Cartas pastorales de Manos Unidas 2015

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Cartas Pastorales con motivo de la

Jornada Nacional de Manos Unidas CampaĂąa 56

Febrero 2015



Cartas Pastorales con motivo de la

Jornada Nacional de Manos Unidas CampaĂąa 56

Febrero 2015

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Sumario Diócesis de:

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Alcalá de Henares Asidonia-Jeréz Astorga Ávila

Barbastro-Monzón Barcelona Bilbao

Burgos

Cádiz-Ceuta Calahorra y

La Calzada-Logroño

Cartagena

Ciudad Real Córdoba

Coria-Cáceres Getafe Girona

Guadix Huelva

Huesca y Jaca Jaén

León

Lugo

Madrid

Mallorca

7. 9. 11. 13. 15. 17. 19. 21. 23. 25. 27. 29. 31. 33. 35. 37. 39. 41. 43. 45. 47. 49. 51. 53.

55. ● Orihuela-Alicante 57. ● Osma-Soria 59. ● Ourense 61. ● Oviedo 63. ● Palencia 65. ● Pamplona y Tudela 67. ● Plasencia 69. ● Sant Feliu de Llobregat 71. ● Santiago de Compostela 73. ● Segorbe-Castellón 75. ● Sevilla 77. ● Sigüenza-Guadalajara 79. ● Tarazona 81. ● Tarragona 83. ● Terrasa 85. ● Teruel y Albarracín 87. ● Toledo 89. ● Tortosa 91. ● Valladolid 93. ● Vic 95. ● Vitoria 97. ● Zamora 99. ● Zaragoza 101. ●

Mondoñedo-Ferrol


Saludo

T

Mons. Juan José Omella Omella Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

iene en sus manos, querido lector, algo para mi muy entrañable como son las cartas pastorales que los obispos de las distintas Diócesis en España han escrito este año con motivo de la Campaña contra el Hambre que organiza Manos Unidas, el segundo domingo de febrero, coincidiendo casi siempre con el inicio de la Cuaresma.

Se publican estas cartas pastorales justamente cuando ya se ha hecho público mi cese como Consiliario Nacional de Manos Unidas y el nombramiento de mi sucesor, monseñor Carlos Escribano Subías, obispo de Teruel, a quien felicito cordialmente por ese encargo que le hace la Conferencia Episcopal Española de acompañar a esta querida Asociación que trabaja para el desarrollo de los pueblos más pobres de la tierra.

Mi trayectoria en esta institución ha sido larga; se remonta a 1999, año en que sucedí a monseñor José María Conget, un obispo lleno de humanidad, verdadero Padre y Pastor, del que guardo un recuerdo muy grato. Desde entonces, he vivido de cerca los trabajos y acontecimientos, siempre numerosos en una institución rica y compleja como esta, que tiene presencia en todas las diócesis españolas y actúa en medio centenar de países. Han sido muchos los puntos de interés que han centrado y centran ordinariamente la atención del consiliario: las reuniones de la Comisión Permanente, donde se analizan las cuestiones que se van presentando y los proyectos de desarrollo que se aprueban; las asambleas plenarias, máximo órgano de gobierno de nuestra institución, que reúnen a representantes de toda España, los contactos, a veces, con otras organizaciones internacionales hermanas y con Roma… Han sido también años de contacto intenso con misioneros. Sí, ¡cuánto nos edifica su testimonio de entrega generosa a los más pobres! ¡cómo se desviven por presentar el mensaje de Cristo, el Hijo de Dios, a tiempo y a destiempo, en circunstancias a veces bien difíciles, pero sin perder nunca la esperanza y la alegría. Mi felicitación a todos ellos.

He visto fraguarse las sucesivas campañas: las del trienio del año 2000 centradas en el jubileo, las dedicadas a la paz (2001-2003), a la globalización (2004-2006) y a los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Junto a ellas, hechos y momentos con acentos diversos, que van desde la crisis de los primeros momentos a reconocimientos públicos sobresalientes, como la concesión del premio Príncipe de Asturias, entre otros, y las numerosas celebraciones del quincuagésimo aniversario de Manos Unidas, especialmente el encuentro con el Santo Padre, Benedicto XVI.

La experiencia ha sido enriquecedora. He procurado vivir todo con esperanza, estar atento a las personas, no en abstracto sino con sus preocupaciones concretas. En estos momentos, siento agradecimiento por la acogida que me ha dispensado Manos Unidas. Debo agradecimiento tam-

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bién a mis hermanos obispos, por el apoyo que he encontrado en ellos en circunstancias distintas, tanto si ha sido necesario atender necesidades concretas de Manos Unidas en sus diócesis como en la Conferencia Episcopal. Les agradezco igualmente su compromiso impulsando las campañas anuales. Las cartas pastorales contenidas en esta publicación, correspondientes al lanzamiento de la campaña de 2015, dejan constancia de ello. Mi gratitud a todos y a cada uno.

Estas cartas, en su conjunto, nos animan a continuar apoyando la labor que realiza Manos Unidas en beneficio de los más desfavorecidos. Cada año, esta asociación puesta en marcha por seglares, nos recuerda -y recurro para expresarlo a palabras del Papa Francisco- que “el planeta es de toda la humanidad y para toda la humanidad y que el solo hecho de haber nacido en un lugar con menores recursos o menor desarrollo no justifica que algunas personas vivan con menor dignidad” (Evangelli gaudium, nº 190).

La labor que realiza Manos Unidas, plasmada en cientos de proyectos de desarrollo, no nace en ningún frío despacho del Norte, alejado de las realidades del Sur; es respuesta a las necesidades de nuestros hermanos; viene expresada desde las “periferias”. Merece la pena que continuemos dando respuestas positivas a las solicitudes que recibimos de allí. Mediante aportaciones económicas y con voluntariado, de distintas maneras, podemos colaborar a favor de esos hermanos nuestros, que viven en los márgenes, olvidados o relegados a un lugar insignificante por los grandes poderes de este mundo, cosa que ocurre al mismo tiempo que la riqueza se concentra exageradamente en pocas manos. Deseo de todo corazón que sigamos concienciando sobre esta realidad, hablando de ella, no silenciándola, y trabajando con una orientación distinta, orientados por los valores del evangelio, por los valores de Reino. Y ojalá que sepamos responder positivamente a las demandas cuando nuestros hermanos del Sur llamen a la puerta.

Manos Unidas nos muestra algo que necesitamos con urgencia en estos momentos, cuando vemos que muchas de las grandes decisiones del mundo y de la política internacional se toman desde fríos cálculos, en ocasiones sobre la base de visiones e intereses exclusivamente económicos, que marginan a las personas reales, carentes de “alma social”. La vida no es solo economía, como sabemos. Además, hay también una economía solidaria.

La labor de Manos Unidas es social, muy directamente orientada a solucionar las necesidades de las personas y colectivos situados en sus hábitats y circunstancias concretas, pero también eclesial; su actividad colabora a mostrar un rostro humano y humanizador de la Iglesia.

Unámonos a esta actitud samaritana de la existencia. La vida se hace grande cuando existe en ella una actitud de servicio. Con amplitud de miras, colaboremos con algo que el Papa viene subrayando para la Iglesia en el momento presente: avanzar hacia un modelo eclesial en “estado permanente de misión”, una Iglesia “en salida”, de puertas abiertas, atenta a las periferias, que sea “casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” y “lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido” (“Evangelli gaudium”, nº. 46, 47 y 114).

Que como Santa María, estrella de evangelización, sepamos tener el corazón abierto para comprender las penas de nuestros hermanos y estar siempre atentos para que no falte el vino en los hogares y en los corazones de los más pobres de nuestro mundo. + Juan José Omella Omella, Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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Diócesis de Alcalá de Henares

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Testigos del Amor de Dios

Monseñor Antonio Reig Plá, Obispo de Alcalá de Henares.

elebramos una nueva campaña de Manos Unidas en un mundo globalizado en el que el consumo es el icono del triunfo, del poder y, en fin, de la riqueza. Y es aquí donde los cristianos estamos llamados a mostrar cuales son los verdaderos tesoros de la Iglesia y a ser testigos del Amor de Dios para con todos los hombres. En la campaña del 2015, con el lema “Luchamos contra la pobreza ¿te apuntas?”, buscamos mejorar la seguridad alimentaria y promover la agricultura sostenible. Con ella, pretendemos contagiar nuestra sed de ser constructores del desarrollo social y cultural, centrado en las personas. “¿te apuntas?” es una invitación a seguir la senda del trabajo que humaniza. ¿Te apuntas a mirar a los pobres y a caminar con ellos? Es también un reto a estar dispuestos a salir de las pobrezas del mundo desarrollado. Es el momento de recuperar el significado más profundo de la caridad y de la solidaridad, para dar respuestas adecuadas en un mundo en el que la indiferencia se ha globalizado. Nuestra Diócesis de Alcalá en el 2014 financió dos proyectos en la India y uno en Camboya valorados en su conjunto en 105.581 €, que beneficiaron a más de 109.000 personas. Este año hemos acogido un gran proyecto en Kimango, diócesis de Mombasa (Kenya), donde las personas malviven de la ganadería y la agricultura de subsistencia. Las mujeres tienen que llevar el ganado a beber a grandes distancias y volver cargadas con agua para el consumo del hogar. Las enfermedades que padecen están relacionadas con la falta de higiene, la escasez y la insalubridad del agua por lo que este proyecto mejorará su calidad de vida. Manos Unidas de nuestra Diócesis se ofrece a construir una presa de agua de 15.000 m3, la compra e instalación de una bomba de agua, la construcción de un pozo de suministro y un abrevadero para el ganado, así como la formación de 50 personas para el mantenimiento y gestión de dicha presa. El coste del proyecto es de 76.047 euros. Serán beneficiarios directos 1.510 personas e indirectos otros 820. Estamos seguros de que, como todos los años, también este, llegaremos a cumplir el objetivo que hemos escogido: la construcción de una presa para la Diócesis de Mombasa. Es lo que esperamos y lo que pedimos a todos, buscando para los más necesitados una vida más digna. Que Nuestro Señor Jesucristo nos conceda un corazón grande y fuerte para comprometernos en la lucha contra el hambre y la pobreza. Para esta misión pedimos que nos acompañe la Virgen María y nos enseñe a salir de nosotros mismos y de nuestra comodidad para ir al encuentro de nuestros hermanos. Con mi bendición

+ Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares

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Diócesis de Asidonia-Jerez

“LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA, ¿TE APUNTAS?” Campaña de Manos Unidas

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Monseñor José Mazuelos Pérez, Obispo de Asidonia-Jerez.

los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y a todos los fieles,

Durante este año, llevaremos a cabo la Campaña LVI bajo el lema «Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?» Esta Campaña recoge el trabajo de los últimos ocho años, en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y trata de abrir nuevos caminos en la lucha contra la pobreza. Manos Unidas como asociación de la Iglesia Católica inspirada en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia lucha para erradicar el hambre y la pobreza en el mundo Trabajando en favor de un modelo de sociedad que no excluya a los débiles, los más empobrecidos, los menos dotados. Por eso, los esfuerzos se dirigen a acompañar a los pobres entre los pobres. Denunciando las causas de la pobreza, colaborando con la puesta en marcha de acciones concretas para acabar con ella. Y siguiendo las enseñanzas del Papa Francisco, Manos Unidas, tiene claro que no hay trabajo exitoso si no ponemos cada persona en el centro de nuestra tarea. Y es esta la llamada que en este año nos hace a todos, invitándonos a poner cada uno nuestro grano de arena para facilitar un cambio cultural fundado en la centralidad de la persona para que de esta forma, como nos decía Caritas in Veritate, sea posible una lucha eficaz contra la pobreza y una redefinición del sistema económico financiero (CV 45-47). Ante este reto quiero invitar a todas las parroquias, movimientos, asociaciones, hermandades y comunidades cristianas de nuestra Diócesis a participar en esta campaña que celebra Manos Unidas. Os animo a uniros al gesto significativo del «Día del Ayuno Voluntario» que se celebrará el viernes 6 de febrero, y a ofrecer una generosa aportación económica tanto en las colectas de las Misas del próximo domingo 8 de febrero, como en las mesas petitorias en las calles de la ciudad. Por último, deseo enviar un mensaje de felicitación y estímulo a los numerosos asociados y colaboradores que, inspirados por su conciencia cristiana, están comprometidos con Manos Unidas. Con mi cordial saludo y bendición, + José Mazuelos Pérez, Obispo de Asidonia-Jerez

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Diócesis de Astorga “LUCHAMOS CONTRA EL HAMBRE”

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Monseñor Camilo Lorenzo Iglesias, Obispo de Astorga.

iertamente tenemos que luchar contra la pobreza en el mundo, porque hay inmensos países en el mundo que viven en una miseria inhumana y carecen de lo más imprescindible para llevar una vida digna del hombre. Es que además en algunos países faltan no solo los alimentos sino también medicamentos y médicos, hospitales y medios de comunicación, transporte, viviendas dignas del hombre… y no hay derecho a que estemos indiferentes ante tantos hermanos nuestros que viven en los países del tercer mundo.

Es verdad que diferentes asociaciones, entre las que se encuentra “MANOS UNIDAS” que trabajan durante todo el año para buscar medios, para presentar proyectos que les puedan ayudar a paliar las necesidades urgentes, tanto de trabajos como de utensilios de trabajo de los que en los países desarrollados ya disfrutamos desde tiempos ya olvidados.

Y lo lamentable es que esas naciones dispongan de armas sofisticadas, gobiernos explotadores que les llevan a guerras y conflictos destructivos que no crean más que pobreza, odios y sufrimientos, y sobre todo siendo de los países más pobres del mundo.

El mundo rico tiene que reaccionar en contra de todas esas realidades, que pueden impedir su colaboración para que los más inocentes de este mundo puedan disfrutar de una vida digna, ya que el mundo tiene bienes más que suficientes para lograr que en todo el mundo no haya naciones que estén calificadas como “Países del hambre”

La asociación Manos Unidas fue fundada para recaudar fondos y realizar proyectos de centros en los que se pueda defender la cultura de cada pueblo y desarrollar los valores que tienen y eliminando todo lo que entorpezca el desarrollo conveniente, hasta lograr que ningún pueblo o nación de la tierra esté subyugado por otros pueblos más poderosos, porque la tierra fue creada por Dios, para que el hombre la cuide y desarrolle sus iniciativas referentes a los cultivos más productivos.

Pero mientras no se produce ese desarrollo, los proyectos de Manos Unidas, son pequeñas ayudas que deben sensibilizar a todos los ciudadanos ante la injusticia del hambre en el mundo que tiene unas posibilidades casi infinitas de producir alimentos más que suficientes para que nadie pase hambre. Y sobre todo pienso que nunca será aceptable que cantidades inmensas de alimentos se destruyan, para que se mantengan los precios del mercado. No tenemos derecho a destruir lo que Dios nos ha dado, sabiendo que hay quien los necesita.

A los voluntarios de Manos Unidas mi gratitud y ánimo, para que no desistáis en vuestro empeño, para lograr los medios necesarios para desarrollar vuestros proyectos y así ayudar a los más necesitados. + Camilo Lorenzo Iglesias, Obispo de Astorga

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Diócesis de Ávila

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Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?

Monseñor Jesús García Burillo, Obispo de Ávila.

a Asociación Española de la Iglesia Católica llamada Manos Unidas, nos ayuda a despertar cada año la conciencia ante nuestros hermanos más necesitados y a reflexionar y a comprometernos a terminar con el umbral de la pobreza en el mundo. El lema de la campaña de este año es: Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas? Es una invitación a tomar conciencia de que si queremos un mundo mejor es necesario que nos centremos en las personas concretas y trabajemos por el desarrollo social y cultural, mediante la solidaridad. Basten algunos datos significativos: aunque se ha reducido a la mitad el número de personas que viven en condiciones de pobreza extrema, todavía hay una de cada nueve que sigue padeciendo hambre; más de 160 millones de niños padecen malnutrición crónica; más de 50 millones de niños siguen sin tener acceso a la escuela; cada vez hay menos ayudas económicas a los países más pobres, por ejemplo, España destinará en el 2015 sólo el 0,17 % del producto interior bruto al Desarrollo; las emisiones globales de CO2 han aumentado un 50% en los últimos años, lo cual afecta gravemente los recursos naturales de nuestro planeta. Con el deseo de que todos reflexionemos sobre lo que significa luchar contra la pobreza, haciendo un mundo más justo y más fraterno, recordemos las palabras del Papa Francisco: «Que cada uno, según sus posibilidades y responsabilidades, ofrezca su contribución para poner fin a tantas injusticias sociales. No es la cultura del egoísmo, del individualismo, que muchas veces regula nuestra sociedad, la que construye y lleva a un mundo más habitable; no es esta, sino la cultura de la solidaridad… No dejemos entrar en nuestro corazón la cultura del descarte. Recordémoslo siempre: solo cuando se es capaz de compartir, llega la verdadera riqueza; todo lo que se comparte se multiplica. La medida de la grandeza de una sociedad está determinada por la forma en que trata a quien está más necesitado, a quien no tiene más que su pobreza. Queridos amigos, ciertamente es necesario dar pan a quien tiene hambre; es un acto de justicia. Pero hay también un hambre más profunda, el hambre de una felicidad que solo Dios puede saciar. Hambre de dignidad. No hay una verdadera promoción del bien común, ni un verdadero desarrollo del hombre, cuando se ignoran los pilares fundamentales que sostienen una nación, sus bienes inmateriales: la vida, la familia, la educación integral, la salud, la dimensión espiritual» (Discurso, 25/VII/2013). Los proyectos de Manos Unidas que se nos ha encargado a Ávila son tres. El primero es: infraestructura sanitaria y valla para una escuela de Tamil Nadu (Cono Sur de la India). Esta población (de mayoría católica gracias a las misiones jesuitas) cuenta con una escuela diocesana con 902 estudiantes. El segundo proyecto se trata de de líderes y apoyo para prevención del SIDA en el municipio y aldeas de Balombo (Angola - África Austral), que abarca una población de 173.000 habitantes; los destinatarios directos de este proyecto se estiman en 10.000 personas (que incluyen 16 líderes y trabajadores e internos del hospital del lugar). El tercer proyecto consiste en comunitaria en prevención higiénico-sanitaria y cuidados materno-infantil en la localidad de Shambu (Etiopía - África

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Este). Con este programa se desea proporcionar a las familias los conocimientos que necesitan para prevenir enfermedades y contagios por falta de higiene personal y medioambiental. Los beneficiarios directos serán 22.186 personas; además, el programa incluye apoyo alimentario y sanitario a 66 niños con malnutrición y a 20 huérfanos. Queridos diocesanos, luchemos contra la pobreza, ¿te apuntas? Es la invitación que nos hacen a seguir por la senda del trabajo humanizador y la solidaridad. Jesús, nuestro Señor, se identifica con los más pobres: «Esto nos recuerda que todos los cristianos estamos llamados a cuidar a los más frágiles de la tierra… Es indispensable prestar atención para estar cerca de nuevas formas de pobreza y fragilidad donde estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente» (EG 209-210), a Cristo pobre. Os saludo con todo afecto. + Jesús García Burillo, Obispo de Ávila

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Diócesis de Barbastro-Monzón HAMBRE DE PAN, DE CULTURA Y DE DIOS

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Monseñor Alfonso Milián Sorribas, Obispo. Administrador Apostólico de Barbastro-Monzón.

urante los dos últimos años Cáritas Internacional, ayudada por Manos Unidas, vienen promoviendo la campaña “Una sola familia humana, alimentos para todos”, con la que se quiere conseguir que los gobiernos y los ciudadanos, sobre todo de los países con posibilidades económicas, nos impliquemos en acciones eficaces para erradicar la pobreza en el mundo, de una vez por todas. Como sabemos, esta campaña cuenta con el apoyo decidido del papa Francisco, que ha querido que sea como «un rugido capaz de sacudir al mundo». En este domingo en el que la Iglesia española secunda la campaña contra el hambre en el mundo, promovida por Manos Unidas, es muy oportuno recordar el compromiso de llegar al año 2025 habiendo logrado modificar substancialmente la geografía del hambre. Manos Unidas nos invita hoy a tomar partido. Con el lema de esta campaña -“Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”- nos impide quedarnos de brazos cruzados. Y nos propone tres objetivos: Primero, escuchar el clamor de los más pobres de la tierra, con sus alegrías, sus penas, sus sueños, sus dificultades y demandas, sus esperanzas..., y ser capaces de abrir el corazón a ese clamor, evitar que nos sea indiferente. Segundo, recordar que la solidaridad, el amor, la caridad están enraizadas en el corazón del Evangelio; que la fe en Cristo encarnado, muerto y resucitado por nosotros, implica el deseo amoroso y propositivo de transformar el mundo. Tercero, comprometernos tanto personalmente como desde nuestras comunidades en acciones contra la pobreza y a favor de la dignidad plena de todos. En el origen de Manos Unidas, hace ya más de cincuenta años, se hizo una declaración programática a través de un Manifiesto: «Las mujeres católicas, llamadas por Jesucristo para dar testimonio de un amor universal y efectivo por la familia humana, no podemos resignarnos al hecho de que la mitad de la humanidad sufra hambre», y en la conciencia de todas ellas estaba la decisión de luchar contra las «tres hambres que aquejan a la humanidad: el hambre de pan, el hambre de cultura y el hambre de Dios». Desde el comienzo tuvieron una visión de largo alcance. Decidieron que la Campaña«no se reduzca a una manifestación benéfica de las ya existentes, la aplicación del fondo se distinguirá de las demás en que no se limitará a cubrir momentáneamente una necesidad, sino que iniciará una obra productiva y continuada, encaminada a remediar en cada ocasión las “tres hambres”». El papa Francisco en su discurso a la FAO nos recuerda: «Es bien sabido que la producción actual es suficiente y, sin embargo, haymillones de personas que sufren y mueren de hambre: esto, queridos hermanos, constituye un verdadero escándalo». Y en El gozo del Evangelio insiste en que la preocupación por el desarrollo integral (pan, cultura, Dios) de los más abandonados brota de la fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos.

