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BOLETI N DEL

HUSEO M A L DE USTORIA NATURAL

Tomo X V III

S a n tia g o d e Chile 1 940


PERSONAL DEL M USEO

RICARDO E. LATCHAM C............... D irector. ENRIQUE E. G I G O U X ...................... Jefe de la Sección Zoología. MARCIAL R. ESPINOSA B. . . . Je fe de la Sección B o tán ic a. HUMBERTO FUENZALIDA V. . . Jefe de la Sección Geología. RODULFO A. P H IL IP P I B ............... Je fe de la S ección Aves C hilenas. EMILIO U R E T A .................................. Je fe de la Sección E ntom ología. REBECA A. DE V A R G A S ................ A yudante d e la Sección B o tán ic a. GUILLERMO MANN F ....................... E n ca rg ad o de la Sección M am íferos C hilenos. GRETE M O S T N Y ............................... E n c a rg a d a de la Sección A rqueo­ logía. ALBERTO FRAGA G .......................... B ibliotecario. LUIS MOREIRA M...............................m ALBERTO MENDEZ P ........................T ax id erm istas.

D irección: MUSEO NACIONAL DE HISTORIA NATURAL Casilla 787 — Teléfono 91206 — Santiago de Chile.


B O L E T IN DEL M U SE O N A C IO N A L D E H IS T O R IA N A T U R A L


BOLETIN '!

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DEL i

M B NACIONAL DE HISTORIA NATURAL Tomo X V III MUSEO NACIONAL DE HISTORIA NATURAL B IB LIO TE C A C IE N TIFIC A

ABATE JUAN IGNACIO MOLINA

SANTIAGO

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S a n tia g o d e C hite IM P R E N T A “ EL E S F U E R Z O " E y z a g u irre . 1116 1940


LOS O FID IO S C H IL E Ñ O S Por

E N R IQ U E

ERN ESTO

G IG O U X

J e fe de la Sección Z o o ló g ica .

H o y se puede decir que no estátj definitivam ente bien conocidos en sus condiciones y hasta en sus costumbres, p o r ­ que algunas circunstancias y nuevas observaciones casi lo com prueban. A ntes se reconocían muchas especies, así, el D r. Philipp! citó cuarenta y cinco; d on C laud io Gay, siete, y dos más que dice han sido indicadas p o r otros autores, y asegurando que nin g u n a era venenosa. D 'O r b ig n y habla de u n a especie que n o señala n in g ú n o tro autor, que él vió, y procedente del Sur de nuestro país; y el D r. W ilh elm Goetsch, de Müunchen, dice que la T a c h y m e n is peruviana W ie g m a n n nuestra cule­ bra de cola corta, cuya longitud n orm al es de cincuenta cen­ tím etros, alcanza un gran tam año. El que esto escribe hiz o una revisión de todos los ejem­ plares de ofidios chilenos conservados en este Museo Nacional de H istoria N atu ra l, llegando a la conclusión después de es­ tudios repetidos, de que no h ay más que dos especies. Y el distinguid o enpetólogo norteamericano, D r. C a ri Smith, q u e detenidam ente revisó este mismo material, manifestó que sólo había encontrado dos especies. Y al tra ta r am bos des­ pués este asunto en una ocasión, me a utorizó para repetir su opin ión. T ra tá n d o s e de ofidios, debe recordarse que estos rep ­ tiles suelen engañar con su apariencia, cam biando sus colores y m odificando la disposición de las rayas y manchas de la piel, de m odo que al observarlos conviene prevenir el “cam oufla g e” , tan com ún en las víboras especialmente, del que u n a u t o r ha dicho que es difícil muchas veces hallar dos i n ­ d ividuo s exactamente iguales. P o rq u e cambian con tanta fa­ cilidad el colorido de su piel, que en algunas partes los c a m pesinos dicen que las víboras que pasan de u n paraje a otro, “ se mirart con el nuevo m edio” para igualarse con él.


Y considerados los ofidios en algunas de sus especies, se les puede com parar, p o r la variedad del colorido que suelen tener, con las gallinas comunes, que aunqu e son de la m is­ m a raza, tienen aspectos y plum ajes de varios colores y m a ­ tices. Y 'e s t a disgresión conviene tenerla presente un m o m e n ­ to, ya que estos reptiles con sus cualidades a veces miméticas, pueden engañar al observador. Así, la T ac h y m en is p eru viana Wieg., qíue según D u meril era una especie casi exclusiva para Chile, hace tiem po se sabe que también es com ún en Perú, Bolivia V A rge n tin a occidental, y de la que el naturalista K oslow sky diele que los ejemplares procedentes de J u j u y que ha observado, tie­ nen una coloración m uy d istinta de la de los ejemplares del Neuquén. Y aquellos son m u y diferentes de los de Chile, que tie­ nen un color rosáceo un ifo rm e cuando jóvenes, y de u n t o ­ no terroso parejo después. , L a culebra de cola corta fue llam ada T a c b v m e n is chilensis p o r G irard: CoroneMa chilensis p o r Schelgel y Guichenot, y Dipsas chilensis por D um eril. E sta designación p u d o haber d ado lugar a creerla venenosa, cuando se la ha tenido p o r inocente, como ya lo he dicho alguna vez, “p o rq u e el nom bre Dipsas absolutam ente griego, se aplicó para designar las serpientes cuyas m ordeduras causaban un^a sed in e x tin ­ guible, sequedad de la lengua, del paladar y de la piel, p o r ­ que la palabra Dipsas viene de un verbo griego que significa “ tengo sed” . P u diera ser posible que disponiéndose de m ucho m a ­ terial de estudio, de tiem po y facilidades para hace’" buenas observaciones, resultara alguna escasa nueva especie, p o r un lado, y p o r o tr o conocer mejor las costumbres y las cuali­ dades de nuestras culebras, ya que éstas, llam adas v u lg a r m e n ­ te de ‘‘C ola la rg a” y de “ Cola corta", nom bres que en sis­ temática corresponden respectivamente a las especies D ro m icus chamisoni W ie g m a n n y T a c h y m e n is p eruviana W iegm ann, h a n sido siempre consideradas com o inofensivas para el hom bre, y no venenosas, y en consecuencia sin oirse n u n ­ ca con tar un solo caso en que sus m ordeduras tu v ie ran un mal resultado. P e r o ahora esto ha cambiado, p o rq u e estas especies, al parecer, h an d ejado de ser inocentes y se han convertid o en venenosas, conociéndose varios casos en que las personas m ordidas h an presentado los síntom as y manifestaciones del en venenam iento ofídico.


E sta novedad tardía ha causado la sorpresa consiguien­ te entre los pocos que nos hemos ocupado de nuestra erpetología, n o p orque sea venenosa, sino p o rq u e esta especie re­ cién está dem ostrando serlo, p orq ue debe recordarse que D umeril la colocó en el género Dipsas, y entonces resulta raro que antes no se hubiesen registrado los casos de ahora. Y h'a sido aquí, en Santiago, donde en los últim os tie m ­ pos, se h a n c om prob a do algunos casos de m ordeduras de la culebra de cola corta, que h an prbducido en las víctimas efec­ tos apreciables c(el venene ofídico. E n C opiapó, ciudad de mi nacimiento y donde residí m uchos años, tuve frecluenjemente \culebras chilenas cauti­ vas, y fui m o r d id o p o r ellas algunas veces, sin tener n u n ­ ca que la m en tar nin g u n a m ala consecuencia, y es curioso n o ­ ta r q u e aquí muerden estas mismas culebras y envenenan, po rq u e sin duda eventualmente lo hacen con más acierto, lo ­ g ra n d o m o rd er mejor. Y no pudiendo siempre hacerlo con todos sus dientes, se explica p o r qué en unos casos envene­ n a n y en otros no. P o rq u e la T a c h y m e n is peru v ia n a Wieg., pertenece al g ru p o de los ofidios Opistoglifos, que tienen la cualidad ca­ racterística de tener, dientes venenosos no delante del p a la ­ dar, sino m u y atrás, y después de los dientes comunes. De lo que resulta, que para m order con ellos tienen que abrir m u c h o la boca, y que lo que m uerden pueda caber en ella completamente, condición que no siempre se les presenta. P ero lo que más sorprende es que la o tra especie, la D ro m icu s chamisoni Wieg., la culebra inofensiva que tanto cambia de aspecto, con su colorido y rayas de su piel, ha re­ sultado tam bién venenosa, según lo ha manifestado el Dr! C ortés del H ospital de San Vicente, quien atendió a una persona m ordida p o r esta culebra, la que la víctima consi­ guió atrapar, llevándola al D r. Cortés, quien la trajo a este M useo obsequiando este cuerpo del delito. Resulta, pues, una interesante novedad, saber que nues­ tras inofensivas culebras, ya no lo son, y se han convertido en malignas, p orque saben m order mejor.


N U E V O S D E S C U B R IM IE N T O S A R Q U E O L O G IC O S EN LA P R O V IN C IA D E C O Q U IM B O P o r el se ñ o r F . L . C O R N E L Y

E n mi a nterior artículo sobre un cementerio indígena en C o m p a ñ ía Baja, cerca de L a Serena, (Boletín del Museo N acion al del año 1 9 3 6 ) hice referencia a unos cráneos de p a ­ redes m u y gruesas que había encontrado en uno de los grupos del cementerio y dije al respecto: "E stos cráneos se encon­ tr a r o n siempre en sepulturas en tierra (no en cistas de piedra) que generalm ente no contenían alfarería, p o r lo que tenemos la im presión de que p ro v en ía n de una raza inferior, s u b y u ­ gada p o r los D iaguitas y que quizás ha estado al servicio de ellos” . M is últim as exploraciones .y excavaciones en el valle de E lq u i pru eb a n la existencia de una raza inferior en cul­ tura a los D iaguitas que ha vivid o en el valle de E lq u i y p r o ­ bablem ente tam bién en otros p u n to s de la provincia de C o ­ qu im bo. Si ha vivido antes de la aparición de los Diaguitas en estos te rritorios o si ha vivido simultáneamente con ellos, será difícil decir sin acum ular mayores elementos de estudio. P o r el estado de las osamentas que encontré en el cementerio cerca de E l Molle, que paso a describir, parece que son más antiguas que la época D iaguita de la alfarería hermosa ( a n ­ terior a la dom inación inc aic a). pero posteriores a la época D iag u ita de la alfarería, que D. Ricardo L atcham ha d eno ­ m in a d o arcaica. Cerca de El Molle, pequeña población entre La Serena y Vicuña, encontré tres cementerios de esta raza, de cráneos de paredes gruesas y restos de otros en varios puntos del v a ­ lle, además, una fortaleza de los mismos indios en la cu m ­ bre de un cerro a poca distancia de E l Molle, que demuestra que estos indios tuvieron que defenderse de tribus enemigas, refugiándose en p u n to s estratégicos y fáciles de defender. Paso a describir las características de uno de los cemen­ terios que se encuentran cerca de E l Molle, que es típico p a ­ ra los demás. Gracias a que está situado en tierras no rega­


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das, estaba con sus señales visibles y, aunque ha sido h o y a d o en todas partes por buscadores de "entierros” , estos no le hicieron gran daño, porque no llegaron a la p r o fu n d id a d suficiente, no tuvieron bastante paciencia para sacar unos seis o más metros cúbicos de tierra con piedras y cascajo y en los casos que llegaron a la p r o fu n d id a d suficiente no encontraron nada, porque los ajuares funerarios de estos indios eran m uy insignificantes; muchas veces no tenían' nada, algunos c o n ­ tenían sólp una tembetá u o tro objeto pequeño, que fácil­ mente pasa desapercibido. El cementerio se encuentra en una suave falda del te­ rreno, que nace de los cerros altos que circundan el valle p o r el lado norte, cerca de las casas de la Hacienda El Molle. De lejos se ve una gran cantidad de piedras blancas de río que se destacan del fondo obscuro de la tierra. Estas piedras b l a n ­ cas, del ta m a ñ o medio de un p u ñ o de hom bre, fo rm a n b a n ­ das circulares de unos 50 cm. de ancho, po; un diá m etro de 4 a 6 metros. E n el centro de esta b anda circular h a y gene­ ralm ente un núcleo de piedras blancas, todas enterradas hasta la m itad en el suelo — y diseminadas en varias partes unas piedras más grandes, de color ro jo — ; estas son las señales visibles del cementerio. E n co n tra m o s siempre debajo de la band a circular, res­ tos de personas adultas, y hacia el centro, los osam entos de niños. E ran verdaderas sepulturas de familia. Los hoyos estaban rellenados en su m a yor parte con piedras de rio« e n ­ tremezcladas con tierra. Las piedras han sido traídas e x p r o ­ feso desde el lecho del río, porque no las h ay en los alrede­ dores, ni en el subsuelp, pues el piso natu ra l es de tierra y de cascajo de las rocas eflorecientes, que se han d e s p re n ­ did o de los cerros. Las sepulturas de los adultos tienen una p r o fu n d id a d de 1,60 hasta 2 metros. Parece que había relación entre la estatura del d i f u n t o y la p ro fu n d id a d de su sepultura. E n el fondo y a veces en capas superiores h ab ían piedras planas de río de 50 a 70 crh. de diám etro, que en algunos casos parecen haber servido para ta p ar las comidas que pusieron al m uerto en la sepultura, en o tro s casos fo rm a ro n una v e r ­ dadera cubierta sobre el cadáver. E n una de las sepulturas encontram os tres capas de estás piedras. L a gran cantidad de piedras de río empleada p o r estos indios para se p u lta r a sus muertos pesaba a m en udo varias toneladas. Los huesos ya estaban en m u y mal estado, fáciles de deshacer entre los dedos, p o r eso ha sido imposible sacar un cráneo completo, p o r cua nto se qu eb ra b an todos en varios


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pedazos. Los cráneos tienen una característica m uy particular: la de ser de paredes m u y gruesas cuyo espesor fluctúa entre 7 y 10 mm. L os o b je tos en las sepulturas demuestran que esta raza estaba en u n nivel cultural m u y inferior al de los Diaguitas. N o encontram os alfarería pinta d a o decorada. Parece que la alfarería pasaba p o r sus primeras etapas y era escasa, en unas sesenta sepulturas que excavamos encon­ tram o s un tota l de 10 piezas de alfarería, que se encuentran h o y en el M useo N ac io n al de H istoria N atura l, c o n los de­ más ob jetos hallados de esta cultura. S on todos recipientes y cantaritos altos de form a simé­ trica, sin asas y de fondos planos: esas características la dis­ tinguen desde luego de la alfarería D iaguita que ?e encuen­ tra en el valle. D o s piezas, Fig. 1 y 2 de color negro, tienen u n p u li­ m e n to bastante acabado. T r e s piezas, Fig . 3. 7 y 8 son de u n color gris piedra color hom ogéneo de la greda. E l cantarito de la Fig. 7 tiene alrededor del cuello una ranura finita con un oietillo en un lado, como para pasar un ' hilo para suspenderlo. Las piezas signadas con los números 5, 9, 10 y 11 son de color negro y se conoce su uso para calentar al fuego p o rq u e tienen evidentes señales de tizne. P o r fin, las dos piezas signadas con los números 1 y 12 son de color rojizo. La pieza representada en Fig. 12 tie­ ne la form a de una bolsa y es la única que no tiene el fondo com pletam ente plano. L a pieza N . 9 6 tiene una perforación redonda en medio del fondo. Fuera de la alfarería hemos encontrado en las sepultu­ ras u n to ta l de 16 tembetás de diferentes tipos, algunos aros de cobre en form a de placas rectangulares, 2 braznletas de cobre y un anillo del mismo metal. Las tembetás son de dos tipos principales: largas, que sobresalían hasta seis o siete centímetros del labio inferior, y cortas, que aparecían sólo como un b o tó n al exterior del labio. E n estas dos categorías hay varias diferenciaciones. El tipo largo se parece m ucho a las tembetás descritas p o r D. R i ­ cardo E. L atcham en la Revista de Historia N atural, A ño X X X I . 1927. A lgunas son de piedra vetada transparente de un color grisáceo-verdoso, otras blancas o rojizas. T ie n en form a cilindrica, más gruesa en la base, de la cual salen dos alitas suavemente arqueadas como para adaptarse a las en­ cías. E n algunas, la parte cilindrica, más gruesa en la base, que sobresale de los labios, está suavemente arqueada hacia arriba, en otras es com pletamente recta.


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E l o tr o tipo de tembetá tam bién se encuentra en d if e ­ rentes clases de piedra, de la placa base que se a d a p ta a las encías, sale una parte cilindrica, que n o tiene m a y o r grueso que el labio. Esta parte cilindrica es a veces cónica, más g ru e­ sa en la base, otras veces term ina en u n disco cuyo p la n o es ligeramente cóncavo. La frecuencia con que encontram os tembetás en las sepulturas de esta cultura indica que su uso ha sido m u y d i ­ fundido entre esta tribu. E n cambio, en centenares de se pul­ turas D iaguitas que hem os tenido ocasión de exam inar, no hemos encontrado nunca una tembetá, lo que nos inclina a creer, que este artefacto no era de uso entre los D iaguitas y posiblemente los ejemplares que se -encuentran en colecciones son de la cultura cuyos cementerios hornos en c o n trad o en El Molle. Los objetos de cobre encontrados en las sepulturas d e ­ m uestran que tam bién la elaboración de este metal estaba en sus comienzos. E n una de las sepulturas encontram os u n p e ­ daz o de cobre nativo. P osiblem ente les h a servido para s u s ' labores. N o sabemos si este metal se encuentra en esta re­ gión en estado nativo o si lo h a b r á n traíd o de otra parte. Los artefactos son de lo más sencillos, los brazaletes y a n i­ llos son sencillamente fajas de cobre dobladas en la f o rm a re­ querida y abiertas entre las puntas, algo redondeadas. Los aros son placas rectangulares con u n a pequeña p e r ­ foración en la parte superior para suspenderlos, el grosor de estos es apenas de un m ilím etro, en algunas h ay principios de una decoración, teniendo 2 hileras de p u n to s p u ja d o s en la parte superior y otros en la parte inferior. E n una de las sepulturas encontram o s a una p r o f u n ­ didad de dos metros una hermosa cachimba o pipa de piedra jaspeada, negro-gris-verdoso. Su fo rm a es igual a o tras ca­ chimbas de la cultura D iagu ita que hem os e n c ontrad o en V a llenar y C opiapó, sólo que éstas eran de piedra blanca. Del depósito, que es un poco cónico, más ancho en su base, sa­ len en dirección opuesta dos brazos cilindricos, igualm ente un poco cónicos, de los cuales u n o está perforado, d esem bo­ cando en el depósito y el o tr o ciego, sirviendo p ara sostener la cachimba. Las dimensiones de esta cachimba son: alto del depósito desde la base 38 m m . largo total de la cachim ­ ba 152 mm. O tr o hallazgo interesante constituye una pequeña batea de piedra de río pla n a que tiene u n a fo rm a ovalada, algo asimétrica. E n la superficie se ha la b ra d o una concavidad como en las piedras de moler y . está p in ta d a en parte, d;vi-

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diéndola en dos campos: u no de color rojo y el o tro de color n a tu ra l de la piedra. L a división es a lo largo, pero no exac­ tam ente p o r la m itad, sino u n poco diagonal, abarcando la parte p in ta d a más o menos la tercera parte del total. Las d i­ mensiones de la piedra son: largo: 12 cm., ancho: 9.5 cm. El grosor es desigual y fluctúa entre 26 y 36 mm. La m ayor h o n d u r a de la concavidad es de 15 mm. M e falta describir una sepultura, que p o r su ajuar d i ­ fiere de las demás. E staba en un cementerio de esta raza, c u ­ yos restos enc ontram os a unos 6 km. al P o niente del Molle en la H acienda Calera. L a sepultura contenía osamentos de ad ulto s a una p r o fu n d id a d de 1.80 más o menos. Al parecer eran tres de m u je r y u n o de hom bre. U n o de los osamentos de m u je r tenía u n collar de discos finos de una masa calcácea. alternados con algunos discos más grandes de color verde v de una piedra verdosa perforada, que servía de centro. C on todo cuidado sacamos unos 1,500 de estos discos de la tierra, m u ­ chos de ellos ya estaban quebrados p o r la acción del tiempo. Este collar, ensartado nuevamente en u n hilo, tiene actual­ m ente 1.75 m. de largo y estaba to d o enrollado en la parte '*• cueHo. E n esta misma parte encontram os 2 pequeños aros, placas rectangulares, y en el brazo, puesto u n brazalete de cobre. L as otras dos mujeres n o tenían nada. Al lado del cráneo masculino encontram os una hermosa tembetá, la más grande que hem os h a llad o en estas excavaciones. Es de pie­ dra rojiza, algo transparente, hacía la p u n ta el color es más am arillento y es arqueda hacia arriba. Esta tembetá mide des­ de su base algo más de 8 cm. F uera de los aros de cobre hemos encontrado en varias ocasiones aros de concha, tam bién pequeñas placas de piedra vetada-verdosa, que deben haber sido adornos femeninos. E n la m a y o ría de las sepulturas hemos encontrado ca­ racoles y huesitos de pequeños pájaros, que posiblemente han fo rm a d o parte de sus comidas. N o hemos encontradp p untas de lanza o de flecha, ni en las sepulturas ni en los alrededores de los cementerios, y es p robable que las armas de esta trib u eran piedras, quizás la nzadas con hondas, y otras de madera, mientras los indios D iaguitas chilenos tenían lanzas y flechas con puntas de piedra m u y bien labrados. E s m u y probable que estas dos razas se h a n com batido y los Diaguitas con sus mejores ele­ mentos de guerrear te rm in aron p o r subyugar y desplazar a sus enemigos. Así se explicaría la presencia de cráneos de p a ­ redes gruesas en algunos cementerios de los indios Diaguitas.


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L o dicho parece confirmarse con el hallazgo de una f o r ­ taleza, que ha pertenecido a esta raza de cráneos de paredes gruesos, la que se encuentra en la cima de un cerro a pocos kilóm etros de El Molle. F ortaleza indígena en el Vaille de E lq u i F rente al F u n d o Maitenes, entre El M olle y A lm endral, en lo alto de uno de los cerros de la ribera S ur del río E l ­ qui hay una saliente de rocas abruptas, casi perpendiculares, de considerable altura que parecen una verdadera atalaya; en su cima hay una p la tafo rm a am plia p ara contener un reg u ­ lar n úm e ro de familias con su ganado. Este p u n to estratégi­ co que dom in a el valle p o r am bos lados en u n a extensión de más de 15 kilóm etros lo hab ría n elegido los indios para un refugio fortificado. La ascensión hasta este lugar es bastante penosa. T u v i ­ mos conocimiento de él p o r cuidadores de cabras, a quienes les había llam ado la atención las figuras de piedras de río, que m arcaban algunas sepulturas en el recinto de la fortaleza T a m b ié n creyeron que se trataba de onzas enterradas y p o r eso encontram os tam bién aquí algunos hoyos. La fortaleza es inaccesible p o r tres lados p o r o b ra de la naturaleza. Rocas de cien metros de alto hacen imposible la ascensión p o r esos lados, sólo por la parte en que está u nido con el macizo del cerro era vulnerable, pero tam bién aquí hay una defensa natu ral y otra artificial: una q u e ­ brada de varics metros de p r o fu n d id a d la divide del cerro y en el borde una gran' pirca de piedras hecha p o r los indios. E n el recinto mismo de la fortaleza existen unas seis o siete sepulturas con sus marcos de piedras de río. que no dejan d ud a de que esta fortaleza perteneció a los mismos i n ­ dios de cráneos gruesos y posiblemente son de guerreros m uertos d uran te algún sitio. N o hem os po d id o exam inarlos bien p or no haber llevado herramientas, ya que el suelo era m uy duro.


O B S E R V A C IO N E S

ACERCA DE L A 1 C U L T U R A “EL M O L L E ”

DE

P o r R IC A R D O E . L A T C H A M , D ir tc to r d d M useo.

E n este m ism o núm ero del Boletín, el señor C ornely da cuenta de una nueva cultura indígena, encontrada du rante sut investigaciones arqueológicas en el valle del río C o quim bo en el d ep a rtam e n to de Elqui. Las excavaciones que dieron lugar a este descubrimiento, las efectuó el Sr. Cornely den tro del f u n d o de “ E l M olle” y cerca de la población de este mismo nom bre. P o r este m otivo, la cultura representada en las sepul­ turas la hem os d enom inado : “C u ltu ra de El M o lle” . P oste­ riormente, debido a las continuadas investigaciones del Sr. Cornely, se h a n encontrado vestigios de la misma cultura en otras localidades vecinas y aun más lejanas. Los objetos hallados en estas excavaciones fueron a d q u i­ ridos p o r el Museo N acional y mediante su estudio y la co­ piosa correspondencia del Sr. Cornely, podemos h oy agregar algunos datos y hacer algunas nuevas deducciones. E n p rim e r lugar, aunque los cementerios excavados, stencuentran en una región que habíam os considerado neta­ mente diaguita, su contenido poco o nada tenía en com ún con esta ú ltim a cultura, siendo sus artefactos de tipos m u y distin ­ tos. L a nueva cultura se caracteriza sobre todo p o r el h a lla z ­ go en casi todas las sepulturas, de botoques o tembetás de d i­ ferentes esti'los. N o conocemos o tro pueblo radicado en terri­ torio chileno, que haya usado este tipo de adorno, que recuer­ da más bien ciertas tribus del Chaco y de algunas regiones del Brasil. Es posible q u e se trate de una inmigración, aunqu e nada podem os asegurar al respecto. L a alfarería es distinta de la diaguita. Es prin cipalm en­ te negra, con algunas piezas de color rojo y una que otra de tinte grisáceo. A lgunas pocas son bruñidas, otras demuestran

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un uso doméstico y están tiznadas de hollín. L a m a y o ría de ellas tienen fo ndo plano. E n general, son de tipos altos, en form a de jarros o tazas, pero algunas son parecidas a b u d in e ­ ras. E n excavaciones posteriores se e nc ontraron en nuevas l o ­ calidades algunas piezas de alfarería, dos de las cuales son d i ­ ferentes a las demás. U n a es u n a taza con aro en un lado y paredes rectas inclinadas, siendo la base pla n a de m e n or d iá ­ metro que la boca. La o tr a lleva la form a de u n ave estiliza­ da, con cola bifurcada, pecho saliente y un cuello largo y recto. E n el pecho se ven cinco rayas verticales com o decoración. Es de greda rojiza. Estas dos piezas fueron halladas p o r el Sr. C ornely en una revisión que h iz o del m ism o cementerio que había excavado antes en E l Mdlle. E n una carta, dice al respecto: “ E n mis últim as búsquedas (en E l M o lle) he localiza­ d o y cavado varias sepulturas cuyas señales ya estaban b o ­ rradas, pero que gracias a mi experiencia pude descubrir. E n estas sepulturas he encontrado algunos elementos nuevos e interesantes. O b tu v e cuatro piezas de alfarería, dos de ellas de form as distintas a las anteriores, una con asa y la^otra de doscuerpos; además, cuatro cachimbas ( p ip a s ) , un a tembetá grande, o tra chica, u n herm oso aro de concha de perla, etc.’’ E n otra comunicación, escrita u n mes después de su i n ­ form e sobre los hallazgos de “ E l M olle’’, el Sr. C o rn e ly me dice: “ E n mis excursiones a Pelicana, H acienda Calera, he encontrado restos de otros dos cementerios de la misma cul­ tura de los indios de casco grueso. M e puse a excavar en u no de ellos, en el cual quedaban doce sepulturas posibles de id e n ­ tificar y que presentaban las mismas características que las de El Molie. L o h allado fué poco, pero tuve la suerte de dar con la sepultura del cacique o principal de la tribu, a ju z g a r p o r los artefactos encontrados: uní herm oso collar que aun mide 1.75 mt. de largo, (m uchos discos estaban destruidos p o r la acción del tiem po y muchos se h a b ría n p e rd id o en la ti e r r a ) , dos aros pequeños de cobre (placas r ec tan g u la res), un brazalete de cobre y una herm osa tembetá de piedra rojiza, la más larga que había encontrado hasta el m o m e n to . E l collar lleva como centro una piedra verde perfo ra d a y consta p o r lo demás de discos finitos de piedra calcárea. C on tiene unos 1500 de estos disquitos y algunos de piedra verde más grandes. E l cacique, al parecer, estaba en terrado con sus tres mujeres, una de las cuales llevaba los ad o rn o s y las otras nada. La tembetá se hallaba ju n ta all esqueleto del cacique.


E n otra sepultura se encontró una hermosa tembetá de jaspe, blanco y rosado, u n cantarito negro y un brazalete de cobre: en cinco o seis sepulturas no había nada. O tr o cementerio que se halló a unos 700 metros más arriba había sido saqueado y hallé m u y poco en él: dos aros pequeños de cobre, un cantarito tiz nado y un p edazo de co­ bre n a tiv o .” E n .una de sus cartas en que hace referencia al yacimien­ to de El Molle, escribe : Los tres cementerios parecen ser de distintas épocas. En el prim ero, que se encuentra más cerca de la población de El Molle, cavamos seis sepulturas y no encontramos más que res­ tos óseos casi deshechos. E n el cementerio que queda más al P o ­ niente, -frente a la Hacienda de El Mollle, pudim os localizar catorce sepulturas, de las cuales once n o tenían aju ar fúne­ bre. E l tercero se halla a unos novecientos metros más al P o ­ niente aún, en un lugar denom inado La Rinconada. E n éste encontram os la alfarería y la m a yor parte de los objetos en­ viados al museo. E videntem ente es el más nuevo de los tres y en él p u dim os localizar tam bién catorce sepulturas, las de­ más están, borradas p o r los ranchos y corrales de una m a ­ ja d a de cabras y p o r u n a era de trilla que se ha hecho en este lugar. D os sepulturas de este ú ltim o cementerio habían ser­ vido dos veces, pues encontram os inesperadamente, a unos ochenta centímetros de pro fu n d id a d , osamentos hum anos más o menos bien conservados y más abajo, a los 1.60 mt. otros huesos.” C o rn ely había encontrado anteriormente, en diferentes partes d A d epa rtam e n to de E lqui y aun fuera de él, como en C achiyuyo, S aturno, Com barbalá, etc., sepulturas sin ajuar fúnebre, cuyo distintivo era contener cráneos de paredes grue­ sas. sin f o rm u la r deducciones *al respecto. Sólo al hacer sus extensas excavaciones en la vecindad de E l Molle, p u d o de­ te rm in a r que dicha característica era com ún a la m a y o r parte de los esqueletos descubiertos allí. Los cráneos más delgados parecían ser de mujeres y quizá de otra raza o pueblo, dadas las costumbres totémícas y exogámicas de todas las tribus chilenas. E n nuestras propias excavaciones, (a través de la provincia de C o quim bo, ocasionalmente nos encontramos con el m ism o tipo, sin que pudiéram os explicar su proceden­ cia, o precisar su área de dispersión. U nicam ente podemos de­ cir que los hemos hallado ta n to en la costa como en el i n ­ terior.


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O tr o p u n to interesante es que el pueblo que habita'oa en la vecindad de E l M olle era adicto al uso de la tembetá como ad o rn o labial. E n tr e las colecciones de artefactos en v ia ­ das p o r C ornely al Museo N acional figuran diecisiete tembetás extraídas de las sepulturas de E l Molle. E r a n de dos tipos generales: uno en form a de b o tó n y o tr o con p itó n cilindrico saliente. L a prim era tembetá que conocimos proveniente del d e ­ p a rta m en to de E lqui, se halla en el pequeño museo del Se­ m inario Conciliar de L a Serena. E n 1927, p u b lic am o s en ia Revista Chilena de H istoria N a tu ra l, u n breve artículo que se titulaba " T e m b e tá hallada en u n a sep ultura indígena chi­ lena” , en el cual describimos este artefacto e incluimos la fi­ gura de ella. E ra del tipo de p itó n y llevaba en la s u p e rf i­ cie una decoración lineal. L a tarjeta que acom paña el o b je ­ to dice sim plem ente Elqui, sin especificar el p u n t o preciso de su hallazgo. Después, h allam os en las colecciones del M useo N a c io ­ nal, doce ejemplares del tip o de b o tón. Según el catálogo de la Sección, eran de diversas localidades. V arias de ellas eran señaladas como procedentes de la prov incia de A tacam a — Freirina y V allenar— , otras de más al sur, V alparaíso, Santiago y Curicó. N o creemos, sin em bargo, que se puede fiar de estas indicaciones. L os ejemplares en .cuestión ingresa­ ron en el museo en diferentes épocas y eran todos ob se q u ia­ dos. Es evidente que se ignoraba su uso, pues fig uran en el catálogo como botones de piedra. L o que nos parece pro b ab le que al a n o ta r el obsequio, sin saber el verdadero lu g a r en que fueron hallados, se dió como tal el lu g a r de residencia del d o n a n te . D e las cuarenta o más tembetás que hem os exam inado, unas treinta cuyo origen conocemos fueron h allad as en el d e ­ p a rta m e n to de E'lqui y es p robable que las demás tuvieron igual procedencia original. E n un comienzo, el Sr. Corn&ly, al h allar unas te m b e ­ tás, creyó que, p o r haberlas e nc o ntrado d e n tro de la región diaguita, pertenecieron a esa cultura. Pero, cu ando le i n te r r o ­ gué al respecto me contestó lo siguiente: "R especto a las t e m ­ betás, tengo que repetir que efectivamente y o no he en c o n ­ tra d o nunca u n a tembetá en sep ultura de característica d i a ­ guita. V a n p o r lo menos quin ientas sepulturas d n g u i t a s que he abierto y exam inado en toda la región, sin habe r e n c o n ­ trad o este artefacto.”


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El D r. Schwenn, quien ha hecho numerosas excavacio­ nes en la zona, tam poco ha encontrado tembetás en sepul­ turas diaguitas y algunos hermosos ejemplares que tenía en sus colecciones, procedían de Cachiyuyo y otros lugares cer­ canos y fueron hallados en sepulturas del tipo descrito por Cornely. C o nsultado sobre el p u n to está de acuerdo con las declaraciones term inantes de Cornely. L a m a y o r parte de las sepulturas de este pueblo no contenía artefactos, fuera de las tembetás que se hallaban en algunas y algunos cementerios enteros se h allaba n en este caso. B1 señor C ornely piensa que estas sepulturas o cementserios pertenecen a una época más antigu a, en la cual el pu eb lo que los u tilizó o no fabricaba aún los artefactos h a ­ llados más tarde, o bien no acostum braba enterrarlos con los muertos. Creemos que tiene razón y sospechamos que se trata de un pueblo tra n sa nd ino inmigrante, que tenía una cultura bas­ tan te p rim itiv a a su llegada y que, posteriormente, p o r sus contactos con los diaguitas aprendieron algunas industrias, d a n d o a los artefactos producidos, tipos p ropios que se dis­ tinguían de los de sus vecinos. P o d em o s ap roxim adam ente determ inar la época de esta cultura, p o r su contenido. Los diaguitas solamente com enza­ ro n a desarrollar la m etalurgia del cobre, después de la i n ­ troducción de las influencias chinchas, allá por eül siglo X III. C o m o entre los artefactos de la cultura hallada en El Molle se encuentran varios de cobre, es seguro que dicha cultura se desarrolló entre los siglos X I I I y X V I, posiblemente a m e­ diados de ese período. U n artefacto hallado con cierta frecuencia en esta cul­ tura, es la cachimba o pipa de fumar, de piedrá, con dos brazos cilindricos en lados opuestos del hornillo vertical. D i ­ chas pipas eran adquiridas probablemente de los diaguitas, po rq u e entre ellos eran m u y difundidas, sobre todo en la re­ gión de la costa, desde T o n g o y hasta Caldera. P o r el m o m e nto no se puede más que hacer conjeturas acerca de los orígenes y posibles migraciones del pueblo que deió ’la cultura de El Molle, pero los datos proporcionados p o r el inform e del Sr. C ornely abre el camino para un estu­ dio m ás en detalle, .después de nuevas investigaciones.


