EXPLOSIVO OCASO
DE UN ROCKSTAR Axl Rose y los nuevos integrantes de la banda ofrecieron un agotador espectáculo que terminó dividiendo a la crítica y el público. ¿Tú de qué lado estás? La antesala a la presentación de Guns ´N Roses en Lima fue tan larga como engorrosa y delirante. Se anuncia el concierto, los fanáticos locales se dividen entre los que extrañan visceralmente a Slash y aquellos que se conforman con ver en vivo al legendario Axl, se anuncia la presentación de Jane’s Addiction como ‘telonero’, Axl insulta al organizador del espectáculo en Twitter, se cancela la presentación de Perry Farrell y sus compinches, el empresario dice que Axl viene de todas maneras pese a los Fuck Alberto Menacho! y demás ‘twiteos’ belicosos, se anuncia ahora la presencia del ex Skid Row Sebastian Bach en el recital de la Explanada del Monumental, etc… Y eso fue solo el principio. Porque luego, cuando Guns inició su conflictivo itinerario por Latinoamérica, todo se puso todavía más incierto y peliagudo, casi aterrador: retrasos de cuatro o cinco horas, peleas de los seguidores de la banda con la policía, vandalismo, botellazos, fuego, apocalípticas crónicas de periodistas indignados, ‘bloggers’ iracundos, en fin… Lo cierto es que, pese a todo, las entradas para el concierto en Lima seguían vendiéndose como pan caliente. ¿Cómo explicar eso? Muy simple. Gordo, disforzado, con la garganta hecha un huaipe y los modales de un ‘bouncer’ con altísimo grado de estrés, Axl Rose sigue teniendo ese magnetismo irresistible que hechizó al planeta en los distantes años de gloria de una banda que redefinió casi por completo el concepto de ‘pasarla bien’ sobre los escenarios (y lejos de ellos).
Lo comprobamos aquí, ya casi de madrugada, cuando esta renovada versión de la agrupación tomó por asalto la Explanada del Monumental con un set larguísimo, agotador, en el que no faltaron cortes de Chinese democracy (que en vivo, hay que decirlo, sonaron menos a bluff que en el disco) y una cantidad portentosa de hits. Es cierto que la sección rítmica de la banda carece del carisma inagotable de sus predecesores, pero todos los miembros actuales de GnR son músicos de larga trayectoria, y al menos uno de ellos formó parte alguna vez de una banda tan importante e influyente como los responsables del inoxidable Appetite for destruction (nos referimos al enormísimo Tommy Stinson, ex Replacements). ¿Y qué se puede añadir al respecto del líder de la banda? Rose sigue siendo un frontman incansable pero su voz no es la misma, su anatomía no es la misma y, bueno, los 30 mil o más asistentes que estuvimos esa noche en la Explanada tampoco somos los mismos de los ochenta o noventa. Por eso no pidamos peras al olmo: estos Guns versión 2010 están entregándolo todo en esta gira por América Latina. Si hasta sonaron los acordes del Himno Nacional en aquellas primeras horas del viernes 26 de marzo. Hemos sido testigos del explosivo ocaso de una de las mayores estrellas de rock de todos los tiempos. Suena paradójico, pero eso también es un privilegio. Y ahora que venga Aerosmith. Crónica de Raúl Cachay A. f. Andrés Allaín