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Las escritoras Vania Vargas y Carmen Lucía Alvarado, fundadoras de la Revista Luna Park, nos llevan a conocer un movimiento cultural gestado en la ciudad de Quetzaltenango y dirigido por gente joven que ha revitalizado el concepto de arte y cultura en dicha ciudad. Publicaciones, lecturas, galerías, talleres; son sólo algunas de las actividades que llenan la agenda de esta ciudad. Hoy, Quezaltenango no es un lugar ajeno a corrientes artísticas. El trabajo no ha sido fácil, mucho menos inmediato, sin ayuda institucional, enfrentándose a una sociedad conservadora, abriendo sus propios espacios... El movimiento cultural quetzalteco ha dejado ya evidencias en cientos de ciudadanos, de que asistir a una lectura, leer artículos sobre arte, disfrutar de una puesta en escena o apreciar una galería, no son cosas de otro mundo. Hoy el mundo sabe que la cuna de la cultura, si está en

Xela… Aquí, un acercamiento a quienes hicieron posible el resurgimiento del movimiento artístico en Quetzaltenango. Acsa, 15 años de teatro Débora García es una mujer que sabe de teatro, tiene paciencia y no se deja vencer. Su grupo de teatro ACSA acaba de cumplir 15 años de actividades. Lo celebraron con un festival navideño que duró tres días y que agrupó artistas de las tablas como la gente de la UP, Alexis Cuentacuentos, y el grupo Mujeres de Xela, entre otros. El secreto de la permanencia, aparte de la fe y la constancia, parece ser ese deseo de incidir en la sociedad, no sólo a través de sus obras, sino de la búsqueda y formación de nuevos talentos, mediante cursos de vacaciones y talleres de preparación actoral, de donde han salido las diversas generaciones que han conformado el grupo, incluida la actual, en la que trabajan Gabriela Méndez, Dorian Turnil, José Luis López, Astrid Hernández, Ever Méndez y Giovanni Gómez, todos bajo la dirección técnico artística de García desde el 2006. Juntos han llevado a las tablas una serie de obras infantiles, para jóvenes y adultos que se han presentado no solamente en Quetzaltenango, sino, además, en países como Cuba, España, Francia, México y a lo largo de Centroamérica. La más reciente de ellas fue en El Salvador durante el Festival Internacional de Teatro Infantil, FITI, donde se


presentó, en ocho oportunidades, la obra “El barrilete que quería llegar a la luna”. Actualmente el trabajo continúa, tienen nuevos proyectos, muchas ganas de experimentar, de integrarse con los colectivos quetzaltecos, hacer su gira nacional y seguir luchando para hacer lo que les gusta: soñar y actuar. Armadillo y su teatrino viajero El 2009 ha sido un gran año para el Teatro de Títeres Armadillo. La Fundación Ford Motor Company les otorgó un premio a la conservación de la Herencia Cultural por el desarrollo y fomento de historias a través de los títeres. Parte del premio se traduce en el financiamiento que habían estado esperando para la realización de "Ixquic y el árbol de la vida". Una historia extraída del Popol Vuh, la cual se perfila como la más reciente puesta en escena de Armadillo, prevista para estrenarse en el mes de noviembre próximo. La historia se desarrolla en Xibalbá, el mundo subterráneo, y gira alrededor de un frondoso árbol de calaveras (irónicamente el árbol de la vida). Sin embargo, este, si bien, es uno de los reconocimientos más importantes, solo viene a sumarse a una serie de éxitos, equivalentes a la cantidad de proyectos y actividades que han realizado estos jóvenes quetzaltecos en toda Guatemala y en el extranjero; solos y en compañía de otros colectivos, como Casa Noj, con quienes trabajaron el ciclo formativo de teatro que llegó a su tercera edición. Su objetivo: formar módulos de investigación sobre áreas especificas: dramaturgia, escenografía, luminotecnia, uso de máscara y performance. Cursos impartidos por profesionales invitados que están colaborando con el proyecto. Teatro Artzénico es otro de los colectivos que se ha unido a Armadillo para llevar a cabo el Festival Gran Teatrito, que también llega este año a su tercera edición, y fue creado para tomar los espacios públicos de la ciudad y transformarlos en escenarios que ofrecen una agenda variada de espectáculos simultáneos, dirigidos

a todos los públicos. Un trabajo teatral admirable, no sólo por su capacidad de movimiento, de gestión, de formación, sino porque, además, habla del gran compromiso que estos jóvenes tienen, no solo con el arte, sino con su socialización y la formación de nuevos talentos. Revista Luna Park: arte y literatura guatemalteca en la red Han pasado dos años desde el día en que apareció el primer número virtual de Revista Luna Park. Un proyecto que nació garabateado sobre la servilleta de un McDonalds y que se hizo realidad en agosto de 2007. Su nombre surge del primer poemario del escritor guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, Luna Park; una serie de diez poemas escritos cuando él tenía 19 años y que son la manifestación pura de la vanguardia: la innovación, la ruptura del verso tradicional, la intensidad vital que se perciben a lo largo del poemario y que constituyeron los pilares sobre los cuales se quería trabajar. A partir de esa fecha, todos los primeros de cada mes, se puede encontrar un número distinto en el que se le da espacio a plumas jóvenes nacionales para que escriban acerca de literatura guatemalteca, reportajes, los libros que están leyendo, la música que les gusta, las películas que los han marcado, y compartan con los lectores virtuales su trabajo fotográfico y de diseño. La idea era, no solo, darle un espacio a la gente joven que no podía tener uno en los periódicos nacionales: jóvenes escritores, grandes lectores, estudiantes de letras y arte: sino, además, poner sus interpretaciones del arte guatemalteco al alcance de estudiantes, gente interesada