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Os animo a todos los miembros de Manos Unidas a poner alma, vida y corazón en la campaña contra el hambre, y a que dirijáis vuestra acción a saciar las “tres hambres”. No os limitéis al hambre de pan y de cultura; también existe mucha hambre de Dios. Compartamos con los hambrientos los dones que hemos recibido. Con mi afecto y bendición. + Alfonso Milián Sorribas, Administrador Apostólico de Barbastro-Monzón

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Diócesis de Barcelona

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La globalización de la solidaridad

Monseñor Lluís Martínez Sistach, Cardenal Arzobispo de Barcelona.

n año más, al principio de febrero, “Manos Unidas” nos habla del problema del subdesarrollo y de una de sus manifestaciones, el problema del hambre en el mundo. El lema de esta campaña de 2015 hace hincapié en el protagonismo de cada ser humano como persona y como ciudadano. Dice así: “Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?”

Cuando los ciudadanos se implican y se comprometen se siembran gérmenes de esperanza que, tarde o temprano, darán el fruto esperado. Ciertamente, el futuro del mundo depende del compromiso de cada uno de los miembros de la humanidad. Hoy se vive un proceso de globalización que los últimos años se va acelerando. Hay que decir, sin embargo, como nos recordó el papa Juan Pablo II, que hoy en día están globalizadas la economía y las finanzas pero no la solidaridad. La globalización económica no va acompañada de una globalización social suficiente. Tenemos un mundo cada vez más interconectado, más informado sobre lo que ocurre en todas partes, pero a pesar de ello esta interconexión desgraciadamente no comporta más solidaridad o no la comporta en la medida que haría posible la solución de los problemas del desarrollo, la falta de educación y las carencias en la alimentación y en la promoción de las mujeres. La Iglesia ofrece una alternativa pidiendo el compromiso de todos para hacer realidad una globalización de la solidaridad. El papa Francisco, en la línea de sus antecesores -sobre todo Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI-, ha hecho una fuerte llamada a trabajar en la solución del problema del hambre en el mundo, sobre todo con ocasión de su visita a la sede romana de la FAO, el organismo de las Naciones Unidas dedicado a los problemas de la agricultura y la alimentación, y reiteró este llamamiento en su reciente visita al Parlamento Europeo, en Estrasburgo. La doctrina social de la Iglesia da unos principios éticos fundamentales en los que debería basarse la globalización, como la solidaridad y la subsidiariedad. La Iglesia reitera la centralidad de la persona humana en la sociedad y su capacidad de buscar el bien y la justicia. Esto exige respetar las cosas que no pueden estar sometidas a la ley de la oferta y la demanda, empezando por el derecho a la vida, y a una vida digna. La globalización no debe ser soportada como una fatalidad ni celebrada como una panacea. Es una evolución socioeconómica, política y cultural que debe ser orientada con el compromiso de todos, de modo que pueda aportar a la mayoría de personas y especialmente a las más pobres, los frutos de la justicia y de la solidaridad.

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En esta línea trabaja esta ONG católica que es “Manos Unidas”, y por ello, un año más, pido que pueda recibir el apoyo económico de las personas y las instituciones que sienten la responsabilidad de promover la solidaridad en favor de los derechos fundamentales de las personas. + Lluís Martínez Sistach, Cardenal arzobispo de Barcelona

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Diócesis de Bilbao

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Carta Manos Unidas 2015

Monseñor Mario Iceta Gabicagogeascoa, Obispo de Bilbao.

uchamos contra la pobreza, ¿te apuntas? Este es el sugerente lema con el que Manos Unidas quiere invitarnos a participar en la nueva campaña del año 2015. La lucha contra la pobreza ha sido el motivo fundamental por el que un grupo de mujeres de la Acción Católica fundó, a mediados del siglo pasado, la organización que conocemos como Manos Unidas. Todos somos conscientes de que la lucha contra la pobreza se encuentra en el corazón del mensaje evangélico. En el imponente panorama que recoge el evangelio de San Mateo (cf. Mt 25) sobre el juicio final, aparece el llamamiento de Jesús a socorrer todas las necesidades humanas y a sostener y recuperar la dignidad del hombre y la mujer cuando esta ha sido herida por el hambre, la sed, la soledad, la enfermedad, la privación de la libertad, la pobreza. Es más, el mismo Jesús se identifica con los pobres: “cada vez que lo hicisteis con estos mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis”. ¿Cómo no responder con generosidad a la invitación de Manos Unidas a luchar juntos contra la pobreza? ¿Cómo no escuchar en la profundidad de nuestro corazón la invitación del Maestro a servirle en los más pobres? Son muchas las oportunidades que se nos ofrecen en nuestra vida para responder con prontitud, disponibilidad y alegría a esta invitación del Señor. Él vuelve a pasar por nuestra vida y nos ofrece una nueva ocasión para sacudirnos las ataduras de la rutina o de la comodidad y volcarnos al servicio de nuestros hermanos más desfavorecidos. Participemos en la medida de nuestras posibilidades en la necesaria tarea de borrar las causas, consecuencias y efectos de la injusticia que genera tanta pobreza. Rehabilitemos la dignidad de nuestros hermanos más débiles y empobrecidos, heridos por tantas necesidades y carencias. En esta campaña de Manos Unidas podemos unirnos en oración al Padre para que reavive en nosotros la conciencia de ser hijos suyos y, en Él, hermanos y hermanas en Cristo, formando una gran familia. Y una familia no permite que ningún miembro pase necesidad, sino que se vuelca precisamente con los más necesitados. La familia humana necesita acrecentar con hechos concretos su conciencia fraterna. Hagámoslo también compartiendo nuestros bienes. Esta campaña de Manos Unidas nos brinda la posibilidad de sumarnos al seguimiento de Jesús en esta hermosa misión. Que Dios bendiga vuestra generosidad. Con un abrazo fraterno. + Mario Iceta Gabicagogeascoa, Obispo de Bilbao

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Diócesis de Burgos LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA ¿TE APUNTAS?

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Monseñor Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos.

ste es el lema de la Campaña de “Manos Unidas” para este año. Una campaña que en Burgos comenzó el pasado 2 de febrero, con una conferencia en el Teatro Polisón, a cargo de un misionero salesiano en Costa de Marfil y hoy, segundo domingo de febrero, celebra su día y realiza una colecta en todas las parroquias. El próximo 27 de febrero se llevará a cabo la “operación bocata” y un mercadillo en el Monasterio de san Juan. ¿Qué es lo que pretende esta Organización de la Iglesia Católica? Sus Estatutos lo dicen con claridad: luchar contra el hambre, la nutrición deficiente, la miseria, la enfermedad, el subdesarrollo y la falta de instrucción. Y lo que es, si cabe, todavía más importante: trabajar para erradicar las causas que provocan estas situaciones. De acuerdo con los objetivos que trazó para 2015 la Organización Mundial de la Salud, durante los últimos años se ha centrado en erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer, reducir la mortalidad infantil de los niños menores de 5 años, mejorar la salud materna, combatir el VIH/Sida y otras enfermedades, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y fomentar una alianza mundial para el desarrollo. Gracias a Dios se han dado grandes pasos y logrado muchos objetivos. Por ejemplo, se ha reducido a la mitad el número de personas que viven en pobreza extrema, más de 2000 millones de personas han logrado acceder al agua potable y se ha conseguido la igualdad en la educación primaria. Solo con lo recaudado en la Campaña del año pasado en Burgos se financiaron una escuela de formación profesional de carpintería en la República Democrática del Congo, varios pozos en Zam-bia, una red de agua potable en Ecuador, un internado de niñas en la India, una escuela de preescolar en Mozambique y otras iniciativas. Sin embargo, todavía es largo el camino que resta por recorrer. Porque todavía una de cada nueve personas sigue pasando hambre, más de mil millones no tienen letrinas y más de cincuenta millones de niños y niñas siguen sin tener acceso a la escuela. Además, es preocupante la escasa sensibilización que existe sobre las causas del hambre y sus derivados. Y todos sabemos que es ahí donde hay que actuar si queremos resolver el problema en su raíz. Pues la fiebre no es la enfermedad sino el síntoma de que estamos enfermos. Por eso, aunque nos den una pastilla para controlarla, los médicos intentan curar la enfermedad que la provoca. Las causas que provocan todas las deficiencias sobre la pobreza en el mundo radican en los falsos criterios y erróneos planteamientos económicos, comerciales y políticos actuales. Como ha recor-

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dado el papa Francisco -en línea de continuidad con los pontífices anteriores- la persona no ocupa el centro de la economía y el desarrollo sino el dinero y el poder. Por eso, mientras no cambiemos estos planteamientos, la pobreza no sufrirá su derrota eficaz y duradera. Es una aplicación de nuestro refranero, cuando sentencia que “no basta con dar pescado; hay que enseñar a pescar”. Qué duda cabe que tenemos que seguir haciendo la Campaña contra el hambre año tras año y ser cada vez más generosos en nuestras aportaciones económicas y de voluntariado. Pero hemos de hacer lo que esté en nuestras manos para cambiar la dinámica de la economía, poniendo en el centro a la persona. Nunca podemos olvidar que el Creador hizo todas las cosas para que ayudaran al hombre -a todos, sin excepción de razas, lenguas y culturas- a realizarse plenamente y le hicieran cada vez más andadero su camino en la tierra. Desde aquí quiero dar las gracias a los dirigentes, colaboradores y voluntarios de Manos Unidas en Burgos y animar a todos, incluso a quienes no comparten la fe cristiana, a ser muy generosos en la colecta que hoy se desarrolla en todas las parroquias de la diócesis.

+ Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos

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Diócesis de Cádiz-Ceuta

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“Luchamos contra la pobreza ¿te apuntas?”

Monseñor Rafael Zornoza Boy, Obispo de Cádiz y Ceuta.

l próximo domingo 8 de febrero, se celebra en toda España la Jornada Nacional de Manos Unidas.

Una vez más se nos da la oportunidad de sumarnos personalmente a una lucha eficaz y fiable contra esa pobreza lacerante que a todos nos abruma y excede, la desigualdad más temible ante la que nos sentimos angustiados e impotentes. Sin embargo, Manos Unidas ayuda a los lugares más desfavorecidos del planeta, apoya más de 1.000 proyectos en más de 60 países, y nos recuerda durante 12 meses que la lucha contra la pobreza es una tarea de las naciones, pero, también, de cada una de las personas que formamos parte de nuestro mundo. Por esta razón invita a toda la sociedad a unirse a esta lucha contra la pobreza y con el lema de este año nos lanza a todos una pregunta directa que es al tiempo una invitación: “Luchamos contra la pobreza ¿te apuntas?” Ciertamente debemos actuar y con Manos Unidas encontramos el modo de hacerlo con eficacia, solvencia fiable y generosidad. Esta ONG de Desarrollo de la Iglesia Católica está cerca de nosotros, en nuestra casa, formada por voluntarios dedicados y competentes. Conocemos sus proyectos de cerca y nos abren sus puertas para que entremos con un corazón universal a conocer las mayores necesidades del mundo y las acciones que se promueven para solventarlas. Todos tenemos nuestro lugar en esta contribución necesaria, nadie puede inhibirse en aportar soluciones a las grandes carencias. Cuentan con nosotros. Manos Unidas invita a cada persona a unirse, el viernes 6 de febrero, al Día del Ayuno Voluntario, haciendo ese día este gesto especial en solidaridad con los 805 millones de personas que sufren el hambre, cada día, en el mundo (11,5% de la población según FAO) y, si lo desean, donando ese dinero a la organización, por los canales habituales o entregándolo en la colecta que se realizará el domingo 8 de febrero, Jornada Nacional de Manos Unidas, en todas las parroquias de España. Os invito a reflexionar y a orar abriendo el corazón a la compasión, que caracteriza lo más humano de las personas y lo más cristiano de los bautizados. Agradezco a Manos Unidas su servicio que nos da la posibilidad de compartir y llegar a tantas personas y lugares apartados. Pero, sobre todo, os animo a colaborar con generosidad para que, de nuevo, nuestro amor desprendido haga llegar su caricia a los lugares más lejanos y auxilie a quienes aquí padecen la desigualdad y el desamor. + Rafael Zornoza Boy, Obispo de Cádiz y Ceuta

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Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño

“Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”

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Jornada de Manos Unidas

Monseñor Juan José Omella Omella, Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño.

ste es el lema de la Campaña de Manos Unidas para el año 2015. Esta asociación pública de fieles nació en 1960 para luchar contra la pobreza y a lo largo de este medio siglo se ha mostrado como lo que es, una ONG que realiza su tarea en nombre de la Iglesia Española a la que representa en el campo de la cooperación y el desarrollo.

Como es sabido, y siempre me gusta recordarlo porque es de justicia, nació como un servicio de las mujeres de Acción Católica. Y aunque esta institución eclesial ha pasado por distintas etapas hasta su configuración jurídica definitiva, siempre ha sido un instrumento de la máxima eficacia en orden a mostrar lo que la Iglesia ha sido, es y será: una madre y maestra de humanidad en el sentido más exacto y universal de la expresión, cercana y comprometida con los más pobres de la tierra. ¿Qué misión desempeña Manos Unidas? Luchar contra el hambre, contra la alimentación deficiente sobre todo de la infancia, contra la miseria, la enfermedad y, especialmente, contra la falta de formación y de instrucción en los países en vías de desarrollo. Para sacar adelante este cometido, Manos Unidas hace un gran esfuerzo, material y didáctico, que logre erradicar aquellas circunstancias que hacen posible el que a estas alturas de nuestro tiempo, siga habiendo tanta pobreza y tanta hambre en el mundo. Esas circunstancias, causas estructurales las podríamos llamar, básicamente son: la ignorancia, la falta de solidaridad, la crisis de virtudes y de valores humanos y cristianos. Todo ello lleva inexorablemente a un status de injusticia y de mal reparto de los bienes que clama al cielo. ¡Cuántas veces comentamos los que trabajamos con y para Manos Unidas qué bonito será el día en el que ya no haga falta que exista esta institución y los que trabajamos en ella! Querrá decir que ya, ¡por fin!, la pobreza y el hambre han sido desarraigadas de la faz de la tierra. Pues de ti, querido lector, de todos nosotros, depende que este hecho tan deseado llegue a hacerse realidad. Si te apuntas a luchar contra la pobreza serás “el grano que no hace granero pero que ayuda al compañero”. Llevo ya muchos años trabajando, y con sumo gusto, como Obispo Consiliario de Manos Unidas, y he de decir que la visión que tiene del mundo y de la marginación está plenamente fundamentada en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia, lo que supone una perspectiva totalmente nueva a la hora de considerar al ser humano objeto de toda su atención. Cada persona, todo hombre y toda mujer, es capaz de llegar a ser responsable por sí misma de mejorar en lo material y en lo espiritual, de ir ganando cotas importantes hasta alcanzar una vida realmente digna. ¿Qué valores humanos potencia Manos Unidas? El primero de todos la dignidad de la persona: ha de ser el punto de partida de cualquier proyecto que se proponga. Seguirá la consideración de que

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los bienes de la tierra tienen todos un destino universal: no han sido creados y puestos ante el hombre para disfrute de unos pocos privilegiados. Hay un Bien Común que depende de esta realidad, y del hecho de que los derechos humanos sean declarados, vividos y garantizados. Y hay un principio en el que la Iglesia ha insistido repetidamente por su carácter determinante, la subsidiaridad que conlleva no imponernos a los pobres sino que compartamos con ellos su propio modo de ser, de pensar, de vivir, su propio desarrollo en suma. Mirad, os invito a trabajar como voluntarios/as en Manos Unidas para ayudar con vuestra entrega a que se haga cada vez más eficaz el cometido de esta maravillosa Asociación. También os invito a que seamos ejemplares en los gastos y en el consumo, de forma que la austeridad sea siempre una meta a seguir con el fin de poder compartir con los demás. Y finalmente os animo a participar generosamente en la colecta de Manos Unidas. Os aseguro que el dinero que entregáis va directamente a los proyectos de desarrollo. Solamente una pequeña partida se emplea en gestión administrativa. Sed, seamos todos, muy generosos. No olvidemos que Dios no se deja vencer en generosidad. ¡Gracias a todos por vuestra oración y vuestra colaboración! ¡Gracias, querida Asociación de Manos Unidas por lo que eres y lo que haces por los más pobres! Con mi afecto y mi bendición, + Juan José Omella Omella, Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño y Consiliario Nacional de Manos Unidas

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Diócesis de Cartagena

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Campaña de Manos Unidas

Monseñor José Manuel Lorca Planes, Obispo de Cartagena.

a Campaña de Manos Unidas nos anima este año a luchar contra la pobreza y no como una responsabilidad sólo de las naciones, sino también, de cada una de las personas que formamos parte de nuestro mundo. La invitación que se nos hace es determinante, nos implica para salvar la dignidad de las personas, especialmente por la advertencia evangélica de dar de comer al hambriento y de beber al sediento. De esto, precisamente, ha hablado el Papa Francisco con motivo del Encuentro con los Movimientos Sociales denunciando la “especulación financiera que permite que millones de personas sufran y mueran de hambre”. Con contundencia ha hablado el Papa Francisco y nos ha puesto a pensar sobre la gravedad que supone, el “desechar toneladas de alimentos. Verdaderamente esto es un escándalo. El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable…”. ¿Deseas participar en esta aventura de rescatar la dignidad de las personas? Esta inquietante pregunta la vas a ver con frecuencia en estos días, tanto a la entrada como a la salida de los templos y en las redes sociales. Hay que ser insistente, porque va en juego la vida de muchas personas y de muchas familias, que, como dice el Santo Padre, “no existe peor pobreza material, que la que no permite ganarse el pan y verse privado de la dignidad del trabajo”. Pensad y valorad que “la creación es un don, es un regalo, un don maravilloso que Dios nos ha dado para que cuidemos de él y lo utilicemos en beneficio de todos, siempre con respeto y gratitud”. Pues ánimo, trabajemos en esta aventura de crear esperanza para los que la han perdido. Esto no puede esperar, si nos preguntan que cuándo empezamos, responded que ya mismo. Lo cierto es que partimos de un problema, que se ha globalizado la indiferencia y eso se nota cuando oyes estas cosas: “a mí ¿qué me importa lo que les pasa a otros mientras yo defienda lo mío?”. Lo preocupante, señala también en su discurso el Papa Francisco, es que “el mundo se ha olvidado de Dios, que es Padre y se ha vuelto huérfano porque dejó a Dios de lado”. El resultado de esta situación es doloroso, lo peor que le puede pasar a la humanidad, porque nosotros no podemos vivir en esta contradicción de olvidarnos de nuestro Creador y Padre, por eso se hace necesario anunciarle, hablar de Dios a los que han perdido el norte, la esperanza y encender la luz de la fe en un mundo de tinieblas; necesitamos abrir la puerta para que entre un chorro de aire fresco que nos renueve. Ayudar a los hermanos supone darles el pan diario y el alimento de la fe, que conozcan a Dios. ¡Cuánto por hacer! La solución para muchas de estas situaciones es clara, “volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos…”, dice el Papa, “con pasión, pero sin violencia”. Se trata de “resolver las tensiones para alcanzar un plano superior de unidad, de paz y de justicia”. Pero esto no se puede llevar a cabo si no nos dejamos llevar por

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el Evangelio, si no hacemos las cosas con el mismo corazón de Cristo. ¿Qué nos recomienda el Señor? La respuesta está en las Bienaventuranzas. Dice el Papa que las volvamos a leer; pues ánimo, pero en silencio, para que calen y, luego, a llevarlas a la vida. Que se note en las bandejas de las parroquias que la Campaña de Manos Unidas no pasó desapercibida. Dios os bendiga. + José Manuel Lorca Planes, Obispo de Cartagena

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Diócesis de Ciudad Real “Tuve hambre y me disteis de comer”

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Monseñor Antonio-Ángel Algora Hernando, Obispo de Ciudad Real.

a Iglesia, como ustedes saben, siempre trata de estar atenta y solícita respecto a todo lo que se refiere al bienestar espiritual y material de las personas, ante todo de los que viven marginados y son excluidos, para que se garanticen su seguridad y su dignidad».

