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Número 61 Marzo-abril de 2011 Distribución gratuita

Los más ‘pilos’ Carta Universitaria revisó los archivos de la Universidad Nacional de Colombia y encontró a los estudiantes con mejores promedios en los últimos cuatro periodos académicos. La primera entrega de este especial está dedicada a los alumnos de la Sede Bogotá que son Orgullo UN.

Versión digital: http://www.cartauniversitaria.unal.edu.co

Páginas 7 a 10

Dejan las ventas por actividades productivas

El programa Promotores de Convivencia, liderado por Bienestar Universitario de la Sede Bogotá, busca mejorar la calidad de vida de los estudiantes en situación de vulnerabilidad socio–económica.

Páginas 14 y 15

Andrés Felipe Castaño / Unimedios

Universidad Nacional de Colombia • Unidad de Medios de Comunicación (Unimedios) carta_un@unal.edu.co • ISSN 01222929


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Universidad

Títeres que hacen labor social Uno de los actos culturales más tradicionales de la humanidad, surgido en la antigua Grecia, es hoy una fuente de entretenimiento para comunidades deprimidas de Bogotá gracias a Mary Olarte, funcionaria de la Universidad. diez días que se desarrolla. Una verdadera fiesta de las artes escénicas para las comunidades más populares de la región metropolitana y las provincias. Esta es una publicación de la Unidad de Medios de Comunicación (Unimedios) de la Universidad Nacional de Colombia Edificio Uriel Gutiérrez, Carrera 45 N° 26-85, of. 531 PBX: (1) 316 5000 ext. 18108/18109 http://www.cartauniversitaria.unal.edu.co carta_un@unal.edu.co

Subdirectora Carolina Lancheros Ruiz

Fotos: Archivo particular

Director Carlos Alberto Patiño Villa

En Colombia, y gracias al trabajo desarrollado entre la Universidad Nacional e instituciones colaboradoras, en el 2003 el modelo del Entepola se adaptó a las condiciones de diferentes comunidades de Bogotá y se convirtió en un espacio social en torno al teatro en el que todos los miembros de la comunidad participan anualmente durante la segunda semana de agosto, aportando según sus posibilidades.

Editor José Luis Barragán Duarte Redacción Unimedios Elizabeth Vera Martínez Giovanni Clavijo Figueroa Alejandro Borráez Hermann Saenz Johanna Ruiz Bolaños Gimena Ruiz Pérez Jeinst Campo Rivera

Alejandro Borráez Unimedios Bogotá La tradición de contar historias por medio de títeres que entretenían a los antiguos griegos, y cuya tradición se ha extendido en el trascurso de los siglos, ha sido adaptada por un grupo de personas de la Universidad Nacional de Colombia para crear relatos sobre la vida en comunidades que viven en condiciones de vulnerabilidad en Bogotá.

Corrección de estilo Lina Rojas Camargo Diseño y diagramación Jonny Flórez Murillo Fotografía Víctor Manuel Holguín Andrés Felipe Castaño Archivo fotográfico Kelly Johana Parra Versión Internet Medios Digitales Impresión Editoriales La República

Las opiniones expresadas por los autores y sus fuentes no comprometen los principios de la Universidad Nacional de Colombia ni las políticas editoriales de Carta Universitaria.

Al frente del proyecto se encuentra Mary Olarte, quien desde hace 30 años, cuando ingresó a la Universidad Nacional de Colombia como auxiliar administrativa para colaborar en las labores culturales, trajo la magia de los títeres a la alma máter y creó obras que presentó en diferentes dependencias de la Institución. “Entré a ser titiritera porque el profesor Enrique Vargas, entonces director del grupo de títeres de la Universidad, me invitó a trabajar con él. Fue mi maestro y, gracias al trabajo que realizamos, a los siete años de permanencia en la Universidad tuve la fortuna de crear mi propio grupo de títeres, llamado Eclipse”, explica. Con este grupo, Olarte convirtió al teatro animado en un complemento de la vida cotidiana de estudiantes, docentes y administrativos. “Llegaron muchos estudiantes que

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amaban el teatro, pero no les gustaba actuar en público. Por eso, los títeres eran la opción perfecta para desarrollar esas habilidades a través de un personaje. Trabajábamos teatro de sombras y utilizábamos muchos colores y luces para que fuera más llamativo”, cuenta. Historias de princesas y dragones que contrastan con las de prostitutas y ladrones forman parte de la amplia variedad de montajes surgidos de la mente creativa de Mary y, como fruto de su puesta en escena, ha ganado concursos como el Festival Internacional de Teatro Popular, el Festival Internacional de Títeres y algunos premios nacionales. Pero más allá de los galardones y reconocimientos, encontró en la calle el reconocimiento de los ciudadanos. “Siempre me había interesado el trabajo social, las difíciles situaciones que tiene que enfrentar la gente de escasos recursos, y por eso siempre me imaginaba haciendo algo por ellos. Como no tenía dinero, pensé que divertirlos podría ser una forma de contribuir a mejorar su situación”, explica Mary. El teatro comunitario Conocido como Entepola en Chile, su lugar de origen, el Festival Internacional de Teatro Comunitario es el mayor evento artístico al aire libre y con acceso gratuito, que reúne más de 40 mil espectadores en los

“El festival llega con un grupo de estudiantes de la Universidad y se une con las comunidades de bajos recursos, que prestan colchones, cobijas, ollas, platos, donan la comida y los ancianos cocinan. Allí llegan artistas de España, México, Brasil, Argentina, Chile y Perú, entre otros, y vamos a diez localidades de Bogotá para presentar las obras”, aseveró Olarte, fundadora del Festival. Con historias de títeres, un grupo de estudiantes de la Universidad, liderado por Mary Olarte, lleva mensajes de esperanza a los habitantes de las comunidades de sectores deprimidos en localidades como P uente Aranda, Tunjuelito, Suba, Usme y Soacha que, durante algunos días, pueden ver el futuro con mejores ojos.

Carta al lector Bogotá, 1 de diciembre de 2010 Señores UNIVERSIDAD NACIONAL Ciudad Cumplo 16 años de haberme pensionado, le doy gracias a Dios y a la Universidad Nacional por haber tenido la oportunidad de trabajar en esta Institución tan importante para mí. Muchas personas llegamos a esta Universidad a trabajar sin casi nada, hoy en día tenemos lo que ella nos dio, por ejemplo, yo tengo mi pensión, mi casa y, además, la Institución nos brinda muy buena atención médica, a la que podemos acudir cuando estamos enfermos. Gracias Universidad Nacional, más linda de Colombia. Atentamente, Olga Cecilia Ramírez Mojica.

la


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Academia

Fotos: Victor Manuel Holguín / Unimedios

Jaque a las bacterias y enfermedades El Instituto de Genética de la Universidad Nacional de Colombia está ofreciendo el servicio de secuenciación y análisis molecular, en el que un artefacto, por medio de secuencias, puede determinar especies de hongos, parásitos e incluso la región de procedencia de una especie animal. Johanna Ruiz Bolaños Unimedios Bogotá Investigar y analizar de manera más minuciosa y cercana muestras de algún tipo de hongo o microbio y hasta determinar el lugar de origen de un animal es la función del servicio de secuenciación y análisis molecular que ofrece la Universidad Nacional de Colombia. “La idea es que los investigadores de todas las áreas envíen sus muestras y, a través de un proceso detallado, que se hace por medio de un secuenciador especializado, se den las respuestas requeridas”, explica Paul Bloor, investigador del Instituto de Genética de la Universidad. Este artefacto tiene capacidad de análisis de hasta 80 muestras, lo que lo hace el más grande del país. Además, los servicios que presta pueden ser utilizados por todo tipo de público que lo requiera. “Aunque no es el único en el país, sí es el que más capacidad de análisis de muestras tiene, y a un bajo costo”, dice Bloor. ¿Para qué sirve? Este novedoso secuenciador molecular permite determinar genéticamente tipos de hongos, bacterias y el origen de una especie.