17 en el arte y literatura, que de una u otra forma podía encontrar lo que necesitaba explorando la red. En principio, el proyecto estaba diseñado para la gente de Quetzaltenango. Sin embargo, las posibilidades del Internet son ilimitadas, y el proyecto empezó a ser comentado y visitado por gente de la capital y de otros países. En la actualidad ya se prepara la edición número 26 que podrá ser consultada a partir del primero de septiembre en www.revistalunapark.com Metáfora, arte y literatura Hace siete años el movimiento cultural impulsado por jóvenes en la ciudad de Quetzaltenango era nulo. En un contexto manejado por las corrientes artísticas del siglo XIX, en el año 2003 aparece el génesis del ahora grupo Metáfora. El grupo Ritual iniciaba la escena artística de Quetzaltenango, llevando a cabo lecturas, talleres e inyectando una dosis de vitalidad en las letras de la ciudad. De esta forma se realizaron los dos primeros Festivales Internacionales de Poesía, en 2003 y 2004. Metáfora reactiva las actividades que el desaparecido grupo Ritual había iniciado, con la mayoría de sus integrantes y con los objetivos más claros. Así desde el año 2007 realizaron tres festivales internacionales con la presencia de poetas reconocidos como Eugene Evtuchenko de Rusia, Ahmad Al Shahawy de Egipto, Sul Ibargoyen de Uruguay, Ernesto Carrión de Ecuador, Silvia Favaretto de Italia; entre muchos otros. Metáfora mantiene actividades literarias en la ciudad, a través del constante contacto con las corrientes más innovadoras en el resto del mundo, dando a conocer escritores y tendencias contemporáneas en el arte. El grupo Metáfora trabaja en hacer crecer y fortalecer el Festival Internacional de Poesía, y en la creación de un espacio permanente en el que el arte pueda ser un común denominador en la sociedad quetzalteca. Actualmente organizan el VI festival de poesía “Los del viento” dedicado a la poeta guatemalteca Isabel de los Ángeles Ruano. Centro Cultural Augusto Monterroso Fundado en abril de este año, el Centro Cultural Augusto Monterroso, nace para promover la actividad cultural y artística de la ciudad y busca ser autosostenible, valiéndose de una escuela de español, un café (Café TITO) y un gimnasio de yoga. Con este mecanismo de autosostenibilidad, en cuatros meses, el centro cultural ha logrado sus objetivos, pues dentro de sus instalaciones se han realizado ya varias actividades como: lecturas de poesía, exposiciones, presentaciones de teatro, talleres, etc. Casa Noj, arte y cultura En el año 2007 se crea el Consejo de la cultura de Quetzaltenango conformado por varios representantes de la sociedad civil, con el afán de dar una mejor calidad de vida a los ciudadanos a través de la descentralización de la cultura. De esta manera se propone utilizar la casa

conocida como Antigua Gobernación o Casa de Manuel Estrada Cabrera, para reivindicar la cultura. Otorgaron un presupuesto semilla para impulsar el trabajo que buscaría su propia sostenibilidad. Así, en febrero del año 2008, la que fuera la casa de un dictador se convierte en Casa Noj-arte y cultura en Xelajú. El nombre hace referencia a la multiculturalidad del municipio y a la necesidad de mejorar las relaciones de convivencia de la sociedad quetzalteca. Estos objetivos se buscaban alcanzar valiéndose de las propuestas del arte contemporáneo, dándole un espacio para poder presentarse, con galerías, espacios para lecturas, talleres y todo tipo de contacto que la sociedad pueda tener con el arte. La casa Noj maneja una agenda muy fuerte en la que se ven involucrados todos los colectivos artísticos y culturales de Quetzaltenango, la cual han denominado “Xela ciudad de la imaginación” y se compone básicamente por los festivales que cada uno de los colectivos realiza anualmente. De festival en festival Este año llegó la V edición del Festival Internacional de Poesía titulado "Asalto al cielo" organizado por el colectivo literario Metáfora; este evento reconoce el aporte de la poesía guatemalteca en el concierto literario mundial. Y pronto se realizará el III Festival Cinespacio, que proyecta trabajos visuales producidos en Guatemala y en todo el mundo, entre cortometrajes y largometrajes de muy buen contenido. Éste Festival es organizado por Movimiento Emergente 16-4 y Casa No'j. También a su tercera edición arriba el Gran Festival Teatrito, organizado por el colectivo teatral Armadillo, éste es un evento para el goce artístico, que toma los espacios públicos de la ciudad para transformarlos en escenarios de teatro, ofrece una agenda con variedad de espectáculos que se presentan simultáneamente en distintos puntos y van dirigidos a todos los públicos. El Festival del Absurdo propone que el público descubra emociones y sentimientos en el juego, la lúdica y la creatividad desde lo absurdo, buscando en este descubrimiento el ejercicio de nuevas formas de ejercer ciudadanía y ejercicio político, impulsando la crítica y autocrítica constructiva en relación con nuestro entorno psico-social y político. La llorona S. A., nos seduce con la idea de resucitar los personajes de las leyendas que ahora toman de nuevo las calles de Quetzaltenango, esta vez con un indiscutible toque de modernidad logrado por las instalaciones mecánicas, artísticas, tecnológicas, pero sobre todo, el talento y la creatividad de los artistas involucrados que le dan ese sabor único en el mundo.


