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Especial San Andrés

Páginas 5 a 17

www.unperiodico.unal.edu.co • un_periodico@unal.edu.co Bogotá D. C., n.º 162, domingo 9 de diciembre de 2012

Foto: Víctor Manuel Holguín/Unimedios

Publicación de la Universidad Nacional de Colombia • ISSN 1657-0987

Administración conjunta del mar contrarrestaría efectos del fallo

Estructurar una política de vecindad que acerque a los países, abogue por la integración y la cooperación y, sobre todo, revitalice el papel de los habitantes de las islas es una de las tres apuestas centrales que liderará, de forma duradera, la Universidad Nacional de Colombia. La relación del país con sus vecinos de la comunidad andina es un buen punto de partida para mitigar el impacto de la decisión de La Haya.

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La bruma del conflicto

Dos obras de valioso significado artístico y conceptual se suman este año a la colección del Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia. Se trata de las fotografías “Santa uno” y “Santa dos”, realizadas por el reconocido artista bogotano Miguel Ángel Rojas. Son imágenes en gran formato, intervenidas artísticamente de forma sutil pero evidente. Hacen parte del exitoso montaje “El camino corto”, que cierra con broche de oro un destacado año de exposiciones.

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Economía

La exacerbación de la crisis europea Orlando Gutiérrez Rozo,

Facultad de Ciencias Económicas Universidad Nacional de Colombia

En Europa, la situación de sobreacumulación de capital, materializada en los años noventa en una fuerte inversión productiva, elevó a tal proporción tanto la productividad laboral como la relación capital/trabajo, en un marco de salarios reprimidos, que condujo a una caída de la tasa de rentabilidad. Seguidamente, ocurrió una reversión de la tendencia inversora y el capital-dinero existente se volcó a la búsqueda de remuneraciones especulativas, que constituyen el marco en el cual se inscriben las crisis financiera y de deuda recientes. El desarrollo de estas se dio en un contexto de desregulación generalizada, de marcadas heterogeneidades regionales y de estructuras distributivas de la renta muy desiguales en el continente. Es allí en donde emerge el sobreendeudamiento, particularmente en Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España (los PIIGS), pero ahora también en Chipre y, más recientemente, en Francia. Aunque la deuda pública de casi todos estos países se ubicaba dentro de los parámetros del Maastricht (requisitos que deben cumplir los estados pertenecientes a la Unión Europea para constituir el euro) antes del estallido de la crisis (60% del PIB), el pasivo del sector privado registrado por empresas y bancos creció enormemente y los Estados pasaron a responsabilizarse de este. En estas condiciones, el gasto público aumentó y los ingresos del Estado se deprimieron. Esto último se debe a que la crisis condujo a una reducción de la actividad económica que frenó la recaudación tributaria, la cual se complica aún más dadas las políticas favorables a la reducción de impuestos para el capital y para los ingresos más altos.

El papel alemán Buena parte del endeudamiento de estos países se relaciona con la dinámica de Alemania, que venía mostrando superávit comercial, al aumentar sus exportaciones hacia esas naciones y reciclar tales excedentes financieros

Foto: www.sxc.hu

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La caída de la rentabilidad es el telón de fondo de la crisis de la deuda y esta, a la vez, es el pretexto para aplicar severas políticas de austeridad que disminuyen los salarios. Alemania influye en la formación de la deuda, pero el restablecimiento de la tasa de ganancia no está garantizado.

para dirigirlos principalmente a los PIIGS, en donde, en términos generales, se presentaba una demanda significativamente débil. Se trata de una estrategia alemana de endeudar a los vecinos para que le compren sus exportaciones, pero su creciente productividad, que está en la base de estas, proviene de sus severas políticas de represión salarial. Dos hechos adicionales son relevantes. Primero, que en este comercio exterior pesan de modo significativo las ventas de armamento, toda vez que Alemania es el tercer exportador mundial de productos bélicos. Segundo, que los bancos de los países europeos obtienen créditos del Banco Central Europeo por debajo del 1%, pero endeudan a los Estados a tasas muy superiores, con lo cual contribuyen a escalar las deudas estatales. Además, en circunstancias de crisis bancaria, los Gobiernos “rescatan” instituciones financieras privadas e incluso a algunas grandes empresas. Para pagar esta deuda, la población es conminada a severas políticas de “ajuste” o austeridad. Estas consisten, entre otras medidas, en reducciones salariales, reformas regresivas de los mercados del trabajo, pensiones y seguridad

social, privatizaciones, incrementos tributarios que afectan fundamentalmente los ingresos de los trabajadores, disminuciones de los presupuestos públicos para educación y salud, etc. De cierto modo, se trata de la aplicación de un conjunto de medidas que ya se han ensayado en América Latina desde los años de la llamada “crisis de la deuda” y que ahora se hacen más evidentes en Europa. Pero la verdad es que todas estas políticas no tienen el propósito real de hacer frente a la deuda, sino, más bien, de reconfigurar la relación capital-trabajo para favorecer a dicho capital en el reparto del excedente y en detrimento del trabajo.

Medidas poco claras La supuesta necesidad e inevitabilidad del “ajuste” es de carácter permanente en la medida en que se está aplicando desde décadas atrás y, para el caso de Europa, se vincula muy estrechamente con las restrictivas condiciones que se establecieron para constituir la moneda única (el euro). Igualmente, es de carácter salarial, en la medida en que apunta a abaratar la mano de obra.

En síntesis, se viene profundizando en una estrategia de recomposición económica, social y política que cree las condiciones apropiadas para garantizar nuevamente los que se consideran niveles apropiados de rentabilidad que permitan reanudar el proceso de acumulación de capital. Desde luego, aún no se recrean las condiciones para que se dé dicho restablecimiento de las ganancias. Por tanto, las perspectivas de salida a la crisis no son claras. Más aún, por ahora, el panorama para la economía mundial en su conjunto tampoco es muy prometedor. La alta dependencia de las exportaciones que ha mostrado Alemania parece estar encontrando ya un serio límite, pues estas se han venido reduciendo en los últimos meses; lo cual, sin duda, repercutirá en la dinámica de su producción industrial. En efecto, mientras que en 2009 ese país vendía a la Unión Europea un 62,3% de sus productos exportables, para finales de 2011 este porcentaje se había reducido a 59,1%. Además, el retraimiento productivo de China, India y Brasil, en este contexto de crisis mundial, no garantiza la sustitución de los mercados que está perdiendo el país líder europeo.

Director: Jaime Franky Rodríguez

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Coordinación periodística: Nelly Mendivelso Rodríguez Coordinación editorial: Carlos Andrey Patiño Guzmán Comité editorial: Astrid Ulloa, Jorge Echavarria Carvajal, Horacio Torres, Luis Carlos Colon, André N. Roth, Juan Álvaro Echeverri, Álvaro Zerda Diseño y diagramación: Ricardo González Angulo Corrección de estilo: Fernando Gaspar Dueñas Gestión administrativa: Jaime Lesmes Fonseca Impresión: CEET, Casa Editorial El Tiempo Las opiniones expresadas por los autores y sus fuentes no comprometen los principios de la Universidad Nacional de Colombia ni las políticas de UN Periódico

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Nación

UN y ONU

Fotos: Víctor Manuel Holguín/Unimedios

lideran foro sobre la paz

Unimedios

Por tratarse de un grupo legítimo, comprometido e imparcial, el Gobierno nacional y las Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (Farc-EP) eligieron al Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la Universidad Nacional de Colombia para que lleve a cabo el foro Política de Desarrollo Agrario Integral (Enfoque Territorial). Esta invitación surge de la Mesa de Conversaciones que sesiona en Cuba y contará con el acompañamiento de la Organización de las Naciones Unidas. Esto “en cumplimiento del acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. Los negociadores desean que la UN y la ONU sirvan no solo de convocantes y realizadores, sino también de relatores de los debates y de garantes, para que lleven las conclusiones a la Mesa. El objetivo es recoger opiniones, propuestas e iniciativas que se conviertan en un insumo fundamental para discutir el primer punto de la agenda acordada. El profesor Alejo Vargas, vicedecano de Investigación y Extensión de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la UN en Bogotá y coordinador del Centro, manifiesta que la Institución garantizará la participación de todos los sectores sociales que acudan al encuentro: comunidades, sindicatos, partidos políticos, instituciones religiosas, universidades y empresarios, entre otros. “El foro tiene que ser sinónimo no solo de participación, sino también de pluralidad, diversidad y representatividad, toda vez que esa es su esencia”, asegura. Las dos instituciones sumarán su experiencia académica y técnica en los ámbitos internacional, nacional y regional, para recoger

el sentir de la sociedad civil y sus propuestas.

Centro de pensamiento Tras conocerse públicamente el acuerdo firmado entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc, el pasado 4 de septiembre, la Universidad convocó a sus más destacados académicos y expertos en temas de paz, negociación, conflicto y agro, entre otros, con el ánimo de poner en marcha un centro de pensamiento dedicado a este proceso. Según el profesor Vargas, la propuesta fue muy oportuna, porque la Institución, dada su legitimidad social e independencia, puede y debe desempeñar un papel cardinal en el desarrollo de esta causa nacional. “Como la primera universidad del país, no podíamos estar al margen de este esfuerzo, que trata de resolver un problema endémico y de largo plazo, como lo es el conflicto armado, que tanto dolor y heridas ha causado en el tejido de la sociedad colombiana. La propuesta es más bien un deber de todos los académicos y miembros de la UN”, argumenta. El Centro de Pensamiento y Seguimiento para la Paz contribuirá mediante dos grandes ejes.

El primero es elaborar documentos de política (o policy papers) sobre los temas de la agenda de los diálogos. “De manera rápida y apelando al conocimiento acumulado, los académicos podemos producir propuestas sobre cada punto. Ideas concretas y precisas de solución para entregarles a las dos partes con el fin de encontrar acuerdos y consensos”, precisa el profesor Vargas. Aclara que la Mesa no es un poder constituyente ni sustituto del Congreso de la República. Es un escenario de diálogo político entre las partes, por lo cual solo se pueden alcanzar acuerdos políticos. “En La Habana no se logrará la restitución de tierras ni se diseñará la ley de ningún tema, pues la Mesa no cuenta con capacidad decisoria. La ejecución de esos pactos –que se tratará en la tercera fase, la de su implementación– debe cumplirse en escenarios institucionales como el Congreso o mediante mecanismos legales como una constituyente o un referendo”, explica.

Equipo de trabajo Para emprender esta labor se han conformado seis equipos de

trabajo, coordinados por docentes e investigadores de la UN. Los primeros cinco corresponden a los temas de la agenda: desarrollo agrario integral, a cargo de Jairo Estrada; participación política, de Fabio López de la Roche; cultivos ilícitos, de Catalina Toro; terminación del conflicto y dejación de armas, de María Clemencia Castro; y víctimas, de Claudia Mosquera. El sexto grupo aborda el posconflicto y es coordinado por el profesor Carlos Medina. Esta es una iniciativa propia del Centro, por cuanto es un tema fundamental para el futuro del país. La idea es que cada uno de los equipos invite a más expertos, a aquellos que quieran y consideren que pueden aportar. El segundo eje comprende los foros de debate en la UN. El primero, con la ONU, tendrá lugar en el Auditorio León de Greiff, entre el 17 y el 19 de diciembre. Los encuentros son fundamentales en la medida en que reivindican el papel de la universidad: estimular el análisis, el debate y la controversia. En ese sentido, también se propone instaurar una cátedra institucional para el año 2013, cuya primera versión estará dedicada a estos temas. “No pretende ser un ejercicio endogámico. Por eso, la invitación se extiende a otros académicos, a otras universidades locales e internacionales y a diferentes sectores de la sociedad. De manera que la UN sea un espacio de debate abierto y respetuoso, en el cual las voces puedan oírse sin censura. Con unas reglas de juego claras, podemos participar en el debate”, resalta. La invitación está abierta para que todos los actores sociales se sumen al propósito del Centro de Pensamiento de la UN: una sociedad en la cual reine el sano debate y se respeten las diferencias.

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Fernando García Ardila,

El Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la Universidad Nacional de Colombia, con el apoyo de la ONU, llevará a cabo el foro Política de Desarrollo Agrario Integral (Enfoque Territorial). En este participarán unos 1.200 representantes de la sociedad. De esta manera, Gobierno y Farc reconocen en la Institución un espacio legítimo de desarrollo de ideas que aportarán a la resolución del conflicto.

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Sobre la premisa de aportar pero sin interferir, de cooperar y no competir, la UN acompañará el proceso de paz produciendo y entregando conocimiento.


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Internacional

Los desafíos de Obama Diana Marcela Rojas,

Codirectora del Centro de Estudios Estadounidenses (CEE) Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri) Universidad Nacional de Colombia

El reelegido presidente de EE. UU. tendrá que enfrentar retos cruciales tanto a nivel nacional como internacional: la salida a la crisis económica, las reformas sociales, la guerra en Asia central y la inestabilidad en Oriente Medio. Para hacerlo, requerirá de mayor capacidad de decisión política y de más cooperación bipartidista.

Después de ganar por un margen más amplio de lo que vaticinaban las encuestas (332 votos contra 206 en el colegio electoral; y 62 millones contra 59 en el voto popular), Obama se enfrenta ahora a un panorama más difícil que el de hace cuatro años. El lema de su primera campaña “Yes, we can” (“sí, podemos”) se ha transformado en el “Maybe, we will try” (“tal vez, lo intentaremos”). ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentará el presidente Barack Obama durante su segundo mandato?

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Es bien sabido que la escena política de los últimos años se ha caracterizado por una fuerte polarización entre los dos partidos. La radicalización de las visiones y posiciones hizo que, durante su primer mandato, Obama se enfrentara a una oposición sistemática de los republicanos en el Congreso a varias de sus iniciativas. Luego de las recientes elecciones, el panorama de un Congreso dividido se mantiene, con el Senado controlado por los demócratas y la Cámara de Representantes en manos de una mayoría republicana. ¿Cómo logrará la Casa Blanca conciliar posiciones y evitar el obstruccionismo sistemático del partido opositor? En su discurso de la victoria, Obama hizo un llamado a la concordia y mostró su disposición para buscar un consenso bipartidista que permita encontrarle salida a los problemas que enfrenta el país. Por su parte, el líder de los republicanos en la cámara baja, John Boehner, declaró que era hora de sacar las lecciones de la reciente derrota republicana y de cooperar con los demócratas en las reformas más urgentes. Sin embargo, más allá de las declaraciones, lo cierto es que el Partido Republicano libra una batalla interna entre los sectores más moderados y los más conservadores (incitados por el movimiento radical del Tea Party). De la recomposición y la capacidad de recentrar el partido dependerá, en buena medida, que las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo superen la parálisis política que ha prevalecido hasta ahora.

El abismo fiscal El asunto más urgente para Obama lo constituye el llamado “precipicio fiscal” (fiscal cliff ). Antes del 1.º de enero de 2013, el Congreso deberá ponerse de acuerdo para aumentar el techo de la deuda. De lo contrario, entrarán en vigor una serie de medidas diri-

Foto: Cortesía Carlos Felipe González

Polarización política

Uno de los retos del presidente Obama, durante su nueva administración, es sacar adelante la reforma migratoria, pues la mayoría de los votos se los debe a los latinos.

gidas a reducir el déficit fiscal, tales como drásticos recortes del gasto público y aumentos de impuestos. Estas medidas pueden retrasar la recuperación de la economía estadounidense. Igualmente, el gobierno de Obama deberá tomar medidas de choque frente al déficit fiscal, para evitar que la nota de calificación triple A del país sea rebajada por las calificadoras de riesgo. No obstante, las posiciones están divididas. El Gobierno y los demócratas quieren que se aumenten los impuestos, pero solo para los más ricos, y que los recortes fiscales sean selectivos. Los republicanos prefieren una reducción generalizada de los impuestos y, a cambio, ofrecen una reforma completa del código impositivo. Además, le exigen al presidente una reducción paralela de los gastos fiscales obligatorios (Medicaire y pensiones). Pero lo cierto es que ninguno de los dos bandos está seguro de que tales medidas en efecto logren resolver la crisis económica del país.

