Itinerario 2017

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Te digo de verdad que hoy estarás conmigo en el paraíso Cuando cierres los ojos y se rompan tus huesos y de ti no queden ni el nombre ni el aliento, cuando arrojen tu cuerpo a la caliente fosa, yo te estaré mirando, yo buscaré tu boca. Yo seré por tu carne una llama lentísima que dejará en la tierra ceniza de otra vida, que elevará tu alma más allá de los astros, porque tú me has hablado, porque me has consolado. No te puedo decir cómo es el paraíso donde estarás intacto, donde estarás conmigo, pero cierra los ojos y sueña que la noche viene como una madre común y nos acoge. Antonio Carvajal


BENDITA PASIÓN DE PAPEL Juan Carlos Izquierdo Domínguez

Alborea la primavera y resurge una nueva Pasión de papel. Iniciamos un nuevo itinerario sentimental por la Zamora del alma; la ciudad sentimental que ofrece sus hermosos rincones para enmarcar los bellos momentos de la semana más grande. Regresa una Pasión escrita desde el alma, con la tinta del corazón y la pluma del espíritu. Un precioso catálogo de vivencias, recuerdos y sensaciones. Sumergirse en estas páginas es descubrir otra Semana Santa; la no visible con los ojos de la realidad; la Pasión literaria que se escribe cada día, en cada instante y

en cada lugar de nuestra tradición. Un itinerario es la descripción de un camino y la indicación concreta de la vía que conduce a un destino. Lo fácil es leer esa descripción pues ella nos lleva hacia donde nosotros queremos. Ahora bien, si tenemos múltiples caminos y todos son hermosos; si nuestro destino no solo se alcanza por una vía, nuestra tarea es recorrerlos todos, visualizarlos todos a través del relato apasionado, el sentimiento afligido o la franca vivencia. Y aquí tenemos ese recorrido revestido de cuché, preciosas páginas que llegan, año tras año, fieles


a su cita como níveas flores de almendro que preludian los hermosos días de Nisán. Un recorrido que se plasma con palabras y una trayectoria visual ilustrada con los más bellos pasajes de la Pasión en la calle. Esos instantes que fascinan al foráneo y emocionan al vecino, capturados temporalmente tras un objetivo pero retenidos en la memoria del zamorano para siempre. Una travesía de papel que da comienzo en el año 2003 como la loca aventura de un inquieto zamorano deseoso de mostrar al visitante el itinerario más íntimo y hermoso de nuestra Pasión. Feliz locura, pues aquella primera incursión editorial fue un éxito y al año siguiente volvió a repetirse, y al siguiente también,

y al siguiente, y... ya son quince ediciones. Quince estaciones de un particular Vía Crucis apasionado que, año tras año, han sido fiel reflejo del alma de todos y cada uno de sus colaboradores. Abramos, pues, El Itinerario y dispongámonos a realizar nuestro camino. Descubramos el misterio que todos los años envuelve a esta bendita Pasión y dejémonos llevar desde estas páginas hacia las calles y plazas, los rincones, los lugares del drama. Recorramos el camino que nos ha de llevar al misterio de Cristo; crucemos por los sentimientos de esta Pasión de papel y vivamos con intensidad estos días. Solo así podremos descubrir y disfrutar la verdadera Semana Santa de Zamora.


LA NOCHE DEL JUEVES DE PASIÓN

Cae la noche del Jueves de Pasión, una noche especial, en la que afloran los recuerdos, las palabras calladas, las lágrimas contenidas. Hoy comienzan los sueños, al atardecer, cuando el sol se esconde y el río murmura oraciones calladas, cuando la Cruz se torna vida y el silencio se convierte en canto. Cuarenta días de espera, de penitencia y oración, “acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver”. Volverás a la vida, al milagro de la resurrección cuando Zamora pose su mirada sobre las calles bañadas del profundo sentir de la Pasión y regrese al dulce letargo de la espera. En la magia de esta noche revivimos la austeridad y el dolor, la misericordia y el perdón, los momentos, los rincones, los silencios, los acordes. Revivimos eso que vendrá, eso que nos conmueve el alma, porque la Semana Santa es leyenda viva, es un hombro dolorido bajo un banzo, es la mirada ilusionada de un niño la tarde del Domingo de Ramos, es una vela que lucha contra el viento

Sara Pérez Tamames


por seguir iluminando las heridas del cuerpo sin vida de Cristo. Esta noche, eterna y misteriosa, envuelta en ilusión. Noche de oración, preámbulo del sentimiento más puro que se dibujará a lo largo de diez días, los más bellos del año. Tan breve para lo largo de la espera, tan intenso para lo amargo del anhelo en esos meses en los que el sol arde en Zamora, porque también entonces es Semana Santa, también entonces un recuerdo puede encoger el alma. La espera... De nuevo Zamora brillará con esa luz especial, volverán las viejas tradiciones, las de siempre, las casas llenas de túnicas, las miradas furtivas al cielo pidiendo compasión para que no llueva, el olor a almendras garrapiñadas en las calles, la sonrisa al sacar de nuevo la medalla del cajón, la emoción al encender las velas cuando las campanas anuncian la salida de la procesión. Las cosas de siempre, esas tan nuestras, esas que no queremos perder. Asoma la cruz, la soledad, y se escucha el susurro del Duero que llora, porque también hay tristeza en la ciudad que aguarda, también hay dolor en el corazón desnudo de quien entrega su hombro para cargar el peso de la sangre derramada. Y redoblan los tambores, y callan las calles porque por ellas camina el Hijo del Hombre. Y es que es innegable que Zamora se viste de gala durante su Semana Santa, que parece otra, que llora la madrugada del Viernes Santo y no desaparece de sus calles el luto y la soledad de la muerte por la vida hasta que despuntan los primeros rayos de sol la mañana del Domingo de Resurrección. Porque vive y siente, porque carga sobre su regazo el peso de la muerte y guarda el lamento del dolor en el corazón. Y es que en los días venideros Zamora se convertirá en sentimiento, en silencio y pasión. Y vuelven las tradiciones, el orgullo de un pueblo, la tristeza grabada en el rostro de la Virgen de los Clavos con la delicadeza de las manos de Ramón Álvarez, la muerte plasmada en la figura del descendido con la sutileza de Benlliure, la túnica de terciopelo negro, la cruz desnuda que aguarda el cuerpo exhausto del Ecce Homo. Momentos que cada año se repiten como si fuera la primera vez. Y vuelven las lágrimas cuando la Virgen de la Esperanza sube la cuesta de Balborraz, y se encoje el alma cuando el miserere azota el silencio la noche del Jueves Santo, y regresa esa magia de nuestra mayor joya, nuestra Semana Santa, la nuestra, la de todos, de la que presumimos, porque solo los Zamoranos conocemos ese cosquilleo que nos acaricia el corazón cuan-


do redoblan los tambores. Bendita magia la de nuestra Semana Santa, bendita Pasión. En el silencio de esta noche mágica se unen las almas de los que están y de los que se fueron, esas que aún permanecen vivas en el recuerdo de los que continúan velando su memoria. Esta es una noche para el recuerdo de quienes en la antesala del camino a la Cruz también cerraban los ojos reviviendo la Pasión de los días venideros. Cada Jueves de Pasión Zamora cierra sus ojos, despierta su alma y callan sus calles al paso de la

muerte. Con la mano tendida al desaliento y la misericordia grabada en la mirada Jesús Nazareno convoca a vivos y muertos al caer la noche para darles la vida, para que se unan en oración, para que la plegaria de los vivos sea iluminada por la luz de los que nos guían desde el cielo. Un año más la historia de la Pasión será contada a golpe de sensaciones. Levanta la mirada Zamora, que el Hijo del Hombre se entrega a la muerte…

Horario y recorrido. A las 20,00 horas celebración de la Palabra en la Iglesia Parroquial de San Frontis, a las 20.30 comenzará el traslado procesional por: Fermoselle, Avda. del Nazareno de San Frontis, Puente de Piedra, Avda. de Vigo, Cuesta del Pizarro, San Pedro, Plaza Fray Diego de Deza, Plaza Arias Gonzalo, Obispo Manso, Plaza de Pío XII y Catedral donde finalizará con la proclamación del Evangelio.



EL VIERNES DEL BARRIO.

Casi sin darnos cuenta, se nos han echado encima estos días de tan profunda relevancia en el alma de la ciudad. Es viernes de Dolores, antes y hoy, porque la Madre Dolorosa es venerada en cualquier lugar sin que preceptos y disposiciones eclesiásticas hayan arrumbado esta secular festividad. Lo que se borra de los libros permanece en el corazón. La piadosa tradición sitúa como reina de este día a la Virgen de los Dolores aunque litúrgicamente sea el viernes de la quinta semana de cuaresma. En el humilde barrio que creció entre josas de labriegos, bancales de cereales y huertos de hortalizas, hoy se alza la cruz de una modesta imagen, emparedada siglos (¿quién sabe cuántos?), con la que unos chavales (Paco, amigo, ¡vaya idea!) soñó hace ya más de cuarenta años en hacer una procesión de penitencia en estos días, tan enseñados estamos en Zamora a festejar más la Muerte que la Vida. Así empezó su peregrinaje en esta no-

Luis Felipe Delgado de Castro



che, cerrada aún a cal y canto a la primavera, ese cortejo que recorre los parajes del campo de la Verdad, del Sillón de la Reina (¿dónde quedaron nuestros juegos de infancia?), que sube por la añosa cuesta del Mercadillo y busca la grandeza de la Catedral, para leer y meditar una página del evangelio escrita con dolor de cruz y palabras de perdón. Hábitos de monjes, cogullas, faroles entornados de cera. Salen de un cenobio románico que plantó la fe siglos atrás. Durante la procesión, el silencio es perforado por el ruido quebrado de las carracas o tinieblas que un día envejecieron de cuaresmas y oficios en un convento de monjas toresano, por los místicos salmos de un coro de monjes y por el tañido lúgubre, lastimero, de una campana que toca a

la fragua del inolvidable Miguel Fernández Calles, desparrama el aroma litúrgico por los aires de la noche. El cortejo alcanza y ocupa el atrio catedralicio. Los penitentes forman una corona de espinas entrelazada de faroles y ropajes blancos y un coro deshila las estrofas de un himno que exalta la obediencia del Reo hasta la misma cruz: “Christus factus est”. “Cristo se hizo obediente por nosotros hasta la muerte. Y Dios lo exaltó y le dio nombre sobre todo

muerto, como antaño en los pueblos, y que viene con el propio cortejo, a hombros de los penitentes. Así definí y canté a ese monumento andante del campanil en mi pregón en la ciudad de Vigo, allá en 1980. “Y en medio de la noche, el golpe seco de una campana portada a hombros, campanario de esfuerzos, torre de hombres tan solo, desclavada del paisaje del cielo para ponerla a la altura de la tierra, penitencia pregonada a ras de suelo”. La procesión, toda ella, es un oficio perenne de tinieblas en camino, ya por la madrugada, por esas callejuelas que el pretérito tomó como suyas un día, las cubrió de olvido y están casi perdidas para la costumbre de la vida. Un incensario, hecho arte en

nombre”. Canto tallado en latín antiguo, rescatado de los oficios del viernes santo y vestido con nueva partitura del maestro Miguel Manzano. Y a lo largo del camino, que se encuerda en las calles más angostas y añejas de la ciudad, el mismo coro entonará “Crux Fidelis”, la piedra angular del rezo cantoral de esa hermandad, que pasó del solemne latín y digno gregoriano al pentagrama del maestro Manzano. Culminada la lectura y meditación


del evangelio de la Cruz, los hermanos vuelven sobre sus pasos para ir a devolver a su Cristico a su casa románica del barrio. Regresan con la misma unción de anacoretas, recogiendo con sus faroles las sombras del suelo. Se respira la sagrada fragancia que alza el incensario al paso de la imagen y la cera inmolada en los tenebrarios que estacan el pequeño calvario del Crucificado. Se oyen los mismos sonidos, la campana andariega que pide una oración por el Muerto que pasa, la carraca o tiniebla que rasguña los rezos de la madera, el coro

que sitúa sus cantos sobre los bordes de la noche crecida en penumbra y el latido de los tambores que perfilan el paso de los hermanos bajo las andas. Todo en su justa medida. A la medida de una Pasión como ésta, hecha con tan buenas mimbres como las de esta joven hermandad. Poco tiempo después, el Cristo estará en su altar de nuevo. Será sábado, víspera de hosannas y el credo de la ciudad mirará al otro lado del río, allá donde guarda la muerte entre un bosque de cipreses.

