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ISSN 2339-4234

Órgano informativo de la Asociación de Salas de Artes Escénicas de Medellín Edición No. 38 - Mayo /2015 - 10.000 ejemplares - Distribución gratuita

“La juventud es bella aunque no se bañe”

120 años del nacimiento de Fernando González Diego Fernando Montoya

Fernando González

Entrevista - Página 3

Especial - Página 8

Teatro El Escondite

Teatriados Página 11

Página 10

Nuevo libro de Sandro Romero Rey

Notas en escena

Página 13

Página 15


EDITORIAL 2Editorial

Medellín en Escena

Medellín en Escena Creer, crear, hacer Asociados Casa Clown CasaTeatro El Poblado Colectivo Teatral Matacandelas Corporación Artística La Polilla Corporación Artística Ziruma Corporación Carantoña Corporación Caretas Corporación Casa del Teatro Corporación Cultural Canchimalos Corporación Cultural Nuestra Gente Corporación Cultural Vivapalabra Corporación La Fanfarria Elemental Teatro El Teatrico de Medellín Exfanfarria Teatro Fundación Circo Medellín Teatro Barra del Silencio Teatro El Trueque Teatro Oficina Central de los Sueños Teatro Popular de Medellín Junta Directiva Teatro Oficina Central de los Sueños Elemental Teatro In-fusión Teatro Corporación Artística La Polilla Corporación Caretas Dirección Administrativa Ana Cecilia Hernández Gallego Revisor fiscal Darío Calderón Corrección de Estilo Catalina Trujillo Consejo Editorial Cristóbal Peláez Iván Zapata Jaiver Jurado José Felix Londoño Coordinación Editorial Verónica Madrid Diagramación DH Diseño Acompañamiento Planeación Local y Presupuesto Participativo Olga Jácome Secretaría de Comunicaciones Alcaldía de Medellín Impresión La Patria Contacto periodico@medellinenescena.com www.medellinenescena.com

Publicación apoyada por el Ministerio de Cultura Programa Nacional de Concertación Cultural

Gestión 2014 y lo que va de 2015 Después de nuestra asamblea ordinaria comprobamos que año tras año nuestra asociación se fortalece y visibiliza cada vez más, en el ámbito nacional e internacional. Desde sus veinte salas de artes escénicas entrega al público una variada programación en toda la ciudad con más de 3.000 eventos que dan cuenta del desarrollo cultural y teatral de este sector. En 2014, generamos importantes conexiones nacionales con las entidades que están encaminadas hacia nuestro mismo objetivo: formación de públicos, interlocución y resolución de problemáticas y necesidades del teatro, destacándonos desde el Ministerio de Cultura como una de las experiencias exitosas más importes del país de los últimos años. También conformamos, con algunos de los socios, lo que hemos llamado la Red Nacional de Salas Concertadas, espacio veedor y de conversación permanente entre las salas, el sector privado y el gobierno. En el año anterior el trabajo fue constante y proactivo, como se evidenció en la invitación de nuestro presidente, Jaiver Jurado, como asesor del Consejo Nacional de Teatro, donde se dieron discusiones claves sobre la implementación de la Ley del Espectáculo Público, socialización e implementación del proyecto de Ley 133 sobre la seguridad social del artista colombiano y el censo de los artistas del país, para poder entregar los recursos provenientes del porcentaje de la estampilla procultura. Medellín en Escena tiene como vocación fomentar espacios de participación local y su conectividad con lo regional, actualmente participamos del Consejo Departamental de Cultura, donde se trabajan temas como Portafolio de Estímulos Departamental e implementación de los planes sectoriales, la gestión desde la Red de Salas Antioquia en Escena del programa El Teatro va a la Escuela, que apoya doce salas de Antioquia. Actualmente se prepara con la Red Antioquia en Escena y con el aval del Consejo Departamental de Teatro, el proyecto Festival de Teatro de Antioquia 2015. Respecto a Medellín, contamos con la participación y presidencia del Consejo Municipal de Cultura y el Consejo Municipal de Artes Escénicas.

Espacios de participación política que han adelantado gestiones gremiales como la discusión y la revisión de las diversas convocatorias de salas, infraestructura, portafolio de estímulos, agenda, red, entre otras. Es importante destacar que hemos realizado nuestros aportes al Plan de Ordenamiento Territorial 20142027 en el tema de cultura y arte, además de aportes en la construcción del Observatorio Cultural de la ciudad. En cuanto a la asociación, Medellín en Escena ha gestionado la sostenibilidad de su periódico en 2014 y 2015; doce ediciones que son muestra de un resultado efectivo en cuanto a la producción periodística y la distribución, logrando para el 2015 un total de siete publicaciones que a partir de mayo serán de distribución mensual. Respecto a la celebración del Día Internacional del Teatro, tanto en 2014 como en 2015, se cumplieron todas las expectativas, con más de ochenta presentaciones en toda la ciudad, a la par de eventos académicos y formativos, que tuvieron como denominador común trabajar de la mano del Consejo Municipal de Artes Escénicas y de grupos independientes. También contamos con un balance positivo de la Décima Fiesta de las Artes Escénicas, en la que participaron cinco grupos internacionales, quince nacionales y más de setenta locales-regionales, para un total de 180 presentaciones. Destacamos la gran comparsa inaugural, cuyo tema fue Mi hermano el cine, con 23 colectivos (1.200 artistas). Medellín en Escena viene trabajando a todo vapor en la organización y la ejecución de la Onceava Fiesta de las Artes Escénicas. En esta ocasión se trabajará en más de treinta escenarios de Medellín y Antioquia, donde la calle será un gran escenario para la fiesta y la verbena. Con la nueva sede, la propuesta de creación del fondo editorial de la asociación, los semilleros y una nueva dinámica, Medellín en Escena está lista para los nuevos retos y cambios que el país pide y necesita. Sin duda estaremos pendientes del nuevo ordenamiento territorial de nuestra ciudad, donde las salas de teatro de la ciudad seremos grandes protagonistas.


Entrevista ENTREVISTA 3

Asociación de Salas de Artes Escénicas

La literatura me envenenó el alma Diego Fernando Montoya, dramaturgo, director, novelista Por: Cristóbal Peláez González Transcripción: Karen J. Crespo E.

Fotografía: Juan David Correa

Cali, capital cultural de Colombia en los años setenta; una mítica urbe reinventada como Caliwood en ese valle de «tierra verde, parejita, buena». La misma que albergó a Fanny Mikey, Enrique Buenaventura, Andrés Caicedo, Mayolo y Ospina; a Fernell Franco, Pedro Alcántara y Óscar Muñoz; a Ciudad Solar y a los crepitantes festivales internacionales de arte. Es la ciudad donde vive, crea y sufre el personaje de esta entrega. De allá no es, pero encontró, adolescente todavía, un lugar para buscar en

«Aprovecho esta ocasión para proponer seriamente a los editores que coloquen en las tapas de los libros de poesía un aviso destacado que diga: “Manténgase fuera del alcance de los niños”. Cuando un adulto se encuentra por primera vez con un libro de poesía no corre peligro, porque ya está vacunado. Dejar libros de poesía al alcance de los niños es una irresponsabilidad de los padres. Nunca dé a sus niños libros de poesía. Si quiere que su niño sea un hombre de verdad, obséquielo con una moto HarleyDavidson, y un disparador de rayos láser… Yo tenía un sembrado, y en el sembrado tenía matas de maíz. No permita nunca que sus niños vean una mata de maíz, porque se enamoran de ella y se pueden volver poetas. También tuve un perro. Eso es fatal. Los perros convierten a los niños en poetas. Para colmo de males, me dejaban salir de noche a ver las estrellas. Eso no se debe permitir. Las estrellas embrujan a los niños». Jaime Jaramillo Escobar, Método fácil y rápido para ser poeta.

el escenario las fantasmagorías que lo atormentaron desde niño, cuando se enfrentó por primera vez a las páginas de un libro, dando vía libre al delirio de las criaturas y a los sucesos que marcarían su destino de hombre. Allí, a la Sultana, lo llevó el azar y, con el paso del tiempo, se ha ido forjando como un director destacado, con un repertorio de obras teatrales cuya línea base es un profundo interés por lo poético y lo literario, además de una constante exploración en las fronteras de la teatralidad, donde también combina

una buena dosis del pintoresco mundo infantil. En el indeciso camino entre el espacio escénico y el mundo de las letras, mientras guapea con esa maquinaria física y mental del teatro, Diego Fernando Montoya insiste en arrebatarle al «tareísmo» cotidiano, la tranquilidad corporal —y temporal— de escritor de novelas. La vara del volatinero continúa en equilibrio. Por ahora.