Promesas pendientes En las elecciones del 2008, Obama prometió una reforma migratoria integral, lo que se tradujo en un respaldo mayoritario de los latinos. En su primer año, presentó

un proyecto de ley que no prosperó, pese a que contaba con la mayoría en ambas cámaras. Y no solo no se avanzó en la reforma, sino que, durante su primer mandato, las medidas en contra de los inmigrantes ilegales se endurecieron (con un promedio anual de 400 mil deportaciones). El Gobierno le dio su respaldo al Dream Act, una salida intermedia entre una abierta amnistía y la deportación masiva. Esta iniciativa le otorga una residencia permanente condicionada a los jóvenes escolarizados que hayan llegado como menores de edad al país. Pero el proyecto sigue estancado en el Congreso. Dado que, nuevamente, parte de su triunfo se lo debe al voto de los latinos y otras minorías, Obama está obligado a sacar adelante la reforma migratoria en su segundo mandato. Los vientos parecen ahora más favorables, dadas las declaraciones de los republicanos de mostrarse dispuestos a avanzar en el tema. De otra parte, la reforma del sistema de salud, el llamado “Obamacare”, fue una de las pocas promesas cumplidas en el primer gobierno de Obama. Pese a esto, sigue pendiente el desafío de su implementación, puesto que la ley se enfrenta al descontento de los republicanos, que quieren, desde ya, reformarla.

Escenario internacional incierto En el ámbito de la política exterior, los desafíos son múltiples: la salida de la crisis en Siria y la recomposición geopolítica de Oriente Medio; la prolongación de las situaciones de inestabilidad en Afganistán y Pakistán –así como el retiro de las tropas en los próximos dos años–; el estancamiento de las negociaciones del conflicto palestino-israelí; la amenaza de proliferación nuclear en Irán; el ascenso de China como segunda potencia mundial... Tanto en lo referente a la salida de la crisis económica como en lo que concierne a los asuntos de seguridad, el reto principal para Obama en los próximos cuatro años consiste en lograr un reajuste gradual del papel de liderazgo de los Estados Unidos en el orden global emergente. Obama se halla ante un escenario complejo, tanto a nivel nacional como internacional. Para hacerle frente va a requerir no solo de una mayor capacidad de persuasión y negociación política, de más cooperación y recursos, sino, incluso, de buena suerte; pues, en un mundo crecientemente interdependiente, el destino de Estados Unidos ya no depende solo de sus dirigentes.


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Especial San Andrés La sentencia de la CIJ es cuestionable no por patriotismo ni porque sea de difícil ejecución a la luz de la Constitución política, sino porque se aparta del método tradicional que el derecho del mar establece para trazar las delimitaciones marítimas.

Foto: Víctor Manuel Holguín/Unimedios

El fallo en el Caso de Nicaragua contra Colombia: acatamiento crítico

Delimitación La zona económica exclusiva es el espacio marítimo que se extiende 200 millas náuticas (370

kilómetros) a partir de la línea costera. En esta a los Estados costeros les son reconocidos, básicamente, derechos especiales para explotar y usar los recursos naturales (vivos y no vivos), incluida la producción de energía a partir del agua y el viento. Los demás países, acatando las normas y leyes del Estado costero, tienen libertad de navegación y sobrevuelo y pueden instalar oleoductos y cables en esa área. La demarcación de fronteras marítimas entre dos o más Estados en las zonas reconocidas por el derecho del mar (mar territorial, zona contigua, plataforma continental y zona económica exclusiva) es un proceso complejo, para el cual se reconocen dos grandes métodos. El primero consiste en la línea equidistante, o línea media equidistante, trazada con respecto a los puntos más cercanos a las costas. El segundo atiende a principios de equidad y busca remediar las inequidades que pudieran surgir del trazado de la línea equidistante. Siguiendo el derecho consuetudinario y la Convención sobre el Derecho del Mar (CDM), cuando es aplicable, la CIJ, por lo general, utiliza ambos métodos. Una de las mayores preocupaciones del derecho del mar ha con-

sistido en evitar que en el proceso de delimitación marítima intervengan, por vía de la sutil y etérea equidad, elementos subjetivos por parte de quienes tienen la responsabilidad de trazarla. Es pertinente mencionar que, en relación con los elementos subjetivos, en otra instancia judicial internacional, pero también en un caso de demarcación marítima (caso de Bangladesh contra Myanmar, tramitado ante el Tribunal Internacional de Derecho del Mar), los jueces Dolliver Nelson, Chandrasekhara Rao y Jean-Pierre Cot, en marzo de 2012, alertaron sobre las graves consecuencias de introducir elementos distintos a la regla de equidistancia y circunstancias relevantes; pues equivale a reintroducir elementos subjetivos, con los menoscabos evidentes de la debida seguridad jurídica para los Estados.

La decisión En su sentencia del 19 de noviembre, la CIJ decidió que los cayos pertenecientes a las islas mayores del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina estaban bajo soberanía colombiana. El observador desprevenido podrá preguntarse si ameritaba,

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El fallo con que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) puso fin a la controversia territorial y marítima propuesta por Nicaragua contra Colombia dejará registrado el 19 de noviembre de 2012 como un día aciago para la historia nacional y de los sanandresanos. Ese día quedó roto el embrujo que, durante un siglo, ejerció el meridiano 82 en el imaginario colectivo de los colombianos y que nos había convencido de que la CIJ no se saldría del referente establecido por ese semicírculo del geoide terrestre, con ligeras variaciones de unas pocas millas al oeste, otras al este; un quiebre al sur, una curva al norte y caso concluido. Nada de eso podría resultar. A partir del momento en que el país compareció ante la Corte, el meridiano perdió sentido jurídico y quedó así en lo que es, línea imaginaria, y la ecuación marítima giró a favor de Nicaragua. Desde la otra perspectiva, el fallo terminó con el “encierro” en que, según Daniel Ortega, Colombia habría sumido a Nicaragua; argumento simplista que pretende soslayar la cesión de soberanía de

la Costa Mosquitia por parte de nuestro país a favor del país centroamericano mediante el Tratado Esguerra-Bárcenas. La sentencia hizo evidente que Colombia no estaba preparada para reaccionar a los escenarios eventuales de la CIJ, que debieron ser previstos por los responsables a cargo y cuya confusión se hizo patente en las reacciones manifestadas en el marco del defendible derecho fundamental a la libertad de expresión: muchas puramente emocionales y no exentas de tintes patrióticos; muy pocas realmente informadas sobre las complejidades de la decisión y los entreveros de una nueva delimitación. Una primera lectura del fallo permite, en este breve espacio, presentar sus fundamentos e implicaciones más esenciales. Se trata de señalar también algunas inconsistencias de la estrategia de Colombia en ese caso y de sugerir, sin entrar en detalles, alguna salida conforme al derecho internacional y a los intereses nacionales y de los sanandresanos.

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Antonio José Rengifo Lozano,

Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales Universidad Nacional de Colombia


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para el país, comparecer en un proceso de once años, por el cual incurrió en altos costos financieros y políticos, para que la Corte dijera que son de Colombia las islas y los cayos sobre los cuales nuestro país ha ejercido soberanía durante toda su historia (tal como corroboró dicho tribunal). En la segunda parte de la decisión, la CIJ trazó la delimitación marítima presentada en el mapa (véase gráfico). Reconoció a Nicaragua un área marina, alrededor de los territorios insulares de Colombia, estimada en más de 80.000 kilómetros cuadrados (un área equivalente a cuatro veces el departamento del Valle del Cauca), que pasan a constituir una zona económica exclusiva de Nicaragua. Las áreas marítimas reconocidas a ese país contienen recurso abundante en pesca y otras especies marinas, presentan prospección para la explotación de petróleo y gas y abrigan una zona declarada internacionalmente como Reserva de Biósfera. Muy probablemente existen también naufragios históricos, complejo asunto respecto del cual siguen vigentes las tensiones que han venido produciéndose en los últimos años en el escenario internacional. Lo que nadie pudo prever fue el excesivo rigor aplicado por la Corte y el alcance de su decisión respecto de terceros Estados. Faltaría más para que un Estado no pudiese reaccionar al cercenamiento de una parte considerable de su espacio marítimo y que una decisión excesiva y altamente cuestionable no pudiera ser cuestionada. Hacerlo es una obligación. Baste solo mencionar, como dato indicador, que la decisión presenta una opinión disidente del juez Hisashi Owada (Japón), dos opiniones separadas (jueces de Francia y Estados Unidos) y cuatro declaraciones de un número igual de jueces. El fallo es cuestionable no por algún sentimiento patriótico, sino porque introduce elementos subjetivos que van más allá del método que el derecho internacional del mar dicta a la CIJ para establecer una delimitación marítima. De esa manera, la Corte le da un giro a la evolución jurisprudencial en esta materia. En Colombia parece estar abriéndose paso una argumentación según la cual el fallo sería de difícil ejecución a la luz de la Constitución política. Ese argumento es difícilmente sustentable, por dos razones. En primer lugar, por cuanto algunas corrientes del constitucionalismo moderno reconocen la supremacía del derecho internacional, admitida por la comunidad de Estados que aceptan libremente la superioridad y complementariedad de instancias judiciales como la CIJ, la Corte Penal Internacional y las Cortes de derechos humanos. Esta última dinámica es irreversible y es preciso mantenerla a efectos de la protección eficaz de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario (DIH). En segundo lugar, la misma Constitución colombiana reconoce una supremacía relativa y moderada del derecho internacional (artículos 9 y 101) que la Corte Constitucional ha desarrollado acogiendo las doctrinas que tienden a conciliar el derecho internacional con el derecho interno y que, incluso, podría permitir aca-

Meridiano 82 Cayo Serranilla

Cayo Bajo Nuevo

Área en disputa

MAR COMPARTIDO CON JAMAICA

Quitasueño Serrana Roncador Providencia NICARAGUA San Andrés

ÁREA MARÍTIMA DE COLOMBIA

ÁREA MARÍTIMA DE NICARAGUA

COSTA RICA

MAR DE COSTA RICA

ÁREA MARÍTIMA DE PANAMÁ

COLOMBIA

Delimitación marítima trazada por la CIJ, presenta el área en disputa entre Colombia y Nicaragua.

tar la decisión de la CIJ sin necesidad de celebrar un tratado con Nicaragua. El fallo es cuestionable frente al derecho internacional y es en el escenario internacional donde cobrarían eficacia las objeciones de Colombia.

¿Pacto o no pacto? El Tratado Americano de Soluciones Pacíficas, llamado Pacto de Bogotá, fue adoptado con los escombros aún humeantes de abril de 1948. Ha sido objeto de fuertes críticas, principalmente por su estructura desueta, por sus dispositivos oscuros –algunos de difícil ejecución— y por la poca acogida entre los países de la región. El retiro de Colombia de ese pacto, “muy poco muy tarde”, amerita tres comentarios muy breves en este espacio. Primero, Colombia pudo haber sustentado su retiro con base en las críticas legitimas al Pacto, incluso liderando su reforma, de suerte que el retiro habría tenido más contundencia y no habría aparecido como una reacción de inseguridad o como la consecuencia inevitable de una derrota que pudo ser evitada. Segundo, aunque tardío, el retiro confirma que este es un mecanismo legítimo que tienen los Estados para evitar comparecer ante la Corte y que pudo haber sido utilizado por Colombia eficazmente y con sólidos argumentos geográficos y jurídicos hace diez, quince o, incluso, veinte años. Ahora es muy poco el tiempo por cuanto no blinda a Colombia de forma abso-

luta respecto de compromisos y controversias nuevas que podrían venir en el futuro. Tercero, es de suponer que Colombia contempló, recientemente, mecanismos que pudieron haber mantenido su vinculación al Pacto de Bogotá, permitiendo el retiro o exclusión de aplicación de todos los procedimientos de que tratan los artículos 33 y 34 (para los casos de cosa juzgada y solución de controversias por vía de tratados), como de forma previsiva lo expresó Perú en su reserva al firmar dicho pacto. El acatamiento de los fallos de la CIJ es obligatorio. Pero acatamiento aquí no debe ser sinónimo de docilidad. Los mecanismos de revisión y de interpretación, con las limitaciones que impone su Estatuto, no dejan mayores espacios para que se pueda prever un cambio en su posición. Lo que debería quedar bien claro es que las objeciones y las resistencias de Colombia a la decisión son legítimas y pueden ser bien sustentadas y presentadas en el escenario internacional ante las instancias que corresponde. No es aceptable que un Estado se quede impasible frente a un despojo de espacio marítimo de esas proporciones. O desproporciones. Colombia debe salir más hacia el escenario internacional. Hay que explicar, persuadir, convencer a los países vecinos, a los países afectados indirectamente por la decisión, a las academias colombianas y extranjeras. Hay que ganar aliados. El fallo de la Corte provocará inseguridad e inquietud en otros países con conflictos de fronteras. Las re-

acciones no van a tardar. Colombia no está sola. Ahora es imperativo sustentar bien las inconsistencias y excesos jurídicos. Colombia, país concentrado en los Andes, ha tenido por horizonte infinito sus montañas, no al espacio liso, abierto y ondulante del océano. Colombia, se ha dicho ya, no ha desarrollado una conciencia marítima. Es un país con amplias salidas a espacios marítimos que solo hasta hace poco pasaron a figurar en los documentos de su política exterior. Ahora aprenderá, a sus expensas, a atender, con mucha precaución, a su mar y a sus océanos, como también a las controversias y litigios que se desprendan del ejercicio de soberanía sobre esos espacios. En conclusión, lo que permitirá a Colombia implementar el fallo de la CIJ en condiciones más propicias es la sustentación crítica de los excesos de la Corte, desde el derecho internacional y frente a la comunidad de Estados, con alianzas eficaces; y no según las dificultades que presenta nuestra Constitución política, argumentación fácilmente rebatible y de poco sustento frente al derecho internacional. La implementación de esa sentencia tomará años y en ese proceso deberán tener parte los sanandresanos. Mientras tanto, el artista sigue hilvanando el lamento de sus coplas: “este suelo tiene un nombre, desde el mar hasta la sierra; ¡ay, país, país, país!”. ¿Cómo estarán rimando sus coplas los sanandresanos?

En las áreas marítimas reconocidas a Nicaragua muy probablemente existen también naufragios históricos.

Foto: alfonsobuenaventura.files.wordpress.com

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Especial SAN ANDRÉS


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Especial SAN ANDRÉS Una decidida política para ofrecer a las siguientes generaciones de isleños una educación que los saque de los últimos niveles de educación del país y les ofrezca la opción de formarse en todas las áreas del conocimiento sería la mayor apuesta para salvar al Archipiélago de la indiferencia y el abandono en que ha permanecido. Las acciones que propone la UN, lideradas por la Rectoría, y las que ha adelantado en San Andrés podrían ilustrar a los Gobiernos sobre cómo rescatar e integrar a la población.

