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Normativas urbanas y arquitectónicas Ciudad de Guayaquil

El ejercicio de la profesión nos abre espacios para la reflexión, para la opinión como parte de un proceso de crecimiento y ampliación de la conciencia. Este ordenamiento generalmente es manejado o está bajo la responsabilidad de las instituciones planificadoras y administradoras de los conglomerados urbanos conocidos como ayuntamientos o municipios que son los encargados de normar y reglamentar todo lo concerniente a los usos de suelo, espacios públicos, vías vehiculares y peatonales y demás elementos que conforman la trama urbana, incluyendo las regulaciones básicas que rigen los proyectos arquitectónicos de las edificaciones como: retiros entre edificios, altura de los mismos, densidad poblacional, áreas de implantación entre otras. Estas normativas recogen los saberes de la comunidad, así como de las anteriores administraciones a través de sus planes y proyectos, los estándares y normativas de los manuales internacionales de planificación, más los

criterios particulares de los funcionarios técnicos estatales o municipales. En una sociedad marcada por el individualismo propio de la posmodernidad, más la despreocupación evidente por crear las condiciones apropiadas para la generación de un proyecto ciudad comprometido con su proceso histórico; sus sueños, sus expectativas y relacionado con su entorno natural, se hace necesario generar estas normativas que se encuentren al servicio de las necesidades de la comunidad, tanto en el diseño urbano como del arquitectónico. Hablar de Normativas, es referirse a un compendio de reglas socialmente aceptadas, que nos permite ordenar de una manera apropiada el uso, la forma y la distribución del territorio sobre el cual una comunidad decide asentarse, de acuerdo a la vocación natural y características propias del grupo social. Este ordenamiento a través de la historia ha tenido diversas características, dando origen a los distintos tipos de ciudades, cuyas reglas y normas se van


generando de acuerdo a las dinámicas propias de los procesos sociales de una comunidad o, de una colectividad o sociedad. Guayaquil, la ciudad y su expansión Hasta la llegada de la Modernidad, Guayaquil era una ciudad con un lenguaje propio, cuya trama urbana y los componentes de su arquitectura tenían características homogéneas compartidas natural y espontáneamente por la comunidad, las mismas que expresaban la dinámica social, las tecnologías y los lenguajes estéticos de la época en estrecho vínculo con el contexto tropical. La expansión de la ciudad, más bien ha sido un proceso espontáneo y acelerado, cuya planificación se ha caracterizado por carecer de los contenidos que una comunidad se plantea en su proyecto urbano, en

de expansión y desarrollo urbano como Samborondón (una especie de ciudad satélite) cuna de las Ciudadelas Cerradas, materializadas de acuerdo al concepto planteado por los distintos grupos de empresarios inmobiliarios locales, cuyas propuestas nacieron desvinculadas de los procesos y características de la ciudad de Guayaquil y su Arquitectura. Los motivos por los cuales se llegó a este tipo de práctica, seguramente obedeció a la necesidad de un grupo de guayaquileños que sintieron la necesidad de vivir en zonas urbanas más seguras, ordenadas y previsibles en su desarrollo ,ya que a partir de los años 80, se viven las consecuencias del no previsto crecimiento explosivo de la población local

su proyecto ciudad, y es así que llegamos a vivir en una urbe que expresa un aparente caos u orden no planificado, tanto en su estructura urbana como en los elementos que la conforman. El espíritu de la normativa municipal de Guayaquil, a pesar de sus vacíos técnicos legales y su en los temas de planificación urbano arquitectónica, obedece a los criterios de una ciudad abierta de desarrollo tipo horizontal que busca la maximización del uso del suelo, cuya regla a más de ser muy general, generalmente no responde a las necesidades y características particulares de una ciudad tropical, cuya dinámica de expansión se concreta muchas veces, utilizando modelos que en la práctica empujaron a desarrollar sobre la marcha, toda suerte de manuales y reglamentos que permitieron la existencia de zonas

por la migración desde los campos en los años 70, situación marcada por el inmediatismo y las urgencias por resolver la falta de infraestructura debido al crecimiento caótico y desordenado de la ciudad. Esta dinámica lleva a que los municipios tengan que incorporar en sus registros, procedimientos, normativas o reglamentos particulares de cada uno de estos conjuntos habitacionales, los cuales han sido diseñados por los promotores inmobiliarios con conceptos y objetivos acorde a las propuestas individuales, cuyos hilos conductores o contenidos temáticos se desarrollan en el marco general de la seguridad y control de todos los procesos que ofrecen estas células urbanas,...entonces tenemos ciudadelas con diferentes escenografías y atractivos paisajísticos


