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Ana Laura Aláez Txomin Badiola

SOLEDAD LORENZO

Miquel Barceló Ross Bleckner José Manuel Broto Victoria Civera

Colección

George Condo Jerónimo Elespe Jon Mikel Euba Philipp Fröhlich Jorge Galindo Pello Irazu Adrià Julià Robert Longo Íñigo Manglano-Ovalle Tony Oursler Pablo Palazuelo Perejaume Guillermo Pérez Villalta Sergio Prego David Salle

SOLEDAD LORENZO. Colección

Eric Fischl

Julian Schnabel Soledad Sevilla José María Sicilia Antoni Tàpies Juan Ugalde Juan Uslé Adriana Varejão

Fotografía cubierta: ANA LAURA ALÁEZ Fotografía contracubierta: SALVADOR CARRETERO


Ana Laura Aláez Txomin Badiola

SOLEDAD LORENZO

Miquel Barceló Ross Bleckner José Manuel Broto Victoria Civera

Colección

George Condo Jerónimo Elespe Jon Mikel Euba Philipp Fröhlich Jorge Galindo Pello Irazu Adrià Julià Robert Longo Íñigo Manglano-Ovalle Tony Oursler Pablo Palazuelo Perejaume Guillermo Pérez Villalta Sergio Prego David Salle

SOLEDAD LORENZO. Colección

Eric Fischl

Julian Schnabel Soledad Sevilla José María Sicilia Antoni Tàpies Juan Ugalde Juan Uslé Adriana Varejão

Fotografía cubierta: ANA LAURA ALÁEZ Fotografía contracubierta: SALVADOR CARRETERO


SOLEDAD LORENZO Colecci贸n

MAS / Museo de Arte Moderno y Contempor谩neo de Santander y Cantabria Centro del Carmen de Valencia


SOLEDAD LORENZO Colecci贸n

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SOLEDAD LORENZO. Colección EXPOSICIÓN / CATÁLOGO MAS, de 12 de julio a 24 de noviembre de 2013 Centro del Carmen, de 17 de enero a 28 de abril de 2014 organización, producción y edición MAS| MUSEO DE ARTE MODERNO Y CONTEMPORÁNEO DE SANTANDER Y CANTABRIA. AYUNTAMIENTO DE SANTANDER CONSORCIO DE MUSEOS DE LA COMUNITAT VALENCIANA comisarios SALVADOR CARRETERO REBÉS FELIPE GARÍN LLOMBART adjuntos a comisarios ISABEL PORTILLA VICENTE SAMPER coordinación Soledad Lorenzo. Madrid Paloma García-Moreno Gómez coordinación MAS. Santander restauración BELÉN LAHOZ SOLER administración Mª ESTHER MIGUEL DOSAL MAXIMINA DE ABAJO REÑONES departamento de comunicación VERÓNICA RODRÍGUEZ HERMOSA asistencia general y mantenimiento FERNANDO CALDERÓN, ZAIRA COTERO, CARMEN DEL POZO, Eloísa Diego, MANUEL GARCÍA, JUAN CARLOS GONZÁLEZ, LUIS GONZÁLEZ, ROSA MARÍA GONZÁLEZ, MARÍA DOLORES LAVÍN, BLANCA MORA, GUILLERMO ORTEGA, ROBERTO PREGO asistencia montaje JESÚS FUENTES Y MIGUEL FUENTES gráfica de la exposición ALBAST S.L. coordinación CMCV área técnica ISABEL PÉREZ, LUCÍA GONZÁLEZ, VICENTE SAMPER, EVA DOMÉNECH, PEPE CAMPOS, MONTIEL BALAGUER difusión y promoción CARMEN VALERO comunicación y protocolo NICOLÁS BUGEDA auxiliar de montaje ANTÓN MARTÍNEZ intervención y administración RAFAEL PARRA, JOSE ALBERTO CARRIÓN, GERMÀ SÁNCHEZ, MARISA IZQUIERDO seguro AXA ART VERSICHERUNG AG, SUCURSAL EN ESPAÑA transporte URBANO (Madrid)

textos catálogo SALVADOR CARRETERO REBÉS y FELIPE GARÍN LLOMBART ROSA OLIVARES fotografía catálogo ANA LAURA ALÁEZ (portada) PACO ALCÁNTARA (pág. 43, 105) JORGE FERNÁNDEZ BOLADO (págs. 16, 17, 27, 35, 45, 49, 53, 55, 57, 59, 61, 63, 65, 69, 73, 75, 79, 85, 87, 93, 95, 97, 101, 103, 107, 111, 115, 119, 125) JORGE ORONOZ (págs. 47, 71, 99, 123) GORI SALVÀ (págs. 108, 109) Archivo TXOMIN BADIOLA (págs. 29, 31, 33) Archivo JORGE GALINDO (pág. 77) Archivo GALERÍA SOLEDAD LORENZO (págs. 24, 25, 37, 39, 41, 51, 67, 80, 81, 83, 89, 91, 113, 117, 121) traducción inglesa AMANDA NOLEN (texto Savador Carretero Rebés y Felipe Garín Llombart) LAMBE & NIETO (texto Rosa Olivares) diseño y cuidado edición MAS. CMCV. MARISA GONZÁLEZ ISASI (Artes Gráficas J. Martínez) impresión catálogo ARTES GRÁFICAS J. MARTÍNEZ, S.L. (GUARNIZO, CANTABRIA) ISBN: 978-84-88285-92-8 Dep. Leg.: SA 363-2013 © de la edición: MAS/CMCV © Soledad Sevilla, Jon Mikel Euba, Pello Irazu, Perejaume, Guillermo Pérez Villalta, VEGAP, Valencia, 2013 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / VEGAP, Valencia, 2013 © de los textos: los autores Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio o procedimiento, sin la autorización expresa y por escrito de los titulares de los copyright.

Centro del Carmen Calle Museo, 2 – 46003 VALENCIA +34 963 15 20 24 consorcidemuseus@gva.es www.consorciomuseos.gva.es MAS| Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria C/ Rubio, 6 – 39001 SANTANDER +34 942 203 120 museo@santander.es www.museosantandermas.es


Comité de Honor

AYUNTAMIENTO DE SANTANDER Alcalde de Santander

Íñigo de la Serna Hernáiz Primer Teniente de Alcalde

CONSEJO GENERAL DEL CONSORCI DE MUSEUS DE LA COMUNITAT VALENCIANA Presidente de honor

Alberto Fabra Part

César Díaz Maza

President de la Generalitat

Segundo Teniente de Alcalde

Presidenta

Gema Igual Ortiz Tercer Teniente de Alcalde

Ana María González Pescador Secretario General

José María Menéndez Alonso Director del MAS

María José Catalá Verdet

Consellera d’Educació, Cultura i Esport Vicepresidentes

Rita Barberá Nolla

Alcaldesa de Valencia

Luisa Pastor Lillo

Presidenta de la Diputación Provincial de Alicante

Juan Alfonso Bataller Vicent

Salvador Carretero Rebés

Alcalde de Castellón de la Plana

Conservación

Presidente de la Comisión Cientifico-artística

Isabel Portilla Arroyo Restauración

Belén Lahoz Soler

Rafael Ripoll Navarro

Secretario Autonómico de Cultura i Esport Vocales

Sonia Castedo Ramos Alcaldesa de Alicante

Javier Moliner Gargallo

Presidente de la Diputación Provincial de Castellón

Alfonso Rus Terol

Presidente de la Diputación Provincial de Valencia

Vicente Farnós de los Santos

Representante del Consell Valencià de Cultura Director Gerente

Felipe Garín Llombart Secretaria

Virginia Jiménez Martínez

Subsecretaria de la Conselleria d’ Educació, Cultura i Esport


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urante 135 días, Santander ha tenido el orgullo de acoger parte de la colección privada de una galerista cuyo nombre pesa tanto como el valor de su destacada trayectoria personal y profesional. La inteligencia, la sabiduría y la elegancia de Soledad Lorenzo nos ha acompañado en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria, MAS, en forma de 37 obras de arte que, de una u otra manera, han emocionado a lo largo de su vida a esta madrina de talentos. Una muestra que viaja también a Valencia fruto del trabajo conjunto entre dos ciudades y dos centros expositivos que han fijado su mirada en el trabajo de Soledad Lorenzo después de 26 años al frente de una de las galerías más prestigiosas del país. En 2012 Soledad cerró un espacio lanzadera para decenas de artistas, hoy referentes a nivel nacional e internacional. Es este el momento de que la sociedad, la destinataria última del trabajo de Lorenzo, conociera las obras que la galerista conserva después de 26 años ejerciendo de nexo entre creadores y espectadores. Tienen ante sí una extraordinaria exposición con extraordinarias obras pertenecientes a una extraordinaria persona. Un referente del arte contemporáneo de este país en los últimos 40 años y un referente en el mundo del galerismo. Un recorrido en el que vemos reflejada la mirada de Lorenzo. Su forma de entender el arte, el valor añadido que sustenta cada una de las obras que Soledad conservó para sí y que ahora muestra ante nuestros ojos. Para Santander ha sido un lujo que una de sus vecinas más notables compartiera con ciudadanos y visitantes su patrimonio artístico, entendido como un paseo por la obra de artistas como Pablo Palazuelo, Antoni Tàpies, Juan Uslé, José María Sicilia, Jorge Galindo o Miquel Barceló entre otros muchos. Lujo que compartimos ahora con el Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana junto a quienes forjamos esta propuesta cultural que muchos intentaron llevar a cabo antes y que llegado el momento Soledad ha querido compartir con nosotros. Gracias de nuevo por ello Soledad, por darnos permiso para seguir disfrutando de tu mirada. Iñigo de la Serna Hernáiz

