Alcohol ¿medio de control o liberación socio individual?

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Echando RaĂ­ces

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Echando Raíces

Echando Raíces es una instancia, un intento, un momento, con el cual intentamxs concretar ideas y proyectos. Alentamos la reproducción total o parcial de este cuadernillo de cualquier manera y forma.


Echando Raíces

Alcohol, pito, drogas, carrete y Revolución. Algunos elementos para un debate necesario.

A

bres la lata, se chorrea la chela, la música fuerte, buscando en los bolsillos algún billete, alguna moneda pal copete, ¿hay mano?, no sé, tendría que preguntar, aquí hay fuego, prende tú el pito, ¿es cogollo o prensao?, prensao parece, en la casa del Julio es el carrete, este farol no alumbra, no alumbra este farol, échale parafina para que alumbre mejor, chupa, chupa, chupa, chupa, negro, negro, negro, negro el color de la pantalla, se te apaga la tele, ¿oye, y que hiciste ayer?, ni me acuerdo, me duele la cabeza, ni me acuerdo... Hoy en día el carrete, el webeo, el basilón, o como quieran llamarlo, es una de las actividades en donde lxs jóvenes contemporáneos gastan gran parte de su tiempo y su dinero. Ahora… ¿por qué la llegada del fin de semana es sinónimo de salir a carretear?, ¿por qué es tan rentable poner un bar, una botillería, una disco? ¿Cómo se explica la masividad del carrete? Pero enfoquémonos en solo una: ¿a quienes les conviene la propagación masiva del ca3


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rrete y de ciertas drogas? Por una parte conviene a la industria ya sea la del alcohol, de los cigarrillos, farmacéuticas y distribuidores -eso está bastante claro-. Sin embargo, pasando de lo meramente económico e hilando más fino podemos darnos cuenta que muchas veces sedar al cerebro puede ser una de las piedras angulares de la pasividad generalizada en la que vivimos. Para empezar el análisis, es necesario poner atención a la juventud como potencial creador y destructor. Muchos recordamos nuestra infancia como una etapa despreocupada, a pesar de las carencias que podemos tener, en mayor o menor grado, cada uno de nosotros y nosotras. En ella, no había grandes responsabilidades, los días transcurrían entre jugar en la calle e ir al colegio y, ¡lo mejor!: aún no nos convertíamos en trabajadorxs. Si comparamos esta etapa con la adultez, momento de la vida (el más largo) donde debemos trabajar, pagar impuestos, consumir, endeudarnos, y que más encima no nos alcance para vivir, es obvio que muchos quisieran ser niños por siempre. Sin embargo, la época en la que somos lo suficientemente conscientes de que “se nos viene” la madurez, es decir, la adolescencia, entendemos el por qué de esa famosa frase: “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción”. En esta etapa, no tenemos grandes responsabilidades, no tenemos prácticamente 4


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nada que perder, poseemos energías, y nuestros cuerpos y mentes están permeables para aprender prácticamente cualquier cosa. Para el orden imperante es peligroso ser joven, no medir las consecuencias, no tener miedo. Al lado de las universidades e institutos siempre se instala un pub; existen varias botillerías en cada población y en algunas ciudades incluso tenemos lujosos supermercados del copete. El Estado no permite lo que no le conviene, es algo obvio. Por ejemplo, al Estado no le conviene que muera gente en accidentes de tránsito y debe hacer algo al respecto. Como el alcohol es uno de sus principales causantes, ¿qué hace? Prohíbe, pero no el copete, sino que el manejar con lo más mínimo de copete en el cuerpo (o bien que te hagas pico tomando pero “pases las llaves” a alguien que no toma). Pese a las pequeñas campañas callampas, nunca se apunta al problema del consumo del alcohol y sus hábitos, si no que a sus efectos asociados, puesto que el consumo de alcohol hoy es un aliado del poder y por eso es necesario protegerlo. Es así como hoy se intenta relegar el consumo de copete a lo privado, ya sean locales comerciales o en los hogares – ojala viendo un partido de Chile-, pero jamás en lugares públicos como plazas o calles. Y es simple, no quieren borrachos dando jugo, 5


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quieren borrachos obedientes. Sin embargo, no es solo un asunto del copete. Creemos que el énfasis debe ir puesto en cómo el “carrete” –tal y como lo conocemos hoy- construye una subjetividad y una forma de relacionarse bastante funcional al sistema, como válvula de escape y estupidizador. El consumo de alcohol, la prohibición de plantas, la industria asociada a estos productos, la industria del entretenimiento, entre otros, no son espacios apolíticos, ya que no existe ningún lugar o actividad que sea neutral y alejada de esta realidad marcada por la dominación. Es por esto que planteamos el tema, no por creer que tenemos una moral correcta o verdaderamente revolucionaria, por el contrario, estos temas también constituyen parte de nuestras contradicciones y es por ello que los hemos decidimos reflexionar y afrontar (¿Quién no se ha tomado un copetito, carreteado, fumado un pitito, quedado como huasca alguna vez?). Se ha creado una especie de tolerancia extraña a esta cuestión. Muchos dirán que no somos quienes para meternos en lo que hacen los demás compañerxs y personas. Sin embargo, si algún compañero busca convertirse en jefe, o si sabemos que otro va demasiado al mall, por poner un ejemplo, no dudaremos en criticarle, en molestarlo, ¿por qué? En primer lugar porque nos gustaría que ellos también tuvieran la sinceridad de decirnos si algo 6


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de nosotros les parece mal para de esta forma poder cambiarlo. Y en segundo lugar porque se ha construido un sentido común, en parte gracias a nuestro actuar, pero muy influenciado también por la subjetividad que construyen los medios con sus mil y un comerciales de “si eres joven, pásala bien, porque después se viene pesado”. Para el sistema carretear está bien, y no puede ser criticado, porque automáticamente te conviertes en un “aguafiestas” o en un “paco”. Pocos critican este asunto, aunque todos sepamos que tiene aspectos malos. Muchos de los que participamos en el movimiento estudiantil vivimos el caso de compañeros que ocupaban las tomas como espacio para tomar y carretear. Muchas veces se pusieron en peligro la seguridad de las tomas e incluso nuestra propia integridad física (por ejemplo aquellos que hacían acciones como enfrentamientos callejeros bajo el efecto de alguna droga). En esas ocasiones muchos no dudamos en afrontar la situación y decir públicamente lo que pensábamos de esos compañeros y compañeras. Y aunque nos dijeran “pacos” o “dueños de la libertad del resto” lo hicimos porque sabíamos que era riesgoso para la integridad de todxs y para los cambios que decíamos querer poner en práctica. Por supuesto que no es ningún delito fumarse un cuete en la toma o beber una cerveza, podríamos discutir mucho rato 7