A P U N T E S B O T A N IC O S Por d

1.

P ro f . M A R C IA L R . E S P IN O S A B.

U n h o n g o nuev'o del gènero C yttaria B E R K (*) C Y T T A R IA JO H O W II E S P IN O S A nov. spec. (L ä m s. I y II y fig. 1)

Strom atibus, solitariis vel gregariis in ramulis N o th o fag i D o m b ey i ( M IR B .) BL., usque 3 cm. longis 2 cm. crassis, globosis vel obovatis piriform isve, ochroleuco-sordidis vel ochroleuco-melleis n o n n ih il nitido-oleosis, intus cavis. cortice ccriaceo-membranaceo; came h y p h is 2 m diam. in tunica crassa gelatinosa substantia involutis formata, elastica, resistente, leviter crema vel ochroleuca. debiliter dulci, nervis albis e base orientibus, inter apotheciis et circum cavitatem cèntralem anastom o san tib us percursa; apotheciis 2 vel pluribus, globosis vel pauco obovatis, 4-5 m m . diam. vel. 5-6 mm. longis 4-5 mm. latis, ore circulari angulosove usque 4 mm. diam.. saepe m a r ­ gine p rom inente, hym enio ochroleuco, n o n n u m q u a m ochraceo; ascis 204-260/* longis, 20-25/x crassis, cylindraceis. rectis vel extrem o curvatis, debiliter attenuatis circa basim, communiter a b ru p te in breve pedicello term inando, apice ro tu n d ato isticque aqua iodata caeruleo; sporis globosis 16-18/t diam., nigris vel leviter griseis in p a p y ro alba acceptis, n o n n u m q u a m po rtio n e h y a lin o centrali; paraphysibus ascis aequilongibus, ramulosis. septatis, intus granulationis ochroleucis, cum dilatationis clavatis 6-7 diam., principalitér basim versus, ex tre m u m versus elongatis 3 m diam!., com m uniter p o r ­ tione globosa 4/x diam. term inand o; pycnidiis globosis 1802 6 4 m diam., carbonaceis, duris, fragilibus, rugosisque, in E s te tra b a jo fu é Icido e n .l a Se>ion o rd in a ria dc la Sociedad C hilcna de H is to ria N a tu ra l del 15 de a b ril de 1 9 ^ 6 .


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parvissimis cavitatibus superficie strom a tibus sparcis; pycnidiosporis obovatis atque obbvato-oblongis, fulig in e o -u m b rinis, 5-6/1 longis, 3-4/i latis; sterigm atibus subteretibus 1014,u long., 2 - 2 , crass. py cn io sp o ra ru m plus m inusve concolorantibus; ostiolo non vidi.

P ig .

1.— C y tt a r ia J o h o w ii. a, h îfa de la c a m e ; b . b , b. asco s; c, c, e s p o ra s ; d, d, d, p a rá fisis ; e, esterigm a y p ic n id ic sp o ra s . X 32 3.

C o h a b ita t cum C y tta r ia H a r io ti F IS C H . in N o th o f a g o D o m b ey i ( M I R B .) BL. in silvis subandinis, loco dicto “ A lto de Vilches’’ T alcae provinciae, ubi J a n u a r io anni- 1935 a me detexa fuit. A b o m n ib u s reliques chilensibus speciebus, colore, c a v i­ tate interna, parapbysibus. et sporis recedit. A C y tta r ia G u n nii B E R K . T a sm a n ia e et N o v a e Zelandae. colore, pycnidiis,


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apotheciis distantibus majoribusque, cavo centrali minore, nervis carnis form aque coloreque spo raru m differt. Species in m em oriam sapkntissim i magistri mei Doctori Friderici J o h o w nuncupata. D ih u eñ e con estromas solitarios o gregarios en las r a m i­ llas de N o th o fa g u s D om beyi íM I R B .) BL.. hasta 3 cm. de largo p o r 2 cm. de grueso, globosos u obovados o piriformes, ocroleuco-sucios u ocroleuco-méleos, un poco, brillante-oleosos, huecos, con la corteza coriáceo-m em branosa; carne formada p o r hifas de 2¡i de diám. envueltas en una gruesa túnica de sustancia gelatinosa, es elástica, resistente, ligeramente crema u ocroleuca, débilmente dulce, recorrida por nervios blancos que nacen de la base, anastomosándose entre los apotecios y alrededor de la cavidad central; con dos o varios apotecios globosos o un poco obovados, de 4-5 mm. de diám. o de 5-6 m m . de largo, p o r 4 -5 mm. de ancho, con boca circular o angulosa hasta de 4 mm. de diám. frecuentemente con el margen p rom inente; Himenio ocroleüco, a veces ocráceo; ascos de 204-260/x de largo p o r 20-25/* de grueso, cilindricos, rectos o con el extrem o curvo, débilmente atenuados cerca de la base y term inando, p o r lo com ún bruscamente, en un corto pedicelo, ápice redondeado y aquí se tiñe de azul con el agu¿ iodada; esporas globosas de 1 6 - 1 8/u. de diám., negras o lige­ ram ente grises recogidas en papel blanco, a veces con una porción hialina central; paráfisis del mismo largo que los as­ cos, ramificadas, tabicadas, con granulaciones ocroleucas en el interior y con dilataciones en form a de m aza de 6-7/t de diám., principalm ente hacía la base, hacia el extremo alarga­ das y de 3n de diám., term inando com únmente en una porción globosa de 4«; picnidios globosos de 1 80-264/* de diám.. carbonáceos, duros, frágiles y rugosos, esparcidos por la superficie del estroma en pequeñísimas cavidades; picnidiosporas obovadas u obovado-oblongas, fuligíneo-umbrinas, de 5-6//- de largo p o r 3-4/*. de ancho; esterigmas rasi cilindri­ cos. de 10-14/x de largo p o r 3-4/* de ancho, con un color m u y parecido al de las picnidiosporas: no he visto ostiolo. C oh a b ita con C yttaria H arioti F IS C H . en N othofagu s D c m b e y i en las selvas subandinas. en el lugar llamado "A lto de Vilches” de la provincia de T alca, donde la descubrí en enero 31 de 1935. (1) (1 ) E n febrero d e 1 9 3 8 rccibí ejem plares de este h o n g o de los B años de L o n g a v í en la co rd ille ra de (Linares, d e p a rta m e n to de P a r r a 1, tra íd o s a la Sección de C rip to g a m ia d e, n u e stro M u sc o de H isto ria N a tu ra l p o r el am ig o y coleaa P r o f . C arlo s S tu a rd o O ., y que h ab ía coleccionado sobre coihue ( N o tb o fag u s D o m b e y i) : v en ían ac o m p añ ad o s dé C y tta ria H a rio ti. q ue crecían en la mi>m a p la n ta . E s ta in teresan te colección e x ten d ió hacia el s u r el área geográfica del h o n g o .


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Se distingue de todas las demás especies chilenas p o r el color, la cavidad interna, las paráfisis y p o r las esporas. D e la C yttaria G u n n ii B E R K ., de T a s m a n ia y de N u e v a Z elanda se diferencia p o r 'íl color, p o r los picnidios, p o r los apotecios separados y más grandes, p o r la cavidad central menor, p o r los nervios de la carne y p o r la form a y color de las esporas Especie n o m b ra d a en m em oria de mi sabio maestro D o cto r Federico J o b o w . N o ta : Los colores se refieren a la C ro m o ta x ia de P. A. Saccardo, 1912. . Observaciones: Las hifas de la carne son m u y parecidas, p o r su envoltura, a las hifas de la carne de C y tta r ia G u n n ii BE R K ., que Berkeley publicó con el N . 9 8 en la Fig. 1 de la lám ina C L X I I de F lo ra A ntarctica; esta misma estructura la presentan la Cyt'taria H ookeri B E R K , y la C y tta ria D a r winii BER K, ya indicada p o r Berkeley en la misma obra. Las esporas m a dura s se a p r o x im a n al extrem o del asco. E n la clave de las especies chilenas que p u b liq u é en la Revista Chilena de H istoria N a tu ra l, A ñ o X X X I V ( 1 9 3 0 ) , pp. 141 y 142, se incluirá esta especie en el N . 9 I, letra B y con el N . 9 3, con la siguiente diagnosis: 3. Picnidios en ca­ vidades .pequeñísimas p o r la superficie del estrom a; ai>otecios ocroleucos u ocráceos; carne crema u ocroleuca.

2. U n a especie nueva de A n em o n e L. (* ) •.

Y A N E M O N E MOOREI E S P IN O S A n o v . sp e c . (L á m s . ILI, IV y V y fig . 2 , y fig s. 1 y 2 de la L á m . X I H

*

P la n ta speciosa, conspicua, fruticulescens, subram osa, socíabilis, um bratica nemoris, 1-1,5 m. alta, fragilissim a; radicibus robustis, conicis, longis fragilibusque; caulis erectus, teres, solidus, 1 cm. diám. inferne p arte vaginis imbricatis longe petiolatis folii e m o rtu o ru m et vaginae aequaliter em ortu o ru m inflorescentiarum indutus. F olia erecto-patentes, vaginantes, longe petiolata, 6 0 - 6 2 cm. longa, extrem o cauli 0-7 sita; lam ina ovato-cordata, 18-26 cm. longa, 2 0 cm. lata, margine robuste d en tata dentibusque pungentibus, coriacea,

(* ) T r a b a jo le íd o en la S esión o r d in a ria H is to ria N a tu ra l del 15 de a b ril de 1 9 3 6 .

de

la

S o cied ad

C h ile n a

de


supra viride glabraque, subtus glauca et pubescens pilis albis in nervatio p rom inente, trip innata, pina term inale longe petiolulata petiolulo 3 ,5 -8 ,5 cm. longo, subovata. m a jo r trih d a que segmentis lanceolatis;-segm entum apicale com m uniter trifidum sed segmenta lateralia m u lto p a rv io ra ; pinnae laterales o v a to ’-lanceolatae bi vel trifidae brevissime petiolulatae, petioluli plus minusve 3 m m . longi, s£gm e n tu m ' terminale lanceolatum, altéra breviora; p in n a ru m a p e x m ucronatus; petioli rachidesque pilosii petiolus 23-29 cm. longus, 2-3 mm. 'diam., teres, robustus; vagina plus m i­ nusve 6 cm. longa margine pilosa et centro interno l o n ­ gitudinale etiam p i ­ losa pilis adpressis; senes laminae per tioli deciderunt. V a ginae inflorescentiarum 4-5 cm. Vonga?,. 2 cm. latae, pilis margine centroque in te rno lo n g itu d in a ­ le, dorso extrem um versus, piloso; api• ces pilosissimi, sericei, pennicelli similes. InflorescentiaS (diF ig . 1.— A n :m o n e M o o rc i. carp ., c a rp id io ; chasia) longe pee :t. cstam bre. X 2 0 . dunculatae, axillis vag in aru m inflorescentiarum orientes,! 2 7 -5 6 cm. longae, plerunque tn tl o rae (vel 1 - 5 ): pedunculi inflorescentiarum teretes, 3-4 mm. diam., pilosi, extremo involucro « foliis binis opossitis, sessilibusque, integris trifidesve, usque 7 cm. longis 6 cm. latis, plus minusve obovatis, subtus pilosiusculis vel


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pilosissimis, pilis adpressis, m arginibus dentatis dentibusque mucronatis, sed basim versus integerrimis, ciliatisque segm en­ ta ovata, m ucronata, 2 -4 cm. longa, 2 -3 ,5 cm. lata; ped unculi florales 9 -1 8 cm. longi, p ilo si-v e l pilosissimi, involucro orientes, unus nudus brevior, du o longiores involucellati; folia involucellaria bina, opposita, sessilia, a flore remota, 1,53.5 cm. longa, 1-1,7 cm. lata, subtus pilosa, o b o v a ta vel ovato-cuneata. dentata, dentes robusti m ucronati, basim v e r ­ sus ìntegerrima. Flores erecti tepalis 5-7, deciduis, albi», 3 cm. longis, 1,5-2 cm. latis, ovatis, obtusis, b reviter unguiculatis, apice reflexo, dorso pilis sericeis adpressis o rn a tis; perigonium a pe rtu m 4 - 7 cm. diam .; stam ina tepalis m u lto breviora. 5 -1 2 mm. lo nga cum a.nthera, exteriora brev io ra; fiIamenta fiavida, regularia, filiform ia; anthera flava, 1,5 mm . longa, 0,7 m m . lata; polinis granula globosa, 3 4 - 3 6 ^ dia m .; carpidia 6 mm. lo n g a .in g y n o p h o r o stipite brevi instructa; o variu m o v atu m vel eliipsoidale, leviter' in c u rv a tu m , glabrum, 2 m m . longa, stylus filiformis, 4 mm . longus, rectus, apice circinato; fructis decidui, ellipsoidalis, apice et basim versus atenuatti, 7-8 mm . longi, 3-4. m m . lati, virides, in g y ­ n o p h o r o sparce pilosiusculo, conico-cylindrico, 1 ,5-2,5 cm. longo, 3,5 mm . grosso stipite brevi robusto in struc ti; gy nop h o r u m frucfibus denu d a tu m , stipitibus, f ru c tu u m o r n a tu m manet. F lo re t N o v e m b ri et Decembri, fructificat D ecembri et J a nuario. H a b ita t in loco “A l t o de V ilches’’ dicto, in nem ore su b a ndino provinciae Talcae, ubi J a n u a r io an n i 1935, in fructo, a me detexa f u i t ; D ecembri ipsius an n i ibidem, f lo r i­ da legi. A b in c o lis'“ P a ta de león’’ vocata.' Species ab o m nibus alteris speciebus chilensibus, caule subramoso, altior et robustior, foliis, vaginis inflorescentiar u m et g y n o p h o r o differt. In ho n o rem clariss. Professori et medicinae D octoris E d u a r d i M oore, Musei N atio n alis Chilensis H istoriae N a t u ralis eminentis olim Directoris hanc specierp appello. P la n ta hermosa, conspicua, subarbustiva, poco ram osa sociable en la so m bra del bosque, de 1-1,5 m. de alto, m u y quebradiza; con ràices robustas, cónicas, largas y q u e b r a ­ dizas; tallo erecto, cilindrico, sólido, de 1 cm. de diám ., c u ­ bierto en la parte inferior con las vainas im bricadas la rg a ­ mente pecioladas de las hojas m u e rta s y p o r las vainas ig u a l­ mente m uertas de las inflorescencias. H o ja s le v an ta d o -e x te n -


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didas, envainadoras, largam ente pecioladas. de 6 0 -6 2 cm. de largo, situadas en n úm e ro de 6 -7 en el extrem o del tallo; la lá m in a es aovado-cordada, de 1 8-2 6 cm. de largo p o r 20 cm. de ancho, con el margen robustam ente d entado y los dientes punzantes, es coriácea, arriba verde y glabra,, debajo es glauca y pubescente con pelos blancos en la nerviación p r o ­ m inente, es tripinada, con la pina te rm inal largamente peciolulada con el peciólulo de 3 ,5 -8 ,5 cm. de largo, algo a o v a ­ da, más grande y trífida con los segmentos lanceolados; el segmento apical com unm ente trífid o pero los segmentos late­ rales son m uc h o menores; las pinas laterales son aovatíolanceoladas, bífidas o trífidas y m u y cortamente pecioluladas con los peciólulos de más o menos 3 mm . de largo, el seg­ m e n to term inal es lanceolado, los otros son más cortos: á p i ­ ce de las pinas m u c ro n a d o ; pecíolos y raquis peludos; el pe­ cíolo de 2 3 -2 9 cm. de largo p o r 2-3 mm. de diám., es cilin­ drico, rob'usto; la vaina es de más o menos 6 cm. de largo con el margen, peludo y tam bién peluda p o r el centro interno lo n g itu d in al con pelos aplicados; las láminas viejas se des­ prenden de los pecíolos. Las vainas de las inflorescencias miden de 4-5 cm. de 'largo y 2 cm. de ancho, con pelos en el margen y en el cen­ tro interno longitudinal y con el ¡dorso hacia el extremo, p e ­ lu d o ; los ápices m u y peludos, sedosos, parecidos a un pincel. L as inflorescencias (dicasios) largamente pedunculadas, salen de las axilas de las vainas de las inflorescencias, de 2756 cm. de largo, com unm ente trifloras (o 1-5) ; los p edú nc u­ los de las inflorescencias son cilindricos, de 3-4 mm. de diám.. peludos, con un involucro en el extremo, de dos hojas opues­ tas y sésiles, enteras o trífidas, hasta de 7 cm. de largo y 6 cm. de ancho, más o menos obovadas, debajo algo peludas o pe­ ludísimas con pelos aplicados, con las márgenes dentadas y los dientes mucronados, pero hacia la base enteras y ciliadas; los segmentos aovados, mucronados, de 2-4 cm. de largo por 2-3,5' cm. de ancho; pedúnculos florales de 9-18 cm. de la r­ go, peludos o peludísimos, nacen del involucro, uno es des­ n u d o y más corto, dos más largos involucelados; hojas in v o ­ lu c ra re s dos, opuestas, sésiles, distantes de la flor, de 1,5-3,5 cm. de largo y de 1-1,7 cm. de ancho, debajo peludas, ao v a­ das o aovado-cuneadas, dentadas, con dientes robustos mu crcnadas, hacia la base son enteras. Flores erguidas con 5-7 tépalos blancos, caedizos, de 3 cm. de largo y de 1,5-2 cm.


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de ancho, aovados, obtusos, cortam ente unguiculados, con el ápice reflejo, ado rna dos en el dorso con pelos sedosos a p li­ cados; el perigonio abierto mide 4 - 7 cm. de d iá m .; los es­ tambres son m uc ho más cortos que los tépalos, de 5 -1 2 m m . de largo con la antera, los exteriores son m ás cortos; los fi­ lam entos amarillentos, regulares, filiformes; la an tera a m a ­ rilla mide 1,5 mm . de largo y 0,7 m m . de anc ho; los granos de polen globosos de 3 4-3 6 de diám .; carpelos de 6 m m . de largo pegados p o r un corto estipe en el g in ó fo ro ; el o v a ­ rio es aovado o elipsoidal, ligeramente curvo, glabro, de _2 mm. de largo, el estilo es filiform e de 4 mm . de largo, recto, circinado en el ápice; frutos caedizos, elipsoídeos, atenuados hacia el ápice y hacia la base, de 7-8 m m . de largo y de 3 -4 m m . de ancho, verdes, pegados p o r u n cortó y robusto esti­ pe en el g inóforo que es esparcidamente algo piloso, cónicocilíndrico, de 1,5-2,5 cm. de largo y de 3 -5 m m . de grueso: el g inóforo desprendido de los frutos, queda a d o rn a d o con los estipes de ellos. Florece en noviem bre y diciembre, fructifica en diciem­ bre y enero. H a b ita en el lugar llam ado " A lt o de V ilches” en el bos que su b a n d in o de la provincia de T alca, d o n d e en f ru to la descubrí en enero 30 de 1 9 3 5 ; en diciembre 4 del m ism o añ o la recogí florida en el m ism o lugar. L a gente la llam a “ P a ta de león” . Se diferencia de todas las otras especies chilenas p o r el tallo algo ramoso, más alto y más robusto, p o r las hojas, p o r las vainas de las inflorescencias y p o r el ginófo ro . N o m b r o esta especie en h o n o r del ilustre P ro f e so r y D o c to r en M edicina E d u a r d o M oore, ex director del M u ­ seo Nacional C hileno de H isto ria N a tu ra l. N o ta ; Los colores aquí indicados correspond en a la C ro m o ta x ia de P. A. Saccardo, de 1912. Observaciones: Las hojas tienen cierto parecido con las hojas grandes del gevuin o avellano chileno (G e vuina ave-’ llana M o l . ) . Crece la p la n ta en el sotobosque de la falda boscosa que cae al E stero de Vilches p o r el norte, a orillas del pintoresco sendero que va desde el H otel P ic a z z o hacia el estero. E l hotel está situado a 1 2 8 0 m. s. n. m. v es m u y concurrido en verano, po rq u e allí se puede g oza r de u n clima delicioso, tonificante y de u n p a n o r a m a fantástico en medio del boscaje soberbio, rico en material b o tá nico; las C o lo n ias Escolares talquinas son llevadas a u n local de aquella región para hacerles desaparecer sus achaques. L ocalidades vecinas


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p ara h erb o riza r son: A lto de Los Robles al sur del Estero de Vuches, el Cerro_ Peine, al este del hotel, que se eleva 1820 m. s. n, m., el río Lircay al norte, que en su ribera derecha posee el majestuoso peñón de La P á ja ra de O ro y un ooco mas alejados, hacia el N E ., están Los Coihues del L ir c a y ‘y la L o m a Larga, con sus ñires y lengas. O tra altura notable al no rte del Lircay es la de Los T re s Cuernos, llamada así por la form a particu lar de su cúspide, se levanta 1860 m. s. n. m. Es esta pla n ta una anemone más de la provincia floral chilena de transición. E l n om bre genérico viene del gr. anemone: de ánemos. viento. A lg u n as plantas, del bosque que acom panan a esta ranunculácea son: A extoxicon pu n ctatu m R. et Pav. N o th o tag us procera (Poepp. et E n d l.) Oerst., N oth o fag u s D om beyi ( M irb .) Bl., L om a tia dentata R. Br., Gevuina avellana M ol., S o p hora Inacrocarpa Sm., A zara serrata R. et Pav., M yrceugenia lum a (M o l.) J o h o w (Myrseugenia a.púqulata ( D C .) N d z . ) . L ardizabala biternata R. et Pav., H ydrangea integerrim a (H ook. et lAIrn.) E ngl. y L uzuriaga radicans R. et P av . E n o tr a o p o rtu n id a d nos ocuparemos de las demás pla n tas recogidas. 3.

U n a especie nueva de O p u n tia

(T O U R N .)

M ILLER.

O PU N T IA REICHEANA E S P IN O S A nov. sp e c. fL á m s . V I , ViH, V i l i , IsX y X , y figs. 3 y 4 de la L á m . X I I I -

Uregaria vel solitaria, perennis. pu'lvinata, pulvinis 0 ,2 0 -2 m . diam., 0 . 2 0 - 0 , 8 0 m. alti; articuli ovati vel ovatooblongo-conici, usque 5 cm. longi, 2,5 cm. crassi, virides sed suam basem versus albescentes, lévesque, seniores ad so lu m .sitis breviores, trasversaliter rugosi, melleo-ochroleuci; areolae circulares 6-8 mm . diam. vel subellipticae, tom ento albo substram ineo vestitae, glochidiis numerosis, stramineis sive cremeis usque 1,5-2 cm. longis cinctae; medietas inferna articulorum sine aculéis vel paucis, articulorum parallelis, sed ex trem um versus areolae aculéis numerosioribus; aculei inaequales: 1-2 centrales longiores, supra plani frecuenter canaliculati, subtus convexi interdum subcarinati, »-obusti, ri­ gidi, pungentes, albi vel subochroleuci vel subferruginei, m a ­ jo r ad 4 -5 cm. longum, 0,2 cm. la tum a base, oblique patu-


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li, i n te r d u m quasi h o r iz o n ta le s , frecuen ter 1-3 aculéis p a r v io ris, compressis, setis sim ilib u s basem versus a rticu li inclinatis, i n te r d u m s u b c o n to r t is co m ita ti, * , F o lia s q u a m if o rm ia , coriacea, p a r v a 2 m m . long a , 1,5 m m . lata. ovat;o-lanceolata, acuta, ru b ella vel a lbica ntia , base a r e o la r u m sita. F lo re s usque> 8,8 cm. lo n g i; o v a r i u m o b o v a t u m 2 , 7 cm. l o n g u m 2 , 5 - 4 cm. crassum, a r e o la tu m ; areolae gio c h id ia pilosque alb o s gerentes, s q u a m iis ¿Ojnspicíuis, flavo-viriduilis dein de r u b ris ; ov arii lo c u la m e n tu m s u b g lo b o s u m 7-8 m m . d ia m . ; p e r i a n t h i u m usque 2 ,8 cm. lo n g u m et aper'-um 7 - 7 ,5 rm . d ia m ., sepalis lanceolatis vel lin e ari-lanceolatis, rubellis, carnosis, m u c ro m ila tis, ex terio ra brevia 1 cm. longa , 4 - 5 m m . lata, se qu entia in te rio ra 1 cm. lon g a , 5 - 6 cm. lata, o m n ia m a rg in e m e m b r a n a c e a ; p é ta la o b o v a ta , 0 , 1 2 - 2 . 8 cm. lon ga, 9 - 1 2 m jn . lata, m u c r o n u l a ta , f la v o - v ir id u la ; s ta m in a cremea, 6 - 7 m m . lon g a , fila m e n tis s ty l u m versus curvatis, a n th e r a e o b lo n g a e ; p o llin is g r a n u la globosa, 64-72/* d ia m .; stylus a lb o -su b s tra m in e u s, cyliridricus, s ta m in ib u s lo n gior, 18 m m . lo ngus, 3-5 m m . crassus, a base b re v ite r a t te n u a tu s ; stig m a viride. 1 0 - 1 2 - r a d ia t u m , radiis suberectis, 3 m m . Io n gis, 1 m m . latis, e x t r e m u m versus atten u a tis, sicci rubelli. F r u c t u s f l a v o - v ir id u li vel flavi, subglo bosi, 2 , 3 - 2 , 5 cm. diam . o b o v a tiv e vel o b o v a t o - o b l o n g i, 4 cm. longi, 2 , 3 - 2 , 5 rm . crassi, e x tre m o p r o f u n d e cu p u lati, m a t u r a n t a F e b r u a r io ; se m in a lenticularia, 3 - 4 m m . d ia m ., b adia, d e b ilite r r u ­ gosa. P l a n t a a b incolis “ c h u c h a m p e ” , “ p e g o te ” , " g a r i t o ” , et “ le o n cito ” n o m in a ta . H a b i t a t in “ V a lle del r ío del T o r o ” dicto, 3 5 5 0 m . s. m. et circum th e rm a s “ B a ñ o s del T o r o ’’ dictas. 3 4 4 0 m . s. m., in a n d in is E lq u i, C o q u i m b o p ro vinciae, u b i v ig in ti J a n u a r ii a n n i 1 9 3 6 legi. Species in m e m o r ia m e m in e n ti b o ta n ic i M usei N a t i o n a lis C hilensis H isto ria e N a tu r a lis , P r o f e s s o ri D o c t o r i C a r o l i Reiche dicata. O p u n c ia gregaria o s o li ta r ia ’ perenne, f o r m a n d o cojín, los cojines de 0 , 2 0 - 2 m. de d iá m . y de 0 . 2 0 - 0 , 8 0 cm. de alto, con los a rtícu lo s a o v a d o s u a o v a d o - o b lo n g o -c ó n ic o s , h a s ta de 5 cm. de la rg o y de 2 ,5 cm. de grueso, verdes, p e ro hacia su base b la n q u e c in o s y lisos, los viejos situ a d o s j u n t o al su e­ lo son m á s cortos, tra n s v e r s a lm e n te rugosos y m é leo-ocroleucos; aréolas circulares de 6 - 8 m m . de diá m ., o alg o e líp ­ ticas, revestidas de u n to m e n to alb o algo p a jiz o , r o d e a d a s de


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glóquidas numerosas, pajizas o cremas, hasta de 1,5-2 cm. de largo; la m itad inferior de los artículos sin espinas o con pocas, paralelas a los artículos, pero hacia el extremo con las espinas de las aréolas más numerosas; espinas desiguales: 1-2 centrales más largas, planas arriba, frecuentemente ca­ naliculadas, debajo convexas a veces algo carinadas, robustas, rígidas, pun za n te s, blancas o ^lgo ocroleucas o algo m o h o ­ sas, la m a y o r mide cerca de 4-5 cm. de largo y 0,2 cm. de ancho en la base, están oblicuam ente extendidas, a veces casi horizontales, frecuentemente acompañadas p o r 1-3 espinas menores, com primidas, parecidas a cerdas, inclinadas hacia la base del artículo, a veces algo retorcidas. L as ho ja s son escamiformes. coriáceas, pequeñas, de 2 m m . de largo por. 1,5 mm . de ancho, aovado-lanceoladas, agudas, rojizas o blanquecinas, situadas en la b3se d e . las aréolas. Las flores pueden alcanzar hasta 8.8 cm. de largo; ov a­ rio o bovado, de 2,7 cm. de largo y de 2,5-4 cm. de grueso, areolado; las aréolas llevan glóquidas y pelos blancos, con escamas conspicuas amarillo-verdosas, después rojas; el loculam ento del o vario es subgloboso de 7-8 mm. de diám.; el periantio hasta de 2,8 cm. de largo y abierto mide de 7-7,5 cm. de diám., con los sépalos lanceolados o linear-lanceolados, rojizos, carnosos, mucronulados, los exteriores cortos de 1 cm. de largo p o r 4-5 mm. de ancho, los siguientes interiores 1 cm. de largo p o r 4 -5 mm. de ancho, todos con el m a r ­ gen m em b ranoso; los pétalos son obovados. de 0 ,1 2 -2 ,8 cm. de largo y de 9-12 m m . de ancho, mucronulados, débilmen­ te verdes; los estambres son cremas, de 6-7 mm. de largo, con los filamentos encorvados hacia el estilo, las anteras son oblongas, los granos de polen son globosos de 6 4 -7 2 v de diám .: el estilo es blanco algo pajizo, cilindrico, más largo que los estambres, de 18 m m . de largo y de 3-5 mm. de grue­ so, brevemente atenuado en la base; el estigma es verde con 10-12 radios, éstos algo erectos de 3 mm. de largo y de 1 mm. de ancho, atenuados hacia el extremo, secos son rojizos. Los frutos son amarillo-verdosos o amarillos, casi glo­ bosos. de 2 ,3 -2 ,5 cm. de diám. u obovados u obovadooblongos de 4 cm. de largo y de 2,3-2,5 cm. de grueso, p r o ­ fundam ente cupulados en el extremo, m a d u ra n en febrero; las semillas son lenticulares de 3-'4 mm. de diám.. bayas, dé­ bilm ente rugosas» ,, )t P la n ta llamada vulgarm ente “ chucham pe", “ pegote’ „ “ gattito” y “ leoncito” , nom bres que también se aplican a otras especies de O p untia.


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H ab ita en el Valle del río del T o r o a 3 5 5 0 m. s. n. m. y alrededor de las termas “Baños del T o r o ” a 3 4 4 0 m. s. n. m., en los A ndes de E lq u i de la provincia de C o q u im b o , d o n ­ de la recogí el 20 de enero de 1936. Especie dedicada a la mem oria del em inente b o tánico del Museo N acional C h ilen o de H isto ria N a tu r a l, P ro f e so r D o c to r C arlos Reiche. N o ta : Los colores se refieren a la C r o m o to x ia de P . A. Saccardo, 1912. Observaciones: E sta es, de seguro, la p la n ta a que el D r. Reiche se refiere en su G ru n d z ü g e der P fla n z e n v e r b re itu n g in Chile, 1907, p. 182, al tr a ta r de la vegetación de los B años del T o r o . C o m o O p u n tia sp. está indicada en mi tr a b a jo : ‘A l g u ­ nas pla n tas de R ivadavia a los Baños del T o r o ” , publicado en la Revista C hilena de H istoria N atu ra l, añ o 4 2 ( 1 9 3 8 ) p.p. 3 2 3 - 3 3 0 , la pla n ta está citada en la página 326. Las glóquidas con la edad se to r n a n m ohosas prese n­ tándose como grandes mechones de ese color en las articu la­ ciones viejas; dichas glóquidas poseen ganchos del ápice a la base. Las semillas se ven blancas p o r el arilo que las e n ­ vuelve. Los pelos de las aréolas son sencillos y pluricelulares. Las aréolas del ovario, a veces, están sólo en la m itad superior. L a flor duerme, se cierra en la tarde y se abre al d ía si­ guiente, siendo visitadas p o r him enópteros. L a fotografía de la flor salió mal, p o r lo que no se p u d o aco m p a ñ ar a este apunte. C onsidero a la planta, entom ógam a. C u a n d o se seca se presenta com o u n m o n t ó n blanco. E n febrero de 1938 recogí ab u n d a n te m aterial c o n . f r u ­ tos. C u ltiv o ejemplares del añ o 36 y del año 38 en el M u ­ seo y están bien; del ejem plar del añ o 36 m a d u r a r o n frutos, que venían verdes. C u ltiv o tam bién O p u n tia C am achoi E S P I N O S A traída de A ntofag asta en 193 0 p o r el Ing. A g ró n o m o d on C arlos Cam acho y por el P ro f. H u m b e r to F uenzalida, jefe de la Seccción Paleontológica del Museo Nacional, quien la tr a j o en m ayo del 35 de la región entre San P e d r o de Atacr.ma y el Licancaur. es un b o n ito ejem plar de 'cojín del cual a c o m p a ­ ñam os dos fotografías para ilustrar m ejor la f o rm a de sus articulaciones, y el conocimiento de la p la n ta (L á m . X I y fig. 5 de la L ám . X I I ) .