Son palabras del papa Francisco dirigidas a la FAO y a la OMS, reunidas ambas organizaciones internacionales en la I Conferencia Internacional sobre Nutrición y que los miembros de la Iglesia debemos hacer verdad en el día a día de nuestras vidas. Y por esto nos plantea una vez más Manos Unidas la Campaña contra el Hambre en el Mundo, que, este año, titula «Luchamos contra la Pobreza, ¿te apuntas?». No se trata solamente de abrir el bolsillo este domingo para financiar los proyectos que han asumido en cada parroquia o arciprestazgo sino de alimentar en nosotros una sensibilidad, con un saber lo que está pasando para así poder comprometernos en la lucha contra la pobreza. El papa Francisco nos ofrece, en el discurso antes mencionado, el análisis de la situación que tiene la Doctrina Social de la Iglesia: «Duele constatar, además, que la lucha contra el hambre y la desnutrición se ve obstaculizada por la “prioridad del mercado” y por la “preminencia de la ganancia”, que han reducido los alimentos a una mercancía cualquiera, sujeta a especulación, incluso financiera. Y, mientras se habla de nuevos derechos, el hambriento está ahí, en la esquina de la calle, y pide carta de ciudadanía, ser considerado en su condición, recibir una alimentación de base sana. Nos pide dignidad, no limosna». Y en el centro de su discurso planteó dos retos, en primer lugar: «La primera preocupación debe ser la persona misma, aquellos que carecen del alimento diario y han dejado de pensar en la vida, en las relaciones familiares y sociales, y luchan sólo por la supervivencia. El santo papa Juan Pablo II, en la inauguración en esta sala de la Primera Conferencia sobre Nutrición, en 1992, puso en guardia a la comunidad internacional ante el riesgo de la “paradoja de la abundancia”: hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos. Esta es la paradoja. Por desgracia, esta “paradoja” sigue siendo actual. Hay pocos temas sobre los que se esgrimen tantos sofismas como los que se dicen sobre el hambre; pocos asuntos tan susceptibles de ser manipulados por los datos, las estadísticas, las exigencias de seguridad nacional, la corrupción o un reclamo lastimero a la crisis económica. Este es el primer reto que se ha de superar». Un segundo reto nace de la palabra «solidaridad»: «Cuando falta la solidaridad en un país, se resiente todo el mundo. En efecto, la solidaridad es la actitud que hace a las personas capaces de salir al

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encuentro del otro y fundar sus relaciones mutuas en ese sentimiento de hermandad que va más allá de las diferencias y de límites, e impulsa a buscar juntos el bien común». Vamos, pues, a apuntarnos en la lucha contra la pobreza más extrema que es luchar contra la desnutrición, contra ese no poder sobrevivir por falta del alimento diario. Dos pueden ser los caminos: Nuestra aportación económica y/o nuestra implicación en la acción que lleva adelante Manos Unidas: dar nuestro nombre y domicilio a la asociación y colaborar -unir nuestras manos- para llevar adelante sus trabajos. Juntos seremos más eficaces en esta lucha siempre dramática contra la pobreza. Que cada cual vea lo que está en su mano realizar Vuestro obispo, + Antonio-Ángel Algora Hernando, Obispo de Ciudad Real

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Diócesis de Córdoba

LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA, ¿TE APUNTAS? MANOS UNIDAS

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Monseñor Demetrio Fernández González, Obispo de Córdoba

ay una pobreza mala, la que procede del mal reparto de los recursos de todos, y a tantas personas las deja marginadas, sin ni siquiera lo necesario para sobrevivir y produciendo enormes bolsas de pobreza. Es una pobreza que identificamos con la miseria, en mayor o menor grado. Y hay una pobreza buena, la que ha elegido y alabado el Hijo de Dios, que siendo rico se hizo pobre. Esta última es una pobreza voluntaria, que se asume por amor, para parecerse a Jesucristo y para acercarse a los hermanos, poniéndonos por debajo de ellos y a su servicio. Manos Unidas lucha contra la pobreza mala, la que brota de la injusticia, la que tiene a millones de personas en condiciones infrahumanas, en muchas ocasiones explotadas por los poderosos. Manos Unidas lucha por la pobreza en la que viven tantos millones de personas, que no tienen ni siquiera para comer hoy y carecen de lo más elemental para cubrir sus necesidades básicas. Y por eso, nos invita a compartir con esos pobres, a los que se les debe lo elemental y en cuya devolución queremos contribuir. “Nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social”, nos recuerda papa Francisco (EG 201). Manos Unidas trabaja en favor de los pobres con inteligencia, atacando las raíces de la pobreza y contribuyendo a un mundo nuevo. A base de proyectos bien pensados y con la colaboración de muchos voluntarios, Manos Unidas hace llegar tu aportación directamente a los necesitados, sin que se quede nada por el camino. De Manos Unidas puedes fiarte. Agradezco a tantos voluntarios, sobre todo mujeres, que en nuestra diócesis de Córdoba inventan todo tipo medios para concienciarnos a todos en este drama de la lucha contra el hambre en el mundo y la erradicación de la pobreza. En todas las parroquias esta colecta es la más generosa de todas las del año. Gracias a eso, se van consiguiendo muchos objetivos, pero queda todavía mucho por hacer. La Ayuda Oficial al Desarrollo se ha reducido un 70% en España, mientras Manos Unidas continúa creciendo, incluso en estos años de crisis. Los católicos españoles, que también sufren la crisis como todos los demás, se sienten solidarios y se aprietan el cinturón, aunque tengan ahora menos recursos. Estas grandes campañas a favor de los pobres de la tierra tienen la ventaja de espabilarnos a toda la comunidad cristiana en algo para nosotros necesario: “no te olvides de los pobres” (cf Ga 2,10), como le dijeron a san Pablo los apóstoles de Jerusalén. “La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha” (EG 195).

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La campaña de Manos Unidas nos recuerda: “Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”. Apuntados estamos. Se trata de privarnos nosotros de algo no sólo superfluo, sino incluso necesario, para compartirlo con quienes no tienen nada. El ejemplo lo tomamos de Jesús, que siendo rico se despojó de su rango y ha compartido con nosotros su condición para hacernos a nosotros ricos con su pobreza, es decir para divinizarnos. Una solidaridad que no nos despoje no sería cristiana. La caridad cristiana nos lleva a sentir a los pobres como algo propio, cercano. A sentirnos uno con el hermano. “El pobre cuando es amado, es estimado como de alto valor” (EG 200). Para nosotros no se trata de cifras anónimas, sino de rostros concretos, de personas por las que Cristo ha derramado su sangre. Personas valoradas a tan alto precio. Que la campaña de Manos Unidas nos estimule a privarnos de algo en el día del ayuno voluntario y a entregarlo a los pobres más pobres del mundo. Dios se siente contento de este gesto por el que nos parecemos a él. Recibid mi afecto y mi bendición: + Demetrio Fernandez González, Obispo de Córdoba

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Diócesis de Coria-Cáceres ¡¡¡¡LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA!!!! ¿TE APUNTAS?

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Monseñor Francisco Cerro Chaves, Obispo de Coria-Cáceres

anos Unidas, vuelve con su campaña con una pasión por hacer llegar, especialmente a los más empobrecidos, un mansaje de esperanza y solidaridad. Desde el momento en que nace Manos Unidas, siempre se ha vivido con el convencimiento de que “otro mundo es posible”, como nos recuerda el papa Francisco. Todas sus campañas han sido una puesta en escena de que hay que luchar con pasión para que desaparezca el hambre y todas las inmensas pobrezas, que parece increible que todavía sigan, más que nunca en nuestra tierra. Hoy, con más énfasis que nunca, se hace justo, necesario y obligatorio para todos los cristianos, luchar con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra vida para que desaparezca la pobreza porque con ello nos jugamos la credibilidad del ser humano. Pero, ¿por qué tenemos que luchar contra la pobreza que existe en el mundo? Primero, porque toda la Humanidad nos pertenece porque hemos sido creados por Dios y somos hijos de Dios con la misión de construir un mundo nuevo para que la solidaridad y el Amor tengan derecho pleno de ciudadanía. Sin duda, es el Amor el que nos debe llevar a salir, como dice el papa Francisco, “ a todas las periferias”, físicas y existenciales donde anidan todas las pobrezas, especialmente el hambre, que es el mayor escándalo en nuestra Humanidad porque lo que trasluce es que unos pocos lo tienen todo, mientras una inmensa parte de la Humanidad muere de hambre, de frío. Otros viven en medio del analfabetismo y carentes de los recursos necesarios para tener una vida digna a la que es merecedora toda persona humana. Es incomprensible que en siglo XXI subsistan inmensas bolsas de pobreza en numerosa zonas del planeta. Por eso, hoy te hago la pregunta: ¿Te apuntas a luchar contra toda pobreza que va en contra de los más elementales derechos humanos? Segundo, Manos Unidas nos convoca a todos a no instalarnos en una queja estéril, en una crítica infecunda, en no hacer nada. Es mejor encender luces de esperanza que maldecir la oscuridad. Por ello, en lugar de pasarnos la vida echando la culpa a los demás, os invito a que todos hagamos algo, aunque tengamos que dejar nuestro cómodo sillón. La colecta que realiza Manos Unidas, así como todas sus iniciativas que tiene como objetivo poner en práctica la Campaña y su presencia en aquellos lugares, donde se realizan los proyectos con la recaudación obtenida en estas campañas suponen un auténtico “balón de oxígeno” en estos momentos tan difíciles. Hemos de convencernos de que la mejor inversión siempre es la solidaridad. El dinero que se entrega a Manos Unidas y que llega a través de la solidaridad de todos y cada uno de nosotros, es siempre el mejor dinero empleado. Por eso, este año os invito a todos a participar poniendo todo nuestro interés para subir la recaudación, aunque todavía estemos en la crisis. No olvidemos que, por desgracia y por el momento, cada día crece más el número de personas que carecen de casi todo. Participemos con generosidad contra la pobreza. Apuntarse y colaborar es apostar por nuestros hermanos más

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necesitados, por los derechos de la infancia, por los que viven por debajo de todos los parámetros que exige la dignidad humana. Por último, quisiera realizar un llamamiento a los jóvenes, a los que animo a participar, a caminar juntos con Cristo, para que nuestra solidaridad no entre en crisis. ¡¡¡Queda tanto por vivir y por hacer!!! Apuntaros a los grupos juveniles de Manos Unidas para que seáis, cada vez más, los jóvenes que os impliquéis en este proyecto de Iglesia que es un servicio precioso para la humanidad olvidada. ¡¡¡Cuento con vosotros!!! No te quedes cruzado de brazos cuando todavía queda tanto por hacer en pro de los más desfavorecidos de la tierra. + Francisco Cerro Chaves, Obispo de Coria-Cáceres

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Diócesis de Getafe

Campaña Manos Unidas 2015: LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA ¿TE APUNTAS?

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Monseñor Joaquín María López de Andujar y Cánovas del Castillo, Obispo de Getafe.

ueridos hermanos y amigos:

Manos Unidas no descansa. Una nueva campaña, la nº 56, con un nuevo lema: “Luchamos contra la pobreza ¿Te apuntas?”. Y dedican el Manifiesto 2015 a recoger el trabajo de la organización durante los últimos ocho años, en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y tratar de abrir nuevos caminos en la lucha contra la pobreza. Hay avances significativos: se ha reducido a la mitad en número de personas que viven en extrema pobreza; más de 2.000 millones de personas han logrado acceder al agua potable; se han realizado notables avances en la lucha contra la malaria y la tuberculosis; prácticamente se ha logrado la igualdad en la educación Primaria; en los últimos 20 años la tasa de mortalidad materna se ha reducido a la mitad... pero “aún queda mucho por hacer”: Una de cada nueve personas aún padece hambre; 162 millones de niños sufren malnutrición crónica; más de 1.000 millones de personas carecen de letrinas; más de 50 millones de niños y niñas siguen sin tener acceso a la escuela; en 2013 casi 300.000 mujeres murieron por causas prevenibles... La realidad impulsa a asumir un mayor compromiso, a no contentarse con lo alcanzado. En Manos Unidas preocupa la escasa referencia que se hace a las causas del hambre; las causas estructurales que producen el hambre, la miseria, la deficiente nutrición, la falta de instrucción, y poder erradicarlas; esas causas estructurales son: la injusticia, el desigual reparto de los bienes y de las oportunidades entre las personas y los pueblos, la ignorancia, los prejuicios, la insolidaridad, la indiferencia y la crisis de valores humanos y cristianos, quizá “la causa de las causas”. Manos Unidas necesita la colaboración de todos para continuar actuando en esta línea; como decía el lema de la campaña del año pasado “Un mundo nuevo, proyecto común”. Ahora “Luchamos contra la pobreza ¿te apuntas?”. En Manos Unidas, nos recuerdan que: “La labor de quienes ‘se apuntan’ a apoyarnos en estas materias es necesaria. Nuestra labor no es posible, solo, gracias a quienes estudiamos los proyectos y vigilamos su desarrollo, ni a los demás que realizamos las distintas labores en las delegaciones y en los Servicios Centrales, sino también, gracias a quines realizan aportaciones económicas, gracias a tantas personas y entidades que, de maneras muy diversas, nos apoyan, a los medios de comunicación que nos ayudan a difundir nuestro mensaje, y por supuesto, también a quienes, en el Sur, atienden el desarrollo de las iniciativas y completan el puente entre las dos orillas”.

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En la difusión del mensaje colabora nuestra publicación Padre de todos, que dedica una página mensual, como la que dedica a Cáritas: es la Iglesia en acción. El Papa Francisco, en el mensaje para la Cuaresma de este año 2015, a propósito de la comunión de los santos, nos decía: “Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación. (…) Podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia”. En la carta que os dirigía el año pasado, os decía que “el paso del tiempo confirma los motivos de gratitud al equipo de Manos Unidas en la Diócesis, en particular a los voluntarios: generosos con su tiempo, su entusiasmo; y a tantos otros con su aportación económica directa”. Lo reitero una vez más, pero este año quiero destacar la eficaz labor de los “creativos” que proponen para cada campaña un lema y una expresiva imagen. A pesar de los avances de las nuevas tecnologías, el lápiz y la goma siguen siendo “inteligibles” y elocuentes: hay que “apuntarse” para “borrar” la pobreza. Dios quiera, así lo pido, que sigan siendo muchos los que “se apunten”. Con mi bendición y afecto en el Señor. + Joaquín María López de Andújar, Obispo de Getafe

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Diócesis de Girona LUCHAMOS CONTRA EL HAMBRE. ¿TE APUNTAS?

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Monseñor Francesc Pardo i Artigas Obispo de Girona

ste domingo debemos colaborar generosamente con Manos Unidas y su campaña anual para luchar contra el hambre en el mundo.

Un texto del papa Francisco y algunos hechos nos pueden ayudar a sentirnos responsables -porque lo somos- de la lucha contra la plaga que más muertos y más sufrimiento, todavía hoy, provoca en nuestro mundo. El Papa escribe: «La Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder con todas sus fuerzas. En este marco se comprende la petición de Jesús a sus discípulos: “¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6,37), cosa que implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas con que nos encontramos. La palabra “solidaridad” está un poco desgastada y a veces se interpreta mal, pero implica mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos». (Nº. 188 de La Joya del Evangelio). Una característica de Manos Unidas es el trabajo para proyectos concretos en estrecha colaboración con los equipos locales que han pedido la ayuda y tienen que recibirla. Y después de la realización del proyecto, la obligación de dar cuentas. Estos proyectos buscan siempre la realización de obras que ofrezcan medios para obtener recursos, para ofrecer enseñanza, para atender sanitariamente, para dignificar la vida de pueblos y comunidades… Este año, los proyectos asignados a nuestra Diócesis: cisternas para recoger agua en la isla Tortuga (Haití); escuela infantil rural en Kella (Etiopía); tres aulas de secundaria y otras salas en Madagascar. Tu colaboración económica se convierte en medios para mejorar la vida de personas que no conoces, pero que tienen los mismos derechos que tú y que yo a vivir con dignidad. El hambre es un clamor de los pobres de la Tierra que seguro que llega a Dios, y si llega a Dios también llega a nosotros por medio de la Iglesia. Es verdad que muy a menudo se nos invita a ser solidarios: que si la campaña del Banco de los Alimentos, que si la Maratón, que si la colecta de Cáritas por Navidad, que si para instituciones con finalidades sociales. Y, como he escuchado a menudo, «nosotros también tenemos necesidades y estamos viviendo una larga crisis».

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Pero también es del todo cierto que, a pesar de las situaciones difíciles que vivimos de cerca, al menos tenemos más posibilidades de afrontar las necesidades básicas en comparación con otros muchos pueblos de la Tierra. Además, dar nos enriquece. No porque pretenda silenciar la mala conciencia, sino porque cumplimos con un deber de justicia. Pensad que estamos aquí y vivimos como vivimos porque hemos nacido aquí y hemos tenido muchas posibilidades. ¿Y si hubiéramos nacido en países de África, de Latinoamérica o de Asia…? Amar a los demás -el corazón del Evangelio- nos pide meternos en la piel del otro, sean personas, sean pueblos o colectivos. Ciertamente que aquel rostro desconocido es el rostro del Señor Jesús, pero también de alguna manera es tu rostro, porque es tu espejo. ¡Te ayudas a ti mismo! Colaborar en los proyectos de Manos Unidas es a la vez colaborar con «tu bienestar y el de los tuyos». La consigna de Jesús a los discípulos «dadles de comer vosotros mismos» es una exigencia que hoy también debemos escuchar. + Monseñor Francesc Pardo i Artigas, Obispo de Girona

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Diócesis de Guadix

“Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?” Con motivo de la campaña de Manos Unidas

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Monseñor Ginés García Beltrán, Obispo de Guadix.

ueridos hermanos y hermanas en el Señor:

La pobreza que sufren tantos hombres y mujeres en el mundo entero nos preocupa y avergüenza a todos. Parece mentira que esa multitud de gente, que hasta hace poco creíamos lejana, carezca de lo más esencial para la vida y dignidad de cualquier ser humano. Creo que la crisis económica por la que nosotros mismos pasamos nos ha hecho aun más conscientes de lo que significa carecer de lo esencial. La pobreza puede cambiar de lugar, todos podemos llegar a ser pobres, aunque antes hayamos vivido en la abundancia. Quiero decir con esto que la pobreza y sus consecuencias ni son lejanas ni nos pueden dejar indiferentes como si fuera un asunto que nada tiene que ver con nosotros. Contra la pobreza hay que luchar. No podemos mirar a otra parte, ni dejar la responsabilidad a los demás. No valen las actitudes de indiferencia o conformismo ante la pobreza, que tiene rostros tan variados en el mundo de hoy. Tenemos que detenernos en sus causas, y actuar con audacia a la hora de adoptar medidas para erradicar el hambre y la pobreza en general. No podemos conformarnos con que las cosas son así, sino que hemos de cambiarlas, y cada uno lo ha de hacer desde su situación y desde sus posibilidades. La lucha contra la pobreza ha de ser general, no misión, incluso monopolio de algunos. Contra la pobreza hemos de luchar todos. Esto es lo que hace, y a lo que nos invita este año, Manos Unidas. El ¿te apuntas? es una invitación, pero también una interpelación. Es la invitación a realizar un trabajo que humaniza, a construir un mundo mejor y más habitable para todos; pero es también una interpelación para no considerar la pobreza desde claves sólo macroeconómicas, como algo lejano y complejo, de difícil solución, sino como algo cercano. La pobreza es el pobre, y nuestra lucha contra la pobreza es caminar al lado de los pobres. Hemos de acercarnos a los pobres y caminar con ellos. El modo cristiano de lucha contra la pobreza no está solo en lo que se hace, sino en cómo se hace, cuál es el estilo. Después de esto, cabe preguntarse, ¿qué puedo hacer yo? Pues me atrevo a decir, sin que en esto haya recetas, que ante todo hemos de cambiar de actitud, situarnos ante la vida con otra visión, desde otra perspectiva. Hemos de ser conscientes de la realidad en la que vivimos, y para ello es fundamental la formación, que es mucho más que estar informados de lo que pasa en nuestro mundo. Podemos revisar nuestro consumo de las cosas, nuestra utilización del medio en el que vivimos, nuestra solidaridad real y no sólo sentimental con los pobres, nuestra participación en organizaciones que trabajan en la lucha contra la pobreza, en nuestra aportación real y económica para acabar con la pobreza.

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Como cada año Manos Unidas-Campaña contra el Hambre de nuestra Diócesis, ha elegido un proyecto que se llevará a cabo, Dm, y con la aportación de todos nosotros. Se trata de la construcción de una Escuela de Bachiller en Madagascar. Esta escuela se construirá en una zona rural de Ambohibary, en la provincia de Antsibare, en el centro de la isla. Es una región montañosa con abundantes lluvias, donde los habitantes se dedican a la agricultura de subsistencia fundamentalmente. El colegio de San José, de las Misioneras de la Inmaculada Concepción, es el más grande de la zona -1.078 alumnos- pero no cuenta con la fase de bachiller, lo que los padres solicitan. En este momento, están en unas aulas provisionales, por lo que solicitan la construcción de cinco aulas, que tienen un importe de 42.470 euros. Estoy seguro que, como cada año, llegaremos a cumplir con este objetivo de la construcción de las aulas en Madagascar. Es lo que espero y lo que pido a todos. Que el Señor nos conceda un corazón grande y fuerte para comprometernos en la lucha contra la pobreza. Que como la Virgen María sepamos salir de nosotros mismos y de nuestra comodidad para ir al encuentro de los hermanos más pobres. Con mi afecto y bendición. + Ginés García Beltrán, Obispo de Guadix

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Diócesis de Huelva

“Luchamos contra la pobreza ¿Te apuntas” Campaña de Manos Unidas 2015

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Monseñor José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva.

ueridos hermanos y hermanas:

El lema de la campaña de Manos Unidas para esta ocasión, me ha sugerido aquella escena evangélica en la que el Señor dice que a los pobres siempre los tendremos entre nosotros (cf. Mt 26, 11). Y es verdad, porque Jesús, además de en otras presencias que no excluyen esta, se hace presente en los pobres, sus preferidos. Si son los preferidos del Señor lo han de ser también de nosotros, sus seguidores. Con mejores palabras lo dice el Papa Francisco: “El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo «se hizo pobre» (2 Co 8,9). Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres. Esta salvación vino a nosotros a través del «sí» de una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio. El Salvador nació en un pesebre, entre animales, como lo hacían los hijos de los más pobres; fue presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse pagar un cordero (cf. Lc 2,24; Lv 5,7); creció en un hogar de sencillos trabajadores y trabajó con sus manos para ganarse el pan. Cuando comenzó a anunciar el Reino, lo seguían multitudes de desposeídos, y así manifestó lo que Él mismo dijo: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres»” (Evangelii Gaudium nº 197). Entonces, nosotros, la Iglesia, tiene esta misma misión. Estamos ungidos para el anuncio de la Buena Nueva a los pobres. Esa es nuestra misión profética, esa es nuestra misión de testimonio, por lo que nuestro anuncio a los pobres ha de ser la lucha contra la pobreza. “¿Te apuntas?” nos inquiere el lema de este año. Y podemos responder: ya estamos “apuntados”, ya estamos ungidos, ya estamos señalados por el Padre Dios para esta misión desde nuestro bautismo. Y esta misión, que la Iglesia realiza de tantas formas, ahora, Manos Unidas lo concreta con su Campaña anual en contra del Hambre. La Delegación Diocesana de Manos Unidas de Huelva tiene varios proyectos abiertos desde 2015 en Amravati (India), Sabongari (Camerún), Lusaka (Zambia), Kara (Togo), Chapimarca (Perú) y Antananarivo (Madagascar). Éstos proyectos, en los que se lucha contra la pobreza, se concretan en varias acciones, encaminadas a la implantación de un sistema de recogida de aguas; construcción y equipamiento de quirófanos y un módulo de maternidad; construcción de cinco aulas y electrificación de una escuela rural; construcción y equipamiento de cuatro aulas en un colegio de educación primaria; colaboración para la adquisición de material de equipamiento para la salud ocular; mejorar las condiciones higiénicas, productivas y alimentarias de una comunidad andina. Puede parecer poca cosa, al lado de la ingente tarea que tenemos ante nosotros, porque ¡son tantas las necesidades!, ¿cómo abarcar, cómo hacer frente a la injusticia del hambre en el mundo, que nos supera? Pero conviene que no caigamos en la desesperanza, ni en el derrotismo, ni tampoco en

