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VERSIÓN RESUMIDA POR ALUMNOS/AS DE 5º DE PRIMARIA El cazador sin suerte

El ratón que comía gatos

CUENTOS POR TELÉFONO GIANNI RODARI 2012

Mª ENCINA SANTIAGO FRANESQUI. TUTORA

CURSO 2011/2012 5ºA CEIP “CAMPO DE LA CRUZ” PONFERRADA


Érase una vez

El rey Midas

El cazador sin suerte

El ratón que comía gatos

La mujercita que contaba …

Toñito el invisible

Juan el distraído

El semáforo azul

El edificio que había que …

La famosa lluvia de …

El edificio de helado

Muchas preguntas

El país sin punta

El buen Gilberto

El país con el “des” delante

La palabra “llorar”

Alicia Caerina

La fiebre comilina

El camino de chocolate

El domingo por la mañana

Los hombres de mantequilla

A dormir, a despertarse

Brif, bruf, braf

Jaime de cristal

¿Quién quiere comprar…

Las monas de viaje

A tocar la nariz del rey

El hombre que robaba el …

El tiovivo de Cesenatico

El señor Lanana

En la playa de Ostia

Uno y siete

El ratón de los tebeos

Ascensor para las estrellas

Historia del reino de ...

El autobús número 75

Vamos a inventar los números

El país de los perros

Alicia se cae al mar

La huida de Pulchinela

La guerra de las campanas

El albañil de Valtellina

Una violeta en el Polo Norte

La manta del soldado

El joven cangrejo

El pozo de “Cascina …”

Los cabellos del gigante

Casas e inmuebles

La nariz que huye

El maestro Garrone

El espantapájaros

La acera móvil

A jugar con el bastón

El planeta de la verdad

El camino que no iba a…

Cocina espacial

Apolonia la de la mermelada

El caramelo instructivo

El Sol y la nube

El pollito cósmico

La anciana tía Ada

Proceso al sobrino

El rey que iba a morirse

A enredar los cuentos

El mago de las cometas

Aprobado más dos

El pescador de Cefalú

El hombrecillo de nada

Refranes antiguos.

Historia universal


ÉRASE UNA VEZ Había una vez un viajante de comercio llamado Bianchi. Todas las noches, le contaba a su hija un cuento. Cuando estaba de viaje la llamaba por teléfono a las 9 en punto para contarle el cuento antes de que se fuera a la cama. Como las llamadas le costaban dinero y no andaba muy sobrado, a veces los cuentos eran muy cortitos. Pronto, las telefonistas se dieron cuenta de estas llamadas que se producían todos los días a la misma hora. Como les gustaban mucho esos cuentos, suspendían escucharlos.

todas

las

llamadas

para

poder


EL CAZADOR SIN SUERTE Un día, la madre de José le dijo que saliera a cazar ya que su hermana se casaba al día siguiente y quería poner de comida liebre y polenta. Éste, se dirigió al bosque. De pronto, apareció una liebre con un velo blanco en la cabeza y flores de azahar. José no le disparó porque pensó que iba a casarse. Decidió, en cambio, cazar un faisán, pero cuando disparó su escopeta el faisán se escondió entre unos matorrales. José miró a su alrededor y solo vio un mirlo sobre una rama, disparó y erró el tiro, el tiempo había pasado muy deprisa y decidió regresar a casa. Cuando llegó, su madre le preguntó qué tal le había ido la caza y José respondió que había cazado tres rabietas de las grandes, mientras se preguntaba qué tal estarían con la polenta.


LA MUJERCITA QUE CONTABA LOS ESTORNUDOS. Esto era una vez una mujercita que pasaba el tiempo

contando

los

estornudos

de

la

gente,

comentándolo luego con sus amigos y sacando tontas conclusiones. Espiaron al párroco, al farmacéutico…y finalmente se decidieron a espiar a D. delio poniéndose debajo de su ventana, pero D delio no estornudaba. Él se dio cuenta, pulverizó pimienta y la esparció por la ventana.

Así

fue

como

todas

empezaron

a

estornudar. -Yo he estornudado más- dijo la mujercita. -Nosotras más que tú- dijeron las amigas Al final, se pusieron a discutir y terminaron agarrándose del pelo, desgarrándose los vestidos… De esta manera, dejaron de ser amigas. La mujercita se

compró

un

bloc

y

fue

anotando

todos

los

estornudos que escuchaba a su paso. Cuando murió, encontraron el bloc lleno de cruces y pensaron que debían de ser las marcas de sus buenas acciones.


JUAN EL DISTRAIDO Era una vez un niño muy distraído que se llamaba Juan. Un día fue a pasear y, como se entretenía con cualquier cosa, no se daba cuenta de que poco a poco iba perdiendo partes de su cuerpo, tales como una mano, el brazo, la nariz, un pie… Todas las partes que él perdía, las encontraban sus vecinos y se las llevaban a su madre. Cuando Juan regresó a casa después de su paseo, sin una oreja, una pierna, sin brazos y tan contento, madre le colocó todas y cada una de las partes que había perdido. Le preguntó a su madre si estaba entero y ésta le respondió que sí, por lo que… él dedujo que si estaba completo sería porque en esta ocasión había estado muy atento.


EL EDIFICIO QUE HABÍA QUE ROMPER. Los niños de una ciudad llamada Busto Arsizio no dejaban títere con cabeza, lo destrozaban todo a su paso. Rompían cristales mientras jugaban a la pelota, los platos en las mesas, los vasos… Los padres recurrieron al alcalde para ver qué se podía hacer y éste les propuso ponerles multas, pero

los

padres

no

estaban

de

acuerdo

pues

tendrían que pagarlas ellos. Había en el pueblo un anciano llamado perito Cangrejón que tenía una gran experiencia para que echara las cuentas de lo que habían roto. Era una barbaridad. El perito propuso que con la mitad de ese dinero se construyera un edificio y se obligara a los niños a hacerlo pedazos. La propuesta fue aceptada, tenía 99 habitaciones y 7 pisos llenos de muebles y cada mueble lleno de objetos. El día de la inauguración se dio a cada niño un martillo y a la señal, empezaron a romper. Parecía el inicio de la tercera guerra mundial.


Cuando los niños ya se habían desahogado y no encontraban placer alguno en destrozar nada aún quedaba mucho por destrozar. El Ayuntamiento dejó libertad a sus ciudadanos para que hicieran con el resto del edificio lo que quisieran. Entonces, empezó a llegar gente de todas partes con sus trajes, sus carteras de cuero armados de martillos que empezaron a golpear y golpear las paredes que aún quedaban en pie. ¡Estaban entusiasmados! -Esto es mejor que discutir con mi esposadecían. Y no paraban de dar martillazos. Al final, como muestra de gratitud la ciudad de Busto Arizio le impuso una medalla a perito Cangrejón, por haber curado a los niños que ya no sentían ninguna gana de romper nada.


EL EDIFICIO DE HELADO En la Plaza Mayor de un lugar llamado Bolonia construyeron un edificio de helado donde iban los niños a darle una chupadita. Tenía el techo de nata, el humo que salía por las chimeneas era de azúcar de algodón, las puertas, las paredes, el mobiliario de helado… En un determinado momento, un guardia se dio cuenta de que se estaba derritiendo una ventana, llamó a todos los que pasaban y les animaba a lamer más rápido para que no se echara a perder ni una gota. Así fue como prácticamente todo el pueblo estuvo lamiendo el edificio de helado hasta que se consumió del todo. ¡Fue un gran día! Y hoy, cuando los niños piden un segundo helado a sus papás todavía les contestan: - ¡Sí, claro! Para ti sería necesaria una casa entera como la que se construyó una vez en Bolonia.


EL PAÍS SIN PUNTA Un día Juanito Pierdedía llegó a un lugar donde las esquinas de los edificios eran redondeadas y los tejados terminaban en curva. Fijándose en todo, se dio cuenta nada terminaba en punta ni siquiera las espinas de la rosa

que acababa de cortar para

ponerse en el ojal. Le vio un policía y fue a ponerle una multa por cortarla. Pero, ¡ni siquiera su espada tenía punta! ¿Qué clase de país es este? -le preguntó Juanito asombradoEl guardia le contestó que era el país sin punta y ahora debía darle 2 bofetadas. Asombrado, Juanito le contestó que no quería ir a la cárcel por abofetear a la autoridad. El guardia le dijo que en eso consistía la muta. Juanito no quería darle dos bofetadas al guardia y éste le dijo que como nadie quería porque era muy injusto, la gente se cuidaba mucho de hacer algo en contra de la ley. Como no le dio las dos bofetadas fue expulsado del País.