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E l D r. E. W e r d e r m a n n botánico del Museo de BerlínDahlem , que estuvo en Chile, publicó en N o tiz b la tt des Botanischen G artens un d M useums zu Berlin-D ahlem N . 9 97 (Bd. X .) 1929, p. 7 5 2 - 7 5 8 , un trab a jo sobre algunas o p u n ­ cias chilenas en cojín (Ü b e r einige chilenische P o lste r-O pu ntien ), en el cual describió una especie nueva: O p u n tia L eon­ cito W E R D , nov. spec. de la prov. de Atacama, D p to. de Copiapó, C ord. R ío T u r b i o , Co. Cadillal, alt. pa. 3 8 0 0 m.: es conocida con el nom bre de “ L eoncito” y dice el D r. W erd e r m á n n “ que p o r el color de sus espinas grises o blancoam arillentas dari los cojines, a cierta distancia, la impresión de ovejas o leones blancos y que por esto ú ltim o se llaman “L eoncitos" p o r la gente"; pero este mismo nom bre se ex­ plica de o tra m anera en la prov. de C oqu im bo (Elqui, O vaÍle, C h o a p a ) , como ya lo dije antes, en otro trabajo p u b li­ cado, al tr a ta r de O p u n tia ovata. Las o tras opuncias en cojín del trabajo del Dr. W erderm an son: O. Rahm eri P H I L . prov. de Atacama, Depto. de Chañara!, vecindad de Potrerillos; O. atacamensis P H IL ., prov. de Atac., D epto. de Copiapó, Sierra San Miguel, 35 00 m. alt., se conoce con el nom bre vulgar de “C h u c h a m p i " ; O. tarapacana P H I L ., de las planicies altas de las provs. de A nto fagasta y T arap a cá . A com pa ñ a tam bién el D r. W erd. una clave para estas es­ pecies de O p untia. L a O. Reicheana E S P I N O S A se distingue de O. Leoncito W E R D .,, principalm ente p o r la form a de sus artículos, p o r la fo rm a de sus espinas, p o r sus glóquidas ganchudas totalm en­ te y p o r la form a y color de sus semillas. E l establecimiento termal de los Baños del T o r o queda en la cordillera del D epto. de Elqui, a la orilla derecha del río del T o r o después de su conjunción con el río Malo, éste se llam a así porqu e a sus aguas se atribuyen propiedades venenosas. Las termas son m uy visitadas en verano; son aten­ didas con esmero p o r su concesionario señor J u a n Barraza: el clima ahí es excelente y se pueden hacer excursiones cien­ tíficas a sus alrededores; D o ñ a A na (5 6 9 0 m. s. m.) y Las T ó r t o la s ( 6 3 2 3 m. s. m .) son las mayores alturas que se divisan desde la localidad; al pie de este ú ltim o cerro h ay p a ­ ro (Paso de Las T ó rto la s , 4 8 1 0 m. s. m.) hacia Argentina. Las propiedades medicinales y composición de estas aguas te r­ males han sido publicadas p o r E. E spinoza en su Geogra­ fía Descriptiva de la República de Chile. Son las termas más altas chilenas y posiblemente las más altas del globo (E. E s ­ p inoz a, L. Risopatr(i5n).


Acercándose p o r el valle del río del T o r o hacía D o ñ a Ana, se llega a la localidad llam aba “ E l T o r o M u e r t o ’’, en cuyas faldas orientales se puede coleccionar la medicinal "chachacom a” (Senecio erio p h y to n R e m y ) . A l lado norte de las casas están las vertientes de agua caliente que van a alim entar un a buena piscina p ara el ser­ vicio de los interesados. L a 1te m peratura de estas aguas es de óO’C . ; en ellas vegetan algas. El agua p o ta b le 1traída de la quebrada del río T o r o es excelente. El n om bre de Baños del T o r o , según relatos locales, se debe a que unos árrieros dejaron a b a n d o n a d o a u n to r o e n ­ fermo, p o r n o p oder c o n tin u a r viaje con él; al añ o siguiente, p asando p o r el m ism o lugar los que lo h a b ía n abandon ado? encontraro n con adm iración que el enfermo, a quien creían m uerto m ucho tiem po atrás, había m e jo ra d o p o r com p leto y estaba hermoso, debido a que el an im al se puso en contac­ to con las -aguas medicinales, d a n d o a conocer así sus m a ­ ravillosas propiedades.


A p u n te s B o tán ico s

L á m . í.

raria J o h o w ii a rrib ^ ^ s tr o m a s

en tero s;

ab ajo ,

est rom-as en n a tu ra l.

sección

lo n g itu d in a l.

T am año


L á m . II.

A p u n ta s B o tá n ico s

C y tta r ia J o h o w i i: en ram illas de -coihuc. T a m a ñ o n a tu ra l.


A p u n t e s B o tá n ic o s

T, La m . III.

A n em o n e M o o r e i: a, ex tre m o s fru c tífe ro s con involucelos y con g in ó fo ro s despren d id o s de la m a y o r p a rte de los f ru to s . T a m a ñ o n a tu ra l, b , p la n ta trirra m o sa . T a m a ñ o reducido c, h o ja . T a m . reducido.


A p u n t e s B o tá n ic o s

Lám. V.

A n em o n e M o o re i: Inflorescencias. T a m a ñ o r.d u c id o .


, .

A p u n t e s Bo tá ni co s

v

•'

O p u n tia R eich ean a : fracc ió n . T a m . red u cid o .

...

Lám. VI. •*, ...


O p u n tia R eichcana: vĂŠrtice de las articu lacio n e s, m o s tra n d o las espinas p o r la cara su p erio r. T a m a Ăą o n a tu ra l.


Lám. V III.

A p u n te s B otá nic os

O p u n tia R eich can a : fracciones con fru to s .T a m a ñ o reducido .


a, ram as con f ru to s :

O p u n tia R eich san a: b. c o jĂ­n con u n a flo r. T a m a Ăą o

reducido.


A p u n t e s Bo tá nic os

Lám. XII.

F ig . 1, e x tre m o flor,al del A n e m o n e M o o re i E S 'P S A . n o v . spec. de ta m a ñ o red u cid o : 2, ta llo seco con tres ram ifica cio n e s, de la m ism a p la n ta de ta m a ñ o re d u c id o ; fig . 3 , f ru to s de O p u n tia R eich ean a . el de la derecha e n sección lo n g itu d in a l, ta m a ñ o n a tu ra l; fig . 4 . sem illa s c o n a r ilo y s' n el y. en sección p ir a m o s tra r el e n d o sp erm a y el e m b rió n , éste, ad em ás, sep arad o a b a jo , ta m a ñ o n a tu r a l; fig . 5, O p u n tia C a m a c b o i E S P S A .. fracció n de un c o jín de ta m a ñ o roducido .


A L G U N O S A F L O R A M I E N T O S P A L E O Z O I C O S D E LA DESEM BOCADURA DEL CHOAPA P o r H U M B E R T O F Ü E N Z A L ID A V IL L E G A S Jefe <Je la Sección G eología.

M u y pocos han sido los sitios en donde se han señalado afloram ientos del paleozoico, en nuestro país. Hasta la fecha de la publicación del trabajo del Dr. H ans Bruggen, solamen­ te se contaban dos, u n o señalado p o r W E T Z E L en la C o r d i ­ llera de T o c o p illa y el otro en la desembocadura del río Choapa, donde P h ilip p i y don L orenzo S U N D T , ya en 189798, h ab ían señalado la presencia de una fauna, probablem en­ te devónica o del C a rbon ífe ro inferior íl"). C on ocasión de los trabajos realizados para la segunda . h o ja de la carta geológica de Chile', se h an venido a ampliar considerablemente nuestros conocimientos sobre esta segun­ da zona de afloram ientos paleozoicos. C om o he tenido al­ guna intervención en estos hechos paso a dar, a continuación, algunas informaciones, que no tienen otro fin que ayudar al esclarecimiento de los hechos paleontológicos y estratigráficos que ellos implican. Esta contribución, pues, quedará en ■ el terreno modesto que le im ponen las condiciones de tr a b a ­ jo en que nos encontramos en Chile en las ciencias corres­ pondientes. Los p u n to s fosilíferos explotados han sido descubiertos en su gran m ayoría p o r el señor ingeniero don Jorge M u ñ o z Cristi, d u ran te sus trabajos en el terreno, algunas veces en colaboración con el subscrito. Ellos son, principalmente, con indicación de los materiales en que venían englobados los o r ­ ganismos, los siguientes: l . 9) Pizarras negras de Huentelauquén (desembocadura del C hoapa) : 2.9) Calcáreos de Huentelauquén (afloram ientos en el sitio denom inado La L a g u ­ na} : 3.9) Calizas, de La Cantera, (cerca de las casas de la H a ­ cienda de ese nom bre) ; 4.9) Calcáreos y pizarras de la Que(1 ) 1934. p.

G ru n d z ü g a 7.

der- G .o lo /i e

und

L a g g erstate n k u n d c

C hiles.

L e ip zig .


38 —

brada de M illahue (afluente del C h o a p a cerca de su desem­ bocadura) . Los prim eros de estos afloram ientos fueron estudiados p o r L ore nzo S U N D T en 1897 en el Bol. de la Sociedad Nac. de M inería, en u n artículo in titula do “U n a form ación calcá­ rea y fosilífera cerca de la desembocadura del C h o a p a ’" ( 1 ) . El material paleontológico recogido p o r el Sr. Ingeniero L. S U N D T , fué rem itido a d on Federico P H I L I P P I para su determinación ( 2 ) . Este lo h iz o llegar a m a n o s del D r. Ka-rl A. von Z I T T E L , quien p u d o reconocer la presencia de P r o ductus longispinus S O W ., algunas articulaciones de tallos de Crinoideos que refiere d u b ita tiv a m e n te a Poteriocrinus, y un a especie de P ro d u c tu s indeterm inada. P H I L I P P I , que da cuenta de estos hechos en una pequeña nota publicada en el “ Z eitschrift der Deutíschen géologische Gesellschaft" ( 2 ) , agrega que, según la op in ió n del eminente paleontólogo, “ las pizarras del lecho del río C h o a p a sólo adm iten la alternativ a entre el D evónico y el C a rb o n ífe ro inferior, pero que las m a ­ yores probabilidades están en favor de la ú ltim a edad” ( 3 ) . M ás tarde, en 1922, esas mismas p izarras fueron estud ia­ das p o r P a b lo G R O E B E R ( 4 ) , quien dice h a b e r recogido cerca del mar, "en unos banq u ito s delgados con fósiles” i n ­ tercalados en las pizarras negras, p rincipalm ente Productfus e x - g r u p o ' longispinus S O W ., Reticularia tóneata M A R T I , P le o u ro p h o ru s cf. suboval’j s W A A G . y P seu d o m o n o tis G arforthensis K IN G . L o s bancos de calizas estaban constituidos p rincipalm ente p o r bivalvos, pero la m a y o ría de los restos eran indeterminables. M ien tras Zittel se p r o n u n c ió p o r la edad car­ bonífera de esta formación, como lo vim os anteriórm ente, Groebber, basándose principalm en te en la presencia de P se u ­ dom o n o tis G arforthensis y citando u n texto de W a ag e n sobre el género P seudom onotis, prefiere referir la edad de esos te(1 ) p p . 139 a 141. (2 ) “ U e b e r palao zo isch e S ch ic h ten in C h ile " , 1 8 9 8 . P o r c ircu n stan cias fácilm en te explicables, la N o tai p u b lic a d a en la rev ista alem an a aparece f irm a d a p o r d o n R . Á . P h ilip p i, en ta n to q u e en el a r tíc u lo de S u n d t se df-jiai claram e n te co n sta n cia de q u e el m a te ria l fu é e n tre g a d o a d o n F ed erico . P o r o tr a p a rte , la m ism a n o ta p u b lic a d a en lia, revista a k m a n a v ió la lu z en lo s Amales de la U n i ­ versid a d de Ghi'le, en d-onde apareo? firm a d a co rre c ta m e n te p o r d o n F ed erico P h ilip p i. ( t . C I. 1 8 9 8 ) . '( 3 ) " D ie S cb iferg esK in e des B ettes des F lu sse s C h o a p a w o h l n u r die W a h l z w is d ré n D e v o n u n d U n te r - C a r b o n lassen, aber d ie g ro s:ere W a b rs c h e in ¡ie h k eit f ü r letztenes s p r i d r t ” . (4 ) P érm ico y T riá s ic o en la C o s ta d'£ C h ile. P b y sis. V . 1 9 2 2 , p p . 3 1 5 7 sgs.


39 —

trenos a¡i Pérm ico. E n realidad, v in o a estudiar estos a flo ra ­ m ientos con un p a rti-p ris declarado: “P o r estudios hechos — dice en el segundo párrafo*de su N o ta— sobre el carbonífero y el P érm ico en años anteriores, se me ha hecho fam iliar la considerable p ropagación vertical de m uchos b raquiopodos desde el V iséano (p arte superior del C arb o n ífero inferior)

h asta el C a rb o n ífero superior y el P érm ico; entre estas form as se cuenta el g ru p o de P ro d u c tu s longispinus. E xistía, pues, la posibilidad de que se tra ta ra de u n fósil recolectado en el Pér mico. C onocem os ya, desde hace tiem po, el yacim iento de fó ­ siles del Paleozoico superior deseubierto p o r A guiar en la Precordillera de San J u a n (B arreal) y reconocido p o r Keidel co­


40 —

m o Pérm ico. C om o el p u n to de h allaz g o de Productus longis­ pinus está situ ad o en la m ism a 'latitu d , era de interés c o m p ro ­ bar, si se tra ta ría efectivam ente, de depósitos pérm icos, de d o n ­ de resultaría entonces su p ropagación en am bos lados de la C o rd ille ra ” . N o es raro, pues, que del pequeñ o m uestreo co n ­ seguido en esa o p o rtu n id a d pusiera el acento en las piezas que favorecían su o p in ió n , descuidando o tras com o P. Longispi­ nus y Reticularia lineata que fig u ran entre los fósiles caracte­ rísticos del C a rb o n ífe ro de1! P erú ( 1 ) . L o que es m ás in te ­ resante en el tra b a jo de G R O E B E R es que a pesar de que v i­ sitó m u y ráp id am en te esta región tu v o el presen tim ien to de que se tra ta b a de los m ism os aflo ram ien to s que en San J u a n a p a ­ recen in terestratificados en el seno de m orren as del paleozoico. A este respecto es bueno citar este o tro te x to que da a m a ñera de conclusión: “ P a ra el caso n uestro sacam os entonces com o consecuencia que las p iz arra s con Producéis longispinus del río C h o ap a son m uy p ro b ab le m en te pérm icas y que corres­ p o n d en entonces, probablem ente, a las capas fosilíferas in te r­ caladas en las m orrenas pérm icas de la P re co rd ille ra de. San J u a n ” . E fectivam ente, el interés que presentan las p iz a rra s n e ­ gras de H uentelauquén, com o p u d o darse cuenta d o n Jo rg e M u ñ o z C risti desde su prim era visita a estos lugares, es que aparecen en relación con brechas m u y potentes, sem ejantes a las que se observan en la v ertiente arg en tin a de la C o rd ille ­ ra. D e este m odo la discusión de la edad de las C apas de H u e n ­ telauquén se co n fu n d ía con la de San Ju a n , que p o r esos años estaba en to d o su vigor. A llí h a b ía n sido estudiadas p rim e ro p o r B O D E N B E N D E R y p o r S T A P P E N B E C K , qu ien las co ­ locaba en el P iso del Spjirifer supramosquensis ( 2 ) . E ste ú lti­ m o dice: “ . . . S ólo he p o d id o co n statar con seg u rid ad el S pirifer supramosquensis N IK . P o r esta razó n , indico — pero con reservas— el piso com o P iso de S p irife r su p ram o sq u en sis,” M ás tarde, Keidel com enzó sus estudios en esta región y d ab a sus p rim eros resultados en 1914. E n 1922 pu b licó su artícu lo "S o b re la d istrib u ció n de los depósitos glaciales del P érm ico en la A rg e n tin a ” en el cual insistía sobre la edad P érm ica de los depósitos correspondientes. Sin em bargo D u T O I T . que tam b ién tra b a jó en la región en 1927, recogió un co n ju n to faunístico im p o rta n te, el cual rem itió a F. C O W P E R R E E D . de E d im b u rg o , para su determ inación. L a m o n o g rafía que los (1 ) Vé:.se S tein m an in : "G eología* d el P e r ú ” . H eid e lb erg 1 9 3 0 , p . 4 9 , y F o rb c s: R o y a l G eol. Soc. 1 8 6 1 . (2 ) “ L a P r t t o r d i l k r a de S an J u a n y M e n d o z a ” . A n ales del M in . d : A g ric u ltu ra . T . I V . N .9 3 . 1 9 1 0 . p ág s. 3 7 y 3 8 .


— 4 1 .— describe viene com o apéndice en 'la ob ra de D u T O I T y sus determ inaciones vienen a insistir en la edad C a rb o n ífero su ­ p e rio r p ara los yacim ientos correspondientes ( 1 ) . E l desacuer­ do respecto de las capas de la R epública A rg en tin a quedaba, pues, p la n tea d o en iguales térm inos que respecto d i las capas chilenas. E n estas condiciones entra a considerar la cuestión H. G E R T H en su obra “ Geologie von S üdam erika” . E n una obra del carácter de la del doctor de la U niversidad de A m sterdam , lo s hechos estratigráficos debían ser los que p rim a ra n en su juicio. D espués de discutir respecto a la edad de algunos de los organism os señalados p o r R E E D , declara que cree m uy v ero ­ sím il que los afloram ientos del B arreal correspondan a un p ér­ m ico basal, p osibilidad que cree ver reforzada p o r la circuns­ tancia de que la fauna de B arreal no presenta nin g u n o de los organism os típicos de los’afloram ientos del carbónico en Perú, B olivia y en la región A m azónica. C om o estos últim os co­ rresponden al lím ite superior del C arbonífero , la fauna del B arreal debe corresponder al Pérm ico inferior. Respecto de los aflo ram ien to s de H uentelauquén, dice: “E in gleiches unterperm íshes A lter w ie diesen m arinen Schichten der V orcordil'lere besitzt ein an n äh ern d unter denselben Breiten, aber weiter w estlich, an der chilenischen K üste gelegenes V orkom m en jungpaläozoisch er, m ariner Fossilien. Es w urde schon v o r la n ­ gem v on R. A. P H I L IP P I entdeckt u nd neuerdings von G R O E B E R besucht, der P rodu ctu s aff. longispinus, R eticularia lineata M a rt., P leu ro p h o ru s cf. subovalis W A A G und P seudom o n o tis g arforthensis K IN G vom R io C hoapa, n ö rdlich Los V ilo s e rw ä h n t.” ( 2 ) . E n estos últim os años im portantes hechos han venido a trae r nuevas posibilidades. E'l o tro p u n to fosilífero — cuya ubicación queda se ñ a ­ lada en el M apa de O rientación— no tiene antecedentes b ib lio ­ gráficos. F ué descubierto po r el Sr. Ing. don Jo rg e M u ñ o z C risti en ocasión de sus trab ajo s para lev an tar la C arta G eo­ lógica y tu v o la bon d ad de invitarm e a m uestrear en él y es­ tu d ia r el m aterial.

1) D u T o i t : G eological C o m p a riso n o f S o u th A m erica w ith S o u th A frica. 1 9 3 1 . (2 ) “ G eologie S ü d a m e rik a s” . E rs te r T e il. p. 1 6 6 y 1 6 7 . B erlin , 1 9 3 2 .


42 —

EL M ATERIAL

1.

Pizarras negras de Huentelauquén

E n el mes de septiem bre de 1936, visité p o r p rim e ra vez los aflo ram ien to s de H uentelauquén, estudiados p o r S U N D T y p o r G roeber ( 1 ) . N uestros trab a jo s en aquella ocasión se lim ita ro n a la faja inm ediata a la costa y p ude m uestrear con cierto éxito en las p iz a rra s negras y au n en los m ism os sitios señalados p o r G R O E B E R en su croquis de la d esem b o ­ cadura del río C hoapa. P osterio rm en te, en o ctu b re de 1 9 3 8 , p ude co n cu rrir nuevam ente a estos sitios, en co m p añ ía de d o n Jo rg e M u ñ o z C risti, rep etir los m uestreos en las p iz a rra s y reconocer algunos nuevos p u n to s fosilíferos. C o n tra ria m e n te a lo que a n o ta G roeber, la vieja cantera to d a v ía ofrece bu en o s aflo ram ien to s y es en este p u n to donde, gracias a la m eteorización av anzada, se consiguen állgunos buenos m oldes de f ó ­ siles. F uera de los sitios m uestreados p o r S U N D T y p o r G R O E B E R , p u d im o s co n statar que en los espolones o rie n ta ­ les de la te rraza de abrasión m a rin a en el sitio d en o m in ad o L a L aguna, que n o h ay que co n fu n d ir con el ensanche de la des­ em bocadura del C h o a p a a que se refiere G roeber, aparecen las m ism as p iz arra s con bancos de calizas m ás p o ten tes en los tpuales fué posible recoger tam bién algunas form as. L os organism os recogidos en los aflo ram ien to s de G ro e­ ber fueron pocos. Sin em bargo, fué aq u í d on d e o b tu v im o s la p rin cip al novedad de to d o nu estro m uestreo. E n los b ancos de calizas señalados p o r ese a u to r recogim os vario s b rio zo a rio s cuya determ inación n o estam os en condición de hacer y restos de lam elibranquios. P ero fué en el seno de las p iz a rra s d is tri­ b uidas sin n in g u n a ordenación, d o nde p u d im o s recoger n u m e ­ rosos ejem plares de dos B elle ro p h o n tid at.

(1 ) %

R cv.

C h il.

de H ií't. N a tu r a l .

T.

XI

1936,

p. '5 2 4


— 43 — C la s e : G A S T R O P O D A F a m ilia : B ellerop h on tid ae G é n e ro : B ellerop h on M O N T F O R T 1.

BELLEROPHON

cfr. M A X IM U M

(L á m . I . F ig .

Jo hn

W E IR

1)

M ateria l.— Se ha dispuesto para este estudio de cuatro ejem plares colectados p o r el a u to r en 'la desem bocadura de! río C h o ap a en 1936, y tres colectados p o r el señor J u a n T a vera en los m ism os sitios en 1940. C om o las pizarras negras, algo calcáreas en que se encuentran englobados h an sido fu er­ tem ente tectonizadas, todos los ejem plares ofrecen d e fo rm a ­ ciones que h a n aplastado los ejem plares en la dirección antero posterior. E n este sentido no se ha po d id o u tiliza r la co nfigu­ ración p ara hacer una determ inación conveniente. P o r o tra parte, la suplan tació n del m aterial co nstitutivo del test, ha esto m p a d o en la m ayoría de ellos, la decoración externa que, p o r consiguiente, es imprecisa. D escripción.— P a ra determ inar este m aterial se h an com ­ p a ra d o nuestros ejem plares con la descripción y figura o rig i­ nales del D r. J o h n W eir, a u to r de la especie ( 1 ) . P ara hacer esta descripción se ha escogido el que se encontraba en m ejo ­ res condiciones. Las dim ensiones de este ejempilar son las sí guientes: A b ertu ra bucal en su d iám etro m áxim o ................. D iám etro to ta l m edido perpendicularm ente al an terio r en el m ism o p la n o

155 mm. 135 mm.

P o r consiguiente, ejem plar de grandes dimensiones, g lo ­ boso, poco m ás ancho que alto ; ú ltim a vuelta recubriente, li­ geram ente deprim ida, que se ensancha hacía la abertura buca'l. Dorso, redondo, sin carena. La decoración no se conserva sino en la vecindad del um bilico que es relativam ente am plio y p ro fu n d o ; allí aparecen finas y delicadas eátrías de cre­ cim iento. O bservaciones.— E n estas condiciones la referencia espe­ cífica es insegura, pues el ejem plar, com o se d ijo , ha sido com ­ p rim id o en el sentido antero-posterior, p o r fuerzas tectónicas, de tal m odo que el núcleo de la concha, observado en una sec(1 ) tid a e ” .

John

W e ir:

"T h -J B ritis h

an d B elgian C a rb o n ifo ro u s B e lle ro p h o n -


— 44 — ción, aparece to talm en te com puesto p o r las capas de calcáreo llevadas al contacto por, efecto de su ru p tu ra . L as razo n es que m e hacen referir esta fo rm a a la especie a n o tad a son: el poco relieve de la carena, el aspecto de la ú ltim a v u elta, su relativ a depresión y el tam año. C on cu rren tam bién a hacer v ero sím il jla referencia, el um bílico ancho y p ro fu n d o . N o tengo noticias que se h ay a recogido en alg ú n a f lo ­ ram ien to de la A m érica del Sur un bellerophon sem ejante y de estas dim ensiones. Nivel.— Bellerophon máximum Weir, aparece en las G asteropod Beds (K endall) del ca rb o n ífero escocés. G e n e ro : E u p h em u s M e COV 2.

EUPHEM US

C A R B O N A R IU S

COX

’ ('L ám . I. F i^ s. 2 a y 2 b )

1861.

1936.

B e ller o p h o n s p .; a c ió s e a lly of B . U rii F lern .— S A L T E R , J. W ., “ O n th e fo ssils, fro m th e H ig h A n d e s, c o lle c te d b y D a v id F o r b e s ” . P ro c . of th e G e o lo g ic a l S o c ie ty . L o n d o n , 1861, p á g . 64 P l. IV, fig. n». 6. E u p h em u s U rei F lem .— H. FUEN ZALI.DA , S o b re el P a le o z o ic o d e la d e s e m b o c a d u r a del C h o a p a (C o m . a la S o c. C hil. de H ist. N a t.) R e v is ta C h il. d e H ist. N a t. t. X L, p á g . 5 3 4 .

M a terial.— P a ra e*l presente tra b a jo se h an u tiliz a d o cer­ ca de 30 ejem plares colectados p o r el a u to r en 1 9 3 6 , en las p iz arra s negras de la desem bocadura del río C h o a p a. E sta es­ pecie se encuentra d istrib u id a en to d a su m asa sin o rd en ació n n in g u n a. Sin em bargo, son raros hacia el in te rio r, m ien tras que hacia el m a r son m ás frecuentes. N o aparecen en los b a n ­ cos de caliza m uestreados p o r G R O E B E R y p o r S U N D T , lo que explica que n in g u n o de los dos se percatara de su presencia. D escripción..—C o n ch a de pequeñas dim ensiones, globosa, tan alta com o ancha, gruesa, especialm ente en la región u m ­ bilical. U n ejem plar que presenta una débil d efo rm ació n tiene las siguientes dim ensiones: D iám etro m áx im o de la boca ... ................ .............. A ncho de la ú ltim a vuelta cerca de la su tu ra D iám etro to tal ...................................... ..........................

22 mm. 1Q m m . 20 mm.

E l diám etro de los an fracto s crece ráp id am en te. L a ú lti­ m a vuelta recubre las precedentes. D o rso redo n d ead o siem pre, pero en los ejem plares m ejo r conservados se o b serv an dos l i ­


— 45 — geras carenas que llegan hasta el labio exterior de la abertura. L as carenas, sin em bargo, se hacen más obscuras a m edida que se av a n za hacia la región axial. N in g ú n ejem plar p e rm ite-o b ­ servar la bilobación del labio externo, pero las estrías de cre­ cim iento no perm iten d u d ar de su existencia. D ecoración com ­ puesta de num erosas liras (estrías longitudinales) en relieve y nodulares. O bservaciones.— Respecto a las relaciones entre E uphem us U rei F L E M . y E uphem us carbonarius C O X , dice J o h n W E IR ( 1 ) : “ T h e am ericain U p p e r C arbonifero u s E. carbo­ narius (C O X ) resembles closely the Scotish L o w er C a rb o n i­ ferous E. U re i and m any au th o rs have regarded them as id en ­ tical. I t is in fo rtu n a te d th a t am ericain authors, in distinguising E. carbonarius fro m E. U rei, erronously, alth o u g h p er­ haps in evitably, m ade the contrast w ith reference to the K O N IN C K ’s in te rp re tatio n o f E. U rei (see E. K onincki) and enphasised the absence o f the bilobate expansion of the aperture in E . U rei D e K on. (n o n F le m ) . T h e bilobate aperture is as stro n g ly p ronounced in E. U rei (F L E M .) as in E. Carbonarius an d the tw o fo rm s cannot be distinguished on th is basis. In E . carbonarius and its “ varieties" blaneyanus and victatius the shell is g lo b u la r and the lirae vary in n um b er from tw en ty to tw e n ty five. In th is respect they resemble E. U rei or its m u tatio n s. In the am ericain form s the sh o rt discontinous lirae a t the extrem ity o f the axis near the aperture are nodular, g iv ­ ing a p ap illate surface to these zones. In their “N o rth A m eri­ cain Index F ossils” B R A B A U and S H IM P E R (1 9 0 9 , p. 6 2 1 ) m ention, th is feature w ith o u t qualification and it is p ro b ab ly characteristic. I have seen n o th in g like in the Scotish E. U rei o r its m u ta tio n s in w hich the sh o rt discontinuous axial lirae m a in ta in th e ir rib like character and never become nodular. In defective specimens o f E. carboniferous the axial nodes are ofen indeterm inable and it is im posible to indicate a criterium fo r the distinction o f such specimens from E. U re i.” ( 1 ) , Distribución (en Sud América).— H e considerado que este E u phem us es el m ism o que m enciona F orbes en el C a r­ b o n ífero del Istm o de Copacabana' en el L ago T iticaca (B o ­ livia) y que estudió S A L T E R (p. 64 y fig. 6 de la PI. I V ) . S alter no lo describe en el texto y se contenta con una breve d ec la ra ció n ,'"a d o se ally o f B. U rei F L E M .” , en la lista de la página 64. P o r o tra parte, el ejem plar figurado tenía ro ta la ú ltim a vuelta que se conserva solam ente en 'la vecindad de la (1 ) J o h n W e ir, “ T h e B ritis h an d B elgian C a rb o n ife ro u s B ellero p h caU id ac” . T r a n s . R o y a l Soc. o f E d im b u rg h . V a l. L V I. P a rt. I I I . N .9 3 1 , p ág . 8 4 6 .


»

— 46 —

región um bilical. D ebo hacer n o ta r que, en to d o caso, mis ejem plares tienen u n m a y o r núm ero de estrías y son fra n c a ­ m ente nodulares, cosa que en la figura de S alter no se aprecia. E s la única fo rm a sem ejante que he ten id o a m i disposición en la bib lio g rafía al alcance, puesto que el E . ca rb o n ariu s que se cita para el C a rb o n ífe ro de 'la región A m azó n ica en el B r a ­ sil no lo he visto figurado (1 ) . F uera de la desem bocadura del río C h o a p a recogí ejem ­ plares en un aflo ram ien to de p iz a rra s negras, que descubrí en la P u n ta V entanas, inm ediatam ente al n o rte de esa desem ­ b o c a d u ra . E d a d .— C a rb o n ífe ro superio r de N orte-A m érica, de Siberia, de C h in a y de C h itra l.

F a m ilia :

E u otn p h alid ae. d e K onninck G é n e ro : E u om p h alu s.

3.

EU O M PH ALUS

sp .

indet.

M a teria l.— E n las p iz arra s el señor J u a n T a v e ra reco­ gió tam bién un ejem plar de E uom ph;,lus. D ebe ser él m uy escaso, pues yo no pude co n statar su presencia cu an d o hice mis m uestreos. m ientras que un poco m ás ad en tro , en las cali­ zas vecinas a las casas de la hacienda pude recoger varios ejem ­ plares. LAM ELIBRANCHIA

E n las calizas intercaladas en las p iz arra s se recogen ta m ­ bién num erosos restos de lam elibranquios, algu n o s de los cu a­ les h an p erm itid o una d eterm inación genérica segura, au n q u e respecto de la especie subsisten algunas dudas. PARALELODON

sp.

ind. a ff. S U L C A T U S

(W e lle r )

B ra n s o n .

(iL ám . I. F ig . 3 )

1938.

P a rís ,

P a r a lle lo d o n s u lc a tu s ( W e l le r ) B r a n s o n .— E . B. B r a n s o n S t r a tig r á p h y a n d P a le o n to lo g y o f th e L o w e r M is s is s ip p ia n o t M is so u ri. P a r t . I. p á g . 139. P l. 16, fig. 15. T h e U n iv e r s ity of M is so u ri S tu d ie s . V o l. XIII n?. 3.

(1 ) D a to 19 2 4 .

te m a d o

de

E m ile

H ang:

" T ra ité

de

G é o lo g ie " ,

t.

II.

p ág .


— 47 — M a teria l.— E n las capas de calizas se p u d o recoger en buen estado una valva de u n lam elibranquio que p rim itiv a ­ m ente referí a L eptodom a, p o r su form a y decoración ex ter­ na, p ero que m ás tarde, al descubrir la charnela, pude perca tarm e de que se tratab a de una arcacea. P o r los restos que se en co n traro n , puede decirse que fue relativam ente abundante, pero la tritu rac ió n del m aterial que, p o r o tra parte, se ha co n ­ servado m u y finam ente en estas capas, hacen m uy difícil en­ c o n tra r ejem plares com pletos. L a describo a continuación: C oncha transversalm ente alargada, rom boidal, ápice a n ­ te rio r pero no term inal, charnela alargada, rectilínea, estrías poco num erosas, paralelas al borde cardinal. D ecoración ex ­ terna com puesta de arrugas concéntricas. E l ápice está un poco desm oronado, de tal, m anera que no puede juzgarse de la im ­ p o rtan c ia del área. O bservaciones.— E sta form a, es m uy semejante, si no idéntica, a P arallelo d o n sulcatus (W eller) B ranson, del Mississipiano de M isouri. La única diferencia es que el tam año de m i ejem plar es'n o tab lem en te m ayor (larg o : 4 0 m m ., alto 25 m m .). L os ejem plares estudiados p o r B ranson no pasan de 16 m m . de largo. E n lo dem ás no veo diferencias apreciables. si no es una decoración de arrugas concéntricas más m arcada en mi ejem plar, que en el figurado p o r el a u to r de la especie. N U C U L A N A sp . in d . a ff. B E L L I S T R I A T A

Stevcns

(L é m , I. F ig . 4 )

1927.

Nucularra (L e d a ) b ellistra ia ta S T E V E N S .— F. COiWPER R E E D . “ U p p e r C a rb o n if e ro u s F o s s ils from A rg e n tin a ” : En “ A Q e o lo g ic a l C o m p a riso n .o f S o u th A m erica w ith S o u th A fric a ” , p o r A lex L . D u 'T O l T . C a rn e g ie In stitu tio n . P u b lic a tio n n . 3 8 1 . P á g . 143. P ía te XIII, fig. 7.

