el a単o del centenario de Chile, 1910.

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Alcalde Ramón Jiménez Padilla.

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Alcalde Mario Bertero Cevasco

Municipales: Norberto Gato, Fernando Prieto C., Mario Bertero C. (Alcalde), Ramón Jiménez P., y José Celsi P.

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De izquierda a derecha: Regidores Germán Retamal y José Celsi, el exalcalde Fernando Prieto, el alcalde Rogelio Olave Zangroniz, el exalcalde Ramón Jiménez, el regidor Héctor Soto y el maestro albañil Juan Serrano. (1970) Isla de Maipo en los últimos años Al retornar las elecciones democráticas, en 1992, Carlos Seemann Santos es elegido alcalde de Isla de Maipo, alcanzando un 51, 82 por ciento, secundado por los concejales Francisco Puga Hamilton (DC), Jorge Riquelme Pérez (DC), Miguel Olave Gutiérrez (RN), Silvia González Villalobos (UDI) y Juan Grundstrong Baltra (UDI).

Carlos Seemann Santos alcalde entre 1989 - 1995

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Juan Grunsdtrong alcalde suplente entre enero 1995 - marzo 1995 y después como titular entre marzo de 1995 y enero de 1996 El alcalde Seemann no completa su período que culmina en 1996 y renuncia en diciembre de 1994. Al producirse la renuncia, la vacante en el Concejo la asume Raúl Leiva Guerrero (RN). Para completar el período alcaldicio, el Concejo Municipal divide en dos períodos el tiempo faltante. Así es ungido como nuevo edil suplente Juan Grunsdtrong (enero 1995- marzo 1995) y después como titular entre marzo de 1995 y enero de 1996, período en el cual logra la electrificación de San Antonio de Naltagua y aplica los programas impulsados por el gobierno del Presidente Patricio Aylwin en telefonía rural y pavimentación participativa. El restante período hasta 1996 lo asume como edil el democratacristiano Francisco Puga Hamilton y Grundstrong pasa a ocupar una plaza concejal. En las siguientes elecciones, para el período 1996-2000 resulta electo el edil Francisco Puga Hamilton (DC), que alcanzó un 39,08 por ciento de la votación. Los concejales son Juan Grunsdtrong (UDI), Maximiliano Genkowsky Inostroza (independiente pro UDI), Jorge Salas Wak (PRSD), Jorge Riquelme Pérez (DC) y Hernán Leiva Leesemberg (RN). En el período 2000-2004 continúa al mando de la comuna Francisco Puga Hamilton (DC), que es elegido alcalde con casi un 43 Municipalidad de Isla de Maipo

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Francisco Puga Hamilton, alcalde de Isla de Maipo en los periodos de 1996 -2000 y 2000-2004, dio un gran impulso al rescate de la identidad y de la cultura isleña. Foto: Archivo I. Municipalidad de Isla de Maipo

David Morales Nordetti, alcalde de Isla de Maipo en los períodos 2004-2008 y 2008-2012.

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por ciento de la votación. Los concejales son Maximiliano Genskowski Inostroza (UDI), Hernán Leiva Lissembart (RN), Fernando Trujillo Villegas (DC), Pedro Montalva (PS) y Emilio Astudillo Rojas (PPD). A Puga le sucede en el período 2004 – 2008 entonces recién graduado de Leyes David Morales Nordetti, que se impone con un 57,59 por ciento en una votación directa de alcalde al UDI Maximiliano Genskowski Inostroza (42,41 %). Los concejales son Juan Grunsdtrong Baltra (UDI), Carlos Seemann Santos (UDI), Pedro Montalva Montalva (PS), Fernando Trujillo Villegas (DC) y Emilio Astudillo Rojas (PPD). Astudillo es hijo y hermano de tres de los campesinos ejecutados en los hornos de Lonquén. En el lapso 2008-2012 es reelecto alcalde David Morales con un 50, 33 por ciento de los votos, frente a dos contendores al sillón edilicio: Pedro Montalva Montalva (37,41%) y la UDI Viviana Pavone Ferrer (12,26%). Los concejales son Fernando Trujillo Villegas (DC), Emilio Astudillo Rojas (PPD), José Riquelme Herrera (Independiente por DC), Hernán Leiva Lissembart (RN), Maximiliano Genskowsky Inostroza (UDI) y Carlos Seemann (UDI). Tanto Puga como Morales son ediles jóvenes. Participaron en las casas de la Juventud de Isla de Maipo, que agrupó a muchachos contrarios al régimen militar en los años ´80 y ´90. La combinación de juventud y preparación técnica los lleva a impulsar novedosas iniciativas de adelanto para la comuna. Puga era de esos jóvenes profesionales democráticos que dio un sello de modernidad a la gestión, poniendo a la comuna a la cabeza de notables iniciativas que hacen que esta hoy en día sea pionera y líder en la Región Metropolitana. Aprovecha los rasgos de identidad que otorga el vino e implementa una moderna Fiesta de la Vendimia, que se inició en 2003, y que representa la más sobresaliente muestra en la materia que se realiza en la región. Es una mezcla de show artísticos y exposición productiva de medianos y pequeños emprendimientos. En el período de Puga, Isla de Maipo es la primera comuna del país que pone en marcha la Jornada Escolar Completa, impulsada bajo el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle. Los resultados de ésta y otras medidas de mejoramiento de la educación quedan a la vista años después. El influyente diario El Mercurio sitúa al municipio entre los 7 más eficientes, entre 52 comunas de la Región Metropolitana, en administración de sus escuelas y liceos. Municipalidad de Isla de Maipo