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eso, pero sí sabemos que el abuso de estas sustancias puede ser extremadamente peligroso frente a las condiciones de represión e incertidumbre que muchas veces vivimos dentro de una movilización de carácter social y en ese sentido no podemos quedarnos callados y no conversar estos temas, eso es lo peor que podríamos hacer: quedarnos piolas no es una opción. Volviendo al asunto del carrete podemos decir que la forma de relacionarse propia de estos espacios da para hablar bastante. Vamos a hacer una generalización, porque no somos tan cerrados como para decir que todos los espacios de carrete son así, porque algunos si pueden ser provechosos ¿por qué no?, pero también es verdad que muchos espacios de carrete terminan en puras weas que no tienen ningún brillo. Aquí podemos identificar, bien someramente, relaciones marcadas por conversaciones vacías, encuentros marcados por un ritual que no aporta en nada a la transformación social –mientras perpetuán este orden de las cosas- y así como también la competición (quién toma más, quien se drogó más anoche?) y un ambiente, o bien marcada por la buena onda estilo “todos somos amigos” o por discusiones que terminan en peleas, acabando con relaciones entre compañeros por una simple calentura del momento. Para qué decir cuando a algunx se le ocurre la genial 8


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idea de realizar alguna acción política borracho o drogado... En la televisión nos venden la imagen del joven bueno para el carrete y el copete. Pareciera que al Estado ya no le sirve la moral pacata de la abuelita que decía “mijo las drogas son malas”, sino que ahora se potencia esta actividad como un nicho de mercado más y como espacio de enajenación de la juventud (basta ver los programas como “Yersy shore” en donde un grupo de jóvenes tienen como única actividad la vida nocturna en discos y carretes con mucho alcohol o el estereotipo de la niña vacía y buena para el alcohol como “Paris Hilton” por ejemplo). Sacan sus programas pencas de drogas del CONACE, pero por detrás muestran todo el día en la tele comerciales de cerveza que te dicen lo bkn que es chupar y comerte una mina (comerciales terriblemente patriarcales por lo demás). Con respecto a las drogas como el prensao y la pasta base, es fácil darse cuenta a quién se beneficia con su distribución. Por una parte la policía tiene un pretexto perfecto para acrecentar su ejército de perros y su tecnología policial. La eterna “guerra contra el narcotráfico” es caldo de cultivo para los burdos noticiarios y los programas tipo “Las aventuras de los amigos carabineros” en donde se ve a los ratis y los pacos golpeando, arrestando y maltratando a los traficantes (traficantes de pobla obviamente, a los traficantes de barrio 9


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alto no los molestan). De esta manera la visión que entregan las instituciones del orden y los medios masivos es la siguiente: “Los enemigos son los narcos, el enemigo es tu vecino, el que vive en la esquina de la población o tu primo que quizás vende unos porros para hacerse unas monedas. Pero tranquilo los pacos somos tus amigos incondicionales y la tele te muestra la realidad tal cual es”. Por otro lado estos programas cumplen la doble función de criminalizar a los sectores populares y acrecentar las divisiones de la sociedad de clases. Las fuerzas del orden siempre allanan barrios periféricos o poblaciones populares, como si la droga (ese enorme flagelo que supuestamente quieren combatir) solo fuera un problema existente en los sectores populares, como si las clases altas no consumieran droga o la traficaran. Claro, en la TV podremos ver como se maltratan a los habitantes de una población, pero nunca a los drogos del congreso, los traficantes que son ratis o los deelers ABC1. Nos muestran lo que les conviene, nos muestran estafadores comunes pero jamás a los verdaderos estafadores, los dueños de las grandes empresas que estafan ni a 10 ni 20 sino que a millones. Bueno, tampoco aquí estamos defendiendo a los traficantes, de ninguna manera. De hecho los traficantes en las poblaciones pueden ser la escoria más mierda que hay, no permiten 10


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trabajos políticos, meten a cabros chicos en la pasta, andan a balazos, etc. Pero te has preguntado ¿desde cuándo existen los narcos? ¿Desde cuándo manejan las poblaciones? Conversando con un tío una vez me dijo que antes la marihuana se podía ir a recoger a los campos, había hectáreas enteras de cáñamo y era raro que gente vendiera la ganja, simplemente se iba al campo y se sacaba. Mis primos más viejos me han contado que antes con una luka te comprabas como 10 pitos y todo era verde, el prensado ni existía casi. Entonces ¿desde cuándo tienen ese poder los narcos? ¿Quién se los entrego? He escuchado frecuentemente el siguiente comentario “el prensao y la pasta se metió en dictadura en las poblaciones”. Un amigo una vez me contó que un caballero decía que los milicos traían en saco la pasta base a las poblaciones, que él había visto cómo lo hacian. Más allá de que se tratara de una exageración de parte del caballero, nos urge preguntarnos ¿le convenía a los milicos que existieran esas sustancias en las poblas? Por supuesto que sí. Podían tener a más gente aweonada y narcos con los cuales poder infiltrarse en las poblaciones. Aquí nadie quiere defender a los narcos, sino que nos preguntamos ¿quién dejo que los narcos tuvieran el poder que tienen actualmente? ¿Les sirve al aparato represivo, al status quo y al sistema la existencia de estos sujetos? ¿Qué 11


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es verdaderamente la guerra contra las drogas? En un mundo en donde los niños pasan más de 8 horas en escuelas que parecen cárceles y en donde gran parte de la población debe trabajar extensas jornadas laborales (y que a muchos no les alcanza ni para vivir), resulta lógico que quieran distenderse o poner en juego el exquisito arte del ocio. Sin embargo vemos con preocupación que ese ocio se traduce con demasiada reiteración en el “pack” del carrete, una suma de alcohol y otras drogas junto al consumo de una cultura basura. Valoramos el ocio como espacio de creación, pensamiento o descanso, pero para demasiadas personas se traduce en simplemente “carretiar” (además de ver tele o ir a comprarse algo). Como si ocio y carrete fueran sinónimos, como si fuera algo completamente legitimo por el solo hecho de que la mayoría de los jóvenes lo practica y los medios y la publicidad lo fomentan. El problema tampoco tiene que ver exclusivamente con lo que una ley llama “droga”. Si lo pensamos bien, muchísimas cosas en esta vida son unas verdaderas drogas: La comida rápida, el facebook, el cigarro, la TV, el porno, miles de medicamentos que se venden legalmente en las farmacias, el futbol, la cultura del consumo, etc. El copete es un tipo de droga más. 12


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Sin embargo, como se enfrentan las drogas?, ¿prohibiendo?. Sería autoritario prohibir el consumo de cualquier tipo de droga, además nosotros creemos que las cosas no se solucionan con leyes que prohíban, sino con mentes que decidan. Por otra parte ¿qué pasa con las culturas que practican desde hace milenios el consumo de plantas psicoactivas? En el caso de las culturas ancestrales o las comunidades indígenas la cuestión sería distinta. Como todo producto de la sociedad, lo que denominamos “droga” no puede ser considerado como algo neutro, que actualmente consideremos a la droga como algo “neutro” es producto de lo que se llama fetichismo de la mercancía. Las drogas en las sociedades capitalistas se han transformado en una mercancía transable en el mercado. Podemos comprarnos una “promo” en la esquina, unos anti-depresivos en la farmacia, un paquete de cigarrillos en el quiosco o un prensado en la esquina. Son mercancías porque su producción está sometida al sistema económico capitalista. Son mercancías porque son un producto que ha sido enajenado del trabajo humano, su producción solo es posible gracias a que se depositó la mano de obra de algún asalariado. No sabemos cómo hacen el copete, qué químicos le ponen al tabaco, qué mierda tienen las ultimas pastillas que te recetó el médico. No lo sabemos porque la ac13