Alcalde de Santander


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l proceso de modernización y normalización institucional en que se vio inmerso nuestro país en su tránsito a la democracia encontró en el arte contemporáneo, y muy especialmente en la difusión y proyección pública de sus artistas y obras, un indicador de primer nivel a la hora de explicar las aspiraciones de la sociedad española por abrir renovados y seguros caminos hacia la modernidad, el desarrollo y la convergencia a todos los niveles con los países de nuestro entorno. En este sentido, vino a desempeñar un papel ya no relevante, sino en algunos casos ciertamente protagonista, el circuito de galerías que desde principios de los años 80 del pasado siglo se fueron abriendo y consolidando en las principales ciudades del país y que se revelaron en calidad de excelentes y animados puntos de encuentro entre, por una parte, un público deseoso de traspasar los escuetos cauces del arte visto hasta entonces y, por la otra, los artistas, ya fueran los emergentes como los plenamente consagrados. La de Soledad Lorenzo (Santander, 1937) fue una de estas galerías. Y no precisamente de las menos activas y exigentes a la hora de afianzarse como eficaz agente catalizador de la nueva visión que de las artes, así como de la cultura contemporánea en general, se empezaba a abrir paso en el imaginario colectivo. Profesional, dinámica y sobre todo amante incondicional y a tiempo completo de su oficio, Soledad Lorenzo no solo se dedicaría a colgar de las paredes de su galería lo mejor del arte contemporáneo español y aun internacional, sino que acabaría asimismo formando una nutrida y a la vez selecta compilación de obras de arte; una colección, la “suya”, que por la excelencia de las piezas que la componen, la variedad de lenguajes y disciplinas empleadas y la solvencia de los nombres que las firman, aparece como un certero, completo y muy ilustrativo periplo por el arte de nuestro tiempo. Precisamente, y como fruto de la colaboración entre la Generalitat, a través del Consorcio de Museos, y el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria, se exhibe al público, de manera sucesiva en el museo de la capital cántabra y en el valenciano Centro del Carmen, una muestra de la pasión coleccionista desarrollada por la galerista santanderina a lo largo del cuarto de siglo en que su establecimiento estuvo en activo. Fiel a la noción de que los galeristas de vocación, -y Soledad Lorenzo qué duda cabe que lo es-, no se retiran del todo, la exposición que le invitamos a visitar constituye un acabado ejemplo de hasta dónde puede llegar una carrera entregada, por completo y sin descanso, a la promoción, difusión y constante apuesta por la creación artística. Qué mejor homenaje, pues, a una forma de vivir y apreciar el arte que fue del todo determinante en la consolidación del actual panorama artístico en nuestro país, que acercarse hasta esta sorprendente colección donde se conjugan desde la pintura a la fotografía, pasando por la instalación, la escultura y aun la creación digital. Esperamos, por todo ello, que la disfruten tanto como su mentora. Alberto Fabra

President de la Generalitat


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Soledad Lorenzo, breve crónica de un trabajo bien hecho Salvador Carretero Rebés y Felipe Garín Llombart

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Soledad Lorenzo, breve crónica de un trabajo bien hecho

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n 2011 Soledad Lorenzo (Santander, 1937) anuncia su retirada. Para ello organiza en ese mismo año una cena que fue muy emotiva reuniendo a dos centenares de invitados: coleccionistas, directores de museos, de centros y fundaciones, comisarios, críticos de arte, amigos, familiares, artistas y ”sus artistas”, que presidían uno a uno, cada mesa en representación de la galería y de la propia galerista. Pasado más de un año, en diciembre de 2012, Soledad Lorenzo cierra efectivamente su galería con una muestra de Vicky Civera y que había abierto en 1987 con una exposición de Alfonso Albacete. A ese cuarto de siglo largo como galerista –de labor tenaz, con mucha personalidad, transversal, ciertamente, al saber compaginar a algunos artistas “clásicos” siempre frescos y poderosos con creadores de nuevas generaciones, entonces– hay que añadirle algunos años más, previos, hasta cuarenta de ejercicio profesional, donde los nombres de Paloma Altoaguirre, Fernando Guereta, Elvira González o Europalia 86, tuvieron fuerte protagonismo y hasta impacto en la vida y trayectoria de Soledad Lorenzo. Desde el anuncio del cierre de la galería, dos instituciones le proponen un expreso reconocimiento (Santander), y un justo homenaje (Valencia). Las dos propuestas diferentes afloraron de forma prácticamente simultánea materializadas en sendas exposiciones primero en 2013 en su ciudad natal y después en 2014 en Valencia; el orden ha estado supeditado a los distintos calendarios expositivos de cada institución. Fue ella misma quien puso en contacto a ambas,

al MAS (Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria que pertenece al Ayuntamiento de Santander) y al Centro del Carmen de Valencia (Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana), a los dos comisarios que hemos compartido este trabajo, para llevar a buen término el presente proyecto expositivo bicéfalo sumando objetivos y esfuerzos. Las dos partes, inicialmente desconocedoras de esa simultaneidad, hablamos a instancias de Soledad Lorenzo. Rápida y fácilmente nos pusimos de acuerdo. La muestra podía haberse desarrollado tomando como esencia, por supuesto, a los artistas de su galería, pero seleccionando piezas emblemáticas y de referencia de cada cual que podrían estar aquí y allá, dispersas, en manos de los propios artistas –que suelen quedarse con piezas relevantes– o, más normal aún, en multitud de colecciones privadas nacionales e internacionales consecuencia a su vez del trabajo de galería de Soledad Lorenzo. Hasta aquí todo muy bien, pero no era eso lo que en realidad queríamos: necesitábamos conocer más el territorio personal de ella, arribar a su intimidad como mujer, como galerista, como amante perdida del arte…; necesitábamos saber qué es lo que, en el transcurso de tan intensa trayectoria, ella había podido ir quedándose en propiedad, bien por gusto, bien como resultas de una exposición, bien por un arrebato, bien por azar, bien por algo meditado o premeditado; necesitábamos conocer si era posible un proyecto sobre la de una presunta colección que tuviera.

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La cuestión era clara: necesitábamos que la propia Soledad nos explicara si lo que ella atesoraba, podía ser motivo de trabajo de cara a una coherente, sería y rigurosa selección para erigirse en importante exposición temporal. Y no solamente esto: si hecha esa labor, la consecuencia era o tenía que ser, por fuerza, un espejo de su trabajo como galerista y, a la vez, que estuvieran representados todos o casi todos los artistas con los que había trabajado en su intensa trayectoria, al menos con continuidad. El objetivo era poder organizar una exposición temporal tomando como base la obra que era propiedad de Soledad Lorenzo, y justamente esto, desde el primer instante, era lo que entendíamos podía ser lo perfecto, pero no sabíamos si era posible cualitativa y cuantitativamente. Es decir, lo que se intentaba curatorialmente era que varios conceptos claves en la vida y trabajo de Soledad Lorenzo tuvieran coincidencia y presencia.

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“Yo no soy coleccionista” nos decía y sigue diciendo con sinceridad la propia Soledad Lorenzo, y es cierto. Esta frase es la primera que nos trasladó a nuestra propuesta seguida de un silencio que interpretamos: estaba reciclando mentalmente lo que tenía. No tardó mucho en advertir que era posible, si bien, de forma prudente, elegante e inteligente –cualidades que le adornan– nos invitó a evaluarlo de forma directa. Antes de ello, y en nuestras primeras conversaciones, cuando se lo preguntamos y nos contesta prudentemente que podía ser posible, que tenía un puñado de interesantes piezas, y que aflora la posibilidad real y clara de que dichos reconocimiento y homenaje pudieran tener forma de exposición temporal fundamentada en su particular colección, se comienza a dar vueltas al asunto de forma muy balbuceante. Las visitas a los almacenes, las horas y jornadas de trabajo allí invertidas, fueron claves para la toma de decisiones; en todo caso, lo habitual en este tipo de trabajo en general, pero de forma particular, con el desvelamiento propio de un corpus que poco a poco se iba abriendo a nuestro conocimiento, producto del cual podíamos plantear un discurso.

Incluso a la propia Soledad Lorenzo le venía bien, porque una vez cerrada la galería, una vez devueltas las obras que se habían quedado sin ubicar y que no eran de su propiedad si no de sus artistas, una vez cerrada una ímproba labor de clausura administrativa y de papeleo del negocio, siempre inacabable, coincidente a su vez con otros proyectos editoriales poderosos en marcha todavía inconclusos que verán su luz en breve, y entre otras mil cuestiones, ella necesitaba saber su realidad patrimonial artística. El curioso e imprevisto desborde de su nueva vida, impedía arrancar con más agilidad. De vez en cuando nos pedía “auxilio”, comprensión, ya que nos trasladaba que había cerrado la galería, pero que estaba trabajando lo mismo o más, sin parar. Todo esto hizo que incluso las habituales labores de cara a desarrollar los proyectos expositivos planteados en Santander y Valencia, el habitual trabajo curatorial de cara a conformar su contenido, se demoraran un poco, porque ella estaba sencillamente desbordada de trabajo. ¿Retirada?: un eufemismo. Por supuesto que este proyecto expositivo le venía bien, porque revisitaba y rehabitaba “su colección”, comenzaba también a poner en orden esta cuestión nada anecdótica, por cierto. Las lógicas dudas de la galerista se tornan en ilusión al constatar que el proyecto era realizable; en él iban a confluir multitud de aspectos muy diversos en pos de una muy precisa definición de una mujer y un trabajo, el suyo, muy bien hechos. El tiempo invertido en los almacenes fue importante, como importante fue la visita a los espacios, y vuelta a los almacenes y documentación para comenzar a dar forma a otra obra de arte, su exposición, que se iba a desdoblar con grandes diferencias, con personalidad propia cada una. La sorpresa fue grande, al evidenciar que poseía una magnífica colección, con total y absoluto fundamento en su trabajo como galerista, íntimamente vinculada en su contenido a su trayectoria llevada a cabo desde la calle madrileña de Orfila. Es decir, su colección estaba y está íntimamente ligada a los


artistas de su galería, algo que, por otra parte, no nos podía extrañar. Además de ello, teníamos la oportunidad de poder llevar a cabo una selección importante de todos ellos; y además, podíamos hacerlo bien por el excelente contenido, a través de obras importantes, relevantes o, en su caso, magníficas. Con ese trabajo básico, las tres partes ya teníamos claro qué queríamos y cómo lo íbamos a hacer pero, lo más importante, era la propia Soledad Lorenzo la que ya tenía claro que esto era posible y, sencillamente, ya estaba ilusionada, nuevo compromiso desde su cierre, nuevo lío que ella no veía cercano pero que cuajó pronto y bien. Al pánico iniciático, le siguió la ilusión, la convicción de que la idea era no ya buena, si no estupenda en todos los sentidos. Naturalmente, ninguna de las tres partes nos hubiéramos embarcado si el resultado no cubriera todas nuestras expectativas, si no lográbamos un producto riguroso, coherente, poderoso, importante, de calidad y bien hecho, si no conseguíamos que el proyecto bicéfalo fuera fiel espejo de ella y su trabajo. Todo tenía que encajar por completo. La, llamémosle así, primera de las muestras iba a tener lugar en el MAS, en sus plantas 0 y 1; su continuidad, en el Centro del Carmen de Valencia, en su gran, majestuoso y emblemático ámbito. Lo primero fue hacer una revisión, artista a artista, de quiénes iban a protagonizarla, los creadores que habiendo sido fieles compañeros de viaje de la galerista, con continuidad y fidelidad, tenían que estar por fuerza. Tuvimos que omitir algunos con cierta pena porque el factor espacio obligaba a ello, artistas que aún siendo importantes, habían tenido menos continuidad con la galería. Lo que sí se hizo es que todos los que tenían que estar, estuvieran. Cuidada la nómina y su número acorde los espacios, se abordó la selección de piezas, lo que en muchos momentos, no fue nada fácil, consecuencia del buen número de excelentes obras que Soledad posee de casi todos sus artistas, por calidad, formato, series, cronologías, iconografías, oportunidad del momento...

