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New/Nueva Opinion
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Agosto 30-Septiembre 12/2012
El descenso de los EE.UU. en la pobreza (Viene p.1) militar. Edelman, quien estudia estos temas, reporta que 20.5 millones de norteamericanos tienen un ingreso anual menor a $9.500 por año, que es la mitad de la definición de la pobreza para una familia de tres. Hay seis millones de norteamericanos cuyos únicos ingresos son los cupones de alimentos. Eso significa que hay seis millones de norteamericanos que viven en las calles o debajo de los puentes o en las casas de parientes o de amigos. Los republicanos del ala dura continúan arrasando con el bienestar social, pero Edelman dice, “básicamente, el bienestar ha desaparecido”. En mi opinión como economista, la línea oficial de la pobreza esta anticuada desde hace tiempo. La perspectiva de que tres personas vivan con $19.000 al años es no creíble. En vista de los precios del alquiler, la electricidad, el agua, el pan y la comida rápida, una persona no puede vivir en los EE.UU. con $6.333.33 por año. En Tailandia, quizás, hasta que se derrumbe el dólar, puede ser hecho, pero no en los EE.UU. El 40% posee el 0.3% de la riqueza Como Dan Ariely (de la Universidad de Duke) y Mike Norton (de la Universidad de Harvard) han demostrado empíricamente, el 40% de la población de los EE.UU., el 40% más desposeído, poseer apenas el 0.3% de la riqueza personal de EE.UU., es decir,
tres décimas partes del uno por ciento. ¿Quién posee los otros 99.7%? El 20% de arriba tienen el 84% de la riqueza del país. Y aquellos norteamericanos entre los terceros y cuartos quintiles —esencialmente la clase media de EE.UU.— tienen solamente el 15.7% de la riqueza de la nación. Una distribución de la riqueza tan desigual sin precedentes en el mundo económicamente desarrollado. En mis días, confrontados con tal disparidad en la distribución de los ingresos y de la abundancia, una disparidad que plantea obviamente un problema dramático para la política económica, la estabilidad política, y el manejo de la macro economía, los demócratas
habrían exigido correcciones, y los republicanos aunque renuentes habrían convenido en hacerlas. Pero hoy no. Ambos partidos políticos son putas por el dinero. Los republicanos creen que el sufrimiento de los norteamericanos pobres no está ayudando lo suficiente a los ricos. Paul Ryan y Mitt Romney están comprometidos en abolir cada programa dirigido a las necesidades de quienes los republicanos menosprecian como los “hambrientos inútiles”. “Los hambrientos inútiles” son los trabajadores pobres y la ex clase media cuyos trabajos fueron exportados de modo que los ejecutivos
corporativos pudieran recibir pagos multi-millonarios de dólares en compensación y sus accionistas hacer millones de dólares en ganancias sobre el capital. Mientras que un puñado de ejecutivos goza de los yates y de las chicas de Playboy, decenas de millones de norteamericanos apenas ganan para vivir. En la propaganda política, los “hambrientos inútiles” no son simplemente una carga para la sociedad y los ricos. Son las sanguijuelas que fuerzan a los contribuyentes honestos a pagar por sus muchas horas de placer confortable para gozar de la vida, viendo eventos deportivos, y pescando truchas en los ríos, mientras los de abajo colocan sus pertenen-
cias en cestas de comestibles o deben trabajar una hora para pagar por una hamburguesa en el próximo MacDonald. La concentración de riqueza y poder en los EE.UU. ha llegado tan lejos de lo que cualquiera de mis profesores graduados en economía podían imaginar en los años 60. A las cuatro de las mejores universidades del mundo a las que yo asistí, la opinión era que la competencia en el mercado libre prevendría grandes disparidades en la distribución de los ingresos y de la abundancia. Como yo lo aprendí, esta creencia estaba basada en una ideología, no en la realidad. Restauración de la ilegalidad El congreso, actuando sobre esta creencia errónea en la perfección del mercado libre, desregularizó la economía de los EE.UU. para crear un mercado libre. La consecuencia inmediata fue restaurar cada ex acción ilegal para monopolizar, para cometer fraudes financiero y otros, para destruir la base productiva de los ingresos del consumidor norteamericano, y para volver a dirigir los ingresos y la abundancia al uno por ciento. El gobierno “democrático” de Clinton, así como las administraciones de Bush y de Obama, fueron sobornados por la ideología del mercado libre. La rendición de Clinton al Gran Dinero suprimieron esencialmente la ayuda a las familias con niños dependientes. Pero esta traición a los norteamericanos que luchan por sobrevivir no fue suficiente para satisfacer al partido republicano. Mitt Romney
y Paul Ryan desea cortar o suprimir cada programa que ayude a los norteamericanos golpeados por la pobreza y desamparados. Los republicanos dicen que la única razón del porque los norteamericanos están en necesidad es porque el gobierno utiliza el dinero de los contribuyentes para subvencionar a los norteamericanos poco dispuestos a trabajar. Como los republicanos lo ven, mientras que los norteamericanos trabajadores sacrificamos nuestro ocio y tiempo con nuestras familias, la chusma ociosa goza del ocio que nuestros dólares de los impuestos les proporcionan. Esta creencia ciega, en la que los altos jefes corporativo maximizan sus ingresos por exportar millones de trabajos de la clase media norteamericana, ha dejados a los norteamericanos en la pobreza y a las ciudades, los condados, los estados, y el gobierno federal sin una base sólida de impuestos, dando como resultado bancarrotas en los niveles estatal y locales y masivos déficits presupuestarios que amenazan el valor del dólar y de su rol como modernidad de reserva. La destrucción económica de los Estados Unidos benefició a los mega-ricos con multi-billones dólares con los cuales gozan de la vida con sus acompañantes de altos precios dondequiera que los mega-ricos desean. Mientras tanto, lejos del Rivera francesa, la Seguridad Nacional (Homeland Security) está reuniendo suficiente munición para mantener a los norteamericanos desposeídos bajo control.