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REPÚBLICA DE MARIQUITA (1815) “EL TOLIMA ANTES DEL TOLIMA”

COMISIÓN CIUDADANA PARA EL BICENTENARIO DE LA CONSTITUCIÓN DE MARIQUITA CENTRO DE ESTUDIOS Y PUBLICACIONES JOSÉ LEÓN ARMERO (CELA) COREDUCACION CORPORACIÓN CULTURAL CORARTE SECRETARÍA TÉCNICA DE LA COMISIÓN CIUDADANA


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2015, Comisión Ciudadana Para la Celebración del Bicentenario de la Constitución de Mariquita.

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Corporación para el Desarrollo Cultural y Artístico “San Sebastián de Mariquita” – CORARTE. Carrera 3 No. 6-73 Mariquita-Tolima Teléfono: (098) 2523513 – 2520434 www.mangostinodeoro.com corporacionculturalcorarte@gmail.com

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Primera Edición: junio de 2015

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Dirección Editorial: Publicación Diseño de Carátula y Composición: Centro de Estudios y Publicaciones “José León Armero” (CELA) de la Corporación de Educación del Norte del Tolima COREDUCACION; Corporación Cultural CORARTE, Secretaría Técnica de la Comisión Ciudadana para el Bicentenario. Impreso en Colombia Printed In Colombia Se autoriza de manera expresa la reproducción impresa o electrónica, total o parcial de esta obra.


DEDICATORIA En memoria del Licenciado JOSÉ LEÓN ARMERO Y RACINES, Gobernador y Comandante General del Estado de la Provincia de Mariquita y los Constituyentes del 21 de junio de 1815: BENITO PALACIO, Presidente y elector por el Departamento de Honda; JOSÉ MARÍA CONDE Vicepresidente, elector por el Departamento de Ambalema; FERNANDO FERNÁNDEZ, Designado, elector por el Partido de El Espinal; NICOLÁS DE BUENAVENTURA, elector por Ibagué; BRUNO MARTÍNEZ DE ZALDÚA, Elector por el Departamento de La Palma; ANTONIO JOSÉ GONZÁLEZ, elector por el Departamento de Ambalema; NICOLÁS MANUEL TANCO, elector por el Partido de El Espinal; JOSÉ IGNACIO LUCENA, elector por el Departamento de Mariquita; JUAN DE DIOS OLANO, elector por el Departamento de Honda; MANUEL GONZÁLEZ, elector por Ibagué; VALENTÍN ARMERO, elector por el Departamento de Mariquita; JOSÉ MARÍA ORTIZ elector por el Departamento de La Palma; y RAFAEL DIAGO (Secretario), quienes ofrendaron su vida por este inmenso legado siempre presente y perdurable en el tiempo y en la historia...


REPÚBLICA DE MARIQUITA (1815)


“EL TOLIMA ANTES DEL TOLIMA” PÁG. ÍNDICE. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . EXORDIO. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . PRESENTACIÓN. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . DECRETO DE LA GOBERNACIÓN DEL TOLIMA No. 0193 el 24 de febrero de 2015 “Por el cual se convoca a la Celebración del Bicentenario de la Constitución de Mariquita” y se constituye la Comisión Ciudadana. . . . . . . . . . . CAPITULO I ENSAYO: Mariquita 1815 El Tolima antes del Tolima. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ENSAYO: Colombia Nació en Medio del Derecho Una Mirada al Contexto de “La Primera República”. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . APUNTES DE LA HISTORIA DE MARIQUITA. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . CAPITULO II LA CONSTITUCIÓN DE MARIQUITA DE 1815 Acordada por los Delegados del Pueblo del Estado de Mariquita. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . BIBLIOGRAFÍA. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

EXORDIO


Hace veinte años, el 18 de junio de 1995 más exactamente, desde su columna en el diario El Nuevo Día, el abogado y periodista Mariquiteño, Guillermo Pérez Flórez, le recordaba a los tolimenses la importancia de la Constitución del Estado Soberano de la Provincia de Mariquita de 1815 y la gesta libertaria del licenciado José León Armero y Racines. Nos hablaba de la fantástica personalidad de Armero, quien a pesar de su corta existencia, 41 años, “tuvo tiempo para todo, y más: para culminar estudios de derecho en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en Santa Fe de Bogotá; para ser alumno aventajado del Sabio José Celestino Mutis en Mariquita; para redactar y entregar a la Serenísima Convención Constituyente y Electoral del Estado su proyecto de Constitución; para fusilar en la plaza mayor de Honda un retrato de Fernando VII; para ordenar la fundación de escuelas en los Departamentos de Honda, Ambalema, El Espinal, La Palma e Ibagué; y finalmente después de ser fusilado, para poner a disposición su cabeza en una jaula de hierro en exhibición pública en Honda”. Por esas calendas, nacía en San Sebastián de Mariquita, una organización civil de finalidad cultural, con el propósito de desarrollar las artes en sus múltiples expresiones, extender a toda la comunidad los beneficios de la cultura, efectuando una labor didáctica y al mismo tiempo velar por la conservación de los monumentos históricos y el patrimonio cultural de Mariquita. Me refiero a La Corporación Cultural CORARTE. Lejos estábamos de imaginarnos, en aquel entonces, que el llamado de Guillermo Pérez se traduciría, veinte años después, en la conformación de una Comisión Ciudadana para el Bicentenario, designada por el gobernador Luis Carlos Delgado Peñón, y que CORARTE tendría la responsabilidad de ejercer la secretaría técnica de la misma, lo cual nos honra y enaltece. Este encargo ha sido una maravillosa experiencia que ya comienza a dar frutos. Uno de ellos el presente texto, que publica el Centro de Estudios y Publicaciones José León Armero (CELA) de la Corporación de Educación del Norte del Tolima, COREDUCACIÓN, gracias al apoyo de la Gobernación del Tolima. Texto que recoge dos ensayos histórico-políticos y el articulado de la Constitución de Mariquita. Se ha dicho en la Comisión Ciudadana que este tipo de celebraciones no deben ser punto de llegada sino punto de partida, y así está siendo, gracias al entusiasmo y dedicación de sus integrantes, en particular a los ex gobernadores Néstor Hernando Parra, Yezid Castaño González, Eduardo Aldana Valdés y Ariel Armel Arenas; a Guillermo Pérez Flórez y Augusto Trujillo Muñoz, y los líderes cívicos David Ramón Caldas, William Calderón, Tiberio Murcia Godoy, Elsa Laverde, Guillermo Giraldo Gutiérrez, a Francisco Oviedo Serrate y a todos los integrantes de la Corporación CORARTE. Finalmente, quiero expresar reconocimiento y gratitud a Luis Carlos Delgado Peñón, Gobernador del Departamento del Tolima, por su confianza en la Corporación Cultural CORARTE y en la Comisión Ciudadana para hacer de este trabajo la oportunidad de continuar luchando por que el Tolima y Colombia recuerden este importante episodio de nuestra vida colombiana, la Constitución de Mariquita de 1815, un prologo majestuoso de lo que más tarde sería el Tolima. BLADIMIRO MOLINA VERGEL Presidente Corporación CORARTE Secretaría Técnica para el Bicentenario


PRESENTACIÓN *NÉSTOR HERNANDO PARRA ESCOBAR Los ensayos de Guillermo Pérez Flórez y Augusto Trujillo Muñoz con que se inician las publicaciones del “Centro de Estudios y Publicaciones José León Armero” recién creado por la Corporación de Educación del Norte del Norte del Tolima – COREDUCACIÓN, traen a la memoria el contexto histórico en el cual se expidió la Constitución del Estado de Mariquita, y exaltan los principios filosóficos y los ideales políticos que hace doscientos años inspiraron a los voceros de las diferentes regiones del entorno geopolítico que decenios después sería el Tolima. Nos presentan un legado que es necesario traerlo a valor presente, y que incita a continuar trabajando en su construcción y desarrollo, como que constituye una corriente de pensamiento favorable a la consecución de una sociedad menos inequitativa, menos insolidaria, menos desvertebrada que la que hoy tenemos. La encrucijada en la que se encontraron los revolucionarios de la independencia de los pueblos indoamericanos mostraba dos caminos: uno, el de continuar siendo dependientes culturalmente de Europa, ya no más de España, en momentos en que relucían la libertaria Francia de los derechos humanos y la potente Inglaterra de la revolución industrial; el otro, el de empezar a construir nuestra propia identidad, en busca de la “conciencia americana” de que nos habla Pérez Flórez. Fue en esa dirección que Simón Bolívar, José de San Martin y Miguel Hidalgo dieron inicio a la educación pública como instrumento esencial para el avance de los pueblos independientes, en cuanto “forjadora de la identidad cultural”, como la califica Emilia Pardo Bazán. De esa forma, ponían en acción las propuestas de dos grandes educadores: Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, que tenía un proyecto autónomo e igualitario, tendiente a rescatar la cultura borrada de nuestros aborígenes, a quienes habría que dar especial preferencia -a manera de una discriminación positiva- en virtud de su lengua, cultura y origen étnico; y Andrés Bello, consejero del Libertador, compañero de expedición científica de Humboldt, quien pese a su marcada influencia europea trabajó por la exaltación de “los americanos” como fundador de instituciones de educación superior y redactor de la normatividad civil que aún nos rige. Los amigos de la sumisión cultural impusieron el principio discriminatorio que excluía hasta de la educación a los no blancos, como en el caso de Faustino Sarmiento, reconocido por sus realizaciones en favor de la educación y la cultura en las diferentes regiones de Argentina, pero que no incluía a los indios ni a los negros porque no los consideraba aptos para la civilización. Algo similar sucedió con la mujer hasta años recientes, en virtud de que fuerzas conservadoras, comendadas por la iglesia católica, la consideraba inferior y no apta para funciones intelectuales, destinada exclusivamente a trabajos manuales propios del hogar. A fin de cuentas, la historia es el relato de las luchas entre opuestos, entre contradictores que con frecuencia excluyen el pacto, el convenio, el acuerdo y resultan conduciendo a sus pueblos a la guerra -la negación del derecho-, dejando unos pocos vencedores y muchos vencidos. Colombia ha sido durante estos dos siglos de vida republicana escenario bélico en el que la gente del común va empujada hacia la muerte y la destrucción por unos pocos dirigentes que, de uno u otro lado, buscan la gloria, la inmortalidad. O por grupos de intereses revestidos de pelambre variopinto. Movidos,


