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MEDIO RURAL

LA CIUDAD 06


MedioRural

Dirección CRISTIÁN RAU Comité Editorial JOSÉ TOMÁS LABARTHE MARÍA PAZ RAU DANIEL ROZAS Dirección de Arte & Diseño CRISTIAN CÁRCAMO PAOLA LIZAMA Foto Portada HÉCTOR LABARCA ROCCO Editorial BOCA NEGRA EDITORES 2015 Impreso IMPRENTA GUTENBERG TALCA www.mediorural.cl info@mediorural.cl

Consejo Nacional de la Cultura y las Artes Fondo Nacional del Libro y la Lectura


N° 06 / Año 2015

“Al lado de la estación, pero casi invisible como conviene a una ciudad que sólo tolera al roto en la fiesta patria, empiezan las sucias madrigueras, de las cocinas y las cantinas llegan a la calle acres emanaciones de humo y frituras y el rumor de voces roncas”

El roto Joaquín Edwars Bello


Desde aquella famosa cita: “fértil Provincia y señalada”, uno de los caminos más transitados por la Literatura nacional ha sido la de describir nuestro país. A partir de la manoseada frase de La Araucana, nuestros escritores se han inspirado en el campo nacional, han vibrado con sus lares y surcado sus cielos; pero, por el contrario, las ciudades chilenas han sido menos narradas. El escritor Carlos Franz se pregunta: “Santiago, la principal agrupación urbana de Chile, no tendría una novela urbana que valga la pena (…) ¿Dónde está el Londres de Dickens, el San Petersburgo de Dostoievsky, el Dublín de Joyce, en Santiago?. Aunque no existe esa, la magna novela de Santiago, sí hay esfuerzos notables que describen la gran capital: desde Vicuña Mackenna, pasando por Edwards Bello, Droguett, Donoso y Gómez Morel, y varios otros han regado Mapochos de tinta describiendo generalmente la pobreza, la desigualdad y la cara fea de la metropolis. Por el lado de la poesía, en cambio, los versos citadinos son escasos y sus mejores ejemplos nacen enfrentando a la dictadura debido a que, en palabras de Diamela Eltit, “el golpe militar produjo la borradura de la ciudad, transitar por ella era un hecho conflictivo y todo lo público estaba en entredicho”. Ineludibles en este acápite son La ciudad de Millán y Paseo Ahumada de Lihn. El año pasado desde la región del Maule salió el libro Ciudad Fritanga, una antología de relatos de escritores nacidos o criados fuera de las grandes ciudades. Historias de pueblos mal armados, de identidades arribistas

que añoran Santiago – o incluso Paris y Londres- , pero al mismo tiempo infancias impagables, con las patas en los ríos y siestas a la hora de almuerzo en días laborales. Esa imagen, la de la Ciudad Fritanga, pero no sólo en el sentido peyorativo (relacionado a la comida mala, aceitosa y pringada), sino que también hermanada con la vida en torno al terminal de buses, esas pequeñas migraciones diarias entre el campo y la ciudad, y a la sencillez de la vida en estas provincias cada vez más grandes, fue la que nos llevó a dedicar el séptimo número de Medio Rural, justamente a La Ciudad. La ciudad que proponemos es, como todas, ambigua, desordenada y compleja: entre sus calles deambula a medio filo la más manoseada del centro de Santiago, ella, la que hace el amor con el muchacho de la cuadra, que escribe poesía; Mario Bellatín, con su brazo ortopédico, sus tenidas vampirescas y esos protagonistas raros, que no son de aquí ni de ninguna parte; personajes solitarios y nostálgicos, sacados de los cuadros de Hopper y un yakuza japonés que anda blandiendo su katana por el Barrio Brasil. Nuestra ciudad se mueve al ritmo del rap mala onda, ochentero y combativo de los Panteras Negras y nos planteamos en contra del “ombliguismo consuetudinario y proverbial de los santiaguinos, que se no permiten ver más allá del paradero veinte de la Gran Avenida por el Sur” -que denuncia Gil- y a través del ojo/lente de Héctor Labarca Rocco mostramos el Talca cotidiano, terremotiado, soberbio y único, como todas las ciudades. Y terminamos, como mueren los valientes, en la calle de las putas.


06 Mario BELLATÍN por Cristián Rau

SOBRE LA CIUDAD FRITANGA 14 DIÁLOGOS por Cristián Rau

24 Lalo MENESES: miembro DE LOS PANTERAS NEGRAS por Héctor Vera

32 día y fuga de jorge teillier por Juan Carlos Villavicencio

VENGADOR OLVIDADO 37 UN por Gonzalo Hernández

46 SERGIO PARRA por Daniel Rozas

58 EL CAZADOR DEL MAULE

HÉCTOR LABARCA ROCCO por Antonio Gil

70 YAKUZA por Francisco Ide Wolleter ciudad de hopper 80 la por José Tomás Labarthe

91 la poesía como un juego de ilusión y antiescuela por Claudio Maldonado

94 Sobre la construcción de la ciudad de gonzalo millán


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Mario Bellatin, escritor:

“Yo soy mi propia escritura, independiente del lugar donde la produzca” por Cristián Rau

Miro las fotos que el escritor Mario Bellatin sube a las redes sociales. Misteriosas fotografías que oscilan entre las que lo muestran con una jauría de galgos en paisajes rurales que parecen salidos de los cuentos de Juan Rulfo o de la pesadilla del cónsul Firmin, y recortes urbanos que retratan a la bullente Ciudad de México. Todas muy buenas imágenes, que traslucen la formación cinematográfica del autor. Bellatin nació en México pero vivió buena parte de su vida en Perú. Incluso, fue en Lima donde publicó su primera novela Mujeres de Sal (1986). Fue ahí también donde cursó dos años de Teología y, posteriormente, terminó Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima. *

Tengo un viaje familiar a México.

No se pierde nada, pienso, mandándole un mail a Mario Bellatin. Además, la tía pintora de un amigo – o un cuento así- es cercana a él, entonces, debería ser más fácil. Mi colega, me responde vía mail. Me comenta la Carmen que ha sido una odisea conseguir el correo de Bellatin, de hecho, no lo consiguió. Pero sí su número de teléfono. Si quieres ir a por él tendrás que hacerlo a la antigua. Suerte! 7


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En vez de ir a la antigua, me voy a la moderna: sigo su traza por la red y lo pillo. Se muestra increíblemente cordial. Ponernos de acuerdo se hace un poco difícil: él está en Argentina, yo en el Maule y quedamos de juntarnos en Ciudad de México. * Bellatin lleva la cabeza rapada al cero. Se viste religiosamente con una túnica negra, grandes bototos y lleva siempre cubierto el antebrazo derecho, ya que nació sin esta extremidad. Antes, ocupaba unas prótesis inmensas, llenas de garfios y pinzas. Incluso, había unas poleras que decían BELLATIN y tenían

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como figura central, un aparato ortopédico que parecía las cornamentas de un ciervo. * Mario Bellatin en Argentina y yo en Chile, tratamos de coordinarnos. Él llega el sábado y quedamos para el domingo. Sector Roma. DF. No pasa nada. Se definió pulverizado por el viaje. * En su extensísima obra, compuesta por una cincuentena de libros


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desperdigados en varias editoriales, Bellatin demuestra su predilección por personajes extraños, enfermos, y deformes. Otro punto atractivo de su trabajo es que sus breves novelas parecen formar parte de un bosquejo mayor, de un ambicioso cuadro decadente; como una especie de Historia Oral del Mundo, en versión de la podredumbre latinoamericana. * -Martes 28, me parece bárbaro. Por la Juarez / Roma. Dice Bellatin. - Perfecto. Respondo. - Hola, el martes ya lo tengo copado. ¿Puede

ser el miércoles por favor? Ataca el escritor. - Imposible. ¡Es que el miércoles vuelvo a Chile! Retruco, mientras me atraganto con un mezcal. * Mario Bellatin estuvo detrás de la fundación de la Escuela Dinámica de escritores, en el D.F. mexicano, un proyecto que proponía enseñar a futuros hombres de letras a narrar, con una sola prohibición: la de escribir. La idea de este proceso formativo consistía en enfrentar a los alumnos a una

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serie de maestros de distintas áreas de las artes, para comprender influencias, intercambiar experiencias, explicar procesos creativos, pero todo bajo la premisa: de que a escribir, no se puede enseñar. El propio Bellatin, en el libro que recoge los cuatro primeros años de la Escuela Dinámica, explica que la idea era “tratar de escapar a los cánones tradicionales del pensamiento. A la idea de que existe una fórmula, una verdad alcanzable, luego de lo cual, una vez que se esté en posesión del secreto, se hará posible que alguien pueda dedicarse a escribir. Los libros mientras más excéntricos, mejor”. * - Mario, buenas, te escribo ya desde Chile. Ya que no nos pudimos reunir, ¿existe la posibilidad de que te mande algunas preguntas vía email? Quedo atento. Saludos Nada se pierde. - Hola, te pido una gran disculpa. Pero estoy con una gripe muy fuerte, y ya por eso no te pude ver. Pero por supuesto, mándame las preguntas. Y espero que tu viaje a México haya sido muy bueno * En un cara a cara, que realizaste con Jorge Volpi, él dice que “en Francia 10

o en Italia no es sencillo publicar un libro de Mario, porque los editores no aceptan que un latinoamericano no escriba sin su marca de identidad”. ¿Cómo definirías hoy esa marca de identidad latinoamericana? Y ¿cómo has logrado escaparte de ella? En Francia, hoy, tengo cerca de quince libros traducidos y en Italia unos cuantos. Me parece que los propios escritores -Jorge Volpi incluido- hemos logrado romper con el mito establecido de lo que debe ser un escritor latinoamericano. Para mí es un espacio geográfico no literario, que me ofrece un potencial enorme para crear una escritura que me empeño en considerar como propia. Yo soy mi propia escritura, independiente del lugar donde la produzca. En tu obra, tu biografía aparece y desaparece. ¿Cómo y por qué lo haces? Creo que hago todo el tiempo un juego de opuestos. Pongo como biográficos elementos que no lo son, que sin embargo el lector cuenta con los elementos suficientes como para creer que sí- y tomo de lo real aspectos que para cualquiera son increíbles que sucedan-. Quizá por eso me encuentro atento todo el tiempo a lo que sucede a mí alrededor. Tú posees una visión radical con respecto al lenguaje: estás por reducirlo al mínimo. En general esa es una visión contraria a la común de los


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escritores, que ven en manejo de la lengua su “diferenciación” con respecto al resto. ¿Cuál es el motivo? Para mí el lenguaje es un obstáculo. Un enemigo a vencer, pues justamente su razón de ser es la estandarización y un escritor debe buscar lo contrario. Una “desescritura”, por decirlo de alguna manera. Y siento que el castellano, con toda esa ampulosidad, es un grave problema para muchos. Por eso me encanta cuando encuentro algún libro mío traducido al inglés o al alemán. Siento que en esos idiomas se hace más evidente mi búsqueda de utilizar el lenguaje sólo como herramienta y no como fin. Dirigiste la Escuela Dinámica de Escritores una iniciativa en que un grupo de maestros, de distintas disciplinas de las artes, compartían con alumnos interesados en la escritura. Lo que llama la atención es que lo único prohibido es, justamente, escribir. Cuéntanos un poco en qué consistía este proyecto. La idea era simple. No se puede enseñar a escribir, y para lograr una escritura que posea algún valor debe ser única. No puede aplicarse entonces la fórmula escolástica que nos acompaña desde el jardín de infantes: aprender para aplicar. De alguna manera lo que se debe ver -y tener muy cerca- es observar que así como alguien logró inventar y aplicar su propio aprendizaje, de esa manera un aspirante a la escritura debe hallarse solo. 11


Fotografía de María Paz Toral 12


En algunas de tus novelas es difícil definir realidad v/s ficción. También nos encontramos con personajes que viven en situaciones límites. ¿De dónde nace esa búsqueda por diversas fronteras? Porque mientras determinado texto logre introducir al lector dentro de sus propias reglas carece de importancia la veracidad o no de los sucesos narrados. Siento que la literatura es precisamente eso: rehacer el mundo de tal manera que tanto el autor como el lector puedan habitar en un universo formado por palabras y vacíos. Tienes, por un lado, una vida austera, cercana a la religión y a la naturaleza y, al mismo tiempo, vives en una gran ciudad como D.F. y eres muy cercano a la tecnología (escribiste una novela en el iphone, usas mucho Instagram y Facebook). ¿Cómo se vive en ambos mundos? Creo que la única respuesta adecuada puede ser “sin darse cuenta”. Cada uno de los elementos que menciona tiene muchos años haciéndose conmigo. No son decisiones tomadas de una manera consciente. Son situaciones que se han ido formando y lo que usted aprecia son sus manifestaciones externas no los procesos.