EL PAÍS CON EL “DES” DELANTE Continuando con sus viajes Juanito Pierdedía llegó en una ocasión al país con el “des” delante. Juanito se encontró con un hombre que le mostró una “desnavaja” que servía para hacer los lápices en el colegio, en vez de afilarlos y desgastarlos los afilaba y al mismo tiempo siempre se hacían más grandes. Nunca se acababan. También le hablaron del “desperchero”. Había uno de verano y otro de invierno; uno para hombres y otro para mujeres. Allí no se colgaba la ropa, ya estaba

colgada,

ponérsela.

Le

“desfotográfica”

sólo

había

mostraron que

en

vez

que

descolgarla la

de

y

máquina fotos

hacía

caricaturas y así se reían, o el “descañón” que en vez de servir para la guerra servía para deshacerla. En esto consistía el país con el “des” delante.


ALICIA CAERINA Alicia Caerina siempre se estaba cayendo en todas partes. Una vez se metió dentro del los engranajes del despertador y no podía salir. Su abuelo, que la buscaba para ir al parque tuvo que sacarla. Otra vez se metió dentro de una botella, tenía sed y se cayó dentro. Tuvo que sacarla de nuevo su abuelo metiendo una cuerda dentro de la botella para que ella se agarrara y trepara hacia afuera. Una vez desapareció y, aunque todos la buscaban, nadie daba con ella. Se había dormido dentro del cajón de los manteles y las servilletas. Cuando se despertó era de noche, pero no tenía miedo ya que pensaba que tendrían que cenar y la verían al coger el mantel. Sin embargo, el tiempo pasaba y allí

no

aparecía

nadie

ya

que

todos

estaban

buscándola y no se acordaban de cenar. Empezó a dar golpes con el pie en el cajón y al oír los ruidos se dieron cuenta de que estaba allí y la rescataron.


EL CAMINO DE CHOCOLATE Una vez tres hermanos que iban por el campo se encontraron con un camino de color marrón. Como no sabían de qué era, se arrodillaron y dieron una chupadita. Era de chocolate ¡qué contentos!, se pusieron a comer y cuando se dieron cuenta éste había desaparecido. Ya no sabían dónde estaban. Apareció por allí un campesino montado en su carrito y se ofreció a llevarlos a casa. Cuando llegaron se dieron cuenta de que el carro era de bizcocho así que, también se lo comieron. Todos dicen en el pueblo que tuvieron mucha suerte los tres hermanos.

LOS HOMBRES DE MANTEQUILLA Una vez Juanito Pierdedía llegó en uno de sus viajes al país de los hombres de mantequilla que se derretían si les daba el sol. En su país, en lugar de casas había frigoríficos. Sólo salían en invierno y se desplazaban en coches de hielo. El rey había prohibido salir al sol y si a éste se le ocurría lo mandaría encarcelar. A Juanito no le gustó y se marchó de allí.


BRIF, BRUF, BRAF Dos niños estaban jugando a inventarse un idioma para hablar entre ellos sin que nadie más los entendieran. En la ventana había un viejecito y del otro lado de la calle una viejita. -Brif, braf –dijo el primero -Braf-brof- respondió el segundo Y empezaron a reírse. La anciana dijo que parecían tontos y el anciano dijo que por qué. La anciana le preguntó si

había entendido lo que habían dicho

y el anciano respondió que el primero dijo: “Qué bonito día” y el otro le contestó “Mañana será más bonito todavía”. Los niños siguieron hablando en ese mismo lenguaje y volvieron a reírse. La anciana estaba indignada y preguntó al viejito si lo había entendido. Éste dijo que el primero había dicho: “Qué felices somos por estar en el mundo” y el segundo le había respondido:“El mundo es bellísimo”. La anciana le preguntó entonces… pero, ¿acaso es bonito de verdad? Y el anciano le respondió: “Brif, bruf, braf”


¿QUIÉN QUIERE COMPRAR LA CIUDAD DE ESTOCOLMO? En el mercado de Gavirate se vende de todo y sus vendedores son los mejores. Un día, llegó un hombre que vendía los mares de la luna, el MontBlanch, el océano Índico… Al cabo de un rato, ya sólo le quedaba por vender la ciudad de Estocolmo. Lo compró un barbero a cambio de un corte de pelo y puso el certificado de compra en su establecimiento. Al cabo de un año había ahorrado lo suficiente para visitar su ciudad. Le pareció una ciudad maravillosa y los suecos, personas muy ambles. Pensó

que

había

hecho

un

gran

negocio

al

adquirir una ciudad tan grande a cambio de un corte de pelo, pero se equivocaba porque el mundo es de todos los que viven en él y no hay que pagar nada por él.


A TOCAR LA NARIZ DEL REY Juanito Pierdedía decidió ir a Roma para tocarle la nariz al rey. Aunque sus amigos le decían que no, él insistía. Al llegar a la ciudad, preguntó dónde vivían el gobernador, el presidente y el juez, y fue a tocarles la nariz. Juanito le dijo al presidente que tenía una mosca en la nariz y, en ese momento, aprovechó para tocársela Juanito tenía un bloc donde anotaba el número de narices que lograba tocar. Todas las narices eran importantes. Al llegar a Roma, la cuenta de narices aumentó tan rápidamente que tuvo que comprar una libreta más grande. Juanito no había olvidado su objetivo, que era tocarle la nariz al rey. Se presentó en un desfile. Juanito observaba que, durante el desfile, alguien de la muchedumbre saltaba a la carroza y le entregaba una carta al rey. Cuando la carroza estuvo lo bastante cerca, Juanito dio un salto, se subió y, mientras el rey le dirigía una sonrisa, alargó el brazo y frotó la punta de la nariz de su Majestad. El primer ministro le dijo al oído del rey: - Es una nueva señal de respeto.


EL TIOVIVO DE CESENATICO Una vez llegó a Cesenatico un tiovivo con 6 caballos y 6 jeeps rojos. El señor que lo empujaba era bastante debilucho y el tiovivo no era gran cosa, pero los niños se peleaban por subirse en él. Las mamás estaban desesperadas porque sus hijos no querían ir a ninguna parte que no fuera el tiovivo. Un día, se montó un anciano en uno de los caballitos

y pronto, le pareció que estaba a

muchísima

altura y

dirigiéndose

a las

nubes.

Estaba muy contento. Se cruzaba con los demás niños

que

parecían

muy

tranquilos

en

sus

caballitos o jeeps mientras sobrevolaban el mundo entero. El anciano pensó que era magia y que el señor que lo empujaba era el brujo. El anciano decidió preguntarle al hombrecillo por el truco pero éste no le hacía ni caso, ocupado como estaba en empujar el tiovivo. Insistió pero no consiguió su atención. Al final pensó que si contaba lo que se le había ocurrido se reirían de él y pensarían que se había mareado por su edad.


EN LA PLAYA DE OSTIA Una vez llegó a la playa de Ostia un tipo muy extravagante. Cuando llegó ya no había sitio para poner su sombrilla, manipuló el mango y ésta salió volando por encima de las otras sombrillas y se colocó a pie de playa tres metros por encima de las otras. Luego, hizo lo mismo con su tumbona. Se tumbó en ella, sacó un libro y se puso a leer. De pronto, una señora oyó caer algo, se levantó de su tumbona y fue a ver qué era. Cuando lo vio allí arriba se cayó de espaldas del susto. Al señor se le había caído el libro y le pidió por favor que se lo devolviera. Poco a poco, toda la playa se dio cuenta de su presencia y se reían diciendo que parecía un astronauta y que bajara a la tierra. Un niño le devolvió su libro y el señor continuó su lectura un poco nervioso. Tampoco él sabía muy bien qué hacía allí. Por la tarde, con un silbido, la sombrilla salió volando,

el

hombrecillo

aterrizó

en

la

calle

desconcertado sin saber qué era lo que había pasado.


EL RATÓN DE LOS TEBEOS Había un ratón que cansado de vivir entre las páginas de un tebeo, salió de un salto al mundo real de los ratones. Intentó comunicarse con los demás ratones, pero era imposible porque él sólo hablaba con el lenguaje de los tebeos, así que, después de varios intentos, los demás concluyeron que era algo así como el tonto del pueblo ya que no se enteraba de nada y su lenguaje les resultaba de lo más cómico. Incluso los más pequeños le tiraban de la cola para escucharlo protestar de esa manera tan peculiar. Una vez fueron a cazar a un molino lleno de sacs de harina y todos al comer hacían “crik, crik, crik”, mientras él hacía “Crek, screk, squerek”. Ni siquiera sabía comer como todos. Decidieron abandonarlo a su suerte. Cuando se dio cuenta ya había oscurecido y tenía miedo. -¡Squash!- dijo el ratoncito con un escalofrío. -Gragrrañau!- respondió un gato Era un gato de tebeo al que también los gatos reales habían dejado solo. Así que se hicieron amigos.


