Skip to main content

Hacoaj, Vivir en Felicidad n° 20

Page 22

regalo el club. Después conocí a Osvaldo, que era mi técnico de Quinta División. Más tarde compartí el vestuario de primera y hoy somos amigos, gracias al club.

Hacoaj: Toda una vida La primera vez que entré al Tigre fue de la mano de un amigo de mi papá, compañero de fútbol de él, Mario Goldman, que siempre me decía “Hacoaj te va a gustar”. Nueve años tenía y fui para jugar un torneo de siete contra siete.

La cancha era la que estaba dentro de la pista de atletismo y lo organizaba un tal Juan Ofman que miraba todo y lo vivía con una intensidad y una pasión increíbles. Juan organizaba todo y armaba entrenamientos sábados y domingos. Siempre estaba. Cuando llegué al primer partido me presentaron a Miki entre mis compañeros. Hoy es un hermano que me regaló Hacoaj. Los que jugaban el torneo, y querían, podían participar de los amistosos. Fue ahí que me puse la camiseta del club por primera vez. Enorme, azul, con el escudo de los remos. Jamás voy a olvidar de ese día. Porque fue una emoción inmensa y porque, de la formación de ese día, gran parte jugamos juntos en Infantiles, Juveniles, Primera y Veteranos. Compartí la vida con ellos, y hoy nos encuentra a todos jugando el torneo interno, en Old Boys, con nuestros hijos, como parte del equipo, en la etapa en que juntamos más jugadores para el asado que para el partido. Este grupo también me lo 22

Los viajes, los torneos jugados, los que se sumaban, los que dejaban de jugar pero seguían viniendo a comer, las anécdotas repetidas hasta el cansancio… Y algunos golpes que nos da la vida, como pasar por la enfermedad de alguno que salió gracias a su coraje admirable lo que nos enseñó a todos a pelearla. Sin dejar de jugar y era el club el que nos unía más. Pasé por mi etapa de técnico, de los chicos hasta que llegaron a Primera, un grupo fantástico que hasta el día de hoy los sigo viendo y me siento orgulloso de haber aportado algo a esas buenas personas. Como papá me tocó compartir la platea con otros papás y entablar amistades con gente que no era desconocida. Por ejemplo Víctor, un nueve goleador que derivó en basquetbolista. O con Juan, un papá nuevo que trajo a su hijo a jugar. O Darío, un falso campeón de tute, con el que ahora comparto las vacaciones, porque el club nos unió. Hubo un tiempo de probar un country o ir a otro club, con el que mi esposa estaba más identificada. Pero no pude… Era más fuerte que yo. Quería volver a mi Hacoaj donde sé quién es quién y qué deporte hace cada uno. Hoy soy voluntario. Colaboro con mi tiempo y trato de aportar ideas que sirvan para que Hacoaj crezca, y ayudo en lo que me pidan. Soy papá de tres deportistas del club, que están viviendo el mismo proceso que el mío. Despacio, y en silencio, Hacoaj se encarga de que formen su grupo de pertenencia y encuentren a sus amigos de la vida. Después de todo lo que viví y encontré en nuestro club, no hago mas que confirmar que es más que un club. Es mi casa. Mariano Chemaya Socio N° 33451


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook