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Deia Ostirala, 2013ko urtarrilaren 25 25a
K U LT U R A AISIA KOMUNIK AZIOA
BEGIRA
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Momoitio, muy arraigado en Bizkaia, asegura que su tierra ha sido la privilegiada para la presentación de esta última muestra. FOTO: ZIGOR ALKORTA
“Pintar es vivir una locura” El pintor sopelarra Julián Momoitio expone sus últimas obras en la galería de arte Llamas de Bilbao ANE ARALUZEA BILBAO. Seguro de haber creado un
estilo que lo define, Julián Momoitio (Sopelana, 1944) declara que “pintar es vivir una locura, crear tu propia utopía, y dentro de ella, ser genio e idiota”. Desde ayer, la galería Llamas de Bilbao expone una pequeña muestra de la locura que lo ha instigado a pintar incesantemente desde que era un niño. En esa trayectoria vital que ha vivido su creación, el pintor se declara en el inicio de su “última fase”, ya que dice estar gestando “la pintura más grande” de todas las que ha realizado hasta el momento. Momoitio está “entusiasmado” con esta nueva producción, “son los fundamentos de estos últimos años”, asegura. Pero también ha alcanzado los fundamentos de la pintura más primigenia, ya que sus últimas obras han sido pintadas exclusivamente con los dedos. Explica que se trata de una técnica difícil, en la que ha de realizar muchos trazos, fallar y volver a intentarlo. Sin embargo, asevera desear “esa agonía”, porque significa que su “existencia todavía tiene un contenido”. Han sido muchos los géneros en los que se le ha encasillado. En una ocasión, unos críticos británicos le llamaron “renovador del romanticis-
mo”. No obstante, Momoitio se ve a sí mismo como alguien que ha llevado el romanticismo al ala de su propia personalidad. No se siente identificado con ninguna corriente artística porque se considera autodidacta. En ese sentido, destaca su autenticidad: “Siempre he sido yo, no me importaba pintar bien, sino hacerlo como no lo había hecho nadie”. Por ese motivo, quizá, opina que lo aprendido de los demás no sirve más que como arma para que cada uno pueda realizar por sí mismo cosas distintas a las
asimiladas a través de los demás. Confeso admirador de Picasso, declara que “a partir de la configuración de las raíces que iban a marcar mi destino, dejé de ser influenciado”. Y cuando habla de raíces, se refiere también a sus orígenes. SOLICITADO Su tierra ha sido la pri-
vilegiada para la presentación de esta última exposición, declara el pintor, quien está muy arraigado en Bizkaia. A pesar de ello, narra con emoción la impresión que crean sus obras en países remotos, donde tam-
bién ha tenido la oportunidad de exponer. “En Shanghai los últimos cuadros son los que más han impactado”, revela el sopelarra. Es precisamente en Asia donde vende muchas de las reproducciones de sus cuadros. Se trata de duplicados firmados por él con los que consigue gran parte de sus ingresos debido a los derechos de imagen. “En todo el mundo quieren mis obras, pero no tengo obra”, dice con resignación, ya que su producción anual se limita a veinte o treinta cuadros. Gran parte de sus ventas las
realiza por internet, donde ha descubierto que en países como “Rusia o la India no les importa el precio si les gusta el lienzo”. Momoitio sostiene que “cuando compran un cuadro mío, se llevan una parte de mi vida”. La autenticidad por la que se caracteriza, mediante la cual ha “rechazado toda influencia”, le ha llevado a rehusar también a ciertas técnicas “maravillosas” de pintura, porque no casaban con su obsesión de que lo que haga “perdure y permanezca en el tiempo”.
Teknikaren ikaskuntza
Una de las obras expuestas en la galería Llamas.
12 urterekin hasi zen pintatzen Momoitio. Orduantxe, Sopelako etxalde batean bizi zen familiarekin. Egun batean, gurasoak baserritik kanpo zeudela, zuriz pintatu berri zegoen etxaurreari erreparatu zion Momoitiok, behiak zaintzen zegoen bitartean. “Zergatia jakin gabe, gurdien azpia pintatzeko erabiltzen genuen brotxa hartu eta behi beltz bat margotu nuen etxeaurrean”, kontatzen du margolariak. Gurasoak etxera heldu zirenean, pozarren erakutsi zuen bere obra, baina haien mirespena jaso beharrean, egundoko errieta egin omen zioten. Hurrengo hilabetea, nahaste-borrastea txukuntzen eman zuen sopelatarrak. “Berrehun bat kapa zuri eman nizkion etxaurreari”, azaltzen du, baina orban beltza behin eta berriz irtetzen zen. Azkenean, bere kezka teknikoaren konponbidea aurkitu zuen: aitzur batekin horma urratu zuen margo baltza kendu arte eta, orduan bai, margo zuria inpregnatzea lortu zuen. Handik gutxira, aitak herriko albaitariari kontatu zion bere semearen bihurrikeria eta, honek, etorkizuneko margolari baten hastapenetan izango zuen eragina zein zen jakin gabe, margo kutxatila bat oparitu zion Momoitiori. >A. A.