Como ahora veremos, destaca la impecable e importante presencia de la pintura de los ochenta y noventa del pasado siglo, aunque haya también obra realizada en la primera época del nuevo siglo, sobre todo española, acompañada de muy buenas obras escultóricas, fotográficas, videocreativas… Son muchas las cuestiones que han destacado en el trabajo como galerista de Soledad Lorenzo, pero una de ellas, y clave, es su querencia por y para la pintura, incluso en momentos en que ésta no estaba precisamente de moda, y sobre todo, cuando se volvía a decir ese torpe tópico de que “la pintura ha muerto”, que ella en el día a día se encargaba de desmentir. Soledad Lorenzo siempre y en todo caso ha organizado constantes y grandes exposiciones de pintura de sus artistas, de gran formato ya que su espléndido espacio así lo permitía y sin miedo a no poder venderlo, compaginándolo a su vez con tamaños medianos y pequeños. En todo caso, el objetivo primero de su tenaz trabajo era vender, haciéndolo con seriedad. Fruto de ese trabajo ha sido la génesis y continuidad de un serio coleccionismo nacional, que consideramos fundamental para la cultura de nuestro país. Si a ello se le suma la aplicación de un sistema laboral anglosajón, siempre moderno, responsable, teniendo siempre al día de cobros y pagos a sus artistas y a su equipo, hace de ella un referente en el galerismo español de todos los tiempos. Como apuntábamos, la transversalidad ha sido otra de sus virtudes. Ha trabajado con Louise Bourgeois (París, 1911-2010), Antoni Tàpies (Barcelona, 1923-2012) y Pablo Palazuelo (Madrid, 1916-Galapagar/Madrid, 2007), por ejemplo, junto con el resto de artistas que ella iba seleccionando, artistas de otras generaciones, más jóvenes o mucho más jóvenes. Y sin embargo, ese contraste generacional no generaba extrañeza, porque había una integración espontánea: a la inteligente y siempre fresca modernidad comprometida de los tres citados le fue sumando, con toda

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autonomía, la contemporaneidad de otros. Al principio y al final, emergía una única modernidad y compromiso: el de Soledad Lorenzo.

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Tàpies y Palazuelo son, pues, punto de partida obligado de las exposiciones y de su trabajo, y por supuesto tanto de la colección como de la vida personal y profesional de Soledad Lorenzo: Estora (1994) que viene a erigirse todo un perfecto resumen de un completo Tàpies, y De somis II (1997), son obras emblemáticas de la colección. “Complemento” pictórico son los lienzos del resto. De Miquel Barceló (Felanitx, Mallorca, 1957) tuvimos dificultades a la hora de su selección, dada la calidad de las obras, optando finalmente por las almendras sin titular de 1990 para el MAS y la brillante G.A.O. de 1989 para Valencia, dos poderosas pinturas generosas en su empaste y trabajo, acompañada la segunda para el Centro del Carmen de Valencia de dos piezas escultóricas (Animal de pintor de 1993 y Sans Titre de 1993). José Manuel Broto (Zaragoza, 1949) está representado en Valencia por Personaje en la noche (1988) y en Santander por la sensible y epidérmica Albi (1989) que curiosamente ya estuvo expuesta en el MAS en enero de 1991, en la I Bienal Tanqueray de Artes Visuales. José María Sicilia (Madrid, 1954) presidió uno de los ámbitos de la planta 1 del MAS con La luz que se apaga (1997), una de sus características y bellas flores en cera y óleo sobre madera que también visitó el Palacete del Embarcadero de Santander en los noventa; para Valencia cambiamos y viaja el delicado tríptico El instante (2012), una obra flotante llevada a cabo en tinta sobre papel japonés y que para el espacio valenciano entendimos que iba a tener un suave diálogo. Jorge Galindo (Madrid, 1965) expuso en el MAS hace bien poco con pinturas, papeles arrancados y capós de coches intervenidos, arribando de nuevo en la exposición con la magnífica y sensual Poupette (2003) que viaja a Valencia acompañada de otra obra de la serie urbana Papeles arrancados (2009) de reciente creación. Juan Uslé (1954) santanderino aunque formado en Valencia,

también expuso en el MAS un proyecto muy completo no hace muchos años, razón por la cual se ha intentado no repetir de entre las varias y magníficas pinturas de la colección de Soledad Lorenzo; al final optamos por 96 pasos detrás de la realidad (1996) y Casita del Norte (656) (1992) para Santander; y Soñé que revelabas (SAJA) (1996) de su magnífica y ensoñadora serie de fundamento en las celosías árabes, y Rizoma´s (1992), brillante arabesco en desarrollo horizontal, para el Centro del Carmen. Vicky Civera (Puerto de Sagunto, Valencia, 1955) emerge con Hacia Lucernaria (2009), pintura volátil y delicada que en Valencia está acompañada de Blanquita (2008) pieza escultórica que fue todo un delicado impacto en ArtBasel, donde la descubrimos en el año de su realización. Juan Ugalde nos narra irónicamente sus Cuentos chinos (2004), que en Valencia se complementa con un pequeño, bello y extraordinario retrato femenino. El resto de pintores españoles ya coinciden con las piezas electas en uno y otro espacio: Soledad Sevilla (Valencia, 1944) con Quizás más tarde (2006), invitándonos a mirar más allá de ella, como si fuera una ventana; el brillante y muy personal tondo de Guillermo Pérez Villalta (Tarifa, Cádiz, 1948) titulado Artista meditando mientras contempla (2008), pintura muy especial; y las cuatro delicadas y pequeñas –a veces minúsculas– pinturas sobre aluminio de Jerónimo Elespe (Madrid, 1975) de 2010 y 2011 (Midnigth gardening, M.H., O y Pasillo). Todos ellos –y los que siguen– siempre están representados en la colección y en la muestra con pinturas poderosas en formato y calidad, salvo cuando el concepto del artista esté buscando otra cosa, caso naturalmente de Elespe. Este poderío pictórico español se complementa con otro pictórico internacional, destacando el puñado de artistas americanos con que trabajó la galerista, y que en España supuso entonces todo un acontecimiento además de novedad. Sin duda, el gran Julian Schnabel (Nueva York, 1951) destaca con luz propia, representado en el proyecto con dos fantásticas pie-


zas pictórico-objetuales sin titular de 1988 de la serie La banana e buona; el Centro del Carmen recibe además la gran escultura Epitaph (J.B.) (Tomb Panel I) (1989) del artista americano, magna obra que preside todo el espacio expositivo, eje alrededor del cual se distribuye la parte expositiva valenciana. Eric Fischl (Nueva York, 1948) está presente con The Sunday painter (1992); George Condo (Concord, USA, 1957) con cinco pinturas de 1993, que resumen perfectamente todo el ideario e iconografía del artista americano; David Salle (Norman, USA, 1952) con Normal Sentences (1982); Ross Bleckner (Nueva York, 1949) con Pedestal (1992); y Robert Longo (Nueva York, 1953) con dos extraordinarios dibujos al carboncillo, ambas de 2003, Bikini y April, de acusado erotismo. Americano también, pero que se sale ya del soporte pictórico es Tony Oursler (Nueva York, 1957), videocreador/escultor representado con una magnífica obra de 2009. Más pintura internacional se presenta con una gran témpera sobre lienzo de 2009 de Philipp Fröhlich (Schweinfuert, Alemania, 1975). Y el cosmopolitismo de la galería se completa entre otros motivos, con la brasileña Adriana Varejão (Río de Janeiro, 1964), de quien hemos seleccionado para este proyecto la visceral obra Ruina de Charque - Cordovil (2002). Por último, tenemos el llamado“grupo vasco” y algo más. De un lado Aláez, Euba, Irazu, Badiola y Prego, que nunca fueron un colectivo programático y de otro Manglano-Ovalle, Julia y Perejaume. Pero no es baladí que Soledad Lorenzo seleccionara para su galería a los cinco primeros, también presentes en esta exposición. Ana Laura Aláez (Bilbao, 1964) lo está con La bestia (2009), pesada obra realizada en bronce y tintada de negro mate. Pello Irazu (Andoain, Guipúzcoa, 1963) con una de sus características esculturas, sin titular, de 1988, que compagina la sordidez del acero visto con un plano constructivo pintado al óleo. Txomin Badiola (Bilbao, 1957) con un sorprendente tríptico fotográfico de la serie La guerra ha terminado

(1996), de concepto pictórico, lumínico y compositivo barroco, y finalmente los dos videocreadores: Jon Mikel Euba (Bilbao, 1967) con Gowar (2005) y Sergio Prego (Fuenterrabía, Guipúzcopa, 1969) con Testuo, Bound to fail (1998). Los catalanes Julia y Perejaume con quienes también ha trabajado, también están presentes en este proyecto. Adriá Julia (Barcelona, 1974) con The passengers 3 (2002), una fotografía de una gran serie; y Perejaume (San Pol de Mar, Barcelona, 1957) con una pequeña instalación fotográfica titulada RAM (2010) de reciente creación, a modo de libro vertical de pared. El cúmulo nimbo Cloud prototype Nº 4 (2006) de Íñigo Manglano-Ovalle (Madrid, 1961) es pieza volátil y brillante en fibra de vidrio y aleación de titanio suspendida en el espacio. Y este proyecto hemos pretendido que fuera un exacto espejo de Soledad Lorenzo, consecuencia de su seducción e inteligencia, su universo, pequeña y sana coronación –siempre injusta en comparación a su labor– a su trayectoria, especialmente como una poliédrica galerista, generadora de un “templo de sueños”. Su colección es particular, como “el patio de su casa” de la canción infantil, producto fiel de su trabajo. Es fiel espejo de su galería, donde aflora el azar y la necesidad, la labor pragmática, la supervivencia, la inteligencia natural y por contacto, la tenacidad, la energía arrolladora, la modernidad, el sentido de responsabilidad, la seriedad, la exigencia, la transversalidad, la génesis de coleccionismo profesional, el vivir siempre el presente, el perpetuo fomento de la emoción..., y siempre, siempre, la elegancia. Santander-Valencia 2013 Salvador Carretero Rebés y Felipe Garín Llombart

Comisarios de las exposiciones en el MAS de Santander y en el Centro del Carmen de Valencia