Material.— E n él seno de las pizarras _recogió el- señor J u a n T a v e ra en el curso de la cam paña de este año en esos afloram ientos, varios ejem plares de una N ucula m uy típica, de los cuales u no se encuentra en m uy buen estado de conser­ vación, p o r lo cual paso a describirlo. D escripción.— C oncha de regulares proporciones, 20 mm. de largo por 12 m m . de alto. P a rte anterior cóncava, borde posterio r recto prim ero, luego, describiendo un arco regular, desciende hasta confundirse con e*l borde inferior, que a su vez es recto hasta frente al ápice: aquí se levanta suavem ente para d ar una e x tre m id a d . an terio r ligeram ente truncada. El ápice queda situado un poco más adelante de la m itad del largo -de la concha. La decoración externa está com puesta por


48 —

num erosas y finas estrías concéntricas, las cuales son sensible m ente m ás anchas que los espacios que quedan entre ellas. E n varios ejem plares rotos se ha po d id o observar la in d en tació n ta x o d o n te que asegura la posición genérica. O bservaciones.— A u n q u e esta fo rm a se encuentra conser­ vada en ta n buenas condiciones n o ha sido posible referirla con seguridad a la especie, porque no he dispuesto de la f i­ gura de G irty sobre ella. Respecto de la fo rm a recogida p o r D u T o it se diferencia sensiblem ente p o r ser su p arte p o ste ­ rio r más alargada y la a n te rio r m ás corta, carácter que, según R E E D , diferencia a su form a, de la especie b d lis tria ta . É sto lo hace sugerir que se trate de u n a especie nueva. E n la fo rm a que n osotros tenem os, ju stam en te estos caracteres estarían de acuerdo con esa form a. E n to d o caso, com o nu estra referen ­ cia es insegura, para diferenciarla de la fo rm a recogida en B a ­ rreal, la hem os designado solam ente com o afin id ad . E d ad .— L a N u cu la b ellistria ta S T E V E N S , pertenece al P e n n sy lv a n ia n o de los E E . U U . M Y A L IN A (L á m .

sp.

I'BI. F ig . 2 )

M aterial.— L os bancos calizos delgados a que nos hem os referido, en algunas partes, transigen la teralm en te a a c u m u la ­ ciones de m ytíloides, de m a y o r potencia, que ofrecen a c u m u la ­ ciones cuantiosas y exclusivas de estos organism os. D escripción.— C o n ch a alargada, m ytilo id e, de tal m a n e ­ ra que cuando se conserva en su m olde in te rn o afecta fra n c a ­ m ente la fo rm a de un M y tilu s. A pice m uy ag u d o y lig e ram e n ­ te .arqueado, com o en E x o g ira. L a concha se en ancha r á p i­ dam ente, conservando su borde an terio r, cóncava, y su p o ste­ rior, convexo, sensiblem ente concéntricos. E l b o rd e in fe rio r es tam bién arqueado, pero presenta dos o tres pliegues suaves de g ran cu rv atu ra. C oncha b astan te gruesa con la típ ica es­ tru c tu ra en hojuelas. L a h e n d id u ra p ara él paso del B isus es •visible en num erosos m oldes internos. E sta h e n d id u ra es poco ancha y p ro fu n d a . >

C rin oid eos

A u n q u e m u y escasas, aparecen tam b ién en el m a terial de los bancos algunas im presiones de arte jo s ped u n cu lares de C r i­ noideos. C om o este m aterial es m u y a b u n d a n te y típ ic o en a l­ gunos de los aflo ram ien to s que estudiarem os m ás ad elan te d e­ jarem os para entonces su estudio.


— 49 — BRIOZOARIOS

E n diferentes tro zo s del m aterial colectado aparecen tro n q u ito s pequeños, a veces ram ificados, de un b rio zo ario que se puede referir con reservas a P o líp o ra m egastcm a de K O N . II.— L as calizas de L a L aguna U n o s 500, a 6 00 m ts. m ás al interior, en los espolones orientales de la depresión que ha recibido el nom bre de La L ag u n a, aflo ra u n calcáreo de m ay o r potencia. E n estas cali­ zas, m uy com pactas aunque im puras, ha sido posible recoger unas pocas form as que no se presentan en condiciones conve­ nientes p ara a b o rd a r su determ inación. L os principales restos se refieren a artejos pedunculares de Criríoideos, los cuales sin ■ser m u y abundantes, se p resentan constantem ente dispersos en la m asa de la roca. C om o en el M useo disponem os de m aterial del C a rb o n ífe ro superio r de B olivia, se h an p o d id o com parar con los que aparecen en esa form ación. U n a descripción som e­ ra de estos artejos es la siguiente: C a n al central circular que ocupa un tercio del radio, a p a r tir del canal, u n a zo n a concéntrica, estrecha, sin decora­ ción, luego estrías radiales, no bifurcadas, hacia la periferia. Superficie externa de los anillos, lisa y sensiblemente p lan a en el sentido su p erio r inferior. E n las m uestras que disponem os de Bolivia aparece con cierta frecuencia este m ism o artejo, sin n ingu n a clase de v a ­ riantes, aunque no es el único que se presenta en esos a flo ra ­ m ientos. F uera de estos tallos de C rinoídeos se presenta un P ro ductus, in d eterm inable a causa de su m ala conservación I I I . — L as C alizas de L a C antera

E n la vieja cantera que se encontraba en explotación en tiem pos de S U N D T y que queda situada a unos cuantos me'tro s del cam ino actual, aparecen tam bién num erosos fósiles. F ué de este aflo ram ien to de donde se sacaron los organism os au e fueron rem itidos a V o n Z I T T E L para su determ inación, de tal m anera que el estudio en estos sitios tiene un alto in te­ rés. H asta 1936 no se había repetido un m uestreo en este si­ tio. E n ese año y en abril de 1938 pude recoger m aterial en ese lugar, con fo rtu n a m uy variable. La parcial m eteorización de la roca es el m ejor agente para p oner de m anifiesto a las


50 —

form as. E l hecho m ás típ ico respecto de este c o n ju n to fau n istico es la g ra n abu n d an cia de los p ro d ú ctid o s. A parecen ta m ­ bién espíriféridos, tereb ratú lid o s y algunos g astró p o d o s y crinoideos. BRA C H IO PO D A F am ilia: P r o d a ctid a e

Género: P r o d u c to s SOÍWERBY 11

PRO D U CTU S

( M jr g in if e r a )

L O N G IS P IN U S

(L á m . I I . F íg s . 1 a y

Sow

í b)

Material.— M u y ab u n d a n te s en el seno de las calizas de L a C antera.' son los m oldes in te rn o s y extern o s de u n a fo rm a qué corresponde bien a esta especie. Su estado de conservación es variable. M ien tras la decpración externa casi siem pre está estam pada p o r u n a o xidación ferruginosa, las fo rm as y el c o n to rn o se conservan en buenas condiciones, de ta l m an era que se puede hacer la referencia con relativ a seg u rid ad . P o r o tra parte, de acuerdo con las características de la especie ( l ) , en el m ism o yacim iento aparecen fo rm as b astan te diferentes unas de otras. L as variaciones se refieren p rin cip alm e n te al í n ­ dice de la relación entre el d iá m etro a n te ro -p o s te rio r y el iz ­ quierda-derecha, que resulta m u y variable. D escribo u n a f o r ­ m a que me parece n o rm al, y en la cual creo reconocer las ca­ racterísticas de la variedad lo b a ta de Shell. Descripción.— C oncha de m ediano ta m añ o , trasv e rsal­ m ente alargada, con su m a y o r d im ensión a lo la rg o de la l í ­ nea card in al: D im ensiones: D iá m e tro m á x im o de la v alv a v en tra l A n ch o de la v alv a id. .....

(la rg o ) .......

2 2 ,5 m m . 12 mm.

L a v alv a v en tra l es convexa y gibosa, y está m ás o m e­ nos d iv id id a en dos lóbulos, según u n seno qu e p a rte poco después del ápice. L as expansiones auriculares son notables. O bservaciones.— A u n q u e esta especie fué la p rim e ra se­ ñalada en el yacim iento, con seguridad, no h a sido fig u rad a (I) D a v id s o n : B ritis h C a rb . B ra c h io p o d e s. p ag . 1 5 4 . d ic e : " S h : l l v e ry v s r i s b k in s h a p f " c o m o u n o de c a ra r t.re s i z so d ? s c rip ::6 n .

¿05


51 —

hasta ahora. O frezco dos figuras, una correspondiente a !a valva central descrita, cuyo carácter extrem o es su g ran des­ a rro llo transversal y la o tra que representa el tip o opuesto, es decir una concha ta n larga com o ancha. r E dad; P ro d u c tu s longispinus, h oy día en el subgéne­ ro M arg in ifera, es un fósil típico del C arb o n ífero in ferio r es­ coces. F ué su presencia lo que h iz o a Z ittel considerar estas capas com o de esa edad preferentem ente. E n Sudam érica se ha colectado en diferentes partes. E l prim ero que la colectó, a m i entender, fué F O R B E S , quien la o b tu v o en el Istm o de C opacabana (L ago T iticaca) en 1860, ju n to con P ro d u ctu s sem ireticulatus, S pirifer ca n d o r, S pirifer Boliviensis, O rth is resu p in ata, etc., es decir, con un co n ju n to faunístico que ha pasado a ser clásico p ara el C arb o n ífero sudam ericano. H asta el m om ento, p o r lo m ism o que m uy pocos geólogos han te­ n id o ocasión de consu ltar a Forbes, no se ha reparado en este pequeño contrasentido de un fósil que en E u ro p a es típico del C a rb o n ífe ro in ferio r que aparece en Sudam érica con fo r­ m as típicas del U ra lia n o , es decir, del C arb o n ífero superior m a rin o G R O E B E R , que bordeó la cuestión dice refirién­ dose a P r. longispinus: “Es posible que el P ro d u ctu s longisp in te no sea clasificado con exactitud y que se trate de un P ro d u c tu s aff. ilineíatus, m uy parecido a éste y frecuente en las capas de B arreal’’. Bien sabemos que G R O E B E R quería en c o n trar fósiles pérm icos en estas capas, de tal m anera que su observación no debe llam arnos la atención. E n todo caso, si atendiéram os a su sugestión tendríam os que p lan tear el m ism o problem a p ara el ejem plar recogido po r Forbes y d e­ term in ad o p o r S A L T E R , para el C a rb o n ífe ro de Bolivia. Sucede, p o r o tra parte, que esta form a ha estado en m anos de dos paleontólogos m uy habituados a él, como son Z I T ­ T E L y S A L T E R , y am bos no h an trepidad o en referir la fo rm a a la especie del C a rb o n ífero in ferio r europeo. M e p a ­ rece que su determ inación no debe d ejar m uchas esperanzas de p oder v aria r la posición sistem ática de la especie. E n todo caso, no es el prim er fósil del C arb o n ífero in ferio r europeo, en d onde es típico, que aparece en el C arb o n ífero superior am ericano. C uan d o hablam os de E uphem us U rei. vim os que esta fo rm a aparece representada, en el C a rbo n ífero superior am ericano (N o rte y Sudam ericano) po r una form a m uy p a ­ recida, E. carbonarius, que se ha recogido en Brasil, P a ra ­ guay, C hile y B olivia, en nuestro continente.


52 —

PRO D U CTU S

sp.

in d e t

M a terial.— M u y frecuente en las calizas vecinas de las casas de la H acienda, es o tro P ro d u c tu s, fácilm ente diferenciable del que hem os estudiado an terio rm en te. L a p rin cip al d ife ­ rencia se refiere a la falta del sinus que divide la giba en dos partes, según un p la n o coincidente con el de sim etría. Este p ro d ú ctu s tiene una decoración externa com puesta de finas es­ trías radiales. L os m oldes internos, ofrecen num erosas p ú s tu ­ las, d istrib u id as irregularm ente sobre el b ord e in te rn o de la concha. F a m ilia : S p iriferin id ae G é n e ro : S p iriferin a d ’O r b ig n y S P I R I F E R IN A

1927.

Z E W A N E N S IS D IE N

S p iriferin a z e w a n e n s is D IE N .— F . C o v /p e r R e e d . “U p p e r C a rb o n if e ro u s F o s s ils fro m A r g e n tin a ” . A p p e n d ix o f D u T O IT , A g e o lo g ic a l c o m p a r is o n o f S o u th A m e ric a w ith S o u th A fri­ ca. C a rn e g i I n s titu tio n P u b l. 381. W a s h in g to n .

Material.— E n las calizas de H u en te la u q u én se h a o b te n i­ do tam bién u n m olde in te rn o y varios m oldes ex tern o s de u n a fo rm a que corresponde bien con la especie a n o tad a m ás arrib a. D im ensiones.— C oncha tria n g u la r, ta n ancha com o alta, con u n fuerte sinus en el p la n o de sim etría. A p a rtir del seno se cuentan cu atro costillas bien m arcadas hacia el b o rd e c a r­ dinal y otras que se tra n sfo rm a n en rugosidades vagas en la p arte superio r correspondiente. T o d a la concha es de estru c tu ra lam elosa. E d ad .— E ste fósil h a sido recogido en el B arreal p o r D u T o it. C o w p e r Reed, lo coloca en el C a rb o n ífe ro su p erio r, con relaciones francam ente siberianas, que p u d o reconocer en ese sitio. G é n e r o : R etzia R E T Z IA

( H X J S T E D IA ) (L á m .

1914.

R A D IA L I S . P H I L L I P S .

III. F ig . 3 )

H u sted ia M orm on i M a rc o u s p .— K O Z L Q W S K I, R .— L e s B r a c h io p o d e du C a rb o n if e re s u p e r ie u r d e B o liv ie . A n n . d e P a le o n to lo g ie 9, p á g . 1-99. II t. 24 f.


53 —

M ateria l.— D isponem os de dos m oldes de esta especie, li­ geram ente deform ados, posiblem ente p o r presiones tectónicas. A m bas veces se tra ta de la valva v en tra l de ta l m odo que no conocem os la dorsal todavía. D escripción.— C oncha de ápice notablem ente agudo, de tal m anera que no corresponde exactam ente en su form a con la especie. M o rm o n i de M arcou, sino m ás bien con la del m is­ m o nom bre de G irty que ha caído en sinonim ia con la r a d iá is P h illip s. E n cam bio, concuerda m u y bien en el n ú m ero de cos­ tillas — 7 a 8— y en las características de su escultura. Las costillas bien separadas, em piezan siendo filudas en las vecin­ dades del ápice y term inan en el borde de la concha ligeram en­ te redondeadas hacia afuera. O bservaciones.— E n 1914, B roili (1 ) reunió com o sin ó ­ nim os de R etzia radialis P h illip s, varias especies entre las cua­ les se co n tab an la grandicosta, la rem ota, y la M o rm o n i G irty. N o he po d id o averiguar cuándo se creó la M o rm o n i M arcou, que es la que se cita p ara el C a rb o n ífe ro de B olivia, pero no ha caído en sinonim ia, aunque posiblem ente haya que red u ­ cirla al rango de variedad, com o se ha hecho con las an terio ­ res. O za w a ( 2 ) , h ab lan d o de esta especie dice: “ E sta R etzia es cosm opolita y m uy ab undante en el pérm ico y d carboní-', fero, pero varía m ucho en con to rn o y núm ero de costillas, se•gún la edad del ejem p lar” . N uestros ejem plares corresponden bien con la variedad grandjicostai D A V IS , que es fósil del p é r­ m ico en T im o r, y del carbonífero superior de M anchuria y de K orea ( 1 ) . W a lc o tt ( 2 ) , en su ‘P a le o n to lo g y o f the E u ­ reka D istric t” h ab ía hpchó las m ism as observaciones que O saw a sobre esta especie y agregaba: ”As far as o u r observations go, the finely -rib b ed v ariety appears first in the U p p er 1 )evonian, and the m ore coarsely-ribbed in the M iddle C a rb o ­ nifero u s. in association w ith the interm ediated form s, u n itin g them w ith the finely ribbed v arie ty ” (p. 221)

(1 ) Y . O S A W A .— S o m e c a rb o n ife ro u s F ossils collected in M a n c h u ria and K orea. Jap an ese J o u r n a l o f G eo lo g y an d G eo g rap h y . V o l. V . N'. 3 . 1 9 2 7 . (2 ) W a lc o tt.— P a le o n to lo g y o f th e E u re k a D is tric t. U . S. G eological S u rv e y . M o n o g ra p h s . V o l. V I I I . 1 8 8 4


54 —

G ASTRO PO DA ü é n e r o : E u o m p h a lu s EUOM PHALUS

so. in d e t.

('Llm. II. Fig. 4)

B astan te frecuente entre los organism os de la can tera es u n E u o m p h a lu s, que .presenta ciertas analogías con el subcircularis M A N S U Y . Sin em bargo, nuestros ejem plares están tan m al conservados que no me atrevo a darle n in g u n a im p o r ta n ­ cia a esta analogía.

4.-— Calizas de Millahue M ucho m enos a fo rtu n a d o s hem os sido con los restos re ­ cogidos en el E stero de M illah u e en las vecindades de su co n ­ fluencia con el de L os Lunes, que es u n o de sus aflu en tes m e­ ridionales. A parecen allí tam b ién fuertes bancos de calizas, entre los cuales fué posible m uestrear y recoger alg u n as f o r ­ mas, casi siem pre fuertem ente m eteorizadas, p ero m al co n ­ servadas p ara su determ inación. M e hub iera gu stad o conseguir u n a m ay o r seguridad sobre las determ inaciones de los o rg a ­ nism os que allí se recogieron p ara a f r o n ta r el p ro b lem a de su edad con entereza.. N o se ha p o d id o proceder así. E n to d o caso la enum eración de, las form as h a rá resaltar u n evidente p a ­ rentesco con las calizas que hem os estudiad o an terio rm en te, au nque se presentan form as distintas. E l p rin cip al hech o p a ­ leontológico es la abu n d an cia de los S p irife rid o s que en los terrenos anteriores son m uy escasos o inexistentes. E ste a f lo r a ­ m iento fué descubierto p o r d o n Jorge. M u ñ o z C risti, d u ra n te sus trab a jo s de le v an tam ien to de la C a rta G eológica de C hile, y yo pude m uestrear en él, en el m es de ab ril de 1 9 3 8 , g en ­ tilm ente in v ita d o p o r el señ o r M u ñ o z C risti. N o se h a re p e ti­ do un m uestreo en esas capas.


55 —

BRA CH IOPODA F a m ilia : P rod u ctid ae (? )

PRO D U CTU S

(L in o p ro d u c tu s )

B O L IV IE N S IS

D ’O rb ig n y

Casi toda la masa de la caliza está com puesta de un pn.-dúctid o que no se ha logrado obtener aislado en buenas co n ­ diciones. P o r eso el m aterial que se ha tenido en estudio, sólo perm ite u n a referencia dudosa. D escripción.— E n la to talid ad de los casos se trata de una concha ventral, fuertem ente alargada, relativam ente poco* p ro fu n d a , y con el ápice com pletam ente enroscado hacia a rri­ ba. L a decoración externa está com puesta por costillas n u m e­ rosas que recorren la concha sensiblem ente paralelas, después de a b a n d o n a r la p arte apical en donde son radiantes. De este m odo, la valva aparece com o subcilíndrica, de contornos a la r­ gados. U n sinus poderoso existe en la p arte m ediana. E strías finas de crecim iento se d ib u ja n en la p arte anterior, en algunos ejem plares m ejo r conservados. O bservaciones.—-N o hem os podido disponer de n in g ú n ejem plar com pleto, de tal m anera que nunca ha sido posible observar la línea cardinal ni las orejas, ta n am plias en este ejem plar, que ay udan fuertem ente en la determ inación de la especie, eri el gru p o de los P r. sem ireticulatus. P o r los carac­ teres señalados, bien pudiera referirse tam bién a P r. dúplex, sin que pueda encontrarse n in g u n a razó n m orfológica para p referir esta referencia. Edad.— P r. bolivíensis es fósil del C a rb o n ífero de Bolivia, pero se encuentra tam bién en Siberia, Spitsbergen, C h i­ na, etc., en donde es form a peculiar del C arb o n ífero superior. E n general, tam bién no he considerado la posibilidad de que se trate de un P r. lineatus W aagen, porque carece de las protuberancias que son típicas en este ejem plar y en el P r. C orj„ de B olivia, cuyas relaciones entre sí todavía no se han establecido seriam ente. PRODUCTUS

(M a rg in ife ra ) L O N G IS P IN U S S ow *

T am b ién aparecen en estas calizas abundantes ejem pla­ res de este organism o, al cual le dedicamos o p ortunam ente, u n p á rra fo aparte. (Véase pág. N .' 5 0 ) .


— . " r' .

56 —

F a m ilia : S p iriferid ae G én ero :

Spirifer

S P I R I F E R cf. A L A T U S S c h lo th ( L á m . I I I . F ig .

1)

E n las calizas de M illah u e aparecen tam b ién n u m ero so s espiriféridos, lo cual constituye la p rin cip al n o v ed ad p a le o n ­ tológica. E n tre éstos sólo ha sido posible referir d u b ita tiv a ­ m ente una fo rm a que corresponde b astan te bien con la espe, cié señalada. D isponem os solam ente del m olde in te rn o . C o m o , p o r fo rtu n a teníam os u n m olde de esta especie, p ro y en ien te de B olivia, en donde ha sido descrito p o r M eyer, hem os p o d id o hacer la com paración. E s a base de ella o.ue hacem os la refe­ rencia. S P I R I F E R sp . in d ít. a. ( L á m . I I I . F ig . 3 )

A parecen tam bién algunos m oldes externos de u n S p i­ rife r de regulares dim ensiones, con ápice p ro m in en te, y deco ­ ración com puesta de num erosas costillas radiales. P o r su f o r ­ m a general, presenta grandes analogías con el S p irife r stria tu s S O W ., pero n o nos atrevem os a ser m ás categóricos, p o rq u e nuestros ■ejemplares están m u y m al conservados. S P IR IF E R IN A

Z E W A N E N S I S D ie n í t

(L á m . III. F ig . 2 )

E n varios bloques recogidos en la cantera aparece ta m b ié n una form a que es igual a la que hem os señalado a n te rio rm e n ­ te con el nom bre de Spiriferina Zewanensis D IEN ER. T a l vez sea o p o rtu n o señalar ahora, que hasta el m o m e n to n o veo clara la diferencia entre esta especie y la Sp. o cto p licata S O W ., cuya presencia en el C a rb o n ífe ro in ferio r sudam ericano, h a señ alad o H . J . H a rrin g to n , en su reciente tra b a jo sobre las T illita s de San Ju a n , P a ra m is determ inaciones me he basado p r in c ip a l­ m ente en él co n to rn o de la concha que según la fig u ra de R E E D es m ás ancha que larga con fo rm e al índice 1.07, m ie n ­ tras que, según las dim ensiones de H a rrin g to n , resu lta u n í n ­ dice de sólo 1.04. L a com posición del test de n u estro s e je m ­ plares es de la m in illas im bricadas, que se presen tan en un n ú ­ m ero de veinte, m ás o m enos, pero en los m oldes in tern o s, se observa tam bién la estru ctu ra p u n te ad a sobre la cual insiste H A R R IN G T O N . P o r o tra parte, estos hechos ya h a b ía n sido señalados p o r R E E D , quien, defiriéndose a Sp. zew anensis, es-


57 —

cribe: E sta concha es m u y sem ejante a Sp. octoplicata Sow ., com o la v o lv ió a d efin ir N O R T H , especialm ente a la m utatio n 8 V au g h am , pero la especie de los Z ew an beds de Kashm ir que D ien er describió prim ero com o Sp. cf. kentuckiensis S H U M ., y posteriorm ente com o Sp. zew anensis sp. nov., p a ­ rece ser in d istinguible de nuestro specim en” . EU O M PH ALUS

sp.

indet.

T a m b ié n aparece en estas capas un E uom pbalus, pero su estado de conservación no perm ite n inguna referencia. D iscusión L os aflo ram ien to s que hem os estudiado anteriorm ente, nos ofrecen, pues, num erosos organism os que corresponden al C a rb o n ífero . U n prob'lem a m ás delicado es el de averiguar exactam ente cual es la posición de estas capas, d en tro del sis­ tem a, y relacionarlas con los d istintos o tro s p u n to s que cono­ cemos en el continente con fósiles de esta m ism a edad. Y a H . G erth en su G eologie von Sudam erica (I. p. 167) había hecho hincapié en el hecho señalado p o r R E E D de oue la fauna de la quebrada de E l S alto, en B arreal (R ep. A rg en ­ tin a ) presentaba u n a constitución com pletam ente d istinta de la de los o tro s afloram ientos del C arb o n ífero sudam ericano. C om o los m uestreos de K atzer en el B rasil correspondían a un C a rb o n ífe ro m uy superior, la fauna del B arreal debía colo­ carse entonces en el Pérm ico, puesto que esa diferencia de constitución debía corresponder a una diferencia de edad. E l arg u m en to era serio, sobre to d o si se considera la vecindad de los sitios donde se había estudiado la fauna recogida p o r D u T o it y los aflo ram ien to s del C a rbonífero boliviano, con los cuales se observaban analogías m uy débiles. A pesar de que la fauna de H uentelauquén (desem bocadura del C h o ap a) no presentaba analogías ni con la una ni con los otros, H. G E R T H paralelizaba d\ afloram iento de la desem bocadura del río C hoapa, con las faunas del Barreal. A nalicem os las listas que hem os conseguido an terio r­ mente. E n las capas de H uentelauquén, considerado como un solo afloram iento, el co n ju n to nos da los siguientes re­ sultados:


58 — D esem boc a d u ra

B e lle ro p b o n

cfr.

..............

x

E u p h e m u s c a rb o n a ria s C O X ................................

x

E u o m p h a lu s P a ra te lo d o n

m a x im u m

sp.

N uculana»

cf.

.....................

...............

x

x

a ff. .surcaüus

...............

x

-—

in d e t.

sp .

in d .

W E IR

La La M illa b u e L a g u n a C a n te ra

b e llis tria ta

S T E V E N -S

..

x

x

.*

x

— —

.M ya'lin’a sp . incfet........................................................

x

P r o d u c tu s lo n g isp in u s S O W ..................................

x

. — —

x

x

x

P r o d u c tu s b o liv ien sis d ’Q R B ................................

x

S p irife r

c fr.

a la tu s

S th lo th

.............................

x

................................

x

S p irife rin a ze w an e n sis O I E N .................................

R e tz ia

S p irife r sp. in d . a ............... ra d ia lis P h illip s

C rinoid^cfs

fo rm a

........................................

a .............

..............

x

x

x

x

x

x

A continuación hag o u n a lista de to d o s los organism os" que se h a n recogido en H u en telau q u én , ta n to p o r n o sotros, com o p o r los autores que tra b a ja ro n a n terio rm en te en ese m ism o sitio. M e ha parecido conveniente reu n ir en u n solo renglón los aflo ram ien to s de L a L ag u n a, L a C a n te ra y L a D esem bocadura, pero m a n ten g o ap arte a M illah u e, que o fre ­ ce cierta orig in alid ad . M arco en renglones ap a rte los a f lo ­ ram ientos carboníferos de B olivia y P erú , y del B arreal, con los cuales m e parece interesante relacio n ar esta fau n u la. H u e n te - M illa h u e P e rú y la u q u e n B o liv ia P a ra le lo d o n N u c u la n a

sp.

P le u ro p h o ru s

a ff. s u l c a t u s ............

in d e t.

b c llis tria ta

S T E 'V E N S

s u b o v a lis

x

W A A G ........................

x

...............

x

—*

.................................

x

— —

..

..........................

x

W E 'IR ..............................

x

in d e t................. m a x im u m

Euphem us

K IN G

lo n g is p in u s

P ro d u c to s

b o liv ia n o s

P ro d u c ru s

sp .

'

-r-~ x

—■

x

—r-

y.

............................

x

x.

x

x

S O W .................................

x

x

x

c a rb o n a ria s C O X ....................\ .

E u o m p h a lu s a ff. s>ubcirciilaris P r o d u c tu s

x

R e tic u la ria lin e a ta M A iR T . B e lle ro p h o n

?

.....................

P se u d o m o n o tis g a rfo rth e n sis M -yaliña sp .

x—

B arrea l

d ’O R B

in d e t...................

(? ) ..

..

............... ..

.. — ,

x

x

x

x

S p irif e r cfr. a la tu s S G H lL O T H ............................

— •

x

x

S p ir ife r sp.

x

?

S p irife rin a R e tz ia

in d . a .................................... z e w an e n sis D IB N .

(H u s te d ia )

C rin o id e o s B ry o z o a rio s

fo rm a

...........................

rad ialis P H I L L I P S .

....

x

x

x

x

a .......................................

x

.............................. .....................................

x

-—

x x

— _________

?


59 —

A lg u n o s de los organism os anotados más arrib a merecen algunas observaciones. E n prim er lugar me parece que p o si­ blem ente m i P aralelodon sp. indet. puede ser el m ism o o rg a­ nism o que G R O E B E R señala con el nom bre de P leu ro p h o ru s subovalis W A A G ., p o r que la form a externa, es m uy seme­ ja n te a la de un P leu ro p h o ru s, p o r 'la posición tan anterior del ápice. L a posición genérica que le doy me parece correc­ ta, puesto que me ha sido posible observar las canales p a ra ­ lelas entre sí y con el borde cardinal que decoran la charnela. Si contem plam os el cuadro an terio r nos sorprenden las • grandes analogías que él yacim iento de H uentelauquén p re­ senta con el C a rb o n ífe ro del P erú y de B olivia. E stas a n a lo ­ gías n o h ab ían sido reparadas con anterioridad , p o rq u e m uv pocos de los investigadores que se ocuparon de este yacim ien­ to, tu v iero n ocasión de consultar a F O R B E S. E n efecto, en el m uestreo de este a u to r en el Istm o de C opacabana (Lago T itic a c a ) aparecen las dos form as m ás características de H uen telau q u én : P ro d u c tu s longispinus SO W , y E uphem us C a rb o n a riu s C O X . que S alter señala sim plem ente con la d e ­ signación B ellerophon: “a cióse ally o f B. U rii F lem .” . F u e­ ra de estos organism os h an aparecido en los diferentes a flo ­ ram ientos de H uentelauquén R etzia radialis P H IL L IP S , una form a muy. parecida a la H ustedia M o rm cn ii M arcou que es una form a típica del carbonífero perú -b o liv ian o y la R eticularia 'lineata M A R T . que tam bién da S T E IN M A N N , com o una de las form as típicas del carbonífero peruano. F u e­ ra de estos cuatro organism os de determ inación segura en ­ contram os en M illahue P ro d u c tu s boliviensis D ’O R B cuya determ inación no ha sido m u y satisfactoria. E n todo caso se tra ta de un P ro d u c tu s del grupo lincutus W A A G . que en su fo rm a P r. C o ra es m uy frecuente en el carbonífero del Perú. U n . organism o que merece consideraciones especiales sobre su edad es S pirifer’ina Zcwanentsis D IE N . E n efecto, tan intere­ santes com o las relaciones con el carbonífero perú-boliviano, son las relaciones que em piezan a observarse entre los a flo ­ ram ientos de H uentelauquén y los del B arreal, con los cuales tienen de com ún, las relaciones que se presentan entre las ca­ pas m arinas y unos conglom erados que es posible conside­ ra r com o m uy sem ejantes a las T illita s de San Ju a n . E n el B arreal, se h an estudiado dos faunulas, una p o r C ow per R E E D , que sería del carbonífero superior, y o tra p o r Ju a n K E ID E L y H oracio Jaim e H A R R IN G T O N , que pertenece­ ría a'l C a rb o n ífe ro inferior. Las relaciones de nuestra faunu-


60 —

la, hasta el m o m en to son p rin cip alm e n te con los o rganism os estudiados p o r R E B D ( 1 ) . E s conveniente, sin em bargo, antes de señ alar en d e ta ­ lle estas relaciones, insistir en la po'sición estratig ráfica que daba R E E D a la fau n u la recogida p o r D U T O I T en la Q u e ­ b rad a de E l S alto. E n efecto, el arg u m e n to fo rm u la d o p o r H. G E R T H y que recogim os an terio rm en te (v. pág. 4 1 ) no es tan serio com o a prim era vista parece. D espués de u n análisis de las form as allí recogidas que se relacio n ab an con a flo ram ien to s del P érm ico, que p o r lo dem ás no d ejab a n de estar som etidos a discusión respecto de su edad, decía: “ If w e look at the rest o f th e species fro m B arreal, w e o b ­ serve th a t nearly all are closely allied to o r co m p arab le w ith established species from eitber the low er C a rb o n ife ro u s o f R u ­ sia o r N o rth A m erica, an d th a t none are lim ited to indisp u te d P erm ia n beds.” F in alm en te, en el ú ltim o p á rra fo de su tra b a jo decía en fáticam ente: "A sí, el peso de la evidencia de los fósiles nos lleva, sin n in g u n a duda, a referir la fa u n a del B arreal al C a rb o n ífe ro , y parece que n o debe colocarse en la p a rte alta de la form ació n sino p ro b ab le m en te hacia la base de ila división su p e rio r.” D e este m o d o el a rg u m e n te de G erth resulta u n poco especioso, p o r cu a n to C o w p e r R E E D , no. colocaba su fau n a en p a ra n g ó n con el C a rb o n í­ fero ta n conocido del P erú y de B olivia, sin o en su base. P ues bien, en nuestros aflo ram ien to s, h a n ap arecid o a l­ gunas form as com unes con el B arreal, au n q u e h asta el m o ­ m en to no son ellas m u y num erosas. M e parece ú til señ alar p o r el m o m e n to solam ente S p irife rin a zew anen sis D IE N , cu ­ yas analogías con la o cto p lic ata que señala H a rrin g to n , in ­ diqué an terio rm en te. ¿De cuál especie se trata? E s éste u n problem a que nosotros n o estam os en condiciones de a b o r­ dar, pero el hecho de que la zewanenfjis fuera de capas p é r­ micas. h ab ía d ad o ocasión a G E R T H , p ara in sistir en las posibilidades de que se tra ta efectivam ente de u n P érm ico basal. E n el caso de que fuera la octoplicata, será u n n u ev o organism o “ aliado o com parable con especies establecidas del C a rb o n ífe ro in fe rio r de R usia o de N o rtea m éric a” . L a o tra fo rm a es la N ucu lh n a cfr. b ellistriata, que ta m b ié n aparece en las capas del B arreal. M e parece ú til tam b ién hacer hincapié sobre u n hecho Las analogías con la fau n a del C a rb o n ífe ro de B o liv ia son (1 ) K tid e l J u a n y H . J . H a r r in g to n .— O n rbe d is c o v e ry o f L o w e r C a rb o n ife ro u s T ilH fes . . . etc. G eol. M a g a z in e . V o l. L X X V . N .9 8 8 5 , L o n ­ don, 1928.