Horario y recorrido.

A las 22.30 horas comenzará la Procesión desde la Iglesia del Santísimo Cristo del Espíritu Santo, continuando por la Calle Espíritu Santo, Avda. Frontera, Calle Almaraz, Calle La Vega, San Martín, Cuesta del Mercadillo, Rúa de los Notarios, Plaza de los Ciento, Calle Arcipreste, Plaza Fray Diego de Deza, Plaza Arias Gonzalo, Calle de Corral de Campanas, Calle del Troncoso, Plaza Antonio de Antonio del Águila y Plaza de la Catedral, donde los Hermanos accederán al Atrio y se realizará la lectura de la Pasión de Nuestro Señor y a continuación el Coro de la Hermandad interpretará el “Christus Factus Est”. Se reanuda la Procesión por Plaza de la Catedral, Rua de los Notarios, Cuesta del Mercadillo, San Martin, Calle de la Vega, Calle Almaraz, Avda. de la Frontera, Ctra. de Almaraz y Plaza del Espiritu Santo, para retornar al templo de partida.


DOS SáBADOS

Nunca he visto la procesión del Sábado de Pasión. Siempre llego a Zamora el Miércoles Santo, justo para plantarme ante el atrio de la Catedral para jurar silencio, desde la acera, para reconciliarme con el pasado y probablemente para pedir perdón al Cristo de las Injurias por mis tantas infidelidades. Pero he visto cientos de fotografías, he leído sobre los encuentros y desencuentros de la Hermandad que, como tantos otros, me producen desazón y un no querer ahondar más porque entonces dejaríamos de creer hasta en nosotros mismos. He visto algunas fotos muy bellas del traslado del Jesús, casi fantasmagórico, con un fondo ceniciento de esas nubes que nos envían desde Portugal a saludar a los Cristos zamoranos y no siempre con buenas intenciones.

Manuel Allué



Y he hablado con las hermanas y con los hermanos, sobre todo con las hermanas, que cuentan y no acaban. Y he imaginado cien veces la procesión hasta el cementerio, donde descansan algunos de mis antepasados y donde a lo mejor se serenan los espíritus belicosos y las almas encontradas. O a lo mejor no. Pero hace ya unos años pude acompañar al Jesús el Sábado de Gloria en esa procesión corta y apresurada, medio privada, en la que los hermanos llevan a su Señor, de paisano, para que bendiga a nuestros muertos desde un alto frente al Duero, sin cruzarlo, con empaque, con aire de romería, y con

mucha devoción. Devoción del que recuerda y devoción del que promete. También podría ser devoción del que perdona, pero eso es otro asunto. Me quedé nuevamente atónito frente al río, nuestro Padre, aún con restos de luna llena. Y entonces sí que prometí. Volver siempre. Quedarme en Zamora con toda el alma hasta que pueda hacer otra cosa. Y perdoné, de paso, a los enemigos banales, a las querencias equivocadas, a los deseos estrechos. Y saludé a la Luz, a la Vida, con ganas, siempre, de volver, de sábado a sábado, entero. Y como siempre (me estoy haciendo viejo), emocionado.


Horario y recorrido.

Despues del la oración que se realiza en el Atrio de la Catedral a las 19 horas, se inicia la procesión con el siguiente recorrido: Plaza de la Catedral, Plaza Antonio del Águila, Obispo Manso, Plaza Arias Gonzalo, Plaza de Fray Diego de Deza, San Ildefonso, Cuesta del Pizarro, Avenida de Vigo, Puente de Piedra, Plaza de Belén, Cabañales, Sepulcro y Cementerio donde se celebrará la 0frenda y la oración, actuando el cuarteto musical “Jesús, Luz y Vida” y el coro de la Hermandad que interpreta un de profundis. Regresa la procesión por Sepulcro, Cabañales, Plaza de Belén, Puente de Piedra, Avda de Vigo, Cuesta del Pizarro, San Ildefonso, Arcipreste, Plaza de los Ciento, Rúa de los Notarios y Plaza de la Catedral para retornar al templo de salida.


«Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él. » Marcos 10,13-16

-¡Despierta Peromato! ¡Despierta!, que ya asoma la luz del día y hoy Zamora se viste de gala. -Pero Gobierna, si aún es temprano y la ciudad sigue dormida. -¡No seas remolón! ¿no lo oyes? Ya se escucha movimiento en los hogares, ya levantan persianas, ya huele el primer café. Ya están las aceras agitadas y ansiosas, ¡ya se prepara el cielo! -¡Pero si sigue nublo! -Tozudo caballero… ¿Acaso no crees que de todas las mañanas de Pasión no hay otra que luzca más que el Domingo de Ramos? No importa que se aperece el sol, ni que el frío rezagado se deje sentir todavía en la tez, este Domingo siempre sabe a primavera. -Cierto es, amiga Gobierna,

Beatriz Blanco Santos



que pese al letargo del invierno en este día este abril la luz se esconde en el brillo de los ojos de los menudos y de quienes, ya mayores en edad, sacan del baúl aquel niño que un día fueron. -¿Acaso es que tú no vuelves a sentirte niño cada Domingo de Ramos? ¡Vamos, yérguete, alza la Seña Bermeja y que el viento la peine, que ya suena la corneta y el tambor convocando al gentío mientras el raso blanco, púrpura y celeste aguardan a los pies de Santa María la Nueva. -¡Mira! Ya asoma la cabeza el Pollino. -Ahí está el Rey de reyes, rodeado de los suyos, hombres y mujeres, jóvenes y una multitud de ilusionados niños agitando palmas, olivo y laurel, ¡Hosanna!

-Sonrisas nerviosas, bulla infantil, júbilo y gozo. ¿No es magnífico este paisaje sonoro, Peromato? ¡Qué bonita estás mi Zamora! -Madres, abuelas, todos miran la escena con emoción. Parece que nadie tiene prisa y a paso de la borrica van disfrutando, Gobierna. -Así se mama y se aprende la Semana Santa zamorana. Desde los hombros de papá, en brazos de mamá, alzando la vista, escuchando, sintiendo. Desde los primeros pasos, desde la primera procesión, haciendo camino juntos. -Quizá tengas razón Gobierna. Será pues esta la dicha de esta tierra, que por unos días se vuelve ferviente como en una permanente alegoría a la niñez

que a todos contagia. Generaciones que se aferran a la tradición inmutable en un eterno recuerdo a quienes hicieron de esta semana tiempo de Hermandad. Será por eso que también la Semana Santa zamorana no es sin ellos, sin la semilla de la inocencia que germina y crece, la savia que corre entre estas calles y plazas de quienes, como ahora nosotros, miran embelesados y se preguntan. Quizá sean ellos la respuesta. -Abre bien los ojos, amigo Peromato, libera los cinco sentidos que ahora es tiempo de ajetreo y trajín. Plancha y almidón. Estameña, raso y terciopelo. Cera sobre el adoquín. Rosas, claveles y nardos. Silencio

y lamento. Ante ti se muestra esta ciudad abierta de par en par, que se entrega en cuerpo y alma, tendiendo los brazos a nuestros zamoranos en la diáspora, y a quien quiera de nosotros saber. -Diríase, querida Gobierna, que estos días en Zamora se respira una esencia emanada del espíritu de este pueblo que nos identifica, el que sus gentes han convertido en el emblema de una Semana Santa que jamás pierde su engarce popular. Ojalá sea siempre joven e inquieta. Ojalá esta ciudad no pierda nunca las ganas de despertar. -Todo está ya dicho, Peromato. Ya es Pasión.


Horario y recorrido.

Se saldrá a las 17:30 horas de la Plz. De Santa María la Nueva tras la bendición popular de las palmas por el Capellán de la cofradía, continua la procesión por: Barandales, Plaza Viriato, Ramos Carrión, Plaza Mayor, Renova, Plaza Sagasta, San Torcuato, Avda Alfonso IX, Santa Clara, Plaza de Sagasta, Renova, Plaza Mayor, Juan Nicasio Gallego, Reina, Corral Pintado, Plaza Santa Maria la Nueva para finalizar en el Museo.


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos. R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. Que se sienta solidario y silencioso, cuando el Señor se lo impone: que ponga su boca en el polvo: quizá haya esperanza: que tienda la mejilla a quien lo hiere, que se harte de oprobios. Porque el Señor no desecha para siempre a los humanos: si llega a afligir, se apiada luego de su inmenso amor. (Lectura del libro de las lamentaciones 3, 27-32). Reflexionemos y pensemos, ¿No será que la tercera caída de Jesús bajo la cruz, nos haga pensar en la caída de los hombres? ¿No será esta caída fruto del sentimiento de Jesús, bajo el peso de la Cruz? ¿Señor, tu Iglesia es una nave a punto de hundirse?. Señor ten piedad de tu Iglesia, ya que al caer podemos ir en esa caída con ella, pero sin duda igual que te levantaste, nos levantamos todos nosotros y como tú ya reincorporados, resucitado. Sálvanos a todos y santifícanos. Y como queriéndonos unir nuestro pueblo, si ese pueblo zamorano, que todos los lunes Santo, revive año tras año y muestra en la calle la representación de esta tercera caída de Jesús en la Cruz, conmemora este acontecimiento marcado en la historia y narrado en ella, y los hermanos de la Hermandad Jesús en su tercera caída, se reúnen en la Iglesia de San Lázaro, sí como en el pasaje “Llegaron a la puerta de una muralla vieja, interior de la ciudad. Delante de ella hay una plaza, de donde salen tres calles. En esa plaza, Jesús al pasar sobre una piedra gruesa, tropezó y cayó : la cruz quedó a su lado, y no se pudo levantar”.