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Conversación con Ricardo Green, editor del libro Ciudad Fritanga y Stefano Micheletti, presidente de la ong surmaule, sobre este concepto que nos habla de los carros de sopaipillas, de los productos chantas y de una realidad precaria, pero que nos ayuda a pensar todo lo que pasa en las “nuevas” ciudades chilenas. Un remezón para comprender que también existen problemas urbanos fuera de las grandes metrópolis. por Cristián Rau 14


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Ricardo, explícanos un poco qué consiste el libro Ciudad Fritanga (Editorial Bifurcaciones, 2014) y cómo nace el título. Ricardo Green (RG): Este fue un concepto que salió para aunar los textos cuya intención inicial era pensar cómo se vive en la pequeña ciudad chilena, aquella que no entra en la definición de metrópolis, pero tampoco en el campo o el villorrio; quedaron fuera sólo Santiago, Valparaíso y Concepción. Del conjunto de cuentos que nos llegó emergió una idea de ciudad precaria, o precarizada; una visión popular pero no clasista, en el sentido de que la clase popular es una de las más ricas en producción cultural. Hoy en día, claro, esta clase popular se ve más indefensa y colonizada por tipos de prácticas y de vidas cotidianas que son de muy mala factura. A eso se refiere la ciudad fritanga, a la omnipresencia de carritos de sopaipillas y de papas fritas, que no tiene nada de malo por sí mismo, pero es malo cuando es lo único que hay. Es una ciudad donde todo se hace a medias, sobre frito, sin ninguna experticia, preocupación ni cariño y con bajo recurso. La Ciudad Fritanga es, entonces, de mala factura. RG: Hay, sin duda, una mirada negativa de este tipo de ciudades. Ahora, no es solamente una mirada mía sino que de treinta y cuatro autores que en su

mayoría nació o vivió en estos lugares. Lo que nos llegó es una visión con mucha rabia: frustración contra las empresas, contra los políticos. Frustración con la contaminación; con el descuido generalizado. Vemos en estos cuentos una mirada un tanto romántica del pasado. Pero la visión del presente no es terrible, pero es aburrido, algo soso, la gente se quiere escapar. Ustedes dos vienen de afuera. Stefano tu eres italiano y Ricardo tu naciste en Nairobi y has dado varias vueltas. ¿Cuál es la visión antes de llegar a la Ciudad Fritanga? Stefano Micheletti (SM): Yo no pasé por Santiago, entonces mi llegada a una ciudad de esta escala fue directa. En Italia, antes de llegar a Talca, vivía en Padua, una ciudad con un número similar de habitantes, y cuando llegué acá aluciné completamente al ver ciertas cosas, que eran absolutamente distintas a mi imaginario de ciudad. De hecho, al llegar, al toparme con los caballos y esos aspectos rurales, fue todo un descubrimiento. Hay un elemento que es súper positivo, que es esa mezcla urbano –rural, que es una de sus principales características, junto con los diversos tipos de migración que se dan en estos tipos de ciudades. Entonces en este movimiento de personas dentro de esta mediación entre urbano y rural, se da una especie de Modernidad Fritanga, que tiene una gran potencialidad. 15


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RG: Yo no conocía Talca, pero sí este tipo de ciudades. Ya estando aquí, hay cosas que hecho de menos de la gran metrópolis, como la vida pública y política que se da en la ciudad. Aquí la vida colectiva se da en las casas, de manera privada y entre iguales o conocidos, entonces no hay demasiado intercambio: es una ciudad cerrada sobre sí misma. Priman las relaciones de cercanía, o de sangre, más que la idea de sociabilidad. Es raro que en ciudades con tanta migración no exista esa cultura, acá se presenta alguien e intentan triangularlo entre sus redes de conocidos, lo que dificulta mucho crear una vida más colectiva. Ahora, eso no es solamente distinguible en esta región, en Chile es difícil acceder a otros círculos; ahí está la tesis clásica de Cousiño Valenzuela, que dice que uno acoge tan bien al extranjero para disolver su extrañeza, “hacerlo conocido”. Existe un prejuicio sobre las Ciudades Fritangas, se las considera feas, atrasadas y hediondas. Incluso Rodrigo Salcedo, dice en el prólogo del libro Ciudad Fritanga que “se mudaban a Talca, a la barbarie”. ¿Cómo se mejora la vida misma en éstas ciudades si la percepción general es tan dura? RG: Hay una imagen muy desfasada desde la capital. Nosotros Ricardo Greene 16


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hicimos una encuesta, en que un 56% de los talquinos no se sentía ni urbano, ni rural. Pero al ser consultados por cómo creen que los ven desde afuera, hay una enorme proporción se sentía rural; y, a la vez, al comparar la percepción de los atributos rurales versus urbanos, éstos últimos eran mejor evaluados. Es decir, la gente siente que desde afuera los ven como huasos, y eso no es bueno. Obviamente, hay una idea, de que el Maule es visto como un lugar atrasado, poco educado y donde no hay mucho que hacer. Puede ser contradictorio, esta percepción negativa de que los vean como huasos, en un sentido peyorativo, pero lo que le da orgullo a la ciudad, son estas cosas como huasas: Talca como el resguardo de la nación y de lo chileno. SM: Fritanga tiene, al menos, dos posibles interpretaciones: uno, lo mal hecho, y eso existe y es evidente. Pero, lo mal hecho, también es esa producción ficticia de identidad. Pero hay una Ciudad Fritanga donde emergen estos espacios que son casi de contra nacionalidad, lo rural y lo popular que siguen viviendo sobre el asfalto. E insisto, ahí hay una potencialidad y algo muy interesante, es un lugar donde también podemos crear modernidad, entendiendo esta como el acceso a las tecnologías y de los edificios de treinta pisos en la Alameda. Se puede postular a una modernidad que sea una buena síntesis, bien hecha, dónde se encuentre lo urbano y lo rural. Fotografía de Héctor Labarca Rocco 17


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Se habla, entonces, de asumir el desafío de dejar de concebir a las ciudades dentro de esta dicotomía urbano/rural y comprenderlas como “ciudades intermedias, rururbanidad o agrópolis”. Explíquennos esto. SM: Lo primero es ponernos de acuerdo con los conceptos y significados, pero el debate ya está lanzado. En Chile sigue existiendo esta brecha: el debate académico versus la política pública, pero la realidad habla claro: Talca que es una ciudad según el INE y por dónde tú preguntes; porque 250.000 personas todas juntas hacen una ciudad. Ahora, casi la mitad se siente completamente rural o medio rural, entonces, a partir de esta percepción se está construyendo una nueva identidad, que está también tensionada y reforzada por los procesos de migración campo/ciudad que no paran. Sumado a los efectos post terremoto, donde entre 13 y 15 mil familias en Chile fueron trasladadas, pero también por resistencia de estas prácticas rurales dentro de la ciudad que existen y van a seguir existiendo. RG: El concepto de Ciudad Fritanga es un tipo de ciudad intermedia en Chile y no esperamos que siga así. Espero lugares mejor pensados, mejor soñados, mejor vividos y mejor cuidados por los políticos y por la población en general. Son ciudades que no se piensan y se cuidan poco. En general el nivel de quienes 18


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Fotografía de Héctor Labarca Rocco 19


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están a cargo es bajísimo. Pero creo que puede ser distinto, y por eso estamos acá. Es importante producir instancias de debate y discusión, y no es fácil en un terreno donde la gente no está muy dispuesta a conversar. ¿Qué efectos tuvo el libro Ciudad Fritanga? RG: Es pronto para decirlo, pero creo que lo más importante es que se habló de que existían estas otras ciudades, porque cuando en Chile se habla de los problemas urbanos, se habla de Santiago básicamente y esto expuso que hay otras ciudades con otros problemas. Gracias a la prensa que tuvo el libro y a la lectura, ha contribuido a pensar en lo urbano pero no necesariamente metropolitano. SM: Además, hay otra cosa, el nombre de Ciudad Fritanga molesta mucho. RG: Claro, además el fin de todos estos esfuerzos es generar mayor discusión. Por ejemplo, en las elecciones pasadas para Alcalde, no hubo debates. O sea, hubo, pero no fue Juan Castro, que terminaría siendo electo. Un Alcalde debe tener una propuesta de ciudad y en la elección pasada no la hubo, entonces nosotros trabajamos para que en las próximas sí la haya. En el libro Identidad e identidades en el Maule se plantea que el sistema económico imperante ha llevado a 20

olvidarse al valor de la “territorialidad” y sus particularidades. ¿Cómo se soluciona eso? RG: Tienes la vía capitalista, que tiene un valor, que consiste en homologar: todo territorio debe ser incorporado al sistema de producción y de consumo. Pero lo que ha pasado en el último tiempo, es que los territorios se levantan resistiendo esa homologación, buscando cosas que sean propias. Lo que pasa un poco con eventos locales, o con el vino, en que se busca lograr ciertas “marcas”, que te da valor, pero tiene el riesgo de la autenticidad real. La gente suele pensar, como monotemáticamente, yo no digo que no se haga la Fiesta de la Independencia, pero por qué no hacemos otras cosas también. Por ejemplo, como somos una gran región agrícola, porque no nos convertimos en los primeros en el Comercio Justo; por qué no somos la región punta en el buen vivir o en comidas orgánicas. Tenemos un 15% de la población ligada a la vida universitaria y no hay oferta ni vida universitaria para estas personas. Las autoridades tienen, en general, esta mirada demasiado monotemática, y trabajan en la lógica del pan y circo. SM: En Talca, para dar ejemplos más concretos, están pasando cosas. Lo que sucede es que aún no hay una conexión clara entre esta aspiración al cambio las incomodidades ya se dejan ver- y las comunidades. Tienes por un lado grupos que son fundamentalmente instituciones que no tienen acceso al poder,


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entonces muchas veces son inocuas. En la medida en que esta aspiración al cambio, estas actividades, logren enganchar con el territorio y entren en una lógica menos aisladas se pueden generar cosas. Hay otros cambios que vienen de afuera, que son menos controlables, como por ejemplo el tema de la migración. En este mismo libro, cómo conclusión se postula que en general los maulinos quieren “ser urbanos pero desde un punto de vista local”. ¿Es eso posible? RG: Cuando estábamos tratando de definir qué es Talca, nos dimos cuenta de que en definitiva no es una ciudad, sino que territorio interconectado, donde hay un tributo y una interrelación fructífera entre lo que podemos llamar Talca y sus alrededores. Es complejo definir hasta dónde llega Talca y empieza lo otro. Hay mucha comunicación y servicios que circulan, y en esta circulación hay prácticas rurales que se empiezan a asentar en la ciudad y viceversa. A esto sumémosle la llegada transversal de la información con la televisión satelital, y esto va acentuando otro tipo de consumo y otro tipo de expectativas. Más el ingreso de muchos jóvenes en la Educación Superior, sin duda que generan varios cambios, en la UCM tenemos un 60% de alumnos que no viven en Talca, claro vienen de Curicó y de Linares, pero también de Putú y de otros lugares rurales

Stefano Micheletti


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A veces, esto genera quiebres con los padres ya que nacen otros tipos de prácticas y de valoraciones que van transformando las familias. Ricardo dices en un artículo que “tenemos una gran oportunidad que no podemos seguir desperdiciando. Es hora de pensar la ciudad como algo más que huasos, banderas y animales muertos” RG: No es en contra de eso, sólo creo que debemos ser más que eso. A Susan Sontag le preguntan si prefería a Dositoievski o a los Doors y ella dice algo así como que “no tengo por qué elegir. Váyase al carajo”. Hay que dar espacios a una sociedad democrática, a todo tipo de expresiones, a minorías, a migrantes, a universitarios. Hay que tener la inteligencia para no copiar modelos de desarrollo extranjeros, y ver qué tenemos nosotros para potenciar. Yo propuse, por ejemplo, hacer un Museo del Terremoto, que representa a identidad misma de la Región, y me hicieron pedazos en el Diario El Centro. SM: Yo creo que el tema es la síntesis: no hay que ser más o menos huasos. Hay que ser capaces de mirar alrededor y ver cómo es la realidad. El punto es cómo lo hacemos bien, ahí está el tema. La región ya se siente al mismo tiempo urbana y rural, eso es así, y ese es justamente el patrimonio. Claro, lo impotante, es resignificar estos conceptos- porque claramente hay una serie de estigmas frente a la ruralidad -en una clave moderna.

* Ricardo Greene es Sociólogo, Magíster en Desarrollo Urbano, Documentalista y PhD (c) en Visual Anthropology por Goldsmiths; Director de la revista Bifurcaciones y editor del libro Ciudad Fritanga (Editorial Bifurcaciones, 2014) ** Stefano Micheletti es Licenciado en Ciencias Forestales y Medioambientales y Magíster Internacional en Cooperación para el Desarrollo y Responsabilidad Social y Ambiental. Presidente de ONG Surmaule, integrante del CEUT – Centro de Estudios Urbano-Territoriales, coordinador del Observatorio de Ruralidad del Maule y docente asociado en la Universidad Católica del Maule. 23


LALO MENE MedioRural

MIEMBRO de los

PANTERAS NEGRAS por Héctor Vera

“La tecnología no te llena la guata, la cabeza o el corazón con conocimiento”


SES

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Lalo Meneses es un tipo que siempre tiene algo que decir. Su historia, fundamental en el desarrollo del hip hop nacional, partió a fines de los años ochenta bailando break dance sobre tablas de cholguán, primero en su población Huamachuco, y después por todo el centro de Santiago. Junto a Chino Makina, El Duro, Juez, el Pitta y Dj Rata, formó una de las bandas seminales del rap criollo: Los Panteras Negras. Las letras de Los Panteras y su actitud combativa los llevó a tener enfrentamientos con los pacos y con los aparatos represivos del Estado. Míticos dentro del mundo rapero, Los Panteras fueron detenidos en 1996 por “ofensas e injurias a carabineros” durante un concierto en el Court Central del Estadio Nacional, y aún hoy son recordados en el mundo del hip hop local por el recital que dieron en 2011 cuando telonearon a sus ídolos de juventud: los norteamericanos Public Enemy. Demás está decir, entonces, por qué el diario El Mercurio llegó a tildar a Meneses como “el músico más malo de este país”. Este año recibió el premio Pulsar por la Mejor Publicación Musical por el libro Reyes de la Jungla, Historia Visual de Panteras Negras (Ocho libros Editores), un imperdible documento donde la vida del autor y su grupo se entrelaza con historias de lucha política y sueños con cambios sociales. A más de 25 años del nacimiento de Los Panteras Negras, con separaciones, reuniones y cambios de miembros incluidos, Lalo Meneses aún sigue siendo un personaje incómodo y que mantiene hasta el día de hoy un discurso subversivo incorruptible.


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el libro Felicitaciones por el premio Pulsar. Cuéntanos un poco cómo se gesto y cómo sientes que ha sido la recepción.

La recepción ha sido lenta ya que sacamos el libro por una editorial peque ña y con pocos ejemplares. Sin embargo, el boca a boca ha sido fundamental para que la gente lo comenzara a comentar, al igual que sucedió con nuestra música. Hace cinco o seis años empecé a escribir la historia de Los Panteras. Prime ro lo hice como un ejercicio de memoria personal, pero después con el tiempo se fue transformando en un testimonio alternativo de la historia oficial política y musical chilena. Creo que generalmente los sucesos los cuentan los medios oficiales y que las realidades autónomas y marginales al sistema son omitidas. Pienso en el caso del poeta Pablo de Rokha, cuyo trabajo no ha sido destacado tanto como el de Pablo Neruda; de quien sabemos que estaba metido hasta las patas en el poder. Y lo mismo ha sucedido con un sinfín de artistas y músicos como Los Chileneros, que crearon la Cueca Brava, o el Nano Ñuñez, que aún no consiguen instalarse en la memoria colectiva del pueblo. Con esto no quiero desconocer la importancia de Violeta Parra y Víctor Jara que son súper potentes pero hay viejos que estuvieron ahí antes. Es necesario revertir esa situación. Y creo que una de esas formas de subversión pasaba por ser capaz de contar tu propia historia. Una de las cosas que más me enganchó del libro fue la historia del documental Estrellas de la Esquina1 hecho por Teleanálisis en el ‘88, ¿cómo te ves ahora después de casi 30 años de haber sido parte de él? Me siento viejo y falto de tiempo para seguir la cultura hip hop actual. Ya no tengo la misma energía para invadir la ciudad, pintándola, y desper tando sus colores. Esa fue nuestra idea con Los Panteras: que hubiese grafitis y rap por todas partes. Finalmente la cultura hip hop se fusionó con la idiosincrasia del joven poblador, tal como nosotros esperábamos, pero aún faltan procesos por desarr ollar.

1 https://www.youtube.com/watch?v=29hMijqhLuc 26


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Fue ese compromiso el que te motivó a cruzar la ciudad en micro buscando muchas veces para dar a conocer la cultura hip hop, haciendo la cimarra, Bombero discos, pintando graffitis y viajando a los encuentros breakers en Ossa. ¿Cómo recuerdas ese Santiago de ese tiempo y sus personas? el Era un Santiago que estaba amenazado por una guerra invisible todo había iones tiempo, entonces era una ciudad especial; por ejemplo, en las poblac gente del la disposición de acoger a los otros y no de cogotear a los demás. La se le dice que flaite el onda, barrio, el choro de barrio, era otro choro: era buena más mucho eran hoy. Los pobladores unificados por una serie de códigos que Nosotros grandes, y no estaba tan presente el tema de la droga y la delincuencia. que los teníamos como gran enemigo en común a la dictadura, entonces eso hacía cuanuidos perseg más barrios fuesen nuestros territorios. Nos sentíamos mucho ahí i?, do cruzábamos el centro cívico porque nos podían parar los pacos, ¿cacha oscurecía el enemigo siempre fue el paco, el milico, y la sombra militar era lo que nueva; gente con ré encont Santiago. Pero cuando salí a caminar por la ciudad me con bueno, y en las peñas, en los encuentros con los breakers y en los recitales, ellos comenzamos a conspirar y a planear ideas. ad Eso duró hasta el 91’ o 92’ cuando, yo comencé a tener una odiosid En tivas. comba mucho mayor y las letras Panteras Negras se pusieron mucho más que os ese momento dejamos de ser los típicos breakers bailarines porque sentim tó. concre se todo por lo que habíamos luchado nunca

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¿Crees que mirando la ciudad, desde esos años hasta hoy, las carreteras y otras obras públicas, han promovido la integración de las poblaciones a la ciudad? Yo creo que han promovido el aislamiento. Han creado un cerco para proteger a la gente que tiene poder adquisitivo, porque detrás de Américo Vespucio, atrás de la Panamericana, ahí se cuecen otras papas ¿cachai?. Ahí, la gente sigue viviendo tal cual como se vivía en los años ‘80; a pesar de que ahora tengan antenas de wi fi, celulares, tablets, y todas esas hueás. La verdad es que estamos peor que hace 25 años, y claro, la tecnología ha llegado a mucha gente pero la tecnología no te llena la guata, la cabeza o el corazón con conocimiento. Porque si no hay

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educación, no sacamos nada con tener tecnología: no tenemos nada. Seremos unos ignorantes con hueas que no entendemos en la manos, entonces yo siento que esa modernidad, esa construcción está sólo para que pasen los ricos por ahí sin que los asalten, o sea, pavimentemos, generemos carreteras por aquí donde están estas tremendas callamperías para pasar rápido y llevarnos también todo el trabajo, toda la manufactura obrera que el país tiene y la hace el pueblo. ¿Crees que el gobierno incentiva o promueve la integración de los muchachos de las poblaciones hoy? Bueno, eso dicen los programas presidenciales. Los de Lagos, Bachelet y Piñera. Palabra escrita. Pero es palabra


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muerta porque nunca se concreta nada. En ese sentido yo creo que el Estado está al debe con la ciudadanía. Si estuviésemos en los tiempos de Carrera y Manuel Rodríguez, estos líderes serían considerados unos traidores porque cuando juraban frente a la bandera, juraban servirle al pueblo. Hoy mucha gente habla de Chile como una alternativa para los refugiados Sirios, ¿crees que Chile sería una alternativa para ayudar a esta gente? Lo que el gobierno de Chile está haciendo es un acto de pura figuración. Lo único que les interesa es aparecer en las cámaras y llegar a la ciudadanía a través de los noticiarios. Lo mismo sucede con la música chilena y la ley del 20 %. Y otro tanto con el tema

de los inmigrantes. Cuando el gobierno lo anunció ni siquiera sabía cómo lo iba a solucionar; lo más probable es que reciban a diez personas y que después digan que no se puede. Porque el Estado chileno ni siquiera es capaz de tener bien a los pobladores, o de respetarles a las comunidades mapuches y cuidar su territorio ancestral. Entonces primero entreguémosle la nación a los mapuches, y después hacemos anuncios tan simplones y sueltos de boca.

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isol García2 , durante la reEl año 2006 en una entrevista con Mar ntamiento mayor de los jóvenes, volución pingüina, tú anunciabas un leva endo? ¿esperabas algo como lo que estamos vivi

La verdad es que todavía no sucede el levantamiento, pero no serán los pingüinos, ni nadie del mundo estudiantil como tanto quisieran los comunistas. A la burguesía intelectual de izquierda le gusta el factor universitario porque tienen ese recuerdo romántico de la experiencia mirista. Yo creo que ese levantamiento se está fraguando, y me parece que el movimiento estudiantil fue una primera ola importante pero que fue utilizada por los políticos para sacar provecho de las demandas estudiantiles. Y ya sabemos lo que pasó: a los estudiantes se los comió el personaje. Demasiado ego para ser tan jóvenes; ellos ya se visualizan como diputados. A su edad yo me visualizaba obteniendo un territorio liberado, entregando alimentos, y con una idea de la revolución muy distinta a la de hoy.