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o a ovida rse por och fael Olivares retom ta n e ar en la m s a tr e n d o c a n R e , a n ar r Luego á araíso, pa a reivindic go de Atitl r lp a a la p l V e l n n ú ta e a m n s o año en c r a su para viaja mapuches, un punto : la mochila Ecuador y sus raíces su historia í n e u q y A a . c a ti n s artí rica que después vivió en el lago de e m a o n ti d la Atitlán. Recorrí las avenidas de Santiago y lo encontré la identida Estudiaba Ingeniería Comercial en Valparaíso, hasta que me di cuenta que no me identificaba con ella. Pero para entonces, la misma carrera me había ayudado a ser más consciente respecto a lo mal que estaba planteado el sistema en mi país y en el resto del mundo. Cansado, corté todas las anclas y opté por el autoexilio. Salí, sin tiempo ni rumbo determinado a recorrer Latinoamérica, para abrir mi cabeza a otras culturas, para buscar y tratar de comprender ese “otro” sistema que existe y que las comunidades indígenas reivindican y mantienen. Pasé por Bolivia y Perú, y me detuve por un año en Ecuador, la mitad del tiempo en la amazonía. Después me quedé medio año en un país de gente increíblemente alegre y cariñosa, Colombia. Crucé de Cartagena de Indias a Panamá en un velero y, después de cuatro días de travesía por el mar Caribe, recorrí por tierra toda Centro América hasta llegar a Guatemala y conocer, enamorarme y quedarme en mi amado lago de Atitlán.

Ocho años después El lago de Atitlán me ha dado mucho. De cierta forma es como no haber dejado de viajar durante ocho años. Amor, trabajo, mi hijo y un sinfín de experiencias positivas. Sin embargo, después de tanto tiempo, la fuerza de mis raíces me llamó, como al Cóndor que está hecho para volar, pero debe bajar a comer. Así regresé a Chile. La ansiedad unos días antes del viaje era casi inmanejable, la noche anterior al vuelo no pude dormir. El avión parecía que no llegaba nunca, mi cabeza divagaba entre la incertidumbre de no saber con qué país me encontraría, cómo sería el reencuentro con esa gente y ese lugar dejado hace tanto. En el aeropuerto, cercano a la capital, me esperaba un primo y Pamela, una amiga chilena que conocí en

moderno y ordenado. Esa noche compartimos un Zacapa Centenario conversando sobre Guatemala, mientras veíamos un partido en el que Chile goleó a Bolivia. Como buenos latinoamericanos, en Chile la gente es futbolera; y como buenos sudamericanos, la afición es fiel y fiestera. Así que en mi primera noche sobre la tierra natal, pude contagiarme de la celebración en las calles hasta las 6 de la mañana. En pocas horas continuaría mi viaje, rumbo a mi ciudad. Valparaíso Llegue al abrigo emocional de mi casa, a regalonear y comer de esas cosas ricas que tanto se extrañan estando fuera: sopaipilla, pastel de choclo, humitas y una buena cazuela. Pero los mariscos, los mariscos de Valparaíso, de esos que uno espera en el muelle para comprar nomás llega el barco... para algunos es lo mejor. Me actualicé sobre la movida cultural en la ciudad, muchas veces opacada por la vecina ciudad comercial de Viña del Mar y su famoso, ostentoso y plástico festival. Viejos amigos de la universidad y familiares me presentaron algunos lugares, promotores culturales y artistas. A partir de entonces, por los días que me quedaban en “Valpo”, participé de eventos públicos y privados de música, poesía, teatro, etc. Un lugar especial, muy alternativo y reputado, es el Teatro Mauri. Ubicado en el Cerro Bellavista, guarda una relación histórica con la casa de Pablo Neruda. Ambos edificios fueron construidos al mismo tiempo y por el mismo arquitecto. Las casonas estuvieron unidas por una terraza, arrendada por el poeta entre los años 1962 y 1967, destinada a ser uno de los estudios más prósperos del reconocido artista. Hoy sigue siendo un lugar importante para la actividad en Valparaíso, que convierte al Mauri en un interesante foco cultural. Otro lugar muy importante que no existía cuando me