ENTREVISTA 4 Entrevista Soldado romano Yo, hermano, soy de Itagüí, y me engomé con esto así como empiezan muchos, haciendo teatro vocacional en el barrio, alrededor de la iglesia. Estaba en el grupo parroquial y tenía que participar por obligación en las procesiones de Semana Santa, donde hacía de soldado romano. Nunca pude ser Poncio Pilatos, el malvado. Ese era el personaje interesante, al que todo el mundo odiaba, pero el que a mí me gustaba. Ser soldado era una cosa medio ridícula porque había que estar todo el tiempo de pie, custodiando la tumba de Cristo. Cualquier día, a mis siete u ocho años, involucrado con esa cosa del teatro, tuve un accidente maravilloso. Subí al segundo piso de la sacristía, allí quedaba la biblioteca, pero yo no lo sabía hasta entonces. Quedé fascinado, sentí que aquello me cambió la vida. El sitio me pareció fantástico: esa cantidad de libros, el olor, la posibilidad de lectura de tantas cosas misteriosas. Era el mejor lugar del mundo. Había entrado solo y me puse a mirar los lomos de los libros y, de inmediato, un título me llamó la atención: Crimen y castigo. Quedé atrapado por el nombre, algo había de Poncio Pilatos allí. Tal vez ahí estaba mi criminal, el que estaba buscando; uno por encima de la vida porque, de algún modo, yo vivía en un entorno familiar muy complejo. Mi padre era un hombre al margen de la ley. Crimen y castigo contra Marcial Lafuente Estefanía El muchacho que manejaba la biblioteca, muy joven —creo que estudiaba Filosofía o Historia, no sé—, inmediatamente me vio con ese libro, se me acercó y me dijo: —No puedes leer ese libro. —¿Por qué? —Porque aún no estás preparado. —¿Cómo así? —Yo te voy a pasar otro libro y después, quizá, te permita leer este. Entonces me pasó Robinson Crusoe. Lacerante, maravilloso. Hasta esa parte de mi vida solo había tenido contacto con fascículos de vaqueros y lo que me parecía interesante es que los malos triunfaban. Yo todavía siento que soy un pillo, quizá más delincuente que mi papá, pero de otra manera. ¿En qué sentido? En que yo transformo toda esa mierda en arte, en literatura, en poesía, en teatro. Mi papá no lo pudo hacer, no tuvo esa fortuna. Tenía un don de palabra enorme para la estafa económica. Yo tengo un don de la

Medellín en Escena

palabra para la estafa literaria; para la estafa estética que, en últimas, es lo que hacemos nosotros. Dostoievski contra la Escuela de Robinsones

De esa literatura que empecé a leer, me llamaba mucho la atención que los escritores decían una cosa pero querían decir otra, es decir, que no necesariamente lo que escribían era lo que decían. Entonces pensaba que me estaban hablando en clave, que ellos escribían para que todos leyeran, pero para que muy pocos entendieran. Como si tuviesen una especie de ocultismo detrás de las palabras. Eso no pasaba con las historias de vaqueros, donde el lenguaje era directo. A golpes de lectura me fui dando cuenta de que lo mío era escribir, y de esta suerte escribí mi primer relato, que era un plagio absoluto de la novela de Defoe. Lo que sigue: volví donde el bibliotecario a pedirle otra novela y me entregó Escuela de Robinsones, de Julio Verne. Entonces lo increpé: —No, cómo así que robinsones. Yo no quiero leer más de lo mismo. El hombre accedió y me puso a Dostoievski. —Para leerte este libro tenés que leértelo conmigo. Vas leyendo y cada tanto tiempo comentamos. ¡Qué teso! ¿No te parece? Una vocación de maestro tremenda. Con él me volví antiacadémico. Con él entendí que la educación pasa por el diálogo, por la interacción, el descubrir juntos, el método platónico, lo de Estanislao Zuleta: lo de Fernando González, que descubrí años más tarde.

Albert Camus Ya la biblioteca me había hecho el daño bien profundo; me había envenenado el alma y con un grupito de muchachos monté mi propia obra Un momento en el tiempo. Un monólogoperorata, a la manera de Camus. Una diatriba curiosamente muy cercana al texto Infección, de Andrés Caicedo, que no había leído. Sentía que odiaba al mundo —todavía lo odio—. Hicimos dos o tres funciones y la gente salía aburrida: «¿Y esto qué es? Esto es una mierda, no es divertida, nadie se ríe, no pasa nada». Tenían toda la razón.

Rumbo a Cali Con la cosa tan complicada, le dije a mi mamá que teníamos que hacer preparativos al escondido y salir pitando de Itagüí. Así, una noche salimos los dos con mi hermanita de doce años. —¿Para dónde vamos? —me preguntó mi mamá. —Lejos, hasta donde nos alcance el pasaje, —le dije. Nos alcanzó hasta Cali.

Pólvora & sangre El instante fechado Ahí empieza esa época dura de Medellín con Pablo Escobar; ese infierno para toda mi generación. Estudiaba en el Liceo Concejo de Itagüí y muchos compañeros decidieron irse para ese lado: formar pandillas, hacer sicariato, robos. El deseo era graduarse y que las mamás les compraran una moto. Y el objetivo de tener una moto era atracar el carro de la leche, el carro de las cervezas, lo que fuera. Me invitaban pero yo me retraía; no por miedo, sino porque a mí no me asombra el hacer sino el pensar. Quiero decir, todas esas fechorías yo ya las hacía en los libros, en mis pensamientos. Me sentía más criminal que todos; una especie de autor intelectual. El hacer no me generaba adrenalina. Gradualmente los fueron matando. Alrededor del liceo había una gran extensión verde y era muy frecuente encontrar en esas mangas compañeros asesinados la noche anterior.

Teatro Rasca Ya había tomado la decisión de lo que iba a hacer en mi vida: escribir. Y creí que el camino para llegar a la literatura era el teatro, porque yo quería escribir novelas, pero el aliento me daba apenas para algunos diálogos. Superé la etapa de soldado romano y ya nos atrevíamos a hacer cositas; aquello que Enrique Buenaventura llamaba Teatro Rasca, que es ese teatro de comedias, mojiganguero, popular; y nos íbamos por los pueblitos de Antioquia. Yo era muy mal actor, pésimo actor. Le tengo pánico a la gente, me cuesta mucho pararme en un escenario. Siempre fui un muchacho tímido y de niño era casi autista. Me gustaba estar detrás, en las sombras. Lo mío es la escritura y la dirección.

matar a todos y voy a prender candela a esta hijueputa casa y me mato yo también».

A la manera de Clint Eastwood en Los imperdonables Mi papá se dedicaba al vicio. Lo suyo eran los negocios turbios con los esbirros de los narcos que mandaban (¿mandaban?) la parada en Itagüí. Yo sabía en lo que andaba y me generaba mucha vergüenza. Pero él nunca trató de arrastrarme a su mundo. Me admiraba. De algún modo sentía que yo era su obra buena. Ya se encontraba en estado de postración al bazuco. Los negocios que hacía eran cagadas grandísimas y empezaron a perseguirlo los tipos con los que trabajaba y hasta el F2; todo el mundo. A la casa llegaban a buscarlo para matarlo. Una vez, con ametralladoras, empezaron a darle bala a la casa. Era muy común que él llegara furtivo al rancho, todo «llevao», en una locura extrema, gritando: «Los voy a

Llegamos a la terminal de Cali el 3 de Junio de 1987, como a las dos de la madrugada, con una mano delante y otra detrás. Le había mentido a mi mamá hablándole de un amigo en Cali. «Hagamos una cosa, espérenme ustedes dos acá en la terminal, yo voy a llamar a mi amigo y le pregunto qué puede hacer por nosotros». Me di una vuelta haciéndome el güevón y volví. «Mamá, ya hablé con mi amigo. Me dijo que fuera hasta su casa para cuadrar las cosas y que tales. Espérenme aquí que ahorita vuelvo por ustedes». Salí y me encontré un señor de esos que venden tintos y le dije: —Vea, me pasa esto —esto y lo otro—. Venimos de Medellín, no tenemos ni un peso. Déjeme yo le ayudo y usted me regala para el desayuno. —No, hermano… Yo con esto no me hago sino la comida del día. ¡Qué te voy a pagar a vos! A esta hora, hermano, la única cosa donde usted puede conseguir algo de dinero es en la plaza de mercado. Tírese pa allá, a ver qué consigue. Por aquí pasa un jeep que va pa'l mercado. Tenga yo le doy pa'l pasaje. Diego Fernando bulteador y el Hotel Hucho Efectivamente, me fui a la plaza de mercado. Busqué por todas esas bodegas, por los graneros, nada. Hasta que vi una tractomula descargando papas y caí: —Oiga, señor, vea, yo le ayudo a descargar. Yo no soy bultero, pero le cargo y usted me tira una liga. Y me agarré a descargar papas a lo hijueputa. Volví como a las 8 a.m. a la terminal. Allá me estaban esperando sentaditas, pero ya tenía plata para el hotel de ese día y para la comida. Y así estuve un mes, descargando bultos.