¿Cómo crees que va a ser este lev antamiento?

Yo creo que estamos recién partiendo y me parece que los próximos tres años serán vitales para el gobierno de Bachelet, que a todo esto, es un gobierno apuñalado por sus propios compañeros, que tienen la inten ción de tirarla por el barranco. Ahora no es la UDI la que quiere dañar a la Presid enta sino que son socialistas y los democratacristianos quienes nuevament e, solapadamente, están con ánimos golpistas. Soledad Alvear es menos libera l que el Papa Francisco. Entonces yo no sé si ellos creen que a nosotros nos impor ta mucho su opinión religiosa, pero la verdad es que estamos en otra época, y esas cosas no deberían intervenir en la vida político-social de un país, por eso pienso que la DC es un partido nocivo. 2 https://solgarcia.wordpress.com/2006/12/19/243/ 30 28


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DÍA Y FUGA DE JORGE TEILLIER por Juan Carlos Villavicencio

I Abre los ojos en el Sur de un planeta que se debería ver azul. Su madre lo abraza conmovida, mientras en la radio alguien llora la muerte de Gardel. Alguien teme asomarse al espejo cuando es medianoche. De pantalones cortos sale a la calle junto a su padre bajo la lluvia. Escucha distintos idiomas mientras camina. Lo suben al auto y le entregan un libro con el que dormirá abrazado en un hotel. Sueña que lee en el jardín a su hermana muerta. Viaja por el mundo a bordo de un globo. Un traidor dicta una ley que será maldita. Escribe un poema y siente que fue otro el que legó ahí sus palabras. Gana su primer premio cantando a una reina de otra primavera. Se compra un terno y festeja bebiendo junto a los amigos. Sube a un tren y atraviesa la noche.


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II

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Despierta ya en la capital. Entra a los jardines del Pedagógico y escucha su primera clase. Se acerca a una joven que aprendía alemán. La besa. Sueña con ella tener una familia y dos hijos. Le entregan una caja con su primer libro. “Un libro prematuramente maduro”, dicen. Festeja demasiado con los amigos en casa. Conoce a una joven que pinta. Ha aceptado batirse a duelo, pero no se encuentra con quien lo retara. “San Jorge no encontró al dragón”, dice. No para en casa. Ahora pasa por la biblioteca y encuentra a un hombre copiando libros de poemas. Se presentan. Felices por el encuentro, salen a buscar una copa de vino y emprenden una amistad contra la muerte. Triunfa la Unidad Popular. Recuerda a su padre y la felicidad tras tantos años en la lucha. Vuelve a su oficina, en el segundo piso de la casa central de la universidad. Entrega las últimas correcciones del boletín en el que trabaja. Baja corriendo a la Alameda por donde pasa la mayor parte de los troles al estadio. Miles de banderas rojas en la entrada. Un hombre de larga barba que por entonces seguía siendo revolucionario habla durante horas. Lo acompaña el Presidente Socialista elegido por el pueblo y para el pueblo. Sus lentes de marco ancho guardan la visión de un sueño extraordinario. Un amigo pintor le presenta a otra joven pintora de aires vikingos, como si viniera de los hielos de aquel norte. Pasan aviones sobre sus cabezas. El Presidente defiende la casa de gobierno, mientras entrega sus últimas palabras al futuro.Vuelve a su casa cerca de la cordillera. Antes entra al restaurant de siempre por una última cerveza. Una camarera nueva


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lo reconoce y le pide un poema. Él lo escribe en una servilleta y se lo entrega. Ella le reclama que el poema es de Apollinaire mientras ríe encantado. Adivina que mañana beberá una copa de champagne dulce y se despedirá de la ciudad rumbo al fundo junto al molino, donde también lo esperan un perro y un gato que no resistirán su muerte. Ha esquivado los golpes del olvido. Sabe que será la última vez que camine esas calles antes de volver donde se sentía flotar, lleno de alegría, liberado de sí mismo, fuera de toda realidad. Los naranjos en llamas. La patria huele a muerte. Militares traidores. El espíritu de nuestro pueblo ahora en trizas. “La letra con sangre entra”. Dolor y oscuridad. Su familia se dirige al aeropuerto hacia el exilio. Va a subir los escalones de retorno a su oficina, pero decide no volver. Pide ayuda a una bella joven para cruzar la Alameda, afirmando que no le era algo fácil. Ella sonríe. Abre las puertas del bar en la calle Nueva York. El dueño y todos lo saludan en el oasis donde la amistad fluye como en el palacio de una aristocracia que es la llamada “mesa de los poetas”. Tomará vino si le ofrecen vino. Tomará agua si le ofrecen agua. Abre una carta que envía un amigo desde muy lejos –más allá de la Lima del otro pirata– con algunos billetes que se transforman en un brindis que no cesa. Busca entre sus bolsillos y nota que ha perdido un poema inconcluso junto a un programa del Club Hípico, como tantas otras cosas más. Oscuro recuerda la clínica y a un pintor que será poeta y que terminará quitándose la vida. 35


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La historia de Antonio Ramón Ramón

UN

VENGADOR por Gonzalo Hernández El Ataque al Poder. El 14 de diciembre de 1914, siguiendo su rutina habitual, el general Roberto Silva Renard caminaba por calle Viel, en Santiago, hacia su despacho en la Fábrica de Cartuchos del Ejército(1). Eran aproximadamente las 10:15 de la mañana. Renard tenía por entonces 59 años y era Director de la mentada fábrica desde diciembre de 1911, cargo obtenido en recompensa por sus eficientes servicios orientados a restaurar el orden público. Labor en la que se lució en muchas ocasiones, desde fines del siglo XIX, con motivo del creciente ascenso de las huelgas y los movimientos sociales. Era, en otras palabras, un represor profesional del Estado chileno.

La más sangrienta de sus gestas ocurrió el 21 de diciembre de 1907, bajo el gobierno de Pedro Montt, en la escuela Santa María de Iquique. Siguiendo sus órdenes, aquel día, una soldadesca dio muerte a 2.500 obreros desarmados. Muchos iban acompañados de sus esposas e hijos, pugnando por una mejora en sus condiciones laborales y salariales en las faenas del salitre. Tras la masacre, el carnicero Renard ordenó amontonar los cadáveres en pilas y luego despacharlos a las fosas comunes para ello dispuestas en el cementerio de Iquique. Un suceso que fue prontamente acallado por el Estado y sus medios de comunicación. Casi siete años después, aquella mañana de 1914, Silva Renard caminaba en dirección a su trabajo cuando sintió un fuerte golpe en su espalda. Se tam37


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baleó, aferrándose a la reja de una ventana, se cagó en los pantalones y comenzó a clamar por su vida; un segundo golpe, esta vez bajo su oreja izquierda, aumentó la intensidad de sus alaridos. La gente salió de sus casas a constatar lo que pasaba. El agresor, Antonio Ramón Ramón, castigaba implacablemente al militar. Así hasta que arrojó su daga sangrienta al suelo y echó a correr por Rondizonni hacia el poniente, dando inicio a una persecución que se prolongó hasta la entrada del Parque Cousiño (hoy Parque O‘ Higgins), donde fue reducido por un paco de la Penitenciaría y por un guardia del mismo parque. Cuando se vio perdido, Ramón sacó de su bolsillo un frasquito con un líquido amarillo -presumiblemente veneno- y alcanzó a beberlo antes de ser capturado. Pero el elíxir no surtió ningún efecto. El justiciero no sólo sobrevivió, sino que fue aprehendido, golpeado y encarcelado. Lo más sorprendente, empero, es que este elemento no fue considerado durante el juicio posterior, cuando los fiscales de turno se empeñaban en demostrar la premeditación del autor de tan memorable ataque (2).

RAMÓN RAMÓN ¿Quién era Antonio Ramón Ramón? La pregunta se repetía en los medios de comunicación al día si38

guiente. Con distintas entonaciones según cada periódico, como es lógico. El Despertar de los Trabajadores, publicación obrera del puerto de Iquique, tituló el 16 de diciembre de 1914: “SE HA HECHO LA JUSTICIA DEL PUEBLO”.

Mientras que Las Últimas Noticias, en su edición de Santiago, optó por algo más genuflexo: “ALEVOSO Y COBARDE ATENTADO CRIMINAL”.

Más allá de las diferencias ideológicas, sin embargo, el hecho resultó sorprendente para todo el mundo. ¿Quién era ese desconocido? ¿Cuál era su historia? ¿A qué grupo o asociación antisocial pertenecía? Nadie pareció poner en duda la impronta ácrata del atentado. Tanto el modus operandi, como los elementos empleados (el puñal, el veneno) eran fuertemente simbólicos. Las autoridades políticas y policiales organizaron un rápido operativo a lo largo del territorio; se trataba de averiguar la procedencia de Ramón, en qué sitios había vivido, con qué gentes se relacionaba. Y también -lo más importanteel origen de su discurso. ¿Qué tipo de doctrina seguía? ¿Era socialista, sindicalista, wobblie? ¿Su ejemplo se podía considerar un precedente? ¿Era posible que otros lo imitaran? allá, como tantos otros, en busca de trabajos


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ocasionales. Nunca se lo vio en mitines, asambleas, ollas comunes, ni escribió en periódicos libertarios. Ni siquiera estaba afiliado a algún sindicato. ¡Inaudito! El individuo Ramón había actuado por su cuenta y sin ningún tipo de ayuda externa. Cuando el agente de Seguridad Pública, Zorobabel Prado, exhibió los resultados de sus pesquisas ante Franklin de la Barra, el juez instructor de la causa, la autoridad quedó boquiabierta. ¡No era posible, el atentado debía por fuerza provenir de alguna organización anarquista! En el imaginario del juez, probablemente, los procedimientos de Ramón se ajustaban estrictamente a las descripciones que Cesare Lombroso(3) había escrito en sus libros, tipificando y clasificando los ataques que aterrorizaron a la burguesía europea de fines del siglo XIX, en sus acciones de propaganda por el hecho. Se ordenó repetir la investigación, y profundizarla. Con vanos resultados. Lo que el agente Prado obtuvo de su celo profesional fue básicamente lo siguiente: Antonio Ramón había nacido en el pueblo español de Molvizar, Granada, en 1879. Hijo de Antonio Ramón Órtiz y de María Ramón Ortega. Si bien los progenitores no compartían un parentesco directo, como se especuló en cierto momento, el padre arrastraba un historial de enfermedades mentales y alcoholismo, detalle que influyó con fuerza en el juicio posterior. En efecto, Ramón Ortiz era conocido en su pueblo como alguien 40


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anormal, violento y bebedor. Había estado internado, en distintos períodos, en instituciones de reclusión psiquiátrica, factor que hizo aún más dura la infancia de Antonio. Localidad rural, y muy pobre, Molvizar ahuyentaba a la población joven de su seno debido a su absoluta carencia de perspectivas vitales. Tal fue el caso de Antonio, quien trabajó desde pequeño en distintas faenas, errante por obligación. Fue así como llegó al norte de África, en 1902, donde -presumiblemente en Argelia- conoció a su hermanastro Manuel Vaca. Habían crecido en pueblos vecinos, sin coincidir nunca en persona hasta ese momento. Manuel era oriundo de Lobrés, Granada, fruto de una relación ilegítima de Ramón Ortiz con una mujer de la zona; la fraternidad entre ambos nació de manera espontánea. Se convirtieron en inseparables. Compartieron trabajos, amistades, experiencias. Un modo de vida que los llevó a probar suerte y embarcarse hacia Sudamérica -ingenuos- en busca de mejores condiciones laborales. Pero sucedió que, mientras Antonio se quedó en Brasil, empleado en las faenas del ferrocarril, Manuel siguió rumbo a Argentina; poco tiempo duró ahí, según todos los indicios, enfilando pronto para Chile, a la región de Tarapacá, donde se requerían obreros para el salitre. La correspondencia entre los hermanos era permanente. Al momento de la matanza de la escuela Santa

María, Antonio se había establecido en el norte de Argentina y se enteró de la masacre a través de la prensa. Como las cartas de Manuel cesaron abruptamente, Antonio decidió cruzar Los Andes en junio de 1908, preocupado por la suerte de su hermano. Y en Iquique, corroborando sus sospechas, se encontró con la noticia terrible: Manuel había sido una de las víctimas de las tropas chilenas comandadas por Roberto Silva Renard. De modo que no había necesidad de doctrinas para explicar el proceder del agresor. Sólo pena, dolor, vacío, y una profunda necesidad de justicia que ni los años, ni los trabajos brutales, ni las distintas geografías habían logrado mitigar. Todos quienes trataron a Antonio coincidían en describirlo como un sujeto tranquilo, educado, correcto, de muy buen trato, nobles sentimientos y costumbres apacibles, alejado de las luchas sociales y políticas. Justamente lo contrario de la imagen de un revoltoso agitador. Con decir que Antonio Ramón ni siquiera bebía alcohol.