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Soledad Rosa Olivares

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Soledad Rosa Olivares

U

n nombre nunca nos puede definir pero si puede llegar a explicarnos, a dar una serie de argumentos, de detalles, que faciliten la comprensión de la persona. La soledad no es un estado más o menos pasajero, es una manera de sentir. La soledad no es necesariamente un abandono, es sobre todo una forma de situarse en el mundo, entre los amigos, entre los amantes, en medio de la multitud. Soledad es, sin duda el nombre adecuado a una mujer que, apoyada por su familia, adorada por sus amigos, odiada por sus enemigos, temida por aquellos que nunca fueron enemigos pero tampoco llegaron a figurar entre sus amigos, y respetada por todos, ha marcado de una forma intuitiva pero a la vez calculada, una época del arte español. Soledad Lorenzo, de la que no vamos a dar la fecha de su nacimiento pues la única Soledad Lorenzo de la que ella permite hablar a los demás nace con su galería, que por supuesto llevará su nombre, en diciembre de 1986. Su apertura marcaba simbólicamente el inicio de una época que de alguna manera ella personificó y que ahora se cierra en gran medida, y también de una forma simbólica, con su cierre. No significa esto que Soledad haya sido la mejor ni menos aún la única galería española que estos 27 años ha influido y marcado el arte español, ni tampoco que haya sido la que ha llevado el arte español a los foros internacionales. En absoluto. Han existido otras excelentes galerías de arte, con mejor o peor suerte económica y artística, algunas siguen abiertas aunque su momento haya pasado, aunque hoy nadie en España tenga un buen momento. De hecho la importancia esencial del trabajo de la galería de Soledad Lorenzo hay que

centrarla en el arte español y en el arte en España. Su presencia en ferias internacionales fue siempre restringida a Basilea y ella misma reconoce que nunca fue muy partidaria de las ferias, admitiendo que tal vez ese haya podido ser un error. La diferencia esencial de la galería Soledad Lorenzo con el resto de las galerías ha sido ella, Soledad. Su carácter y su personalidad, pero también su visión de negocio, su forma de definir lo que quiere, lo que busca y, sobre todas las cosas, las razones últimas por las que un día decide abrir una galería, unas razones que iban creciendo en su interior sin nombres ni calificaciones desde hacía mucho tiempo, tal vez desde siempre. Soledad Lorenzo es la primera galería moderna que tenemos en España, y no me refiero al arte que expone, me refiero a la definición del producto, a la creación de una marca desde el principio. Y quiero dejar claro desde estas primeras líneas que esto no es una descalificación de otras galerías a las que no mencionaré, y que para entenderlo es necesario, posiblemente, leer este texto entero, como si fuese una novela policíaca de la que solo hasta el último momento no sabremos quién es el asesino. Visto con la distancia de estos 27 años hay que admitir que Soledad Lorenzo supo montar una empresa casi a la perfección. Venía de un largo periodo en Londres y había visto de cerca el funcionamiento y el estilo de las galerías internacionales; un largo training en la que era una de las dos galerías más importantes de España (Theo) afirmaba su puesta al día y su cercanía con el mundo de la cultura (no solo el arte, sino sobre todo la literatura) la avalaban, pero su capacidad comercial quedaba por

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descubrir y sus prodigiosas dotes para el marketing y las relaciones sociales, configuraron un conjunto difícil de repetir, además de la disponibilidad absoluta de Soledad para llevar su proyecto a cabo, generando más que una galería una marca. Cuando Soledad Lorenzo abre su galería tiene claro una serie de cosas que parece que ya no son importantes y que si revisamos la historia de las galerías españolas no siempre han sido especialmente cuidadas. Una de ellas fue el lugar. Un espacio nuevo, un espacio que no fuera un piso, que fuera un local a puerta de calle. Grande pero elegante, en el que la mirada del arquitecto alterase lo suficiente para que fuese adecuado pero sin protagonismos innecesarios. En su momento el espacio de la galería supuso un shock visual para muchos, por su elegancia, por su amplitud, por su sencillez, por su idoneidad. Se abría un espacio realmente diferente a lo habitual y aunque podemos recordar galerías de grandes dimensiones (recuerdo especialmente Iolas-Velasco) y otras con espacios muy bonitos esta era sin duda toda una novedad. Luego han sido unas pocas, las más fuertes económicamente las que han ofrecido espacios espectaculares, elegantes, adecuados al arte más actual..., pero sin duda en eso Soledad fue la primera en mostrar arte actual desde un lujo inteligente y moderno, sin prepotencias, dejando todo el protagonismo para el arte. Curiosamente en España siempre ha triunfado un cierto todo vale para los espacios del arte, una especie de cutrelux, y no hablo solo de los institucionales sino de los privados de las galerías, un sinfín de cubículos cutres, sin rematar, con suelos inapropiados, con paredes agrietadas o desiguales, pisos sin luz, con habitaciones pequeñas, columnas imposibles o recodos inaceptables, donde la obra, aunque sea singular no puede verse ni el espectador se puede sentir atraído.

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Para los artistas, Soledad repite que a ella lo que le gusta es el arte, y que el arte está en los artis-

tas. Que los artistas son lo más importante. Que para ella la galería es un puente hacia el arte, una forma de estar en contacto, de ser parte del arte, de alimentarse de la mente, de la inteligencia de los artistas y de, alguna manera, ayudarles. Su trabajo lo justifica siempre en los artistas, si bien ella misma no concibe para sí misma ninguna categoría creativa. Son los artistas los creadores, a los que hay que escuchar, a los que hay que apoyar, a los que hay, de alguna manera, que proteger. Y Soledad plantea su galería como una forma de vida, como una forma de estar siempre cerca de los artistas, como un método para inscribirse en la periferia de la creación, en un lugar de “facilitadora”. Estar cerca del artista ha sido lo más importante para Soledad. La idea de la galería surge como una forma de vivir en el arte, de formar parte del mundo de la cultura, algo que siempre estuvo de alguna forma presente en su vida, dormido en su mente hasta que finalmente aceptó que ese podía ser su destino, su forma de estar, de tener una razón para seguir estando rodeada de artistas, de escritores, de inteligencia y creatividad. En este sentido, sin duda Soledad Lorenzo es una gran romántica, pero en todo lo demás es una gran pragmática. Pero, también, y eso no hay que olvidarlo nunca, el planteamiento que hace Soledad de su proyecto, de la creación de una galería de arte a finales de una década en la que parecía que el futuro se abría de par en par para España, es fundamentalmente realista, pragmático, profesional. Y a la vez es la realización de un sueño. No de una pesadilla. Su miedo, al parecer en las brumas de la memoria, su único miedo era que las relaciones económicas, el dinero, no enturbiase la relación personal con los artistas. Porque ella, todo en su entorno, todo lo planeta como una relación personal con el artista y el mundo de la cultura, absolutamente profesional en todos los aspectos. Y eso ha sido lo que ha facilitado que sus relaciones personales siempre se hayan salvado, porque el aspecto económico ha funcionado como un reloj. Porque Soledad lo ha vendido todo, siempre se ha comentado que cualquier


cosa que Soledad colgase en su galería podía venderlo, y, además, Soledad siempre ha pagado a sus artistas, a sus proveedores, a todo el mundo de una forma seria y justa. Algo que desgraciadamente ha sido también algo raro siempre en el mundo del arte y en lo que Soledad ha sabido definir su producto, su galería, su nombre. Ella misma. Como dice cuando se le plantean los temas económicos, siempre hizo las cosas como se deben hacer, correctamente. Soledad abre su galería en un momento complicado que guarda ciertas similitudes con el momento en que cierra, como en la perfecta definición de un círculo. En aquel momento el arte español estaba pendiente de una renovación, o más bien esperando a hacer evidente, pública y notoria esa renovación. La galería Soledad Lorenzo facilitó en parte esa puesta en escena de un arte actual, con artistas jóvenes pero no solamente jóvenes. Con artistas españoles sobre todo, pero no solamente españoles. Sobre todo con pintores, pero no exclusivamente con pintores. Dejando claros una línea muy característica y a la vez una apertura mental imprescindible para un proyecto cultural. Soledad repite como un mantra la definición de la línea que su galería ha mantenido hasta el final, es evidente que la galería ha sido el exponente de su filosofía personal, de lo que ella pensaba…, naturalmente escuchaba a los críticos, a los amigos escritores, al público… pero ella siempre hizo lo que consideraba que debía hacer. Ella se encargó siempre de la selección con cada uno de los artistas de lo que se iba a exponer en su sala; ella realizaba el montaje de las exposiciones (unos montajes excelentes y alabados por todos sus artistas). Esos dos momentos fueron, sin duda, los más placenteros en todo el proceso de trabajo, pues era en ellos en los que se encontraba más cerca del proceso creador, en los que se trabaja directamente con el arte, con la obra, al margen de cualquier otro condicionante económico, social, público.

En estos 27 años Soledad Lorenzo ha realizado 290 exposiciones de 80 artistas, pero no podemos contabilizar la cantidad de visitantes de una galería en la que siempre había público, la más visitada por aquellos que no iban de galerías, por ese público en principio ajeno al mundillo del arte de los que muchos se han acabado enganchando y que, ahora, se quedan sin refugio. Porque la galería Soledad Lorenzo era un refugio para todos los que querían ver arte sintiéndose cómodos. En el momento en que cierra su espacio, dando por terminado su ciclo profesional, está marcado también por una renovación estructural. Nuevamente el arte español parece escondido y la diáspora de sus artistas, esparcidos por diferentes galerías, muestra un territorio micronizado donde no aparece ninguna nueva galería que se autoproclame como la líder del momento. Lo decía en un editorial cuando Soledad empezaba a hablar de su posible retirada. No hay relevo para las mujeres del arte. Ni Soledad Lorenzo, ni Juana de Aizpuru ni Helga de Alvear, las tres grandes del mercado galerístico español, parecen tener detrás una generación de galerías fuertes y con personalidad. No hay proyectos de importancia, por lo menos en esa línea de poder y autoridad. Las formas, las estructuras han cambiado, la relación con el arte, con los artistas y con el público también. El mercado es débil y las instituciones aún lo son más, pero sobre todo el estilo de los nuevos galeristas es más frío, menos personal, menos marcado por la personalidad de cada uno de ellos, más interesados en el mercado que en la cultura, ajenos por lo general al mundo de la cultura que no sea el conformado por las artes visuales. También más internacionales, más informados tal vez, aunque Soledad ya apuntaló esa figura del galerista que viajaba sin problemas, que hablaba idiomas fluidamente (inglés y francés casi bilingüe), que como mujer atractiva e independiente se movía cómodamente por el mundo, esto no es nada nuevo ni extraño entre las

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galeristas de verdad (pienso en Evelyn Botella por poner solo un ejemplo, o Elvira Fernández, que habitaban espacios propios en Basilea antes de que los actuales galeristas –que siguen sin ser admitidos– supieran de su existencia). Soledad también asumió siempre el contacto personal con los compradores, con la prensa, a pesar del trabajo de sus colaboradores (casi siempre de larga duración), ella siempre estaba allí, cerrando la operación, saludando a un cliente inesperado, invitando a comer a alguien que inesperadamente aparecía por la galería, reuniéndose con artistas, con críticos, con directores de museos… Soledad ha sido una maestra en el difícil arte de colocar a sus artistas en los medios institucionales. Prácticamente todos sus artistas españoles han expuesto en los principales museos del Estado y, casi estoy por afirmar, que también era ella la que seleccionaba las obras para esas muestras, las que las colgaba y si había alguna posibilidad, las hubiera vendido antes de que se cerrase la exposición. Porque una de las leyendas urbanas de estos 27 años es que la galería Soledad Lorenzo no era solamente la única de la capital en la que siempre había público, sino que además ella era capaz de vender algo, incluso mucho de todas sus exposiciones y en bastantes ocasiones vender las exposiciones enteras. Una leyenda confirmada a lo largo de estas casi tres décadas, en las que al final casi todos hemos tenido que admitir que los artistas son por supuesto esenciales, pero que una galería hace y deshace las carreras, sube y baja los prestigios, precios y carreras. Y Soledad en esto, y en muchas más cosas, ha sido una maestra. Una trabajadora marathoniana y eficaz, en la que no era el lucro su guía ni el éxito su objetivo, sino el artista, la cultura, el trabajo bien hecho que fundamenta el criterio y el esfuerzo.