Educación para salvar a San Andrés Ignacio Mantilla Prada,

además de buscar soluciones al problema económico, se incluya una decidida política para ofrecer a las siguientes generaciones de isleños una educación que los saque de los últimos niveles de formación del país y les ofrezca la opción de formarse en todas las áreas del conocimiento, para ser competitivos en un mundo globalizado. Las condiciones de abandono en que ha permanecido el departamento deben ser corregidas, pues San Andrés, Providencia y Santa Catalina podrían estar en riesgo de perderse, no solo por demandas de Gobiernos vecinos, sino por la decisión de sus propios habitantes de no querer seguir siendo parte de un país que no los integra.

UN, presencia real en San Andrés La Universidad Nacional de Colombia, en un intento por integrar regiones de frontera al sistema de educación superior del país, creó desde hace quince años sedes en Arauca, Leticia, San Andrés y Tumaco. En el caso de San Andrés,

la sede demuestra una presencia real, que ha sido fortalecida por todas las direcciones de la Universidad desde su creación. Actualmente, se desarrollan allí programas de posgrado: Maestría y Doctorado en Biología Marina, Maestrías en Estudios del Caribe, en Administración de Empresas y en Medioambiente y Desarrollo. Aun cuando el número de nuevos bachilleres anuales de la isla no sobrepasa los 700 y solo el 10% opta por adelantar estudios universitarios, la Universidad les ofrece a estos jóvenes la posibilidad de elegir entre 64 carreras distintas. Se trata de un programa especial de admisión que les permite cursar los primeros semestres en San Andrés y, posteriormente, continuar los estudios en las sedes andinas de Bogotá, Medellín, Manizales o Palmira. Este audaz y exitoso programa es la mejor opción de educación superior en el Archipiélago y se complementa con verdaderos programas de bienestar universitario, para que los jóvenes puedan sostenerse hasta culminar sus estudios. La meta actual es llegar a cubrir, al

menos, al 30% de los bachilleres. Me sorprende saber, por ejemplo, que solo cinco jóvenes de Providencia solicitaron admisión. Adicionalmente, la Institución construyó en San Andrés el Jardín Botánico, que actualmente administra. Este espacio posee la más significativa muestra de especies nativas y sirve de centro de investigación en biología y áreas afines, así como, por supuesto, de atractivo turístico. La nueva directora de la sede Caribe, la profesora Johannie James, de origen raizal, se formó en la sede Bogotá gracias a otro importante programa de la Universidad que admite a los mejores bachilleres de municipios pobres. Su formación doctoral posterior en el exterior y su vinculación como profesora y ahora directiva es garantía de inclusión y equidad para el desarrollo. El ejemplo de la Universidad Nacional de Colombia, como acción compensatoria del Estado para San Andrés, debe ilustrar a los Gobiernos sobre cómo rescatar e integrar a la población del Archipiélago.

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La UN ofrece 64 carreras dentro de un programa especial de admisión que les permite a los jóvenes cursar los primeros semestres en San Andrés y, posteriormente, continuar sus estudios en las sedes andinas de Bogotá, Medellín, Manizales o Palmira.

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Los expertos afirman que Colombia ha perdido el derecho sobre 80.000 kilómetros cuadrados de territorio marítimo (el 54% del área marítima protegida), lo cual podría generar una inestabilidad económica mayor a los pobladores de territorios colombianos de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Aun cuando la Corte Internacional de Justicia de La Haya reafirmó la pertenencia a Colombia de los cayos e islotes en disputa, debo confesar que la primera sensación que suscitó esta noticia es la de un golpe al orgullo nacional. Sin embargo, el desafortunado fallo ha traído un brochazo de cultura geográfica a la mayoría de los colombianos y nos ha permitido conocer el nombre de cayos que estuvieron en disputa, tales como Albuquerque y Bajo Nuevo. Creo que en el interior del país sabemos muy poco de esta región de playas paradisíacas: que los raizales tienen una cultura religiosa, que uno de sus platos típicos es el rondón y que su lengua es el creole. También es conocido que los isleños han perdido lentamente la posibilidad de vivir del turismo, toda vez que las grandes empresas ofrecen al turista planes “todo incluido” que lo poco que dejan en la isla es un volumen nada despreciable de basura y desperdicios. La sensación de estar perdiendo a San Andrés nos invita a preguntarnos si ha hecho parte integral del país y ha participado en sus decisiones. Creo que el Archipiélago deberá ser salvado de la pobreza ofreciendo oportunidades diversas y reales a sus habitantes, especialmente a los jóvenes. Estoy plenamente convencido: la mayor apuesta que se puede hacer para salvar a San Andrés de la indiferencia y del abandono del Estado y del resto de los colombianos es la educación. Quisiera estar seguro de que en el plan especial mencionado por el presidente Santos,

Foto: Víctor Manuel Holguín/Unimedios

Rector Universidad Nacional de Colombia


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Especial SAN ANDRÉS

Administración conjunta del mar contrarrestaría efectos del fallo

Estructurar una política de vecindad que acerque a los países, abogue por la integración y la cooperación y, sobre todo, revitalice el papel de los habitantes de las islas es una de las tres apuestas centrales que liderará, de forma duradera, la Universidad Nacional de Colombia. La relación del país con sus vecinos de la comunidad andina es un buen punto de partida para mitigar el impacto de la decisión de La Haya. Johannie L. James Cruz,

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Directora de la sede Caribe Universidad Nacional de Colombia

Ha sido tradicional que, ante las discusiones con Nicaragua sobre la soberanía de Colombia en el mar Caribe, la reacción sea la misma: reforzamiento del contingente militar; visita de altos funcionarios del Estado para ratificar la soberanía sobre las islas; y una gran inversión de recursos para resolver los problemas sociales y económicos, que se hacen públicos gracias a la atención de los medios durante la coyuntura. En algunos aspectos, esta situación ha sido ventajosa para la comunidad local. Pero no por eso deja de ser circunstancial y no responde a una estrategia de largo plazo del país respecto a sus fronteras marítimas y su administración. En 1969, cuando Nicaragua otorgó concesiones para adelantar la exploración petrolera en áreas que comprenden territorio marítimo colombiano, el Archipiélago fue designado intendencia espe-

cial, para que gozara de mayor autonomía financiera y administrativa que el resto de intendencias. En los años ochenta, en medio del conflicto centroamericano que amenazaba con extender sus consecuencias a las islas, se ejecutaron importantes obras de infraestructura de servicios públicos y se estableció un marco legislativo que intentaba subsanar las nefastas consecuencias del puerto libre. Es así como se instalaron plantas eléctricas y se construyó una planta de reciclaje de basuras y otra desalinizadora de agua. Asimismo, se promulgaron decretos para controlar la masiva inmigración (Decreto 471 de 1986); proteger el patrimonio cultural de la población isleña (Decreto 473 de 1986) y dar un fuerte impulso al turismo (Decreto 470 de 1986). Históricamente, las diferencias con Nicaragua han ofrecido un contexto favorable para resolver nuestros disensos fronterizos con nuestros vecinos de Centroamérica y el Caribe. La suscripción del tratado Vasquez-Saccio con Estados Unidos

en 1972, que reconoce la soberanía colombiana sobre los cayos Roncador y Quitasueño, estuvo motivada por las pretensiones de nicaragüenses sobre estos.

Más allá de los tratados Como estrategia de defensa, el Gobierno colombiano decidió consolidar sus fronteras marítimas en el Caribe, con el argumento de que el reconocimiento de la soberanía colombiana sobre las islas, por parte de sus vecinos caribeños, restaba contundencia a las pretensiones de Nicaragua. Por eso, suscribió el tratado Lievano-Boyd con Panamá (en 1976); el tratado Fernández-Facio con Costa Rica (en 1977); y los tratados Lievano-Brutus y Lievano-Jimenez con Haití y República Dominicana, respectivamente (en 1978). Pero no ha desarrollado una política de vecindades en la frontera marítima que trascienda el interés político e involucre la intervención académica, económica y social entre países hermanos, con

miras a establecer una zona de integración fronteriza. También ha sido una constante que, al suscribir estos tratados, no se considera la opinión de la comunidad de las islas, e incluso se ha hecho a costa de ceder parte del territorio nacional. La promulgación de la Ley 34 de 1986, que permitía a buques jamaiquinos pescar en aguas territoriales colombianas, y el tratado Ramírez-López, suscrito con Honduras ese mismo año y que cedió a este país cerca de 35 mil kilómetros cuadrados de territorio marino, se efectuó haciendo caso omiso de la oposición de la comunidad local. Además, poco se ha hecho en términos de reparar la ruptura de lazos afectivos, familiares y comerciales entre pueblos hermanos que se debaten en la confrontación entre Estados. En 1928 se dio la primera gran fragmentación del territorio, en la cual el meridiano 82 marcaba el límite en un archipiélago que hasta ese entonces funcionaba como una integralidad. Esta segmentación agudizó la crisis del coco, cu-


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Especial SAN ANDRÉS

En términos de programas académicos, la UN, en cuanto única institución de educación superior presente en el Archipiélago desde 1995, ofrece a los residentes del departamento 50 cupos en 47 carreras de las áreas de Ciencias Naturales, Ciencias Agropecuarias, Ciencias de la Salud, Ciencias Económicas e Ingenierías, en el marco del Programa Especial de Admisión y Movilidad (Peama). En posgrado ofrece la Maestría en Estudios del Caribe; la Maestría y Doctorado en Ciencias (línea de Biología Marina) y la Maestría en Administración, que actualmente implementa la sede Manizales en la sede Caribe. Tercero, dar un apoyo claro a la Política Nacional de Océanos y Espacios Costeros para consolidar la posición del país frente al mar. En la búsqueda de este propósito, la sede celebrará el simposio “Las ciencias del mar en la Universidad Nacional de Colombia: una mirada desde el Pacífico y el Caribe colombianos, encuentro de tres fronteras”. Este evento tendrá lugar en la sede Tumaco, entre el 4 y 5 de diciembre de 2012, y en él se discutirá el plan de acción de la Institución sobre investigación en el mar. Por último, pero no menos importante, se busca retomar los conceptos de vecindad e integración fronteriza en cuanto dimensiones

en las que Colombia ya ha adquirido una larga experiencia gracias a la relación con sus vecinos de la comunidad andina, con los cuales comparte fronteras terrestres. Las comisiones de vecindad y las zonas de integración fronteriza (ZIF) son experiencias que podrían implementarse y fortalecerse con nuestros vecinos del Gran Caribe, para abordar temas económicos, políticos y sociales que afectan directamente a los habitantes de nuestras fronteras.

Construir vecindad El proyecto supone pensar en varios aspectos: en el significado de la vecindad en el mar, en particular en uno semicerrado como el Caribe; en las implicaciones que tiene delimitar el mar para los nativos isleños, que viven y dependen de su interacción constante con él; y en cómo un hecho fortuito (como el fallo de la CIJ) puede proporcionar el contexto propicio para emprender estas iniciativas. A este respecto, se han establecido lazos con la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense (URACCAN) y con la Red de Universidades Interculturales de Centroamérica y Latinoamérica, con el objeto de desarrollar actividades conjuntas en el marco de la educación intercultural.

Para esto, se han hecho intercambios docentes, como el de la profesora Altha Hooker, directora de la URACCAN, y Guillermo McLean, profesor del Instituto de Promoción e Investigación Lingüística y Revitalización Cultural, también de esta institución. Este último participa en la construcción de la política lingüística para el Archipiélago. A su vez, la profesora Raquel Sanmiguel, docente de la UN en el Caribe, participará en el II Simposio Internacional sobre Interculturalidad y Educación Superior, que se llevará a cabo en Managua (Nicaragua), entre el 4 y 5 de diciembre de 2012. Allí, se espera concretar proyectos de cooperación académica. La UN hace un llamado a los sectores sociales y universitarios de los países caribeños con los cuales compartimos mar y fronteras para que nos apropiemos de nuestra historia fronteriza, de nuestros recursos y de la resolución pacífica de nuestros conflictos. Debe predominar un paradigma integracionista y de cooperación de Colombia con el Gran Caribe, pues es el mecanismo más adecuado para enfrentar los efectos adversos derivados de las decisiones tomadas por actores ajenos a las realidades de estos territorios, de sus poblaciones y de la vida en el mar.

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Todo esto hace obvio que Colombia carece de una política de vecindades en el Caribe: una de integración y cooperación mutua entre países que comparten fronteras marítimas que vaya más allá de la suscripción de tratados y que abogue por la administración conjunta del mar; una que revierta el desarrollo económico desigual que se presenta en el Archipiélago mediante inversiones económicas contundentes. Por esta razón, la Universidad Nacional de Colombia en el Caribe, comprometida con el desarrollo sostenible de la región, lidera la formulación de un gran proyecto que apunta a atender tres frentes de acción fundamentales en el contexto actual. Primero, crear un observatorio que haga seguimiento de las repercusiones socioeconómicas y ambientales del fallo, con el propósito de diseñar políticas que permitan mitigar los efectos negativos sobre los más afectados e identificar acciones oportunas para proteger la Reserva de Biósfera Seaflower. Segundo, proponer y fortalecer proyectos productivos que permitan plantear alternativas de generación de ingresos para la comunidad. En el marco de este objetivo, la sede trabaja con la Secretaría de Agricultura y Pesca Departamental en la elaboración participativa del Plan de Ordenamiento Pesquero y en la ejecución de un proyecto de seguridad alimentaria. Asimismo, desde el año 2005, la sede promueve el turismo académico, a través del programa de inmersión en inglés. Esta iniciativa, que tiene el apoyo del Ministerio de Educación Nacional, impulsa las posadas nativas (como alternativa de hospedaje), aprovecha las ventajas comparativas de las islas en términos de manejo del inglés y comparte con los participantes la riqueza cultural de este territorio insular. Gracias a este programa, más de 500 docentes de distintas regiones del país se han capacitado en San Andrés y se ha entregado a la comunidad local una atractiva alternativa de generación de ingresos. El propósito de la UN en el Caribe es fortalecer este programa y ampliar su cobertura al resto de la región.

Desde 1995, la UN es la única institución de educación superior presente en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

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Propuestas de la academia

Fotos: Archivo Unimedios

yos productores tuvieron que enfrentar la disminución del precio internacional y las consecuencias de tener cultivos en dos países diferentes. El reciente fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, que modificó los límites marítimos entre Colombia y Nicaragua, evidencia una realidad que no ha cambiado en más de ochenta años de disputa: la defensa no involucra a la comunidad; rumores sobre la presencia de hidrocarburos en la zona; una nueva fragmentación del territorio insular; la reacción de Colombia frente a la comunidad isleña, que no ha sido tampoco distinta; reforzamiento del contingente militar y policial; inversión de recursos para aliviar algunos de los problemas sociales que enfrentan las islas; y, luego, desplazamiento de la atención nacional hacia otros asuntos. En esta oportunidad, se formula el Plan San Andrés, al cual se estima que se destinarán 170.000 millones de pesos.