INSANIDAD En su primera declaración ante las autoridades judiciales, Ramón fue absolutamente transparente en cuanto a las motivaciones de sus actos. Citemos su testimonio: “Yo soy el autor de las lesiones del general Roberto Silva 41


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Renard, y las he perpetrado en venganza por haber sido el general Silva Renard quien dirigió el fuego contra los obreros asilados en la escuela Santa María, en Iquique, entre los cuales estaba mi hermano ilegítimo Manuel Vaca, que pereció a consecuencia de la descarga de la tropa.” (4) Las múltiples heridas que Ramón infligió en el cuerpo de Renard no bastaron para matarlo, pero sí influyeron decisivamente en el declive final del derrotero del militar. Una lesión permanente en su órgano ocular le impidió en lo sucesivo dedicarse a labores de terreno. Pronto ni siquiera se vio apto para tareas de oficina. En 1918 se retira del Ejército y muere dos años después, el 7 de julio de 1920, en condiciones de salud paupérrimas y miserables; impedido de alimentarse, de comunicarse oralmente, visiblemente deforme, el otrora Verdugo


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de Iquique pasó a ser, como señala Igor Goicovic, el Monstruo de la calle Viel. Ramón, por su parte, se vio enfrentado a un largo proceso judicial que atravesó distintas etapas. Ya que la conspiración anarquista se había revelado insostenible, su defensa adscribió la tesis de la venganza pasional como aquello que gatilló el ataque. Pero existía un elemento desfavorable en ese argumento: la premeditación. Algo que podía enfrentar al victimario a una larga condena de parte del Estado chileno. Por ello se decidió, probablemente, por una estrategia más cauta, basada en el alegato de locura. Los antecedentes familiares de Antonio, en Molvizar, otorgaban un sólido respaldo a esa hipótesis. Algo que pareció rendir frutos, en conjunto con los resultados de la comisión médica liderada por Germán Greve. Ramón fue examinado y

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analizado en la Casa de Observación (posteriormente llamada Casa de Orates, actual Hospital Psiquiátrico José Horwitz). Bajo esa óptica, la impresión moral que le produjo la noticia de la muerte de su hermano habría iniciado un proceso de deterioro mental que fue socavando sistemáticamente sus últimas reservas de lucidez. A medida que esto se acentuaba, su obsesión por la idea de la venganza fue creciendo hasta nublar por completo su entendimiento. Y así hasta desarrollar una doble conciencia, que emparentaba al agresor con la figura del doble dostoyevskano. Se explicaba, de este modo, el tiempo transcurrido entre la masacre de Iquique y el acto vindicatorio final, en Santiago. Pero el punto de la premeditación permaneció siempre en una ambigua nebulosa jurídica, algo que nunca se terminó de resolver. Como resultado de lo anterior, la Corte condenó a Ramón a diez años de cárcel.

DESTINO La causa de Antonio Ramón se revisará numerosas veces en los años sucesivos -el Ejército quedó muy poco conforme con la sentencia-, comenzando un nuevo proceso en donde brilló el nuevo Procurador de Turno en lo Criminal, Carlos Vicuña, quien sostuvo osadas y radicales tesis jurídicas para su época(5). Lo concreto es que, tras incontables recursos y apelaciones, un 44

fallo de la Corte Suprema desestimó el alegato de locura y redujo el delito a la figura de intento de homicidio, con lo cual Ramón, en la práctica, debió salir en libertad el 19 de noviembre de 1917. Una situación que, al parecer, nunca se produjo. Su fecha de muerte se establece en 1920. Todo indica que no habría abandonado la Penitenciaría de Santiago. A pocas cuadras de esa cárcel, hoy, en la esquina de Viel con Rondizonni, un monolito de piedra recuerda la gesta de aquella mañana de 1914. La memoria del justiciero, aunque presente, se desdibuja por los efectos propios del tiempo. Además de una historia oficial que no gusta de recordar a seres como Antonio Ramón. Por suerte, existen otros medios para evocarlo. Como la novela de Sergio Missana, El Invasor (1997), inspirada en los sucesos que aquí se han resumido. O el esfuerzo de la Compañía de Estudiantes y Egresados de Teatro de la Universidad de Chile, quienes llevan algunos años montando la obra Ramón Ramón, la Venganza Popular de Santa María de Iquique. Una pieza itinerante que busca rescatar el rol educativo y subversivo del teatro, tomando como espada la historia de este individuo que osó rebelarse contra la cíclica impunidad que -casi- siempre beneficia a los asesinos institucionales en la sociedad chilena.


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Notas. (1) La descripción de este suceso, así como la mayor parte de la información para este artículo, fue extraída del excelente monográfico de Igor Goicovic Donoso: “Entre el Dolor y la Ira. La Venganza de Antonio Ramón Ramón. Chile, 1914” Editorial Universidad de Los Lagos; Osorno, 2005. Edición electrónica (2) Los detalles del proceso contra Antonio Ramón se pueden encontrar en el Archivo Nacional (AN) de Santiago de Chile, en el Fondo Judicial de Santiago, Legajo 1670, Pieza 3: “Proceso contra Antonio Ramón Ramón, por heridas graves al general Roberto Silva Renard”. (3) Las teorías criminalistas de Cesare Lombroso, y en particular su análisis sobre los “tipos anarquistas”, ejercieron una poderosa influencia en las esferas juristas latinoamericanas de la primera mitad del siglo XX. Se pueden leer en su libro “Los Anarquistas” Editorial Antorcha, edición electrónica http://www.antorcha.net. (4) Testimonio de Antonio Ramón Ramón, en el mencionado proceso conservado en el Archivo Nacional. (5) El detalle de estas argumentaciones se pueden leer en el monográfico de Goicovic, específicamente en el capítulo III: Proceso y Castigo. 41 45


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Sergio Parra, escritor y librero:

“NOSOTROS VIVÍAMOS EN DICTADURA PERO COMO UN COLECTIVO” por Daniel Rozas


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Nos juntamos con Sergio Parra, ex poeta y ahora insigne librero y galerista, con la excusa de la reciente reedición de su célebre poemario La Manoseada (1987). Parra no necesita demasiada presentación: se sabe que fue un poeta influyente de la generación de los ochenta (becario de la Fundación Neruda), que está a la cabeza de la librería Metales Pesados hace más de una década, y que fue el único e incondicional amigo que tuvo Pedro Lemebel desde los años ochenta hasta su muerte el 23 de enero de este año. También es de dominio público que “Parrita” ha sido un agitador cultural permanente en la escena santiaguina y que goza de la singular condición de ser amigo de todos sin esforzarse demasiado. Valgan sólo dos ejemplos: su librería lleva el nombre de uno de los mejores textos de poesía de su amigo Yanko González y el 2014 el reputado escritor argentino Fabián Casas le dedicó su libro La voz Extraña.

disculpas, y como recompensa, ofrece pagar la ronda de cafés. Ya es casi hora de almuerzo en el centro de Santiago, y la calle José Miguel de la Barra bulle de gente apurada y de los bocinazos histéricos de ejecutivos que manejan sus autos para cruzar tres cuadras. Nos acodamos en el Café Lucia que colinda con su librería, mientras Sergio Parra sostiene un ejemplar de Medio Rural en sus manos. Con una risa franca y liberadora, desestima nuestro modesto soborno que consiste en una revista Rolling Stone dedicada a Bob Dylan, uno de sus ídolos. “Ya la tengo”, dice con una gran sonrisa dibujada en el rostro. “De hecho, tengo dos discos firmados por Dylan”.

“Yo solo tengo oficio”, se defiende.

Un punto humillados, lanzamos la primera pregunta: ¿A qué obedece la reedición de La Manoseada? SP: Mira, lo que pasa es que yo dejé de publicar pero nunca he dejado de escribir. Y «Mandar al diablo al Infierno» fue el último libro que publiqué (1999) pero resulta que mi amigo Pedro Montes Lira, con el cual he trabajado en artes visuales, decidió reeditar «La Manoseada» en su editorial «Pequeño Dios».

Habíamos quedado de juntarnos en Metales Pesados a las once de la mañana pero debido a un imprevisto (un homenaje que se está preparando a Pedro Lemebel en el Museo de la Memoria) el autor de Poemas de Paco Bazán llega tarde a la cita desasiéndose en

Sergio Parra afirma que todas las razones para reeditar el libro son atendibles –por ejemplo, que el libro será publicado en Perú- pero lo que realmente lo convenció fue que esta nueva edición de La Manoseada va a costar mil pesos. Parra se alegra que su libro vuelva

Digámoslo de esta manera: Parra tiene buen gusto, un gran olfato para los negocios y por sobre todas las cosas, se hace querer.

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a circular en una edición popular y de bolsillo: “yo no vivo de la poesía, así que no tiene ningún sentido publicar un texto que no le llegue a la gente”. Parra dice que los tres libros agrupados en Mandar al diablo al infierno (La Manoseada, Poemas de Paco Bazán y Mandar al Diablo al Infierno) responden a una cuestión biográfica. “Cada uno de esos textos tiene un grupo de gente- amigos- que giran en torno a ellos. Por ejemplo, «La Manoseada» me situó en un lugar de la sociedad, en donde me instalé como individuo, y me hizo tener amigos, conversar y vivir, y yo creo que eso es lo más importante”. Medio Rural (MR): Estamos hablando de 1987 y son varias los acontecimientos que se me vienen a la cabeza. Primero, ese año viene el Papa a Chile. Segundo, un año antes, en 1986, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) comete el fallido atentado a Pinochet. ¿De qué forma crees que el contexto social de la época y la ciudad aparecen en tu libro La Manoseada? Sergio Parra (SP): Yo no tengo respaldos de los poemas que escribí. Incluso cuando me lo pidieron para la reedición tuvieron que escanear el libro de la Biblioteca Nacional. Pero bueno, revisándolo ahora, después de quince años sin leerlo, me di cuenta que en el texto hay una gran cantidad de connotaciones implícitas que hacen referencia al contexto social: la violencia, las relaciones afectivas, los secuestros, los 50

cadáveres, los titulares de los diarios, los detenidos desaparecidos, y por encima de todo, la violación sistemática a los derechos humanos que hubo en esa época, y no solamente en el ámbito político, sino que en la cotidianidad que se vivía en cada calle y en cada barrio de la ciudad.