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Los dieciséis años de Puga y Morales revisten notables logros, destacando algunos pioneros en la Región Metropolitana, como la implementación de un centro de apoyo al emprendimiento y el fomento local: Casona del Maipo, una instancia que otros municipios comenzaron a poner en práctica a partir de la exitosa experiencia isleña. Desde allí se respalda a la microempresa y el turismo local. También es interesante observar la acción social del municipio, que se concentra en otra experiencia similar, la Casona Aliste, que entrega beneficios a miles de personas. En síntesis, se acrecienta el rol de un municipio atento a solucionar los temas sociales, pero por sobre todo orientador y aliciente para los emprendimientos locales. Durante la gestión de David Morales la inversión en la comuna alcanzó cifras históricas. Fueron nada menos que $ 50 mil millones durante ocho años, destacando megaproyectos como el alcantarillando de Isla Centro y el de Gacitúa; la construcción de la Villa Bicentenario en Islita, un conjunto habitacional de 1.142 viviendas, que brinda solución al 16 por ciento de la población comunal, con una moderna planta de agua potable y de tratamiento de aguas servidas; la construcción de un sólido puente en el sector Puntilla de Lonquén, que representó una inversión de $ 11.000 millones, que le permite tener una mejor conectividad con Buin. En el recuerdo quedaba el tiempo de los arriesgados vados en el río y el cruce en automóviles por el puente del ferrocarril, de tan solo una vía. En los últimos 20 años Isla de Maipo acrecienta su población. Demostración de ello es que creció de 20.344 a 25.798 habitantes entre 1992 y 2002. Al mismo tiempo ve disminuida su población rural de un 33,31 por ciento a un 26,87 por ciento en el mismo período. Desde una perspectiva laboral, en 1992 el grupo de ocupación era mayoritariamente de trabajadores calificados agrícolas con 38 por ciento, seguido de trabajadores no calificados. En 2002 el primer grupo pasó al segundo lugar, cayendo 21 puntos porcentuales, observándose una tendencia al aumento de la ocupación como técnico, profesional y del grupo no calificado. No obstante, a 2002 la principal rama de actividad económica seguía siendo la agricultura, lo mismo que diez años antes, aunque había caído en un 18 por ciento. En cambio, se observaba un aumento de las actividades comerciales, comunitarias, construcción e inmobiliaria. La agricultura pasó de ocupar un 47 a 28 por ciento de 1992 a 2002, mientras que el comercio subió de un 12 a 17 por ciento en el mismo período, al tiempo que construcción subió de 5 a 7 por ciento

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y transportes de 6 a 7 por ciento. Las mujeres experimentaron un notable desarrollo, participando en un 32 por ciento en la fuerza laboral, en circunstancias que una década antes era de 19 por ciento. En los siguientes 10 años estos indicadores siguen incrementándose y le corresponde a otra administración comunal cosechar sus frutos o enfrentar las nuevas problemáticas del progreso. Es la misión que le toca encabezar al alcalde Carlos Adasme Godoy, de la Democracia Cristiana, ungido por los votantes isleños para administrar el período 2012-2016. Se impuso con 5.439 votos a Hernán Leiva Lissembart, candidato de Renovación Nacional, a Carlos Navarro Gallinato, independiente, y Jorge Madriaga Celis, del Partido Progresista, quienes obtuvieron 4.146, 674 y 458 sufragios, respectivamente. En tanto, los seis concejales electos fueron Pedro Montalva Montalva (PS), Maximiliano Genskowski Inostroza (UDI), Emilio Astudillo Rojas (PPD), José Riquelme Herrera (DC) Katherinne Flores (RN) y Valeria Manríquez Urrea (PS).