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creernos los salvadores, ni estimarnos los únicos autores de la promoción de la justicia. Nosotros hemos de trabajar, sin descanso, con ilusión, con constancia, poniendo pequeños granitos de arena que harán posible una construcción que supera nuestras fuerzas, pero no nuestra respuesta, ni nuestra generosidad. La realización de estos proyectos de Manos Unidas de Huelva, a los que he hecho referencia, son posibles a las aportaciones y cuotas de los socios, a la colecta anual que realiza Manos Unidas, a los donativos provenientes de las parroquias, los colegios, las instituciones, las empresas, etc... Es decir, al esfuerzo y generosidad de todos. Que siga, pues, esta muestra de solidaridad, que crezca, que nos haga, cada vez más, conscientes a todos de que la lucha contra la pobreza, aunque necesitada del concurso de muchas voluntades para su erradicación, no puede paralizarnos a nosotros los cristianos sino, al contrario,.estimularnos a ser los primeros en responder a lo que es para nosotros una invitación del Señor,porque nos envía a anunciar la Buena Noticia a los pobres, en los que Él está presente siempre entre nosotros. ¿No lo vamos a atender? ¿No te vas a apuntar a luchar contra la pobreza? Con mi afecto y bendición. + José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva

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Diócesis de Huesca y Jaca

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EN SINTONÍA CON MANOS UNIDAS

Monseñor Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y Jaca.

ueridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz. La Campaña de Manos Unidas de este año tiene como lema: “Luchamos contra la pobreza ¿te apuntas?”. La lucha contra la pobreza no es un propósito irrealizable, ni una utopía inalcanzable consecuencia de un deseo de personas de buen corazón. Es una realidad que requiere sintonía de esfuerzos y continuidad de iniciativas, para mejorar las condiciones materiales y sociales en que vive gran parte de la humanidad. Un modo de apuntarse consiste en inscribirse en una solidaria lista de socios, donantes, voluntarios, trabajadores, cooperantes, etc. También supone, entre otras, tres cosas importantes: en primer lugar, conocer; en segundo lugar, valorar, y, en tercer lugar, colaborar. 1) Manos Unidas nos exhorta a apuntarnos en un proyecto de erradicación de la pobreza, para que no olvidemos que los más necesitados están incluidos en la vida y en la misión de la Iglesia. Por desgracia, no faltan nuevos factores que producen pobreza y marginación en el mundo de hoy, marcado por graves desequilibrios económicos, por procesos de globalización regidos por el egoísmo, más que por la solidaridad. Continuamente surgen focos de conflictos armados devastadores. Muchas personas se ven obligadas a abandonar su lugar de nacimiento, sus raíces culturales, sus espacios de convivencia, la tierra que sus antepasados cultivaron con esfuerzo. No encuentran asentamientos dignos, ni posibilidad de escolarizar a los más pequeños, ni hay medios para progresar en las tareas educativas. Viven en condiciones indignas e insalubres, sin asistencia sanitaria. 2) Apuntarse también significa sentir aprecio por las personas, tanto quienes trabajan y cooperan en nuestra Diócesis, como quienes reciben directa o indirectamente la ayuda. Manos Unidas nos ayuda a poner rostro al hambre, a la desnutrición, a las enfermedades, a la carencia de enseñanza. Manos Unidas nos invita a superar los límites, a vencer los obstáculos, a desdibujar el trazo de la pobreza en el mundo, a borrar, con acciones bien definidas, los rasgos deshumanizadores de la pobreza. Manos Unidas trabaja para buscar el bien, para poner remedio a tantos males como afligen a un considerable número de personas en los países más desfavorecidos.

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Cuando el contexto cultural y social en que vivimos tiende a la globalización de la indiferencia, Manos Unidas colabora intensamente por la globalización de la generosidad. Lo hace fijándose objetivos concretos y buscando los medios específicos para alcanzarlos. 3) Apuntarse es decidirse a dar un paso comprometido, a vivir la generosidad que sabe dar sin reservas no solamente lo que se tiene, sino, fundamentalmente, lo que se es. Merece la pena apuntarse para colaborar en una tarea que es también una responsabilidad eclesial que se vive con espíritu de fe auténtica. Hablar de Manos Unidas significa mencionar proyectos, colaboración, cooperación internacional; pero, sobre todo, es tomar conciencia de la existencia de manos que se unen, corazones que se entrelazan, vínculos de solidaridad. En medio de tanta tristeza y abatimiento, en medio de tanta injusticia, Manos Unidas se hace presente trabajando para engendrar una dinámica de esperanza. Si queremos ser auténticos cristianos, discípulos de Jesús, hemos de compartir su amor por los más desfavorecidos. ¿Te apuntas? Recibid mi cordial saludo y mi bendición. + Monseñor Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y Jaca.

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Diócesis de Jaén

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Manos Unidas y la pobreza

Monseñor Ramón del Hoyo López, Obispo de Jaén

ueridos fieles diocesanos.

1. El próximo día 6 de febrero, viernes, celebraremos el día del ayuno voluntario y, el Domingo día 8, la Jornada anual de Manos Unidas. Esta asociación católica lleva trabajando hace ya cincuenta y seis años para erradicar tres hambres que afligen al mundo: el hambre de pan, de cultura y de Dios. Un compromiso generoso y solidario que, año tras año, llama a nuestra puerta con iniciativas concretas, que se actualizan y renuevan sin cesar. Sus frutos solo Dios los conoce pero a la vista están la financiación de proyectos a favor del desarrollo agrícola, sanitario, educativo, social y de promoción de la mujer, entre otros. Son respuestas que van dirigidas, sobre todo, a eliminar las causas estructurales del hambre, bajo un denominador común inspirado en el Evangelio de las Bienaventuranzas. 2. La campaña de este año lleva como lema: “Luchemos contra la pobreza, ¿te apuntas?”. Frente a la pobreza de tantas personas, cerca y lejos de nosotros, sentimos una especie de necesidad ineludible de mejorar estructuras y condiciones que permitan a todos llevar una vida digna. Pero no hemos de olvidar que el ser humano no es un simple producto de las condiciones materiales y sociales en que se desenvuelve. Necesita más que el pan material. Anhela a Dios en lo más íntimo de su corazón. Ese amor debe envolver nuestra generosidad. En su visión de las Bienaventuranzas el Evangelista san Lucas (cf. Lc 6, 20-26), al proclamar “bienaventurados a los pobres “se refiere, sin duda, a la gente realmente pobre entonces en Israel, donde existía una vergonzosa diferencia entre pobres y ricos. Sin embargo, san Mateo, en su visión asimismo de las Bienaventuranzas (cf. Mt 6, 1-4), añade, que la sola pobreza material, como tal, no garantiza la cercanía de Dios, una vez superada. Un corazón pobre puede estar lleno de afán de riqueza. Lo que la Sagrada Escritura nos enseña, en cualquier caso, es la cercanía especial de Dios al pobre y que, el discípulo de Jesús, debe ver en los bienes materiales un instrumento en sus manos para seguir a su Maestro de modo radical en su generosidad, hasta ver su rostro encarnado en el pobre. 3. En los materiales que Manos Unidas pone en nuestras manos para la presente campaña, nos invita a profundizar en los siguientes contenidos, siguiendo las orientaciones del Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium: Primerear, esto es, salir al encuentro del necesitado y

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excluido; involucrarnos, achicando distancias; acompañar en cualquier proceso de pobreza, por duro y prolongado que sea; fructificar o dar frutos de algo nuevo, aunque sea inacabado, y festejar o alegrarnos por cada paso positivo que demos en este campo. Aún tenemos muy recientes las imágenes de Jesús Niño, en Belén, que vino a nosotros por el camino de la pobreza. Lo que los pastores vieron y encontraron fue al Niño Dios y Hombre recién nacido en un establo y envuelto en pañales en un pesebre. Así quiso nacer, así vivió y así quiso morir. El amor le hizo pobre y su amor nos hace solidarios con todos los pobres. 4. Escuchamos este clamor en muchos lugares de la tierra, con Jesús pobre. Él sufre con los pobres y las familias que no viven conforme a su dignidad. Estas pobrezas ofenden a la justicia y a la igualdad, lo que siempre es una amenaza constante para la convivencia pacífica. Cuando el apóstol san Pablo afirma que Jesucristo nos ha enriquecido con su pobreza (cf. 2Cor 8,9) nos indica que el servicio de los cristianos a la caridad y solidaridad es nuestra respuesta al Cristo encarnado en la humanidad. Desde estas breves líneas invito a todos los fieles diocesanos y a los hombres y mujeres de buena voluntad que conviven con nosotros, a apoyar con nuestro estímulo y generosidad la labor bien coordinada y transparente de Manos Unidas en su lucha contra la pobreza y el hambre en el mundo, en defensa de la dignidad de todos los seres humanos. Mi saludo agradecido en el Señor. + Ramón del Hoyo López Obispo de Jaén

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Diócesis de León

LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA, ¿TE APUNTAS? Ante la Jornada de “Manos Unidas” de 2015

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Monseñor Julián López Martín, Obispo de León.

ueridos diocesanos:

Con este lema la Organización “Manos Unidas” se dispone a sacudir nuestras conciencias y estimular nuestra sensibilidad ante el problema de alcance planetario de la pobreza extrema. Según los expertos en la lucha contra esta realidad, las personas que no disponen más de 1’25 dólares (1’06 euro) al día se definen como extremadamente pobres. En esta situación malviven 1.200 millones de personas en números redondos en todo el mundo. Por eso, cada año, al llegar el mes de febrero y como un aldabonazo que precede al anuncio de la austeridad cuaresmal para los cristianos que quieren seguir al Maestro por caminos de conversión, debemos atender este toque de atención, si bien es cierto que el problema no conoce fechas especiales sino que se extiende a lo largo de los días y de los meses. Y no vale decir que aquí también hay personas y familias que lo están pasando mal, porque la lucha contra la pobreza o la insuficiencia de recursos económicos ha de ser tan amplia y tan constante como lo requiera la necesidad, aquí y fuera de aquí. Y sin dejar de colaborar con las instituciones sociales, sean o no de carácter religioso, que atienden entre nosotros a las víctimas de la crisis económica, no podemos olvidar el escándalo intolerable que supone la situación de los más pobres entre los pobres. “Manos Unidas” nos hace el servicio y el favor de enviar a los lugares más apartados toda ayuda por pequeña que pueda parecer. Pero “Manos Unidas” insiste también, una y otra vez, en afirmar que es posible erradicar esa pobreza extrema en la medida en que las instituciones políticas y económicas traten de crear las condiciones favorables necesarias. Pero esto solo será posible si crece la conciencia social en nuestra sociedad y en nuestras comunidades cristianas, de manera que se presione eficazmente sobre quienes ostentan el poder político y económico para que incluyan también en sus programas y proyectos acciones eficaces contra las causas estructurales de la pobreza extrema: la desigualdad, la falta de salud, de trabajo, de tierra o de vivienda, y la negación de derechos sociales y laborales. El papa Francisco nos está recordando también que es necesario luchar contra la pobreza tanto material como espiritual, desde una visión integral de la pobreza mirando a Jesucristo que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Cor 8, 9). Y como la pobreza afecta también al corazón humano, se nos exige a todos una actitud de cercanía, de despojo y de renuncia para encontrarnos con la persona que sufre o está necesitada. De este modo el cristiano puede reflexionar y afrontar los problemas de la pobreza con espíritu evangélico. Es cierto que con la crisis las necesidades han aumentado notablemente, pero lo mismo ha sucedido con la generosidad de los donantes. Ello debe llevarnos a todos, ante los problemas mencionados antes, a preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo para combatir la pobreza en el mundo, en mi pueblo o ciudad, en mi barrio, quizás en mi propia familia o casa? ¿Cómo combatir o aminorar sus consecuencias?

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Creo que sería conveniente que cada uno reflexione y trate de encontrar la respuesta a esa pregunta. La proximidad de la Cuaresma puede ser una buena ocasión para ello. Acabar con la pobreza es tarea de todos. Seamos generosos. Con mi cordial saludo y bendición: + Julián López Martín, Obispo de León

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Diócesis de Lugo

LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA,¿TE APUNTAS? Ante la LVI campaña de Manos Unidas

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Monseñor Alfonso Carrasco Rouco, Obispo de Lugo.

ueridos hermanos, la campaña de Manos Unidas de 2015 nos invita de nuevo a luchar contra la pobreza. Es una tarea en la que esta asociación se encuentra inmersa desde hace más de 50 años, cuando las mujeres de Acción Católica comenzaron las primeras campañas contra el hambre en el mundo. Desde entonces también la conciencia de este drama creció mucho en el mundo, llegando a instituciones como la ONU e interpelándonos cada día a través de los medios de comunicación. Y, sin embargo, la pobreza permanece en muchos lugares, y una pobreza injusta, mezclada a veces incluso con la violencia, que tiene por expresión paradigmática el hambre -y hoy también el abandono de poblaciones enteras, expulsadas de sus casas y refugiadas o, por ejemplo, marcadas por enfermedades contagiosas que por la miseria se convierten generalmente en mortales. Ante esta situación, Manos Unidas manifiesta a todos que quiere seguir luchando contra la pobreza y nos interpela personalmente. Este deseo de seguir atendiendo a quienes necesitan urgentemente una mano amiga se mantiene vivo contra todas las objeciones y pesimismos, como una esperanza inquebrantable, fundada en una gran certeza: el Señor Jesús nos ha amado con todo su ser, nos ha mirado con afecto inmenso a cada uno y ha vencido a la muerte por nosotros. Afirmando este amor en medio del mundo, afirmando esta victoria, por la que cada uno, en primer lugar los más abandonados de la tierra, tienen la seguridad de un destino bueno para su vida, participamos en la misión del Señor, en su lucha contra el mal, la injusticia y el pecado, la pobreza, la violencia y la muerte. Nuestra propia vida tiene así dignidad y esperanza en este mundo. Agradecemos, por tanto, el testimonio que nos da Manos Unidas, un año más, de modo incansable. Nos ayuda a comprender qué importantes son las personas que cada día y siempre permanezcan en la tarea de la vida, en el ejercicio de una fe y una esperanza que no se dejan abatir por las dificultades, de una caridad que percibe lo que es justo, lo que necesita el prójimo, el necesitado y, en realidad, nuestro mundo. Por eso, la colaboración que se nos pide en esta campaña no es la del apoyo momentáneo, recordando un día del año las urgencias de la pobreza y contribuyendo según las propias posibilidades. En esta ocasión se nos invita personalmente: ¿te apuntas? Pensémoslo seriamente, pues puede ser un modo concreto y fecundo de vivir nuestra fe; no sólo por las iniciativas particulares que se puedan realizar en remedio de la pobreza y la injusticia, sino también por el testimonio que se ofrece así a toda nuestra sociedad.

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Nada vale más que las personas, que se ponen en movimiento siguiendo al Señor. Esto puede hacerse también de esta manera concreta. ¿Por qué no contribuir a mantener viva esta corriente de solidaridad y de caridad, esta conciencia y esta esperanza, tan necesaria hoy en nuestro mundo? Escuchemos, pues, la pregunta de Manos Unidas con apertura de corazón: ¿vienes tú también? Y demos gracias a Dios por la presencia entre nosotros de esta asociación, surgida de la sensibilidad y la conciencia de mujeres de nuestra Iglesia, y que sigue siendo una riqueza espiritual y un testimonio vivo de caridad esperanzada, paciente y trabajadora. + Alfonso Carrasco Rouco Obispo de Lugo

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Diócesis de Madrid

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“Luchamos contra la pobreza, ¿Te apuntas?”

Monseñor Carlos Osoro Sierra, Cardenal-Arzobispo de Madrid.

l Papa Francisco nos ha dicho de una manera muy clara que: ”la solidaridad es un modo de hacer historia”, porque nos empuja a trabajar por el bien común y el bien de los más necesitados, dando valor a sus capacidades, sus deseos y su fuerza para construir un futuro a la medida del ser humano.” “Solidaridad es pensar y actuar en términos de comunidad, de dar la prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos”. Manos Unidas, en la campaña contra el hambre de este año 2015 quiere ayudar a hacer verdad nuestro compromiso por mantener siempre la valentía de buscar las causas de la pobreza y adoptar por nuestra parte todas las medidas que sean necesarias para erradicar el hambre y la pobreza. De ahí el lema que ha propuesto este año Manos Unidas: “Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?” Os invito a todos, cristianos, y hombres y mujeres de buena voluntad, a unirnos a esta lucha que es tan significativa para nosotros. En ella tenemos que estar todos, pues el bien común y el bien de los más necesitados es la manera de construir el futuro con las medidas que tiene que tener todo ser humano. Pero también es cierto, que la solidaridad solamente es posible pensando y actuando en términos de comunidad. Vivamos en, con y por la solidaridad con quienes luchan con las fuerzas que nos regaló como gracia Jesucristo, por erradicar la pobreza. Unirnos en solidaridad a todos aquellos que quieren luchar por erradicar el hambre y la pobreza en el mundo es una necesidad imperiosa. Esta solidaridad, se convierte en un reto. Sí, es un reto, es un camino, es un compromiso que tiene esta traducción: dispuestos a salir de las pobrezas y dispuestos a descubrir el profundo significado que tiene la caridad en un mundo donde, como nos recuerda el Papa Francisco, se ha globalizado la indiferencia. Globalicemos el amor y la solidaridad. ¿Estamos dispuestos a vivir lo que nos propone el lema de este año Manos Unidas?: “Luchamos contra la pobreza”. ¿Te apuntas? Nos remite y nos evoca dos relatos del Evangelio: el de la Samaritana (Jn 4, 1-42) y del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37). Son dos relatos en los que quienes protagonizan los mismos, son dos personas que no tienen nombre. Creo que el Señor desea y quiere que en esos relatos pongamos nuestros nombres, el de cada uno de nosotros, para que observemos nuestros rostros reales en la vida diaria, donde nos encontramos con los hombres y donde están los pobres. Imaginaos que esos dos relatos del Evangelio, son dos iconos que tengo delante de mí para contemplar: dirijamos la mirada a Jesús y dirijamos la mirada a la Samaritana y al Buen Samaritano, pero también al pozo, a las gentes del pueblo de la samaritana y también a quien está tirado en el suelo medio muerto y a quienes pasan a su lado. Ante esos iconos, seguro que nosotros tomamos una decisión clara. En el rostro de esos personajes nos veremos nosotros. Y esa contemplación, seguro que nos llevará a tomar una decisión, la de apuntarnos, pues es cierto que en Manos Unidas, “luchamos contra la pobreza”. Y ello significa que asumimos el compromiso

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de tener y vivir: 1) una pasión absoluta por Cristo, que si es verdadera, nos lleva a vivir una pasión total por los hombres y 2) a vivir en una búsqueda permanente de pozos y caminos. ¿Acaso no son estas situaciones las que nos llevan a nosotros a ser solidarios, a vivir junto a los que padecen toda clase de pobrezas. Hay que vivir la pasión por la humanidad, hay que vivir esta pasión tomando y abrevando la sed de agua, es decir de amor, que tienen todos los hombres? Solamente así, responderemos a la segunda parte del lema de Manos Unidas, ¿Te apuntas? Diré con fuerza, si, me apunto. Los dos textos evangélicos, nos hablan de lo vulnerables que somos los hombres y de la debilidad que padecemos. Pero en ninguno de ellos, esta vulnerabilidad y debilidad, impiden o son obstáculo, para encontrarnos con Jesús y decidirnos a luchar contra la pobreza. Cuando vivimos ignorando al pobre, a quien sufre hambre, a quien está desnudo, a quien vive explotado, a quien experimenta el desprecio, estamos ignorando a Cristo. Por eso para la Iglesia y para el cristiano, el encuentro con el pobre no es solamente una anécdota, pues con nuestra actitud respecto al pobre, estamos definiendo nuestro ser, nuestro presente y nuestro futuro. Nuestra vocación por los pobres nace del Evangelio. El luchar contra la pobreza no es una ideología. Tenemos que animarnos a renovar la misión entre quienes padecen la pobreza. La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios” que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza” (cf. 2 Cor 8, 9). Son innumerables y dramáticas las situaciones de pobreza en el mundo actual. Es necesario esforzarnos por comprender y combatir sus causas estructurales, pero es urgente bajar al corazón mismo del hombre, para luchar contra las raíces profundas del mal que le impiden responder a las necesidades apremiantes que tienen sus semejantes con el espíritu de la caridad de Cristo. En el mensaje de Cuaresma de febrero del año 2014, el Papa Francisco nos hablaba de una serie de pobrezas y miserias. Entre otras, la miseria moral. Y nos decía que esta miseria siempre está unida a una miseria espiritual que tiene su origen en el alejamiento de Dios y en creer que nos bastamos a nosotros mismos. Cierto, marginado Dios de nuestra vida, dejamos de globalizar el amor verdadero, el que viene de Dios. Y esto produce miseria en las relaciones, descontento, marginación, soledad, desesperanza, enfrentamiento, egoísmos. Creemos la mentalidad del nosotros dando prioridad a la vida de todos y devolvamos así lo que le corresponde al pobre, poniendo nuestros bienes al servicio de los demás. Os invito a todos los cristianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a participar en la colecta que Manos Unidas hace en la Campaña contra el hambre, que este año tiene el lema: “Luchemos contra la pobreza. ¿Te apuntas?”. Apuntaos colaborando con lo que podáis cada uno de vosotros, teniendo en vuestro corazón el significado que da el Evangelio al óbolo de la viuda pobre. Con gran afecto, os bendice: + Carlos Osoro Sierra, Cardenal Arzobispo de Madrid