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tividad de “meterse algo” al cuerpo ha sido enajenada, ya que los criterios en su elaboración solo obedecen a necesidades de mercado, pero en ningún caso a necesidades humanas reales o de la comunidad. De esta manera estaríamos frente a drogas, estas últimas entendidas como sustancias “externas y extrañas” en nuestro cuerpo, simplemente no tenemos idea de cómo se producen estas sustancias ya que el sistema productivo que parcializa todas las actividades de la vida nos lo impide. Lo único que podríamos saber del proceso productivo de estas drogas es que seguramente son elaboradas pagando sueldos miserables como en todas las grandes empresas. El asunto es totalmente diferente en culturas ancestrales e indígenas, ya que las plantas que ellos consumen no son producidas por un sistema que ha transformado todos los espacios en mercancía. Sus sustancias no provienen del modelo económico capitalista, de una fábrica a miles de kilómetros de distancia mediante procesos químicos e industriales que desconocen. Ellos no se “meten al cuerpo” un producto comercial, sino que consumen sustancias que ellos mismos plantaron o que encuentran libremente en la naturaleza. En ese sentido lo que consumen las culturas ancestrales no es algo “ajeno y extraño” producido de una forma enigmática e industrial, sino que ellos consumen el producto de su propio trabajo al 14


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cosechar su siembra o recorrer el campo en busca de hierbas. Nosotros/as, en cambio, consumimos elementos externos, que son mercancía y que no obedecen a procesos culturales construidos desde la comunidad, sino desde la publicidad, el espectáculo y el mercado. Es cosa de pensar en lo industrializadas que están las drogas en comparación con la forma en que las producían y en que contextos las usaban las otras culturas. Es distinto masticar coca, tomarla desde los arboles que me rodean o comprársela a mi vecino que la cosecha, a producirla industrialmente para procesarla en cocaína, luego venderla, traficarla, o bien consumirla para soportar nuestra función en el sistema, nuestra condición de explotados. Es distinto que un peñi se haga su copetito fermentando manzanas del árbol que está detrás de su casa y que plantó su tata, a ir al Lider a comprarse una promo de pisco que no sabemos cómo cresta se hizo ni con qué productos. Las primeras organizaciones obreras notaron rápidamente este problema. Veían como los obreros y obreras explotadas evadían su condición de asalariados mediante el consumo indiscriminado de alcohol. Entendieron rápidamente que esta situación beneficiaba a los patrones. En primer lugar mantenían a los obreros borrachos sin conciencia de sí mismos, ¡¿cuando iban a adquirir la anhelada 15


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conciencia de clase a ese ritmo?! Por otro lado veían que los obreros, explotados con largas jornadas laborales, gastaban el poco tiempo de ocio del que disponían para beber alcohol. ¿Qué hicieron esas organizaciones obreras que en un futuro iban incluso a poner en jaque a algunos patrones y capitalistas? Simplemente abordaron el tema y no tuvieron miedo a criticar esta realidad. Afrontaron el debate y procuraron facilitar nuevos espacios de socialización, en donde los obreros practicaran el ocio de formas distintas, en donde ocio no fuera sinónimo de emborracharse. De esta manera crearon grupos de canto, filarmónicas, clubes deportivos obreros, jornadas y tertulias de discusión, clubes de camping, torneos de juegos populares, grupos de teatro obrero, equipos de futbol populares, etc. Por nuestra parte también deberíamos sentirnos orgullosos si vemos que chiquillos jóvenes prefirieron ir a una actividad, una marcha, un mitin, el lanzamiento de un libro o fueron a solidarizar a cualquier lucha, en vez de reproducir lo que el sistema le tiene asignado: “anda al liceo, metete a facebook, juega al plaisteichon, búscate un/a pololx y, por supuesto: emborráchate y anda a carretiar (porque ahí seguramente pillas a alguna minita o minito)”. Deberíamos alegrarnos si un cabro prefirió ir a cantar rap a un centro cultural, en vez de fumar pasta en una población. Nos gustaría que 16


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mas individuos escolarizados (que tienen que asistir obligatoriamente a la ecuela) o proletarizados (que tienen que vender su fuerza de trabajo obligatoriamente para sobrevivir) entendieran su tiempo de ocio como un espacio de sociabilidad que no solamente se produce en un bar o bajo las luces de una disco, frente a la tele, o en mall comprando mercancías, sino en cualquier lugar, en una plaza, en la esquina de su barrio o en algún centro cultural o comunitario. Debemos entender el ocio como todo el tiempo que tenemos fuera del trabajo asalariado y la escuela, no solo como la actividad del carrete y las drogas. El ocio puede manifestarse de muchas formas, pero el sistema capitalista lo encauza hacia determinadas actitudes que le son funcionales y eso no lo podemos negar. Nosotrxs, en cambio, proponemos construir un tiempo libre basado fundamentalmente en el dialogo con los otros y la reflexión en cualquier nivel. Y si lo piensas eso es precisamente lo que hace mucha gente cuando carretea, pero lo cierto es que no es necesario que haya drogas para que este proceso se realice, ni se necesitan discos u otras mierdas de ese estilo. En el fondo eso es todo lo que necesitamos (estar con otra gente). Fuera de las necesidades básicas de subsistencia, lo único que necesitamos de verdad para ser felices es estar en contacto con otra gente, sentirnos queridos, 17


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ser creativos y comunicarnos con otros seres vivos. Y teniendo esto claro le pegamos una patada en la jeta al capitalismo, porque aceptamos que no necesitamos todas sus mercancías y su espíritu consumista que nos dice que debemos tener un auto, una casa y un traje lujoso para “ser alguien” dentro de la sociedad de mercado. Por supuesto que no hay problema si en algunas ocasiones se consume algo, para tomar o para fumar, claro que no, pero solo si tenemos claro que esta actividad no es requisito para comunicarnos y divertirnos entre las personas, y también que tengamos claro que las drogas y la sociabilidad que propone el carrete muchas veces es perjudicial para crear una sociedad más libre. Claro, nosotros también nos fumamos de repente un cuete o nos tomamos una chela, aquí nadie es el súper-revolucionario que no tiene ningún vicio. Además si no consumiéramos esas sustancias quizás “le haríamos” a otras cosas que también son drogas, pero que el sistema disfraza como legales. Al fin y al cabo por más “críticos” que seamos nosotros vivimos dentro del sistema y todas sus contradicciones se viven segundo a segundo en nuestras mentes y cuerpos. Entonces lo más importante es que tengamos la suficiente madures y valentía para empezar a hablar estos temas que pueden ser difíciles de afrontar, pero que sin duda mantienen a 18