MR: Hay un pasaje en La Manoseada donde cuentas que mientras el FPMR atentaba contra Pinochet, tú fornicabas con una chica New Wave. SP: Para mí esa referencia hace alusión a que uno nunca deja de ser joven. Una de las cosas más increíbles que tienen las dictaduras y los gobiernos totalitarios es que pese a todo el horror que implican, no consiguen detener el movimiento de los actores sociales, y especialmente el de los jóvenes. O sea, aunque las torturas proseguían y las desapariciones se mantenían día a día, tú seguías adelante con tu vida, teniendo sexo, fumando pitos, tomando pisco o bailando rock. Y lo mismo sucedía con los torturadores: ellos después de darle un parillazo a un detenido, se iban para la casa y besaban a sus hijos en la frente, comían con su mujer, y luego encendían el televisor.

Sergio Parra escribió un poema memorable en La Manoseada que hace referencia a ese tema:


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MADRE

Reina de la cocina sureña ..... del piso encerado no llores en rincones por tus hijos llora por ti llora cuando entra el padre y enciende el televisor

MR: En una entrevista decías que para ser New Wave no se necesitaba plata, sino que solo bastaba con ser romántico. SP: Yo creo que dentro de todo lo que fue la dictadura, y a pesar de que Santiago era sumamente gris, gran parte de esa generación generó los espacios para hacer una vida en la ciudad. Y creo que cuando la poesía está en la juventud es una fuerza que nada ni nadie la puede reprimir. Y me parece que la transgresión está ahí: en la juventud. Después nos acomodamos. En la vejez ya nadie te toma en serio. Y el espacio que existe entre la juventud y la adultez es el espacio de la administración. Tú ves que los poetas se mueven de un lado para el otro, haciendo antologías para seguir vigentes, pero en el fondo eso es pura redundancia. Básicamente, yo siento que los poetas se transforman en inmobiliarias pasados los cuarenta años. Excepto casos como Raúl Zurita que es un capo. Pero volviendo a tu pregunta, creo que la cita tiene que ver con que en esa época éramos un grupo de amigos que estábamos vinculados con la música, la crónica, la pintura y las artes visuales, y siento que se producían cruces de intercambios muy interesantes porque nosotros vivíamos en dictadura pero como un colectivo. MR: Sostienes que había mucho sentido de comunidad en el arte de los años ochenta. SP: Como digo en un poema, también era 51


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colectivo masturbarse. Es decir, existía una comunidad solidaria entre músicos, poetas y pintores. Recuerda que todos los bares eran mixtos: hombres, mujeres, gays; y eso ya no existe. Lo que se instaló después fue un neoliberalismo que atomizó a los ciudadanos en su individualidad. MR: Y ese colectivo se quiebra el año 89 cuando el NO gana el plebiscito. SP: Ahí comienza el neoliberalismo y el desencanto. MR: Pese a todos los problemas que ustedes sufrieron bajo dictadura tenían un enemigo en común que lograba que funcionaran cohesionados. La generación que vino después se enfrentó a un enemigo abstracto: el capitalismo. SP: Es cierto. Nosotros teníamos una dictadura visible. Un enemigo en común. A la generación que vino después el modelo neoliberal se le instaló en la educación. Y al desmontar toda la educación pública apareció el mundo privado. Entonces las nuevas generaciones ya no pueden distinguir el enemigo porque es muy difícil luchar contra un adversario tan abstracto como el libre mercado. Por eso, y para no parecer tan negativo, me alegra mucho lo que está pasando con la narrativa chilena actual. La generación de Alejandro Zambra, Yuri Pérez y Nona Fernández está haciendo un ajuste de cuentas con los años noventa. Ahí te encuentras con las voces del desencanto 52

que hablan de esos padres frustrados. Es una narrativa que se articula como la voz de una generación desengañada porque entrego un cheque en blanco y cuando lo fueron a buscar no había cheque. MR: Pedro Lemebel se refería a la ciudad de Buenos Aires en los años ochenta como un verdadero oasis en materia de libertad. También hay una frase de la canción Símbolo de Paz de Charlie García que aparece en La Manoseada. ¿A qué se debe toda esa referencia a la cultura argentina? SP: Eso más bien tiene que ver con lo que yo entiendo como una cultura de sociedad. En Chile la cultura es de la elite y siempre ha estado reducida a un espacio privado. En cambio en Argentina hay una cultura del rock que se manifiesta en la calle. Y la cultura es todo. No tiene que ver con la poesía ni con el cine. Es tú relación con la sociedad y la ciudad en la que vives. También tiene que ver con ocupar sus espacios y caminar por sus calles: es parte de una cultura y de una identidad. Eso existe en Buenos Aires y acá no. Lo que hicieron en Chile fue borrar todo eso e individualizar a cada uno de los sujetos en una parcela de consumo. Y ahora solo trabajamos colectivamente cuando surgen marchas por la marihuana donde todos estamos juntos, y después cada uno se encierra en su casa, y les importa un culo lo que le pasa al otro. En el fondo no somos colectivos en el barrio que es el lugar donde verdaderamente importa.


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MR: Colgándome de esto último. ¿Qué rol cumple la poesía en la generación actual y cómo ves la ciudad hoy en día? SP: La ciudad ya no aparece en la poesía, y no tiene que ver con que se nombren calles o lugares, la ciudad tiene que ver con un sujeto instalado que está viviendo con intensidad esa generación de espacios colectivos. Y yo creo que la poesía está afectada por este fenómeno. Pero este problema tampoco es exclusivo de Chile sino que de toda Latinoamérica, Europa y Asia. De hecho, yo creo que la poesía está pasando por el peor período en la historia reciente. El poeta debería ser un sujeto con cojones, capaz de instalar ideas en los textos, y mantenerse absolutamente independiente. Pero en Chile es muy difícil porque acá sin un poeta no gana un Fondart no levanta el lápiz.

Sergio Parra sostiene que otro de los grandes problemas de la poesía actual es la ausencia de referentes:

“yo vengo de una generación donde contábamos con una genealogía literaria donde los poetas estaban vivos: Enrique Lihn, Jorge Teillier, Gonzalo Millán, Juan Luis Martínez, es decir, eran todos autores que generaban una fuerza poética con la que tu tenias la posibilidad de dialogar, y eso ahora se acabó”. 54


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MR: Aparte a ustedes les tocó una generación sin caciques y donde las relaciones entre los poetas eran horizontales. SP: Claro, y eran extremadamente generosos. De Nicanor Parra hacia abajo. Ahora en cambio los poetas jóvenes no cuentan con ese contacto con la historia de la poesía. Yo si tuve la suerte de disfrutar de todo eso, y creo que fue un impulso vital para estar en la poesía.

MR: Tú hiciste un taller poética en Balmaceda 1215 donde surgieron voces muy importantes de la poesía chilena actual. SP: Si, fue la única vez que hice un taller y ahí apareció un grupo de autores jóvenes de los cuales estoy muy contento: Gladys González, Héctor Hernández Montecinos, Paula Ilabaca, Diego Ramírez, Héctor López y Pablo Paredes, entre otros. Después ellos armaron un grupo de poetas (Novísimos).

… Hemos terminados los cafés, y Parra sugiere que nos movamos a la librería para seguir conversando porque los chicos que atienden deben irse a almorzar.

MR: Tu abriste Metales Pesados hace más de una década cuando todavía no existía el boom del barrio Bellas Artes y Lastarria. Ahí veo dos cosas: la primera tiene que ver con tu ojo comercial, y lo segundo con cierta valentía por apostar por algo que nunca fue un negocio en Chile: una librería. SP: Siempre he vendido libros, y soy autodidacta, pero también quisimos (con Paula Barría, su socia) abrir un espacio donde uno pudiera transmitir lo que a uno le gusta. Y como había dejado de publicar – y hasta cierto punto de escribir- fue una manera de formar a los más jóvenes.

MR: ¿Cómo fue esa experiencia? SP: Yo los seleccioné. Cuando postularon era un grupo de treinta y finalmente quedaron doce. Me acuerdo que llegaron con sus cuadernos y yo les dije que se los metieran por el culo, porque yo no estaba dispuesto a leer ninguno de sus poemas, y que los primeros seis meses nos íbamos a dedicar exclusivamente a leer a los poetas vivos, a sus contemporáneos, autores latinoamericanos, y que los poetas muertos los podían ir a leer a la Biblioteca Nacional. Leímos a chilenos, peruanos, argentinos y colombianos. Escritores que tenían su misma edad y que vivían en ciudades similares a las suyas. Lo más importante para mí era que se trataba de poetas que escribían en su misma lengua porque yo no iba a cometer la siutiquería de estar leyendo poemas en alemán o inglés cuando con suerte uno sabe balbucear su propio idioma.

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Transcurridos los seis primeros meses, leyeron sus poemas, y supongo que para ese entonces ya habían botado todos esos textos que trajeron bajo el brazo la primera clase. Si recuerdo que les dije una sola cosa. Si son honestos van a viajar. Y de un día para otro ellos estaban viajando a Berlín, Madrid y Buenos Aires. MR: ¿Qué lugares han tenido una importancia decisiva en tu vida en Santiago? SP: Hay dos espacios biográficos importantes. El primero fue Franklin donde yo me instalé cuando recién llegué a Santiago. Una de las cosas que me impresionaba del barrio era que por aquella época la delincuencia tenía un estatus y un glamour. Es decir, existían protocolos, jerarquías y códigos. Ser delincuente era una profesión. Entonces creo que fue importante para mí sentir que me respetaban esos tipos duros pero caballeros. El segundo lugar sería Plaza Italia y boliches como «El Jaque Mate», «El Castillo Francés», «El Galindo» y los moteles del sector. Pero más importante aún era la sociabilidad que se producía en esos espacios porque eran lugares donde uno podía reunirse a instalar ideas. Y todo eso se acabo con la llegada de la democracia pactada. Para mí existen dos tipos de cultura: la de las artes y la de los amigos. Y yo creo que la segunda es la fundamental. De hecho, eso es una de las cosas que más me sigue marcado hasta el día de hoy: los amigos. Me rodeo, converso con ellos, y hacemos proyectos. No me importa tanto si se publican o no se publican mis libros, pero la cultura de los amigos es vital.