fui, es el Centro Cultural Ex Cárcel, gran proyecto que empezó a funcionar luego de que, en 1999, cancelaron el edificio como recinto penitenciario, continuando con la historia del patrimonio arquitectónico. Tal es su importancia, que hace tres años el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, autor de emblemáticos edificios de la arquitectura contemporánea en todo el mundo y principal diseñador del plan de urbanización de la moderna ciudad de Brasilia, regaló el diseño para construir un complejo cultural en el sitio. Sin embargo, la población cultural de la ciudad percibió el proyecto –que representaba inversiones millonarias– más como una concesión comercial que como una contribución al esfuerzo de años de varios sectores culturales de la ciudad. Los rumores de que los actuales inquilinos del recinto serían desalojados llegaron mucho antes que los desalojos en sí. Ellos son quienes lograron transformar la función de la antigua cárcel y quienes cuentan con el apoyo generalizado de la población. El proyecto de Niemeyer ha sido desestimado pues los de “Valpo” parecen más convencidos a enorgullecerse de lo propio que a importar estatus en la búsqueda de reconocimientos banales, que puede costarles la autosuficiencia que les ha caracterizado. Para eso está Viña. Otro gestor importante de la cultura porteña es la Red Víctor Jara. En estos y otros espacios se genera mucha de la oferta cultural de la ciudad. Valparaíso está respirando arte y va transformando su historia y los escenarios que la generan, como la plaza Sotomayor, que desde la dictadura estaba destinada exclusivamente para actos militares y ahora es un espacio destinado a la cultura. Mi estadía en Valparaíso coincidió con un festival que presentaba siete escenarios simultáneos en el centro de la ciudad, todas las actividades eran gratuitas. Pero también, fuera de lo institucional, se encuentran artistas callejeros de diferentes disciplinas en diferentes sitios, muchos cercanos a murales que reflejan el espíritu del porteño. Me he dado cuenta de que el gobierno apoya a las manifestaciones artísticas (hasta existe un proyecto denominado “Escuelas de rock”). Muchos artistas trabajan en proyectos con fondos del Estado, lo que permite, a su vez, prevenir a una niñez y juventud en riesgo, y ser capaces de generar líderes

comprometidos. Pueblos mapuches Conversando con una tía, luego de tanto tiempo, y con Dominga, una amiga de ella que me conoce desde niño, traté de explicar Guatemala y el lago, la riqueza cultural de los pueblos mayas y la lucha que mantienen por defender sus derechos y que su voz sea escuchada. Y lo importante que ha sido conocer esa situación para mi desarrollo como persona. Dominga, al escucharme, me habló de mi sangre mapuche y de los movimientos reivindicatorios que empiezan a surgir en Chile. Mi corazón latía fuerte; ahora parecía comprender las motivaciones de mi lucha. Compartí con ellos la celebración del Año Nuevo mapuche, que incluyó varias actividades relacionadas con el tema étnico. Me sentí integrado y motivado, me sentí en familia. Mochilero en casa Para un mochilero como yo, dejar de ser extranjero durante unos días fue una experiencia riquísima. Ser de ahí, no tener que explicar nada y disfrutar de la cultura que han aportado con toda dignidad, para los chilenos y el mundo, artistas como Pablo Neruda, Violeta Parra y hermanos, Víctor Jara, Patricio Mans, Salvador Allende, Los Jaivas, Inti-Illimani, Quilapayún e Illapu, por nombrar algunos, ya es, en sí, una experiencia magnifica para este viajero. Además, saborear por unos días la delicia de una ciudad latinoamericana ordenada, segura y respetuosa, significa un precedente especial para cualquiera que visite esa tierra. Cada lugar tiene su identidad y riqueza cultural. Cada ciudad encierra su propia magia, su propia forma de decidir hacia donde va. Estando en Chile también fui al pueblo, allá lejos, y vi a la abuela y a la ruralidad que mi memoria de infancia registra. Sentí el viento, el frío de afuera y el calor de casa. Sentí los colores de mi profunda latitud y prometí volver, algún día en mi itinerante existencia, cuando la añoranza de casa vuelva a suceder. Mientras tanto, vuelvo a mi otra tierra, la que rodea el lago de Atitlán, haciendo de este un oasis donde el mundo puede ser, donde todos se dejan ser, donde te dejan ser y, así, te dejas ser.


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l E ma ar de

San Pedro Sula El encuentro con Montuca era cosa del destino. La misma sed musical nos mantuvo unidos y en el Facebook, conectados. Entre llamadas y el transcurso de las gotas de sudor llegó el esperado encuentro. Fuimos a comprar un six pack de Salva Vidas como lubricante social. En el camino escuchamos unas rolas que están en el horno, y me encantó el coro: “Aquí no se gana, pero se goza”, tenía un ritmo sabrosón, que podés imaginártelo en vivo con toda la gente bailando con sonrisas en las caras. Hablamos de la situación por la que está atravesando el pueblo hondureño, comparable con lo que paso aquí con el Caso Rosenberg. El Golpe de Estado hizo notoria la separación entre ricos y pobres y la constante lucha de poderes destroza la cultura, que con esfuerzo sobrevive por la necesidad de paz y armonía. Doce horas al día tienen toque de queda en Honduras. Han pasado cuatro años desde que fundaron la banda el percusionista sololateco Carlos Román y el hondureño Eduardo Umanzor, y ese tiempo lo han dedicado a participar en varios festivales y conciertos. Ahora están trabajando en la producción de su primer álbum como Montuca Sound System, llamado así en honor a las

montucas, una comida típica de Honduras que es como un chuchito dulce, y también por las raíces del reggae sound system. Sus letras varían de temática, desde protesta ante la situación de inseguridad y opresión: “Este país sangra y los niños mueren, este país sangra y el pueblo pide justicia, Mama ¿por qué tengo miedo de estar aquí?…”, hasta temas de fiesta, playa y para pasarla bien con los amigos: “Yo llevo las birrias, pero vos llevate a tu hermana, pegale una nota a tu vieja, were going to the beach”. La banda la integran actualmente, el guatemalteco Carlos Román en las percusiones, Eduardo Umanzor, voz y guitarra (Honduras/Alemania);Erisch Moya, batería, (Honduras/Rumania); y los hondureños, Michale Sheran, piano; Gary Lexer, bajo; Mario Hernández; Carlos McDowell, trompeta y Reynieri Godoy, trombón. ¿Cuál es el estilo de Montuca? Carlos: Tocamos de todo, no es del todo reggae, es una fusión, le metemos salsa, funk, ska, jazz; decir que es una banda de reggae sería como limitarlo. Nacimos en un buen momento porque en Honduras no había una propuesta diferente, y la gente necesita algo nuevo. ¿Hay más bandas en Honduras que tocan este género de Reggae Dub? Carlos: En Honduras hay un par de bandas afines como Sol Caracol, pero no son el mismo género, ellos son más garifunas. Hasta ahorita no hay una banda que sea igual, me encantaría que hubieran más movida de fusión, pero la mayoría son bandas de rock pop.