José Carlos Rodríguez San Gregorio A mis hermanos del Coro de la Hermandad Jesús en su Tercera Caída de Zamora



Pero un pagano, llamado Simón Cirineo, le ayudó a levantarse y lo acompañó y lo alivió de su carga. Y rememorando esa novena estación: Jesús cae por tercera vez. Te adoramos Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Tercera caída. Más cerca de la Cruz. Más agotado, más falto de fuerzas. Caes desfallecido, Señor. Anochece en la ciudad, y el ambiente respira túnicas y capéruces de raso negro con capas blancas de raso, con el escudo de la cofradía bordado en rojo. Los cofrades portan un hachón con una vela, son casi dos mil hermanos, y en una ciudad diezmada en habitantes, estos representan un verdadero número que inunda los alrededores de San Lázaro. Los hermanos se apilan, fuera de la Iglesia, y forman filas para acompañar a sus imágenes, el nerviosismo es patente y sobre todo en las más jóvenes, ni-

Se abren las puertas de la Iglesia y aparece “ La Despedida de Jesús y María”, representación austera, y ahora que se acerca la hora de la separación y yo quiero estar junto a ti. Y sabes para que ha venido Jesús, ha venido para decirte “ adiós”, para decirte su última palabra, para recibir tu último abrazo, y eso Enrique Pérez Comendador, lo trasmite en su obra, y como reviviendo el episodio una banda de música detrás del “ paso”, pone los pelos de punta a Hermanos y espectadores de calle, que abarrotan sus aceras. Ahora le toca a “Jesús en Tercera Caída, imagen principal de la Cofradía, representa a Jesús abatido por la Cruz y su cara girada a un lado, muestra un dolor que te conmueve, y su autor “Quintín de la Torre”, le da esa fuerza que hace que cuando miramos a Jesús, sentimos con él el dolor y el peso de todos nuestros pecados. La banda de música que lo acompaña, suena y

ños acompañados de sus padres o familiares, vestidos con sus túnicas, llevando un pañuelo blanco al cuello y sus guantes blancos en las manos, sienten y saben que en breve va a comenzar su procesión, algunos ya tienen puesto su caperuz, y es tal el nerviosismo que no son capaces de encontrar y alinear los ojos del mismo, con sus propios ojos. Ahora sí, el color de la noche ya es patente, una banda de cornetas y tambores abre el cortejo, y con las ganas de tocar de sus componentes arrojan un sonido profundo, los tambores redoblan y las cornetas anuncian que el cortejo comienza. Ahora sí, ya no hay vuelta atrás, sólo mirar al cielo y rogar que la lluvia respete estas dos horas y media de procesión. “ Hemos nacido con la intención de homenajear a los caídos en la contienda y orar por sus almas”.

su primera marcha fúnebre pone a la ciudad en el brote del sufrimiento de los hombres. Ya para cerrar el cortejo y fruto de una gran representación iconoplasta, aparece “ La Virgen de la Amargura”, con su manto de terciopelo negro bordado en oro. La Virgen mira hacia lo alto y la mano derecha alzada, “ Ramón Abrantes”, sabía que acompañar a un Jesús de esta envergadura, requería una madre afligida y esperanzada, y como queriendo trasmitir que el cielo está en su pensamiento y la esperanza en su mano, en su talla da aliento a su imagen. La banda de música que la acompaña hace que le peso de la misma en los cargadores sea más liviano y sobre todo más firme su paso. Las Cruces que desfilan en el cortejo, son de otro zamorano de renombre “ José Luís Coomonte” y una Corona muy pesada es llevada en andas por los hermanos. Ahora se siente, ya la puesta en escena y la Calle del


Riego está repleta de espectadores, no queriéndose perder detalle, y como es costumbre en esta ciudad, los niños siempre en primera fila. Y llegando a la Plaza Mayor, el toque de oración y allí en el centro de la plaza. Los “ tres pasos” a hombros y en movimiento llevados por sus cargadores, sentirán que un Coro de hombres, con una fuerza atronadora, pregonará “ que la muerte no es el final”, y dirá para despedirse: En tu palabra confiamos Con la certeza que tú ya le has devuelto la vida, ya le has llevado a la luz. Ya le has devuelto la vida, ya le has llevado a la luz.

Horario y recorrido.

Sale a las 20:30 horas de la Iglesia Parroquial de San Lázaro por: Av. de la Puebla, Feria, Riego, San Torcuato, Benavente, Santa Clara, Sagasta, Renova, Plaza Mayor, donde se realizará el acto por los fallecidos de la Hermandad para continuar por, Juan Nicasio Gallego, Reina, Corral Pintado, Plaza Santa Maria la Nueva para finalizar en el Museo de Semana Santa.


¡OH JERUSALÉN!

Noche de luna casi llena. El tañer de las campanas con un duelo que rasga el alma en la media noche del Lunes Santo, envuelve en silencio Zamora. El crepitar de las antorchas, fuego vivo que mana de las teas, deslumbra entre las sombras, los hábitos de estameña color marfil y cogullas monacales, que vagan por las calles de la romancesca ciudad, con el cuerpo de Dios crucificado. “Oh Jerusalén, ciudad Santa, hermosa, lloro por ti. Oh Jerusalén que matas a los profetas. Oh Jerusalén, ciudad de Sion, vengo a traerte la salvación” PresagiaJesús de Nazaret el drama que esta noche se vive en Zamora. Cientos de hermanos desfilan por el centro de las angostas calles del casco antiguo. Miles de personas copan las calles para ver

Juan Manuel Bragado Molina Dedicado a mi hija Verónica



uno de los desfiles más bellos de la Semana Santa Zamorana. Cristo es portado por ocho hermanos que sobre hombros y manos, llevan en tan original y singular forma el cuerpo sin vida del Cristo de la Buena Muerte. Si, otro año más, para envolver la ciudad entre humo y tinieblas. Para poder ver de nuevo tu cara, tu rostro, tu cuerpo, tus yagas. Para que tu perdón pueble las mortecinas calles de una ciudad bulliciosa, mucho más en estos días. El silencio que pueblas las calles, solo es roto por el crepitar de las antorchas y las bellas voces de los hermanos del coro. Ya llegando a Santa Lucia, una parada en el camino, para cantar JERUSALÉN, JERUSALÉN. Cristo se muestra a Zamora, y deja una bella estampa de

Y poco a poco la procesión va llegando a su fin. Nada más atravesar el arco de nuevo se oyen las campanas de San Vicente, que llaman al cortejo fúnebre a que retorne al templo. Es allí donde los hermanos podrán disfrutar del momento más mágico de todos. Lentamente los hermanos atraviesan la entrada de la Iglesia y la procesión se va apagando. Es el momento en que el Cristo entra y se cierran las puertas. Se oye VEXILA REGIS, el canto más bello que posee la hermandad que se muestra a los hermanos.

fe y recogimiento. Sigue la procesión que tras haber dejado atras Balborraz y su parada en Santa Lucia, sube por la cuesta de San Cipriano. De nuevo una bella estampa es recogida en nuestras retinas, una estampa que se repite a lo largo de lo que queda de camino. Y la Hermandad sigue, sobre angostas piedras que se clavan en los pies descalzos de muchos cofrades que hacen su penitencia en esta noche. A llegar el Cristo frente al arco de Doña Urraca no cabe otra cuestión que pararse a reflexionar sobre lo impresionante que es la imagen de la Buena Muerte, un imponente crucificado que deja los corazones helados. Su belleza solo es comparable con muchas de las grandes obras de arte del mundo. Su fuerza, su expresividad, su color, su realismo, su vitalidad.

El Cristo avanza lentamente, muy despacio, entre luces y sombras, entre fuego y hermanos. No hay otro momento mejor, ese es el momento que llevo esperando todo el año. La noche del Lunes Santo y ese final sobrecogedor. Se acabará de nuevo la Semana Santa, y los Cristos y Vírgenes volverán a sus altares. Los pasos al museo. Las túnicas, hachones, cíngulos o decenarios a los arcones y cajones. Y el Cristo de la Buena Muerte a su posición vertical, en el lado derecho de San Vicente.


Si hermanos, Jesús, nuestro Cristo de la Buena Muerte está ahí, todos los lunes, sean santos o no, todos los días, tenga luna casi llena o no, todas las noches, sean semana santa o no. Y es que, cualquier momento es bueno para acercarse, solo o en compañía, una tarde de sábado o domingo cualquiera, y entrar en San Vicente. Acercarse al Cristo, aunque solo sea para decirle lo impresionante que es, sin necesidad de pedirle nada, sin necesidad de realizar otra cosa que no sea contemplarlo. A mí me gusta especialmente ir con mi mujer y sobre todo con mi hija, para que vea y comprenda que la Semana Santa es todo el año, que prenda en su corazón un poco de esa pasión que nos une y que hace que estemos 354 día del año esperando a que llegue ese momento.

Horario y recorrido.

A las doce de la noche se inicia la procesión en la Iglesia de San Vicente Mártir, para continuar por la plaza del Fresco, calle de Mariano Benlliure, Plaza Mayor, Balborraz, Zapatería, Plaza Santa Lucia, donde el Coro de la Hermandad, entonará el JERUSALEM, JERUSALEM, en honor del Stmo. Cristo de la Buena Muerte, para seguir par Cuesta de San Cipriano, Chimeneas, Doncellas, Moreno, Damas, Hospital, Plaza Santa Maria la Nueva, Motín de la Trucha, Ronda de Santa María la Nueva, Arco de Doña Urraca, Plaza de la Leña, Ramón Álvarez, Costanilla, Mariano Benlliure, Plaza del Fresco, para retornar al Templo de salida.


VÍA CRUCIS

La tarde está a punto de dar el relevo a una de las noches más bellas de la Semana Santa de Zamora, en la que el Nazareno de San Frontis regresa a su barrio desde la Catedral, a la que fue confiado el pasado jueves tras su traslado procesional. Rondamos ya las ocho de la tarde y cientos de cofrades se agolpan en el acceso Sur al principal templo de la capital zamorana, esperando su entrada al mismo y aguardando el inicio de la procesión de la Cofradía de Jesús del Vía Crucis. Los hermanos se congregan en el interior y, con el inicio de la comitiva, van saliendo hacia el atrio de la Catedral bajo la túnica de estameña blanca y el caperuz morado, que se unen al fajín y el escapulario, también de este color. Las sensaciones son variadas y la estética inigualable. Un total de dos mil cofrades escoltan con sus faroles a las imágenes del Nazareno y de la Virgen de la Esperanza, que realzan más aún si cabe al caer la noche a su paso por las principales calles del casco histórico, justo antes de abandonar la ciudad amurallada. Y es que, efectivamente, esta procesión hace de vínculo entre la ciudad y los viejos arrabales extramuros, a la otra orilla del río Duero. El Nazareno camina, ayudado por sus cargadores, hacia la Iglesia de San Frontis, que fue casa de la Cofradía del Nazareno y la Santa Cruz y cuya heredera ha sido, desde 1942, la que en estos momentos contemplamos.

Rubén Domínguez Rodríguez Estudiante de Historia del Arte en la Universidad de Oviedo



Manos anónimas dieron forma a su imagen titular allá por el siglo XVII, en madera de pino del Norte, para que ocupase su capilla en el camino de Sayago. La iconografía es sencilla, mostrándonos a Jesús camino del Calvario, avanzando una de las piernas para poder soportar el peso de la Cruz cargada a sus

de su Hijo, se encuentra ricamente ornada no sólo por la aureola de plata, sino también por un manto verde, delicadamente bordado con estrellas y perlas, bajo las cuales se encuentran los nombres de sus donantes. El patrimonio de la Cofradía se incrementó con la incorporación, durante toda la procesión, de cruces con escenas del Vía Crucis, readaptadas por Antonio Pedrero. Como indicamos con anterioridad, es una de las noches más bellas de la Semana Santa zamorana, al

espaldas. Su faz denota cansancio y dolor, pero, a la vez, firmeza. La belleza de su rostro no contrasta con el de la Virgen, una talla realizada mucho tiempo después que la primera, en 1950, y que con total maestría elaboró el escultor Víctor de los Ríos. La imagen, con los brazos abiertos tras la partida

menos a nuestro juicio. Y lo es por el paso a través del puente sobre el río y también por el esperado momento en el que, una vez cruzado éste, se despiden Madre e Hijo. Tras las correspondientes reverencias Ella se dirige al Convento de las Dueñas de Cabañales, donde esperará a la mañana del Jueves Santo para regresar a la Catedral acompañada de su propia Cofradía. Jesús Nazareno continúa el camino por la avenida que lleva su nombre, dirigiéndose a su casa


mientras cofrades y público atienden al rezo del Vía Crucis, que se desarrolla desde el puente hasta la iglesia. Rondan ya las doce de la noche. La imagen principal de la procesión se dispone a entrar en su templo bajo la atenta mirada de los cofrades y el acompañamiento musical pertinente. Martes Santo en Zamora. Martes de estameña, silencio y despedida, camino del Calvario.

Horario y recorrido.

Sale a las 20.15 horas de la S.I Catedral por: plaza de la Catedral, Rúa de los Notarios, Plaza de los Ciento, Rúa de los Francos, Plaza Viriato, Ramos Carrión, Alfonso XII, Plaza Santa Lucia, Puente, Puente de Piedra, Plaza de Belén, donde el Nazareno despide a la Virgen de la Esperanza, la cual se dirige al convento de las M.M. Dominicas Dueñas. El Nazareno continúa su recorrido por la Avenida de su mismo nombre a lo largo de la cual se reza el Vía Crucis, calle Fermoselle hasta la Plaza de San Frontis, para terminar en su Templo.