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Héctor Labarca Rocco

EL CAZADOR DEL MAULE texto de Antonio Gil


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Hay un ombliguismo cultural consuetudinario y proverbial que a los santiaguinos no nos deja ver más allá del paradero veinte de Gran Avenida por el sur y de la cuesta de Chacabuco por el norte, volviendo invisible todo cuanto ocurre fuera de estos lindes grisáceos y altaneros. Pues bien, hoy alzaremos unos grados el visor para enfocar hacia una zona de Chile a la que sus habitantes llaman “la terca provincia”: el Maule. Y lo haremos específicamente para referirnos al mejor fotógrafo de lo cotidiano que existe en Chile. Sí, porque allí, en Talca, vive muy cabalísticamente Héctor Labarca Rocco: nacido el 7 del 7, cursó 7° básico el año 77 y mora en la calle Siete Norte de la capital maulina, corazón de la Séptima Región. Más allá de esas curiosidades numerales, lo suyo ha sido siempre mirar como nadie, de manera constante, como si se tratara de un sentido más, a través de una cámara. Desde un chancho en piedra hasta una calle solitaria o el asombroso paisaje de nuestra nueva agricultura altamente tecnológica: en su obra, ya vastísima, hay una poética muy difícil de describir con palabras. De hecho, ante cualquier consulta verbal, Labarca nos responde con una instantánea plagada de información y de emoción, respondiendo con creces la pregunta realizada y dejándonos por añadidura un sabor de ojo que puede durar días enteros. No logramos descubrir dónde reside el raro don de este cazador y tendemos a pensar en algo así como 60


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una “inusitada inteligencia al mirar”, una mutación del sentido del lenguaje o incluso un fenómeno biológico que manifestado en la captura de imágenes pasajeras resulta algo así como un sexto sentido que surge con la evolución aún en marcha entre las especies. Lo cierto es que está dotado de la aguda certeza de que la fotografía es un lenguaje que sintetiza, emulsiona, elige a la velocidad de la luz el mundo que se despliega ante su lente. Trabaja Héctor Labarca en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca, donde su aporte a la exploración del territorio bien debiera despertar la envidia de las otras facultades del ramo en el país. Las comarcas sucintas y los parajes urbano y rural son definidos y acotados en toda su intensidad por el lente de Labarca, de manera incomparable y sin información adicional o datos sobrantes. Información antiesteticista que crea sin embargo una estética nueva y bellísima. Es así como más allá del puente del Maipo, y como ocurre en otros muchos lugares, el país cuenta con un talento internacional, cosa que Labarca probó, hace tres años, realizando prodigiosas fotos de la aún dolida Cambodia junto al poeta Guillermo García. “El resultado más importante del empeño fotográfico es darnos la impresión de que podemos contener el mundo entero en la cabeza, como una antología de imágenes”, dijo alguna vez Susan Sontag. Labarca reafirma en cada clic esa acertada frase de la “dama oscura”. 61


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Selección de Diego Muñoz del libro Yakuza

Francisco Ide Wolleter*

“-¿Qué lo trae por aquí? - Las pocas muertes.” La recta provincia (Raúl Ruiz)


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INMIGRANTE Abandoné la familia por un ciber con tragamonedas y sushi en el infierno como un oso panda hipnotizado en la ingesta interminable del bambú mis dedos mutilados se consuelan con mails que tecleo y no te envío y no te llegan.

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UNA HISTORIA VIOLENTA Camino por esta playa desolada la guayabera abierta, la guata al aire arrastro tigres, serpientes destripadas y samuráis sin cabeza por la orilla los koi saltan de mis hombros y se ahogan en la arena los dragones de mis brazos ahora gusanos descoloridos columnas de humo con olor a neumático quemado les salen por la boca y por el culo mis venas son una barricada reducida una micro incendiada la tarde entera en mi camisa hawaiiana las palmeras marchitas los tucanes desafinados las mujeres polinésicas con quemaduras de cigarro en piernas y mejillas llegué a esta caleta con la ropa y la piel poblada mírame ahora, un despojo, un despoblado me salen tentáculos tajeados de la piel que era una estepa, a mi paso dejo lastres de tinta soy un pulpo estrellado contra las rocas silueta de hombre / petroglifo que adorna la pared de una casa en Hiroshima: después del hongo nuclear miramos con sospecha el futuro en nuestra sombra mi sombra, en la arena, tiene la forma de un cuerpo que flota con cuarenta puñaladas, en un charco, devorado por los cerdos. 72


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M Instalé un ciber con tragamonedas y sushi en una provincia del infierno. Por la noche cierro las persianas y parto como heladero -kilos de monedas en los bolsillosal Trébol (un sitio horrible, con patente de alcoholes y ceniceros de concha) a gastar lo poco. Sorbo la cerveza por los colmillos exhalo el humo / volutas de sangre escupidas sobre el agua. Bebo hasta que mis venas se tornan animales lánguidos y vuelvo al hogar entre la niebla empujando los órganos de fantasmas que pueblan la noche a esa hora. Camino y repito el gesto de beber por los colmillos el viento, las bocinas, las alarmas. Un nikkei amigo llegaba a mi casa de vez en cuando con flores de ciruelo que cortaba con nostalgia por ahí. Ahora vive en Dusseldorf y tiene una hija. Sus flores, por fortuna, permanecen intactas como volutas de sangre en el estanque o el humo del tabaco sobre los dragones de mis brazos cuando el calor es más fuerte que la vergüenza y recojo las mangas de mi camisa.

Para Joshua Hines 73


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DE CÓMO LOS YAKUZA ME JURARON LEALTAD ETERNA Me citan en el restaurante vietnamita de Av. Salvador 1827. En la parte trasera, de fumadores espera un hombre de gafas oscuras y traje a rayas casi camuflado con las paredes de bambú. Desliza una maleta de cocodrilo bajo el mantel damasco de la mesa y solicita que me retire. Me citan en el restaurante vietnamita de Av. Salvador 1827 y en la mesa señalada un hombre de gafas oscuras y traje a rayas espera camuflado con la pared de bambú. Me siento ante él desliza un papel en blanco sobre el mantel damasco de la mesa y telepáticamente me comunica que puedo retirarme.


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Me citan en el restaurante vietnamita. Unas gafas oscuras flotan sobre la mesa damasco ante las paredes de bambú. Me siento ante las gafas y busco con la mano el hilo del que penden entonces, una figura se dibuja y se despega de la muralla de bambú: un hombre con traje a rayas. Me maravillo por su perfecto camuflaje. Me citan en el restaurante vietnamita de Av. Salvador un hombre de gafas oscuras espera perfectamente camuflado. Desliza sobre el mantel damasco una caja blanca, de madera, cerrada y se mezcla definitivamente con la pared de bambú quedando sólo unas gafas oscuras, que caen sobre la mesa. Dentro de la caja de madera blanca, el mensaje: un dedo meñique, amputado. 75


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TELÉPATAS No sé cuántos yenes pedían por mi cabeza por el contenido de mi cabeza. En ocasiones, sobre el techo o la ventana semicerrada de algún edificio veo todavía el reflejo de una estrella diurna: catalejos, binoculares, cámaras. Voy por la calle como hinduista con el láser rojo del francotirador entre las cejas. Cuando apuntan directo a la cabeza no lo hacen a un sector específico del cráneo quieren darle a un pensamiento: el francotirador es un telépata. No sirve ocultar tu cuerpo, van a encontrar tu cuerpo. La clandestinidad se trata de vibrar lejano rastrear un pensamiento / borrar las huellas sinápticas que lo generaron / dibujar rutas en el agua.

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Nunca entendiste eso o no tuve tiempo de explicarte. Lo cierto es que jamás te asesinaron. La primera bala que se incrustó, quirúrgica, efectiva en tu cerebro, era para mí. Le apuntaron a la imagen que tenías de mí en tu cabeza. No has muerto. Si abro el agujero repleto de cal en que te enterraron no vas a estar. Si abro la caja en que te metieron hecha pedazos no vas a estar. Si rajo el estómago de los peces que te devoraron en el fondo marino no vas a estar. No vas a estar incrustada en las muelas de los cerdos. No estarás tampoco en el puñado de cenizas que dejaron en la puerta de mi casa como una especie de advertencia. Yo barrí con mis pies un puñado de cenizas y tú no estabas. 77


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ESPEJOS DEFORMANTES

La tarde cae y los murciélagos son manchas de tinta / láminas de rorschach sobre los focos del Estadio Nacional. Un hombre destroza el cemento con un mazo de cemento otros lo rodean y lo miran. En su chaleco reflectante los murciélagos espejean / fragmentos diminutos de ceniza arremolinada.

Francisco Ide Wolleter (Santiago, 1989). Fue becario de la Fundación Pablo Neruda en 2010. Ha publicado Observatorio (plaquette, Ediciones Corriente Alterna, 2011), Yakuza (Cinosargo Ediciones, Arica, 2014; Yerba Mala Cartonera, Cochabamba, Bolivia, 2015), Poemas para Michael Jordan (Luma Foundation, Zurich, Suiza; Ajiaco Ediciones, Santiago; 2014) y Noreste: La vida peligrosa. Antología 1985-1990 (Ediciones Lastarria, 2014) en coautoría con Ileana Elordi. 78


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SCANNERS

Pruebo las sandías que venden en la feria: hay que trozarlas con cuchillo carnicero. Allá las cosas son menos salvajes hay más control: las sandías no tienen pepas. Dispararle con metralla a una sandía en Sudamérica es infinitamente más realista. Ahora pienso que cuando ametrallé la cabeza de Yoshida “el-hijo-de-puta” fue como ametrallar una sandía sudamericana: la cabeza estalla en pirotecnia de pulpa, pólvora y ceniza.

Sus textos se incluyen en las antologías: Tea Party, Antología trinacional de poesía: Perú, Bolivia, Chile (Cinosargo / La Liga Ediciones, 2012) y en Nuevos poetas de América, poesía joven Chile – Nicaragua (Fundación Neruda, 2013). En 2013 obtiene el segundo lugar en el Concurso Internacional de Poesía Lamas Médula (Buenos Aires, Argentina). En 2014 obtiene el Primer lugar del Premio Roberto Bolaño en Categoría Poesía, premio especial en Categoría Novela, y el Premio Municipal Toribio Larraín. 79


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Tareas de poesía

La ciudad de

HOPPER “Hay sitios de los Estados Unidos donde pones la cámara y te sale un cuadro de Hopper” Wim Wenders.

por José Tomás Labarthe


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Edward Hopper, 1882-1967, no fue un pintor rupturista ni polémico. Tampoco un conservador, un academicista. La consistencia de su obra radica en la factura de la propuesta, tan característica como poética. Su maestría fue el relato: contar, a través de la imagen, un cuento breve. En sus pinturas, luces y sombras se conjugan formando una arquitectura muy singular. El lugar se presenta como un nuevo personaje. La lógica del espacio forma parte fundamental de su narrativa. Es, en el fondo, una pintura lárica, en busca de lo esencial. Su influencia se expandió al cine y la literatura y atravesó el siglo XX gringo en toda su dimensión –hay Hopper en Hitchcock, Leone, Wenders y De Palma y, ciertamente, en Carlos Williams, Creeley, Carver, Sheppard y Bukowski. Una constante de hombres y mujeres tragados por la ciudad. Por los edificios, las oficinas, las habitaciones. Por la rutina, la inercia y la inmovilidad. Por su condición humana, se podría aventurar, en última instancia. Seres incomunicados. Absortos. Perplejos. Cosificados. Torpes. Cansados. Inexpresivos. Patéticos. Ilusos. Expectantes. Tiernos. Desamparados. Pensativos. Solitarios. Suspendidos en el tiempo. Es, exactamente, el reverso del sueño americano: seres seriados, intrascendentes. Sin rendición posible. Sin redención tampoco. Cada historia contiene el conflicto psicológico de lo no dicho, de lo no resuelto, de lo no vivido. Thrillers en los que no pasa mucho pero la acción es

inminente. Inevitable. Este lugar común es clave. Rembrandt, Veermer, Constable, Manet, Degas, Tolouse-Lautrec y Henri inspiraron la estética Hopperiana. Sus rasgos son marca registrada: una pintura nítida y limpia, sobada, fotográfica, espacialmente ordenada, con colores planos y amplios, y líneas –diagonales, verticales y horizontales– que trazan orgánicas formas geométricas. Esta síntesis lo distingue tanto del objetivismo puro como de la pura abstracción. Particularmente decisiva parece hoy su estancia en España, donde absorbió las ideas de Goya. Hay en su obra un abuso del claroscuro. Esa tensión recurrente entre lo abierto y lo obtuso, lo grande y lo íntimo, lo lleno y lo deshabitado, lo luminoso y lo opaco, lo metafísico y lo maquinal, lo natural y lo poblado. Su realismo es un realismo sucio, preocupado por la falta de humanidad. En palabras del propio artista: “la meta del artista es revelar la verdad acerca de la cotidianidad de la vida interior de la gente ordinaria”. En sus inicios ofició de ilustrador de publicidades. Es probable que esa formación agudizara su mirada. Tiendas, farmacias, hoteles, grandes avenidas, esquinas concurridas, afiches, gasolineras, carreteras, tranvías, galerías de museo, teatros, cines, talleres, oficinas, ventanas, cortinas, casas de ciudad, casas de campo, casas de playa, casas emplazadas en lugares imposibles, túneles, puentes, pasos de nivel, edificios de ladrillo, Nueva York, Nueva Inglaterra, París, payasos, retratos, mujeres desnudas, mujeres con abrigos largos, mujeres calladas, personas juntas pero separadas, son, en resumen, los afiches de una obra actual y necesaria. 81