Entrevista ENTREVISTA 5

Fotografías: Juan David Correa

Asociación de Salas de Artes Escénicas

¡Que a dónde fuimos! ¡Uy, hermano, por ahí, por el centro de Cali, a un hospedaje de esos locos, horribles! Diego Fernando director Logré reunir para alquilar una casita en un barrio muy popular, casi de invasión. Empecé a averiguar si existía por ahí algún grupo de teatro. Me dijeron que sí, que había un proyecto abandonado por Esquina Latina. Entonces caí al grupo, me contaron que estaban sin director. Fui contundente: —Yo vengo de Medellín y ya tienen director. Era un grupo muy curioso porque había estudiantes de todo y se entusiasmaron mucho conmigo. Les dije que había que empezar por montar obra y hacer gestión, porque yo también necesitaba plata. Allí empecé, por primera vez, a vivir del teatro. Ahí me daba como para un sueldo. Mi mamá también hacía por ahí algunas labores y mi hermanita empezó a estudiar. Infaltable: Enrique Buenaventura y el Teatro Experimental de Cali Mi idea era que Perfil Teatro —así se llamó mi grupo—, me sirviera de plataforma para integrarme al movimiento teatral de Cali, con proyectos más ambiciosos. Me dediqué en fino estudiar todo el teatro del entorno, su historia y su actualidad. Y mi gran aspiración, la de quién no, era conocer a Enrique Buenaventura. Ya había visto al TEC en Medellín de niño. Mi papá —que gustaba del tango, del jazz y del teatro—, me había llevado a ar Botero ver Soldados. Foto: Ósc Fuimos en grupo al TEC a ver La estación, obra basada en el

maravilloso cuento El guardagujas, de Juan José Arreola. Salimos descrestados. Estaba allí esa gran actriz, Aída Fernández, y el TEC era todavía un poco el TEC. Me quedé en el foro y vi y oí a Enrique Buenaventura. No me lo podía creer; era como estar frente al mesías. Aguardé hasta tarde, para ver si podía saludarlo. Cuando vi que salió a tomarse un whisky por ahí, en una mesita, me acerqué a presentarme. Me temblaban las piernas, las manos me sudaban, era como estar en el cielo con Dios: «Ma… maestro, qué tal, yo… yo soy merengano y vengo de Me… Medellín, so... soy didi… director de te… teatro, y… so… soy dramaturgo…». ¡Ufff!. Al hombre le caí como en gracia; esa impertinencia, ese atrevimiento. Charlamos una o dos horas, tiempo durante el cual me dio una lección tremenda de teatro, como era habitual en él. Ya lo había conocido. Ahora tenía otra misión: matar al padre. Pecado Mi sueño, te lo advierto, no era estar en el TEC. Mi ambición era tener mi grupo con una estética propia y joder al TEC, a todo el mundillo teatral. Que se mearan, que se dieran cuenta de quiénes éramos. Reuní al grupo y hablé: «Muchachos, ya está marcado nuestro destino, tenemos que montar una obra que vaya en contra de todo lo que dice el TEC. Vamos a matar todo y nos tenemos que presentar en un teatro del centro de Cali, y vamos a convocar a todo el medio teatral y que chillen y sufran». Y montamos una vaina que se llamó Pecado, en el Teatro El Foro, hoy Cali Teatro. Los muchachos se pusieron supernerviosos de ver allí a todo el cotolengo teatral.

Fracaso total. El público salió espantado. «¿Qué es eso?» «Qué cosa tan terrible». Y yo salí furioso, echándole la culpa a los actores y a todo el mundo. Entonces Danilo Tenorio y Phanor Terán salieron de la obra y, sin opinar nada, me dijeron que fuera a visitarlos a su sede para que habláramos de Pecado.

momento apareció el Consejo Vallecaucano de Teatro. Allí me llevaron y, al cabo de un tiempo, me nombraron coordinador y luego jefe editorial de la revista Papel escena. Ya estaba en el Olimpo. Llega Fernando Vidal como director de la Escuela de Bellas Artes y me invita a ser profesor.

Teatro Imaginario

Ocho años duré. No pude más, no aguanté. Renuncié. La docencia nunca me interesó porque sentía que el arte no podía enseñarse de aquella manera. Como profesor nombrado, me daba una gran estabilidad económica, pero me generaba una infelicidad tremenda. No era una etapa creativa. O sos profesor, o sos un creador. Pero las dos cosas no las podés ser. Mi angustia era pensar, «me va a pasar lo de todo el mundo, que entra con la idea de que esto les da estabilidad para crear y terminan haciendo nada, criando hijos y esperando una jubilación».

Ellos dos habían montado con e l Te a t r o E p i d a u r o — l u e g o , Imaginario— una obra titulada La putería, curiosas maneras de amar. Un conjunto de piezas corticas sobre amor. Fui, en efecto, a hablar de la obra. Danilo: Ve, ¿quién escribió ese texto de Pecado? Yo: Yo —dije con orgullo—. Phanor: ¿Y vos qué pensás de ese texto? Yo —irreductible—: Yo pienso que ese texto es muy bueno. Danilo: ¿Y quién dice que es bueno? Yo: Yo. Phanor: ¿Y vos con qué criterio decís que es muy bueno? Yo: Pues con el criterio mío. Danilo: Pues a nosotros ese texto nos parece una mierda. Phanor: Ese es un pésimo texto teatral. Y la dirección es peor. Yo: —a punto de llorar—: No le voy a llorar a este par de hijueputas, —pensé—. Phanor: Pasate por mi librería —él tenía La Iberoamericana de Teatro—, para que charlemos de teatro, para que leás, para que te fundamentés, ¿oís? Se encariñaron conmigo. Me daban charlitas informales, me daban punticas de dirección, punticas de dramaturgia, me sugerían libros. En ese

Diego Fernando profesor

Cuatro Serpientes en el estanque Luchando contra esa formalidad, y todavía en Bellas Artes, fundé un nuevo grupo, Cuatro Serpientes en el Estanque, con el cual monté dos escrituras mías: Asfaltario y Del capullo sale una hiena. Y también una versión de Las arpías, de Freidel. Nos iba muy bien. El Camaleón Daltónico Cuando salí de Bellas Artes, monté con Víctor Hugo Enríquez y un grupo de egresados, Camaleón Daltónico. Así se llamó el espacio que abrimos en San Antonio, una vieja casa


ENTREVISTA 6 Entrevista

sin escenario, con un público en tránsito, que recorría las habitaciones en las que sucedía la obra. Ocho actores para solo siete espectadores, en una adaptación de textos de Milán Kundera: Malanoche, no me trates así. Un formato semejante a lo que muchos años después veríamos con José Domingo Garzón en La procesión va por dentro, pero que en ese momento era una novedad para nuestro teatro. El experimento funcionó muy bien, la obra era muy bella y la propuesta generó impacto. Pero solo duró un año. No era económicamente viable. Antígona en mojiganga A partir de la buena impresión que causó Malanoche, recibí la propuesta de Álvaro Arcos de dirigir en Cali Teatro. Propuse Antígona, y escribí una versión en tono de mojiganga. Llevé a Aída Fernández, Alberto Ocampo y un buen equipo de actores y músicos. Los buenos resultados me llevaron a realizar otros montajes con esa compañía: Generación X, a partir del texto de Germán Castro Caycedo que, viendo la obra, nos instó a que hiciéramos para teatro su libro La muerte de Giacomo Turra. Escribí y dirigí El Silencio, también con Aída y con Gabriel Uribe. Rumbo a Dublín En un Festival Iberoamericano de Teatro presentamos El silencio, en el Camarín del Cármen, una sala con un aforo para 500 espectadores. Y en una función a la que no fue casi nadie, póngale unas quince personas si mucho, apareció un productor inglés: «Me encanta, qué bueno que no vino gente porque esta obra, con esa soledad de la platea, da una sensación mucho más maravillosa. Tenemos que llevarla a Dublín y hacerla en un teatro grande con poquita gente, para crear esa sensación». Efectivamente nos llevó a Dublín y nos presentamos en un teatro pequeño con mucha gente. Por supuesto que la hicimos con subtítulos, y aquí viene la anécdota de Álvaro Arcos actuando. Hablaba y miraba los subtítulos; hablaba y miraba. De seguro le parecía muy curioso ver que todo lo que hablaba se convirtiera en letreros en inglés. Álvaro Arcos es de Pasto. Pilando afrecho en Londres El organizador local de la gira —no el productor inglés, impecable—, buscando fechas de promoción con tiquetes baratos, me engatusó con

artimañas comprándome un pasaje con regreso a los dos meses. Nos dejó tirados como a perros en Londres, sin un centavo. Resumo esa putada contándote que, de regreso por Dublín y París, me quedé varado en Londres sin un centavo, sin dónde dormir y con un pasaje de regreso para dentro de un mes. Me fui una tarde absolutamente deprimido a caminar por las orillas del Támesis, con hambre y sueño. Me senté en una banquita a rumiar la desesperación. Alcancé a ver por allá un aviso que decía FREE, y era una exposición de fotografías sobre la guerra, en el City Hall, un edificio de vidrio grandísimo que es como una especie de espiral. Fui subiendo y en todas las paredes había fotografías de Bosnia, Sarajevo y, hacia el final, fotografías de Colombia. Y, de pronto, me llegó el sonido de una cumbia. ¡Una cumbia en Londres, hijueputa! ¡Esto es mágico! Era El pescador de Barú. Subí rápidamente… ¡Coctel! ¡Comida! No, hijueputa, de aquí yo no me muevo, aquí me quedo un rato. Diego Fernando crítico de arte