…50 AÑOS DESPUÉS RESUENEN TUS PALABRAS…

“Siete Palabras cumplidas ante tus ojos, Señor” nos dice el verso que cada Martes Santo se cantaba en la estación en Viriato, dónde los hermanos rodean y siguen rodeando la plaza para ver pasar, un poco más alto de la altura de los ojos al Salvador del mundo, clavado en una cruz, allí “donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida, el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido”, ¡Cruz! Símbolo de los dos polos opuestos; la vida y la muerte. Poco a poco las llamas verdes empiezan a llenar la calle, portan la luz en numerosos hachones, a lo lejos se ven filas de fuego pero el que viene atrás es luz en las tinieblas, por ello ilumina los caminos por donde pasa y llena de Pasión los corazones fríos de los desamparados y agonizantes. La Agonía del mundo se hace

Sandra Turrado Esteban



presente en una persona, humana como nosotros pero también divina, que carga con una cruz de madera y con nuestros pecados. Hay un camino largo que debe recorrer, un monte al que debe llegar, al Gólgota a de entrar, a su lado camina el pueblo y cireneos. Hablemos de palabras… Palabras que resonaron, ayer, 50 años después y seguirán resonado cada Martes Santo. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” palabra del perdón, del arrepentimiento, primero perdono luego actúo. “Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso” salvación universal, el ladrón se arrepiente, sabe que Jesús es inocente. “Madre, ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu madre” te entrego lo que tengo, Juan no se queda solo, todos hijos de una misma madre. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” el sufrimiento moral, la desesperanza, la soledad. “Tengo sed” sufrimiento físico, una persona humana. “Esta cumplido” no hay vuelta atrás, la voluntad está cumplida. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” me doy todo de mí mismo. ¿Alguno, nos damos cuenta de estas palabras cuando vemos pasar a Jesús agonizante por nuestras calles? ¿Resuenan en nuestros corazones siete palabras? Como hermana difícil de expresar, el sentimiento que hay en La Horta antes de procesionar, porque al sonar las doce en el reloj del postigo, mi caperuz ya cubre mi rostro, se abren las puertas, la penitencia en la calle espera, el sonido de tambores marca principio y final, tres caminos, tres filas, ¿Listos ya?


Horario y recorrido.

Conmemorando el 50 aniversario de nuestra fundación este año, la celebración de la Eucaristía será a las 22 45 en la Santa iglesia Catedral. Posteriormente, a las 12 de la noche, hermanos se situaran en el atrio y plaza de la Catedral, donde el excelentísimo y reverendísimo señor obispo efectuará el rezo de las Siete Palabras. Una vez finalizado, la procesión se iniciará por las rúas de los Notarios y de los Francos, la plaza de Claudio Moyano, la calle Eduardo Barrón, la plaza y cuesta de San Cipriano, la plaza de Santa Lucía, las calles de zapatería y de caldereros, la plaza de San Leonardo y calle de la Horta, para finalizar en el templo de Santa María de la Horta.


“En estos días no se razona. Se siente nada más. Se vive y no se recuerda. La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo ... ...” Teoría y realidad de la Semana Santa. Antonio Núñez de Herrera. (1934)

Llueve mansamente sobre la vega. Es una lluvia menuda, fecunda, que riega en la tarde dócilmente campos y plazas. Llueve. Desde el adarve de la muralla se contempla una ciudad que se arremolina al son de sus vencejos esperando que se obre el sutil milagro sobre las calles: otro misterio vestido de miles de túnicas blancas, de hachones, de pebeteros, de caperuces granas alumbrando los últimos rincones. Este llamamiento íntimo que concierta a este hombre, hoy, aquí, un Miércoles Santo; en una tarde de primavera del siglo XXI y lo acomoda fiel al abrigo de un cerco medieval observando hacia el horizonte un sol que declina su figura. ¿Qué impulso lo habrá portado hasta este momento desde tantos confines de la memoria? . ¿Qué sueños, qué vientos,

Javier Hernández Vidal



habrán arrastrado las velas de su vida para agregar su mínima luz al portento de este crucificado agonizante en un afán de renacida Ítaca?. ¿Cómo dos mil años (y pico) después esta Luminaria perturbadora congrega calzadas y ensordece murmullos en amplia apertura de surcos de silencio? Enmudecen los últimos pájaros del ocaso; amapolas y cigüeñas desde la lontananza, decididas, estancan el paso de las horas. El atrio de la catedral se imagina ascua viva y muda. Un arroyo inabarcable de estameñas, del ayer, del mañana, trabadas a un inseparable cíngulo habitan el alma de la tierra y la traspasan. Se alza un estrépito de sordinas que invade brisas y estrellas. Silencio, silencio azul derramado; pálido y líquido,

amanecido en la última bóveda de un corazón de piedra dorada. Renace Dios sobre Zamora. Nace la travesía de Dios en expiración, el anual éxodo de un crucificado eterno, sólido y vivo, por mundos de penumbra, por un empedrado mudo en espacios en los que el sigilo abraza tiempos íntimos de pasión. Esta simpar comunión mística por campos del viejo reino en los que todavía retumban por sus lares las tinieblas de plegarias angustiadas. El eco de la turbiedad del alma……… de la desmemoria de la fe, del testamento del espanto bélico que tomará solo alguna brizna de misericordia en la morada viva de este Cristo Injuriado: esa sepultura del alma. Llueve. Abril. Zamora. La cofradía camina abstraída. Miradas extrañadas en la anochecida lívida. La

sombra de la cruz invade con su destello ambarino la estrechez del sendero. Desde un balcón desvencijado una rosa carmesí planea como promesa de fe apasionada al paso del crucificado; Desde otro, una niña a tientas intenta besar la torturada mano que acaricia el ventanal de su mirada. Tú lo

has visto como yo. Tú has creído en este milagro que arrebata el alma y congracia el corazón hostil. Llueve. Abril. Zamora. Florece Dios enamorado con alma ensortijada de clavel y se revela en Injuria y se proclama la paz y se pregona el perdón.



PARTIDA Y REGRESO: EL CAMINO DE LA VIDA

Corría el año 2016, cuando en una tarde calurosa de agosto Olivares se abría para 150 personas que, como en Aliste en los días grandes, habían acudido al evento con sus mejores galas. Con párroco de Aliste, con música zamorana y ante el Cristo más “alistano” de la Semana Santa zamorana, se celebró una bonita misa a la que, al igual que cada Miércoles Santo en ese mismo lugar ante ese mismo Cristo, 150 personas tuvieron el privilegio de asistir. Para un semanasantero zamorano fue un poco trasladar agosto a abril, el calor al frío y sentir, en cierto modo y echándole imaginación, siquiera una parte de ese sentimiento que nunca tendrá, de entrar con capa parda en Olivares un Miércoles Santo. El recorrido de esta singular procesión es como el camino de la propia vida. Antes de salir, todos

Roberto Felix Fuentes



están expectantes, con ganas ya de sentir la procesión cerca, con uno, pues ha sido un largo año de embarazo. Cuando llega el momento de la salida, nace joven, abajo, junto al río, para poco a poco ir recorriendo en su juventud calles bajas a modo de infancia, a la vera de ese río, ya veterano y sabio, que hace de madre; para poco a poco abandonarlo y subir la cuesta de la juventud hasta la madurez, madurez que alcanza su cénit en San Ildefonso, con su Via Crucis. Madurez que se prolonga unos metros por el casco antiguo hasta llegar a la Catedral, donde, tras pasar

recuerdan que el hombre, por poderoso que se crea, nada puede contra el tiempo y los ciclos de la vida. Ciclos que llevan de serlo o creerse todo al ocaso y al recogimiento de la cruda realidad de no ser nada. Hay quien se jacta de glorias pasadas o presentes en una ciudad que está en el mismo orden que su letra inicial, cada vez más vieja, más pobre, con menos oportunidades por la inacción o por las trampas de los que se creen con estatus y son don nadie, pues quien de verdad triunfa lo tiene que hacer y lo hace lejos, no saliendo en La Opinión. Esa tarde de agosto se empezó a bajar la Cuesta del

bajo la Puerta del Obispo comienza el ocaso, la bajada hasta llegar al olvido en su origen, allá en el barrio. Y como a todos, llega el final, en su plaza, con su gente y en su Iglesia. Como a todos nos llegará el momento de volver a nuestra tierra, pues de ella salimos y a ella retornaremos. Cantan el Miserere como misa de funeral, con la esperanza cierta de la resurrección que, esta sí, volverá a ocurrir el próximo Miércoles Santo. Es la rueda que no falla en todos los órdenes de la vida, el ascenso y la caída. Cada Semana Santa el Cristo del Amparo y sus 150 fieles escuderos, nos

Obispo buscando el barrio, el recogimiento, el placer del anonimato y las cosas pequeñas. Una nueva forma de vivir la Semana Santa que traerá nuevas ilusiones en años venideros, nuevos momentos que profundicen en el origen, nuevas gentes con quien compartir y a quienes habrá que guiar. Disfrutar de la fila, del banzo hasta que se pueda, de los coros y de la acera. De la acera salimos todos, aunque algunos de “sangre azul” no lo recuerden. Por la fila pasamos todos, aunque algunos de “sangre azul” renieguen de ella. Y primero a la fila, y más tarde a la acera volveremos todos.


Disfrutar de la cuaresma en silencio, de los ensayos, de las tardes casi primaverales, de las cenas de paso, de preparar hábitos, de juntarse con los que de verdad merecen la pena un día de Traslado en que todo comienza, y vivir la Semana Santa de forma recogida, anónima, sin una palabra más alta que otra….. Quizás aquel agosto de 2016 no comenzó la bajada, quizás en esa tarde comenzó la subida del Pizarro hacia una nueva madurez, hacia una nueva plenitud. La plenitud de lo sencillo y honrado frente al vacío de lo falso gigante y ostentoso. Cada uno busca su camino y éste lleva al recogimiento. El mismo recogimiento con que cada Miércoles Santo 150 zamoranos se enfundan la capa alistana y acompañan a su Cristo en su ciclo de la vida. Regresar al pasado para vivir plenamente el futuro. Que no nos llueva….

Horario y recorrido

Sale a las doce de la noche de la Iglesia parroquial de San Claudio de Olivares, para continuar por Plaza de San Claudio, Calle del Cabildo, Avd. de Vigo, Cuesta y Calle del Pizarro, Rúa de los Francos, Plaza de San Ildefonso, Plaza Fray Diego de Deza, Plaza de Arias Gonzalo, Obispo Manso, Plaza de Antonio del Águila, Puerta Cuesta del Obispo, Rodrigo Arias, Plaza de San Claudio, donde se canta el miserere castellano. para concluir en el templo de partida.