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ROOM IN NEW YORK (1932), Edward Hopper Sheldon Memorial Art, Universidad de Nebraska, Lincoln, USA

UNA HABITACIÓN CUALQUIERA

Conversar con tu pareja. Comunicarse, honestamente. No hablar del clima. Ni de las cosas que hacen falta. Ni de lo que pasó durante el día. No compartir los problemas del trabajo. Las continuas faltas de disciplina de los hijos. El incordio con el casero porque se filtra una cañería. La incesante alza de los gastos comunes. La actitud inmadura del vecino. Las vitaminas, el remedio para la alergia, el jarabe para la tos. Preferible es tocar el piano. O leer los obituarios en el periódico. 82


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OFFICE AT NIGHT (1940), Edward Hopper Walker Art Center, Minneapolis, Minnesota, USA

EN LA OFICINA A ALTAS HORAS DE LA NOCHE Ser el último en irse. El primero en llegar. No hay nada sospechoso en ello. Nada tan heróico tampoco. Es sencillamente un hecho. Y como tal forma parte de una realidad. Una realidad distinta a la de mis compañeros, por ejemplo. Un sonido, una luz, una sensación corporal diferente. Cierto extraño conocimiento. Cierta vibración particular. Ser el primero en ocupar el baño. O el último en apagar el computador. No hay nada sospechoso en ello. Nada tan excitante tampoco. 83


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NEW YORK MOVIE (1939), Edward Hopper / MOMA, Nueva York, US

NUEVA YORK, UNA PELÍCULA La escena es meláncolica: Una muchacha rubia se sostiene, ensimismada, en la pared de una sala de cine. Una luz anaranjada la ampara como si ella fuese la protagonista de la película. Pero ella no es la protagonista. Es un personaje menor. Otro personaje menor. El público, anónimo Murmura, come, sorbe su bebida. Se reclina sobre el asiento. Repitamos, esta pintura se llama: Una película de John Cassavetes. 84


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VIGILANTE NOCTURNO Batman no es un súper héroe. Es sólo un tipo con dinero. Un cabrón que vigila sus propios intereses. Las calles se encuentran vacías. Las tiendas, cerradas. La ciudad se funde con sus elementos: Dos hombres, un mesero, una mujer con el pelo rojo. La escena parece conocida. No lo es. No hay familiaridad posible. Adentro está vacío. Afuera también. El rojo es una trampa. El verde es una trampa. La ampolleta de alto voltaje no engaña. Mala noche para salir a pasear.

NIGHTHAWKS (1942), Edward Hopper / Instituto de Arte de Chicago, Chicago, USA 85


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EXCURSION INTO PHILOSOPHY (1959), Edward Hopper / TATE Modern, Londres, Inglaterra

EXCURSIÓN EN LA FILOSOFÍA La muchacha nuevamente, una, dos, tres veces. Abierta como un libro. ¿Qué trama este ser inerte que NO comprende? Los hombros encogidos. Las mejillas chupadas. Los brazos, sin voluntad, sobre las piernas. Nada lo conmueve: Ni la luz que entra por la ventana. Ni el calor, ni el frío, ni la distancia espantosa. El tipo es un famoso publicista. Su nombre: Don Draper. 86


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NUDE CRAWLING INTO BED (1905), Edward Hopper Museo Whitney de Arte Americano, Nueva York, USA

DESNUDA, ARRASTRÁNDOSE, HACIA LA CAMA Otra mujer. Ciega. Desnuda, arrastrándose, hacia la cama. Sola. De rodillas. De noche, con los codos en el suelo. Está oscuro. Claro y oscuro. Está claro: Un cuerpo, desnudo, arrastrándose. Una cama. 87


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PEOPLE IN THE SUN (1960), Edward Hopper Museo Smithsoniande Arte Americano, Washington, USA

GENTE AL SOL Un miércoles salimos a tomar el sol. Abandonamos, sin más, los puestos de trabajo. No hubo premeditación, sólo la ocurrencia de un pingüino Y luego todos los pingüinos caminando, detrás. Lo recuerdo bien. Las sillas de la sala de reuniones, tan cómodas. Las bocinas, el ruido de un generador eléctrico, la densidad. ¿Qué hicimos, además de sudar? Entrecerrar los ojos Y observar la naturaleza como si fuera una pintura. ¿Declaración de principios? ¿Acto poético? ¿Pura vanidad? La gerencia y el sindicato aún negocianuna versión definitiva. 88


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NOCHE DE VERANO Un hombre espera bajo el alero de una casa de campo. ¿Qué espera? ¿A quién espera? Algo espera una noche de verano. Una rubia en minifalda abre una puerta, mal aceitada. Se sientan pero no se miran. En realidad no se sientan, solo se apoyan. Se apoyan, por separado. Ella le dice algo. Él contesta. El diálogo no prospera. Transcurren diez, doce minutos, y ella entra. El sonido de la puerta no ha mejorado. La puerta golpea, rebota y se cierra. Él queda en la misma, exacta, idéntica posición. ¿Para siempre? Algo espera… pero las palabras escasean.

SUMMER EVENING (1947), Edward Hopper Colecciónprivada de Gilbert H. Kinney 89


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La poesía como un juego de ilusión y antiescuela Crítica a Álbum de Poesía de José Tomás Labarthe (Pequeño Dios Editores 2015) por Claudio Maldonado ilustraciones de Antonia Isaacson La infancia es un territorio al cual siempre volvemos. Podemos, también, ser más drásticos en esta observación, y plantear que es una zona donde experiencias, afectos, procesos de formación escolar, despertar sexual, por nombrar algunos elementos, vienen a constituir una especie de círculo omnipresente en todo nuestro desarrollo posterior y la fijación de obsesiones claves. Más allá de la envergadura estructural y temática, Un Álbum de Poesía (Pequeño dios editores, 2015), cuarto libro de José Tomás Labarthe, es un esfuerzo – como suele ocurrir en los grandes procesos creativos - (in) consciente por no dejar de habitar este círculo, en donde la escritura y el texto-objeto, es el vehículo que trae al presente del hablante, y en un continuo tráfico, la materia prima necesaria desde esta memoria, desde esta evocación. Al leer con detención nos damos 91


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cuenta que tras el vértigo de la acumulación de imágenes, alternación de ritmos (pienso en el primer poema del libro, titulado Juguetes, en donde la musicalidad de los primeros versos transportan – camuflados como polizontes - endecasílabos y octosílabos) el gran soporte de este trabajo es la movilidad lúdica, propia de los infantes. En efecto, porque es en el juego en donde los niños son capaces de olvidar, omitir y resignificar las estructuras y reglas de sentido convencionales, dando saltos tempo-espaciales sin remordimientos. Esta idea es coherente con los recursos que Labarthe esgrime; pensemos en la utilización del verso libre, la prosa, tipografía, dibujos-manchas, extensión, tema y, una de las cosas más importantes a mi juicio, la presencia y desaparición calculada de la puntuación, que somete al texto y al lector, sobre todo en la primera parte del libro, a un curioso efecto de continuidad de este “volumen” discursivo, independiente de que cada poema, como es esperable, tenga un título individual y nos enfrente a pequeños bloques de identidad narrativa. Si bien es cierto que el autor nos somete a una gran movilidad en este Un Álbum de Poesía, también lo es que este desparpajo, en ocasiones, conduzca a exageraciones coloquiales - por llamarlo de alguna manera – que traban los en cabalgamientos más logrados y tornan

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ripioso su tono. En este aspecto, resulta evidente la influencia de Parra, base estética que fundamenta la emulación del lenguaje liceano o universitario, espacio imaginario al cuál se retorna una y otra vez, como alumno o profesor, en ocasiones de forma más confesional y otras con un velo onírico, como en el poema “en este momento”. Dijimos Parra, pero también en esta línea podríamos mencionar a Bertoni o incluso a Juan Luis Martínez, en relación a la propuesta totalizadora del libro como dispositivo visual. Atom, Entrenador, son algunos de los nombres que el autor utiliza para enfatizar el rol de un actor, individuo, regularmente mayor, que guía al hablante en este proceso de descubrimiento de la poesía y su escritura. Dónde está el lugar de esta manifestación poética, cuál es su valía, quiénes son los poetas, son algunas de las interrogantes que, entre líneas, Labarthe nos plantea en un extenso ejercicio de conversación interna, que no desdeña el uso de una fuerte ironía: el poeto como idea y nomenclatura, es la síntesis de una gran sospecha sobre la figura del poeta y su ego, el poeta y su relación al medio editorial exitoso, el poeta como médium necesario entre el misterio y la expresión escrita. Poeta, poeto, poetillo, poetastro, poetony, como ejemplo de imperfección y escrutinio, arquetipos de un loro incansable que el hablante armador del álbum antiescuela tendrá que saber enfrentar.

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*Este texto apareci贸 originalmente en Lar , en Octubre de 1985. Hoy la publicamos con autorizaci贸n de Omar Lara, director de dicha revista. 97


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Edward Hopper Historias ajenas al Acontecimiento el lugar en que los hechos ocurrieron y/o van a ocurrir eso pintó Edward Hopper un mundo de cosas frías y rígidos encuentros entre maniquíes vivientes La luz extraterrestre con que empieza un domingo sin fin o el resplandor de unos rieles crepusculares eso pintó: un camino sin principio ni fin una calle de Manhattan entre este mundo y el otro. Enrique Lihn


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XI ORIENTE

Desfiladero donde van a morir putas, travestis, traficantes, empresarios de poca monta y viajeros. Cuna del hampa talquino, arteria que cobija a los nuevos bebedores de ajenjo orgullosos de sus apolillados hígados. En la 11 Oriente Rómulo y Remo son alimentados por una hiena, cómplice de las confabulaciones más insospechadas, cómplice de aquellos silenciosos automovilistas que buscan los servicios de sus roncas y piernilargas amigas, cómplice del lento caminar de los ferroviarios, que con sus torcidas espaldas salen al encuentro de una caña de vino. 11 de Septiembre: bombardeo a La Moneda. 11 de Septiembre: caída de las Torres Gemelas. 11 de Marzo: atentado de Madrid. 11 Oriente y el triunfo de lo amoral. Sin 11 Oriente el roto no habría engañado al diablo ni Donoso escrito “el lugar sin límites”. Sin 11 Oriente Mario Kruetzberger no habría conquistado Miami y el “loco Tito” estaría cuerdo. Sin 11 Oriente Talca no sería Talca y mudo se volvería el trueno.

*Gustavo Palavecino (1983) poema publicado en plaquette “Delirium tremens”, ediciones K2DF, 2009.


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LA CIUDAD  
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