unos y otros, por el predominio discriminatorio, pocos contra las injusticias o por el impulso hacia una sociedad menos excluyente. Como bien lo presenta Augusto Trujillo Muñoz, nuestra nacionalidad no nace de la guerra, sino del derecho, producto de movilizaciones sociales no armadas, así tuviéramos que ir a los campos de batalla a defender esos primigenios derechos como pueblos independientes. Sin embargo, triste realidad, si la violencia no fue la partera de nuestra historia independiente, sí ha marcado el proceso bicentenario a través del cual seguimos intentando hacernos a nuestra propia identidad, luchando por ponernos de acuerdo para vencer las causas estructurales de la “guerra eterna” y construir una inteligencia colectiva que propicie la paz, incluyente y justa. Desafortunadamente, no nos va resultando nada bien pues la cultura de la violencia ha ido arraigándose hasta hundir anclas en buena parte de nuestros dirigentes. De allí la tesis subyacente de recurrir a las movilizaciones sociales no armadas, como las que hoy vienen dando las asociaciones de mujeres víctimas de la violencia, que en lugar de recurrir a más violencia o al rencor, acuden a la reclamación, la reparación y la verdad. Nos anima la esperanza de que las armas oficiales nunca sean superiores a la voluntad expresada de forma pacífica y organizada por los pueblos. En la historia contemporánea abundan y se multiplican los ejemplos de luchas victoriosas por vías no violentas. Los pueblos de las diferentes provincias de esa “primera república” adoptaron la forma político-administrativa que mejor se ajusta al ejercicio de la libertad y de la autonomía que le es inherente, si bien se reconocieron parte de un todo nacional. Pronto comenzaría el debate entre un sistema organizacional centralista y el de las autonomías, otro pretexto para tintar con sangre anónima nuestra historia, incivilizado procedimiento que doscientos años después aún aplicamos para resolver nuestros conflictos. Son hechos que traemos esporádicamente a nuestra memoria individual, pero que preferiríamos olvidar colectivamente. El Centro de Estudios “José León Armero” nace en un contexto global en el que los cambios veloces están conduciendo a dar valor social al conocimiento mediante el acceso abierto a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Sirven para conectar a nuestras comunidades entre sí, y a interactuar con personas de diferentes culturas del mundo a las que podemos dar a conocer la nuestra, a manera de un “cabildo abierto” al mundo. La cultura -a diferencia de la tecnología que a la vez que destruye, crea-, es acumulativa en cuanto va registrando evolutivamente los procesos científicos, tecnológicos y sociales de los pueblos, como capas superpuestas e interconectadas que generan la síntesis que finalmente las tipifica, las diferencia de otras. Por ello es menester “excavar” en la mente colectiva de nuestro pueblo mediante rigurosas investigaciones sociales, más allá de las económicas hoy prevalentes, para conocer mejor nuestra idiosincrasia -lo distintivo-, y ver la forma de extender una nueva capa que la haga proclive a la convivencia, al reconocimiento del otro, a la aceptación de la diversidad como parte integradora de la unidad y la igualdad. La democracia no podrá seguir siendo la grandilocuente narración de un ideal; será la construcción colectiva y experimental -de ensayo y error-, de un camino que ha de conducir a ideales de convivencia social y de superación continua del ser humano en busca de su dignidad y su felicidad. O no será. Nos compete colaborar con el estado y las instituciones sociales, como la universidad, en las tareas de desarrollar el talento humano mediante valores que hay que sembrar en la infancia y cultivar a través de toda su existencia. Hacia ese propósito la educación tiene la función de desarrollar las competencias que han de facilitar su decurso vital:


aprender a conocer, aprender a hacer y “aprender a vivir juntos (a convivir) para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas y, por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores”, como lo exponen Jacques Delors y otros en publicación de la Unesco. (1996) Averiguar las motivaciones de nuestra juventud, analizar la tradición que alberga en nuestros mayores, indagar las mejores aptitudes y vocaciones de quienes se encuentran en plena actividad productiva, valorar la intencionalidad social de nuestros dirigentes políticos, sopesar el grado de pertenencia regional de los empresarios, y cuantas más indagaciones nos den luces que inciten a debates en los que prevalezca la razón crítica. La mayéutica socrática, la que busca la luz, sigue siendo forma eficaz para crear conocimiento, por cuanto cuestiona, investiga, incita a pensar, reflexionar, a despertar inquietudes. Debates tantos como sean necesarios con tal de que con sus frutos podamos elaborar mensajes que encuentren eco en la mente colectiva de nuestros conciudadanos y se traduzcan en acciones que tiendan a conformar el tipo de sociedad que propicie la dignidad, el progreso y la felicidad de cada uno de los ciudadanos que en su conjunto conforman el pueblo tolimense. Debates que nos permitan construir consensos. No importa que nuestro esfuerzo solo sea un grano de arena, a fin de cuentas la sociedad del conocimiento, y la era de la creatividad que ya se anuncia, están siendo posibles gracias al microchip. Valencia, Junio de 2015.

*Néstor Hernando Parra Escobar (Nacido en Honda, 1931). Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, Universidad Libre de Bogotá. Áreas de especialización: Educación Superior y Ciencia Política. Ex-Rector de la Universidad del Tolima. Gobernador del Tolima, Parlamentario, Ministro Consejero y Embajador de su país ante las Naciones Unidas. Consultor institucional en Colombia y Latinoamérica. Miembro de la Comisión Ciudadana para El Bicentenario de la Constitución de Mariquita.


CAPITULO I ENSAYOS


MARIQUITA 1815 EL TOLIMA ANTES DEL TOLIMA *GUILLERMO PÉREZ FLÓREZ 1. El Pasado Visto En El Presente Una de las dificultades más grandes que tenemos los seres humanos para aproximarnos al pasado es la tendencia a juzgarlo desde las coordenadas mentales del presente. Por ello a una persona del siglo XXI le es casi imposible sentir y pensar como una del XIX. Esta limitación es el principal obstáculo para estudiar la historia. Hoy sabemos que la tierra gira alrededor del sol, pero para los contemporáneos de Aristarco de Samos, en el año 200 a de C., o de Nicolás Copérnico en el 1500, esto era inconcebible. Mirado desde nuestro tiempo algunos acontecimientos resultan pequeños. Eso sucede con ciertos episodios de nuestra historia, que suelen verse menores cuando en realidad su dimensión es inmensa. Eso ocurre con la constitución de la República de Mariquita de 1815. Para algunos es apenas una anécdota de poca trascendencia histórica, quizás porque este episodio no hace parte del repertorio de gestas militares que definieron la independencia de manera definitiva, quizás también debido a esa deformación cultural legada por el centralismo que ha gobernado durante más de cien años la vida republicana, que nos lleva a valorar con desdén aquellos sucesos del orden provincial. Se cumplen dos siglos de la expedición de esta constitución, que no dudo en calificar como el hecho político más importante que haya tenido lugar en el territorio que hoy conforma el Tolima. Habría sido un acto de indolencia cívica dejar pasar en blanco esta efemérides, pues el proceso constituyente desarrollado en este suelo fue rico y audaz. Fue ante todo un ejercicio de la inteligencia, en unos días aciagos y en extremo convulsos. Si bien la corona española se reponía de las heridas causadas por Napoleón Bonaparte y era ya un imperio tambaleante, venía de ser el primero de alcance global en la historia y era todavía el centro del mundo. También es preciso considerar que el fracaso de la primera república se presentía pues estaba en marcha la reconquista española. De manera que convocar una convención constituyente y electoral para darse una constitución y reafirmar la independencia de España fue un acto de inmensa audacia política. Un esfuerzo para salvar algo a todas luces insalvable, como lo entendió el Libertador Bolívar, quien se puso a salvo de la reconquista refugiándose en Jamaica. Pero en la provincia de Mariquita, ese grupo de hombres, liderados por José León Armero y Racines, creían que sí era posible salvaguardar la república y que para hacerlo bastaban la pluma y el derecho. Por ello el 22 de diciembre de 1814 Armero convocó la Serenísima Convención Constituyente y Electoral de la República de Mariquita, lo cual le costaría la vida casi dos años más tarde. El gobernador Armero fue fusilado el viernes 1 de noviembre de 1816 en la nueva ciudad de Honda. Tras su fusilamiento por la espalda, fue decapitado y su cabeza exhibida en una jaula de hierro para que sirviera de escarmiento y desmoralizara a quienes se rebelaran contra la corona. Tenía apenas 41 años y había adelantado una


breve pero meteórica carrera: diputado al Congreso Constituyente de Cundinamarca en 1810, plenipotenciario y gobernante especial en 1811, Gobernador de Mariquita en 1812, Vicepresidente interino en 1813 (cargo que luego ejerció en propiedad); Teniente Asesor y luego Presidente de Gobierno de Mariquita. Pertenecía a una elite culta. Discípulo de José Celestino Mutis, con quien estudió ciencias físicas, matemáticas y naturales, se había licenciado en ciencias políticas y derecho en el Colegio de San Bartolomé en Bogotá. Tal fue el hombre que lideró ese proceso constituyente en Mariquita, provincia que junto con la de Neiva, daría lugar al Estado del Tolima en 1861. 2. ¿Cuál Patria Boba? El desinterés de algunos historiadores por esa época, a la que denominan ‘patria boba’, es injustificado. Expedir una constitución puede parecer hoy algo común y corriente, pero en ese tiempo no. No existía en la atmosfera política una matriz democrática ni republicana basada en derechos y en el control del poder. Y no podía haberla. En ese período apenas comenzaba el tránsito de la monarquía hacia la república y de los súbditos a ciudadanos. En términos políticos, esto fue un salto copernicano que significó la demolición de unas tradiciones políticas que soportaron el orden colonial durante tres o más siglos. El rey, dueño y señor de todo, había sido rey desde siempre y por mandato de Dios. Predicar en contravía era ir contra la voluntad divina. Los esclavos habían sido esclavos, también desde siempre; los indígenas y los negros apenas se les consideraba humanos. De otra parte, aún no había ‘conciencia americana’. Los hombres y mujeres de este lado del mundo pertenecían a una tierra que a ellos no les pertenecía, ni podría pertenecerles jamás. Estos cambios políticos supusieron una ruptura de los paradigmas existentes. Romper dicho orden significaba matricularse en una gramática política nueva y cambiar el marco axiológico de las instituciones políticas. Era hablar de un nuevo soberano, de ciudadanos, de sometimiento a instituciones y no a personas. Hacerse cargo de sí mismos, introducirse en el servicio público, hasta ese momento monopolio de quienes nacían en donde residía el poder. Los hombres y las mujeres, hijos de padre y madre españoles, nacidos en tierras americanas, eran de segunda clase y vivían en una especie de limbo. Bolívar lo describe en la ‘carta de Jamaica’, escrita precisamente en 1815. “Estábamos, como acabo de exponer, abstraídos y, digámoslo así, ausentes del universo. En cuanto es relativo a la ciencia del gobierno y administración del Estado. Jamás éramos virreyes ni gobernadores sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces; diplomáticos nunca; militares sólo en calidad de subalternos; nobles, sin privilegios reales; no éramos, en fin, ni magistrados ni financistas, y casi ni aun comerciantes; todo en contravención directa de nuestras instituciones”. 3. La Pluralidad Cultural En la América meridional confluían diversas cosmogonías y tradiciones. Existía una población blanca, conformada por españoles europeos y españoles americanos (los llamados “criollos” o “manchados de la tierra”); por indios, negros, mestizos, mulatos y zambos. Esa pluralidad no encontraba elementos que le dieran cohesión. El paradigma monárquico resultaba insuficiente para albergarla y darle salida al choque entre los dogmas vigentes y los que comenzaban a emerger. Un choque entre privilegio e igualdad, entre sumisión y libertad, que da lugar a una redefinición de las lealtades