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Diócesis de Mallorca

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Luchamos contra la pobreza

Monseñor Javier Salinas Viñals, Obispo de Mallorca.

n año más, Manos Unidas llama a nuestra puerta para que nos abramos a la realidad de la pobreza, fruto de la injusticia, de tantas personas. La razón de ser de esta ONG Católica es la de ofrecer una respuesta, marcada por carencias fundamentales en el ámbito de la alimentación, la salud y la educación. Una realidad que conocemos a través de los medios, pero que a veces, debido a la sobreabundancia de información genera en nosotros un sentimiento de lo “ya sabido” o de impotencia ante una cuestión que constantemente se repite. Sin embargo es verdad que cuando se actúa, las situaciones se transforman, y esta es la experiencia que ofrece Manos Unidas a través de los múltiples programas que desarrolla. Nuestra Diócesis es rica en esta sensibilidad solidaria con otros países. Son múltiples las iniciativas que se dan entre nosotros y Manos Unidas llama ahora a nuestra puerta porque quiere recordarnos que la respuesta a estas cuestiones depende de nosotros. De ahí el lema con el que reclama nuestra atención: “Luchamos contra la pobreza: ¿te apuntas?” Como cristianos no podemos dejar de ofrecer una respuesta a esta llamada. Tenemos muchos motivos. En realidad, “en la multitud de seres humanos sin pan, sin techo, sin patria, hay que reconocer a Lázaro, el mendigo hambriento de la parábola (Cf. 16, 19-31). En dicha multitud hay que oír a Jesús que dice: ‘Cuanto dejasteis de hacer con uno de estos, también conmigo dejasteis de hacerlo’ (Mt 25, 45)”. Salir de nosotros mismos, ofrecer una respuesta según nuestras posibilidades es una tarea constante en la vida de todo cristiano: “Jesucristo reconocerá a sus elegidos en lo que hayan hecho por los pobres (Cf. Mt 25, 31-36). La buena nueva ‘anunciada a los pobres’ (Mt 11, 5; Lc 4, 18) es el signo de la presencia de Cristo”. + Javier Salinas Viñals, Obispo de Mallorca

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Diócesis de Mondoñedo-Ferrol Erradicar la pobreza extrema y el hambre

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Monseñor Manuel Sánchez Monge, Obispo de Mondoñedo-Ferrol.

ueridos diocesanos:

La campaña de Manos Unidas de este año 2015 se propone hacer un balance del cumplimiento de los Objetivos del Milenio, un compromiso firmado por 189 países en el año 2000. Pretendían terminar con el hambre y las desigualdades. Hoy se puede decir que algo se ha conseguido, pero que todavía falta mucho por hacer. Una cosa hemos de subrayar después de este recorrido: No vale considerar solamente las dimensiones del hambre en el mundo sin ir a sus causas. Necesitamos una economía y una política al servicio de las personas y sus necesidades; un mundo donde se escuche la voz de los más débiles. Manos Unidas, en su campaña contra el hambre en el mundo, sigue en su lucha por la causa. El número de personas que pasan hambre asciende hoy a 805 millones, según la FAO. Manos Unidas necesita la colaboración de todos para seguir luchando contra el hambre, la deficiente nutrición, la miseria, la enfermedad y la falta de instrucción. “El crecimiento en equidad -enseña el papa Francisco- exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo” (EG 204). El lema de este año solicita la implicación de todos: “Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”. Con él se pretende contagiar que es posible un mundo sin hambre e invitar a ser constructores de un desarrollo social y cultural centrado en las personas. ¿Te apuntas? Es una llamada a la solidaridad y al compromiso con los más desfavorecidos. ¿Te apuntas a acercarte a los pobres y a caminar con ellos? Vivimos en un mundo en el que la indiferencia se ha globalizado y, para transformarlo, necesitamos recuperar, desde la justicia y la caridad, el significado más profundo de la solidaridad. Manos Unidas, organización de la Iglesia a favor del Tercer Mundo, lucha para erradicar las tres hambres que le afligen: “Hambre de pan, hambre de cultura y hambre de Dios”. Saben muy bien que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). Ha escrito el papa Francisco que “la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual (…) La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria” (EG 200). Téngamoslo todos muy en cuenta. Animo a las voluntarias de Manos Unidas en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol a que sigan financiando proyectos concretos de desarrollo del Tercer Mundo. Poco a poco esta organización de la Iglesia se está extendiendo por diversos lugares de nuestra diócesis y va encontrando nuevos colaboradores. + Manuel Sánchez Monge, Obispo de Mondoñedo-Ferrol

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Diócesis de Orihuela-Alicante

CON “MANOS UNIDAS”, LUCHEMOS CONTRA LA POBREZA

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Monseñor Jesús Murgui Soriano, Obispo de Orihuela-Alicante.

l cartel anunciador de la Campaña contra el Hambre de “Manos Unidas” del presente año 2015, es francamente elocuente. En su parte superior, no sólo se lee aquello que es el gran objetivo de esta importante organización de la Iglesia: la lucha contra la pobreza; sino también se aprecia gráficamente en la palabra parcialmente borrada, lo mucho que queda por borrar de esta lacra de la humanidad, y lo ya borrado gracias, además de a muchas otras gentes y organizaciones, a la ingente labor de “Manos Unidas”, después de cincuenta años, haciendo realidad para no pocos seres humanos que la pobreza sea parcialmente borrada de sus vidas, y abriendo para ellos nuevas posibilidades a su desarrollo y a su esperanza. En efecto se ha comentado que los inicios de “Manos Unidas” y sus campañas se encuentran en un importante manifiesto que hace sesenta años, en 1955, fue lanzado por las organizaciones femeninas católicas internaciones. Un manifiesto que ante el trágico problema del hambre en el mundo exigía que no se le dieran “soluciones falsas, soluciones ineficaces, soluciones de muerte”. Manifestando “que hay soluciones de vida”. Y promoverlas, hacerlas ver, ponerlas en práctica e implantarlas a lo ancho de la geografía del mundo, castigado por el flagelo del hambre y de la carencia de los recursos más básicos, es aquello que han hecho las distintas campañas de “Manos Unidas” y los proyectos que han financiado, haciendo posible el mandato bíblico de dar de comer al hambriento. Y, así, se ha seguido el lema, que podríamos calificar de fundacional, de la primera campaña española (1959), referida a combatir “el hambre de pan, de cultura y de Dios”. La lucha contra estas tres clases de hambre ha estado constante a lo largo de su ya fecunda historia, promoviendo la liberación de la ignorancia y de las más urgentes necesidades, y sirviendo a un noble esfuerzo por borrar en profundidad la pobreza, las pobrezas, por medio de pasos eficaces de desarrollo integral. “Manos Unidas” ha contribuido a hacer realidad el deseo del recientemente proclamado beato, el Papa Pablo VI, en su importante encíclica “Populorum Progressio”: que sean los mismos pueblos destinatarios de las ayudas los protagonistas del propio desarrollo material, moral y espiritual, con programas y estructuras en las que ellos tengan parte principal e impulso directo. Así lo ha intentado siempre nuestra Organización No Gubernamental católica, en numerosos proyectos contra la pobreza, marcados por el desarrollo integral. En tiempos de crisis, y de tantos replanteamientos también a escala mundial, acojamos la invitación personal y comprometedora que nos hace “Manos Unidas” desde el cartel del presente año: “¿te apuntas?”; para seguir luchando, borrando la pobreza de la faz de la tierra. Un compromiso, que como bien nos recuerda constantemente el Papa Francisco, es parte integrante de nuestra tarea como cristianos de sembrar la luz del Evangelio.

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Con mi llamamiento a colaborar, y mi gratitud al voluntariado de “Manos Unidas”, recibid todos mi bendición y mi afecto. + Jesús Murgui Soriano, Obispo de Orihuela-Alicante

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Diócesis de Osma-Soria

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MANOS UNIDAS 2015

Monseñor Gerardo Melgar Viciosa, Obispo de Osma-Soria.

ueridos diocesanos:

Manos unidas en su campaña anual contra el hambre en el mundo, este año nos interpela una vez más y nos hace una invitación clara a luchar contra la pobreza en el mundo, con el lema de la campaña de la Jornada contra el hambre 2015, “Luchamos contra la pobreza ¿te apuntas?” Cuando pensamos en los pobres y la pobreza todos nos vamos enseguida a pensar en los pobres como quienes carecen de los medios materiales imprescindibles para poder llevar una vida digna. Se trata de la miseria material. Es verdad, que también a estos pobres se refiere el lema de la campaña; pero hace referencia también a otras clases de miseria que no tenemos que olvidar y a las que se nos invita a luchar contra ellas. El Papa Francisco en el mensaje de cuaresma de este año 2014, hablaba de estas otras miserias: la miseria moral: que lleva a las personas a caer en determinadas esclavitudes que acaban por hacer perder la esperanza y el sentido de la vida. La miseria espiritual que se produce cuando nos alejamos de Dios y nos consideramos autosuficientes. La miseria en las relaciones, por la carencia de sólidos fundamentos familiares y comunitarios, que dan como frutos más inmediatos la soledad y la marginación. Todo este tipo de miserias son realidad en nuestro mundo actual y todas ellas deben ser objeto de nuestro esfuerzo y de nuestro compromiso para su erradicación, hacia ellos va dirigida la invitación que nos hace Manos Unidas a apuntarnos para luchar contra todas porque todos ellos son los últimos y los excluidos de nuestra sociedad moderna. Hacia estos excluidos debemos dirigir nuestra atención y compromiso y en ellos centrar especialmente nuestra mirada: ✓ En los que están solos: niños de la calle, los sin techo, los refugiados los pueblos indígenas, las viudas, los emigrantes y los enfermos. ✓ En los que son víctimas de la “trata de personas” que se da con tanta frecuencia en nuestras ciudades de nuestro “mundo desarrollado”. ✓ En las mujeres que sufren situaciones de maltrato, exclusión y violencia. ✓ En las víctimas de la guerra o de persecuciones raciales, culturales y religiosas que han aparecido con tanta fuerza en los últimos tiempos. Nuestros esfuerzos se deben orientar a encontrar la manera de que en el mundo cesen, dejen de existir las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y abusos, que en tantos casos son el origen de la miseria humana del hambre y de todas las demás.

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En esta tarea no sirven solo los mensajes, es necesario que los mensajes vayan acompañados por sencillos gestos que los confirmen, porque solo desde el gesto, desde el testimonio, el hombre actual es capaz de que dicho mensaje le haga latir fuertemente su corazón. Es tarea de todos cuantos queremos luchar contra las miserias humanas; pero es especialmente tarea de los cristianos seguir proponiendo el amor a los demás , traducido en solidaridad, no solo diciéndolo, sino sobre todo viviendo ese amor y esa solidaridad. El Papa Francisco cuando habla de la necesidad de solidaridad en el mundo actual, explica lo que significa esta palabra, que siendo tan importante, a veces por utilizarla mucho, ha perdido parte del contenido. Solidaridad es un compromiso de “atención amante”, que nos lleve a preocuparnos por los pobres y a buscar su propio bien. Es crear una nueva mentalidad que nos lleve a pensar en “un nosotros”, que nos haga dar prioridad a la vida de todos y no solo de unos pocos que se apropian de todos los medios. Es no solo un afecto por los problemas del otro, sino una decisión de devolver al pobre lo que en justicia le pertenece, porque la desigualdad de que unos pocos poseamos todo y otros no tengan lo más necesario para vivir, ha sido fruto de la injusticia en virtud de la cual nos hemos apropiado de lo que les pertenece. Todo esto debe llevarnos al compromiso de renunciar a algunos de nuestros derechos para poner nuestros bienes al servicio de los demás. Hacia ahí debemos orientar nuestras nuevas estrategias que sean capaces de despertar esta conciencia y canalizar el deseo que todos tenemos de construir un mundo más justo y en paz. Toda esta realidad es una llamada especial para los cristianos a lo que nos pide el papa en la “Evangelii Gaudium”: Que salgamos a dar respuesta a los que se encuentran en las periferias existenciales. Para ello se nos piden dos actitudes importantes como creyentes: a.- La conversión en relación a los pobres: Preocupándonos por ellos; siendo sensibles a sus necesidades materiales, morales y espirituales; aprendiendo a estar con los pobres, mirándoles a los ojos, y escuchándoles, porque ellos son para nosotros la ocasión concreta de encontrar al mismo Cristo, de tocar su carne que sufre, porque Él se identifica con cada uno de ellos, y los que hagamos con cada uno de ellos es con Cristo con quien lo hacemos( Cfr. Mt 25, 40) b.- Una segunda actitud es tomar conciencia de que Cristo nos dice a todos y especialmente a sus seguidores, como un día dijo a sus discípulos: “dadles vosotros de comer” (Lc. 9,12). Esto implica tanto saber comprometernos en la lucha contra las causas estructurales de la pobreza y la promoción integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las distintas miserias muy concretas que encontramos en nuestro entorno social en el que nos movemos. Ojala, todos y cada uno de nosotros como seguidores de Cristo nos sintamos llamados a esta conversión que la necesitamos y este poner en marcha todos los mecanismos sociales y de cada día, para que la miseria no siga existiendo en el mundo, sino que todos los pobres tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno, ni de un decoroso sustento, ni de educación, ni de salud ni de trabajo.

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+ Gerardo Melgar Viciosa, Obispo de Osma-Soria


Diócesis de Ourense

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¿Te apuntas a luchar contra la pobreza?

Monseñor J. Leonardo Lemos Montanet, Obispo de Ourense.

ño tras año, desde 1959, las mujeres de la Acción Católica en España constituyeron lo que hoy es una hermosa y fecunda realidad: Manos Unidas.

En el ámbito social, no solo religioso, estas dos palabras simbolizan un proyecto que cautiva a muchos. Mis manos, pobres, pequeñas y frágiles, unidas a las tuyas, y a otras muchas más, pueden construir una cadena solidaria contra las pobrezas de nuestro mundo. Todos somos conscientes de que estas manos unidas a otras son como nuestros pocos, que, unidos a otros muchos pocos, se convierten en una hermosa realidad de amor. Manos Unidas es una expresión plástica de un corazón abierto. Solo aquellos que son capaces de salir del horizonte de sus fronteras, que les pueden clausurar en su egoísmo y enfermarles hasta morir a causa de un individualismo insatisfecho, solo ellos son capaces de abrirse a los otros y descubrir esa realidad que le interpela: la de tantas pobrezas.

Manos Unidas nos sacude la conciencia aburguesada, por lo menos una vez al año, y nos presenta la Campaña contra el hambre. Tras esa palabra, hambre, tanto nosotros como nuestros contemporáneos, descubren una serie de carencias inmediatas que, en muchas ocasiones, se procuran aquietar de forma inmediata: dar de comer a quien tiene hambre. Sin embargo, tras esa palabra, se esconde una realidad muy compleja que sintetizamos con esta otra: pobreza. Este año el lema de la campaña reza así: Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas? La pobreza para los que tenemos fe se ha convertido en una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica (cf. FRANCISCO, Evangelii gaudium, nº198) que debe ocupar la primacía en el ejercicio de la caridad cristiana. Una caridad de cuyo ejercicio cotidiano no se puede dispensar ningún discípulo de Jesucristo, ya que el ejercicio de la caridad se convirtió en uno de los elementos esenciales del cristianismo, desde el primer momento de su existencia, junto con el anuncio de la Palabra y la celebración de la Eucaristía. Ella ha sido y sigue siendo una característica determinante de toda comunidad cristiana auténtica. Los últimos papas nos han enseñado cuál era el auténtico camino de los creyentes y de tantos hombres y mujeres de buena voluntad, y en el momento presente es Francisco el que nos está marcando la pauta: una Iglesia pobre para los pobres. Solo si entendemos bien lo que se nos quiere decir con esta frase breve y clara, pero muy comprometida, sabremos descubrir el rostro de las auténticas pobrezas que nos interpelan con fuerza para no estar sosegadamente tranquilos mientras otros sufren y mueren, mientras que nosotros podemos justificarnos y apoyarnos en las manos de los otros para remediar tantos males. ¡No basta! Manos Unidas nos invita no solo a descubrir la cara de las muchas pobrezas, sino que nos reta a apuntarnos a la lucha.

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Apuntarnos a la lucha contra la pobreza no es solo dar un donativo, casi siempre esa calderilla que molesta en el bolsillo y no sirve para comprar casi nada. Apuntarnos a esa lucha supone más que un simple activismo ocasional o una colaboración con un programa de forma puntual, aunque todo esto sea bueno, no es suficiente. La verdadera lucha contra la pobreza comienza por nuestro corazón; es decir, necesitamos curar nuestro yo de sus individualidades y genialidades con el fin de poder prestar atención al otro. Esta atención al otro, como una persona concreta, como otro yo similar al mío, es la clave para descubrir esas lacerantes e insidiosas pobrezas que azotan el corazón de los hermanos de cerca y de lejos. De ahí que esta apertura afectiva al otro, al necesitado, es el comienzo del camino de toda auténtica lucha contra las hambres que atenazan la existencia de muchos de nuestros contemporáneos. Solo si actuamos así responderemos con autenticidad a la invitación que hoy nos hace Manos Unidas y no nos quedaremos en simples acciones, hermosas acciones, pero que son realidades externas que, la mayor parte de las veces, las realizan otras manos y, las nuestras, para no ser menos, puede ser que también se unan a esas manos, pero no de forma radical, sino tan solo ocasionalmente. Ese estilo de lucha es una realidad epidérmica que no entra en el corazón del ser humano sino que se queda en la epidermis de la existencia. Esa lucha es pura apariencia. La opción preferencial por los pobres, una categoría teológica que ha sido proclamada por san Juan Pablo II en su visita a Latinoamérica, supone una empatía general de toda nuestra existencia. Solo así estaremos dispuestos a trabajar contra las hambres que azotan a nuestros hermanos. De lo contrario, nos podemos quedar en programas, acciones, compromisos puntuales, pero no seremos capaces de apuntarnos radicalmente en esa lucha diaria contra tantas pobrezas que se encuentran en nosotros, en nuestro entorno, en los demás, y se despliegan por todo nuestro mundo como esas ondas que, si no las cortamos a tiempo, se expanden por todos los lugares de la tierra. La invitación que este año nos hace Manos Unidas nos brinda la oportunidad de luchar contra toda pobreza que no pueda ser ahogada por ese mar de palabras y de mensajes que, en una sociedad tan superficial como la nuestra, puede apagar hasta los mejores proyectos que se nos ofrecen. Luchemos contra este tipo de mundanidad y así podremos ir a la raíz de toda pobreza que se encuentra en el corazón humano. + J. Leonardo Lemos Montanet, Obispo de Ourense

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Diócesis de Oviedo Nos apuntamos a luchar contra la pobreza

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Monseñor Jesús Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo

l lema de este año en la campaña de Manos Unidas reza así: “Luchamos contra la pobreza, ¿Te apuntas?”. No es un lema que dura un día, sino un programa que compromete todo el año, toda una vida. En ello nos va nuestra credibilidad cristiana ante otros y el compromiso con nuestro bautismo en la Iglesia. Sería dejación irresponsable pensar que estos enormes problemas que afectan a millones de personas que a diario sufren la pobreza con sus hambres, penurias, soledades y violencias, sólo se les plantean a los políticos para que se luzcan en periodos preelectorales. O a los economistas tertulianos para que nos aventuren sus soluciones. O a los pícaros de revoluciones de moqueta para que monten empresas y chiringuitos presuntamente solidarios para obtener la mamandurria de las subvenciones que jamás llegarán a los verdaderamente pobres.

El Papa Francisco en su discurso ante los directivos de la FAO (2013) les recordaba que «la producción actual es suficiente y, sin embargo, hay millones de personas que sufren y mueren de hambre: esto, queridos amigos, constituye un verdadero escándalo. Es necesario, pues, encontrar la manera de que todos puedan beneficiarse de los frutos de la tierra, no sólo para evitar que aumente la diferencia entre los que más tienen y los que tienen que conformarse con las migajas, sino también, y sobre todo, por una exigencia de justicia, equidad y respeto a todo ser humano… (pues) toda auténtica reforma consiste en tomar mayor conciencia de la responsabilidad de cada uno, reconociendo que el propio destino está ligado al de los otros. Los hombres no son islas, somos comunidad». Estamos llamados a colaborar todos, como ya hay de hecho tanta gente que desde diversas perspectivas creyentes y no creyentes, están arrimando el hombro sinceramente para paliar la situación de las personas más desfavorecidas, para encontrar vías de solución y desarrollo de las incipientes. Es un compromiso que nosotros como cristianos tenemos para poner en el centro la dignidad de cada persona y su valor transcendente como hijos de Dios. Desde esta visión del hombre y del mundo que nos aporta el evangelio y la larga tradición cristiana, podemos llamar con respeto a la sociedad para colaborar en la tarea de cambiar el mundo sin que esto suene a brindis al sol o a una caduca quimera. El Papa Francisco recordaba precisamente que hay que crear una trama o una red en donde los políticos, los financieros, y la entera sociedad, podamos colaborar en la realización de erradicar la pobreza. Dice Francisco que «el crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. Estoy lejos de proponer un

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populismo irresponsable… La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común… ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas… ¿Y por qué no acudir a Dios para que inspire sus planes? (EG 204-205). Nosotros nos apuntamos a luchar contra la pobreza, todos los días. Las manos unidas se hacen así gesto solidario cotidiano que amasan el mundo que Dios quiso y que sigue soñando.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm Arzobispo de Oviedo

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Diócesis de Palencia LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA

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Monseñor Esteban Escudero Torres, Obispo de Palencia.

anos Unidas es la Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países en vías de desarrollo. Es una ONG de voluntarios, católica y seglar. Nació en 1959 con la denominación de Campaña contra el Hambre y, a partir de entonces, todos los años promueve una nueva campaña en favor de los más pobres y necesitados del mundo entero. El lema de la campaña para este año 2015 es “Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?” y es la que hace el número 56 desde su fundación. La primera frase del lema, “La lucha contra la pobreza” es una invitación a desterrar el hambre del mundo y a ser constructores de un desarrollo social y cultural que tenga como centro a las personas. La segunda parte del lema, “Te apuntas”, es la propuesta a todas las personas de buena voluntad, especialmente a los cristianos, a participar en esta misión. Cualquiera puede contribuir con esta causa haciendo donaciones, dándose de alta como socio, siguiéndola en las redes sociales o participando en sus actividades de sensibilización. El viernes 6 de Febrero se celebrará el “Día del Ayuno Voluntario” y el domingo siguiente, 8 de Febrero, será la “Jornada Nacional de Manos Unidas”.

La preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad brota de la fe en Cristo que se hizo pobre y que estuvo siempre cercano a los pobres y excluidos. Movidos por esta fe, los voluntarios de Manos Unidas perseveran año tras año en la tarea de luchar por unas condiciones de vida dignas para muchas de las personas que viven en la tierra, trabajando por un mundo mejor. Por eso, Manos Unidas quiere reforzar su presencia en las parroquias, lugar donde los discípulos de Cristo van conociendo el Evangelio, celebrando la alegría de ser hijos de Dios, Padre de todos, y van creciendo en su compromiso por difundir el mensaje del Señor a todos los hombres y comenzando a construir su reinado en el mundo. Pero, además del esfuerzo y la ayuda de las personas particulares, Manos Unidas es consciente de que la comunidad política tiene una grave responsabilidad en la lucha contra la pobreza. El destino de los pobres se decide en este ámbito, y dado que vivimos en un mundo interdependiente, deben desarrollarse políticas solidarias entre los países y denunciar a quienes lo impiden. Por ello, a partir de este mismo año, Manos Unidas, incorpora a su trabajo los nuevos objetivos que la ONU ha propuesto, los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que tendrán en cuenta los si-guientes factores: conflictos y fragilidad, educación, sostenibilidad ambiental, crecimiento y em-pleo, salud, hambre, nutrición y seguridad alimentaria, desigualdades y energía y agua. De esta manera, Manos Unidas se hace eco del mensaje del Papa Francisco al Director de la Agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), el pasado 16 de Octubre, cuando clamaba: “¿Hasta cuándo se seguirán defendiendo sistemas de producción y de consumo que excluyen a la

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mayor parte de la población mundial, incluso de las migajas que caen de las mesas de los ricos? Ha llegado el momento de pensar y decidir a partir de cada persona y comunidad, y no desde la situación de los mercados. En consecuencia, debería cambiar también el modo de entender el trabajo, los objetivos y la actividad económica, la producción alimentaria y la protección del ambiente. Quizás ésta es la única posibilidad de construir un auténtico futuro de paz, que hoy se ve amenazado también por la inseguridad alimentaria”. “Este enfoque- seguía diciendo el Papa- que deja ver una nueva idea de cooperación, debería interesar e implicar a los Estados, a las instituciones y a las organizaciones de la sociedad civil, así como a las comunidades de creyentes que, con múltiples iniciativas, viven a menudo con los últimos y comparten las mismas situaciones y privaciones, frustraciones y esperanzas”. Y terminaba diciendo: “Por su parte, la Iglesia católica, a la vez que continúa su actividad caritativa en los diversos continentes, está dispuesta a ofrecer, iluminar y acompañar tanto la elaboración de políticas como su actuación concreta, consciente de que la fe se hace visible poniendo en práctica el proyecto de Dios para la familia humana y para el mundo, mediante una profunda y real fraternidad, que no es exclusiva de los cristianos, sino que incluye a todos los pueblos”. Queriendo contribuir a alcanzar estos objetivos, Manos Unidas lanza este año su campaña: “Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?”. Un lema que nos debería animar a todos a colaborar decididamente con esta actividad de la Iglesia. + Monseñor Esteban Escudero Torres, Obispo de Palencia.

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Diócesis de Pamplona y Tudela LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA, ¿TE APUNTAS?

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Monseñor Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela.

ste año 2015 termina el plazo fijado por la ONU para la consecución de los objetivos del Desarrollo del Milenio. Es un buen momento para revisar los logros alcanzados y los aspectos en los que debemos mejorar para luchar contra la erradicación de la pobreza. Porque, a pesar de las denuncias y los trabajos por acabar con el hambre, persisten los excesos de una economía deshumanizadora, centrada en el beneficio económico; una economía, en definitiva, de exclusión y de iniquidad, tal y como nos lo recuerda el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium”. El lema elegido por Manos Unidas para la Campaña de este año “Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?” es una invitación a ser constructores del desarrollo social y cultural, centrado en las personas. La denuncia de las causas de la pobreza solo será eficaz si ponemos en marcha acciones concretas de solidaridad para acabar con ella. Y estas acciones deben nacer de la transformación de las relaciones entre hombres y pueblos, tendiendo hacia una verdadera solidaridad ético-social. Solo así podremos dar respuestas adecuadas en un mundo en el que la indiferencia se ha globalizado. Porque la solidaridad, que es la caridad auténtica, es más que un acto de generosidad; supone crear una nueva mentalidad que piense en los demás, dando prioridad a la vida de todos sobre la apropiación de los bienes comunes por parte de unos pocos. Cuando hablamos de pobreza, nos referimos, en primer lugar, a la carencia de derechos y bienes imprescindibles para la vida, tales como la comida, el agua, las condiciones higiénicas y sanitarias, el trabajo, la vivienda… en definitiva, las diferentes posibilidades de desarrollo personal y cultural. Como afirma el papa Francisco, este tipo de miseria está siempre unida a una miseria espiritual que se origina cuando nos alejamos de Dios y creemos que somos autosuficientes.Pero no podemos olvidar, como recordó San Juan Pablo II al comienzo del nuevo milenio, que el término pobreza se refiere también a otras miserias. También el papa Francisco, en su Mensaje de Cuaresma del año 2014, hizo referencia a estas miserias: la miseria moral, que hace caer a las personas en esclavitudes que terminan con el sentido de su vida y aniquilan la esperanza; esclavitudes, muchas veces, originadas por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y a la salud, a los derechos a la vida, de la persona humana, en sus distintas etapas… Como afirma el papa Francisco, este tipo de miseria está siempre unida a una miseria espiritual que se origina cuando nos alejamos de Dios y creemos que somos autosuficientes. También la miseria en las relaciones humanas, debido a la carencia de sólidos vínculos familiares y comunitarios, provoca nuevas formas de descontento, marginación y soledad.

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Este empobrecimiento de relaciones interpersonales y comunitarias, característico del individualismo postmoderno y globalizado, junto con el alejamiento del hombre respecto a Dios y la búsqueda insaciable de bienes materiales, ha llevado a muchos a buscar el bienestar, la felicidad y la seguridad en el consumo y la ganancia más allá de la lógica de una economía sana generando, de este modo, una dinámica que abandona y margina a los más necesitados y originando así una sociedad cada vez más inhumana. El modelo social vigente excluye a los más débiles; vivimos en una cultura del bienestar que nos narcotiza y paraliza. Os invito, pues, a romper esta dinámica poniendo a los más necesitados en la primera línea de nuestros intereses y a proponer estilos de vida que cambien ese modelo que genera la exclusión de los empobrecidos. Desde sus orígenes, Manos Unidas se ha comprometido, desde la fe en Cristo Resucitado, a trabajar por un mundo nuevo. Os invito a luchar contra el individualismo y el subjetivismo que nos aleja progresivamente del proyecto de un mundo más justo y solidario. La fe en Dios, Creador y Padre de todos, nos exige vivir la responsabilidad de unos para con otros, como hijos de un mismo Padre y miembros de la única familia humana. Por eso, es importante comprender que no habrá mundo nuevo sin hombre nuevo, ni proyecto común sin sentido de la fraternidad. Agradezco, de todo corazón, el trabajo de Manos Unidas y os animo a participar generosamente en la “Campaña contra el Hambre”; pero esta campaña nos invita, también, a cambiar la mentalidad. Nos ayuda y mentaliza para que miremos y vivamos desde la esperanza de que es posible una novedad real en nuestro mundo que devuelva la dignidad a todo ser humano. Así se lo pedimos a Santa María Madre de todo el género humano que, con su disposición ante Dios, hizo posible que todos fuéramos más dignificados en su Hijo Jesucristo. + Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

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Diócesis de Plasencia

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“Yo me apunto. Apúntate tú también”

Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, Obispo de Plasencia.

ueridos diocesanos:

Un año más os escribo una carta de apoyo, pero que también supone mi compromiso personal, con motivo de la campaña contra el hambre. Se aproximan los días en los que, desde Manos Unidas, se nos llamará la atención a todos para que tomemos una vez más conciencia de las pobrezas de nuestro mundo. Eso significa que también se nos dice que, en la medida de nuestras posibilidades, apoyemos los proyectos de desarrollo que esta institución asume en las zonas más pobres del mundo. En esta ocasión, la invitación a colaborar se nos hace con la presentación de lo que los hombres y mujeres que animan en España Manos Unidas hacen: LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA. Gracias a ellos somos muchos en toda España los que nos podemos sentir incluidos y, por tanto, podemos decir lo mismo. Pero la solidaridad tiene que aumentar; tiene que crecer el número de los que se unen, en esa primera persona a lo que ya hacen tantos. Por eso, a esa rotunda afirmación de muchos luchadores, le sigue una pregunta, que también es una invitación al compromiso: ¿te apuntas? Si esta pregunta llega a muchos y logra que muchos digan “nosotros también queremos luchar contra la pobreza”, no solamente podrá sobrevenir una ola de solidaridad, también será posible la solución de algunos problemas, algunas situaciones a las que aún no se puede llegar. No nos olvidemos de que la solución definitiva llegará cuando todos conjuguemos el verbo “luchar” en primera persona del plural. Mientras tanto, aquí estamos nosotros, los ciudadanos y, entre ellos, de un modo muy especial los católicos de la Diócesis de Plasencia. Pero que nadie se sienta excluido en razón de su fe religiosa. No obstante, me permito recodaros a los católicos placentinos que nosotros tenemos un punto de partida para el compromiso en esta lucha: siempre partimos del corazón de Jesucristo. De su amor hacia nosotros procede el amor con que nos acercamos a las pobrezas del prójimo. Jesús nos “primerea” en el amor, como dice Francisco, y atraídos por su corazón, nos invita a andar por la vida llevando amor hacia los que son sus preferidos, a aquellos con los que él se identifica. Con esta reflexión quiero invitaros a todos a dejaros llevar por la iniciativa de los que nos invitan cada año -cada día del año- a pensar en los pobres del mundo y, sobre todo, a preguntarnos qué podemos hacer por ellos. Vivimos en unos tiempos en los que nos toca, por desgracia, estar pendientes de nuestros problemas, que quizás sean muchos. Ahora toca poner lo mejor de nosotros mismos y pensar en los que están peor que nosotros. Y si por si acaso estuviéramos nosotros como ellos o en una pobreza aún más severa, toca ser solidarios de un modo heroico: compartir nuestra pobreza con los pobres.

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Os animo a no dejar de participar en la Campaña contra el hambre. Os recuerdo que hay dos momentos en estos días de solidaridad; el viernes 6 de febrero será el día del ayuno voluntario; el domingo 8 de febrero será la Jornada de Manos Unidas. Colaborad con generosidad. Estamos, como sabéis, en Año de Misión. Pues bien hagamos misión: mostremos con nuestra generosidad el corazón de Jesucristo pobre, hermano de los pobres. Con mi afecto y bendición. + Amadeo Rodríguez Magro, Obispo de Plasencia

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Diócesis de Sant Feliu de Llobregat Manos Unidas contra la inhumanidad

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Monseñor Agustí Cortés Soriano, Obispo de Sant Feliu de Llobregat

esulta providencial volver un año y otro a celebrar la Campaña Contra el Hambre promovida por la organización católica Manos Unidas. Es algo ya tradicional y “instituido”. Un ejemplo de que la institución tantas veces nos salva de la inconsistencia de nuestros entusiasmos y de olvidos interesados, cuando toca hacer algo que nos cuesta. Seguimos además sometidos a la tentación de que el sufrimiento vivido cerca con la crisis económica nos impida atender a quienes sufren mucho más que nosotros, aunque físicamente estén lejos.

Por otra parte, hemos recibido de la Secretaría de Estado del Vaticano una carta invitándonos a celebrar tal día como hoy la “Jornada mundial de oración, reflexión y acción contra la trata de seres humanos”, una iniciativa nacida en el marco del Año de la Vida Consagrada. Somos llamados a colaborar en la sensibilización social y eclesial sobre este fenómeno trágico que afecta, también hoy, a numerosos grupos de personas sometidas y vejadas en su dignidad.

Aprovechemos la oportunidad que nos brinda el hecho de haberse elegido la memoria de Santa Josefina Bakhita para celebrar esta Jornada. El Papa Benedicto XVI puso como testimonio de esperanza cristiana a esta gran santa, prototipo de víctima de la esclavitud y del maltrato (encíclica “Salvados en esperanza” n. 3). Secuestrada a los nueve años, cinco veces fue vendida como esclava, con maltratos y vejaciones constantes (144 cicatrices por todo su cuerpo que le quedaron de por vida), hasta que pasó a manos de su último “amo”, el cónsul italiano Calixto Legnani, en cuya familia fue tratada por primera vez como ser humano y conoció el que, según ella, había llevado siempre en el corazón: el Dios Padre de Jesucristo. Tras su conversión e iniciación cristiana entra en la Congregación de las Hermanas Canosianas de Venecia. Entre trabajos para los pobres y conferencias desarrolló su servicio, no a un amo que esclaviza, sino a un Padre, de cuyo amor concreto e incondicional no podía dudar, pues había compartido todo sufrimiento humano en su Hijo. Fue canonizada por san Juan Pablo II el año 2000. Hoy, por tanto, hemos de recordar que el hambre, la pobreza y la inhumanidad, por un lado, no están tan lejos; por otro, que aunque los veamos lejos físicamente, las hemos de acercar, hasta sentirlas como propias. Nos damos cuenta de que la mayoría de los pobres, no sólo sufren la pobreza, sino que además son víctimas. La historia de Josefina Bakhita nos puede conmover. Pero víctimas como ella ha habido y puede haber millones. ¿Cómo, por qué nos han de afectar? Más que tener noticia concreta de cada historia de sufrimiento inhumano, toda esta humanidad sufriente nos llega a través de la mirada que nos presta Jesucristo, cuando creemos en él. Esa mirada despierta la conciencia, el amor concreto, la palabra que denuncia, la acción que intenta apaciguar el dolor de las víctimas.

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La organización Manos Unidas, junto a tantas iniciativas que surgen en la Iglesia y, concretamente, en el seno de la Vida Consagrada, mantiene despierta la voz y encendida la llama del amor comprometido hacia el pobre – víctima. “Reflexión, oración, acción concreta” son tres momentos indispensables. Pero forman parte de un único movimiento: la salida de sí mismo, del propio bienestar, hacia el otro que sufre. Como hizo el Señor, cuando vio tantas criaturas suyas que morían de hambre y maltrato, porque nadie les daba pan ni les devolvía su dignidad. + Agustí Cortés Soriano, Obispo de Sant Feliu de Llobregat

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Diócesis de Santiago de Compostela

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“Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”

Monseñor Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela.

ueridos diocesanos:

El término pobreza nos evoca la situación en la que las personas carecen materialmente de derechos y bienes imprescindibles para poder vivir dignamente. También hemos de referirnos a la pobreza moral, espiritual y relacional que está generando una sociedad deshumanizada y excluyente. Las personas que padecen esas circunstancias, podríamos ser cada uno de nosotros, y pedirían os que se actuara en solidaridad, justicia y paz. Nadie ni ninguna institución pueden sentirse al margen de esta lucha contra la pobreza. El desarrollo integral de los más abandonados ha de ser una preocupación de toda la sociedad. Como acaba de decir el Papa, “una sociedad que no se preocupa de los pobres, es una sociedad enferma”. Es necesario escuchar el clamor del pobre y socorrerlo. “No hablamos sólo de asegurar a todos la comida o un decoroso sustento, sino de que tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno. Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo, porque en el trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida. El salario justo permite el acceso adecuado a los demás bienes que están destinados al uso común” (1) El hambre y la desnutrición matan y esto es siempre un escándalo y si cabe, más en el siglo XXI. El mensaje del papa Francisco a la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura en el 2013 con ocasión de la Jornada mundial de la Alimentación es clarividente. Señala que “el desperdicio de alimentos no es sino uno de los frutos de la cultura del descarte que a menudo lleva a sacrificar hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo; un triste signo de la globalización de la indiferencia, que nos va acostumbrando lentamente al sufrimiento de los otros, como si fuera algo normal”. Sigue manifestando que “educar en la solidaridad significa entonces educarnos en la humanidad: edificar una sociedad que sea verdaderamente humana significa poner siempre en el centro a la persona y su dignidad, y nunca malvenderla a la lógica de la ganancia”. Es necesario afirmar una cultura del encuentro y de la solidaridad para no resignarnos a la situación del hambre en el mundo. Hoy tenemos que seguir hablando de muchas personas que pasan hambre o no están bien alimentadas, entre las que cabe destacar un grupo muy numeroso de niños. Esto contrasta fehacientemente con una sociedad caracterizada por el progreso y hiere nuestra conciencia personal y social que hace que nos preguntemos qué es lo que estamos haciendo mal para que el hambre siga siendo una realidad lacerante. (1) “Francisco, “Evangelii Gaudium”, 192

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Seguro que la respuesta es nuestro individualismo y nuestra falta de solidaridad. El Papa nos indica que es necesario “educarnos en la solidaridad, redescubrir el valor y el significado de esta palabra tan incómoda, y muy frecuentemente dejada de lado, y hacer que se convierta en actitud de fondo en las decisiones en el plano político, económico y financiero, en las relaciones entre las personas, entre los pueblos y entre las naciones”. Las lámparas de la fe, la esperanza y la caridad han de estar encendidas porque es tarea del cristiano “tener abierto el corazón al bien, a la belleza y a la verdad; tiempo de vivir de acuerdo a Dios, porque no sabemos ni el día ni la hora del regreso de Cristo”, sabiendo que “la vida de los cristianos dormidos es una vida triste, no es una vida feliz”. Jesús nos dijo que en el juicio final, serán benditos “los que han actuado de acuerdo a la voluntad de Dios, socorriendo a quien estaba hambriento y sediento, al extranjero, al desnudo, al enfermo, a quien estaba en prisión”. Éste es el compromiso que hemos de asumir en nuestro peregrinar hacia Dios, siendo conscientes de que antes de mejorar algo en el mundo, hay mucho que mejorar dentro de nosotros mismos. Para Manos Unidas, “es inexcusable y urgente que organizaciones sociales y ciudadanos nos comprometamos solidariamente en la lucha para que prevalezca el derecho a la alimentación en las políticas agrícolas y comerciales, y para que las prácticas productivas sostenibles nos permitan dejar a las generaciones futuras una tierra habitable”. Es necesario defender posiciones en esa línea o aproximarse cada vez más a ellas. Os saluda con afecto y bendice en el Señor, + Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela.

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Diócesis de Segorbe-Castellón

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Manos Unidas en la lucha contra la pobreza

Monseñor Casimiro López Llorente, Obispo de Segorbe-Castellón.

ueridos diocesanos:

Manos Unidas ha elegido para este año el lema “Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?”. Esta campaña recoge el trabajo de los últimos ocho años, en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y trata de abrir nuevos caminos en la lucha contra la pobreza invitándonos a todos a participar con generosidad. Podemos decir que esta Asociación de la Iglesia Católica, desde su inicio en 1959, viene luchando contra la pobreza en el mundo en sus más distintas manifestaciones: pobreza de pan, de cultura y educación, de sanidad, de igualdad de oportunidades para el hombre y para la mujer, de verdadera relaciones humanas y de Dios. Manos Unidas ha escrito ya una rica historia de solidaridad y caridad cristianas con los hambrientos y empobrecidos de la tierra. Durante todo el año, pero sobre todo en la campaña anual, Manos Unidas no cesa de denunciar el drama humano de los más pobres y de los excluidos, de tocar nuestras conciencias ante el escándalo de los pobres en el mundo, de mostrar las viejas y nuevas pobrezas e indicar sus causas y de reunir recursos para mover a la acción en proyectos específicos. No cabe duda que Manos Unidas ha sido pionera entre nosotros en la lucha contra el hambre y en favor del desarrollo de los más necesitados así como en la sensibilización de nuestra sociedad del bienestar material. Nos recuerda una y otra vez que la lucha contra la pobreza va unida al desarrollo de las personas y de los pueblos; ambos son, en efecto, inseparables y se condicionan mutuamente. No se puede hablar de justicia y paz mientras haya en el mundo tantas personas y tantos pueblos que viven en la miseria, sin acceso a la educación, a la sanidad, a la cultura, al Evangelio, o bajo el peso empobrecedor de la deuda externa, sin posibilidad de desarrollar en libertad su propio destino. La lucha contra la pobreza se encuentra en el corazón del mensaje evangélico. En el pasaje de San Mateo (cf. Mt 25) sobre el juicio final aparece el llamamiento de Jesús a socorrer todas las necesidades humanas y a recuperar la dignidad del ser humano cuando ha sido herida por el hambre, la sed, la enfermedad, la privación de la libertad, la pobreza. Es más; el mismo Jesús se identifica con los pobres: “cada vez que lo hicisteis con estos mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis”. ¿Cómo no responder con generosidad a la invitación de Manos Unidas a luchar juntos contra la pobreza? ¿Cómo no escuchar en la profundidad de nuestro corazón la invitación del Maestro a servirle en los más pobres? Son muchas las oportunidades que se nos ofrecen en nuestra vida para responder con prontitud, disponibilidad y alegría a esta invitación del Señor. Él vuelve a pasar por nuestra vida y nos ofrece una nueva ocasión para sacudirnos las ataduras del egoísmo o de la comodidad. Participemos en la medida de nuestras posibilidades en la necesaria tarea de borrar las

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causas y efectos de la injusticia que genera tanta pobreza. Rehabilitemos la dignidad de nuestros hermanos más débiles y empobrecidos, heridos por tantas necesidades y carencias. Con mi afecto y bendición, + Casimiro López Llorente, Obispo de Segorbe-Castellón

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Diócesis de Sevilla Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?