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Lo que nunca fue Soledad fue coleccionista. Naturalmente que en toda una vida rodeada de arte

uno se acaba quedando con cosas. Pero no, Soledad siempre fue una galerista y siempre lo tuvo muy claro. Ella misma me ha reconocido que lo primero era vender a sus coleccionistas, porque si el artista siempre fue el eje, la razón de su galería, el comprador ha sido su segundo interés, guiarlo, asesorarlo, cuidarlo, ha formado parte de su decálogo de funcionamiento. Cuando le preguntas si era cierto que lo vendía todo, si es tan importante la venta, siempre responde que una galería debe vender porque la venta es también un reconocimiento para el artista y permite que viva lo mejor posible, que trabaje lo más tranquilamente posible, que “vender si pero no vender lo que sea a quien sea, sino vender a la persona adecuada”. Como si cada obra tuviera un destinatario. Para Soledad los artistas son “sus” artistas, y los compradores son “sus compradores”. Personas, porque todo aquí ha sido personal, a las que Soledad llamaba antes de cada exposición, les enseñaba las obras en primicia, se las reservaba porque “esta pintura te va a gustar especialmente”. Ese trato personal ha sido una de las marcas de la casa, hacerte sentir especial, convencerte sin argumentos pero con sentimiento y convencimiento radiante de que el papel de cada uno, su lugar, era importante, que todos los que entraban en su espacio, en su territorio, integraban el espectro de la cultura, y eso para un comprador es llamar a las puertas del cielo y comprobar que se abren lentamente. Pero esta actitud tan personal la ha sabido apaciguar dejando sitio para que, en su territorio, cupiesen los más posibles, dejando entrar a los más jóvenes, siempre que las reglas las siguiera poniendo ella. Ella es la galerista, y digo “ella” como mujer, como esa especial forma de hacer que han definido tantas mujeres de la historia reciente del arte occidental, dirigido desde las galerías privadas por un sinfín de mujeres de perfiles diferentes pero unidas por ese sello personal de cada una de ellas. Mujeres que han amparado a los artistas, que les han protegido de la dureza de una


sociedad y de un mercado que, siempre según ellas, no casa bien con el mundo de la creación. Mujeres guerreras, mujeres poetas, mujeres madres, rara vez mujeres dulces y amantes; necesariamente mujeres fuertes, escudos y potenciadoras. Soledad Lorenzo ha sido una de ellas. Esta no es una actitud propia de un coleccionista, al menos no del coleccionista de obras de arte, tal vez si de adeptos, de fieles de una iglesia nada ortodoxa. Los cuadros que Soledad mantiene junta a ella son aquellos que no vendió en su día, además de algunas piezas de carácter sentimental (regalos de los artistas…). Ella misma lo reconoce sin el más mínimo pudor, admite no ser coleccionista, no comprar de artistas con los que no haya trabajado y, sobre todas las cosas, intentar venderlo todo, quedarse con aquellas piezas que finalmente no se vendían. Obras que ella podía adquirir fácilmente y a mejor precio que sus compradores y que, finalmente, podían suponer una garantía económica en algún momento difícil. Pero, vamos, como todo vendedor de raza, es capaz de descolgar una pieza de esta misma exposición si uno de

sus compradores se arrepiente de no haberla comprado en su momento. Igual que un artista tiende a corregir la obra antigua en una retrospectiva, en busca del control, de la perfección de acabar el trabajo que se empezó entonces. Es curioso que una mujer que ha manejado ventas millonarias, que ha sabido realmente hacer dinero, nunca aparece apegada ni al lujo ni al dinero. Pero sí al poder, el poder de hacer, el poder de decidir. Soledad ha sido receptora de todos los premios que se pueden dar en este país, y todos los ha recibido agradecida, sabiendo que el mejor de todos, el que realmente siempre quiso, lo ha conseguido cada día de estos 27 años: el respeto y la amistad de sus artistas. La confianza de sus compradores, el respeto y la admiración de muchos de sus colegas y con el tiempo, un lugar propio en la historia de la cultura, del arte del siglo XX en España. El premio, para Soledad Lorenzo ha sido vivir cada día de estos años plenamente, haciendo lo que realmente siempre quiso hacer. Ese es el mejor premio que se puede recibir: una vida. Rosa Olivares

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SOLEDAD LORENZO Colección

Ana Laura Aláez Txomin Badiola Miquel Barceló Ross Bleckner José Manuel Broto Victoria Civera George Condo Jerónimo Elespe Jon Mikel Euba Eric Fischl Philipp Fröhlich Jorge Galindo Pello Irazu Adrià Julià Robert Longo Íñigo Manglano-Ovalle Tony Oursler Pablo Palazuelo Perejaume Guillermo Pérez Villalta Sergio Prego David Salle Julian Schnabel Soledad Sevilla José María Sicilia Antoni Tàpies Juan Ugalde Juan Uslé Adriana Varejão


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Ana Laura Alรกez (Bilbao, 1964) | La bestia. 2009. Bronce. 42 x 60 x 43 cm


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Txomin Badiola (Bilbao, 1957) | La guerra ha terminado (104.9). 1996. FotografĂ­a. 200 x 127 cm. Ed. 3/3


30

Txomin Badiola (Bilbao, 1957) | La guerra ha terminado (104.10). 1996. FotografĂ­a. 200 x 127 cm. Ed. 3/3


32

Txomin Badiola (Bilbao, 1957) | La guerra ha terminado (104.11). 1996. FotografĂ­a. 200 x 127 cm. Ed. 3/3


34

Miquel Barcel贸 (Mallorca, 1957) | Sin t铆tulo (Almendras). 1990. Mixta sobre lienzo. 234,5 x 285 cm


36

Miquel Barcel贸 (Mallorca, 1957) | G.A.O. 1989. Mixta sobre lienzo. 230 x 281 cm


38

Miquel Barcel贸 (Mallorca, 1957) | Animal de pintor. 1993. Bronce. 48 x 70 x 36 cm


40

Miquel Barcel贸 (Mallorca, 1957) | Sans titre. 1993. Bronce. 81 x 75 x 45 cm


42

Ross Bleckner (Nueva York, 1949) | Pedestal. 1992. Ă“leo sobre lienzo. 120 x 110 cm


44

JosĂŠ Manuel Broto (Zaragoza, 1949) | Albi. 1989 AcrĂ­lico y collage sobre lienzo. 260 x 200 cm


46

JosĂŠ Manuel Broto (Zaragoza, 1949) | Personaje en la noche. 1988. AcrĂ­lico sobre lienzo. 270x 300 cm


48

Victoria Civera (Valencia, 1955) | Hacia Luzernaria. 2009. Ă“leo y acrĂ­lico sobre lienzo. 244 x 243 cm


50

Victoria Civera (Valencia, 1955) | Blanquita. 2008. Poliestireno, aluminio y sacos. 193 x 80 x 20 cm


52

George Condo (New Hampshire, EEUU, 1957) | Sin título. 1993. Óleo sobre lienzo. 65 x 54 cm


54

George Condo (New Hampshire, EEUU, 1957) | Sin título. 1993. Óleo sobre lienzo. 38 x 46 cm


56

George Condo (New Hampshire, EEUU, 1957) | Sin título. 1993. Óleo sobre lienzo. 41 x 33 cm


58

George Condo (New Hampshire, EEUU, 1957) | Sin título. 1993. Óleo sobre lienzo. 30 x 25 cm


60

Jerónimo Elespe (Madrid, 1975) | 0. 2009. Óleo sobre aluminio. 10 x 10 cm


62

Jerónimo Elespe (Madrid, 1975) | Midnight gardening. 2011. Óleo sobre aluminio. 50 x 35 cm


64

Jerónimo Elespe (Madrid, 1975) | Pasillo. 2010. Óleo sobre aluminio. 6 x 4 cm


66

Jerónimo Elespe (Madrid, 1975) | M.H. 2010. Óleo sobre aluminio. 30 x 25 cm


68

Jon Mikel Euba (Bilbao, 1967) | Gowar. 2005. DVD. 6´. Ej. 1/6+2.P


70

Eric Fischl (Nueva York, 1948) | The Sunday painter. 1992. Ă“leo sobre lienzo. 147 x 137 cm


72

Philipp Fröhlich (Schweinfurt, Alemania, 1975) | Sin título. 2009. Témpera sobre lienzo. 245 x 175 cm


74

Jorge Galindo (Madrid, 1965) | Poupette. 2003. Ă“leo sobre lienzo. 250 x 200 cm


76

Jorge Galindo (Madrid, 1965) | Papeles arrancados paprika. 2009.TĂŠcnica mixta sobre papel. 140 x 100 cm


78

Pello Irazu (San Sebastián, 1963) | Sin título. 1988. Acero y óleo. 80 x 75 x 55 cm


80

Adrià Julià (Barcelona, 1974) | The passengers 3. 2002. Fotografía. 54 x 222 cm. Ed. 1/3


Robert Longo (Brooklyn, EEUU, 1953) | Sin tĂ­tulo (Bikini Atoll/Baker, 1946). 2003. 82

Carboncillo sobre papel. 183 x 295 cm


84

Robert Longo (Brooklyn, EEUU, 1953) | Sin tĂ­tulo (April). 2003. Carboncillo y tinta sobre papel. 50,8 x 55,1 cm


Íñigo Manglano-Ovalle (Madrid, 1961) | Cloud prototype Nº 4. 2006. Fibra de vidrio y aleación de titanio. 86

157,3 x 259 x 145,1 cm. Ed. 4/5


88

Tony Oursler (Nueva York, EEUU, 1957) | Untitle. 2009. Aquaresina, escultura y proyector. 100 x 91 x 76 cm


90

Pablo Palazuelo (Madrid, 1915-2007) | De somnis II. 1997. Ă“leo sobre lienzo. 217 x 149 cm


Perejaume (San Pol de Mar, Barcelona, 1957) | RAM. 2010. FotografĂ­a sobre dibond, marco. 92

(12) 70 x 90 cm c/u (1) 70 x 100 cm


Guillermo Pérez Villalta (Tarifa, Cádiz, 1948) | Artista meditando mientras contempla... 2008. 94