HISTORIA DEL REINO DE COMILONIA En el país de Comilonia, reinó primero Comilón el Digeridor, llamado así porque después de haberse comido los fideos, roía el plato y lo digería como si tal cosa. Después, le sucedió Comilón II llamado también Tres Cucharas, porque se comía el caldo utilizando tres cucharas de plata. Luego, subió al trono Comilón III llamado Entremeses; Comilón IV llamado Chuleta a la Parmesana; Comilón V el Famélico; Comilón VI el Desgarrapavos; Comilón VII el ¿Queda más todavía?, que incluso de comió la corona que rea de hierro; Comilón VIII el Corteza de queso que, como no encontró nada que comer se tragó el mantel y Comilón IX llamado Quijada de acero porque se comió el trono. Así terminó la dinastía de los Comilones.


VAMOS A INVENTAR LOS NÚMEROS ¿Por qué no inventamos unos números? -Empiezo yo. Casi uno, casi dos, casi tres… -Es poco, mira estos: un remillón de millonazos, un maramillar y un maramillón. - Pues yo, me invento una tabla: Tres por uno, concierto gatuno; tres por dos, peras con arroz; tres por tres, salta al revés; tres por cuatro, vamos al teatro; tres por cinco, pega un brinco… -¿Cuánto vale un pastel? Dos tirones de orejas. ¿Cuánto hay de aquí a Milán? Mil km nuevos, un Km usado y siete bombones. ¿Cuánto mide este cuento? Demasiado Entonces, vamos a terminar inventando otros pocos: unchi, doschi, treschi, cuara cuatrichi… -Pues yo me invento otros: unci, dusci, trisci, cuale cualinci…


ALICIA SE CAE AL MAR Alicia Caerina fue una vez al mar y no quería salir de él. Le gustaba tanto que quería convertirse en pez. Cada noche se miraba en el espejo a ver si le habían salido aletas o escamas. Un día se encontró con el hijo de un pescador en la playa y le preguntó si sabía qué había que hacer para convertirse en pez. Éste le dijo que se fijara. Se tiró en el mar y estuvo varios minutos hasta que en su lugar apareció un delfín que se acercó a la orilla para jugar con ella. Al rato, el delfín volvió a zambullirse y en su lugar apareció nuevamente el niño. Alicia se tiró al agua pero se cayó dentro de una

concha

que

cerró

su

concha

quedando

prisionera. Se encontraba a gusto, estaba todo muy silencioso pero, pensó en mamá y papá que tenían que regresar a casa y estarían preocupados al no aparecer y, haciendo fuerza con los pies y las manos consiguió abrir la concha y salir al exterior. Cuando pensaba encontrarse con su amigo en la playa, vio que allí no había nadie. Creo que fue un sueño.


LA GUERRA DE LAS CAMPANAS Había una vez una guerra donde moría gente cada día y, duró tanto que escaseaba el bronce para los cañones y el hierro para las bayonetas. El

comandante

ordenó

echar

abajo

todas

las

campanas, fundirlas y construir un cañón tan grande que acabara con la guerra en un solo disparo. Cuando estuvo construido, el comandante ordenó: -¡Fuego! Y de pronto, se oyó un enorme repique de campanas ¡Din, don, dan!, que era multiplicado por el eco. El comandante volvió a gritar: -¡Fuego! Y otra vez. El comandante estaba enfadado y tras un silencio volvió a escucharse ¡Din, don, dan!. El comandante del otro bando había tenido la misma idea. Los soldados de los dos ejércitos corrían y saltaban bailando y gritando: -¡Las

campanas,

estallado la paz!

las

campanas!

¡Es

fiesta!

¡Ha


UNA VIOLETA EN EL POLO NORTE Una vez, el oso blanco del Polo Norte notó en el aire un olor extraño. Los ositos encontraron la fuente de la que provenía. Era una violeta muerta de frío. Rápidamente se extendió el rumor. Un extraño ser de color violeta que se sostenía sobre un solo pie había aparecido. Llegaron las focas, las morsas, los renos de Siberia, zorros, lobos, urracas… todos querían verla y, sobre todo, olerla. Una gaviota que venía del Sur, les dio la noticia de que era una violeta y que en algunos países lejanos las había a millones. -¿Y cómo ha llegado hasta aquí?- se preguntaban. La foca, improvisó una explicación. Aquella noche un temblor recorrió todo el Polo, el hielo temblaba y se rompía y el hielo se derritió de golpe y se transformó en un enorme prado de terciopelo verde. Ahí creció la amapola y algún día habrá allí también casas, islas, niños…


EL JOVEN CANGREJO Un joven cangrejo quería caminar hacia adelante como las ranas, a pesar de que, todos en su familia andaban hacia atrás. Decidió aprender a fuerza de practicar. Al principio era muy difícil, se chocaba con todo pero, un día vio que ya podía hacerlo. Reunió a su familia y dio una carrerilla hacia adelante. Mientras su madre se preguntaba si estaba loco, sus hermanos se partían de risa y su padre se enfadaba hasta el punto de decirle que si no caminaba como todos, se fuera a vivir su vida. El joven cangrejo se marchó al arroyo. Las ranas que lo veían estaban perplejas. -¡El mundo está al revés!¡Ya no hay educación!- se decían. El

cangrejo

continuó

adelante

hasta

que

otro

cangrejo ya anciano le dijo: -¿Qué crees que estás haciendo? Yo también pensé en enseñar a caminar hacia adelante a los otros cangrejos cuando era joven, y por eso, estoy solo

y

nadie me habla. El cangrejo siguió adelante, espero que tenga suerte.


LOS CABELLOS DEL GIGANTE Había 4 hermanos, tres eran pequeños y muy listos y el cuarto era un gigante con mucha fuerza y menos listo. Su inteligencia estaba en el pelo y sus hermanos se lo cortaban mucho para que hiciera todos los trabajos. Araba, cortaba leña, giraba la rueda

del

molino,

mientras

ellos

reían

y

se

mofaban diciéndole que le quedaba muy bien el pelo cortito. Un día el gigante se puso enfermo. Temiendo que muriera, sus hermanos llamaron a los mejores médicos para que lo curaran. -¿Ves cuánto te queremos? Pues, no te mueras, no nos hagas esa jugarreta. Como

estaban

preocupados

por

su

salud,

se

olvidaron de cortarle el pelo y éste creció una barbaridad. Así, el gigante recobró su inteligencia y comprendió lo malos que habían sido sus hermanos que sólo lo querían para que hiciera e trabajo. Cuando

se

recuperó

del

todo,

mientras

sus

hermanos dormían, los ató, los llevó a la estación y los metió en un tren. Nunca más se supo de ellos.


LA NARIZ QUE HUYE Una

mañana,

un

señor

que

vivía

frente

al

embarcadero de barcos, cuando se vio en el espejo para afeitarse gritó: -¡Socorro! ¡Mi nariz! Había desaparecido. Se fue al balcón y la vio cruzando

la

plaza.

Salió

corriendo

tras

ella

tapándose la cara con un pañuelo, pero llegó apenas a tiempo para ver cómo zarpaba en un barco. Se tiró tras él pero no lo alcanzó. De regreso a puerto la vio sobre un pañuelo navegando pero no quiso regresar con él. Se fue a casa y se pasaba todo el tiempo mirándose en el espejo su cara sin nariz. Al cabo de unos días la encontró en el mercado, entre el pescado. Estaba a la venta pues la había sacado del agua un pescador. La compró a precio de oro y el dueño le preguntó: -Per ¿por qué huiste? ¿Qué te hice? La nariz le respondió: - No te metas nunca más los dedos en la nariz. O por lo menos córtate las uñas.


EL ESPANTAPÁJAROS Dicen que esta historia sucedió en Cerdeña. Gonario trabajaba en una granja. Su trabajo era el de espantapájaros. Todas las mañanas le daban un cartucho de pólvora quemaba cada poco mientras recorría los campos hora tras hora. Una

vez

se

le

prendió

la

chaqueta

y

saltó

rápidamente a una charca. Asustó a las ranas, asustó a las chicharras y grillos, pero el más asustado era él. Lloraba en la orilla mojado como el patito

feo

y

daba

tanta

pena

que

hasta

los

pajarillos se acercaban a consolarle. Pero…

los

pájaros

espantapájaros.

no

pueden

consolar

a

los


A JUGAR CON EL BASTÓN Un día Claudio estaba jugando en el portal de su casa cuando pasó un anciano y se le cayó el bastón. Él se lo recogió y se lo entregó, pero éste le dijo que no le hacía falta y que podía quedárselo. Claudio se lo colocó entre las piernas y se convirtió en caballo que se puso a galopar alrededor del patio. Cuando Claudio puso los pies en tierra, bastante asustado, el bastón era de nuevo un bastón. Quiso probar de nuevo pero esta vez se convirtió en camello y el patio en un tremendo desierto. Ya

no

tenía miedo. Probó una tercera vez y se convirtió en un coche de carreras. Y luego, en una canoa. La tarde pasó volando y al finalizar vio de nuevo al anciano y quiso devolvérselo Pero el anciano le dijo que se lo quedara porque mientras

el

niño

podía

volar,

él

solo

podía

apoyarse. El anciano marchó sonriendo porque no hay nada que haga más feliz a un anciano que poderle regalar algo a un niño.


