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Francisco Copello

Una estrella loca que brilla en el centro de la marginalidad 1


Muñozcoloma www.munozcoloma.com.ar munozcoloma@yahoo.com Artículo aparecido en la sección «La Casa de Asterión» ESCÁNER CULTURAL Revista Virtual de Arte Contemporáneo y Nuevas Vanguardias N° 84 - Junio de 2006

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Estaba a punto de sentarme a la mesa con Huidobro, Neruda y De Rokha cuando una silueta en la ventana me conmocionó, me acerqué lo que más pude a ella (en esta casa las ventanas son inexpugnables, incluso desde adentro) y descubrí la imagen de un hombre calvo que me sonreía con una tranquilidad tal que me intranquilizó. Era Francisco Copello, vestido de blanco, con su mirada suave recortado, entre el rojizo de los álamos. Lo increíble es que estaba vestido de Francisco Copello, era él, en su último viaje (esta casa está a medio camino de todo) y me venía decir adiós. Tuve la urgencia de disculparme y dejar a mis invitados en la mesa, y les serví unas copas de vino mientras se lanzaban 3


miradas con aroma a pólvora. Salí a buscar a Copello, pero cuando volví a la ventana ya no estaba. Pensé en él, en los titulares de los periódicos de este país (Chile): «Murió Francisco Copello, era una artista... y famoso». Pensé a través de él en todos los artistas de este país, en esos que se parten el lomo para poder trabajar y que son mirados como bichos raros hasta que logran un poco de relevancia, transformándose en bichos raros que valen la pena, para exponerlos en alguna colección. Copello fue uno de ellos y como tal fue tratado como se merecía... con la frialdad que sólo se logra con una buena sobredosis de ignorancia. Copello fue un loco dicen algunos, un loco lindo, otros, un marica, un artista integral, un performer, un bailarín, un mimo, un grabador, un visionario, el primer chileno que realizó performances, en 1968, etc... existen muchos adjetivos para referirse a él, pero no hay mejor manera que ver su obra, por sobre todas las cosas, honesta (la honestidad en el arte es vital).

Un rubio con rulitos que viaja en sentido contrario Francisco Copello Norero nació en el seno de una familia italiana, en Santiago de Chile, el 21 de mayo de 1938. Su infancia fue casi como la de todos los niños capitalinos acomodados de la época, algunos juegos y un poco de deporte. Pero en Francisco había cosas que lo diferenciaban profundamente del resto. Este niñito de rulitos rubios se ausentaba con persistencia de la realidad y de sí mismo por tremendos lapsos de tiempo. A veces daba la impresión que 4


no necesitaba de nadie y de nada para ser feliz, sus ojos íntimos y cristalinos se perdían en el horizonte mientras dibujaba con la mirada las formas de las nubes o simplemente se hipnotizaba con las sombras que proyectaban las casas o los árboles contra los adoquines. En el almuerzo familiar quedaba sumido en la música que la gran Westinghouse modelo 697X ofrecía, transportándose a su refugio mental que lo acompañaría hasta los últimos momentos de su vida, mientras tanto los macarrones, los espaguetis o los tallarines se enfriaban con rapidez, estos platos también lo acompañarían para siempre, de hecho su sabor poseían el recuerdo inconfundible de su infancia, ya que su familia se mantenía gracias a una fábrica de pastas en la capital chilena.

