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a Edición setiembre 2010 - Octav
Sin mordaza D esde que yo tenía 6 años quise estudiar en la UCR.
s a z n a i r c a l a m s a l , R C U La s a t e l c n a h c y las Daniela Muñoz l.com danielavms@gmai
Me enamoré de la U durante mi primera visita a la ciudad universitaria. Me llevaron primero a clases de natación y más tarde de judo, y ya nunca me pude ir. No sabía qué carrera quería estudiar, pero sabía que quería ser una de aquellas personas que tomaban la periférica en el centro de Guadalupe, cargadas de libros y sueños. Me gradué del colegio y entré a la Escuela de Comunicación. Un par de años más tarde supe que el vínculo entre esa casa de enseñanza y yo no iba a terminarse cuando me graduara, que para mí ser “universitaria” no era algo temporal. Ahora soy empleada, estudiante y activista universitaria. En mi caso, no sólo pasé por la Universidad; la Universidad pasó por mí. Fue en la Universidad que empecé a aspirar un mundo más justo y equitativo, un desarrollo sostenible y humano. Fue ahí que empecé a ejercer mi capacidad crítica con la cabeza y no sólo con el hígado. Es precisamente por eso que yo, como muchas otras y otros: estudiantes, trabajadores y colaboradores de este medio, salimos a las calles hace unos días a pedir el presupuesto que nuestra alma máter necesita para continuar formando profesionales críticos y responsables. Es irónico pensar que el Gobierno afirme que no hay dinero para aumentar la inversión en educación superior pública, cuando los diputados recién estrenando curules trataron de aumentarse el
La Malayerba E n Costa Rica, sufrir escasez de agua potable es una posibilidad no muy lejana, actualmente ni siquiera se ha cuestionado mucho que se venda a precios absurdos en botellitas este recurso, que ha pasado en pocos años a estar en riesgo principalmente por la acelerada contaminación ambiental que vive el país. En el mundo, para muchas corporaciones la venta de agua será en poco tiempo un excelente negocio. Aunque parece desmedido para alguna gente ver el asunto como un tema centralmente político es imposible imaginar que los problemas de contaminación y agotamiento de los recursos se puedan arreglar con cerrar bien la llave o ahorrar unas pocas gotas porque duramos menos tiempo en la ducha. Ello a pesar de que grandes compañías en complicidad con los gobiernos nacionales y locales utilizan los ríos y suelos como directos depósitos de sus residuos. Por ejemplo, existen casos como los de las urbanizaciones y transnacionales de la
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Carlos Murcia cjmurcia@gmail.com agricultura química extensiva, que solamente reciben nera (con varias críticas que en otro momento sería de los entes encargados de velar por el respeto a las interesante discutir) y existen suficientes datos conleyes ambientales, recomendaciones mínimas simples cretos e investigaciones en varias de las instituciones de cómo hacer para que sus proyectos sean viables y que no dejan dudas, por ejemplo desde hace varios así mejorar sus ganancias y maquillar sus altos nive- años el monitoreo y registros de las condiciones físiles de explotación de los recursos y contaminación co-químicas y microbiológicas del agua en manos del del medio. Ya son más que notables los graves daños Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillacausados por la expansión turística y el monocultivo dos demuestran que los tratamientos aplicados son suficientes tanto en áreas urbanas como rurales, para de la piña en las últimas dos décadas. La principal contradicción a vencer en este tema no depender de inversión privada que nos asegure hoy, posiblemente, sea rechazar que el agua se con- un cien por ciento (cosa científicamente discutible) vierta en un simple bien comercial y que su distribu- de agua potable. La trayectoria del gobierno en los últimos años ha ción, acceso y derecho sean reguladas por el mercado, porque ya en mayor o menor grado, esto ha ocurrido sido en dirección a la privatización y recorte de condiciones sociales en importante medida favorables a en otros países. El abastecimiento público del recurso hídrico en la mayoría de la población, haciendo no muy lejano nuestro país hasta ahora ha funcionado de buena ma- un escenario donde la escasez de recursos naturales y
salario en un 80% (que habría representado un gasto de ¢102,6 millones por mes). En tiempos de crisis, el Gobierno planea recortar la inversión en educación, pero no en privilegios para las clases dominantes. Tampoco se piensa en aumentar impuestos a las transnacionales o disminuir los subsidios estatales que estas empresas disfrutan. En la comunidad universitaria hemos estudiado las condiciones actuales del país y las necesidades de la educación costarricense, es por eso que exigimos al Poder Ejecutivo cumplir con su deber constitucional de financiar el desarrollo de la educación superior pública. Permitir que las universidades reciban menos que un 11% de aumento en el FEES (13% sería aún mejor) es inadmisible pues significaría estancar el proceso de formación de profesionales integrales en Costa Rica y, por lo tanto, el desarrollo del país. Permitir que el presupuesto se otorgue bajo condicionamientos de apoyo a planes estatales o con empréstitos millonarios que luego se pagarán (con intereses) con dinero de los contribuyentes es igualmente inadmisible. Las universidades no son la panacea social; pero la autonomía y libertad que se vive en su interior permite la formación de gente crítica, luchadora y comprometida con un futuro mejor para este país. La universidad pública por sí sola no va a cambiar el mundo, pero ha sido piedra en el zapato de gobiernos (aquí y en todo lado) autoritarios y antipopulares. Desde los espacios universitarios se han combatido las medidas que no benefician al pueblo y se ha abogado por justicia y equidad. Tal vez sea por eso que en los grandes medios de comunicación nos tratan de chancletudos, de malcriados, de rebeldes. Tal vez sea que no entienden que las y los universitarios somos orgullosamente diferentes, o tal vez simplemente es que no les sirve que lo seamos. condiciones de vida básicas para todo ser humano pronto puedan ser reguladas en su globalidad a partir del mercado y sus santísimos mecanismos de oferta y demanda. Es difícil esperar que todo dependa de mejores marcos legales y administrativos, pues en Costa Rica el sistema en su conjunto posee serias irregularidades; sin embargo, en ese sentido la prioridad es prever que se desencadenen situaciones más graves, como daños irreversibles en acuíferos y zonas de conservación, todo por dar luz verde (ya sea por corrupción o ineficiencia) a proyectos e inversiones de gran magnitud con altos riesgos potenciales; y por otra parte, detener la expansión pobremente planificada de la ciudad. Las alternativas de solución a este gran problema dependerán fundamentalmente de la organización crítica de las personas que quieran hacer algo y las decisiones y acciones que esto involucre, es ocioso decir que cada quien debe poner de su parte, la atención debe dirigirse a denunciar y detener esas políticas de extracción mercantil neoliberal, hasta ahora históricamente insostenibles en el tiempo y que siempre sobrepasan los límites que sustentan el uso racional de los recursos.