Óleo sobre lienzo. 120 cm Ø


96

Sergio Prego (Fuenterrabía, Guipúzcoa, 1969) | Tetsuo, Bound to fail. 1998. DVD 17’30’’. Ed. 5/10


98

David Salle (Norman, EEUU, 1952) | Normal Sentences. 1982. Ă“leo sobre lienzo. 244,5 x 142,2 cm


Julian Schnabel (Nueva York, EEUU, 1954) | Sin tĂ­tulo (La banana e buona). 1988. 100

Mixta sobre lienzo. 188 x 137,5 cm con marco


Julian Schnabel (Nueva York, EEUU, 1954) | Sin tĂ­tulo (La banana e buona). 1988. 102

Mixta sobre lienzo. 188 x 137,2 cm con marco


Julian Schnabel (Nueva York, EEUU, 1954) | Epitaph (J.B.) (Tomb Panel I). 1989. 104

Bronce patinado. 334 x 336,5 x 51 cm


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Soledad Sevilla (Valencia, 1944) | Quizรกs mรกs tarde. 2006. ร“leo sobre tela. 240 x 200 cm


108

José María Sicilia (Madrid, 1954) | El instante tríptico 3. 2012.Tinta sobre papel japón. 210 x 450 cm


110

José María Sicilia (Madrid, 1954) | Flor amarilla. 1997. Cera, óleo papel y madera. 252 x 185 cm


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Antoni TĂ pies (Barcelona, 1923-2012) | Estora. 1994. Pintura y collage sobre tela. 220 x 227 cm


114

Juan Ugalde (Bilbao, 1958) | Cuentos chinos. 2008. Mixta sobre lienzo. 230 x 200 cm


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Juan Ugalde (Bilbao, 1958) | Sin TĂ­tulo. 2004. Mixta sobre lienzo. 50 x 50 cm


118

Juan UslĂŠ (Santander, 1954) | 96 pasos detrĂĄs de la realidad. 1996. Mixta sobre lienzo. 274 x 203 cm


Juan Uslé (Santander, 1954) | Soñé que revelabas (SAJA). 1996. 120

Acrílico, vinilo, pigmentos y dispersión. 274 x 203 cm


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Juan UslĂŠ (Santander, 1954) | Rizomas. 1992. Mixta sobre lienzo. 120 x 150 cm


Adriana Varejão (Río de Janeiro, Brasil, 1964) | Ruina de Charque – Cordovil. 124

2002. Óleo sobre madera y poliuretano. 170 x 225 x 42 cm


Traducciones Translations

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Soledad Lorenzo: Brief chronicle of a job well done Salvador Carretero Rebés and Felipe Garín Llombart Curators of the exhibitions at the MAS in Santander and the Centro del Carmen in Valencia

I

n 2011 Soledad Lorenzo (b. Santander, 1937) announces her retirement. That year, to celebrate, she hosts a very emotional dinner for 200 guests: collectors, museum directors, centres and foundations; curators, art critics, friends, family, artists and “her artists”, which each headed a table representing the gallery and the gallerist. Over a year later, in December 2012, Soledad Lorenzo in fact closes her gallery with a show by Vicky Civera; it had opened in 1987 with an exhibition by Alfonso Albacete. This quarter-century as a gallerist – assiduous, all-embracing to be sure, full of personality; who is able to combine “classic” artists (always innovative and powerful) with new generations of talent – is joined by several more years before that, making for a total of four decades in the business. During all this time, names like Paloma Altoaguirre, Fernando Guereta, Elvira González and Europalia 86 have played a major role, impacting Soledad Lorenzo’s life and career.

The question was clear: we needed Soledad herself to tell us if the works in her possession could allow us to make a coherent, serious, rigorous selection of pieces that would permit a major temporary exhibition. But not just that: we also needed to know if – once that was done – if the result would be or have to be a reflection of her work as a gallerist and, as such, if all or almost all the artists she had worked with throughout her intense career had to be represented, at least the ones she had worked with on a regular basis. The goal was to put together a temporary exhibition based on Soledad Lorenzo’s private collection. And that was precisely what we thought would be ideal from the start, but we didn’t know if this was possible, qualitatively and quantitatively. In other words, our curatorial intent was for several key concepts in the life and work of Soledad Lorenzo to be represented.

When the gallery’s closing is announced, two institutions propose an event to acknowledge her work (Santander) and a well-deserved tribute (Valencia). These two initiatives emerged practically at the same time, both in the form of exhibitions: first in 2013 in her native Santander and then in 2014 in Valencia; the order has been conditioned by the exhibition calendars of each institution. It was Lorenzo herself who put the two parties in touch: the MAS (Museum of Modern and Contemporary Art of Santander and Cantabria, which is owned by the City of Santander) and the Centro del Carmen art centre in Valencia (Consortium of Museums of the Region of Valencia); and the two curators who have shared this dual exhibition project, so we could pool our efforts and objectives to ensure a successful outcome. Initially unaware of our simultaneous initiatives, we spoke upon Soledad Lorenzo’s request, coming to an agreement quickly and easily.

“I’m not a collector” was the honest answer Soledad Lorenzo gave us. She continues to tell us this, and it’s true. This was her initial reaction to our proposal, and it was followed by a silence that we interpreted as: she must be mentally going over the works that she owned. But she soon realised that it actually was possible Yet – with her usual good sense, elegance and intelligence – she invited us to gauge the possibility in person. Before this, during our initial conversations, when we asked her and she said, with caution, that it might be possible, that she did have a handful of interesting pieces, and that the real, clear possibility of these acknowledgements and tributes might indeed take the form of a temporary exhibition based on her own private collection, she starts to mull it over. Night visits to storerooms were key to our decision-making process; in any case, that is normal in this line of work, but particularly when revealing a body of work, something that we did so gradually, allowing us to develop a curatorial discourse.

The show could have been based, of course, on the essence of the artists represented by her gallery. We might have selected key, iconic works by each of them, which could be in the possession of the artists themselves – they often keep important pieces – or even more likely, in various private collections in Spain and abroad, thanks to the work of Soledad Lorenzo and her gallery. So far so good: but that wasn’t really what we were after: we needed to know more about her personal territory, to tackle her private life as a woman, a gallerist, a hopeless lover of art. We needed to know what works she might have held onto – over the course of such an intense career – simply because she liked them, following an exhibition; owing to impulse, chance, or a meditated or premeditated decision; we needed to know if a project about her supposed collection was possible.

This worked better for Soledad Lorenzo as well, because – now that the gallery is closed, now that she has returned all the works that hadn’t been sold and belonged no to her, but to her artists; now that she has completed the enormous task of tying up all the endless paperwork, which also happened to coincide with other big publishing projects which are still underway and are coming out soon, among a million other things – she needed to know the real value of her art collection. The curious, unexpected rush of activity of her new life had kept her from doing so any sooner. Once and a while she would beg for our “help” and understanding. Even though she had closed the gallery, she told us, she was working as much or even more than ever, nonstop. Thus, the usual tasks involved in putting together the exhibitions planned for Santander and Valencia, the usual curatorial work in

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terms of deciding its content, took a little longer than expected, because she was simply swamped with work. Retired? Clearly, that was a euphemism. Of course, this exhibition project was convenient for the gallerist, because it revisited and reinhabited “her collection”; it also started to get that matter in order – which was no trifling feat, by the way. The gallerist’s doubts, which were logical, turn into excitement when she realises that the project was in fact doable; it would bring together all kinds of different aspects in pursuit of a very precise definition of a woman and her excellent work. The time spent in the storerooms was important, as was visiting the spaces and going back to the storerooms, as well as the research that was done in order to create another work of art: her exhibition, which was going to be split in two with major differences, each with a personality of its own. We were amazed to see that she had a magnificent collection, totally and completely connected to her work as a gallerist since she opened her first space on Calle Orfila in Madrid. That is, her collection was and is inextricably linked to the artists represented by her gallery, something that did not come as a surprise to us. We also had the chance to make a significant selection of works, thanks to all the important, major works it contained, some of them magnificent. Once this basic task was done, the three of us knew what we wanted and how we were going to go about it, but most importantly, it was Soledad Lorenzo who knew by then that this was possible. Quite simply, she was already excited about it, although it was yet another commitment since closing the gallery; another project that she thought would take forever but ended up coming together quickly and well. The Initial panic gave way to excitement, the conviction that the idea wasn’t just good, but great in every sense. Naturally, none of us would have even attempted it if the outcome wasn’t going to meet all of our expectations; if the final product wasn’t rigorous, coherent, powerful, significant, first-rate and well-done; if we couldn’t manage to make this dual project a faithful reflection of Soledad and her work. All the pieces had to come together perfectly.

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The first, shall we say, of the two exhibitions was going to be held at the MAS, on the ground and first floors; it was to be followed by a second exhibition in the great, grandiose space of the Centro del Carmen, a landmark building in Valencia. Our first task was to revise, name by name, all the artists who were going to be included in the show; all the ones who had been Lorenzo’s loyal travel companions, constantly and faithfully, simply had to be part of it. To our dismay, we had to leave out some of them due to space limitations; artists who, although important, have worked less with the gallery. But we did make sure that all the essential names were represented. After drawing up a careful list according to the available space, we started to select pieces. This was often not an easy task due to the many excellent works that Soledad owns by almost all of her artists, and we had to take into account factors like quality, format, series, moment of production, iconographies...