políticas. A quién se debía obedecer. ¿A quien aseguraba tener un derecho divino o al pueblo? A cuál tierra se pertenecía, a España o a América. Construir un nuevo orden, a partir de una constitución que resolviera ese choque y contestara los interrogantes, constituía un desafío inmenso. Había que luchar, además, no sólo contra el poder sino contra las creencias instaladas en la mayoría de mentes y corazones. Es esto lo que explica en parte, el grito de viva el rey, muera el mal gobierno que guía la primera fase de la independencia. El rey era bueno, pero sus representantes malos. Sólo cuando se produce la reconquista ordenada por Fernando VII, brutal y sangrienta, se rompe el lazo con la corona y comienza a adquirirse ‘conciencia americana’. La constitución de Mariquita contribuyó a esa ruptura y a crear un orden nuevo. Es desde esa perspectiva que debe valorarse su aporte. En Mariquita no se escenificaron combates militares, pero sí un desafío político e intelectual que se correspondía con un proceso de alcance no solo continental sino mundial. Armero y los constituyentes de 1815 son tributarios de ese esfuerzo colectivo de cambiar un orden viejo y fundar uno nuevo. 4. La Época El XIX fue un siglo que comenzó temprano y terminó tarde, y moldeó el rostro del orbe contemporáneo. Una época en la que el mundo cambió para siempre. Si hubiera que especificar dos acontecimientos para enmarcarlo pensaría que éstos serían la independencia de los Estados Unidos (1776) y la disolución de imperio otomano (1922), tras la primera guerra mundial. En esta etapa se producen tres grandes revoluciones y se consolida la noción del estado-nación, sobre la cual se edifica el orden actual. Con la excepción de la Unión Europea, aún en fase embrionaria, la humanidad no ha podido avanzar hacia nuevas formas políticas y permanece anclada en un modelo bosquejado en Westfalia en el siglo XVII pero viabilizado en el XIX y consolidado en el XX. Para los días en que Mariquita expedía y sancionaba su constitución, el imperio turco dominaba parte de Asia, África y Europa, y los imperios ruso y austríaco casi la mitad de Europa. Francia, emergía como el corazón de los cambios. Ya Napoleón Bonaparte había fracasado en el intento de derrotar a los rusos al mando de un ejército paneuropeo y había sido desterrado a Santa Elena, después de ser emperador de los franceses, príncipe de los andorranos, rey de los italianos e invasor de los españoles. Comenzaba a quedar atrás el tiempo de las monarquías europeas; se iniciaba la era de las repúblicas americanas. En el mundo todo era cambio, aunque España no entendiese nada de lo que pasaba, y eso le costara la pérdida de sus colonias en América. Mientras Estados Unidos afianzaba la independencia y daba vida a nuevas instituciones; y en Francia los Estados Generales se declaraban en asamblea constituyente en contra del rey y de la aristocracia, y la milicia nacional tomaba la Bastilla, Madrid hacía corridas de toros para celebrar la coronación de Carlos IV, cerraba las fronteras para evitar la entrada de las ideas revolucionarias, prohibía el aprendizaje del francés y la impresión, venta y lectura de libros franceses. En España empezaba el ocaso. Ahora bien, de este crepúsculo político en América se sabía poco. Había llegado a ser “el más vasto imperio del mundo”, el primero de alcance global, territorial y marítimo, con presencia en cuatro continentes, pero sus restos eran “impotentes para dominar el nuevo hemisferio y hasta para mantenerse en el antiguo”. La corona era incapaz de escribir nuevas


páginas gloriosas, como las que escribió tras el descubrimiento de América, cuando se extendió por el suroeste de Estados Unidos, México, el Caribe, Centroamérica y Suramérica, e incorporó a Filipinas, las Marianas y las Carolinas, África y buena parte de Italia. Era tan grande que en sus dominios no se ponía el sol. Pero el orbe se estaba desordenando y ordenando a la luz de nuevas ideas y nuevos avances tecnológicos: cañones de acero, fusiles, transportes a vapor, el telégrafo y dispositivos para establecer la longitud y navegar mejor, entre otros. 5. La Simultaneidad De Los Cambios Por alguna razón que es difícil entender a la luz de las limitadas herramientas tecnológicas de esos días, América entera vivía un mismo proceso político, en una simultaneidad similar a lo que hoy se conoce como tiempo real. Es alucinante que en una época sin periódicos casi, en la que solo una minoría sabía leer, en la que una carta entre América y Europa podría tardar varios meses en llegar, en todo el continente se viviera el mismo fenómeno político. Había una expansión “viral” de las ideas. Todo parecía confabularse en contra de España, inclusive ella misma. Los episodios vividos en 1808, con la invasión napoleónica y el vacío de poder generado en Bayona con la abdicación de Carlos IV y de su hijo Fernando VII en favor de Napoleón, habían encendido, sin proponérselo, las antorchas de la libertad en la América española. Este fue en realidad el detonante de las independencias hispanoamericanas. La ausencia transitoria de un soberano legítimo hizo sentir a los pueblos americanos y españoles la ilusión de que la soberanía les sería reconocida. La Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, en Sevilla, establecida en nombre de un rey ausente convocó a los americanos (por primera vez) a elegir representantes a dicho cuerpo; esto lo reiterarían las Cortes de Cádiz. Ese movimiento de juntas surgido para defenderse de los franceses en Sevilla, y que continuó en Valencia, Galicia, León y Asturias, encontró un correlato en la Nueva Granada. Así lo hicieron Cartagena (22 de mayo), Cali (3 de julio), Pamplona (4 de julio), Socorro (10 de julio), Santafé (20 de julio), Santa Marta (10 de agosto), Antioquia (31 de agosto), Quibdó (16 de septiembre), Neiva (22 de septiembre) y Nóvita (27 de septiembre) de 1810. Pero aquí, ¿quién era el pueblo? ¿Los peninsulares que vivían en América? ¿Los criollos? ¿Los mestizos? ¿También los indios y los negros? ¿Había que guardar lealtad a una corona depuesta o a la cabeza usurpadora? O era el momento de independizarse. Como puede verse, había más preguntas que respuestas. Es imposible saber cuál habría sido la suerte de la América indo-hispánica si Napoleón no hubiera producido tal inestabilidad en la Metrópoli. Posiblemente, los acontecimientos habrían tardado años en producirse, pero es poco probable que la corona hubiera conservado sus posesiones en América, dado el acumulado de inconformidad que ya existía, en especial por la discriminación de que eran objeto los “manchados de la tierra”, por los altos y nuevos impuestos que decretaba la corona, por la influencia que ejercían la independencia de los Estados Unidos y la revolución francesa, y por las ambiciones comerciales de Inglaterra, dispuesta guerrear por el libre comercio. España no había sabido leer los cambios que estaban viviéndose, ni adaptarse a ellos. Conocida, entonces, la noticia de la invasión napoleónica, comenzaron a propagarse las ideas independentistas por todo el continente, inicialmente con el pretexto de guardar lealtad a Fernando VII y rechazar al invasor francés. Pero en realidad ya en


México, en Quito, en la Nueva Granada, en Venezuela, en Chile, en el Río de la Plata venían cuestionando a España por su mala relación con las colonias, y en particular las instituciones virreinales. Empezaba a materializarse un proceso iniciado por las rebeliones indígenas en Ecuador (1777); por José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II) en el virreinato del Perú (1780); y por los comuneros del Socorro (1781). La América hispana era una caldera en ebullición a punto de estallar. En el Nuevo Reino de Granada este proceso derivó en disparidad de opiniones, no sólo entre los líderes de la revolución que comenzaba a gestarse sino entre los gobiernos de las ciudades. Se abrieron paso las rivalidades entre las capitales de provincia y las ciudades subordinadas, tras las primeras declaraciones de independencia desataron otro tipo de discusiones, entre ellas sobre el sistema de gobierno a adoptar. 6. La Provincia Mariquita no era ajena a este proceso continental. Era una de las catorce provincias en que estaba dividido el virreinato del Nuevo Reino de Granada, y desde los primeros minutos en que comenzó a gestarse la independencia se incorporó a la lucha, como lo demuestra el hecho de haber enviado a José León Amero al Congreso de Cundinamarca convocado por la Junta de Santa Fe. La provincia poseía un territorio grande y rico - famoso por sus minas de oro y plata, que colindaba con Antioquia, Tunja, Santa Fe, Neiva y Popayán y en ella vivían aproximadamente 60 mil personas. Era una región con diferentes tipos de tierras, flora y fauna, abundante agua y metales preciosos. Fundada en 1551 como corregimiento del Virreinato del Perú, que durante años fue la principal posesión de la corona española en América, y del que hiciera parte hasta que Felipe V, mediante cédula real creara el Virreinato de Nueva Granada en 1717, Mariquita fue un centro de vibrante actividad económica y científica; cuna de Gaspar de Figueroa, célebre pintor retratista de la época, y de Francisco Antonio Moreno y Escandón, fiscal de las reales audiencia de la Nueva Granada, de Lima (de la cual también fue oidor) y de Santiago de Chile, cargos reservados a los españoles peninsulares pero que Moreno y Escandón había alcanzado gracias a su inteligencia y conocimientos. Moreno y Escandón no tuvo relación directa con la independencia, eso es un hecho. Cuando ésta se produce ya había muerto (Chile, febrero de 1792), pero es justo recordar que, pese a ser un hombre de la burocracia virreinal, sus ideas y ejecutorias tenían un talante claramente modernizante, con acento en la educación; fundó la Biblioteca Pública de Santa Fe de Bogotá (actual Biblioteca Nacional) y como catedrático de la Javeriana mantuvo vivo su proyecto de una universidad pública y un plan de estudios que incluía física, matemáticas y trigonometría. Moreno y Escandón apoyó a José Celestino Mutis en la defensa del sistema copernicano. Un nieto suyo, José Gregorio Gutiérrez Moreno, hijo de Francisca Moreno de Gutiérrez, fue fusilado en 1816 también por respaldar la causa americana. En razón de la importancia minera, José Antonio Galán, el comunero, fue a Mariquita para promover un levantamiento popular contra los hacendados criollos y españoles, y contra la corona, lo cual confirma la importancia que tenía ésta en ese momento. Años atrás, había sido escogida por el Adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, como lugar de retiro en dónde expiar las frustraciones políticas por no haber sido nombrado gobernador de Santa Fe, sobre la cual reivindicaba derechos. Este conquistador, valga decirlo, fue uno de los más importantes entre los 1.200 conquistadores españoles que