NO ES UNA MAÑANA CUALQUIERA

Hoy no es una mañana cualquiera, la primavera despunta y el color del día comienza a tener el brillo característico del tiempo cálido. Tal vez suceda que pronto aparezca una nube que descargue un chubasco de esos que dicen que esperan ansiosos los campos y sus gentes de nuestro alrededor. Es tan diferente esta mañana que incluso el frío de un alba como hoy nos puede obsequiar con la grata presencia de la nieve. Pero el peso de la memoria, la intención y, ¡por qué no!, el canon típico de nuestra tierra esboza, esta mañana, el brillo azul de un firmamento con resplandeciente sol sobre un amanecer de rocío primaveral. En efecto, no es una mañana cualquiera, por eso hablamos del tiempo, porque el tiempo ha de ser el idóneo para que la mañana de hoy alcance esa cota de satisfacción que todos nos marcamos, esos valores donde cada uno ponemos nuestro corazón, nuestra cabeza…. esos valores que hacen que esta mañana sólo sea la mañana de la Esperanza. En el oído resuenan todavía las notas graves de una plegaria misericordiosa que cerraba lo de ayer, pero es que es muy difícil cerrar una cosa cuando la vida consume gustosa los minutos de ese reloj que por aquellos días no entiende de descanso. Que el desayuno de hoy no es el de una mañana cualquiera. Porque otros días el tiempo apremia con la carga del trabajo, del estudio o de la búsqueda. Hoy golpea con el peso de un desfile, para que seamos otros los que carguemos sobre ese desfile el cúmulo de circunstancias, todas ellas sin distinción ni objeción, que rodean esas otras mañanas y que se hacen llamar rutina. Porque esta es la mañana en la

Jaime Rebollo Calvo


que la sonrisa se abre al paso del chocolate del desayuno, entre unos churros extraordinarios y un “carajillo” para calentar el cuerpo o para el matar el nervio de esa mujer que se pone a punto afanosa en la mantilla y la peineta, o quizá él de ese padre con ese niño a los que este amanecer viste de capa de raso verde y caperuz blanco. Porque esta es la mañana en la que las gentes de la margen izquierda se agolpan en torno a su convento, aparcando el quehacer matutino por un instante, para cruzarse una mirada, una sonrisa, una lágrima, una intención y un sentimiento con la que, por unas horas cada año, se convierte en la Reina de estos barrios. Lo hacen hoy, cuando la Señora de la Esperanza parte rumbo a su capilla de la Catedral de Zamora. Y lo hicieron anteanoche, cuando hasta aquí la trajo la Cofradía de Jesús del Vía Crucis camino del arrabal de San Frontis. Y lo volvieron

hacer en la tarde de ayer, en la Eucaristía íntima que le dedican la Cofradía y las monjas del convento para brindar y suplicar con oraciones rebosantes de las intenciones propias y ajenas, poniendo en sus manos alzadas al cielo las vidas de los que por aquí estamos y el alma de los que van marchando poco a poco. Y arranca el camino a los sones de la obra de Carlos Cerveró “La Esperanza de Zamora”. Antes, las monjas la han despedido en su atrio con una última salve que quizá haya sido la más especial de todas, si es que se pueden diferenciar unas de otras, aunque sea por aquello de decir adiós a la imagen y agradecerle las 36 horas escasas que ha estado bajo su custodia. Y es entonces cuando el cortejo parece detenerse al paso por el puente románico camino de las rúas de la ciudad. Es el agua del Duero la que primero mece con notable brisa el paso del


desfile. Y durante el recorrido del puente es ese instante, en la ausencia del público, donde se cruzan las peticiones de los que acompañan a la Virgen en esta mañana tan original. Ya sea agarrando con fuerza el rosario que ellas sostienen entre las manos o ellos empuñando las varas bajo el caperuz. La Madre abandona el puente y empieza a surcar otro río, el humano, que empieza a agolparse a ambos laterales de la Cuesta de Balborraz. Entonces es el turno de los otros hermanos de la Cofradía, de los cargadores de la Virgen de la Esperanza, una obra del escultor cántabro Víctor de

el hombro en cuesta empinada el peso de la talla, la mesa y el manto de terciopelo verde. Estos hermanos protagonizan uno de los bailes más brillantes de la Semana Santa de Zamora. Pero no porque le acompañen los sones de “La Saeta”, pieza musical sobre la que recae el foco del debate público sobre si es una marcha acorde o no. Sino porque lejos de eso, cuando uno observa cómo va la Virgen de la Esperanza está ante una de esas mesas que camina con suave movimiento, como meciendo la imagen que porta dotando de una elegancia a la carga que queda lejos de aquellas que mueven la cintura del car-

los Ríos. La talla, una imagen articulada de bastidor fue adquirida por la Cofradía de Jesús del Vía Crucis, propietaria actual de la misma, en 1950 tras una donación de veinticinco mil pesetas de Carlos Pinilla Turiño. Un año después desfilaría esta imagen por vez primera por las calles de Zamora, desde 1961 lo hace también en la mañana del Jueves Santo. Un desfile que hasta 2010 se hace como sección vinculada a la Cofradía de Jesús del Vía Crucis, desde entonces tiene la entidad propia de Cofradía de la Virgen de la Esperanza. Y este es el momento de los cargadores por la dificultad que atesora portar sobre

gador convirtiendo el paso en un abrupto balancín. Y desde esta fila tampoco se escapa que el dorado del magnífico trono de la Esperanza, la propia estética y los colores corporativos de la cofradía caben, en esta mañana tan diferente, como una evocación de las pasiones de otras latitudes de este país. La procesión llega a la Plaza, el tono de la mañana es mucho más familiar y más bullicioso, entre los que son primerizos en contemplar este pequeño milagro y entre los que encuentran los puntos claves de la Rúa para ver pasar a la Madre camino de su altar, en búsqueda de la ruptura de


este mediodía tan diferente. Para buscar el amor, a lo que llama la Iglesia un día como hoy, para perfilar en nuestros labios una salve, para gritarla o para llorarla desde esos corazones congregados en la Plaza de la Catedral. Corazones de paro, de desdichas laborales, de vaivenes sobre la salud, de relaciones truncadas, de sueños personales por cumplir…. corazones que dibujan sonrisas como filosofía de vida, desbordantes de felicidad, llenos de metas que alcanzar, de éxitos personales, de amores consolidados a la luz contumaz del románico. Todos dando un paso más, aferrándose a la “vida y dulzura” de un rostro lleno de paz que nos invita a salir del yo para ser un poco mas nosotros. Cantando mientras se conjugan todas aquellas cosas que suben hoy en brazos hacia el cielo de Zamora mientras que, a la vez, la vida caprichosa nos recuerda que en medio de nuestros fracasos se encuentra Ella, la “abogada nuestra” como Madre fiel que es, como tablero sobre él que recaerá la mezcla de nuestra alegría y de nuestra pena. Y la Madre se cobija en su casa de la capilla de San Nicolás mientras fuera es el turno del beso y del abrazo, de la amistad y del amor, de la alegría, el sacrificio y el dolor de todo y por todo aquello que se imagina en esta mañana y que es la vida. Vida que por aquí celebramos un Jueves como hoy, con los nuestros, en una barra de vermouth o una mesa tradicional. Vida que hoy, que no es una mañana cualquiera, el tiempo y la Virgen nos recuerdan que puede que nos fuera mejor si la llamásemos mas veces… Esperanza.

Horario y recorrido.

Sale a las 10,30 horas del Convento de las Dominicas Dueñas de Cabañales, para continuar por Calle Cabañales, Puente de Piedra, Avda del Mengue, Calle la Plata, Balborraz, Plaza Mayor (sin dar vuelta), Ramos Carrión, Plaza de Viriato, Rúa de los Francos, Rúa de los Notarios, Plaza de la Catedral, y atrio de la Catedral, donde se entonará el canto de la Salve.


Recuerdo perfectamente la última Semana Santa que viví en mi querida ciudad de Zamora. Fue hace ya 35 años, en 2015. La recuerdo, a pesar del buen tiempo que hizo y de la gran cantidad de gente que hubo, con mucha tristeza, ya que me iban a destinar, por motivos de trabajo, a una ciudad de América del Norte. Allí formé una familia y, aunque volví a mi tierra en un par de ocasiones, nunca coincidió con la semana de Pasión. Ahora, recién jubilado y con más tiempo libre, aprovecho para tomar el primer vuelo que sale hacia España y así poder revivir todas esas experiencias y emociones que me regalaba la hermosa Zamora. El viaje, seamos sinceros, se me ha hecho muy pesado… ¡Si es que ya no estoy para tantos trotes! Pero la ilusión que me recorre el cuerpo, no la tenía desde hacía mucho tiempo… Quizá desde la primera vez que me metí debajo de esa túnica de terciopelo morado con 9 años. Era la de la Santa Vera Cruz, la más antigua de todas y mi favorita. ¡Con qué ganas me quedo de volver a procesionar en ella! Pero bastante estoy haciendo ya que, por lo menos, volveré a verla. Llego al anochecer del Miércoles Santo y pronto descubriré la Semana Santa de Zamora de 2050. Me acerco hasta el hotel en el que me hospedaré los próximos días y me percato de que, aunque está en la zona de tapeo, apenas hay gente. Supongo que los zamoranos están en la Catedral para escuchar el Juramento. Al día siguiente, me despierto nervioso. Tanto, que apenas como nada y, a eso de las 4 de la tarde, salgo en dirección del Museo de Semana Santa para ver mi primera procesión después de tanto tiempo: la de la Santa Vera Cruz, Disciplina y Penitencia. Voy pronto porque quiero ver los pasos en primera fila. Todo es extremadamente extraño, ya que apenas hay gente por las calles. Me adentro en la Plaza Mayor y todo está vacío. El reloj del Ayuntamiento dice que son las 16:15… pero no sé si creérmelo. Parece que

Oscar Antón



me he equivocado de lugar y, cuando por fin llego al Museo de Semana Santa, mi presagio se cumple: el lugar carece de espectadores. Por lo menos, algo de tranquilidad se apiada de mí al ver a un puñado de cofrades con sus túnicas moradas. Calculo, aproximadamente, unos 80 hermanos. Sin pensarlo, me coloco en la acera y miro el reloj constantemente. Según se acerca la hora de salida, el número de espectadores aumenta… pero muy poco. No dejo de comerme la cabeza por la situación, cuando las puertas del Museo se abren y un escalofrío recorre mi cuerpo. Ahí está: el paso de la Santa Cruz. Se levanta y suena “La Cruz”, una de mis marchas fúnebres favoritas. La imagen se acerca y, no puedo por menos, una lágrima cae de mi ojo y recorre mi mejilla, acariciándola hasta hacerme un cosquilleo

Alrededor de “El Prendimiento” no habría más que unos diez hermanos, cinco a cada lado. Automáticamente, mi mirada se dirige a las puertas del Museo y es cuando veo a “La Flagelación”, el siguiente paso, contando también con ese número de hermanos, aproximadamente. Los nervios y, sobre todo, las dudas, me acechan. ¿Qué pasa con los hermanos? ¿Cómo ha habido tantas bajas en estos años? La mirada del Cristo de “La Flagelación” se clava en mis ojos y en mi corazón, ¡me está pidiendo ayuda! Es como si me dijera “¿Dónde has estado todos estos años?” Esa mirada, en ese momento de la tarde, me marca y me duele, al igual que a Cristo, que en realidad no se queja nada de los golpes que los sayones le están dando en la espalda. Mientras el paso se aleja discretamente, mi corazón me avisa de que las lágrimas no tardarán en asomarse. Es

que me hace volver a la procesión. A continuación viene “La Santa Cena”, de Fernando Mayoral. No recordaba lo impresionante que era. Cruza delante de mis atentos ojos cuando, inesperadamente, el siguiente misterio está a mi lado: “La Oración en el Huerto”. Se acerca sigilosamente, en silencio. Casi se puede escuchar el crujido de las ruedas pisar el viejo suelo de la calle. A mi lado hay una pareja joven que parece no disfrutar de la procesión. Al menos, no tanto como yo. Les veo, en alguna ocasión, hacer gestos negativos con la cabeza y comentarios que, por las miradas, no son positivos. Entonces es cuando me doy cuenta de la situación. Mientras “El Prendimiento” se acerca, también en silencio, examino el ambiente. Estuve tan absorto con los pasos, que no me percaté de ello.

ahí cuando me doy cuenta de otro detalle muy importante. Tan importante, que no puedo evitar decirlo con la boca, no muy alto, pero sí lo suficiente como para que la pareja joven que tengo a mi lado, me oiga y me entienda: “Los pasos van a ruedas”. ¿Cómo no he podido percatarme de ese detalle? Salvo el primero, el resto de pasos no van a hombros. ¿Tanto ha sido el declive, que ni hay cofrades ni hermanos de paso? ¿Qué ha pasado con esa Semana Santa con la que toda Zamora se volcaba? ¿Qué le ocurrió a esa Semana Santa declarada como un Bien de Interés Cultural? No dejo de hacerme todas estas preguntas mientras “La Sentencia” pasa de largo. Cristo no se ha atrevido ni a mirarme. Ni siquiera ver al “Nazareno” a hombros me calma. Los chicos que tengo al lado intentan tranquilizarme de alguna forma, pero no lo consiguen.