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Monseñor Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla.

l papa Francisco ha lanzado la campaña ‘Una sola familia, alimentos para todos’, y pretende que se consiga antes del año 2025. La decisión es patrimonio de quienes tienen en sus manos el destino de los pueblos.

Queridos hermanos y hermanas. Como viene siendo una hermosa costumbre desde hace 50 años, Manos Unidas, la institución de la Iglesia en España para la ayuda, promoción y desarrollo del Tercer Mundo, organiza la Campaña contra el hambre el segundo fin de semana de febrero. Por ello, me dirijo a los sacerdotes, consagrados y laicos de nuestras comunidades parroquiales y a todas las personas de buena voluntad, para invitaros a colaborar generosamente a este buen fin, la lucha contra el hambre en el mundo. Los datos son tristemente elocuentes: todavía hoy, a pesar de la globalización, un tercio de la humanidad padece hambre o está mal alimentada; una quinta parte de la población mundial sobrevive con menos de un dólar al día; y 1.200 niños mueren cada hora como consecuencia del hambre. Quiere esto decir que en nuestro mundo todo está globalizado menos la solidaridad. Este estado de cosas interpela a la conciencia de los gobernantes de todo el mundo, llamados a globalizar eficazmente la solidaridad con los pueblos del hemisferio sur. Como afirmara Benedicto XVI en un célebre discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante el Vaticano en enero de 2010, «sobre la base de datos estadísticos disponibles, se puede afirmar que menos de la mitad de las ingentes sumas destinadas globalmente al armamento sería más que suficiente para sacar de manera estable de la indigencia al inmenso ejército de pobres». Hay fundamento, pues, para afirmar que un nuevo orden mundial podría eliminar en poco tiempo la lacra del hambre. El papa Francisco ha lanzado la campaña Una sola familia, alimentos para todos, y pretende que se consiga antes del año 2025. Sin embargo, no está en nuestras manos esta decisión que podría cambiar el rumbo del mundo, haciéndolo más humano y fraterno, de acuerdo con los planes de Dios. Tal decisión es patrimonio de quienes tienen en sus manos el destino de los pueblos, que no parecen especialmente predispuestos a adoptar resoluciones tan radicales. Esta constatación, sin embargo, no debe inhibirnos y mucho menos conducirnos al escepticismo. Está a nuestro alcance colaborar en la construcción de la «nueva civilización del amor» en el ambiente y circunstancias en que la Providencia de Dios nos ha situado. Depende de nuestra libertad responsable que, ayudada por la gracia, es la que verdaderamente permite soñar con un mundo mejor. Una cosa es clara, la eliminación del hambre en el mundo no será posible sin la implicación y el compromiso de todos. A ello nos invita el lema de la Campaña de este año: «Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?».

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Manos Unidas, «organismo oficial de la Iglesia en España para la ayuda, promoción y desarrollo del Tercer Mundo», cumple ya 56 años de historia y tiene entre nosotros una misión verdaderamente profética. Nos recuerda que los pobres existen y que servirles pertenece a la entraña más genuina del Evangelio. Manos Unidas, «experta en humanidad», como obra que es de la Iglesia, y experta también en la aplicación escrupulosa de los fondos que recibe para proyectos de desarrollo, espolea un año más nuestra solidaridad, virtud que nos obliga al compromiso firme y perseverante por el bien común, es decir, el bien de todos los hombres, hijos de Dios y hermanos nuestros. La solidaridad, como nos dijera Juan Pablo II, «es la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesta a ‘perderse’ en sentido evangélico, por el otro en lugar de explotarlo, y a ‘servirlo’ en lugar de oprimirlo para el propio provecho» (SRS 38). El amor fraterno es el corazón del mensaje de Jesús. A lo largo de su vida, «Él manifestó su amor para con los pobres y los enfermos, para con los pequeños y los pecadores. Él nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano; su vida y su palabra son para nosotros la prueba de su amor» (Plegaria eucarística Vc). Por ello, la fuente de nuestra entrega a los pobres es el amor del Señor, que nos ha amado hasta el extremo, hasta dar la vida por nosotros (Jn 15,13). En la Eucaristía participamos de ese amor, que nos hace capaces de mirar con compasión, con los ojos de Jesús, al Tercer Mundo, compartiendo nuestros bienes con nuestros hermanos. Lo exige nuestra común condición de hijos de Dios y el destino universal de los bienes creados. Ruego a los sacerdotes que colaboren con todo interés en la Campaña contra el Hambre de este año. Les agradezco de antemano el empeño que van a poner en la homilía y en la realización de la colecta. Agradezco también el tiempo, el trabajo y la disponibilidad de los directivos y voluntarios de Manos Unidas de toda la Archidiócesis y el desprendimiento de sus socios. Invito a los consagrados y a los fieles todos a la generosidad con nuestros hermanos más pobres, con la seguridad de que no quedará sin recompensa. Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición. + Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla

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Diócesis de Sigüenza-Guadalajara Ante la Campaña de Manos Unidas

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Monseñor Atilano Rodríguez Martínez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara

l papa Francisco, como sus predecesores en la silla de Pedro, cuando habla de la pobreza en el mundo de hoy, no centra su discurso únicamente en la pobreza material. Señala que, además de la pobreza material, existen nuevas formas de pobreza cultural, social, humana y religiosa, a las que tendríamos que prestar especial atención y cuidado.

Al describir estas nuevas pobrezas, el Santo Padre pone rostros y nombres concretos a los millones de personas que sufren en sus carnes los efectos de las mismas. Entre estos hermanos, señala a los sin techo, a los toxicodependientes, a los emigrantes, a los niños por nacer, a las mujeres que sufren maltrato o exclusión, a los que son objeto de la trata de personas, a los ancianos cada vez más solos y abandonados, etc. Como vemos, son muchas las pobrezas existentes en nuestro mundo y detrás de cada una de ellas aparecen los rostros doloridos de millones de hermanos, amados por Dios y necesitados de compañía, cuidado y ayuda. Al escuchar sus gritos desesperados y al contemplar en cada uno de ellos el rostro sufriente de Cristo, no podemos cruzarnos de brazos, esperando que sean otros los que resuelvan sus problemas. Hemos de salir a su encuentro para ofrecerles nuestra mano, para acompañarles en su dolor y para ayudarles a integrarse en la sociedad como miembros vivos de la misma. Ciertamente, hemos de reconocer que durante los últimos años se ha avanzado mucho en la lucha contra la pobreza debido a la colaboración y coordinación de los estados a la hora de buscar soluciones para la erradicación de la misma. Concretamente, se ha reducido a la mitad el número de personas que viven en situación de pobreza extrema, ha disminuido la tasa de mortalidad materna, se ha avanzado en la lucha contra algunas enfermedades y el agua potable llega a más personas. Pero, a pesar de todos estos avances, no podemos sentirnos satisfechos mientras no se erradique totalmente el hambre en el mundo. No podemos admitir que una de cada ocho personas muera al día por falta de comida, cuando está demostrado que habría alimentos para todos, si existiese una buena distribución de los recursos materiales y relaciones justas entre los distintos países del planeta para establecer la seguridad alimentaria. Al contemplar esta realidad, los miembros de Manos Unidas, desde su fe en Jesucristo y desde la contemplación del sufrimiento en el mundo, nos invitan a mirar más allá de nuestras fronteras y a poner los medios para el logro de un desarrollo integral de cada ser humano. En el lema elegido para la campaña de este año nos preguntan si estamos dispuestos a apuntarnos en la lucha contra la pobreza. Seguramente todos contestaremos que sí estamos dispuestos a hacerlo. Pero, concretamente, ¿qué podemos hacer?

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Además de pedir al Señor que nos ayude a todos a salir de nosotros mismos al encuentro con los pobres y que ponga criterios de justicia y equidad en quienes tienen responsabilidades de gobierno, todos podríamos colaborar al establecimiento de unas relaciones más fraternas, promoviendo una cultura del encuentro y cambiando el estilo de vida que, en ocasiones, puede excluir a nuestros semejantes. En la medida de nuestras posibilidades, podríamos también colaborar con alguno de los proyectos propuestos por Manos Unidas. Con mi bendición y sincero afecto, feliz día del Señor. + Atilano Rodríguez Martínez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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Diócesis de Tarazona LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA... ¿TE APUNTAS?

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Monseñor Eusebio Hernández Sola, Obispo de Tarazona

ueridos hermanos y amigos:

Como cada año en este segundo domingo de febrero, la Iglesia en España se moviliza a favor de los más pobres de la tierra con la campaña que Manos Unidas organiza para ayudar a aquellos que, en distintos lugares del Mundo, carecen hasta de lo más necesario. En este año 2015, llegamos a la campaña número cincuenta y seis. En esta ocasión se nos motiva con este eslogan: Luchamos contra la pobreza ¿Te apuntas? Es necesario que todos tomemos conciencia, cada día mayor, que la lucha contra la pobreza, no es sólo algo que los gobernantes o responsables de la sociedad deben solucionar, todos y cada uno de nosotros se debe sentir corresponsable de la lucha necesaria para erradicar la pobreza en el mundo. Debemos crear una conciencia social que marque, en el corazón de cada persona, la responsabilidad de que todos los hombres de la tierra deben contar con aquellos dones que Dios ha querido para una vida digna del ser humano. Haciéndonos eco de las palabras del papa Francisco todos debemos trabajar a favor de un modelo de sociedad que no excluya a los débiles, los empobrecidos, los que sufren la falta de oportunidades. Las campañas que cada año organiza Manos Unidas no pretende sólo dar de comer, respondiendo a una necesidad inmediata, despreocupándose de aquello que conlleva la pobreza. Dar de comer al hambriento es, por supuesto, un acto de caridad y de justicia que es necesario realizar. Manos Unidas va más allá ya que pretende crear lo que podemos llamar una cultura contra la pobreza y la injusticia; por ello sus proyectos intentan ir a la raíz de todo aquello que causa la pobreza y crear estructuras que den dignidad a las personas y les ayuden a un justo desarrollo. Como sabéis, cada año, la diócesis acoge uno de los muchos proyectos que se proponen a Manos Unidas en distintos lugares del mundo y todo aquello que en nuestras parroquias y comunidades se aporta va destinado a esa obra. El año pasado fue destinado a una institución educativa en West Bengal en la India. Este año se nos propone colaborar con la rehabilitación de un centro de salud en Ruanda. Se trata del Centro de Salud de Nyarusange, regentado por las religiosas de San José que atiende a unos 4.500 usuarios; además de un dispensario para la atención primaria, cuenta con secciones para la hospitalización, para la maternidad y un centro nutricional. Confío en que la generosidad de todos hará posible, como otros años, este proyecto.

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Quiero agradecer a todos los que colaboráis con Manos Unidas vuestro trabajo generoso a lo largo del todo el año. En primer lugar al equipo responsable en la diócesis pero también a tantas personas que colaboráis en vuestras parroquias y que organizáis tantas actividades para que cada año alcancemos lo que nos proponemos con los distintos proyectos y crezca una nueva mentalidad en todos nosotros capaz de colaborar en la lucha contra la pobreza. Mil gracias por vuestro interés y colaboración económica generosa. Con todo afecto os saludo y bendigo. + Eusebio Hernández Sola, OAR Obispo de Tarazona

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Diócesis de Tarragona

... a los 4 vientos ¿TE APUNTAS CONTRA LA POBREZA?

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Monseñor Jaume Pujol Balcells, Arzobispo de Tarragona y Primado de España

n año más me complace hacerme eco del trabajo de Manos Unidas. Esta organización de la Iglesia, que con tanto entusiasmo y eficacia se dedica a ayudar a personas necesitadas del Tercer Mundo, presenta su campaña con el lema: «Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?». El mensaje viene acompañado del dibujo de un sencillo lápiz, un lápiz como los de siempre con una goma en la parte superior. Su significado es: con la punta del lápiz puedes apuntarte a la lucha contra la pobreza; con la goma puedes borrar la injusticia que representa que haya tantas familias que padecen necesidades en nuestro mundo. Los proyectos concretos de ayuda de Manos Unidas se centran en lugares tan pobres como una diócesis de la República Democrática del Congo y una región de la India. Trabajando con la población del lugar, se les ofrecen los instrumentos, muchas veces educativos y asistenciales, para que puedan vencer el círculo vicioso de la pobreza. Los fondos que se recogen van directamente a estas zonas, muchas veces a través de misioneros, y no se pierde nada por el camino. A pesar de la crisis, hay entre nosotros muchas personas que pueden ayudar. No se trata de entregar fortunas; cualquier donación es muy importante porque se multiplica. Pensemos que en varios países africanos el sueldo habitual apenas excede de un dólar diario. Lo que reciben es para ellos como un “Plan Marshall”, que cambia el panorama vital de la población. Como cristianos nos sentimos interpelados por la parábola de los talentos que Jesucristo nos enseñó. El que los ha recibido, sean pocos o muchos, debe hacerlos fructificar y no esconderlos inútilmente. Es por la caridad entre unos y otros que eran reconocidos los primeros cristianos. En la aldea global que es hoy el mundo, donde las distancias se han acortado tanto, no podemos sentirnos ajenos a los padecimientos de quienes están solo a unas horas de avión, algunos a los que podríamos visitar saliendo de nuestra casa después de desayunar y llegando a las suyas a la hora de comer o de cenar, aunque nos encontraríamos con la sorpresa de que no pueden ofrecernos nada porque no tienen nada. Manos Unidas no sustituye a los compromisos de los gobiernos, como los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero su actuación es más rápida y llega con presteza a determinadas comunidades que no pueden esperar los efectos de la gran política porque, simplemente, su hambre es para hoy y no para mañana. + Jaume Pujol Bacells, Arzobispo de Tarragona y primado

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Diócesis de Terrasa

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Solidaridad contra el hambre

Monseñor Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa.

n este segundo domingo de febrero se realiza la colecta de la Campaña contra el Hambre en el mundo, que lleva a cabo la organización no gubernamental “Manos Unidas”, vinculada a la Iglesia Católica. El lema escogido para este año es: “Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?” Se trata de motivar a la sociedad en general y a las instituciones públicas, a los medios de comunicación y a las empresas para que todos tomemos conciencia de nuestra responsabilidad en la erradicación de la pobreza. Manos Unidas denuncia las causas de la pobreza y pone en marcha acciones concretas en el campo del desarrollo especialmente en los ámbitos de la alimentación, la educación, la sanidad y la promoción de la mujer. Asimismo, esta nueva campaña recoge el trabajo realizado durante los últimos ocho años en el marco de los Objetivos del Desarrollo del Milenio, promovido por la ONU. Hay que reconocer que estos objetivos han supuesto avances significativos, pero todavía queda mucho por hacer. He aquí algunos ejemplos de lo que se ha conseguido: Se ha reducido a la mitad el número de personas que viven en condiciones de pobreza extrema, pero una de cada nueve sigue padeciendo hambre; más de dos mil millones de personas han conseguido acceder al agua potable. Prácticamente, se ha conseguido la igualdad en la educación primaria; no obstante, todavía más de 50 millones de niños y niñas siguen sin tener acceso a la escuela. He tomado estos datos de la documentación de la actual campaña de Manos Unidas. Haciéndose eco de las palabras del Papa Francisco, Manos Unidas nos invita a trabajar, con actuaciones concretas, a favor de un modelo de sociedad que no “descarte”, que no excluya a los desfavorecidos, a los más empobrecidos, a los menos dotados. Por mi parte, deseo añadir esta invitación a la solidaridad como una exigencia derivada de la fe cristiana. El encuentro con Cristo nos ha de abrir a la solidaridad. La unión del Hijo de Dios con cada ser humano hace que pueda decir: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). No se trata de un sentimiento superficial y pasajero al contemplar el mal ajeno. Se trata de una actitud moral y social, de una virtud que llamamos solidaridad. Esta Campaña nos invita a ser solidarios en la lucha contra el hambre. Para vivir esa actitud, para ejercitar esa virtud, es imprescindible reconocer al otro como persona, sentirse responsable de los más débiles y estar dispuestos a compartir los bienes con ellos. Al hacerlo, en la medida de las posibilidades de cada persona o de cada institución, prolongamos la máxima expresión de solidaridad, que es la vida y el misterio de Jesús de Nazaret. Él es la Palabra eterna de Dios que se encarnó y habitó entre nosotros, asumiendo una naturaleza en todo igual a

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la nuestra excepto en el pecado. Y que, con hechos y con palabras, nos enseñó que Dios es Padre y que todos hemos de vivir como hermanos. Por eso, un año más, en estos comienzos de febrero, os invito a secundar la campaña de “Manos Unidas” ayudándola en su lucha contra el hambre en el mundo. + Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa

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Diócesis de Teruel y Albarracín

Manos Unidas, LVI Campaña contra el hambre: “LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA, ¿TE APUNTAS?

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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías, Obispo de Teruel y Albarracín.

n 1959, un grupo de mujeres de Acción Católica, lanza la primera Campaña de Manos Unidas. Su objetivo: “Declarar la guerra al hambre”. Más de medio siglo después aquella lucha sigue viva. Muchas batallas han ganado en todo este tiempo. El enemigo es poderoso, pero siguen luchando para llevar un rayo de esperanza a tantas y tantas personas pobres de los países del Sur. Manos Unidas es una de las organizaciones católicas de más prestigio nacional e internacional. Se lo han ganado a pulso por el rigor con el que gestionan sus ayudas, por la entrega con la que trabajan sus muchos voluntarios y voluntarias y por la profunda identidad cristiana con la que saben dar vida a todos los proyectos que, año tras año, presentan a las parroquias. El lema para esta Campaña, la LVI, es muy sugerente e interpelante: “Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”. El lápiz que se muestra en el cartel de este año, nos incita a tomarlo en nuestras manos y ponernos, de manera decidida, a comprometernos ante este gran problema que afecta a muchos millones de personas en el mundo. A ese compromiso de luchar contra la pobreza y a favor de los más necesitados nos llama el Papa Francisco: “Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo”. (Evangelii Gaudium 187). Sí, debemos salir al encuentro de nuestros hermanos sufrientes; hay que tomarse en serio el tema de la pobreza en el mundo y dar un paso al frente para combatirla: hay que apuntarse, como nos pide Manos Unidas. Los pobres son de carne y hueso, cercanos y heridos. No es una propuesta de salón, sino sangrante e interpeladora: “No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida”. (Evangelii Gaudium 53). Es cierto que vivimos en un contexto social donde mucha gente cercana y conocida está sufriendo en nuestro entorno y en nuestras familias las consecuencias de la crisis. Pero ello no debe llevarnos a olvidar a la gente de otros países, mucho más pobres que el nuestro, que no solo atraviesan por una dificultad momentánea, sino que están sumidos en una pobreza endémica que les impide salir del subdesarrollo con las consecuencias que esto implica y que conocemos, aunque sea parcialmente, a través de los medios de comunicación. La campaña de Manos Unidas nos convoca de un

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modo especial en este año a tomar conciencia y a buscar caminos de acción que nos lleven a ser solidarios con las necesidades de tantos hermanos pobres en el mundo. En concreto, en esta ocasión, a nuestra diócesis se le ha encomendado un proyecto de desarrollo integral de mujeres en Bihar (India). La ejecución del mismo beneficiará a más de 4000 mujeres y sus familias, que viven en la actualidad en una marginalidad total. No quiero terminar este escrito sin dar las gracias a todos los voluntarios y voluntarias de Manos Unidas de Teruel que nos ayudáis siempre a tomar conciencia de la presencia de los más pobres y nos dáis la oportunidad de apuntarnos a luchar, de modo concreto, contra la pobreza. ¡Muchas gracias! + Carlos Escribano Subías, Obispo de Teruel y de Albarracín

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Diócesis de Toledo LEJOS DE NOSOTROS LA INSENSIBILIDAD

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Monseñor Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Toledo y Primado de España

Lejos de nosotros Ia insensibilidad ante Io que pasa en nuestro mundo, lejos las posturas facilonas de dolernos simplemente ante cuanto acontece y trae dolor a nuestros hermanos, los de cerca y los de lejos. La carencia de derechos y bienes imprescindibles para Ia vida (Ia comida, el agua, las condiciones higiénicas y de salud, el trabajo, Ia vivienda, la posibilidad de desarrollo y el crecimiento cultural) nos duelen y mucho. Pero si queremos Ilegar al fondo de Ia cuestión, hemos de tener en cuenta otras miserias, otras pobrezas.

¿No son suficientes las enumeradas más arriba? Pienso que no, pues existe Ia miseria moral, que hace a las personas caer en esclavitudes sin fin, por culpa suya, estropeando el sentido de Ia vida. Dirán que son libres para elegir el tipo de vida que ellos eligen. Ciertamente y es su responsabilidad. Pero también hay esclavitudes como refirió el Papa Francisco en su mensaje para Ia Jornada Mundial de Ia Paz 2015, que están originadas por condiciones sociales injustas impuestas por instituciones y personas concretas, que acarrean desigualdad respecto a los derechos, por ejemplo a Ia salud y a Ia educación. Es una miseria espiritual que se impone a personas concretas.