vinieron a América. Es verdad que no alcanzó la fama de Hernán Cortes ni la de Francisco Pizarro, pero según sus propios reclamos y litigios en la Corte, le dio a la corona más fortunas que ellos dos juntos. Era un hombre de letras con estudios superiores (abogado), un caso muy diferente al de Pizarro, que no sabía ni tan siquiera leer. Mariquita era una región estratégica, con puertos sobre la mayor arteria fluvial del país. A la Villa de Honda se llegaba para iniciar el ascenso montañoso hacia Santa Fe, o bien para conectarse con el Atlántico, de camino a la Metrópoli. En esa época, Colombia no tenía carreteras, solo caminos de herraduras, y el Magdalena con sus 1.540 kilómetros conectaba el centro y el norte. Pero ir desde Barranquilla a Mompox podía tardar quince días, y de Mompox a Honda otros treinta. Debido a los “saltos del Honda”, donde se divide la navegabilidad del río en dos, la Villa de San Bartolomé adquirió la condición de ciudad puerto, adonde llegaban mercancías y gente, seda y arte europeos, oro y plata americanas para ser enviadas a Europa; un punto de encuentro de diversas culturas y gentes. Mariquita era de las pocas ciudades a las que la corona concedió escudo de armas, fue escogida por José Celestino Mutis como sede principal de la más trascendental expedición científica en tierras americanas, para el estudio de la flora y la fauna neogranadinas. Una gesta adelantada bajo el reinado de Carlos III, que permitió la recolección y clasificación de 20 mil especies vegetales y 7 mil animales, y el descubrimiento (para los europeos) de la quina, las propiedades del guaco, la yuca, la papa y la ipecacuana. La Real Expedición Botánica no fue únicamente una aventura científica, fue también, quizás sin proponérselo, una cantera insurreccional de la que hicieron parte, Francisco Antonio Zea, José Manuel Restrepo, Jorge Tadeo Lozano y Francisco José de Caldas. A estos dos últimos los hizo fusilar Morillo, porque “España no necesita sabios”, según la tradición popular. 7. El Fracaso De La Revolución Para 1814, cuando Armero declara la independencia de Mariquita (el 22 de diciembre) ya habían naufragado, tanto en Venezuela como en la Nueva Granada, la primera república surgidas tras 1810. España daba por superada la crisis política creada por Napoleón, y Fernando VII recuperaba el trono. En el virreinato de la Nueva Granada y en la capitanía de Venezuela se vivían momentos azarosos, de confusión e incertidumbre. Antonio Nariño y los miembros de la Junta de Santa Fe llevan años de enfrentamiento político; los patriotas estaban divididos entre el Estado de Cundinamarca y las Provincias Unidas de la Nueva Granada, lo cual que dio lugar a la primera guerra civil colombiana. La reconquista estaba en marcha. Pablo Morillo arribó a Santa Marta en julio de 1815, ya la serenísima convención constituyente y electoral había expedido la constitución. Dicha convención ratificó que Marquita se mantendría dentro de las Provincias Unidas y que sería independiente de España, de Cundinamarca o de cualquiera otro Gobierno que no fuese elegido por los pueblos. Ahora era el pueblo quien daba y quitaba el poder. El de Armero y los constituyentes, fue un esfuerzo casi postrero para mantener viva la Independencia. Un gesto de valentía, de fe en la política y en el derecho. Pablo Morillo y Morillo, uno de los hombres más odiados en Venezuela y Colombia, tiene en su favor haber firmado con Bolívar el tratado de regulación de la guerra, que es la pila bautismal del derecho internacional humanitario. Había sido enviado por


Fernando VII en 1814 con la misión de recuperar Montevideo y apoyar al ejército Real del Perú en la pacificación de las provincias del Río de la Plata. Pero conocida la derrota de la Real Armada en el sur se desvió a Venezuela para apoyar las fuerzas realistas en el Perú y recuperar la Nueva Granada. Morillo era un militar de prestigio, condecorado con once cruces de distinción, y el grado de teniente general; ostentaba dos títulos de Castilla; la dignidad de Prócer; la Gran Cruz de Carlos III; la Orden Militar de San Fernando, de Justicia, de Isabel la Católica, Caballero de San Hermenegildo, y Regidor perpetuo de La Coruña. Ninguno de estos títulos le impidió ensañarse contra la inteligencia neogranadina. Después del sitio a la ciudad amurallada le fue otorgado el título de conde de Cartagena. Su expedición partió de Cádiz, compuesta por sesenta y cinco buques y 10.000 hombres, la mayor fuerza militar que durante tres siglos había enviado la corona a América. Llegó con órdenes precisas de sofocar a los rebeldes a como diera lugar. 8. La Desunión El bicentenario de la constitución de 1815 es una oportunidad excepcional para reflexionar sobre cuestiones de relevancia nacional. Una de ellas es la escasa disposición de los colombianos para buscar la concertación (circunstancia que hizo fracasar la primera república), una de las diferencias con el proceso de independencia de Estados Unidos, que estuvo presidido por un fuerte sentimiento de unidad nacional, quizás debido a ese pragmatismo del cual siempre han hecho gala. Se le atribuye a Benjamín Franklin la siguiente frase, contestando a un comentario de John Hancock (el presidente del Congreso) sobre la importancia de permanecer todos unidos: “Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos o, casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado”. En la Nueva Granada se vivió un desarrollo diferente. En la conformación de las juntas y en las diferentes provincias hubo lugar a una enconada rivalidad política, una lucha entre ciudades principales y ciudades subordinadas. La historia habría sido diferente si la unidad hubiera sido un propósito político. Es posible que la geografía haya generado dificultad para comunicarse y fraguar acuerdos entre las provincias, pero este factor no es suficiente para explicar la cantidad de conflictos que se desataron. Mompox desafió a Cartagena, Girón a Pamplona, San Gil y Vélez a Socorro, Sogamoso a Tunja, Ambalema a Mariquita, y Cali unió a Buga, Anserma, Toro, Cartago y Caloto contra Popayán. Mariquita, en un principio, estuvo dispuesta a buscar el entendimiento con Santa Fe, pero algo la hizo desistir, luego de que fuera anexada a Cundinamarca. Por ello en el artículo 2 del título IV de la constitución habla de la independencia del Estado, de todo otro gobierno y autoridad civil que no fuese establecida dentro de ella misma por los legítimos representantes de sus pueblos. Ahora bien, es importante precisar que su propósito no era el de ser un estado aparte, su constitución reconocía a las Provincias Unidas y delegaba en el Gobierno General, “por ahora y sin perjuicio de las reclamaciones que puedan hacerse en beneficio de esta provincia, las facultades que les están reservadas en los ramos de Hacienda, Guerra y demás trascendentales a la generalidad de los Estados Unidos por el Plan de Reforma…”. Los constituyentes de 1815 le admitían a las Provincias Unidas competencia en materia de impuestos, defensa “y asuntos trascendentales”, pero reivindicaban para sí un conjunto de competencias importantes. En este aspecto, Armero disentía de Nariño, y también de Bolívar, quien terminó siendo centralista, ambos creían que la suerte de la república


dependía de la formación de un estado grande, centralizado y fuerte. De allí los diferentes proyectos políticos de Bolívar. Primero, Colombia, luego la Confederación Andina en el sur y una posible alianza hemisférica con capital en Panamá. La historia nos ha demostrado, no obstante, que Colombia siempre ha tenido más territorio que población y Estado, y que es la falta de gobernabilidad sobre el territorio el origen de muchas de nuestras desventuras políticas. La desunión ha estado presente desde antes de que Colombia naciera a la vida republicana. El enfrentamiento entre los diferentes centros de poder y la falta de diálogo hicieron fracasar la independencia impulsada por los cabildos y los gobiernos provinciales; y que ésta se aplazara hasta agosto de 1819, luego de un sangriento período en el cual se trenzaron a muerte criollos y españoles. El desencuentro entre centralistas y federalistas se mantuvo vivo a lo largo del XIX y fue la principal fuente de inestabilidad política, la que se saldaría con la batalla de La Humareda en 1885, tras la cual Rafael Núñez declaró muerta la constitución de 1863 (liberal, laica y federal) e impuso la de 1886 (conservadora, autoritaria, clerical y centralista). Parecería que los colombianos careciéramos de vocación para la política, entendida ésta como la búsqueda del acuerdo. Aunque es verdad que la dificultad para alcanzar consensos, para buscar la unidad y mantenerla en medio de las divergencias políticas y las diferencias sociales, se dio en todos los países bolivarianos, y hace parte de nuestra tradición política. Dicha incapacidad dio al traste con la idea bolivariana fraguada en Angostura y consolidada en Cúcuta: la República de Colombia, o la gran Colombia como suele llamársele. La división y la ausencia de un proyecto común han actuado como una especie de maldición bíblica. Algunos historiadores han llegado a registrar 149 guerras civiles durante el XIX. División entre centralistas y federalistas, división entre civiles y militares, tras la independencia; división de los liberales, y entre liberales y conservadores, que nos condujo a la guerra de los mil días, a la muerte de cien mil personas y a la pérdida de Panamá. Las diferencias entre Bolívar y Santander casi dan al traste con la independencia del Perú. Mientras el Libertador llevaba a cabo la campaña del Sur, Santander encargado del poder ejecutivo en Bogotá se negaba a apoyarlo mientras una ley del Congreso no lo autorizara, “aunque se lleve el diablo a la República”. División también entre liberales y conservadores en la mitad del XX, con varios miles de muertos. Ese pecado original se ha extendido a nuestros días y se observa en casi todas las esferas de la vida. Alguien dijo que Colombia no era un pueblo sino un país de individuos, pero Bolívar lo había expresado con mayor crudeza al afirmar que “cada colombiano era un país enemigo”. La desunión, pues, ha sido un rasgo cultural. 9. La Ingobernabilidad Otro aspecto de actualidad para debatir es la gobernabilidad del territorio. Armero y los constituyentes de 1815 querían construirla con la institución provincial, una entidad con fuerte arraigo social, que intentaba reflejar la realidad geográfica natural, como lo demuestra la existencia de las provincias de Antioquia, Tunja, Cartagena, Popayán, Pamplona y Neiva. Los constituyentes del 15 no se inventaron un Estado, se limitaron a reconocer una región natural. Los departamentos, que nacieron posteriormente, no han sido una respuesta eficaz ni eficiente para dinamizar el desarrollo y cohesionar las regiones. El Tolima, surgido de las provincias de Mariquita y Neiva, ha carecido de cohesión, de metas y propósitos regionales. Pocas cosas hay en común entre las