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mucha gente amarrada de sustancias y por tanto con menos posibilidades de ser libres, producto de las dependencias que el sistema capitalista se esmera por insertar en la gente (y qué decir de los problemas de salud como los derivados del tabaco, fármacos y todas las sustancias que el capitalismo invade con químicos y quizá que otra cosa) Por último urge profundizar más el análisis y preguntarnos el por qué de tanta gente en esta parada. El problema viene de una sociedad extremadamente contenida en su vida y sus pasiones. Millones de personas que ven en el carrete y las drogas el único espacio de distensión que tienen. Un sistema que engendra la frustración y que propone la enajenación como única solución. Y por supuesto que el Estado está feliz. Estaría preocupado si nuestro tiempo libre lo utilizamos en un ocio que fomente la creatividad, el pensamiento y la reflexión. Pero el Estado está sumamente feliz viendo como sus súbditos utilizan su tiempo libre para sedarse y terminar borrados. El círculo vicioso (literalmente) reproduce la pasividad. Así, mientras se compran los hielos para hacerse una piscola, en una oficina a cientos de kilómetros de distancia un representante del gobierno y uno de las mega-empresas de las drogas (copete, cigarro, pastillas, etc.) se dan un cálido apretón de manos celebrando la pa19


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sividad por un lado y el negocio por el otro. Escrito por Enriqüete del copete, Nicolás hasta atrás y Benjamín weno pal pitín

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Drogalcohol

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os sentamos y decidimos por borrar nuestras memorias negativas con rezos de alegría y borrosidad de pensamiento, ese brebaje, bendito brebaje que te desentona con la realidad percibida, te nubla la confusión y te calma la ansiedad, ese brebaje que te hace ser feliz por un breve periodo de tiempo, mientras pase tu pena, mientras pase tu rabia, mientras los poderosos sigan en el poder, mientras el poder siga siendo y existiendo. Vino, Whisky, Vodka, Cerveza, o la mierda que sea dependiendo de tu capacidad económica, todos para el mismo fin, intentar encajar en esta putrefacta sociedad, con falsas relaciones, con falsos amores, pero en vez de hacer algo por ello, decidimos apagarnos, oscurecernos, ahogarnos en la aromática esencia de la droga legal. ¿Pero cómo puedo yo juzgarlos, si yo hago lo mismo todos los fines de semana?, ¿cómo puedo yo llegar siquiera a escribir en contra de ustedes, amados compañeros de paso en esta tierra, por querer lo que los pone felices? Si no hay una forma más fácil de mantenerse vivos en estas gélidas noches cuando estás acampando urbanamente por las veredas de la capital, si no puedes recuperar tu cabeza de una forma más rápida que inyectándose el ve21


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neno directamente en tu garganta, si cada vez es más difícil acercarse al humano que tienes al lado, si cada vez se te hace más pesada la vida y si cada minuto que respiras estás esperando tu muerte ¡¿Cómo podría yo, entonces, decirte que beber es malo, si la vida sobrio se vuelve un puto y miserable infierno?! Beban mientras puedan, dróguense mientras sea necesario, coman MacMierda, pero no olviden nunca, que ustedes son los dueños de sus vidas, no la puta droga. Dimitry Castex

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Por más que lo pienso me es imposible desvincular el alcohol del capitalismo. Al-ghawl... El espíritu. Desde hace siglos los pueblos han creado bebidas alcohólicas, desde tiempos inmemorables han bebido alcohol, pero; ¿saben lo que prácticamente no había en esos tiempos?, alcohólicxs. Las sustancias alucinógenas, psicotrópicas, etílicas eran usadas con fines religiosos y/o de celebración. Las comunidades se conectaban con sus dioses a través de -por ellos entendidos- estados superiores del alma o consciencia, dentro de celebraciones y ritos. Pero, a diferencia de la sociedad moderna, las antiguas civilizaciones sabían regular y sin cohersión el consumo de éstas drogas. Sin ir más allá, si bien Dionisio era bastante aclamado, la literatura griega está repleta de referencias al uso mesurado del etanol. Aquí mismo, en América, los imperios precolombinos manejaron la distribución y el uso de las drogas de tal manera que ver a un “alcohólico” era poco común. Especificando; los seres oriundos de éstas tierras disfrutaban al beber, al fumar, pero siempre fueron conscientes de sus consecuencias y beneficios, por lo que el autocontrol ayudó a mantener las drogas a un lado, si no era para fines específicos. Para va23


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riar, y lamentablemente, ese horizonte se vio truncado a la llegada de los invasores europeos a éstas tierras, al traer consigo un sinfín de pestes, físicas y mentales (tifus, malaria, fiebre amarilla, la esclavitud, el alcoholismo, la religión, entre otros males), que envolvieron en un círculo vicioso a los pueblos, del cual pocos lograron salir. El alcoholismo europeo no sólo contaminó sus mentes y cuerpos, también aniquiló gran parte de su cultura y su fuerza para la conservación de la misma. Hoy en día, al ver el sol desde la urbe, nuestros sentidos se ven violentados por el centenar de guiños publicitarios referentes al alcohol, y ¡cómo no!, si es la droga legal por exelencia. Camina 200 pasos desde tu vivienda y quizá no encuentres una biblioteca, un parque, o una cancha, pero, ¿viste lo que sí hay?; una botillería o una taberna. El sistema capitalista necesita dos grandes estratos; los explotadores, y los explotados. Conseguir explotadores es algo rápido, un ser fácil de tentar por el libre mercado y sus “beneficios” ya está en la lista. Sólo falta el explotado, y el candidato perfecto es un ser débil de mente, servil, conformista. Entendemos que después de todo, el ser humano no es así por naturaleza, pero puede ser convertido en ello, todo esto a través de las drogas y medios de coacción, llá24


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mense medicamentos, televisión, consumismo, psiquiatría, escuelas, iglesias, el alcohol o el dinero mismo. La dependencia de drogas en la vida de un ser lo limita a lo que impone su entorno, está el licor sobre el mostrador, y el ser lo desea para olvidar un momento su miseria, pero para obtenerlo debe pagar por él, y el dinero con que pagará lo recibe de su patrón como broma de mal gusto a la esclavitud bajo contrato, así las noches de mal sueño, las madrugadas en desgano, el nulo tiempo para sí mismo, y el olvido total del yo, dan paso a un tiempo de vida denigrante e infructuoso, pero necesario para pagar por los “placeres y necesidades de la vida”; una televisión, la gasolina, la escuela de lxs niñxs y el infaltable alcohol. Porque necesitará ignorar unas horas su patética vida, golpeando a su familia, violentando sexualmente en las calles, manejando a toda velocidad sin ver más que su propia mezquindad, compartiendo su diminuto amor propio con otrxs esclavxs orgullosxs del contrato.