Además de esto, también ayuda a identificar las mutaciones de enfermedades como el Alzheimer y de las bacterias. Según el investigador, el secuenciador está diseñado como una herramienta que pueda ser usada en cualquier campo de la investigación. “Por ejemplo, si un grupo de agronomía necesita determinar un tipo de hongo que está afectando la papa, ellos nos mandan un fragmento para que, a través de este, hagamos una lectura detallada de su ADN, lo cual se hace por medio de la secuencia que se divide en A, T, C y G”, afirma Bloor. Cabe agregar que A, T, C y G (adenina, timina, citosina y guanina) son las cuatro subunidades de nucleótidos o moléculas orgánicas de una banda ADN. Esto ayuda a catalogar el tipo de hongo que está infectando el tubérculo y, dependiendo del resultado, es posible realizar un tratamiento efectivo. Este sistema funciona en diferentes áreas del conocimiento, todo depende de la investigación a realizar. “Para determinar correctamente el tipo de afección, nosotros contamos con una base de datos internacional llamada GenBank, que contiene secuencias ya consolidadas con diferentes especies, lo que nos permite comparar y determinar adónde pertenece, ya sea por familia, por especie o región, entre otras, un resultado”, agrega Bloor.

Para tener en cuenta... El Instituto de Genética de la Universidad Nacional dispuso la página http:// www.ssigmol.unal.edu.co/index.php/welcome/status, en la que los interesados pueden aclarar todo tipo de dudas acerca del proceso, los costos y la manera en que se debe realizar la entrega de muestras.

Asimismo, explica que en cualquier proceso de investigación “es importante establecer el origen, pues si uno no sabe a lo que se está enfrentando el investigador o médico sabe muy poco sobre lo que puede hacer”.

“Antes, para lograr el análisis de una muestra, esta se enviaba al exterior. Lo que queremos es incentivar este tipo de procesos en Colombia, evitando todo el papeleo y los permisos que acarrea enviarlas a otro lugar del mundo”, dice el investigador.

Una de las principales finalidades de ofrecer este servicio es que personas, grupos de investigación y universidades, entre otros, tengan la facilidad de análisis de sus muestras a un costo muy bajo.

La entrega de resultados se realiza por correo electrónico, después de cuatro días hábiles de la recepción de muestras en el laboratorio. Es obligatorio enviar el comprobante de consignación o del formato ATI.

¿Cómo funciona el secuenciador molecular? • Cuenta con ocho capilares o compartimentos, donde se ponen las muestras para analizar su ADN. Estos se pueden extender a 24.

• Tiene una ventana de detección, en la que se ve la frecuencia. Inmediatamente es registrada en un computador que va mostrando la secuencia.

• El proceso para entregar resultados concretos tiene una duración de 36 horas.

• El Instituto de Genética ofrece el servicio por un costo de $7.000 por fragmentos y de $12.000 por secuenciación completa.

• Las muestras deben ser enviadas por correo (certificado preferiblemente) o entregadas directamente en el Instituto de Genética.

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Historia de vida hasta un colegio privado, donde se desempeña como maestro de preescolar. Con perseverancia

Víctor Manuel Holguín / Unimedios

“Las profesoras me decían que los niños se la pasaban durmiendo y no rendían. Las jornadas para ellos eran muy largas, salíamos desde las seis de la mañana y llegábamos a las ocho o nueve de la noche”, dijo Villamil, quien le contó a Carta Universitaria que su mamá los recogía del colegio a las cinco de la tarde y se los llevaba a su lugar de trabajo.

Con inspiración supera la adversidad

Carlos Arturo Villamil cumple las funciones de papá y mamá, asume responsablemente sus obligaciones académicas y, como si fuera poco, trabaja como maestro de preescolar en un colegio privado. Este estudiante de Ingeniería Eléctrica representa una lección de vida. Elizabeth Vera Martínez Unimedios Bogotá Con solo 30 mil pesos de inversión, Carlos Arturo Villamil diseñó un carro para llevar a sus hijos Karla y Jeremmy hasta el Instituto Pedagógico Arturo Ramírez Montúfar (Iparm) al Jardín Infantil de la UN, respectivamente. Elaborado con madera, balineras y unos cuantos tornillos, este sencillo medio de transporte, aunque no es lujoso ni cuenta con partes eléctricas, soluciona la movilidad, es económico, no consume gasolina, no tiene pico y placa y es amigable con el medio ambiente. Ellos lo llaman Rayo McQueen, como el protagonista de Cars, la película animada de la compañía

productora Pixar, y aseguran que pronto lo pintarán de color rojo como el original. “La idea de hacer el carro surgió de la necesidad de desplazarnos más rápido hasta la Universidad. Antes gastábamos 50 minutos y ahora solo 25”, explicó Villamil. Esta invención tiene unos valores agregados: “Todos los días hago actividad física y ejercito el cuerpo. Además, los niños vienen felices a estudiar y ha sido una buena alternativa para movilizarnos y ahorrar tiempo”. Razón de vivir Desde hace dos años, Villamil tomó las riendas de su hogar y ahora vive con Karla Giuliana, de

cinco años, y Jeremmy, de tres. Al separarse de su pareja tuvo que vender la casa y el carro que había conseguido con esfuerzo para sobrevivir y sacar adelante a sus niños, que aún no lograban dimensionar la ausencia de su mamá. Inicialmente, con las ganas como su única arma, Villamil tenía que madrugar más de la cuenta porque debía alistar y acompañar a sus hijos al colegio, desde el barrio Altamira, en el suroriente de Bogotá. Desde este empinado lugar, llevaba a sus hijos en transporte público a su lugar de estudio, pero los pequeños muchas veces llegaban tarde, al igual que él a sus clases en la Facultad de Ingeniería. En la tarde, debe desplazarse

Con el fin de darle solución al problema, a mediados de 2010, Villamil se dirigió a la Corporación de Residencias Universitarias 10 de Mayo para pedir un cupo para él y su familia. Fue difícil, ya que nunca se había presentado un caso similar, menos si tenía que compartir la habitación con otra madre cabeza de hogar. Pero a finales del año recibió una llamada que alegró su existencia. De la Corporación le anunciaron que tenía un cupo. A partir de entonces, a Carlos Arturo le ha cambiado la vida: sus chicos están más cerca, ya no tiene que lidiar con el transporte público, su mamá sigue recogiendo a los niños a las cinco de la tarde y los acompaña hasta que él llega a su nueva vivienda. Con 41 años, este bogotano debió aprender a cocinar, coser, lavar, planchar, cortar pelo y hasta a arreglar uñas, pero ante todo esto no ha desfallecido y le saca provecho al tiempo para cumplir con los deberes diarios, desde preparar desayunos y almuerzos en la mañana hasta orar en familia y leer cuentos en la noche, como ritual para dormir. Ya no hay excusa para evitar ir al colegio o al trabajo, la creatividad brota en algunos, como en Carlos Arturo Villamil, quien, con su Rayo McQueen le apuesta al ingenio y a la mejora de la calidad de vida de su hogar.