gentes del norte cordilleruno con las de los pueblos ribereños del Magdalena, y, lo que es peor, escasas son sus relaciones sociales, económicas, políticas y culturales. El diseño institucional actual, viciosamente centralista, ha producido territorios sin imperio de la ley y sin infraestructura, y esto ha propiciado exclusiones en el desarrollo y el surgimiento de para-estados. Los constituyentes de Mariquita tenían una idea política más ajustada a la realidad geográfica, que es un factor determinante en nuestra historia. En Colombia, a diferencia de México y Perú, no hubo imperio indígena, como el azteca o el inca. Ninguna tribu pudo dominar al centenar de etnias que poblaron su territorio. Creo que les fue imposible por la variable geográfica. Doscientos años después de la Independencia está vigente el debate sobre cuál es el modelo territorial apropiado para dar gobernabilidad al territorio y hacer un desarrollo igualitario e incluyente. Colombia es un país culturalmente diverso y políticamente plural que no encuentra en el centralismo las condiciones óptimas para desarrollar sus variadas y ricas potencialidades. La constitución del 91 marcó un intento autonómico pero ha sufrido regresiones luego de dos décadas. Es tiempo de estimular el desarrollo regional, reconociendo las particularidades culturales, climáticas y económicas. 10. La Constitución La constitución de Mariquita tiene un talante liberal y contractualista e inauguró una sociedad de derechos y no solo de obligaciones. Es una apuesta por la soberanía popular. “El fin de la Institución, continuación y administración del Gobierno, es asegurar la existencia del cuerpo político, protegerlo y proporcionar a los individuos que lo componen el poder de gozar con tranquilidad y seguridad sus derechos naturales, y las bendiciones de la vida y siempre que no se logren estos grandes objetos, tiene el pueblo un derecho a que se altere la forma de su Gobierno, y tome aquella que mejor convenga a su seguridad y felicidad”. Esto significó, casi, constitucionalizar el derecho a la rebelión. Ignoro si esa fue una tendencia en ese tiempo, pues luchar contra la tiranía del gobierno era una de las causas insurreccionales. Por eso uno de los objetivos de la constitución era blindarse contra ella. La ley debía “proteger así la libertad pública como la de cada individuo en particular contra la opresión de los que gobiernan”. (Núm. 12 Título I). Como lo afirman muchos historiadores, los indígenas fueron los grandes perdedores de la independencia. Los criollos destruyeron la institución de los resguardos con el propósito de liberar sus tierras y convertirlos en mano de obra barata. Así, las tierras comunitarias indígenas quedaron desprotegidas durante muchos años. La constitución de Mariquita quería y disponía otra cosa. Les reconocía a los indígenas su condición de ciudadanos y trataba de incluirles, asimilándolos pero no por la fuerza, como había sido el uso durante años. En efecto, el artículo 1 del título XXIII prescribía: “Como la parte de ciudadanos que hasta hoy se ha denominado indios no ha conseguido el fruto apreciable de algunas leyes que la monarquía española dictó a su favor…” ordenaba que se les proporcionaran “escuelas, academias y colegios en donde aprendan todos los que quieran los principios de religión, de la sana moral, de la política, de las ciencias y artes útiles y necesarias para el sostenimiento y prosperidad de los pueblos…” Los constituyentes querían que los indígenas no siguieran viviendo aislados y “temerosos de tratar a los demás hombres, prohibiendo desde ahora que puedan aplicarse involuntariamente a prestar sus servicios a los tenientes o curas de sus parroquias ni


otra persona alguna…” Igualmente, eran conscientes de la justicia que significaba devolverles las tierras y preservarles las que todavía tenían, “permitiéndoles el reparto en propiedad de las tierras que les estaban concedidas y de que están en posesión…” Esta es la única referencia al indígena, aparentemente no muy trascendente, y eso quizás obedece al hecho de que para esa fecha dicha población ya estaba extremadamente menguada. Los Marquetones, los Ondamas, los Gualíes, Pantágoras, Lumbíes, pertenecientes a la familia Panche, conformaron una población numerosa, con avanzados conocimientos en agricultura y orfebrería, pero sufrieron una sensible disminución, debido al maltrato y a las enfermedades. Otro aspecto importante es que la Constitución no era rupturista, excepto con dos asuntos: la independencia y la defensa de la libertad individual. Hay elementos que así lo sugieren. Uno tiene que ver con la forma en que trata la cuestión de la esclavitud, al prescribir la libertad de vientres y no su abolición abrupta, de cual otros eran partidarios, entre ellos Bolívar. En este asunto los constituyentes intentaron esa variante, tras comprobar que las leyes de libertad perjudicaban a los esclavos más de lo que les beneficiaban. Por ello no propusieron una ruptura súbita, pero sí prohibieron su importación y comercio (Art. 3, título XXIII), lo cual era una forma no rupturista de terminar con esa inhumana institución. La esclavitud en Colombia sólo fue abolida en 1851 y en Venezuela en 1854, en razón a la oposición que encontró entre los grandes hacendados; solo fue posible hacerla realidad cuando los dueños de las haciendas y las minas vieron que era más rentable liberarlos que mantenerlos. De manera que la fórmula de los constituyentes de Mariquita, habría sido más eficaz. La abolición de la esclavitud fue, en todo caso, la deuda más grande de la independencia. También es digno de resaltar que la constitución construía sobre lo construido. Reconocía, por ejemplo, que la corona había expedido normas de protección de los indios que las autoridades virreinales no habían aplicado. Actitud que tiene mérito, si se tiene en cuenta que para ese momento el anti españolismo estaba en apogeo y se buscaba anular todo vestigio de España. Algo similar ocurría con la libertad de prensa. Consagró la libertad de imprenta pero le reconoció a la Iglesia Católica el privilegio de reproducir sus textos, conforme al concilio de Trento. No buscaba, pues, fundar un orden nuevo sobre las cenizas del viejo. 11. Apostilla Colombia tiene un sinnúmero de desafíos y es preciso abordarlos a partir de nuevos paradigmas. El fortalecimiento de las provincias, tal como lo concebían José León Armero, Benito Palacio, José María Conde, Femando Fernández, Nicolás María de Buenaventura, Manuel González, Juan de Dios Olano, José Ignacio Lucena, José María Ortiz, Antonio José González, Nicolás Manuel Tanco, Bruno Martínez de Zaldúa, Valentín Armero y Rafael Diago, secretario de la Serenísima Convención, es uno de ellos. Si José León Armero y los demás constituyentes vivieran, seguramente volverían a impulsar la Colombia de las provincias. Estaría bien que en el bicentenario de su constitución estimuláramos este debate, al menos en el ámbito regional. Desde aquí, desde la fértil y bella tierra de Mariquita, que constituyera el Tolima antes del Tolima. Una tierra brava y majestuosa que ha sufrido, como quizás ninguna, los dolorosos estragos de la intolerancia. Es tiempo de volver a soñar con la política y el derecho, como lo hicieron los constituyentes de 1815, cuando expidieron la Constitución del


Estado Libre y Soberano de Mariquita. A los 200 años de esta gesta, honramos su memoria y reconocemos que la suya fue una obra grande y digna, aún vista desde nuestro tiempo. Mariquita, junio de 2015.

*GUILLERMO PÉREZ FLOREZ, Nacido en Mariquita-Tolima, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Ex Diputado de la Asamblea del Tolima y Ex Concejal de Mariquita, Comunicador Social y Periodista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Curso Integral de La Defensa Nacional (CIDENAL 2011) de la Escuela Superior de Guerra, Diplomado en Derechos Humanos y Empresa de las Universidades del Rosario y Externado de Colombia, Consultor en Riesgo Político y Seguridad, Columnista del Diario el Nuevo Día (Tolima), Colaborador habitual de la revista Política Exterior (España), miembro de la Comisión Ciudadana para el Bicentenario de la Constitución de Mariquita.

COLOMBIA NACIÓ EN MEDIO DEL DERECHO


“UNA MIRADA AL CONTEXTO DE “LA PRIMERA REPÚBLICA” *AUGUSTO TRUJILLO MUÑOZ Introducción El 20 de julio de 1810 es la fecha convencional de la independencia, pero antes y después, hubo movilizaciones sociales en diversos sitios del virreinato. Todas ellas de naturaleza civil y de ámbito local. El profesor Antonio García expresó alguna vez, que dicho proceso no se cumplió con ejércitos sino con cabildos. Por desgracia posteriores episodios militares –glorificados todos- invisibilizaron aquellas movilizaciones y proyectaron una visión heroica y bélica de la independencia. Los sucesos del cabildo abierto de Santafé convirtieron el 20 de julio en la fecha emblemática de la independencia, pero aquella movilización no tuvo vocación separatista. Tuvo sentido libertario en cuanto los neogranadinos –integrados el pueblo y sus dirigentes- hicieron conciencia del momento histórico que enfrentaban. En la memoria de todos burbujeaba la historia acumulada de los últimos treinta años: desde la rebelión de los Comuneros hasta el Memorial de Agravios. Eran manifestaciones inequívocas del malestar con el virreinato. El cabildo designó una Junta de Gobierno a la cual le encargó redactar una Constitución “que afiance la felicidad pública”, contando con las demás provincias neogranadinas. En virtud de su autonomía, cada una de ellas redactaría su propia Constitución y luego se integrarían todas en un sistema federativo. Así mismo, el cabildo abierto decidió que no resignaría los derechos soberanos inherentes al pueblo, sino en la persona del rey “siempre y cuando venga a reinar entre nosotros”. Mientras tanto el gobierno estaría a cargo de la Junta, cuya prioridad sería la Constitución y la garantía de los derechos de los ciudadanos residentes, españoles y criollos, para evitar abusos. La historia oficial le trasladó a los colombianos aquella visión heroica de la independencia. Por eso el ciudadano común sólo la entiende vestida de charreteras, caminado en zapatillas o jinete en briosos potros, pero armada de lanzas y de arcabuces. Nada más alejado de la realidad. El 20 de julio se amotinó la población. Todos sus sectores –los notables y los populares- se convocaron, unida y multitudinariamente, en la plaza principal. La arenga de José Acevedo y Gómez fue clave: “Si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, seréis tratados como insurgentes”. Fue una movilización civil, dirigida por estudiosos y empujada por toda la comunidad santafereña. Juristas, científicos, eclesiásticos, periodistas, médicos, todos hombres de ideas, constituyeron la generación precursora de la independencia. Y fue una movilización local, cuyos ejes se instalaron en Santafé, pero también en Cartagena, en Pamplona, en Mompox, en Cali, en medio de las autonomías de cada provincia. Hubo incluso algunas que se mantuvieron fieles a la Corona. Ninguno de los miembros de la generación libertadora estuvo presente en 1810. El contexto intelectual, político y social de la Nueva Granada en el período que algunos llaman, tendenciosamente, “la patria boba”, se debe denominar “la primera república” 1. 1 El apelativo de “patria boba” fue utilizado, impropiamente, por Antonio Nariño, por