Francisco Copello. Fotografías de Giuliana Traverso. 1977

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Los años pasaron y el arte llamó a Copello, como lo hace siempre, con violencia inusitada, como queriendo morder a su próxima víctima, con esa mordida dulce que termina transformando a las personas en verdaderos adictos con niveles demenciales a su sabor. Francisco partió con el dibujo y como consecuencia (casi) lógica pasó al grabado. Cuando los chilenos se preparaban para disfrutar de la gran fiesta del deporte mundial, léase Mundial de Fútbol de 1962 realizado en el país, Francisco preparaba sus maletas y partía con todas sus petacas rumbo a Florencia, Italia, a la Academia de Bellas Artes. Hay que señalar que sus maletas estaban llenas de ropas masculinas y de las otras porque desde adolescente le gustó travestirse y participar del glamour pro kitsch. Mientras todos venían a Chile él viajaba en sentido contrario, como lo hizo el resto de su vida, nunca con la corriente. Su estadía en Italia se extiende hasta el año 1966, momento en el que recibe el Diploma Academia de Bellas Artes de Florencia. Aunque ya había participado en su primera exposición colectiva en la Galería dl Arte y del Diseño de Florencia, es en el año 1964 cuando realiza su primera exposición individual en el país, en el Instituto ChilenoItaliano de Cultura de la capital chilena, está muestra perfiló contradictorios comentarios de los amantes del arte (y de los que no la aman), en fin, Copello comienza a tener relevancia en el circuito del arte. Con 28 años a cuestas se traslada a la ciudad de Nueva York a perfeccionarse en la línea del grabado en el Pratt Graphic Center, donde estudiaría por el período de un año, desde 1967 a 1968, iniciándose en el grabado en metal, cuestión que le facilitaba el dibujo 6


de paisajes y elementos geométricos que le interesaban de sobremanera en ese tiempo. Luego pasó a dirigir el afamado Studio 69, entre los años 1969 y 1972. Esta instancia para el arte la fundó junto al músico-artista Fernando Torm, en ella se desarrollaban trabajos experimentales relacionados con el grabado, el collage, la música moderna y, por cierto, el Body-Art, disciplina que comenzará a desarrollar con una pasión rabiosa y a la cual dedicará gran parte de su vida (casi toda). Después mezclaría su trabajo corporal y de artista «libre» con un trabajo en la Editorial Brook Alexander donde se dedicaría a la producción de grabados a partir de los dibujos realizados por el artista expresionista abstracto norteamericano Adolf Gottlieb. Participó en las colectivas de la Galería de Arte y Diseño de Florencia en 1966, en la galería Cegrí de Nueva York en 1968, en Fairleigh Dickenson University, Tenton Museum de Nueva York, en la Galería Alonzo y en el International Theatre Playgroup de la mencionada ciudad yankee, en 1969.

The last super calendar. Grabado de Francisco Copello. 1973. 7


Haciéndose cargo de su pasión por el cuerpo como objeto y sujeto del arte y como elemento primordial y único de la creación, comienza a estudiar danza con la coreógrafa Laura Dean y a inmiscuirse en cuestiones teatrales, llegando a participar en las primeras puestas en escena del artista Robert Wilson en su Teatro de la Visiones quien ya había trabajado en algunas performances. El propio Copello señala que Wilson lo sacó de su encierro y lo llevó a su «Escuela de pájaros» donde agrupaba a actores y bailarines en trabajos relacionados con el cuerpo, esto fue entre los años 1971 y 1972. Acá puso como motivos centrales de sus trabajos el dolor, la represión y lo terrible de lo bello. En este período recibió los premios New York Council on the Arts (1971) y Nicolás Copérnico en Cracovia, Polonia (1972). También realizó exposiciones individuales en la Galería Harry Lunn de Washington, Galería Pecanis de México y en Nueva York en 1970; en el Studio F de Nueva York en 1971 y en el Instituto Chileno-Francés de Cultura de Valparaíso en 1973. Al igual que en las Bienales de Grabado de Santiago de Chile (1968 y 1972), en la de París (1969-1972) y en la de San Juan de Puerto Rico (1970-1972). En 1974 el viejo continente lo requiere y viceversa, y decide nuevamente estacionarse en Italia, ahora ya, cargado con una maleta repleta de experiencia se integra inmediatamente al circuito del Body-Art europeo y comienza a trabajar de profesor de Arte Corporal en diferentes escuelas, como la Escuela de Leona Le Visconte del Teatro Dell’Elfo. En esta época incorpora de manera, casi santa, el registro en su creación, en sus puestas en escena, es así que sus trabajos fueron fotografiados por artistas de la vanguardia europea, 8


como Guiseppe Pino, Giovanna del Magro, Mauricio Buscarino y Guilina Traverso. También organiza performances y happenings en la Escuela de Arte Paul Klee e interpreta pantomimas en le Teatro de la Ópera de Génova. Luego expondría de manera individual en el Museo Municipal de Guayaquil, Ecuador en 1976, en la Galería Arte/Verso de Génova, Italia en 1977 y en el Museo Latinoamericano de Grabado de San Juan de Puerto Rico en 1978. Y participa en las Bienales de Viena (1972), Florencia (1972, 1974 y 1976), Noruega (1972 y 1976), Sao Paulo (1973), Cracovia, Polonia (1976), de Bradford, Inglaterra (1977) y en la de Liubijana, Yugoslavia (1977).