EL CAMINO QUE NO IBA A NINGUNA PARTE. A la salida de la ciudad había tres caminos: uno iba al mar, otro a la ciudad y el tercero a ninguna parte. Martín preguntaba una y otra vez a todo el que se encontraba dónde daba aquel camino y nadie

tenía

respuesta

porque

nadie

lo

había

utilizado nunca. Un día, cuando se hizo mayor decidió ir por ese camino para saber donde conducía. Estaba de pena, lleno de socavones y maleza. Parecía que nunca se acababa. Cansado ya y pensando en regresar se encontró un perro y decidió seguirlo. -Si hay un perro, habrá una casa- pensó Después de seguirlo durante mucho rato se encontró una verja, y detrás, un castillo, en una de cuyas ventanas, le saludaba un chica guapísima. Decidió entrar y saludar a la dama. Era muy amable y sonriente. El castillo tenía más de 100 salones llenos de tesoros: diamantes, piedras preciosas, oro, plata… La dama le decía que podía coger todo cuanto quisiera, que ella le prestaría un carrito para llevarlo todo y su perro haría de guía.


Cuando Martín regresó a su pueblo llevaba un carro lleno de tesoros. Cuando llegó la gente se quedó pasmada, pues todos le daban

por muerto.

En

medio de la plaza

descargó el carrito ayudado por el perro que, una vez descargado, regresó de nuevo al castillo. Martín repartió el tesoro entre todos los vecinos al tiempo que explicaba su aventura. Poco

a

poco,

la

mayoría

de

sus

vecinos

emprendieron también el camino que no iba a ninguna parte, pero todos regresaban enfadados pues el camino terminaba en medio del bosque y no encontraron ningún castillo. Algunos tesoros solo existen

para aquellos

que

emprenden un camino nuevo y éste fue Martín el Testarudo.


APOLONIA LA DE LA MERMELADA Vivía una mujer que sabía hacer tan bien la mermelada que sus servicios eran requeridos por todo el territorio. Algunos la querían de ciruelas, de fresas… Una vez fue a buscarla una mujer tan pobre que solo

llevaba

las

castañas

que

encontró

por

el

camino para hacerla. -¿Podrías ayudarme a hacer una mermelada de castañas Apolonia?- le dijo -lo

intentaré-

le

respondió

y

quedó

una

mermelada estupenda. En otra ocasión se presentó la misma mujer con el delantal lleno de ortigas que había encontrado por el camino y volvió a pedirle ayuda. Apolonia cogió las ortigas e hizo una mermelada para chuparse los dedos, porque Apolonia era capaz de hacer mermelada riquísima incluso con piedras. Una vez pasó el emperador y quiso probar su mermelada.

Apolonia

le

dio

un

poco

y

el

emperador se enfadó porque le había caído en ella


una mosca. Así que ordenó a sus soldados que le cortaran las manos. La gente se rebeló y no se lo permitieron. Le dijeron que si lo hacía, ellos le cortarían la corona con la cabeza porque cabezas para hacer de emperador había muchas, en cambio manos como las de Apolonia no había otras. Así que el emperador tuvo que aguantarse.

EL SOL Y LA NUBE Mientras el Sol viajaba por el cielo alegre y glorioso una nube le miraba enfadada porque pensaba que derrochaba sus rayos. Todas las plantas de los bosques se apoderaban de sus rayos al pasar. La nube refunfuñona le advertía de que no dejara que se los robasen, pero al Sol no le importaba que así fuera y seguía regalándolos a millones. Sólo contó una vez cuántos le quedaban y se dio cuenta de que seguía teniendo los mismos que siempre. La nube sorprendida se deshizo en granizo y el Sol se zambulló alegremente en el mar.


LA ANCIANA TÍA ADA Cuando la tía Ada fue viejecita se internó en un asilo donde compartía habitación con otras tres, escogió

una

desmenuzó

butaca

una

cerca

galleta

en

de el

la

ventana

alfeizar.

A

y sus

compañeras no les hizo ninguna gracia porque pensaban que se les llenaría todo de hormigas, pero en su lugar acudió un pajarillo. Éste se la comió y se marchó. -¿has visto?- dijeron sus compañeras. Como nuestros hijos que se fueron y ya no se acuerdan de nosotras. La tía Ada no dijo nada y cada día esparcía una galleta en el alfeizar para el pájaro que al cabo de unos días, vino con sus polluelos. -Ahí están sus pajaritos- decían las compañeras de la tía Ada, mientras ella esparcía más galletas y algún caramelito. - ¡Ah, si bastara con poner una galleta en la ventana para que vinieran nuestros hijo…. -Y

los

tuyos

tía

Ada,

¿dónde

están?

-Le

preguntaban. Pero la tía Ada ni siquiera lo sabía. Seguía poniendo la galleta cada día y cada día


acudían

a

la

ventana

los

pajaritos.

Cuando

terminaban de comer les decía que marcharan que las alas estaban para volar. Las compañeras

pensaban

que

estaba

un

poco

chiflada, porque además de ser vieja y pobre, hacía regalos y no pretendía ni siquiera que le dieran las gracias. Cuando la tía Ada murió los hijos no se enteraron hasta después de mucho tiempo, así que no fueron a los funerales, pero los pajarillos volvieron a su ventana durante todo el invierno y protestaban porque la tía Ada ya no les ponía sus galletas.

EL REY QUE IBA A MORIRSE Había

una

vez

un

rey

muy

poderoso

pero

gravemente enfermo que, desesperado se preguntaba por qué sus magos no podían salvarle. Éstos se habían marchado por temor a perder sus cabezas por no salvar al rey. Sólo quedó uno muy viejo al que el rey hacía tiempo que no consultaba. El rey lo mandó llamar y éste dijo que sabía cómo podía


salvarse. Para ello debía ceder el trono por un día a la persona que más se le pareciera. De este modo, él moriría en su lugar. Se hizo un bando y se presentaron en la Corte cientos de personas que se parecía algo, aunque no lo suficiente. Por fin, encontraron al que más se parecía. Era un mísero mendigo jorobado, casi ciego, sucio y lleno de costras. Pero ¿cómo es posible? Se preguntaba el rey. Este hombre y yo no nos parecemos en nada. El mago le dijo que un rey que va a morirse sólo puede parecerse al más pobre y desgraciado de la ciudad. Le pidió que se intercambiara las ropas con él y que lo pusiera en su trono durante un día. Pero e3l rey no quiso admitir que pudiera parecerse a un mendigo. Esa misma noche murió con la corona en la cabeza y el cetro en la mano.


EL MAGO DE LAS COMETAS Una vez un mago inventó un aparato para hacer cometas.

Iba

por

todos

los

pueblos

y

ferias,

explicando su funcionamiento. Las cometas salían pequeñas con un hilo para sostenerlas, pero a medida que iban subiendo se iban haciendo cada vez más grandes. La gente se arremolinaba en torno a él para ver el aparato pero nadie las compraba. -Si fuera un globo- pensaban, pero una cometa puede ser peligrosa. El pobre mago no ganaba un euro ni siquiera para comer, así que comenzó a tener hambre y decidió transformar el aparato para hacer cometas en un quesito para comérselo.


EL PESCADOR DE CEFALÚ Una vez un pescador al recoger las redes de su barca y notó que pesaba mucho, pero al sacarla vio que había tan solo un pececito del tamaño de un dedo meñique. Iba a tirarlo al agua cuando oyó: -¡No me tires! Se dio cuenta de que la voz procedía del pez, lo abrió y dentro encontró un niño chiquitito que tenía en la espalda dos aletas como los peces. -¿Quién eres?- le preguntó. -Soy el niño del mar- le dijo y si me llevas contigo te daré suerte. Aunque el pescador tenía ya muchos hijos, decidió llevárselo a casa, le hizo una camisa para taparle las aletas y lo metió en la cuna de su hijo menor. Cuando fue a darle de comer se dio cuenta de que comía tanto como los otros 7 hijos juntos. -Vaya suerte la mía-pensó A la mañana siguiente salió a pescar con él. El niño le dijo: vete en línea recta hasta que yo te


avise y echa las redes. Así lo hizo, y cuando las retiró estaban llenitas de peces. Nunca las había sacado tan llenas y con pescado de tanta calidad. Poco a poco, el pescador se fue haciendo rico gracias a la gran cantidad de peces que sacaba en sus redes. Se compró varias barcas de pesca cuyas redes siempre salían llenas y ganaba mucho dinero. El pescador se olvidó de cuando era pobre y trataba mal a sus marineros, les pagaba poco, les hacía trabajar mucho y si protestaban los despedía. El niño del mar al verlo le dijo. -Todo lo que ha sido hecho puede ser deshecho Pero el pescador, no sólo no le hizo caso sino que lo metió en una concha y lo echó al mar. Quién sabe cuánto tiempo tendrá que pasar para que el niño del mar pueda liberarse. Tú en su lugar, ¿qué harías?