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UN en el Caribe: 15 años solucionando problemas reales

La nueva delimitación de la frontera marítima con Nicaragua deja varias incertidumbres en lo ambiental, económico, social e investigativo. En este contexto, la Universidad Nacional de Colombia asumirá nuevos compromisos que se suman a una larga lista de acciones llevadas a cabo desde 1997, con las cuales ha visibilizado la importancia nacional e internacional del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Carlos Andrey Patiño,

rrana y Roncador, e hicimos una expedición con la Gobernación y la Corporación Coralina para evaluar el estado de la biodiversidad. Encontramos muchísimas especies que nunca antes se habían reportado en San Andrés y ni siquiera en Colombia”, cuenta. Ahora se siente afectada porque “el área que le quedó a Colombia es supremamente restringida, es el cayo y no más, prácticamente no hay aguas aledañas; entonces, toda el área de afuera no podrá ser investigada”. La profesora estima que hay alrededor de 90 nuevos registros de especies, lo que demuestra que la riqueza biológica de la región ha sido poco estudiada. “La investigación está en marcha. Hemos encontrado que la biodiversidad es muy alta. Pero estamos preocupados porque las intenciones de Nicaragua no van en el sentido de la conservación”, manifiesta la docente.

Unimedios

Para los científicos colombianos, ir a los cayos de Quitasueño y Serrana –ahora envueltos en mar nicaragüense– siempre ha sido complicado por la distancia y las condiciones meteorológicas, pero ahora hay una variable más: tener que pasar por aguas internacionales. “Nos han explicado que podemos ir y no pasará nada. Pero no es así. Los pescadores cuentan cómo han sido, de alguna manera, hostigados en aguas colombianas por barcos de otras banderas”, asegura el biólogo José Ernesto Mancera, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Colombia en el Caribe. La nueva delimitación complicará más la posibilidad de seguir haciendo investigación en esa extensa y biodiversa región. Asimismo, podría convertirse en un obstáculo para la conservación sostenible de los recursos de la Reserva de Biósfera Seaflower, una extensa área marítima por la que Colombia luchó para que la Unesco le diera ese estatus, dice Mancera. Para los investigadores, científicos, docentes y estudiantes de la sede, que desde hace quince años han explorado ese territorio en todos los ámbitos, no deja de causar preocupación que su trabajo juicioso, consistente y permanente se vea limitado por la nueva realidad geográfica y política. Y es que, desde cuando la UN llegó al Archipiélago, en 1997 –primero con el Instituto de Estudios del Caribe y dos años después con programas de formación superior–, se comenzó a gestar una visión de este territorio que permitió entenderlo no solo como brisa, playa y sol, sino como una región con capacidad para desarrollar ciencia, tecnología e innovación y potenciar su riqueza cultural.

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Presencia contundente Con el trabajo académico, la UN ha planteado soluciones a problemas tangibles de las comunidades. Un ejemplo es el Programa Nacional de Transferencia de Tecnología Agropecuaria (Pronatta), con el cual se capacitó a las familias porcicultoras (una de las actividades vitales de San Andrés) para que convirtieran el estiércol de los cerdos en abonos orgánicos. Así se atacó un grave problema de contaminación ambiental, que se convirtió en ganancia para otro sector crítico de la isla, la agri-

Petróleo, el mayor temor

Este proceso de investigación en algas marinas es una muestra de cómo la ciencia, la tecnología y la innovación han sido fundamentales para el desarrollo del Archipiélago.

cultura, dado que sus suelos son poco fértiles. Mediante sus seis grupos de investigación, acreditados por Colciencias, la Universidad ha avanzado en este conocimiento, fundamental para el Caribe insular y continental colombiano. Los resultados de las investigaciones han sido ampliamente divulgados durante los procesos de formación y evaluados por pares académicos a través de tesis, artículos científicos y libros, que suman más de quinientos productos.

A ciencia cierta A raíz de esas pesquisas, se han estudiado problemáticas cotidianas sobre las cuales no había suficiente conocimiento. Tal es el caso de la ciguatera, una enfermedad producida por la ingesta de productos marinos que tuvieron contacto con seres unicelulares

tóxicos que se hallan en los arrecifes. “Antes una intoxicación de este tipo pasaba inadvertida por falta de información. Ahora se cuenta con tratamientos para contrarrestar dicha afección, típica de los mares tropicales, gracias a los trabajos de expertos de la UN”, señala el profesor Mancera. En trabajos de exploración biológica se ha caracterizado la vida terrestre y marítima de las islas. El conocimiento sobre tipos de algas, pastos marinos, manglares, árboles nativos, insectos y peces ha quedado en el registro local y nacional. La bióloga Brigitte Gavio lleva cinco años investigando la botánica marina en el Archipiélago, y considera que el más relevante de sus proyectos es el inventario de la diversidad de macroalgas. “El año pasado fuimos a los Cayos del Norte, Quitasueño, Se-

Para pescadores, científicos y buena parte de la opinión pública colombiana, una de las preocupaciones es que, en manos sandinistas, se abran las puertas a la exploración y explotación petrolera. Esto ya se había descartado en Colombia gracias a la intervención de la autoridad ambiental del Archipiélago (la Corporación Coralina), a las recomendaciones de la UN y a las protestas de los isleños. En 2011, una acción popular interpuesta por Coralina hizo suspender las licencias que habían sido otorgadas por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) a la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol) y a las compañías Repsol (de España) y YPF (de Argentina). Los permisos pretendían desarrollar proyectos en el banco Quitasueño (cayo 1, de 944 mil hectáreas) y en Providencia (cayo 5, de cerca de un millón de hectáreas), en donde se estima que existen depósitos submarinos de gas. “Aún no se entiende cómo la ANH otorgó a estas compañías petroleras los derechos de los cayos sin tener en cuenta la opinión de la comunidad insular, indispuesta también por el impacto social y cultural que podría tener la explotación”, declaró en su momento Elizabeth Taylor, entonces directora de la corporación. La fuga de hidrocarburos puede acabar con cientos de años de biósfera, advierte el profesor Man-


Fotos: Archivo Unimedios

Especial SAN ANDRÉS

En un trabajo conjunto con los pescadores, la UN ha elaborado mapas de navegación y pautas de manejo pesquero, entre otros desarrollos.

La captura del caracol pala se verá afectada con el fallo, pues esta especie abunda en el norte del Archipiélago.

El Jardín Botánico del Caribe Con una colección viva de 423 especies vegetales, representativa de la flora caribeña, y un herbario que favorece la divulgación del patrimonio natural de Colombia, el Jardín Botánico de la UN en el Caribe, situado en San Andrés, es uno de los epicentros de la investigación botánica en Colombia. Este espacio es visitado anualmente por más de 10.000 personas, entre nativos, residentes y turistas nacionales e internacionales.

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La bióloga Adriana Santos, directora del Jardín Botánico de la UN, ubicado en San Andrés, dice que con el concurso de otras sedes, especialmente Bogotá, la Institución está fuertemente comprometida con la pesca. “Las investigaciones apuntan a obtener datos ambientales confia-

bles e integrales para entregar pautas de manejo pesquero. La Universidad trabaja con los pescadores artesanales e industriales para aportarles conocimientos”, informa. De igual manera, la UN lidera proyectos interinstitucionales, como el Programa de Ordenamiento Pesquero, para el cual se recopilaron trabajos sobre la pesquería natural (langosta, caracol y peces), sus aspectos socioeconómicos y

sus estadísticas. Las herramientas permitieron formular guías de gestión que fueron presentadas a la Junta Departamental de Pesca. Pero el nuevo panorama fronterizo, resalta la profesora Santos, restringirá el acceso de los pescadores sanandresanos a la langosta espinosa (que genera exportaciones por seis millones de dólares al año) ya que se captura en el extremo noroeste de la isla, en la zona llamada Luna Verde o la Esquina, un punto comercialmente estratégico al que ya no se tendrá acceso. “La situación es crítica, pues la zona de mayor abundancia, particularmente de langosta espinosa, de caracol pala y de peces, es el norte del Archipiélago. Así, se afecta no solo la producción industrial, sino también una parte de la artesanal, ya que los pescadores van al área por el agotamiento en otras zonas”, advierte. Ante esta realidad, se verá reducida la pesca artesanal e industrial de pargos, meros, barracudas y atunes. “La pérdida es de un porcentaje enorme”, indica. “Otro motivo de preocupación es que el área corresponde a la Reserva de Biósfera Seaflower, que incluye la conectividad ecosistémica y de las comunidades culturales. Es absurdo tener esos enclaves en los cayos. ¿Cómo vamos a conservar las poblaciones que no conocen los límites: las larvas, los huevos, el fitoplancton?”, cuestiona. Concluye: “A este ambiente lo hemos venido estudiando, cuidando y defendiendo, incluso, de la explotación petrolera que el Gobierno colombiano quiso hacer. Trabajamos modelos holísticos de manejo de reserva de biósfera, de conservación y aprovechamiento. Pero la fragmentación amenaza con romper estos espacios vitales”.

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Riqueza en lo profundo

Foto: Archivo particular

cera: “Basta ver lo ocurrido en el Golfo de México en el año 2010, cuando 4,4 billones de barriles de crudo fueron expulsados al mar durante 87 días, lo que amenazó la existencia de aproximadamente 400 especies de flora y fauna. Este desastre superó el de Alaska de 1989, cuyo resultado fue la devastación total de la fauna de la región con 11 millones de galones derramados”. La profesora Gavio explica que la contaminación por petróleo tiene diferentes efectos: causa sofocamiento de los pólipos (animales coloniales que forman el arrecife coralino) y reduce la posibilidad de vida de las larvas, la producción de gametos (células sexuales) y la fertilidad de las especies. El deterioro del arrecife puede ser de mediano o largo plazo. La esperanza es que la academia nicaragüense –con la que la UN en el Caribe tiene buenas relaciones– logre incidir en las decisiones políticas de ese país. Lo ideal es que ese tipo de desarrollo económico de extracción no se presente. De lo contrario, la labor científica y de conservación de quince años se iría al suelo y se verían perjudicadas las comunidades a ambos lados de la frontera.

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Fotos: Archivo Unimedios

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Del diferendo al consenso

Francisco Avella

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Sede Caribe Universidad Nacional de Colombia

Hoy, 109 años después de la separación de Panamá, los editoriales y columnas de opinión van desde la protesta abierta contra “el fiasco de la Cancillería colombiana, que entregará una vez más otro pedazo del territorio colombiano a uno de nuestros vecinos” (Hermes Tovar Pinzón, “El país sin su mitad”, El Espectador, 25 de noviembre de 2012), hasta el reconocimiento de que “los resultados en La Haya son mejores de lo previsible; y ahora ese nacionalismo de banderitas está excitado y pide que no obedezcamos la decisión de la Corte, como si fuéramos un país de matones, donde la ley se cumple solo cuando le sirve a uno” (Jorge Orlando Melo, “Nacionalismo depresivo”, jorgeorlandomelo. com, 23 de noviembre de 2012). Entre uno y otro extremo, los comentarios tienen un sabor a épocas pasadas, pues todos se refieren a la defensa de la soberanía a punta de cañones. Solo se exceptúan algunos comentarios de orden técnico que muestran que el fallo fue un error de la Cancillería desde tiempos del excanciller Guillermo Fernández de Soto, que manejó el pleito “como una política de Estado”, según declaraciones de la canciller María Ángela Holguín (El Espectador, 25 de noviembre de 2012, p. 4).

Guardadas las proporciones de modo, tiempo y lugar, las reacciones patrióticas que suscitó el reciente fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya no parecen diferenciarse mucho de las ocurridas cuando Panamá se separó de Colombia el 3 de noviembre de 1903: protestas, llamados a filas de la juventud bogotana, discursos encendidos y un intento de invasión a Panamá que terminó en Titumate (Chocó).

Sin dejar de agregar que “fue la Corte la que no falló en derecho”. Es decir, el que se equivocó fue el Tribunal, no la estrategia de defensa de la misión diplomática colombiana en La Haya, que desde el año 2001 admitió su competencia en el litigio, pero se equivocó de puerta, pues no se dio cuenta de que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) falla en justicia, no en derecho internacional.

Entre la protesta diplomática y el racismo El problema de entender los litigios fronterizos a partir de la soberanía comienza en Colombia desde la Independencia, en el siglo

XIX, como lo explico en el artículo “Bases geohistóricas del Caribe insular colombiano” (Cuadernos del Caribe n.º 12, 2009, pp. 54-71). Allí evidencio cómo la historiografía de estos diferendos ofrece respuestas que varían desde la exagerada confianza en el “utis possidetis iuris” de 1810 hasta el abierto racismo de los dirigentes capitalinos. En el primer caso, porque al enfrentarse a potencias como Reino Unido, que ocuparon la costa de Mosquitia apoyadas en el “utis possidetis factum”, se vio que los reclamos formales y las protestas diplomáticas no tuvieron ninguna utilidad. Lo mismo sucedió cuando Nicaragua ocupó la Mosquitia y desalojó a los ingleses. Pero Co-

lombia nunca manifestó dominio y solo hizo reclamos formales en los términos del derecho internacional a través de la defensa del “utis possidetis iuris”, como único y exclusivo argumento. Mucho menos efectivos fueron los reclamos por vía diplomática en los diferendos con los países limítrofes con Colombia, como Perú. A pesar de haber llegado al uso de las armas, el argumento histórico para justificar las acciones bélicas es que, si no se hubieran usado, se habría perdido más territorio. Aunque no hubo más guerras, lo mismo sucedió con Brasil y Ecuador, en donde la reducción de las fronteras ha sido evidente. Para no hablar de los diferendos marítimos que no se han resuelto con Venezuela (Hermes Tovar Pinzón, “El país sin su mitad, El Espectador, 25 de noviembre de 2012). Más delicado que el exagerado apego a la protesta diplomática de oficio ha sido el menosprecio por los pueblos que habitaban estas tierras, considerados como incivilizados o inferiores. Y, aunque esa era la forma de entender el mundo de los dirigentes ilustrados de la época y, en general, de todo el mundo decimonónico, es evidente que el dilema barbarie/civilización no contribuyó a la unidad nacional, sino a fragmentar aún más el legado colonial neogranadino, como lo señala Alfonso Múnera en su libro Fronteras imaginadas:


Especial SAN ANDRÉS

La pregunta que no se hacen los analistas es por qué, en pleno siglo XXI, no se escuchó al pueblo raizal de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, que era el directamente implicado en este proceso. Y la respuesta bien podría ser porque Bogotá no ha cambiado su visión sobre estos pueblos marginados desde el siglo XIX. Pero no parece ser tampoco la respuesta apropiada, pues los tiempos no son los de cultivar el racismo (como en el siglo XIX), sino, por el contrario, los de reparar los derechos de los pueblos afrodescendientes, maltratados con el estigma de la esclavitud, como lo dispone la Constitución de 1991. La respuesta es política porque los raizales luchan pacíficamente por pertenecer a una nación en la cual nadie muera por pensar de manera diferente. Y rechazan abiertamente el deber de regar con sangre el altar de la patria. Ni siquiera están de acuerdo con que el Hospital Departamental lleve el nombre de “Amor de patria”. Ellos no quieren ser héroes. Por eso, sus hijos no prestan el servicio militar en el continente, pues el conflicto interno no les dice nada; ni siquiera entienden por qué se matan los colombianos entre hermanos en una guerra fría que se descongeló desde 1989 con la caída del Muro de Berlín y que aún continúa en Colombia con sus diferentes nombres: guerra contra el terrorismo y el narcotráfico, etc. Por eso, el patriotismo fratricida, exacerbado ahora con el fallo de la CIJ, no es la forma de defender sus intereses sobre el mar, que siempre fue de los sanandresanos, de la gente de Bluefield, de la de Bocas del Toro y de tantos lugares del Caribe occidental en donde viven aún sus familiares. Para ellos, no puede haber fronteras que impidan su paso, pues el mar ha sido amplio y nunca los había limitado, hasta que aparecieron el Tratado del Mar (Unclos III), las zonas económicas exclusivas y los problemas de delimitaciones, que se tratan en capitales que están muy lejos del Caribe, como Bogotá o Managua. Y el problema se agrava con el narcotráfico y el contrabando, entre otros, que han estado siempre

presentes en la región. Por esta razón, antes que por una soberanía entendida según el registro patriótico característico del siglo XIX, la gente del Archipiélago busca una mayor autonomía, que les permita seguir unidos cultural, económica y fraternalmente a los pueblos creole anglófonos del Caribe occidental, pero sin dejar de pertenecer a la nación (pues ellos no fueron obligados por la fuerza de las armas, sino por consentimiento, a hacer parte de Colombia). El patriotismo que reivindican los nicaragüenses para Managua no es el mismo que reivindica la gente de Bluefields para San Andrés; pues son pueblos hermanos, divididos solo por los intereses de las naciones que los gobiernan, pero unidos por ser el mismo pueblo, la misma etnia. El resto son querellas trasnacionales que obligan a los pueblos hermanos a separarse y odiarse por intereses que no son los suyos. Por esto, el problema del fallo de la CIJ no es el de la soberanía de Nicaragua y Colombia (o de quién es ese territorio marino y esa zona económica exclusiva), sino el de

para qué pueblo son esos recursos que se explotan bajo banderas diferentes. Y la respuesta no puede ser sino para los que habitan esas islas, para los que viven de sus recursos y están obligados a conservarlos para las futuras generaciones. Lo que puede parecer muy romántico para quienes tienen intereses trasnacionales que disfrazan de delirio patriótico, pero muy realista para pueblos hermanos que explotan sostenidamente y en paz sus recursos.