y arquitectónicos, como casas con lagos, con islas, con parques, con bosques, casas clásicas, modernas podríamos decir casi como ”ciudadelas temáticas”, incluso con “arquitectura temática”. El propósito de este espacio de reflexión tiene como principal objetivo el plantearse la relación que existe entre la arquitectura que se genera en la ciudad de Guayaquil, específicamente en las ciudadelas de Samborondón, y las normativas urbano arquitectónicas que rigen la práctica profesional de los arquitectos, considerando a los procesos de la Arquitectura como parte indisoluble de su contexto social, urbano paisajista. Por lo general ,la arquitectura que observamos en estas ciudadelas es el resultado del uso de una matriz espacial básica requerida por los reglamentos cuyos contenidos van desde los retiros entre viviendas, número de pisos, volados, tamaño y tipo de ventanas, ubicación de parqueos y zonas de servicio, inclinación y acabado de cubiertas, materiales de construcción, recubrimientos, propuesta cromática, hasta el “estilo”

y propuesta estética, los mismos que son requisitos indiscutibles, que conducen las propuestas de los arquitectos planificadores. De esta realidad, se desprenden algunas ideas, como la aparente necesidad de la comunidad por buscar soluciones urbano arquitectónicas que limiten, estandaricen o controlen el espíritu e iniciativa creativa individualista que motiva e inspira a los arquitectos posmodernos, en la búsqueda de una supuesta unidad estético formal, que permita tener una lectura coherente y clara de la ciudad, lo que ha conducido a una práctica bajo decreto(normativas y reglamentos de las ciudadelas)en la cual se evidencia la búsqueda de motivos inspiradores en realidades distintas a la nuestra, asumiendo que no tenemos conceptos y valores estéticos formales suficientemente válidos y contundentes que nos representen y se constituyan en la base para generar propuestas en Arquitectura. Esta práctica obedece a un proceso de mercado inmobiliario desarticulado, que indica la necesidad


de la gente de habitar en sitios donde se garantice lo perdurable del sueño habitacional, en los cuales se les induce a pensar y sentir que la arquitectura que se les ofrece es la apropiada, aunque ésta sea la imitación de un modelo foráneo, sin relación alguna con nuestra cultura arquitectónica, y menos responder con eficiencia a las demandas de confort ambiental, y es sobre esta base que se generan los modelos y normativas a seguir que luego conducirán el proceso creativo de los arquitectos.

de nuestra arquitectura tropical es insignificante e invisible, que la ciudad es un caos, y que se hace necesario construir realidades urbanas arquitectónicas tipo escenografías con motivos gestores ajenos a nuestro entorno, cuyas consecuencias entre otras será vivir en una ciudad despersonalizada e incoherente, con arquitectos descontextualizados, incapaces de producir conocimientos y propuestas que impulsen la cultura arquitectónica local, que nos inserte y nos visibilice en el ámbito global.

Hay que subrayar, que los contenidos de los manuales son generados y puestos en práctica por sectores sociales que en su práctica desconocen y descalifican cualquier práctica, aporte o sugerencia, que se aparte del estricto listado de exigencias cuyos contenidos no son precisamente una expresión de la realidad guayaquileña, incluso son aplicados sin haber pasado por la fase de socialización, requisito indispensable de todo proceso urbano arquitectónico responsable.

Es necesario, impulsar un proceso de revisión y replanteo de las normativas en sus principios de base y sus contenidos, de tal manera que se tenga como objetivo aportar al desarrollo de la cultura arquitectónica local, en dirección a la revalorización de lo nuestro, de lo que nos pertenece, de lo que está ahí, que nos identifique, que nos permita comprender y vivir nuestros valores estético espaciales. Es en este contexto que se requiere generar espacios de discusión y de opinión, en los cuales nazcan y se estructuren líneas de pensamiento y de trabajo, además de visibilizar las tendencias y propuestas que se están generando en nuestro ámbito local.

De seguir así, continuaremos viviendo en una ciudad donde se nos imponen las modas de afuera sin ningún tipo de análisis, y seguirán existiendo profesionales nacionales y extranjeros que nos vienen a decir que en Guayaquil no hay arquitectura que valga la pena, que el manejo espacial y la estética

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