As we can see now, painting of the 1980s and 1990s is impeccably and notably represented, although there are also pieces from the early part of the 21st century – particularly by Spanish artists, joined by great sculptures, photographs, video art and more. Soledad Lorenzo’s work as a gallerist has stood out for many reasons, but the most important one is her love of painting, even at times when it wasn’t exactly fashionable, especially when someone would repeat that stupid cliché “painting is dead”, which she made sure to disprove day after day. Soledad Lorenzo has always, no matter what, put together constant, excellent painting exhibitions, including large works since her marvellous gallery allowed it, unafraid that she wouldn’t be able to sell them, showing them alongside small- and medium-sized works. In any case, her principal mission was to sell, and she took it seriously. The result of that assiduous work has marked the origins and continuation of serious collecting in this country, which we believe is essential to Spanish culture. All this, plus an Anglo-Saxon style of working – always modern and responsible, always current on bills and payments to her artists and her employees – makes her one of the most important Spanish gallerists of all time. As we have already noted, an all-embracing approach has been one of her virtues. She has worked with Louise Bourgeois (Paris, 1911-2010), Antoni Tàpies (Barcelona, 1923-2012) and Pablo Palazuelo (Madrid, 1916-Galapagar/Madrid, 2007), for instance, along with all the other artists who she has selected over the years, younger or much younger. And yet that contrast of generations did not seem odd, because a spontaneous integration occurred: the intelligent, always innovative, committed modernity of the work of the three abovementioned artists was joined, with total autonomy, by the contemporary pieces of others. From the start and until the end, a unique modernity and commitment emerged: that of Soledad Lorenzo. Tàpies and Palazuelo are an essential point of departure for the exhibitions as well as the gallerist’s career; and of course both for the collection as well as Soledad Lorenzo’s personal and professional life: Estora (1994) the embodiment of a complete Tàpies, and De somis II (1997), are the cornerstones of the collection. The other artists’ paintings are mere pictorial “accessories”. As for Miquel Barceló (Felanitx, Mallorca, 1957) we struggled with our selection due to the high quality of all his works, ultimately deciding on his untitled almonds from 1990 for the MAS and the brilliant G.A.O. from 1989 for Valencia, two great paintings involving a considerable amount of impasto and work, the latter joined, in the exhibition at the Centro del Carmen in Valencia, by two sculptures (Animal de pintor, 993 and Sans Titre, 1993). José Manuel Broto (Zaragoza, 1949) is represented in Valencia by Personaje en la noche (1988) and in Santander by the tactile Albi (1989) which was, oddly enough, already shown at the MAS back in January 1991, for the I Tanqueray Visual Arts Biennial. José María Sicilia (Madrid, 1954) dominates one area of the first floor of the MAS with La luz que se apaga (1997), one of


his signature flowers rendered in wax and oil on wood which was also shown in Santander, at the Palacete del Embarcadero, in the 1990s; for Valencia we opted to include the delicate triptych El instante (2012), a floating work in ink on Japanese paper, which we thought would work well for the Centro del Carmen. Jorge Galindo (Madrid, 1965) did a show at the MAS not long ago with paintings, picked flowers and manipulated car hoods; now he is back for this exhibition with magnificent, sensual Poupette (2003) which has travelled to Valencia with another work from his recent urban series Papeles arrancados (2009). Born in Santander and trained in Valencia, Juan Uslé also showed a very complete project at the MAS not many years ago; thus we tried to not to choose the same pieces from Soledad Lorenzo’s collection, which contains many superb paintings of his; in the end we opted for 96 pasos detrás de la realidad (1996) and Casita del Norte (656) (1992) for Santander; and Soñé que revelabas (SAJA) (1996) from his marvellous, oneiric series based on Arab jealousies, and Rizomas (1992), a brilliant horizontal arabesque for the Centro del Carmen. Vicky Civera (Puerto de Sagunto, Valencia, 1955) also appears with Hacia Lucernaria (2009), a volatile, delicate painting joined in Valencia by Blanquita (2008) a sculpture that made a real impact at ArtBasel, where we saw it the year it was executed. Juan Ugalde offers us an ironic account in Cuentos chinos (2004), accompanied in Valencia by a beautiful, extraordinary little female portrait. As for the remaining Spanish painters, we have chosen the same pieces for both exhibitions: in Quizás más tarde (2006), Soledad Sevilla (Valencia, 1944) invites us to look beyond the work, as if it were a window; a brilliant and very personal tondo by Guillermo Pérez Villalta (Tarifa, Cádiz, 1948) entitled Artista meditando mientras contempla (2008); a very special painting; and the four delicate, small – sometimes tiny – paintings on aluminium by Jerónimo Elespe (Madrid, 1975) from 2010 and 2011 (Midnight gardening, M.H., O and Pasillo). All of them – and those that follow – are represented in the collection and in the show with great paintings in terms of quality and format, except when the artist was trying to do something else with his concept, as is the case, naturally, of Elespe.

York, 1953) with two extraordinary charcoal drawings, both from 2003, Bikini and April, marked by eroticism. Another American artist – this time not a painter – is Tony Oursler (New York, 1957), a video artist/sculptor represented by a magnificent 2009 piece. The show also features works by other foreign painters such as a great 2009 tempera on canvas by Philipp Fröhlich (Schweinfuert, Germany, 1975). The gallery’s cosmopolitan side is also reflected by the work of the Brazilian artist Adriana Varejão (Rio de Janeiro, 1964), whose visceral Ruina de Charque Cordovil (2002) has been selected for this project.

This great selection of Spanish art is joined by pieces by foreign names, particularly by the handful of American artists with whom the gallerist has worked. At the time, exhibitions of their work were not just a novelty; they were real events. Undoubtedly, the great Julian Schnabel (New York, 1951) shines with a light of his own, represented by his two untitled pieces from the 1988 series La banana e buona; the Centro del Carmen is also showing the American artist’s sculpture Epitaph (J.B.) (Tomb Panel I) (1989), a magnum opus that dominates the whole exhibition space, serving as the backbone of the show in Valencia. Eric Fischl (New York, 1948) is also represented with The Sunday Painter (1992); George Condo (Concord, USA, 1957) with five paintings from 1993, which perfectly sum up his ideology and iconography; David Salle (Norman, USA, 1952) with Normal Sentences (1982); Ross Bleckner (New York, 1949) with Pedestal (1992); and Robert Longo (New

We also wanted this project to be an exact reflection of Soledad Lorenzo, the product of her seductive power and intelligence, her universe, a small healthy culmination –always unfair compared to her work –to her career, as above all a multifaceted gallerist, the creator of a “temple of dreams”. Her collection is unique and personal; a faithful product of her work. It is also a faithful reflection of her gallery, a source of fortune and necessity, task-oriented work, survival, intelligence – both natural and born out of collaboration – tenacity, overwhelming energy, modernity, a sense of responsibility, seriousness, high standards, an all-embracing vision, the genesis of professional collecting, living in the present at all times, a constant nurturing of excitement… and always, always elegance.

Finally there is the so-called “Basque group” and something else: on the one hand we have Aláez, Euba, Irazu, Badiola and Prego, who were never an official group, and on the other, Manglano-Ovalle, Julia and Perejaume. But it is no matter of indifference that Soledad Lorenzo should choose the first five for her gallery, which are also present in this exhibition. Ana Laura Aláez (Bilbao, 1964) is present with La bestia (2009), a heavy work in bronze stained in matte black; and Pello Irazu (Andoain, Guipúzcoa, 1963) with one of his characteristic sculptures, an untitled work from 1988, which combines the sordidness of bare steel with a constructive plane painted in oil. And so is Txomin Badiola (Bilbao, 1957) with a surprising photographic triptych from the series La guerra ha terminado (1996), with a luminous pictorial treatment and a baroque composition, and finally the two video artists: Jon Mikel Euba (Bilbao, 1967) with Gowar (2005) and Sergio Prego (Fuenterrabía, Guipúzcopa, 1969) with Testuo, Bound to fail (1998). The Catalan artists Julia and Perejaume, with whom Lorenzo has also worked, are also included in this project. Adrià Julià (Barcelona, 1974) with The Passengers 3 (2002), a photograph from a great series; and Perejaume (San Pol de Mar, Barcelona, 1957) with a recent photography installation entitled RAM (2010), like a vertical book on the wall. The cumulonimbus Cloud prototype Nº 4 (2006) by Iñigo Manglano-Ovalle (Madrid, 1961) is a bright, airy piece in glass fibre and titanium alloy suspended in space.

Santander-Valencia 2013

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Soledad Rosa Olivares

A

name can never define us, but it can at times explain us, offer a series of statements, of details, which enable a better understanding of a person. Solitude, soledad, is not a mood or passing state, it is a way of feeling. Solitude does not necessarily entail withdrawal; it is above all a way of being in the world, amongst friends, with lovers, within the crowd. Soledad, solitude, is no doubt a suitable name for a woman who—with the support of her family, beloved by her friends, hated by her enemies, feared by those who were never enemies but did not become friends either, and respected by all—has left her mark in an intuitive yet calculated way in a whole era of Spanish art. Soledad Lorenzo, whose date of birth is of no import here because the only Soledad Lorenzo she allows to be discussed with others is the one that came into being along with her gallery, inevitably named after her, in December of 1986. Its opening was the symbolic kick-start of an era that she somehow came to embody, and that is now for the most part drawing to an end, equally symbolically, with its closing. This is not to say that Soledad has been the best, let alone the only, Spanish gallery owner who has influenced and put a stamp on the Spanish art market these past 27 years, or to introduce Spanish art onto the wider international scene. By no means. There have been other excellent art galleries that have met with better or worse financial and artistic fortunes, some continue to be open even though their time has passed, though admittedly no one is going through a buoyant moment in today’s Spain. In fact, the primary significance of the work of Soledad Lorenzo’s gallery lies in Spanish art and in art in Spain. She limited the gallery’s presence in international art fairs to Basel, and she admits that she was never fond of fairs, acknowledging that this may have been a mistake.

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The essential difference between the Soledad Lorenzo gallery and all others was Soledad herself. Her character and personality, but also her business vision, her way of defining what she wanted, what she was looking for, and above all, the ultimate reasons why she one day chose to open up a gallery, reasons that had been gathering within her, unnamed and undefined, for a long time, perhaps forever. Soledad Lorenzo was the first modern gallery we had in Spain, and in saying this I am not referring to the actual art it exhibited, but to the definition of its product, to the creation of a brand from its inception. And I wish to make it clear from the outset that this is not a criticism of other galleries I will not mention here, and that to understand this

it may be necessary to read this whole text as if it were a mystery in which we don’t get to know who the murderer was until the very end. Looking back with the hindsight afforded by twenty-seven years, we cannot but recognise that Soledad Lorenzo knew what she needed to do to set up her business almost perfectly. She had returned from a long sojourn in London and had been privy to the inner workings and style of international galleries from up close; a long internship in what used to be one of the two most important galleries in Spain (Theo) ensured she was up to date, and her closeness to the culture scene (not only art, but also especially literature) added to her credentials, but her commercial abilities had still to be discovered, along with her extraordinary aptitude for marketing and social networking. All of the above furnished a unique set of skills which, when combined with Soledad’s complete dedication of developing her project, gave rise to the emergence of a trademark, rather than a mere gallery. When Soledad Lorenzo opened her gallery she had very clear ideas on a series of issues that do not seem important anymore, and that have not necessarily been taken into account in the history of Spanish galleries. One of them was the space. A new space, a space that was not an apartment, that opened directly onto the street. Large but elegant, where the architect’s vision added the necessary alterations to make it suitable, but without attracting undue attention. At the time, the site was a visual shock to many, in its elegance, its spaciousness, its simplicity, its sheer suitability. A space truly different from what was normally being opened, and although we can remember large galleries (I recall in particular Iolas-Velasco) and others with quite beautiful spaces, this one was certainly a novelty. Later on, there have been a few others, those with a solid financial footing, that have offered spectacular spaces, elegant, adapted to the latest trends in art… but there is no doubt that Soledad was the first to show contemporary art in a context of intelligent and modern luxury, devoid of grandiosity, lending the main focus of attention to the art on view. For some reason, in Spain a certain “anything goes” attitude has prevailed when it came to art spaces, a sort of shabby-chic style, not only in institutional sites but also in the private spaces of galleries, an endless series of shoddy, unfinished cubicles, with unsuitable flooring, cracked or uneven walls, dark flats with small rooms, impossible pillars, or unconscionable angles where the work, even if it was unique, could not be appreciated, and the spectator could not feel drawn.