Foto oficial concejo municipal periodo 2012 -2016. De izquierda a derecha: concejal Emilio Astudillo, concejal Maximiliano Genskowski, concejal Pedro Montalva, concejal José Riquelme, concejal Katherinne Flores, alcalde Carlos Adasme y concejal Valeria Manríquez

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De profesión publicista y oriundo de Isla de Maipo, el edil Carlos Adasme pertenece a la generación de jóvenes democráticos que llega a encabezar los destinos de la comuna, siguiendo los pasos de Francisco Puga y David Morales, todos democratacristianos. Su vocación social se inició cuando participó en la Agrupación “La Estrella”, desde la cual impulsó diversas actividades en pro de los jóvenes de la tierra que le vio nacer hace 37 años.

Carlos Adasme Godoy, actual alcalde de Isla de Maipo en período 2012-2016.

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Epílogo Así se han movido los engranajes de la historia, desde aquel tiempo en que el colono Juan López de Córdova decide establecerse en algún punto de las islas del Maipo, tierras por entonces bellas pero inhóspitas que habían ahuyentado a otros que las pretendieron. En ese archipiélago conformado por la isla grande y otras más pequeñas, cruzadas por brazos de ríos, afloramientos y esteros, se multiplicó su descendencia y otros siguieron llegando desde lejanos puntos, la hierba alimentó el ganado y las propiedades fueron decenas y cientos, mientras en los cerros se descubría el preciado fruto mineral. Generosas, produjeron trigo, perales, guindos y viñas, que le dan hasta su vínculo indisoluble con los mostos que le ganaron terreno a los pedregales. Allí, en el siglo XIX se formó el pueblo de Isla de Maipo, cuyo encanto hereda hasta el día de hoy. El Maipo la inundaba sin contemplaciones, por lo que sus habitantes creyeron protegerse en los milagros de la Virgen de la Merced. Allí también fueron germinando diversas localidades, en cada punto en que se ganó la batalla a los pantanos y lodazales, ya no recurriendo a las fuerzas celestiales, sino a las fuerzas del Hombre. En el mismo instante en que desaparecían los brazos de río, hacia mediados del siglo XX, lo propio hacía el esplendor minero de Naltagua, pero las esqueléticas instalaciones siguen allí, junto a la costra de relave, para resucitar como patrimonio de un tiempo ya ido. Más allá, los otrora caseríos se transformaron en villorrios y los villorrios en ciudadelas jóvenes y populares, como Islita. Por las tierras de este inmemorial archipiélago, en algún rincón del olvido, algún vestigio, algún viejo caserón, algunas ruinas o un libro como este, se empeñan en hablar del pasado, un pasado cada vez más lejano conforme van pasando las generaciones, un pasado que es útil conocer para saber el porqué de las consecuencias del presente y para planificar el futuro.

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Agradecimientos

Mis sinceros agradecimientos al alcalde Carlos Adasme Godoy y a su antecesor David Morales Nordetti por la confianza depositada en este investigador; a mi a amigo Rodrigo López Ibarra, apoyo permanente a mi labor de rescate patrimonial; a Claudio Quezada y Carolina Moraga, que junto a su familia son herederos de la documentación y pertenencias de David López, el primer edil de Isla de Maipo; a Sergio Montenegro Opazo y Magdalena Barros; a Jaime Soto y Luis Villanova. Agradezco los testimonios de primera fuente: a la hermana Clorinda Escartín G. (88 años), José Osorio Cabello (89 años), Viviana Jiménez Freire (78 años), Matías Armijo Gallardo (78 años), Amadeo Cúneo (87 años), Lindorfo Atanasio Valdés Bravo (77 años), Emelinda González Cavieres (88 años), Aliro Cárcamo Cárdenas (77 años), Víctor Manuel Gómez, Julio González, Ramón de la Cruz Contreras (77 años), Catalina Cavieres, Carmen Bertero Gil, Aurelio Jaque (77 años), Susana Armijo, Irene Ibarra, Ramón Germán Retamal, Julio Zamora Cerda y Raúl Figueroa, este último histórico dirigente campesino. Asimismo, a otras decenas de personas que también fueron entrevistadas o que me orientaron acerca de la búsqueda de fuentes de información. Y como siempre, al Archivo Nacional, Archivo Siglo XX y a la Biblioteca Nacional por permitirme bucear en las páginas que atesoran el pasado de Isla de Maipo y de Chile.

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