61 —

más francas en M illahue, en donde creo ver unas calizas su ­ periores a las que encontram os en la desem bocadura del rio C hoapa. E n efecto, todas las form as que allí ha sido posible reconocer presentan francas analogías con organism os del car­ b o n ífero b o liv ian o : P ro d u c tu s longispinus, recogido p o r F orbes, P ro d u c tu s boliviensis, S p irifer alatus, etc. Si volvem os ahora a la lista N .9 1 de esta discusión, o b ­ servarem os tam bién algunos hechos interesantes. E n los a flo ­ ram ientos de L a D esem bocadura encontram os pocas form as referibles al C a rb o n ífero de B olivia. Estas son E uphem us C a rb o n a riu s C O X , E u o m p h alu s sp., y P ro d u c tu s lo n g is­ p in u s S O W . E n L a L aguna, se han recogido m uy pocas fo imas, de tal m anera que podem os pasar po r alto este a flo ra ­ m iento. L as form as que encontram os en La D esem bocadura tienen de p articu la r que se relacionan con un aflo ram ien to que n o h a sido bien estudiado en B olivia y que en general, ha pasad o desapercibido en la to ta lid a d de su com posición faunística. D e este afloram iento, generalm ente se han retenido solam ente los nom bres que se han hecho m uy vulgares por d a r organism os típicos. E n La C antera se agregan S piriferina zew anensis D IE N . y R etzia radialis P H IL L IP S . Finalm ente, en el c o n ju n to que se recogió en M illahue, todas las form as aparecen em parentadas con el C a rb o n ífero de Bolivia, como si desde la base, hacia arriba, estas relaciones fueran haciéndo­ se m ás evidentes. D e este m odo, nuestras conclusiones sobre la edad de los aflo ram ien to s de H uentelauquén son las siguientes. L a s C apas de H uentelauquén representan un nuevo ejem plo del C a rb o n ífe ro m arítim o sudam ericano. Si ha exis­ tid o m ucha in certidum bre respecto de su posición estratigráfica ello se debe p rincipalm ente a que conocemos bien so la­ m ente las faunas correspondientes a la parte superior de la serie carbónica en nuestro continente. L os aflo ram ien ­ tos de H uentelauquén, corresponden más bien a la p arte m e­ dia en su transición hacia la parte superio r y p o r consiguien­ te queda explicada la relación que se observa con B olivia y B arreal; en este ú ltim o la fauna sería ligeram ente anterior. D e este m odo la fauna de H uentelauquén en sus tres p rim e­ ros afloram ientos, representa un nuevo m om ento del C a rb o ­ nífero superior sudam ericano. L a fauna de M illahue presenta analogías más francas con el C a rb o n ífero boliviano, p o r lo cual podem os paraleliz a r esas calizas con los afloram ientos de B olivia y del Perú.


62 —

Relaciones A u n q u e un poco fuera de 'ios m arcos de este artícu lo , es conveniente hacer algunas observaciones sobre las relaciones que los aflo ram ien to s que acabam os de estudiar, p resen tan en el terreno con las brechas, m uy d ifu n d id a s en to d a la región, que em pezam os a considerar com o idénticas con las tillita s que se presentan en la vertiente argen tin a de la cordillera. N o es del caso d ilu cid ar la n atu raleza de estas relaciones. Q u iero d ejar constancia solam ente, que en todos los aflo ram ien to s de la desem bocadura del río C h o ap a, las brechas aparecen en las inm ediaciones, ap a ren tem en te interestratific& das con las capas que estudiam os an terio rm en te. Precisam ente, u n a de las razones que teníam os p ara considerar interesante el estu ­ dio y la determ inación de la edad de los aflo ram ien to s fosiliferos, era que, de este m odo, entráb am o s a co n sid erar la edad de la glaciación general p ara la A m érica del Sur, en el p a le o ­ zoico. Este p ro blem a ú ltim am en te ha d ism in u id o m ucho en su interés. Según vim os en la intro d u cció n , en la A rg e n tin a se había p la n tea d o un desacuerdo entre los d istin to s tr a b a ­ jadores que tu v ie ro n ocasión de a d q u irir un co n o cim ien to d i­ recto de esos afloram ientos. Este desacuerdo estaba rep resen ­ tado p o r una o p in ió n sostenida p o r K E ID E L , p rin c ip a lm e n ­ te, quien creía que esos terrenos eran de edad pérm ica, y o tro . grupo, representado p rin cip alm en te p o r D U T O IT - que a t r i­ b u ían edad carbonífera a la glaciación en debate. E l m ism o desacuerdo se h ab ía p la n tea d o en C hile, p uesto que G R O E B E R h ab ía in sin u ad o una edad P érm ica p ara las capas de H uentelauquén, o p in ió n que aceptaba y hacía suya H . G E R T H . Pues bien, este p roblem a ya está so b rep asad o . L a edad C a rb o n ífe ra superio r para los aflo ram ien to s estudiados p o r D U T O I T , h o y día, ya no se discute. P o r su p arte, el D r. J u a n K E ID E L , al proseguir sus estudios en la región, en ­ c o n tró en el valle de las Cabeceras, un c o n ju n to fau n ístico que al ser determ in ad o p o r H oracio J . H A R R I N G T O N , d ió un C a rb o n ífe ro inferior. D e este m odo, la glaciación n o es susceptible de reducirse a un pequeño m o m e n to d¿l c a rb o n í­ fero. Al contrario, es posible que ella h ay a d u ra d o casi to d o su decurso y las disp u tas que se e n ta b la ro n a este respecto aparecen h oy un poco vacías. E n to d o caso, es co nveniente observar que en los aflo ram ien to s chilenos señalados a n te rio r­ m ente aparecen las brechas (tillita s ) solam en te en las v ecin ­ dades de La D esem bocadura. E n M illahue, situ ad o al in te rio r de la quebrada de ese n o m b re (véase m apa de o rie n ta c ió n ),


63 —

los conglom erados no aparecen. C om o hem os tratad o de paralelizar la edad de ese aflo ram ien to con el C a rb o n ífero supe­ rio r de B olivia y del P erú, resultaría que en la p arte chilena, p ara ese m om ento, ya la glaciación h ab ría desaparecido, y es solam ente hacia abajo, en donde ¿lia cobra im portancia. E stos hechos, que p o r el m om ento son una p ro b ab ilid ad so ­ lam ente, tienen el gran m érito de ser conciliatorios, con las circunstancias generales observadas, en los o tro s aflo ram ien ­ tos del C a rb o n ífe ro en la Am érica del Sur.

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1930.

L o re n z o .— U n a fo rm a c ió n .calcárea y fo s ilífe ra cerca de la d es­

em b o c a d u ra d el r ío C h o a p a . A n ale s de la Soc. N ac. de M in e ría , 23.

S O W E .R B Y ,

Jiam cs.— G r o s ^ r ita n n ie a is

alem án del D r. A G A S S IZ . N e u c h â te l, 24.

W IN D H A U S E N . n o s A ires,

25. 26.

S.

W E IR ,

C o n c h b lo g ie .

A n se lm o .— 'G e o lo g ía

G eo l.. S u r v r y . J o h n .— T h e

W IM iA N ,

2>\

1837. A rg e n tin a .

Sdgunda

p a r te .

B ue­

o f th e E u re k a D is tr ic t. M o n o g r a p h s o f

N .9 V IM . B ritis h

an d

1884.

B elg ian

C .— U b e r

d ie

B e lle rd p h o n tid a e .

K a r b o n bradhiopcdlen

B eeren E ila n d s . N o v a A cta R egaiae S oc 3 . N .9 8. U p sa la ,

1914.

Che

W a s h in g to n . T ra n sac .

th e R oyial Soc. o f E d im b u r g h . V o l. L V I . P a r t ILI. N . 9 3 1 , 27.

1898. T ra d .

1932.

W A IL O O T T .— P a le o n to lo g y U.

M 'incjral

F auna

of

1931.

S pitzbergens

und

S c ie n t. U p sa le n sis. S e r. I V . V o l.


A l g u n o s a f l o r a m ie n to s

Lám. I

F ig . 1.— B ellero p h o n or. m á x im u m J o h n W E I'R . P iz a rra s de L a D esem bocadura. R ed u cid o a Y i . F ig . 2 a.— E u p h d m u s c a rb o n a riu s C O X . V ista dorsal de un ejem p lar. P iz a rra s de la desem bocadura. A m p lia d o al doble, m ás o m enos. F ig . 2 b .— E u p h e m u s ca rb o n a riu s C O X . V is ta de o tr o ejem p lar. P iz a rra s de La D esem bocadura. A m p lia d o al doble, más o m enos. F ig. 3 .— P a ra lle lo d d o n sp. ind. laíf sulcatus (WIELLIEiR) B R A N S O N . Banco? de calizas en L a D esem bocadura. A m p lia d o al doble. F ig . 4 .— N u c u la n a sp. in d .- a f f . b ellistriata S T B V B N S . P iz a rra s de L a D esem ­ b o ca d u ra . T a m a ñ o n a tu ra l.


Algunos afloramientos

Lám.

1!

F ig . l a . — P rad .u ctu s ( M a rg in ifc ra ) lo n g isp in u s S O W . C aliza s y P iz a rra s de la vieja C an tera. T a m a ñ o n a tu ra l, m ás o m enos. P o sib lem en te v ar. lo b a ta S H E L L . F ig. I b .— P ro d u c tu s (M a rg in ifc ra ) lo n g isp in u s S O W . C aliza s v P iz a r r a s de la V ie ja C an tera. T a m a ñ o n a tu ra l. E je m p la r ta n la rg o co m o an c h o . F ig. 2 .— S p irife rin a zew anensis D IB N . C a liz a s de M illa h ú e . U n po co más g ran d e que el tam añlo n a tu ra l. F ig. 3 .— R e tz ia (H u s te d ia ) radialis P H I L L I P S . C aliza s y P iz a rra s d-; la V ie ja C a n te ra . T a m a ñ o n a tu ra l. F ig. 4 .— E u o m p h a lu s sp. in d e t. C aliza s y P iz a rra s de la V ie ja C a n te ra . T a m a ñ o n a tu ra l.


A lg u n o ; a flo .-;m io n to s

F ig .

i . á m . J1I

1.— S p irife r cf. alatu s S C H L O T H . C alizas y P iz a rra s de M illah u e. F r a g ­ m e n to de u n m olde in te rn o . T a m a ñ o n a tu ra l. F ig . 2 .— M y a lin a sp . in d : t. M o ld e in te rn o de un ejem p lar. C aliza s y P iz a rra ; de L a D esem bocadura. T a m a ñ o n a tu ra l, m ás o m enos. F ig . 3 .— S p irife r sp. in d e t. a. Ca'.izas y P iz a rra s de M illah u e T a m a ñ o n a tu ra l. F ig . 4 .— B recha ( tillita ) en L a D esem bocadura del R ío C h o ap a.


AVES

M IG R A T O R IA S N O R T E A M E R IC A N A S V IS I T A N C H IL E

QUE

P o r el D r. R O D U L F O A . P H I L I P P I B. Je fe <k la Sección A ves C hilenas.

L a av ifau n a chilena puede ser dividida en dos grupos: 1 • Las aves residentes chilenas, que nidifican en el país o efectúan m igraciones d en tro de él o a países vecinos, pero regresando a procrearse en Chile. 2. Las aves visitantes, que son aquellas que nidifican en o tros países, y que visitan el nuestro en determ inadas épocas del año. A sí tenem os visitantes de invierno y v isitan ­ tes de verano. Este grupo puede subdividirse en tres subgrupos: a) V isitantes regulares, que visitan el país todos los años. b) V isitantes irregulares, que sólo lo hacen en cier­ tos años. c) V isitantes casuales, aquellos que llegan a nuestro país sólo excepcionalm ente. Estas aves llegan p o r haberse ex tra v iad o en su vuelos habituales, o, porque, en su país de origen, diversos fenóm enos accidentales, como sequías, tem porales, falta de alim ento, etc., las han obligado a em igrar. E n este artícu lo nos referirem os exclusivam ente al 2 .9 G ru p o , al de las Aves V isitantes, y de ellas, a aquel G ru p o de Aves, que nidificando en la Am érica del N orte, em igra al S u r d u ran te el invierno ártico, para encontrar climas más propicios p ara su alim entación y. vida. T o d a s estas aves n o r­ team ericanas. pertenecen al grupo de las aves m igratorias, pues con toda regularidad efectúan este largo viaje. Las aves m igratorias de N orteam érica tienen ciertas ru tas acostum bradas para hacer su viaje de ida y regreso. Son dos las ru tas principales. U n a de ellas sigue la costa W . de Sudam érica, o sea, el O céano Pacífico y la región situ a­ da al occidente de la C ordillera de los A ndes y la otra que llam arem os ru ta oriental, sigue la costa atlántica y la región


66 —

continental situada al O riente de Los A ndes. M uchas aves s i­ guen am bas rutas en su m igración. La m ayoría de las aves m igratorias norteam ericanas que visitan C hile recorren la ru ta occidental, pero m uchas ta m ­ bién llegan p o r la ru ta oriental, p o r vía P ata g o n ia A rg e n ­ tin a a M agallanes y T ie rra del Fuego. E stas aves llegan al país en la segunda q uincena de agosto y regresan a n idificar en las regiones boreales, en l o s . meses de m a rz o y abril. Sin em bargo siem pre q uedan ejem ­ plares en C hile, que pasan el in v iern o aquí. Se tra ta de ejem ­ plares inm aduros o que no h an sido afectados p o r el p e río ­ do de celo. D am os en seguida una lista de las aves m ig rato rias n o rteamerica'nas que visitan C hile. P onem os tam b ién su n o m ­ bre vernacular en inglés, ya que la m ay o ría no tiene n o m b re v u lg a r aquí. D am os adem ás datos sobre su d istrib u ció n geo­ gráfica en las A m éricas y especíales detalles sobre su p e rm a ­ nencia en Chile. H asta h oy día se h a n señalado 34 especies n o rtea m eri­ canas que visitan nuestro país. FAMILIA HIRUNDINIDAE

1.

Golondrina bermeja, Bam-Swallow, .Hirundo rustica ery th ro g aster B oddaert.

N idifica desde el N . W . de A laska, n o rte de M ackenzi? (L ago del G ran O so ), S u r de M a n ito b a y Quebec C e n tra l; p o r el S u r hasta C alifo rn ia, S. de T ex as, A rkansas, T ennesse, A labam a, C aro lin a del N orte, y en M éxico hasta los estados de Jalisco y N ay a rit. E m igra a través de las B aham as y M a r C a ­ ribe para in v e rn a r en la zo n a com prendida entre M éxico, B r a ­ sil, N . de A rg en tin a y C hile C en tral. E n diciem bre de 1938 tuvim os ocasión de ver en el M a r. C aribe un gran núm ero de estas g o lo n d rin as que v o la b an en dirección a V enezuela y se posaban a descansar en n u estro b a r ­ co. Los p rim eros ejem plares los vim os en L at. 159 N . L o ng. 7 19 2 1 ’ W , al occidente de la Isla de P u e rto R ico y los ú l ­ tim os el 15 de diciem bre poco antes de llegar a C o ló n (P a n am á ). E n C hile puede considerarse un visitante irreg u lar. C o ­ nocem os los siguientes hallazgos; I ej. A rica verano 1851. (F robeen, in M us. N ac. S a n ­ tiago) .


67 —

r , , , . 1 ei \ alrededores de Santiago, 3 -d ic .-1 8 9 7 P h ilip p i, m M us. N ac. S a n tia g o ).

(D r. R. A.

i( V ) ^ S' 3 am a^ a’ V alle del C opiapó, A tacam a. 2 3 -m arz o -1 9 2 4 . (E xped. Field M useum de C h icag o ). .n . enero 1934 vim os una bandada de alrededor de 50 ind iv id u o s en la desem bocadura del río Paicaví, A rauco. »j ^ 3 0 -d ic .-19 38 llegó un gran núm ero al valle del H uasco, V allenar, los ejem plares se fueron a fines de m arzo (O bservación del Sr. G uillerm o R. M illie ). Podem os decir que visita C hile en verano en la zona com prendida entre T a ra p a c á y A rauco. F am ilia MNIOT1LTIDAE

2.

Monjita americana. Black-poll Warbler, Dendroica stria ta Forster.

N idifica en C an ad á y región del M a r de H udson. desde el lím ite de los árboles el N .W . de A laska, N . de M ackenzie, N . de M an ito b a, N . de Quebéc y T erran o v a, p o r el Sur hasta B ritish C olum bia, M ichigan y N ueva York. E m igra a través de las B aham as y A n tillas para in v e rn a r en V enezuela, G uayanas y B rasil. C asualm ente ha sido cap tu rad a en M é ji­ co. E cu ad o r y Chile. C olocam os esta ave en la presente lista, porque el 17 de ju n io de 1858, el Sr. L. L andbeck capturó un ejem plar en p lu m a je nupcial en Collico, cerca de V aldivia. Este ejem plar está en el M us. Nac. de S antiago y es el T ip o de D endroica atricap illa L andbeck. L a fecha de la captura hace pensar en que pudiera ser un ejem plar escapado de una jaula. P o r lo m enos debe ser u n ejem plar extraviado. F am ilia ACCIPITRIDAE

3.

Aguilucho de cola roja, Red-taijed Hawk, Buteo jamaicensis borealis Gmelin.

N idifica en la zona com prendida entre M ackenzie, Saskatchew an, N . de M anitoba, N . de O ntario, S. de Quebec y T e rra n o v a , hasta T exas, O klahom a, A rkansas, A labam a y N . de F lo rid a. N o se conocía hasta ahora qu e este aguilucho pudiera em igrar a Sudam érica. Al revisar los T ip o s de B uteo creados p o r el D r. R. A. P h ilip p i encontram os que B uteo pictus de P h ilip p i era tan diferente de B uteo polyosom a polyosom a (del cual se le su ­

/


68 —

po n ía sinónim o) ( 1 ) , que resolvim os enviarlo a W a sh in g ­ ton para su identificación. A llí fué estudiado con m ucho in ­ terés p o r el D r. W etm o re quien lo identificó, sin lugar a d u ­ das, com o un inm ad u ro del red-tailed h a w k B uteo jam aicensis borealis. E n el M useo de los P adres R eden to ristas de San B ernardo hay o tro ejem plar tam bién in m a d u ro ca p tu rad o en C a p itá n Pastene, P ro v . de M alleco, 19 agosto 1 9 2 4 (C ol. R. P. H o u sse ). E sta es suficiente prueba de que este aguilucho visita ca­ sualm ente nuestro país. H a sido en contrado en V ald iv ia (B. pictus) y en M alleco..

4.

Aguila pescadora, Osprey, Pandion haliaetus carolinenisis Gmelin.

N idifica desde el N .W . de A laska, N .W . de M ackenzie, C hurchill, M a n ito b a y T e rra n o v a hasta el W . de M éjico y los estados del G olfo. In v ern a en M éjico, A n tillas y A m éri­ ca C entral. C asualm ente llega más al Sur, al P erú, C hile y P araguay. E n diciem bre 20 de 1938 vim os u n ejem p lar de esta bella ave en el río D aule, G uayaquil, E cuad o r. Se conoce un solo ejem plar cap tu rad o en P aine, p ro v . O ’H iggins. F ataflia FALíCONIDAE

5.

Halcón o Gavilán, Duck Hawk, Palco peregrinus anatum Bonaparte.

N idifica en la A m érica del N o rte, desde A laska, M ac­ kenzie, P enínsula de B oothia, Isla B a ffin y costa W . de G roen lan d ia hasta B aja C a lifo rn ia, M éjico C en tral. M isso u ­ ri, Indiana, P enn sy lv an ia, T ennessee y C onnecticur. In v ern a en el S ur de N o rte A m érica llegando p o r el S ur h asta C hile. H a sido en contrado en Los V ilos, C o q u im b o ; Z a p a Ilar, A concagua; Isla M ocha, A rauco; V ald iv ia y T ie rra del Fuego. N o se puede d ar n in g u n a o p in ió n d efin itiv a sobre la dsitribución de F. p. an a tu m en C hile pues es fácilm ente con fu n d id o con F . p. cassini que nidifica en A ysen y M a ­ gallanes y visita C hile C e n tral en invierno.

(1 )

C . E . H cllm ay er. T h e B ird s o f C h ile .

1932. P. 274.


— 69 — F am ilia CHARADRIIDAE

6.

Pollito cabezón, Black-bellied Plover, Squatarola squatarola cynosurae Thayer y Bangs.

N idifica en toda la costa ártica e islas adyacentes, desde 1 o in t B a rro w hasta las Islas S o u th am p to n y B affin . In v e r­ na en B ritish C olum bia, C alifornia, L ouisiana, C arolina del INorte hasta B rasil, |A|rgentina, P erú y Chile. E n nuestro país, sin ser com ún, es un visitante regu­ la r en verano. Se le ha encontrado en A rica (T a ra p a c á ), C aldera (A tac am a ), C oncón (V a lp a ra íso ), L lolleo (San- • tiago) y Penco (C oncepción). E n L lolleo, desem bocadura del río M aipo, Santiago, lo hem os observado llegar regularm ente todos los veranos en octubre p ara regresar en abril. E sta observación la hem os h e­ cho desde 1935, año a año.

7.

Chorlo dorado, Golden Plover, PJluviaJis dominicus/ dominicus Müller.

N id ifica en la costa ártica am ericana desde P o in t Ba rro w hasta la P enínsula M elville, por el N . hasta las Islas N o rth D ev o n y p o r el Sur hasta el lago A rd. y C h u rch ill en M a n ito b a . P asa el invierno en las P am pas del Sur del B ra­ sil, P arag u ay , B olivia, U ru g u a y y A rgentina. Casualm ente visita C hile. E m igra al S ur po r la ruta oriental, lo que ex ­ plica su rareza en n uestro país. E n A rg en tin a lo llam an chorlo pam pa y es m uy perse­ g uido po r los cazadores. Este chorlo está dism inuyendo n o ­ tablem ente y ya no llega al Sur en las grandes cantidades en que lo hacía en años ya pasados. D e C hile se conocen los siguientes hallazgos: 2 ejs. A rica, V egas de C h a c a llu ta . ab ril 1 8 5 3 . (C o l. F ro b een , M u s. N ac. S a n t.). 2 ejs. S a n tia g o , m a rz o 1 8 6 0 . (M u s. N ac. S a n tia g o ) .

M uchos de los records chilenos publicados son fran ca­ m ente dudosos pues están basados en observación en el cam ­ po, y este chorlo se confunde fácilm ente con S quatarola sq u a­ ta ro la cynosurae.


8.

70 —

Chorlo semipíilmado, Semipalmated Plover, Charadrius semipalmatus Bonaparte.

N idifica en el A rtico desde el M ar de B ering h asta la Isla B affin, p o r el Sur hasta Y u k o n , B ritish C olum bia, N u e ­ va B runsw ick y N ueva Escocia. E m ig ra en in v ie rn o a la zo n a com prendida entre C alifo rn ia, L ouisiana, S o u th C a ro ­ lina y la P atagonia. E n C hile es un visitante raro de verano. N o so tro s n u n ­ ca lo hem os observado. R ecords chilenos conocidos: 1 cj. A rica, v e ra n o 1 8 5 3 . (C o l. F ro b e e n , in M u s . N a c . S a n ti a g o ;. C o q u im b o , n o v ie m b re 1 8 8 1 . (A d m . M a rk ih a m ). C o q u im b o , P u n ta T e a tin o s , n o v ie m b re 1 8 9 3 . ( P í a t e ) . C albuco, L la n q u ih u e , ( P í a t e ) .

9.

Pollo de mar grande, Surf-Bird, Aphriza virgata Gmelin.

E sta ave nidifica en ciertas m o n tañ as de A laska C e n ­ tral (M t. M ac K inley P a rk y sistema del río F o r ty - m ile ) . Es interesante que siendo un ave tan com ún y conocida, sus n i­ dos sólo se hay an descubierto en 1927. V ive casi to d o el año a la orilla del m ar, p ara desaparecer de ella d u ra n te seis se­ m anas en que se va a las altas m o n ta ñ as de A la s k i p ara n i­ dificar. E m igra al S ur y pasa el in v ie rn o en la costa del P a ­ cífico, desde V ancouver hasta M agallanes. E n C hile es com ún y regular en sus visitas de verano. Llega en bandadas de Veinte y m ás ejem plares a fines de agosto y regresa a fines de abril. Es u n o de los chorlos m i­ g ratorios que regresa más tarde. H em os visto una b an d a d a de 25 ejem plares el 6 de m ayo en L lolleo, S an tiag p ; a la se­ m ana siguiente ya h ab ían desaparecido. Se le encuentra desde A rica a M agallanes (C an a l T r i n i ­ dad, C o p p in g e r).

10.

Pello de Mar, vuelvepiedras, Turnstone, Arenaria ínterpres morinella Linnaeus.

N idifica en el N . y W . de A laska y en el A rtico hasta las Islas S o u th am p to n y W . de B a ffin . In v ern a en el S ur de E s ­ tados U n id o s (C alifo rn ia, T ex as, M ississippi y N o rth C a ro ­ lin a ), y en el Sur hasta S ur del B rasil y C hile C en tral. Es un visitante regular de v erano en n u estro p aís; p ero no es com ún. Se le encuentra exclusivam ente en la costa. C onocem os los siguientes hallazg o s: 2 ejs. P la y a S a n ti a g o ) .

al N .

A rica,

sep tiem b re

1853.

(C o l.

F ro b e e n .

M u s.

N. ,


71 —

5 ejs. en p lu m a je de in v ie rn o . 5 de ju lio de P h ilip p i B . ) .

1 9 3 5 . A rica.

(D r

R

A

u h a y records de Iq u iq u e ( T a r a p a c á ) ; 'P ap o so ( A n to fa g a s ta ) ; C a ld e ra (A ta c a m a ) : P a p u d o y Z apáH ar (A c o n c a g u a ) ; C o n c ó n (V a lp a ra ís o ) ; L lo lle o (S a n tia g o ) ; P ic h ik m u (C o lc h a g u a ) ; P e n :o (C o n c e p c ió n ) ; e Isla M o ­ cha (A ra u c o ) .

L a observación hecha p o r nosotros en A rica de 5 ejem ­ plares en p lu m aje de invierno el 5 de ju lio de 1935 la co n ­ sideram os interesante. Es sabido que esta espécie nidifica en islotes chicos y perm anece apenas 5 a 6 sem anas en el nido, de m o d o que su nidificación es casi im posible de observar. E s conveniente insistir en la observación de. esta ave. ¿N id i­ ficarán algunos ejem plares en el hem isferio Sur? F am ilia SCO LOPACIDAE

11.

Batitú, Upland PlcVer, Bartramia lone¡icauda Bechstein.

N idifica desde el N .W . de A laska, N . de Y u k ó n , S. de M ackenzie, M a n ito b a central, M ichigan y S. de Quebec has­ ta U ta h , C olorado, O klahom a, S. de M issouri, S. de In d ian a y V irginia. In v ern a en las P am p as de Sudam érica, desde el S. del B rasil a P atag o n ia. Este chorlo que antes era m uy ab undante, se está haciendo rápidam ente escaso. E n C hile es un visitante casual. E n el verano de 1888 se cap tu ró una pareja en la C ordillera de Santiago, que está en el M us. N ac. de Santiago.

12.

Pitotoy grande, Greater Yellow Legs, Totanus melanoleucus Gmelin.

N id ifica desde el M onte Iliam a en A laska: AÍberta y L a b ra d o r hasta B ritish C olum bia, M anitob a, T ír ra n o v a e islas A nticosti. Inverna en el S. de E sta d o s‘U n id o s. A m éri­ ca C e n tral y del S ur hasta P atagonia. E n C hile es u n visitante regular y com ún en verano. Se le encuentra desde T arap a cá hasta M agallanes. C onocem os capturas en: A ric a ; 'R io C o llaca g u a, 4 ,0 0 0 m . C o rd . T a ra p a c á (>Dr. R . A . P h ilip p i B .. en e ro 1 9 4 0 ) ; Z a p a lla r, A c o n cag u a ; B atu co , S a n tia g o ; L lo lleo , S a n tia g o ; L lic o , C u ric ó ; R io P aic av í, A rau co ( D r . R . A . P h ilip p i B . en ero 1 ¿ R io In io , C h ilo é ( E x p . F ield M u s ) ; Q u e jó n , C b ilo e (d iciem b re 3 0 , 1 9 2 2 , E x p . F ield M u s .) ; R ío N ire h u a u , A ysen (feb rero 1 9 3 4 . E x p . M u s. N a. S tg o ).


— 13.

72 —

Pitotoy chico, Lesser Yellow Legs, T q ta n u s flavtpesj Gmelin.

N idifica desde K otzebue S ound en el A lto V alle del Y ucón y en to d o el N o rte de C anadá co n tin en tal h asta B ritish C olum bia, A lb erta y S. de M a n ito b a . In v ern a en A rgentina y C hile. U n gran núm ero sigue la ru ta de las A n ­ tillas donde es capturado en gran núm ero p o r los cazadores. T am b ién en Sudam érica lo persiguen p o r su buena carne. E n C hile es algo com ún en verano y llega en m ucho m ay o r núm ero que la especie anterior, a veces an d a en b a n ­ dadas hasta de 30 individuos. Es frecuente que acom pañe a T o ta n u s m elanoleucus. Se le encuentra desde A rica a M a g a ­ llanes.

14.

Pollito de mar, Sanderling, Crocethia alba Pallas.

N idifica en las Islas A rticas y N . d e G ro en lan d ia h a s­ ta la Isla S o u th am p to n . In v ern a desde C alifo rn ia, T e x a s y B erm udas hasta la P atagonia. Es el visitante norteam ericano que llega en m ay o r n ú ­ m ero a las playas chilenas. A nda siem pre en b an d ad as n u ­ merosas. E n la p laya de L ebu vim os en el v erano u n a b a n ­ d ada de 235 ejem plares; pero éstas son generalm ente de 10 a 30. A lgunos ejem plares aislados se q uedan d u ra n te el in ­ vierno en C hile. Se le encuentra desde A rica a Chiloé. 15.

Chorlo café, Knot, Calidris canutus rufus Wilson.

N idifica en la Isla Ellesm ere. Isla V icto ria y en el N . de G roenlandia. E n agosto de 1938, tuvim o s la g ran suerte de ver el prim er nid o auténtico de este chorlo en el B ritish M useum ó f N a tu ra l H isto ry . E stá ju n to con un a p areja de las aves y fué obtenido p o r el C oronel Feylden H. M . S. A lert, en la T ie rra de G rinéll, el 30 de ju lio de 1 876. Este sitio está en L at. 82'-’ 3 3 ' N , en el N . W . de G ro en lan d ia. E n A m érica el p rim er nido fué en contrad o p o r el A l­ m iran te P eary el 27 de ju n io de '9 0 9 . en el N . de la Isla Ellesmere, a más o m enos 6 00 m illas del P o lo N o rte. E n invierno em igra al S ur visitan d o am bas costas de N orteam érica para in v ern ar en la A m érica del S ur llegando hasta T ie rra del Fuego. E n C hile es u n visitan te m uv raro de verano. C onocem os los siguientes records; 1 €j. sep tiem b re 1 8 5 1 . (C o l. F ro b :e n . M u s. 'Nac. S t g o . ) . 1 ej. o ctu b re 1 8 5 7 . Isla de C h ilo é (C o l. P h . G e rm a in . M u s. N ac. S tg o .) .


73 —

2 ejs. feb rero 1 8 9 5 . C ab o E s p ír itu S a n to . T ie r r a del F u eg o . (C o l. P ía te estas p ie les las v im o s en la Colecc. del M u sc o de B e r l í n ) . 1 ej. 15 n o v ie m b re 1 9 3 0 . L lo lleo . S a n tia g o . (I n C ol. R . A . P h ilip p i B .) .

16.

Perdiz de Mar o Zarapito, Hudsonlian Curlew. Numtnius budsonicus Latham.

N idifica en la C osta de A laska desde la desem bocadura del Y u k ó n al N orte. N idifica tam bién localm ente desde el N i de M ackenzie al N. de M an ito b a (C h u rch il'l). Inverna desde B aja C a lifo rn ia al S ur de H onduras y desde E cuador al S ur de C hile. P o r la costa atlántica inverna entre la Guayana Inglesa y la desem bocadura del A m azonas. E n la A r ­ gentina ha sido señalado en T ie rra del Fuego, lo que hace su p o n e r que llega, allí p o r la ru ta occidental, es decir vía Chile. E n C hile se encuentra regularm ente en verano desde A rica hasta T ie rra del Fuego. Es especialmente ab u n d an te en la isla de Chiloé, donde lo hem os visto por centenares en el río P u d e to (A n c u d ). Llega en la segunda quincena de agos­ to y desaparece a fines de abril. Sin em bargo, siempre se en ­ cuentran ejem plares escasos que pasan el invierno aquí. C o ­ nocem os records de Arica, T a ra p a c á en ju lio 1935. (D r. R. A. P h ilip p i B .) ; L lolleo. S antiago ju n io 1936 (D r. R. A. P h ilip p i B . ) ; y L eyda (Santiago, 9 de ju lio 1939, C. S. R e ed ).

17.

Zarapito, Eskimo Curlew. Numenius borealis Fórster.

N idificaba en el N . de M ackenzie hasta N o rto n S ound en A laska. E m igraba a través de la costa atlántica de L a b ra ­ d o r, N ew Y o rk y N ew Jersey, para seguir p o r el A tlántico y M a r C aribe hacia Sudam érica. Invernaba en las P am pas de A rg e n tin a y en P atagonia, llegando a veces a las Islas M alvinas. C asualm ente llégaba a Chile. Este chorlo está prácticam ente exterm inado. Las cau­ sas de esta catástrofe biológica no son m uy claras, pues la sola persecución del hom bre no explica su extinción. E l ú ltim o ejem plar capturado en los E stados U n id o s lo fué en N o rfo lk , N ebraska, el 17 de abril 1915. E n la A r ­ gentina se cap tu ró por últim a vez el 11 de enero 19¿¿C onocem os sólo dos ejem plares capturados en Chile, que están en el M useo de Santiago. Son los siguien.es. 1 m acho ad. C h a c a llu ta . A rica, septiem bre 1 8 5 1 . (C o l. F r o h e e n ) . M ad. Isla de C hiloé, o ctu b re 1 8 5 8 . (C o l. P h . C e r r o # ü l .


18.

74 —

Zarapito, Marbled Godwit, Limosa f^doa Linnaeus.

N idifica desde el S. South D akota. In v ern a F lo rid a y G eorgia hasta Se le ha observado

de A lb erta y S. de M a n ito b a hasta desde C a lifo rn ia central, L ouisiana, E cuador y P erú. en u n a ocasión en C hile:

1 h e m b ra a d u lta , en p lu m a je de in v ie rn o . P la y a de sep tiem b re 1 8 5 2 . (C o l. F ro b een , in 'M us. 'N a c . S t g o . ) .

19.

C h a c a llu ta ,

A rica,

Zarapito, Hudsonian Godwit. Limosa haemastica Linnaeus.

N idifica desde el río A pderson, M ackenzie, p o r el N. hasta P o rt Clarence, A laska y p o r el E. hasta C h u rch ill (M ar de H u d so n ) e Isla S o u th am p to n . In v ern a en la P ata g o n ia, M alvinas y C hile. E n C hile es un raro visitante de verano. P asan años en que no se le observa en el centro y sur del país. E s m ás cons­ ta n te en M agallanes. Se conocen los siguientes hallazgos: 2 ejs. C h ilo é, o ctu b re 185 7. (C o l. P h . G c rm a in , M u s. N ac. S a n tia g o ) . 2 ejs. T ie rra del F u e g o , v eran o 1 8 7 2 . (M u s . N ac. S a n tia g o ) . 1 ej. S a n tia g o . 2 d-; m a y o 1 8 9 4 . (M u s . N ac. S a n tia g o ) . 2 ejs. L a s M ercedes, T a lc a , 2 6 de en e ro 1 9 2 8 . (C o l. H n o . F la m in io R u iz P . ) .