REFRANES ANTIGUOS -De noche, todos los gatos son pardos- decía un Refrán Antiguo. -Y soy negro- dijo un gato negro. ¡Imposible!, los refranes siempre tienen razón -Pues yo, sigo siendo negro- repitió el gato. El refrán Antiguo se llevó tal disgusto que se cayó del techo y se rompió una pierna. Otro Refrán Antiguo fue al fútbol y le dijo a un jugador al oído: -Mejor solo que mal acompañadoEl jugador intentó jugar sólo pero se aburría y no ganaba nada así que regresó al equipo. El refrán Antiguo se puso enfermo del disgusto. Una vez se encontraron tres refranes Antiguos y apenas abrieron la boca empezaron a discutir. El primero dijo: -El que da primero, da dos veces. -En absoluto-dijo el segundo, en el medio está la virtud. -para nada- dijo el tercero, hasta el fin nadie es dichoso.


Se agarraron del pelo todavía siguen zurrándose. Había un refrán Antiguo que tenía ganas de una pera así que pensó: -La fruta madura, cae por su propio peso. Se tumbó debajo del árbol y esperó a que cayera, pero la pera sólo cayó cuando ya estaba podrida y se aplastó contra su cabeza. El Refrán Antiguo se disgustó mucho y presentó su dimisión. Ya no quería ser Refrán Antiguo.

EL REY MIDAS El rey Midas daba continuas fiestas y despilfarraba todo el dinero que tenía. Cuando se le acabó fue a visitar

al

mago

Apolo

y

éste

le

hizo

un

encantamiento. -Todo lo que toques, se convertirá en oro. El

rey Midas se marchó muy contento pensando

que se habían solucionado sus problemas. Cuando llegó a casa tocaba todo lo que se le ocurría para


transformarlo en oro. Tuvo sed y cuando tocó el vaso, éste y el agua que contenía se convirtieron en oro. Tuvo hambre y el pan que iba a comerse se transformó en oro nada más tocarlo. Tuvieron que darle de comer y beber los criados. Cuando se acostó para

dormir,

la

almohada

y

la

cama

se

convirtieron en oro. Tuvo que pasar la noche sentado en un sillón y con los brazos en alto para no tocar nada. Ya se estaba cansando así que visitó de nuevo al mago Apolo para que deshiciera el encantamiento. _ Para que pase el encantamiento deben pasar siete horas y siete minutos- le dijo. Ten cuidado porque lo que toques antes se convertirá en estiércol. El rey Midas se marchó y estuvo muy atento para no tocar nada en esas 7 horas y 7 minutos, pero su reloj se adelantaba un minuto cada hora. Cuando creyó que el tiempo había pasado, se dirigió a su coche para regresar a casa. Abrió la puerta y entró. Enseguida se encontró sentado en medio de un montón de estiércol porque todavía faltaban siete minutos para que terminara el encantamiento.


EL RATÓN QUE COMÍA GATOS Era una vez un ratón de biblioteca muy listo que fue a visitar a sus primos. Para presumir delante de ellos les preguntó si alguna vez se habían comido un gato. Ante la sorpresa de éstos y, riéndose de ellos empezó a decir que también se había comido un perro, un rinoceronte, un elefante… Había por allí un gato de verdad, de carne y hueso que lo estaba escuchando. Así que salió

de su

escondrijo y preguntó: -¿No serás tú el ratón que se come a los gatos? Éste respondió que sí, pero eran gatos impresos en los libros. El gato le dijo que, aunque a él también le gustaba la literatura, debería haber aprendido lo que sucede en la realidad. En la realidad, ni los gatos, ni los perros, ni los rinocerontes o elefantes se dejaban roer por los ratones. Afortunadamente para el ratón, pasó una araña que distrajo al gato, de no ser así, éste se lo habría comido porque en la vida real son los gatos los que se comen a los ratones.


TOÑITO EL INVISIBLE Había una vez un muchacho un poco vago llamado Toñito. Un día, como no se sabía la lección y temía que el profe se la preguntara deseó ser invisible. Y así fue. Cuando el profe pasó lista él gritó ¡presente! Pero nadie lo oyó. Espero que si está enfermo no sea nada –dijo el maestroToñito comprendió que se había vuelto invisible. Se dedicó a dar saltos y a molestar a todos sus compañeros aprovechando que no le veían y se formó una buena porque unos acusaban a otros y nadie había hecho nada. Cuando se cansó, se fue del colegio, se subió en un autobús, y se sentó en un asiento. En la siguiente parada subió una señora que venía de la compra. Así que como no lo veía y pensaba que estaba libre, se sentó sobre las rodillas de Toñito que apenas podía sostenerla. Cuando se bajó del autobús, se fue a una pastelería y se llenó de pasteles y dulces ante la asombrada mirada de la dependienta que pensó que era un señor que estaba por allí para comprar pasteles. Se


armó una buena bronca porque el señor insistía e insistía en que él no había cogido nada. Volvió de nuevo al colegio a la hora de la salida y estuvo nuevamente incordiando a sus compañeros, pero éstos no le hacían ningún caso pues no lo veían. Regresó a su casa un poco decepcionado y llamó a su madre desde la calle, pero ésta no lo oyó. Subió a casa, se sentó a comer y saludó a su padre mientras éste se preguntaba: -Pero, ¿por qué tardará tanto hoy Toñito? Toñito lloraba porque quería dejar de ser invisible. Salíó de nuevo a la calle y un anciano que estaba sentado en un banco tomando el sol le preguntó? -¿Por qué lloras? -¿Usted me ve?-preguntó Toñito. El anciano le respondió que lo veía todos los días al ir y regresar del colegio. Toñito se extrañó porque él nunca había visto al anciano. El anciano no se sorprendió y le dijo que un viejo jubilado y solitario como yo, es casi invisible para todo el mundo.


Su madre salió al balcón nuevamente a llamarlo, él contestó, su madre lo vio y subió a casa lleno de alegría. El anciano le preguntó si no le daba miedo que lo zurraran, pero Toñito se le echó al cuello y le dio un beso diciéndole que él lo había salvado.

EL SEMÁFORO AZUL Una vez un semáforo que estaba en la plaza del Duomo de Milán puso todas sus luces en color azul. Se montó un caos terrible, ni los coches ni los peatones sabían qué hacer, cruzar o no cruzar, avanzar o quedarse quietos. Tuvo que ir un policía y ponerse en mitad de la plaza a poner orden, mientras otro, desconectaba todas las luces. La gente hacía bromas, que si el verde se lo había llevado el alcalde para hacerse una casita en el campo, que si con el rojo habían teñido los peces del estanque… El semáforo azul pensó que les había dado la señal de vía libre para el cielo y no habían sabido aprovecharla. Si lo hubiesen hecho, ahora todos sabrían volar.


LA FAMOSA LLUVIA DE PIOMBINO Una

vez,

en

Piombino,

llovieron

confites

tan

grandes como el granizo y de todos los colores. Aunque la lluvia no duró mucho, fue abundante. Todos

empezaron

a

llenarse

los

bolsillos,

las

carteras, los pañuelos. Fue un gran día. Todavía ahora hay mucha gente que espera otra lluvia de confites, pero quizá no vuelva a pasar nunca.

MUCHAS PREGUNTAS Había una vez un niño que se pasaba la vida haciendo preguntas. ¿Por qué la sombra tiene un pino?¿Por qué los bigotes tienen gatos?¿Por qué las colas tienen peces? Pero nadie era capaz de darle una respuesta satisfactoria. Tantas preguntas hacía que terminaba doliéndole la cabeza. Cuando se hizo mayor y, en vista de que nadie le contestaba se marchó a vivir a la cima de una colina? Y seguía haciéndose preguntas ¿Por qué la barba tiene cara? Cuando murió, un sabio investigador descubrió que siempre se ponía los calcetines al revés y no había logrado ponérselos bien ni una sola vez. Y así, nunca aprendió tampoco a hacer bien las preguntas


EL BUEN GILBERTO El buen Gilberto tenía muchas ganas de aprender y, un día escuchó decir: -Mira cuánto quiere Filomena a su mamá que hasta le traería el agua en las orejas. Le gustó mucho la frase y se la aprendió para ponerla en práctica. Un día, su madre le dijo que le trajera agua y éste se fue a la fuente y, en lugar de traerla en un cubo se la quiso llevar en las orejas para demostrarle cuánto la quería. Se llenó una oreja y, con la cabeza inclinada se fue a su casa para entregársela. Cuando llegó levantó sin darse cuenta la cabeza y se le arramó toda por lo que volvió de nuevo a la fuente y se llenó la otra oreja, pero le ocurrió exactamente lo mismo. Cuando llegó a casa otra vez y su madre le preguntó si había traído el agua tuvo que decirle que no. Así que, su madre que ya había perdido la paciencia pensando que se había entretenido jugando en la fuente y por eso no

se la había traído, le dio un

par de cachetes e cada oreja. Gilberto decidió que para otra vez la traería en el cubo.