Diplomacia cultural y academia Los únicos que pueden superar el diferendo de soberanía sobre la zona económica exclusiva entre Nicaragua y Colombia son los que viven de sus recursos, los pueblos creole anglófonos, mediante una ampliación franca y eficaz de su autonomía. Por eso, lo que está en mora de constituirse es una diplomacia cultural que esté acompañada de una diplomacia académica que apoye la explotación racional y sostenible de los recursos de una de las

reservas de biósfera de la Unesco más grandes del mundo y mejor conservadas, hasta ahora. No solo para evitar el saqueo de las empresas extractivas, que solo piensan en los beneficios de los accionistas, ni para defender soberanías de otros siglos ya pasados, sino para garantizar la supervivencia de uno de los pueblos del mar más marginados: el pueblo creole anglófono del Caribe occidental. Para hacer posible este apoyo, la Universidad Nacional de Colombia debe ofrecer, en colaboración con la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense (URACCAN) y la Universidad de las Regiones Autónomas de Zelaya Sur y Norte, entre otras instituciones, su concurso para tejer los lazos culturales que las soberanías a ultranza han destruido. Para esto, deben utilizarse los medios disponibles, como avaluar la conservación de los recursos que serían destruidos con la explotación de petróleo, por ejemplo, para volverlos acciones en la bolsa, como hace Costa Rica con sus selvas tropicales.

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Autonomía, más que soberanía

Para los raizales no hay fronteras, pues el mar ha sido amplio y nunca los ha limitado.

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la construcción de la raza y la geografía en el siglo XIX colombiano (2005). En el siglo XX, se pensó que el problema se arreglaba con ceder las islas Mangle (ya ocupadas desde 1894), con solo una protesta diplomática como respuesta, hasta que Nicaragua empezó, desde 1930, a denunciar el tratado Esguerra-Bárcenas y, en 1977 (con el triunfo sandinista de la Junta de Gobierno), a exigir la devolución de las islas y cayos entre Nicaragua y Jamaica y, finalmente, en 1980, a declarar dicho tratado como formalmente inválido. Entrado el siglo XXI, por intereses políticos internos encaminados a acrecentar el nacionalismo, presentó en el año 2001 la demanda ante la CIJ, que, luego de reconocer en el año 2007 la soberanía de Colombia sobre la islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, se reservó el derecho de trazar los límites marinos sobre las aguas de la zona económica exclusiva o mar patrimonial, con las consecuencias conocidas en el fallo del 17 de noviembre de este año.

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Religión, música y creole,

identidad que nadie les podrá arrebatar

Fotos: Víctor Manuel Holguín/Unimedios

Si hay una característica que distingue a los pobladores raizales del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina es la riqueza de sus manifestaciones culturales. Ellas son el resultado de una fusión particular de tradiciones de varias partes del mundo que dieron forma a su identidad, la misma con la que ahora exigen más atención del Estado e, incluso, más autonomía.

La música del Archipiélago tiene estrechos vínculos con los ritmos afroamericanos y afrocaribeños.

Fernando García Ardila, versidad de Antioquia, en su estu-

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Unimedios

Su música resume los sonidos del gran Caribe: calipso, originario de Trinidad y Tobago, y mento, ska y reggae, de Jamaica. Su religión conserva la doctrina evangélica de los bautistas y adventistas de la cultura anglosajona. Y su lengua, el creole –que comparten con habitantes de Nicaragua, Costa Rica y Panamá–, armoniza el inglés con vocablos del español y hablas africanas. Estos tres elementos moldearon una fuerte identidad en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina que ha logrado sobrevivir a la masiva migración de personas y costumbres del país continental. Es una identidad que también ha sabido incorporar la nacionalidad colombiana, pese a los desengaños por el olvido estatal. Carlos Andrés Charry, antropólogo e investigador de la Uni-

dio Movilización social e identidad nacional en el Caribe insular colombiano, pudo constatar las afinidades y diferencias sobre la pertenencia de los isleños al Estado que los cobija. “Hay expresiones colectivas incrustadas en la cultura sanandresana, como son los desfiles patrióticos del 20 de julio, 7 de agosto e, incluso, 12 de octubre –esta última fecha muy poco celebrada en la parte continental–. La mayor parte de la población aprecia mucho estas manifestaciones. Tanto así que son días de fiesta y se visten de gala para demostrar su pertenencia a Colombia”, asegura.

Identidad, independencia Sin embargo, es una relación en crisis permanente y con momentos críticos, como el del pasado 19 de noviembre, cuando, por el fallo de la Corte Internacional

de Justicia de La Haya, lo isleños perdieron de tajo casi el 55% de su territorio marítimo. Les dolió en el alma, porque el mar es el cimiento sobre el que construyeron su identidad. Es en estos momentos cuando el concepto de identidad se desplaza hacia el de independencia; porque, para los raizales más radicales, tener una religión, una lengua y un folclor propios, así como un territorio ubicado en la periferia –dada la concepción centralista del Estado colombiano–, son motivos suficientes para ser autónomos. Según la profesora raizal Johannie James Cruz, directora de la Sede Caribe de la Universidad Nacional de Colombia, en las islas nunca ha muerto esa idea. Agrega que la religión juega un papel crucial, pues son los pastores quienes más agitan la bandera de la autodeterminación administrativa. Y, en el Archipiélago, las iglesias protestantes tienen una voz

que es bastante obedecida por la comunidad. El sentirse más sanandresanos que colombianos se exacerba en los isleños cada vez que un nuevo colono continental o “paña” –como los llaman los raizales– echa raíces en el reducido espacio terrestre de la isla. De hecho, San Andrés es la isla más densamente poblada del Caribe, con unos 2.200 habitantes por kilómetro cuadrado. Además, se estima que por cada tres nativos hay siete “pañas”, la mayoría llegados de la región Caribe colombiana. Es una dinámica migratoria que arrincona, cada vez más, el folclor y la identidad local y que pone en aprietos la sostenibilidad ambiental y la convivencia social.

Afirmación raizal Desde 1954 (cuando se creó la figura de puerto libre, por decisión del gobierno de Gustavo Rojas


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La arquitectura de la isla tiene una relación directa con la historia, asegura la profesora Clara Eugenia Sánchez, autora del libro La casa isleña: patrimonio cultural de San Andrés.

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La música (con instrumentos como la carraca y el tinajo) y los bailes de salón (como el vals y el pasillo) hacen parte de la tradición cultural que siempre está presente en las celebraciones de los sanandresanos.

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Pinilla) hasta la Constitución del año de 1991 (cuando se reconoció la diversidad cultural del país) los Gobiernos abogaron por una aculturación de los raizales. Esto significó darle prevalencia al uso del español y a los valores predominantes en el resto de la nación, marcadamente católica. “El creole ha sobrevivido a las imposiciones y a la dominación”, afirma la profesora Raquel San Miguel Ardila, doctora en Estudios Latinoamericanos y del Caribe. Ella lidera un proyecto de la UN que tiene como fin apoyar a la Gobernación del departamento en la creación de una política de lenguas para las islas, a partir de acciones investigativas y de consulta de las comunidades. La tarea fue planteada como una construcción participativa, diseñada en conjunto con el Instituto de Formación Técnico-Profesional (Infotep). “La lengua de una comunidad encierra no solo toda una cosmovisión y las huellas de su legado histórico-cultural, sino también la posibilidad de abanderar, en torno a ella, una lucha por su reconocimiento político, en el marco de una nación que aún se debate entre la pluralidad de culturas, que su Constitución enarbola, y los discursos dominantes, que emanan del centro de la nación hacia sus periferias”, afirma la docente. Otra serie de proyectos investigativos de la UN han permitido valorar la cultura sanandresana mucho más allá de lo que promueven el Gobierno y los medios de comunicación masivos. Está el trabajo del profesor Egberto Bermúdez, que ha estudiado las influencias musicales de las islas, el uso de instrumentos y el peso de la religión en las melodías y bailes locales. Se destaca, también, la exploración arquitectónica de la profesora Clara Eugenia Sánchez Gama, en la obra La casa isleña: patrimonio cultural de San Andrés, que contó con el apoyo del reconocido arquitecto Santiago Moreno González. La arquitectura de la isla es pertinente para las condiciones insulares, y se describe como una expresión de la historia. "Sus elementos se relacionan con la ubicación: si la casa estaba en el norte o en San Luis, significaba que tenía una relación directa con el mar; si estaba en la loma, con un jardín", cuenta la profesora Sánchez. . A través del Instituto de Estudios Caribeños, la UN tiene como objetivo central reafirmar el papel de los raizales (en lo cultural, ambiental, económico y social), pero también propiciar los encuentros con el resto de la población, contribuir al desarrollo general y proponer soluciones en estrecha relación con la comunidad del Archipiélago. Es un espacio en el que prevalece un profundo respeto por la identidad.

Foto: Cortesía Clara Eugenia Sánchez

Especial SAN ANDRÉS


Especial SAN ANDRÉS Sania Salazar Gómez,

Unimedios

El actual Plan de Desarrollo Departamental del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina 2012-2015, denominado “Para tejer un mundo más humano y seguro”, contó con el asesoramiento directo de la Universidad Nacional de Colombia en el Caribe. Por invitación de la Gobernación, la Institución participó a comienzos de año en las mesas de trabajo, que giraron en torno a tres ejes básicos: capital físico y financiero, capital social y capital humano. La UN participó, principalmente, en esta última línea, específicamente en la mesa de educación. El mensaje central que llevaron los seis profesores representantes de la Universidad a las autoridades locales fue el de la necesidad de aumentar la calidad de la educación. “El punto más débil del sistema educativo es la preparación de los profesores, pues el nivel no es el óptimo y hay disciplinas como física, matemática y química en las que no hay docentes disponibles”, asegura el profesor José Ernesto Mancera, exdirector de la UN en el Caribe. Por eso, los académicos insistieron en la necesidad de abrir el abanico de preparación, por ejemplo, con la capacitación técnica, “pues la sociedad también requiere de técnicos”. Según el actual Plan de Desarrollo, esa baja calidad de la educación se refleja “en los pobres resultados obtenidos por los estudiantes en las pruebas externas Saber 5, 9 y 11”. Para citar un ejemplo, según las cifras que revela la prueba de 2009 de quinto grado, mientras que el promedio nacional en matemáticas fue de 286, el departamental fue de 255. En las de noveno grado, en el mismo año y la misma materia, el promedio nacional quedó en 284 y el de la isla, en 256.

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Presencia con calidad Esa confianza que depositan las autoridades sanandresanas en la Institución tiene que ver con el amplio trabajo educativo, social y cultural que aporta la Institución a la sociedad isleña. Gracias a la sede, para los habitantes es una posibilidad real estudiar en su propio departamento. Para ello, cuentan con todo el respaldo institucional, representado por un juicioso grupo de investigadores que integran una rigurosa comunidad académica cuyo aporte es vital para el reconocimiento y desarrollo de la región. Y es que la UN en el Caribe forma capital humano, profesionales e investigadores, a través de programas académicos de pregrado (cuya oferta comprende más de setenta programas) y posgrado (Maestría en Estudios del Caribe; Maestría en Medioambiente y Desarrollo; Maestría y Doctorado en Biología Marina; varias especializaciones en Derecho, entre otras). Según el profesor Mancera, la presencia de la Institución en la zona ha propiciado procesos sociales decisivos. Por ejemplo, los estudiantes de maestría que pertenecen a organismos públicos del departamento ahora ejecutan proyectos que podrán convertirse en políticas públicas. Cuestiones como el manejo

La UN en el Caribe

asesoró Plan de Desarrollo para San Andrés La investigación que la Universidad Nacional de Colombia ha adelantado en el Archipiélago y la formación posgradual que muchos de los funcionarios de las instituciones públicas han recibido en la Institución han sido vitales para formular políticas públicas y el Plan de Desarrollo vigente.

Fotos: Archivo Unimedios

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La UN hace significativos aportes a la construcción de las políticas públicas de la isla.

sostenible del agua, el tratamiento adecuado de los residuos sólidos, el ordenamiento territorial, la conservación de los recursos naturales y la creación de alternativas para la seguridad alimentaria, entre otras, pasan por las manos de estudiantes sanandresanos, que, años atrás, en el mejor de los casos, habrían tenido que salir de la isla para hacer un pregrado o posgrado.

Políticas públicas Las autoridades también le solicitaron a la UN ayuda para desarrollar una política de lenguas, en la cual han trabajado durante dos años. Debido a esta experiencia, que el profesor considera positiva pero difícil, les pidieron apoyar la formulación del Plan de Inclusión Social. “Hicimos un taller de prospectiva para trabajar en el Plan de Inclusión, desde el punto de vista educativo. Ellos vieron los resultados y nos pidieron que los apoyáramos en este plan, básicamente en el acompañamiento de los discapacitados. En eso estamos apoyando a la Secretaría de Salud”, cuenta. Precisamente, estos ejercicios de diseño de política pública

son los principales aportes de la Universidad al desarrollo de San Andrés. El profesor Mancera también destaca las investigaciones que adelanta la Sede para conocer su biodiversidad y resolver problemas, como la que se hace en el caso de la cochinilla. Igualmente, resalta el diseño de un sistema de ordenamiento pesquero específico para la región que se estructuró en la sede y que tienen en cuenta el componente natural, político, ecológico y económico. “La Universidad ha mostrado una capacidad sobresaliente, y eso empieza a ser reconocido por los líderes y autoridades del departamento”, señala. Además, hace hincapié en la relevancia del conocimiento acumulado sobre el sistema natural del Archipiélago, en particular sobre la Reserva de Biósfera Seaflower y el área marina protegida. Con esa experiencia es como se pueden formular políticas y planes de desarrollo acertados para hacer una gestión ambientalmente sostenible del territorio, así como para ejecutar proyectos sociales, económicos y culturales que, realmente, repercutan en el bienestar de la población.