Era la inauguración y solo había ingreso para gente de la prensa, críticos y gente especializada. Me hice pasar por crítico. Me puse a charlar con un tipo muy amable que se me presentó como corredor de la bolsa, me dije, «¿corredor de la bolsa? Estoy hecho», pero aclaró «corredor de la bolsa de la basura, hago el aseo aquí en el City Hall y soy de Pereira». Le conté mi situación. «No muchacho, vos varado no estás, aquí estoy yo». Me llevó para su casa, su familia me acogió durante veinte días, me hacían empanadas, sancocho, fríjoles, me daban Aguardiente Antioqueño, me pagaron la multa de pasaje para devolverme un poco antes y me pusieron platica para comprarme cositas en Londres. Es la reconocida familia Zapata, que lleva 25 años en Londres trabajando en «la bolsa». ¡Qué familia! ¡Qué tipo! Allí, en Londres, en esas tarde de estar varado junto al Támesis, empecé a escribir Negro; ya estaba impactado por una historia que había leído en Colombia pero no había podido encontrar el lenguaje, y ese abandono, ese desarraigo, fueron el detonante; una tarde escribí, mirando el río: «Lo sacaron a la brava, de pies y de manos, como a las vacas cuando las tiran al piso para marcarlas…». Llegué a Cali muerto de ira a pegarle la insultada más tenaz al organizador local, pero el hombre me recibió poniéndome en la cara una alta cuenta de cobro por concepto de visas,

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trámites, seguros… Te digo que en ese momento pensé en… mejor me callo. Del Presagio Mis últimos diez años han sido con el Teatro Del Presagio. Empezó con un grupo de estudiantes de Bellas Artes que querían trabajar el Marqués de Sade. Elegimos Justine y escribí Breve episodio sobre los infortunios y desdichas de la bella Justine durante su paso por el club Sade, y la cosa funcionó muy bien. Se produjo con el grupo empatía del alma; brotó la chispa estética y espiritual. Continuamos con Estravagario, a partir de Harold Pinter. Luego, Edipo, y un amplio repertorio en el cual ocupa un papel muy destacado la franja infantil. Somos el grupo de mayor movimiento en Cali. Trilogía De lo último que he escrito y puesto en escena, Negro, primera de tres escrituras —Blanco y Azul—, a partir de la noticia de un desplazado aquí en Cali, hace muchos años, estoy hablando del 92. Un tipo del Cauca que había terminado en Cali con su familia —que eran como ocho integrantes—, después de múltiples desplazamientos. La Red de Solidaridad en Cali lo había acogido, dándole la ayuda que le da a los desplazados, cien mil pesos durante tres meses. A partir de ahí, ninguna ayuda. El tipo termina en la plaza de mercado de Santa Elena, vendiendo papas, pero eso no le funciona y, desesperado, con hijos en la calle muertos de hambre, decide recurrir de nuevo a la Red y no encontró respuesta nunca. Entonces decide un día meterse y encerrarlos gritando, mientras exhibía un cuchillito de esos de arreglar papas: «Yo no salgo de aquí y nadie sale de aquí hasta que no me atiendan». Se hizo un operativo militar como de ochenta hombres, la policía y el ejército. Tumbaron el techo, bajaron a rapel. Hacete de cuenta una película de Hollywood. Tiraron bombas de aturdimiento, bombas lacrimógenas y esos ochenta valientes agarraron al tipo y lo sacaron de pies y manos amarradas como una res. Lo acusaron de terrorismo y secuestro y le iban dar veinte años de cárcel. Palmarés En literatura, novela, he obtenido dos premios internacionales. Uno con Revista Ñ, con Lolita y los pájaros; y el premio Gabriel Sijé en España. Gabriel, el hermano de Ramón, ¿te acordás?, el de «en Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto…» de

Miguel Hernández, con mi novela Ofelia Bergman murió esta noche. Y sigo escribiendo novelas, porque esa es la verdadera vocación. Los imperdibles y los secretos mejor guardados Considero impotable la nueva generación de escritores colombianos. No los soporto. Franco, Gamboa, Mendoza, Vásquez, escriben novelas pensando en la adaptación cinematográfica o en la versión televisada. Se adoran entre ellos y se señalan unos a otros como «imperdibles». A mí me interesa mucho esa literatura que va más allá de la fábula y de la anécdota. Es decir, la literatura cuenta una historia, pero el objetivo no es la historia. Por eso me gustan tanto Joyce, y Kafka y Beckett. Por encima de cualquiera, Beckett. Me encanta Robert Musil y su novela inacabada El hombre sin atributos. Y ya para irnos Mi mamá está perfecta, mi hermanita muy bien, con dos hijos. Mi papá recluido en un asilo en Medellín, delicado de salud, producto de su desborde físico. A veces lo visito. Siempre supo de nuestros pasos, pero la culpa no le permitió acercarse. Yo me muevo mucho, dedicado completamente a leer, a escribir y a dirigir teatro. Es un milagro. Después de lo de Londres, llegué tan dañado que me dije «no quiero saber más de gente de teatro en mi puta vida. Esto es un nido de víboras». Entonces le dije a Diana, mi compañera: «he decidido por completo abandonar la práctica teatral. De ahora en adelante, solo escritura y, como eso no da un peso, montemos un negocio de cualquier cosa; pongamos un restaurante». Yo cocinaba y ella atendía y, entre empanada y empanada, escribía. Hasta que me harté y cerramos. Con los actores de Del Presagio recuperé mis fuerzas. Allí hemos hecho una tarea gigantesca de gestión y manteniendo con ello muy activa nuestra presencia teatral en el Valle. ¿Y cuándo te vas a casar con Diana? No puedo, ella lo sabe. Yo ya estoy casado con la literatura. Sería bigamia y eso está prohibido en este país.


Asociación de Salas de Artes Escénicas

ANEXO Fragmentos del Cuaderno de dirección Diego Fernando Montoya Serna A un artista se lo reconoce por su obra, nada más. Muéstrame lo que haces, olvidaré lo que dices. Seré el espectador tuyo de cada día, de este día. Lo que hiciste ayer hazlo válido hoy; tus triunfos ya parecen papeles amarillos, valen lo que vale la nostalgia. El teatro es el arte del presente absoluto, no admite retrospectivas, ni prospectivas, no se puede embotellar la emoción, ni almacenarla. El teatro, como el amor de los amantes, es una eterna lucha por rehacer los estremecimientos... qué digo rehacer: retornar al estremecimiento. No sirven de nada los conceptos si la obra no se sustenta por sí misma; muchos artistas actuales se me asemejan a abogados litigantes. Me pregunto: ¿Y cuando no estén allí para contarnos de qué va la cosa? Permíteme olvidar mañana lo q u e a p l a u d i e r o n h o y, p r e f i e r o sumergirme en lo desconocido, prefiero hacer aquello que ya no sé hacer o que nunca supe hacer. El teatro es la ciencia exacta de la duda, de lo irrepetible. Algunos siguen viviendo de aquello que hoy es polvo; es como si una momia siguiera gobernando a un pueblo. Consejo para el Estado: Hay que alimentar a los inquietos, no rendir homenaje a los muertos sino enaltecer a los vivos: es más fácil adornar una tumba que sustentar un corazón vibrante. Una sala de teatro no puede ser una estructura arquitectónica que se abre eventualmente para el beneficio económico de sus administradores, debe ser un hervidero, un espacio de creación permanente, un lugar con más entradas que salidas de emergencia. Una sala de teatro sin un grupo de teatro es como una casa sin niños.

Quiero espacios donde sucedan cosas, donde esas cosas estén vivas, que sean destinos finales y no espacios de tránsito, donde cada noche se invente y se asesine un nuevo día. Artista, te imagino obsesivo, mordaz, reflexivo. Incómodo para el poder, para una sociedad adormecida, anestesiada, embrutecida. Renuente al halago (los hombres le coquetean a las bestias para domarlas), humilde frente al «éxito», inteligente ante el fracaso. Te imagino sorprendido (que no se nos olvide la maravillosa complejidad de la sencillez), dispuesto, atento, amable, abierto al diálogo; te imagino profundo pero simple, crítico pero dulce, complejo pero no pretencioso. Artista, te imagino persistente. Te imagino bello, revelando el alma, entregando el cuerpo. Te imagino en el misterio del espíritu, en la poesía, intransigente frente a la causa, insobornable, descreído ante el dogma. Te imagino destruyendo, entendiendo, desarticulando, creando. Voraz lector del mundo. Generoso, desprendido, visionario. Te imagino resistiendo, transformando: las sociedades nunca han estado a la altura de sus verdaderos artistas, estos les pesan, les tallan, les recuerdan toda su mierda, lo hijodeputas que son. Artista, te imagino delirante, lúdico, coqueto: un guiño, un gesto vale más que mil decretos. Te imagino en las antípodas de la «verdad», en la brevedad, en el silencio, en la pausa, en lo simple.