¿Un

resumen? Conoces el “copete” en tu juventud, todo te lleva a él, comienzas a trabajar y no lo puedes dejar, tus motivos para beber su más fuertes, entonces trabajas más para beber más y te vuelves adicto, 25


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te descontrolas y desesperas, buscas broncas y se te pasa la mano con alguien en la calle, te meten a la cárcel, tu vida se fue y siempre fue paupérrima. ¿Tus hijxs?, ellxs están abandonados, conocen el “copete” en su juventud, todo los lleva a él... Joven, no eres un ser libre cuando bebes, sino un futuro esclavo. ANONIMO

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l ciudadano junto a la ciudadana caminan por las cloacas del desahucio , hoy y mañana cargando cruces, hoy y mañana forjando las cadenas para sus propios cuellos , muñecas y pies... caminan por el mensaje secreto , el mensaje pacificador , esta en una botella, es mejor olvidar, un tragito para lxs esclavxs.. nos cansa pensar...olvidaremos las deudas, el pago del arriendo , el pago de la universidad, el pago de las escuelas de nuestrxs hijxs , el cansancio y el estrés... mañana sera otro día nuevamente caminando por las cloacas del desahucio , dibujando la sonrisa obligatoria mientras la felicidad se escurre por los bolsillos.. ANONIMO..

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Contra el alcohol

Manuel Fernández G. Quiero embriagarme de verdades, sentir de lleno la euforia de la rabia al ver en sus completas gravedades lo que nos oculta la vanguardia. Quiero el dolor de la resaca, despertar por fin de mi letargo, no beber de aquello que me saca de este juego tan duro como amargo, ver caer por fin al que me explota y llorar al güero que me oprime, no entregar, por el suero que me agota, estos ojos a esa gente que reprime. Quiero ser el dueño de mi boca 28


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y de mi mente el único guardián, estar consciente en esta vida loca llena de tanto perfumado rufián. Quiero al fin ser emisario de las más nobles banderas, luchar como todo libertario contra murallas y barreras, con la igualdad de estandarte y de asta la consciencia, con mi creatividad y arte, perseverancia y paciencia.

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El tequilazo

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na vez por ayudar en una fiesta de una radio en Valparaíso, me ofrecí a trabajar en cualquier cosa. La partuza era en el Sindicato de Marinos y Auxiliares portuarios, en la calle Blanco, justo antes de llegar a La Plaza Aduana. Como parte de la ayuda, tenía que ir un par de horas antes para ver qué tarea me asignaban mientras todos armaban el asunto. Los organizadores me propusieron a vender tequila y acepté. Entonces pensé que sería buena idea sacar el sombrero mexicano de mi viejo. Por esos días vivía en Valpo junto conmigo, y que tenía colgado en el pequeño living del departamento donde estuvimos por un breve tiempo en Avenida Gran Bretaña. Llegó la noche, me puse una chaqueta de cuero y me chanté el sombrero mexicano. Salí del departamento donde estaba solo, y bajé desde la plaza Waddington por el famoso paseo 21 de Mayo, luego carampangue y en unos minutos ya estaba en el salón del sindicato. Saludé. Me indicaron la mesita que debía montar con un mantel, los vasos y la botella de tequila. Puse un cartel que decía “500 pesos el cortito”, dibujado con un plumón. Empezó a llegar la gente, en un par de horas se llenó el local. A las personas le causaba tanta gracia sombrero que me invitaban tequilas. Al principio decía que no, después me solté y empecé a aceptar 30


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los copetes. Después de un rato, alguien de la radio se sentó conmigo. No sé quien, no estaba entre los amigos y conocidos que tenía en la emisora. Creo que llegó donde yo estaba, cuando cachó que estaba poniéndole mucho al tequilazo y ponía en riesgo la recaudación. Me habló una cosa. Dos cosas. Un montón de cosas. Yo seguía tomando, le escuchaba someramente afirmando con la cabeza a lo que me decía. Lo interrumpía para brindar con las demás personas que llegaban a comprar. Todos gritábamos “Híjole wei”, nos tomábamos los tequilazos al seco, y luego hacíamos como que dábamos disparos. Una pelotudez, después de la cual yo me sentaba. Cada vez que lo hacía escuchaba atento a las personas que empezaban a reunirse al rededor del compadre que había llegado primero. Ahora sumaban un grupo de no sé cuantos. Yo los miraba. A veces algunos interactuaban conmigo, yo respondía con cortesía, usando varios gestos con las manos y la cara. Además de decir todo lo que dije, que no sé qué carajo fue, creo que lo hice con gran ímpetu. Esto lo digo, puesto que recuerdo haber hablado bien fuerte y la imagen de que saltaban gotitas de saliva. Luego ya no me hablaban. A veces empuñaba la mano izquierda hacia arriba y decía cosas Emiliano Zapata (engrupido). Veía unas socias que se paseaban por ahí, eran bien guapas. No tenía ganas de hablarles, aunque sí de dar31


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les besitos, pero no iba a lograr lo segundo sin lo primero, así que simplemente me quedé donde estaba. De pronto noté una ventana. Esa ventana no tenía nada de especial, pero la miré varios minutos con una concentración muy meticulosa. Tenía marcos de madera café. Me fijé en un pequeño apolillamiento en la esquina inferior izquierda. Creo que hacía tiempo no observaba tanto rato una ventana como la que vi ese día, de hecho no recuerdo qué había al otro lado de la ventana. Sólo vi los vidrios medio empañados, constituían parte de la ventana, por lo cual cautivaron mi mirada. Estaba en eso cuando se me cruzó una idea: que quizás eran demasiados tequilas los que tomé. Hacía rato había perdido el control de la cajita donde guardaba el dinero y ya ni siquiera era yo el que servía los tequilas, otra persona había tomado mi puesto. Me paré mareado, me fui afirmando por la pared. Pensé en ir al baño, pero no lo hice. En lugar de ello, caminé hacia la salida con el sombrero mexicano flamante en mi cabeza entre la gente que bailaba al ritmo de, no sé, de algo. Supongo que se veía como una especie de barco con forma de cono avanzando en un mar de cabezas. Recuerdo que afuera no estaba muy helado. Mi siguiente recuerdo es un par de cuadras más adelante del local de la fiesta, subiendo por Carampangue, exactamente mientras daba la vuelta para subir el 21 de Mayo 32


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con el sombrero en la cabeza. Luego de eso hay un espacio negro. Hasta que a mitad de camino me dio cansancio. Me detuve jadeante a echar una meadita. Luego me apoyé sobre una baranda de la escalera por la que iba subiendo para contemplar el puerto. Tenía más luces de lo habitual. Me atrevería a decir que tenía exactamente el doble de luces. Igual la escalera tenía el doble de peldaños y la baran-

da tenía dos barras donde afirmarse. En ese momento me dio un instante de romanticismo producto de un largo suspiro que di tratando de recuperar oxígeno a medio camino de subir el cerro artillería. Tomé el celu y busqué un nombre. Nataly. Apreté el botón verde. Algo conversé que era importante. Un tópico de seguro muy importante porque me gasté las dos 33