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a c u t n stem o M y

S d n u So

¿Qué otros grupos hay en la movida hondureña? Carlos: De aquí de San Pedro está Diego Navas que tiene bastante tiempo de estar tocando, Tropa de Baco en Tegucigalpa es una banda de Funk pero mas rockón pesado, esta Pez Luna que es como folklore- jazz de Tegus también. (Entre anécdotas y risas se integró a la entrevista Eduardo Umanzor. Hablamos del movimiento musical en Honduras que es prácticamente nulo por la falta de apoyo a los artistas hondureños. Debido a este silencio cultural ellos tienen muchas ganas de tocar en Guatemala, y compartir con las bandas guatemaltecas y sobre todo darse a conocer y hacer bailar a los chapines.) ¿De qué hablan sus canciones? Carlos: Nuestras canciones son como la vida, llena de un montón de cosas diferentes. Unas son sociales como “Mamá” que es un grito de un niño: “Mama por qué tengo miedo de estar aquí, mama por qué no puedo ser feliz así”, es como un sentimiento frustrado de que el país está hecho mierda, y ¿qué podes hacer más que gritar?, otras son más de fiesta, y otras de amor, como la que dice: “lo que Honduras necesita es un poco de amor”, realmente las dos son como gritos de ayuda. Y eso que fueron escritas muchísimo antes del vergueo que estamos viviendo ahora. El país iba a colapsar desde hace mucho tiempo, por lo menos en nuestra opinión. Después de estos problemas sociales ¿cómo ha respondido el público hondureño? Carlos: Después del golpe hemos tocado una sola vez en Klain Bohemia y fue algo bien

espontáneo e improvisado. Fue idea de Michael, el pianista, cuando les mandé un mensaje diciendo que me hacia falta tocar. Le hablamos a Maco, el dueño del bar y le pedimos dos cajas de cervezas para tocar prácticamente de gratis. Yo pensaba que iban a llegar unas veinte o treinta personas. Al final se llenó como un concierto normal con doscientas personas que para ese lugar es bastante. Y fue en término de cinco horas que se organizó todo. La gente está sedienta de salir y quitarse el estrés. Algo que fue interesante, fue ver a la misma mara bailando unida y no peleando. Ustedes tienen una misión de levantarle el espíritu a la gente, la música es la única arma para combatir al sistema. Eduardo: Yo así lo siento precisamente, que siendo parte de Montuca ya estoy haciendo algo por el país.


Foto: Karla Olascoaga


PH: Bueno, gracias, con permiso. Primero que nada quiero agradecer al público presente, lectores de esta edición de revista Ati. Los organizadores del Festivalote me han pedido que aproveche este espacio para agradecer a todos los que resultaron involucrados para que el mismo se llevara a cabo. Pero como es una lista muy grande me declaro en rebeldía y no la leeré porque, además, se que los colaboradores están más interesados en que Panajachel y Guatemala completa salgan adelante, que en ver sus nombres o marcas repetidos una y otra vez. No comprendo mucho por qué me escogieron a mí para generar esta crónica a varias voces, pudiendo contar con el apoyo de algún periodista reconocido o de los redactores de la revista. Pero con lo mucho que disfruté el festival no me he resistido a aceptar el encargo, que consiste en poner de acuerdo a gente clave dentro del festival para que, juntos, coreen los pormenores del evento. Ellos son Pablo, productor general; Luna, contraparte local en el montaje de la versión del “Cine bajo la luna” durante el festival; Santiago, corresponsal de la revista, y Josué, fiable espectador. Entonces, muchachos, entrémosle. Para empezar, cuéntenme ¿cómo se involucraron con el festival? PR: La idea de hacer la segunda edición del Festivalote surgió cuando yo estaba en México, mientras chateábamos con Lucía Escobar, quién me mantenía al tanto de todo el esfuerzo de los festivales anteriores. Tengo el historial completo pues participé cantando en el primero. Me envió fotos del primer Festivalote y de los trece festivalitos realizados hasta aquel momento. Quedé emocionado y decidí sumarme al esfuerzo y dejar atrás lo que durante un par de años había construido en el Distrito Federal. Un avión y un par de parrilleras me trajeron de regreso al único lugar que genuinamente puedo llamar hogar. LB: Unos días antes de que se llevara a cabo el Festivalote, Lucía me había mencionado que necesitaría voluntarios para dicho evento, sobretodo para asistir en el montaje del cine en el festival, ya que el cineasta Joaquín Ruano, se había apuntado a venir desde Guate con una buena selección de películas y todo lo necesario para realizar el cine bajo la luna. Yo, con mi profundo amor al cine, me involucré como voluntaria. SM: Estudio fuera del país pero al planificar mis vacaciones, ya que volvería a casa durante esos dos meses, me comuniqué con Rafael Olivares, productor ejecutivo