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Especial SAN ANDRÉS

Indicadores locales Las diez variables evaluadas fueron: provisión de alimentos, oportunidades de pesca artesanal, productos naturales, captura de carbono, protección costera, sentido de lugar, turismo y recreación, sustento y economías, aguas limpias y biodiversidad. El país obtuvo un preocupante puntaje de 16 en provisión de alimentos. Para establecer este indicador se midieron los organismos marinos pescados o cultivados de manera sostenible. Para ello, se caracterizó la biomasa total del resultado de la pesca del 75% de la producción máxima sostenible de múltiples especies. La puntuación global fue de 24. En productos naturales, la puntuación de Colombia fue de 47 y la global de 40, un buen indicador. El profesor Mancera asegura que es un valor absolutamente positivo y esperanzador, porque mide el promedio ponderado de peces ornamentales, aceite de pescado, algas marinas, conchas, esponjas y corales recolectados; un negocio incipiente y que no ha sido explorado totalmente. Con 85 puntos en el ítem de oportunidades para la pesca artesanal, el país se acercó al puntaje global de 87, una tendencia que, a mediano plazo, podría aumentar porque en el sector hay buenas regulaciones y excelentes lugares para su práctica.

Mares en crisis Los mares de Colombia están entre los más enfermos del mundo. Así lo revela el reciente Índice de Salud de los Océanos, que valora diez variables que van desde la pesca artesanal y la preservación ambiental hasta el turismo. El conocimiento acumulado en la UN en el Caribe es un insumo imprescindible para cambiar ese panorama.

Colombia tiene cinco reservas internacionales de biósfera: la Ciénaga Grande de Santa Marta, la Sierra Nevada de Santa Marta, la Reserva de Biósfera Seaflower, El Tuparro y el Cinturón Andino.

En el Archipiélago, la UN tiene un amplio portafolio de investigaciones sobre la demografía de los pescadores y los recursos pesqueros. Con este conocimiento se podrán establecer, a corto y mediano plazo, cifras exactas que aumenten la puntuación obtenida. En turismo y recreación se estimó la densidad de visitantes en las áreas costeras y la cantidad de días de permanencia, en comparación con la de todos los países del mundo. Colombia obtuvo cero. El docente explica que esto no significa que el país no tenga turismo en sus costas, solo confirma la poca o nula información sistematizada al respecto. En cuanto a biodiversidad, se hace referencia al mantenimiento de una gran variedad de especies marinas y tiene como punto de referencia que todas las especies tengan un riesgo mínimo de extinción. La puntuación global fue de 83, pero la de Colombia se mantuvo en un preocupante 68.

Dos océanos amenazados El profesor Mancera hace un esbozo general de los mares que rodean a Colombia y de sus diferencias, pero, sobretodo, alerta

sobre las amenazas a las que están expuestos. Nuestra nación, dice, tiene una ventaja enorme por poseer dos océanos. Tener ese contraste de ecosistemas es una de las características que la hacen pertenecer a la lista de los doce países megadiversos del planeta. En el Atlántico, está al mar Caribe colombiano, que cuenta con una línea costera de 1.560 km; es una zona rica en biodiversidad, con grandes arrecifes coralinos, fundamentales para la vida marina. El Pacífico tiene cerca de 1.300 km; y, debido a la cantidad de ríos que confluyen en él, es más abundante en pesca. Estas diferencias hacen que las vocaciones económicas de sus pobladores sean diferentes. Ambos comparten cuatro grandes amenazas, las mismas que en el resto del mundo. La primera es la sobrepesca –la más preocupante–; le siguen la contaminación, el cambio climático, las bioinvasiones (por ejemplo, la del pez león) y, por supuesto, el deterioro del hábitat (a causa del turismo y la urbanización). En Cartagena, por ejemplo, en donde hubo un gran manglar ahora se ven grandes edificios. “Se acaba con lugares naturales que son fundamentales para la captura de carbono. Es ilógico

extinguirlos, pero, otra vez, es un asunto de desconocimiento. Hace setenta años no sabíamos qué hacer con los manglares, eran focos de mosquitos, de malaria, sitios inestables. Por eso, hubo políticas para tumbarlos y volverlos terrenos productivos. Pero, por eso mismo, en esta variable obtuvimos 51 puntos, frente al promedio mundial de 71”, puntualiza. Es una alarma, por lo cual es necesario tomar nota y empezar a actuar para garantizar un mayor conocimiento científico que permita apoyar la toma de decisiones de manera tal que favorezcan el ambiente sin atacar o retrasar el desarrollo del país. Si en algo coinciden los expertos es en que Colombia es privilegiada: tiene mares inmensos y ricos en recursos. Sin embargo, Camilo García, docente de la UN en el Caribe, observa un mar en agonía y cree que los esfuerzos por conservar su biodiversidad son débiles y descoordinados. Por su parte, Adriana Santos, experta en pesca de la sede, asegura que la academia es fundamental para ayudar a conservar la riqueza del mar, como lo ha demostrado la UN con sus aportes para hacer un manejo eficiente de la Reserva de Biósfera Seaflower.

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En agosto pasado se conoció el Ocean Healt Index (OIH) o Índice de Salud de los Océanos, que evaluó diferentes variables para medir la salubridad de las zonas marítimas mundiales. Este informe, según sus realizadores, tiene como objetivo concientizar al público sobre el estado de los océanos del mundo y guiar a los tomadores de decisiones, tanto en las esferas privadas como públicas, para que implementen políticas efectivas. Es la primera evaluación global que se hace a partir de la información que los países enviaron a los más de sesenta investigadores, que durante tres años trabajaron para recopilarla, analizarla y emitir un concepto después de examinar diez variables. Con una puntuación de uno a cien, se estableció una medida global del estado de los mares de 60 puntos. Colombia obtuvo un índice de 52 puntos, cifra que es negativa y preocupante porque muchos aspectos evaluados tienen tendencia a la baja, según el biólogo José Ernesto Mancera, investigador de la Universidad Nacional de Colombia en el Caribe. Para él, esta calificación es un llamado de atención para que se reflexione sobre qué se está haciendo, en materia de políticas públicas, para preservar estos ecosistemas. Además, evidencia el desconocimiento que los colombianos tenemos acerca del tema. El país ha avanzado en investigación y en utilizar bien los resultados de esas pesquisas para ampliar la apropiación por parte de los colombianos de sus mares. “Es un tema marginal: lo vemos desde el turismo y la pesca; pero no conocemos los bienes y servicios fundamentales de los que se puede sacar un provecho sostenible y respetuoso con el ambiente”, afirma.

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Unimedios

Foto: Andrés Felipe Castaño/Unimedios

Leidy Castaño,


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Fotos: Cortesía Henry Grajales

Agro

El Centro de Investigación, Desarrollo Tecnológico y Extensión Ovino ha servido de prueba piloto para crear una cadena de centros similares, que se establecerán en cinco regiones del país.

Despega la industria ovina del país Giovanni Clavijo Figueroa,

Unimedios

El sector ovino en Colombia se reduce a productores de escasos recursos económicos que llevan a cabo procesos sin mayores conocimientos técnicos. El resultado: altos niveles de consanguinidad de los animales (por cruzamientos indiscriminados); ausencia de programas de selección y control reproductivo; y desconocimiento del problema sanitario (en la actualidad, no existen sitios especializados para el sacrificio de las ovejas). Se suma la poca investigación científica y la escasa disponibilidad de técnicos con formación específica en el área. Por eso, el negocio tiene una estructura artesanal, en la que hacen falta canales de comercialización y de calidad del producto. Dicha realidad motivó un proyecto de cooperación entre la Universidad Notre-Dame de la Paix, ubicada en Namur (Bélgica), y la Universidad Nacional de Colombia, gracias al cual se dispone de una financiación de 1.100 millones de pesos para desarrollar el Centro de Investigación, Desarrollo Tecnológico y Extensión Ovina (CIDTEO). Uno de los objetivos ha sido instalar áreas de pastoreo y mantenimiento de los animales en el Centro Agropecuario Marengo de la UN, localizado en Mosquera (Cundinamarca).

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Apoyo científico Los investigadores de la Universidad establecieron un rebaño de 200 hembras y 28 reproductores, traídos de Boyacá, Santander y Caldas, de las razas criolla, romney marsh, corriedale y hampshire. Estas fueron seleccionadas con el acompañamiento de la Asociación Nacional de Caprinocultores y Ovinocultores de Colombia (ANCO). En el trabajo usaron métodos para reconocer los tipos raciales predominantes en las zonas del trópico alto. “Según las primeras valoraciones de desempeño productivo hechas en Marengo (con un manejo técnico de acondicionamiento alimenticio, nutricional y sanitario), en las crías de la raza criolla se han observado tasas de ganancia diaria de peso (TGDP) de entre 140 y 160 gramos al día y, en las de

En Colombia este sector es pequeño y poco desarrollado. Pero una alianza entre la Universidad Notre-Dame de la Paix (Bélgica) y la UN les permitirá a cientos de pastores potenciar su producción. Los primeros trabajos científicos han mejorado la reproducción de los animales y han proporcionado técnicas de sacrificio eficientes.

otros tipos raciales, de entre 180 y 220 gramos al día. Así, se revela el enorme potencial ovino del país”, asegura el profesor Henry Grajales, coordinador del CIDTEO. Asimismo, estructuraron un ritmo reproductivo del rebaño que permite un uso racional de los periodos entre partos que, desde el punto de vista zootécnico, considera los tiempos prudenciales para la gestación, lactancia, recuperación posparto y reapareamiento de las hembras, programando cópulas controladas. Parte del trabajo corresponde a la investigación de doctorado que adelanta el profesor Harvey Lozano.

Como resultado, han obtenido un alto grado de eficiencia reproductiva: del 82% en el primer apareamiento y del 86,9% en el segundo. Se destaca el desempeño de las hembras criollas, con un 97% de fertilidad, conforme lo indica el profesor Carlos Manrique, otro investigador vinculado al proyecto. En cuanto a la problemática sanitaria, el profesor Jimmy Vargas, del Instituto de Genética, busca estrategias de manejo para el periodo crítico del parto que permitan aumentar las tasas de supervivencia perinatal (antes y después del parto). Asimismo, evalúa

Sector joven Según un informe del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, para el año 2005, la FAO reportó que en Colombia se produjeron 13.363 toneladas de carne. El 51% correspondía a ovina (unas 6.960 toneladas). Y el 49%, a caprina (unas 6.673 toneladas). Para ese año, la población de ganado ovino en Colombia era de 3,4 millones de animales. Casi el 90% de la producción es exportada a las Antillas menores, en el Caribe.

programas de control parasitario que disminuyan las pérdidas por dicho concepto, que pueden llegar a ser de hasta el 25%. Según el profesor Manrique, “los resultados de los controles implementados permiten observar que, si se hace un acompañamiento del parto y se establece una relación rápida madre-cría, se incrementa la tasa de supervivencia”.

Carne con sello UN En la actualidad, el CIDTEO posee 340 animales y tiene listo el primer lote de corderos para sacrificio, que comprende el beneficio, desposte y empaque de carne con la etiqueta CIDTEO-UN. “El objetivo, en el que trabajamos con productores ovinos de diversas regiones del país, es cumplir con las normas exigidas para obtener alimentos destinados al consumo humano”, destaca su coordinador. Y agrega: “la meta es garantizar las condiciones de buenas prácticas de manejo animal y del producto, que corresponden a su bienestar, inocuidad y sostenibilidad ambiental”. Según reportes de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO), el sector ovino en Colombia ha tenido una evolución en los últimos ocho años. El crecimiento del inventario y del consumo estimado per cápita de carne de cordero ha sido considerable: ha pasado de unos 250 gramos a niveles que fluctúan entre los 340 y los 360 gramos por año. El potencial del sector y de sus productos es enorme. En consecuencia, el sacrificio del primer lote, cuya edad está entre los 8 y 10 meses (que se considera el momento ideal para el sacrifico y para obtener una carne de calidad sobresaliente), pretende ser el punto de partida para dar a conocer un producto con sello de origen. La socialización de los resultados y del esquema de investigación busca que los pastores implementen estrategias tecnológicas y no tecnológicas que les permitan potenciar sus capacidades productivas y verificar su incidencia en el desempeño de sus rebaños. Igualmente, pretende promocionar la carne como una alternativa a la de cerdo, res y pollo.


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Minería

Continente en exploración En países como Perú, Bolivia, Ecuador y El Salvador la realidad no es diferente de la colombiana. Los minerales, el petróleo y el gas han pasado de ser riquezas del subsuelo –incluso hay creencias ancestrales que consideran que el “oro negro” es la sangre de la Pachamama (Madre Tierra)– a ser asuntos político-económicos que redefinen la relación desarrollonaturaleza-Estado. Anthony Bebbington, geógrafo y director de la Escuela de Posgrado de Geografía de la Universidad de Clark (EE. UU.), estudia las relaciones entre las industrias extractivas, los conflictos y el desarrollo rural en estas naciones. En su reciente visita a Colombia, participó en el Seminario Internacional Extractivismo y Minería en América Latina, organizado por la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. En su investigación, en la que trabaja hace siete años, ha encontrado que los conflictos sociales, los daños ambientales y las economías son similares en algunos aspectos. Y se pregunta si la industria extractiva les permitirá alcanzar el desarrollo económico o si prevalecerán “los conflictos, la degradación y el crecimiento desigual”. Asegura que, desde hace quince años, el sector se ha convertido –de manera creciente– en una estrategia central para el desarrollo de dichos países. Por ejemplo, en el caso del Perú, entre los años 2012 y 2013, se destinarán 30 mil millones de dólares al sector minero y de hidrocarburos, según lo reportó en mayo pasado el Ministerio de Economía y Finanzas de ese país, lo que constituye más del 50% del flujo de inversión directa. Solo la minería representa el 60% de sus exportaciones totales. En Ecuador hay disputas públicas y políticas sobre la extracción de petróleo en el Parque Nacional Yasuní. Por lo pronto, el Gobierno decidió dejar bajo tierra 846 millones de barriles de crudo, a cambio de conservar un bosque que evita la emisión de 400 millones

Para el Ministerio de Agricultura de Colombia, la desmesurada entrega de títulos mineros activa un nuevo detonante: campesinos en medio del conflicto y una gran cantidad de tierra apta para explotación agrícola y ganadera destruida.

Petróleo y minería socaban la tranquilidad en América Latina

de toneladas métricas de CO2. Los hidrocarburos encontrados debajo de la selva representan el 20% de las reservas de la nación andina. Se trata de un modelo en el cual el país le propuso a la comunidad internacional preservar los bosques a cambio de que contribuyera financieramente con al menos 3.600 millones de dólares (equivalentes al 50% de los recursos que percibiría el Estado en caso de optar por la explotación, según se afirma en la página oficial de la novedosa propuesta). Pocos han copiado este modelo. Por el contrario, en Bolivia crecen las inversiones en hidrocarburos, y tanto en Colombia como en Ecuador existen prominentes discusiones sobre la expansión minera. La crisis ambiental, relacionada con el fenómeno, es la principal fuente del conflicto social. “En Bolivia, en el año 2009, se presentaron nuevas tensiones entre el Estado y grupos indígenas de las regiones del Chaco y el norte amazónico, a raíz de la propuesta de expandir las operaciones hidrocarburíferas y empezar acciones exploratorias”, afirma el profesor Bebbington.