20.

Pollito de mar o de vega, Baird’s Sandpiper, Pisobia bairdi Coues.

N idifica a lo larg ó de la costa del A rtico desde el W . de A laska hasta la Isla B affin , po r el S. hasta la p ro v in cia de M ackenzie. Inverna en A rg en tin a y C hile. E n nuestro país es u n visitan te com ún y regular de v e­ rano. Se le encuentra ta n to a o rillas del m a r com o en el in ­ terio r y cordilleras. Se le ha encontrado desde T a ra p a c á h a s­ ta V aldivia. N osotros lo hem os observado en los siguientes p u n to s: C ordillera de T a ra p a c á (N . del S alar del G uaseo, 3 ,9 0 0 m t. en 1940. M u y a b u n d a n te ); B años del T o ro , C o rd illera de C oquim bo, a 3 ,8 0 0 , en P iuquenes, m a rz o 1 938. algo co ­ m ún. E n L lolleo, desem bocadura del río M aipo, d o n d e h a ­ cemos observaciones desde 1934. es el p rim e r ch o rlito que llega del N orte, hem os v isto ejem plares el 12 de agosto. G e­ neralm ente llega en b an d ad itas de 8 a 25 ejem plares. A veces n o and an aislados sino que se ju n ta n a otras especies que „

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frecuentan la misma zona, como C haradrius collaris, Charaus ralklandicus, Z o m b y x modestus y Crocethia alba. R e ­ gresa a fines de abril. N o hemos observado ejemplares que se queden en el invierno. T a m b ié n lo hemos observado en gran num ero en septiembre en la desembocadura del río Yali, Santiago, en septiembre 1934 y septiembre 1937. E n P e n ­ co, Concepción, com ún en septiembre 1937, febrero 1938 y m a rz o 1 9 4 0 ; Desembocadura del Paicaví, Lloncao, Arauco, com ún no sólo en la costa, sino también en potreros cerca­ nos. enero 1934. E n Isla Mocha, Arauco, algo escaso en n o ­ viembre 1932. D. S. B ullock lo ob tu v o en febrero en T o lté n , V aldi via. Es el p u n t o más austral en que se le ha encontrado.

21.

Pitotoy chico, Pectoral Sandpiper, Pisobia melanotos Vieillot.

N idifica en la costa ártica americana desde el Estrecho de Bering hasta la Isla S ou th am p to n . Inverna en Sudamérica desde P erú y Bolivia hasta Chile y P atagonia argentina. E n Chile es un visitante irregular de verano. Visita t a n ­ to las partes bajas como la alta cordillera, desde el extremo N o rte (T a ra p a c á ) hasta la provincia de Valdivia. E l pueblo lo confunde por su aspecto con T o ta n u s flavipes y p o r esto también lo llama “ p itotoy chico” . Se le ha encontrado en los siguientes puntos: Vegas de C hinch orro, Arica, abril 1853. Col. Frobeen (Mus. Nac. Hist. N at. Santiago) ; Sacaya, T arapacá, m arzo 13, abril 4 1890. A. A. Lañe; R ío Collacagua, 4 ,0 0 0 m., T arapacá. ene­ ro 1940. D r. R. A. P h ilip p i B.; Valle del Yeso, 3.0 00 m.. Santiago, verano 1872. Mus. Santiago; R í o Pilmaiqué'n, O sorno, 22 de febrero 1891, A. A. Lañe. E n el verano dn 1939 llegó en gran núm ero a las vegas situadas al N . de la ciudad de Santiago, donde fueron capturados numerosos ejemplares (C. S. R e e d ) .

22.

Pollito de Vega, White-rumiped Sandpiper, Pisobia fuscicollis Vieillot.

Nidifica en la costa ártica de Norteamérica desde P o in t B a rro w (Alaska) hasta la Isla S o u th am p to n y S. de la Isla Baffin. Inverna desde Paraguay hasta el S. de Patagonia e Islas M alvinas. . . . Esta ave sigue la ruta oriental en su migración, por esto en Chile sólo se la encuentra en Magallanes y T ’erra del Fuego.


76 —

El Sr. P. W . R eynolds lo ha en contrado en las Islas O taries (.Archipiélago W o lla s to n ). E l Sr. Claés O lrog, del R iksm useum de Estocolm o, Suecia, lo vió en reg u lar n úm ero en el verano de 1940 en la zona del C anal de Beagle. E n 1938 encontram os en el M useo de B erlin un a piel de hem bra ad. captu rad a p o r P íate en P u n ta A negada. T ie rra del Fuego, Chile, en enero de 1895. Este es el único ejem plar que hem os visto cap tu rad o en C hile. La m ay o ría de las citas de la literatura son dudosas y casi ro n seguridad confusiones con P isobia bairdi.

23.

Pollito de mar, Semipalmated Sandpiper, Eutcnetes pusill'us Linnaeus.

N idifica en toda la costa ártica de N orteam érica, desde ella hasta la desem bocadura del Y u k ó n y la B ahía de H u d so n (C h u rc h ill), p o r el E. hasta el S .W . de la Isla B a ffin y N . de L ab rad o r. Inverna a través de las A n tillas y A m érica Cen • tral hasta P atag o n ia (en A rgen tin a ha sido señalado en el valle del río C h u b u t, C h u b u t ) . E n su m igración es algo m uy raro que llegue a Chile. L a m ayoría de las observaciones publicadas no están basadas en ejem plares capturados, y son po r ello dudosas. E l ú n ic o h a lla z g o seg u ro en C h ile que co n o cem o s es u n m a ch o a d u lto , c a p tu ra d o en Chaca-Iluta. A rica, el 21 de sep tiem b re 1 8 5 1 . ( C o l. A . F ro b een , in M us.N N ac. H is t. N a t. S a n tia g o ) .

24.

Chorlito de pico largo, Stilt Samdpiper, Micropailama himantoptus Bonaparte.

N idifica desde la desem bocadura del M ackenzie h asta C oro n atio n G u lf y B ahía de H udson (C h u rc h ill). In v ern a en Sudam érica. p o r el S., hasta U ru g u a y , P arag u a y , B olivia, A rgentina (C haco y Buenos A ire s ), y C hile. E n C hile es u n visitan te excepcional. E n el M useo N ac. de H ist. N at. de S antiago hay un ejem p lar ca p tu rad o p o r Frobeen en C hacalluta, A rica, septiem bre 1851. N o conocemos o tros hallazgos. 25.

C h o rlito m anchado, S potted Sandpjiper, A ctitis m acu la ría Linnacais.

N idifica desde el lím ite de los árboles en el N .W . de A laska, N. de M ackenzie, N . de M a n ito b a, N . de la P e n ín ­ sula de U n g aw a y T e rra n o v a ; p o r él S. hasta el S. de Ca-

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77 —

lifo rn ia, A tiz o n a C entral. S. de N ew M éxico, S. de T exas. L ouis.ana A labam a y N . de S o u th C arolina. In verna desde esta zo n a hasta el S. del Brasil, Perú, B olivia y casualm ente a la A rg en tin a ^T u cu m án y Buenos A ires), y a Chile, i E l 20 de diciem bre 1938, observam os ejem plares ais­ lados de este ch o rlito en e l.r ío D aule, G uayaquil, Ecuador. E n C hile es un visitante ocasional de verano. C onoce­ m os sólo dos ejem plares capturados en nuestro país: 1 h em b ra ad. A rica, ag o sto 10 de 1 8 5 ! . C ol. A . F Ío b ecn . irt. M u s. N a c . H is t. N a t. S a n tia g o ; y o tr o c j., c a p tu ra d o en C a y u tú c , L a g o T o d o s los S a n to s , L la n q u ih u e , C o l. D r. W o lffh ü g c l.

F am ilia FH A LAROPODIDAE

26.

P o llito de M ar, Red P h alarope, P h ala ro p u s fulicarius L innaeus.

N idifica desde el N . de A laska, Isla M elville, Isla Ellesm ere y G roen lan d ia hasta el delta dél Y u k ó n , M ackenzie, Is­ la S o u th am p to n y B ahía de H udson. Inverna en alta m ar en los océanos Pacífico y A tlán tico de Sudam érica. C asualm en­ te llega a la costa y lagos interiores. E sta avecita la vim os el 25 de diciem bre 1938, en band aditas v o la n d o a m ás o m enos 10 m illas de la costa p eru a­ na a la a ltu ra del C allao. E n C hile es bastante raro, aunque llega con reg u lari­ dad en verano. C onocem os los siguientes hallazgos: V a ld iv ia , n o v ie m b re, D r. R . A . P h ilip p i; C hiloé, febrero, D r. R . A . P h ili p p i; C o q u im b o , n o v iem b re, Aidm. M arkiham ; (Bahía de V alp a ra íso , m a r­ z o 1 8 , M . J . N ic o ll; S a n tia g o , ab ril 1 8 6 8 , D r. R . A . P h ilip p i; L a g o P u yebuc, O so rn o , ab ril 1 9 3 1 , C o l. D r. iR. A . P h ilip p i B .; L lo ílco , S an tiag o , n o v ie m b re 1 9 3 6 , C o l. D r. F ederico P h ilip p i B .; C o n có n , V a lp a ra íso , m a rzo 1 9 3 9 , C . S. iReed; R . H . Beck en el 'verano de J 9 1 3 v ió b an d a d as en tre V a l­ p a ra ís o y las Islas J u a n F ern án d ez .

27.

P o llito de M ar, N o rth e rn P halarope, L obipes lobatus L innaeus.

N idifica desde las islas P rib ilo ff, A laska, Isla M elville hasta G ro en lan d ia; p o r el S. hasta el N . de M anitoba y Quebec. E m igra p o r alta m ar en am bas costas de N orteam érica y a través de E stados U n id o s para in vernar en alta m ar en el H em isferio S ur hasta P atagonia. Es m uy poco conocido en C hile. E n el M useo de S an ­ tiago hay un m acho ad. capturado por Frobeen en Arica.

i


78 —

R. H. Beck de la E xpedición B rew ster-S an fo rd , ,lo vió en alta m ar a lo largo de toda la costa peruana. E n A rg e n tin a ha sido observado en Buenos Aires. 28.

Potlito de mar, Wilìson’s Phalarofle, Stefano pus tri­ color Vieillot.

N idifica desde el S. de B ritish C olum bia, A lb erta, Saskatchew an y S. de M a n ito b a hasta C alifo rn ia, N evada, U ta h , C olorado, N ebraska, Iow a, Illinois e Ind ian a. In v ern a en Bolivia, P araguay, Brasil y A rg en tin a (J u ju y , Salta, T u c u m án, M isiones, Buenos Aires, M endoza, C h u b a t e Islas M a l­ vinas) . C asualm ente se ha ca p tu rad o en Chile. E n el M us. N ac. H ist. N at. de S antiago h ay 4 ejem p la­ res capturados en septiem bre 1851 en las Vegas de C hacaIluta (C ol. F ro b e en ). F am ilia LARIIDAE

29.

Golondrina de mar, Elegant Tern, Sterna elegana Gkimbel.

N idifica en B aja C alifo rn ia y en las islas del G o lfo de C alifo rn ia. E n invierno em igra al S ur p o r la costa occidental desde B aja C a lifo rn ia hasta Chile. E n nuestro p aís se la encuentra desde A rica a C o rral. N o es com ún ni regular en sus visitas. H allazgos en C hile: N o v ie m b re 1 8 5 3 , B ah ía q u im b o (A d m ira i M a rk h a m ) ; S a n tia g o , 2 7 sep tiem b re 1 9 3 6 c a h u a n o , febrero 193 8 D r . R .

30.

de A rica ( F r o b e e n ) ; n o v ie m b re, B ah ía de C o ­ v e ra n o ,1 8 5 7 , C o rra l ( L . L a n d b c c k ) ; L lo lle o , • (D r> R . A . P h ilip p ! B .) ; S a n V ic e n te de T a lA . P h ilip p i B .) .

Golondrina de mar, Arctic Tarn, Sterna paradisea: Brünnich.

N idifica en todas las regiones árticas circum polares, p o r el Sur, hasta B ritish C olum bia, Islas A leutas .y C o m m an d er y M assachusetts. E n m igración se la encuentra en am bas cos­ tas de las Américas, especialm ente en alta m ar, llegando a veces p o r el Sur hasta el O céano A n tàrtico , incluso al M a r de W eddell. Sin em bargo, m uchos de los h allazg o s p u b lic a ­ dos sobre presencia de esta S terna en regiones tan australes son erróneos y debidos a confusiones con S tern a v itta tá que h ab ita las regiones antárticas. C on seguridad se la ca p tu ró


79 —

en L at. 6 8 9 32 S. L ong. 129 4 9 ’, en el M ar de W eddell, el 23 de m a rz o 1904, p o r la E xpedición del “ S cotia” . E sta ave es la que recorre las m ayores distancias cono­ cidas entre las aves m igratorias. A lg u n as recorren en pocos meses la fantástica distancia de 12 a 1 5 .0 0 0 Km. H allazg o s en C hile: 1 h . ad . en p lu m a je de in v ie rn o , L a g u n a de -V ichu q u én , L lico , d ic iem ­ b re 1 8 6 1 . (D r . R . A . .P h ilip p i) ; 1 m . a d . . en p lu m a je n u p cial, V a ld iv ia , m a ­ yo 1 8 5 8 ( I n M u s, S a n tia g o ) . E n tre el 4 de n o v ie m b re y el 3 d e dici-cmbn? 1 9 1 4 , R . H . Reck o b s e rv ó y c a p tu ró n u m e ro so s ejem p lares en a lta m a r en tre V a lp a ra ís o y J u a n F e rn á n d e z . N o s o tro s ta m b ié n la 'bem os v isto en b a n d a d ita s de 7 a 10 en a lta m a r fre n te a ^T alcahuano en feb rero 1 9 3 8 . 1 m . ad . en p lu m a je de in v ie rn o , l . 9 de n o v ie m b re 1 9 3 2 , F u n d o El V erg el, A n g o l. (C o l. D . S. B u ljo c k , N .9 1 4 4 7 ) . E s ta S te rn a fo rm a b a p a rte de u n a b a n d a d a de 10 a 12 q u e p erm an eciero n v ario s días en la la g u n a del fu n d o . (O b se rv ació n p ro p o rc io n a d a p o r el D r . D . S . B u llo c k ) .

N a d a d efin itiv o se sabe aún sobre las visitas de esta ave a Chile.

31.

Golondrina negra, Black Tern, Chlidonias nigra surinamensis Gmelin.

N idifica en el N . de N orteam érica, po r el S. hasta C a­ lifo rn ia, Kansas, Tennessee, O h io y W . de N ew Y o rk . E m i­ gra al S ur a través de M éjico y Am érica C en tral para in v er­ n a r en Sudam érica, desde G uayana H olandesa hasta P erú y casualm ente Chile. E l único ejem plar cap tu rad o en Chile, lo fué por u n o de los m iem bros de la expedición del “N o v a ra ’’, en un a la ­ guna de los alrededores de Santiago. 32.

Cbelli o cagüil, Frankilito’s Gull, Latfus pipixean Wagler.

N idifica en el in te rio r del O ccidente de N orteam érica al E. de las M o n tañ as Rocosas. E n invierno se dirige al S. p ara quedarse en la zona com prendida por el G olfo de M é­ jico. y a lo largo de la costa occidental de Sudam érica entre E cu ad o r y el centro de C hile. V isita regularm ente C hile en verano y en gran n u m e­ ro. Se la ve especialm ente en los puertos, a veces tam bién en lagunas interiores. C opiam os en seguida de nuestra libreta de notas, o b ­ servaciones hechas de L arus pipixean en la costa occidenta sudam ericana:


80 —

17 de diciem bre 1 9 3 8 : C e s ta co lo m b ia n a del C h o c ó y p u e rto de B u e n a ­ v e n tu ra , n in g ú n ejem plar.. 18 de d ic iem b re: C o s ta co lo m b ia n a, n in g ú n e je m p la r: 19 de diciem b re: A l e n tra r al G o lfo de G u a y a q u il, cerca de 1.a Isla del iM uerto, vim os los p rim e ra s ejem plares. 2 0 de d iciem bre: G u a y a q u il, alg o c o m ú n en el p u e rto . 21 de d ic iem b re: N av eg an d o fren te a T a la r a , P e r ú , se la veía en g ran nú m e ro , ciento?. 2 2 de d ic iem b re: A lg o al S . de P u e r to C h ic am a c u b ría n u n a e n o rm e ex ten sió n , a g ro s o m o d o , h a b ía m á s de cien m il, g av io tas, q u e le n ta m e n te se m o v ía n ru m b o al su r. 23 de diciem b re: P u e rto del C a lla o , m u y a b u n d a n te . 25 de d ic iem b re: P isco a 'In fie rn illo , p o co s ejem p lares. 26 de d ic iem b re: M o lie n d o , algo c o m ú n . 2 7 de d ic iem b re: A rica ( C h il e ) , m u y a b u n d a n te . 2 8 de d ic iem b re: Iq u iq u e , m illa res en la b a h ía . 2 9 de d ic iem b re: T o c o p iíla , p o co s ejem p lares. 3 0 de d ic iem b re: A n to fa g a s ta , c o m ú n . I . 9 de enero de 1 9 4 0 : V a lp a ra ís o , c o m ú n .

y E stas breves notas de viaje son b astan te d em o strativ as sobre la abundancia con que llega L arus p ip ix ean a la costa W . de Sudam érica. T am b ién la hem os visto p o r m illares en la B ah ía de T a lcahuano (veranos d¡e 1937, 1938 y 1 9 4 0 ). T a m b ié n h a sido obtenida en Isla M ocha (A rauco) y C o rral (V a ld iv ia ). Este últim o es el p u n to más austral en que h a sido c a p tu ­ rada. D esaparece com pletam ente en invierno. F am ilia STERCORARIIDAE

33.

S alteador chico, P arasitic Jeager, S terco rariu s p a ra s iti­ cus L innaeus.

N idifica a través de toda la región h o lártica, desde el N . de L ab rad o r hasta regiones m uy boreales. E m ig ra al S ur e inverna a lo largo de la costa del P acífico, desde C a lifo r­ nia a C h ile A ustral, y a lo largo de la costa del A tlán tico , desde F lo rid a a la A rgentina. E n C hile es un visitan te regular de v era n o ; pero no es com ún. Siem pre se observa en v erano en la B ah ía de V a lp a ­ raíso, donde los pescadores lo llam an “ saltead o r chico” , p ara d istin g u irlo del "saltead o r g ran d e” , C a th a ra cta sk u a chilensis que con frecuencia visita la bahía. N o so tro s capturam os u n ejem plar en la B ah ía de T a lcahuano en enero de 1934.


81 —

M r. R. H . Beck lo observó en C orral, Isla de C hiloé y E strecho de M agallanes. (E xped. B re w ste r-S a n d fo rd ). 34.

S alteador chico de ccQa larga, Stercorarius longicaudus V iellot.

L o n g -T a ile d

Jaeger,

N idifica en las regiones árticas, desde L ab rad o r al N o r ­ te. E m ig ra en in vierno al Sur y visita las costas de Perú, C hile y A rgentina. E n C hile se encuentra casi exclusivam ente en alta m ar, p o r lo que es prácticam ente desconocido. L a E xpedición B rew ster-S an fo rd o b tu v o sin em bargo algunos ejem plares en la B ahía de V alp araíso en noviem bre y diciem bre de 1913. T a m b ié n en la m ism a fecha en alta m ar entre V alp araíso y J u a n F ernández. N o so tro s no lo hem os observado nunca en Chile.


S O B R E P H R Y G IL U S E R Y T H R O N O T U S P H I L IP P I Y L A N D B E C K Y P H R Y G IL U S D O R S A L IS C A B A N IS P o r el D r.

RO DU LFO

A . P H I L I P P I B.

A l leer la m agnífica obra del D r. H ellm ayr “ Birds of C h ile ” publicada en 1932, llam a la atención en la parte que se refiere a estos dos F ringillidae, que él no v ió los ejem plares de nuestro M useo. Se trata de los siguientes ejem plares: N .9 45 8 , tip o de P h . ery th ro n o tu s, procedente de P utre, 3 ,0 0 0 mr. C ord. de Arica, 30. Ju n . 1853. Col. A. Frobeen., sin sexo, in m a d u ro ; y del N .9 46 0 . P h . dorsalis, ejem plar adulto, sin sexo, N o rte de Chile. Respecto a este ú ltim o ejem plar hemos investigado m ucho para averiguar la localidad exacta, pero sin resultado. T enem os la sospecha de que puede haber sido ca p tu rad o en la C ordillera de A ntofagasta en el verano de 1885 p o r la E xpedición de don Federico P h ilip p i. ya que en el M useo hay ejem plares de igual proveniencia rotulados ‘‘N o r­ te de C h ile” . E n la visita que practicam os a los museos europeos en 1938 hicim os lo posible p o r estudiar el problem a. E n L ondres vim os ejem plares de P h . ery th ro n o tu s (D iuca behni) p ro v e­ nientes de Livichuco, y de P otosí, Bolivia. y ejem plares de P h . dorsalis de C erro Y ayo, T u cu m án , es decir topotipos. E n B erlín vim os los tipos de D iuca Behni Reichenow ( = P h . ery th ro n o tu s) y de P h . dorsalis Cabanis. N o llegam os a con­ clusión definitiva p o r no haber llevado con nosotros los ejem ­ plares d el'M u seo de Santiago. N uestro ejem plar de P h . d o r­ salis era igual al T ip o de B erlín y a los topotip o s de Londres. E n cam bio el T ip o de P h. ery th ro n o tu s de S antiago era d i­ ferente de los D iuca behni de B erlín y Londres, lo que se ex­ plica porque el T ip o de S antiago es inm aduro y los ejem pla­ res que exam inam os en E u ro p a son adultos. El D r. Stresem ann nos aconsejó enviarle los ejem plares chilenos para estudiarlos él y tam bién solicitar la colaboración del D r. H ellm ayr, en' aquella época agregado a'l B ritish M useum .


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E n enero de 1939, con la au to rizació n de n u estro D i­ rector, enviam os los ejem plares al D r. Stresem anrl, quien con to d a am abilidad los estudió y nos envió la contestación y op in ió n d efin itiva del D r. H ellm ayr. C opiam os literalm ente esta o p in ió n en inglés, p ara no alterar en nada e'l sentido: “ L o n d o n , M arch 30, 1939. D ear Stresem ann: I am very glad to have seen the tw o specim ens o f the S antiago M useum , T h e y m erely serve to "corroborate S ch m id t’s fin d in g as published in the “ B irds o f C h ile’’, p. 68. T h e b ird w ith w o o d -b ro w n dusky-streaked back is u n q u estio n a b ly the T y p e o f P h . ery th ro n o tu s, an d represents th e in m atu re stage o f D iuca behni. It is a p ity th a t the locality o f the ru fo u s backed in d iv i­ dual, w hich agrees w ith topotypas o f P h . dorsalis fro m T u cum án is unrecorded. I can n o t believe th a t th e tw o P h ry g ilu s, w hich I take to be geographical representatives, occur an y w h ere to g e th er..’ T ra d u cc ió n : “ E stim ad o Stresem ann: H e tenido un gran placer en h ab e r o bservado los dos ejem plares defl M useo de S antiago. E llos sirven sim plem ente p ara co rro b o ra r la observación de S chm idt, tal com o fué p u ­ blicada en "B irds o f C hile” , p. 68. E l a v e 'c o n . d orso cafém adéra y con rayas obscuras, es, sin lu g a r a dudas, el T ip o dé P h . ery th ro n o tu s, y representa el estado in m a d u ro de D iu ­ ca behni. Es lam entable que la localidad del ejem p lar de dorso ru fo no se conozca, éste coincide perfectam ente con to p o tip o s de P h . dorsalis de T u c u m á n . Y o no puedo creer que los dos P h ry g ilu s .puedan encontrarse ju n to s en algún sitio, pues yo los considero representantes geográficos” . G racias a nuestro am igo, el D r. Stresem ann, hem os p o ­ dido conocer la o p in ió n d efin itiv a del Srt H e ílm a y r sobre este interesante problem a. Si se confirm a la idea de H ellm ay r, de que sean raza;* geográficas, h ab ría que m odificar ía n o m en clatu ra de ellas.


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C om o P h ry g ilu s e ry th ro n o tu s tiene p rioridad , tendríam os las dos subespecies siguientes: 1.

P h ry g ilu s e ry th ro n o tu s e ry th ro n o tu s P h ilip p i y L andbeck

D istrib u c ió n .— V ive en la zona de 'la P u n ta del extrem o sur del P erú (D ep. de T a c n a ) , en B olivia (Deps. de O ru ro y P o to s í) , y en C hile (C ordillera de Arica, T a ra p a c á ). 2.

P h ry g ilu s e ry th ro n o tu s dorsalis C abanis

D istrib u c ió n .— Z o n a de la P u n a del N .W . de A rg en ­ tin a (P ro v . C atam arca, T u cu m án , Salta, J u ju y y T e rrito rio de los A n d e s ), extrem o S.W . de Bolivia (Silala, D ep. P otosí, en la fro n te ra con A ntofagasta, C h ile ). 1 N ad a se p o d rá decir de definitivo sobre este ú ltim o p u n ­ to m ientras no tengam os series de am bas aves. E n nuestro re­ ciente viaje a la alta cordillera de T a ra p a c á (S alar del G uas­ eó y río C o lla ta g u a ), efectuado en enero de este año, 1940, no tuvim os la suerte de ver estas aves, a pesar de haberlas buscado, con la esperanza de aclarar el punto.


LAS

M O M IA S

E G IP C I A S C O N S E R V A D A S M USEO P o r l i D ra. G R E T E

EN

EL

M OSTN Y

E n el M useo se encuentran dos momias egipcias, a d ­ quiridas hace unos cincuenta años. Están expuestas en una v itrina del segundo piso, todavía envueltas en las fajas, con que fueron sepultadas. Solamente la cabeza de una de ellas se halla libre. T ie n e el núm ero 1048 y la tarjeta a su lado dice que se trata de un noble encontrado en T ebas y que tiene 3 ,5 0 0 - 4 ,0 0 0 años. Además dice que se encontró den­ tro del sarcófago N .° 1049, construido en cartón piedra, en­ cerrado en el ataúd de madera N . 9 1053, el cual tiene una ins­ cripción en la tapa, inscripción que don R. A. P hilipp i en­ vió a Berlín para que la descifrasen. C ontestaron que la traduc­ ción de esos jeroglíficos era la siguiente: " Y o soy Arusa, h ijo de Kuino y de mi madre T e x o " . ' Y o comía ganso, toro, derveza y Quemaba incienso para Osiris” . Así dice la tarjeta adju n ta a la momia. L a momia misma es indudablemente de sexo masculi- • no, pero no está seguro que corresponda' al sarcófago y al ataúd, pues para el sarcófago de cartón piedra sparece ser de­ masiado grande y no habría sido Tácil sacarla sin hacer daño al sarcófago. Este ú ltim o pertenece probablemente a la época ptolemaica de los últimos siglos antes de nuestra era y no al segundo milenio A. C. Además la factura del sarcófago in ­ dica un propietario de sexo femenino. U n a revisión de las inscripciones jeroglíficas demostró que la traducción enviada de Berlín no puede resistir a las enseñanzas de la filología y egiptología modernas. U n a tr a ­ ducción hecha en este sentido, con la reproducción de las ins­ cripciones jeroglíficas, sigue en las próximas páginas. La


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sola constatación que continúa inalterable es, que el sarcó­ fago de cartón piedra fue puesto en el ataúd de madera v pertenecía a la misma persona. ' Según las inscripciones la ocupante del sarcófago y del • ataúd fue una dama, llam ada H eri-w edjat. N o h ay ningú n título que permita reconocer que ella fuese pariente de una casa noble o sacerdotisa. L a factura del ataúd interno de la m om ia es la com ún y consiste en capas de género, cubiertas de una capa delgada de yeso, sobre, la cual se ejecutaron los dibujos y pinturas, interrum pidos p o r cuadros de inscripciones jeroglíficas. Está tocada de una peluca y, alrededor de la frente .lle­ va una cinta. El pecho está cubierto de un collar ancho. A continuación se ve el dios K b n u m en form a del halcón d i ­ vino con cabeza de cabro. D ebajo de él hay el halcón, esta vez con la cabeza propia. Después viene la columna Djed. sím bolo del dios Osiris, con una inscripción jeroglífica. E n el espacio entre las alas de los dioses halcónicos hay en cada lado, una p in tu r a que representa el dios m o m ificado Osiris (es decir, el muerto, porque en la creencia de los egip­ cios cada m uerto se resume en O s ir is ) . D elante de él está un sacerdote y la serpiente real con la corona blanca del A lto E g ip to en la cabeza. Detrás de Osiris está su h erm a n a y m u ­ jer, la diosa Isis, protegiendo con sus brazos al d ifunto. T i e ­ ne la figura de una m ujer con el sígnal de su n om bre en la cabeza. Detrás de ella está un dios con cabeza de b a b u in o y otro con cabeza h u m a n a p inta da de azul (es el color de la m u e rte). E n las inscripciones cortas encima de todos ellos h ay solamente los signos de Osiris o algunos signos ilegible?, que dem uestran que el escritor, que hiz o las p in tu ra s del ataúd no sabía leer. H a y que fijarse que en el tiem po en el . cual fué hecho el sarcófago, el idiom a del pueblo era el grie­ go y que los jeroglíficos se usaban solamente para los m u e r ­ tos, o .para inscripciones de templos. Eso es tam b ién la raíz de muchos errores gráficos. Al o tr o lado, es decir, al lado derecho de la momia, hay una p in tu r a parecida; en lugar del dios bab uino y del dios con la cara azul, h ay el dios A n ubis con la cabeza de Chacal y el dios H o ru s con la cabeza de h a l ­ cón. Bajo estas escenas de ceremonias, hechas con el muerto, hay u n a línea de inscripciones y "más abajo otras cuatro l í ­ neas y un d ibujo del dios K h n u m con la cabeza de chivato. A cada lado de la colum na D jed hay una representa­ ción del dios H o ru s en form a de halcón y d eb a jo u n a de la


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d i o s a ----- beza . .* - - - ---- -------t o i a u a u IU S p i e s u t I d mo!T t j hay cmco lineas de inscripciones y a los lados dibujos del dios A nubis en fo rm a .d e chacal, am bos con inscripciones. O tra linea de inscripciones hay entre el cuerpo del ataúd y su parte inferior. T o d a s estas inscripciones y dibujos son separados uno del o tro p o r bandas de plum as estilizadas.. La tapa del sarcófago (es la parte donde la m om ia te­ nia sus suelas) está hecha de madera y p in ta d a 'c o n un toro A pis ^ negro, sobre fon do blanco. Sobre la espalda tr a e la m om ia de la difunta. T a m b ié n aquí hay una línea de ins­ cripción.

Las inscripciones jeroglíficas sé han ejecutado de dos maneras distintas: las unas son puntadas con jeroglíficos ne­ gros en fondo blanco; los signos son hechos con cuidado y es fácil reconocer las imágenes que representan. Los otros, en fondo amarillo, son hechos con menos cuidado, y son más escritos que pintados. Es la form a de escritura que está entre la jeroglífica y la hierática. Las inscripciones contienen el nombre de la oropietaria, el nom bre de su padre y madre, nombres y atributos de


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dioses y listas de ofrendas, dadas a la muerte para asegurar su bienestar en el o tro m undo. Para facilitar el entendim iento a d j u n ta m o s el croquis de la pág. 89, cuyos números corresponden a los dados a las inscripciones más adelante.

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N . 9 1 (Inscripción de la tapa)

"E l dios Osiris Heri /wedjat, la justificada, b ija Idel Iuwi-sab-Her, el justificado” . B ajo la inscripción hay el toro A pis con b m om ia de la d ifu n ta en la espalda. "Justificada” es la expresión para el muerto, del cual se supone que habría pasado el ju z g ad o del dios de los m u e r ­ tos, Osiris, con éxito. “ Dios Osiris” u “Osiris” sólo es tam bién el m u e rto ; se­ gún las creencias de este tiem po cada m u e rto se incorpora con Osiris, mientras qije en tiempos más antiguos solamente el rey se tran sfo fm a en este dios. --------------Y y o

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N.° 2 “Wepí-w,au(t (el que abre los caminos), él conductor en el occidente” . B a jo la inscripción h ay el d ib u jo del dios W e p -w a u t, quien es idéntico con el dios Anubis, dios de la Necrópolis, 1 en forma de un chacal. Es él quien conduce al m u erto en el otro m u n d o ante el tro n o de Osiris para ser juzgado. “ Occidente” es la dirección donde se supone está el o tro m undo. Es la dirección del sol poniente. Se creía que el sol


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en su curso no ctu rn o pasa por el reino de los muertos y re­ aparece en la m a ñ a n a en el Este para su curso d iurno en el m u n d o de los vivientes. T o d o s los cementerios se encuen­ tra n p o r está razón en el Oeste de las ciudades a que perte­ necen.

N .9 3

"Anubis, primero de los dioses, el sacerdote hem-ka de la diosa (o ¿“hija del dios” ?). O tr a vez hay debajo de la inscripción la imagen de Anubis, a quien llam an ‘.‘sacerdote h em -k a” ; “ k a ” es algo com o u n cuerpo astral que dura mientras la momia existe. C u a n d o se destruye la momia, el “ k a ” desaparece como ta m ­ bién el derecho de gozar de los bienes depositados en la tu m b a y de residir en el otro m undo. P o r esta razón los egip­ cios em balsam aron el cuerpo con tanto cuidado. Los jeroglí­ ficos de la palabra “Jáem-ka” difieren de la manera común de escribirla.