de los festivalitos y miembro de la base de Ati, para hacerle saber mi interés de apoyar voluntariamente a la revista y sus quehaceres. Entonces Juan Miguel, de la revista, me preguntó si quería trabajar como corresponsal, tomando fotos y entrevistando a quien pudiera. JA: En el lago de Atitlán el Festivalote, así como los Festivalitos, son eventos que contribuyen al buen espíritu social de la cuenca del lago, por lo que cada vez que suceden, se convierten en un momento especial en el que se unen muchas fuerzas y se forman alianzas propositivas para el desarrollo de Guatemala. Igual que Pablo, me presenté en el primer Festivalito y he seguido de cerca todo lo que hace Ati, participando en varias ocasiones.

PH: Ahora tengo claro por qué los escogieron a ustedes para este ejercicio. Pablo, contame más de la gestión del festival, porque se que sos vos quien más se la conoce. PR: Mirá Pita, al principio no sabía si había tomado la decisión correcta, pero al ser recibido por tantas sonrisas conocidas y otras por conocer, sentí que esto era algo destinado a suceder. Mi entusiasmo me hizo pensar que lo podríamos organizar en un par de meses, para noviembre del 2008. Pero la realidad nos abrió los ojos y aterrizamos la idea para febrero. Personas con mucho entusiasmo se ofrecieron a colaborar en la búsqueda de los recursos, pero las tareas y Foto: Santiago Méndez

el esfuerzo en tiempo no permitieron que esta ayuda se materializara. Entonces se trasladó a mayo. A todos nos costaba mucho, pues entre atender lo doméstico y el trabajo que paga la renta y la comida, no quedaba tiempo para atender el festival eficientemente. Entonces decidí dedicarme por completo pues era la única justificación que tenía para haber dejado atrás las comodidades alcanzadas en México. Con la ayuda de amigos cubrí renta, alimentación e incluso Internet para poder hacer las gestiones. PH: Imagino la cantidad de trabajo para hacer un


festival. Me imagino también que requiere de recursos, no solo técnicos y humanos sino también económicos. ¿De dónde sacan la plata para producirlos? PR: Ja, ja, no, perate. Si lo que no ha existido es plata… Si el festival se ha logrado hacer es porque existen colaboradores que ayudan a ir resolviendo. Pero escuchá, la cosa se planeaba así: primero logramos que la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia nos respaldara con una buena cantidad de publicidad en medios masivos. También el Ministerio de Cultura por medio de CREA ofreció un escenario, luz y sonido para un concierto masivo. Con esos dos aportes iniciales podíamos lograr que, por primera vez en los catorce festivales realizados, fuera autosuficiente la producción. El plan fue mantener el acceso gratuito a las actividades, pero cobrar el concierto grande. Si todo iba bien, hasta quedaría un fondo para la producción de futuros eventos. Además, un porcentaje se destinaría a comprar Foto: Anna Morgan

computadoras para la Escuela Central de Panajachel y para contribuir con el movimiento Todos por el Lago. Entonces, en la búsqueda de marcas y apoyos económicos nos aliamos con la revista Folk y con la agencia Sólo Imagen, que por su lado proyectaban hacer en julio un concierto grande. Lamentablemente, cuando posibles patrocinadores auguraban lo mejor, ocurrió el asesinato de Rosenberg, y las marcas no quisieron exhibirse junto a la imagen del gobierno. PH: Entiendo, y todo el plan de medios que se ofrecía a las empresas estaba constituido por el aporte estatal… PR: Cabal, y otra vez nos vimos obligados a mover la fecha con el agravante de que perdíamos el apoyo de CREA. Para entonces el festival se había encogido de Festivalote a Festivalito plus, pues sólo tendríamos dos actividades. Una el espectáculo del grupo Sotz´il, cuyo montaje pagó el Centro Cultural de España en Guatemala, y otra, el concierto. PH: Pero si ya no tenían posibilidad con las marcas, ni el escenario que inicialmente ofreció CREA ¿por qué siguieron pensando en el concierto? PR: Porque una persona particular de buenas intenciones decidió respaldar el concierto arriesgando su capital. La revista Folk aportaría el lugar en terrenos del hotel Tzanjuyú, pero decidió no continuar con el apoyo. Ya estábamos sobre la marcha y para no aminorar el paso

a mediados de junio entramos en negociaciones para traer a músicos mexicanos a tocar a Guatemala. Se contactó a músicos de Plastilina Mosh y a Gil Cerezo de Kinky, quienes aceptaron la invitación. A la mayoría de artistas se les puso en contacto con escenarios locales para que se presentaran allí. El primero en apoyarnos fue Chapiteau, luego el Rockon y también Panarock, que muy gustosamente nos brindó su apoyo. De esta manera ya contábamos con varias actividades más para darle cuerpo al festival. Mientras, Lucía se encargaba de montar actividades culturales durante todo un día en la calle Santander. Tres semanas antes, debía estar circulando la publicidad del evento, cuando nos informaron que la Secretaria de Comunicación Social ya no contaba con presupuesto para cumplir con los ofrecimientos. La aprobación del presupuesto de parte del Congreso había sufrido un retraso y, para nosotros significaba el atraso total de nuestra campaña publicitaria. Por parte de Solo Imagen se logró el apoyo de radio Infinita. En Quetzaltenango el apoyo se presentó de manera voluntaria, pues gente afín decidió imprimir volantes y afiches con sus recursos. Finalmente tres días antes del festival, la publicidad empezó a sonar en radios de la capital, Xela, Antigua y Sololá. PH: Un largo camino, no cabe duda. Pero el festival, al final de cuentas fue buenísimo. Se notaba en las caras de las personas. Cuéntenme detalles de los eventos. PR: La primera actividad fue la conferencia de prensa, en Circus bar de la Capital. Tocó Álvaro Suárez, un impresionante guitarrista del lago, y Margen de Error, una banda de argentinos y chapines, formada en Panajachel. JA: Pero ya dentro del programa del festival, la primera actividad fue una exposición de estudiantes del Centro Cultural Ajachel. Vi un grupo de niños que Foto: Cristina Portillo