Testimonios Ángela Marcela Figueroa Cortes Estudiante de Ingeniería Eléctrica de la UN

“El tío, como lo llamamos, es una persona que ha salido adelante a pesar de todas sus dificultades. Desde primer semestre ha tratado de cumplir con sus responsabilidades laborales, académicas y, por supuesto, como padre de familia. En muchas ocasiones tuvo que llevar a su hija a clases y a parciales porque no tenía con quién dejarla. Nunca se ha dado por vencido, con carga mínima ha ido avanzando y, aunque no lo vemos tan seguido, sabemos que podemos contar con él y tratamos de estar pendientes”.

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Martha Casallas Profesora del Jardín Infantil UN

“Es un hombre luchador y responsable. Recibí a su hijo Jeremmy cuando tenía un año y en el 2011 volví a ser su profesora. Estuve en el proceso de separación y he sido testigo de su superación. Lo admiro muchísimo, es responsable y va más allá de lo que es ser papá. A pesar de todo, nunca abandonó a sus hijos y prefirió desprenderse de su casa, construida con su esfuerzo y sus manos. Su hijo es muy tranquilo, aunque al principio quiso llamar la atención. Pienso que no le ha hecho falta su mamá, porque el papá suple sus necesidades en lo posible”.


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Cine

Fotos: Archivo particular

16 milímetros

La Escuela de Cine y Televisión de la Universidad utilizó este tradicional formato, creado en 1923, en un ejercicio fotográfico con los estudiantes de tercer semestre. Para su clase de género argumental, produjeron tres cortos de bajo presupuesto, con guiones cautivantes e imágenes impactantes. Giovanni Clavijo Figueroa Unimedios Bogotá Lanzado al mercado para ser usado por aficionados y utilizado en la Segunda Guerra Mundial para el montaje de propaganda estatal, el formato de 16 milímetros es hoy una alternativa de bajo costo para la producción de material audiovisual de alta calidad. Así lo entendió Alberto Amaya, director de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia, quien lo empleó en un ejercicio de fotografía con los estudiantes de tercer semestre que, a su vez, se constituyó en una práctica de séptimo arte. “Es un proceso conformado por tres talleres: el primero es un video súper ocho, en el que cada estudiante, de manera muy artesanal, filma, corta, pega imágenes de la película y arma una historia coherente. En la segunda y tercera fase se llega a la instancia de producciones más elaboradas, como las de blanco y negro y las de color”, sostiene. En el laboratorio de revelado para el formato 16 milímetros se construyeron estos relatos visuales a doble matiz, cuyo objetivo, según el profesor Amaya, fue que “los estudiantes pudieran manejar las

dos tonalidades y generar historias que se cuenten bien porque –según recalca– no todas se pueden contar en este formato”. Evocando los inicios del cine, cuando estos colores marcaron un estilo de contar historias, Amaya destaca los atributos del uso de este formato. “Acentúa un poco los elementos de la tragedia, se puede trabajar el manejo de la composición y todos los elementos dramáticos que puede generar el formato a blanco y negro en una producción”. Así se creó Los alumnos de la Escuela emprendieron el reto de hacer cortometrajes en este formato con una duración de siete minutos y durante todo el semestre trabajaron en este proyecto. Partieron de la preproducción, que implicó la consecución de insumos y talento humano necesario para el rodaje, luego continuaron con la producción, es decir, la filmación, y terminaron con la posproducción, entendida como la edición final del material grabado. Jorge García, profesor de la Escuela y encargado de orientar el taller, explica que estos ejercicios en 16 milímetros permiten a los estudiantes “poner en práctica las

bases para construir una película de cortometraje, tanto en las bases narrativas como técnicas”. García explica que de la experiencia se produjeron tres películas en blanco y negro “de buena factura” y valora el trabajo de sus alumnos, de los que señala: “Se esforzaron mucho y quedamos muy contentos”. “En un país como Colombia, la mayor parte de las escuelas no trabaja en soportes cinematográficos. Somos una de las pocas que les damos esta oportunidad a los

estudiantes para que apliquen, con más rigor, lo que hacen. Tiene importancia a nivel artístico para la difusión del trabajo porque la mayoría de los concursos y convocatoria dan mayor relevancia al cine por lo que implica desde la técnica”, dijo García. Con apenas dos latas y media por grupo de estudiantes, este trabajo, según explica el docente, les permitió entrar en las dinámicas de la exigente industria fílmica, en la que prima el uso adecuado de los recursos y la cual castiga su derroche con la cancelación de proyectos.

Las producciones A la fecha son doce las producciones que se han realizado en este formato. Una de estas, del género suspenso, se titula Solo para mis ojos y trata sobre los comportamientos obsesivos entre jóvenes. Su autora es Jennifer Ortiz. “Esta experiencia enriqueció mucho a todo el grupo porque fue el primer proyecto de hacer una película de verdad, con todos los cargos. Se aprendieron cosas durante el rodaje y al vivir el paso a paso de cada uno de los ciclos de un cortometraje”, comentó Ortiz. La estudiante destacó el esfuerzo de la Universidad por recrear la realidad de la producción. “Estos espacios son muy buenos. Que nos dejen hacer una película en este formato y nos faciliten las herramientas es muy valioso. Cuando uno entra a esta carrera el deseo es comenzar a realizar productos audiovisuales”. Para el siguiente semestre se espera no solo que la comunidad universitaria apoye estos trabajos empíricos del séptimo arte, sino que los estudiantes de esta disciplina presenten proyectos innovadores que muestren la realidad y cultura del país.

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Universidad

Edificio de Enfermería, en cuidados intensivos

Manos a la obra No basta con tener un plan de evacuación; lo más importante es ponerlo en práctica con la realización de simulacros que dejen ver las fallas y se puedan corregir a tiempo y, a su vez, en caso de enfrentar un desastre verdadero, las pérdidas sean mínimas. “Las personas deben saber cómo evacuar, qué comportamiento asumir para evitar los casos de pánico”, expresó Orjuela.

Johanna Ruiz Bolaños Unimedios Bogotá “Lo único que el tiempo no perdona es lo que a tiempo no se hace”. De esta manera, María Erley Orjuela, experta en salud pública, parafrasea la vulnerabilidad que presenta el edificio de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia frente a cualquier emergencia ocasionada por las fuerzas de la naturaleza. De acuerdo con Orjuela, la prevención, como postura para enfrentar situaciones de emergencia, es fundamental porque determina la diferencia entre la vida y la muerte. Orjuela, quien estuvo en Armero antes y después del deslizamiento que arrasó con el municipio, cuenta que esta experiencia la hizo vivir de primera mano el impacto de un desastre natural, y a partir de ese momento empezó a preguntarse si el país está preparado para afrontar este tipo de amenazas.

Según la experta, aunque resulta imposible dimensionar las consecuencias de los desastres por la complejidad de las situaciones de riesgo, recalca que el desarrollo de planes de prevención y atención de las situaciones de emergencia siempre mitigan los efectos devastadores.

La falta de educación hace que muchas veces los mismos alumnos expongan su vida ubicándose debajo de lugares agrietados. La idea es que los planes de emergencia se elaboren en cada edificio, con el fin de encontrar deficiencias y solucionarlas a tiempo.