El mimo y la bandera. Registro fotográfico de 1975.

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Hay que señalar, también que en su vida neoyorkina comienza a frecuentar a Andy Warhol, quien le solicita una serie de videos experimentales. De esta relación, entre el homo shilensis y el hombre de la peluca platinada, saldrían una serie de registros extermadamente under (casi todos desaparecidos hasta el día de hoy), ahora de culto, como cámaras escondidas en el taller de Warhol, conocido como The Factory, ubicado en el 231 de la calle 47 Este, mientras se realizaban encuentros y fiestecillas al amparo de algunas sustancias alucinógenas. Es que The Factory reunía a «bestias» del arte y de la bohemia neoyorkina, con un firme carácter libertario y permisivo, en el cual caían innumerables personas que nada tenía que ver con el arte, pero que se contentaban con estar ahí, bajo esas circunstancias, Warhol y Copello realizaron estos registros. También trabajaron en un video del grupo de rock, The Cars (en su mejor época). Nueva York se transforma en su hogar, las luces, el glamour y la sobredosis de arte hacen que Copello lance el ancla por unos años en la ciudad. Por la 5ta Avenida se le va pasear, reírse a carcajadas y emprender el vuelo con alguno de sus amigos tomado del brazo, mientras lleva una coqueta bufanda de plumas rosa flameando al viento. La calidad de los trabajos de Francisco está en su pick, su rigurosidad en el grabado, particularmente en la impresión hacen que decida fundar el Taller de Impresiones Frank Copello Print Shop, el cual estará encargado de realizar las ediciones de grabados de artistas contemporáneos de primer orden como Wifredo Lam, Sandro Chia, Mark Kostabi, Paul Jenkins, Stanley Boxer, Rainer Fetting y el mismísimo Robert Rauschenbreg, entre muchos otros. En ese momento no se 10


puede negar que Nueva York era Nueva York y que Copello era Copello, y la ciudad de la luces de neón era el lugar ideal para ir y llegaron todos... más admiradores para él. Ya en entre los años 1986 y 1995 formó parte del American Mime Theatre de Nueva York, dirigido por Paul Curtis. Sus obras viajaron a la Galería Diaframma-Canon de Milán, Italia en 1990; al Castillo Teathre Center of the Arts de Nueva York en 1995 y a la Galería del Grabado de Santiago de Chile, donde ya cansado de tanto viaje (ese que iniciara hace 34 años) decide quedarse en el terruño y establecerse nuevamente al centro de la apatía, en 1996. También participó, en este período, en colectivas como Mail Art de la Universidad de Sao Paulo, Brasil en 1981; Arte in Vila en Vila Pasole a Pavadena en Feltre, Italia en 1993; en la Bienal de Johannesburgo, Sud África en 1995 y en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile en 1995, también.

De vuelta al terruño En Chile comienza a desempeñar la docencia de las asignaturas de Grabado y Body-Art en la Facultad de Artes Visuales de la Universidad de Chile. También de la asignatura de Movimiento en la Facultad de Teatro en la misma casa de estudios y en la Universidad ARCIS. En 1997 recibe el Premio de la Crítica de Arte en mérito de las exposiciones realizadas en el Museo Contemporáneo y en la Corporación Cultural de La Condes. Por un tiempo deja de realizar sus presentaciones porque no tiene el espacio necesario y acá, en su país, casi no se le conoce, además quiere dedicarse un 11