orgullosamente realizaban sus primeros estudios de arte. La actividad incluyó un taller organizado por Anne Marie, guatemalteca-suiza que estudia arte conceptual en Suiza. Además se exhibieron piezas de Luis Yat y René Dionisio. SM: El organizador de ese centro es René Dionisio, encargado de "El Recolectivo de Artistas Ajachel", un proyecto que duró dos meses con la participación de tres niños y un adulto. Pretenden desarrollar el arte


local y crear un espacio para el diálogo y la reflexión. Además, también están pintando un mural en una de las paredes de la Escuela Central. PR: Yo, mientras tanto, entre la angustia de que acababan de cancelarnos el uso de la escuela en la Santander para el concierto grande y cómo lograr transmitir oportunamente la información de la nueva locación, en el estadio, mientras trataba de ignorar que a los músicos extranjeros ya los había dejado un vuelo y no se podía saber en qué momento llegarían al país. ¿Estrés? Eso era lo mío mientras le gente bailaba y la pasaba bien… PH: Y si no estoy mal, luego hubo poesía… JA: Sí, se presentó en el Chapiteu la obra I. A. R. de el artista y músico David Marin Román, un trabajo visual sonoro de los poemas de Isabel de los Ángeles Ruano. Otra actividad que se dio ese mismo día fue la presentación del juego de mesa Armonía, un aporte de la organización República de la Creación, que además ofreció otras cosas en el festival. Al día siguiente se presentó el grupo Sotz´il. Imaginate: A lo lejos se escuchaban los cantos, tambores y flautas, la marimba. Una excelente presentación digna y representativa de la cultura maya, con una muestra de disciplina artística que conmovió y llenó de orgullo a los asistentes. SM: Luego se puso el rock nacional en Panarock. JA: Fue una emotiva sesión de improvisación protagonizada por Giovanni Pinzón, Carlos Cush, Espaderos y el guitarrista de la banda La Cofradía, así como un buen número de músicos aleatorios en la efervescencia de un Panajachel en festival. SM: Paralelamente, en el Rockón y haciendo gala a su nombre, se presentaban bandas nacionales de los géneros duros del metal –felicito a Esquizoide y a Madame Fontuo, ¡qué grupazos!- Con un amplio público muy involucrado con el toque. Y a la par, en el Chapiteau, Esteban Masaya ponía música diferente, completando el círculo musical de la noche. PH: Pero el día fuerte fue el sábado… LB: A las diez de la mañana caminaba por la Santander mientras observaba las diferentes situaciones bajo un día soleado; los voluntarios y organizadores coordinándose para llevar a cabo los eventos, gente subiendo y bajando la calle, sorprendidos al verla peatonal y pendientes de cuándo empezaría todo…!era una locura! JA: Marimbas, actividades para niños, la ya esperada Estación de poesía, talleres ecológicos, la pintada de un mural en la Escuela Central y espectáculos circenses, eran en parte las actividades que se sucedieron en la calle. LB: Y mucho trabajo desde temprano… PR: Gracias al energético trabajo de coordinación que hizo Lucía y los múltiples apoyos logrados por Gabriel Queché, un gran activista local, el cierre de la calle fue todo un éxito. JA: La gente estuvo agradecida por el esfuerzo de los organizadores por ese Panajachel delicioso…

PH: Además de jugar un rato con el juego de la Armonía, estuve en el cine pues, al igual que a Luna, me apasiona. Aunque durante el día se veía pálida la proyección, si a uno le interesaba se la podía disfrutar… LB: Sí, si una quería se tiraba en el suelo y veía las proyecciones y eso ya fue ganancia porque, con tan buen clima y radiante sol, es complicado conseguir la oscuridad suficiente en una calle. En este caso tendimos una lona de camión sobre un

Foto: Santiago Méndez

cable instalado de poste a poste, cruzando un pequeño callejón a orillas de la Santander, cuyos vecinos amablemente aportaron energía eléctrica y asumieron las dificultades de acceso a sus casas con tal de ser partícipes del festival. Qué fácil suena esto ahora que lo escribo, pero acordándome, requirió un esfuerzo bárbaro de cuatro personas y hasta un palo de escoba –que de hecho terminó quebrándose-. PH: Fue de sudársela… LB: ¡Sí! Entre Joaquín, el verdadero activista del evento, Abner –otro voluntario- y yo montamos una lona tres veces más pesada que los tres juntos, o cuatro (risas). El día anterior nos habíamos reunido y la programación y todos esos detalles estaban listos. Así que al nomás terminar de montar se empezaron las proyecciones. Al ser parte de esta experiencia quedo sorprendida de ver que hay gente colaboradora, pero también existen los que (al parecer) disfrutan con ser obstáculos en estas situaciones. PH: ¿Qué proyectaron? LB: Se empezó con documentales cubanos, siguieron los guatemaltecos, luego cortometrajes también nacionales y se finalizó con un documental argentino. Esta programación se repitió dos veces durante el día. La gente se acercaba con curiosidad; algunos se quedaban un rato y se marchaban mientras otros se quedaban