No me creo que, en todo este tiempo, nuestra querida Semana Santa se haya convertido en esto. Entonces, uno de los jóvenes me cuenta, mientras pasa la segunda y última banda de la tarde, todo lo ocurrido: “Hace unos cuantos años, salir en procesión era un divertimento. Mucha gente no se lo tomaba en serio y eso acabó pesando. Incluso, no te habrás dado ni cuenta, hay pasos que ya ni salen. O acaso, no te has preguntado ¿dónde están “El Lavatorio”, “La Coronación” o el “Ecce Homo”? Esto, por hablarte sólo de la Vera Cruz, que es la que estás viendo. Además, Zamora está vacía. Nadie viene porque la promoción de la ciudad es nula y la gente la desconoce. Si sumas todo eso, te queda…” “…Una Zamora perfectamente desconocida”, le digo, ayudándole a acabar la frase. No puedo creer que hayamos llegado a esto. Tan absorto estoy con lo que el joven me ha contado, que ni he visto a “La Dolorosa”. ¿Iba a ruedas o a hombros? Intento darme la vuelta para verla, pero algo me lo impide. Es como una fuerza invisible que me impide girar para no ver el final de la procesión. Por mucho que lo intento, no puedo ver nada. Cuanto más insisto, menos puedo. Tras unos largos segundos, consigo darme la vuelta y… me despierto del sueño, de la pesadilla. Todo ha sido mentira. Veo el calendario y me tranquilizo al ver que estamos en 2017. Me levanto y me dirijo a la cocina, a por un vaso de agua. Cuando voy a abrir la nevera, me fijo en una postal de “La Dolorosa” pegada a la puerta. Me mira, con los brazos levantados, clamándome que, por favor, intentemos evitar esa desgracia que acababa de soñar. El vaso de agua que bebo me salva un poco de la terrible noche que he tenido. El agua me da ánimo y seguridad, me da valor y esperanza. Si todos nos juntamos y unimos fuerzas, podremos conseguirlo. Estoy seguro.

Horario y recorrido

Sale a las 16.45 horas del Museo de Semana Santa por: Plaza Santa María la Nueva, Corral Pintado, Reina, Plaza San Miguel, Plaza Mayor, San Andrés, Plaza del Mercado, Plaza de la Constitución, Santa Clara, Plaza de Sagasta, Renova, Plaza Mayor (de paso), Ramos Carrión, Plaza de Viriato, Rúa de los Francos, Plaza de los Ciento, Rúa de los Notarios, Plaza de la Catedral, donde se realizará una estación de veinte minutos. El regreso se inicia en la Plaza Catedral para continuar por, La Rúa de los Notarios, Plaza de los Ciento, Rúa de los Francos, Plaza de Viriato, Ramos Carrión, Plaza Mayor, Reina, Corral Pintado, y Pza de Sta Mª La Nueva para retornar al Museo


PENITENCIA PARTICULAR

Apenas levantaba unos pocos palmos del suelo. Vigilado de cerca por sus progenitores se abrió paso hasta colocarse en la primera fila para ver, como espectador de lujo, aquella procesión de Semana Santa. Ya no le asustaban las esbeltas figuras de estameña de lana blanca y caperuz en constante desafío al equilibrio. Estaba, literalmente embobado con el sonido monocorde de los hachones golpeando el suelo, acompañado solamente con los pasos uniformes de las humildes sandalias. El roce de la madera contra el suelo lo devolvió a la realidad y el silencio de la noche de luna llena –ligeramente velada al paso del espectacular Yacente- fue roto por la pregunta infantil: - ¿Por qué va descalzo ese señor que lleva esa cruz tan grande? Unas potentes voces masculinas

Dalmiro Gavilán Santos



dulcificaron la posible respuesta cuando comenzaron a entonar las primeras estrofas del Salmo 50. Se cruzó de brazos en un gesto típicamente infantil y estoicamente observó a todos y cada uno de los cofrades que desfilaban ante sus ojos. En aquel momento se comprometió, cosas infantiles, a que algún día él sería quien portara aquella cruz por las calles empedradas y milenarias de su Zamora. Le habían dicho que estaba solicitada hasta el año dos mil y pico, pero albergó la esperanza de cumplir, algún día su deseo. Ante la insistencia del niño, sus padres le apuntaron en la lista de espera como si se tratara de una operación a largo plazo. Con el paso de los años, en las mismas fechas, cuando los almendros están en

lana blanca y rodeaba su cintura con el fajín morado. No recordaba, desde que tenía uso de razón, haberse perdido una sola procesión. Estuviese donde estuviese, al igual que las golondrinas regresan con los primeros calores, él se encaminaba a Zamora en la semana más grande del año. Aquel año, meses antes de la Semana Santa, le sorprendió la notificación recibida. Sería el portador de la cruz penitencial. La emoción le acongojó hasta hacerle llorar de felicidad, pero también de responsabilidad porque tenía que dar la talla y estar a la altura del privilegio que aquello suponía. Llegada la fecha, regresó a la casa paterna. Su madre, de edad avanzada, le había vuelto a preparar con

flor y la primavera respira en cada poro de la ciudad, cuando Zamora se despierta del letargo milenario para convertirse en un magnífico y gran escenario para representar la Pasión de Cristo, el niño siempre preguntaba lo mismo: ¿Cómo va lo mío? La respuesta tampoco variaba: Hay que esperar y confiar. Y aquel niño creció, maduró y se hizo un hombre. Fue admitido en la cofradía de su infancia, la que llevaba clavada en medio del corazón, la Penitente Hermandad de Jesús Yacente. Como si fuera el traje de boda de una novia, una vez al año, justo cuando se une el día y la noche del Jueves Santo, con un ritual casi sagrado, se calzaba sus sandalias, cubría su cuerpo con la estameña de

primor, como siempre, las vestimentas. Se colocó la túnica y se sentó, como ido, en el borde de la cama. Pensaba en el largo camino recorrido hasta llegar ese momento y en nada en concreto. Miró las sandalias y decidió que para que su penitencia fuera completa desfilaría descalzo igual que el hermano que había visto cuando era un niño. No era teatro ni como se dice hoy día “postureo”, era compromiso, pasión y devoción por algo que amaba. Exhausto, pero con una carga de emoción y de adrenalina suficientes como para que el mundo siguiera avanzando, enfiló la plaza de Viriato. El coro lo recibió con los acordes del Miserere, mientras él, en su interior repetía: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad,/ por tu


inmensa compasión borra mi culpa;/ lava del todo mi delito,/ limpia mi pecado”. Era su penitencia, pero no era consciente de haber cometido ningún pecado. Si había alguna culpa era la de haber nacido en una provincia olvidada y maltratada que se desangra por todas sus comarcas, por haber tenido que marchar –al igual que otros muchos- lejos de sus raíces, por llevar remachados en el corazón los clavos de la dejadez institucional, de la falta de oportunidades para los jóvenes y de abandono para nuestros mayores. Era su penitencia y su reflexión interior. Ese año, su aportación era cargar con aquella cruz para que Zamora, al menos una vez al año, resonara en miles de informativos del todo el mundo como una de las mejores semanas de Pasión. Había encontrado la respuesta a la pregunta infantil que había realizado casi cincuenta años atrás.

Horario y recorrido.

Solemne procesión que se celebrará a las 11.00 horas de la noche, partiendo de la iglesia de Santa Mª la Nueva, Hospital Plaza de Viriato, Ramos Carrión, Plaza Mayor, Balborraz, San Leonardo, San Juan de las Monjas, Puerta Nueva, Corredera, Plaza de Santo Tomé, Tenerías, Plaza Zumacal, Paternóster, Plaza de la Horta, Alfamareros, La Plata, Zapatería, Plaza de Santa Lucía, Cuesta de San Cipriano, Chimeneas, Doncellas, Rúa de los Francos, Plaza de Viriato (Canto del Miserere), Plaza de Claudio Moyano, Hospital, Plaza de Santa Mª la Nueva, Iglesia de Santa Mª la Nueva.


LA INMENSIDAD DE LA PLAZA MAYOR

A mi Padre y a mi Madre que han sufrido y disfrutado con quince itinerarios. A ellos que me vistieron, me calzarón y me llevaron a las procesiones. Mi Padre con él que canté. Mi Madre que hace las túnicas y las guarda.

- Vamos Pedrito. - No tengo ganas. - Vamos majo, lleva tu la trompeta. - Voy, dame la mano. - Mira Pedrito, me dijo papá que llegando a la plaza hay que tocar, como sea, pero tocar. - Bueno. Tu toca, yo me agarro de ti y donde me lleves. - Donde te voy a llevar. Pues a dar la vuelta a la plaza; que papá dijo que se hace inmensa un día como hoy. - ¿Cómo que se hace inmensa?. … ¿Que es inmensa? - No se. Papá lo dijo. Así entraron Pedrito y su hermano en la Plaza Mayor el Viernes Santo por la mañana; los primeros, delante de la banda de cornetas y tambores. La plaza se les hizo inmensa pero no lo entendían. Viven la Semana Santa todo el año. Anécdotas, cuentos, historias, fotografías, ensayos de coros y de bandas. - Mamá me ha dicho que conoce quince historias de esta procesión; por lo menos quince historias que ha leído en un libro que se llama El Itinerario.

Jesús Salvador Cecilio.



- ¿Que es El Itinerario?. - No se Pedrito, pero si lo dice mamá, … - Verás, escucha. Entramos los primeros, porque me dijo que hay un fotógrafo … - ¿Quien te dijo eso?. - Mamáaa. Déjame seguir. Me dijo que hay un fotógrafo que le gusta hacer fotografías de congregantes … - ¿Que son congregantes? - No se, papá y mamá dice que nosotros somos congregantes y papa también debe de serlo. - Y … ¿mamá no es congregante?. - No se Pedrito … a lo mejor también. ¿Me dejas seguir?, o me callo y no te cuento nada. - Vale. sigue - Que hay un fotógrafo que una vez se quedo dormido en uno de los balcones de la plaza.

- Me dijo mamá que había un niño que también salió por primera vez cuando tenía, no se, bueno, pocos años. Que salió por primera vez con su padre y que la noche anterior no pudo dormir y que no desayuno hasta que no hicieron el descanso en las tres cruces. - ¡Ah!. ¿Y qué? - Pues eso Pedrito. Que no desayunó. - ¿Nada más? - No se. Nada mas. Pero … - ¿Pero qué? - Que mamá había leído en El Itinerario que El Padre del Padre Nuestro … - ¿El Padre Nuestro de la catequesis? - Si, ese. - Que ya no está en el cielo, que está en Zamora. - Pues no se, si lo dice mamá. - No lo dice mamá. Dice que lo leyó en el itinerario y

- ¿En que balcón? - No se Pedrito, en un balcón. Que se quedo dormido y que cuando oyó la banda se despertó y se encontró con un congregante, el solo, en medio de la plaza y le hizo una fotografía. De las mejores que tiene. Dice. Avanzaban lentamente por la plaza y Pedrito, agarrado a su hermano, escuchaba con atención lo que este le contaba y los chiflidos que metía de vez en cuando con la corneta. - ¿No me cuentas más?.Me aburro, me canso. - Anda toca un poco, para eso te dejaron la corneta. - No me la han dejado, la corneta es mía y la cojo cuando quiero - Pedrito ¿sabes?. - No. Si no me lo dices no lo se.

que lo decía Javier Hernández Vidal. - ¡Ah!. ¿Algo más? - Si. Pero esto me lo contó el abuelo. - ¡Ah! Y … ¡Qué! - No se, me contó que dos señores “muy famosos”. Macario y Anselmo, creo, que uno mandaba y el otro le tenia que acompañar en la procesión pero que no pudo porque tuvo un accidente o algo así. - ¡Ah!. ¿Pero quien tuvo el accidente? - Anselmo, me parece. - Y ¿Qué pasó? - Pues que fue un hijo, Manolo, y que no pudo acompañar al otro, a Macario. - ¡Pues anda! - ¡Ya! Qué no lo acompaño porque no estuvo quieto en toda la procesión.