rato a estampar en letras su experiencia, como él dijo alguna vez: «Yo ya había hecho de todo en Europa y New York. Ya no quería seguir haciendo lo mismo. Trabajé con gente interesante, me pagaban bien y lo pasaba bien. Entonces acá tenía que hacer otra cosa y por eso decidí escribir». Copello llevó una rigurosidad en su vida casi enfermiza, tuvo rituales, como él los llamó, que no pudo abandonar, principalmente con su motor de trabajo, su cuerpo. Su rutina diaria partía a las 6 de la mañana aproximadamente, luego una sesión de ejercicios de estiramiento y de purificación, como también señalaba, por dentro y por fuera. Aunque nunca fue gordo, de hecho los últimos 40 años de su vida pesó 65 kilos, con 1 metro y 76 cm de altura, se cuidó y nunca comió mucho y su dieta la intentó mantener equilibrada, también prescindió de las carnes rojas. Luego de los ejercicios una ducha con agua caliente, muy caliente, para limpiarse los poros y para proseguir con mucho aceite emulsionado, por todo el cuerpo, siempre marca Simond’s. Terminaba con sus uñas, unas garras tremendas, como las de Nosferatu, pero con mucho más glamour y maquillaje, seguramente esas uñas estuvieron puestas en muchos cuellos y espaldas varoniles, mientras Copello se imaginaba que era Lana Turner en «El cartero llama dos veces». En Chile Copello hizo suya la bandera de lucha por la reivindicación homosexual y por la creación de una sensibilidad con respecto al Sida en este país pacato. Así incorporó toda su gama de personajes transexuales, atormentados y narcisistas a estas lides, utilizó el arma que mejor manejaba, su cuerpo, a través de la performance que era para él «una liberación y una provocación. Un collage 12


de muchas cosas... La performance es un acto de provocación que quiere producir quiebres y cambios. La pieza final es el resultado de la carga personal que le imprima el sello o la característica».

Francisco Copello. Fotografía de Mauricio Buscarino. 1977.

Aún recuerdo haberlo visto en la Universidad de Concepción, por allá por enero de 2004, en el marco de la Escuela de Verano de esa institución, ahí presentó la performance EL YO DIVIDIDO, que era como una síntesis de la trilogía LA LOCURA (pieza preparada originalmente para ser presentada en el Museo Nacional de Bellas Arte en 1973 y que a la larga tuvo que suspender), EL MIMO Y LA BANDERA (como él mencionó por ahí: «una trágica pantomima alrededor de la bandera chilena manchada de sangre, en que velos, cuerpo y bandera dan impulso a un acumularse de sentimientos y reflexiones sobre una condición humana desesperada»), 13


ésta fue la primera obra que Copello desarrolló en Europa, en ella se transforma en un cóndor desnudo y patriota, o psicopatriota como a él le gustaba decirse, y EL VIAJE (en el que se sumerge en la dinámica y constante del cambio, maquillado con elementos pop y psicodélicos). Lo acompañó con algunas imágenes el videísta Claudio Rojas. La verdad es que en cada obra de Copello se podía apreciar lo andrógino, la muerte, la autorreferencia, la audacia, no sólo corporal, sino visual, que al cabo de unos momentos inundaba todo el paisaje, transformándose en el único paisaje. Él, calvo, parado inmóvil, erecto, como un faro en medio del oleaje de la ignorancia, como planeando cada movimiento, preciso, certero, cargado de belleza para colmarlo todo, y convertir el espacio en el mundo, en el cielo y, evidentemente, en el infierno también (ahí está la gracia). Él siempre estuvo consciente de que todo gesto para el espectador era significativo y los suyos tenían un peso inconmensurable en su significación, por eso su gesto estuvo lleno de poesía y lirismo, y manejó los ritmos como un afilador de tijeras.

Las autoprofecías del cielo y del infierno En el año 2005 participó en la película chilena Play dirigida por Alicia Scherson, en ella interpreta a un extranjero moribundo, que a la larga fallece entre las luces de las cámaras y de los focos preparados para la ocasión, en el fondo esta película se transforma, para él, en el gran ensayo general de los sucesos futuros. 14