Foto: Lucía Escobar


disfrutando varios títulos. Lo malo es que no contábamos con muchas sillas y la superficie no era muy plana ni cómoda. Es por eso que los que no tenían dónde sentarse no se quedaban por mucho tiempo. La mayoría de los documentales me gustaron mucho, el ver las duras realidades de personas de nuestro país hace que despertemos y nos demos cuenta de lo afortunados que somos. También disfruté el documental argentino llamado “La Colifata”, así que aprovecho este espacio para recomendarles a todos ustedes lectores, verlo, y también apoyar a nuestro cine “chapín”, ya que veo que ha ido progresando. “Cine bajo la luna” terminó tal cual lo describe el nombre. Era ya de noche y la luna estaba situada justo sobre la carpa del cine. Fue una parte del festival que varias personas –incluyéndome- gozaron mucho. Esperamos ansiosamente el próximo festival, y ojalá venga con más publicidad para que sean más los que lo disfruten. PH: Otra parte increíble fue la Estación de Poesía, en su segunda edición. Sé que la periodista y escritora Claudia Navas jugó un papel importantísimo pues no sólo motivó que varios artistas leyeran sus poemas sino que involucró al público infantil con una actividad creativa que incluía literatura y pintura. También los niños estuvieron involucrados en otra actividad titulada Easy Choping, por parte del colectivo Artzurdo.

Foto: Cristina Portillo

JA: La estación de poesía fue el escenario que abría la Santander al peatón y pareció muy atinado, ya que la participación fue amplia. Es indudable la demanda del público infantil que se involucró en todas las actividades que ocurrieron en la calle. LB: En el cine también hubo niños. SM: La parte interactiva de la propuesta de Artzurdo fue aprovechada casi en su totalidad por niños. El proyecto, liderado por el cubano Alberto Famadas, consistió en montar un puesto de venta de basura, en presentación de bolsitas selladas y etiquetadas conteniendo desechos clasificados. La instalación recorrió algunos puntos de la Santander e iba acompañada de una mesa de trabajo donde el público podría construir piezas artísticas a base de basura. PH: Muchá, para terminar cuéntenme del concierto. PR: Mirá mano (sic), el concierto fue una de las pocas oportunidades que han tenido, no sólo Pana sino Sololá y el Occidente del país, de contar con un espectáculo

de primer nivel con músicos nacionales e internacionales. Aparte de la presentación de los dj´s Milton Pacheco y Eddy González de Plastilina Mosh, y la Gil Cerezo de Kinky, el público disfrutó del ritmo de Básico 3, Señor Juan y Dubvolution, así como de los Bacteria Sound System. JA: Las Bandas guatemaltecas mostraron realmente un buen desempeño y una excelente calidad en relación al trabajo colectivo. Por esto también puedo decir que el trabajo colectivo de Guatemala es el que ha permitido que el festival sea un éxito. Sin embargo, las presentaciones de Kinky dj set y los de Plastilina Mosh, a mi opinión eran dj´s poniendo música comercial sin proponer otra calidad ni propuesta artística en el performance, lo cual considero que dejó a la mayoría del público esperando una propuesta que nunca llegó. SM: Pero el concierto en general mostró al público un trabajo de calidad en su producción. El montaje del escenario y las luces fue moderno y eminentemente profesional. Hubo suficientes baños y un equipo de seguridad completo. JA: Por eso yo opino que hubiera sido muy propositivo hacerlo más abierto en cuanto a costo y promoción, para que la población tenga más acceso a esos eventos. PR: Hemos sacado muy buenas conclusiones, a pesar de los balances negativos, que de manera muy objetiva contribuirán en la producción de futuros festivales. La participación e interés colectivo por la realización de eventos de este tipo quedó confirmada a lo largo de la agenda del festival. Siempre hubo un par de sustos con las autoridades, que si daban o no daban permiso, que si ya no se usa la escuela, pero ya sabemos que en todo el país es igual y, dado que la lucha que mantenemos no representa más que un beneficio colectivo, supimos mantener la cabeza en alto y superar cada dificultad. Pero eso sí, sin la gente clave que cree y promueve este tipo de cosas, como hoteleros, hospedajes, restaurantes y comercio en general, así como los promotores de los festivales denominados “Vamos Pana”, que se integraron a esta celebración del Festivalote, el resultado difícilmente hubiera sido positivo. PH: Podemos decir, entonces, que la experiencia fue de participación. Cada quién fue dando lo suyo en la búsqueda de una mejor realidad. Por cierto que vi trabajando arduamente con todo la logística de hospedaje a Karla Olascoaga, quién tuvo que convencer a los artistas de llegar temprano a Casa Contenta y desocupar los cuartos a tiempo, que buena colaboradora. Bueno, los felicito muchachos, gracias por su tiempo, y ¡sigan adelante!


Foto: S. Heisse



Revista Ati 21