El geógrafo plantea que los motores que impulsan el extractivismo en Sur- y Centroamérica son los precios, la demanda, las reformas, los proyectos políticos (Código Minero, ajuste en pago de impuestos, tipificación de la minería ilegal como delito), la integración regional y la aparición de nuevos inversionistas. Aquí cabe citar el caso de Ecuador, nación a la cual el Banco de Desarrollo Chino le prestó 65 billones de dólares y se convirtió en su principal inversionista en el sector de hidrocarburos. Otro de los hallazgos del investigador fue el cambio de los “imaginarios nacionales”, en cuanto a los temas de identidad y de subsuelo. En Perú, las construcciones de visiones del futuro se dan según el binomio subsuelo/ desarrollo. Con la mina de oro más grande de Suramérica, aquel se convierte en una salvación para la crisis económica: en la base de un modelo de crecimiento, estabilidad y redistribución.

Los riesgos del litio Por su parte, Argentina, Chile y Bolivia conforman el “triángulo

del litio”, pues poseen el 80% de las reservas mundiales de este elemento. “La mayor parte es explotable en salmueras (desiertos de sal) y se encuentra, específicamente, en el Salar de Uyuni en Bolivia, en el de Atacama en Chile y en los pequeños salares de las tierras altas del noreste argentino”, precisa Bárbara Göbel, directora del Instituto Iberoamericano de Berlín. El litio es un mineral clave para China, Estados Unidos, Europa y Japón, pues permite una eficiente transición eléctrica (baterías, vehículos, etc.) y es usado para generar energía renovable (solar y eólica), que requiere de un almacenamiento eficiente de energía. “Se convirtió en la metáfora de un progreso ‘limpio’ y sustentable”, asegura Göbel. El problema es que no se consigue en algunos de estos países, por lo cual lo compran en regiones donde su explotación produce daños ambientales, sociales y económicos. Frente al panorama la pregunta es: ¿cuánto riesgo están dispuestos a afrontar los Estados en nombre del desarrollo económico?

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En los últimos años, casi el 40% del territorio colombiano ha sido concesionado o solicitado por transnacionales mineras y de hidrocarburos. Un informe del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz plantea que, de los 114 millones de hectáreas que lo componen, unos 8,4 millones han sido dados en concesión para la exploración de minerales y 37 millones, titulados para la búsqueda de hidrocarburos. A septiembre de 2011, el Sistema de Información Ambiental Minero-Energético, a través del Registro Nacional Minero, indicaba que 1.717 empresas tenían títulos vigentes de concesiones para explorar o explotar minas y que 7.200 títulos estaban en manos de particulares. Para el pueblo colombiano, estas cifras son motivo de indignación. Para los ambientalistas, prueba fehaciente del poco o nulo interés del Gobierno nacional por el impacto ambiental de la minería legal o ilegal. Y para las poblaciones afectadas social, cultural y económicamente, un asunto de denuncia permanente.

El dilema de la explotación minera y petrolera en Perú, Bolivia, Ecuador y El Salvador es similar al de Colombia: ¿hasta qué punto deben arriesgar los Gobiernos la estabilidad social, ambiental y de derechos humanos por un modelo de desarrollo económico?

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Unimedios

Foto: Archivo particular

Leidy Castaño,


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Sociedad

Indígenas del Amazonas

son ejemplo Unimedios

Las comunidades indígenas de los corregimientos de La Chorrera y Tarapacá, en el Departamento del Amazonas, reúnen todos los factores de riesgo para tener altos índices de enfermedad periodontal. Esta es una afección inflamatoria de las encías, progresiva e infecciosa que destruye el soporte del diente. Extrañamente, los niveles hallados en estas personas son mínimos, según determinaron investigadores de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y estudiantes de la Maestría de Periodoncia. En un estudio desarrollado este año en La Chorrera, en el que examinaron a 95 nativos (58 mujeres y 37 hombres), entre los 18 y 80 años, de las etnias uitoto, bora, ocaine y munaine, encontraron que su sangrado en encías era del 56%; la placa bacteriana (cúmulo de comida sobre la superficie de los dientes), del 83%; y los cálculos, del 50%. Los datos coinciden con los del primer estudio, adelantado en 2011 en el Corregimiento de Tarapacá, en el cual examinaron a 80 habitantes de la etnia ticuna (28 hombres y 52 mujeres), entre los 20 y 81 años. En este caso, el sangrado fue del 48%; la placa bacteriana, del 77%; y los cálculos, del 41%. Andrea Escalante, especialista en Periodoncia de la UN, explica que hay un espacio poco profundo entre el diente y la encía, llamado surco gingival, que en personas sanas debe ser igual o menor a tres milímetros. Pero, cuando sobrepasa los cuatro milímetros, se considera que hay una pérdida de inserción debida al desgaste o destrucción del tejido que rodea al diente. “En el caso de Tarapacá, se halló que el 82% tiene surcos gingivales menores o iguales a tres milímetros; en el de la Chorrera, el 89,9%. Esto significa que la mayoría tiene buena salud periodontal”, destaca la experta. En cambio, según la Tercera Encuesta Nacional de Salud Bucal (ENSB), hecha en Colombia en 1998 (el estudio más actual), la enfermedad afecta al 50,2% de la población general.

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Costumbres propias Los investigadores hicieron encuestas para determinar los factores de riesgo de padecer la enfermedad periodontal. Indagaron sobre hábitos de higiene oral, costumbres y consumo de tabaco o de cigarrillo. La mayoría usa instrumentos de aseo bucal, pero en muchas ocasiones el cepillo es utilizado por toda la familia y no siempre tienen los medios económicos para adquirir crema dental. Sus prácticas de limpieza incluyen utilizar palitos de plantas, sal y limón, carbón en polvo y

Contrario a lo registrado por encuestas oficiales, los índices de enfermedades bucales como gingivitis o periodontitis son mínimos en comunidades indígenas del Amazonas. Variables evolutivas y prácticas de higiene autóctonas podrían ser las responsables.

Foto: Andrea Escalante y María Hilde Torres

Sania Salazar Gómez,

de salud oral

Los hábitos alimenticios de los indígenas podrían estar relacionados con la baja incidencia de la enfermedad periodontal.

Enfermedad silenciosa Quienes padecen la enfermedad periodontal no sienten dolor, por lo cual puede pasar inadvertida toda la vida. La única manifestación es el sangrado de las encías. Sin embargo, durante ese tiempo se destruye el soporte de la pieza dental y se produce su respectiva pérdida. Este mal ha sido asociado a padecimientos cardíacos, a pacientes con válvulas y prótesis en el cuerpo y a diabetes mellitus (que se caracteriza por el aumento de glucosa en la sangre). En Colombia es la segunda afección de la cavidad oral más prevalente después de las caries.

ceniza (en algunos casos, también arena). Asimismo, recurren a fibras de la palma chambira o cumare (Astrocaryum chambira), que usan como seda dental. Pero los profesores determinaron que estos pueblos amazónicos están perdiendo la costumbre de masticar hojas como las del cogollo de guayaba, yie nery y wocha, entre otras, que les ayudan a sanar enfermedades bucales. Luego, en el estudio clínico, a cada paciente le revisaron todos los dientes; lo que es un valor agregado, pues otros estudios solo evaluaban el estado de máximo seis piezas. Después llevaron a cabo talleres para fortalecer hábitos y costumbres de higiene oral. Para los expertos de la UN, el tamaño de la muestra es significativa, si se la compara con la ENSB de 1998, en la cual examinaron a 8.448 adultos en el país; de los cuales solo 528 eran habitantes de la zona oriental de Amazonas y de Orinoquia, entre los 15 y 44 años y los 55 y 74 años, respectivamente. “La población de La Chorrera es de unos 3.200 habitantes y tenemos muestras de 95 adultos; en Tarapacá son casi 2.800 habitantes y la muestra fue de 80”, precisa María Hilde Torres, directora del estudio y profesora del Departamento de Salud Oral de la Facultad de Odontología. “A pesar de que estadísticamente la muestra fue tomada por conveniencia y no de forma aleatoria simple –pues es difícil el acceso

a esas comunidades–, tenemos una representación bastante grande en comparación con el tamaño de esa población”, asegura Escalante. Los investigadores sostienen que es extraño que los resultados de la ENSB aseguren que en el Amazonas la enfermedad periodontal es una de las más altas del país, contrario a lo que evidencia el estudio de la UN.

¿Qué los protege? “Sospechamos que hay factores filogenéticos (variables evolutivas) propios de nuestras comunidades indígenas que permiten la defensa de sus encías e impide el progreso de la enfermedad”, asegura la profesora Torres. Por lo pronto, harán una investigación sobre los microorganismos que tienen en la boca, para determinar si son favorables para que no se desarrolle este mal y si son los mismos que tienen quienes habitan en las ciudades. La profesora dice que, además, investigarán la condición genética de estas comunidades, para saber cuál es el mecanismo de defensa y cómo actúa el componente bioquímico e inmunológico de esa protección. “Eso servirá para que los nativos sean conscientes, preserven su forma de autocuidado y no vayan a presentar los niveles de enfermedad periodontal severos del resto de la población del país. A nosotros esto nos permitirá conocer cómo prevenirla en la comunidad en general”, concluye.


Entrevista

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UN Periódico: ¿Cuál es el valor actual de la filosofía? David Miller: Junto con las ciencias, la filosofía tiene un papel para socorrer y mantener viva la tradición de la racionalidad que nos distingue a los humanos. Algunos filósofos rechazan el empleo de los argumentos en busca de la verdad. Sin embargo, otros reconocen que el enfoque argumentativo puede aportarle a la exploración del mundo, a la búsqueda de la verdad y al conocimiento sobre el universo y nosotros mismos. Mientras estos existan, en la filosofía seguirá habiendo un valor. UNP: ¿De qué manera la filosofía podría incentivar más el uso del enfoque racional para solucionar problemas de la humanidad? D. M.: En la filosofía, las ciencias y otros dominios de asuntos humanos, falta un entendimiento sobrio del ámbito y los límites de la racionalidad. Muchos filósofos, y la mayoría de científicos, llevan a cabo sus investigaciones argumentativamente, es decir, de manera más o menos racional. Ocurre lo mismo con la mayoría de los humanos y con todos los animales: viven exitosamente en el mundo físico sin que sepan las teorías físicas. El principal trabajo de la filosofía en el mundo es explicar la racionalidad y defenderla de los opositores. UNP: ¿Qué enfoques filosóficos son valiosos? D. M.: Aquellos que reconocen que pueden ser falibles, sin caer en la actitud negativa de suponer que todas las opiniones son igualmente equivocadas. No es fácil mantener un enfoque simultáneamente ambicioso y modesto: entusiasta para extender nuestro conocimiento del mundo y de nosotros mismos, pero consciente de la dificultad de dar un paso pequeño en la dirección correcta. Tal enfoque no solo es valioso en la misma filosofía, sino en todas las actividades humanas. UNP: ¿En qué difiere el racionalismo crítico de otros sistemas? D. M.: La filosofía de Karl Popper enseña que se puede lograr más con argumentos negativos que con positivos. El racionalismo tradicional, que se remonta a Platón y Parménides de Elea, sostiene que la racionalidad de una investigación la da la posibilidad de demostrar, o probar, sus conclusiones. Lo que no se demuestra no tiene valor, es mera opinión antes que conocimiento. En la antigüedad, los escépticos plantearon la objeción –que parece ser irrebatible– de que una demostración argumentativa de una conclusión no es posible, puesto que cada argumento requiere de algunas premisas, pero, si este es válido, la conclusión es una de estas. En consecuencia, para obtener la conclusión por medio de un argumento válido se necesita asumirla como premisa. A no ser que las premisas sean demostradas, la conclusión no lo es. La sugerencia de Popper, central a la filosofía de racionalismo crítico, es que debemos prestar

El apego a la evidencia científica, en cuanto única manera de explicar lo que ocurre en el mundo, limita la oportunidad de avanzar con argumentos críticos y negativos. Así lo aseguró a UN Periódico el filósofo británico David Miller, profesor de la Universidad de Warwick y discípulo connotado de sir Karl Popper, uno de los grandes filósofos de la ciencia del siglo XX, con quien trabajó por más de treinta años.

David Miller ha publicado una amplia obra filosófica en la que se ocupa de defender, criticar y desarrollar los principales planteamientos epistemológicos de Karl Popper.

atención solamente a los argumentos críticos, que, al contrario de una demostración, no asumen como premisa la conclusión final, sino su negación. Así, nuestro conocimiento no consta de las conclusiones que pudimos demostrar, sino de las hipótesis que no hemos podido refutar. UNP: ¿Cuál es la ayuda que la filosofía puede ofrecer al progreso de las ciencias básicas? D. M.: Científicos como John Carew Eccles, neurofisiólogo y nobel laureado, han atestiguado el efecto liberador de comprender que, en la ciencia, la evidencia negativa juega un papel más esencial que la positiva. Así, escribió: “ahora puedo regocijarme hasta por la refutación de una teoría estimada,

porque aun esto es un éxito científico”. Asimismo, el físico John Archibald Wheeler afirmó: “nuestro problema entero es el de hacer los errores tan rápidamente como sea posible”. El científico sabio no trata de verificar o confirmar su teoría favorita, sino de refutarla. Pero no debemos exagerar los provechos de la filosofía acá. Es dudoso que un entendimiento de la lógica del conocimiento científico pueda guiar al físico o al químico o al biólogo en la dirección correcta, pero puede ayudarles a evitar algunos caminos equivocados. UNP: ¿Y cuál es el apoyo que pueden dar las ciencias básicas al progreso de la tecnología? D. M.: La función principal de

las ciencias básicas en la tecnología es negativa y crítica. La ciencia no lleva a la tecnología, corrige sus errores. A veces, la ciencia pura sugiere en términos generales unas aplicaciones; por ejemplo, la teoría atómica dice que dentro del átomo hay una cantidad enorme de energía, en principio utilizable, pero ella no puede instruirnos en los detalles de tales aplicaciones. La tecnología depende de ideas tecnológicas. Cuando tenemos una idea, aún borrosa, para diseñar un dispositivo u otra invención, podemos utilizar las ciencias básicas, especialmente las matemáticas, para pulir y optimizar ese diseño. UNP: ¿Cuáles fueron los mayores aportes de Karl Popper a la filosofía? D. M.: El racionalismo crítico involucra un cambio de dirección fundamental en la epistemología, porque resuelve el problema de la racionalidad del conocimiento humano. En la filosofía de la ciencia este problema se expresa en los problemas de la inducción y de la demarcación, que Popper llamaba los dos problemas fundamentales de la epistemología. Pero también contribuyó en otros campos de la filosofía de la ciencia, especialmente en la teoría de la probabilidad, que interpretó como una propensión física. Y en filosofía política y de las ciencias sociales, su libro La sociedad abierta y sus enemigos es conocido por quienes desean la libertad, pero a veces ignorado por aquellos que ya la disfrutan. UNP: ¿Cómo puede explicarse el llamado problema de la inducción? D. M.: Según el empirismo tradicional, todo nuestro conocimiento auténtico se basa en la experiencia. Tras la explicación de David Hume del porqué la experiencia en el pasado no dice nada definitivo sobre el futuro o no constituye conocimiento universal, es decir, de leyes naturales, surgió el problema de cómo tal conocimiento puede justificarse. Este es el problema de la inducción. La solución de Popper es que nuestro conocimiento consta de conjeturas libres que no se basan en la experiencia, pero esta es utilizada para criticarlas y refutarlas. El conocimiento científico no puede justificarse. Pero eso no implica que no se pueda discutir racionalmente. UNP: ¿Y el llamado problema de la demarcación? D. M.: El problema de la demarcación de la ciencia empírica –metafísica, matemáticas, pseudociencia– es en realidad el de cómo podemos utilizar la evidencia empírica provechosamente, especialmente con respecto a las hipótesis universales de la ciencia. La observación de Popper fue que esta no puede verificar nunca una hipótesis universal, pero si falsarla. Así, podemos caracterizar las hipótesis científicas como aquellas que son falsables empíricamente. La conexión con el problema de la inducción debe ser obvia.