Entrevista ENTREVISTA 7

Diego Fernando Montoya Me gusta/me gustaba/ no me gusta Me gustan los troncos torcidos de los árboles, las cosas desvencijadas, el olor de los libros y el de la lluvia cuando hace rato no llueve. Me gustan Buster Keaton, Elvis cantando My Way, Bergman, Buñuel, Polanski en El inquilino y las películas de vaqueros. Me gusta no hacer nada, mirar al techo, quedarme quieto, mirar por la ventanilla del bus, pensar que estoy muerto, que nadie me ve. Me gusta no ir, quedarme en casa, ser aguafiestas. Me gustan los viejos cafés con grecas inmensas, un trago con los buenos amigos, escuchar lo que dicen. Me gustan los trenes, las maletas, los paraguas y algunos sueños. Me gusta escribir, estar solo, caminar acompañado y despacio. Me gustan Borges, Sábato, Vargas Llosa y Rulfo. Me gusta el jazz, los Rolling Stones, Eric Satie y Beethoven. Me gustan los perros. Me gustan las ciudades pequeñas, las calles empedradas, los senderos al lado de un río. Me gusta el viento en las tardes, el frío en las noches, los atardeceres y las montañas. Me gusta la física cuántica, los diccionarios, probar distintas cervezas, el olor del cilantro, las casas con solar. *** Me gustaba fumar, acostarme tres minutos antes de que saliera el sol. Me gustaban el boxeo, los paseos al campo, las enciclopedias. Me gustaban los museos, ir cada fin de semana a teatro. Me gustaba viajar por tierra, no pensar en el tiempo. Me gustaba no tener miedo, caminar a cualquier hora en cualquier lugar. Me gustaban la semiótica, el psicoanálisis, los lugares pequeños. Me gustaba no tomarme nada en serio. *** No me gusta el realismo mágico, ni el cine del realismo mágico, ni la gente que ve por todas partes realismo mágico. No me gusta la música andina, ni los que se ponen tres collares de cuentas, una camisa con tejidos y hablan de la Pachamama. No me gustan los actores que llegan tarde, los intrusos en los ensayos, ni los que se van en las «escenas de otros». No me gusta que pongan en ridículo a alguien para hacer reír al auditorio. No me gustan los aviones, ni las piscinas, ni la gente que no entiende que le tengo pánico a las piscinas, ni los que creen que este pescado no sabe a pescado y me gustará. No me gustan los ruidosos, las histéricas, los gritos, las voces agudas. No me gustan las señoras de la cultura, los funcionarios de la cultura, los lagartos de la cultura que se hacen llamar gestores. No me gustan las «novedades» artísticas, lo último en guaracha, lo que está pegando. No me gustan los gatos, las fiestas familiares, las normas de urbanidad. No me gustan los talleres de teatro, los encuentros literarios, los seminarios de gestión, las ruedas de negocios.


Especial ESPECIAL “Deseo que mi pensamiento sea como el vuelo del gallinazo, sereno y movido” A propósito de los 120 años del nacimiento de Fernando González, la Corporación Otraparte presentó una nueva edición de Mi Simón Bolívar. El profesor Óscar González nos envía una nota introductoria que destaca un pequeño repertorio de fragmentos del libro que quieren incitar a su lectura.

Mi Simón Bolívar de Fernando González y el teatro Por: Óscar González Todo es teatralidad en Fernando González: su caminar, su moverse, su método, el libro y su lectura; la naturaleza en su misterio; su forma de nombrarse, su incisiva y radical manera de observarse, desde un método estético que le es incitado o irritado por el Yo, en el que se realiza su obsesión. Nada es incidental aquí. Observemos los cinco países independizados por Simón Bolívar. Están poblados por gentes variadísimas: negros, mulatos, mestizos, zambos… Un teatro, una reunión cualquiera, una iglesia, una escuela, son aquí como una colcha de retazos. Y como sabe que el teatro del Yo, no puede serlo en su totalidad en sí mismo, entonces se relaciona con otros Yo, con necesaria turbación contradictoria: Lucas de Ochoa, Jacinto, Bolaños, etcétera. Para sacudirse de ellos en escandalosa teatralidad, al hacerlos suyos. Y queda entonces el Mí, en el que no duda en instalarse pero con ironía, con temblor indecible para que el Mí, lo destruya. Y al destruir el Yo de él, ante el Mí de Simón Bolívar, lo que hace es transformarse en uno y otro, o sea, hacer un teatro en el que está y no está ni el uno ni el otro, eso es, un Teatro del Gesto. Toda la escritura de González es gestual y, por ello mismo, teatral, como en August Strindberg cuando dice: «Todo cuanto sé —¡y es tan poco!— deriva del Yo, como punto central. El cultivo de ese Yo, pero no su culto, se impone, pues, como el fin supremo y último de la existencia. Mi respuesta, definitiva y perpetua, a sus objeciones, fue formulada así: la mortificación del Yo es un suicidio». Fernando González es el teatro del Mí y del Yo en contradicción inexorable. Fragmentos de Mi Simón Bolívar «Aquí estamos los mahatmas en medio de nosotros mismos. Para nosotros la soledad está en la compañía, pues lo que más despreciamos es el amojonamiento. Nada habla sino el hombre. Los árboles están sembrados y los mueve el viento, pero callan. Los animales no hablan, ni los minerales. Pero todo es consciente y se emociona. Indudablemente lo que más ha impedido al hombre, en cierto modo, el ascenso a la conciencia cósmica ha sido el lenguaje, que es limitador y separador de individualidades. Por eso los grandes conscientes que ha tenido la humanidad han percibido como una etapa próxima del hombre, la comunicación emotiva, sin necesidad del lenguaje articulado». «Mi ángel negro: Llovió durante un mes y hoy hace un sol abrasador y el cielo es todo tentación. Pienso en cosas agradables.

Ayer crucé cerca al cadáver de un gato y me dije: Debe haber olores que no percibimos. El perro huele la liebre y los hombres no. Lo mismo respecto a los sonidos, sabores y luces. ¿Por qué, entonces, no podría haber otros seres que no vemos, ni oímos, ni sentimos, ni olemos...? Queda así comprobado, Negra, que es posible la existencia de seres ignotos. Aquí, a mi lado, puede haber otros seres; un mundo dentro de éste. Creemos que el sonido que no oímos, no existe. ¡Es curioso el antropomorfismo! ¡Cuántas maravillas y terrores habrá!». «Dos litros, señores, es el término medio de la capacidad vital de nuestro pueblo, en individuos de veinte a veintinueve años. Esa capacidad en los Estados Unidos es de cinco litros. De aquí, señores, proviene el poco rendimiento de nuestros congresos. Indudablemente, esto comprueba la necesidad de importar jóvenes para nuestras mujeres y mujeres para nuestros hombres. Día por día será más reseco aquí el elemento humano...». «¿Sabes tú qué es belleza, si no has visto y tocado la pelusa en las nucas impúberes? ¡Tan fresca la piel ahí!... ¡Tan viva y titilante la pelusa! Hoy he sentido una emoción estática al contemplar esto, al atardecer, en un tranvía. Y es porque he visto a la divinidad en el pelo que se esbozaba lleno de vida en la nuca de una adolescente». «Lo que llamamos civilización, buenas maneras, es el modo de disimular nuestra fealdad, nuestra falta de naturalidad. El hombre después de pecar, se tapó con hojas. ¡Qué símbolo tan bello!». «¿Hay que enseñar al mono a querer a la madre? No. Solo al hombre que la quiere y a veces la asesina; que la besa y a veces la golpea. El hombre es el animal que investiga, que aprende, a quien se enseña hasta el amor a la madre, pues no sabe quién es, ni de qué es e ignora lo que debe o no debe hacer. ¡El hombre no sabe ni cómo orinar! Hasta en eso hay materia de pecado, hay un enredo». «Esta mañana mientras defecaba miré al cielo hermoso y azul. Me pareció percibir, intuí a los seres espirituales que compadecían al ser encarnado, al que, mientras defeca, mira para lo alto en busca de Dios; al que se harta de carne y llora; al hombre, el que está en disciplina».