“No tenerlos promueve la improvisación de las medidas que durante la emergencia se tienen que adoptar para enfrentar circunstancias no previstas”, argumentó Orjuela. Por lo pronto, en varios edificios de la Ciudad Universitaria se adelantan estudios sísmicos con el fin de establecer su vulnerabilidad y hacerle frente. En atención a la antigüedad de estas edificaciones, dichas acciones de prevención pueden ser determinantes para apaciguar los efectos de un desastre.

María Erley Orjuela, PhD en salud pública de la Universidad de Alicante (España) y docente de la Universidad Nacional.

María Erley Orjuela, experta en salud pública, alerta a directivas, docentes, personal administrativo y estudiantes, entre otros, sobre la vulnerabilidad de esta construcción frente a un embate de las fuerzas de la naturaleza.

todos los aspectos mencionados es una prioridad que la docente asumió como un reto personal y profesional. Según Orjuela, la prevención es el instrumento más adecuado para aminorar los efectos destructivos o dañinos para el hombre y adoptarla implica tener en cuenta tres aspectos fundamentales.

“Ocho días antes de que ocurriera la tragedia estuve allí, participando en charlas de prevención, y el día siguiente a la tragedia tuve que presenciar el dolor de la pérdida de vidas humanas y la destrucción de un pueblo en cuestión de horas. Posteriormente, participé en el proceso de rehabilitación y me di cuenta de que el tema de las ayudas agravó la tragedia”, dijo Orjuela.

El primer elemento es el técnico, que incluye la investigación científica sobre estos fenómenos, su seguimiento metódico, el monitoreo de sus efectos principales y secundarios, la correlación de información y los consecuentes análisis de vulnerabilidad.

De acuerdo con la experta, el edificio presenta una serie de inconvenientes, como la exposición a la combustión y el hacinamiento, asimismo, advierte que sus bases han sufrido un desplazamiento cercano al medio metro.

Fotos: Archivo Unimedios

Esta preocupación se mantuvo en su trabajo en la alma máter: “Como dicen por ahí, los ojos ven lo que la mente conoce. Apenas llegué a la Universidad empecé a ver la alta vulnerabilidad del edificio de Enfermería, pues es una estructura de altísimo riesgo frente a distintas amenazas”.

Claves para su seguridad • Fijar un lugar o punto de encuentro. • Buscar un sitio abierto donde no haya peligro de derrumbes.

Más vale prevenir

• Conservar la calma. Si está en pisos altos, bajar de manera ágil, pero sin correr, ya que esto hace que las estructuras de las edificaciones se debiliten.

Frente a este panorama, según explica, la generación de un plan de emergencia que tenga en cuenta

• Establecer puertas y escaleras de emergencia o ubicar un punto de evacuación eficiente en cada lugar.

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El segundo aspecto es el establecimiento de redes de comunicación e información que entrelacen los grupos científicos con los equipos remotos de monitores de fenómenos naturales. Por último, es fundamental la capacitación de los organismos operativos y los grupos comunitarios, ya que esto brinda respuestas adecuadas a la prevención y marca el éxito de una evacuación oportuna de salvamento de víctimas. “Es allí donde el proceso de prevención tiene su cabal cumplimiento”, indicó la experta. En esto trabaja la profesora Orjuela para asegurar que el edificio de enfermería salga de cuidados intensivos.


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Portada - Orgullo UN

Los más

‘pilos’

Fotos: Andrés Felipe Castaño / Unimedios

Carta Universitaria revisó los archivos de los últimos cuatro periodos académicos y encontró que entre los mejores promedios de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, los estudiantes de la Facultad de Ciencias Humanas son los que predominan.

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Portada - Orgullo UN

Una cita con los mejores

Hermann Sáenz Unimedios Bogotá El mundo académico, al igual que el deportivo, no es ajeno a la dinámica de la competencia, y en medio de un ambiente en el que cada uno de sus participantes lucha por obtener los máximos logros, Carta Universitaria indagó en los archivos de la Universidad para encontrar a los estudiantes que han alcanzado los mejores promedios académicos en los últimos semestres. En el listado de los 20 primeros alumnos de pregrado de la Sede Bogotá, y teniendo en cuenta el periodo académico 2009-I a 2010-I, la mitad de los estudiantes con los mejores promedios son de la Facultad de Ciencias Humanas, tres de la Facultad de Ciencias, dos pertenecen a la Facultad de Derecho Ciencias Políticas y Sociales, dos a la de Ingeniería y uno a la Facultad de Ciencias Económicas, uno a la Facultad de Artes y otro más a la Facultad de Medicina.

Andrés Felipe Castaño / Unimedios

Bajo el nuevo Estatuto Estudiantil no existe promedio semestral, ahora se realiza el Promedio Aritmético Ponderado Acumulado (PAPA) (ver recuadro), que incluye todas las asignaturas cursadas. El primer estudiante es Jonathan Leonardo Buitrago, con un promedio de 4,9200, de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, la segunda es una estudiante de la Facultad de Ciencias Humanas, Claudia Patricia Ramírez, con 4,8600, y la tercera es Ingrid Johanna Sánchez, de la misma facultad, con 4,8500.

Jonathan Leonardo Buitrago Va en tercer semestre de Derecho y Ciencias Políticas. Aunque nació en Bogotá, se considera mitad del campo y mitad de la ciudad, debido a que sus padres son oriundos de una zona rural y aún viven allí. Su indumentaria con sombrero y bastón no lo deja pasar desapercibido por el campus. Egresado de bachillerato del Colegio Inem del Tunal, en el sur de Bogotá, siguió la tradición, que según él ha regido, en la que quien sale de un colegio técnico estudia ingeniería. En efecto, se

presentó por primera vez a la Nacional para estudiar Ingeniería Agrícola. “Esta carrera se debe estudiar con más cabeza fría que con pasión, por eso no me hallé en ella”, recuerda Buitrago. Aprovechando los conocimientos adquiridos en ingeniería se fue a estudiar matemáticas a la Universidad Distrital. Sin embargo, un accidente que lo tuvo incapacitado por seis meses, y por el que se vio obligado a usar bastón en la actualidad, lo hizo recapacitar de nuevo sobre su rumbo en la vida. “Cambié mi

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De los primeros 20 estudiantes, once son mujeres y nueve de ellas forman parte de la Facultad de Ciencias Humanas, la gran mayomanera de pensar y la manera de ver a las personas y, de ahí, se dio ese giro tan drástico de la pasión por las máquinas, los números y las abstracciones a querer estudiar una ciencia humana y regresé a la UN, donde me quería ver mi familia”, comenta Buitrago. Piensa que lo mejor de la UN es la gran diferencia de ideologías, “pintas” y personas que la componen y valora “el orgullo de pertenecer a una Institución tan integral que abarca bajo una sola unidad tantas posi-

bles configuraciones del ser humano”. Considera que la clave de su rendimiento está en su discapacidad, que no le permite ir al ritmo de los demás, y eso lo hace más reflexivo y le da más tiempo para poder planificar su tiempo y sus actividades. Su escritor preferido es Hermann Hesse; su libro, Demian; su película, Annie Hall; Su música, el tango; su hobby, el dibujo.