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lucas que tenía en el celular. Lástima que no lo recuerdo y nunca pude averiguarlo: a la chica que llamé no le pude preguntar nunca qué fue lo que le dije, porque nunca más me habló. Mi siguiente recuerdo es sentado en el paseo 21 de Mayo. Ahí como que espabilé un poco. Luego llegué a mi casa. Una vez más solo. En ese rato sentí que estaba más solo que cuando salí del depa. Además de que no volvería hablar con prácticamente ninguna de las personas con quienes brindé esa noche, tampoco volvería a hablar con Nataly. David Ortiz, director www.ElPatologico.cl

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EL VERDADERO PROBLEMA

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ara qué vamos a andar con cosas, a muchos nos gusta bajar en la plaza, junto con algún filósofo compañerito, una heladita y refrescante pilsener durante una tarde entera de semana o fin de semana, mirando la vida pasar, conversando, aceptando la unión de algún otro compañero o extraño con gran alegría mientras la “amistad” persista. Siempre he bebido, desde que empecé con una piscola a principios de la década del 2000 y si miro en ese sentido, a excepción de algunas temporadas, podría considerarseme un alcohólico, como los amantes del control les gusta llamar a quienes beben más de lo que sus problemáticas conciencias gustaría . Si es cierto que bastantes hombres y mujeres caen bajo su seductora náusea, su álito implacable a nuestra sed es una invitación sincera a no dejar de destapar cervezas o abrir cajas de vino y muchas veces uno gasta y destapa, destapa y gasta, gasta y sigue gastando, por un ratito más de amistad, aunque sea en silencio, da lo mismo, lo que compartes es compañía, porque a pesar que es mediada con la influencia de este amigo en litros, lo que uno busca resolver en cada cita es el conflicto eterno de compartir con alguien. Ay de quien bebe solo, ay de quienes lo hemos hecho y de quienes no lo han hecho, no se sabe que es hasta que lo 35


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haces, y pueden ser miles o cientos o decenas o solo un motivo lo que te lleva a llenar un vaso de lo que sea, a solas, y puedes estar enfrentado a graves situaciones, te agobian las deudas, la mujer que día tras día no para de hablar de -sus- problemas, la pensión alimenticia, el hombre que es tan hombre patriarcal y poco empático y deja todo tirado incluso a ti, la presión de la universidad o del trabajo, un conflicto familiar, tu padre le pega a tu madre, te detuvieron en la protesta con porte de molos y tenías una causa pendiente por agresión a carabineros, te echaron del trabajo y no tienes para el arriendo, para la luz, el agua o el gas y no tienes a donde ir, lo cierto es que independiente de cual sea el problema, ahí estas tú, o él o ella, llenando el vaso de un delicado o rancio vino tinto o de algo más fuerte; y no piensas realmente (y ningún borracho lo cree) que aquellos reiterados sorbos sosteniendo tu cabeza con una mano vayan a resolver problema alguno e incluso, sabes bien los problemas que te ha causado y te ríes a veces de ello. El alcohol llegó y no nos soltó y solo ejercicios serios de autocontrol han podido solucionar temporalmente en algo el problema grave de no parar de empinar el codo, no funcionaron cuando joven las latero-moralizantes charlas familiares maternales y paternales, siempre que salías a la calle te tropezabas con una y otra, tampoco funcionó tu promesa aquella 36


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mañana que un muro de concreto figurado se caía sobre tu cabeza aplastando cada neurona viva o muerta que agonizaba en tu macerado y avinagrado cerebro, tampoco funcionó cuando le pegaste a la chica que querías y te arrepentías, ni cuando de borracho expusiste a tus compañeros de conspiraciones ante gentes recién conocidas, es verdad que has tenido mala suerte y que una copita no le hace mal a nadie, pero no te diste cuenta que tu suerte la habías metido dentro de la botella y que tú ya no ibas por una copita, ibas siempre por mas, y no te detenías ante nada, ni nadie y ahora con todos los problemas del mundo ya no eres el compañero que eras antes, y acusas a todos de que son unos moralistas, te indignas de sus reproches –con justa razón- y piensas que son como policías del comportamiento, mas indignado te pusiste cuando te echó de tal o cual actividad ese pacato y casi evangélico “compañero” que te dijo, -oiga compa, esta actividad es libre de alcohol, hay niños y niñas jugando y les da una mala imagen. – bah, que mala imagen, te crees policía? Eres una yuta, me cago en tu actividad de mierda esta fome la hueá. Si es cierto, el alcohol tiene algo incontenible, es capaz de llevarse a los mejores, y a los peores dejarlos para que lo arruinen todo. Sin embargo de esta reflexión, a mí no me va tan mal. Si es verdad que como decía antes, he 37


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bebido prácticamente durante unos 12 años, desde que iba en primero o segundo medio. Pero hay algo que no se en que consiste, que me permite, borracho o no, diferenciar ciertas cosas, pocas sino escasas veces el alcohol ha dominado mi temperamento, es verdad que es un importante aliciente para la osadía, la valentía, que miras menos los riesgos y eres más osado bajo su influencia, tampoco he tenido jamás un síndrome de abstinencia; salvo algunas penas muy densas en mi corazón, nada me ha hecho sentarme solo con la caja y a menos que se lo mereciera, nunca he agredido verbal o físicamente a alguien querido por culpa del alcohol, pero el recuento no es tan celebre con los que no son queridos… recurro al anonimato para que respalde mis palabras. He sido siempre un bebedor amistoso, me gusta reír, cantar, conversar, consolar y ser consolado, compartir y callar, para mí el alcohol no es más, y no ha funcionado de otra forma, que una autopista comunicacional, me permite abrirme con más gentes y entregar cosas, emociones, sentimientos. He aquí el problema. Reconozco en el alcohol el papel histórico y porqué es tan explotado por el Capital y el Estado. Gracias a la perdida de nuestras capacidades físicas y emocionales que día tras día, tras semana, tras mes, tras año, década, siglo y milenios el poder y el dominio nos han provocado, somos incapaces de 38