¿Cómo responder a estas miserias, pobrezas tremendas? Me temo que equivoquemos el camino y no encontremos una senda difícil, pero justa que se enfrente a esas miserias humanas. No es acertada, por ello, Ia postura de olvidarnos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), pues no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen... Entonces nuestro corazón cae en Ia indiferencia: yo estoy relativamenta bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoista, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de Ia indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos” (Papa Francisco, Mensaje para Ia Cuaresma 2015). El Papa llama a esta actitud “globalización de Ia indiferencia”. Y Dios no es inditerente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por Ia salvación de todo hombre; salvación que no es “espiritual”. Si es que damos a este adjetivo el sentido de no concreta, o del alma sin el cuerpo, que necesitan auxilios concretos. Esa es Ia concreción que desea Manos Unidas en su Campafia contra el Hambre en el mundo para 2015: la vivencia de Ia solidaridad/caridad en toda su profundidad. Son los proyectos reales que, pedidos por comunidades concretas, son expuestos y abordados en su concreción. Evidentemente estos proyectos se oponen a una economía de exclusión y de iniquidad, que dice el Papa en Evangelii Gaudium, 53, que muestra a las claras Ia grave carencia de orientación de las finanzas, que reduce al ser humano a Ia sola necesidad de consumo. ¿Nos sirve de ejemplo la corrupción y Ia evasión fiscal egoista, o el estilo de vida que debilita el desarrollo y Ia estabilidad de

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los vínculos entre las personas? Manos Unidas, si, denuncia las causas de Ia pobreza, pero indica y pone en marcha acciones concretas para acabar con ella. De nuevo, pues, los voluntarios de Manos Unidas, llaman a nuestras puertas con sus movilizaciones, sus trabajos para conseguir financiación para sus proyectos, que podéis perfectamente conocer en vuestras parroquias o entrando en toledo@manosunidas.org Son proyectos agrícolas, sanitarios, de promoción de Ia mujer, educativos o de promoción social. Como organización de Ia Iglesia diocesana nos recuerdan con sus acciones lo que dijo san Pablo: “Si un miembro sufre, todos sufren con él” (1Cor 12,26). La caridad de Dios rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de Ia indiferencia, a que nos hemos referido más arriba. Es lo que ofrece Ia lglesia con sus enseñanzas y que queremos alcanzar con nuestro testimonio. Dios os pague vuestro interés y apoyo. + Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Toledo Primado de España

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Diócesis de Tortosa

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Lucha contra la pobreza

Monseñor Enrique Benavent Vidal, Obispo de Tortosa.

l próximo domingo, en el marco de la campaña anual organizada por “Manos Unidas”, se nos invitará a tener un gesto de solidaridad con aquellas personas que sufren hambre o están viviendo en alguna situación de pobreza extrema. El viernes anterior somos invitados a vivir un día de ayuno voluntario, para que nuestra solidaridad no se limite a dar un donativo, sino que llegue a ser una solidaridad “espiritual”. Es muy educativo para los que vivimos en una sociedad caracterizada por hábitos de consumo muchas veces desenfrenados, que intentamos hacernos una idea de lo que sienten aquellos que no tienen garantizado el pan de cada día. El ayuno nos debe empujar a compartir.

El lema que la asociación “Manos Unidas” nos propone para la campaña de este año (“Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”) Incluye un programa y una invitación.

El programa es lo que justifica el trabajo de tantas voluntarias y voluntarios de “Manos Unidas” desde su fundación hace cincuenta y seis años: todos están unidos por el ideal de luchar contra las múltiples formas de pobreza que existen en nuestro mundo . Las pobrezas que aparecen a nuestros ojos en primer lugar, son aquellas que se refieren a la carencia material de los bienes y de los derechos imprescindibles para una vida digna: el alimento necesario, el agua, las condiciones higiénicas y de salud, el trabajo, la vivienda, los medios para una educación digna, etc ... Contra todas estas formas de pobreza lucha “Manos Unidas”. Durante el año 2014 las aportaciones de las diócesis con sede en Cataluña en “Manos Unidas” se destinaron a proyectos de ayudas a mujeres campesinas, a la construcción de equipamientos educativos, la mejora de la alimentación, a la dotación de agua potable a poblaciones que no tienen esta necesidad básica, etc .. Pero no podemos olvidar que estas pobrezas nacen de otra más profunda y que no se ve a simple vista: nos referimos a la miseria moral y espiritual que fue denunciada por Francisco en el mensaje de cuaresma del año pasado. Muchas de las pobrezas anteriormente citadas tienen su origen en situaciones de injusticia, de egoísmo y de corrupción que tan frecuentes son en muchos lugares de nuestro mundo. Y este egoísmo tiene su origen en el alejamiento de Dios y de nuestros hermanos. Para ello el programa de “Manos Unidas” pretende combatir las pobrezas materiales intentando llegar, al mismo tiempo, en la raíz de las mismas. Pero el lema, además de exponer un programa, incluye una pregunta, que es, al mismo tiempo, un reto y una invitación: ¿Te apuntas? Si tenemos en cuenta, por poner dos ejemplos, que actualmente una de cada ocho personas de nuestro mundo sufre hambre, o que uno de cada seis niños menores de 5 años tienen un peso deficiente para su edad, nadie que tenga una conciencia moral recta puede decir que este tema no le afecta. El modo de apuntarse a la lucha contra la pobreza lo tiene

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que decidir cada uno según su conciencia o sus posibilidades, pero lo que es cierto es que un cristiano no puede actuar como si no hubiera resonado esta pregunta en su corazón . Con mi bendición y afecto.

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+ Enrique Benavent Vidal, Obispo de Tortosa


Diócesis de Valladolid “LUCHAMOS CONTRA LA POBREZA, ¿TE APUNTAS?

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Monseñor Ricardo Blázquez Pérez, Arzobispo de Valladolid

anos Unidas saca a la calle de nuevo su Campaña contra el hambre y lanza una propuesta: “Entre todos podemos acabar con la pobreza. Por eso, convocamos a todas las personas a participar de nuestra misión. Cualquier persona puede contribuir haciendo donaciones económicas, asociándose, siguiéndonos en las redes sociales, participando en las actividades de sensibilización. ¿Te comprometes a mirar hacia los pobres, a trabajar por ellos y con ellos? ¿Asumes el reto de acabar con la pobreza? ¿Te apuntas?”.

La invitación a “apuntarse” la realiza un grupo de miembros de la Iglesia Católica que están ya “apuntados” (luchamos contra la pobreza) y que por tanto consideran la solidaridad con los hambrientos un deber que brota del encuentro con Cristo.

La Campaña 2015 se sitúa entre dos puntos de referencia: el balance de la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas y la Exhortación Apostólica de Francisco Evangelii Gaudium. La pobreza que Manos Unidas quiere combatir tiene, según Francisco, tres dimensiones: pobreza material, miseria moral y miseria espiritual. Los ODM han abordado con menguado éxito la pobreza material desde subvenciones de carácter financiero, además, las Agencias de la ONU han difundido una propuesta moral, en sus directivas educativas y sanitarias, con una concepción del hombre marcada por el relativismo y la perspectiva radical de género. Por ello la acción a la que Manos Unidas nos convoca, “¿Te apuntas?”, supone un reto extraordinario para nuestras comunidades cristianas pues conlleva ofrecer, incluso en nuestra acciones más pequeñas, una propuesta integral que luche contra las causas en las acciones que tienden a paliar los efectos de la injusticia, que vincule los problemas de nuestros hermanos del Sur con la crisis económica europea, que ofrezca un camino espiritual y moral al mismo tiempo que ofrece ayuda económica, instrumentos materiales, propuestas educativas, etc. Francisco insiste: “Quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia.”

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Se trata, queridos amigos de vivir con intensidad la Eucaristía, fuente del amor que se entrega, y de escuchar en ella el doble mandato del Señor: “Haced esto”, “Id”. ¿Te apuntas? + Luis Argüello, Vicario General de Valladolid

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Diócesis de Vic

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Luchar contra la pobreza

Monseñor Romà Casanova Casanova, Obispo de Vic.

a campaña contra el hambre de Manos Unidas nos pone delante el reto de luchar contra la pobreza. Algunos de los datos de la pobreza extrema son escalofriantes: en el mundo una de cada nueve personas continua sufriendo a causa del hambre, 162 millones de niños padecen malnutrición crónica, más de 50 millones de niños y niñas no tienen acceso a la escuela. Estos datos se refieren a nuestro mundo y a nuestra humanidad, de los cuales formamos parte. Y desde la mirada cristiana esto es aún mucho más claro: son hermanos nuestros, Dios es nuestro mismo padre.

Para los cristianos la pobreza es una virtud que debemos vivir. La pobreza evangélica que debe vivir cada cristiano implica reconocer que todos los bienes que tenemos son un don de Dios y nosotros no somos más que unos administradores de los bienes que Dios nos ha dado. De aquí nace la actitud propia del cristiano que tiene que compartir sus bienes con los más necesitados, tanto los más cercanos como aquellos que están más lejos. De hecho, nosotros somos seguidores de Jesús, el que nace pobre en Betlem, el que no tiene dónde reposar su cabeza, quien muere, expropiado de toda dignidad, en la cruz. La pobreza no nos es una realidad extraña. Escribe el papa Francisco: «Para la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica» (EG, 198). Los pobres no son sólo nuestros hermanos, sinó que nosotros somos seguidores de Jesús, el Hijo de Dios que se ha hecho pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza.

Los pobres tienen mucho que enseñarnos sobre la apertura a Dios y compartir los bienes con los demás

La opción por los pobres tiene que ser, pues, una realidad para nosotros. La campaña de Manos Unidas nos invita a concretar esta opción pidiéndonos apoyo para la financiación de programas de desarrollo y educación a fin y efecto de ir a la raiz de la pobreza extrema, que Dios no quiere y en referencia a la cual nuestra consciencia nos pide que actuemos con nuestra colaboración generosa. Pero también la caridad cristiana nos pide ir más allá y poner la mirada en las personas concretas considerándolas como uno con si mismo. El pobre, cuando es amado, es aprecidado como de alto valor, y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar los pobres al servicio de intereses personales o políticos (cf. EG, 199). Tenemos que luchar contra la pobreza en nuestro mundo, desde la conversión auténtica que nos conduce a la intensidad del amor a Dios y a los hermanos; pero al mismo tiempo no podemos dejar de luchar contra la soberbia en nuestro corazón que nos cierra a fin que pensemos que no necesitamos ni a Dios ni a los demás. Los pobres tienen mucho que enseñarnos sobre la apertura a Dios y compartir los bienes con los demás, incluso los bienes necesarios para vivir. + Monseñor Romà Casanova Casanova, Obispo de Vic.

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Diócesis de Vitoria

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MANOS UNIDAS. Campaña año 2015

Monseñor Miguel Asurmendi Aramendía, Obispo de Vitoria.

ANOS UNIDAS lanza a nuestra sociedad, a ti y a mí, la campaña 56 que tiene por lema “luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?. A lo largo del año 2015 nos irá proponiendo objetivos de desarrollo y acciones que se extienden por diversos lugares de los cinco Continentes. MANOS UNIDAS realiza una labor encomiable, con la colaboración de muchas personas e instituciones, a favor de la promoción de los países en vías de desarrollo y de las personas humanas que en ellos necesitan ayuda. Os llamo a colaborar con este puñado de mujeres valientes que en nuestra Iglesia de Vitoria y en las 70 Delegaciones de M.U. en el territorio nacional, trabajan, buscan apoyos, logran voluntarios y obtienen colaboraciones para realizar sus acciones en el Tercer Mundo. MANOS UNIDAS encaja plenamente en el proyecto pastoral que el Papa Francisco ha trazado para la Iglesia Católica en su Exhortación Apostólica “La Alegría del Evangelio”. Repite el Santo Padre su llamada a construir una Iglesia “en salida”, abierta a “las nuevas fronteras”. M. U. tiene una proyección a favor de los necesitados en las fronteras de los países en vías de desarrollo. Más de medio siglo promoviendo obras de sanidad, de educación, de cultura, de desarrollo. Admirable. Los proyectos promovidos por MANOS UNIDAS están en sintonía con los “Objetivos de Desarrollo del Milenio”. Han significado un hito histórico en la lucha contra la pobreza. Son compromiso de los Estados. Vale la pena recordar los propuestos para el año 2015: ❖ Reducir la pobreza extrema y el hambre. ❖ La escuela primaria. ❖ La igualdad y la discriminación de la mujer. ❖ La mortalidad infantil. ❖ La mortalidad materna. ❖ Las terapias contra el sida. ❖ Agua potable e instalaciones sanitarias. ❖ Reducir la deuda y favorecer el comercio. Trabajemos con MANOS UNIDAS para luchar contra la pobreza en el mundo. Hacen falta voluntarios y voluntarias. Y se necesitan colaboraciones económicas para alcanzar los objetivos deseados. Con mi afecto y bendición

+ Monseñor Miguel Asurmendi Aramendía, Obispo de Vitoria

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Diócesis de Zamora

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Campaña 2015 de Manos Unidas

Monseñor Gregorio Martínez Sacristán, Obispo de Zamora.

uy apreciados hermanos en el Señor Jesucristo:

Convencida de ofrecer un gran servicio a los más desfavorecidos, Manos Unidas vuelve a emprender una nueva Campaña con la que continúa y acrecienta su ya dilatada trayectoria humanitaria, que en el presente año quiere estar orientada por este lema: “Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?”, y sobre el que quiero reflexionar.

Percibimos que en este lema se contiene, por un lado, el objetivo originario y distintivo de esta Organización no Gubernamental Católica, ya que nació y persevera buscando hacer frente o luchando contra la pobreza, concentrando su actuación en aquellos lugares donde las dificultades para el acceso a los bienes son más notorias.

Así, uno de los fines de esta Campaña se dirige a ayudarnos a descubrir qué significa realmente la pobreza. Esta se refiere, primeramente, a la carencia material de derechos y bienes imprescindibles para la vida humana: la comida, el agua, las condiciones higiénicas y de salud, el trabajo, la vivienda, la posibilidad de desarrollo y el crecimiento cultural. También la pobreza incluye otras miserias, como la miseria moral, por la que las personas caen en esclavitudes que acaban con el sentido de su vida, originadas por condiciones sociales injustas. A esta se une la “miseria espiritual”, que se origina cuando nos alejamos de Dios y pensamos que nos bastamos a nosotros mismos. Y además la miseria en las relaciones, motivada por la carencia de sólidos vínculos familiares y comunitarios, que lleva a la marginación social.

La pobreza no es un concepto, sino una experiencia vivida por muchas personas, hombres y mujeres de toda edad, que son excluidos de la dinámica social, por ello debemos dirigir nuestra mirada hacia los más débiles y necesitados. En concreto, luchar contra la pobreza implica enfocar nuestra mirada y tender nuestras manos hacia quienes están solos: los niños de la calle, los sin techo, los refugiados, los pueblos indígenas, los inmigrantes y los enfermos; hacia los que son objeto de la trata de personas; hacia las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia; y hacia las personas víctimas de conflictos bélicos o persecuciones raciales y culturales. Situaciones concretas de pobreza nos desvelan estos datos: una de cada ocho personas padece hambre; uno de cada seis niños menores de 5 años tiene un peso deficiente para su edad; aún no se ha logrado la enseñanza primaria universal; y persiste la desigualdad entre los sexos en el acceso a la educación, los recursos y en la toma de decisiones. Recogiendo la enseñanza del Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, descubrimos que la pervivencia de estas situaciones injustas de pobreza se debe a estas causas: estar inmersos en una economía de exclusión y de inequidad; vivir una cultura del bienestar que nos anestesia; carecer de orientación humana de la economía, reduciendo al hombre a la sola necesi-

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dad del consumo; y dejarnos influir por el individualismo globalizado que favorece un estilo de vida que debilita los vínculos entre las personas.

Ante la pobreza, Manos Unidas quiere hacer frente, para lo cual el camino de su lucha está caracterizado por una virtud: la solidaridad, ya que no sólo vale denunciar las causas de la pobreza sino que se requiere desarrollar acciones concretas por las que se consiga su erradicación. Por lo cual luchar contra la pobreza implica establecer relaciones entre las personas y los pueblos que tiendan hacia el ejercicio concreto de la solidaridad.

Esta virtud moral significa, como ya lo describió Juan Pablo II en su encíclica Sollicitudo rei socialis: “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos responsables de todos”. A esta definición unimos una serie de concreciones de lo que implica la solidaridad, como lo expone el Papa Francisco: solidaridad es un compromiso, es una preocupación por el pobre, buscando su propio bien; solidaridad implica crear una mentalidad que priorice el “nosotros”; solidaridad no es un simple afecto, sino que implica la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde; y la solidaridad nace en quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes.

Promoviendo y realizando ya esta “lucha contra la pobreza” Manos Unidas trabaja en bien del desarrollo humano, integral y sostenible de todas y cada una de las personas. Para avanzar en ese objetivo promueve múltiples proyectos sociales en diversos sectores, buscando atender las necesidades básicas: la salud, el agua y la alimentación, aunque, sobre todo, está invirtiendo más fondos y energías en la educación. A la vez, como indica el lema, expresándolo en plural: “luchamos”, Manos Unidas no trabaja aislada ni autónomamente, sino que está convencida que esta labor ha de realizarse juntamente a cuantos buscan y se esfuerzan por alcanzar este objetivo, o sea, en coordinación y colaboración con otras personas, instituciones y organizaciones.

Volviendo al lema, Manos Unidas se atrevía a dirigirnos una interpelación: “¿Te apuntas?”. Esta incisiva llamada nos la puede plantear apoyada en su firme y efectivo compromiso contra la pobreza, por eso nos debemos sentir requeridos a responderle. Reconocemos que la única respuesta coherente es decirle: “Sí, yo me apunto”. Nos ha de mover a esta disponibilidad la fe en el Señor Jesús, quien, con toda su vida, fue un “Sí” íntegro y consecuente de Dios a favor de los hombres, sobre todo, los más pobres. Por ello, los cristianos seguiremos su ejemplo y enseñanza si nos “apuntamos”, o sea, nos adherimos a Manos Unidas, ya que tan eficazmente está luchando contra la pobreza.

Por ello correspondamos a la provocación de Manos Unidas de Zamora, para ello nos uniremos a esta Organización de diversos modos, según nuestras posibilidades. Por un lado, aportando o colaborando generosamente en las diversas actividades que desplegará en esta Campaña. Con lo recibido pretende llevar adelante tres proyectos: la rehabilitación de una escuela infantil y primaria en la India, la construcción de un módulo de aulas con despacho y almacén en una escuela primaria en Benín, y la mejora de la producción y el procesamiento de yuca en una zona rural de Camerún.

También podemos “apuntarnos” implicándonos con nuestra Manos Unidas diocesana de un modo más comprometido y continuado: integrándonos en su voluntariado. Este es un ámbito que requiere una mayor presencia en nuestra Iglesia. De ahí que nos debemos plantear si estamos dispuestos a involucrarnos constituyendo grupos de voluntarios de Manos Unidas en nuestras comunidades parroquiales, ya que con ello estaremos contribuyendo eficazmente a que la lucha contra la pobreza cuente con más trabajadores que la van extendiendo con su pequeño esfuerzo cotidiano.Con mi gratitud por seguir respondiendo a Manos Unidas, os doy mi bendición.

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+ Gregorio Martínez Sacristán, Obispo de Zamora


Diócesis de Zaragoza

CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS “Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”

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Monseñor Vicente Jiménez Zamora, Arzobispo de Zaragoza.

ueridos diocesanos:

En este mes de febrero lanzamos una nueva Campaña de Manos Unidas. Es la Campaña número 56, que culmina la labor realizada en los últimos ocho años, en los que hemos estado trabajando con la referencia a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). En junio de 1955, la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) lanzaba al mundo un manifiesto, en el que denunciaba la existencia de tres hambres que azotaban a la humanidad: hambre de pan, de cultura y de Dios. El manifiesto pretendía alertar a la opinión pública y movilizarla para una acción eficaz. En España, las mujeres de Acción Católica inspiradas en este manifiesto tomaron el testigo. “Declaramos la guerra al hambre”, fue el grito de esperanza con el que nació la primera Campaña contra el Hambre. Hoy, Manos Unidas sigue manteniendo con mayor fuerza la misma esperanza de que el mundo pueda sentirse libre de la terrible lacra del hambre, que es el resumen de todas las injusticias con su cortejo de subdesarrollo e incultura. Manos Unidas es la Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países en vías de desarrollo. Es a su vez una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD), de voluntarios, católica y seglar. La Campaña de Manos Unidas quiere ser conciencia crítica de la sociedad y de la Iglesia, que sienten el aguijón de la responsabilidad ante la situación del hambre en el mundo. En la solución de este gravísimo problema hay implicadas muchas responsabilidades, a distintos niveles, que no es éste el momento de concretar, sino más bien de aprovechar la oportunidad que nos ofrece la Campaña de Manos Unidas, para aceptar con todas sus consecuencias lo que nos afecta y compromete a nosotros desde la conciencia cristiana y humana. La Campaña de este año 2015 tiene como lema: “Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”. Con él, afirmamos nuestra convicción desde la fe y la esperanza de que es posible un mundo sin hambre, como lo sueña y lo quiere Dios, y a la vez nos emplaza, con la pregunta comprometedora “¿Te apuntas?”, a ser constructores de un desarrollo social y cultural, que tiene como centro la persona y su dignidad humana. El Papa Francisco en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, en el capítulo IV, en el que habla de la dimensión social de la evangelización, al tratar de la inclusión social de los pobres, afirma que “de nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad”.

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¿Qué podemos hacer los cristianos y hombres de buena voluntad? Tenemos que escuchar el clamor de los pobres que pasan hambre, promover el desarrollo integral y tener gestos de justicia, solidaridad y caridad ante las miserias. Vivimos en un mundo en el que la indiferencia se ha globalizado. Para transformarlo, debemos recuperar, desde la justicia y la caridad, el significado más profundo de la solidaridad. Los hábitos de solidaridad abren camino para las transformaciones estructurales. Hay que crecer en solidaridad, porque el planeta es de toda la humanidad y para toda la humanidad. Los cristianos, movidos por la fe que obra por la caridad, estamos llamados a escuchar el clamor de los pobres. Nuestro sueño, que queremos convertir en realidad, es que todos los hombres tengan prosperidad sin excluir bien alguno. El Papa Francisco insiste mucho en que vayamos a dar respuesta a los que están en las periferias. Necesitamos la conversión hacia los pobres y los que pasan hambre. Los pobres son para nosotros la ocasión concreta de encontrarnos con el mismo Cristo, de tocar su carne que sufre. Con esta carta pastoral expreso públicamente mi gratitud sincera al Sr. Presidente, al Sr. Consiliario, a todo el equipo de nuestra Delegación Episcopal de Manos Unidas y a todos los voluntarios por su trabajo entusiasta y eficaz. Gracias a Dios, la respuesta de los diocesanos es siempre generosa y nos permite financiar los proyectos propuestos para cada Campaña. Con mi afecto y bendición, + Vicente Jiménez Zamora Arzobispo de Zaragoza

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