LA FIEBRE COMILINA Cuando

una

niña

está

enferma,

también

sus

muñecas lo están. De este modo, le hacen compañía. El abuelo las visita y les pone inyecciones con un bolígrafo. - Creo que tiene una buena refunfuñitis, le daré de beber un jarabe de lápiz azul y masajes con un papel de caramelo de anís- dice el abuelo. - Éste otro… tiene resfriado, le daré doscientos gramos de fresitis aguda. Cuando la niña sana, sus muñecas también lo hacen.


EL DOMINGO POR LA MAÑANA Todos los domingos, D. César se levantaba tarde, andaba por la casa con el pijama, se afeitaba a las once con jabón y hojas de afeitar y dejaba, mientras tanto, la puerta del baño abierta. Francisco que tenía seis años cogía esparadrapo, alcohol y algodón y se sentaba muy serio a esperar para curarle si se cortaba. D. César se cortaba adrede para que Francisco le curase pero éste decía que así no valía, tenía que cortarse sin querer, pero D. César era incapaz de cortarse de esa manera. Así que todos los domingos le regalaba una gota de sangre a Francisco que enseguida secaba la gota, desinfectaba la herida y ponía el esparadrapo. Francisco, el hijo de D. César, quería ser médico.


A DORMIR, A DESPERTARSE. Había una vez una niña que cada noche, antes de acostarse se volvía muy pequeña, muy pequeña, tan pequeña como una hormiga. Entonces su madre sabía que era la hora de acostarla. Por las mañanas cuando se despertaba, seguía siendo

tan

pequeña

como

cuando

se

acostó

y

necesitaba un poco de tiempo para ir creciendo y levantarse.

JAIME DE CRISTAL Había una vez un niño transparente. Parecía de cristal. Se veían a su través sus pensamientos, los latidos de su corazón… Un día dijo una mentira y la gente la vio. Le dio tanta vergüenza que jamás dijo una mentira más. Otra vez un amigo le contó un secreto y enseguida dejó de serlo. Cuando se hizo un hombre, todos podían ver sus pensamientos y cuando se le hacía una pregunta, todo el mundo podía ver la respuesta. Por eso, empezaron a llamarle Jaime de cristal.


Un día, subió al gobierno un feroz dictador que castigaba

muy

duro

a

todos

aquellos

que

se

rebelaban y se ponían en su contra. Como Jaime no hacía falta que hablara porque todos podían ver lo que

pensaba,

estaba

claro

que

condenaba

las

injusticias y violencias del tirano, así que éste lo mandó encerrar en una oscura prisión. Pero ocurrió algo extraordinario, las paredes de la prisión se hicieron transparentes, luego, también las del edificio y luego, los muros exteriores. Todo el mundo que pasaba podía ver a Jaime sentado en un

taburete

y

podían

continuar

leyendo

sus

pensamientos. Incluso estando encerrado, Jaime era más poderoso que el tirano

porque la verdad es más poderosa

que cualquier otra cosa, más luminosa que el día y más fuerte que un huracán.


LAS MONAS DE VIAJE Un día las monas del Zoo decidieron salir de viaje. Caminaron y caminaron y cuando por fin se detuvieron una preguntó: -¿Qué se ve? -La jaula del león, la cueva de las focas y la casa de la jirafa –le contestaron -Qué interesante y grande es el mundo y cuanto se aprende! pensaron Continuaron caminando un buen rato y cuando se detuvieron, de nuevo, alguien preguntó: -¿Qué se ve? - La casa de la jirafa, el foso de las focas y la jaula del león. -¡Vaya! Qué grande, interesante e instructivo es el mundo. Volvieron a ponerse en marcha, caminaron hasta la puesta del sol y volvió a suceder lo mismo. -Pues vaya aburrido que es el mundo! Siempre se ven las mismas cosas. Es lógico, se habían pasado el día dando vueltas alrededor de su jaula girando en redondo una y otra vez.


EL HOMBRE QUE ROBABA EL COLISEO Un hombre se empeñó en robar el Coliseo porque le gustaba tanto que le daba rabia compartirlo con todo el mundo. Lo quería solo para él. Cada día se acercaba con una bolsa y la llenaba de piedras. Hacía esto durante toda la semana y las subía al desván. Los domingos, contaba las piedras. Cuando llenó el desván, empezó con la buhardilla, luego con su casa, apenas le quedaba ya sitio para esconder las piedras robadas. Pasaban los años, él envejecía y el Coliseo parecía estar siempre igual. Cuando ya apenas podía hacer el recorrido por el cansancio y la fatiga ya que era un viejecito decidió ir a sentarse un rato en una piedra y a contemplar tan bello monumento, aunque fuera rodeado de turistas. De pronto, escuchó a un niño gritar: -¡Mío!¡Mío! La palabra le sonó fatal y se dio cuenta que mejor habría sido decir nuestro, y lo mismo lo podía aplicar él a ese trabajo tedioso e inútil al que dedicó su vida.


EL SEÑOR LANANA El señor Lanana era tan delicado que cualquier ruido insignificante le asustaba tremendamente. No soportaba los niños, las motos ni nada que hiciera el más mínimo ruido. Nunca caminaba, se hacía llevar en brazos a todas partes por su criado Guillermo. Cada vez estaba más gordo y cuanto más gordo, más delicado. Su criado estaba tan harto que una vez pensó qué pasaría si lo echaba por el balcón. El día que lo echó, el señor Lanana llevaba un traje blanco impecablemente límpio. Cayó sobre una picadura de mosca y se hizo una diminuta mancha en los pantalones. Era tan pequeña que hacía falta una lupa para poder verla. A pesar de ello, el señor Lanana se murió del disgusto.


UNO Y SIETE Había una vez un niño que era, al mismo tiempo, siete niños. Uno se llamaba Paolo, vivía en Roma y su padre trabajaba en el tranvía. Otro se llamaba Kurt, vivía en Berlín y su padre era profesor de vilonchelo. Otro se llamaba Yuri, vivía en Moscú y su padre era astronauta. El quinto se llamaba Jimmy, vivía en New York y su padre tenía una gasolinera. El sexto vivía en Shanghay, su padre era pescador y se llamaba Chu y, el último se llamaba Pablo, vivía en Buenos Aires y su padre era pintor de brocha gorda. Todos ellos eran a la vez, el mismo niño que, tenía 8 años, sabía leer y escribir y andaba en la bicicleta sin poner las manos en el manillar. Pablo era moreno, Jean rubio y Kurt castaño. Yuri tenía la piel blanca y Chu la tenía amarilla. Pablo hablaba español y Jimmy hablaba inglés, pero se reían en el mismo idioma. Todos eran el mismo niño. Ahora los 7 son mayores y ya no podrán jugar juntos porque los siete son un solo hombre.


ASCENSOR PARA LAS ESTRELLAS Cuando Romulito empezó a trabajar en un bar tenía 13 años. Hacía los servicios a domicilio y todo el día andaba arriba y abajo, subiendo escaleras, con las bandejas llenas de pedidos. Consiguió colarse en el ascensor del número 103 cuyo inquilino 14 había hecho un pedido de cuatro cervezas y un té helado. Se dirigía al 5º piso. El ascensor empezó a subir con normalidad pero, al llegar al cuarto piso, aceleró de golpe y Romulito se encontró de pronto, ascendiendo hacia el cielo sobre la ciudad de Roma. El ascensor aterrizó sobre una selva tropical salvaje y Romulito se vio rodeado de monos barbudos cuyo jefe de ellos vestía un uniforme azul e iba montado sobre un enorme triciclo. A Romulito le entró miedo y… como pudo pulsó un botón del ascensor y éste salió disparado alejándose. Se preguntó si habría aterrizado en África pero, al alejarse, tuvo la impresión de que aquel continente


no era la Tierra. Después de un tiempo elevándose, el ascensor volvió a descender. Esta vez Romulito tuvo claro que estaba en la Luna ya

que

veía

claramente

los

cráteres.