Especial ESPECIAL

«Quiero estar solo, sin libros, aislado, para que mi alma tenga que manifestarse. Aprender a ocuparse en algo que no sea leer, moverse, soñar y pensar… ¿Qué es ello?: conciencia. Percibir el ser, la unidad cósmica, como la araña en el centro de la tela percibe todo su universo. Leer es un vicio como cualquiera. En San Bartolomé dice que tienen los Reverendos Padres una librería como de cien metros por tres de alta. Si los leo ¿seré por ello más consciente? ¿Más hombre? ¿Más poderoso? San Ignacio no los leyó, y el padre bibliotecario los ha leído todos. ¿Cuál es o fue más poderoso? ¿En dónde está el valor?: por dentro, en lo esencial. Lo que importa es la conciencia. Entonces, ¿por qué cada me llevo a mi casa 20 libros por doce o quince pesos y ni los leo, sino que los hojeo…? Oye, Ochoa: no busques eso, ello, lo, la ni en el océano apacible, inmenso, soberbio, iracundo; ni en la atmósfera misteriosa y elástica y vehículo de las influencias siderales y de las corrientes de energía vital; ni en el libro, molde de las ebulliciones de la intranquilidad humana; ni en las estrellas, ni en los infiernos… Búscalo en tu interior. Apacigua la intranquilidad de tu corazón y el bullicio de tu sangre, y apenas haya silencio lo verás». «Tengo 35 años. Multiplicados por 12, igual a 420 meses. Multiplicados por 30, igual a 12.600 días. Ese tiempo hace que vivo aquí, entre mis conciudadanos, sin arte y sin grandeza. ¡Doce mil seiscientos días! Pero gozo y sufro y tiemblo ante todo lo grande: empresa, hombre o visión. Yo sufro porque no puedo libertar la India, sufro porque no descubrí el inalámbrico y sufro porque no acompañé a Colón». «Al rayar el día examiné mis buenos propósitos: no enojarme y no exagerarme. La una. Voy mal: peleé con un chofer, mi corteza cerebral, si no la contengo, me llevará a extremos terribles. ¡Pero seré un hombre apacible! Cada uno se crea un ambiente. Los sentimientos nos arrastran. ¡Qué feo disputar con un chofer! Me he rebajado. Tengo necesidad absoluta de irme de Colombia». «Ochenta pesos colombianos para Berenguela, de cuelga. Hoy

cumple 31 años. Disminuye mi amor por el oro. La juventud, el amor, el honor, el saber, son mejores, y no se compran sino sus apariencias. Juventud, don supremo, ¿por qué te conozco cuando dejo de poseerte? Porque no se puede conocer sino lo que es objeto, y el joven es sujeto; envejecido ya, la juventud se vuelve objeto de conocimiento. ¡Ay!, solo cuando te alejas, juventud, te conozco y te aprecio. Eres, ¿cómo definirte? Eres… ese cabello, esa pelusa del cuello de mi amada… Solo admito la vejez y la muerte si me es dado dormir allí la eternidad. Como el rey David se enfriara de las extremidades en sus días últimos, le buscaron hermosa virgen para calentarlo. Si algún significado religioso tiene la juventud, es el de calentar a los viejos gloriosos». «Querido amigo Fernando: Envíame dos hamacas, y, de los libros de mi biblioteca bolivariana, la autobiografía del general Páez y la Historia de la Gran Colombia por José Manuel Restrepo. No olvides los ciento cincuenta pesos que, según nuestro contrato, debes tú suministrar a Berenguela, por quincena. También me enviarás una cama amplia, como para que los amantes jueguen a la gallina ciega. La que me hiciste instalar aquí es un catre yanqui. En EE. UU. inventaron e impusieron los catres metálicos, angostos y que traquetean como osamenta de viejo. En ellos no cabe sino uno. ¿Qué puede ser allí el amor? No; envíame una cama latina y de madera de bosque colombiano; en ella estará jugueteando el amor. En el catre yanqui está la pasión perversa, o sea, ese instantáneo acto de fieras que han comido conservas: cajas Morton o Libby's. El amante yanqui dice: “¿Cómo es posible dormir juntos?”. En él son para el Libertador; una en el bosquecillo y otra en la casa. Los libros que te pida no debes tomarlos prestados; hay que anotarlos y poderlos borronar y descuadernar». «Yo no soy uno, y de allí los remordimientos de conciencia. El 20% de mi ser es místico; el 10% peón; el 30% enamorado de la belleza y el resto bobo».


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Medellín en Escena

Teatro El Escondite: un lugar para encontrarse Por: Iván Zapata R. En Manizales, por los lados de Chipre Viejo, para ser más exactos, detrás de la Escuela Camilo Torres, Yolanda Arias Gómez, mujer de danza y teatro, y el poeta Uriel Giraldo, crearon una sala propia e independiente: El Escondite, un espacio que fomenta la creación, la investigación y la difusión en torno al arte y la cultura regional y nacional, es decir, «para que todo el que tenga un grito bien elaborado lo pueda pegar allí». Inspirados en el verso de Atahualpa Yupanqui: «esta es su casa, paisano, ¡aquí puede pegar el grito!». Cada semana El Escondite se «destapa» y cobra vida con obras de teatro, danza, música, conferencias literarias en una búsqueda incesante por la formación de públicos. La sala fue construida en 2012, con un área de 8,5 x 20 m., diseñada y construida con el propósito de «ofrecer a la ciudad un espacio para las artes escénicas que, a su vez, hiciera posible la representación y la exhibición de todo tipo de espectáculos culturales y artísticos (danza, música, conferencias, películas, exposiciones, actos públicos, etcétera)». Consta de una sala a la italiana con un aforo de 84 sillas en gradería y un escenario de 8,5 x 9 m y 4,2 m de altura. Dispone, además, de una sala múltiple de 7,5 x 11,75 m apta para la práctica de la danza y el teatro y la presentación de expresiones escénicas no convencionales, así como para la realización de conferencias y exposiciones. Los creadores del Escondite también cuentan con el grupo de danza A Cántaros Danza, que en sus inicios se formó con estudiantes de la Escuela Normal Superior de Caldas y ahora lo integra un grupo interdisciplinario e intergeneracional, que le apuesta a la danza-teatro y a otras formas contemporáneas de expresión artística con su proyecto bandera: Literatura en Escena. El Escondite es algo más que un lugar geográficamente oculto en el sector de Chipre Viejo, alude también al acto cómplice de esconderse, de hacer «una introspección para después exponer el ser interior por medio de la lúdica que permite el arte».

Directorio Medellín en Escena Cra 42 54-50 Centro - 239 81 25 medellinenescena@medellinenescena. com La Polilla Calle 23 76-85 Belén - 343 36 27 info@lapolilla.org Caretas Cra 126B 61A-71 San Cristóbal 427 06 98 caretas@une.net.co La Fanfarria Cra 84 42C-54 La América 250 92 30 fanfarria@une.net.co El Trueque Cra 40 50B-32 Centro - 217 26 05 eltrueque@teatroeltrueque.com

Ziruma Calle 64 39-18 Villa Hermosa 284 34 62 arte-ziruma@hotmail.com Carantoña Cra 75 24-47 Belén - 343 40 22 corporacioncarantona@gmail.com Exfanfarria Calle 50B 39-36 Centro 217 83 64 exfanfarriateatro@gmail.com Elemental Teatro Cra 42 44-46 Centro - 217 63 75 teatroelemental@gmail.com El Teatrico Transv 39B Circular 2-46 Laureles 411 88 78 reservas@elteatrico.co Nuestra Gente Calle 99 50C-38 Santa Cruz 258 03 48 nuestragente@une.net.co

Canchimalos Calle 47 80-37 Floresta - 448 97 40 culturacanchimalos@gmail.com Matacandelas Calle 47 43-47 Centro - 215 10 10 matacandelas@matacandelas.com Viva Palabra Calle 55 43-63 Centro - 239 61 04 corporacionvivapalabra@yahoo.com Teatro Popular de Medellín Calle 48 41-13 - Centro 216 62 62 teatrotpm@une.net.co Casa Clown Cra 44 69-71Manrique Central 211 65 70 colectivoinfusion@gmail.com

Barra del Silencio Calle 45C 75-151- Velódromo 413 55 83 barradelsilencio@gmail.com Oficina Central de los Sueños Cra 43 52-50 - Centro - 239 41 79 teatrooficina@une.net.co CasaTeatro El Poblado Cra 47B 17B sur-30 - Poblado - 321 11 00 info@casateatropoblado.org Circo Medellín Cra 53 30A-155 Cerro Nutibara 265 23 69 info@fundacioncircomedellin.com Casa del Teatro Calle 59 50A-25 Prado Centro 254 03 97 administracion@casadelteatro.org.co