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Andrés Felipe Castaño / Unimedios

Portada - Orgullo UN

ría de Antropología. En cuanto a las dos restantes, una es de Ciencias Económicas y la otra de Artes Pláticas. “Este es un excelente indicador de equidad de género en términos de la posibilidad que han tenido estas estudiantes de entrar a la Facultad de Ciencias Humanas y mostrar toda la capacidad que tienen. Una formación de primer orden y un compromiso académico muy bueno, porque el nivel de excelencia en los programas de Ciencias Humanas, y específicamente en Antropología, Sociología y Psicología, es muy elevado. Lo que se demuestra es un gran compromiso académico y un desempeño muy bueno por parte de las estudiantes”, comenta Sergio Bolaños Cuéllar, decano de la Facultad de Ciencias Humanas. “Fue para nosotros una sorpresa encontrar este gran número de estudiantes de nuestra facultad. Creemos que son alumnos que han entrado en una competen-

cia muy buena de conocimiento en ciencias humanas y en ciencias sociales y que evidentemente vienen con una gran formación de sus colegios”, afirma Bolaños. Solo un estudiante ha permanecido entre los diez mejores en los

últimos cuatro periodos remitidos. Se trata de Mario Enrique Arrieta, estudiante de Ingeniería Industrial, con un PAPA de 4,8185. En cuanto a los estudiantes de posgrado en la misma sede, la situación es diferente porque

hay 22 con PAPA de 5,000, de los cuales la mitad son de la Facultad de Ciencias, cuatro de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, tres de Ingeniería, dos de Artes Plásticas, uno de Agronomía y uno de la Facultad de Ciencias Humanas.

Cómo se mide el PAPA El Acuerdo 008 de 2008, por el cual se adopta el Estatuto Estudiantil de la Universidad Nacional de Colombia, lo explica:

1. Se multiplica cada calificación definitiva por el número correspondiente de créditos de la asignatura cursada.

ARTÍCULO 40. Promedio de las calificaciones de las asignaturas. El promedio de las calificaciones numéricas se ponderará teniendo en cuenta el número de créditos de cada asignatura.

2. Se suman todos los productos anteriores y el resultado se divide por la suma total de créditos cursados.

ARTÍCULO 42. Promedio Aritmético Ponderado Acumulado. Para calcular el Promedio Aritmético Ponderado Acumulado se tienen en cuenta las calificaciones definitivas de todas las asignaturas cursadas. Esto es, cuando una asignatura se cursa más de una vez se tendrán en cuenta las calificaciones definitivas obtenidas cada vez. El Promedio Aritmético Ponderado Acumulado se calcula de la siguiente manera:

PARÁGRAFO. El PAPA acumulado es una medida de desempeño académico, de uso exclusivo e interno de la Universidad. Para la expedición de certificados a los egresados se utilizará el promedio académico definido en el Artículo 40 y se especificará el número de créditos aprobados y cursados. ARTÍCULO 43. Rendimiento académico. El rendimiento académico tanto de los estudiantes de pregrado como de posgrado lo determinará su historia académica y en especial su Promedio Aritmético Ponderado Acumulado.

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Portada - Orgullo UN

Nació en Bucaramanga, donde realizó sus estudios de primaria en el colegio José Celestino Mutis y de bachillerato en el Instituto Técnico Nacional de Comercio. Desde 1992 reside en Bogotá. En esta ciudad estudió griego y latín en el Instituto Caro y Cuervo. Adentrarse en el idioma de los antiguos la contagió, y por eso una de sus frases de cabecera es la voz latina carpe diem, cuyo significado es “aprovecha el día”. Considera que el contenido de estas dos palabras encierra la clave de haber conseguido un buen promedio. Durante sus tiempos libres estudia, prepara los trabajos y adelanta tareas. También considera importante la disciplina y tiene claro cuál es el objetivo de formar parte de la Universidad Nacional. A pesar de que estudia segundo semestre de Antropología, asiste a materias de otras carreras como Ciencias Políticas. “Pienso que uno como profesional se debe formar integralmente, no por el hecho de estar inscrito en una carrera debe estar exclusivamente en ella, cuanto más

interdisciplinar sea uno, más completo se va a ser como profesional”, comenta. Vive sola en un apartaestudio situado en el barrio Sosiego, acompañada de sus libros de literatura y una colección de 120 discos de música clásica, jazz y salsa antigua. Reconoce que lee mucho durante sus ratos de esparcimiento y casi no habla con sus compañeros de estudio. “La mayoría son muchachos entre los 17 y 21 años, así que pertenecemos a dos generaciones diferentes, con formas muy diferentes de ver la vida”, cuenta esta estudiante, que no quiso revelar su edad. Lo que más admira de la Universidad son los buenos maestros que posee y la calidad académica de sus programas. Su meta más próxima por ahora es culminar la carrera y luego inclinarse por la arqueología. Su escritor preferido es William Shakespeare; su libro, El perfume; su película, Drácula de Coppola; su música, la clásica (preferiblemente la de Vivaldi) y su hobby, la fotografía.

Claudia Patricia Ramírez Explica que no tiene ningún régimen de disciplina ni tampoco un método establecido. Asegura que organiza su tiempo de acuerdo con las exigencias de cada materia. Eso sí, asegura: “Lo principal es que a uno le guste lo que esté haciendo, y a mí me gusta la ingeniería industrial y me llama la atención la mayoría de temas que aborda”.

Fotos: Andrés Felipe Castaño / Unimedios

“Cuando estaba en el colegio, uno de mis principales gustos eran las matemáticas y todo lo que tiene que ver con el desarrollo de las ciencias exactas como la física y la química. Y lo que me gustó de la ingeniería industrial es que tiene una gran cantidad de campos y opciones por las cuales uno puede estudiar y, a la vez, profundizar, utilizando herramientas matemáticas, físicas y químicas. Me llamó la atención la versatilidad que presenta la carrera, sobre todo en la Universidad Nacional”, asegura Arrieta.

Mario Enrique Arrieta Número 61 Marzo-abril de 2011

Arrieta viene del colegio La Salle, en el que estudió la primaria y el bachillerato, y aunque considera que le iba muy bien en el colegio, nunca se consideró un nerd. “Uno no puede dedicarse solo al estudio, con mis amigos y compañeros de la UN hago otro tipo de actividades de esparcimiento. Si uno es organizado puede tener tiempo para todo”, comenta Arrieta.

Vive con sus padres y una hermana en el barrio La Pradera. En el 2008 aplazó su carrera y se fue para Italia durante un año, hecho que le sirvió para aprender este idioma, del cual dicta clases particulares los fines de semana. Antes de entrar a la UN siempre la vio como un centro académico muy importante para el país y le llamaba mucho la atención el desarrollo teórico y académico que tienen los programas en la Institución. Hoy que estudia en la Universidad se cumplieron sus expectativas y le gusta la variedad de metodologías que se puede encontrar en las materias, la flexibilidad para abordar los programas académicos y la autonomía que se le deja al estudiante para que sea una persona responsable. En cuanto a su futuro, tan pronto concluya la carrera, dice: “Me llama mucho la atención el mundo académico, me gustaría seguir estudiando. Pienso que voy a hacer una maestría o un doctorado”. Escritor, Gabriel García Márquez; novela, Cien años de soledad; película, Pi, el orden del caos y le gusta todo tipo de música.