- ¿Quien no estuvo quieto, Manolo? - No. Macario que era el que mandaba. - ¡Ah! - Me se otra. Pedrito. - ¿Otra? - Esta se la oí contar a Juan Carlos. - ¿Qué Juan Carlos? - Ese señor que esta en la Catedral, el que vemos cuando vamos con la abuela a la catedral a rezarle al Cristo del Silencio. - ¡A si!, ese que tiene dos niñas. - Pues ese dijo que conocía un niño que también tuvo una primera vez en esta procesión y que no se dejo vestir por nadie; que el solo se puso la túnica, se calzó los zapatos y se anudo “el inmaculado pañuelo de seda que llevaba impreso el amor de su madre”. - ¡Jo!. … ¡Que bonito, hermano!. Y ... ¿Todo eso pasa por dar la vuelta a la plaza en esta procesión?

Horario y recorrido.

- No creo Pedrito; pasará porqué es Semana Santa o porque tiene que pasar. - ¡Calla calla que viene papá! - Niños, ¿Cansados? - No, no. -¿Y tu Pedrito? - Tampoco. - Bueno, ahora cuando salgamos de la plaza, a la puerta de la iglesia estará mamá. -¿Que iglesia? - Esa hijo, donde entra la Virgen. - ¿Qué Virgen? - Anda Pedrito vete con hermano que el sabe. - Papá este niño no sabe nada de la procesión. -¡Andar, venga!. - Mira Pedrito ahí esta mamá. - Si y tiene un bestido grande negro. - Si. Es verdad, será congregante.

Sale a las Cinco de la mañana de la Iglesia de San Juan de Puerta Nueva por: Plaza Mayor, Renova, Plaza Sagasta,Santa Clara, Avd. Alfonso IX, Pl. Alemania, Tres Cruces (dando la vuelta al crucero). Después de un descanso de 35 minutos, continuará por Tres Cruces (efectuando la tradicional reverencia), Amargura, Avda. Príncipe de Asturias, Santa Clara, Pl. Sagasta, Pl. Mayor (dando la vuelta), Ramos Carríón, Plaza de Viriato y Barandales, para concluir en el Museo de Semana Santa todos los grupos, menos la imagen de la Virgen de la Soledad que lo hará en la Iglesia de San Juan.


LAS TÚNICAS

Los “hermanos de sangre” de las antiguas cofradías de disciplinantes de Zamora se vestían con túnicas amplias, de tela blanca, ceñidas a la cintura, con caperuz romo y tapetas que permitían dejar al descubierto su espalda; mientras que los “de luz” vestían de calle, Por su parte, la Congregación de Jesús Nazareno, obligaba a que sus miembros vistieran una túnica semejante a la de los flagelantes, sin tapetas –ya que no se disciplinaban– de color negro y a que portaran una cruz. Y en todas ellas, salvo “los oficiales” –es decir, directivos– y las personas de más edad o de mala salud, los participantes iban “descalços de pie y pierna”. La cofradía de Nuestra Señora de las Angustias reflejaba en sus ordenanzas un traje especial que debían utilizar sus oficiales y que era el mismo que tenían obligación de emplear los de las cofradías del Santo Entierro y de la Vera Cruz de Disciplina en sus procesiones: “Ropilla y faldón negro de zengala, golilla y sombrero antiguo”. Traje que coincide, en gran medida, con el que siguen utilizando los “Felipecuartos” que participan en las procesiones del Viernes Santo de Ágreda. En 1746, dicho traje se intentó sustituir por otro “de gala”, de tipo militar, “por ser dicho vestido delgado, y en tiempo fresco, quando aconteze salir dicha procesión, podrá sobrevenir a los cofrades alguna enfermedad, y que los cofrades que tuviesen vestidos negros salgan con ellos a ella”.

Florián Ferrero Ferrero



Las transformaciones producidas en la segunda mitad del siglo XVIII, que, entre otras cosas, trajeron el fin de la disciplina pública, supusieron la eliminación de dichos trajes talares en las procesiones y también los de sombrero y golilla. Sólo la Congregación mantuvo el suyo inalterable, aunque reduciéndose paulatinamente la cruz, hasta llegar al pequeño tamaño actual, y eliminando la obligación de ir descalzo durante todo el recorrido procesional. Las nuevas circunstancias que surgen en la segunda mitad del siglo XIX, como la mejora de las comunicaciones por la llegada del ferrocarril, el inicio del movimiento de viajeros, el desarrollo de un fuerte comercio o la fuerza de la burguesía local, coincidentes con el auge creativo del gran don Ramón Álvarez y con la aparición de una serie de personas al frente de cofradías e insti-

un viaje a Sevilla o haber visto alguna ilustración de las túnicas de sus hermandades. Por ello, no se duda en señalar que las túnicas serán “al estilo sevillano”. El modelo adoptado se va a basar en el que había introducido en 1886 la Hermandad de la Carretería, de terciopelo azul oscuro, casi negro, y en la de los hermanos que acompañaban al Cristo de las Tres Caídas de la Esperanza de Triana, de terciopelo morado. En la junta general de la Cofradía del Santo Entierro, de 20 de mayo de 1894, el administrador señala que

tuciones capaces de transmitir a la ciudad la necesidad de apoyar la Semana Santa, hicieron posible la modernización de nuestras procesiones. Es el momento en que se tiende a una normalización de los desfiles, lo que obliga a buscar nuevos itinerarios, a la regulación de las paradas o fondos, colocación de cofrades y asistentes en la procesión o ubicación de las bandas de música. Las procesiones comienzan a estructurarse como las conocemos actualmente. Y es también el momento que se decide volver a introducir las túnicas en las cofradías que las habían perdido, aunque para ello fuera necesario recurrir a la toma de modelos foráneos, fundamentalmente sevillanos. La decisión de ponerlas fue simultánea en las cofradías del Santo Entierro y de la Vera Cruz, como consecuencia de haber realizado miembros de ambas cofradías

“siendo varios los hermanos que constantemente pedían el uso de túnicas para el día que esta cofradía celebra su solemne procesión”, era necesario su discusión; presentando al mismo tiempo un modelo de túnica. Y puesto a votación, se aprobó por unanimidad el siguiente acuerdo, que entraría en vigor en la Semana Santa de 1895: “1º. Todo hermano llevará en la procesión de el Viernes Santo túnica de beludillo negro con sugeción al modelo que se presentó y fue aprobado.


“2º. El hermano llevará cordón negro de estambre y pendiente de él, y de el lado contrario al que cuelga el cordón, decenario negro rematando en una cruz igualmente negra. “3º. Será indispensable el uso de media negra y zapato de becerro, escluyendo los de charol. “4º. Como las mangas del modelo de túnica aprobado lleva al

Horario y recorrido.

descubierto las manos, es obligatorio el uso de guante de hilo o seda, negros, y no los de cabritilla. “5º. Todos los gastos que del uso de la túnica puedan originarse serán de cuenta del hermano. “6º. El hermano que en dicho día de Viernes Santo no se presente en la procesión cumpliendo las anteriores disposiciones, será dado de baja en la hermandad.” Un acuerdo semejante se tomó en la Cofradía de la Vera Cruz, variando el color negro de la túnica por el morado y el del cordón por amarillo. En los años siguientes todas las cofradías ya existentes, o que se fueron creando aprobaron el uso de túnicas, excepción hecha de la de Resurrección, en la que se sigue vistiendo de calle. Y va surgiendo una uniformidad muy singular en la Semana Santa zamorana, pues de las 17 procesiones sólo en 11 se utilizan túnicas convencionales, aunque diferentes a las de la mayor parte de España, mientras que en las restantes aparecen desde hábitos monacales hasta “capas pardas” alistanas. Los tejidos de las túnicas también se apartan de lo tradicional en otros lugares, apareciendo el veludillo, la estameña, la pana o el labal.

Sale a las cuatro y media de la tarde del Museo de Semana Santa, en la plaza de Santa María La Nueva para continuar por las calles de Corral Pintado, la Reina, Juan Nicasio Gallego, Plaza Mayor, calle de Mariano Benlliure, plaza del Fresco, costanilla de San Vicente, calle de El Riego, calle y plaza de Santiago, calle de Santa Clara, plaza de Sagasta, Renova, plaza Mayor, Ramos Carrión, Plaza de Viriato, rúas de los Francos y de los Notarios y plaza de la Catedral. Despues de la estación se reanuda la procesión, desde la Catedral por las rúas de los Notarios y de los Francos, plaza de Viriato, calle de Ramos Carrión y Plaza Mayor, Calles de Juan Nicasio Gallego, la Reina y corral pintado, entrando en el museo Museo.


Hago mías las palabras de Victoriano Rivas : “¿Qué hace esa mano en alto, Nazarena, sobre la Vida, muerta en tu regazo? si parece el intento de un abrazo que quebró el peso inmenso de una pena. ¡Que muerta está la Vida que se inclina esquivando tu brazo dolorido! ¡Que frío su mirar, que está caído ajeno a tu mirada cristalina! ¡Oh, Reina de la Angustia y la amargura, doncella lloradora del gran duelo, dolor supremo de un amor divino!” La noche de Viernes Santo es la noche de las madres que desfilan junto a la Madre con el Hijo muerto en el regazo. Nuestra Madre de las Angustias, la devoción histórica de Zamora; Nuestra Madre, como la llama el pueblo, es acompañada por más de 4.500 hermanos, hombres y mujeres, en las últimas horas del

Luis Fernando García Martín. En recuerdo de Dª. Josefina Yugueros Bragado.



dolor, en el frío de la noche, en la incredulidad de la muerte, antes del gozo de la resurrección y de la vida. Nunca antes se había acumulado en tan solo dos palabras tanto amor, Nuestra Madre . La tradición cuenta que la cofradía fue fundada en 1412 por San Vicente Ferrer bajo la denominación de cofradía de Dolores y Angustias, aunque los primeros datos extensos que constan son los estatutos que datan de 1579. La hermandad viviría después un período de esplendor durante los siglos siguientes, comenzando los trámites para la construcción de una capilla propia adosada a la Iglesia de S. Vicente Mártir.

la cofradía como la conocemos hoy día. La cofradía, una de las más numerosas de la Pasión zamorana, tiene su sede canónica en la Iglesia de San Vicente Mártir, donde posee capilla propia y donde reciben culto todo el año tanto la imagen titular, Nuestra Madre de las Angustias, como la Virgen de las Espadas, recuperada hace unos años para el desfile procesional. En los últimos años la imagen de Nuestra Madre ha sido Coronada Canónicamente y ha recibido las medallas de

El siglo XVIII marca una decadencia a la que se une un pleito con la casa nobiliaria de los Garcigrande que, aunque no conllevaba el cese de la cofradía, en 1777 existe la orden de reparto de los bienes de la misma, lo que confirmaba su disolución. En 1865 se crea en la parroquia de San Vicente la Confraternidad de Siervos de María, es decir, la Orden Tercera Servita, institución que se hace cargo de la devoción y encarga una nueva imagen. A partir de 1888 la procesión es organizada por la parroquia en un desfile popular y devocional. En 1927, se funda

oro del Ayuntamiento de Zamora, de la Junta Pro Semana Santa y de la Diputación Provincial de Zamora haciendo así constar los muchos años de devoción de todo un pueblo a esta bendita imagen . Dejando la historia a un lado, son muchos los sentimientos que despierta Nuestra Madre y muchas las almas que pasan por su capilla a lo largo de todo el año . Amor de madre, corazón de madre, Ntra Madre .