LOCAL L O C A L 11

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Teatriados

Por: José Félix Londoño

Embriagados, pero de teatro, así están estos dos hombres que, como el ave Fénix, renacieron de las «cenizas» del nombre de un grupo de teatro de Itagüí donde actuaron juntos y del cual decidieron teatriarse, —o retirarse—, para conformar lo que hoy conocemos como Teatriados y que funciona en una casa del barrio Prado hace aproximadamente siete años. Embriagados porque, como dice su director Diego Saldarriaga: «Si algunos están enamorados, otros ilusionados y muchos trastornados, nosotros estamos teatriados». Término que igualmente podría hablar de dos si dividimos la palabra: Teatria-Dos. Algo así como teatro de dos, porque aunque han pasado muchos por el grupo, siempre quedan dos, ellos dos. Felipe, Diego y… Luz Marina, o sea, tres. Volvamos a jugar con la palabra: Tea-Triados. Ahora es como decir trío de dos; porque Luz Marina, su secretaria, siempre ha estado con ellos en las buenas y en las malas, renunciando a un sueldo fijo —cosa que Diego y Felipe agradecen en el alma y no olvidan—. Creo que no me perdonarían no nombrarla en esta pequeña reseña,

así que aquí esta: gracias, Luz Marina, por dejarte teatriar y acolitar las locuras de estos dos enamorados del teatro a quienes se les ocurre tumbar un muro de la casa que tienen en arriendo para hacer una pequeña pero acogedora sala de teatro y poder realizar una temporada larga de su segunda obra Mujeres en el baño, ya que las salas de la ciudad les ofrecieron máximo dos fines de semana y ellos necesitaban más. Cosa que ocurre con los desbordados hacedores de teatro, o sea, los Teatriados, apasionados y necesitados de esta apacible droga de actuar. Ya tumbado el muro, compradas las luces, instalados los equipos, faltaba un pequeño detalle: las gradas y la función a las 7:30 p. m. Así que Felipe actúa de malvado y amenaza al irresponsable encargado del trabajo, quien se creyó el cuento y muerto del susto, no a las seis como se lo exigió su cliente, sino a las siete pasadas, apretaba tornillos bajo la mirada ofuscada de dos mujeres —Diego y Felipe—, a quienes les tocó actuar en el estreno, ya que las dos actrices abandonaron la obra faltando quince días para el estreno. Pero eso es otra historia, como

tantas en los grupos de teatro. Sigamos con nuestro irresponsable cerrajero... El tercer timbre está apunto de sonar. Las dos mujeres —los dos actores— despachan al irresponsable, no sin antes advertirle que si algún espectador se lesiona será su culpa. Y ahora sí, que empiece la función, que se abra la casa de estos berreantes —por la primera obra que estrenaron en La Casa del Teatro, dramaturgia del chileno Marco Antonio de la Parra—, a la que siguió Mujeres en el baño, con sede propia y donde nace Me mato el veinticuatro, seguida de La comedia salvaje, y muy pronto estará Las monjas. Eso sí, ya sin el peligro de que s e c a i g a n i n g ú n e s p e c t a d o r, c o s a q u e afortunadamente no ocurrió en el estreno de la primera temporada de Mujeres en el baño, cuando nuestro amigo el cerrajero parece que hizo un buen trabajo y templó los nervios de unos actores que estrenaban una obra y un nuevo teatro para Medellín, donde hay muchos teatriados y arriesgados que aún creen en una estética que solo se logra con la continuidad y la complicidad de todos los enamorados del teatro.


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Medellín en Escena

Onceava

Fiesta de las Artes Escénicas

Agosto 21 al 29/2015

Convocatorias abiertas Diseña la imagen de la fiesta Fecha de cierre: Mayo 26

Convocatoria a grupos internacionales Fecha de cierre: Mayo 30

Convocatoria a grupos nacionales Fecha de cierre: Mayo 30

Convocatoria a grupos regionales y locales Fecha de cierre: Junio 18 Toda la información en www.medellinenescena.com


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Medellín: la ira de los dioses El incesante Sandro Romero Rey, que en sueños ha sido el escribidor de todos los libros del mundo, ataca de nuevo con dos voluminosos tomos de Género y destino. La tragedia griega en Colombia, en edición de Universidad Francisco José de Caldas, olor a libro nuevo, recién salido de las calderas, con el que obtuvo el Doctorado Cum Laude en la Universidad de Barcelona. A Sandro lo tendremos in extenso en agosto durante la Onceava Fiesta de las Artes Escénicas. Aparte de esta joya bibliográfica, presentará una nueva publicación sobre los Rolling Stones, Piedra sobre piedra —a Sandro no hay quién lo convenza de que no es Mick Jagger— y algunas sorpresas más. Como piscolabis literario para quienes lo seguimos y lo admiramos, hemos reunido unos fragmentos de su libro citado donde hace referencia a la tragedia griega en el ámbito local. Está loco. Género y destino La tragedia griega en Colombia Sandro Romero Rey Fragmentos 6.1.4 Medellín: la ira de los dioses … cuando se comienza a investigar sobre la historia del teatro en la capital antioqueña, todos los caminos conducen hacia la figura de Gilberto Martínez. Médico de profesión, Martínez había combinado sus estudios científicos con el deporte, siendo campeón de natación y representante de Colombia en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956. Pero el fantasma de la escena se atravesó en su camino y su mundo no volvió a ser el mismo. Ese mismo año, nació el primer grupo de aficionados que lideró con entusiasmo. El grupo tuvo un nombre de connotaciones geométricas: El Tr i á n g u l o . Y c o n E l Tr i á n g u l o comenzaron sus aventuras sobre la escena. Curiosamente. Fue la tragedia griega la que le sirvió para consolidar sus primeras herramientas dentro del mundo del teatro. De nuevo, Edipo rey de Sófocles sería el texto fundacional del teatro en Medellín (al igual que en Bogotá y en Cali). No sería una puesta en escena integral, sino una lectura interpretada, donde distintos jóvenes ensayaban sus voces, acompañados por algún apoyo musical. Pero para Gilberto Martínez la experiencia resultaría fundamental…

(especialmente con el Teatro Libre de Bogotá y el Teatro Foro de Cali) el Pequeño Teatro ha combinado todas las formas de luchas estéticas, desde las obras influidas por las urgencias políticas latinoamericanas, hasta un variado repertorio que ha combinado los principales títulos del teatro universal (Moliere, Benavente, Beckett, Büchner, Albee, Shepard, Shakespeare, Buenaventura…) y donde la tragedia griega ha tenido un especialísimo lugar. No en balde, si se revisa la lista de montajes que comprende el repertorio del grupo, en el volumen consagrado a sus 35 años de actividades, se pueden contar varios títulos pertenecientes a los mitos antiguos, los cuáles han sido motivo de distintas versiones a lo largo de su existencia… … En 1985, Saldarriaga realizó una versión del drama que sub-titularon “Concierto experimental basado en la tragedia de Sófocles y en la música de Roberto Pineda Duque”. Se estrenó el 1 de noviembre de 1985 en el Teatro Pablo Tobón Uribe, una de las salas más importantes y de mayor tradición en la ciudad, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Antioquia, bajo la dirección musical de Sergio Acevedo y la producción del Museo de Arte Moderno de Medellín. En esta ocasión se trataba de hacer un gran recital integral, donde el teatro se combinase con una obra orquestal de gran envergadura y que se dirigiese a todo tipo de públicos… ……………………………………

…………………………………… ...Rodrigo Saldarriaga quien, con un grupo de jóvenes y entusiastas militantes de la vida fundó, en 1975, el Pequeño Teatro de Medellín. Con un denominador común de cercanías políticas en otros lugares del país

...en el Barrio Cristóbal, se encuentra otra casona convertida en espacio para el teatro. Se trata de la sede que acoge al grupo La Hora 25. Su director, Farley Velásquez, joven lobo de la escena, lo bautizó así en 1989, en homenaje a la novela de Constantin

Virgil Gheorghiu que marcaría su adolescencia. Desde esa época, Velásquez se ha empeñado tercamente en consolidar un espacio y en recuperar grandes textos clásicos del teatro, desde una perspectiva contemporánea y de correspondencias con lo local. De alguna manera, la propuesta de La Hora 25 nació de las urgencias sociales que se gestaron en Medellín durante la década del ochenta. Inmersos en un mundo donde la violencia del narcotráfico parecía devorárselo todo, los artistas de la ciudad debieron inventarse fórmulas para no morir en el intento y dejar de ser señalados como bestias pensantes. Algunos lo lograron. Otros, no corrieron con la misma suerte: el 28 de septiembre de 1990, el director del grupo la ExFanfarria, José Manuel Freidel, “salió de Catrú, compró cigarrillos en la avenida La Playa, cambió un cheque para el cambio de la taquilla del teatro, subió a un carro con un desconocido y su cadáver fue hallado en la carrera 36 con calle 50, con un tiro de pistola. Nadie se atribuyó el crimen”… … pareciera que el director de La Hora 25 no ha querido escaparse de los problemas que lo circundan. Al contrario: los enfrenta. Su teatro es contestatario, tropelero, de barrio popular. Pero sus títulos y su estética aspiran a una particular elegancia. Y ha querido balancearse entre Shakespeare (Ricardo III, Romeo y Julieta, El rey Lear, Macbeth/The New Gangsters B.F.A.) y Jean Genet, entre Andrés Caicedo y, cómo no, las tragedias griegas. En 2007, Velásquez puso en escena su propia versión de la Electra de Eurípides. Con este montaje, el Teatro La Hora 25 (o mejor, su director) se ganaría el Premio a la Mejor Puesta en Escena en Colombia durante ese año. Esta sería una de cuatro visitas que el director antioqueño haría a los temidos