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comunicaciones sinceras, de abrirnos a experimentar libremente, y el alcohol permite una versión de esclavo de esta comunicación, ya que nos desinhibe, nos desmoraliza, nos desasosiega, sin quitarnos las cadenas, la moral judeocristiana ni la resignación. Hemos caído bajo su cautivante invitación porque no somos íntegros y esto produce un enorme vacío en nuestro corazón que es llenado litro tras litro. No es culpa del alcohol, no es culpa tuya ni de la CCU. Pero detente. No es tu culpa pero si es tu responsabilidad y no porque tomas, tanto a nivel de los empresarios de la CCU por saber con qué juegan y que es lo que provocan es también asunto tuyo porque no te des-alienas, sigues en el círculo de la esclavitud, tomando el alcohol como un esparcimiento, como un descanso, como una alegría, como-la-única-forma-de-diversión-posible- y no quieres ser consiente de los efectos que produce este en ti ni en tus círculos. Yo no llamo a nadie a dejarlo, yo mismo quiero invitar a mis amigas/os a otra serpiente. Pero un buen ejercicio es dejar de hacerlo en todos los instantes que compartes y ubicarte, no toda reunión es para copetiar. Hay que parchar nuestro corazoncito con otros ejercicios más que el del salto a la garrafa, que no parcha nada. Que la amistad dure más allá de lo que dura la pilsener. ANCT 11/06/14 39


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Espacio y carrete Juan Echeverría

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entro de las ciudades se producen y reproducen categorizaciones del espacio, donde se pueden observar sectores industriales, de oficina, habitacionales, de ocio, u otros tipos de categorías territoriales que hace que los individuos estructuren su vida acorde a las lógicas estatistas/capitalistas. Lugares diferentes a las ciudades en su mayoría no son la excepción de la categorización del espacio1, se reproducen las mismas categorías, pero a una diferente escala. Se puede observar por ejemplo en los sectores rurales la distribución estructurada de los lugares, encontrándose los fundos en las afueras del pueblo, servicios en el centro, y los lugares de recobro de energía o habitacionales en los sectores límites del pueblo. Estas dos escalas mencionadas son territorios en los cuales se encuentran significados y valores impuestos, y que se están en armonía con el sistema al reproducir sus estructuras con una intención de control hacia los individuos. Dentro de los lugares creados y que tiene una 1 Exceptuando aquellos lugares que subvierten el orden hegemónico y se encuentran en constante enfrentamiento, o los que todavía no le es de mucho interés a los gobiernos/capitalistas mantener un control acentuado, y en los cuales se podría tener un poco más de “libertad” en su desarrollo. 40


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carga de significados impuestos bastante alta, se encuentran los lugares de ocio, estando presente en estos los relacionados con el “carrete”2. Estos lugares se localizan donde transitan una gran cantidad de individuos – normalmente céntricos-, de manera que puedan sustentarse económicamente y entreguen una categoría de lugar “con vida”. Los lugares de carrete son receptáculos de las juntas de lxs jóvenes adineradxs, universitarixs, lxs trabajadorxs después de su rutinaria jornada laboral, y otrxs tantxs que buscan beber, carretear y/o “escapar” de los problemas que experimentan. En el recorrido por algún barrio de pubs o locales de “expendio de bebidas alcohólicas” a horas de la tarde/noche, se puede ver como muchos individuos se encuentran tras los efectos del “copete” o alguna otra droga, viéndose como estos se expresan de forma violenta o de mucha alegría, cantan, gritan, golpean a alguien por algún motivo banal, o generan otro acto que los hace comportarse de forma diferente a su comportamiento “sobrio”. Estos lugares muestran partidos de futbol, comercian objetos de atractivo turístico, se les significa como lugares donde ir a generarse una “buena borrachera” o reírse de una diversidad de cosas superfluas, siempre extrapolándose 2 Se pretende tomar la calificación de lugares de carrete, para referirse a los lugares que se desarrollan en un ambiente de fiesta y/o se consume alcohol. 41


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de los sucesos que aquejan la cotidianeidad, y estando presente en estos lugares una carga de significados que reduce la cotidianeidad a la estética hegemónica, alienándose de esta manera a los individuos. Ejemplo al cual puede llegar a manifestarse la alienación a la que son sometidos los individuos dentro de los lugares de carrete, es la cosificación que se genera de los seres. Expresándose esta situación de forma clara en los “cafés” o prostíbulos, lugares donde se comercia alcohol a una suma mucho mayor a la de otros locales, y la única forma de entrar es comprándolo3, pero su “verdadera gracia” es ir a pagar para que una mujer u hombre los exciten de forma sexual4. Siendo de esta manera los “cafés” o prostíbulos, lugares que permiten incrementar de manera potente las ideas de que existen estatus de individuos y que algunos son solo cuerpos que tienen que desarrollar una función a cambio de dinero, generando un reduccionismo de estos individuos, pasando a ser convertidxs en una mercancía más. A diferencia de los lugares que se mencionaron, hay lugares de carrete donde se pueden beber algunas “copas”, y en los cuales el o los significados son creados por las diferentes 3 Manera en que también es utilizada para aprovecharse de diferentes formas para obtener dinero de los clientes borrachos. 4 Mayormente mujeres son las que se dedican al “comercio sexual”. 42


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individualidades -no impuestos- y pretenden ser de confrontación al sistema, donde los temas que se tratan son políticos, donde hay músicos que cantan en confrontación con la autoridad, donde se leen poesías, además de otras series de creaciones y subjetividades que se enfrentan a la estética hegemónica y que buscan destruirla. Estos aspectos se pueden desarrollar no solo en bares o locales nocturnos, se generan con amigxs compartiendo una cerveza o vaso de vino en sus casas, en la plaza, en la cuneta, etc. Sin embargo, al realizar estas actividades que se encuentran fuera o es un estorbo para los parámetros legalistas, se queda expuesto a que los mecanismos de coacción y coerción recaigan sobre este tipo de actuar, ya que por “muy pequeña” que sea la subversión, no permitirán que los individuos se despojen de las actuales estructuras. De esta forma, estos lugares “bohemios” son muchas veces objeto de la vigilancia de las policías, debido a que observan a los individuos “subversivos”, ven como es su actitud y si tienen suerte a veces se pueden expresar cosas más fácilmente por tener algunas copas encima. Por esta razón, se debe mantener una clara conciencia de que no “se pase la mano” con el copete y las cosas que se dicen o hacen, ya que bien se sabe que los lugares que subvierten el orden pueden estar en cualquier momento siendo vigilados. No obstante, con 43


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esto no se busca generar una paranoia para cuando se asiste a estos lugares, sino, que se posea una clara responsabilidad al beber, teniendo a la vez en cuenta el respeto a lxs otrxs compañerxs que se encuentran en dicho lugar. En conclusión, con lo mencionado no se pretende apuntar una crítica al beber en sí5 o a los lugares donde se desarrolla el “carrete” por ser lugares de diversión y donde hay alcohol, sino, se pretende establecer una crítica sobre los lugares que poseen una serie de significados creados para despojarse de la realidad y para que los individuos sigan reproduciéndolos en sus vidas, y los que terminan por generan una pasividad hacia el sistema. En contraposición, nuestra intencionalidad debe apuntar a que nos desarrollemos en diferentes lugares y/o instancias, y donde podamos compartir con otrxs esa hermosura que son la pasión y creación que subvierten al sistema en el paisaje cotidiano.