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Universidad Jeinst Campo Unimedios Palmira La Universidad Nacional de Colombia en Palmira emprendió desde 2007 la remodelación del edficio del Bloque 50 para mejorar las condiciones de trabajo de su cuerpo profesoral y el beneficio de los estudiantes. Para la construcción de los 1.600 metros cuadrados del cuarto piso del edificio fue necesario realizar previamente un refuerzo estructural, el cual se desarrolló en dos etapas: una de estudios y diagnósticos y otra de propuestas para llevar a cabo el refuerzo.

Mejores espacios para la docencia

“Luego de dicho estudio se invirtieron 1.729 millones de pesos en la obra civil, el mobiliario, la interventoría, las adecuaciones eléctricas y los permisos para adición del nivel, materializados en 40 oficinas para los profesores de la Sede, las cuales garantizan su bienestar laboral”, asegura Carlos Iván Cardozo Conde, vicerrector de sede.

En la remodelación del tercer piso del edificio se invirtieron 635 millones de pesos para la adecuación del Centro de Idiomas, dos grandes espacios para las oficinas de las dos facultades y cuatro salones dotados con tecnología de punta. El Centro de Idiomas cuenta con 23 computadores, cada uno con un programa especializado para el aprendizaje práctico del inglés, que los estudiantes utilizan como parte de sus actividades académicas en esta importante área de conocimiento.

Fotos: Archivo Unimedios

Centro de Idiomas, departamentos y salones

Cerca de 1.600 metros cuadrados construidos, más de 40 oficinas para docentes y un auditorio con toda la dotación tecnológica y mobiliaria forman parte de la nueva cara del edificio Bloque 50 de aulas y cubículos de la UN en Palmira.

Un moderno auditorio En el Auditorio Gary Mintz, ubicado en el segundo piso, se invirtieron 166 millones de pesos en la remodelación y el mobiliario de este importante espacio con capacidad para 100 personas. “Quisimos darle una cara moderna al auditorio que permita desarrollar todas las actividades académicas, artísticas y culturales que se realicen en la Sede, por eso lo dotamos con una silletería confortable y las conexiones necesarias para su funcionamiento audiovisual”, afirma Ruth Amparo Aley, coordinadora de planeación.

En el auditorio

se realizó la construcción total del cielo falso y algunos paneles en yeso que mejoran la acústica de este espacio.

2.503 millones

de pesos se invirtieron en el edificio entre el tercer y cuarto piso, además del Auditorio Gary Mintz.

Ahora el cuarto piso cuenta con: 35 oficinas individuales 10 oficinas compartidas 1 sala de cafetería 1 sala de reuniones

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Universidad

Al mejor estilo de los decatlonistas, deportistas que compiten en pruebas de velocidad, fondo y campo, los estudiantes de ingeniería de sistemas del mundo deberán mostrar sus destrezas en el trabajo colectivo, el análisis de problemas complejos y el desarrollo ágil de software, entre otras cualidades, durante la Competencia Internacional Universitaria de Programación (ACM–ICPC, por sus siglas en inglés), que tendrá lugar en Orlando (Estados Unidos), del 27 al 31 de mayo. Cuatro equipos colombianos, entre ellos uno de la Universidad Nacional de Colombia, participarán en este evento, cuya historia se remonta a 1970, cuando se realizó un concurso de programación en la Universidad A&M de Texas.

De izquieda a derecha: profesor Fabio González (director de los equipos de Programación-UN), becario David Becerra (entrenador de los equipos de Programación-UN) y los estudiantes Rafael Niquefa, Santiago Baldrich y Erick Sánchez (participantes-UN03).

Rumbo al mundial de programación

Esta maratón de programación de computadores es patrocinada por las más importantes empresas de la industria informática, y su convocatoria abarca los cinco continentes: en 2010 participaron 8.700 equipos de 1.900 universidades y de 86 países. Para la Universidad será su tercera clasificación al torneo: las anteriores fueron en San Antonio (Estados Unidos) 2006, la segunda en Estocolmo 2009 y este año en Orlando 2011. En esta ocasión también participarán la Universidad del Valle, Eafit y la Universidad de Los Andes. ¿Cómo se clasifica al mundial? Cada universidad escoge su equipo, ya sea por competencia interna o selección directa de los jugadores. Luego compiten a nivel regional con equipos de Ecuador y Venezuela y, finalmente, de este encuentro clasifican los representantes al mundial. “Para llegar a las instancias de final mundial, nosotros (UN-03) superamos varias etapas, una institucional, otra nacional y otra regional”,

Un grupo de estudiantes de Ingeniería de Sistemas participará en la Competencia Internacional Universitaria de Programación (ACM–ICPC, por sus siglas en inglés), que tendrá lugar en Orlando (Estados Unidos) en mayo. explicó David Becerra, estudiante de doctorado que dirige al equipo clasificado. En la etapa nacional participaron aproximadamente 120 equipos de todo el país y en la regional cerca de 40. “En esta etapa quedamos en tercer lugar, lo que nos dio uno de los cuatro cupos por la región norte de Suramérica para la final mundial”, explicó. Mundial El certamen se realizará por la modalidad de equipos de tres jugadores que dispondrán de cinco horas para resolver entre ocho y

diez problemas. El ganador será el equipo que resuelva el mayor número en el menor tiempo posible.

un equipo de la Universidad se medirá con los mejores del mundo y buscará los máximos honores.

“Los de las finales mundiales son difíciles y requieren de conocimientos en técnicas de diseño de algoritmos, matemáticas y programación mucho más avanzados que los necesarios en las competencias institucionales, nacionales y regionales”, expresó Becerra.

Fabio González Osorio, docente de la facultad, se refirió a la participación del equipo. Académicamente: “Los estudiantes tienen la posibilidad de aplicar el conocimiento y las habilidades que han adquirido durante su carrera y compararse con otros grupos de ingeniería de sistemas a nivel mundial”. Visibilización: “Es una competencia selectiva, la más importante a nivel de programación, con mucho reconocimiento. A la final solo llegan cien equipos. Esto muestra el nivel del programa de Ingeniería de Sistemas de la UN”. Logros: “Los estudiantes del programa pueden mostrarse y a raíz de estas competencias consiguen intercambios internacionales y pasantías en reconocidas instituciones como Google e IBM, que siempre buscan a los mejores”. Motivación: “Los estudiantes se sienten incentivados porque reconocen que su nivel está en par con los mejores de otras universidades del mundo”.

El mundial se diferencia de otros concursos por el grado de dificultad del trabajo en equipo y la resolución de las pruebas con un solo servidor. Bajo estas circunstancias,

Correo confirmación clasificación mundial

Habla el equipo

“Estimado entrenador, ¡Felicitaciones! Entre más de 8.700 equipos de 1.900 universidades en 86 países, su equipo ha sido seleccionado como uno de los 100 mejores para participar en la final mundial del ACM–ICPC 2011, patrocinado por IBM...”

“Nos sentimos muy orgullosos porque estamos en un proceso de cambio generacional en los equipos de programación de la Universidad, y los resultados positivos se siguen viendo. Hoy contamos con 11 equipos de la Universidad, y estamos seguros de que esto motivará a los estudiantes más jóvenes que hasta ahora inician el proceso.

Historia 2006: Universidad Nacional de Colombia, puesto 39, con dos problemas resueltos. 2009: Universidad Nacional de Colombia, puesto 49, con tres problemas resueltos.