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Unimedios

Foto: Andrés Felipe Castaño/Unimedios

Nelly Mendivelso,

9 de diciembre de 2012

¡Un científico sabio no verifica su teoría favorita: la refuta!


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Cultura Aunque bien conocido en el ámbito científico, el destacado botánico bogotano José Jerónimo Triana es una figura difusa para el ciudadano común. Una exposición y un recuento de su obra elevarán su nombre al nivel de personajes como José Celestino Mutis.

Hace 160 años, José Jerónimo Triana, el botánico colombiano más sobresaliente del siglo XIX, avistaba con pasión y dedicación los territorios nacionales. Estudió y clasificó la flora del trópico y buscó plantas útiles que pudieran ser empleadas en el tratamiento de enfermedades. Tras rescatar la flora de José Celestino Mutis, entregó varios avances a la ciencia, como nuevas quinas que, en su época, paliaron la malaria y la fiebre amarilla y que incluso todavía, en zonas pobres, siguen siendo utilizadas. Nació en Bogotá el 22 de mayo de 1828, solo doce años después de culminada la Expedición Botánica. Por eso, aún permanecían testigos, historias y avatares de ese viaje, que lo impulsaron a aventurarse en la búsqueda de la flora de Mutis en 1886. Al advertir la envergadura de esta empresa y abrumado por la gran belleza de sus láminas, encontró también datos de relevancia que lo llevarían a continuar sus estudios sobre las quinas. En 1882, y motivado por clasificar el trabajo del español, regresó a Madrid para sistematizar parte del material que no había sido estudiado y cuya colección constaba de unos 6.000 ejemplares.

Los avances “Él clasificó la flora de Mutis –que estaba catalogada en el orden del sistema del botánico de Carlos Lineo– en el orden de Endlicher, que era un sistema natural y el más moderno en ese momento. Rectificó clasificaciones anteriores y ordenó las que no estaban catalogadas”, afirma el científico Santiago Díaz Piedrahita, uno de los mayores conocedores de Triana. El botánico cuestionó algunos de los resultados de la expedición, como el del llamado “té de Bogotá”, un error en el que incurrió Mutis. Esta planta, catalogada como Symplocos, no podía equipararse al té de China. “[Sin contar con] los gravísimos y trascendentales que yo mismo tuve que corregir tímidamente en mi publicación sobre las quinas”, escribió Triana en 1884. Sin embargo, décadas después, fue reconocido en el país por sus contribuciones.

Triana,

el eslabón entre

Mutis y el siglo XX

Ruth Acuña, curadora de la exposición “José Jerónimo Triana, heredero de una tradición botánica”.

Legado para preservar

Los documentos originales del botánico fueron facilitados por la División de Archivo y Correspondencia de la UN.

Sigue vivo

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9 de diciembre de 2012

La misión corográfica Conducida por el militar y geógrafo Agustín Codazzi en 1851, la Comisión Corográfica sería la expedición que daría a Triana sus mayores saberes. En ella examinó, clasificó y dio nombre a las plantas recolectadas y estableció un herbario con sus respectivas catalogaciones. En 1856 concluyó su labor, al entregar al Gobierno nacional 50.000 registros por especie, aproximadamente 8.000 números de colección y el herbario, que contaba con 3.950 especies. “Era un trabajador incansable. Él hizo los recorridos sin descansar un solo momento: recogía las plantas, las prensaba, tomaba las notas, luego hacia las etiquetas; y entre un

viaje y otro hacia los catálogos. Uno de ellos está en la Academia, el que entregó al Gobierno junto con su herbario. Otro, su copia personal, llena de anotaciones, se conserva en el Museo Británico de Historia Natural de Londres”, dice el profesor Díaz Piedrahita. Luego de terminar su trabajo en la Comisión, Triana viajó a Europa como delegado del Gobierno. Se codeó con personalidades que clasificaban y enriquecían el conocimiento botánico. Él mismo aportó al campo de la flora tropical, en especial en lo que respecta a las quinas. Sobresale su trabajo en asocio con el francés Jules Émile Planchon, profesor de Botánica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Montpellier, con quien publicó una monografía sobre las gutíferas. Igualmente, su participación en ferias internacionales, en las cuales dio a conocer la flora de Mutis, lo llevó a ocupar un lugar destacado en la comunidad científica europea. De este modo, se convirtió en el primer botánico colombiano que alcanzó fama mundial. De hecho, en la Exposición Universal de París, exhibió la hermosa flor de mayo. Al verla, la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, quedó prendada de su belleza y propuso venderla en un remate. Ella participó en la puja y la codiciada orquídea alcanzó la exorbitante cifra de 18.000 francos. Es la misma que fuera llamada, en homenaje a Triana, Cattleya Trianae: la flor nacional de Colombia.

Fotos: Andrés Felipe Castaño/Unimedios

Paola Linares M.

Dirección de Museos y Patrimonio Cultural Universidad Nacional de Colombia

El próximo año, el ICN hará un análisis histórico y taxonómico de la cantidad de especímenes que fueron designados como tipo en las colecciones de Triana; de cuántos especímenes de la colección original existen en el Herbario Nacional y de cuántos puede haber en otros en el exterior.

Retrato de José Jerónimo Triana elaborado por Antonio Rodríguez.

La Dirección de Museos y Patrimonio Cultural de la UN también rinde homenaje a José Jerónimo Triana. Ruth Acuña, investigadora de la muestra, afirma: “se busca construir un patrimonio de conocimiento científico y académico en el país; pero para hacerlo hay que empezar a volcarse sobre los hombros de las personas que han hecho este patrimonio, y uno de ellos es Triana”.

A Triana le dieron la Legión de Honor en Francia porque llevó semillas de una planta que tenía los mismos efectos que las quinas tradicionales, pero que eran lo que él llamaba las “nuevas quinas”. Las ensayó, las cultivó en invernadero y le germinaron. Luego las llevaron a costas africanas y las sembraron. Quiso que la humanidad tuviera una nueva fuente de cortezas antifebrífugas (contra las fiebres). De la obra de Triana se perdió mucho. Tal como lo señalan sus documentalistas, estos materiales estuvieron a la deriva durante ochenta años, y solo hasta la creación del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia dos terceras partes lograron ser rescatadas. Para Carlos Parra, director del Herbario Nacional Colombiano, “Triana es un eslabón entre el trabajo de Mutis y el que actualmente se desarrolla, especialmente en el ICN. Su obra es la semilla que hace que otros investigadores nacionales, desde el comienzo del Herbario y del Instituto, aborden sus estudios”. El caballero de las flores –como lo llama el profesor Díaz Piedrahita en uno de sus libros– murió en Francia, en 1890, justo por los días en que la monumental estructura metálica de la Torre Eiffel se alzaba por primera vez hacia el cielo, y que seguramente él observaba desde el Hospital de París. Allí respiró por última vez, no sin antes dejar al mundo uno de los mayores legados botánicos, que trasciende hoy como patrimonio científico colombiano.


Reseñas

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Información: 316 5290, extensiones 17638 y 17637 opymeditun@unal.edu.co • Oficina de Promoción y Mercadeo de la Editorial UN

Ideas y Valores vol. 61, n.º 149 Número especial: Platón y la política socrática Jorge Aurelio Díaz (ed.) Facultad de Ciencias Humanas Universidad Nacional de Colombia

Cálculo avanzado: introducción

Sócrates es un revolucionario político. Este pensador, que evitó sistemáticamente desarrollar una carrera pública y que más bien eligió ejercer una suerte de antipolítica, es responsable de la más importante transformación en la forma como los griegos entendían esta actividad. El auténtico político es aquel que, allende cualquier mejora social, actúa sobre el alma misma de sus conciudada-

nos para producir una revolución moral. Al ejercer su actividad de manera privada y no pública, su quehacer se concentra en el examen de sus contemporáneos. Su instrumento político es, por tanto, el diálogo socrático. De este modo, filosofía y política emergen en una nueva y excitante conexión, en la cual la filosofía no trata simplemente sobre política, sino que es ella misma política.

El objeto de este texto es proveer los conocimientos básicos para quienes trabajan en ecuaciones diferenciales, ordinarias y parciales, topología diferencial, variedades diferenciales, mecánica y otros temas que se abordan tanto en

José Francisco Caicedo Facultad de Ciencias Universidad Nacional de Colombia

La Independencia ha estado implicada en el acontecer histórico de Colombia desde 1810 hasta la época actual. Primero como acontecimiento y luego como representación. Constituye una problemática compleja e inagotable que hace que siempre retornemos

en el mundo, son muy escasas las obras que abordan, en español, una revisión tan comprensiva de los temas relativos a la estadística multivariada. La presente obra cuenta, con varios complementos, ejercicios disponibles y el código de los paquetes estadísticos R® y SAS®, a través del sitio web del texto.

pregrado como en posgrado. Trata de que los lectores, estudiantes e investigadores se familiaricen con el lenguaje del cálculo contemporáneo, sin perder el encanto y la intuición propios de la matemática clásica.

Independencia: historia diversa

a ella con nuevas preguntas, según las preocupaciones de la contemporaneidad. En la presente obra, un grupo de docentes del Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia abordan distintas cuestiones de esta temática.

Optimización estática y dinámica en economía Arsenio Pecha C. Facultad de Ciencias Económicas Universidad Nacional de Colombia

La Constitución de 1812 en Hispanoamérica y España Heraclio Bonilla (ed.) Facultad de Ciencias Humanas Universidad Nacional de Colombia

Probabilidad Liliana Blanco Castañeda Facultad de Ciencias Universidad Nacional de Colombia

Bernardo Tovar Zambrano (ed.) Facultad de Ciencias Humanas Universidad Nacional de Colombia

El presente texto es el resultado de la depuración de las notas de clase del curso de Matemáticas III de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, así como de cursos de Economía Matemática de pregrado de otras univer-

sidades. Se quieren presentar los temas abandonando la visión física o de ingeniería y con un enfoque y aplicaciones en las ciencias económicas que sirvan de base para los cursos que requieren las herramientas matemáticas de optimización estática y dinámica.

Lo ocurrido en Cádiz el 19 de marzo de 1814 constituye un primer desenlace de una coyuntura de crisis desatada seis años antes con el descoyuntamiento de la cabeza de la metrópoli y la invasión de la Península por el ejército bonapartista. Desenlace que encierra una cruel paradoja: un documento avanzado y liberal, para su época, que emerge

en el seno de una de las formaciones más arcaicas de la Europa moderna. A esa paradoja se refería Marx cuando escribía, en el marco de su análisis de las revoluciones de 1854: “en la época de las Cortes, España se hallaba dividida en dos partes: en la Isla de León, ideas sin acción; en el resto de España, acción sin ideas”.

La idea de escribir este texto surgió hace ya varios años, como respuesta a la necesidad de contar con un texto en español que abarcara los principales temas de la teoría de probabilidad que deben

ser vistos por los estudiantes de las carreras de Matemáticas y Estadística. Está diseñado como un primer curso sobre esta materia para quienes no cuenten con conocimientos previos.

9 de diciembre de 2012

Luis Guillermo Díaz Monroy y Mario Alfonso Morales Rivera Facultad de Ciencias Universidad Nacional de Colombia

Ofrecer un material actualizado sobre el análisis y métodos estadísticos multivariados, de fácil acceso, tanto para especialistas como para investigadores e interesados de diversas disciplinas, es el objetivo de esta publicación de la Facultad de Ciencias. Aunque existe una oferta generosa de literatura alrededor de este tema

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Análisis estadístico de datos multivariados


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Cultura

La bruma del conflicto Carlos Andrey Patiño Guzmán,

Unimedios

“Santa uno” “Caiga de lo alto bienhechor rocío como riego santo”. Esta frase, de la oración a San José de la novena de aguinaldos, es la reclamación que miles de familias campesinas le hacen a Dios y al Gobierno. No pocas veces, en los bellos y recónditos parajes del país, cuando el cielo se rompe, lo que llueve de lo alto es un malhechor veneno: el glifosato. Con esta fotografía, el artista Miguel Ángel Rojas muestra lo que no se ve. La bruma: el veneno. El paisaje: la tierra asfixiada. Los puntos en cuadrícula: la muerte. María Belén Sáez, curadora de la exposición y directora nacional de Divulgación Cultural de la UN, asegura que la obra habla de la doble moral que hay alrededor de la persecución del cultivo de la coca. “Nadie niega que el tráfico de drogas trae consecuencias profundamente negativas para la sociedad. Pero, en nombre de Dios, de lo sagrado y del bien, se está contribuyendo a extinguir culturas, paisajes, naturaleza y hasta la vida misma”.

Dos obras de valioso significado artístico y conceptual se suman este año a la colección del Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia. Se trata de las fotografías “Santa uno” y “Santa dos”, realizadas por el reconocido artista bogotano Miguel Ángel Rojas. Son imágenes en gran formato, intervenidas artísticamente de forma sutil pero evidente. Hacen parte del exitoso montaje “El camino corto”, que cierra con broche de oro un destacado año de exposiciones.

“Santa uno” representa la doble moral con respecto a los cultivos de coca.

“Santa dos” “Es absurdo pensar que la adicción mundial a las drogas vaya a acabarse destruyendo el territorio donde se cultiva coca”, sostiene Rojas, quien más que un maestro se considera un aprendiz permanente. De eso da fe su “manía” –dice la curadora María Belén Sáez– de conversar con la gente joven, de explicar su obra y de retroalimentarse de las opiniones y críticas. En el montaje “El camino corto”, la obra “Santa dos” muestra de nuevo un bucólico paisaje cubierto de bruma, que entra en diálogo con otros elementos de la exposición, como un “jardín” de naturaleza muerta que representa un territorio devastado. Es la confrontación entre “lo bello que tenemos” y “lo mal que lo cuidamos”, así como entre “las buenas intenciones” y “las malas ideas”.

“Santa dos”, paisajes entre lo bello y lo devastado.

Con un promedio de quinientas visitas diarias, la exposición “El camino corto” ha sido un éxito rotundo en el panorama artístico bogotano. La decisión del maestro Rojas de donar a la UN dos piezas centrales de este montaje, permitirá consolidar una valiosa colección de obras de importantes autores nacionales y extranjeros.

Foto: Andrés Felipe Castaño/Unimedios

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9 de diciembre de 2012

Dos más para la colección

Miguel Ángel Rojas presenta “El camino corto” en el Museo de Arte de la UN.

María Belén Sáez señala que al Museo de Arte de la UN han ingresado doce sobresalientes producciones de artistas como Alejandro Restrepo, Clemencia Echeverri, Ana Elvira Escallón, la británica Hannah Collins y el japonés Ryoji Ikeda, entre otros destacados creadores. “Son obras valiosas artísticamente y también en el mercado”, dice.

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UN Periódico No. 161 - Universidad Nacional de Colombia

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