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“I) Palabras ¡a decir por Ptah-Sokaris, Osiris . . “II) el señor del país de los secretos; que dé una ofren­ da rica de víveres, bueyes, aves, incienso, géneros, vasos (al) Osiris Heri-wJedjat, la juistifictada” , ‘ III) hija del Iuwi-sab-Her, el justificado ( y ) ” IV ) de la miadre Taja, la justificada” . “ P tah -S o k a ris” es el nom bre de un dios, com puesto de dos dioses de Memfis. L a composición de dos dioses en u n o solo no es cosa nueva o rara en E gipto. A quí, tam bién el n o m ­ bre de Osiris está ju n to a los otros. Q uizás se puede deducir de esto, que se trata de la m om ia de( un a personalidad p r o ­ veniente de Menfis, estando bajo la protección de los dioses de esta' ciudad. Osiris es llam ado “señor del país de los secretos” o del “país misterioso” . E s una alusión al país de los muertos, al otro m undo. L o que sigue, es decir, “ que dé” etc., hasta “ vasos” , es la fó rm ula usada para “listas de o frendas” que se encuen­ tran en cada tum ba, en cada sarcófago. E n tiempos antiguos se daba al m u e rto todas estas cosas necesarias para la vida, para protegerlo de miseria en el o tro m u n d o . M ás tarde se p inta b a los objetos en las paredes de la tu m b a y se im agi­ naba que p o r transferencia mágica estas cosas p ud ieran co n ­ vertirse en reales, cuando el d if u n to las necesitaba. Y en fin, se les n o m b ra b a solamente con una fó rm u la más o menos es­ tereotipada, pensando que p o r la recitación solemne pud ie ro n formarse de estas palabras las provistas para el muerto. P o r ese, la expresión “ palab ras a decir” es más que u n a .p r o n u n ­ ciación sencilla; llega a ser una recitación mágica, que da v i ­ da a las palabras.

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“P ala bra s a decir p o r el dioá Osiris, cidente. el buen dios, el señor de A bydos, da rica de víveres, de aceites (cosméticos), yes, de aves, de incienso, de géneros (y) Osiris H e r i- w e d ja t, la justificada” .

el prim ero d íl O c­ que dé una o fre n ­ de cerveza, de b u e ­ de vasos (al) dios

E l contenido de esta línea corresponde al de la inscrip­ ción antecedente. Osiris tiene el epíteto de “ prim ero del O c­ cidente” , es decir, el prim er dios del reino de los muertos. A de­ más está llam ado “ señor de A b y d o s” . Viene de la creencia que Isis, su herm ana y mujer, enterraba la cabeza de su fi­ n ado m a rid o en A bydos. Es una alusión al mito de la m u i r ­ te de Osiris, quien fué asesinado por su herm ano y adversa­ rio, el dios del mal, Seth, quien había cortado el cuerpo de Osiris en pedazos para botarlos al Nilo. Isis pescaba las partes del cuerpo y las enterraba donde las encontrara. E n Abydos ,se veneraba desde los tiempos más antiguos una tum ba de Osiris y el anhelo de los egipcios religiosos era, de ser ente­ rrados al lado del dios o tener al menos una estela con la inscripción de su n o m bre y algunas fórmulas pías aquí.

N.9 6 I) “La bendita adelanté del dios Osiris, el señor de Djedet” . II) “la divina Heri-wedjat; la justificada, la hija de Iuw,i-sab-Her, el justificado” .


— 94 — “ D jd e t”

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lugar

donde

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Osi-


rv j ^ n jra. ^ d i t a JJjedet, Ja divina .

9 5

adelante del D ios Osiris. el señor de

II) “H eri-w edjat. Her, el justificado” .

la justificada,

bija

de

Iuwi-sab-

Esta inscripción es el p end ant de la inscripción N . 9 6 y por eso contiene las mismas fórmulas.

N.9 9 “La bendita adelante de I m .. .? . justificada” . Esta inscripción es el p endant de la inscripción. N .9 12. E n ésa, la d ifu n ta se encuentra delante del dios K hnum . Hay que suponer que. aquí se encuentra delante de un otro dios, la escritura del cual tiene que ser errónea. ¿Será “ Imseti" o la deificación del Occidente “Imentit” ?

I) “Palabras a decir por Path-Sokaris, Osiris. el dios, el señor del país de los secretos” , * / II) “que dé una ofrenda tica á¡ víveres, de aceites, de cerveza”


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N.° 10

III) “de bueyes, de aves, de incienso, de géneros, de vasos (al) dios Osiris Heri-wedjat, la justificada” . La inscripción N." 11 es idéntica con la del N . ’ 10. <


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La bendita adelante de Kbnum, el buen dios la jus­ tificada” . H a y un error aquí: la escritura de “ buen dios” está c o nfun dida con la de “incienso” , cosa que puede suceder, d a ­ da la semejanza de esos signos en el hierático. (El pin to r de los ataúdes recibió el texto escrito en hierático y tenía que transponerlo en jeroglíficos; entre estas dos maneras de es­ cribir h a y la misma diferencia que entre nuestras letras m a ­ nuscritas e im p re sas), ----------------- *

N .M 3

“La bendita adelante de Ptah-Sokaris, Heri-wedjat, la justificada” . N . 9 14 L a inscripción es idéntica a la del N .9 13.

N.os 15 y 16 “La bendita adelante de Ptah (?) . . Sarcófago de madera de la miisma Heri-wedjat L a m om ia de la H eri-w edjat no fué solamente em bal­ samada, sino también colocada en un ataúd m um iform e de madera. T ie ne la cabeza de la difunta esculpido y pintado, tocada con peluca y con un collar ancho.


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El resto del ataúd no fué pintado, a excepción de una línea de inscripción, ejecutada con jeroglíficos colorados; co n ­ tiene una fórm ula semejante a esas de la momia.

N . 9 17 “ P alabras a decir p o r P tah-S oka ris, Osiris, el dios, el señor del país de los secretos; que dé u n a o fre nda, rica de víveres, de aceite, de cerveza, de bueyes, de aves, de incienso, de géneros (al) dios Osiris H e r i- w e d ja t” .


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E l interior del ataúd co n tien e-ta m b ién una corta línea de inscripción.

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N . ? 18

“Ptah-Sokaris, Osiris, ¿1 señor del país de los secretos” . L a otra m om ia conservada el Museode (un N .‘-’dibujo 1846) del es Esta inscripción se encuentraen adelante de m enor que la primera y se encontró en un ataúd diosestatura Ptah-Sokaris. de madera ( N .9 1 8 4 7 ) . E n lugar del sarcófago de cartón piedra tiene solamente una máscara dorada y pintada encima de la cara, que continúa en forma de lista hasta 'los pies y que está adornada de dibujos sagrados. La tarjeta correspondiente en la vitrina, dice tiue se tr a ­ ta de una ‘m om ia de 4-6 mil años, encontrada en Tebas, E g ip to ” . A q u í también la indicación de la época no parece ser exacta. P robablem ente pertenece al fin del N uevo Im pe­ rio Egipcio ( 1 5 8 7 - 9 5 2 a. C .) . Su sarcófago tiene la cara dorada, una peluca negra, los bordes de la cual están pintados de blanco y rojo. Está o r n a ­ da de un collar ancho con dos cabezas de halcones como cie­ rre.


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D eb a jo de él. h ay la diosa de la verdad, M aat, con alas y dos plumas. Los espacios libres están rellenados con dos ojos sagrados, los ojos de Osiris. El resto del sarcófago está dividido en cuadros con re­ presentaciones de diosas y demonios de la muerte, y de p l a ­ cas ornamentales. E n la primera de dichos cuadros está el m u e rte acosta­ do en una cama, en el centro, y a am bos lados tres dioses, vestidos en verde y rojo. E n la siguiente corrida h a y diez dioses, en la próxim a, siete signos de la vida entre siete sig­ nos simbólicos de la duración. Sigue o tro cuadro con diez dioses. E n tre los-tres cuadros siguientes h ay intercaladas tres lí ­ neas de inscripción en dirección vertical. E n cada corrida h ay dos o tres dioses. E n la parte donde están los pies, h ay u n a p in tu r a del dios Anubis, dos veces, sentado encima de su capilla, de la cual se ve solamente la parte superior. Además, todo el largo de la tapa y de la parte inferior del sarcófago está orillado de una fra n ja de dioses sentados o de pie, en los colores rojo, verde y amarillo. La base del sarcófago representa u n a p in tu r a de Isis y N ephthys, la m ujer y la herm a na de Osiris, llo r a n d o p o r la m uerte de él. E n tr e ellas hay u n sím bolo con dos p lu m a s y dos culebras. C ada una de las diosas trae en su cabeza los sig­ nos que representan su nombre, Isis está vestida de ro jo y N e p h th y s de verde. T ie n e n ambas tatuajes en el pecho. (El tatuaje se observaba en el E g ip to generalm ente en los tie m ­ pos más remotos; pero en el culto se conservan co stu m ­ bres de las épocas más a n t ig u a s ) . A los h o m b ro s del sarcófago h ay tam bién a cada lado úna diosa llorando, protegida p o r el disco solar con alas. Está m u y bien conservado el sarcófago, los colores son brillantes y faltan en poca parte. Los jeroglíficos de la in s­ cripción son ejecutados en la m anera cursiva de las inscrip ciones del "lib ro de los m uerto s” .


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N . ? 19 '

I) “Palabras a decir por Osáris, el primero del occi­ dente, el gran dios, el señor de los dos tronos, el conductor de las almas II) “el ornar de Osiris, del gran dios, el momificíar (de) la Isis-weret, ¿ . . .?” III) “hacer la protección de (lia bija de?) Osiris, el morir en este día del (re)- nacim iento...” “ Señor de los dos tronos” es una alusión a la división prehistórica del E gipto cuando había dos reinos con dos re­ yes. N o es claro si hay que traducir “ la hija de” o si el signo del niño sentado es solamente una interpretación falsa del signo de la muerte que tendría que ponerse después de la expresión “m o r ir ” . E l verbo “ meni” se traduce literalmente “ desembarcar” y es un eufemismo para morir. El muerto tenía que atrave-


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sar los así un

el N ilo para llegar en la ribera occidental d on de había cementerios. Y al N ilo terrestre corresponde u no celeste, que se pueden interpretar estas palabras literalm ente y en sentido más elevado y transcendental. “ El día del nacim iento” o “ renacimiento” es el día en el cual el d ifu n to pasa adelante del ju z g a d o de Osiris y es declarado “ justificado” . L a segunda y tercera líneás de la inscripción correspon­ den a ceremonias que se ejecutan con la m om ia del d ifu n to antes de sepultarla. F o rm a n p arte d e . los misterios egipcios en los cuales el griego P la tó n tam bién fué iniciado, pero de los cuales es p ro h ib id o h a b la r o escribir, como lo dice él mismo. T o d o s estos misterios se encuentran en form a v ela­ da en el “ libro de los m u ertos” que es un “ vadem ecum ” para los difun tos y los ayuda a pasar las pruebas y terrores del otro m u n d o y a llegar antes del tr o n o de Osiris, quien les absuelve.

Las -j----------- indican la dirección en la cual se lee la inscripción.

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C O N T R I B U C I O N A L A A N A T O M I A D E LO S O C T O D O N T ID O S P o r G U IL L E R M O M A N N F IS C H E R

L a familia de los octodóntidos es, dentro del orden de los roedores, una de las más variadas, de las menos h om o gé­ neas. Será, pues, interesante exam inar si las diferencias exis­ tentes entre los géneros que se han reunido en esa familia, p u e­ den considerarse como meras modificaciones secundarias del tipo general de los octodóntidos. P a ra dilucidar esta cuestión se impone penetrar mas allá de la configuración externa y observar comparativamente la estructura organológica de los géneros respectivos. T a l es el pro p ó sito del siguiente estudio. E xpondrem os, pues, en la p a r ­ te principal del presente trabajo, algunos resultados obtenidos en la disección de tres octodóntidos chilenos, a saber: el Octo d o n degús, la Abrac.oma bennetti y el Spalacopus cyaneus. C om o, p o r ó tra parte, la interpretación correcta de los caracteres anatómicos de los seres sólo es posible al ponerlos en relación con las necesidades biológicas que los h an hecho des­ arrollarse, daremos, en vía de introducción, una corta reseña del medio ambiente y de la alimentación de los tres roedores elegidos, además de su configuración externa.

I.— Caracteres generales Octcdon degus. V ulg arm en te conocido como ratón de las tapias, degu o ratón de cola en trompeta, el O ctodon degus es quizás el m a ­ m ífero más com ún de Chile central. Su configuración exterior señala al animal que se ha ad ap ta d o a la carrera y al salto. A tales funciones correspon­ den los miem bros bien musculados, de longitud apreciable y la cola larga provista en su p u n ta de un penacho de pelos.


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F ig . 1 .— a) A b ro co m a b e n n c tti ( m a c h o ) ; p u l ; '/ i ^«1 ta m a ñ o b ) O c to d o n dcgus (m a c h o )-; p ie l; Vi del ta m a ñ o n a tu r a l.— c) ■cyancus ( m a c h o ) ; p ie l; '/2 del ta m a ñ o n a tu ra l.

n a tu r a ! .— S p a la c o p u s


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La curiosa propiedad que se observa en el degu de llevar su cola encorvada hacia arriba, puede explicarse p o r su efecto de utilidad biológica, ya que protege ese penacho mientras que. al arrastrarse la cola por el suelo, el roce acabaría por destruir los pelos del mechón. Es también significativo a este respecto que los degus neonatos, que al nacer están ya completamente desarrollados, pero todavía desprovistos deí penacho caudal, no llevan la cola encorvada, sino que la dejan colgar fláccida­ mente. N o es difícil imaginarse la utilidad que debe tener para el degu su mechón de pelos: probablemente hará las veces de remo en el salto como también de balancin en el acto de tre­ p ar p o r alguna piedra escarpada. La propiedad de la autotom ía de la cola, tan rara en los mamíferos, pero que se efectúa en el degu, podrá considerarse como una -prueba más de la im portancia del penacho caudal para la vida del “ ratoncito", pues al regenerarse.la piel de la cola que ha quedado en manos del enemigo, se reconstituye el mechón final con toda perfección. Me ha sido dado observar personalmente el resultado de tal regeneración; pues, gracias a la generosidad del Pro f. D r. K u rt Wolffhuegel, quien ha es­ tablecido este fenómeno en el degu, poseo en mi colección uno de los ejemplares por él estudiados. E l fenómeno de autotom ía de la cola como, además, e! . gran desarrollo de los aparatos de la audición y visión en el degu. indican que éste confía para su defensa en la rápida h u i­ da, no siendo, en cambio, u n animal de vida oculta. De aquí la facilidad con que se pueden observar estos simpáticos roe­ dores en los alrededores de Santiago, donde viven, en el llano, principalm ente en las pircas que rodean los potreros, y, en las regiones cordilleranas, en las roquerías de los cerros. Su alimento consiste en pastos verdes y semilla de espi­ no, etc., etc. Podemos, pues, decir que su alimentación es relativa­ mente pobre en celulosas y rica ensubstancias de digestión gás­ trica, hecho que es de gran im portancia para la interpreta­ ción del tu b o digestivo de los roedores, así como veremos en adelante.

Abrocoma bennetti. Parecida en su configuración externa al degu, la Abrocoma bennetti se caracteriza p o r el enorme desarrollo que en • ella h an tom a do los órganos de los sentidos. Así, los aparatos del oído y de la visión de esta especie, sobrepasan en ta m año a todos los demás octodóntidos.

y


— . 106 — La cola bastante larga de la A brocom a carece del mechón final característico para el degu, pero es, en cambio, m u y m u s ­ culada. Las patas parecen haberse especializado en el trepar, ya que las granulaciones abu ndantes de que se hallan provistas facilitan la adherencia en la corteza de los árboles. E n realidad, hemos podido observar que la A brocom a es u n maestro en el trepar, valiéndose para ello tam bién de su cola, a la que a p r o ­ vecha como balancín y aun. en ciertas circunstancias, como apoyo. E l carácter de la A broco m a es m u y particular. E n vez de ser u n anim al vivo y dinámico com o el degu, su cercano pariente, es de una indolencia y lentitud asombrosas. Pocas v e ­ ces se defiende a mordiscos, como lo hace tan a la perfección el degu; es, al contrario, tímida, bastándole gemir a m a r g a m e n ­ te al en;ontrarse cautiva. L a le ntitu d de sus m ovim ientos la compensa p o r u n a v i ­ da m u y oculta y casi únicamente nocturna, hecho que se co n ­ firm a p o r la observación — repetidas veces hecha p o r n o s­ otros— de que 'los huesos y pelos de A brocom a constituyen en ciertos valles cordilleranos u n m u y alto porcentaje de los restos indigeribles v om itad os p o r los tucúqueres y lechuzas. La alimentación de la A brocom a consiste en substancias particularm ente ricas en celulosa, como son ios pastos secos:

Spalacopus cyaneus. P o r haberse ad ap ta d o a la vida subterránea el Spalaco­ pus c., llam ado cururo en boca del pueblo, es necesariamen­ te m u y distinto en toda su organización y especialmente en su configuración externa, del O ctddon degus y de la A bro c o m a bennetti. Las extremidades y la cola, cortas; el oído externo apenas desarrollado; los globos oculares, pequeños; la form a -— po d ría decirse—- asalchichonada de todo el cuerpo, el des­ arrollo de las uñas, etc., etc., todas estas p articularidades p u e ­ den considerarse como resultantes de la adaptación al medio am biente subterráneo, le facilitan al anim al ya el pasaje por estrechas galerías, ya el abrir éstas en la tierra reseca de los ce­ rros y valles de la cordillera, del llano y de la costa del cen­ tro de Chile. El alim ento del cururo consiste en los tubérculos de cier­ tas iridáceas; aun los recolecta y almacena para el invierno.


o

107 —

F ig . 2 .— H ú m e ro de A b ro co m a b e n n e tti. — b e n n e tti. —

F ig .

3.— C la v ic u la de A b ro co m a

F ig . 4 .— F é m u r de A brocom a b en n e tti.


108 —

TI.— A nato m ía

Cráneo. , Al observar en c o n ju n to los cráneos de A brocom a, O ctodon y Spalacopiis, resalta la lo ngitud de la región nasal en A brocoma. Este carácter, que índica una olfacción desarrollada, se explica por la manera de vivir de la A brocom a que — según lo observado ya más arriba— es un anim al de pocos recursos de huida y que, por ser lento, tiene necesidad de reconocer a ■ sus enemigos desde lejos. ' E n cuanto al desarrollo de la región nasal, el segundo l u ­ gar es ocupado p o r el degu y vendría, p o r último, el cururo, que poi ser un anim al de vida subterránea, no necesita una olfacción particularm ente potente. T a m b ié n r s distinta en los tres géneros la lo ng itu d del paladar óseo. La Abrocoma, que posee los molares más des­ arrollados, presenta el paladar más grueso y largo, lo que le permite darles firmeza a los anchos alvéolos de sus dientes. E l palada r del cururo es m ucho más débil, siendo el del degu el menos firme. Pasando a las cápsulas auditivas, encontram os un v o l u ­ men casi excesivo de estos huesos, que nos indican el desarrollo del ap arato auditivo, en la A brocom a. Siguen en ta m a ñ o las cápsulas del degu y presentan entre los tres roedores, el m enor desarrollo, las de Spalaco.pus c. Diferencias m u y interesantes son, finalmente, las que se refieren a la form a y ta m añ o de los arcos cigomáticos. Las a n a ­ lizaremos al hablar del ap a rato de la digestión, ya que ellas , se deben a un m a y o r o m enor desarrollo de los músculos masticadores. Esqueleto de los miembros. Húmero.-— A nalizarem os en este párrafo, en p rim er l u ­ gar, el desarrollo relativo que ha tom a d o la cresta/ deltoidea en los tres octodóntidos que nos ocupan. C o m o el músculo deltoides lleva el b razo p rin c ip a lm e n ­ te hacia afuera y accesoriamente hacia adelante y atrás, es com prcnsible que encontremos la cresta deltoidea desarrollada al m áx im o en A brocom a (Fig. 2) y tam bién en form a semejante en Spalacopus. El degu, p o r último, presenta un a cresta delt o ’- dea bien diferenciada, pero algo más reducida que la de los otros dos octodóntidos. Los extensos m ovim ientos de lateralidad del húm ero, que se efectúan al trep ar y al escarbar, funciones sobresalientes en


I

F ig . 5 .— C o n fig u ra c ió n e x te rn a d-1 cerebro y cerebelo de A b ro co m a b en n e tti. ■b. o. (bulbo o lf a to rio — 1. p . ló b u lo p irifo rm e — c. r. cisura rin a l — f. flo c cu lu s — V . trig é m in o — VÜI. facial — VJiII. acústico — X I. espinal. — p ¡g . 6 .— M ita d d e r 2dha del cerebelo de A b ro co m a b e n n e tti en v is ta s u p e rio r, c. cu. co rp ú scu lo s cu a d rig ém in o s — f. flocculus — h . c. h em isferio cerebsloso deredho — v. m ita d derecha del v erm is. — F ig. 7 .— C erebro, cereb ilo y b u lb o de u n e m b rió n de O cto d o n deg u s. b . o. b u lb o o lfa to rio — c. b. cerebelo — f. flo ccu lu s — p . p ro tu b e ra n c ia .


« —

110 —

Abrocom a y Spalaco.pus, explican el desarrollo que en ellos ha tom ado la cresta de inserción del músculo deltoides. Es interesante tam bién que .encontremos en la extre m i­ d ad inferior del h ú m e ro en los tres o ctodóntidos un foram en supracondiloideo bien desarrollado. Clavícula.— L a clavícula, órgano im p o rta n te para los m o ­ vim ientos de lateralidad del m iem bro anterior, se encuentra m u y desarrollada en. A brocom a (Fig. 3 ) , siendo en este gé­ nero de un grosor más o menos uniform e. El cururo, que si­ gue, en desarrollo de la clavícula a A brocom a, presenta este hueso m uy ensanchado en su porción esternal, notablem ente a p lan a d o y endeble en el extremo opuesto, escapular. L a cla­ vícula del degu es la menos desarrollada. La explicación del distinto grado de desarrollo de este hueso es necesariamente la misma que encontram os más arriba al hablar del músculo deltoides. F ém ur.— E n lo que respecta al m iem bro posterior, recal­ caremos únicamente que el fém ur presenta un tercer trocánter más o menos desarrollado en los tres octodóntidos que nos i n ­ teresan ( Fig. 4 ) .

Sistema nervioso. Cerebro.— Los cerebros de A brocom a. O cto d o n y SpaIacopus, son bastante semejantes entre sí. Describiré p o r esta razón únicamente el cerebro de A brocom a (Fig. 5 ) , el que p o r su ta m añ o algo m a y o r ofrece facilidades p ara reconocer determinadas formaciones, ya de p o r sí pequeñas. N otare m o s a prim era vista, que se trata de un cerebro bastante p rim itivo en lo que respecta a su configuración exter­ na. C on excepción de vestigios del surco orbitario, de la cisura rinal y de la cisura endo-rinal, n o se encuentran mayores r e ­ lieves en la superficie de los hemisferios cerebrales.. El b u lbo olfatorio, su pedúncu lo y aun el tubérculo o l ­ fatorio, son formaciones relativamente poco desarrolladas. Los bulbos olfatorios, de superficie bastante irregular, son c o n ­ vexos en sus dos caras. Es interesante que en el cerebro del degu, encontram o s u n bulbo olfativo relativamente m ucho m ayor. Los hemisferios cerebrales llegan a to m a r contacto, p o r detrás y a los lados de la línea media, con los'hem isferios cerebelosos, estando separados del vermis p o r los cuerpos cuadrigéminos. P odem os distinguir en la superficie externa de los h e ­ misferios cerebrales, con toda nitidez, dos regiones. U n a supe­ rior, aplanada, que viene a ser u n a verdadera cara superior, y


I

111

i& ¡am


1 1 2

una región lateral abultada posteriorm ente ( l ó b u l o ) , y de m e no r grosor, en cambio, en su tercio anterior. El relieve del lób ulo lateral se continúa en transición, más o menos brusca, con la ya mencionada región anterior aplanada. El cerebro, en general, tom a entonces una fo rm a cónica Je extremidad an terior aguzada. L a región lateral abultada presenta a la altura de su tercio inferior una m arcada cisura que corre de atrás adelante y oblicuam ente de arriba abajo. E n ella se localiza un vaso sanguíneo de cierto volum en. Esta fisura, la cisura rinal, separa el ló bulo piriform e, centro o l ­ fativo que queda p o r debajo de la fisura, de la. masa del l ó ­ bu lo lateral. E n el ló bulo p irifo rm e viene a te rm in ar u n fas­ cículo m u y neto, de aspecto nacarado, proveniente de la ban deleta olfativa. E l quiasma óptico pequeño, se continúa hacia adelante p o r dos nervios ópticos finos y delgados. Las formaciones interhemisféricas del cerebro son muy manifiestas (Fig. 8 ) . E l cuerpo calloso, largo y grueso, i r r a ­ dia en ancha faja en los m antos hemisféricos. E l trígo no, m u y desarrollado también, termina, después de separarse de 'la cara inferior del cuerpo calloso, a la altura de la comisura anterior. El tálam o óptico am pliam ente com isurado con el del lado opuesto, es bien voluminoso. Cerebelo.— E l cerebelo (Fig. 6) , m u y bien diferenciado, presenta una división neta en u n ló bulo medio o vermis, y dos hemisferios cerebelosos. Esta separación, particu la rm en te m a ­ nifiesta en la m itad posterior del cerebelo, es reconocible t a m ­ bién en la región anterior. La diferenciación en vermis y h e ­ misferios es más marcada aún en el cerebelo de O c to d o n degus. Interesante es observar el enorme parecido del cerebelo de los embriones de O c to d o n degus (Fig. 7) con el cerebelo de un m arsupial p rim itiv o como es p o r ejemplo, el cerebelo de Caenolestes descrito p o r Herrick. O rg a n o de Jacobson. El ó rgano de Jacobson es m u y m anifiesto en los tres gé­ neros dé octodóntidos aquí tratados. E n A bro c o m a presenta una particularidad interesante, ya que al desembocar, lo hace en el vértice de una gran papila situada en la p arte anterior del pa'ladar (Fig. 9 ) .


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113 — o.

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O í \ x ' J a x a ^ o M , - t.'K. tííXv^^uj/vvcoí áX.

Aparato de la digestión. Músculos mastfcadores.— Creo conveniente analizar en este párraÍQ, además del aparato digestivo, propiam ente tal tam bién y en prim er lugar, los músculos de la masticación, ya que su desarrollo'.nos indica, dentro de ciertos límites, la ca­ lidad, en lo que respecta a dureza, de los alimentos del animal. El mú&culo temporal, cuya contracción produce única­ mente un m ovim iento ascendente del m axilar inferior, está poco desarrollado en los tres géneros de octodóntidos a que nos referimos. N o nos dice mucho este carácter, ya que un desarrollo sólo m ediano del músculo temporal, es común para casi todos los roedores simplicidentados. El segundo músculo masticador, el masétero, es en cam­ bio. el que prevalece fuertemente en grosor y extensión, so­ bre el temporal. C o m o sus fibras están dispuestas de tal m odo de desplazar al m axilar inferior, además del movim iento de ascensión que también le imprime, de atrás adelante, tiene una enormé* im portancia en la trituración de ciertos alimentos de consistencia tenaz y fibrosa. E n tre nuestros octodóntidos es la Abrocoma bennetti (Figs. 10 y 11)' la especie en la cual este músculo ha tomado un m áx im o desarrollo, ya que aquí se le agrega una porción


114

F ig . 1 0 .— M ú sc u lo s inavticadores de A b ro c o m a b e n n e tti — m . m ù c u lo m ace­ te ro — t. m ú sc u lo te m p o ra l. — F ig . 1 1 .— M ú sc u lo s m a stíca d o re s da S p a la c o p u s cyaneus. m . m úscu'lo m a cete ro — t. m ú scu lo te m p ò ra l. — F ig . 1 2 .— M ú sc u lo s m a stica d o re s de A b ro co m a b e n n e tti en v b ta in f e r io r d*'l crán eo , d. m ú scu lo d ig à stric o — p. m ú scu lo p te rig o id e o e x te rn o .


115 —

F ig . 1 3 .— -M olares del m a x ila r s u p e rio r de S palacopus cyaneus. — F ig. M olares del m a x ila r su p e rio r de O c to d o n degus. — F ig. 1 5 .— M o'.ar.'s m a n d íb u la in fe rio r do O cto d o n degus.

1 4 .— de la


F ig . 1 6 .— ‘M o lare s del m a x ila r -superior de A b ro c o m a b e n n e tti.— F ig . 1 7 .— ^Mo­ lares de la m a n d íb u la in fe rio r de A b ro co m a b e n n e tti. -— F ig . 1 8 .— ¡M olares d e: 1. C te n o m y s m . in f . 4 ; 2 . C te n o m y s m . s u p . 2 ; 3. 0 ; t o d o n m . <up. 4 ; 4 . .O c tc d o n m . su p . 2 ; 5. S p a la c o p u s m . in f. 1; 6 . S o h iz o d o n m . s u p . 1; 7. S c h iz o d o n m . in f. 1 ; 8. A b ro c o m a m . s u p . 1; 9 . A b ro c o m a m . s u p . 4 ; 10. A b ro co m a m . in f. 2 ; 1 1 . A b ro co m a m . in f. 1; 1 2 . M y o p o w m u s m, in f. 2 ; 1 3 . C ap ro rriy s m . in f. 2 ; 1 4 . P la g io d o n m . in f . 2.


117 —

póstero-superior que toma su origen de la m itad posterior del arco cigomático. E1 gran efecto de su contracción en A b ro c o ­ ma, es ayud ado p o r su inserción posterior e inferior en la a p ó ­ fisis an gular del m axilar inferior, pues esta fina apófisis pre­ senta una longitud realmente asombrosa. Los músculos pterigoideos están bien desarrollados. Igual cosa podemos decir del digàstrico, cuyos dos vientres son a n ­ chos y .poderosas (Fig. 1 2 ). D entición.— Los incisivos de Abrocoma. O ctodon y Spalacopus, divergen bastante entré sí, en longitud y desarrollo. Estas diferencias se explican fácilmente por las funciones que ellos desempeñan en cada uno de .estos, octodóntidos. La A brocoma usa sus incisivos únicamente para arrancar y cortar en trozo s el pasto que luego será triturado por los molares. P o r esta razón, no necesita ella de incisivos particularm ente pode­ rosos. El cururo, en cambio, se aprovecha de estos dientes, en prim er lugar, para escarbar sus galerías. Son ellos los que arrancan a manera de picota los terrones endurecidos que no pudieron ser destruidos con las uñas. El degù por último, transporta con sus incisivos ocasionalmente, piedras y terro­ nes de la pro fu n d id a d de sus cuevas al exterior. P roba b lem en ­ te haga de ellos uso también aunque en form a m uy restringi­ da, en el escarbar. Así, se explica que los incisivos de Spalacopus h ay a n tom ado un desarrollo enorme. Sus alvéolos, que aun hacen eminencia en la pared de los maxilares superiores, llegan hasta la altura del tercer molar. M ás pequeños son los incisivos del O ctodon degus. M uy reducidos, por último, aquellos de Abrocoma. La form a que ha tom ado el esmalte de la superficie de rozam iento de los molares, es en los octodóntidos, tan carac­ terística, que aun les ha valido su nombre. En realidad, sabe­ mos que representa en algunps géneros (Spalacopus, Schizod on) un 8 perfecto. Esta figura básica puede variar en otros representantes (Figs. 14 y 15) hasta llegar a formas tan com ­ plicadas ,como Jas qué presentan los molares de Abrocoma (Figs. 16 y 1 7 ). La diferencia entre el clásico 8 de Spalaco­ pus (Fig. 13) y el intrincado laberinto de la Abrocoma, casi pudiera inducirnos a d ud ar del parentesco cercano entre estos géneros. A fortunadam ente, se puede establecer .una escala con todas las transiciones entre el sencillo molar del octodóntido C tenom ys y el tan complejo de Capromys. P ara no salimos del marco de este trabajo, presentare­ mos sólo una lámina de este interesantísimo hecho (Fig. 18).


118 —

F ig . 1 9 .— 'E stó m a g o e in te s tin o d elg ad o de S p a la c o p u s cy an eu s. e. e s tó m a g o — d. d u o d e n o — p . páncreas. — F ig . 2 0 .— [E stó m ag o e in te s tin o d elg ad o de A b ro c o m a b e n n e tti. >


I

F ig . 2 1 .— In te stin o grueso y 'ciego de S p ala co p u s cyaneus. a. p . d asa paralela 'derecha — c. ciego. — F ig . 2 2 .— In te stin o grueso y ciego de C X todon degus. a. p. d . asa paralela deredha — a. s. asa s u p erio r — c, ciego. — In te s tin o grueso y ciego de A b ro co m a b e n n e tti. a. p . d. asa p aralela a. .'s. asa su p e rio r — c. ciego. •

•a


120 —

F ig . 2 4 .— C o ra z ó n de O c to d o n d íg u s . a. p . a rte ria p u lm o n a r — v. c. a* d. vena cava a n te rio r de fic h a — v . c. a. i. v en a cava a n te r io r iz q u ie r d a — v . c. p . vena cava p o s te rio r — v. p. vena p u lm o n a r . — F ig . 2 5 .— C o r a z ó n de A b r o c o ­ m a b e n n e tti — a. p. arteria p u lm o n a r — v. c. a. d . vena cava a n te r io r derecha — v. c. a. i. vena cava a n te r io r iz q u ie rd a — v. c. p . v e n a cava p o s te r io r — v. p. vena p u lm o n a r. — F ig . 2 6 .— C o r a z ó n de S p a la c o p u s c y a n eu s. a. p . a r ­ te ria p u lm o n a r — v. le. a. d. v ena cavá a n te rio r derecha — v . c. a. i . v en a cava a n te rio r iz q u ie rd a * — v. c. p . vena cava p o s te rio r — v. « p .'v en a p u lm o n a r . — F ig . 2 7 .— 'C o ra z ó n de m a rm o sa el'egans. a. p . a rte ria p u lm o n a r — v . c. a. d . vei^a cava a n te r io r derecha — v . c. a. i. v ena cava a n te r io r iz q u ie rd a — v. c. p . vena cava p o s te rio r — v . p . v ena p u lm o n a r .