Demuestra, además, que los sucesos que dieron origen a la independencia tienen como marco una idea incontrovertible: La república no nació de la guerra. Colombia nació en medio del derecho. El Contexto El paisaje social, espiritual y humano de 1810 no se entiende sin mirar hacia la insurrección de los comuneros, hacia la Real Expedición Botánica y hacia la invasión Napoleónica a España. Lo sucedido entre las Capitulaciones de Zipaquirá y la primera Constitución de Cundinamarca tuvo una impronta del pensamiento español: “En las capitulaciones firmadas…entre los jefes del movimiento y las autoridades españolas, no se habla de derechos inalienables del hombre, ni de contrato social, ni se invocan principios metafísicos para justificar las peticiones de las villas del oriente colombiano. No hablan del pueblo y de la soberanía popular sino que, utilizando el viejo vocablo castellano de rancio sabor medieval, se refieren al “común” y a los intereses de las “comunidades”...Es claro que las capitulaciones están concebidas de acuerdo con el espíritu democrático de antiguas tradiciones jurídicas y políticas peninsulares. En primer lugar, la secular costumbre castellana y aragonesa de que el rey no podía imponer tributos sin consentimiento de los cabildos, estaba presente en la pretensión de suprimir totalmente ciertos impuestos…o en la de reducir y cambiar la forma de recaudo en otros. Por ninguna parte asoma en las capitulaciones de Zipaquirá la aceptación de un poder absoluto de la corona, ni la duda sobre el derecho de los súbditos de hacer oír su voz cuando se trata de dictar leyes que regulan la vida en común”2. La rebelión comunera de 1781 amalgamó también a notables y a humildes. De alguna manera recuerdan el levantamiento de los “comuneros de Castilla” en 1520 contra el rey Carlos V. Dos siglos antes aquellas gentes castellanas “del común” protestaron y se enfrentaron al monarca reclamándole no sólo sus libertades como personas sino el respeto por sus viejas autonomías local/provinciales. Ni siquiera habían nacido los grandes pensadores de la modernidad, cuando los comuneros castellanos, formados en las tradiciones forales expresaban su rechazo al absolutismo. Por otro lado, la Real Expedición Botánica puso en la mano de los criollos el avance del pensamiento científico. Dirigida por José Celestino Mutis sirvió de alero para el trabajo de talentosos pintores y para la formación de precursores de la independencia. Entre los primeros se cuenta don Francisco Javier Matiz, nacido en Guaduas, a quien Humboldt se refirió como “el mejor ilustrador botánico del mundo”. Entre los segundos figuran Eloy Valenzuela, el sabio Caldas, José María Carbonell, para citar solo algunos. La expedición tuvo sede en La Mesa, en Bogotá y en Mariquita. La invasión napoleónica produjo una reacción en toda España contra los franceses. Tanto en la península como en sus posesiones de América se formaron Juntas de Gobierno, todas de ámbito provincial, a través de las cuales el pueblo español –el de la metrópoli y el de las colonias- recobraba la soberanía que había depositado en el rey, para devolvérsela cuando fuera liberado por los invasores. Esta es otra reacción primera vez en el año 1823. 2 Jaime Jaramillo Uribe. “El pensamiento colombiano del siglo xix”, Editorial Temis, Bogotá 1974, pp. 105 y 106.


típicamente española, cuyas raíces se hunden en el pensamiento medieval ibérico, según el cual el rey recibe su poder del pueblo y debe someterse al derecho. De estos tres vectores surgen las movilizaciones neogranadinas de 1810. En las gentes del común, soliviantadas en 1781, se veían los sectores populares. En las ideas científicas, los miembros del patriciado criollo. En las Juntas locales de Gobierno, la vertiente más progresista del pensamiento español, nacida de los fueros territoriales del Medioevo Ibérico. Hubo una especie de acuerdo tácito en lo fundamental, amasado en la tesis neo-escolástica hispana, según la cual la resistencia a la tiranía es legítima y no significa sedición3. Esos criterios sirvieron a los Comuneros para levantarse en El Socorro y a sus dirigentes para suscribir las capitulaciones de Zipaquirá; a los discípulos de Mutis para encontrar un espíritu filosófico-científico, estimulado también por los programas educativos propuestos por el jurista Mariquiteño Francisco Antonio Moreno y Escandón; y a las Juntas de Gobierno locales, en 1810, para realizar cabildos abiertos que reclamaran la adopción de una Constitución. “El pensamiento de los padres Francisco Suárez y Juan de Mariana llegó a la América española mucho antes que el de Rousseau y Montesquieu, creando las primeras bases doctrinarias de resistencia al absolutismo”4. Hubo, por supuesto, en el pensamiento neogranadino otras influencias y hubo también criollos que suscribieron el populismo jacobino. Los criollos conocían los desarrollos de las tres grandes revoluciones modernas cuyo estudio, por separado, genera “la imposibilidad de aprehender los modos de infiltración del debate franco-americano…sin tomar en cuenta que, entre esos dos procesos se estableció un amplio intercambio ideológico…”5. Nariño tradujo los derechos del hombre y del ciudadano y estudio varios autores franceses, pero profesó devoción especial por el norteamericano Benjamín Franklin. Camilo Torres, en su célebre carta al oidor de Quito Ignacio Tenorio, denota influencia norteamericana al sugerir la idea de imitar su conducta y seguir sus pasos pero, en ese mismo texto, asimila las ideas del francés Jacques-Pierre Brissot y la visión girondina de la revolución francesa, la cual tuvo connotaciones federales. Pero su Memorial de Agravios es un documento escrito por un español, para españoles. Y “tuvo en el ámbito neogranadino la fuerza moral del requerimiento justo… (Además) confirmó la manera mesurada pero enérgica, austera y firme, valerosa y franca, que caracterizó el itinerario heroico de los fundadores de la nacionalidad”6. Además Torres, Caldas, Nariño, los Pombo, Vargas, Carbonell eran letrados. En la Nueva Granada las movilizaciones de 1810 estuvieron a cargo de hombres de ideas, de leyes, de ciencia. Por el contrario, en toda América del sur, los libertadores –Bolívar, San Martín, Santander, Artigas- eran hombres de armas. Aquellos privilegiaron la 3 Tales conceptos fueron desarrollados por la “Escuela de Salamanca” cuyos miembros se orientaban por la noción de justicia pero afirmaban que ésta no se conseguía igualando sino diferenciando. Francisco de Vitoria, Juan de Mariana, Francisco Suárez y Luís Molina son algunos de sus miembros. 4 Antonio García. “Los Comuneros”, Plaza & Janés, Bogotá 1981, p.141. 5 Jaime Urueña Cervera. “Nariño, Torres y la revolución francesa”, Ediciones Aurora, Bogotá 2007, pp. 23 y 24. 6 Diego Uribe Vargas. “Las Constituciones de Colombia”. Ediciones Cultura Hispánica, Tomo I, Madrid 1977, p. 37


Constitución; éstos privilegiaron la independencia. Los primeros se sentían españoles, como los de la metrópoli; los segundos fueron antiespañoles. El lustro trascurrido entre 1810 y 1815 fue un intenso proceso de búsqueda institucional para los neogranadinos. Se aprobaron más de quince constituciones entre la de Cundinamarca en 1811 y la de Neiva en 1815. Es más, la década de 1811 a 1821 registra la evolución doctrinaria, intelectual y política de una sociedad en formación, que inició la búsqueda de sus instituciones a través de autonomías provinciales y la culminó con la conversión de la Nueva Granada en estado-nación, con el nombre de Colombia. Las autonomías son una tradición hispana; el estado-nación es un producto de la modernidad. La Vocación Constitucional El 4 de abril de 1811 se aprobó la Constitución de Cundinamarca, ciertamente, la primera del mundo adoptada en idioma español 7. En su artículo 1º, expresa que el pueblo ha reasumido su soberanía desde el momento en que el emperador de los franceses mantiene cautivo al “señor don Fernando VII, Rey legítimo de España y de las Indias”. Así mismo consigna que ese pueblo soberano “necesita darse una Constitución, que siendo barrera contra el despotismo, sea al mismo tiempo el mejor garante de los derechos imprescriptibles del hombre y del ciudadano”. En esas condiciones, el artículo 2º de la Constitución, ratifica su reconocimiento al rey quien desde la aprobación, por el Cabildo de Santafé, del Acta del 20 de julio de 1810 había recibido la confianza del pueblo “siempre que venga a reinar entre nosotros”. Sin embargo, cinco meses después, el 19 de septiembre de 1811, se reúne nuevamente la representación de Cundinamarca y “teniendo en consideración que la Constitución primitiva de este Estado, publicada el 4 de abril del mismo año, necesitaba revisión por haberse formado precipitadamente para satisfacer a los deseos y a la instancias de los pueblos que exigían el que con prontitud se les diese alguna” decidieron revisarla y expedir un nuevo estatuto fundamental, aprobado el 18 de julio de 1812. En esta nueva Constitución se modifica esencialmente la forma de gobierno, aunque ambas consagran la separación de las tres ramas del poder. En el texto del 4 de abril el Título III consigna que “la Provincia de Cundinamarca se erige en monarquía constitucional para que el rey la gobierne según las leyes”. El rey “jurará sostener y cumplir esta Constitución como base fundamental de gobierno” y cualquier infracción será mirada “como una renuncia a la Corona”. En el nuevo texto, el Título II consagra un gobierno popular representativo y, el Título V, un poder ejecutivo compuesto “de un presidente y dos consejeros, todos tres con voto deliberativo”. En la segunda Constitución de Cundinamarca aparece, por primera vez, la firma del jurista José León Armero, como delegado de Honda. Armero había nacido en Mariquita en 1775 donde, siendo muy joven, estudió ciencias físicas y naturales como discípulo del sabio Mutis. Más tarde fue enviado a la capital de virreinato. Allí se licenció en 7 Antes de esa fecha hubo algunos documentos que se reconocen como “actas constitucionales”, pero no como constituciones propiamente dichas. El 27 de noviembre del mismo año se aprobó el Acta de Confederación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, y el 9 de diciembre la Constitución de la Provincia de Tunja. Las tres aparecieron en 1911, mientras a Constitución de las Cortes de Cádiz, que fue la primera gran Carta liberal española, fue aprobada el 19 de marzo de 1812.


derecho y en ciencias políticas. En 1810 fue elegido miembro de la representación o Congreso de Cundinamarca y dos años más tarde decidió centrar su actividad política en Mariquita. El 17 de enero de 1815 el Congreso de Cundinamarca ordenó la incorporación de Mariquita a su territorio. Armero –devoto de las autonomías provinciales, y que había convocado la Convención Constituyente el 22 de diciembre del año anterior- rechazó dicha incorporación y declaró la independencia de España o de cualquier otra autoridad. En esa forma, Mariquita fue constituida como República, con capital en Honda, y José León Armero nombrado su primer presidente. Las constituciones de “la primera república”, e incluso las actas constitucionales de la época, tuvieron inspiración y consideraciones semejantes. Entre todas ellas hubo influencias recíprocas que se advierten fácilmente en sus respectivos textos. Hubo actas en El Socorro y en Timaná en 1810, en Neiva y en Mompox en 1812 y una en Pamplona antes de 1815 que no se conoce 8. Según el jurista José María Samper hubo, igualmente, una Constitución en Casanare que tampoco ha sido encontrada. La Constitución de Mariquita no escapa a esas características. Sin embargo, deben destacarse de ella dos elementos clave: desde el punto de vista político abre la puerta hacia la libertad de los esclavos, y desde el punto de vista jurídico a la idea de la supremacía constitucional. El primero está contenido en el Titulo XXIII y el segundo al finalizar el Título XXV. Pero además, el artículo 5 del Título XXIV establece: “En ningún tiempo y por ningún caso podrá suspenderse el imperio de la Constitución”. De él se desprende la defensa del principio del control, que es el principio democrático por antonomasia. Para Armero, una Constitución era la garantía vital de las libertades. La Constitución de Neiva, aprobada el 31 de agosto de 1815, fue la última de las constituciones provinciales de “la primera república”. La provincia de Neiva –como la de Mariquita- había sido anexada a la jurisdicción de Cundinamarca en 1812, lo cual también generó rechazo. “Finalmente, forzada Cundinamarca a incorporarse a las Provincias Unidas, quedaron flotando las dos descarriadas y por ello procedieron a organizarse dentro del sistema general del conjunto político Provincias Unidas de la Nueva Granada”9. Esta Constitución se discutía en Neiva, mientras Morillo sitiaba a Cartagena para iniciar la reconquista. Ahora bien, España quiso conservarse fiel a sí misma e ingresar a la modernidad de la mano de su propia historia. Se encontró, sin embargo, con la decadencia de su imperio y, por lo mismo, con el deterioro de su influencia política, económica y espiritual. Nada tan distinto a al sentimiento capitalista y al manejo pragmático de la vida como el modo de ser español. Pero nada tan oportuno para el modo de ser burgués, como apostarle al absolutismo monárquico para imponer, desde arriba decisiones que pusieran la política al servicio de la economía. En ese ambiente espiritual se formaron las generaciones neogranadinas precursoras de la independencia. No tenían ellas el talante calvinista que se apropió de la modernidad, ni el interés en suscribir sus paradigmas. Los criollos no estaban 8 La Constitución de Pamplona, aprobada en mayo de 1815, fue redactada por una “Comisión Revisora”, por lo cual se supone que hubo un texto anterior, que estaba siendo objeto de revisión. 9 Carlos Restrepo Piedrahita. “Primeras Constituciones de Colombia y Venezuela”, Universidad Externado de Colombia, Segunda Edición, Bogotá 1996, p. 146.