Horario y recorrido.

Sale a las 23 horas de la Iglesia Parroquial de San Vicente Mártir, para seguir por Cuesta de San Vicente, C. el Riego, Calle de Santiago, C, Santa Clara, Plaza de Sagasta, C. Renova, Pza. Mayor, C. Ramos Carrión, Pza. de Viriato, Rua de los Francos C. de SorDositea AndresC. de las Damas, C. Hospital, Pza. Sta. Mª La Nueva, Calle de Corral Pintado. Calle de la Reina, Pza. de San Miguel y Pza Mayor, donde se efectuará el rezo de la Corona Dolorosa y el canto del Stabat Mater, finalizando con el canto popular de la Salve y retornando las imágenes por C. Mariano Benlliure a la Iglesia de S. Vicente.


LÁGRIMAS DE PLATA EN ZAMORA

Para mí el sábado Santo en Zamora es sumamente emotivo, Ricardo, me autorizó a cargar con La Virgen durante ocho años seguidos. Ocurría que la tarde del sábado Santo me acercaba a San Juan en horas de la tarde y cuando la plantilla de cargadores de La Soledad estaba al lado del paso para la procesión, me aproximaba a Ricardo para demandarle un lugar de carga y siempre me contesta, que como procedía de la Verónica y mi padre lo fue todo en La Soledad, podía ocupar el lugar que nadie quería por su mayor peso, era el enclave de las baterías que daban luz a las velas de La Virgen. Como no ponía inconveniente, soportar doble peso me suponía una penitencia que aceptaba con fe y con ilusión. Las vivencias como cargador de La Soledad son entrañables. Muy emotiva era la salida de San Juan para iniciar la procesión a los acordes del himno Nacional y todas las lámparas encendidas. No faltaba la banda de música

José Marcos Díaz Hermano honorífico de la Verónica. Presidente de la tertulia del cofrade.



del regimiento de infantería Toledo Nº 35 y la de cornetas y tambores de la cruz roja con el tradicional casco de combate. Otra vez nos acompaña la banda de música del Hogar Provincial al mando del recordado maestro Haedo, no se me olvida la importante personalidad de don Inocencio Haedo, alto con barba blanca, abrigo largo azul oscuro con botones dorados y boina roja, verlo era un espectáculo, todo un símbolo de Zamora. Dentro del paso la austeridad y el respeto mutuo de los cargadores fue la principal seña de identidad. Durante el recorrido se rezaban oraciones tradicionales, cada uno iba a lo suyo y era tal el silencio en todos los banzos que casi no se oían las órdenes de levantar o bajar en los fondos señalados a cargo del hermano Jefe de interior. Éramos prácticamente nosotros los que dirigíamos la procesión con las indicaciones de Ricardo, dado que se regulaba los fondos en función de la longitud de las filas de los hermanos. El itinerario el tradicional: La Plaza Mayor, Sagasta, San Torcuato, Alfonso IX, Santa Clara, Sagasta, Plaza Mayor la entrada al templo con el himno nacional de España como colofón a una procesión emotiva y llena de fe y religiosidad. Ya dentro del templo, se comenta entre los hermanos de paso las vivencias personales, se reparten los claveles blancos, que por cierto conservo como oro en paño, el de mi primera carga. Después os voy a contar un hecho insólito del que fui protagonista y que no muchos habrán podido experimentar. Nada más llegar La Soledad a San Juan el encargado del cuidado de la imagen se acerca a ella y le desmonta la valiosa corona de oro y joyas para depositarla en un maletín especial que la llevaría por la persona encargada aura entidad bancaria y guardarla hasta el año que viene en una caja fuerte. Pues bien en ese intervalo de tiempo, tuve el honor por unos segundos de tener en mis manos la maravillosa corona de la virgen y de verdad, verla de cerca con las joyas y metales preciosos que la forma es una sensación muy difícil de explicar. Acariciar con mis manos la corona de La Soledad, es como acariciar el cielo en un inolvidable Sábado Santo. Todos estos recuerdos del ganador de la Verónica y de la soledad es algo que permanece siempre en la mente y lo llevo en lo más profundo de mi corazón.

Tu Corona celestial Que brilla en las estrellas, sus perlas son el reflejo de portar la luz eterna. Bien sabes tu Soledad que bastantes zamoranos regalaron sus alhajas Y el sudor de su trabajo, queriendo que tu corona se destaque en lo más alto.

Horario y Recorrido.

Sale a las 20.00 horas de la tarde sale de la Iglesia de San Juan, para continuar por la C/ Renova, Sagasta, Santa Clara, Avenida de Alfonso IX, Plaza de Alemania, San Torcuato, Sagasta, Renova, entrando en la Plaza Mayor, donde se entonará la Salve a la Virgen, para luego regresar al templo de salida.


LA VIRGEN DE LA SOLEDAD DE ZAMORA Siempre he pasado la Semana Santa en Roma, conozco alguna procesión de Sevilla y Malaga. Cuando era pequeña, mi padre nos llevaba a Alcaudete de la Jara a ver sus procesiones, pero por mi vinculación a la Santa Sede tenía que estar toda la pasión retransmitiendo los oficios desde la ciudad eterna. Siempre me quedaba con ganas de ver la Semana Santa española. Mi amigo, el Barítono Luis Santana me insistía en que fuera a la Semana Santa de su Zamora: Paloma, tienes que conocer a la Virgen de la Soledad, no hay nada que se le pueda parecer en el mundo. Pensé, Luis Santana es un poco exagerado, pero cuando por primera vez me arrodillé ante la bendita imagen Zamorana le di gracias a mí amigo por invitarme, el alma se te encoge de angustia y dolor, serenidad y placidez. Puedo decir en alto que los Zamoranos tenéis una de las mejores semanas santas del mundo y una Virgen única, sobria como esta bendita tierra Castellana. ¡´´Oh madre mía!, nadie como tú conoce el dolor, manos de la Soledad, que entregáis al Hijo De Dios. Tus manos son un rosario de besos y plegarias, tu cara la belleza de la mujer Zamorana y tus pies descalzos forjados con el trabajo de Castilla, de su pureza, de su candor. La paloma del Espíritu Santo se posa en tus mejillas, esas lágrimas que lloran a un hijo, condenado a muerte injustamente, para redimir a la humanidad. Madre del amor Dolorido, rezo un Ave María ante tus benditas plantas, Zamora entera se postra a tus pies, por las angostas calles empinadas tus hijos te mecen sobre sus hombros y ya en la plaza las mujeres de mantilla y peineta le cantan a su virgen un Dios te Salve Reina y Madre. Rosas y calas para la Señora la acompañan en su desfile, merlu, sopas de ajo, almendras garrapiñadas, es viernes Santo es…. Zamora. Gracias Zamoranos por vuestra acogida y vuestro cariño, os llevo en el alma. Paloma Gómez Borrero.


La Resurrección es un principio esencial de la fe cristiana. Después de esta vida hay otra: el cielo y el infierno. El paraíso no se encuentra en la tierra. Los marxistas creen todo lo contrario. Marx creó otra religión. Lenin fue su San Pablo. Fe y política. Zamora: Domingo de Resurrección: tradición y fe. No hay más. Y ya es mucho. Nuestra ciudad, olvidada de los grandes prebostes políticos durante el desarrollismo franquista y de los jerarcas de esta pseudo democracia, se agarra al tiempo pretérito para sentirse, para encontrarse, para no perderse. Si nos robasen las tradiciones, nos convertirían en rebaño, en muertos vivientes, en vida muerta. Quizá no guste lo que voy a escribir (no organizo palabras, no empleo la sintaxis, no construyo oraciones para complacer), pero

Eugenio Jesús de Avila.



la Cofradía de la Resurrección ya no me huele ni me sabe a Semana Santa; este Domingo especial me trae aromas de romería, la primera del año; porque hay alegría, porque ya no quedan lágrimas, porque las sonrisas adornan todos las bocas de adultos y jóvenes, de cofrades y público. Es más, desde que salen Cristo y Virgen de sus respectivos templos, contemplo nubes que ríen, pájaros que trinan, flores ofrecen un arco iris de amor desde sus varas metálicas; árboles que hablan y un río que quiere unirse a la fiesta con su sonido monocorde de agua que toca, de sinfonía de la naturaleza. Resurrección, en lo que no creo, pero que me regresa a mi infancia, cuando me caro abuelo materno, José Andrés Juárez, me tomó de la mano para trasladarme a mi fea, humilde y querida Plaza Mayor, y así contemplar mi primera romería, mi primera Resurrección. Mi mirada infantil aún retiene imágenes de aquella mañana dominical de primavera. Y, sinceramente, entonces la procesión era otra cosa, ni mejor ni peor, porque siempre late un corazón dentro de cada cofrade, antes y ahora, mañana y pasado. Quizá, en este siglo XXI la Resurrección se haya convertido en un solemne espectáculo, en una apasionada demostración de orgullo zamorano, en un decir que aquí estamos y que nadie nos moverá. Hay ruido, estrépito, perfumes, humo, fiesta, felicidad. Esa es la Zamora que reclamo, la ciudad del alma que busco, que pretendo resucitar con mis palabras, verbos de alguien que no cree, pero que espera otro milagro de la primavera y volver a vivir después de muerto.


Horario y recorrido.

Salen las dos Imágenes a las 09:00 horas de la Iglesia Parroquial de Santa Maria de la Horta: La Imágen de Jesús Resucitado, inicia la procesión por la Plaza de San Julián del Mercado, Zapatería, Plza Santa Lucía, Cuesta del Pizarro, San Ildefonso (descanso 25 minutos), Arco San Ildefonso, Rúa de los Francos, Ramos Carrión, Plaza Mayor. La Imagen de la Virgen del Encuentro. Sale del mismo Templo para continuar por C/ San Juan de las Monjas, Cuesta del Piñedo, Plaza Santa Eulalia, C/Santa Olaya, C/ Viriato, Plaza Sagasta, San Torcuato, C/ Santiago (descanso de 25 minutos), Santa Clara, Sagasta, Renova y Plaza Mayor. El Encuentro se efectuará en la Plaza Mayor a las 11,15 horas, seguidamente regreso, tras vuelta a la plaza Mayor por cuesta de Balborraz, la Plata, San Julián del Mercado, al Templo de salida.


El Itinerario número quince, decimoquinta edición

Diseño y maquetación. masimajen.com.

Autores de los textos por orden de relatos J. Carlos Izquierdo Domínguez Sara Perez Tamames Luis Felipe Delgado de Castro Manuel Allué Beatriz Blanco Santos José Carlos Rodríguez San Gregorio Juan Manuel Bragado Molina Rubén Domínguez Rodríguez Sandra Turrado Esteban Javier Hernández Vidal Roberto Felix Fuentes Jaime Rebollo Calvo Oscar Antón Dalmiro Gavilán Santos Jesús Salvador Cecilio Folrian Ferrero Ferrero Luis Fernando García Martín José Marcos Díez Paloma Gómez Borrero Eugenio Jesús de Avila

Fotografías

Jesús Salvador Cecilio Mª del Amor Martín Olivera Laura Martínez Madrigal (cofradía del Silencio *)

Idea de “El Itinerario” Jesús Salvador Cecilio

Reservados todos los derechos de edición. Se prohíbe la reproducción total o parcial del contenido de este número, ya sea por medios electrónicos, mecánicos, fotocopia o grabación u otro sistema de reproducción cualquiera sin la autorización expresa del editor. Las opiniones expresadas en los textos y sus contenidos son responsabilidad de los autores. Los anunciantes son los únicos responsables del contenido de sus mensajes publicitarios. Agradecemos a las empresas su colaboración sin la cual sería imposible la edición de “El Itinerario”

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