For artists. Soledad keeps saying that what she likes is art, and that art resides in artists. That artists are what is most important. That to her, the gallery is a bridge to art, a way to stay in touch, to partake in art, to feed off the mind and the intelligence of artists, and to help them in some way. She always justified her work on the basis of the artists, even though she never thought of herself as creative. The artists were the creators, who must be listened to, must be supported, must be protected in some way. And Soledad devised her gallery as a way of life, a way of always being close to artists, a means to place herself on the periphery of creation, in the role of “facilitator”. Standing by the artist has been the most important thing for Soledad. The idea of the gallery came as a way to live within art, to be part of the cultural scene, something that was always present in her life in some way, that lied dormant in her mind until she finally accepted that it may be her destiny, her way of being, to have a reason to surround herself with artists, writers, intelligence and creativity. In this sense Soledad Lorenzo is unquestionably a romantic, but in every other aspect she is a great pragmatist. We ought to remember that the approach that Soledad took to her project, to the creation of an art gallery at the end of a decade when it seemed that the future had its doors wide open in Spain, was fundamentally realistic, practical and professional. And, at the same time, it was the realisation of a dream. Not of a nightmare. It seems that her fear, now lost in the fog of memory, her one fear was that economic relationships, money, could corrupt her personal bond with artists. Because she approaches everything as a personal relationship with the artist and the cultural sphere, an absolutely professional approach to every aspect. And this is what has made it possible for her to always save her personal relationships, that she has handled the economic aspect like clockwork. Because Soledad would sell everything, they always said that whatever she hung in her gallery she was willing to sell, and furthermore, Soledad always paid her artists, her providers, everyone, in a professional and fair manner. Something that unfortunately has also been a rarity in the world of art, and an area in which Soledad has managed to brand her product, her gallery, her name. Herself. As she says when she is asked about economic issues, she always did everything the way it should be done, the right way. Soledad opened her gallery at a complicated time that has some similarities with the time of its closing, as if it had come full circle. At that time Spanish art needed to be renewed, or rather needed its renewal to be outwardly manifest, to be announced and known. To some extent, the Soledad Lorenzo gallery provided the mise-en-scène for contemporary art, for young artists, but not only young ones. With Spanish artists mostly, though not only. Above all with painters, though not exclusively. She marked a very clear artistic line while keeping the open mind required to undertake a true cultural project. Soledad repeats like a mantra the outline of the path that her gallery has sustained all the way to the end, it is obvious that the gallery was the expression of her personal philosophy, of what she

thought… Of course, she listened to the critics, to her writer friends, to the public… but she always did what she believed she had to do. She always worked with the artist in making the selection of the work that would be exhibited in her gallery; she did the design and installation of the exhibitions (excellent ones praised by all of her artists). These two moments were, undoubtedly, the most rewarding in the entire process, for it was then that she was closest to the creative process, when she worked directly with the art, with the piece, leaving aside finances, social considerations and the audience. In these 27 years Soledad Lorenzo has done 290 exhibitions with 80 artists, but we cannot give an inventory of the public who crossed the threshold of a gallery where there was always visitors. It was the gallery most frequently visited by people who were not regular gallery-goers, by that audience that was in principle at one remove from the art scene but to which many eventually got hooked and who now will lose a port of call. Because Soledad Lorenzo was like a safe haven for all those who wanted to see art in a warm and inviting atmosphere. The moment when she is closing her space, when she is bringing her professional trajectory to an end, is also the time of a structural upheaval. Once again Spanish art seems to have gone underground, and the diaspora of its artists, spread out through different galleries, speaks to a fragmented scene where no new gallery has emerged to carry the mantle of leadership. I said as much in an opinion column when Soledad first started to talk about her eminent retirement. There is no one to take over these women of the arts. Neither Soledad Lorenzo, nor Juana de Aizpuru, nor Helga de Alvear, the three great women of the Spanish gallery scene, seem to leave behind them a generation of strong galleries with personalities of their own There are no projects of import, at least along those lines of power and authority. The patterns and structures have changed, the relationship with art, with the artists, and with the public, have changed too. The market is weak and institutions even weaker, but above all the style of the new gallery owners or managers is colder, less personal, less marked by their individual personalities, more concerned with the market than with culture, generally uninvolved in those areas of culture outside the bounds of the visual arts. They are also more international, perhaps better informed, although Soledad already laid a solid foundation for that figure of the gallery owner who had no problem travelling, who spoke different languages fluently (she was almost bilingual in English and French), who, as a strong and independent woman, moved easily around the world. This is nothing new or rare in the genuine gallery owner (Evelyn Botella, for instance, comes to mind, or Elvira Fernández, who had their own niche in Basel before the current gallery owners—who are still denied access—even knew of its existence). Soledad also always engaged personally with the buyers, with the press. Despite the work of her collaborators (who were usually there for the long term), she was always there her-

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self, closing the transaction, greeting an unexpected client, inviting to lunch someone who had just showed up at the gallery, meeting with artists, critics, museum directors… Soledad was a master in the fraught art of placing her artists in institutional settings. Practically all of her Spanish artists have exhibited in the major State-owned museums, and I would even say that it was she who selected the works for those exhibits, who hung them, and, if there were the chance, she would sell them before the exhibition closed. For one of the urban legends that did the rounds over these 27 years is that the Soledad Lorenzo gallery was not just the only one in Madrid where there were always spectators, but that it always managed to sell some, even much, of what was shown in all of its exhibitions, and in many occasions to sell the entire show. A legend that has been confirmed through the nearly three decades it has been in operation, at the end of which almost all of us have had to concede that the artists are, of course, of the essence, but that a gallery makes and breaks careers, raises and lowers prestige and prices. And in this, and in many other things, Soledad has been a master. A tireless and resourceful worker, motivated not by profit or success, but by the artist, by culture, by a job well done based on good judgment and effort. What Soledad never was is a collector. To be sure, when one lives a life surrounded by art one ends up holding onto a few things. Nevertheless, Soledad was always a gallery owner and always knew her priorities. She admitted to me that her main goal was selling to her collectors, because while the artist was always her core concern, the reason behind her gallery, the buyer was her second most important priority, guiding, counselling, and looking after the buyer has always been part of her ground rules. When you ask if it is true that she would sell everything, whether selling was that important, she always answers that a gallery must sell because sales are also a recognition of the artist, and allows the artist to live as well as possible, to work as unconcernedly as possible, and that her goal was “indeed selling, but not selling anything to anyone, but selling to the right person”. As if each work had a destined buyer. For Soledad the artists are “her” artists, and the buyers are “her” buyers. Persons—everything in her work was personal—whom Soledad would call before each exhibition, persons whom she showed pieces to prior to the opening, persons whom she reserved works for because they were “especially going to like this painting”. That personal attention was one of the trademarks of the gallery, making you feel special, persuading you not with arguments but with the ebullient feeling and conviction that the role and position of everyone involved was important, that everyone that entered her space, her territory, belonged to the realm of culture, and for a buyer that felt like knocking on Heaven’s door and watching it slowly open.

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But she has been able to soften this very personal approach, allowing room for others, as many as possible, to enter her territory, letting the young ones in, just as long as she could keep setting the rules. She is the gallery owner, emphasising the “she”, the woman, that particular way of doing things defined by so many women in the recent history of Western art, defined from private galleries by countless women with different characteristics but united in the fact that each had her own brand. Women who have protected the artists, who have sheltered them from the callousness of a society and a market that, in their opinion, never blends well with the world of creation. Warrior women, poet women, mother women, rarely sweet and loving women; by necessity, strong women, shielding and empowering. Soledad Lorenzo has been one of them. This is not the attitude of a collector, at least not that of an art collector, although it may be that of a follower, of the faithful of a very unorthodox church. The paintings that Soledad keeps around her are those that did not sell back in the day, in addition to some pieces with sentimental value (gifts from the artists…). She acknowledges this without the slightest bit of embarrassment, admits that she is no collector, that she does not buy from artists with whom she has not worked, and, above all, that she tried to sell it all, keeping the pieces that did not get sold. Works that she could easily acquire and at better prices than her buyers, and which ultimately could serve as an economic back-up in hard times. Having said that, like any true salesperson, she would be well capable of taking down a piece in this very exhibition if one of her buyers were to express a regret for not having bought it back when there was the chance. Similarly to the way an artist often tends to correct old work for a retrospective exhibition, trying to maintain complete control over it, to reach perfection in finishing a work started a long time ago. It seems surprising that a woman who has clocked up sales in the millions, who really knew how to make money, has never seemed drawn to luxury or money. But she was drawn to power, the power to do, the power to choose. Soledad has received every award that can be received in this country, and she has accepted each of them gratefully, knowing that the best one of all, the one she always wanted, she has earned every day these past 27 years: the respect and friendship of her artists. The trust of her buyers, the respect and admiration of many of her colleagues, and, in time, a place of her own in the history of twentieth century Spanish culture and art. For Soledad Lorenzo the reward has been to live each day fully all these years, doing what she had always really wanted to do. Which is the best reward that one can ever get: a life.


...me ense帽贸 una cosa que una rosa es una rosa, es una rosa... Gracias, Soledad Lorenzo Este cat谩logo se termin贸 de imprimir el 27 de diciembre de 2013.


Ana Laura Aláez Txomin Badiola

SOLEDAD LORENZO

Miquel Barceló Ross Bleckner José Manuel Broto Victoria Civera

Colección

George Condo Jerónimo Elespe Jon Mikel Euba Philipp Fröhlich Jorge Galindo Pello Irazu Adrià Julià Robert Longo Íñigo Manglano-Ovalle Tony Oursler Pablo Palazuelo Perejaume Guillermo Pérez Villalta Sergio Prego David Salle

SOLEDAD LORENZO. Colección

Eric Fischl

Julian Schnabel Soledad Sevilla José María Sicilia Antoni Tàpies Juan Ugalde Juan Uslé Adriana Varejão

Fotografía cubierta: ANA LAURA ALÁEZ Fotografía contracubierta: SALVADOR CARRETERO


Ana Laura Aláez Txomin Badiola

SOLEDAD LORENZO

Miquel Barceló Ross Bleckner José Manuel Broto Victoria Civera

Colección

George Condo Jerónimo Elespe Jon Mikel Euba Philipp Fröhlich Jorge Galindo Pello Irazu Adrià Julià Robert Longo Íñigo Manglano-Ovalle Tony Oursler Pablo Palazuelo Perejaume Guillermo Pérez Villalta Sergio Prego David Salle

SOLEDAD LORENZO. Colección

Eric Fischl

Julian Schnabel Soledad Sevilla José María Sicilia Antoni Tàpies Juan Ugalde Juan Uslé Adriana Varejão

Fotografía cubierta: ANA LAURA ALÁEZ Fotografía contracubierta: SALVADOR CARRETERO


Colección Soledad Lorenzo