pensando en trasplantar de Europa el estado-nación sino en consolidar las autonomías local/provinciales. Tenían un sentido de comunidad en medio de la diferencia y, por eso, no necesariamente asociaban nación con estado. Pero el proceso que la generación precursora quiso desatar, a partir de aquellos principios, se fracturó por los desacuerdos entre ellos mismos –ahora sí- originados en influencias políticas modernas, y luego por la misma reconquista española, cuya truculencia radicalizó aún más a los granadinos contra los peninsulares. La generación libertadora es hija del pensamiento que inspiró las tres grandes revoluciones liberales. Tenían el convencimiento de que la nación debía expresarse en un estado, sobre una constitución nacional. Tal vez esa es la principal diferencia doctrinara y política entre el pensamiento que animó la revolución de 1810 y el que subyace en la de 1819. En el contexto de la época no se pueden confundir las características de los dos procesos, así tengan cercanía en el tiempo y conozcan elementos comunes. La idea de constitucionalismo es uno de ellos, aunque no necesariamente se identifique en todas sus peculiaridades. En todo caso, el siglo XIX mostró que la idea constitucional había llegado para quedarse: “Por encima o por debajo de los conflictos armados, las discordias desarmadas, las convicciones exaltadas, los debates civilizados y las proclamas heroicas, el camino de búsqueda emprendido por los colombianos desde aquel siglo, estuvo inspirado por la idea de Constitución. A pesar de que detrás de la política existen intereses múltiples, no es hiperbólico afirmar que en Colombia se ha combatido por la idea constitucional. La primera república fue un importante período de eclosión constitucional. Desde la primera constitución monárquica de Cundinamarca, aprobada en1811, hasta la Constitución republicana de Mariquita, adoptada en 1815, hubo un lapso de valiosa reflexión intelectual en torno a principios constitucionales y republicanos” 10. Tampoco es gratuita la afirmación del jurista conservador Joaquín Estrada Monsalve: “En Colombia han primado siempre las bibliotecas sobre los laboratorios y, por eso, entre nosotros la realidad ha sido una encarnación del espíritu…De los libros llegados en la última goleta trasatlántica surgían las polémicas; de éstas, los bandos, de los bandos los campamentos; de los campamentos las constituciones” 11.

Lo Civil Y Lo Local Como está dicho, las jornadas de 1810 fueron eminentemente civiles. Detrás de los cabildos subyacían el pensamiento de un patriciado criollo y el sentimiento de unas gentes ‘del común’ que se identificaban en la idea de un cambio. En referencia a su movimiento emancipador, los colombianos suelen referirse al suceso del 20 de julio en Santafé pero, generalmente, no reparan en las movilizaciones de las otras provincias.

10 Augusto Trujillo Muñoz. “El constitucionalismo colombiano en el siglo xix”, en “Historia Constitucional de Colombia”, Jaime Vidal Perdomo y Augusto Trujillo Muñoz, compiladores, Segunda Edición, Academia Colombiana de Jurisprudencia, Tomo I, pp. 15b y 16. 11 Joaquín Estrada Monsalve. “Núñez, el político y el hombre”, Ediciones Librería siglo xx, Bogotá 1946, p. 92.


El 20 de julio tuvo, además, una naturaleza local. Lo civil y lo local son las dos características fundamentales de aquel suceso emancipador que, construido en torno a la necesidad de adoptar una constitución, sirvió de puente entre el predominio de las concepciones hispanas de la generación precursora y las de la generación libertadora inspiradas en las revoluciones liberales modernas. Una y otra cosa –lo civil y lo local- se expresaron institucionalmente en la creación de Juntas de Gobierno. Surgieron en España, con motivo del apresamiento del rey, pero también se extendieron a las colonias. Este fenómeno se conoció como “Juntismo”. En 1808 los españoles conformaron Juntas Provinciales, se coordinaron en una Junta Central y convocaron a las Cortes Generales que, más tarde, habrían de reunirse en Cádiz, en donde expidieron la Constitución de 1812. Las Cortes de Cádiz adoptaron una de las constituciones mejor elaboradas de su tiempo12. Desde su convocatoria los criollos se sintieron con derecho a tener en ellas representación. Lo venían reclamando desde antes, como se desprende del texto del Memorial de Agravios. Su interés no era el de independizarse de España para fundar una república. Era más simple pero, si se quiere, más hondo: Establecer una Constitución, imponer controles al poder, emanciparse del autoritarismo por la vía republicana13. Además de lo civil y de lo local, el 20 de julio tuvo como característica su marcado interés constitucional. Relievar este punto es prioritario, porque es el que convierte aquellas jornadas en una movilización revolucionaria. Plantea la necesidad de hacer el tránsito del absolutismo a la constitución, del autoritarismo al control sobre el poder, del despotismo ilustrado a la república constitucional, con o sin rey al frente de ella. Semejante formulación significa un cambio gigantesco, con el cual los criollos iniciaron un proceso de búsqueda institucional que, por desgracia, se fracturó con la reconquista española. Para los criollos, e incluso para las gentes del común que llenaron la plaza mayor con motivo del cabildo abierto –así se le llamara extraordinario- aquí podía gobernar el propio rey si aceptaba venir a América pero, en todo caso, tenía que someterse a una constitución. Y ¿qué era una constitución?: unas nuevas reglas de conducta, unos controles al poder, un reclamo por la igualdad, un paso hacia la representación política, una mirada irreversible hacia la democracia. Es curioso, pero característica similar tuvo la revolución gloriosa de 1688. A diferencia de los franceses que construyeron su nuevo régimen sobre las cenizas del antiguo, los ingleses hicieron su transformación sin tantos sobresaltos: mantuvieron la monarquía, pero desplazaron la soberanía del rey al parlamento y promulgaron su célebre carta de derechos. Esas fueron las claves de la revolución inglesa y eso fue lo que, guardadas las diferencias, hicieron los precursores de la independencia el 20 de julio de 1810. En los sucesos de 1810 fue clave una institución jurídica de antigua estirpe española: el cabildo abierto. Se aclimató en América por la vía del derecho consuetudinario desde 12La constitución de las Cortes de Cádiz rigió en las provincias americanas que siguieron sujetas a la corona. Dentro del virreinato de la Nueva Granada, la juraron en Santa Marta, Riohacha, Panamá, Guayaquil y Barbacoas, casi todas en el mismo año de 1812. La constitución de Cúcuta, aprobada nueve años después, registra influencia del texto gaditano. 13 En el mismo orden de ideas Mauricio González Cuervo escribió que el 20 de julio no fue el día de la independencia, sino el día de la constitución. (Diario El Tiempo, p. editorial, Bogotá julio 20 de 2009).


los albores mismos de la conquista y, en 1680, fue reconocido por las leyes de Indias. Suponía la deliberación directa de las gentes del común con los cabildantes sobre asuntos de particular interés local/provincial, y se decidía en función de los intereses generales de la comunidad. El del 20 de julio tuvo especial connotación política y sirvió para enmarcar, dentro del derecho, el nacimiento de la república. Similares acontecimientos en otras provincias desataron un proceso que se fue extendiendo a lo largo del virreinato: “El 22 de diciembre de 1810 los representantes de las provincias del Socorro, Neiva, Santafé, Pamplona, Nóvita y Mariquita se reunieron en Santafé con el fin de integrar el Consejo Supremo y expedir la Constitución de la Nueva Granada”14. Otra vez: ese espíritu constitucional no era gratuito. …la legislación foral que se establece en España, en casi toda España o, por lo menos en la España que periódicamente era conquistada por los árabes, es una legislación que puede considerarse como un conjunto de normas jurídicas iguales a las que crean los hombres que organizan una persona colectiva, para fijar derechos y regular obligaciones. …la monarquía española, mucho antes que la monarquía inglesa, es una monarquía constitucional. El sistema de la autoadministración municipal y la monarquía constitucional se realizan antes, mucho antes que en Inglaterra, en la meseta castellana. En ello reside la raíz histórica y el sentido jurídico del Cabildo Abierto de la independencia”15. Los precursores de la independencia habían asimilado la idea constitucional en función de sus autonomías provinciales, las cuales se reprodujeron y expresaron en la Nueva Granada a través del cabildo. En “la primera república” el constitucionalismo español de las autonomías se fue encontrando con el constitucionalismo inglés –y francés- de las soberanías y, por eso, la Confederación de las Provincias Unidas, ideada por los precursores, terminó convertida en la República de Colombia, por cuenta de los libertadores. Pero en ese período –que inauguraron las constituciones de Cundinamarca y de Tunja, y que clausuraron las de Mariquita y Neiva- se cumplió un proceso de verdadera búsqueda institucional en la Nueva Granada, como en ningún otro país de la América hispana. Desde el punto de vista político los propósitos de los precursores tenían un contenido emancipador, pero desde el punto de vista jurídico los sujetaban a unos procedimientos. Actuaron con sorprendente madurez sembraron la semilla de un ejercicio intelectual que privilegia las normas sobre la fuerza. Por eso le daba tanta importancia a la constitución escrita. Era garantía de los derechos, seguridad para el ciudadano, control para los gobernantes y convivencia para todos. Esos son los postulados que se desprenden del acta del 20 de julio. La constitución de Mariquita es contundente: “En ningún tiempo y por ningún caso podrá suspenderse el imperio de la Constitución”. Era el imperio de la libertad, pero también el de la paz.

14Armando Suescún. “Derecho y sociedad en la historia de Colombia”, Tomo III, el derecho republicano, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja 2008, p. 34. 15 Luis Eduardo Nieto Arteta. “Economía y cultura en la historia de Colombia”, Editora Viento del Pueblo, Bogotá 1973, p. 54.