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Visión docente

Fotos: Archivo Unimedios

Elizabeth Vera Martínez Unimedios Bogotá


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Egresados

de la música colombiana, era precisamente eso lo que evitaba alcanzar el nivel de quienes llevaban en sus venas la tradición histórica de la música clásica. “Ponerme a competir con músicos alemanes, haciendo la música de ellos, era casi absurdo, por lo que me pedían un toque diferente. Entonces, lo que hice fue empezar a mostrar la música colombiana y no me imaginé que tuviera tanta acogida”. Lo que inició como un viaje de un año para aprender otro idioma y vivir una cultura más evolucionada musicalmente, se convirtió en una década de preparación para la vida y una profesión difícil. “Si no hubiera sido músico, hubiera sido médico, lo que pasa es que eso no me apasiona. Y bueno, no puedo curar gente, pero sí puedo levantar la moral y el ánimo de las personas con una canción”, asegura.

Pasillos,

Víctor Manuel Holguín / Unimedios

bambucos y guabinas

apasionan a los alemanes Andrés Villamil es egresado del Conservatorio de la Universidad Nacional, donde se convirtió en guitarrista. Actualmente vive en Alemania, donde se destaca interpretando música del interior de Colombia. Alejandro Borráez Unimedios Bogotá A diferencia de muchos jóvenes que se inclinan por ritmos como el rock, el pop o la mezcla de géneros musicales, Andrés Villamil ha viajado por Europa rescatando pasillos, bambucos, guabinas, valses y danzas, los mismos que aprendió desde niño y profesionalizó en las aulas del Conservatorio de la Universidad. “Esa música la llevo en la sangre, siempre me ha gustado y me interesó estudiarla en el Conservatorio porque es muy difícil y requiere de muchas horas de estudio, trabajo y dedicación. Tal vez ahora la gente no tiene tanto tiempo para dedicarse a la música, y por eso se ha abandonado un poco, pero mi motivación principal era no dejar perder esta tradición tan importante”, asegura Villamil. Nacido en Zipaquirá (Cundinamarca), inició su carrera musical en la Academia Luis A. Calvo con el maestro Gentil Montaña, reconocido guitarrista y compositor colombiano caracterizado por sus arreglos para orquesta y música de cámara de ritmos tradicionales colombianos. A los 18 años ingresó a la Universidad Nacional de Colombia para convertirse en guitarrista profesional. “Fue una época increíble, yo había estado un año en el Ejército, donde dejé casi

por completo la música. Dirigí el coro por obligación: era eso o aguantar frío en una garita, pero cuando entré a la Nacional me encontré con gente muy joven que también estaba interesada en esto, profesores muy buenos y un ambiente muy adecuado para la música”, destaca. En el 2000, al finalizar su carrera, decidió que la música, a pesar de las dificultades que implicaba, sería su forma de ganarse la vida. En los teatros alemanes Aunque era consciente de que en los grandes teatros europeos era común rendirle homenaje a clásicos como Schumann, Chopin, Bach y Mozart, su idea fue lograr que en estos lugares se escuchara música de la Región Andina colombiana: “A mi modo, y con lo que tenía, intenté hacerle mi propio homenaje a los grandes compositores colombianos, que ni siquiera eran mencionados en Ale-

mania”, explica el músico colombiano. Y es que a territorio europeo llegó luego de estudiar por cuatro años en Cuba con el maestro argentino Roberto Aussel, quien le permitió reconocer la gran acogida de los ritmos suramericanos en aquel continente. “Comencé, como la mayoría de colombianos, en otro país. Me había ido a Cuba con el dinero de un concurso de guitarra que me gané y de ahí me fui para Alemania a lavar platos, barrer... y cuando lograba algo medianamente cercano a lo mío, tocaba en misas y daba serenatas, pero esto le hace mucho daño a un músico porque no hay ningún tipo de esfuerzo ni de disciplina. Se hace para sobrevivir y ya”, recuerda Villamil. Para ingresar en “las grandes ligas de la música” necesitaba algo diferente. Si bien tenía en su sangre la alegría

Chicacuicha, homenaje a maestros

Este es el nuevo trabajo del colombiano Andrés Villamil. En este álbum recopila canciones de grandes maestros de la música colombiana como Jaime Romero, Gentil Montaña y José A. Morales, entre otros. Villamil espera que su nuevo álbum sea conocido en Colombia y logre el apoyo de quienes encuentran en la música colombiana una posibilidad para su colección personal. Sin embargo, confiesa que no deja de admirar la obra de Chopin, Bach, Mozart y Piazzola, quienes también forman parte de su interés particular.

Ha recibido el reconocimiento en España, Francia y Alemania entre otros, donde ha ofrecido conciertos en el Museo de América (Madrid), WDR Funkhaus (Colonia) y en Concertgebouw (Ámsterdam). Para responder a esta acogida, el compositor colombiano ha realizado varios trabajos como Cuarteto colombiano (1999), Iberoamérica (2004) y Canciones latinoamericanas (2006). Ahora, Villamil quiere volver a Colombia para promover la música con la que ha recorrido varios países, pero señala que se necesitan más que buenas intenciones. “Lo que pasa en Colombia es que cuando alguien llega a un alto cargo le da mayor prelación a ciertos géneros, como pasó con el vallenato y está pasando con la música del Pacífico. Ojalá llegue pronto al Ministerio de Cultura un boyacense o un cundinamarqués que dé a conocer la música del interior y promueva el trabajo de tantas personas que nos rehusamos a dejar perder estos géneros”, advierte Villamil. El artista visitó Colombia por dos semanas, y antes de volver a Alemania a preparar su regreso y la promoción de su nuevo álbum, Chicauicha, nos contó que su estadía en territorio germano ha implicado sacrificios. “Lo más difícil no ha sido abrirme paso en otro país con música que era desconocida, sino adaptarme a reducir el menú, a no comer otras frutas más que manzanas, a conocer gente que parece fría pese a su gran cultura y a estar fuera del lugar que me enseñó todo”.

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Universidad

Estudiantes dejan las ventas por actividades productivas

Fotos: Víctor Manuel Holguín / Unimedios

El programa Promotores de Convivencia, liderado por Bienestar Universitario de la Sede Bogotá, busca mejorar la calidad de vida de los estudiantes en situación de vulnerabilidad socio–económica. Actualmente, 90 alumnos se benefician al recibir un salario fijo y adquirir experiencia laboral sin descuidar su actividad académica.

Diana López, estudiante de séptimo semestre de Ciencia Política y jugadora de la Selección de Futbol de la UN. Giovanni Clavijo Figueroa Unimedios Bogotá Por los corredores, las zonas verdes y los diferentes espacios del campus, las ventas ambulantes de alimentos, música, minutos a celular y libros, entre otros productos, han preocupado a la Institución por ser actividades que, en su mayoría, son realizadas por estudiantes de la Universidad, por lo regular de bajos recursos económicos. Con una población de 27 mil estudiantes, la división de Bienestar de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá gestiona diferentes programas para ofrecer beneficios a la población estudiantil que vive en situación de vulnerabilidad. La gestión de esta dependencia beneficia al 27% de los estudiantes con bono alimentario y alojamiento. Sin enmbargo quedan fuera de su cobertura un alto porcentaje de alumnos de estrato 1

y 2, que por las dificultades ven afectadas sus obligaciones académicas. Frente a este panorama surge el programa Promotores de Convivencia, dirigido a estos estudiantes que presentan alto riesgo de deserción y rezago. Propuesta para la comunidad De acuerdo con Lucy Barrera, directora de la División de Bienestar Sede Bogotá, lo primero que se hizo fue un trabajo de convocatoria y persuasión. “Invitamos a los estudiantes vendedores para que se acercaran y nos contaran su problema y la razón por la que se dedicaban a las ventas. Al escucharlos, entendimos que los estudiantes necesitan más que un almuerzo y un alojamiento, buscan estabilidad económica para su manutención”. Lo primero que hizo la Universidad fue aprobar la Resolución 934 de mayo de 2010, una norma que