121

Estómago.— El estómago de Albrocoma (Fig. 2 0 ) , S p a ­ lacopus (Fig. 19) y O ctodon es bien sencillo. E x tr a o r d in a r ia ­ mente lábil en tamaño, según la cantidad de su contenido, presenta siempre un fondo de saco, izquierdo más o menos des­ arrollado. Intestinos.—-El intestino delgado es de longitud mediana en los tres géneros aquí tratados. N o vamos a analizar las d i ­ ferencias relativas de este segmento del tubo digestivo, ya que él puede variar individualm ente dentro de un margen más o menos amplio. Q uiero recalcar únicamente que el duodeno presenta en cada uno de los géneros un ensanchamiento am pular en su prim era porción, seguido de la flexura duodenal, que ab raza la cabeza de un páncreas bien desarrollado. Esta región de la flexura duodenal, de la cabeza y del cuerpo depáncreas, está firm em ente-unida p o r peritoneo al asa paralela derecha del intestino grueso. El ciego varía bastante en forma y capacidad en los tres géneros que nos ocupan. T o m a un desarrollo m áxim o en A b ro com a (Fig. 2 3 ) , donde resalta no sólo por su tamaño, sino también p o r encontrarse varias veces doblado sobre sí mismo, a manera de espiral, ya que de otro modo no encon­ traría cabida en la cavidad abdom inal. Pero no es ésta la ú n i­ ca manera cómo podemos explicarnos la disposición de estfe segmento del tubo digestivo en Abrocoma. Antes bien, no de­ bemos olvidar que la flexuosidad del ciego tiene por efecto el dificultar y por lo tan to retardar el paso de los alimentos p o r él. Y a mucho menos complejo y menos volu m in o so 'e s el ciego del O cto don degus (Fig. 2 2 ) , teniendo el Spalacopus (Fig. 2 1 ) , entre nuestro grupo de octodóntidos, el ciego más pequeño y más simple. E n lo que respecta ahora al intestino grueso p rop iam en­ te tal, es, en los tres octodóntidos, más o menos paralelo en su desarrollo al ciego. E n Abrocoma, O cto don y Spalaco­ pus, presenta una asa intestinal derecha paralela, seguida de otra asa superior de dirección más o menos perpendicular a la p r i­ mera. La asa paralela está formada de dos segmentos del in­ testino grueso, que se continúan directamente y están plegados u n o encima del otro y sujetos en esta posición por ab u n d a n ­ tes trabéculas peritoneales. Su longitud y forma varía algo en los tres géneros aquí tratados. Esas pequeñas divergencias se pueden ñ o ta r en las figuras correspondientes. Las diferencias de form a del asa superior constituida por el colon transverso (según T u llb e rg ) son mucho más manifiestas. Esta asa carac-


F ig . 2 8 .— O rg a n o s genitales m ascu'linos de A b ro c o m a b e n n e tti. b . escro to — d. c o n d u c to d ife re n te — «e. e p id id im o — s. vesícula sem in al — t. te stíc u lo — u r. u rcter — v. v ejig a u rin a ria . — F ig . 2 9 .— 'H e m b ra g rá v id a d e O c to d o n . d e ­ gus. c. ciego — d. in te s tin o delg ad o — e. estó m ag o — h . ¡hígado — u t. ú te ro — v. v ejig a u rin a ria — v ag. v ag in a.


123 —

teristica para los octodóntidos y sus parientes cercanos, es la r­ ga en A b ro c om a y Octodon, en cambio, apenas perceptible y aun en algunos casos no reconocible, en Spalacopus. R esum iendo lo dicho sobre el tubo digestivo, podemos constatar que el más simple corresponde a Spalacopus, el más com plejo a Abrocoma, ocupando el degu una posición inter­ mediaria. Aidemás, notaremos que las diferencias conciernen principalm ente al ciego y al intestino grueso, o sea, a los ó r ­ ganos encargados de la digestión de la celulosa. M ás arriba, h abíam o s visto ya que el cururo se alimenta de substancias blandas, fácilmente digeribles y pobres en celulosa. De allí que n o posea molares de complicada superficie trituradora, ni que necesite músculos masticadores de particular potencia, y que, p o r último, le baste.un tubo digestivo de ,cíego e intesti­ no grueso, cortos. L a Abrocoma, en cambio, que se alimenta de pastos secos, ricos en celulosa, precisa un tubo digestivo apto para cum plir la difícil tarea de aprovechar esas materias m uy poco intensas en lo que respecta a su valor nutritivo. El degu ocupa, también en este caso como en muchos otros aspectos, u n a posición intermedia entre los dos extremos representados p o r A brocom a y Spalacopus. I • *■

Sistema circulatorio.

Mencipnaremos en este párrafo únicamente la presencia en Abrocoma, O ctodon y Spalacopus (Figs. 24, 25 y 2 6 ) , de dos venas cavas anteriores, cuya disposición se puede apreciar en las figuras que insertó a continuación. La duplicidad m en­ cionada señala un carácter bastante prim itivo de los octodón­ tidos. E n este aspecto, existe una gran homología entre los co­ razones de Abrocoma, O ctodon y Spalacopus y el corazón de un marsupial prim itivo (M arm osa) tal como se nota clara­ mente en la figura a d ju n ta (Fig. 2 7 ) . O rganos genitales. Observaremos a este respecto únicamente que los tres oc­ todón tid os disecados presentan vesículas seminales bien des­ arrolladas y testículos intraabdominales. Sin embargo, se pue­ de notar, especialmente en la época de celo, un escroto muy manifiesto, pero éste no alberga un testículo, sino un conglo­ m erado form ado de gran cantidad de asas del conducto defe­ rente (Fig. 2 8 ) . E n los úteros, bicornios. se desarrollan, en cada cuerno, de tres a cuatro embriones (Fig. 2 9 ) .


124 —

Conclusión Las diferencias mas im po rta n tes en la o rganización de A bracom a, O ctodon y Spalacopus, las hem os e nc ontrado en el apa rato de la digestión, inclusive los músculos masticadores. Hemos po'dido establecer, en seguida, que ellas están en relación directa con la c..lidad de los alimentos. P o r lo tanto, y resuirfiendo, podem os decir que esas diferencias, en absoluto fundamentales, son pro d u cto d e 'la adaptación de los tres gé­ neros a regímenes alimenticios distintos. El desarrollo de los músculos masticadores ha in flu id o en la configuración del cráneo, con lo que queda establecido que las diferencias craneanas de esa proveniencia ta m poco son p r i ­ marias. siendo más bien m otivad a s p o r la. calidad del alimento. M ás arriba hemos visto que las distintas figuras qué p r e ­ sentan los pliegues de esmalte en los molares de los o c todóntidcs son hom ologables fácilmente. P o r último, pudim os observar, al analizar las d ife re n ­ cias ei? el esqueleto de los m iem bros de A brocom a, O c to d o n y Spalacopus, que ellas se explican p o r el régim en de vida que es particular a cada u no de estos géneros. Llegamos a la conclusión final de que, a pesar de la gran diversidad en la configuración externa de' los roedores aquí considerados, se constata una intim a a finidad en la estructura de sur órganos, pudiéndose asertar que las. diferencias existen­ tes son únicamente productos de la adaptación a distintos re­ gímenes de vida.

Bibliografía A L L E N .— 'M am m alia

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H E P A T IC A S

C H ILEN A S F E R N A N D E C IN A S C O N T IN E N T E

Y

DEL

D e las colecciones botánicas hechas p o r el Dr. Carlos S kottsberg y señora Inga de Skottsberg, en 1916 y 1917, en el territorio chileno, envió el Dr. Skottsberg, desde Cotemburgo (Suecia) a la Sección Criptogámica de este Museo, una interesante colección de hepáticas determinadas p o r el gran hepaticólogo D r. A. W . Evans, de N ew Haven, Conn. (U . S. A .) . E l núm ero de ejemplares enviados es de 49, provenien­ tes de las islas de J u a n F ernánde z y de las provincias de C o ­ q u im b o y Concepción. O rdenados p o r familias, los enum era­ mos a continuación. Marchantiaceae N .R .

14. M archan tía p c ly m o rp h a L .— J u a n Fernández: Masatierra, S. Slope of C .9 Chumacera, wet cliffs. 6-1-1917. 15. M archantía Berteroana Lehm. et L indenb.— Ju a n F ernández: Masatierra, P angal on wet soil. 11X I I - 1 916. 17. M archan tía fcliacea M itt.— Ju a n Fernández: Masatierra, w aterfall in P angal: 205 M .S.M . 1-11917. 8. L unularia cruciata ( L . ) — D u m o r t.— Ju a n F e r n á n ­ dez: Masatierra, Quebrada Juanango, forest soil 2 5 0 M-S.M. 9 - I V - l 917. * L unu la ria cruciata (L .) D u m o r t.—-Chile: Prov. Concepción, M aulé N. of Coronel, hum id soil. 2 8 - V I I - 1917. Operculatae 1. Plagiecha;;ma rupestre (Forst.) Steph.— J u a n F er­ nández: Masatierra, P an gal; 205 M .S.M. 1-11917.

Aneuraceae

21. Riccardia breviram oja (Steph.) Evans. — Ju a n F ernández: Masatierra, C um berland Bay, cave 5, back wall. 3-1V - 1917.


— N .R .

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22. Riccardiai breviram osa (S te p h.) E vans. — J u a n F ernández: Masatierra, C u m b e rla n d Bay, cave 5. back wall. 3 -IV -1 9 1 7 . 24. Riccardia breviram osa (Steph.) Evans. — J u a n F ernández: Masatierra, C u m b e rla n d Bay, cave 5, back wall. 7 - I X - 1 9 1 7 . 25. Riccardia breviram osa (S te ph.) E v an s.— J u a n F ernández: Masatierra, S. W . Slope o f P o rte z u e ­ lo ridge, ravine w ith D icksonia; 5 50 M .S .M . 4IV -1 9 1 7 . ,26. Riccardia brevliramosa (Steph.). E van s.— J u a n F ernández: Masatierra, Salsipuedes, in D icksonia forest; 6 60 M .S .M . 13-1-1917. 27. Riccardia breviram osa (S te p h.) E vans. — J u a n F ernánd e z: Masatierra, C u m b e r la n d Bay, cave 6, side wall, 3 - I V - l 91 7. 29. Riccardia ladglutinaita E v a n s .— J u a n F e rn á n d e z : M asatierra, Val'le Colonial, Q u eb rad a de G u tié ­ rrez; 3 0 0 M .S .M . 7 - X I I - 1 9 1 6. 36. Riccardia a d g lu tin a ta E v ans.— J u a n F e rn á n d e z : Masafuera, Casas C a n y o n , on log in the stream. 6 - I I I - 1 9 17. 37. Riccardia insularis Schiff.— J u a n F e rn á n d e z : Masatierra, C u m b e r la n d Bay, cave 5, side wall, • w et corner. 3 - I V - 1 9 1 7 . 42. Riccardia leptostachya E van s.—r J u a n F e rn á n d e z : Masatierra, Q uebr. J u a n a n g o , d r y river b order o n logs. 9 - I V - 1 9 1 7 . 43. Riccardia n u d im itra (S te ph.) E v an s.— J u a n F e r ­ n án d e z: Masafuera, ravine near C a m p . C orres­ pondencia; 1150 M .S .M . 15-11-1917. Metzgeriaceae 47. Metzgeria decip'iens (Massal.) Schiffn. et G ottsch. . — J u a n F ernánde z: Masatierra, V alle C olonial, Q uebrada Seca: 4 3 5 M .S .M ., 2 0 - X I I - 1 9 1 6 . * M etzgeria decipie'ns (M assal.) S. et G .— Chile; P ro v . C o quim bo, L o m a F r a y Jo rg e on D rim y s W in te r i; 6 70 M .S.M ., 2 0 - V I I I - 1917. 64. M etzgeria decrescens S teph.— J u a n F e rn á n d e z ; Masafuera, ravine near C orrespondencia C a m p .: 1150 M .S .M ., 15-11-1917. 52. Metzgeria m u ltifo rm is E v an s.— J u a n F e rn á n d e z : Masatierra, Salsipuedes, D icksonia forest, on T h y rs o p te r is ; 6 6 0 M .S .M ., 1 3 -1 -1 917.


— N-R-

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55. Metzger'ia m'ultifcrmis E vans.— J u a n Fernández: Masafuera, Q uebrada del Blindado, in forest on stones; 4 4 0 M .S.M ., 19-11-1917. 57. Metzgeria violacea (Ach.) D u m o r t.— J u a n Fer n ánd ez: Masafuera, C o rd ó n del Barril, on Drimys, 1 - I I I - 1917. Dilaenaceae

58. H y m e n c p h y tu m flabel'latum (Labill.) D um . — J u a n F ernández: Masafuera, Quebr. del Mono, n a rro w dark ravine: 510 M .S.M ., 20-11-1917. 61. H y m e n c p h y tu m flabellatum (Labill.) D um . — J u a n F ernández: Masafuera, brook just below C o ­ rrespondencia C a m p .; 1120 M.S.M.,- 14-11-191 7. 63. S m y p b y o g y n a circinata Nees et M o n t.— J u a n F ernández: Masatierra, w aterfall in P angal o u t ­ side the rush, scarce; 205 M .S.M ., 1-1-1917. 67. S y m p h y o g y n a circinata Nees et M o n t.— Ju a n F ernández: Masafuera, head of Casas opening, cave on beach; 10-11-1917. * S y m p h y o g y n a circinata Neet et M o n t.— Chile: P ro v . de C oncepción, hills behind T alcahuano, 2 2 X 1 -1 91)6. * S y m p h y o g y n a rut-ritin^ca Evans.— Chile: P ro v . Concepción, Lota, 2 9 - V I I -1 9 1 6 . 70. S ym p h y o g y n a Hochstetteri Neet et M ont. ( + M o noclea Forsteri H o o k ) . — J u a n Fernández: M as­ atierra, Quebr. D am ajuana, materfall outside the rush; 248 M .S.M ., 6 - X I I - l 916. 72. S y m p h y o g y n a Hochstetteri Neet et M o n t.— Ju a n F ernández: Masatierra, Anson Valley near P la z o ­ leta, on stones; 215 M .S .M .. 2 8 - X I I - 1917. 78. S ym p h y o g y n a Hochstetreri Neet et M o n t.— J u a n F ernández: Masatierra, C um berland Bay, cave n.9 6, side wall, 7 -IV -1 9 1 7 . 81. S ym p h y o g y n a H ccbstetteri Nees et M o n t.— J u a n Fernández: Masatierra. Quebr. de Gutiérrez, in ✓ forest; 3 00 M .S.M ., 7 - X I I - 1916. 82. S y m p h y o g y n a Hochstetteii Neet et M o n t.— Ju a n F ernández: Masafuera, moist rocks in forest; 440 M.S.M ., 9 - Í I - 191 84. S ym p h y o g y n a hym enophyllum ; (H ook.) M ont. et Nees.— J u a n Fernández: Masatierra, Salsipuer des, Dicksonia forest; 660 M.S.M., 13-1-1917.


— N .R .

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87. S y m p h y o g y n a b y m in o p h y l l u m (H o o k .) M o n t. et Nees.— J u a n F ernánd e z: M asafuera. ravine near Cam p. Correspondencia; 1 150 M .S .M ., 15-11191791. PaUavicinía xiphcides ( T a y l . ) S p te b .— J u a n F e r ­ nández; Masafuera, moist d ark corners o n walls of Casas C a n y o n ; 2 0 0 M .S .M ., 11-11-1917. Monocleaceae 94. M o n e d e a Forsteri H ook. ( -f-S y m phyog yna H ocbst e t t e r i ) .— J u a n F ern án d e z: M asatierra, Q. D a ­ m a ju an a ; 2 4 8 M .S.M ., 6 - X I I - 1916. 97. M cn cclea Forsteri H o o k .— J u a n F ern án d e z: Masatierra, V illagra, Q. de' la C h o z a, w et rocks, 41-1917. 99. M cncclea Forsteri H o o k .—iJ u a n F e rn á n d e z : M a s ­ afuera, Q u ebrad a del M ono, forest soil; 4 5 0 M .S .M ., 12-11-1917. , Codoniaceae 101. N cte rcd a d a ccnfluens T a y l . — J u a n F ern án d e z: Masafuera, bed o f small stream near C o r r e s p o n ­ dencia C a m p .; 1100 M .S .M ., 5-111-191,7. Anthccerotaceae 104. A rth c c e r c s S k o tú b erg ii S teph.— J u a n F e rn á n d e z : Masatierra, C u m b e rla n d Bav, moist cliffs near th e sea; l l - X I I - 1 9 1 6 . 107. A n th c c e r c i S kcttsbergii S teph.5-—J u a n F ern án d e z: Masatierra, along the trail to P o rtezuelo, on clay, 14 - X I I - 1916. 111. A ntho ceio s S k ctttbergii S teph.— rath e r c om m on! J u a n F ernánde z: M asafuera, in n e rm ost accessible p a r t of Casas C a n yon, m oist corners u n d e r blocks; 200 M .S .M ., 11-1-1917. 119. A nthccercs, sterile; J u a n F e rn á n d e z : M asafuera, stream in Q uebr. Lobería, 17-11-1917. 114. M ig acercs fuegiensis S teph.— J u a n F e rn á n d e z : • Masafuera, Q uebr. Casas in n e rm o st p a r t; 2 0 0 M .S .M ., 11-11-1917. Í 1 1 5 . Megaceros, sterile; J u a n F e rn á n d e z : M asatierra, P ang al w aterfall, in deep shade; 2 05 M .S .M ., 11-1917. K O T A .— E l

*

antes del n o m b re , in d ica los ejem p lares sin

n ú m e ro .

M arcial R. E spinosa Bustos, Jfcfe de la S ección B o tá n ic a .


Adelantos del Museo.

D u ra n te el últim o seiíiestre de 1938. se term inaron los trabajos de reconstrucción del ala oriente del edificio, des­ pués de hallarse paralizados por falta de fondos, durante cinco años A comienzos de 1939, este nuevo sector, que se com­ pone de diez salas, cinco en el piso bajo y cinco en el segun­ do, fué entregado a la Dirección y el personal del museo p r o ­ cedió inmediatam ente al arreglo de las colecciones que debían ocuparlas, las cuales, p o r muchos años, se mantenían g u a r­ dadas en bodega. P ara el efecto de exhibir en buena forma 2stas colecciones, la Dirección de Obras Públicas hizo entre­ ga al museo de 230. vitrinas nuevas, construidas según indi­ caciones del Director del Museo. A mediados del año se terminó el arreglo, con los ejem­ plares debidamente clasificados y con sus correspondientes etiquetas y en julio, la nueva sección fué abierta al público. E n las nuevas salas se han puesto en exhibición las si­ guientes colecciones: Bajes: Aves chilenas, dos salas. Aves extranjeras, dos salas. Paleontología, una sala. A ltes: Concbiología, una sala. Malacología, una sala. Peces y crustáceos, una sala. Etnología, una sala. A rq ueolo­ gía americana, una sala. C o n tan d o con esta nueva sección, el Museo tiene actual m ente entregadas al servicio un total de 26 salas. F alta aún p o r restaurar la ala poniente del Museo, la cual, al terminarse, proporcionará otras diez salas, que se dedicarán respectivamente a paleontología, mineralogía, geo­ logía, anatom ía comparada, arqueología, laboratorios de in ­ vestigación. etc., cuyas colecciones todavía se guardan en b o ­ dega. F altaban las persianas de las ventanas de toda la parte restaurada del edificio, omisión que fué subsanada a fines del


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año 1940. A l m ism o tiem po, se dispuso la dem olición de un pabellón viejo situado en el p atio in te rio r del M useo en fren<:e de la Sala de la B iblioteca. E n su lugar se co n stru y ó u n pabellón m oderno, destinado a las oficinas de la D irección y de los Jefes de Sección. E stas oficinas se h a lla n a c tu a lm e n ­ te term inadas y entregadas al servicio. C on la en trad a en servicio de las nuevas salas h a h a ­ bid o un aum ento considerable en la asistencia del público al establecim iento, especialm ente dlurante los días, festivos, pasando de 3 0 0 ,0 0 0 en el año que te rm in ó a fines de ju n io de 1940. D u ra n te el año el personal superio r del M useo se ha aum entado con el ingreso del señor G uillerm o M a n n , quien se ha he_cho cargo (ad h o n o rem ) de una. p arte de la Sección de Z oología y de la S rta. D o cto ra G reta M o stn y , arq u eó lo ga, nom b rad a ay u d a n ta de la Sección de A n tro p o lo g ía y A r ­ queología.

Ricardo E. Latcham, D irecto r.

Sección Z cdlógica.— Señor D irec to r: T e n g o el ag rad o de in fo rm a r a U d . de los trab a jo s efectuados en el ú ltim o tie m ­ po en la sección a m i cargo. E n el h all del establecim iento se h a n puesto en e x h ib i­ ción las v itrin a s que contienen la colección de aves chilenas v ex tranjeras d o n ad a p o r la fam ilia S an g u in e tti Soto. E n la sala central se ha dad o u n a m e jo r o rd en ació n a las v itrin as que contienen ejem plares de m am ífero s g randes y g ru ­ pos de éstos, destacándose el de los huem ules y el de los cier­ vos; y se h a n restaurado m uchos dé en tre los prim ero s. E n la sala de los m am íferos pequeños se h a n hecho ig u a ­ les m odificaciones, y se ha fo rm a d o alg u n o s gru o o s, b a jo la vigilancia del encargado de ella, Sr. G u ille rm o M a n n . E n la sala de los reptiles se h a dad o a los ejem plares u n a adecuada ordenación y presentación, lo que facilita m ucho la observación y el estudio. L a sala de los grupos de aves, con sus seis v itrin a s cen ­ trales y catorce m urales, ha sido descongestionada al sacarse las que no correspondían a ella, y que h u b o que colocar ahí p rovisoriam ente, p o r no hab er espacio en o tra p arte. Las aves extranjeras, que en n ú m e ro 2 ,3 3 0 , o cu p a n tres salas a continuación de las dos de aves chilenas, a cargo del


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D r. R. A. P h ilip p i B., están colocadas en cuarenta y siete v i­ trinas, diecinueve centrales y veintiocho murales, dejando m uy poco espacio para las nuevas adquisiciones. E n la nueva o r ­ denación las aves han sido colocadas en agrupaciones sistemá­ ticas y con la mejor exhibición posible. T re s de las salas del piso superior se han habilitado para la exhibición de los peces, invertebrados marinos y conchiliología, ocu p a n d o la prim era diez vitrinas centrales y veinte murales; la segunda, seis centrales y doce murales, y la te r­ cera, diez centrales y veinte murales. Q uedan en las salas antiguas y deterioradas, y p o r co n ­ siguiente, fuera de exhibición, los esqueletos y cráneos de m a ­ míferos, donde, a pesar del cuidado que con ellos se tiene, no se pueden conservar como se debe. Si se consiguiera la recons­ trucción de aquellas salas, en una de ellas podría colocarse y salvarse este material valioso, que tanta utilidad presta al es­ tudio. E n la T ax id erm ia, que depende de esta sección, se ha tra b a ja d o todo el tiempo, en la preparación de las piezas que se obtienen, m u y principalmente con las donaciones del J a r ­ dín Zoológico. E n la Sección Entomológica, a cargo del Dr. Emilio Ureta, se h an hecho cajas de exhibición de insectos chilenos, especialmente para dar facilidad a los estudiantes de los v a ­ rios establecimientos educacionales de esta ciudad, que vienen en consulta. Al term inar este informe, ruego al Sr. Director empe­ ñarse en conseguir la reconstrucción de la parte deteriorada del edificio, que tanto necesita este establecimiento. Saluda a U d . — E nrique Ernesto Gigoux, Jefe de la Sec­ ción Zoológica. Al señor D. E nrique Gigoux, Jefe de la Sección Z o o ­ logía: T e n g o el h o n o r de dar cuenta a U d. de la labor efectuada en mi sección durante el año 1939 y lo que va corrido del presente año. A mi regreso de E uropa di inmediatamente comienzo a una organización completamente nueva de las aves montadas en exhibición. Para ello apliqué las observaciones hechas en los Museos europeos a nuestras condiciones económicas. Se le cambió etiqueta a toda la colección, colocando n o m ­ bres modernos a todos los ejemplares. E n cada etiqueta se e x ­ plica bien el sexo, fecha y procedencia del ejemplar. E n algu­ nos casos se detalla la distribución geográfica de la especie. Las

I


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aves se h an colocado en un orden sistemático, con letreros que dan su división en órdenes y familias, sus características p r i n ­ cipales y sus representantes en Chile, E n esta form a la colec­ ción puede desempeñar una función pedagógica im portante. L entam ente se h an ido reem plazando los ejemplares a n ­ tiguos y deteriorados, para ir haciendo grupitos biológicos en que las aves están en actitudes propias a sus costumbres y en u n ambiente que sim ula la realidad. Sólo en el curso del p r e ­ sente año se han colocado 20 nuevos grupos. D eja m os cons­ tancia que en todo esto hemos contado con la entusiasta co­ laboración del personal en T ax id erm ia . Las colecciones se h an acrecentado bastante, no sólo en aves sino también con nidos y huevos. P a ra ello hem os c o n ­ tado con la valiosa colaboración de los o rn itólogos señores Carlos S. Reed ( J a r d ín Zoológico N a c io n a l), A. W . J o h n ­ son y J. Goodall, de Santiago, y W . R. Miílie, de V allenar, El Jefe de la Sección Mamíferos, Sr. G uille rm o M a n n , t a m ­ bién nos ha obsequiado varios ejemplares, e igualm ente nupsu o entusiasta colaborador de Concepción, D r. Francisco Behn. P a ra todos ellos, nuestros agradecimientos. P o r nuestra parte, hemos hecho numerosos viajes para explorar la fauna ornitológica del país y au m e n ta r las colec-. ciones. H em os recolectado material en las siguientes regiones: Q uebrada de los Leones (C ordillera de A c o n c a g u a ) , Z ap a llar (A concagua), Llolleo y Río Rapel (S a n tia g o ), C o rd ille ­ ra de Santiago, Los Vilos ( C o q u im b o ) , San Vicente y T a l cahuano (C oncepción). Además, en enero del presente año. efectuamos una expedición a la Cordillera de T a r a p a c á y cos­ ta de Iquique. De allí trajim os numerosas pieles, entre ellas, seis especies que no estaban representadas en la colección. A d e ­ más, varias novedades ornitológicas que serán publicadas en un tra b a jo especial en el p r ó x im o boletín.— D r. R o d u lfo A. P h ilip p i B., Jefe de la Sección O rnito lo g ía Chilena.

Sección de E n to m o lo g ía .— D u ra n te el añ,o 1939 el su b s­ crito hizo viajes de estudio y colecta a los Baños del T o r o (Cord. de C o q u im b o ) y R ío Seco, varios viajes a los alrededo­ res de V alparaíso y a la Cordillera de S antiago p o r el V alle del M aipo. Se incrementan las colecciones en 187 4 ejemplares. El jefe de Sección publicó la T ercera p arte de los L ep idópteros de Chile, en la Rev. Chilena de H ito ria N atu ra l, te rm in an d o las familias Pieridae y Papilionidae.


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Hn 1940 sc colectó material en H uanta, Vicuña y El Pan gue (prov. de C o q u im b o ). Además en Enero en Concepción y l.ota. Excursiones a los alrededores de Santiago y Valparaíso. En O ctubre y N oviem bre el Jefe de Sección fue a Antofagasta donde estudió interesantes ■especies debido al año que fue llu vioso y la vegetación muy abundante. El subscrito siguió a Bo­ livia internándose en la Selva del Beni de donde trajo valioso material. E n 1940 las colecciones fueron incrementadas en 2 ,3 4 2 ejemplares.— Emilio Ureta.

In fo rm e del Jefe de la Sección Geología.— E n el trascur­ so de estos últimos años se han realizado im portantes m o d i­ ficaciones en la sección a mi cargo. En primer lugar, durante mi ausencia se trasladó la Sección de Vertebrados Fósiles a una de las salas de la parte recién reconstruida del Museo. E!sta tarea, desempeñada principalm ente por el Sr. Ju a n T avera. que me reemplazaba en la sección, fué realizada por la avi­ sada y docta colaboración del Sr. E nrique E. Gigoux y Ri cardo E. Latcham. por lo cual les expreso aquí mis sinceros agradecimientos. Del mismo modo, se m on tó en el pasillo d ond e antiguam ente funcionaba la sala de Vertebrados Fósi­ les, la sección de mineralogía, con 10 estantes horizontales y 4 verticales. Esta tarea, realizada también por el Sr. Ju a n T a ­ vera, tuvo finalmente la colaboración del Sr. Carlos Soto, quien m o n tó los últimos estantes. Desde mi regreso, dediqué parte de mi tiempo a esta sala, para instalar en ella la vieja y valiosa colección del Musco, que hasta el mo/nento se en­ contraba almacenada. He hecho acondicionar cuatro estantes más para colocar todas las piezas, y en la actualidad, espero la term inación de algunos otros para completar su instalación y darle a las numerosas piezas un orden sistemático, al mismo tiempo que destacar, en grupos especiales, aquellas sustancias que tienen un especial interés para Chile. L a Sección Invertebrados Fósiles, es la que lleva la m a ­ yor parte de nuestra atención, desde el p u n to de vista cientí­ fico. D u ra n te este tiempo, ha continuado la colaboración de nuestra Sección con el D epartam ento de Minas y Petróleo (Sección Geología) y se recogieron numerosos ejemplares en los Afloram ientos de Huentelauquén,, al mismo tiempo que se rindieron informes sobre los fósiles recolectados por el Sr. O. Wenzel en sus trabajos en la región Potrerillos-Pedernales. y sobre una faunula recogida por el Sr. Simián en Puquios, cerca de Copiapó. Final mente, en una campaña realizada en


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los primeros meses de 1938, las colecciones del M useo se e^ r l" quecieron con numerosas forrrias del terciario de Lavapie, R umena, Raimenco, Llico, T u b u l e Isla S anta M aría, que han sido determinadas en su gran m ayoría p o r el a u to r y p o r el Sr. J u a n T av e ra . La Sección de M ineralogía en los primeros meses del presente año se vió enriquecida p o r una valiosa colección, re­ galada a este establecimiento p o r la señora Rosa C h a rlin de Aguirre. Las piedras más destacadas de ella, se in c o r­ po ra ro n a la Coleccción del Museo, en ta n to que las restan­ tes, esperando la o p o r tu n id a d de ser trabajadas, h a n sido co­ locadas en un estante especial. F inalm ente, en el vestíbulo inm ediato al L ab o rato rio , se h an colocado, en estantes remozados, los huesos de Megaterios que no h ab ían tenido cabida en la sala de Vertebrados, y se proyecta destinar en el futuro, todo el espacio co rresp ondien ­ te a la continuación de esta Sección. E n tre los hechos científicos que conviene destacar, ha sido la instalación en una pequeña v itrin a de todas las piezas con que cuenta este museo, del N e o m y lo d o n Listai, las cuales se encontraban almacenadas desde el instante en que em pezó la reconstrucción del Museo. Esta tarea fué realizada con gran fidelidad a la v itrina original preparada p o r P h ilip p i, p o r el Sr. E nrique E. Gigoux, la única persona que estaba en exce­ lentes condiciones para hacerlo. Le expreso aquí, pues, mis sinceros agradecimientos.-— H u m b e r to Fuertzalida. Sección Botánica.— D u ra n te el año 1 940 esta sección c on tin uó sus trabajos con todo éxito y den tro de los marcos de la norm alidad. El Jefe de ella realizó siete excursiones a los distintos p u ntos del país. E n Diciembre de 1939 y E n e ro del presente año visitó la cordillera de la provincia de Ñ u b le y a l ­ canzó hasta la A rg entina recolectando material para el Museo. El resultado de esta cam paña fueron 5 16 plantas que ingresa­ ron al herbario. T a n p r o n to de regreso de esta excursión tu v o que partir al Sur de Chile y Patagonia, en donde colectó 1473 ejemplares en una cam paña que d u ró to d o el mes de F eb rero y M arzo. E n el resto del año se hicieron excursiones a E l M a n ­ zano, Recinto y V illa Alegre de L oncom illa, Cartagena, R e c in ­ to y Coihueco, en las cuales se recogieron ap ro x im a d a m e n te 1.000 ejs. Fuera de las plantas colectadas p o r el personal de la sec­ ción se h an recibido numerosas donaciones. E n tre los don antes conviene destacar tos nom bres de los Srs. A. B u r k a r t (m aterial del L ago Buenos Aires) Rdo. P ad re A. H o lle rm ay er (m at. de


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L o n q u im a y y Río Bueno) R. W agenkecht (Prov. de C o q u i m ­ b o ) , Rolf. Santesson (Él V o lcá n ), E. B ernath (Chaítén. C h ilo é), etc. E n total el H erbario ha recibido 3,171 ejempla­ res, sum ando los colectados por el personal y donantes. El trabajo interno de la Sección ha continuado también en m uy buenas condiciones. 515 plantas fueron colocadas en cartones. Se contestaron numerosas consultas sobre memorias, y se atendió a la determinación de plantas, semillas, frutos y maderas entregadas en consulta a la Sección. Igualm ente el J e ­ fe de la Sección ha atendido solicitudes de este mismo género provenientes de A rgentina y de E E .U U . 56 ejemplares dignos de figurar en exhibición fueron colocados en la sala destinada a este objeto. La biblioteca de la Sección ha recibido 68 libros, folletos y revistas. Se ha continuado la desinfección del H e r­ bario. El Jefe.de Sección Sr. Marcial R. Espinosa B. ha conti­ nu ad o sus estudios sobre diversas familias de plantas y ha he­ cho algunas publicaciones en la Rev. Chilena de Historia N a t u ­ ral. L a A y u d an te de Botánica, Srta. Rebeca A. de Vargas ha continuado sus estudios sobre Gramíneas. Se remitió a la Caja de Colonización Agrícola un H erb a­ rio con 162 plantas, colectadas y determinadas por el Jefe de la Sección Sr. M. R. Espinosa B. en la Expedición Yelcho-Palena, de E n ero a Mayo. E n tre las instituciones que han solicitado determinación de material debo ano tar al Ministerio de Agricultura, Servicio de P atología Vegetal, C aja de Colonización Agrícola, etc. E n tre los visitantes debemos mencionar al Sr. Rolf. S an­ tesson Fil. Lic., A manuens N aturalista Riksmuséet de Stockh o lm quien consultó en Ju n io y Agosto la colección liqúenes y obsequió algunos ejemplares colectados por él en el Volcán. — Rebeca A. de Vargas, A yudante.


ÍN D IC E

del t o m o x v iii

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8. 9. 10. 11.

L o s ofidios chilenos, p o r d on E n riq u e E rnesto G igoux ...................................................................................

5

N u e vo s descubrim ientos arqueológicos en ¡a P ro ­ vincia de C o q u im b o , p o r F. L. C o r n e l y '

9

Observaciones acerca de la C u ltu ra de " E l M o lle " . p or don Ricardo E. L atcham .................

17

A p u n te s botánicos, p o r el P r o f . \M a rc ia l pinosa B ................

23

R.

Es­

A lg u n o s a floram ientos paleozoicos de la desem ­ bocadura del C hoapa, p o r H u m b e r to F uenzalid a V ..........................................................................................

37

A ve s m igratorias norte-am ericanas que visitan C hile, p o r el Dr. R o d u lfo A. P h ilip p i B.

65

Sobre P H R Y G IL U S E R Y T H R O N O T U S P h ilip p i y L andbeck q P H R Y G IL U S D ORSA LIS Cabanis. p o r el D r. R o d u lfo A. P h ilip p i B.

84

Las M om ias egipcias conservadas en el M useo, p o r la D ra. Grete M o s t n y ..................................................

87

C o n trib u ció n a la anatom ía de los O cto d ó n tid o s. p o r G uillerm o M a n n F ....................................................

103

H epáticas chilenas fernandecinas y del C o n tin e n ­ te, p o r el P ro f. Marcial R. Espinosa B.

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Inform aciones del M useo

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Tomo 18  

Boletin del Museo Nacional de Historia Natural. Textos sobre patrimonio natural de Chile

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