Pulsó

rápidamente el botón “P” ya que indicaba la planta baja y pensó que ese le llevaría a la Tierra de nuevo. El ascensor invirtió su ruta y pocos minutos después volvía a estar sobre el cielo de Roma dirigiéndose al 103. Cuando aterrizó el ascensor, estaba de nuevo en el mismo portal donde inició la aventura. Salió rápidamente, subió las escaleras y llamó al timbre del inquilino 14 para entregar el pedido. -Pero bueno- le contestó éste. Has tardado nada menos que 14 minutos. ¿Dónde te has metido? Romulito pensó que si se lo contaba no le creería así que entregó su pedido sin decir ni pio y regresó de nuevo al bar para seguir llevando pedidos de un lugar a otro.


EL AUTOBÚS NÚMERO 75 Una vez el autobús número 75 que va desde Monteverde a Piazza Fiume, cambió su ruta y se dirigió a los prados situados en las afueras de Roma. El autobús estaba lleno de gente que se dirigía a sus puestos de trabajo, así que cuando los viajeros se dieron cuento de que se alejaban de sus puntos de destino se enfurecieron porque llegarían tarde. El conductor y el cobrador trataban de tranquilizar a sus pasajeros pero, insistían en que el autobús no obedecía a los mandos y hacía lo que le daba la gana. Se detuvo a la entrada de un bosque fresco y perfumado. Los viajeros, en su mayoría, estaban indignados pero, como el autobús se negaba a regresar fueron saliendo a dar un paseo, ver las flores y relajarse un poco. Algunos de los pasajeros hicieron una pelota con el papel de sus periódicos y se pusieron a jugar al fútbol, otros, con sus comidas hicieron un picnic. Cuando se dieron cuenta el autobús se había puesto en marcha y regresaba solito a poca velocidad, a


toda prisa se fueron subiendo todos los pasajeros lamentándose unos, porque lo estaban pasando estupendamente y otros porque habían perdido un día de trabajo y eso les iba a suponer un montón de problemas. Sin

embargo, miraron sus relojes y

vieron que todavía estaban a tiempo de llegar al trabajo a la hora correspondiente. -¡Esto no puede ser!- decía una señora mientras el autobús retomaba su ruta ordinaria por la ciudad. Todos estaban asombrados con lo que había pasado, no entendían nada. Miraron la fecha escrita en los periódicos que no se habían convertido en pelota de fútbol y vieron que la fecha era 21 de marzo. -Todo es posible el primer día de la primaverapensaron.


EL PAÍS DE LOS PERROS Había una vez un país con noventa y nueve casitas, cada una de ellas tenía su jardín, su verja y su perro detrás de ella que ladraba continuamente a todo el que pasara por delante de ellos. Había un ruido de ladridos tremendo. Cuando llegaba un forastero los noventa y nueve perros se ponían a ladrar todos a la vez, mientras los dueños de las noventa y nueve casas salían al jardín para ver lo que pasaba. Todos se habían vuelto un poco sordos de tanto oír ladrar

a

los

habladores

perros.

así

que,

No al

eran cabo

tampoco del

muy

tiempo,

se

convirtieron en personas malhumoradas y calladas. Un

día

sin

saber

cómo,

comenzaron a ladrar.

en

lugar

de

hablar

Ladraban perros, hombres,

mujeres, niños… y las noventa y nueve casitas parecían noventa y nueve perreras. Un día llegó al país Juanito Pierdedía y, ante lo que veía pensó que se trataba de una epidemia.


Se fue a hablar con el alcalde y propuso que se hicieran

derribar

todas

las

verjas,

ello

no

impediría tener jardines, sacar a los perros a cazar para que tuvieran algo que hacer y poder divertirse un poco y que se celebrara una fiesta entre todos los vecinos con baile incluido para que todos pudieran conocerse y hacer amistades. -De esta forma, se harán todos más ambles y comenzarán de nuevo a hablar entre ellos en lugar de ladrar- pensó Juanito. Por toda respuesta del señor alcalde recibió un ladrido. Así que se marchó a sus asuntos. Cuando oigáis ladrar a muchos perros a la vez, puede ser que,

efectivamente sean perros, pero

también pueden ser los habitantes de ese país que no han hecho caso de los consejos de Juanito.


LA HUIDA DE PULCHINELA Pulchinela acompañaba

era a

una

marioneta

Arlequín

y

que

protestona nunca

que

estaba

contenta con lo que tenía que hacer. Un día decidió cortar las cuerdas y marcharse a vivir su vida. Pero el mundo es un lugar muy grande y terrible para una marioneta que viaja sola. Tenía hambre y nada que comer. Decidió instalarse en el jardín de una casa. Se alimentaba de flores cuyo sabor no le gustaba demasiado, y dormía bajo un magnolio. Soñaba con montañas de espaguetis con abundante queso pero solo tenía flores para alimentarse así que comenzó a adelgazar. Cuando llegó el invierno las flores desaparecieron y ella estaba tan débil que ni siquiera era capaz de caminar. Se moriría allí, no quedaba otro remedio. Una nevada lo sepultó y en primavera, en aquel lugar nació un clavel. Pero las marionetas son de madera y por eso no se pueden morir, continua sepultada aunque nadie lo sepa. Si la encontráis no le pongáis cuerdas porque eso le resulta insoportable.


EL ALBAÑIL DE VALTELLINA Mario, un albañil de Valtellina, al no encontrar trabajo en su tierra emigró a Berlín para trabajar allí. Comía poco, trabajaba duro y ahorraba cuanto podía para poderse casar. Un día mientras trabajaba se hundió un andamio y “murió” atrapado los pilares de la casa en construcción.

Sin

embargo

seguía

oyendo

y

pensando como antes y no sentía ningún dolor. El edificio se terminó de construir, fue amueblado y los inquilinos fueron a vivir a él. Mario los conocía a todos y era testigo de todo cuanto les pasaba a cada uno de ellos cada uno de sus días. Oía sus conversaciones, sus toses, sus despertadores… la vida de los inquilinos de la casa era la propia vida de Mario. Un

día

estalló

la

guerra

y

comenzaron

los

bombardeos. Una bomba cayó sobre la casa y se derrumbó. Quedó reducida murieron

parte

importante

incluyendo a Mario.

a escombros y en ella de

sus

inquilinos,


LA MANTA DEL SOLDADO Cuando acabó la guerra, el soldado Vicente de Jaime regresó a su casa con una manta, mucha tos y un uniforme despedazado. Pensó que allí se pondría bien pero la tos no remitió y terminó matándolo en solo unos meses. Con esa manta su mujer envolvía a su hijo de 5 años cada noche para que no tuviera frío cuando se iba a dormir. Le contaba cuentos en donde un hada tejía una manta tan grande que tapara a todos los niños del mundo que pasaran frío, pero siempre había alguno al que no le llegaba la manta. Había que destejerla y comenzarla de nuevo para hacerla más grande y pudiera proteger a todos los niños. El niño se llamaba Genaro. El invierno fue muy duro, no había comida y su madre enfermó por lo que lo dejó al cuidado de unos vecinos que no tenían nada más que una tartana en la que viajaban por los pueblos a pedir limosna. Pero


había hambre en todos los lugares y la comida siempre escaseaba. Por la noche, Genaro se envolvía en la manta de su padre para entrar en calor y poder así dormir y soñar cosas bonitas. Uno de los vagabundos le había tomado cariño al niño pues había sido soldado y compañero de su padre. Le enseñó a leer y le compró una libreta y un lápiz para que aprendiera también a escribir. Genaro

aprendía

muy

rápidamente.

Un

día

consiguió escribir su propio nombre sin ayuda de nadie y sin un solo error. Estaba muy contento. Este cuento no tiene fin, tiene tantos fines como personas lo lean, porque el fin debe ponerlo cada uno de sus lectores.


EL POZO DE “CASCINA PIANA” En la granja de “Cascina Piana” vivían once familias que no se llevaban bien. En la granja había un pozo y cada familia, cuando iba a recoger el agua se llevaba su propia cuerda para poder subir el caldero y se la llevaba a casa después. Llegó la guerra y quedaron solo las mujeres que guardaban con mucho cuidado las cuerdas de cada una para sacar el agua del pozo. Un día, un niño que había ido a recoger leña al bosque escuchó un lamento entre los matorrales. Se acercó

y se encontró con un guerrillero herido.

Corriendo fue a su casa para decírselo a su madre y lo llevaron a la granja para esconderlo y curarlo. Llamaron al médico para que lo atendiera y, aunque querían llevarlo en secreto, toda la granja se enteró de lo que pasaba. Al cabo de unos días toda la granja empezó a

acercarse para llevarle

comida al enfermo. Cuando se curó y salió al patio se quedó maravillado de que no hubiera una cuerda común.


