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VÉRTIGO DE SOMBRAS Alicia Acosta

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“Soledad mía, donde tienes enterrado mi deseo” René Char

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INCENDIO DEL AMOR Y SUS CENIZAS

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I

ÂżCuĂĄntas veces finge el tiempo, detener el instante que el amor inventa?

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II

Envuelto en membrana de la atmósfera, con puntualidad del Sol –sin requerirlo– el amor estaba ahí, en una de sus cumbres confirmando audiencia. Hebras luminosas amarradas al temblor del impulso, sostenían entramados del alma. Desgasté soledad, bebí en copa de nube todo el silencio añejado de la Luna. ¿Sucumbir ante el crepúsculo de vehemencia? . . . inevitable ¡ardió hasta mi sombra!

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III

Eros construyó nido en solar de espuma y viento; bendijo auroras con zumo de poesía. Al sacudir ramajes de privilegio, cayeron semillas germinadas; –habrá racimos de abundancia con frutos convocados al deseo– En hoguera crepitante, hacía reclamos con ambición sin límites. ¿Pagar el precio de su inextinguible demanda? –el alma no escatima, en esta inversión–

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IV

Erotismo, sensualildad, movieron engranaje del Cosmos y el relámpago electrizó sentidos en turbulencia química. Remolino de horas en telaraña de besos; girasoles en atisbo del alba. El amor en la cumbre, derramaba vida.

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V

Llegó con aroma de besos iluminados en su boca; huella de pasión en el ojal del alma. Venía del albergue que habita el misterio y filtra el amor; de madrigueras donde duerme tranquilo el polvo de los astros. Bordeando márgenes de melancolía, en cumbres del ocaso, buscaba asilo en el núcleo de esperanza. Y con todo lo que llegó, gotas de luz movieron las manecillas del tiempo.

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VI

Desde la cima donde me posé, límites del tiempo quemaron mis alas. En el confín del anhelo, Eros escribía una página mas de su gloria.

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VII

El llanto del amor goteaba encantos alimentándose de mi savia y protegido en mi regazo, afirmó sus raíces. Adherido a mi piel crecía tanto, que pudo romper las fibras del alma. No quiero escuchar su llanto de dolor cortando la existencia al envejecer, marchitarse y morir.

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VIII

El amor, pendiente de un h i l o en algĂşn momento c a e r ĂĄ al abismo

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VÉRTIGO DE SOMBRAS

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IX

Errante vuelo de sombras, latir sonรกmbulo de grietas. Humo de silencio en recipiente de esperanza. Aroma que seduce sentidos y colorea muros desgastados del alma. No basta el consuelo, una lรกgrima ...no libera.

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X

El vuelo callado de sombras, invade muros de la noche; –intenta reconstruir recuerdos– Derrama el amor su fragancia invadiendo vacíos. A cielo raso... ¡crucifica el alma!

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XI

El jueves se mira al espejo y da salida al miércoles de abandono. En efemérides, cubre el amor mentiras, con faltas de ortografía y acentos de engaño. El viernes se mira al espejo y da salida al sábado y su cortejo fúnebre con cenizas del amor. 15


XII

Del brazo de la noche encanecida, van las sombras del amor tras el grito azul, de la llama del olvido, sin poder falsificar recuerdos. La esperanza lleva en su baúl una promesa que robó del escaparate de sueños, y una maraña de poemas que tenía entre sus manos el amanecer. Por la curva de la Luna, anhelos con vaina invisible retoman el hueco deshabitado del tiempo, y el mágico dominio del silencio. La soledad invadida de palabras –plena de poesía– flota en río de llanto.

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XIII

Aún no termino de beberme el día, y la tarde altera el rumbo de mi itinerario. Sin brújula ni llave del tiempo, extravío el paso. Sin manzana ni serpiente no coincido con Eva, en memoria de los siglos. Con la vida cubierta de presagios, me exilio en rincones del azar.

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XIV

Con alas de luciĂŠrnaga, voy en busca del lugar donde olvidĂŠ mi sombra. PĂĄginas que garabatea el olvido, quebrantan leyes. Tropiezo con dudas, rostros sin tiempo y briznas de amor recorriendo caminos. Desgrano cuentas del rosario de minutos y me vuelvo soplo de un recuerdo.

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XV

Saturada de tiempo frente al espejo hilvano horas en la tarde desteñida; tu rostro untado de recuerdos, –sin voz– llega al fondo de mi duelo.

Llega al fondo de mi duelo –sin voz– tu rostro untado de recuerdos, en la tarde desteñida; hilvano horas frente al espejo saturada de tiempo.

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“Soledad mía, donde tienes enterrado mi deseo” René Char

XVI

Para evaporar tu perfume del ropaje de mi ser, humedecí mi alma en la niebla de la noche y recuperé mi aroma. Perdido el amor en violenta expulsión de su morada, no es cualquier cosa que el alma navegue en agua en deshielo.

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XVII

La soledad, at贸nita, mora en su laberinto. Cuelgan de su perchero, recuerdos en racimo. Por sus grietas se filtra el eco, llenando vac铆os. Tu rostro sin tiempo se pierde en la noche, como se fue tu voz y se borr贸 tu nombre.

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XVIII

Entra la soledad a mi alcoba, se desnuda y se posesiona de mi lecho –procuro no tocarla– Adherida al hueco de la noche, derrama zumo enardecido en atmósfera llameante. Aflora urdimbres, endurece horas, agolpa sangre en provocación de tinieblas y en un pedazo del tiempo liso, inmóvil, encadena vida en indescifrable efemérides. La soledad crece en la madrugada y no logro seducirla; desde entrañas del silencio, sin óbice, agiganta su poder y... ¡me derrumba!

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XIX

En soledad esculpida a pulso, agiganto briznas de recuerdos; ovillo de sueños colma la cárcel del tiempo, que implacable se acumula. En surcos de abandono siembro olvido –florecen rosas de ceniza– El espejo que destila mercurio, me devuelve la sombra de amor ...que me heredaste.

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XX

Con sorbos de niebla que saben a gente de ciudad, borro la silueta del amor y de un solo trago me bebo la magia, que encierra la soledad. Con sorbos de madrugada y aroma de quietud, borro litorales de pasión. Motín de preguntas donde el aire dobla su orilla ¿Cómo pude acumular tiempo? Abro el baúl de sueños y los puntos suspensivos asoman a mis ojos. Cuántas interrogantes y admiraciones y... un punto y aparte, para seguir acumulando tiempo.

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XXI

Sin inmutarme con pugnas del silencio, soy trozo de vida en despliegue de horizontes; hálito cautivo en espejo de agua. Si a la rutina le brotan cardos y la noche no tiene cabida para más insomnios, ignoraré... ¡todo! hasta la mirada que estorba en la ventana abierta del mundo, para ser tiempo a sorbos, indulgencia del pecado en cicatriz de la noche; lágrima en el fondo del mar, con clamor de carne.

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Vértigo de sombras  
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