A esa escuela pertenecieron los inspiradores de aquellas constituciones de “la primera república”. Aparte de sus símbolos principales –algunos ya mencionados- en la capital del virreinato, deben citarse nombres como los de Jorge Tadeo Lozano, Pedro Groot, Manuel Rodríguez Torices, Juan del Corral, Germán Gutiérrez de Piñeres, José León Armero, Jorge Hermidas, cuya importancia histórica ha quedado mediatizada en medio del injusto tratamiento que la historia oficial le ha dado a ese período, llamándolo “la patria boba”. Así como los protagonistas del movimiento de 1810 reclamaron una constitución, en la Carta Política de 1853 recuperaron la autonomía provincial; en el acto legislativo nº 3 de 1910 consagraron la acción pública de inconstitucionalidad; en la reforma de 1936 adoptaron la concepción social del Derecho y del Estado; en 1991 constitucionalizaron el derecho en términos materiales y lo convirtieron en un instrumento de cambio. La vocación jurídica del país, enriquecida permanentemente con nuevos y originales aportes al pensamiento jurídico universal, hunde sus raíces en la generación precursora de la independencia, en los letrados que dirigieron las movilizaciones del 20 de julio, en la voluntad integradora de los notables criollos con los sectores populares que, en ese momento, supieron manejar sus coincidencias doctrinarias y políticas. A los movimientos civiles y locales que hicieron posible la primera república. Gracias a ellos Colombia nació en medio del Derecho. Mariquita, junio de 2015. *AUGUSTO TRUJILLO MUÑOZ Nacido en Ibagué, Presidente del Colegio de Abogados de la Universidad Nacional, Vicepresidente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, profesor universitario, miembro de la Academia de Historia del Tolima y de la Comisión Ciudadana para el Bicentenario de la Constitución de Mariquita, Ex Senador de la República, Columnista del Periódico El Espectador, Director de la Revista de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

APUNTES DE LA HISTORIA DE MARIQUITA *GUILLERMO GIRALDO GUTIÉRREZ 1. SANTUARIO DIOCESANO DEL “MILAGROSO SEÑOR DE LA ERMITA” Conserva la preciosa joya de la imagen del Cristo de Los Caminantes. Cristo Moreno Milagroso Señor de la Ermita. Llegó a este Edén de religiosidad, por encargo que


hicieron los nativos al Conquistador Don Gonzalo Jiménez de Quesada, en el primer viaje que hizo a España para dar información de las minas que se explotaban en la región y de la pacificación de los inconquistables indígenas Marquetones. Cristo que participó en la Batalla de Lepanto, el 7 de diciembre del año 1571, donde estuvo izado en una de las tres embarcaciones en el palo Mayor o de Mesana. Su fiesta patronal se celebra en el mes de mayo día de la fiesta de la Ascensión del señor. Este lugar fue elevado a Santuario Diocesano el 23 de mayo de 1.958. 2. CASA DE FUSIÓN, FUNDICIÓN, LEGIÓN DE METALES, CASA DE LA MONEDA Aquí se beneficiaba el Oro y la Plata en lingotes o barras, guardados para ser enviados en proporciones a España como pago de esta Colonia. Fue sede de la “Real Hacienda de la caja de Mariquita o Caja Real, fundición y los respectivos oficios del Tesoro”. Fundada el 8 de octubre de 1.590, donde se pagaba los derechos de plata, ensaye y beneficiar el mineral, caja real, donde había silla de bronce que llevaba labrado tallado en su espaldar; el Escudo de “Yerros y Plumas”. En todo lo alto del caballete de cerramiento de la cubierta, techo, extremo oriental, haciendo frente con el Alto Santo, Atrio del Santuario Diocesano del Milagroso Señor de la Ermita; hace presencia Granada Heráldica, esculpida en piedra. En nuestros días es sede del “Museo Casa de la Moneda. 3. CASA COLONIAL, CASA DE LA FAMILIA ARMERO Casa habitada por la Patriota familia Armero. En la última restauración en el año de 1990, se descubrió en una de sus paredes un Escudo de vieja data, allí se puede hacer lectura legiblemente de la fecha de elaboración, pintura de Arte de orden Jónico, en forma de Espiral Frisco, Fresco Voluta. Tuvo en la época de la Colonia la sede de la primera cárcel y más adelante fue cuartel Municipal. Casa vecina, del también histórico Convento de San Francisco, el que se encontraba al lado extremo de la Carrera 4 esquina. 4. ESCUELA CARLOTA ARMERO Data desde el mismo año en que el Mariquiteño Licenciado Prócer José León Armero y Racines, el 24 de Diciembre de 1.814 por Decreto funda Escuelas de primaria, en las ciudades de: Honda, Mariquita, Ibagué, Ambalema y El Espinal, Decreto que también daba la instrucción que observaba el Maestro de primeras letras en la enseñanza de los niños. Instructivo integrado por 6 considerandos y 21 numerales. Escuela Carlota Armero, hoy sede número 2 de la Institución Educativa Santa Ana, vecina de la “Casa de la Fundación Segunda Expedición Botánica”, llamada también la Casa de la Embajada o Casa Enrique Pérez Arbeláez. Aquí hace presencia en la Rectoría de Mariquita el Busto de la Heroína Carlota Armero, quien naciera en este patio Nativo en el año de 1.798, sin saberse el día y mes. Sacrificada el 28 de Mayo de 1.816, hace 199 años, en la Plaza Villa Salada, luego plaza Armero, hoy parque El Carmen.


5. RUINAS DE SANTA LUCÍA Conocidas así en toda su trayectoria, después del pavoroso Terremoto el 3 de Enero de 1.805, que destruyó en gran parte a la vecina ciudad de San Bartolomé de las Palmas, hoy Honda y varias edificaciones, iglesias y convento de Mariquita, nombre oficial por registros históricos de archivos: “Ermita, Parroquia, Convento de Santo Domingo” “Ruinas de Santa Lucía”, hoy patrimonio Municipal, ordenado por Marcos de Santo Domingo, en el año de 1565, hace 450 años. Aún se conserva el Frontis, Frontispicio, fachada desde, donde sale la “Espadaña Pétrea”, del viejo campanario. Escenario de muchos episodios religiosos, patrióticos, románticos y cívicos lleno de leyendas. Su suelo soportó el peso del Gran Conquistador de Santa Fe de Bogotá, Gonzalo Jiménez de Quesada en su primera morada después del fallecimiento, el lunes 16 de febrero de 1579, hasta la fecha de su exhumación en el año de 1.597. Ruinas Mudas del sufrimiento del Prócer José León Armero y Racines; donde oró por última vez cuando era conducido rumbo al Cadalso. 6. CASA DE LA FUNDACIÓN II CASA EXPEDICIÓN BOTÁNICA Llamada también “Casa de la Embajada o Casa Enrique Pérez Arbeláez”, albergó a los Frailes Juan de las Palmas y José Fernández de Castañeda, este benefactor del otrora Convento, Iglesia y Hospital San Juan de Dios. El nuevo título lo obtiene a partir del año 1983, al conmemorarse los primeros 200 años del establecimiento de la Primera Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Su fin principal el de la investigación científica, para foros, talleres, conversatorios relacionados con la naturaleza, flora, fauna Nacional, que sirviera para las pautas del manejo del “Bosque Municipal José Celestino Mutis” y la elaboración de un plan Botánico Ecológico. Para el entonces se firmó el Acta Constitutiva de la Fundación Segunda Expedición Botánica, FUNBOTÁNICA. En el interior del solar se encuentra un gigante árbol legendario, de Ficus (Micro Phila) o caucho Cartagenero. Un árbol de canelo, muy apetecido por los Conquistadores, y cuidado por el Sabio Mutis en otros lares. Existen otras variedades de árboles: Bairrum, especie que nuestros mayores, las abuelas (los) la utilizaban embazando las flores y hojas tiernas en una botella, colocándola a macerar, en alcohol para obtener una calidad de alhucema perfumada, muy utilizada por los señores peluqueros. Árbol de Hilan - Hilan de flor amarilla, de buen aroma y de reconocible fragancia, nuestras abuelas (los) también lo utilizaron para preparar alhucema, con la misma fórmula hogareña. Jazmín de noche o del Embarcadero. Árbol de la cruz, Ariza o Palo Santo, que al cortar una de sus ramas se puede observar la figura de la Santa Cruz. Aquí en este patio existió hasta el año 2.002 la especie del árbol “Alcanforado”, conocido en nuestro medio, como el Árbol del Alcanfor, de cuyas ramas y raíces se extraía el alcanfor, por destilación. Casa que por ventura en los últimos años ha tenido buenos dolientes: La Universidad CORUNIVERSITARIA de Ibagué, quien llegó a tener laboratorio experimental de cultivos de “La Flora Nacional – La Orquídea (catleya trinae), Flor Nacional reconocida por la Academia Colombiana de historia en el año de 1.936, orquídea que también es conocida como “flor o lirio de Mayo”, en la actualidad con acierto tiene el manejo de esta casa Monumento, la universidad “UNIMINUTO”.


7. OBELISCO Situado en un costado de la Plaza Mayor, Plaza de Armas José Celestino Mutis, tiene su significado histórico y cívico, erigido en el año 1915 al celebrarse los primeros 100 años de la Constitución del Estado Soberano Libre e Independiente de la Provincia de Mariquita el 21 de junio de 1815; siendo su gestor el hijo de esta Ilustre provincia Licenciado José León Armero y Racines, Gobernador, Sub-Presidente, luego Presidente de la República de Mariquita y Comandante General del Estado Soberano. Obelisco conmemorativo recordando al conquistador Don Gonzalo Jiménez de Quesada. A las Heroínas Carlota Armero, Estefanía Linares, Coroneles Marinao Escobar Rubio, Segundo Viana. Teniente Coronel Pantaleón Urueña, Fernando Fernández, Tenientes Fulgencio Barros, José María Campusano, Capitanes Valentín Reyes, Redencindo Quesada, Juan José Armero, Salvador Viana, Sargento Mayor Patricio Armero, José Antonio Gutiérrez, Patriota Miguel Moreno y Díaz de Escandón, Pedro Ramírez y Combatientes Señores Eloy Cantera, Manuel Buitrago y Justo Pastor Domínguez. Monumento construido con las últimas piedras, huellas, de la casa de habitación del Conquistador y Pacificador Gonzalo Jiménez de Quesada. 8. RELOJES Localizados en la torre de la Parroquia Mayor San Sebastián. Técnica Americana, ensamblados en Medellín (Antioquia), en el año 1915 por la firma Escobar Londoño Sucesores de Velilla Escobar, adquiridos por el valor de $5.000 (Cinco Mil Pesos M/Cte.) instalados el 21 de junio del mismo año 1915, para conmemorar los primeros 100 años de la Constitución de Mariquita del 21 de junio de 1815. Mariquita, Junio de 2015 *GUILLERMO GIRALDO GUTIÉRREZ, historiador y cronista Mariquiteño, Ex Concejal de Mariquita, Ex Director de Cultura y Turismo de la Administración Municipal de Mariquita, autor e investigador permanente de la historia de Mariquita, Coordinador de Historia de la Corporación Cultural CORARTE.

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VIANA CASTRO, Hugo: “José León Armero y la República de Mariquita”, Obra Inédita, 2008.

República de Mariquita (1815) "El Tolima antes del Tolima"  

Libro editado en 2015 con motivo de la conmemoración del Bicentenario el Estado Soberano de San Sebastián de Mariquita (Tolima- Colombia)....

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