El día jueves 18 de mayo de 2006 se inauguraba la exposición «Lo mejor de Copello» en el Campus Santiago de la Universidad de Talca (hasta el 30 de junio), pero su estado de salud empeoraba silenciosamente, su cuerpo digno de mil batallas, de tremendas puestas en escena, de transmutador de estados, ya no pudo más, colapsando por un schok séptico (hasta parece nombre de una de sus performances), falleciendo a los 68 años de edad, el día viernes 12 de mayo de 2006, a las 21.00 horas, en el Hospital de El Salvador, lugar donde había ingresado 10 días antes. Hasta ahí llegaba la vida este artista que lentamente se transformó en un maestro de culto, creador de performances y acciones tan recordadas (sólo por algunos) como VOGUE, WARHOLA, EL MIMO Y LA BANDERA, ESMERALDA, EL VIAJE, MISA NEGRA, RAZONES DE FAMILIA, ESTELAR: NECESITO CONTAR BILLETES MIENTRAS CANTO, LA ÚLTIMA CENA, donde tras una mesa de acrílico transparente se presenta tomando la pose de todos lo concurrentes de la comilona del famoso cuadro de Leonardo. También publicó una edición xerográfica de TEORÍA Y PANTOMIMA, y el libro FOTOGRAFÍA DE PERFORMANCE (2002), y creó un sinnúmero de pinturas, grabados y collages. Su obra está representada en: Museum of Modern Art, Nueva York; The Brooklin Museum, Brooklin, Nueva York; Trenton Museum, Trenton, Nueva Jersey; Everson Museum, Syracuse, Nueva York; Sheldon Memorial Gallery, Lincoln, Nebraska; Bibliotheque Nationale, Paris, Francia; Museo de Arte Contemporáneo, Ciudad de México; Museo de Arte Contemporáneo, Santiago de Chile; New York Public Library, 15


Nueva York; The Library of Congress, Washington, Estados Unidos; Museo de Arte Contemporáneo, Sao Paulo, Brasil; Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Santiago, Chile. Y sus exposiciones y presentaciones, también, se pasearon por las ciudades de Oslo, Valparaíso, Viña del Mar, Concepción, Nueva Jersey, Montevideo, Lima, Buenos Aires, Madrid, Bucarest, Roma, Ferrara y Antwerp.

Libro publicado en 2002 por Ocho Libros Editores.

Luego vinieron los homenajes y los recuerdos, como siempre y como es de esperarse... inclusive en el 1er Ciclo de Documentales y Cortometrajes enmarcados en las actividades del Mes del Patrimonio en el MNBA (Museo Nacional de Bellas Artes), se exhibieron dos películas en homenaje a él, el día miércoles 17 de mayo, «The chilean boy» (2002) del director Claudio Rojas y «Hello again» (2005) de Claudio Marcone, en el que Copello anuncia su propia muerte mientras recorre Santiago en una carroza blanca. El día 13 de mayo, su cuerpo lleno de anhelos y de aceite emulsionado fue depositado en la tierra que lo recibió como a un hijo que hace mucho tiempo partió y que sus hermanos sólo supieron de él a raíz de su muerte. 16


Este artista automarginado y aislado al mismo tiempo, hoy pasa por esta casa y yo me apresuro para salir y dedicarle algunas palabras, pero sólo lo veo a la distancia, él con su traje blanco, tan poco santo, con el velo cubriéndole la cara, con un ramo de rosas rojas en su mano derecha y arrastrando su cola interminable en las hojas secas. Se aleja por la alameda, pensando en su madre y yo creo escuchar en la lejanía: ... «soy una diva loca que me he liberado de todos mis traumas» (como solía decir) y de fondo el tronar de los árboles entona una musiquita en su honor: «Blanca y radiante va la novia...» Fuentes: - www.artistasplasticoschilenos.cl - www.portaldelarte.cl - Artículo «Transformer optimus play: Francisco Copello, déjame tocarte». Andrea Lagos. http://www.ulibros.cl/entrevistas/francisco_copello.htm - «El maestro Copello regresó al útero eterno». http://pusmodernida.blogspot.com - Artículo «Performance: arte y secuela». Ximena Cortés Oñate. Diario El Sur de Concepción. - Artículo «El cuerpo como maniquí». Ximena Cortés Oñate. Diario El Sur de Concepción. - Copello, Francisco. Museo de la Solidaridad Salvador Allende. www.mssa.cl. - Artículo «Trabajar con el movimiento requiere disciplina y trabajo. Entrevista a Francisco Copello». Revista electrónica Red Circle. http://www.canon.cl/canon/html/corporativo/red_circle.htm Agradicimiento: - A María Eugenia Godoy por revisar este texto. 17


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Revista AA06