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“nos invita a tener una cobertura y apoyar estudiantes con algún tipo de actividad que pudiera ser diferente a las que ya están establecidas, como el bono alimentario”, explicó la Directora de Bienestar. La convocatoria recibió respuesta de 254 estudiantes vendedores y la Institución, con el apoyo de seis profesionales del área psicosocial de Bienestar, identificó sus características socio–económicas: edad, género, principales productos de venta, dependencia económica, horas dedicadas a la venta y el promedio académico, entre otras. Diagnóstico de estudiantes El análisis permitió establecer que el 69% de las personas dedicadas a las ventas en la Institución son hombres y el 42% se ubica en el rango entre 17 y 21 años. Los principales productos que se venden son los comestibles, las

artesanías, los libros y las películas. Sin embargo, la venta de minutos a celular ocupa un lugar alto en este apartado. En dependencia económica, se estableció que el 75% de estudiantes viven solos y el 25% con sus familias. Frente al tiempo dedicado a la venta, los investigadores encontraron que el 19% de estudiantes trabajan más de seis horas, el 37% hasta seis horas y el 36% entre dos y cuatro horas. Un aspecto relevante que tuvo en cuenta este análisis fue el ingreso mensual de las ventas, mostrando que el 38%, es decir, 98 estudiantes, ganaban menos de un salario mínimo al mes. Finalmente, según Barrera, el promedio aritmético ponderado académico (PAPA) fue clave para establecer la relación entre horas de estudio frente a las horas dedicadas a las ventas y la depen-


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Universidad

José Manuel Pérez, estudiante de séptimo semestre de Farmacia. dencia económica que tenían los estudiantes. “En este escenario hicimos la propuesta y allí se enmarcó el programa”. El propósito de la Universidad es vincular a los estudiantes con alto riesgo de vulnerabilidad en diversas áreas de la Institución y evitar que dejen en un segundo plano sus obligaciones académicas.

algo estable con menos horas e ingreso fijo me da la oportunidad de terminar la carrera rápido, porque si me gradúo podré recibir un sueldo superior, pero ya en lo que estudio”. Diana López, estudiante de séptimo semestre de Ciencia Política y jugadora de la Selección de Futbol de la UN, trabaja ahora en la Biblioteca.

Testimonios y experiencias José Manuel Pérez, estudiante de séptimo semestre de Farmacia, vendió dulces durante tres años y estaba casi 15 horas diarias en esta labor. Tenía que estar pendiente de su negocio entre 12 y 15 horas, desde las 6:00 a.m. hasta las 9:00 p.m. Ahora, Pérez, siendo uno de los estudiantes beneficiarios del programa, labora en la sección de Mantenimiento de la Universidad, experiencia que valora: “Esta actividad ha sido más agradable y una de las ventajas de este proyecto es el tiempo, ahora tengo ocho horas para dedicarme a la carrera. Con las ventas se reducía considerablemente el tiempo para estudiar, solo pensaba en conseguir dinero para mantenerme como estudiante”. Los beneficios se trasladan a su rendimiento: “En lo académico, las cosas han mejorado. Tener

Sobre su nueva labor, comenta: “El mayor beneficio es tener la tranquilidad de un ingreso fijo y horarios flexibles. Además, se realizan labores en las que estoy aprendiendo, me enseñan a manejar

programas e incluso ya conozco el funcionamiento interno de la Biblioteca”.

por eso acudí a Bienestar para solicitar su ayuda”, destacó la universitaria.

Diana vendía dulces y jugos todo el día en su tienda personal y tenía muy poco tiempo para estudiar. Los pocos espacios entre clase y clase los dedicaba a las ventas y no podía leer fotocopias ni adelantar trabajos.

Resultados del proceso

“Mi promedio se ha mejorado. Fue significativo porque ya no tengo la presión de pensar en el dinero para cubrir mis necesidades básicas. Mi calidad de vida ha mejorado y no voy a negociar poder estudiar por no tener plata,

Vinculación al programa Inicialmente, la propuesta planteada consistía en que los estudiantes trabajaran 12 horas a la semana, recibiendo un salario mínimo. En efecto, bajo estas condiciones inició la prueba piloto con 35 estudiantes, que se ubican en el área de gestión de la sede y 19 en la Biblioteca. “Ellos firmaron una carta en la que se comprometieron a dejar las ventas y a mantener el promedio o superarlo”, señaló la funcionaria. En el 2011, un total de 90 estudiantes se han vinculado al programa y se aumentó la carga laboral a 15 horas a la semana. Fueron asignados a trabajar en la Dirección de Gestión, Biblioteca Central y Secretaría General, apoyando actividades como los grados y la planeación de eventos. “En Bienestar, lo que hicimos fue no contratar estudiantes auxiliares, sino que fueran promotores para ser ubicados en campañas, apoyos logísticos para eventos y en campañas relacionadas con autocuidado y salud, y que sean preparados para factores de riesgo en eventos institucionales”, comentó Barrera.

De los estudiantes vinculados al programa, el 96% cumplió los compromisos adquiridos y solo dos personas no terminaron el proceso, uno se retiró y el otro volvió a las ventas. Un 55% de los estudiantes que se vinculó ha mejorado su promedio académico. En las encuestas de evaluación personal, los estudiantes coincidieron en que mejoraron su calidad de vida, la estabilidad económica, ganaron tranquilidad para dedicarse al estudio, tienen un horario de trabajo flexible, conocen experiencias enriquecedoras a nivel laboral, fortalecen lazos familiares y el apoyo a sus integrantes y comparten conocimientos con compañeros de otras carreras. Este proyecto ha contribuido a que los estudiantes en situación de vulnerabilidad se dediquen a sus estudios y evita que se desvíen en actividades ajenas a su futuro profesional, porque “los estudiantes vienen a ser ingenieros, arquitectos y médicos, no a ser vendedores ambulantes”, concluyó la Directora de Bienestar.

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A vuelo de pájaro Por Gimena Ruiz Pérez Unimedios Medellín

El campus de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín es el lugar de residencia y punto de encuentro de 77 especies de aves que, con su colorido y algarabía, engalanan uno de los pulmones verdes de la capital de Antioquia. Aquí una muestra.

Pyrocephalus rubinus o mosquero cardenal

Myiarchus cephalotes o atrapamoscas montañero

Zimmerius chrysops o tiranuelo cejiamarillo

Amazilia tzacatl, conocido como colibrí

Tangara vitriolina, también llamada azulejo o tangara rastrojera

Milvago chimachima, se denomina pigua

Myiodynastes maculatus o sirirí rayado

Piranga rubra o piranga roja y abejero

Thamnophilus multistriatus, conocida como batará carcajada

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Historia en imágenes

Fotos: Carlos Esteban Lara

Myiozetetes cayanensis o suelda crestinegra

Carta Universitaria No. 61  

Carta Universitaria No. 61 - Universidad Nacional de Colombia

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