5 Siempre y cuando esto sea en baja intensidad, y no se transforme en algo rutinario que desencadene una adicción. 44


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Pálida Que se atraganten con su miedo Todos los quietos, Todas las quietas. Abajo el trabajo que con la mesada te alcanza Un saque por la Anarquía, Un copete por la Revuelta. Acomodas cada acto a tu mentira, A tu tribu urbana, a tus “me gusta“. Porque el Kaos de Bar Uno Es mas fuerte que el de tu corazón. Porque la droga te vacila, Te perkinea y te pone wates. Tu ego te vuelve un personaje, Unx mas de la escena. Mientras compañerxs mueren por destruir, Ustedes viven para destruirse No espero mormones de la anarquía Pero así, No me trago ni un sorbo de sus palabras. ¡PROCURA QUE VIVA LA ANARQUIA! (Anónimo Lúcido)

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Por qué bebes? Por qué bebes? Por qué te emborrachas? Lo haces porque debes? O lo haces por seguir al resto? Lo sé, crees en la libertad Pero beber alcohol es libertad? Te ayuda a ser mejor persona, a crecer? Beber alcohol te acerca a la cruda realidad? O más bien te aleja de la verdad! Ya me imagino por qué bebes, Lo haces por temor o por confusión quizás Lo haces porque aun no te puedes abstraer del engaño Lo haces porque el alcohol te ilusiona Porque te hace creer que la utopía esta cerca Porque a veces los mismos compañeros erróneamente te presionan Porque lamentablemente ellos son quererlo Actúan como extraños 46


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Se desligan de su conciencia Para dar paso al ego Se convierten en esclavos de la inconsciencia Primero tus compas, erras, llego la hora del sosiego Otros, es sabido, que beben por que ‘la vida es corta y solo una’ Entonces porque no toman las riendas de su potencial Y lo desarrollan, lo elevan hasta la luna También está aquí la desgracia comercial Todos hijos de la tierra Bebiendo el veneno del capital Quiero creer que esto terminará luego Pues a veces yo también caigo en este auto flagelo También me emborracho como un tonto También como un zombi mi conciencia replegó Quizás es solo voluntad lo que nos falta Quizás la respuesta a la vista resalta Tomemos todos juntos compañeros 47


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Tomemos del brebaje de inocencia Tomemos día y noche como hermanos Pero tomemos conciencia.

Autor: Renato Alexander Gallo Gómez Quintero, Valparaíso

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Ya no bebes, ya no molas

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e escuchado esta frase muchas veces. Aún cuando he bebido alcohol, cuando no lo he hecho, cuando “me he pasado de beber alcohol” y cuando “me he quedado corto”. En ocasiones te encuentras gente de tu alrededor que te comentan: “¿hoy no bebes? No molas” o “Ya no bebes, ya no molas” o cualquier incitación a beber similar. Hay quien te incita a beber “porque creen que así te lo pasarás mejor”, pero esa no es la realidad, no es que realmente piensen que así te lo pasarás mejor. Estas incitaciones o juicios surgen de la necesidad de los individuos de reafirmarse en su identidad, te lo dirán aunque estés pasando la noche/tarde/mañana más divertida de tu vida, al fin y al cabo ¿quién sabe y cómo sabe qué tipo de noche/tarde/mañana estás pasando, más allá de poder juzgar la posible careta de falsa sonrisa que la ‘noche fiestera’ te obliga a llevar?. El capitalismo ha establecido el beber (como casi todo) como un acto identitario más (al despojar a los individuos de toda capacidad propia de realización). Un acto identitario es aquél acto que te hace sentirte parte de un grupo o comunidad que actúa haciendo lo co49


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rrecto, y que al mismo tiempo sentirte íntegro como individuo, sentirte que te perteneces porque haces lo correcto, que eliges por ti mismo, que nadie te induce, que nadie te controla y que pese a ello lo que haces está bien para la comunidad. Por eso, pese a ser un acto alienante (entendiendo alienación como una percepción distorsionada de la realidad), quien bebe, al ser concedido de una identidad dentro del orden dominante, duerme su conciencia en aras de pensar que elige por si mismo, como el esclavo que sueña que es libre y con eso ya se conforma, como cualquier ciudadano medio de hoy día que se conforma con observar las mercancías o pajearse con fantasías, pero sin llegar a cumplir nunca sus deseos ni luchar por conseguirlos, pues sus deseos no son deseos reales, son solo imágenes de la identidad que les han hecho querer tener. Y entonces, ¿cómo no va a ser una adicción algo que define parte de tu identidad, ya que, en cierta medida, al no cometer ese acto ya no serías tú mismo? ¿O es que acaso sucede que la adicción al alcohol (la adicción psicológica) es una adicción a la identidad que el beber alcohol produce? ¿En qué punto una identidad se crea o se deja de crear? ¿En qué punto uno es adicto y en qué punto uno deja de ser adicto al alcohol (o a cualquier cosa 50


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que le cree a uno una adicción-dependencia)? Si la identidad se define en base a la diferencia con los demás, ¿en qué punto una conducta identitaria/adictiva al alcohol se define como no-adicta, solo por el simple hecho de haber otras personas que están mucho más alcoholizados que sí que están oficialmente catalogados ‘por la comunidad’ como ‘alcohólicos adictos’? ¿No será ésta la justificación moral de quién no sabe cómo justificar su adicción al alcohol? Construimos nuestra identidad como individuos al organizar nuestra vida con autonomía e independencia (y no necesita ser juzgada o vista como una imagen o una caricatura de nosotros mismos). Así, entendiendo la adicción psicológica al alcohol como una adicción a la identidad que otorga el beber alcohol, ¿en qué punto beber algo de alcohol implica la delegación de nuestros deseos, de nuestro actuar, de nuestra identidad real? Esta identidad creada al beber alcohol, explica el hecho de que quienes beben se sientan ofendidos cuando se les plantea la cuestión de beber como acto alienante, porque beber forma parte de su identidad, y en un mundo mercantilizado en el que los individuos han sido despojados de casi toda capacidad de control y creación de sus vidas e identidades, cuesta dejar de lado una identidad que se asume como propia. Parresía 51


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A

varios meses de citada la convocatoria y cerrado su plazo para el aporte, logramos plasmar en fisico esta recopilación de imagenes y escritos. Más allá de nuestra postura frente a este tema que esta en constante retrolalimentación en la praxis e intercambio de conversaciones, queriams captar otras ideas entorno a este tema. Aqui no se plantea una idea absoluta frente al medio del alcohol, la reflexión debe ser personal y colectiva, y transformarla en praxis. Gracias a tods los seres que confluyeron para que este ejercicio de pequeña reflexión hacia una de las tantas aristas que tiene la vida sea reflexionada. Un inmenso abrazo a tods aquells que sufren la miseria en sus diversas formas, a quienes luchan día a día por una vida mejor, a quienes cultivan la solidaridad y el apoyo mutuo en relaciones afines.

Ni lideres ni partidos Ni banderas ni jerarcas Por la Revolución Social Liberación Animal y Humana No más cuerpos inhertes en las manos del capital! Por la Anarquía!

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