paisajes de la tragedia griega. Junto al éxito de su Electra, Farley Velásquez siguió insistiendo en el género y ha realizado las siguientes puestas en escena: Etéocles, Antígona, Polinices y otros hermanos, a partir de textos de Sófocles y Eurípides, Hécuba y Las Troyanas de Eurípides y Medea, con textos de Heiner Müller, Eurípides y el mismo Farley Velásquez… …………………………………… …Hasta ese momento, el Te a t r o M a t a c a n d e l a s s e h a b í a caracterizado por preferir textos de poéticas, narrativas y dramaturgias contemporáneas… …decidieron cambiar el rumbo y entregarse en los brazos de un director invitado: el italiano Luigi Maria Musati. Y con él, un espectáculo de alto riesgo: Medea de Lucio Anneo Séneca… …Musati decidió ponerlos a prueba con un texto aparentemente imposible. En realidad, el teatro de Séneca no se había representado en Colombia, salvo una versión muy poco difundida del Edipo dirigido por Ricardo Sarmiento en 1990, con el Teatro Libre de Bogotá. Tratando de romper la línea del “teatro estático” en el que se había movido el Matacandelas con gran seguridad (Pessoa, Maeterlinck), Musati decidió construir un ritual escénico muy distinto, optando, sin embargo, por el “teatro para ser leído” de Séneca. Las tragedias del dramaturgo latino, en muchas ocasiones, se consideran no aptas para la representación, a causa de sus largos y complicados textos de corte filosófico. Pero el grupo aceptó el riesgo y se encargó de consolidar un estilo, entre el lenguaje académico-libertario del italiano y la singular “dramaturgia de la puesta en escena” que ha caracterizado al grupo de Cristóbal Peláez.


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MedellĂ­n en Escena


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Ricaurte Carmona, Néstor Gaibor, Rodolfo Gómez, William Hurtado y Edgar Serrano.

III Títerefiesta Mayo 22 al 31/2015 Organiza: Asociación de Titiriteros de Colombia, Ático, Regional Antioquia Los títeres convocan a la ternura y por eso le apostamos a la infancia. Niños y niñas que gozaron de las ediciones anteriores de la Títerefiesta, en esta oportunidad deseamos multiplicar sus sensaciones y por eso tendremos en escena obras llenas de imaginación, sentimientos, pasión y dedicación al oficio titiritesco. Exposición de títeres: dos exposiciones de títeres en homenaje a Gabriel Esquinas (1947-2009), insigne titiritero del grupo Biombo Latino de Bogotá. 1. 23 títeres de los grupos participantes, en el Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, del 27 de marzo al 31 de mayo. 2. 15 títeres en la sede de Camaleón Urabá, en Apartadó, del 22 al 31 de mayo. La tercera edición de la Títirifiesta contará con: 34 funciones, con 14 grupos participantes: Édgar y sus Títeres, Orandantes, Sol y Luna, Camaleón, Alevín Títeres, Caretas, Camaleón Urabá, Cuarto Creciente (Turbo), Tecoc (Bello), La Carreta (La Ceja), y a nivel nacional estarán Arlequín (Cúcuta) y Mamarrachos Parlanchines (Cartagena). Salas participantes: Corporación Caretas (corregimiento de S a n C r i s t ó b a l ) , Te c o c ( B e l l o ) , Corporación Camaleón (Apartadó), Grupo Cuarto Creciente y Teatro Ateneo Porfirio Barba Jacob; además del espacio alterno en Amarna Café Cultural, en Chigorodó, y en otras espacios de Medellín, El Carmen de Viboral y Caldas. Seis conferencias sobre el quehacer titiritesco: tres en Urabá y tres en el área metropolitana de Medellín. Los expositores: María Victoria Suaza,

El libreto Universidad de Antioquia, Facultad de Artes Libreto: Jesús Maria Riaza Actuación: Javier Loaiza, Kristian Restrepo y Jesús María Riaza Director: Jesús María Riaza Esta puesta en escena reafirma la figura del actor en el teatro, el actor dramaturgo, el actor personaje, el actor bailarín, el actor que se arriesga a mirar desde fuera la puesta en escena que se proyecta, director. Sustentándose en la comedia del arte, donde el actor asumía la construcción de su propio universo escénico y estético, donde se evidencian sus paisajes, su búsqueda, sus preguntas, su vida en escena y tras escena, metateatro. Sin saturación de escenografía como lo plantea el maestro Jerzy Grotowsky: «El actor como la hoja de un libreto sobre la escena listo para ser leído».

Yuma, río amigo Teatro La Fanfarria Dramaturgo y director: Jorge Luis Pérez Valencia Actores titiriteros: Jorge Luis Pérez Valencia, Ernesto Aguilar R. y Ana María Ochoa R. Música: Luis Fernando Franco Vestuario: Lucero Gómez

NOTAS NOTASEN ENESCENA ESCENA 15

Técnico: Raúl Aristizabal. Una mirada al río Magdalena, testigo de nuestro mestizaje, de nuestra historia, del arte, de la ciencia, la política, las guerras y la literatura. Los invitamos a navegar por este río que fue llamado por los indígenas: río del país amigo. Desde las cumbres nevadas de los Andes, desde las alturas del águila y de la niebla, va el dulce río de la Magdalena al mar Caribe. Sus amigos de infancia, los indígenas, lo nombraron Yuma, río del país amigo. Y en el fuego fundador de las fogatas, vivieron libres las tribus de l a n a c i ó n P a n c h e , To c a i m a s , Anapoimas, Suitamas, Chamíes, Z e n u e s , Ta h a m í e s , M a l i b ú e s , Calamaríes, Siquines, Buitines, Sutagros, Pantágoras, Yanaconas, Cimitarras, Opones, Gualíes, Palaguas, Guriguanaes y los bravos Caribes. «Oh majestuoso Magdalena. ¡Ay! Cuán indiferente lo he subido y después lo he bajado».

Estreno en ExFanfarria Teatro Obra: De la noche al alba Hora: 8 p. m. Dramaturga: Paloma Pedrero Dirección: Beatriz E. Hernández El grupo de teatro Ayaneiba está cumpliendo quince años de trabajo en las artes escénicas en el corregimiento de San Cristóbal. Para celebrarlo estrena Noches de amor efímero, de Paloma Pedrero. En montaje se encuentran: De la noche al alba, La noche dividida, La noche que ilumina, Solos esta noche; y se estrenarán paulatinamente en este orden. Son cuatro obras breves y actuales sobre la dificultad de ser y de encontrarse; cuatro miradas diferentes y bien significativas sobre el amor, la mujer, la diversidad sexual y la violencia de género; cuatro maneras de plantarse en un mundo fragmentado y mezquino, donde impera el «sálvese quien pueda». Cuatro escenas con la noche como espacio de representación

de los que ya nada tienen que perder. La noche de encuentros imprevistos, abrazos encendidos. Formas de hacerse el amor. Cuatro instantes efímeros que estimamos durarán para siempre. De la noche al alba se desarrolla al amanecer, delante de un club nocturno. Vanesa, una prostituta, tropieza allí con Mauro, un guardia del banco. En el transcurso de la acción se hace evidente que no es un encuentro casual, sino planeado por el hombre que confiesa estar enamorado de la chica. La conversación que entablan es algo diferente a lo que está acostumbrada Vanesa, habitualmente maltratada por su proxeneta y abusada por sus clientes. Aunque al principio la mujer se defiende de la intimidad que el hombre intenta forjar entre los dos, sucesivamente le permite acercarse a ella y hasta le confiesa «lo inconfesable», su verdadero nombre. Sin embargo, la sensación de proximidad que se experimenta es aún más breve y fugaz que en los casos anteriores, porque se interrumpe bruscamente con la llegada del proxeneta y su reacción violenta.

Corazón de lana Ángela Gómez, Gigio Giraldo y Gerónimo Choperana Público: Familiar Sala: Teatro Casa Clown La clown Mantequilla pone en escena la sensibilidad de una mujer embarazada que entre sueños, apuros, estrujones, tuercas sueltas, miedos e ilusiones, teje cómicos momentos que evocan profundos recuerdos de maternidad y de crianza. Corazón de lana es un homenaje a la vida, la maternidad y el amor; en esta obra la payasa viajará por situaciones que evocarán recuerdos maravillosos y típicos en nuestra cultura, pero también otros tediosos que invitarán a la reflexión frente a la maternidad y el compromiso que esta implica. La obra nos invita a tejer lazos fuertes entre familia y comunidad, a reflexionar acerca de la responsabilidad y la demanda de amor y tiempo que requiere un nuevo ser. Tejer como ritual de vida, entrega, paciencia y amor.


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Periódico 38  

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