Después de haber ayudado todas al guerrillero y preocuparse por él, se habían hecho amigas, ya no necesitaban tener una cuerda cada una. Por eso, decidieron comprar una cadena con el dinero de todas y colocarla en la polea del pozo. El guerrillero sacó el primer cubo de agua con la cadena en común y, una vez curado, regreso al monte, mientras en la granja reinaba la paz y la armonía entre todas las familias.

CASAS E INMUEBLES Un señor acude a un asilo a visitar a un viejo amigo albañil. Se ponen a hablar y le pregunta: -¿Has viajado? -

Si,

he

estado

en

París

construyendo

casas,

también en América. -Y, en Australia has estado? -No, nunca-le contesta -Yo sí, y en Argelia, El Cairo… He viajado por todo el

mundo

construyendo

casas

para

otros,

sin

embargo, yo me he quedado sin casa y estoy viviendo en un asilo. -Es injusto, pero así es la vida- le responde.


EL MAESTRO GARRONE Siempre había novedades. Ese año los Reyes Magos acudieron montados en diecisiete estadios e iban provistos de numerosos armarios provistos de regalos y las direcciones de todos los niños, buenos y malos, en un robot electrónico. En carnaval, Pulchinela se puso un traje espacial. En pascua, al romper el huevo de chocolate aparece un pollo marciano con una antena ya que el huevo era un huevo volante. También

al

maestro

Garrone

le

gustaban

las

novedades, pero estaba triste porque en su escuela no había ninguna, todo estaba igual que en los tiempos de su abuelo.

LA ACERA MÓVIL En el planeta Beh tenían una acera móvil que, al igual que las escaleras mecánicas, giraba alrededor de toda la ciudad. Lo hacía muy despacio para que la

gente

que

escaparates

iba

en

ella

tranquilamente.

pudiera Los

mirar

los

viejecitos

la

utilizaban para darse sus paseos, leer el periódico… En el planeta Beh no existen coches ni autobuses. En la calzada juegan los niños a la pelota.


EL PLANETA DE LA VERDAD Brun era un inventor del planeta Mun. Hace dos mil años que se ha muerto y se conserva en un frigorífico del que despertará dentro de cuarenta y nueve siglos para empezar a vivir de nuevo. Inventó una máquina para fabricar arcos iris siendo todavía muy niño. Cuando apenas tenía 5 años inventó un palo para hacer agujeros en el agua. También inventó un aparato para hacer cosquillas a las peras, una sartén para freír hielo, una balanza para pesar nubes, un teléfono para hablar con las piedras y muchísimas más cosas. Pero su invento más famoso era un aparato para decir mentiras. Funcionaba con fichas y, por cada ficha se podían escuchar catorce mil mentiras. Dicen

que

aquel

aparato

contenía

todas

las

mentiras del mundo, las que habían sido dichas y las que la gente estaba pensando Cuando el aparato dijo ya todas las mentiras inventadas, dichas y por inventar, la gente se vio obligada a decir siempre la verdad. Por eso Mun es conocido como el planeta de la verdad.


COCINA ESPACIAL Una receta espacial: Como entremeses: arena de río con salsa de tapones, tostadas de papel secante y rebanadas de carbón. Potajes: caldo de rosas, claveles secos con jugo de tinta, patas de mesilla al horno y buñuelos de plomo. Platos preparados: Bistec de cemento armado, tristec a la plancha, tristezas a la parrilla, do de pecho de pavo, grifos fritos (calientes y fríos) y teclas de máquinas de escribir (en verso y en prosa).


EL CARAMELO INSTRUCTIVO Hay un planeta llamado Bih donde la ciencia se vende y se consume en botellas. La geografía es un líquido color verde menta. La ciencia tiene el color rojo de las granadas, la gramática es incolora. No hacen falta escuelas, se estudia en casa, tomando un vasito de aquello que queramos aprender. La zoología es dulce, riquísima y según te tomas el vasito ya sabes la lección que te has tomado. A algunos niños no les gustan los sabores y se resisten a tomarlos, otros, por el contrario, toman uno y oro y otro de los distintos sabores y así se vuelven sabios. Los

niños

chiquitines,

los

de

infantil

tienen

caramelos instructivos con distintos sabores: fresa, piña,

cereza…Unos

sirven

para

aprender

la

numeración hasta diez otros, para conocer los días de la semana. También los hay para aprenderse poesías fáciles. Parece divertido aprender así.


EL POLLITO CÓSMICO Una vez salió del huevo de chocolate de Pascua un pollito cósmico. Era igual que los demás pero, tenía una gorra de capitán en la cabeza y una antena de televisión en el gorro. Cuando el pollito miró a su alrededor pensó: ¡Qué retrasados están en este planeta!- en el mío llevamos veinticinco años de adelanto. El pollito estaba preocupado pues al haber roto el huevo volante no podía regresar a su planeta llamado Marte Octavo. El huevo fue comprado en una pastelería por el profesor Tebolla y tenía que estar allí hasta que se presentara un agente secreto de su planeta, pero había fracasado. El pollito sabía que dentro de veinticinco años, un tripulante terrestre llamado Luisito llegaría a su planeta. Tenía que encontrarlo. La mujer del profesor le preguntó cuál era el apellido de Luisito y éste le respondió que Tebolla. Resultó que era el hijo del profesor y el pollito se puso muy contento porque dentro de veinticinco años podría regresar con él a su planeta.


PROCESO AL SOBRINO Se trata de un juicio en el que intervienen: un juez, el acusado, el ministerio público, el tío del acusado y el abogado defensor. Alberto Rojo, el acusado, se enfrenta a un juicio por haber ofendido gravemente a su tío que es una magnífica persona querida y respetada por todos, incluyendo a los miembros participantes en el juicio. Todo se debe a que el acusado escribió en una redacción del colegio: “Mi tío es elefante! Su tío era un hombre lleno de virtudes y, por supuesto, no tenía trompa. Tras mucho debatir se llega a la conclusión de que Alberto había escrito F en lugar de G. Aunque el juez quiere enviarlo a la cárcel, el tío de Alberto le pide perdón porque quiere emplearlo en su tienda y dejársela en herencia ya que él no tiene hijos. Al final el juez le perdona y le condena a buscar la G fugitiva, sustituir con ella a la F y hacer que no vuelva a extraviarse nunca más. Con esa condición queda perdonado su castigo.


A ENREDAR LOS CUENTOS Un abuelo cuenta a su nieta un cuento que decía así: Había una vez una niña llamada Caperucita Amarilla. Un día fue a casa de su tía Diomira a llevarle

una piel de

patata. En

el bosque se

encontró una jirafa que le preguntó ¿Cuántas son seis por ocho? Caperucita Verde le contestó que iba al mercado a comprar salsa de tomate.

El caballo

le dijo que tomara el tranvía número setenta y cinco, bajara en la plaza de la catedral, torciera y cuando encontrara tres peldaños y una moneda, cogiera la moneda y se comprara un chicle. La

nieta

pilló

un

enfado

enorme

pues,

la

Caperucita era roja, se encontró con un lobo, le llevaba un pastel y nada tenía que ver el cuento con el de verdad. Al final le dijo al abuelo que no importaba y le preguntó: -Me compras un chicle? El abuelo le do una moneda para comprarlo y continuó leyendo el periódico.


APROBADO MÁS DOS Había una vez un Diez que escapaba asustado porque le perseguía una Resta. Al final lo cogió y tris, tras, corte por aquí y corte por allá, lo convirtió en un Ocho. El ocho escapa asustado porque le persigue la División que, de un solo tijeretazo lo divide en dos. -Hace un momento era un Diez y ahora solo soy un Cuatro-dice llorando. Camina triste y sin darse cuenta pisa a una señora y le pide disculpas pero, la señora no se enfada, es la Multiplicación. Como lo ve tan triste decide multiplicar al Cuatro por tres convirtiéndolo en Doce. -¿Viva, estoy aprobado, Aprobado más dos!- grita el Doce.


EL HOMBRECILLO DE NADA Había una vez un hombrecillo de nada, con nariz de nada, boca de nada, zapatos de nada y vestido de nada que no iba a ninguna parte. Se encontró con un ratón de nada y le preguntó: -¿No temes al gato? Pero no lo tenía porque en el país de nada, los gatos eran de nada, tenían bigotes de nada y garras de nada. Todo era de nada, todo era simple, triste y aburrido, nada era nada, nada gustaba nada y nada, sabía a nada.

HISTORIA UNIVERSAL Al principio la Tierra estaba llena de fallos. No había

puentes,

caminos,

montes,

bancos

para

sentarse ni sombras donde protegerse, no había balones ni cazuelas ni macarrones. No había nada de nada. Solo había hombres con dos brazos para trabajar y solucionar todos esos fallos. Algunos ya se han corregido per, quedan muchos más, hay para todos.


CUENTOS POR TELÉFONO I